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 Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot

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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 26th 2013, 10:42

8. Sucedió una noche

—¿Has dicho que no sabes si vas a donarle médula ósea a tu padre? ¿A tu padre? ¿Por qué?
—Es complicado.
—Eso ya lo has dicho antes. —______ se mantuvo firme. Una parte de ella le decía que no era nadie para juzgarlo, pero otra gritaba que era imposible que Nicholas , su Nicholas , estuviera planteándose tal crueldad.
—Mi padre me echó de casa cuando yo tenía dieciocho años. —No había sido exactamente así, pero eso era lo máximo que se veía capaz de contarle por el momento—. Y hasta hace unos meses no me había vuelto a dirigir la palabra. Y, créeme, si no fuera por mi preciosa médula ósea, Paul Jonas podría haber pasado el resto de su vida ignorando mi existencia.
—No lo entiendo —dijo ella, confusa.
—Yo tampoco —convino él en voz baja—. Mira, ______, no todas las familias son como la tuya, las hay mejores, y otras mucho peores. Sé lo que me digo.
—Pero... ¿qué pasó? —No podía evitar tener la sensación de que los padres de Nicholas eran los culpables de la perenne tristeza que se reflejaba en los ojos de éste.
—Es...
—Complicado —lo interrumpió ella.
Él apretó los dientes y la cogió de la mano.
—______, ¿no puedes darme un respiro? Eres la primera persona que sabe que me peleé con mis padres. Kevin siempre ha creído que, sencillamente, nos distanciamos, así que, por favor, ¿no puedes darme algo de margen?
—Está bien. No era mi intención presionarte, es sólo que no me encaja que alguien como tú sea capaz de tomar una decisión tan egoísta como ésa.
—Gracias —contestó emocionado, a pesar de que sabía que genéticamente estaba programado para ser increíblemente egoísta. Sólo había que ver a su padre y a su hermano para saberlo—. Significa mucho para mí.
______ se limitó a asentir y recorrieron las calles que les faltaban hasta llegar al piso de ella en silencio.
—Bueno, gracias por acompañarme. —Buscó la llave en el fondo del bolso—. Me ha gustado la película —añadió nerviosa. A pesar de que se suponía que sólo eran amigos, ______ aún no sabía muy bien cómo comportarse en el momento de la despedida—. Esta semana estoy muy liada, pero si te apetece podríamos ir a tomar un café el viernes por la...
Ella le estaba hablando y Nicholas no podía dejar de pensar que le había dicho que no se lo imaginaba como un hombre cruel. Y, sin que él le diera ninguna explicación mínimamente satisfactoria, había accedido a darle tiempo. Y ahora le estaba diciendo que si quería podían ir a tomar un café. Entonces, su cerebro le gritó basta y, sin poder evitarlo, y sin querer evitarlo, Nicholas se agachó y la besó en los labios. Fue un beso breve. Muy breve, igual que si se lo hubiera dado en la mejilla, pero al menos pudo sentir su aliento bajo su boca.
—Buenas noches, ______ —susurró al apartarse.
—Buenas noches —respondió ella, y se dio media vuelta para abrir la puerta. Pero Nicholas vio que se llevaba dos dedos a los labios para tocárselos.


El lunes siguiente, ______ fue a la facultad y en la cafetería se encontró con Eric. Estaba con unos amigos, y oyó que se reían de algo que les había sucedido la noche anterior. Ella pidió su café y se sentó a la barra.
—Hola, _______ —la saludó Eric, que se había levantado de la mesa en la que estaba con sus amigos.
—Hola —respondió ella.
—¿Tienes clase?
—Sí, dentro de media hora.
—Este fin de semana nos vamos a la casa que Carlos tiene en Puigcerdá. ¿Te gustaría venir?
______ se puso algo nerviosa, pero consiguió disimularlo.
—¿Quiénes vais? —preguntó.
—Pues Carlos, por supuesto, Miriam, su novia, una de sus amigas, no me acuerdo cómo se llama. Yo, y Miguel, de farmacia.
—¿Y estás seguro de que no les importará que yo también me apunte? Apenas los conozco.
—No, qué va. Me dijeron que podía invitar a quien quisiera. —La miró a los ojos, dejándole claro por qué había pensado en ella—. Nos iremos el viernes por la tarde, y regresaremos el domingo por la noche.
Ella no sabía qué decir. Casi no conocía al propietario de la casa ni al resto del grupo, y la incomodaba un poco que Eric diera casi por hecho que su incipiente relación fuese a dar aquel giro. Pero por otro lado, si nunca pasaba tiempo con él, jamás llegaría a conocerlo.
—Me tengo que ir a clase, ¿te puedo contestar más tarde? —Cogió la carpeta que había dejado encima de la barra. Vio que la sonrisa de Eric, que había aparecido en sus labios desde el principio de la conversación, se apagaba un poco—. Me apetecería mucho ir —le dijo, para ver si así lo compensaba por no responderle en aquel preciso instante.
—Claro, éste es mi móvil. —Cogió el bolígrafo que ______ llevaba colgado de la goma elástica de la carpeta y apuntó el número en ella—. Llámame cuando quieras.
______ salió de la cafetería y se fue a clase, pero a decir verdad no prestó demasiada atención a lo que decía el profesor. Su mente pasaba de encontrar argumentos a favor de decir que sí, para luego darle varios para decir que no. La sorprendía que Eric la hubiera invitado, pero, tal como decía Selena , la mayoría de la gente de su edad no era tan complicada como ella y a menudo hacían cosas sólo para pasarlo bien. Seguro que si se lo preguntaba a su hermana, le diría que no le diera tantas vueltas y que dijera que sí, o que no, pero que no se complicara tanto la vida. Al fin y al cabo, sólo era un fin de semana; en el mejor de los casos, conocería gente nueva y quizá hiciera algunos buenos amigos, por no mencionar que tal vez descubriera si entre ella y Eric podía haber algo; y en el peor se aburriría y perdería un fin de semana. A la hora de cenar, había decidido que iba a aceptar la invitación, pero no llamó a Eric. Esperaría al miércoles por la mañana.


Nicholas trató de concentrarse en los planos que estaba modificando, pero su mente se empeñaba en recordar el inocente beso que le había dado a ______ y el mensaje que el doctor Ross había dejado en su contestador. El médico lo había llamado ese mismo día a primera hora de la mañana para decirle que era imperativo que ese fin de semana viajara a Londres para realizar las últimas pruebas previas al trasplante. El oncólogo también le decía que, en caso de que no accediera a ser donante, debía decírselo cuanto antes para poder buscar una alternativa. Nicholas todavía no se había decidido, y el principal motivo de su indecisión era que, a esas alturas, ni su padre ni su madre se habían dignado pedírselo, sencillamente, habían dado por hecho que él lo haría. No quería humillarlos, ni que fueran a verlo contándole historias falsas sobre el amor que de repente sentían hacia él, pero sí que le gustaría que lo trataran con respeto. Y una conversación entre adultos era lo mínimo que se merecía. Frustrado, lanzó el lápiz encima del escritorio.
—Vaya, no sé qué te ha hecho el pobre lápiz —dijo Juan desde la puerta—, pero seguro que se arrepiente.
—No te había visto —contestó Nicholas —. ¿Qué querías?
—Ya sé que en los últimos días te lo he preguntado varias veces, pero correré el riesgo de repetirme: ¿te pasa algo?
—Nada. Estaba trabajando en los cambios que me pasaste. Lo de los balcones de los pisos superiores me parece muy buena idea.
—Gracias. Tu sugerencia sobre el sistema de ventilación ha sido básica. Y, bueno, ahora que los dos nos hemos halagado mutuamente, ¿por qué no me cuentas lo que te pasa?
—¿Saliste con Teresa?
—Me rindo, veo que estás empeñado en cambiar de tema. —Levantó las manos dándose por vencido—. Sí, fuimos a cenar. Es una mujer sorprendente, ¿sabías que terminó los estudios después de que naciera su hija? ¿Y que la ha criado ella sola?
—No, no lo sabía. Me alegro de que lo pasarais bien.
—Sí. —Al ver el modo en que lo miraba Nicholas , se apresuró a añadir—: No pasó nada. Teresa es toda una dama.
—Por supuesto. Y tú todo un caballero, pero eso no implica que no podáis llegar a conoceros mejor.
—Eres incansable. En fin, venía a ver si estabas listo para salir. Quedamos que hoy pasaríamos por la obra para comentar las últimas novedades con el capataz.
Nicholas se había olvidado por completo de la cita.
—Por supuesto. Guardo todo esto y nos vamos.
—Te espero en recepción —dijo Juan, y salió dejándolo de nuevo a solas.

Nicholas recogió el lápiz, guardó el cuaderno en la bolsa y fue en busca de su amigo. Tenía que ir a Londres. Debía enfrentarse a sus padres y tomar una decisión. Sabía que tenía que hacerlo, igual que sabía que no quería ir solo. La visita con el capataz consiguió que, durante unas horas, no pensara en nada más, pero tan pronto como entró en su apartamento, todas aquellas preguntas volvieron a asaltarlo. Eran más de las diez, y quizá algo tarde para llamarla, pensó, pero la llamó igualmente.
—¿Nicholas ?
—¿Te he despertado? —preguntó él.
—No, qué va. Selena y yo estábamos viendo la tele. Espera un segundo. —Oyó que ______ se levantaba del sofá y le decía a su hermana que iba a su habitación—. Ya está, así no la molesto. Dime.
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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 26th 2013, 10:50

8. Sucedió una noche

Parte 2


—Esta mañana me ha dejado un mensaje el médico que lleva el caso de mi padre —le explicó, relativamente tranquilo, aunque sintió un ligero temblor en la mano con que sujetaba el teléfono—. Tengo que ir a Londres este mismo fin de semana. —Tomó aire—. Y tengo que decidir, de una vez por todas, si voy a donarle médula a mi padre o no.
—¿Y qué vas a hacer? —______ estaba sentada encima de su cama, con las piernas cruzadas como una india.
—No lo sé. ______, yo... sé que te parecerá absurdo, pero —cerró los ojos, y agradeció que ella no pudiera verlo— ¿te importaría acompañarme a Londres?
—¿A Londres? ¿Este fin de semana?
—Sí. Yo me ocuparía de todo, por supuesto.
Se quedaron en silencio durante unos segundos; ella porque trataba de comprender lo que estaba pasando, y él porque tenía miedo de oír la respuesta que ella pudiera darle.
—Nicholas , ¿por qué? ¿Por qué quieres que te acompañe? —le preguntó ______ al fin—. Nos hemos pasado los últimos meses evitándonos. De no haber sido por el nacimiento de María, seguramente habríamos podido seguir así eternamente.
—Siempre me he arrepentido de cómo reaccioné aquella noche, _______ —confesó—. Este fin de semana va a ser muy difícil para mí, y necesito tener un amigo a mi lado. —Habría dicho que necesitaba tenerla a ella, pero supuso que ______ no lo creería—. No puedo pedírselo a Kevin , y tampoco a Ian . Y ya te dije que nunca le había contado a nadie que estaba tan distanciado de mis padres. —Ella seguía sin decir nada—. Si no quieres venir, lo entenderé. No pasa nada, de verdad. Es sólo que... tenía que preguntártelo.
—El viernes termino a las doce, y por mí podríamos regresar el martes, o incluso el miércoles por la mañana. El lunes y el martes que viene no tengo clases —explicó _____. Había estado a punto de decirle que no podía acompañarlo, que estaba ocupada, pero algo en la voz de Nicholas le hizo ver que no estaba acostumbrado a pedirle nada a nadie, y que de verdad temía hacer solo ese viaje, así que aceptó. Y tan pronto como le dijo que sí, tuvo la sensación de que eso era exactamente lo que tenía que hacer.
—Gracias, ______. —Carraspeó para aclararse la voz—. Mañana mismo compraré los billetes y reservaré el hotel.
—¿Y tu apartamento de Londres? ¿No preferirías ir allí? Mi hermana me dijo que habías decidido conservarlo.
Nicholas se quedó pensando unos momentos. La verdad era que le gustaría ir a su casa. Aunque en Barcelona estaba muy bien instalado, echaba de menos su apartamento de Londres, y a esa pequeña parte masoquista que vivía en su interior le gustaría ver cómo encajaba ______ en él.
—Había pensado que en un hotel estarías más cómoda, pero si a ti no te importa, la verdad es que me gustaría ir a mi casa —contestó sincero.
—Por supuesto que no me importa. —«Y siento mucha curiosidad.»—. Así te ahorras el hotel, y podremos ir a nuestro aire.
—Gracias, ______. Significa mucho para mí —le dijo más emocionado de lo que estaba dispuesto a reconocer.
—De nada, Nicholas . Vamos, duerme un poco, suenas muy cansado. Hablamos mañana y terminamos de organizar las cosas. Supongo que necesitarás mi número de pasaporte, ¿no?
—Sí, supongo que sí. —Suspiró—. Te llamo mañana. Buenas noches,______.
—Buenas noches.
______ colgó el móvil y tardó unos segundos en darse cuenta de que su hermana Selena estaba de pie junto a la puerta.
—Así que te vas a Londres —dijo despreocupada.
—Eso parece —respondió ella desde la cama; seguía sin comprender del todo lo que acababa de suceder.
—Bueno. —Selena se dio media vuelta, pero antes de salir de la habitación, añadió—: El jueves, cuando llegue de clase, te ayudo a hacer la maleta.


