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 Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)

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Beautiful-NO-Tamed.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:31

CAPÍTULO 8-Parte 1




—Pues bien, ¿qué tienes? —Joe tomó asiento en el escritorio y encendió el ordenador portátil al tiempo que Nick abrió el propio a un lado.

—Dell no ha podido rastrear nada de nuestro Playboy —dijo Nick—. El tipo no tiene lo que se necesita para investigar crímenes sexuales. No tiene ni idea.

—Tampoco la tenía yo —Joe gruñó.

—Simplemente porque te marchaste demasiado pronto —protestó Nick al tiempo que Joe abrió el puerto P2P entre los dos ordenadores para acceder a la información que Nick trajo consigo.

—¿Crees que es un crimen sexual, entonces? —preguntó Joe. Esa había sido su especialidad.

—Nuestro muchacho está yendo en esa dirección.

—¿Qué te hace pensar que me marché demasiado pronto, entonces? —preguntó Joe.

—Esto. —Nick cargó la información en el ordenador—. Lo que tenemos aquí es un acosador a quien le agrada jugar. Las víctimas femeninas son los peones, pero él va detrás de los reyes.

—Estás arruinando el juego de ajedrez, Nick —gruñó Joe—. Las mujeres son las reinas, los hombres son los reyes. Los acosadores van siempre detrás de las reinas.

—En este caso, no —dijo Nick—. ¿Te has dado cuenta de que el esposo de la primera víctima estaba vinculado con el cumplimiento de la ley?

Joe asintió con un movimiento de cabeza.

—Así es como me asignaron el caso.

—¿También sabías que todos los maridos de las víctimas estaban o habían estado involucrados en investigaciones de acosadores o casos de predadores sexuales con un alto porcentaje de éxito?

Joe se reclinó en la silla y observó a Nick con la mirada fija y los ojos entornados.

—En lugar de a la víctima, interrogué al marido primero. El acoso comenzó durante el período de tiempo en que su esposo estaba involucrado en un caso similar. Ella estaba en línea de manera activa. Una contable muy respetada con varios clientes influyentes. Creemos que fue captada aquí. —Un foro de chat abierto apareció en la pantalla del ordenador—. Este es el foro abierto de negocios «Electrónica Avanzada». Contratan a varios profesionales para que ingresen y den consejo a quienquiera que se conecte. Los datos de registro requeridos son mínimos. Las otras dos víctimas nuestras fueron contactadas aquí. —Otro foro apareció en pantalla, similar en diseño y propósito—. Y aquí. —Entonces, otra ventana se desplegó con otro foro—. Por lo que pude descubrir, las tres víctimas fueron las únicas que comunicaron el acoso en ese momento. Tenemos una cuarta que no hizo la denuncia porque eventualmente desapareció.

—¿Estaban los esposos de las cuatro víctimas involucrados en casos similares? —preguntó Joe.

—Dos de ella eran casadas. Una estaba divorciada; la otra era soltera. Todas con cónyuges, ex parejas, o amantes en el campo de la investigación. Jugaba con ellas, aunque no todas con el mismo alcance. Artículos personales desaparecidos o movidos de lugar durante un período de dos a cuatro meses en los cuatro casos sin denunciar así como en los denunciados.

Luego, un correo electrónico de despedida que les daba la pista que estaban jugando con ellas. Las asustaba de muerte, pero como no volvía a ocurrir, seguían con sus vidas.

—Él fue más allá con las tres que denunciaron el acoso —reflexionó Joe.

—Comenzaba de la misma manera, sin embargo —puntualizó Nick—. Objetos perdidos o movidos de lugar. Estas son mujeres profesionales organizadas. No mueven ni pierden sus pertenencias. Pero, de repente, no pueden encontrar un lápiz de labios, la camisa favorita, o las llaves del coche. Él ha encontrado un fácil acceso a las casas, a pesar del hecho de que eran casadas. Encuentra la manera de observarlas o escucharlas. Estas mujeres —tres fotografías se desplegaron—, estaban también en proceso de involucrarse en relaciones con investigadores. Comenzó a escribirles correos electrónicos, a acosarlas online, y a avergonzarlas durante las sesiones de foros.

Joe negó con un movimiento de cabeza.

—¿Avergonzarlas de qué manera?

—Con secretos personales o profesionales. Detalles íntimos de sus vidas, etcétera —reportó Nick.

Joe entrecerró los ojos y miró fijamente la pantalla del ordenador, saltando de las declaraciones a las fotografías y vidas de las víctimas y los esposos.

—Cada marido o pareja estaba involucrado en el sector de la seguridad. Un investigador privado, dos policías, un analista en seguridad, dos guardaespaldas, y un ex investigador.

—Tenía una fijación con las carreras de los maridos —puntualizó Nick.

Joe miró la pantalla, pensativo.

—Las tres mujeres con las que se encaprichó con más fuerza eran la esposa del investigador privado y las de los dos policías. Hombres que él consideraría mejor preparados para proteger a sus mujeres. ¿Es ese un crimen sexual? ¿O está intentando probarse a sí mismo y a estos hombres que él es más hombre? Es un viaje de poder que va más allá del sexo. Está golpeando a los hombres y castigando a las mujeres por lo que él considera una incompetencia en ellos. —Joe se inclinó hacia adelante al tiempo que introdujo los comandos que cargarían más información de las siete mujeres—. Tres de las que no tenían esposos tenían novios, y fueron los primeros acontecimientos. Apenas estaba dando los pasos en esto.

Joe deseó haber tenido esa información cuando apenas había comenzado con el caso, tres años atrás. Simplemente empezó la investigación con la primera víctima quien fue atacada en forma violenta.

—La última, la cuarta que atacó justo antes de que yo renunciara. El marido era investigador privado. Se extendió más tiempo que los otros casos, fue escalando etapas. Primero fueron los objetos perdidos, después los ataques online. Luego, el ataque físico. Después simplemente desaparece hasta hace seis meses. Fueron dos años y medio de silencio. ¿Por qué?

—¿De dónde diablos has sacado este programa? —Nick estaba inclinado sobre el hombro mientras Joe introducía los órdenes—. No es el común que estamos usando en la Agencia.

La sonrisa de Joe fue petulante.

—____ jugueteó con él una o dos veces. En general lo utilizo para la granja, pero es aplicable en cualquier maldito campo. Lo único que tengo que hacer es ingresarle los comandos y los criterios de búsqueda y el programa rescata información de los archivos que le indico. O... —Dio en otra tecla—. Buscamos en Internet con el mismo criterio que ha sido cargado. Aunque lleva un tiempo.

Joe se reclinó sobre la silla, con el ceño fruncido al tiempo que Nick volvía a su lugar del otro lado del escritorio y acercaba la silla. Podía sentir algo inquietándolo en el fondo de la mente, pero no podía precisar qué era.

Desvió la mirada hacia los archivos en pantalla mientras minimizaba el programa para que se ejecutase de fondo.

—¿Por qué no ha habido ningún ataque desde que le entregué el caso a Dell hasta hace seis meses? —preguntó distraídamente—. Han pasado tres años.

—Quizás se mudó. Los ataques podrían haber continuado en otro lugar sin que nosotros lo sepamos.

—Posiblemente —murmuró. Pero no lo sentía correcto. Ese era el problema con esa investigación en primer lugar. Demasiadas cosas no se sentían correctas desde que había comenzado con ella.

—¿Tienes otro perfil armado de él?

Nick negó con un movimiento de cabeza.

—Solo tenía las tres instancias anteriores para trabajar hasta que encontré las otras cuatro hace poco. El director quería más información antes de que volviéramos al criminólogo.

—Este no es un crimen sexual, Nick. —Joe podía sentirlo. Era otra cosa, algo más p____groso—. Y no se detendrá simplemente. Continuará, y los ataques se volverán peores. Quiere probar algo.

—¿Entonces estamos buscando a alguien que no pudo ser parte del campo de la investigación por alguna razón?

Joe asintió con la cabeza.

—Alguien que se las ingenió para acercarse a las víctimas. Lo suficientemente cerca como para tener acceso a los hogares. Llama a Dell, que vuelva a entrevistar a las víctimas. Consigue una lista de los amigos cercanos y familiares que podrían haber tenido ese acceso. Veremos qué encontramos cuando controlemos los nombres.

—Eso tomará un tiempo, también —puntualizó Nick.

Había una advertencia que le quemaba las entrañas que no tenía sentido.

—Que comience con eso. Quizás logremos algo pronto.

—Solo me quedan unos pocos días de mis vacaciones forzadas. —Nick se reclinó hacia atrás en la silla—. He estado considerando la idea de unas vacaciones reales. Solicitaré unos días de licencia si puedes trabajar esto conmigo. Nos puede dar una ventaja si Dell está trabajando con la información y nosotros lo seguimos desde aquí.

Joe tamborileó el brazo de la silla con los dedos.

—Hazlo. —Finalmente asintió con un movimiento de cabeza, sin estar seguro de por qué el hormigueo que sentía en la nuca se estaba volviendo una comezón—. Va a tomarle un par de días al programa de ____ terminar de chequear Internet y nos va a llevar un par de días más a nosotros limpiar la porquería superflua que nos arroje. Cuando termine, veremos qué tenemos.

Joe clavó la mirada en el ordenador, con los ojos aún entrecerrados, sopesando la información que había conseguido hasta ese momento.

—Armaré una lista de preguntas para que Dell lleve consigo —le dijo a Nick—. Es un buen agente de campo, pero no es el mejor cuando se trata de interrogar a las víctimas.

—¿No me digas? —murmuró Nick—. No había tenido tiempo para investigar a las siete víctimas y sus asociaciones por completo.

—Pronto lo tendrás. —Joe exhaló sonoramente—. Lo que me preocupa es el silencio entre mi último caso y hace seis meses. Los cuatro casos tuvieron lugar en la zona de Alejandría y Washington D. C. en un período de cuatro años. Luego nada más hasta los últimos tres. Me pregunto dónde habrá ido.

—Con suerte, la genialidad de ____ nos dará la respuesta. —Nick indicó el ordenador de Joe con un ademán de la cabeza—. Es una lástima que no podamos ingresar en las bases de datos de la policía con ese pequeño.

—Nos llevaría años —suspiró Joe—. ____ vive amenazando con mejorarlo, pero aún no se ha dado cuenta de cómo hacerlo funcionar con los millones de casos en las decenas de agencias. Esperaremos días simplemente con Internet y los periódicos en la zona de Virginia Maryland. Si quieres llegar más lejos, tendremos que esperar semanas o meses.

—¿Cuanto más ajustas el criterio de búsqueda más rápido funciona? —preguntó Nick.

Joe asintió con un movimiento de cabeza.

—Sin embargo, en este punto, no hay suficiente información para encontrar un denominador común más que los esposos que están en el campo de la investigación. La cantidad de palabras claves que he tenido que utilizar llenará el programa con basura también. Pero podría darnos una clave. Algo más para avanzar.

—En este punto, cualquier cosa ayudaría. —Nick se encogió de hombros—. Me pondré en contacto con Dell y lo pondré a trabajar en la inforJoeión adicional. Y reza para que no vaya con el director.

Joe rió con burla.

—Dell no irá con el director. Simplemente querrá llevarse el crédito.

—Puede quedarse con él.

Joe echó una mirada a Nick con dureza. El dejo de frustración en la voz de su amigo era revelador.

—Tú lo has tenido, ¿no es así? —le preguntó Joe, viendo los signos con claridad.

—Estoy más tiempo suspendido de lo que estoy en mi escritorio. Se está volviendo una molestia.

—Entonces deja ya de moler a golpes a los perpetradores —sugirió Joe.

—Bueno, podrían pedirme que dejara de respirar. Malditos cabrones. Nos pasamos meses, años, trabajando para atraparlos y al minuto siguiente algún abogaducho de elegantes pantalones y camisas de cuello doblado los saca de la cárcel por algún tecnicismo. Eso o un testigo desaparece y aparece muerto, o de repente la información se corrompe y los malditos están de vuelta en las calles destrozando vidas de nuevo. Me enfurece, Joe.

Pues sí, lo enfurecía a Joe también. Era una de las razones por las cuales había renunciado y regresado a la granja. ____ y la tentación que representaba el Club de Sinclair no fueron las únicas razones. Habían sido razones predominantes, pero hubo otras.

—A la firma de Cameron le está yendo bien —indicó Joe, refiriéndose al primo de Nick, el investigador de Sinclair—. Te ha estado persiguiendo durante años para que trabajes para él.

—Lo estoy pensando. —Nick subió los pies al escritorio al tiempo que se reclinaba un poco más en la silla—. El nuevo director no aprecia mis habilidades individuales —se quejó con sarcasmo—. Renunciar es mejor a que te echen, cualquier día de la semana.

Joe negó con un movimiento de cabeza. Nick era el chico malo de la Agencia, nunca había cabido duda de ello.

—Me topé con ____ esta tarde antes de que se marche —dijo Nick, cambiando de tema una vez más—. Estaba muy nerviosa.

Joe sintió que el cuerpo se le estremecía con una repentina excitación.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:35

Capitulo 8-Parte 2




—¿Mencionó algo de ayer por la noche?

—No dijo nada, pero lo recordaba. Realmente te arriesgaste mucho ayer por la noche.

Joe estaba muy al tanto de los riesgos que estaba tomando en su matrimonio. No necesitaba que Nick se los marcase.

—Yo me encargaré de mi matrimonio, Nick —Joe suspiró cuando deslizó la silla en su lugar y se puso de pie—. Ve qué más puedes conseguir de Dell. Tengo que trabajar fuera.

—¿Necesitas ayuda? —dijo Nick en cambio—. Sonsacaré cosas de Dell esta noche después de que llegue a su casa. Eso me deja el día bastante libre.

Joe echó una mirada al reloj. ____ regresaría en cualquier momento, a menos que hubiese decidido almorzar con algunas de las mujeres del comité de caridad, lo que hacía en ocasiones. La amistad con Maxine Bright parecía estar creciendo, y con ella, ____ había comenzado a asentarse en la vida rural con mucha más facilidad de lo que él había anticipado.

Maxine era una buena mujer. Ella y su marido, Joseph, eran dos de los amigos de la secundaria que Joe había conservado a lo largo de los años. Joseph lo había mantenido al tanto de los chismorreos locales y lo había ayudado con las inversiones suficientes como para asegurarse que cuando él se mudase a casa, tuviera el colchón económico que necesitaba para que la granja prosperase.

Por supuesto, Joe no había anticipado en ese momento que contraería matrimonio con una mujer cuyo pasatiempo fuera tan lucrativo como la carrera de ____. La mujer pensó que era divertido jugar con programas de informática, mientras que Joe solía tirarse de los cabellos cuando tenía que pasar mucho tiempo con ellos.

—Vamos, entonces —contestó al fin a la sugerencia de Nick de ayudarle con el trabajo de granja—. Tengo que movilizar un poco del ganado y controlar a mi yegua favorita. La potranca que está por parir es una potencial fuente de dinero. Quiero mimarla.

—Tú las mimas a todas —gruñó Nick al ponerse de pie—. Es por eso por lo que todas te aman.

—Y tú te las tiras encima y las cubres como una ola de maremoto —espetó Joe—. Realmente las asustas, Nick. Este niño malo necesita unos ajustes aquí y allá.

—Mis ajustes están bien.

—Ya veo. En este momento, no tienes una amante estable. Eso no va contigo, amigo.

—Es una mala racha, solo eso.

—Ten cuidado, puede convertirse en un modo de vida.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:36

Capitulo 8-Parte 3


____ cerró la puerta principal de un portazo, pateó las sandalias a un costado de la entrada, y arrojó el bolso y el portafolio sobre la pequeña silla de al lado.

