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 Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)

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Beautiful-NO-Tamed.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 25th 2011, 20:17

aDy Jonas (: escribió:
Hola
ely
apennas & acabo de
leer
aww' me encanto.

Tienne otro Nuevo temma
& parece Interesante
espero & me recuerdes (:

& aqui voy ah estar leyendo

siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
(:


Siii es muy diferente a la anterior que subi pero la trama esta MUY buena y por eso qeria compartirla con ustedes Smile

Y claro que me acuerdo de voss!Me acuerdo de todas y gracias por comenzar a leer esta otra novela Smile
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kmi-mr
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 14:26

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaa
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- Galletas&Leche -
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 14:28

¡Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
Tienes que seguirla!Con ese adelanto me has puesto a mil!
<3 Siguelaaa!
¡Bye!
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http://amorsecreto.metroblog.com
aDyJonasCullenHunter
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 17:51

woo'
Otra ves la Loca xD
YO (:

que tal con la rayita se sale
asi nada mas para buscar
su peine ajajaj si como No seguro
& tenia otras Intensionnes xD

OK no

siguela
ya le estoy entendiendo
mas ^^
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MoraJL
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 17:55

ME ENCANTA SIGUELA PRONTO POR FA

siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
siguela
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 18:00

Espero que aparesca
el Nicho ya!
(:

& sobre el adelanto (;
omG asi nos mataras xD
pero me encanto que
nos prevengas para Ir llamando
al medico
por el proximo ataque que sufriremos xD

siguela
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rox
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 18:40

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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Beautiful-NO-Tamed.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 18:47

CAPÍTULO 2-Parte 1




Joe no se presentó a almorzar.

Cuando ____ notó qué hora era, cerró el programa con el que estaba trabajando, se alejó del escritorio y caminó hacia las amplias puertas del patio que daban al corral en el fondo.

Él estaba allí, haciendo exactamente lo que ella sospechaba que estaría haciendo, jugueteando con el viejo tractor que había pertenecido al abuelo de Joe antes de morir. Con los hombros desnudos, el cuerpo humedecido por el sudor y los vaqueros caídos sobre las caderas mientras trabajaba.

Los tensos músculos se flexionaban debajo de la dorada piel, se ondulaban y le provocaban a ____ un picor en las manos por la necesidad de acariciarlos, de sentirlos moverse debajo de los dedos, tensionándose y flexionándose de placer por su tacto en lugar de estar en tensión por lo que fuera que estuviera pensando él ahora.

Estaba pensando. Deliberando. Gestando una idea en la mente. Era eso lo que hacía cuando trabajaba con la vieja máquina agrícola.

El grueso cabello negro le caía sobre el cuello, un poco más enmarañado de lo habitual, pero dándole un aspecto sensual y peligroso. El aspecto de un Joe sin conquistar. Exactamente lo que él era. Un hombre que sería muy difícil de engañar y mucho más difícil de conseguir que revelase sus secretos, si no quería revelarlos.

____ no tenía intenciones de olvidar el hecho de que su esposo había sido un agente encubierto del FBI antes de su renuncia. ¿Cómo podría olvidarlo? Era una de las razones por las cuales el hombre con el que había contraído matrimonio era tal misterio para ella. Sabía cómo esconder sus secretos más íntimos y a la vez, amarla con una profundidad que la sorprendía.

Había intentado convencerse a sí misma de que sabía todo lo que necesitaba saber del hombre con el que se había casado; que por supuesto, habría lugares oscuros en él, que él habría visto lo peor de la humanidad en muchos casos, y que eso marcaría su alma para siempre.

Sin embargo, a lo largo de los últimos tres años, ____ había comenzado a preguntarse si Joe no habría seguido una carrera donde trataba con algo que ya comprendía de antes. Algo que le había dado la chance de presentarle batalla a los demonios del pasado. Un pasado al que nunca podría regresar y que no podría cambiar.

Y esto era lo que le había atraído de Joe con tanta fuerza. Esa era la razón por la cual ella no se había alejado de él a pesar de los chismorreos que rodeaban a su marido y a Nick.

Al igual que ella, Joe sabía lo que era sufrir, pero no se había cerrado a la posibilidad de amar. A diferencia de su amigo, Joe se aferraba a la vida y a las emociones. Como ____, simplemente había estado esperando a la persona indicada para aferrarse por completo.

Una suave sonrisa se dibujó en el rostro de ella al pensar en aquellas primeras semanas. Cuan cautelosa fue ella, tan insegura, intentando descifrar por qué él la deseaba cuando podría tener decenas de mujeres que habrían permitido a Nick entrar en la relación con entusiasmo.

Esas mujeres no lo habían conocido, sin embargo. Antes de que esa primera cena con él terminara, ____ conoció partes de él que sabía que ninguna otra mujer conocería jamás. Sabía que esa dominancia lexual en Joe no era un juego, era una parte de él. Lo había percibido desde el principio.

A medida que la relación se fue desarrollando, le comenzó a preocupar el hecho de que no pudiera olvidarse de los tríos sexuales, a pesar de que le había prometido, le había asegurado, que podía perfectamente vivir sin eso.

Ella lo sabía ahora. Podía vivir sin eso. Podía amar sin eso. Lo que no se había percatado de mencionar era que al dejarlo ir, eventualmente, él estaría negando no solo un deseo sino una parte de él mismo.

Ese era el rasgo indefinido en Joe que casi la había espantado. Y durante esos primeros meses de matrimonio, se había preguntado por qué él insistió tanto en mudarse de regreso a su ciudad natal demasiado pronto. Era para alejarse del área de la tentación. Lejos del club, de sus amigos y de Nick.

¿Había tenido la esperanza de no extrañar lo que nunca vería?

¿Había sabido ella que este momento llegaría?

Esa pregunta la había atormentado más a menudo durante el último año o dos. ¿Se había sentido atraída hacia Joe porque él personificaba todo lo que ella deseaba pero tenía miedo de alcanzar? ¿Una libertad sexual y personal que había estado aprisionada en su interior? ¿Había permitido que Joe le robase el corazón porque sabía que él desafiaría algo más que solo su inteligencia?

Resopló con disgusto. Eso era insano. No quería un trío sexual. Le agradaba tener fantasías al respecto. Disfrutaba soñando despierta con ello. Pero la realidad del asunto le planteaba problemas en la mente que no podía resolver.

No era el chismorreo, sino las emociones y los sentimientos que no tenía por qué considerar. Si Nick alguna vez regresaba a sus vidas, sabía que quedaría hecha pedazos. Sabía que el pasado enamoramiento que sintió por él levantaría su horrible cabeza y arriesgaría todo lo que tenía con el hombre que era el dueño de su alma. No podía permitirlo.

Pero eso no significaba que Joe pudiese librarse de discutir ese asunto toda la vida. Cuanto más permaneciese entre ellos de ese modo, peor se volvería todo.

Sentada en su oficina, ____ tenía una vista clara de la parte posterior de la granja. El alto y rojo granero con bordes blancos rodeado de cercas blancas y de una hierba verde, verdísima. Y moviéndose frente a las amplias puertas dobles del granero estaba su esposo. Trabajando una vez más en el tractor que era más viejo que la humedad y mucho menos útil.

Tenía tractores nuevos, pero trabajaba continuamente en ese, jugueteando con él cuando estaba preocupado o pensando en algo. Había estado jugueteando mucho con la máquina últimamente. Mucho más que a menudo.

____ se reclinó sobre la ventana, entrecerrando los ojos contra la luz del sol que ingresaba a la habitación, cayendo en la cuenta de que su esposo estaba jugueteando con el tractor en lugar de hablar con ella.

Solía hablar con ella.

Ya no hablaba, y ella se estaba cansando.

Cruzó los brazos sobre el pecho, tamborileó los dedos sobre el brazo y fulminó a su esposo con la mirada. Había llegado a casa tarde tres noches, mucho después de que ella se hubiera acostado. ¿Y antes de eso? Antes de eso, el sexo había sido apresurado. Rapiditos. En la ducha, o después. Mientras él lo controlaba. Era algo que ella había notado considerablemente. Solo la había tocado cuando tenía completo control de sí mismo y de su sexualidad.

____ deseaba a su esposo completo. En especial, deseaba las partes de él que Joe creía que debía ocultarle.

La sexualidad. Porque la sexualidad estaba muy ligada a lo que él era.

Gracias a la información que tenía de los trabajos de investigación de su marido, sabía que muchos de los casos en los que trabajó involucraban crímenes sexuales.

Los pervertidos sexuales eran su especialidad. ¿Ese talento se había desarrollado gracias a que los comprendía desde antes de comenzar a trabajar en la Agencia? ¿Había influido algo más en su propia sexualidad aparte de un apetito sexual excesivo?

Las preguntas la estaban volviendo loca. Como también las sospechas y los temores de que eso acabaría afectando al matrimonio de maneras que no podría ser reparado luego.

Inspiró profundamente, se irguió separándose del marco de la puerta del patio e ingresó en el calor de la tarde de verano, dirigiéndose al granero y hacia su esposo.

Los peones tenían el día libre; Joe normalmente no trabajaba los domingos todo el día. Sin embargo, todo indicaba que tenía intenciones de dedicarse al viejo tractor ese día.

Esa máquina era su psicólogo, como ella solía bromear. Había sido el terapeuta de su abuelo. De hecho, no fue puesto en marcha desde la muerte del viejo hacía ya veinte años. Pero Joe aún jugueteaba con él cuando necesitaba pensar. Se preguntaba si habría solucionado los problemas que le arrugaban el ceño una vez que hubiera acabado de reparar el tractor.

Sabía que él se había percatado de su proximidad al tiempo que ella avanzaba por el camino de grava hacia el granero. Los hombros desnudos estaban tensos ahora; el sudor brillaba sobre ellos bajo el sol de verano. Era un poderoso animal Joe, y eso fue lo que ella vio cuando se detuvo frente al tractor y lo observó en silencio.

—¿Está listo el almuerzo? —La voz de Joe era oscura, meditabunda.

—Aún no. Quería saber si te agradaría venir conmigo y conversar un poco mientras lo preparo.

Se tensó aún más mientras se agachaba detrás de una gran rueda y hurgaba con algo allí.

—¿Por qué no me avisas cuando esté listo? —sugirió él—. Estoy bastante ocupado aquí.

Ah, sí, claro. Ella podía notarlo. Estaba muy ocupado engrasándose las manos mientras toqueteaba e investigaba detrás de la rueda.

—Son solo unos emparedados —le contestó ella—. Quizás una ensalada. Unos pocos minutos como mucho.