El miércoles por la mañana, ______ llamó a Eric para decirle que le había surgido un imprevisto y que, lamentándolo mucho, no podría ir con ellos de fin de semana. A él no pareció hacerle demasiada gracia, pero tampoco se apenó en exceso, y ______ supuso que el guapo estudiante de medicina tardaría media hora, como mucho, en pedírselo a otra. Y lo mejor de todo fue que ni siquiera le importó. Por la tarde, cuando regresaba a su casa después de pasar un par de horas en la biblioteca, le sonó el móvil y vio que era Kevin , su cuñado.
—Hola, Kevin , ¿qué tal? ¿Cómo están Ágata y María? —preguntó nada más descolgar.
—Todos estamos bien. ¿Puede saberse por qué Nicholas me ha dicho esta mañana que el próximo fin de semana tú y él ibais a estar en Londres?
______ se quedó algo sorprendida, ella misma habría llamado a Ágata para contárselo, pero la sorprendió que Nicholas hubiera facilitado esa información. Tenía la sensación de que quería llevar todo aquello de sus problemas familiares en secreto.
—Me ha pedido que lo acompañe —optó por responder vagamente—. Y este fin de semana lo tengo libre.
—Ya, sólo dime una cosa, ¿tiene algo que ver con que su padre esté enfermo? Vamos, ______, soy periodista, y el padre de Nicholas es uno de los hombres más poderosos de toda Inglaterra. Sam me llamó para contármelo.
—Él me dijo que de momento no se lo había contado a nadie.
—Y no lo ha hecho. Ya te he dicho que me he enterado por Sam. Pero ¿me estás diciendo que a ti sí te lo ha contado?______, si eso es así, deja que te diga una cosa. Significas mucho más para Nicholas de lo que él mismo está dispuesto a admitir. Dios, si yo tardé seis años en lograr que me confirmara que era hijo de Paul Jonas .
—No será para tanto. Y sí, su padre está enfermo. Leucemia.
—Mierda, ¿y puede saberse por qué el muy idiota no me ha dicho nada? Se supone que soy su mejor amigo.
—Creo que no quería molestar —sugirió ella.
—Mira, _____, ve con él y ayúdale en lo que puedas, porque te juro que cuando todo esto pase voy a cantarle las cuarenta. Si no llego a llamarlo esta mañana para preguntarle si le iba bien celebrar el nacimiento de María este fin de semana, seguro que tampoco me habría contado lo de Londres.
—Lo siento, Kevin . No sé qué decir, pero si te consuela, te habrías enterado igual. Yo iba a llamar a Ágata más tarde.
—Lo sé... Siento que tengas que pagar tú mi mal humor, es que al burro de Nicholas a veces hay que recordarle que no está solo en el mundo. En fin, ¿a qué hora os vais?
—Se supone que tenemos que hablar esta noche para acabar de concretar los detalles. Cuando sepa el horario del vuelo os lo haré saber, y no te preocupes por nada. Te prometo que haré todo lo que pueda para que a Nicholas le quede claro que tiene muy buenos amigos.
—Bueno, estoy convencido de que si alguien puede hacerlo eres tú, _____ —añadió con tono enigmático—. Llámanos cuando sepas la hora de salida y todas esas cosas, ¿vale?
—Así lo haré. Adiós, Kevin .
—Adiós.

En cuanto ______ llegó a su casa el móvil volvió a sonar, pero esta vez era Nicholas , para pedirle su número de pasaporte y poder comprar así los billetes. Sonaba mucho más sereno y recuperado que el día anterior, y cuando tuvo toda la información, colgó dándole de nuevo las gracias. El jueves por la mañana, ______ se encontró con un mensaje en el que le detallaba el horario del vuelo.

Nicholas fue a buscarla el viernes a primera hora de la tarde a su piso. El vuelo salía a las cinco y tenían el tiempo justo de llegar al aeropuerto, facturar y pasar el control de pasaportes. Ella llevaba tan sólo una diminuta maleta, primero se había decidido por una bolsa de mano, pero cuando Nicholas le confirmó que se quedarían en Londres hasta el martes por la tarde, optó por coger la maleta. No iba muy cargada, pero sí había cogido algo más de ropa por si le quedaba algo de tiempo libre para hacer turismo. No se tomaba aquel viaje como unas vacaciones; iba allí a ayudar a Nicholas , y si tenía que pasarse los cuatro días en la sala de espera del hospital, pues allí era donde iba a estar.
Durante el vuelo, él le contó las pruebas que le habían realizado para asegurarse de la compatibilidad de su médula ósea, y también la puso al día de los procedimientos a los que se había sometido Paul, su padre. Ella se dio cuenta de que Nicholas casi siempre llamaba a su padre por el nombre de pila, pero no le preguntó por qué. Ya tendría tiempo más adelante, y él, aunque se empeñaba en disimularlo, estaba nervioso. Aterrizaron en Heathrow, y quizá fuera por la atmósfera inglesa, o por el frío, Nicholas se relajó un poco y en el taxi que los llevó hasta su apartamento le estuvo contando que le había dejado las llaves a una amiga, Amanda. También le habló de Zac , al que ______ también conocía de oídas, pues había sido el jefe de Ágata durante los meses en que su hermana trabajó en Londres. Pero en ningún momento le habló de sus padres ni de sus hermanos. A medida que el taxi iba acercándose a la ciudad, el tráfico se hacía más denso, hasta que se quedaron parados. ______ miró hacia afuera y vio el triste cielo inglés, y pensó que le apetecía mucho más estar allí que en el Pirineo catalán con unos compañeros de facultad. Con una leve sonrisa en los labios, se quedó dormida el resto del trayecto.


____________________________

Hi Girls, les dejo dos capitulos, esta noche no podre subirles asi que me adelante y ya les subi ahorita, espero que les siga gustando la nove... mil gracias por todos sus comentarios Smile
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 26th 2013, 11:19

sta hermosa la vdd
siguela
quiero ver como los reciben los padres de nick
y el besito q le dio nick a ____
fue tan lindo Love!
espero con ansias el proximo cap
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NataliadeJonas
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 26th 2013, 13:13

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 26th 2013, 13:14

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 26th 2013, 13:14

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 26th 2013, 13:15

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 26th 2013, 13:17

Aaaaaaaaaaaaa Very Happy Se fue con Nick _____ para Londres !!! Very Happy Que bien que lo va a apoyar en el proceso y todo con respecto, y Kevin Jejeje Very Happy

Aaaaaaaaaaaaaaaaa Very Happy ME ENCANTA ! Smile


Siguela Wink

XOXOXO
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 26th 2013, 20:13

Qué bonito gesto de ________
al acompañar a Nick en un momento tan difícil como ese... Sad
Pero ella de seguro logrará que Nick le hable un poco mas a cerca
de su familia verdad??? confused scratch
Por favor tienes que seguirla para saberlo!!!!!

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PidgeJonas
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 15:37

9. La princesa prometida

Maraton Parte 1

Nicholas todavía no podía creerse que ______ hubiera aceptado acompañarlo a Londres. Se había pasado toda la mañana convencido de que, cuando fuera a buscarla, le diría que había cambiado de opinión y que no iba a ir con él. Pero no había sido así, todo lo contrario. ______ estaba esperándolo maleta en mano y con una sonrisa en los labios. Durante el viaje, él le explicó lo que sabía acerca de la enfermedad de Paul, que no era mucho, pero le pareció que tenía el deber de contárselo. Ella lo escuchó atenta y, aunque le hizo algunas preguntas, ninguna fue si iba a donarle o no médula ni sobre los orígenes de sus problemas familiares. En el taxi, la aburrió con las historias de sus amigos, hasta que ella terminó por quedarse dormida.
El coche se detuvo y Nicholas sacudió a ______ ligeramente por el hombro para despertarla.
—Ya hemos llegado —le susurró para no sobresaltarla.
Ella abrió despacio los ojos.
—Me he quedado dormida. Lo siento —dijo algo avergonzada.
—No te preocupes. —Bajó del vehículo, pagó la carrera y se hizo cargo de las maletas—. Es normal que estés cansada, y tampoco es que te estuviera contando algo excesivamente interesante.
______se sonrojó todavía más.
—No es eso.
El taxi arrancó y Nicholas la guió hasta el portal de su apartamento.
—Ayer llamé a Amanda para decirle que venía, y me dijo que pasaría esta mañana para encender la calefacción y dejarme algo en la nevera. Es un sol.
—Mi hermana me ha contado maravillas de ella. ¿Crees que podré conocerla?
—Por supuesto —respondió él sin dudar—. No hace falta que te pases todo el día conmigo.
—Nicholas , he venido aquí para estar a tu lado. Si tenemos tiempo de ir a ver a tus amigos, genial. Si no, no pasa nada. Era sólo una idea.
Él apretó la mandíbula, un gesto que ______ ya había descubierto que delataba que estaba nervioso.
—Gracias. Es aquí. —Subieron una única planta. Nicholas abrió la puerta de su apartamento, y sintió una enorme sensación de paz. Realmente había echado más de menos aquel lugar de lo que creía—. Pasa.
—Vaya, es precioso —dijo ______ al ver los dibujos y bocetos de distintos edificios que decoraban las paredes del pasillo—. ¿Los has dibujado tú?
—Qué más quisiera. Yo sólo los colecciono, algunos son de arquitectos famosos, otros de meros desconocidos. Los compro en ferias y mercadillos.
—Pues algún día deberías enmarcar uno de los tuyos y colgarlo.
—No digas tonterías —contestó, constatando a su paso que todo estaba en mejor estado de lo que él lo había dejado. Realmente, Amanda era un sol.
—En serio. ¿Has dibujado algo más en estos meses?
—No, la verdad es que no he estado demasiado inspirado.
—Comprendo —dijo ella.
Nicholas se dio cuenta de que ______ creía que esa falta de inspiración se debía a la enfermedad de su padre, cuando en realidad era ella el motivo, pero no la sacó de su error.
—Éste es el cuarto de invitados. —Abrió una puerta y le enseñó una acogedora habitación decorada en tonos verde pálido. Había una cama de matrimonio, un armario y un espejo de cuerpo entero—. La señora Potts eligió el color, y el espejo —añadió con una sonrisa.
—¿La señora Potts?
—Mi niñera.
______ levantó una ceja y él dedujo que quería que desarrollara algo más aquella escueta respuesta.
—Cuando me fui de mi casa, ella fue una de las pocas personas que me ayudó, así que cuando compré este apartamento pensé que sería bonito pedirle su opinión acerca de algunas cosas —explicó, como si tuviera que defenderse.
—Yo también tenía una niñera de pequeña —le aseguró ella—. Bueno, mi madre solía decir que era una santa por soportarnos a todos.
—¿Ah, sí? —A Nicholas le sorprendió que ______ no quisiera saber nada más. Y llegó a la conclusión de que aquello era una muestra de lo generosa que era—. ¿Y cómo se llama?
—Luisa, y ya está muerta.
—Vaya, lo siento.
—No te preocupes, era muy mayor. Murió una noche, mientras dormía, después de ir unos días de viaje con unas amigas también jubiladas. Nosotros la habíamos visto el día anterior, y nos contó entusiasmada lo bien que se lo había pasado. Así que, tal como dice mi madre, supongo que murió feliz.
—Eso sí que es tener suerte. Miriam, la señora Potts, también es mayor, pero espero que le quede cuerda para rato.
______ pensó que era la primera vez que lo veía hablar de alguien de su pasado con cariño.
—Bueno, pues dile a la señora Potts, que me encanta el espejo —dijo, en un intento por aligerar algo el ambiente.
—Se lo diré. El baño está por allí, puedes tomar posesión de él. Yo tengo otro en mi habitación. La cocina y el comedor están al final del pasillo. Y la otra habitación es mi estudio, aunque últimamente no puede decirse que lo haya utilizado demasiado. —Bueno, tarde o temprano tendrás que regresar aquí, ¿no?
—Sí, supongo que sí. ¿Tienes hambre o prefieres acostarte?
—Después de la cabezadita del taxi, la verdad es que estoy algo hambrienta, aunque te confieso que no me apetece demasiado salir.
—Supongo que en la cocina encontraré algo que ofrecerte —dijo él, ya desde la puerta—. Ponte cómoda, yo iré a dejar las cosas en mi dormitorio y luego investigaré por la despensa.
—Te ayudo.
—Está bien. Cuando quieras, ven a la cocina.


