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 CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush

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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 19th 2011, 14:15


MARATON!!! 1/3
CAPITULO 7

Ala mañana siguiente, me arrastré a mí misma fuera de la cama, y después
de una rápida pasada por el baño que incluyó darme toquecitos con
corrector de ojos y aplicar en mi cabello revitalizador de rizos, me moví
relajadamente hacia la cocina para encontrar a mi mamá ya sentada a la mesa.
Ella tenía un tazón de té de hierbas en sus manos, y su cabello tenía un aspecto
desordenado y de dormí-sobre-él, lo cual era una agradable forma de decir que
ella parecía un puercoespín. Mirándome por sobre el borde de su tazón, ella
sonrió.
—Buenos días.
Me deslicé en el asiento opuesto y puse algo de trigo triturado en un cuenco. Mi
mamá había puesto frutillas y un pequeño jarro de leche, y añadí ambos al cereal.
Trataba de ser consciente respecto a lo que comía, pero siempre parecía mucho
más fácil cuando mi mama estaba en casa, asegurándose de que las comidas se
remontaran a más de lo que pudiera comer en diez segundos.
—¿Dormiste bien? —preguntó ella.
Asentí, habiendo comido justo una cucharada de cereal.
—Me olvidé de preguntar la noche anterior —dijo mamá—. ¿Al final terminaste
dándole un tour por la ciudad a Scott?
—Lo cancelé. —Probablemente lo mejor era dejarlo así. No estaba segura de
cómo ella reaccionaria si supiera que lo había seguido al muelle y luego pasado
la noche con él en una inmersión en un salón de billar en Springvale.
La nariz de mamá se arrugó. —¿Es eso… humo lo que huelo?

Oh mierda.

—Encendí unas velas en mi habitación esta mañana —dije, arrepintiéndome de
no haberme tomado el tiempo para la ducha. Estaba segura de que el Z
permanecía en mi ropa, mis sábanas, mi cabello.
Ella frunció el ceño. —Definitivamente es humo lo que huelo. —Su silla se deslizó
hacia atrás, y ella comenzó a levantarse, en su camino para investigar.
No sirve el estancamiento ahora. Me rasqué la ceja nerviosamente.
—Es que anoche fui a un salón de billar.

—¿Joe? —Habíamos acordado una regla no hace mucho tiempo atrás de que yo
no tenía permiso en absoluto, bajo ninguna circunstancia, para salir con Patch
mientras mi mamá no estaba.
—Él estaba ahí, sí.
—¿Y?
—No fui con Joe. Fui con Scott. —Por la expresión de su rostro, estaba bastante
segura de que esto era peor—. Pero antes de que te alteres —me apresuré—,
sólo quiero decir que mi curiosidad me estaba matando. Estaba teniendo un
tiempo realmente difícil ignorando el hecho de que los Parnell están haciendo
todo lo posible para mantener el pasado de Scott en la oscuridad. ¿Por qué cada
vez que la Sra. Parnell abría la boca, Scott estaba a dos pulgadas de distancia,
mirándola como un halcón? ¿Qué puede haber hecho que sea tan malo?
Esperaba que mi mamá saltara a sus pies y me dijera que desde el momento que
volviera de la escuela esta tarde, estaba castigada hasta el cuatro de Julio, pero
ella dijo:
—Yo también lo he notado.
—¿Soy sólo yo, o ella parece estar asustada de él? —continué, aliviada de que
ella pareciera más interesada en discutir sobre Scott que en mi castigo por pasar
la noche en un salón de billar de baja categoría.
—¿Qué clase de madre está asustada de su propio hijo? — se preguntó mamá en
voz alta.
—Creo que ella sabe los secretos de él. Sabe lo que él hizo. Y él sabe que ella lo
sabe. —Quizás el secreto de Scott era simplemente que él era un Nefilim, pero yo
no lo creía. Basándome en sus reacciones de la noche anterior cuando él había
sido atacado por el Nefil de camisa roja, estaba comenzando a sospechar que él
no sabía la verdad sobre quién era, o de lo que era capaz. Él podría haber notado
su increíble fuerza o su habilidad para hablar a los pensamientos de las personas
pero probablemente no sabía cómo explicarlo. Pero si Scott y su mamá no
estaban tratando de esconder la herencia Nefilim, ¿qué estaban tratando de
esconder? ¿Qué había hecho él, que necesitara ser cubierto?

Treinta minutos más tarde, entré en química para encontrar a Miley ya en
nuestro escritorio, hablando por su celular, ignorando completamente la señal en
el pizarrón blanco que decía NO CELULARES, SIN EXCEPCION. Cuando ella me
vio, me dio la espalda y puso su mano sobre su boca, claramente queriendo
privacidad. Como si me importara. Para el momento en que llegué a nuestro
escritorio, la única parte de la conversación que escuché fue un seductor:
—También te amo.
Ella deslizó su celular dentro de un bolsillo en la parte delantera de su mochila y
me sonrió. —Mi novio. Él no va a la preparatoria.
Inmediatamente tuve un momento de duda personal y me pregunté si Joe
estaba en el otro extremo de la línea, pero él había jurado que lo que pasó entre
él y Miley la noche anterior no significaba nada. Podía ya sea convertirme a mi
misma en una frenética celosa o podía creerle. Asentí comprensivamente.
—Debe ser difícil estar saliendo con un desertor escolar.
—Ha, ha. Solo para que sepas, estoy mandando un mensaje de texto después de
la clase a todos lo que están invitados a mi fiesta de verano anual en la noche del
martes. Estás en la lista —dijo ella casualmente—. Perderse mi fiesta es la manera
más segura de sabotear tu vida social… no es que tengas que preocuparte sobre
sabotear algo que no tienes.
—¿Fiesta anual de verano? Nunca lo había escuchado.
Ella sacó un estuche de maquillaje compacto, él cual había dejado la forma de un
círculo en su bolsillo trasero de sus jeans, y se dio toquecitos con el polvo
compacto en su nariz. —Eso es porque nunca habías estado invitada antes.
Bien, espera un poco. ¿Por qué Miley me estaba invitando? Aun cuando mi IQ
era el doble que el suyo, ella debía haber notado el hielo entre nosotras. Eso, y
que no teníamos amigos en común. O intereses, para el caso.
—Wow, Miley. Es muy amable de tu parte invitarme. Un poco inesperado pero
aún así muy amable. Definitivamente intentaré ir. —Pero no con mucho esfuerzo.
Miley se inclinó hacia mí. —Te vi anoche.
Mi corazón latió ligeramente más rápido, pero me las arreglé para mantener el
nivel de mi voz. Evasiva, incluso. —Sí, te vi también.
—Eso fue algo… loco. —Ella dejó su frase abierta, como si quisiera que yo la
elaborara por ella.
—Supongo.
—¿Supones? ¿Viste el palo de billar? Nunca había visto a nadie hacer algo así
antes. Él lo empujó a través de la mesa de billar. ¿Acaso esas cosas no están
hechas de pizarra?
—Estaba en la parte de atrás de la multitud. No pude ver mucho, lo siento.
No estaba tratando de ser inútil a propósito; esta era sólo una discusión que no
quería tener. Y ¿era por esto que ella me estaba invitando a la fiesta? ¿Intentando
impregnar un sentido de confianza y amistad en nuestra relación, de modo que yo
le dijera, si sabía algo sobre lo que había pasado la noche anterior?
—¿No viste nada? —repitió Miley, con una línea de duda hendiendo su frente.
—No. ¿Estudiaste para el control de hoy? Tengo la mayoría de la tabla periódica
memorizada, pero la línea de abajo continua haciéndome tropezar.
—¿Alguna vez Joe te llevó a jugar pool ahí? ¿Viste alguna vez algo como eso
antes?
Ignorándola, abrí mi cuaderno.
—Escuché que tú y Joe rompieron —dijo, tratando por un nuevo ángulo.

Tomé algo de aire, pero demasiado tarde, ya que mi rostro se sentía caliente.
—¿Quién quiso terminar? —preguntó Marcie.
—¿Eso importa?
Marcie frunció el ceño. —¿Sabes qué? Si no vas a hablar conmigo, puedes
olvidarte de ir a mi fiesta.
—No iba a ir de todas maneras.
Ella hizo rodar sus ojos. —¿Estás enojada porque estaba con Joe en el Z
anoche? Porque él no significa nada para mí. Solo nos estábamos divirtiendo. No
es nada serio.
—Sí, de verdad se vio de esa forma —dije, dejando que se deslizara en mi tono
justo el suficiente cinismo.
—No estés celosa, ___. Joe y yo somos de verdad, de verdad, sólo buenos
amigos. Pero en caso de que estés interesada, mi mamá conoce a un terapeuta de
parejas muy, muy bueno. Hazme saber si necesitas una referencia. Pensándolo
bien, ella es bastante costosa. Quiero decir, sé que tu mamá tiene este trabajo
estelar y todo…
—Una pregunta para ti, Miley. —Mi voz estaba fría con la advertencia, pero mis
manos estaban temblando en mi regazo—. ¿Qué harías si despertaras mañana y
descubrieras que tu papá ha sido asesinado? ¿Crees que el trabajo de media
jornada de tu mama en JC Penney podría pagar las cuentas? La próxima vez,
antes de hablar sobre la situación de mi familia, ponte en mis zapatos por un
minuto. Sólo por un pequeño minuto.
Ella sostuvo mi mirada por un momento, pero su expresión era tan impasible que
dudaba que la hubiera hecho pensar dos veces. La única persona con la que
Marcie podía alguna vez ser empática era con ella misma.
Después de clase, encontré a Vee en el estacionamiento. Ella estaba recostada a
lo ancho del capó del Neon, con las mangas enrolladas sobre sus hombros,
tomando el sol.
—Tenemos que hablar —dijo ella mientras me acercaba. Se sentó y se bajó los
lentes de sol lo suficiente para hace contacto visual—. Tú y Joe son tierras
separadas, ¿cierto?
Trepé en el capó junto a ella. —¿Quién te dijo?
—Rixon. Para tu información, eso dolió. Soy tu mejor amiga, y no debería
averiguar estas cosas por el amigo de un amigo. O por el amigo de un ex novio
—añadió, luego de pensarlo completamente. Ella puso una mano en mi hombro y
lo apretó—. ¿Cómo lo estas llevando?
No especialmente bien. Pero esa era una de las cosas que tenía que enterrar en el
fondo de mi corazón, y no podía mantenerlo enterrado si hablaba de eso. Me
recliné contra el parabrisas, elevando mi cuaderno para protegerme del sol.
—¿Sabes cuál es la peor parte?

—¿Qué yo tuve la razón todo el tiempo y ahora tienes que sufrir escuchándome
decir, ‗te lo dije‘?
—Divertido.
—No es un secreto que Joe es un problema. Él tiene toda esa cosa de chicomalo-
con-necesidad-de-redención dando vueltas, pero el punto es, que la
mayoría de los chicos malos no quiere redención. Les gusta ser malos. Les gusta
el poder que consiguen infundiendo miedo y pánico en los corazones de las
madres en todos lados.
—Eso fue… perspicaz.
—Cuando quieras, nena. Y lo que es más…
—Vee.
Ella agitó sus brazos. —Escúchame. Estoy guardando lo mejor para el final. Creo
que es tiempo de repensar tus prioridades cuando se refiere a chicos. Lo que
necesitamos es encontrarte un agradable Boy Scout que te haga apreciar el valor
de tener un buen hombre en tu vida. Mira a Rixon, por ejemplo.
La perforé con una mirada de ‗tienes que estar bromeando‘.
—Esa mirada me ofende —dijo Vee—. Rixon parece ser un chico realmente
decente.
Nos miramos fijamente la una a la otra por tres segundos más.
—Bien, quizás un Boy Scout es demasiado —dijo Vee—. Pero el punto de todo es
que tú puedas beneficiarte de un buen chico, un chico en cuyo armario no haya
sólo negro. Qué pasa con eso de todos modos ¿acaso Joe piensa que es un
comando?
—Vi a Miley y a Joe juntos anoche —dije con un suspiro. Ahí. Estaba fuera.
Vee parpadeó unas pocas veces, digiriéndolo. —¿Qué? —dijo, con su mandíbula
aflojándose.
Asentí. —Los vi. Ella tenía sus brazos alrededor de él. Estaban juntos en el salón
de billar en Springvale.
—¿Los seguiste?
Quería decir, dame algo de crédito, pero me las arreglé sólo para un plano:
—Scott me invitó a jugar al billar. Fui con él, y nos encontramos con ellos ahí.
Quería decirle a Vee todo lo que había pasado después de ese momento, pero
como con Marcie, había algunas cosas que no le podía explicar. ¿Cómo se
suponía que iba a hablarle sobre el Nefil con camisa roja, o sobre como él había
atravesado la mesa con un palo de billar?
Vee se veía como si se estuviera esforzando por una respuesta. —Bueno. Como
estaba diciendo, una vez que ves la luz, nunca más darás la vuelta. Quizás Rixon
tiene un amigo. Otro que no sea Patch, eso es… —se detuvo incómoda.

—No necesito un novio. Necesito un trabajo.
Vee hizo una mueca completa. —Más charlas de trabajo, ugh. No logro verle lo
atractivo…
—Necesito un coche, y para poder tener uno, necesito dinero. Por lo tanto un
trabajo.
Tenía una larga lista de razones para comprar el Volkswagen Cabriolet alineadas
en mi mente: el auto era pequeño, por lo tanto fácil de estacionar, y era eficiente
con el combustible—un extra, considerando que no iba a tener mucho dinero
para la gasolina después de la bifurcación de más de mil dólares por el auto en sí
mismo. Y aunque sabía que era ridículo sentir una conexión con algo inanimado y
práctico como un coche, estaba comenzando a verlo como una metáfora del
cambio en mi vida. La libertad de ir donde quisiera, cuando quisiera. La libertad
de comenzar de nuevo. La libertad de Joe, y todos los recuerdos que
compartimos que aún no conseguía descubrir como cerrarles la puerta.
—Mi mamá es amiga de uno de los administradores nocturnos de Enzo, y ellos
están buscando baristas —sugirió Vee.
—No sé nada sobre cómo ser un barista.
Vee se encogió de hombros. —Tú haces café. Lo sirves. Lo llevas hacia el
entusiasmado consumidor. ¿Qué tan difícil puede ser?
Cuarenta y cinco minutos más tarde, Vee y yo estábamos en la playa, caminando
por el paseo marítimo, sacando nuestra tarea y mirando sin compromisos hacia
los escaparates. Ya que ninguna de nosotras tenía un trabajo, y
consecuentemente dinero, estábamos ensayando nuestras habilidades de ir de
shopping mirando las ventanas. Llegamos al final del paseo y nuestros ojos
cayeron en la pastelería. Podía prácticamente escuchar como la boca de Vee se
hacía agua mientras presionaba su rostro contra el vidrio y miraba la repisa de
donas.
—Creo que ha pasado casi una hora completa desde que comí por última vez —
dijo ella—. Donas glaseadas, aquí vamos, mi recompensa. —Ella ya estaba cuatro
pasos adelante, abriendo las puertas.
—Pensé que estabas tratando de perder peso para la temporada de trajes de
baño. Pensé que eras de huesos grandes y que querías emparejar las cosas con
Rixon.
—De verdad sabes cómo arruinar mi ánimo. Como sea, ¿cómo va a hacerme daño
una pequeña dona?
Nunca había visto a Vee comer sólo una dona, pero mantuve mi boca cerrada.
Hicimos una orden de media docena de donas glaseadas y habíamos justo
tomado asiento en la mesa cercana a las ventanas, cuando vi a Scott en el otro
lado de la ventana. Tenía su frente apretada contra la ventana y estaba sonriendo.

Hacia mí. Sorprendida, salté una pulgada. Él hizo un gesto con el dedo,
incitándome a salir.
—Volveré pronto —le dije a Vee.
Ella siguió mi mirada. —¿Acaso no es ese Scotty el atractivo?
—Deja de llamarlo así. ¿Qué pasó con Scotty el meón?
—Él creció. ¿Por qué quiere hablar contigo? —Algo como una revelación cruzó
por su rostro—. Oh, no lo harás. No tienes permiso para jugar al rebote con él. Él
es problemático… tú misma lo dijiste. Te íbamos a encontrar un agradable Boy
Scout, ¿recuerdas?
Colgué mi bolso en mi hombro. —No estoy jugando al rebote. ¿Qué? —dije en
respuesta a la mirada que ella me estaba dando—. ¿Quieres que me quede
sentada aquí y lo ignore?
Ella elevó sus palmas. —Sólo apúrate o tus donas van a entrar en la lista de
especies en peligro de extinción.
Fuera, rodeé la esquina y caminé de vuelta hacia donde había visto a Scott por
última vez. Él estaba apoyado contra la parte de atrás de un banco en la acera,
con los pulgares metidos en los bolsillos.
—¿Sobreviviste a anoche? —preguntó él.
—Aún estoy aquí, ¿cierto?
Él sonrió. —¿Un poco más de agitación de a la que estas acostumbrada?
No le recordé que él era el que estaba recostado contra la mesa de billar con un
palo de billar hundido a una pulgada de su oreja.
—Lamento haberte dejado sola —dijo Scott—. ¿Parece que encontraste quien te
llevara a casa?
—No te preocupes por eso —dije irritada, sin molestarme en esconder mi
molestia—. Sólo me enseñó a no salir contigo de nuevo.
—Lo arreglaré por ti. ¿Tienes tiempo para una comida rápida? —Él indico con su
pulgar hacia un restaurante de turistas en el otro lado del paseo. Alfeo‘s. Había
comido ahí años atrás con mi papá y recordé que el menú era costoso. La única
cosa que iba a conseguir por menos de cinco dólares era un vaso de agua. Una
coca cola si tenía suerte. Tomando en consideración los precios exorbitantes y la
compañía—después de todo, mi último recuerdo de Scott era de él tratando de
elevar mi camiseta con un palo de billar—no quería nada más que ir a finalizar mi
dona.
—No puedo. Estoy aquí con Vee —le dije a Scott—. ¿Qué pasó en el Z anoche?
Después que me fui.
—Recuperé mi dinero. —Algo en la forma en que lo dijo me hizo pensar que no
había sido tan simple.
—Nuestro dinero —corregí.

—Tengo tu mitad en casa —dijo vagamente—. La iré a dejar en la noche.
Si, seguro. Tenía el presentimiento de que él ya se había gastado todo el dinero, y
un poco más.
—¿Y el tipo de la camisa roja? —pregunté.
—Él se fue.
—Parecía muy fuerte. ¿Te pareció de la misma forma a ti? Algo sobre él era…
diferente.
Lo estaba probando, tratando de averiguar cuánto sabía, pero su único
comentario fue un distraído: —Sí, supongo. Así que, mi mamá sigue
molestándome con que salga y haga nuevos amigos. Sin ofender, Grey, pero tú
no eres parte de los chicos. Tarde o temprano voy a tener que alejarme. Aw, no
llores. Solo recuerda todos los momentos felices que hemos compartido, y estoy
seguro que te sentirás mejor.
—¿Me arrastraste aquí afuera para romper con nuestra amistad? ¿Cómo es que
soy tan afortunada?
Scott rió. —Pensé en comenzar con tu novio. ¿Tiene un nombre? Estoy
comenzando a pensar que es tu amigo imaginario. Quiero decir, nunca los veo
juntos.
—Terminamos.
Algo que recordaba a una sonrisa torcida trepó por su rostro. —Sí, eso es lo que
escuché, pero quería ver si tú lo admitías.
—¿Escuchaste sobre mí y Joe?
—Una atractiva chica llamada Miley me dijo. Me la encontré en la estación de
gasolina, y se aseguró de acercarse y presentarse. Como sea, dijo que eras una
perdedora.
—¿Miley te dijo sobre mí y Joe? —Mi espalda se puso rígida.
—¿Quieres un consejo? ¿Un genuino consejo de un chico hacia una chica? Olvida
a Joe. Supéralo. Encuentra a algún chico que esté interesado en lo mismo que
tú. Estudiar, ajedrez, recolectar y clasificar insectos muertos… y piensa
seriamente en teñir tu cabello.
—¿Perdón?
Scott tosió en su puño, pero no me perdí que lo hizo para cubrir una sonrisa.
—Seamos honestos. Las de cabello rojizo son un peligro.
Estreché mis ojos. —No tengo el cabello rojizo.
Él estaba sonriendo completamente. —Podría ser peor. Podría ser naranja.
Naranja bruja-malvada.

