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 "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)

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Denisse!!
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MensajeTema: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 8th 2010, 21:22

CHICAS, HOLA SOY Denisse Y HAY UNA NOVELA HERMOSA QUE ME GUSTARIA
COMPARTIR CON USTEDES...

ES UNA ADAPTACION DE UN LIBRO QUE SE LLAMA: The Notebook. TAMBIEN
LA HICIERON EN PELICULA... Y COMO ME ENCANTO QUERIA COMPARTIRLA
CON USTEDES...

YO NO HE LEIDO EL LIBRO, PERO HE VISTO LA PELICULA... Y ESTA HA HECHO
QUE ADORE ESTA HERMOSA HISTORIA DE AMOR...

LES GUSTARIA QUE SUBA EL PRIMER CAPITULO???
QUIEN SE ANIMA A LEERLA???

PD: YO PUBLIQUE "El significado de un beso" EN ESTE FORO.

P
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Denisse!!
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 8th 2010, 21:24

CAPITULO 1: Milagros




¿Quién soy? ¿Y cómo terminará esta historia?

Acaba de amanecer, y estoy sentado junto a una ventana empañada por el aliento de toda una vida. Esta mañana soy un auténtico espectáculo: dos camisas, unos pantalones de paño de abrigo, una bufanda enrollada dos veces alrededor del cuello y metida dentro de un suéter grueso que me tejió mi hija para mi cumpleaños, hace ya tres décadas. El termostato de la calefacción está al máximo y he puesto una pequeña estufa a mi espalda. Silba, ruge y escupe aire caliente como el dragón de un cuento, y sin embargo mi cuerpo tiembla con un frío que no desaparecerá nunca, un frío que ha tardado ochenta años en gestarse. Ochenta años, pienso a veces, y aunque llevo mi edad con resignación, no puedo creer que no haya conducido un coche desde los tiempos en que George Bush era presidente. Me pregunto si a toda la gente de mi edad
le pasará lo mismo.

¿Mi vida? No es fácil de describir. No ha sido la experiencia vertiginosa y espectacular que hubiera deseado, pero tampoco he vivido oculto bajo tierra, como las ardillas. Supongo que podría compararse con la Bolsa; relativamente estable, con más momentos buenos que malos y una tendencia general al alza. Un buen negocio, un negocio afortunado, y sé por experiencia que no hay mucha gente que pueda decir lo mismo.
Pero no me interpreten mal. No soy especial; de eso estoy seguro. Soy un hombre corriente, con pensamientos corrientes, que ha llevado una vida corriente. No me dedicarán ningún monumento y mi nombre pronto pasará al olvido, pero he amado a otra persona con toda el alma, y eso, para mí, es más que suficiente.

Para los románticos, esta será una historia de amor; para los escépticos, una tragedia. Para mí es una mezcla de ambas cosas, e independientemente de la impresión que les cause al final, nadie podrá negar que ha determinado gran parte de mi vida y señalado mi camino. No tengo quejas de ese camino ni de los sitios adonde me ha llevado; puede que tenga quejas suficientes para llenar una carpa de circo en otros planos, pero el camino que he elegido ha sido el mejor y jamás lo cambiaría por otro. Por desgracia, con el tiempo no resulta sencillo seguir el rumbo fijado. El camino es tan recto como
siempre, pero ahora está salpicado de las rocas y piedrecillas acumuladas en el transcurso de una vida. Hasta hace tres años habría sido fácil sortearlas, pero hoy es imposible. La enfermedad se ha apoderado de mi cuerpo; ya no soy fuerte ni estoy sano, y paso el tiempo como un globo viejo: lánguido, flojo y cada vez más blando.

Toso y miro el reloj por el rabillo del ojo. Es hora de salir. Me levanto del sillón situado junto a la ventana y cruzo la habitación arrastrando los pies, deteniéndome
ante el escritorio para tomar el cuaderno que he leído centenares de veces. Ni siquiera lo miro. Me lo pongo debajo del brazo y sigo andando hacia el sitio adonde quiero ir.
Camino sobre las baldosas blancas salpicadas de gris. Como mi pelo y como el de la mayoría de los que viven aquí, aunque esta mañana soy el único en el vestíbulo. Están en sus habitaciones, con la sola compañía de la televisión, pero ellos, como yo, están acostumbrados. Con el tiempo, uno se acostumbra a cualquier
cosa.

Oigo un llanto ahogado a lo lejos y sé perfectamente de dónde procede. Las enfermeras me ven; nos sonreímos y nos saludamos. Son amigas mías y charlamos a menudo, aunque estoy seguro de que especulan sobre mí y sobre las cosas que hago cada día. Oigo que murmuran a mi paso:
—Ahí va otra vez —dicen—. Ojalá hoy salga bien.

