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 "un amante en sueño"(Joe♥)

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miitChyy
Nuev@


Cantidad de envíos : 18
Fecha de inscripción : 18/01/2011

MensajeTema: "un amante en sueño"(Joe♥)   Febrero 25th 2011, 00:02

Hola esta novela no es mia esta sacada de un libro que lo modifique
para que quede de esta manera. Algunos personajes les cambie el nombre
espero que la difruten.
Algunas partes no son aptas para chicas con problemas de corazon y le voy avisando que es hot.

Una antigua leyenda griega.
Poseedor de una fuerza suprema y de un valor sin parangón, fue bendecido por los dioses, amado por los mortales y deseado por todas las mujeres que posaban los ojos en él. No conocía la ley, y no acataba ninguna.
Su habilidad en la batalla, y su intelecto superior rivalizaban con los de Aquiles, Ulises y Heracles. De él se escribió que ni siquiera el poderoso Ares en persona podía derrotarle en la lucha cuerpo a cuerpo.
Y, por si el don del poderoso dios de la guerra no hubiera sido suficiente, también se decía que la misma diosa Afrodita le besó la mejilla al nacer, y se aseguró de que su nombre fuese siempre guardado en la memoria de los hombres.
Bendecido por el divino toque de Afrodita, se convirtió en un hombre al que ninguna mujer podía negarle el uso de su cuerpo. Porque, llegados al sublime Arte del Amor… no tenía igual. Su resistencia iba más allá de la de cualquier mero mortal. Sus ardientes y salvajes deseos no podían ser domados.
Ni negados.
De cabello y piel dorados, y con los ojos de un guerrero, de él se comentaba que su sola presencia era suficiente para satisfacer a las mujeres, y que con un solo roce de su mano les proporcionaba un indecible placer.
Nadie podía resistirse a su encanto.
Y proclive como era a provocar celos de otros, consiguió que le maldijeran. Una maldición que jamás podría romperse.
Como la del pobre Tántalo, su condena fue eterna: nunca encontraría la satisfacción por más que la buscase; anhelaría las caricias de aquélla que le invocara, pero tendría que proporcionarle un placer exquisito y supremo.
De luna a luna, yacería junto a una mujer y le haría el amor, hasta que fuese obligado a abandonar el mundo.
Pero se ha de ser precavida, porque una vez se conocen sus caricias, quedan impresas en la memoria. Ningún otro hombre será capaz de dejar a esa mujer plenamente satisfecha. Porque ningún varón mortal puede ser comparado a un hombre de tal apostura. De tal pasión. De una sensualidad tan atrevida.
Guárdate del Maldito.
Joe de Macedonia.
Sostenlo sobre el pecho y pronuncia su nombre tres veces a medianoche, bajo la luz de la luna llena. Él vendrá a ti y hasta la siguiente luna, su cuerpo estará a tu disposición.
Su único objetivo será complacerte, servirte.
Saborearte.
Entre sus brazos aprenderás el significado de la palabra «paraíso».

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miitChyy
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MensajeTema: Re: "un amante en sueño"(Joe♥)   Febrero 25th 2011, 21:46

