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 Cambios... Joe&Tu

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Llala
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Localización : Yo Busco la Felicidad, y tu? (;
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MensajeTema: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 05:50

____(tn)____ St Clair estaba desesperada: su familia estaba a punto de declararse en quiebra. Sólo un hombre podía ayudarla. Pero era un hombre que estaba deseando verla suplicar….
El millonario sin escrúpulos Joe Venadicci había tenido un corazón tiempo atrás. Pero, después de conocer a ____(tn)____, una joven malcriada y heredera de una gran fortuna, enterró sus sentimientos para siempre. Ahora ella había regresado en busca de ayuda. Podía rechazarla o, al fin, vengarse convirtiéndola en su esposa.

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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 05:52

Capítulo 1
―El señor Venadicci ha conseguido hacerle un hueco entre dos reuniones y la recibirá ahora —le informó a _____(tn)______ con una corrección cortante la secretaria—. Sólo podrá dedicarle diez minutos.
_____(tn)______ asintió educadamente, sin exteriorizar el enfado que había ido acumulando durante la hora que llevaba allí esperando a que Joe Venadicci se dignara a hablar con ella.
—Gracias —dijo ella—. Intentaré no hacerle perder demasiado tiempo —ironizó.
Por muy difícil que fuera a ser ver de nuevo a Joe, pasara lo que pasase, tenía que permanecer tranquila y mantener el control. Había demasiadas cosas en juego como para echarlo todo a perder por una de las furiosas reacciones que tantas veces había tenido siete años antes. Había pasado mucho tiempo desde entonces y, aunque no estaba dispuesta a contarle todas las cosas por las que había tenido que pasar, tampoco iba a humillarse delante de él.
Su torre de oficinas en pleno centro financiero de Sidney era todo un símbolo de su meteórica ascensión. Desde sus humildes orígenes en el seno de una familia italiana comandada por su madre. Rose, había sorprendido a propios y extraños con su capacidad, a todos menos al padre de _____(tn)______, que siempre había sabido reconocer el talento que tenía y había hecho todo lo posible para echarle una mano y allanarle el camino.
Pero pensar en su padre era lo último que debía hacer en aquel momento. Henry St Clair estaba muy débil de salud después del agresivo ataque al corazón que había sufrido. _____(tn)______ había tenido que hacerse cargo de todo mientras su padre se recuperaba del triple bypass que le había sido practicado. Su madre se había apostado al pie de la cama de su marido, dejando a _____(tn)______ la entera responsabilidad de sacar las cosas adelante.
Todo había sucedido de repente, y _____(tn)______ se había puesto a la cabeza de los negocios de la familia para evitarle a su padre más complicaciones. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para que estuviera tranquilo y se recuperara, aunque significara ver de nuevo a Joe Venadicci.
_____(tn)______ golpeó con los nudillos la puerta que tenía grabado el nombre de Joe en grandes letras y sintió una ligera náusea en el estómago, la misma sensación que le asaltaba siempre cuando estaba cerca de él.
—Adelante.
_____(tn)______ echó los hombros hacia atrás, levantó la barbilla con altivez y abrió la puerta. Joe estaba sentado ante su escritorio y no hizo el menor ademán de levantarse, una grosería que _____(tn)______ ya estaba preparada para encajar. Siempre había tenido un aire de insolencia, de mirar a los demás por encima del hombro, incluso cuando vivía con su madre en la casa de empleados de la mansión St Clair.
A pesar del esfuerzo que había hecho para estar tranquila y no perder la compostura, _____(tn)______ sintió que su corazón, contra su voluntad, se aceleraba dentro de su pecho. Incluso sentado, Joe tenía una estatura intimidatoria. Un mechón de su cabello moreno caía ligeramente sobre su frente mientras los rayos del sol iluminaban su rostro. Tenía la nariz marcada por todas las peleas en las que se había metido en su juventud. Al contrario que otros hombres de negocios de éxito, que recurrían a la cirugía estética para arreglar los defectos de su rostro, Joe los llevaba como una medalla. Lo mismo ocurría con la cicatriz que partía en dos su ceja izquierda, una marca que le daba un aspecto peligroso y, al mismo tiempo, muy atractivo.
—Vaya, ¿cómo está la viuda alegre? —preguntó él mirándola de arriba abajo—. ¿Cuánto tiempo hace que no nos vemos? ¿Un año? ¿Dos? El duelo parece sentarte muy bien, ____(tn)____. Nunca te había visto tan guapa.
_____(tn)______ acusó el golpe mirándole fijamente, sin pestañear, pero con una incómoda corriente eléctrica recorriendo su espalda. Tristan Glendenning había muerto dos años antes y, las pocas veces que había vuelto a ver a Joe, él no había dejado de recordárselo con su típico tono sarcástico. Cada vez que le decía algo sobre su difunto marido, era como si le estuviera arrojando un insulto a la cara.
—¿Puedo sentarme? —preguntó amablemente ocultando todo lo que estaba pensando.
—Por supuesto —respondió Joe señalándole con la mano la silla situada enfrente de él—. Ese trasero se merece descansar. Pero no te pongas muy cómoda, en diez minutos tengo una reunión importante.
_____(tn)______ se sentó en el borde de la silla odiándose a sí misma por el rubor que las palabras de él habían provocado en sus mejillas. Joe siempre había tenido la extraña e incómoda virtud de hacerle ser plenamente consciente de su cuerpo a través de las frases que utilizaba para hablar con ella. Nadie tenía esa capacidad más que él.
—Bueno —dijo apoyando la espalda en el respaldo de su asiento—. ¿Qué puedo hacer por ti, ____(tn)____?
Ella guardó silencio unos instantes. Nadie más que él utilizaba su nombre completo para dirigirse a ella. Había empezado a hacerlo cuando ella acababa de cumplir catorce años, cuando la madre de él había sido contratada para limpiar en la mansión y había llegado allí con su hijo de dieciocho años. La forma en que pronunciaba su nombre también tenía algo especial. Aunque había nacido en Australia, la constante presencia del italiano en su casa le había dado un toque exótico a su acento. Cuando decía su nombre, _____(tn)______ se quedaba como paralizada.
—He venido porque ha surgido un pequeño problema —dijo frotándose las manos por debajo de la mesa intentando controlar los nervios—. Como mi padre ahora mismo está descansando y no puede hacerse cargo de nada, he pensado que podrías aconsejarme.
Joe la observó detenidamente con su aire enigmático mientras pulsaba una y otra vez el resorte de su estilográfica.
—¿Cómo está tu padre esta mañana? —preguntó él—. Le vi ayer por la noche en la unidad de cuidados intensivos. Parecía un poco desmejorado, pero supongo que es normal.
_____(tn)______ sabía que Joe visitaba regularmente a su padre, aunque siempre se las arreglaba para no coincidir con él en el hospital.
—Lo está haciendo muy bien —respondió—. La cirugía está programada para la próxima semana. Creo que están esperando a que se estabilice un poco.
—Sí, es mejor —dijo él dejando la estilográfica sobre la mesa—. Los médicos estiman que se recuperará del todo ¿verdad?
_____(tn)______ intentaba no mirar sus manos, pero tenían algo que le atrapaba. Eran grandes y poderosas, con dedos estilizados y un tupido vello moreno que les daba un aspecto masculino difícil de resistir.
Ya no era el chico que había conocido una vez. Su piel morena estaba brillante y bien cuidada, sus músculos, tonificados y muy marcados, signo del estricto programa de entrenamiento físico al que se sometía. A su lado, los ejercicios de gimnasia que hacía ella parecían un mero pasatiempo.
—¿____(tn)____?
Intentó recuperar la compostura y le miró a los ojos, unos profundos y penetrantes ojos grises. Nunca había sabido nada acerca del padre de Joe. Por algunos comentarios había deducido que no había sido italiano como su madre, pero nunca le había preguntado sobre ello directamente. Algo le había hecho intuir desde muy pronto que para su madre y para él no era un tema agradable de conversación.
—Bueno… No estoy segura —respondió finalmente a la pregunta que le había hecho sobre la recuperación de su padre—. No he hablado con los médicos.
En cuanto terminó de hablar, se dio cuenta de lo indiferentes que habían sonado sus palabras, como si la salud de su padre no le importara. La realidad era muy distinta. No había nada en el mundo que le preocupara más. De no haber sido por el ataque al corazón de su padre, ella nunca habría tenido que ir hasta allí a hablar con Joe.
—Supongo que esta visita tiene que ver con la oferta que se ha hecho por el complejo residencial St Clair Island. ¿Me equivoco?
_____(tn)______ intentó ocultar su sorpresa. ¿Cómo se había enterado?
—Sí, en realidad… Como seguramente sabrás, mi padre pidió hace un año y medio un préstamo para modernizar el lugar. Ayer por la tarde recibí una llamada. Me dijeron que, si no pagábamos el importe total del préstamo, podíamos tener problemas, y todo el complejo saldría a la venta.
—¿Has hablado del asunto con vuestros contables?
—Dicen que no hay forma humana de reunir tal cantidad de dinero en veinticuatro horas —dijo ella bajando un poco la mirada.
Joe tomó de nuevo la estilográfica y empezó a accionar una y otra vez el botón, como si fuera un ritual que le ayudara a pensar.
—No le has dicho nada a tu padre, ¿verdad?
—No, por supuesto que no —respondió ella con dificultad para mantener su mirada—. No quiero preocuparle. Si le digo lo que está pasando, puede que le provoque otro ataque.
—¿Qué hay de los que llevan la gestión del complejo? ¿Saben lo que está pasando?
—He hablado con Judy y Garry Foster —respondió ella—. Como es lógico, están preocupados por sus empleos, pero les aseguré que me ocuparía personalmente de solucionarlo todo.
—¿Has traído la documentación? —preguntó tras una pausa.
—No, pensé que sería mejor discutir primero el tema contigo.
Estaba incómoda. Se sentía incompetente, intentando manejar asuntos que se le escapaban. Desde que sus padres le habían pedido que se hiciera cargo de todo, había tenido dudas sobre su capacidad para sacarlo adelante, pero no había querido decirles nada para no defraudarles. Ambos tenían muchas esperanzas puestas en ella después de la trágica muerte de su hermano mayor. Blair. _____(tn)______ había intentado hacer todo lo posible para llenar el terrible vacío que había dejado, pero seguía teniendo la sensación de estar abarcando más de lo que podía manejar.
—De modo que tienes un día para reunir los fondos necesarios, ¿no es así? —preguntó él.
—Efectivamente —respondió ella ocultando lo difícil que le resultaba hablar de todo aquello—. Si no lo logramos, mi familia tendrá que sacarlo a la venta y sólo tendremos el treinta y cinco por ciento de las acciones. No sé exactamente si puedes ayudarme en algo. Sé perfectamente que si mi padre no estuviera en el hospital, hubiera venido a verte antes que a nadie para tratar contigo todo esto.
—¿Tienes alguna idea de quién está detrás de todo esto? —le preguntó Joe.
—No —respondió—. He preguntado a todas las personas que conozco, pero nadie parece tener la más ligera idea.
—¿De cuánto dinero estamos hablando?
_____(tn)______ respiró profundamente antes de responder.
—Dos millones cuatrocientos mil dólares.
—Vaya —dijo él enarcando una ceja—. No es precisamente calderilla.
—No, no es algo que te puedas encontrar por la calle —comentó ella—. Estoy segura de que mi padre nunca pensó que esto podría llegar a ocurrir. El mercado ha estado muy inestable estos últimos meses. Parece que no hemos sido los únicos en pedir un préstamo en el peor momento.
—Desde luego.
—Bien… Me estaba preguntando… ¿Qué crees que podríamos hacer? —preguntó tímidamente, aunque la desesperación crecía en su interior por momentos—. No quisiera ponerte en un compromiso, pero mi padre respeta mucho tus opiniones, por eso he venido.
—Sí, ya me imagino que no habrás venido hasta aquí sólo para hablar del tiempo —dijo Joe—. Por cierto, te quedan cinco minutos.
—Ya sabes lo que te estoy pidiendo —dijo _____(tn)______ luchando consigo misma—. No me hagas decirlo sólo para alimentar tu ego.
Los ojos de él parecían llenarse de energía mientras se inclinaba sobre el escritorio.
—Quieres que pague yo ese dinero, ¿verdad?
—Mi padre ha hecho mucho por ti —respondió ella empezando con el discurso que había ensayado una y otra vez la noche anterior—. Pagó la fianza cuando robaste aquel coche con dieciocho años nada más empezar a vivir con nosotros. Te dio un aval para que pudieras ir a la universidad… No habrías conseguido todo lo que hoy tienes de no haber sido por él.
Joe se recostó de nuevo en su asiento jugando con la estilográfica.
—Dos millones cuatrocientos mil dólares es mucho dinero, ____(tn)____ —dijo—. Para poder hacer ese desembolso de dinero necesitaría algo a cambio, alguna garantía que me cubra las espaldas en caso de que las cosas salgan mal.
—¿Una garantía? —repitió ella alarmada—. Podemos hablarlo con nuestros abogados y llegar a un acuerdo. Podríamos firmar un plan de reembolso a cinco años, por ejemplo. Con intereses, por supuesto. ¿Qué te parece?
—Demasiado arriesgado —respondió él con una sonrisa enigmática—. Preferiría algo más seguro, algo que sea más que un simple trozo de papel.
—No estoy muy segura de entenderte —dijo ella dubitativa—. ¿Te refieres a algo más concreto? Lo único que podría adaptarse a tus requerimientos es la casa de mis padres, pero necesitarán algún sitio donde…
—No quiero su casa —la interrumpió clavándole la mirada.
—Entonces… ¿Qué es lo que quieres? —preguntó casi desesperada, llevándose la mano al estómago para intentar acallar las náuseas que sentía.
Se hizo el silencio. Un silencio incómodo y lleno de algo muy intenso que _____(tn)______ no fue capaz de precisar. El aire se había vuelto súbitamente denso, tan denso que le costaba respirar sin sentir una sensación de ahogo en lo más profundo de su pecho.
