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 Riquísimo (Nick&Tú)

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BETTY DE JONAS
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 19th 2012, 15:50

OH POR DIOS!!!!!!
Me siento mal por _________ Crying or Very sad
Nick hirió sus sentimientos.... Evil or Very Mad
Que pena que sólo la considere una mujer fácil cuando ella no lo es...
y que tonto al desperdiciar una oportunidad de estar con ella y conocerla de verdad... pero ahora quizá ya sea demasiado tarde...
Por otro lado lo de los cuchillos y todo eso me pone nerviosa pale
qué es lo que estará buscando esa persona????
hacerle daño a _______???? confused
pero Nick obvio no va a permitirlo.... al menos esa sería una manera de demostrarle a _______ que lamenta haber sido un tonto con ella no???? scratch
siguela plis!!!!!!!!!
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 20th 2012, 16:28

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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 22nd 2012, 11:33

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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 22nd 2012, 17:13

O: Omg ..!!
Siguele quede picadisima..!!!
Me siento masl por Nick :C
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 23rd 2012, 17:40

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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 24th 2012, 19:33













Capítulo 6











_________ subió las escaleras.
«Un escalón tras otro. El dormitorio está ahí mismo. Entonces podrás cerrar la puerta.»
No quería que Nicholas viera sus lágrimas. Ya le había dado demasiado poder sobre ella. Y él lo había usado a placer para hacerle daño.
—¿Qué has dicho? —le exigió él. Un momento después, él la seguía escaleras arriba y la agarraba del brazo, haciéndola girar para que lo mirara—. ¿El mismo pervertido que te dejó la nota en el coche irrumpió en el club?
—Y me amenazó. No tienes por qué preocuparte por mi seguridad. Ése es el trabajo de Zac, por eso ha venido esta noche. Ahora, si me perdonas...
_________ intentó que Nick la soltara. El calor y el olor almizclado del hombre inundaban sus fosas nasales. Aquellos ojos ardientes y la fuerza de su musculoso cuerpo le debilitaban las rodillas.
Jamás se había considerado una de esas estúpidas mujeres que se ataban a una relación destructiva con alguien que sentía más desprecio que afecto por ellas. Pero al parecer, su corazón era tan débil como el de cualquier otra.
Una píldora difícil de tragar.
—Nicholas, suéltame.
Él negó con la cabeza con una expresión de angustia.
—No puedo.
En medio de las sombras, _________ vio que los ojos de Nick brillaban con intensidad antes de inclinar la cabeza hacia ella. Santo Dios, deseaba besarle. Todo su ser —músculos, huesos, sangre— le urgía a que uniera su boca con la de él. A que le tocara. A que le diera lo que le pidiera.
Pero, ¿por qué Nick actuaba así de repente?
«Porque cree que Zac acaba de poseerte.»
_________ se dio la vuelta y se mordió el interior de la mejilla para ser capaz de negarse. Sintió una dolorosa punzada en el pecho. Cuando los labios de Nicholas le acariciaron la mejilla los ojos se le llenaron de lágrimas.
—No me hagas esto —le imploró Nicholas al oído, apretándola con fuerza contra él. _________ olió el aroma de la hierba recién cortada en su ropa y el del whisky en su aliento. Él le enjugó las lágrimas con una caricia llena de desesperación. _________ sintió que se debilitaba.
Dios, ¿cómo podía querer que la abrazara un hombre que la despreciaba de aquella manera? Se suponía que era demasiado lista para dejarse atrapar en ese juego.
—No puedes desearme sólo porque pienses que Zac me posee —sollozó—. No soy el trofeo sexual de esa competición que tenéis entre vosotros dos. Debes... soltarme...
Ella intentó liberarse, maldiciéndose para sus adentros, primero por haber alentado la estúpida esperanza de que podría seducir a Nick y, después, por tener la absurda idea de que él podría sentirse atraído por ella. Lo más probable es que él quisiera a alguien como Kimber: una mujer sana, con un brillante futuro y un pasado limpio. Alguien que no arrastrara una larga lista de amantes y que no hubiera comerciado con el sexo.
Si era eso lo que él le pedía a una mujer, _________ no tenía nada que hacer.
Nicholas le ahuecó la cara con las manos y la acercó de nuevo a la suya.
—Yo no te considero ningún trofeo, te lo juro. Sé que no soy quién para decirte lo que tienes que hacer. —La acercó todavía más e, incluso en la oscuridad, ella observó el dolor que le deformaba los rasgos—. Estaba celoso. Tanto que los celos me comían vivo. No soportaba pensar que le dabas a él lo que yo deseo con tanta desesperación.
«¿Está celoso?» Entonces quizá ella le importara algo...
—Me ofrecí a ti… más de una vez. —Las palabras eran acusatorias.
—He intentado comportarme como un caballero. ¿Vale? Quería controlarme y no caer sobre ti como un poseso. No quería que pensaras que soy un cavernícola ni un demente. No quería perder el control. Sé lo que le pido al futuro y no nos veo juntos en esa estampa. Pero... —El dolor se reflejaba en su voz; luego suspiró entrecortadamente—. No puedo ignorar ni negar por más tiempo lo que siento. Estoy muy preocupado por ti, sí. Me aterroriza pensar que ese psicópata quiera atraparte y hacerte daño. Haré lo que sea necesario para protegerte.
«Lo que sea necesario.» Aquello sonaba como si ella realmente le importara. Sí, le dolía oírle decir que ella no encajaba en su futuro, pero estaban en el presente... Las palabras de Nicholas le envolvieron el corazón, derribando la presa que contenía sus emociones. _________ estaba a punto de romper a llorar.
—Nick...
—Ya no puedo pasar un momento más sin tocarte. Lo necesito más que respirar.
Una cruda sinceridad se reflejaba en los rasgos de Nicholas cuando se inclinó sobre ella otra vez y le tocó la barbilla. Sus caricias y su mirada decían cuáles eran sus intenciones. _________ no fue capaz de rechazarle.
Le enredó los dedos en el pelo y lo atrajo hacia ella. Sus bocas se encontraron, jadeantes, y unieron sus labios con un gemido. El sabor a alcohol y deseo hizo explotar los sentidos de _________. Nicholas la rodeó con los brazos y la alzó contra él, como si de repente fueran un solo ser.
El instinto la llevó a rodearle con las piernas. Y él la sostuvo con una mano debajo del trasero mientras le daba otro beso abrasador.
Nicholas se estaba dejando llevar por un ardiente deseo, evidente en la forma en que fusionó sus bocas. Nunca la habían besado de esa manera tan íntima. Nick la saboreó como si quisiera paladearla por completo, como si quisiera grabársela en la mente. Y _________ le devolvió el beso con el mismo fervor, aunque ya lo conocía de memoria desde hacía mucho tiempo.
La joven sabía de sobra que aquel abrazo no significaba para Nicholas lo mismo que para ella. Era evidente que él la deseaba... por lo menos en ese momento. Pero ¿qué sentía en realidad por ella? ¿Nada?
¿Habría llegado _________ demasiado lejos para que eso le importara?
El día siguiente llegaría demasiado pronto y, con él, un montón de recriminaciones. Pero hasta que amaneciera sólo existiría el placer. La sensación de unión.
Nicholas la siguió besando mientras subía la escalera hacia el dormitorio, haciendo que sus cuerpos se rozaran a cada paso. _________ contuvo el aliento ante aquella ficción increíble. Él estaba allí de verdad. Con ella. Lo abrazó, todavía con más fuerza, y gimió contra su garganta, besándole en el cuello y en la mandíbula cubierta por la som¬bra de la barba, hasta encontrar de nuevo su boca. La de él la estaba esperando, abierta y voraz. Ella se derritió contra él.
Un momento después, el mundo giró sobre su eje. Se encontró tumbada boca arriba sobre la cama, con Nick encima de ella sosteniendo su peso con los brazos. Jadeaba y la miraba, iluminada por la luz de la luna.
—Te he deseado desde el momento en el que te vi en el club.
Ella le sostuvo la mirada, en la que relucía la verdad y una cruda pasión. Cada palabra que había dicho era sincera, a pesar de lo que pensara de ella. A pesar de que creyera que se había acostado con Zac esa noche. A pesar de los largos meses vacíos desde aquella noche que habían pasado juntos.
—Yo también —confesó ella.
De hecho, había anhelado a Nicholas desde que se había despertado sola hacía tres meses y se había dado cuenta de que él no regresaría.
—Te he echado de menos —farfulló ella—. Es probable que no quieras oírlo y sé que estás con alguien y que...
—No esta noche. Ahora mismo sólo estamos nosotros dos. —Le apartó el pelo de la cara—. He pensado muchas veces en ti... Desde el primer momento en que nos tocamos, hace ya tres meses, has sido una fiebre que no puedo aplacar.
Puede que no fuera una declaración de amor, pero para _________ era suficiente. Él sentía algo por ella. Y si era honesta consigo misma, tampoco sabía qué sentía ella. Jamás había pretendido enamorarse hasta que conoció a Nicholas.
—Quédate conmigo —susurró ella.
—Nada podría hacer que me fuera ahora.
Nicholas poseyó su boca profundamente, deseando cada caricia de sus labios, cada roce de su lengua.
Unos minutos después, él se incorporó para desabrocharse la camisa. _________ le ayudó con rapidez, rozándole la piel suave y elástica con el dorso de los dedos. Él estaba ardiendo. Entre las sombras, ella encontró el intrigante rastro de vello que bajaba del ombligo al sexo de Nick. Recordó haberlo seguido con la lengua, haciéndole gemir y estremecerse.
No pudo resistirse a hacerlo de nuevo. Apretó la boca contra aquel punto de su abdomen.
—Estás jugando con fuego—susurró él con la voz ronca
Una tímida sonrisa apareció en los labios de _________.
—Me encanta quemarme.
Con un gemido, ella lamió el camino que conducía a aquel tesoro, saboreando con la lengua el gusto picante de su piel, el leve indicio a sudor, a masculinidad absoluta. Era adictivo.
Él se tensó, enredó los dedos en el pelo de _________ y la acercó más.
—La primera vez que hiciste esto, casi me hiciste perder la ca¬beza. Y ahora te deseo todavía más. Santo Dios...
Ella sonrió contra su estómago y luego se deslizó por su pecho, mordisqueándole, desabrochando el resto de los botones de la camisa. Por fin, tuvo ante sus ojos las tetillas marrones, duras como piedras. Las miró con codicia.
—No lo hagas —la avisó él con suavidad—. Mi autocontrol... pende de un hilo.
—Pues descontrólate —lo animó con un susurro y una mirada ardiente, justo antes de cerrar la boca sobre una de ellas y succionarla.
Él emitió un gemido ronco y áspero.
Excitada, _________ le rozó suavemente la tetilla con los dientes y la succionó de nuevo mientras acercaba los dedos al botón de los vaqueros.
Él la agarró por las muñecas y le apartó las manos.
—No lo hagas, no a menos que me quieras tener dentro de ti en sólo diez segundos. Soy como una bomba de relojería a punto de es¬tallar.
—Me gustaría tenerte ya en mi interior —le dijo con honestidad—. He pensado mucho en ti... La noche que pasamos juntos fue increíble. Necesito volver a sentir lo mismo.
Nicholas respiró entrecortadamente.
—No quiero hacerte daño. La última vez fui demasiado rudo, demasiado exigente...
—Fue perfecto. Quiero que sea igual.
Él se quedó inmóvil. Algo atravesó su expresión. ¿Aceptación? ¿Deseo? fuera lo que fuera, hizo que a _________ le latiera el corazón en el pecho de una manera enloquecida.
Notó que él se levantaba de la cama. Ella se incorporó llena de ansiedad. ¿Había interpretado mal su expresión? ¿Nicholas se marchaba?
Pues no, se quitó la camisa, exhibiendo los anchos y bronceados hombros, los músculos tensos y unos abdominales que la dejaron sin aliento. Santo Dios, él era... demasiado. Demasiado sensual, demasiado listo, demasiado cautivador y poseía demasiado talento. Y la deseaba ahora mismo.
Nicholas se desabrochó el botón de los vaqueros y bajó la cremallera, luego se deshizo de los pantalones y la ropa interior con brutal eficacia. Se quedó desnudo, con los puños cerrados a los costados y el torso subiendo y bajando agitadamente. La mirada de Nicholas se fundió con la de ella, inmovilizándola con el deseo que se leía en ellos, haciendo que se consumiera en llamas y que su sexo latiera de necesidad.
Ningún hombre había conseguido que se sintiera así, sólo Nicholas.
—Si te hago daño, deberás encontrar la manera de detenerme —le dijo.
Y ésa era otra razón por la que tenía unos sentimientos tan pro¬fundos por él. Sintiera lo que sintiese por ella, quería que _________ es¬tuviera a salvo. Podría haber pasado de todo, dada la profesión y la vida que ella llevaba, pero él no dejaba a un lado su bienestar.
La mujer que poseyera su corazón sería tratada como una reina, y _________ deseó poder ser ella.
—No lo harás.
Un duro destello brilló en aquellos ojos oscuros.
—Ponte de pie.
_________ se estremeció, sus entrañas palpitaban de anticipación y deseo cuando le obedeció. Nicholas se agachó ante ella y le acarició las piernas, dibujando con los dedos una línea desde la curva de las nalgas hasta las pantorrillas.
Se estremeció al sentir las manos de Nicholas sobre ella, y sus caricias, llenas de suave demanda, le debilitaron las rodillas. _________ estaba llena de anhelo e impaciencia.
—Nick...
Sin avisarla, él agarró el borde del camisón y tiró. Un tirón en cada hombro fue la única advertencia antes de que la prenda resbalara por su cuerpo, formando un etéreo charco de tela a sus pies.
Se quedó desnuda de repente.
El roce del frío aire de la noche le erizó los pezones. ¿O fue debido a la ladina sonrisa de Nicholas? Sintió un estremecimiento en el vientre cuando él curvó las manos sobre sus pantorrillas y la obligó a separar las piernas. Entonces notó su boca, cálida y húmeda sobre las espinillas y los muslos. _________ comenzó a jadear, intentando sujetarse al pelo de Nicholas, necesitando sentir la suavidad de los mechones en los dedos.
Él se incorporó y, al hacerlo, la besó en el ombligo.
—Tiéndete de espaldas.
Ella comenzó a hacerlo pero se vio alzada sobre la cama de repente, al parecer Nicholas estaba demasiado impaciente para esperar. _________ se abrazó a él cuando se apoderó de su boca, besándola con una urgencia que le robó el aliento y la capacidad de pensar.
Entonces la depositó sobre la cama y bajó la mirada hacia ella, desnudo y con el miembro totalmente erecto. Aquellos ojos castaño como el pecado amenazaban y prometían a la vez un placer diferente a cualquier cosa que ella hubiera sentido antes. Lentamente, él deslizó la mirada por sus pechos, donde se demoró un rato, antes de seguir bajándola por su vientre para detenerse vorazmente en su sexo.
—Separa las piernas.
Ella había visto antes aquella faceta dominante de Nicholas. Pero tuvo el presentimiento de que iba a experimentarla a otro nivel. Su voz sombría la hizo temblar. Una mirada a su cara le confirmó la seriedad de sus palabras... y le robó el aliento. _________ apenas podía contener el corazón en el pecho. Pero hizo lo que él le ordenó y separó un poco los muslos.
—Más.
La expresión de Nicholas exigía que se abriera y se mostrara ante él, vulnerable en todos los aspectos. _________ no dudó que él tomaría todo lo que estaba dispuesta a darle, y que entonces, como había hecho la última vez, la obligaría a darle todavía más hasta que estuviera escocida e irritada y sublimemente saciada. Separó las piernas un poco más.
—Más —gruñó él.
Ella le obedeció con la respiración entrecortada. A pesar del estremecimiento que la recorrió, no podía negarle nada.
Abrió más las piernas, hasta que los músculos del interior de los muslos protestaron. La necesidad era una oleada de calor brillante que le recorría las venas. Sentía un profundo vacío en su interior. Todo su cuerpo suplicaba que la llenara con su miembro y con toda la enardecida pasión que le acompañaba.
Él la asió de las caderas y deslizó las manos hasta el hueco de la espalda; entonces se detuvo. Ante aquella orden silenciosa, ella se arqueó hacia él, doblando las rodillas y ofreciéndole los pechos.
—Perfecto —murmuró él.
Se colocó encima de ella y le rozó los pezones con el vello del torso, haciendo que le hormigueara todo el cuerpo.
Nicholas apretó los labios contra los de ella antes de trazar una sofocante línea de besos desde el cuello y las clavículas hasta llegar a sus pechos. Mientras le acariciaba uno, le devoraba el otro haciendo que se sacudiera sin control. Le succionó duramente un pezón mientras ella le sentía plenamente entre las piernas. A la vez, le apretó con fuerza el otro pecho.
Ella gimió y lo apretó contra su cuerpo, deseando que nunca acabara esa noche. Aquel hombre le hacía sentir más que cualquier otro. Más femenina, más desinhibida, más preparada para lo que él quisiera.
—Los adoro —murmuró él, dedicando su atención al otro pecho—. Recuerdo cómo se te hinchan los pezones cuando los succiono. ¿Luego los sientes más sensibles?
—Sí —gritó ella, recordando la devoción que había mostrado con la boca durante casi una hora—. Todavía te sentía ahí al día siguiente.
—Quiero que mañana también me sientas.
Estremeciéndose, ella asintió con la cabeza.
—Por favor.
Nicholas gimió mientras capturaba el pezón con la boca y tiraba de él con fuerza, mordisqueándola suavemente. _________ se vio atravesada por un estremecimiento. Entonces él le mordió suavemente la curva del pecho y luego el otro seno, antes de repetir de nuevo todo el proceso.
Era más rudo que antes, más exigente. Cuando _________ sintió que ya tenía sensibles las puntas, él no mostró ninguna señal de parar. Y sospechó que, incluso en el caso de que quisiera pedir clemencia, no encontraría ninguna. Suponía que él necesitaba marcarla un poco esa noche, probarse a sí mismo que poseía una parte de ella que Zac no tenía. En vez de asegurarle que era él quien poseía todo lo que ella podía entregar, le abrazó, alentándole con una súplica silenciosa.
Nicholas movió la mano libre por su hombro, por la curva de la cintura, por la cadera... Directo hacia los muslos separados.
Ella movió la cabeza.
—¿Estás mojada?
—Lo estoy siempre que tú estás cerca.
Nicholas coqueteó con su ombligo. Trazó pequeños círculos con el pulgar sobre su piel hasta llegar tan cerca del clítoris que _________ quiso gritar.
—Tócame —gimió.
—Mmm, por supuesto. Estoy deseando hundirme en este dulce coñito. Estaba tan apretado la última vez... me oprimiste, me succionaste. Cuando me rodeaste con los brazos gritando mi nombre. .. fue tan ardiente..., fue inolvidable.
_________ sólo podía gemir mientras esperaba que la tocara por fin donde más lo necesitaba. Pero él se limitó a juguetear con ella.
El deseo de _________ creció y se multiplicó. La necesidad retumbó en su vientre. Se sentía hinchada, necesitada, a punto de implorar. Pero él sólo le rozó los pliegues con los nudillos, dándole un único toquecito en el clítoris.
_________ se quedó sin aliento.
—Nicholas...
—Quiero oírte decir mi nombre esta noche. Mi nombre y el de nadie más.
_________ pensó que apenas se acordaba de su propio nombre en ese momento, así que como para acordarse del de otra persona.
—Sí —sollozó—. Sí...
Durante unos interminables minutos Nicholas le acarició y moldeó los pechos. Le tironeó con fuerza de las puntas, se los succionó, ensalzando cómo se hinchaban, cómo enrojecían, erizándose cada vez más. _________ tenía los pezones tan duros, tan sensibles que se aferró al cabello de Nicholas, sujetándose a él mientras se ahogaba en el deseo.
Él hizo rodar el pulgar sobre la tensa cima de uno y luego del otro, se apartó y los miró.
—Así, erguidos y bien trabajados. Preciosos.
Ahora que ya no la tocaba, _________ deseaba ardientemente que siguiera haciéndolo. Pero aquello no era suficiente para calmar la implacable mordedura de la necesidad, y deslizó sus propias manos por el abdomen hacia los pliegues mojados buscando alivio. Necesitaba detener ya aquel dolor.
Antes de que ella alcanzara su destino, Nick le sujetó las muñecas.
—No. Soy yo quien dice cómo y cuándo. Esta noche no te darás placer a ti misma.
—Pero...
_________ no llegó a terminar la frase. Él capturó y poseyó su boca con fuerza, profundizando el beso cada vez más. Entonces Nick des¬lizó los dedos en la mojada hendidura y los zambulló en el interior. Ella gimió de placer contra los labios de Nick.
—Dios—exclamó él—. Eres tan buena…
Jugueteó con los dedos dentro de ella, como si recordara perfectamente cómo hacerla gritar. La tocó justo en aquel sensible lugar que tenía en su interior y, entonces, comenzó a alternar los movimientos, presionando y rozando, al tiempo que le acariciaba también el inflamado clítoris. Un fuego imparable comenzó a originarse en ese punto, creciendo y retorciéndose. Una vez más él sofocó sus gritos con un beso. Ella le clavó las uñas en los hombros y él gimió. Entonces, _________ le dirigió una sonrisa depredadora, una insinuante promesa sexual y sus dientes brillaron en la oscuridad.
—Así... ¿Quieres correrte?
No necesitaba preguntar, sabía la respuesta. Pero quería que fuera ella quien se la diera. Le gustaba hacerle confesar su deseo. Y ella no tenía manera de ocultarlo.
—¡Sí! Por favor...
En lugar de continuar, él retiró los dedos y la acarició superficialmente sin llegar a penetrarla de nuevo.
—Estás muy hinchada. Me oprimirás como un puño.
Se acercó más a ella hasta cubrirla con su cuerpo, apretándola contra el colchón con el pecho, separándole los muslos para acomodar las caderas. Urgiéndola con las manos a abrirse todavía más.
La anticipación sofocó a _________. Quería sentir a Nicholas en su interior, que estuviera tan dentro de su cuerpo que él no recordara a otra mujer y no quisiera salir jamás.
—Esta noche no tendrás tiempo de pensar en nadie más que en mí —prometió él.
De todas maneras, ella no pensaba en otro aunque él no la creyera. Todavía.
—Hay tantas cosas que quiero hacerte, pero... —Le acunó la cabeza entre las manos y ella se perdió en aquella mirada oscura—. Tengo que estar dentro de ti.
_________ intentó asentir con la cabeza, pero él la abrazaba demasiado fuerte; estaba inmovilizada bajo el exuberante calor del cuerpo de Nicholas y su propio deseo. Jadeó, muerta de necesidad y de anhelo...
—Mírame —le exigió él.
_________ había cerrado los ojos. No sabía cuando. No importaba... Los abrió. ¡Bang! Sus miradas se encontraron y también sus corazo¬nes. Aquella sensación de conexión, de pertenencia, la inundó. No podía liberarse de aquella mirada oscura y brillante más de lo que podía librarse de su deseo por él.
—Ya te siento en todo mi cuerpo. ¿Cómo es posible que esté ocurriendo otra vez?
Nick no le permitió responder a la pregunta y tampoco lo hizo él. _________ se maravilló de que él tuviera las mismas sensaciones que ella.
A partir de entonces, no pudo pensar en nada más. Él la aferró de las caderas y se impulsó hacia delante, enterrando su miembro tan profundamente en ella como pudo.