Nicholas salió de allí y se dirigió hacia su habitación. Todo estaba idéntico a como lo había dejado. Encima de la mesilla de noche estaba la novela que estaba leyendo y el diccionario marcado con fosforito. Y también se hallaba el reproductor de MP3 que se había dejado allí. Tenía dos, y aun así, siempre terminaba por perder uno. Colocó el ligero equipaje encima de la cama y colgó la poca ropa que se había llevado en el armario. Se cambió y se puso una camiseta y un pantalón de algodón azul marino que solía utilizar para hacer deporte. Se lavó las manos y fue hacia la cocina. No se permitió detenerse ni un segundo... porque si lo hacía se daría cuenta de lo mucho que le gustaba que ______ estuviera en su apartamento.


_______ se quedó sentada en la cama unos segundos, pensando en la conversación que acababan de mantener y tratando de imaginarse qué se encontrarían en el hospital. Había tenido que morderse la lengua para no preguntarle a Nicholas por qué se había peleado con sus padres, o por qué no tenía contacto con sus hermanos. Las posibilidades eran infinitas, pero por más que le daba vueltas al tema, no conseguía imaginar ningún motivo por el que alguien pudiera estar enfadado con Nicholas durante tanto tiempo. Él se lo contaría cuando estuviera preparado, se recordó, se lo había prometido, así que de nada serviría que siguiera allí embobada. Se levantó, fue al cuarto de baño, que también era precioso, a refrescarse y luego se dirigió a la cocina.
Nicholas estaba preparando una ensalada en un cuenco, y junto a él había una bandeja con varios quesos y jamón italiano, así como unas rebanadas de pan.
—He pensado que, a la hora que es, estaría bien comer algo ligero. Además, tengo que estar en el hospital mañana a las ocho —explicó sin darse la vuelta.
—Claro, la verdad es que tiene muy buena pinta. ¿Puedo hacer algo para ayudar? —preguntó ______.
—Dentro de la nevera encontrarás agua y varios zumos, coge lo que quieras.
Ella fue hacia el frigorífico y vio la nota que había fijada en él con un par de imanes.
—Está claro que Amanda y Zac te han echado de menos —comentó con una sonrisa.
—¿Por qué lo dices? —preguntó Nicholas , sorprendido por el comentario.
—Por la nota que te han dejado en la nevera.

«La nota», recordó él. Al abrir la nevera la había visto, pero estaba demasiado cansado, y nervioso, como para tratar de leerla, y pensó que ya lo haría más tarde.

—Ah, sí. Ellos son así. —Esperó que esa respuesta tan vaga bastara para cerrar el tema.
—¿Y piensas hacerles caso?
«¿Caso en qué?», se preguntó Nicholas , pero de todos modos se arriesgó a responder:
—Qué va, esos dos están locos. Esto ya está. ¿Te importa coger los platos y los vasos?
______ cogió los utensilios y lo siguió hacia el comedor, pero no pudo quitarse de encima la sensación de que Nicholas no estaba siendo del todo sincero con ella, si no, ¿por qué demonios le había dicho que no pensaba llamar a sus amigos cuando eso era lo único que le pedían en la nota?
Durante la improvisada cena, Nicholas le dijo unas veinte veces que no hacía falta que lo acompañara al hospital a primera hora. Y ______ le respondió las veinte veces que por supuesto que iría con él. Nicholas también le dijo que no sabía si sus hermanos, Joe y Sabina, estarían allí, pero que en el caso de que eso sucediera, no debía de preocuparse por ellos. Nicholas todavía no había coincidido con Joe, y la verdad era que temía dicho encuentro; su hermano siempre había sido capaz de herirlo con apenas dos palabras. Y, si bien Sabina lo había sorprendido, ésta se parecía demasiado a su madre y Nicholas sabía que, en caso de conflicto, nunca lo defendería. Fueron a acostarse, y él tardó un poco en dormirse, pero cuando lo consiguió fue con una ligera sonrisa en los labios. Sí, le gustaba que ______ estuviera en su casa.
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 16:04

9. La princesa prometida

Parte 2

Por la mañana, al sonar el despertador, tanto ______ como Nicholas tardaron un rato en identificar dónde estaban, pero los dos, cada uno en su respectiva habitación, se alegraron de saber que iban a pasar el día en compañía del otro, aunque fuera en un hospital. Cuando ella salió de su habitación, lista ya para irse, descubrió que Nicholas le había preparado el desayuno. Él también estaba a punto, y, mientras sujetaba una taza de café en una mano, en la otra tenía un lápiz con el que no paraba de dibujar algo en su cuaderno.
—¿Qué estás dibujando? —le preguntó_____ al entrar en la cocina.
—Buenos días —saludó él, cerrando de inmediato el cuaderno—. No es nada. ¿Has dormido bien?
—Sí. ¿Y tú? ¿Estás nervioso?
—Diría que no, pero supongo que mentiría. —Salió de la cocina y fue a guardar el cuaderno en la habitación donde le había dicho que tenía su estudio.
_____ aprovechó para servirse una taza de café y dar un mordisco a una de las magdalenas que él había dejado en una bandeja. Nicholas reapareció al cabo de unos minutos.
—Por mí podemos irnos —dijo ella, dejando la taza limpia en la encimera.
—De acuerdo.


Salieron del apartamento y él detuvo un taxi. El hospital no estaba excesivamente lejos, pero sí lo suficiente como para que no le apeteciera ir andando a esas horas de la mañana. Durante el camino, volvió a decirle a ______ que no hacía falta que se quedara allí todo el día con él, a lo que ella volvió a responderle que no dijera tonterías.
Llegaron al hospital, que tenía el mismo aspecto que los de Barcelona, pensó ______, y se dirigieron a la planta de oncología. Al salir del ascensor, se toparon con un hombre moreno, muy atractivo, de unos trienta y seis años, y con la mirada más cruel que _____ había visto nunca.
—Vaya, mira quién ha venido —dijo el moreno—. Y yo que pensaba que no serías capaz de llegar hasta aquí sin ayuda. —Miró a _____, a la que repasó de arriba abajo—. Aunque, por lo que veo, no me he equivocado tanto.
Ella no entendió a qué venía tanta animosidad, pero cuando vio que Nicholas retrocedía como si estuviera asustado no lo dudó ni un instante y entrelazó los dedos con los suyos. Él le apretó la mano con fuerza y _____ supo que el gesto lo había reconfortado.
—Hola, Joe, y yo veo que no has cambiado nada. ¿Te importa? —Hizo un gesto con la mano que tenía libre.
El tal Joe se apartó y les dejó vía libre.
—Papá está en su habitación —informó, y se metió las manos en los bolsillos—. Te están esperando.
Nicholas se limitó a asentir con la cabeza.
—Supongo que vas a consentir en ser el donante, ¿no? Ya era hora de que sirvieras para algo.
______ sintió que él le apretaba los dedos todavía con más fuerza y temió que fuera a pelearse con su hermano allí mismo. No entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero el tal Joe le ponía los pelos de punta.
—Nicholas —le dijo, tirándole ligeramente de la mano—, será mejor que nos vayamos.
Él parpadeó y la miró, como si justo en aquel instante recordara su presencia.
—Tienes razón, lo siento. Cuanto antes empecemos con todo esto, antes podremos irnos.
Joe los observó con una mueca sardónica en el rostro, pero algo debió de ver en los ojos de Nicholas cuando éste volvió a mirarlo, porque, sin decir una palabra más, se metió en el ascensor y se fue.
—Ése era mi hermano mayor, Joseph —le dijo Nicholas a ______ cuando las puertas se cerraron y el moreno desapareció.
—Ya lo he deducido —contestó ella—. Y no me puedo creer que seáis familia.
—Yo tampoco, pero créeme, lo somos. Mi padre se aseguró de comprobarlo.
_____ se quedó helada ante lo que aquello implicaba, y, por desgracia, tuvo el presentimiento de que aquello era tan sólo la punta del iceberg en cuanto a los problemas familiares de Nicholas se refería.
Recorrieron el pasillo del hospital y se detuvieron frente a la habitación del señor Jonas .
—_____, no hace falta que entres —dijo Nicholas , pero por el modo en que le seguía sujetando la mano, ella dedujo que no lo decía en serio. O que, si lo hacía, su propio cuerpo había decidido traicionarlo.
—Vamos, llama a la puerta.