—¿Qué te parecería ser la garantía tú misma? —preguntó entonces Joe.
—No poseo nada cuyo valor ascienda a esa cantidad —respondió ella frunciendo el ceño—. Sólo obtengo algunos pequeños ingresos de la sociedad para mis necesidades y poco más.
—Deduzco por lo que dices que tu difunto marido no te dejó en la posición desahogada que has disfrutado durante toda tu plácida vida, ¿me equivoco?
_____(tn)______ bajó la mirada para no tener que enfrentarse a los ojos de él, unos ojos que parecían estar llenos de reproche.
—Las finanzas de Tristan eran un desastre cuando murió de repente. Había deudas, cosas que no estaban claras… Demasiadas cosas que solucionar.
«Y demasiados secretos que ocultar», pensó _____(tn)______.
—Te daré el dinero —afirmó Joe finalmente—. Puedo hacerle llegar el dinero a la sociedad de tu padre con sólo encender mi ordenador y pulsar un par de veces el ratón. Tu pequeño problema estará solucionado antes de que llegues al ascensor.
Pero había una condición, podía presentirlo. _____(tn)______ le miró expectante para escucharla. Le conocía de sobra como para saber que jamás regalaría tal cantidad de dinero a cambio de nada. Joe sentía un profundo respeto por su padre, incluso toleraba bastante bien a su madre, pero, en lo que tenía que ver con ella, sentía un profundo resentimiento. Aquel favor le estaba dando la oportunidad de resarcirse. _____(tn)______ estaba segura de que Joe no iba a desaprovecharla.
—Por supuesto, habrá ciertas condiciones —empezó él.
_____(tn)______ se estremeció al ver la determinación en sus ojos.
—¿Qué tipo de condiciones?
—Me sorprende que no se te haya ocurrido ya —dijo él haciendo una mueca irónica, como si estuviera jugando al ratón y al gato con ella, como si estuviera disfrutando con todo aquello.
—Yo no… No tengo ni idea de a qué te refieres —tartamudeó ella frotándose las manos llenas de sudor.
—Pues yo creo que sí —dijo él—. ¿Recuerdas aquella noche justo antes de tu boda?
_____(tn)______ se obligó a sí misma a mirarle a los ojos, aunque notaba cómo la culpabilidad ascendía por su piel hasta teñirle las mejillas con un rubor difícil de ocultar. Recordaba perfectamente la noche a la que se refería Joe. Durante el tiempo que había durado su matrimonio la había rememorado cientos de veces, preguntándose una y otra vez cómo habría sido su vida de haber hecho caso a Joe.
La tarde anterior a su boda, _____(tn)______ se encontraba en la iglesia realizando el ensayo final a pesar de que Tristan había llamado por teléfono diciendo que le habían programado una reunión de última hora y no iba a poder llegar. Joe había llegado a toda prisa desde el aeropuerto después de haber estado seis meses en Italia, donde su madre se estaba muriendo. Se había apoyado en una de las columnas del fondo de la nave con su típica pose desenfadada y no había dicho nada.
Una vez terminado el ensayo, la madre de _____(tn)______ había invitado a todos los presentes a unos aperitivos en la casa familiar. _____(tn)______ le había pedido al cielo que Joe declinara la oferta, pero cuando hora y media después salió del cuarto de baño de la planta superior, le encontró frente a ella.
—Tengo que hablar contigo en privado, ____(tn)____ —le había dicho.
—No se me ocurre qué tienes que decirme —había replicado ella fríamente intentando ignorarle y pasar de largo, sintiendo las manos de él sujetándola con fuerza, deteniéndola, provocando una corriente eléctrica en todo su cuerpo—. Deja que me vaya, Joe —le había pedido.
—No sigas con esto, ____(tn)____ —le había pedido él en un tono que nunca antes le había oído utilizar—. Ese hombre no es para ti.
—He dicho que me sueltes —había insistido ella orgullosa intentando zafarse.
Pero Joe la había tomado de la cintura y la había atraído hacia él hasta tenerla muy cerca, hasta tenerla más cerca de lo que nunca habían estado. _____(tn)______ se había quedado sorprendida por la fortaleza de su pecho, por la determinación con que las manos de él la estaban sujetando, por las emociones que estaba experimentando.
—Cancélalo —le había ordenado Joe—. Tus padres lo entenderán. Todavía estás a tiempo.
—Como no me sueltes ahora mismo, empezaré a gritar —le había amenazado ella—. Le diré a todo el mundo que has intentado abusar de mí. Irás a la cárcel.
Joe había acusado el golpe con un gesto amargo.
—Ese hombre se quiere casar contigo sólo por tu dinero —le había advertido Joe.
_____(tn)______ había reaccionado con furia, aunque una ligera duda se había abierto camino en su interior, una duda que había empezado a sentir en las últimas semanas.
—No tienes ni idea de lo que estás hablando —le había espetado ella—. Tristan me quiere de verdad. Sé que me quiere.
—Si lo que quieres es casarte, entonces cásate conmigo —le había dicho él—. Al menos, estarás segura de con quién te comprometes.
—¿Casarme contigo? —le había preguntado ella en tono sarcástico—. ¿Y pasarme el resto de mi vida fregando escaleras como tu madre? Gracias, pero no.
—No puedo permitir que lo hagas, ____(tn)____ —había insistido él—. Si no lo cancelas esta misma noche, mañana durante la ceremonia me levantaré delante de todo el mundo y diré claramente por qué no debes casarte.
—¡No te atreverás!
—¿Te apuestas algo, rubia? —preguntó él retándola—. ¿Quieres que todo Sidney sepa la clase de hombre que es tu futuro marido?
—Maldito seas… —había dicho ella—. Me aseguraré de que no puedas entrar. Hablaré con la empresa de seguridad que ha contratado mi padre y te prohibirán la entrada. Me voy a casar con Tristan mañana, digas tú lo que digas.
—Ahora mismo, no tienes ni idea de lo que quieres o a quién quieres —dijo él con firmeza—. Maldita sea, ____(tn)____. Sólo vas a tener veintiún años una vez. El suicidio de tu hermano te destrozó, nos destrozó a todos. Tu enlace con ese hombre ha sido una especie de reacción. Por Dios santo, hasta un ciego ser daría cuenta.
La sola mención de su hermano, del trágico final que había tenido, había provocado una reacción en _____(tn)______ que hasta entonces no se había permitido tener por respeto a sus padres. Fue como una explosión, como la erupción de un volcán. Sacando fuerzas de algún recóndito lugar, le había dado un puñetazo en la barbilla con todas sus fuerzas.
Joe había acusado el golpe. Pero, entonces, mientras ella todavía se tocaba la mano, dolorida por el impacto, él la había sujetado con fuerza y la había besado con furia, con pasión, con una intensa desesperación y deseo…
_____(tn)______ intentó volver al mundo real. No le gustaba pensar en aquel beso. Le daba vergüenza recordar cómo ella se lo había devuelto, recordar cómo a la mañana siguiente había acudido a la boda con una marca roja en la mano, una marca que le hacía imposible olvidar lo que había sucedido la noche anterior. Había sido como si Joe hubiera estado presente en la ceremonia, como si hubiera podido burlar la vigilancia que ella le había pedido a su padre que apostara en la puerta.
—Ve al grano y dime lo que quieres —dijo _____(tn)______ molesta.
—Quiero que seas mi mujer.
_____(tn)______ no estaba segura de qué era más aterrador, la propuesta de Joe o el darse cuenta de que no tenía más opción que aceptar.
—Parece una mala idea, teniendo en cuenta que nos odiamos y siempre nos hemos odiado —dijo ella sin amilanarse.
—Tú no me odias, ____(tn)____ —dijo él sarcástico—. Odias lo que te hago sentir, que es algo muy distinto. Siempre ha habido entre nosotros algo especial, ¿vas a negarlo? Una intensa y secreta atracción, una intensa pasión reprimida entre la rica heredera y el hijo rebelde de la sirvienta. Es una mezcla explosiva, ¿no crees?
—Creo que te haces demasiadas ilusiones, Joe —respondió ella altiva—. No soy consciente de haberme dirigido nunca a ti con algo que no haya sido desprecio.
Joe miró el reloj que estaba en su escritorio y se levantó.
—Se acabó el tiempo, rubia.
—Necesito tiempo para considerar tu oferta —murmuró _____(tn)______.
—El trato que te ofrezco estará en pie hasta dentro de treinta segundos —dijo Joe impasible—. Lo tomas o lo dejas.
—Es del trabajo de mi padre, del esfuerzo de toda una vida, de lo que estamos hablando —dijo ella desesperada—. Construyó ese lugar desde la nada en los setenta, después de que aquel ciclón lo arrasara todo. ¿Cómo puedes darle la espalda después de todo lo que hizo por ti? Maldito seas. Joe. De no haber sido por mi padre, ahora mismo estarías dando vueltas en el patio de la cárcel de Pentridge.
—Ese es mi precio —dijo él sin inmutarse—. Sí no te casas conmigo, no hay trato.
_____(tn)______ apretó los puños intentando darle una salida a su frustración.
—Sabes que no puedo negarme. Lo sabes y estás disfrutando. Sólo estás haciendo esto porque te rechacé aquella noche hace siete años.
Joe se inclinó sobre el escritorio y pulsó el botón del intercomunicador.
—¿Rachel? —preguntó hablándole al aparato—. ¿Ha llegado ya mi siguiente cliente? La señorita Glendenning ya se va.
Los frutos del trabajo de toda una vida, del esfuerzo y el sudor de su padre, estaban en juego. Si no accedía, su padre iba a tener que venderlo todo, empezando por la casa que había pertenecido a sus padres, los abuelos de _____(tn)______, antes que a él. Pensaba en la cara de decepción que pondría su padre cuando tuviera que decirle que le había fallado, que no había conseguido mantener los negocios a flote con la brillantez de que habría hecho gala su difunto hermano. De estar vivo Blair, seguramente ya habría resuelto el problema poniéndose en contacto con alguno de sus amigos. Ella, en cambio…
Nunca se había sentido atraída por aquel mundo. Le habían aburrido las interminables reuniones de negocios, los espectáculos corporativos, las negociaciones, el papeleo, los cálculos…
Lo que a ella le había gustado siempre había sido…
Pero ¿qué importaba ya? Nunca lo tendría. Tenía que sacrificar sus expectativas y sus sueños, al menos hasta que su padre se recuperara y pudiera tomar las riendas de nuevo.
Si era que eso llegaba a suceder.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. _____(tn)______ había sido la última persona en ver con vida a Blair antes de que muriera de una sobredosis. Aunque sólo fuera por eso, tenía que ser responsable y afrontar las circunstancias de la situación en que se encontraba, aunque no le gustaran. Tener que casarse a la fuerza con Joe Venadicci le repugnaba. Aunque, tal vez, ésa no era la palabra adecuada. Joe era el hombre con el que cualquier mujer hubiera soñado, un hombre increíblemente atractivo, un hombre capaz de hacer temblar de deseo a cualquier mujer con su pelo oscuro, sus penetrantes ojos grises y sus músculos perfectos, casi esculpidos.
Casarse con él era meterse en problemas, pero ¿qué otra cosa podía hacer? ¿De qué otra forma podría conseguir tanto dinero en tan poco tiempo?
¿Era capaz de hacerlo? ¿Era capaz de casarse con un hombre de aquella manera?
Aquello era demasiado peligroso. Joe era peligroso. Era orgulloso, era un seductor, era…
Pero no tenía a nadie más a quien recurrir.
Toda su familia dependía de ella.
—De acuerdo —dijo _____(tn)______ resignada—. Lo haré.
—Bien —asintió Joe arrogante, como si no hubiera dudado ni un segundo de la decisión que iba a tomar—. El dinero será ingresado en la cuenta correspondiente en unos minutos. Iré a buscarte esta noche para ir a cenar. Así podremos discutir los preparativos de la boda.
—¿No podríamos esperar al menos unos días hasta que…?
—¿Hasta que puedas encontrar alguna otra solución? Desde luego que no, querida. Ahora que te tengo, no voy a dejarte escapar.
—¿Qué se supone que voy a decirles a mis padres?
—¿Por qué no les dices que finalmente has dejado de engañarte a ti misma y te has dado cuenta de que te tienes que casar conmigo?
_____(tn)______ le clavó una mirada gélida.
—Pensarán que me he vuelto loca.
—Quizá piensen que te has enamorado —dijo él—. Prefiero esa versión, al menos de momento. La salud de tu padre es muy delicada, y seguirá siendo así varias semanas después de salir de la cirugía. No quiero que tenga una recaída por todo este asunto.
_____(tn)______ guardó silencio. En eso, Joe tenía toda la razón.
—Había planeado ir al hospital esta noche —dijo ella—. ¿Te veré allí o en la casa?
—Tengo un par de reuniones que podrían alargarse, de modo que, si no llego a tiempo al hospital, te veré en tu casa sobre las ocho y media. Me gustaría hablar con tu padre sobre mis intenciones contigo.
—Es curioso, te comportas de la forma más tradicional posible, incluso le quieres pedir mi mano a mi padre, cuando a mí nunca me pareciste un hombre al que le atrajera el matrimonio —dijo _____(tn)______—, Lo único que leíamos de ti en los periódicos eran tus constantes cambios de pareja.
—La variedad es la salsa de la vida —dijo él sonriendo—. Sin embargo, hasta la persona más disipada siente, de vez en cuando, la necesidad de sentar la cabeza.
—Este matrimonio… No te lo planteas como algo a largo plazo, ¿verdad?
—Durará mientras siga teniendo razón de ser —respondió él.
_____(tn)______ se dio cuenta de que no le había respondido a la pregunta.
—Te veré esta noche —dijo Joe abriendo la puerta de su despacho invitándola a que se fuera—. Te llamaré si voy a llegar tarde.
Cuando _____(tn)______ pasó junto a él, intentando aparentar orgullo y altivez, sintió un penetrante perfume. No podía precisar cuál era, pero siempre le había pasado lo mismo con ella. Era una combinación de tantas cosas que era difícil saber a qué atenerse, aunque cualquiera de ellas por separado habría sido suficiente para volverle loco.
Cuando _____(tn)______ cerró la puerta detrás de ella y se quedó solo, dejó de contener la respiración.
—Maldita sea —dijo pasándose la mano por el pelo furioso—. Maldita sea.
—¿Señor Venadicci? —preguntó su secretaria a través del intercomunicador—. El señor Winchester está aquí. ¿Le digo que pase?
Joe respiró profundamente recuperando la compostura.
—Por supuesto —respondió—. Le atenderé ahora mismo. Pero dígale que sólo puedo dedicarle cinco minutos.