Pero no me dicen nada en la cara. Estoy convencido de que piensan que me molestaría hablar de ello a una hora tan temprana y, conociéndome, quizá tengan
razón. Un minuto después llego a la habitación. Como de costumbre, han dejado la puerta abierta. Hay otras dos enfermeras dentro y también me sonríen.
—Buenos días —saludan alegremente, y dedico un minuto a preguntarles por los niños, el colegio y las vacaciones que se aproximan. Durante otro minuto hablamos del llanto.

Al parecer, no lo han notado. Ya no les afecta; y debo confesar que a mí me pasa otro tanto. Me siento en el sillón, que ha adquirido la forma de mi cuerpo. Casi han terminado; ella está vestida, pero sigue llorando. Sé que callará en cuanto se vayan. El ajetreo de la mañana siempre la perturba y hoy no es una excepción. Finalmente, las enfermeras retiran el biombo y se marchan. Las dos me tocan y me sonríen al pasar por mi lado. Me pregunto qué significan esos gestos.
Un segundo después la miro, pero ella no me devuelve la mirada. Lo entiendo, porque no me reconoce. Para ella soy un extraño. Me doy vuelta, inclino la cabeza y rezo en silencio, pidiendo la fuerza que sé que voy a necesitar. Siempre he sido un firme creyente en Dios y en el poder de la oración, aunque, para ser sincero, mi fe me ha llevado a plantearme una lista de interrogantes para los que exigiré respuestas después
de la muerte.

Ya estoy preparado. Me pongo los anteojos y saco una lupa del bolsillo. La dejo un instante en la mesa mientras abro el cuaderno. Tengo que chuparme el dedo dos veces para abrir la gastada tapa. Pongo la lupa en posición. Antes de empezar a leer, siempre hay un momento de vacilación en que me pregunto: ¿pasará hoy? No lo sé; nunca lo sé de antemano, y en el fondo me es igual. Es la esperanza lo que me impulsa a seguir; no hay garantías, como si se tratara de una apuesta. Pueden llamarme soñador, ingenuo, o cualquier cosa por el estilo, pero estoy convencido de que todo es posible. Sé que las probabilidades y la ciencia están en mi contra. Pero también sé que la ciencia no es infalible; la experiencia me lo ha demostrado. Por eso creo que los milagros, por inexplicables o increíbles que parezcan, existen y pueden contradecir el orden natural de las cosas. De modo que una vez más, como todos los días, empiezo a leer el cuaderno en voz alta para que ella me oiga, con la esperanza de que el milagro que ha llegado a dominar mi vida vuelva a triunfar. Y quizá, sólo quizá, lo haga.


Última edición por Denisse! el Octubre 9th 2010, 12:23, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 8th 2010, 21:41

1era lectoraaaa
es mi pelicula favorita la amoooo
xfa siguelaaaaaa
me encantooooo
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 8th 2010, 21:50

Me encanto el capitulo
estubo super...¡¡¡
xfa siguelaaaaa
espero con ancias leer el siguiente cap...¡¡¡
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 9th 2010, 12:21

GRACIAS POR LEERLA LA NOVE MILET!!!
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 9th 2010, 12:22

CAPITULO 2: Fantasmas

A principios de octubre de 1946 Nicholas Jonas contemplaba la puesta de Sol desde el zaguán de su casa de estilo colonial. Le gustaba sentarse allí al atardecer, después de trabajar todo el día, y dejar vagar sus pensamientos. Era su forma de relajarse, una rutina que había aprendido de su padre. Le gustaba sobre todo mirar los árboles y su reflejo en el río. Los árboles de Carolina del Norte son hermosos en otoño; verdes, amarillos, rojos, naranjas y todas las tonalidades intermedias. Sus colores resplandecen a la luz del Sol. Por centésima vez, Nicholas Jonas se preguntó si los antiguos propietarios de la casa pasarían las tardes allí, pensando en las mismas cosas.

La casa, construida en 1772, era una de las más antiguas y grandes de New Bern. Originariamente, la vivienda principal de una plantación; Nicholas la había comprado poco después de la guerra, invirtiendo una pequeña fortuna y los últimos once meses en repararla. Unas semanas antes, un periodista del diario de Raleigh
había escrito un artículo sobre ella, diciendo que era una de las mejores restauraciones que había visto. Y no se equivocaba respecto de la casa. El resto de la finca era otra historia, y allí pasaba Nicholas la mayor parte del día. La casa se alzaba sobre un terreno de seis hectáreas, a orillas del río Brices, y Nick estaba reparando la valla de madera que rodeaba los otros tres lados de la finca, comprobando que no hubiera termitas o que la madera no estuviera podrida y reemplazando postes donde era necesario.

Todavía quedaba mucho por hacer, sobre todo en el oeste, y poco antes, mientras guardaba las herramientas, Nick se había recordado que tendría que encargar más madera. Entró en la casa, bebió un
vaso de té helado y se duchó. Siempre se duchaba al atardecer, cuando el agua lo libraba de la suciedad y también del cansancio.
Después se peinó el cabello hacia atrás, se puso unos vaqueros descoloridos y una camisa azul de mangas largas, se sirvió otro vaso de té y salió al porche donde estaba sentado ahora, donde se sentaba todos los días a la misma hora.

