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 CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush

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vanesa
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MensajeTema: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 9th 2011, 18:34

holaaaaaaa pasenn comentenn aca les dejo el sinopsis y el primer capitulo comenten!!
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 9th 2011, 18:36

Sinopsis: ¿Te atreves a sentir la química entre ___ y Joe? A pesar de su fascinante relación con Joe y de haber sobrevivido a un intento de asesinato, la vida de ___ dista mucho de ser perfecta. Joe está empezando a alejarse y ___ no sabe si es por su bien o porque cada vez está más interesado en su archienemiga Miley Millar.

Además, una serie de imágenes sobre su padre la acosan de manera recurrente. A medida que ___ se sumerge en el misterio de su muerte, comienza a sospechar que su sangre nefilim puede estar relacionada con el asunto. Pero Joe no le da ninguna respuesta, por lo que ella decide investigar por su cuenta, arriesgándose hasta el límite. ¿Qué verdad se esconde detrás de la muerte de su padre? ¿Puede contar con Joe o éste le oculta secretos más oscuros de lo que ella imagina? Una novela de amor, intriga trepidante y ángeles diabólicamente seductores.

---------------
comenten mañana subo capiii


Última edición por vanesa el Noviembre 9th 2011, 18:43, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 9th 2011, 18:36

Ponlo! yo no heleido Hush Hush pero pon el cap!
se ve buena
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liz_anasstazia
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 10th 2011, 08:15

http://www.facebook.com/liz.landeros

Vane agregame a faceboook plis Very Happy
asi hablamos x ahi no nos conocemos tanto
y sin embargo me siento cercana a ti por la nove
en fin
te dare mi siempre sincera opinion
AME LA NOVE ANTERIOR, Y me siento INTRIGADISIMA por esta
necesito saber que pasa
pero porfis
antes de que empiece lo triste
HAZ CAPITULOS ROMANTICOS PREVIOS
Asi dara pena que se alejen po
y esa Miley MILLAR la odio 88
ya me hizo la vida imposible antes 88
pero ella no habia tenido un accidente???
ah y lo otro
plis que tenga un final feliz??o almenos no me haga llorar a mares Sad
esque han sufrido tanto que merecen ser felices
tu siempre fiel lectora Liz Very Happy
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 11th 2011, 17:45

heeey Vaane ya volvi! Mil perdones por desaparecerme Sad pero ahora si pasare absolutamente todos los dias por tu nove para ir al corriente y ya sabes que aqui me tienes como fiel lectora <3 siguela!
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liz_anasstazia
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 11th 2011, 20:08

Coool
volvio tu fan club vane xD plis sube Very Happy
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 11th 2011, 21:30

woooa jaja hasta a un fanclub pertenecemos! Yaaay siguela! Wink
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 19th 2011, 05:18

hoolaaa chicas aca les dejoo 2 capiss mas tarde usbo otroo no te preocupes rebecca esta todo bien
bueno primero les dejo el prologo y despues los 2 capituloss


PROLOGO

Coldwater, Maine
Hace Catorce Meses

Los espinosos dedos del árbol de manzana arañaban el cristal de la ventana
detrás de Harrison Grey(tu papa), moviendo las orejas de su perro como si fueran
hojas. Ya no era capaz de leer a través del estruendo. Un viento furioso de
primavera se había lanzado contra la casa durante toda la noche, gritando
y silbando, haciendo que las persianas se golpearan contra el listón con un
repetitivo ¡bang! ¡bang! ¡bang! El calendario quizá había cambiado a marzo, pero
Harrison sabía que no debía pensar que la primavera estaba en camino. Con una
tormenta soplando, él no se sorprendería de encontrar el campo de hielo
congelado y blanco por la mañana.
para ahogar el grito agudo del viento, Harrison golpeó el mando a distancia,
apareciendo Ombra mai fu de Bononcini. Luego puso otro leño al fuego,
preguntándose, no por primera vez, si hubiera comprado la casa de haber sabido
la cantidad de combustible que necesitaba para mantener cálido este cuarto, por
no hablar de los otros nueve.

El teléfono sonó.

Harrison lo tomó a la mitad del segundo timbre, esperando oír la voz de la mejor
amiga de su hija, que tenía la mala costumbre de llamar a última hora de la noche
para preguntar por los deberes.
Una respiración rápida y superficial sonaba en su oído antes de que una voz
rompiera el silencio.

—Tenemos que verte. ¿Cómo de pronto puedes estar aquí?
La voz flotó para Harrison, como un fantasma de su pasado, dejándole los huesos
helados. Había pasado un largo tiempo desde que había oído la voz y lo que
escuchaba ahora sólo podía significar que algo había salido mal. Terriblemente
mal. Se dio cuenta de que la mano con la que sostenía el teléfono estaba cubierta
de sudor, y su postura rígida.
—Una hora —respondió rotundamente.

Tardó en colgar el auricular. Cerró los ojos, su mente viajaba sin querer volver.
Hubo una vez, hace quince años, cuando se quedó paralizado al escuchar el
timbre del teléfono, los segundos golpeando como tambores mientras esperaba
la voz en el otro extremo. Con el tiempo, con un pacífico año sustituido por otro,
él finalmente se convenció de que era un hombre que tenía que correr más
rápido que los secretos de su pasado. Era un hombre que vivía una vida normal,
un hombre con una hermosa familia. Un hombre sin nada que temer.
En la cocina, de pie sobre el fregadero, Harrison se sirvió un vaso de agua y lo
arrojó hacia atrás. En completa oscuridad, y su reflexión le devolvió la mirada
L
desde la ventana del frente. Harrison asintió con la cabeza, como para decirse a sí
mismo que todo estaría bien. Pero sus ojos estaban cargados de mentiras.
Se aflojó la corbata para aliviar la tensión en su interior que parecía estirar su
piel, y se sirvió una segunda copa. El agua nadaba con inquietud dentro de él,
amenazando con volver arriba. Dejó el vaso en la pila del fregadero, buscó las
llaves del coche en el mostrador, vacilante, como si fuera a cambiar de opinión.
Harrison acercó el coche a la acera y apagó los faros. Sentado en la oscuridad,
fumando, vio la hilera de casas de ladrillo destartalado de los barrios bajos de
Portland. Hacía muchos años —quince para ser exactos—desde que había puesto
los pies en el barrio, y confiando en su memoria oxidada, no estaba seguro de
que estuviera en el lugar correcto. Abrió la guantera y sacó un trozo de hojas de
papel amarillentas. Monroe 1565. Estaba a punto de girar el coche, pero el
silencio en las calles le molestaba. Al tocar debajo de su asiento, sacó un revólver
Smith & Wesson cargado y lo guardó en la cintura de sus pantalones en la parte
baja de la espalda. No había apuntado un arma de fuego desde la universidad, y
nunca fuera de un campo de tiro. La idea sólo clara en su cabeza palpitaba
esperando que aún pudiera decir lo mismo en una hora.
Las tapas de los zapatos de Harrison sonaban con fuerza en el pavimento desierto,
pero no hizo caso al sonido, eligiendo en su lugar centrar su atención en las
sombras proyectadas por la luna plateada. Encogiéndose más en su abrigo, pasó
los estrechos patios de tierra encajonada por vallas metálicas, las casas más allá
estaban a oscuras y en un inquietante silencio. Dos veces había sentido como si lo
estuvieran siguiendo, pero cuando miró hacia atrás, no había nadie.
En el 1565 de Monroe, se alejó de la puerta y voló en círculos en torno a la parte
trasera de la casa. Llamó una vez y vio una sombra detrás moviendo las cortinas
de encaje.
La puerta estaba agrietada.
—Soy yo —dijo Harrison, manteniendo la voz baja.
La puerta se abrió apenas lo suficiente para admitirlo.
—¿Te han seguido? —le preguntó.
—No.
—Ella está en problemas.
El corazón de Harrison se aceleró.
—¿Qué tipo de problemas?
—Una vez que cumpla los dieciséis años, él vendrá por ella. Necesitas llevártela
lejos. En alguna parte donde nunca pueda encontrarla.
Harrison sacudió la cabeza.
—No entiendo…
Fue cortado por una mirada amenazante.
—Cuando hicimos este acuerdo, te dije que habría cosas que no podías entender.
Dieciséis años es una maldición… en mi mundo. Eso es todo lo que necesitas
saber —concluyó bruscamente.

Los dos hombres se miraban uno a otro, hasta que al final Harrison asintió
cauteloso con la cabeza.
—Hay que cubrir sus pistas —le dijeron—. Dondequiera que vayas, tienes que
empezar de nuevo. Nadie puede saber que provenía de Maine. Nadie. Nunca
dejarán de buscarla. ¿Entiendes?
—Entiendo. —«Pero, ¿su esposa? ¿Podría _____?»
La visión de Harrison se adaptó a la oscuridad, y observó con curiosa
incredulidad que el hombre de pie delante de él no parecía haber envejecido ni
un día desde su última reunión. De hecho, no había envejecido ni un día desde la
universidad, cuando se conocieron como compañeros de cuarto y se convirtieron
en amigos rápidamente. «¿Un truco de las sombras?», Harrison se preguntó. No
había nada más a qué atribuirlo. Una cosa había cambiado, sin embargo. Había
una pequeña cicatriz en la base de la garganta de su amigo. Harrison tomó una
mirada más cercana a la desfiguración e hizo una mueca. Una quemadura, alzada
y brillante, apenas más grande que un cuarto. Era la forma de un puño cerrado.
Para su sorpresa y horror, se dio cuenta de que su amigo había sido marcado.
Como ganado.
Su amigo sintió la dirección de la mirada de Harrison, y sus ojos se volvieron de
acero, a la defensiva.
—Hay gente que me quiere destruir. Que quieren desmoralizar y
deshumanizarme. Junto con un amigo de confianza, he formado una sociedad.
Más miembros están poniéndose en marcha todo el tiempo. —Se detuvo a mitad
de la respiración, como si no estuviera seguro de cuánto más debía decir,
entonces terminó bruscamente—. Nosotros, los de la sociedad, estamos
organizados para darnos protección, y he jurado lealtad a ella. Si me conoces tan
bien como lo hiciste alguna vez, sabes que voy a hacer lo que sea necesario para
proteger mis intereses. —Hizo una pausa y añadió casi ausente—. Y mi futuro.
—Ellos te marcaron —dijo Harrison, esperando que su amigo no detectara la
repulsión que se estremecía a través de él.
Su amigo simplemente lo miró.
Después de un momento Harrison asintió con la cabeza, señalando que entendía,
aunque él no lo aceptaba. Cuanto menos supiera, mejor. Su amigo lo había
dejado claro muchas veces.
—¿Hay algo más que pueda hacer?
—Sólo mantenerla a salvo.
Harrison se ajustó las gafas hasta el puente de la nariz. Comenzó con torpeza.
—No pensé que te gustaría saber que está creciendo sana y fuerte. La llamamos
(empezo a decir el nombre pero lo interrumpio)__…
—No quiero que me recuerdes su nombre —su amigo interrumpió severamente—
. He hecho todo lo que está en mi poder para acabar con ella en mi mente. No
quiero saber nada de ella. Quiero que mi mente esté limpia de cualquier rastro
de ella, así que no tengo nada que dar a ese bastardo. —Le dio la espalda, y
Harrison tomó el gesto en el sentido de que la conversación había terminado.
Harrison se detuvo un momento, con tantas preguntas en la punta de la lengua,
pero al mismo tiempo, sabiendo que nada bueno resultaría de esto. Reprimiendo

su necesidad de dar sentido a este mundo de tinieblas en donde su hija no había
hecho nada para merecerlo, se alejó.
Había caminado sólo media manzana cuando una bala atravesó la noche.
Instintivamente Harrison cayó al suelo y se volvió. Su amigo. Un segundo disparo
fue despedido, y sin pensarlo, corrió en una carrera de muerte de vuelta hacia la
casa. Empujó a través de la puerta y corrió alrededor del patio lateral. Había
recorrido casi la última curva cuando las voces discutiendo le hicieron detenerse.
A pesar del frío, estaba sudando. El patio estaba envuelto en la oscuridad, y
avanzó a lo largo del muro del jardín, cuidando de no patear las piedras sueltas,
hasta la puerta de atrás que estaba a la vista.
—Última oportunidad —dijo una suave y tranquila voz que Harrison no reconoció.
—Vete al infierno —escupió su amigo.
Una tercera bala. Su amigo rugió de dolor, y el tirador habló de nuevo.
—¿Dónde está?
El martilleo del corazón de Harrison le indicaba que tenía que actuar. Otros cinco
segundos y podría ser demasiado tarde. Deslizó la mano al final de su espalda y
sacó la pistola. Entregándose a su constante control, se dirigió hacia la puerta, se
acercó al tirador de pelo oscuro por detrás. Harrison vio a su amigo más allá del
tirador, pero cuando hizo contacto visual, la expresión de su amigo estaba llena
de alarma.
«¡Vete!»
Harrison escuchó la orden de su amigo tan fuerte como una campana, y por un
momento creyó que había gritado en voz alta. Pero cuando el tirador no giró
alrededor sorprendido, Harrison se dio cuenta de lo confusamente fría que había
sonado la voz de su amigo dentro de su cabeza.
«No», Harrison pensó en silencio con un movimiento de su cabeza, su sentido de
lealtad prevalecía sobre lo que no podía comprender. Éste era el hombre con el
que había pasado cuatro de los mejores años de su vida. El hombre que le
presentó a su esposa. Él no iba a dejarlo aquí, en las manos de un asesino.
Harrison apretó el gatillo. Oyó el ensordecedor disparo y esperó a que el tirador
se cayera. Harrison le disparó otra vez. Y otra.
El joven de cabello oscuro se volvió lentamente. Por primera vez en su vida,
Harrison se encontraba realmente asustado. Tenía miedo del joven de pie delante
de él, pistola en mano.
Miedo de la muerte. Miedo de qué sería de su familia.
Sintió los disparos rasgar a través de él con un fuego abrasador que parecía
romperse en mil pedazos. Se dejó caer de rodillas. Vio el rostro de su esposa a
través de su visión borrosa, seguido por su hija. Abrió la boca, con sus nombres
en los labios, y trató de encontrar una manera de decir lo mucho que las amaba
antes de que fuera demasiado tarde.
El joven tenía las manos sobre Harrison ahora, lo arrastró hacia el callejón en la
parte trasera de la casa. Harrison podía sentir la conciencia dejándolo mientras
luchaba sin éxito para conseguir sus pies debajo de él. No podía dejar a su hija.

No habría nadie que la protegiera. Este tirador de pelo negro la buscaría y, si su
amigo tenía razón, la mataría.
—¿Quién eres? —preguntó Harrison, las palabras causaron que el fuego se
propagara a través de su pecho.
Se aferró a la esperanza de que todavía había tiempo. Tal vez podría advertir a
Nora desde el otro mundo… un mundo que se acercaba a él como una caída de
mil plumas pintadas de negro.
El joven observó a Harrison por un momento antes de que la más débil de las
sonrisas rompiera la expresión de duro hielo.
—Usted pensó mal. Es, definitivamente, demasiado tarde.
Harrison alzó bruscamente la cabeza, sorprendido de que el asesino hubiera
adivinado sus pensamientos, y no pudo evitar preguntarse cuántas veces el joven
había estado en esta misma posición antes de adivinar los pensamientos finales
de un moribundo. No pocas.
Como para demostrar hasta qué punto había practicado, el joven apuntó con el
arma sin un solo temblor de vacilación, y Harrison se encontró mirando el cañón
del arma. La luz del disparo estalló, y fue la última imagen que vio.
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 19th 2011, 05:40


CAPITULO 1

Delphic Beach, Maine
Día presente


Joe estaba parado detrás de mí, sus manos en mis caderas, su cuerpo
relajado. Él medía un metro ochenta y dos centímetros de alto y tenía un
delgado y atlético cuerpo que incluso los jeans holgados y la camiseta no
podían ocultar. El color de su cabello hacía que la medianoche perdiera su
dinero, con ojos que combinaban. Su sonrisa era sexy y advertía problemas, pero
decidí que no todos los problemas eran malos. Por encima de nosotros, los fuegos
artificiales iluminaban el cielo nocturno, lloviendo corrientes de colores en el
Atlántico.
La multitud hacía ohs y ahs. Era un Junio tardío, y Maine estaba saltando hacia el
verano con ambos pies, celebrando el comienzo de dos meses de sol, arena y
turistas con los bolsillos llenos. Yo estaba celebrando dos meses de sol, arena y
una cantidad de tiempo exclusivo con joe. Me inscribí en un curso de escuela
de verano —química— y tenía toda la intención de dejar que joe monopolizara
el resto de mi tiempo libre.
El departamento de bomberos se estaba encargando de los fuegos artificiales en
un muelle que no podría estar más lejos de doscientos metros de la playa donde
nosotros estábamos parados, y sentí el bramido de cada vibración en la arena
debajo de mis pies. Las olas chocaban en la playa justo debajo de la colina, y la
música del carnaval tintineaba a todo volumen. El olor de algodón de azúcar,
palomitas de maíz y carne caliente colgaba espesamente en el aire, y mi
estómago me recordó que no había comido desde el almuerzo.
—Voy a buscar una hamburguesa de queso —le dije a joe—. ¿Quieres algo?
—Nada de lo que está en el menú.
Sonreí.
—¿Por qué, joe, estás coqueteando conmigo?
Él besó la cima de mi cabeza.
—Todavía no. Yo iré a por tu hamburguesa con queso. Disfruta del resto de los
fuegos artificiales.
Enganché una de las tiras de su cinturón para detenerlo.
—Gracias, pero ya la pido yo. No puedo soportar la culpa.
Enarcó sus cejas con interrogación.
—¿Cuándo fue la última vez que la chica en el puesto de hamburguesa te dejó
pagar por comida?

—Ha pasado tiempo.
—Nunca ha pasado. Quédate aquí. Si te ve, pasaré el resto de la noche con una
consciencia culpable.
Joe abrió su billetera y sacó un billete de veinte.
—Déjale una buena propina.
Fue mi turno de enarcar las cejas.
—¿Estás tratando de redimirte por todas esas veces que tomaste comida gratis?
—La última vez que pagué, ella me persiguió y empujó el dinero en mi bolsillo.
Estoy intentando evitar otro toque.
Sonaba como si fuera inventado, pero conociendo a joe, probablemente fuera
verdad.
Busqué el final de una larga fila que le daba la vuelta al puesto de hamburguesas,
y lo encontré cerca de la entrada del carrusel interno. Juzgando por el tamaño de
la fila, estimaba que esperaría unos quince minutos sólo para hacer mi pedido.
Había sólo un puesto de hamburguesas en toda la playa. Se sentía anti-americano.
Después de unos pocos minutos de espera sin descanso, eché la que debería
haber sido mi décima mirada aburrida cuando vi a Miley Millar parada dos
puestos detrás de mí. Miley y yo habíamos ido a la escuela juntas desde el jardín
de infancia, y los once años desde entonces, había visto más de ella de lo que me
importaría recordar. En la secundaria, el usual Modus Operandi de Miley fue
robar mi sostén de mi taquilla del gimnasio y pegarlo en el tablón de anuncios
que estaba fuera de la oficina principal, pero ocasionalmente era creativa y lo
usaba como centro de mesa en la cafetería… llenando ambas copas con pudin de
vainilla y encabezadas con cerezas al marrasquino1. Elegante, lo sé. Las faldas de
Miley eran dos tallas demasiado pequeñas y cinco centímetros demasiado
cortas. Su cabello era rubio fresa, y ella tenía la figura de una paleta de helado2…
moldeada por ambos lados y prácticamente desaparecería. Si hubiera un
pizarrón manteniendo la pista de los triunfos y derrotas entre nosotras, estaba
bastante segura de que Marcie tenía el doble de mi puntuación.
—Hey —dije, atrapando su mirada sin querer y no viendo ningún camino de
alejarme de su mínimo saludo.
—Hey —dijo de vuelta en lo que parecía ser un tono cortés.
Ver a Miley en Delphic Beach esta noche era como jugar a ¿Qué está mal con
esta foto?
El padre de Miley era dueño de la agencia de Toyota en Coldwater, su familia
vivía en un vecindario de lujo a un lado de la colina, y los Millar estaban
orgullosos de ser los únicos ciudadanos de Coldwater que eran bienvenidos en el
Club de Yates Harraseeket. En este mismo momento, los padres de Marcie
probablemente estaban en Freeport, corriendo veleros y pidiendo salmón. En
contraste, Delphic era una playa ordinaria. El pensamiento de un club de yates
era cómico.
El único restaurante venía en forma de un puesto de hamburguesas hecho de
madera donde podías elegir entre salsa de tomate o mostaza. En un buen día, las
patatas fritas eran ofrecidas con la mezcla. El entretenimiento se inclinaba entre
fuertes arcadas y coches de choque, y después de oscurecer, el estacionamiento
era conocido por oler más a drogas que una farmacia. No es el tipo de atmósfera
a la que el Sr. y la Sra. Millar les gustaría que su hija se contaminara a sí misma.
—¿Nos podríamos mover más lento, gente? —le gritó Marcie a la fila—. Algunos
de nosotros nos estamos muriendo de hambre aquí atrás.
—Solo hay una persona trabajando en el mostrador —le dije.
—¿Y entonces? Deberían contratar a más personas. Oferta y demanda.
Dado su promedio de notas, Miley era la última persona que debería estar
recitando economía.
Diez minutos después hice un progreso, y me paré lo suficientemente cerca del
puesto de hamburguesas para leer la palabra MOSTAZA escrita con Marcador
Mágico negro en la común botella amarilla con tapa de jeringa. Detrás de mí,
Miley hizo todo el asunto de cambiar-de-peso-entre-la-arena-suspirando.
—Estoy famélica con F mayúscula —se quejó.
El tipo delante de mí en la fila pagó y cargó su comida.
—Una hamburguesa con queso y una Coca-cola —le dije a la chica trabajando en
el puesto.
Mientras ella iba a la parrilla haciendo mi pedido, me volví hacia Miley.
—Entonces, ¿con quién estás aquí? —No me importaba particularmente con quién
había venido, especialmente porque no compartíamos ningún amigo, pero mi
sentido de cortesía sacó lo mejor de mí.
Además, Miley no me había hecho nada abiertamente grosero en semanas. Y
estuvimos paradas en relativa paz los últimos quince minutos. Tal vez este era el
comienzo de una tregua. Que se quede en el pasado y todo eso.
Ella bostezó, como si hablar conmigo fuera más aburrido que esperar en una fila
y mirar las nucas de las cabezas de la gente.
—Sin ofender, pero no estoy de humor conversador. He estado en esta fila por lo
que se ha sentido como cinco horas, esperando a una chica incompetente que
obviamente no puede cocinar dos hamburguesas al mismo tiempo. —La chica
detrás del mostrador tenía la cabeza agachada, concentrándose en pelar carnes
de hamburguesa preparadas del papel encerado, pero sabía que ella lo había
escuchado.

