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 Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/

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rox
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 19th 2012, 23:48

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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catchingjonas
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 20th 2012, 05:36

¡Oh! Queremos capítulo ¡Sí!¡Sí!¡Sí!
Jajajá,
Bueno , supongo que lo dejé claro hahaha juju
Espero que subas pronto ,
estoy inquieta por saber que es lo que ocurrirá.
Presiento que Kev se va a llevar un buena discusión...
En fin , me voy
Cuídate , y no te olvides de subir
Bye =)
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 20th 2012, 21:49

.
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rox
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 21st 2012, 00:50

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 22nd 2012, 07:39

Hahaha* escribió:
SweetHeart(MarthaJonas14) escribió:
Ah, Demi, AMO la saga y los libros. Yo estoy subiendo el primer libro: Los Juegos Del Hambre (Esta en mi firma)
Y también AMO a Peeta, es tan tierno! Muero por ver En Llamas. Cuidense.





¡Síi!
Yo también los amo , yo ya me los he leído ¿y tu?
Son perfectos , mi favorito es Sinsajo. ¿Y el tuyo?
Yo también estoy impaciente por que saquen la segunda parte.

En fin , siento no haber comentado antes pero es que estoy súper estresada
por todos los exámenes , ya que estoy en el último trimestres del curso y puff..
Hay demasiadas cosas..

Por cierto , me encantó el capítulo aunque debo decir Estúpido, y tonto Kev , lo odio (por ahora)
¿cómo puede hacer eso? Bah. Hombre tenía que ser, pero es sexy ¿no? Jajajá , ya me fui del tema

Bueno.. me tengo que ir , cuídate
Sigue pronto
Chao =)













¡Ufff! Ni se diga que no he leído los 3 libros, aunque no puedo decidir aún cuál es mi
favorito, ya que cada uno me hizo llorar...
Los Juegos del Hambre: Acá empieza la historia, Katniss sabe de la existencia de Peeta, se vuelve una Amante Trágica del Distrito 12,se siente confundida
por odiar/querer a Peeta, conoce a Rue, se informa un poco de otros distritos aparte del suyo, saca su lado protector y vulnerable.

En Llamas: Aquí creo que debo decir que ya se sentía confundida entre Peeta y Gale, pero siempre disfrazaba sus sentimientos,
vuelve a la arena y es más unida a Peeta por su papel de Amante Trágica, ella y Peeta están "comprometidos"(Nació su amor awwwww) Se alían con otros en la arena. La sacan de la arena por un plan trazado por otros. Destruyen el distrito 12

Sinsajo: Es la revolución de los distritos contra el Capitolio, se vuelve el Sinsajo de dicha revolución,es más o menos consiente de que siente algo más por Peeta que por Gale,
prácticamente son otros Juegos del Hambre, al querer llegar al Capitolio y matar al presidente Snow, Gale ya está más cerca de Katniss, pero solo es literal. Muere Prim, ganan su revolución. Katniss queda con Peeta en el distrito 12 y al final tienen hijos ¡Yeah!

¿¡Cómo voy a elegir entre todas estás cosas de los libros!? Al menos me pasa con los Jonas, ¡LOS AMO A LOS TRES POR IGUAL!
Es inevitable...
Y pues espero que hayas pasado tus pruebas y examenes, ya que son una lata...
Gracias por leer y esperarme, ya mismo subo capítulo.









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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 22nd 2012, 07:47