El asintió con un movimiento de cabeza.

—Solo avísame cuando esté listo.

—No me parece.

El se tensionó aún más, quedó inmóvil ante la mirada de ____ para luego girar la cabeza lentamente y clavar los ojos en ella con una conciencia casi depredadora.

—¿Perdón? —La excesiva amabilidad en el tono de voz de su marido le aceleró los latidos del corazón, la sangre corrió con más fuerza y calor por las venas.

—Ya me has oído, Joe. Puedes venir a la casa conmigo mientras preparo el almuerzo o quedarte sin comer. Deseaba pasar más tiempo contigo. Es algo que te aseguras de evitar últimamente. Estoy cansada de eso.
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Beautiful-NO-Tamed.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 18:50

CAPITULO 2-Parte 2


Joe se movió, poniéndose de pie con una flexión de músculos grácil y peligrosa que la obligó a dar un paso hacia atrás. De repente, su marido le recordaba más a un animal salvaje que se preparaba para atacar. Y él notó la reacción en ____. Entrecerró los ojos al tiempo que tomó un trapo desechado sobre el asiento del tractor y comenzó a limpiarse las manos engrasadas.

No ayudaba demasiado. Y la grasa no debería nunca, bajo ninguna circunstancia, ser sexy, pero las líneas de aceite en las manos y los brazos y un par de manchas sobre el pecho eran extremadamente excitantes.

La tensión sexual era como una frazada sofocante sobre ellos en ese momento. Como si jamás se hubieran tocado antes, nunca hubieran intimado, como si de repente el poder de la expectativa fuera tan fuerte como lo fue el primer día en que lo conoció.

—Estás cansada —repitió él con suavidad—. ¿Cansada de qué, exactamente, ____?

Se le secaron los labios por los nervios. Se los humedeció con la lengua y casi se queda sin aliento cuando la mirada de Joe se posó un segundo sobre esa acción.

—Sabes a lo que me refiero, Joe. —De repente, pudo sentir la cantidad de piel que su atuendo revelaba. El hecho de que no llevaba sostén. De que no llevaba bragas.

—Pobre ____. —Arrojó el trapo viejo sobre el asiento del tractor y comenzó a avanzar hacia ella—. Quizás no deberías haber huido de mí en la habitación esta mañana.

—No conviertas esto en un asunto de sexo, Joe —le ordenó ella débilmente.

Débil, porque se trataba de sexo. Se trataba de las ansias que parecían crecer entre ellos día tras día. De la necesidad de sus caricias, de sus besos, de su presencia misma. Y de la necesidad de la realidad y la fantasía de las ansias de su marido.

—Pero es acerca de sexo, ____ —murmuró él al tiempo que la agarró de las caderas, sin importarle el aceite que ella estaba segura le manchaba ahora la piel desnuda.

La atrapó contra el frente del tractor, con la abultada erección debajo de los vaqueros presionándole el estómago al tiempo que ella echaba la cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos.

Era muy alto, casi treinta centímetros más alto. Con su casi metro noventa y cinco, Joe parecía abrumar a todos los demás. Especialmente a ella. ____ medía solo un metro sesenta y cinco, baja, y de huesos delicados. Siempre se había sentido alternativamente protegida e indefensa contra la altura y la fuerza de su marido.

—No se trata de sexo. —Ella intentó negar con la cabeza al tiempo que los labios de él descendieron hasta el cuello—. Simplemente deseaba conversar.

—Acerca de sexo. —Le rozó el cuello con los labios, luego con los dientes se lo raspó, causándole azotes de palpitaciones mientras luchaba para contener un gemido.

Había sido así desde el principio. Podía seducirla con nada más que la amenaza de un beso, la expectativa y la emoción de simplemente saber que estaba próximo a acariciarla.

Y estaba haciendo eso ahora. Ella se estremeció en el abrazo, sintiendo las manos de su esposo en la cadera, los dedos masajeándola sutilmente mientras le saboreaba la piel con los labios y la lengua.

Estaban fuera, sin otra cosa que el tractor para ocultar sus cuerpos, al tiempo que ella sintió una mano moverse, deslizándose bajo la falda.

—Deberíamos ir a la casa —dijo ella jadeando; él ladeó la cabeza al tiempo que ella cerró los ojos.

El mordisqueo en el cuello era destructivo. Era altamente sensible allí. Cada vez que los labios de Joe se movían sobre la suave piel, la debilitaba, le robaba la fortaleza de las piernas, y la dejaba luchando por mantenerse en pie.

—¿Por qué? —La pregunta de Joe la sorprendió.

—Cualquiera puede ver lo que estás haciendo.

—Estamos solo nosotros aquí. —La amplia mano le tomó un seno, el pulgar le acarició el duro pezón.

—Pero estamos fuera.

—Solos. Quítate la camisa para mí, ____. —Se reclinó hacia atrás, observándola con ojos tormentosos, con la mirada hambrienta.

____ le devolvió la mirada, sorprendida. No era la primera vez que tenían sexo en el exterior. Sí, lo habían hecho. Junto a la piscina. En el jacuzzi. Pero nunca así. En un espacio abierto, donde la desnudez podía ser vista si por casualidad uno de los peones decidía regresar.

—Tenemos una cama. —Ella rió nerviosa.

Lo prohibido siempre le resultaba atractivo. Había sido siempre así. La excitaba, la encendía, la hacía sentirse viva cuando Joe lo provocaba en ella. Desvestirse allí, a la luz del día, era prohibido. Arriesgarse a que los vieran, los observasen, mientras su esposo le acariciaba el cuerpo, era prohibido. Y mucho más excitante.

—¿Quién necesita una cama? —Bajó la cabeza, con la mirada fija en ella mientras acariciaba con la lengua los labios de repente hinchados—. Vamos, ____, sé valiente conmigo.

Había algo diferente en él. No podía precisarlo, no podía entenderlo cuando las manos de él comenzaron a tironearla de la camisa hacia arriba.

—Vamos, déjame acariciar esos bonitos pezones con los labios mientras el sol calienta tus pechos. ¿Te agradaría eso, ____?

La voz de Joe era una aspereza aterciopelada. Era acosadora. Desafiante. Primitiva. Esa era la diferencia. Nunca antes le había mostrado ese lado de él, ni de esa manera. Como si la previa invasión en el centro oscuro y silencioso de Joe hubiera tentado al monstruo que él le advirtió no despertar.

Le excitaba.

____ se retiró hacia atrás, tomó el dobladillo de la camisa, y se la quitó lentamente por la cabeza antes de arrojarla al suelo.

La respuesta de Joe fue sorprendente. Durante un momento, una sorpresa inexpresiva le colmó el rostro; luego, se oscureció una vez más, se volvió salvajemente carnal. Los labios de Joe parecían estar más voluptuosos, los ojos más oscuros, los pómulos más pronunciados. Se veía dominante. Vigoroso.

—Hermoso. —Unas palmas callosas y calientes le tomaron los pechos, llevándoselos hacia los labios al tiempo que inclinaba la cabeza.

La excitación surgió en ella como una ola regida por la marea, arrancándola de las amarras del autocontrol y arrojándola con fuerza hacia las lujurias oscurecidas que sentía como latigazos a su alrededor.

Joe siempre era tierno con ella cuando le hacía el amor. Pero esto no era hacer el amor. Era posesión. Podía sentirla cuando él le raspaba el pezón con los dientes. Luego, lo cubrió con los labios, se lo llevó a la boca, al tiempo que comenzó a lamerlo con una succión caliente y vigorosa.

Los pantaloncillos comenzaron a aflojarse mientras que ella lanzaba las manos hacia la cabellera de Joe para atraerlo más cerca. Joe le tomó un seno con una mano y desechó los pantaloncillos con la otra, dejándola desnuda bajo el calor del sol. Dejándola abierta ante el poderoso surgimiento de las ansias que le partían el cuerpo en, dos.

____ nunca había sido tan valiente. Nunca sintió la necesidad y las ansias que sentía que le partían el cuerpo en ese momento. Había demasiado placer, demasiada pasión. Le azotaba la mente, se le hundía en los poros, y le soltaba las amarras del control que creía poseer.

El placer era su recompensa, sin embargo. Un placer que Joe ahora solo le estaba mostrando. Un placer que provenía de liberar lo salvaje en ella en lugar de controlarlo.

No había control allí.

Ella se sacudió, se estremeció, al tiempo que él separó la cabeza del pezón solo para plantarle los labios sobre la boca mientras la levantaba contra su pecho. Los contornos ásperos por los vellos le rasparon los pezones y enviaron un grito hacia el beso mientras la lengua incitaba la de ella para la lucha.

Rayos. Electricidad. Surgían puntos destructivos de explosiones que detonaban a lo largo de las terminaciones nerviosas al tiempo que la carne se volvía hipersensible. Entonces, la necesidad de repente comenzó a crecer y nada de lo que él hacía parecía ser suficiente.

____ notó que las manos de su esposo estaban más ásperas de lo normal cuando la alzó junto a él. Supo que los besos le dejarían los labios hinchados durante mucho tiempo después de que hubiese acabado, pero no le importó. Lo necesitaba. Necesitaba los ásperos mordiscos, el firme agarre de las manos en el trasero. Necesitaba esta parte de él y no se había dado cuenta de ello hasta que la sintió. Hasta que la desató en ella misma.

—¿Estás húmeda, ____? —De repente, alejó los labios de ella, los llevó a la mandíbula, a la mejilla, hasta que acabó mordisqueándole la oreja—. ¿Estás lista para mí?

¿Lista? Podía sentir los jugos fluyendo, humedeciéndola, preparándola para mucho más.

—Déjame ver lo húmeda que estás, amorcito.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 18:54

Capitulo 2-Parte 3




Ella esperaba que los dedos de su marido le rozaran la entrepierna. Esperaba que los dedos se introdujeran en los pliegues ocultos. No esperaba que los labios comenzaran a quemar un camino por el cuello, sobre el pecho, donde hizo una pausa para lamer, succionar, mordisquear la punta erecta con una fuerza tal que tuvo que arquearse en brazos de su marido; los gritos de ____ colmaron la tarde de verano mientras apretaba los muslos para aplacar el dolor que comenzaba a arderle allí.

Las sensaciones le recorrían el cuerpo como azotes. El tirón de los labios de Joe en los senos se clavaba en el clítoris, en la vagina. Los espasmos se retorcían en su interior, recordándole con fuerza el placer que tendría cuando la tomase.

