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 La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica

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sweetbaby_majo
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 8th 2011, 18:17

oki ya voy a votar =D
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sweetbaby_majo
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 9th 2011, 17:08

gabiiLovesJB escribió:
Nueva Lectora....!!!
Esta buenisima tu adaptación...!!!
siguela muuy prontoo..!! Smile <3

Bienvenida Welcome
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sweetbaby_majo
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 9th 2011, 17:19

—Repetiré la pregunta: ¿por qué estaba usted allí, señora?
La pregunta, hecha con tanta frialdad, hizo que ______(tn) tensara los labios, molesta. Para su desgracia, el primo de su difunto marido y actual lord Wynn había ido a visitarla, y aunque ella llevaba meses evitando verle, no había tenido otro remedio que recibirle finalmente. Dado que el parecido familiar era enorme, estar cara a cara con Franklin siempre le producía un pequeño sobresalto, como si un fantasma se hubiera materializado frente a ella.
Un espectro de lo más inoportuno, además.
Estaban sentados en el salón de las visitas, con los grandes ventanales abiertos a la cálida atmósfera del mediodía. El mobiliario, una elegante combinación de tonos crema y dorado, era un reflejo de su gusto personal y de la re-decoración que había emprendido tras la muerte de Edward. Sofás de brocado, dos encantadoras butacas importadas de Italia junto a la chimenea, una serie de atractivas acuarelas en las paredes tapizadas de seda. Un jarrón precioso y muy costoso que ______(tn) había encargado, contenía un ramillete variado del jardín de atrás, y el perfume era un baño de delicias florales, sobre todo en un día tan bonito. Erradicar todas las cosas que le recordaran la presencia de Edward fue un placer. El habría odiado la feminidad de los toques personales, leves y delicados, pero por lo que ella sabía, él había odiado un gran número de cosas si no eran idea específicamente suya.
Franklin había reaccionado ante la nueva decoración con una mueca y un destello de frialdad de sus ojos claros. «La casa de la ciudad debía haber sido mía», decía esa mirada, y el coste del nuevo mobiliario procedía de la fortuna que él creyó que debía heredar. No es que a ______(tn) le importara la opinión de Franklin, ya que era su dinero, y si deseaba barrer el gusto de su marido de la casa, habitación por habitación, eso haría.
—Fui a ver las carreras de caballos, naturalmente, milord. Por suerte hizo un día magnífico, de modo que disfruté muchísimo. — ______(tn) mantuvo en todo momento un tono frío y distante, intentando que él dejara de interesarse por sus actividades sociales. —Lamento no haber estado en casa cuando vino usted la semana pasada. Me temo que últimamente he estado bastante ocupada.
—La semana pasada, la anterior... sí, ya me he dado cuenta. Espero que sea consciente de que no es recomendable ir sola a un lugar como las carreras. Allí suele congregarse una multitud compuesta en su mayoría por hombres. Las damas decentes no van por ahí sin acompañante. La próxima vez que desee usted asistir a un espectáculo público de ese tipo, hágamelo saber y yo organizaré las cosas para estar a su lado.
«Dios bendito, se parece tanto a Edward, con esos mismos fríos ojos azules...»
Tenía la cara de un halcón, completamente angulosa con una nariz algo aguileña, y el pelo espeso y oscuro. Sus pómulos enjutos terminaban en una boca de labios finos que muy pocas veces sonreían. Franklin, que había entrado en la treintena y ahora tenía un título, estaba considerado muy buen partido. Tal vez fuera apuesto, pero su parecido con Edward, tanto en lo físico como en la actitud, resultaba demasiado perturbador. Sus ojos de pesados párpados la observaban y evaluaban con la desafección habitual.
Era como ser avistada por un pájaro de presa, pensó con desagrado. No, por un buitre, listo para arrancarle la carne de los huesos si no se protegía a sí misma.
______(tn) se puso tensa ante su tono y la presunción de que él pudiera decidir alguna cosa sobre su vida, y darle lecciones de decoro, nada menos.
—Fui con Melinda Cassat y su esposo, de manera que no estuve sola en absoluto. En cualquier caso, no es necesario que se preocupe por mi bienestar.
Franklin se inclinó hacia delante. Iba pulcramente vestido con unas ropas más propias de un cortesano que de un caballero durante una visita matinal. Con profusión de encajes en el cuello y en los puños de las mangas.
—Ah, pero no olvidemos que es usted la viuda de mi primo, así que debo preocuparme.
—No se inquiete, se lo ruego.
No había nada que ella deseara más que dar por terminada toda relación con la familia Wynn, y Franklin siempre la incomodaba. En su opinión, el interés que él mostraba por su bienestar tenía muy poco que ver con su persona, y mucho con la cantidad de dinero que Edward le había dejado. Afortunadamente el testamento había bastado para neutralizar sus protestas. De todo aquel asunto, ella había aprendido una nueva lección sobre lo difícil que puede ser conseguir la independencia.
—Su reincorporación a la vida social me preocupa de manera infinita. —Parecía que él la atravesara con su mirada fija y carente de emoción.
—No consigo comprender por qué ha de ser así. Llevo una vida muy tranquila en su mayor parte. Estoy empezando a aceptar algunas invitaciones de un modo gradual, pero...
—Tal vez yo debería ser consultado sobre los actos a los que debe usted asistir.
La irritación se convirtió en algo más.
—Soy una viuda —le recordó a modo de duro reproche. Luego, puesto que era él quien la había visitado y él quien insistía en hacer suposiciones, añadió de forma impulsiva: —Con fortuna propia.
Le tocó a él irritarse; ese tema le resultaba doloroso. Tardó un momento, pero adquirió de forma evidente una expresión de ira.
—Soy plenamente consciente, querida, del estado de sus finanzas. Y sé también que es usted joven y muy casadera todavía. Los caballeros carentes de escrúpulos existen, y es mi deber protegerla.
Cualquier respuesta que ______(tn) hubiera dado a continuación habría sido probablemente brusca y malintencionada, pero por suerte fue capaz de morderse la lengua. Echó una ojeada a las pálidas paredes y a las telas lujosas que la rodeaban, que sentía como indicadores de su independencia. Deseó que en ese momento la nota de respuesta de Rothay no estuviera apretujada en su mano excesivamente húmeda.
Hubiera mantenido mejor la serenidad frente a Franklin si aquel pedazo de pergamino inculpador no hubiera creado un círculo de fuego en la palma de su mano. El mayordomo se la había entregado al mismo tiempo que anunciaba a su indeseado visitante, y ______(tn) , muerta de curiosidad, ansiaba deshacerse de Franklin y leer la contestación de Rothay. Aquello era como una brasa ardiente que ella debía arrojar tan lejos de su persona como le fuera posible.
Si Franklin supiera lo que era aquello, denostaría su nombre, y con enorme placer. No se hacía ilusiones acerca de lo que él era capaz de hacer si tenía la oportunidad.
—Estuve muy bien acompañada por Melinda y su esposo y nadie me abordó. No había asistido a las carreras anteriormente y no sabía qué esperar. Todo me pareció bastante emocionante.
Lo había sido, desde los sofisticados atuendos de la gente, los vítores exuberantes, la atronadora gloria de los lustrosos caballos, hasta el momento en el que había contenido el aliento al ver al duque de Rothay y a lord Manderville, un contraste de morena y satánica belleza masculina y dorado atractivo apolíneo. Parecidos y sin embargo tan distintos físicamente, ambos tan habituados a su notoriedad, prescindiendo con tanta naturalidad de los murmullos y las miradas furtivas, como si ellos dictaran sus propias normas y sencillamente no notaran que las cabezas se volvían, ni los susurros solapados tras las manos enguantadas.
¿Qué haría Melinda si supiera que la nota de respuesta de Rothay estaba en ese momento, sin leer, en sus manos? O aún peor, ¿qué pensaría si se diera cuenta de que era ______(tn), nada más y nada menos, quien se había puesto en contacto con el infame duque y su igualmente célebre amigo?
Esa era una pregunta fácil de contestar. Melinda no lo hubiera creído. Nadie lo hubiera hecho.
Ni ella misma estaba segura de creerlo.
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Carpe Diem
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 9th 2011, 17:21

