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 Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/

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- Galletas&Leche -
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 9th 2012, 12:11

34

Un frío glacial se propagó por mi espalda y mis brazos.

Muy lentamente, me giré hacia la televisión. Sabía lo que iba a ver, pero de todos modos ahogué un grito al verlo. Estaba tendida en la cama de Joe, con las muñecas atadas al cabecero, las piernas abiertas y la cara de Joe enterrada en mi sexo. Tenía la espalda arqueada y mis pechos se balanceaban al retorcerme de éxtasis.
Salté del sofá y me coloqué delante de la televisión para que Kevin no pudiera verlo.

—Ya lo he visto —dijo él—. Lo he visto todo.
—¿Cómo… cómo…?
—¿Cómo ha llegado a mis manos? Tu novio me la trajo hoy al hotel.
—¿Qué? —¿Joe estaba en la ciudad? ¿Y sabía dónde trabajaba Kevin?
—Me encanta lo que viene ahora.
—Escúchame, Kevin. Joe está loco. Creía que estaba de viaje, pero me mintió. No podemos quedarnos aquí. Es peligroso.
—Quítate de en medio —dijo él, sin prestar atención a lo que le estaba diciendo.
—Por favor, Kevin, no veas esto —le supliqué—. No sé en qué estaba pensando Joe al grabarlo. Yo ni siquiera sabía que lo estaba haciendo. Pero… —gemí de frustración—. Apágalo, por favor. Apágalo —me giré y apagué manualmente el televisor, pero Kevin volvió a encenderlo con el mando a distancia—. No hagas esto, Kevin. Te lo pido por lo que más quieras.
—¿Me quieres? —se oyó la voz de Joe, seguida de mis jadeos.

No pude soportarlo más y apreté el botón para expulsar el DVD.

—Le dijiste que lo querías —dijo Kevin.

Negué con la cabeza. Era lo único que podía hacer.

—Te he oído. Y lo que es más importante, te he visto.
—Sólo eran palabras. No significaban nada.
—¿No? Entonces ¿cómo sabe él que mi padre murió y me dejó algún dinero?

Por eso Kevin había hecho el comentario tan ofensivo sobre los motivos que tenía para estar con él.

—Sólo estábamos hablando —expliqué—. Sobre los padres y la muerte. No tenía ninguna importancia.
—Conmigo nunca has sido así —tragó saliva, intentando conservar la compostura—. Conmigo nunca has gemido de esa manera, ni te has movido con esa pasión.

Por mucho que quisiera, no podía negar lo que estaba diciendo. El sexo con Joe había sido absolutamente desinhibido, en parte porque era una relación prohibida, y en parte porque Joe me había abierto un mundo de nuevas sensaciones que nunca me había atrevido a explorar.

—¿Y tú no lo pasaste bien con tu puta? Me dijiste que le comiste el coño. Seguro que te encantó y que te corriste en su boca. No quería que me vieras con Joe, pero al menos ya lo sabes. Yo, en cambio, tendré que conformarme con imaginar lo que hicisteis vosotros. Y te aseguro que mi imaginación puede ser mucho peor que la realidad.
—Me dijo que estabas conmigo hasta que consiguieras parte de la herencia de mi padre.

Me arrojé a sus pies.

—¿Y tú lo creíste? Porque entonces es que no me conoces en absoluto.

Él no respondió, pero por el brillo de sus ojos no parecía darle mucho crédito a las palabras de Joe.

—Joe está perturbado —le dije a Kevin—. Se enamoró obsesivamente de mí, a pesar de que lo nuestro no era más que una aventura, y no le sentó nada bien cuando le dije que se había acabado.
—¿Sabía él que sólo era una aventura?

Abrí la boca, pero no pude responder. Kevin había dado en el clavo. Por primera vez me daba cuenta de que no había enfocado mi relación con Joe como una aventura únicamente. Sabía que Joe se estaba enamorando de mí, y una parte de mí también se había enamorado de él.