—¿Eres así de imbécil con todos? Porque esa es la razón por la que no tienes
amigos.
—Sólo un poco rudo alrededor de los bordes eso es todo.
Elevé mis lentes de sol hacia arriba e hice contacto visual. —Para tú información,
no juego al ajedrez y no recolecto insectos.
—Pero estudias. Sé que lo haces. Conozco el tipo. Tu completa marca personal se
define en dos palabras. Anal retentive12. Eres sólo otro caso estándar de OCD13 .
Mi boca se abrió. —Bien, entonces quizás sí estudio un poco. Pero no soy
aburrida… no tan aburrida. —Al menos, esperaba que no—. Obviamente no me
conoces para nada.
—Claaaro.
—Bien —dije defensivamente—. ¿Dime algo en lo que té estés interesado y que
pienses que nunca me gustaría? Deja de reírte. Estoy siendo seria. Dime una
cosa.
Scott se rascó la oreja. —¿Has ido alguna vez a una batalla de bandas? Música
fuerte e improvisada. Multitudes revoltosas y gritonas. Montones de sexo
escandaloso en los baños. Diez veces más adrenalina que el Z.
—No —dije un poco dubitativa.
—Te recogeré el domingo en la noche. Trae una ID falsa. —Sus cejas se
arquearon, y me agració con una sonrisa burlona y egocéntrica.
—No hay problema —dije, tratando de mantener mi expresión de aburrimiento.
Técnicamente, me estaría comiendo mis palabras si salía con Scott de nuevo,
pero no iba a quedarme aquí de pie y dejarlo llamarme aburrida. Y
definitivamente no iba a dejarlo llamarme pelirroja—. ¿Qué debería usar?
—Tan poco como esté legalmente permitido.
Casi me ahogué. —No sabía que estabas tan interesado en las bandas —dije, una
vez que recuperé mi aliento.
—Tocaba la batería en Portland para una banda llamada Geezer. Estoy esperando
ser elegido por alguna banda local. El plan es explorar el talento la noche del
domingo.
—Suena divertido —mentí—. Cuenta conmigo. —Siempre podía rechazarlo
luego. Un mensaje de texto rápido se encargaría de eso. Todo lo que me
importaba ahora era no permitir que Scott me llamara Anal retentive
directamente a la cara.
12 Anal retentive: persona tan preocupada en los detalles que molesta a los demás.


Scott y yo nos alejamos, y encontré a Vee esperando en nuestra mesa, con la
mitad de mis donas comidas.
—No digas que no te lo advertí —dijo ella, mirando como mis ojos viajaban por
mí dona—. ¿Qué quería Scotty?
—Me invitó a una batalla de bandas.
—Ay Dios.
—Por última vez, no estoy en el rebote.
—Lo que tú digas.
—¿___ Grey?
Vee y yo miramos hacia arriba para encontrar a uno de los empleados de la
pastelería de pie en nuestra mesa. Su uniforme de trabajo consistía en un polo
color lavanda y una plaquita del mismo color que decía MADELINE. —Disculpa,
¿Eres ____ Grey? —me preguntó ella por segunda vez.
—Sí —dije, tratando de adivinar como sabía mi nombre.
Ella estaba apretando un sobre de manila en su pecho, y ahora lo tendió hacia mí.
—Esto es para ti.
—¿Qué es esto? —pregunté, aceptando el sobre.
Ella se encogió de hombros. —Un chico entró y me pidió que te lo diera.
—¿Qué chico? — preguntó Vee, torciendo su cuello alrededor de la pastelería.
—Ya se fue. Dijo que era importante que ___ tuviera el sobre. Pensé que quizás
era tu novio. Una vez un chico mandó unas flores aquí y nos pidió que se la
diéramos a su novia. Ella estaba en la mesa en la esquina de atrás. —Apuntó hacia
allí y sonrió—. Aún lo recuerdo.
Deslicé mi dedo en el sello y miré dentro. Había una hoja de papel, junto a un
enorme anillo. Nada más.
Miré hacia Madeline, quién tenía polvo de harina en su mejilla. —¿Estás segura
que esto es para mí?
—El apuntó directamente a ti y dijo, ‗dale esto a ___ Grey‘. Tú eres ___ Grey,
¿cierto?
Comencé a meter la mano en el sobre, pero Vee puso su mano sobre la mía.
—Sin ofender —le dijo a Madeline—, pero queremos un poco de privacidad.
—¿De quién crees que es? —le pregunté a Vee, una vez que Madeline estuvo
fuera del radio de escucha.
—No lo sé, pero me dio escalofríos cuando ella te lo dio.
Ante las palabras de Vee, dedos fríos caminaron por mi espalda también.

—¿Crees que fue Scott?
—No lo sé. ¿Qué hay dentro del sobre? —Ella deslizó la silla más cerca de la mía
para mirar mejor.
Saqué el anillo, y lo inspeccioné en silencio. Pude averiguar sólo mirándolo que
estaría flojo en mi dedo pulgar—definitivamente era un anillo de hombre. Estaba
hecho de hierro, y la corona del anillo, donde por lo general solía haber una
piedra, tenía la marca de una mano. La mano estaba apretada en un puño, un
puño amenazante. La corona del anillo estaba quemada y parecía haber sido
puesta en el fuego en algún punto.
—Qué… —comenzó Vee.
Ella se detuvo cuando saqué el papel. Escrita con un marcador negro había una
nota:

EL ANILLO PERTENECE A LA MANO NEGRA.
ÉL MATO A TU PAPÁ.
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liz_anasstazia
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 19th 2011, 15:10

ashhhh no la puedes dejar así
falta el resto del maraton Sad
LLoro juro que lloro
fue Joe verdad??
solo el sabia de la mano negra
y ademas, ¿quien era su novia a la que le dejo flores una vez?
no, no nos puedes hacer esto
SIGUELA PRONTO PRONTO
ojala fuera en 2 minutos
MUERO T...T
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 19th 2011, 20:47

ya plis me esperé toda la tarde el termino de la maraton
ya son las 12:47 de la noche Sad

sube pronto plis Sad
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 20th 2011, 15:13

omg! Quue fuue esoo?! Como que la mano negra?! Surprised omg! Vaane, tienes quue seguuirla! Wink
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 21st 2011, 21:02

si por que no subio entero el maraton
y quede demasiado intrigada
esta es mi novela favorita, junto con sombras grises, y
cuando leo me dan ganas de seguir leyendo Sad
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 22nd 2011, 22:26

jajaj I knooow! Siguuuela!
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 22nd 2011, 22:35

pliiis capitulo T_____________________T

santa rendeer
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 23rd 2011, 13:30

siguuela! Wink
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 26th 2011, 17:22

hola chicas lo siento enserio les cuento que paso ese dia

**FLASHBACK**
estaba subiendo la segunda parte de la maraton cuando de pronto alguien toca la puerta y...
xxx: vane estas??
yo: si que pasa yazu
Yazu: necesito pedirte un favor
yo: cual
Yazu: viste que me llevo materias
yo asenti
Yazu: me prodias enseñar matematicas
**FIN DE FLASHBACk**
lo que ella n ome dijo es que tenia esa misma semana y yo no hago milagros

estube toda la semana pero era una cabeza dura en eso

llego el viernes y navidad obvio mi mama estaba con esto y con el otro y nada cuando llego navidad nos quedamos hasta tarde El dia siguiente me desperte a las 8 pm no exagero encima me volvia hechar a dormir y aca estoy!
ahora termino la maraton y subo otro capi mas por aguantarme

FELIZ NAVIDAD ATRASADA QUE TAL!!?? QUE LES REGALARON??!!













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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 26th 2011, 17:54

JAJAJAJAJ te creo
pucha al menos la ayudaste, plis sube la maraton hoy antes de las 12 (son las 21:51) por que a las 00 se me acabará el internet, y de ahi a que lo paguen, me pasará lo de siempre, lo pagan como en 2 semanas, en fin,...
si Feliz Navidad para ti tambien

Pues, me regalaron una bicicleta MNT todo terreno, y pues la porbe es excelente, como vivo cerca del campo, sirbe cuando vaya a pasear, ya que salí de secundaría, voy a cumplir 18 y me daré un año sabatico de estudios xD
así que todo bien. ah y un collar y aros de oro, y ropa, un bolso de playa, y un pareo, y me quedan los de mis abuelas que aun no voy a ver Very Happy

¿como estubo tu navidad?


besines...


Bless... si no tengo internet para entonces,... a las dos les mando un

FELIZ AÑO NUEVO
que se les cumplan todos sus deseos, y saben que las quiero
plis sube capi
y plis amiga rebeca, acuerdate que te adoro xD
bayyy
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 26th 2011, 17:58

CAPITULO 8

Vee estuvo fuera de su silla primero.
La perseguí hasta las puertas de la panadería, donde nos apresuramos
hacia la cegadora luz del sol. Protegiendo nuestros ojos, miramos a ambos lados
por el paseo marítimo. Corrimos hasta la arena e hicimos lo mismo. La gente se
dispersaba por toda la playa, pero no vi ninguna cara familiar.
Mi corazón latía con fuerza, y le pregunte a Vee —¿Crees que era una broma?
—No me estoy riendo.
—¿Fue Scott?
—Tal vez. Él estaba precisamente aquí, después de todo.
—¿O Miley? —Miley era la única persona en la que podía pensar que podría
ser imprudente como para llevar esto a cabo.
Vee me dio una mirada penetrante. —¿Cómo una broma? Tal vez.
¿Pero era Miley tan cruel? ¿E incluso se molestaría en hacerlo? Esto era mucho
más complicado que un rápido comentario hiriente: la nota, el anillo–incluso la
entrega. Eso tomaba planificación. Marcie parecía el tipo de persona que se
aburría después de cinco minutos de planificación.
—Vamos a llegar al fondo de esto —dijo Vee, caminando de vuelta hacia las
puertas de la panadería. Una vez dentro, ella señaló a Madeline—. Tenemos que
hablar. ¿Cómo lucía el tipo? ¿Bajo? ¿Alto? ¿Cabello marrón? ¿Rubio?
—Llevaba un sombrero y gafas de sol —respondió Madeline, echando miradas
furtivas a los otros panaderos, que estaban comenzando a prestar un poco de
atención a Vee—. ¿Por qué? ¿Qué había en el sobre?
—Vas a tener que hacerlo mejor que eso —dijo Vee—. ¿Qué llevaba puesto
exactamente? ¿Había un logotipo en su gorra? ¿Tenía vello facial?
—No recuerdo —balbuceó Madeline—. Un sombrero negro. O tal vez marrón.
Creo que llevaba pantalones vaqueros.
—¿Crees?
—Vamos —le dije, tirando del brazo de Vee—. Ella no recuerda. —Llevé mis ojos
a Madeline—. Gracias por tu ayuda.
—¿Ayuda? —dijo Vee—. Ella no fue útil. ¡Ella no puede ir aceptando sobres de
chicos extraños y no recordar como lucen!
—Pensaba que era mi novio —le dije.
Madeline asintió con la cabeza vigorosamente. —¡Lo hice! ¡Lo siento mucho!
¡Pensé que era un regalo! ¿Había algo malo en el sobre? ¿Quieres que llame a la
policía?
—Queremos recordar cómo se veía el psicópata —replicó Vee.
—¡Jeans negros! —soltó de repente Madeline—. Recuerdo que vestía jeans
negros. Quiero decir, estoy casi segura de que los llevaba.
—¿Casi segura? —dijo Vee.
La arrastré fuera y hacia el paseo marítimo. Después de que ella hubiera tenido el
tiempo suficiente para enfriarse, dijo: —Nena, lo siento mucho sobre eso. Debí
haber mirado en el sobre primero. La gente es estúpida. Y quien te dio ese sobre
es el más estúpido de todos. Felizmente haría de estrella ninja con ellos, si
pudiera.
Sabía que ella estaba tratando de aligerar el ambiente, pero mis pensamientos
estaban cinco pasos por delante. No estaba pensando más en la muerte de mi
padre. Habíamos llegado a una brecha angosta entre tiendas, y tiré de ella fuera
de la acera, resguardándonos entre los edificios.
—Escucha, necesito hablar contigo. Ayer me pareció ver a mi papá. Aquí, en el
muelle.
Vee se me quedó mirando, pero no dijo nada.
—Era él, Vee. Era él.
—Nena… —comenzó ella con escepticismo.
—Creo que él todavía está vivo. —El funeral de mi padre había sido con el ataúd
cerrado. Tal vez habría habido un error, un malentendido, y no fue mi padre
quien había muerto esa noche. Tal vez él estaba sufriendo de amnesia, y es por
eso que no había vuelto a casa. Tal vez otra cosa se lo impedía. O alguien...
—No sé cómo decir esto —dijo Vee, mirando hacia arriba, abajo, a todas partes,
menos a mí—. Pero él no va a volver.
—Entonces, ¿cómo explicas lo que vi? —le dije a la defensiva, herida porque de
entre todas las personas ella no me creía. Las lágrimas me picaban en los ojos, y
rápidamente las espanté.
—Fue otra persona. Algún otro tipo que se parece a tu papá.
—Tú no estabas allí. ¡Yo lo vi! —No tenía la intención de decirlo tan bruscamente.
Pero no me iba a resignar a los hechos. No después de todo por lo que había
pasado. Hace dos meses me había arrojado de las vigas del gimnasio de la
escuela. Sabía que había muerto. No podía negar lo que recordaba de esa noche.
Y sin embargo. Y sin embargo sigo viva.
Había una posibilidad de que mi padre estuviera vivo también. Ayer lo había
visto. Lo había hecho. Tal vez estaba tratando de comunicarse conmigo,
mandándome un mensaje. Él quería que yo supiera que estaba vivo. No quería
que renunciara a él.
Vee negó con la cabeza. —No hagas esto.
—No voy a renunciar a él. No hasta que sepa la verdad. Tengo que averiguar lo
que sucedió esa noche.
—No, no —dijo Vee con firmeza—. Deja al fantasma de tu padre descansar.
Excavar esto no va a cambiar el pasado, no va a hacer que lo revivas.
¿Dejar descansar el fantasma de mi padre? ¿Y yo? ¿Cómo iba yo a descansar
hasta saber la verdad? Vee no lo entendía. Ella no era a la que le habían
arrancado su padre inexplicable y violentamente. Su familia no estaba hecha
añicos. Ella todavía lo tenía todo.
Lo único que me quedaba a mí era la esperanza.
Pasé la tarde del domingo en el Bistro de Enzo en compañía de la tabla periódica
de los elementos, lanzando toda mi concentración en la tarea, tratando de
desplazar cualquier pensamiento de mi padre o sobre quién había tratado de
decirme que la ―“Mano Negra” ” era el responsable de su muerte. Tenía que ser
una broma. El sobre, el anillo, la nota—esto había sido la idea de alguien de una
broma cruel. Tal vez Scott, tal vez Miley. Pero sinceramente, no creía que fuera
ninguno de ellos. Scott había sonado sincero cuando nos había ofrecido sus
condolencias a mí y a mi mamá. Y la crueldad de Miley era casi siempre
inmadura y espontánea.
Como estaba sentada frente a un ordenador y ya había entrado en el sistema, hice
una búsqueda en Internet de la “Mano Negra”. Quería demostrarme a mi misma
que no había validez en la nota. Probablemente alguien había encontrado el
anillo en una tienda de segunda mano, y llegó al inteligente nombre de la “Mano
Negra”, me siguió hasta el paseo marítimo, y le pidió a Madeline que me
entregara el sobre. Mirando hacia atrás, ni siquiera importaba que Madeline no
pudiera recordar como lucía el chico, porque lo más probable, es que no fuera la
persona detrás de la broma. Esa persona había tomado probablemente al azar a
alguna persona en el paseo marítimo y le había pagado unos pocos dólares para
entregar el sobre. Eso es lo que yo habría hecho. Si yo fuera un enfermo,
retorcido que salía a herir a otras personas.
Una página de enlaces de la “Mano Negra” apareció en el monitor. El primer
enlace era para una sociedad secreta que había informado del asesinato del
archiduque Francisco Fernando de Austria en 1914, catapultando al mundo hacia
la Primera Guerra Mundial. El siguiente enlace era de una banda de rock. La
“Mano Negra” era también el nombre de un grupo de vampiros en un juego de
rol. Por último, en el año 1900, una banda italiana apodada la “Mano Negra” tomó
Nueva York por un escándalo. Ni un solo enlace mencionaba Maine. Ninguna
imagen mostraba un anillo con un sello de puño.
¿Ves? Me dije. Una broma.
Al darme cuenta de que me había desviado el tema ya que no debía estar
pensando en eso, fijé mis ojos de vuelta a la tarea extendida ante mí. Necesitaba
llegar a controlar las fórmulas químicas y los cálculos de la masa atómica. Mi
primer laboratorio de química había pasado, y con Marcie como mi pareja, me
estaba preparando para lo peor, invirtiendo horas extras fuera de la escuela para
arrastrar su peso muerto. Marqué unos números en mi calculadora, a
continuación, cuidadosamente escribí mi respuesta en la página abierta de mi
portátil, repitiendo la respuesta en voz alta en mi cabeza, para bloquear los
pensamientos de la “Mano Negra”.
A las cinco, llamé a mi mamá, que estaba en New Hampshire.
—Comprobando —dije—. ¿Cómo va el trabajo?
—Lo mismo de siempre. ¿Tú?
—Estoy en Enzo tratando de estudiar, pero el batido de mango sigue
llamándome.
—Ahora me está dando hambre.
—¿Suficiente hambre para volver a casa?
Ella me dio uno de esos ―está fuera de mi control‖ y suspiró. —Ojala pudiera.
Vamos a hacer waffles y batidos para el desayuno del sábado.
A las seis, Vee llamó y me dijo de reunirme con ella en el spinning del gimnasio.
A las siete y media, ella me dejó en la granja. Acababa de ducharme y estaba de
pie delante de la nevera, cazando los restos de fritos que mi mamá había
almacenados allí ayer antes de salir, cuando se produjo un fuerte golpe en la
puerta principal.
Miré por la mirilla. En el otro lado de la puerta, Scott Parnell hizo el signo de paz.
—¡Batalla de bandas! —dije en voz alta, golpeando la palma de mi mano en mi
frente. Me había olvidado por completo de cancelarlo. Miré hacia abajo a mis
pantalones de pijama y gemí.

