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 Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/

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rox
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 16th 2012, 00:00

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 16th 2012, 21:02

Sigeila porfavor!
tiste
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rox
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 16th 2012, 22:20

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 17th 2012, 11:14












Andrea-JB-Nick Jonas
Hay gracias amiga, no sabes también cuanto te extrañé.
Y pues osea, creí que si te raptaban los ovnis, Nick te salvaría.
Y así con Joe, ya que el batalla contra dragones, no?
Gracias por leer la nove, creeme, te encantá.


LoveAlways
Ohh, Leydi, claro que la rayis provocará... Y conseguirá más de lo que se propuso Very Happy
Para bien o para mal, nadie lo sabe hasta ahora...
Gracias por leer la nove, cuidate. Se te quiere.


Rox
Tranquila, rox, ya subo. Gracias por leer la nove Very Happy


EveJoNatiKaperver
Tranquila, ya subo, no te comas tus uñas Very Happy
Gracias por leer la nove. Cuidate besos



--JoBros

Opino lo mismo que tú. Aunque debo admitir que la idea a veces es muy tentadora.
Jejejeje ¡bienvenida a la novela! Muchas gracias por leer la novela, besos cuidate





CoralitoJonatikaLove
Jajajajaja, pobre el marido, no?
Aunque como en todo, nunca sale nada como lo planeaste...
Disfruta el siguiente capítulo y gracias por leer la novela. Very Happy










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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 17th 2012, 11:19












Capítulo 10











Aquella noche estaba decidida a ir a casa de Joseph y culminar mi venganza, pero al recordar sus últimas palabras me contuve. No quería follármelo por Kevin. Mi marido tal vez fuera la causa, pero no quería acostarme con Joe porque estuviera resentida. Quería hacerlo porque lo deseara.
Tal vez sólo estuviese ganando tiempo, pero mi decisión me parecía la más sensata. Tenía que esperar uno o dos días y comprobar si realmente quería acostarme con otro hombre.
No le conté a Isabel lo que había pasado con Kevin en los aseos del hotel. Sabía que no podría olvidarlo, pero cuanto más hablara de ello peor me sentiría.
Mi salud mental exigía que empezara a pensar en otra cosa.
O en otra persona.
En alguien como Joe, a quien le bastaba una mirada para hacerme sentir una mujer atractiva y deseable. El sábado por la mañana seguía furiosa, triste y confundida, pero no podía dejar de pensar en el tiempo que había pasado con Joe.
Estaba segura. Quería volver a verlo. Quería desnudarme para él y acabar lo que habíamos empezado. Y lo iba a hacer aquella noche.
Ni siquiera pensé en la posibilidad de que no estuviera en casa o que estuviese con otra mujer. Conduje hasta su apartamento esperando lo mejor.
Quería que mi aspecto fuese irresistible, de modo que me puse una camiseta blanca y ajustada, con un escote en «V», y una falda a juego que había comprado en las Bahamas. Las dos prendas juntas podían pasar por un vestido, y mi propósito original había sido lucirlas para Kevin y prender la chispa del deseo. Ahora, en cambio, las usaría para excitar a Joe.
No tuve ningún problema en encontrar su casa ni en acceder al complejo, pues no había verja ni guardia de seguridad.
—Edificio número nueve —murmuré, mirando alrededor. Había por lo menos diez edificios y todos parecían iguales, por lo que tardé un poco en dar con el apartamento de Joe.
Vi una luz encendida en el interior y confié en que estuviera en casa. Los tacones de mis sandalias blancas resonaban en el suelo de cemento mientras subía las escaleras. El calzado combinaba a la perfección con el resto de mi atuendo, ideal para estimular los bajos instintos, especialmente porque eran más de las diez de la noche y llevaba una falda tan ajustada que casi había necesitado un calzador.
Al llegar a su puerta levanté la mano, pero en vez de llamar posé los nudillos en la madera y recapacité. Quería hacerlo. Estaba segura. Por eso estaba allí a esas horas. Pero ¿y si Joe no estaba en casa? O peor aún, ¿y si estaba con otra?
Tenía que arriesgarme. Respiré hondo y me dispuse a llamar, pero antes de poder hacerlo la puerta se abrió y apareció Joe.
Sus ojos se abrieron al verme, obviamente sorprendido. Pero no podía saber si era una sorpresa agradable.
Se limitó a mirarme sin decir nada. Desprendía un fuerte olor a colonia e iba vestido con unos vaqueros negros y una camiseta ceñida, también negra, como si se fuera de juerga a la ciudad.
Carraspeé antes de saludarlo.
—Hola.
—Hola —respondió él. Me recorrió el rostro con la mirada y luego la bajó hasta el escote—. No pensé que volvería a verte —dijo con un irresistible acento italiano.
—Bueno, es que… he perdido mi brazalete y creo que se me cayó aquí la otra noche.
—Sí, lo encontré en el sofá —hizo una pausa—. ¿Por eso has venido? ¿A buscar tu brazalete?
Cambié el peso de un tacón a otro.
—Sí.
—Voy a traértelo —se dio la vuelta.
—Espera —lo agarré de la muñeca antes de que pudiera alejarse—. Ésa no es la única razón por la que he venido.
—¿No?
—No. He venido porque… te deseo. No he dejado de pensar en ti desde que me echaste la otra noche.
Joe esbozó una sonrisa.
—A menos, claro, que vayas a salir ahora.
—Iba a salir, pero ya que estás aquí… —su voz estaba cargada de insinuación—. Pasa.
Retrocedió y yo me moví con él, por estar aún agarrándolo de la muñeca.
—He comprado algo para la ocasión —dijo mientras me conducía al salón y me sentaba en el sofá.
—No sabías que iba a venir.
—Nunca hay que perder la esperanza.
Doblé una pierna sobre el sofá.
—¿Qué has comprado?
—Un vino italiano —él seguía de pie, pero sujetándome la mano. Era una sensación muy agradable—. Prosecco. ¿Lo has probado?
—No.
—Es un vino espumoso y ligeramente dulce. Perfecto para un día de calor —me recorrió la palma con el dedo—. O para una noche de calor.
Se llevó mi mano a la boca y me besó en el interior de la muñeca, lo que descubrí que me gustaba mucho. Después me soltó y fue a la cocina.
Me lamí los labios y contemplé cómo se movían sus omoplatos bajo la camiseta. Su cuerpo irradiaba una fuerza temible y poderosa, como un peligroso depredador.
Y yo iba a acostarme con él.
Mis nervios se mezclaban con una excitación cada vez mayor.
Joe volvió con dos copas y me ofreció una.
—Gracias —tomé un pequeño sorbo y distinguí un delicioso sabor a cítricos y melón—. Está exquisito.
Joe también bebió, sin apartar los ojos de mí. No se sentía incómodo por la situación, lo cual era otro rasgo que me gustaba de él.
—Lo siento, tendría que haber propuesto un brindis —se sentó a mi lado—. Por las nuevas experiencias.
—Por las nuevas experiencias —repetí, y los dos bebimos a la vez. Yo seguí bebiendo hasta vaciar la copa de un solo trago. No porque quisiera emborracharme… ya había aprendido la lección días antes… sino porque estaba lista para pasar a la acción.
Sin soltar la copa, me incliné rápidamente hacia delante y besé a Joe en la boca.
Él se puso rígido un instante, pero por sorpresa más que por rechazo. Al principio lo besé con tiento, pero poco a poco fui acuciándolo a que abriera los labios y se entregara a mí.
—Despacio —murmuró él, pero yo no escuchaba y seguí devorándolo con ansiedad—. Espera a que suelte la copa.
Me detuve y dejé que colocara su copa en la mesita. Hizo lo mismo con la mía, y antes de que pudiera volverse hacia mí yo estaba besándole la barbilla y recorriéndole el pecho con las manos.
—Déjame que primero te dé placer yo a ti —sugirió él.
—Ya me lo das —intenté desabrocharse el botón de los vaqueros—. Quiero sentirte dentro de mí… No he pensado en otra cosa desde la otra noche.
Mis labios volvieron a encontrar los suyos y de nuevo empecé a besarlo. En poco tiempo los dos estuvimos gimiendo y jadeando de placer. No fui capaz de desabrocharle el pantalón, así que posé la mano sobre el bulto que se adivinaba bajo la tela.
—Qué grande y qué dura… Me encanta —le susurré al oído.
Apenas lo había dicho cuando me encontré tumbada de espaldas. Joe había invertido nuestras posiciones rápido como una centella y ahora estaba colocado entre mis piernas, apretando su erección contra mi sexo.
—¿Quieres hacerlo a lo bestia? —me preguntó mientras me levantaba la camiseta y dejaba al descubierto mis pechos, desprovistos de sujetador.
—Sí…
Me cubrió los pechos desnudos con las manos y apretó sin la menor delicadeza. Los juntó y me mordió un pezón, provocándome una descarga de placer.
—¿Quieres que juegue con tus tetas? — me mordió el otro pezón.
Antes de poder responderle, se llenó la boca con mi pezón y empezó a succionar con tanta avidez que el dolor se mezclaba con el placer.
—Sí… —exclamé entre un jadeo y otro—. Así… así…
Quería que el sexo fuera salvaje y frenético, todo lo contrario a lo que había tenido con Kevin. El sexo con mi marido siempre había sido tranquilo, suave, delicado y cargado de amor.
Y sin embargo se había follado a otra.
Dejé de pensar en Kevin cuando Joe empezó a succionarme el otro pezón con el mismo fervor que había devorado el primero.
—¿Te gusta?
—Sí… Sí… Pero lo que quiero es esto —deslicé una mano entre nuestros cuerpos y le apreté la entrepierna. Tampoco yo tuve cuidado a la hora de tocarlo, haciéndole saber que estaba lista para su implacable delirio.
Joe retiró los labios del pezón y me chupó y lamió frenéticamente la carne, como si quisiera dejarme su marca. El dolor no sólo no me desagradaba, sino que me estaba volviendo loca.
De repente se detuvo y se desabrochó rápidamente los pantalones. Yo me subí la falda hasta la cintura y me quité las bragas antes de posar otra vez el trasero en el sofá.
—No —dijo él—. Quítatelo todo. Quiero que estés desnuda.
Su orden me excitó aún más, si tal cosa era posible. Joe quería verme desnuda… Completamente desnuda.
Al fin entendí lo que Isabel había querido decir cuando me habló de la emoción que suponía estar con otra persona. La luz estaba encendida y haría que me sintiera mucho más vulnerable que en una habitación a oscuras. Pero lo único que me provocaba la idea era una excitación desbocada.
Me levanté lentamente, sin dejar de mirar a Joe, y me quité la camiseta por encima de la cabeza. A continuación, deslicé la falda sobre las caderas.
—Te toca —le dije al quedarme desnuda.
Joe se llenó la vista con mi cuerpo y mi sexo mientras se quitaba los pantalones. Llevaba unos calzoncillos negros que apenas podían contener su impresionante erección.
Cuando se los quitó, me quedé absolutamente ensimismada con su tamaño y grosor. Era mucho mayor que el miembro de Kevin. La clase de pene que intentaban emular los consoladores y vibradores.
Se acercó a mí lentamente, como un felino acechando a su presa. Pero a diferencia de una presa, yo no eché a correr.