—¿Lo sabía? —volvió a preguntarme Kevin.
—¿Creía Isabel que sólo te la estabas follando? —respondí con otra pregunta—. Los dos hemos hecho cosas que no deberíamos haber hecho. ¿Tendría que haber tratado a Joe de otra manera? Sí, ahora puedo ver que sí. Pero ya se ha acabado —alargué una mano hacia el rostro de Kevin y lo acaricié con suavidad—. Tú eres el único hombre al que quiero. A pesar de todo, te sigo queriendo.
—Entonces ¿por qué le dijiste que lo querías?
—Porque… —¿porque me estaba comiendo el coño y privándome de mi orgasmo hasta oír lo que quería oír? No, no podía contarle aquello a Kevin—. Lo dije sin sentirlo, animada por la pasión. Por favor, cariño. No quiero seguir hablando de Joe. No servirá de nada —le puse las manos en las piernas y las subí lenta y seductoramente. Tal vez necesitara demostrarle lo mucho que aún lo deseaba. Podíamos hacer el amor allí mismo, en aquel instante. Si Joe estuviera acechando afuera, ya estaría aporreando la puerta.
No debía de estar escuchando. Se había asegurado de darle a Kevin una copia del DVD para asestar el golpe mortal a nuestro matrimonio. Sin Kevin en mi vida, no me quedaría otra opción que estar con Joe.
Pero eso no iba a pasar.

—Quiero que hablemos de nosotros —dije. Moví una mano hacia la ingle de Kevin y empecé a acariciarle el pene—. O quizá sería mejor no hablar de nada.

Kevin puso sus manos sobre las mías para detenerme.

—No lo dices en serio.
—¿Por qué no? Quiero follar contigo, Kevin.
—_________…
—¿Qué? ¿No te gusta que hable así? ¿Te parece sucio? ¿Como el sexo oral? Soy tu mujer, Kevin. Deberíamos hacer de todo juntos. Sexo oral, sexo anal… Lo que queramos.

Kevin dio un respingo hacia atrás.

—¿Te folló por detrás?
—¡No! Lo que intento decirte es que tenemos que explorar nuestra sexualidad. Es lo que hace la gente casada.
—Necesito tiempo…
—Y yo necesito que me toques —agarré su mano y me la puse en el pecho—. Y que me pruebes —volví a acariciarlo hasta que lo puse duro—. Me gusta, Kevin. Me encanta…

Él cerró los ojos.

—Sigo viéndolo entre tus piernas… haciéndote eso…

Me quité la camiseta por encima de la cabeza y me desabroché el sujetador.

—Tócame… Por favor.

Abrió los ojos, pero mantuvo la vista en mi cara, sin mirarme los pechos desnudos.

—Por fav…

De repente me cubrió un pecho con la mano.

—¡Sí! Tócame, Kevin.

Su mano se desplazó lentamente sobre el pecho, como si se estuviera familiarizando con su tacto.

—Tócame el pezón —le pedí, y me puse a acariciarme el otro hasta endurecerlo. Nunca había hecho algo así delante de Kevin, porque sabía que le parecería demasiado descarado. A Kevin le gustaban mis pechos, pero siempre había tomado la iniciativa a la hora de tocarlos.

Pero en esos momentos no parecía disgustarle lo que veía, porque sus gemidos se hicieron más profundos mientras miraba de un pecho a otro.
Mis bragas estaban empapadas. Me levanté y me senté a horcajadas sobre sus piernas.

—Chúpalos, cariño.

Kevin empezó a amasar suavemente mi pecho izquierdo, antes de agachar la cabeza hacia el pezón. Vi su boca acercándose y como abría lentamente los labios. El placer me invadió incluso antes de que su lengua entrase en contacto con mi piel.

—Mmm… Cariño… —cerré los ojos y me deleité con las sensaciones que me provocaba la boca de mi marido. Al principio se movía con una delicadeza excesiva, rodeando la areola con la lengua—. No te imaginas cómo me gusta…

Kevin gimió de delicia y se metió el pezón en la boca para chupar con fuerza. Sentí la dureza de su pene bajo mi sexo, creciendo y palpitando como una herramienta dispuesta a realizar su función.
Me agarró el otro pecho, con mucha menos delicadeza, y se lo llevó a la boca para atrapar los dos pezones a la vez. Desplazó la lengua de uno a otro e hincó ligeramente los dientes, lo suficiente para que una pequeña dosis de dolor intensificara aún más el placer. A continuación volvió al primer pezón y repitió el procedimiento.

—Sí, cariño… —quería sentir la misma intensidad salvaje que había vivido con Joe. Eché la cabeza hacia atrás mientras me lamía los dos pezones al mismo tiempo y grité de puro éxtasis. Su polla endurecida se frotaba contra mi clítoris, avivando las sensaciones de placer.

De pronto, Kevin giró nuestros cuerpos de manera que quedé tendida de espaldas en el sofá y él colocado entre mis piernas. Apartó la boca de mis pechos y fue bajando con la lengua por las costillas mientras me desabrochaba los vaqueros.