Después de un intento fallido de esponjar mi pelo mojado, me volví hacia el
perno y abrí la puerta.
Scott miró mi pijama. —Se te olvidó.
—¿Estás bromeando? He estado esperando esto todo el día, estoy simplemente
corriendo un poco tarde. —Señalé por encima del hombro a la escalera—. Voy a
vestirme. Por qué no... ¿Recalientas algunos fritos? Están en un envase azul de
Tupperware en la nevera.
Subí las escaleras de dos en dos, cerré la puerta de mi dormitorio, y llamé a Vee.
—Necesito que vengas ahora —dije—. Estoy en camino a la batalla de bandas con
Scott.
—¿El punto de esta llamada es que me dé envidia?
Pegué mi oreja a la puerta. Sonaba como si Scott estuviera abriendo y cerrando
armarios en la cocina. Por todo lo que sabía, estaba cazando medicamentos
recetados o cerveza. Él iba a estar decepcionado en ambos casos, a menos que
tuviera esperanzas poco realistas de volar con una de mis pastillas de hierro.
—No estoy tratando de darte celos. No quiero ir sola.
—Dile que no puedes ir.
—Lo que pasa es... de alguna manera quiero ir. —No tenía ni idea de dónde había
venido este repentino deseo. Lo único que sabía era que no quería pasar la noche
sola. Había tenido en un día lleno de tareas, seguido del spinning, y lo último que
quería era quedarme en casa esta noche y comprobar mi lista de tareas del fin de
semana. Yo había estado bien todo el día. Hacía bien toda mi vida. Merecía tener
un poco de diversión. Scott no era la mejor cita del mundo, pero no estaba en el
último lugar, tampoco—. ¿Vienes o no?
—Tengo que admitir, que suena mucho mejor que conjugar verbos españoles en
mi cuarto toda la noche. Voy a llamar a Rixon y ver si quiere venir también.
Colgué e hice un rápido inventario de mi armario. Me decidí por una camisola de
seda pálida, una minifalda, medias opacas, y bailarinas. Rocíe perfume en el aire
y caminé a través de una suave, esencia frutal a uva. En el fondo de mi mente, me
pregunté por qué estaba gastando el tiempo en arreglarme para Scott. Él no iba a
ninguna parte en la vida, no teníamos nada en común, y la mayoría de nuestras
breves conversaciones incluían tirarnos insultos el uno al otro. No sólo eso, sino
que Joe me había dicho que me mantuviera alejada de él. Y ahí fue cuando me
di cuenta. Las ocasiones fueron, me atrajo Scott por causa de alguna razón
psicológica profunda y arraigada participación de desafío y venganza. Y todo
señala de vuelta a Joe.
Tal como lo veía, podía hacer una de estas dos cosas: sentarme en casa y dejar
que Joe dictara mi vida, o deshacerme de mi imagen de dominical–estudiosa–
buena chica, y tener un poco de diversión. Y, aunque no estaba dispuesta a
admitirlo, esperaba que Joe se enterara que había ido a la batalla de bandas
con Scott. Esperaba que el pensamiento de mí con otro hombre lo volviera loco.
Decidida, di la vuelta a mi cabeza, secando mi pelo lo suficiente para dar
definición a mis rizos, y entre rápidamente a la cocina.
—Listo —le dije a Scott.
Él me dio el segundo análisis de cuerpo completo de la noche, pero esta vez me
sentí mucho más consciente de mí misma. —Te ves bien, Grey —dijo.
—Al igual que tú. —Sonreí, siendo amistosa, pero me sentí nerviosa. Lo que era
ridículo, ya que es de Scott del que estamos hablando. Éramos amigos. Ni
siquiera amigos. Conocidos.
—La entrada cuesta diez dólares.
Me quedé allí un momento. —Oh. Cierto. Lo sabía. ¿Podemos pasar por un cajero
automático en el camino? —Tenía un valor de cincuenta dólares de dinero de
cumpleaños asentados en mi cuenta corriente. Ya había asignado el dinero para
el Cabriolet, pero no era como si retirar diez dólares fuera a matar la oferta. A la
velocidad que estaba ahorrando, no sería capaz de comprar el Cabriolet antes de
mi cumpleaños vigésimo quinto de todos modos.
Scott lanzó una licencia de conducir del estado de Maine en el mostrador, con mi
foto del anuario copiada en él. —¿Lista Marlene?
¿Marlene?
—No estaba bromeando acerca de la identificación falsa. No piensas en echarte
para atrás, ¿verdad? —Él sonrió como si supiera exactamente cuántos puntos en
la presión arterial se me habían disparado con la idea de usar una identificación
ilegal, y él habría apostado todo su dinero a que me echaría atrás en cinco
segundos. Cuatro, tres, dos...
Cogí la identificación del mostrador. —Lista.
Scott condujo el Mustang a través del centro de Coldwater hacia el lado opuesto
de la ciudad, por algunos caminos de atajos y a través de las vías del ferrocarril.
Se detuvo frente a un depósito de ladrillos invadido por la maleza que se torcía
hasta el exterior.
Una larga fila de personas esperaban en las puertas. Por lo que podía decir, las
ventanas habían sido cubiertas desde el interior con papel negro, a través de las
grietas entre los trabajos de cinta, vi la fina línea de una luz estroboscópica. Un
letrero de neón azul sobre la puerta brillaba con las palabras DEVIL’S HANDBAG.
Había estado en esta sección de la ciudad una vez antes, en cuarto grado, cuando
mis padres me llevaron a mí y a Vee a una casa embrujada en vísperas de
Halloween. Nunca había estado en el Devil’s Handbag pero a simple vista estaba
segura de que mi madre hubiera preferido más bien que me mantuviera alejada.
La descripción de Scott del lugar rebotó hasta mi memoria. Música alta,
improvisada. Fuertes, multitudes rebeldes. Mucho sexo escandaloso en los
baños.
Ay dios.
—Te voy a dejar aquí —dijo Scott, dirigiéndose a la acera—. Encuéntranos
buenos asientos. Cerca del escenario, en el centro.
Salí y me dirigí a la parte de atrás de la fila. Con toda honestidad, nunca antes
había estado en un club que requiriera que pagaras por entrar. Nunca había
estado en un club, y punto. Mi vida nocturna consistía en películas y Baskin-
Robbins con Vee.
Mi teléfono sonó con el tono de Vee.
—Escucho música de calentamiento, pero todo lo que veo son las vías del tren y
algunos vagones abandonados.
—Estas a un par de cuadras. ¿Estás en el Neon, o a pie?
—En el Neon.
—Voy a buscarte.
Salí de la fila, la cual estaba creciendo minuto a minuto. Al final de la cuadra,
doblé la esquina, en dirección hacia las vías donde Scott había manejado el
Mustang al llegar. La acera estaba agrietada y desigual por los años de deterioro,
y con sólo unas pocas farolas y separadas entre sí, tenía que vigilar mis pasos
para evitar que se me enganchara mi dedo del pie y tropezara. Los almacenes de
la cuadra estaban a oscuras, con las ventanas vacías a simple vista. Los almacenes
dieron paso a casas de ladrillos abandonadas y salpicadas con graffiti. Hace más
de cien años, esto había sido probablemente el centro de Coldwater. Ya no lo
era. La luna arrojaba una luz misteriosa, translúcida en el cementerio de edificios.
Crucé los brazos cerca de mi cuerpo y camine más rápido. Dos cuadras más
abajo, una forma se materializó en la oscura niebla.
—¿Vee? —Llamé por delante.
La figura siguió delante de mí con la cabeza gacha, con las manos en los bolsillos.
No era Vee, sino un hombre, alto y delgado, con amplios hombros y un caminar
vagamente familiar. No me sentí especialmente cómoda con un hombre solo en
este tramo de la acera y alcancé mi celular en el bolsillo. Estaba a punto de llamar
a Vee y obtener su ubicación exacta, cuando el hombre pasó bajo un cono de una
farola. Llevaba la chaqueta de bombardero de cuero de mi padre.
Me detuve en seco.
Completamente inconsciente de mí, subió unos cuantos pasos hacia su derecha y
desapareció dentro de una de las casas abandonadas.
Los pelos de mi cuello se crisparon. —¿Papá?
Rompí en un trote automático. Crucé la calle sin molestarme en mirar el tráfico,
sabiendo que no había ninguno. Cuando llegué a la casa estaba segura de que él
había entrado, intenté entrar por las altas puertas dobles. Bloqueadas. Sacudí las
asas, haciendo sonar las puertas, pero no cedieron. Ahuecando las manos
alrededor de mis ojos, miré a través de una de las ventanas que flanqueaban la
puerta. Las luces estaban apagadas, pero podía ver trozos de muebles cubiertos
de pálidas sabanas. Mi corazón latía por todo el lugar. ¿Estaba mi padre vivo?
¿Durante todo este tiempo—había estado viviendo aquí?
—¡Papá! —Llamé a través del cristal—. ¡Soy yo… ____!
En la parte superior de la escalera interior de la casa, sus zapatos desaparecieron
por el pasillo. —¡Papá! —Grité, golpeando el cristal—. ¡Estoy aquí!
Me aparté, con la cabeza inclinada, mirando las ventanas del segundo piso,
mirando a su sombra pasar.
La entrada trasera.
La idea flotó en la superficie de mi mente, y actúe de inmediato. Corrí escaleras
abajo, cayendo en el estrecho pasillo entre esta casa y la siguiente. Por supuesto.
La puerta de atrás. Si estaba abierta, podría conseguir entrar con mi padre...
El hielo besó la parte de atrás de mi cuello. El frío recorriendo mi columna
vertebral, me paralizó momentáneamente. Me paré al final del pasillo, con los
ojos fijos en el patio trasero. Los matorrales se balanceaban dócilmente en la
brisa. La puerta abierta crujió en sus goznes.
Poco a poco me alejé, sin tratar de confiar en la quietud. Casi a punto de creer
que no estaba sola. Me había sentido así antes, y esto había señalado siempre
peligro.
___, no estamos solos. Alguien más está aquí. ¡Regresa!—¿Papá? —Dije en voz baja, con mi mente revoloteando.
Ve a buscar a Vee. ¡Tienes que irte! Te voy a encontrar de nuevo. ¡Date prisa!No me importaba lo que decía—no me iría. No hasta que supiera lo que estaba
pasando. No hasta que lo viera. ¿Cómo podía esperar que lo dejara? Él estaba
aquí. Un aleteo de emoción y alivio nervioso me recorrieron por dentro,
eclipsando cualquier temor que pudiera sentir.
—¿Papá? ¿Dónde estás?
Nada.
—¿Papá? —Intenté de nuevo—. No me voy a ir.
Esta vez no hubo una respuesta.
La puerta trasera está abierta.
Me toqué la cabeza, sintiendo que sus palabras resonaban allí. Algo era diferente
en su voz esta vez, pero no lo suficientemente perceptible cómo para colocar un
dedo en la llaga. Un poco más fría, ¿tal vez? ¿Más nítida?
—¿Papá? —Le susurré a menor volumen.
Estoy dentro.
Su voz era más fuerte ahora, un sonido real. No sólo en mi cabeza esta vez, sino en
mis oídos, también. Me volví hacia la casa, segura de que había hablado a través
de la ventana. Bajando el camino de losa, tentativamente puse la palma de mi
mano en el cristal. Desesperadamente quería que fuera él, pero al mismo tiempo,
la piel de gallina que surgía por todas partes me advirtió que podría ser un truco.
Una trampa.
—¿Papá? —mi voz flaqueó—. Tengo miedo.
En el otro lado del cristal, una mano se reflejó en la mía, cinco yemas de dedos
alineados con los míos. El anillo de bodas de oro de padre estaba en el dedo
anular de su mano izquierda. Mi sangre bombeó tan fuerte que me sentí mareada.
Era él. Mi padre estaba a centímetros. Vivo.
Entra. No voy a hacerte daño. Vamos, Nora.
La urgencia en sus palabras me asustó. Arañé la ventana, tratando de localizar el
pestillo, necesitaba desesperadamente lanzar mis brazos alrededor de él e
impedirle irse de nuevo. Lágrimas corrían por mis mejillas. Pensé en correr
alrededor de la puerta de atrás, pero no me atreví a dejarlo, aunque fuera por
unos pocos segundos. No podía perderlo de nuevo.
Extendí mi mano en la ventana, más fuerte esta vez. —¡Estoy aquí, papá!
Esta vez, el vidrio se enfrío con mi tacto. Pequeñas fibras de hielo se ramificaron
en todo el vidrio con un ruido frágil y crujiente. Me aparté ante el frío repentino
que se disparó por mi brazo, pero mi piel estaba pegada al cristal. Congelada.
Gritando, traté de librarme con la otra mano. La mano de mi padre se fundió a
través del cristal y se cerró en torno a la mía, sosteniéndome, por lo que no podía
correr. Él tiró de mí bruscamente hacia delante, los ladrillos se engancharon en
mi ropa, mi brazo de manera imposible atravesó la ventana. Mi reflejo
aterrorizado me devolvió la mirada, mi boca se abrió en un sobresaltado grito. El
único pensamiento que golpeaba en mi cabeza era que este no podría ser mi
padre.
—¡Ayuda! —Grité—. ¡Vee! ¿Puedes oírme? ¡Ayuda!
Moviéndome de un lado de mi cuerpo a otro, traté de usar mi peso para
liberarme. Un dolor punzante cortaba el antebrazo que él sostenía, y vi una
imagen en mi mente de un cuchillo con tal intensidad que pensé que mi cabeza se
había dividido en dos. El fuego lamió mi antebrazo—me estaba cortando.
—¡Alto! —Grité—. ¡Me estás haciendo daño!
Sentí su presencia flexionando a través de mi mente, su propia visión eclipsando
a la mía. Había sangre por todas partes. Negra y resbaladiza... y mía. La bilis
subió a mi garganta.
—¡Joe! —Grité en la noche con nada menos que terror y absoluta
desesperación.
La mano se disolvió de mí alrededor, y caí de espaldas al suelo. Instintivamente
me agarré mi brazo herido en contra de mi camisa para detener la hemorragia,
pero para mi sorpresa, no había sangre. No había corte.
Tragando aire, miré fijamente hacia la ventana. Perfectamente intacta, reflejaba el
árbol detrás de mí, que se movía de ida y vuelta en el aire de la noche. Me puse
de pie rápidamente y me tambaleé hacia la acera. Corrí en dirección al Devil’s
Handbag, volviéndome para echar un vistazo por encima de mi hombro cada
pocos pasos. Esperaba ver a mi padre—o a su doble—aparecer de una de las
casas, con un cuchillo, pero la acera permanecía vacía.
Seguí hacia delante para cruzar la calle y vi a una persona medio pestañeo antes
de estrellarme contra ella.
—Aquí estás — dijo Vee, extendiendo la mano para mantener el equilibrio
mientras yo reprimía un grito—. Creo que nos hemos echado de menos. Llegué al
Devil’s Handbag y di marcha atrás para encontrarte. ¿Estás bien? Pareces a punto
de vomitar.
No quería estar en la esquina de la calle por más tiempo. Reflexionando sobre lo
ocurrido en la casa, no pude evitar recordar el momento en que había golpeado a
Chauncey con el Neon. Momentos después, el coche había vuelto a la
normalidad, sin dejar evidencia de un accidente. Pero esta vez fue personal. Esta
vez era mi padre. Los ojos me ardían, y mi mandíbula temblaba mientras hablaba.
—Yo… yo pensé que había visto a mi padre otra vez.
Vee lanzó los brazos a mí alrededor. —Nena.
—Ya lo sé. No era real. No era real —repetí, tratando de tranquilizarme a mí
misma. Parpadeé varias veces sucesivas, con las lágrimas tapando mi visión. Pero
se había sentido real. Muy real...
—¿Quieres hablar de ello?
¿Sobre qué había que hablar? Yo estaba siendo acechada. Alguien estaba
jugando con mi mente. Jugando conmigo. ¿Un ángel caído? ¿Un Nefilim? ¿El
fantasma de mi padre? ¿O era mi propia mente traicionándome? No era como si
fuera la primera vez que me había imaginado ver a mi padre. Yo había pensado
que estaba tratando de comunicarse conmigo, pero tal vez se trataba de un
mecanismo de auto-defensa. Tal vez mi mente me hacía ver las cosas que me
negaba a aceptar, se habían ido para siempre. Estaba llenando el vacío, porque
era más fácil que dejarlo ir.
Lo que había ocurrido allá, no era real. No era mi padre. Él nunca me haría daño.
Él me amaba.
—Vamos a volver al Devil’s Handbag —le dije, exhalando con voz temblorosa.
Quería alejarme de la casa tan pronto como fuera posible. Una vez más me dije
que quien fuera al que había visto de nuevo allí, no era mi padre.
El eco de choque, estruendo, y chirrido de tambores y guitarras calentando para
el espectáculo se hizo más fuerte, y mientras mi pánico lentamente bajaba, sentí
que mi ritmo cardíaco era más lento. Había algo tranquilizador sobre la idea de
perderme dentro del enjambre de cientos de cuerpos en el interior del almacén.
A pesar de lo que había pasado, no quería irme a casa, y no quería estar sola,
quería caer en el centro de la multitud. Había fuerza en los números.
Vee me agarró de la muñeca y me hizo parar. —¿Es esa quién creo que es?
A media cuadra arriba, Miley Millar estaba subiendo a un coche. Su cuerpo
parecía cubierto por un pequeño trozo negro de tela que era lo suficientemente
corto como para mostrar el encaje negro en lo alto de sus muslos y un liguero.
Unas altas, botas por encima de la rodilla y un sombrero de fieltro negro
completaba el atuendo. Pero no era su atuendo lo que había captado mi atención.
Era el coche. Un brillante Jeep Commander negro. El motor arrancó, y el Jeep dio
vuelta en la esquina y salió de la vista.

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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 26th 2011, 18:15