No se detuvo en los pechos el tiempo suficiente. Incluso cuando los dedos de ella se aferraron a los cabellos para empujarlo de regreso allí, él ya se movía hacia abajo, con la lengua rozándole la parte superior del vientre, luego el abdomen, mientras se agachaba frente a ella.

—Joe, alguien podría vernos —jadeó ella.

Bajó la mirada hacia él, temblando cuando la tomaba de los muslos.

—Abre las piernas para mí, ____. Ahora. —El tono de voz no dejaba lugar a una negativa. La vigorosa aspereza de las ansias en la voz le provocó un gimoteo, incluso antes de separar los muslos.

El erotismo del momento la quemaba. De repente, estaba observando una parte de Joe que solo había logrado atisbar brevemente durante los pasados tres años. Las oscuras y dominantes ansias que él mantenía guardadas recelosamente. Y ella lo amaba. Lo amaba tanto que podía sentir el repentino fluir de jugos derramándose de su cuerpo.

—Dulce y húmeda —gruñó él mientras bajó la mirada hacia la carne cubierta de rizos entre los muslos—. ¿Sabes, ____? Si este dulce cono estuviese depilado, podrías sentir incluso la brisa susurrándote sobre el clítoris, acariciándote la piel. ¿No crees que sería agradable eso?

Sopló sobre el clítoris; incluso, la sensación de esa pequeña caricia la llevó a ____ a ponerse en puntillas de pie mientras luchaba por sostenerse de algo. Algo para fortalecer las piernas.

Una mano se aferró del parachoques del tractor, la otra se extendió y tomó la pequeña manija que abría la tapa del motor.

—Hermoso —susurró él—. Creo que estoy listo para el almuerzo ahora, ____. Pero no tendremos que ir a la casa para que lo coma.

El grito de ____ atravesó el granero cuando él le levantó una pierna con la mano y agachó la cabeza hasta la saturada carne entre los muslos.

El la consumía. Labios, una invasiva lengua que lamía, la boca que succionaba. La devoró una y otra vez mientras se colgaba de la maquinaria tras ella, indefensa, y torcía la cadera en ángulo para proporcionarle a él un mejor acceso.

Era bueno. Muy bueno. El calor del sol bañándole el cuerpo, el calor de la boca de Joe consumiéndola. Estaba perdida en las sensaciones. En el placer. Perdida en la intensidad carnal más primordial que comenzaba a gestarse en ella.

No tenía sentido. No era la primera vez que Joe le daba sexo oral. Pero la diferencia era en cómo lo hacía. La situación, el lugar, las ansias que estaba desatando en ella. Unos minutos después, pudo sentir la electricidad derramándosele por la espalda, el placer creciendo en el vientre.

La lengua temblaba a lo largo de la húmeda abertura, lamía y acariciaba, se movía cada vez más cerca hacia el hinchado botón del clítoris mientra» él rumbaba su placer entre dobleces sensibles.

Ella estaba elevándose, corriendo hacia el orgasmo, y no podía luchar contra eso. Cuando le lamió alrededor del clítoris con la lengua, gritó pidiendo alivio. Rogó. Luego, Joe cubrió el tierno punto con los labios, y comenzó a acariciarlo con la lengua, a lamer con lengüetazos rápidos y destructivos hasta que ella se rompió en mil fragmentos de cegador éxtasis.

Era como un azote tras otro de placer agonizante mientras se acercaba con tensión, el dolor en el vientre no dejaba de acrecentarse. El alivio del clítoris era en general suficiente para saciar la necesidad desesperante, pero esta vez, solo la estimuló. Estaba muriéndose por más.

—No es suficiente —gritó con desesperación cuando él comenzó a erguirse ante ella—. Por favor, Joe. Necesito más.

—Siempre hay más, ____ —gruñó él—. ¿Cuánto más quieres, amorcito?

—Quiero todo. —Recostó la cabeza sobre el tractor al tiempo que las manos se aferraban con más fuerza a las manijas que había encontrado—. Ahora. Por favor. Ahora.

Joe cubrió las manos de ella con las propias y las quitó de allí mientras la observaba fijo, implacable.

—Puedo ofrecerte todo lo que necesitas, amorcito. Todo. —Una mano grande le cubrió la nuca, llevándole los labios hasta el pecho—. Tómame ahora, ____. Muéstrame cuánto me necesitas.

Ella lo necesitaba. Lo necesitaba tanto que casi no podía respirar de las ansias que la desgarraban. Lo necesitaba tanto que antes de que ella misma pudiese anticipar lo que deseaba hacer, le hincó los dientes en el pesado músculo justo debajo de un plano y duro pezón.

Joe se sacudió sorprendido al sentir el mordisco de ____. Era inesperada. Violentamente excitante. El pene se le sacudió en los vaqueros, tan duro, tan hinchado que sabía que sería imposible contenerse una vez que la pequeña y caliente boca bajara hasta allí.

Pero él se contendría. Control. Controlarse a sí mismo, controlar el primer paso que le estaba permitiendo dar en la oscuridad de su lujuria era demasiado importante. Un movimiento en falso y ella podía echarse atrás, sintiendo de manera inconsciente las ansias depredadoras que acechaban justo debajo de la superficie. Las ansias que empujarían una y otra vez para conseguir más de la sostenida carnalidad, sensual y profunda, que él sabía que su esposa poseía.

—Dulce —gruñó él, acariciándole la cabeza con la palma de la mano mientras ella le lamía con la lengua sobre la pequeña marca que estaba seguro que le había dejado. Una marca que llevaría con orgullo—. Más, amorcito. Dame solo un poco más.

El mordisco fue más fuerte, centrado más abajo, al tiempo que un estremecimiento le sacudió la pequeña silueta y la malvada lengua lamió el pecho humedecido de sudor.

Las manos de ____ se movieron sin pausa del pecho hacia el cinturón, luchando por desabrocharlo cuando él inclinó la cabeza hacia atrás y dejó que el sol le calentara el rostro.

Ella le estaba quemando la carne, moviéndose hacia abajo, mordisqueándole la piel, lamiéndosela, mientras le quitaba los vaqueros y liberaba la pesada extensión del pene.

Creyó que explotaría cuando ella le envolvió el hinchado miembro con los dedos de ambas manos. Creyó que terminaría sobre sus dedos en un orgasmo que le rasgaría el alma y le dejaría libre.

El control se estaba haciendo jirones, se deshilachaba. Apretó los dientes y refrenó la necesidad de eyacular; se aferró con más fuerza a la corta cabellera de ____ para evitar que los labios de su esposa se acercasen a la latente cresta de su miembro.



—Joe —gimoteó ella con ansias.

¡Maldición! Le encantaba ese sonido en la voz. Ronco y suplicante, le acariciaba los sentidos como un oscuro terciopelo.

Manteniéndola alejada, Joe le colocó las manos sobre sus muslos antes de aferrarse a la base del pene con una mano.

—Así. —Necesitaba que fuese así. Necesitaba controlarlo, acariciar las ansias que ella sentía por él e incrementarlas. Solo un poco más.

____ se aferró con las manos a la tela de los vaqueros que aún le cubrían los muslos mientras que Joe le sostenía la cabeza firme para la erecta cabeza del pene presionase contra los labios de ella.

Instantáneamente, los abrió; la caliente y rosada lengua golpeando sobre él al tiempo que cerraba los ojos. Era muy sexy.

—Abre los ojos. Mírame mientras tomas mi pene, ____. No te escondas de mí. —La voz era áspera. El sabía que así era y no podía hacer nada para evitarlo.

Ella abrió los párpados. La lengua jugueteó sobre la pequeña grieta en el pene, lamiendo el líquido preseminal que le humedecía allí, mientras gemía de placer.

—Buena chica. —Podía ver la cautela, las ansias creciendo en ella—. Ahora, lento y suave.

El se introdujo en la acalorada boca de su mujer, sintiendo cómo le envolvía con los labios mientras un placer eléctrico se le disparó por la columna vertebral y le chisporroteó en el cerebro.

Maldición, era bueno. Muy caliente. Muy bueno. La boca bebiendo de la hinchada cabeza del pene, intentando meterlo más profundamente en ella mientras con la ardiente y pequeña lengua le lamía y le acariciaba alrededor.

Se echó hacia atrás, ignorando los suaves quejidos de necesidad antes de volver a entrar, presionando más profundamente, sintiendo los músculos del estómago contraerse con violencia, mientras el placer le quemaba a lo largo de cada tenso tendón y hueso. Maldición. No duraría mucho a ese paso. Hundirse dentro de la boca de ella muy lenta y suavemente, sentir que le llegaba hasta casi la garganta, succionándolo, gimiendo pequeños gritos que le vibraban sobre la carne.

____ empujó los vaqueros hacia abajo con movimientos bruscos, permitiendo que los dedos se le deslizaran entre los muslos de su esposo hacia el apretado saco debajo del pene.

—Basta. —Se echó hacia atrás, obligándola a soltar el miembro—. Pon las manos sobre mis piernas, ____.

Un destello de sorpresa brilló en los ojos de color almendra.

—Sujétate de mis muslos, amorcito.

____ llevó las manos a las piernas de él lentamente, pero la mirada titiló con indecisión.

—A veces es mejor dejar tranquilos a los animales durmientes —le susurró, casi arrepintiéndose por lo que él sabía que ella estaba viendo en su rostro por primera vez—. ¿Puedes hacerlo, ____?

Era un desafío. Desafiarlo nunca era una buena idea, porque lo más probable era que ella aceptase el desafío y fuera tras él.

La expresión de ____ destelló brevemente antes de que una pequeña sonrisa se le dibujara en el rostro.

—Haz lo peor —lo desafió ella como respuesta.

Dios santo, no tenía idea de lo que lo estaba desafiando a hacer. ¿Creía que el desafío acabaría allí? ¿En el granero?

Presionó contra los labios de seda una vez más, sintiendo cómo le envolvían la carne mientras observaba. Echándose hacia atrás, empujando hacia adentro, la erección le brillaba por la humedad de la boca. Podía sentir los músculos tensándose por el esfuerzo de contenerse. Sentía el sudor corriéndole por la espalda mientras se follaba la boca de su mujer, se deslizaba hacia adentro y fuera, sintiendo la lengua ciñéndose a él, sintiéndola volverse más y más salvaje al darse cuenta de que él no tenía intenciones de darle su alivio de esa manera.

Él quería verla salvaje. Quería que volase. Tan desesperada estaba que la estaba partiendo en dos. Se negaba a obedecer la simple orden de mantener las manos en los muslos.