Estiró los brazos por encima de la cabeza, luego hacia los lados, rotando los hombros. Se sentía bien, limpio y fresco. Estaba agotado, y sabía que al día siguiente le dolerían los músculos, pero se alegraba de haber hecho casi todo lo que se había propuesto.

Tomó la guitarra, recordando a su padre, y pensó en lo mucho que lo echaba de menos. Rasgueó una vez, ajustó la tensión de un par de cuerdas y volvió a rasguear. Sonaba bien, de modo que empezó a tocar una música suave, tranquila. Tarareó unos instantes, y comenzó a cantar mientras la noche se cerraba sobre él. Tocó y cantó hasta que el Sol desapareció y el cielo se tiñó de negro. Poco después de las siete dejó la guitarra, se apoyó sobre el respaldo de la silla y comenzó a mecerse. Por pura costumbre, alzó la vista y miró a Orión, la Osa Mayor, Géminis y la Estrella Polar, que parpadeaban en el cielo otoñal.

Comenzó a hacer cuentas mentalmente, pero enseguida se detuvo. Sabía que había gastado casi todos sus ahorros en la casa y que pronto tendría que buscar un empleo, pero apartó ese pensamiento de su mente y decidió disfrutar de los meses que faltaban para terminar la restauración sin preocuparse por eso. Las cosas saldrían bien; lo sabía, siempre era así. Además, pensar en el dinero lo aburría. Había aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas, de las cosas que no pueden comprarse, y le costaba entender a la gente que veía la vida de otro modo. Otra cualidad que había heredado de su padre.

Elvis, su perro de caza, se acercó y le olfateó la mano
y se tendió a sus pies.

—Hola, chico, ¿cómo estás? —le preguntó dándole una palmada en la cabeza, y el perro gimió suavemente, mirándolo con sus ojos redondos y tiernos. Había perdido una pata en un accidente, pero todavía se movía bastante bien y le hacía compañía en las noches tranquilas como aquella.

Nicholas tenía treinta y un años, no demasiados, pero los suficientes para sentirse solo. No había salido con nadie desde su llegada allí, pues no había conocido a ninguna chica que lo atrajera en lo más mínimo. Algo se interponía entre él y las mujeres que se le acercaban, algo que no estaba seguro de poder cambiar aunque quisiera. Y a veces, poco antes de dormirse, se preguntaba si estaría condenado a vivir solo hasta el final de sus días.

La tarde pasó, cálida, agradable. Atento al canto de los grillos y al rumor de las hojas, Nick pensó que los sonidos de la naturaleza eran más reales y despertaban más emociones que los de los coches o los aviones. La naturaleza da más de lo que quita, y sus sonidos evocan la esencia del ser humano. Durante la guerra, sobre todo después de un combate, había pensado muchas veces en aquellos sonidos simples. "Evitarán que te vuelvas loco", le había dicho su padre el día que embarcó. "Es la música de Dios, y te devolverá a casa."

Terminó el té, entró en la casa, tomó un libro y encendió la luz del porche antes de volver a salir. Se sentó otra vez y miró el libro viejo, con la cubierta rota y las páginas manchadas de barro y agua.

Era Hojas de hierba, de Walt Whitman, y se lo había llevado con él a
la guerra. En una ocasión, incluso interceptó una bala. Sacudió la cubierta para quitarle el polvo. Luego abrió el libro en una página al azar y leyó:

Esta es tu hora, oh alma, tu libre vuelo hacia lo
inefable,
Lejos de los libros, lejos del arte, abolido el día,
concluida la lección,
Emerges, silenciosa, contemplativa, a meditar
en los temas que más amas,
La noche, el sueño, la muerte y las estrellas.

Sonrió para sí. Por alguna razón, Whitman siempre le recordaba New Bern, y se alegraba de haber regresado. Aunque había estado fuera catorce años, New Bern seguía siendo su hogar, y allí conocía a mucha gente, a casi todos de sus épocas de adolescente. No era
de extrañar.

Como en tantos pueblos del sur, los habitantes de New Bern no cambiaban, simplemente envejecían. En la actualidad, su mejor amigo era Gus, un negro de setenta años que vivía al final de la calle. Se habían conocido un par de semanas después que Noah comprara la casa, cuando Gus se presentó con una botella de licor casero y un estofado, y pasaron su primera tarde juntos emborrachándose e intercambiando anécdotas.

Ahora Gus lo visitaba un par de noches a la semana, casi siempre a eso de las ocho. Con cuatro hijos y doce nietos en casa, necesitaba escapar de vez en cuando, y Nick lo entendía. Gus solía llevar su armónica consigo, y después de charlar un rato, interpretaban algunas canciones juntos. A veces tocaban durante horas.

