CAPITULO 35
Luego de terminar de hacer todas las compras necesarias, Joe y yo nos subimos al auto. No vi a qué lugar nos dirigíamos hasta que me bajé del auto. Estábamos en una pista de un aeropuerto. Yo me bajé más que confundida, ¿qué hacíamos ahí? Todo fue más raro cuando vi un avión preparado para despegar y ahí mismo estaban Kevin, Garbo y ¿Gabriela? ¿Qué hacía ella ahí?
-¡_______! – exclamó ella corriendo hacia mí y me tomó del brazo.
-¿Qué sucede? – le pregunté a Joe.
-Nos vamos de viaje – contestó con una sonrisa en el rostro.
-¿Viaje?
-Sí.
-¿Qué? ¡Imposible! Ni siquiera tengo el permiso de mis padres
-Lo tienes.
-¿Qué? – enserio no lo podía creer.
-Ya conseguí su permiso, y sólo en caso de que pudieran verse afectados con que vayas sola, traje a tu amiga también. Está bien ahora, ¿no es así?
-Imposible – dijimos Gaby y yo al mismo tiempo.
-Vamos a despegar – dijo Joe más que emocionado, y a nosotros no nos quedó alternativa más que subirnos al avión.
El avión era increíblemente lujoso, cada uno tenía un asiento súper cómodo, mesas, pantallas plasma, aire acondicionado y todos los lujos que algún avión pudiera tener.

A mí me tocó sentarme frente a Gaby y a un lado Joe. Los demás chicos estaban en otro apartado del avión. Luego de ponernos cómodos el piloto comenzó a dar las indicaciones.
-"Señoras y señores, bienvenidos a bordo de nuestro Air Jonas, el vuelo 001 de Estados Unidos a Caledonia. En Nueva Caledonia son las 3 en punto de la tarde. La temperatura local es de 27°C"
-¿Caledonia? – exclamamos Gaby y yo increíblemente asombradas.
-¿Estás tan sorprendida que no puedes ni respirar, cierto? – Se burló Joe - ¿Debería liberar la máscara de oxígeno por ti?
-Dime, Joe, ¿acaso soy lo suficientemente cercana a ti como para ir de vacaciones contigo? E incluso si lo fuera, deberías primero preguntar mi opinión y tratar de coincidir con mi horario. ¿No te enseñaron a pensar en la guardería de Jonas?
-Sólo quiero ir a un lugar bonito contigo. Los preparativos ya están hechos. No le va a pasar nada a Estados Unidos porque no estés allí. ¿Cuál es el problema?
-Pues no sé si a Estados Unidos, pero al pobre dueño del restaurante si se encuentra con que ambas nos hemos perdido – dijo Gaby llena de preocupación.
-Eso no va a pasar. Nos vamos – le contesté tomándola del brazo y me levanté del asiento.
Estaba decidida a salir del avión antes de que éste despegara, pero al dirigir la mirada hacia atrás vi a Nick recostado sobre un asiento, completamente dormido. Mi corazón se detuvo en ese momento, no tenía idea de que él también iría al viaje. Lo observé por unos cuantos segundos, se veía tan hermoso que por un momento pensé en quedarme. Hubiera resistido un poco más y me hubiera bajado del avión de no ser porque la azafata se acercó a nosotros con una bandeja repleta de deliciosa comida.
-¿Podrían tomar asiento, por favor? – nos dijo con una sonrisa.
Nick viniendo al mismo viaje y la exquisita comida, fueron demasiada tentación como para poder negarme a quedarme. Caminé resignada junto con Gabriela, quien al parecer también estaba convencida de acompañarme, y nos sentamos de nuevo. Cuando el avión despegó, Joe nos explicó que no nos preocupáramos por el dueño del restaurante, al parecer había mandado a tres hermosas chicas como reemplazo para que hicieran el trabajo por nosotros, por lo que no nos preocupamos más.
Luego de un rato de vuelo me quedé profundamente dormida. Desperté con las palabras del piloto.
-“Este es su capitán al habla. Llegaremos a la isla Maré dentro de un momento. Les deseamos un feliz y agradable viaje a Nueva Caledonia, paraíso francés”.
-Ya llegamos, despierten – nos informó Greg.
Abrí mis ojos. La mirada de Joe fija en mí me hizo voltear. Al parecer él se estaba burlando de mi cara adormilada. Yo le saqué la lengua y me giré para asomarme por la ventana. Casi me caigo del asiento al ver lo que había allá abajo. Gaby y yo nos volteamos a ver y gritamos sorprendidas… nunca habíamos visto nada más hermoso.