En pocos minutos, ella estuvo allí. Los dulces sonidos de la boca succionando lo estaban volviendo loco al tiempo que sintió los dedos temblorosos de su mujer sacudirse entre los muslos.

Volvió a retirarse, deslizándose fuera de la boca antes de que lo buscase. Aferró las manos a la cabellera de ella con más fuerza y le empujó hacia atrás mientras que con la otra mano la agarró de las muñecas y las sostuvo con fuerza sobre la cabeza.

Luego, le dio más. Empujó más allá de los labios hasta que supo que una zambullida más en el calor líquido lo haría perder el control.

—Basta. —La voz era un gruñido áspero, a pesar de sus esfuerzos por aplacarlo.

La obligó a ponerse de pie y la sostuvo cuando ella se tambaleó, le rodeó la cadera con el brazo y la levantó.

Ella le envolvió la cintura con las piernas instantáneamente y el pene encontró el refugio que se moría por hallar. Si creyó que la boca había estado caliente, la vagina entonces era lava pura. No pudo contener el crudo grito que se le derramó de los labios cuando la cresta de la erección se acunó en los pliegues resbaladizos de miel y presionó hacia adelante.

Maldición, ella estaba ceñida. Ceñida y dulce, el suave tejido dentro del sexo de ella se flexionaba y ondulaba a su alrededor al tiempo que empezó a empujar con su carne en su interior. Estirándose para acomodarse a él, volviéndose más y más caliente, húmedo con cada caricia, hasta que él estuvo completamente ubicado allí.

Los testículos se le contrajeron al sentir la vagina ondulándose sobre el pene. La necesidad de penetrarla con fuerza lo estaba volviendo loco. Pero eso... eso era bueno.

—Estás ceñida, ____. —La apretó con más fuerza mientras giraba hasta colocarla para poder presionarla contra el costado del tractor, sujetándola con energía mientras el miembro se adentraba en ella con sacudidas—. Más ceñida que nunca.

____ inclinó la cabeza hacia atrás y abrió los ojos. Tenía una mirada salvaje. Casi tan salvaje como los desesperados intentos de moverse contra él mientras la mantenía firme.

—Joe, por favor... —La voz era cruda y grave con agitada excitación ahora.

El rara vez le retrasaba el orgasmo. Había sentido el salvajismo en ella desde el principio, el centro oculto de su sensualidad que un día se chocaría de frente con sus oscuros deseos.

Eso era lo que había esperado durante más de tres años. Las ansias que ahora veía en sus ojos, que sentía en su cono. Las necesidades subiendo a la superficie, desafiadas por su recelo, por su rechazo a satisfacerlas lo suficiente como para mantenerlas a raya. Esa era la mujer que él había creído que podía ser.

Se movió, echándola hacia atrás antes de hundirse una vez más en el canal ceñido como un puño, glorificándose con el grito de placer que ella dio y la flexión de la vagina.

—¿Es esto lo que quieres, amorcito? —Volvió a moverse, con más fuerza, presionando más profundo al tiempo que ella dio una sacudida con la cabeza y el sudor le cayó por el rostro.

Ah, sí. Esto era lo que ella quería. Estaba jadeando, gritos ahogados se le caían de los labios mientras luchaba contra él.

—Fíjate dónde estás, ____ —le dijo entonces—. Al aire libre. Cualquiera nos puede ver. ¿Debemos detenernos ahora?
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 18:58

Capitulo 2-Parte 4


Ella negó con un movimiento de cabeza, flexionó las caderas y apretó los muslos contra él.

—¿Sabes lo que verían? —gruñó él, inclinándose para mordisquearle los labios—. Verían perfección. La miel más dulce del mundo bañando mis pelotas.

Él podía sentirla, como un lavado de seda cremosa y líquida que le contraía los testículos aún más.

—Joe. —Una vacilación erótica le inundaba la voz incluso cuando los jugos se le volvieron más densos, más sedosos. Como si al pensar que alguien pudiese verlos le llenara el cuerpo de inquietud y de excitación.

Él se flexionó en ella una vez más, masajeándole el fondo de la vagina, sintiendo cómo se ceñía a su alrededor al tiempo que le clavaba las uñas en los hombros, enterrándolas con un dolor sensual mientras él sentía que perdía el control.

Apretó las nalgas de ____, sujetándola con fuerza al comenzar a moverse, zambulléndose en ella con movimientos duros y profundos de la cadera. El placer era tan intenso que casi lindaba con el dolor. El agarre de los músculos más dulces del mundo se tensaban al sentir él que la vagina comenzaba a convulsionar. Los gritos de ____ le colmaron los oídos, los sentidos, y desataron su propio orgasmo.

Bombeando en ella, cada chorro de semen era seguido de un duro puñetazo de éxtasis. Estimulante. Satisfactorio. Por primera vez desde que había comenzado a dormir con ella, Joe sintió el duro y apretado nudo de lujuria en sus entrañas aflojarse ligeramente mientras la llenaba con el orgasmo.

Ella era como una fruta prohibida. Tentadora. Dulce. Inocente. Incorrupta. Tan dulcemente incorrupta que la inocencia le brillaba en los ojos como un faro de pureza. Era una de las cosas que amaba de ella. Una de las cosas por las que la oscura sensualidad en él ardía en respuesta.

En ese momento, mientras la sostenía muy cerca de él, escuchando los salvajes gritos aplacarse, Joe supo que corromperla estaba subiendo, cada vez más alto, en su lista de prioridades.

Antes de acabarse, perdería a su esposa. O ganaría a su alma gemela. La pregunta era, ¿podría sobrevivir si perdiera a las dos?
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 18:59

Listo chicas eso es todo Wink Nos vemos mañana ^^
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 23:46

oh
acabo de
terminnar
de leer
Todo
O:
affraid

me eh quedado sin
palabras ese Josephh
aw'
Desgraciado!
si sabe como provocar a la rayita

aw''
siguela
porfavor
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 26th 2011, 23:49

sabes
ya que estamos confesándonos
Yo tambien lo
muerdo
si si!!
]:
& donde sea
ahaha
yummy
ok no!

siguela!
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 27th 2011, 07:40

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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It's Licsa! ♥
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 28th 2011, 17:31

OMG! esta nove esta ardiente... MUY BUENA! xD
Sigueeeelaaaa! Smile
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 29th 2011, 13:32

siguelaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 29th 2011, 16:17

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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 31st 2011, 15:44

CAPÍTULO 3-Parte 1




La noche siguiente, Joe estaba de pie en el balcón de la habitación de él y ____, fumando. Observó con la mirada fija el brillo del cigarro en la mano y arrugó el entrecejo, antes de llevarse el filtro a los labios e inhalar.

La inquietud en su interior no menguaba, y él sabía por qué. Era la misma razón que lo había llevado al balcón en lugar de a la cama, a pesar de ser muy tarde en la noche.

____.

Observó el cielo nocturno con la mirada fija mientras inhalaba, llevando la quemazón acre del humo a los pulmones incluso cuando se castigaba a sí mismo por recurrir a tal sostén. Ahora solo le proporcionaba calma en el temblor de las manos. No hacía nada para sosegar las ansias que le crecían en las entrañas y le ponían el pene tan duro que probablemente podría clavar clavos con él.

Y sí que era estúpido: en lugar de aliviar esas ansias dándole calor al sensual cuerpo de su mujer, estaba allí afuera fumando. Porque sabía que no podía tomarla sin regresar a sus ojos la cautela que había puesto él allí el otro día.

Con una dura mueca en el rostro, comenzó a rechinar los dientes al pensar en la manera en que ____ lo había observado aquella noche. Con partes iguales de confusión y cautelosa excitación. Como si ya no hubiera estado segura de cómo acercarse a él, o cómo lidiar con su sexualidad.

Tampoco podía culparla. Maldición, la había tomado en el granero contra un tractor grasiento. Cuando terminó con ella, ____ había acabado exaltada y manchada de aceite, y nerviosa.

Esa nerviosa incertidumbre sería la muerte para él.

Quizás debería simplemente ser franco. Decirle lo que deseaba y arriesgarse.

Descartó la idea de inmediato. ____ era una mujer valiente, pero si le daba la oportunidad de pensarlo antes, entonces estaba perdido. Su esposa deliberaría sobre las acciones durante meses antes de tomar alguna decisión. Ella sopesaba las perspectivas de la misma manera que un abogado criminalista sopesaba la evidencia. Buscaba todas las lagunas legales, todas las grietas posibles en defensa de su privacidad.

La privacidad era sagrada para ella. Producto del infierno que sus padres le habían hecho vivir cuando era adolescente. La humillación social la había destruido cuando se revelaron los crímenes de su padre. La habían hecho a un lado, criticado, y dejado que lidiase con la carga del suicidio de su madre y con los acreedores que no tenían piedad de una muchacha de dieciocho años sin medios para pagar las astronómicas deudas que sus padres habían acumulado.

Y él le estaba pidiendo que arriesgase esa parte privada de sí misma con otro hombre. Porque él lo deseaba. Porque así lo demandaban la intensidad sexual y las excesivas ansias que lo dominaban.

Ella había aprendido cómo manejar el chismorreo y el deseo. ¿Podría ahora aprender cómo manejar el hecho de amar a dos hombres?

De la misma manera que ____, Joe también era producto de las acciones y reacciones de sus padres. A diferencia de ____, él no había enfrentado una crucifixión pública por ellos; más bien, los resultados de esas acciones lo habían vuelto más oscuro, más duro que la mayoría de los muchachos.

Y, al igual que el padre de ____, el padre de Joe había comenzado su viaje hacia el infierno. Su estricto fervor y aversión contra el sexo llevaron a Joe a cometer actos que solo incrementaron la ira de su padre; que habían llevado al hombre a empujar a su hijo a los límites de la locura.

Joseph Jonas había sido un loco. Joe juraba que su padre había provocado en su madre la pérdida de la voluntad de vivir gracias a su idiota aversión. Le gritaba cada vez que imaginaba que otro hombre había mirado en su dirección. Denigraba los supuestos deseos oscuros de la mujer, y la acusaba de crímenes sexuales que habían humillado tanto a la tímida y pequeña Debra Jonas que terminó finalmente por darse por vencida.

Sin embargo, Joe no se había dado por vencido.

Su padre había sospechado por primera vez que él estaba teniendo sexo a la tierna edad de catorce. Y era verdad. Lo hacía con una muchacha mucho mayor que había comenzado a enseñarle las maneras de complacer a una mujer sin pasarse de la raya hacia el sexo duro.

