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 CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush

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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 2nd 2012, 06:27

holis chicas!!! hoy es la primera vez en .... desde el 2 de diciembre que me levanto antes de las 4 pm.

Hoy a las 9:05 (xD re observadora la chica)
me fui a correr
como no se 8 cuadras bien largas una hora demore. xD a donde voy es que en unas hora o en una hora subo capi!! pero buen capi!!
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 2nd 2012, 15:57

okeey! Wink jaja siguuuela!
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 3rd 2012, 05:07

hola chicas lo siento por no subir capiii ahora subo:
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 3rd 2012, 05:28


CAPITULO 13

La tarde siguiente Vee me dejó cerca de la puerta delantera de Enzo‘s.
Estaba vestida en un traje amarillo estampado con tirantes que pasaba la
línea entre coqueto y profesional y era lejos más optimista que cualquier
cosa que sentía por dentro. Me detuve en frente de las ventanas para arreglar mi
cabello, el que se había aflojado en ondas después de dormir toda la noche, pero
el gesto se sentía rígido. Forcé una sonrisa. Era la que había estado practicando
toda la mañana. Se sentía tirante en los bordes y quebradiza en todas partes en
medio. En la ventana, parecía falsa y hueca. Pero para la mañana siguiente de una
noche pasada llorando, era lo mejor que podía manejar.
Después de caminar desde la casa de Miley la noche pasada, me había
acurrucado en la cama, pero no había dormido. Había pasado la noche
atormentada por pensamientos autodestructivos. Mientras más tiempo pasaba
despierta, mis pensamientos tomaban salidas más alejadas de la realidad. Quería
hacer una declaración, y estaba lo suficientemente herida para que no me
importara cuán drástica era. Un pensamiento vino a mí, el tipo de pensamiento
que nunca antes hubiera disfrutado en mi vida. Si terminaba mi vida, los
arcángeles lo verían. Quería que sintieran remordimiento. Quería que dudaran
de sus leyes arcaicas. Quería que fueran hechos responsables por desgarrar mi
vida, luego por desgarrarla completamente. Mi mente se arremolinó y tambaleó
con esa clase de pensamientos toda la noche. Mis emociones cambiaban de la
desgarradora pérdida, a la negación y la ira. En un punto, me arrepentí de no
escaparme con Joe. Cualquier felicidad, no importaba cuán breve, parecía
mejor que el largo tormento hirviendo a fuego lento de despertarme día tras día,
sabiendo que nunca podría tenerlo.
Pero cuando el sol empezó a elevarse a través del cielo esta mañana, llegué a una
decisión. Tenía que seguir adelante. Era eso o deslizarme dentro de una helada
depresión. Me forcé a mi misma a los movimientos de ducharme y vestirme, y fui
a la escuela con una fija determinación de que nadie vería profundo bajo mi piel.
Una sensación de hormigueo envolvió mi cuerpo, pero me rehusé a demostrar un
sólo signo de autocompasión. No iba a dejar que los arcángeles ganaran. Iba a
empujarme de regreso sobre mis pies, conseguir un trabajo, pagar mi multa por
exceso de velocidad, terminar la escuela de verano con las máximas
calificaciones, y mantenerme a mi misma tan ocupada que sólo en la noche,
cuando estuviera sola con mis pensamientos y no podía ser ayudada, pensaría en
Joe.


Dentro de Enzo‘s, dos balcones semicirculares se extendían a mi izquierda y
derecha, con un conjunto de amplias escaleras que dirigían hacia el área
principal de comida y el mostrador del frente. Los balcones me recordaban
curvadas pasarelas mirando el hoyo desde arriba. Las mesas en el balcón estaban
llenas, pero sólo unos pocos rezagados bebiendo café y leyendo el periódico de
la mañana permanecían en el hoyo.
Con la ayuda de una inhalación profunda, tomé las escaleras hacia abajo y me
acerqué al mostrador de adelante.
—Disculpe, escuché que están contratando baristas —le dije a la mujer en la
caja registradora. Mi voz sonaba plana en mis oídos, pero no tenía la energía para
tratar de corregirlo. La mujer, de mediana edad, pelirroja con una etiqueta de
nombre que leía ROBERTA, levantó la vista—. Me gustaría llenar una solicitud.
—Me las arreglé para sonreír a medias, pero de algún modo, temía que no
estuviera en ningún lugar cerca a creíble.
Roberta enjugó sus pecosas manos sobre un trapo y vino alrededor del
mostrador. —¿Baristas? Ya no.
La miré fijamente, aguantando la respiración, no había considerado que haría si ni
siquiera el paso uno de esto era arrancado de debajo de mí. Necesitaba un plan.
Necesitaba este trabajo. Necesitaba una vida cuidadosamente controlada donde
cada minuto estaba planeado, y cada emoción estaba dividida en secciones.
—Pero todavía estoy buscando a alguien de confianza para que atienda el
mostrador, turno de noche solamente, de seis a diez —añadió Roberta.
Parpadeé, mi labio temblando ligeramente por la sorpresa. —Oh —dije—, eso
está… bien.
—De noche bajamos las luces, sacamos a los camareros, tocamos un poco de jazz,
e intentamos una sensación más sofisticada. Solía estar muerto aquí después de
las cinco, pero estamos esperando atraer a las multitudes. Economía dura
—explicó—. Estarías a cargo de recibir a los clientes y escribir sus órdenes,
luego decirlas en la cocina. Cuando la comida está lista, la llevarías a las mesas.
Traté de asentir con ansias, determinada a demostrarle cuanto quería este
trabajo, sintiendo todas las pequeñas grietas en mis labios partirse cuando
sonreí. —Eso… suena perfecto —me las arreglé para decir con una voz fuerte.
—¿Tienes alguna experiencia trabajando?
No la tenía. Pero Vee y yo veníamos a Enzo‘s al menos tres veces por semana.
—Conozco el menú de memoria —dije, comenzando a sentirlo más sólido, más
real. Un trabajo. Todo dependía de eso. Iba a construir una vida nueva.
—Eso es lo que me gusta escuchar —dijo Roberta—. ¿Cuándo puedes empezar?
—¿Esta noche? —Difícilmente podía creer que me estaba ofreciendo el trabajo.
Aquí estaba yo, incapaz de evocar incluso una sonrisa sincera, pero lo estaba
dejando pasar. Me estaba dando una oportunidad. Extendí mi mano hacia
adelante para sacudir la de ella, entonces me di cuenta medio latido de corazón
demasiado tarde que estaba temblando.
Ella ignoró mi mano extendida, observándome con su cabeza levantada hacia un
lado en una forma que sólo me hizo sentir más expuesta y cohibida. —¿Está todo
bien?
Aspiré un silencioso aliento y lo mantuve. —Si… estoy bien.
Me dio un rápido y enérgico asentimiento. —Llega aquí un cuarto para las seis y
te conseguiré un uniforme antes de tu turno.
—Muchas gracias… —empecé, mi voz todavía sorprendida, pero ella ya estaba
saliendo detrás del mostrador.
Cuando caminé fuera hacia el sol enceguecedor, hice cálculos en mi cabeza.
Asumiendo que iba a hacer un salario mínimo, si trabajaba cada noche por las
próximas dos semanas, quizás sólo sería capaz de pagar mi multa de exceso de
velocidad. Y si trabajaba cada noche por dos meses, que eran sesenta noches que
iba a estar demasiado ahogada en el trabajo para vivir sobre Joe. Sesenta
noches se acercaban al final de las vacaciones de verano, cuando podría volver
otra vez a tirar toda mi energía en la escuela. Ya había decidido mi paquete de
horario con la escuela. Ya había decidido empacar mi horario con mis clases
demandadas. Podía manejar la tarea en cada estado y forma, pero la angustia era
una cosa completamente diferente.
—¿Bueno? —preguntó Vee, yendo en punto muerto a mi lado en el Neon—.
¿Cómo te fue?
Subí al asiento del pasajero. —Conseguí el trabajo.
—Genial. Parecías realmente nerviosa entrando, casi como si fueras a perderlo,
pero no hay razón para preocuparse ahora. Oficialmente eres un miembro
trabajador de la sociedad. Estoy orgullosa de ti, nena. ¿Cuándo empiezas?
Revisé la lectura en el tablero. —Cuatro horas.
—Me detendré por la noche y pediré ser ubicada en tu área.
—Mejor que dejes propina —dije, mi intento de humor casi llevándome a las
lágrimas.
—Soy tu chofer. Eso es mejor que la propina.
Seis y media horas más tarde, Enzo‘s estaba atestado hasta las paredes. Mi
uniforme de trabajo consistía en una camisa con ribetes, unos pantalones grises
tejidos con un chaleco que combinaba, y un gorro como el del chico que repartía
periódicos. El gorro como el del chico que repartía periódicos no estaba
haciendo un muy buen trabajo en sostener mi cabello, el que se rehusaba a
permanecer metido fuera de vista. En este momento, podía sentir los rizos
perdidos aplastados a los lados de mi cara por el sudor. A pesar de que estaba
completamente agobiada, me sentía extrañamente aliviada de estar por sobre mi
cabeza. No había tiempo para cambiar mis pensamientos, incluso
momentáneamente, hacia Joe.
—¡Chica nueva! —Uno de los cocineros —Fernando— estaba gritándome. Se paró
detrás de una pequeña pared que separaba los hornos del resto de la cocina,
batiendo una espátula—. ¡Tu orden está lista!
Agarré los tres platos de sándwiches, cuidadosamente amontonados sobre mi
brazo en una fila, y volví por las puertas balanceándose. En mi camino a través
del hoyo, atrapé el ojo de una de las anfitrionas. Sacudió con fuerza su barbilla
hacia una mesa recientemente subida al balcón. Respondí con un rápido
asentimiento. —Estaré ahí en un minuto.
—Un sándwich de costilla de primera clase, uno de salami, y uno de pavo asado
—dije, poniendo los platos en frente de una fiesta de tres hombres de negocios
en trajes—. Disfruten su comida.
Subí corriendo los escalones de salían del hoyo, empujando mi libreta de las
órdenes de comida fuera de mi bolsillo. A mitad de camino por la pasarela, mi
paso disminuyó. Miley Millar estaba directamente adelante, sentada en mi mesa
más reciente. También reconocí a Addyson Hales, Oakley Williams y Ethan Tyler,
todos de la escuela. Pensé sobre hacer un cambio y decirle a la camarera que le
diera a alguien más —cualquier otro— mi mesa, cuando Miley levantó la vista,
supe que estaba atrapada.
Una sonrisa dura con el granito tocó su boca.
Mi respiración vaciló. ¿Había alguna posible manera de que ella pudiera saber
que había tomado su diario? No fue hasta que había caminado a casa y
acurrucado en mi cama la noche pasada que recordé que todavía lo tenía. Podría
haberlo regresado en ese momento, pero eso había sido la última cosa en mi
mente. El diario había parecido insignificante a lado de la cruda confusión
arañándome por dentro y por fuera. Desde ese momento, estaba sentada en el
intacto suelo de mi habitación, justo al lado de las últimas ropas descartadas de la
noche.
—¿Tu atuendo no es la cosa más linda? —Miley dijo sobre el jazz pre-grabado—.
Ethan, ¿no usaste un chaleco igual a ese en tu graduación el año pasado? Creo
que ___ allanó tu armario.
Mientras se reían, mantuve mi bolígrafo posicionado sobre la libreta de órdenes.

—¿Puedo traerles algo para beber? El especial esta noche es nuestro batido de
coco con limón —¿Todos podían escuchar el chirrido de culpa en mi voz? Tragué,
esperando que cuando hablara otra vez, el tono nervioso se hubiera ido.
—La última vez que estuve aquí, fue para el cumpleaños de mi mamá —dijo
Miley —. Nuestra camarera le cantó “Cumpleaños Feliz”.
Me tomó tres segundos enteros entenderlo. —Oh. No. Quiero decir… no. No soy
una camarera. Soy la que atiende el mostrador.
—No me importa lo que eres. Quiero que me cantes “Cumpleaños Feliz”.
Me quedé paralizada, mi mente tanteaba frenéticamente por un escape. No podía
creer que Miley me estuviera pidiendo que me humillara de esta manera.
Durante los últimos once años, había mantenido en secreto un marcador entre
nosotras, pero ahora estaba segura de que ella estaba manteniendo su propio
marcador. Vivía por la oportunidad de ganarme uno. Peor, sabía que su puntaje
doblaba el mío y todavía estaba acumulando los puntos. Lo que no sólo la hacía
una matona, sino también una mala deportista.
Extendí mi mano. —Déjame ver tu identificación.
Miley levantó un hombro de forma indiferente. —La olvidé.
Ambas sabíamos que no había olvidado su licencia de conducir, y ambas
sabíamos que no era su cumpleaños.
—Estamos realmente ocupados esta noche —dije, fingiendo una disculpa—. Mi
jefe no querría que pasara el tiempo lejos de los otros clientes.
—Tu jefe querría que mantuvieras felices a tus clientes. Ahora canta.
—Y mientras estás en ello —intervino Ethan—, trae una de esas tortas de
chocolate gratis.
—Sólo se supone que demos una rebanada, no toda la torta —dije.
—Sólo se supone que demos una rebanada —imitó Addyson, y la mesa estalló en
risas.
Miley buscó dentro de su bolso de mano y sacó una cámara Flip25. El botón rojo
de encendido parpadeó, y apuntó el lente hacia mí. —No puedo esperar para
enviar este video a toda la escuela. Es bueno que tenga acceso al correo
electrónico de todos. ¿Quién hubiera pensado que ser un ayudante de oficina
podría ser tan útill
Sabía sobre el diario. Tenía que hacerlo. Y estaba devolviéndomelo. Cincuenta
puntos para mí por robar su diario. El doble de eso para ella por enviar un video
mío cantando ―Feliz cumpleaños, Marcie” a toda la Secundaria Coldwater.
Señalé sobre mi hombro hacia la cocina y lentamente retrocedí. —Escucha, mis
órdenes se están amontonando…
—Ethan, ve a decirle a esa encantadora camarera de ahí que exigimos que hable
con su jefa. Dile que nuestra ayudante del mostrador está siendo irritante —dijo
Miley.
No podía creerlo. Menos de tres horas en el trabajo, y Miley iba a conseguir que
me despidieran. ¿Cómo iba a pagar mi multa? Y adiós al Volkswagen Cabriolet.
Más importante, necesitaba el trabajo para distraerme de la inútil lucha de
encontrar una manera de lidiar con la abrasadora verdad: Joe estaba fuera de
mi vida. Para bien.
—Se acabó el tiempo —dijo Marcie—. Ethan, pídele a la camarera.
—Espera —dije—, lo haré.
Miley chilló y aplaudió. —Qué bueno que cargué mi batería.
Subconscientemente, tiré la gorra del chico que entrega los periódicos más
abajo, protegiendo mi cara. Abrí mi boca. —Cumpleaños feliz…
—¡Más fuerte! —gritaron todos.
—Feliz cumpleaños a ti —canté más fuerte, demasiado avergonzada para decir si
mi tono era peligrosamente plano—. Feliz cumpleaños, querida Miley. Feliz
cumpleaños a ti.
Nadie dijo una palabra. Marcie metió la Flip de regreso dentro de su bolso de
mano. —Bueno, eso fue aburrido.
—Eso sonó… normal —dijo Ethan.
Algo de la sangre se drenó de mi cara. Di una breve, nerviosa y triunfante
sonrisa. Quinientos puntos. Mi solo al menos valía eso. Tanto por Miley
haciéndome explotar en añicos. Oficialmente había tomado la delantera.
—¿Bebidas, alguien? —pregunté, sonando sorpresivamente animada.
Después de garabatear sus órdenes, me di la vuelta para dirigirme de regreso a
la cocina, cuando Miley gritó, —Oh, y ¿___?
Me detuve en seco. Tome aliento, preguntándome que me haría esta chica ahora.
Oh, no. Al menos... ella me iba a humillar. Ahora mismo. Frente a todas esas
personas. Le iba a decir al mundo que le robe su diario, para mostrarles lo
despreciable que soy y lo bajo que he caído.
—¿Podrías darte prisa con nuestras ordenes? —Miley concluyó—. Tenemos que
ir a una fiesta.
—¿Darme prisa con tus ordenes? —repetí estúpidamente. ¿Esto significaba que
ella no sabía sobre el diario?
—Nos encontraremos con Joe en la Playa Delphic, y no quiero llegar tarde.
—Marcie se cubrió la boca inmediatamente—. Lo siento. Ni siquiera estaba
pensando. No debí haber mencionado a Joe. Debe ser difícil verlo con alguien
más.
Cualquier sonrisa que quise lograr desapareció. Sentí el calor correr por mi
cuello. Mi corazón latía tan rápido que mi cabeza se sentía liviana. La habitación
daba vueltas, y la sonrisa cortante de Miley era el centro de todo, riéndose de
mí. Así que todo es normal de nuevo. Joe había vuelto a Miley. Luego de que
partí anoche, el se resigno a sí mismo a que el destino nos había alcanzado. Si él
no me podía tener a mi, el se conformaba con Miley. ¿Cómo podía ser que a
ellos se les permitiera tener una relación? ¿Dónde estaban los arcángeles cuando
se trataba del asunto entre Joe y Miley? ¿Que hay sobre su beso? ¿Los
arcángeles iban a dejárselo pasar porque sabían que no significaba nada para
ninguno de los dos? Quería gritar por la injusticia del asunto. Miley podía estar
con Joe cuando no lo amaba, pero yo no podía, porque si lo amaba y los
arcángeles lo sabían. ¿Qué estaba tan mal en nosotros estando enamorados?
¿Eran los ángeles y humanos tan diferentes?
—Está bien, yo lo supere —dije, con un tono de frío en mi voz.
—Bien por ti —dijo Miley, mordisqueando su sorbete, mirándome como si no
creyera una palabra de lo que digo.
De vuelta en la cocina, envié la orden de la mesa de Miley a la cocina. Dejé la
parte de "Instrucciones especiales de la orden" en blanco. ¿Miley estaba en un
apuro para encontrarse con Joe en la Playa Delphic? Qué mal.
Tomé la orden que estaba en espera del mesón de la cocina. Para mi sorpresa, vi
a Scott parado en la entrada, hablando con unas clientas. El vestía unos
pantalones holgados de mezclilla Levi's y una camisa ajustada, y por las
expresiones de las clientas, ellas estaban coqueteando con él. El me miró y me
saludo. Dejé la orden de la mesa quince y me apresure hacia las escaleras.
—Hey —le dije a Scott, quitándome la gorra para ventilar mi rostro.—Vee me dijo que te encontraría aquí.
—¿Llamaste a Vee?
—Sí, luego de que no devolviste ninguno de mis mensajes.
Pase mi brazo por mi frente, quitándome unos mechones de cabello sueltos y
colocándolos en su lugar. —Mi teléfono está detrás, no he tenido chance de
revisarlo desde que ingrese. ¿Qué necesitas?
—¿A qué hora sales?
—A las diez. ¿Por qué?
—Hay una fiesta en la playa Delphic. Y estoy buscando a alguien que me quiera
acompañar.
—Cada vez que salimos juntos algo malo ocurre —la luz no se encendió en sus
ojos—. La pelea en el Z —le recordé—. En el Devil's Handbag. Las dos veces tuve
que buscar quién me llevara a casa.
—La tercera es la vencida —el sonrió, y por primera vez me di cuenta de que era
una linda sonrisa. Hasta infantil. Ablandaba su personalidad, haciéndome
preguntarme a mi misma si habría otro lado de él, uno que no he visto.
Las apuestas estaban en la mesa, esta era la misma fiesta a donde iría Miley. La
misma fiesta donde se va a encontrar con Joe. Y la misma playa en que
estuvimos hace una semana y media, cuando dije muy temprano que estaba
viviendo la vida perfecta. Nunca hubiese adivinado que cambiaria tan rápido.
Hice un inventario rápido de mis sentimientos, pero necesitaba más tiempo para
saber cómo me sentía. Quería ver a Joe —Siempre querré hacerlo— pero esa
no era la pregunta. Necesitaba determinar si me estaba sintiendo bien para verlo.
¿Podría controlar la situación al verlo con Miley? ¿Especialmente después de
todo lo que me dijo anoche?
—Lo pensaré —le dije a Scott, dándome cuenta de que me estaba tomando mucho
tiempo en responder.
—¿Necesitas que te recoja a las diez?
—No, si voy, Vee podrá llevarme —Señale hacia las puertas de la cocina—.
Escucha, necesito volver al trabajo.
—Espero verte —el dijo, lanzándome una mirada antes de irse.
Al momento de cerrar, encontré a Vee en el estacionamiento. —Gracias por
recogerme —le dije, sentándome. Mis piernas estaban adoloridas por estar tanto
tiempo de pie, y en mis oídos todavía se escuchaba el estruendoso ruido de un
restaurante lleno de gente. Sin mencionar todas las veces en que los cocineros y
meseras me gritaban correcciones. Tome al menos dos órdenes mal, y más de
una vez entre a la cocina por la puerta que no era. Las dos veces, casi golpeo a
una mesera con los platos en las manos. Las buenas noticias eran que tenía casi
treinta dólares en propinas doblados en mi bolsillo. Luego de pagar mi boleto,
todas mis propinas iban al Cabriolet. Esperaba con ansias el día en que no tuviera
que depender de Vee para llevarme a todas partes.
Pero no tanto como esperaba el día en que olvidaría a Joe.
Vee sonrió. —Esto no es un servicio gratuito. Todo son favores que volverán para
perseguirte.
—Hablo seriamente Vee. Eres la mejor amiga en todo el mundo. La mejorcísima.
—Aw, quizás deberíamos celebrar este acontecimiento e ir a comer helados en
Skippy's. Me vendría bien un poco de helado. De hecho, me vendría muy bien
algo de MSG26. Nada me hace más feliz que una tonelada de papas fritas recién
hechas con MSG.
—¿Me estas cobrando? —pregunté—. Me invitaron a ir a la Playa Delphic esta
noche. Eres más que bienvenida a ir —agregué rápidamente. No estaba segura
de si había tomado la decisión correcta cuando me decidí a ir. ¿Por qué me
estaba poniendo a mi misma en la tortura de ver a Joe de nuevo? Sé que era
porque lo quería cerca, incluso cerca no era suficiente. Una persona más fuerte,
más valiente cortaría toda relación y se alejaría. Una persona más fuerte no
jugaría con su suerte ni golpearía las puertas del destino. Joe estaba fuera de
mi vida por el bien. Sabía que necesitaba aceptar esto, pero hay una gran
diferencia entre saber y hacer.
—¿Quienes irán? —Vee preguntó.
—Scott y otros chicos del colegio —no es necesario mencionar a Miley y
obtener un sermón instantáneo. Tenía el presentimiento de que necesitaría el
apoyo de Vee esta noche.
—Creo que me veré con Rixon y veremos una película. Puedo preguntarle si
tiene algún amigo que podamos emparejar contigo. Haríamos una cita doble.
Palomitas de maíz, bromas, besos.
—Paso —No quería a nadie más. Quería a Joe.
Para el momento en el que llegamos al estacionamiento de la Playa Delphic, el
cielo era azul oscuro. Luces de alto voltaje, que me recordaban a los campos de
fútbol, iluminaban el muelle de madera que cargaba con un carrusel, juegos de
video y un mini golf, lo que creaba un halo de luz sobre el punto. No había
electricidad en ningún otro lugar cerca ni en la playa, convirtiéndolo en el único
lugar brillante en millas. A esta hora en la noche no esperaba encontrar a nadie
comprando hamburguesas o jugando hockey aéreo, le señalé a Vee que se
estacionara en un puesto cercano a la orilla.
Me deslicé fuera del auto y le dije adiós. Vee saludo en respuesta, con su celular
pegado a su oreja mientras ella y Rixon arreglaban los detalles para el lugar de
su encuentro.
En el aire todavía se sentía el calor del sol y estaba lleno de todos los sonidos de
la música que venía desde el Parque de entretenimiento de Delphic Seaport alto
26 MSG: Glutamato Monosódico, sal purificada, obtenida por la fermentación de la caña de azúcar,
también se utiliza como condimento para potenciar el sabor de los alimentos.
en las colinas, surfeando por las montañas de arena. Comencé a caminar por el
césped paralelo a la cerca de la costa, baje por la pendiente y camine por la
arena.
Pase un pequeño grupo de personas que todavía jugaban en el agua, saltando
olas y lanzando trozos de madera a la oscuridad del océano, a pesar de que los
salvavidas se habían ido. Mis ojos estaban buscando a Joe, Scott, Marcie o
alguien que reconozca. Más adelante, las llamas naranjas de una fogata
iluminaban la oscuridad. Tomé mi teléfono y llamé a Scott.
—Epa.
—Vine —dije—. ¿Dónde estás?
—Al sur de la fogata. ¿Tu?
—Al norte de la misma.
—Te encontraré.
Dos minutos después, Scott apareció a mi lado. —Vas a pasar toda la noche en el
frio? —el preguntó. Su aliento olía a alcohol.
—No soy fan del 90% de la gente en esta fiesta.
El asintió, entendiendo, y me ofreció un termo de acero. —Yo no tengo
gérmenes, palabra de scout. Sírvete cuanto quieras.
Me acerqué lo suficiente como para oler el contenido de la botella.
Inmediatamente retrocedí, sintiendo que algo me quemaba la garganta. —¿Qué
es esto? —pregunté—. ¿Aceite de motor?
—Mi receta secreta. Si te lo digo, tendría que matarte.
—No hay necesidad. Estoy muy segura que si lo tomo tendré el mismo resultado.
Scott se cayó de espaldas, sus codos en la arena. El se colocó una camiseta de
Metallica sin mangas, pantalón caqui y sandalias de plástico. Yo estaba usando mi
uniforme, menos la gorra, delantal y el chaleco rosado. Con suerte, me cambie la
camiseta antes de salir del trabajo, pero no había nada que hacer para
reemplazar los pantalones de lana.
—Dime, Grey. ¿Qué estás haciendo aquí? Debo decirte, que pensé que me
cambiarias por la tarea de la semana que viene.
Me senté a su lado en la arena y plante una mirada en su dirección. —Estoy
aburrida de lo mismo. Ahora soy perezosa. ¿Y qué?
El sonrió. —Me gusta ser perezoso. La pereza me está ayudando a pasar el año
escolar. Particularmente inglés.
—Oh Dios —Si eso era una pregunta, entonces la respuesta es no, no voy a
escribir tu ensayo de inglés.
—Eso es lo que crees. Todavía no he comenzado a usar los encantos de Scott.
Rompí en risas, y la de él se profundizo aún más. —El dijo: —¿Qué? ¿No me
crees?
—No creo que tú y la palabra ―encanto‖ pertenezcan a la misma oración.
—Ninguna chica puede resistir el encanto. Te lo digo, se vuelven locas por él.
Esto es lo básico: estoy borracho 24/7, no duro en ningún empleo, no pasó las
matemáticas básicas, y paso mis días jugando juegos de video y desmayándome.
Lleve mi cabeza hacia atrás y sentía mis hombros temblando por mi risa. Estaba
comenzando a pensar que me gustaba más la versión borracha de Scott que la
sobria. ¿Quien se iba a imaginar a Scott desaprobándose a sí mismo?
—Deja de babearte —dijo Scott jugando con mis mejillas—. Vas a llenarme.
Le di una sonrisa relajada. —Manejas un Mustang, eso debería darte al menos
diez puntos.
—Maravilloso. Diez puntos. Sólo necesito otros doscientos para salir de la zona de
peligro.
—¿Por qué no dejas la bebida? —le sugerí.
—¿Dejarla? ¿Estás loca? Mi vida apesta cuando estoy medio sobrio. Si dejo de
beber y veo cómo es realmente, probablemente me tiraría de un puente.
Estuvimos callados por un momento.
—Cuando estoy borracho, casi puedo olvidar quien soy —dijo, su sonrisa
desvaneciéndose—. Sé que todavía estoy allí, pero sólo apenas. Es un buen lugar
donde estar. —le alejé el filtro, con los ojos en el océano.
—Si bueno, mi vida tampoco es tan buena.
—¿Tu padre? —el adivinó, pasándose la mano por los labios—. Eso no fue tu
culpa.
—Lo que lo hace peor.
—¿Cómo así?
—Si fuera mi culpa, eso significaría que hice algo mal. Me culparía a mi misma
por un tiempo, pero quizás eventualmente seguiría con mi vida. En estos
momentos estoy bloqueada, enfrentando la misma pregunta: ¿Por qué mi padre?
—Eso es justo —dijo Scott.
Comenzó a caer una leve llovizna. Lluvia de verano, con grandes gotas cálidas.
—¿Qué diablos? —escuché a Miley quejarse en algún lugar lejos de la playa,
cerca de la fogata. Estudie las siluetas de las personas cuando todos se pusieron
de pie. Joe no estaba allí.
—¡A mi apartamento todos! —gritó Scott, saltando en sus pies en un instante. El
se balanceó un poco, casi a punto de caerse—. Sesenta y dos en la calle Deacon,
apartamento treinta y dos. Las puertas están abiertas. Mucha cerveza en el
refrigerador. Oh, y casi lo olvido, ¿mencioné que mi madre salió esta noche?
Se escuchó un grito de emoción, y todos agarraron sus zapatos, otros descartaron
prendas de ropa y escalaron por la arena para llegar al estacionamiento.
Scott me dio un golpecito con sus sandalias de playa. —¿Necesitas que te lleve?
Vamos, hasta te dejare conducir.
—Gracias por la oferta, pero creo que yo me voy —Joe no estaba aquí. El era la
única razón por la que vine, y de repente la noche se sentía no sólo como una
decepción, sino como una pérdida de tiempo. Debería estar aliviada no haber
visto a Joe y Miley juntos, pero más que todo me sentía decepcionada, sola, y
llena a arrepentimiento. Y cansada. La única cosa en mi mente era llegar,
acostarme en mi cama y ponerle final a este día lo más rápido posible.
—Los amigos no dejan que los amigos conduzcan borrachos —Scott sacó una
coartada.
—¿Estas tratando de meterte en mi conciencia?
El sacudió sus llaves frente a mí. —¿Cómo puedes rechazar una oportunidad una
en la vida de conducir a ―Stang‖?
Me levanté y me sacudí la arena de mis pantalones. —¿Qué tal si me vendes a
―Stang‖ por treinta dólares? Hasta te puedo pagar en efectivo.
El rió, posando su brazo sobre mis hombros. —Borracho, pero no tan borracho,
Grey.