—Sí, cariño, sí… —lo acucié con voz jadeante, y levanté las caderas para que pudiera quitarme el pantalón—. Mira lo mojada que estoy…

Kevin pegó los labios por encima del vello púbico y pasó el dedo pulgar sobre mis bragas.

—Estás empapada…
—Cómemelo, cariño. Cómeme hasta que ponga a gritar tu nombre…

Él me quitó las bragas, pero en vez de tocarme o lamerme se quedó mirando, absolutamente embelesado ante la imagen de mi sexo.
Nunca había hecho algo así. Su boca estaba tan cerca que su aliento me hacía cosquillas en el clítoris.

Finalmente empezó a tocarme y yo me estremecí con un placer delicioso.

—Tócame, cariño. Pruébame…

Kevin introdujo un dedo entre los labios vaginales.

—¿Así?
—¡Sí! —levanté las caderas—. Méteme los dedos. Todos…

Kevin deslizó el dedo corazón en mi interior. Un profundo gemido retumbó en su pecho mientras lo hacía.

—Eres tan hermosa, _________…

Me metió otro dedo y yo me aferré a los cojines del sofá ante la oleada de placer que me invadía. Era una sensación completamente distinta a la que había experimentado con Joe. Porque el placer que sentía con Kevin estaba ineludiblemente unido al amor.

—Tan hermosa… —repitió él con voz ahogada.
—Fóllame con tus dedos. ¡Sí, así… así! —Kevin me metió los dedos hasta el fondo y empezó a moverlos en círculos, cada vez más rápido. El placer era tan intenso que apenas podía respirar.

Me pellizqué los pezones y empujé con las caderas hacia arriba, con la esperanza de que Kevin entendiera lo que más deseaba. Sus dedos eran maravillosos, pero era su lengua lo que quería.

—Cómeme, cariño. Por favor… Necesito sentir tu lengua.

Kevin giró la cara y me mordió la cara interna del muslo. Aquello tampoco era lo que yo quería.

—Una sola vez, cariño. Tócame con tu lengua y me correré —meneé las caderas, desesperada por recibirlo.

Él acercó los labios a mi sexo, y justo cuando me preparaba para sentir su lengua, echó la cabeza hacia atrás.

—¡No!
—No puedo —murmuró él, apartándose de mí.

Sus palabras me dejaron anonadada.

—Kevin, por favor…
—No puedo. No después de haberte visto con él.
—No me hagas esto —le supliqué con voz lastimera. Me puse de rodillas y alargué los brazos hacia él—. Te deseo, Kevin. Sólo a ti.

Él se levantó del sofá y se dirigió hacia la puerta.

—Tengo que irme.
—¡No!

No me escuchaba. Salió rápidamente del salón mientras yo intentaba ponerme los vaqueros a toda prisa. Corrí hacia la puerta, que estaba abierta, y salí al porche. Kevin estaba de pie junto a su vehículo, como si algo lo hubiera hecho cambiar de opinión en el último instante.

—Kevin —lo llamé.

Él se giró hacia mí con los ojos abiertos como platos en una mueca de horror. Me miró los pechos y me di cuenta de que no llevaba nada encima. Al otro lado de la calle el señor Warner me miraba sin disimular su interés.

—Vuelve adentro —me ordenó Kevin.

Entré rápidamente en casa, pero mi frustración era demasiado grande como para permitirme sentir vergüenza.

—Entra, por favor —le pedí—. Tenemos que hablar de esto.
—Ya voy —respondió él con voz tensa.

Pasaron los segundos, y sólo la presencia del señor Warner al otro lado de la calle me impidió volver a salir a ver dónde estaba Kevin.

Finalmente cruzó la puerta y pude respirar con alivio.
Pero entonces vi otra sombra llenando el umbral y el miedo me paralizó los músculos. Seguramente había presentido su presencia antes de verlo.
Joe entró en el vestíbulo y su mirada se posó inmediatamente en mí. En la mano empuñaba un cuchillo.
Sonrió y se giró brevemente para cerrar la puerta.
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 9th 2012, 12:28

.
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evelyn alejandra
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 10th 2012, 15:41

AY JOE LOS SIGUIO COMO QUE LES ARA
SIGUELA PRONTITO PLISSSSSSSS
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cami-camila
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 10th 2012, 21:34

siguela me encanta
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- Galletas&Leche -
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 12th 2012, 14:43

35.