Oh por Dios siguela!!
esta genial!!
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sweetbaby_majo
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 9th 2011, 17:24

chicas aki les dejo un capitulo espero k les guste comenten mucho mas tarde quizas pueda k suba otro solo si hay bastantes comentarios =D
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koman
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 9th 2011, 21:15

OYE TIENES QUE SEGUIRLA
Y SEGUIRLA YA.....QUIEN
SERA ESA MUJER ???
¿POR QUE ME VIJILAN TANTO??
¿ESE TIPO ES IDENTICO AMI
DIFUNTO???
¿DONDE CONOCERE A NICK
AHHHHHHHHHHHHHH
SIGUELA SIGUELA YAAAAAA
VAMOS UN CAP..MAS VAMOS VAMOS
YA ES ENCERIO SUBE CAP..HAHAHA
BESOS XOXO
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sweetbaby_majo
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 10th 2011, 17:55

Capitulo 4


—Me hace muy feliz saber que disfrutó, querida, pero ya sabe que yo estoy siempre a su disposición. —Franklin se acomodó de nuevo en la butaca como si tuviera intención de quedarse un rato y cruzó las piernas, refinadamente ataviadas, a la altura de los tobillos.
El tono un tanto sugerente de su voz hizo que ella reprimiera un escalofrío. Disposición. Una palabra carente de contenido sexual, pero algo en la forma en que fue pronunciada dejaba entrever una insinuación lasciva. Era difícil no preguntarse si no sería parecido a Edward en más aspectos que el puramente físico. No es que él fuera a molestarse jamás en cortejarla; ______(tn) no se hacía ilusiones a ese respecto. Franklin quería controlar la herencia que consideraba que debería ser suya por derecho, y ella estaba entre él y su objetivo; de ahí su solícito interés.
______(tn) asintió, pero con una ambigua inclinación de cabeza que ocultaba su repulsión. Según su amarga experiencia, la familia Wynn tenía una faceta tenaz que era difícil sacudirse de encima, de manera que una confrontación directa no era una buena idea.
—Le agradezco su oferta.
—Yo sigo ansioso por recibirla unos días en el campo, para que podamos hablar tranquilamente de cuestiones como esta. Mi madre ejercería de acompañante, por supuesto.
Pese a que Franklin le había dicho que podía utilizar la casa a su conveniencia, ella había optado por no aceptar nada de él, ni siquiera la hospitalidad.
—Tal vez algún día.
Era tremendamente consciente de la misiva que tenía al lado, sobre la tela de la butaca, y que intentaba ocultar lo mejor posible, cubriéndola con un gesto despreocupado de la mano.
«¿Qué dirá?»
Era duro estar sentada allí, con compostura, con la serenidad fría y absoluta que la hacía parecer tan inalcanzable a la mayoría de los caballeros impertinentes.
La imagen exterior era la adecuada.
La verdad interior era un poco más difícil de afrontar.
Franklin persistió:
—En cuanto a Londres, humildemente le diría que yo puedo aconsejarla acerca de qué invitaciones debe aceptar o declinar. Al fin y al cabo, tengo más experiencia.
¿Hacía demasiado calor en la habitación o era ella? ______(tn) luchó contra el impulso de abanicarse y en lugar de eso sonrió.
—Admiro mucho su pericia para desenvolverse en sociedad con tanta naturalidad, milord.
—Un nuevo matrimonio ventajoso también la ayudaría. —Levantó una espesa ceja con una implicación arrogante, que fue como el pinchazo de una aguja.
Él quería su dinero. ______(tn) tuvo la desagradable sensación de que codiciaba su cuerpo también, pero ni bajo pena de muerte habría aceptado jamás esa idea.
No era necesario que él conociera la inseguridad que ella sentía en público y en privado. De hecho, era algo que estaba intentando superar. Con la ayuda de un duque muy apuesto y de un joven conde igualmente atractivo.
Quizá.
Le pareció que pasaba una eternidad hasta que él echó una mirada al reloj de bronce dorado en la repisa de la chimenea y se puso de pie.
—Discúlpeme, pero tengo una cita. La visitaré la semana próxima. Si hace buen tiempo, tal vez podríamos planear una pequeña salida.
Ella preferiría que le pasara por encima una manada de elefantes, pero se las arregló para sonreír de forma banal.
—Tal vez.
______(tn) esperó a oír el traqueteo del carruaje alejándose, antes de coger con cuidado el sobre que le habían enviado.
Incluso la caligrafía del duque era arrogante, pensó contemplando la carta un momento, antes de inspirar hondo y abrirla. Con los dedos temblándole de un modo revelador, sacó el único pedazo de papel que había dentro, y leyó la respuesta a su imprudente proposición.
Probablemente él iba a perder esa apuesta infame, pero la mejor forma de disimular un corazón roto era con una alocada bravuconería varonil... o al menos así era como él lo estaba haciendo.


El carruaje circulaba con gran estruendo por Upper Brook Street y Derek Drake miraba por la ventanilla sin ver nada, absorto en sus propios pensamientos.
La mayoría no eran agradables, desgraciadamente. La mayoría incluían imágenes de Annabel —no, eso había que corregirlo: de la futura lady Hyatt, —en brazos de su nuevo marido. Desnuda, él la abrazaba, le besaba los labios; la cabellera dorada de ella centelleaba entre las sábanas mientras ambos se movían unidos por un ritmo inmemorial, y ella abría completamente sus esbeltas piernas mientras su amante penetraba su complaciente cuerpo...
Vaya, era muy productivo imaginarse eso, se conminó a sí mismo de malhumor, mientras se hundía en los cojines de la banqueta y dejaba escapar un suspiro de frustración. Torturarse no mejoraba las cosas. Eso era lo que le había puesto en el aprieto actual. No le sorprendía el hecho de haber caído de tal modo en la bebida la noche en que Rothay y él habían empezado aquella discusión de adolescentes; quizá incluso la apuesta pública había sido una forma de devolverle el golpe a Annie, por aquel anuncio que había aparecido en el periódico.