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MAS tarde subo capi el siguienta capii esta para morir, literalmente encerio comenten!!
Celos!

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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 3rd 2012, 09:40

wAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
MORI MORI MORI :X
perdon por no comentar antes... debo confesar que estoy con depresion, a diario veo tele y como helado con galletas por la tarde... quizas xq uuno acude al helado cuando se siente mal xD
en fin,....
la cosa es q ame los capitulos
y necesito leer lo q sigue
suerte con las salidas a correr
yo salgo con mi cachorro chaw chaw a caminar por las mañanas y las tardes.... y mañana empiezo a handar en bicicleta
como ya sali del colegio... no tengo mayores responzabilidades
es divertido vivir tranquila
en fin... besines feliz año atrasado y q se cumplan sus deseos besines
BLESSS
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 4th 2012, 10:04

hola encerio? Lizz no te preocupes algunas veces le pasa a todas me acuerdo ace un año que me sente a ver tele y tenia una barra de chocolate y empece a llorar y no sabia por que?

NO te preocupes...


aca les dejo el capiii

CAPITULO 14

De vuelta, dentro de los límites de la ciudad de Coldwater, conduje el
Mustang a través del pueblo y manejé desde Beech hasta Deacon. La
lluvia seguía cayendo en una llovizna sombría. El camino era estrecho y
sinuoso, y había árboles de hoja perenne amontonados a la derecha, en el borde
del pavimento. Cerca de la siguiente curva, Scott señaló un complejo de
apartamentos estilo Cape Cod con pequeños balcones y tejas grises. Había una
destartalada cancha de tenis en el pequeño jardín de en frente. Todo el lugar
parecía como si necesitara una capa de pintura fresca.
Aparqué el Mustang dentro de una de una plaza de estacionamiento.
—Gracias por el paseo —dijo Scott, cubriendo con su brazo la parte trasera de mi
asiento. Sus ojos estaban vidriosos, su sonrisa levantada perezosamente en un
lado.
—¿Puedes entrar por ti mismo? —pregunté.
—No quiero entrar —Él arrastró las palabras—. La alfombra huele como orina de
perro y el techo del baño tiene moho. Quiero estar aquí afuera, contigo.
Porque estás borracho. —Tengo que llegar a casa. Es tarde, y todavía no he
llamado a mi madre hoy. Ella va a enloquecer sino llego pronto. —Extendí la
mano hacia él y abrí la puerta del pasajero.
Mientras lo hacía, él enrosco un mechón de mi cabello alrededor de su dedo.
—Hermoso.
Desenrollé el rizo. —Esto no va a suceder. Estás borracho.
Él sonrió. —Sólo un poco.
—No te vas a acordar de esto mañana.
—Pensé que habíamos conectado, por un momento, en la playa.
—Lo hicimos. Y eso es lo más lejano que nuestro vínculo puede llegar a ser. Lo
digo en serio. Te estoy echando. Ve adentro.
—¿Qué pasa con mi coche?
—Me lo llevo a casa esta noche, luego te lo devuelvo mañana por la tarde.
Las pequeñas villas y el extenso frente marítimo atraen masivamente al turismo durante los meses de verano.
Scott exhaló felizmente y se relajó, profundamente, en su asiento. —Quiero entrar
y relajarme sólo con Jimi Hendrix. ¿Podrías decirles a todos que la fiesta se
acabó?
Puse mis ojos en blanco. —Invitaste a más de sesenta personas. No voy a entrar y
decirles que se canceló.
Scott se inclinó hacia un lado fuera de la puerta y vomitó.
Ugh.
Agarré la parte posterior de su camisa, tiré de él hacia dentro del coche, y
aceleré el Mustang lo suficiente como para rodarlo hacia delante unos metros.
Entonces pisé el freno de pié y desmonté. Lo rodeé, para ir al lado de Scott y lo
arrastré fuera del coche por sus brazos, teniendo cuidado, para evitar plantar mis
pies sobre el contenido de su estómago vacío. Él arrojó su brazo sobre mi
hombro, y eso fue todo lo que pude hacer para evitar caerme bajo su peso.
—¿Cuál es el apartamento? —pregunté.
—Treinta y dos. Arriba a la derecha.
El piso de arriba. Por supuesto. ¿Por qué debería suponer que tendría un
descanso ahora?
Arrastré a Scott hasta los tramos de escaleras, resoplando fuertemente, y nos
tambaleamos a través de la puerta abierta de su apartamento, el cual estaba
animado por el caos de cuerpos vibrando y moviéndose con el rap que se oía tan
fuerte que podía sentir como las piezas de mi cerebro se movían y se soltaban.
—Mi dormitorio esta al fondo —murmuró Scott en mi oído.
Lo empujé hacia delante a través de la multitud, abrí la puerta que estaba al final
del pasillo, y tumbé a Scott colchón de abajo de la litera, de la esquina. Había un
pequeño escritorio en la esquina adyacente, un cesto de ropa plegable, un
soporte de guitarra, y unas pocas pesas. Las paredes eran color blanco viejo y
estaban escasamente decoradas con un cartel de la película The Godfather Part
III y un banderín de New England Patriots.
—Mi habitación —dijo Scott, al ver que miraba con atención a mi alrededor. Le
dio unas palmaditas al colchón a su lado—. Ponte cómoda.
—Buenas noches, Scott.
Empecé a tirar de la puerta cerrada cuándo él dijo: —¿Puedes conseguirme una
bebida? Agua. Tengo que quitar este sabor de mi boca.
Yo estaba ansiosa por salir del lugar pero no podía evitar sentir un tirón irritante
simpatía por Scott. Si lo dejaba ahora, él probablemente despertaría mañana en
un charco de su propio vomito. Podría también limpiarlo y conseguir algunos
ibuprofenos.
Desde la cocina en forma de U del pequeño apartamento, se tenía una visión de la
sala transformada en pista de baile, y después de estrujarme a través de los
comprimidos cuerpos que bloqueaban la entrada de la cocina, abrí y cerré
armarios, en busca de un vaso. Encontré una pila de vasos de plásticos blancos
encima del fregadero, abría la llave, y puse un vaso bajo el grifo. Mientras daba
la vuelta para llevar el agua a Scott, mi corazón se sobresaltó. Joe estaba a
varios pies de distancia, apoyándose contra el armario frente a la nevera. Se
había separado de la multitud y su gorra de béisbol estaba tirada hacia abajo,
dando a entender que no estaba interesado en tener conversación.
Su postura era impaciente. Él miró su reloj.
Viendo que no había manera de evitarlo, aparte de escalar sobre el mostrador
directamente a la sala, y sintiendo que le debía cortesía, además de que ¿No
éramos ambos, lo suficientemente, mayores para manejar esto con madurez?
Humedecí mis labios, los cuales de repente se sentían secos como arena, y
caminé hacia él. —¿Divirtiéndote?
Las duras líneas de su rostro se suavizaron en una sonrisa. —Puedo pensar en al
menos una cosa que preferiría estar haciendo.
Si eso era una insinuación, yo iba a ignorarla. Me impulsé sobre el mostrador de
la cocina, con las piernas colgando por encima del borde. —¿Te quedarás toda la
noche?
—Si me tengo que quedar toda la noche, dispárame ahora.
Extendí mis manos. —No tengo armas, lo siento.
Su sonrisa era la perfección del chico malo. —¿Eso es todo lo que te detiene?
—Disparándote no podría matarte —señalé—. Una de las desventajas de ser
inmortal.
Él asintió, una sonrisa feroz apareció debajo las sombras de su gorra de béisbol.
—¿Pero lo harías si pudieras?
Dudé antes de contestar. —No te odio, Joe. Todavía.
—¿El odio no es lo suficientemente fuerte? —adivinó—. ¿Algo más profundo?
Sonreí, pero no lo suficiente como para mostrar los dientes.
Ambos parecíamos sentir que nada bueno podía salir de esta conversación,
especialmente no aquí, y Joe nos rescató a los dos inclinando su cabeza hacia la
multitud detrás de nosotros. —¿Y tú? ¿Te quedarás mucho tiempo?
Salté del mostrador. —Nop. Le voy a dar agua a Scott, y enjuague bucal si puedo
encontrarlo, luego me voy de aquí.
Él agarró mi codo. —Me acabas de pegar un tiro, ¿te has convertido en la
enfermera de la resaca de Scott?
—Scott no rompió mi corazón.
Un par de latidos de silencio cayeron entre nosotros, entonces Joe dijo en voz
baja: —Vámonos. —La manera en que me miraba me dijo exactamente a lo que
se refería. Quería que huyera con él. Desafiar a los arcángeles. Ignorar que
eventualmente encontrarían a Joe.
No podía pensar acerca de lo que le harían, sin sentirme atrapada en un helado y
frío miedo, y congelada por el puro horror. Joe nunca me había dicho como
sería el infierno. Pero él lo sabía. Y el hecho de que él no me lo dijera, pintaba
una imagen muy vivida y muy desolada.
Mantuve mis ojos clavados en la sala. —Le prometí a Scott un vaso de agua.
—Estas pasando un montón de tiempo con un chico que yo llamaría sombrío, y
dado mi nivel, ese es un titulo duro de ganar.
—¿Un príncipe oscuro puede reconocer a otro?
—Me alegro de que todavía te apegues a tu sentido del humor, pero lo digo en
serio. Ten cuidado.
Asentí. —Aprecio tu preocupación, pero sé lo que estoy haciendo. —Esquivé a
Joe y me deslicé entre los cuerpos que giraban en la sala. Tenía que alejarme.
Era demasiado estar cerca de él, sintiendo la pared de hielo tan espesa e
impenetrable. Sabiendo que ambos queríamos algo que no podíamos tener, a
pesar de que lo que queríamos estaba al alcance de un brazo de distancia.
Había hecho aproximadamente la mitad del camino a través de la multitud
cuando alguien agarró el tirante de mi camiseta por detrás. Me di la vuelta,
esperando encontrarme a Joe, listo para obsequiarme con más de su opinión, o
tal vez, lo que era más aterrador, lanzando las precauciones al aire al besarme,
pero era Scott, sonriendo perezosamente hacia mí. Retiró mi cabello fuera de mi
cara y se inclinó, sellando mi boca con la suya. Él sabía como a enjuague bucal de
menta y dientes recién cepillados. Empecé a retroceder, entonces me di cuenta,
¿Qué me importaba si Joe me veía? Yo no estaba haciendo nada que él no
hubiera hecho ya. Tenía tanto derecho a seguir adelante como él. Él estaba
usando a Miley para llenar el vacío en su corazón, y ahora era mi turno, con
Scott.
Deslicé mis manos hacia arriba por el pecho de Scott y las enlacé detrás de su
cuello. Entendió la señal y me acercó más, colocando sus manos bajo el contorno
de mi espalda. Así que esto era lo que se sentía besar a otra persona. Mientras
que Joe era lento y experto y se tomaba su tiempo, Scott era juguetonamente
ansioso y un poco descuidado. Esto era completamente diferente y nuevo… y no
del todo malo.
—Mi habitación —susurró Scott en mi oído, entrelazando sus dedos con los míos y
tirando de mí hacia el pasillo.
Dirigí mi mirada hacia donde había visto a Joe por última vez. Nuestros ojos se
encontraron. Su mano estaba rígida, ahuecada en la parte posterior de su cuello,
como si él hubiera estado perdido en pensamientos profundos y se hubiera
congelado a la vista de mí besándome con Scott.
Esto es lo que se siente, pensé para él.
Sólo que no me sentía mejor después de pensarlo. Me sentía triste y deprimida e
insatisfecha. No era del tipo de persona que jugaba esa clase de juegos o se
basaba en trucos sucios para consolarme o aumentar mi autoestima. Pero allí
estaba todavía, un certero y crudo dolor quemando dentro de mí, y por eso, dejé
que Scott me guiara por el pasillo.
Usando sus pies, Scott dio un empujón para abrir la puerta del dormitorio. Él
apagó las luces, y sombras suaves nos rodearon. Miré el pequeño colchón doble
de la litera de abajo, luego a la ventana. La ventana estaba rota. En un momento
de pánico inducido, realmente me imaginé a mi misma deslizándome a través de
la grieta y desapareciendo en la noche. Probablemente una señal de que, lo que
estaba a punto de hacer, era un gran error. ¿Estaba realmente yendo hasta el final
con esto, sólo para demostrar algo? ¿Era así cómo yo quería mostrarle a Joe la
magnitud de mi ira y daño? ¿Qué decía eso de mí?
Scott me tomó por los hombros y me besó con más intensidad. Yo, mentalmente,
consideré mis opciones. Podría decirle a Scott que me estaba sintiendo enferma.
Podría decirle que había cambiado de opinión. Podría decirle simplemente no…
Scott sacó su camisa y la arrojó a un lado.
—Uh… —comencé. Miré alrededor una vez más buscando una vía de escape,
notando que la puerta del dormitorio se debía haber quedado abierta, porque
una sombra tapó la luz que se derramaba desde el pasillo. La sombra dio un paso
dentro y cerró la puerta, y sentí que mi mandíbula se aflojaba.
Joe arrojó la camisa de Scott hacia él, y lo golpeó en la cara.
—¿Qué… —exigió Scott, tirando la camisa sobre su cabeza y estirándosela hacia
abajo para cubrirse.
—Súbete la cremallera —le dijo Joe.
Scott tiró de su cremallera. —¿Qué estás haciendo? No puedes entrar aquí. Estoy
ocupado. ¡Y esta es mi habitación!
—¿Estás loco? —le dije a Joe, la sangre elevándose en mis mejillas.
Joe deslizó sus ojos hacía mí. —Tú no quieres estar aquí. No con él.
—¡Eso no es asunto tuyo!
Scott pasó junto a mí. —Déjame encargarme de él.
Él avanzó dos pasos antes de que Joe lanzara su puño contra la mandíbula de
Scott, con un crujido repugnante.
—¿Qué estás haciendo? —le grité a Joe—. ¿Le rompiste la mandíbula?
—¡Unnuh! —gimió Scott, apretándose la mitad inferior de su rostro.
—No rompí su mandíbula, pero si pone una mano sobre ti, será la primera de
muchas cosas en romperse —dijo Joe.
—¡Fuera! —le ordené a Joe, señalando con un dedo hacia la puerta.
—Voy a matarte —le gruñó Scott a Joe. Abriendo y cerrando su mandíbula,
asegurándose de que todavía funcionaba.
Pero en lugar de tomar la señal para salir, Joe se acercó a Scott en tres pasos.
Lo arrojó hasta encararlo contra la pared. Scott intentó alejarse, pero Joe lo
golpeó contra la pared de nuevo, desorientándolo más. —Tócala —dijo en el oído
de Scott, en voz baja y amenazante—. Y será el mayor arrepentimiento de tu vida.
Antes de salir, Joe fijó sus ojos en mi dirección, una vez. —Él no vale la pena.
—Hizo una pausa—. Y yo tampoco.
Abrí la boca pero no tenía un argumento. Yo no estaba aquí porque quisiera estar.
Estaba aquí para lanzárselo en la cara a Joe. Yo lo sabía, y él lo sabía.
Scott se dio la vuelta, recostado contra la pared. —Yo podría haberlo vencido si
no estuviera borracho —dijo, masajeando la parte baja de su cara—. ¿Quién
demonios piensa qué es? Ni siquiera lo conozco. ¿Tú lo conoces?
Scott obviamente no reconoció a Joe del Z, pero muchas personas habían
estado allí esa noche. No podía esperar que Scott recordara todas las caras. —Lo
siento por eso —dije, señalando la puerta, por la que Joe acababa de salir.
—¿Estás bien?
Él sonrió lentamente. —Nunca he estado mejor —dijo, con un moretón
floreciendo a lo largo de su mandíbula.
—Él estaba fuera de control.
—La mejor manera de estar —Él arrastro las palabras, usando el dorso de su
mano para limpiar un hilillo de sangre de la grieta de su boca.
—Debería irme —le dije—. Te traeré el Mustang mañana, después de la escuela.
—Me pregunté cómo se suponía que iba a salir de aquí, por delante de Joe, y
mantener cualquier nivel de auto-dignidad. Podría también pasar a su lado y
admitir que él tenía razón: Sólo había seguido a Scott de regreso hasta aquí para
herirlo.
Scott enganchó su dedo debajo de mi camisa, sosteniéndome en mi lugar. —No te
vayas, ___. Todavía no.
Desenganché su dedo. —Scott.
—Dime si estoy yendo demasiado lejos —dijo, quitándose la camisa por segunda
vez. Su pálida piel brillaba en la oscuridad. Él había estado, sin duda, pasando
mucho tiempo en el gimnasio, y esto se demostró en las líneas marcadas de los
músculos de sus brazos.
—Estas yendo demasiado lejos —dije.
—Eso no sonó convincente. —Retiró mi cabello lejos de mi cuello y acarició con
su rostro la curva.
—No estoy interesada en ti de esta manera —dije, poniendo mis manos entre
nosotros. Estaba cansada, y un dolor de cabeza estaba zumbando entre mis oídos.