Espero que les guste

Capítulo 1
–Cielo, necesitas que te echen un buen polvo.
Jazmín Alexander se estremeció al escuchar el grito de Selena en mitad del pequeño café de Nueva Orleáns, donde se encontraban apurando los restos del almuerzo, consistente en judías rojas con arroz. Desgraciadamente para ella, la voz de su amiga poseía un encantador timbre agudo que podía hacerse oír incluso en mitad de un huracán.
Y que en esta ocasión, fue seguido de un repentino silencio en el atestado local.
Al echar un vistazo a las mesas cercanas, Jazmín percibió que los hombres dejaban de hablar, y se giraban para observarlas con mucho más interés del que a ella le gustaría.
¡Jesús! ¿Aprenderá alguna vez Selena a hablar en voz baja? O peor aún, ¿qué será lo próximo que haga, quitarse la ropa y bailar desnuda sobre las mesas?
Otra vez.
Por enésima vez desde que se conocieron, Jazmín deseaba que Selena pudiese sentirse avergonzada. Pero su vistosa, y a menudo extravagante, amiga no conocía el significado de dicha palabra.
Se tapó la cara con las manos e hizo lo que pudo por ignorar a los curiosos mirones. Un deseo irrefrenable de deslizarse bajo la mesa, acompañado de una urgencia aún mayor de darle una buena patada a Selena, la consumían.
–¿Por qué no hablas un poquito más alto, Lanie? –murmuró–. Supongo que los hombres de Canadá no habrán podido escucharte.
–Oh, no lo sé –dijo el guapísimo camarero moreno al detenerse junto a su mesa–. Seguramente se dirigen hacia aquí mientras hablamos.
Un calor abrasador tomó por asalto las mejillas de Jazmín ante la diabólica sonrisa que le dedicó el camarero, obviamente en edad de acudir a la universidad.
–¿Puedo ofrecerles algo más, señoras? –preguntó, y después miró directamente a Jazmín–. O para ser más exactos, ¿hay algo que pueda hacer por usted, señora?
¿Qué tal una bolsa con la que taparme la cabeza y un garrote para golpear a Lanie?
–Creo que ya hemos acabado –contestó Jazmín con las mejillas ardiendo. Definitivamente, mataría a Selena por esto–. Sólo necesitamos la cuenta.
–Muy bien, entonces –dijo sacando la nota, y escribiendo algo en la parte superior del papel. La colocó justo delante de Jazmín–. Puede hacerme una llamadita si necesita cualquier cosa.
Una vez el camarero se marchó, Jazmín se dio cuenta de que había anotado su nombre y su teléfono en la parte superior del papel.
Selena le echó un vistazo y soltó una carcajada.
–Espera y verás –le dijo Jazmín, reprimiendo una sonrisa mientras calculaba el importe de la mitad de la cuenta con su Palm Pilot–. Me las pagarás.
Selena ignoró la amenaza y se dedicó a buscar el dinero en su bolso adornado con cuentas.
–Sí, sí. Eso lo dices ahora. Si yo estuviese en tu lugar, marcaría ese número. Es monísimo el chico.
–Jovencísimo –corrigió Jazmín–. Y creo que voy a pasar. Lo último que necesito es que me encierren por corrupción de menores.
Selena paseó la mirada por el preciso lugar donde el camarero esperaba, con una cadera apoyada en la barra.
–Sí, pero don Soy Igualito a Brad Pitt, que está ahí enfrente, bien lo merece. Me pregunto si tendrá algún hermano mayor…
–Y yo me pregunto cuánto estaría dispuesto a pagar Nick por saber que su mujer se ha pasado todo el almuerzo comiéndose con los ojos a un chaval.