Maxine se había convertido en una fuente de información una vez que se alejaron bastante de las mujeres del comité de caridad. Y ese surtidor estaba lleno de políticas pueblerinas y mezquinas envidias. Había intentado ignorar la ruindad de Ashley durante tres años, pero ahora se estaba saliendo de control.

Cuídate las espaldas, ____. Ashley nunca le perdonó a Joe que se fuera del pueblo y no se casase con ella. Te odia. Y está decidida a hacerte daño. No sé qué se trae entre manos, pero se está deleitando con algo y también lo están haciendo las muchachas que están con ella.

Locura. Ashley había desposado a uno de los hombres más adinerados e influyentes del estado de Carolina del Norte, y estaba aún enfadada por el que se le había escapado.

¿Cómo sabía Ashley acerca de lo que habían compartido Nick y Joe en Virginia? ¿A quién conocía?

—¿____? —Joe ingresó desde el pasillo que daba al cuarto de la lavadora y a la cocina del fondo de la casa—. ¿Qué sucede?

—¿Te la tiraste antes de marcharte todos esos años atrás? —explotó de repente—. ¿Por eso decidió hacerme la vida imposible? ¿Porque nunca se olvidó de su primer revolcón?

Él abrió los ojos de par en par al caminar hacia ella.

—¿Me follé a quién?

—Ashley Greene. —Colocó las manos en las caderas al encararlo—. ¿Y quién en esta zona, Joe, sabía de tus pequeñas juergas con Nick en Virginia?

La sorpresa brilló en los ojos de él.

—Nadie lo sabe aquí, ____.

—Alguien lo sabe, Joe, o son videntes, porque el último chismorreo que llegó a oídos de Ashley Greene es que tú y Nick están ahora compartiéndome a mí.

Ella lo vio ponerse rígido, los amplios hombros parecían más amplios, el pecho debajo de la camisa gris parecía más ancho.

—Están haciendo suposiciones.

—Ah, ¿ahora de repente crees en las coincidencias, Joe? —le preguntó impaciente—. ¿No eras tú el que me dijo más de una vez que no existían las coincidencias?

—Las reglas son diferentes en los pueblos pequeños, ____. —Sonrió toscamente—. Aquí los rumores y las suposiciones tienen vida propia, cariño, lo sabes.

—Están chismorreando acerca de mí, Joe —suspiró ella—. Maldición, ni siquiera he hecho nada aún y ya están chismorreando.

Ella elevó la mano cuando él comenzó a caminar en su dirección; la expresión en el rostro de Joe fue, de repente, tranquila, pensativa.

—Necesito cambiarme la muda. Darme una ducha. Pensar. —Negó con un movimiento de cabeza al dirigirse hacia las escaleras—. Bajaré más tarde para preparar la cena.

—____. —La tomó del brazo cuando ella avanzó.

____ miró fijamente los dedos que le rodeaban la cintura antes de levantar la mirada con lentitud hacia Joe.

—Dije que necesito pensar —le dijo con un tono de voz gélido—. No daré un paso más en este pequeño juego que tú y Nick quieren jugar sin pensar hacia dónde va y cómo terminará. No cometas el error de creer que puedes obligarme a hacer esto con tus tácticas de lobo alfa, Joe.

—¿Tácticas de lobo alfa? —Enarcó una ceja—. ¿Es eso sinónimo de forzar?

—Es un sinónimo de toda esta super sensual dominancia con la que de repente crees que puedes controlarme. La dominancia no me controla, Joe. Tú no la controlas. Y no la utilizarás para conseguir lo que quieres hasta que yo decida qué es lo que quiero. ¿Lo comprendes?

La mano libre se movió, con la velocidad de un rayo, y se ubicó en la nuca de ____; los dedos se lanzaron como arpones entre los cabellos.

—Entiéndeme —le dijo entonces, con una densa sensualidad mientras la atraía hacia él, con los labios a un centímetro de distancia de los de ella, acariciándolos, recordándole el beso de la noche anterior, la tormenta feroz que se había apoderado de ella—. Nuestra vida sexual es simplemente eso. Nuestra. Yo me encargaré de Ashley. Me encargaré de cualquiera, en cualquier lugar, que decida que mis asuntos son los de ellos.

____ dio un grito ahogado cuando él la atrajo hacia sí, con un brazo rodeándole la espalda mientras la otra mano le sostuvo la cabeza firme y los labios cubrieron los de ella.

Como la noche anterior. Como todos los besos que se habían dado en la vida combinados en uno solo. El calor que manaba de él era abrasador. La sensación de la lengua controlándole la propia, los labios de él sosteniéndola, el poderoso pecho bajo las palmas de las manos.

No podía dejar de tocarlo. No podía dejar de besarlo.

Con las manos le empujó el pecho, los dedos se hermanaron con los vellos, lo atrajo hacia ella. Lo arrastró más cerca del beso, intentó trepar en él.

Maldito fuera él. Maldita fuera ella. Un quejido se le escapó de la garganta cuando golpeó la espalda con el muro y Joe la alzó hacia él.

La ira y el miedo fluían en ella. Ira contra Ashley Greene por atreverse a golpear donde ella era más vulnerable. Miedo porque había sido golpeada. Y las ansias. Oh, Dios, las ansias que inspiraba en ella eran demasiado para soportar. Quemaban más que el miedo y la ira. La envolvían con un manto al rojo vivo y un placer abrasador.

—Intenté ser lo que un buen marido debería ser —le dijo en un gruñido al tiempo que se alejaba de ella, cogiéndola del cuello con una mano antes de dirigirse a los botones del canesú del vestido—. Intenté darte lo que creí que merecías.

Los botones se desabrochaban debajo de los dedos mientras una tormenta le rabiaba en los ojos.

—¿Qué me merezco? —Se arqueó contra él, levantando una pierna para engancharla en la cadera, para acercar el bulto duro como acero debajo de los vaqueros.

—Todo. —La tela cayó hacia atrás y reveló el encaje negro del sujetador push up que llevaba bajo el vestido—. Tú te mereces todo lo que pueda darte. Cada caricia. Cada grito de placer, cada susurro de sensualidad que pueda obsequiarte.

—¿Y tú sabes cómo entregarlo todo? —jadeó ella, echando la cabeza hacia atrás contra el muro al tiempo que los labios de Joe le recorrían el cuello.

El levantó la mirada lentamente.

—Sé cómo asegurarme de que lo recibas todo —corrigió él.

____ se humedeció los labios, sintiendo la sangre recorriéndole el cuerpo, el placer agitarse en cada terminación nerviosa. Estaba tan excitada, tan húmeda, tan desesperada por todo lo que los ojos de Joe prometían, que la aterrorizaba.

—¿Sin importar cuánto nos destruya?

Él negó con un lento movimiento de cabeza.

—Nunca permitiría que nada te destruyera, ____. Nunca. Siempre te protegeré.

El amor de Joe la protegía. Ella lo había sabido desde el principio, desde la primera noche cuando la había mirado a los ojos y le había dicho que era suya para siempre.

—Tú eres mío para siempre —le recordó ella, entonces.

—Siempre —le prometió él, besándole los labios una vez más.

—Necesito pensar. —____ cerró los ojos contra la promesa en los ojos de él—. Simplemente no puedo... hacer esto.

—No hay nada que hacer, amorcito. —Le tomó el labio inferior, lo lamió, lo mordisqueó antes de soltarlo lentamente y dar un paso hacia atrás.

—¿Nada que hacer?

Él negó con un lento movimiento de cabeza, los mechones de cabello negro demasiado largos le acariciaron el cuello de la misma manera que ella deseaba hacerlo con los labios.

—Simplemente sé tú misma, ____ —le dijo con tono gentil—. Toda tú. Se trata de tu placer, cariño. Se trata de qué te hace arder. Grita por más. Es acerca de tus fantasías y tus deseos. Yo soy solo tu guía.

—Mi guía —exhaló ella bruscamente al tiempo que tomó los extremos del vestido y caminó hacia las escaleras—. Tú no me guías, Joe. Me siento más como un pequeño bote a merced de una gran ola.

—Conviértete en la ola. —El rió socarronamente—. En verdad es muy fácil.

—También lo es ahogarse, me han contado. —Negando con un movimiento de cabeza, miró hacia el extremo de las escaleras, rogándole a Dios tener la fortaleza suficiente en las piernas—. Voy a tomar una ducha. Te veré más tarde.

—____. —La voz la detuvo cuando comenzó a subir.

Giró sobre los talones, lo observó fijamente, casi temblando ante el poder en la expresión de Joe, la sensualidad y la pura lujuria auténtica.

—No lo pienses hasta morir. Pensar en esto solo lo hará ver aterrador y más de lo que realmente es. Y sin importar qué chismorreo quiera comenzar Ashley Greene, nadie sabrá de nosotros tres. Nadie, ____.

Ella asintió con un lento movimiento de cabeza.

—Como dije, lo pensaré.

—Piénsalo —murmuró él—. Y yo seguiré seduciéndote. Ella hizo un ademán con la mano y comenzó a subir las escaleras.

—Ve a molestar a Nick. Estoy demasiado cansada y fastidiada para lidiar contigo.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:38

Capitulo 8-Parte 4


Joe la observó irse con una sonrisa. La corta y pequeña falda del vestido le rozaba el firme trasero y le hacía frufrú por encima de las rodillas. No era el vestido de verano más bonito que tenía, pero hacía maravillas con las piernas ligeramente bronceadas y los pies descalzos.

Era la mujer más honestamente sensual que había conocido en la vida. No tenía punto de comparación con Ashley Madden Staten. Incluso con veinte años, Ashley había sido una bruja calculadora. Había estado decidida a poseerlo, y Joe había estado igualmente decidido a frustrarle los planes.

Maldición, sucedió hacía más de quince años. El no había regresado a Scotland Neck hasta volver con su esposa. Y parecía que Ashley aún guardaba rencor.

—Recuerdo haberte dicho que la vida de un pueblerino te volvería loco, Joe —dijo Nick arrastrando las palabras desde el final del pasillo.

Joe se tocó la quijada con la mano.

—Me encargaré de Ashley si tengo que hacerlo. Si no funciona, hablaré con la suegra. Victoria solía ser una mujer razonable.

—¿Vas a hablar con la suegrita? —se burló Nick.

—La suegrita podría masticarte y escupirte como desayuno —le informó Joe al tiempo que restringió un escalofrío—. Pero es razonable.

—¿Y si no lo es?

La sonrisa de Joe se volvió asilvestrada.

—Entonces les meto la placa y el temor de la Agencia por el culo. Si eso no funciona, entonces les traigo a toda la Agencia aquí. Con Ashley, las sutilezas no funcionan muy bien.

Él debería saberlo. Lo había intentado sutilmente desde los dieciséis hasta los dieciocho años con la brujita manipuladora. Lo que Ashley no podía poseer, lo intentaba destruir. Había aprendido esa lección muy bien durante los años de juventud.

Joe había reconocido el rasgo en ella con bastante facilidad. Le recordaba mucho, demasiado, a su padre. La resolución rabiosa de ganar a cualquier costo y de poseer en lugar de amar.

—Quizás deba mezclarme en el pueblo esta noche y ver qué puedo averiguar. Escuchar lo que pueda escuchar. —Nick caminó por el vestíbulo hacia las escaleras—. Préstame la Harley. Volveré con inforJoeión, como que el mundo es redondo.

—Pero, ¿volverás con la Harley? —Joe hizo una mueca.

—Ambos regresaremos ilesos —prometió Nick con esa maldita sonrisa petulante.

—No eres tú quien me preocupa, amigo —gruñó Joe mientras quitaba la llave del llavero que tomó del bolsillo—. Esa Harley es lo que más quiero después de ____. Cuídala o morirás.

Nick le hizo una seña obscena con el dedo al tiempo que Joe le arrojó la llave.

—Solo manten tu pájaro en mano, Nick, y la Harley sobre las ruedas.

—Volará como un pájaro y aterrizará como sobre nubes —prometió Nick en su camino de salida—. Como sobre nubes.

Joe hizo una mueca de dolor. Nick y las motocicletas eran asuntos peligrosos. Simplemente rogó que su amigo cuidara mejor la motocicleta de lo que se cuidaba a sí mismo.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:40

CAPÍTULO 9-Parte 1




____ estaba de pie bajo el chorro de la ducha, y dejó que el agua tibia le bañara el cuerpo al inclinar la cabeza hacia atrás para empaparse el cabello.

Tenía el cuerpo increíblemente sensible, el trasero aún dolorido por la noche anterior, y sentía un hormigueo en la piel por el recuerdo de la dominancia que Joe le había demostrado. Él conocía sus propias ansias, y parecía que había descubierto las de ella mucho mejor de lo que ____ había imaginado.

Porque ella había tenido fantasías. Desde el día en que por primera vez había escuchado los rumores acerca de la supuesta pertenencia de Joe al exclusivísimo club de caballeros en Virginia, y conoció a su amigo Nick, ella había tenido fantasías.

Se había imaginado los labios y las manos de Joe acariciándola. Sujetándola. Refrenándola mientras Nick se movía entre las piernas. O al revés. Los dos hombres controlándole la pasión y las reacciones hasta que estuviese gritando, rogando por un orgasmo.

Cerró los ojos, apretando los dientes al sentir el dolor que se le gestaba en el clítoris y en la vagina. Joe había alimentado la latente excitación que la había quemado por dentro durante todo el día. La fortaleza del cuerpo y la lujuria de su marido mientras la mantenía atrapada contra el muro en la planta baja le habían provocado una cantidad furiosa de flujo. Y, sin embargo, le causaba rechazo.

Había visto la compostura deliberada en el rostro de Joe en ese entonces, y se dio cuenta de que estuvo utilizando esa compostura durante más de tres años. La había sentido, y durante mucho tiempo se negó a tentarla. Pero, durante el año pasado había estado lidiando con su propia inquietud. Con la necesidad de empujar ese control prudente que sabía que Joe estaba empleando.

¿Sabía ella lo que sucedería?

Negó con un movimiento de cabeza, y se lavó el cabello rápidamente antes de enjabonar la esponja y continuar con el cuerpo. Se sentía demasiado inquieta, la carne demasiado sensible.

Su matrimonio estaba cambiando y podía sentirlo. Las consecuencias de tal cambio le tenían los nervios de punta. Deseaba poder decir que Joe estaba cambiando, pero tenía la sensación de que él en realidad estaba quitándose los guantes de seda con los que la había tocado todos esos años. Ahora, era su turno de decidir si podía amar y seguir viviendo con el hombre que era en verdad, en lugar del hombre que le había mostrado a ella.

Si podía lidiar con las ansias de su marido.

El trío sexual no era una condición excluyente. No tenía duda de que si decía que no, se lo respetaría. No la forzaría. Intentaría seducirla. Pero si él presentía por un segundo siquiera que ella en verdad no lo deseaba, entonces se replegaría. El sexo, aun así, sería más fuerte. Joe aún dejaría libre la parte más oscura de él.

Por desgracia, no podía auto convencerse de que no lo deseaba. Y las fantasías que había tenido a lo largo de los años le aseguraban que sí lo quería. Con Joe. Deseaba cada promesa sensual y prohibida que le había visto en la mirada durante los últimos tres días.

Se enjuagó con velocidad y cerró el grifo antes de envolverse el cuerpo con una toalla y salir de la ducha. Se secó el cabello rápidamente, lo peinó con un cepillo y se secó con movimientos rápidos y efectivos.

Abrió la puerta del armario de medicinas y extendió el brazo para coger la pequeña botella de perfume que utilizaba, solo para acabar con las manos vacías. Se inclinó y miró dentro, sobre el estante, antes de abrir la gaveta de abajo.

Allí estaba, junto con el peine extraviado.