Capítulo 3












No le pregunté adónde iba. Por mí, como si iba en busca de su amante o a buscar los papeles del divorcio. Si prefería quedarse con esa zorra en vez de conmigo, que así fuera.
Eso era lo que intentaba decirme a mí misma, pero mi corazón se negaba a aceptarlo. Por mucho que quisiera odiar a Kevin, era imposible renunciar a mis sentimientos de un momento para otro. Amaba a mi marido y eso me hacía sufrir aún más. Por no hablar de la conmoción que me produjo una noticia del todo inesperada. Hasta ese momento estaba convencida de que Kevin y yo formábamos una pareja feliz. Y las parejas felices no se engañaban.
Pasé la noche alternando las lágrimas con los arrebatos de ira y con el deseo de empezar de nuevo. Daría lo que fuera por volver a las Bahamas a pasarme la noche bebiendo y bailando. Allí al menos era la sobredosis de diversión y no el desengaño amoroso lo que me privaba del sueño.
Con los primeros rayos de sol sentí náuseas y el estómago revuelto. Estaba muerta de sed, pero no tenía fuerzas ni para levantarme de la cama.
¿Por qué? La pregunta seguía acosándome sin descanso. ¿Por qué Kevin me había hecho algo así? ¿A nosotros? Y encima tenía el descaro de decirme que aún quería salvar nuestro matrimonio.
No lo entendía.
La cabeza me dolía tanto que volví a cerrar los ojos. Debí de quedarme dormida, porque me desperté con un sobresalto y me pareció haber oído un ruido. Peaches no estaba en la habitación conmigo, de modo que seguramente había tirado algo en algún rincón de la casa. Pero no me apetecía levantarme para comprobarlo y volví a cerrar los ojos.
Entonces oí cómo se abría la puerta del dormitorio y supe que no se trataba de Peaches. ¿Había regresado Kevin?
Isabel asomó la cabeza por la rendija.
—¿Isa? —murmuré, pensando si estaría alucinando.
Mi amiga entró en la habitación.
—¿Qué ocurre, cariño?
—¿Qué haces aquí?
Isa se tumbó en la cama, a mi lado, llena de preocupación.
—Kevin me ha llamado. Y me alegro de que lo hiciera. ¡Tienes los ojos hinchados!
—¿Kevin te ha llamado?
—Sí —me puso la mano en la frente para comprobar la temperatura—. No tienes fiebre, pero nunca te había visto con tal mal aspecto. Debería llevarte al médico.
—¿Kevin te ha dicho que estaba enferma?
—Sólo me ha dicho que podrías necesitarme.
—Mmm —me agarré a su brazo e intenté incorporarme—. Necesito agua.
—Ahora mismo —salió corriendo de la habitación y volvió al cabo de un minuto con un vaso de agua con hielo.
Tomé un pequeño sorbo y luego vacié el vaso de un trago. Estaba más sedienta de lo que creía.
—No estoy enferma —le dije, con la voz aún débil.
—Pues cuéntame qué te ocurre.
—Discúlpame —me levanté con dificultad de la cama y fui al cuarto de baño. Isabel estaba confusa y preocupada, pero tendría que esperar un poco para saber la verdad.
Al ver mi imagen en el espejo ahogué un grito de espanto. Tenía el pelo hecho un desastre, los ojos enrojecidos e hinchados y la ropa arrugada por haberme acostado vestida. Cualquiera que me viese pensaría que habían intentado violarme.
Me lavé la cara y bebí más agua. El estómago me rugía y por primera vez desde la noche anterior sentí un hambre más fuerte que las náuseas.
Cuando salí al dormitorio Isa no sólo parecía preocupada, sino también aterrada. —Estoy empezando a asustarme, _________. ¿Qué ha pasado?
—Kevin… —me detuve y tragué saliva—. Kevin ha tenido una aventura.
—¿Qué? —exclamó ella.
Sólo pude asentir, incapaz de repetir las palabras.
—¿Va a dejarte? Me senté en el colchón junto a ella.
—Dice que aún me quiere.
—¡¿Cómo?! —volvió a gritar, tan indignada y enfurecida como yo misma.
—Así es. Increíble, ¿verdad?
—Oh, cariño… Cuánto lo siento… ¿Has comido algo?
Como si la comida fuese la solución a la crisis.
—Nada.
—Deja que te prepare algo.
—¿Dónde está Peaches?
—Salió corriendo cuando abrí la puerta. La gata estará bien. Eres tú quien me preocupa.
Asentí otra vez, e Isa me agarró de la mano para levantarme.
—Sé cómo te sientes, y voy a ayudarte a superarlo.
—Gracias.
La acompañé a la cocina, pero ella insistió en que me sentara en el salón con los pies en alto. Así lo hice, y a falta de otra cosa mejor que hacer, encendí la televisión. Estaban emitiendo el programa de Maury Pauvich, en el que se enviaba a un campamento militar a un montón de críos deslenguados e insolentes, quienes al cabo de pocos días estaban llorando y suplicando para que los dejaran volver con sus madres.
—Debería haber campamentos como ése para los maridos infieles.
—¿Qué? —preguntó Isa desde la cocina, donde estaba preparando el café y calentando la sartén para freír huevos.
—Estoy viendo el programa de Maury Pauvich, y creo que debería haber un programa similar donde enviaran a los hombres que engañan a sus parejas a un campamento militar.
—¿Era… él un marido infiel? —preguntó Isabel.
—No lo sé. Quizá todos lo sean.
Isabel y Brian se habían separado porque querían cosas distintas, pero su primer marido, Keith, la había engañado tantas veces que parecía empeñado en batir algún récord mundial.
Isabel me llevó una taza de humeante café al salón.
—Dos cucharaditas de crema y dos de azúcar, como a ti te gusta.
—Gracias —acepté la taza con una sonrisa y vi que volvía a la cocina, contenta de que estuviese allí conmigo.
Seguí viendo la televisión mientras Isa freía los huevos. Una joven, a quien los subtítulos la identificaban como una tal Cathy, de trece años, se jactaba ante las cámaras de haberse acostado con quince hombres mientras su madre se deshacía en lágrimas a su lado y el público la vitoreaba.
Me eché a reír cuando Maury puso la mano en el hombro de la madre y le preguntó cómo se sentía por la escandalosa confesión de su hija.
—No puedo creer que me haga esto... —consiguió balbucear su madre entre un sollozo y otro.
Puse una mueca. Yo no era madre, pero sí profesora, y había presenciado muy de cerca los problemas que se producían cuando los padres adoptaban un papel sumiso y dejaban la autoridad en manos de sus hijos, sin imponerles límites ni castigos por infringir las reglas.
—¿Quieres comer delante de la televisión? —me preguntó Isabel—. Puedo traer un par de bandejas.
—No, no —me levanté y fui a la mesa de la cocina—. Aunque he de decir que ver este programa ayuda a olvidarse de los problemas propios.
Isa me sirvió un plato con huevos y tostadas y se sentó a mi derecha. Ella sólo se tomaba un café.
—Muchas gracias —le dije—. Si no hubieras venido aún seguiría en la cama, medio en coma.
Isa tomó un sorbo de café.
—Ahora dime qué ha pasado. Llegaste a casa anoche y ¿encontraste alguna prueba de que una mujer había estado aquí?
—No —respondí mientras cortaba los huevos—. Fue él quien me lo dijo.
—¿No se le ocurrió hacerte otro regalo de bienvenida?
—Sabía que algo iba mal, pero nunca me habría imaginado que… —suspiré—. Se comportaba de un modo extraño. Yo quería hacer el amor, pero él no estaba por la labor. De repente se puso muy serio y dijo que tenía que contarme algo. Lo primero que pensé fue que alguien había muerto —sacudí la cabeza al recordarlo.
—Ojalá pudiera decirte que me sorprende — dijo Isa—, pero los hombres ya han dejado de sorprenderme. (A mí también)
—Anoche estaba destrozada —seguí. Aún lo estaba, pero había decidido recuperar el control de mis emociones—. Furiosa y confusa. Pero ¿sabes qué? Si esto es lo que la vida me pone por delante, lo superaré y seguiré mi camino.
Isa me miró con escepticismo, pero afortunadamente no expresó sus dudas en voz alta.
—No estoy diciendo que vaya a ser fácil — dije—. Pero hay muchos más peces en el mar…
Sentí que la emoción crecía en mi interior al pensar en una nueva vida sin Kevin, y rápidamente me llevé más comida a la boca antes de empezar a llorar. Me estaba engañando a mí misma.
—Aquí me tienes para lo que sea —me dijo Marnie—. Saldremos de compras, iremos a bailar… lo que haga falta para superarlo.
Asentí.
—Lo sé —yo había hecho lo mismo por ella—. Sé que será duro, porque aún quiero a Kevin. Pero no puedo dejar que esto me destroce la vida.
Isa también asintió y tomó más café.
—¿Te ha dicho algo de ella?
—No mucho. Pero parece que no fue una simple aventura de una noche —le di un mordisco a mi tostada de pan integral.
—Maldito cerdo —masculló Isabell—. Lo siento, pero…
—No te disculpes. Tienes razón. Me cuesta creer que me lo contara con la esperanza de que lo perdonase.
—Déjame que te diga algo… Si le perdonas a un tío que te engañe, nada le impedirá volver a engañarte. Aprendí la lección con Keith.
¿Sería Kevin como esos hombres sin escrúpulos, capaces de engañar una y otra vez? No podía creerlo, pero tampoco lo había creído nunca capaz de engañarme. Siempre me había parecido demasiado íntegro, sereno, controlado.
—No sé qué voy a hacer —admití— Una parte de mí lo odia, pero otra parte lo sigue queriendo.
—No tienes que tomar una decisión hoy —dijo Isabel—. ¿Qué te parece si nos vamos al centro comercial para hacer un poco de terapia consumista? Y también podemos ir al cine, a ver la nueva peli de Will Smith —el rostro se le iluminó de entusiasmo—. ¿Qué me dices?
—¿Dos horas viendo a Will Smith? ¿Quién podría negarse?
Las compras fueron muy divertidas, y acabé con un nuevo par de zapatos y un vestido negro, muy ceñido, que prometí ponerme para ir a un club con Isa el fin de semana. En cuanto a Will Smith, fue como tomarme un par de analgésicos y olvidarme del dolor durante las dos horas y media que estuvo en la pantalla. Isabel se había puesto a silbar cuando se desnudó en una escena en la ducha, y yo, aunque de un modo mucho más discreto, también disfruté con su delicioso físico.
Volvimos a casa poco después de las cinco. Agarré las bolsas de la compra y salí del Nissan negro de Isa.
—Lo digo en serio —insistió ella—. Llámame si me necesitas, sea la hora que sea.
—Te has pasado todo el día cuidándome —protesté.
—Y volveré enseguida si descubres que no puedes estar sola en casa.
—Te llamaré si me entran ganas de ponerme a llorar en la cama —le aseguré.
—Si no me encuentras en casa, llámame al móvil —meneó las cejas y supe que se estaba callando algo.
—Conozco ese tono, Isabel Everdeen… ¿Qué va a pasar esta noche?
—Bueno… —se mordió el labio y sus ojos brillaron de picardía—. No quería contártelo hasta saber si salía bien, pero… tengo una cita esta noche.
—¿Qué? —exclamé—. ¿Y te lo has guardado hasta ahora?
—No me pareció oportuno decirte nada, después de lo que ha pasado entre Kevin y tú.
—Tonterías. Si tienes algo bueno que contar, quiero ser la primera en saberlo.
—No es exactamente una cita —explicó Isa—. Es más bien un encuentro para ver si nos gustamos. ¿Te acuerdas que me había suscrito a una página web de contactos?
—Sí, pero no pensé que te lo tomaras en serio. Siempre decías que preferías el método tradicional para conocer gente.
—Lo sé, lo sé. Por eso rechacé las sugerencias de Guapísimo para conocernos antes de nuestro viaje a las Bahamas.
—¿Guapísimo? —repetí, riendo.
—Es su nombre de usuario en la página, y la verdad es que me llamó la atención —hizo una breve pausa—. Si Soriano viviera en Orlando sólo estaría con él, pero si algo he aprendido de mi aventura es que estoy preparada para seguir adelante con mi vida. Así que le escribí un mensaje a Guapísimo y le dije que me encantaría conocerlo.
—Ajá…
—No es más que una primera toma de contacto para asegurarme de que es quien dice ser, y a partir de ahí ya veremos. Pero si la foto es realmente suya, su nombre de usuario se queda corto para describirlo.
—¿Adónde vais a ir? —le pregunté. Sabía que mucha gente encontraba el amor mediante internet, pero aun así me preocupaba por mi amiga.
—Al Cheesecake Factory. Es un local muy concurrido, así que no tengas miedo, ¿vale? Estaré bien.
—¿Y vas a ir en tu coche? ¿No te recogerá él?
Isa me lanzó una mirada muy ofendida.
—Pues claro que iré en mi coche. Lo único que sabemos el uno del otro es nuestro seudónimo y poco más. Si resulta que no nos gustamos, cada uno puede marcharse en su propio coche y se acabó.
—Muy bien —acepté. Al fin y al cabo, Isa tenía treinta años, unos pocos meses más que yo, y era perfectamente capaz de cuidarse sola—. Que tengas suerte y te lo pases muy bien.
Permanecí en la calle hasta que su coche desapareció por la esquina. Por muy deprimida que estuviera, decidí que la llamaría más tarde. Tenía que asegurarme de que ese Guapísimo no era un psicópata fingiendo ser el hombre perfecto.
La primera hora que pasé sola en casa estuvo muy bien. Conseguí ahogar el dolor y preparar una comida sencilla a base de pollo y pasta. Cené en la cocina escuchando hip-hop a todo volumen. No quería música más relajante, no fuera a ser que me hundiera otra vez en la desgracia.
Peaches estaba sentada junto a la silla, mirándome con ojos suplicantes. Normalmente no le daba comida de la mesa para no mimarla en exceso, pero en aquella ocasión le tiré un trozo de pollo. ¿Por qué tenía que atenerme a las reglas cuando mi marido había roto la más importante de todas?
Mientras comía le eché un vistazo al teléfono y vi que la luz roja estaba encendida, indicando que había al menos un mensaje.
¿Sería de Kevin?
Esperé a acabar de comer y lavar los platos antes de levantar el auricular y pulsar el código del contestador. El corazón se me encogió al escuchar la voz de Kevin.
—Sophie, soy yo. Sólo quería saber si estás bien. Llámame, por favor.
Borré el mensaje y colgué. La comida que acababa de ingerir se me revolvió en el estómago. ¿Acaso creía Kevin que estaría lista para perdonarlo después de pasarme una noche llorando?
—No pienses en él —me dije a mí misma. De ninguna manera iba a devolverle la llamada.
Sin ser muy consciente de lo que hacía, entré en la habitación donde guardaba el caballete y los útiles de pintura. Era un pasatiempo que siempre me relajaba, pero que no practicaba desde hacía meses. Cada vez que me disponía a pintar algo, Kevin se quejaba del olor a óleo y me hacía desistir. Era la única razón por la que había dejado de interesarme la pintura… No porque no me gustara, sino porque no quería molestar a mi marido.
Pero Kevin ya no estaba allí.
Me puse manos a la obra, y dos horas después había pintado un cuadro abstracto con enérgicas pinceladas de rojo y negro en el centro y bordes más apagados de tonos amarillos, pardos y anaranjados. Había usado una gran hoja de papel en vez de un lienzo, pero contemplé la pintura con una sonrisa de satisfacción, como si hubiera creado una obra maestra.
A pesar de que el papel estaba húmedo, lo llevé al salón y lo coloqué sobre la gran foto de boda que colgaba de la pared. Acto seguido, recogí todas las fotos enmarcadas que había de Kevin y de mí y las guardé en un cajón.
Por desgracia, no era tan sencillo borrar el recuerdo de lo que había hecho.