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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 17th 2012, 12:59

AWWW GRACIAS POR SUBIR Y SOBRE EL CAPITULO!
ALFIN!! SE DECIDIO A IR Y JOE NO LE DIJO QUE NO PORQUE ES TAN
IMPREDECIBLE
OMJ! ADIOS KEVIN, ADIOS jajaja
Twisted Evil siguelaaaaaa por fa pronto Wink
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evelyn alejandra
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 17th 2012, 13:10

omj
quien querria correr y escapar de esa fiera yo al menos no...

segundo comentario eso merece otro capitulo
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 17th 2012, 14:22

eveJoNatiKaperver escribió:
omj
quien querria correr y escapar de esa fiera yo al menos no...

segundo comentario eso merece otro capitulo

concuerdo con ella lol!
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catchingjonas
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 17th 2012, 14:35

Woooooooooo, la nove está que arde!!!
Y me encanta.
Jajajá.
Y estoy aquí reportandome
Sorry por no pasar antes,soy una mala lectora Sad
Pero me perdí...

En cuanto a la nove, ¡Qué intensa!, Además, creo que a rayiss se va a arrepentir de sus palabras...
¿O no?
Creo que soy yo, pero... Todo con Joe es demasiado perfecto...
Y mm.. That's supect..
Y solo hay tres "cosas" perfectas , Los hermosos Jonas

En fin, Siguela Martha.
La nove es genial
=)
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 17th 2012, 15:56

CoralitoJonatikaLove escribió:
eveJoNatiKaperver escribió:
omj
quien querria correr y escapar de esa fiera yo al menos no...

segundo comentario eso merece otro capitulo

concuerdo con ella lol!

gracias jajajaja Smile
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 17th 2012, 17:48

No había pasado! Lo siento eh estado un por ocupada
Soy una mala lectora Sad( pero debes saber que me encanta!
De verdad que si! Aunque algo me dice que rayis se quedara con kev
Al final de todo! Me encanta de verdad! Gracias por subir la amo!
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Andrea-JB-Nick Jonas
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 18th 2012, 07:14

OMG!!! Ke capi mas caliente, jajaja!!
Pero xq la dejas ahi con la intriga de saber q seguira
pasando, debes aubir otro capi!!!!

Podrias subir pronto un MARATON, si, seria super Genial...
Please haz un MARATON, porfa si???

Te kiero Martha y si ojala Nick me rescatara de los ovnis, ya lo imagino, uff y
Joe tmb rescatandome, moriria feliz en los brazos de mis chicos!!
Xd, jajajajaaja que fantasia mas hermosa!!

Besos y cuidate amiga!!!!!
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rox
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 19th 2012, 00:57

Muuy bueno el cap
siguelaaa
Very Happy
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 20th 2012, 09:13

Sigielaaaaaaaaaaaaaaaa porfavor, espero volver pronto por eso tal vez no me veas comentar cuando subas el siguente cap.
Espero que cuando regersa allá un maratón lol!
Nah mentira juju
siguelaaaaaaa bounce
Hasta pronto Very Happy
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 20th 2012, 11:10









¡¡Hola!! Mmmmmmm ¿Cómo han estado?
Espero que bien, ehhh.
Bueno, llegando al punto.
Very Happy ¿Qué opinan de una maratón?
Ya que mi amiga Andrea fué quien dió la idea, dije
¿Porqué no seguirla? Y pues deacuerdo con los capítulos que tiene la novela, si sería
buena idea una maratón, aunque tardaría algo en subirlo, ya saben, el Sábado.
Pero en vez de UN capítulo serían SEIS o SIETE capítulos...
La pregunta sería ¿Quieren maratón?









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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 20th 2012, 14:27

Por Dios, Martha, eso ni se pregunta!
Tu solo subeeeeeeee!
Vamos, siguelaaaaaaa!
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 20th 2012, 15:27

mi respuesta seria



¿POR QUE NO ?

obvio que quiero el maraton

asi que nos vemos cuando lo escribas



bye
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 20th 2012, 18:40

Por Dios! todavia preguntas?
jaja obvio que SI aun sigo por aqui.
Very Happy
saludos, cuidate
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 20th 2012, 23:49

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 23rd 2012, 13:10










Acá empieza el maratón.
¡Disfrutenlo!


















Capítulo 11














El deseo por meterme su verga casi barrió mi sentido común, pero por nada del mundo tendría sexo sin protección.
Di un paso hacia atrás y confié en que Joe reaccionara bien a lo que iba a decirle. Muchos hombres se olvidaban de tomar precauciones cuando la pasión los cegaba, pero si Joe no quería usar un preservativo no habría sexo entre nosotros.
—No estoy tomando la píldora —le dije en voz baja—. Así que tenemos que usar un preservativo… He traído algunos.
—Yo tengo algunos en la habitación —me dio un suave beso en los labios—. Enseguida vuelvo.
Me quedé contemplando su trasero desnudo mientras se alejaba. Sus glúteos eran firmes y bien definidos, como el resto de su cuerpo. Sería imposible que me cansara de mirarlo.
Mientras lo esperaba, me acomodé en el sofá y me pasé los dedos por los pezones, duros e hinchados. Aún me escocían por la boca de Joe.
Al regresar, con el preservativo ya colocado, se fijó en lo que hacían mis dedos y sonrió de oreja a oreja.
—Bonita imagen.
Extendí una mano hacia él.
—Ven conmigo.
Joe descendió sobre el sofá y colocó un brazo a cada lado de mi cuerpo. Le pasé una pierna sobre el trasero y le lamí la mandíbula. Entre el sabor de la sal y la colonia distinguí un sutil olor a jabón Irish Spring.
Su polla encontró la entrada a mi sexo y sólo tuve un instante para asimilar lo que iba a suceder. Recibí la penetración con un fuerte grito y le clavé las uñas en las hombros. Nada podría haberme preparado para las sensaciones que me colmaron con su primera y profunda embestida. Su polla era enorme, y con cada movimiento me rozaba las paredes internas de la vagina y aumentaba mi placer hasta límites insospechados.
—Bella —murmuró—. Dios… (Bella no es sobrenombre acá en la novela)
No reconocía los sonidos que salían de mi boca. Eran gritos de puro éxtasis y enajenación desinhibida. Gemí con todas mis fuerzas hasta quedar sin aliento, pero no podía saciarme. Lo rodeé con la otra pierna y entrelacé mis tobillos.
Joe se retiró casi por completo y volvió a penetrarme con otra furiosa embestida. Los ojos se me pusieron en blanco y le clavé aún más las uñas.
—¿Te gusta así? —me preguntó, rematando la pregunta con un furioso empujón.
Mi única respuesta fue un grito inarticulado.
Un rugido parecido al de un león retumbó poderosamente en su pecho. Me penetró hasta el fondo y se movió dentro de mí sin retirarse.
Sacudí la cabeza de un lado a otro y me aferré a él con todas mis fuerzas. Joe aceleró el ritmo y también lo hizo mi respiración. No quería correrme aún, pero el placer era demasiado intenso. Y la fricción de su pene contra mi clítoris me acercaba imparablemente al orgasmo.
—Mírame —me ordenó—. Mírame, bella.
Me obligué a abrir los ojos y me encontré con su ardiente mirada. Se retiró y volvió a empujar, pero esa vez lo hizo más despacio.