Había llegado a considerar a Gus como un miembro de la familia. En realidad, tras la muerte de su padre, ocurrida un año antes, estaba solo en el mundo. Era hijo único; su madre había muerto de gripe cuando él tenía dos años, y él nunca se había casado, aunque en una ocasión quiso hacerlo.

Una vez había estado enamorado; de eso estaba seguro. Sólo una vez, una única vez, mucho tiempo atrás. Y aquella experiencia lo marcó para siempre. El amor perfecto deja huella, y el suyo había sido perfecto.

Las nubes de la costa comenzaron a desplazarse lentamente por el cielo del atardecer, tiñéndose de plata con el reflejo de la Luna. Mientras se cerraban sobre él, Nicholas echó la cabeza hacia atrás y la apoyó sobre el respaldo de la mecedora. Sus piernas se movían mecánicamente, manteniendo un ritmo constante, y como tantas otras veces, evocó un cálido atardecer como ése, catorce años antes.
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 9th 2010, 12:43

wow! enserio es mi libro y mi pelicula favorita y tu la adaptas con Nick(?

jajajajaj te amo! xD

siguela pronto. besos!
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 9th 2010, 16:24

HOLA DENIIII YO DE NUEVO XD SIGUELAAAA ME GUSTAA ME GUSTAAAA

SIGUELAA DENIII AA Y "DARIA TODO PORQUE ME VIERAS" TAMBIEEEN XD
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 9th 2010, 16:41


Todo había empezado en 1932, poco después de su graduación, la primera noche del festival de Neuse River. El pueblo entero estaba en la calle, disfrutando de la barbacoa y los juegos de azar. Era una noche húmeda; por alguna razón, recordaba claramente ese detalle.

Había llegado solo, y mientras se abría paso entre la multitud, buscando a algún conocido, vio a Fin y a Sarah, dos amigos de la infancia, charlando con una desconocida. Recordó que la chica le había parecido bonita, y que cuando finalmente se unió al grupo, lo
había mirado con unos ojos brumosos que todavía lo obsesionaban.

—Hola —dijo simplemente y le tendió la mano—Finley me ha hablado mucho de ti-- Un comienzo vulgar que sin duda habría olvidado si se hubiera tratado de cualquier otra persona. Pero cuando le estrechó la mano y vio esos impresionantes ojos color chocolate, supo de inmediato que podría pasarse el resto de su vida buscando una mujer semejante y no encontrarla nunca. Tan extraordinaria, tan perfecta le pareció mientras la brisa estival soplaba entre los árboles.

A partir de ese momento, fue como si lo arrastrara un viento huracanado. Fin dijo que ella pasaría el verano en New Bern con su familia porque su padre trabajaba para R.J. Reynolds, y aunque él se limitó a asentir con la cabeza, la mirada de la chica hizo que su
silencio pareciera apropiado. Fin rió, porque intuía lo que estaba pasando, y Sarah sugirió que compraran unas gaseosas y se quedaran en el festival hasta que la gente se marchara y los puestos cerraran.

Se vieron al día siguiente, y al siguiente, y pronto se hicieron inseparables. Todas las mañanas, excepto los domingos, cuando él tenía que ir a la iglesia, Nick terminaba sus tareas lo antes posible, e iba directamente a Fort Totten Park, donde ella lo esperaba.

Dado que la chica acababa de llegar y nunca había estado mucho
tiempo en un pueblo pequeño, se pasaban el día haciendo cosas completamente nuevas para ella. Nicholas le enseñó a enganchar el cebo al anzuelo y a pescar percas en los bajíos, y la llevó a explorar las zonas más alejadas de Croatan Forest.

Paseaban en canoa, contemplaban las tormentas eléctricas de verano, y muy pronto fue como si se conocieran de toda la vida. Pero también Nicholas aprendió cosas nuevas. Durante el baile del pueblo, en el granero del tabacal, ella le enseñó a bailar el vals y el charleston, y aunque al principio él se movía con torpeza, la paciencia de la joven finalmente dio frutos y bailaron juntos hasta la última pieza. Después Nick la acompañó a casa, y cuando se despidieron en el porche, la besó por primera vez, preguntándose por qué había esperado tanto.

Poco después la trajo a esta casa, le enseñó las ruinas y le dijo que algún día la compraría y la repararía. Pasaron muchas horas juntos hablando de sus sueños —los de él, de conocer mundo; los de ella, de dedicarse al arte—y en una húmeda noche de agosto, los dos perdieron la virginidad. Tres semanas después, cuando ella se marchó, se llevó consigo el resto del verano y una parte de él. A primera hora de una lluviosa mañana, Nicholas la miró partir con unos ojos que no habían dormido en toda la noche, y volvió a casa a hacer las maletas. Pasó la semana siguiente a solas en Harkers Island.


Nicholas se peinó con los dedos y miró el reloj. Las ocho y doce minutos. Se levantó, caminó hasta la parte delantera de la casa y miró a la carretera. No había señales de Gus, y supuso que no acudiría. Volvió al porche trasero y se sentó en la mecedora.