Las palizas habían empezado en ese entonces. Joe aún llevaba las cicatrices de esa primera paliza. Y las cicatrices mentales de los sermones que vinieron después. Esos sermones que solo estimularon a Joe a sobrepasar más límites, a romper más reglas. Para cuando se había graduado de la escuela secundaria, ya había aprendido el delicado acto de darle a una mujer sexo anal. En el primer año de universidad, ya lo dominaba. Luego, tuvo su primer trío sexual.

Dios santo, había sido bueno. Había observado el rostro de su amante mientras la compartía con un hombre mayor y mucho más experimentado. Un mentor que había visto la oscuridad en Joe nada más conocerlo. La había visto y había entendido el peligro inherente en ella si no aprendía a dirigirla.

Ian Sinclair no era mucho mayor que Joe, pero sí mucho más experimentado. Era una persona que disfrutaba del sexo de manera natural, un amante de todas las cosas femeninas. Le había enseñado a Joe a dirigir esas ansias y cómo aplacarlas. Y así había nacido el amor de Joe por compartir a sus mujeres.

Era una fruta prohibida. Era el placer más sensual que un hombre le podía dar a una mujer. Era una afirmación de que él nunca jamás se convertiría en nada parecido a su padre.

Y ahora, más de una década después de compartir su primer amante, Joe había aceptado sus limitaciones. No era algo que la mayoría de las mujeres pudiese aceptar. Había contraído matrimonio con ____ sabiendo que quizás ella no pudiera aceptarlo. Y sin embargo, allí estaba, un cigarro en mano, el teléfono móvil en la otra, contemplando la idea de empujarla mucho más cerca a los brazos de otro hombre.

Iba a arriesgarse a la destrucción de su matrimonio y de su vida porque había estado demasiado seguro de que ella no podía lidiar con la verdad antes de casarse con él.

Era adictivo, lo admitía. Era como una droga, mirar a una mujer, perderse en una sensación que solo podía provenir de una manera, era casi imposible de resistir. Amaba a su esposa, la amaba con todo su ser, la amaba lo suficiente como para desear que cada límite sexual en ella fuera satisfecho.

«¿Era razón suficiente?», se preguntó a sí mismo. Por supuesto que no lo era. Sabía que si le preguntaba a cualquier hombre que conocía en su pueblo natal si compartiría a su esposa, la respuesta se podría volver violenta. Pero también conocía a hombres cuyos ojos destellarían de placer y expectativa. Y a otros hombres que entendían el placer de compartir una amante y lo hacían con regularidad y estricta privacidad.

Sabía que uno de esos hombres estaba a solo una llamada telefónica de distancia.

Apagó el cigarro, abrió la tapa del móvil, y apretó el botón de llamada rápida.

—¿Sabes qué hora es? —contestó Nick instantáneamente.

—Las tres de la mañana y tú aún estás despierto, idiota —rió Joe, con cuidado de no elevar el tono de voz.

—Sí, pues bien, ha sido una de esas semanas. —Nick se oía disgustado.

—Creí que estabas de vacaciones. Comenzaste ayer, ¿verdad?

—Vacaciones —resopló su amigo—. Es una buena palabra para suspensión, supongo.

—Amigo, acepta el cachetazo, acepta las vacaciones. Al menos son pagadas esta vez. —Nick no era conocido por su autocontrol cuando se trataba de arrancar a un violador de encima de la víctima, como había hecho el mes anterior.

—Sí, son pagadas —suspiró Nick—. En fin, ¿por qué me llamas a las tres de la mañana? Además de meter el dedo en la llaga.

Joe contempló la noche con la mirada fija, observando las inquietas sombras en el bosque a su alrededor mientras hablaba.

—¿Por qué no te tomas unas vacaciones reales? —preguntó al fin—. Ven a la granja un tiempo.

El silencio inundó la línea telefónica.

—¿Por qué? —La voz de Nick era cautelosa, pero más profunda. Interesada.

—Necesito un tercero, Nick. ____ te conoce. Le eres familiar. Quiero que tú seas su primero... Su tercero permanente.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 31st 2011, 15:48

Capitulo 3-Parte 2


Nick parpadeó hacia el muro en blanco frente a él, apenas un poco sorprendido. Habían pasado algo más de tres años desde que Joe había desposado a ____ Hardin. Se habían mantenido en contacto por teléfono, pero Nick nunca sospechó lo que oía en la voz de Joe ahora.

Su amigo estaba cabalgando en el borde de su sensualidad. La inquietud y las ansias estaban en el tono de su voz, y Nick supo que las ansias estarían reflejadas en sus ojos.

Lo sabía porque él era igual. Podía manejarlo durante un tiempo, podía arreglárselas sin compartir una amante, pero eventualmente, el deseo lo volvía a atrapar.

Lo estaba atrapando a Joe ahora.

—Cuando quieras, ya lo sabes. —Nick deseó que la expectativa que se derramaba de él ahora no se estuviera derramando a través de la línea telefónica.

Joe rió entre dientes.

—¿Aún sientes lujuria por mi esposa, Nick? —La voz denotaba complicidad.

—Caramba, lo sabes —Nick exhaló bruscamente—. Es una de las mujeres más sensuales que cualquiera de nosotros ha visto, Joe. Cualquier hombre perdería el aliento por ella.

Sin embargo, solo unos pocos estarían sin aliento por la emoción que lo justificaba como Nick. Aunque, claro, no podía revelárselo a Joe.

—¿Qué opina ____ de todo esto?

El silencio volvió a caer.

—No lo sabe —contestó finalmente Joe—. Lo sospecha.

—¿Cómo piensas jugar a esto?

—Tu deporte favorito, Nick —contestó Joe arrastrando las palabras—. Vamos a seducir a mi esposa.

—¿Y se dejará seducir?

—Sí, puede ser seducida —admitió Joe—. Ahora, si está dispuesta a perdonar ser seducida o no es otro tema. Iremos paso a paso.

Un paso a la vez. Tenía el pene tan duro que podía sentir el estimulante dolor de la excitación rebotándole en la espina dorsal. El pensar en ____ —Dios santo, la suave, dulce ____—, la mujer que lo había atormentado durante más de tres años, atrapada en medio de él y Joe lo volvería loco antes de que él incluso llegara al pueblo natal de su amigo.

—Trato hecho. —Nick recorrió el suelo con la mirada, planeando instantáneamente el viaje de Virginia a Carolina del Norte—. Llegaré mañana por la tarde. ¿Sabe ella que voy en camino?

—Lo sabrá mañana.

—Pero, ¿sospechará el porqué?

—Es una mujer inteligente —señaló Joe, algo que Nick sabía muy bien—. Sospechará. Sabré cuánto habrá sospechado tan pronto como vea su reacción.

La reacción, como la seducción, progresaba fase por fase; Nick lo sabía. Era un interesante enigma, admitió. Seducir a una esposa. Nick nunca antes había hecho eso, ni dentro ni fuera de un trío amoroso.

Las mujeres que él compartió con sus esposos habían sabido lo que se venía con franqueza. Lo habían esperado, lo habían anticipado. Sabían lo que sucedería a cada paso del camino durante la danza ritual de la seducción cómplice.

—Quizás estas vacaciones no resulten tan inútiles como había creído —suspiró Nick—. Si tenemos tiempo, podemos barajar algunas hipótesis sobre ese viejo caso tuyo.

—¿El acosador?

—Desapareció por un tiempo. Volvió hace unos seis meses. Hemos tenido dos ataques hasta ahora. El último fue un intento de violación. Sin embargo, no logró despertar al diminuto amiguito, entonces les dio un susto de muerte a la víctima con amenazas de matar al esposo, a los hijos, y al perro.

Después de tres años de silencio, era confuso por qué el hombre que había sido apodado por la agencia: el acosador «Playboy» reapareció en el área.

—¿Cuántas víctimas en los pasados seis meses? —preguntó Joe.

—Dos —exhaló Nick con aspereza—. Una en Virginia, otra en Virginia del Oeste, y una potencial en Washington D. C. La Agencia tiene un grupo de expertos trabajando en el caso, pero no me agrada lo que están descubriendo. No siento que sea correcto. Creo que va a matar pronto, Joe. El grupo de expertos cree que aún está jugando.

—Le dio una tremenda paliza a la última víctima que investigamos —Joe dijo pensativamente—. ¿Cuándo volvió solo a amenazarlas?

—Desapareció justo después de que tú dejaras la ciudad, se esfumó en el aire. Reapareció hace seis meses y comenzó de cero. No está siguiendo un patrón y eso me asusta de mil demonios, te lo digo ahora mismo.

—Trae lo que puedas aquí —dijo Joe, pensativo—. Buscaremos tiempo para revisarlo todo y ver qué podemos averiguar. ¿Hay algún sospechoso?

—Nada de nada. Tenemos un perfil, pero incluso eso se siente más como manotazo de ahogado que un análisis real.

Casi podía sentir a Joe pensando del otro lado de la línea.

—Lo discutiremos cuando llegues —repitió él finalmente—. Te espero mañana por la tarde.

—Allí estaré. —Nick sonrió con expectativa. No se lo habría perdido por nada del mundo.

Cuando terminó la conversación telefónica, Nick se pasó los dedos por el desaliñado cabello y echó una mirada hacia la puerta cerrada de la habitación. Detrás del panel, su amante ocasional yacía durmiendo apaciblemente mientras él estaba sentado en la sala, a oscuras, mirando la puerta fijamente, preguntándose qué demonios estaba haciendo.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 31st 2011, 15:51

Capitulo 3-Parte 3


Janet Billings no le interesaba románticamente, no más de lo que ella se interesaba por él. Era una comezón que debía rascarse, y él estaba cansado de rascarse comezones. El sexo solía ser divertido. Solía ser suficiente para aquietar los recuerdos que le atravesaban la mente. Ya no, y finalmente comenzaba a enfrentarlo.

Estaba cansado del sexo frío y sin emociones. Quería más, y se preguntó si lo conseguiría al visitar a un viejo amigo. Joe y él siempre habían tenido el desafortunado placer de ir detrás de las mismas mujeres. Era una de las razones por las cuales ellos habían gravitado el uno hacia el otro en Quantico y luego en el Club de Sinclair.

Era una de las razones por las cuales habían trabajado muy bien juntos en la Agencia.

Inclinó la cabeza hacia atrás contra el respaldo de la silla y cerró los ojos; trayendo a la mente el rostro de ____ Hardin Jonas. Se veía como una pequeña hada con la testaruda mandíbula, el rostro angular, y la coqueta naricilla. Los dorados ojos de color almendra, las cejas altas y arqueadas, y la corta capa de cabello oscuro que le enmarcaba la frente alta y las mejillas.

