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 Loca Por Un Hombre Joe Y Tu (Hot)

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Arrocitoo_x
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MensajeTema: Re: Loca Por Un Hombre Joe Y Tu (Hot)   Septiembre 7th 2010, 06:36

Capítulo Cuatro

(tn) no podía creerlo. Al día siguiente, Nathan la había vuelto a llamar para invitarla a cenar aquella misma noche. Su tono decidido era excitante y lisonjero y ella aceptó de buena gana
La joven se puso un perfume muy fino y sensual que le había regalado su amiga Stephanie Firth hacía un par de meses, para Navidad. En un impulso atrevido roció un poco sobre los pechos y luego se miró al espejo.
El vestido nuevo era negro, corto, con el corpiño ceñido y un profundo escote.
Resistiéndose al deseo de que el ruedo estuviera un poquito más cerca de las rodillas y el generoso escote cuadrado un poquito más cerca de la barbilla, se calzó unos zapatos italianos de piel con finas tiras y altos tacones.
(tn) intentó borrar de su mente la reacción de Joe si la hubiera visto vestida de ese modo. Posiblemente le habría dicho que se pusiera un jersey.
Bueno, esa noche no se trataba de complacer a Joseph. Esa iba a ser su gran noche. De Nathan y suya. Stephanie era la única que estaba enterada de su cita.
Tras aplicarse un toque de carmín rojo en los labios, a juego con el color de las uñas, recogió el abrigo y se encaminó a la puerta. No tenía intención de hacer esperar a Nathan. A causa del exceso de trabajo, el doctor no podría ir a recogerla y la había citado en el mismo Claire’s.
Quería impresionarlo. Y si con ese aspecto no lo hacía, ignoraba de qué otro modo podría conseguirlo.
Y cuando la vocecita en el fondo de la mente intentó decirle que tal vez cometía un error, que tal vez iba demasiado rápido, decididamente la ignoró.
Ya era una mujer y siempre había sabido juzgar el carácter de las personas. Y el de Nathan Beldon era bueno. Y también su sonrisa. Desde luego que no era Joe, pero él no estaba interesado en ella y Nathan sí que lo estaba.

(tn) pensó que el vino era perfecto, las velas muy románticas y Nathan... francamente volcado en ella.
Entonces, le sonrió por sobre la mesa.
—¿Te he dicho lo maravillosa que estás esta noche? —preguntó Nathan al tiempo que su mirada volaba del rostro de la joven al pronunciado escote y otra vez a su rostro.
Mientras intentaba asegurarse de que las ardientes miradas la hacían parecer deseable y no un poco inquieta, (tn) parpadeó por encima de la copa de cristal.
—Dos veces. Y francamente no se me ocurre una razón para que dejes de hacerlo.
El doctor emitió una risita profunda y sensual al tiempo que alzaba su copa.
—Por el comienzo de una hermosa... amistad —brindó intencionadamente.
—Sí —dijo ella ignorando sus nervios mientras chocaban las copas—. Por un buen comienzo.