Selena resopló mientras dejaba el dinero sobre la mesa.
–No me lo estoy comiendo. Lo estoy evaluando para ti. Después de todo, era de tu vida sexual de lo que hablábamos.
–Bueno, mi vida sexual es sensacional y no le interesa a la gente que nos rodea. –Y tras soltar el dinero en la mesa, cogió el último trozo de queso y se encaminó hacia la puerta.
–No te enfades –le dijo Selena mientras salía tras ella a la calle, atestada de turistas y de los clientes habituales de los establecimientos de Jackson Square.
Las notas de jazz de un solitario saxofón se escuchaban por encima de la cacofonía de voces, caballos y motores de automóviles; una oleada de calor típico de Louisiana las recibió al salir a la calle.
Intentado no hacer caso del aire, tan espeso que dificultaba la respiración, Jazmín se abrió camino entre la multitud y los tenderetes ambulantes, dispuestos a lo largo de la valla de hierro que rodeaba Jackson Square.
–Sabes que es cierto –le dijo Selena una vez la alcanzó–. Quiero decir, ¡Dios mío, Jazmín!, ¿cuánto hace? ¿Dos años?
–Cuatro –contestó ella con aire ausente–. ¿Pero a quién le interesa llevar la cuenta?
–¿Cuatro años sin tener relaciones sexuales? –repitió Selena incrédula.
Varios mirones se detuvieron, curiosos, para observar alternativamente a Selena y a Jazmín.
Ajena –como era habitual en ella– a la atención que despertaban, Selena continuó sin detenerse.
–No me digas que tú has olvidado que estamos en plena Era de la Electrónica. O sea, vamos a ver, ¿alguno de tus pacientes sabe que llevas tanto tiempo sin echar un polvo?
Jazmín acabó de tragarse el trozo de queso y le dedicó a su amiga una desagradable y furiosa mirada. ¿Es que la intención de Selena era la de gritar a todo pulmón, en plena Vieux Carre, sus asuntos personales a todo humano y caballo que pasara por la zona?
–Baja la voz –le dijo, y añadió con sequedad–, no creo que sea de la incumbencia de mis pacientes si soy o no la reencarnación de la Virgen. Y con respecto a la Era de la Electrónica, no quiero tener una relación con algo que viene acompañado de una etiqueta con advertencias y unas pilas.
Selena soltó un bufido.
–Sí, vale, oyéndote hablar se diría que la mayoría de los hombres deberían venir acompañados de una etiqueta con esta advertencia: –alzó las manos para enmarcar la siguiente afirmación– Atención, por favor, Alerta Psíquica. Yo, macho-man, soy propenso a sufrir horribles cambios de humor, y a poner caras largas, y poseo la habilidad de decir la verdad a una mujer sobre su peso, sin previo aviso.
Jazmín soltó una carcajada. Había soltado de carretilla, en innumerables ocasiones, ese discursito sobre las etiquetas que deberían llevar los hombres.
–Ah, ya lo entiendo, Doctora Amor –dijo Selena imitando la voz de la doctora Ruth –. Usted se limita a sentarse y escuchar cómo sus pacientes le largan todos los detalles íntimos de sus encuentros sexuales, mientras usted vive como un miembro vitalicio del “Club de las Bragas de Teflón”. –bajando la voz, Selena añadió:– No puedo creer que después de todo lo que has escuchado en tus sesiones, nada haya conseguido revolucionar tus hormonas.
Jazmín le lanzó una mirada divertida.