Probablemente odiaba su trabajo. Probablemente escupía secretamente en las
carnes de hamburguesa cuando se daba la vuelta. Yo no estaría sorprendida si al
final de su turno, fuera a su coche y llorara.
—¿A tu padre no le molesta que estés pasando el rato en Delphic Beach? —le
pregunté a Miley, estrechando mis ojos muy ligeramente—. Podría empañar la
estimable reputación de la familia Millar. Especialmente ahora que tu padre fue
aceptado en el Club de Yates Harraseeket.
La expresión de Marcie se enfrió.
—Me sorprende que a tu padre no le importe que estés aquí. Oh, espera. Es
cierto. Está muerto.
Mi primera reacción fue de sorpresa. Mi segunda fue de indignación por su
crueldad. Un nudo de ira se hinchó en mi garganta.
—¿Qué? —razonó ella con un encogimiento de hombros—. Está muerto. Es un
hecho. ¿Quieres que mienta sobre los hechos?
—¿Qué te he hecho?
—Naciste.
Su completa falta de sensibilidad me sacudió de mis casillas… tanto que ni
siquiera tuve una respuesta a su insulto. Arrebaté mi hamburguesa de queso y
Coca-Cola del mostrador, dejando el billete de veinte en su lugar. Quería
desesperadamente apresurarme e ir hacia joe, pero esto era entre Miley y yo.
Si aparecía ahora, una mirada a mi rostro le diría a joe que algo estaba mal. No
necesitaba arrastrarlo a esto. Tomando un momento a solas para recobrarme a mí
misma, encontré un banco a la vista del puesto de hamburguesas y me senté lo
más elegantemente que pude, no queriendo darle a Miley el poder de arruinar
mi noche. La única cosa que podía hacer que este momento fuera peor era saber
que ella me estaba viendo, satisfecha de haberme metido en un pequeño agujero
negro de auto-compasión. Tomé un mordisco de mi hamburguesa de queso, pero
tuve un mal sabor en la boca. Todo en lo que podía pensar era en carne muerta.
Vacas muertas. Mi propio padre muerto.
Tiré la hamburguesa de queso en la basura y seguí caminando, sintiendo a las
lágrimas deslizarse por la parte de atrás de mi garganta.
Abrazando mis brazos apretadamente a mis codos, me apresuré hacia la cabaña
de los baños en el borde del estacionamiento, esperando lograr llegar detrás de
la puerta de una caseta antes de que las lágrimas empezaran a caer. Había una
línea goteando constantemente fuera del baño de mujeres, pero bordeé mi
camino a través de la puerta y me posicioné a mí misma enfrente de uno de los
espejos cubiertos de suciedad. Incluso debajo de la bombilla de bajo voltaje,
podía decir que mis ojos estaban rojos y vidriosos.
Humedecí una toalla de papel y la presioné contra mis ojos. ¿Cuál era el
problema de Miley? ¿Qué le había hecho que fuera lo suficientemente cruel
como para merecer esto? Haciendo unas cuantas respiraciones tranquilizadoras,
cuadré mis hombros y construí una pared de ladrillos en mi mente, colocando a
Marcie en el lado más lejano de ella. ¿Qué me importaba lo que ella dijera? Ni
siquiera me caía bien. Su opinión no significaba nada. Ella era ruda y sólo estaba
interesada en atacar debajo del cinturón. No me conocía, y definitivamente no
conocía a mi padre.


Llorar por cualquier palabra que saliera de su boca era un desperdicio.
«Supéralo», me dije a mí misma.
Esperé hasta que el borde enrojecido de mis ojos se desvaneció antes de dejar el
baño. Vagué por la multitud, buscando a joe, y lo encontré en uno de los juegos
de lanzar la pelota, con su espalda hacia mí. Rixon estaba a su lado,
probablemente apostando dinero en la inhabilidad de joe de golpear un único
pin de boliche. Rixon era un ángel caído que tenía una larga historia con joe, y
sus vínculos corrían profundos hasta el punto de ser una hermandad. joe no
dejaba que mucha gente entrara en su vida, y confiaba en incluso menos
personas, pero si había alguien que conocía todos sus secretos, ése era Rixon.
Hasta hace dos meses, Joe también había sido un ángel caído. Luego él salvó mi
vida, ganando sus alas de nuevo, y se convirtió en mi ángel guardián. Se supone
que ahora jugaba para los chicos buenos, pero yo sentía secretamente que su
conexión con Rixon, y el mundo de los ángeles caídos, significaba más para él. E
incluso aunque no quería admitirlo, sentía que se arrepentía de la decisión de los
arcángeles de hacerlo mi guardián. Después de todo, eso no era lo que él quería.
Él quería convertirse en humano.
Mi móvil sonó, sacándome de mis pensamientos. Era el tono de llamada de mi
mejor amiga, Vee, pero dejé que el buzón de voz tomara su llamada. Con un
apretón de culpa, vagamente noté que era la segunda llamada de ella que evitaba
hoy. Justifiqué mi culpa con el pensamiento de que verla sería la primera cosa
que haría mañana. A Joe, por otro lado, no lo vería de nuevo hasta mañana por
la tarde. Planeaba disfrutar cada minuto que tuviera con él.
Lo observé tirar la pelota a una mesa con seis pines de bolos prolijamente
alineados, mi corazón se agitó un poco cuando su camiseta se deslizó por su
espalda, revelando una raya de piel. Sabía por propia experiencia que cada
centímetro de él era músculo definido y duro. Su espalda era suave y perfecta
también, las cicatrices de cuando cayó fueron remplazadas con alas… alas que
yo, los humanos, no podíamos ver.
—Cinco dólares a que no puedes hacerlo de nuevo —dije, apareciendo detrás de
él.
Joe miró hacia atrás y sonrió.
—No quiero tu dinero, Ángel.
—Hey, ahora, nenes, vamos a mantener esta discusión en un rango que no
implique solo-besos —dijo Rixon.
—Todos los tres pines restantes —reté a Joe.
—¿De qué clase de premio estamos hablando? —preguntó él.
—Demonios —dijo Rixon—. ¿Esto no puede esperar hasta que estéis solos?
Joe me dio una sonrisa secreta, luego cambió su peso hacia atrás, acunando la
pelota contra su pecho. Lanzó su hombro derecho, estiró su brazo, y envió la
pelota volando lo más fuerte que pudo. ¡Hubo un ruidoso estallido! Y los tres
pines restantes se dispersaron de la mesa.

—Sí, estás en problemas, chica —me gritó Rixon por encima de la conmoción
causada por un montón de espectadores, que le estaban aplaudiendo y silbando
a Joe.
Joe se inclinó hacia atrás contra la cabina y me arqueó las cejas. El gesto lo
decía todo: «Págame.»
—Tuviste suerte —dije.
—Estoy a punto de tener suerte.(5 Estoy a punto de tener suerte: En el original “I’m about to get lucky.‖ Es una expresión que en
inglés significa, esencialmente, estar a punto de tener sexo.)

—Escoge un premio —le gritó el anciano encargado de la cabina a Joe,
agachándose para recoger los pines que habían caído.
—El oso morado —dijo joe, y aceptó un osito horrible con una espesa piel
morada. Él lo sostuvo para mí.
—¿Para mí? —dije, presionando una mano contra mi corazón.
—Te gustan los rechazados. En el supermercado, siempre eliges las latas
abolladas. Estuve prestando atención. —Él enganchó sus dedos en la banda de la
cintura de mis jeans y me empujó más cerca de él—. Salgamos de aquí.
—¿Qué tienes en mente? —Pero estaba completamente caliente y agitada por
dentro, porque sabía exactamente lo que él tenía en mente.
—Tú casa.
Sacudí mi cabeza.
—No va a pasar. Mi madre está en casa. Podríamos ir a tu casa —insinué.
Habíamos estado juntos dos meses, y todavía no sabía dónde vivía joe. Y no era
por falta de intentos. Dos semanas en una relación parecían ser lo suficientemente
largas para ser invitada a ir, especialmente porque joe vivía solo. Dos meses
parecía ser excesivo. Estaba intentando ser paciente, pero mi curiosidad seguía
interponiéndose en el camino. No sabía nada acerca de los privados e íntimos
detalles de la vida de joe, como el color de pintura de sus paredes. Si su
abridor de latas era electrónico o manual. La clase de jabón con la que se bañaba.
Si sus sábanas eran de algodón o de seda.
—Déjame adivinar —dije—. Vives en un componente secreto enterrado por
debajo de la ciudad.
—Ángel.
—¿Ahí hay platos en el lavabo? ¿Ropa interior sucia en el suelo? Es mucho más
privado que mi casa.
—Es cierto, pero la respuesta todavía es no.
—¿Rixon ha visto tu casa?
—Rixon necesita conocerla.
—¿Yo no necesito conocerla?
Su boca se torció.
—Hay un lado oscuro que no necesitas conocer.

—Si me lo muestras, ¿tendrás que matarme? —adiviné.
Él envolvió sus brazos alrededor de mí y besó mi frente.
—Lo suficientemente cerca. ¿A qué hora es tu toque de queda?
—A las diez. La escuela de verano empieza mañana.
Eso, y que mi madre prácticamente había tomado un trabajo de media jornada
buscando oportunidades de lanzar el cuchillo entre joe y yo. Si hubiera salido
con Vee, podía decir con absoluta certeza que mi toque de queda se habría
alargado hasta las diez y media. No podía culpar a mi madre por no confiar en
joe, hubo un punto en mi vida en que yo me sentía similar, pero hubiera sido
extremadamente conveniente si lo hiciera ahora y luego relajara su vigilancia.
Como, digamos, esta noche. Además, nada me va a pasar. No con mi ángel
guardián parado a centímetros de mí.
Joe miró su reloj.
—Es hora de irnos.
A las 10:04, Patch hizo una vuelta en U enfrente de la granja y aparcó cerca del
buzón de correo. Apagó el motor y las luces de los faros, dejándonos solos en la
oscura naturaleza. Nos sentamos así durante mucho tiempo antes de que él
empezara.
—¿Por qué estas tan callada, Ángel?
Instantáneamente le presté atención.
—¿Estaba siendo callada? Sólo estaba perdida en mis pensamientos.
Una sonrisa que-apenas-estaba-ahí curvó la boca de Joe.
—Mentirosa. ¿Qué está mal?
—Eres bueno —dije perceptivamente.
Su sonrisa se amplió una fracción.
—Realmente bueno.
—Huí de Miley Millar en el puesto de las hamburguesas —admití.
Era demasiado el mantener mis problemas para mí misma. Obviamente todavía
estaban latentes debajo de la superficie. Pero por otro lado, si no podía hablar
con joe, ¿con quién podía hacerlo? Hace dos meses nuestra relación envolvía
un montón de besos espontáneos dentro de nuestros coches, fuera de nuestros
coches, debajo de las gradas, y encima de la mesa de la cocina. También
envolvía un montón de manos extraviadas en el cuerpo del otro, cabellos
despeinados, y brillo de labios corrido.
Pero era mucho más que eso ahora. Me sentía conectada con joe
emocionalmente. Su amistad significaba más para mí que cien encuentros
casuales. Cuando mi padre murió, dejó un enorme vacío dentro de mí que
amenazaba con comerme desde dentro hacia fuera. El vacío seguía ahí, pero el
dolor no cortaba ni la mitad de profundo. No vi la razón de seguir congelada en el
pasado, cuando tenía todo lo que quería en este momento. Y tenía que
agradecerle a joe por eso.
—Ella tuvo el suficiente tacto como para recordarme que mi padre está muerto.


—¿Quieres que hable con ella?
—Eso suena un poco como El Padrino.
—¿Qué empezó la guerra entre vosotras dos?
—Esa es la cosa. Ni siquiera lo sé. Solía ser acerca de quién obtenía la última
leche achocolatada en la cafetería. Luego un día en la secundaria, Miley fue a la
escuela y pintó con spray ―puta‖ en mi taquilla. Ni siquiera intentó ser cautelosa
sobre ello. Toda la escuela lo supo.
—¿Ella se volvió loca así como así? ¿Sin razón?
—Sip. —Ninguna razón de la que yo tuviera conocimiento, de todos modos.
Él puso uno de mis rizos detrás de mi oreja.
—¿Quién está ganando la guerra?
—Miley, pero no por mucho.
Su sonrisa creció.
—Ve por ella, Tigre.
—Y esa es otra cosa. ¿Puta? En la secundaria, ni siquiera había besado a alguien.
Miley debió haber pintado con spray su propia taquilla.
—Empiezas a sonar como si estuvieras colgada, Ángel. —Él deslizó su dedo
debajo del tirante de mi top sin mangas, su toque envió electricidad zumbando a
través de mi piel—. Apuesto a que puedo alejar tu mente de Miley.
Unas pocas luces estaban brillando en el nivel superior de la granja, pero como
no vi el rostro de mi madre presionado contra ninguna de las ventanas, supuse
que teníamos algo de tiempo. Desabroché mi cinturón y me doblé a través de la
consola, encontrando la boca de jor en la oscuridad. Lo besé lentamente,
saboreando el sabor de sal de mar en su piel. Él se había afeitado esta mañana,
pero ahora su barba raspó mi barbilla. Su boca rozó mi garganta y sentí un toque
de su lengua, causando que mi corazón golpeara contra mis costillas.
Su beso se movió hacia mi hombro desnudo. Él movió el tirante de mi top sin
mangas hacia abajo y frotó su boca hacia abajo por mi brazo. Justo entonces,
quería estar lo más cerca de él que pudiera. Nunca querría que se fuera. Lo
necesitaba en mi vida justo ahora, y mañana, y el día después. Lo necesitaba
como nunca había necesitado a nadie.
Me arrastré por encima del salpicadero, sentándome con una pierna a cada lado
de su regazo. Deslicé mis manos por arriba de su pecho, agarrándolo detrás del
cuello, y atrayéndolo hacia mí. Sus brazos abrazaron mi cintura, encerrándome
contra él, y me acurruqué más profundamente.
Atrapada en el momento, recorrí mis manos debajo de su camiseta, pensando
únicamente en cómo amaba la sensación del calor de su cuerpo extendiéndose
en mis manos. Tan pronto como mis dedos rozaron el lugar en su espalda donde
las cicatrices de sus alas solían estar, una luz distante explotó en la parte de atrás
de mi mente. Oscuridad perfecta, rota por una explosión de luz cegadora. Era
como ver un fenómeno cósmico en el espacio a millones de metros de distancia.
Sentí mi mente siendo aspirada dentro de la de jor, dentro de todos los miles
de recuerdos privados almacenados ahí, cuando repentinamente lo sentí tomar


mi mano y deslizarla hacia abajo, lejos del lugar donde sus alas se unían con su
espalda, y todo agudamente volvió a la normalidad.
—Buen intento —murmuró, con sus labios rozando los míos mientras hablaba.
Mordisqueé su labio inferior.
—Si pudieras ver mi pasado sólo tocando mi espalda, tendrías un momento difícil
resistiendo la tentación también.
—Tengo un momento difícil manteniendo mis manos lejos de ti sin ese beneficio
extra.
Me reí, pero mi expresión rápidamente se volvió seria. Incluso con una
concentración considerable, difícilmente podía recordar cómo había sido mi vida
sin joe. Por la noche, cuando me recostaba en mi cama, podía recordar con
perfecta claridad el bajo timbre de la risa de joe, la manera en que su sonrisa
se curvaba ligeramente más arriba en la derecha, el toque de sus manos…
calientes, suaves y deliciosas en mi piel. Pero era sólo con un serio esfuerzo que
podía elegir recuerdos de los anteriores dieciséis años. Tal vez porque esos
recuerdos palidecían en comparación con joe. O tal vez porque no había nada
bueno en absoluto.
—Nunca me dejes —le dije a joe, enganchando un dedo en el cuello de su
camiseta y atrayéndolo más cerca.
—Eres mía, Ángel —murmuró, rozando las palabras a través de mi mandíbula
mientras arqueaba mi cuello más altamente, invitándolo a besarlo todo—. Me
tienes para siempre.
—Demuéstramelo —dije solemnemente.
Él me estudió un momento, luego buscó debajo de su cuello y desabrochó la
plana cadena de plata que usaba desde el día en que lo conocí. No tenía ni idea
de dónde salió la cadena, o el significado detrás de ella, pero sentí que era
importante para él. Era la única pieza de joyería que usaba, y la mantenía metida
debajo de su camisa, al lado de su piel. Nunca lo había visto quitársela.
Sus manos se deslizaron a mi nuca, donde él enganchó la cadena. El metal cayó
en mi piel, todavía cálido por la de él.
—Me dieron esto cuando era un arcángel —dijo—. Para ayudarme a percibir la
verdad de la decepción.
La toqué gentilmente, sorprendida por su importancia.
—¿Todavía funciona?
—No para mí. —Entrelazó nuestros dedos y giró mi mano para besar mis
nudillos—. Es tu turno.
Me quité un pequeño anillo de cobre del dedo medio de mi mano izquierda y lo
sostuve para él. Un corazón estaba tallado a mano en el suave lado debajo del
anillo.
Jor sostuvo el anillo entre sus dedos, examinándolo silenciosamente.
—Mi padre me lo dio la semana antes de que fuera asesinado —dije.
Los ojos de joe se cerraron con un golpe rápidamente.
—No puedo aceptar esto.

—Es la cosa más importante en el mundo para mí. Quiero que lo tengas. —Cerré
sus dedos, envolviéndolos alrededor del anillo.
—____. —Dudó—. No puedo aceptar esto.
—Prométeme que lo guardarás. Prométeme que nunca nada se interpondrá entre
nosotros. —Sostuve sus ojos, rehusándome a dejar que él se apartara—. No
quiero estar sin ti. No quiero que esto acabe nunca.
Los ojos de joe eran negros como una pizarra, más oscuros que un millón de
secretos apilados encima de nosotros. Él bajó su mirada al anillo en su mano,
girándolo lentamente.
—Júrame que nunca dejarás de amarme —susurré.
Aunque ligeramente, él asintió.
Me apoderé de su cuello y lo atraje contra mí, besándolo más fervientemente,
sellando la promesa entre nosotros. Cerré mis dedos dentro de los suyos, el
agudo borde del anillo cortando nuestras palmas. Nada de lo que hice parecía
llevarme lo suficientemente cerca, ninguna cantidad de él era suficiente. El anillo
se enterró más profundamente en mi mano, hasta que estaba segura de que había
roto nuestra piel. Una promesa de sangre.
Cuando pensé que mi pecho podría colapsar por falta de aire, me alejé,
descansando mi frente contra la suya. Mis ojos estaban cerrados, mi respiración
causaba que mis hombros se elevaran y cayeran.
—Te amo —murmuré—. Más de lo que creo que debería.
Esperé a que respondiera, pero en vez de eso su agarre en mí se apretó, casi
protectoramente. Giró su cabeza hacia los bosques a través de la carretera.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Escuché algo.
—Ésa era yo diciendo que te amo —dije, sonriendo mientras trazaba recorría
boca con mi dedo.
Esperé que me devolviera la sonrisa, pero sus ojos todavía estaban fijos en los
árboles, por los que se desplazaban sombras mientras sus ramas se estremecían
con la brisa.
—¿Qué hay ahí fuera? —pregunté, siguiendo su mirada—. ¿Un coyote?
—Algo no está bien.
Mi sangre se congeló, y me deslicé fuera de su regazo.
—Estás empezando a asustarme. ¿Es un oso?
No habíamos visto osos en años, pero la granja estaba ubicada en la esquina más
lejana de la ciudad y los osos eran conocidos por acercarse a la ciudad después
de hibernar, cuando estaban hambrientos y buscando comida.
—Enciende los faros y toca la bocina —dije.
Orientando mis ojos a los bosques, busqué movimiento. Mi corazón se aceleró un
poco, recordando la vez que mis padres y yo habíamos visto desde las ventanas
de la granja cómo un oso meció nuestro coche, oliendo comida dentro.