Él le hizo caso y un segundo más tarde se oyó la voz de una mujer diciéndoles que entraran.
Tumbado en la cama había un hombre de unos sesenta años largos, muy parecido al moreno con el que se habían encontrado al salir del ascensor. Era evidente que de joven había sido muy atractivo y, a juzgar por la mueca de desprecio que le desfiguraba el rostro, también se hacía patente que odiaba estar enfermo, y que se tomaba todo aquello como una traición por parte de su cuerpo. Sentada en una butaca a su lado había una mujer muy atractiva. ______ pensó que debía de haber hecho un pacto con el diablo porque, si bien estaba claro que era la madre de Nicholas , no aparentaba ni mucho menos la edad que debía de tener.
—Buenos días —saludó _____ al entrar, con la sensación de estar en medio de un duelo de pistoleros y de que necesitaba hacer algo para romper la tensión.
—Buenos días —respondió la mujer, levantándose de la butaca—. ¿Has hablado ya con el doctor Ross, Nicholas ?
—Todavía no —dijo él tenso—.Denise, Paul ella es _____.
En circunstancias normales, _____ les habría dado dos besos, pero estaba claro que lo que estaba sucediendo en aquella habitación no era normal, así que se limitó a asentir con la cabeza.
—¿Has rellenado ya los papeles del trasplante de médula? —preguntó Paul desde la cama.
—Todavía no —repitió Nicholas , sosteniéndole la mirada a su padre.
Éste intensificó su mueca de desdén.
—Nicholas , Nicholas , creía que después de tanto tiempo ya se te habría pasado. Vamos, ¿no puedes ponerte en nuestro lugar?
—Pues no, no puedo. Y no creo que pueda hacerlo jamás.
—Nicholas , tienes que entender que nosotros sólo queríamos lo mejor para ti —intervino su madre, e incluso a ______, que acababa de conocerla, le sonó hipócrita.
—¿Lo mejor para mí? ¿Lo mejor para mí era tratarme como si fuera idiota?
—No exageres, Nicholas . Y sabes que teníamos motivos de sobra para creerlo.
—No, no los teníais. Si os hubierais molestado en tratar de entender lo que me estaba pasando, si os hubierais dignado perder cinco minutos de vuestro precioso tiempo, habríais sabido que no teníais motivos para creer tal cosa. Pero no, para ti —señaló a su madre—, era mucho más importante tu profesor de tenis, tus masajes y tus liposucciones. Y para ti —le tocó el turno a su padre—, tus reuniones, tus secretarias y tu prestigio.
—Ah, ¿conque de eso se trata? ¿Qué pasa Nicholas , no vas a darme tu médula si no te pido perdón, es eso? Pues lo llevas claro, hijo —pronunció esa última palabra como si fuera un insulto—. No pienso disculparme por nada. El apellido Jonas significa mucho para mí, y no iba a permitir que nos dejaras en ridículo. No me interpretes mal, me alegro de que consiguieras sacarte el título de arquitecto. —No hizo falta que añadiera «aunque me sorprende que lo consiguieras», pues estaba claro que era lo que pensaba—. Pero no iba a dejar que un hijo mío, que a los diez años todavía era incapaz de leer, echara nuestra reputación por tierra. Sabía que ibas a reaccionar así, en el fondo te pareces más a mí de lo que crees. Les dije a mis abogados que prepararan la documentación necesaria para llevarte a juicio. Después de todo, sigues siendo mi hijo y, bueno, si no estás dispuesto a ayudarme por las buenas, como te dije, tendrás que hacerlo por las malas.

Si a _____ le hubieran cortado un brazo en aquel mismo instante, seguramente ni lo habría notado. ¿Quién era aquel hombre que estaba escupiendo tanto veneno por la boca? ¿Y qué era esa tontería de que su hijo iba a avergonzarlo? ¿Que no había aprendido a leer hasta los diez años? No entendía nada, pero sintió que Nicholas empezaba a temblar y en aquel preciso instante eso fue lo único que le importó.
—No será necesario, Paul. Le diré al doctor Ross que lo prepare todo para el trasplante, aunque espero por tu bien que no necesites un segundo. —Tiró de la mano de ______ y se encaminó hacia la puerta—. Adiós.

Salieron de la habitación, pero Nicholas no se detuvo hasta llegar a otra puerta que había al final del pasillo, con una placa en la que podía leerse el nombre del oncólogo. Llamó y, al oír la voz del médico, entró sin dilación.
—Hola, Nicholas , no sabía que habías llegado. —El hombre iba a levantarse, pero las siguientes palabras de Nicholas lo detuvieron:
—Puede prepararlo todo para el trasplante, doctor.
—De acuerdo. —_____ vio que al hombre le sorprendía que hubiera accedido a la intervención—. Toma, éstas son las hojas de la autorización y algunas recomendaciones previas y post-operatorias. —Abrió una agenda que tenía delante—. Podríamos llevar a cabo la operación este martes y, si todo saliera bien, te daría el alta el lunes siguiente.
—Llamaré a mi empresa y les preguntaré si hay algún problema. Telefonearé esta tarde a la enfermera para confirmárselo. Si a usted le parece bien.
—Perfecto. Gracias por tu colaboración, Nicholas . —El doctor se puso en pie y le tendió la mano.
Y Nicholas se la estrechó con convicción. Estaba claro que aquel hombre no tenía nada que ve con lo que ocurría entre padre e hijo.
—Un segundo, Nicholas . Deduzco de la señorita que te acompaña se quedará contigo, ¿no? No deberías estar solo después de la intervención.

Él se quedó helado. Le había costado tanto tomar aquella decisión que ni siquiera se había planteado si ______ iba a poder quedarse con él. Había sido muy presuntuoso por su parte, pero al padecer, su mente se había olvidado completamente de sus modales. Iba a decir que no, que ya llamaría a otra persona para que se quedara con él; quizá la señora Potts pudiese ir, o incluso Amanda, o Zac . Pero en aquel instante, ______ respondió por él:
—Sí, doctor, yo me quedaré con él. Permítame que me presente, soy _____. _____ Martí, la prometida de Nicholas .
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 16:26