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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 06:15

Capítulo 2
_____(tn)______ intentó poner buena cara cuando entró en la habitación del hospital donde estaba ingresado su padre. Los tubos y monitores que tenía conectados a su cuerpo le revolvieron el estómago y le provocaron de nuevo una intensa angustia, la misma que podía ver en el rostro de su madre.
—¿Cómo estás, papá? —le preguntó susurrándole al oído.
—Sigo vivo, que no es poco —respondió él intentando sonreír, aunque _____(tn)______ pudo percibir el miedo y el desamparo en sus ojos castaños.
—¿Han dicho algo nuevo los médicos? —preguntó ella dirigiéndose a los dos.
—Han programado la cirugía para mañana —respondió Pamela St Clair, su madre—. Joe ha hablado con el cirujano y ha conseguido adelantarlo. Le hizo ver que el caso de tu padre era una prioridad. ¿No le has visto? Os habéis debido de cruzar en el pasillo.
—¿Joe ha estado aquí ahora? —preguntó ella.
—Sí, querida —respondió su madre—. Viene todos los días, ya lo sabes.
—Sí, lo decía porque… He estado hablando con él esta misma mañana y me dijo que tenía toda la tarde ocupada con reuniones y asuntos de trabajo.
—Espero que no tengas ningún problema con él —dijo su madre en tono de reproche—. No está haciendo más que ayudarnos en todo. Lo menos que puedes hacer es ser educada y correcta con él.
_____(tn)______ reprimió una sonrisa sarcástica al escuchar las paradójicas palabras de su madre. Pamela St Clair siempre había sido una mujer chapada a la antigua, una mujer que siempre había desaprobado cualquier tipo de relación con los empleados. Apenas había cruzado media palabra con la madre de Joe, Rose, en los años que había trabajado para ella. Con Joe había sido todavía más arisca y distante. A raíz del incidente que Joe había tenido con la policía, Pamela había intentado expulsarles a él y a su madre de su casa, y sólo la diplomacia y la insistencia de su padre había podido evitarlo.
Tampoco ella había sido mucho más amable con Rose, algo de lo que, con el tiempo, había llegado a arrepentirse. Cuando recordaba el pasado, sentía una punzada de culpabilidad por lo desconsiderada que había sido con ella, dejando cosas tiradas por el suelo sin el menor reparo, sin pararse a pensar en la persona que tenía que ir detrás de ella para recogerlas.
Pero lo más imperdonable había sido el comportamiento que había tenido con Joe. Había sido absolutamente grosera con él durante toda su adolescencia, poniéndole en ridículo siempre que podía, gastándole bromas delante de las chicas o hablándole de mala manera. Incluso había jugado con él frecuentemente, flirteando a veces para, a continuación, rechazarle con altivez. No había excusa posible para la manera de proceder que había tenido, como no fuera la terrible inseguridad que había sentido en su adolescencia y la influencia del lujoso ambiente en el que siempre había vivido, un ambiente en el que nadie tenía la oportunidad de aprender a respetar a los demás.
_____(tn)______ recordó una ocasión en especial en que le había dejado a Joe una nota sugerente con instrucciones para que se encontrara con ella al anochecer en la casita del jardín. En lugar de acudir a la cita, se había apostado en la ventana de su habitación con sus amigas y se habían reído de él al verlo acudir con un ramo de rosas blancas. Lo que más le había avergonzado en aquel momento había sido la reacción que había tenido él. En lugar de enfadarse o de insultarla, algo a lo que sin duda habría tenido derecho, no había dicho nada, ni a ella, ni a sus padres, ni siquiera a su hermano, Blair, con quien pasaba todo el tiempo que podía.
El padre de _____(tn)______ extendió débilmente el brazo hacia ella y le rozó la mano.
—Joe es un buen hombre —dijo—. Ya sé que todavía estás triste por la muerte de Tristan, pero creo que deberías tomarte en serio su proposición. Piensa que podría ser mucho peor. Sé que ha tenido una vida poco convencional, pero no se puede negar que se ha esforzado y ha conseguido muchas cosas por sí mismo. Siempre supe que tenía la fuerza de voluntad suficiente para conseguir todo lo que se propusiera. Me alegro de que te haya elegido como esposa. Se ocupará de ti como es debido. Sé que lo hará.
_____(tn)______ no pudo ocultar su sorpresa. Joe ya había hablado con su padre.
—¿Ha hablado contigo sobre nuestra relación? —preguntó atónita.
—Le he dado mi bendición —respondió su padre—. Aunque, en realidad, debo decir que no he sido el más sorprendido al conocer la noticia.
—¿Ah, no? —preguntó ella más confusa todavía.
—Habéis estado flirteando desde que erais unos críos —dijo señalando con la cabeza a la madre de _____(tn)______—. Incluso hubo un tiempo en el que llegué a pensar que… Pero todo cambió con el accidente de Blair.
_____(tn)______ suspiró con frustración al escuchar las palabras de su padre. Todavía no habían sido capaces de aceptar que la muerte de Blair había sido un suicidio, que había sido provocada por una sobredosis de droga. Seguía calificándolo como un accidente.
—Me alegro mucho de que lo aprobéis —dijo _____(tn)______ fingiendo—. Hemos quedado esta noche para cenar y hablar sobre los detalles de la ceremonia y la celebración.
—Sí, ya nos dijo que no pensáis hacer nada muy ostentoso —comentó su madre—. Creo que es una excelente idea, dadas las circunstancias. Después de todo, es tu segundo matrimonio. Estaría fuera de lugar hacer lo mismo que la primera vez.
_____(tn)______ no podía estar más de acuerdo. La celebración de su boda con Tristan había consumido una escandalosa e improcedente suma de dinero.
—Bueno, tengo cosas que hacer —dijo _____(tn)______ dándole un beso cariñoso a sus padres—. ¿Necesitáis algo antes de que me vaya?
—No, querida —dijo su madre—. Joe nos trajo algo de fruta y un par de novelas de ese autor que tanto le gusta a tu padre. Hay que reconocer que Joe se ha convertido en un perfecto caballero. Tu padre tiene razón, piensa que podría ser mucho peor. No hay muchos hombres en el mundo dispuestos a casarse con una mujer que ya ha estado con otra persona.
«Si supieras la verdad de mi matrimonio con Tristan, no hablarías así», pensó _____(tn)______ contrariada.
—Os veré mañana —dijo en cambio sonriendo.



La mansión St Clair estaba situada en las afueras de la ciudad, frente al mar, en el lujoso barrio de Point Piper. Desde allí, las vistas de la ciudad y del puerto eran espectaculares.
_____(tn)______ había regresado a la casa de sus padres dos años atrás, a raíz de la muerte de Tristan en un accidente de coche. Aunque desde entonces había fantaseado de vez en cuando con la idea de encontrar un sitio para ella sola, no había hecho nada al respecto. La mansión era suficientemente grande como para vivir en ella con sus padres y tener la intimidad y la libertad que necesitaba. Por otra parte, las ingentes deudas que había dejado su marido no aconsejaban embarcarse tan rápido en la adquisición de una nueva casa.
Cuando, a las ocho y media de la tarde, sonó el timbre de la puerta, _____(tn)______ todavía no estaba lista. Aún no se había arreglado el pelo ni se había vestido. Acababa de salir de la ducha, y sólo llevaba puesto un albornoz.
Sin apresurarse demasiado, se puso un elegante vestido negro que había guardado en un armario durante años y eligió unos zapatos de tacón alto. Se pintó los labios y se puso colorete en las mejillas. Se arregló el pelo de forma sencilla, dejando que cayera suavemente sobre sus hombros, y se miró una última vez en el espejo.