—Quiero verte los ojos cuando te corras.
No dije nada. Lo único que podía articular eran gritos de pasión desatada. Pero lo miré fijamente a los ojos para cumplir con su deseo. Por alguna extraña razón no me sentía cohibida ante la idea de entregarme a un desconocido. Al contrario; el nivel de intimidad que nuestros cuerpos habían alcanzado me demostraba que mi lugar estaba allí, con él.
—¿Te vas a correr? —me preguntó entre un empujón y otro. Se movía lentamente, pero con cada penetración alcanzaba mis puntos más sensibles.
La cabeza me daba vueltas y la tensión de mis músculos era cada vez mayor. Ahogué un gemido e intenté reunir las fuerzas para hablar.
—Estoy a punto… —dije con un hilo de voz.
—¿Y ahora?
Nada más preguntarlo incrementó la velocidad a un ritmo endiablado y yo no pude pensar en nada más. Joe bajó la cabeza para succionarme los pechos y en ese momento me corrí. Fue como si mi cuerpo hubiera sido lanzado en un tirachinas gigante a la órbita orgásmica. Un violento espasmo me sacudió de arriba abajo, acompañado por un prolongado grito de éxtasis.
Él abandonó el pecho para volver a mis labios y saqueó mi boca igual que si estuviera devorando mi sexo. Sólo cuando mis gemidos empezaron a apagarse y mi cuerpo dejó de retorcerse, apartó los labios y me miró a los ojos con una sonrisa.
Yo también le sonreí, exhausta y saciada, y me di la vuelta con una risita.
—¿Qué te pasa? —me preguntó.
Sacudí la cabeza, sin mirarlo, y apreté los labios para contener la risa. No me pareció que una carcajada fuese lo más apropiado después de un orgasmo bestial.
—Vamos, dímelo.
Tomé aire y me volví hacia él.
—No sabía que… No pensaba que…
—¿Qué?
—Que el sexo contigo fuera a ser tan increíble —respondí, acariciándole la cara—. Pero tú no te has corrido…
—La noche es larga —se retiró para situar la cabeza entre mis muslos.
—¿Qué haces?
—Voy a hacer que te corras de nuevo.
Me apoyé en los codos para incorporarme a medias.
—Pero ¿y tú? Yo acabo de tener un orgasmo alucinante… Ahora te toca a ti.
—Darte placer con mi boca me da tanto placer como un orgasmo.
Sus palabras me hicieron volver a estremecerme. Qué distinto era de Kevin. Para mi marido el sexo oral era un engorro. Pero para Joe era una manera de sentir placer además de darlo.
—Eres preciosa —me dijo—. Tu clítoris ya está temblando, y eso que aún no te he tocado.
Solté una exhalación entrecortada. Era extraño hablar con un hombre que tenía la cara entre mis piernas. Pero al mismo tiempo era sorprendentemente erótico.
Joe me rozó los labios vaginales con el dedo. Sus ojos ardían de lujuria y yo me quedé fascinada por el placer que le proporcionaba mirarme.
Me separó lentamente los labios, bajó la cabeza y sacó la lengua, pero mi sexo ya palpitaba de anticipación.
Cuando su lengua entró en contacto con mi cuerpo ultrasensible fue como recibir una descarga eléctrica. Un fuerte espasmo me arqueó la espalda y me hizo apretar los puños.
—Relájate, bella.
No creía que fuera posible. El torrente de sensaciones era demasiado fuerte y casi había bastado con un simple roce de su lengua para provocarme otro orgasmo. Intenté controlar la respiración y los espasmos mientras Joe me daba placer de la forma más íntima posible.
Entonces me asaltó la duda de cuánto tiempo tardaría en volver a correrme y si Joe se cansaría de comerme el coño. Mi clítoris estaba tan sensible en esos momentos que quizá no pudiera tener otro orgasmo.
Joe me lamió con la punta de la lengua y me sorbió con suavidad. Cerré los ojos con un gemido y esperé la tensión previa al orgasmo.
—Relájate —volvió a decirme él.
—No sé si puedo... —admití. No estaba acostumbrada a correrme de esa manera y no sabía si podría hacerlo con un hombre con el que me estaba acostando por primera vez. Podía contar con los dedos de una mano las veces que Kevin me había llevado al orgasmo con su lengua, y le costaba tanto trabajo que después siempre me hacía sentir culpable. Una vez me lo dijo, y desde entonces nunca más volví a pedirle sexo oral.
—¿No te gusta? —me preguntó Joe.
—Sí —expulsé el aire ruidosamente mientras volvía a lamerme—. Pero…
—No estás acostumbrada a esto —concluyó él—. A tu marido no le gustaba darte placer así.
Su observación me sorprendió. ¿Cómo podía saberlo? Sólo hacía unos pocos días que nos conocíamos, y sin embargo parecía conocerme a fondo.
No supe qué decir, y él pareció tomarse mi silencio como la confirmación de sus sospechas.
—No pasa nada —me dijo, mirándome a los ojos. Me introdujo un dedo, muy despacio, y luego otro—. No tienes de qué preocuparte conmigo. Disfruto dándote placer, sin importarme el tiempo que necesites.
Lo creí. Sabía que sería capaz de pasarse horas lamiéndome si eso era lo que hacía falta para llegar a mi orgasmo. Pero en esos momentos lo que más deseaba era que él también tuviera su orgasmo. Tal vez aún no estaba preparada para correrme en su boca. Las barreras mentales que había levantado por culpa de Kevin no iban a desaparecer tan fácilmente.
Me incorporé en el sofá y alargué un brazo hacia él.
—Lo que más me gustaría ahora es que te corrieras tú.
Pareció frustrarse un poco, pero no discutió y vino al encuentro de mi boca. Sentí mi propio sabor en sus labios, lo que avivó aún más la carga erótica del beso.
Mientras nuestras lenguas se entrelazaban en un baile frenético, usé la parte superior de mi cuerpo para tenderlo boca arriba y me senté a horcajadas sobre él.
—Quiero montarte —susurré—. Y quiero ver cómo te corres.
Joe me agarró la cara en sus manos y volvió a meterme la lengua en la boca. Aquel hombre sabía cómo besar, de eso no había duda.
Me rodeó la cintura con un brazo y antes de que me diera cuenta estábamos los dos en el suelo. Él seguía boca arriba, yo a horcajadas sobre sus caderas y nuestras bocas pegadas.
Le agarré el miembro para llevarlo a mi interior, pero él me sorprendió con una fuerte y profunda embestida. Eché la cabeza hacia atrás al tiempo que un grito apasionado brotaba de lo más profundo de mi ser.
Era una máquina. Fuerte, potente e incansable. Empujaba sus caderas hacia arriba a una velocidad sorprendente, y su polla llegaba aún más adentro de lo que había alcanzado cuando me folló desde arriba.
—Oh, Dios mío, Dios… —por más que lo intentaba no podía controlarme ante la potencia y la habilidad de Joe. En pocos segundos estaba gritando al ser barrida por otro orgasmo incontenible.
—Mírame —me ordenó.
Lo miré a los ojos, debilitada y sin dejar de gemir, y con un último empujón se hundió por completo mientras su cuerpo se estremecía y rugía como un animal.
Me agarró la cabeza y tiró de mí para besarme con una voracidad desenfrenada mientras su semen se derramaba en el preservativo. Sólo cuando ambos estuvimos sin aliento nos separamos para tomar aire.
Su miembro seguía dentro de mí. Apoyé la cabeza en su hombro e intenté respirar con calma.
Nunca me había sentido más satisfecha sexualmente, y lo mejor de todo era que tan sólo acabábamos de empezar.
Joseph había dicho que la noche era larga y que habría más orgasmos.
Y yo sabía que era un hombre de palabra.