10. La bella y la bestia

—Lamento si me he excedido —dijo _____ al llegar a la calle. Habían salido del despacho del doctor Ross hacía cinco minutos y Nicholas aún no le había dirigido la palabra—. Sé cómo funcionan los hospitales, y he pensado que diciendo que era tu prometida nos ahorraríamos problemas.
—¿Qué? No, no te disculpes —dijo él, aunque era obvio que todavía seguía algo ausente—. Tienes razón, ha sido la mejor. En realidad, soy yo el que debería pedirte disculpas.
—¿Por qué?
—Por haberte metido en todo esto. ¿Estás cansada? Te lo pregunto porque me gustaría caminar un rato, pero tú si quieres puedes regresar a casa en taxi. —Nicholas sabía que no estaba construyendo unas frases nada coherentes, pero seguía alterado por el enfrentamiento con sus padres. Era increíble que tantos años después todavía tuvieran el poder de hacerlo sentir tan inseguro.
—No, estoy bien, y la verdad es que también me apetece caminar. ¿Vamos? —Le ofreció una mano y él se la cogió sin dudarlo.
Pasearon en silencio durante mucho rato, ______ iba mirando a su alrededor, más que nada para ver si así conseguía no preguntarle a Nicholas qué demonios había sucedido allí dentro. Y él seguía con la mirada perdida, seguramente tratando de olvidar lo que ______ tenía tantas ganas de descubrir.
—¿Te da miedo la intervención? —le preguntó al cruzar un parque. ______ supuso que era una pregunta relativamente inocua y perfectamente razonable, teniendo en cuenta las circunstancias.
—¿El trasplante? No, la verdad es que no. El doctor Ross me ha explicado los riesgos que comporta, tanto el de la anestesia como la posibilidad de sufrir alguna lesión en el sistema motriz. Y, bueno, no te engañaré, no me hace ninguna gracia saber que van a estar hurgando en mi espalda, pero —se encogió de hombros—, el equipo del hospital es excelente, así que supongo que estoy en buenas manos. Tampoco he pensado demasiado en ello.
—Por lo que yo sé, es una intervención muy seria, pero habitual. Ya verás como todo saldrá bien. —Le apretó la mano—. Y seguro que te recuperarás en seguida.
Caminaron unos metros más y el silencio volvió a instalarse entre ellos.
—No hace falta que te quedes todos los días —dijo Nicholas cuando estaban a unas calles de su casa—. Puedo decirle a la señora Potts que venga a hacerme compañía. O incluso a Amanda.
______ iba a contestarle que no fuera idiota, pero algo le dijo que él estaba demasiado acostumbrado a escuchar ese insulto. Y, aunque ella se lo hubiera dicho con cariño, optó por no pronunciarlo.
—Quiero quedarme. Además, si me fuera, tampoco podría pensar en nada más. Prefiero estar aquí, contigo, a regresar a Barcelona y pasarme toda la semana preguntándome si estarás bien. —Sabía que se estaba sonrojando, pero le daba igual, quizá había llegado el momento de ser completamente sincera con él y consigo misma.
—Gracias, ______. No sabes cuánto te lo agradezco. —Nicholas tomó aire—. Creo que debería llamar a Amanda y a Zac .
—Y también a Kevin . Está muy preocupado por ti. —______ decidió traicionar un poquito la confianza de su cuñado—. Sabe que tu padre está enfermo, Sam se lo dijo. No te enfades con ellos, por favor, sólo se preocupan por ti.
Nicholas volvió a quedarse callado, y no dijo nada más hasta llegar a su apartamento.
—Sé que se preocupan por mí —dijo entonces, frustrado.
Se sentó en el sofá color crema de la sala. Frente a él había una pequeña mesa de café color caoba, y encima estaban los mandos del aparato de música y del televisor. No se veía ninguna revista. Y el único objeto presente era otro de los cuadernos de Nicholas , con un lápiz negro metido en la goma que lo cerraba.
______ se sentó a su lado y esperó a que él continuara.
—Los llamaré mañana —dijo Nicholas —, creo que ahora mismo no me apetece contarle a nadie que me tienen que operar —añadió con una triste sonrisa.
—Es normal. ¿Quieres que te prepare algo, un té?
—No, gracias. No me gusta el té —respondió él.
—Vaya, yo creía que era requisito indispensable para ser inglés —bromeó ella.
—Supongo que es una de las otras cosas que hago mal —contestó Nicholas , perdiendo de nuevo la sonrisa.
______, que hasta entonces había conseguido mantener relativamente las distancias, se acercó a él y le colocó una mano en la espalda para acariciársela. Estaba tan tenso que casi dio un salto al sentir el contacto.
—Nicholas , ¿quieres contarme lo que ha pasado en el hospital? Sé que hace poco que volvemos a ser amigos —optó por esa definición, aunque sabía que no terminaba de encajar—, y, si no quieres, no te forzaré a que me digas nada. Pero creo que te iría bien contárselo a alguien. —Se quedó entonces en silencio durante unos segundos, y luego añadió—: Si quieres llamar a alguien y prefieres que yo no esté presente, puedo irme a dar una vuelta —ofreció, e iba a apartar la mano cuando él reaccionó.
—No, no, quédate. —Suspiró—. Tienes razón, me iría bien quitarme este peso de encima, pero no necesito contárselo a alguien. —La miró a los ojos—. Necesito contártelo a ti.
A ella le dio un vuelco el corazón.
—De acuerdo. —Tragó saliva y siguió acariciándole la espalda, pues el gesto parecía tranquilizarlo.
—Mis padres se avergüenzan de mí. —Rió con amargura—. Bueno, supongo que sería más exacto decir que se avergonzaban de mí. —La mano de ______ seguía dibujando círculos a su espalda, y eso era lo único que lo animaba a seguir adelante con su confesión—. Cuando tenía seis años, me di cuenta de que algo no iba bien en mi cerebro. De pequeño, todo parecía funcionar sin problemas, era un niño normal —dibujó el signo de las comillas con los dedos—, pero cuando en la escuela empezaron a enseñarnos a leer, yo no pude aprender. Al principio pensé que a todos los niños les pasaba igual, pero con el transcurso del tiempo vi que el único que parecía incapaz de descifrar aquellos símbolos era yo. Traté de disimular, pero ya sabes cómo son los niños, los matones de mi clase no tardaron en descubrirlo y empezaron a insultarme. Decían que era tonto, retrasado mental, y cosas por el estilo. Pronto empezaron también a pegarme.
—¿Y tu hermano? —preguntó ella, deseando poder viajar en el tiempo y cantarles las cuarenta a esos energúmenos.
—Joe los aplaudía. Cuando empezó a circular el rumor de que Nicholas Jonas era tonto, mi hermano se apresuró a dejar claro que él también lo creía y que no estaba de mi parte. Sabina, como iba a otro colegio, no me atacó tanto, pero tampoco llegó nunca a ponerse de mi lado. No quería arriesgarse a que, por mi culpa, algún guaperas dejara de pedirle una cita.
—¿Y tus padres? —Casi temía escuchar la respuesta.
—Mis padres no lo supieron hasta pasado un tiempo. Supongo que te costará entenderlo, pero mi madre nunca estaba en casa, así que si algún día se enteró de que llegaba con la cara llena de arañazos, o el uniforme hecho jirones, nunca la preocupó demasiado. Y mi padre, sencillamente, no se interesaba por ese tipo de cosas. Sólo lo sabía la señora Potts, que era la que me curaba los rasguños y me leía todas las tardes.
—Tu niñera.
—Bueno, en realidad era la niñera de los tres, pero como Joe y Sabina son mayores que yo, y siempre mantuvieron mucho las distancias, supongo que podría decirse que sólo fue mi niñera. Al fin y al cabo, para Joe y Sabina, Miriam Potts era sólo su sirvienta, y no una persona con sentimientos y emociones. La señora Potts me leía cada tarde los libros de la escuela y cuando se dio cuenta de lo que sucedía buscó mil y una maneras de ayudarme.
—Eres disléxico, ¿no? —preguntó ella, subiendo ligeramente la mano para acariciarle la nuca en vez de la espalda.
—Sí, mucho —suspiró—, aunque en esa época ni siquiera había oído hablar de ello y desconocía por completo esa palabra. Y Miriam tampoco, pero supongo que me quería lo suficiente como para tratar de ayudarme.
—¿Qué hizo?
Nicholas cerró los ojos antes de relatarle una de las cosas más dolorosas de su infancia.
—Me hacía fichas. Recortaba de una revista la fotografía de un perro, luego la pegaba en una cartulina y debajo escribía la palabra. Y así con todo lo que encontraba. Cada tarde, repasábamos juntos las fichas, y al final supongo que acabé por aprenderme de memoria las palabras. También me obligaba a hacer caligrafía. Me pasaba horas y horas escribiendo esas palabras, pero mi cerebro era incapaz de retenerlas. Todavía lo es.
—¿Y cuándo se enteraron tus padres?
—Nunca. Cuando tenía ocho años, el director de la escuela los mandó llamar y les dijo que iba demasiado retrasado, y que parecía incapaz de seguir el ritmo de los demás alumnos. Ese hombre, el señor Nolan, tampoco perdió demasiado tiempo estudiando mi caso, y llegó a la misma conclusión que todos: yo era o un idiota, o un vago. En cualquier caso, les dijo a mis padres que me expulsarían del colegio, pero la verdad es que eso no llegó a suceder. —Suspiró resignado—. Supongo que mi padre lo amenazó con retirar alguna de sus generosas donaciones, o algo por el estilo. Ese mismo día, Paul me llamó a su despacho y me dijo que hiciera el favor de no seguir avergonzándolo, y cuando traté de explicarle mi problema, me dijo que no me buscara excusas.
—Lo siento.
Él se tensó bajo sus dedos.
—Miriam siguió ayudándome. La pobre me grabó cintas con todos los libros que yo tenía que leer, y se pasaba las tardes, y más de una noche, echándome una mano. Me pintaba las páginas del diccionario de colores; las cinco primeras letras de color azul, las cinco siguientes rojas, y cosas por el estilo.
—¿Y por eso tu familia y tú estáis tan distanciados?
Nicholas respiró hondo otra vez y ______ lo vio abrir y cerrar los puños.
—Digamos que al final terminé por hartarme de que mis propios padres me llamaran tonto y no confiaran en mí. ¿Sabes lo que es que tus padres, las personas que se supone que tienen que protegerte de todo mal, se avergüencen de ti? Nunca, ni una sola vez, trataron de averiguar qué era lo que me pasaba. Lo máximo que hizo mi madre fue llevarme al oculista. Al oculista.
—Lo siento. —Parecía incapaz de decir otra cosa.
—Cuando venía gente a casa, se apresuraban a decir que yo no estaba, Dios, si casi me escondían, y, si por casualidad alguien preguntaba por mí, siempre decían lo tímido que era. No, los Jonas no podían tener un hijo defectuoso, y como la madre naturaleza los había castigado con uno, lo único que se les ocurrió fue negar su existencia.
—Yo, Nicholas . Sabes que se equivocan, ¿no? —dijo ella, enredando los dedos en el pelo de la nuca de él para levantarle la cabeza y obligarlo a mirarla—. Nunca has sido defectuoso en ningún sentido.
—Lo sé. Ahora lo sé, pero entonces... ______, mi padre se hizo incluso una prueba de paternidad, y mi madre también. Mierda, si llegaron a creer que en el hospital se habían equivocado de bebé. Si hubiera sido así, no habrían tenido ningún reparo en devolverme. Y ni siquiera se molestaron en ocultármelo.
—Oh, Nicholas , cariño. —Ella le acarició la mejilla y se le acercó—. Ojalá pudiera hacer algo...
Él no le dejó terminar la frase, le sujetó el rostro entre las manos y la besó como hacía meses que quería hacer, como debería haber hecho desde el principio. Nicholas no besó a ______, hizo todo lo humanamente posible por fundirse con ella. Pegó su torso contra sus pechos, y hubiera jurado que los latidos de sus corazones se acompasaron. Con los labios, quiso convencerla de que le diera una oportunidad, de que no lo echara a un lado, como habían hecho sus padres.
Nicholas estaba tan embebido en aquel beso, presa de la desesperación que corría por sus venas, que tardó unos segundos en darse cuenta de que ______ había colocado las manos encima de las suyas y estaba tratando de apartarse. Él creyó morir; se había equivocado, quizá incluso le había hecho daño sujetándola de aquel modo. Apretó los ojos unos segundos y, despacio, se apartó y los abrió, dispuesto a soportar cualquier insulto que ella quisiera decirle. Pero ______ no lo insultó, sino que le sonrió con aquella mezcla de dulzura y timidez tan típica suya. Despacio, casi a cámara lenta, ella volvió a levantar una mano y le acarició el pómulo. Luego le dibujó las cejas, y Nicholas notó que estaba tratando de borrarle las arrugas del entrecejo.
—Siempre estás tan preocupado... —susurró—. Y tan triste...
Si hubiera sido capaz de encontrarse la voz, él le habría respondido, pero al parecer su corazón y sus pulmones tenían ciertos problemas para funcionar con normalidad.
—No quiero que estés triste, Nicholas —siguió ella, recorriéndole con el dedo el puente de la nariz—. Conmigo no.
—Yo... —Genial, ahora sí que estaba quedando como un idiota. Lo que no había conseguido la dislexia, lo conseguiría él por méritos propios—. ______.
Ella se inclinó de nuevo y le dio un beso en la mandíbula. Al que siguió otro más cerca de los labios, y luego otro en el cuello, y otro en la clavícula.
—Yo... —Nicholas tragó saliva y volvió a intentar formular una frase mínimamente coherente. Quería decirle que no le había pedido que lo acompañara a Londres para eso, que le agradecía mucho que lo hubiera escuchado, o algo por el estilo. Pero por suerte, de sus labios sólo salió la pura verdad—: Siempre he querido besarte.
______ se apartó de nuevo.
—¿Siempre?
Él se perdió en sus ojos.
—Siempre —confesó, y levantó una mano, que desde que ______las había apartado de su cara colgaban inertes a ambos lados de su cuerpo, y le tocó el pelo. Temblaba, pero no le importó que ella se diera cuenta.
—Yo a ti también —dijo ______ en voz muy baja, y colocó la cara a escasos milímetros de la de Nicholas . Sus alientos se entremezclaban, sus miradas se acariciaban, y ella sonrió—. ¿Qué te parece si volvemos a besarnos? —Esperó a que él le devolviera la sonrisa y comprendió que haría lo que fuera por verlo sonreír más a menudo—. Y esta vez no hace falta que me sujetes, no pienso irme a ninguna parte.
Nicholas se sonrojó un poco, pero sus labios no dejaron de sonreír.
—Lo siento, es que... —Soltó el aire que estaba conteniendo—. Es que no puedo evitarlo. Eres mi sueño hecho realidad.
______ sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas y no hizo nada para ocultarlas.
—Y tengo la sensación de que si no te sujeto con fuerza —prosiguió también él, emocionado—, te escurrirás entre mis dedos. —Antes de terminar la frase, bajó la cabeza y esperó resignado a que ella le dijera que se había vuelto loco, pero en vez de un rechazo, sintió sus dedos acariciándole los nudillos.
—Sujétame tan fuerte como quieras, Nicholas . —Le levantó la mano y la colocó encima de su mejilla derecha—. No me importa, pero quiero que sepas aquí dentro —le tocó la frente—, y aquí —le señaló el corazón—, que no hace falta. Lo único que tienes que hacer para que me quede contigo es ser tú mismo. Nada más. —Los dos se quedaron mirándose a los ojos durante unos segundos, conscientes de que, pasara lo que pasase, ni él ni ella podrían olvidar jamás aquel instante—. Y, ahora, bésame.