Negó con un ademán de la cabeza y abrió el perfume, se lo roció sobre el cuerpo y luego lo puso en su lugar en el estante antes de coger el peine y dejarlo en el pequeño estante plateado sobre el lavabo. Sabía que había revisado esa gaveta el otro día cuando buscaba el peine.

Lo que le recordó que después de la cena tendría que hallar el vestido. Tenía que estar en el cuarto de la lavadora, en algún lugar. No podía entender cómo había logrado perderlo.

Después de colocarse un tanga de encaje blanco y un sujetador haciendo juego, ____ se vistió con un par de livianos pantalones de verano de algodón que iban hasta los huesos de la cadera y un top de tejido abierto con una decena de pequeños botones de madera que sujetaban los bordes juntos. No tenía mangas, pero era suelto y cómodo.

No tenía el coraje de llevar los ajustados pantalones de cintura baja con las piernas cortadas y las cortas camisas que normalmente vestía en la casa en el verano. El día en que Joe la tomó contra el tractor, había aprendido exactamente qué podían lograr esas prendas en la libido de su marido. Aunque había querido molestarlo, torturarlo un poco por haberse perdido la cena sorpresa que había planeado. Sin embargo, tenía la sensación de que esa noche no era el momento de presionar sus ansias. Ni las de Nick.

Cuando se colocó los delgados calcetines, y estuvo un poco más relajada de lo que había estado momentos antes, ____ salió de la habitación y se encaminó hacia la planta baja. Sin duda, Joe e9taba fuera otra vez trabajando en algún lugar, lo que le daría unas horas de paz para preparar la cena y terminar con algunas cosas de la casa.

Quizás incluso le daba tiempo para reparar el resquebrajamiento en sus propias defensas que Ashley Greene había causado. No podía echarle la culpa a una coincidencia por los rumores. Ashley se había regodeado demasiado, estuvo demasiado segura.

«Pero ya no soy una chiquilla», se dijo a sí misma. Y no estaba infringiendo la ley ni humillando a una familia inocente. Ese era su matrimonio, y era problema suyo.

Al tiempo que arreglaba la casa y pasaba la aspiradora, dejó que los pros y los contras de ese cambio en la relación le azotaran la mente. Sin embargo, al final del día, todo se reducía a un punto: Joe le había despertado la curiosidad. Las caricias de él y de Nick la habían excitado más de lo que había creído posible jamás. A fin de cuentas, sabía que al final, iba a suceder. Y de lo que sucedería de ahí en adelante, no tenía idea.

Una cosa que comenzaba a creer desde el fondo de su corazón era que Joe iba a convertirlo todo en una aventura, definitivamente.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:41

Capitulo 9-Parte 2


—Wes —llamó Joe al entrenador cuando éste ingresó en el oscuro interior del establo y miró a su alrededor con los ojos entrecerrados. Sabía que había visto al otro hombre entrar allí unos momentos atrás.

Wes Bridges, el entrenador que había contratado para los pura sangres que criaba en la granja, era una persona solitaria, pero era un muy buen entrenador de caballos.

—¡Wes! —La burla de los caballos fue el único saludo de respuesta que obtuvo durante un largo rato.

—¿Señor Jonas? —El hombre pequeño y robusto salió del cuarto de los arreos, el ceño fruncido le dibujaba líneas en rostro al tiempo que se limpiaba las manos con un trapo húmedo y caminaba hacia el amplio pasillo de los establos—. ¿Puedo ayudarle en algo, señor?

El cabello castaño oscuro le caía sobre frente arrugada, casi ocultándole los ojos, castaños también. Todo en Wes era oscuro, desde el cabello hasta la piel curtida y bronceada por el sol.

—Hay un comprador que viene de Kentucky en los próximos días para echarle una mirada a Viento de Tormenta. Quiero que estés disponible en caso de que tenga alguna pregunta. —Wes tenía el mal hábito de desaparecer cada vez que los compradores llegaban.

—Tendré la yegua lista. —Wes se movía nervioso como lo hacía a menudo cuando hablaba con alguien de otra cosa que no fueran caballos.

—Asegúrate de estar aquí con ella, Wes —le ordenó—. Vuelve a desaparecer y tendremos que hablar.

Wes parpadeó.

—Estaré aquí, señor.

—Bien. —Asintió con un movimiento de cabeza al recorrer con la mirada los prolijos establos y los animales brillantes y bien cuidados.

Wes era muy detallista en cuanto a mantener los establos en perfectas condiciones. Le arrugaba el entrecejo a cualquiera que le desacomodaba el lugar, incluso si se trataba de Joe.

—¿Es todo, señor? —preguntó Wes—. Estaba limpiando los arreos en el cuarto de atrás, si no necesita nada más.

—Eso será todo. —Joe hizo un ademán corto con la cabeza y, encaminándose hacia el establo que contenía a su yegua preferida, le acarició el cuello con gentileza.

Grace había sido su primera compra, y su primera potranca le había hecho ganar un dineral. Era grácil, rápida como el viento, y con tanta gracia como lo indicaba su nombre.

—Señor Jonas, ¿ha notado usted algunas cosas extrañas por aquí? —preguntó Wes con nerviosismo cuando comenzaba a girar para regresar al cuarto de arreos.

Joe se detuvo, con la palma de la mano presionando sobre el cuello de Grace al fruncir el entrecejo y mirar al entrenador.

—¿Por ejemplo?

Wes se rascó la mejilla entrecana.

—Pues, ¿ese perro suyo, Pappy?

Joe frunció el ceño. Pappy era el perro de la granja, un chucho de raza indeterminada que había tomado la granja como su hogar antes de que él y ____ llegaran. Joe sospechaba que el animal de patas largas y cuerpo delgado tuviera algo de pastor, pero no estaba seguro.

Echó una mirada hacia la puerta de los establos donde había visto al perro un rato antes. Pappy estaba aún echado en su lugar habitual fuera del granero.

Joe regresó al entrenador.

—¿Qué pasa con él?

—Pues... las últimas semanas, lo he encontrado encogido de miedo aquí en los establos. Pappy siempre ha dormido en el porche hasta el amanecer, ¿no es verdad?

Eso había sido más de lo que Wes le había hablado jamás. Pero tenía razón; Pappy siempre durmió en el porche.

—Y he notado, también, que no le agrada que lo acaricien como antes. Solía dejarme darle una zurra cada vez que tenía tiempo. Ahora se esconde de mí.

—Me encargaré —Joe asintió con un ademán de la cabeza expresando su preocupación—. Gracias por avisarme.

Wes se encogió de hombros.

—Simplemente algunas veces no me sigue.

—¿Has notado algo más fuera de lo común? —le preguntó Joe luego, sintiendo una tensión de advertencia gestándose en él.

Wes hizo una pausa nuevamente.

—Pues... he encontrado el establo de Grace abierto cuando vengo por la mañana una o dos veces. Pequeñeces que no pueden ser otra cosa que eso.

Pequeñeces. Coincidencias. Joe sintió los cabellos de la nuca erizarse.

—¿Ha faltado algo? —preguntó él.

Se había preguntado dónde estaba el acosador ahora. Podría estar más cercano de lo que él imaginaba.

Wes negó con un movimiento de cabeza.

—No. No ha faltado nada. Simplemente los animales comportándose de manera extraña y el establo de Grace abierto. Solo pensé que debía preguntar.

Wes agachó la cabeza y volvió a caminar arrastrando los pies.

—Controlaré el establo de Grace por las noches antes de retirarme. —Joe asintió con un movimiento de cabeza—. Dime si notas alguna otra cosa.

—Así lo haré. —Wes asintió con un ademán—. Voy a limpiar los arreos ahora.

Joe arrugó el entrecejo al recorrer los establos con la mirada. Regresó a Grace y la observó con cuidado, buscando cualquier signo de lastimadura o aflicción.

Resopló y con el hocico le dio un golpecito en el brazo para captar su atención, pero nada parecía estar fuera de lugar. Le dio unas palmaditas en el cuello como despedida y controló la cerradura del establo antes de dirigirse hacia afuera, hacia el perro regodeándose bajo el sol. Sin embargo, demasiadas coincidencias estaban de repente comenzando a sumarse.

Pappy parecía estar bien, deseoso de captar su atención y tan juguetón como siempre. Sin embargo, Joe volvió a mirar hacia los establos mientras acariciaba al animal, preguntándose si lo estarían observando en ese mismo instante.

Wes era una pequeña y extraña persona en un buen día, pero nunca había parecido paranoico ni se había olvidado de controlar que los pestillos de las puertas de los compartimientos estuviesen cerrados.

Con el peine extraviado de ____ al principio de semana, los rumores de un trío del que nadie debería saber, y ahora eso, Joe estaba comenzando a ponerse en la piel del agente de nuevo. Y no le agradaba. Le había llevado casi dos años quitarse las sospechas paranoicas que venían con el trabajo en la Agencia. Pero, ¿era paranoia o él y ____ eran un blanco ahora?

—Vamos, muchacho, te buscaremos algo de comer. —Joe palmeó al perro una última vez antes de atravesar la puerta y encaminarse a la casa; el animal trotaba con alegría a sus pies.

Ingresó por la puerta trasera y tomó unos de los huesos comprados en la tienda que ____ tenía a mano para el perro en un estante y se lo arrojó a Pappy. El animal se alejó trotando alegremente, con el hueso de carne ahumada encerrado posesivamente en la boca.

Cuando cerró la puerta, pudo escuchar el zumbido de la Harley en la entrada principal y gruñó por la hora. Nick estaba de regreso mucho antes de la medianoche. Joe estaba sorprendido. Había anticipado que tenía que recoger a Nick, sin mencionar su destrozada Harley. No sería la primera vez que hacía algo así. Nick había destrozado totalmente su propia motocicleta cuatro años antes, y Joe había jurado que nunca le permitiría a su amigo conducir la Harley.

Cruzó la casa y se encontró con Nick cuando entraba por la puerta principal.

—Tu llave, mi amigo. —Nick le arrojó la llave y una sonrisa desenfadada—. Este es un pueblo bastante pequeño. Mucho, mucho paisaje, si no te molesta el comentario.

—No me molesta lo más mínimo. —Joe guardó la llave en el bolsillo e invitó a Nick hacia su oficina—. ¿Lograste averiguar algo?

—Solo que Ashley Greene odia a ____ con una pasión que la mayoría de las mujeres reservan para amar a los hombres —gruñó Nick—. Ella siente excitación sexual por tu matrimonio, Joe. Eso es algo peligroso.

—Ya me había dado cuenta de eso, Nick.

—Pues date cuenta de esto. Por lo poco que pude averiguar gracias a mis encantos con las pocas damas con quienes conversé en el pueblo, parece que Ashley Greene es quien está extendiendo el rumor de que estamos compartiendo a tu bonita mujer. Pero nadie sabe cómo ella averiguó que yo estaba aquí con tanta rapidez.

—Uno de los peones de la granja, sin duda. —Joe hizo una mueca de dolor, intentando hacer la sospecha a un lado—. No hay muchas cosas que puedas mantener en secreto aquí. Sin embargo, por el bien de ____, había esperado poder mantener esto en secreto.

Joe se pasó los dedos por el cabello mientras caminaba hacia la amplia ventana y miró hacia los establos. Wes estaba aún allí, cerrando todo por la noche, asegurándose de que los caballos estuviesen cómodos antes de partir. El infierno de la sospecha.

—Pero, ¿cómo se enteró de la verdad? —murmuró Joe—. Le dije a ____ que fue una coincidencia, pero tengo un mal presentimiento en los huesos, Nick. Sabe algo que no debería saber.

Nick se encogió de hombros con facilidad.

—Podría tener amigas en Virginia. El mundo es un pañuelo ahora, Joe.

—Entonces los rumores deberían haber comenzado antes. Como has dicho, Ashley siente excitación sexual por mi matrimonio.

—¿Qué quieres hacer? Puedo irme a un hotel en el pueblo...

Joe estaba negando con un movimiento de cabeza incluso al mismo tiempo que las palabras brotaban de la boca de su amigo.

—Esta es mi casa y mi vida —gruñó, conteniendo la ira que comenzaba a gestarse en él—. Yo no meto mis narices en la vida sexual de los demás y ellos deben permanecer alejados de la mía. Sanseacabó. Me aseguraré de eso.

Nick hizo una mueca.

—Las técnicas del vaquero no van a funcionar aquí, Joe.

—Crecí en este pueblo, Nick —señaló Joe salvajemente—. Nací y me crié aquí. Sé cómo manejarlos. Tú no lo sabes.

Algunas personas solo entendían una cosa. El miedo. Quizás no había regresado a Scotland Neck desde quince años antes de contraer matrimonio, pero se había asegurado de aprender todo lo que pudo antes de regresar.

Tenía que admitirlo, no había esperado que Ashley le arrojase un palo en las ruedas. Pero se encargaría de ella a través del marido y de la suegra. Sabía dónde golpear a esa víbora para obtener mayor efecto.

—Eso no nos dice de dónde salió la información —señaló Nick.

—Averiguaré eso también.

Levantó la mirada cuando se escuchó un golpe a la puerta. Un segundo después, ____ ingresó a la oficina.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:43

Capitulo 9-Parte 3


Joe casi sonríe burlón al ver cómo se había vestido. No la había visto tan tapada en la casa desde que contrajeron matrimonio. Y esos livianos pantalones de algodón de verano y la camisa suelta no le desmerecían las exuberantes curvas debajo en absoluto. El top con botones le cubría los senos con una suave caricia, incitando a un hombre a averiguar qué había debajo. Los pantalones eran lo suficientemente sueltos como para ocultar los redondeados muslos e insinuar la suave grieta entre ellos.

—Voy a preparar la cena —anunció—. ¿Hay algo en particular que quieran comer?

Por el rabillo del ojo, Joe vio la súbita llama de lujuria en la expresión de Nick y la inusual tensión en los labios de su amigo mientras se retraía de proponer lo que Joe estaba seguro sería una sugerencia mucho menos que decente. Al ver el acalorado rubor que tiñó las mejillas de ____ le aseguró que ella lo había notado también.

—Pervertido —murmuró ella entre dientes. Una diversión traviesa iluminó los ojos de Nick al tiempo que giró hacia ella.

—No me parece adecuado ese comentario. Ella revoleó los ojos antes de dirigirse a Joe. —Encárgate de él. Joe enarcó una ceja.

—Me agradaría mucho más encargarme de ti, pero solo después de la cena.

—Pues bien, comerán lo que se me ocurra cocinar.

—____. —La voz fue más dura, más oscura, al ella girar para marcharse, entonces lo supo. Él lo escuchó en su propia voz, pero la reacción en ella fue mucho más evidente.

Se heló, un casi imperceptible temblor le recorrió la espalda antes de girar hacia él.

La expresión en ella le tensó los cojones en los vaqueros. Había bajado las pestañas, los labios parecían más voluptuosos, y un rubor que no tenía nada que ver con la vergüenza le oscurecía las mejillas.

—¿Qué? —Un pequeño pliegue le arrugó la frente cuando él la miró fijamente.

—Ven aquí. —No era un ruego.

____ entrecerró los ojos al mirar entre él y Nick.

Ella le dio un resoplido de dama y le dijo:

—En tus sueños.

Habiendo dicho eso, giró y cerró la puerta con firmeza tras ella y su bonito y redondeado trasero.

Joe casi da una sacudida por la tensión que le rasgó en dos el cuerpo por el desafío deliberado. Apretó los dientes con una erección tan caliente, apuntando tan dura, que juró que estaba a punto de tener un orgasmo.

Se puso de pie con lentitud, mirando fijamente a la puerta con una sensación de expectativa.

—Quiero que cierres todas las persianas de la casa —le dijo a Nick suavemente—. Luego, reúnete con nosotros en la cocina.