—Hola, bella —me saludó. Su sonrisa parecía sincera, pero en aquellas circunstancias resultaba aterradora.

Levanté la mano para cubrirme los pechos y miré fugazmente a Kevin antes de volver a mirar a Joe. O más bien, al cuchillo que llevaba en la mano.

—Ya estamos todos… —dijo él—. Quizá deba ser así.
—Deja que mi mujer se vista —le pidió Kevin.
—No es necesario —respondió Joe—. Ya he visto su cuerpo al detalle… como seguramente ya sepas, si has visto el vídeo.

Kevin no dijo nada. Y yo tampoco.

—Ah, _________… —murmuró Joe tristemente.
—¿Qué… qué haces aquí?
—¿Quieres decir por qué no estoy en Seattle?

Creo que asentí.

—Tenía que saberlo, _________. Tenía que saber si me estabas diciendo la verdad sobre nosotros. Y ahora lo sé.

El pecho se me contrajo de tal manera que casi no podía respirar. Todo había sido un ardid para ponerme a prueba. Y yo había caído en la trampa sin sospechar nada.

—¿Qué os parece si vamos al salón? —sugirió Joe—. Allí estaremos más cómodos.

Ni Kevin ni yo nos movimos, pero los ojos de mi marido miraban frenéticamente a su alrededor. Obviamente estaba pensando cuál sería la mejor manera de manejar la situación.
Joe llevaba una camisa de manga larga que casi ocultaba el cuchillo en su totalidad. Pero cuando lo extrajo de la manga reveló una hoja que medía al menos veinticinco centímetros.

—Si no os movéis —dijo con mucha calma—, os apuñalaré por la espalda. Y cuando estéis de rodillas os rajaré el cuello.

Ahogué un grito de espanto. Sabía que Joe era peligroso, y ahora ya no quedaba la menor duda de que podía ser un asesino.

—Muévete, Kevin —le dije.
—Tú también —me ordenó Joe.

Kevin echó a andar en dirección a la cocina. Yo lo seguí lentamente, con el corazón desbocado.

—Si estás pensando en agarrar un cuchillo, recuerda que estoy justo detrás de tu esposa. Si haces cualquier estupidez la degollaré delante de ti.

No era una amenaza vacía. Joe había matado a mi gata y también sería capaz de matarme a mí, por mucho que me negara a creerlo.

—No haré nada —prometió Kevin, y mantuvo las manos en alto mientras caminaba—. Puedes ver mis manos. No voy a agarrar nada.
—Bien —dijo Joe—. No me gustaría que esto se pusiera feo. Lo único que quiero es hablar.

En el salón, Kevin y yo nos detuvimos delante del sofá. Recogí la camiseta del suelo y me la puse.

—Sentaos —ordenó Joe.

Obedecí, sin apartar la vista de él. Kevin se sentó a mi lado.
Joe se colocó frente a la mesita y empezó a hablar.

—Me habría gustado que nos viéramos en otras circunstancias, pero el amor no siempre es fácil. Kevin, supongo que ya habrás visto el vídeo.

Kevin dudó un momento.

—Sí.
—Por tanto ya conoces los sentimientos de tu esposa hacia mí. Y los míos por ella. He venido a pedirte que la dejes marchar tranquilamente.

No había duda de que Joe me había estado espiando mientras se suponía que estaba en Seattle. Seguramente también había estado escuchando mis llamadas telefónicas.
Y aunque Joe sabía que me había visto con mi marido, aún conservaba la esperanza de que estaríamos juntos. Según él, sólo tenía que apartar a Kevin para que yo fuera suya.

—Esto será muy fácil, _________ —me dijo—. Sólo tienes que recoger tus cosas, tu ropa, tus cosméticos… lo que necesites. Haz las maletas y llévalas a mi coche.

Miré a Kevin y tragué saliva.

—Si la dejas marchar, Kevin, podrás seguir viviendo. Así de simple. Si intentas impedirlo, morirás.

Aquello no podía ocurrir. No lo permitiría.

—¿Y si no quiero irme contigo? —le pregunté—. ¿Me matarás a mí también? - La expresión de Joe me recordó a la de un padre mirando a una niña desobediente. Una mezcla de afecto y reprobación.
—Sé que no quieres hacerle daño a tu marido. Eres una buena mujer y te sientes culpable por abandonarlo. Pero es lo correcto, _________.
—¿Es eso lo que quieres? —me preguntó Kevin.
—No —respondí sin dudarlo, y le puse una mano en la rodilla. Fue un gesto inconsciente, totalmente espontáneo.