Nicholas cerró los ojos y obedeció, decidido a saborear aquel beso, aquel sueño, de principio a fin. Colocó los labios justo encima de los de ______, y dedicó unos segundos a besarla despacio, sin prisa. Poco a poco, fue seduciéndola y hasta que de la garganta de ella escapó un ligero suspiro no profundizó el beso. Siguió acariciándole el pelo con una mano, y deslizó la otra por su brazo hasta entrelazar sus dedos con los suyos. Sus labios parecían insaciables, y se vengaban implacables por el placer que les había negado durante tanto tiempo.______ respondía a ese ataque con dulzura y pasión, y Nicholas no tenía armas para defenderse de ello.
En sus relaciones anteriores, que ahora era completamente incapaz de recordar, jamás había sentido como si se estuviera precipitando al vacío, como si condujera un tren que hubiera descarrilado; y con ______ aquello era tan sólo el principio. Entonces volvió a asaltarlo aquella ansia de abrazarla y pegarla a él, y retenerla allí para siempre.
El torso de Nicholas pareció comprender el mensaje que su corazón trataba de darle, y poco a poco fue empujando a ______ hacia el sofá. Necesitaba estar más cerca de ella, y esa parte animal que todavía vive dentro de cada humano le decía que necesitaba hacerla suya. Dios, él jamás había pensado en esos términos, jamás le había importado que sus parejas le pertenecieran. A decir verdad, jamás lo había deseado. Pero con ______ no era un deseo, era una necesidad. Casi una cuestión de supervivencia. Y sus besos le decían que no se equivocaba, que era exactamente lo que él se había pasado toda la vida buscando. Tumbado encima de ella, besándola con todo su ser, con sus manos recorriéndole la espalda, se preguntó cómo había sido capaz de abrazar a alguna otra. Cuando todas esas ideas confluyeron en su mente, Nicholas se apartó un poco para mirarla a los ojos; estaba asustado, pero nunca había sido tan feliz.
—_____... —Se dio cuenta de que iba a tartamudear y apretó la mandíbula y respiró hondo—. No sé qué me pasa contigo. Es como si no pudiera controlarlo...
Ella le acarició la nuca.
—Chis, tranquilo, lo averiguaremos juntos. No hace falta que sepamos todas las respuestas ahora, ¿no te parece?
Él asintió y volvió a bajar la cabeza para besarla. Que ______ lo aceptara de aquel modo tan incondicional era lo más maravilloso que le había sucedido nunca, y se encargaría de demostrárselo. La besó con toda la dulzura de que era capaz y que jamás le había demostrado a nadie. La besó consciente de que jamás volvería a besar a nadie más. Y permanecieron allí tumbados, besándose, abrazándose, susurrándose secretos a media voz, hasta que el móvil de Nicholas rompió el hechizo que habían tejido entre los dos. El trató de ignorarlo, pero ella le dijo que podía ser importante y que debía contestar. Y como le dio un beso en la nariz, Nicholas terminó por levantarse e ir a por el maldito aparato.
—¿Diga? —No reconoció el número.
—Nicholas , soy yo, Sabina —dijo su hermana—. El doctor Ross me ha dado este número —le explicó.
—¿Qué quieres, Sabina? —Que su hermana se hubiera comportado con educación aquel día frente al ascensor no era garantía alguna de que hubiera cambiado.
—¿Podemos hablar? Tenía intención de pedírtelo más adelante, pero mamá me ha dicho que el trasplante será el martes, y supongo que tan pronto como te recuperes regresarás a España y volverás a desaparecer.
«¿Desaparecer?» Él nunca había estado desaparecido, sencillamente no habían querido encontrarlo.
—¿De qué quieres hablar, Sabina? —Nicholas se iba poniendo tenso por segundos, pero de repente sintió la mano de ______ sobre su espalda y recuperó algo de calma. Ella debió de presentir que la necesitaba y se había levantado del sofá para ir a su lado.
—De Harry
—¿Quién es Harry? —preguntó él algo a la defensiva, hasta que ______le dio un ligero beso en la nuca antes de irse hacia la cocina a preparar dos tazas de leche con cacao.
—Harry es mi hijo —respondió su hermana, cuyo tono de voz cambió al pronunciar el nombre—. Tiene ocho años, y...
—¿Y?
—Y... creo que es como tú.
—¿Qué quiere decir «como tú»? —Nicholas se hacía una idea de lo que Sabina trataba de decirle, pero quería ver cómo se lo explicaba. Quizá aquello no hablaba muy bien de él, pero se dijo a sí mismo que tenía derecho a devolverle los malos ratos que le había hecho pasar.
—Harry es muy listo, aprendió a andar antes de cumplir un año y con dos ya hablaba. Su padre y yo estábamos convencidos de que era normal, pero cuando empezó el colegio nos llamaron y nos dijeron que tenía problemas. Al parecer, es incapaz de distinguir las letras y los números.
Bueno, no era una definición perfecta, pero al menos su hermana había conseguido evitar calificar a su hijo de idiota.
—Se llama dislexia, Sabina. Tu hijo es disléxico, ¿no? —Por suerte, en la actualidad había muchos centros escolares con personal cualificado para diagnosticar la dislexia. A diferencia de lo que le había sucedido a él de pequeño.
—Sí. Pero Michael, su padre, se niega a hacer nada. Está empeñado en decir que todo eso son bobadas de psiquiatras e insiste en que Harry es un vago, o que nos está tomando el pelo. Y tendrías que ver cómo lo trata, cualquiera diría que el pobre Harry tiene la peste. Y es un niño tan dulce, Nicholas ...
Ésa era su oportunidad, ahora sí que podía devolverle a Sabina todo el daño que ésta le había hecho con su indiferencia, con sus insultos, con sus bromas de mal gusto, con su falta de apoyo. Tenía el comentario en la punta de la lengua, una frase que destrozaría a su hermana y la dejaría rota e indefensa frente a su angustia. Pero no fue capaz de decirlo. No quiso decirlo. Harry, el sobrino cuya existencia desconocía, no tenía la culpa de nada. Y Sabina, en cierto modo, tampoco; en aquel entonces era también una niña, una adolescente, y por entonces toda una mujer. Una madre que quería a su hijo y que incluso se había divorciado de su marido para evitar que el niño sufriera. Una madre que había hecho lo que la suya propia se había negado a hacer: defender y cuidar a un niño que tal vez según sus estándares no fuera tan perfecto como los demás.
—Dime qué necesitas, Sabina. ¿Qué te parece si quedamos mañana para almorzar, tú, yo, Harry y ______? Así conozco a Harry. —Oyó cómo su hermana hacía esfuerzos para no llorar.
—Gracias, Nicholas . Me parece una idea fantástica. Harry tiene muchas ganas de conocerte.
—¿Os va bien quedar a las doce y media delante del museo de cera? Podríamos dar una vuelta y luego ir a comer algo.
Sabina perdió la batalla contra las lágrimas.
—Allí estaremos, Nicholas . Gracias.
—Nos vemos mañana, Sabina. —Colgó y se quedó con el teléfono en la mano durante unos segundos. Tenía miedo de darse media vuelta. Le gustaría que ______ estuviera en el sofá, esperándolo con las dos tazas de chocolate caliente, pero si había optado por encerrarse en su habitación tampoco podría culparla. Al fin y al cabo, ¿quién iba a querer verse atrapado en aquella familia tan disfuncional que al parecer eran los Jonas ? Se volvió despacio, y casi se mareó de alivio al verla, sentada en el sofá, taza en mano, y hojeando el cuaderno que había encima de la mesa.
—Ese cuaderno es de hace mucho tiempo —dijo Nicholas , y así evitó confesarle lo mucho que lo afectaba su presencia—. Creo que de mi época universitaria.
—Todas las páginas están dibujadas. Hay algunos edificios preciosos. Deberías enmarcarlos —insistió ella, dejando de nuevo el cuaderno—. ¿Era tu hermana?
—Sí. —Se acercó al sofá y se sentó a su lado; ______ se acurrucó junto a él y lo abrazó—. Al parecer, soy tío.
—Felicidades —le dijo ella, besándole por encima de la camisa.
—He quedado mañana con ellos. Mi hermana está convencida de que Harry, su hijo, es disléxico.
_______ se apartó y lo miró a los ojos.
—¿Sabes una cosa, Nicholas Jonas ? —No esperó a que respondiera—. Eres increíble.
Y lo besó antes de que él le dijera que no o tratara de detenerla, cosa que no habría hecho, por cierto. Al terminar el beso, ______ volvió a apartarse y recuperó su anterior posición en el sofá. El tardó unos segundos en reaccionar.
—He quedado con ellos en el museo de cera —dijo, pasados unos momentos—. Espero que no te importe.
—Para nada. —Bostezó.
—Debes de estar cansada, será mejor que nos vayamos a la cama —sugirió Nicholas , y se levantó del sofá para ayudarla a hacer lo mismo.
_____ se puso de puntillas delante de él y le dio un ligero beso en los labios.
—Si me necesitas, ven a buscarme —dijo al apoyar de nuevo los talones en el suelo—. Acuérdate de que ya no estás solo.

Con esa última frase, se metió en su dormitorio, y Nicholas se quedó allí, en medio del comedor, sonriendo como un idiota durante varios minutos. No, ya no estaba solo.
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 18:34

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 18:34

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 18:34

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 18:36

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 18:41

OMG!!! LOS AME !!! Los papas de Nick Bravo! como pueden ser asi !? Y que bueno que Nick se pudo desahogar contandole a ______ y SE BESARON !!! Very Happy Baila QUE MOMENTO ! Enamorada Y la llamada de Sabina sobre Harry ! Very Happy Es un ejemplo para que se de cuenta como Nick fue tratado pero en cierta forma no tiene la culpa y bueno Smile Que lindo que se van a ver y Nick ...ya no te sentiras mas solo Very Happy

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ME FASCINA !!! Very Happy

SIGUELA PRONTO !!! Very Happy

Cuidate ! Wink

xoxoox
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 20:00

me encanta...
siguela x favor....
esos besos me enamoraron...
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 27th 2013, 20:30

Ay que hermoso capítulo!!!!!
Lo amé en serio!! Sad
Esa parte en la que Nick le confiesa su secreto a _________
y el apoyo incondicional de ella...Crying or Very sad
Qué hermoso de verdad....
No sé por que pero creo que las cosas se pondrán interesantes de ahora en adelante:twisted:
Por favor tienes que seguirla....
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 28th 2013, 09:14

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 28th 2013, 09:14

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 28th 2013, 09:16

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 28th 2013, 09:17

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 28th 2013, 09:18

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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Junio 28th 2013, 16:26