Capítulo 4









}

Alguien me estaba acariciando las pantorrillas.
Abrí los ojos y me di la vuelta. La habitación estaba a oscuras y distinguí su forma a los pies de la cama. Pero aunque no podía verle el rostro, su tacto era tan familiar que no intenté apartarme.
El colchón crujió bajo su peso. Subió las manos lentamente por mis piernas, provocándome una descarga eléctrica con las puntas de los dedos. Al roce añadió sus labios. Los apretó a la rodilla y siguió ascendiendo por el muslo.
Las sensaciones que me invadían eran tan deliciosas que no se me ocurrió protestar.
Su boca y sus dedos llegaron al final de mis muslos. Me agarró las caderas y hundió la cara entre las piernas para empezar a lamerme.
Aferré la colcha en mis puños y me arqueé hacia arriba. Un grito de placer subía por mi garganta, pero de repente dejé de sentir su boca y sus manos.
¿Se había marchado?
No, aún seguía allí. Y los sonidos de sus lametadas aún rompían el silencio de la habitación.
No sólo se oía su boca… También los gemidos de una mujer.
Y entonces los vi. Kevin y otra mujer, pegados a mí en la cama. Los pechos de la mujer se agitaban frenéticamente, su boca formaba una mueca de intenso placer y tenía las piernas sobre los hombros de Kevin mientras él sorbía y chupaba de su sexo.
Le miré los pies y a pesar de la oscuridad vi el esmalte rojo de sus uñas. Le recorrí el cuerpo con la mirada, desde los pies arqueados hasta el contoneo de las caderas, el meneo de los pechos y la perfecta «O» que formaban sus labios.
La mujer abrió los ojos y me sonrió. Di un respingo en la cama y solté un grito, pero ella ya había desaparecido junto con Kevin y yo volvía a estar sola en la cama, a oscuras y con el corazón desbocado. Lo único que se oía en la habitación era mi respiración irregular. Me llevé la mano a la garganta, reseca. Tenía la piel ardiendo y estaba excitada.
Había estado soñando.
Me volví a tumbar e intenté calmar los acelerados latidos de mi corazón, pero el sueño había sido tan lúcido que no conseguía volver a dormirme. Las imágenes me acosaban sin piedad. Kevin dándole placer oral a otra mujer... Aunque sólo había sido un sueño, me volví loca preguntándome qué cosas le había hecho Kevin a su amante. Cómo la había tocado. Dónde la había besado. Qué sonidos había hecho ella al correrse. Qué sonidos había hecho él…
¿Habría sentido más placer con ella que conmigo?
Tenía que saberlo.
Tendida en la cama, me di cuenta de que me esperaban muchas noches como ésa. Las visiones de Kevin y de la otra mujer me torturarían sin tregua, como si lo estuviera presenciando en persona.
Imaginarlo sería mucho peor que saber la verdad.
A la mañana siguiente me levanté muy temprano, me duché y me vestí rápidamente y fui en coche al hotel Pelican.
Kevin no estaba allí.
—¿Cómo que no está? —le pregunté a Seth, su asistente.
—Está con los abogados —respondió él, extrañado de que yo no lo supiera.
—¿Con los abogados?
—Sí… —confirmó, visiblemente incómodo.
—¿Qué abogados?
Seth no respondió.
—¿Qué abogados? —repetí.
—Creía que ya lo… —se calló un momento—. Será mejor que hables de esto con Kevin.
—¿Hablar con él de qué? —le pregunté con temor. Al final iba a haber un problema más grave que la aventura de mi marido. Pero ¿por qué Kevin no me lo había contado?
Seth levantó las manos como única respuesta y rodeó el mostrador de recepción para hablar con una joven recepcionista.
Era rubia, como la mujer de mi sueño.
Me giré rápidamente y me encontré con Kathryn, otra bonita recepcionista de rasgos orientales y afroamericanos. Fui incapaz de devolverle la sonrisa que me ofreció.
¿Se la había follado Kevin?
Volví a darme la vuelta y vi a otra hermosa mujer, ataviada con el uniforme de camarera. ¿Cómo era posible que se dedicara a limpiar hoteles con un aspecto tan despampanante?
¿Sería otra amante de Kevin?
Las dudas me estaban desquiciando. Salí al exterior y me apoyé en una columna para tomar aire. ¿Abogados? ¿Qué estaba pasando allí? ¿Y por qué Kevin no me había dicho nada?
Saqué el móvil del bolso y lo llamé. Debía de tener el móvil apagado, porque saltó directamente el buzón de voz.
—Kevin —dije después de la señal—, estoy en el hotel. He venido a verte, pero me han dicho que estás con unos abogados… ¿Podrías decirme qué está pasando?
El asunto parecía serio y no podía evitar preocuparme por él, a pesar de su infidelidad.
Dos horas más tarde me llamó al móvil.
—Hola, _________ —me tranquilicé un poco al oír su voz. No parecía especialmente intranquilo.
—¿Qué ocurre? —le pregunté sin más preámbulos.
—¿Dónde estás?
—En casa.
—Bien, ¿puedo ir a verte?
—¿Qué está ocurriendo?
—Te lo contaré todo cuando te vea, si te parece bien.
—De acuerdo —volví a preocuparme. El hecho de que Kevin no quisiera hablar por teléfono sólo podía significar que el asunto era muy grave—. ¿Vas a venir ahora?
—Sí.
Colgué y me pasé los veinte minutos siguientes sentada en el sofá, acariciando a la gata y e intentando contener la angustia. Peaches saltó al suelo en cuanto se abrió la puerta y yo me levanté cuando Kevin entró en el salón.
Tenía muy mal aspecto, cansado y con manchas oscuras bajo los ojos.
—¿Kevin?
Él dejó las llaves en la mesita y me miró.
—Hola.
—¿Por qué estabas con unos abogados? —fui directamente al grano, incapaz de alargar más el suspense—. ¿Es que alguien va a demandar al hotel?
—Siéntate, por favor.
Obedecí y él se sentó a mi lado. Olí los restos de su colonia y una parte de mí deseó tocarlo. Ansiaba sentir sus labios en los míos. Pero su tacto ya no sería el de siempre. Kevin había corrompido lo que teníamos al acostarse con otra.
—Quiero que sepas que la única razón por la que no te he hablado de esto es… —hizo una pausa y se retorció las manos—. Después de contarte lo de mi aventura, pensé que lo mejor sería esperar un poco.
El estómago se me encogió al oír la palabra «aventura», pero conseguí sofocar las náuseas y concentrarme en el problema legal al que se enfrentaba Kevin. Sé que muchas mujeres estarían encantadas de que a sus maridos infieles los atropellara un autobús o les diagnosticaran un cáncer terminal. Pero al parecer yo no me contaba entre ellas.
—No hay otra manera de decirlo —siguió Kevin—. Alguien ha amenazado con denunciarme.
—¿Denunciarte? ¡Oh, cielos! —le agarré las manos sin pensar. Fue un acto reflejo, pero él no intentó apartarlas—. ¿Por qué?
Kevin dudó, bajó la mirada y levantó los ojos hacia mí.
—Por acoso sexual.
Al principio no entendí, o no quise entender lo que estaba diciendo. Pero cuando finalmente asimilé las palabras retiré las manos como si me las hubiera quemado.
Una cosa era que Kevin se acostara con una mujer a la que hubiese conocido en un bar, pero que lo hiciera con alguien del trabajo…
—Cerdo —fue lo único que se me ocurrió decir.
—Está mintiendo, _________. Fue ella la que vino a mí.
Me levanté muy despacio.
—Maldito cerdo. ¿De qué estamos hablando… de millones de dólares? ¿Vamos a perder nuestra casa porque no pudiste tener las manos quietas?
—No fue así —protestó él—. En todo caso, debería ser yo quien la denunciara por acoso.
Respondí con un bufido.
Kevin también se puso en pie.
—Está mintiendo.
—¿Y qué más da? Lo que importa es que no sólo pones en peligro nuestro matrimonio sino todo lo que tenemos. ¡Y todo por follarte a otra!
Durante un largo rato ninguno de los dos habló. Lo único que se oía eran nuestras respiraciones y los maullidos de la gata.
—Así que trabajas con ella… —dije finalmente.
Kevin asintió.
—¿Cuánto dinero te pide?
—Cinco millones de dólares.
—¿Me tomas el pelo?
—Quería que yo te dejara y me fuese con ella —explicó él rápidamente—. Yo le dije que ni hablar y que sería mejor que se buscara otro trabajo… Y fue entonces cuando empezó a decir que la había acosado.
Sacudí la cabeza con asco.
—Vamos a perderlo todo.
—Todavía no me ha denunciado. Sólo ha amenazado con hacerlo.
—Si no me abandonas —dije yo. Era una afirmación, no una pregunta.
—Eso me temo —admitió él—. Tiene una mente retorcida y quién sabe de lo que es capaz.
Me aparté de él y me replanteé lo que sentiría si lo atropellase un autobús. Mi cabeza era un torbellino de dudas. Me acerqué a la ventana que daba al jardín trasero, donde dos años antes habíamos instalado un cenador y un jacuzzi que apenas usábamos. Teníamos todo lo que podríamos necesitar para pasar noches románticas y fines de semana de ensueño, y sin embargo habíamos dejado que la relación se marchitara.
—Tal vez… —dije, volviéndome hacia él—. Tal vez deberías irte con ella.
—¡No! —exclamó Kevin—. ¡Yo no la quiero!
—Así impedirás que pueda denunciarte.
Kevin se acercó a mí y me puso las manos en los hombros. Yo no intenté moverme.
—Yo no la quiero —repitió—. Lo he jodido todo y he aprendido la lección de la forma más dura posible, pero voy a hacer esto bien.
No dije nada.
—Creo que sé cómo solucionarlo. Tengo buenos abogados.
Continué en silencio.
—Di algo, _________. Por favor.
—¿Qué quieres de mí?
—Quiero que me perdones. Ya sé que no será hoy ni mañana, pero quiero saber si podremos volver a estar como antes.
—No sé si será posible.
Kevin asintió con gesto grave y retiró las manos de mis hombros.
—Espero que ella mereciera la pena —dije en voz baja.
Pasé junto a él y fui a la cocina. Abrí un armario y saqué la primera taza que vi, que resultó ser la que tenía estampada una foto nuestra. Antes de dejarla en la encimera Kevin me la quitó de las manos.
—Tu perdón es lo que más deseo en el mundo —me dijo—. Sé que estás furiosa conmigo, y tienes todo el derecho a estarlo. Pero estos días que he pasado sin ti han sido los peores de toda mi vida. Te sigo queriendo, Sophie, y haré lo que haga falta para no perderte. Si eso significa estar separados unos meses que así sea, pero necesito saber si hay alguna esperanza a la que aferrarme. Y si quieres tener una aventura para igualar la balanza, adelante. Hazlo y luego vuelve conmigo para que sigamos juntos.
—¿Ahora quieres que me tire a otro hombre? — le pregunté, sin dar crédito a mis oídos.
—¡No! Claro que no. Pero te he hecho daño, y puede que en una situación así tengas que pagarme con la misma moneda.
—Tienes que irte.
—No quiero irme. Así no.
—¡Ahora!
Kevin me miró fijamente, pero mi expresión era inflexible. Dejó escapar un suspiro de frustración y salió de la cocina en dirección a la puerta, agarrando las llaves que había dejado en la mesita.
En cuanto oí cerrarse la puerta agarré la taza y la estrellé contra el frigorífico, rompiéndola en mil pedazos.