El honorable Thomas Drake se complace en anunciar el compromiso formal de la señorita Annabel Reid con lord Alfred Hyatt. El enlace se celebrará dentro de cuatro meses...

Derek no había sido capaz de seguir leyendo.
Aquello le había dolido. Maldita sea, ver aquello en letra impresa le había dolido de verdad. Incluso más de lo que esperaba, a pesar de que su tío Thomas ya le había hablado de la petición de mano y de que ella había aceptado, añadiendo además un comentario personal sobre lo apropiado que era el enlace.
Pero cuando Derek, sentado allí, leyó la irrefutable nota del anuncio público del compromiso y se hizo cargo de sus implicaciones, una punzada de dolor penetró en su alma y le provocó una herida sangrante.
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GisలL×Jß
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 12th 2011, 10:37

OMJ!! Muy buenisimos lo caps!!
Sigula pronto esta genial la nove(:
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sweetbaby_majo
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 14th 2011, 19:31

Capitulo 5


Pero cuando Derek, sentado allí, leyó la irrefutable nota del anuncio público del compromiso y se hizo cargo de sus implicaciones, una punzada de dolor penetró en su alma y le provocó una herida sangrante.
Así que para «mejorar» las cosas, pensó con un estremecimiento interior, se había emborrachado a conciencia y después empeoró una reputación que Annabel ya había considerado repugnante lanzando aquel desafío por el que Londres bullía de expectación en aquel momento. El hecho de que Nicholas y él ya tuvieran un pasado de pugnas de todo tipo, desde académicas hasta atléticas y, por supuesto, de mujeres, no ayudó mucho. En parte aquello no era más que una faceta de sus personalidades, y en parte resultado de su origen similar. Ambos habían heredado riquezas y títulos en la juventud, y con ellos tanto la libertad como las limitaciones que acompañaban a los legados. Su amistad nació de forma inmediata y natural, como dos hermanos que se encontraban cara a cara por primera vez y se reconocían mutuamente.
Eso había espoleado el disparatado debate de la otra noche. Nicholas tenía sus propios demonios. Derek sabía muy bien que su amigo había sufrido una experiencia muy poco feliz que siempre le mantenía en guardia, por muy encantador que pudiera parecer desde fuera. Nick no había hablado de ello, y Derek no hizo preguntas sobre aquel roce casi desastroso con el amor, que por parte de la mujer con la que Nicholas pensaba casarse resultó ser avaricia calculada en lugar de sentimiento profundo. Entre ambos hombres existía un acuerdo tácito de no hablar del asunto, que no había sido violado en los diez años de relación.
Al fin y al cabo, ambos se parecían mucho.
Por lo visto ahora le tocaba a Derek arder en el infierno.
Sin duda Annabel sentía menos afecto por él que nunca. Si es que eso era posible. ¿Por qué no se había dado cuenta nunca de que la amaba hasta que fue demasiado tarde?
Porque era un maldito estúpido, desde luego. Ella amaba a otro. Por lo que sabía, lord Alfred Hyatt era un tipo decente, lo cual empeoraba las cosas. Si ella fuera a casarse con un desaprensivo, sería razonable que él manifestara sus objeciones, pero no era así. De modo que no podía, y en cualquier caso ella jamás escucharía sus consejos.
¿Por qué debería hacerlo? El era experto en lo transitorio, no en el matrimonio.
—Milord...
La voz le sacó de su abstracción; se dio cuenta de que el vehículo se había detenido y de que el cochero estaba de pie esperando, con la puerta abierta. El joven tosió discretamente.
—Perdón. —Derek bajó de un salto con una sonrisa contrita en la cara. —Esta tarde he bebido un poco.
Aquello era innecesario y se preguntó por qué le daba explicaciones a un criado. Tal vez porque no tenía ni idea del rato que llevaba allí meditando taciturno. Subió la escalera de su casa de la ciudad, le hizo un gesto de agradecimiento al lacayo que le abrió la puerta y se encaminó derecho al estudio.
Al contrario que la abarrotada estancia de la enorme mansión de Mayfair que los duques de Rothay habían considerado su hogar durante varios siglos, el santuario de Derek era pulcro y ordenado. Tenía todos sus papeles apilados en una esquina del escritorio, la correspondencia nueva encima del vade y su whisky favorito en una licorera sobre una bandeja colocada a un lado. La habitación olía a cera y un poco a tabaco; él se encontraba cómodo entre aquellas paredes revestidas de madera y la pintura al óleo de un paisaje de Berkshire sobre la chimenea era una de sus preferidas. Aunque en su actual estado de turbulencia emocional, ni siquiera la bucólica visión de las onduladas colinas influía en su agitado espíritu.
Se hundió en la butaca detrás del escritorio y echó una ojeada a las cartas sin abrir con expresión de hastío. Encima de todas había un sobre sencillo, sin sello, y solo con su nombre escrito delante con una caligrafía clara. Intrigado, lo apartó del montón y lo abrió.

Milord Manderville:
Reunámonos en el Flower and Swine de Holborn, esta noche a las diez en punto. Habré reservado el saloncito privado para nuestra conversación.


Ah, sí, la endemoniada apuesta.
No había firma, pero él reconoció la caligrafía de la nota que había leído anteriormente. Bien, la dama era rápida, eso tenía que reconocerlo. Era fácil deducir que Nicholas habría recibido una misiva similar.
Cogió un abrecartas con el emblema familiar en el mango de metal y lo hizo girar distraídamente entre los dedos.
Bien, pensó con vehemente resignación, ¿por qué no asistir? ¿Por qué no esforzarse al máximo en probar su destreza sexual? Por lo menos, aquello le distraería de su presente estado de patética autocompasión, además de proporcionarle la posibilidad de pasar un buen rato con una mujer cariñosa y complaciente.
Si cerraba los ojos, tal vez incluso podría fingir que le hacía el amor a Annabel. Después de todo, quizá esa estrategia le haría vencer.