11. Descalzos por el parque


Pasaron la mañana del domingo, y parte de la tarde, con Sabina y su hijo Harry. La hermana de Nicholas tenía razón, el niño era disléxico e, igual que su tío, un verdadero encanto, pensó ______. Nicholas se pasó mucho rato hablando con él, y pronto se hizo más que evidente que Harry había encontrado a un nuevo héroe. Durante la visita al museo de cera, que Nicholas había planeado con intención de que el niño se relajara, Harry se pasó todo el rato saltando de un lado a otro y comentando todas y cada una de las estatuas con su recién nombrado tío preferido.
Por su parte, _______, aunque había llegado a la cita predispuesta a odiar a Sabina por todo lo que le había hecho pasar a Nicholas de pequeño, no tardó en darse cuenta de que aquella mujer había sido otra víctima de los Jonas . Por lo poco que le contó, _______descubrió que la madre de Sabina la había convencido de que su mayor virtud era la belleza y que eso era lo único que le hacía falta para ser feliz en la vida; o, lo que en su caso era un sinónimo, pescar marido.
A medida que iba avanzando la tarde, ______ comprobó que Sabina quería a su hijo con locura, y que por él estaba dispuesta a todo. Sin duda, seguía siendo una mujer presumida, en exceso preocupada por el físico, pero quería al niño. Y estaba arrepentida de cómo se había portado con Nicholas , así que______ pensó que podría llegar a perdonarla.
Fueron a comer a un restaurante que eligió Harry, y ______ decidió hacerse cargo del niño para que así Nicholas y Sabina pudieran charlar tranquilos. El pequeño resultó ser una compañía de lo más entretenida, y, escuchando a Nicholas , Sabina aprendió muchas cosas acerca de la dislexia. Éste trató de explicarle a su hermana algunas técnicas con las que poder ayudar a Harry, aunque en ningún momento le contó cómo había sido su experiencia personal. La comida fue agradable, pero lo que más impresionó a ______ fue lo que Nicholas le dijo a su hermana antes de irse:
—Todo lo que te he contado, Sabina, puede serle muy útil a Harry en el colegio y en su vida académica, pero lo que de verdad es importante es que lo quieras tal como es.
Sabina se quedó boquiabierta, y cuando consiguió reaccionar lo único que hizo fue abrazar a su hermano.
—Gracias, Nicholas . —Se secó una lágrima—. Ya te comenté que mamá me dijo que el trasplante es el martes. Espero que no te importe, pero le he pedido el móvil a ______ para poder llamarla y preguntarle cómo estás.
—No me importa.
—Yo cuidaré de él —le aseguró _____ cogiendo a Nicholas de la mano.
—Lo sé. Y no sabes cuánto lamento no haber hecho lo mismo contigo de pequeña —dijo, dirigiéndose a su hermano. Levantó una mano para impedir que Nicholas dijera nada—. No, déjame terminar. Debería haber hecho algo, pero siempre he sido una cobarde.
—Tranquila, Sabina. Aquello ya pasó. Mírame, tampoco he salido tan mal —bromeó él—. Ahora lo que importa es que estés al lado de Harry. Todo lo demás es secundario, créeme.
—Está bien. —Sabina agarró a su hijo de la mano, mientras el niño observaba atónito aquel despliegue de emociones—. Te llamaré el martes —le recordó a ______.
Ésta asintió y junto con Nicholas se quedaron observando cómo se iban. Después de aquel intercambio tan intenso, decidieron pasear un rato en silencio. Él le dio un par de besos; uno cuando estaban parados frente a un semáforo, y otro mientras estaban sentados en un banco del parque. ______ no tenía ninguna queja, pero desde la conversación de la noche anterior en el sofá, y después de lo que sucedió también allí, había una pregunta que no dejaba de repetirse en su mente, así que cuando llegaron de nuevo al apartamento no pudo evitar formulársela:
—Nicholas , ¿puedo preguntarte una cosa?
—Claro, lo que quieras —respondió él sin dudarlo, y sin saber la que se le venía encima.
—Hace unos meses, cuando te besé, ese día que fuimos a ver aquella película tan mala...
—Sé a qué día te refieres. —«Como si pudiera olvidarlo», pensó.
—¿Por qué me dijiste que sólo querías que fuéramos amigos? —lo dijo tan rápido, y en un tono tan bajo, que Nicholas trató de convencerse de que no la había oído bien.
Se sentó en el sofá y respiró hondo antes de poder responderle:
—Aquel día fue cuando me llamó mi padre para pedirme, mejor dicho, ordenarme que regresara a Londres para hacerme las pruebas para ver si mi médula era compatible. No hablaba con él desde que cumplí los dieciocho años, y bastó esa conversación para que volviera a sentirme como entonces.
—¿Cómo?
—Como si fuera una mierda —respondió él resignado.
—Nicholas ...
—Déjame terminar. Hay una parte de mí, la que hace años asumió que tengo dislexia y aprendió a convivir con ella, que se siente muy orgullosa de lo que he conseguido. Tengo una carrera, un buen trabajo, que además me apasiona, y unos amigos que seguramente no me merezco. Pero hay otra parte que sigue preguntándose por qué mi familia nunca me quiso, por qué se sentían tan avergonzados. Nunca hablaban de mí. Cuando empezó a hacerse evidente que jamás sería como el resto, decidieron esconderme. Hicieron todo lo que estaba en su mano para que nadie se enterara de que un Jonas no era perfecto; cualquier cosa excepto ayudarme. De no haber sido por Miriam, no sé qué habría sido de mí. Ese día, el día que me besaste, me acordé de todo eso. Pensé que en el rato que yo tardaría en leer la carta de un restaurante, tú seguramente podrías leer un capítulo entero de una novela. Tú eres muy inteligente, ______, y todavía me pregunto qué estás haciendo aquí, conmigo. Pero a no ser que tú me lo pidas, no pienso dejarte ir. —Esbozó una tímida sonrisa—. Soy disléxico, no idiota.
Ella estaba sentada en el sofá, a su lado, y tenían las manos entrelazadas.
—Si no fuera porque estoy loca por ti, ahora mismo te sacudiría. —Esperó a que él la mirara a los ojos—. ¿Sabes lo mucho que te he echado de menos todos estos meses? Por tu culpa casi me voy de fin de semana con Eric.
—¿Qué has dicho? ¿De fin de semana? —Tiró de ella—. ¿Cuándo?
—Este fin de semana. Me encontré con él el lunes o martes en la cafetería de la facultad, y me invitó a ir con él y unos amigos a Puigcerdá. —Vio que Nicholas apretaba la mandíbula—. Le habría dicho que no, aunque no me hubieras llamado. Bueno, quizá durante unos segundos me planteé aceptar. —Le acarició los nudillos con el pulgar—. Es agradable que se interesen por una, pero me di cuenta de que ni todos los Erics del mundo conseguirían hacerte desaparecer de mi mente.
—Siento mucho lo que sucedió esa noche, ______, de verdad. Y siento mucho que nos hayamos distanciado durante estos meses, pero —suspiró—, pensé que era lo mejor. Pensé que te merecías a alguien mucho mejor que yo, a alguien perfecto. No se me ocurre nadie que se lo merezca más —sonrió con amargura—, y no se me ocurre nadie menos perfecto que yo. —Vio que ella iba a hablar, pero la detuvo—. Antes de que me digas que fui un estúpido, deja que te asegure que lo sé. Lo sé. Vaya si lo sé. Cada vez que me subía a un avión para venir aquí, pensaba en lo mucho que me gustaría que estuvieras a mi lado. Te he echado mucho de menos, a pesar de que sé que apenas estábamos empezando a ena... —se corrigió— a conocernos. Cada vez que te veía en las oficinas de tu hermano... En fin, creo que puedo asegurarte que sé que cometí un error. Uno que no estoy dispuesto a repetir. Si tú me das otra oportunidad, claro está. Sé que nos llevamos casi ocho años, que mi vida personal es un desastre, que mi familia es peor que la de cualquier serial de la tele, que no te merez...
______ lo besó.
—Cállate, Nicholas . Cállate.
—Como desees.
La besó con lentitud, esforzándose por fijar en sus recuerdos la forma de sus labios, el sabor de su aliento, la textura de su piel. El olor de su cabello. Le recorrió con la lengua el interior de la boca y él, que siempre había sido un amante tranquilo y sosegado, comprendió que esa calma se debía a que las mujeres con las que se había acostado no significaban nada para él, pues con ______ en sus brazos se le estaba acelerando el pulso, la respiración, y no podía dejar de pensar en que tenía que quitarle la ropa y hacerla suya. Le deslizó las manos por la espalda y tiró de la camisa que llevaba para poder tocarle la piel. No fue suficiente. Trató de desabrocharle los botones, pero los dedos le temblaban demasiado. Su mente trataba de dar con el modo de desnudarla sin dejar de besarla, y lo único que se le ocurrió fue... romperle la camisa.
—¡Nicholas ! —exclamó ella.
—Lo siento —dijo él al instante, muerto de vergüenza—. Lo siento —repitió, apartándose un poco y mirando desconcertado la prenda desgarrada—. Lo siento mucho. No sé qué me ha pasado. —Tenía la cabeza baja y esquivaba los ojos de ______—. Lo...
—Ven aquí —ordenó ella, tirando de nuevo de él—. Ha sido lo más sexy que me ha sucedido nunca. —Lo besó y lo soltó para quitarse la camisa rota, que tenía intención de guardar durante toda la vida. Y no volver a coser, por supuesto.
Nicholas no se reconocía a sí mismo, pero la miró a ella, tumbada debajo de él en el sofá y dejó de plantearse nada. Se quitó la camiseta y se apartó para coger a ______ en brazos y llevarla hasta su dormitorio. Ella le dio un beso en la clavícula y luego le recorrió el cuello con la lengua, y Nicholas la apretó contra él. Entró en la habitación y encendió la luz que tenía encima del pequeño escritorio antiguo donde guardaba sus cuadernos de dibujo.
______ lo estaba volviendo loco con aquellos besos que no dejaba de darle. La tumbó encima del colchón y se colocó encima de ella. Se quedaron mirándose a los ojos durante unos segundos, hasta que ______ colocó las manos en su torso y lo acarició, y Nicholas se rindió a las llamas que habían empezado a consumirlo el día que la conoció. Le quitó la ropa interior y le recorrió los pechos con los labios mientras con las manos le desabrochaba el pantalón para desnudarla del todo. Ella trató de hacer lo mismo con los vaqueros de él, pero Nicholas le sujetó las manos y se las apartó, llevándoselas hasta el cabezal de la cama. Cuando compró aquella cama, hecha con lo que sería la estructura de un andamio, en la tienda de un compañero de facultad, pensó que era muy sexy, pero nunca se lo había parecido tanto como en aquel momento.
—Deja las manos aquí —le susurró al oído—. No te muevas.
Ella obedeció, pero cuando él retrocedió, ______ le atrapó los labios en otro beso increíble. Nicholas siguió bajando y, al llegar a su cintura, se detuvo para apartarse de nuevo. Se apoyó en sus propias rodillas y se quedó observándola.
—Eres preciosa —dijo en voz baja—. Preciosa —repitió, y _____ levantó una mano para acariciarle la mejilla. Él se la atrapó y volvió la cara, besándole la palma.
Se miraron a los ojos y, despacio, Nicholas se levantó para quitarse los pantalones. Desnudo igual que ella, volvió a la cama y se tumbó a su lado. Le temblaban las manos, parecía que el corazón iba a salírsele del pecho, y estaba tan excitado que tenía miedo de hacer el ridículo. Sentía un nudo en la garganta de tantas emociones como se le agolpaban allí, y, aunque sabía que no podía confesarle a ______ que la amaba, a pesar de que estaba convencido de que era eso lo que sentía, quería que ella lo supiera. Así que la besó. La besó como nunca había besado a nadie antes y como tenía intención de seguir haciéndolo durante el resto de su vida.
Enredó una mano en la melena de ella y, poco a poco, la fue deslizando hacia abajo. Le acarició los pechos, descubrió que tenía una peca justo debajo del izquierdo y, con una sonrisa, fue a darle un beso. Le dibujó el ombligo con la lengua y le acarició los muslos con los dedos, igual que un músico la primera vez que toma posesión de su instrumento. _____ temblaba debajo de él, y Nicholas era consciente de que sus manos jamás habían recorrido la piel de otra persona con tanto fervor. Necesitaba hacerle el amor, una voz en su cabeza no dejaba de repetirle que necesitaba estar con ella, fundirse con su cuerpo y comprender por fin lo que era el amor.
—______ —le dijo tras besarla otra vez en los labios—, quiero hacerte el amor —añadió con la respiración entrecortada.
Ella no dijo nada, sino que le sujetó el rostro con las manos y le devolvió el beso. Segundos más tarde, Nicholas luchó contra sí mismo para apartarse y serenarse lo suficiente como para asegurarse de que ambos querían lo mismo. Y entonces se acordó de algo y se maldijo.
—¿Qué pasa? —preguntó ______ al ver su rostro de preocupación.
—No... —Carraspeó y se sonrojó—. Yo... —Volvió a carraspear y lo intentó otra vez—. Hace mucho tiempo que no estoy con ninguna mujer. Y nunca he estado con ninguna en mi piso, así que... No tengo preservativos —añadió nervioso.
______ se sentó en la cama y le acarició la espalda, y sintió que él se estremecía.
—¿Mucho tiempo? ¿Y esa azafata?
—¿Qué azafata? —preguntó Nicholas , bajando la cabeza para darle un beso en el hueco de la clavícula.
Ella tardó unos instantes en responder:
—La azafata con la que te fuiste...
—No hubo ninguna azafata. —Le mordió el lóbulo de la oreja—. No ha habido nadie desde que te conocí. —La besó antes de que pudiera preguntarle nada más.
—Oh —dijo ______ cuando Nicholas se apartó y la miró directamente a los ojos para demostrarle que era sincero.
—Sí, oh. —Le dio otro beso y empezó a alejarse de ella, convencido de que, dadas las circunstancias, iban a tener que dejarlo, pero _____ lo sujetó por la muñeca.
—Yo sólo he estado con un chico. —Ahora era ella la que se sonrojaba—. Un estudiante de intercambio que conocí cuando tenía veinte años.
—Creo que lo odio —dijo Nicholas , sin darse cuenta de que estaba hablando en voz alta.
—Y creo que lo hice porque estaba harta de ser la única de mis hermanas, o de mis amigas, que no podía hablar del sexo con conocimiento de causa. —Vio que Nicholas tenía los hombros tensos y volvió a acariciárselos—. Fue sólo una vez y me acuerdo que pensé que no entendía a qué venía tanto lío con lo del sexo... y así había pensado hasta que... —Nicholas levantó la cabeza, que había mantenido baja y esperó a que terminara la frase—... hasta que tú me besaste.
Incapaz de detenerse, se abalanzó sobre ______ y volvió a devorarle los labios. No sabía qué le pasaba, pero a ella parecía gustarle, así que dejó de tratar de controlarlo.
—Tomo la pastilla —dijo ______ cuando Nicholas se apartó lo suficiente—, y sé que tanto tú como yo estamos bien. Yo nunca he hecho nada y a ti te han hecho más análisis estos meses que...
No pudo terminar la frase, porque él, al escuchar que podía hacerle el amor y que además no tenía que utilizar preservativo, se colocó entre sus piernas y se deslizó en su interior en cuestión de segundos.
—Lo siento —farfulló entre dientes al ver que le había hecho un poco de daño—. Es que... —Dios, el calor que lo envolvía amenazaba con hacerle perder la poca capacidad de autocontrol que le quedaba—. ______...
—No pasa nada —susurró ella, acariciándole la espalda—. No me has hecho daño. —En realidad le había dolido un poco, pero al ver la mirada perdida y desolada de Nicholas y al sentir cómo le temblaban los hombros decidió no decírselo. Además, poco a poco, su cuerpo iba adaptándose y cada vez le gustaba más sentirlo dentro. Y la idea de que ella hubiera podido hacerle perder el control de ese modo era de lo más excitante. Le colocó los dedos en la nuca y notó que estaba empapado de sudor, y tiró de él para besarlo.
Nicholas se resistió un poco, no porque no tuviera ganas de besarla, que las tenía. Muchísimas. Sino porque tenía miedo de que, al sentir su lengua junto a la suya, terminara por ponerse completamente en ridículo. Él no era ningún chaval inexperto, joder, si casi tenía ocho años más que ella. Había tenido varias amantes, y, no por presumir, pero siempre las había dejado satisfechas. Nicholas podía dedicarse por completo a la mujer que compartía cama con él antes de alcanzar un orgasmo, y nunca terminaba sin asegurarse previamente de que su compañera había sentido placer.
Con ______ no se veía capaz de besarla, ni de mover las caderas ni siquiera un centímetro. El calor y la humedad del sexo de ella lo estaban volviendo loco. El perfume que emanaba de su piel le había derretido el cerebro. Los pequeños gemidos de placer que escapaban de sus labios formarían para siempre parte de sus recuerdos. Y las manos con las que le recorría el torso lo estaban llevando más allá del abismo. Iba a tener un orgasmo y por primera vez en su vida se veía incapaz de evitarlo, incapaz de retrasarlo ni siquiera un segundo.
Abrió los ojos y pensó que quizá así podría distraerse lo suficiente como para aguantar un poco más, pero al ver que _____ también lo miraba y que no escondía nada de lo que sentía, se rompió por dentro y supo que jamás volvería a ser el mismo. Nicholas alcanzó el orgasmo y empezó a temblar encima de ella, y ______ lo siguió al instante. Se abrazó a él y sintió cómo una indescriptible ola de placer inundaba sus venas y la llenaba de algo que no había sentido en toda su vida. Y no era sólo una sensación física. Sabía, sin ningún atisbo de duda, que su alma nunca más podría ser feliz sin tener a Nicholas a su lado. Él terminó de temblar y se quedó tumbado encima de ella, y ______ no dejó de acariciarle la espalda ni un segundo, dándole besos en la nuca y el cuello, susurrando su nombre.
Nicholas hundió el rostro en la melena de ______, olía a pera y dejó que ese olor lo impregnara por dentro. Sentía sus manos en la espalda, los besos que iba dándole, pero se veía incapaz de moverse. Los cimientos de su mundo acababan de derrumbarse; él siempre había disfrutado del sexo, pero lo que acababa de suceder no podía compararse a nada de lo que había vivido antes. Todos los miedos que había sentido desde pequeño por culpa de sus inseguridades no eran nada al lado del miedo que tenía de mirar los ojos de ______ y encontrarlos vacíos. Quizá se lo había imaginado todo. Quizá ella...
—Nicholas —le susurró ______ al oído antes de darle otro cariñoso beso en la mejilla—, ¿estás bien? Estás temblando.
—Estoy bien —susurró él, inhalando hondo—. Lo siento —dijo al apartarse, pero ella no le dejó ir muy lejos y lo sujetó por la espalda.
—¿Qué es lo que sientes? —le preguntó, jugando con el pelo de su nuca.
«Bueno, tarde o temprano tendrás que enfrentarte a ella», pensó Nicholas justo antes de mirarla a los ojos.
—Siento... —Lo que vio en ellos lo dejó sin habla; ______ sonreía, y los ojos le brillaban como... como si sintiera algo por él. No terminó la frase y bajó la cabeza para darle un cariñoso beso. Cuando terminó, su corazón latía un poco más calmado.
—Tranquilo, tesoro —dijo ella—, todo va a salir bien. —Se incorporó un poco y lo besó, y Nicholas la creyó y volvió a abrazarla.
Minutos más tarde, cuando ambos estaban ya a punto de quedarse dormidos, él se apartó y fue al cuarto de baño. _____ no se movió y esperó a que regresara, y cuando lo hizo se acurrucó a su lado y cerró los ojos. Nicholas nunca había dormido con otra persona, y le gustó la idea de hacerlo por primera vez con ______, y de no volver a hacerlo con nadie que no fuera ella.