3/3

CAPITULO 9

Bendito espectáculo de fenómenos—susurró Vee—. ¿Acabo de ver
eso? ¿Realmente acabo de ver a Marcie subir al Jeep de Joe? —
Abrí mi boca para decir algo, pero se sentía como si alguien
hubiera metido clavos en mi garganta.
—¿Era sólo yo —dijo Vee—, o podías ver su tanga rojo atisbándose debajo de su
vestido?
—Eso no era un vestido —le dije, apoyándome contra un edificio para
sostenerme.
—Estaba tratando de ser optimista, pero tienes razón. Eso no era un vestido. Eso
era un top de tubo estirado hacia abajo alrededor de su huesudo culo. La única
cosa que lo mantiene de levantarse de su cintura es la gravedad.
—Creo que voy a vomitar —dije, la sensación de los clavos en mi garganta se
extendió hasta mi estómago.
Vee empujo hacia abajo mis hombros, obligándome a sentarme en una acera de
la plaza. —Respira profundo.
—Va a salir con Miley —era casi demasiado horrible para creerlo.
—Miley se exhibe —dijo Vee—. Esa es la única razón. Es una cerda. Una rata.
—Me dijo que no estaba pasando nada entre ellos.
—Joe tiene muchas cosas, pero honesto no es una de ellas.
Parpadeé hacia la calle donde había desaparecido el Jeep. Sentí el inexplicable
impulso de chillar detrás de ellos y hacer algo que esperaba que lamentara,
como estrangular a Miley con su estúpida tanga roja.
—Esto no es culpa tuya —dijo Vee—. Él es el idiota que se aprovecho de ti.
—Necesito ir a casa —le dije, mi voz entumecida.
En ese momento, un coche de policía se detuvo cerca de la entrada del club. Un
policía alto y delgado con pantalones negros y una camisa de vestir se bajo. La
calle estaba muy oscura, pero lo reconocí de inmediato. El Detective Basso. Había
—Bestado bajo la jurisdicción de su trabajo una vez antes, y no tenía ningún deseo de
repetir el evento. Especialmente desde que estaba casi segura de que no estaba
en su lista de gente favorita.
El Detective Basso se abrió paso al frente de la línea, mostró su placa al gorila, y
entró sin detenerse.
—Whoa —dijo Vee—. ¿Eso era un policía?
—Sí, y es demasiado viejo, así que ni siquiera pienses en eso. Quiero ir a casa.
¿Dónde aparcaste?
—No parece mucho más de treinta. ¿Desde cuándo los treinta es demasiado
viejo?
—Su nombre es Detective Basso. Me interrogó después del incidente con Jules en
la escuela —me encanto cómo me referí a eso como el incidente, en lugar de lo
que realmente era. El intento de asesinato.
—Basso. Me gusta eso. Corto y sexy, al igual que mi nombre. ¿Te cacheo?
Le eche una mirada de reojo, pero seguía mirando hacia la puerta por la que
había pasado. —No. Me interrogó.
—No me importaría ser esposada por él. Pero no se lo digas a Rixon
—Vamos. Si la policía está aquí, algo malo va a suceder.
—Malo es mi segundo nombre —dijo, enlazando su brazo a través del mío y
llevándome hacia la entrada del almacén.
—Vee…
—Hay probablemente doscientas personas adentro. Esta oscuro. No va a
escogerte de entre la multitud, aunque te recuerde del todo. Probablemente te ha
olvidado. Además, no va a arrestarte, no estás haciendo nada ilegal. Bueno,
aparte de todo el negocio del carnet falso, pero todo el mundo lo hace. Y si de
verdad quisiera joder todo el lugar, habría traído apoyo. Un policía no va a
desmantelar esta multitud.
—¿Cómo sabes que tengo un carnet falso?
Me echo una mirada de ―no soy tan tonta como parezco‖ —Estás aquí, ¿no?
—¿Cómo estás planeando entrar?
—Igual que tu.
—¿Tienes un carnet falso? —No me lo podía creer—. ¿Desde cuándo?
Vee me guiñó un ojo. —Rixon es bueno para algo más que solo besar. Ven,
vamos. Siendo la buena amiga que eres, ni siquiera pienses en pedirme que me
escape de mi casa y viole los términos de mi confinamiento por nada.
Especialmente desde que ya llame a Rixon, y está en camino.
Gemí. Pero esto no era culpa de Vee. Fui la que había pensado que venir aquí
esta noche era una buena idea. —Cinco minutos, pero eso es todo.
La línea se movía rápido, entrando a montones en el edificio, y en contra de mi
buen juicio, pagué el precio extra y seguí a Vee al oscuro, pegajoso y
ensordecedor almacén. En cierto modo, se sentía extrañamente bien estar
rodeada por la oscuridad y el ruido, la música estaba demasiado alta como para
pensar, lo que significaba que incluso si hubiera querido, no podía concentrarme
en Patch, y en lo que estaba haciendo con Miley en este preciso momento.
Había un bar en la parte posterior, pintado de negro, con taburetes de bar
metálicos y luces colgantes que pendían del techo, y Vee yo nos deslizamos en
los dos últimos taburetes disponibles.
—¿El carnet? —El tío detrás de la barra pidió.
Vee sacudió su cabeza. —Sólo una Coca-Cola cero, por favor.
—Tomare una Coca-Cola de cereza —añadí.
Vee me atizó en mis costillas y se inclinó a un lado. —¿Viste eso? Pidió ver
nuestros carnets. ¿Como de impresionante es eso? Me apuesto a que quería
nuestros nombres, pero era demasiado tímido para preguntarlo.
El barman lleno dos vasos y los deslizó hacia el mostrador, donde se detuvieron
justo en frente de nosotras.
—Ese es un truco genial —le gritó Vee por encima de la música.
Le enseño el dedo y se movió por la barra hacia el siguiente cliente.
—Era demasiado bajo para mí de todos modos —dijo.
—¿Has visto a Scott? —Le pregunté, sentándome recta en mi taburete para tratar
de ver por encima de la multitud. Debería haber tenido tiempo de sobra para
aparcar por ahora, pero no lo vi. Tal vez no había querido usar el parquímetro y
había conducido más lejos para encontrar un aparcamiento libre. Aún así. A
menos que hubiera aparcado a dos millas de distancia, y eso parecía muy poco
probable, debería haber estado aquí.
—Uh-oh. ¿Adivinas quién acaba de entrar? —Los ojos de Vee estaban fijos por
encima de mi hombro, y su expresión se ensombreció con una mueca—. Miley
Millar, esa es.
—¡Pensé que se fue! —una sacudida de ira se disparó a través de mí—. ¿Esta
Joe con ella?
—Negativo.
Cuadre mis hombros y me sentó aún más recta. —Estoy tranquila. Puedo
manejarlo. Lo más probable es que no nos vera. Incluso si lo hace, no va a venir
para hablar —Y aunque una parte de mi no lo creía, agregué—: Hay
probablemente alguna retorcida explicación de por qué se subió a su Jeep.
—¿Al igual que hay una retorcida explicación de por qué lleva puesta su gorra?
Aplaste mis manos en la barra y me di la vuelta. En efecto, Marcie se estaba
abriendo paso con el codo entre la multitud, su cola rubia-fresa saliendo por
detrás de la gorra de beisbol de Joe. Si eso no era una prueba de que
estuvieron juntos, no sabía lo que era.
—La voy a matar —le dije a Vee, girando de nuevo hacia el bar, agarrando mi
Coca-Cola de cereza, y el calor subiendo por mis mejillas.
—Por supuesto que sí. Y aquí está tu oportunidad. Esta dirigiéndose hacia aquí.
Un momento después, Miley ordenó al tío de mi lado que se fuera de su asiento
y se encaramo encima de él. Se quitó la gorra de Joe y se sacudió su pelo, y
luego presiono la gorra contra su cara, inhalando profundamente. —¿No huele
increíble?
—Eh, ___, —Dijo Vee—, ¿Joe no tuvo piojos la semana pasada?
—¿Qué es? — preguntó retóricamente—. ¿Césped recién cortado? ¿Una
exótica especia? O tal vez... ¿menta?
Deje mi vaso un poco fuerte, y un poco de Coca-Cola de cereza se derramó sobre
la barra.
—Eso es muy respetuoso con el medio ambiente proviniendo de ti —Vee le dijo—. Reciclar la vieja basura de ___.
—La ardiente basura es mejor que la sebosa basura —dijo Marcie.
—Seboso esto —dijo Vee, y cogió mi Coca-Cola de cereza y se la vertió a Miley.
Pero alguien de la multitud chocó con Vee por detrás, así que en vez de verterla
directamente hacia Marcie, la Coca-Cola se esparció y nos salpico a las tres.
—¡Mira lo que hiciste! —Dijo Miley, saltando de su taburete de la barra tan
fuerte que lo derribó. Se secó la Coca-Cola de su regazo—. ¡Este vestido es de
Bebe! ¿Sabes cuánto cuesta? Doscientos dólares.
—Ya no vale eso —dijo Vee—. Y no sé de lo que te estás quejando. Apuesto a que
lo robaste de una tienda.
—¿Sí? ¿Y qué? ¿Cuál es tu argumento?
—Tú, lo que ves es lo que obtienes. Y lo veo barato. Nada mejor dice barato como
robar de una tienda.
—Nada mejor dice sebosa como una doble papada.
Los ojos de Vee se estrecharon. —Estás muerta. ¿Me oyes? Muerta.
Miley giro sus ojos en mi dirección. —Por cierto, ___, pensé que te gustaría
saberlo. Joe me dijo que rompió contigo porque no eras lo suficiente mujer.
Vee golpeó a Miley en la parte superior de la cabeza con su bolso.
—¿A qué fue eso? —Gritó Miley, sujetándose su cabeza.
Vee le golpeo en la otra oreja. Marcie se tambaleó hacia atrás, sus ojos aturdidos,
pero rápidamente se estrecharon. —Tú, pequeña… —comenzó.
—¡Paren! —Grité, interponiéndome entre ellas y extendiendo mis brazos.
Habíamos atraído la atención de la multitud, y la gente se fue reacomodando más
cerca, su interés se despertó por la perspectiva de una pelea de gatas. No me
importaba lo que sucediera con Miley, pero con Vee era un asunto diferente. Las
probabilidades eran que si se metía en una pelea, el Detective Basso la llevaría a
la estación. Combinado con escaparse de casa, no pensé que el encarcelamiento
estaría mejor con sus padres—. Vamos todos a retroceder. Vee, ve a buscar el
Neon. Me reuniré contigo afuera.
—Me llamó gorda. Se merece morir. Lo dijiste. —La respiración de Vee era
irregular.
—¿Cómo planeas matarme? —Se burló Miley—. ¿Sentándote encima de mí?
Y ahí fue cuando todo se desató. Vee cogió su propia Coca-Cola de la barra y
levantó su brazo, proponiéndose arrojársela. Miley echo a correr, pero en su
prisa, tropezó hacia atrás sobre su taburete caído y cayó al suelo. Gire a Vee, con
la esperanza de acabar con algún acto de violencia más, cuando mi rodilla fue
pateada por detrás. Me caí al suelo, y la siguiente cosa que supe, era Miley
estando encima, sentada a horcajadas encima de mí.
—Esto es por robarme a Tod Berot en quinto grado —dijo, golpeándome en el
ojo.
Aullé y agarre mi ojo. —¿Tod Berot? —Grité—. ¿De qué estás hablando? ¡Eso fue
en quinto grado!
—¡Y esto es por pegar esa imagen mía con un grano gigante en mi barbilla en la
primera página de la publicación electrónica del año pasado!
—¡Esa no fui yo!
Bueno, tal vez había tenido algo que decir en la selección de fotos, pero no fue
como si fuera la única. Y de todos modos, ¿Miley estaba manteniendo eso en su
cabeza? ¿No fue un año un poco largo para aferrarse a un sólo rencor?
Marcie gritó: —¡Y esto es por tí puta!
—¡Estás loca! —Esta vez bloquee el golpe y logre agarrar la pata del taburete
más cercano y tumbarlo sobre ella.
Marcie empujó el taburete lejos. Antes de que pudiera ponerme de pie, le robó
una bebida a un transeúnte y me roció con ella.
—Ojo por ojo —dijo—. Tú me humillas, yo te humillo.
Me limpie la Coca-Cola de mis ojos. Mi ojo derecho se hincho con dolor donde
Marcie me había golpeado. Sentí al hematoma extenderse bajo mi piel,
tatuándolo de azul y púrpura. Mi pelo estaba empapado de Coca-Cola, mi mejor
camiseta estaba rota, y me sentí desmoralizada, derrotada... y rechazada. Joe
había seguido adelante con Miley Millar. Y ella solo había señalado el hecho.
Mis sentimientos no eran una excusa para lo que hice después, pero fueron sin
duda un catalizador. No tenía ni idea de cómo luchar, pero cerré mis manos en
puños y golpee a Marcie en la mandíbula. Por un momento su expresión se
congelo por la sorpresa. Huyo de mí, sujetándose su mandíbula, mirándome
boquiabierta. Animada por mi pequeña victoria, me abalance sobre ella, pero me
quede corta porque alguien me cogió por debajo de las axilas, tirando de mí.
—Sal de aquí ahora —dijo Joe en mi oído, arrastrándome hacia las puertas.
—¡La voy a matar! —Dije, luchando por esquivarlo.
La multitud congregada nos envolvió, coreando, —¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! —Joe
los aparto del camino y me arrastró. Detrás de Joe, Marcie se puso de pie y me
enseñó su dedo del medio. Su sonrisa era petulante, sus cejas altas. El mensaje
era claro: —¡Vamos!
Joe me llevo hacia Vee, luego volvió y coloco una mano alrededor de la parte
superior del brazo de Miley. Antes de que pudiera ver adónde la llevaba, Vee
me arrastró hacia la salida más cercana. Salimos al callejón.
—Fue divertido verte pelear contra Miley, imagine que probablemente no valía
la pena de que pasaras la noche en la cárcel —dijo Vee.
—¡La odio! —Mi voz todavía sonaba histérica.
—El Detective Basso se estaba abriendo paso a través de la multitud cuando Joe
te despegó de ella. Imaginé que esa era mi señal para entrar.
—¿A dónde llevo a Miley? Vi a Joe agarrarla.
—¿Importa eso? Esperemos que lleguen al centro de la ciudad.
Nuestros zapatos crujían por la grava mientras bajábamos por el callejón hacia
donde Vee había aparcado. Las luces azules y rojas de un coche patrulla paso
más allá de la entrada del callejón, y Vee y yo nos apretamos de nuevo contra el
almacén.
—Bueno, eso fue emocionante —dijo Vee, una vez que estuvimos metidas dentro
del Neon.
—Oh, sí, claro —dije entre dientes.
Vee lamió mi brazo. —Sabes muy bien. Me estás dando sed, oliendo a Coca-Cola
de cereza y todo.
—¡Todo esto es tu culpa! —Dije—. ¡Tú eres la que le lanzó mi Coca-Cola a Miley!
Si no fuera por ti, no me habría metido en una pelea.
—¿Pelea? Estabas tendida allí y lo aguantaste. Deberías haber hecho que Joe te
enseñara algunos movimientos antes de romper con él.
Mi móvil estaba sonando, y lo saque bruscamente de mi bolso. —¿Qué? —Espeté.
Cuando nadie contestó, me di cuenta de que estaba tan alterada que había
confundido el sonido de mensaje de texto con una llamada real.
Un mensaje sin leer de un número desconocido me estaba esperando.
—Estate en casa esta noche.
—Eso es espeluznante —dijo Vee, inclinándose de lados para leerlo—. ¿A quién
has estado dando tu número?
—Probablemente sea un error tipográfico. Probablemente tenga significado para
alguien más —por supuesto, estaba pensando en la casa, en mi padre, y en la
visión que había tenido de él haciendo una incisión en mi brazo.
Tire el móvil en mi bolso abierto a mis pies y arquee mi cabeza hacia mis manos.
Mi ojo latía. Estaba asustada, sola, confundida, y al borde de llorar
incontrolablemente.
—Tal vez sea de Joe —dijo Vee.
—Su número nunca ha aparecido como desconocido antes. Es una broma —Si
sólo pudiera obligarme a creerlo—. ¿Podemos irnos? Necesito un Tylenol.
—Creo que deberíamos llamar al Detective Basso. A la policía le encanta este tipo
de mierda espeluznante y acosadora.
—Sólo quieres llamarlo para así poder coquetear con él.
Vee puso el Neon en marcha. —Sólo trato ser útil.
—Tal vez deberías haber intentado ser útil hace diez minutos cuando le tiraste mi
bebida a Miley.
—Por lo menos tuve el valor para hacerlo.
Me volví en mi asiento, concediéndole todo el peso a mi mirada. —¿Me estas
acusando de no afrontar a Marcie?

—Te robó a tu novio, ¿verdad? De acuerdo, el me asusta muchísimo, pero si
Miley me robara a mi novio, sería el infierno.
Señale con el dedo rígido hacia la calle. —¡Conduce!
—¿Sabes qué? Realmente necesitas un nuevo novio. Necesitas una buena sesión
de besos tradicionales para dulcificarte.
¿Por qué todo el mundo pensaba que necesitaba un nuevo novio? No necesitaba
un nuevo novio. Ya había tenido suficiente de novios de por vida. Para la única
cosa que un novio era bueno era para destrozarte el corazón.

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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 26th 2011, 18:42

CAPITULO 10

Una hora más tarde, me había arreglado y comido un bocado de queso
crema glaseado untado sobre galletas Graham, arreglado la cocina y
mirado un poco de TV. En un oscuro rincón de mi mente, no había
logrado olvidar el mensaje de texto advirtiéndome que me quede en casa.
Habría sido más fácil tomarlo como una llamada equivocada o una travesura
cuando estaba sana y salva dentro del carro de Vee, pero ahora que estaba sola,
no me sentía ni de lejos tan segura. Consideré encender algo de Chopin para
romper el silencio, pero no quería perjudicar mi audición. La última cosa que
necesitaba era a alguien a escondidas detrás de mí…
¡No seas tonta! Me ordené a mí misma. Nadie te está siguiendo.
Después de un tiempo, cuando nada bueno había en la TV, subí las escaleras a mi
dormitorio. Mi habitación estaba, para todos los efectos limpia, por lo tanto
ordené mi armario por colores, tratando de mantenerme ocupada así no estaría
tentada a caer dormida. Nada me haría tan vulnerable como dormir, y yo quería
retrasarlo tanto como fuera posible. Quite el polvo de la parte superior de mi
escritorio, ordené de forma alfabética mis libros de tapa dura. Me aseguré a mi
misma que nada malo iba a suceder. Lo más probable es que, despierte mañana
dándome cuenta de cuán ridículamente paranoica había sido.
Entonces de nuevo, tal vez el mensaje era de alguien que quería cortar mi
garganta mientras dormía. En una espeluznante noche como esta, nada era
demasiado descabellado de creer.
Algún tiempo después, me desperté en la oscuridad. Las cortinas en el lado
opuesto de la habitación se elevaban mientras el ventilador eléctrico oscilaba
hacia ellas. La temperatura del aire estaba demasiado caliente, y mi camiseta
elástica sin mangas y mi ropa interior se aferraban a mi piel, pero yo estaba
demasiado atrapada imaginando el peor de los escenarios para incluso pensar en
romper la ventana. Mirando hacia los lados, parpadeé en los números de mi reloj.
Apenas por debajo de las tres.
Un furioso golpeteo reverbero a través del lado derecho de mi cráneo, mi ojo
estaba cerrado por la hinchazón. Encendiendo todas las luces de la casa, caminé
descalza hacia el congelador y reuní un paquete de cubos de hielo en una bolsa

Ziploc. Miré desafiante en el espejo del baño y gemí. Un violento morado y rojo
moretón florecía desde mi ceja hasta mi pómulo.
¿Cómo pudiste dejar que esto te pasara? —Le pregunté a mi reflejo—. ¿Cómo
pudiste dejar que Miley te golpeara?
Sacudí las dos últimas cápsulas blandas de Tylenol fuera de la botella que se
encontraba en el gabinete del espejo, las tragué, entonces me acurruqué dentro
de la cama. El hielo punzaba la piel alrededor de mi ojo y envió un escalofrió a
través de mí.
Mientras esperaba a que el Tylenol hiciera efecto, luchaba con la imagen mental
de Miley subiendo al interior del Jeep de Joe. La imagen se producía,
rebobinaba y se reproducía. Me sacudía y daba vueltas, e incluso plegaba mi
almohada sobre mi cabeza para sofocar la imagen, pero esta bailaba fuera de
alcance, burlándose de mí.
Lo que debe haber sido una hora más tarde, mi cerebro llevaba a si mismo
pensando todas las originales maneras en que me gustaría matar a ambos Miley
y Joe, y me deslicé de regreso en el sueño.
Me desperté con el sonido de una cerradura dando vueltas.



Abrí mis ojos, pero encontré mi visión con la misma pobre calidad de blanco y
negro, de cuando había soñado mi camino a Inglaterra, cientos de años atrás.
Trate de parpadear para traer mi visión normal de regreso, pero mi mundo se
quedó del color de humo y hielo.
Abajo, la puerta del frente se abrió fácilmente con un crujido en tono bajo.
No esperaba a mi mamá en casa hasta el sábado en la mañana, lo que quería
decir que era otra persona. Alguien que no pertenecía acá.
Eché un vistazo alrededor de la habitación en busca de algo que pudiera usar
como arma. Unos pocos pequeños porta-retratos estaban organizados en la
mesita de noche, junto con una lámpara de farmacia barata.
Paso a paso caminaron suavemente sobre el piso de madera del vestíbulo.
Segundos más tarde, estaban en las escaleras. El intruso no se detuvo, a escuchar
señales de que había sido oído. Él sabía exactamente a dónde iba. Rodando
silenciosamente fuera de la cama, agarré mis medias tiradas del suelo.
Apretándolas en mis manos y presionando mi espalda a la pared justo al lado de
la puerta de mi dormitorio, un sudor pegajoso bordeaba mi piel. Estaba tan
silencioso que podía escucharme respirar.
Él dio un paso a través de la puerta, y yo envolví la media alrededor de su cuello,
tirando hacia atrás con todas mis fuerzas. Hubo un momento de lucha antes de
que mi peso se sacudiera hacia delante y me encontrará cara a cara con Joe.
Miró las medias que me había confiscado.
—¿Quieres explicar, qué estás haciendo aquí? —Exigí, mi respiración elevada. Saqué conclusiones—. ¿Era tú
mensaje el de más temprano? ¿El que me decía que me quedara esta noche?
¿Desde cuándo tú tienes un número privado?
—Tuve que conseguir una nueva línea. Algo más seguro.
Yo no quería saber. ¿Qué tipo de persona necesita todo ese secreto? ¿Quién
temía Joe que podría espiar sus llamadas? ¿Los arcángeles?
—¿Se te ha ocurrido pensar en llamar? —dije, mi pulso martillando—. Pensé que
eras otra persona.
—¿Esperabas a alguien más?
—¡De hecho, sí! Un psicópata que me enviaba mensajes de textos anónimo
diciéndome que me haga más accesible.
—Son pasadas las tres —dijo Joe—. A quien quiera que tú estabas esperando no puede ser tan excitante –te quedaste dormida —Sonrió—. Todavía estás
durmiendo —Como él lo dijo, parecía satisfecho. Tal vez incluso seguro, como si
algo que había estado dándole vueltas lo había finalmente resuelto.
Parpadeé. ¿Todavía durmiendo? ¿De qué estaba hablando? Espera. Por supuesto.
Eso explica el por qué todo el color fue drenado, y yo todavía estaba viendo en
blanco y negro. Joe no estaba realmente en mi cuarto, él estaba en mi sueño.
¿Pero era yo soñando con él, o en realidad él sabía que estaba aquí? ¿Estábamos
compartiendo el mismo sueño?
—Para tú información, me quede dormida esperando por Scott —No tenía ni idea
de por qué dije eso, aparte de que mi boca se interpuso en el camino de mi
cerebro.
—Scott —repitió.
—No empieces. Vi a Miley subir a tu Jeep.
—Ella necesitaba un aventón.
Adopté la pose de manos en las caderas. —¿Qué tipo de aventón?
—No ese tipo de aventón —dijo lentamente.
—¡Oh, claro! ¿De qué color era su tanga? —Era una prueba, y yo realmente
esperaba que él fallara.
No contesto, pero una mirada a sus ojos me dijo que él no había fallado.
Me dirigí a la cama, agarré una almohada, y la arrojé hacia él. Él la esquivó, y se
dejó caer contra la pared. —Me mentiste —le dije—, me dijiste que no había nada
entre tú y Miley, pero cuando dos personas no tienen nada entre ellas no
intercambian armarios, ¡Y ellas no entran en el carro del otro tarde en la noche
vestida con lo que podría pasar por lencería! —Fui de repente consciente de mis
propias ropas, o de la falta de ella. Yo estaba a unos pies de distancia de Joe en
nada más que un top de tirantes finos y unas bragas pequeñas. Bueno, no había
mucho que pudiera hacer al respecto ahora, ¿Verdad?
—¿Intercambiar armarios?
—¡Ella estaba llevando tu gorra!
—Ella estaba teniendo un mal día con su cabello.
Me quedé boquiabierta. —¿Eso es lo que ella te dijo? ¿Y tú caíste por eso?
—Ella no es tan mala como tú la estás haciendo ver.
Él no acababa de decir eso. Clavé un dedo en mi ojo. —¿No es tan mala? ¿Ves
esto? ¡Ella me lo hizo! ¿Qué estás haciendo aquí? —Exigí de nuevo, mi rabia
hirviendo a un máximo.
Joe se apoyo contra la mesa y cruzo sus brazos. —Vine para saber cómo
estabas.
—De nuevo, tengo un ojo negro, gracias por preguntar —Le espeté.
—¿Necesitas hielo?
—¡Yo necesito que te salgas de mi sueño! —Arranqué una segunda almohada
fuera de la cama y la arrojé violentamente contra él. Esta vez él la atrapo.
—Fuiste al Devil's Handbag, ese ojo morado... eso te pasa por estar metida ahí.
Empujó la almohada hacia mí, como para recalcar su opinión.
—¿Estás defendiendo a Miley?
Negó con la cabeza. —No es necesario. Ella se cuida por sí misma. Tú, por otro
lado…
Señalé la puerta. —Fuera.
Cuando él no se movió, yo fui a su alcance y azoté la almohada contra él. —Digo
que te salgas de mi sueño, tú mentiroso, traidor.
Él luchó con la almohada fuera de mi alcance y me hizo caminar hacia atrás hasta
que me tope contra la pared, sus botas de motociclista a nivel de los dedos de mis
pies. Yo estaba tomando aliento para terminar la frase y llamarlo con el peor
nombre que pudiera pensar, cuando Joe tiró de la pretina de mis bragas y me
atrajo más cerca. Sus ojos eran líquido negro, su respiración lenta y profunda. Yo
estaba de esa manera, suspendida entre él y la pared, mi pulso intensificando
mientras me hacía más consciente de su cuerpo y del aroma masculino de cuero y
menta persistente en su piel. Sentí mi resistencia comenzar a decaer.
De repente, y sin prestar atención a nada más que mi propio deseo, acurruqué
mis dedos en su camisa y tiré de él el resto del camino contra mí. Se sentía tan
bien tenerlo cerca de nuevo. Lo había extrañado mucho, pero no me había dado
cuenta de cuánto hasta este momento.
—No hagas que me arrepienta de esto —dije, jadeante.
—Tú nunca te has arrepentido de mí. —Él me beso, y yo respondí tan hambrienta
que pensé que mis labios se podrían herir. Empujé mis dedos a través de su
cabello, agarrándolo más cerca. Mi boca era toda suya, caótica y salvaje y
hambrienta. Todas las confusas y complicadas emociones que había tenido que
pasar desde que nosotros rompimos se alejaron mientras me ahogaba en la loca y
compulsiva necesidad de estar con él.
Sus manos fueron debajo de mi camiseta, deslizándose expertamente hacia la
parte pequeña de mi espalda para sostenerme contra él. Yo estaba atrapada
entre la pared y su cuerpo, manoseando a los botones en su camisa, mis nudillos
cepillando los sólidos músculos debajo.
Arranqué su camisa por sus hombros, golpeando una puerta en mi cerebro, la
cual me advirtió que estaba cometiendo un gran error. No quería escucharme a
mí misma, asustada de lo que me iba a encontrar al otro lado. Yo sabía que estaba
predisponiéndome a mi misma para más dolor, pero no pude resistirme a él.
Todo lo que podía pensar era si Patch realmente estaba en mi sueño, esta noche
entera podía ser nuestro secreto. Los arcángeles no podían vernos. Aquí, todas
sus reglas se hicieron humo. Nosotros podíamos hacer cualquier cosa que
quisiéramos. Y ellos nunca se enterarían. Nadie lo haría.
Joe se encontró conmigo a mitad de camino, tirando sus brazos libres desde las
mangas y lanzando la camisa a un lado. Deslicé mis manos a lo largo de los
músculos perfectamente esculpidos que enviaron una onda de deseo a través de
mí. Yo sabía que él no podía sentir nada de esto físicamente, pero me dije a mi
misma que el amor estaba conduciéndolo ahora. Su amor por mí. No me dejaba a
mi misma pensar acerca de su incapacidad para sentir mi tacto, o como mucho o
poco de este encuentro realmente significaba para él. Yo simplemente lo quería.
Ahora.
Él me levanto y envolví mis piernas alrededor de su cintura. Vi su mirada de reojo
dirigirse a la cómoda, y después a la cama, y mi corazón se aceleró con deseo. El
pensamiento racional me había abandonado. Todo lo que yo sabía era que haría
lo que fuera necesario para aferrarme en este elevado trastorno. Todo estaba
pasando tan rápido, pero la salvaje certeza de a dónde nosotros nos dirigíamos
era un bálsamo para la fría, destructiva ira que había sentido cocer a fuego lento
bajo la superficie la semana pasada.
Ese fue el último pensamiento que registré antes de que las puntas de mis dedos
rozaran el lugar donde sus alas estaban conectadas a su espalda. Antes de poder
evitarlo, fui aspirada dentro de su memoria en un instante.