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catchingjonas
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 22nd 2012, 11:15

SweetHeart(MarthaJonas14) escribió:
¡Ufff! Ni se diga que no he leído los 3 libros, aunque no puedo decidir aún cuál es mi
favorito, ya que cada uno me hizo llorar...
Los Juegos del Hambre: Acá empieza la historia, Katniss sabe de la existencia de Peeta, se vuelve una Amante Trágica del Distrito 12,se siente confundida
por odiar/querer a Peeta, conoce a Rue, se informa un poco de otros distritos aparte del suyo, saca su lado protector y vulnerable.

En Llamas: Aquí creo que debo decir que ya se sentía confundida entre Peeta y Gale, pero siempre disfrazaba sus sentimientos,
vuelve a la arena y es más unida a Peeta por su papel de Amante Trágica, ella y Peeta están "comprometidos"(Nació su amor awwwww) Se alían con otros en la arena. La sacan de la arena por un plan trazado por otros. Destruyen el distrito 12

Sinsajo: Es la revolución de los distritos contra el Capitolio, se vuelve el Sinsajo de dicha revolución,es más o menos consiente de que siente algo más por Peeta que por Gale,
prácticamente son otros Juegos del Hambre, al querer llegar al Capitolio y matar al presidente Snow, Gale ya está más cerca de Katniss, pero solo es literal. Muere Prim, ganan su revolución. Katniss queda con Peeta en el distrito 12 y al final tienen hijos ¡Yeah!

¿¡Cómo voy a elegir entre todas estás cosas de los libros!? Al menos me pasa con los Jonas, ¡LOS AMO A LOS TRES POR IGUAL!
Es inevitable...
Y pues espero que hayas pasado tus pruebas y examenes, ya que son una lata...
Gracias por leer y esperarme, ya mismo subo capítulo.


Jajajá, ¡Sí! Los libros son perfectos..
A mi también me gustan todos , pero supongo que me gusta más
Sinsajo por que está el final y la aventura de ser el Sinsajo, las emociones,ect ...
y además ocurren tantas cosas más, tiene mucha acción
Y me encanta eso.
Por cierto, yo también amo a los 3 Jonas por igual,
al principio tenía preferencia por Kev, (La verdad es que creo que la
sigo teniendo Jajajá), pero los quiero a los 3..
Y estoy ansiosa de escuchar sus nuevas canciones...


¿Sabes? Sí que pasé mis examenes Jajajá , menos el de matamáticas, las odio
Son tan asjdjnjnf :S

En cuanto a la nove, me encantaron los capitulos,
aunque Kevin está para que lo estampemos contra la pared ¿eh?
Es un cabeza de chorlito , pero aún así lo amamos ¿no?
En fin , espero que la subas, estaré esperando
Chao =) Cuídate y sigue.
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 22nd 2012, 13:23

Oh Dios. Es que subes novelas increibles, enserio, eh.
Solo quiero quenubas mas. Necesito saber que hara ______ o que hara Kevin.
La insertidumbre me comeeeeeeee!
Solo sube mas y pronto. Okay?
Jaja, Bye.
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 22nd 2012, 23:52

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 23rd 2012, 21:05

La seguiste! me encanta de verdad tienes que seguirla
siguela si? de verdad me encanta, espero que le haga lo mismo
que kevin! siguela please!
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 24th 2012, 00:30

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 24th 2012, 15:21

ay que lindo

asi soluciona los problemas kevincillo

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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 24th 2012, 23:50

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 25th 2012, 22:46

O.O que intenso...!!!
Hahaha..me dio risa lo de tirarse a otro hombre
Síguela esta buenísima la nove
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Mayo 25th 2012, 23:57

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 2nd 2012, 06:58

¿Porque no la sigues?
Vamos, yo quiero leer (:
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 3rd 2012, 00:28

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 4th 2012, 08:24

Nueva Lectora en esta nove!!!!
Marthaaaaaa esta genial la nove!!!!!!!!!!!!!!

Siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Ya quiero saber q pasara con Rayita y Kevin!!


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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 4th 2012, 23:39