****

Eran las siete de la mañana y empezaba a salir el sol. Los primeros rayos se colaban por la ventana de la habitación de Nicholas , cuya cortina la noche anterior éste se había olvidado de cerrar. Él llevaba horas despierto, mirando embobado a _____. Era preciosa, siempre lo había creído, y se lo había dicho en repetidas ocasiones, pero incluso aquella palabra le parecía poco para describirla. Se moría de ganas de ir a por uno de sus cuadernos y dibujarla, igual que había hecho miles de veces. En las anteriores ocasiones, siempre había tenido que recurrir a su imaginación, o a su memoria, para poder retratar su rostro y su mirada, pero ahora la tenía allí delante. Para él solo. Podría levantarse y hacerlo, pero cada vez que se decidía se echaba atrás; no quería perderse ni un segundo de estar con ella, y tenía la sensación de que si la dibujaba, lo que estaba sucediendo entre los dos perdería algo de intimidad.
Nicholas sabía que tendría que aprender a compartir a ______, y lo que sentía por ella, con el resto del mundo, pero durante esos instantes casi mágicos que preceden a cada nuevo amanecer soñó con poder estar siempre a solas con ella; con poder pasarse los días y las noches besándola, dándole placer, compartiendo su cuerpo y su alma, sin tener que preocuparse por nada y por nadie más. ______ se movió y empezó a abrir los ojos. Él observó fascinado cómo se despertaba; estaba tumbada boca abajo, con la cara mirando hacia él. Tenía el pelo alborotado, y él se lo había apartado de la nuca para poder plantarle allí un beso.
—Hola —dijo ella en voz baja al ver que Nicholas la estaba mirando.
—Hola —susurró él, y sonrió al ver que se sonrojaba—. ¿Has dormido bien?
—Sí —respondió, levantando una mano para apartarle un mechón de pelo de la frente—. ¿Qué hora es?
—Casi las siete. Duerme un poco más. —Se inclinó hacia ella y le dio un beso en los labios.
—¿Hace mucho que estás despierto?
—Un poco. Estaba pensando —le explicó Nicholas , acariciándole la espalda.
—¿En qué? —A _____ se le puso la piel de gallina.
Él no respondió, sino que volvió a besarla.
—¿Te he contado alguna vez que en la universidad me apunté a clases de caligrafía china? —le dijo, casi pegado a sus labios.
—No —respondió ella—. ¿Caligrafía china?
—Sí. Uno de mis profesores de universidad también era disléxico... —Se quedó en silencio un instante—... Dios, me basta con mirarte a los ojos para olvidarme de todo.
—Termina de contarme lo de la caligrafía —le pidió a media voz.
—Espérate aquí un segundo. No te muevas —dijo, antes de darle un beso y salir de la cama—. En seguida vuelvo.
_____ se quedó tumbada tal como estaba, y oyó que Nicholas iba a la habitación que hacía las veces de estudio y abría un cajón para luego cerrarlo.
—Cierra los ojos —le pidió él al regresar—. Por favor.
Ella lo hizo, y al cabo de unos breves pero eternos segundos notó que le retiraba la sábana de la espalda. Nicholas dejó una pequeña tablilla de madera en el colchón y encima depositó con cuidado un tintero y una pluma. Se sentó a horcajadas encima de los muslos de _____ sosteniendo su propio peso con las rodillas; no quería aplastarla, y así tenía más libertad de movimiento. Dibujar los símbolos orientales siempre lo había relajado; lo fascinaba poder entenderlos sin tener la sensación de que la mente le fuera a explotar. Nicholas era incapaz de leer una palabra en inglés o en español sin tener que esforzarse, pero los símbolos chinos los veía con absoluta claridad. Aquellos dibujos no eran sonidos, ni letras, eran ideas, palabras en sí mismas. Sentimientos a veces representados en un único trazo. Abrió el tintero y mojó la pluma. Acarició la espalda de _____ y tembló al unísono con ella. Oyó cómo se le aceleraba la respiración, y a él le sucedió igual.
Cogió la pluma y la acercó a la piel que tenía ante sus ojos.
—Fui a clases de caligrafía china durante años —le explicó, trazando la primera línea—. Y desde el primer día me entusiasmó la idea de poder comprender lo que veían mis ojos.
_____ no dijo nada y mantuvo los ojos cerrados, tal como él le había pedido. Nicholas volvió a mojar la pluma y dibujó otra línea, incorporando un giro. Mantenía la vista fija en la espalda de ella, de la mujer que lo había obligado a salir de su caparazón. Aquella espalda era el único lienzo en el que quería volver a escribir.
—Cada símbolo significa algo, y a veces basta con dos o tres para expresar sentimientos muy complejos. A diferencia de nosotros, que gastamos miles de palabras para no decir nada en absoluto. —Dibujó otra línea, pero en esta ocasión se agachó un poco y le besó el omoplato—. Es increíble la importancia que damos nosotros a unas meras palabras que suelen carecer de significado —añadió, pero fue como si se lo estuviera diciendo a sí mismo.
Le dio otro beso en el centro de la espalda y ______ notó de nuevo las cerdas del pincel sobre la piel.
Nicholas se quedó en silencio, esperando cada vez más entre trazo y trazo, y ______ podía sentir su mirada fija en su espalda; estudiando su obra, meditando cada pincelada. Después de lo que pareció ser la última, se atrevió a preguntar:
—¿Qué has escrito?
Él no dijo nada, pero tampoco se movió ni se apartó. Despacio, dejó la pluma de nuevo en el tintero y apartó la tablilla de madera de la cama, depositándola en el suelo. Luego, se inclinó un poco encima de _____ y, con una mano, fue resiguiendo cada trazo. Sin hablar, sin apenas respirar. Ella sintió que aquello era muy importante para él, y se estuvo quieta, dándole su tiempo, dejando que se acostumbrara poco a poco a la idea de que no iba a apartarse de él. Cuando Nicholas terminó de repasar todo el dibujo con los dedos, _____ creyó que por fin le diría algo, pero no fue así, sino que optó por repetir la operación, pero esta vez con los labios. Con su boca, recorrió cada línea que había trazado con el pincel, besándola centímetro a centímetro y, al terminar, le dio la vuelta y le hizo el amor como si se pertenecieran el uno al otro.
A _____ le habría gustado que le dijera que la amaba, pues eso era exactamente lo que le estaba transmitiendo con aquellos besos y aquellas caricias llenas de ternura y desesperación, pero podía entender que Nicholas todavía no fuera capaz de hacerlo. Ella tampoco se lo dijo, no con palabras, pero al terminar, cuando él volvió a abrazarla de aquel modo tan desgarrador, guió la cabeza de Nicholas hasta su corazón para que pudiera escuchar que sólo latía por él.

****

Volvieron a despertarse unas horas más tarde y quizá fuera el sol, o la realidad de lo que iba a suceder al día siguiente, pero la anterior intensidad se había desvanecido un poco. Los dos decidieron no decir nada sobre los sentimientos que se habían confesado con los ojos al hacer el amor; ______ no volvió a preguntarle qué significaba lo que le había escrito en la espalda, y Nicholas se sonrojó al dejar el tintero y la pluma encima de la mesilla de noche de su dormitorio, sin decir nada.
Él preparó el desayuno mientras ella se duchaba. ______ se paró frente al espejo del cuarto de baño y, con la ayuda del espejo de una polvera, se quedó embobada mirándose la espalda. El dibujo era precioso, significara lo que significase, y era una verdadera lástima que el agua fuera a borrarlo. Lo observó durante unos minutos, y al final se resignó a perderlo y se metió bajo la ducha. Más adelante, cuando el padre de Nicholas estuviera ya recuperado y pudieran volver a su vida normal, le pediría a Nicholas que volviera a dibujárselo, aunque fuera en un papel.
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MensajeTema: Re: Sweet Love (Nick y tú) Romantica-Semi Hot   Hoy a las 00:54

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