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 Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada

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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 18th 2014, 16:40

demonios
q significa eso?
siguela
y pronto!!!
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 18th 2014, 19:12

nooooo mas mas mas mas perdon x pasar hasta hoy es q el trabajo.y la scuela no m dan mucho tiempoooooo
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CristalJB_kjn
Amiga De Los Jobros!


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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 18th 2014, 19:12

pero amo tu nove esta hermosa sube mas lo bueno k m puse al corriente
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 20th 2014, 15:56

Orgullo y Placer

Capitulo 27


Levantándose, Joseph apoyó las dos manos sobre el escritorio de ____ y examinó las cinco cartas. Obviamente, todas habían sido escritas por la misma persona; a juzgar por la caligrafía, una mujer. Miró al conde y a _____, que estaban sentados frente a él.

—¿Hay alguna más?

—Sólo hemos encontrado éstas —respondió ella, que parecía bastante tranquila dadas las circunstancias.

—¿Alguna idea de cuándo llegó la primera? ¿O la última?

____ negó con la cabeza. Joseph tamborileó con los dedos sobre el escritorio.

—Esto lo cambia todo.

—Sí —murmuró ella—, así es.

En cada una de las cinco cartas le decía a Melville que se retirara al campo con su sobrina o ella pagaría las consecuencias. Eso contradecía la teoría original de ____, que había pensado que alguien trataba de empujarla al matrimonio.

Joseph se volvió hacia el conde.

—¿Cree que podría conseguir una licencia de matrimonio rápidamente?

Ella se sobresaltó.

—¿Cómo dices?

—¿Una licencia de matrimonio? —repitió Melville, frunciendo el ceño y rascándose la cabeza

—¿Quién se casa?

—Me lo tomaré como una negativa —respondió Joseph, pensando que nunca había visto el pelo del conde tan alborotado como ese día—Tal vez Westfield pueda ayudarnos con eso.

—Joseph. —____ parecía nerviosa—. ¿Qué estás tramando?

Enderezando la espalda, él puso los brazos en jarras.

—Al parecer, hay una mujer por ahí que te ve como una amenaza. Probablemente esté interesada en uno de tus pretendientes.

—Qué interés tan malsano.

—Ojalá sea Montague quien la haya enamorado hasta el punto de volverla loca y agresiva.

____ lo miró alzando una ceja.

Él sonrió con descaro.

—En cualquier caso, si te casas, dejará de verte como a una competidora y dejarás de correr peligro.

—Tal vez con que le llegue la noticia de nuestro compromiso sea suficiente.

—Me quedaría más tranquilo si durmiéramos bajo el mismo techo.

Eso no era cierto. De hecho, dudaba que pudiera pegar ojo en toda la noche con ____ en su cama, pero no era correcto hablar de eso delante de lord Melville. Éste asintió.

—Tiene razón. Yo he demostrado no estar capacitado para cuidar de ti.

Ella bajó la vista hacia su regazo.

—____ —dijo Joseph, tratando de mantener la calma—. Me gustaría conocer tu opinión sobre este tema.

Ella respiró hondo.

—No estoy preparada para dejar a mi tío solo ahora mismo.

—¿Es él tu única preocupación?

—Sí. ¿Me olvido de algo importante?

—No —respondió Joseph, relajándose—. Yo podría instalarme aquí como tu esposo hasta que termine la temporada.

La mirada de agradecimiento de ____ valía mucho más que cualquier sacrificio, pero no iba a decírselo.

—¿Harías algo así?

—Haré cualquier cosa que necesites.

—Gracias. —La sonrisa de ella iluminó la habitación.

Una ola de adrenalina le recorrió el cuerpo. ____ sería suya esa misma semana.

—Haz los preparativos que necesites, pero procura no salir de casa a menos que sea imprescindible.

Ella asintió.

—Yo me ocuparé de esto —añadió Joseph, con un último vistazo hacia las cartas.

Sintió que la furia volvía con fuerza. Encontraría al autor o autora de las amenazas y se aseguraría de que no volviera a ser un peligro para ____. El matrimonio no sería el último acto de aquella obra.

***
Joseph sacudió las riendas para alejarse del palacio de Lambeth, la residencia del arzobispo de Canterbury. Con una última mirada hacia la cerca de ladrillo y la torre de Lollard, se tocó la licencia especial que acababa de conseguir, para asegurarse de que ésta seguía en su bolsillo interior, y partió.

Colocándose a su lado, Westfield dijo: —Todavía tienes que contarme qué decían las cartas. Ya que han sido las culpables de que
tengamos que hacer esta visita relámpago al arzobispado, lo menos que puedes hacer es satisfacer mi curiosidad.

—Eran misivas breves, de pocas líneas, casi como poemas. En todas se aconsejaba que ____ se fuera al campo. En dos había referencias veladas a sillas de montar y al lago de Hyde Park, ambas cosas relacionadas con los accidentes sufridos por la señorita Martin.

—¿No había ninguna referencia a la estatua del museo? Tal vez aquello fuera un accidente de verdad.

—Tal vez. Me falta mucha información. No sé cuándo llegaron las cartas. Si hubiera sido antes de los accidentes, podrían considerarse amenazas. Pero si son posteriores podrían ser burlas.

—¿Y dices que están escritas por una mujer? —Westfield silbó—. Bueno, tiene sentido. Si se tratara de un hombre, le resultaría más fácil comprometer a la señorita Martin para impedir que se casara.

—Dudo que ella se hubiera casado con su atacante, por mucho que la hubiera comprometido. Odia que la manejen contra su voluntad y su respeto por las normas de la sociedad tiene un límite.

—¿De veras? —El conde se bajó el ala del sombrero para protegerse del sol del crepúsculo—. Cuantas más cosas descubro de ella, más me gusta. ¿Quién se podía imaginar que una solterona iba a inspirar tantas intrigas en su sexta temporada?

—Lo que hace que uno se pregunte: ¿por qué ahora? Las cartas de Melville llevaban años acumulando polvo. El ama de llaves trajo un buen montón más de otras de años anteriores y en ninguna había amenazas. Las advertencias son todas de esta temporada.

—¿Dejarás la investigación a medias para irte de luna de miel?

La mención de la luna de miel llenó su mente de imágenes lujuriosas.

—Ojalá tuviera tanta suerte.

—Tienes mucha suerte.

—¿Ah, sí? —Joseph alzó las cejas.

—Reconociste lo que querías y te aseguraste de conseguirlo.

Mirando al frente, Joseph se preguntó a qué se debería el tono sombrío de su amigo, generalmente tan alegre.

—¿Todo va bien?

—Por supuesto. En mi mundo siempre todo va bien, Jonas. No hay sorpresas, no hay desafíos. La compostura lo domina todo.

—Eso tiene que ser bueno.

—Aburrido es lo que es.

Joseph se echó a reír y puso el caballo al trote, dejando el Támesis atrás. Aún tenía un montón de cosas que hacer antes de que acabara el día.

—Puedes quedarte en mi mundo un rato más, si quieres. No hay tiempo para el aburrimiento.

—Espera a que seas un hombre casado —se burló Westfield.

***

Al entrar en casa, Joseph oyó unas risas estridentes que llegaban desde el salón. Westfield acababa de entrar en el vestíbulo cuando Herbert Crouch lo vio a él. Herbert, que estaba apoyado en el quicio de la puerta del salón como si los estuviera esperando,
se sacó las manos de los bolsillos y se enderezó. Era uno de los empleados más veteranos de Joseph. Tanto que sus dos hijos mayores ya trabajaban también para él. Se acercó a ellos pesadamente, con una amplia sonrisa asomando entre su poblada y descuidada barba. Los Crouch eran una familia de apariencia física curiosa. Herbert no era tan alto como Joseph, pero sí mucho más corpulento. Sus hijos eran una especie de gigantes. La cabeza de su padre no les llegaba ni a los hombros. Herbert se alborotó el pelo rubio con su manaza, deshaciendo la marca que le había dejado el sombrero.

—Tengo noticias que le pueden interesar, jefe.

Señalando el despacho con la barbilla, Joseph le entregó el sombrero y los guantes al mayordomo, pero se dejó la chaqueta puesta. No tenía intención de separarse de la licencia de matrimonio que llevaba en el bolsillo. Mientras se sentaba tras el escritorio, Westfield se acercó a las licoreras y se sirvió un armañac. Herbert se dejó caer en uno de los sofás. Con una copa en la mano, Westfield se volvió hacia ellos, pero se quedó a un lado, apoyado en el aparador, con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos.

—¿Qué tal, Crouch? —preguntó.

Joseph se volvió hacia su amigo. El conde parecía estar bebiendo más de la cuenta últimamente. Si seguía así, tendría que sacarle el tema en algún momento. No le apetecía nada, pero empezaba a preocuparse por su salud.

—Todo lo bien que uno puede esperar, milord —respondió Herbert.

No sonrió, lo que no era normal en él, aunque Joseph sabía que se sentía incómodo en presencia de la nobleza.

—¿Cómo están la señora Crouch y los niños?

—Todos bien. La señora vuelve a estar esperando.

—¿Otra vez? ¡Santo Dios! —Westfield bebió un buen trago—. ¿Cuántos tienes ya?

—Dieciocho. Hasta que llegue el pequeño.

—Eres más hombre que yo, Crouch.

Herbert se tiró de la barba y miró a su jefe, como pidiéndole ayuda. Joseph se apiadó de él.

—Antes de que empieces, tengo que avisarte de que las cosas han cambiado. Ahora estamos buscando a una mujer.

—¡Lo sabía! —Herbert se palmeó la rodilla.

—Me lo creo. —Joseph estaba muy satisfecho con su equipo. Herbert tenía un gran instinto para notar cuándo algo no encajaba—. ¿Qué has descubierto?

—Todavía me quedan cosas por aclarar sobre alguno de los arrendatarios, pero hay una mujer que no es trigo limpio.

—¿Quién?

—Vanessa Pennington. Aaron y yo hemos estado haciendo preguntas y nadie conoce al señor Pennington. No lleva ningún anillo. En su casa no tiene papeles, ni cartas, ni retratos...

—Tal vez guarde esos objetos en un sitio privado —sugirió Westfield.

—Ya lo miré.

—¿Cómo...? —Westfield se interrumpió—. Olvídalo.

Joseph sonrió.

—Su casa está encima de la tienda, ¿no?

Herbert asintió.

—Aparte del local que le alquiló la señorita Martin, no he encontrado ningún otro documento a su nombre. En cambio, encontré algunos recibos a nombre de Vanessa Chilcott.

—Chilcott. —Joseph se echó hacia atrás en la silla—. Maldita sea.

—Son una panda de inútiles, ladrones y malhechores. —Apartándose del aparador, Westfield fue a sentarse frente a Herbert—. Tal vez su éxito con lady Georgina los ha hecho más atrevidos a la hora de acercarse a la familia Tremaine.

—¿Qué relación tiene Vanessa Chilcott con el padrastro de la señorita Martin?

Herbert se encogió de hombros.

—Aparte de halagos hacia su cara y su figura, los demás comerciantes de la zona no han sabido decirme nada sobre ella. Al parecer, es muy reservada.

Westfield resopló.

—Por lo visto, todos los Chilcott son muy guapos. No es algo que a mí me impresione, pero es evidente que no puede decirse lo mismo de todo el mundo, o la familia no tendría tanto éxito con sus trucos.

Joseph desvió la vista. ____ era demasiado inteligente como para no haberse dado cuenta de las similitudes entre su relación con él y la de su madre con Chilcott. Había tenido que superar prejuicios importantes para confiar en él, lo que hacía que esa confianza fuera aún más apreciable. Iba a tener que actuar con cuidado o arriesgarse a perder algo de valor incalculable.

—Quiero que se le haga un seguimiento a la señorita Chilcott las veinticuatro horas del día hasta nuevo aviso —le dijo a Herbert—. Quiero saber con quién habla, adónde va, qué horarios sigue. Y necesito conocer su relación con la señorita Martin.

—Me encargaré de todo —respondió Herbert, levantándose con esfuerzo.

Joseph lo observó mientras se retiraba y luego se volvió hacia Westfield.

—Visité la tienda de la señora Pennington con la señorita Martin, y ____ no parecía conocerla de nada. La señorita Chilcott, en cambio, me pareció extrañamente interesada en ella.

—No me extraña. —El conde hizo un gesto despreocupado, como quitándole importancia—. Vive y trabaja en un local de su propiedad.

—Pero la señorita Chilcott no tendría que haber estado al corriente de esa información. La señorita Martin se toma muchas molestias para mantener el anonimato. Su hombre de confianza se ocupa de todas las gestiones. Cree que así es mejor para todos. —Golpeó la mesa con los nudillos—. Maldita sea, si hubiera guardado el recibo de la compra que le hice, podría comparar la letra de Vanessa Chilcott con la de las cartas amenazadoras.

—No entiendo por qué a esa señorita puede interesarle impedir que la señorita Martin se case. ¿Por mezquindad?

—La relación comercial entre ambas crea un vínculo que no existiría de otra manera — reflexionó Joseph en voz alta—. Un acuerdo legal entre las dos partes trae consigo ramificaciones y responsabilidades. Tal vez la señorita Chilcott le eche algo en cara a la señorita Martin como pariente por vía matrimonial, pero su relación familiar es demasiado lejana para tener validez. Pero como
arrendataria, si se creara una situación en la que la señorita Martin pudiera ser vista como responsable de pérdidas en el negocio, tal vez pudiese negociar con ella un acuerdo económico a cambio de no denunciarla.

—Ya veo. En calidad de propietaria pueden sacarle más dinero que por la vía del parentesco. Es un plan retorcido, pero no puedo decir que me extrañe demasiado, teniendo en cuenta la fama de ladrones de esa familia.

—Exacto. Y eso también explicaría por qué la señorita Chilcott ha ocultado su auténtica identidad.

—Pero si su identidad es falsa, ¿no invalidaría eso cualquier demanda ante el juez? —se preguntó Westfield.

—Suponiendo que mi teoría fuera cierta, dudo que la joven tuviera previsto llegar a los tribunales. Si obtuviera cualquier tipo de información que pudiera usar contra la señorita Martin, me imagino que trataría de conseguir un discreto pago, a cambio de guardar silencio. Pero si la señorita Martin se casa, es dudoso que su esposo fuera a dejarse amenazar o manipular con facilidad.

—La extorsión es un asunto muy feo. Lo mejor es no tener nada que ocultar.

—El pedido que le encargué a la señorita Chilcott ya debe de estar listo. Son productos hechos por encargo, al gusto del cliente, por eso han tardado un poco —dijo Joseph, dando unos golpecitos en el suelo con el pie, inquieto. Dejando la copa sobre la mesa con un golpe seco, Westfield se puso en pie ágilmente.

—Te acompaño. No quiero perderme ni un detalle de esta historia.

—Espero que acabe pronto y que la señorita Martin pueda vivir tranquila. —Se sacó el reloj de bolsillo para consultar la hora y maldijo entre dientes.