Detrás de mí, las luces del porche se encendieron. No necesitaba girarme para
saber que mi madre estaba parada en la puerta, frunciendo el ceño y golpeando
el suelo con su pie.
—¿Qué es? —le pregunté a joe una vez más—. Mi madre está saliendo. ¿Está
segura?
Él encendió el motor y puso el Jeep en primera.
—Entra. Hay algo que tengo que hacer.
—¿Entrar? ¿Estás bromeando? ¿Qué está pasando?
—¡____! —grito mi madre, bajando los escalones, su tono grave. Ella se detuvo a
un metro y medio del Jeep y me hizo señas de que bajara la ventana.
—¿joe? —intenté de nuevo.
—Te llamo luego.
Mi madre tiró de la puerta para abrirla.
—Joe —reconoció secamente.
—Blythe. —Él le dio un asentimiento distraído.
Ella se volvió hacia mí.
—Llegas cuatro minutos tarde.
—Estuve cuatro minutos más temprano ayer.
—Rodar minutos no funciona con los toques de queda. Adentro. Ahora.
No queriendo irme hasta que Joe me respondiera, pero no viendo muchas
opciones, le dije:
—Llámame.
Él asintió, una vez, pero la singular concentración de sus ojos me dijo que sus
pensamientos estaban en otro lado. Tan pronto como estuve fuera del coche y en
tierra firme, el Jeep rápidamente se puso en movimiento hacia delante, no
perdiendo tiempo en acelerar. Donde quiera que joe estuviera yendo, estaba
apurado.
—Cuando te doy un toque de queda, espero que lo mantengas —dijo mamá.
—Cuatro minutos tarde —dije, sugiriendo con mi tono que ella tal vez estaba
exagerando.
Eso me ganó una mirada que tenía su desaprobación estampada.
—El año pasado tu padre fue asesinado. Hace un par de meses, tú tuviste tu
propio roce con la muerte. Creo que me he ganado el derecho a ser
sobreprotectora. —Ella caminó rígidamente de vuelta a la casa, con los brazos
sujetos a su pecho.
Ok, ahora era una hija sin sentimientos e insensible. Punto captado.
Volví mi atención al camino de árboles en el borde de la carretera opuesta.
Nada se veía fuera de lo ordinario. Esperé un escalofrío que me advirtiera que
había algo por ahí, algo que no podía ver, pero no sentí nada. Una cálida brisa de

verano crujía al pasar, el sonido de cigarras llenando el aire. Si acaso, el bosque
se veía pacífico debajo del plateado brillo de la luz de luna.
joe no había visto nada en los bosques. Él se fue porque yo dije dos muy
grandes, y muy estúpidas palabras, que se habían derramado antes de que
pudiera detenerlas.
¿En que había estado pensando? No. ¿En qué estaba pensando joe ahora? ¿Él
se había ido conduciendo para huir de tener que responderme? Estaba bastante
segura de que conocía la respuesta. Y estaba bastante segura de que explicaba
por qué fui abandonada observando la parte de atrás de su Jeep.
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 19th 2011, 06:55



CAPITULO 2


Durante los últimos once segundos, estuve cayendo, abrazando mi
almohada sobre la cabeza, tratando de sacar de mi cabeza el reportaje
sobre el tráfico de Chuck Delaney‘s del centro de Portland, que sonaba a
través de mi reloj de alarma alto y muy claro. Del mismo modo, estaba intentando
excluir la parte lógica de mi cerebro que gritaba que me vistiera, prometiendo
repercusiones si no lo hacía. Pero la parte que busca el placer en mi cerebro se
impuso. Se aferraba a mi sueño – o más bien al tema de mi sueño.
Tenía el pelo negro ondulado y una sonrisa asesina. En este momento, él estaba
sentado en la parte de atrás de su moto y yo estaba sentada mirando hacia
adelante, nuestras rodillas tocándose. Acurruque mis dedos en su camisa y tire de
él para besarle.
En mi sueño, joe sentía cuando le daba un beso. No sólo a nivel emocional, sino
un toque real, físico. En mi sueño era más humano que ángel. Los ángeles no
pueden sentir una sensación física –sabía eso– pero en mi sueño, quería que
joe sintiera la presión suave y sedosa de los labios en conexión. Quería que
sintiera mis dedos pasando a través de su pelo. Necesitaba que sintiera el campo
magnético de emociones innegables tirando de cada molécula de su cuerpo
hacia la mía.
pasó el dedo por debajo de la cadena de plata de mi cuello, su contacto
enviando escalofríos de placer ondulando a través de mí. —Te quiero
—murmuro.
Arrastrando mis manos sobre su estómago duro, me apoye en él parando para un
beso corto. —Yo te quiero más —dije, rozando su boca mientras hablaba.
Sólo que las palabras no salieron. Se quedaron atrapadas en mi garganta.
Mientras joe esperaba que respondiera su sonrisa vacilo. Te quiero, intente de
nuevo. Una vez más, las palabras se quedaron sujetas en mi interior.
La expresión de joe se volvió ansiosa. —Te quiero —repitió él. Asentí con
la cabeza desesperadamente, pero él se había dado la vuelta. Subiéndose a la
motocicleta y marchándose sin más.
—¡Te quiero! —grité tras él. ¡Te amo, te amo!
Pero era como si arena movediza se hubiera derramado por mi garganta, cuanto
más intentaba luchar contra mis palabras, más rápido se arrastraban hacia abajo.
Patch escapaba entre la multitud. La noche había caído rodeándonos en un
instante y yo apenas podía distinguir su camiseta negra entre los cientos de otras
camisetas negras de la masa. Corrí para llegar a él, pero cuando le agarre el
brazo, otra persona se dio la vuelta. Una chica. Estaba demasiado oscuro para
leer sus facciones, pero me di cuenta de que era preciosa.

—Amo a joe —dijo ella, sonriendo a través del rojo de sus labios—. Y no tengo
miedo de decírselo.
—¡Ya se lo dije! —argumente—. ¡Anoche se lo dije!
Pase junto a ella, escaneando la multitud a ver si alcanzaba a ver a joe con el
casco azul. Corrí frenéticamente extendiendo la mano para cogerle, y él extendió
la mano. Él se giró, pero había cambiado en la misma chica hermosa. —Es
demasiado tarde —dijo—. Yo quiero a joe ahora.
—Pasar por encima de Angie lleva tiempo —Chuck Delaney‘s chilló en mi oreja
con alegría.
Mis ojos se abrieron de golpe con la palabra Tiempo. Yo estaba en la cama un
momento, tratando de deshacerme de lo que no era más que una pesadilla y
rodando fuera. El tiempo se anunciaba a menos veinte y no había forma de que
estuviera escuchando el tiempo a no ser que…
¡Escuela de verano! ¡Me quede dormida!
Quitándome las sabanas de encima corrí hacia el armario. Metiéndome en los
primeros vaqueros que puse en el armario la noche anterior, una camiseta blanca
y una chaqueta recién lavada. Marque el número de joe, pero tres tonos
después me mando al contestador de voz. —¡Llámame! —dije, haciendo una
pausa medio segundo para preguntarme si me estaba evitando después de la
confesión de la última noche. Yo había hecho a mi mente fingir que no había
pasado que se olvidaría y volvería a la normalidad, pero después del sueño de
esta mañana, estaba empezando a dudar de que lo dejara ir tan fácilmente.
Quizás joe sólo necesitaba tiempo para asimilarlo. De cualquier manera no
había mucho que pudiera hacer ahora. A pesar de que podría haber jurado que él
me prometió dar una vuelta.

* * *
Me puse una diadema sobre el corte de pelo, cogí la mochila que estaba sobre la
encimera y salí corriendo por la puerta.
Hice una pausa en el camino con el tiempo suficiente para dar un grito de
exasperación en la losa de ocho por tres metros de cemento donde mi Fiat Spider
del 79 estaba aparcado. Mi madre lo había vendido para pagar la demora de tres
meses de luz y para llenar nuestra nevera con provisiones suficientes para
mantenernos alimentados hasta final de mes. Incluso había despedido a la ama de
casa, Dorotea, mi padre suplente, para recortar gastos.
Enviando ráfagas de odio debido a las circunstancias, me colgué la mochila al
hombro y empecé a trotar. La mayoría de la gente podría considerar que la
población de granja como mamá y yo vivimos de forma pintoresca, pero correr
una milla no tiene nada de pintoresco.
En la esquina de Hawthorne y Beche, vi señales de vida mientras un coche hacia
su viaje por la mañana. Un Toyota 4runner rojo freno en la acera y la ventana del
pasajero bajo con un zumbido automático. Mily Millar estaba detrás del
volante.
—¿Problemas con el coche? —preguntó ella.


Problema de coche porque no tengo coche. No es que fuera a admitirlo delante
de Miley.
—¿Necesitas que te lleve? —se expresó de otra manera cuando vio que no
respondía.
No podía creer que de todos los coches que pasan por este tramo de carretera,
Marcie tuviera que ser la que se paraba. ¿Quería montarme con Miley? No.
¿Estaba trabajando acerca de lo que me había dicho mi padre? Sí. ¿Estaba a
punto de perdonar? Por supuesto que no. Le haría un gesto para que ella siguiera
conduciendo, pero había un pequeño inconveniente. Se rumoreaba que la única
cosa que le gustaba más al Sr. Loucks que la tabla periódica era entregar
papelitos de detención por llegar tarde.
—Gracias —acepte a regañadientes—. Voy de camino al colegio.
—¿Supongo que tu amiga la gorda no podía llevarte no?
Me quede inmóvil con la mano en la manija de la puerta. Vee y yo hacía mucho
tiempo que habíamos renunciado a educar a la gente de mente estrecha que
piensa que grasa y curvas son la misma cosa, pero eso no significa que toleremos
la ignorancia. Y yo estaría encantada de llamar a V para un paseo, pero había
sido invitada a asistir a una reunión para los editores de la publicación electrónica
del colegio y ya estaba en la escuela.
—Pensándolo bien, caminare. —Le di un empujón a la puerta de Marcie,
devolviéndola a su posición.
Marcie puso cara confundida. —¿Te ha ofendido que la llame gorda? Porque es
cierto.
—¿Qué pasa contigo? Siento como que todo lo que digo tiene que ser censurado.
Primero tu padre, ahora esto. ¿Qué pasa con la libertad de expresión?
Por un momento pensé que esto sería genial si yo tuviera el Spider. No sólo no iba
a conseguir un paseo, si no que podría conseguir algo con Marcie. Aparcar en el
colegio era un caos después de clase. Los accidentes sucedían.
Como no podía empujar a Marcie con mi guardabarros, hice la siguiente mejor
cosa. —Si mi padre fuera el propietario de la Toyota, creo que tendría la
conciencia medioambiental suficiente para pedir un hibrido.
—Bueno, tú padre no posee el concesionario Toyota.
—Cierto. Mi padre está muerto.
Alzo el hombro. —Tú lo has dicho, no yo.
—A partir de ahora creo que es mejor si nos quedamos en caminos diferentes.
Examinó su manicura. —Bien.
—Bien.
—Intento ser amable y mira donde me tienes —dijo ella en voz baja.
—¿Amable? Has llamado gorda a Vee.
—También me he ofrecido para llevarte —Ella apretó el gas y sus neumáticos
levantaron polvo del camino que floto en mi dirección. No me había despertado
esta mañana buscando una razón más para odiar a Miley Millar, pero aquí
estaba.

Coldwater High estaba erguido en el siglo XIX y la construcción era una ecléctica
mezcla entre el gótico y el estilo victoriano, lo que la hacía parecer más una
catedral que un colegio. Las ventanas eran estrechas y arqueadas con el cristal de
color plomo. La piedra era de multicolores, pero sobre todo gris. Durante el
verano, la hiedra se arrastraba hacia el exterior y le confería al colegio un cierto
encanto a lo Nueva Inglaterra. Durante el invierno, la hiedra parecía largos dedos
esqueléticos ahogando el edificio.
Yo medio andaba rápido, medio trotaba por el pasillo para llegar a Química,
cuando sonó mi teléfono móvil en el bolsillo.
—¿Mamá? —contesté, sin frenar el ritmo—. Puedo llamarte más…
—¡A que no adivinas a quién me encontré ayer por la noche! Lynn Parnell.
Recuerdas a los Parnells, la madre de Scott.
Mire el reloj de mi móvil. Había tenido la suerte de que me trajeran al colegio un
completo desconocido –una mujer que iba de camino al gimnasio para hacer
kickboxing– pero todavía llegaba tarde. Menos de dos minutos para que sonara
la campana. —¿Mamá? Están a punto de empezar las clases. ¿Te puedo llamar en
el almuerzo?
—Tú y Scott eran tan buenos amigos.
Se había desencadenado un vago recuerdo. —Cuando teníamos cinco —dije—.
¿No era el que mojaba siempre sus pantalones?
—Fui a tomar algo con Lynn anoche. Acaba de terminar de divorciarse y ella y
Scott están volviendo a Coldwater.
—Es genial. Te llamo…
—Los he invitado a cenar esta noche.
Al pasar por la oficina del director el minutero marcaba con una muesca. Desde
donde yo estaba de pie se veía atrapado entre las 7:59 y las 8. Me apuntó con una
amenaza cuando dijo: —No te atrevas a llegar tarde.
—Esta noche no es buena mamá. Yo y Patch…
—¡No seas tonta! —Me cortó mi madre—. Scott es uno de tus viejos amigos. Lo
conocías de mucho antes que a Patch.
—Utilizas a Scott para hacerme comer Roly-polies —dije, mi memoria empezando
a entrar en razón.
—¿Y tú nunca lo forzaste a jugar con Barbies?
—¡Es diferente!
—Esta noche, a las siete —dijo mi madre con voz que no deja opción a
argumento.
Me apresure en llegar a Química, con unos segundos de sobra y me deslice en un
taburete de metal detrás de una mesa de granito negra en el laboratorio en
primera fila.
Las mesas eran de dos en dos y yo cruzaba los dedos para que me emparejaran
con alguien cuya comprensión de la ciencia superara a la mía, ya que, dado mi
nivel, era fácil de perder el ritmo. Tendía a ser más romántica que realista y opte
por la fe ciega por encima de la lógica fría. Ponerme a mí con la ciencia era mala
idea desde el principio.
Miley Millar entro en la sala con sus tacones, jeans y un top de seda de Banana
Republic que tenía en la espalda la lista de deseos del día. Durante el día, la
camiseta estaría en el despacho de rack. Yo estaba en proceso mental cuando
Marcie se sentó en el taburete de al lado mío.
—¿Qué le pasa a tu pelo? —dijo—. ¿Te has quedado sin espuma? ¿Paciencia? —
Una sonrisa se levantó desde la comisura—. ¿O es porque has tenido que correr
cuatro kilómetros para llegar a tiempo?
—¿Qué pasa con lo de mantenerse al margen del otro? —Di una mirada hacia su
taburete, luego a mí, haciéndole ver que no se estaba quedando fuera de mi
camino.
—Necesito algo de ti.
Yo exhale en silencio, estabilizando mi presión sanguínea. Debería haberlo
sabido.
—Veras Miley —dije—. Las dos sabemos que esta clase va a ser increíblemente
difícil. Permíteme hacerte un favor y advertirte que la ciencia es mi peor
asignatura. La única razón por la que estoy en el colegio de verano es porque
escuché que la química es más fácil. Tú no me quieres como pareja. Esto no será
un A fácil.
—¿Me ves como si estuviera sentada a tu lado para aumentar mi GPA? —dijo ella
con impaciencia—. Te necesito para otra cosa. La semana pasada conseguí un
trabajo.
¿Miley? ¿Un trabajo?
Ella sonrió y yo me imaginé que habría visto mis pensamientos en mi cara. —
Estoy en la oficina. Uno de los vendedores de mi padre está casado con la
secretaria de la oficina principal. Nunca está de más disponer de conexiones. No
es que desee saber nada al respecto.

Yo sabía que el padre de Marcie era influyente en Coldwater. De hecho, él era
uno de los mayores donantes de la escuela secundaria.
—De vez en cuando un
archivo abierto se cae y no puedo dejar de ver cosas —dijo Marcie.
—Si claro.
—Por ejemplo, sé que aún no has superado la muerte de tu padre. Has estado con
la psicóloga del colegio. De hecho lo sé todo acerca de todo el mundo. Salvo
joe. La semana pasada me di cuenta de que su archivo está vacío. Quiero saber
por qué. Quiero saber lo que oculta.
—¿Por qué te importa?
—Estaba de pie anoche en la entrada, mirando hacia la ventana de mi habitación.
Parpadeé. —¿joe estaba de pie en tu camino de entrada?
—A menos que conozcas algún otro chico que conduzca un Jeep Comander, vista
todo de negro y este realmente bueno.
Fruncí el ceño.
—¿Te dijo algo?

—El me vio mirarlo desde la ventana y se fue. ¿Debería pensar en una orden de
alejamiento? ¿Es un comportamiento típico de él? Sé que estaba fuera, pero,
¿simplemente por qué no habla?
No le hacía caso, demasiado absorta en digerir esta información. ¿joe? ¿En casa
de Miley? Tuvo que haber sido después de haber salido de mi casa. Después de
que le dijera que le quería y que él se fuera.
—No hay problema —dijo Miley, enderezándose—. Hay otros medios de
obtener información, como la administración. Supongo que no todos los archivos
de la escuela estarán vacíos. No iba a decir nada, pero por mi propia seguridad…
No me preocupaba que Miley fuera a la administración. Joe podía cuidarse
solito. Me preocupaba lo de anoche. Joe se había ido bruscamente diciendo
que había algo que tenía que hacer, pero me costaba creer que algo tan
complicado para irse estuviera en el camino de entrada de casa de miey. Era
mucho más fácil aceptar que se había ido por lo que le había dicho.
—O la policía —agregó miley, tocándose los labios con la punta de los dedos—.
Un archivo en blanco en el colegio suena casi ilegal. ¿Cómo entró joe en el
colegio? Te ves molesta, ____. ¿Me estoy metiendo en algo? —Una sonrisa de
placer apareció en su rostro—. ¿Lo hago verdad? Hay más que esta historia.
Puse mis ojos fríos sobre ella.
—Para alguien que ha dejado claro que su vida es
algo superior a la de cualquier estudiante del colegio, seguro que conseguirás lo
que quieras persuadiendo a cualquiera aburrido o sin nada de valor.
La sonrisa de miley se desvaneció.
—Yo no tendría si tú permanecieras fuera de
mi camino.
—¿De tu camino? Este no es tu colegio.
—No me hables de esa manera —Dijo Miley incrédula haciendo tics
involuntarios con la cabeza—. De hecho, no me vuelvas a hablar nunca.
Puse las manos hacia arriba. —No hay problema.
—Y qué tal si tú te mueves eh.
Eche un vistazo a mi taburete, pensando que sin duda podría decir: —Estaba aquí
primero.
Imitándome, Marcie levantó las manos. —No es mi problema.
—Yo no me muevo.
—No voy a sentarme junto a ti.
—Me alegra oírlo.
—Muévete —Ordenó Marcie.
—No.
La campana sonó y cuando el sonido murió, Miley y yo nos dimos cuenta de que
la habitación estaba en silencio. Miramos a nuestro alrededor y el hecho de que
todos los asientos estuvieran ocupados me golpeo duro. El Sr. Loucks se colocó
en el pasillo a mi derecha agitando una hoja de papel.
—Es un plano de la sala —dijo—, cada uno de los rectángulos corresponde a una
mesa en la sala. Escriban su nombre en el rectángulo y pásenlo —Puso la hoja
justo delante de mí—. Espero que les caiga bien su compañero —nos dijo—. Van
a estar ocho semanas con ellos.
* * *
Al mediodía, cuando terminamos la clase, di un paseo con Vee hasta Enzo‘s
Bistro, nuestro lugar favorito para tomar mochas de helado o leche al vapor,
dependiendo de la temporada. Sentí el sol calentar mi cara mientras cruzaba el
estacionamiento y fue entonces cuando lo vi. Un descapotable Volkswagen
Cabriolet con un cartel pegado que ponía a la venta: 1000$ OBO.
—Tú estás babeando —dijo V, cerrando la barbilla con la punta de los dedos.
—¿Tú no tienes unos mil dólares que pueda pedir prestados?
—No tengo ni cinco para prestar. Mi cerdito banco está oficialmente anoréxico.
Di un suspiro de nostalgia en dirección al Cabriolet.
—Necesito dinero. Necesito
un trabajo. —Cerré los ojos imaginándome a mí misma al volante del Cabriolet,
de arriba abajo, con el viento moviendo mi rizado pelo. Con el Cabriolet, nunca
tendría que correr más. Seria libre de ir a donde quisiera, cuando me diera la
gana.
—Sí, pero conseguir un trabajo significa que tienes que trabajar realmente. O sea,
¿estás segura de que deseas pasarte todo el verano trabajando fuera por un
salario mínimo? Es posible, no lo sé, que sudes o algo así.
Saque de mi mochila un trozo de papel y garabateé el número que aparecía en el
cartel. Tal vez podría hablar con el propietario por un par de cientos. Mientras
tanto, miraría los anuncios clasificados de empleo a tiempo parcial de tarde. Un
trabajo significaba tiempo lejos de joe, pero también significaba transporte
privado. Por mucho que quisiera a joe, él siempre parecía estar tan ocupado…
haciendo algo. Lo que lo hacía poco fiable cuando se trataba de llevarme a algún
sitio.
Dentro de Enzo‘s, Vee y yo pedimos Mochas de helado y ensalada picante de
nuez y nos dejamos caer en una mesa con la comida. Durante las últimas semanas,
Enzo‘s había sido objeto de una amplia remodelación para ponerse al día con el
siglo XXI, y Coldwater ahora tenía su primera sala de internet. Teniendo en
cuenta el hecho de que mi ordenador de casa tenía seis años, estaba
entusiasmada con esto.
—Yo no sé tú, pero estoy lista para las vacaciones —dijo Vee, empujando sus
gafas de sol en la parte superior de la cabeza—. Ocho semanas más de español.
Eso son más días de los que quiero pensar. Lo que necesitamos es una
distracción.
Necesitamos algo que tenga la fuerza de evadir nuestras mentes del sistema
educativo que se extiende ante nosotros. Tenemos que ir de compras. Portland,
allá vamos. Macy‘s tiene una gran tienda. Necesito zapatos, necesito un vestido y
un perfume.
—Te acabas de comprar ropa nueva. Doscientos dólares. Tu madre va a tener un
ataque cuando llegue el recibo de la MasterCard.