El olor del cuero, y la suave, resbaladiza sensación contra el inferior de mis
muslos, me dijo que yo estaba en el Jeep de Joe incluso antes de que mis ojos
se hubieran adaptado plenamente a la oscuridad. Yo estaba en el asiento trasero,
con Joe detrás del volante y Miley en el asiento de pasajero. Ella llevaba el
mismo seductor vestido y botas altas que le había visto en hace menos de tres
horas.
Esta noche, entonces. La memoria de Joe me había llevado sólo a unas pocas
horas atrás.
—Ella arruinó mi vestido —dijo Miley, recogiendo la tela que se aferraba a sus
muslos—. Ahora me estoy congelando. Y apesto a refresco de cereza.
—¿Quieres mi chaqueta? —Joe preguntó, ojos en la carretera.
—¿Dónde está?
—En el asiento trasero.
Miley desbloqueó su cinturón de seguridad, puso una rodilla en la consola, y
agarró la chaqueta de cuero del asiento a mi lado. Cuando ella estaba de vuelta
hacia delante de nuevo, ella tiró del vestido sobre su cabeza y lo dejo caer en el
piso a sus pies. Aparte de su ropa interior, ella estaba completamente desnuda.
Hice un pequeño ahogado sonido en mi garganta.
Ella enrosco sus brazos dentro de la chaqueta de Joe y la subió hasta arriba.
—Toma la próxima a la izquierda —Ella indicó.
—Yo conozco el camino a tu casa —dijo Joe, siguiendo con el Jeep en dirección
a la derecha.
—Yo no quiero ir a casa. En dos cuadras, gira a la izquierda.
Pero después de dos cuadras, Joe continuó derecho.
—Bueno, tú no eres divertido — dijo con un mohín cansado—. ¿No estás
solo un poco curioso de a dónde yo estaba llevándonos?
—Es tarde.
—¿Estás rechazándome? —ella preguntó con timidez.
—Estoy dejándote, luego me voy a mi casa.
—¿Por qué no puedo ir?
—Tal vez algún día —dijo Joe
¿Oh, en serio? Quería golpear a Joe.
¡Eso es más de lo que nunca tuve!
—Eso no es muy especifico — sonrió, pateando sus tacones arriba del
tablero, mostrando pulgadas de la pierna. Joe no dijo nada.
—Mañana en la noche, entonces —dijo Miley. Hizo una pausa y continuó con una
aterciopelada voz—. No es como si tuvieras otro lugar donde ir. Sé que ___
rompió contigo.
Las manos de Joe se apretaron en la dirección del volante.
—Yo escuché que ella está con Scott Parnell ahora. Tú sabes, el nuevo chico. Es
lindo, pero ella te cambió por menos.
—Yo realmente no quiero hablar de ___.
—Bien, porque yo tampoco. Yo quiero hablar de nosotros.
—Pensé que tenías novio.
—La palabra clave en esa oración es tenía.
Joe cortó a la derecha, rebotando el Jeep frente a la entrada de la casa de
Marcie. Él no apagó el motor. —Buenas noches, Miley.
Ella se quedó en su asiento un momento, entonces se echo a reír. —¿No vas a
caminar conmigo hasta la puerta?
—Tú eres una chica fuerte y capaz.
—Si mi papá estuviera mirando, él no estará feliz —ella dijo, extendiendo su
brazo para enderezar el cuello de Joe, su mano persistiendo más de lo
adecuado.
—Él no está mirando.
—¿Cómo lo sabes?
—Créeme.
Ella bajo su voz más, sensual y suave. —Sabes, realmente admiro tu fuerza de
voluntad. Me mantienes adivinando, y eso me gusta. Pero déjame hacer una cosa
perfectamente clara. No estoy buscando una relación. No me gustan las cosas
confusas, complicadas. No quiero herir sentimientos, señales confusas, o celos,
sólo quiero diversión. Estoy buscando pasar un buen rato. Piensa en eso.
Por primera vez, Joe se volvió a la cara de Marcie. —Voy a tener eso en mente
—dijo al fin.
Desde su perfil, vi a Miley sonreír. Ella se inclinó a través de la consola y le dio a
Joe un lento, ardiente beso. Él comenzó a retroceder, entonces se detuvo. En
cualquier momento el pudo haber roto el beso, pero no lo hizo.
—Mañana por la noche —murmuro Miley, alejándose por fin—. En tú casa.
—Tu vestido —dijo, haciendo gestos al montón de humedad en el suelo.
—Lávalo y regrésamelo mañana en la noche —Ella se empujó fuera del Jeep y
corrió a la puerta principal, donde se deslizo al interior.
Mis brazos se aflojaron alrededor del cuello de Joe. Me sentí tan abofeteada
por lo que había visto como para formar una sola palabra. Era como si hubieran
tirado un cubo de agua helada sobre mí. Mis labios estaban hinchados por la
rudeza de su beso, mi corazón estaba tan inflamado.
Joe estaba en mi sueño. Nosotros estábamos compartiendo juntos. De algún
modo esto era real. Toda la idea era inquietantemente surrealista, bordeando en
lo imposible, pero esto tenía que ser verdad. Si él no estaba aquí, si él no se había
introducido a sí mismo en silencio y sigilosamente en mi sueño, yo no podría
haber tocado sus cicatrices y ser catapultada dentro de su memoria.
Pero yo había hecho. La memoria era viva, válida y demasiado real.
Joe podía deducir por mi reacción que lo que fuera que había visto no era
bueno. Sus brazos tomaron mis hombros, y él apunto su cabeza hacia atrás
mirando fijamente al techo. —¿Qué viste? —preguntó tranquilamente.

El sonido de mi corazón golpeaba entre nosotros.
—Besaste a Marcie —dije, mordiendo fuertemente mi labio para evitar las
lágrimas que brotaban.
Él pasó sus manos por su cara, entonces apretó el puente de su nariz.
—Dime que es un juego mental. Dime que es un truco. Dime que ella tiene algún
tipo de poder sobre ti, que tú no tienes otra opción cuando se trata de estar con
ella.
—Es complicado.
—No —dije con una fuerte sacudida de mi cabeza—. No me digas que es
complicado. Nada es complicado; ya no después de todo lo que nosotros hemos
pasado. ¿Qué esperas obtener al tener una relación con ella?
Sus ojos golpearon los míos. —No es amor.
Un cierto vació corroyó su camino dentro de mí. Todas las piezas se unieron, y yo
de repente comprendí. Estar con Miley era acerca de barata satisfacción. Autosatisfacción.
Él realmente nos miraba como conquistas. Era un jugador. Cada
chica era un nuevo reto, una conexión de corto plazo para ampliar sus horizontes.
Él encontró éxito en el arte de la seducción. Él no se preocupaba por el medio o
el final de la historia –sólo el comienzo. Y justo como todas las otras chicas, cometí
el gran error de caer enamorada de él. En el momento que lo hice, él huyó.
Bueno, él nunca tendrá que preocuparse acerca de que Marcie le confiese su
amor. La única persona que ella amaba era a sí misma.
—Me enfermas —dije, mi voz temblaba con la acusación.
Joe se agachó, codos en sus rodillas, el rostro enterrado en sus manos. —No he
venido aquí a hacerte daño.
—¿Por qué viniste? ¿Para perder el tiempo a espaldas de los arcángeles? ¿Para
herirme más de lo que ya has hecho? —No espere por una respuesta. Alcanzando
mi cuello, tiré de la cadena de plata que me había dado días atrás. Se quebró
libre de la parte de atrás de mi cuello, con un chasquido lo suficientemente fuerte
que debería haberme provocado una mueca, pero yo estaba con demasiado
dolor como para notar un poco más. Yo debería haberle devuelto la cadena el día
que se dio por terminado todo entre nosotros, pero me di cuenta un poco tarde
que hasta este momento, yo no había perdido la esperanza. Yo todavía creía en
nosotros. Me aferraba a la creencia de que todavía había una manera de llegar a
un acuerdo con las estrellas que traerían a Joe de regreso a mí. Que completa
pérdida.
Tiré la cadena hacia él. —Y yo quiero mi anillo.
Sus ojos negros se quedaron colocados en mí por un largo momento, entonces él
se inclinó y recogió su camisa. —No.
—¿Cómo que no? ¡Lo quiero de vuelta!
—Tú me lo diste —dijo tranquilamente, pero no suavemente.
—Bueno. ¡He cambiado de parecer! —Mi cara estaba enrojecida, todo mi cuerpo
caliente por la rabia. Él estaba conservando el anillo, porque él sabía lo mucho
que significaba para mí. Él quería quedárselo, porque a pesar de su ascenso a
ángel guardián, su alma estaba tan negra como el día que lo conocí. Y el más
grande error que había cometido era engañarme a mi misma al creer lo
contrario.
—Te lo di cuando yo era lo suficientemente estúpida como para pensar que te
amaba.
Empujé mi mano con brusquedad. —Regrésamelo. Ahora —No podía soportar la
idea de perder el anillo de mi papá por Joe. Él no lo merecía. Él no merecía
mantener el único recordatorio tangible que había tenido de un amor real.
Ignorando mi petición. Joe se marchó.


* * *


Abrí los ojos.
Hice clic en la lámpara, mi visión retorno a todo color. Me senté, un ardiente
destello de adrenalina calentando mi piel. Llegando a mi cuello, busqué la
cadena de plata de Joe, pero no estaba allí. Arrastré mis manos a través de las
sábanas arrugadas, pensando que se había caído mientras dormía.
Pero la cadena se había ido.
El sueño era real.


Joe había descubierto una manera de visitarme mientras dormía.


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chicas espero les guste este capii lo puse un adicional por haberme esperado comenten!! mañana subo capii
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 27th 2011, 11:38

no comentan? Sad
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liz_anasstazia
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 27th 2011, 11:55

voy saliendo, no termine de leer los capitulos pero los copie en
world para leerlos a la tarde por si no tengo net para entonces
ame lo q lei, quede en q vi a mi papa :O
fue hardcore pero no se q paso cn scott
en fin...
siguela pronto ojala subas hoy para poder leerlo antes de las 12 pm
besines Very Happy
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 27th 2011, 14:08

maalditto joooee! quue le dee suu anilloooo!!!! Bravo! quue maaaalllooooo!!!!!!!! ayy noo jaja mee enooje! jajajaja .-. buuenoo mee enncaantaron los caaps Vane!♥ toodoss emoocionaantes jaja
feeliz naavidad, atraasaada! jajaja
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 28th 2011, 17:54

hola chicas ahora subo capii
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 28th 2011, 18:15

Very Happy
CAPITULO 11:


El lunes, después del colegio, Vee me dejó en la biblioteca. Me tomé un
momento fuera en la entrada para llamar a mi madre para nuestro control
diario. Como de costumbre, me dijo que el trabajo la estaba manteniendo
ocupada, y yo le dije que el colegio me estaba haciendo lo mismo.
Dentro de la biblioteca, cogí el ascensor para ir al laboratorio multimedia de la
tercera planta, comprobé mi e-mail, curioseé Facebook, y le eché un vistazo a
Perez Hilton14. Sólo para torturarme, volví a buscar en Google, La Mano Negra.
Aparecieron los mismos links. En realidad, no había esperado nada nuevo, ¿no?
Finalmente, sin ningún sitio en el que remolonear, saqué mi libro de química y
me resigné a ponerme a estudiar.
Era tarde, cuando lo dejé para ir a buscar una máquina expendedora. Por fuera
de la ventana orientada al oeste de la biblioteca, el sol se estaba ocultando
profundamente en el horizonte, y la noche se estaba acercando rápidamente.
Pasé de largo el ascensor, prefiriendo ir por las escaleras, sintiendo la necesidad
de hacer un poco de ejercicio. Había estado sentada durante mucho tiempo, por
lo que mis piernas estaban empezando a entumecerse.
En el vestíbulo, metí unos cuantos dólares en la máquina expendedora y me llevé
unas galletas y un zumo de arándanos de vuelta a la tercera planta. Cuando volví
al laboratorio multimedia, Vee estaba sentada en mi escritorio, con sus brillantes
tacones amarillos apoyados en mi silla. Su expresión era una mezcla de diversión
petulante e irritación. Sostenía un pequeño sobre negro en el aire, cogido entre
dos de sus dedos.
—Esto es para ti —dijo, dejándose caer el sobre en el escritorio—. Así como esto.
—Ofreciéndome una bolsa de panadería, enrollada en la parte de arriba—. Pensé
que quizás tendrías hambre.
A juzgar por el desprecio en la expresión de Vee, tuve una mala sensación sobre
la tarjeta, y aproveché la oportunidad de prestar atención a lo que había dentro
de la bolsa. —¡Magdalenas!
Vee sonrió. —La señora de la panadería me dijo que eran orgánicas. No estoy
segura de cómo se hace una magdalena orgánica, y no estoy segura de por qué
cuestan más, pero ahí tienes.

14 Perez Hilton: Página de cotilleos, donde Perez Hilton se escribe chismes de todo el mundo.

—Eres mi héroe.
—¿Cuánto tiempo más, crees que estarás?
—Treinta minutos, como máximo.
Ella dejó las llaves del Neon al lado de mi mochila. —Rixon y yo vamos a
comprar algo de cenar, así que tendrás que ser tu propio chófer esta noche.
Aparqué el Neon en el garaje subterráneo. En la fila B. Sólo me queda un cuarto
del depósito, así que no te vuelvas loca.
Cogí las llaves, intentando ignorar el desagradable aguijón de mi corazón que,
instantáneamente, reconocí como celos. Estaba celosa de la nueva relación de
Vee con Rixon. Celosa de sus planes para cenar. Celosa de que ahora ella estaba
más cerca de Joe, de lo que lo estaba yo, porque aunque Vee nunca lo hubiera
mencionado, estaba segura de que se tropezaba con Joe cuando estaba con
Rixon. Por lo que yo sabía, los tres veían películas juntos por la noche. Los tres,
descansando en el sofá de Rixon, mientras yo me sentaba en la granja sola.
Quería, desesperadamente, preguntarle a Vee sobre Joe, pero la verdad era,
que no podía. Había roto con él. Tenía que afrontar la responsabilidad de mis
acciones.
Por otra parte, ¿qué daño iba a hacer una pequeña pregunta?
—Oye, Vee.
Ella se volvió, ya en la puerta. —¿Sí?
Abrí la boca, y ahí fue, cuando recordé mi orgullo. Vee era mi mejor amiga, pero
también era una bocazas. Si preguntaba por Joe, me arriesgaba a que él lo
oyera de segunda mano. Él descubriría por el momento tan duro que estaba
pasando, intentando olvidarlo.
Puse una sonrisa. —Gracias por las magdalenas.
—Cualquier cosa por ti, nena.
Después de que Vee se fuera, le quité el envoltorio a una de las magdalenas y me
la comí a solas, con el sosegado zumbido mecánico del laboratorio.
Hice otra media hora de tareas, y me comí dos magdalenas más, antes de que
finalmente me atreviera a mirar el sobre negro, situado en el borde de mi visión
periférica. Sabía que no podía evitarlo toda la noche.
Rompiendo el precinto, saqué una tarjeta negra con un pequeño corazón,
estampado en relieve, en el centro. La palabra lo siento estaba escrita en su
interior. La tarjeta estaba perfumada con un perfume agridulce. Me llevé la tarjeta
a la nariz y respiré profundamente, intentando reconocer el aroma extrañamente
embriagador. El olor de fruta quemada y especias químicas, aguijoneándome
todo el camino hasta el fondo de la parte posterior de mi garganta. Abrí la tarjeta.

Fui un idiota anoche. ¿Me perdonas?

Automáticamente coloqué la tarjeta a un brazo de distancia. Joe. No sabía qué
hacer con su disculpa, pero no me gustaba la conmoción que ésta causaba en mi
interior. Sí, él había sido un idiota. ¿Y pensó que una tarjeta comprada podría
solucionarlo? Si era así, estaba subestimando el daño que había causado. Había
besado a Miley. ¡La besó! Y no sólo eso, sino que había invadido mis sueños. No
tenía ni idea de cómo lo había hecho, pero cuando me desperté por la mañana,
sabía que había estado allí. Era más que un pequeño desconcierto. Si podía
invadir la privacidad de mis sueños, ¿Qué más podía hacer?
—Diez minutos para cerrar —susurró una bibliotecaria desde la puerta.
Envié mi redacción de tres párrafos sobre los aminoácidos a la impresora, luego
recogí mis libros y los metí dentro de mi mochila. Cogí la tarjeta de Joe, vacilé
una vez, y después la rasgué varias veces y tiré los trozos a la papelera. Si quería
decir lo siento, podía hacerlo en persona. No a través de Vee, y tampoco en mis
sueños.
A mitad de camino, por el pasillo, para recoger mi trabajo impreso, extendí la
mano, para estabilizarme, hacia el pupitre más cercano. El lado derecho de mi
cuerpo se sentía más pesado que el izquierdo, y mi equilibrio flaqueó. Di otro
paso, y mi pierna derecha se dobló, como si estuviera hecha de papel. Me
agaché, agarrando el pupitre con ambas manos, arropando mi cabeza entre mis
codos para conseguir que la sangre fluyera a mi cerebro, de nuevo. Una
sensación cálida y somnolienta se arremolinaba a través de mis venas.
Enderezando mis piernas, terminé en una posición inestable, sin embargo algo
no estaba bien con las paredes. Estaban estiradas, anormalmente largas y
estrechas, como si estuviera mirándolas a través de un espejo en una casa de la
risa. Parpadeé fuerte varias veces, Intentando enfocar mi visión en un punto
concreto.
Mis huesos parecían estar llenos de hierro, negándose a moverse, y mis párpados
se cerraron ante las espantosas luces fluorescentes. Llena de pánico, ordené que
se abrieran, pero mi cuerpo no reaccionó. Sentía cálidos dedos enroscarse
alrededor de mi mente, amenazando con arrastrarme al sueño.

El perfume, pensé vagamente. En la tarjeta de Joe.

Ahora estaba sobre mis manos y mis rodillas. Extraños rectángulos se oscilaban
por todo alrededor, girando delante de mí. Puertas. La sala estaba alineada con
puertas abiertas. Pero, cuanto más rápido me arrastraba hacia ellas, más rápido
se distanciaban hacia atrás. En la distancia, oí un sombrío tic toc. Me alejé del
sonido, ya que estaba lo suficientemente lúcida como para saber, que el reloj
estaba en el fondo de la sala, al lado opuesto de la puerta.
Momentos después, me di cuenta de que mis brazos y mis piernas ya no se
movían, la sensación de arrastrarse no era más que una ilusión en mi cabeza. Una
alfombra áspera y de calidad industrial amortiguaba mi mejilla. Luché una vez
más por levantarme, después cerré los ojos, todas las luces haciendo espirales a
lo lejos.

Me desperté en la oscuridad.
El aire fresco artificial estremecía mi piel, y el sosegado zumbido de las máquinas
susurraba a mí alrededor. Tenía mis manos debajo mí, pero cuando intenté
levantarme, puntos púrpuras y negros bailaban a través de mi visión. Me tragué
la textura de grueso algodón en mi boca y rodé sobre mi espalda.
Ahí fue cuando recordé que todavía estaba en la biblioteca. Al menos, estaba
bastante segura de que era donde estaba. No recordaba haber salido. ¿Pero qué
estaba haciendo en el suelo? Intenté recordar cómo había llegado aquí.
La tarjeta de Joe. Había aspirado el perfume picante y amargo. Un poco
después, me había desplomado en el suelo.

¿Había sido drogada?

¿Me había drogado Joe?

Tumbada allí, con el corazón latiendo a mil por hora, mis ojos parpadeando tan
rápidamente que terminaba uno y empezaba el otro. Intenté levantarme una
segunda vez, pero sentía como si alguien hubiera plantado una bota de acero en
el centro de mi pecho. Con un segundo esfuerzo, más enérgico, me moví hasta
sentarme. Aferrándome a una mesa, me impulsé lentamente hasta ponerme de
pie. Mi cerebro protestó por el vértigo, pero mis ojos localizaron la señal de
salida verde y borrosa, encima de la puerta del laboratorio multimedia. Me
tambaleé hasta allí.
Giré la manivela. La puerta se abrió una pulgada, después se atascó. Estaba a
punto de empujar más fuerte, cuando algo colocado en el otro lado de la ventana
de la puerta captó mi atención. Fruncí el ceño. Eso era raro. Alguien había atado
uno de los extremos de una cuerda larga, a la manivela exterior de la puerta, y el
otro extremo a la manivela de la puerta de una sala de más abajo.
Golpeé mi mano contra el cristal. —¿Hola? —grité atontada—. ¿Puede oírme
alguien?
Intenté abrir la puerta de nuevo, tirando con todas mis fuerzas, las cuales no era
muchas, ya que mis músculos parecían derretirse como mantequilla caliente, al
minuto de intentar ejercitarlos. La cuerda estaba atada, con tan fuerza entre las
dos manivelas, que sólo pude separar la puerta del laboratorio,
aproximadamente, cinco pulgadas fuera del marco. Ni de cerca lo suficiente para
pasar por ella.
—¿Hay alguien ahí? —grité a través de la abertura de la puerta—. ¡Estoy atrapada
en la tercera planta!
La biblioteca respondió con silencio.
Mis ojos, ahora, estaban completamente adaptados a la oscuridad, y encontré el
reloj de la pared. ¿Las once? ¿Podría ser correcto? ¿En serio había dormido más
de dos horas?
Saqué mi teléfono móvil, pero no había cobertura. Intenté conectarme a Internet
pero, repetidamente, era informada de que no había redes disponibles.