—¿Vuelves a llegar tarde? —preguntó su amigo, burlón—. Se está convirtiendo en una costumbre. Yo que pensaba que ibas a pervertir a la señorita Martin y resulta que es ella la que te está pervirtiendo a ti...

Joseph decidió mirarlo por el lado bueno. Cuanto más rápido pasara el tiempo, antes sería ____ su esposa.— Date prisa, Westfield.

Pero apresurarse no les sirvió de nada. Aunque llegaron a una hora en que la tienda debería haber estado abierta, la señorita Chilcott no estaba allí.

—Pues menuda manera de llevar un negocio —murmuró el conde, levantando la vista hacia la marquesina a rayas.

—No me extraña. Por lo que me has contado, los Chilcott no tienen tendencia a ganarse la vida trabajando duro.

Joseph esperó a Peter Crouch, que había ido a examinar la entrada trasera, la que daba acceso a la vivienda, situada en el piso de arriba. El joven apareció poco después, negando con la cabeza.

—¡Maldita sea esa mujer! —murmuró Joseph—. Que vuelva de una vez. He quedado con Montague en el club de Remington dentro de una hora, para hablar de su absurdo proyecto minero.

Westfield se volvió hacia él.

—A pesar de tu inminente boda y de la malvada señorita Chilcott, ¿sigues sin dejar que el destino se ocupe de Montague a su manera? Sabes tan bien como yo que acabará en la ruina, no hace falta que lo ayudes.

—Él y su familia me lo deben. Quiero destruirlo con mis propias manos y no descansaré hasta que esa escritura de propiedad sea mía sin posibilidad de recuperación.

El conde suspiró, alejándose del edificio.

—Te acompaño hasta la puerta del club, pero esta noche ya no me necesitarás. Cuando anuncies tu boda con la señorita Martin, se te abrirán todas las puertas de Londres. Yo, sin embargo, necesito una bebida fuerte y una mujer delicada.

—Cuidado con esa bebida —le aconsejó Joseph, mientras iban a buscar sus caballos.

—¿Me aconsejas una bebida suave y una mujer fuerte? No es mala idea.

Ninguno de ellos vio a la mujer que los había estado espiando desde el piso de arriba, a través de la ventana entreabierta, sentada en el suelo. Una sonrisa curvó sus preciosos labios. Con un brillo codicioso en la mirada, empezó a idear un plan.
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 20th 2014, 19:22

DEMONIOS
q quiere esa mujer?
dios siguela pronto
estoy preocupada por los dos...
bueno los tres
joe, ___ y westfield...
aunque hubo un comentario de westfield que me llamo la atencion
bueno, poco a poco lo ire descubriendo
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 22nd 2014, 09:44

Orgullo y Placer

Capitulo 28


A ____ le estaba costando mucho mantener la calma, sabiendo que se casaría al día siguiente. Sin embargo, el baile de los Cranmore no era un buen sitio para mostrarse inquieta. Habían pasado varios años desde la última vez que asistió a un evento en casa de los Granmore. Lady Cranmore era una anfitriona perfeccionista, cuyas ideas para entretener a sus invitados solían ser muy celebradas y copiadas. Su experiencia era evidente esa noche. Las columnas jónicas estaban recubiertas de tul y enredaderas y, cuando la orquesta dejaba de tocar, varios intérpretes distribuidos por las esquinas amenizaban el ambiente con música de arpa, mientras en el jardín trasero varias antorchas ardían con fuerza. La intención era dotar a la fiesta de un aire de decadencia al estilo de la Grecia clásica, y todo el mundo parecía estar pasando un buen rato.

_____, por el contrario, estaba muy tensa, dividida entre una gran euforia y un miedo igual de grande. Al día siguiente estaría casada. Tras muchos años de luchar por no cometer los mismos errores que su madre, ya no dejaba que Georgina dominara sus actos desde la tumba. Eso hacía que cada momento del día fuera especial.

—Estoy tan contenta —dijo lady Collingsworth, mirándola con ojos brillantes—. Tengo que confesar que, cuando me dijiste que te casabas tan pronto, tuve miedo de no poder estar a la altura de las circunstancias.

Personalmente, ____ pensaba que una boda con la familia y los amigos más íntimos habría sido lo deseable, pero no quería disgustar a Regina ni quitarle la ilusión.

—Gracias. Te portas muy bien conmigo.

—Tonterías. —Regina sacudió la mano enguantada despreocupadamente—. Ya había perdido la esperanza de verte casada. Me alegro muchísimo de que por fin hayas encontrado a alguien especial, alguien valioso para ti.

—Valioso —repitió ____, volviendo la cabeza hasta localizar a Joseph.

Estaba en un extremo de la sala de baile, hablando con Montague. Al parecer, esa noche no estaba allí Westfield.

—Últimamente estás desconocida —murmuró Regina—. Quién se iba a imaginar que recibirías proposiciones de dos de los solteros más codiciados. Me parece fascinante. ¿Sabe el señor Jonas quiénes eran sus competidores?

—Sí.

—Lord Montague está siendo muy elegante. Fíjate, está hablando educadamente con tu prometido. Menudo par de hombres. Desde aquí podrían pasar perfectamente por hermanos.

—Por lo que he oído, las similitudes entre los dos se limitan a la apariencia física.

Regina se inclinó hacia ella.

—Qué intrigante.

____ bajó la voz hasta convertirla en un murmullo.

—¿Has oído algún rumor preocupante sobre lord Montague?

—¿De qué tipo?

—Déjalo. Hay cosas que es mejor no saber.

—¡No puedes empezar a decir algo así y dejarlo a medias!

Cuando se convenció de que ____ no diría nada más sobre el tema, lady Collingsworth abrió el abanico con decisión.

—Había pensado que al conocerse la noticia de tu compromiso, tal vez la pobre señorita Rothschild lograría atraer la atención de lord Montague, pero ahora me pregunto si será tan buen partido como pretende ser.

—¿Jane Rothschild? —____ frunció el ceño.

—Sí, está allí, medio escondida. —Regina señaló hacia una columna, cerca de donde Joseph hablaba con el conde—. ¿Ves cómo lo mira, triste y desolada? Siempre la veo cerca de él, como si quisiera que se fijara en ella. Su comportamiento deja mucho que desear, pero hay que excusarla. No viene de buena familia.

Jane era una joven bonita, con los ojos y el cabello de color miel y una figura curvilínea. Sin embargo, desprendía un aire de melancolía. Tal vez fuese por el mohín de su boca, o por su modo de moverse constantemente, como si estuviera tan inquieta por dentro que su desasosiego se manifestase físicamente.

—Montague me comentó que había tratado de cortejarla, pero que ella se había mostrado poco receptiva.

—Me cuesta creerlo. —Regina frunció el ceño—. Sus padres pagarían lo que fuera por conseguirle un título de condesa, y ella... bueno, su comportamiento habla por sí solo.

____ no podía discutirle ni una cosa ni la otra. Curiosa, se excusó y se acercó a la joven. ¿Por qué le habría dicho Montague que ella no respondía a sus atenciones, cuando la realidad sugería todo lo contrario? Era muy extraño, sobre todo teniendo en cuenta la apurada situación económica del conde y la magnitud de la fortuna de los Rothschild. Mientras se acercaba, Montague se apartó de Joseph y se dirigió hacia los ventanales que daban al jardín. Jane parecía dispuesta a seguirlo, pero _____ se lo impidió, saludándola: —Señorita Rothschild, ¿qué tal? ¿Cómo está?

La joven dirigió una mirada frenética hacia la espalda de Montague, antes de volverse hacia ella con una débil sonrisa.

—Estoy bien, señorita Martin, gracias por su interés. Y enhorabuena por su compromiso.

Desde cerca, ____ se fijó en que Jane estaba pálida y ojerosa.

—Gracias. ¿Le apetece algo de beber? ¿Una limonada?

—No. —La muchacha volvió a mirar hacia el jardín—. No tengo sed.

—Señorita Martin.

Joseph, que la estaba mirando con curiosidad, la llamó. Jane aprovechó para marcharse.

—Discúlpeme, señorita Martin. Buenas noches.

____ se quedó mirando cómo salía apresuradamente al jardín. Colocándose frente a su campo de visión, Jaoseph le preguntó: —¿Va todo bien?

—Lo dudo.

Él se inclinó. Estaba demasiado cerca para lo que exigían las normas del decoro, pero a ____ no le importaba. Las sensaciones que le despertaba su proximidad bien valían todas las críticas.

—¿Qué sabes de los parientes de tu padrastro? —le preguntó Joseph.

—Muy poco. Sólo hablaba con él cuando no tenía más remedio.

Joseph la miró atentamente.

—¿Qué tenía que te disgustaba tanto?

—Habrías tenido que conocer a mi madre para poder entenderlo. Georgina era... errática. Impulsiva. Necesitaba a su lado a alguien que tirara de sus riendas de vez en cuando, como mi padre, pero el señor Chilcott era demasiado indulgente. Siempre la animaba, por muy absurdas que fueran sus ocurrencias o sus cambios de plan. Y eso fue precisamente lo que los llevó a la tumba. Ella decidió de pronto que tenían que viajar al norte para celebrar sus seis meses de casados. No hizo caso de las previsiones que advertían del mal estado de las carreteras por causa de lluvias torrenciales, y él no tuvo el sentido común o la voluntad para imponerse.

—Ya veo.

_____ volvió a mirar hacia fuera, pero no vio ni rastro de Jane Rothschild ni de lord Montague. El jardín de los Cranmore, bastante heterogéneo, tenía un laberinto, una pagoda, obeliscos de varios tamaños, la recreación de unas ruinas griegas y un cenador cubierto de rosales. Era muy extenso y no se podía ver entero desde la sala de baile.

—¿Qué miras? —le preguntó finalmente Joseph.

—Acompáñame fuera.

Alzando una ceja en una muda muestra de curiosidad, él le ofreció el brazo y la acompañó al jardín. Al pisar la grava del final de la terraza, siguieron paseando. Había varios grupos desperdigados, pero el lugar era lo bastante grande como para garantizar la privacidad de las conversaciones.

—¿Se puede saber qué estamos haciendo exactamente?

Aunque concentrada en encontrar a Jane Rothschild, ____ se dejó seducir por su sugerente tono de voz.— Estamos buscando un rincón tranquilo.

—¿Está tratando de ponerme en una situación comprometida, señorita Martin?

—Confieso que la idea es tentadora. Si quisieras llevarme a algún sitio donde nadie nos encontrara, ¿adónde me llevarías?
Joseph miró a su alrededor.

—Al laberinto seguro que no. Ni al cenador. El templo no sería un mal lugar, siempre que pudieras controlar esos dulces gemidos que me vuelven loco.

—Tú tampoco eres muy silencioso que digamos.

—Sólo contigo, amor mío. Me haces perder el control.

____ contuvo el aliento al oír el término cariñoso. Avergonzada por la intensidad de su reacción, apartó la vista... y vio huellas que se apartaban del camino y se adentraban en el césped. Tirando del brazo de Joseph, señaló el suelo. Él contempló las huellas, pensativo. Dos huellas eran claramente visibles. El resto quedaban ocultas por los helechos. Un viejo aliso extendía sus ramas sobre ellos, tapándoles la luz de la luna.

____ le soltó el brazo y, tras mirar a un lado y a otro para asegurarse de que nadie los estaba mirando, siguió las huellas. Aunque no lo oía, sabía que Joseph la estaba siguiendo. Al acercarse al tronco, oyó unas voces: una femenina, suplicante; otra masculina, seca. Agarrándola del codo, él la echó a un lado y le indicó con un gesto que se agachara tras un arbusto de boj. ____ se recogió la falda del vestido color verde pálido para que no se le ensuciara. La otra pareja seguía oculta tras el tronco del árbol, pero se los oía mucho mejor.

—¡No puedes dejarme así! —exclamó Jane.

—Puedo hacer lo que me venga en gana, ¿aún no te ha quedado claro?

Aunque ____ conocía la identidad de la pareja, Joseph no. Ella vio que reconocía la voz de Montague, pero no la de Jane Rothschild.

—No me dejas elección —dijo la joven con firmeza—. Les diré a mis padres lo que me hiciste en la fiesta campestre de los Hammond. Les diré que espero un hijo tuyo.

—¿Ah, sí? ¿Es mío? —replicó Montague sin inmutarse—. Eres una fresca y una promiscua. Estoy seguro de que encontraré a otros que aseguren que han probado también tus encantos.

Joseph dio un brinco y ____ se volvió hacia él, preocupada. Al apoyarle una mano en el brazo, vio que lo tenía duro como el mármol. Su cara también parecía de piedra. Tenía la mandíbula apretada con tanta fuerza que se le marcaban los músculos del cuello. Sin embargo, no parecía sorprendido por lo que estaba oyendo.

—Nadie me había tocado antes que tú —replicó Jane, con más dignidad de la que ____ habría mostrado en una situación parecida—. Me forzaste, y ahora debes cargar con las consecuencias. No puedo seguir ocultando lo que hiciste.

—¿Me estás acusando de violación? Es una acusación muy grave, señorita Rothschild. De hecho, me parece tan indignante que creo que voy a interponer una alegación en tu contra, por scandalum magnatum. Es un concepto anticuado, pero servirá para proteger mi buen nombre. La pena por difamar a un par del reino es la cárcel. No creo que sea el lugar más indicado para una mujer en tu estado.

—Eres un monstruo. Un canalla inmoral. Un demonio de lujuria y depravación.

Él se echó a reír.

—Y a pesar de todo quieres casarte conmigo. ¿En qué te convierte eso?

—En una mujer desesperada —susurró Jane.

____ sintió náuseas. Agarrándola del brazo, Joseph la ayudó a levantarse y la guió de vuelta al camino de grava, donde prácticamente chocaron contra sir Richard Tolliver y su hermana.

—Vaya —dijo Tolliver—. ¿Qué estaban haciendo tan escondidos, señor Jonas?

—Nos hemos perdido en la oscuridad —respondió Joseph, rodeándolos.

—¿Se han perdido? —Tolliver se echó a reír—. Eso es absurdo. ¿No le importa la reputación de la señorita Martin? Por descontado, mi hermana y yo seremos discretos, pero...

—Agradecemos mucho su discreción. Si nos disculpan... —Con una rápida reverencia, Joseph se alejó en dirección a la casa, obligando a ____ a caminar a una velocidad indecorosa para seguirlo.

Mientras se alejaban, echó la vista atrás y vio que Tolliver charlaba animadamente con su hermana. Al volverse otra vez hacia la casa, vio una fugaz sombra moverse bajo el aliso y sintió un escalofrío. ¿Los habría descubierto Jane Rothschild? O, peor aún, ¿los habría descubierto Montague?
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 22nd 2014, 10:07

Orgullo y Placer

Capitulo 29


—Disculpe el retraso, señor Reynolds. —____ entró a toda prisa en su despacho—. No lo esperaba esta mañana.

El hombre se levantó.

—Siento molestarla, señorita Martin, pero tengo información que creo que debería conocer y he pensado que lo mejor era venir cuanto antes.