Por eso supe a ciencia cierta que no podía irme con Joe. No podía seguir fingiendo que quería estar con él. Estaba emocionalmente agotada y no tenía fuerzas para engañarlo. Además, no quería hacerlo.
Lo que significaba que Joe podía matarme.
Pensé en lo que podía decirle y decidí que lo mejor era apelar a su misericordia. Tal vez el amor que me profesaba le impidiera hacer una locura.

—Joe… No hagas esto.
—¿Se lo has dicho? —preguntó él, y la forma que tuvo de mirarme hizo que el pánico volviera a adueñarse de mí. Sacudí la cabeza casi imperceptiblemente y con los ojos le supliqué que no siguiera, pero Joe formuló la pregunta que tanto temía—. ¿Le has dicho que llevas dentro a mi hijo?
—¿¡Qué!? —exclamó Kevin.

No pude mirar a Kevin cuando me tiró de las muñecas para apartarme las manos de la cara.

—¿Es eso cierto, _________?
—Díselo, bella —me acució Joe con una sonrisa cruel.
—¿Estás embarazada… de su hijo?

Empecé a sollozar.

—Dios mío —murmuró Kevin, y se puso lentamente en pie—. Lo estás.
—No sé si es suyo —me apresuré a decir—. Es posible que sea tuyo.

Kevin empezó a andar de un lado para otro.

—Dios bendito…

Miré furiosa a Joe.

—¿Cómo has podido hacer esto?
—Tu marido tiene que saber que hemos concebido un hijo por amor. ¿Crees que ahora querrá estar contigo? No, _________. Ya nunca podrá perdonarte —avanzó un paso hacia mí—. Pero yo sí te perdono, _________.

La confusión se mezcló con mis lágrimas.

—Sé lo que estabas haciendo antes de que yo llegara. Por eso estabas desnuda de cintura para arriba y con los vaqueros desabrochados —siguió acercándose—. Pero te perdono. Porque te quiero. Sin ti, sin nuestro hijo, mi vida no es nada.

Le lancé una mirada suplicante a Kevin, implorándole que me comprendiera. Fuese quien fuese el padre biológico, para mí el único padre era Kevin. Me daba igual lo que dijeran las pruebas.

—Tu marido nos ha visto juntos en el vídeo — prosiguió Joe—. ¿Crees que puede aceptar que hayas estado con otro hombre? No. ¿Y por qué no? Porque él siente que tú le perteneces. Míralo… Es como un animal enjaulado, dispuesto a atacar. Si yo no estuviera aquí, seguramente te estaría pegando.

Kevin dejó de moverse y miró a Joe, respirando agitadamente. Estaba tan furioso que parecía echar humo por la nariz. ¿Y si Joe tenía razón? ¿Sería capaz de cometer un acto violento si se lo llevaba al límite?
No, no podía creerlo. Por muy furioso que estuviera, Kevin nunca me levantaría la mano.

—Si él te amara de verdad —dijo Joe—, te perdonaría y volvería a recibirte con los brazos abiertos.

Intenté tragar saliva, pero se me había formado un nudo en la garganta. Volví a mirar a Kevin y le sostuve la mirada, hasta que fue él quien la apartó.
¿Realmente era incapaz de superar mi aventura? ¿A pesar de haber sido él quien me arrojó a los brazos de otro hombre?
También yo aparté la mirada. Era incapaz de seguir mirándolo, porque sabía que todo había acabado para siempre.

—Te perdono.

La voz de Kevin me hizo girarme otra vez hacia él con el corazón henchido de esperanza.

—Te perdono —repitió Kevin—. Nada de esto hubiera pasado de no haber sido por mi culpa. Si estás embarazada, aceptaré al niño como si fuera mío.
—Oh, Kevin… —los ojos se me volvieron a llenar de lágrimas, pero esa vez eran de emoción. Al fin sabía, sin ninguna duda, que Kevin era el amor de mi vida.
—Te lo vuelvo a decir, _________… Ahora y siempre.

Empecé a andar hacia él, pero Joe se interpuso entre nosotros y me miró con un peligroso brillo en los ojos.

—No es la decisión acertada, _________.

Muy tranquilamente, se giró hacia Kevin… y le asestó una puñalada en el pecho.

