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 UN SUEÑO HECHO REALIDAD...(NICK Y TU) De todo! (adaptada)

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JonasMyLoveKNJ
Nuev@


Cantidad de envíos : 25
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MensajeTema: UN SUEÑO HECHO REALIDAD...(NICK Y TU) De todo! (adaptada)   Julio 20th 2011, 16:08

Cuando el padre de _____ se jubiló. La familia Paige se vio obligada a iniciar una nueva vida no exenta de privaciones. A fin de mejorar la situación, ____ solicitó el puesto de recepcionista en la consulta del doctor Nicholas Jonas y, aunque sabía que estaba comprometido con Lucy, no pudo reprimir la atracción que sentía por él...

la sigo? Wink
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JonasMyLoveKNJ
Nuev@


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MensajeTema: Re: UN SUEÑO HECHO REALIDAD...(NICK Y TU) De todo! (adaptada)   Julio 20th 2011, 16:51

en un rato subo el 1 capitulo Smile
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JonasMyLoveKNJ
Nuev@


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MensajeTema: Re: UN SUEÑO HECHO REALIDAD...(NICK Y TU) De todo! (adaptada)   Julio 21st 2011, 08:06

CAPITULO 1


El Doctor Jonas contempló a la joven que estaba sentada frente a él, al otro lado de su escritorio. Tendría que servir, pensó; ninguna de las demás aspirantes era apropiada para el puesto. Claro que, la inestimable señorita Brimble, que había estado trabajando para él durante largos años, hasta que se había visto obligada a quedarse en casa para cuidar de su anciano padre, era insustituible. Aun así, aquella joven de rasgos insípidos y voz sumisa no al¬teraría el curso regular de su vida. Ningún rasgo de su aspecto lo distraería del trabajo: ni el pelo par¬dusco, que llevaba recogido en una trenza, ni la pe¬queña nariz discretamente empolvada, ni los labios, que, si se los había pintado, no lo parecía. Además, llevaba la clase de ropa que pasaba desapercibida... Sí, era la apropiada.
______ Paige, consciente del escrutinio al que es¬taba siendo sometida, contempló al hombre que es¬taba sentado detrás del escritorio. Era corpulento, de unos treinta años, y atractivo. Tenía una nariz domi¬nante, labios rosados, ojos permanentemente entor¬nados y pelo castaño rizado.______ no se sentía intimidada, pero pensó que cualquier persona tímida lo estaría en su presencia. Como era una joven tranquila y callada por natura¬leza, no tenía motivos para tenerle miedo. Además, nada más verlo, apenas hacía media hora, se había enamorado de él...
Nick:-¿Podría empezar a trabajar el próximo lunes, se¬ñorita Paige?
Tu. -Sí, por supuesto -contestó _____, y deseó que el doctor Jonas le sonriera.
Seguramente estaba can¬sado, o no había tenido tiempo para desayunar aque¬lla mañana. Ya había averiguado que tenía una buena ama de llaves, porque se lo había dicho el jardinero. También sabía que estaba prometido. «Una engre¬ída», había declarado la señora Simpkins, la de la tienda de ultramarinos. La prometida del médico ha¬bía ido de visita, con su hermano, en un par de oca¬siones y había declarado que no le gustaba el pueblo.
Simpkins-Fueron muy groseros -había dicho la señora Simpkins-. Refunfuñaron porque no tenía un queso especial que se les había antojado. Lo que es bueno para el doctor Jonas debería ser bueno para ellos, digo yo. Él sí que es una persona encantadora, igual que su padre, que también fue un buen hombre. Lás¬tima que se haya prometido con una muchacha como esa.
_____ concluyó que la señora Simpkins estaba en lo cierto. «El amor es ciego», pensó, y se levantó al ver que el médico miraba fugazmente la hora en su reloj de pulsera.
El doctor Jonas también se puso en pie. «Tiene buenos modales», se dijo _____, y, cuando el mé¬dico le abrió la puerta del despacho, se despidió con un enérgico «adiós» y siguió a la enfermera hasta la puerta de salida.