Maldición, sí que era hermosa. Inocente como el amanecer, como Joe solía decir, y sexy como el infierno. Durante años, se había masturbado con las fantasías de compartirla con Joe.

Sacudió la cabeza y se irguió antes de levantarse de la silla y cruzar el apartamento hasta la habitación. Janet aún dormía, y lo hacía profundamente. Regresar con sigilo a la cama no fue un problema. Si ella, si se dio cuenta de que él se aseguró de no tocarla siquiera cuando se acomodó para dormir, no le dio mucha importancia.

Las cosas habían estado raras para él de un tiempo a esta parte. Estaba cansado de la Agencia, cansado de perseguir a los malditos pervertidos, y cansado de andar sin rumbo. Quizás después de esas vacaciones podría seguir el ejemplo de

Joe y simplemente presentar la renuncia. Su primo tenía una agradable y pequeña compañía de investigaciones y le había estado rogando a Nick que trabajase con él. Estaba considerándolo. Algunas noches, pensaba mucho sobre ello, maldición.

Podría elegir los trabajos. Elegir los individuos trastornados con los que quería lidiar, y quizás tomar unas vacaciones decentes en lugar de una suspensión forzosa. Usualmente, sin paga. Y podía patear algunos traseros sin que luego le escribieran un informe sobre ello. Había detenido a un violador, por el amor de Dios. No había arrancado a un insignificante adolescente de encima de la novia de risita tonta y lo había molido a golpes. El director no lo vio de ese modo. Maldición, ahora, el director Scarborough estaba más loco que el mismísimo infierno porque tenía que lidiar con el daño colateral en su lugar.

Y quizás era él. Sabía que había estado andando por una línea muy delgada últimamente. La crueldad y el horror que los hombres podían infligir en una mujer estaban comenzando a enojarlo de verdad. Amaba a las mujeres. Las apreciaba. Creía que no había nada más perfecto que la mente femenina y su Delicadamente perfumada piel. Eran una maravilla. Tesoros. Deberían ser adoradas por la mano del hombre por el placer que otorgaban, nunca golpeadas, violadas, o aterrorizadas por mentes enfermas.

Sí. Quizás había llegado la hora de renunciar. Antes de hacerle un favor al mundo y matar a unos cuantos de ellos.

Pero primero, iría a Carolina del Norte. Con suerte, un poco de la inquietud se aplacaría allí, un poco de la oscuridad encontraría un resplandor de luz en la presencia de ____. Al menos, tenía esa esperanza.

Fijó la mirada en el oscurecido cielo raso, la imagen de ella le revoloteaba en la mente con una sonrisa tan ardiente que podría calentar el sol unos grados más, y tan cálida que podría derretirle el hielo en el alma cada vez que estaba cerca de ella.

Ella lo asustaba de mil demonios.

Arqueó las comisuras de los labios al pensar en eso.

____ era la única mujer que él se había atrevido a perseguir, porque sabía que podría amarla. Maldición, sí que la amaba. Entonces, se la había entregado a Joe, porque sabía que Joe haría algo más que solo amarla.

El pasado lo había alcanzado de nuevo. El momento en que había conocido a ____, escuchó sus propios gritos mientras su tío lo arrastraba alejándolo del cadáver de su madre. Su padre yacía junto a ella bañado en su propia sangre, un suicidio/asesinato que había dejado como resultado a un Nick que había perdido la única estabilidad en su vida. Su hermosa y adorable madre.

Una semana después, ya había ingresado en el primer hogar de adopción. El tío se había lavado las manos, haciendo una mueca de desprecio al pensar en criar al hijo de su hermano y su cuñada. Un niño que no venía con más que con unas prendas rasgadas sobre la espalda.

Y así el infierno comenzó. Un hogar adoptivo tras otro porque el niño enfadado era demasiado para las turbadas familias y no lo podían manejar.

A medida que crecía, se enfriaba. Reprimió el dolor y dejó que el hielo se formara alrededor. Hasta que conoció a Joe.

Maldición, ni siquiera era Joe. Era el hecho de que Joe lo había desafiado a interesarse por las mujeres que compartían. Había presionado a Nick, lo había reprendido, le había hecho ver la alegría de compartir una parte de sí mismo con aquellas mujeres.

Joe no era un hombre que encarara las cosas a medias. Y no le había permitido a Nick que lo hiciese tampoco.

Y luego, Nick había visto a ____.

Dios, recordaba su sonrisa esa noche. Recordaba sus ojos. Recordaba sentir un dolor en el corazón mientras conducía gentilmente a Joe y a ella el uno hacia el otro.

Porque sabía que Joe la amaría. Había sabido sin rastro de duda que la niña salvaje que ____ mantenía reprimida en su interior respondería a Joe. Que él la adoraría, la desposaría, y un día, quizás, le permitiría a Nick compartir uno o dos momentos robados dentro de esa calidez.

Porque Joe sabía todas las cosas que Nick nunca había aprendido, a pesar de los esfuerzos del otro hombre por enseñarle. Joe sabía cómo cautivar el corazón de una mujer. Nick las ponía en alerta.

Joe sabía cómo mostrarles la caballerosidad en él, mientras que Nick nunca había sido capaz de atenuar la oscuridad lo suficiente como para suavizar su dominancia. Joe sabía cómo suavizarla, y Nick solo sabía cómo alejarse para ocultar la propia.

Joe había aprendido a liberar las emociones más gentiles que lo colmaban, mientras que Nick temía dejarlas salir. Al menos, cuando estaba solo. Cuando no tenía algo en lo que había llegado a depender demasiado. Dependía de la habilidad de Joe para suavizar la adoración feroz que él sentía por su mujer. No era que Nick no supiese cómo interesarse. Sabía cómo hacerlo. Y también sabía cómo temer. Del mismo modo que sabía cómo alejar a la mujer por la cual estaba interesado si Joe no templaba la ferocidad en él.

¡Qué pareja hacían! Joe satisfacía a sus amantes, a veces hasta el punto que la dominancia de Nick les había impedido que le caminaran por encima. Y a través de todo el proceso, Joe lo había visto con humor y con sabiduría.

Se habían complementado el uno al otro, pero, ¿lo volverían a hacer? Durante un momento, Nick sintió las entrañas retorcerse por las ansias y la necesidad que lo rasgaban por dentro. Unas ansias que calaban más profundo y eran más calientes que nunca antes.

____ era su debilidad. Y esconder eso de Joe iba a ser un infierno. Si el otro hombre alguna vez se enteraba de cuánto amaba Nick a su mujer, entonces no tendría posibilidad de tocarla nunca jamás. La intimidad era una cosa, pero él temía que si se trataba de compartir las emociones de su esposa, entonces Joe se volvería el bastardo egoísta y posesivo que debería haber sido, para empezar.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 31st 2011, 15:56

CAPÍTULO 4-Parte 1




—Te escabulliste de la cama ayer por la noche —dijo ____ mientras colocaba el desayuno y el café frente a él, con un tono inquisidor en la voz.

Debería haber sabido que ella se despertaría cuando se marchó de la cama; generalmente lo hacía. Al igual que él cuando ella estaba inquieta. «A veces», pensó Joe, «estamos en gran consonancia entre los dos. Nos conocemos demasiado bien».

Esa era una de las razones por las cuales de repente lo estaba presionando, preguntándole cosas; la curiosidad de ____ florecía debajo de las necesidades sexuales que comenzaban a elevarse en él. Necesidades que podía reprimir pero no ocultar del todo.



—Estaba inquieto.

—Has estado fumando de nuevo.

Se sentó frente a él, bebiendo el café a sorbitos, al tiempo que Joe levantó la vista y se encontró con la mirada de su mujer. Maldición, no le vendría mal un cigarro ahora.

—¿Tiene algún fin esta línea de cuestionamientos, ____?

Ella se cruzó de piernas y se inclinó hacia adelante, otra camiseta con tirantes de tiras demasiado ceñida apretándole los pechos.



—No lo sé, Joe. ¿Te estaría haciendo todas estas preguntas si así no fuera? —preguntó a su vez con frialdad, abriendo los ojos de par en par con una sonrisa provocativa.

Joe inhaló rápido, inspirando el aroma de ella, el champú de hierbas, la suave fragancia que usaba. Era casi imposible de soportar para un hombre hambriento.

Se inclinó hacia adelante también, entrecerró los ojos y la observó.

—Sigue así y vas a obtener más de lo que esperas —le dijo suavemente—. ¿Es eso lo que quieres?

Ella se retiró hacia atrás con un resoplido; un destello de irritación le cruzaba la expresión cuando él se llevó la taza de café hasta la boca.

—¿ Cómo sabes tú qué es lo que espero, de todos modos? —preguntó mientras él bebía un sorbito de la infusión, casi causándole ampollas en la lengua por haber tomado demasiada cantidad del líquido.

—Porque estás decidida a atormentarme hasta morir —gruñó, apoyando el café sobre la mesa mientras le lanzaba una mirada fulminante—. Te advierto que dejes de presionarme así, ____.

—¿Qué estoy haciendo? —La voz de ella estaba colmada de orgullo ofendido, y agudizó la mirada sobre él con un destello de irritación.

—Me estás tentando. —Y estaba haciendo un muy buen trabajo, maldición.

—¿Tentándote? ¿Yo? —Una ofensa inocente le daba forma a su expresión ahora. Y habría resultado verosímil si esos ojos de color almendra no estuvieran brillando de satisfacción—. Soy tu esposa, Joe. No eres un sacerdote a quien estoy tentando con mis lujurias traviesas, ¿sabes? ¿De qué manera te estoy tentando?

—Siendo tú misma, maldición —gruñó—. Me sentía inquieto ayer por la noche. Me levanté, fumé un cigarro, y disfruté de la paz durante un rato. ¿Por qué habría de excusarme por eso?

—¿Te he pedido que te excusaras?

—Es exactamente lo que e9tás haciendo.

—Entonces, ¿por qué estabas allí afuera fumando cuando podrías haber estado abrazándome y teniendo caliente y sudoroso sexo conmigo? ¿Y por qué es el sexo en nuestra cama de repente tan repugnante para ti, de todos modos?

Él lo sabía. Sabía lo que tenía en esa cabecita astuta.

Joe se recostó en la silla y la observó en silencio durante un largo rato, considerando lo lejos que quería llegar con esa conversación en ese momento.

—No considero que tener sexo en nuestra cama sea repugnante —le contestó al fin—. Creí que estabas enfadada por el incidente del otro día en el granero. Creí que necesitabas tiempo para superarlo.