Joe consultó de nuevo su reloj y dudó si debía utilizar la llave que Henry había insistido tantas veces en darle. Estaba buscándola en el bolsillo de su chaqueta cuando ____(tn)____ apareció en la puerta.
Parecía recién salida de un desfile de modas. El vestido negro que se había puesto destacaba cada una de las curvas de su cuerpo, que desprendía un penetrante aroma. Siempre se había preguntado, con asombro, cómo era posible que una mujer tan delgada tuviera unos senos tan exuberantes. Atraían sus ojos como imanes, tenía que luchar consigo mismo para no fijarse en ellos más de la cuenta.
—Bien, ¿podemos acabar cuanto antes con esto, por favor? —le dijo ella despectivamente.
Joe reprimió el deseo de reprenderla por sus palabras. Sabía que ____(tn)____ no iba a desaprovechar la menor ocasión para insultarle, para demostrarle su rechazo, pero las cosas habían cambiado. Ahora era él quien llevaba la voz cantante, el que podía imponer los límites. Iba a ser un placer ponerla en su sitio, devolverle poco a poco el modo humillante en que se había comportado con él el día de su boda con Tristan, el día en que había lanzado a su prometido contra él dejándole una cicatriz en la ceja como recuerdo.
Joe la guió hasta el coche, le abrió la puerta y la cerró cuando se hubo sentado. Esperó hasta estar en la carretera en dirección al centro de la ciudad para hablar.
—Tus padres parecieron llevarse una alegría esta mañana cuando les comuniqué la noticia de nuestro enlace —empezó—. Especialmente, tu madre. Esperaba que pusiera el grito en el cielo ante la perspectiva de tener a su hija casada con una persona de una clase social inferior, pero, contra todo pronóstico, casi se lanzó en mis brazos, como si me estuviera dando las gracias por cargar contigo.
—¿Es necesario que seas tan grosero? —preguntó _____(tn)______ sin mirarle—. Por cierto… No hables de nuestro enlace. La idea ha sido tuya, no mía.
—Creo que es una tontería seguir dándole vueltas a este tema ahora que hemos llegado a un acuerdo y el dinero está en la cuenta que corresponde. Siempre he tenido tiempo para tu padre. Tu madre, sin embargo, me pareció desde el principio la típica mujer que mide a las personas por el dinero que llevan en la cartera.
—Bueno, en este caso, creo que es lo único que puedes aportar —dijo _____(tn)______ sarcástica.
—Mi dinero os acaba de salvar a ti y a tu familia, querida, de modo que haz el favor de tenerme más respeto, ¿entendido? Si persistes en esta desagradable actitud, me obligarás a retiraros mi apoyo. ¿Qué harías entonces? Piensa en ello.
_____(tn)______ miró por la ventanilla los altos rascacielos plateados cortando el cielo. Joe tenía razón. Iba a tener que morderse la lengua, de lo contrario, podía echarse atrás. Era capaz de hacerlo, y no iba a dejar de recordárselo. Aunque atarse a un hombre de aquella manera y someter su voluntad iba contra todos sus principios, no tenía otra alternativa.
No recordaba haber odiado tanto a una persona en su vida. Pensar en él le hacía hervir la sangre. Era arrogante y presuntuoso. Contra todo pronóstico, había conseguido llegar a tener un extraordinario poder a pesar de sus humildes orígenes. Ahora que estaba en la cima, iba a usar toda su influencia y toda su capacidad para sojuzgarla, pero ella no estaba dispuesta a rendirse sin luchar. Sería su esposa, pero sólo en apariencia.
No iba a decírselo por el momento, pero ése era su as en la manga. Se daría cuenta cuando hubiera terminado la ceremonia. Joe iba a encontrarse con una mujer que no estaba dispuesta a dormir con él. Sería una esposa de cara a los demás, actuaría correctamente en cualquier circunstancia, ofrecería una imagen perfecta ante la gente, pero, en privado, sería la misma mujer de siempre, la misma mujer que le había rechazado la noche antes de su boda con Tristan.
El restaurante en el que había reservado mesa Joe estaba en el puerto. Las vistas eran maravillosas. El aire estaba lleno de humedad, y los barcos entraban y salían con parsimonia.
Joe guió a _____(tn)______ a través del salón, acompañando el movimiento poniendo su mano en la espalda de ella. El camarero le saludó con deferencia y les llevó hasta la mesa.
—¿Has estado alguna vez aquí? —preguntó él cuando estuvieron sentados.
—No he salido mucho últimamente —contestó ella.
—¿No has tenido ninguna cita desde la muerte de tu marido? —preguntó él desinteresadamente.
—Sólo hace dos años que murió —respondió ella mirando la carta para evitar sus ojos—. No tengo prisa.
—¿Le echas de menos?
_____(tn)______ dejó la carta sobre la mesa y le miró irritada.
—¿Qué clase de pregunta es ésa? Estuvimos casados cinco años.
«Cinco miserables años», pensó, aunque nunca le había dicho la verdad a nadie, ni siquiera a sus padres. ¿A quién habría podido confesárselo? Nunca se le habían dado bien las relaciones con la gente. Sus pocas amigas habían rechazado a Tristan casi desde el principio, y poco a poco habían ido desapareciendo de su vida. _____(tn)______ siempre había sabido que había sido su irresistible tendencia a ocultar los defectos de su marido lo que había provocado ese alejamiento. Su matrimonio se había ido deteriorando poco a poco al ser ella incapaz de afrontar la realidad, de asumir que había cometido un error al casarse con él. Se había convertido con los años en una mentirosa compulsiva. Por muchas excusas que se le ocurrieran, sabía que toda la culpa había sido suya.
—No tuvisteis hijos —continuó Joe—. ¿Fue decisión tuya o de él?
—Nunca discutimos sobre ello —respondió ella intentando quitarle importancia.
Cuando el camarero fue hasta ellos para ofrecerles algo de beber, _____(tn)______ eligió una copa. Necesitaba un poco de alcohol para sobrevivir a aquella noche. Joe, en cambio, se sirvió un vaso de agua mineral.
—No deberías beber tan pronto —observó él—. Teniendo el estómago vacío puede ser perjudicial. Además, el alcohol tiene la facultad de desinhibir a las personas. Puedes encontrarte a ti misma diciendo y haciendo cosas que luego puedes llegar a lamentar.
—¿Te refieres a que puedo llegar a pasármelo bien contigo en lugar de mirar el reloj cada segundo? —ironizó ella.
—Disfrutarás de mi compañía antes incluso de que la tinta de nuestras firmas al pie del contrato matrimonial se haya secado —replicó él mirándola fijamente.
_____(tn)______ bebió de su copa para intentar sofocar la imagen de Joe recorriendo su cuerpo. Había conseguido mantener alejado de ella a Tristan durante años, excepto por aquella terrible noche en que él…
Le dio otro sorbo a su copa para no pensar en la extrema degradación a la que había llegado su matrimonio.
—Te has puesto pálida —observó él—. ¿Tanta repugnancia te provoca la idea de compartir la cama conmigo?
_____(tn)______ dio gracias por tener una copa a mano con la que disimular su nerviosismo, a pesar de que el alcohol que ya había tomado se le estaba empezando a subir a la cabeza.
—Aquel beso que nos dimos hace siete años no me hizo pensar que te resultara tan desagradable —continuó Joe—. Parecías estar deseándolo. Es curioso, ya que, al día siguiente, te casaste con otro hombre.
—Me obligaste —protestó ella llamando la atención de los comensales próximos a ellos.
—Yo no diría tanto —replicó él—. En cualquier caso, tú respondiste efusivamente. Todavía lo recuerdo. Después de tanto tiempo, pensar en ello me sigue excitando.
_____(tn)______ no se había sentido tan avergonzada en toda su vida. Debía de tener la cara más roja que un tomate. El que Joe estuviera excitado en aquel momento pensando en lo que había pasado entre ellos años atrás provocaba algo extraño en ella.
—Tus recuerdos han ido distorsionándose con el tiempo —apuntó _____(tn)______.
—No me preocupa —replicó él—. Ahora que vamos a vivir juntos, tendremos ocasiones de sobra para repetirlo.
_____(tn)______ luchaba por mantener la calma, pero era casi imposible acallar a su corazón.
—¿Cuándo has pensado que dé comienzo esta pantomima? —le preguntó.
—Nuestro matrimonio no será una pantomima —respondió él con determinación—. Será auténtico en todos los sentidos.
—¿Sueles hacerlo muy a menudo? ¿Dormir con mujeres a las que detestas?
—Eres una mujer muy hermosa, ____(tn)____ —respondió—. El hecho de que me caigas bien o no es irrelevante.
_____(tn)______ tenía ganas de borrarle de la cara aquella sonrisa irónica y arrogante. Pero algo le detenía. A pesar de lo que pensaba de él, a pesar de la repugnancia que sentía, su cuerpo estaba reaccionando a las seductoras y provocadoras palabras de Joe. Lo temblaba el pulso, tenía los senos duros y los pezones erectos destacando en su vestido negro.
—He dicho que me casaré contigo y cumpliré mi palabra, pero no tengo por qué ir más lejos —dijo—. Es algo primitivo, algo fuera de lugar, esperar que tengamos relaciones en esta situación.
—Creo que te estás olvidando de algo —apuntó él—. Dos millones cuatrocientos mil dólares es mucho dinero. Es una inversión de riesgo, y espero poder amortizarla.
—¡Esto es intolerable! —exclamó—. ¿Pretendes hacer de mí una prostituta?
—Viniste a mí pidiéndome ayuda, y yo te la di —respondió él muy tranquilo—. Yo te la di enseguida y te puse las condiciones encima de la mesa. No creo que haya motivos para escandalizarse ahora.
—¿Y qué pasa con la mujer con la que salías hace uno o dos meses? —preguntó ella recordando las fotos que había visto en una revista del corazón.
—Vaya… ¿Has estado leyendo sobre mi vida privada?
—No tengo el más mínimo interés en saber con quién estás o dejas de estar. Pero, si vamos a representar esta farsa durante un corto periodo de tiempo, lo menos que podrías hacer es no airear tus patéticas relaciones a los cuatro vientos.
—No creo haber dicho nunca que nuestro matrimonio vaya a ser un contrato a corto plazo —observó Joe—. Todo lo contrario.
—¿Cómo dices? —preguntó ella fuera de sí.
—Siempre he pensado que el matrimonio debe ser para toda la vida —respondió—. Quizá sea algo que haya aprendido de pequeño. Mi madre fue abandonada por el hombre al que amaba con un niño pequeño. Nunca tuvo la seguridad que se merecía, ni un hombre que cuidara de ella. Sufrió toda su vida, tuvo que limpiar las casas de los demás para poder traer dinero a casa. Siempre me prometí a mí mismo que, si algún día me casaba, sería para siempre, que nunca me echaría atrás.
—¿Cómo puedes decir algo así cuando ni siquiera puedes soportarme? ¿Cómo puedes siquiera plantearte pasar conmigo el resto de tu vida?
—¿Acaso no tienes espejos en tu casa, querida? No necesito soportarte para desearte. ¿No es eso lo que queréis todas las mujeres? ¿Un hombre cuya pasión sea enteramente vuestra y sólo vuestra?
—Si ésta es tu idea de bromear, déjame decirte que no es nada gracioso —dijo _____(tn)______.
—No estoy bromeando, ____(tn)____. El amor es un sentimiento sobre valorado, al menos en mi opinión. La gente se enamora y se desenamora constantemente. Prácticamente todos los matrimonios satisfactorios que conozco están basados en las relaciones físicas, en una buena compenetración en la cama. Créeme, no hace falta que estés enamorada para tener un buen orgasmo.
_____(tn)______ estaba tan incómoda que agradeció la llegada del camarero para anotar el pedido.
Oír hablar a Joe de aquella manera provocaba una intensa excitación en ella. Nunca había experimentado el placer con Tristan. La única vez que su difunto marido lo había intentado, había sido un desastre. Ella se había quedado fría, avergonzada y humillada.
Cuando el camarero se fue, _____(tn)______ se tomó de un trago el contenido de su copa. Le daba igual que se le subiera a la cabeza. Nada podía ser peor que lo que le estaba pasando. Contra su voluntad, su cuerpo estaba ardiendo, imaginando cómo sería ser poseída por aquellos brazos poderosos, por aquella boca sensual, por…
¿En qué demonios estaba pensando? Joe era su enemigo. Le estaba haciendo aquello como venganza, para resarcirse por cómo le había tratado ella en el pasado. Debía de saber que estar atada a él iba a ser una tortura para ella. ¿Por qué, si no, estaba insistiendo tanto? Hasta aquel momento, nunca había lamentado lo suficiente su inmadurez. ¿Por qué había sido tan cruel?
Blair había intentado llamarle la atención en incontables ocasiones por su actitud, pero ella no le había hecho caso porque, en cierto modo, había tenido celos del tiempo que su hermano había pasado con Joe. Había sentido un profundo resentimiento y una sensación de abandono al ver cómo Blair se divertía con él dejándola a ella de lado.
AI descubrir que Joe sufría de dislexia, había sido terriblemente implacable con él, riéndose delante de todo el mundo en su presencia por no ser capaz de leer correctamente. Sin embargo, del mismo modo que había hecho la tarde en que le había observado desde la ventana de su habitación con sus amigas, Joe nunca había dicho nada, nunca había protestado, nunca se había quejado, a pesar de su evidente enojo.
Mirándole después de tanto años, _____(tn)______ podía ver en el rostro de Joe la furia contenida que había ido acumulando a lo largo de los años. Sus ojos grises eran un enigma para ella, a veces transmitían frialdad, otras calidez, pero siempre la fiera determinación de la venganza.
Por lo que había leído, su forma de conducirse con las mujeres siempre había sido la misma. Había asumido una estrategia autoritaria y calculadora, imaginando las posibles situaciones como un consumado jugador de ajedrez dispuesto a someter al contrario.
_____(tn)______ se estremeció al pensar en la idea de estar casada con él mucho tiempo, ya que eso implicaba muchas cosas, como tener hijos. Tenía veintiocho años, y no podía negar que en alguna ocasión había sentido la llamada de su reloj biológico. No había querido tenerlos con Tristan para no amargarle la vida a un recién nacido. Ni siquiera había querido comprar una mascota, todo por la misma razón.
—Te has quedado muy callada, ____(tn)____ —dijo él—. ¿Te cuesta hacerte a la idea de tener un orgasmo conmigo?
—No, a decir verdad, creo que es ciencia ficción. No puedo hablar por la legión de mujeres que han estado contigo pero, en lo que a mí respecta, sería incapaz de entregarme a un acto tan íntimo sin un mínimo de emoción.
—¿Emoción? ¿Qué te parece el odio? ¿Es suficiente emoción para ti?
_____(tn)______ le hizo una seña al camarero para que le llenara la copa.
—¿Crees que es buena idea? —le preguntó Joe—. Ya has bebido suficiente alcohol por hoy.
—Cuando no se siente la menor emoción, el alcohol es un buen sustituto —replicó ella.
—Sí crees que voy a acostarme contigo estando bebida, te equivocas completamente. Quiero que estés sobria y despierta para que recuerdes cada detalle.
—No voy a acostarme contigo —protestó ella con firmeza dando un puñetazo en la mesa—. Para tener ese privilegio, tendrías que pagar el doble —añadió con altivez.
Joe sonrió victorioso. Se llevó la mano al bolsillo de su chaqueta y sacó una chequera. La puso sobre la mesa.
—¿Has dicho el doble? —preguntó con ironía.
_____(tn)______ sintió que el estómago empezaba a darle vueltas.
—Yo… Yo… No estoy segura… Yo… Dios mío…
Joe tomó una pluma, escribió la suma que le había exigido _____(tn)______ y le mostró el cheque.
—Trato hecho —dijo él con satisfacción.