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 5th 2012, 07:23










Capítulo 5














Iba por mi segunda copa de vino cuando llamé a Isa.
—¿Diga? —preguntó dulcemente.
—Soy yo, ____________ , no ese Guapísimo.
—Hola, ____________ .
—¿Qué vas a hacer esta noche?
—Nada especial.
—Estupendo, porque tenemos que salir a divertirnos. Podemos ir a CityWalk, donde van todos los turistas con la esperanza de echar un polvo.
—¿Estás bien?
—Pero tendrás que recogerme tú, ¿vale? Porque ya llevo algunas copas encima y estoy un poco jodida.
—____________ …
—Ven a por mí cuando estés lista —colgué sin darle tiempo a decir nada más. Isabel estaba en mi puerta cuarenta minutos después. —¡Hola, cariño! —la saludé, dándole un fuerte abrazo—. ¿Lista para la diversión?
Ella se apartó y me miró con inquietud.
—¿Qué demonios te pasa?
—¿Aparte de haberme enterado de que la zorra de Kevin va a denunciarlo por cinco millones de dólares?
Isa entró en casa y cerró tras ella.
—Dios mío…
—No, es genial —hizo un gesto para quitarle importancia— Ya lo tengo todo pensado. Kevin puede irse a vivir con ella para no tener que pagarle nada y yo tengo su bendición para acostarme con quien quiera.
—Estás delirando.
—Estamos perdiendo el tiempo —meneé las caderas—. ¡Vámonos de fiesta!
Isa me agarró de la mano y me llevó a la cocina, donde me sentó en una silla junto a la mesa.
—¿Qué haces? —protesté.
—Lo primero, son las cinco y media, demasiado temprano para irse de fiesta. Lo segundo, estás como una cuba. Y lo tercero, olvídate del sexo y explícame lo que acabas de decirme. ¿Van a denunciar a Kevin?
Mi fanfarronería inicial se hizo añicos y rompí a llorar, ayudada por el vino que había consumido. Le conté a Isa todo lo que me había dicho Kevin, y ella me puso delante el paquete de Kleenex que agarró de la encimera.
—Siento que tengas que pasar por esto —me dijo mientras yo me secaba los ojos y me sonaba la nariz.
—Lo bueno es que aún me quiere y desea salvar nuestro matrimonio —resoplé con sarcasmo—. Qué afortunada soy.
Isa puso una mueca.
—¿Qué les pasa a los hombres? ¿Pueden tener las aventuras que les dé la gana y nosotras debemos estar agradecidas de que nos sigan queriendo?
Volví a sonarme la nariz.
—¿Quieres que te prepare algo? —me preguntó Isabel—. Nada de vino, por supuesto. ¿Qué tal un café?
—Vale —asentí—. Me sentará bien hasta que salgamos.
—¿Todavía quieres salir?
—Pues claro. Necesito escuchar música, bailar, seguir bebiendo… —el estómago se me revolvió al pensar en el alcohol—. Y comer algo —añadí rápidamente—. Algo consistente, como pan o galletas… ¡O mejor palomitas de maíz! ¿Te importa hacerlas?
—¿Palomitas?
—Están en el segundo armario de la derecha.
—Está bien, está bien.
Primero preparó el café y luego metió una bolsa de palomitas de maíz en el microondas. Tres minutos después, sirvió las palomitas en dos cuencos y me ofreció uno. A continuación, sirvió dos tazas de café.
—¿Crema y azúcar?
Negué con la cabeza.
—Ahora mismo me apetece solo.
Isa volvió a la mesa con dos tazas de café caliente. —Gracias —le dije—. ¿Qué haría sin ti?
—Por suerte para ti no tendrás que averiguarlo. Probé el café. Estaba muy cargado, justo lo que necesitaba.
—Cuéntame cómo fue tu cita.
—¿Estás segura?
—Claro. Me ayudará a no pensar en mis problemas. ¿Te gustó Guapísimo?
—Mucho. No esperaba gran cosa, pero creo que saltaron chispas. Al menos por mi parte.
—¿Habéis hablado hoy?
—No, pero dijo que me llamaría o que me escribiría un e-mail —sonrió y me apretó la mano sobre la mesa—. He apagado el móvil, porque esta noche sólo estoy para ti.
Le sonreí y también le apreté la mano. Siempre podía contar con Isa. Lo supe desde que estaba en el colegio y me dejó copiar su examen de matemáticas después de que a mí se me olvidara estudiar. El profesor la sorprendió pasándome la hoja y nos suspendió a las dos, pero, lejos de enfadarse, Isa le quitó importancia y me dijo: «¿Qué persona es la que no ayuda a sus amigas?».
Desde entonces habíamos sido inseparables.
Isa se puso de repente muy seria.
—Sé que aún quieres a Kevin. Es lógico, pues por desgracia no tenemos un interruptor en el corazón. Pero te mereces algo mejor, cariño, y con la situación actual de Kevin… Yo estaría buscando ya un buen abogado.
Asentí, aunque sólo estaba de acuerdo a medias. Isa tenía razón al decir que merecía algo mejor, y también que no podíamos controlar nuestros sentimientos.
En la vida no todo era blanco o negro, y mucho menos el amor. No sabía si alguna vez dejaría de querer a Kevin, pero no por ello teníamos que seguir juntos.
—¿Quieres saber cuál es la guinda del pastel? —le dije al cabo de un momento—. Kein me dijo que yo también podía tener una aventura y así estaríamos empatados.
Marnie dejó de masticar palomitas y me miró con ojos muy abiertos.
—¿Qué?
—Muy considerado por su parte, ¿eh?
—Desde luego —dijo ella en tono irónico.
—No sé si me lo dijo en serio o sólo estaba divagando. Parecía dispuesto a decir lo que fuera con tal de que lo perdonara.
Seguimos comiendo en silencio, hasta que Isa advirtió los cambios en la decoración. I
—Veo que tienes una nueva foto de bodas.
Seguí la dirección de su mirada y vi la pintura con la que había ocultado la foto de bodas.
—Era más rápido que quitarla —expliqué.
—Y más conveniente si traes un hombre a casa —observó Isa—. ¿Serías capaz?
—¿De acostarme con otro para igualar la balanza? —mi tono de voz sugería que ni loca haría algo así.
Isa se metió un puñado de palomitas en la boca.
—Quizá deberías hacerlo…
—¿Qué has dicho?
—Lo que oyes. No estoy diciendo que te acuestes con otro para que estéis empatados, pero quizá sea buena idea ver qué más hay por ahí fuera. Te has pasado los últimos diez años con Kevin. Sólo tenías veinte años cuando empezasteis a salir y veintidós al casaros. Tal vez, sólo tal vez, él no sea el hombre con quien quieras pasar el resto de tu vida.
No dije nada, porque no estaba segura de querer pensar en mi futuro. Al menos todavía no.
—¿Quieres que vuelva?
—No.
—¿Crees que tu matrimonio será igual que antes si volvéis a intentarlo? Negué con la cabeza. Después de lo que había pasado nada volvería a ser igual.
—Yo alargué mi matrimonio mucho más de lo que debería, con la esperanza de que Keith dejara de engañarme y se diera cuenta de que me amaba. En aquel tiempo era tan estúpida que no creía que pudiera ser feliz sin él, pero cuando lo abandoné fue el día más feliz de mi vida. ¿He encontrado ya a mi caballero de brillante armadura? Puede que no, pero es mucho mejor estar sola que estar con alguien que no te respeta.
—Te recuerdo que ésta es la primera vez que Kevin me engaña.
Isa me lanzó una mirada que no supe interpretar. Tal vez fuera compasión, o tal vez otra cosa.
—Eso es lo que él dice —añadió—. Y yo… yo lo creo.
Isa se limitó a encogerse de hombros.
—Tú sabías que Keith te engañaba. Encontraste números de teléfono en sus bolsillos, pintalabios en el cuello de sus camisas…
—Hay hombres mucho más listos que Keith a la hora de ocultar las pruebas.
—Isa, no es eso lo que más necesito oír ahora…
—Está bien —aceptó ella, levantando las manos—. Olvídate de Kevin y de si es o no la primera vez que te engaña. Lo que quiero que entiendas es que debes empezar a pensar en ti, en cuáles son tus verdaderos deseos y necesidades. ¿Y si lo mejor para ti resulta ser carne fresca? — me sugirió, moviendo las cejas.
—¡Isabel! —le di un cachete en la mano y las dos nos echamos a reír.
—Lo primero es salir con otra persona. Así te quitarás a Kevin de la cabeza y… quién sabe, a lo mejor conoces al hombre de tus sueños.
—Isa…
—Y si no… bueno, en los últimos diez años sólo te has acostado con un hombre.
—Es lo que suele pasar cuando estás casada.
—Eso díselo a los hombres —murmuró ella—. Si sólo sacas una experiencia sexual de todo esto, ¿qué tiene de malo? Te podría ayudar.
Me levanté y eché a andar con decisión.
—De acuerdo. Vamos allá.
—¿Qué haces?
—Voy a tomarme dos aspirinas antes de salir a cenar. Si voy a seguir ahogando mis penas en alcohol necesitaré algo más que unas palomitas de maíz. Lo último que quiero es perder al hombre de mis sueños por culpa de una migraña.
Isa volvió a reírse.
—Así me gusta.
En realidad no pensaba conocer a nadie, pero era preferible pasar la noche bebiendo y bailando a quedarme en una casa solitaria donde todo me recordaba a Kevin.
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 5th 2012, 07:31