Estaba avergonzada de mi misma y quería irme a casa y dormir y dormir hasta
olvidar esta noche.
—¿Cómo lo sabes? Tú nunca me has probado de esta manera.
Me volteé hacia el interruptor de luz, inundando la habitación con luz. Scott lanzó
una mano sobre sus ojos y se tambaleó hacia atrás un paso.
—Me voy —comencé, entonces me interrumpí mientras mis ojos se fijaron en una
cicatriz en la parte alta del pecho de Scott, a medio camino entre su pezón y su
clavícula. La piel estaba deformada y brillante. En algún lugar profundo de mi
cerebro, hice la conexión de que esta debía ser la señal de la marca que a Scott le
había sido dada cuando juró lealtad a la sociedad de sangre de los Nefilim, pero
parecía como una borrosa idea lejana y sombría, en comparación a lo que
realmente había captado mi atención. La marca tenía la forma de un puño
cerrado. Era idéntica, exacta en forma y tamaño, al sello en relieve del anillo de
hierro del sobre.
Con una mano todavía sobre sus ojos, Scott gimió y alcanzó la columna de la cama
para estabilizarse.
—¿Qué es esa marca en tu piel? —pregunté, mi boca se había secado.
Scott se vio momentáneamente sorprendido, entonces su mano se deslizó sobre
la marca. —Algunos amigos y yo hicimos el tonto una noche. Nada grave. Es sólo
una cicatriz.
¿Él tenía la audacia de mentir sobre eso? —Tú me diste el sobre. —Cuándo él no
respondió, añadí más ferozmente—. El paseo marítimo. La panadería. El sobre
con el anillo de hierro. —La habitación se sentía inquietantemente aislada,
separada del palpitante sonido, que retumbaba en la sala de estar. En un instante,
no me sentía nada segura atrapada de nuevo aquí con Scott.
Los ojos de Scott se redujeron y él entrecerró los ojos hacia mí, a través de la luz,
la cual todavía parecía herir sus ojos. —¿De qué estás hablando? —Su tono era
cauteloso, hostil y confuso.
—¿Tú piensas que este acto es gracioso? Yo sé que tú me diste el anillo.
—¿El anillo?
—¡El anillo que hizo esa marca en tu pecho!
Él negó con su cabeza una vez, con un golpe seco, como para sacudirse su
estupor. Entonces su brazo arremetió, empujándome contra la pared. —¿Cómo
sabes acerca del anillo?
—Me estas lastimando —dije con ira, pero estaba temblando de miedo. Me di
cuenta de que Scott no estaba fingiendo. A menos que él fuera un actor mucho
mejor de lo que yo imaginaba, él realmente no sabía nada acerca del sobre. Pero
él sabía acerca del anillo.
—¿Qué aspecto tiene? —Él agarró mi camiseta y me sacudió—. El tipo que te dio
el anillo. ¿Qué aspecto tiene?
—Quítame las manos de encima —le ordené, empujándolo hacia atrás. Pero Scott
pesaba mucho más que yo, y sus pies estaban plantados, su cuerpo
sosteniéndome contra la pared—. Yo no lo vi. Él lo envió.
—¿Él sabe dónde estoy? ¿Sabe que estoy en Coldwater?
—¿Él? —estallé de nuevo—. ¿Quién es él? ¿Qué está pasando?
—¿Por qué te dio el anillo?
—¡No lo sé! No sé nada acerca de él. ¿Por qué no me lo dices tú?
Se estremeció con fuerza contra el furioso pánico que parecía controlarlo. —¿Qué
sabes?
Mantuve mis ojos fijos en Scott, pero mi garganta estaba, tan fuertemente, cerrada
que dolía al respirar. —El anillo estaba en un sobre con una nota que decía que la
Mano Negra mató a mi padre. Y que el anillo le pertenecía a él. —Lamí mis
labios—. ¿Eres tú la Mano Negra?
La expresión de Scott todavía era de profunda desconfianza; sus ojos me
observaron de arriba a abajo, juzgando si creerme o no. —Olvida que tuvimos
esta conversación, si sabes lo que es bueno para ti.
Traté de liberar mi brazo, pero él estaba todavía sujetándome.
—Vete —dijo—. Y aléjate de mí. —Esta vez me soltó, dándome un empujón hacia
la puerta.
Me detuve en la puerta. Limpié mis sudorosas palmas en mi pantalón. —No hasta
que me hables acerca de la mano Negra.
Pensé que Scott podría gritarme con una rabia incluso más violenta, pero él
simplemente me dirigió una mirada que podría asustar a un perro si lo atrapara
de cuclillas en su jardín. Él recogió su camiseta e hizo como que iba a ponérsela
de nuevo, cuando su boca se curvó en una sonrisa amenazadora. Arrojó la
camiseta a la cama. Aflojó su cinturón, bajó su cremallera, y dio un paso fuera de
su short, quedando de pie en nada más que sus ajustados bóxers de algodón.
Estaba utilizando el factor impacto, claramente estaba intentando intimidarme
para que lo dejara. Había hecho un buen trabajo para convencerme, pero yo no
iba a dejarlo deshacerse de mí tan fácilmente.
Dije: —Tienes la marca del anillo de la Mano Negra en tu piel. No esperes que
crea que no sabes nada acerca de esto, incluyendo cómo llego allí.
Él no respondió.
—Al minuto en que me vaya de aquí, voy a llamar a la policía. Si no quieres hablar
conmigo, tal vez quieras hablar con ellos. Tal vez ellos han visto la marca antes.
Yo puedo decir con sólo mirarla que eso no es bueno. —Mi voz era calmada, pero
mis axilas estaban húmedas. Qué cosa más estúpida y arriesgada para decir. ¿Y si
Scott no permitía que me fuera? Yo, obviamente, sabía suficiente acerca de la
Mano Negra para ponerlo nervioso. ¿Él pensaba que yo sabía demasiado? ¿Y si él
me mataba, y luego tiraba mi cuerpo en un contenedor de basura? Mi madre no
sabía dónde estaba, y todos los que me habían visto entrando en el apartamento
de Scott eran inútiles. ¿Podría alguien, mañana, recordar haberme visto?
Estaba tan ocupada entrando en pánico, que no había notado que Scott se había
sentado en su cama. Su rostro estaba tapado por sus manos. Su espalda estaba
temblando, y me di cuenta de que estaba llorando en silencio, grandes,
convulsivos sollozos. Al principio pensé que estaba fingiendo, que esto era algún
tipo de trampa, pero el bajo sonido ahogado de su pecho era real. Él estaba
borracho, emocionalmente trastornado, y no sabía lo inestable que era. Yo
todavía tenía miedo de lo que un ligero movimiento podría provocarle.
—He acumulado una gran cantidad de deudas de juego en Portland —dijo, su voz
áspera y llena de desesperación y agotamiento—. El administrador de la sala de
billar estaba respirándome en el cuello, exigiendo el dinero, y yo tenía que
vigilar mi espalda cada vez que dejaba la casa. Estaba viviendo con miedo,
sabiendo que un día él me encontraría, y yo tendría suerte de salir con las rodillas
rotas. Una noche en mi camino a casa desde el trabajo, fui atacado por detrás,
arrastrado hasta un almacén, y atado a una mesa plegable. Estaba demasiado
oscuro para ver al tipo, pero yo pensé que el administrador lo había enviado. Le
dije que le pagaría lo que quisiera si me dejaba ir, pero él se rió y dijo que él no
estaba detrás de mi dinero, de hecho, él ya había cancelado mis deudas. Antes
de que pudiera averiguar si era su idea de una broma, él dijo que era la mano
Negra y la última cosa que necesitaba era más dinero.
—Él tenía un Zippo32, y mantuvo la llama contra el anillo de su mano izquierda,
calentándolo. Yo estaba sudando mucho. Le dije que haría lo que quisiera, con tal
de que me dejara salir de la mesa. Él desgarró mi camisa y enterró el anillo en mi
pecho. Mi piel estaba en llamas, y yo estaba gritando con todo lo que me
permitían mis pulmones. Él chasqueó mi dedo, rompió el hueso, y me dijo que si
no me callaba, iría uno por uno hasta romper los diez. Me dijo que me había dado
su marca. —La voz de Scott se había reducido a un tono áspero—. Yo mojé mis
pantalones, allí mismo sobre la mesa. Él me asustaba como el infierno. Haré lo
que sea para no verlo de nuevo. Ese es el porqué nosotros regresamos a
Coldwater. Yo había dejado de ir a la escuela y estaba escondido en el gimnasio
todo el día, entrenando en caso de que él viniera a buscarme. Si él me
encontraba, esta vez yo estaría listo. —Terminando de hablar, limpió su nariz con
el dorso de su mano.
Yo no sabía si podía confiar en él. Joe había dejado claro que no, pero Scott
estaba temblando. Su tez estaba pálida, empañada con sudor, y pasó sus manos a
través de su cabello, emitiendo un largo y vacilante suspiro. ¿Podría él inventarse
una historia así? Todos los detalles encajaban con lo que ya sabía de Scott. Él
tenía una adicción a los juegos de azar. Había trabajado de noche en Portland en
una tienda de veinte cuatro horas. Había regresado a Coldwater para escapar de
su pasado. Él tenía la marca en su pecho, prueba de que alguien la había puesto
allí. ¿Podría él sentarse a dos pies de distancia y mentirme acerca de lo que había
pasado?
—¿Qué aspecto tiene? —pregunté—. La Mano Negra.
Él sacudió su cabeza. —Estaba oscuro. Era alto, eso es todo lo que recuerdo.
Busqué algún indicio de conexión entre Scott y a mi padre, ambos estaban
conectados a la mano Negra. Scott había sido localizado por la Mano Negra
después de haber acumulado deudas. A cambio de pagar la deuda de Scott, la
Mano Negra lo había marcado. ¿Acaso a mi padre le había pasado lo mismo? ¿Su
asesinato no había sido tan al azar como la policía, originalmente supuso? ¿Acaso
la Mano Negra había pagado una deuda de mi padre, y después lo había matado
cuándo se negó a ser marcado? No. No lo creía. Mi padre no jugaba, y él no tenía
deudas. Él era un contable. Sabía el valor del dinero. Nada acerca de su situación
lo vinculaba a Scott. Tenía que haber algo más.
—¿La Mano Negra dijo algo más? —pregunté.
—Trato de no recordar nada acerca de esa noche. —Rebuscó bajo su colchón y
sacó un cenicero de plástico y un paquete de cigarrillos. Encendió uno,
exhalando humo lentamente, y cerró sus ojos.
En mi mente seguía danzando las tres mismas preguntas. ¿Había matado la Mano
Negra realmente a mi padre? ¿Quién era él? ¿Dónde podría encontrarlo?
Y una nueva pregunta. ¿La Mano Negra era el líder de la sociedad de sangre
Nefilim? Si él era el único Nefilim marcado, tenía sentido. Sólo un líder, o alguien
con mucha autoridad, podría estar a cargo de reclutar miembros activamente,
para pelear en contra de los ángeles caídos.
—¿Te dijo por qué te dio su marca? —pregunté. Claramente la marca era para
marcar miembros de la sociedad de sangre, pero tal vez había algo más. Algo
que sólo sus miembros Nefilim sabían.
Scott negó con la cabeza, tomando otra calada.
—¿Él no te dio ninguna razón?
—No —replicó Scott.
—¿Ha estado buscándote desde aquella noche?
—No. —Yo podía decir por la mirada salvaje en sus ojos, que estaba asustado
antes la idea de no poder decir siempre lo mismo.
Recordé el Z. Al Nefilim de camisa roja. ¿Tenía la misma marca que Scott? Estaba
casi segura de que la tenía. Simplemente tiene sentido que todos los miembros
tengan la misma marca. Lo cual significaba que había otros como Scott y el
Nefilim del Z. Miembros por todas partes, reclutados por la fuerza, pero
desconectados de cualquier objetivo real o propósito porque estaban mantenidos
en la oscuridad. ¿Qué estaba esperando la Mano Negra? ¿Por qué estaba
manteniendo a sus miembros desunidos? ¿Para evitar que los ángeles caídos
descubrieran lo que estaba haciendo?
¿Fue esta la razón de que mi padre fuera asesinado? ¿Debido a algo que tenía que
ver con la sociedad de sangre?
—¿Has visto alguna vez la marca de la Mano Negra en alguien más? —Yo sabía
que estaba a punto de presionarlo demasiado, pero necesitaba saber cuánto
sabía Scott.
Scott no respondió. Estaba tirado sobre la cama, inconsciente. Su boca estaba
boquiabierta, y su aliento olía fuertemente a alcohol y humo.
Lo sacudí suavemente. —¿Scott? ¿Qué puedes decirme acerca de la sociedad?
—Le di unas palmadas en sus mejillas, suavemente—. Scott, despierta. ¿La Mano
Negra te dijo que eres un Nefilim? ¿Te dijo lo que eso significa?
Pero él estaba sumido en un profundo y ebrio sueño.
Apagué su cigarrillo. Extendí una sábana hasta sus hombros, y me fui.

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mmm, que les parece?
comenten!!
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liz_anasstazia
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 4th 2012, 10:45

wisht see
creo que suele suceder...
ei tengo una duda hace un tiempo
rallita se metio con joe?? en ese otro sentido??
por que nunca lei eso xD y como scott casi que se la viola
pero en fin
mori viendo a joe asi de celoso xD
fue divertido
asi que niña sube mas capitulos Very Happy
plisis??
en fin... cuidate mucho bye bye
cherry
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 4th 2012, 20:57

D: mori! Quien es la Mano Negra?!
No aguanto más Vane, tengo que saber!
Omg! Y Joe jajaja todo celosillo jijiji
Ayyy pobre Scott, me dio mucha cosita en este cap
Tienes que seguirla pronto, please! Wink
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liz_anasstazia
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 5th 2012, 09:41

¿pobre scott? quería propasarse Surprised no tiene ni un pelo de pobre :Z
quizas la rallis se meta con el
todo por lo desesperada que esta sin Joe
Sad
oie esta nove es adaptacion o la hiciste tu'?
y por que se llamaba hush hush y ahora crecendo??
como se te ocurrio esos nombre??
y por ultimo

SÍGUELA PLISIIIS
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 5th 2012, 18:20

siguuelaa!
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 6th 2012, 15:28

hola chicas lo siento por no subir a ca les dejo capii. Y no joe y ___ no tuvieron "eso"(xD). Quine es la mano negra? de eso pronto te vas a enterar, si es una adaptacion! pero le cambie varias cosas.

CAPITULO 15


Estaba profundamente dormida cuando el teléfono sonó estridentemente.
Saqué un brazo por el lateral, deslizando mi mano por la mesita de noche y
encontré mi teléfono. —¿Hola? —dije, limpiándome un poco de saliva de la
comisura de mi boca.
—¿Has comprobado ya el Canal del Tiempo? —preguntó Vee.
—¿Qué? —murmuré. Traté de parpadear para abrir mis ojos, pero continuaban
cerrándose por el sueño—. ¿Qué hora es?
—Cielos azules, temperaturas altas, nada de vientos. Así que iremos a la playa
Old Orchard después de clase. En este momento, estoy empacando las tablas de
boogie en el Neon. —Ella estaba cantando, a voz en grito, la primera estrofa de
Summer Nights, de Grease. Me acurruqué y puse el teléfono, lejos de mi oído.
Me restregué los ojos para quitarme el sueño y observé los números del reloj
oscilar en el centro. Eso de en frente no podía ser un seis, ¿verdad?
—¿Debería usar una cinta para el cabello rosa o un bikini dorado metálico? El
problema con el bikini es que probablemente necesite broncearme antes de
usarlo. El dorado hará que mi piel parezca aún más clara. Tal vez me ponga algo
rosa esta vez, para conseguir un bronceado base y…
—¿Por qué en mi reloj pone las seis y veinticinco? —demandé, intentando
despertarme a través de la bruma del sueño, lo suficiente como para añadirle
algo de volumen a mi voz.
—¿Es esta una pregunta con trampa?
—¡Vee!
—Vaya, ¿muy enojada?
Cerré de golpe el teléfono y me acurruqué, profundamente, bajo las colchas. El
teléfono de casa, comenzó a sonar, escaleras abajo, en la cocina. Doblé la
almohada sobre mi cabeza. El contestador cogió la llamada, pero no era tan fácil
deshacerse de Vee. Ella volvió a llamar. Una y otra, y otra vez.
Tecleé el marcado rápido a su celular. —¿Qué?
—¿Rosa o dorado? No te lo preguntaría si no fuera importante, pero es sólo que…
Rixon va a estar ahí y esta es la primera vez que él me verá en traje de baño.
—Retrocede. ¿El plan es para ir los tres juntos? ¡No hay forma posible de que
vaya con ustedes, a la playa Old Orchard, para ser la tercera en discordia!
—¡Y yo no voy a dejar que te quedes sentada en casa con esa cara de amargada!
—No tengo cara de amargada.
—Sí, la tienes. Y la estás poniendo justo ahora.
—Esta es mi cara irritada. ¡Me despertaste a las seis de la mañana!