Era un establecimiento pequeño, sito en un vecindario del East End donde _______(tn) no había estado nunca. El deplorable aspecto exterior la había hecho dudar, pero aquello era perfecto para su plan, ya que los escasos y aturdidos clientes de la fría y húmeda taberna repleta de humo apenas se habían fijado en ella. El dueño la había acompañado a una salita que quedaba a cierta altura sobre el suelo pegajoso y las mesas tambaleantes de la sala principal, y trajo una botella de vino que probablemente no era el que los altaneros duque de Rothay y lord Manderville estaban acostumbrados a beber, pero que serviría para la ocasión.
La discreción era el plato principal del día.
Con las palmas de las manos húmedas bajo los guantes, se dejó caer en una silla y tuvo la sensación de que el velo la ahogaría._______(tn), que había llegado temprano pues no tenía intención de hacer una entrada espectacular cuando ambos hombres estuvieran ya allí, intentó no hacer caso de ciertos evidentes temblores internos.
«Vaya una seductora estás hecha», se dijo burlándose de sí misma, sin estar segura en absoluto, pese a haber llegado tan lejos, de no querer salir corriendo de allí. Le pareció que las vigas ennegrecidas de los techos bajos estaban demasiado cerca y le llegaron con discordante claridad las risotadas estridentes de algún cliente borracho. El olor a cerveza rancia derramada era como una especie de capa pesada en el ambiente.
«Debería irme ahora mismo.»
No. Irguió la espalda y se levantó el velo para dar un sorbo rápido de la copa de vino. La vida que había vivido hasta entonces era la existencia sofocante de una mujer que nunca había corrido un solo riesgo. No había tenido la oportunidad de hacer algo así... hasta ahora. Era una ocasión perversa y escandalosa de hacer algo tan osado e insólito que simplemente no podía dejarla escapar. Una oportunidad de reparar el daño hecho a su vida, si las cosas iban como ella esperaba.
Esto es, a menos de que el duque y el conde se negaran en cuanto supiesen quién era ella. _______(tn) imaginaba que eso era posible, pero francamente creía ser la persona indicada para dirimir su absurda disputa masculina. Lo había sopesado una y otra vez.
Era viuda, de modo que ellos no mancillarían a una inocente. No quería nada de ellos, salvo la promesa sensual implícita en la propia naturaleza de su apuesta, que se proponía dilucidar.
Era la última persona de quien la sociedad sospecharía que iba a ayudarlos, cosa que seguro les intrigaría un poquito. Su gélida reputación bastaría para incitar su curiosidad sobre ella y aumentar el deseo de demostrar esa vanidosa cuestión de su competencia sexual. ¿Verdad?
Eso es. Su argumentación se basaría en dichos puntos.
¿Necesitaría discutir? Tratándose de tamaños y reconocidos libertinos, lo más probable era que solo exigieran su aquiescencia total. Ambos tenían una reputación incontestable.
—Milady, tiene usted un invitado. —El obsequioso tabernero apareció en la desvencijada entrada y luego se escabulló; fue sustituido por una figura alta y morena, un hombre que se detuvo un segundo antes de avanzar con su habitual estilo depredador.

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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 14th 2011, 19:49

Capitulo 6


«Rothay.»
El legendario duque llevaba un traje de noche oscuro, con la intención obvia de ir a algún lugar mucho más refinado después de la entrevista, tal vez al mismo baile al que ella asistiría más tarde. Como de costumbre, el aspecto de Nicholas Jonas era urbano, sofisticado y con un toque de arrogancia. Su lustroso cabello achocolatado ondulado remarcaba la belleza escultórica de sus facciones: unas cejas un tanto arqueadas, una nariz recta, el perfil de la mandíbula y el mentón nítido y un poco cuadrado. Su boca, infame por aquella característica sonrisa maliciosa, se curvó de forma casi imperceptible al verle la cara cubierta por el velo. Sus ojos cafés evaluaron abiertamente su atavío y ella captó el brillo de curiosidad en ellos.
Estaba tan guapo como siempre, tan impresionante como murmuraban todos, y aquel seductor gesto de la boca formaba parte de su celebrado personaje. Le inspeccionó el escote con la mirada y su sonrisa se expandió lentamente.
Dios, estaba intrigado. Mientras ella no perdiera los nervios y obtuviese las garantías que necesitaba, este acuerdo se sellaría pronto.
—Buenas tardes, excelencia —dijo _______(tn) con una entonación deliberadamente fría.
Algo centelleó en los ojos de Nicholas, tal vez la sensación de que reconocía la voz. Se inclinó cortésmente, moviéndose con fluidez y naturalidad. Cuando se irguió, pareció que su cabeza quedaba apenas a unos treinta centímetros del tambaleante techo.
—Buenas tardes.
—¿Vamos a esperar a lord Manderville? Me he tomado la libertad de pedir un poco de vino. Por favor, sírvase usted mismo. He indicado que no hubiera ningún criado presente. Me pareció... prudente.
Menuda ironía escoger esa palabra. Nada de lo que ella estaba haciendo era prudente.
—Por supuesto. Como guste. —Él echó una ojeada somera a la modesta salita, escogió una silla, se instaló en ella con un suave movimiento y extendió sus largas piernas. —Esta es una elección excelente para nuestra pequeña reunión, sin duda. No creo que nadie vaya a topar con nosotros en este sitio. Por favor, no me diga que vino usted hasta aquí sin acompañante.
Tenía toda la razón. El vecindario era cuestionable, pero el cochero de _______(tn) era un joven fornido, un auténtico galés agradecido por haber eludido el destino de su familia durante generaciones de trabajar en las minas, y por ello de una lealtad incondicional. Huw se había ocupado de dejarla sana y salva en el interior, y se ocuparía de llevarla de vuelta a casa con la misma solicitud. Ella sacudió la cabeza y el velo se movió ligeramente; aquel interés por su seguridad era un tanto inesperado.
—No soy temeraria, excelencia.
—Jamás sugeriría algo parecido. Pero no me importa admitir que usted me provoca mucha curiosidad. ¿Qué la impulsó a ponerse en contacto con nosotros, si se me permite preguntarlo?
La botella de vino y las copas estaban sobre la mesa; él cogió una con despreocupación y se sirvió, pero ella tuvo la impresión de que, a pesar de la aparente indiferencia de su gesto, estaba enormemente interesado en su respuesta.
¿Qué pensaba él? ¿Que ella era una mujer desesperada y solitaria, tan hambrienta de atención masculina que se acostaría con dos hombres solo por obtener un poco de afecto? Bien, tal vez fuera lógico para otros, pero no era su caso. Si ella deseaba compañía varonil, podía encontrarla con bastante facilidad. Incluso con su reputación de ser distante, estaba harta de rechazar a pretendientes potenciales. En cuanto a la soledad, desde luego prefería con mucho ser una viuda que una esposa; ya se sabe que todo tiene un precio.