Capítulo 6











Mientras Isabel nos llevaba a CityWalk yo seguía pensando en lo que me había dicho.
Y en la sorprendente sugerencia de Kevin.
Tal vez mi mejor amiga tenía razón y lo que necesitaba era experimentar con otro hombre antes de tomar una decisión en firme sobre mi futuro. Y desde luego necesitaba un poco de diversión. Algo que me hiciera olvidar la infidelidad de Kevin y las amenazas de su amante resentida.
Cuanto más lo pensaba, más sugerente me parecía. Al fin y al cabo, yo no le había dado ningún motivo a Kevin para que me fuera infiel. Siempre lo había querido y me había esforzado por ser la mejor esposa posible. Nuestra relación se basaba en el afecto y el respeto mutuos, aunque la pasión original se hubiera perdido.
Si Kevin quería recuperar esa pasión podría habérmelo dicho. Nunca habíamos tenido problemas para hablar de lo que fuese.
Por eso me resultaba aún más duro aceptar su engaño. Kevin no era el tipo de hombre de quien pudiera esperarme una traición antes de hablar las cosas.
—¿Crees que ya no le resulto atractiva? —le pregunté a Isa de repente.
Mi amiga me miró como si me hubiera vuelto loca.
—¿Qué?
—A lo mejor quería verme con minifaldas y camisetas ajustadas.
—¿Por qué será que las mujeres siempre acabamos culpándonos a nosotras mismas cuando nuestra pareja nos engaña? —se detuvo ante un semáforo y luego giró a la derecha—. Eres muy guapa y sexy, ___________, y si Kevin no es capaz de verlo el problema es suyo, no tuyo. Decidido, tenemos que buscar a tu hombre. Hay seis mil millones de seres humanos en el planeta… Por estadística tendría que haber alguno que fuera decente y honesto. ¡Ah, y también guapo, por supuesto! —sonrió pícaramente, como si el último atributo fuese el más importante.
Nos decantamos por el BB King’s Blues Club, ya que así podríamos matar dos pájaros de un tiro: auténtica cocina sureña y música en vivo.
Yo me había vestido para la ocasión, con una minifalda falda negra y una camiseta roja cuyo pronunciado escote atrajo más de una mirada al entrar en el club. Isabel llevaba un vestido con estampado de leopardo que realzaba su voluptuosa figura.
Mi propósito era distraerme y no pensar en nada, pero de repente me asaltaron las dudas.
—Tranquila —me dijo Isa al darse cuenta. Por algo me conocía tan bien como yo misma—. No tienes que hacer nada que no quieras. Y tampoco pasa nada si quieres conocer a alguien que te guste. Considéralo un regalo.
Un regalo… Extraña manera de definir una aventura. Y sin embargo, Kevin no sólo me había dado su bendición, sino que me había animado a hacerlo.
—Muy bien —moví los hombros para aliviar la tensión y sonreí cuando la camarera nos preguntó si queríamos una mesa o sentarnos en la barra.
—Una mesa —dijo Isa—. Cerca del escenario, a ser posible.
A las siete y media estábamos sentadas junto al escenario, y a las ocho en punto el grupo de música empezó a tocar. Se llamaba Flip Side, y lo formaban tres hombres treintañeros y una mujer de la misma edad con rastas. El primer tema fue The Thrill is Gone, de B.B. King y Tracy Chapman, que sirvió para ganarse al público. A continuación tocaron varios clásicos de Ray Charles, Ida Cox y otras leyendas del blues. Cuando llegaron al rock and roll de Jimi Hendrix todo el mundo estaba bailando o batiendo palmas.
Isa me tocó la mano cuando la cantante anunció que harían un pequeño descanso.
—¿Has notado cómo te mira?
—¿Quién?
—El batería, ¿quién va a ser? —dijo, como si fuera algo obvio.
—¿El batería? —miré rápidamente hacia el escenario.
—¿Verdad que es mono?
Era un hombre alto y delgado y también llevaba rastas, pero más cortas que las de la mujer.
—Sí, mucho. Pero no es mi tipo.
—¿Pero qué dices? —exclamó Isabel—. Está como un tren.
—Sí, pero no es mi tipo —repetí.
—Pues él no parece pensar lo mismo…
—No sabes lo que dices. Ni siquiera me ha mirado.
—Claro que sí —insistió ella—. Deberías ir a hablar con él. Algo me dice que sería el ligue perfecto.
Volví a mirar hacia el escenario, donde una horda de mujeres se apiñaba alrededor del grupo, ansiosas por acostarse con un músico o por encontrar un amante con pasta. Sacudí la cabeza ante el deplorable espectáculo. Yo no era de ésas.
—Isa, por favor, deja de preocuparte por mi vida sexual. Me lo estoy pasando muy bien así, y eso es lo que importa.
—Oh, no, no, no —agitó un dedo reprobatorio—. Tienes que conocer a alguien.
—Claro —dije, riendo—. Lo que tú digas.
Paseé la mirada por el bar. Había varios hombres atractivos, pero casi todos estaban emparejados. La verdad era que no me desagradaba la idea de conocer a alguien interesante. Isa tenía razón. Me había casado muy joven, y aunque nunca me había cuestionado la decisión, la infidelidad de Kevin tal vez fuese la prueba de que no estábamos hechos el uno para el otro.
¿Y si hubiera otro hombre por ahí, dispuesto a amarme por encima de todo y para siempre? Siempre había animado a mis amigas a seguir adelante cuando sus parejas las engañaban, y a que encontrasen a alguien digno de ellas. Sin embargo, la idea de estar sin Kevin me resultaba demasiado dura.
Pero aún más difícil sería aceptar lo que había hecho, perdonarlo y retomar nuestro matrimonio como si nada hubiera pasado. ¿Qué clase de mensaje le estaría dando a Kevin si decidiera salvar la relación? Si lo perdonaba una vez, ¿qué le impediría volver a hacerlo?
—¿Otro margarita? —la pregunta de Isabel me arrancó de mis divagaciones.
—Desde luego —respondí rápidamente. Ya había bebido bastante, pero no quería seguir pensando en Kevin. Y no había mejor manera de evitarlo que emborracharse.
Mientras Isa miraba alrededor en busca de la camarera, me fijé en un caballero de avanzada edad que estaba con un amigo. Los dos me sonrieron, el más bajo me hizo un guiño y echaron a andar hacia nosotras.
—Alerta roja —dije.
—¿Dónde?
—¡No mires! —le ordené en voz baja cuando empezó a girar la cabeza—. Dos viejos vienen hacia aquí. Maldita sea.
—Mis favoritos —murmuró Isa con ironía—. Unos ancianos empalmados…
Por el rabillo del ojo vi que se acercaban a nuestra mesa.
—Empieza el show —susurré.
—Buenas noches, señoritas —nos saludó el más bajo de los dos. Tenía la piel bronceada y una prominente barriga cervecera. Y también parecía tener ojos exclusivamente para mí—. ¿Os apetece bailar?
—Lo siento —se disculpó Isabel con su voz más dulce—. Acabamos de pedir el postre.
—No nos importa esperar —dijo el otro hombre. Era más moreno, alto y delgado. No carecía de atractivo, pero le sobraban treinta años, por lo menos—. Os podemos enseñar un par de cosas en la pista de baile.
—Estoy casada —dije yo—. Lo siento.
—Gracias por la invitación, de todos modos — dijo Isa con una sonrisa—. Nos sentimos muy halagadas.
—Muy bien —concedió el más alto—. Pero si cambiáis de opinión…
—No será así —le aseguró Isa.
Los dos hombres se alejaron. Isabel puso una mueca y se echó a reír.
—Al menos parecían simpáticos —dije. Había dado por hecho que serían unos cretinos, ya que parecía tener un radar para atraerlos.
—Sí, pero tienen que estar de vuelta en el asilo antes de las nueve.
—¡Isabel!
—No tengo nada contra los viejos, tan sólo contra los viejos que se creen que voy a acostarme con ellos. Para tirarme a alguien ha de ser joven, estar buenísimo y poder mantener una erección.
—Ya está bien, Isa —la reprendí—. Vamos a bailar.
Nos pusimos a bailar frente al escenario. Vi que nuestros dos pretendientes no parecían muy afectados por el rechazo, pues estaban hablando con dos mujeres más jóvenes que nosotras.
Isabel movía sensualmente las caderas al ritmo del rock and roll.
—Oh, cielos… ése sí que está para comérselo.