En ese momento, Joe se sintió como un canalla.
—¿Quieres decirme a qué obedece esta invitación?
Sentado tras el volante de su Lexus negro, Joseph sonrió a su amiga Stephanie Firth. La bibliotecaria y profesora de arte dramático, con cuerpo de modelo, era toda una belleza que aún no se enteraba de ello ni del modo de utilizar si intelecto para intrigar al sexo opuesto.
Ambos habían sido compañeros desde la escuela elemental. Él siempre fue el payaso de la clase y ella la lumbrera que había sufrido mucho a causa de su inteligencia y de su constitución alta y delgada; Joe solía pelear a puñetazos con Josh, el torito de la clase, cada vez que la llamaba «doña sabionda». Más tarde se convirtieron en grandes amigos, tras un fracasado intento de idilio en que ambos concluyeron que la única química que había entre ellos eran los apuntes que Stephanie le pasaba para que pudiera aprobar el examen final de dicha asignatura. Ella siempre recurría a Joe cuando se encontraba en un apuro y él hacía lo mismo.
Sin embargo, esa noche Joe la estaba utilizando. Y si eso no lo convertía en un canalla, sí sus planes para estropear la cita de (tn).
—¿Y por qué? —preguntó Joseph evasivamente mientras estacionaba el coche que no se había resistido a comprar el mes anterior. Siempre decía que nunca se tiene demasiados caballos o demasiados caballos de fuerza—. ¿Es que un viejo amigo no puede invitar a cenar a una vieja amiga sin que haya una razón especial?
—Supongo que sí —contestó Stephanie con una mirada recelosa mientras él la conducía a la entrada del restaurante—. Pero, ¿no es una coincidencia que después de haber dicho que tenías que ir directo a tu casa, tras tu reunión en el banco, repentinamente se te ocurriera decir que te morías de ganas de tomar uno de los exquisitos filetes que preparan en el Claire’s? ¿Y justo después de haberte contado que (tn) vendría a cenar aquí con el doctor Beldon?
—Sí, bueno —Joe se aclaró el nudo de culpa que se le había alojado en la garganta y forzó una sonrisa—. Pero un tipo también necesita comer.
—Vaya, vaya —Stephanie se limitó a comentar al tiempo que le lanzaba una mirada suspicaz.
Afortunadamente, el maître ya los escoltaba a una mesa con mantel de lino, bujías borgoñas y resplandeciente cristalería austríaca.
En el momento en que Joe descubrió a (tn) y Beldon sentados a una discreta mesa en una esquina del comedor, el elegante entorno desapareció de su vista. Y sólo tuvo ojos para (tn).
El resplandor vibrante de sus ojos y el color de sus mejillas rivalizaban con los destellos de las bujías que se reflejaban en su sedosa cabellera roja. Siempre había sabido que era bonita y había hecho lo imposible para evitar el pensamiento de que también era endiabladamente sexy, pero esa noche era imposible evitarlo a causa de su aspecto.
El profundo escote ponía de manifiesto la cremosa suavidad de sus pechos que subían y bajaban provocativamente cuando reía. Y el coqueto movimiento de la cabeza resaltaba las delicadas líneas de la garganta. Lucía increíblemente hermosa y Beldon se la comía con los ojos.
No. Joe decidió que de ninguna manera iba permitir que ese baboso le pusiera sus pegajosas manos encima. No a su mujer.
Bueno, no era su mujer. Y nunca lo sería... pero era su responsabilidad. Se lo había prometido a Travis.
Hasta ese momento había sido una especie de ángel guardián a regañadientes porque pensaba que Beldon era inofensivo. Pero esa noche no había nada de inofensivo en los ojos del hombre. La palabra depredador estaba escrita en su cara... y (tn) era la presa más inocente.
Sí, podía ser un canalla; pero a sabiendas de que la causa era justa, Joe se encaminó directamente hacia ellos.
—Steph, mira a quiénes tenemos aquí... —dijo con fingida sorpresa.
Stephanie le lanzó una mirada sorprendida mientras él la guiaba apresuradamente entre las mesas.
—¿Qué te traes entre manos, Joseph Jonas? —susurró.
—Nada, sólo cultivar la amistad, Steph. Sólo eso.

(tn) no habría podido decir qué la puso en alerta, pero fue consciente de la presencia de Joe antes de verlo. Los finos cabellos de la nuca se le erizaron antes de oír que su voz de barítono irrumpía en la intimidad que Nathan había creado con sus ardientes miradas.
—Mira, Steph. ¿No te parece que forman una pareja formidable?
¡No, no, no! No podía estar sucediendo otra vez. (tn) cerró los ojos pensando que cuando los abriera, la voz y la figura de Joe habrían desaparecido y que sólo vería la atenta sonrisa de Nathan.
Sólo que Nathan no sonreía. En cambio, miraba la escena con las mandíbulas apretadas y una gruesa vena volvía a hincharse en su frente. La cara se le había vuelto del mismo color del vino que llenaba las copas.
—Joseph... —murmuró (tn), con el corazón hundido.
—¿Puedes creer en mi buena suerte, Steph? —dijo Joe ignorando a (tn) —. Por segunda vez coincidimos en un restaurante.
La joven le lanzó una mirada llameante al verlo de pie junto a la mesa con una amplia y estúpida sonrisa. Junto a él, Stephanie miraba avergonzada.
—De haber sabido que veníais habríamos reservado una mesa más grande —dijo Nathan con una tensa sonrisa—. Es una pena que no podamos cenar juntos.
—¿Has oído eso, Steph? Quiere que nos unamos a ellos. ¿No te dije que es un buen chico?. ¡Robert...! —Joe llamó a un camarero que pasaba por allí—. Por favor, trae un par de sillas y cubiertos para ésta mesa. El doctor nos ha invitado a cenar. Pero la cuenta la pago yo. De veras que sí —dijo al tiempo que malinterpretaba intencionadamente la mirada furiosa de (tn) con una sonrisa magnánima—. Insisto.
Tras acomodarse tranquilamente, Joe presentó a Stephanie con la sonrisa de un encantador de serpientes mientras (tn) pensaba fríamente en el mejor modo de asesinarlo por lo que estaba haciendo.