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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 06:25

Capítulo 3
_____(tn)______ miró la cifra escrita en el cheque y sintió un torrente de emociones contradictorias en su interior. Pero la que predominaba sobre las demás era la vergüenza. Joe estaba intentando deliberadamente convertirla en una prostituta de lujo, en una mujer capaz de hacer cualquier cosa por dinero. Pero ella no estaba dispuesta a venderse. Había sacrificado durante demasiado tiempo sus sentimientos y sus necesidades como para volver a cometer otra vez el mismo error. Con Joe las cosas iban a ser diferentes. Si creía que iba a conseguir llevarla a la cama de aquella manera, iba a llevarse una sorpresa.
Con una frialdad inusitada, tomó el cheque y lo dobló una y otra vez hasta que no fue más que un trocho de papel minúsculo. A continuación, tomó la copa de vino tinto que el camarero acababa de servirle y, cuando se hubo asegurado de que contaba con la atención de Joe, soltó el cheque, que quedó flotando sobre el rojizo líquido, como si fuera un barco en miniatura, hasta que quedó empapado y se hundió en el fondo.
—Iba a decirte que podías tomar el cheque y fumártelo, pero luego pensé que no fumas, así que… ¡Salud!
Con una firme determinación, alzó la copa y bebió un sorbo.
—Puedes hacer lo que quieras con mi oferta —dijo él—, pero te garantizo que no pasará mucho tiempo antes de que tengas que tragarte tus palabras, querida.
—Me casaré contigo para salvar el negocio de mi familia —replicó ella—, pero no seré tu esclava sexual. Si necesitas satisfacer tus deseos, estoy segura de que no te faltarán candidatas. Sólo espero que seas discreto.
—¿Ese es el acuerdo que tenías con tu marido? —preguntó él.
—No es asunto tuyo —respondió ella ofendida—. Eres la última persona con la que hablaría de mi vida personal.
—¿Te satisfacía, ____(tn)____? ¿Te hacía gritar? ¿Te daba el sexo que necesitan las mujeres como tú?
_____(tn)______ sujetó su copa con fuerza y luchó contra sí misma. No era posible odiar más a una persona pero, si lo pensaba con detenimiento, aquella sensación tenía que ver con la forma en que él la miraba. Aquellos ojos perspicaces podían ver cosas que ella no quería que viera nadie. Siempre había tenido esa capacidad.
—¿Qué me dices de tu vida sentimental, Joe? —consiguió responder—. ¿Sigues saliendo con esa modelo del mes pasado o ya le ha llegado su fecha de caducidad?
Joe tomó su tenedor y lo introdujo en la copa de _____(tn)______ para tomar el cheque doblado y empapado de vino.
—¿Has estado tomando clases para comportarte como una cualquiera o eres así de nacimiento? —le dijo.
_____(tn)______ sabía que no debía hacerlo, que debía contenerse, pero, antes de que pudiera darse cuenta, había tomado su copa llena de vino y le había arrojado el contenido a Joe.
Pero él no se inmutó. Esperó a que el líquido recorriera su camisa sin dejar de mirarlo.
—¿Esto es todo lo que sabes hacer? —le preguntó finalmente—. ¿Tirarme la copa encima como si fueras una niña de tres años?
—Si estás esperando una disculpa, puedes ir olvidándote —dijo orgullosa.
—No —repuso él sonriendo y tomando la servilleta para secarse—. No estaba esperando nada semejante. Lo harás después, cuando no estemos delante de tanta gente. Créeme, ____(tn)____, entonces será mucho más divertido.
_____(tn)______ se echó a temblar. Había tenido muchas discusiones en el pasado con Tristan, pero ninguna de ellas había sido así. La frialdad y el autocontrol con que la miraba Joe eran terroríficos. Siempre había sido así, incluso siendo un adolescente. Tal vez aquél era el secreto de su éxito, su capacidad para jugar con la gente como si fueran piezas de ajedrez.
—¿Todo va bien, señor Venadicci? —le preguntó el maître acercándose a la mesa.
—Todo está correcto, gracias, Paolo —respondió él sonriendo—. Mi prometida ha tenido un pequeño accidente.
—Oh, cuánto lo siento —dijo el maître—. Le serviré otra copa a la señorita por cuenta de la casa. Y, por favor, envíeme la factura de la tintorería para que nos hagamos cargo de su camisa.
—Muchas gracias, Paolo, pero ya nos íbamos.
—¿Irse? —preguntó el maître—. Si todavía no les hemos servido la cena…
—Lo siento, Paolo —contestó Joe—. ¿Puede guardarnos la comida para que nos la llevemos? Mi prometida ha tenido un día muy duro y necesita descansar.
—Por supuesto, señor Venadicci —dijo el maître haciéndole una seña a uno de sus subordinados—. Enhorabuena por su enlace —añadió mirando a _____(tn)______—. Es una espléndida noticia. Es usted una mujer muy afortunada, señorita, si me permite decírselo. El señor Venadicci es un buen partido.
—Sí, desde luego que es un buen partido —repitió ella—. Igual que un tiburón.
Joe la sujetó del brazo y prácticamente la arrastró por el restaurante hasta el exterior, deteniéndose para tomar la comida que les habían preparado.
—Suéltame ahora mismo —protestó ella cuando estuvieron fuera.
Sin hacerle el más mínimo caso, Joe la llevó hasta su coche.
—Necesita una lección de buenos modales, señorita —le dijo él cuando llegaron—. Te has portado como una niña malcriada. No sólo te has puesto en evidencia a ti, sino que has avergonzado a todos los que estaban ahí dentro.
—Tú empezaste todo esto —dijo ella.
—Sólo te hice una pregunta sobre tu matrimonio —dijo abriendo la puerta del coche—. Un sí o un no habría bastado.
—No tengo por qué contestar a tus estúpidas preguntas, ni sobre mi matrimonio ni sobre ninguna otra cosa —replicó ella.
—Te diré una cosa, ____(tn)____ —dijo él poniéndole el cinturón de seguridad—. Cuando estemos casados, nunca más volverás a tener ninguna otra relación. Al menos con un hombre.
_____(tn)______ se recostó en el asiento conteniendo unas desesperadas ganas de llorar. Durante muchos años, había sido capaz de contener sus emociones y ocultárselas a Tristan. El que de repente tuviera los sentimientos tan a flor de piel era algo terrorífico para ella.
No podía permitir que Joe se diera cuenta de lo que le pasaba por dentro. Sin duda, lo podría utilizar en su propio beneficio, y ya tenía demasiado poder sobre ella, más de lo que Tristan había tenido nunca. ¿Cómo podía dejarse llevar teniendo delante a una persona como él? Después de cómo se había comportado con él en el pasado no podía bajar la guardia, porque a Joe le sobraban los motivos para actuar de aquella manera.
Joe condujo su poderoso coche a lo largo del puerto en dirección a la zona norte de la ciudad, hacia el barrio de Mosman. Mientras avanzaban, el miedo iba creciendo en el interior de _____(tn)______. En el restaurante, la gente le había permitido tener cierta seguridad, pero ahora se había quedado sola con él, y no sabía qué podía suceder.
Entraron en una ancha avenida flanqueada por una larga hilera de árboles que cobijaba las viviendas de algunas de las mejores familias de la ciudad.
Al haber establecido su residencia en aquel lugar, Joe no sólo demostraba que había triunfado en la vida, sino que no tenía ninguna vergüenza en admitirlo y mostrarlo a la vista de todos.
Al activar el mando a distancia, se abrió una puerta que, a través de un corto camino empedrado, daba acceso a una bella mansión de tres pisos color caramelo rodeada por un cuidado jardín. _____(tn)______ pudo advertir la verja que rodeaba una cancha de tenis y el sonido del agua derramándose en alguna fuente cercana.
Joe detuvo el coche, abrió su puerta y la guió hacia la puerta principal. Había un intenso olor a madreselva. Cuando entraron en la casa, _____(tn)______ encontró un elegante recibidor tan lujoso como el exterior. Las paredes estaban llenas de cuadros que denotaban un gusto muy particular.
Uno de ellos llamó su atención. Representaba a un niño pequeño en la orilla del mar con una caracola en las manos. La sostenía con cuidado y la miraba como si el secreto del universo estuviera escondido en su interior. _____(tn)______ se acercó e intentó distinguir la firma del artista, pero no la reconoció.
—¿Sabes de quién es? —preguntó Joe detrás de ella.
—No —respondió ella dándose la vuelta y mirándole impasible—. ¿Debería?
—Supongo que no —replicó él observando el cuadro con atención—. El artista siempre se sintió muy inseguro sobre sí mismo. Este es el único cuadro que conseguí salvar, le convencí para que no lo destruyera. Creo que es uno de los últimos que hizo antes de morir.
—Oh… —dijo _____(tn)______ mirando de nuevo el cuadro—. ¿Era muy mayor?
—No —respondió Joe—. No fue el primer artista que sucumbió a las profundas inseguridades de su talento, y tampoco será el último. Según dicen, la creatividad puede ser un don o una cruz, incluso ambas cosas al mismo tiempo.
—Sí… Supongo que sí… —comentó _____(tn)______ vagamente mientras analizaba aquella obra que, por alguna extraña razón, tanto le cautivaba.
Quizá era porque al observar a aquella pequeña criatura se imaginaba a sí misma teniendo un bebé. Al contrario que el resto de su familia y de su entorno, nunca había tenido la ambición de forjarse una carrera. Lo único que había soñado durante aquellos últimos años había sido tener un hijo, poder mirarle por las noches, verlo crecer, convertirse en un adolescente, en adulto, igual que sus padres habían hecho con ella y su hermano.
—Tengo que hablarte de algunas cosas —dijo Joe interrumpiendo sus pensamientos, señalándole el camino a un salón enorme.
Había dos sofás de cuero negro alrededor de una chimenea. A un lado había una otomana junto a una mesita y, disimulado tras un panel en la pared opuesta, un equipo de música.
—Es un salón muy bonito —dijo _____(tn)______ sentándose en uno de los sofás—. Toda la casa es preciosa. ¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí?
Joe se sentó en el brazo del otro sofá.
—Vaya, ¿qué te parece? Un cumplido de la elegante e inalcanzable ____(tn)____ St Clair.
—Glendenning —le corrigió ella, aunque el apellido de su difunto marido nunca hubiera significado mucho para ella—. ____(tn)____ Glendenning.
—No será por mucho tiempo —replicó él—. Muy pronto seremos marido y mujer y viviremos en esta casa.
—¿Por qué tanta prisa? —preguntó ella—, ¿Qué pensará la gente?
—Por el amor de Dios, ____(tn)____… —dijo él impaciente—. Hace ya dos años que murió tu marido.
—Sí, pero… El que de repente se me vea contigo, el que de pronto estemos juntos me parece… Parece algo indecente. En el mejor de los casos, la gente pensará que ha sido un matrimonio poco meditado.
Joe se levantó y avanzó hacia ella. _____(tn)______ intentó reaccionar para alejarse pero, como si lo hubiera intuido, él puso los brazos a ambos lados de ella cortándole cualquier posible escapatoria.
La miró fijamente, y ella se puso nerviosa. No estaba acostumbrada a tenerlo tan cerca. Podía oler su aftershave, podía ver sus ojos grises, la fina línea de sus labios, aquellos labios que la habían besado siete años atrás.
—Creo que podríamos hacer algo al respecto ahora mismo —murmuró él.
_____(tn)______ se puso todavía más nerviosa al sentir que Joe se inclinaba sobre ella. Era evidente que estaba excitado, pero ella no estaba preparada. El era un hombre con mucha experiencia y ella… No era que no la tuviera, pero estaba muy lejos de la suya. Su cuerpo hacía ya mucho tiempo que se había olvidado de recibir y de dar placer.
Siempre había sido consciente de la atracción existente entre ambos. Cuando estaban juntos, era como si saltaran chispas, como si el aire se llenara de electricidad estática. No sabía si el resto de la gente se daba cuenta, pero, en cierta ocasión, incluso Tristan le había comentado algo con su tono sarcástico y despreciativo.
_____(tn)______ también sabía que, en lo relativo a Joe, sólo se trataba de una atracción física. Los hombres eran así, sobre todo los hombres como él, hombres que estaban acostumbrados a relacionarse con las mujeres únicamente para obtener placer. La atracción que sentía hacia ella se basaba en los años en los que había sido inalcanzable para él. Había sido la hija del dueño rico de la casa, mientras que él había sido el hijo ilegítimo de una mujer trabajadora y humilde. Siempre había estado dispuesto a realizar verdaderas locuras con tal de tenerla, algo que no había cambiado con el tiempo.
Joe la miraba con determinación, y _____(tn)______ se fijó de nuevo en la cicatriz que le partía en dos la ceja izquierda. Al parecer, se la había hecho la noche antes de su boda con Tristan. Sólo tras su vuelta de la luna de miel se había enterado, por boca de su madre, de que Joe había pasado una noche en el hospital. _____(tn)______ había deducido que, con la discusión que habían tenido en la casa, Joe habría salido, se habría emborrachado y se habría metido en alguna pelea callejera, igual que había hecho tantas veces en su juventud.
—¿Qué me dices, ____(tn)____? —le preguntó él—. Podría engendrar un niño aquí mismo, ahora. Así, la gente podría decir tranquilamente que ha sido un matrimonio de penalti.
_____(tn)______ tenía el estómago encogido. Le temblaban las piernas, el corazón le latía a toda velocidad y su mente estaba empezando a llenarse de fantasías peligrosas, de los brazos de él tomándola con fuerza, de sus piernas alrededor de él, de sus cuerpos entrelazados moviéndose al ritmo del deseo y engendrando una nueva vida.
—Yo… —consiguió decir a duras penas, llena de inseguridad—. No quiero tener un hijo. Y menos contigo.
—No voy a consentir que éste sea un matrimonio sin descendencia —aseguró él—. He pagado un precio muy alto por ti, y espero amortizarlo.
—Entonces has comprado la novia equivocada —protestó ella apartándole de un empujón—. ¿No te basta con haber amañado esta farsa de matrimonio? El que también quieras un hijo resulta completamente fuera de lugar.
—Dos millones cuatrocientos mil dólares no es una ganga, ____(tn)____, y el divorcio podría ser todavía más caro, aunque ya estoy trabajando en ello con mis abogados. Mañana firmarás un contrato prematrimonial en el que quedará claro que, en caso de que nuestra relación se rompa por cualquier razón, el único dinero que recibirás será el necesario para que te puedas hacer la manicura e ir de vez en cuando a la peluquería.
_____(tn)______ estaba a punto de estallar. Tenía ganas de pegarle, de estamparle contra la pared, de desatar toda su furia, de romperle la cara, de liberarse de todo el odio que sentía.
La imagen que Joe tenía de ella era la de una mujer sin nada mejor que hacer que pintarse las uñas y teñirse el pelo. Y no era cierto. Era mucho más que eso. La muerte de su hermano, Blair, y los cinco años que había estado casada con Tristan le habían enseñado a ver las cosas de una forma distinta, a darse cuenta del enorme vacío en el que había vivido toda su vida.
Muchas cosas habían cambiado. Se había hecho cargo del negocio de su padre, algo que había sido duro pero que había tenido que hacer. No estaba dispuesta a que el esfuerzo de toda su vida se hundiera. Su hermano tampoco lo hubiera permitido.
Pensar en Blair le entristecía, le hacía sentirse culpable y le llenaba el cuerpo de angustia. De haber sabido su adicción a las drogas podría haber hecho algo por él. Sin embargo, su hermano había preferido entregarse en brazos de la muerte a enfrentarse a la decepción de su familia. Ella se había sentido culpable desde entonces por no haber sido capaz de acercarse a él.
Ahora estaba atrapada, estaba a merced de Joe. No había forma de que pudiera reunir el dinero que había puesto Joe para salvar el negocio de su padre. Y él lo había sabido desde el principio. Había jugado sus cartas con la habilidad de un consumado maestro.
No había escapatoria. Iba a ser la mujer de Joe Venadicci. Pero no había previsto una cosa: no iba a ser el tipo de esposa que él había querido. Había pagado mucho dinero, pero iba a llevarse una desilusión.