Ella ya lo había pagado con creces y por eso estaba allí. ¿Se sentía insatisfecha? Sí, porque a su vida le faltaba algo, como una omisión evidente en un rompecabezas incompleto que arruinaba la imagen general. Encontrar aquella pieza y encajarla en el lugar correspondiente era importante para ella. Aquello afectaba a todo su futuro en todas las formas imaginables.
La pasión física era un misterio que se le escapaba. No se le ocurría ninguna forma de resolverlo y seguir siendo respetable. Excepto esta.
Había sido estafada por un matrimonio que para empezar no había deseado, y la insensibilidad de su marido en la alcoba no era más que un aspecto de su fallida relación. Ahora que él se había ido, había otras facetas de aquella negligencia sobre las que ella no podía hacer nada, pero sí podía averiguar si el hecho de no haber disfrutado de la relación conyugal era culpa suya, como Edward defendía.
Era lógico suponer que si no disfrutaba en los brazos de dos de los amantes más celebrados de Londres, entonces era problema suyo. Hasta que lo supiera, era muy improbable que volviera a relacionarse con ningún hombre. Con ser una amarga decepción para un marido una vez, había más que suficiente. No estaba segura siquiera de si volvería a desear algún día tener una relación íntima con un varón, pero quería tener la oportunidad de decidirlo sin que el peso de su pasado interfiriera en su presente.
—Supongo que es natural que se pregunte por los motivos que tengo para ofrecerme a dar mi opinión en su insólita competición —expuso _______(tn) sin traslucir ninguna emoción en la voz, mirando fijamente a través del velo de tul al atractivo hombre que tenía enfrente. —Creo que aparece implícito en mi mensaje inicial.
Aquellas arqueadas cejas de ébano se alzaron un milímetro.
—Ah, sí, la implicación de que los amantes que ha tenido hasta la fecha la han decepcionado. Qué lástima que cualquier mujer se sienta de ese modo.
La caricia de su cálida voz fue algo tangible, como si él ya se hubiera acercado a ella y la hubiera tocado. También había algo en la forma en que se contenía. Era imposible que no supiera hasta qué punto su apariencia perturbaba a las mujeres, pero no era esa el arma que utilizaba para conquistarlas.
No era de extrañar que las féminas cayeran ante él como si se arrojaran por un acantilado, pensó _______(tn) mientras lo miraba al otro lado de aquella mesa desvencijada y raída. Si él personificaba el pecado, este era delicioso en grado sumo. Aquel entorno tan zafio era como una especie de escaparate de su enorme poder. Superpuesto a los suelos desgastados, las paredes manchadas y a una silla inapropiada a su impresionante estatura, solo realzaba lo varonil y aristocrático que era en todos los sentidos.
—Amante —puntualizó ella. Sin plural.
Y como lo que había pasado en su lecho matrimonial no parecía tener nada que ver con el amor, no estaba segura de que el término fuera correcto. Su piedad no le interesaba. Su ayuda sí.
—¿Un solo hombre? Ya veo.
«Solo uno.» Probablemente un concepto extraño para un hombre como el osado duque, en cuyo disipado pasado debía de haber muchas amantes.
El seguía con la misma sonrisa complacida y devastadora.
—No debe juzgar a todos los hombres con demasiada severidad a partir de los errores de un único ejemplo de nuestro sexo.
—Ah, ¿no? —Sería agradable parecer coqueta, pero temía no poder conseguirlo.
—Por supuesto que no. —Su mirada se dirigió otra vez a la carne marfileña que desbordaba su corpiño. —Del mismo modo que cada mujer es única, imagino que también nosotros somos todos distintos. Yo opino que los hombres en general son más egoístas por naturaleza. Lamento que haya tenido esa experiencia previa, pero reitero que no todos somos iguales.
Ella sintió el ardor de aquel examen pormenorizado, como si él le pasara un dedo sobre la piel.
Una vez más el encanto del duque quedaba fuera de duda. Formaba con ella una pareja muy desigual, pero _______(tn) no iba a permitir que él lo supiera.
—Tal vez tenga —dijo con actitud indiferente —la oportunidad de demostrar su punto de vista, excelencia.
—Tengo la clara sensación de que no tendré ningún inconveniente en hacerlo, mi misteriosa dama.
Era imposible beberse el vino sin levantar el velo, de modo que _______(tn) toqueteó el pie de la copa con aire de duda, mirando al hombre del otro lado de la mesa con gesto cauteloso.
—Siento llegar un poco tarde. —La aparición de lord Manderville evitó que ella tuviera que decir algo más. No quería proporcionar demasiadas pistas sobre su identidad hasta que ambos le dieran su palabra de caballeros de que jamás la revelarían.
El conde entró en la sala y la sometió a una evaluación prácticamente idéntica a la de su amigo, con una mirada de pasada que se detuvo apenas un instante en el escote de su vestido a la última moda, y luego acabó en la cortina de tela que le cubría la cara. Una sonrisa traviesa dejó ver una perfecta dentadura blanca.
—Veo que este es un auténtico juego de intriga. Es un placer conocerla.
—Usted ya me conoce —respondió _______(tn) tan serenamente como pudo.
Descubrió que tenerlos a ambos en aquella estancia le resultaba un tanto desconcertante. Por un lado los dos eran muy altos y tenían un formidable aire de seguridad masculina, que parecía llenar aquel reducido espacio. La belleza dorada de Derek Drake le había reportado el sobrenombre de «el ángel». Rothay, en cambio, había sido bautizado irónicamente como «el duque diabólico».
Ambos formaban una pareja irresistible, si bien dispar, el ángel y el diablo, y ella notó con inquieta aprensión que se le formaba un nudo en el estómago.
Aquello no iba a salir bien. Allí estaba ella, haciéndoles una descarada proposición sexual. Las mujeres que se desplazaban hasta oscuras tabernas para encontrarse con libertinos del calibre de aquellos dos hombres que estaban con ella ahora, no debían sucumbir a un ataque de nervios.
Enderezó la espalda y recuperó su prestancia.
—¿Ya la conozco? —Manderville aceptó una copa de vino del duque con un gesto de agradecimiento, sin apartar la mirada del rostro de _______(tn), y se sentó en una silla inestable que emitió un quejido.
—Ambos me conocen.
—Ah, ya pensé que su voz parecía refinada y tal vez familiar. Pero no podemos ser viejos conocidos o la habría identificado con mayor certeza. Tengo muy buen oído para estas cosas. —Su sonrisa era tan angelical como atractiva y maliciosa la del duque.
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 15th 2011, 18:30