—Oh. —Rodeando el escritorio, ____ se sentó por primera vez desde la hora del desayuno. Al mirar un momento por la ventana, vio que la fina llovizna no había dejado de caer. El cielo gris y nublado no le parecía muy adecuado para el día de su boda, pero en cambio encajaba perfectamente con el humor de Joseph de la noche anterior. Tras devolverla a la sala de baile, la había dejado junto a lady Collingsworth advirtiéndole que no se acercara a Montague y se había marchado a toda prisa.

—Ha despertado mi curiosidad, señor Reynolds. ¿De qué se trata?

Su hombre de confianza permaneció de pie unos instantes más, observando el desfile de lacayos y otros sirvientes que no dejaban de pasar frente a la puerta abierta del despacho.

—No recuerdo haber visto nunca tanta actividad en la casa.

—El señor Jonas y yo nos casamos esta tarde —le explicó ____, sorprendida al darse cuenta de que prefería volver a su interrumpida cita con la modista para que acabara de ajustarle el vestido de boda que hablar de negocios.

—¿Se casan? —El señor Reynolds se desplomó en la silla—. ¿Tan pronto?

—¿Por qué esperar?

—Le deseo mucha felicidad, señorita Martin, pero ahora aún me alegro más de no haber esperado.

—Gracias.

—No la entretendré mucho. No sé si sabe que mi padre trabaja para lord Needham. Por casualidad, hace poco se enteró de que lord Montague le había propuesto a uno de los socios de lord Needham invertir en el proyecto que me comentó. Mi padre investigó la viabilidad del proyecto hace algunos días. Por desgracia, no parece sólido en absoluto y le desaconsejó a lord Needham que él
invirtiera. Yo le aconsejo lo mismo.

—Ya veo.

____ no sentía ni pizca de lástima por Montague. Desde la noche anterior, estaba horrorizada por la perfecta fachada que ofrecía al mundo y el monstruo que se escondía tras esa fachada.

—Teniendo en cuenta el estado de las finanzas del conde, me pregunté por qué estaba dispuesto a invertir lo poco que le quedaba en un proyecto tan arriesgado. De nuevo, mi padre me fue de gran ayuda. Al parecer, lord Needham participó en una partida de cartas en la que también estaban presentes lord Westfield y lord Montague. Lord Westfield ganó. Entre lo que lord Montague apostó estaba una finca en Essex que había pertenecido a la familia de su madre durante generaciones. Al parecer, el conde se quedó destrozado por la pérdida, una pérdida instigada en buena parte por lord Westfield. Me imagino que la finca tendrá un valor sentimental para él. Era la única propiedad no unida al título de la que no se había desprendido. El resto lo vendió hace ya tiempo.

—¿Instigada por Westfield? —____ frunció el ceño—. ¿A qué se refiere?

—Lord Montague se había mostrado dispuesto a abandonar la partida, pero entonces el conde añadió un documento de propiedad al bote. Además, empezó a provocar a lord Montague, haciendo veladas referencias al mal estado de sus finanzas. Tanto insistió que a Montague prácticamente no le quedó más remedio que seguir jugando o admitir su insolvencia.

—Santo Dios —murmuró ____, horrorizada por la inconsciencia de los jugadores. Ella valoraba demasiado su seguridad financiera como para dejarla en manos del azar—. Pero sigo sin entender por qué responsabiliza a Westfield de la estupidez de Montague.

—En realidad, la propiedad que lord Westfield apostó pertenece al señor Jonas.

____ se quedó muy quieta y soltó el aire de golpe.

—Eso cambia un poco las cosas, ¿no?

El conde de Westfield era un hombre muy rico. Poseía tanto propiedades ligadas al título como otras que podía vender libremente. Si quería hacer apuestas de riesgo, no necesitaba las propiedades de Joseph para ello. Sin embargo, el odio que éste sentía por Montague era enorme. Conociendo la vida disoluta de Montague, suponía que Joseph no había querido que su amigo arriesgara sus posesiones. Pero eso quería decir que lo habían planeado con antelación. ¿Qué habría hecho Montague para ganarse el odio de Joseph? ¿Y hasta dónde estaría dispuesto a llegar para lograr su objetivo, cualquiera que éste fuera?

Reynolds siguió hablando: —Lord Westfield se aseguró de que lord Montague apostara, ofreciéndole unas condiciones nada habituales: si perdía, tendría de plazo hasta el final de la temporada para recuperar la propiedad, eso sí, a un precio muy superior al del valor real de la finca.

—Montague pensó que, aunque perdiera, aún estaría a tiempo de recuperarla —concluyó ____, llevándose una mano al estómago, que se notaba contraído. ¿Sería capaz Joseph de casarse con ella sólo para impedir que Montague tuviera acceso a los fondos económicos con los que recuperar su propiedad?

—Creo que la intención de lord Montague es obtener el dinero que necesita mediante la sociedad de inversión, antes de que termine el plazo. Luego siempre puede decirles a los inversores que el proyecto fracasó o recuperar el dinero mediante un matrimonio ventajoso o un golpe de suerte a las cartas, ya sin la presión del límite de tiempo.

—El juego es terriblemente arriesgado —comentó ella, distraída, para llenar el silencio.

En realidad, no podía importarle menos si Montague caía en desgracia. Era lo mínimo que se merecía. Pero la situación le resultaba cada vez más inquietante.

—El conde parece estar en un callejón sin salida —añadió Reynolds, muy serio—. No puedo evitar preguntarme qué papel desempeña el señor Jonas en todo esto. ¿Está ayudando a su amigo lord Westfield? ¿O es lord Westfield quien lo ayuda a él? ¿Y por qué?

____ permaneció impasible y dijo: —Los Rothschild estarían encantados de tener a Montague como yerno, pero él se resiste. No le
costaría nada recuperar la propiedad si se hiciera con la dote de Jane Rothschild.

—Pero lord Montague nunca se casaría con la señorita Rothschild —replicó Reynolds con desprecio—. Sus padres no son de buena familia. El conde ha propuesto participar en su fondo de inversión a comerciantes, aunque si se encuentra a esos mismos comerciantes en una mesa de juego, se niega a sentarse con ellos.

—Estoy perpleja. Qué poco sabía de una persona a la que veía regularmente.

—¿Y no podría decirse lo mismo del hombre con el que está a punto de casarse?

—No.

____ no dijo nada más. Se negaba a darle explicaciones a nadie sobre sus asuntos personales.

—Al haber participado en la apuesta de lord Westfield, el señor Jonas también hizo una apuesta arriesgada. Por no hablar de su profesión. ¿Seguirá dedicándose a ella tras la boda? ¿No se da cuenta del riego que eso implicará para usted? Cada vez que haga enfadar a un delincuente, éste puede tratar de vengarse en usted.

—¿Ha acabado, señor Reynolds? —lo interrumpió _____ bruscamente. No podía soportar oírlo hablar con tanta sensatez sobre un tema en el que estaba tan implicada emocionalmente que no podía contemplarlo de manera imparcial. ¿Adónde había ido a parar su buen juicio? ¿Su razón? ¿Su instinto de supervivencia?

—La he hecho enfadar. No era mi intención. —Reynolds encorvó un poco la espalda—. Estoy tan acostumbrado a facilitarle información para que pueda tomar la decisión que más le conviene, que lo he dado por hecho. Pero no he debido inmiscuirme en sus asuntos personales.

Ella lamentó haberle hablado con dureza.

—Todo esto me resulta tan poco familiar como a usted. Pero no se preocupe, nunca le echaré en cara que se preocupe por mi seguridad. Al fin y al cabo, si lo tengo contratado es por su lealtad.

—Le prometo que no volveré a sacar el tema. Nunca.

—Por favor, señor Reynolds, relájese —lo tranquilizó ____ en voz baja, ya que la garganta parecía habérsele cerrado—. No tomé la decisión de casarme con el señor Jonas a la ligera.

—Lo entiendo. Es un matrimonio por amor. Debería estar alegrándome por usted, no cuestionándome su decisión. El cielo sabe que conocer a mi esposa, Anne, ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. El mundo es un lugar más rico ahora. —Sonrió con timidez—. Amar es arriesgado, pero si sale bien, merece la pena correr el riesgo.

Ella se planteó qué estaba sintiendo, algo que no tenía costumbre de hacer. Siempre se había preguntado para qué servían los sentimientos, si para tomar decisiones era mucho más útil guiarse por la mente. Pero últimamente su corazón se negaba a ser ignorado. En aquellos momentos, lo que sentía era algo muy parecido a pánico ante la perspectiva de perder a Joseph. A pesar de todo lo que había aprendido gracias al ejemplo de su madre y ocupándose personalmente de los negocios, no podía ni imaginar alejarse de él. No sabía qué motivos ocultaba. Y era consciente de que casarse con un hombre que le escondía tantas cosas era una invitación a que le rompieran el corazón, pero no podía soportar la idea de abandonarlo. Ella, una mujer razonable que siempre había sido un modelo de compostura y que si de algo había pecado había sido de excesiva prudencia, debía admitir que la única alternativa de futuro en la que soportaba pensar era la más arriesgada e insensata. Había puesto su confianza en Joseph y no iba a retirarla. No podía. Lo amaba demasiado.
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 22nd 2014, 23:31

SIGUELAAAAAA VOOOLLVIIIIII
QUE PASARA?
SIGUEKLAAAA
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 23rd 2014, 16:03

owww
q bonitos capitulos...
apenas pude leer tus capitulos
pero ya volvi
siguela
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 23rd 2014, 17:25

Orgullo y Placer

Capitulo 30


—Te he traído esto.

Joseph, que estaba eligiendo qué ropa iba a ponerse de entre la que le había dejado su ayuda de cámara sobre la cama, se volvió hacia la voz y sonrió al ver a Lynd. Su mentor llevaba un pañuelo blanco doblado en la mano. Al cogerlo, vio que tenía una letra «L» bordada en una esquina.

—Era de mi abuelo —dijo Lynd, metiéndose las manos en los bolsillos de la recargada chaqueta de lana. Se balanceó sobre los talones, en una muestra de nerviosismo nada habitual en él—. Él se lo regaló a mi padre y mi padre a mí. Quiero que lo lleves el día de tu boda.

La letra se difuminó cuando los ojos de Joseph se llenaron de lágrimas. Lynd era lo más parecido a un padre que había tenido nunca. Significaba mucho para él que Lynd lo viera como a un hijo.

—Gracias.

El hombre hizo un gesto con la mano, quitándole importancia. Al ver esa muestra de emoción en su viejo amigo, Joseph se acercó y le dio un abrazo. Tras estrecharse con fuerza, se separaron palmeándose la espalda.

—¿Quién se iba a imaginar que te casarías con una heredera? —comentó su mentor con voz ronca—. Y sobrina de un conde para más señas.

Él dejó el pañuelo sobre la cama, con cuidado de que no se arrugara.

—No me lo acabaré de creer hasta que el vicario no lo diga.

—Esa jovencita tiene suerte de llevarse a un hombre como tú. Si tiene un dedo de frente se dará cuenta.

— Esa jovencita es la persona más inteligente que conozco. Con un sentido del humor muy especial. Sincera como pocos. —Mirando a su alrededor, recordó el día que había estado allí con él—. Y apasionada como nadie se imaginaría.

—Yo, desde luego, no me lo imaginaba —murmuró Lynd, haciéndolo reír. Luego lo miró con una sonrisa irónica.

—Esta mujer te ha cambiado. No me había dado cuenta de que era un matrimonio por amor.

Joseph respiró hondo. Hasta ese momento no había admitido sus sentimientos por ____. Le daba un poco de miedo. La deseaba y la necesitaba y había tenido la suerte de que lo aceptara. Se había conformado con eso. Volviéndose hacia la cama, señaló un conjunto de pantalón color gris claro, chaleco bordado en hilo de plata y chaqueta gris marengo.

—¿Qué te parece?

Lynd se acercó a la cama y puso los brazos en jarras.

—¿No tienes nada menos sencillo?

Al recordar el comentario de ____ sobre la necesidad de que Lynd se buscara un buen sastre, Joseph sonrió, negando con la cabeza.

—No, me temo que no. Este traje es para ti. No puedo consentir que vayas más elegante que yo en mi propia boda.

El hombre lo miró con los ojos muy abiertos.

—¿Me estás invitando a la boda?

—Si no vienes, no me caso. ¿Quién estará a mi lado en este momento si no tú, viejo amigo?

La nariz de Lynd se enrojeció, seguida de sus ojos. En ese momento, alguien llamó a la puerta abierta y Joseph miró por encima del hombro. Patrick Crouch estaba en el umbral, con la cabeza rozando el dintel.

—Una mujer quiere verle. Le he dicho que hoy no recibía a nadie, pero ha mencionado a lord Montague y he pensado que debía comentárselo.

—¿Sigue aquí?

—Sí.

Joseph se puso la chaqueta que había dejado sobre una silla. Lynd se aclaró la garganta.

—Te acompaño.

Bajaron al despacho, donde se acomodaron para recibir a la mujer. Joseph se sentó tras el escritorio y se echó hacia delante, mientras Lynd se sentaba en una de las butacas y cruzaba el tobillo sobre la rodilla. Poco después, una mujer morena y bajita entró en la habitación. Era preciosa, con el pelo negro como el azabache y los ojos de un azul intenso. Mantenía la espalda muy recta y la cabeza alta. Se negó a darle el abrigo y el manguito al mayordomo y examinó el despacho de punta a punta antes de
volverse hacia Joseph.

—El señor Jonas, supongo.

—Así es.

—Soy la señora Francesca Maybourne. —Pasó la mano enguantada por el inmaculado damasco del sofá antes de sentarse delicadamente en la punta. Luego se sacudió la falda mojada por la lluvia sin ninguna consideración por la alfombra de Joseph. Lynd puso los ojos en blanco.

—Y él es mi socio, el señor Lynd —lo presentó Joseph, cruzándose de brazos—. ¿Cómo podemos ayudarla, señora Maybourne?

—Espero contar con su discreción —respondió ella secamente.

—No tendría ningún futuro en esta profesión si no fuera discreto.

La mujer ponderó su respuesta durante unos segundos y finalmente asintió.

—Mi hermana tiene problemas, señor Jonas. Ya no sé qué hacer para ayudarla.

—¿Podría ampliar un poco la información?

Ella lo miró fijamente.

—Eloisa es joven e impetuosa y no se niega ningún capricho. Recientemente empezó a coquetear con el conde de Montague. Me pareció una tontería, pero no le di más importancia. Al fin y al cabo, mi hermana es una mujer casada.

Joseph alzó las cejas.

—Sin embargo, me he enterado de que lord Montague es un canalla de la peor calaña. —La señora Maybourne arrugó la nariz, lo que la hizo parecer menos severa—. Mi hermana ha venido a verme esta mañana. No podía parar de llorar. Al parecer, el conde le pidió un objeto de recuerdo, como prueba de su afecto. ¡Cuando me lo ha contado me he quedado horrorizada! ¿Cómo se le ocurre
dejar pruebas de su indiscreción? No sé en qué estaría pensando.