Tenía todo el cuerpo tenso ahora, el control se le desmoronaba con el transcurso de los segundos. En lo único en lo que podía pensar era en abrazarla, contenerla, controlar ese dulce y caliente cuerpecito mientras él y Nick la llevaban hacia un placer que ella no podía imaginar. ____ no iba a cocinar la cena esa noche. Podrían pedir a domicilio después. Mucho después.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:46

CAPÍTULO 10-Parte 1




____ tenía la sensación de que acababa de plantear un desafío que no había ni una mínima posibilidad de que Joe rechazase. Lo había visto en el rostro de su marido el segundo en que lo miró por última vez antes de cerrar la puerta. En un instante, los ángulos tirantes y salvajes de una expresión tensa por la lujuria se revelaron claramente.

Joe le había advertido que no debía despertar el animal que dormía en él, pero lo había hecho de todos modos. ¿Deliberadamente? No sabría decirlo. Sabía que tenía los nervios tensos al límite, y el darse cuenta de que estaba en la misma habitación con los dos hombres le había incrementado la excitación sexual nerviosa que se había estado gestando en ella durante todo el día.

Inspiró ruidosamente cuando escuchó la puerta de la oficina de Joe cerrarse. Se armó de valor y giró hacia la entrada de la cocina, observando como él ingresaba, acechante, en la habitación.

—Ven aquí. —Le indicó que se acercase con un movimiento del dedo índice.

—¿Para qué? —____ se replegó más dentro de la cocina; se le aceleraba el ritmo de la respiración mientras miraba fijamente al amante conquistador que sabía que era.

La camisa gris que llevaba se le estiraba sobre el pecho y los hombros, acariciaba los tensos y duros abdominales antes de desaparecer en los ceñidos vaqueros de cuero que él usaba.

El cuero se estaba saliendo. Las manos se encargaron de la hebilla del cinturón, desabrochándola con lentitud al tiempo que ella se alejaba paulatinamente.

—No lo creo, Joe. —Sonrió con dulzura—. Tengo muchas cosas que hacer esta noche como para jugar contigo.

Ella estaba presionando y lo sabía. Presionando la excitación de su marido, presionando sus propios límites. Estaba cansada de la inquietud, cansada de la creciente tensión entre ellos, de saber que había más por explorar, que había más placer, más aventura en los brazos de Joe de lo que ella se había permitido ver hasta ese momento.

—Pero yo quiero jugar, ____ —le informó con una diversión oscura al soltar los extremos del cinturón.

Dios, eso era sexy. Con solo el cinturón abierto, el pesado bulto del pene estirándose debajo de la tela vaquera.

—No siempre obtenemos lo que deseamos. —Hizo un mohín con los labios con burlona compasión—. Deberías saberlo a estas alturas.

La risa que él emitió fue profunda, oscurecida por un poder oculto que ella misma sabía aún no había visto. ¿Quién era el hombre con el que se había casado? Creyó que lo conocía muy bien, pero estaba comenzando a darse cuenta de que quizás solo conocía una sombra de su sexualidad. Las ansias que acechaban debajo del controlado exterior le provocaron una sensación de excitación recorriéndole las venas. Podía verlo ahora. Los ojos no estaban tormentosos; no estaban oscurecidos por las sombras de las ansias que no estaba revelando. Estaban claros, brillantes, acalorados por una flama interna que salía de él y le llegaba a quemar a ella también.

Podía sentir su propia respiración volverse más áspera, más pesada. Los pechos se le hincharon, los pezones se hicieron tan sensibles que el roce con el encaje del sujetador era increíblemente excitante. Y entre las piernas, el clítoris se estaba inflamando, el sexo derramaba la humedad escurridiza, preparándose para él.

—Voy a obtener lo que deseo, en este caso —le prometió, moviéndose tan rápido que no pudo esquivarlo; la agarró de las muñecas y las llevó detrás de la espalda al tiempo que la empujaba hacia él.

La erección se le enterró en el estómago, presionando caliente y dura contra ella, mientras le sostenía las muñecas en la parte baja de la espalda y la arqueaba hacia él.

—¿Ahora qué? —lo desafió ella, luchando contra él, sintiendo que el pulso se le aceleraba al saber que no la dejaría escapar.

Le encantaba eso. Le arrojó una lanza de calor que le recorrió el cuerpo, apretándole el vientre y enviándole espasmos a la vagina cuando la alzó en brazos.

—Ahora vamos a jugar a mi manera. —El tono de voz le advirtió que lo que se aproximaba podría ser más de lo que ella había anticipado jamás—. Nosotros te mostramos exactamente lo que puede significar el placer verdadero, amorcito. Nosotros. —Él y Nick.



____ inspiró ruidosamente cuando la levantó en el aire, aún sosteniéndola de las muñecas, mientras que con el otro brazo le rodeaba la cadera para sacarla de la cocina y llevarla a través del vestíbulo hasta la abierta y poco iluminada sala.

—La cena —susurró ella, repentinamente insegura, nerviosa, al tiempo que Nick se acercó desde la ventana cerrada, haciendo lo que Joe había hecho y desabrochándose el cinturón primero.

—¿Estás asustada, pequeña? —Joe la tomó del rostro con la mano, obligándola a girar la cabeza hasta que él pudo mirarla a los ojos; la pesada dominancia en la expresión del marido le cortó la respiración.

Podía sentir los labios temblar; el miedo, las ansias y la incertidumbre le nublaban la mente.

—Yo... —gimoteó cuando lo besó en los labios; las lágrimas empañaron los ojos de ____ mientras las diversas variantes de lo que estaban a punto de hacer comenzaban a golpearle la mente—. Solo te amo a ti —volvió a susurrar contra los labios de su marido—. Solo te amo a ti, Joe.

Él levantó la mirada, la expresión en el rostro gentil y colmada de lujuria a la vez. Podía ver el amor en los ojos de él, las ansias y la promesa. Pero el miedo comenzaba a abrirse paso en la mente. Ningún otro hombre la había tocado jamás, la había follado jamás.

—Y yo solo te amo a ti, ____ —le prometió él. Ella oyó la promesa en la voz, la emoción, la necesidad.

—Necesitamos hablar sobre esto —volvió a protestar al tiempo que él se inclinaba sobre ella una vez más y la besaba en los labios.

—Se ha acabado el tiempo de hablar —le contestó con firmeza—. A menos que digas que no, entonces todo lo que quiero escuchar de ti son gritos de placer.

—¿Y si digo que no? —Pero, ¿quería ella decir no?

—No significa no —estuvo de acuerdo él, entrecerrando los párpados sobre los ojos mientras le acariciaba los labios con el pulgar—. ¿Pero es eso lo que realmente quieres hacer?

¿Era eso lo que ella quería hacer?

Joe le acarició el cuello con la mano, luego por encima del pecho, hacia los botones que le cerraban la camisa tejida. ____ luchó por mantener los ojos abiertos, por aferrarse a los sentidos al sentir a Nick moviéndose tras ella.

—Joe...

—Está bien, cariño —Nick susurró entonces—. Nada demasiado duro esta vez. Solo vamos a jugar un rato.

La voz de Nick fue una brisa de sonido sobre su oído, el calor del cuerpo de él la calentaba por detrás a ella mientras Joe la sostenía firme contra su cuerpo.

—Siente lo caliente que puede ponerse, ____ —le dijo Joe—. Eso es todo. ¿Crees que te forzaría?

Ella negó con bruscos movimientos de cabeza.

—Buena chica. —Él sonrió tenso, ansioso—. Ahora, déjame mostrarte parte de lo que podrías estar negándote.

Ella esperaba el beso. Esperaba las ansias ardientes y destructivas que había visto en los pasados días. No esperaba el control de él. No esperaba que Nick de repente tomara posesión de sus muñecas mientras Joe tuvo las manos libres para desabrocharle el top.

—Me fascinan estos pequeños botones —gruñó—. Abrirlos es como si fuese Navidad. Porque sé que los pezones más dulces y regordetes están esperándome debajo.

Los extremos de la camisa se abrieron, revelando el sujetador de encaje.

La mirada de Joe era francamente sensual y se llenó de irónico humor.

—¿Armadura, cariño?

Se estremeció entre las manos de Nick al mirar a su marido. Por supuesto, podría haber sido capaz de mantener una apariencia de fortaleza si no hubiera sido por los labios del amigo en su cuello.

La mirada de Joe fue atraída por el movimiento de Nick, los ojos se le oscurecieron, se profundizaron, mientras la mandíbula se tensó con el esfuerzo que obviamente le estaba llevando mantener el control.

El sentir los suaves besos en el tierno tendón del cuello mientras Joe observaba, el rasguño de los dientes al tiempo que su marido le corría la camisa de los hombros hacia abajo y la dejaba colgando de los brazos amarrados, le provocaban sensaciones que se le clavaban como garras en el vientre.

—Voy a tener que castigarte por esto.

____ abrió los ojos de par en par cuando él tironeó del pequeño broche del sujetador entre los senos.

—¿Ca... castigarme? —balbuceó ella. ¿Por qué la amenaza se oía tan condenadamente erótica?

—Nunca te di una zurra, ¿no es así, ____? —casi canturreó la pregunta.

—No. —____ tragó en seco, tensa—. Nunca.

¿Quería que él lo hiciese? ¿Por qué el trasero le hormigueaba como si se estuviese anticipando?

—Me he estado muriendo por ver cómo se te ruboriza el trasero.

El broche se abrió con una sacudida de los dedos, las tazas de encaje le protegían los senos y sus tensas puntas a pesar de estar desabrochado.

Pero no pudieron luchar contra los dedos de Joe. Dedos que pelaron el encaje como si estuvieran quitándole el envoltorio a un obsequio particularmente d____cado.

—Maldición. Eso es bonito —gruñó de repente Nick tras ella, las manos soltándole las muñecas lentamente antes de quitarle el top y el sujetador.

—Muy bonito, joder. —La voz de Joe estaba tensa ahora, latente de lujuria—. Tan bonitos que es una jodida lástima cubrirlos.

Bajó la cabeza al tiempo que la rodeó con los brazos, lamiéndole sobre un pico erguido al tiempo que ella dio una sacudida y gritó. El placer la azotó a través del cuerpo. Las terminaciones nerviosas que usualmente requerían Delicadas caricias preliminares para llamear y cobrar vida, de repente latían dando la bienvenida.

____ apenas se dio cuenta de que Nick se alejaba de ella. Notó que el cuerpo del otro hombre ya no estaba allí, pero no le importó que se hubiera marchado. Joe la estaba sosteniendo, alzándola contra él mientras que los labios le cubrían el tenso pico del seno y comenzaban a tirar de él, profundos tirones de la boca.

—Joe. Ah, Dios. Es muy bueno.

Ella iba a tener un orgasmo. Los pezones estaban tan sensibles, tan latentes y atentos a cada lengüetazo, a cada tirón de la boca, que podía sentir las sensaciones rasgándole el vientre. Rodeó el cuello de su marido con los brazos, entrelazando los dedos en su cabello. Lo único que ella quería hacer era aferrarse a él. Mantener ese placer exquisito dentro de ella por siempre. Mantener a Joe dentro de ella por siempre.

Era diferente. Tan diferente que apenas si podía procesar la sensualidad adicional, el puro erotismo apoderándose de ella.

Ella era diferente. Podía sentir las diferencias ahora. Algo salvaje y desinhibido estaba alzándose en su interior. Algo que no podía definir, no podía entender. Algo que le cubría el cuerpo como una elevación de la marea de calor erótico y la sostenía debajo de las olas que hervían a fuego lento.

—Me encantan tus pezones —gruñó Joe unos segundos después cuando levantó la cabeza de una punta y se dirigió a la otra—. Qué duros y tensos se ponen. Cómo se vuelven más rojos con mis labios. Mi lengua.

Lamió el otro pezón, se lo llevó a la boca, lo chupó con fuerza al tiempo que ella se arqueó en los brazos de su marido y se aferró a sus hombros. El mundo se balanceaba a su alrededor. Giraba a su alrededor con calor y excitación, quitándole el aliento y los sentidos.

Él levantó la cabeza, los labios húmedos por las caricias al pezón, los ojos casi negros de excitación.

—Ya has fantaseado con esto —le dijo despiadadamente—. Lo vi en tus ojos en nuestra boda. Lo he visto en tu rostro cada vez que me lo has preguntado. Lo he sentido más de una vez cuando te vuelves salvaje debajo de mí.

Ella negó con un movimiento de cabeza, gimoteando porque no podía lograr que la mentira saliese de su boca.

—Y me calentaba más saberlo. Me hacía querer devorarte cada centímetro de tu cuerpo. Verte mientras te devoran. Me hacía desear darte todo acerca de lo que habías fantaseado.

La determinación le golpeó el rostro cuando echó una mirada tras ella.

Un segundo después, ____ se sacudió sorprendida, un grito inesperado salió de su boca cuando sintió el calor exaltado de un cuerpo masculino desnudo presionándole la espalda.

—Relájate —canturreó Joe cuando ella comenzó a temblar, mirando a su marido a los ojos mientras la mente procesaba la presencia de una gruesa y pesada erección sobre la espalda—. Aquí. Deja que Nick te sostenga un minuto, pequeña. Solo un minuto.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:48

Capitulo 10-Parte2


La voz era gentil, pero la expresión implacable, tensa por la excitación, firme con la demanda, mientras Nick la soltaba de las manos de Joe.

Su marido la tomó de las muñecas, quitándole las manos de alrededor de su cuello mientras Nick la alejaba de él.

____ tomó las muñecas de Nick, sintiendo la áspera piel, los vellos de los brazos erizándose bajo las palmas de sus manos, desde el pecho en su espalda.

Ella miró a Joe fijamente, observándolo cuando comenzó a quitarse la camisa. Lo observó hasta que Nick la giró en sus brazos y la obligó a mirarlo a él en su lugar.

Ojos azules zafiro y rasgos de línea dura. Las ansias tensaban la expresión de Nick, y los ojos se entrecerraron con erótica intensidad.

—¿Cómo fantaseaste, ____? —Bajó la cabeza, los labios le trazaron un camino por el cuello mientras la llevaba hacia el acolchado taburete bajo que estaba delante del amplio y mullido sillón frente al sofá.

Miró por encima del hombro, buscando a Joe, quedándose sin aliento al verlo quitarse la camisa por los anchos hombros. Los músculos se ondulaban desde el poderoso pecho hasta abajo en los duros abdominales.

—Mírame a mí, pequeña —gruñó Nick, girándole la cabeza hacia él, acariciándole los labios con un beso—. Déjame verte los ojos, ¿Sabes que cambian del color almendra al verde más hermoso cuando estás excitada?

—Nick —gimió el nombre al tiempo que él le mordisqueó los labios; el agudo escozor fue rápidamente lamido con la calmada calidez de la lengua de él.

Las manos del hombre viajaron por la espalda, la cintura, luego empujaron debajo de los pantalones sueltos para tomarle los cachetes del trasero. ____ podía sentir las callosas manos acariciándola incluso cuando separó los labios para recibir el beso, de la misma manera que podía ver a Joe observándolos. Con los ojos clavados en ella, viendo cómo respondía a otro hombre, cómo arqueaba el cuerpo, los dedos de Nick acariciando la seda que le separaba las nalgas y le cubría la piel dolorida debajo de los muslos.

—Tu cono está caliente —gruñó ásperamente al separar los labios de ella con un movimiento brusco—. Muy caliente y húmeda, tus bragas están mojadas.

Los dedos le masajeaban por encima de los dobleces, volviéndola más caliente, más húmeda. ____ no podía evitar frotarse contra él, presionar el trasero hacia atrás para obligarlo a apoyar los dedos sobre ella con más firmeza. Él la recompensó con unas pocas caricias breves sobre el tenso clítoris mientras le arañaba el cuello con los dientes.

—Ven aquí, amorcito.