* * *
El cielo estaba azul verano, de horizonte a horizonte. Las ventanas del Neon
estaban bajadas, y un viento cálido revolvía el cabello de Vee y el mío, y el fuerte
olor de agua salada llenaba el aire. Vee salió de la autopista y manejó hacia la
calle Old Orchard, sus ojos estaban alerta, buscando un lugar para estacionar.
Los carriles de ambos lados de la calle estaban llenos de autos moviéndose, tan
lentamente, que iban muy por debajo del límite de velocidad, con la esperanza
de encontrar un espacio libre en la calle, antes de que lo pasaran y perdieran su
oportunidad.
—Este lugar está lleno —se quejó Vee—. ¿Dónde se supone que voy a
estacionar? —Ella se dirigió hacia un callejón y se detuvo detrás de una
librería—. Este parece bueno. Hay muchos aparcamientos aquí atrás.
—La señal dice que es estacionamiento sólo para empleados.
—¿Y cómo se supone que ellos sabrán que no somos empleados? El Neon se
mezcla perfectamente aquí. Todos estos autos dicen Clase Baja.
—La señal dice que los infractores serán remolcados.
—Eso es justo lo que ellos dirían para asustar a la gente como tú y como yo. Es
una amenaza vacía. Nada por lo que preocuparse.
Ella metió el Neon en una plaza y puso el freno de mano. Agarramos una
sombrilla y una bolsa llena de agua embotellada, snacks, protector solar y toallas,
luego bajamos por la calle Old Orchard, hasta que terminó justo en la playa. La
arena estaba llena de coloridas sombrillas, las olas espumosas arrollaban laS
delgadas patas del muelle. Reconocí a un grupo de chicos de la escuela, que
pronto estarían en último año, jugando al Ultimate Frisbee justo al frente.
—Normalmente diría que fuéramos a ver a esos chicos —dijo Vee—. Pero Rixon
es tan ardiente que ni siquiera me siento tentada.
—De todas formas, ¿Cuándo se supone que Rixon llegará aquí?
—Hey, eso no sonó muy animado. De hecho sonó más como un poco cínico.
Escudando mis ojos del sol, los entrecerré mirando hacia la costa, buscando el
lugar ideal para colocar la sombrilla. —Ya te lo había dicho. Odio ser la tercera
en discordia. —La última cosa que necesitaba o quería, era estar sentada bajo el
sol toda la tarde, observando como Vee y Rixon se besaban.
—Para tu información, Rixon tenía que hacer varios recados. Pero estará aquí a las
tres.
—¿Qué tipo de recados?
—¿Quién sabe? Probablemente Joe lo engatusó para que le hiciera algún favor.
Joe, siempre, tiene algo que necesita que Rixon haga o que cuide. Pensaría que
Joe podría hacerlo por sí mismo. O al menos pagarle a Rixon, para no
aprovecharse de él. ¿Crees que debería usar protector solar? Realmente me
enfadaré si paso por toda esta molestia y al final no consigo un buen bronceado.
—Rixon no parece el tipo de persona que deja que la gente se aproveche de él.
—¿La gente? No. ¿Joe? Sí. Es como si Rixon lo adorara. Es tan patético. Joe no
es el tipo de chico al que quiero que mi novio se parezca.
—Ellos tienen una larga historia en común.
—Eso he oído. Bla, bla, bla. Probablemente Joe es un traficante de drogas. No,
probablemente él sea un traficante de armas y tiene a Rixon jugando a ser su
mula de sacrificio, transportando las armas y arriesgando su cuello.
Puse los ojos en blanco, detrás de mis Ray-Bans de imitación. —¿Tiene Rixon
algún problema con su relación?
—No —dijo Vee, enfadada.
—Entonces déjalo así.
Pero Vee no iba a dejarlo así. —Si Joe no está traficando armas, ¿Cómo obtiene
todo su dinero?
—Tú sabes dónde obtiene su dinero.
—Dímelo —dijo ella, cruzando sus brazos testarudamente bajo su pecho—. Dime
en voz alta donde obtiene su dinero.
—Del mismo lugar, en donde Rixon obtiene el suyo.
—Huh, lo que pensaba. Te avergüenzas de decirlo.
Le lancé una mirada mordaz. —Por favor, esa es la cosa más tonta del mundo.
—¿Ah, sí? —Vee caminó hacia una mujer que estaba, no muy lejos de allí,
construyendo un castillo de arena con dos niños pequeños—. ¿Disculpe, señora?
Discúlpeme por interrumpir su tiempo en la playa con sus hijos, pero a mi amiga
le gustaría decirle qué es lo que hace su ex para vivir.
Afiancé mi mano alrededor de la de Vee y la arrastré lejos de ahí.
—¿Ves? —dijo Vee—. Te avergüenza. No puedes decirlo en voz alta y no sentir
que tus entrañas comienzan a corromperse.
—Póker. Billar. Ahí lo tienes. Lo dije y no me consumí y me morí. ¿Satisfecha? No
sé cuál es el gran problema de todo esto. Rixon se gana la vida de la misma
manera.
Vee sacudió la cabeza. —Estás tan confundida, chica. Uno no compra el tipo de
ropa que Joe usa, ganando apuestas en el Arcade de Bo.
—¿De qué estás hablando? Joe usa jeans y camisetas.
Ella puso una mano en su cadera. —¿Sabes cuánto cuesta uno de esos jeans?
—No —dije, confundida.
—Sólo digamos, que no puedes comprar jeans como esos en Coldwater.
Probablemente se los envían desde Nueva York. Cuatro mil dólares el par.
—Mientes.
—Lo prometo de corazón, o si no que me muera. La semana pasada, llevaba
puesta una camiseta de un concierto de los Rolling Stones, con el autógrafo de
Mick Jagger. Rixon dijo que era auténtica. Joe no ha estado pagando su
MasterCard con fichas de póker. Antes de que Joe y tú estuvieran en Villa
Ruptura ¿alguna vez le preguntaste de dónde, realmente, obtenía su dinero? ¿O
cómo consiguió ese hermoso y brillante Jeep?
—Joe ganó su Jeep en una partida de póker —argumenté—. Si ganó un Jeep,
estoy segura de que podría ganar lo suficiente como para comprarse un par de
jeans de cuatro mil dólares. Quizá simplemente es realmente bueno en el póker.
—Joe te dijo que se ganó el Jeep. Rixon cuenta una historia diferente.
Sacudí mi cabello de mis hombros, intentando pretender que no me importaba lo
más mínimo la dirección que estaba tomando nuestra conversación, porque no
me la estaba creyendo. —¿Ah, sí? ¿Y cuál es esa?
—No lo sé. Rixon no lo diría. Todo lo que dijo fue que a Joe le gustaba que tú
pensaras que él se ganó el Jeep. Pero que en realidad se ensució las manos
consiguiendo ese auto.
—Tal vez escuchaste mal.
—Sí, tal vez —repitió Vee, cínicamente—. O tal vez Joe es un maldito lunático,
haciendo negocios ilegales.
Le entregué un tubo de protector solar, tal vez un poco, demasiado ruda. —Pon
esto en mi espalda y que no te olvides ninguna parte.
—Creo que yo usaré directamente el aceite —dijo Vee, echándome el
bronceador por toda mi espalda. —Un poco de quemadura es mejor que pasar el
día entero en la playa e irte tan blanca como llegaste.
Estiré mi cuello sobre mis hombros, pero no pude ver cómo de minucioso era el
trabajo de Vee. —Asegúrate de poner bajo mis tirantes.
—¿Crees que ellos me arrestarían si me quito el top? En realidad, odio las líneas
del bronceado.
Extendí mi toalla bajo la sombrilla y me acurruqué bajo su sombra, volviendo a
comprobar de que mis pies no estaban por fuera, en el sol. Vee extendió su toalla
a unos pocos metros de distancia, embadurnando sus piernas con aceite. En el
fondo de mi mente, evoqué las imágenes del cáncer de piel, que había visto en la
oficina del doctor.
—Hablando de Joe… —dijo Vee— ¿Qué es lo último? ¿Sigue con Miley?
—Es lo último que escuché —dije tensamente, pensando en que la única razón
por la que me preguntaba sobre eso, era para provocarme.
—Bueno, ya sabes mi opinión.
La sabía, pero iba a escucharla de nuevo, quisiera o no.
—Se merecen el uno al otro —dijo Vee, esparciendo Sun-In a través de su
cabello, llenando el aire con el aroma químico del limón—. Por supuesto que no
creo que dure. Joe se aburrirá y seguirá adelante. Justo como hizo con…
—¿Podemos hablar de algo más que no sea Joe? —interrumpiéndola, frotando
mis ojos cerrados y masajeando los músculos de la parte posterior de mi cuello.
—¿Estás segura de que no quieres hablar? Parece que tienes muchas cosas en tu
mente.
Dejé escapar un suspiro. De nada servía esconderlo. Desagradable o no, Vee era
mi mejor amiga y merecía la verdad, o al menos cuanto pudiera contarle. —Él me
besó la otra noche. Después del The Devil‘s Handbag.
—¿Él, qué?
Presioné los talones de mis manos en mis ojos. —En mi habitación. —No creí que
pudiera explicarle a Vee que él me había besado dentro de mi sueño. La cuestión
era que lo había hecho. El lugar era irrelevante. Eso, y ni siquiera quería pensar
lo que significaba, que ahora, él fuera capaz de introducirse en mis sueños.
—¿Lo dejaste entrar?
—No exactamente, pero entró de todas formas.
—De acuerdo —dijo Vee, luciendo como si estuviera luchando por encontrar una
respuesta decente a mi idiotez—. Esto es lo que haremos. Vamos a hacer un
juramento de sangre. No me mires así, hablo en serio. Si hacemos el juramento
de sangre tendrás que mantenerlo o algo realmente malo sucederá… como ratas
royendo tus pies mientras estás durmiendo. Y cuando te despiertes, todo lo que
habrá, serán muñones sangrientos. ¿Tienes una navaja de bolsillo? Tendremos
que encontrar una, y luego ambas cortaremos nuestras palmas y las uniremos
juntas. Tú jurarás que nunca estar a solas, de nuevo, con Joe. De esa manera, si
la tentación llega, tendrás algo en lo qué apoyarte.
Me pregunté si debería decirle que estar a solas con Joe no era siempre mi
elección. Él se movía como el vapor. Si él quería estar a solas conmigo, lo
conseguiría. Y aunque odiaba admitirlo, algunas veces no me importaba.
—Necesito algo, un poco, más efectivo que un juramento de sangre —dije.
—Nena, te daré una pista. Esto es algo serio. Espero que seas creyente porque yo
lo soy. Iré a buscar un cuchillo —dijo, empezando a ponerse de pie.
La tiré hacia abajo. —Tengo el diario de Miley.
—¡¿Qu…Qué?! —farfulló Vee.
—Lo cogí, pero no lo he leído.
—¿Por qué estoy escuchando esto justo ahora? ¿Y por qué estás tardando tanto
tiempo en abrirlo, nena? Olvida a Rixon, vamos a casa ahora y leámoslo. Sabes
que Miley hablará de Joe en él.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué la demora? ¿Estás asustada de lo que pueda revelar? Porque
yo podría leerlo primero, filtrar todas las cosas malas y sólo darte las respuestas
directas.
—Si lo leo, tal vez nunca hable con Joe de nuevo.
—¡Eso es algo bueno!
Miré de reojo a Vee. —No sé, si es lo que quiero.
—Oh, nena. No te hagas esto a ti misma. Está matándome. Lee el estúpido diario y
permítete a ti misma cerrar esa página. Hay otros chicos ahí afuera. Sólo para que
lo sepas. Nunca habrá escasez de chicos.
—Lo sé —dije, pero pareció como una mentira barata. Nunca había estado con un
chico antes de Joe. ¿Cómo podría decirme a mí misma que habría otro,
después?—. No voy a leer el diario. Lo voy a devolver. Miley y yo hemos tenido
esta estúpida enemistad durante años y está empeorando. Sólo quiero seguir
adelante.
La mandíbula de Vee cayó hacia abajo y farfulló un poco más. —¿No puedes
esperar para seguir adelante hasta que hayas leído el diario? ¿O al menos
dejarme que le dé una pequeña ojeada? Cinco minutos, es todo lo que te pido.
—Estoy tomando el camino correcto.
Vee exhaló su propio suspiro. —No vas a ceder, ¿Verdad?
—No.
Una sombra cayó sobre nuestras toallas. —¿Les importaría si me uno a ustedes,
encantadoras damas?
Levantamos la vista para encontrarnos a Rixon parado por encima de nosotras en
traje de baño y camiseta, con una toalla echada sobre su hombro. Él tenía una
musculatura desgarbada que parecía, sorprendentemente, fuerte y resistente,
una nariz aguileña, y una melena de cabello como la tinta caía a través de su
frente.
Un par de alas de ángel negras estaban tatuadas en su hombro izquierdo, y
combinadas con su barba crecida durante el día, él se veía como si fuera un
empleado de la mafia. Encantador, juguetón, y para nada bueno.
—¡Viniste! —dijo Vee, con su sonrisa iluminando todo su rostro.
Rixon se derrumbó sobre la arena, frente de nosotras, con los codos hacia abajo,
y las mejillas acunadas en sus puños.
—¿Qué me perdí?
—Vee quiere que haga un juramento de sangre —dije.
Él enarcó una ceja. —Suena serio.
—Ella creé que eso mantendrá a Joe fuera de mi vida.
Rixon echó su cabeza hacia atrás y se rió. —Buena suerte con eso.
—Venga ya —dijo Vee—, los juramentos de sangre son algo serio.
Rixon descansó su mano, íntimamente, en su muslo y le sonrió cariñosamente, y
sentí que mi pecho ardía con envidia. Semanas atrás, Joe me abría tocado del
mismo modo. La ironía era, que semanas atrás, Vee probablemente se sintió de la
misma manera en que yo me sentía ahora, cuando la forzaba a salir con Joe y
conmigo.
El saberlo, debería haber hecho que mis celos se apaciguaran, un poco, pero el
dolor me cortaba profundamente. Respondiendo a Rixon, Vee se inclinó hacia
delante, estampando un beso en su boca. Aparté mis ojos, pero eso no diluyó la
envidia que parecía estar suspendida como una roca en mi garganta.
Rixon aclaró su voz. —¿Qué tal si voy y compró unas Coca-Colas? —preguntó él,
teniendo la sensibilidad de notar que él y Vee estaban poniéndome incomoda.
—Déjame a mí —dijo Vee, poniéndose de pie y sacudiéndose la arena de
encima—. Creo que ___ quiere hablar contigo, Rixon. —Ella gesticuló comillas
en el aire, al decir la palabra ―hablar‖—. Me quedaría, pero no soy una gran fan
del sujeto en cuestión.
—Uh… —empecé, incómodamente, sin estar segura de a que quería llegar Vee,
pero absolutamente segura de que no iba a gustarme. Rixon me sonrió
expectantemente.
—Joe —dijo Vee, aclarando las cosas, sólo para hacer que el aire pareciera
diez veces más pesado de lo que ya estaba. Dejando claro eso, se fue.
Rixon se frotó la barbilla. —¿Quieres hablar acerca de Joe?
—En realidad, no. Pero ya conoces a Vee. Siempre está ahí para hacer que una
situación incómoda, empeore diez veces más —murmuré en voz baja.
Rixon se rió. —Qué bueno que no soy fácil de humillar.
—Desearía poder decir lo mismo, ahora.
—¿Cómo están las cosas? —preguntó él, intentando romper el hielo.
—¿Con Joe, o en general?
—Ambas.
—Han estado mejor. —Dándome cuenta de que había una buena posibilidad de
que Rixon le contará algo de lo que había dicho a Joe, rápidamente añadí—.
Estoy mejorando. ¿Pero puedo hacerte una pregunta personal? Es acerca de
Joe, pero si no te sientes cómodo respondiéndola, realmente no hay problema.
—Dispara.
—¿Él, todavía, es mi ángel guardián? Hace tiempo, después de una discusión, le
dije que no quería que lo fuera. Pero no estoy segura de donde nos encontramos.
¿Él, ya no es mi guardián, simplemente porque dije que eso es lo que quería?
—Él todavía está asignado a ti.
—¿Y porque ya no está a mi alrededor?
Los ojos de Rixon brillaron. —Rompiste con él, ¿Recuerdas? Es incómodo para él.
A la mayoría de los chicos no les entusiasma la idea de estar alrededor de su ex
más tiempo del necesario. Eso, y sé que dijo que los arcángeles lo tenían en el
punto de mira. Él se está retirando, para mantener las cosas en lo estrictamente
profesional.
—¿Así que él todavía me protege?
—Claro. Sólo que entre bastidores.
—¿Quién estuvo a cargo de emparejarlo conmigo?
Rixon se encogió de hombros. —Los arcángeles.
—¿Hay alguna manera de hacerles saber que me gustaría ser reasignada? No está
funcionando muy bien. No desde que rompimos, de todos modos.
¿No estaba funcionando? Me estaba desgarrando por dentro. Todo este mírame y
no me toques, verlo, pero no ser capaz de tenerlo, era devastador.
Él pasó su pulgar sobre su labio. —Puedo decirte lo que sé, pero hay una buena
probabilidad de que la información sea anticuada. Ha pasado un tiempo desde
que estuve en el circuito. Irónicamente hablando. ¿Estás lista para esto? Tienes
que hacer un juramento de sangre.
—¿Estas bromeando?
—Hazte un corte en la palma y tira algunas gotas de sangre en el polvo de la
tierra. No en una alfombra o en hormigón, sólo en la tierra. Entonces haces el
juramento, haciéndole saber al cielo que no tienes miedo de derramar tu propia
sangre. Del polvo viniste, y con el polvo te irás. Cuando digas el juramento,
abandonas tu derecho a tener un ángel guardián y anuncias que aceptas tu
destino sin la ayuda del cielo. Ten en cuenta, que no te lo estoy recomendando.
Te dieron un guardián, y por una buena razón. Alguien allá arriba piensa que
estas en peligro. Me estoy arriesgando con esto, pero creo que es por más que
una simple corazonada paranoica.
No eran exactamente noticias nuevas, podía sentir algo oscuro presionando
contra mi mundo, amenazando con eclipsarlo. El fenómeno detrás del fantasma
reaparecido de mi padre, era lo más notable. Fui eclipsada por un pensamiento.
—¿Y si la persona que está detrás de mí, también es mi ángel guardián? —
pregunté lentamente.
Rixon lanzó una risotada. —¿Joe? —Él no sonaba como si creyera que eso fuera
siquiera una posibilidad. No había ninguna sorpresa allí. Rixon había pasado por
todo, con Joe. Incluso si Joe fuera culpable, Rixon estaría de pie a su lado.
Lealtad ciega, por encima de todo.
—¿Si él estuviera intentando lastimarme, alguien lo sabría? —pregunté—. ¿Los
arcángeles? ¿Los ángeles de la muerte? Dabria sabía cuando la gente estaba
cerca de la muerte. ¿Otro ángel de la muerte podría detener a Joe, antes de
que fuera demasiado tarde?
—Si estas dudando de Joe, tienes al hombre equivocado. —Su tono se enfrió—.
Lo conozco mejor que tú. Se toma su trabajo de guardián muy en serio.
Pero si Joe quisiera matarme, podría organizar el asesinato perfecto, ¿no? Él
era mi ángel guardián. Él era el encargado de mantenerme a salvo. Nadie
sospecharía de él…
Pero él ya tuvo su oportunidad de matarme. Y no la había tomado. Él sacrificó la
única cosa que quería más que nada -un cuerpo humano- para salvar mi vida. Él
no haría eso si me quisiera muerta.
¿Verdad?
Deseché mis sospechas. Rixon tenía razón. Sospechar de Joe era ridículo a
estas alturas.
—¿Es feliz con Miley? —Apreté mi boca, con fuerza. Yo no había querido hacer
la pregunta en primer lugar. Se había derramado en ese momento. Un rubor
cubrió mis mejillas. Rixon me observó, claramente pensando su respuesta.
—Joe es lo más cercano que tengo a una familia, y lo quiero como a un
hermano, pero él no es bueno para ti. Yo lo sé, él lo sabe, y en el fondo, creo que
tú también lo sabes. Tal vez no quieras oír esto, pero él y Miley son parecidos.
Están cortados con el mismo patrón. Joe debería tener permitido divertirse un
poco. Y él puede hacerlo, Miley no lo ama. Nada de lo que ella sienta por él va a
molestar a los arcángeles.
Nos sentamos en silencio, y luché por esconder mis emociones. Yo había
molestado a los arcángeles, en otras palabras. Mis sentimientos por Joe fueron
lo que nos expusieron. No fue nada que Joe hubiera hecho o dicho. Todo fue
por mi culpa. De acuerdo a la explicación de Rixon,Joe nunca me había amado.
Nunca fue recíproco. No quería aceptarlo. Quería que Joe me quisiera tanto
como yo lo había querido. No quería pensar, que no había sido nada más que un
entretenimiento para él, un pasatiempo.
Había una pregunta más que quería hacerle a Rixon, desesperadamente. Si Patch
y yo, todavía, estuviéramos en buenos términos, se lo habría preguntado a él,
pero ese era un punto discutible ahora. Rixon sabía tanto como él, de todos
modos. Él sabía cosas que otra gente no -particularmente cuando se refería a
ángeles caídos y Nefilim- y lo que no sabía, podía averiguarlo. Ahora mismo, mi
mejor esperanza de descubrir quién era la Mano Negra, era a través de Rixon.
Me humedecí los labios y decidí hacer la pregunta directamente. —¿Alguna vez
has escuchado de hablar sobre la Mano Negra?
Rixon se estremeció. Me estudió en silencio por un momento antes de que su
rostro se iluminara con diversión. —¿Esto es una broma? No he escuchado ese
nombre desde hace mucho tiempo. Pensé que a Joe no le gustaba que le
llamaran así. ¿Te lo contó él, entonces?
Una lenta ola de frío se apoderó de mi corazón. Había estado a punto de hablarle
a Rixon acerca del sobre con el anillo de hierro y la nota que decía que la Mano
Negra había asesinado a mi padre, pero me encontré, a mi misma, haciendo otra
pregunta. —¿Mano Negra es el apodo de Joe?
—Él no lo ha utilizado durante años. No, desde que comencé a llamarlo Joe. A él
nunca le gustó Mano Negra —se rascó la mejilla—. Eso fue en los días en que
aceptábamos trabajos como mercenarios del rey Francés. Operaciones
encubiertas del siglo dieciocho. Fue una agradable temporada. Con mucho
dinero.
Me sentía, del mismo modo, que si me hubieran abofeteado el rostro. En todo
momento me sentía desequilibrada, inclinándome hacia un lado. Las palabras de
Rixon pasaron a través de mí como un borrón, como si estuviera hablando una
lengua extranjera, y yo no pudiera entenderle. Inmediatamente, me acosaron las
dudas. Joe, no. No había matado a mi padre. Cualquier otro, excepto él.
Lentamente las dudas empezaron a caer hacia un lado, reemplazadas por otros
pensamientos. Me encontré a mi misma buscando a través de los
acontecimientos, buscando una evidencia. La noche en que le di mi anillo a Joe:
El momento en que dije que mi padre me lo había dado, él insistió en que no
podía aceptarlo, casi categóricamente. Y el simple nombre de la Mano Negra.
Encajaba, casi, encajaba demasiado. Obligándome a mantener, unos cuantos
minutos más, mis emociones cuidadosamente controladas, seleccioné
cuidadosamente mis siguientes palabras.
—¿Sabes de lo que más me arrepiento? —dije, mi tono lo más casual que pude—.
Es la cosa más estúpida, y probablemente te reirás. —Para hacer mi historia
convincente, saqué una risa banal, de algún lugar dentro de mí, que ni siquiera
sabía que existía—. Dejé mi sudadera favorita en su casa. Es de Oxford, mi
Universidad de ensueño, —expliqué—. Mi padre me la compró cuando fue a
Inglaterra, así que significa mucho para mí.
—¿Estuviste en casa de Joe? —él sonaba, genuinamente, sorprendido.
—Sólo una vez. Mi madre estaba en casa, así que fuimos hasta su casa para ver
una película. Dejé mi sudadera en el sofá. —Sabía que estaba caminando por una
línea peligrosa, cuantos más detalles revelara de la casa de Joe, mas alta sería
la probabilidad de que algo no coincidiera, y mi tapadera estaría arruinada. Pero
en ese mismo sentido, si era demasiado imprecisa, me asustaba que eso
advirtiera a Rixon de que estaba mintiendo.
—Estoy impresionado. A él le gusta mantener su dirección fuera del radar.
¿Y porque era? Me pregunté. ¿Qué estaba escondiendo? ¿Por qué Rixon, era la
única persona a la que se le permitía entrar en el santuario interior de Joe?
¿Qué podría compartir con Rixon, pero con nadie más? ¿Acaso él nunca me había
permitido entrar, porque sabía que podría ver algo ahí, que revelaría la verdad
de que era responsable del asesinato de mi padre?
—Conseguir la sudadera significaría mucho para mí, —dije. Me sentí de algún
modo remota, como si estuviera viéndome a mi misma conversando con Rixon,
desde varios metros atrás. Alguien extraña, más astuta y contenida, estaba
diciendo las palabras que salían de mi boca. Yo no era esa persona. Yo era la
chica que se sentía, a sí misma, desmoronarse en pedazos tan finos como la arena
bajo de sus pies.
—Dirígete hacia allá a primera hora de la mañana. Joe se va temprano, pero si
estás ahí a las seis y treinta, deberías alcanzarlo.
—No quiero tener que hacerlo cara a cara.
—¿Quieres que recoja la sudadera la próxima vez que vaya? Estoy seguro de que
iré allí mañana por la noche. Este fin de semana como muy tarde.
—Preferiría tenerla lo más pronto posible. Mi madre sigue preguntando por ella.
Joe me dio una llave, y mientras no haya cambiado las cerraduras, todavía
puedo entrar. El problema es, que estaba oscuro cuando conducimos hasta allí, y
no recuerdo como llegar hasta su casa. No presté atención, porque no estaba
planeando tener que conducir de nuevo y buscar mi sudadera, después de la
ruptura.
—Swathmore. Cerca del distrito industrial.
Mi mente anotó esta información.
Si su casa estaba cerca del distrito industrial, apostaba a que vivía en uno de los
apartamentos de edificios de ladrillo, en el límite de Old Town Coldwater. No
había mucho más donde escoger, a menos que él hubiera tomado una residencia
en una de las fábricas abandonadas o chozas de vagabundos, dispersas por el río,
lo cual parecía dudoso.
Sonreí, esperando parecer relajada. —Sabía que estaba al lado de alguna parte
del río. ¿Último piso, no? —dije, tanteando el terreno. Me parecía que Joe no
querría oír a sus vecinos cerca de él.
—Sí —dijo Rixon—. Número treinta y cuatro.
—¿Crees que Joe estará en casa esta noche? No quiero encontrarme con él. En
especial si está ahí con Miley. Sólo quiero conseguir la sudadera e irme.
Rixon tosió en su puño. —Uh, no, no deberías tener ningún problema. —Se rascó
su mejilla y me dirigió una mirada nerviosa, casi de lástima—. Vee y yo, en
realidad, vamos a quedar con Joe y Miley para ver una película esta noche.
Sentí como mi columna se ponía rígida. El aire en mis pulmones pareció estallar…
y entonces, justo cuando sentí el semblante, de todas mis emociones
cuidadosamente controladas, desmoronarse, hablé claramente de nuevo. Tenía
que hacerlo. —¿Vee lo sabe?
—Todavía estoy intentando averiguar cómo decírselo.
—¿Decirme el qué?
Rixon y yo nos giramos, mientras Vee se dejaba caer con una caja de cartón de
Coca-Colas.
—Uh… una sorpresa —dijo Rixon—. Tengo algo planeado para esta noche.
Vee sonrió. —¡Dame una pista, dame una pista! ¿Por favoooor?
Rixon y yo compartimos una mirada rápida, pero alejé la vista. No quería saber
nada de esto. Además, ya estaba desconectada. Mis pensamientos estaban
examinando cuidadosamente esta nueva información: Esta noche. Joe y Miley.
Una cita. El apartamento de Joe estaría vacío.
Tenía que entrar.