—Sí, pero necesito un novio. Y para conseguir novio, hay que verse bien. No hace
daño oler bien también.
Mordí un cubo de pera enganchado en mi tenedor. —¿Tienes a alguien en mente?
—Ahora que lo dices, lo tengo.
—¿Sólo prométeme que no es Scott Parnell?
—¿Scott quién?
Sonreí. —Ves, ahora estoy feliz.
—Yo no sé nada de Scott Parnell, pero el tipo en el que he puesto el ojo está muy
bueno. Más bueno que joe —Hizo una pausa—. Bueno, quizá no tan caliente.
Nadie es tan caliente.
—En serio, el resto de mi día es un bajón. Portland o nada —digo yo.
Abrí mi boca, pero Vee fue más rápida.
—Oh oh —dijo—. Ya sé que viene. Vas a decirme que ya tienes planes.
—Recuerdas a Scott Parnell. Solía vivir aquí cuando teníamos cinco años.
Vee parecía que estaba buscando en su memoria a largo plazo.
—Se hacía pis en los pantalones muchas veces —ofrecí amablemente.
A Vee se le iluminaron los ojos.
—¿Scotty el meón?
—Está volviendo a Coldwater. Mi madre le ha invitado a cenar esta noche.
—Ya veo de que va —dijo V asintiendo sabiamente—. Esto es lo que se llama
cumplir.
Cuando la vida de dos posibles románticos se cruza. ¿Recuerdas cuando Desi
accidentalmente entro en el baño de los hombres y pillo a Ernesto en el orinal?
Detuve mi tenedor a medio camino entre el plato y mi boca. —¿Qué?
—El corazón, la telenovela española. ¿No? No importa. Tu madre quiere juntarte
con Scott el meón pronto.
—No, ella no lo hace. Sabe que estoy con joe.
—El hecho de que ella lo sepa, no quiere decir que este contenta con ello. Tu
madre va a gastar mucho tiempo en esta ecuación de __ más joe igual a
amor, y quiere que sea ___ más Scotty el meón igual a amor. ¿Y qué pasa con
esto? A lo mejor Scotty el meón se convirtió en Scotty el caliente. ¿Has pensado en
eso?
No lo había hecho ni pensaba hacerlo. Tenía a joe y estaba perfectamente feliz
mientras fuera así.
—¿Podemos hablar de algo un poco más importante? —pregunté pensando que
era hora de cambiar de tema antes de que las ideas de Vee se volvieran más
salvajes.
—¿Como el hecho de que mi nueva compañera de química es Miley Millar?
—El infierno.
—Al parecer entró en la oficina y vio el archivo de joe.
—¿Aún está vacío?

—Eso parece, ya que quiere que le diga todo lo que se sobre él. —Incluyendo
porqué estaba ayer por la noche en el camino de entrada de su casa mirando
hacia la ventana de su dormitorio. Había escuchado el rumor de que Marcie
colocaba una raqueta de tenis en la ventana cuando estaba abierta, para
determinados servicios en los que no iba a pensar. ¿No era los rumores 90%
ficción de todos modos?
Vee se inclinó más cerca. —¿Qué sabes tú?
Nuestra conversación cayó en un silencio incómodo. No creía en los secretos
entre mejores amigas. Pero hay secretos… y hay verdades duras. Verdades que
dan miedo. Verdades inimaginables. Tener un novio que es un ángel caído vuelto
guardián se ajusta a todo lo anterior.
—Estás ocultándome algo —dijo Vee.
—No lo hago.
—Lo haces.
Silencio espeso.
—Le dije a joe que lo amaba.
Vee se tapó la boca, pero yo no podía decir si se estaba ahogando en un jadeo o
riéndose. Lo que me hizo sentir aún más insegura. ¿Era tan gracioso? ¿Había
hecho algo más estúpido de lo que pensaba?
—¿Qué dijo él? —preguntó Vee.
Tan sólo la mire.
—¿Tan malo?— preguntó.
Me aclaré la voz. —Cuéntame acerca de este chico al que persigues. Quiero
decir, ¿es sólo una cuestión de lujuria a la distancia, o en realidad has hablado
con él?
Vee tomo la conversación. —¿Hablar con él? Tome perritos calientes en Skippy
con él, ayer en el almuerzo. Es una de estas citas a ciegas, y resulto mejor de lo
que esperaba. Mucho mejor. Para tu información, sabrías todo esto si me
devolvieras las llamadas en lugar de estar con tu novio a todas horas.
—Vee, soy tu única amiga, y no fui yo la que te la busco.
—Ya lo sé. Tu novio lo hizo.
Me atragante con una bola de queso gorgonzola. —¿joe te organizo una cita a
ciegas?
—¿Sí, por qué? —dijo Vee, su tono poniéndose a la defensiva.
Sonreí. —Pensaba que no te fiabas de joe.
—No lo hago.
—¿Pero?
—Intente llamarte para investigar a mi primera cita, pero repito, nunca me
devuelves las llamadas ya.
—Misión cumplida. Me siento como la peor amiga del mundo —Le sonreí de
forma conspiradora—. Ahora cuéntame el resto.

La resistencia de Vee se alejó y lo reflejo en su sonrisa. —Su nombre es Rixon, y
es irlandés. Su acento o como se llame me mata. Sexy al máximo. Es un poco flaco
teniendo en cuenta que soy de huesos grandes, pero estoy pensando en perder
veinte libras este verano, así que todo puede ir bien para agosto.
—¿Rixon? ¡No puede ser! ¡Me encanta Rixon! —Como norma estándar, no
confiaba en los ángeles caídos, pero Rixon era una excepción. Como joe, sus
límites morales se dibujaban grises, de la zona negra a la blanca. No era perfecto,
pero no era del todo malo, tampoco.
Sonreí, señalando el tenedor de Vee. —No puedo creer que te fueras con él.
Quiero decir, es el mejor amigo de joe. Odias a joe.
Vee me dio su mirada de gato negro, prácticamente con el pelo erizado.
—Que sean mejores amigos no quiere decir nada. Míranos a mí y a ti, no somos nada
iguales.
—Esto es genial. Podemos pasar el rato los cuatro durante el verano.
—Uh-uh. De ninguna manera. No saldré con ustedes ni de broma. No me importa
lo que me digas, yo todavía creo que joe tiene algo que ver con la misteriosa
muerte de Jules en el gimnasio.
Una nube oscura cayó sobre la conversación. Sólo había tres personas la noche
que Jules murió en el gimnasio, y yo era una de ellas. Yo nunca le había dicho lo
que sucedió a V, sólo lo suficiente para que dejara de presionar y por su propia
seguridad, y planeaba mantenerme así.
Vee y yo pasamos el día conduciendo por ahí, recogiendo solicitudes de empleo
de los locales de comida rápida y eran casi las seis y media cuando llegue a casa.
Deje las llaves en el aparador y comprobé el contestador automático. Había un
mensaje de mi madre. Había ido al mercado de Michaud a comprar ajo,
delicatesen de lasaña y vino barato, y juro sobre su tumba que llegaría antes que
los Parenlls a casa.
Eliminé el mensaje y subí a mi habitación. Como había perdido mi ducha matinal,
y mi cabello se encontraba encrespado a la altura máxima permitida en un día,
pensé que tenía que cambiarme sin demora de ropa y ver el control de daños.
Cada recuerdo que tenía de Scott Parnell era desagradable, pero invitados eran
invitados.
Llevaba la chaqueta desabrochada hasta la mitad cuando tocaron a la puerta.
Me encontré a joe al otro lado de ella, con las manos en los bolsillos.
Normalmente lo habría recibido tirándome directa sobre sus brazos. Hoy me
contuve. Anoche le dije que lo amaba y él se había dado la vuelta y se había ido
directo a casa de Miley.
Mi estado de ánimo cayó en algún lugar entre el orgullo herido, la ira y la
inseguridad. Tenía la esperanza de que mi silencio reservado le enviara el
mensaje de que algo andaba fuera de lugar y haría algún movimiento para
corregirlo, ya fuera pedir disculpas o dar una explicación.
—Hey —dije, de forma casual—. Olvidaste llamar anoche. ¿Dónde terminaste
yendo?
—A dar una vuelta. ¿Vas a invitarme a entrar?

No lo hice. —Me alegra oír que la casa de Miley es más o menos alrededor de
aquí.
Una caricatura de sorpresa momentánea confirmo lo que yo no quería creer:
Marcie había dicho la verdad.
—¿Quieres contarme lo que está pasando? —Le dije con un tono un poco más
hostil.
—¿Quieres decirme lo que estabas haciendo anoche en su casa?
—Pareces algo celosa, Ángel —Podría haber habido una nota de celos detrás de
ello, pero a diferencia de la costumbre, no había nada cariñoso o alegre al
respecto.
—Tal vez no estaría celosa si tú no me dieras una razón para estarlo —le respondí.
—¿Qué estabas haciendo en su casa?
—Vigilando unos negocios.
Levanté las cejas. —No me había dado cuenta de que tú y miley tuvieran
negocios.
—Los tenemos, pero es sólo eso. Negocios.
—¿Muy elaborados? —hubo una fuerte dosis de denuncia en mis palabras.
—¿Me estás acusando de algo?
—¿Debería hacerlo?
joe por lo general era experto en ocultar sus emociones, pero la línea de su
boca estaba apretada. —No.
—Si lo que estabas haciendo ayer por la noche en su casa era tan inocente. ¿Por
qué te está resultando tan complicado para explicarme que estabas haciendo allí?
—No estoy teniéndolo complicado —dijo—. Cada palabra medida con cuidado.
—No te lo digo, porque lo que yo esté haciendo en casa de Miley no tiene nada
que ver con nosotros.
¿Cómo podía pensar que esto no tenía nada que ver con nosotros? Miley era la
única persona que cogía todas las oportunidades que tenía para atacarme y las
utilizaba menospreciándome. Durante los últimos once años había estado
molestándome, difundiendo rumores horribles sobre mí y humillándome
públicamente.
¿Cómo podía pensar que esto no era personal? ¿Cómo podía pensar que
simplemente iba a aceptar esto sin preguntar? Sobre todo, ¿no se daba cuenta de
que estaba aterrada con la idea de que Miley pudiera utilizarlo para hacerme
daño? Si ella sospechaba que yo estaba mínimamente interesada, haría todo lo
que estuviera en su poder para robarlo para ella. No podía soportar la idea de
perder a joe, pero esto me mataría si lo perdía por su culpa. Abrumada por el
temor que de pronto sentí, le dije: —No vuelvas por aquí hasta que estés listo
para decirme que estabas haciendo en ese lugar.
joe con impaciencia entro hacia dentro y cerró la puerta detrás de él. —No he
venido para discutir. Quería hacerte saber que Miley se ha topado con algunos
problemas esta tarde.

¿Miley otra vez? ¿Se creía que no había cavado un agujero suficientemente
profundo? Trate de mantener la calma el tiempo suficiente para escuchar lo que
decía, aunque yo quisiera gritarle de vuelta.
—¡Oh! —dije con frialdad.
—Ella quedó atrapada en el fuego cruzado cuando un grupo de ángeles caídos
trataron de forzar a un Nefil para que jurara lealtad dentro del baño de chicos del
Bo‘s Arcade. El Nefil no tenía dieciséis años, por lo que no pudieron forzarlo, pero
se divirtieron intentándolo. Lo cortaron de forma burda y le rompieron varias
costillas. Aquí entra Miley. Había bebido mucho y entro en el baño por
equivocación. El ángel caído que guardaba la puerta le clavó un cuchillo. Está en
el hospital, pero saldrá pronto. Herida.
Mi pulso salto, y sabía que estaba molesta porque Miley había sido apuñalada,
pero eso era lo último que quería revelarle a joe. Cruce los brazos.
—¿El Nefil está bien? —Recordaba vagamente oír a joe explicar, hace un tiempo, que los
ángeles caídos no fuerzan a los nefilims a jurar lealtad hasta que tienen dieciséis
años. Del mismo modo que no podían sacrificarme para conseguir un cuerpo
humano hasta que tuviera dieciséis. Los dieciséis era una edad oscura, mágica y
crucial en el mundo de los ángeles y nefilims.
joe me lanzó una mirada que llevaba en ella un mínimo reflejo de disgusto.
—Mily podía haber estado borracha, pero lo más probable es que recuerde lo
que vio. Obviamente tú sabes que los ángeles caídos y los nefilims intentamos
permanecer fuera del radar y alguien como Miley, con una gran boca, puede
poner en peligro el secreto. Lo último que quiero es que ella vaya anunciando al
mundo lo que vio. Nuestro mundo funciona más fácil cuando los seres humanos lo
ignoran. Los ángeles caídos están envueltos en esto. —Su mandíbula se tensó—.
Van hacer lo que sea para mantener a Miley callada.
Sentí un escalofrió de miedo por Marcie pero lo descarte. ¿Desde cuándo me
importaba de una manera u otra lo que le pasara a ella? ¿Desde cuándo estaba
más preocupado él por ella que por mí?
—Estoy intentando sentirme mal —dije—, pero suena como si esto no nos
concerniera a nosotros dos. —Cogí el pomo de la puerta y la mantuve abierta—.
Tal vez deberías ir a ver a Miley, a ver si la herida esta sanando adecuadamente.joe soltó mi mano y cerró la puerta con el pie.
—Grandes cosas acerca de Miley, tú y yo están a punto de pasar. —El vaciló,
como si hubiera más que decir, pero cerró la boca en el último momento.
—¿Tú yo y Miley? ¿Desde cuándo has empezado a poner a los tres en la misma
frase? ¿Desde cuándo significa algo para ti? —le espeté.
Puso una mano en la parte posterior del cuello, el aspecto que confería era el de
alguien que sabía que debía elegir cuidadosamente sus palabras antes de
responder.
—¡Sólo dime lo que estás pensando! —le espeté—. ¡Escúpelo! ¡Ya es bastante
malo que no tenga ni idea de lo que sientes, mucho menos si tampoco sé lo que
estás pensando!
joe miro a su alrededor, como si estuviera preguntándose si yo estaba
hablando con otra persona. —¿Escúpelo? —dijo con tono incrédulo. Tal vez
incluso molesto—. ¿Qué te parece que estoy intentando hacer? Si tú te calmaras a
lo mejor podría. A partir de ahora te vas a poner histérica diga lo que yo diga.

Sentí que mis ojos se estrechaban. —Tengo derecho a estar enfadada. No quieres
decirme que estabas haciendo anoche con Marcie.
joe echo las manos en alto. Lo hacía de nuevo, ese gesto.
—Hace dos meses —empecé a decir, intentando inyectar orgullo en mi voz para
ocultar el temblor en ella—. Vee, mi madre –todo el mundo– me advirtió de que
eras el tipo de chico que ve a las chicas como conquistas. Ellas dijeron que yo
sólo era una muesca en tu cinturón, otra chica estúpida que seducirías para tu
propia satisfacción. Dijeron que en el momento en que me enamorara te ibas a
largar.
Trague duro. —Necesito saber que no estaban en lo cierto.
A pesar de que no quería recordar, el recuerdo de la última noche resurgió con
perfecta claridad. Le dije que lo amaba y me había dejado ahí. Había cientos de
formas diferentes para analizar su silencio, pero ninguna de ellas era buena.
El movió la cabeza con incredulidad.
—¿Quieres que te diga que están
equivocadas? Porque tengo la sensación de que no vas a creerme, no importa lo
que te diga. —Me miro.
—¿Sigues tan comprometido con esta relación como yo? —No podía no pedírselo.
No después de ver todo lo que se derrumbó la noche anterior. De repente me di
cuenta de que no tenía ni idea de lo que el sentía realmente por mí. Pensé que
lo era todo para él, ¿pero y si sólo había visto lo que quería? ¿Qué pasa si
exagere sus sentimientos? Le sostuve la mirada, no queriendo ponérselo tan fácil,
a punto de darle una segunda oportunidad para la pregunta. Necesitaba
saberlo—. ¿Me quieres?
No podía responder a eso —dijo él, sorprendiéndome hablando a mis
pensamientos. Era un regalo que todos los ángeles poseían, pero no entendía
cuál era su posición hoy para usarlo.
—Pasaré por aquí mañana. Que duermas bien —añadió secamente, dirigiéndose
hacia la puerta.
—¿Cuando me besas, estás fingiendo?
Se detuvo en seco. Otra sacudida de cabeza incrédulo.
—¿Fingiendo?
—¿Cuando te toco, sientes algo? ¿Cuán lejos va tu deseo? ¿Sientes algo cercano a
lo que yo siento por ti?
Patch me miraba en silencio. —____… —empezó él.
—Quiero una respuesta directa.
Después de un momento, dijo: —Emocionalmente sí.
—Pero físicamente, no ¿verdad? ¿Cómo se supone que debo estar en una
relación, cuando no tengo ni idea de los medios con los que cuento? ¿Estoy
experimentando cosas a un nivel completamente diferente? Porque eso es lo que
siento. Y lo odio —añadí—, no quiero que me beses porque tienes que hacerlo.
No quiero que pretendas que significa algo cuando simplemente es un acto.

—¿Simplemente un acto? ¿Te estás escuchando? —El echo la cabeza hacia atrás
sobre la pared y rio de forma oscura. Me corto con una mirada de reojo—. ¿Has
terminado con las acusaciones?
—¿Crees que esto es divertido? —dije, golpeada por una ola de ira.
—Todo lo contrario —Antes de que pudiera decir nada más, se volvió hacia la
puerta—. Llámame cuando estés lista para hablar racionalmente.
—¿Qué se supone que significa esto?
—Significa que estás loca. Eres imposible.
—¿Loca?
Inclinó la barbilla hacia arriba y planto un rápido beso en mi boca. —Y yo debo
estar loco por estar aquí a pesar de ello.
Me liberé y él se froto la barbilla con resentimiento. —¿Dejaste que te
convirtieran en un humano por mí y esto es lo que consigo? Un novio que pasa su
tiempo con Miley, pero no me va a decir por qué. Un novio que sale al primer
indicio de pelea. Te diré lo que eres: eres un ¡idiota!
¿Imbécil? —Le hablo a mis pensamientos, su voz fría y cortante—. Estoy intentando
seguir las reglas. Yo no se supone que tenga que enamorarme de ti. Los dos
sabemos que no se trata de Marcie. Esto es sobre lo que siento por ti. Tengo que
frenarme. Estoy caminando por una línea peligrosa. No puedo estar contigo como
yo quiero.