—¡No! —grité. Lo agarré del brazo, pero él se soltó con facilidad y me tiró al suelo de un empujón.
—Te daré una última oportunidad para que cambies de opinión —me dijo—. La próxima vez le cortaré el cuello.

Asentí, temblando de pies a cabeza.

—Está bien, está bien.

Joe me ofreció la mano y yo la acepté para que me levantase.
Kevin estaba en el sofá, con las manos apretadas al pecho. La sangre manchaba su camisa blanca.

—Estoy bien… La herida no es profunda.
—No perdamos más tiempo... —dijo Joe—. Recoge tus cosas. Vamos.

Yo seguía temblando, muerta de miedo. Pero entonces me acordé de algo.
La pistola de Isa estaba en la habitación.
Si iba a recoger mis cosas, como Joe me ordenaba, podría hacerme con el arma.

—Voy —le dije a Joe, antes de volverme hacia Kevin—. Tiene razón. Estoy enamorada de él. No quería hacerte daño, pero… no quiero seguir contigo.

Un destelló asomó en los ojos de Kevin. ¿Se creería lo que le estaba diciendo?

—Voy a marcharme con Joe —añadí—. Pero… Joe, tienes que prometerme que no le harás daño. No es necesario. Si la policía interviene no podremos estar juntos —le dediqué una sonrisa forzada.
—Ya he pensado en esto, y sé dónde puedo esconder el cuerpo —me aseguró Joe—. Es el mismo sitio donde habría ocultado el cuerpo de Theodore, si hubiera logrado matar a ese cerdo asqueroso cuando tuve la oportunidad.

De manera que Joe no pensaba dejar que Kevin viviera. La sorpresa y el horror debieron de reflejarse en mi cara, a pesar de mis esfuerzos por mantener la serenidad. Si Joe advertía mis dudas mataría a Kevin, y a mí, antes de que yo tuviese tiempo de agarrar el arma.

—Sí, bella. Mi intención era matar a aquella rata, igual que tu marido debería haber matado a tu violador. Pero tu marido no es lo bastante hombre. No sabe protegerte. Yo, en cambio, siempre os protegeré a ti y a nuestro hijo.

¿Qué le había pasado a Joe para transformarse en un monstruo? ¿Habría sido un resentimiento salvaje, provocado por el rechazo? ¿O tal vez era su propia naturaleza?
El motivo no importaba. Tenía que conseguir hacerme con la pistola.

—Sé que contigo siempre estaré segura —le dije, y para convencerlo me acerqué a él y le di un beso en los labios—. Voy a por mis cosas.

Fui al dormitorio y dejé la puerta abierta para no levantar sospechas. El corazón se me iba a salir del pecho, y las manos me temblaban tanto que quizá no pudiera empuñar el arma.

Isa me había dicho que estaba cargada.
Me puse a revolver en los cajones y a arrojar la ropa sobre la cama, haciendo los ruidos que haría una mujer preparando el equipaje. Pero a cada segundo temía que Joe matara a Kevin.

Estaba completamente loco y sus actos eran imprevisibles.
Miré por encima del hombro y no pude ver a Joe, lo que significaba que él tampoco podía verme a mí desde el salón. Muy despacio me acerqué a la mesita de noche, abrí el cajón…

—Bella.

El corazón me dio un brinco y me di rápidamente la vuelta. Joe estaba en la puerta del dormitorio.

—¿Me quieres?
—Sonreí. —Sí, Joe. Te quiero. Creo que te he querido desde el principio.

Él también sonrió.

—¿Necesitas ayuda?

Advertí un movimiento detrás de él y vi a Kevin intentando llegar a la cocina. La sonrisa de Joe se esfumó al instante y siguió la dirección de mi mirada.

—¡Hijo de perra! —exclamó, volviendo rápidamente al salón—. ¡Vuelve al sofá!
—Eh, tío, lo siento —repuso Kevin—. Sólo quería estirar las piernas.
—¿Crees que esto es un juego? —gritó Joe, fuera de sí—. ¿Crees que estoy jugando?

Ahora o nunca. Tenía que actuar antes de que Joe matara a Kevin.
Sin perder un segundo más, saqué la pistola del cajón, retiré el seguro como me había enseñado Isa y salí corriendo del dormitorio.
Kevin estaba de pie con las manos extendidas, intentando detener a Joe.


—Te dije que no intentaras ninguna estupidez —dijo Joe, levantando lentamente el cuchillo—. He estado a punto de perdonarte la vida por _________, pero ahora vas a morir.
—¡No lo toques! —chillé.