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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 6th 2012, 17:33

aho te odio
me puse a llorar no se por que
olviden eso ultimo jajajaja
emmm SIGUELA pronto
espero que sea muy pronto
o juro que me da un espasmo
es que ya sabe rallis donde vive joe,
que el mato a su padre...
que el marco a scott
y lo peor... que está con la perra esa
>_<

asi que no se que mas decir Sad
solo que llore no puede ser que el no amara a la rallis...
espero que ella encuentre su anillo y busque la forma de des hacerse de ese invecil
mentiroso que ahora estoy odiando Sad
besines las quiero bye bye
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 7th 2012, 09:06

hola chicas como estan?? ahora subo capi!!
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 7th 2012, 09:24


capitulo 16

Tres horas más tarde, los frentes de los muslos de Vee estaban rojos
tostados, la parte superior de sus pies estaba cubierta de ampollas, y su
cara estaba inflamada por el calor. Rixon se había largado hacía una hora, y
Vee y yo estábamos cargando la sombrilla y la bolsa de playa hacia el callejón
que se desviaba a la calle Old Orchard.
―Me siento rara ―dijo Vee―. Como si me fuera a desmayar. Tal vez debería
haber pasado del aceite.
Yo estaba mareada e incómodamente muy acalorada, pero no tenía nada que ver
con el clima. Sentía un dolor de cabeza penetrando en el centro de mi cráneo.
Seguía tratando de tragar el mal sabor de boca, pero cuanto más tragaba, sentía
que la incomodad crecía en mi estómago. El nombre de la Mano Negra brincaba
por mi mente como si estuviera burlándose de mí para que le diera toda mi
atención y arañando con sus uñas en mi dolor de cabeza cada vez que trataba de
ignorarlo. No podía pensar en ello ahora, no frente a Vee, ya que sabía que me
rompería en el momento en que lo hiciera. Tuve que hacer malabares con el
dolor un poco más de tiempo, sacudiéndolo al aire cada vez que amenazaba con
desplomarme. Me aferré a la seguridad de la insensible asolación que me
entumecía, alejando lo inevitable mientras pudiera. Joe. La Mano Negra. No
podía ser.
Vee se detuvo. ―¿Qué es eso?
Estábamos de pie en el aparcamiento de la parte trasera de la librería, a pocos
metros del Neon, y estábamos observando el gran trozo de metal unido a la rueda
trasera.
―Creo que es una palanca en la rueda ―le dije.
―Puedo ver eso. ¿Qué hace en mi coche?
―Supongo que cuando dicen que los infractores serán remolcados, lo dicen en
serio.
―No te hagas la lista conmigo. ¿Qué vamos a hacer ahora?
―¿Llamar a Rixon? ―sugerí.
―No va a estar muy contento por tener que conducir de regreso aquí. ¿Qué pasa
con tu madre? ¿Está de vuelta en la ciudad?
―Todavía no. ¿Y tus padres?
Vee se sentó en la acera y se cubrió el rostro con las manos. ―Es probable que
cueste una fortuna conseguir quitar esa palanca de la llanta. Esta será la última
gota que colme el vaso. Mi madre me va a enviar a un monasterio.
Me senté a su lado, y juntas reflexionamos sobre nuestras opciones.
―¿No tenemos otros amigos? ―preguntó Vee―. ¿Alguien a quien podríamos
llamar para que viniera a buscarnos, sin sentirnos demasiado culpables? No me
siento culpable por hacer que Miley maneje todo el camino hasta aquí, pero
estoy bastante segura de que ella no lo haría. No por nosotras. Sobre todo por
nosotras. Eres amiga de Scott. ¿Crees que vendrá a recogernos? Espera un
momento... ¿no es ese el Jeep de Joe?
Seguí la mirada de Vee hacia el extremo opuesto del callejón. Al final de la calle
Imperial, y bastante seguro, se hallaba estacionado un brillante Jeep Commander
negro. Las ventanas estaban polarizadas, un resplandor de sol se reflejaba en
ellos.
Mi corazón se aceleró. Yo no podía correr hacia Joe. No aquí. Todavía no. No
cuando la única cosa que me mantenía lejos de romper a llorar era una presa
cuidadosamente construida, cuya base se agrietaba profundamente con cada
segundo que pasaba.
―Debe estar por aquí ―dijo Vee―. Mándale un mensaje y dile que estamos
encalladas. Puede que no le guste, pero lo obligaré para que me lleve a casa.
―Prefiero enviar un mensaje a Miley antes de pedírselo a Joe. ―Tenía la
esperanza de que Vee no detectara la nota extraña y apagada de angustia y odio
en mi voz. La Mano Negra... La Mano Negra... Joe no... Por favor, Joe no... era un
error, había una explicación... El dolor de cabeza se intensificó, como si mi cuerpo
me estuviera advirtiendo de que pusiera fin a esta línea de pensamientos, por mi
propia seguridad.
―¿A quién más podemos llamar? ―dijo Vee.
Las dos sabíamos a quién podríamos llamar. Absolutamente a nadie. Éramos
perdedoras, sin amigos. Nadie nos debía un favor. La única persona que dejaba
todo para venir a mi rescate estaba sentada a mi lado. Y viceversa.
Yo dirigí mi atención hacia el jeep. Por la razón que fuera, me puse de pie.
—Conduciré el Jeep a casa. —Yo no estaba segura de qué tipo de declaración
tenía la intención de enviar a Joe. ¿Ojo por ojo? Me has hecho daño, ¿te duele?
O tal vez, este es sólo el comienzo, si tuvieras algo que ver con la muerte de mi
padre...
―¿Joe se pondrá como loco cuando se dé cuenta de que le robaron su jeep?
―dijo Vee.
―No me importa. No voy a estar sentada aquí toda la noche.
―Tengo un mal presentimiento sobre esto ―dijo Vee―. No me gusta Joe en un
día normal, menos cuando saca su temperamento.
―¿Qué pasó con tu sentido de la aventura? ―Un deseo feroz había tomado el
control de mí, y yo no quería nada más que tomar el Jeep y enviar un mensaje a
Joe. Me imaginaba estampando el jeep contra un árbol. No lo suficiente fuerte
para desplegar las bolsas de aire, si no lo suficientemente fuerte como para dejar
una abolladura. Un pequeño recuerdo mío. Una advertencia.
―Mi sentido de la aventura termina en un tipo una misión suicida kamikaze ―dijo
Vee―. No va a ser muy agradable cuando se dé cuenta de que fuiste tú.
La voz lógica de mi cabeza me habría instruido a retroceder durante un momento,
pero toda la lógica me había dejado. Si él había herido a mi familia, si había
destruido a mi familia, si me había mentido…
―¿Sabes cómo robar un coche? ―preguntó Vee.
―Joe me enseñó.
Ella no parecía demasiado convencida. ―¿Quieres decir que viste a Joe robar
un coche, y ahora crees que puedes intentarlo?
Yo caminaba por el callejón hacia la calle Imperial, con Vee corriendo detrás.
Comprobé el tráfico, luego cruce hacia el Jeep. Probé el pestillo de la puerta.
Bloqueado.
―Nadie está en casa ―dijo Vee, ahuecando las manos alrededor de sus ojos para
mirar dentro―. Creo que debemos alejarnos. Vamos, ___. Retírate del Jeep.
―Necesitamos que nos lleven. Estamos varadas.
―Todavía tenemos dos piernas, izquierdas y derechas. Las mías están en estado
de ánimo para hacer ejercicio. Se sienten listas para una buena caminata… ¡¿Estás
loca?! ―grito.
Yo estaba de pie con la punta de la sombrilla de playa apuntando hacia la ventana
del lado del conductor. ―¿Qué? ―dije―. Tenemos que entrar.
―¡Baja la sombrilla! Vas a llamar mucho la atención si la estampas contra la
ventana. ¿Qué te pasa? ―dijo ella, mirándome, con los ojos desorbitados.
Una visión cruzó por mi mente. Entonces vi a Joe sobre mi padre, y con una
pistola en su mano. El sonido de un disparo rasgó el silencio.
Puse mis manos en las rodillas y me incliné, sintiendo como picaban las lágrimas
detrás de mis ojos. La tierra se sacudió en un giro nauseabundo. El sudor se
deslizaba por los lados de mi cara.
Yo estaba sofocada, como si todo el oxígeno se hubiera evaporado de repente en
el aire. Cuanto más trataba de respirar, más ahogados estaban mis pulmones.
Vee me estaba gritando, pero parecía estar muy lejos, como un sonido bajo el
agua.
De repente la tierra se detuvo. Inhalé tres profundas respiraciones. Vee ordenó
que me sentara, gritando algo acerca de agotamiento por calor. Me sacudí de su
agarre.
―Estoy bien ―dije, levantando una mano cuando ella se inclinó de nuevo―.
Estoy bien.
Para demostrarle que estaba bien, me incliné a recoger mi bolsa, que debió
haberse caído, y fue entonces cuando vi la llave de repuesto de Jeep,
relucientemente dorada, en el suelo. Las que yo había robado de la habitación de
Miley la noche de su fiesta.
―Tengo una llave para el Jeep ―dije, las palabras me sorprendieron incluso a
mí.
Vee frunció el ceño. ―¿Joe nunca te pidió que se la devolvieras?
―Él nunca me la dio. La encontré en la habitación de Miley el martes por la
noche.
―Whoa.
Metí la llave en la cerradura, me subí y me senté en el asiento del conductor.
Luego ajusté el asiento hacia delante, encendí el motor, y agarré el volante con
ambas manos. A pesar del calor, mis manos estaban frías y nerviosas.
―No estás pensando en hacer algo más que conducir esta cosa a casa, ¿verdad?
―preguntó Vee, abrochándose el cinturón―. Ya que la vena de tu temperamento
es fuerte, y la última vez que lo vi, fue justo antes de golpearas a Miley en la
mandíbula en el Devil‘s Handbag.
Me humedecí los labios, ya que parecían como papel de lija y pastosos, al mismo
tiempo. ―Le dio a Miley una llave de repuesto para el Jeep, debería lanzar esta
cosa al mar, a veinte metros de profundidad.
―Tal vez él tenía una buena razón ―dijo Vee con nerviosismo.
Lancé una risa ligera y fuerte. ―No voy hacerle nada hasta después de que te
deje. ―Giré el volante a la izquierda y salí hacia la calle.
―¿Juras agregar esa advertencia cuando intentes explicar a Joe por que le
robaste su jeep?
―No lo estoy robando. Estamos varadas. Esto se llama préstamo.
―Esto se llama tú estás loca. ―Podía sentir el desconcierto de Vee ante mi ira.
Pude verlo por la forma irracional en la que se me quedó mirando. Tal vez era
irracional. Tal vez había llegado al límite. Dos personas podían tener el mismo
apodo, pensé, tratando de convencerme a mí misma. Podrían. Ellos podrían,
podrían, podrían. Yo esperaba que cuanto más lo dijera, más me lo llegaría a
creer, pero el lugar que reservaba en mi corazón para sentir confianza se sentía
hueco.
―Salgamos de aquí ―dijo Vee, con una voz cautelosa y asustada, que nunca
usaba conmigo.
―Tenemos limonada en mi casa. Después podríamos ver la televisión. Tal vez
dormir la siesta. ¿No tienes que trabajar esta noche?
Estaba a punto de decirle que Roberta no me había registrado para esta noche,
cuando pisé el freno. ―¿Qué es eso?
Vee siguió mi mirada. Ella se inclinó hacia delante, tirando de un trozo de tela de
color rosa y de rayas. Ella sostuvo la parte superior del bikini francés entre
nosotros.
Nos miramos la una a la otra, y ambos pensamos lo mismo.
Miley.
Sin lugar a dudas, estaba aquí con Joe. Ahora mismo. En la playa. Tendida en la
arena. Haciendo quién sabe qué más.
Una oleada de violencia y traición me atravesó. Yo lo odiaba. Y me odiaba a mí
misma por añadir mi nombre a la lista de las chicas que había seducido, y luego
traicionado. Un crudo deseo para rectificar mi ignorancia se apoderó de mí. Yo
no iba a ser sólo una chica. No podía hacerme desaparecer. Si él era la Mano
Negra, lo encontraría. Y si hubiera tenido algo que ver con la muerte de mi
padre, me lo pagaría.
―Él puede encontrar su propio camino a casa ―le dije con voz temblorosa.
Apreté, fuertemente, el acelerador quemando la goma del neumático.
* * *
Horas más tarde, me paré delante del refrigerador, y abrí la puerta,
inspeccionando el contenido, en busca de algo para cenar.
Cuando no se me antojó nada, me moví hacia la esquina de la estrecha despensa,
al lado del refrigerador, e hice lo mismo. Cogí una caja de pasta, un tarro de
salchichas y salsa de espaguetis.
Cuando sonó el temporizador de la cocina, escurrí la pasta, me serví un buen
plato, y puse la salsa en el microondas. Llenándola de parmesano, y queso
Cheddar rallado y lo califique como bueno. El microondas sonó, y eche unas
cucharadas de salsa y queso en la parte superior de la pasta. Cuando me volví
para llevar todo a la mesa, me di cuenta de que Joe estaba apoyado en ella. El
cuenco de pasta casi se me resbaló de los dedos.
—¿Cómo entraste? —pregunté.
—Deberías mantener la puerta cerrada. Especialmente cuando estás sola en casa.
Su postura era relajada, pero sus ojos no lo estaban. El color de mármol negro,
lanzaba puñales hacia mí. No tenía duda de que sabía que había robado el Jeep.
No era difícil, ya que estaba estacionado en mi camino de entrada. Había pocos
lugares para ocultar un Jeep en una casa rodeada de campo abierto por un lado, y
bosques impenetrables por el otro. No había pensado en ocultarlo ya que cuando
había estacionado el jeep en el camino de entrada, estaba consumida por el
horror y el shock. Todo había adquirido un enfoque nítido: sus palabras suaves,
sus negros y brillantes ojos, su amplia experiencia con las mentiras, la seducción,
las mujeres. Me había enamorado del diablo.
—Te llevaste el Jeep —dijo Joe. Calmado, pero no feliz.
—Vee se estacionó en una zona ilegal y pusieron un ancla en su coche. Teníamos
que volver a casa, y ahí fue cuando vimos el Jeep al otro lado de la calle —Mis
palmas estaban llenas de sudor, pero no me atrevía a secármelas. No delante de
Joe. Él parecía diferente esta noche. Más serio de lo habitual. El brillo pálido de
las luces de la cocina cortaban sus pómulos, y su cabello negro, alborotado por
un día en la playa, caía por su frente, casi tocando sus largas pestañas. Su boca, la
cual siempre había considerado sensual, se convirtió en una mueva cínica a un
lado. No era una sonrisa cálida.
―No pudiste llamar y pedirme ayuda ―preguntó.
―No tenía mi teléfono.
―¿Y Vee?
―Ella no tiene tu número, en su teléfono. Y yo no podía recordar tu nuevo número
de todos modos. No teníamos forma de contactar contigo.
―Tú no tienes una llave del Jeep. ¿Cómo la conseguiste?
Todo lo que podía hacer era no dirigirle una mirada traicionada ―Tu llave de
repuesto.
Lo vi tratando entender que quería decir con eso. Los dos sabíamos que nunca me
había dado una de repuesto. Yo lo observaba de cerca buscando cualquier signo
de que él supiera que me refería a la llave de Miley, pero la chispa de
entendimiento no iluminó sus ojos. Todo en él estaba controlado, impenetrable, e
ilegible.
―¿Qué repuesto? ―preguntó.
Esto sólo hizo que me enojara más, porque yo esperaba que él supiera
exactamente de qué llave estaba hablando. ¿Cuántos repuestos tenía? ¿Cuántas
otras chicas tenían una llave para el Jeep en sus bolsos? ―la de tú novia ―le
dije―. ¿O es que necesitas una aclaración?
―Déjame ver si entiendo esto, ¿Me robaste el Jeep para regresar, por haberle
dado una llave de repuesto a Miley?
―Tomé el Jeep porque Vee y yo lo necesitábamos ―dije con frialdad―. Hubo un
momento en que tú estabas ahí siempre que te necesitaba. Pensé que tal vez eso
seguía siendo cierto, pero al parecer me equivoqué.
Los ojos de Joe no abandonaron los míos. ―¿Quieres decirme qué es esto
realmente? ―Cuando yo no respondí, sacó una de las sillas de la cocina que
estaba colocada debajo de la mesa. Se sentó con los brazos cruzados, las piernas
estiradas lánguidamente―. Tengo tiempo.
La Mano Negra. Eso es de lo que se trataba realmente. Pero yo tenía miedo de
enfrentarme a él. A causa de lo que yo pudiera descubrir, y cómo reaccionaría él.
Estaba segura de que él no tenía ninguna idea de lo mucho que yo sabía. Si lo
acusaba de ser la Mano Negra, no había vuelta atrás. Tendría que enfrentarme a
la verdad, que tenía el poder de doblegar mi alma.
Joe enarcó las cejas. ―¿Ley del silencio?
―Esto es acerca de decir la verdad ―le dije―. Algo que nunca has hecho. ―Si él
hubiera matado a mi padre, ¿cómo podía haberme mirado a los ojos todo este
tiempo, y no decirme cuánto lo sentía, y nunca decirme la verdad? ¿Cómo podía
besarme, acariciarme, sostenerme en sus brazos, y vivir consigo mismo?
―¿Algo que nunca he hecho? Desde el día que nos conocimos, nunca te he
mentido. No siempre te gustaba lo que tenía que decir, pero yo iba siempre de
frente.
―Me dejaste creer que me amabas. ¡Fue una mentira!
―Siento que lo sintieras como una mentira. ―Él no lo sentía. Había una mirada de
furia en su mirada pétrea. Él odiaba que se lo hubiera dicho. Él quería que yo
fuera como todas las otras chicas que desaparecían de su pasado, sin decir nada.
―Si sintieras algo mí, no te habrías juntado con Miley en un tiempo récord.
―¿Y tú no te juntaste con Scott en un tiempo récord? ¿Prefieres tener a medio
hombre que a mí?
―¿La mitad de un hombre? Scott es una persona.
―Es un Nefilim. ―Él hizo un gesto descuidado, en la dirección a la puerta
principal―. El Jeep tiene más valor.
―Tal vez él sienta lo mismo acerca de los ángeles.
Se encogió de hombros, perezoso y arrogante. ―Lo dudo. Si no fuera por
nosotros, su raza no existiría.
―Ni el monstruo de Frankenstein lo amaría.
―¿Y?
―La raza Nefilim busca venganza sobre los ángeles. Tal vez esto es sólo el
comienzo.
Joe se levantó la gorra y se pasó la mano por el pelo. Viendo la mirada en su
rostro, tuve la impresión de que la situación era mucho más peligrosa de lo que
inicialmente me había llevado a creer. ¿Cómo de cerca estaba, la raza de los
Nefilim, de dominar a los ángeles caídos? Seguramente no tanto como su
Cheshvan. Joe no podía querer decir que en menos de cinco meses, los
enjambres de ángeles caídos invadirían y matarían decenas de miles de seres
humanos. Pero todo en la forma en que se contuvo, hasta la mirada en sus ojos,
me decía que era exactamente lo que estaba por pasar.
―¿Qué estás haciendo al respecto? ―pregunté, horrorizada.
Cogió el vaso de agua que yo había dejado sobre la mesa, y tomó un trago. ―Te
he dicho que te quedes fuera de esto.
―¿Por los arcángeles?
―La raza Nefilim es mala. Se supone que no habitan en la Tierra. Existen por el
orgullo de los ángeles caídos. Los arcángeles no quieren tener nada que ver con
ellos. No van a intervenir donde los Nefilim están interesados.
―¿Y todos los seres humanos que van a morir?
―Los arcángeles tienen su propio plan. A veces las cosas malas tienen que
suceder antes que las cosas buenas puedan hacerse.
―¿Plan? ¿Qué plan? ¿Para ver morir a gente inocente?
―Los Nefilim están caminando directamente hacia una trampa que ellos mismos
están creando. Si la gente tiene que morir para aniquilar a la raza Nefilim, los
arcángeles aceptaran el riesgo.
Los pelos en mi cuero cabelludo se erizaron. ―¿Y estás de acuerdo con ellos?
―Soy un ángel de la guarda ahora. Mi lealtad es con los arcángeles. ―Una
llamarada de odio se vio en sus ojos, y por un breve momento, creí que se dirigía
a mí. Como si él me culpara de en lo que se había convertido. En mi defensa,
sentí una oleada de ira.
¿Había olvidado todo lo de esa noche? Había sacrificado mi vida por él, y él la
rechazó. ¡Si quería culpar a alguien por sus circunstancias, no debía ser a mí!
―¿Cómo de fuertes son los Nefilim? ―pregunté.
―Lo suficientemente fuertes. ―Su voz estaba desprovista de preocupación.
―Ellos podrán resistir a los ángeles caídos tan pronto como llegue Cheshvan,
¿verdad?
Él asintió con la cabeza.
Me abracé para protegerme de un frío profundo y repentino, pero era más
psicológico que físico. ―Hay que hacer algo.
Cerró los ojos.
―Si los ángeles caídos no pueden poseer a los Nefilim, pasarán a los humanos
―dije, tratando de romper su actitud despreocupada y llegar a su conciencia―.
Eso es lo que dijiste. Decenas de miles de seres humanos. Tal vez Vee. Mi madre.
Tal vez yo.
Todavía no dijo nada.
―¿No te importa?
Sus ojos se movieron a su reloj, y se levantó de la mesa. ―No me gusta salir
corriendo de aquí cuando tenemos asuntos pendientes, pero llego tarde. ―La
llave de repuesto del Jeep estaba recostada sobre un plato en el recibidor, y se la
guardó en el bolsillo―. Gracias por la llave. Añadiré el préstamo del jeep a tu
cuenta.
Me coloqué entre él y la puerta. ―¿Mi cuenta?
―Te traje a casa desde Z, te ayudé a bajar del techo de Miley, y ahora te presté
mi Jeep. Yo no doy favores de forma gratuita.
Estaba bastante segura de que no estaba bromeando. De hecho, yo estaba
bastante segura de que era en serio.
―Podemos solucionarlo para que me pagues el favor después de cada favor
individual, pero pensé que una lista sería más fácil. ―Su sonrisa era una burla
descarada. De idiota engreído de primera clase.
Entrecerré los ojos. ―En realidad estás disfrutando de esto, ¿no?
―Un día de estos voy a venir a cobrar los favores, y entonces, realmente, lo
disfrutaré.
―Tú no me prestaste el Jeep ―argumenté―. Lo robé. Y no fue un favor, lo
confisqué.
Él miró su reloj por segunda vez. ―Vamos a tener que terminar esto después.
Tengo que irme.
―Así es ―le espeté―. Una película con Miley. Ve a divertirte mientras mi
mundo pende de un hilo. ―Me dije que quería que se fuera. Se merecía a Miley.
No me importaba. Estuve tentada de arrojarle algo, pensé en cerrar la puerta de
golpe, a su espalda. Pero no iba a dejar que se fuera, sin hacer la pregunta que
me rondaba la mente. Me mordí el interior de mi mejilla para mantener mi voz
neutral―. ¿Sabes quién mató a mi padre? ―Mi voz era fría y controlada, y no
como la mía. Era la voz de alguien que estaba completamente llena de odio,
devastación y acusación.
Joe se detuvo, de espaldas a mí.
―¿Qué pasó esa noche? ―No me molesté en tratar de ocultar la desesperación
de mi voz.
Después de un momento de silencio, dijo: ―Me estás preguntando algo que
crees que debería saber.
―Sé que eres la Mano Negra. ―Cerré los ojos un instante, sintiendo que mi
cuerpo entero se sacudía por una oleada de náuseas.
Él miró sobre su hombro. ―¿Quién te dijo eso?
―¿Entonces es verdad? ―Me di cuenta de que mis manos estaban en puños
sobre mi costado, sacudiéndose violentamente―. Eres la Mano Negra. ―Lo miré
a la cara, rezando por que de alguna manera lo refutara.
El reloj de péndulo de la sala marcó la hora, con un sonido pesado y
reverberante.
―Vete ―le dije. Yo no iba a llorar delante de él. Me negaba. No le daría esa
satisfacción.
Él estaba quieto en su lugar, con su rostro impasible, en sombra, ligeramente
satánico. El reloj sonaba a través del silencio.