Gracias por haberme esperado...
Es que bueno, les prometo que haré todo lo posible por subirles pronto
una maratón... como ya vamos a salir unas semanas de vacaciones en mi país
mis profes nos están torturando con tareas... espero y me comprendan.
Pero les prometo que haré todo lo posible por subirles pronto su maratón.
Se les quiere, chicas Wink








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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 24th 2012, 19:47

¡Oh Dios Mio!
¡Gracias, gracias, gracias, por subir!
Me encantó el capitulo.
Waaaa... ¿Sabias que eres muy mala?
Estaba a punto de irme a estudiar matematicas y tu, ¡Bam, subiste!
Jajaja, ya que, ya leí y bueno...
Debo irme, Bye.
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 24th 2012, 20:51

OH MY FUCKING GOD HDGJTYIEWHDSBIZHSJK DIOS, AME TANTO TANTO TAAAAAAAAAAAAANTO EL CAPITULO AJDSHSIOKU Y LA DEJAS AHI, POR QUE HDSBYUYHUMZSM,XJKL AMO AMO A MO TU NOVELA, DIOS, SEGUILA LO ANTES QUE PUEDAS DFHCUHJ VALIO LA PENA LA ESPERA KYRDHWSU APARTE EL CAP ESTUBO BASTANTE LARGO JDHGRJBGSUNYMDGFHSJKAYFJI GRACIAS YHDESJIKYSFHIJ SIGUELA
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 24th 2012, 21:48

O: simplemente quede encantadisima con el cap...
Siguele que esta buenisima ..!! C:
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 26th 2012, 09:47

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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 26th 2012, 14:21

wiiiiiiiiii!!!
ame el capi
espero que te encuentres bn martha!
si a mi tbm me torturan los profes con las tareas u_U
pero bueno
que te vaya super
estare esperando el maraton
siguela pronto!!
suerte!!!
cuidate , besos Smile
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 26th 2012, 16:29

SIGUELE..!!!
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 27th 2012, 01:34

OMG!!!!!!
Por fin!!!!!!! cheers
Sabía que Nick no se iba a poder resistir más...
La parte donde admite que estaba celoso me pareció muy tierna Embarassed Enamorada
pero también está mal que siga pensando que ________ es amante de Zack y otros hombres!!!!! Evil or Very Mad
Ojalá que pronto se de cuenta de su error y haga lo posible por remediarlo
pero por fin estan juntos!!!!
no puedo creerlo!!!!!!
Y encima está preocupado por ella... tiste
le prometió que la cuidaría tiste
Plis tienes que seguirla....
quiero saber que es lo que va a pasar con Nick y _________...
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 27th 2012, 18:25

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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 14:31

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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:07













¡Ya regresé! Jejeje gracias por comentar y esperar Very Happy
Como fueron chicas BUENAS les tengo un regalo....
¡UNA MARATÓN! Disfrutenlo Smile
















_________ gruñó ante la deliciosa intrusión. Ya se sentía llena por él y sabía que todavía no se había introducido del todo. Él tensó la espalda. Maldijo entre dientes y retorció la pelvis.
—Siempre estás tan apretada —gimió Nick—. Santo Dios, me matas. Relájate un poco, cariño.
La mirada de Nick era como jarabe oscuro y espeso, la tranquilizaba y la conmovía, la envolvía. Ella se concentró en relajarse, en permitirle entrar.
Nicholas salió y luego entró de nuevo, un poco más profundo. Ella contuvo el aliento ante aquella dura embestida, recreándose en el dolor.
—Así —Nicholas tenía la voz ronca. Le clavó los dedos en las caderas—. Tranquila. Te va a gustar mucho.
_________ sintió que él estaba a punto de perder el control. Y ella apenas podía esperar a que lo hiciera.
Se contorsionó bajo él, arqueándose, tomándole un poco más. Después de meses sin sexo, aquello era ardiente, pero tan..., oh, tan bueno. Nadie le había hecho nunca el amor como Nick. Nadie le había hecho sentir el acto en el corazón.
—Siiiií —gimió él, introduciéndose todavía un poco más.
Por fin, se deslizó hasta el fondo y se enterró dentro de ella por completo.
La sensación de que estuviera totalmente insertado en su cuerpo desató en _________ una nueva oleada de necesidad y le produjo una opresión en el pecho. Sin apartar la mirada de la de él, la joven recordó la primera noche que pasaron juntos y se vio inundada por un montón de húmedos recuerdos de placer.
Pero cuando él se retiró casi por completo, lo que sentía ahora alcanzó un nuevo nivel.
Nicholas sacó los brazos de debajo de su espalda y le puso las manos en los hombros, atrayéndola hacia él. Entonces, con un rugido, empujó con fuerza. Una y otra vez. A partir de allí ella se perdió.
El pecho de _________ se inundó de calor cuando la sensación explotó en su sexo. Lo rodeó con las piernas intentando aprisionarle con más fuerza, intentando acercarle más. Él gimió, jadeó, hundiéndose en ella más y más, hasta el fondo.
Nicholas comenzó a moverse más rápido, con un ritmo más duro. La mirada de sus ojos era como sus embestidas, jamás vacilaba. Cada pensamiento y cada sensación fluyeron entre ambos una y otra vez. Y _________ supo que él también podía leer en ella. En cuanto el cuerpo de _________ respondía, él se ajustaba a esa reacción, penetrando y explorando sin parar.
Santo Dios, ella estaba comenzando a perderse. La fortaleza que la envolvía, el ánimo y el dolor, la cautela y el miedo, todo aquello que la había mantenido entera durante años estaba a punto de desaparecer. Sí, se había corrido antes con Nick, pero esto... Esto era algo que ella tenía en su interior y que jamás había compartido con nadie. Él no sólo iba a hacerla explotar de placer, iba a robarle el alma sin pedirle permiso ni disculparse.
_________ se tensó. ¿Podría darle tanto de sí misma?
—Nick… —La joven cerró los ojos.
Era demasiado íntimo. Demasiado auténtico. Demasiado profundo. Sólo existía él. ¿Por qué no se había acostado con nadie desde que lo hizo con Nicholas? ¿Y por qué tampoco lo había hecho antes de hacerlo con él? Porque nadie más le hacía disfrutar así. Hasta entonces, el sexo había sido para ella algo a medio camino entre una obligación y una función corporal. Incluso si se hubiera acostado con cada cliente del club, sólo Nick podría hacerla sentir de esa manera, llenarla de algo tan insistente, dulce y ambicioso, una y otra vez.
—¡Mírame! —le exigió él, moviéndose implacablemente.
Y aquella voz apremiante... e imposible de ignorar. _________ se mordió los labios y se preparó para las sensaciones antes de hacer lo que le ordenaba. Clavó los ojos en aquella mirada oscura mientras él seguía embistiendo con fuerza.
La energía volvió a crecer, se retorció en su interior. Y _________ explotó.
Le clavó las uñas en la espalda, gritó su nombre, se rompió en un millón de pedazos. Su corazón palpitó por él, su alma se perdió por completo ante aquel impaciente placer. Él la guió a través de la cúspide del orgasmo sin dejar de moverse, retirándose un poco cuando ella estuvo tan sensible que no pudo evitar gemir.
Esta vez, como la otra, Nicholas continuó penetrándola sin parar para sumergirla en un placer más profundo todavía.

* * *
El sol matutino iluminó las cortinas y creó charcos de luz en el suelo. Conteniendo el aliento, Nicholas se impulsó en el caliente sexo de _________ una vez más mientras ella le montaba. Ella gimió y se aferró a él, clavándole las uñas en el pecho. Parecía flotar sobre él y se la quedó mirando; parecía una ninfa sensual, núbil, imponente, hecha para el placer. Hacía ya mucho rato que la contención y las buenas intenciones se habían convertido en cenizas. De nuevo, él había perdido cualquier atisbo de control. Cuando se ahogó de nuevo en el feroz placer del orgasmo, se había quedado atrapado. Hambriento de más.
El pálido pelo platino le caía desordenadamente hasta la cintura. Y los mechones más cortos que rodeaban su rostro coqueteaban con los duros pezones, de los cuáles él todavía no había tenido suficiente. Incluso ahora reclamaban su atención.
La rodeó con los brazos, poniéndole una mano en la curva del final de la espalda y la otra en la nuca. La sujetó firmemente controlando el arco que formaba su cuerpo. Sí... así mismo. Una vez más tenía el tentador pezón a la altura de su boca y lo aprisionó con los dientes, mordiéndolo justo con la fuerza precisa. Ella gimió y comenzó a palpitar en torno a su miembro.
—Córrete otra vez.
Durante toda la noche él le había exigido que alcanzara el placer y ella lo había hecho con absoluto abandono. Nunca era suficiente. Ahora mismo, Nicholas necesitaba volver a verla abrir la boca y gemir al alcanzar el éxtasis. Deseaba con frenesí que lo apresara en su sexo y oírla gritar su nombre.
Ella había disfrutado sin parar durante horas, tenía la carne hinchada hasta tal punto que cada envite era un logro. Nick la había llevado al orgasmo tantas veces que ya había perdido la cuenta. Él mismo se había dejado llevar tres veces por el fogoso placer, inundándola cada vez, deleitándose con una primitiva necesidad de marcarla que él ya no intentaba comprender. Un extraño alivio lo atravesaba cada vez que se derramaba en su interior. No, no la podía dejar embarazada, pero le daba igual.
—Nicholas —sollozó _________.
Una agónica sensación de victoria lo atravesó, seguido por otro demente deseo de marcarla. Le succionó de nuevo uno de los pezones y luego el otro. Su sexo estaba abrasadoramente apretado a su alrededor. El que ella estuviera tan cerca de correrse otra vez lo urgía a continuar.
Le apresó la boca con la suya, forzándola a separar los labios y hundirse en su boca todo lo posible. La cadencia del beso se correspondía con el ritmo de los empujes, mientras los dos se esforzaban por alcanzar un cataclismo tan poderoso que probablemente los devastaría.
Él lo persiguió con temerario abandono.
Estaba agotado, pero también furioso. A pesar de las horas que se había pasado explorándola, no había llegado a saborear sus jugos con la boca mientras ella gritaba su éxtasis. Ni se había introducido en aquel tenso y prieto culito. Mañana. No, hoy mismo, un poco más tarde. Haría las dos cosas. Pero esa noche, en cuanto se había sumergido entre esos pliegues mojados, sólo quiso observar como ella se corría una y otra vez entre sus brazos.
—Córrete otra vez, cariño. Para mí.
Nicholas le movió las caderas hasta que se apretaron todo lo posible contra las suyas, entonces la deslizó arriba y abajo de su polla, friccionándole a la vez el clítoris. _________ se movió con él, sus gemidos se transformaron en quejidos y luego en súplicas, entonces…
—Niiiiiiiiiiicck —gritó ella, como si su nombre tuviera veinte sílabas, mientras su sexo se ceñía en torno a él. Él usó todas sus fuerzas para sostenerla y seguir moviéndose a la vez.
El placer era demoledor, abrasador, más allá de cualquier cosa que él hubiera experimentado o imaginado antes. Las sensaciones que le recorrían explotaron en sus testículos y, entonces, estalló en un orgasmo feroz.
Nick la apretó con más fuerza, agarrándola del pelo firmemente y rodeándole la cintura con un brazo. «¡Oh, joder!» Aquello era demasiado. Lo iba a dejar sin sentido. El placer creció, se hinchó, grande como una montaña, poderoso como un terremoto.
—_________ —dijo sin aliento—. Oh, Dios mío. Joder. No puedo... Oh, Dios... —Se fusionaron en todos los aspectos posibles, de la manera más primitiva. Le cubrió la boca con la suya y buceó en aquel dulce calor.
El orgasmo alcanzó el cenit.
Mientras se disolvía en un placer que envolvió también su corazón, Nicholas la sostuvo con fuerza, enterrando la cara en su cuello mientras la tormenta se propagaba en su interior.
—¡Sí! ___, sí...
El latido de su corazón retumbó en sus oídos y sólo pudo sentir aquel éxtasis cegador. Y a _________.
Unos minutos después, el cansancio le alcanzó. Y la amarga verdad atronó en su interior. Ella seguía siendo una bailarina de striptease que, probablemente, tenía otro amante. Y él todavía tenía que encontrar una esposa adecuada. Pero la deseaba más de lo que jamás hubiera deseado a otra mujer.
Lentamente, Nicholas levantó la cabeza mientras _________ le acariciaba el pelo y trataba de recuperar el aliento.
—Mírame —le pidió.
Ella se mordió los labios, luego le miró con la cara encendida de satisfacción.
A Nicholas se le tensaron las entrañas. Incluso ahora, que casi no podía mantener los ojos abiertos, ella le seguía haciendo hervir la sangre en las venas.
—¿Qué estamos haciendo?
Ella apretó los labios y una mirada de cautela asomó en sus ojos.
—Follando.
¿Sólo eso? ¿De verdad? Porque durante largos minutos —du¬rante horas más bien— él había olvidado al resto de las mujeres del mundo. Había querido hacerla suya y no soltarla jamás.
Una aguda alarma comenzó a resonar en su mente. Nick sabía que debía decir algo...
Pero antes de que pudiera hacerlo, el cansancio le reclamó.