____ dio un grito desgarrador cuando las manos de Joe la alzaron de las manos de Nick, llevándola hasta el taburete antes de apoyarla sobre el sillón, cuyo reclinado respaldo acolchado soportaba el peso del cuerpo de ____. Al recostarla sobre la espalda, Nick le quitó los pantalones con un movimiento rápido resbalando por las caderas, los muslos y piernas, dejándola desnuda excepto por el tanga de encaje blanco.

Ella yacía ante ellos como un banquete, observando a dos oscuros, desnudos y totalmente excitados hombres.

—Me siento como una jodida virgen en sacrificio. —La voz le temblaba más que la noche en que Joe le había quitado la virginidad.

—Un sabroso sacrificio —susurró Nick cuando le separó las piernas, llevándola hasta el borde del taburete mientras Joe se arrodillaba a su lado.

No había tiempo para protestar, si de hecho hubiera tenido intenciones de hacerlo. Joe le cubrió la boca con los labios mientras Nick ejercía presión húmeda contra el encaje entre sus partes, enviando un placer descontrolado y violento que le resonó en todo el cuerpo.

____ sacudió la cadera, la retorció contra los devastadores labios en la entrepierna. La sensación de Nick consumiéndola a través de las bragas era destructiva. Los labios de Joe sobre ella, con las manos acariciándole los pechos, apretujándole los pezones, le estaban destruyendo el control. Las sensaciones chocaban con otras sensaciones mientras el placer se volvía una tortura. Estaba perdida entre las olas de calor y fervor erótico que crecían y embestían mientras el mundo se centraba en los besos ardientes que la lamían como llamaradas sobre las terminaciones nerviosas.

—Joe —gimoteó el nombre de su marido cuando éste levantó la cabeza, entrecerró los ojos sobre el rostro de ____ al tiempo que las caderas de su mujer se arqueaban contra la boca de Nick—. Es demasiado... Demasiadas sensaciones. Demasiado placer.

—No es suficiente, ____. —Inclinó la cabeza hasta los senos, los labios rodearon un pezón mientras que los dedos tiraban del compañero, enviando esquirlas desesperadas de placer que le rasgaron la piel—. No es suficiente, en absoluto.

Más abajo, los labios de Nick estaban tirando del encaje, las manos le mantenían las piernas separadas, la lengua se movía debajo de la tela para acariciar la carne saturada de ansias y necesidad.

____ se contorneó debajo de las caricias, debajo del calor que comenzaba a flamearle a través del cuerpo. Manos y bocas eróticas y prohibidas la acariciaban y persuadían hasta que los gritos de la mujer se convirtieron en ásperas súplicas.

Unas manos callosas le quitaron las bragas. Una maliciosa y hambrienta boca le devoraba la carne empapada de pasión mientras sentía unos dedos anchos en su interior. Labios mamaban de los senos, y cuando abrió los ojos, fue para ver a Joe observándola, el placer y la lujuria bañándole la expresión.

En lo que a Joe se refería, ____ nunca se había visto más hermosa que en ese momento. Estirada sobre el taburete y el sillón, los pechos se arqueaban hacia los labios y lengua de su marido, el calor le trepaba hacia las mejillas y el embriagador placer le colmaba los ojos.

Tenía los brazos arqueados sobre la cabeza, los dedos se enterraban sobre el amplio cojín que le sujetaba la espalda. Joe se echó hacia atrás y observó el cuerpo de la mujer, entrecerró los ojos al ver la lengua de Nick afanado en el hinchado y d____cado clítoris. Estaba en llamas, erecto, pulsante por los besos eróticos que le conferían.

Las mejillas de Nick estaban rojas de lujuria, la mirada semicubierta por pesados párpados al tiempo que Joe le permitió ver la expresión de ____.

—Más —jadeó ásperamente ella al intentar girar bajo los labios de Nick—. ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! —Abrió los ojos de par en par, fijando la mirada en los ojos de su marido—. ¡Joe! ¡Ayúdame!

El verde en los ojos de ____ brilló, flameando como estrellas color esmeralda en un fondo almendra. El sudor le cubría el cuerpo y la desesperación le retorcía la expresión al estirar los brazos hacia su marido.

Joe la tomó de las muñecas, llevándolas hacia el cojín otra vez e inclinándose él mismo hacia ella.

—Deja de luchar con ello, ____ —le ordenó crudamente—. Relájate, amorcito.

Ella apoyó la cabeza con violencia sobre el cojín, el cuerpo tensándose mientras luchaba contra el orgasmo que Joe podía sentir gestándose en el cuerpo de su esposa.

—Joe, por favor... —El grito desgarrador le tensó la mandíbula y le hinchó el pene aún más.

El verla así, ver el placer que la transformaba, era casi tan erótico como darle todo el placer que estaba recibiendo.

Los labios de Joe se inclinaron hasta un pezón duro y de color cereza para lamer y mordisquear la tensa cúspide. Una vibración rugiente de éxtasis se escapó de la garganta de ____, el sonido f____no y colmado de desesperación.

—Ella está cerca —dijo Nick repentinamente con un gruñido, la voz más profunda, llena de excitación—. El cono está tan ceñido alrededor de mis dedos que se siente como estar atrapado en una prensa.

Joe volvió a levantar la cabeza, sus manos le acariciaron la parte superior del cuerpo, los labios se inclinaron hacia ella en un breve y duro beso antes de echarse hacia atrás.

Quería observarla. Que Dios la ayudase, necesitaba observarla. El erotismo prohibido del acto siempre elevaba el placer de la mujer un poco más. Estaba elevando a ____ un poco más. Ella tenía los ojos clavados en él, la mirada perdida, la expresión se le tensaba a medida que luchaba contra la violencia del orgasmo que se gestaba en su interior.

—Joe, no tenemos mucho tiempo —le advirtió Nick, con tensión en la voz—. Tiene tanto flujo que me está inundando los dedos. Si no acaba ahora, lo va a perder.

—Muévete —le ordenó Joe con dureza al alzarla, llevándola hacia sus brazos mientras él tomaba su lugar en el sillón y la forzaba a sentarse a horcajadas sobre su regazo.

Ella se volvió loca. Joe la miró fijo a los ojos mientras se clavaba a sí misma con el pene y lo rodeaba con una fricción como ún puño cerrado y un calor que provocó en Joe un gruñido de placer.

Una mano se aferró a la cadera de su mujer al tiempo que la sujetaba contra su pecho con el otro brazo, agarrándola contra su propio hombro al tiempo que Joe levantó la vista para mirarla. Frenética por las sensaciones no se podía contener, enloquecida por la lujuria que no podía controlar. Estaba en un estado de lo más indefenso ahora, el cuerpo acariciaba contra un pináculo de placer que requería más que un suave contacto.

Estaba montada en una ola de violenta necesidad tan intensa, tan caliente, que el margen de dolor se convirtió en un deseo que el cuerpo no pudo ignorar. Ella estaba allí ahora. El lo había sentido cuando lanzó su propio cuerpo sobre su pene, tomándole en una profunda caricia cuando normalmente le tomaba varias para que él pudiera penetrarla por completo.

Incluso ahora, la vagina se expandía, luchando para ajustarse al empalamiento, y ella pedía más.

Joe supo el preciso instante en que los extremadamente lubricados dedos de Nick comenzaron a acariciar la entrada del trasero de ____. Ella abrió los ojos de par en par, luego los cerró, y un temblor le recorrió el cuerpo al tiempo que Joe colocó su cuerpo en ángulo más cercano al borde del sillón para permitirle a Nick que se posicionase como necesitaba.

Un segundo después, el sonido de un duro azote aterrizando en el trasero de la mujer le provocó a Joe apretar los dientes para refrenar la necesidad de acabar, al tiempo que ____ repentinamente corcoveó, retorciéndose de dolor.

—Ella se está poniendo colorada, es muy bonito —murmuró Nick con crudeza al tiempo que otro azote aterrizaba. Vibraba a través de la carne hasta el pene de Joe, creando una oleada de placer que rompía sobre ambos.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:50

Capitulo 10-Parte 3


Él podía sentir cómo se ceñía el cono cuando los dedos de Nick se clavaban en el ano. La vibración de las agudas caricias al tiempo que le azotaba las redondeadas nalgas, la sensación de sentir que se quebraba en dos en sus brazos. El sonido de sus gritos. Gritos de placer, de ansias, de necesidad.

—Se está abriendo. —La voz de Nick era un áspero, primitivo sonido—. Está al borde, Joe.

Al borde de ese precipicio que permitía que el dolor y el placer se fundieran. Otro azote, una acalorada zurra que se movía sobre el trasero y le provocaba clavar las uñas sobre los hombros de él.

—Dos dedos, despacio.

Joe apretó los dientes con fuerza cuando sintió el cono ceñirse, tensarse al aceptar el ano los dedos de Nick.

Otra cachetada erótica sonó mientras Joe miraba fijamente a su mujer. Los embriagados ojos, los labios entreabiertos y húmedos, hinchados por el placer y por los besos.

—Necesito... —gimió ella.

—Tres, Joe.

Ella estaba más estrecha ahora, gimoteando, los dedos enterrados en los hombros al tiempo que separó los labios para emitir un jadeo de dolor. Los dedos fríos y espesamente lubricados de Nick se deslizaron dentro de ella, acariciando la membrana suave y las terminaciones nerviosas hasta que ella fue una masa de ansias desesperadas.

—Tómala —Joe gruñó la orden.

—Joder, va a estar estrecha —dijo Nick con un ronquido—. Tan condenadamente estrecha.

____ oyó las palabras vagando a su alrededor, pero no podía procesar ninguna información excepto las increíbles sensaciones que le recorrían el cuerpo, las ansias la destruían de adentro hacia afuera.

Ella sabía lo que se aproximaba. Lo había presentido desde el instante en que el pene de Joe le llenó el interior y él repentinamente la aferró contra su pecho. Atrapada contra él, indefensa, no se podía mover, no podía cabalgarlo como necesitaba, no podía aplacar las llamas que le quemaban el cuerpo, exigiendo el orgasmo.

Luego, Nick estuvo tras ella.

—Oh, Dios. Joe. Joe. —____ se estremeció violentamente cuando los dedos de Nick la llenaron por primera vez, la estiraron, quemándole los sentidos con un placer tan cercano a la agonía que sentía las lágrimas brotarle de los ojos—. Joe, ayúdame.

—Ahora, Nick.

Enterró las uñas en los hombros de su marido cuando sintió a Nick tras ella, cuando sintió la punta del pene ejerciendo presión contra la ceñida entrada anal al tiempo que Joe arrancó el cojín debajo de ellos, permitiéndose recostar el cuerpo entero sobre el taburete y el sillón mientras Nick comenzaba a presionar contra ella.

____ podía sentir la fría lubricación facilitando la penetración, creando un contrapunto entre el aumentado calor del pene de Nick y las cálidas profundidades del canal que él estaba invadiendo. Las manos, callosas como las de Joe pero no tan anchas, le separaron las nalgas. Cálidas. Aprensándole la carne con caricias casi felinas.

Cuando sintió la ancha cabeza deslizarse en ella por completo, ____ gritó sin sentido. No estaba segura si estaba aceptándolo o negándolo. Pero el cuerpo se abrió para él. Lo sintió. Sintió la caliente y ardiente aceptación cuando la longitud de la erección dura como el hierro comenzó a afanarse dentro del ultraceñido, ultrasensible canal.

Volvió a mirar a Joe, debilitada, el cuerpo inundado de sensaciones que producían eco y resonaban, se gestaban y se intensificaban segundo a segundo.

Ahora ella podía sentirlos a ambos. Las diferencias, los alternados aromas de los hombres entretejiéndose en ella. El tormentoso aroma de Joe, con un rastro de perfume a rayos eléctricos. Nick, salvaje e indómito, no era exactamente una tormenta, sino más como el aroma a la tierra justo antes de que el vendaval se desplome. Diferente, pero familiar. Le atacaba los sentidos como el placer le ataba las terminaciones nerviosas.

—Joe. —Intentó arquearse en los brazos de su marido mientras otro grito manó de ella como un sonido de quejido de placer enloquecido—. Él está... —Intentó tragar—. Está dentro de mí.

—Él está dentro de ti, pequeña —canturreó él con voz gutural—. Ceñido en ti.

—Joe, no sé... —gimoteó ella mientras sentía ambos penes sacudirse en su interior—. No sé si pueda sobrevivir...

Se le cerraron los ojos mientras una oleada de lujuria le atravesó el cuerpo. Necesitaba que ambos se movieran. Que hicieran algo. Para calmar la quemazón, el dolor corrosivo por el orgasmo.

—Mírame, ____. —La voz fue tensa, como rugido—. Abre los ojos, maldita sea. Déjame verlos.

Ella se esforzó por abrirlos, tensándose, contorsionándose debajo de las penetraciones combinadas mientras gimoteaba su nombre una vez más.

—Dios, sí —masculló él salvajemente—. El placer en tu rostro, ____. Es maravilloso. Demasiado maravilloso, maldición.

Ella podía sentir el pene latiendo dentro de su cuerpo mientras que el ano se le estiraba más y más, enviando fuertes y agonizantes oleadas de sensación a través de las terminaciones nerviosas.

—Ayúdame —jadeó ella, consciente de que estaba clavándole las uñas en los hombros pero incapaz de soltarlo—. Por favor. Por favor, Joe.

Los ojos de él estaban casi negros, los acordonados músculos como acero debajo de ella. ____ se sacudió de repente, se estremeció, y sintió cada centímetro del pene de Nick empalándola.

No estaba segura en ese punto si podía mantenerse consciente. Mantener los ojos abiertos y enfocados en Joe le significaba un esfuerzo sobrehumano. Nada podía controlar el contorneo frenético del cuerpo, las contracciones internas alrededor de las gruesas intrusiones que la llenaban, o el caleidoscopio de sensaciones que le recorrían el cuerpo con velocidad.

—Te amo —Joe le susurró entonces, flexionando las caderas, extrayendo el pene lentamente, luego volviéndola a llenar mientras Nick se retiró apenas del ano.

Coordinación. Maliciosamente ensayada. Las caricias gentiles y lentas eran más destructivas por el simple hecho de que estaban muy bien sincronizados, uno con el otro.

____ no podía hacer otra cosa que aceptar el placer entusiasta que le explotaba a través del cuerpo ahora. Cada caricia, cada zambullida, cada murmurado gemido masculino la rasgaba entera con la fuerza de una sacudida eléctrica. Estaba atrapada entre ellos, sostenida, acariciada.

Los labios de Nick le dejaban suaves besos en el cuello, los dientes le raspaban. Los labios de Joe la mordisqueaban y poseían la boca, la lengua lamía y penetraba mientras la forzaba a mantener los ojos abiertos.

—No cierres los ojos —le demandó cuando comenzó a entrecerrarlos—. Mírame, ____. Quiero verte los ojos. Están verdes ahora, pequeña. Tan verdes que podría ahogarme en ellos. Como los océanos. Como las esmeraldas que viven y respiran.

Estaban moviéndose más fuerte ahora, tomándola, follándola con intensas zambullidas y poderosas caricias mientras se tensaban debajo y detrás de ella.

—¡Suéltate! —gruñó repentinamente Joe—. ¡Por el amor de Dios, relájate!

¿Soltarse? ¿A qué otra cosa se estaba aferrando además de a su propia cordura?

Pero un segundo después, ni eso le quedaba. Una mano se alejó de las caderas, le tomó un seno, los dedos y el pulgar apretándole el pezón mientras los labios le cubrían la boca y la lengua se zambullía en casa.

El acalorado agarre en el pezón le arponeaba el vientre. El beso la electrificó mientras los dientes de Nick le mordían el hombro, y ella explotó. Murió en brazos de los hombres. Se arrojó de un cielo vasto y tachonado de estrellas de colores vivos y sensaciones que la liberaron de su propio cuerpo de un tirón al sentir las duras y feroces zambullidas en su interior acariciándole más y más rápidamente, lanzándola hacia un orgasmo del que ella supo que nunca se recuperaría.