Joe y Kevin se giraron hacia mí.

—Bella —dijo Joe en tono jocoso al ver el arma—, ¿se puede saber qué haces?
—Apártate de mi marido —le advertí entre dientes.

Joe no se atrevió a comprobar si hablaba en serio o no, porque dio unos pasos hacia atrás.

—Kevin, ponte a mi lado —le dije—. No quiero que resultes herido.
—¿Vas a dispararme? —me preguntó Joe con incredulidad.

Kevin llegó junto a mí.

—Dame la pistola.
—No —en los breves segundos que llevaría pasar el arma de una mano a otra, Joe podría saltar sobre el sofá y apuñalar al menos a uno de los dos—. Puedo hacerlo yo.
—¿De verdad crees que puedes dispararme? — volvió a preguntar Joe—. Lo nuestro es algo especial, bella. Los dos somos uno. Como Dios hizo al hombre y a la mujer.
—¿Mataste a mi gata?
—¿Has olvidado cómo te hacía sentir en la cama, bella? Todo lo que hacíamos era amor. Hemos concebido un hijo con nuestro amor.
—¿Mataste a mi gata? —repetí, respirando con agitación.
—La gata, la maldita gata —espetó él—. Siempre estabas escapándote para darle de comer a ese bicho asqueroso.

Un nuevo torrente de lágrimas afluyó a mis ojos, pero parpadeé frenéticamente para que no me empañaran la vista. Tenía que ver claramente a Joe cuando le disparara.

—¿Y por eso la mataste? —le pregunté. Tenía que saberlo.
—Es sorprendente lo fácil que resulta retorcerle el cuello a un gato. Fue muy rápido, bella. No sufrió ningún dolor.
—¡Hijo de puta!

En ese momento Joe rodeó el sofá con el cuchillo en alto.

Apreté el gatillo. Dos veces.
Las balas impactaron en el objetivo y la sangre brotó del pecho de Joe.

Una mueca de horror y confusión apareció fugazmente en su cara, antes de que sus ojos parecieran desenfocarse.

Pero no estaba muerto.

Disparé otra vez. Más sangre. Joe dejó caer el cuchillo, se llevó las manos al pecho y se tambaleó hacia atrás.

Volví a disparar. La bala penetró en su frente y Joe cayó junto al sofá. Grité como una histérica y avancé hacia él. Tenía que asegurarme de que estaba muerto.
Pero entonces sentí los brazos de Kevin a mi alrededor.

—Se acabó, _________. Está muerto.
—Mató a nuestra gata —no podía dejar de llorar—. ¡Ese loco asqueroso mató a nuestra gata!
—Tranquila, cariño. Ya ha pasado todo.

Volví a mirar a Joe. Temía que fuera a resucitar como hacían los psicópatas asesinos en las películas, por muchas veces que les dispararan.
Kevin me quitó la pistola y la dejó sobre la mesa.

—Ya ha pasado todo, _________.

Me estrechó entre sus brazos y me apretó con fuerza mientras yo lloraba desconsoladamente.
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evelyn alejandra
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 12th 2012, 15:41

waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

lo mato

mato a joecito

el solo queria amor
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 15th 2012, 13:02

Joe se murio :'( yo no queria que muriera porque no solo lo encerraron en un manicomio o en la carcel, me dio tanta tristeza como murio, él solo queria ser amado :'( Ok ya SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
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rox
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 16th 2012, 14:25

O.O
siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 16th 2012, 16:39


Epílogo


Kevin tenía razón. La herida no era profunda y tan sólo le quedaría una cicatriz en el pecho. Podía considerarse afortunado, pues había sufrido la ira asesina de un psicópata y había vivido para contarlo.

Extrañamente, no me afectó haber matado a una persona. No me alegraba de haberlo hecho y maldeciría para siempre el día que conocí a Joe, pero al menos podía vivir en paz conmigo misma.
Porque en el fondo sabía que no había tenido elección. Joe tenía que morir. Si hubiera quedado con vida, Kevin y yo jamás habríamos estado seguros.

Pero con Joe muerto, éramos libres.

Tal vez por haber estado tan cerca de la muerte, Kevin tomó la decisión de olvidar lo ocurrido entre Joe y yo. Me aseguró lo mismo que dijo cuando Joe amenazaba con matarnos: él sería el padre del niño, aunque biológicamente no fuera hijo suyo.