Ni siquiera me molesté en mirar al tipo al que se refería. Isa estaba al acecho de posibles presas, pero más para ella que para mí.
—¡Ése de ahí! —me susurró al oído—. Mira qué tío…
Seguí la dirección de su dedo y vi a un hombre de veintipocos años, bien formado y de bonitas facciones. Al verme me sonrió… revelando una boca de dientes amarillentos.
—¡Puaj! —exclamamos Isa y yo a la vez.
—Vale, ése también queda descartado —declaró Isa—. Pero seguro que hay alguno más por aquí.
A mitad de canción me miró arqueando exageradamente las cejas. Yo no supe lo que intentaba decirme… hasta que sentí la mano de alguien en mi brazo.
Miré por encima del hombro y me encontré con un hombre moreno y guapísimo. Normalmente me habría apartado de él, igual que había hecho en las Bahamas cuando alguien quería bailar conmigo. Pero en aquella ocasión quise provocarlo y froté mi trasero contra su entrepierna. Noté que se ponía duro al instante, y su erección me recordó que seguía siendo una mujer muy deseable.
Kevin se esfumó de mi cabeza.
Me incliné ligeramente hacia delante mientras apretaba las nalgas contra él. Entonces me agarró por las caderas y me sujetó contra su erección mientras bailábamos, como si estuviéramos follando con la ropa puesta.
—Jesús… —oí que decía.
Me volví hacia él, riendo, y vi que me estaba sonriendo como si fuera la mujer más sexy del mundo. Su mirada hizo que se me desbordara el ego. Yo era hermosa y sexy, y tenía mucho que ofrecer.
Seguimos bailando muy cerca el uno del otro, pero sin llegar a estar pegados. Al final de la canción le di un golpecito amistoso en el brazo.
—Gracias por el baile.
—¿Vas a dejarme así?
—Estoy casada —le dije a modo de disculpa.
—¿Casada? —repitió, como si no se lo creyera—. Joder…
—Ya —adopté un tono ligeramente avergonzado—. Supongo que me he dejado llevar… Pero sí, soy una mujer casada que ha salido a divertirse un poco.
—¿Nada más? —preguntó, esperanzado.
—Nada más.
—Está bien —asintió—. Tu marido es un hombre con suerte.
Me di la vuelta y vi a Isa esperándome con dos margaritas. Seguramente había ido a buscar las bebidas mientras yo bailaba.
—¿Te diviertes? —me preguntó, tendiéndome una de ellas.
—Sí —le respondí con sinceridad—. Y he tomado una decisión.
—¿Ah, sí?
—Si conozco a alguien… voy a ir a por todas.
—¡Así se habla! —exclamó Isa. Me chocó los cinco y tuve que agarrar rápidamente mi bebida para que no se derramara—. ¿Quieres decir que te ha gustado ese tío?
—No, ése no. Es guapo, pero… quiero a alguien que me haga arder con una sola mirada.
Un solo baile había bastado para recordarme la mujer que era. No merecía estar con un marido que me engañaba. Además, Kevin me había animado a hacer lo mismo e Isabel insistía en que debía buscar a alguien mejor que él.
Para perdonar a Kevin tenía que tentar la suerte e igualar el marcador.
Y de paso satisfacer mi curiosidad. Sólo había estado con un hombre antes que Kevin y la experiencia fue espantosa. Chad, mi novio del instituto, no aceptó que no estuviese preparada para hacerlo después de los juegos preliminares y me arrebató la virginidad a pesar de mis gritos.
Con Kevin, en cambio, fue totalmente distinto. No me presionó como había hecho Chad, sino que esperó pacientemente hasta que estuve preparada y se apartaba enseguida si percibía mis dudas mientras nos besábamos. Su consideración me conmovió de tal manera que cuando le entregué mi corazón y mi cuerpo al cabo de ocho meses, creí que sería para siempre.
El recuerdo era tan doloroso que apuré mi bebida de un trago y seguí observando a los hombres que abarrotaban el local.
El único sexo que me había gustado era el que había tenido con Kevin, por lo que era lógico que sintiera curiosidad por saber cómo sería con otros hombres. Curiosidad, sí, pero nunca había tenido la tentación de averiguarlo.
Hasta ahora.
Isa le hizo un gesto a una camarera que portaba una bandeja de chupitos rosados.
—No sé, Isa.
—Si nos pasamos con las copas pediremos un taxi —decidió ella.
—Como tú digas —acepté el chupito y nos lo tomamos a la cuenta de tres.
No sabía qué era, pero sabía a limón y me devolvió el entusiasmo de golpe.
La música de Wyclef Jean llenó el local y acabó por soltarme la melena. Levanté los brazos por encima de la cabeza y empecé a mover sensualmente mi cuerpo.
—Estás llamando la atención de muchos tíos — me informó Isa.
Miré a mi alrededor y efectivamente vi muchas miradas fijas en mí. Pero ninguno de ellos conseguía prender mi libido, y empezaba a preguntarme si tal cosa sería posible.
—Ése de ahí —dijo Isa, señalando a un hombre tan alto y musculoso que no podría pasar desapercibido. Era moreno y muy atractivo, pero no sentí nada al mirarlo.
—No.
—No puedes ser tan exigente.
—Ha de ser el hombre adecuado —repliqué. Para una mujer no era difícil encontrar amante. Sólo tenía que pedirlo y recibiría un sinfín de propuestas. Pero yo no quería acostarme con cualquiera. Tenía que ser un hombre que me hiciera estremecer de deseo.
Seguí bailando y contoneándome para seducir a todos aquéllos que me miraban. El alcohol me ayudaba a desinhibirme por completo y hacer que mis movimientos fueran cada vez más provocativos.
Empezó a sonar un tema de Usher, más movido, y me agarré la falda con las dos manos para revelar una tentadora porción de mis piernas desnudas. Cerré los ojos y moví la cabeza de un lado a otro.
—Si sigues así vas a provocar más de un infarto —dijo una voz masculina.
Abrí los ojos y le sonreí al tipo con el que había bailado antes. Se lamió el labio descaradamente y se acercó a mí.
—¿Tu marido sabe cómo bailas cuando él no está?
No respondí y seguí moviendo las caderas.
—Parece que buscas algo especial… —me susurró—. Y yo puedo dártelo.
¿Llevaría la palabra «sexo» escrita en la cara?
—Sólo he venido a divertirme —le dije, repitiendo lo que ya le había dicho. Detrás de él vi a Isabel haciéndome un gesto de aprobación con el pulgar.
—También puedo hacer que te diviertas —insistió él, poniéndome una mano en la cintura.
—Ésa no es forma de hablarle a una mujer casada.
—¿Cómo te llamas?
—___________, ¿y tú?
—Teddy.
—¿Teddy? ¿Como un osito de peluche? —no pude evitar una carcajada, pero él no sonrió—. Quizá no haya tenido gracia…
Enseguida me di cuenta de por qué no sonreía. Me estaba examinando de arriba abajo con una mirada que no dejaba lugar a dudas sobre sus intenciones. «Te follaría aquí mismo», decían sus ojos.
—¿Nunca echas una cana al aire? —me preguntó.
Le sonreí dulcemente, confiando en que se tomara bien el rechazo. Empezaba a temer que fuera el tipo de hombre que no aceptaba un «no» por respuesta.
—Como ya te he dicho, sólo he venido a bailar y a divertirme un poco.
—Está bien —se encogió de hombros y se alejó, aceptando su fracaso.
Mientras desaparecía entre la multitud me pregunté por qué lo había rechazado. Era guapo, tenía un buen cuerpo, a muchas mujeres les gustaría despertarse en sus brazos… ¿Por qué había dejado pasar una oportunidad semejante?
Tal vez me estaba engañando a mí misma y no era capaz de tener una aventura con ningún hombre, por perfecto que fuera.
Isa se acercó para soltarme el inevitable reproche.
—¿Pero qué te pasa, ____? ¿Cómo se te ocurre rechazar a un tío así?
—Quizá debería irme ya.
—No tan rápido. La noche es joven. Y recuerda que no estás buscando marido, sino a alguien para bailar el mambo.
Empecé a reírme, pero en ese momento sentí que alguien me miraba fijamente. Lo supe con la misma certeza que si me hubiera tocado.
Me di la vuelta, muy despacio. Y el corazón me dio un vuelco al encontrarme con sus ojos.
En aquel instante lo supe.
Era él.