Recordó que había hablado de ella con Gus. Cuando la mencionó por primera vez, Gus rió y sacudió la cabeza.

—Conque ese es el fantasma del que has estado huyendo —dijo—. Ya sabes, el fantasma, el recuerdo. Te he visto trabajar día y noche, esclavizarte sin concederte un respiro. La gente se comporta así por tres razones: porque está loca, es idiota, o quiere olvidar. En tu caso, yo sabía que intentabas olvidar algo. Lo que no sabía era qué.

Pensó en las palabras de Gus. Tenía razón, desde luego. Para Nicholas, New Bern era un pueblo encantado. Encantado por el fantasma de su recuerdo. Cada vez que pasaba por Fort Totten Park, el lugar que habían recorrido tantas veces juntos, la veía allí. Sentada en un banco o de pie junto a las rejas de la entrada, siempre sonriendo, con el cabello castaño oscuro sobre los hombros y los ojos del color del chocolate.

Por las noches, cuando se sentaba a tocar la guitarra en el porche, la imaginaba a su lado, escuchando en silencio las canciones de la
infancia.

La misma sensación lo invadía cada vez que iba al negocio de Gastón, o al Masonic Theatre, o simplemente cuando caminaba por el centro del pueblo. Dondequiera que mirara, veía su imagen o veía cosas que la devolvían a la vida. Sabía que era extraño. Nicholas se había criado en New Bern. Había pasado sus primeros diecisiete años allí. Pero cuando pensaba en el pueblo, sólo parecía capaz de recordar el último verano, el verano que habían compartido. Los demás recuerdos eran sólo fragmentos, retazos inconexos de su infancia, y pocos, si alguno, evocaban sentimientos.

Una noche se lo contó a Gus, y su amigo no sólo lo había entendido, sino que fue el primero en explicarle el porqué. Sencillamente había dicho:

—Mi padre decía que el primer amor te cambia la vida para siempre, y por mucho que te empeñes, el sentimiento nunca muere del todo. La chica de la que hablas fue tu primer amor. Y hagas lo que hicieres, te acompañará siempre.

Nicholas sacudió la cabeza, y cuando la imagen de su antiguo amor empezó a desvanecerse, volvió a Whitman. Leyó durante una hora, alzando la vista de vez en cuando para mirar a los mapaches o a las
zarigüeyas que correteaban a orillas del río. A las nueve y media cerró el libro, subió al dormitorio y apuntó en su diario algunas observaciones personales y un recuento del trabajo hecho en la casa.

Cuarenta minutos después, dormía. Elvis subió la escalera, olfateó el cuerpo dormido de Nick y dio unas cuantas vueltas alrededor antes de acurrucarse a los pies de la cama.

Esa misma noche, poco antes, y a ciento cincuenta kilómetros de distancia, ella se sentó sola, con una pierna cruzada debajo del muslo, en el columpio del porche de la casa de sus padres. El asiento estaba ligeramente húmedo; acababa de caer un fuerte chaparrón de gotas punzantes, pero las nubes se alejaban y miró más allá de ellas, a las estrellas, preguntándose si su decisión sería acertada. Había dudado durante días —y seguía dudando esa noche—, pero sabía que si dejaba escapar esa oportunidad, jamás podría perdonárselo.
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 9th 2010, 16:42

twoworldscollide escribió:
wow! enserio es mi libro y mi pelicula favorita y tu la adaptas con Nick(?

jajajajaj te amo! xD

siguela pronto. besos!

AY GRACIAS... A MI TAMBIEN ME ENCANTA ESA PELI!!
ES HERMOSISIMA... BIENVENIDA
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 9th 2010, 16:44

Amy d' jonas ♥ escribió:
HOLA DENIIII YO DE NUEVO XD SIGUELAAAA ME GUSTAA ME GUSTAAAA

SIGUELAA DENIII AA Y "DARIA TODO PORQUE ME VIERAS" TAMBIEEEN XD

HOLA AMY!!! ME ENCANTA QUE LEAS MIS NOVES!!!
AMO TUS COMENTARIOS EN "Daria todo por que me vieras"

EN QUE FORO VAS A LEER ESTA NOVE???
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 9th 2010, 16:46

en este! Very Happy para ir a la par jaja aun no e leido este cap q subiste xD deja leerlo
y despues comnto jaja
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 9th 2010, 17:47

Q HERMOSO Sad
SIGUELA PLIS DENIIII ME ENCANTA...Y SUBE TAMBN EN "DARIA TODO XQ ME VIERAS" PLIIS!!
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 10th 2010, 13:31

aayyy nunk me cansare de decirte k amo esta nove
xfa siguellaaaaa
sube cappppp
me fascinaaaaa
besitos
cuidate Razz
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 10th 2010, 15:57



Lon ignoraba la auténtica razón del viaje previsto para el día siguiente. Hacía una semana, ella había insinuado que quería ir a echar un vistazo en algunos negocios de antigüedades cerca de la costa.