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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:10














Capítulo 7










—¿Vas a contarme qué demonios te ha ocurrido? —ladró Zac.
«Me he enamorado de alguien que no me quiere.»
_________ se estremeció al pensar eso. Se puso a descorrer las cor¬tinas que ocultaban las ventanas del Bonheur para dejar entrar los rayos del sol mientras intentaba encontrar qué decir.
—Nada —dijo finalmente, mirando a Zac.
Vaya mentira. La noche más apasionada e impactante de su vida reducida a una manida palabra. Si no estuviera ya en el infierno, aquel vocablo la hubiera mandado de cabeza.
Él arqueó una ceja castaña.
—Tienes unas ojeras tan profundas que parece que acabaras de venir de Europa y tuvieras jet-lag. En cuanto llegamos al club, te en¬cerraste en el dormitorio. Te he oído llorar. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que has pasado la noche con ese cocinero de tres al cuarto. Cuéntame que ha pasado.
—Llorar no significa nada. —Pero Nick no la amaba. Sólo habían estado follando, y ella sentía una pena tan profunda que no sabía cómo soportarla.
—Ni siquiera lloraste cuando te enteraste de la muerte de tu madre y, ¿lo haces por ese gilipollas? Venga, cariño. Nunca me llamas a las ocho y media de la mañana a no ser que sea una emergencia. Mientras te tomabas el café, le eché un vistazo a la habitación de invitados. La cama estaba intacta. Dudo mucho que la haya usado alguien durante los últimos días. Y sólo hay otra cama. —Zac cruzó los brazos sobre el pecho y la miró con irritación—. Teniendo en cuenta eso, que me hayas llamado justo después de amanecer es muy significativo. ¿Quie¬res decirme de una vez qué coño ha ocurrido?
Aquel hombre era demasiado observador.
—No.
—Has hecho el amor con él.
Y había sido asombroso y brutal. ¿Para qué negar lo evidente?
_________ se acercó a la siguiente ventana y descorrió las cortinas.
—¡Maldita sea! —dijo Zac apretando los dientes—. ¿Te ha hecho daño?
—Tyler, déjalo ya.
—¡Ni hablar! Si te ha hecho daño, si te ha forzado de alguna ma¬nera, le descuartizaré...
—No. Los dos somos adultos y ambos consentimos, y no voy a decir nada más al respecto.
Zac atravesó la estancia y la rodeó con los brazos. Lo cierto es que en ese momento él era su mejor amigo y sería muy fácil con¬fiarle lo que sentía. Pero no sería justo.
—No tienes que ser fuerte todo el tiempo —susurró él—. Cuéntame qué ha pasado. Yo te ayudaré en lo que pueda.
Ella le acarició la mejilla con la mano.
—No puedes. Pero te aprecio más de lo que te imaginas.
Él suspiró y la apretó entre sus brazos, apoyando la frente en la de ella. Sería muy fácil acostarse con Zac para intentar olvidar aquellos abrumadores sentimientos por Nick. Pero a _________ nunca le había gustado ese tipo de juegos, no les veía sentido.
—Nena, necesito algo más. Me muero por ti.
Antes de que ella pudiera responderle, se abrió de golpe la puerta del restaurante. _________ boqueó y se giró, dispuesta a decirle a quien fuera que el negocio no estaría abierto al público hasta la noche si¬guiente. Pero no era un desconocido. Era Nicholas quien estaba en la puerta.
Y parecía muy furioso.
El instinto de conservación de Zac debía de ser prácticamente nulo porque, en lugar de soltarla, la retuvo entre sus brazos. Ella le empujó en el pecho y le dio un codazo. A regañadientes, él la dejó marchar, mascullando una maldición.
—¿Qué está haciendo él aquí? —preguntó Nick.
Zac cruzó los brazos y le lanzó una mirada encolerizada.
—Mi trabajo, ¿y tú?
—¿Desde cuando tu trabajo consiste en meterte bajo las bragas de _________?
—Lo cierto es que lleva tanga.
_________ contuvo el aliento.
—¡Zac!
Nick apretó los dientes y cerró los puños. Aquella situación iría de mal en peor a menos que ella hiciera algo para evitarlo.
—Ya basta. Dejadlo ya. Zac, ¿podrías dejarnos solos unos mi¬nutos?
—Yo no me muevo si existe la más mínima posibilidad de que te haga daño.
Nick se puso rígido y cruzó la estancia.
—Jamás le he hecho daño. Nunca se lo haría. Sin embargo, estoy más que dispuesto a hacértelo a ti.
—Adelante, gilipollas.
—¡Basta! —gritó _________—. Hoy tenemos muchas cosas que hacer y no necesito esto. —Le lanzó a Zac una mirada implo¬rante—. Estaré bien. Por favor..., me harías un favor inmenso si fueras a recogerme el vestido.
Zac apretó los dientes y, enfurecido, sacó las llaves del bolsillo de los vaqueros.
—Si necesitas algo, si te toca un solo pelo, llámame. Sabes que haría cualquier cosa por ti.
Ella asintió con la cabeza. La devoción de Zac casi la hacía llo¬rar. ¿Por qué no le podía amar a él? La vida sería menos complicada.
Pero para ella, nunca nada había resultado fácil.
—Gracias —murmuró.
Él se acercó con una expresión seria dejando patentes su dedi¬cación y preocupación. Entonces le tomó la cara entre las manos y le rozó los labios con los suyos. Un segundo después desapare¬ció.
_________ se quedó a solas con Nicholas. El silencio era ensordecedor.
—Llegas pronto —dijo ella para romperlo—. Ya están listos la mayoría de los preparativos de la cocina, así que deberías...
—Cállate. —La miró con frialdad—. Cuando me desperté solo, me preocupé por ti, pero te ha faltado tiempo para volver a sus bra¬zos antes de que la cama se enfriara, ¿verdad?
_________ se paseó por la estancia. ¿Qué se estaba imaginando Nicholas? ¿Acaso la creía capaz de saltar de sus brazos a los de Zac? Allí es¬taba ella, temiendo haberse enamorado de un hombre que jamás podría corresponder a su amor, mientras él pensaba que ella había corrido a liarse con otro. Eso sólo confirmaba que, por muy íntimo que le hubiera parecido el encuentro de la noche anterior, por mucho que sus sentimientos se hubieran hecho más profundos, los de él seguían siendo los mismos. No podía enamorarse de alguien que no la respetaba. De alguien que la dejaría dentro de cinco días y que jamás miraría hacia atrás.
—¿No habíamos quedado en que nosotros sólo follábamos? —le desafío ella.
Él se acercó y la agarró del brazo.
—Maldita sea, ¿respóndeme?
—¿Me crees capaz de saltar de tu cama a la de él? ¿Que soy tan insaciable que con lo que hicimos anoche y esta mañana no ha sido suficiente para mí?
Nick no dijo nada durante un buen rato, sólo la miró.
—No quiero pensarlo. Santo Dios, nena. Te me has metido bajo la piel. Ha sido asombroso. Esperaba despertarme esta mañana y poder hacerlo otra vez. Pero no has llegado a dormir a mi lado, ¿ver¬dad? Me he despertado hace un rato y ya te habías ido. Y ahora me entero de que has estado con Zac durante las ultimas... —miró el reloj— tres horas. Entro aquí y te está abrazando. Y te besa antes de irse, por el amor de Dios.
—¡Sólo fue un beso de amigos! —se defendió ella.
—Sí, claro, de amigos —gruñó Nick—. Estoy seguro de que lo que siente por ti es puramente platónico.
—Yo no controlo sus sentimientos, sólo los míos. Y yo, aunque te parezca mentira, sólo siento algo platónico y amistoso por él.
—Dame una razón para creerte —le suplicó con los ojos—. Pa¬reces exhausta. Y lo que oigo al entrar es que te dice que necesita más porque se está muriendo por ti. ¿Qué es lo que le has dado antes?
_________ cerró los ojos. Quizá estuvieran hablando los celos de Nicholas... al menos en parte. Por otro lado, él jamás la vería de otra manera por mucho que ella quisiera, a no ser que le expresara sin¬ceramente sus sentimientos y le dijera lo casta que era con otros hombres. Si no, él jamás la consideraría otra cosa que una prostituta.
—Voy a ser absolutamente sincera contigo. Durante los últimos tres meses sólo he mantenido relaciones sexuales dos veces y las dos han sido contigo. ¿Puedes decir tú lo mismo?
Nicholas se mantuvo callado y tragó saliva. En sus oscuros ojos había un brillo culpable. Aquella callada respuesta le produjo un punzante dolor y frunció la boca con amargura.
—Hace tres meses mantenía una relación.
Sí, se acostaba con la esposa de su primo. A ella le molestaba saber que Nicholas había salido de su cama directo a la de Kimber y que jamás hubiera mirado atrás hasta que Deke le había eliminado del trío.
De repente, Nick frunció el ceño.
—¿Zac y tú estáis saliendo juntos?
No importaba lo que ella dijera. Jamás se creería la verdad.
—Vamos a hacer un trato: tú me cuentas todos los detalles de tu relación con Kimber y, a cambio, yo te cuento mis secretos, ¿vale?
Él se cernió sobre ella.
—No hay nada que contar.
_________ sabía de sobra que él estaba mintiendo.
—Entonces ¿no te acostaste con ella después de abandonar mi cama?
Nicholas entrecerró los ojos y tensó los rasgos, haciendo que a ella se le contrajera el estómago.
—Esto no va de lo que yo hice o dejé de hacer con Kimber.
—Entonces explícame por qué sí va de lo que yo hice o dejé de hacer con Zac.
—Hace tres meses, no nos hicimos ninguna promesa —le indicó él.
—Y tampoco nos la hicimos anoche —le respondió ella—. Una noche de sexo no te da derecho a conocer los detalles de la relación que tengo con Zac. Y después de mantener esta conversación, pasar la noche contigo ha sido un error que no volveré a cometer.
En los ojos de Nick apareció una llamarada de furia y se paseó por la estancia.
—Ni lo sueñes. Has intentado seducirme desde que llegué. Pues, misión cumplida. Pero que la noche haya acabado no quiere decir que lo haya hecho lo que hay entre nosotros.
Las palabras de Nicholas contenían una promesa y _________ se estreme¬ció. A pesar de lo mucho que todavía le deseaba, no podía continuar con eso. La noche anterior se había dado cuenta de que cuanto más tiempo estuviera entre sus brazos, más se le rompería el corazón.
Durante meses, ella había soñado con mantener una relación ro¬mántica con él. Quería de él algo más que sexo. Ahora sabía, sin ningún género de dudas, que Nicholas no tenía las mismas pretensiones.
—De eso nada, Romeo. La noche pasada estuvo genial, pero tú mantienes otra relación y yo no tengo cabida en tu futuro. —_________ encogió los hombros—. Ya te has aliviado la picazón. Sigue tu ca¬mino.
—¡Ni de coña! —gruñó él—. ¿Qué pasa? ¿Tienes tú una nueva picazón? ¿Es eso lo que ha hecho Zac esta mañana? ¿Rascártela?
_________ comprendía que él pudiera pensarlo. Si un hombre se hubiera largado a toda prisa de su cama y lo hubiera encontrado en los brazos de otra mujer, incluso aunque sólo estuviera consolándola, ella se sentiría confundida y herida. A pesar de los celos de Nick y de lo que sintiera por ella, lo que había entre ellos no sería nada duradero. Y si seguía compartiendo su cuerpo con él, jamás recuperaría el corazón porque, cualquier cosa salvo los mismos sentimientos por parte de Nick, la aplastaría.
—Esto no tiene nada que ver con Zac. Sí, he intentado seducirte con todas mis fuerzas, pero me avisaste de que mantener relaciones sexuales contigo no sería inteligente por mi parte. Admito que tenías razón. —Miró el reloj—. Misa llegará dentro de cinco minutos y, el resto del personal, dentro de una hora. Necesitas tiempo para prepararte. Esperamos una nutrida clientela esta noche.
Un momento después, oyó la puerta de un coche. Zac había regresado en un tiempo récord. _________ pasó junto a Nicholas y se dirigió a la puerta del restaurante.
Él la agarró por el brazo y la retuvo.
—¿Adónde vas?
Ella se zafó de él y siguió caminando hacia la puerta. Nick no la quería, pero tampoco quería verla con otro. _________ se negaba a jugar al perro del hortelano. Esperaba que el regreso de Zac sirviera para poner una distancia entre ellos.
Le lanzó a Nick una sonrisa forzada.
—Quizá haya llegado el momento de permitir que me rasque otro —dijo con sarcasmo.












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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:12



















* * *
La cena de inauguración del restaurante tocaba a su fin. La velada había sido perfecta. La tarde, húmeda y calurosa, había dado paso a una noche más fresca y _________ había abierto las puertas que daban al patio, por lo que también había gente en el exterior. La comida había resultado impecable y la ayuda que ella había contratado, perfecta. No había habido carne poco hecha ni verduras recocidas. Los camareros habían sido eficientes. Los asistentes sonreían y había recibido un montón de reservas para la noche siguiente.
Desde un punto de vista profesional, Nicholas no podía ser más feliz.
Desde un punto de vista personal, las agudas punzadas de los celos provocaban una furia que él intentaba disimular como podía.
Se quedó de pie al lado de la puerta de la cocina, remoloneando en el pasillo, buscando a cierta hermosa rubia con la mirada Allí estaba. Iba de una mesa a otra con un gracioso contoneo de aquel primoroso cuerpo envuelto en un elegante y femenino vestido negro de corte clásico. Llevaba unos pendientes de brillantes y una pulsera a juego. Se la veía sofisticada y refinada. Totalmente acorde con la atmósfera del local.
Desde que la vio, él tenía una rugiente erección.
Sonriendo con gracia, _________ se detuvo ante la siguiente mesa para conversar con los ocupantes y aceptó el abrazo de la pareja. Luego cogió en brazos a una niña pequeña que le tiró del pelo. Ella sonrió y besó la frente de la criatura.
Ver aquel gesto de cariño hizo que Nicholas se estremeciera. Se tragó una emoción que sólo podía calificar de anhelo puro. Santo Dios, era un deseo imposible. Que a _________ le gustaran los niños no quería decir que quisiera tener uno propio. Ni que fuera el tipo de madre abnegada que había sido la suya. Además, incluso aunque _________ resultara tener mucho instinto maternal, no era lo que él necesitaba. Y el camino que le esperaba hasta conseguir ser padre no era fácil.
Además, como tan irónicamente le había dicho, era Zac quien le rascaba ahora la picazón. Y Nick estaba solo... intentando no de¬jarse llevar por la confusión y el dolor que le aplastaban.
Un momento después, _________ siguió su periplo, ahora bajo las luces del patio exterior, deteniéndose a saludar a un matrimonio más mayor. A no más de dos metros de ella, Zac la observaba sin pestañear.
¿Qué habrían hecho durante toda la tarde? Si era lo que Nick se temía, era culpa suya. ¿Acaso no la había apartado él con sus acusa¬ciones y su comportamiento? ¿Por qué demonios no se había limi¬tado a divertirse el tiempo que les quedaba y a disfrutar de una semana de sexo elemental?
Porque lo que había entre ellos no tenía nada de elemental. No podía tocar a _________ y no sentir nada.
Y eso le asustaba.
Alguien le hizo señas llamando su atención, y vio a Kimber que le brindaba una sonrisa indecisa y le saludaba con la mano.
«Está embarazada.»
Sintió una punzada de envidia. Deke tenía la vida que Nicholas dese¬aba y una esposa maravillosa que jamás le negaría su cuerpo ni le diría que se rascaría la picazón con otro hombre. Kimber compren¬día los repentinos e imprevisibles cambios de humor de Deke y ten¬dría paciencia hasta que él aprendiera a contenerlos. Y _________... ¿qué pensaría si supiera que Nicholas no podía tener hijos? ¿Se encogería de hombros? ¿O quizá pensaría que eso le hacía menos hombre?
Con un suspiro, Nick se dirigió hacia donde estaban Kimber y su primo.
Deke se puso de pie y le tendió la mano.
—Buen trabajo. La comida ha sido increíble. Siempre cocinaste maravillas cuando vivíamos juntos, pero hoy te has superado a ti mismo.
—Todo ha estado delicioso —convino Kimber con una sonrisa.
Nick estrechó la mano de Deke y rodeó a Kimber con un brazo.
—Gracias. Y enhorabuena.
Se obligó a mirar a Kimber al decir esas palabras. Se alegraba por ella. Y por Deke. Ya encontraría la manera de encontrar el futuro que anhelaba por su cuenta, quizá entonces podría sobreponerse a aquella asfixiante sensación de envidia.
—Gracias —murmuró ella—. Estamos muy ilusionados.
—Como debe ser.
Deke resplandecía de alegría.
—Me esforzaré por ser un tío al uso y malcriar como un loco a ese niño travieso.
Kimber sonrió y abrazó a Nick.
—Serás un tío maravilloso, estoy segura de que lo malcriarás de mala manera.
—¿Has terminado ya? —preguntó Deke.
Nick asintió con la cabeza.
—El último pedido salió de la cocina hace diez minutos.
—Bien. Siéntate. Tenemos que hablar.
—Voy a aprovechar para ir al baño —dijo Kimber—. Ya he ido tres veces. Es lo que me espera. Espero que _________ esté bien.
Nicholas buscó entonces con la mirada a la mujer que ocupaba sus pensamientos. Estaba en el patio y el aire nocturno jugaba con sus pálidos cabellos, haciendo que él deseara tocarlos.
Pero tenía que centrarse.
Como si no tuviera suficiente con su activa vida sexual, _________ tenía un acosador. Pensando en eso, a Nicholas le alegraba que Zac cumpliera diligentemente con su trabajo, incluso aunque no le agra¬daba que el otro hombre la mirara como si fuera la cena y el postre, todo en uno.
Deke le miró y luego observó a _________. Después volvió a mirarle a él.
—¿Qué hay entre vosotros dos?
Nicholas iba a evadir la pregunta, pero se detuvo. Evitar esa conver¬sación no haría que desapareciera lo que había entre _________ y él. Y necesitaba hablar y desahogarse. ¿Por qué no sincerarse con su primo?
—No lo sé. Ella es... —Se frotó la frente, buscando las palabras adecuadas—. Se me ha metido bajo la piel.
—¿Ese tipo es su guardaespaldas? —Deke señaló a Zac con la cabeza.
—Sí.
Deke arqueó las cejas.
—Pues parece como si quisiera hacer bastante más que proteger su cuerpo.
—Estoy seguro de que ya lo hace. —¿Por qué sino dejaría ella que la besara? ¿Por qué tendría una llave de su casa? ¿Por qué no le importaba que la viera desnuda? ¿Ni que la tocara en público?
Inclinándose sobre la mesa, Deke clavó los ojos en Nick durante un buen rato. Nick tragó saliva seguro de que su primo podía leer en él como en un libro abierto.
—A menos que me equivoque mucho, te has vuelto a acostar con _________ recientemente.
¿Tan transparente era?
—¿Y qué?
—¿De verdad quieres hacerme creer que no te importa que ese gorila también se acueste con ella?
Nicholas cerró el puño sobre el mantel. Sabía que se estaba delatando, pero demonios, de todas maneras Deke lo conocía muy bien.
—Me reconcome por dentro. En algunos momentos, he llegado a querer romperle cada hueso de ese miserable cuerpo.
—¿_________ es algo más que un polvo para ti? —Deke parecía asombrado.