Mi amor por él creció aún más al oírselo decir.

También acordamos que pondríamos la casa en venta en cuanto hubiéramos cambiado la alfombra manchada de sangre. Ni Kevin ni yo nos sentíamos capaces de seguir viviendo allí.

Buscaríamos otra casa para empezar de nuevo y criar a nuestro hijo.

La semana siguiente transcurrió entre los interrogatorios de la policía y el interés de los medios de comunicación. A los periodistas sólo les hablé de mi amistad con Joe, sin admitir mi aventura, pero a la policía tuve que contárselo todo. Los medios informaron de que Joe era un amigo que se obsesionó conmigo y que quiso matar a mi marido para poder tenerme. Yo estaba segura de que muchas personas no se creerían la noticia y sacarían sus propias conclusiones, pero a mí me daba igual. Lo único que me preocupaba era mi familia.

Y esa familia incluía un bebé cuya paternidad había que determinar.

El martes por la noche Kevin me sorprendió al decirme que quería acompañarme al médico el viernes. A pesar de su valor y decisión, yo sabía que estaba asustado por el resultado de las pruebas. Pero en todo momento estuvo a mi lado y me sostuvo la mano mientras el técnico me aplicaba el gel y movía el transductor sobre el vientre. Los dos nos emocionamos cuando vimos y oímos el corazón del bebé.

—Sea de quien sea, este hijo será mío —declaró Kevin en voz baja cuando el técnico abandonó la sala.

Le puse la mano en la mejilla. Quería decirle algo, pero la emoción me impedía hablar. Estábamos viviendo una situación que no se la desearía ni a mi peor enemigo, y sin embargo Kevin y yo estábamos más unidos que nunca.

—Te quiero —conseguí decir finalmente—. Y siento mucho lo que…

Kevin me puso un dedo en los labios.

—Sin mirar atrás, ¿recuerdas?

Asentí lentamente.

—Sin mirar atrás.

La puerta se abrió y el técnico volvió a entrar.

—¿Y bien? —le pregunté con impaciencia—. ¿De cuánto tiempo estoy?
—A juzgar por el tamaño del feto, parece de diez semanas.

No podía creerlo.

—¿Y la regla que tuve?
—Es normal que algunas mujeres manchen un poco durante el embarazo —explicó el técnico—. Sobre todo al principio.

Una ola de calor me invadió el pecho.

—Estoy embarazada de diez semanas... ¿Seguro?
—Completamente. El bebé fue concebido el veintisiete de marzo.

Kevin soltó una exclamación de júbilo. Nunca lo había visto tan entusiasmado.

—Nuestro hijo —murmuré—. Nuestro hijo…

El técnico nos entregó una foto de la imagen que habíamos visto en el monitor.
—Pensé que les gustaría tenerla —nos dijo con una amable sonrisa—. Y eso es todo. Ya pueden marcharse.

Contemplé la imagen con lágrimas de felicidad en los ojos. Era muy pequeña, pero se apreciaba claramente la forma.

—Nuestro hijo —repetí, mirando al hombre de mi vida—. No es de Joe…

Kevin me sonrió y me puso la mano sobre el vientre. De la preocupación había pasado a sentirse el hombre más feliz de la Tierra.

—Te quiero —me dijo, y me besó con lágrimas y risas.

Al apartarnos volví a mirar la ecografía.

—Creo que es niña.
—Una niña —repitió Kevin, sobrecogido.
—Sí, una niña pequeña. Así lo siento.

Kevin asintió.

—Yo también.
—Oh, Dios mío… vamos a ser padres.
—Los mejores padres que el mundo haya visto.

Agarré la mano de Kevin.

—Nuestra hija.
—Sí, _________. Nuestra hija —me levantó de la camilla y me dio un beso lleno de amor y promesas.

Sabía que aún nos quedaba un largo y difícil camino por delante hasta reparar todo el daño que le habíamos causado a nuestro matrimonio. Pero el beso de Kevin me demostraba que podíamos conseguirlo.
Dejamos de besarnos y Kevin me llevó hacia la puerta.

—Vamos —dijo con una amplia sonrisa—. Tenemos que empezar a buscar casa.
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Septiembre 21st 2012, 14:55

OHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH POR DIOS YA ACABOOO ME ENCANTOOOOOOOOOO GRACIAS POR SUBIRLAA
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MensajeTema: Re: Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/   Hoy a las 06:18

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Malas Decisiones (Kevin&Tú) /Adaptada/
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