Mirando, desesperadamente, alrededor del laboratorio multimedia, fijé mis ojos
sobre cada objeto, buscando algo que pudiera usar para salir. Ordenadores,
sillas giratorias, archivadores… nada que me sirviera. Me arrodillé junto a la
rejilla de ventilación y grité, —¿Puede oírme alguien? ¡Estoy atrapada en el
laboratorio multimedia de la tercera planta! —Esperé, rezando por oír una
respuesta. Mi única esperanza era que estuviera, todavía, el bibliotecario por ahí,
terminando un trabajo de última hora, antes de salir. Pero quedaba, escasamente,
una hora para medianoche, y sabía que las probabilidades estaban en mi contra.
Fuera, en la biblioteca general, los engranajes se pusieron en funcionamiento,
mientras la cabina del ascensor al final del pasillo, subía desde la planta baja.
Estiré mi cabeza hacia el sonido.
Una vez, cuando tenía cuatro o cinco años, mi padre me llevó al parque para
enseñarme como montar en bicicleta sin ruedas de entrenamiento. Al final de la
tarde, podía montar todo el camino, alrededor del circuito de cuarto de milla, sin
ayuda. Mi padre me dio un gran abrazo y me dijo que era hora de irse a casa y
enseñárselo a mi madre. Le rogué que me dejara dar dos vueltas más, y
acordamos una más. A medio camino de la vuelta, perdí el equilibrio y me caí.
Mientras estaba enderezando mi bicicleta, vi un gran perro marrón no lejos de
ahí. Estaba mirándome. En ese momento, mientras nos quedamos mirándonos el
uno al otro, oí una voz susurrar, no te muevas. Cogí aire y lo retuve, a pesar de
que mis piernas querían correr tan rápido como pudieran a la seguridad de mi
padre.
Las orejas del perro se levantaron y empezó a ir hacia mí en una agresiva carrera.
Temblé de miedo pero mantuve mis pies quietos. Cuanto más se acercaba el
perro, más quería correr, pero sabía que en el momento en que me moviera, el
instinto de caza del animal reaccionaría. A mitad de camino, el perro perdió el
interés en mi cuerpo inmóvil y se largó en una nueva dirección. Le pregunté a mi
padre si había oído la misma voz que me dijo que me quedara quieta, y él dijo
que era el instinto. Si lo escuchaba, nueve de cada diez veces tomaría la decisión
correcta.
El instinto me estaba diciendo ahora. Sal de ahí.
Agarré un monitor del escritorio más cercano y lo lancé contra la ventana. El
cristal se hizo pedazos, dejando un gran agujero en el centro. Cogí la perforadora
de tres agujeros de la mesa de trabajo en equipo la coloqué justo en el centro de
la puerta, y la utilicé para quitar el vidrio restante. Luego arrastré una silla, me
subí a ella, aseguré mi zapato en el marco de la ventana y salté fuera hacia el
pasillo.
El ascensor siseó y vibró más fuerte, pasando por la segunda planta.
Corrí por el pasillo haciendo un sprint. Impulsé mis brazos fuertemente, sabiendo
que tenía que alcanzar el hueco de la escalera, contiguo al ascensor, antes de que
el ascensor ascendiera más y quien quiera que estuviera dentro, me viera. Tiré
de la puerta de las escaleras, gastando varios preciosos segundos mientras me
tomaba tiempo para cerrarla, sin hacer ruido, detrás de mí. En el otro lado de la
puerta, el ascensor se detuvo. La puerta corredera se abrió y alguien salió. Usé la
barandilla para impulsarme más rápido, manteniendo mis zapatos ligeros sobre
las escaleras. Estaba a medio camino de bajar al segundo tramo cuando la puerta

de las escaleras se abrió por encima de mí. Me detuve a mitad de un paso, sin
querer alertar de mi localización a quien quiera que estuviera ahí arriba.
—¿___?
Mi mano se deslizó sobre la barandilla. Era la voz de mi padre.
—¿____? ¿Estás ahí?
Tragué fuertemente, queriendo gritarle. Entonces recordé el ayuntamiento.
—Deja de esconderte. Puedes confiar en mí. Déjame ayudarte. Sal de donde
estés, para que pueda verte.
Su tono era extraño y exigente. En el ayuntamiento, cuando escuché, por primera
vez, la voz de mi padre hablándome, ésta era suave y gentil. Esa misma voz me
había dicho que no estábamos solos y que tenía que irme. Cuando habló de
nuevo, su voz era diferente. Sonaba forzada y engañosa. ¿Y si mi padre había
intentado contactar conmigo? ¿Y si había sido ahuyentado y la segunda y extraña
voz era alguien fingiendo ser él? Fui golpeada por el pensamiento de que alguien
pudiera estar haciéndose pasar por mi padre para atraerme.
Unos pesados pasos descendían las escaleras en una carrera, sacándome fuera
de mis especulaciones. Él venía detrás de mí.
Bajé, ruidosamente, por las escaleras, sin preocuparme por guardar silencio.

¡Más rápido! Me grité a mí misma. ¡Corre más rápido!

Él fue ganando terreno, a poco más que un tramo de distancia. Cuando mis
zapatos alcanzaron la planta baja, empuje la puerta de la escalera para salir,
atravesé el vestíbulo, me precipité por las puertas delanteras y me adentré en la
noche.
El aire era cálido y tranquilo. Yo estaba corriendo por los escalones de cemento
que bajaban a la calle, cuando cambié de planes en una fracción de segundo. Me
subí a la baranda situada a la izquierda de las puertas, dejándome caer unos diez
pies más o menos a un pequeño patio de hierba que estaba abajo. Por encima de
mí, las puertas de la biblioteca se abrieron. Me apreté contra la pared de
cemento, con mis pies revolviéndose entre la basura y los rastrojos.
Al minuto oí el lento taconeo de zapatos descendiendo los escalones de cemento,
y corrí hacia abajo del bloque. La biblioteca no tenía aparcamiento propio, sino
que compartía un garaje subterráneo con el Palacio de Justicia. Bajé corriendo
por la rampa del garaje, pasando por debajo de la entrada del estacionamiento, y
me adentré en el garaje buscando el Neon. ¿Dónde había dicho Vee que había
aparcado?
Fila B...
Corrí hacia el pasillo y vi la parte trasera del Neón sobresaliendo de una plaza de
aparcamiento. Metí la llave en la puerta, me dejé caer detrás del volante y
encendí el motor. Sólo había conducido el Neon hasta la rampa de salida, cuando
un SUV oscuro dio la vuelta en la esquina. El conductor aceleró el motor,
dirigiéndose directamente hacia mí.

Puse la segunda marcha del Neon y pisé el acelerador, pasando por delante del
SUV, segundos antes de que me bloqueara la salida y me quedara atrapada en el
interior del garaje.
Mi mente estaba demasiado agotada para pensar con claridad acerca de mi
destino. Pisé a fondo el acelerador, durante otros dos bloques más, saltándome
un stop, y después gire en Walnut. El SUV aceleró en Walnut detrás de mí,
manteniendo mi ritmo. El límite de velocidad subió a cuarenta y cinco, y los
carriles se bifurcaron en dos. Aceleré el Neón hasta cincuenta, agitando mis ojos
entre la carretera y el espejo retrovisor.
Sin señalizar, maniobré bruscamente el volante, encaminándome hacia una calle
lateral. El SUV se subió a la acera, siguiéndome. Giré dos veces más a la derecha,
dando la vuelta a la manzana, y volví a Walnut. Me desvié bruscamente,
colocándome delante de un Coupé de dos puertas, color blanco,
encajonándolo entre el SUV y yo. El semáforo de delante se puso ámbar, y
aceleré en la intersección mientras la luz se volvía roja. Con los ojos pegados al
espejo retrovisor, vi al coche blanco pararse. Detrás de él, el SUV se detuvo en
seco.
Inhalé varias respiraciones profundas. Mi pulso latía en mis brazos y mis manos
se sujetaban con fuerza al volante. Conduje por Walnut cuesta arriba, pero tan
pronto como estuve al otro lado de la colina, crucé el tráfico en sentido contrario
y giré a la izquierda. Brincando sobre las vías del ferrocarril, abriendo mi camino
a través de un barrio oscuro y en ruinas, con casas de ladrillo de un solo piso. Yo
sabía dónde estaba: Slaughterville. El barrio se había ganado su apodo hacía más
de una década, cuando tres adolescentes se habían asesinado los unos a otros en
un patio de recreo.
Yo aminoré la marcha cuando una casa situada al fondo de la calle me llamó la
atención. No había luces. Un garaje individual abierto y vacío se situaba en el
extremo posterior de la propiedad. Di marcha atrás al Neon subiéndolo en la
entrada y metiéndolo dentro del garaje. Después de comprobar, por tercera vez,
que las cerraduras estaban puestas, apague los faros. Esperé, temiendo que en
cualquier momento las luces del SUV pudieran aparecer por la calle. Hurgando
en mi bolso, saqué mi celular.
—Hey —respondió Vee.
—¿Quién más tocó la tarjeta de Joe? —exigí, agolpando las palabras.
—¿Huh?
—¿Te dio Joe la tarjeta directamente? ¿Lo hizo Rixon? ¿Quién más la ha tocado?
—¿Quieres decirme de qué se trata?
—Creo que fui drogada.

Silencio.
—¿Crees que la tarjeta estaba drogada? —Vee repitió dubitativamente al final.

—El papel estaba rociado con perfume —le expliqué con impaciencia—. Dime
quién te la dio. Dime exactamente cómo la conseguiste.
—En mi camino a la biblioteca para dejar las magdalenas, Rixon me llamó para
ver dónde estaba —relató lentamente—. Nos encontramos en la biblioteca, y
Joe viajaba en la camioneta de Rixon. Joe me dio la tarjeta y me pidió que te
la diera. Te llevé la tarjeta, las magdalenas, y las llaves del Neon y salí de nuevo
para reunirme con Rixon.
—¿Nadie más tocó la tarjeta?
—Nadie.
—Menos de media hora después de oler la tarjeta, me desplomé en el suelo de la
biblioteca. Y no me desperté hasta dos horas después.
Vee no respondió de inmediato, y casi pude escuchar cada pensamiento suyo,
tratando de digerirlo. Al final dijo: —¿Estás segura de que no era cansancio?
Llevabas en la biblioteca mucho tiempo. Yo no podría estudiar tanto tiempo las
tareas sin necesidad de echarme una siesta.
—Cuando me desperté —continué—, había alguien en la biblioteca conmigo.
Creo que era la misma persona que me drogó. Me han perseguido a través de la
biblioteca. Salí fuera, pero me siguieron por Walnut.
Otra pausa desconcertada. —A pesar de que no me gusta mucho Joe, tengo que
decirte, no me lo imagino drogándote. Es un chiflado, pero tiene sus límites.
—Entonces, ¿quién? —mi voz fue un pequeño chillido.
—No lo sé. ¿Dónde estás ahora?
—Slaughtervile 17
—¿Qué? ¡Sal de allí antes de ser asaltada! Ven. Pasa la noche aquí. Resolveremos
esto. Averiguaremos lo que pasó. —Pero las palabras parecían un consuelo vacío.
Vee estaba tan perpleja como yo.

* * *
Me quedé escondida en el garaje por lo que debieron haber sido unos veinte
minutos, antes de que me sintiera, lo suficientemente valiente, como para volver a
las calles. Mis nervios estaban crispados, mi mente confundida. Había optado por
no coger Walnut, pensando que el SUV podía estar conduciendo de arriba a
abajo ahora mismo, a la espera de encontrarme. Conduje por las calles laterales,
sin hacer caso al límite de velocidad y de manera imprudente me dirigí a toda
prisa a la casa de Vee. No estaba muy lejos de su casa, cuando me di cuenta de
las luces azules y rojas en el espejo retrovisor.
Detuve el Neon al lado de la carretera, y coloqué mi cabeza contra el volante. Yo
sabía que me había excedido en la velocidad, y estaba frustrada conmigo misma
por hacerlo, y que está, de todas las noches consiguiera que me detuvieran.
Un momento después, unos nudillos golpearon la ventana. Apreté el botón para
bajarla.
—Bien, bien —dijo el detective Basso—. Cuánto tiempo sin verte.

Cualquier otro policía, pensé. Cualquier otro.

Él sacó su bloc de multas. —Licencia y registro, conoces el procedimiento.
Dado que sabía que no tenía forma de intentar apelar sobre la multa, no con el
detective Basso, no veía razón para poner cualquier pretexto o contradicción.
—No sabía que el trabajo de detective incluía rellenar multas por velocidad.
Me dirigió una sonrisa afilada. —¿Dónde está el fuego?
—¿Puedo, simplemente, coger la multa e irme a casa?
—¿Algo de alcohol en el coche?
—Eche un vistazo —dije, extendiendo las manos.
Abrió la puerta por mí. —¡Sal!
—¿Por qué?
—¡Sal! —señaló la línea discontinua que dividía la carretera—, y camina sobre la
línea.
—¿Cree que estoy borracha?
—Creo que estás loca, pero estoy comprobando tu sobriedad, por como llegaste
aquí.
Desmonté y cerré la puerta detrás de mí. —¿Hasta dónde?
—Hasta que te diga que pares.
Me concentré en colocar mis pies sobre la línea, pero cada vez que miraba hacia
abajo, mi visión se veía desnivelada. Todavía podía sentir los efectos de la droga
golpeando mi coordinación, y me era muy difícil concentrarme para mantener
mis pies sobre la línea, me sentía más como balanceándome hacia fuera de la
carretera. —¿No puede, simplemente, darme el recibo, marcarme la muñeca, y
enviarme a casa? —mi tono era rebelde, pero me había vuelto fría por dentro. Si
no podía caminar por la línea, el detective Basso podría meterme la cárcel. Ya
estaba agitada, y no creía que pudiera manejar una noche tras las rejas. ¿Qué
pasaba si el hombre de la biblioteca venía detrás de mí otra vez?

—Un montón de policías de pueblo te absolverían con ese anzuelo, seguro.
Algunos, incluso aceptarían un soborno. Yo no soy uno de ellos.
—¿Qué importa el que yo estuviera drogada?
Él se rió sombríamente. —Drogada.
—Mi ex novio me dio una tarjeta impregnada con perfume, antes, esta noche.
Abrí la tarjeta, y lo siguiente que supe, fue que me desmayé.
Cuando el detective Basso no me interrumpió, continué—. He dormido durante
más de dos horas. Cuando me desperté, la biblioteca estaba cerrada. Yo estaba
encerrada en el laboratorio de medios de comunicación. Alguien había atado a la
manivela de la puerta.... —me desvanecí, cerrando la boca.
Hizo un gesto para que continuara. —Vamos, ahora. No me dejes con ese drama
en suspenso.
Me di cuenta, demasiado tarde, que acababa de incriminarme a mí misma. Estuve
en la biblioteca, esta noche, en el laboratorio de medios de comunicación.
Mañana a primera hora, cuando la biblioteca abriera sus puertas, iban a informar
de la ventana rota a la policía. Y yo no tenía ninguna duda de que el Detective
Basso vendría a buscarme en primer lugar.
—Estuviste en el laboratorio de medios de comunicación —exclamó—. ¿Qué pasó
después?
Demasiado tarde para echarme atrás. Tendría que terminar y esperar lo mejor.
Tal vez algo de lo que dijera terminaría por convencer al detective Basso de que
no fue mi culpa, que todo lo que había hecho estaba justificado. —Alguien había
atado la puerta del laboratorio de medios de comunicación, cerrándola. Lancé un
ordenador a través de la ventana para salir.
Él inclinó su cabeza hacia atrás y se echó a reír. —Hay un nombre para chicas
como tú, ____ Grey. Lunática. Eres como la mosca que nadie puede espantar —
caminó de regreso a su coche patrulla y estiró la radio por la puerta abierta del
lado del conductor. Con la radio por fuera, dijo—: Necesito a alguien que haga
una ronda por la biblioteca y que eche un vistazo al laboratorio de medios de
comunicación. Déjenme saber lo que encuentren.
Él se recostó en su coche, con los ojos fijos en su reloj.
—¿Cuántos minutos crees que pasarán hasta que ellos me informen? Tengo tu
confesión, ___. Podría arrestarte por invasión de propiedad y vandalismo.
—Invadir la propiedad implicaría, que no estaba atrapada dentro de la biblioteca
en contra de mi voluntad —sonaba nerviosa.
—Si alguien te drogó y quedaste atrapada en el laboratorio, ¿qué estás haciendo
aquí ahora, manejando por Hickory18 a cincuenta y cinco millas por hora?

—Yo no iba a escapar. Salí de la habitación mientras él subía por el ascensor a
buscarme.
—¿Él? ¿Lo viste? Dame una descripción.
—No lo vi, pero era un hombre. Sus pasos eran fuertes mientras bajaba las
escaleras detrás de mí. Demasiado fuerte para una chica.
—Estás tartamudeando. Por lo general, eso significa que estás mintiendo.
—Yo no estoy mintiendo. Estaba atrapada en el laboratorio, y alguien se acercaba
por el ascensor a buscarme.
—Bien.
—¿Quién más habría estado en el edificio hasta tan tarde? —le espeté.
—¿Un conserje? —consideró fácilmente.
—No estaba vestido como un conserje. Cuando miré hacia arriba en la escalera,
vi pantalón oscuro y zapatos oscuros de tenis.
—¿Así que cuando te lleve al tribunal, vas a decirle al juez que eres un experto en
la ropa de limpieza?
—El tipo me siguió fuera de la biblioteca, se metió en su coche, y me persiguió.
Un conserje no haría eso.
La radio sonó, y el detective Basso se apoyó en el interior para coger el receptor.
—Terminamos de inspeccionar la biblioteca —crepitó la voz de un hombre a
través de la radio—. Nada.
El Detective Basso dirigió sus fríos y sospechosos ojos hacia mí. —¿Nada? ¿Estás
seguro?
—Repito: nada.
¿Nada? En lugar de alivio, sentí pánico. Rompí la ventana del laboratorio. Lo había
hecho. Era real. No era mi imaginación. No… era... ¡Cálmate! Me ordené. Esto
había sucedido antes. No era nuevo. En el pasado, siempre fue un juego mental.
Era alguien que trabajaba detrás de las escenas, intentando manipular mi mente.
¿Estaba ocurriendo de nuevo? Pero... ¿por qué? Tenía que pensar en esto. Negué
con la cabeza, ridículamente que el gesto removiera una respuesta.
El Detective Basso arrancó la hoja superior de su libreta de multas y me entregó
una.
Mis ojos se quedaron fijos en la cuantía de la parte inferior. —¿Doscientos
veintinueve dólares?
—Ibas a más de treinta y conduciendo un coche que no te pertenece. Paga la
multa, o te veré en el tribunal.
—Yo no tengo todo este dinero.
—Consigue un trabajo. Así te mantendrás alejada de los problemas.
—Por favor, no haga esto —dije, infundiendo toda la súplica que poseía en mi voz.
El Detective Basso me estudió. —Hace dos meses, un chico sin identidad, sin
familia y sin pasado, terminó muerto en el gimnasio de la escuela secundaria.
—La muerte de Jules fue considerada un suicidio —dije automáticamente, pero el
sudor apareció en la parte posterior de mi cuello—. ¿Qué tiene que ver esto con
mi multa?
—La misma noche de su desaparición, la consejera de la escuela incendió tu casa,
y luego hizo su propio acto de desaparición. Hay un vínculo entre estos dos
extraños incidentes. —Sus ojos de color marrón oscuro me apuntalaron en el
sitio—. Tú.
—¿Qué está diciendo?
—Dime lo que realmente sucedió esa noche, y puedo hacer que tu multa
desaparezca.
—No sé lo que paso. —Mentí, porque no había otra alternativa. Decir la verdad
me dejaba peor, que tener que pagar la multa. No podía hablarle al detective
Basso, sobre los ángeles caídos y los Nefilim. Nunca creería mi historia sobre
ángeles caídos y los Nefilim. Nunca creería mi historia si le confesara que Dabria
era un ángel de la muerte. O que Jules era un descendiente de un ángel caído.
—Lo que tú digas, —dijo el detective Basso, agitando su tarjeta de presentación
frente a mí, antes de meterse dentro de su coche—. Si cambias de opinión, ya
sabes cómo localizarme.

Eché un vistazo a la tarjeta mientras encendía el motor.

DETECTIVE ECANUS
BASSO. 207-555-3333.

La multa se sentía pesada en mi mano. Pesada, y caliente. ¿Cómo iba a conseguir
doscientos dólares? No podía pedir prestado el dinero a mi madre, ya que apenas
podían pagar los alimentos. Joe tenía el dinero, pero le dije que podía cuidar
de mí misma. Y le dije que saliera de mi vida. ¿Qué diría eso de mí si corría de
nuevo a él en el momento en que sufría un duro revés? Eso supondría que él
había tenido razón todo el tiempo.
Eso admitiría que lo necesitaba.