A pesar de lo mucho que Nicholas quería evitar esa pregunta, no lo podía hacer. De hecho, él mismo se lo preguntaba.












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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:15



























—No lo entiendo. _________ no es lo que necesito. Tiene mala re¬putación, una absoluta falta de modestia y es demasiado indepen¬diente. Y, probablemente, tenga multitud de amantes —gruñó—. No puedo imaginar que sea feliz teniendo hijos y viviendo en las afueras.
—Pero ¿se lo has preguntado?
—No —admitió.
—Quiero que me respondas a una cosa. ¿Alguna vez sentiste celos de mí cuando estábamos en la cama con Kimber?
Nick se lo pensó, pero lo tenía claro.
—No. Sin embargo, sentí una especie de unión con vosotros du¬rante el tiempo que duró la relación.
—Yo no soportaba ver cómo la tocabas —admitió Deke—. Cada vez que te veía hacerlo, me daban ganas de matarte. ¿Es eso lo que sientes cuando ves a Zac con _________?
—Pero tú sabías que yo no le haría daño a Kimber —dijo Nick.
Pero ¿creía realmente que Nicholas lastimaría a _________ cuando la pro¬tegía con tanto celo?
—Está bien, olvídate de ese tipo. Por ejemplo, Jack Cole. Si Mor¬gan no existiera, ¿compartirías a _________ con Jack? Es un buen amigo suyo, estoy seguro de que se habrán acostado juntos en alguna oca¬sión. De hecho, hace algunos años...
—¡Cállate ya, joder! —gruñó Luc.
La imagen de Jack Cole atando, amordazando y dando órdenes a _________ fue como una patada en el estómago.
Lo cierto era que no quería que nadie la tocara.
—Bueno, vale. —Deke levantó las manos en gesto de rendi¬ción—. Pero créeme, los celos sólo aparecen cuando uno tiene sen¬timientos hacia una mujer. —Se puso en pie cuando su esposa se acercó—. En especial cuando esa mujer es hermosa. ¿Va todo bien?
—Sí, muy bien. —Entonces, Kimber miró a Nicholas con el ceño fruncido—. ¿Ha pasado algo?
No. Salvo que Deke acababa de hacer que se diera cuenta de que sentía por _________ algo más que lujuria. ¿Qué se suponía que iba a hacer ahora?
—No, nada. —Se esforzó por sonar sincero... Y supo que no lo había conseguido.
—Dentro de unas semanas tengo que ir de nuevo al ginecólogo y Deke estará de viaje. ¿Podrás acompañarme tú? —le preguntó Kimber—. ¿Cuánto tiempo más te quedarás aquí?
Era un gesto de piedad, pero él estaba lo suficientemente deses¬perado como para no rechazarlo. Cualquier leve implicación con el bebé de Deke y Kimber sería más de lo que tendría por su cuenta, en especial si seguía ignorando a Emily y persiguiendo a _________ como un perro en celo.
Bendita fuera Kimber por darse cuenta de cómo se sentía. La abrazó suavemente.
—Claro. Sólo estaré aquí hasta el jueves que viene.
—Oh, has venido sólo unos días. —Kimber sonrió—. ¡Genial!
Deke le dio una palmadita en la espalda y le lanzó una mirada significativa.
—Aprovéchalos bien.



* * *



Poco después de medianoche, _________ cerró las puertas del Bonheur. Se había quitado un peso de encima. La velada había sido un éxito rotundo y todos los asistentes habían dicho que la comida y el ser¬vicio eran espectaculares. Todo había ido sobre ruedas y ella pen¬saba, por fin, que tenía un futuro que no implicaba desnudarse ante desconocidos. Las cosas no podían ir mejor.
Si no fuera por haber tenido que observar a Nicholas con Deke y Kimber.
Era demasiado obvio que el sexy cocinero todavía sentía algo por la hermosa esposa de su primo. La había abrazado y la había mirado a los ojos. No había parecido nada sexual, pero estaban en público. Y se suponía que Deke ya no la compartía. Pero aún así, presenciar aquel abrazo había enervado a _________. ¿Sería aquella mujer la razón por la que Nick no podía ofrecerle más a ella?
—¿Estás lista para marcharnos? —preguntó Zac, revoloteando alrededor de _________ como lo había hecho durante toda la noche.
—Yo la llevaré a casa —dijo Nicholas, apareciendo detrás de ella.
—Es mi trabajo. —Zac cruzó los brazos y compuso una ex¬presión petulante.
Nick le ignoró. La miró a ella con solemnidad.
—Me gustaría llevarte a casa. Tenemos que hablar. —Ella vaciló y él la presionó—. Por favor...
¿Qué querría Nick? Si iba con él se arriesgaba a sentir más angus¬tia. Pero si se negaba, siempre le quedaría la incógnita. ¿Y si lo único que quería era continuar con la discusión anterior? O quizá quería volver a mantener relaciones sexuales. Se estremeció.
—Bueno. —Evitó mirar a Zac—. He recogido tus cosas, están en el vestíbulo de mi casa. Homer te espera.
Entonces, Zac sonrió. Ella también observó el dolor en la cara de Nick. Pero en beneficio de su propia cordura sería mejor que Nick se alojara en el hotel de Homer, aunque debería habérselo dicho cuando estuvieran a solas.
—Genial —masculló él.
Pero quería decir justo lo contrario.
—¿Estás segura de que quieres ir con él? —preguntó Zac, que estaba buscando cualquier excusa para sustituir a Nicholas—. Puedo se¬guiros para asegurarme de que no te causa problemas.
—Es un cocinero, no un violador en serie —le respondió, lan¬zándole una mirada práctica—. Estaré bien. Mañana hablamos.
Zac frunció el ceño, se acercó más e intentó abrazarla. Nick fue más rápido y se adelantó, rodeándole la cintura con un brazo. Ella ignoró la expresión del guardaespaldas.
Una vez fuera, _________ cerró la puerta del restaurante y dejó que Nicholas la condujera hasta el 4x4. Él mantuvo la mano en la cintura y a _________ le temblaron las rodillas.
Cuando ya estaban en camino y el aire fresco de la noche le al¬borotaba el pelo, _________ miró a Nicholas.
—Venga, suéltalo de una vez. ¿De qué quieres hablar?
—De todo.
_________ tenía la molesta sospecha de que Nicholas iba a intentar con¬vencerla para que le dejara colarse en su cama. Y en lo que a él se refería, ella era débil. Aunque deberían darle un premio por enfrentarse a él y mantener esa conversación, no sabía qué decir, pues ad¬mitir que albergaba profundos sentimientos sólo le conduciría a acabar desnuda y entrelazada con él.
—Estoy cansada y es tarde —se excusó—. ¿No puedes esperar a mañana?
—Pedir disculpas no lleva más que unos minutos.
Ella le miró, pero no dijo una palabra.
Él tragó saliva, su largo pelo oscuro se ondulaba con la brisa de la noche. Era guapísimo, parecía inteligente y sensible. Y ella se sin¬tió todavía más atraída por él.
—No parezcas tan sorprendida, por favor. He tenido horas para pensar sobre lo que ha sucedido antes. Me equivoqué al sacar la con¬clusión de que te fuiste tan temprano para estar con Zac. Además, no es asunto mío. Es tu amigo y trabaja para ti... —Nicholas encogió los hombros—. No voy a mentirte y a decirte que me gusta cómo te mira, porque estoy seguro de que sus pensamientos son muy poco profesionales. Ni te diré que no me saca de quicio imaginaros juntos. —Nick apretó el volante con fuerza—. Pero es asunto tuyo y no debo intervenir.
Así que una vez superada la cólera, Nick fue capaz de darse cuenta de que la había cabreado y, en consecuencia, quería disculparse. Claro que…
—En otras palabras, es asunto mío si me acuesto o no con Zac, pero aún así piensas que lo hago e intentarás no gruñirme por ello.
—No importa lo que yo piense. Es tu vida y no soy quién para decirte cómo vivirla. Dentro de cuatro días me iré. Prefiero pasar ese tiempo disfrutando y no peleándome contigo.
—¿Qué estás sugiriendo? ¿Qué dejemos a un lado cualquier tipo de sentimiento y que nos dediquemos a follar como conejos durante esos cuatro días?
Santo Dios, ¿por qué no le daba una bofetada en la cara en lugar de clavarle lentamente un puñal en el corazón?
—Lo único que quería decir es que tú tienes razón. No he sido un monje desde que estuvimos juntos la primera vez y no está bien que pretenda que tú lo seas. No sé si Zac y tú mantenéis una rela¬ción. No es asunto mío. Lo único que digo es que me gustaría pasar más tiempo contigo, haciendo lo que quieras que hagamos, en vez de discutir. —Nick suspiró y le lanzó una enigmática mirada—. Eres una mujer fascinante. Quiero conocerte mejor.
«¿Realmente es tan buen tío o está jugando conmigo?» Ese era el problema. No conocía bien a Nick. ¿Se estaría disculpando sincera¬mente por haberse dejado llevar por los celos o estaba diciéndole lo que pensaba que ella quería escuchar, esperando que aquello la ablandara lo suficiente para desnudarse y abrirse de piernas para él? Fuera lo que fuera, él no había confesado ningún tipo de emoción... pero era la primera vez que le proponía algo parecido. ¿Les llevaría eso a alguna parte?
—Lo que realmente quiero oír es que no piensas que hoy me he acostado con Zac.
Nick encogió los hombros.
—No me debes explicaciones.
—No lo hago —convino ella—. Pero quiero saber qué es lo que piensas.
Puede que aquello no tuviera sentido, pero ella no podía soportar que él creyera que era el tipo de mujer capaz de hacer tal cosa.
Nicholas hizo una pausa. Parecía perdido en sus pensamientos, como buscando qué decir.
—Tienes demasiado que perder como para dedicarte a follar sin parar la tarde del día de la inauguración del Bonheur.
_________ estuvo a punto de llorar. Lo comprendía. La comprendía. Era un punto de partida.
Se mordió los labios para contenerse. Aquel maldito cansancio la ponía sensible y no quería.
Respiró hondo para tranquilizarse.
—Exactamente.
—Lamento haberte causado más preocupaciones.
—Siento haberme ido esta mañana sin avisar. Debería haberte dejado una nota o algo parecido, debería haberte dicho que...
¿Qué? ¿Que ella también se había quedado sobrecogida la noche anterior y que le había entregado su corazón?
—¿Que estabas demasiado nerviosa? —sugirió él.
Era una excusa tan buena como cualquier otra. _________ asintió con la cabeza.
—Lo entiendo. —La miró y frunció el ceño—. ¿Has cenado algo?
Ella pensó en lo que había hecho esa noche, luego negó con la cabeza.
—¿Y has comido?
No, había estado tan ocupada, asegurándose de que todo estaba perfecto para la noche, que no se había preocupado por comer.
—Me salté la comida.
—¿Tampoco has desayunado? —le preguntó en tono incrédulo.
_________ dio un respingo. Había estado tumbada en su cama, en el club, llorando sin parar.
—¡Maldita sea! No te cuidas nada. ¿Has dormido algo después de salir de casa?
Porque Nicholas sabía muy bien que no había dormido nada la noche anterior.
Una vez más, ella negó con la cabeza.
Un momento después, se detuvieron delante de su casa. Él salió de un salto y rodeó el vehículo a toda velocidad para abrirle la puerta.
Ahora que se había relajado un poco, el cansancio se apoderó de ella y se tropezó al salir del 4x4, cayendo en brazos de Nicholas. Él la atrajo hacia su cuerpo y ella se permitió sentir la seguridad y el calor que transmitía, imaginando que realmente le importaba.
—Eso es —dijo Nicholas suavemente—. Sé que estás deseando echarme, pero tienes que dejar que me ocupe de ti.
Si lo hacía, acabaría otra vez desnuda con él en la cama, dejaría que penetrara profundamente en su cuerpo y que se adueñara un poco más de su corazón.
—Nicholas...
—No me harás cambiar de opinión. Dame las llaves. —Le tendió la mano.
_________ vaciló. ¿Sería tan malo permitir que Nicholas se encargara de ella durante unos minutos? Siempre tenía que ocuparse sola de todo; había sido así desde el día que abandonó la casa de su madre. Pero en este momento, ceder y dejar que fuera Nicholas quien lo hiciera pa¬recía una especie de fantasía ridícula y maravillosa.
Aunque temía lamentar la decisión, era demasiado tentadora para que le importara. Le dio las llaves.










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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:18










Capítulo 8











En cuanto cerró el puño con las llaves dentro, Nicholas se inclinó sobre ella y la tomó en brazos. _________ se aferró a su cuello, y el olor más cálido a pino, almizcle y jabón inundó sus fosas nasales. Si él no la hubiera estado sosteniendo entre los brazos, se habría caído al suelo.
—¿Q-qué...? —farfulló—. ¿Qué estás haciendo?
Él introdujo la llave y abrió la puerta. Se detuvo delante de la centralita de la alarma para que ella pudiera desconectarla. Después de que cesara el pitido, Nicholas atravesó la cocina y la llevó hasta la salita, donde la dejó en el mullido sofá. Cogió la manta con la que ella se cubría cuando hacía más frío y se la puso encima de las piernas.
—¿Estás bien?
—Estoy más cansada de lo que pensaba —murmuró. Santo Dios, estaba segura de que se quedaría dormida antes de quitarse la ropa. Y si pasaba la noche con el vestido puesto, lo estropearía.
Gimiendo, intentó levantarse. Nicholas hizo que se volviera a tumbar Sin fuerzas para resistirse, ella se reclinó sobre los cojines con una expresión enfurruñada.
—No vas a ningún sitio.
—Tengo que desvestirme. Y desmaquillarme.
—Puede ser, pero no ahora. Dame cinco minutos. Espérame aquí tumbada. Te prometo que no tardaré.
_________ no tenía ni idea de qué pretendía hacer él, pero estaba demasiado cansada para discutir.
—De acuerdo.
Lo oyó alejarse mientras cerraba los ojos. Lo siguiente que supo fue que Nicholas la sacudía con suavidad.
¿ _________?
Mmmm. Se había quedado dormida en el sofá mientras él... ¿hacia qué? ¿mirarla?
Entonces, el olor a comida le inundó las fosas nasales y le rugió el estómago. Abrió los ojos y se encontró al lado un plato con hue¬vos, tostadas, fruta y yogurt.
Antes de que ella pudiera abrir la boca, él se puso el plato en el regazo y le lanzó una mirada severa.
—Vas a comer algo. Además, no quiero que vuelvas a pasarte otro día sin comer o dormir. Ahora, abre bien la boca.
Parecía que Nicholas hablaba en serio. Para sus adentros, _________ se sintió encantada. ¿Estaba Nicholas intentando conseguir que se enamo¬rara todavía más de él? Zac no cocinaría para ella ni siquiera en sus momentos más solícitos. Apenas sabía freír un huevo. Y vale, sí, co¬cinar era el trabajo de Nicholas, pero que lo hiciera después de que tam¬poco hubiera dormido él mismo y de llevar todo el día en pie, la conmovía.
—Puedo comer sola. —_________ intentó coger el tenedor.
—Estoy seguro de que lo has hecho desde que cumpliste un año. Pero así me siento menos culpable por no haberte dejado dormir o por que no hayas comido. Déjame a mí.
Ella no estaba de acuerdo con él. Podría haberle ordenado a al¬guien en el club que fuera a buscar una ensalada y haberse echado una siesta en cualquier momento si hubiera querido. Era una mujer adulta. Pero Nicholas insistía en cargar con toda la culpa.
Algún día, él haría muy feliz a alguna mujer. No ser ella, casi la hacía gritar.
—¿_________?
Tentada, y demasiado cansada para discutir, abrió la boca. Sintió en la lengua la suave textura de los huevos con queso y especias. Oh, y cebollitas, tomate y setas, justo en su punto, que se derritieron contra su paladar. Nicholas le ofreció también una tostada y unas cucha¬radas de yogur con bayas. Un placer absoluto.
—¿Por qué lo haces? —preguntó ella entre mordiscos—. Tam¬bién estás cansado. Te sientes culpable, ¿verdad?
Él hizo una pausa, bajó el tenedor y la miró directamente a los ojos.
—Lamento haberte enfadado y estropeado el día. Pero ocu¬parme ahora de tu bienestar no es algo que haga porque me sienta culpable.
Una insidiosa esperanza la aguijoneó. _________ abrió la boca para seguir preguntando.
Nicholas le puso el dedo en los labios.
—Shhhh, esta noche no. Hablaremos mañana.
Luc tenía razón. No iban a resolver nada ni a aclarar las cosas mientras los dos estuvieran tan cansados. Puede que no fuera de las que dejaban para mañana lo que deberían de hacer hoy, pero en ese momento tenía su lógica. Y además, quería disfrutar de aquella fan¬tasía un poco más.
Asintió con la cabeza y abrió de nuevo la boca, y él le ofreció el siguiente bocado.
Cuando el plato estuvo vacío, Luego le puso el pelo detrás de la oreja.
—¿Tienes más hambre?
—¿Tú no comes nada?
—Piqué algo en la cocina del restaurante. No tengo apetito.
Aquel frustrante hombre no permitía que se preocupara por él, pero insistía en ocuparse de ella. Sintió una especie de culpable pla¬cer. Como cuando comía helado, algo que no debía permitirse si quería que le siguiera sirviendo la ropa. Pero por una vez... sólo una vez, era condenadamente delicioso dejarse llevar.
—¿Quieres comer algo más? —preguntó él.
_________ se puso la mano sobre el estómago.
—Estoy llena.
Lue le brindó una tierna sonrisa y el corazón de la joven se ace¬leró. Qué fácil había sido enamorarse de él... y qué estúpido.
—Vamos. —Nicholas la ayudó a levantarse. Cuando ella se tambaleó, él le miró los pies y frunció el ceño.
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
Negando con la cabeza, Nicholas se arrodilló y le quitó los zapatos. «Ahhh...» El placer fue casi orgásmico. _________ no se había dado cuenta de cuánto le dolían los pies. Estrenar zapatos era horrible, pero estaba tan cansada que había dejado de notar el dolor.
—¿Te duele? —murmuró Nicholas, alzándola de nuevo contra su pecho.
—Puedo andar —protestó ella.
Él la miró fijamente con aquellos ojos oscuros e inescrutables.
—Sí, pero no es necesario. Conecta la alarma.
Cuando pasaron ante la centralita, él se detuvo y ella tecleó el có¬digo. Una vez hecho, él se aseguró de que la puerta estaba cerrada con llave y comenzó a subir las escaleras.
—Peso demasiado para esto —insistió ella.
Nicholas se rió.
—Una vez, me pasé el verano cargando sacos de cincuenta kilos de grano en los muelles, acarreaba un saco en cada hombro. Llevarte en brazos de un lado para otro es como cargar con un niño pe¬queño.
«Mentía, pero era tan tierno...» _________ sonrió y cerró los ojos, disfrutando de su cercanía y preocupación. Santo Dios, aquello era el Paraíso. Pero acabaría pagándolo al día siguiente con el último trocito de su corazón.