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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 06:26

Hay tienen chicas 3 capi espero les guste la nove, espero comentarios (:
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 08:01

WOW !!!!! 1 Lectora !! :] !!!! Esta Linda <3
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 10:18

wao O___O
bueniiiisiiimoooos los cap¡s!!!!!!!!!! continuala prontoooo xfiiiis *-*

hahahahaha! de verdad se nota qe va a estar demasiado buena Very Happy...segunda lectora Wink
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 18:03

nasgdangerJONAS me encantaaa tu fotooo deee perfiilllllll
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 20:40

Siguela !!!!!!
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 20:49

Siguelaaaaaaaaaaa !! :]
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 28th 2010, 21:53

3ra lectora plis!! siguela woaaaaaaaaaa
q intriga me gusto muxooooooooooooooo
vaya q desgraciado e sjoe pero tiene razon lo q ella hizo y su mamá no fue nada bueno pero se que en duro caparazon aun se encuentra el viejo joe dulce y tierno que la ama!!!!
siguelaaaaa
plis!!!
Wink
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 09:26

nueva lectoraaaaaaa
siguelaaaaaaaaa
esta
muyyyy buena
tu nove
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 12:41

Hola!!!! Nueva lectora!! Me encantos
Los caps siguela x favor!!
Esta super tu nove!!
Bueno bye cdt!
xD
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 14:12

Mariianitah escribió:
nasgdangerJONAS me encantaaa tu fotooo deee perfiilllllll

HAHAHAHAHA shiii *-* es qe sale tan loco y tan bello (U) ____ (U) plop Very Happy. a mi me encantaron los cap's!!!!
espero qe subas prontoooo...siguela siguela siguela Lool
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 16:35

siguela
siguela
siguela
siguela!!!!!
Wink plis sube massssssssssssssssss
xD
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 16:37

NEW LECTORA
TU NOVE ESTA GENIALLL
SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAA
PASA X LA


MIA
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 17:40

Capítulo 4
Joe permanecía junto al sofá observando a _____(tn)______ en silencio. Estaba más que acostumbrado a ver la ira, la furia y el orgullo marcados en su rostro. Incluso había visto en más de una ocasión sus ojos llenos de lágrimas. Pero no era capaz de decidir si aquel llanto era auténtico o no.
Era una mujer perversa. Había sufrido por su culpa demasiadas veces como para bajar la guardia. No iba a darle el menor respiro hasta que el contrato matrimonial estuviera firmado y fuera legalmente su esposa, al menos de nombre. Podía esperar.
Había esperado durante siete años, de modo que hacerlo un poco más no podía suponer un gran esfuerzo. Al contrario, podía aumentar el placer, el deseo de poseerla.
En cuanto la había visto por primera vez, hacía ya muchos años, su belleza le había cautivado. Había visto cómo pasaba de ser una adolescente rellenita a una mujer en la flor de la vida. A los dieciséis años ya se había convertido en una joven exquisita, con unos ojos grandes y un suave cabello rubio que destacaba sobre sus largas pestañas oscuras. Sus labios rojos eran sensuales y sugerentes. A los diecisiete, su sonrisa insinuante y su forma de mirar le habían torturado día y noche, le habían llenado de frustración y le habían llevado a dar vueltas en la cama lleno de fantasías. Pero, aunque siempre la había deseado, aunque nunca había llegado a aceptarlo, siempre había sabido que estaba fuera de sus posibilidades.
Blair se lo había dicho en más de una ocasión con su forma diplomática y delicada de hablar, y sus padres, especialmente su madre, se lo habían soltado directamente sin preámbulos. Le habían dicho que el futuro de su hija estaba con Tristan Glendenning, un prometedor abogado.
Lo que en aquel momento más le había desquiciado había sido la certeza de que _____(tn)______ no estaba enamorada de él. Después de cómo había respondido ella al beso que le había dado la noche anterior a su boda, no le había quedado la menor duda al respecto.
Se había unido ferviente a él en un beso apasionado, había entreabierto los labios, había introducido la lengua en su boca, había jugado en su interior y había provocado un estallido de deseo que les había dejado a los dos sin respiración. Sus manos se habían posado en sus senos, los habían acariciado, y ella no había hecho nada por detenerle. Antes al contrario, había suspirado y le había besado con más intensidad.
Las manos de ella habían descendido por el pecho de él hasta tocar su miembro, excitándole, llevándole hasta el límite. De no haber escuchado la voz de Tristan en la planta inferior llamándoles, la habría tomado, la habría apoyado contra la pared y lo habría hecho con ella allí mismo.
—¿Estáis ahí arriba? —había preguntado Tristan—. Lo siento, cariño, pero tengo que irme enseguida. Sólo he venido a por unas cosas.
Joe había agarrado a _____(tn)______, la había alejado de él y se había arreglado un poco el pelo que ella había revuelto con su apasionada respuesta. A pesar de su respiración jadeante y de la excitación, había conseguido recomponerse con un gran esfuerzo.
A _____(tn)______, con la facilidad de una consumada actriz, le había bastado con darse la vuelta, arreglarse un poco la ropa y dedicarle a Tristan una luminosa sonrisa, una sonrisa en la que no había dejado entrever el menor rastro de lo que había sucedido segundos antes.
—¿Te vas tan pronto? —le había preguntado abriendo sus hermosos ojos castaños sin el menor temblor en su voz—. No puede ser. Acabas de llegar, te has perdido todos los preparativos.
Tristan había subido las escaleras y le había dado un beso en los labios.
—Lo sé, cariño, pero te prometo que te compensaré en la luna de miel. Además, ya casi es medianoche. ¿No dicen que trae mala suerte ver a la novia el mismo día de la boda?
Joe se había dirigido entonces hacia las escaleras con el cuerpo en tensión y los puños apretados.
—¿Tú también te vas, Joe? —le había preguntado el futuro marido de _____(tn)______—. Seguro que tienes que ayudar a tu madre a limpiar la plata, ¿verdad?
—Te sorprenderías al descubrir lo reluciente que está —había replicado él reprimiendo su furia, mirando a _____(tn)______ por última vez antes de salir de la casa.