—A la tercera va la vencida —dijo Nathan en el parque, días más tarde—. Es imposible que Jonas tropiece aquí con nosotros.
Se encontraban en un lugar retirado a la orilla del lago, sentados muy juntos sobre una manta, y aunque la tarde estaba bastante fría, una cálida ola invadió el corazón de (tn) ante el interés que Nathan demostraba por ella.
No estaba habituada a ese tipo de atenciones. Incluso había continuado llamándola tras la desastrosa velada en el Claire’s que había terminado muy pronto porque el médico tuvo que marcharse tras una llamada urgente del hospital.
De hecho, la había llamado todos los días. En esas conversaciones solía preguntarle por su trabajo, y de paso, también hablaba de sí mismo. Todo era tan romántico y lisonjero que (tn) realmente quiso creer que él podría ser el hombre que representaba su futuro. Tal vez sería posible, si Joe dejaba de sabotear los intentos de Nathan para intimar con ella.
Pero esa vez no podría encontrarlos. Aquélla iba a ser su noche. El champán parecía darle tanto valor que decidió que más tarde llevaría a Nathan a su casa y a su cama.
—Siento mucho lo de Joseph . Ni siquiera puedo darte una explicación lógica de su conducta.
Nathan alcanzó la botella de champán y volvió a llenarle el vaso.
—No cabe duda de que está celoso.
(Tn) apenas pudo ocultar un bufido bastante poco delicado.
— ¿Joseph? Oh, no. Más bien creo que se trata del complejo del gran hermano o algo así.
— ¿Gran hermano?
Entonces le habló de la muerte de sus padres, le contó que los Jonas se habían hecho cargo de ella y cómo Joe había asumido el papel de Travis cuando el hermano tuvo que alistarse en el Cuerpo de Marines.
—Qué duró debe de haber sido para ti —comentó Nathan al tiempo que le pasaba un brazo sobre los hombros.
(tn) sintió que unas lágrimas intempestivas le quemaban los párpados. Horrorizada por su inesperada emotividad, pestañeó con fuerza para retenerlas.
—Me siento muy bien así. Todo está bien —murmuró al sentir que el brazo la ceñía un poco más.
—Y muy íntimo —murmuró Nathan en tono sugerente.
Sí, una merienda en el parque, íntima y romántica. A pesar del frío reinante decidió que le encantaba, lo mismo que la sonrisa del doctor y las cosas exquisitas que había llevado en una cesta para celebrar el día de San Valentín. Aparte del champán, había galletas, caviar, queso francés y uvas.
Todo era perfecto. El champán le quitaba el frío y la relajaba tanto como los cumplidos de Nathan.
—¿Puedo besarte, (tn)?
—Mmm...
Ella se volvió a mirarlo con una sonrisa invitante y esperó que el corazón latiera alocadamente en su pecho mientras él se inclinaba sobre su rostro.
Y esperó... y esperó... y esperó mientras él presionaba su boca con un gemido y su lengua la animaba a abrir los labios para él.
«De acuerdo..., es agradable», pensó en tanto intentaba concentrarse en el beso con el mismo entusiasmo que demostraba el doctor. Sí, no era malo. Pero... ¿dónde estaban los fuegos artificiales que debían estallar detrás de sus párpados cerrados? «Tal vez he perdido la práctica». Decidida a entregarse a ese instante, alzó una mano para acariciarle el pelo mientras él la ceñía contra su cuerpo.
(tn) intentó relajarse cuando él la tendió sobre la manta y la besó con más ardor. Aunque la caricia le pareció interminable y no realmente agradable. La verdad fue que se sintió... estafada.
—Llévame a tu casa —murmuró Nathan con pequeños besos en el mentón de la joven.
Los besos la hicieron estremecerse, pero no de pasión. ¿Qué le pasaba? Verdaderamente había deseado ese momento y sin embargo, cuando la mano del médico avanzó hacia sus pechos, le aferró la muñeca y se sentó bruscamente.