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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 23rd 2012, 13:12
















Capítulo 12











Por la mañana me sentía como si hubiera librado un combate de lucha libre seguido de una maratón, pero no podía dejar de sonreír. Todo el cuerpo me palpitaba, incluso en los lugares más insospechados, y estaba lleno de marcas y magulladuras. Tenía un moratón en el brazo izquierdo, otro en el brazo derecho y los pezones aún me escocían por los fervientes lametones y mordiscos de Joe.
Era un hombre increíble. Absolutamente increíble. Después de hacerlo en el sofá, nos fuimos a su cama y allí nos pasamos tres horas probando toda clase de posturas, todas ellas tan excitantes que no sabría elegir una favorita. Lo único que sabía era que quería volver a probarlas todas.
Miré el reloj de la mesilla y vi que eran las diez y veinte. ¿Cómo podía estar despierta habiendo consumido todas mis energías la noche anterior? No había vuelto a casa hasta las cuatro de la mañana, tan exhausta que debería haber estado en coma varios días.
Y sin embargo era incapaz de dormir.
Aparté las sábanas y me levanté de un salto, y al hacerlo me vino a la memoria el grito tan desinhibido que solté con mi segundo orgasmo. Me resultaba sorprendente que los vecinos de Joe no hubiesen llamado a la policía.
Ya me había duchado en su casa… y habíamos tenido sexo bajo el agua… de modo que fui directamente a la cocina. Necesitaba un café bien cargado. Y llamar a Isa inmediatamente.
—Hola, ___________ —respondió al segundo tono.
—¿Qué haces?
—El vago. Aún estoy en pijama, viendo Sexo en Nueva York.
Lo pensé mejor y decidí contarle en persona mi experiencia. Aún no me había habituado a estar sola en casa.
—Apaga el televisor y mueve el trasero hasta aquí —le ordené—. Tengo noticias jugosas que contarte.
—Oooh… Voy para allá.
Estaba acabando la segunda taza de café cuando sonó el timbre de la puerta. Isa había llegado en un tiempo récord.
—Eres una zorra —me dijo alegremente nada más verme—. Lo has hecho, ¿verdad?
Como única respuesta levanté la mano izquierda para mostrarle el brazalete.
Isabel soltó un estridente chillido y la agarré del brazo para meterla en casa.
—¡Cuéntame todos los detalles! —exigió mientras entrábamos en la cocina—. Pero espera un momento… ¿Estás cojeando?
Apoyé las manos en la encimera y me giré para encararla.
—Me duele en tantos sitios que no sé si debería ir al hospital.
Isa volvió a chillar.
—¿Café? —le ofrecí—. Necesito tomarme unas cuantas tazas más.
—Creo que voy a necesitar algo más fuerte — bromeó ella—. ¿Le puedes echar un poco de Baileys?
—Claro, si quieres…
Isa negó con la cabeza.
—Prefiero tomarlo solo. ¡Empieza a hablar de una vez!
—Espera a que estemos sentadas.
Mi amiga tamborileó impacientemente con los dedos en la encimera mientras yo servía el café. Nos acomodamos en el sofá del salón y sólo entonces decidí acabar con su agonía.
—No sé por dónde empezar…
—Empieza por lo más fuerte —respondió ella al momento, pero enseguida sacudió la cabeza—. No, no soy tan depravada. Empieza por el principio.
—Creo que el principio es lo más fuerte —le dije, arqueando una ceja.
—¿Cómo? ¿Quieres decir que empezasteis a follar en cuanto te abrió la puerta?
—Más o menos.
Isa abrió los ojos como platos y esbozó una ancha sonrisa.
—No fue exactamente así. Nos saludamos, me ofreció una copa…
—Seguro que fue el caballero perfecto. ¿Cómo fue? ¿Cuánto duró? ¿Cuántas veces te corriste?
—Como ya te he dicho, me duele todo el cuerpo. Y en cuanto al número de veces… no sabría decirte. En serio, ese tío es una máquina. Como los conejitos Duracell. Y duran, y duran…
—¡Y tú te corrías, y corrías…! —exclamó Isa con una carcajada, y se fijó en mi boca con los ojos entornados—. ¿Tienes los labios hinchados?
Me pasé lentamente el dedo por el labio inferior. Era una de las muchas partes que me escocían.
—No es lo único que tengo hinchado.
—Oh, cielos… Creo que voy a necesitar el Baileys, después de todo.
—¿En serio?
—Desde luego.
Fui a por la botella de Baileys y eché una generosa cantidad en las tazas del café.
—Estuvimos haciéndolo cinco horas —le dije al sentarme de nuevo—. Podríamos haber durado mucho más, pero le dije a Joe que tenía que descansar.
—Ya sé que no debería preguntártelo, pero… qué demonios, ¿cómo es Joe comparado con Kevin?
—No hay comparación posible —respondí, quizá demasiado rápido—. No me malinterpretes. Kevin sabe cómo darme placer. Pero el sexo con Joe es sencillamente brutal. Justo lo que necesitaba en una aventura.
—Algo me dice que tuviste eso y más.
No quise mencionar la otra diferencia fundamental entre Kevin y Joe… Lo mucho que Joe había disfrutado con el sexo oral. Me daba vergüenza admitir que nunca había podido correrme de esa manera.
—¿Vas a volver a verlo?
Me encogí de hombros y tomé un sorbo de café con Baileys.
—No tengo su número. Ni él tiene el mío.
—¿Y no te has molestado en consultar la guía telefónica?
—No.
Isa me miró como si me hubiera vuelto loca.
—El número de un tío así lo tendría grabado en marcación rápida.
—Ya veremos.
—¿Cómo que ya veremos? Tus ojos dicen que te mueres por verlo otra vez. Si un tío me hubiera dado a mí tantos orgasmos, lo estaría llamando a todas horas.
—Un hombre así puede crear adicción —señalé—. Tú misma dijiste que la razón de que perdonaras a Keith tantas veces fue que el sexo con él era genial. Y al final te destrozó el corazón.
—Lo primero, Keith era mi marido. Me casé con él porque lo amaba, no sólo por el sexo. Lo segundo, tú no estás enamorada de Joe. Lo vuestro es sólo sexo, y eso hace que todo sea mucho más fácil.
—Puede ser. Pero no quiero intimar demasiado con él… Ya me entiendes.
—No, no te entiendo.
—Es por Kevin.
—¿Por Kevin?
—Ahora mismo estamos separados y no me siento preparada para volver con él. Pero quién sabe si dentro de un tiempo acabaremos arreglándolo. Por eso no quiero tener nada serio con otro hombre.
Isa resopló con desdén.
—Yo no me preocuparía por Kevin si fuera tú.
—¿Por qué odias tanto a Kevin de repente?
—Oh, quizá porque te puso los cuernos y porque puedes perderlo todo si su amiguita decide denunciarlo.
—Ya… —no necesitaba que Isa me arrojase la dolorosa verdad a la cara—. Pero al menos tuvo la decencia de contármelo. No como Keith.
Transcurrió un breve silencio.
—¿De verdad crees que Kevin te lo habría contado si esa zorra no hubiera amenazado con denunciarlo?
La observación de Isa me dejó tan desconcertada que no pude responderle.
—Ya sé que para ti es una situación similar a la que yo viví con Keith. Crees que no puedo superar el daño que me hizo y que de alguna manera lo estoy proyectando en Kevin.
No dije nada.
—Pero no es así —afirmó Isa.
—¿Crees que para mí es fácil? —le pregunté—. No sé lo que debo hacer. Ya es bastante duro aceptar la traición de Kevin y el amor que aún siento por él. Ahora más que nunca necesito tu amistad y tu apoyo por encima de todo. Si no puedes ser objetiva con Kevin, mejor será que no hablemos de él, ¿de acuerdo?
De nuevo volvió a hacerse el silencio.
—Aquí estaba, reviviendo la noche tan increíble que he pasado con Joe… y ahora estoy otra vez por los suelos.
—Hay algo que no te he contado —dijo Isa rápidamente.
—¿Qué?
La miré a los ojos, pero ella evitó mi mirada. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. —¿De qué se trata, Isa? ¿Qué es lo que no me has contado?
—Quiero que te hagas una pregunta. ¿Crees que es la primera vez que Kevin te engaña?
—¿Por qué me…? —la pregunta murió en mis labios, quedándome boquiabierta.
Isa me miró finalmente a los ojos y respiró hondo antes de hablar.
—Kevin lo intentó conmigo una vez… Hará unos cinco años.
Sus palabras me traspasaron el pecho como un cuchillo de hielo.
—No.
—Sabes que yo jamás te traicionaría, así que no pienses que ocurrió algo. En su defensa hay que decir que estaba borracho, y que por eso preferí olvidar el incidente y no decirte nada.
—¿Lo intentó contigo? —mi voz era casi inaudible.
Isa asintió.
—Por eso me pregunto si ha sido ésta la primera vez.
Quería mostrarme fuerte ante la asombrosa revelación de Isa, pero los ojos se me llenaron de lágrimas ardientes.
—¿Crees que me ha estado engañando todos estos años?
—No lo sé —respondió ella en tono suave—. No me parece que sea ese tipo de hombre, pero… Oh, cariño —me apartó las lágrimas con ternura—. Quizá no tendría que haberte dicho nada. Fue hace mucho tiempo y no volvió a intentarlo. No sé por qué te lo he contado. Soy una bocazas…
—No… Me alegro de que lo hayas hecho —me levanté—. Y ojalá me lo hubieras contado antes. A lo mejor tienes razón y me estoy engañando a mí misma al pensar que Kevin y yo podemos arreglar las cosas.
—Yo no he dicho eso…
Me obligué a bostezar.
—Estoy rendida. Creo que me voy a acostar otra vez.
Isa también se levantó.
—Te has enfadado conmigo, ¿verdad?
—No, nada de eso —la abracé para demostrárselo.
No estaba furiosa con ella. Lo estaba conmigo misma.
Por ser tan ingenua.