—Estás hablando en serio, ¿verdad? —preguntó _____(tn)______ después de un largo silencio—. ¿Por qué, Joe? Eres un hombre rico y poderoso, puedes hacer lo que quieras. ¿Por qué insistes en casarte conmigo?
Joe se levantó del sofá y se acercó a ella lo suficiente para poder mirarla a los ojos.
—Todavía no lo has entendido, ¿verdad? No quiero a ninguna otra mujer. No desde aquella noche en que pude haberte apoyado contra la pared y haberte tomado. No insultes a mi inteligencia, lo deseabas tanto como yo.
—¡Eso es mentira! —protestó ella avergonzada—. Te aprovechaste de mí —añadió sabiendo que estaba mintiendo—. Lo intentabas siempre que venías a casa a ver a tu madre.
—¿Quieres convencerte de que fue así? Porque yo lo recuerdo de una forma bien distinta. Te gustaba flirtear conmigo, y aprovechabas la menor oportunidad que se te presentaba para hacerlo. Te gustaba ponerme la miel en los labios, sentías una especie de placer perverso mostrándome lo que nunca podría tener. ¿Recuerdas aquellas calurosas tardes de verano en la piscina? Siempre te ponías en posturas insinuantes cuando descubrías que estaba cerca. Te gustaba provocarme para luego irle a tu padre diciendo que había intentado propasarme contigo. A eso jugabas. Ni siquiera querías que pasara tiempo con tu hermano. Tenías celos de que prefiriera estar conmigo.
El rostro de _____(tn)______ se enrojeció al darse cuenta de lo evidente que había sido para Joe su forma de actuar. Sí, había tenido celos de su amistad con Blair, pero no sólo eso. Desde que Joe había llegado por primera vez a la mansión St Clair, había sentido algo extraño, una incomodidad intangible que nunca había sido capaz de precisar ni comprender. En aquel entonces ella no había contado con más de catorce años y, aunque Joe era cuatro años mayor que ella, nunca había hecho nada para intimidarla. Siempre se había mantenido a distancia, aceptando sin rechistar todos los trabajos que su familia le había encomendado, por muy duros que hubieran sido.
Sólo con el paso de los años, _____(tn)______ se había dado cuenta de cómo se sentía cuando Joe la miraba. Era algo que nunca había sentido con ninguna otra persona, ni siquiera con Tristan, el abogado que estaba destinado a ser su marido.
—Por Dios santo, Joe… ¿Cuántos años tenía yo entonces? ¿Quince, dieciséis? —preguntó en un débil intento de quitarle importancia—. ¿Vas a echarme en cara aquello después de tanto tiempo?
—Mi madre tenía razón sobre ti —respondió él con una sonrisa—. Siempre dijo que te entregarías al mejor postor, que en cuanto apareciera el pretendiente perfecto te entregarías a él, y eso fue lo que hiciste. Tristan Glendenning quería una parte del negocio de tu padre, y tú fuiste la rubia que entró en el acuerdo.
—Eso es completamente insultante —protestó ella con llamas en los ojos—. La madre de Tristan era la mejor amiga de mi madre. Todo el mundo sabía que algún día nos casaríamos. Crecimos juntos, pasábamos los fines de semana y los veranos juntos… Era… Era lo que los dos queríamos.
—¿Consiguió lo que quería, _____(tn)______? —preguntó él sin borrar la sonrisa de sus labios—. ¿Fuiste una esposa leal y obediente como se esperaba de ti?
_____(tn)______ no podía soportar mirarle a la cara. Era como ver reflejados en ella cada uno de los errores que había cometido en su vida. ¿Cómo había podido estar tan ciega? ¿Cómo no había sido capaz de prever el fracaso en que se iba a convertir su matrimonio? No había excusas. Había conocido a Tristan de toda la vida y, a pesar de todo, había tenido que casarse con él para darse cuenta de quién era en realidad.
Al darse la vuelta, enojada y furiosa con Joe y consigo misma, perdió el equilibrio y al no encontrar un apoyo donde sostenerse, cayó al suelo.
—¿_____(tn)______? —dijo Joe arrodillándose junto a ella.
Emitió un gemido ahogado y Joe supo que no había perdido el conocimiento. Yacía en el suelo como una muñeca rota y desvencijada, una delicada muñeca de porcelana que se hubiera caído al suelo y se hubiera deshecho en mil pedazos. Al principio se preguntó si estaría actuando. Todo había ocurrido demasiado deprisa.
Después, se dio cuenta de que la había infravalorado. Estaba sometida a demasiado estrés. La enfermedad de su padre y la situación económica de su familia habían conseguido llevarla más allá de su capacidad de aguante.
—¿Estás bien? —le preguntó.
—¿Qué…? ¿Qué ha pasado? —dijo ella abriendo un poco los ojos.
—Parece que te has desmayado —le explicó Joe sosteniéndola entre sus brazos.
—Me siento muy mal…
Joe prefirió no correr ningún riesgo. La tomó en brazos y la llevó al baño más cercano, donde la apoyó sobre el retrete para que pudiera vomitar.
—Por favor, déjame sola, te lo pido… No me gusta tener espectadores en momentos como éste —dijo ella.
—No voy a irme hasta asegurarme de que no te vas a volver a desmayar —afirmó él—. Me has dado un susto de muerte.
Tenía la cara blanca y le daban arcadas. Joe le tomó el pelo y lo sostuvo detrás del cuello. _____(tn)______ empezó a vomitar.
Al cabo de unos segundos, alzó la cabeza y respiró profundamente.
—Se acabaron las copas para usted, señorita —dijo Joe apartándose de ella—. Es evidente que no te sientan bien.
—Puede que tengas razón —replicó _____(tn)______ sintiéndose débil de repente al no tenerle a él sujetándola—, ¿Te importa que me vaya a casa? Ha sido un día muy largo, ha sido un mes interminable, y…
—_____(tn)______… —dijo Joe suavemente—. Tu padre va a salir de ésta. Todos los días cientos de personas sufren ataques al corazón, sobreviven a la cirugía y siguen haciendo sus vidas normalmente.
—Lo sé, pero… Ahora él depende de mí, y no quiero decepcionarle. No puedo permitir que se entere… que se entere de todo esto.
—El complejo está a salvo —dijo él poniendo las manos sobre los hombros de ella para darle ánimos—. Una vez que estemos casados, quiero que vayamos los dos juntos y supervisemos el lugar personalmente. La gente esperará que nos vayamos de luna de miel, de modo que tendremos la excusa perfecta.
—No quiero alejarme mucho de mis padres ahora mismo —dijo ella nerviosa.
—_____(tn)______, tienes que vivir tu propia vida. Es responsabilidad de tu madre cuidar de tu padre, no tuya. Tú ya has hecho bastante. Para ser sinceros, creo que has hecho demasiado.
—No quiero ir de luna de miel contigo, Joe —dijo ella desafiándole—. ¿Hace falta que te lo deletree para que lo entiendas? No pienso acostarme contigo.
Joe suspiró intentando tener paciencia.
—¿Sabes qué? Por mucho que me apetezca, no pienso obligarte a hacer las cosas a la fuerza y a humillarte. Comprendo que necesitas tiempo para adaptarte a la situación. Estoy dispuesto a darte el tiempo que necesites.
—¿Ah, sí? ¿Cuánto tiempo es eso? ¿Un día? ¿Una semana? ¿Un mes?
—Ya te lo he dicho antes, quiero que nuestro matrimonio sea algo real.
—¿Acaso tienes la menor idea de cómo es un matrimonio real? —preguntó ella intentando salir del baño—. Viviste tu juventud con tu madre, no tienes ni idea de cómo es.
—Tú estuviste casada cinco años —dijo él fríamente poniendo un brazo en la puerta para impedir que saliera—. ¿Por qué no me lo cuentas?
_____(tn)______ sintió como si le hubieran golpeado en su punto más débil, el lugar donde estaban almacenados el dolor, la culpabilidad y la decepción. Pero no lo demostró. No podía derrumbarse delante de él. El objetivo de Joe era vengarse, verla humillada y arrepentida, verla suplicar durante el resto de su vida, y ella no iba a ponérselo fácil. No iba a rendirse sin luchar.
—Si te interesa saberlo, Joe, el matrimonio es mucho más que unas cuantas promesas dichas en voz alta delante de un sacerdote —dijo con frialdad—. Implica trabajo y sacrificio. Es un compromiso que sólo puede funcionar si está apoyado en el amor. Tú buscas otra cosa. Tú lo que quieres es venganza.
—¿Seguro que no esperas de mí que te ame, _____(tn)______?
Ella le miró y se dio cuenta de que en aquellos ojos grises nunca habría sitio para otra cosa que no fuera odio y resentimiento.
—No —murmuró en voz baja—. No espero nada de ti.
—Bien, en ese caso, creo que lo mejor sería que te dieras una ducha mientras busco algo para que puedas dormir esta noche —dijo abriendo el grifo de la bañera—. No voy a permitir que pases la noche sola en casa de tus padres en tu estado. Te quedarás aquí conmigo. Tienes toallas secas en el cajón.
—No necesito una ducha —protestó _____(tn)______—. Y no voy a dormir en esta casa con…
—Aunque odie tener que llevarte la contraria —la interrumpió él dándole un botecito de gel—, el numerito que has montado ha sido ya más que suficiente. Y ahora, por favor, métete en la ducha antes de que cambie de opinión y entre contigo.
A regañadientes, _____(tn)______ tomó el botecito de sus manos.
—¿Te ha dicho alguien alguna vez que tienes la cabeza más dura que una piedra?
—Entra en la ducha, _____(tn)______ —respondió impasible Joe—. Estás gastando agua.
Sin quitarse la ropa, _____(tn)______ entró en la bañera y, sin saber por qué, tomó la ducha y dirigió el chorro de agua hacia él.
Los cristales, el suelo de mármol… Todo se llenó de agua, pero había valido la pena. Joe estaba empapado.
—Vaya, tenemos ganas de jugar —dijo Joe entrando en la bañera, tomando la ducha y apuntando el chorro a la cabeza de _____(tn)______.
—¡Para, idiota! —exclamó ella—. ¡Estoy vestida!
—Yo también lo estoy —dijo él colocando la ducha en su soporte y cerrando el grifo—. Estos pantalones estaban recién estrenados.
_____(tn)______ le miró sin saber si debía lanzar contra él toda su furia o lanzarse entre sus brazos y besarle desesperadamente. ¿Cómo podían convivir sentimientos tan opuestos al mismo tiempo? ¿Cómo podía cambiar todo tan rápidamente? El aire parecía estar de repente cargado de sexo.
—No esperarás que te pague los pantalones, ¿verdad? —dijo intentando romper aquel silencio incómodo.
—No, estaba pensando en otro tipo de castigo —respondió él desnudándola con la mirada.
—No sé a qué te refieres —dijo ella secándose el agua que caía por su rostro al tiempo que se alejaba de él todo lo que podía sin salir de la bañera.
No tenía más espacio. Su espalda estaba apoyada contra la fría pared de mármol. Joe se acercó a ella hasta que sintió su camisa húmeda pegada a la suave seda de su vestido negro, que nunca le había parecido tan fino. Podía sentir el cinturón de él contra su vientre. Y no sólo el cinturón. Joe estaba excitado, y su miembro duro, erecto, la presionaba, dejándola sin respiración.
—¿Qué me dices, _____(tn)______? —preguntó él con voz seductora—. ¿Qué te parece si nos desnudamos y terminamos de una vez con esto? Este es el juego que más te gusta, ¿verdad? Antes te gustaba mucho, excitarme, sofocarme, sacarme de mis casillas para luego reírte de mí. Eso es lo que quieres, ¿verdad?
_____(tn)______ estaba sorprendida de sus propias emociones. Deseaba casi con violencia quitarle la camisa y explorar cada poro de su cuerpo, desabrocharle el cinturón y dar rienda suelta a sus deseos, sentir los músculos de Joe bajo las yemas de sus dedos, quería que él la apoyara contra la fría pared de mármol, que le tocara los senos con las manos hasta que no pudiera mantenerse en pie.
Entonces, recordó lo poco experimentada que era en esos asuntos. Todavía era una principiante. Incluso su difunto marido había llegado a desesperarse tanto que había buscado consuelo en la cama de otras mujeres.
—¿_____(tn)______? —dijo él alzándole la barbilla con los dedos—. ¿Tienes frío? Lo siento, no me he dado cuenta de que estabas temblando. Déjame que vuelva a abrir el grifo.
Sí, estaba temblando, pero no de frío. Nunca hasta aquel momento se había sentido tan indefensa, tan superada por los acontecimientos. Joe la tenía comiendo en la palma de su mano y, si no encontraba pronto una excusa para quedarse sola, iba a cometer una locura.
—No, no tengo frío —dijo ella temblando—. Pero me gustaría estar sola.
Joe reguló el agua de la ducha para que no saliera demasiado fría y salió de la bañera.
—Iré a buscar algo de ropa —dijo tomando una toalla y secándose antes de salir.
A los pocos minutos, regresó con algunas prendas que debían de ser cuatro tallas mayores que las que ella usaba. El grifo de la ducha estaba cerrado, y podía escuchar lamentos ahogados procedentes del interior del baño. Por un momento, sintió compasión de ella, pero enseguida se recordó a sí mismo que las lágrimas y los lamentos eran las armas que _____(tn)______ utilizaba siempre para salirse con la suya. ¿Cuántas veces se había dejado engañar en el pasado por ellas? No, no iba a volver a caer en la misma trampa.
Cuando _____(tn)______ salió del baño, después de haberse puesto la ropa que le había llevado, no parecía tener el menor rastro de tristeza o malestar en la cara. Sus ojos estaban despejados, casi desafiantes. Vestida de aquella manera, con prendas que no eran de su talla, parecía mucho más joven, parecía una niña pequeña.
—Después de todo, creo que lo mejor será que te lleve a casa —dijo él—. La operación de tu padre ha sido adelantada a mañana por la mañana. Será mejor que afrontemos ese trago antes de seguir adelante.
—Gracias… —murmuró ella—. Esto es muy difícil para mí…
Joe se preguntó si se refería al estado de salud de su padre o al acuerdo de matrimonio al que habían llegado. La _____(tn)______ St Clair que conocía no dudaría en utilizar el ataque al corazón de su padre para conseguir cualquier cosa en su propio beneficio.


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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 17:43

NUEVA LECTORAA¡¡ WIII JAJA
AMM CREO K YA LO ABIA DIVHO NO???? JAJAJA
BNO ESTA GENIAL
SIGUELA PASA X MI NOVEEEEEEEEEEEE

PLISSSSSSSSSSSSSSSSSSSS ABAJO LINKS
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 17:48

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa


pasa x mi nove....
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 19:59

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 21:16

otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap
otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap
otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap
otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap
otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap otro cap!!!!
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 29th 2010, 22:28

Nuevaa Lectoraaaaa Very Happy
Me encantoo el novelaa
Si que es hermosa, y muy comciaaa Very Happy
Me encatna
Siguelaa pronto!!
Un besoo
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 30th 2010, 09:35