—¿Por qué renunciaste a convertirte en un humano por mí, si tu sabias que no
podías estar conmigo? —le pregunté, mi voz tambaleándose un poco, el sudor
picándome en las manos—. ¿Qué esperas de una relación conmigo? ¿Cuál es el
punto de… —mi voz se cortó y trague sin querer—, nosotros?
¿Qué tenía que esperar de una relación con joe? En algún punto, debía haber
pensado que nuestra relación era así, y que sucedería. Por supuesto que lo había
hecho. Pero yo había tenido tanto miedo por lo que vendría que había pretendido
obviar la distancia. Pretendía una relación con joe pudiera funcionar, porque
en el fondo, en cualquier momento joe había parecido mejor que nada en
absoluto.
Ángel.
Mire hacia arriba cuando joe dijo mi nombre en mis pensamientos. —
Estar cerca de ti en cualquier nivel es mejor que nada. No voy a perderte. —El
paro, y por primera vez desde que lo conocía, vi un destello de preocupación en
sus ojos—. Pero yo ya he caído. Si les doy a los arcángeles un simple motivo para
que piensen que estoy remotamente enamorado de ti, me van a mandar al infierno.
Para siempre.
La noticia me cayó como un golpe en el estómago. —¿Qué?
Soy un ángel de la guarda o al menos eso me han dicho, pero los arcángeles no
confían en mí. No tengo privilegios, no hay privacidad. Dos de ellos me acorralaron
ayer por la noche para tener una charla y volví andando con la sensación de que
quieren que caiga de nuevo. Por la razón que sea, se está eligiendo tomar medidas
enérgicas contra mí. Están buscando cualquier excusa para librarse de mí. Estoy en
libertad condicional, y si me equivoco aquí, mi historia no tendrá un final feliz.

Lo mire, pensando que tenía que exagerar, pensando que no podía ser tan malo,
pero un vistazo a su rostro me dijo que nunca había hablado tan en serio.
—¿Qué ocurre ahora? —pregunté en voz alta.
En lugar de contestar, joe suspiró con frustración. La verdad de la cuestión, es
que esto iba a terminar mal. No importa cuánto diéramos marcha atrás, punto
muerto, o mirábamos para otro lado, o un día no muy lejano nuestras vidas serian
destrozadas. ¿Qué sucedería cuando me graduara y fuera a la universidad? ¿Qué
pasaría cuando siguiera mi sueño de irme al otro lado del país? ¿Qué pasaría
cuando llegara el momento de que me casara o tuviera hijos? Yo no estaba
haciéndole un favor a nadie cayendo enamorada de joe cada día un poco más.
¿De verdad quería seguir en este camino ya, sabiendo que sólo terminaría con la
devastación?
Por un momento fugaz pensé que tenía la respuesta –dejar marchar mis sueños.
Era tan simple como eso. Cerré los ojos y deje ir mis sueños como si fueran
globos con cintas largas y delgadas. No necesitaba esos sueños. Ni siquiera podía
estar segura de que los conseguiría. E incluso si lo hiciera, no quería pasar el
resto de mi vida sola y torturada sabiendo que todo lo que había hecho no
significaba nada sin joe.
Y entonces me di cuenta de una forma terrible de que ninguno de los dos podía
renunciar a todo. Mi vida seguiría marchando en el futuro y no tenía el poder para
detenerlo. joe se quedaría siendo un ángel para siempre, que seguiría su
camino cuando yo muriera.
—¿No hay nada que podamos hacer? —le pregunté.
—Estoy trabajando en ello.
En otras palabras, no tenía nada. Estábamos atrapados a ambos lados –los
arcángeles aplicaban presión en una dirección y dos futuros en direcciones muy
diferentes por el otro lado.
—Quiero que lo dejemos —dije en voz baja. Sabía que no era justo –estaba
protegiéndome a mí misma. ¿Qué otra opción tenia? Yo no podía darle a joe la
oportunidad de hablar conmigo fuera de esto. Tenía que hacer lo mejor para los
dos. No podía estar aquí esperando, cuando la verdadera cosa que nos sostenía
va desapareciendo día a día. Yo no podía mostrar lo mucho que me importaba
cuando sólo iba a hacer las cosas aún más duras al final. Por encima de todo, no
quería ser la razón por la que joe perdiera todo por lo que había trabajado. Si
los arcángeles buscaban una excusa para desterrarle para siempre, se lo estaba
poniendo más fácil.
Joe se quedó mirándome, como si no pudiera decir si yo hablaba en serio.
—¿Eso es todo? ¿Quieres terminar? Has tenido tu turno para dar tus explicaciones
que yo no comparto por cierto, pero ahora que me toca a mí, ¿se supone que
tengo que acatar tu decisión y terminar?
Me abrace los codos y me aleje. —No puedes obligarme a permanecer en una
relación que no quiero.
—¿Podemos hablar de esto?
—Si quieres hablar, dime que hacías en casa de miley ayer por la noche. —
Pero joe tenía razón, no se trataba de Marcie. Esto es por lo que yo estaba
asustada y molesta con el trato que el destino y las circunstancias nos habían
dado a los dos.
Me volví para ver a joe arrastrar la mano por su cara. Soltó una breve
carcajada, incrédulo.
—¿Si yo hubiera quedado con Rixon anoche, me habrías preguntado qué estaba
pasando? —Le espeté.
—No —dijo él, su voz peligrosamente baja—. Confió en ti.
Con el miedo a perder mi decisión si no actuaba de inmediato, golpeé su pecho
con las manos haciéndole dar un paso atrás. —Vete —le dije, con lágrimas en los
ojos que hicieron mi voz más áspera—. Hay otras cosas que quiero hacer con mi
vida. Cosas que no te implican a ti. Tengo la universidad y futuros trabajos. No
voy a tirar todo por la borda por algo que no está destinado a ser.
Joe se estremeció. —¿Es esto lo que realmente quieres?
—¡Cuando beso a mi novio, quiero saber que él lo siente!
Tan pronto como lo dije, me arrepentí. No quería hacerle daño, sólo quería llegar
a ese momento con la mayor brevedad posible antes de que me viniera abajo y
rompiera a llorar. Pero había ido demasiado lejos ahora. Lo vi rígido. Nos
quedamos cara a cara, ambos respirando con dificultad.
Luego salió, tirando de la puerta tras de él. Una vez que la puerta estuvo cerrada,
me desplome. Lágrimas quemando en la parte de atrás de mis ojos, pero no cayo
ni una sola gota. Sentía la frustración y la ira chocando con lo que sentía más que
cualquier otra cosa, pero sospechaba que eso es lo que capturo un sollozo en mi
garganta, cinco minutos después cuando todo paso lejos y me di cuenta del
impacto total de lo que había hecho, sentí mi corazón romperse.
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aca les dejoo el capii comenten y diganme que les parece
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 19th 2011, 16:05

la leere cuando vuelva de mmi mini viaje, el lunes la comento
besitos bye bye
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 20th 2011, 19:06

Sad osea terminaron?! Waaaaa! No es cierto verdad? Jajaja guau me quede sin palabras jajaja, pero si con muchisimas preguntas Surprised

siguela!
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 22nd 2011, 19:21


wooow
lo acabo de terminar de leer completo
si la primera temporada me dejo sin aliento, esta me quito los pulmones
la ame
sii eso quise leer yo, la intensidad de su amor y luego la desilusion, xq encontraba
injusto todo lo que les costo estar juntor y ahora esto'??

1-. ¿QUE EDAD TENGO?
2.- ¿PATCH NO ME AMA?
3-. ¿XQ PERSIGUIO A MILLAR?
4-. ¿CUANDO SUBES CAPITULO'?


ddefinitvamente siguela
amo tu nobe y necesito saber que mas sigue
besitos bye bye
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 22nd 2011, 21:44

yeeaah siguela pronto!
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 23rd 2011, 06:01

gayaaa
siguela pronto por fi vore!
tu saes que estamos tus lectoras fieles q
nos cortamos por seguir leeiendo :B
exito en el cole y vuelve con mas capitulos *...*
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 24th 2011, 14:37

siguela Wink
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 25th 2011, 11:46

porfiis
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 26th 2011, 11:33



capitulo 3

Me apoyé a la esquina de mi cama, mirando hacia ninguna parte. La ira
estaba comenzando a desaparecer, pero casi deseé poder quedarme
atrapada en ese estado para siempre. El vacío que quedó dolía más que
el agudo y fiero dolor que sentí cuando joe se marchó. Traté de encontrarle
sentido a lo que ocurrió, pero mis pensamientos eran un desastre descompuesto.
Las palabras que gritamos corrían por mis oídos, como un eco atropellado,
recordando un mal sueño más que una conversación verdadera.
¿De verdad rompí con él? ¿Significaba que sería permanente? ¿No había
esperanza? o, más inmediato, ¿algún tipo de trato con los arcángeles para
nosotros? Como una respuesta, mi estómago se retorcía, amenazando con
enfermarse.
Me apresuré hacia el baño y me arrodillé junto al inodoro, mis oídos retumbando
y mi respiración forzosa y entrecortada. ¿Qué he hecho? Nada permanente,
definitivamente nada permanente. Mañana nos veremos otra vez y todo volverá a
ser normal. Esto era sólo una discusión. Una estúpida discusión. Éste no era el
final. Mañana nos daremos cuenta lo tontos que hemos sido y nos disculparemos.
Dejaremos esto en el pasado. Nos reconciliaríamos.
Me arrastré a mi misma para levantarme y abrí el grifo del lavamanos. Mojé una
pequeña toallita y la presioné contra mi rostro. Todavía me sentía como si mi
mente estuviese girando más rápido que un carrete de hilo, cerré mis ojos para
hacer que se detuviera. ¿Pero qué hay sobre los arcángeles? ¿Cómo joe y yo
tuvimos una relación normal si ellos siempre nos estaban vigilando? Me congelé.
Ellos podrían estar mirándome ahora mismo. Ellos podrían estar mirando a joe.
Tratando de decir si él había cruzado la línea. Buscando alguna excusa para
enviarlo al infierno, y lejos de mí, para siempre.
Sentí mi ira reiniciarse. ¿Por qué ellos no nos dejan tranquilos? ¿Por qué ellos
estaban tan decididos en destruir a joe? Joe me dijo que él era el primer
ángel caído al que se le devolvieron las alas y lo convirtieron en un ángel
guardián. ¿Los arcángeles estaban molestos por eso? ¿Sentían que de alguna
manera joe los había engañado? ¿O que él había hecho trampa para volver
desde abajo? ¿Querían poner a joe en su lugar? ¿O simplemente no confiaban
en él?
Cerré mis ojos, sintiendo una lágrima caer por un lado de mi nariz. Devuelvo lo
dicho, pensé. Quise llamar a joe desesperadamente pero no sabía si eso lo
pondría en algún tipo de peligro. ¿Los arcángeles podían escuchar
conversaciones telefónicas? ¿Cómo podíamos joe y yo tener una conversación
sincera si ellos estaban espiando siempre?

Además, no podía dejar ir mi orgullo tan rápidamente. ¿Por qué el simplemente
no podía admitir que yo tenía algo de razón? La primera razón por la que
discutimos fue porque él no estaba dispuesto a decirme que estaba haciendo en
casa de Marcie anoche. Yo no era una chica celosa, pero él sabía mi historia con
Marcie. Él sabía que esa era la única razón por la que yo tenía que saber.
Había algo más que me hacia enfermar. joe dijo que Miley había sido atacada
en el baño de hombres en Bo's Arcade, ¿Qué hacia Marcie en Bo's? Tanto como
sabía, nadie en Coldwater iba a Bo's. De hecho, antes de conocer a joe no sabía
de la existencia de ese lugar. ¿Era una coincidencia que después de que joe
mirara hacia la ventana del dormitorio de Miley, ella pasara frente a la puerta de
Bo's? joe insistió en que no había más que negocios entre ellos dos, ¿pero qué
significaba eso? Y Miley era muchas cosas más entre persuasiva y seductora. No
sólo que ella no tomaba un no por respuesta, ella no aceptaba ninguna respuesta
que no fuera exactamente lo que ella quería.
Y si, esta vez, ¿ella quería a... joe?
Un fuerte golpe en la puerta principal me sacó de mi ensueño.
Me fui hasta el desastre de almohadas en mi cama, cerré mis ojos y llame a mi
mamá.
—Los Parnells están aquí.
—Ack! Estoy en el semáforo de Walnut. Estaré allí en dos minutos. Invítalos a
pasar.
—A penas recuerdo a Scott, no recuerdo a su mamá en lo absoluto. Los invitaré a
pasar, pero no buscaré conversación. Estaré en mi habitación hasta que regreses.
–Traté de hacer que mi tono de voz le dijera que algo estaba mal, pero no es que
no confié en mi madre. Ella odiaba a jor. No quería hablar con él. Y yo no
podría soportar la felicidad y el alivio en su voz. No ahora.
—____.
—¡Bien! Hablaré con ellos. —Cerré mi teléfono de un golpe y lo lancé a algún
lugar de mi habitación.
Me tomé mi tiempo para caminar hasta la puerta principal y le quité el seguro. El
chico parado en el tapete de la puerta era alto y bien formado– podía decirlo
porque su camiseta estaba ajustada a los lados y decía GIMNASIO PLATINIUM,
PORTLAND. Un aro de plata colgaba del lóbulo de su oreja derecha, y sus Levi's
colgaban peligrosamente en lo más bajo de su cadera.
Tenía un gorra rosa con estampado Hawaiano que lucía recién salida de una
tienda se segunda mano, tenía que ser una broma, y sus lentes de sol me
recordaron a Hulk Hogan6. A pesar de todo esto, el chico tenía cierto encanto.
Las esquinas de su boca sonrieron.
—Tú debes ser ___.
—Tú debes ser Scott.
Entró en la habitación y se quitó sus lentes de sol. Sus ojos escanearon todo el
lugar, desde el pasillo hasta la cocina.
—¿Dónde está tú mamá?
—En camino, con la cena.
—¿Qué comeremos?

No me gustó como utilizó la terminación emos de "Nosotros". No hay un
"Nosotros". Estaba la Familia Grey y la familia Parnell. Dos entidades separadas
que se encontraban compartiendo la misma mesa por una noche.
Cuando yo no respondí, el siguió hablando. —Coldwater es más pequeño en
comparación a lo que estoy acostumbrado.
Envolví mis brazos sobre mi pecho. —Es también más frío que Portland.
El me miró de pies a cabeza, luego sonrió.
—De eso me di cuenta. —el pasó por
un lado de donde estaba yo hasta el refrigerador—. ¿Tienes cerveza?
—¿Qué? No.
La puerta principal todavía estaba abierta, y entraban voces desde afuera. Mi
mamá entró, cargando con dos bolsas marrones de papel con comida. Una mujer
redonda con un mal corte de cabello y un pesado maquillaje rosa la siguió.
—____, esta es Lynn Parnell –mi mamá dijo—. Lynn, esta es ___.
—Mi Dios —dijo la Sra. Parnell, juntando sus manos—. Ella es igualita a ti, ¿cierto
Blythe? ¡Y mira esas piernas! Más largas que una bailarina de las Vegas.
Luego hablé. —Sé que este no es un buen momento, pero no me siento bien, me
iré a acostarme.
Mi madre me lanzó la peor de sus miradas. Yo le respondí con mi mirada de
injusticia.
—Scott ha crecido bastante, ¿cierto ___? —ella dijo.
—Muy observadora.
Mamá colocó las bolsas en la mesa y miró a Scott. —___ y yo estábamos
nostálgicas esta mañana recordando todo lo que ustedes hacían de pequeños.
___ me dijo que la obligabas a comer insectos.
Antes de que Scott se pudiese defender, yo dije: —El solía freírlos vivos bajo una
lupa y no me obligaba a comerlos. El se sentaba sobre mí y me presionaba la
nariz hasta que se me acabara el aire y tuviera que abrir la boca. Luego el los
metía en mi boca.
Mamá y la Sra. Parnell se miraron brevemente.
—Scott siempre fue persuasivo —la Sra. Parnell dijo rápidamente—. Él puede
hacer que las personas hagan cosas que nunca soñarían con hacer. El tiene un
talento para ello. Me convenció de que le comprara un Mustang del '66. Claro, él
me lo dijo en un buen momento, me sentía muy culpable por el divorcio. Bueno.
Como estaba diciendo, Scott seguramente hacia los mejores insectos fritos en
todo el vecindario.
Todos me miraron a mí para que lo confirmara.
No puedo creer que estuviéramos discutiendo esto como si fuera un tema normal.
—Entonces —dijo Scott, rascándose el pecho. Sus bíceps se flexionaron cuando lo
hizo, pero el probablemente lo sabía—. ¿Qué hay para cenar?
—Lasaña, pan de ajo y ensalada de gelatina —dijo Mamá con una sonrisa—. ___
hizo la ensalada.
Esto era noticia para mí. —¿La hice?

—Tú compraste las cajas de gelatina —ella me recordó.
—Eso no cuenta realmente.
—____ hizo la ensalada —Mamá le aseguró a Scott—. Creo que todo está listo.
¿Por qué no vamos a comer?
Una vez sentados, nos tomamos las manos y mamá bendijo la comida.
—Háblame sobre los apartamentos en el vecindario —la Sra. Parnell dijo,
cortando la lasaña y dándole el primer trozo a Scott—. ¿Cuánto debería pagar por
dos habitaciones y dos baños?
—Depende de que tan remodelado lo quieras —mamá respondió—. Casi todas
las construcciones en esta área son anteriores al año 1900, y lo muestran. Cuando
estábamos recién casados, Harrison y yo buscamos muchos apartamentos de dos
habitaciones, pero siempre había algo mal, como hoyos en las paredes,
problemas de cucarachas, o estaban muy lejos de un parque. Y como yo estaba
embarazada, decidimos que necesitábamos un lugar más grande. Esta casa había
estado en el mercado por 18 meses, y tuvimos la oportunidad de hacer un trato
considerado muy bueno para ser real. —ella miró alrededor—. Harrison y yo
habíamos planeado remodelarla eventualmente, pero bueno... luego... como
ustedes saben... —ella bajó su mirada.
Scott aclaró su garganta. —Siento mucho lo de tu papá, _____. Todavía recuerdo
que mi papá me llamó la noche que ocurrió. Yo estaba a poca distancia del lugar,
en una tienda. Espero que consigan a quién fuera que lo mató.
Trate de decirle gracias, pero las palabras se rompieron en mi garganta. No
quería hablar sobre mi papá. Mis sentimientos por la ruptura con joe estaban lo
suficientemente crudos como para hablar sobre eso. ¿Dónde estaba él ahora? ¿Lo
estaría consumiendo el remordimiento? ¿Entenderá lo mucho que deseo devolver
mis palabras? De repente me pregunté si me habría enviado un mensaje de texto,
y desee haber traído mi teléfono conmigo. ¿Pero cuanto podría decir? ¿Los
arcángeles podrían leer sus textos? ¿Cuánto podían ver? ¿Ellos están en todas
partes? Me pregunté a mí misma, sintiéndome vulnerable.
—Dinos ___ —Dijo la Sra. Parnell—. ¿Cómo es la secundaria de Coldwater?
Scott estaba en el equipo de lucha libre en Portland. Su equipo ganó las estatales
los últimos tres años. ¿El equipo de lucha de la escuela es bueno? Yo antes estaba
segura de mudarnos hasta aquí pero luego Scott me recordó que Coldwater es
clase C.
Yo me saqué a mi misma de las tinieblas de mis pensamientos muy lentamente.
¿Acaso teníamos equipo de lucha libre?
—No sé nada sobre lucha —dije vagamente—. Pero el equipo de básquet fue a las
estatales una vez.
La Sra. Parnell se ahogó con su vino. —¿Una vez? —sus ojos me miraban a mí y
luego a mi madre, pidiendo una explicación.
—Hay una foto del equipo en la recepción —dije—. Por el aspecto de la foto,
parece que es de hace sesenta años.
Los ojos de la señora Parnell se estrecharon. —¿Hace sesenta años? —Se limpió la
boca con la servilleta—. ¿Hay algo mal con esa escuela? ¿El entrenador? ¿El
director atlético?