—¿ Superar haber tenido sexo con mi marido en el granero ?

Pues bien, dicho así sonaba ridículo, pero él sabía lo que había visto en los ojos de su esposa cuando la pasión se hubo retirado.

—Niega el hecho de que estabas enfadada cuando caíste en la cuenta de que estabas desnuda en el granero y habías acabado de gritar tu orgasmo al cielo —la acusó—. Dime que no te has sentido aterrorizada de que te vieran. De que alguien chismorreara acerca de eso.

La culpa titiló en los ojos de ____.

—No es que tengamos vecinos. —Intentó desestimar la acusación—. Nadie podría habernos visto.

—¿Y si nos hubieran visto? —No tenía intenciones de dejarla salirse con la suya ahora. Lo estaba presionando, desafiando, demasiado a menudo.

____ se encogió de hombros.

—No nos vieron.

—____, eso no fue lo que te he preguntado. Te pregunté, ¿y si nos hubieran visto? ¿Y si había alguien mirándonos?

Le había hecho la misma pregunta mientras se la follaba. Recordó la excitación que le quemó más y más dentro de ella, la respuesta que casi lo había quemado vivo a él mismo cuando ella llegó al climax en sus brazos.

—Bueno. —Se aclaró la garganta—. No es que estuviéramos engañando a nadie ni mucho menos.

—¿Y si los vecinos nos hubieran visto? ¿Qué harían Becky y Bruce Halloway? Becky habría telefoneado a su hermana, quien habría telefoneado a su cuñada...

—Ay, cállate. —Lo miró con furia—. ¿Y qué hay con eso?

—Chismorreo —acotó él.

Los labios de ____ se afinaron.

—Como he dicho, estamos casados.

Joe permitió que el labio se le arqueara en una sonrisa mientras decidía dejar que el tema de conversación virara en otra dirección. Había plantado la idea y dado pie a las consecuencias. Ella podría considerarlo desde ese punto de vista.

—Sí, estamos casados. Y hablando de chismorreos, he invitado a Nick a venir unos días de visita. Lo han vuelto a suspender. Creo que necesita un descanso. Si alguien siente curiosidad por nuestro invitado, diremos que es simplemente un amigo de Virginia. No menciones el hecho de que trabajaba en la Agencia. Ya me hacen demasiadas malditas preguntas de cómo es ser un agente ahora. No puedo creer de verdad que mi padre le haya contado a todo el mundo a qué mierda me dedicaba.

Lo último que necesitaba era que las sospechas de los pueblerinos pronto convirtiesen una simple visita en una clase de investigación sobre encubrimiento que no era real. Le había llevado casi un año convencer al maldito sheriff que de hecho había renunciado a la Agencia y que no estaba trabajando en ninguna investigación secreta.

Levantó la taza y bebió un sorbo de café mientras la observaba con detenimiento ahora. Ella conocía a Nick, no muy bien, quizás. Había sido el padrino de bodas de Joe. Había sido también parte de los chismorreos acerca del club que ella había escuchado antes de partir de Virginia.

Él la vio tensa cuando hizo la conexión. —¿Dónde va a hospedarse?

—Le he ofrecido la habitación de huéspedes. —Joe cogió el tenedor y lo enterró en los huevos revueltos—. Estará aquí una semana, más o menos. ¿Te parece bien?

Observó la pregunta formándose en los labios de su esposa antes de morderla para reprimirla, y supo lo que ella tenía en mente. ¿Nick los visitaba con intenciones sexuales o solo por amistad?

Le dio crédito por no formular la pregunta finalmente. No había esperado que tuviese el autocontrol suficiente. ____ era una pequeña gatita curiosa en ocasiones, por lo que su contención lo sorprendió.

Hurgaba en la comida mientras él comía la suya, levantando la mirada a menudo mientras Joe podía sentirla pensar. Maldición, era muy desconcertante saber cuan cercanos estaban a veces. Tan cercanos que él podía sentir esa cabecita pensando.

—Aún no me has dicho por qué no tuvimos sexo ayer por la noche —replicó cuando terminaron de comer—. Te diste la vuelta como si lo único que hubieras querido era dormir, luego te deslizaste fuera de la cama horas después. Vas a lograr que me acompleje.

—El sexo en la cama me tienta en demasía —le contestó con calma, mirándole la expresión con detenimiento—. Uno rapidito contra el tractor es más fácil de controlar.

—¿Perdón?

Joe se puso de pie.

—Lo que has escuchado, ____. Si no tengo sexo contigo en la cama, entonces casi no me tiento de ponerte de espaldas y darte una zurra en ese apretado culito tuyo hasta dejarlo colorado y hasta que grites de excitación. Y estoy más seguro que mil demonios de no tentarme y atarte a los postes de la cama y hacerte rogar por actos que nunca has mostrado ningún interés. Hasta que no pueda controlar eso, te sugiero que dejes de desafiarme a hacerlo. Porque, como he dicho, vas a conseguir mucho más de lo que esperas, maldición. Ahora, tengo trabajo que hacer. —Se inclinó hacia adelante sobre la mesa y la besó en los labios entreabiertos—. Te amo, pequeña. Pero si no me largo de aquí, quizás acabe follándote por detrás, literalmente, sobre la mesa del desayuno y ¡a la mierda con asustar tu inocencia! Te veré para el almuerzo.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 31st 2011, 15:58

Capitulo 4-Parte 2


Lo único que ____ pudo hacer fue mirar hacia el otro lado de la mesa, donde Joe había estado, totalmente perturbada. Había hecho tales declaraciones en un tono calmo. Como si no hubieran estado discutiendo más que sobre el clima. Como si esos actos fueran un lugar común en su matrimonio.

No lo eran.

Joe nunca se había atrevido a darle palmadas en el trasero. Y nunca jamás había siquiera mencionado intentar amarrarla a la cama. ¿Y sexo anal? ¿Sexo anal?

Agitó una mano frente a su arrebatado rostro mientras observaba el desayuno a medio comer con los ojos abiertos de par en par. Definitivamente, Joe estaba mostrando un lado de él que ella no había anticipado. Un lado que la excitaba. La ponía nerviosa, pero la excitaba.

La información que Nick Miller estaba en camino para alojarse allí una semana había hecho algo más que sorprenderla. La había dejado muda. Nick era el compañero y mejor amigo de Joe en la Agencia; también era el tercero de Joe en los juegos sexuales de los que había sido parte antes de contraer matrimonio con ella.

Joe y Nick eran el «dúo troyano» que elegían las mujeres que conocían a los hombres y sus preferencias sexuales por hacer tríos. Nick tenía el cabello oscuro como Joe, con una sonrisa de niño malo y un destello malicioso en los ojos.

La había provocado continuamente durante la boda. En un momento, le había comentado a Joe que si ella se aburría durante la luna de miel, él estaría más que contento de volar hacia allá y ayudar a Joe a hacerle compañía.

____ se había dado cuenta de a qué se refería en ese momento y miró a su alrededor con prisa para asegurarse de que nadie más lo hubiera oído. Sin embargo, no había tenido las agallas de preguntarle efectivamente a Joe acerca de los rumores de sus juegos sexuales hasta seis meses después de la boda.

Una parte de ella, lo admitía, en verdad no había querido saber la verdad. Sin embargo, un diablillo en su interior la había presionado y presionado hasta que acabó preguntándole acerca del tema.

Quedó en el pasado, ____. Esa había sido toda su respuesta, pero el destello de arrepentimiento en los ojos de su marido la había aterrorizado en aquel momento.

Había dejado el tema de lado tan deprisa como él, y varias semanas después, cuando le anunció su intención de renunciar y regresar a su pueblo natal y a su granja, ella había sentido una sensación de alivio que casi la había hecho desfallecer.

Había habido cuantiosos chismorreos sobre ellos en ese momento. Daba la impresión de que aquellos que parecían saber acerca del Club de Sinclair estaban seguros de que Joe volvería a ser miembro. Para algo que se suponía debería permanecer en silencio y en privado, había cotilleo suficiente como para escribir un libro acerca del club de caballeros.

Una esposa descontenta había comenzado con las historias varios años antes de que ____ conociese a Joe, y con el tiempo, los nombres asociados con la membresia comenzaron a filtrarse por Washington y Alejandría, Virginia. Nadie tenía evidencia certera, pero había habido tantas habladurías en aquel entonces que ____ se preguntó si las evidencias le importaban a alguno de ellos.

Y eso era lo que la aterraba: el hecho de que las evidencias no fuesen necesarias, solo suposiciones; el hecho de que Joe hubiera conservado su pertenencia al club durante varios meses después de la boda solo había avivado las habladurías.

En ocasiones, se reunía allí por negocios o por tragos con sus amigos. Cada vez que regresaba, estaba silencioso, pensativo.

En aquel entonces, se rumoreaba que existían apuestas sobre a quién elegiría Joe para llevar a su cama como tercero en el primer trío sexual de ella.

El chismorreo era la peor parte. Los susurros por detrás de la espalda. Comentarios encubiertos que ella nunca podía confrontar por completo. Las sonrisas petulantes de los hombres y los destellos de celos irritados de las mujeres. Cosas que ella podría haber ignorado si no hubiese sospechado que había algo de verdad en ellos.

____ se puso de pie, recogió la mesa del desayuno, llenó el lava vajillas, y quedó de pie en medio de la cocina mientras intentaba dilucidar cómo manejar la situación.

La mejor apuesta era enfrentar a Joe. Simplemente preguntarle acerca del asunto. No le mentiría si ella le preguntaba, sin rodeos, si tenía intenciones de invitar a Nick a su lecho matrimonial.

Otra parte de ella le advertía que debía mantenerse callada. Si no ejercía presión sobre el asunto, tampoco lo haría él. Si existía la mínima posibilidad de que Nick los visitara para ser el tercero en la cama, entonces Joe se contendría de hacerlo si ella simulaba ignorancia.

Si podía simular ignorancia.

Agitó la mano frente al rostro otra vez, al darse cuenta de que le estaba subiendo la temperatura; se estaba sonrojando por los pensamientos e imágenes que de repente le destellaban en la mente.

Joe abrazándola, besándola, pero otras caricias también. Caricias de manos extrañas. Besos de labios extraños. Una sensación de mortificación le quemó el cuerpo al tiempo que dio una pequeña sacudida con la cabeza y salió rápidamente de la cocina para preparar la habitación para Nick.