* * *



Nicholas se giró y se hundió en una cama muy confortable. Había un olor muy agradable, como a melocotones y a canela. «Mmm...» Y tenía a su lado un cálido cuerpo femenino, relajado como sólo per¬mitía la confianza absoluta. Movió una mano tentativamente y se encontró una exuberante cadera bajo los dedos.
Su erección matutina le exigió mucho más.
Abrió los ojos y observó las paredes blancas, las cortinas suaves y las sombras de la mañana. Y la suave y rítmica respiración de la rubia platino que le acompañaba.
_________.
Al instante, se tensó de deseo, ansiedad y confusión.
¿Qué demonios había ocurrido el día anterior? Cuando se des¬pertó, después de haber mantenido unas relaciones sexuales incre¬íbles, se dio cuenta de que _________ no estaba con él en la cama. Ella no había respondido a sus llamadas al móvil y se sintió cada vez más inquieto. Cuando un poco después la encontró, por fin, en el Bonheur, ella estaba entre los brazos de Zac, y Nick sintió tantos celos que comenzó a ver rojo.
Existían varias razones por las que no entendía su propia reac¬ción. La principal era porque no le había mentido a _________ cuando le dijo que creía improbable que se hubiera acostado con Zac. A Nick le había llevado su tiempo llegar a esa conclusión, pero sabía que era verdad. _________ era demasiado ambiciosa para arriesgar el éxito del Bonheur por un polvo.
No es que aquello le proporcionara un gran alivio, pues dudaba mucho que la relación que mantenían _________ y Zac fuera platónica. Pero tampoco era probable que si Nicholas no estuviera allí, el gorila ocupara su lugar, aunque era algo que podría ocurrir cualquier otro día.
Intentó ignorar la imagen que apareció en su mente mientras apretaba a _________ contra su cuerpo.
Lo que Nicholas no lograba comprender era por qué le importaba tanto con quién se acostara _________. Recordaba todas las relaciones que había mantenido durante los últimos seis años —la mayoría a tres bandas—, y jamás había sentido deseos de agarrar a la chica y reservársela para sí mismo. Y ahora, sin embargo, era un impulso in¬contenible.
«Los celos sólo aparecen cuando se tienen sentimientos hacia una mujer.»
Deke había hablado de sentimientos. Y Nicholas sólo tenía unos días para averiguar qué hacer con ellos. El día anterior, ella se había ale¬jado de él. Él había notado la distancia que interpuso entre ellos. Aquella realidad le había hecho sentir un pánico irrefrenable que no comprendía. No era probable que volviera a ver a _________ después de esa semana. ¿Por qué dejarla entrar en su vida cuando no tenía ca¬bida en el futuro que había imaginado? Ni su aspecto ni su manera de comportarse encajaban en lo que él esperaba de una madre; desde luego, la suya no había sido así. Y si continuaba adelante con sus planes de recurrir a la medicina para tener un hijo, o aunque acudieran a un banco de semen, quedarse embarazada sería un sui¬cidio profesional. Sí, vale, también era la propietaria del Bonheur y podía hacerse cargo del restaurante estando embarazada... Pero se¬guía pasando mucho tiempo en «Las sirenas sexys». Además, la fe¬cundación in vitro no era precisamente lo que a uno se le venía a la mente cuando la tenía delante. Y ésa era su única alternativa para ser padre. Pero, al mismo tiempo, necesitaba follar con ella para no vol¬verse loco. Para que cuando volviera a Texas, pudiera centrarse en Emily y en su sueño de paternidad.
El problema era que, en realidad, le gustaba _________. Como mujer y como persona. Y lo que había entre ellos no era sólo sexo.
Peor aún, la noche anterior él había sentido un extraño placer al encargarse de ella. _________ trabajaba muy duro, atendía todas las ne¬cesidades que planteaban sus negocios y los empleados antes de ocuparse de sí misma.
Cuando él se hubiera ido, ¿quién se encargaría de ella?
Zac.
Santo Dios, sólo el nombre de aquel hombre le corroía por dentro. Cerró los ojos con fuerza. ¿Por qué demonios debería estar tan celoso de otro hombre cuando era él quien la tenía desnuda a su lado?
«Porque no va a durar.»
Ignorando aquel feo pensamiento, se incorporó y miró el reloj que había sobre la mesilla. Las diez y dieciocho. «Guau», los dos es¬taban tan cansados que habían dormido más de nueve horas.
De repente, ella rodó lentamente hacia él y abrió los ojos. Tenía una mirada somnolienta y los ojos manchados con una sombra negra de rímel. Pero en vez de parecer un mapache, parecía vulne¬rable.
En cuanto lo vio, _________ apartó la mirada con una expresión de pánico.
—¿Qué ha pasado?
Maldición, se volvía a alejar, cuando lo que Nicholas quería era sentir que se fundía contra él otra vez, que le rodeaba confiada con los brazos, que le ofrecía los labios.
Nicholas le acarició el hombro para tranquilizarla.
—Nada. Tenías hambre y estabas cansada. ¿Recuerdas que te di de cenar anoche?
De inmediato, ella se ruborizó y asintió con la cabeza.
—De tu mano.
Él sonrió.
—Sí. Luego te traje a la cama en brazos. Te quedaste dormida cuando estaba subiendo la escalera.
Ella se cubrió la cara con las manos y lo miró entre los dedos.
—¿En serio?
Nicholas asintió con la cabeza.
—Como un tronco. Mascullaste algo sobre que no querías que se estropeara el vestido, así que te lo quité y te metí en la cama.
_________ se retorció y parpadeó.
—Pero me has desnudado del todo.
—No sé lo que usas para dormir... y me gusta verte así.
Ella puso los ojos en blanco y emitió un suspiro.
—¿Qué hora...? ¡Oh! —_________ miró el reloj y maldijo por lo bajo—. Deberíamos estar en el restaurante a las doce. Creo que los demás llegarán a las dos.
—Bien. Entonces tenemos tiempo.
—¿Para qué? —le dijo entrecerrando los ojos con desconfianza.
Tenía el cuerpo apretado contra el de él. No podía tener ninguna duda de que él la deseaba. Pero la expresión de _________ decía que el sexo no ocupaba el primer lugar en su mente y Nicholas imaginó que to¬davía tenía que hacerle alguna pregunta sobre el día anterior.
—En primer lugar, para desayunar—le aseguró.
—¿Y qué más?
—Cualquier cosa que se nos ocurra.
Ella se sentó en la cama envuelta en las sábanas. La tela ocultaba sus exuberantes curvas, pero a la vez las resaltaba. Nicholas se volvió loco de deseo.
—Vamos a ahorrarnos tiempo y saliva. Contéstame a una pre¬gunta. ¿Qué hay entre nosotros?
«Eso era ser directa.» Nicholas la admiró de verdad por tener el valor de preguntar lo que realmente quería saber y no tomar el camino fácil.
—No lo sé. —Le respondió con sinceridad—. Lo único que sé es que me gustas, te deseo y sólo de imaginarte con Zac me vuelvo loco de celos.
Ella hizo una pausa.
—¿No te suele ocurrir?
Nicholas negó con la cabeza. Se dio cuenta de que en ninguna relación que él hubiera mantenido se había tomado tiempo para conocer a una mujer salvo para lograr sus propósitos. Un medio para alcanzar un fin, para conseguir que la mujer hiciera lo que él quería. Pero a Alyssa quería conocerla porque le tenía absolutamente fascinado.
—A mí tampoco —admitió ella—. No suelo mantener... rela¬ciones.
Él frunció el ceño.
—¿No sueles involucrarte sentimentalmente?
_________ se rodeó las rodillas con los brazos y se las apretó contra el pecho.
—Me cuesta mucho confiar en la gente. No suelo intimar dema¬siado con los hombres. —Le lanzó una mirada de advertencia—. Se supone que esta casa es mi lugar de retiro, mi refugio zen, de ahí las paredes blancas, las fotos en blanco y negro de naturaleza y corrien¬tes de agua. Cuando vengo aquí es para evadirme, no para follar.
Si no la entendía mal, ella estaba diciéndole que jamás había lle¬vado allí a otro hombre. ¿Cómo encajaban Zac y las llaves? ¿Sería sólo una cuestión profesional? El hecho de que _________ hubiera roto su propia regla dos veces con él decía mucho sobre sus sentimientos. El regocijo que sintió en el pecho al comprenderlo, le aterrorizó.
Santo Dios, ¿acostarse con _________ durante cuatro días serviría realmente para quitársela de la cabeza o sólo para estar más colgado por ella?
—Yo he tenido pocos amigos íntimos, así que esta situación tam¬bién es extraña para mí.
Es decir, que a ella, él le importaba. No es que fuera gran cosa, pero por algo se empezaba. La pregunta era… ¿adónde les conduciría eso? Nicholas no lo sabía.
—¿Hay alguna razón por la que no te involucres emocionalmente? —Sabía por experiencia que las emociones hacían que el sexo fuera más intenso. Era la razón por la que le gustaba sentir algo por sus parejas.
—No me gustan las complicaciones y no creo en los finales fe¬lices. Todas las noches veo montones de hombres casados en el club. Darían lo que fuera por acostarse conmigo, o con alguna de las chicas, sin pensar ni un momento en su esposa. —Esbozó una amarga sonrisa—. Tú mismo estás engañando a tu novia. No soy es¬túpida, Nicholas. No quiero acabar con el corazón roto.
¿Fue por eso por lo que ella se largó sin despedirse la mañana an¬terior? ¿Porque él le afectaba emocionalmente? ¿Y por qué le agra¬daba tanto pensar que era así?
—¿Adónde nos conduce todo esto? —susurró él.
—Si fuéramos listos, lo dejaríamos ahora mismo.
No hasta que él estuviera preparado para hacerlo. Y a pesar de lo triste que parecía, no creía que fuera tampoco lo que ella deseaba.
Así que se acercó más y le rozó la boca con la suya.
—No creo que pueda comportarme de una manera inteligente en nada en lo que tú estés implicada.
Notó que ella contenía el aliento, y le deslizó los labios por el cuello, notando cómo le palpitaba el pulso.
—Nicholas... —_________ le puso una mano en el hombro.
Él estuvo seguro de que tenía intención de apartarle pero, sin em¬bargo, cerró el puño en su pelo y le acercó más, rozándole la mandíbula con los labios, mordisqueándosela de camino hacia la oreja.
Nicholas se estremeció. Santo Dios, ¿qué le hacía esa mujer? Cuando estaba con ella perdía la cabeza.
O, peor todavía, el corazón.
_________ se puso de rodillas a su lado y lo empujó hasta que cayó de espaldas sobre la cama. Nicholas se dejó hacer, gimiendo cuando ella arrancó la sábana y se colocó encima de él, depositando un rastro de besos ardientes sobre su pecho. Volvió a hacer aquello que le hacía en las tetillas y, maldita sea si no estaba tan duro que ya no podía pensar.
Cuando ella le deslizó la mano por el abdomen y le rodeó el miembro con los dedos, él soltó un grito.
—¿Te gusta que haga esto? —le preguntó ella, como una tímida esposa, mientras le acariciaba la longitud con la punta de los dedos.
—Joder, sí.
—Todos te consideran un hombre muy controlado. Un perfecto caballero sureño. —Se rió—. Pero en la cama no eres un caballero.
Una vez más, le acarició de arriba abajo, apretándolo, haciéndole arder donde le tocaba. Cuando le pasó el pulgar por el glande, Nicholas arqueó la espalda y abrió mucho los ojos.
«¡Jesús!»
_________ le daba un nuevo significado al placer. Estaba seguro de que cada gota de sangre de su cuerpo estaba entre sus piernas. La presión era vehemente y cada roce acumulaba otra sensación sobre las que ya sentía.
Entonces, ella se deslizó hacia abajo.
—Esa no es una buena idea —graznó él.
Pero le enredó los dedos en el pelo y la ancló entre sus piernas, guiándola hacia su polla.
Ante el primer roce de su boca, el deseo se descontroló. Apretó los dientes.
—Oh, Dios mío.
Mirarla. Tenía que verla. Nicholas no quería perderse ni un momento mientras sentía su boca sobre él. Ella movió las pestañas, y sus vi¬vaces ojos azules le golpearon en el corazón. Aquella dulce boca abierta para él, el hinchado labio inferior era el lugar perfecto para su polla. La vio sacar la lengua un poco para lamerle el glande como si fuera un pirulí. Entonces, ella gimió y se humedeció los labios. Y él perdió la razón.
—Chúpamela —le ordenó—. Métela en la boca y succiónamela.
Pero _________ se limitó a arquear una ceja y a lamerle los testículos, deslizando el pulgar de arriba abajo por la rígida longitud. Nicholas se vio atravesado por una nueva sensación, como si alimentaran una ho¬guera con gasolina.
—No me des órdenes. Si te la chupo será cuándo y cómo yo quiera.
Nicholas le dio un tirón en el pelo. _________ se estaba burlando de él, y eso no era una buena idea. Se tensó y apretó los dientes con fuerza mientras intentaba dominarse. Pero ella deslizó la lengua por su miembro otra vez y le rozó el sensible glande con los dientes. Él gimió de placer. Jamás había sentido antes un deseo tan doloroso, pero lo que ella le hacía era... Maldición...
Se agarró la polla y la guió hacia la boca de _________.
—Chúpamela ya —le ordenó con la voz apremiante y tensa. Ya se disculparía más tarde. Ahora mismo necesitaba sentir la húmeda seda de su boca calentándole el pene.
En el momento en que ella curvó la lengua en torno a su miem¬bro, Nicholas contuvo el aliento. Una urgente sensación le atravesó y le bajó con rapidez por las piernas. El deseo consumió su cuerpo mientras _________ movía la cabeza. Una bella estampa.
Lo introdujo hasta el fondo de la garganta antes de comenzar a succionar con fuerza. Nicholas casi perdió la razón. Luego ella le pasó la lengua por el glande y le clavó las uñas en los muslos. El deseo cre¬ció rápidamente, llevándolo hasta los límites del aguante y el control. Maldita sea, sólo treinta segundos y ya estaba a punto de estallar. Nicholas comenzó a jadear. Le tiró del pelo, intentando detenerla. Cada llameante sensación, cada abrasador escalofrío actuaba en su contra. Santo Dios, no iba a poder resistir ese placer durante mucho más tiempo.
Pero no, no se correría en su boca. Lo haría en su sexo. Tenía que ser allí. Se había convertido en su lugar favorito. A pesar de lo mucho que le gustaba su boca y de no poder esperar para volver a probar su culo... necesitaba estar dentro de su parte más femenina, haciéndola alcanzar un orgasmo tras otro, antes de dejarse llevar él también por el éxtasis.
Pero primero, iba a darle a esa bruja descarada un poco de su propia medicina.
La apartó de su polla y se oyó un sonoro «plop» cuando lo con¬siguió. Ella intentó tomarle otra vez, gimiendo de frustración.
—No he terminado —gruñó.
—Por ahora, sí. Es mi turno.
La anticipación le inundó cuando la rodeó con los brazos y la alzó sobre su cuerpo, colocando los muslos de _________ a ambos lados de su cabeza.
—¡Nicholas! —protestó ella.
Él no se molestó en responderle. El olor de su almizclada esencia lo envolvió, incrementando todavía más el deseo de probarla. La sangre le hirvió en las venas cuando la sujetó por las caderas. Le¬vantó la cabeza, deslizando la lengua por los empapados pliegues de su sexo y buscando el clítoris. Estaba mojado, hinchado y duro. «Perfecto.»
Cuando lo succionó entre los labios, ella emitió un agudo gemido y se agarró al cabecero como si tuviera que sujetarse para no caerse. Nicholas sonrió y pasó la lengua por aquel nudo de terminaciones ner¬viosas.
—Oh, Dios mío... Oh, Nicholas... —jadeó ella—. ¡Así! Más deprisa. No puedo...
Le rozó el clítoris con los dientes suavemente, con la presión su¬ficiente para demostrarle que, de hecho, sí podía. Ella alcanzó el éx¬tasis al instante.
La joven gritó de placer, y fue el sonido más dulce que hubiera oído Nicholas jamás. La liberación de _________ provocó una necesidad pri¬mitiva y una satisfacción diferentes a cualquiera que él hubiera sen¬tido antes. Siempre le había gustado dejar saciadas a sus parejas, pero ahora era tan gratificante como frustrante. Increíble... pero no suficiente. Ni de lejos.
Nicholas paladeó los fluidos que brotaban de su cuerpo. Sin duda, los iba a necesitar más tarde. Pero ahora, él quería más en su lengua. Muchos más.
Inmovilizándola con una mano en su cadera, le deslizó la otra por el interior de los muslos, hasta introducir un dedo en su interior. El calor de _________ lo envolvió al instante entre sus palpitantes mús¬culos internos, todavía latiendo por el clímax.
—No quiero más jueguecitos. Quiero que me folles de una vez.
No hasta que ella estuviera bien preparada. No hasta que él hu¬biera derribado aquel muro que se había erigido entre ellos. No hasta que ella se hubiera rendido a él por completo.
Nicholas no perdió el tiempo con palabras. Le deslizó los dedos en el sexo tenso y apretado. Santo Dios, cada vez que se introducía en su interior encontraba una deliciosa resistencia. Hoy era incluso mejor porque todavía estaba inflamada de su último encuentro.
Sumergió los dedos en su interior con un giro de muñeca. Unos segundos y algunas caricias después, encontró aquel suave y sensible lugar en su interior y lo frotó sin misericordia mientras buscaba de nuevo el clítoris con la boca.
Ella se quedó sin respiración, se aferró a las sábanas, arqueándose para intentar atenuar las sensaciones.
Nicholas notaba en los dedos y en la lengua que la carne de _________ to¬davía se hinchaba y humedecía más. Ella comenzó a jadear y a gemir.
—Nicholas. Oh, Nicholas... Por favor. Es demasiado. Demasiado fuerte. ¡Ooooh!
En ese momento, él quería proporcionarle el tipo de placer que la devastaría, que destrozaría cualquier tipo de resistencia para siem¬pre.
Capturó el clítoris con la lengua como si fuera un caramelo, ha¬ciéndolo rodar arriba y abajo, de un lado para otro. Ella tenía los músculos tensos y cerró los puños sobre el cabecero, envuelta en el frenesí mientras sus pliegues se hinchaban todavía más. Nicholas apartó la boca un momento para mirarle el sexo. ¡Sí! La carne latía con un encendido color rojo que exigía satisfacción.
Ella respiró hondo durante ese momento de alivio hasta que aquella dolorosa y estremecedora sensación la envolvió y le exigió la liberación.
Entonces gritó.
—¡Nicholas!
—No quiero detenerme, ¿y tú?
—No. Por favor, no...
Fue todo lo que él necesitó. Sonriendo ampliamente, volvió a su¬jetar el clítoris entre los labios y a succionarlo. La trabajó con dientes y lengua, chupando hasta que el cuerpo de _________ se tensó por com¬pleto y comenzó a correrse y a gritar de una manera salvaje.
Nicholas se sintió lleno de satisfacción. Dios, le encantaba aquello.
Pero todavía no había acabado con ella.
La deslizó sobre su cuerpo hasta las caderas, y le separó más las piernas con las rodillas, sujetándose la polla anhelante con la otra mano.
—¡Un momento! —jadeó ella, intentando coger aliento—. ¿Y el condón? Ya se nos olvidó la última vez.
Él también había estado demasiado ocupado y abrumado para pensar en ello.
Nicholas vaciló.