—Sólo estaré fuera un par de días —había dicho—Necesito tomarme un descanso de los preparativos de la boda.

No le gustaba mentirle, pero sabía que no podía decirle la verdad. Su escapada no tenía nada que ver con él, y no hubiera sido justo pedirle que la entendiera.

El viaje desde Raleigh fue tranquilo, duró algo más de dos horas, y llegó poco antes de las once. Se inscribió en un pequeño hotel del centro, subió a su habitación y deshizo la valija. Colgó los vestidos en el armario y puso todo lo demás en los cajones. Almorzó rápidamente, pidió información a la camarera sobre los negocios
de antigüedades más cercanos y dedicó las horas siguientes a las compras.

A las cuatro y media regresó a su habitación. Se sentó en el borde de la cama y telefoneó a Lon. El no tenía mucho tiempo para hablar, pues debía estar en los tribunales a las cuatro, pero antes de despedirse, ella le dio el número del hotel y prometió llamarlo al día siguiente. Perfecto, pensó mientras colgaba el auricular. Una conversación de rutina, nada fuera de lo corriente.

Nada que despertara sospechas. Lo conocía desde hacía cuatro años; se habían visto por primera vez en 1942, cuando el mundo estaba en guerra y los Estados Unidos llevaban un año en la contienda. Todos contribuían a su manera, y ella trabajaba como voluntaria en un hospital del centro. Allí la necesitaban y la apreciaban, pero las cosas resultaron más complicadas de lo que había esperado. Las primeras cuadrillas de jóvenes soldados heridos volvían a casa, y ella pasaba los días con hombres destrozados y
cuerpos mutilados. Cuando Lon, con su natural encanto, se presentó a sí mismo durante una fiesta de Navidad, le pareció justo lo que necesitaba: alguien con fe en el futuro y un sentido del humor capaz de ahuyentar todos sus temores.

Era atractivo, inteligente y decidido, un próspero abogado ocho años mayor que ella, cuya pasión por el trabajo lo llevaba a ganar muchos juicios y a hacerse un nombre en la profesión. Ella comprendía su obsesión por el éxito, pues tanto su padre como la mayoría de los hombres de su círculo social la compartían. Lon tenía
una educación idéntica, y en la sociedad clasista del sur, los apellidos y los logros eran la condición más importante para el matrimonio. En muchos casos, eran la única condición.

Aunque ella se rebelaba secretamente contra esa norma desde la infancia, y había salido con varios hombres que, en el mejor de los casos, podían ser calificados de advenedizos, se sentía atraída por el carácter afable de Lon y poco a poco había llegado a quererlo. A pesar de las muchas horas que dedicaba al trabajo, era bueno con ella. Era un caballero, maduro y responsable, y durante los momentos más difíciles de la guerra, cuando ella necesitaba a alguien que la abrazara, Lon nunca le falló. Con él se sentía segura y amada, y por eso había aceptado su proposición de matrimonio.

Esos recuerdos la hicieron sentir culpable por estar allí, y comprendió que debería hacer la valija y marcharse de inmediato, antes que cambiara de idea. Ya lo había hecho una vez, mucho tiempo antes, y estaba segura de que si volvía a marcharse, jamás se atrevería a regresar.

Tomó el bolso, titubeó un momento, y se dirigió a la puerta. Pero la casualidad la había empujado allí, así que dejó el bolso, sabiendo que si renunciara a sus planes, siempre se preguntaría qué habría pasado si se hubiera quedado. Y esa incógnita no la dejaría vivir
en paz.

Entró en el baño y abrió la canilla de la bañera. Después de comprobar la temperatura del agua, regresó a la habitación y fue hacia la cómoda, quitándose los aros de oro en el camino. Abrió el estuche del maquillaje, sacó una afeitadora y una pastilla de jabón y se desnudó frente al espejo. Una vez desnuda, contempló su imagen. Desde jovencita había oído decir que era preciosa. Su cuerpo era firme y proporcionado, con los pechos suavemente
redondeados, el vientre plano, las piernas delgadas.

Había heredado de su madre los pómulos prominentes, la piel tersa y el cabello castaño, pero su mejor atributo era sólo suyo. Como siempre decía Lon, tenía unos ojos como "un tarde de febrero". Volvió al baño con la afeitadora y el jabón, cerró la canilla, dejó una toalla a mano, y se metió con cuidado en la bañera. Se sumergió en el agua, disfrutando de su efecto relajante. El día había sido largo y tenía la espalda tensa, pero se alegraba de haber acabado tan pronto con las compras. Debía volver a Raleigh con algo tangible, y las compras efectuadas cumplirían ese cometido. Se dijo que debía informarse sobre otros negocios de la zona de Beaufort, pero de inmediato pensó que no sería necesario. Lon nunca dudaría de su palabra. Tomó el jabón, se enjabonó y empezó a afeitarse las piernas. Mientras tanto, pensó en sus padres y en lo que dirían de su conducta. Sin duda la condenarían, en especial su madre. Ella jamás había aprobado lo ocurrido durante el verano pasado allí, y mucho menos aprobaría esa escapada, por más explicaciones que le
diera.