No iba a pensar en eso ahora. No podía pensar en eso ahora. Ya estaba excitada, ya estaba alterada por el hecho de que Joe no la hubiera tocado desde aquella tarde, dos días atrás. Y estaba demasiado excitada por las declaraciones de él antes de marcharse de la casa. No necesitaba agregar lo prohibido a la mezcla.

«Además, quizás estoy equivocada», se dijo a sí misma mientras subía las escaleras. Le constaba que su esposo se ponía increíblemente celoso si otros hombres se le acercaban, por lo que todo eso podría ser simple paranoia. La visita de Nick Miller podía ser puramente inocente. Un amigo de vacaciones que pasaba por allí para estrechar los lazos de amistad o lo que sea que hicieran los hombres. Así de simple.

Sí, claro. El costado desconfiado de su mente se reía por lo bajo con suficiencia. Porque lo sabía.

____ conocía a su esposo, y sabía que algo había estado creciendo en su interior desde hacía meses. Un pozo de ansias oscuras que una maratón de sexo ininterrumpido no había saciado se había convertido en un interés depredador y rumiante cada vez que él la observaba, y que la ponía muy nerviosa. Entusiasmada, sí. Interesada en esa oscuridad, definitivamente. Pero también cautelosa en extremo.

Excitada.

Después de terminar de preparar la habitación de huéspedes y colocar toallas limpias, paños de mano y otras cosas necesarias, ____ regresó a la planta baja hacia la parte de atrás de la casa, hacia su oficina.

Sin embargo, no se sentó al escritorio; en cambio, caminó hacia las puertas del patio y miró hacia afuera, hacia el granero donde Joe la había follado tan salvajemente no hacía ni dos días atrás.

Ese día, los peones que él había contratado estaban trabajando con los caballos en el corral adjunto. Los animales pura sangre que Joe había criado eran maravillosos, briosos, y extremadamente inteligentes. El capataz, Teddy Raymond, fue contratado en Virginia dos años antes, y parecía amar a los caballos tanto como Joe. Era un extraño hombrecillo que no era muy sociable cuando trabajaba, pero Joe parecía creer que desempeñaba sus tareas lo suficientemente bien.

El entrenador, Wes Bridges, estaba trabajando con los potros de un año de edad fuera de los establos; y más lejos, las reses estaban desperdigadas en los campos de hierba verde y más allá. La granja estaba ubicada en un amplio y frondoso valle espolvoreado con arroyos y lagunas naturales, y gruesa y nutritiva hierba. El ganado de Joe se vendía bien, y los caballos comenzaban a ser una actividad suplementaria muy lucrativa por la estirpe de equinos que Joe había elegido.

La granja era idílica, serena; sin embargo, repentinamente, la vida de ____ no era nada de eso. Se sentía como cuando vio a Joe la primera vez. Nerviosa por dentro, agitada, aprensiva, y tan excitada que apenas podía estarse quieta en la silla.

«Esta misma noche, tendría que encargarse del asunto», pensó ella, porque no iba a pasarse la noche dando vueltas otra vez, deseando las caricias de su marido, maldición.

Hizo un mohín con la boca al pensar en aquello. A las mujeres casadas no se las debería privar de una cuota diaria de sexo, sin importar la meditabunda determinación de sus esposos por volverlas locas por ello. Él podía estar meditabundo durante la noche. Cuando se deslizara en la cama junto a ella, debería estar listo para ejecutar las obligaciones de esposo a las que ella se había acostumbrado tanto.

Una sonrisa le revoloteó en los labios. Quizás solo necesitaba un empujoncito. Ella podría darle el empujón. Él podría darle un orgasmo.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 31st 2011, 16:01

Capitulo 4-Parte 3


Nick tomó la salida hacia Scotland Neck, observando con curiosidad a su alrededor mientras cruzaba el pueblo bastante extenso. Con el techo de su Mustang replegado, el aire fresco le soplaba su cabello demasiado largo y obtuvo más de la cuota razonable de miradas femeninas mientras atravesaba la calle y seguía las instrucciones de Joe para salir del pueblo y llegar a la granja.

Arqueó la comisura de los labios cuando la luz roja lo obligó a detenerse en un desvío. Las jóvenes mujeres en el coche contiguo lo saludaron, coquetas, y luego rieron como tontas adolescentes cuando les guiñó un ojo.

Maldición, amaba a las mujeres. Rubias, castañas, pelirrojas, o morenas como la medianoche. Las mujeres eran su materia, pasatiempo y deporte favoritos.

Cuando la luz se puso verde, alzó la mano en el aire en saludo de despedida y, pisando fuerte el acelerador, salió del pueblo con velocidad y echó una mirada al reloj del tablero.

Estaba llegando un poco tarde. Ya era más el anochecer que la tarde, pero la marcha calma que le había impreso al viaje lo había ayudado a aclarar las ideas en la mente. Y, ¡claro que necesitaba aclarar las ideas!

Janet no se había puesto contenta cuando se despertó y lo encontró haciendo las maletas para hacer un viaje fuera de la ciudad. De hecho, se había enojado completamente.

¿Cómo demonios iba a saber que ella había planeado quedarse en su piso mientras durara la suspensión? El solo pensarlo le provocó un temblor que le recorrió la columna vertebral. No era un temblor de los buenos, tampoco.

Misteriosa y contradictoria, amaba la mente femenina, pero ¡cómo le asombraba a veces, maldición! Janet, al parecer, estaba soñando con un anillo de compromiso y lazos matrimoniales, campanas de boda, y el largo vestido blanco. Y Nick no tenía ni idea de dónde había sacado esa idea.

No era del tipo de hombre que contrae matrimonio. La amargura presente en su alma aún tenía el poder de hacerlo correr rápido y sin detenerse cada vez que atisbaba un destello de «para siempre» en los ojos de una mujer.

Janet mostró ese brillo cuando se despertó y lo pilló haciendo el equipaje. Había intentado taparlo. Ocultarlo. Sin embargo, en el preciso instante en que vio ese destello, supo que la relación intermitente que habían compartido se había vuelto ahora de hielo. De ninguna manera. De ningún modo.

Se reclinó en el asiento del coche y giró hacia la carretera rural que llevaba a la granja de Joe y permitió que una sonrisa le cruzase el rostro.

Maldición, sí que necesitaba esas vacaciones. Es más, necesitaba compartir su tiempo con Joe y su esposa. La oportunidad de formar parte de la relación de su amigo con ____ era un aliciente irresistible.

Era el amor, Nick lo sabía. ____ amaba a su esposo, y si aceptaba a un tercero en la cama, entonces la pasión y emoción que compartía con Joe se extendería a esa persona adicional.

Era el obsequio que las mujeres de Joe siempre le habían dado. Ellas lo amaban, algunas más que otras, pero las que estaban dispuestas a dar un paso en el trío sexual, habían extendido esos sentimientos más d____cados hasta Nick.

¿Cuánto mejor sería estar en las periferias de un amor verdadero? ¿Aplacaría la inquietud que se gestaba en él, o solo la empeoraría?

Exhaló el pensamiento y tomó el teléfono móvil del asiento del acompañante, lo abrió y marcó el número de Joe.

—Llegas tarde —contestó Joe después del tercer timbrazo.

—Estaba holgazán hoy —dijo Nick arrastrando las palabras—. Estoy a diez minutos de la granja. ¿Estarás allí para recibirme?
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Marzo 31st 2011, 16:05

Capitulo 4-Parte 4


Joe se irguió del tractor que estaba intentando reparar. Sujetando el teléfono móvil entre el hombro y la mejilla, le limpió las manos con el trapo desechado y echó una mirada a la carretera.

—La holgazanería no te favorece, Nick —declaró—. Voy camino a la casa ahora para asearme. Te veo allí.

—Parece ser un bonito pueblo en el que acabo de ingresar. Veo por qué te agrada. Es más grande de lo que me describiste.

—Sí, crece rápido —asintió Joe al dar un paso por encima de la valla de estacas que ____ tenía alrededor del patio de la casa—. Sin embargo, es buena gente. ____ tiene el cuarto listo y está preparando la cena. Le avisaré que estás llegando y me meteré en la ducha. Ella te hará pasar.

Quizás estaba cometiendo un error, lo sabía, al traer a Nick a su hogar, pero ____ estaba al fin comenzando a sentir curiosidad por su pasado sexual.

—Llegaré allí pronto, entonces —aseguró Nick—. Te veo en un rato.

Joe cortó la comunicación al ingresar a la casa, inhalando el aroma del jamón horneado, panecillos, y un gran número de otras delicias que su esposa había estado preparando. Probablemente fuese una jriki de la informática, pero cuando se lo proponía, podía lograr que a un hombre se le hiciera la boca agua por su comida.

—Eh, pequeña. —La interceptó cuando salía del cuarto de la lavadora, sonriendo con maldad ya que se las ingenió para atraparla contra el muro, con cuidado de no tocarla a ella ni los inmaculados muros con las manos grasientas.

—Estás sucio, Joe. —Pero aun así levantó la vista para recibir el beso y se relajó contra el cuerpo de su marido.

Él no pudo contenerse de profundizar el beso. Le separó los labios y permitió que su lengua degustara el sabor erótico de ella. La acalorada calidez femenina le colmó los sentidos cuando sintió los brazos de su mujer entrelazarse alrededor de su cuello, los dedos enterrarse en los mechones de cabello de la nuca.



—Sabes a luz de sol —susurró ____ cuando él se echó para atrás, con la mirada adormilada de pasión cuando dobló las rodillas y presionó la hinchada extensión de su pene contra la abertura en «V» de los muslos de ella.

—Sabes a sexo. —Rió ampliamente y le dio un fugaz beso antes de alejarse un poco hacia atrás—. Nick acaba de llamar. Estará aquí en unos minutos. Iré al piso superior de una carrera y me daré una ducha rápida.

—Al menos tiene sentido del tiempo. —Alejándose de él, se encaminó a la cocina para controlar las varias ollas y sartenes que allí tenía—. Apresúrate y dúchate.

El la siguió, y le besó la nuca al tiempo que ella se inclinó para sonreír y lo espantó fuera de la cocina.

Pero Joe ya había conseguido lo que pretendía. Ella tendría que recibir a su amigo, relacionarse con él, lo que le daba tiempo para que se acostumbrase a Nick antes de que él regresase.

____ necesitaría ese tiempo. La reacción de su mujer ante Nick decidiría los pasos a seguir el camino hacia lo que él le pediría. Podría ser un error. Podría ser el peor error de su vida. Pero, en cambio, esperaba que fuese en última instancia, el mayor placer.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Hoy a las 10:55

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Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)
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