Uno, dos, tres.

―Te haré pagar por ello ―le dije, con mi voz todavía, curiosamente, extraña.

Cuatro, cinco.

―Encontraré la forma. Te mereces ir al infierno. La única cosa que podría hacer
que me arrepintiera es si los arcángeles me obligaran a ello.
Un destello negro y caliente cruzó sus ojos.
―Te mereces todo lo que te pase ―le dije―, cada vez que me besaste y
abrazaste, sabiendo lo que le hiciste a mi padre… ―Me atraganté y me di la
vuelta, haciéndome pedazos cuando menos me lo podía permitir.

Seis.

―Vete ―le dije, con mi voz tranquila, pero inestable.
Miré hacia arriba, fijamente, con la intención de hacer que Joe se fuera,
sabiendo la intensidad del odio y aversión que expresaban mis ojos, pero estaba
sola en el pasillo. Miré a mi alrededor, esperando que hubiera cambiado de
posición, pero él no estaba allí. Un extraño silencio se instaló entre las sombras, y
me di cuenta de que el reloj de péndulo había dejado de sonar.
Las manillas estaban congeladas entre el seis y el doce, habiéndose parado en el
momento en que Joe se había ido para siempre.

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que les parece?? comenten! :p
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 7th 2012, 13:42

woooa! Me dejaste en shock! No puuedo creer quue Joow haaya heecho esooo! Aaaagggh! Lo odiooo!
Ayyyyy Vane siguueela poorfa! Quuiero maatar a Jooe!
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 8th 2012, 18:22

Cool Cool Cool Chicassss lo siento pero hoy! no voy a subri campi creoo por qe tengo los lentes de contacto es la primera vez qe los uso y creo qe ya saben cm ess no? Shocked Shocked No ves muy calro si tengo faltas de ortografiasr lo siento pero veoo un poco borroso, pero buenooo.... Pero les dejo un adelanto si? ahi va:: Very Happy Very Happy Very Happy Baila
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 8th 2012, 18:26


ADELANTO:

Abrí mi boca, tres segundos antes de que las palabras salieran. —Yo… no pensé
que estuvieras en casa.
Ella entrecerró sus ojos. —Bueno, lo estoy.
—Pensé que tú… y Joe… —Apenas hablaba coherentemente. El diario estaba
en mis brazos, a la vista. En cualquier minuto Miley lo vería.
—Él lo canceló —me espetó, como si esto fuera de mi incumbencia.
Apenas la oí. En cualquier momento ella iba a ver el diario. Como nunca antes,
quise dar marcha atrás en el tiempo. Debería haber pensado en esto, antes de
venir. Debería haber contado con la posibilidad de que ella estuviera en casa.
Miré nerviosamente tras de mí, mirando hacia la calle como si de alguna manera
esta fuera a venir en mi rescate.
Miley dio un grito ahogado, una ráfaga de aire entre sus dientes. —¿Qué estás
haciendo con mi diario?
Me di la vuelta, con las mejillas sonrojadas.
Ella bajó del porche. Cogió el diario y reflexivamente lo puso contra su pecho.
—¿Tú… tú lo cogiste?
Mis manos cayeron inútilmente a mis lados. —Lo cogí la noche de tu fiesta. —
Negué con la cabeza—. Fue una estupidez. Lo siento mucho…
—¿Lo has leído? —demandó ella.
—No.
—Mientes —se burló—. Lo leíste, ¿no? ¿Quién no lo haría? ¡Te odio! ¿Es tu vida
tan aburrida que tienes que espiar la mía? ¿Lo has leído entero, o sólo las partes
tuyas?
Estaba a punto de desmentirlo rotundamente, incluso de abrirlo, cuando las
palabras de Miley capturaron mis pensamientos y rebobinaron.
—¿Mías? ¿Has escrito sobre mí?
Ella lanzó el diario al porche tras ella, luego se enderezó, cuadrando sus
hombros. —¿Qué me importa? —dijo, cruzándose de brazos y mirándome
fijamente—. Ahora sabes la verdad. ¿Qué se siente al saber que.....
LO DEJO ASI!! por que si no no hay trama jajaj mañana subo capi!!!!!!!!!!!!!!!!
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 8th 2012, 19:13

D: D: D: D: !!!!! que es lo que miley esconde!?
y como llego alli?!
aaaahhhh jajaja sube please, el cap, mañana!
jaja me encanta tu nove :B
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 9th 2012, 08:17

pucha me van a dejar mal hasta el viernes... por q ya hoy no leo y el viernes podre y
me habre perdido mucho
*----*
¿que sabe la perra?
SIGUELA

¡De ke color son tus lentes de contacto?? :O

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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 9th 2012, 13:37

HOLAA!!! ACA LES DEJO CAPIIII ESPERO QUE ESTEN BIEN Very Happy
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 9th 2012, 13:54

CAPITULO 17

Después de que Joe se fuera, me quité la ropa de playa y me vestí con
unos vaqueros oscuros y una camiseta, y la cazadora negra de Razorbills
que gané el año pasado en la fiesta de Navidad de eZine. A pesar de que
el pensamiento, hacía que mi estómago se retorciera, tenía que echar un vistazo
al apartamento de Joe, y tenía que hacerlo esta noche antes de que fuera
demasiado tarde.
Había sido estúpido decirle a Joe que sabía que él era La Mano Negra. Esto se
me había escapado en un momento de imprudente hostilidad. Había perdido mi
ventaja de la sorpresa. Dudaba que él me viera como una amenaza real,
probablemente encontraría graciosa mi promesa de enviarle al oscuro infierno,
pero tenía información de que él trabajaba muy duro para mantenerse oculto. En
base a todo lo que sabía sobre, los omniscientes38 y siempre vigilantes,
arcángeles, no le habría resultado fácil ocultarles su participación en la muerte de
mi padre. Yo no podía enviarlo al infierno, pero los arcángeles sí. Si encontraba la
manera de contactar con ellos, su secreto, cuidadosamente elaborado, sería
La Omnisciencia (o el punto de vista omnisciente), es la capacidad de saberlo todo, o de saber todo lo
que se necesite saber en un contexto determinado.
descubierto. Los arcángeles le cazarían con la excusa de desterrarle al infierno.
Bueno, yo tenía un motivo.
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, y rápidamente parpadeé para
detenerlas. Hubo un tiempo en mi vida en el que no hubiera creído que Joe
hubiera sido capaz de matar a mi padre. La idea hubiera sido ridícula, absurda e
insultante. Pero esto sólo demostraba cómo, de hábil y meticulosamente, me
había engañado.
Todo lo que sabía era que el apartamento en Swathmore era donde guardaba sus
secretos. Su única vulnerabilidad. Aparte de Rixon, no permitía que nadie más
entrara. Esta mañana, cuando le había mencionado a Rixon que había estado allí,
él había respondido con genuina sorpresa. Le gusta mantener la dirección de su
casa fuera del radar, había dicho. ¿Había conseguido mantener esto fuera del
radar de los arcángeles? Parecía poco probable, tocando lo imposible, pero
Joe había demostrado que era muy bueno encontrando un rodeo a cualquier
obstáculo que se cruzara en su camino. Si alguien era lo suficiente ingenioso o
inteligente para debilitar a los arcángeles, ese era Joe. Me estremecí,
inesperadamente, al imaginarme lo que guardaba él en su apartamento. Una
terrible sensación, que me hacía cosquillas en mi columna vertebral, parecía
advertirme de que no fuera, pero le debía a mi padre llevar a su asesino ante la
justicia.
Localicé una linterna debajo de mi cama y la metí dentro de la bolsa, en la parte
delantera, de la cazadora. Mientras me ponía de pie, el diario de Marcie captó mi
atención. Estaba descansando sobre una pila de libros en mi estantería. Dudé un
momento, sintiendo un agujero arder en mi conciencia. Con un suspiro, metí el
diario junto a la linterna, cerré la bolsa poniéndola detrás y me puse de pie.
Caminé como una milla hacia Beech, luego cogí un autobús en Herring Street.
Caminé tres manzanas hacia Keate, me monté en otro autobús hasta Clementine,
y luego me fui caminando hasta la ventosa y pintoresca colina que conducía al
barrio de Miley, que era, lo más cercano, a elegante que había en Coldwater. El
olor a hierba recién cortada y a hortensias flotaba en el aire de la tarde, y el
tráfico era inexistente. Los coches estaban bien resguardados en los garajes, por
lo que las calles parecían más amplias y más limpias. Las ventanas de las blancas
casas coloniales reflejaban el resplandor de la lenta puesta de sol, y me imaginé a
las familias sentándose juntos para una cena tardía, detrás de las persianas. Me
mordí el labio sorprendida por una repentina ráfaga de inconsolable lamento. Mi
familia nunca se sentaría junta a comer de nuevo. Tres noches a la semana cenaba
sola, o con Vee. Las otras cuatro noches, cuando mi madre estaba en casa,
normalmente comíamos en bandejas frente al televisor.
Por culpa de Joe.
Me volví hacia Brenchley, contando las casas hacia la de Miley. Su Toyota 4-
Runner rojo estaba aparcado en el camino, pero sabía que no estaba en casa.
Joe la habría recogido con el Jeep para ver una película. Estaba atajando a
través del césped, pensando en que dejaría el diario en el porche, cuando la
puerta delantera se abrió.
Miley había arrojado el bolso sobre su hombro, con las llaves en la mano,
claramente saliendo. Se quedó inmóvil en la puerta cuando me vio. —¿Qué estás
haciendo aquí? —preguntó.
Abrí mi boca, tres segundos antes de que las palabras salieran. —Yo… no pensé
que estuvieras en casa.
Ella entrecerró sus ojos. —Bueno, lo estoy.
—Pensé que tú… y Joe… —Apenas hablaba coherentemente. El diario estaba
en mis brazos, a la vista. En cualquier minuto Miley lo vería.
—Él lo canceló —me espetó, como si esto fuera de mi incumbencia.
Apenas la oí. En cualquier momento ella iba a ver el diario. Como nunca antes,
quise dar marcha atrás en el tiempo. Debería haber pensado en esto, antes de
venir. Debería haber contado con la posibilidad de que ella estuviera en casa.
Miré nerviosamente tras de mí, mirando hacia la calle como si de alguna manera
esta fuera a venir en mi rescate.
Miley dio un grito ahogado, una ráfaga de aire entre sus dientes. —¿Qué estás
haciendo con mi diario?
Me di la vuelta, con las mejillas sonrojadas.
Ella bajó del porche. Cogió el diario y reflexivamente lo puso contra su pecho.
—¿Tú… tú lo cogiste?
Mis manos cayeron inútilmente a mis lados. —Lo cogí la noche de tu fiesta. —
Negué con la cabeza—. Fue una estupidez. Lo siento mucho…
—¿Lo has leído? —demandó ella.
—No.
—Mientes —se burló—. Lo leíste, ¿no? ¿Quién no lo haría? ¡Te odio! ¿Es tu vida
tan aburrida que tienes que espiar la mía? ¿Lo has leído entero, o sólo las partes
tuyas?
Estaba a punto de desmentirlo rotundamente, incluso de abrirlo, cuando las
palabras de Miley capturaron mis pensamientos y rebobinaron.
—¿Mías? ¿Has escrito sobre mí?
Ella lanzó el diario al porche tras ella, luego se enderezó, cuadrando sus
hombros. —¿Qué me importa? —dijo, cruzándose de brazos y mirándome
fijamente—. Ahora sabes la verdad. ¿Qué se siente al saber que tu madre está
acostándose con los maridos de otras personas?
Me lancé una risa incrédula que contenía más ira que otra cosa. —¿Perdona?
—¿De verdad crees que tu madre está fuera de la ciudad todas esas noches? ¡Ja!
Adopté la postura de Miley. —En realidad, lo hago. —¿Qué estaba insinuando?
—Entonces, ¿cómo explicas qué su coche esté estacionado en la calle una noche
por semana?
—Tienes a la persona equivocada —le dije, sintiendo mi rabia hervir. Estaba
bastante segura de que ahora sabía exactamente a dónde quería llegar Miley.
Cómo se atrevía a acusar a mi madre de tener una aventura. Y con su padre, de
entre todas las personas. Aunque fuera el último hombre en el planeta, mi madre
no sería atrapada durmiendo con él. Odiaba a Miley, y mi madre lo sabía. Ella
no dormía con el padre de Miley. Nunca me haría eso. Nunca le haría eso a mi
padre. Nunca.
—¿Un Taurus beige, con matricula X4I24? —La voz de Miley era helada.
—Así que te sabes su número de matrícula —le dije después de un momento,
tratando de ignorar la sensación de opresión en mi pecho—. Eso no prueba nada.
—Despierta, ___. Nuestros padres se conocieron en la escuela secundaria. Tu
madre y mi padre. Ellos estuvieron juntos.
Negué con la cabeza. —Eso es mentira. Mi madre nunca me ha dicho nada acerca
de tu padre.
—Porque ella no quiere que lo sepas. —Sus ojos brillaron—. Porque todavía está
con él. Él es su pequeño secreto sucio.
Negué con la cabeza más fuerte, sintiéndome como una muñeca rota. —Tal vez mi
madre conocía a tu padre de la escuela secundaria, pero eso fue hace mucho
tiempo, antes de conocer a mi padre. Tienes a la persona equivocada. Viste el
coche de otra persona estacionado en la calle. Cuando ella no está en casa, está
fuera de la ciudad, trabajando.
—Los vi juntos, ___. Era tu madre, así que ni siquiera trates de excusarla. Fui a la
escuela ese día y pinté en tu casillero un mensaje para tu madre. ¿No lo
entiendes? —Su voz era un repugnante siseo—. Estaban durmiendo juntos. Todos
estos años lo han estado haciendo. Lo que significa que mi padre podría ser el
tuyo. Y tú podrías ser mí… hermana.
Las palabras de Miley cayeron como una hoja entre nosotras.
Puse mis brazos alrededor de mi cintura y me alejé, sintiéndome como si
estuviera enferma. Las lágrimas se ahogaron en mi garganta, quemándome la
parte posterior de la nariz. Sin decir una palabra, caminé hacia abajo por la calle
de Miley. Pensé que ella podría gritarme algo peor, pero no había nada peor
que pudiera decir.