–Bueno, a ver, soy una sexóloga. No me beneficiaría mucho que mis pacientes se dedicaran a hacerme experimentar la petit mort mientras echan fuera todos sus problemas. En serio, Lanie, perdería el título.
–Pues no entiendo cómo puedes aconsejarles, cuando ni siquiera te acercas a un hombre.
Haciendo una mueca, Jazmín comenzó a caminar hacia el lado opuesto de la plaza, justo frente a la Oficina de Información Turística, donde Selena había instalado su puestecillo para echar las cartas y leer las líneas de las manos. Cuando llegó al tenderete –una mesa cubierta con una faldilla de color morado intenso–, suspiró.
–Sabes que no me importaría quedar con un hombre que se mereciera que me depilara las piernas. Pero la mayoría resulta ser una pérdida de tiempo tan evidente que prefiero sentarme en el sofá y ver las reposiciones de Hee Haw .
Selena le dedicó una expresión irritada.
–¿Qué tenía de malo Gerry?
–Mal aliento.
–¿Y Jamie?
–Le encantaba hurgarse en la nariz. Especialmente durante la cena.
–¿Tony?
Jazmín miró a Selena y ésta alzó las manos.
–Vale, quizás tuviera un pequeño problema con lo de las apuestas. Pero es que todos necesitamos distraernos con algo.
Jazmín la miró furiosa.
–Eh, Madam Selene, ¿ya has regresado de almorzar? –le preguntó Sunshine desde el puestecillo situado justo al lado del suyo, en el que vendía objetos de loza y dibujos, hechos por ella.
Unos años más joven que ellas, Sunshine tenía una larga melena negra y siempre llevaba ropas que a Jazmín le hacían pensar que estaba delante de un hada. Su vestimenta de hoy consistía en una liviana falda blanca, que hubiese resultado obscena de no ser por los leotardos rosados que llevaba debajo, y una preciosa camisa de estilo medieval.
–Sí, ya he vuelto –le contestó Selena mientras se arrodillaba para abrir la tapa del carrito de la compra que todas las mañanas aseguraba a la verja de hierro con una de esas cadenas que se usan para las bicicletas–. ¿Algo interesante durante mi ausencia?
–Un par de chicos cogieron una de tus tarjetas, y dijeron que regresarían después de comer.
–Gracias –dijo Selena guardando el monedero en el carro, sacó la caja de puros azul donde guardaba el dinero y las cartas de tarot –siempre envueltas en un pañuelo de seda negra–, y un delgado, pero gigantesco, libro con tapas de cuero marrón que Jazmín no había visto nunca.
Selena se colocó su enorme pamela de paja, se dio la vuelta y se puso en pie.
–¿Tus artículos tienen los precios marcados? –preguntó a Sunshine.
–Sí –le contestó ésta mientras cogía su monedero–. Sigo diciendo que trae mala suerte; pero al menos, si alguien quiere saber lo que valen cuando no estoy, puede averiguarlo.
Una motocicleta de aspecto desastroso frenó a cierta distancia.
–¡Eh, Sunshine! –gritó el conductor–. Mueve el culo. Tengo hambre.
La chica le saludó sin hacer caso a la orden.
–No me agobies o comerás tú sólo –le contestó mientras caminaba sin prisas hacia él, y se subía a la parte trasera de la moto.
Jazmín movió la cabeza mientras les observaba. Sunshine necesitaba que alguien le aconsejara sobre sus citas, mucho más que ella. Les siguió con la mirada mientras pasaban delante del Café du Monde.
–¡Oh! Un beignet sería un estupendo postre.
–La comida no puede sustituir al sexo –le dijo Selena mientras colocaba las cartas y el libro sobre la mesa–. ¿No es eso lo que siempre dices…?
–De acuerdo, el punto es tuyo. Pero, Lanie, en serio, ¿a qué viene este repentino interés en mi vida sexual? Mejor dicho, en mi falta de ella.
Selena cogió el libro.
–A que tengo una idea.
El escalofrío que sintió ante las palabras de Selena le llegó hasta los huesos, y eso que el calor era agobiante. Y ella no se asustaba fácilmente. Bueno, a no ser que su amiga estuviera involucrada con una de sus ideas típicas de “mamá gallina”.
–¿No será otra sesión de espiritismo?
–No, esto es mejor.
En su interior, Jazmín se encogió y comenzó a preguntarse qué sería de su vida en esos momentos si hubiese tenido una compañera de habitación normal el primer año en Tulane , en lugar de Selena Quiero Ser Una Gitana Traviesa. De algo estaba segura: no estaría discutiendo de su vida sexual en medio de una calle llena de gente.
En ese momento, se fijó en lo diferentes que eran. Ella soportaba el húmedo calor con un ligero vestido sin mangas de seda color crema, de Ralph Lauren, y llevaba el pelo oscuro recogido en un sofisticado moño. En contraste, Selena llevaba una larga y vaporosa falda negra con un ceñido top de tirantes morado que apenas le cubría sus generosos senos. El pelo castaño y rizado, que le llegaba a los hombros, estaba recogido con un pañuelo de seda negra, con motas semejantes a las de un leopardo. El atuendo se completaba con unos enormes pendientes de plata, en forma de luna llena, que colgaban prácticamente hasta los hombros. Sin mencionar el yacimiento de plata que se había colocado en ambas muñecas, en forma de ciento cincuenta pulseras. Pulseras que tintineaban cada vez que se movía.
La gente siempre había reparado en sus diferencias físicas, pero ella sabía que Selena escondía una mente astuta y una gran inseguridad bajo su «exótico» atuendo. Por dentro, se parecían mucho más de lo que cualquiera podía imaginar.
Excepto en la extraña creencia que Selena había desarrollado por el ocultismo.
Y en su insaciable apetito sexual.
Acercándose a ella, Selena dejó el libro en las manos –poco dispuestas a cogerlo– de Jazmín y comenzó a pasar hojas. Se las arregló para no dejarlo caer.
Y para no poner los ojos en blanco por la exasperación que la invadía.
–Encontré esto el otro día, en esa vieja librería que hay junto al Museo de Cera. Estaba cubierto por una montaña de polvo; intentaba encontrar un libro sobre psicometría cuando de repente vi éste, ¡Voilà! –dijo señalando triunfalmente a la página.
Jazmín miró el dibujo y se quedó con la boca abierta.
Jamás había visto algo parecido.
El hombre del dibujo era fascinante, y la pintura estaba realizada con asombroso detalle. Si no fuese por las marcas dejadas en la página al haber sido impresa, se diría que se trataba de una fotografía actual de alguna antigua estatua griega.