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comenten mañana subo capi!! Very Happy
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 28th 2011, 19:29

quien era?! omg! no puede ser! que va a pasar! estoy super intrigada, qe ni se qe poner! omg! vane tienes que segirla lo mas pronto posible jaja
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Diciembre 30th 2011, 14:57

1 comentario? Sad plis, comenten mas ahora subo capii!
pero comentenn!!
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liz_anasstazia
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 1st 2012, 10:14

te explique que no tendría internet Sad
pero me da lata xq no seguiste poniendo capitulos Sad
en fin.... siguela pronto plis
ahora estoy terminando de leer pero en world por que la letra
es muy pequeña y francamente y no se rian
estoy quedando un poco piti de tanto leer xD es q descargo novelas en world o pdf para alimentar mi vicio xD
pero siguela pronto plis o muero Very Happy
faliz año nuevo Very Happy
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 1st 2012, 12:02

jajaja te pasaste, Liz! Jajaja "para alimentar mi vicio" jajaja mori de la risa!
Vaane siguela please esta supe interesante tu nove, me encanta! Siguela pronto
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 1st 2012, 14:28

CHICAS FELIZ AÑO NUEVO

OJALA SE LES CUMPLA ODOS SUSU SUEÑOS
LAS QUIERO BESOS!!!
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vanesa
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 1st 2012, 20:03

CAPITULO 12

l martes después de clase, yo estaba en camino para encontrarme con Vee,
que se había saltado la clase para pasar el rato con Rixon pero prometió
volver a la escuela al mediodía para llevarme a casa, cuando mi teléfono
móvil sonó. Abrí el mensaje de texto al momento que Vee gritó mi nombre desde
la calle.
—¡Oye, nena! ¡Por aquí!

Me acerqué a donde estaba estacionada en paralelo a la acera y cruce los brazos
sobre el marco de la ventana abierta. —¿Y bien? ¿Valió la pena?
—¿Saltarse la clase? Diablos, sí. Rixon y yo pasamos la mañana jugando a la Xbox
en su casa. Halo Dos —Ella alargo la mano y abrió la puerta del pasajero.
—Suena romántico —dije, subiéndome.
—No lo deseches hasta que lo hayas probado. La violencia realmente pone a los
chicos de humor.
—¿De humor? ¿Hay algo que deba saber?
Vee esbozó una sonrisa de cien vatios. —Nos besamos. ¡Oh hombre, fue bueno!
Comenzó todo lento y suave, y luego Rixon realmente se involucro…
—¡Está bien! —La corté voz alta. ¿Cuándo estábamos juntos Joe y yo éramos así
de cursis y Vee era tercera en discordia? Rogué que no—. ¿Hacia dónde ahora?
Ella se deslizó de nuevo en el tráfico. —Estoy cansada de estudiar. Tengo que
inyectar un poco de emoción a mi vida, y eso no va a suceder con la nariz en un
libro.
—¿Qué tienes en mente?
—La playa Old Orchard suena perfecta. Estoy de humor para un poco de sol y
arena. Además, mi bronceado podría utilizar una capa de base.


La playa Old Orchard sonaba perfecta. Tenía un largo muelle tendido sobre el
agua, un parque de diversiones en la playa, fuegos artificiales y baile por la
noche. Por desgracia, la playa tendría que esperar.
Saque mi teléfono celular. —Ya tenemos planes para esta noche.
Vee se inclinó hacia un lado para leer el mensaje de texto e hizo una
mueca. —¿Recordatorio de la fiesta de Miley? ¿En serio? No me di cuenta que
eran las mejores amigas.
—Me dijeron que faltar a su fiesta es la forma más segura de sabotaje a mi vida
social.
—Ella es una zorra. Faltar a su fiesta es la forma más segura hacer mi vida
completa.
—Puede que desees reconsiderar tu actitud, porque yo voy y vas a venir
conmigo. —Vee presionó la espalda contra el asiento, con los brazos volviéndose
rígidos en el volante—. ¿Cuál es su punto, de todos modos? ¿Por qué te invitó?
—Somos compañeras en química.
—Me parece que tú la estas perdonando por el ojo negro muy rápido.
—Le debo al menos ir por una hora. Como su compañera de química —añadí.
—Así que estás diciendo que la razón por la que nos arrastramos esta noche a la
fiesta de Marcie se debe a que te sientas a su lado todas las mañanas en
química —Vee me dio una mirada de alguien conocedor.
Sabía que era una excusa poco convincente, pero no tan lastimera como la
verdad. Necesitaba tener la absoluta certeza de que Joe estaba ahora con
Miley. Cuando toqué sus cicatrices hace dos noches y fui transportada a su
memoria, parecía reservado con Miley. Hasta el beso, que había sido incluso
cortante con ella. No tenía idea de qué sentía por ella. Pero si él había seguido su
camino, sería más fácil para mí hacerlo del mismo modo. Una relación confirmada
entre Joe y Miley haría más fácil odiarlo. Y yo quería odiarlo. Por el bien de
ambos.
—Tu aliento huele a mentiras, mentiras en pantalones incendiándose —dijo
Vee—. Esto no se trata de ti y de Miley. Se trata de Joe y Miley. Quieres
saber lo que está pasando entre ellos.
Arrojé mis manos en el aire. —¡Muy bien! ¿Es eso tan malo?
—Hombre —dijo, meneando la cabeza—. Realmente eres una glotona de
castigos.
—Pensé que tal vez podríamos mirar en su dormitorio. A ver si encontramos
cualquier cosa que demuestre que están juntos.
—¿Cómo condones usados?
De repente, mi desayuno estaba subiendo a mi esófago. No había pensado en
eso. ¿Estaban durmiendo juntos? No. No lo creo. Joe no me haría eso. No con
Marcie.
—¡Ya sé! —Vee dijo—. ¡Podríamos robar su diario!
—¿El que ha estado llevando desde el primer año?
—El que jura haría que el National Enquirer se viera manso —dijo, sonando
extrañamente alegre—. Si algo está pasando entre ella y Joe, estará en el
diario.
—No sé.
—Oh, vamos. Vamos a devolverlo después de que hayamos terminado. No hay
daño, no hay castigo.
—¿Cómo? ¿Dejándolo en su porche y corriendo? Va a matarnos si se entera que
lo tomamos.
—Claro, déjalo en el porche, o tómalo durante la fiesta, léelo en algún lugar y
devuélvelo antes de que nos vayamos.
—Simplemente parece mal.
—No vamos a decirle a nadie lo que leamos. Será nuestro secreto. No está mal si
nadie sale dañado.
No estaba convencida del robo del diario de Miley, pero me di cuenta de que
Vee no iba a dejarlo ir tan fácilmente. Lo más importante era conseguir que
aceptara ir a la fiesta conmigo. No estaba segura de tener el suficiente coraje
para ir sola. Especialmente desde que no contaba con tener algún amigo allí. Así
que dije: —Vas a pasar por mí esta noche ¿verdad?
—Cuenta con ello. Oye, ¿podemos prender fuego a su dormitorio antes de que
nos vayamos?
—No. Ella no puede saber que estuvimos husmeando en él.
—Sí, pero la sutileza, no es mi estilo.
Miré hacia los lados, con las cejas alcanzando su punto máximo. —¿No es broma?
Fue justo después de las nueve cuando Vee y yo subimos la colina que lleva al
vecindario de Miley. El mapa socio-económico de Coldwater es fácil de
determinar mediante una prueba sencilla: colocar una canica en cualquier calle
en la ciudad. Si la canica rueda cuesta abajo, es que eres de clase alta. Si la canica
no rueda en absoluto, eres de clase media. Y si se pierde la canica en forma de
vapor de niebla antes de tener la oportunidad de averiguar si rueda... bueno,
vives en mi vecindario. Ordinario.
Vee empujó el Neon cuesta arriba. El vecindario de Miley era el más antiguo,
con árboles centenarios que se extendían por encima de la calle, bloqueando la
luz de la luna. Las casas tenían jardines profesionales y semicírculos para las
calzadas. La arquitectura de la era georgiana colonial, cada casa era blanca con
adornos en negro. Vee tenía las ventanas del Neón bajas, y en la distancia, oímos
el pulso constante del hip-hop a todo volumen.
—¿Cuál es su dirección, de nuevo? —Vee preguntó, mirando a través del
parabrisas—. Estas casas están tan lejos de la carretera que no puedo leer los
números en los garajes.
—1220, calle Brenchley.
Llegamos a una intersección y Vee dio vuelta a Brenchley.
La música se intensificó a medida que cruzábamos la cuadra, y supuse que
significaba que estábamos yendo en la dirección correcta. Coches estaban
estacionados parachoques a parachoques a ambos lados de la calle.
Al pasar una cochera elegantemente remodelada, la música llegó a su punto más
alto de todos los tiempos, haciendo vibrar el auto. Grupos de gente a través del
césped, yendo dentro de la casa. La casa de Miley. Una mirada a ella, y yo tenía
que preguntarme por qué ella robaba. ¿Por la emoción de ello? ¿Para escapar de
la imagen perfecta y cuidadosamente elaborada de sus padres?
Yo no podía más con esto. Un dolor profundo se arremolinaba en mi estómago.
Estacionado en la calzada estaba el Jeep Commander negro de Joe.
Obviamente él había sido uno de los primeros en llegar. Probablemente había
estado dentro a solas con Miley horas antes de que la fiesta comenzara.
Haciendo qué, no quería saber. Tomé aliento profundamente y me dije a mi
misma que podía manejarlo. ¿Y no era esta la evidencia que había venido a
buscar?
—¿Qué estás pensando? —Vee preguntó, con su mirada también pegada al
Commander mientras pasábamos delante.
—Que ganas de vomitar.
—Sobre Miley estaría bien. Pero en serio. ¿Estás bien con Joe estando aquí?
Apreté mi mandíbula, inclinando la barbilla ligeramente hacia arriba. —Miley
me invitó esta noche. Tengo el mismo derecho a estar aquí como Joe. No voy a
dejarle dictar a dónde voy y lo que hago. —Divertido, porque eso es exactamente
lo que estaba haciendo.
La puerta de la calle de Miley estaba abierta, la que lleva a una sala de mármol
oscuro repleta de cuerpos girando con Jay-Z. El vestíbulo se fusionó en un amplio
salón con techos altos y oscuros muebles victorianos. Todo el mobiliario,
incluyendo la mesa de café, se utilizaba de asiento. Vee vaciló en el umbral.
—Sólo me tomo un momento para prepararme mentalmente para esto —gritó
sobre la música—. Quiero decir, el lugar va a estar infestado con Miley. Retratos
de Miley, muebles de Miley, olores de Miley. Hablando de retratos, debemos
tratar de encontrar algunas fotos familiares. Me gustaría ver como se veía el papá
de Marcie hace diez años. Cuando sus anuncios concesionarios fueron a la
televisión, no me puedo decidir si se trataba de cirugía plástica lo que le hacía
parecer tan joven, o simplemente grandes cantidades de maquillaje.
Me agarró del codo y tiró de mí hasta su altura. —No me vas a botar ahora.
Vee miró en el interior, con el ceño fruncido. —Está bien, pero te lo advierto, si
veo un par de bragas, me voy de aquí. Lo mismo va para condones usados.

Abrí la boca, y luego la cerré. Las posibilidades de ver ambos eran bastante altas,
y estaba en mi mejor interés no aceptar oficialmente sus términos.
Me salvé de la discusión por Miley, quien desfiló desde la oscuridad cargando
una ponchera. Ella dio una mirada crítica entre nosotras. —Te invité —me dijo—,
pero no a ella.
—Es bueno verte, también —dijo Vee.
Miley escudriño a Vee lentamente, de pies a cabeza. —¿No solías estar en una
estúpida dieta de colores? Me parece que renunciaste incluso antes de empezar.
—Ella volvió su atención hacia mí—. Y tú. Lindo ojo negro.
—¿Has oído algo, ___? —preguntó Vee—. Pensé haber escuchado algo.
—Definitivamente oíste algo —estuve de acuerdo.
—¿Podría ser... un pedo de perro lo que oí? —Vee me preguntó.
Asentí con la cabeza. —Yo creo que sí.
Los ojos de Miley se volvieron rendijas. —Ja, ja.
—Allí fue de nuevo —dijo Vee—. Al parecer, este perro tiene un verdadero de
mal de gases. Tal vez deberíamos darle de comer Tums.
Marcie empujó la ponchera hacia nosotras. —Donación. Nadie entra sin una.
—¿Qué? —Dijimos Vee y yo al mismo tiempo.
—Do-na-ción. Realmente crees que te invite sin un orden del día, ¿verdad?
Necesito tu dinero. Puro y simple.
Vee y yo miramos la ponchera, que estaba nadando con billetes de dólar.
—¿Para qué es el dinero? —Le pregunté.
—Nuevos uniformes para las animadoras. El equipo quiere unos con el torso
desnudo, pero, la escuela es muy barata para los nuevos así que estoy
recaudando fondos.
—Esto debe ser interesante —dijo Vee—. El término ―Equipo de Putas‖ tendrá un
significado totalmente nuevo.
—¡Lo tendrá! —Dijo Marcie, con el rostro oscuro de sangre.
19 Tums: Es un antiácido hecho de carbonato de calcio fabricado por GlaxoSmithKline utilizado
para combatir la indigestión.

—¿Quieres entrar? Es mejor que tengas uno de a veinte. Si haces otro comentario.
Voy a aumentar el cargo a cuarenta.
Vee me empujó en el brazo. —Yo no me apunte para esto. Tú pagas.
—¿Diez cada una? —Le ofrecí.
—De ninguna manera. Esta fue tu idea. Paga la cuenta.
Me enfrenté a Miley y le di una sonrisa. —Veinte dólares es mucho —Razoné.
—Sí, pero piensa en lo increíble que me veré en ese uniforme —dijo—. Tengo
que hacer quinientos abdominales cada noche para que pueda reducir mi cintura
de veinticinco hasta veinticuatro pulgadas antes de que empiecen las clases. No
puedo tener una pulgada de grasa si voy a llevar el torso desnudo.
No me atreví a contaminar mi mente con una imagen mental de Marcie en un
uniforme de animadora promiscua, y en su lugar, dije: —¿Qué tal quince?
Marcie ahuecó la mano en la cadera y parecía a punto de cerrar la puerta de
golpe. —Está bien, cálmate, vamos a pagar —dijo Vee, buscando en su bolsillo
trasero del pantalón. Ella metió un fajo de billetes dentro de la ponchera, así que
no sé cuanto fue—. Me debes una grande —me dijo.
—Se supone que me debes dejar contar el dinero en primer lugar —Marcie dijo,
hurgando en la ponchera, tratando de recuperar la donación de Vee.
—Sólo supuse que veinte era demasiado para que pudieras contar —Vee dijo—.
Mis disculpas.
Los ojos de Miley se redujeron de nuevo, entonces ella giró sobre sus talones y
se llevó la ponchera a la casa.
—¿Cuánto le diste? —Le pregunté a Vee.
—Nada. Metí un condón.
Levanté las cejas. —¿Desde cuándo llevas condones?
—Levanté uno del césped en nuestro camino por el sendero. ¿Quién sabe, tal vez
Miley vaya a usarlo. Entonces habré hecho mi parte para mantenerla fuera de la
reserva genética.
Vee y yo nos acercamos hasta el fondo y pusimos nuestras espaldas a la pared. En
una silla de terciopelo en el salón, varias parejas se enredaban como un montón
de clips. El centro de la habitación estaba llena de cuerpos bailando. Fuera de la
sala de estar, una entrada arqueada llevaba a la cocina, donde las personas
estaban bebiendo y riendo. Nadie prestaba a Vee o a mí la menor atención, e
intente levantarme el ánimo ante la conciencia de que meterse dentro de la
habitación de Miley desapercibida no iba a ser tan difícil como yo pensaba.
El problema era que estaba empezando a pensar que yo no había venido aquí
esta noche para espiar en el dormitorio de Miley y encontrar pruebas de que
ella estaba con Joe. De hecho, estaba peligrosamente cerca de pensar que
había venido porque sabía que Joe estaría aquí. Y quería verlo.

Parecía que iba a llegar mi oportunidad. Joe apareció en la entrada de la cocina
de Miley, vestido con un polo negro y jeans oscuros. Yo no estaba acostumbrada
estudiarlo desde la distancia.
Sus ojos eran del color de la noche y su cabello negro bajo sus orejas parecía que
se había pasado seis semanas de un necesitado corte. Él tenía un cuerpo que
instantáneamente atraía al sexo opuesto, pero su postura decía “no estoy abierto a
la conversación”. Su gorra aún estaba perdida, lo que significaba que estaba
probablemente en posesión de Miley. No hay problema, me recordé a mí
misma. Ya no es mi asunto. Joe podría dar su gorra de béisbol a quien él
quería. Sólo porque nunca me la había prestado a mí no hería mis sentimientos.
Jenn Martin, una chica con la que había tenido matemáticas en primer año, estaba
hablando con Joe, pero él parecía distraído. Sus ojos vagaban por la sala de
estar, atento, como si él no estuviera dispuesto a confiar en una sola alma allí. Su
postura era relajada, pero atenta, casi como si esperara que sucediera algo en
cualquier momento.
Antes de que sus ojos se aproximaran a mí, desvié la mirada.
Mejor no ser atrapada mirando con pesar y nostalgia.

Anthony Amowitz sonrió y me saludó desde el otro lado de la habitación. Yo
automáticamente le devolví la sonrisa. Habíamos tenido PE juntos este año, y
mientras yo apenas había dicho más de diez palabras a él, era bueno que alguien
se emocionara al verme a mí y a Vee aquí.
—¿Por qué esta Anthony Amowitz con su sonrisa proxeneta hacia ti? —Vee
preguntó.
Puse los ojos en blanco. —Sólo lo llamas proxeneta porque está aquí. En lo de
Miley.
—Sí, ¿y?
—Él está siendo amable —Le di un codazo—. Sonríele de vuelta.
—¿Siendo amable? , Él esta cachondo.
Anthony levantó el vaso de plástico rojo hacia mí y gritó algo, pero era
demasiado difícil de escuchar con la música.
—¿Qué? —Grité de vuelta.
—¡Te ves muy bien! —Una sonrisa tonta quedó plasmada en su rostro.
—Oh, Dios —dijo Vee—. No es sólo un chulo, si no un mal chulo.
—A lo mejor está un poco borracho.
—Borracho y con la esperanza de arrinconarte a solas en una habitación del piso
de arriba. Ugh.
Cinco minutos más tarde, estábamos todavía con nuestra posición justo dentro de
la puerta principal. Yo tenía la mitad de una lata de cerveza derramada por
accidente en mis zapatos, pero por suerte, no había habido vómito. Estaba apunto de sugerir a Vee que nos alejáramos de la puerta abierta —La dirección de
todo el mundo parecía correr momentos antes de derramar el contenido de su
estómago— cuando Brenna Dubois se acercó y puso un vaso de plástico rojo
frente a mí.
—Esto es para ti, cortesía del tipo al otro lado de la habitación.
—Te lo dije —Vee susurró a mi lado.
Di una vista rápida a Anthony, quien hizo un guiño.
—Uh, gracias, pero no me interesa —le dije a Brenda. Yo no era muy
experimentada a la hora de las fiestas, pero yo sabía que no debía aceptar
bebidas de dudosa procedencia. Por todo lo que sabía, que estaba contaminada
con GHB20 —. Dile a Anthony que no bebo nada que no sea una lata sellada.
Wow. Me parecía incluso más tonta de lo que yo me sentía.
—¿Anthony? —Su rostro se torció por la confusión.
—Sí, Anthony Chulo-o-witz —dijo Vee—. El tipo que te hace jugar a la chica del
reparto.
—¿Piensas que Anthony quien me dio el vaso? —Ella negó con la cabeza—.
Prueba con el tipo al otro lado de la habitación —Se volvió hacia donde Joe
había estado sólo unos minutos atrás—. Bueno, estaba allí. Supongo que él se fue.
Era guapo y vestía una camiseta negra, si eso ayuda.
—Oh, Dios —dijo Vee, esta vez en voz baja.
—Gracias —le dije a Brenna, sin más remedio que tomar el vaso.
Ella se perdió entre la multitud, y yo puse el vaso de lo que parecía ser Coca-Cola
de cereza en la mesa de entrada detrás de mí. ¿Estaba Joe tratando de mandar
un mensaje? ¿Recordándome a mí en el Devil‘s Handbag cuando Miley me había
rociado con Coca-cola de Cereza?
Vee empujó algo en mi mano.
—¿Qué es esto? —Le pregunté.
—Un walkie-talkie. Lo preste de mi hermano. Me sentaré en las escaleras y
vigilaré. Si alguien viene, voy a avisarte por la radio.
—¿Quieres que husmee en la habitación de Miley ahora?
—Quiero que le robes el diario.
—Sí, eso. Estoy teniendo una especie de cambio de planes.
20 GHB: También se usa como droga psicotrópica sedante. Produce pérdida de la consciencia se
ha usado también como droga de violación.