La casa del médico era una vivienda antigua y agradable situada en el centro del pueblo, de ladrillos rojos y enormes rejas de hierro que la resguardaban de la estrecha calle principal. Los Jonas vivían allí desde hacía más de dos siglos, y la profesión de mé¬dico de cabecera había pasado de padres a hijos. Aquel hijo del siglo veinte, en concreto, era bastante notable. Había rechazado cargos importantes en Lon¬dres porque se resistía a abandonar la casa de sus an¬tepasados.
______ caminó con paso enérgico calle abajo y sonrió a alguno de los viandantes con timidez, ya que todavía se sentía un poco fuera de lugar. El pueblo, situado en la parte más rural del condado de Somerset, tenía un buen número de habitantes, pero había escapado a la especulación inmobiliaria, segura¬mente, porque estaba bastante apartado de la carre¬tera principal. Por ese motivo, los habitantes de Much Winterlow no aceptaban a los recién llegados con facilidad. Claro que, no podían censurar la pre¬sencia del reverendo Paige, de su esposa y de su hija. El padre de _____ se había jubilado a causa de su delicado estado de salud y había aceptado, con grati¬tud, la pequeña casa, situada a las afueras del pueblo, que un viejo amigo suyo le había alquilado. Después de vivir durante tantos años en una vicaría, el pastor acusaba la falta de espacio, pero el entorno era tran¬quilo, el paisaje idílico, y podría seguir escribiendo su libro...
____ divisó su nuevo hogar al aproximarse al final de la calle principal. Había un par de campos arados, que esperaban la llegada de la primavera, y la casa, que daba a la carretera, era cuadrada y apenas llamaba la atención. Construida hacía un siglo como residencia del administrador de la extensa finca ad¬yacente, con el tiempo, se había quedado vacía y ha¬bía servido de hogar para distintos inquilinos. La madre de _______ se había echado a llorar al verla, pero ____ le había recordado lo afortunados que eran por haber encontrado un alquiler tan barato. Había añadido alegremente:
Tu: -Tal vez parezca una caja de ladrillos, pero no hay razón para que no tengamos un bonito jardín.
Tm: -Tan sensata como siempre, _____ -había dicho su madre con frialdad.
Y menos mal que lo era, porque su madre no tenía intención de hacer de tripas corazón. La señora Paige había disfrutado de una vida desahogada como es¬posa de un vicario rural. Sí, en la vicaría habían con¬tado con demasiadas habitaciones y, de no ser por _____ que había vivido con ellos y había asumido la mayor parte de las tareas domésticas, la señora Paige apenas habría tenido tiempo para cumplir con su papel de esposa del vicario. Un papel que había desempeñado a la perfección, por la posición social que la confería. Sin embargo, en aquellos momentos, se veía forzada a vivir en aquella aldea, en una casa minúscula, con apenas dinero para subsistir...
____ abrió la verja del jardín y recorrió la senda de ladrillos que conducía a la puerta principal. El jardín estaba terriblemente descuidado; tendría que hacer algo mientras todavía hubiera luz por las tardes.
Tu: -Soy yo -dijo al abrir la puerta, como tenía por costumbre, y al ver que nadie contestaba, abrió la puerta de la izquierda del estrecho pasillo. Su padre estaba sentado detrás del escritorio, escribiendo, pero levantó la vista al oírla entrar.
Tp:-_____... ¿no me digas que ya es la hora del al¬muerzo? Precisamente ahora iba a...
____ le dio un beso en los cabellos grises. Era un hombre de rostro benigno y buen corazón, que vi¬vía dedicado a su familia y se contentaba con lo que la vida quisiera ofrecerle, y al que no le preocupaba de dónde salía el dinero para sobrevivir. Se había re¬sistido a la jubilación, pero, cuando no le había que¬dado más remedio, había sabido aceptar el cambio con entereza.
El hecho de que su esposa no estuviera nada con¬tenta con las circunstancias presentes lo preocupaba, pero suponía que, con el tiempo, se adaptaría a su nueva vida. _____ no le había dado problemas; su hija había aceptado todo sin objeciones. Simple¬mente había declarado que, si era posible, buscaría un trabajo.