Última edición por SweetHeart(MarthaJonas14) el Marzo 29th 2012, 21:25, editado 1 vez (Razón : Errores)
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:21




























—Estoy sano —dijo finalmente.
—Yo también, pero no estoy tomando la píldora...
Nicholas se incorporó sobre la cama y cubrió la boca de _________ con la suya. No había necesidad de dejarle terminar esa frase. No impor¬taba, y él no quería pensar en ese tema ni, mucho menos, confesar su esterilidad. Quizá debería ponerse un condón, pero penetrar a _________ sin protección era una experiencia sublime que no quería perderse.
Por un segundo, ella se opuso al beso, pero Nicholas continuó devo¬rándola ardientemente hasta que ella se unió a él, derritiéndose, moviendo la boca con la misma ferocidad.
Consumido por las llamas, la hizo bajar unos centímetros más, ofreciéndole su erección.
Penetrarla fue un poco más fácil esta vez, pero no del todo. Era tan ardiente y devastadora como esperaba. La fricción de su carne le hizo emitir un desgarrador gemido. Nicholas apretó los dientes para no explotar, en especial cuando ella contuvo el aliento y le tiró del pelo. Alejar aquella frenética sensación resultó todavía más difícil cuando _________ se contorsionó encima de él, asegurándose de que la punta chocaba contra el útero. Nicholas no podía estar más profundamente en su interior.
Era asombroso. No, era jodidamente asombroso.
—Cariño... ¿te gusta?
_________ gimió una respuesta. Él sonrió. Entonces la alzó, retirán¬dose lentamente.
Cuando volvió a penetrarla hasta el fondo, el placer le hizo hervir la sangre y provocó que su polla comenzara a latir. Era un éxtasis completamente abrumador. La deseaba de una manera insaciable e indiscutible. Le había hecho alcanzar un deseo tan profundo, que es¬peraba no convertirse en un ariete. Quería que _________ se corriera otra vez. Aquello no era negociable a pesar de lo mucho que él ne¬cesitaba alcanzar el orgasmo.
Apretando sus caderas contra las de ella, comenzó a embestirla con unos envites profundos y duros, enterrándose por completo en su interior, ardiendo, sintiendo que ella latía alrededor de su polla. Un empuje tras otro, cada vez más duro y más rápido. El sexo no era sólo sexo. Era algo intenso e increíble. Contener el placer se hizo más difícil con cada estocada que asestaba dentro del cuerpo exuberante de _________, en especial cuando ella palpitó en torno a su miembro, jadeando y gimiendo.
—¡Sí! —gritó, arqueando el cuerpo contra él—. Nicholas... ¡Oh, Dios mío!
Oírla gritar su nombre le hizo perder totalmente el control. Que¬ría estar dándole placer a _________ durante horas... durante días. Pero el calor que le envolvía le hizo entrar en combustión, inflamándole como si fuera un líquido incendiario. La presión, la necesidad y el deseo estaban a punto de romper su contención. Pero aun así, se prometió que _________ se perdería con él.
El pecho de la joven oscilaba de arriba abajo ante su boca, y él tomó la sensible punta con la boca y succionó. Ella arqueó la es¬palda, apretando el pezón contra la lengua de Nicholas.
Y allí, contra su piel, él susurró:
—Córrete...
—Sí —sollozó ella, ciñéndole el pene con sus músculos internos.
Nicholas ya no pudo dominarse más. Le hormigueaba la espalda. Tenía los testículos tensos. Además, _________ le mantenía preso con su sexo, ordeñándole con unas pulsaciones duras mientras le cubría la cara con unos besos desesperados y le rodeaba el cuello con los bra¬zos. Nicholas se aferró a ella cuando la llenó tan profundamente como era posible, casi dentro del útero.
Por un momento, voraz e indefenso, imaginó a _________ con su anillo en el dedo, a su lado en la cama todas las noches, en su casa, con su hijo creciendo en su vientre. Aquel pensamiento hizo astillas su autocontrol y el orgasmo lo inundó. Con la imagen bailando to¬davía en su mente, explotó e inundó el sexo de _________.
Después del último estremecimiento, volvió a recuperar la razón. Qué fantasía tan jodidamente ridícula... por muchas razones.
En ese momento, _________ se dejó caer sobre él. Aunque no debe¬ría, Nicholas disfrutó al sentir los latidos del corazón y el cuerpo saciado y laxo de la joven. Le pasó la mano de arriba abajo por la espalda hú¬meda, tranquilizándola.
—¿Estás bien, cariño?
Ella asintió con la cabeza y rodó a un lado para sentarse en el borde de la cama.
—Genial.
Ella sonaba más bien agotada y confundida, y él no podía olvidar que las últimas palabras que habían salido de su boca, antes de que él la sedujera, fueron que debían poner fin a lo que había entre ellos.
Ahora, existían pocas probabilidades de que eso ocurriera. Nicholas no había acabado con ella. No lograba sacársela de la cabeza. Aque¬lla alocada fantasía sobre el futuro que había aparecido en su mente era la prueba más evidente. Pero ella ya estaba intentando escapar, dejando claro que Nicholas tendría que esforzarse más para volver a acos¬tarse con ella los próximos tres días. Su mente ya barajaba varias ideas para conseguirlo. E iba a disfrutar con ello.
En el interior del Bonheur, el personal de cocina estaba recogiendo los últimos servicios. _________ había recorrido el local durante toda la noche, tanto el comedor como el patio, asegurándose de que todo estaba perfecto y los clientes satisfechos. Miró el reloj. Faltaban menos de diez minutos para cerrar las puertas y que finalizara la primera jornada auténtica —y exitosa— de su nuevo negocio.
Menos de diez minutos durante los cuales Nicholas seguiría sacando la cabeza de la cocina, buscándola con la mirada y haciéndole tiernas preguntas sobre su bienestar. Tanta ternura iba a destrozarle el co¬razón, y si él continuaba presionándola, _________ no sabía lo que haría.
Necesitaba algunos minutos para sí misma. Entonces podría vol¬ver a mirarle con la armadura colocada en su lugar.
Cerró la puerta de la oficina, encendió la luz y respiró hondo. Nicholas la abrumaba. Era intenso y exigente aunque tenía un lado tierno; ella lo había visto. Pero tenía un secreto que le corroía por dentro. Algo que le atormentaba profundamente, y _________ no sabía qué era.
Suspiró y se acercó al escritorio nuevo. Si Bonheur tenía éxito, se trasladaría allí, llevaría el portátil y los archivos. Nombraría a una de las chicas, por ejemplo a Sadie que era la más responsable, gerente, y así podría pasar más tiempo en el restaurante. Había trabajado muy duro para lograr el éxito, para cambiar su vida. Pensar que nunca más tendría que desnudarse ante nadie era algo que la satis¬facía enormemente. Y si lo lograba, podría decir que lo había hecho todo por sí sola.
Durante un momento, _________ se preguntó qué habría pensado su madre sobre sus logros. Pero luego se dio cuenta de que se habría avergonzado de cualquier cosa que tuviera que ver con «Las sirenas sexys» y hacer striptease... y de todo lo que había tenido que hacer antes. La buena de Trisha siempre había tenido el talento natural que poseen las mujeres de Berverly Hills para esconder la cabeza como los avestruces, en especial antes de las diez de la mañana.
Y ya no importaba. Su madre había muerto y el futuro se exten¬día ante ella... Dejando a un lado el tema de Nicholas, Bonheur había fun¬cionado bien esa noche. Era un principio alentador.
Hizo girar el mullido sillón del escritorio para hundirse en él y... soltó un grito agudo.









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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:33













[font=Georgia]Capítulo 9[/font]









«Puta.»
Las letras rojas y grandes resaltaban en el sombrío papel blanco que alguien había clavado en el asiento de piel del sillón de oficina.
«¡Mierda!»
Había más palabras escritas flotando ante sus ojos. _________ se es¬tremeció y se apoyó en la mesa, intentando no mover nada, y leyó:



«Fornicas con el cocinero. Con un cuchillo como éste me aseguraré de que jamás vuelvas a tentar a un hombre.»

_________ se estremeció. El acosador la seguía. Aquello era lo que más miedo le daba. Aquella persona estaba bien informada de su re¬lación con Nicholas. Una mujer despechada no usaba esas técnicas de intimidación. Entonces, descartando la posibilidad de que fuera una mujer celosa, ¿quién le estaría haciendo eso? ¿Y por qué?
Un momento después, Nicholas entró corriendo en la oficina. La miró a la cara mientras la sujetaba por los hombros.
—¿Qué ha pasado?
Ella bajó la vista hasta el asiento en un gesto elocuente que él si¬guió con la mirada. Un segundo más tarde, la furiosa voz de Nicholas inundaba la estancia haciéndola estremecer. La violencia que flotaba en el aire llenaba el pequeño espacio sin ventanas. El acosador se había colado en la oficina esa noche para amenazarla. Por tercera vez en tres días. Nicholas parecía dispuesto a matar a alguien.
—Tenemos que descubrir quién es. Cada vez se muestra más sá¬dico y descarado.
De acuerdo.
—Llamaré a Remy.
Nicholas la miró con el ceño fruncido.
—¿Realmente está haciendo algo para atrapar a este pervertido? ¿Ha hecho algún progreso en la investigación?
—Ni siquiera tiene los resultados de las pruebas que encontró en mi coche, así qué...
Después de soltar otra retahíla de maldiciones, Nicholas volvió la mi¬rada hacia la puerta abierta.
—¿Y Zac?
—Él tampoco tiene ninguna teoría al respecto.
—No. Me refiero a que si has pensado que podría ser él quien está detrás de todo esto.
«¿Qué?» Había contratado a Zac para mantener alejados del club a todos los indeseables y protegerla mientras estuviera allí. El guardaespaldas siempre había ido más allá del deber y revoloteaba a su alrededor en cualquier momento, casi como si fuera un novio posesivo. Aquello había funcionado bien. Desde que Zac trabajaba para ella, hacía poco menos de un par de meses, ya no ocurrían he¬chos desagradables en el despacho o el dormitorio del club, como encontrarse allí con un hombre desnudo o a un presunto violador.
—Zac no haría esto.
—¿Quién más está celoso de nuestra relación?
Pero vamos a ver... ¿aquello era una relación o sólo se dedicaban a follar?
«Veamos, es un cocinero famoso a nivel nacional y, dejando a un lado la última noche, te considera básicamente una prostituta, ¿tú qué crees?»
—Podrían haberlo hecho muchas personas —señaló ella—. In¬cluido Primpton; ya has visto lo pirado que está. Incluso podría ser Peter. Me han dicho que anoche preguntó por mí en el club y que se cabreó mucho al enterarse de que no aparecería por allí. Al pare¬cer exigió mi presencia de inmediato.
—¿Has visto a alguno de los dos aquí esta noche?
Ella negó con la cabeza.
—Pero no me he fijado en todos los asistentes. No conozco a todos los clientes, podría ser cualquiera que haya frecuentado el club y le haya dado por pensar que soy suya o algo por el estilo. No me ha ocurrido nunca, pero sé de chicas a las que sí les ha pasado.
—Creo que lo primero que deberíamos hacer sería descartar a los sospechosos más evidentes. —Nick tragó saliva y en su cara apareció una mirada aguda y determinada—. Te juro que como sea yo quien atrape al mamón que está haciéndote esto, la policía tendrá mucha suerte si queda algo para identificarlo.
_________ se lo quedó mirando fijamente. ¿Por qué estaba Nicholas tan preocupado? Vale, puede que no le gustara ver cómo amenazaban a ninguna mujer, pero...
—Esto no me gusta nada, pero lo cierto es que, hasta el mo¬mento, el acosador no ha hecho nada salvo amenazarme. Y, si Dios quiere, no hará nada más.
Nicholas frunció los labios y le dirigió una mirada sombría.
—Yo no apostaría por ello; va a por ti. Llama a Remy, tiene que saber que esto no se trata ya de una gamberrada.
Zac se detuvo en ese momento en la puerta.
—Lo siento. Estaba en el baño. —Miró primero a _________ y luego a Zac—. ¿Qué demonios pasa?
¿Sería posible que Zac estuviera haciendo eso porque se había negado a acostarse con él? ¿Estaría tan obsesionado con ella?
_________ descartó la sospecha casi al instante. Él siempre había in¬tentando ayudarla y se había ocupado de su seguridad. Había tenido un montón de oportunidades para quedarse a solas con ella y no había hecho nada para lastimarla o ponerla en peligro.
«Pero, ¿quién, salvo él, tiene la certeza de que te acuestas con Nicholas?»