—¿De qué objeto se trata? ¿Alguna bagatela?

—La bagatela es un collar de diamantes y zafiros de gran valor, señor Jonas. Y por si eso fuera poco, es una herencia familiar por la parte de su marido. Tarde o temprano éste se dará cuenta de su ausencia.

—¿Le ha pedido que se lo devuelva?

—Muchas veces. Hasta hoy, él siempre le había contestado que se lo daría. Pero esta mañana le ha dicho que tiene intención de venderlo. Le ha dado el nombre de la joyería y le ha dicho que a partir de las tres de esta tarde puede ir a recuperarlo. Comprándolo, por supuesto. —La señora Maybourne se retorció las manos—. El collar vale una fortuna, señor. Es imposible recuperarlo sin que su marido lo sepa.

Joseph frunció los labios y miró a Lynd. Montague había encontrado la manera de recuperar la escritura de la finca. Pero por un curioso capricho del destino, la información había llegado a sus oídos. Parecía como si los hados quisieran que le parara los pies.
Miró a su nueva clienta.

—Quiere que recupere el collar antes de que él lo venda.

—Exacto.

—Tal vez ya lo haya vendido.

Ella negó con la cabeza, lo que hizo que sus brillantes rizos se movieran a un lado y otro de su esbelto cuello.

—Espero que no. He ido a Bow Street a hablar con los agentes, pero no han querido implicarse al saber que el responsable es un par del reino. El señor Bell me ha recomendado que hablara con usted. Hasta hace una hora aproximadamente, el collar no había llegado a la tienda. El señor Bell me ha asegurado que vigilaría los alrededores de la joyería hasta que usted llegara. Tal vez no estemos a tiempo. Si es así, la única responsable será mi hermana, lo sé, pero si Dios es misericordioso nos dará oportunidad de impedir esta debacle.

—No será fácil —la advirtió Joseph.

—Mi hermana no puede permitirse comprar el collar, señor Jonas, pero entre las dos podemos pagar sus honorarios.

—Jonas. —Lynd descruzó las piernas y se echó hacia delante—. ¿Puedo hablar contigo un momento?

—¡No podemos perder ni un minuto!

Lynd sonrió educadamente.

—Será un momento.

Joseph lo siguió al pasillo.

—¿No te parece raro que me llegue este caso justo ahora, precisamente a mí?

—Tony Bell es un buen hombre y ciertamente una buena fuente de negocio. —Al llegar al centro de la alfombra circular, Lynd se detuvo y se volvió hacia él—. Deja que me ocupe yo de este asunto. Hoy tienes cosas más importantes que hacer, pero no puedes dejar escapar esta oportunidad.

Gruñendo, Joseph se pasó la mano por el pelo y maldijo el mal momento en que había llegado el caso.

—No puedo enviarte a detener a un par del reino. Si las cosas salen mal, podrían condenarte a muerte.

—Para eso están los disfraces, amigo mío. —Lynd se echó a reír—. Me pondré el traje que me has preparado y una peluca. Si el conde trata de identificarme luego, describirá a un hombre que no tendrá nada que ver conmigo. Con un poco de suerte, hasta llegaré a tiempo a la boda.

—Montague es mi cruz. Debo cargarla yo.

—Maldita sea. —Lynd negó con la cabeza—. Ya sabes lo que pienso de tu vendetta. A tu madre ya no la ayudas en nada. Sin embargo, estás tan cerca de conseguir tu objetivo que si puedo ayudarte a que dejes el pasado atrás, lo haré. Y supongo que no podrás olvidarte de él hasta que resuelvas el tema de la propiedad de Montague.

Joseph dejó caer la cabeza hacia delante. Durante toda su vida, su única motivación había sido vengar a su madre. Tras muchos años de cuidadosos planes, al fin tenía la venganza al alcance de la mano, pero no podía negar que ya no era su principal objetivo.
Deseaba más a ____. La deseaba tanto que si lo obligaban a elegir entre arruinar a Montague o casarse con ella, la elección estaba clara. Aunque la idea de dejar que el conde se le escurriera de entre los dedos hacía que se le encogiese el estómago y que la piel le empezara a sudar, no era nada comparado con la reacción que tenía al pensar en perder a ____.

—Sé que no descansaré hasta alcanzar mi objetivo —dijo con voz ronca—. Llevo demasiado tiempo planeando la ruina de Montague. No puedo abandonar ahora que estoy tan cerca de conseguirlo. No podría mirarme al espejo sabiendo que había abandonado mi objetivo en la vida por...

—Por un nuevo objetivo —lo interrumpió Lynd—, mucho más gratificante. Todavía eres joven. Tienes mucha vida por delante y el mundo entero por descubrir. Es lo que tu madre habría deseado para ti.

En ese momento, Joseph pensó en algo que nunca antes se le había ocurrido. ¿Sería posible que su madre se hubiera asegurado de que recibía una buena educación para que tuviera un buen futuro, y no para que su padre estuviera orgulloso de él?
En cualquier caso, no podía tomar decisiones basándose en los deseos de su madre, fueran éstos los que fuesen. Tenía que seguir su instinto, que tantas veces le había salvado la vida.

—No puedo perder a ____ —dijo finalmente con convicción. A su lado, su sórdido pasado desaparecía. Sólo quedaba el futuro. Un futuro brillante, un futuro que deseaba y necesitaba—. Si puedes ocuparte de Montague, te estaré eternamente agradecido. Yo tengo una boda a la que acudir.

—Muy bien —contestó Lynd, señalando hacia el despacho—. Encárgate de cobrar el anticipo y de obtener la información necesaria mientras me cambio de ropa.

—Gracias —dijo Joseph, apretándole el hombro.

Lynd se ruborizó.

—Considéralo un regalo de bodas. Y ahora, largo. Hay trabajo que hacer y unos votos que pronunciar.
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 23rd 2014, 19:26

me alegra saber que joe prefiere a ___
como le han dicho
montague terminara en la ruina por si solo
y ya... joe no tiene nada que hacer
siguela
quiero ver esa boda
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 24th 2014, 16:40

Orgullo y Placer

Capitulo 31


Joseph llegó a Melville House a las tres en punto. ____, que estaba a punto de ponerse el vestido de boda, lo dejó todo y bajó a recibirlo. A medio camino, se detuvo a contemplarlo. Llevaba la misma ropa que el día que se conocieron y la sentimentalidad del gesto la emocionó profundamente. Estaba un poco despeinado por el viento y tenía las mejillas arreboladas por el frío. Era tan guapo. A sus ojos, era perfecto. El amor que sentía por él la hizo suspirar. Al oírla, Joseph alzó la vista y, al verla, la expresión de
la cara le cambió.

—____.

Más que oírlo, ella lo sintió en su interior. Bajó corriendo los escalones que los separaban y se detuvo a escasa distancia.

—¿Cómo estás?

—Mejor, ahora que estoy contigo.

Ella señaló hacia el salón y se dirigió hacia allí. Como siempre, supo que Joseph la seguía, a pesar de no oír sus silenciosos pasos. Se sentó en el sofá y él lo hizo a su lado. Dentro de una hora estarían casados. ____ notó con sorpresa que la alegría superaba a los nervios.

—Me alegro de que hayas venido antes —dijo, resistiendo el impulso de cogerle la mano—. He estado preocupada por ti desde que nos separamos anoche.

Él asintió.

—Montague es igual que su padre. Su manera de hablar es difícil de tolerar.

—¿Su padre?

—He venido pronto porque quería hablar contigo antes de la boda. Hay algo que debes saber antes de que pronunciemos los votos. Sólo espero que, cuando lo sepas todo, sigas queriendo casarte conmigo.

Su tono la dejó tan preocupada como la visita de Reynolds.

—Puedes contármelo todo. Te apoyaré, Joseph. Ya no tienes por qué cargar con tus preocupaciones tú solo.

Él la miró con solemnidad.

—Quiero llegar a tu vida libre de cargas. Me estoy esforzando mucho para lograrlo.

Mientras ____ aguardaba, paciente, a que él siguiera hablando, alguien llamó a la puerta de la calle violentamente. El sonido retumbó por toda la planta baja, haciendo que ambos se pusieran en pie a la vez. Robbins, el mayordomo, llegó antes que ellos, aunque no pareció correr en ningún momento. Abrió y dejó entrar a uno de los hombres de Joseph. Era el guapo joven que había acompañado a ____ a casa de Joseph la noche que se acostaron. Al verla, se quitó el sombrero. Su mirada asustada la alarmó.
Joseph llegó a su lado antes que ella.

—¿Qué pasa?

—La tienda está en llamas.

—¿La de la señora Pennington?

A ____ se le hizo un nudo en la garganta.

—¿Qué pasa? ¿Qué se está quemando?

—Quédate con ella —le ordenó Joseph al joven, mientras bajaba los escalones hasta el caballo de Aaron, cuyas riendas sujetaba un lacayo. Agarrándose a la silla con las dos manos, montó de un salto y desapareció calle abajo.
____ se lo quedó mirando, confusa y asustada. Aaron se le acercó, tratando de recobrar el aliento. Cogiéndolo del brazo con fuerza, ____ le preguntó: —¿Adónde va?

—A su finca en Peony Way.

Ella miró a Robbins, que lo puso todo en marcha sin necesidad de más instrucciones. Poco después, un carruaje estaba preparado a la puerta. Mientras lo esperaba, ____ habló con Regina y con su tío, explicándoles la causa del retraso de la boda y asegurándoles que todo iría bien. No hizo caso de los consejos de ambos, que le pidieron que esperara a Joseph en casa.

—Nos casamos dentro de media hora —replicó ella—. No sé dónde ni en qué circunstancias, pero pienso estar a su lado en ese momento.

Aaron la siguió hasta el carruaje.

—El señor Jonas no querría que fuera. Por su seguridad.

—¿Mientras él pone en peligro su vida por mí?

—Está preparado para enfrentarse a ese tipo de situaciones. Estoy seguro de que lo tendrá todo controlado antes de que lleguemos.

—Entonces no tendrá inconveniente en que me acerque —replicó ____, abrochándose los botones de la capa.

Se estaba atando las cintas del sombrero cuando oyeron llegar a alguien a caballo.

—No me digan que me he perdido la boda —dijo lord Westfield, tirando del ala de su sombrero ladeado.

—El señor Jonas y yo estaremos de vuelta en seguida, milord —anunció ____, subiendo al carruaje ayudada por el lacayo—. Por favor, espérenos en casa. Lady Collingsworth estará encantada de recibirlo.

El conde desmontó y se acercó al carruaje.

—¿Por qué está tan nerviosa? —preguntó muy serio, sujetando el marco de la portezuela con ambas manos e inclinándose hacia el interior.

—Una de mis propiedades está ardiendo. El señor Jonas se ha adelantado.

—Peony Way —dijo Westfield sin dudarlo.

____ parpadeó. Aquel asunto era un auténtico rompecabezas y, al parecer, todo el mundo tenía alguna pieza que a ella le faltaba.

—Tal vez podría acompañarme.

El conde asintió y se sentó en el asiento de enfrente. Aaron entró tras él y se sentó a su lado. Al oír restallar el látigo, los caballos se pusieron en movimiento. _____ golpeaba el suelo con el pie, nerviosa.

—¿Se puede saber por qué el incendio de Peony Way sólo me ha sorprendido a mí?

—La arrendataria que usted conoce como señora Vanessa Pennington es en realidad la señorita Vanessa Chilcott. Jonas sospechaba que pensaba usar su relación comercial para sacarle dinero.

____ sintió que la invadía una sensación de extraña calma, como de inevitabilidad, o aceptación. Siempre había sabido que los Chilcott eran mala gente, pero pensaba que se había librado de ellos con la muerte de su madre.

—Con un incendio en la tienda, podría acusarme de ser una propietaria negligente —dijo sin inflexión en la voz.

—Exacto. Jonas pensó que probablemente los Chilcott no querrían pisar los tribunales y que le ofrecerían llegar a un acuerdo económico para evitarlo.

Una sensación de fría furia se apoderó de ella.

—Pero mi matrimonio daba al traste con la posibilidad de una operación discreta. De ahí la necesidad de actuar hoy.

Al acercarse a Peony Way, vieron que el tráfico estaba cortado por varios carros colocados perpendicularmente a la vía. El humo, denso y oscuro, se extendía en forma de seta, dificultándoles la respiración. ____ se sacó un pañuelo del bolsito de mano y se cubrió con él la boca y la nariz. Dejando el carruaje al otro lado de la barrera de carros, recorrieron el resto del trayecto a pie,
abriéndose paso entre la multitud de curiosos que luchaban ferozmente por conservar su sitio. Lord Westfield iba delante, mientras Aaron cubría la retaguardia. Ambos hombres se esforzaban por protegerla de la muchedumbre, sin demasiado éxito. Al llegar frente a la fachada carbonizada, la brigada contraincendios que trabajaba para la compañía de seguros que Eliza tenía contratada les impidió el paso. Ella les explicó quién era, con la vista clavada en la tienda. Cuando les permitieron pasar, buscó entre la gente que llenaba la acera hasta localizar a Joseph.

—Allí está —señaló.

Sujetándola por el codo, lord Westfield la acercó hacia su amigo. Cuando estaban a punto de llegar, la gente se hizo a un lado, dejando al descubierto a Joseph junto a la señora Pennington, es decir, a la señorita Chilcott. Tenía tanto el vestido como el delantal chamuscados y cubiertos de ceniza, y el pelo rubio sucio de hollín, igual que la cara, en la que se veía un cardenal en el ojo izquierdo. El parecido familiar con su padrastro era tan evidente que era imposible no verlo si uno se fijaba, cosa que ____ no había hecho el día que la había conocido. Tras pasar la mañana con Joseph en el espacio cerrado del carruaje, la entrada de éste en la tienda la había distraído demasiado como para prestarle atención a la joven. Decía mucho de la belleza de Vanessa Chilcott que siguiera resultando atractiva en su estado actual.

Lord Westfield se tambaleó ligeramente cuando la señorita Chilcott se volvió hacia él y soltó el aire con tanta fuerza que ____ lo oyó.

—____—dijo Joseph, que no pareció demasiado sorprendido al verla—. Ya me imaginaba que no me harías caso.

—Yo voy a donde tú vayas —replicó ella, examinándolo en busca de heridas. Estaba sucio por el hollín y el humo, como si hubiera estado dentro del edificio, pero no parecía herido.Más tranquila, se volvió hacia la mujer que estaba a su lado.

—Señorita Chilcott.

Vanessa Chilcott tenía los ojos enrojecidos y ausentes. Con voz ronca por el humo, respondió: —Señorita Martin.

—¿Qué ha pasado aquí?

Joseph se disponía a responder cuando un bombero se acercó.

—El fuego está controlado —dijo—. Hemos encontrado el cuerpo y una lata de parafina, tal como ha dicho la señora Pennington.

—¿Cuerpo? —____ sintió un escalofrío—. Santo Dios, ¿alguien ha quedado atrapado por el fuego?

Joseph asintió.