—No hay problema —dijo Scott—. Me tomaré este año libre.
La Sra. Parnell bajo su tenedor con un sonoro 'chink'. —Pero tú amas la lucha.
Scott se comió otro trozo de lasaña y levantó un hombro indiferentemente.
—Este es tu último año.
—¿Y? —dijo Scott con la comida en la boca.
La Sra. Parnell plantó sus hombros en la mesa y se inclinó hacia adelante. —Y no
vas a entrar en la universidad por tus notas señor. Tu única esperanza a estas
alturas es esa universidad comunitaria.
—Tengo otras cosas que quiero hacer.
Sus cejas se alzaron. —¿Oh? ¿Cómo repetir el último año? —Tan pronto como ella
lo dijo, vi una pisca de miedo en sus ojos.
Scott mascó su comida dos veces más, luego tragó. —¿Me pasas la ensalada,
Blythe?
Mi mamá le paso el tazón de gelatina a la Sra. Parnell, quien lo posó frente a Scott
cuidadosamente.
—¿Qué pasó el año pasado? —mi mamá preguntó, llenando el silencio tenso.
La Sra. Parnell sacudió una mano. —Oh, tú sabes como es. Scott se metió en
problemas, lo usual. Nada que una madre de adolescente no haya visto nunca. —
Ella rió, pero su humor estaba bajo.
—Mamá —dijo en un tono que sonaba bastante como una advertencia.
—Sabes cómo son los chicos —La Sra. Parnell continuó, haciendo gestos con el
tenedor—. Ellos no piensan. Viven en el momento. Son descuidados. Tienes que
estar agradecida de tener una hija Blythe. Oh, por Dios. Ese pan de ajo me tiene
la boca hecha agua, ¿me pasas un trozo?
—No debí haber dicho nada —mi madre murmuró, pasando el pan—. No te
puedo explicar lo encantada que estoy tenerte devuelta en Coldwater.
La Sra. asintió vigorosamente. —Estamos encantados de estar de regreso, y
juntos.
Pare de comer, dividiendo mis miradas entre Scott y la Sra. Parnell, tratando de
entender lo que estaba ocurriendo. Los chicos siempre serán chicos, eso lo podía
creer. Lo que no estaba creyendo era la insistencia de la Sra. Parnell en que los
problemas de Scott figuraran en la categoría de normales. Y la supervisión de
Scott en cada palabra que ella decía no me estaba ayudando a cambiar de
parecer.
Pensando que había más en la historia de lo que estaban diciendo, presioné una
mano en mi corazón y dije: —¿Por qué?, Scott, No paseaste alrededor del
vecindario robando avisos para colgarlos en tu habitación ¿o sí?
La Sra. Parnell lanzó una genuina, y casi de alivio, sonrisa. Bingo. Cuál fuera el
problema en qué se metió Scott no fue tan inocente como robar letreros. Yo no
tenía cincuenta dólares, pero de tenerlos hubiese apostado que el problema de
Scott era todo menos normal.
—Bueno —mi mamá dijo, su sonrisa en las esquinas—, estoy segura de que lo que
haya pasado está en el pasado. Coldwater es un buen lugar para un nuevo
comienzo. ¿Ya te registraste para las clases, Scott? Algunas de ellas se llenan
rápidamente, especialmente las avanzadas.
—Clases avanzadas —Scott repitió con un tono de diversión—. No quiero
ofender, pero no aspiro por tanto. Como mi mamá. —él la alcanzó y tocó su
hombro de un manera de todo menos afectuosa—. Muy cariñosamente les señalo,
que si voy para la universidad, no será por mis notas.
Sin querer que nadie acabe con el tema de los problemas de Scott, yo comienzo.
—Oh, por favor, Scott. Me estás matando. ¿Qué es tan malo sobre tu pasado? No
puede ser tan horrible que no quieras decirles a tus viejos amigos.
—___ —mi mamá comenzó.
—¿Obtuviste infracciones? ¿Robaste un auto? ¿Un paseo ilegal?
Bajo la mesa, sentí el pie de mi mamá posarse sobre mi pie. Me dio una mirada
que claramente decía, '¿Qué te pasa?'
La silla de Scott hizo que se cayera al piso. —¿El baño? —él le preguntó a mi
madre. Se estiró y dijo: —Tengo indigestión.
—Al final de las escaleras. —Su voz sonó como una disculpa. De hecho ella se
estaba disculpando por mi comportamiento, cuando fue ella quien arregló todo
para esta ridícula cena. Cualquiera con un poco de juicio sabría que el objetivo
de esta cena no era puramente social. Vee tenía razón –esta era una cita. Bueno,
tengo noticias para mamá. ¿Scott y yo? No pasará.
Luego de que Scott se retirara, La Sra. Parnell sonrío ampliamente, como para
borrar los últimos cinco minutos y comenzar de nuevo. —Entonces, dime —dijo
ella muy feliz—. ¿____ tiene novio?
—No —dije al mismo tiempo en que mamá dijo—, Algo así.
—Eso es confuso —dijo la Sra. Parnell, masticando la lasaña y mirándome a mamá
y a mí.
—Su nombre es joe —dijo mamá.
—Que nombre tan raro —añadió la Sra. Parnell—. ¿En qué estaban pensando sus
padres?
—Es un sobre nombre —mamá explicó—. joe se mete en un montón de peleas.
Él siempre necesita ser remendado
De repente me arrepentí de haberle explicado a mamá que ese era un sobre
nombre.
La Sra. Parnell sacudió su cabeza. —Creo que ese es un nombre de pandillero.
Todos los pandilleros usan sobre nombres. Asesino, Violador, Torturador. Joe.
Gire mis ojos. —joe no es un pandillero.
—Eso es lo que tú crees —dijo la Sra. Parnell—. Los pandilleros son criminales de
lo profundo de la ciudad, ¿cierto? Ellos son cucarachas que solo salen en las
noches. —Ella se calló por un instante y miró la silla vacía de Scott—. Los tiempos
cambian. Un par de semanas atrás vi un episodio de La Ley y El Orden sobre
unos nuevos pandilleros adinerados. Se llaman a sí mismos sociedades secretas,
o sociedades de sangre, o alguna cosa sin sentido, pero todo termina siendo lo
mismo. Pensé que eran cosas típicas de la basura de Hollywood, pero el padre de
Scott ve cada vez más de esas cosas, tú sabes que él es un policía.
—¿Tu esposo es un policía? —pregunté.
—Ex-esposo, que se pudra su alma.

Esto es suficiente.

La voz de Scott salió desde el pasillo sombrío, y yo salté del
susto. Ya me estaba preguntando si no había ido al baño, o si se había quedado
allí parado para escuchar nuestra conversación, cuando me di cuenta de que él
no había hablado en voz alta. De hecho.
Estaba muy segura que él había hablado a... mis pensamientos. No. No a mis
pensamientos. A los de su madre, y yo de alguna manera lo escuché.
La Sra. Parnell levantó sus manos. —Todo lo que digo es que se pudra su alma, no
me arrepiento de decirlo porque eso es lo que pienso.
—Dije que dejaras de hablar. —El tono de voz de Scott era tranquilo, suave.
Mi mamá se volteó, como si se acabara de dar cuenta de que Scott estaba allí. Yo
pestañeé, sin poder creer lo que estaba pasando. No pude haberlo escuchado
hablar a los pensamientos de su madre. Quiero decir, Scott era humano... ¿lo era?
—¿Así es como le hablas a tu madre? —la Sra. Parnell dijo, sacudiendo su dedo.
Pero podía decir que era más por nuestro beneficio que por poner a Scott en su
lugar.
Su mirada fría se quedo posada en ella un momento más, luego el salió por la
puerta principal.
La Sra. Parnell se limpio la boca, labial rosa se quedo en su servilleta. —El feo
lado del divorcio. —Ella dejó salir un largo y elaborado suspiro—. Scott nunca
tenía ese temperamento. Por supuesto debe ser que está madurando para ser el
padre de su propio hijo. Bueno. Es un mal tema y nada apropiado para la cena.
¿joe lucha, ___? apuesto que Scott podría enseñarle un par de cosas.
—El juega pool —dije con una voz distraída; no tenía el deseo de hablar sobre
joe. No aquí. No ahora. No cuando su nombre hacia que una roca llenara mi
garganta. Más que nunca, desee haber traído mi teléfono a la mesa. Ya no me
sentía tan furiosa, lo que podía significar que joe tampoco. ¿Ya me habrá
perdonado lo suficiente como para enviarle un texto o llamarlo? Todo era un
desastre, pero tenía que buscarle solución. Esto no era tan malo como parecía.
Nosotros encontraríamos la manera de hacer que funcione.
La Sra. Parnell asintió. —Polo. Ese es un buen deporte en Maine.
—Pool como billar, en un bar —Mamá me corrigió, sonando un poco molesta.
La Sra. Parnell sacudió su cabeza como si hubiese escuchado mal. —La mayor de
las actividades de pandilleros —ella dijo finalmente
---Mejor mantén un ojo sobre ese joe tuyo, ___.
Podría estar escondiendo algo de ti. Algo que mantiene en la oscuridad.
—Él no es un pandillero —repetí por millonésima vez, tratando de mantener un
tono cortés.
Pero tan pronto como lo dije, me di cuenta de que no había manera de que yo
supiera si él había sido un pandillero o no. ¿Acaso un grupo de Ángeles caídos
cuentan como pandilleros? No sabía mucho sobre su pasado, nada antes de
conocerlo...
—Ya veremos —dijo la Sra. Parnell, dudosa—. Ya veremos.
Una hora después de que la comida se había acabado y los platos habían sido
lavados, La Sra. Parnell finalmente había terminado de perseguir a Scott, y me fui
a mi habitación. Mi teléfono estaba en el piso, mostrando que no tenía mensajes,
ni llamadas.
Mi labio tembló, y me llevé mis manos al rostro para evitar que se me nublara la
visión con lágrimas. Para evitar que mi mente pensara en todas las cosas
horribles que le dije a joe, traté de pensar en una manera para arreglar las
cosas. Los arcángeles no nos podían prohibir hablar o vernos el uno al otro –no
cuando joe era mi ángel guardián. El tenía que quedarse en mi vida. Nosotros
seguiríamos haciendo lo que siempre hacemos. En un par de días, después de
olvidar nuestra primera pelea real, las cosas volverán a la normalidad. ¿Y a quién
le interesa mi futuro? Eso lo puedo arreglar después. No es como si tuviera toda
mi vida planeada en este momento.
Pero todavía había algo que no encajaba. joe y yo nos pasamos los últimos dos
meses mostrando nuestra afección públicamente, sin ningún tipo de reservación.
¿Así que por qué ahora se está preocupando por los arcángeles?
Mi mamá asomó su cabeza dentro de la habitación. —Voy a comprar un par de
cosas para mi viaje de mañana. Debería estar de regreso pronto. ¿Necesitas que
te traiga algo?
Me di cuenta de que no había mencionado a Scott como novio potencial.
Aparentemente ese pasado que esconde empañó sus planes como Cupido. —
Estoy bien, pero gracias de todas maneras.
Ella comenzó a cerrar la puerta, luego se detuvo. —Tenemos un problema. Dejé
que se me saliera que tú no tienes un carro. Y Lynn ofreció a Scott para que te
lleve a las clases de verano. Le dije que realmente no era necesario, pero creo
que ella pensó que sólo lo decía para no dejar fuera a Scott. Dijo que tú le
pagarías a él dándole un recorrido por Coldwater mañana.
—Vee me lleva hasta la escuela.
—Eso también se lo dije. Pero no quiso aceptar un no por respuesta. Será mejor si
tú le explicas las cosas a Scott directamente. Agradécele por ofrecerse, y dile que
ya tienes a alguien que te lleve.
Justo lo que quería. Más interacción con Scott.
—Quiero que te sigas yendo con Vee, —ella agregó lentamente—. De hecho, si
Scott pasa por aquí mientras estoy fuera de la ciudad, mantén tu distancia.
—¿No confías en él?

—No lo conocemos muy bien —dijo cuidadosamente.
—Pero Scott y yo solíamos ser amigos, ¿recuerdas?
Me miró enfáticamente. —Eso fue hace mucho tiempo. Las cosas cambian.
Exactamente mi punto.
—Sólo me gustaría saber un poco más sobre Scott antes de que pases mucho
tiempo con él —ella continuó—. Cuando vuelva veré que podemos encontrar.
Bueno, este fue un cambio inesperado de los eventos. —¿Vas a buscar la basura
que esconde?
—Lynn y yo somos buenas amigas. Está muy estresada. Va a necesitar alguien en
quien confiar. —dio un paso hacia la peinadora, tomó mi loción para las manos y
se echó—. Si menciona a Scott, bueno, no voy a dejar de escuchar.
—Si te sirve de ayuda, yo creo que él no es bueno, pienso que estuvo muy
misterioso en la cena.
—Sus padres están pasando por un divorcio —ella dijo en ese mismo tono
cuidadoso y neutral—. Estoy segura de que está pasando por mucho trauma. Es
difícil perder a un padre.
Dímelo a mí.
—La subasta termina el miércoles en la tarde, debería estar de regreso para la
cena. ¿Vee se quedara mañana en la noche, verdad?
—Sí —dije, justamente recordando que todavía tenía que discutir esto con Vee,
pero no me imagine que habría algún problema—. Por cierto, estoy pensando en
buscar trabajo. Es mejor decirle rápidamente, especialmente que si tengo suerte,
espero tener un trabajo antes de que ella regrese.
Mamá pestañeo. —¿De dónde salió eso?
—Necesito un auto.
—Pensé que a Vee no le importaba llevarte.
—Siento que soy un estorbo. —No puedo ni siquiera ir de emergencia a la tienda
para comprar tampones sin llamar a Vee. Peor, casi me voy a la escuela con
Millar.
No quería pedirle nada innecesario a mi madre, especialmente cuando estamos
tan cortas de dinero, pero no quiero que ocurra de nuevo lo de esta mañana
tampoco. He estado esperando conseguir un carro desde que me mamá vendió el
Fiat, y ver el Cabriolet esta tarde me hizo entrar en acción. Pagar por el auto yo
misma parece como algo justo.
—¿No crees que un trabajo va a interferir con la escuela? —Mamá preguntó, su
tono me decía que ella no estaba muy feliz con la idea. No es que esperara que lo
estuviera.
—Sólo estoy tomando una clase.
—Sí, pero es química.
—Sin ofender, pero yo puedo manejar dos cosas a la vez.
Con eso, ella se sentó en el borde de mi cama. —¿Hay algún problema? Estás
muy mal esta noche.

Me tomó más tiempo más tiempo del necesario responder, y estuve a punto de
decir la verdad. —No. Estoy bien.
—Pareces estresada.
—Largo día. Oh, ¿y te mencioné que Miley Miller es mi compañera de clase?
Pude notar por su expresión que ella sabía lo malo que eso era. Después de todo,
fue a mi mamá a quien recurrí estos últimos once años en los que Miley ha
estado haciéndome la vida difícil. Y fue mi mamá quien recogió las piezas, me
armó de nuevo y me envío al colegio más fuerte, sabía y con mis propios trucos.
—Estoy atascada con ella por las próximas ocho semanas.
—Te diré una cosa, si sobrevives las ocho semanas sin matarla, podemos hablar
de un carro.
—Eso es una apuesta difícil mamá.
Ella besó mi frente. —Espero un reporte completo de los primeros días cuando
llegue del viaje. Nada de fiestas salvajes mientras no estoy aquí.
—No te prometo nada.
Cinco minutos después, mi mamá se alejó en su Taurus. Dejé que la cortina
cayera de vuelta a su lugar, me senté en el sofá, y mire fijamente mi teléfono.
Pero no entraba ninguna llamada.
Busqué la cadena de joe, todavía enrollada en mi cuello, y más apretado de lo
que esperaba. Estaba ahogada en el horrible pensamiento de que eso era todo lo
que me había quedado de él.
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 27th 2011, 07:08

No iuugh que conScott?! Y como pudo hablarle a su mama asi?q no entiendo?! Surprised
jajaja siguela Wink muy buenos los caps
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liz_anasstazia
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 28th 2011, 17:20

si plis siguela
necesito saber como se vera JOE celoso de scott mientras me lleve a la escuela (me la barsa) jajajaja bueno rallita somos todas, asi q me Very Happy
uff me dieron ganas de matar a JOE como tan insensible y no manda ni un misero sms o un porfa llamame que se yo
igual Millar es una odiosa, q asía cerka de MI JOE 88 para ella Smile
siguela vale plis?? Very Happy
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 28th 2011, 19:33

siguuela!!! Wink
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Noviembre 30th 2011, 18:25

Vaane siguuela! Wink
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 1st 2011, 16:42

capitulo 4

El sueño vino en tres colores: negro, blanco y un gris pálido. Era una noche
fría. Estaba descalza en el camino de tierra, lodo y lluvia llenando
rápidamente los agujeros. Rocas e hierbas malas surgieron
intermitentemente. La oscuridad consumió el campo, excepto por un punto
brillante: a unos metros de la carretera yacía una taberna de piedra y madera.
Velas parpadearon en las ventanas, y estaba a punto de ir hacia la taberna por
refugio cuando oí el tintineo lejano de campanas. Mientras el sonido de las
campanas aumentaba, me moví a una distancia segura de la carretera. Observé
como un coche tirado por caballos se sacudió de la oscuridad y vino a parar
donde había estado parada momentos antes. Tan pronto como las ruedas dejaron
de rodar, el conductor se arrojo fuera del coche, salpicando lodo hasta la mitad
de sus botas. Él tiró de la puerta y retrocedió.
Una sombra oscura surgió. Un hombre. Una capa colgaba de sus hombros,
agitándose abierta en el viento, pero la capucha estaba bajada para cubrir su
rostro.
—Espere aquí —le dijo al conductor—. Mi señor, está lloviendo fuertemente. El
hombre de la capa asintió en dirección a la taberna.
—Tengo negocios. No debería tardar. Mantenga los caballos listos. Los ojos del
conductor se movieron hacia la taberna.
—Pero mi señor… son ladrones y vagabundos que mantienen compañía allí. Y
hay aire malo esta noche. Lo siento en mis huesos. —Él se frotó los brazos
vigorosamente, como si combatiera el frío.
—Mi señor, tal vez sería mejor regresar rápidamente a la casa con la Sra. y los
pequeños.
—No mencione nada de esto a mi esposa. —El hombre de la capa flexionó y abrió
sus manos enguantadas mientras fijaba su mirada en la taberna.
—Ella tiene bastante de qué preocuparse — él murmuró.
Volví mi atención hacia la taberna, y la ominosa luz de la vela vacilando en sus
pequeñas, ventanas inclinadas. El techo también estaba torcido, inclinado
ligeramente a la derecha, como si los instrumentos utilizados para construirlo
habían estado lejos de ser exacto. Malezas obstruyeron el exterior, y de tanto en
tanto un grito escandaloso o el sonido de vidrios rotos viajaban hacia fuera desde
sus paredes.
El conductor arrastró la manga de su abrigo debajo de su nariz. —Mi propio hijo
murió de la plaga no pasado dos años. Un cosa terrible, lo que usted y la señora
están sufriendo.
En el rígido silencio que siguió, los caballos cabalgaron impacientemente,
acompañados por una ola de vapor. Pequeñas nubes de aire helado surgieron de
sus hocicos. La imagen era tan autentica, de repente me asustó. Nunca antes
ninguno de mis sueños se había sentido tan verdadero.
El hombre de la capa había comenzado a cruzar el camino empedrado hacia la
taberna. Los bordes del sueño se desvanecieron detrás de él, y después de dudar
un momento comencé después de él, temiendo desaparecer también, si no me
quedaba cerca. Me deslicé a través de la puerta de la taberna detrás de él. A
mitad de la pared del fondo había un horno gigante con una chimenea de ladrillo.
Varios cuencos de madera, tazas de estaño, y utensilios flanqueando las paredes
a ambos lados del horno, colgando en el lugar sobre grandes clavos. Tres
barriles habían sido rodados hacia la esquina. Un perro sarnoso estaba
acurrucado en una bola de dormir en frente de ellos. Taburetes volcados y un
arreglo casual de platos y tazas sucias atestaron el piso, el cual era difícilmente un
piso en absoluto. Era tierra, apisonada lisa y salpicada con lo que parecía aserrín,
y en el momento en que entre en ella, el lodo ya endurecido en mis talones limpio
la tierra polvorienta.
Sólo estaba deseando una ducha caliente, cuando la aparición de la decena de
clientes sentados en varias mesas alrededor de la taberna penetro mi conciencia.
La mayoría de los hombres tenía el pelo hasta los hombros con raras, barbas
puntiagudas. Sus pantalones eran anchos y metidos dentro de botas altas, y sus
mangas onduladas. Usaban sombreros de ala ancha que me recordaron a los
peregrinos.
Estaba soñando definitivamente con un tiempo muy atrás en la historia, y desde el
detalle de que el sueño era tan vívido, debería haber tenido alguna idea de en
que período de tiempo había soñado. Pero estaba perpleja. Lo más probable
Inglaterra, pero en cualquier lugar del siglo XV hasta el siglo XVIII. Había
obtenido un 10 en historia del mundo este año, pero el período de ropa no había
estado en ninguna de nuestras pruebas. Nada en la escena frente a mi lo había
estado.
—Estoy buscando a un hombre — el hombre de la capa le dijo al cantinero, quien
estaba situado detrás de una mesa hasta la cintura que asumí servía como la
barra.
—Me dijeron que me encontrara con él aquí esta noche, pero me temo que no sé
su nombre.
El cantinero, un hombre bajo, calvo excepto por unos pocos pelos nervudos
parados en la parte superior de su cabeza, miró al hombre en la capa.