Luego de un momento aterrizamos y nos bajamos del avión completamente eufóricas. La temperatura era tan cálida y agradable, nada que ver con el clima de Estados Unidos. Tuvimos que caminar por un rato, admirando el paisaje, para poder llegar al hotel. En cuanto aparecimos, dos chicas francesas salieron de la piscina para ir a saludar a los chicos. Kevin y Garbo fueron los primeros en ir con ellas y saludarlas con un gran abrazo, mientras Gaby y yo sólo nos hicimos pequeñitas cuando las exuberantes chicas nos saludaron con la mano. Nick y Joe sólo les sonrieron, lo cual me alegró bastante.
De ahí nos fuimos a registrar y nos dieron la llave de las habitaciones. La mía estaba a un lado de la de Joe. Al entrar las piernas me temblaron. Jamás había visto nada parecido a esa hermosa habitación, parecía una cabaña y tenía todos los lujos imaginables, además de grandes ventanales desde donde se podía ver una vista magnífica del mar.

Caminé también hacia la recámara y fue aún más lindo lo que vi. La cama estaba repleta de buganvilias que olían exquisito. Luego fui al baño y la bañera estaba igualmente cubierta de flores. Yo saqué una del agua y aspiré su aroma, era tan relajante, nunca me había sentido tan feliz. Simplemente no podía dejar de sonreír. Todo era perfecto.
Me acerqué al espejo y me acomodé el hermoso sombrero que llevaba puesto luego caminé de nuevo a la salita y me senté frente al ventanal para admirar el paisaje. Me quedé ahí por varios minutos hasta que de repente apareció Joe y se paró a mi lado.
-Me siento como si estuviera flotando en el océano – le confesé.
-Estamos flotando – me contestó él.
-¿En verdad?
-Ven aquí – me dijo caminando hacia una puerta que no había visto y yo lo seguí.
Si pensaba que no podía ver nada mejor, estaba equivocada. Lo que vi ahí afuera me dejó completamente perpleja.

-Esto no puede ser – exclamé bajando los escalones – Si hay un cielo, siempre pensé que sería así. ¿Dónde estamos ahora?
-Esta es nuestra isla. Es nuestra isla personal para vacacionar.
-¿Nuestra?
-Sí, del Jonas Group.
Luego de varias explicaciones Joe me dijo que daríamos un paseo con los demás chicos así que nos encontramos todos en la piscina del hotel.
-La familia de Garbo compró una isla también en Dubai – me informó Joe.
-Para ser más exactos, ellos compraron una isla artificial – corrigió Kevin.
-Es porque esos tarados olvidaron Dokdo, así que tenemos que hacer una en su lugar – explicó Garbo, y Gaby casi se atraganta con su bebida nomás de imaginarse la cantidad de dinero que se requiere para crear una isla artificial.
-Bueno como es la primera vez para todos, excepto para el F4, ¿qué les parece si damos un tour por la isla? – propuso Kevin.
Nadie se pudo negar a recorrer ese lugar tan maravilloso. Primero fuimos a la ciudad y nos subimos a un trenecito que recorría varios lugares turísticos. Yo me senté a un lado de Gaby, pero como Joe estaba en el asiento delantero, no paraba de molestarme y de hacerme reír con sus ocurrencias. Luego estaban Kevin y Garbo, cada uno sentado a un lado de una chica francesa, y hasta atrás Nick iba solo, más serio que nunca.
Después del recorrido tuvimos que caminar y fuimos a las tiendas de artesanías y recuerditos. Gaby y yo estábamos fascinadas con tantas cosas lindas y otras extrañas que encontrábamos, pero aunque todo nos fascino al final del día no compramos nada.
Saliendo de la tienda todos se adelantaron y yo me quedé hasta atrás, junto con Nick, quien no me vio al detenerse en un puesto de flores que atendía una niña morenita. Nick se puso en cuclillas y tomó una maceta con una extraña flor en color blanco, la miró entristecido y suspiró, luego la volvió a dejar en su lugar y se retiró justo después de brindarle una sonrisa a la niña.
Yo salí de mi escondite y me acerqué al puesto para ver de cerca la flor que Nick había tomado. La niña me miró con una sonrisa, tomó la flor del piso y me la obsequió.
-Donner cette fleur à celui que vous aimez - me dijo.