—La señorita Chilcott ha subido a su piso a buscar un encargo y ha descubierto a Terrance Reynolds provocando el incendio. Han luchado y ella le ha dado un golpe en la cabeza con el atizador del fuego. Apenas ha tenido tiempo de salir antes de que las llamas lo engulleran todo. He tratado de rescatarlo, pero era demasiado tarde.

—¿El señor Reynolds? —repitió ____, incrédula.

Su hombre de confianza había sido muy cuidadoso con los arrendatarios que elegía para sus fincas. Era tan concienzudo en su trabajo que hasta había descubierto que Joseph era el auténtico dueño de la propiedad que Westfield se había apostado contra Montague, y no era algo fácil de descubrir. No se podía creer que se le hubiera pasado por alto algo tan llamativo como que la señora Pennington era en realidad la señorita Chilcott. ¿Por qué le habría ocultado esa información? ¿Qué razón lo habría
impulsado a permitir que alquilara una de sus tiendas?
____ miró a Vanessa fijamente.

—Usted era su seguro. Me ocultó su auténtica identidad por alguna razón que se me escapa. ¿Qué papel ha desempeñado en este montaje?

—Ninguno. —Vanessa alzó la barbilla—. Sé menos de lo que ha pasado aquí que usted.

—¿Qué relación tenía con mi padrastro?

—Usted y yo somos hermanastras, señorita Martin.

Abrumada por la revelación y por las pruebas cada vez más contundentes de la traición de su hombre de confianza, ____ se tambaleó. Joseph la sujetó con fuerza. Ella se agarró a él.

—Lo he visto hace escasas horas. Ha venido a traerme información sobre ti —le dijo a Joseph—. Quería que me replanteara la boda.

Él se tensó.

—¿Qué información?

—Tu implicación en la apuesta entre lord Westfield y lord Montague sobre la finca de Essex. Ha sugerido que me habías pedido matrimonio para que Montague no tuviera acceso a mi fortuna y así no pudiera reclamar la escritura.

—¿Y enterarte de eso no ha hecho que te replantearas nuestro casamiento?

—No. Lo que no le ha dejado otra opción que tratar de retrasar la ceremonia mediante un incendio, supongo. —Al alzar la vista, se lo encontró mirándola con pasión—. Aunque tenía que saber que eso sólo serviría para retrasar la boda, no para anularla. ¿Qué pretendía? No pensaba despedirlo tras nuestro matrimonio. Sus circunstancias no habrían cambiado.

—Descubriremos qué secretos guardaba, mi amor —dijo él, protegiéndola entre sus brazos y haciéndola sentir segura como nadie había hecho antes—. Te lo prometo. Hasta el más insignificante.

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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 24th 2014, 16:48

Hola chicas, como estan?, bue solo les quiero avisar de que la novela ya esta llegando a su fin, y como casi ya nadie se pasa por aqui, queria saber si quieren que siga subiendo otra novela despues de esta... Con respecto a la anterior que habia subido esa que era de Nick, la que tenia tres partes (Naked, All In y Eyes Wide Open) la 4ta parte aun no sale en español es por eso que no lo subo, yo ya la lei en ingles, y esta muy buena, ya quiero compartirlas con ustedes pero no hay fecha de lanzamiento en español todavia. ni bien lo tenga en español lo subo.

Bueno me avisan si quieren que siga con otra novela o nos tomamos un descanso hasta que suba el final de la de Nick. Gracias a las que siguen comentando, significa mucho para mi, porque me hago tiempo para adaptar y subirles practicamente todos los dias uno o dos capitulos, trabajo en la mañana y estudio a la tarde, es mi ultimo año en la universidad y me saca mucho tiempo, pero hago lo posible de no abandonarlas. asi que muchas gracias a las que continuan. Smile Besos y se cuidan Smile
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nasgdangerJONAS
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 24th 2014, 17:56

aaaiiinsss!! me encanta. ya se va a terminar Sad
creo que no había comentado antes... o si? bueh u.u
me encanta esta nove *-*
gracias por adaptarla Very Happy
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 24th 2014, 18:03

muchas gracias por no abandonarnos
la vdd es que las novelas que subes me gustan mucho
por mi, no habria problema si tomas el descanso o si quieres subir otra...
me da tristeza saber que esta llega a su fin esta hermosa
siguela
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 24th 2014, 21:51

no dejes de subir tus novelas a mi me encantan, siempre intento de pasar seguido, porque me fascinan
son geniales siguelas prontoo por favoorrr
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 25th 2014, 01:28

Uuuh yaa se va a acabaar nooooooo!!!!


Me encantan tus noves las he leido todas y de verdad son geniales no importa si toms un descanzo y seria genial q adaptaaras otraa cualquier decision que tomes esta bien siempre y cuando no seaa abandonarnos jajajajajaja



Me encaantaaaa n.n
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 25th 2014, 16:18

Hola chicas si por mi fuera continuo subiendo otra novela, es cuestion de que ustedes no esten cansadas de mi jajaja, hace poco lei una trilogia, que les juro que me hizo doler la cabeza, tenia ganas de tirar el telefono (porque los leo desde ahi) pero es muy buena y adictiva, tiene tanta mierda el personaje, pero es re lindo y un hijo de puta, pero es lindo, bueno esas son las mejores, no? jaja si quieren subo esa, cuando suba la sinopsis me dicen si alguna ya la leyo, para que no hagan spoilers, ahre jaja. bueno ahi les subo el capitulo de hoy. Gracias por sus comentarios Smile

Orgullo y Placer

Capitulo 32


Con la ayuda de Westfield, Joseph escoltó a ____ y a la señorita Chilcott a Melville House. Desaliñados y apestando a humo, el aspecto de los cuatro contrastaba con el ambiente elegante de la mansión, preparada para la boda. Los cuatro permanecieron inmóviles en el vestíbulo, tratando de contener la risa. Lady Collingsworth salió de la sala de baile donde iba a celebrarse la ceremonia y se acercó a ellos.

—Cielo santo —murmuró—. El vicario espera, pero es evidente que habrá que retrasar la ceremonia.

—No —dijo ____, sorprendiendo a Joseph—. Si puede esperar una hora, yo estaré lista para entonces.

Recuperándose, él añadió:—Yo también estaré listo en una hora.

Lady Collingsworth miró a la señorita Chilcott y parpadeó.

—Regina —dijo ____ con firmeza—, te presento a la señorita Vanessa Chilcott, mi hermanastra. Vanessa, ella es la condesa viuda de Collingsworth.

—Milady —susurró Vanessa, haciendo una reverencia.

Joseph se sintió muy orgulloso de ____. No conocía a ninguna otra mujer que hubiera sido capaz de sobreponerse a los acontecimientos del día con ese aplomo. Podría haber dejado que la señorita Chilcott se las apañara sola tras haberse enterado de su auténtica identidad. Pero en vez de eso, le había hecho una sola pregunta:—¿Por qué?

A lo que la joven había respondido: —Quiero ser autosuficiente e independiente. ¿Qué mejor modelo que usted? Y no podía hacerlo
sin librarme del apellido que me ha marcado toda la vida.

____ le había ofrecido vivir en su casa por el momento, ya que la vivienda y todas las posesiones de la señorita Chilcott se habían perdido en el incendio. Al menos, la tendrían controlada mientras duraba la investigación. Ya se encargarían de los demás detalles al día siguiente.

—La señorita Chilcott necesita un baño y una habitación —dijo ____—. Si pudieras encargarte, Regina, te quedaría muy agradecida.

—Por supuesto. —Lady Collingsworth se volvió hacia Joseph—. Tiene visita, señor Jonas. En el salita.

Al ver que ____ lo miraba, Joseph extendió el brazo hacia su prometida. «Yo voy a donde tú vayas», le había dicho ella. A pesar de todo, ____ deseaba casarse con la misma prisa que él. La adoraba por eso, entre otras muchas cosas.

Westfield fue a reunirse con el resto de invitados a la sala de baile mientras ellos dos se dirigían a la sala de visitas. Allí los esperaban cinco personas: los gemelos Crouch, Lynd, Anthony Bell y la señora Francesca Maybourne. Mirándolos con las cejas levantadas, Joseph se preguntó a qué habrían venido. Estaba a punto de preguntarlo cuando ____ se le adelantó: —Buenas tardes, señora Reynolds. Después de todo lo que ha pasado, no esperaba volver a verla.

—He ido a la joyería —explicó Lynd—, pero no he visto a Bell por ningún sitio, lo que ha levantado mis sospechas.

_____ escuchaba el relato de la segunda parte de las maquinaciones de los Reynolds con el corazón encogido. Aunque se alegraba de que su plan hubiera fracasado, era consciente de que la causa del peligro había sido la obsesión de Joseph por destruir a Montague. ¿Cuántas energías había malgastado en ese empeño a lo largo de su vida? ¿Podría contar ___ con tener todo su corazón o le habría entregado la mayor parte a esa mujer de su pasado a la que Montague había destruido? Una cosa sin embargo la animaba: había enviado a Lynd en su lugar a perseguir a Montague para él poder casarse con ella.

—A veces —susurró Joseph—, cuando algo parece demasiado bueno para ser verdad es precisamente porque no es verdad.

Lynd asintió.

—Has hecho bien en enviar a los Crouch. Entre los tres hemos vigilado la calle durante una hora y hemos visto un coche de alquiler que no se movía. Patrick ha pasado por su lado y, gracias a su tremenda altura, ha visto que la señora Reynolds estaba dentro, esperando con una pistola en el regazo. He enviado a Peter a buscar a Bell para que nos confirmara la historia que ella nos ha contado. Bell no la conocía de nada, pero al parecer la dama sabía lo suficiente sobre ti y Montague como para idear el cebo perfecto para atraerte. La hemos traído aquí sin saber que su identidad era falsa y mucho menos que la señorita Martin sabría quién era en realidad.

____ miró a Anne Reynolds con algo parecido al odio, una emoción que hasta ese momento le había resultado desconocida.

—¿Pensaba dispararle al señor Jonas? ¿Iba a matarlo?

La mujer morena se apartó de la cara el pañuelo con el que se había estado secando las lágrimas desde que se había enterado de la muerte de su marido y miró a Joseph con rabia.

—No se llama así. De su nombre de pila no sé nada, pero puedo asegurarle que su apellido es Miller. Es el hijo de Diana Miller, que fue la puta de lord Montague hasta que murió tras una larga enfermedad.

Joseph permaneció tan quieto que ____ se asustó.

—Le recomiendo que modere su lenguaje —le advirtió él, con una calma amenazadora.

—Lo sé todo sobre usted, señor MIller —le espetó Anne—. Le dije a mi marido que se lo contara a la señorita Martin. Al fin y al cabo, fue ella la que contrató a mi cuñado para que investigara su conexión con lord Miller en County Wexford. Le dije que le contara que usted no es quien dice ser, pero a él no le pareció necesario. Dijo que sólo con que supiera que usted la quería por su dinero sería suficiente para impedir su matrimonio. Tenía miedo de que se preguntara por qué no había hecho volver a Tobias de Irlanda cuando ella se lo ordenó. Pensó que, si descubría que había desobedecido sus órdenes esa vez, sospechara que lo había hecho más veces. Debió hacerme caso.

La tensión en la salita era palpable. ____ se apresuró a hablar antes de que Anne siguiera complicando las cosas.

—Fue usted quien escribió esas cartas amenazadoras a mi tío —dijo sin dudarlo—. ¿Por qué? ¿Qué pretendía obtener?

La mujer levantó la barbilla y apartó la vista.

—No voy a decir nada más. Yo no he hecho nada malo.

—¿Y qué tiene que decir del incidente en la Royal Academy? —añadió Joseph en tono glacial.

—Santo Dios, ¿no pretenderán cargarnos con eso también? No somos asesinos. Ya he tenido bastante —dijo la señora Reynolds, levantándose—. No tienen ningún derecho a retenerme.

—Cuando salgamos de aquí será para ir a Bow Street —dijo Bell, balanceándose sobre los talones. Era un hombre delgado y no muy alto, de aspecto casi frágil—. Ya veremos si el juez opina lo mismo que usted. Hasta entonces, siéntese.

—Lleva una capa muy cara —observó Joseph—. Y las esmeraldas del collar y los pendientes llaman la atención. O tenía dinero antes de casarse o la señorita Martin le pagaba muy generosamente a su marido.

____, que no estaba acostumbrada a fijarse en ese tipo de cosas, volvió a mirar a la mujer de arriba abajo. La verdad era que el atuendo de Anne Reynolds parecía más caro que su propio vestido.

—Pero ¿cómo? —preguntó, volviéndose hacia Joseph—. Me ocupo de la contabilidad personalmente.

—Pero no tratas directamente con los arrendatarios, ¿no? ¿Quién se ocupa de cobrar los alquileres?

—El señor Reynolds.

—Exacto —dijo Lynd—. Posiblemente, lo que usted recibe no coincide con lo que los arrendatarios están pagando.

____ palideció.

—Supongo que tiene razón —admitió, mirando a Anne, que estaba pálida pero seguía mostrándose desafiante—. Supongo que fue subiendo los alquileres paulatinamente, o cargándoles a los inquilinos algún concepto extra que yo desconocía. Tendremos que preguntárselo a la señorita Chilcott y a los demás. Santo cielo, ellos son tan víctimas de todo esto como yo.

—Probablemente por eso querían matar a Jonas —dedujo Bell—. Una vez casada, lo más seguro es que la estafa saliera a la luz, o que prescindiera de los servicios del señor Reynolds. Lamento no haberle hecho más caso cuando acudió a mí, señorita Martin. Espero que me sirva de lección en el futuro.

Joseph permaneció quieto y callado como un cadáver.

—Ésta iba a ser mi última temporada —dijo ____ en voz baja—. Pensaba retirarme al campo con lord Melville y dejar casi todos mis asuntos en manos de Reynolds. Estaban tan cerca de conseguir sus objetivos que mi súbita decisión de casarme con el señor Jonas alteró todos sus planes y los hizo actuar precipitadamente.

—Si se casa con él —intervino Anne con frialdad—, se merecerá todo lo que le pase. Al menos, mi marido se preocupaba de que sus negocios florecieran. Estoy segura de que Miller pretende despilfarrar su fortuna.

____ se levantó, incapaz de aguantarla ni un segundo más.

—Lo dejo todo en sus manos, señor Bell. Confío en que me informe de cómo se desarrollan los acontecimientos.

El agente inclinó la cabeza.

—Por supuesto.

—Señor Jonas —murmuró ____ entonces, lo que provocó un resoplido burlón de la señora Reynolds—, ¿me acompaña, por favor?

—Un momento —respondió él—. En seguida iré a buscarte.

Ella salió de la salita con piernas que le parecían de madera. Se preguntó si iría realmente a buscarla o si lo habría perdido para siempre. Aunque tal vez nunca había sido suyo. Aunque habían prometido ser sinceros el uno con el otro, al parecer ambos habían guardado secretos.