—¿Estás bromeando? —dijo Vee—. No puedes acobardarte ahora. Imagínate lo
que hay en ese diario. Esta es tu gran oportunidad para averiguar lo que está
pasando con Miley y Joe. No puedes dejarla pasar.
—Pero es un error.
—No se siente mal si lo robas tan rápido que la culpa no tiene tiempo para
disfrutarse.
Le di una mirada afilada.
—El diálogo con una misma también ayuda —agregó Vee—. Dite a ti misma que
esto no está mal el número suficiente de veces, y lo comenzarás a creer.
—Yo no voy a tomar el diario. Sólo quiero... mirar a su alrededor. Y robar la gorra
de Joe.
—Te voy a pagar la cuota anual de eZine21 si me entregas el diario en los
próximos treinta minutos —dijo Vee, comenzando a sonar desesperada.
—¿Es por eso que deseas el diario? ¿Para su publicación en eZine?
—Piensa en ello. Podría lanzar mi carrera.
—No —dije con firmeza—. ¿Y qué más, Vee mala.
Ella dejó escapar un suspiro. —Bueno, valió la pena intentarlo.
Miré el walkie-talkie en mi mano. —¿Por qué no podemos simplemente
mandarnos un mensaje de texto?
—Los espías no mandan textos.
—¿Cómo sabes?
—¿Cómo sabes tú que hacen?
Pensando que no valía la pena una discusión, metí el walkie-talkie en la cintura de
mis pantalones vaqueros. —¿Estás segura que el dormitorio de Miley se
encuentra en el segundo piso?
—Uno de sus ex novios se sienta detrás de mí en español. Me dijo que cada noche
a las diez en punto se desnuda Miley con las luces encendidas. A veces, cuando
él y sus amigos están aburridos, vienen a ver el espectáculo. Él dijo Miley nunca
se precipita, y para cuando termina, tiene un calambre en el cuello de mirar para
arriba. También dijo que hubo una vez…
Me llevé las manos sobre mis oídos. —¡Alto!

21 EZine: Es la contracción de electronic y magazine, o lo que es lo mismo: magazine electrónico;
una revista electrónica.


—Oye, si mi cerebro tiene que estar contaminado con este tipo de detalles, Me
imagino que el tuyo también debe. La razón por la que sé todo esta información
inductora al vomito se debe a que yo estaba tratando de ayudar.
Miré hacia las escaleras. Mi estómago parecía pesar el doble de lo que lo hacía
hace tres minutos. Yo no había hecho nada, y ya estaba enferma con la culpa.
¿Cuándo me había convertido en lo suficientemente baja como para husmear en
la habitación de Marcie? ¿Cuándo había permitido que Joe me enredara y
retorciera de esta manera? Creo que voy a subir —dije de manera poco
convincente—. ¿Me cubres?
—Entendido.
Subí las escaleras. Había un cuarto de baño con pisos de baldosas y cornisa
moldeada en la parte superior. Me fui por el pasillo a mi izquierda, pasando lo
que parecía ser un dormitorio de invitados, y un cuarto equipado con una cinta
de correr y elípticas. Di marcha atrás, esta vez tomando el pasillo a la derecha. La
primera puerta estaba abierta, y me asomé dentro. El color de la habitación era
un espumoso rosa: paredes de color rosa, cortinas de color rosa, y un edredón de
rosa con almohadas rosa. El contenido del armario estaba echado sobre la cama,
el piso y otras superficies de los muebles. Varias fotografías, en tamaño cartel
llenaban las paredes, y todas eran de Marcie posando seductoramente en su
uniforme de porristas Razorbills22. Experimenté una oleada de náuseas leves, a
continuación, cuando vi la gorra de Joe sobre la cómoda. Encerrándome en la
habitación, enrolle la gorra en un cono estrecho y la puse en mi bolsillo trasero.
Debajo de la gorra, tirada en la cómoda, había una llave de un coche.
Era una de repuesto, pero tenía una etiqueta de Jeep. Joe le había dado a
Miley una llave de repuesto para su Jeep.
Deslizando la llave de la cómoda, me la metí profundamente en mi otro bolsillo
trasero. Mientras estaba en ello, pensé que también podría buscar cualquier otra
cosa de su propiedad.
Abrí y cerré unos cuantos cajones. Miré bajo la cama, en la cabecera, y en la
plataforma superior del armario de Marcie.
Por último deslicé mi mano entre el colchón y la base. Saqué el diario. El pequeño
diario azul de Marcie, se rumoreaba que contenía más escándalos que un
tabloide. Sosteniéndolo entre mis manos, sentí la tentación abrumadora de
abrirlo. ¿Qué había escrito sobre Joe? ¿Qué cosas secretas se escondía en sus
páginas?
Mi walkie-talkie crujió.
—Oh, mierda —dijo Vee a través de él.
Lo saque de mi cintura y apreté el botón para hablar.
—¿Qué te pasa?
22 Razorbills: es una casa editora que publica los libros juveniles de la editorial Penguin. Esta
empresa vende abrigos, tazas, gorras... con el logo.

—Perro. Enorme perro. Sólo entró pesadamente en la sala de estar, o como se
llame a este espacio abierto enorme. Está mirándome. Al igual que, mirando
fijamente hacia mí.
—¿Qué tipo de perro?
—No estoy al día con los tipos de perro, pero creo que es un Doberman. Cara
puntiaguda y gruñendo. Se parece demasiado a Miley, si eso ayuda. Uh-oh. Sus
orejas se acaban de levantar. Viene hacia mí. Creo que es uno de esos perros
psíquicos. Sabe que yo no estoy aquí sentada pensando en mis cosas.
—Mantén la calma.
—¡Fuera, perro —dije— ¡Fuera!
El rugido inconfundible de un perro grande vino a través del walkie-talkie.
—¿Um, Nora? Tenemos un problema —dijo Vee un momento después.
—¿El perro no se fue?
—Lo que es peor. Simplemente fue hacia arriba.
En ese momento hubo un ladrido en la puerta. Los ladridos no se detuvieron, se
hicieron más fuertes y más gruñidos.
—Vee —susurré en el walkie-talkie—. ¡Deshazte del perro!
Ella dijo algo en respuesta, pero yo no podía oír más que el perro gruñendo.
Aplané mi mano en mi oreja. —¿Qué?
—¡Miley viene! ¡Sal de ahí!
Empecé a empujar la parte trasera del diario bajo el colchón, pero perdí la gorra.
Un puñado de notas y fotografías que se cayeron de las páginas. En el pánico,
recogí las notas y fotos en una pila y las tiré de nuevo en el diario. Entonces
empuje el diario, que era muy pequeño teniendo en cuenta cuántos secretos se
dice que contiene, y mi walkie-talkie en la cintura de mis pantalones y apagué el
interruptor de la luz. Lidiaría con la devolución del diario después. En este
momento, yo tenía que salir.
Levanté la ventana, esperando a tener que quitar la mampara, pero ya estaba
hecho. Probablemente Miley la había quitado hace mucho tiempo para evitar la
molestia cuando saliera a escondidas. Ese pensamiento me dio una pequeña
medida de esperanza. Si Miley había salido antes, yo también podría. No era
como si fuera a caer y matarme. Por supuesto, Miley era una porrista y mucho
más flexible y coordinada. Metiendo la cabeza por la ventana abierta, miré hacia
abajo. La puerta de entrada estaba justo debajo, debajo de un pórtico sostenido
por cuatro pilares. Sacando una pierna, encontré tracción en las tejas. Después de
que estuve segura de que no me iba a deslizar por el pórtico inclinado, saqué mi
otra pierna. Equilibrando mi peso, bajé la ventana en su lugar. Me agaché justo
debajo de la línea de la ventana cuando el cristal se lleno de luz. Las uñas del
perro hicieron clic en contra del vidrio, y me lanzó una ronda de ladridos
furiosos. Deslizándome en mi estómago, me apreté tan cerca de la casa como
pude y oré para que Miley no abriera la ventana y mirara hacia abajo.

—¿Qué es? —La voz apagada de Miley sonaba a través del cristal de la
ventana—. ¿Qué te pasa, Boomer?
Un hilo de sudor caía por mi espalda. Marcie iba a mirar hacia abajo, y ella me
iba a ver. Cerré los ojos y traté de olvidar que su casa estaba llena de gente con
la que tenía que asistir a la escuela los próximos dos años. ¿Cómo iba yo a
explicar el espionaje en el dormitorio de Miley? ¿Cómo iba yo a explicar tener
su diario? La idea era demasiado humillante para soportarla.
—¡Cállate, Boomer! —Miley gritó—. ¿Podría alguien sostener a mi perro
mientras abro la ventana? Si no lo sostienen, es tan estúpido como para saltar. Tú,
en el pasillo. Sí, tú .Agarra el collar de mi perro y no lo dejes ir. Sólo hazlo.
Con la esperanza de que los ladridos del perro enmascararan cualquier sonido
que hiciera, di la vuelta y planté mi espalda contra la tubería. Tragué el nudo de
miedo en mi garganta. Tenía algo de fobia a las alturas, y el pensamiento de todo
este aire entre el suelo y yo hizo que el sudor escapara de mi piel.
Plantando los talones en el techo para empujar mi peso lo más lejos posible
desde el borde, luché por el walkie-talkie en mis pantalones. —Vee? —susurré.
—¿Dónde estás? —dijo a través de la música a todo volumen de fondo.
—¿Crees que podrías deshacerte del perro en cualquier momento?
—¿Cómo?
—Sé creativa.
—¿Cómo darle veneno?
Me sequé el sudor de mi frente con el dorso de mi mano. —Yo estaba pensando
más bien en encerrarlo en un armario.
—¿Te refieres a tocarlo?
—Vee.
—Bueno, bueno, voy a pensar en algo.
Treinta segundos pasaron antes de escuchar la voz de Vee flotando a través de la
ventana del dormitorio de Miley
—Hey, ¿Miley? —gritó sobre los ladridos—. No es por intervenir, pero la policía
está en la puerta principal. Dijeron que estaban respondiendo a una queja del
ruido. —¿Quieres que les invite a entrar?
—¿Qué? —Miley chilló directamente por encima de mí—. No veo ningún coche
de policía.
—Probablemente tuvieron que aparcar un par de cuadras más allá. De todos
modos, como decía, vi sustancias ilegales en manos de algunos invitados.
—¿Y qué? —Le espetó ella—. Es una fiesta.
—El alcohol es ilegal antes de los veintiún años.

—Grandioso —gritó Miley—. ¿Qué voy a hacer? —Ella hizo una pausa, luego
levantó su voz de nuevo—. ¡Es probable que los hayas llamado tú!
—¿Quién, yo? —dijo Vee—. ¿Y perderme la comida gratis? De ninguna manera.
Un momento después, los ladridos frenéticos de Boomer se desvanecieron en la
casa, y la luz de la habitación se apagó.
Me sostuve perfectamente quieta un momento más, escuchando. Cuando estuve
segura de que el dormitorio de Marcie estaba vacío, me di la vuelta a mi
estómago me arrastré sobre mi vientre a la ventana. El perro se había ido, Miley
se había ido, y si pudiera sólo…
Apreté mis manos a la ventana para forzarla, pero no se movió. Aprovechando
mis manos más bajo en el panel, puse toda mi fuerza en ella. No pasó nada.
Bueno, pensé. No es gran cosa. Miley debió haber asegurado la ventana. Todo
lo que tenía que hacer era pasar el tiempo aquí otras cinco horas hasta que la
fiesta terminara, a continuación, hacer que Vee volviera con una escalera.
Oí pasos en el camino de abajo y estire el cuello para ver si por algún golpe de
suerte Vee había venido a mi rescate. Para mi horror, Joe estaba de espaldas a
mí, caminando hacia el jeep. Marcó un número en su celular y se lo llevó a su
oído. Dos segundos después, mi teléfono celular cantaba en mi bolsillo. Antes de
que pudiera lanzar el celular en los arbustos en el borde de la propiedad, Joe
se detuvo.
Miró por encima del hombro, con los ojos viajando hacia arriba. Su mirada cayó
en mí, y pensé que habría sido mejor si Boomer me hubiera destrozado viva.
—Y yo que pensaba que se llamaban voyeurs(: Personas que obtienen placer sexual observando a otros en escenas íntimas.

Yo no tenía que verlo para saber que sonreía.
—Deja de reír —dije, con mis mejillas calientes por la humillación—. Bájame.
—Salta.
—¿Qué?
—Voy a atraparte.
—¿Estás loco? Entra y abre la ventana. O consigue una escalera.
—Yo no necesito una escalera. Salta. No te voy a soltar.
—¡Ah, claro! ¡Como si creyera eso!
—¿Quieres mi ayuda o no?
—¿Llamas a esto ayuda? —susurré furiosamente—. ¡Esto no es ayudar!
Giró su llavero alrededor de su dedo, luego comenzó a caminar.
—¡Eres un idiota! ¡Vuelve aquí!
—¿Idiota? —repitió—. Tú eres quién espía en las ventanas.
—Yo no estaba espiando. Yo estaba, yo estaba… —¡Piensa en algo!
Los ojos de Joe estudiaron la ventana por encima de mí, y observe como la
comprensión iluminó su rostro. Él inclinó la cabeza hacia atrás y soltó una
carcajada. —Estabas registrando el dormitorio de Miley.
—No —rodé los ojos como si fuera la propuesta más absurda.
—¿Qué estabas buscando?
—Nada —Di un tirón a la gorra de Joe en mi bolsillo trasero y la arroje hacia
él—. ¡Y aquí está estúpida gorra, por cierto!
—¿Entraste por mi gorra?
—¡Una gran pérdida, por supuesto!
El ajustó su gorra en su cabeza. —¿Vas a saltar?
Di una mirada inquieta sobre el borde del pórtico, y el suelo parecía otra caída de
seis metros fuera del alcance.
Eludiendo una respuesta, le pregunté, —¿Por qué llamaste?
—Te perdí de vista en el interior. Quería asegurarme de que estabas bien.
Parecía sincero, pero era un buen mentiroso. —¿Y la Coca-Cola de Cereza?
—Ofrenda de paz. ¿Vas a saltar o qué?
Al no haber alternativa, me deslicé cautelosamente hasta el borde del pórtico. Mi
estómago se volteo en círculos. —Si me dejas caer... —le advertí.
Los brazos de JOE se levantaron. Cerrando los ojos, me deslicé fuera de la
cornisa. Sentí romper el aire alrededor de mi cuerpo y luego estuve en los brazos
de Joe, anclada contra él. Me quedé allí un momento, con mi corazón latiendo
tanto por la adrenalina de la caída como por la cercanía de Joe. Se sentía cálido
y familiar. Se sentía solido y seguro. Quería aferrarme a su camisa, enterrar mi
cara en la curva cálida de su cuello, y nunca dejarlo ir.
Joe colocó un rizo perdido detrás de mi oreja. —¿Quieres ir de nuevo a la
fiesta? —murmuró.
Negué con la cabeza.
—Voy a llevarte a tu casa —Utilizó su barbilla para señalar al Jeep, porque
todavía no había desplegado sus brazos alrededor de mí.
—Vine con Vee —dije—, debo volver con ella.
—Vee no va a recoger comida china para llevar camino a casa.
Comida china para llevar. Eso implicaba a Joe entrando en la casa a comer. Mi
mamá no estaba en casa, lo que significaba que estaríamos solos…
Dejé que la guardia bajara un poco. Probablemente estábamos a salvo.
Probablemente, los arcángeles estarían cerca. Joe no parecía preocupado, por
lo que tampoco yo debería estarlo. Y era sólo una cena. Había tenido un largo e
insatisfactorio día en la escuela, y estaba hambrienta desde gimnasia. Comida
para llevar con Joe sonaba perfecto. ¿Cuánto podía lastimar una cena informal?
La gente cenaba junta todo el tiempo y no iba más lejos.
—Sólo la cena —dije, más para convencerme a mí que a Joe.
Él me dio un saludo de Boy Scouts, pero su sonrisa no era buena. La sonrisa de un
chico malo. La sonrisa maliciosa y encantadora de un tipo que había besado a
Miley hace apenas dos noches... y que ofrecía cenar conmigo esta noche, muy
probablemente con la esperanza de que la cena llevaría a algo completamente
distinto. Pensaba que una sonrisa arrebatadora era todo lo que se necesitaría
para borrar mi dolor. Para hacerme olvidar que había besado a Miley.
Toda mi confusión interna se disperso cuando me sacudí hasta el presente.
Mis especulaciones murieron, sustituidas por una sensación repentina y fuerte de
inquietud que no tenía nada que ver con Joe o la noche del domingo.
Mi piel se erizó. Estudié las sombras rodeando el césped.
—¿Mmm? —murmuró Joe, detectando mi preocupación, apretando sus brazos
protectoramente alrededor mío.
Y entonces lo sentí de nuevo. Un cambio en el aire. Una niebla invisible,
extrañamente cálida, colgando hacia abajo, presionando por todos lados, en
zigzag como un centenar de serpientes furtivas en el aire. La sensación era tan
perjudicial, que me costó mucho creer que Joe no había notado al menos algo
raro, aunque no pudiera sentirlo directamente.
—¿Qué pasa, Ángel? —Su voz era baja, interrogante.
—¿Estamos seguros?
—¿Importa?
Recorrí mis ojos por el patio. No estaba segura de por qué, pero seguí pensando,
Los arcángeles. Ya están aquí. —Quiero decir... los arcángeles —dije en voz tan
baja que apenas escuche mi propia voz—. ¿Nos miran?
—Sí.
Traté de dar un paso atrás, pero Joe se negó a dejarme. —No me importa lo que
ven. Estoy cansado de la farsa —Había dejado de acariciar mi cuello, y vi un
cierto desafío atormentado en sus ojos.
Luché duro para liberarme. —Déjame ir.
—¿Tú no me quieres? —Su sonrisa era toda de un zorro.
—Esa no es la cuestión. Yo no quiero ser responsable de cualquier cosa que te
pase. Déjame ir. —¿Cómo podía estar tan relajado acerca de esto? Ellos estaban
buscando una excusa para deshacerse de él.

No podía ser visto sosteniéndome.
Acarició los lados de mis brazos, pero como yo trataba de tomar la oportunidad
de liberarme, él tomó mis manos. Su voz entró en mi mente.

Podría seguir sin escrúpulos. Yo podría irme ahora mismo, y podríamos dejar de jugar por las reglas de los arcángeles.

Lo dijo tan decididamente, tan fácilmente, yo sabía que no era
la primera vez que pensaba en ello. Este era un plan con el que había fantaseado
secretamente muchas, muchas veces.
Mi corazón latía violentamente. —¿Irse ahora mismo? ¿Dejar de jugar por las
reglas? ¿De qué estás hablando?

Viviría en movimiento, constantemente oculto, esperando que los arcángeles no me
encontraran.


—¿Y si lo hicieran?

Yo iría a juicio. Yo sería culpable, pero nos daría unas cuantas semanas a solas,
mientras deliberan.


Podía sentir la mirada afectada en mi cara. —¿Y después?

Ellos me mandarían al infierno.

Hizo una pausa y agregó con calmada convicción,

no tengo miedo del infierno. Me merezco lo que viene. He mentido, estafado,
engañado. He hecho daño a personas inocentes. He cometido más errores de los
que puedo recordar. De una forma u otra, he estado pagando por ellos la mayor
parte de mi existencia. El infierno no va a ser diferente.


Su boca se curvo en una
sonrisa breve, irónica.

Pero estoy seguro de los arcángeles tienen algunos ases
bajo la manga
. Su sonrisa se desvaneció, y él me miró con honestidad desnuda.
Estar contigo nunca se sintió errado. Es lo único que hice bien. Eres lo único que he
hecho bien. No me preocupan los arcángeles. Dime lo que quieres que haga. Di la
palabra. Voy a hacer lo que desees. Podemos irnos ahora mismo.


Me tomó un momento para entender sus palabras. Miré al Jeep. La pared de hielo
entre nosotros se apartó. La pared estaba ahí sólo a causa de los arcángeles. Sin
ellos, todo por lo que Joe y yo habíamos estado luchando no significaba nada.
Ellos eran el problema. Quería dejarlos, y todo lo demás detrás y huir con Joe.
Yo quería ser imprudente, pensar sólo en el aquí, y ahora. Podríamos hacernos
olvidar las consecuencias. Nos reiríamos de las reglas, límites y sobre todo, del
mañana. Sólo habría Joe y yo, nada más importaría.
Nada más que la promesa de lo que sucedería cuando las semanas llegaran a su
fin.
Yo tenía dos opciones, pero la respuesta era clara. La única manera de retener a
Joe era dejarlo ir. Al no tener nada que ver con él.

No me di cuenta que estaba llorando hasta que Joe pasó los pulgares bajo mis
ojos.
—Shh —murmuró—. Va a estar bien. Te quiero. No puedo seguir haciendo lo que
estoy haciendo ahora, viviendo a mitad del camino.
—Pero te van a mandar al infierno —balbuceé, incapaz de controlar el temblor en
mi labio inferior.
—He tenido mucho tiempo para llegar a un acuerdo con ellos.

Yo estaba decidida a no mostrar a Joe lo difícil que era para mí, pero me
atraganté con las lágrimas corriendo por mi garganta. Mis ojos estaban húmedos
e hinchados, y me dolía el pecho. Esto era toda mi culpa. Si no fuera por mí, el no
sería un ángel guardián. Si, si no fuera por mí, los arcángeles no se empeñarían
en destruirlo. Soy responsable de llevarlo hasta este punto.
—Necesito un favor —dije finalmente en un hilo de voz que sonaba más como de
un extraño que mía—. Dile a Vee que caminé a casa. Necesito estar sola.
—¿Ángel? — Joe alcanzó mi mano, pero me zafe. Sentí mis pies andar, un paso
delante de otro. Más y más lejos de Joe me llevaban, como si mi mente se
hubiera entumecido y tomado acción sobre mi cuerpo


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¿que les parece? les gusto comenten mañana subo capi!!
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Rebecca Alvz
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Fecha de inscripción : 06/07/2011

MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Enero 2nd 2012, 00:48

ayyy no! Ame el cap!
Esos arcangeles! :@
jaja me encanto, Vane Wink
jaja siguela y feliz año nuevo
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MensajeTema: Re: CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush   Hoy a las 19:48

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CRESCENDO (JOE Y TU) segunda parte de hush hush
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