YA ME PUSE AL DIA!!
OHH Dioss!!
cmoo la dejas asi?!!
siguela!! porfa!!
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 17th 2011, 22:15

  1. hola
    nueva lectora
    me encanta la nove por favor te lo ruego
    siguela mira voy a entrar todos los dias a tu pag y si no as subido te dejare un mensaje o dos o tres ... asi que te lo suplico sube pronto plis
    bey
    by: yonixz

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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 17th 2011, 22:36

yonixz escribió:
  1. hola
    nueva lectora
    me encanta la nove por favor te lo ruego
    siguela mira voy a entrar todos los dias a tu pag y si no as subido te dejare un mensaje o dos o tres ... asi que te lo suplico sube pronto plis
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Hi!!! Welcome bienvenida ya mismo si puedo subo o si no sera mañana ok
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 17th 2011, 22:46

estare esperando capi =)
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 17th 2011, 22:49

Jaz ya subi capitulo en mas k hermanos espero k te guste xk a mi no me gusto jajaja
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 17th 2011, 22:53

Capitulo 7


Mientras que de Nicholas Jonas emanaba un aire de intensidad casi peligroso, el conde era todo indolencia y refinada despreocupación varonil.
Eran muy distintos, y sin embargo ambos ofrecían el mismo supuesto paraíso entre sus brazos.
A continuación venía la parte complicada. ________(tn) no podía culparlos por querer saber quién era ella, ni por echarle una mirada antes de aceptar, pero tampoco estaba dispuesta a quitarse el velo antes de estar segura de su silencio. Si no estaban dispuestos a ello, se marcharía de inmediato. Incluso los mensajeros que había contratado para traer y llevar las notas, habían sido sometidos a un complicado proceso para asegurar que no se los relacionaría con ella.
Se suponía que esto debía salvarle la vida, no destruírsela.
Ellos podían tener fama de cortejar y desaparecer después de haberse acostado con una serie de bellezas de la alta sociedad, pero ella nunca había oído que se pusiera en duda su sentido del honor y estaba dispuesta a aceptar su palabra. Rothay, con su inmensa fortuna, probablemente debía manejar con eficiencia enormes propiedades financieras, y Manderville era también un hombre rico con las mismas responsabilidades. Ambos tenían un escaño en la Cámara de los Lores. Era un poco cómico ver a todas aquellas madres intrigantes intentando que se fijaran en sus hijas casaderas, pero se sabía que ambos huían de las damitas solteras como si estas tuvieran una enfermedad contagiosa.
En resumen, los dos eran honorables a su manera, o en eso ciertamente confiaba ella. Estaba a punto de arriesgar su reputación sobre ese supuesto. En cualquier caso, el velo era su seguro en caso de que ellos, por cualquier motivo, no aceptaran.
—Antes de entrar a discutir siquiera esta situación inusual —dijo ________(tn) con firmeza, —necesito que me den su palabra de que mi nombre nunca se relacionará con esto en ningún sentido. Aunque esta tarde no lleguemos a un acuerdo, no quiero que nadie sepa ni siquiera que lo consideré. —Y sin pensar añadió una cita en voz baja: —«Con cada palabra, muere una reputación».
—Alexander Pope, creo —dijo el duque, que parecía divertido, arqueando las cejas. —Ahora estoy demasiado intrigado para negarme. Yo no se lo diré a nadie.
—Yo también le doy mi palabra. —Derek Drake asintió con su cabeza rubia y entornó los ojos un milímetro mientras miraba fijamente aquella cara oculta. —Su secreto está a salvo aquí.
—Muy bien. —________(tn) levantó el sombrero y el velo, los dejó a un lado y se alisó el cabello con unos dedos que temblaban apenas.
Fue ella quien se divirtió al ver la sorpresa reflejada en las caras de ambos. La sala quedó en silencio.
Aquello era una prueba de su reputación. Ella tenía fama de ser una mujer gélidamente formal e inasequible, no de alguien que concertaba encuentros en dudosas tabernas.
¿Con qué frecuencia, se preguntó, alguno de ellos se quedaba sin palabras?
Rara vez, en su opinión.
—Lady Wynn —fue Rothay quien se recuperó primero, pero siguió mirándola con la copa de vino en sus esbeltos dedos, —he de admitir que estoy sorprendido.
Ella notó que en sus labios se dibujaba una sonrisita nerviosa.
—Excelencia, ¿de un modo agradable o desagradable?

Desde luego aquel era un giro inesperado de los acontecimientos.
Entre todas las caras que imaginó que podía haber detrás de aquel velo, no estaba la de ________(tn) Wynn. Nicholas había considerado largamente cuál de las damas que conocía tomaría en consideración participar en su pequeño y escandaloso envite, pero nunca se le había ocurrido que fuera la mujer que se sentaba a la mesa frente a él.
Y sin embargo allí estaba, arqueando levemente una de sus cejas color caoba ante su atónita expresión, con apenas un destello de ironía en aquellos magníficos ojos plateados, tan celebrados. La elección de la sórdida tabernucha indicaba que abordaba aquel asunto con seriedad, pero para él seguía siendo difícil de creer que fuera ella quien había enviado aquella provocativa nota.
La bellísima y joven viuda del difunto lord Wynn tenía fama de ser distante hasta el punto de desanimar a los pretendientes más convencidos. La conocía solo de pasada, pero sí, ella tenía razón, tanto a él como a Derek se la habían presentado en algún momento. Su aspecto frío y retraído enviaba el evidente mensaje a cualquier conquistador de que no le interesaba en absoluto ningún enredo, de modo que él se había limitado a admirar su innegable encanto, desechando la idea de conocerla mejor. Además, ella era más joven que las sofisticadas damas que él solía llevarse a la cama y aún estaba en edad de merecer. Si mal no recordaba, se había casado con el vizconde Wynn unos años antes de que este muriera de repente, y después había guardado un luto incluso más prolongado de lo necesario, pero aun así no tendría más de veintitrés años, quizá menos.
Definitivamente todavía estaba en edad de casarse. Tenía un atractivo exuberante, eso estaba claro, pero también peligroso para cualquier hombre que valorara su independencia.
Cosa que él hacía. Tal vez «independencia» no era la palabra adecuada. Lo que él valoraba era ligeramente más complejo.
Nicholas sintió una punzada de alarma. Buscó algo diplomático que decir.
—Milady, es usted encantadora, desde luego, por lo que la sorpresa difícilmente es desagradable, pero esto parece un tanto imprudente en su situación.
Derek tenía una expresión de perplejidad. Nicholas suponía que por la mente de su amigo pasaban los mismos pensamientos y a la misma velocidad.
—Esto... —dijo Derek —yo pienso lo mismo. No tengo ninguna objeción, créame, pero usted no debería...
—¿Dilapidar mi virtud? —interrumpió ella bajando con recato sus largas pestañas.
Sus ojos tenían un color verdaderamente notable, no azul pálido sino un auténtico gris. Su cabello color caoba, denso y brillante, resplandecía en contraste con una tez clara y perfecta. Su impresionante belleza hacía que la miserable estancia pareciera aún más vulgar, más deplorable. Sus estilizados dedos rodeaban el pie de una copa de vino.
—Por favor, caballeros, recuerden que soy viuda. Mi virtud fue dilapidada hace tiempo.
Nicholas no pudo evitar el pensamiento de que esa era una forma interesante de describir su propio matrimonio. Dio un sorbo de su copa e intentó analizar cómo se sentía ante ese giro de la situación.
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 17th 2011, 23:00