Después del colegio,____ había hecho un curso de taquigrafía y mecanografía, había aprendido a manejar un ordenador y a aplicar las reglas básicas de la contabilidad. Nunca había tenido oportunidad de emplear aquellos conocimientos, porque su madre la había necesitado en casa, pero se alegraba de po¬der incrementar la pensión de su padre. Había sido una suerte que la señora Simpkins le mencionara que el doctor Jonas necesitaba una recepcionista...
Dejó a su padre con la promesa de llevarle un café y fue en busca de su madre.
La señora Paige estaba en el segundo piso, en su dormitorio, sentada delante del tocador. Había sido una joven bonita, pero la mueca de descontento y el ceño de su rostro echaban a perder su atractivo. Se volvió al oírla entrar.
Tm:-La peluquería decente más próxima está en Taunton, a kilómetros de distancia. ¿Qué voy a ha¬cer? -miró a _____ con enojo-. A ti te da lo mismo, eres tan insulsa...
____ se sentó en la cama y miró a su madre. La quería, por supuesto, pero, en ocasiones, tenía que re¬conocer que era egoísta y caprichosa. La señora Paige no tenía la culpa, había sido hija única y con¬sentida, y había enviado a ______ a un internado, así que nunca se había sentido unida a su hija.
Y _____ lo había aceptado todo: el afecto vago de su padre, la falta de interés de su madre, la vida en la vicaría, su ayuda constante en el catecismo, en el bazar anual, en las partidas de cartas... Pero todo aquello había terminado.
Tu: -He conseguido un trabajo en la consulta del mé¬dico -le dijo-. De media jornada, por las mañanas y por las tardes, así que tendré tiempo de sobra para hacer las tareas de la casa.
Tm: -¿Cuánto piensa pagarte? La pensión de tu padre no es bastante, y yo no tengo ni un penique.
_____ le dijo la cifra y su madre repuso:
Tm:-No es mucho...
Tu:-Es el salario establecido.
Tm:-Bueno, menos da una piedra... y tú no necesitas gran cosa.
Tu:-No, la mayor parte la dedicaremos a la casa.
Tm:-Pobre de mí -la madre de ___- sonrió de re¬pente-. ¿Podré disponer de algo yo también? Solo lo bastante para parecer la mujer de un pastor, y no una pobre ama de casa.
Tu:-Sí, madre, ya se nos ocurrirá algo sin que haya que molestar a papá.
Tm:-Espléndido, cariño -su madre era todo sonrisas en aquellos momentos—. Dame tu sueldo al final de la semana y yo me encargaré de distribuirlo como Dios manda.
Tu:-Creo que ingresaré el dinero directamente en la cuenta de papá y apartaré lo bastante para ti y para mí.
Su madre volvió a mirarse al espejo.
Tm:-Siempre tan egoísta,______. Siempre quieres salirte con la tuya. Cuando pienso en todo lo que he hecho por ti...
_____ ya lo había oído antes. Dijo:
Tu:-No te preocupes, madre, quedará bastante para ti.
Cruzó el pequeño rellano hasta su dormitorio, se sentó en la cama e hizo cuentas en el reverso de un sobre. Era consciente de que la pensión de su padre era insuficiente; si se apretaban el cinturón, dispon¬drían del dinero justo para comer y pagar las factu¬ras; cualquier extra tendría que salir del pequeño capital de su padre... que había mermado considera¬blemente con los gastos de su enfermedad y de la mudanza.
El vicario había recibido un talón de sus feligreses antes de marcharse de la vicaría, pero una buena parte se había empleado en comprar alfombras y cor¬tinas, y en reformar el cuarto de baño de la pequeña casa al gusto de la señora Paige. Aunque de estilo funcional, el cuarto de baño podría haberse utilizado tal cual estaba, pero el padre de ____ amaba a su esposa, no veía ningún defecto en ella y le había dado ese capricho.
____ bajó a la pequeña cocina para hacer café y, mientras esperaba a que hirviera el agua, miró a su alrededor. Era una habitación desnuda, con una vieja cómoda contra una pared, una antigua cocina de gas y una lavadora recién instalada, que su madre había insistido en comprar. La mesa del centro era sólida y cuadrada, la misma que habían usado en la vicaría, y tenía cuatro sillas de respaldo alto alrededor. Junto a la pequeña ventana, había un armario destartalado en el que se acurrucaba el gato de la familia, Rastus. En cuanto tuviera un poco de dinero, decidió _____, pintaría las paredes de un suave color amarillo cá¬lido, y un bonito mantel y un centro de mesa harían maravillas...
Llevó el café al salón y encontró allí a su madre.