* * *
No fui a donde Joe.
Debí de haber caminado todo el camino de vuelta a Clementine, más allá de la
parada de autobús, el parque y la piscina de natación de la ciudad, porque lo
siguiente que recordaba, era que estaba sentada en un banco, en el césped
delantero de la biblioteca pública. Un cono de alumbrado público caía sobre mí.
Era una noche cálida, pero abracé mis rodillas contra mi pecho, con mi cuerpo
atormentado por los temblores. Mis pensamientos eran una mezcla de
inquietantes teorías.
Permanecí donde estaba con la oscuridad rodeándome. Los faros se movían por
la calle, acercándose, siguiendo adelante. Risas esporádicas de una comedia
llegaban desde una ventana abierta a través de la calle. Bolsas de aire frío ponían
la piel de gallina en mis brazos. El olor embriagador de la hierba, el musgo y la
humedad del tiempo, me asfixiaban.
Me recosté en el banco, cerrando los ojos contra el manto de estrellas. Junté mis
temblorosas manos en mi estómago, mis dedos se sentían como ramas
congeladas. Me preguntaba por qué la vida tenía que ser tan difícil a veces, me
preguntaba por qué era la gente que más amaba la que más me decepcionaba,
me preguntaba a quién quería dirigir mi odio: a Miley, a su padre o a mi madre.
En el fondo, me aferraba a la esperanza de que Miley estuviera equivocada.
Esperaba poder llegar a lanzar esto de vuelta en su cara. Pero la sensación de
hundimiento que parecía que me tirada, de adentro hacia fuera, me decía que
estaba llevándome a mí misma a la decepción.
No pude localizar el recuerdo, pero fue en el último año o así. Tal vez un poco
antes de que mi padre muriera... no. Después. Había sido un día cálido de
primavera. El funeral había terminado, mi período de duelo había terminado, y
estaba de regreso en la escuela. Vee me había dicho de saltarnos las clases y en
esos días, no ofrecía mucha resistencia a cualquier cosa. Yo flotaba. Me las
arreglaba. Pensando que mi madre estaría en el trabajo, habíamos caminado a mi
casa. Nos había llevado casi toda la séptima hora el llegar allí.
Cuando la casa apareció a la vista, Vee me sacó de la carretera.
—Hay un coche en tu entrada —dijo.
—¿De quién podría ser? Parece un Land Cruiser.
—Tu madre no conduce uno de esos.
—¿Crees que es un detective? —No era probable que un detective condujera una
SUV de sesenta mil dólares, pero estaba tan acostumbrada a que los detectives
vinieran, que fue el primer pensamiento que me vino a la mente.
—Vamos a acercarnos más.
Estábamos casi en la entrada cuando la puerta principal se abrió y las voces se
escucharon. Mi madre... y una voz más profunda. Un hombre.
Vee me arrastró hacia el lateral de la casa, fuera de la vista.
Vimos como Hank Millar se metía en el Land Cruiser y se marchaba.
—Santo Dios —dijo Vee—. Normalmente sospecharía de su juego sucio, pero tu
madre es de lo más conservadora. Apuesto a que estaba tratando de venderle un
coche.
—¿Él vino hasta aquí para eso?
—Diablos, sí, nena. Los vendedores de coches no saben dónde trazar la línea.
—Ella ya tiene un coche.
—Un Ford. Eso es como el peor enemigo del Toyota. El padre de Miley no será
feliz hasta que el pueblo entero esté conduciendo un Toyota....
Dejé a un lado el recuerdo. Pero, ¿y si no le hubiera estando vendiendo un
coche? ¿Qué pasa si ellos —tragué involuntariamente— estaban teniendo una
aventura?
¿A dónde iba a ir ahora? ¿A casa? La granja ya no se sentía como casa. Ya no me
sentía a salvo y segura. Se sentía como una caja de mentiras. Mis padres me
habían vendido una historia de amor, unión, y familia. Pero si Miley estaba
diciendo la verdad, y mi mayor temor era que ella lo hacía, mi familia era una
broma. Una gran mentira que nunca había visto venir. ¿No debería haber habido
señales de advertencia? ¿No había sido golpeada con la comprensión de que lo
que yo había sospechado en secreto a lo largo de todo este tiempo, pero había
elegido negarme la dolorosa verdad? Este era mi castigo por confiar en los
demás. Este era mi castigo por ver la parte buena de las personas. Por mucho que
odiara a Joe en este momento, envidiaba la indiferente frialdad que le separaba
de los demás. Sospechaba lo peor de las personas, no importaba qué tan oculto lo
tuvieran, él siempre lo veía venir. Él era insensible y mundano, pero la gente lo
respetaba por ello.
Yo les respetaba, y me mintieron.
Me puse en posición vertical en el banco y marqué el número de mi madre en mi
teléfono. No sabía lo que la diría cuando respondiera, había dejado que mi ira y
traición me guiaran. Mientras su teléfono sonaba, lágrimas ardientes caían por
mis mejillas. Las enjuagué. Mi barbilla temblaba, y cada músculo de mi cuerpo
estaba tenso. Enfadadas y rencorosas palabras rondaban mi mente. Me
imaginaba gritándola, cortándola cada vez que ella intentara defenderse con más
mentiras. Y si ella lloraba... no me daría pena. Ella se merecía sentir hasta la
última gota de dolor por las elecciones que había tomado. Saltó su correo de voz,
e hice todo lo que pude para evitar arrojar el teléfono a la oscuridad.
Marqué a Vee después.
—Hola, nena. ¿Es importante? Estoy con Rixon...
—Me voy de casa —le dije, sin importarme que mi voz sonara pastosa de llorar—.
¿Puedo quedarme en tu casa por un tiempo? Hasta que averigüe a dónde ir.
La respiración de Vee llenó mi oído. —¿Qué dijiste?
—Mi madre vuelve a casa el sábado. Y quiero estar fuera para entonces. ¿Puedo
quedarme contigo el resto de la semana?
—Um, ¿puedo preguntar…
—No.
—Vale, de acuerdo —dijo Vee intentando esconder su shock—. Puedes quedarte,
no hay problema. No hay problema en absoluto. Ya me dirás lo que pasa cuando
estés lista.
Sentí lágrimas frescas dentro de mí. En este momento, Vee era la única persona
con la que podía contar. Ella podría ser odiosa, molesta y perezosa, pero nunca
me mentía.
Llegué a casa alrededor de las nueve, y me metí en un pijama de algodón. No era
una noche fría, pero el aire era húmedo y la humedad parecía deslizarse por
debajo de mi piel, enfriándome hasta los huesos. Después de hacerme una taza
de leche caliente, me hundí en la cama. Era demasiado temprano para dormir,
pero no me habría podido dormir aunque lo hubiera intentado, mis pensamientos
estaban hechos pedazos. Me quedé mirando el techo, tratando de borrar los
últimos dieciséis años y comenzar de nuevo. Tan duro como era capaz, no podía
imaginarme la visión de Hank Millar como mi padre.
Salí de la cama y me dirigí por el pasillo hasta el dormitorio de mi madre. Abrí su
arcón de boda, buscando su anuario de la escuela secundaria. No sabía, ni
siquiera, si tenía uno, pero si lo tenía, su arcón de boda era el único lugar que se
me ocurría para mirar. Si ella y Hank Millar fueron juntos a la escuela, habría
imágenes. Si habían estado enamorados, habría firmado su anuario de alguna
manera especial que lo demostrara. Cinco minutos más tarde, había buscado a
fondo en el arcón y estaba con las manos vacías.
Caminé hacia la cocina, buscando a través de los armarios algo para comer, pero
encontré que mi apetito había desaparecido. No podía comer pensando en la
gran mentira que mi familia había resultado ser. Encontré a mis ojos viajando a la
puerta principal, pero ¿a dónde podría ir? Me sentía perdida en la casa, inquieta
por salir, pero sin ningún lugar al que correr. Después de estar parada en el
pasillo durante varios minutos, subí a mi habitación. Acostada en la cama con las
sábanas hasta la barbilla, cerré los ojos y vi un carrete de diapositivas de
imágenes en mi mente. Imágenes de Miley, de Hank Millar, a quien apenas
conocía, y cuyo rostro podía evocar con dificultad, y de mis padres. Las imágenes
pasaban más y más rápido hasta que se mezclaron en un extraño collage de
locura.
Las imágenes parecieron dar un bandazo al reverso de repente, viajando hacia
atrás en el tiempo. Todo el color se fue de la bobina, hasta que no quedó nada
más que un borroso blanco y negro. Fue entonces que supe que me había metido
en otro reino.
Estaba soñando.
Estaba de pie en el patio delantero. Un viento barrió las ruidosas hojas muertas a
través de la calzada, en torno a mis tobillos. Una extraña nube embudo se
arremolinaba en el cielo sobre mi cabeza, pero no hizo ademán de tocar el suelo,
como si se contentara con esperar su tiempo antes de golpear. Joe estaba
sentado en la barandilla del porche, con la cabeza inclinada, las manos unidas
libremente entre las rodillas.
—Fuera de mi sueño —le grité sobre el viento.
Él negó con la cabeza. —No hasta que te diga lo que está pasando.
Me ajusté más la chaqueta del pijama. —No quiero escuchar lo que tienes que
decir.
—Los arcángeles no nos pueden escuchar aquí.
Lancé una risa acusatoria. —¿No te fue suficiente el manipularme en la vida real,
ahora tienes que hacerlo aquí también?
Levantó la cabeza. —¿Manipularte? Estoy tratando de decirte lo que está
pasando.
—Estás forzando tu camino dentro de mi sueños —le desafié—. Lo hiciste después
del Devil‘s Handbag, y lo estás haciendo ahora.
Una repentina ráfaga de viento sopló entre nosotros, lo que me hizo dar un paso
atrás. Las ramas del árbol crujieron y gimieron. Desenredé el pelo de mi cara.
Joe dijo: —Después del Z, en el jeep, me dijiste que habías tenido un sueño
acerca del padre de Miley. La noche que tuviste el sueño, yo estaba pensando
en él. Estaba recordando el recuerdo exacto que tú soñaste, deseando que
hubiera alguna manera de que pudiera decirte la verdad. No sabía que me estaba
comunicando contigo.
—¿Me hiciste tener ese sueño?
—No un sueño. Un recuerdo.
Traté de digerir esto. Si el sueño era real, Hank Millar había estado viviendo en
Inglaterra, cientos de años atrás. Mi memoria volvió de nuevo al sueño. Dígale al
cantinero que envíe ayuda, había dicho Hank. Dígale que lo que hay aquí no es un
hombre. Que es uno de los ángeles del diablo, que ha venido a poseer mi cuerpo
y esparcir mi alma.
¿Era Hank Millar… un Nefilim?
—No sé cómo se superponen nuestros sueños —dijo Joe—, pero he estado
tratando de comunicarme contigo de la misma forma desde entonces. Lo
conseguí la noche que te besé después del Devil‘s Handbag, pero ahora no dejo
de golpearme contra paredes. Tengo suerte de estar aquí ahora. Creo que eres
tú. No me estás dejando entrar.
—¡Porque no te quiero dentro de mi cabeza!
Se deslizó fuera de la barandilla, bajando a mi encuentro en el patio. —Necesito
que me dejes entrar.
Me di la vuelta.
—Fui reasignado a Miley —dijo él.
Cinco segundos pasaron antes de que todo cayera en su lugar. La sensación de
caliente malestar que había retorcido mi estómago desde que había dejado la
casa de Marcie se propagó a mis extremidades. —¿Eres el ángel guardián de
Miley?
—No ha sido un crucero de placer.
—¿Los arcángeles hicieron eso?
—Cuando me asignaron como tu guardián, me dejaron claro que tenía que tener
en mente tus mejores intereses. Involucrarme contigo no estaba entre tus mejores
intereses. Lo sabía, pero no me gustaba la idea de que los arcángeles me dijeran
qué hacer con mi vida personal. Ellos nos estaban mirando la noche que me diste
tu anillo.
En el Jeep. La noche antes de que nos separáramos. Me acordaba.
—Tan pronto como me di cuenta de que nos estaban mirando, me aparté. Pero el
daño estaba hecho. Me dijeron que estaría fuera tan pronto como me encontraran
un reemplazo. Luego se me asignó a Miley. Fui a su casa esa noche para
forzarme a hacer frente a lo que había hecho.
—¿Por qué Miley? —pregunté con amargura—. ¿Para castigarme?
Se pasó una mano por encima de su boca. —El padre de Miley es uno de la
primera generación de Nefilim, un raza pura. Ahora que Miley tiene dieciséis
años, está en peligro de ser sacrificada. Hace dos meses, cuando traté de
sacrificarte para obtener un cuerpo humano, pero termine salvando tu vida, no
había muchos ángeles caídos que creyeran que podían cambiar lo que eran. Yo
soy un guardián ahora. Todos lo saben, y todos sabemos que es porque te salvé
de morir. De repente, un montón de ellos creen que pueden engañar al destino
también. Ya sea por salvar a un ser humano y conseguir sus alas de nuevo
—exhaló—, o matando a sus vasallos Nefilim y transformando su cuerpo de ángel
caído a ser humano.
Revisé en mi mente todo lo que sabía acerca de los ángeles caídos y los Nefilim.
El Libro de Enoc hablaba de un ángel caído que se convirtió en humano después
de matar a su vasallo Nefilim, a costa de sacrificar uno de los descendientes
femeninos del vasallo. Hace dos meses, Joe había intentado esto mismo con la
intención de usarme para matar a Chauncey. Ahora, si el ángel caído que había
obligado a Hank Millar a jurar lealtad quería ser humano, bueno, tendría que...
Sacrificar a Miley.
Le dije: —¿Quieres decir que tu trabajo es asegurarte de que el ángel caído que
obligó a Hank Millar a jurar lealtad no sacrifique a Miley para conseguir un
cuerpo humano?
Como si él pensara que me conocía lo suficientemente bien como para adivinar
mi siguiente pregunta, dijo: —Miley no lo sabe. Ella está completamente en la
oscuridad.
Yo no quería hablar de esto. No quería a Joe aquí. Había matado a mi padre. Me
había arrebatado, para siempre, a alguien a quien amaba. Joe era un monstruo.
Nada de lo que pudiera decir podría hacerme sentir lo contrario.
—Chauncey formó la sociedad de sangre de Nefilim —dijo Joe.
Mi atención volvió bruscamente. —¿Qué? ¿Cómo lo sabes?
Parecía reacio a contestar. —He accedido a algunos recuerdos. Recuerdos de
otras personas.
—¿Recuerdos de otras personas? —Me sorprendió cuando no debería haberlo
hecho. ¿Cómo podría justificar todas las cosas horribles que había hecho? ¿Cómo
iba a venir aquí y decirme que había examinado en secreto los pensamientos más
privados e íntimos, y esperar que yo le admirara por ello? ¿O incluso que
esperara que le escuchase?
—Un sucesor fue escogido cuando Chauncey se fue. No he sido capaz de obtener
un nombre todavía, pero corre el rumor de que él no está contento con la muerte
de Chauncey, lo cual no tiene sentido. Él está a cargo ahora… eso debería haber
borrado cualquier remordimiento que sintiera por la muerte de Chauncey. Lo
cual me hace preguntarme si el sucesor era un amigo cercano de Chauncey, o un
familiar.
Negué con la cabeza. —No quiero escuchar esto.
—El sucesor tiene un contrato sobre el asesino de Chauncey. —Cualquier otra
protesta por mi parte murió formándose. Joe y yo compartimos una mirada—.
Él quiere que el asesino pague.
—Quieres decir que, quiere que yo pague —dije, mi voz apenas salió.
—Nadie sabe que mataste a Chauncey. Él no sabía que eras su descendiente
femenino hasta momentos antes de morir, así que hay pocas posibilidades de que
nadie más lo supiera. El sucesor de Chauncey podría tratar de localizar a los
descendientes de Chauncey, pero le deseo suerte. Me llevó mucho tiempo
encontrarte. —Dio un paso hacia mí, pero yo retrocedí—. Cuando te despiertes,
necesito que digas que me quieres como tu ángel guardián de nuevo. Dilo como
lo quieras decir, para que lo que los arcángeles lo oigan, y esperemos que te
concedan tu petición. Estoy haciendo todo lo posible para mantenerte a salvo,
pero estoy restringido. Necesito mayor acceso a la gente que te rodea, a tus
emociones, a todo tu mundo.
¿Qué estaba diciendo? ¿Qué los arcángeles por fin habían encontrado un
reemplazo a mi ángel guardián? ¿Era esta la razón por la que había forzado su
camino dentro de mi sueño esta noche? ¿Debido a que había sido cortado, y ya no
tenía el acceso a mí que él quería?
Sentí sus manos deslizándose por mis caderas, sosteniéndome de forma
protectora contra él. —No voy a dejar que te suceda nada.
Me puse rígida y me encogí, liberándome. Mi mente era una tempestad. Él quiere
que el asesino pague. No podía quitarme de encima esa idea. La idea de que
alguien por ahí me quisiera matar era desoladora. No quería estar aquí. No quería
saber estas cosas. Quería sentirme segura de nuevo.
Consciente de que Joe no tenía ninguna intención de dejar mi sueño, hice mi
propia jugada. Luchando contra las barreras invisibles del sueño, forzándome a
despertar. Abre los ojos, me dije. ¡Ábrelos!
Joe se apoderó de mi codo. —¿Qué estás haciendo?
Podía sentirme cada vez más lúcida. Podía sentir el calor de mis sábanas, la suave
funda de mi almohada contra mi mejilla. Todos los olores familiares asociados a
mi habitación confortándome.
—No despiertes, Ángel. —Pasó sus manos contra mi pelo, atrapando mi cara,
obligándome a mirarlo a los ojos—. Hay más que necesitas saber. Hay una razón
muy importante por la que necesitas ver estos recuerdos. Estoy tratando de
decirte algo que no puedo decirte de otra manera. Te necesito para contarte lo
que estoy tratando de decirte. Necesito que dejes de bloquearme.
Aparté mi cara. Mis pies parecían elevarse sobre la hierba, dirigiéndome hacia la
agitada nube embudo. Joe me agarró, jurando en voz baja, pero su dominio
sobre mí era como peso pluma, imaginario.
Despierta, me ordené a mí misma. Despierta.
Dejé que la nube me absorbiera.
----------

comenten!! :p
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 10th 2012, 17:13

omg! omg! omg!
me muero!
waaaa!
pasaron muchisimas cosas en este cap!
solo quiero seguir leyendo!
please siguela vane!
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 11th 2012, 18:33

HOLA!!!!
¿¿¿como estan??? espero que bien!! :p hoy la pase todo el dia con: mi mejor amiga, un amigo que era mejor pero hacia 2 años que no l ovei, un oracticamente ex, mi prima.
Se imaginan???
Mejor amigo( qe no veo): Lauta que es heterosexual. Y grita mucho
mejor amiga: lucia que es como "me chupa todo lo que digas" y Que odia a guadalupe
practiacamnete ex: Franco, que es mas maduro.que no lo veo xq repitio,
Prima: yazu que es unaño menor y que no entendia nada.
AH! y mi "mejor" amiga llamada guadaluoe que gusta de mi ex?
Pueden creeerlo y en cima me manda a mi a preguntarle si gusta de ella.

Eso no es una amiga ¿o si?

y su respuesta fue que no.
Pero yo lo adorno con: "dice que no esta abierto a relaciones"

bueno espero que la pasen bien malana tengo que ir al cine con ellos ¿XD?

espero que esten bien, encima arreglamos todos para ir mañana al cine con ellos. es como raro no?
encima que el tipo del ciine me guiña el ojo cada vez que paso...

Bueno...ahora les suo capii las quiero XD
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 11th 2012, 19:36

Capitulo 18



Me desperté con la respiración agitada. Mi habitación estaba sumida en
las sombras, la luna brillaba como una bola de cristal en el otro lado de
la ventana. Mis sábanas estaban calientes y húmedas, enrolladas entre
mis piernas. El reloj marcaba las nueve y media.


Me dejé caer fuera de la cama y fui al baño, para llenar un vaso de agua fría. Lo
tome de un trago, luego me incline contra la pared. No podía dormir de nuevo.
Sin importar lo que hiciera, no podía dejar que Joe regresara a mis sueños.
Deambulé por las escaleras de arriba, tratando frenéticamente de mantenerme
completamente despierta, pero estaba tan confundida, que dudaba que pudiera
dormir aunque lo quisiera.
Varios minutos después los latidos de mi pulso habían disminuido, pero mi mente
no era tan fácil de calmar.



La Mano Negra.



Esas tres palabras me perseguían.
Eran esquivas, amenazantes, burlonas. No me atrevía a mirarlas de frente. No sin
la sensación de que mi débil mundo comenzaba a romperse.
Sabía que estaba evitando encontrar la manera de dejar que los arcángeles
supieran que Joe era la Mano Negra, y el asesino de mi padre, para protegerme
de la vergonzosa verdad: Me había enamorado de un asesino. Lo dejé besarme,
mentirme, traicionarme. Cuando me tocó en mis sueños, toda mi fuerza se
derrumbó, y sentí que me enredaba en su red una vez más. Él seguía sosteniendo
mi corazón en su mano, y esa era la mayor traición de todas. ¿Qué clase de
persona era yo, cuando no podía llevar al asesino de mi propio padre a la
justicia?
Joe había dicho que yo podía decirles a los arcángeles que lo quería como mi
ángel guardián de nuevo a través del simple hecho de decirlo en voz alta. Parecía
lógico, entonces, que yo pudiera gritar “¡Joe mató a mi padre!” y acabaría con
eso. Se haría justicia. Joe sería enviado al infierno, y yo podría empezar
lentamente a reconstruir mi vida. Pero no podía decir las palabras, era como si
estuvieran encadenadas en algún profundo lugar dentro de mí.
Demasiadas cosas no encajaban. ¿Por qué Joe, un ángel caído, estaba mezclado
con la sociedad de sangre Nefilim? ¿Si él fuera la Mano Negra, por qué estaba
marcando reclutas Nefilim? ¿Por qué los estaba reclutando en primer lugar? No
sólo era extraño -era ilógico. La raza Nefilim odiaba a los ángeles, y viceversa. ¿Y
si la Mano Negra era el sucesor de Chauncey y el nuevo líder de la sociedad…
cómo sería posible que esa persona fuera Joe?
Apreté el puente de mi nariz, sintiendo que mi cabeza podía partirse si seguía
haciendo las mismas preguntas una y otra vez. ¿Por qué todo lo que rodeaba a la
Mano Negra parecía ser un interminable laberinto de trampas, tras trampas, tras
trampas?
Justo ahora, Scott era mi único vínculo confiable hacia la Mano Negra. Sabía más
de lo que decía, estaba segura de ello, pero estaba muy asustado para hablar. Él
tono de su voz cuando habló de la Mano Negra estaba cargado de pánico. Lo
necesitaba para que me dijera lo que sabía, pero él estaba huyendo de su pasado
y nada de lo que dijera iba a hacerlo regresar y enfrentarlo.
Presioné mi frente en las palmas de mis manos, tratando de pensar claramente.
Llamé a Vee.
—Buenas noticias —dijo ella antes de que yo dijera una palabra—. Hablé con mi
papá en el camino de vuelta de la playa y pagará la multa para recuperar mi auto.
Estoy de vuelta en los negocios.
—Bien, porque necesito tu ayuda.
—Ayuda es mi segundo nombre.
Estaba bastante segura de que ella ya me había dicho que “mala” era su segundo
nombre, pero me guardé esa opinión. —Necesito algo de ayuda para echar un
vistazo en la habitación de Scott —Las oportunidades eran que, Scott no iba a
mantener ninguna evidencia detallada que lo involucrara con la sociedad de
sangre Nefilim a simple vista, pero ¿qué alternativas tenía? Él había hecho un
excelente trabajo en no darme respuestas directas en el pasado, y después de
nuestro último encuentro, sabía que él iba a ser cauteloso conmigo. Si quería
saber lo que él sabía, iba a tener que hacer un poco de trabajo de campo.
—Aparentemente Joe canceló nuestra cita doble, así que mi agenda está libre
—dijo Vee, un poco emocionada. Había esperado que me preguntara qué íbamos
a buscar en la habitación de Scott.
—Ir al cuarto de Scott no va a ser peligroso o excitante —le dije, sólo para
asegurarme de que estábamos en la misma página—. Todo lo que vas a hacer es
sentarte en el Neón afuera del apartamento y llamarme si ves a alguien llegando a
casa. Yo voy a ser la que entre.
—Sólo porque no voy a espiar no quiere decir que no sea excitante. Sólo en las
películas casi nunca atrapan al chico bueno. Pero esta es la vida real, y hay una
gran posibilidad de que te atrapen. ¿Ves lo que digo? El factor excitante está por
los cielos.
Personalmente creo que Vee estaba un poco demasiado ansiosa por verme
atrapada.
—¿Vas a avisarme si Scott vuelve a casa, verdad? —Pregunte.
—Diablos, si nena. Te cubro.