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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 23rd 2012, 13:14












Capítulo 13










No tenía cuerpo para enfrentarme con Kevin, pero en cuanto Isa se marchó llamé al hotel y pedí que me pasaran con él enseguida.
—Un momento, por favor —dijo la amable recepcionista que atendió la llamada.
Kevin tardó tanto en contestar que me pregunté si estaría ocupado en otras actividades más placenteras que el trabajo.
—Kevin Jonas —respondió finalmente.
—¿Qué estabas haciendo… follándote a tu puta en alguna habitación vacía? ¿O quizá en el aseo de minusválidos? —odiaba ser tan infantil, pero no podía contenerme.
—Claro que no… Estoy en el trabajo, ___________.
—Ya sé dónde estás. Acabo de marcar el número.
—No puedes llamarme al trabajo para echarme una bronca. Estoy muy ocupado. Si quieres, podemos vernos después para que me grites todo lo que quieras.
—¿Te has acostado con mi amiga? —le pregunté sin más rodeos.
—¿Qué?
—Isa me ha dicho que le tiraste los tejos.
—¿Qué?
—¿Te acostaste con ella o no?
—No sé lo que te habrá contado, pero…
—¿Eso es un «sí» o un «no»?
—¡No! Claro que no me he acostado con ella.
—Pero sí le tiraste los tejos.
—No —la voz pareció temblarle. O tal vez lo estuviera imaginando.
—Vaya, así que es ella la que está mintiendo… No como el hombre que ya me ha engañado follándose a otra.
—Por Dios, ___________, ¿cuándo vas a abandonar ese lenguaje?
—¡Cuando tú dejes de mentir!
—No estoy mintiendo. Tuve una aventura con una mujer, sí, pero en mi vida he intentado seducir a Isa y mucho menos me he acostado con ella —suspiró—. Si tengo que repetírtelo un millón de veces lo haré. Lo siento, ___________. Y te sigo queriendo.
—Que te jodan —espeté, y colgué llena de rabia.
No había pasado ni un minuto cuando el teléfono empezó a sonar. No me moleste en contestar, pues estaba convencida de que sería Kevin.
Me pasé casi toda la tarde en el centro comercial, desahogando mi frustración en las tiendas de ropa. Normalmente iba de compras con Isa, pero en aquella ocasión necesitaba estar sola. En mi estado de ánimo no sería una buena compañía para nadie. Ni siquiera para Joe, a quien pensé en ir a visitar aprovechando que su casa no estaba lejos de allí.
Había un momento para cada cosa, y esa tarde era para estar a solas con mis pensamientos. No podía dejar de pensar en lo que Isa me había contado. ¿Cómo habría intentado seducirla Kevin? ¿Le habría susurrado palabras soeces al oído? ¿Le habría apretado el trasero? ¿La habría sorprendido en un cuarto de baño y le habría sugerido que echaran un polvo rápido?
Ni en mis fantasías más salvajes podía imaginarme a Kevin pidiendo un polvo rápido. Pero tampoco me lo habría imaginado nunca teniendo una aventura. Sí sabía, en cambio, que podía ser un poco descarado cuando bebía más de la cuenta, lo cual casi nunca hacía. Tal vez le hubiera dado una palmada juguetona en el trasero a Isa y ella se lo había tomado en serio.
O tal vez yo me estaba agarrando a un clavo ardiendo.
¿Cómo podía estar segura de que Kevin no era el tipo de hombre que perdía la cabeza por las mujeres? Podría haberme tenido engañada todo ese tiempo, y como había dicho Isa, haber confesado su infidelidad sólo porque su amante amenazaba con denunciarlo.
El estómago se me revolvió al pensar en esa posibilidad. Intenté sacármelo de la cabeza y concentrarme en los vestidos, zapatos y gafas de sol. Compré un par de sandalias, un sombrero de paja y un bañador nuevo en JC Penny. En Sears compré un juego de toallas color melocotón y una carísima cafetera para hacer capuccinos y expressos a la que ya le había echado el ojo con anterioridad. No necesitaba nada de eso, pero las compras me ayudaron a matar el tiempo.
Dejé las bolsas en el maletero de mi Honda Civic y fui a la librería Barnes & Noble. Quería buscar alguna novela de terror que me ayudase a distraerme, pero el primer libro que vi al entrar fue Cómo superar la separación. Giré la cabeza y me encontré con Él no es para ti. Me di la vuelta y salí corriendo de la librería.
Me obligué a pensar en Joe, lo que no me resultó especialmente difícil. Aún tenía demasiado vivo el recuerdo de sus caricias, de los gemidos inarticulados que brotaban de su pecho mientras me lamía, de la inmediata conexión que se había establecido entre nuestros cuerpos, como si no fuera la primera vez que lo hacíamos.
Tenía que volver a verlo. Necesitaba otra sesión de sexo salvaje.
No me bastaba con quedar empatada con Kevin.
Volví al centro comercial y entré directamente en Victoria’s Secret, pero volví a salir en cuanto vi la ropa interior que lucían los maniquíes.
No quería estar sexy. Quería algo más atrevido, de modo que fui a Frederick’s of Hollywood y me compré la clase de lencería que habría conmocionado a Andrew. Un sujetador transparente con borlas sobre los pezones y un tanga con los mismos adornos.
Aquella noche iría a casa de Joe sin nada más que una gabardina sobre la ropa interior.
Al llegar a casa y soltar las bolsas en la cama, escuché los mensajes que tenía en el teléfono. El primero era de Kevin, quien tuvo la desfachatez de suspirar con frustración antes de hablar.
—Sé que estás ahí —una pausa—. Bueno, supongo que no vas a responder… Pero tienes que creerme cuando te digo que no sé a lo que se refiere Isa. De verdad que no lo sé. Ni siquiera me siento atraído por ella. Te quiero, ___________. Y no dejaré de quererte por muy enfadada que estés conmigo. Recuérdalo, por favor.
El siguiente mensaje era también de Kevin.
—Necesito hablar contigo, ___________. Llámame, por favor. Estaré en el hotel hasta las cinco. Después puedes localizarme en el móvil.
A continuación había un mensaje de Isa.
—Hola, ___________. Sólo te llamo para saber cómo estás. Oye, olvida lo que te he contado de Kevin. Fue hace mucho tiempo y él estaba demasiado bebido como para saber lo que hacía. Decidas lo que decidas, yo estaré a tu lado para apoyarte incondicionalmente. Siento si no te lo ha parecido.
Isa se equivocaba al pensar que estaba furiosa con ella. Decidí llamarla más tarde, ya que en esos momentos no estaba de humor para hablar de nada que tuviera que ver con Kevin. Lo que hice fue probarme la lencería nueva y desfilar ante el espejo de la cómoda. Me quedaba perfecta. Absolutamente perfecta.
¿Cómo reaccionaría Joe si me viera en su puerta ataviada con el atrevido conjunto bajo un abrigo abierto? Por primera vez desde la dolorosa confesión de Isa, me eché a reír. Seguro que Joe murmuraría algo en italiano, tiraría de mí para meterme en casa y me desnudaría en menos de dos segundos.
No había ninguna razón por la que tuviera que esperar hasta la noche.
No había mejor momento que el presente…
Tenía el abrigo adecuado. Era negro, de algodón, provisto de un cinturón y me llegaba a la mitad del muslo. A pesar de ser más largo que las minifaldas y pantalones cortos que lucían las jóvenes de Florida, tenía la sensación de que todo el mundo que me viera sabría lo que llevaba debajo.
Salí de casa e intenté llegar al coche antes de que nadie pudiera verme, pero no lo conseguí. El señor Warner, el anciano vecino que vivía al otro lado de la calle, estaba en su puerta. Levantó la mano y me saludó animadamente. ¿Fue mi imaginación o su sonrisa era más radiante de lo habitual?
Le devolví el saludo y me subí al coche. Yo vivía en Kissimmee, hogar de Mickey Mouse, a veinte minutos en coche de Orlando. Al ver el complejo residencial a la luz del día me fijé por primera vez en los hibiscos y el verdor de sus frondosos jardines. La fuente de la entrada parecía más impresionante de noche, al estar iluminada. Todo estaba tan limpio e impecable como el resto de Florida.
Aparqué delante del edificio número nueve y apagué el motor. Levanté la mirada hacia la ventana del segundo piso, desde donde se dominaba el aparcamiento. Tal vez Joe me hubiera oído llegar y se asomara.
No fue así.
Esperé hasta cerciorarme de que no había nadie cerca y entonces salí del coche y subí a toda prisa los escalones. Tendría que modificar mi plan, porque a plena luz del día no podía exhibirme en su puerta.
Llamé con los nudillos y esperé.
Al cabo de varios segundos volví a llamar.
Nada.
Fruncí el ceño con decepción. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? Ni siquiera me había parado a pensar que tal vez no estuviera en casa.
Apenas eran las cinco de la tarde. Lo más probable era que aún siguiera en el trabajo.
No sé lo que esperaba, pero cuando me fui de su cama a las cuatro de la mañana no se me había ocurrido que tuviera que madrugar para ir a trabajar.
Busqué su coche en el aparcamiento, donde sólo había tres todoterrenos de color negro.
Pues claro que no estaba en casa. Debía de estar comprando o algo.
O en la cama de otra mujer.
Mientras volvía a mi coche pensé en que, aparte del tamaño de su verga y de lo increíble que era en la cama, no sabía absolutamente nada de Joe. No sabía cómo se ganaba la vida, si se hacía la comida él solo o si tenía hermanos.
Era un completo desconocido a quien yo le había entregado mi cuerpo sin ninguna inhibición.
Como debía ser. Al fin y al cabo no era mi intención entablar una relación personal con él. Lo único que Joe y yo podíamos compartir era sexo.
Estaba a dos pasos de mi coche cuando oí unas pisadas detrás de mí. Un joven de veintipocos años estaba caminando por la acera, a unos diez metros de distancia. Su mirada se posó directamente en mi torso, como si tuviera visión de rayos X y pudiera ver lo que llevaba bajo el abrigo.
Abrí la puerta y me apreté el abrigo al trasero antes de sentarme. No quería revelar más partes de mi cuerpo de las que ya quedaban a la vista.
Decidí esperar a Joe, pues aún no me apetecía volver a casa. Pero al cabo de diez largos minutos desistí de mi propósito. No sabía cuándo iba a regresar y no podía quedarme toda la noche en el aparcamiento.
Saqué un papel y un boli de la guantera y le escribí una nota. Si él quisiera, que me llamase cuando llegara a casa.
Joe, he venido a verte, pero no estabas.
Llámame al 407-555-0987.
___________
Volví a su apartamento y deslicé la nota por debajo de la puerta.
—No me hagas esperar —dije en voz baja.