Los músculos se le tensaron hasta casi romperse, el cono comenzó a convulsionar mientras se ceñía alrededor de la erección que le empalaba el trasero y sintió que la tensión en el vientre comenzaba a derretirse con una fuerza desgarradora.

—¡Maldición! —El grito de Joe fue salvaje. Un segundo después se tensó bajo ella, zambulléndose con más fuerza, las caricias más ceñidas antes de que ella explotase una vez más entre los pesados y feroces chorros de fuego líquido que él comenzó a bombear en su interior.

Detrás de ella, Nick gruñó su nombre; luego, él también la llenó con secundarias explosiones de su propio orgasmo. Podía sentir el pene latiendo con ferocidad dentro del ajustado canal del ano, pero a diferencia del orgasmo de Joe, el fogoso remojón estuvo ausente.

No obstaculizó la explosión final de placer que recorrió el cuerpo entero de ____, o la sensación de saciedad que comenzó a tejerse en ella. Se colapso en los brazos de su marido, laxa, empapada por el sudor combinado de todos, y bastante contenta de dejar el esfuerzo de despegarse de donde descansaba en los brazos de los hombres.



Manos que le acariciaban el cuerpo ahora, calmando los temblores que aún le recorrían el cuerpo. Manos que se unían, labios masculinos gentiles que le besaban el rostro, los hombros, y la espalda. Manos que acariciaban y daban calor y la conducían a un estado de sueño en vigilia del que ____, notó, nunca querría salir.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 7th 2011, 21:52

Listo ahi esta chicas esta es toda la maraton por hoy Smile
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 8th 2011, 16:54

Wow!! Shocked Twisted Evil
Hhahaha! Me Encanta!
Gracias Por El Maraton!!! Very Happy
Siguela!!! Twisted Evil
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 9th 2011, 10:00

DIOOOOS: Increíble.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 9th 2011, 11:30

WOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOW Ó____________________________________________________________Ó AAAH FUE LO MEJOR ME ENCANTA LA NOVE, NUEVA LECTORA, POR FAVOR SIGUELA YA, EL MARATON ESTUVO ESPECTACULAR, QUIERO SABER QUE MAS PASA SIGUELA.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 10th 2011, 11:11

maaaaaaaaaaas cariñño. <33
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 11th 2011, 23:14

ENVERDAD QE TU QIERES QE TE SECUESTRE
& ESCRIBAS LA NOVE!! DEOOS ESTA BIEN
COMO DECIRLO FGJKSDFGKJDF NO TENGO
PALABRAS ESTA BIEN GENIAL :B ESPERO
LA SIGAS PRONTO D: Smile
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 12th 2011, 10:20

maaaaaaas Smile
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 12th 2011, 13:01

CAPÍTULO 11-Parte1




Estaba jodido. Nick se dio cuenta de lo que significaba la extraña sensación de algo derritiéndosele en el pecho cuando levantó el cuerpo laxo de ____ en brazos y dio un paso hacia atrás de la combinación de sillón taburete que habían utilizado.

Las reglas eran siempre claras. Siempre lo habían sido. Podía participar en las tiernas emociones que las mujeres de Joe sentían por él, pero no podía poseerlas. No podía reclamar parte de sus corazones para sí mismo.

Hasta que llegó ____, no lo había deseado.

Ahora, mientras Joe hacía el esfuerzo de ponerse de pie y acomodar el cojín, Nick acunaba el cuerpo tierno y desnudo de la esposa de otro hombre y sintió los primeros retorcijones de arrepentimiento.

—La llevaré hasta la bañera. —Nick no esperó a que Joe se la quitase de los brazos. Maldición, no sabía si podría soportar que Joe se la quitase ahora. No hasta que se hubiera empapado a sí mismo de ese sentimiento, le hubiera permitido ingresar en la mente e implantarse allí para siempre en sus recuerdos. No quería olvidarlo.

—Subiré en unos minutos —expresó Joe, impasible—. Guardo las sales de baño debajo del gabinete.

Había un ritual con ello. Cuidar de la mujer que les permitía compartir los cuerpos de esa manera. Era un ritual que Joe había comenzado con la primera mujer que había tomado con la asistencia de otro hombre. Era un ritual que Nick había aceptado de muy buena gana cuando él y Joe habían comenzado a compartir las amantes.

O, mejor dicho, cuando Joe había comenzó a compartirlas. Nick había aprendido al principio de su amistad que Joe tenía una forma de atraer a las mujeres gentiles y comprensivas, mientras que Nick siempre parecía espantarlas.

Caminó por la casa y subió las escaleras, sintiendo la pequeña mano de ____ acariciándole el pecho. Ella pensaba que él era Joe. Estaba aún perdida en la embriagadora secuela de los poderosos orgasmos que la habían atravesado el cuerpo. No sabía quién la sostenía. No podría saberlo o no habría estado acariciándola tan gentilmente de otro modo.

Cuando dio un paso dentro de la habitación que ella compartía con Joe, Nick no pudo evitar fijar la mirada en la atmósfera pacífica y cálida mientras atravesaba el lugar.

La oscura madera tradicional estaba suavizada con detalles de la presencia femenina. El floreado edredón sobre la cama, el jarrón de flores secas sobre la cómoda. Había una impresión de la vista aérea de la granja y los pastizales en derredor sobre un muro. Una imagen de un hada de un vuelo en otro.

Una bata de seda violeta yacía a los pies de la cama; un osito de peluche que él sabía que Joe le había obsequiado estaba en un extremo del tocador.

En esa habitación, el hecho de que ella y Joe eran el uno para el otro no podía quedar más demostrado. Y el hecho de que él no tenía lugar allí nunca lo había golpeado con tanta fuerza como ahora.

Apretó la mandíbula y caminó hacia el baño, moviendo la preciosa carga en sus brazos al sentarse en el borde de la gran bañera.

Hijo de puta. Joe había instalado una tina lo suficientemente grande para que cupieran cinco personas. Era fácilmente del tamaño del jacuzzi en la terraza detrás de la casa.

Mientras regulaba la temperatura del agua, besó la cabeza de ____ cuando ella comenzó a moverse.

—Tranquila —murmuró él—. Necesitas un baño caliente, después podrás dormir.

—Tengo hambre —masculló ella.

Nick sonrió socarronamente por el revelador comentario. Había quemado suficientes calorías en los orgasmos que había tenido con él y Joe que tenía todo el derecho de estar hambrienta. Maldición, él mismo tenía un hambre de mil demonios.

—Te daremos de comer después de que te remojes durante un rato. —Hizo una mueca al presionar la mejilla contra la cabellera de la mujer, cerrando los ojos brevemente antes de reprimir el arrepentimiento.

Él era el tercero. No se podía permitir olvidarse de ello. Joe y ____ eran la unidad; él solo estaba allí para agregar un poco de diversión durante un rato.

¿Dónde demonios había tenido la cabeza cuando fue allí pensando que sería como todas las otras veces anteriores? Diversión y juegos. Risas y placer. No había anticipado sentirse afectado por la calidez y el espíritu generoso de ____, pero en los últimos dos días, se había sentido más que afectado.

—¿Te encuentras bien, Nick? —le preguntó ella en voz baja, reclinándose sobre el hombre mientras volcaba las sales en el agua y controlaba la temperatura.

—Simplemente me aseguro de que el agua no esté demasiado caliente. —Cerró los ojos una vez más, solo para volver a abrirlos al escuchar movimientos en la puerta del baño.

Joe estaba de pie allí, vestido con los vaqueros, el pecho y los pies desnudos, los ojos grises, pensativos.

Su mejor amigo. Y Nick estaba haciendo más que solo desear sexualmente a su esposa.

—Dijo que tiene hambre. —Vislumbró una sonrisa en Joe, brillando rápidamente antes de girar y depositar a ____ en el agua humeante de la tina.

—Me estoy muriendo de hambre. —Ella se acomodó en el agua con un suspiro de extremo éxtasis.

—¿Qué deseas, amorcito? —Joe ingresó al cuarto sin hacer ruido, arrodillándose en el escalón de la tina para inclinarse hacia dentro y besarla sobre los hinchados labios.

Le tomó la mejilla con la mano mientras dedos delgados se enroscaron contra la nuca. Nick se sintió más intruso de lo que se había sentido jamás en su vida. Y se había sentido así a menudo.

—Quiero pizza —la escuchó murmurar cuando Joe se echó hacia atrás, abrazando el borde de la tina con los brazos mientras le acariciaba la mejilla con la punta de los dedos.

—Tú descansa. Yo ordenaré tu favorita —le prometió Joe suavemente, en voz baja, íntima, al inclinarse hacia adelante y besarla en la frente—. Nick puede lavarte la espalda —terminó de manera juguetona.

—Debería ofrecerme un completo masaje de espalda. —La risa de ____ fue baja, juguetona, compungida—. No creo que pueda caminar derecha por un tiempo.

—Te cargaremos. —Joe se puso de pie y le echó una mirada a Nick—. Iré a pedir la pizza. ¿Estás bien para quedarte aquí?

Nunca hay que dejar sola a una mujer después de hacer añicos la impresión anterior que tenía del placer. Hay que abrazarla. Malcriarla. Mantenerla confortable. Joe sabía cómo hacerlo, y en el transcurso de los años, le había enseñado a Nick.

—Yo me encargaré de ella. —La miró fugazmente, observándola relajada en el agua y Joe se puso de pie.

—La dejaré en tus manos. —Joe le dio una palmada en el hombro al salir del baño.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 12th 2011, 13:02

Capitulo 11-Parte 2


Nick recorrió con la mirada la humeante intimidad del lugar. Allí, la influencia de ____ se sentía más. Estaba más suavizada que la alcoba, con los gabinetes y el lavabo de mármol gris pizarra y varios estantes angostos que sostenían montones de productos femeninos: jabones, lociones y perfumes. Sabía que debajo del gabinete había un sistema de gaveta empotrado que contenía el maquillaje. Colgando en un muro interior, estaba el secador de cabello y un surtido de rizadores.

Unas puertas francesas daban a un balcón que ocupaba la extensión de la habitación y el baño, los visillos gris pálido cubiertos con cortinas más oscuras gris perla estaban corridos ahora.

—Estás demasiado interesado en los muros del baño —dijo ella con un dejo de incertidumbre—. Estaré bien sola.

Nick giró la cabeza con un movimiento brusco, fijando la vista en el agua lamiéndole los senos antes de permitirse encontrarle la mirada en los amplios ojos de color almendra.

Negó con un lento movimiento de cabeza al arrodillarse en el escalón más bajo que llevaba al borde.

—Ni loco. —Tomó la esponja de baño y cogió una botella de gel de baño del amplio borde del fondo y la enjabonó lentamente—. Encargarme de ti será un privilegio para mí.

—Debería estar totalmente avergonzada —dijo ella al tiempo que él la cogía de la mano y tiraba de ella hacia él para poder alcanzarle la espalda—. Nunca he hecho el amor con nadie además de Joe hasta ahora.

Él observó, embelesado, cómo las burbujas se juntaban en la espalda de ella, y luego las palabras le golpearon en el pecho. Hacer el amor. ¿Había hecho el amor él alguna vez hasta ahora?

—Pero, ¿lo disfrutaste? —murmuró mientras le acariciaba los hombros con la esponja.

Ella suspiró profundamente.

—Mucho. Demasiado. Estoy segura de que debería sentirme avergonzada o algo a estas alturas.

—¿No tienes la energía para hacerlo? —Los labios de Nick se curvaron en una sonrisa.

—No lo sé. —La voz fue reflexiva al tiempo que le devolvió la mirada, los cortos mechones de cabello le colgaban sobre las mejillas y el cuello cuando levantó la vista hacia él—. Quizás debería tener más miedo por no sentirme así.

Los bonitos ojos estaban colmados de confusión. Estaban de color almendra ahora, la mezcla de marrones y verdes claros que él amaba tanto. Pero antes, los ojos de ____ habían destellado con fuego esmeralda, como gemas suspendidas dentro de un fondo de terciopelo marrón.

Nick negó con la cabeza la sugestión cautelosa.

—No hay razón para sentirse asustada, cariño. Joe te ama. Tú sabes eso. Nada de lo que pasó esta noche cambió eso. Yo simplemente estoy aquí para ayudarle a darte un poco más. Eso es todo.

Una fugaz arruga contrajo el entrecejo de ____.

—Y, ¿qué obtienes tú de esto, Nick?

¿Qué obtenía él? Una oportunidad de ser amado, al menos en la periferia del amor. Una oportunidad de sentirse vivo como nunca se había sentido antes de conocerla.

—Más placer del que tú puedes imaginar, ____ —le aseguró en voz baja.

Más placer del que él mismo había creído posible. La oscuridad de su pasado y una vida de soledad se retiraban cuando ella estaba cerca.

—¿Suficiente placer para quedarte un rato más? —La pregunta de Joe lo obligó a darse vuelta de una sacudida, casi con culpa.

—Nunca se sabe. —Nick sonrió, introduciendo un poco de sentido de humor que no sentía—. El director no tiene apuro en que vuelva a ocupar mi escritorio ahora.

—A Nick le agrada caerle a golpes a los delincuentes. —Joe echó una mirada a su esposa, con la expresión de los ojos seguros y confiados de su lugar en el alma de su esposa—. Estoy intentando convencerlo de tomarse unas vacaciones cuando acabe la suspensión hacia finales de esta semana.

Nick observó la comunicación silenciosa entre marido y mujer. Ese lazo que les permitía leerse el uno al otro. A verse sin decir palabra.

—Deberías —____ estuvo de acuerdo en voz baja, girando la cabeza lentamente para encontrar la mirada de Nick.

Ella no dijo nada más. En cambio, lo tomó de la muñeca, tenía aún la esponja sin apretar en la mano, y se la llevó hacia su hombro.

Nick no podía hablar. No había necesidad de hablar. Consciente de la presencia de Joe detrás de sí, hizo lo que había hecho una decena de veces en el pasado: le dio un baño a la mujer que habían compartido. A diferencia de aquellas otras veces, él no provocó ni bromeó. No había ánimo de provocaciones esa noche. Nada acerca de qué bromear. Eso era más serio de lo que él jamás hubiera imaginado que sería.

Ella le había dado un obsequio que le sacudió hasta el alma, y no podía explicar siquiera de qué se trataba con exactitud.

La lavó completa, aun yendo más allá, hasta ignorar el rubor que parecía quemarle en todo el cuerpo cuando él presionaba ligeramente con la esponja entre las piernas.

Mientras le daba el baño, Nick observó el placer lánguido que la cubría, la embriagada sensualidad que comenzaba a florecer en las mejillas de la mujer una vez más.

Después de enjuagarla, él dio un paso hacia atrás, mirando fugazmente a Joe al reclinarse contra el marco de la puerta, clavándole la mirada con una gentil curva de sonrisa y una expresión que Nick nunca había visto a su amigo utilizar con nadie más que con ____.

—Vamos, princesa. —Joe tomó la toalla antes de que Nick pudiese alcanzarla y caminó hasta la tina—. Vamos a vestirte antes de que llegue la pizza.

Nick dio unos pasos hacia atrás, observando a Joe sacar a su esposa de la bañera y envolverle el cuerpo con la toalla. La secó con lentitud, desparramándole besos sobre los hombros cuando se inclinó hacia él, evidentemente deleitándose con las caricias de su esposo.

Su esposo. Ella pertenecía a otro hombre, y él no podía olvidar eso. No quería cambiar eso, pero tenía que hacer el esfuerzo consciente de recordarlo.