—Ven, míralo tú mismo —le dijo ella finalmente, alejándose del sillón. _________ observó su expresión, estudiando si parecía sorpren¬dido... o amenazador.
Él rodeó el escritorio; parecía algo incómodo y fuera de lugar, con la camisa medio abierta y la corbata color borgoña desanudada. Se había quitado la chaqueta del traje hacía ya un buen rato debido al calor.
Zac miró el sillón con atención. Se puso rígido cuando vio la nota. Se acercó más para leerla y comenzó a maldecir sonoramente.
—Como atrape a ese hijo de perra lo voy a matar.
—Vaya, estupendo. Nicholas ha dicho lo mismo. Entonces iréis los dos a la cárcel y me tendré que ocupar yo sola del siguiente perver¬tido.
Nick y Zac se miraron. Los dos parecían muy apurados al saber que habían coincidido en algo.
—Llama a Remy —le ordenó Zac—. Quiero hablar con ese cajún perezoso.
—¿Siempre hace su trabajo con tanta desidia? —preguntó Nick.
Fue _________ quien respondió.
—No está acostumbrado a que yo le dé problemas. Se ocupa de otras cosas, como detener a vendedores de droga, ladrones y vándalos. Gente más a su alcance. No está acostumbrado a tener que realizar investigaciones.
—Voy a ocuparme de esto yo mismo —declaró Nicholas, sacando el móvil del bolsillo y dirigiéndose hacia la puerta del despacho.
—¿A quién estás llamando? —le preguntó _________.
Él no respondió.
Mascullando por lo bajo sobre lo difíciles que eran los hombres, lo siguió.
—¿Adónde vas? —inquirió Zac.
La respuesta pareció interesar a Nick, que se dio la vuelta y se la quedó mirando, bloqueando la puerta.
La sobrecarga de testosterona era tan potente que podía estallar en cualquier momento. Ojalá pudiera embotellarla. Todas las muje¬res del mundo pagarían una millonada por sentirse tan ridículamente femeninas.
Ignorando ese pensamiento tan tonto, miró con atención detrás de Nick, al pasillo en penumbra, frustrada por la falta de visión.
—Tengo que despedirme de los últimos clientes, acompañarles a la puerta y darles las gracias por venir.
—Yo lo haré. —El ofrecimiento de Nick pareció más una orden—. Quédate aquí y llama a Remy.
—¡Son mis clientes!
—Se comieron lo que yo preparé. No voy a enredarme en jueguecitos semánticos cuando tu seguridad está en juego. —Entonces clavó los ojos en Zac, lanzándole una mirada de advertencia—. Ocúpate de que se quede aquí y protégela. Te juro por Dios que, como le toques un solo pelo de la cabeza, te partiré el cráneo en dos y cocinaré tus sesos con coñac mientras todavía te late el cora¬zón.
Zac lanzó un gruñido.
—¿Alguien más se ha dado cuenta de que _________ vivía tranquila hasta que tú apareciste? Todo iba como la seda hasta que te entro¬metiste en su vida y lo jodiste todo.
—¿No estás demasiado celoso? ¿Acaso no soportas verme con ella? —le desafió Nick.
Oh, Santo Dios.
—¿Seréis capaces de conteneros diez minutos más? Cuando el restaurante esté cerrado y el aparcamiento vacío, podéis salir ahí fuera y solventar vuestras diferencias a puñetazos.
Nick la miró fijamente. Luego clavó los ojos en Zac.
—Ahora vuelvo.
En cuanto se fue, la desaprobación de Zac resonó en el tenso silencio.
—No lo comprendo. Si lo echaras, las amenazas desaparecerían.
—Puede que sí, puede que no.
Él negó con la cabeza.
—Seguro. Pero le dejas quedarse. En tu casa. ¡En tu cama! Puede que sólo haya trabajado para ti un par de meses, pero sé que no eres de las que se acuestan con cualquiera y tampoco vas entregando tu corazón. ¿Le... amas?
Ella parpadeó ante la pregunta. ¿Había hablado alguna vez Zac de sentimientos? Casi nunca, al menos antes de que Nick llegara a Lafayette. ¿Estaría realmente celoso?
_________ vaciló. Pensó en mentir. Pero si fuera él quien quería ha¬cerle daño, castigarla, ¿por qué no lo había hecho ya?
Finalmente, se obligó a sostenerle la mirada.
—Sí —susurró.










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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:34
























* * *


Nicholas esbozó su sonrisa más encantadora mientras acompañaba a la puerta a los últimos clientes del Bonheur. Meneó la cabeza, sonrió, firmó autógrafos y los fue empujando disimuladamente a la salida. Por fin, en sólo diez minutos, los echó y cerró con llave. Luego abrió el móvil que llevaba en la mano.
Marcó el número de su primo sin vacilar. Deke respondió al pri¬mer timbrazo.
—¿Qué te pasa?
—¿Cómo sabes qué me pasa algo?
Deke soltó un bufido.
—Jamás me llamarías tan tarde si todo fuera bien.
Punto para Deke. Ahora mismo nada iba bien.
Nicholas suspiró.
—La persona que amenazó a _________ en el club ha actuado de nuevo. Esta noche ha entrado en el Bonheur y la ha amenazado otra vez. La policía local pasa del asunto, no parecen capaces de llegar hasta el final. Necesito tu ayuda.
—Aunque pasado mañana tendré que ausentarme por un caso, le comentaré el asunto a Jack cuando hable con él e intentaré po¬nerme también en contacto con el hermano de Kimber.
—¿Con cuál de ellos?—Nicholas maldijo para sus adentros. Ninguno de los dos había aprobado la breve relación que mantuvo con su hermana y Deke... y hacían todo lo posible por ignorar lo sucedido.
—Con Hunter.
Nicholas maldijo otra vez interiormente. Logan, el más joven, tenía un temperamento de mil demonios, pero se podía razonar con él. Sin embargo Hunter era demasiado frío y calculador. Era muy astuto. Y tan comunicativo como una pared. Dada la aversión que sentía por él, no movería un dedo.
—Jack y yo estamos tratando de convencerle para que deje el ejército. Necesitamos a alguien como él.
—¿Qué puede hacer en este caso? Necesito a alguien capaz de averiguar quién se oculta detrás de todas estas amenazas.
—Hunter es el mejor. Confía en mí. No tiene que caerte bien, sólo tienes que aceptar que él lo solucionará.
Por lo que Nicholas había oído, Hunter era implacable y cauteloso cuando se encargaba de una misión.
—Haría cualquier cosa para proteger a _________.
—Llegaremos antes del mediodía, así podrás ponernos en ante¬cedentes.
Nicholas cortó la llamada. A _________ no le iba a gustar eso; Deke, Jack y Hunter insistían siempre en controlarlo todo y le restringirían los movimientos, pero Nicholas quería que estuviera a salvo.
Cuando regresó al despacho, Zac estaba gritando a Remy por el teléfono. A Nick casi le cayó bien.
_________ lo observó.
—Dile que me suelte.
Levantó ligeramente una muñeca. Estaba sujeta con unas esposas al cajón del escritorio.
Nicholas miró a Zac.
—¿De dónde has sacado eso?
El guardaespaldas sonrió.
—_________ dijo que iba a salir a despedirse de sus clientes y que tenía que regresar al club.
—¡Ni hablar! —explotó Nicholas. ¿Es que _________ no se daba cuenta de que si ese enfermo la atrapaba, la violaría en el mejor de los casos y, quizá, la torturaría y mataría?
—Iba a acompañarme Zac, al menos hasta que me traicionó. Pero tengo que pasar por el club. Sadie me ha llamado por teléfono, hay problemas con una de las chicas. Está borracha tengo que echarla. Además, es sábado por la noche, el día que más clientes hay. Las chicas pueden echar una mano, pero no ocuparse de todo.
Nicholas la entendía, pero el negocio no era tan importante como su seguridad.
—El único lugar al que este pirado no ha accedido todavía es a tu casa. Tenemos que ir allí. Llama a la chica y despídela por telé¬fono. Zac puede ocuparse del resto sin que tú te pongas en peligro.
—Es mi club. No puedo esquivar mis responsabilidades sólo porque a ti te dé la gana.
Nicholas entrecerró los ojos.
—No vas a ir.
A Nicholas no le cupo la menor duda de que si _________ hubiera tenido las dos manos libres, le hubiera arañado la cara.
—No eres mi marido ni mi novio. Has sido tú el que ha dicho que sólo «follamos» juntos, así que no vas a decirme adonde tengo que ir.
—Yo no apostaría por ello. ¿Qué ha dicho Remy?
Zac le puso al corriente de una conversación que, para Nick, no fue nada más que un montón de tonterías. En conclusión, y legal¬mente hablando, salvo un poco de vandalismo, el culpable no había hecho nada por lo que pudieran arrestarle.
Nick no podía contener la furia. Ya trataría con aquel polizonte perezoso más tarde. Ahora tenía que mantener a _________ a salvo du¬rante doce horas. Después, Deke, Jack y Hunter se harían cargo de aquel psicópata y él podría concentrarse en probarle a _________ que lo que ellos hacían era mucho más que «follar»... incluso aunque no supiera qué es lo que era.
—Típico de Remy —dijo _________, encogiendo los hombros—. Ya que sois vosotros los que decidís qué puedo hacer, ¿me dejaréis al menos ir al cuarto de baño antes de irnos? Tengo que cambiarme de ropa.
Nicholas miró a Zac, que le devolvió la mirada. Hubo una silenciosa comunicación entre ellos a través de la cual parecieron llegar a la conclusión de que no podría hacer nada sin coche. No sería tan es¬túpida como para recorrer las seis manzanas que había hasta «Las sirenas sexys» con un acosador acechándola.
—Claro. —Zac se levantó y, sacando la llave de las esposas del bolsillo de la camisa, la soltó—. Nada de trucos.
_________ agitó la mano y le dirigió una mirada furiosa.
—Esperadme aquí.
Pasaron cinco silenciosos minutos. Nicholas se removió inquieto, pero se trataba de una mujer y su ropa... Sabía por experiencia que tardaban mucho tiempo en vestirse. En especial si esa mujer usaba medias, liguero y zapatos de tacón. Ponerse todo eso llevaba tiempo. Además, Zac y él tenían un ojo en la puerta del cuarto de baño y el otro en la del restaurante. _________ no podía ir a ningún lado.
Cuando Zac comenzó a tamborilear el pulgar en una de las si¬llas, Nick se dio cuenta de que estaba tan nervioso como él.
—Como le destroces el corazón, te mataré —dijo Zac de re¬pente, rompiendo el silencio.
—Lo que hay entre _________ y yo no es asunto tuyo.
Zac se levantó, irguiéndose en toda su estatura, quizá cinco cen¬tímetros y quince kilos más que Nicholas.
—¿De veras? Pues lo que hay entre Alyssa y yo tampoco es asunto tuyo.
Nicholas apretó los dientes, resistiéndose a admitir que Zac tenía razón.
—Y cuando tú te hayas largado —prosiguió Zac—, yo todavía estaré aquí. Con ella. Todos los días y todas las noches. Puede que tú seas su juguete nuevo, pero te olvidará. Y yo la ayudaré a hacerlo.
Aunque no le sorprendían las palabras de Zac en lo más mí¬nimo, fueron como una puñalada en el corazón. Escuchar la confir¬mación de sus sospechas —sus miedos— sobre la relación del guardaespaldas con _________ dolía como el infierno.
Se tragó la afirmación de Zac. La entendió. En unos minutos, sería domingo. Nick tenía que irse antes de la mañana del jueves para poder estar el viernes en Los Ángeles, donde concluiría las negocia¬ciones de su programa de cocina para la televisión por cable. Tam¬bién tenía previsto publicar en breve un libro de cocina, y su editor se debía estar preguntando por qué demonios no respondía a sus correos electrónicos.
Pero incluso aunque pudiera quedarse, ¿qué le diría a _________?
Cualquiera que fuera el camino que eligiera para ser padre, no lo lograría sin la mujer adecuada. Y, aunque _________ estuviera de acuerdo en adoptar a un niño o en someterse a una fecundación in vitro, tendría que pasar por muchas pruebas y por un embarazo. Ade¬más tendrían que encontrar la manera de hacer funcionar aquella relación tan apasionada y difícil.
¿Qué clase de madre sería? Seguramente no una como la suya. Y eso, presuponiendo que ella quisiera tener hijos. Después de que ella intentara decirle esa mañana que no estaba tomando la píldora, Nicholas estaba bastante seguro de que, por el momento, ser madre no entraba en sus planes. Pero eso no cambiaba el hecho de que sentía algo profundo y nuevo por ella.
Era tan complicado.
Y aún así, no la podía dejar con Zac.
—Me tendré que esmerar para asegurarme de que no me olvida.
Zac soltó un gruñido.
—¿Eres tan jodidamente egoísta que quieres que te entregue su corazón a pesar de que vas a marcharte? ¿Quieres hacerla desgra¬ciada?
No. Pero Nicholas no pensaba que _________ quisiera de él algo más que sexo. Y odiaba pensar que seguramente quería lo mismo de Zac.
—¿Dónde coño se ha metido? —dijo Nick, cambiando de tema y dando unos pasos. Deseaba poder abrazarla en ese instante. La necesitaba ahora y no podía esperar ni cinco minutos más para poseerla en aquella enorme cama que ella tenía, deslizarse dentro de su cuerpo y olvidarse de todo lo que no encajaba entre ellos.
Zac encogió los hombros.
Nick miró el reloj y luego hacia la puerta del cuarto de baño.
—¿Quince minutos para cambiarse de ropa?
El guardaespaldas miró también el reloj y, olvidándose de la có¬lera, frunció el ceño.
—¿No es demasiado tiempo?
«Sí.» Y se imaginaba por qué.
—¿Hay ventana en el cuarto de baño?
Zac vaciló y se quedó inmóvil, aunque su mente iba a cien por hora.
—¡Joder! —Forzó la puerta del cuarto de baño con un hom¬bro—. Se ha escapado.
Nick atravesó la puerta principal del Bonheur. Zac le pisaba los ta¬lones y apenas se tomó tiempo para cerrar con llave.
—Maldita sea. Te lo juro, si aún no sabe lo que es una buena zurra, lo sabrá cuando haya terminado con ella —gruñó el hombre.
¿Y qué pasaría cuándo fuera Nick quien hubiera terminado con ella? Que _________ sabría mejor que nadie por qué no debía desobe¬decerle cuando él tuviera los nervios de punta y se sintiera tan protector.











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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:37






