—¿Algo para beber?— preguntó él, extendiendo sus labios para mostrar sus
dentados tocones negros por dientes. Tragué la nausea que rodó a través de mi
estomago al ver de sus dientes y retrocedí.
El hombre de la capa no mostró mi misma repugnancia. Él simplemente sacudió
su cabeza. —Necesito encontrar este hombre lo más rápido posible. Me dijeron
que usted sería capaz de ayudar. La sonrisa podrida del cantinero desapareció
detrás sus labios.
—Sí, puedo ayudarlo a encontrarlo, mi señor. Pero confié en un viejo hombre y
tomé un trago o dos primero. Algo para calentar su sangre en una noche fría— Él
empujó un pequeño vaso hacia el hombre.
Detrás de la capucha, el hombre sacudió su cabeza otra vez. —Me temo que estoy
un poco apurado. Dígame dónde puedo encontrarlo —Él empujo unas pocas
fichas retorcidas sobre la mesa. El cantinero guardo las fichas.
Sacudiendo su cabeza hacia la puerta trasera, él dijo: —Él permanece más allá
del bosque. ¿Pero mi señor? Tenga cuidado. Algunos dicen que el bosque está
embrujado. Algunos dicen que el hombre que entra en el bosque es el hombre
que nunca vuelve a salir.
El hombre de la capa se inclinó sobre la barra que los separa a los dos y bajo su
voz. —Me gustaría hacer una pregunta personal. ¿El mes Judío de Jeshvan
significa algo para ti?
—No soy un judío —el cantinero dijo categóricamente, pero algo en sus ojos me
dijo que ésta no era la primera vez que le habían hecho la pregunta.
—El hombre que he venido a ver esta noche me dijo que lo encontrara aquí en la
primera noche de Jeshvan. Él dijo que me necesitaba para prestar un servicio
para él, por la duración de una quincena completa. —El cantinero acarició su
barbilla—. Una quincena es un largo tiempo.
—Demasiado largo. No habría venido, pero temía de lo que el hombre podría
hacer si no venía. Él menciono el nombre de mi familia. Él los conocía. Tengo una
hermosa mujer y cuatro hijos. No los quiero perjudicados. El barman bajo su voz,
como para compartir un chisme escandaloso.
—El hombre que ha venido a ver es… —él calló, echando una mirada sospechosa
alrededor de la taberna—. Él es inusualmente poderoso —el hombre de la capa
dijo.
—He visto su fuerza antes, y él es un hombre fuerte. He venido para razonar con
él. Seguramente él no puede esperar que yo abandone mis derechos y a mi
familia por tan largo tiempo. El hombre será razonable.
—No sé nada de la razón de este hombre —dijo el cantinero.

—Mi hijo menor ha contraído la plaga —explico el hombre de la capa, su voz
adquiriendo un temblor de desesperación—. Los doctores no creen que él viva lo
suficiente. Mi familia me necesita. Mi hijo me necesita.
—Tenga un trago —dijo el cantinero en voz baja. Él empujó el vaso hacia adelante
una segunda vez. El hombre de la casa giro abruptamente de la barra y se dirigió
a la puerta trasera. Lo seguí.
Afuera, chapotee descalza por el frío lodo después de él. La lluvia continúo a
cántaros, y tenía que caminar cuidadosamente para evitar resbalar. Me limpié los
ojos y vi la capa del hombre desaparecer en la línea de árboles en el borde del
bosque. Tropecé detrás de él, dudando en la línea de árboles. Ahuecando mis
manos para retener mi pelo mojado, miré hacia la oscuridad profunda de
adelante. Hubo un destello de movimiento y de repente el hombre de la capa
estaba corriendo de regreso hacia mí.
Él tropezó y cayó. Las ramas engancharon su capa; en un frenesí, él lucho para
desatarla de su cuello. Él dio un alto grito de terror. Sus brazos se agitaron
frenéticamente, todo su cuerpo retorciéndose y sacudiéndose convulsivamente.
Empujé mi camino hacia él, ramas raspando mis brazos, rocas pinchando mis pies
descalzos. Caí de rodillas junto a él. Su capucha estaba en su mayor parte bajada,
pero podía ver que su boca estaba ligeramente abierta, paralizada en un grito.
—¡Dase vuelta! —le ordené, tirando para liberar la tela atrapada debajo de él.
Pero él no podía oírme. Por primera vez, el sueño tomo un filo familiar. Al igual
que todas las otras pesadillas en que había estado atrapada dentro, cuanto más
luchaba, la cosa que más quería se deslizaba fuera del alcance.
Agarré sus hombros y lo sacudí.
—¡Dese vuelta! Puedo sacarlo de aquí, pero tiene que ayudar.
—Soy Barnabas Underwood —él arrastró las palabras—. ¿Conoces el camino
hacia la taberna? Eso es buena chica —dijo él, acariciando el aire como si él
estuviera acariciando una mejilla imaginaria. Me puse rígida. No había forma de
que él pudiera verme. Él estaba alucinando sobre otra chica. Él tenía que estarlo.
¿Cómo podía él verme si no podía oírme?
—Corre de vuelta y dile al cantinero que envié ayuda —él continúo.
—Dile que no hay hombre. Dile que es uno de los ángeles del diablo, vino a
poseer mi cuerpo y echar mi alma lejos. Dile que envié un sacerdote, agua
sagrada y rosas.
A la mención de los ángeles del diablo, el vello en mis brazos se crispo.
Él giró su cabeza hacia el bosque, esforzando su cuello.
—¡El ángel! —él susurró en un pánico.
—¡El ángel está viniendo! —Su boca se retorció en formas distorsionadas, y
parecía que él estaba peleando por el control de su propio cuerpo. Él se arqueó
hacia atrás violentamente, y su capucha cayó hacia atrás.

Yo estaba aún agarrando la capa, pero sentí mis manos reflexivamente aflojarse.
Observé al hombre con un jadeo de sorpresa atrapado en mi garganta. Él no era
Barnabas Underwood.
Él era Hank Millar. El padre de Miley.

* * *
Parpadeé mis ojos despiertos. Rayos de luces brillaron a través de la ventana de
mi dormitorio. El panel estaba roto y una brisa perezosa susurro el primer aliento
de la mañana a través de mi piel. Mi corazón estaba aún trabajando en doble
tiempo desde la pesadilla, pero tomé una respiración profunda y me tranquilice
que no era real. A decir verdad, ahora que mis pies estaban plantados
firmemente en mi propio mundo, estaba más alterada sobre el hecho que había
estado soñando sobre el padre de Miley que de cualquier otra cosa. En un apuro
por olvidarlo, empuje el sueño a un lado.
Saque mi celular debajo de mi almohada y revisé mis mensajes. Joe no había
llamado. Atrayendo la almohada contra mí, me enrosqué en ella y traté de ignorar
la sensación vacía dentro de mí. ¿Cuántas horas habían pasado desde que Joe
se fue? Doce. ¿Cuántas más hasta que lo viera de nuevo? No lo sabía. Eso era lo
que realmente me preocupaba. Mientras más tiempo pasaba, mas sentía la pared
de hielo entre nosotros espesarse.
Sólo llega al final de hoy, me dije, tragando el guijarro en mi garganta. La extraña
distancia entre nosotros no podía continuar por siempre.
Nada se va a resolver si me escondía en la cama todo el día. Veré a Joe otra
vez. Él podría incluso pasar después de escuela. O eso, o podría llamarlo. Sigo
con estos ridículos pensamientos, negándome a dejar de pensar sobre los
arcángeles. Sobre el infierno. Sobre lo asustada estaba que Joe y yo
estuviéramos enfrentando un problema que ninguno de los dos era lo suficiente
fuerte para resolver. Rodé fuera de la cama y encontré una nota pegada al espejo
del baño.

La buena noticia: convencí a Lynn no enviar a Scott durante esta mañana para
recogerte. La mala noticia: Lynn ha planeado que le des un tour por la ciudad. En
este punto estoy segura que decir “No” no funcionará. ¿Te molestaría llevarlo
alrededor después de clases? Que sea breve. Realmente breve. Deje su número sobre
el mostrador de la cocina.
XOXO
—mamá
Pd: te llamaré esta noche desde mi hotel.


Gemí y baje mi frente hacia el mostrador. No quería pasar diez minutos más con
Scott, y mucho menos un par de horas. Cuarenta minutos después, me había
duchado, vestido, y consumido un tazón de avena de fresa. Alguien dio un golpe
en la puerta delantera, la abrí para encontrar a Vee sonriendo.

—¿Lista para otro día de escuela de verano llena de diversión? —preguntó ella.
Agarré mi mochila de un gancho en el armario de los abrigos—. Vamos a acabar
con este día, ¿está bien?
—Woah, ¿Quién orino en tus Cheetos?
—Scott Parnell. Joe.
—Veo que el problema de la incontinencia no desapareció con el tiempo.
—Se supone que tengo que darle un tour de la ciudad después de clases.
—Uno-a-uno con un chico. ¿Qué hay que odiar?
—Deberías haber estado aquí anoche. La cena fue extraña. La madre de Scott
comenzó a contarnos sobre su pasado conflictivo, pero Scott la cortó. No sólo eso,
sino que casi parecía como si estuviera amenazándola. Luego él se disculpo para
usar el baño, pero termino espiándonos desde el pasillo. Y luego hablo hacia los
pensamientos de su madre. Quizás.
—Suena como si él estuviera tratando de mantener su vida privada. Suena como
que tendremos que hacer algo para cambiar eso. Estaba dos pasos por delante
de Vee, encabezando la manera de salir, y me quede corta. Sólo había
experimentado un destello de inspiración.
—Tengo una gran idea —dije, girando alrededor—. ¿Por qué no le das tú el tour
a Scott? No, en serio, Vee. Lo amaras. Él tiene esa imprudente, actitud de chico
malo anti-reglas. Él incluso pregunto si teníamos cerveza
—Escandaloso ¿verdad? Creo que él es apropiado para ti.
—No puedo hacerlo. Tengo una cita de almuerzo con Rixon —Sentí una
inesperada apuñalada en los alrededores de mi corazón. Joe y yo teníamos
planes de almuerzo hoy también, pero de algún modo dudo que eso suceda.
¿Qué había hecho? Tengo que llamarlo. Tengo que encontrar una manera de
hablar con él. No iba a terminar las cosas así. Era absurdo. Pero una pequeña voz
que despreciaba cuestionaba porqué él no había llamado primero. Él tenía que
disculparse tanto como yo.
—Te pagaré ocho dólares y treinta y dos centavos por llevar a Scott alrededor,
última oferta —dije.
—Tentador, pero no. Y aquí hay otra cosa. Joe probablemente no estará
demasiado feliz si tú y Scott hacen un hábito de este tiempo exclusivo. No me
malinterpretes. No me podría importar menos lo que piense Joe, y si quieres
volverlo loco, más poder para ti. Sin embargo, pensé que había alzado el punto.
Estaba a mitad de los escalones del porche delantero, y mi pie resbaló a la
mención de Joe. Pensé en contarle a Vee que había cancelado las cosas, pero
no estaba lista para decirlo en voz alta. Sentí mi celular, con la imagen de Joe
guardado en el, quemando en mi bolsillo. Una parte de mi quería lanzar el
teléfono hacia los árboles al otro lado de la carretera. Una parte de mí no podía
perderlo así de rápido.
Además, si le digo a Vee, ella inevitablemente señalaría que una ruptura nos
hacia libres de salir con otras personas, lo cual era la conclusión equivocada. Yo
no estaba mirando en otra parte, y tampoco lo estaba Joe. Espero. Esto era sólo
una pequeña dificultad. Nuestra primera pelea real. La ruptura no era
permanente. Atrapados en el momento, ambos habíamos dicho cosas que no
queríamos decir.
—Si fuera tu, me acobardaría —dijo Vee, sus tacones de cuatro pulgadas
pinchando los escalones detrás de mí—. Eso es lo que hago cada vez que me
encuentro en un aprieto. Llama a Scott y dile que tu gato esta tosiendo intestinos
de ratas, y tienes que llevarlo al veterinario después de la escuela.
—Él estuvo aquí anoche. Él sabe que no tengo gato.
—Al menos que él tenga espaguetis cocidos por cerebro, se dará cuenta que no
estás interesada.
Consideré esto. Si me salgo de darle un tour a Scott por la ciudad, quizás podría
tomar prestado el auto de Vee y seguirlo. Intentar como yo podría racionalizar lo
que había oído la noche anterior. No podía ignorar la persistente sospecha que
Scott había hablado a los pensamientos de su madre. Hace un año habría
descartado la idea como ridícula. Pero las cosas eran diferentes ahora. Joe
había hablado hacia mis pensamientos numerosas veces. Así como Chauncey
(Alias Jules), un Nefil de mi pasado.
Desde que los ángeles caídos no envejecen, y conozco a Scott desde que él tenía
cinco, ya había descartado aquello. Pero incluso si Scott no era un ángel caído, él
podía aún ser un Nefilim. Pero si él fuera un Nefilim, ¿Qué estaba haciendo en
Coldwater? ¿Qué estaba haciendo viviendo una vida de adolescente normal?
¿Sabía que era un Nefilim? ¿Lo sabía Lynn? ¿Había jurado Scott lealtad a un ángel
caído? Si él no lo había hecho, ¿Era mi responsabilidad advertirle sobre lo que
tenía por delante? No había congeniado instantáneamente con Scott, pero eso no
significaba que creyera que él se merecía renunciar a su cuerpo por dos semanas
cada año.
Por supuesto, quizás él no era un Nefilim en absoluto. Quizás estaba dejándome
llevar por la imaginación que yo había oído hablarle a los pensamientos de su
madre. Después de química pasé por mi casillero, cambie mi libro de texto por
mi mochila y el celular, luego camine a las puertas laterales ofreciendo una visión
clara del aparcamiento de los estudiantes. Scott estaba sentado en el capó de su
Mustang azul plateado. Él estaba aún usando el sombrero hawaiano, y caí en la
cuenta que si él continuaba esto, no lo reconocería sin eso. Ejemplo: ni siquiera
sabía su color de cabello. Saqué la nota de mi bolsillo que mi mamá me había
dejado y marqué su número.
—Esta debe ser Nora Grey —contestó él—. Espero que no me estés plantando.

—Mala noticia. Mi gato está enfermo. El veterinario me apretó en una cita de las
12:30. Voy a tener que dejar el tour para otro día, lo siento —Terminé, sin esperar
sentirme bastante culpable. Después de todo, sólo era una pequeña mentira. Y
ninguna parte de mi honestamente creía que Scott quería hacer un tour por
Coldwater. Al menos, eso era lo que me estaba diciendo para aliviar mi
consciencia.
—Claro —dijo Scott, y cortó la conexión. Sólo había cerrado mi celular cuando
Vee se acercó por detrás de mí—. Lo cancelaste muy bien, esa es mi chica.
—¿Te importa si tomo prestado el Neón por la tarde? —pregunté, observando a
Scott deslizarse del Mustang y hacer una llamada en su celular.
—¿Cuál es la ocasión?
—Quiero seguir a Scott.
—¿Para qué? Esta mañana dejaste bastante claro que no estabas interesada.
—Algo sobre él está… mal —Sí, son llamados gafas de sol. ¿Has escuchado de
Hulk Hogan? De cualquier modo, no puedo hacerlo, tengo una cita de almuerzo
con Rixon.
—Sí, pero Rixon podría darte un aventón para que así yo pueda tener el Neón
—dije, lanzando una mirada a través de la ventana para verificar que Scott no
hubiera saltado dentro del Mustang aún. No lo quería yéndose antes de
convencer a Vee que me entregara las llaves del Neón.
—Por supuesto que puede. Pero entonces me vería necesitada. Los chicos hoy
quieren una fuerte mujer independiente.
—Si me dejas tomar el Neón, llenaré el tanque —La expresión de Vee se suavizo
sólo un poco—. ¿Todo el camino?
—Todo el camino. O como mucho lo que ocho dólares y treinta y dos centavos
puedan comprar.
Vee mordió su labio. —Está bien —dijo ella lentamente—. Pero quizás yo debería
ir y hacerte compañía, asegurarme de que nada malo pase.
—¿Qué hay sobre Rixon?
—Sólo porque me haya ido y enganchado un ardiente novio no significa que voy a
dejar a mi mejor amiga estacada. Además, tengo el presentimiento de que vas a
necesitar mi ayuda.
—Nada malo va a suceder. Lo voy siguiendo. Él no sabrá que estoy allí. Pero
aprecio la oferta.
Los pasados meses me habían cambiado. No era tan ingenua y
descuidada como lo había sido una vez, y teniendo a Vee a lo largo apelando en
mi en más de un plano. Especialmente si Scott era un Nefilim. El único otro
Nefilim que había conocido había tratado de matarme.

Después que Vee llamó a Rixon y canceló, esperamos hasta que Scott estuviese
detrás del volante y se retirase de su lugar de aparcamiento antes de que
nosotras saliéramos del edificio. Él giró a la izquierda del estacionamiento, y Vee
y yo corrimos por su 1995 púrpura Dodge Neon.
—Tu conduces —dijo Vee, lanzándome las llaves. Algunos minutos después,
cogimos el Mustang, y deje atrás a tres autos. Scott continuaba en la carretera,
dirigiéndose al este hacia la costa, y yo lo seguí. Media hora después, Scott salió
hacia el muelle y entró a un estacionamiento en el borde de tiendas de ropa
dirigiéndose hacia el océano. Conduje más despacio, permitiéndole tiempo para
cerrar las puertas y alejarse, entonces estacione dos filas por encima.
—Parece que Scotty el meón está yendo de compras —dijo Vee.
—Hablando de compras, ¿no te importa si doy un vistazo alrededor mientras tú
controlas la vigilancia de hora aficionada? Rixon dijo que le gusta cuando chicas
se arreglan con bufandas, y mi guardarropa está despejado de bufandas.
—Ve por ello.
Quedando media cuadra detrás de Scott, lo observé caminar hacia una tienda de
ropa moderna y salir en menos de quince minutos después con una bolsa de
compra. Él fue hacia otra tienda y salió diez minutos después. Nada fuera de lo
normal, y nada que me hiciera pensar que el pudiera ser un Nefilim. Después de
una tercera tienda, la atención de Scott fue dirigida a un grupo de chicas en edad
universitaria comiendo almuerzo a través de la calle. Se sentaron en una mesa de
sombrilla en la terraza exterior del restaurante, usando tejanos cortos y la parte
superior del bikini.
Scott sacó su teléfono con cámara e hizo clic a unas cuentas imágenes francas. Me
giré para hacer muecas en la ventana de vidrio de la tienda de café a mi lado, y
ahí fue cuando lo vi a él sentando en un puesto dentro. Él estaba vestido con
pantalones color caqui, una camisa azul debajo, y una chaqueta de lino de marfil.
Su cabello rubio ondulado largo ahora, jalado hacia atrás en una cola de caballo
baja. Él estaba leyendo el periódico.

Mi padre.
Él doblo el periódico y camino hacia la parte trasera de la tienda. Corrí por la
vereda hacia la entrada de la tienda de café y abrí mi camino al interior. Mi padre
había desaparecido en la multitud. Corrí a la parte trasera de la tienda, mirando
alrededor frenéticamente. El pasillo embaldosado negro y blanco terminaba con
el baño de los hombres a la izquierda, el de las mujeres a la derecha. No había
salida, lo cual significaba que mi padre tenía que estar en el baño de hombres.
—¿Qué estás haciendo aquí?— preguntó Scott directamente sobre mi hombro.
Giré alrededor. —¿Cómo—que—qué estás haciendo aquí?