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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 23rd 2012, 13:15













Capítulo 14










Al volver a casa hice la cena y esperé la llamada de Joe.
Y esperé y esperé.
A las diez de la noche llegué a la conclusión de que Joe ya se había buscado otra amante o bien era el tipo de hombre que no se acostaba más de una vez con la misma mujer. No sería raro, ya que podía tener a cuantas mujeres quisiera.
La idea me desanimó bastante y decidí llamar a Isa. No quería que siguiera creyendo que estaba enfadada con ella por lo que me había contado. Si había algo de lo que no dudaba era de la inquebrantable lealtad de Isa. Siempre había sido mi mejor amiga y nunca haría nada para hacerme daño.
—¿Diga? —respondió al tercer toque.
—Hola, cariño. Soy yo.
—___________.
—Sólo quería que supieras que no estoy enfadada contigo, ¿vale?
—Estupendo —parecía muy aliviada, como si llevara esperando todo el día para oírme decírselo—. Como ya te dije, Kevin estaba tan borracho que no sabía lo que me decía.
Así que el acoso de Kevin no había pasado de ser verbal. Estuve tentada de preguntarle qué le había dicho exactamente, pero no lo hice. No tenía importancia. Lo único que importaba era la traición que ya había confesado y que yo aún tenía que superar.
—Sin embargo, a partir de ahora debo tener cuidado y averiguar si Kevin puede ser un marido fiel —dije—. En caso de que decida volver con él.
—Espero sinceramente que podáis arreglarlo —dijo Isa—. Si conseguís superar este revés, seréis una pareja invencible.
—Ya sé que quieres lo mejor para mí.
—Pues claro, ______. Eres la mejor amiga que tengo. Tengo más relación contigo que con mi propia hermana.
—Y tú eres la hermana que nunca tuve.
La señal que advertía de una llamada en espera puso fin al intercambio de ñoñerías.
—Espera un momento, Isa —miré el identificador de llamada y vi el nombre J. Bacchio.
Un apellido italiano… Joe.
—Isa, creo que Joe me está llamando por la otra línea.
—Oh… Está bien. Buenas noches, cariño.
Cambié a la otra línea y esperé un momento para borrar la sonrisa bobalicona que se me había formado en la cara.
—¿Diga?
—Has venido a verme.
Me acurruqué en el sofá con las piernas dobladas.
—Sí, así es. Pero no estabas en casa.
—Estaba trabajando.
—¿Hasta ahora?
—Hasta hace media hora, sí.
—¿A qué te dedicas?
—¿Por qué no vienes a verme y te lo cuento?
Volví a sonreír. Era una oferta que no podía rechazar. ¿Qué importaba si Joe había estado trabajando o acostándose con su harén particular? Entre él y yo sólo había sexo.
—¿Ahora?
—Por mí, estupendo.
—En ese caso, te veo enseguida.
No perdí tiempo en cambiarme, a pesar de que el sencillo vestido sin mangas no era tan sexy como el atuendo con el que había ido a verlo horas antes. De camino a su casa me asaltaron las dudas. ¿Cómo reaccionaría Joe al verme por segunda vez? ¿Volvería a prender la misma pasión? ¿Sería todo igual de intenso?
Tuve la respuesta en cuando me abrió la puerta. Su rostro se iluminó al verme y sus ojos ardieron de deseo. Y a mí me inundó una ola de calor al ver que sólo llevaba una toalla alrededor de la cintura.
—Hola —me saludó.
—Hola —le sostuve la mirada como si no estuviera con el torso desnudo y la piel mojada. Como si no rezumara una virilidad irresistible que desatara mis hormonas.
—Se puede mirar —me dijo—. Y tocar.
Sonreí.
—Creo que será mejor esperar hasta haber entrado.
—Cuando quieras… soy todo tuyo.
Dio un paso atrás para dejarme entrar. Crucé el umbral y le recorrí el pecho y los abdominales con la mirada. Debía de hacer mucho ejercicio para mantener su impresionante musculatura.
Alargué un brazo para tocarlo, pero él retrocedió antes de que pudiera rozarle la piel. Volví a intentarlo y él volvió a retroceder con una sonrisa burlona.
—Sabes que eres muy sexy, ¿verdad? —le dije.
—Sé lo sexy que eres tú —respondió él, colocándose detrás del sofá. El brillo de sus ojos me incitaba a perseguirlo.
—Ya lo entiendo… Quieres que te demuestre hasta qué punto te deseo.
Joe me guiñó un ojo. Intenté agarrarlo otra vez y de nuevo me esquivó.
Me detuve para pensar en mi próximo movimiento. Di unos cuantos pasos y él me imitó hasta quedar al otro lado del sofá. Me quité las sandalias para no tropezar y eché a correr hacia él, pero ni siquiera descalza logré alcanzarlo. La toalla se agitaba con sus zancadas, sin llegar a caérsele. Me paré detrás del sofá y él me sonrió desde el otro lado.
—Supongo que no estarás acostumbrada a ser el gato en vez del ratón.
—No te preocupes por mí —le dije—. Se me da bien cazar ratones.
Me lancé otra vez a por él y esa vez casi conseguí sorprenderlo, pero después de dos vueltas al sofá volví a detenerme. Tendría que ser más lista que él. Inicié de nuevo la persecución, y cuando lo tuve frente a mí, con el sofá por medio, me abalancé sobre el respaldo y conseguí rozarle las piernas. Pero él se apartó con facilidad, riendo, y yo acabé sobre los cojines.
Al levantarme vi que no estaba detrás del sofá, como había esperado, sino a mitad de camino entre el sofá y la puerta de su habitación. Yo estaba sin aliento, pero intenté no aparentarlo.
Muy lentamente, Joe se quitó la toalla y se reveló en todo su esplendor. El tamaño de su pene era impresionante, aun no estando erecto.
Hizo una bola con la toalla y la arrojó hacia mí, cayendo tras el sofá.
—¿Cuánto me deseas? —me preguntó.
No me dio tiempo a responder. Se metió corriendo en el dormitorio y yo eché a correr tras él. Las luces estaban apagadas, de modo que me detuve al entrar para buscarlo. En cuanto me di cuenta de que no estaba en la cama, una sombra apareció desde detrás de la puerta y se abalanzó sobre mí. Chillé y me aparté instintivamente, aunque sólo podía tratarse de Joe. Él me abrazó por detrás y yo solté una risa nerviosa.
Esas risitas se transformaron en gemidos cuando Joe pegó los labios a mi cuello y empezó a lamerme la piel, a la vez que me agarraba las manos y me las levantaba sobre la cabeza para aprisionarme contra la pared.
Me introdujo la lengua en la oreja mientras me hacía extender las palmas sobre la pared. Mis gemidos se hicieron más fuertes y las sensaciones más intensas. Joe me apartó el pelo para besarme la nuca y bajó con los dedos y la boca por mi espalda. El vestido le salió al paso, pero aun así sentía el calor de sus labios.
De repente dejé de sentirlo todo. Ni sus dedos ni sus labios. Era una sensación extraña no sentir nada estando a oscuras e ignorando lo que pasaría a continuación. Pasaron los segundos y el corazón empezó a latirme con fuerza mientras me preguntaba qué sería lo siguiente que haría Joe.
Entonces sentí sus manos en los muslos y cómo me tiraba del vestido hacia arriba, del tanga hacia abajo y hundía sus dientes en mis nalgas.
Su gemido se confundió con mi grito ahogado.
Me atrapó la carne con los dientes y succionó con fuerza. Iba a dejarme una marca en el trasero igual que había hecho en mi pecho.
Me estremecí cuando sus dedos me tocaron el sexo y empezaron a acariciarme el clítoris. Durante unos deliciosos segundos estuvo masturbándome, frotándome y metiéndome los dedos. Y cuando dejó de hacerlo, el sonido que hizo su lengua al lamer mi sabor también hizo que me estremeciera de placer.
Me di la vuelta y vi a Joe de rodillas, lamiéndose un dedo. Disfrutaba tanto como yo con lo que hacía. Me agaché y le lamí el mentón, y enseguida estuvimos besándonos con tanto frenesí como dos adolescentes en el coche de los padres.
Joe se tumbó en la alfombra y yo me subí el vestido para colocarme a horcajadas sobre él, pero el tanga me lo impedía a la mitad de mis piernas. Joe advirtió mi aprieto y me arrancó la prenda con un fuerte tirón, me agarró con impaciencia las nalgas y tiró de mí hacia abajo mientras seguía besándome.
La sensación de tener su miembro pegado a mi sexo era casi irresistible, pero conseguí susurrar la palabra «condón». No podíamos arriesgarnos a no usarlo.
Joe gruñó con decepción y yo me aparté para que pudiera levantarse e ir hasta la mesilla de noche. La luz de luna que entraba a través de las persianas me permitía ver su imponente erección. Me toqué el clítoris y lo encontré duro e hinchado.
Me moría por tener su polla dentro de mí.
Mientras Joe se colocaba el preservativo, yo empecé a despojarme del vestido.
—No —me detuvo él—. Déjatelo puesto.
—Como quieras…
Joe volvió junto a mí, se arrodilló y, sin apartar la mirada de mis ojos, deslizó los dedos bajo los finos tirantes y tiró de la parte superior del vestido hacia abajo para liberar mis pechos. Dejó escapar un gemido de asombro, como si acabara de descubrir el mayor tesoro de la Tierra, y agachó la cabeza para empezar a chupar.
En esa ocasión, sin embargo, no lo hizo con la misma voracidad que la noche anterior, sino con una delicadeza exquisita que me hizo vibrar de placer.
—Fóllame —le pedí, incapaz de esperar más—. Por favor… fóllame ya.
Joe soltó otro excitante gruñido, me tumbó de espaldas y se colocó entre mis piernas. El movimiento fue sorprendentemente suave. Separé las piernas para facilitarle la postura y un segundo después estaba dentro de mí.
El primer momento era sin duda lo mejor del coito. El instante en que una polla dura y erecta invadía mi sexo empapado. Joe me había penetrado durante horas la noche anterior, pero en cuanto volvió a estar dentro de mí supe que sería una experiencia totalmente nueva.
—¿Rápido… o despacio? —me preguntó al oído.
Lo besé en el cuello. No creía que mi vagina pudiera soportar otro saqueo salvaje.
—Despacio.
El gemido que escapó de su garganta pareció manifestar su conformidad. Tensó los brazos por detrás de mis rodillas y se hundió hasta el fondo mientras me besaba. Se retiró lentamente y volvió a penetrarme a la misma velocidad.
Las sensaciones me colmaban por completo. Podría correrme así, aunque Joe no se moviera. Era increíble tenerlo dentro de mí.
—Sí, bella —susurró él antes de seguir besándome. Nuestras lenguas se entrelazaron mientras su miembro se movía en mi dilatado interior con calma y habilidad.
Era maravilloso hacerlo de esa manera tan íntima, dulce y personal.
Tan pausado era el ritmo que manteníamos que el orgasmo me pilló por sorpresa con una fuerza indescriptible. Surgió de repente desde lo más profundo de mi ser y se propagó como un torbellino hasta la punta de mis dedos. Intenté separar la boca para gritar, pero Joe siguió besándome y tragándose mis gemidos y jadeos como si quisiera que formasen parte de él.
No fue hasta que cesaron los temblores del orgasmo cuando finamente despegó la boca y me permitió tomar aire.
—Me encanta cómo te estremeces entre mis brazos… Y saborear la pasión en tus labios.
Lo miré a los ojos y una vez más me pareció que tenía algo especial. Kevin nunca me había hablado de esa manera. Y me gustaba cada vez más.
—¿Te has corrido? —le pregunté.
—Me gusta más cuando te corres tú.
—Ya lo sé, pero…
—No te preocupes. Tenemos toda la noche.
Sacó su miembro y se tumbó a mi lado para volver a besarme. Cerré los ojos y me abandoné de nuevo a sus caricias. Y mientras deslizaba la mano entre mis muslos y volvía a llevarme al orgasmo me pregunté si alguna vez podría saciarme de él.











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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 23rd 2012, 13:17












Capítulo 15/size]