Permaneció un rato más en la bañera, y finalmente salió y se secó. Abrió el armario, buscó un vestido y optó por uno amarillo largo, ligeramente escotado, acorde con la moda del sur. Se lo puso y dio un par de vueltas frente al espejo. La favorecía, le daba un aspecto muy femenino, pero a último momento cambió de idea y volvió a colgarlo en la percha. Se decidió por un modelo menos elegante y provocativo. El vestido, de color azul cielo, abotonado en la delantera y con puntillas, no era tan bonito como el primero, pero le confería un aire que le pareció más apropiado.

Apenas se maquilló; sólo un toque de sombra y rímel para destacar los ojos. Luego un poco de perfume, no demasiado. Se puso un par de aros de argolla y se calzó las mismas sandalias sin tacón que llevaba antes. Se cepilló el cabello, lo recogió y se miró al
espejo. No, pensó, era demasiado; y volvió a soltárselo. Mejor así.

Cuando hubo terminado, retrocedió unos pasos y se examinó. Estaba bien, ni demasiado arreglada ni demasiado informal. No quería excederse. Al fin y al cabo, no sabía con qué se iba a encontrar. Había pasado mucho tiempo —quizá demasiado— y podían haber ocurrido muchas cosas, incluso algunas en las que
prefería no pensar.

Bajó la vista, comprobó que le temblaban las manos y se rió de sí misma. Era curioso; nunca se ponía tan nerviosa. Al igual que Lon, siempre se mostraba como una persona segura, incluso de pequeña.
Recordaba que ocasionalmente esa actitud le había causado problemas, sobre todo cuando salía con chicos, porque intimidaba a la mayoría de los jóvenes de su edad.

Tomó el bolso, las llaves del coche y finalmente la de la habitación. La giró en la mano un par de veces, pensando. Si has sido capaz de llegar hasta aquí, no te rindas ahora. Se dirigió a la puerta, pero antes de llegar retrocedió y volvió a sentarse en la cama. Miró el reloj. Sabía que debía marcharse pronto —quería llegar antes
que oscureciera— pero necesitaba un poco más de
tiempo.
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 10th 2010, 17:28

SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAA
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 10th 2010, 21:01



— ¡Maldita sea! —murmuró—, ¿qué hago aquí? No debería haber venido. No hay ninguna razón. —Pero una vez que lo dijo, supo que no era así. Tenía sus motivos. Al menos encontraría la respuesta que buscaba.

Revolvió en el bolso hasta que encontró un recorte de diario doblado. Lo sacó despacio, casi con reverencia, con cuidado de no rasgar el papel. Lo desplegó y lo miró fijamente unos instantes.

—Es por esto —dijo por fin—, esta es la razón.


Nicholas se levantó a las cinco y, fiel a su costumbre, dio un paseo en canoa por el río. Cuando volvió, se puso la ropa de trabajo, calentó unas galletas del día anterior, agregó un par de manzanas y acompañó el desayuno con dos tazas de café.

Trabajó otra vez en la valla, reparando la mayoría de las estacas que lo necesitaban. La temperatura —más de veintiséis grados— era insólita para la época, y a mediodía estaba tan acalorado y cansado, que se alegró de poder tomarse un descanso.

Decidió comer a orillas del río porque los salmonetes estaban saltando. Le gustaba verlos saltar tres o cuatro veces y flotar en el aire antes de desaparecer en el agua salobre. Por alguna razón, siempre se alegraba de que el instinto de los peces hubiera permanecido inmutable durante miles, quizá cientos de miles, de
años.

A veces se preguntaba si los instintos del ser humano habían cambiado en ese tiempo, y siempre llegaba a la conclusión de que no. Por lo menos en los aspectos más básicos y primitivos. Le constaba que el hombre siempre había sido agresivo, ansioso por dominar, por controlar el mundo y todo lo que se encontraba en él.
Las guerras en Europa y en Japón daban fe de ello.

Dio por concluida la jornada de trabajo poco después de las tres y caminó hasta un pequeño cobertizo situado cerca del desembarcadero. Entró, sacó la caña de pescar, un par de cebos y unos cuantos grillos vivos que siempre tenía a mano, luego salió al desembarcadero, enganchó el cebo al anzuelo y lanzó el sedal. Siempre que salía a pescar, acababa reflexionando sobre su vida, y esa vez no fue una excepción.
Recordó que tras la muerte de su madre había vivido en una docena de casas diferentes. En ese entonces tartamudeaba ostensiblemente y los demás niños se burlaban de él. En consecuencia, comenzó a hablar cada vez menos hasta que, a la edad de cinco años, se negó rotundamente a hacerlo. Cuando empezó a ir a la escuela, los maestros lo tomaron por retrasado y recomendaron a su padre que lo retirara de allí. Sin embargo, su padre decidió tomar cartas en el
asunto. Se ocupó de que siguiera yendo a clase, y todas las tardes, al terminar la jornada escolar, lo llevaba al aserradero para que lo ayudara a levantar y apilar la madera.