***

Al llegar al final de la escalera, Joseph giró a la derecha, siguiendo las instrucciones de lady Collingsworth para llegar a la habitación de ____. Si a la condesa viuda le había parecido inadecuado que se las pidiera, no lo había demostrado. Al contrario, lo había tranquilizado diciendo que el vicario se lo estaba pasando en grande gracias tanto al champán como a la agradable conversación de lord Westfield, y que había aceptado esperarlos el tiempo que hiciera falta.

Respiró hondo y llamó a la puerta del dormitorio de ____. Mientras esperaba a que ella respondiera, luchó contra la debilidad que lo invadía. Se sentía como si fuera de cristal, como si pudiera romperse en cualquier momento. Tal vez fuera a causa de la larga retahíla de inesperadas revelaciones. O a los nervios propios de todo novio antes de la boda. O al pánico ante la perspectiva de
perder a alguien irreemplazable. No lo sabía. La puerta se abrió y allí estaba ____, vestida con una bata, con la nariz tan roja como los ojos. Recordó que la primera vez que la vio había pensado que era bonita, pero no una belleza. En esos momentos no entendía cómo había podido llegar a esa conclusión. Era preciosa, la mujer más hermosa que había visto nunca.

Ella se echó hacia atrás para dejarlo entrar. Cuando lo hizo, Joseph cerró la puerta discretamente. Se fijó en que sus habitaciones estaban decoradas en los mismos tonos crema y borgoña que las de él y se sintió aliviado en cierto modo. No debía olvidar que se parecían mucho en cosas básicas. Si pudieran dejar a un lado sus diferencias exteriores y pudieran centrarse en lo que los unía...

—Debería habértelo contado... —dijeron los dos a la vez.

Sorprendidos por haber dicho las mismas palabras al mismo tiempo, se interrumpieron y se quedaron mirando el uno al otro. Joseph esperó a que ella siguiera hablando. Tras las revelaciones del día, se merecía desahogarse. Estaba dispuesto a aguantar el chaparrón.

____ se ató el cinturón de la bata con decisión.

—Contraté a Tobias Reynolds cuando te conocí, porque no sabía nada de ti. Me dijiste que podía contestarles a quienes me preguntaran que estabas emparentado con lord Miller y me dije que sería mejor tener un poco más de información por si alguien lo ponía en duda. Pero cuando nuestra relación se afianzó, le pedí al señor Reynolds que mandara regresar a su hermano de Irlanda, antes de que me diera ningún dato. Quería que fueras tú quien me contaras lo que quisieras y cuando quisieras.

Joseph asintió, cruzando las manos a la espalda.

—Y yo debí haberte hablado de mi madre. Pensaba hacerlo, pero me dije que teníamos tiempo...

—Lo tenemos. —____ se acercó a él—. Todo el tiempo que necesites.

—No, tengo que contártelo ahora, para que puedas decidir si quieres casarte conmigo. No podría soportar que me dejaras después de la boda.

—No voy a dejarte. Te quiero.

Joseph cerró los ojos y respiró entrecortadamente.

—____...

—No quiero que digas nada hasta que seamos marido y mujer —lo interrumpió ella—. Quiero casarme siguiendo el mandato de mi corazón, no de mi cerebro. Debo aprender a confiar en mi instinto para poder ser lo que tú necesitas. Necesito ser una persona con una relación más sana y completa con su lado instintivo. Y necesito que sepas que te acepto tal como eres, sin dudas ni
reservas, para que algún día, Dios lo quiera, puedas amarme.

____ estaba desafiando todo lo que le resultaba familiar, rechazando hábitos y rutinas de toda la vida, haciendo una concesión tras otra... por él. Estaba decidida a confiar en él por completo, a pesar de todas las pruebas que se lo desaconsejaban.

—Te quiero —repitió.

Joseph la miró. Se había sentado en uno de los sofás, con las manos unidas sobre el regazo. Era absurdo, pero verla así lo excitó. Verla tan controlada, sabiendo lo desbocada que se volvía cuando estaba entre sus brazos era un gran estímulo. Más que el placer físico, lo que lo volvía loco era ver cómo le mostraba su auténtica naturaleza cuando estaban a solas.

—Estoy a tu merced —confesó él con voz ronca—. Haría cualquier cosa por poseerte.

____ se llevó la mano al esbelto cuello, rodeándoselo con los dedos. Cruzando la habitación, Joseph le cogió la mano, tan blanca que parecía de alabastro. Empezó besándole el dorso y siguió por los dedos, lamiendo la punta de aquel en el que llevaría su anillo antes de que acabara el día. Ella se estremeció. Bajando los párpados, entreabrió los labios y suspiró.
Joseph le succionó el dedo, acariciándoselo al mismo tiempo con la lengua hasta que ella gimió. Fue el sonido de la rendición que él esperaba oír para liberarse de las restricciones. Con la mano que le quedaba libre, se desabrochó los pantalones. Su miembro le cayó pesadamente sobre su mano, tan grueso y contundente que tuvo que agarrárselo con fuerza para aliviarse momentáneamente.

—Joseph.

Él le soltó los dedos para decirle:—Te necesito.

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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 25th 2014, 17:33

wooooooo ame los capis me perdi d muchos peo x fin yaaa stoy d nuex es q el trabajo y la scuela no m dejan tiempo d nada Sad pero hoy siiii lunes y martes estar aqui Wink
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 25th 2014, 18:24

oh me encanta
siguela
esta hermosa
no creo que nos hartemos de ti y de tus hermosas novelas
y si vas a subir otra ahi estare Very Happy
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 26th 2014, 16:42

Orgullo y Placer

Capitulo 33


____ trató de deshacer el nudo del cinturón de la bata, pero le temblaban tanto los dedos que no resultaba nada fácil. Impaciente, Joseph se dejó caer de rodillas en el suelo y le levantó la prenda con brusquedad. Luego, sujetando a ____ por las caderas, la atrajo hacia sí hasta que cayó sentada sobre su regazo, cabalgándolo. La abertura de su sexo rozaba la suave y ardiente piel de su pene. Joseph la cogió de la nuca, obligándola a mirarlo a los ojos.

—Necesito estar dentro de ti.

—Sí.

____ se humedeció al oír su voz excitada. Le encantaba verlo así, descontrolado, loco de deseo por ella.
Él la levantó ligeramente. El grueso glande se deslizó por su sexo hasta apoyarse en su clítoris. Gimiendo, ella se agarró de los hombros de Joseph, tensos por la impaciencia y la necesidad. Cuando apuntó hacia su interior palpitante, ____ se estremeció. Con un gruñido, él embistió, clavándole el tenso miembro profundamente. La abrazó con fuerza, inmovilizándola y robándole el aliento.
Ella le arañó la espalda, retorciéndose de deseo. El calor de la piel de Joseph la quemaba a través de la tela de la camisa.

—Por favor —le rogó, temblando a su alrededor—. ¡Por favor!

Sujetándola con fuerza por las caderas, él la hizo subir y bajar, empalándola en su duro miembro. Arriba y abajo. Presionando, clavándose cada vez un poco más. ____ gimió de placer.

—¡Sí!

—Haré que te vuelvas adicta a esto —le prometió Joseph con voz ronca, peligrosamente oscura —. Te volverás adicta a mí. Pronto serás tú la que venga a buscarme, aunque estemos en público, incapaz de resistir ni un minuto más. Te levantarás las faldas y me rogarás que te dé placer con la boca, con la lengua. Estarás tan desesperada que te dará igual dónde estemos. Necesitarás notar mi sabor. Te dejarás caer de rodillas y me darás placer, tomándome en tu boca y succionándome hasta
que me corra dentro de ti, ardiente y loco de pasión.

Ella lo abrazó con fuerza, con los ojos cerrados, mientras él seguía clavándose en su interior. Era una sensación increíble. Nunca se cansaría de hacerlo. El pliegue de su glande rozaba deliciosamente contra las terminaciones más sensibles de sus nervios, provocando un incendio en su sexo. Él arremetió una vez más, llenándola con su calor y su firmeza. Colmándola de tanto placer que
_____ arqueó la espalda sin control. Su posesión era increíblemente erótica. Y tan adictiva como él le había advertido. Cuando se retiró, se sintió vacía. Cuando volvió a entrar, tuvo que morderse el labio para no gritar. No quería que todos los invitados se enteraran de lo que estaban haciendo. Pero Joseph no estaba dispuesto a consentirle ni una pizca de control.

—Déjame oírte. Quiero oírte —la animó—. Quiero oír cuánto lo deseas.

Le separó los muslos con las manos para poder llegar más adentro. Moviendo las caderas, siguió penetrándola con maestría, volviéndola loca de lujuria, ansiosa por tener más. Siempre más. Por mucho que le diera, no tenía suficiente. ____ respiró con esfuerzo y le clavó las uñas en la espalda.

—Acaba, por favor.

—No, es demasiado pronto —respondió él, mientras el sudor le resbalaba por la frente.

—Tenemos toda la vida para ir despacio. No me hagas esperar ahora.

Joseph se clavó en ella con toda la fuerza que pudo, abrazándola y diciéndole al oído: —Te quiero, ____. Te quiero.

Ella alcanzó el clímax con tanta intensidad que se convulsionó. Él la siguió de cerca, moviendo las caderas con rapidez y fiereza. ____ sintió cómo el orgasmo se apoderaba de su cuerpo. Los músculos se le tensaron y los pulmones le trabajaban frenéticamente. Cuando al fin se corrió, el clímax fue violento. El grueso pene se sacudía con cada nuevo chorro de semen que salía de él. Pronunció su nombre entrecortadamente hasta que ella lo besó, tragándose los sonidos de su placer junto con el amor incondicional que brotaba de su corazón.

****

Una hora más tarde estaban casados. Excepción hecha del vicario, que estaba sofocado y feliz gracias al champán, fue una boda sombría. Si alguien se dio cuenta de lo que acababa de pasar en la habitación, nadie lo comentó. Sin embargo, ____ estaba segura de que al menos Regina lo sabía. Cuando pronunció los votos, Joseph aún tenía el pelo húmedo. Había enviado a los hermanos Crouch a su casa a buscar ropa limpia mientras se bañaba en una habitación de invitados para ganar tiempo.
Los invitados que presenciaron la ceremonia no llegaban a la docena. La celebración posterior fue muy breve, ya que todo el mundo había estado esperando a los novios durante horas. ____ llevaba un vestido de raso color blanco roto, con delicado encaje adornándole las mangas y el corpiño. Era nuevo, uno de los muchos vestidos nuevos que iban a marcar su transformación. No
pensaba volver a esconder la belleza que Dios le había dado. Usaría todas las armas de su arsenal femenino para complacer a su esposo y aumentar su amor por ella. Cuando llegó la hora de retirarse, Joseph se sintió aliviado. ____ abrió camino, tirando de él en
dirección a sus habitaciones.

—Tengo una cosa para ti —dijo él, cuando estuvieron a solas.

—Oh. —Ella se mordió el labio inferior—. Yo no me he acordado de comprarte un regalo de bodas.

—Tú eres mi regalo de bodas.

Del bolsillo interior de la chaqueta sacó un anillo. Era un sello pequeño, de mujer. Alargó la mano y le puso el anillo en la mano derecha.

—Era de mi madre.

____ lo miró con los ojos brillantes.

—Gracias.

Joseph se quitó la chaqueta.

—¿Te apetece una copa? —le preguntó, solícito.

Antes había tomado su cuerpo con tanta urgencia que ahora quería compensarla yendo con calma. Pensaba disfrutarla y saborearla.

—No, me apeteces tú.

Joseph sintió una gran satisfacción. Respiró hondo, expandiendo los pulmones. La sangre se le espesó y le circuló de prisa, caliente.

—¿No tienes dudas? ¿Preguntas?

—¿Por qué sigues hablando? —preguntó ella, que se había vuelto de espaldas.

—Nunca dejas de sorprenderme.

Joseph se acercó y empezó a desabrocharle el vestido.

—¿No crees que ya hemos tenido que enfrentarnos a bastantes asuntos desagradables por un día? Ya tendremos tiempo mañana de encarar el resto.

Él le besó el hombro, agradecido. _____ volvió la cabeza por encima del hombro y lo miró con intensidad.

—Si hubieras ido tú a la joyería en vez de Lynd...

—____...

Ella se volvió bruscamente entre sus brazos, atrapándole la boca en un beso poco estético, pero lleno de fervor. Él la abrazó con fuerza, levantándole los pies del suelo. ____ le rodeó el cuello con sus esbeltos brazos, enredándole los dedos en el pelo de un modo que lo enloquecía de pasión.

—Quiero verte desnudo —susurró, provocándole una erección—. Quiero tocarte por todas partes, y la ropa me lo pone difícil.

—No queremos dificultades en el dormitorio —replicó él, reprimiendo una sonrisa. Sentándola en el borde de la cama, dio un paso atrás y se empezó a desabrochar los botones del chaleco.

—Tómate tu tiempo —dijo ella.

—Te gusta mirar.

—Me gusta mirarte a ti —lo corrigió ____—. Te encuentro muy hermoso, sensual y deseable.

Joseph no supo cómo replicar a eso. ¿Cómo explicarle lo mucho que su honestidad significaba para él? En vez de palabras, se lo agradeció con hechos, reduciendo la velocidad de sus movimientos y sin dejar de mirarla en ningún momento, esperando que leyera en sus ojos lo mucho que la amaba. Cuando se hubo despojado de toda la ropa, se quedó quieto, esperando a que ella le dijera qué hacer a continuación. Antes de la boda la había tomado sin contemplaciones y ella se había entregado sin reticencias. Aunque ella aún tenía poca experiencia sexual, Joseph había sido incapaz de tratarla con la delicadeza que merecía. Esta vez sería distinto.

—Voy demasiado vestida —dijo ____, quitándose los zapatos y dejándolos caer al suelo.

—¿Y qué quieres que haga al respecto?

—Desnúdame. Pero mucho más de prisa de como te has desnudado tú.

Él la agarró por la cintura y la dejó en el suelo. Acabó de desa brocharle los botones del vestido, esta vez con más urgencia. Dejaron el vestido de boda en una silla, con cuidado, pero la camisola y los calzones fueron a parar al suelo de cualquier manera.
Hechizado por la piel pecosa de su espalda, la rodeó con los brazos, doblando las rodillas para quedar a su altura. Apoderándose de un pecho con una mano y cubriendo con la otra su sexo, era el dueño de su pasión. Ella gimió de placer, dejando caer la cabeza hacia atrás.

—Me encanta cómo me tocas. Tus manos son tan grandes y fuertes, callosas pero cálidas.

—Son las manos de un hombre que se gana la vida trabajando —replicó él, recorriéndole la oreja con la lengua.

—Son las únicas manos que me tocarán así.

Con dos dedos, le separó los pliegues del sexo, dejándole el clítoris al descubierto.

—¿Te encontraré húmeda?

____ jadeó cuando empezó a martirizarle los pezones con dos dedos. Separó las piernas, invitándolo a acariciarla más a fondo.

—Sí, todavía te tengo dentro de mí... de antes.