[size=18]Aquella noche me quedé con Joe y me desperté entre sus brazos, con su cuerpo pegado al mío por detrás. El sexo aún me escocía, pero estaba segura de que si Joe se despertaba y me colocaba sobre él, sería incapaz de resistirme.
Era tan sabroso y tentador como un bombón.
—¿En qué piensas? —su pregunta me sorprendió, pues no esperaba que estuviese despierto.
—En ti —le respondí con sinceridad. Joe tenía la mano sobre mi vientre y coloqué la mía encima de la suya.
—Me alegro de que te hayas quedado. Me gusta despertarme contigo en mis brazos.
El corazón se me encogió de emoción y una vez más tuve la sensación de que Joe era un hombre especial. No estaba segura de lo que había exactamente entre nosotros, pero estaba claro que era algo más que sexo.
—¿Vas a trabajar hoy? —me preguntó él.
—No. Soy profesora, así que tengo todo el verano libre.
Por la forma en que me apretó el vientre parecía complacerle la respuesta. Tal vez se imaginaba que podíamos pasarnos las próximas seis semanas en la cama.
La idea era realmente excitante.
—¿Y tú? —le pregunté—. Me dijiste que me hablarías de tu trabajo cuando viniera a verte, pero luego nos distrajimos y…
Me apartó el pelo y me besó suavemente en la nuca. Mi clítoris respondió con una palpitación instantánea. ¿Cómo era posible que, después de haberme pasado la noche teniendo un orgasmo tras otro, siguiera deseando a Joe como desde el primer momento?
—¿Estás intentando volver a distraerme? —le pregunté, cerrando los ojos—. ¿Lo haces para no tener que responderme?
—Me dedico a hacer vídeos promocionales y anuncios para televisión.
Me giré para mirarlo.
—¿Haces vídeos?
—Bueno, en realidad los filmo. Soy videógrafo.
—¿En serio? —le pregunté sin disimular mi admiración.
—Sólo es un trabajo.
—Suena muy divertido.
—En realidad, puede ser muy aburrido. Algún día espero hacer películas.
—¿Qué has hecho hasta ahora?
—Poca cosa. Unos vídeos soporíferos para algunas empresas y un anuncio de teletienda alabando las maravillas del Ford Focus y las facilidades de financiación. Quizá lo hayas visto de madrugada.
No lo había visto, pero no importaba.
—Estoy impresionada.
—¿Por qué?
—No sé.
—¿Te parece que es un trabajo con glamour?
—Bueno… me gusta todo lo relacionado con la creatividad. Hace mucho tiempo soñaba con ser actriz.
—Aún puedes serlo. Eres muy hermosa.
—No, ya no.
—Pues claro que lo eres.
—Me refiero a que ya no puedo ser actriz. Ese tiempo ha pasado.
—¿Por qué dices eso? Si tienes un sueño debes perseguirlo cueste lo que cueste.
—Ya soy demasiado mayor.
—¿Cuántos años tienes? ¿Veintitrés?
Me reí.
—Justo. Tengo treinta.
—¡Treinta! —exclamó, antes de darme un beso en los labios—. No aparentas más de veintipocos. A la cámara le da igual tu edad, sólo le importa lo que aparentes.
—Puede ser —admití—. Pero mi vida ha cambiado y ya no tengo sueños —no quería decirle que había renunciado a todos mis sueños por haberme casado—. No los echo de menos, ya que me gusta mi trabajo. Y cuando quiero ser creativo, pinto.
Fue el turno de Joe de quedarse impresionado.
—Así que eres una artista…
—Yo no diría tanto, pero sí que me gusta pintar.
—¿Has expuesto alguna vez tu obra?
—¿Exponerla? Claro que no. No soy tan buena.
—¿Me dejarías verla?
—¿Me tomas el pelo?
—Claro que no. Te lo digo completamente en serio.
—¿Por qué? Mis cuadros no son gran cosa.
Joe dejó pasar unos segundos en silencio.
—¿Tu marido no mostraba interés en tus pinturas?
—Bueno, no es que le molestara, pero tan sólo lo veía como un pasatiempo.
—Pero para ti es algo más —era una afirmación, no una pregunta.
Hacía mucho que no pensaba en mis ilusiones, pero hubo un tiempo en el que deseaba dedicarme en serio a la pintura o a la actuación. Al final acabé dedicándome a la enseñanza, una profesión nada creativa, pero mucho más segura.
—Ya te he dicho que me gusta pintar, pero no soy una profesional.
Los dos nos quedamos en silencio, y Joe pareció darse cuenta de que no me apetecía profundizar en el tema.
Me fijé en la foto enmarcada que había en su mesilla de noche. Una bonita mujer afroamericana y un hombre de pelo negro estaban sentados y sonrientes, unidos por las mejillas.
—¿Son tus padres? —pregunté.
Joe giró la cabeza para seguir la dirección de mi mirada.
—Sí.
—Hacen buena pareja —dije con tristeza al pensar en mis padres—. Parecen muy felices.
—Lo eran. Eran muy felices.
—¿Eran?
—Murieron.
Ahogué una exclamación.
—Oh, Joe… Lo siento mucho.
—No es culpa tuya, y además ya lo he superado. Murieron juntos, como ellos hubieran querido.
Le acaricié la cara.
—¿Cómo fue?
—Hubo un incendio en su casa. Mi padre intentó salvar a mi madre y acabaron muriendo los dos.
Volví a acariciarlo.
—Lo siento mucho.
—Fueron inseparables en la vida y en la muerte.
—Al menos siempre se tuvieron el uno al otro.
—¿Y tus padres?
Una amarga sensación me revolvió el estómago.
—Mi padre murió en un accidente de coche, pero mis padres nunca fueron tan felices como los tuyos —omití el detalle de que mi madre le rompió el corazón a mi padre cuando lo abandonó por otro hombre—. Mi madre volvió a casarse y ahora vive en California.
—¿Tienes hermanos?
—Un hermano mayor. Hace once años se fue de vacaciones a Inglaterra, conoció a una mujer y se fue a vivir allí por ella. Desde entonces están felizmente casados. ¿Y tú? ¿Tienes hermanos?
—Tres hermanos y dos hermanas. Yo soy el menor de todos.
—Ajá.
—Viven en Italia, cerca de Roma. Yo también vivía allí hasta hace ocho años.
—¿Qué te trajo a Estados Unidos?
—Conocí a una mujer por internet y vine a verla en persona. Nuestra relación apenas duró dos meses, pero me enamoré de Orlando y decidí quedarme a vivir aquí —se calló un momento—. También quería empezar de nuevo. Fue al año siguiente de la muerte de mis padres. Para mí era muy duro permanecer en Italia.
—Lo entiendo.
—Vamos a hablar de otra cosa —sugirió él.
Asentí comprensivamente. No podía reprocharle que no quisiera hablar de la familia, sobre todo habiendo perdido a sus padres de una manera tan trágica.
—¿Cuántos novios tuviste antes de casarte?
—Vaya, eso sí que es cambiar de tema…
—¿No quieres decírmelo?
—No tengo ningún problema en decírtelo. Sólo tuve uno. Bueno, mejor dicho dos, aunque con el segundo me casé.
—¿Quieres decir que sólo has intimado con dos hombres?
—Supongo que es algo difícil de creer en estos tiempos, pero sí. Tú has sido el tercero.
Joe sonrió, aparentemente complacido con mi respuesta.
—¿Salgo bien o mal parado si me comparas con ellos?
—¡Joe!
—En serio, bella. Quiero saberlo.
—Bueno, con el primero no hay comparación posible. Ni siquiera lo consideraría una experiencia sexual. Más bien… —no acabé la frase.
—¿Qué ocurrió?
No respondí.
—¿Bella?
Permanecí en silencio, rememorando aquella espantosa noche.
—Mírame, bella.
Me di cuenta de que había cerrado los ojos. Volví a abrirlos y me encontré con la expresión preocupada de Peter.
—¿Qué te hizo?
Suspiré.
—Me violó.
—¿Qué? —una furia asesina ardió en sus ojos y me apretó contra él—. Dios mío… ¿Cuándo fue? ¿Quién era? ¿Lo metieron en la cárcel?
—Era mi novio… o algo así. Y no, no lo detuvieron. Fue hace once años, cuando estaba en la universidad.
Peter respiraba agitadamente, como si intentase sofocar la ira. A pesar del desagradable recuerdo de Chad, me sentí bien al saber que Peter se preocupaba por mí.
—Estábamos saliendo juntos. Él quería que lo hiciéramos y al principio yo también quería. Luego cambié de opinión y le dije que no, pero él no se detuvo —relataba lo ocurrido sin la menor emoción, como si no me hubiera ocurrido a mí. Si permitía que el trauma me afectara, me hundiría sin remedio.
—Lo siento, bella…
—No pasa nada. Podría haber sido peor.
¿De verdad podría haber sido peor? Había vivido con el recuerdo durante once largos años, despertándome en mitad de la noche por culpa de las pesadillas. Con Andrew el sexo era tranquilo y suave, y aun así había veces en que tenía que parar porque el recuerdo de Chad me invadía de repente. Andrew siempre había respetado mis sentimientos y nunca me había presionado.
Pero ahora que estaba con Peter había descubierto algo sobre mí misma. Al fin comprendía que con Andrew me había estado reprimiendo sexualmente, reacia a confiar en un hombre por culpa de lo que me había hecho Chad. Sólo me sentía segura cuando el sexo era seguro y delicado, sin atreverme a explorar mi lado salvaje. La infidelidad de Andrew había sido la llave que abrió la puerta de mis inhibiciones y que me hacía descubrir un mundo de posibilidades insospechadas.
—Tu ex marido y tu primer novio te hicieron daño —dijo Peter—. Pero yo nunca te lo haría, bella. Te amaré como mereces ser amada.
Sus palabras me llenaron de calor.
—Ojalá pudiera matar al animal que te violó — murmuró, besándome en la sien—. No tenía derecho a hacerte lo que te hizo.
—Irá al infierno —dije. No quería seguir pensando en Chad—. De eso estoy convencida.
Me besó con ternura en la frente.
—Ahora me será mucho más difícil irme de viaje y dejarte aquí.
—¿Cómo? ¿Te vas de viaje?
—Sí. ¿Me echarás de menos?
—¿Adónde vas?
—Tengo que estar en Key West durante cuatro días.
—Key West… —el corazón me latió con fuerza—. ¿Qué tienes que hacer allí?
—Trabajar. Voy a hacer un vídeo promocional para el hotel Sheraton.
—Oh —fruncí el ceño.
—No te pongas triste —me puso el dedo bajo la barbilla para hacerme levantar el rostro—. Sólo serán cuatro días. Estaré de vuelta el martes.
—¿Cómo voy a estar cuatro días sin ti? —para el martes quedaba una eternidad, sobre todo porque me había ilusionado con pasar el fin de semana en la cama de Peter.
Él se echó a reír.
—El avión no sale hasta esta tarde. Puedes pasar casi todo el día conmigo, si quieres.
Deslicé una pierna sobre la suya y posé mi mano en su miembro.
—¿Puedo?
—Pues claro —se colocó entre mis piernas y se agachó para besarme el clítoris—. Y voy a darte algo para que me recuerdes en todo momento mientras estoy fuera…
Minutos después estaba gritando su nombre al correrme.
A las cuatro de la tarde, después de haberme parado a comer algo por el camino, estaba en casa y echando terriblemente de menos a Peter. Peaches se alegró de verme y fui a la cocina a llenarle el cuenco de comida, pero lo encontré lleno y también otro recipiente con agua.
¿Andrew había estado allí?
Me di la vuelta rápidamente, casi esperando encontrármelo en casa aunque su coche no estaba aparcado fuera. Fue entonces cuando vi una nota en la mesa de la cocina.
Sophie:
He venido a por unas cosas. Esperaba encontrarte en casa y lamento no haber podido verte. Espero que estés bien. Llámame cuando estés lista para hablar.
Te quiero,
Andrew
Arrugué la nota y me dispuse a tirarla a la basura, pero dudé un momento y volví a desplegarla para leerla de nuevo. Entonces volví a arrugarla y la tiré.
Aún no estaba lista para tratar con él, y tampoco me gustaba que se presentara en casa sin avisar. ¿Sabría que no había pasado allí la noche?
Me daba igual si lo sabía o no. Era él quien me había dado permiso para que me acostase con otro, y si se molestaba era su problema.
Aun así… me pregunté en qué estaría pensando, y cómo sería su reacción si supiera la cantidad de orgasmos que yo estaba teniendo con Peter.
¿Se arrepentiría de haber tenido una aventura?
—Deja de pensar en Andrew —me ordené, pero era mucho más fácil decirlo que hacerlo. ¿Cómo iba a dejar de pensar en el hombre con quien había estado casada ocho años?
Sin darme cuenta, estaba agarrando el teléfono y llamando a Peter. Quería oír la voz del hombre que me hacía sentir maravillosamente bien.
A lo mejor le sugería acompañarlo a Key West, con la promesa de no entorpecer su trabajo.
Por desgracia, no respondió al teléfono. Ya debía de estar en el aeropuerto.
¿Y si hacía rápidamente la maleta y me iba en coche a Key West? El viaje duraría varias horas, pero si no encontraba mucho tráfico podría llegar alrededor de la medianoche. Y Peter había mencionado el hotel Sheraton, por lo que sería fácil encontrarlo.
No, no podía hacer eso. Si me presentaba allí sin avisar Peter pensaría que lo estaba acosando.
De modo que me quedaría mejor en casa a esperar su regreso.
Eso sí, durante los cuatro próximos días iba a masturbarme más de la cuenta.