Tu:-Le llevaré esto a papá -sugirió _____, y atra¬vesó el pasillo hasta la pequeña habitación en pe¬numbra situada detrás de la cocina, a la que gran¬diosamente denominaban despacho. Estaba muy desordenada, con montones de libros sobre el suelo, que esperaban la instalación de una estantería, y más libros desperdigados sobre el escritorio, que era demasiado grande para la estancia. Aun así, era el escritorio en el que el reverendo había trabajado toda su vida, y le parecía impensable deshacerse de él.
El señor Paige levantó la vista cuando ella entró.
Tp:-¿_____? Ah, el café. Gracias, querida -se quitó las gafas-. ¿Has salido esta mañana?
Tu: —Sí, padre, tenía una entrevista con el doctor Jonas, el médico del pueblo. Voy a trabajar para él a tiempo parcial.
Tp:-Muy bien, muy bien. Así conocerás a otros jóve¬nes y podrás llevar cierta vida social, espero. ¿No te supondrá mucho trabajo?
Tu:-Qué va. Solo tendré que recibir a los pacientes, ocuparme de sus fichas y escribir cartas. Me gustará.
Tp:-Y, además, te pagarán. Así podrás comprarte co¬sas bonitas, querida.
____ bajó la vista a la mesa. Allí estaba la fac¬tura del gas y una nota del fontanero recordándoles que había arreglado los grifos de la cocina.
Tu:-Eso haré, padre -dijo en un tono demasiado alegre.
El lunes por la mañana, ____ se levantó antes de la hora acostumbrada, les llevó el té a sus padres y se retiró a su habitación. No podía transformarse en una belleza, pero, al menos, podía ir impecable. Estu¬dió su rostro en el espejo mientras se extendía los polvos y se pintaba los labios. Enseguida se quitó la pintura. No había ido maquillada a la entrevista y, aunque no creía que el doctor Jonas se hubiese fi¬jado mínimamente en ella, siempre existía la posibi¬lidad de que lo hubiese hecho. Además, sospechaba que había conseguido el trabajo porque era lo más parecido a la señorita Brimble que le permitía su ju¬ventud.
La había visto una vez: insulsa, con gafas y ropa de color pardo. Nada en su aspecto habría llamado la atención del doctor Jonas y,_____, incapaz de ha¬llar nada en su armario de un color tan insípido, optó por el azul marino con recatado cuello blanco. Lás¬tima, pensó mientras se recogía el pelo en una trenza, que las circunstancias la obligaran a no sacar partido de su físico.
Hizo una mueca al ver su reflejo. Tampoco impor¬taba. Tenía tantas oportunidades de atraer al doctor Jonas como una vaca de volar. Había sido una estú¬pida al enamorarse de un hombre que ni siquiera la había mirado durante más de un momento.
La consulta estaba a un lado de la casa, y había una senda estrecha que conducía a la puerta lateral. Ya estaba abierta cuando se presentó, y una mujer es¬taba quitando el polvo a la fila de sillas. _____ le dio los buenos días y, siguiendo las instrucciones que había recibido, entró en el despacho. El doctor Jonas todavía no estaba allí. No le extrañó, porque faltaban varios minutos para las ocho.
Abrió una ventana, se cercioró de que tuviera todo lo necesario en su escritorio y regresó a la sala de es¬pera, para sentarse detrás de su mesa, que estaba si¬tuada en un rincón. El libro de citas ya estaba allí, así que se dispuso a sacar las fichas de los pacientes de aquella mañana del archivador que estaba junto al es¬critorio. Ya las había ordenado a su gusto, cuando llegó el primer paciente, el anciano señor Trimble, el padre del propietario de la taberna. Era un hombre callado, que tosía con frecuencia, y, a juzgar por el amplio número de fichas, iba a la consulta con asi¬duidad. Masculló un saludo y se sentó. Tras él entró una joven con un bebé. Tanto la madre como el hijo tenían mal aspecto, así que ______ se preguntó quién de los dos sería el paciente.
La sala se llenó y _____ se mantuvo ocupada, aunque era consciente de las miradas curiosas y de los susurros. La señorita Brimble había trabajado allí durante tanto tiempo, que su sustituía era una nove¬dad y, tal vez, no del agrado de todos.