—Estaba a punto de preguntarte lo mismo. Sé que me seguiste. No luzcas tan
sorprendida. Se llama un espejo retrovisor. ¿Me estás acechando por una razón
específica? Mis pensamientos estaban muy revueltos para preocuparse de lo que
él estaba diciendo.
—Ve adentro del baño de los hombres y dime si hay un hombre en una camisa
azul allí.
Scott tocó mi frente. —¿Drogas? ¿Desorden de comportamiento? Estás actuando
esquizofrénica.
—Sólo hazlo.
Scott le dio a la puerta un puntapié, enviándola a volar abierta. Escuché el
balanceo de las casillas de puertas, y un momento después él regreso.
—Nada.
—Vi a un hombre en una camisa azul caminar hasta aquí. No hay otras salidas
—Gire mi atención a la puerta a través del pasillo la única puerta. Entré en el
baño de mujeres y empuje cada casilla abriéndolas una a la vez, mi corazón subió
a mi garganta. Los tres estaban vacíos.
Me di cuenta que estaba conteniendo el aliento, y lo deje salir. Tenía muchas
emociones apretadas encadenándose en mi interior. Decepción y miedo
encabezan la lista. Había pensado que había visto a mi padre vivo. Pero resulto
ser un truco malvado de mi imaginación. Mi padre se había ido. Él nunca iba a
regresar, y necesitaba encontrar una manera de aceptarlo. Me agaché con mi
espalda en la pared y sentí todo mi cuerpo sacudirse con lágrimas
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 1st 2011, 16:58



CAPIYULO 5
Scott se plantó en la entrada, con los brazos cruzados.
—Entonces, así es como luce el interior del baño de mujeres. Debo
decirlo, es mucho más limpio.
Yo mantuve la cabeza baja y limpie mi nariz con el dorso de mi mano —¿Te
importaría?
—No me iré hasta que no me digas porque me seguiste. Sé que soy un tipo
fascinante, pero esto está empezando a sentirse como una insana obsesión —Me
empuje a mi misma a estar de pie y salpique agua fría en mi cara. Evitando el
reflejo de Scott en el espejo, tome una toalla de papel y me seque.
—Tú también me vas a decir a quién estabas buscando en el baño de hombres
—dijo Scott.
—Pensé haber visto a mi papá —replique, convocando toda la ira que pude para
enmascarar el dolor punzante muy adentro.
—Eso es todo. ¿Satisfecho?
Yo arrugue la toalla y la arroje a la basura. Estaba llegando a la salida cuando
Scott dejo cerrarse la puerta y se apoyo sobre esta, bloqueándome.
—Una vez que ellos encuentren al tipo que lo hizo y lo manden lejos de por vida,
te sentirás mejor.
—Gracias por el peor consejo que he recibido hasta ahora —dije mordazmente,
pensando que lo único que haría que me sintiera mejor seria tener a mi papá de
vuelta.
—Confía en mí. Mi papá es un policía. El vive para decirles a las familias
sobrevivientes que ha encontrado al asesino. Ellos van a encontrar al tipo que
destruyó a tu familia y lo harán pagar. Una vida por una vida. Ahí es cuando
encontraras tu paz. Vamos a salir de aquí. Me siento como un acosador
repugnante estando en el baño de chicas —Él espero—. Eso se supone que
tendría que haberte hecho reír.
—No estoy de humor —Él entrelazó los dedos en la parte superior de su cabello y
se encogió de hombros, luciendo incómodo, como si odiara los momentos
incómodos, y mucho menos si no sabía cómo resolverlos.
—Escucha estaré jugando pool, en este bar en Springvale esta noche, ¿quieres
venir?
—Paso —No estaba de humor para jugar pool. Todo lo que lograría seria llenar mi
cabeza con recuerdos no deseados de Joe. Yo recordé la primera vez que lo
perseguí para terminar una asignatura de Bio y lo encontré jugando pool en el
sótano de Bo´s. Recordé cuando me enseño a jugar pool. Recordé la manera en
que se paro detrás de mí, tan cerca que sentí electricidad. Aún más, Yo recordé la
manera en que él siempre había aparecido cuando lo necesitaba. Pero yo lo
necesitaba ahora. ¿Dónde estaba él? ¿Estaba él pensando en mí?
Me quede en el patio delantero rebuscando dentro de mi bolso por las llaves. Mis
zapatos empapados de lluvia chillaban contra las tablas, y mis mojados jeans
frotaban un sarpullido en la parte interna de mis muslos. Después de seguir a
Scott, Vee me había arrastrado a varias tiendas para que le diera mi opinión
acerca de bufandas, y mientras le daba mi opinión acerca de una violeta de seda
versus una más simple pintada a mano en colores neutrales, una tormenta había
volado en frente del mar. Para el momento en que corrimos al estacionamiento y
nos arrojamos dentro del Neon, habíamos pasado de secas a empapadas.
Nosotras habíamos encendido el calefactor durante todo el camino a casa, pero
mis dientes aún castañeaban, mi ropa se sentía como hielo pintado mi piel, y aún
temblaba por haber creído ver a mi padre.
Yo empuje mi hombro contra la húmeda e hinchada puerta, luego palmee la
pared de adentro hasta que mis dedos toquetearon el interruptor de luz. En el
baño de arriba, me saque la ropa y la colgué en el tubo de la ducha para que se
secara. En el otro lado de la ventana, un relámpago se bifurco abajo a través del
cielo y un trueno clamó como si estuviesen pisoteando el techo.
He estado sola en la granja en numerosas tormentas antes, pero toda la
experiencia no me había vuelto nada más adaptada ellas. La tormenta de esta
tarde no era la excepción. Vee se suponía que debía haber estado aquí ahora,
para dormir, pero ella había decidido reunirse con Rixon por unas horas desde
que le había cancelado antes. Yo desee poder viajar atrás en el tiempo y decirle
que yo podía seguir a Scott sola, si ella aseguraba hacerme compañía en la granja
esta noche.
Las luces del baño parpadearon dos veces. Esa fue toda la advertencia que
obtuve antes de que se apagaran, dejándome de pie en la sombra de la
oscuridad. La lluvia se lanzaba contra la ventana, corriendo en ríos. Me quede en
el lugar un momento, esperando a ver si la electricidad seria restablecida. La
lluvia se convirtió en granizo, golpeando las ventanas con tanta fuerza que temí
que el cristal se rompería.
Llamé a Vee. —Mi energía eléctrica acaba de apagarse.
—Sí, las farolas acaban de morir en mi camino. Vagos.
—¿Quieres devolverte y hacerme compañía?
—Vamos a ver. No especialmente.
—Me prometiste dormir aquí.

—También prometí a Rixon reunirme con él en Taco Bell. No voy a cancelarle dos
veces en un día. Dame un par de horas, entonces yo seré toda tuya. Te llamaré
cuando haya terminado. Definitivamente, voy a llegar antes de la medianoche.
Colgué y exprimí mi memoria, tratando de recordar donde había visto por última
vez las cerillas. No estaba lo suficientemente oscuro para necesitar velas para
ver, pero me gustaba la idea de iluminar el lugar tanto como fuera posible, sobre
todo porque yo estaba sola. La luz tenía una forma de mantener a los monstruos
de mi imaginación a raya.
Había velas en la mesa del comedor, recordé, Me envolví en una toalla y baje las
escaleras hasta el nivel principal. Y candelabros en los gabinetes. ¿Pero dónde
estaban las cerillas? Una sombra se movió en el campo detrás de la casa, y yo
lance mi cabeza hacia las ventanas de la cocina. Una cortina de lluvia se
derramada por los cristales, lo que distorsiona el mundo exterior, y yo me
acerque para ver mejor. Todo lo que yo había visto se había ido. Un coyote, me
dije, sintiendo una repentina oleada de adrenalina. Sólo un coyote.
El teléfono de la cocina chilló, y yo lo agarre, mitad, porque estaba sorprendida y
mitad porque quería oír una voz humana. Rece para que fuera Vee llamando para
decir que había cambiado de opinión.
—¿Hola? —Esperé—. ¿Hola?
La estática crujió en mi oído.
—¿Vee? ¿Mamá? —En el borde de mi visión, vi a otra sombra escabullirse a
través de los campos. Chupe una respiración estabilizadora, recordándome a mí
misma que no había manera posible de que yo estuviera en cualquier peligro
verdadero. Joe podía no ser mi novio, pero él seguía siendo mi ángel de la
guarda. Si había problemas, él estaría aquí. Pero incluso mientras lo pensaba, me
pregunté si podía contar con Joe para nada más. Él debe odiarme, pensé. Tiene
debería querer tener nada que ver conmigo. Todavía debía estar furioso, y por
eso no había hecho ningún esfuerzo en ponerse en contacto conmigo. El
problema con esa línea de pensamiento es que sólo me hacia enojar de nuevo.
Ahí estaba yo, preocupada por él, pero las posibilidades, donde quiera que
estuviera, eran de que él no estaba preocupado por mí. Él había dicho que no se
iba solo a tragarse mi decisión de romper, pero eso era exactamente lo que él
había hecho. No me había enviado textos o llamado. No había hecho nada. Y no
era como que él no tenía una razón.
Podía llamar a mi puerta en este mismo instante y decirme que es lo que había
estado haciendo en lo de Marcie hacia dos noches. Él me podría decir porque
había huido cuando le dije que lo amaba. Sí, yo estaba enojada. Sólo que esta vez,
yo iba a hacer algo al respecto. Agarre el teléfono de la casa y me desplace a
través de mi teléfono celular, buscando el número de Scott. Yo iba a tirar la
precaución al viento y tomar su oferta. Incluso a pesar que sabía que era por
todas las razones equivocadas, que quería salir con Scott. Quería sacarle a Joe
el dedo. Si él pensaba que yo iba sentarme en casa y llorar por él, estaba
equivocado.

Habíamos roto, yo era libre de salir con otros chicos. Y mientras estaba en ello,
iba a probar la capacidad de Joe para mantenerme a salvo. Tal vez Scott
realmente era un Nefilim. Tal vez el era un problema. Tal vez era exactamente el
tipo de persona que debería evitar. Sentí una dura sonrisa en mi cara cuando me
di cuenta que no importaba lo que hiciera, o lo que Scott pudiera hacer; Joe
tenía que protegerme.
—¿Ya te has ido a Springvale ? —Le pregunté a Scott, después de introducir su
número.
—¿Andar conmigo no es tan malo después de todo?
—Si me lo vas a restregar, no voy —Le oí reír.
—Tranquila, Grey, sólo estoy jugando contigo —Le prometí a mi mamá que
mantendría distancia de Scott, pero no estaba preocupada. Si Scott se metía
conmigo Joe tendría que entrar.
—Bueno —dije—. ¿Me vas a recoger o qué?
—Paso por allá después de las siete.
Springvale es un pequeño pueblo pesquero, y en su mayor parte está
aglomerado en la calle principal: la oficina de correos, algunos restaurantes
baratos de pescado y papas, Tiendas de pesca, y el Salón de billar Z. El Z era de
un solo piso, con una ventana de vidrio que ofrecía una vista privilegiada al salón
de billar y un bar. Basura y malas hierbas decoraban el exterior. Dos hombres
con la cabeza rapada y barbas de chivo estaban fumando en la acera a las afueras
de las puertas; Ellos tiraron sus cigarrillos y desaparecieron en el interior. Scott
se estaciono en una esquina cerca de las puertas.
—Voy a correr un par de cuadras para encontrar un cajero automático —dijo
apagando el motor. Estudié el letrero de la tienda colgando encima de la ventana.
El Salón de Billar Z. El nombre me hizo cosquillas en la memoria.
—¿Por qué este lugar me suena familiar? —Le pregunté.
—Un par de semanas atrás un hombre se desangró en una de las mesas. Una
pelee en el Bar. Estuvo en todas las noticias. —Oh.
—Iré contigo —le ofrecí rápidamente.
Se volvió, y yo le seguí. —No —dijo por encima de la lluvia.
—Vas a mojarte. Espera en el interior. Vuelvo en diez minutos —Sin darme otra
oportunidad de seguirlo, se encorvó los hombros en la lluvia, metió las manos en
sus bolsillos, y se fue corriendo por la acera.
La lluvia caía en mi cara, me metí debajo del voladizo del edificio y resumí mis
opciones. Podía entrar sola, o podía esperar aquí a Scott. Yo no había esperado ni
cinco segundos antes de que mi piel empezara a picar. Si bien en la acera había
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poco tráfico, no estaba completamente desolado. Los que estaban debajo de
aquel tiempo llevaban camisas y botas de trabajo. Se veían más grandes, más
duros, y más malo que los hombres que merodeaban en torno a Main Street en
Coldwater. Algunos me dieron un vistazo en su paso.
Miré por la acera en la dirección que Scott había tomado y lo vi rodear el edificio
y desaparecer por un lado del callejón. Mi primer pensamiento fue que iba a
pasar un duro tiempo encontrando un cajero automático en el callejón junto al Z.
Mi segundo pensamiento fue que tal vez me había mentido. Tal vez él no iba en la
búsqueda de un cajero automático después de todo. Pero entonces ¿qué estaba
haciendo en un callejón, en la lluvia? Quería seguirlo, pero no sé cómo se iba a
quedar fuera de su vista. Lo último que necesitaba era que él me atrapara
expiándolo de nuevo. Ciertamente, no promovería la confianza entre nosotros.
Pensando que tal vez yo podría entender lo que estaba haciendo sólo
observándolo a través de una de las ventanas dentro del Z, yo tire de la manija de
la puerta.
El aire en el interior era fresco y cubierto de humo y hombres transpirando. El
techo era bajo, las paredes eran de hormigón. Tenía algunos carteles de los
coches gigantes, un calendario de Sports Illustrated, y una placa de Budweiser10
ofrecían la única decoración. Sin ventanas, los paneles de la pared me dividieron
de Scott. Di un paseo por el pasillo central, vagando más adentro en la sala
oscura, y disminuí mi respiración haciéndola superficial, tratando de filtrar mi
consumo de sustancias cancerígenas.
Cuando llegué a la parte posterior del Z, fije los ojos en la salida y mire hacia el
callejón trasero. No tan conveniente como una ventana, pero tendría que ser. Si
Scott me sorprendía mirándolo, yo podría siempre fingir inocencia y afirmar que
había salido por aire fresco.
Después de asegurarme de que nadie estaba mirando, abrí la puerta y saqué la
cabeza. Unas Manos me agarraron por el cuello de mi chaqueta de jean, tirando
de mí, y me apoyaron contra el exterior de la pared de ladrillo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Exigió Joe. La lluvia siseó detrás de él,
derramándose fuera del techo de metal.
—Jugar billar —yo tartamudeé, mi corazón aún congelado por la sorpresa de ser
arrancada de mis pies.
—Jugar billar —él repitió, no sonando ni incluso cerca de comprarlo.
—Estoy aquí con un amigo. Scott Parnell —Su expresión se endureció.
—¿Tienes un problema con eso? —replique.
—¿Rompimos, recuerdas? Puedo salir con otros chicos si quiero. Yo estaba
enojada con los arcángeles, con el destino, con las consecuencias. Estaba
enojada por estar aquí con Scott, y no con Joe.
yo estaba enojada con Joe por no tirar de mí hacia sus brazos y decirme que quería poner todo lo que había
sucedido en las últimas veinticuatro horas detrás de él. Que todo lo que nos
dividía, seria lavado, y seriamos sólo él y yo a partir de ahora. Joe bajó la
mirada al suelo y se pellizcó el puente de la nariz. Me di cuenta de que estaba
convocando a la paciencia desde lo más profundo.
—Scott es un Nefilim. Una primera generación de raza pura. Justo como era
Chauncey.
Parpadeé. —Es cierto, entonces. Gracias por la información, pero ya sospechaba.
—Hizo un gesto de asco—. Termina con el acto de valentía. Es un Nefilim.
—Cada Nefilim no es Chauncey Langeais —dije con irritación.
—Todos los Nefilim no son malos. Si le dieras a Scott una oportunidad, verías que
es en realidad bastante…
—Scott no es cualquier viejo Nefilim —dijo Patch, cortándome.
—El pertenece a una sociedad de sangre Nefilim que ha ido creciendo en el
poder. La sociedad quiere liberar a la esclavitud Nefilim de los ángeles caídos
durante Cheshvan. Están reclutando miembros, como locos para luchar contra los
ángeles caídos, y es una guerra por el territorio entre las dos partes. Si la
sociedad se vuelve más potente, lo suficiente, los ángeles caídos darán marcha
atrás... y comenzaran a poseer a los seres humanos como sus vasallos en su lugar.
Me mordí el labio y lo mire con inquietud. Sin querer, Me acordé del sueño de la
noche anterior. Cheshvan. Nefilims. Ángeles Caídos. No podía escapar de nada
de eso.
—¿Por qué los ángeles caídos por lo general no poseen a los seres humanos?
—Le pregunté.
—¿Por qué eligen un Nefilim?
—Los cuerpos humanos no son tan fuertes o resistentes como los cuerpos de los
Nefilim —respondió Patch.
—Una posesión de dos semanas de duración los mataría. Decenas de miles de
seres humanos morirían en cada Cheshvan.
—Y es mucho más difícil de poseer un ser humano —continuó.
—Los ángeles caídos no pueden obligar a los seres humanos a jurar fidelidad,
tienes que convencerlos de entregar sus cuerpos. Eso lleva tiempo y persuasión.
Los cuerpos humanos también se deterioran más rápido. No son muchos los
ángeles caídos que quieren tomar la molestia de poseer un ser humano si podría
estar muerto en una semana.
Un estremecimiento de aprensión se deslizó a través de mí, pero yo le dije,
—Eso es una triste historia, pero es difícil culpar a Scott o a cualquier Nefilim, por
la materia. No me gustaría que un ángel caído tomara el control de mi cuerpo dos
semanas de cada año tampoco. Esto no suena como un problema Nefilim. Suena
como un problema de los ángeles caídos.
El músculo de su mandíbula saltó. —El Z no es tu tipo de lugar. Vete a casa.
—Acabo de llegar aquí —Bo´s es leve en comparación con este lugar.
—Gracias por el dato, pero no estoy de humor para pasar el rato en mi casa toda
la noche sintiendo lástima por mí misma.
Joe se cruzó de brazos y me estudió.
—¿Te estás poniendo a ti misma en peligro para volver conmigo? —el adivinó.
—En caso de que lo hayas olvidado, no fui el que termino las cosas —No te hagas
ilusiones. Esto no es acerca de ti.
Joe excavo en su bolsillo por las llaves. —Te voy a llevar a casa.
Su tono me dijo que yo era un gran inconveniente, y que si veía algún modo de
rodearme, con mucho gusto lo haría.
—No necesito que me lleves. Yo no necesito tu ayuda.
Se echó a reír, pero el sonido carecía de humor. —Te vas a meter en el jeep,
incluso si tengo que arrastrarte dentro, porque no vas a quedarte aquí. Es
demasiado peligroso.
—No puedes darme órdenes. Él simplemente me miró.
—Y mientras lo haces, tú vas a dejar de salir con Scott.
Sentí que mi ira burbujeaba. Cómo se atrevía a suponer que era débil e
indefensa. Cómo se atrevía a tratar de controlarme diciendo lo que podía y no
podía hacer, y con quién podía pasar el tiempo. Cómo se atrevía a actuar como si
hubiera significado algo para él. Le envié una mirada de desafío fresco.
—No me hagas más favores. Nunca te los pedí. Y yo no te quiero como mi ángel
guardián más.
Joe se puso sobre mí, y una gota de lluvia cayó de su pelo, aterrizando como
hielo en mi clavícula. La sentí deslizarse a lo largo de mi piel, y desaparecer por
debajo de la línea del cuello de mi camisa. Sus ojos siguieron la gota de agua, y
empecé a temblar por dentro. Yo quería decirle que lo sentía por todo lo que
había dicho. Quería decirle que no me importaba Marcie, o lo que los arcángeles
pensaran. Me preocupaba por nosotros. Pero la verdad era dura y fría, nada de lo
que dijera o hiciera podría alinear las estrellas. A mí no me podría importar el
nosotros. No si quería mantenerme cerca de Joe. No, si yo no quería que lo
desterraran al infierno. Cuanto más peleáramos, más fácil seria ingerir el odio y
convencerme de que él no significaba nada para mí, y que podía seguir adelante
sin él.
—Retíralo —dijo Joe, en voz baja.
Yo no me atrevía a mirarlo, y no podía llevarme a mí misma a retirarlo. Yo apunte
la barbilla hacia arriba y cubrí mis ojos en el desenfoque de la lluvia por encima
de sus hombros. Maldita sea mi orgullo, y maldito sea él, también.
—Retíralo, ___ —repitió Joe más firme.
—No puedo hacer las cosas bien contigo en mi vida —le dije, odiándome a mí
misma por permitir que mi barbilla temblara.
—Esto sería lo más fácil de todo el mundo si sólo quiero una ruptura limpia. He
pensado sobre esto.
—Yo no lo había hecho. Yo no había pensado en esto en absoluto. No había
querido decir estas palabras. Sin embargo, una pequeña, horrible y despreciable
parte de mí quería herir a Joe tanto como yo estaba herida.
—Te quiero fuera de mi vida. Durante todo el camino. Después de un golpe fuerte
de silencio, Joe llegó a mí alrededor y metió algo profundo en el bolsillo
trasero de mis vaqueros. Yo No sabría decir si me había imaginado que su mano
había quedado allí un latido más del tiempo necesario.
—Efectivo —explicó—. Vas a necesitarlo.
Saqué el dinero. —No quiero tu dinero —Cuando no tomo el fajo de dinero en
efectivo extendido, lo golpeé contra su el pecho, queriendo, rozarlo al pasarme
por delante de él cuando lo hacía, Joe agarró mi mano, capturándola contra de
su cuerpo.
—Tómalo —El tono de su voz me dijo que yo no sabía nada. Que yo no lo
entendía, o a su mundo. Que era una forastera, y que nunca encajaría
—La mitad de los chicos allí está llevando algún tipo de arma. Si pasa algo, tira el
dinero sobre la mesa y dirígete hacia las puertas. Nadie te va a seguir con un
montón de dinero en efectivo en juego.
Me acordé de Miley.
¿Estaba sugiriendo que alguien podría tratar de acuchillarme? Casi me eché a
reír. ¿El honestamente creía que me asustaba? Si yo lo quería como mi ángel de la
guarda era irrelevante. El hecho del asunto es, que nada de lo que dijera o
hiciera cambiaría su destino. Tenía que mantenerme a salvo. El hecho de que
estaba aquí en este momento lo había demostrado. Soltó mi mano y tiró de la
manija de la puerta, los músculos a lo largo de su brazo estaban rígidos. La
puerta se cerró detrás de él, temblando sobre sus bisagras.
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HOLAA CHICAS COMO ESTAN??? YO ESTOY BIEN MAÑANA TERMINO LAS CLASES!! PERO ME LLEVE UNA MATERIA: INGLES PERO LA VOY A DAR COMO SEA IGUAL TENGO TIEMPO PARA INGLESS EL PROCIMO CAPII VIENE RE INTERESANTE MUY INTERASENTE COMENTEN!!! MAÑANA NO LES SUBO CAPII PORQUE LA VOY A AYUDAR A UNA AMIGA QE TIENE QE RENDIR 5 MATERIAS PERO BUENOO QE LA PASEN BIENN FALTA PARA QUE TERMINE LA HISTORIA PERO CREO QE VA ABER 3 PARTE SII PASENLA BIEN
BESSOS COMENTEN!! Smile
el proximo capii es re interesantre
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 2nd 2011, 16:46

waaa jaja Sad todo mundo esta salieendo de vacas antes que yo jajaja ):

wooa me quede en shoock! Shocked nose ni siquiera quue decir, esque tengo tantas preguntas, pero solo hare una:
¿¡Cuando la sigues?! jaja Wink
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Hoy a las 17:31

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CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush
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