—Es bueno que pasemos tiempo juntos —decía mientras trabajaban codo con codo—, como hacíamos mi padre y yo.

Durante esas horas, su padre le hablaba de pájaros y animales, o le contaba leyendas típicas de Carolina del Norte. Unos meses después, Nick comenzó a hablar otra vez, aunque no muy bien, y su padre decidió enseñarle a leer con libros de poesía.

—Aprende a leer esto en voz alta y serás capaz de decir todo lo que se te ocurra.

Una vez más, su padre tenía razón, y al cabo de un año, Nick había dejado de tartamudear. Pero continuó yendo al aserradero todos los días, sencillamente porque su padre estaba allí, y por las noches leía la obra de Whitman y Tennyson en voz alta mientras su padre se hamacaba en la mecedora. Desde entonces, nunca dejaba de leer poesía.

Cuando fue algo mayor, pasaba la mayoría de los fines de semana y las vacaciones a solas. Exploró Croatan Forest en su primera canoa, remontando el río Brices, y treinta kilómetros más arriba, cuando le fue imposible seguir, recorrió andando los kilómetros que quedaban hasta la costa.

Acampar y explorar se convirtieron en su pasión, y pasaba horas en el bosque, sentado a la sombra de un roble, silbando quedamente
y tocando la guitarra para un público de castores, gansos y garzas salvajes. Los poetas sabían que la soledad en la naturaleza, lejos de la gente y los objetos creados por el hombre, era buena para el alma, y Nicholas siempre se había identificado con los poetas.

Aunque era de temperamento tranquilo, su larga experiencia cargando pesos en el aserradero le ayudó a destacarse en los deportes, y sus logros deportivos le dieron popularidad. Disfrutaba con los partidos de fútbol y las competiciones de atletismo, pero aunque la mayoría de sus compañeros de equipo pasaban juntos
también el tiempo libre, Nick rara vez se reunía con ellos.

Algunos de sus amigos lo consideraban arrogante, pero la mayoría simplemente pensaba que era más maduro que sus contemporáneos. Tuvo algunos escarceos amorosos en el instituto, pero ninguna chica dejó huellas en él. Salvo una. Y esa llegó después de la graduación. _______. Su _______.

Recordó que después del festival había hablado de ______ con Fin, y que su amigo se había reído de él. Luego le hizo dos predicciones: la primera, que se enamorarían; la segunda, que la relación no prosperaría.

Percibió un ligero tirón en el sedal y deseó que se tratara de un salmonete, pero el movimiento cesó, y tras enrollar el sedal y comprobar que el cebo seguía allí, volvió a lanzar...

Las dos predicciones de Fin resultaron acertadas. La mayoría de las veces, ______ tenía que mentir a sus padres para verlo. No porque Nick no les cayera bien, sino porque procedía de otra clase social, era demasiado pobre, y no querían que su hija se tomara en serio a
un chico como él.

—Me da igual lo que piensen mis padres, te quiero y siempre te querré —aseguraba ______—. Encontraremos la forma de estar juntos.

Pero al final no pudieron. A principios de septiembre, acabada la cosecha de tabaco, ella no tuvo más remedio que volver a Winston Salem con su familia.

—Sólo ha terminado el verano, ______, nuestra relación no —había dicho Nicholas la mañana en que ella se marchó— Nunca terminará.

Pero lo hizo. Por razones que Nick nunca comprendería, _____ no respondió a ninguna de las cartas que le envió.

Poco después decidió marcharse de New Bern para quitársela de la cabeza, pero también porque corrían los tiempos de la Depresión, y resultaba casi imposible ganarse la vida allí. Primero fue a Norfolk y trabajó seis meses en un astillero, hasta que lo despidieron; luego se trasladó a Nueva Jersey, donde, según decían, la situación económica era mejor.
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Amy d' jonas
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Octubre 12th 2010, 14:07

AW Sad SIGUELA...ME ENCANTA ESTA NOVE ES TAN...ROMANTICA XD
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Denisse!!
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Diciembre 8th 2010, 16:44

A ALGUIEN LE GUSTA ESTA NOVE???

DIGANME SI QUIEREN QUE LA SIGA!
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ValeriaKJ2
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Enero 2nd 2011, 16:03

Siiguela a mi me encanta!!
esta muy buenaa!!
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MensajeTema: Re: "Diario de una pasión" (Nicholas y tú)   Hoy a las 08:59

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"Diario de una pasión" (Nicholas y tú)
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