La suave risa que soltó cuando Joe la alzó en brazos y la llevó fuera de la habitación le acarició los sentidos. Derritió algo rígido y tenso en su corazón y rasgó el escudo que resguardaba su alma.

—Vamos, Nick, la pizza llegará pronto —gritó Joe—. Preferiría que estemos vestidos y al menos haciendo cuenta que estamos presentables cuando llegue.

Maldición. Vida de pueblerinos. Joe debería haberse quedado en Virginia. Ahora Nick tendría que involucrarse de cerca y personalmente con los habitantes dementes y amantes del campo de ese pequeño pueblo para averiguar dónde se estaban originando los rumores contra ____. Y él sí que lo averiguaría.

Algo oscuro y vengativo ardió en su interior en ese momento. Ni loco permitiría que una bruja mezquina y celosa le diese tal golpe a ____. Ashley Greene deseaba a Joe; se había enterado de eso más temprano ese día. Incluso ahora, quince años después, la impulsaban el odio y la lujuria.

Joe le había hablado acerca de ella y de varios miembros mas de esa bonita comunidad. Acerca de cómo se habían mantenido al margen y en silencio cada vez que el viejo Jonas lo molía a golpes a su hijo y humillaba públicamente a su esposa. Cómo habían rumoreado y convirtiendo la vida de la madre de Joe en un infierno peor del que ya era.

Le sorprendía sobremanera cómo Joe había reunido valor dentro de sí para regresar allí, ser sociable y educado con esa maldita gente.

Sacudió la cabeza, salió del cuarto de baño y atravesó la habitación. Por el rabillo del ojo pudo ver a Joe vistiendo a ____. Colocando otro par de esos pantalones sueltos por las piernas, besándole el vientre mientras empujaba la banda elástica justo sobre los huesos de la cadera.

La intimidad que conectaba a los dos le provocaba apretar los dientes con unas ansias que no tenían nada que ver con la lujuria y todo que ver con una amenaza para su alma.

Desnudo, excitado, caminó por el pasillo hasta su propia habitación, deteniéndose abruptamente al escuchar un ruido mínimo en la planta baja.

Nick regresó con sigilo a las sombras del vestíbulo, fijando la vista escaleras abajo y entrecerrando los ojos. Ahí estaba de nuevo, casi imperceptible, como el aire que resbala sobre un siniestro susurro.

Regresó por donde había venido, introduciéndose rápidamente a la habitación y echándole a Joe una dura mirada de advertencia cuando los ojos de su amigo se posaron en él con un movimiento brusco.

Joe cubrió con fuerza la boca de ____ cuando ella comenzó a emitir una pregunta de sorpresa. Nick estaba poniéndose un par de pantalones del armario de Joe, subiéndolos por las piernas al tiempo que hacía un ademán con la mano en dirección a su amigo para que tomara un arma.

— ¡Quédate en silencio! —le dijo Joe a ____ moviendo los labios al tiempo que indicaba el rincón de la habitación que la mantendría escondida de la entrada.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 12th 2011, 13:04

Capitulo 11-Parte 3


Ella caminó hacia atrás, abriendo los ojos de par en par mientras un temblor le sacudía el cuerpo. Ellos habían hablado sobre eso: si había problemas, ella se aseguraría de no estorbar a Joe con su inexperiencia.

En silencio, mientras Nick se subía la cremallera de los vaqueros, él abrió de un tirón la gaveta del tocador y sacó dos pistolas Glock con cargadores extras. Rápidamente, cargó la tercera, una versión más pequeña, y caminó hasta donde ____ estaba abrazando el muro. Le colocó el arma en las manos, señaló el seguro, y luego indicó hacia el suelo. Ella se acostó sobre la alfombra.

Joe giró sobre los talones, llamó la atención de Nick y señaló la puerta. Salieron raudos de la habitación, con las armas a los hombros, los cuerpos preparados.

Habían transcurrido tres años desde que había dejado la Agencia, pero Joe no había olvidado el escalofrío del peligro que sentía recorriéndole la espalda.

Siguiendo las señas que Nick le hacía con la mano, caminaron hacia las escaleras, Joe cubriéndole las espaldas al comenzar a bajar. No podía escuchar lo que fuera que Nick había escuchado, pero podía sentirlo. Alguien había entrado en la casa.

Nick levantó una mano, indicando con el dedo hacia la sala donde acababan de darle a ____ el placer que él había soñado con darle.

Joe escuchó cuidadosamente, pero lo único que oyó fue el tictac del reloj fuera de la habitación y el silencio de la casa en penumbras.

Nick estaba tenso, escuchando al colocarse pegado contra el muro. Hizo un rulo con el dedo para indicar que ingresaría agachado y con velocidad. Joe tomó coraje y se ubicó en el lado opuesto de la escalera y asintió con un mudo movimiento de cabeza como respuesta a la mirada de Nick.

El amigo se movió con rapidez, lanzándose a la sala antes de que Joe se agachara y rodara hacia el lado opuesto de la puerta. Levantó el arma, los sentidos vivos con el silencio que llenaba la habitación.

No había nada más que silencio. Recorrió con la mirada la habitación pobremente iluminada. Al principio, no parecía haber nada fuera de lugar hasta que fijó los ojos en el sillón y el acolchado taburete donde ____ había estado recostada.

Había sido movido. Las prendas de ella estaban a unos centímetros de donde habían estado, y las bragas habían desaparecido. El encaje blanco que había estado húmedo con los sensuales fluidos.

—____ —siseó él, girando y corriendo escaleras arriba.

Sintió el pecho tensionarse por el repentino terror; el miedo le latía en la mente al tiempo que la adrenalina le recorría el cuerpo. Entró raudo en la alcoba, deteniéndose brusca y furiosamente al ver a ____. Estaba de pie en el rincón, la espalda pegada al muro mientras miraba fijamente a las puertas francesas que daban al balcón.

Ella estaba fuera de la línea de fuego, pero sostenía el arma con las dos manos y apuntaba al cerrojo de la puerta. De manera amenazante, con intenciones siniestras, el cerrojo de bronce giró.

Joe no pensó. Disparó.

—¡Hijo de puta! —bramó, corriendo hacia las destrozadas puertas al tiempo que ____ gritó y Nick se arrojó a través del vidrio.

A continuación, Joe se agachó, con el arma elevada al tiempo que se oyeron los furiosos ladridos de Pappy en la planta baja.

—¡Pappy, abajo! —gritó él al aferrarse a la barandilla y saltar sobre el pasamanos.

Golpeó el suelo y rodó, acabando detrás de la pesada fuente de cemento que estaba unos metros más allá. Notó que Nick rodó hacia el otro extremo, cubriéndose detrás del añoso cornejo que crecía junto a la casa y daba al balcón.

Una motocicleta cobró vida con un rugido frente a la casa, e incluso al tiempo que Joe enterró los talones y corrió hasta la entrada principal sabía que era demasiado tarde.

—¡Maldito! ¡Jodido hijo de puta! —gruñó cuando vio las luces de la motocicleta sucia perderse en la lejanía.

Apuntando, vació el cargador en la distancia, la ira latiendo en la sangre al tiempo que escuchó a Nick maldecir detrás de él.

— ¡Hijo de puta! —Golpeó el lado de su camioneta—. ¡Maldito!

—Joe. —Nick corrió a su lado—. Se fue, hombre.

—____. —Joe giró y corrió a la casa, listo para patear la puerta principal en lugar de detenerse para abrirla cuando de repente se abrió.

Levantó el arma y apuntó directamente al horrorizado rostro de ____ al tiempo que Nick maldijo con violencia tras él.

—¡Maldita seasl Maldita seas. ¡Te dije que te quedaras en tu lugar! —le gritó Joe al pálido rostro bañado en lágrimas al tomarla de los hombros y empujarla dentro de la casa.

El terror era una entidad que le poseía el cuerpo a Joe, La ira le golpeó la mente al presionarla contra el muro, clavándole la mirada en los amplios y horrorizados ojos mientras se retraía de sacudirla.

—¿Qué parte de quedarte en tu lugar no entiendes, ____? —gritó él—. ¡Podría haberte volado la maldita cabeza!

—Déjala, Joe —dijo Nick con una voz peligrosa, cogiendo a Joe de las muñecas—. Maldición, le estás haciendo daño. Déjala.

Fue lanzado hacia atrás al tiempo que Nick se colocaba entre él y su esposa.

—Sal de mi camino, maldición. —Se movió empujando a su amigo, para tomar a su mujer, con el fin de asegurarse de que estuviese viva incluso si estaba más enfurecido que nunca.

Nunca había estado tan furioso en su vida. Nunca tan aterrado como estaba al pensar que el maldito se había escabullido hacia la planta superior y casi la atrapa, indefensa.

—¡No hasta que te calmes! —Nick le gritó—. Está aterrada, cojones. No empeores las cosas.

—Casi la mato, maldición. —Empujó a Nick, luego miró fijamente a la arrugada forma de ____.

—Dios. ____. Pequeña.

Ella estaba sollozando en silencio contra el muro, el rostro escondido en las manos, los hombros encorvados contra la fuerza de la violencia que recorría veloz la habitación.

La tomó de los hombros y la giró hacia él con suavidad. Con mucha suavidad. Las manos le rozaron el cabello, los hombros, los brazos contrayéndose a su alrededor al tiempo que él cerró los ojos para encerrar la humedad que repentinamente los colmó.

—____, pequeña —le susurró al oído—. Lo lamento. Ah, Dios. Amorcito. Casi te mato, ____. Me hubiera muerto. ¿Sabes eso? —La besó en la frente al tiempo que ella tembló en sus brazos, los sollozos le rasgaban el cuerpo—. ____, me hubiera muerto. No podría vivir, pequeña. No podría vivir... —Él no podía vivir sin ella.

____ enroscó los brazos alrededor del cuello de su marido, sosteniéndolo con fuerza a medida que los sollozos se volvieron más ruidosos, y los temblores empeoraron.

—Te tengo. —Se inclinó sobre ella, protegiéndola, consciente de que Nick se acercaba, las manos tocando la espalda de su mujer, presionándola más cerca de Joe mientras le proporcionaba protección por detrás. Estaba rodeada. Nadie podía tocarla ahora. Nada podía tocarla.

Pero algo, alguien casi lo había hecho.

—¡Lo lamento! —gritó ella—. Escuché el motor alejándose. Escuché los disparos. Tenía miedo, Joe. Mucho miedo...

—Nunca, nunca más, ____ —le ordenó con voz ronca, temblorosa de miedo y dolor—. Júramelo. Nunca más. Te escondes. No enfrentas nada. Especialmente no a mí sin advertencia. Nunca más, ____.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 12th 2011, 13:05

Capitulo 11-Parte 4


—Nunca. —Negó con un movimiento de cabeza, el cuerpo le temblaba—. Oh, Dios, Joe. ¿Qué está sucediendo? ¿Qué está pasando?

Levantó la mirada, miró sobre su hombro a Nick. El amigo levantó la mano, y entre los dedos tenía las bragas de encaje blanco que habían desaparecido de la habitación.

—Debajo del balcón —dijo Nick con una mímica de los labios.

—No lo sé aún, cariño —le contestó a ____, echándole a Nick una dura mirada cuando puso la prenda fuera de la vista.

Acariciándole la espalda, le miró el pálido rostro, los ojos lo recorrieron rápidamente en busca de heridas. —¿Estás bien?

—Estoy bien. —Sorbió, las manos recorrían los hombros, el pecho, y el vientre del marido; era evidente que se estaba asegurando de que él también estuviese bien—. Simplemente aterrada. Joe, ¿quién sería tan estúpido?

—No lo sé aún. —La atrajo hacia sus brazos una vez más, observando a Nick regresar a la sala y mirar alrededor—. No lo sé, pero lo voy a averiguar.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 12th 2011, 13:06

CAPÍTULO 12-Parte 1




La casa era una maldita escena del crimen. No le permitían ingresar más allá de la puerta de la sala. Debía permanecer fuera del camino, pero debía quedarse cerca, y estaba más asustada de lo que había estado jamás en su vida.

____ estaba sentada en las escaleras, la caja de pizza sin tocar a su lado, medio vaso de vino sujeto entre las dos manos mientras Nick y Joe buscaban huellas digitales en la sala. No habían llamado al sheriff. Llamaron al jefe de Nick. Luego, comenzaron a investigar.

Ella no tenía ni idea de que Joe guardaba todo el equipamiento que tenía de sus días en la Agencia. Pero sí lo tenía. Guardadas en una gran bolsa de marinero en el ático estaban las cosas que ella no había intentado reconocer ni entender cuando él trató de explicarle un poco de eso. Lo único que entendía era que parecía tener conexión con un viejo caso de Joe.

Finalmente, se había tomado la copa de vino y encaminado a las escaleras, donde Joe había dejado la pizza después de recibirla del muchacho del reparto. Un muchacho que ni llegó a bajarse de la camioneta. Joe lo había esperado en la entrada con el dinero y lo envió de vuelta antes de regresar a la casa dando grandes zancadas, ordenarle que comiera, para luego reunirse con Nick en la sala.



Podía escuchar las voces de los hombres y había logrado entender parte de la conversación. Algo acerca de las bragas debajo del balcón. Alguien le había robado las bragas.

Se rastrilló el cabello con los dedos, bebió otro sorbo de vino y se puso de pie. Se dirigió cuidadosamente hacia la puerta, notando las cautelosas miradas que le propinaban Nick y Joe cuando los miró.

—¿ Creen que él es la razón por la cual me han estado faltando tantas cosas últimamente? —preguntó ella al fin, cayendo en la cuenta de que debería haber mencionado los otros artículos antes.

Ambos hombres se helaron, las miradas se agudizaron, las expresiones se volvieron salvajes.

—¿Cómo qué? —Joe preguntó con tono p____groso.

—Pues... mi peine. ¿Recuerdas?

Asintió con rudeza con un movimiento de cabeza.

—Lo único que mencionaste fue un peine.

—También la botella de mi perfume favorito. El vestido que llevé la semana pasada a la reunión en Virginia. La estilográfica grabada que me obsequiaste en Navidad. Simplemente cosas pequeñas, Joe.

La mandíbula se le tensó p____grosamente.

—¿Qué más?

____ arrugó el entrecejo.

—Eso es todo lo que noté.

—¿Durante cuánto tiempo ha estado sucediendo esto? —preguntó Joe con brusquedad—. ¿Y por qué razón no me lo habías dicho?

Ella se encogió de hombros en actitud de defensa.

—He estado ocupada. Creí que los había cambiado de lugar hasta que comencé a buscar el vestido ayer por la noche. Lo iba a mencionar pero... —Se aclaró la garganta—. Sucedieron cosas.

—Joe, cualquiera podría haber averiguado que estabas investigando ese caso antes de irte —murmuró Nick, apenas audible para ella.

—¿Qué caso?

____ notó la dura mirada que Joe le echó a su amigo cuando ella cuestionó el comentario.

—Joe, ¿no crees que es un poco tarde para protegerme aquí? —espetó con frustración—. No soy una niña, tampoco soy imbécil. Es un acosador, ¿no es así?

Era una de las peores pesadillas para cualquier mujer.

—Mierda —gruñó Joe al pasarse los dedos por el desaliñado cabello—. Maldita sea.

—Estabas trabajando en un caso de un acosador antes de mudarnos aquí, ¿no es así? —La voz le tembló con la pregunta—. El caso que llevó al ataque de la contable en Alejandría.

Él asintió con un corto movimiento de cabeza.

—Le llamamos el Playboy. Hasta ese ataque, no había herido a ninguna de sus víctimas. Jugaba con ellas. O más específicamente, jugaba con sus amantes y esposos.

Ella negó con un movimiento de cabeza, confundida.

—¿Qué quieres decir?