-¿Qué? – le pregunté sin entender.
Ella hizo un corazón con sus manitas para que la pudiera entender.
-¿Love?... ¿Amor? – le pregunté para estar segura y ella asintió. Yo le sonreí y me retiré de ahí con la maceta en las manos.
Luego de un largo tour por toda la isla, pronto se hizo de noche. Yo iba caminando junto Gabriela cuando un lugar un tanto esotérico llamó nuestra atención, pues había una gran fila de espera para entrar. De ahí iban saliendo unas chicas que parecían americanas, así que nos acercamos a preguntarles.
-Disculpen, ¿pero qué es ese lugar? – les preguntó Gabriela.
-Es de una nativa que es muy buena diciendo la fortuna.
-¿Como una adivina? – les pregunté.
-Sí.
Gaby y yo nos miramos una a la otra, ahora yo había perdido interés en entrar, pero Gaby no lo pensó ni dos segundos y me jaló del brazo para unirnos a la fila. Luego de 10 minutos de espera al fin entramos a ver a la adivina. El lugar me daba miedo, con las luces tan tenues casi no podía ver nada. Quería salir huyendo de ahí, pero Gabriela no me lo permitió y ambas nos sentamos frente a la adivina.
Ella nos clavó la mirada y nos hizo la seña para que una de las dos le diéramos la mano. Gaby y yo nos peleamos por quién sería, y al final ella me obligó a darle mi mano a la adivina. Ella la analizó por un momento y su sonrisa se borró en un instante.
-Veo un hombre – pronunció la adivina con una voz en forma de eco.
-¿Hombre? – exclamé nerviosa.
-Tu futuro esposo – dijo mirándome fijamente a los ojos.
-¡Esposo! – dije casi gritando.
-¿Dónde?... ¿Quién? – preguntó Gaby más que emocionada.
-¡Aquí, contigo! – Respondió la adivina sin despegarme la mirada – Y también una alma gemela.
-¡Qué bien! ¡Tu alma gemela es tu esposo! – gritó Gaby con una sonrisa, provocando que yo también lo hiciera.
-No. ¡Dos diferentes hombres, dos!
-¿Qué es lo que está diciendo? – Dijo Gaby, ahora confundida – Entonces su alma gemela y su esposo, ¿son diferentes personas?
-Vas a perder algo importante – dijo otra vez la adivina dirigiéndose a mí.
-¿Cómo? ¿Algo importante…?
-Como mujer – completó ella al tiempo que se le salía una lágrima y juntaba sus manos, como elevando una oración hacia el cielo.
-¿Algo importante como mujer? – dijimos Gaby y yo al mismo tiempo, nos volteamos a ver y gritamos al mismo tiempo, cubriendo nuestro pecho, cuando descubrimos lo que era.
Justo en ese momento me levanté exaltada. Me había quedado dormida en una silla de mi habitación y Gabriela estaba al lado de mí, quien al parecer también se había despertado al escuchar mi grito.
-¿Qué pasa? – me preguntó ella asustada.
-Fue sólo un sueño – pronuncié aliviada aún con la respiración acelerada - Gaby …tuve un sueño horrible.
-¿Qué sueño?
-Sí… fue un sueño. No sabes cómo me alegro. Soñé que tú y yo íbamos con una adivina. Esa señora estaba diciendo mi fortuna y dijo…
-Vendrás a un sitio conmigo – interrumpió Joe apareciendo junto con Kevin.
-¿A dónde? – pregunté nerviosa.
-Lo sabrás cuando estemos ahí – dijo Joe acercándose a mí. Tomó mis sandalias del suelo y me tomó de la mano – Apúrate, vámonos.
Yo puse resistencia para que Joe no me llevara con él. Estaba tan nerviosa por mi sueño que no quería estar a solas con Joe, así que voltee con Gabriela para pedirle ayuda y ella rápidamente me extendió la mano para que la tomara y no me dejara ir. Joe me soltó y se acercó a susurrarle algo a Kevin que yo alcancé a escuchar.
-Ayúdame a salir de esta – le dijo. Entonces Kevin tomó a Gaby del hombro y así pudieron separarnos.
-¡Gabriela! – grité antes de que Joe me sacara de la habitación.
-¡______! Cuídate, por favor – alcancé a oír que gritó ella.
-¿Por qué? ¿Acaso está yendo a la guerra? – preguntó Kevin irónicamente y Gaby lo volteó a ver enojada.