Capitulo 8



—Es usted muy joven. Es muy probable que vuelva a casarse. Dudo que su futuro esposo aprobara su implicación en esta pequeña apuesta.
—Excelencia, no tengo intención de volver a casarme. No necesito volver a casarme, ya que soy autosuficiente en el terreno económico, y si alguna vez volviera a casarme, lo que hice o con quién lo hice no sería asunto del elegido. —Y dirigió a ambos una mirada desafiante.
«Demonios si lo sería», pensó Nicholas, pero admiró la forma en que ella levantó la barbilla y los retó a decir lo contrario. Existía un doble rasero, y él lo sabía, pero así eran las cosas. A los hombres les gustaban las mujeres promiscuas, pero rara vez se casaban con ellas.
Ella prosiguió en un tono razonable, como si no estuvieran sentados en una taberna de mala nota, debatiendo el plan de un rendez-vous ilícito basado en una apuesta de borrachos.
—Dado que soy viuda, se me permite mayor libertad. En cualquier caso nadie pensaría jamás que yo haría algo así.
—Yo no —reconoció Nicholas con ironía, especulando sobre lo inútil que debía de haber sido su difunto marido en el ejercicio de sus deberes conyugales. Había conocido solo vagamente al anterior lord Wynn y le pareció una persona bastante agradable. Pero era cierto que la forma como los hombres trataban a sus conocidos y cómo consideraban a sus esposas solía ser distinta.
—Puede que en realidad usted no sepa nada de mí, excelencia.
Ella podía tener el aspecto de una Venus reencarnada, pero a él nunca se le habría ocurrido que bajo aquella tentadora fachada pudiera latir la sensualidad. El Polo Norte tenía fama de ser más cálido que lady Wynn.
—Admito que no. —Le sostuvo la mirada.
En los extraordinarios ojos de ella brilló un destello de duda cuando ambos se miraron, y permanecieron así durante un largo instante. Y luego otro.
Ah, sí, estaba intrigado.
—Le agradezco que lo admita —dijo ella sin la menor inflexión en la voz.
Pero aquellos expresivos ojos decían algo muy distinto. Él sabía cuándo provocaba una emoción en una mujer, y esta era una de esas ocasiones.
¿La estirada lady Wynn? Qué interesante...
—Si nosotros no debemos revelar jamás su identidad, milady —intervino Derek, —explíqueme cómo va usted a resolver la apuesta.
Ella asintió levemente, como si esperara la pregunta.
—Lo tengo todo pensado. Si ustedes están de acuerdo, publicaré el resultado en la columna de sociedad del periódico, bajo el paraguas del anonimato, por supuesto. Puesto que mi nombre quedará al margen, me sentiré cómoda para escribir mis opiniones con franqueza.
Aquella declaración bastó para invocar el mismo espíritu combativo que los había metido originariamente en problemas, pero dado que Derek no pestañeó, Nicholas también intentó parecer conforme.
—Bien —dijeron al mismo tiempo, y después intercambiaron una mirada de varonil disgusto.
Ella rió con una espontaneidad deliciosa, que iluminó una cara extraordinariamente encantadora de por sí y añadió viveza a aquellos ojos fascinantes.
Maldición, ella era una perspectiva muy tentadora. Si iban a seguir adelante con esto, lady Wynn era una candidata cautivadora. Todo el mundo coincidía en que era una auténtica belleza: su cabellera, abundante y brillante, enmarcaba un rostro delicado de pómulos altos y naricita recta, con una boca rosada y unos excepcionales y enormes ojos de pestañas largas. El hecho de que tuviera una figura estilizada y elegante, un cuerpo curvilíneo pero esbelto, era algo que muchos hombres habían observado y comentado. La plenitud de sus senos bajo el corpiño de aquel refinado vestido atrajo la mirada de Nicholas.
Al parecer, Derek tampoco estaba ciego.
—Parece que ya ha tomado usted su decisión, lady Wynn —murmuró.
—Eso depende. —Ajustó un pliegue de su falda de seda de un verde esmeralda intenso; el tono de su vestido complementaba la viveza de su colorido. —¿Cómo vamos a hacer esto exactamente? Tendremos que ser muy discretos.
Era de veras sincera, pensó Nicholas, cuya reticencia inicial había desaparecido.
Y él estaba condenadamente interesado.
Ya hacía un rato de ello. Lady Wynn era una mujer joven y fascinante. Dado que en público había adoptado siempre una actitud distante y fría, opuesta a lo que él buscaba en una amante, nunca había pensado en ella en ningún contexto, y menos en el que estaba debatiéndose en aquel momento. Habló sin pensar:
—Concédanos a cada uno una semana de su tiempo.
Derek se dio la vuelta para mirarle y en sus ojos había un brillo de sorpresa manifiesta por el período propuesto.
« ¿Una semana?»
Nicholas no tenía claro de dónde había salido aquella propuesta impulsiva, pero tenía la sensación de que una noche con la preciosa mujer que tenía sentada delante no bastaría. El misterio de por qué ella iba a hacer algo tan insólito le perturbaba y le atraía a la vez. Se encogió de hombros y sonrió.
—Estoy seguro de que estarán de acuerdo en que el mundo de las relaciones íntimas es variado. Ir conociendo a tu pareja es un beneficio añadido. Para llegar a una conclusión justa parece lógico pasar una semana en compañía del otro, dentro y fuera de la cama.
Cualquier cosa que esperara lady Wynn, obviamente no era esa. Durante un segundo pareció desconcertada, pero luego asintió despacio. Un tirabuzón suelto de cabello cobrizo rozó la columna marfileña de su cuello y él observó cómo se deslizaba por su piel sedosa con una fascinación casi involuntaria.
—Supongo que si he llegado hasta aquí —dijo ella, —puedo acceder a esto. Ya se me ocurrirá alguna excusa para ausentarme durante ese período.
«Excelente.»
A la sala llegó el eco del alboroto procedente de una pequeña pelea entre algunos de los extremadamente dudosos parroquianos de la taberna, junto a una serie de palabras gruesas inapropiadas para los oídos de una dama, pero ella no pestañeó.
Sí, su prestancia era notable.
—Poseo una pequeña propiedad rural en Essex. —Nicholas intentó recordar la última vez que había estado allí y no lo consiguió; cuando se retiraba al campo, iba a la residencia familiar de Kent, mucho más extensa. Aquella pequeña finca había formado parte de su herencia y permanecía vacía, excepto por el mínimo personal de servicio que la cuidaba. —Está en medio del campo, alejada de toda población, pero es bastante bonita y apacible si mal no recuerdo, y lo bastante cerca de Londres como para que no tengamos que viajar durante días. Sería perfecta para un retiro tranquilo y discreto.
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 18th 2011, 08:00

AHHHHHH!!
SIGUELA!!
uff, ayer me mandaron a dormir u.u
y no me dejaron quedarme mas tiempo u.u
pero no importa!
ahaha
wooww que..
woow!! xD
siguela pronto!!
me encanto el capi =)
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 18th 2011, 16:43

Nueva lectora Reportandose Very Happy me llamo Johana pero me dicen Joha o Jo
me encanto la trama ... hace dias qe intentaba leerla pero la Uni no me daba tiempo
siguela pronto

tengo una nueva novela Smile
te pasas? me gustaría saber si les gusta


http://jbvenezuela.activoforo.com/t9766-better-than-revenge-entre-nick-joe#337841
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Saludos ~*
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 18th 2011, 22:12

swettdream escribió:
Nueva lectora Reportandose Very Happy me llamo Johana pero me dicen Joha o Jo
me encanto la trama ... hace dias qe intentaba leerla pero la Uni no me daba tiempo
siguela pronto

tengo una nueva novela Smile
te pasas? me gustaría saber si les gusta


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Hi!!! Johana Welcome bienvenida =D
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noelis
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 20th 2011, 02:05

hola soy nueva lectora, me ecanta tu nove esta muy buena creo q la llegare a amar asi q sube capi...sere fiel y comentare mucho y gracias x subir esta grandiosa adaptacion
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 20th 2011, 11:18

[i]por favorrrrrrrr
que te esta pasando te suplico
que subas cap creo que moriré
eh buscado consuelo en otras
noves XD pero no lo eh
encontrado te suplico sube
cap te lo ruego por favor



++++yonixz++++


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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 20th 2011, 13:32

noelis escribió:
hola soy nueva lectora, me ecanta tu nove esta muy buena creo q la llegare a amar asi q sube capi...sere fiel y comentare mucho y gracias x subir esta grandiosa adaptacion

Hi!!! Welcome bienvenida me alegra muuucho k te guste esta nove en serio a mi me encanto este libro mas tarde subo capitulo chicas =D
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 20th 2011, 13:35

wi!!
estare esperando el capi =)
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Junio 20th 2011, 14:01