Mi siguiente llamada fue a la línea de casa de Scott. Lo cogió la señora Parnell.
—___, ¡qué bueno que llamas! Scott me ha dicho que las cosas están calientes
entre ustedes —añadió con voz conspiratoria.
—Bien, eh…
—Siempre creí que sería bonito que Scott se casara con una chica del pueblo. No
me gusta mucho la idea de que se case con una de una familia de extraños. ¿Y si
sus parientes están chiflados? Tu madre y yo somos tan amigas, ¿te imaginas lo
divertido que sería preparar una boda juntas? ¡Pero me estoy adelantando
mucho! Todo en su momento como ya dicen.

Oh señor.

—¿Está Scott en casa, señora Parnell? Tengo algunas noticias que le interesarían.
Oí como ponía la mano sobre el auricular y gritaba:
—¡Scott! ¡Coge el teléfono! ¡Es ___!
Un momento después Scott lo cogió. —Ya puedes colgar mamá.
Su voz tenía una gota de desconfianza en ella.
—Sólo me aseguraba de que lo habías cogido, cariño.
—Ya lo tengo.
—___ tiene alguna noticia interesante —dijo.
—Entonces cuelga para que me pueda contar.
Hubo un suspiro de decepción, y un clic.
—Pensé que te había dicho que te mantengas alejada de mí —dijo Scott.
—¿Ya has encontrado una banda? —Le pregunté, empujando hacia adelante, con
la esperanza de tomar el control de la conversación y despertar su interés antes
de que me colgara.
—No —dijo él con ese mismo escepticismo vigilante.
—Yo mencioné a un amigo que tocas la guitarra
—Yo toco el bajo.
—Y corrió la voz y se encontró una banda que quiere que audiciones. Esta noche.
—¿Cuál es el nombre de la banda?
Yo no había previsto esa pregunta. —Uh… The Pigmen.
—Suena como algo salido de 1960.
—¿Quieres audicionar o no?
—¿A qué hora?
—Diez. En el Devil‘s Handbag —Si hubiera sabido de una bodega más lejos, yo la
habría mencionado. Así son las cosas, me tendría que conformar con los veinte
minutos que le llevaría el viaje de ida y vuelta.
—Voy a necesitar un nombre de contacto y el número.
Definitivamente no se suponía que debía preguntar eso.
—Le dije a mi amigo que te pasaría la información, pero yo no pensaba en pedir
nombres y números de los miembros de la banda.
—Yo no voy a aventar mi noche en una audición sin obtener una idea de cómo
son estos tipos, qué estilo tocan, y donde han tocado. ¿Son punk, indie-pop, o
metal?
—¿Qué eres?
—Punk.
—Voy a buscar sus números y te llamo.
Colgué a Scott y de inmediato marque a Vee. —Le dije a Scott que le conseguí
una audición con una banda esta noche, pero él quiere saber qué tipo de música
la banda toca y donde han tocado. Si le doy tú número, ¿pretenderías ser la novia
de alguien de la banda? Sólo dile que tú siempre contestas el teléfono de tu novio
cuando él está en el ensayo. No lo elabores más a fondo. Limítate a los hechos:
Son una banda de punk, son la próxima gran cosa, y él sería un estúpido si no
audiciona.
—Está empezando a gustarme todo este trabajo de espionaje —dijo Vee—.
Cuando mi vida normal se vuelve aburrida, todo lo que tengo que hacer es estar
furtivamente junto a ti.
Yo estaba sentada en el porche delantero con mis rodillas dobladas contra mi
pecho cuando Vee cruzó.
—Creo que deberíamos parar en Skippy por perros calientes antes de hacer esto
—dijo cuando volvió— No sé de qué se trata lo de los perros calientes, pero son
como una inyección instantánea de coraje. Yo siento que puedo hacer todo
después de haber comido un perro caliente.
—Eso es porque te drogas con todas las toxinas que ponen dentro de esas cosas.
—Como he dicho, creo que deberíamos pasar por Skippy.
—Yo ya comí pasta para la cena.
—La pasta no es muy llenadora.
—La pasta es muy llenadora.
—Sí, pero no en la forma en la que la mostaza y la salsa lo son —Vee argumentó.
Quince minutos más tarde, salíamos a través de Skippy con dos perros calientes a
la plancha, un cartón grande de papas fritas, y dos batidos de leche de fresa.

—No me gusta este tipo de comida —le dije, sintiendo que la grasa se filtraba a
través del envoltorio de papel encerado del perro caliente en mi mano—. No es
sano.
—Así como lo es una relación con Joe, pero eso no te detuvo.

No respondí.

A un cuarto de milla de casa de Scott, Vee se dirigía hacia un lado de la carretera.
El mayor problema que veía, era nuestra ubicación. Deacon Road terminaba justo
después del complejo de casas. Vee y yo estábamos a la intemperie y tan pronto
como Scott pasara por delante y viera a Vee sentada en el Neon, sabría que algo
estaba pasando. No estaba preocupada de que reconociera su voz por teléfono,
pero me preocupaba que recordara su cara. Nos había visto juntas en más de una
ocasión e incluso nos había visto entrando las dos en el Neon. Ella era fácil de
asociar.
—Vas a tener que salirte de la carretera y aparcar detrás de los arbustos —instruí
a Vee.
Vee se inclino hacia adelante, mirándome en la oscuridad. —¿Es una zanja lo que
hay entre mi y los arbustos?
—No es muy profunda, confía en mí. Vamos a conseguirlo.
—A mi me parece profunda. Estamos hablando de un Neon, no un Hammer.
—El Neon no pesa mucho. Si nos atascamos, salgo y empujo.
Vee puso el coche en marcha y salió de la carretera, el sonido de las malas
hierbas arrastrándose detrás de ella mientras aterrizaba en la zona de la zanja.
—¡Más g-gas! —dije, mis dientes rebotaban con el movimiento sobre el terraplén
rocoso. El coche se inclino hacia adelante y paso por la zanja y los neumáticos
delanteros se pararon de golpe, tocando fondo.
—No creo que vayamos a hacer esto —dijo Vee, dándole al Neon más gas. Los
neumáticos giraron, pero no encontraron tracción—. Necesito colocarlo en otro
ángulo —Giro el volante totalmente a la izquierda y le dio al gas de nuevo—. Eso
está mejor —dijo mientras el Neon se atrincheraba y se tambaleaba hacia
delante.
—Ten cuidado con las rocas —empecé a decir, pero ya era demasiado tarde. Vee
llevo el Neon en línea recta sobre una gran roca que sobresalía medio enterrada
en la tierra. Piso el freno y apago el motor. Salimos y se quedo mirando el
neumático delantero izquierdo.
—Algo no se ve bien —dijo Vee—. ¿Se supone que el neumático tenga que verse
así?

Di cabezazos contra el tronco más cercano.

—¿Así que tenemos que hacerlo no? —dijo Vee—. ¿Y ahora qué?
—Mantenemos el plan. Voy a entrar en la habitación de Scott y tú vas a
mantenerte observando. Cuando vuelva, llamaras a Rixon.
—¿Y qué le digo?
—Que vimos una vaca y nos desviamos. Fue entonces cuando el Neon cayó en la
zanja y le diste a la roca.
—Me gusta esta historia —dijo Vee—. Me hace parecer una amante de los
animales. Rixon es así.
—¿Alguna pregunta? —le dije.
—Nop, lo tengo todo. Te llamaré tan pronto como Scott vuelva. Te llamaré tan
pronto como necesites estar fuera de la habitación.
Vee me miro de pies a cabeza. —¿Vas a escalar por la pared del edificio y entrar
por la ventana? Ya que creo que deberías haber traído zapatos deportivos para
eso. Tus bailarinas son bonitas, pero no practicas.
—Entraré por la puerta principal.
—¿Qué vas a decirle a la madre de Scott?
—No importa. Ella me adora. Me dejara entrar directamente —Saque mi perro
caliente, que ahora ya se había enfriado—. ¿Quieres esto?
—De ninguna forma. Lo vas a necesitar. Si algo malo sucede, simplemente toma
un bocado. Diez segundos después, te sentirás bien y feliz por dentro.
Corrí el resto del camino por Deacon, desviándome entre las sombras de los
árboles tan pronto como distinguía una forma humana moviéndose en las
ventanas iluminadas del apartamento de Scott en el tercer piso. Por lo que pude
ver, la señora Parnell estaba en la cocina, moviéndose entre el refrigerador y el
fregadero, probablemente tomando postre o un aperitivo. La luz de la habitación
de Scott estaba encendida pero las cortinas estaban puestas. La luz parpadeo y un
momento después Scott entro en la cocina y le dio un beso en la mejilla a su
madre.
Me quede allí, espantando mosquitos durante cinco minutos, antes de que Scott
saliera por la puerta llevando consigo lo que parecía una funda de guitarra. La
guardo en el maletero del Mustang y salió del aparcamiento.
Un minuto más tarde, el tono de llamada de Vee sonó en mi bolsillo.
—El águila ha salido del nido — dijo.
—Ya lo sé —dije—. Quédate donde estas. Voy a entrar.

Caminé hasta la puerta y toque el timbre. La puerta se abrió y tan pronto como la
señora Parnell me vio, apareció una sonrisa amplia en su cara.
—____ —dijo agarrándome cariñosamente por los hombros—. Justo acabo de
despedir a Scott. Se fue a la audición de una banda. No puedo decirte lo mucho
que significa para el que consiguieras que entrara. Sólo espera y veras —me
pellizco la mejilla con cariño.
—En realidad, Scott me acaba de llamar. Dejo algunas de sus partituras aquí y me
preguntó si podía recogerlas. Habría venido él mismo, pero no quería llegar
tarde a la audición y crear una mala impresión.
—¡Oh! ¡Si por supuesto! Vamos entra. ¿Dijo cuáles quería?
—Me envió un mensaje con un par de títulos.
Señaló una puerta completamente abierta. —Te acompaño a la habitación. Scott
estará muy molesto si la audición no sale como quiere. Por lo general, es muy
detallado con el tema de la música, pero es que todo pasó muy deprisa. Estoy
segura de que esta muy nervioso, pobre.
—Sonaba muy molesto —estuve de acuerdo—. Voy a ir tan rápido como pueda.

La señora Parnell abrió el paso por el pasillo. Cuando pase el umbral de la
habitación de Scott, hubo un total cambio de escenario. Lo primero que note fue
la pintura negra en las paredes. Habían sido blancas la última vez que vine. Los
pósters de Godgather y New England Patriots habían sido arrancados. El aire olía
fuertemente a pintura.
—Vas a tener que disculpar las paredes —dijo la Señora Parnell—. Scott está
pasando por una crisis emocional. La mudanza ha sido difícil. Necesita salir mas
—Me miro significativamente. Pretendí no darme cuenta.
—¿Así que esas son las partituras? —Le pregunté, señalando un montón de
papeles en el suelo.
La Sra. Parnell se limpio las manos en el delantal. —¿Quieres que te ayude a
buscar los títulos?
—No es ningún problema, de verdad. No quiero ocuparle. Simplemente me
llevara un segundo.
Tan pronto como se fue, cerré la puerta. Puse mi móvil y el perrito caliente sobre
la mesa frente a la cama y luego me dirigí al armario.
Un par de tenis de bota se distinguían por encima de la pila de camisetas y
vaqueros en el suelo. Sólo tres camisas estaban colgadas en las perchas. Me
pregunte si la señora Parnell las había comprado, porque no podía imaginarme a
Scott con camisas de franela.

Debajo de la cama me encontré con un bate de aluminio, un guante de béisbol y
una maceta. Llamé a Vee.
—¿Cuál es el aspecto de la marihuana?
—Cinco hojas —dijo Vee.
—Scott cultiva marihuana. Debajo de su cama.
—¿Te sorprende?
No lo estaba, pero sí que explicaba el olor. No estaba segura de poder
imaginarme a Scott fumando marihuana, pero tal vez la vendía. Estaba
desesperado por dinero en efectivo.
—Llamaré si me entero de algo más —le dije. Deje mi móvil sobre la cama de
Scott y me di la vuelta en la habitación. No había muchos lugares escondidos. La
parte inferior de la mesa estaba vacía. Los respiradores de la calefacción estaban
vacíos. No había nada cosido en su edredón. Estaba a punto de renunciar cuando
algo en lo alto del armario llamo mi atención. Había desperfectos en la pared.
Cogí la silla del escritorio y me acerque. Un agujero mediano cuadrado había
sido hecho en la pared, pero el yeso había sido sustituido para que no se viera en
apariencia. Use un gancho de alambre, llegue tan alto como pude y tiré del yeso.
Por lo que podía decir, una caja naranja de zapatos Nike estaba llenando el
espacio. Intente atraerla, pero termine empujándola más para atrás.
Un sonido suave de un zumbido rompió mi concentración, y me di cuenta de que
mi móvil estaba vibrando, y las mantas en la cama de Scott amortiguaban el ruido.
Salté hacia abajo. —¿Vee? le conteste.
—¡Sal de ahí! —Susurró ella con un trasfondo de pánico. —Scott volvió a llamar y
pidió las instrucciones para llegar a la bodega, pero yo no sabía qué bodega le
habías dicho. Simplemente no supe que decir y me estanque y simplemente le
dije que yo sólo era la novia que no sabía dónde la banda hacia las audiciones.
Me pregunto por la bodega en la que practicaban y le dije que tampoco lo sabía.
Las buenas noticias son, que colgó, así que no tuve que mentirle más. Las malas,
que está en camino a su casa. Ahora mismo.
—¿Cuánto tiempo tengo?
—Desde que paso cerca de aquí a unas cien millas por hora, me imagino que un
minuto. O menos.
—¡Vee!
—No me culpes a mí, tú eres la que no respondías al teléfono.
—Llámalo de nuevo. Necesito ganar tiempo.
Página210
—¿Qué gane tiempo? ¿Cómo? El Neon tiene un neumático desinflado.
—¡Con tu par de pies!
—¿Te refieres a correr?
Acunando el teléfono bajo mi mentón saque un trozo de papel de mi bolso y fui
hacia el escritorio de Scott en busca de una pluma. —Es menos de un cuarto de
milla. Es una vuelta alrededor de la pista. ¡Ve!
—¿Y qué le digo cuando lo coja?
—Esto es lo que hacen los espías, improvisar. Piensa en algo. Tengo que irme —
interrumpí la conexión.
¿Dónde estaban las plumas? ¿Cómo podía Scott tener un escritorio sin ninguna
pluma o lápiz? Finalmente encontré una en mi bolso y garabateé una nota rápida
sobre el trozo de papel. Deslice la nota en el perro caliente.
Escuché afuera al Mustang rugir en el estacionamiento del complejo.
Atravesé la habitación hasta llegar al armario y por segunda vez trepé. Estaba
estirada sobre las puntas de mis pies apuñalando la caja con el gancho.
La puerta de la entrada al apartamento se cerró con brusquedad.
—¿Scott? —Escuché decir a la Sra. Parnell en la cocina—. ¿Qué haces acá tan
pronto?
Logré enganchar la punta del gancho en el borde de la tapa de la caja y comencé
a halarla fuera del compartimiento. Una vez estuvo mitad fuera, la gravedad hizo
el resto. La caja cayó a mis manos. Acababa de meterla en mi bolso, mientras con
una mano ponía la silla de vuelta al escritorio cuando la puerta se abrió de un
manotazo.
Los ojos de Scott me encontraron al instante. —¿Qué estás haciendo? —Demandó.
—No esperaba que regresaras tan rápido —tartamudeé.
—No era cierto lo de la audición, ¿verdad?
—Yo…
—Tú querías que estuviera fuera del apartamento —En dos pasos él llegó hasta a
mí y me tomó del brazo, zarandeándome violentamente—. Cometiste un gran
error al venir aquí.
La Sra. Parnell se asomó a la puerta. —¿Qué está pasando, Scott? ¡Por todos los
santos, suéltala! Ella vino para buscar las partituras que dejaste.
—Ella está mintiendo. No dejé ningunas partituras.

La Sra. Parnell me miró. —¿Es cierto eso?
—Mentí —confesé temblorosa. Tragué en seco intentando inyectar un poco de
calma a mi voz—. La cuestión es que en verdad quería pedirle a Scott que fuera
conmigo a la fiesta del solsticio de verano en el Delphic, pero no me atrevía a
pedírselo en persona. Esto es bastante incómodo —Caminé hasta el escritorio y
le ofrecí a Scott el perro caliente junto con el pedazo de papel en donde había
garabateado la nota.
No seas un marica —leyó Scott—. Ve al solsticio de verano conmigo.
—¿Bueno qué opinas? —Intenté sostener una sonrisa—. ¿Quieres ser un marica o
no?
Scott miró la nota, al perro caliente y luego a mí. —¿Qué?
—Bueno ¿no es esto la cosa más encantadora del mundo? —Dijo la Sra. Parnell —.
¿Tú no quieres ser un marica, verdad Scott?
—¿Nos das un minuto, mamá?
—¿Hay que vestirse elegante para la fiesta del solsticio de verano? Preguntó la
Sra. Parnell—. ¿Cómo un baile? Podría hacer una reservación en Todd‘s Tuxes…
—Mamá.
—Ah. Sí. Voy a estar en la cocina. ___, te lo tengo que decir. No tenía idea de
que estabas aquí dejando una invitación para la fiesta. De verdad pensé que
estabas recogiendo la partitura. Muy ingeniosa —Ella guiñó, luego retrocedió y
cerró la puerta tras ella.
Y me quedé sola con Scott y toda mi valentía se hizo pedazos.
—¿En realidad qué estás haciendo aquí? —Repitió Scott con una voz
significantemente más siniestra.
—Te dije…
—No me la creo —Sus ojos se apartaron de mí para inspeccionar la habitación—.
¿Qué tocaste?
—Vine para traerte el perro caliente, lo juro. Busqué en el escritorio un bolígrafo
para escribir la nota, pero eso es todo.
Scott avanzó hacia el escritorio, abrió todas las gavetas y rebuscó en ellas. —Sé
que estas mintiendo.
Retrocedí hasta la puerta. —¿Sabes qué? Quédate con el perro caliente, pero
olvídate de la fiesta. Sólo intentaba ser amable. Intentaba recompensar por lo de
la otra noche porque me sentí responsable de que te hayan golpeado la cara.
Olvida lo que dije.
Él me evaluó en silencio. No tenía ni idea si él había creído mi actuación, pero no
me importó. El único pensamiento que me pasaba por la cabeza era salir de ahí.
—Te estoy vigilando —finalmente dijo en un tono que encontré
sorprendentemente amenazador. Nunca había visto a Scott tan fríamente hostil—.
Piensa en ello. Cada vez que pienses que estás sola, piénsalo dos veces. Te estoy
vigilando. Si te vuelvo a sorprender metida en mi cuarto, te mato. ¿Estamos
claros?
Tragué. —Como el cristal.
De camino a la salida, pasé junto a la Sra. Parnell que estaba junto a la chimenea
bebiendo un vaso de té helado. Tomó un sorbo, puso el vaso sobre el mantel y se
acercó a mí.
—¡Scott es único, ah! —Dijo.
—Eso es una buena manera de describirlo.
—Apuesto a que le pediste ir a la fiesta con mucho tiempo de antelación porque
sabías que otras chicas estarían haciendo fila si tú no actuabas rápido.

El solsticio de verano era mañana en la noche y todo los que iban a ir ya tenían
pareja. Incapaz de decirle eso a la Sra. Parnell, opté por sonreír. Ella podría
interpretarlo como ella quisiera.
—¿Tengo que rentarle un esmoquin? —Preguntó ella.
—En realidad la fiesta es casual. Jeans y una camisa estaría bien —Le dejé a Scott
la tarea de darle la noticia de que ya no íbamos a ir juntos.
Su cara decayó un poco. —Bueno también está el baile del Homecoming39. ¿Debo
suponer que también lo invitarás a ese baile?
—Todavía no lo he pensado. De todas maneras, puede que Scott no quiera ir
conmigo.
—¡No seas tonta! Tú y Scott tienen historia. Él está loco por ti.

O simplemente loco. Punto.

—Me tengo que ir, Sra. Parnell. Fue bueno volver a verla.
—¡Conduce con cuidado! —Dijo mientras movía su dedo índice.
39 Homecoming: Fiesta de bienvenida pero para ex alumnos de alguna escuela o residentes de la misma.

Me encontré con Vee en el estacionamiento. Ella estaba agachada con los puños
presionados sobre sus rodillas y respirando forzadamente. La espalda de su blusa
estaba empapada de sudor.
—Que buen trabajo de señuelo hiciste —dije.
Ella me miró y su cara estaba rosa como un jamón de navidad. —¿Alguna vez has
intentado perseguir un carro? —Dijo ahogadamente.
—Mejor que eso. Le di a Scott mi perro caliente y le pregunté si quería ir conmigo
al solsticio de verano.
—¿Y el perro caliente qué tiene que ver con todo esto?
—Le dije que era un marica si no iba conmigo.
Vee rió con dificultad. —Hubiera corrido más rápido para verte llamarlo marica.
Cuarenta y cinco minutos más tarde el papá de Vee llamó a la AAA40; pusieron al
Neon devuelta en la calle y me dejaron en la entrada de la granja. Rápidamente
quité todo lo que había sobre la mesa de la cocina y saqué de mi bolso la caja de
zapatos de Scott. La caja estaba envuelta por múltiples capas de cinta adhesiva de
casi una pulgada de espesor. Sea lo que sea que Scott estaba escondiendo; él no
quería que el resto del mundo lo encontrara.
Corté la cinta con un cuchillo de carne, liberé la tapa, la puse a un lado y observé
el interior de la caja. Una solitaria media yacía inocentemente en el fondo de la
caja.
Observé la media con decepción. Luego fruncí el seño. Estiré la media lo
suficiente como para ver en su interior. Mis rodillas se debilitaron.


Adentro había un anillo.


Uno de los anillos de La Mano Negra.


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hola chicas como estan??? Estuve pensando en esta nove y...no se preocupen la voy a seguir pero...necesito mas comentarios si pueden conseguir que mas personas lo lean plis pasenlo

las quiero mañana subo capiiii
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 11th 2012, 21:38

omg! Que miedo me dio ese cap?!
Y ahora que tiene que ver la mano negra en esto D:
please siguela, recomendare tu nove Smile
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Hoy a las 19:24

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CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush
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