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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 23rd 2012, 13:29










Capítulo 16/size]












[size=18]En los próximos días sólo pude pensar en Joe. Me había llamado todas las noches, normalmente después de las diez, y cada vez que sonaba el teléfono el corazón me daba un vuelco.
Su ausencia y sus llamadas me hicieron darme cuenta de lo unida que me sentía a él. Había descubierto que me gustaba, no, me encantaba, el sexo sin compromisos. Pero había algo más. Disfrutaba enormemente del tiempo que pasaba con él, y cada vez que oía su voz se me animaba el espíritu. Las palabras que me susurraba desde Key West me excitaban tanto como sus manos y su lengua, y el tono que les infundía me hacía creer que era la mujer más maravillosa de la Tierra.
Era genial que un hombre estuviese tan colado por mí.
Las diferencias entre Joe y Kevin no podrían ser más flagrantes. El sexo con mi marido no estaba mal, pero no podía compararse a lo que tenía con Joe. Kevin siempre era prudente y previsible, y nunca, ni una sola vez, había intentado excitarme por teléfono.
El hecho de que no pudiera dejar de pensar en Joe me ayudó a tomar una decisión. No quería seguir viendo las cosas de Kevin en casa. Ni sus ropas en el armario ni su colonia en el cuarto de baño. Tal vez no pudiera borrarlo de mi vida si las hacía desaparecer, pero no quería que me lo siguieran recordando.
De modo que llamé a Isa y le pedí ayuda para empaquetar las cosas de Kevin y guardarlas en el garaje.
—¿Quieres empaquetar las cosas de Kevin?
—Sí. Creo que es algo que debo hacer.
—¿Qué quieres decir? —me preguntó Isa—. ¿Es que vas a…?
—¿Romper definitivamente? —concluí yo—. De momento no. Pero necesito explorar lo que siento por Joe. No dejo de pensar en él y… —no estaba segura de lo que estaba sintiendo.
—Ya sabes que puedes contar conmigo para empaquetar las cosas de Kevin y también para desempaquetarlas. Pero esta noche no me viene bien.
—No pasa nada. Podemos hacerlo mañana por la mañana.
—Allí estaré.
Colgué y me convencí a mí misma de que había tomado la decisión correcta.
El corazón casi se me salió del pecho cuando sonó el teléfono después de medianoche. Me giré en la cama para ver el identificador de llamada y vi que era un número desconocido. Tenía que ser Joe llamando desde su móvil. Bajé el volumen de la televisión y agarré el auricular.
—¿Diga?
—Hola, _________.
La sangre se me heló en las venas. No era Joe.
—Kevin —dije, con la voz trabada por la desagradable sorpresa.
—Espero no haberte despertado.
Arrastraba ligeramente las palabras, y de fondo se oía ruido. ¿Estaría en un bar? ¿Bebiendo, tal vez?
—Te echo de menos, cariño. No te imaginas cuánto.
Sí, definitivamente había bebido.
—¿Dónde estás? —le preguntó—. ¿En un bar?
—Quiero verte… ¿Puedo ir esta noche?
—¿Qué? —el pánico me hizo un dar brinco—. No… no puedes venir ahora.
—¿Hay alguien más ahí? ¿Estabas con él la otra noche?
—Estás borracho, Kevin. No se te ocurra venir ahora. Así no puedes conducir.
—¿Te importaría que me matara? —preguntó atropelladamente.
—No digas tonterías.
—¿Hay alguien más ahí? —repitió—. ¿La otra noche estabas en la cama de otro?
No sabía qué decirle, y menos en su estado de embriaguez.
—¿Dónde estás? —le pregunté.
—En Bahama Breeze. Escuchado un grupo de reggae y recordando nuestra luna de miel en Ja… mai… ca —fingió el acento jamaicano.
Bahama Breeze estaba en International Drive, no muy lejos del hotel de Kevin. Verlo era lo último que deseaba, pero no podía quedarme allí y dejar que se subiera al coche después de haber bebido.
—¿Estás solo?
—No. Nicholas está conmigo.
Menos mal…
—Déjame hablar con él, por favor.
—Un momento.
Se oyeron unos ruidos al otro lado de la línea.
—¿Diga?
—Hola, Nick. Soy _________..
—¿Cómo estás, ____.?
—Bien, gracias —Nick no parecía ebrio, pero tenía que asegurarme—. ¿Has bebido?
—No. Tomé una cerveza hace rato, pero ahora estoy bebiendo un refresco.
—Entonces ¿puedes conducir? —insistí.
—Sí, claro. Pero déjame que te diga que Kevin lo está pasando muy mal.
No dije nada.
—Te quiere, _________.. Te quiere de verdad.
Esperé un momento antes de responder.
—Tiene un modo muy curioso de demostrarlo.
—Tienes que creerlo. Se está volviendo loco sin ti.
Sentí una presión en el pecho. No quería tener aquella conversación, y mucho menos quería sentirme culpable por Kevn. Lo perdonaría cuando estuviera preparada… si alguna vez llegaba a estarlo.
—Me alegro de que estés con él. Ahora me vuelvo a dormir —le dije a Nick, y colgué sin despedirme.
El teléfono volvió a sonar menos de un minuto después. Irritada, levanté el auricular y empecé a farfullar.
—Kevin, deja de beber y vete a dormir. ¡Y no me llames más!
—¿Quién es Kevin?
No era lo que esperaba oír, y por un momento me quedé sin habla.
—¿Joe?
—¿Quién si no te llama a estas horas?
—Hola… —sonreí—. Me extrañaba que aún no me hubieses llamado.
—Ha sido un día de mucho trabajo y los chicos del equipo salimos a tomar algo al acabar, por eso no he podido llamarte antes. ¿Quién es Kevin?
—Mi marido. Te dije que estaba casada.
—Creía que te habías divorciado —dijo él, decepcionado y sorprendido.
—Estoy separada —aclaré.
—¿No me dijiste que os habíais divorciado?
—No. Pero no estamos juntos, si es eso lo que piensas.
—¿Por qué te ha llamado?
Suspiré.
—Porque está borracho. Supongo que se arrepiente de lo que hizo. Pero no me apetece hablar de Kevin. Quiero que hablemos de ti. Te echo de menos… —añadí en un susurro muy sensual.
—Yo también te echo de menos.
—¿Ah, sí?
—No te imaginas cuánto.
—Creo que me hago una idea… Me muero por verte y tocarte… ¿Cuándo volverás?
—Mañana, sobre las ocho.
—¿De la mañana? —pregunté, esperanzada.
Joe se rió.
—Sí que me echas de menos…
—Pues claro.
—Bien, porque quiero verte en mi casa en cuanto llegue, que será alrededor de las ocho de la tarde. Te llamaré desde el aeropuerto para que te pongas en camino.
—Lo haré —le prometí, antes de bajar la voz—. Te necesito. Y mi cuerpo también.
—¿Estás mojada?
—Estoy muy excitada.
—Pero ¿estás mojada?
—Tal vez. Un poco.
—Compruébalo.
Me reí.
—¿Quieres decir…?
—Sí. Tócate.
Volví a reírme.
—Por favor, bella… Tengo que saberlo. Por favor.
—Está bien —deslicé una mano en las bragas y me metí un dedo—. Mmm… Sí, estoy muy mojada.
El gemido de Joe retumbó a través de la línea y reverberó por todo mi cuerpo.
—¿Llevas bragas?
—Sí.
—Quítatelas.
—¿En serio? —miré alrededor y vi a la gata en su cesta, junto a la puerta, observándome con curiosidad.
—Por favor, bella. Necesito que te las quites y te toques.
No tuvo que volver a pedírmelo. Me aparté el teléfono de la oreja y me bajé las bragas por los muslos.
—Ya está.
—¿Llevas algo más?
—Un picardías negro, pero me lo he subido hasta la cintura.
—Me gusta —volvió a gemir y oí que él también se tocaba—. Te imagino tendida de espaldas, con las piernas separadas, ofreciéndome tu sexo empapado… Dios... me lo comería ahora mismo.
Tragué saliva.
—Me vas a volver loca.
—Tócate. Quiero oír cómo te corres.
Volví a mirar a la gata, pero ella bajó la cabeza y cerró los ojos. Me cambié el teléfono a la oreja izquierda para poder tocarme con la mano derecha.
—¿Te estás tocando?
—Sí —me pasé un dedo sobre el clítoris y lo moví en círculos, muy despacio.
—¿Sabes cuánto me gusta tocarte? Me encanta cómo se te hincha el clítoris cuando te excitas… Tócate hasta que te corras.
—Ya lo hago… —la presión se hacía mayor. Cerré los ojos e imaginé que era él quien me tocaba.
—Pero lo que más me gusta es comerte el coño… Los jadeos y ruidos que haces cuando te estoy chupando el clítoris…
Su voz avivaba las llamas de mi cuerpo tanto como el recuerdo de sus caricias.
—Dios…
—¿Vas a correrte? —oía cómo se tocaba, cada vez más rápido.
—Estoy a punto…
—Eso es lo primero que te haré mañana. Te comeré el coño y te meteré la lengua hasta…
La explosión orgásmica me sacudió con una fuerza aturdidora mientras me metía los dedos igual que Peter haría con su lengua.
—¡Me corro, nena! —gritó él, y acompañó su eyaculación con un prolongado gemido.
El orgasmo me dejó sin aliento, igual que a Joe el suyo, y durante varios segundos los dos estuvimos jadeando en silencio.
—Ha sido increíble —dije con una sonrisa—. Y ni siquiera estabas aquí…
—Imagínate cómo será mañana por la noche.



A la mañana siguiente sonó el teléfono mientras estaba haciendo café en la cocina. Rápidamente agarré el auricular de la pared.
—¿Diga?
—Vaya, vaya… Parece que esperabas la llamada de otra persona.
Estaba pensando en Joe, lógicamente, como llevaba haciendo desde que me desperté.
—Hola, Isa. ¿Qué pasa?
—¿Cómo que qué pasa? ¿No querías que fuera a ayudarte esta mañana?
Al principio no entendí de qué me estaba hablando, pero entonces recordé que Isa había prometido ayudarme a guardar las cosas de Kevin.
—Claro, claro. Puedes venir cuando quieras.
—¿Hay alguien contigo?
—No, sólo estamos Peaches y yo.
—¿Aún quieres hacer esto?
—Lo único que voy a hacer es guardar las cosas de Kevin en el garaje. No voy a tirarlas ni a quemarlas —el tiempo diría qué pasaría entre Kevin y yo. De momento sólo quería concentrarme en Joe.
Y en el reencuentro con su verga aquella noche.
—Me doy una ducha rápida y voy para allá.
—Genial.
Era el mejor momento para empaquetar las cosas de Kevin, porque apenas pasaría tiempo en casa cuando Joe volviera a la ciudad.















¡Se acabó!
¡Ya, se acabó! ¡Baile de 5 segundos!
Desde ayer se acabaron las clases, y ahora sólo me queda disfrutar mis días libres...
Ehhh chicas, tengo malas noticias...
Estaré por lo menos una semana afuera, donde mi tía, no hay internet
ni nada por el estilo, y no, no es rancho. Sólo serán una semana, así que espero y no se me deseseperen
Aunque la semana empieza el 1 de Julio, así que aún hay tiempito para que suba capítulos
hasta ese día.
¿Qué les ha parecido la novela? La verdad, cuando la leí dije "OMJ seguro estará aburrida" pero que va!
Jejejeje bueno chicas, cuidense y no se coman las uñas.
Ahora pasaré más tiempo por el foro. Así que acepto de todo Smile


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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Hoy a las 10:25

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Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/
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