Capitulo 9



Una semana con una mujer que ni siquiera conocía no era solo impulsivo, era del todo irracional. Lo normal era que a él le bastara con una noche aquí y otra allá; su indiferencia era legendaria porque sus relaciones transitorias no suponían más que un divertimento ocasional. No tenía amante fija, por la simple razón de que no la necesitaba. Había un buen número de mujeres dispuestas a complacerle al momento y él daba por sentado que en cuanto deseaba compañía femenina, la obtenía.
No obstante, una voz insidiosa susurraba en su cerebro. La falta de experiencia previa de lady Wynn en el arte del disfrute sexual la hacía más cautivadora que la mayoría. A él no le interesaba desflorar a una virgen, pero ella no lo era, y su deslumbrante belleza y delicada feminidad pasaron por encima del sentido de prudencia de Nicholas, ante el hecho de que ella fuera todavía joven y muy apetecible para el mercado matrimonial.
Ella había dejado muy claro que no deseaba volver a casarse y él la creyó; su tono de convicción era inconfundible.
Una semana para iniciarla en los placeres de la carne le pareció una distracción bastante placentera de sus múltiples compromisos. El Parlamento estaba cerrado en aquel momento y podía decir a su asistente cómo localizarle...
Sí, pensó, estudiar la sensual plenitud de aquel labio inferior, aquel oleaje de piel de marfil sobre el corpiño del escotado traje de noche que ella lucía, el sutil color de sus mejillas mientras se ruborizaba ante su abierta mirada de admiración. Probablemente sería fácil soportar una semana en su compañía.
Ella se había ruborizado. Qué extraordinario. Una mirada había conseguido lo que no habían logrado unas palabras gruesas. Dejó a un lado su copa de vino y preguntó arqueando una ceja:
—¿Estamos de acuerdo?
—Supongo que yo podré encontrar un lugar parecido —asintió Derek. Se acomodó en su silla y lanzó una mirada a sus apuestos acompañantes en un gesto de aprobación total. —Siempre que lady Wynn comprenda las consecuencias que tendría para su reputación si nos descubrieran. Ninguno de nosotros dirá una palabra, pero aspirar a la discreción no siempre significa lograrla.
_______(tn) Wynn desvió los ojos durante un segundo y apretó los labios. Después volvió a mirarlos e irguió sus gráciles hombros.
—Es evidente que no deseo un escándalo, pero si sucede yo seré la única responsable y espero que el riesgo... bien, valga la pena.
Ahí estaba, eso era un desafío, si es que alguna vez había oído alguno.
Nicholas sonrió con indolencia.
—La valdrá, milady.
Ella no le devolvió la sonrisa; simplemente le miró con aquellos fascinantes ojos y el único signo de emotividad fue un ligero temblor en los labios.
—Parece usted muy seguro, excelencia.
¿Lo estaba? Tal vez, pero atenuado por lo poco que sabía de ella. Quizá por eso había propuesto una semana entera. Ella era un enigma en un mundo que a menudo le resultaba demasiado predecible.
—Estoy seguro de que ambos lo estamos; en caso contrario no hubiéramos hecho la apuesta, ¿no le parece?
—Parece entonces que está decidido —dijo ella poniéndose en pie. —No duden en ponerse en contacto conmigo con los detalles del acuerdo. Podemos comunicarnos en la misma forma que anteriormente. Envíenlo a la misma dirección y ellos me lo harán llegar.
Derek y él se levantaron a su vez.
—Mi cochero está esperando en la entrada. El me acompañará fuera.
Nicholas sintió el deseo de protegerla; le preocupaban los toscos parroquianos de la sala contigua.
—La acompañaré hasta el carruaje.
—No, gracias, excelencia. Prefiero que no me vean con usted, ni siquiera aquí.
Aquella declaración tranquila y serena le dejó sin palabras. Durante casi toda su vida adulta se había visto asediado por mujeres más que ansiosas por ser vistas de su brazo. Aquello era nuevo. La punzada de dolor le sorprendió un poco. ¿Por qué debía importarle una cosa u otra?
Ella recogió su sombrero, se lo puso, se colocó el velo sobre la cara y se fue con un remolino verde esmeralda y un toque de perfume floral.


—Qué fiesta tan encantadora, ¿no le parece, milord?
Derek Drake, abstraído, bajó la mirada hacia la mujer que tenía en sus brazos. Dios bendito, durante un segundo fue incapaz de recordar cómo se llamaba. Qué inquietante.
Amelia. Sí, era la hermana de un amigo y esa era la razón principal por la que estaba bailando con ella. Horace se la había endilgado y él había aceptado sacarla a la pista, porque si uno asiste a un baile, como mínimo debe fingir que está divirtiéndose.
Derek no se divertía, pero tampoco había esperado hacerlo.
El motivo por el que había ido no tenía nada que ver con el disfrute. Sus razones eran algo más parecido a la autoflagelación.
Es algo muy productivo, pensó burlándose de sí mismo mientras recorría la pista al ritmo del vals. Su pareja era muy menuda, Derek era un hombre alto, e imaginaba que juntos ofrecían una imagen un tanto absurda.
—Sí, encantadora —dijo en voz alta.
Con ese tipo de conversación banal no se ganaría deslumbrantes calificativos de amante superlativo, ¿verdad? Por suerte para él, su respuesta pareció complacer a Amelia, pues le dedicó una sonrisa de admiración como si hubiera dicho algo inteligente.
—Efectivamente.
¿Qué iba a decir a eso? Nada le parecía apropiado. Su famoso pico de oro no funcionaba esa noche. Cuando sonaron los últimos acordes de la música se sintió inmensamente agradecido, y la condujo fuera de la pista, se inclinó sobre su mano regordeta y se fue.
El baile estaba abarrotado como era de esperar, y Derek se alejó a través de la multitud. La sala estaba llena de gente, las ventanas abiertas no contribuían demasiado a mitigar el calor y el murmullo de las voces competía con la orquesta por el protagonismo. Por suerte su estatura le permitía no perder de vista a su objetivo. Finalmente alcanzó a Nicholas. Su amigo estaba apoyado en un pilar de estilo helénico, bebiendo champán.
—¿Una semana? —Dijo Derek sin mayor preámbulo. —¿Te has vuelto loco, Nick?
Estaban rodeados de gente, pero entre la música y la reverberación de centenares de voces, su conversación era relativamente privada, como si estuvieran en algún lugar apartado. El duque de Rothay le obsequió con una de las miradas indescifrables por las que era tan conocido.
—Me parece razonable.
Derek gruñó con grosero desdén.
—Tú nunca has pasado esa cantidad de tiempo seguido con una fémina en tu vida, exceptuando tal vez a tu madre.
La duquesa viuda era un personaje imponente, pese a que apenas le llegaba al hombro a su hijo. Una célebre belleza en su época, que seguía teniendo un influjo importante en los círculos de la buena sociedad. Su desaprobación por el desinterés de su hijo hacia el matrimonio era del dominio público.
Nicholas se echó a reír, francamente divertido por la referencia.
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MensajeTema: Re: La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica    Hoy a las 23:20

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La Apuesta Nick y tu (Adaptacion) Hot y Romantica
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