* * *





Unos minutos después, Nicholas y Zac entraron en tromba en el club. _________ no se sorprendió de que la hubieran encontrado con tanta ra¬pidez. Lo que sí le sorprendió era lo increíblemente enfadado que parecía Nicholas.
—Me parece que tienes problemas —indicó Sadie, señalando a los dos hombres con la cabeza.
Aunque era difícil tomarse en serio lo que decía alguien que sólo llevaba puestos un tanga y unas medias, _________ no pudo negar que la stripper tenía razón. El corazón se le aceleró como si hubiese es¬tado dos horas bailando.
—Estaré arriba, en el dormitorio. Si preguntan por mí, envíalos al despacho.
—Zac sabrá de sobra donde te encuentras, pero tú misma —dijo Sadie con una sonrisa juguetona, asintiendo con la cabeza—. Lo único que conseguirás es que estén más enfadados cuando te encuentren.
_________ se encogió de hombros.
—Van a estar enfadados de todas maneras. Gracias de nuevo por recogerme en el Bonheur, no podía irme a casa sin hablar con Jessica y reprocharle sus actos.
—Desconcertar a los hombres siempre me causa placer.
_________ no podía negar que esa noche había conseguido eso y más. Subió la escalera y entró en el dormitorio. Se cambió el vestido por una falda corta y un top. Se puso unas botas rojas por encima de la rodilla con altos tacones de aguja, preguntándose si hacerlo no sería como agitar un capote delante de Nicholas cuando éste la encontrara, pero no tenía tiempo para medias y liguero, así que eso tendría que valer.
Antes de que pudiera salir y bajar la escalera, Zac abrió la puerta de una patada. Ella miró detrás de él buscando a Nick, pero el guar¬daespaldas estaba solo. Así que Sadie había tenido razón. Nick había creído las palabras de la stripper, pero Zac la conocía lo suficiente¬mente bien como para saber donde estaría. Esa noche los problemas acudirían de uno en uno.
—¡Maldita seas! —dijo él, atravesando la habitación. Ella se quedó quieta, observándole.
Dio un paso atrás al ver la furia que ardía en sus ojos. La expresión que mostraba su rostro iba más allá de una simple molestia o preocupación. Estaba tenso como una cuerda a punto de romperse. Una rápida ojeada más abajo le demostró que, también, estaba duro en otras partes.
—Zac —intentó razonar con él—. Detente. Sabes que no pue¬des...
—¡Eres tú la que no puede! ¿No me has contratado para que te proteja? Pues no te escapes de mí cuando estés en peligro.
—Sadie me recogió y me trajo aquí —confesó.
Era imprescindible aplacar la furia de Zac. Pero no parecía con¬seguirlo. Siguió avanzando hacia ella. La furia y el deseo estaban gra¬bados en su cara, y a _________ se le detuvo el corazón.
—Zac, no...
El guardaespaldas aplastó los labios contra los suyos, sofocando la protesta. Ella intentó zafarse, pero él le tiró del pelo e intentó se¬pararle los labios con la lengua. Luego se la metió en la boca mien¬tras ella intentaba resistirse.
Necesitaba aire. Y cordura. Y los necesitaba ya. Maldita sea, se negaba a ser maltratada por alguien que consideraba su amigo. Tenía que encontrar la manera de aplacar su cólera.
Después de examinar sus opciones, le mordió la lengua.
Él interrumpió el beso y dio un paso atrás.
—¡Joder!
—No hoy —gruñó Nick, dirigiéndose directamente hacia Zac—. ¡Aparta tus putas manos de ella! ¿Eres tú quien está detrás de todas esas amenazas?
—¿Tú qué crees? Sólo me faltaba esa pregunta tan estúpida.
_________ se interpuso entre ellos. No iban a pelear en su dormitorio.
—Ya basta.
Zac la miró a ella y luego a Nicholas, antes de volver a clavar los ojos en _________.
—Hablaremos después.
—Te lo aseguro —le prometió ella. Tenía que dejarle bien claro que consideraba inadmisible tal comportamiento. Nunca le había hecho daño. Nunca la había besado de aquella manera, contra su voluntad. ¿Qué demonios le pasaba?
Celos. La misma emoción dominaba la cara de Nicholas. El guapísimo cocinero miró a Zac con el ceño fruncido cuando éste salió dando un portazo.
Dejándola sola con él.
Nicholas alargó la mano y, con un audible clic, echó el cerrojo a la puerta. Entonces clavó la mirada en el provocativo escote de _________ y en los pechos, apenas cubiertos por un pequeño y apretado top blanco. Luego soltó una maldición al mismo tiempo que bajaba los ojos a la corta falda negra y a las botas rojas. Una nueva furia inundó el rostro de Nick. Al igual que Zac, su cuerpo estaba duro... por todas partes. A diferencia de Zac, sin embargo, si Nick la tocaba ahora, ella estallaría en llamas. Y no pensaba tolerar que él usara el sexo para manipularla o controlarla.
—He estado a salvo todo el rato. Jamás me pondría en peligro. Me trajo Sadie. Tengo nociones de autodefensa y un aerosol de pi¬mienta en el bolso.
Nicholas soltó un bufido.
—Nunca podrías evitar que un hombre te hiciera esto.
Estaba a tres pasos de ella pero, al momento siguiente, había in¬vadido su espacio personal, la tomaba entre sus brazos y la aplastaba contra la pared, adueñándose de su boca bruscamente.
_________ quiso ser fuerte. Lo quiso con todas sus fuerzas, pero Nicholas tenía un efecto asombroso sobre ella. Y no pudo evitar ofrecerse a él.
El sabor de su beso, la intensidad... No se sintió obligada cuando él devastó su boca, sino deseada. Cuando Nicholas le acarició las mejillas y gimió, se sintió necesitada. Cuando le desgarró el top y se deshizo del sujetador, notó que se estremecía y que perdía el control. Sentía la posesión de Nick en los huesos. Él no debería de haber despertado su deseo, mojándola... pero se trataba de Nicholas. Y cualquier cosa que él hiciera, hacía que le deseara.
En cuanto estuvo desnuda de cintura para arriba, él se inclinó sobre sus pechos y los succionó, primero uno y luego el otro. Ella se arqueó hacia él, enterrando los dedos en el sedoso cabello oscuro. Los pezones se irguieron bajo la lengua de Nick cuando él los chupó con voracidad.
Le zumbó todo el cuerpo y movió las caderas con desasosiego, presionándose contra él, invitándole a entrar. Cuando estaba con Nicholas no tenía cabida la vergüenza; jamás. Cualquier cosa era buena para seducirle. Sí, estaba furiosa. Y le leería más tarde la cartilla, le diría que ningún hombre podría decirle jamás lo que debía hacer, pero ahora no podía detenerle. El deseo de Nicholas era semejante al de ella, como si los acontecimientos se hubieran escapado a su control y el tiempo que les quedaba juntos pasara con demasiada rapidez.
—No vuelvas a darme esquinazo—dijo él, arrancando la boca de la de ella, con los labios separados y la respiración entrecortada—. No quiero que te quedes sola con Zac.
—No me habría hecho daño.
Los ojos de Nick ardieron.
—Puede que no, pero te habría follado. Y, maldita sea, yo ya no comparto. Mientras estés conmigo, no le ofrecerás este dulce cuerpo a nadie más que a mí.
Las palabras flotaron en su mente, agradables y perturbadoras a la vez. Antes de que _________ pudiera asimilar sus sentimientos y res¬ponder, Nicholas metió la mano debajo de la falda y le arrancó el tanga lanzándolo al suelo de madera. Entonces le pasó el dedo a lo largo de la hendidura, presionando sobre el clítoris hinchado.
Las sensaciones la inundaron dejándola débil. Santo Dios, qué le hacía ese hombre... Sólo tenía que tocarla un momento y ella se mareaba. Apretó los puños contra la pared. Comenzó a atravesarla un deseo incómodo e innegable. A pesar de lo mucho que odiaba que tuviera tal poder sobre ella, no podía evitarlo.
—Así —canturreó él dulcemente—. Mojada. Siempre mojada para mí.
Nicholas le introdujo dos dedos en la estrecha abertura. Ella siempre estaba preparada para él. A pesar de estar algo inflamada por la re¬ciente actividad, se derritió contra él, absolutamente dispuesta para cualquier cosa que él le exigiera.
No era posible que él pudiera creer que estaría tan dispuesta para cualquier otro.
—Zac no...
—No quiero oírte hablar de él —atronó Nicholas, penetrándola pro¬fundamente con el dedo anular.
Ella contuvo el aliento al sentir que él le frotaba sin piedad el punto G.
—No quiero oír hablar de Zac y punto. He visto cómo le besabas... —Nicholas respiró hondo, como si intentara controlarse.
—Nick...
—¡No! Mientras folles conmigo, maldita sea, no follarás con él.
Las palabras de Luc penetraron por fin la neblina de placer que envolvía a _________.
—¿Qué insinúas? ¿Qué puedo reanudar mi tórrido romance con él en cuanto te largues?
Él jadeó más profundamente. Sus ojos color chocolate se hicie¬ron más oscuros, casi negros. Exudaba peligro. Se le enrojecieron las mejillas y su expresión se hizo más tensa mientras le aferraba las ca¬deras con fuerza. Estaba furioso y excitado, parecía un guerrero a punto de luchar, de reclamar su propiedad.
Santo Dios, ella deseaba que la reclamara para siempre, que no sólo quisiera acapararla hasta su marcha, tres días después. ¿Es que para él no era más que un polvo fácil?
Nick no respondió, amoldó su boca a la de ella una vez más y la besó con una ferocidad que le robó el aliento. _________ intentó no de¬jarse llevar, pero él se apretó contra su cuerpo y su mente fue arra¬sada por un torrente de implacable deseo. Un momento después, él se inclinó y le rozó el pezón con los dientes. Ella se arqueó y gritó.
—Separa las piernas.
_________ vaciló. Sabía a donde conducía aquello... pero también sabía que casi no les quedaba tiempo juntos. La fantasía de conseguir que se enamorara de ella en una semana, sólo era un deseo imposi¬ble. Él se iría pronto y ella no podría detenerle. Lo único que podía hacer era almacenar recuerdos.
Cerró los ojos ante aquel agridulce anhelo y se dejó llevar. Nick le mordisqueó el otro pecho y bajó los brazos, cogiéndole un muslo con cada mano e inmovilizándola contra la pared. Un instante más tarde, _________ notó que el miembro de Nicholas indagaba entre sus plie¬gues. Apenas tuvo tiempo de preguntarse cuándo se había desabrochado él los pantalones antes de que se sumergiera profundamente en su interior. La resistencia que ofreció el hinchado sexo de _________ fue anulada por el húmedo deseo y el irreprimible anhelo de con¬quistarla.
Jugueteó con ella durante unos tortuosos minutos, introduciendo y sacando su pene suavemente. Por fin, la penetró hasta el fondo. Ahora que estaba rodeado por la mojada vaina de _________ y tenía el control, Nick la inmovilizó con una brillante mirada.
—Bien sabe Dios que no puedo impedir que Zac te folle una vez que me haya ido si tú quieres, pero ahora... Ahora eres toda mía, y me aseguraré de que sepas a la perfección el nombre de quién debes gritar.
—No follo con él —confesó ella boqueando, sin ganas de an¬darse con rodeos—. Jamás lo he hecho. Le contraté para que me protegiera, eso es todo.
Nick contuvo la respiración, parecía poseído por el deseo. Entonces negó con la cabeza.
—Da igual.
Porque ellos sólo follaban. Cierto... Zac no era la causa de que ella no le importara. Ésta era sólo una excusa conveniente. Esa cer¬teza aplastó algo en el interior de _________.
En ese mismo momento, Nick comenzó a moverse, incremen¬tando su deseo.
Él subió las manos desde los muslos de _________ a su cadera y la alzo un poco más, luego comenzó a penetrarla con unas estocadas tan rápidas y profundas que ella le clavó las uñas en los hombros.
—¡Nicholas!
Una frenética necesidad hacía que se le enrojeciera la piel, que le burbujeara la sangre. Nick estableció un veloz ritmo que la dejó sin aliento. Impulsó las caderas contra las de ella, friccionando su clítoris de tal manera que los pensamientos, las objeciones y el pesar des¬aparecieron de su mente. Tan pronto como las sensaciones se adue¬ñaron de la situación, el deseo creció sin parar hasta que ella ya no pudo respirar.
La explosión estalló en su corriente sanguínea de una manera re¬pentina y devastadora. _________ gritó su nombre y luego le mordió en el hombro, aferrándose a él con más fuerza que nunca.
—Más —le exigió él, sin flaquear el ritmo.
Entonces, Nicholas apretó los labios otra vez contra su boca, envol¬viéndola en un beso interminable que la capturó por completo, una comunión de bocas que la cautivó totalmente. No sabía donde co¬menzaba ella y donde terminaba él, y no le importaba. Ya se había dado cuenta de que le había entregado una parte de sí misma y no podía remediarlo.
Y él se iría en unos días y jamás volvería.
Aquel pensamiento la atormentó cuando él se apartó de la pared y, sosteniéndola contra su cuerpo, se inclinó sobre la cama. La dejó sobre el colchón y siguió penetrándola profundamente.
—Separa más las piernas. Dobla las rodillas. Quiero metértela hasta el fondo.
La voz de Nicholas era casi un gruñido irreconocible. No le dio tiempo a negarse antes de que él le abriera los muslos todavía más. Gimió cuando él se hundió por completo. Santo Dios, era perfecto. Nicholas sabía exactamente cómo dejarla sin control.
Las extremidades le pesaban, los pensamientos se le dispersaban y un delicioso placer envolvió su cuerpo otra vez. Una urgente pre¬sión asaltó de nuevo su clítoris mientras él continuaba penetrándola con un ritmo duro y profundo. Ella se quedó pronto sin aliento y comenzó a palpitar a su alrededor, casi estallando de febril necesi¬dad.
Él la alzó por las caderas y la hizo bajar sobre su miembro mien¬tras empujaba hacia arriba. Con dureza. Directamente hasta la cer¬viz. Impulsando su pelvis contra la de ella y, oh, Santo Dios, la incipiente tormenta se concentró en el interior de Alyssa creciendo más allá de lo que ella podía resistir.
Antes de que alcanzara el clímax, él se retiró y la hizo ponerse a cuatro patas sobre las manos y las rodillas; volvió a entrar en ella desde atrás sin perder ni un instante. Le dio un azote en el trasero, provocando una caliente picazón que hizo que _________ contuviera el aliento. En ese momento, Nicholas apoyó el pecho húmedo contra su espalda, la rodeó con un brazo; y comenzó a juguetear con su clítoris.
—¿Zac te hace sentir esto? —le susurró Nick al oído mientras la explosión crecía, ascendía y se multiplicaba en su interior. Dejó de acariciarle el clítoris y ella gimió en señal de protesta. Nicholas le mordió el cuello, salió de ella y se hundió hasta lo más profundo al tiempo que le clavaba un dedo, mojado por sus fluidos, en el ano.
























Las sensaciones crecieron todavía más mientras Nick maldecía y se introducía en ella una y otra vez. _________ le acompañó en cada movimiento, empujando contra él en cada envite.
Un millón de descargas la recorrió como una tormenta. El or¬gasmo se propagó desde el clítoris hasta el último rincón de su cuerpo.
—Oh, Dios mío. —_________ se aferró a las sábanas y gimió.
Nick gritó cuando su clímax se acercó también. El sonido vibró en el cuerpo de _________, haciendo que le zumbaran los pezones y que se estremeciera de los pies a la cabeza. Él siguió moviendo el dedo mientras su polla comenzaba a palpitar, empujándola de nuevo al borde. El éxtasis la inundó y la envolvió de nuevo, haciéndola perder la cordura mientras el cataclismo explotaba en su interior. Ella gritó al sentir un placer tan brutal que le dejó la mente en blanco, le oprimió la garganta y casi consiguió que el mundo desapa¬reciera. Un momento después, Nick eyaculó en lo más profundo de su cuerpo.
Maldita sea, se habían vuelto a olvidar del condón.
_________ cerró los ojos. No podía pensar ahora en eso. No podía pensar en nada... salvo en que Nicholas la había arruinado para cualquier otro hombre y en que había creado un conveniente abismo entre ellos dos utilizando una inexistente relación con Zac.
Iba a ser ella la que tuviera que detener aquello. _________ ya no podía seguir «sólo follando» con él. Le destrozaba el corazón.
Sin esperar a que Nick se moviera, ella se escurrió bajo el cuerpo de él, y se levantó con las piernas temblorosas. Sin decir palabra, cruzó la estancia y buscó en los cajones un sujetador limpio y otro top, notando en todo momento la mirada de Nicholas clavada en la es¬palda.
Y cuanto más pensaba _________ en lo que acababa de ocurrir, más enfadada estaba.
Salir de allí ya no era una elección, sino una necesidad. Tenía que pensar. Sola. Antes de que él volviera a nublarle la razón y consi¬guiera que lo deseara de nuevo. En esos momentos se sentía una rubia tonta sin pizca de cerebro. ¿Cómo podía dejar que Nicholas tuviera tal control sobre su cuerpo cuando resultaba evidente que la consideraba tan poca cosa? Lo que compartían era una llama viva, abra¬sadora y destructiva. Y _________ no podía estar en medio del fuego sin quemarse.
Miró a Nicholas, sostuvo con firmeza la ropa limpia contra el pecho y apretó los dientes.
—Esto es todo, Nicholas. Es... —Se apartó, negándose a llorar frente a él—. Ya no puedo aguantarlo más.
—_________, yo... lo siento. Estaba enfadado y... —graznó en el si¬lencio, poniéndose rápidamente en pie con el pantalón desbrochado y la camisa cerrada—. ¿Te he hecho daño?
—¿Tú qué crees? —le preguntó con sarcasmo—. No hay nadie más que tú. No me acuesto con Zac, pero tú te niegas a creerme. Aunque tampoco tiene importancia. No me quieres para ti, pero tampoco quieres que me tenga él. Me haces sentir como un hueso que deseen dos perros al mismo tiempo, y no porque signifique algo para ti, sino porque tienes que buscar alguna excusa que te permita seguir considerándome una prostituta. No pienso seguir aguantando toda esta mierda.
—Eso no es verdad. Me haces sentir cosas que...
Nick se pasó las manos por el pelo, buscando las palabras.
«Excusas —pensó ella—. Pero ya no más.»
—Hasta aquí hemos llegado. No pienso soportarlo más. Le diré a Sadie que me lleve a casa a las cuatro. Será mejor que no estés allí cuando llegue. Y puesto que tanto el restaurante como el club están cerrados los domingos, no quiero volver a verte hasta el lunes. ¿En¬tendido? No quiero hablar contigo ni que me vuelvas a tocar.
Nick aún no había dicho ni una sola palabra cuando ella desapa¬reció en el cuarto de baño. Aquel silencio hizo que se le volviera a romper el corazón. Las lágrimas hacían que le picaran los ojos. Man¬tenía todo lo que le había dicho, pero una parte de _________ deseaba importarle lo suficiente como para que luchara por ella. Pero no iba a ser así. Tenía que dejar de pensar esas cosas. A los quince años aprendió que los cuentos de hadas eran mentira. ¿Por qué había ol¬vidado aquella valiosa lección?
Después de asearse, se puso un tanga limpio y se cepilló el pelo, maravillándose de la imagen de la mujer ruborizada de labios hin¬chados que le devolvía el espejo. Se había enamorado por primera vez en su vida. Qué experiencia más miserable.
Volviéndole la espalda al espejo, pasó con rapidez junto a Nick y se dirigió a la puerta. Él la siguió.
—Siento haberte hecho daño, no quería hacerlo. —El arrepen¬timiento ensombrecía su cara y parecía inseguro y contrito al mismo tiempo.
—¿Hacer qué? ¿El gilipollas? ¿Has pensado alguna vez en volver a verme después del jueves?
En la cara de Nick apareció una expresión de culpabilidad. Apartó la mirada.
—No.
_________ sintió que el dolor la inundaba de nuevo.
—Ya me he hartado de que me trates como a un felpudo. Ya que tienes tantas ganas de considerarme una mujerzuela... no te costará nada olvidarme.
Dicho eso, le dio la espalda y salió dando un portazo. En cuanto abandonó el dormitorio, las lágrimas comenzaron a rodarle por las mejillas. Nunca más. Después de que se fuera jamás volvería a poner los ojos en él. Sería lo mejor, a pesar de que la había tratado con des¬precio, si lo veía de nuevo, se derretiría a sus pies. Suplicaría su afecto.
Maldita sea, se negaba a caer en la tentación de postrarse ante nadie, en especial ante un hombre que no la apreciaba.
Recorrió el pasillo, bajó la escalera y se ocultó detrás del perchero.
—¿_________?
Oyó que Sadie la llamaba, pero ahora no podía responderle. Le¬vantó una mano y corrió a su despacho, donde abrió la puerta y la cerró de golpe antes de encender la luz.
Apretó los párpados para contener las lágrimas, se dirigió al sillón y se dejó caer en él. Un segundo y un sollozo después, abrió los ojos para coger un pañuelo de papel.
Peter estaba ante ella.
Y parecía muy cabreado.











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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Marzo 29th 2012, 21:46



















Próximamente en Riquísimo:





X—Sólo puedo decir que lo siento. Me limitaré a cocinar en el restaurante y me mantendré alejado hasta que me vaya el jueves.



X—Lo que cualquiera que tenga ojos. Es obvio por la manera en la que os miráis. Además, estuve en el piso de arriba, justo delante de la puerta, hace veinte minutos, cuando te estaba follando. Cariño... —Sonrió y se desabrochó los vaqueros—. Yo lo haré mejor.



Negando con la cabeza, él se irguió y siguió intentando penetrarla. Justo entonces, la puerta se abrió de golpe.



X—Zac —gimió con la voz ronca.



X—¿Qué? ¿Jodiéndole la vida a otra mujer?



Alguien había violado a _________ cuando era una adolescente.


X—Nadie —respondió X—. No tiene familia. La traje...


Había llegado el momento. Sólo faltaba una palabra. Era todo lo que tenía que decir. «Adiós.» Entonces podría irse, dejarla descansar y, finalmente, rehacer su vida.



Emily le brindó una amplia sonrisa.



Cuando estuvo a unos metros, _________ miró a Emily y luego a él.
X —¿Tu novia?
X —Sí —respondió Emily con rapidez.



X -Estoy embarazada.
Nicholas se echó hacia atrás impulsivamente. Parpadeó y se la quedó mirando.



X —¿Quieres que me case con Zac?



X —No. Quiero que te cases conmigo.











Y eso es todo. Por ahora.
Recuerden "Lo que no mata, te hace fuerte"






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MensajeTema: Re: Riquísimo (Nick&Tú)   Hoy a las 17:27

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Riquísimo (Nick&Tú)
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