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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 5th 2012, 07:40
















Capítulo 7

















En cuanto mis ojos y los del desconocido entraron en contacto, sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba. No era una sonrisa cortés, sino la clase de sonrisa que parecía insinuar una irresistible atracción hacia mí.
El corazón me dio un vuelco. Le devolví la sonrisa y le di un codazo a Isabel.
—Mira a ese tío con el pelo largo.
—Cielos, ¿el que se parece a Antonio Banderas? No sabía que te gustaran los latinos.
La verdad era que tenía un aire a Antonio Banderas, aunque su piel era más oscura. Tal vez fuera mulato, o medio hispano. A mí me daba igual. Lo único que me importaba era que estaba buenísimo y que era el primer hombre con quien había sentido algo aquella noche.
—No he estado con ningún hombre aparte de mi marido —señalé.
—Hagas lo que hagas, no pronuncies la palabra «marido» cuando hables con él. Por cómo te está mirando lo tendrás hablando contigo enseguida.
Volví a mirar al hombre. Estaba bastante lejos de mí, pero el brillo de sus ojos era inconfundible.
Me deseaba.
Tragué saliva, pues yo sentía la misma atracción. Aquello era precisamente lo que andaba buscando. Una conexión instantánea y eléctrica.
Pero seguía siendo territorio desconocido para mí, que llevaba diez años sin permitirme sentir atracción sexual por otro hombre.
El desconocido empezó a caminar hacia mí, y el corazón casi se me salió del pecho. De pronto era consciente de que no había estado con otro hombre en diez años. ¿Sería capaz de hacerlo?
—Maldita sea, Isa… Viene hacia aquí. ¿Qué puedo decirle? Todo esto me parece una locura.
—Puedes decirle «hola» —sugirió ella, dándome un pequeño empujón hacia él. La miré con irritación por encima del hombro, sintiéndome como una idiota, y ella se limitó a poner una mueca.
Respiré profundamente y me volví hacia el hombre.
—Hola —me saludó él. Por su acento parecía ser hispano.
—Hola —respondí—. ¿Cómo estás? —un comienzo muy original, desde luego. ¿No se me podía haber ocurrido nada mejor?
—Muy bien —dijo con una risita—. ¿Y tú?
—Oh, muy bien, gracias —tenía que dejar de beber, porque a ese paso iba a hacer un ridículo espantoso.
Su mirada me recorrió de la cabeza a los pies y yo tuve la sensación de que, por muy tonta que pareciera, no se iba a marchar.
—Eres muy guapa —me dijo simplemente, aunque sus ojos expresaban mucho más.
—Gracias.
—¿Me dejas invitarte a otra copa?
—Oh, no —rechacé con un gesto—. Ya he bebido bastante.
—¿Seguro?
—Bueno… una más no me hará daño —me desdije. Estaba hecha un manojo de nervios, y quizá necesitara un poco más de alcohol si realmente iba a tener una aventura.
—¿Margarita de fresa? —sugirió él.
—¿Cómo lo sabes?
—Me he dado cuenta —respondió. O me había estado observando más tiempo del que yo creía o simplemente lo había adivinado—. Enseguida vuelvo.
Se alejó hacia la barra y yo me quedé mirándolo y sintiendo mariposas en el estómago. Era muy sexy, de eso no había duda. Pero había algo más en él. Algo misterioso, oscuro, e irresistiblemente tentador.
—Si no te gusta, pásamelo a mí —me dijo Isa al oído.
—Me gusta —respondí—. Es exactamente lo que necesito. Alguien que sea todo lo opuesto a Kevin —no quería acostarme con un hombre que me hiciera pensar en mi marido. Quería algo diferente. Un chico malo que no fuera con traje y corbata todo el maldito día.
El desconocido volvió con dos copas y una pícara sonrisa. Llevaba vaqueros negros y camisa blanca desabotonada hasta la mitad del pecho. No se veía nada de vello, pero quizá más cerca del ombligo…
—Una para ti —me tendió una copa—. Y otra para tu amiga.
—Gracias —dijo Isa, aceptándola.
—Sí, gracias —repetí. Era muy amable al invitar también a mi amiga. La última vez que salí con Isa y Kevin, mi marido me dejó abochornada al pedirle dinero a Isabel antes de ir a por su bebida.
Kevin era extremadamente austero, y no sólo a la hora de invitar a copas. Según él, había que ahorrar para formar una familia. No le faltaba razón, pero yo echaba de menos los gestos que tenía al principio de la relación, como enviarme flores de vez en cuando o sorprenderme con mi perfume favorito.
—¿Cómo te llamas? —me preguntó el hombre.
—___________, ¿y tú?
—Joseph. Pero puedes llamarme Joe.
—¿Joseph?
—Es italiano.
—Ah… Eso significa que eres italiano —«una deducción brillante, ___________».
Él asintió.
—Y tú eres realmente guapa. Lo siento si no puedo dejar de mirarte, pero es que nunca he conocido a una mujer más hermosa.
Aún podía reconocer una mentira a pesar de los muchos años que llevaba apartada del juego de la seducción, pero de todos modos mi cuerpo reaccionó favorablemente al cumplido. No sólo eran sus palabras, sino la intensidad con que me miraba, como si pudiera ver hasta el más íntimo de mis deseos.
—Para ser exactos, soy mitad italiano, mitad africano.
—Y todo músculo —declaré, y me eché a reír por mi inusual atrevimiento.
Me agarró la mano y yo se lo permití.
—No eres tímida, ¿verdad?
—No cuando estoy bebida —me balanceé ligeramente para confirmar mi estado de embriaguez—.
Dime algo en italiano.
—Tu guardi bella.
—Suena muy bien —dije, impresionada—. ¿Qué significa?
—Que me pareces muy hermosa.
Me clavó una mirada tan ardiente que sentí cómo me abrasaba por dentro.
—¿Estás casada?
—¿Por qué lo preguntas? —repliqué, entornando los ojos.
Me acarició la base del dedo anular con su pulgar.
—Porque hace poco llevabas aquí un anillo, ¿verdad?
Solté una risita nerviosa.
—¿Eres vidente o algo así?
—No, tan sólo estoy interesado en lo que veo.
Me gustaba su manera de abordar el tema. Me gustaba… mucho.
—Gracias por la copa —dije, tomando un sorbo.
—Ya me las has dado.
—¿Ah, sí?
Joe acercó los labios a mi oreja, casi rozándome la piel.
—¿Tu marido te ha hecho daño?
O él era especialmente sagaz o todas las mujeres engañadas por sus maridos se comportaban igual que yo.
—¿Y bien? —insistió Joe.
No estaba segura de qué responderle. No quería ningún tipo de compromiso con él. Tan sólo una noche de sexo salvaje.
—Sí, me ha hecho daño —confesé—. Pero esta noche quiero olvidarme de todo.
—Puedo ayudarte a olvidar…
Con cualquier otro hombre me habría parecido una conversación demasiado insolente, pero quizá Joe había intuido, sólo con mirarme, que yo aceptaría de buen grado sus insinuaciones.
Que necesitaba que fuera él quien diera el primer paso.
—Sí —dije—. Supongo que puedes hacerlo.
Mientras hablábamos movíamos suavemente los cuerpos al ritmo de la música, pero entonces Joe me rodeó con sus brazos y me apretó contra él, girando lentamente las caderas a pesar de la canción rápida que estaba sonando. Su erección no dejaba lugar a dudas.
Imité sus movimientos, lentos y seductores. No pensaba en nada, tan sólo me dejaba llevar por las deliciosas sensaciones que me embargaban.
Me di la vuelta y apreté las nalgas contra su miembro endurecido, sonriendo cuando se le escapó un gemido de la garganta. La copa limitaba mis movimientos, de modo que di unos pasos para dejarla en una mesa cercana y volví bailando hasta Joe, levantando las manos y moviendo las caderas de un lado a otro.
Juntos seguimos bailando, siguiendo otra vez el ritmo de la música. Joe recorrió mis brazos con los dedos, provocándome un agradable hormigueo en la piel. Me acarició la cara y acercó la boca a la mía, pero volvió a retirarse sin llegar a besarme.
A él también le gustaba provocar.
Le acaricié el pecho a través de la camisa y me atreví a tocarlo con un dedo en la piel que quedaba al descubierto. La otra mano la llevé hacia abajo. Los ojos de Joe se abrieron desorbitadamente, pero retiré la mano justo antes de llegar a la entrepierna.
Él se echó a reír y me rodeó la cintura con las manos.
—Quiero llevarte a casa.
—Quiero que me lleves a casa —respondí.
Todo era sencillo y natural entre nosotros, sin dejar de ser emocionante. Incluso me había olvidado de Isa mientras tonteaba con Joe en la pista de baile. La busqué con la mirada, pero no la vi por ninguna parte.
El grupo de música volvió al escenario y se preparó para el siguiente número.
—Es un buen momento para marcharnos —dijo Joe.
—Estoy buscando a mi amiga. ¿Me disculpas un momento?
—Claro.
Fui a los aseos, tan atestados como la pista de baile, y allí encontré a Isabel. Estaba retocándose el maquillaje delante de un espejo, al fondo.
—¿Todo bien? —le pregunté.
—Te has perdido una escena.
—¿Qué ha pasado? —le pregunté con preocupación.
—¿Te acuerdas del tío de dientes amarillos?
—¿Qué ha hecho?
Isa se aplicó un poco de maquillaje en polvo.
—Me metió la mano por la camiseta.
—¿Qué? —exclamé.
—Tranquila. Le dije que si volvía a tocarme le rompería los dientes uno a uno.
Sonreí. Mi amiga tenía más pelotas que muchos hombres.
—Entonces se acercaron Walt y Denny y le echaron una charla sobre el respeto que debía guardarles a las mujeres.
—¿Walt y Denny?
—Los dos viejos que nos estaban mirando.
—¿Los dos de los que te burlaste por su edad? ¿Ahora ya los llamas por su nombre?
Isa sacó su pintalabios del bolso.
—La verdad es que son encantadores. Denny, el más alto, sabe mover el esqueleto en la pista de baile. Nos lo estamos pasando muy bien.
Sacudí la cabeza, sonriendo.
—Platónicamente, por supuesto —aclaró Isa—. Ninguno de los dos puede compararse al tío que te estás ligando —juntó los labios para aplicarse el carmín—. Parece que todo va sobre ruedas, ¿no?
—Me ha dicho que quiere llevarme a casa.
—¿Cuándo os vais?
Dudé. En su momento había estado dispuesta a irme con Joe, pero hablando con Isa volvían a asaltarme las dudas.
—No creo que deba hacerlo. No tengo coche, lo que significa que tendría que irme con él… Y eso no sería aconsejable.
—¿Estás pensando en tirártelo pero no quieres irte con él?
—¿Puedes hablar más bajo, por favor? —susurré, mirando a las otras mujeres que estaban maquillándose o charlando entre ellas. Los aseos de mujeres no eran lugares precisamente privados.
—No creerás que es un psicópata, ¿verdad?
—No, claro que no. Pero nunca he hecho esto, y… no quiero cometer ninguna imprudencia.
Isabel asintió.
—Muy bien, en ese caso tienes dos opciones. Una, pasar la noche en el hotel Hard Rock, que está de camino. Dos, puedo llevarte yo a su casa. Pero por si acaso hazle saber que el novio de tu amiga es poli.
—Me gusta la opción del hotel —sólo iba a ser una noche, no el inicio de una relación. Podríamos hacerlo hasta hartarnos y luego no volver a vernos.
—¿Tienes dinero para el taxi?
—Sí —Kevin siempre me decía que llevara dinero en la cartera por si había alguna emergencia.
Isa volvió a guardar el maquillaje y cerró el bolso.
—Yo te llevaré.
—¿Estás segura?
—Me he tomado dos vasos de agua y se me ha pasado el mareo. Puedo conducir.
—¿Y qué pasa con Walt y Denny?
—Estarán bien sin mí —dijo ella, riendo.
Salimos de los aseos y miré alrededor en busca de Joe.
—No lo veo.
—Tiene que estar en alguna parte —dijo Isabel.
—¿Sabes qué te digo? Vámonos.
—¿Qué?
—No está aquí. Quizá sea una señal.
—Pero a lo mejor está en los aseos.
—He cambiado de opinión —agarré a Isa del brazo y tiré de ella hacia la salida. Sin Joe a la vista podía sucumbir a la cobardía.
—Vale, como quieras —aceptó ella, evidentemente decepcionada.
—Creía estar preparada, pero… —no supe cómo acabar la frase. Ni siquiera sabía por qué estaba huyendo.
La respuesta me asaltó al momento. Estaba huyendo porque tenía miedo de la reacción tan intensa que Joe, un completo desconocido, me había provocado.
Fuera hacía calor y humedad, pero el aire era mucho más refrescante que el sudor que se respiraba en el club. La cabeza me daba vueltas, recordándome lo mucho que había bebido. Isa me ofreció el brazo y echamos a andar por la acera.
Pasamos frente a varios grupos de jóvenes escasamente vestidas. Para ellas empezaba la noche, mientras que yo volvía a casa… sexualmente frustrada.
—¡___________! —gritó una voz masculina.
Isa se detuvo bruscamente.
—¿Lo has oído?
Sí, lo había oído. El corazón me dio un brinco y me di la vuelta muy despacio, secretamente excitada porque Joe me hubiera seguido.
Pero cuando vi al hombre que me había llamado el corazón me dio otro vuelco… Esa vez de miedo.









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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 5th 2012, 19:35

Oh Dios!
Yo solo deseo que la sigas, Prontooooooo!
Sube maaaaaas!
Vamos!
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rox
Super Fan De Los JoBros!
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 6th 2012, 01:29

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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FerJonas12
Novia De..


Cantidad de envíos : 645
Localización : Ave. Fastlife LA. California
Fecha de inscripción : 03/02/2012

MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Junio 6th 2012, 15:58

Miedo? Kevin? Hay quien es!!!! Necesito leerás
Me encanta tu nove! Es genial siguela please muero
Por leer
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Hoy a las 03:23

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Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/
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