No, se corrigió a si misma: de un dios griego. Estaba claro que ningún mortal podía jamás tener esa pinta tan fantástica.
Gloriosamente desnudo, el tipo exudaba poder, autoridad y una aplastante y salvaje sexualidad. Aunque su pose pareciera ser casual, daba la sensación de estar contemplando un depredador listo para ponerse en acción en cualquier momento.
Las venas se le marcaban en aquel cuerpo perfecto que prometía poseer una fuerza inigualable, diseñada específicamente para proporcionar placer a una mujer.
Con la boca seca, Jazmín observó los músculos, que tenían las proporciones adecuadas para su altura y su peso. Contempló la profunda hendedura que separaba los duros pectorales y bajó hasta el estómago –esculpido con forma de tableta de chocolate–, que suplicaba ser acariciado por una mano femenina.
Y entonces llegó al ombligo.
Y después a…
Bueno, no se les había ocurrido tapar aquello con una hoja de parra. ¿Y por qué deberían haberlo hecho? ¿Quién, en su sano juicio, iba a querer ocultar unos atributos masculinos tan estupendos? Y siguiendo con aquella línea de pensamiento, ¿quién necesitaría un artilugio con pilas teniendo aquello en su casa?
Se humedeció los labios y volvió a la cara.
Mientras contemplaba los afilados y apuestos contornos del rostro, y los labios –con una diabólica sonrisa apenas esbozada–, le asaltó la imagen de una ligera brisa agitando esos castañas mechones, aclarados por el sol, que se ensortijaban alrededor del cuello, especialmente diseñado para cubrirlo de húmedos besos. Y de aquellos penetrantes ojos de color almentra verdoso, mientras alzaba una lanza sobre la cabeza, y gritaba.
El sofocante aire que le rodeaba se estremeció ligeramente de forma repentina, y le acarició las partes de su cuerpo expuestas a la brisa.
Casi podía escuchar el profundo timbre de la voz del tipo, y sentir cómo aquellos musculosos brazos la envolvían y la atraían hacia un pecho duro como una roca, mientras su cálido aliento le rozaba la oreja.
Percibía unas manos fuertes y expertas que vagaban por su cuerpo, y le proporcionaban un deleite exquisito, mientras buscaban sus más recónditos lugares.
Un escalofrío le recorrió la espalda y el cuerpo comenzó a palpitarle en zonas donde nunca había pensado que aquello pudiese ocurrir. Sentía un dolor fiero y exigente que jamás había experimentado.
Parpadeó y volvió a mirar a Selena, para ver si también ella se había visto afectada del mismo modo. Pero si así era, no daba señales de ello.
Debía estar alucinando. ¡Exacto! Las especias de las judías le habían llegado al cerebro y lo habían convertido en papilla.
–¿Qué opinas de él? –le preguntó Selena, mirándola por fin a los ojos.
Jazmín se encogió de hombros, en un esfuerzo por olvidar la hoguera que abrasaba su cuerpo. Pero sus ojos volvieron a demorarse en las perfectas formas del hombre.


Aclaraciones

Doctora Ruth: Conocida sexóloga estadounidense, famosa por sus programas de consejos en radio y televisión. (N. de la T.)

Hee Haw: Comedia de humor protagonizada por un burro hecho por animación, llamado Hee Haw, y ambientada en una granja. (N. de la T.)

Tulane: Universidad situada en Nueva Orleáns. (N. de la T.)
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