Pensar en ella húmeda de su semen hizo que su erección creciera aún más. Empujándola entre sus muslos, gruñó al sentir la humedad que lo recibía.

—Déjame —le pidió, empujándola hacia la cama y animándola a que apoyara los codos en ella. Al principio, ____ se tensó, pero en seguida se relajó y le presentó las exuberantes curvas de sus preciosas nalgas. Sin poder resistirse, Joseph se las apretó.
Luego la ayudó a subir un poco a la cama, le levantó un muslo y se lo apoyó en la colcha, dejándola completamente expuesta. Con una caricia posesiva, le susurró: —Te quiero.

Ella volvió la cara y apoyó la mejilla en la colcha.

—Dilo otra vez —le pidió, con los ojos cerrados.

Sujetándose el miembro con firmeza, apoyó la punta junto a la diminuta entrada de su sexo sedoso.

—Te quiero.

Con un lento movimiento de caderas, Joseph hizo entrar la gruesa cabeza en su estrecho canal. Sintió como si lo apretara un guante de seda. ____ clavó los dedos en el colchón. Su gemido apagado lo excitó aún más.

—Mi esposa —murmuró, hundiéndose más profundamente.

Ella arqueó la espalda como un gato, abrazándolo con los músculos internos con el movimiento. El placer de esos abrazos, que eran como pequeñas olas, unido a la sensación de ser atraído más profundamente hacia su interior, era indescriptible. Joseph gruñó como una fiera salvaje. Encorvándose, la penetró con embestidas rápidas y poco intensas, deslizándose lentamente en su interior hasta llegar al fondo. Se negaba a permitir que ninguno de los dos alcanzara el clímax hasta que estuvieran totalmente unidos.
____ ahogó un grito.

—Tan hondo... Te siento tan adentro... —dijo, arrastrando las palabras.

Él se retiró unos centímetros y volvió a embestir, llegando aún más profundamente. Ella lo abrazó hasta la raíz, sumergiendo su miembro palpitante en calor líquido. Sujetándola por el hombro, Joseph la aprisionó contra la cama, cabalgándola con embestidas
largas y relajadas. Sus testículos rebotaban a la entrada de su sexo, estableciendo un ritmo regular y muy erótico. ____ gemía con cada nuevo golpe que sentía en el clítoris, dejando el rastro de sus uñas marcado en el terciopelo de la colcha. El pelo se le estaba humedeciendo de sudor. Cuando le pareció que estaba a punto de estallar, Joseph se detuvo en seco, clavado en lo más hondo de su cuerpo, y se mantuvo allí, susurrándole palabras de ánimo mientras ella se derretía a su alrededor. Él también sudaba, tenía el pelo pegado a la cara y el vello del pecho empapado por el esfuerzo de mantenerse duro como una piedra e inmóvil dentro de ella.
El tiempo fue pasando, pero Joseph había perdido toda noción del mismo, como le pasaba siempre que estaba con ____. Sólo sabía que ella había tenido tantos orgasmos que ya no le quedaban fuerzas para agarrarse a la colcha y que sus gemidos eran débiles como los de un gatito recién nacido. Cuando, con voz ronca, le susurró que lo amaba, Joseph no pudo contenerse más. Con la mejilla apoyada en su glorioso cabello y rodeándola con los brazos, la llenó con chorros de lujuria calientes y desgarrados, que nacían de lo más profundo de su ser. Brotaban de un pozo de amor y esperanza que no había sabido que existía en su interior hasta que la había conocido.

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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 26th 2014, 18:14

oww
que tierno
eso si es amor
siguela
me encanta
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 27th 2014, 17:06

Orgullo y Placer

Capitulo 34


_____ estaba leyendo la prensa de la mañana en la mesa de desayuno cuando Vanessa Chilcott apareció. Su hermanastra iba vestida con ropa del ama de llaves. La camisa de cuello alto le iba algo estrecha en el pecho y la falda un poco larga, pero se movía con innegable dignidad.

—Buenos días —la saludó ____ antes de volver a leer la información sobre el incendio del día anterior.

—Buenos días, señorita Martin.

A ____ le llevó unos momentos darse cuenta de que la joven permanecía inmóvil. Frunciendo el ceño, miró por encima del periódico. Con un gesto, señaló la consola cubierta de bandejas y de fuentes tapadas.

—La comida está allí. Sírvase lo que quiera.

Como si hubiera estado esperando su permiso, Vanessa se puso en movimiento. Cuando hubo acabado de servirse, se sentó a la mesa.

—Felicidades por la boda.

Mordiéndose el labio inferior, ____ dejó el periódico a un lado.

—¿Debí invitarla? Después de lo sucedido en la tienda y de descubrir nuestro auténtico parentesco, no estaba muy segura...

Vanessa parpadeó y se la quedó mirando como siempre la miraba la gente al darse cuenta de lo poco que sabía de etiqueta.

—Buenos días, señoras —saludó Joseph, entrando en la estancia con paso sensual y relajado, como si tuviera todo el tiempo del mundo—. Mi mujer ha sido agraciada con una naturaleza extraordinariamente pragmática, señorita Chilcott. Y no pretende ofender a nadie cuando observa, o como en este caso, deja de observar, ciertas costumbres sociales.

La joven asintió y lo observó recorrer la habitación hasta llegar al rincón donde ____ se había sentado. Lo miraba disfrutando de lo que veía, muy consciente del tipo de hombre que tenía delante: implacable y peligrosamente sexual. ____ supuso que cualquier mujer con sangre en las venas se sentiría atraída por él. Al fin y al cabo, incluso ella, que hasta ese momento había sido inmune a los encantos masculinos, no los había
podido pasar por alto.

—No importa —la tranquilizó Vanessa—. Me sentí muy agradecida por tener un techo sobre mi cabeza.

____ se encogió de hombros.

—Era lo más razonable. Usted perdió más que yo en el incendio.

Joseph apoyó una mano en la mesa y otra en el respaldo de la silla de ____.

—La he echado de menos esta mañana, señora Jonas. Sugiero que en el futuro pida que le suban una bandeja a la habitación.

____ contuvo el aliento. Joseph se había mostrado insaciable a lo largo de la noche, despertándola varias veces para tomarla una y otra vez. De espaldas. Tumbada boca abajo. De lado. Con los pies levantados o los muslos entre los de él. Profundamente, superficialmente, con fuerza, con delicadeza, con rapidez o con desesperante lentitud... la había poseído de todas las maneras posibles. Su repertorio de delicias sensuales era extenso y sospechaba que sólo le había mostrado una pequeña parte.

Mientras enderezaba la espalda, ____ volvió la cabeza impulsivamente y lo besó en los labios. Joseph se tensó un instante, sorprendido, pero en seguida se relajó y ronroneó satisfecho mientras ella lo besaba con dulzura. Su sonrisa le encogió el estómago. Con la punta del dedo, Joseph le recorrió la nariz antes de alejarse en busca de su desayuno. Animada por su presencia, ____ respiró hondo y se volvió hacia su hermanastra. Vanessa tenía la mirada clavada en el plato, como si quisiera demostrar que no se había dado cuenta del escandaloso comportamiento de la pareja al otro lado de la mesa. Se aclaró la garganta.

—No sé si era o no lo más razonable acoger bajo su techo a una inquilina que había mentido sobre su identidad, pero sé que la mayoría de la gente no lo habría hecho.

—Pero tú no eres simplemente una inquilina —señaló ____, tuteándola—. Eres mi hermanastra.

La joven sonrió con ironía.

—Lo que hace que todo sea todavía más incómodo, ¿no?

Joseph se sentó a la derecha de su esposa, en la cabecera de la mesa. No viendo ningún motivo para mentir, ____ asintió con la cabeza.

—Siempre sincera —dijo Vanessa—. A mi padre le gustaba mucho esa cualidad suya, señorita Martin. Le parecía liberadora. Decía que lo inspiraba para ser mejor persona.

—Tutéame, por favor. No quiero ser grosera, pero él a mí nunca me habló de ti.

Vanessa alzó una ceja rubia.

—¿Le diste la oportunidad?

____ abrió la boca, pero volvió a cerrarla sin decir nada.

—Exacto. —Vanessa cortó su porción de budín negro con cuidado—. No te culpo. Eres lista. Desde el principio debías de saber que se había casado con tu madre por la fortuna que le había dejado tu padre. Lo que se dice sobre los Chilcott es la pura verdad.

Desconcertada, ____ se volvió hacia Joseph, cuya cara no revelaba ninguna emoción.

—¿Ves esto? —Vanessa dejó los cubiertos sobre la mesa y alargó el brazo, señalando una marca que tenía en el dorso de la muñeca—. Mi abuela me dijo una vez que los frutos podridos de nuestro árbol genealógico se podían distinguir por estas manchas.

—Ya veo —dijo ____.

—Lo que no ves, sin embargo, es que hasta la fruta podrida a veces tiene partes aprovechables. En el caso de mi padre era su corazón. Cortejó a tu madre por su dinero, pero se casó con ella porque la amaba.

____ juntó las manos sobre la mesa.

—Si la hubiera amado de verdad habría sido una buena influencia para ella.

—Eso suena razonable —admitió su hermanastra—, pero el amor no es razonable. El amor es querer ver a la otra persona lo más feliz posible lo más a menudo posible. Al menos así era como mi padre lo entendía. Como bien sabes, no era fácil lograr que lady Georgina fuera siempre feliz. Si no la hubiera querido, habría hecho que la internaran. O la habría llevado al campo y la hubiera dejado allí. O tal vez la habría enviado a Europa. O a América...

—Entiendo lo que quieres decir.

Joseph le cubrió las manos con una de las suyas.

—Creo que deberías saber —siguió diciendo Vanessa— que fuiste muy buena influencia para mi padre. Cada vez que venía a verme, me hablaba de las ventajas de llevar una vida virtuosa como la tuya. Me convenció de que podría ganarme la vida honradamente si lo intentaba.

____ no sabía cómo enfocar la conversación. ¿Qué podía decir que la joven no supiera?

—Siento los problemas que te ha causado el señor Reynolds.

Vanessa se encogió de hombros.

—En realidad, culpo a mi apellido de los actos del señor Reynolds, no a ti. Creo que me alquiló el local con la intención de sacarme el dinero que él pensaba que yo planeaba quitarte a ti. Cuando lo sorprendí prendiendo fuego a la parafina, me dijo: «No te preocupes. Me aseguraré de que te llegue parte del dinero». En ese momento lo golpeé en la cabeza.

—Dios del cielo —susurró ____.

—Debió de pensar que yo era un regalo de los dioses que había ido a parar directo a su regazo. Otro Chilcott para conseguir un trozo todavía más grande de tu fortuna.

Joseph se volvió hacia ____.

—Al distraerte con el incendio y quitándome a mí de en medio con una bala, probablemente pretendía que te costara más prescindir de sus servicios. Mientras tanto, se habría ocupado de hacer quedar mal al señor Bell y de levantar sospechas sobre Montague para que no buscaras la ayuda de ninguno de los dos en esos momentos difíciles.

—No se imaginó que renunciarías a una oportunidad de vengarte de Montague por quedarte conmigo —murmuró ____, con el corazón rebosante de amor y gratitud.

Él le apretó las manos. Volviéndose hacia Vanessa, ____ le preguntó:—¿Y ahora qué harás?

—He pasado buena parte de mi existencia tomando decisiones basadas en mi apellido. Incluso cuando me decidí a darle un giro a mi vida, lo hice comparándola con mi vida anterior, lo que es una manera distinta de dejar que ese apellido lo domine todo. Pero no volveré a hacerlo. La tienda era un bonito sueño, pero no estoy segura de que fuera mi sueño.

—Me gustaría que te quedaras aquí mientras decides algo —dijo _____, sorprendiendo a todos los presentes, incluida ella misma.

—Una Martin invitando a una Chilcott a compartir casa. La historia se repite.

—No me había dado cuenta del paralelismo.

Era cierto. La había invitado porque le había salido del corazón. Jaoseph le dirigió una sonrisa de ánimo.

—Cuando hayas acabado —le dijo ____—, me gustaría hablar contigo en privado.

—Por supuesto.

Robbins apareció en la puerta con una tarjeta de visita. Acercándose a los recién casados, dejó la bandeja entre los dos.

—El conde de Westfield ha venido de visita.

—Que pase —respondió Joseph.

Poco después, el conde entró en la sala del desayuno, despeinado por el viento y más atractivo que de costumbre gracias a ello.

—Buenos días —les dijo a todos en general, aunque con los ojos clavados en Vanessa—. Qué suerte. No he desayunado.

—Llegas tarde, milord —bromeó Joseph.

—No recuerdo la última vez que me levanté tan temprano. Si me he levantado a estas horas de la madrugada ha sido sólo por ti.

—Tal vez debería plantearse la necesidad de acostarse más temprano, milord —le aconsejó Vanessa.

—¿Y eso qué gracia tiene, señorita Chilcott?

Ella permaneció con la vista clavada en el plato.

—Depende de quien más esté en la cama —dijo ____.

Joseph la miró divertido.

—Mi mujer y yo tenemos que retirarnos, pero por favor, pasadlo bien.

Westfield sonrió.

—Eso es exactamente lo que pienso hacer.

—Me pregunto si debo avisar a la señorita Chilcott de que tenga cuidado con Westfield — comentó Joseph, mientras ____ y él subían a las habitaciones de ésta.

—Qué casualidad. Yo me estaba preguntando si Westfield no necesitaría una advertencia similar.

—La sonrisa que ella le dirigió era tan radiante que Joseph casi tropezó—. De todos modos, creo que hacen buena pareja. No creo que ninguno de los dos pueda aprovecharse mucho del otro... aunque está claro que el conde piensa intentarlo.

—Lo pierden las mujeres guapas.

Ella lo miró de reojo.

—Espero que a ti no te pase lo mismo.

—Lo siento, pero me temo que sí. Hay una mujer preciosa con la que comparto la vida. Y he perdido la cabeza por ella completamente.

Entraron en la salita privada. Joseph esperaba que se retiraran directamente al dormitorio, al fin y al cabo eran recién casados, pero ____ se sentó en uno de los sofás y se arregló la falda del vestido a rayas como si se estuviera preparando para una larga conversación. Con la nariz y la barbilla levantadas, era la viva imagen de la firmeza y la decisión. Reconociendo los signos, Joseph se quitó la chaqueta.

—Me ha impresionado mucho tu conversación con la señorita Chilcott.

—Entiendo perfectamente lo que dice cuando habla de permitir que fuerzas externas nos condicionen. Durante demasiado tiempo yo permití que la frustración que mi madre me provocaba dominara mis actos y elecciones. —Respiró hondo antes de añadir—: Incluso casarme contigo.

Joseph se sentó a su lado.

—No conozco exactamente tus preocupaciones. Supongo que debías de tener miedo de repetir los errores de tu madre, pero creo que lo has llevado todo muy bien. Si no, a estas horas no llevarías puesto mi anillo.

____ lo miró mientras él se llevaba a los labios la mano donde el día anterior le había puesto el anillo de rubí y diamantes.