El doctor Jonas abrió, por fin, la puerta de su des¬pacho, dio los buenos días a todos, tomó las fichas del señor Trimble de manos de _____ e hizo pasar a su paciente. Diez minutos después, salió detrás de él, tomó las fichas del siguiente paciente y dejó que ____ le diera hora al señor Trimble para una siguiente visita.
No era un trabajo difícil, pensó _____, pero tam¬poco tenía tiempo para aburrirse, porque el teléfono sonaba de tanto en cuando y algunos de los pacientes tardaban en decidir la fecha y la hora de su siguiente visita, pero, cuando el último paciente entró en el despacho del médico, ____ se sentía contenta. De acuerdo, el doctor Jonas no se había fijado en ella, pero, al menos, lo había visto de vez en cuando.
Trató con paciencia a la anciana que fue la última en salir, porque era casi sorda y, además, estaba preo¬cupada por no perder el autobús.
—Mis gatos —le explicó la anciana—. No me gusta dejarlos solos más de una hora.
Tu: -Entiendo -dijo _____-. Yo también tengo un gato. Se llama Rastus.
La puerta que estaba a su espalda se abrió y el doctor Jonas dijo con impaciencia bien disimulada:
Nick: -Señorita Paige...
____ se volvió y le sonrió.
Tu: -La señora Trim tiene un gato, y yo, también. Es¬tábamos hablando de ellos -despidió a la señora Trim y cerró la puerta tras ella-. Pondré todo en orden, ¿le parece?
El doctor Jonas no contestó; se limitó a hacerse a un lado para que pasara ella primero al despacho. Una vez dentro, la puerta que comunicaba con la casa se abrió y una mujer alta y huesuda entró con la bandeja del café. ____ le dio los buenos días.
Tu: -Qué amable... Café. Y tiene un aroma delicioso.
Nick Jonas la miró con expresión inescrutable. _____ le había parecido tan dócil y callada durante la entrevista. Dijo con firmeza:
Nick: —Mientras se toma el café, por favor, tome nota de ciertas instrucciones que quiero darle.
____ no necesitaba mirarlo para saber que lo había irritado.
Tu: -Hablo demasiado -le dijo, y abrió el bloc de notas. Sintió un cosquilleo en la nariz al inspirar el aroma que emanaba la cafetera.
Nick: -Sea tan amable de servir el café, señorita Paige. Debo señalar que, normalmente, no tendrá tiempo para tomar nada. Esta mañana ha habido pocos pa¬cientes y, normalmente, me marcho en cuanto sale el último, para que usted ordene y cierre la puerta y los armarios. Debo advertirle que la consulta de la tarde suele estar bastante concurrida.
El doctor abrió un cajón y le tendió un llavero.
Nick: -Si me entretengo, confío en que usted reciba a los pacientes y lo tenga todo listo para cuando yo lle¬gue. La señorita Brimble era muy eficiente; espero que usted también lo sea.
____ tomó un sorbo de café. Qué extraño, pensó, que de los millones de hombres que había en el mundo, se hubiese enamorado de un médico dis¬tante y educado de fríos ojos marrones y, por lo que sa¬bía, con un corazón igual de frío.
Tu:-Haré lo posible por seguir los pasos de la seño¬rita Brimble -le dijo, y ____ tomó nota de sus ins¬trucciones-. ¿Me necesita para alguna otra cosa, doc¬tor? Entonces, ordenaré la sala de espera y echaré la llave.
El doctor Jonas asintió, sin levantar la vista del montón de fichas que tenía sobre el escritorio.
Nick: -La veré esta tarde, señorita Paige -le dijo, y la miró entonces-. Este no es un trabajo en el que se pueda estar muy pendiente de la hora.
____ se puso en pie y caminó hacia la puerta, desde donde dijo en voz baja:
Tu: -Supongo que echa de menos a la señorita Brim¬ble. Confiemos en que todo salga bien, ¿no?
_____ cerró la puerta con cuidado al salir y el médico se quedó mirando el rectángulo de madera que lo separaba de la sala de espera con una expre¬sión de sorpresa en su atractivo rostro. Se concedió una sonrisa, aunque fugaz. La señorita Paige tendría que adaptarse a su forma de trabajar o buscarse otro empleo.
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MensajeTema: Re: UN SUEÑO HECHO REALIDAD...(NICK Y TU) De todo! (adaptada)   Hoy a las 22:56

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