—Se concentraba en mujeres cuyos maridos o amantes estuviesen en el campo de la investigación. Policías, guardaespaldas, investigadores privados. Como si estuviese probándose a sí mismo con ellos. Les robaba cosas personales, para luego comenzar a devolverlos a lugares donde ellas supieran que no los habían dejado. Era un desafío. Ponía a los hombres en alerta, comenzaba a estar más y más cerca y provocarlos con la noción de que podía atacar en cualquier momento.

—¿Entonces atacó a una de ellas?

—El marido era un investigador privado. Se escabulló dentro de la casa, se las ingenió para dejarlo inconsciente de un golpe, y luego atacó a la mujer. Luego, simplemente desapareció.

—Hasta ahora. —Respiraba entrecortadamente y el estómago se le contraía.

—Debió de averiguar quién estaba investigando el caso con el FBI —continuó Joe bruscamente—. No creo que le resultara muy difícil. Yo interrogué a tres de las siete víctimas.

—Y averiguó que estabas casado —susurró ella—. Te está desafiando.

—Ha desafiado a los hombres equivocados.

____ se estremeció ante la sonrisa fría y asesina que curvó los labios de su marido. Y no se le escapó el plural al final de la declaración. Los hombres equivocados. Giró la mirada hacia Nick y se le cortó la respiración. Si Joe se veía frío y asesino, Nick entonces, se veía helado. Los ojos eran como escarcha de invierno, la expresión despiadada.

—¿Qué van a hacer?

—Vamos a atrapar a ese maldito —Joe le aseguró, la voz suave como la seda pero con un dejo de violencia al girar hacia Nick—. ¿Aún tienes ese programa de rastreo en tu ordenador portátil?

Nick asintió con un movimiento de cabeza.

—Conéctalo con el ordenador en la oficina de ____ por la mañana —Joe ordenó—. Le pondré a trabajar en ese programa que instaló en mi portátil y veremos qué podemos sacar de allí. Quiero que llames al director, dile lo que está sucediendo, que envíen los archivos aquí por mensajería nocturna. Esta vez, este maldito es mío.

—Podemos hacer todo esto por la mañana, Joe —dijo Nick en voz baja, indicando hacia ____ con un ademán de la cabeza—. Está exhausta, y apuesto que aún no ha comido.

____ negó con un rápido movimiento de cabeza.

—No tengo hambre. Primero quiero saber qué está sucediendo.

—Estás demasiado cansada como para entender algo de esto, ____. Y nosotros estamos demasiado cansados para seguir con esto ahora, maldición —suspiró Joe, atravesando la habitación al tiempo que Nick comenzaba a empacar el equipamiento—. Tenemos las huellas de aquí y de la puerta del balcón. Mañana las enviaremos a la Agencia y veremos si se volvió descuidado.

—No puedo dormir. —____ negó con un rápido movimiento de cabeza, aterrorizada con solo pensar en intentar dormir.

—Vas a comer primero. —La rodeó con el brazo, y la calidez del cuerpo comenzó inmediatamente a colarse en ella—. Luego, vamos a cerrar con llave todas las puertas, colocar algunas alarmas, y meternos en la cama de Nick. Nosotros tomaremos turnos para escuchar y tú dormirás.

Ella volvió a negar con la cabeza.

—Coge la pizza, Nick. Comeremos en la cocina. Necesito volver a revisar al perro.

—¿Pappy? —Ella echó una mirada en dirección a él con preocupación.

—Solo quiero asegurarme de que no esté herido. Acabo de recordar que intentó atacar a ese maldito.

Debería de haber pensado en el perro antes. Si algo le sucedía al chucho, ____ estaría desconsolada durante días.

—Quédate aquí, ____ —La llevó hasta una silla de la cocina y se inclinó hacia ella, mirándola directamente a los ojos—. Aquí. No te muevas. ¿Está claro?

Ella se estremeció, los labios en un mohín de rebeldía.

—____. No me provoques ahora.

Ella apretó los dientes.

—Bien. Pero será mejor que te des prisa.

—Joe, el perro está junto a la puerta —Nick le informó—. Lo voy a dejar entrar el tiempo suficiente para controlarlo.

Joe giró, observando a Nick abrir la puerta y hacer un chasquido con los dedos al perro para que entrase.

Vacilante, mirando la habitación con cautela, la mezcla de pastor se agachó y entró sigilosamente en la cocina. Nick cerró la puerta y pasó las manos con cuidado sobre el gran cuerpo del animal, controlando que no hubiese heridas ni signos de dolor.

—Está bien. —Nick abrió la puerta.

Sin embargo, Pappy no tenía intenciones de irse tan fácilmente como había entrado. Quejándose, se volvió a agachar y caminó más adentro de la habitación.

—Déjalo que se quede —ordenó ____ a ambos. La voz no estaba rogando ni preguntando. Era una demanda.

Joe miró fijamente al animal. Estaba seguro de que si le permitía quedarse en la casa esa noche, nunca podría sacarlo de allí de nuevo.

—____...

—Olvídalo, Joe. No voy a dejar a Pappy afuera con un loco idiota para que le pegue tiros al azar. Se queda en la casa.

El perro desapareció bajo la mesa, la cabeza se asomaba en el regazo de ____ al tiempo que volvió a gimotear, los ojos marrones eran adorables.

—Demonios.

—Acéptalo —susurró ella—. No permitiré que salga herido.

—De acuerdo, se queda en la casa.

El echó una mirada irónica a Nick mientras ____ abría la caja de la pizza y le daba al perro una porción de salami, champiñones y doble queso.

—Y se queda, se queda, se queda. —Nick sonrió socarronamente al cerrar la puerta con llave y arrastrar una silla de la mesa antes de tomar otra porción de pizza y empujarla hacia ____—. Ahora come. Y no te quejes. —Elevó un dedo cuando ella comenzó a hacer justamente eso—. Come o llevaré personalmente al chucho al garaje y lo encerraré allí. A diferencia de Joe, a mí no me rompe el corazón ver que no consigues lo que quieres.

Ella entrecerró los ojos.

—No soy una malcriada.

—Claro que lo eres, cariño. —Él sonrió, obligando a Joe a contener la risa—. Te ha malacostumbrado peor que a un perro de Navidad, y así es como te ama más. Pero yo no. —Se reclinó en la silla con pereza—. Soy un capullo. Puedo soportarlo. Pelea conmigo todo lo que quieras, sé cómo darte una zurra y lograr que te agrade.

Joe se tensó, pero no de ira como debía de haberlo hecho. El pensar en observar a Nick darle una de sus azotainas eróticas al redondeado culito de ____ era suficiente para excitarlo a pesar de la amenaza que acababan de evitar.

—¿Vas a dejarlo que me hable en esos términos? —le preguntó a Joe con incredulidad, girando para observarlo con ojos entrecerrados.

Joe no pudo evitar sonreír.

—Él puede lograr que acabes mientras te da una zurra. ¿Qué crees?

—Creo que ambos son unos pervertidos —le contestó ella con brusquedad.

Joe arqueó una ceja marrón sorprendido al correr una silla de la mesa y sentarse.

—¿Lo acabas de notar ahora, querida?

Ella lo miró con intención antes de virar la mirada hacia Nick. Joe vio la expresión pensativa en los ojos de ella, la manera en que enfocaba, como si estuviese viendo más profundamente de lo que ellos pudieran saber.

—No —contestó ella al fin, regresando la vista a su marido, con una pequeña sonrisa misteriosa—. Ya lo sabía.

Y ese era un pensamiento que causaba miedo.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 12th 2011, 13:07

Capitulo 12-Parte 2


Horas más tarde, Joe estaba sentado en el sillón reclinable frente a la cama de un metro y medio por dos donde Nick sostenía a ____. Había algo extrañamente íntimo en la manera en que su amigo envolvía el cuerpo alrededor de

____ después de que Joe se hubo retirado de la cama. Algo que Joe no había notado antes con las otras mujeres con las que habían pasado la noche juntos.

Nick la sostenía como él mismo lo hacía. La rodeaba. Estaba encerrada en la curva del cuerpo, la camisa suelta y los pantalones de algodón no hacían nada para disipar la erótica y sensual vista de Nick envuelto muy ceñidamente junto a ella.

Todos estaban vestidos con prendas cómodas. Nick llevaba pantalones de entrenamiento y una camisa gris. Joe tenía aún los vaqueros, una camisa y zapatillas deportivas.

Estaban preparados, aunque las probabilidades eran que estuviesen preparados para nada. Pero ____ se había negado a desvestirse. El crudo miedo que había colmado los ojos cuando él lo sugirió lo impulsó a no insistir más.

Observó con curiosidad cuando Nick se movió, llevando a ____ más cerca de él, la cabeza ubicada debajo de la barbilla de Nick, presionándole el estómago con la mano, llevándola más cerca contra sus muslos.

«Debería estar celoso», Joe pensó. Nadie había nunca abrazado a ____ de esa manera excepto él mismo. Y era un observador lo suficientemente suspicaz como para notar el hecho de que su amigo la sostenía de una manera en que nunca antes había sostenido a una mujer en presencia de Joe.

Se frotó la mejilla con el dedo, pensativo, preguntándose el porqué de su falta de celos, su falta de sensación de posesión. Era como un perro con su hueso cuando se trataba de otros hombres estando alrededor de ____. Sabía el poder de su sensación de posesión cuando ella estaba involucrada y sabía que debería preocuparle el hecho de que ahora estaba ausente.

«¿Qué maldito problema hay con eso?», se preguntó. Estaba sentado allí, observando a otro hombre abrazar a su mujer, y estaba tan excitado como cuando había observado a Nick dándole sexo oral más temprano esa misma noche.

Exhaló ruidosamente y fijó la mirada sobre la ventana de cortinas pesadas, en profunda reflexión. Durante los pasados diez años, Nick había sido casi exclusivamente el único tercero que había traído a la cama con sus amantes. Por alguna razón, parecía proveer del perfecto contrapunto que Joe había estado buscando para sus mujeres. Joe se preocupaba por ellas; Nick las deseaba. Dominancia gentil y poder oscuro, eso era lo que ellos proveían como equipo a las amantes que compartían.

Eran compañeros en la Agencia, el equipo perfecto para las investigaciones que realizaban. También eran el equipo perfecto para las mujeres que compartían.

Y ahora, la mujer que amaban.

Lo comprendió lentamente al regresar la mirada a la cama. Nick estaba comenzando a interesarse por ____, y Joe no había previsto eso. Pero tampoco le producía arrepentimiento, ni lo preocupaba.

Especialmente ahora. Ella estaba protegida de maneras que él solo no podría haberlo hecho, y durante los pasados años se había preocupado por eso. Proveerla de la protección que necesitaría si una de sus investigaciones privadas se las ingeniaba para regresar y acecharlo como estaba sucediendo en ese momento.

El Playboy era bueno. Condenadamente bueno. Y hasta ahora había eludido a todos los oficiales de la ley que habían investigado los casos individuales. Y con cada golpe sucesivo, se estaba volviendo más y más violento.

—La protegeremos, Joe. —La voz de Nick fue un suave susurro, lo suficientemente bajo como para no molestar a ____—. No se escapará esta vez.

Joe volvió a fijar la vista en su compañero, viendo mucho más de lo que él apostaba que Nick creía que podía ver. Joe podía sentir la emoción en el otro hombre, la misma reacción feroz ante ____ que Joe había conocido desde el primer día que vio a su mujer. No había manera de quitarle los ojos de encima a ella. No había posibilidad de evitar el efecto que ella tenía sobre un hombre una vez que la tocaban. Solo quedaba el conocimiento certero de que la vida no sería la misma sin ella.

—Sí, la protegeremos —estuvo de acuerdo Joe, sintiendo una ira ardiente gestándose en él una vez más.

Esa noche había estado condenadamente cerca.

—Tienes que entrenarla para que trabaje con nosotros —dijo Nick entonces—. Enseñarle cómo protegerse a sí misma y cómo respaldarnos.

—Enseñarle a quedarse en su sitio —masculló Joe.

—Nunca va a quedarse quieta. Lo sabes perfectamente bien. Eres su esposo. Su corazón. Ella no se quedará en su sitio más que tú. Piensa en eso.

Joe hizo una mueca tensa; sabía que tenía razón.

—Hará lo que le indiques, pero nunca te permitirá que la encierres. Lo dejó demostrado esta noche, y todos casi pagamos por ello. Enséñale, Joe. O lo haré yo.

Joe miró fijo a su amigo a través de la oscuridad de la habitación, percibiendo la sombra del cuerpo junto al de ____ y el brillo en los ojos.

No se oía nada afuera más que los sonidos de la noche. Detrás de la puerta cerrada con llave de la habitación, Pappy montaba guardia, un aviso temprano en caso de que alguien quisiera entrar en la casa otra vez. Pero aún se preguntaba por qué el animal no había dado alarma antes. La pregunta y la determinación en la voz de Nick lo punzaron.

____ era lo suficientemente inteligente, en control, como para respaldarlos si tenía el entrenamiento adecuado. Pero no había tiempo para entrenarla correctamente.

—Haremos turnos para cubrirla —dijo finalmente en voz baja—. Le enseñaremos lo que podamos. Pero esto no será fácil, Nick, lo presiento. Tuvo su oportunidad ayer por la noche y se salió con la suya. Volverá a actuar pronto.

—Y va en aumento —Nick murmuró—. El siguiente movimiento podría ser completamente diferente a los que ha hecho antes. Tenemos que mantenerla dentro de la casa. Mantener las ventanas cerradas.

Joe dejó caer la mirada sobre ____. ¿Durante cuánto tiempo podría mantenerla fuera de la vista y aun así atraer al acosador?

—Él sabe que estamos en guardia ahora —murmuró Joe—. Si es inteligente, y sabemos que sí lo es, esperará y observará.

—También nosotros. —La voz de Nick era muerte pura—. Esta vez, lo atraparemos.

Esa vez lo atraparían. Joe se restregó el rostro con las manos antes de ponerse de pie y quitarse los vaqueros. El resto de la noche estaría tranquila, podía sentirlo. Él estaba exhausto y Nick estaba despierto ahora.

—Dame dos horas —le dijo a su compañero mientras se arrastraba hasta la cama y abrazaba a ____.

Ella masculló adormilada pero se acurrucó contra el pecho de su marido como una pequeña gatita somnolienta y volvió a dormirse.

—Dormiré por la mañana —Nick le dijo en voz baja al salir de la cama—. Anda, descansa, amigo. Tú eres el que ha estado fuera de juego por tres años, no yo.

Hubo un dejo de diversión en la voz de Nick que provocó una sonrisa en los labios de Joe. Sí, él había estado fuera de juego, pero no estaba tan oxidado como Nick lo estaba acusando de estar.

—Aún puedo patearte el trasero —le aseguró Joe.

Nick se estiró con pereza.

—Espero que puedas sostener esa aseveración, amigo mío, porque esta semana estaremos entrenando.

Joe sonrió al apoyar la cabeza más profundamente en los cojines, abrazando, protegiendo a ____ con los brazos mientras se quedaba dormido. Confiaba en Nick para que le cubriera las espaldas. Pero aún más, estaba comenzando a darse cuenta de que confiaba en Nick para que cuidase las espaldas de su mujer, lo cual era infinitamente más importante.
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Beautiful-NO-Tamed.
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 12th 2011, 13:08

Listoo chicas eso es todo por hoy (:
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juliMtz01
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Mayo 12th 2011, 22:43

NO LA PUEDES DEJAR ASI T.T
DIOS! ESTA MUY BUENA
NICK & JOE!? COMBINACION
MORTALE YA ME LOS IMAGINO
*-* GKJLDFHGKSDFJG OK YA
SIGUELA PRONTO (:
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MensajeTema: Re: Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)   Hoy a las 02:43

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Placeres Prohibidos-Joe,Nick y ___(Mayores)
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