—No lo sé. Había estado tan obsesionada con no casarme para no repetir sus errores que cuando cambié de idea seguí dejándome influenciar por ella. Al luchar para que mi madre no fuera la razón de mi rechazo, se convirtió en la razón por la que te acepté.

Joseph no estaba seguro de adónde quería llegar ____ con sus palabras, pero sabía que no le gustaba nada oír que se había casado con él por cualquier razón que no fuera porque lo amaba.

—¿Qué pretendes decirme? —preguntó, sin soltarle la mano.

—El señor Reynolds vino a traerme información que te dejaba en mal lugar, tratando de convencerme de que no me casara contigo. Y lo que yo hice fue acallar mis preocupaciones diciéndome que si no me casaba contigo estaría concediéndole a mi madre una nueva victoria sobre mi vida. ¿Lo comprendes? —preguntó ____, apretándole la mano.

—Creo que sí. ¿Sigues teniendo dudas? —Él se acarició el pecho, tratando de librarse de la opresión que lo atenazaba.

____ sonrió.

—No.

Dándose cuenta de que había estado apretando los dientes, Joseph relajó la mandíbula para preguntar: —¿Has creído alguna vez, aunque fuera por un momento, que al casarme contigo mi intención era impedir que Montague tuviera acceso a tu herencia? ¿Pensaste que te usaría para asegurarme de que él no salía del agujero que ha cavado con sus propias manos?

—Quiero que uses todo lo que necesites para lograr tus objetivos —respondió ella en voz baja—. El dinero y lo que haga falta.

Él se la quedó mirando; se había quedado sin palabras.

—Lo que estuvo a punto de pasar ayer —siguió diciendo _____ —, lo de Anne Reynolds y la emboscada fallida... fue tu pasado influyendo en tu vida, definiéndote como persona. Yo no podía entregarme totalmente a ti hasta liberarme de la influencia de mi madre. Lo mismo puede aplicarse a ti.

Él se puso en pie de un salto.

—Mi madre vino a Londres para ser presentada en sociedad. Era una mujer de una gran belleza. Podía haber elegido al marido que quisiera.

—Pero cayó en las redes del difunto conde de Montague.

El tono dulce y amable de ____ fue su perdición. Tenía que controlarse. Nunca le había contado esa parte de su vida a nadie. Lynd la conocía porque había sido testigo directo.

—Sí —respondió Joseph, pasándose la mano por el pelo—. A diferencia de la joven que oímos el otro día en el jardín de los Cranmore, mi madre se acostó con Montague voluntariamente.

—Jane Rothschild. —____ le recordó el nombre de la desafortunada muchacha.

—Y al igual que Jane Rothschild, mi madre se quedó embarazada. —Joseph empezó a andar arriba y abajo—. Cuando el conde se negó a casarse con ella, ella se lo contó a su hermano. La respuesta de lord Miller fue desheredarla.

—Su propio hermano... ¿Por eso no usas su nombre?

—Me lo cambié legalmente. Él la abandonó en Londres y se volvió a Irlanda. Mi madre no tenía a quién acudir.

—No me lo puedo ni imaginar —susurró ____—. Qué horrible indefensión.

—Y a pesar de todo —replicó él con más dureza de la que pretendía—, ¿me ofreces libremente los medios económicos que te permiten no depender de nadie?

Ella lo miró sorprendida.

—¿Te enfadas conmigo por apoyarte?

—¡No! ¡Maldita sea! Estoy enfadado con Montague por haber ensuciado nuestra relación con dinero. —Al llegar a la pared, se volvió y siguió andando—. Mi madre le pidió ayuda. Le suplicó. Entonces, él la convirtió en su amante y presumió ante todos sus conocidos de haber convertido en su querida a la estrella más brillante de la temporada. Cuando la suerte lo abandonó y perdió una fortuna a las cartas, alguien le propuso pasar la noche con mi madre como pago. Él aceptó.

—Oh, Joseph —susurró ella—. ¿Y tú dónde estabas mientras...?

—Durante el día iba a clase y por las noches no me dejaba salir de mi habitación. Algunos de los hombres que Montague enviaba a casa le traían regalos a mi madre. La recordaban de cuando era una jovencita con un futuro prometedor y les daba lástima. Ella lo empeñaba todo para pagar mis estudios... y su creciente dependencia del opio.

No se atrevía a mirar a ____ a los ojos, consciente de que, si veía lástima en ellos, sería incapaz de continuar.

—A medida que la situación financiera de Montague empeoraba, también lo hacía la calidad de la vivienda de mi madre, la de los hombres que iban a verla y la de los regalos que le llevaban. Pero ella no estaba dispuesta a que mi educación se resintiera, así que siguió rebajándose cada vez más para ganar dinero. »Mientras tanto —prosiguió, con voz dura—, yo procuraba aprender todo lo que podía de mis tutores, con el objetivo de arruinar a Montague algún día, del mismo modo que él había arruinado la vida de mi madre. Cuando murió, antes de que yo pudiese vengarme, me puse furioso.

Durante unos momentos ambos guardaron silencio. Sólo se oía la respiración agitada de ____. Finalmente, fue ella la que habló.

—Lo que le pasó a tu madre es una crueldad tan grande que cuesta de concebir.

Levantándose, se acercó a él. Interceptándolo mientras caminaba, lo abrazó por la cintura, obligándolo a aceptar el consuelo que le ofrecía. Joseph permaneció inmóvil, muy rígido, respirando hondo mientras imágenes del pasado que deseaba desesperadamente olvidar cruzaban por su mente. Finalmente, el aroma del perfume de ____ atravesó la niebla de los recuerdos y lo trajo de vuelta al
presente. De vuelta a la esposa que nunca pensó tener, pero sin la que ya no se imaginaba la vida. Le apoyó la mejilla en la coronilla.

—Sé lo que estás sacrificando con tu ofrecimiento. Si me dejara arrastrar por la sed de venganza, fácilmente podría dilapidar todo lo que tu padre y tú habéis trabajado tanto para conseguir. Eres consciente de ello y, a pesar de todo, me quieres lo suficiente como para poner mis necesidades por delante de las tuyas.

—Es verdad. Te quiero y quiero que seas feliz —admitió ella, abrazándolo con más fuerza.

—Yo también te quiero. Lo vi claro cuando envié a Lynd a ocuparse del caso de la señora Reynolds. Me di cuenta de que lo que más deseaba en la vida era estar a tu lado. Y también comprendí que Montague podía arrebatármelo si se lo permitía. —Echándose un poco hacia atrás, la miró a los ojos—. Si le permitía que condicionara quién soy y lo que hago.

____ tragó saliva.

—¿Qué harás ahora?

—Pienso pedirle a Westfield que le devuelva la escritura y olvidarme del asunto. Para eso ha venido el conde. He entendido que mi madre preferiría verme disfrutar de una vida de felicidad al lado de una mujer preciosa y unos hijos traviesos pero muy inteligentes. Ésa será su mayor victoria.

____ le sujetó la cara entre las manos. Los ojos le brillaban con un amor tan intenso que Joseph se sintió indigno de ella. Estaba a punto de hablar cuando alguien llamó a la puerta.

—No te muevas —dijo él.

Cuando ____ sonrió y le vio los hoyuelos que se le formaron en las mejillas, estuvo a punto de decirle a quien fuera que los estaba molestando y que volviera más tarde. Horas más tarde. O mejor, días. Pero abrió la puerta. Era Robbins.

—Discúlpeme, señor Jonas. Ha llegado un agente de Bow Street. El señor Bell. Quiere verlos, a usted y a la señora Jonas.

—De acuerdo, gracias. En seguida bajamos.

Se puso la chaqueta antes de ofrecerle el brazo a ____. Al pasar frente a la sala del desayuno, oyeron a Westfield hablando con la señorita Chilcott. Sonaba molesto y ofendido. Se reunieron con el señor Bell en el despacho de ____. El detective rechazó el asiento que ella le ofreció. Estaba muy serio.

—Ayer, la señora Reynolds mencionó el nombre de lord Montague varias veces.

Joseph logró mantener una expresión neutra, pero se volvió hacia ____, que asintió.

—Bueno —siguió diciendo Bell—. Aún no sé cuál es la conexión de lord Montague con los acontecimientos, pero he pensado que deberían saber que lo han matado hace una hora.

____ palideció, pero no dijo nada. Joseph también necesitó unos instantes para asimilar la noticia. Tras la sorpresa inicial, sintió un gran alivio al darse cuenta de que no estaba furioso como cuando había muerto su padre. La muerte del conde no le quitaba nada. Todo lo que necesitaba en la vida lo tenía justo al lado.

—¿Cómo? —preguntó finalmente.

—La señorita Jane Rothschild ha acabado con su vida de un disparo al corazón con la pistola de su padre.

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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 27th 2014, 17:24

Orgullo y Placer

Epílogo


En medio del caos del estudio de su tío, ____ se preguntaba cómo iba a encontrar un delgado cuaderno entre aquella multitud de libros.

—¿Estás seguro de que no está en tu dormitorio? —le preguntó.

La cabeza despeinada de Melville apareció al otro lado de la mesa. Su cara apareció poco después; primero las mejillas sofocadas y después los ojos brillantes.

—No, ya he mirado allí.

—¿Y no podríamos comprar un cuaderno nuevo para que lo uses en la isla?

—Lo que yo necesito es la información que tenía en ése —respondió su tío—. No páginas en blanco donde escribir.

—¿Listos?

____ se sobresaltó al oír la voz de Joseph, que se había detenido a su lado. Seguía sorprendiéndola lo sigiloso que era.

—No del todo. Seguimos buscando el cuaderno de mi tío.

—«En el yermo desierto de mi corazón, / floreces, radiante, / llenando el aire con tu aroma celestial.»

Joseph alzó las cejas al oír la voz de lady Collingsworth, que entraba en la habitación leyendo en voz alta de un delgado dietario.

—¡Qué maravilla, Burgess! —exclamó Regina, ruborizándose—. ¿Quién se iba a imaginar que tuvieras alma de poeta?

____ tenía su propia opinión sobre la calidad de los versos de su tío, pero había aprendido que los sentimientos que se ocultaban tras un gesto o un regalo eran más importantes que el gesto en sí.

—¿Ahora sí? ¿Podemos irnos? —Joseph alargó la mano hacia ella—. Preferiría no perder el barco que lleva nuestras cosas.

—Yo estoy lista —contestó Regina, cerrando el cuaderno y devolviéndoselo a Melville. Cuando éste lo cogió, ella se agarró de su brazo.

—Sonará mejor cuando te lo lea al oído —le susurró el conde, guiándola hacia el carruaje que los esperaba.

Al apoyar la mano en la de Joseph, ____ se preguntó si los nervios que la hacían vibrar por dentro serían visibles desde el exterior. Apretándole los dedos, él sonrió.

—Qué nerviosa estás. Lo noto.

—No estoy nerviosa, ¡estoy ansiosa! —Se dirigieron al vestíbulo, donde Robbins los aguardaba con la capa y el sombrero de ella preparados—. Adoro el mar y el clima templado. No veo el momento de partir y estar rodeados por ambas cosas.

—No hay nada como quedarse dormido escuchando las olas —murmuró él—. Pienso llevar una manta a la playa y hacerte al amor a la luz de la luna.

—¡Joseph! —exclamó ____ escandalizada pero al mismo tiempo intrigada—. ¿Al aire libre?

—A plena luz del sol o con lluvia. En la playa y bajo los árboles. Pero también dentro de casa. En cada habitación.

____ sonrió con picardía mientras él la ayudaba a subir al coche. Melville y Regina iban en otro carruaje. Aunque ambos afirmaban ser sólo amigos, era evidente que tenían un vínculo más profundo. ____ se había sorprendido al enterarse de ello, hasta que Regina le contó que su tío había sido su pretendiente muchos años atrás. El conde había llegado a la conclusión de que lo mejor sería que se casase con un hombre que viviera conectado a lo que pasaba en el mundo y se había retirado de su cortejo. Regina había pensado que Melville no la amaba lo suficiente y que había perdido interés en ella. Los años que ____ había pasado resistiéndose al matrimonio les habían dado la oportunidad de reanudar su relación, una relación que de momento parecía muy prometedora.

—No sé cómo piensas combinar todas esas horas de sexo —le dijo ____ a Joseph, mientras el carruaje arrancaba— con el esfuerzo de poner en marcha una plantación de caña de azúcar.

—¿Es un desafío, señora?

—Tal vez...

—Hay una casa de invitados. Melville y lady Collingsworth no serán un obstáculo. Tendré acceso a ti día y noche. Las posibilidades son infinitas.

____ sonrió.

—Mi tío tiene previsto cultivar multitud de semillas, aprovechando el clima.

Joseph le dirigió una mirada traviesa.

—Sospecho que también planea cultivar a lady Collingsworth y hacerla florecer.

—Tienes una mente lujuriosa.

—Eso es cierto —admitió él—, pero me baso en los hechos. Hay una magia indefinible en los trópicos que hace que a un hombre le hierva la sangre.

—¡Ah! —exclamó ella, asintiendo—. Por fin dejas al descubierto tus auténticas motivaciones para este viaje.

Joseph se echó hacia atrás en el asiento y la miró con ojos soñadores.

—¿No te dije desde el primer día que mi intención era seducirte?

—Sí, lo había olvidado, disculpa. —No era cierto, no lo había olvidado, pero durante las semanas que llevaban casados había descubierto que provocar a Joseph solía tener deliciosas consecuencias.

—¿Quieres que te lo recuerde?

____ se pasó la lengua por el labio inferior.

—Puedes intentarlo, si quieres.

Con un ágil movimiento, él la agarró por la cintura y la sentó encima de él.

—Como bien sabe, dejar satisfecha a mi esposa es una cuestión de orgullo, señora Jonas.

—Me temo que puede ser usted demasiado guapo para esa misión —replicó ____, siguiéndole el juego.— ¿Ah, sí? —replicó él, levantándole la falda—. Teniendo en cuenta lo cerca que está el puerto, creo que eso jugará a mi favor.

—Además —la voz de ____ empezaba a sonar ronca—, es imposible disimular ese aire que lo caracteriza.

—Le ruego que me explique a qué se refiere. —Con los dedos, Joseph encontró la abertura en sus calzones y separó los pliegues de su sexo. La encontró como deseaba: caliente y húmeda, dispuesta para él.

—Es usted un depredador. Un hombre peligroso.

—Peligrosamente excitado —admitió él—. Y locamente enamorado.

Con la mano en la cinturilla de sus pantalones, ____ lo besó.

—Y mío.

—Siempre.


FIN

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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Marzo 27th 2014, 17:32

Bueno, llego el final, espero que les haya gustado esta adaptacion, y muchas gracias por haber comentado las veces que podian. Aun no sé cuando subire la siguiente novela, mañana no puedo porque tengo clases y llego a casa muy tarde asi que vere si este fin de semana o el lunes. Bueno lindas nos vemos pronto. Bye Smile
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MensajeTema: Re: Orgullo y Placer (Joe y tú) HOT- Terminada   Hoy a las 16:38

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