—Nathan... yo...
Estaba tan avergonzada. Lentamente alzó la vista y creyó ver en los ojos de Nathan un ramalazo de rabia que le asustó.
Pero de inmediato él esgrimió una sonrisa. La rabia se esfumó en un segundo y (tn) pensó que habían sido imaginaciones suyas.
—Voy demasiado rápido, ¿no es así? —preguntó con suavidad.
—No —insistió ella refugiándose en sus brazos—. Sólo que... yo no tengo experiencia, Nathan —admitió, y de pronto supo que su incapacidad para responderle se debía a los nervios—. Y quiero que tú me ayudes.
Los ojos del doctor volvieron a incendiarse y se inclinó para besarla... justo cuando un caballo disfrazado de perro se acercó corriendo hacia ellos y con un ladrido se abalanzó sobre el pecho de Nathan.
—Qué demonios... —Nathan apenas alcanzó a farfullar cuando el peludo y apestoso animal lo tiró de espaldas y lo mantuvo quieto con los caninos peligrosamente cerca de la yugular.
Con un grito, (tn) se puso de pie de un salto con tan mala suerte que la botella de champán se derramó sobre los pantalones de Nathan.
Tras un lengüetazo, el animal perdió interés en la garganta del doctor y, montado a horcajadas sobre él, el monstruo lanudo se puso a lamer la manta empapada de champán y luego a birlar el queso y las galletas desparramadas mientras ensuciaba la pernera de los pantalones con las uvas y el caviar que había machacado con las patas traseras.
—¡Oh Dios! —se lamentó (tn), y de pronto reconoció al perro—. ¡Oh, Dios! —repitió al tiempo que la conmoción inicial daba paso a una furia ciega mientras volvía la cabeza para descubrir al dueño que con toda seguridad no andaba demasiado lejos. En ese momento, Joseph Jonas apareció entre los árboles a trote lento y con una creciente expresión contrita—. ¡No puedo creerlo! —exclamó (tn) mientras él se acercaba con una correa en una mano y un collar de perro en la otra.
Joe se detuvo casi sin aliento y le dirigió una mirada compungida.
—Y yo tampoco. Íbamos paseando cuando este estúpido animal tiró de la correa con tanta fuerza que hasta arrancó el collar y luego se escapó.
¡Qué coincidencia! Como si ella no supiera que el único ejercicio que Shamu hacía era enterrar el hocico en el cuenco de la comida.
—¡Quiero que ahora mismo le quites esa bestia de encima! —ordenó, colérica. Pero Joe ya se acercaba al perro y con mimos y tirones lo sacaba del cuerpo de Nathan.
(tn) estaba tan conmocionada que apenas escuchó las palabras de disculpa de Joseph.
—Estás todo mojado, hombre. Si no quieres agarrar un resfriado será mejor que vayas a casa y te cambies esos pantalones —finalizó.
Con una venenosa mirada, Nathan intentó ponerse en pie. Luego se volvió a (tn) con la rabia pintada en la cara. Tras recoger la manta y la cesta se alejó pisando fuerte en dirección a su coche.
Pasaron largos y humillantes minutos. (tn) apenas se daba cuenta de que el perro seguía hurgando entre las últimas galletas y trocitos de queso mientras Joe intentaba ponerle el collar.
—¿Estás bien? —preguntó al fin.
Ella siguió con la mirada el coche de Nathan hasta que lo perdió de vista y luego, lentamente, volvió la atención al hombre que le había saboteado el romance y a su cómplice de cuatro patas.
—¿Tengo aspecto de estar bien?
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MensajeTema: Re: Loca Por Un Hombre Joe Y Tu (Hot)   Septiembre 8th 2010, 09:32

q cojones tiene travis............................................ hello quiero una vida sentimental
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