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 30th 2010, 11:43

Capítulo 5
_____(tn)______ no podía estarse quieta. Cruzaba de un lado a otro la sala de espera donde aguardaba con su madre noticias sobre la operación de su padre. Llevaban mucho tiempo esperando. Aunque Henry St Clair era el primero de la lista, la intervención era complicada, ya que había que ensanchar las venas e insertar los bypass.
Finalmente, el cirujano entró en la sala con buenas noticias. Todo había salido a la perfección, y Henry estaba ya en el ala de recuperación. Una vez estabilizado, le pasarían a la zona de cuidados intensivos.
—¿Cuándo podremos verle? —preguntó _____(tn)______ sosteniendo con fuerza la mano de su madre.
—En cuanto le lleven a la UCI le diré a alguno de mis compañeros que les avise —dijo el cirujano—. Intenten no tocar nada cuando estén con él, tendrá muchos tubos conectados a su cuerpo. Ha tenido mucha suerte. No ha fumado desde hace mucho tiempo, y su peso es el adecuado para su estatura y su edad. Aunque los antecedentes familiares son numerosos, su estilo de vida ha sido muy saludable. Lo único que tienen que hacer es no estresarle demasiado.
El médico no podía tener más razón. Precisamente por eso, _____(tn)______ había firmado aquella misma mañana el contrato prematrimonial. Se había comprometido a casarse por lo civil con Joe Venadicci en una ceremonia discreta y pasar una corta luna de miel en el complejo vacacional St Clair Island.
_____(tn)______ intentaba no pensar mucho en ello y disfrutar de las buenas noticias. También su madre, que nunca había llevado demasiado bien las crisis, parecía más animada. La reacción que había tenido tras la muerte de Blair había sido una de las razones que le habían llevado a aceptar la propuesta de Tristan. Su difunto marido había afirmado que una boda por todo lo alto era lo que su madre necesitaba para recuperar la motivación para vivir.
El tiempo había pasado, y se acababa de comprometer con un hombre para proteger a sus padres, las dos personas que más quería en el mundo.
Joe, por el contrario, no entraba dentro de ese grupo de confianza. Siempre había sido un misterio para ella, y seguía siéndolo. En cierto modo, él mismo fomentaba cierto halo de indeterminación alrededor de su vida.
_____(tn)______ sabía que, en cierto modo, podía confiar en él. Joe era un hombre que nunca le pondría la mano encima. A pesar de lo mal que se había portado con él en el pasado, tenía la suficiente fuerza de voluntad para no hacer nada. Lo había demostrado desde el primer día que le había conocido.
—Está bien, mamá… —dijo _____(tn)______ abrazando a su madre, que se había echado a llorar—. ¿No has oído lo que ha dicho el médico? Se va a poner bien.
—Lo sé, cariño… Es sólo… Cuánto me gustaría que Blair estuviera aquí —dijo Pamela St Clair—. Mientras tu padre no se recupere, ¿qué será de los negocios? El nunca me ha contado nada. ¿Estás segura de que todo va bien? Tú tampoco dices nada, y no puedo evitar preocuparme. Podríamos perder todo por lo que hemos luchado. SÍ perdiéramos la casa… Dios mío, no podría soportarlo.
—Mamá, deja de preocuparte —dijo _____(tn)______ estrechándola más fuerte—. El complejo vacacional está perfectamente. Hablé con los Foster ayer y todo va bien. Tienen todo reservado para los próximos meses. Estamos generando beneficios, tal y como planeamos. Todo está a salvo.
—Cuánto me alegro de oírlo —dijo su madre dando un paso atrás y secándose las lágrimas—. Y es una gran noticia que vayas a casarte con Joe. Quería que lo supieras, _____(tn)______.
—Siempre pensé que no te caía bien —dijo ella mirando a su madre fijamente—. Siempre le has mirado por encima del hombro.
—Lo sé, y… Ahora, con el tiempo, me doy cuenta de lo hipócrita que he sido. Supongo que si me comporté así fue porque me sentía avergonzada de mis propios orígenes.
—¿A qué te refieres? —preguntó _____(tn)______ frunciendo el ceño.
—Cariño… —respondió Pamela—. Tu padre se casó conmigo en contra de los deseos de su familia. Nunca os lo dijimos a vosotros y, gracias a Dios, vuestros abuelos tampoco lo hicieron. Yo era del otro lado de la calle, como quien dice.
_____(tn)______ no podía dar crédito a las palabras de su madre. Se quedó allí, en silencio, mirándola, como si no la hubiera conocido nunca.
—La madre de Joe, Rose, siempre me recordó a mi propia madre —continuó Pamela—. También era una madre soltera, sin preparación, sin formación, a expensas de cualquiera que quisiera contratarla. Pasé toda mi infancia yendo de un lado para otro, nunca pude hacer amigos de verdad. Al final, tuve que dejar el colegio y confiar en mi aspecto físico, en mi apariencia, para intentar llegar a algún sitio en la vida. Conocí a tu padre en un restaurante donde trabajaba de camarera. Allí fue donde conocí también a Janice, la madre de Tristan. Sus padres eran los dueños del restaurante. Era muy cariñosa conmigo, y enseguida nos hicimos amigas. El resto, como se suele decir, ya es historia.
—Estabas enamorada de papá cuando te casaste con él, ¿verdad? —preguntó _____(tn)______ conteniendo la respiración.
Pamela dejó escapar un suspiro y miró a su hija.
—No fue tan rápido. Me quedé embarazada de tu hermano. Era demasiado ingenua cuando empecé a salir con tu padre para tomar precauciones. Tu padre insistió en casarse conmigo, y así fue. Contra la opinión y los deseos de todo el mundo.
_____(tn)______ no podía abrir la boca. Sus cuerdas vocales parecían estar bloqueadas en su garganta.
—Con el tiempo, aprendí a quererle. No hace falta que te diga que tu padre es un hombre extraordinario. No siempre hace las cosas bien, no es perfecto, pero, aparte de ti, es todo lo que tengo en la vida. Lo único que desearía es que Blair no hubiera… —se interrumpió para respirar—. Sólo quiero que seas feliz, _____(tn)______. Janice, la madre de Tristan, también desea lo mismo para ti. Hablé con ella ayer por la noche. Ella y su marido, Gareth, tienen la mejor opinión de ti. Fuiste una maravillosa esposa para su hijo.
La culpabilidad atenazó de nuevo a _____(tn)______. Al igual que sus padres, los padres de Tristan nunca habían sabido lo que realmente había ocurrido de puertas para dentro. ¿Cómo podría haber sido sincera sin destrozar la vida de todos?
Se había sentido completamente sola.
Todavía se sentía sola.
¿Era alguien capaz de comprender lo que se sentía llevando a cuestas aquella culpabilidad, aquella vergüenza? ¿Existía alguna manera de borrar esas marcas de su vida? ¿Sería capaz algún día de superarlas y empezar de nuevo?
—No llores más, mamá —dijo _____(tn)______ intentando consolarla de nuevo—. Las cosas van a salir bien. Joe y yo lo solucionaremos todo.
—¿Le quieres, cariño? —le preguntó Pamela.
¿Qué podía decirle? ¿Podía mentirle a su madre de aquella manera? ¿No había incurrido ya en demasiados errores y en demasiadas mentiras?
—Mamá… —murmuró—. ¿Qué clase de pregunta es ésa? ¿Por qué demonios me casaría si no sintiera… algo muy intenso por él?
—En ese caso —respondió su madre sonriendo de satisfacción—, tienes que ser para él una esposa mejor de lo que fui yo para tu padre en aquellos primeros años de matrimonio. Al menos, tú no vas a casarte con Joe por obligación. Has decidido unir tu vida a él porque le quieres, porque no puedes imaginarte la vida con nadie más, a excepción de Tristan. Hacíais tan buena pareja… Todo el mundo lo decía… Pero los caminos del Señor son inescrutables, ¿no crees?
—Por supuesto, mamá —dijo ella disimulando una sonrisa—. Por supuesto.
A los pocos minutos de entrar en su casa de Point Piper, Joe apareció en la verja de entrada. Mientras veía su coche por las cámaras de seguridad, _____(tn)______ se preguntó si habría estado esperándola apostado en la puerta.
El se había pasado un momento por el hospital aquella tarde, pero no se había quedado mucho tiempo. Lo suficiente para darle un beso en los labios delante de su madre, un beso suave y sensual que fue recibido con un temblor por su parte. _____(tn)______ había permanecido en silencio, escuchando cómo hablaba con su madre sobre el estado de salud de Henry mientras se pasaba la lengua por los labios.
Se le había erizado la piel cuando Joe le había pasado la mano por la cintura en un gesto protector que había provocado una extraña sensación de seguridad en ella. Se había acercado más a él por instinto, para sentir su fortaleza.
Su madre les había dejado solos para entrar en la UCI y Joe había quitado la mano de su cintura en el acto.
—¿Crees que eso era necesario? —le había preguntado _____(tn)______ en un tono deliberadamente inquisitivo.
—En realidad, por un momento estuve a punto de besarte con la lengua, pero luego pensé que a tu madre le incomodaría esa muestra de afecto por mi parte.
—¿Afecto? ¿Llamas afecto a esto? Es pura y simple atracción física, lo sabes tan bien como yo. Y es condenadamente incómoda.
—De modo que tú también te das cuenta, ¿verdad, pequeña? —le había preguntado él acariciándole la cara—. No te preocupes, pronto haremos algo al respecto.
—Por encima de mi cadáver —había replicado ella disimulando el temblor de su corazón y de todo su cuerpo.
Joe sonrió y le dio un suave beso en la frente.
—Guárdate esas energías para otro momento, cariño. Las necesitarás para conseguir lo que los dos hemos querido siempre.
—Lo que yo quiero es verte arder en el infierno.
Joe había sonreído y, sin decir nada, se había dado la vuelta y se había alejado por el largo pasillo del hospital en dirección a la salida. _____(tn)______ se había quedado mirándole sin poder moverse. Le había visto esperar el ascensor y sonreír a dos enfermeras que habían salido de él.
—¿No era ése Joe Venadicci? —había preguntado una de ellas.
—Creo que sí —había respondido la otra—. He oído decir que está comprometido. Su futuro suegro está en la UCI, le acaban de operar por un ataque al corazón. ¿Cuánto durará este matrimonio? Según tengo entendido, a Joe Venadicci le gusta ir saltando de flor en flor.
—A mí no me importaría que se posara en mí de vez en cuando —había dicho la otra—. ¿Has visto los ojos que tiene? ¿Y esa sonrisa? Sería capaz de derretir a cualquier mujer.
Molesta por la conversación, _____(tn)______ se había dado la vuelta y se había encerrado en la sala de espera.
_____(tn)______ fue hasta la puerta y la abrió para que Joe entrara.
—¿A qué has venido aquí? —le preguntó ella.
Joe introdujo la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó una pequeña cajita de terciopelo azul.
—Esto es para ti —dijo ofreciéndosela con una mirada enigmática—. Si no te gusta el diseño, podemos cambiarlo por otro sin problemas. A mí me da igual.
_____(tn)______ la tomó de su mano, poniendo especial cuidado para no tocarle, y abrió la cajita. En el interior había un anillo de diamantes sencillo. Su brillo era sobrecogedor.
—Es… —intentó decir ella—. Es muy bonito. Debe de haberte costado una fortuna.
—No tanto como el negocio de tus padres, pero no ha sido barato —replicó él.
_____(tn)______ le miró en silencio. Aunque había crecido rodeada de riqueza y lujo, aunque había disfrutado siempre de unos privilegios que la mayoría de las personas no podrían alcanzar jamás, no podía sino sorprenderse por los límites a los que parecía estar dispuesto a llegar Joe para convertirla en su esposa.
—Para ponértelo, tendrás que quitarte antes el de Tristan —continuó Joe.
_____(tn)______ miró su mano derecha y vio el anillo que le había regalado su difunto marido, el anillo que tantas veces había querido quitarse durante aquellos dos tristes años.
—Claro… Por supuesto —dijo ella insegura extrayéndolo de su dedo.
—Déjame hacerlo a mí —dijo él dejando la cajita en una mesa que había al lado.
Joe tomó la mano de _____(tn)______ y empezó a deslizar el anillo por su dedo hasta que se lo hubo quitado. Ella podía oír su corazón latiendo con furia, mientras las manos empezaban a sudarle y todo su cuerpo se excitaba. Joe tomó entonces la cajita, la abrió, sacó el anillo de diamantes que había comprado para ella y lo introdujo lentamente en su dedo.
—Creo que te queda perfecto —dijo con una sonrisa—. ¿Qué te parece?
—Sí, es una suerte —dijo ella alejándose de él.
—¿Vas a invitarme a tomar algo para celebrarlo? Lo pregunto porque, si es así, preferiría quitarme la camisa. No me gustaría tener que llevar ésta también a la tintorería.
_____(tn)______ le miró a los ojos.
—Me comprometo a no tirarte más copas encima si tú no vuelves a hacer comentarios insultantes sobre mí y sobre mi vida.
—¿A qué comentarios te refieres? —preguntó él sonriendo.
_____(tn)______ se acercó al anuario y abrió una vitrina.
—Tengo las cosas habituales. Vino, champán… Lo que más te guste.
—Ya sabes lo que me gusta —dijo él acercándose a ella.
_____(tn)______ se estremeció al sentir las manos de él descendiendo por su espalda. El calor que transmitían le ardía en la piel, y le hizo preguntarse cómo sería yacer junto a él desnuda, sentir las manos de él deslizándose por sus senos.
Puede que no le cayera bien, puede que le odiara, pero no podía mentirse a sí misma, le deseaba. Tenía una forma de tocarla que le excitaba intensamente.
—¿Qué perfume te has puesto hoy? —le preguntó él acercándose un poco más.
—Yo… No lo recuerdo —respondió ella.
—Me recuerda a una cálida noche de verano —apuntó él con voz sensual—. Huele a jazmín… Pero hay algo más.
_____(tn)______ se preguntó si ese algo más no sería el deseo que sentía por él, el deseo que cada vez le costaba más reprimir. Siempre le había mantenido a distancia con sus comentarios sarcásticos e hirientes, pero ahora su propio cuerpo la estaba traicionando. ¿Era consciente él de lo cerca que estaba de conseguir lo que se proponía?
Joe la tomó de los hombros e hizo que se diera la vuelta para poder mirarla. Tenía los ojos brillantes, la piel bañada por un ligero sudor y la boca húmeda. Quería besarla, saborearla, sentir su lengua entrelazada con la suya. Quería apoyarla contra la pared y poseerla como debería haber hecho aquella noche antes de su boda con Tristan, entrar con ella en el paraíso y gritar hasta que no pudieran más.
—Creo que he cambiado de opinión sobre esa copa —dijo en cambio apartándose de ella—. Tengo un compromiso esta noche. He venido en mi coche en lugar de llamar a un taxi, no me gustaría tener los problemas que tuviste tú anoche.
—¿No tienes chófer?
—De vez en cuando sí, pero no siempre que quiera. Tampoco tengo un ama de llaves, de modo que espero que no te importe colaborar un poco en la casa cuando empecemos a vivir juntos.
—¿Estás de broma? —le espetó ella.
—Por supuesto que no, rubia. Yo siempre me hago la cena, y espero que tú hagas lo mismo.
—¡Pero eres multimillonario, por el amor de Dios!
—¿Y qué?
—¿Por qué no contratas a alguien para que haga esas cosas? Es completamente estúpido perder el tiempo en cosas banales cuando otra persona podría hacerlas por ti.
—Pues resulta que a mí me gusta cocinar —dijo él.
Había estado tan sobreprotegida por sus padres, que no tenía ni idea de cómo funcionaba el mundo real. Iba a ser un placer para él enseñar a _____(tn)______ que debía tratar con más respeto y consideración a las personas menos afortunadas que ella.
—Si has llegado a pensar por un momento que voy a lavarte los calcetines y doblar tu ropa interior, es que estás más loco de lo que creía —protestó ofendida.
—Lo único que espero que hagas con mi ropa interior es quitármela, a ser posible con la boca —replicó él con una mirada lasciva.
—¡No haré nada semejante! —exclamó ella sulfurada.
Joe se rió ostensiblemente y, antes de sucumbir a la tentación de besarla, se dio la vuelta y se fue.
_____(tn)______ pasó los siguientes minutos deambulando por el salón, cruzándolo de arriba abajo, debatiéndose entre el odio que sentía por él y su decepción porque no se hubiera quedado a tomar una copa.
Pero cuando se sentó en el sofá, se dio cuenta de que ésa no era toda la verdad. Estaba disgustada porque había esperado que él se hubiera quedado el suficiente tiempo para estrecharla entre sus brazos y besarla. Pero se había ido, dejándola sola y llena de pasión insatisfecha. Estaba jugando con ella como un gato con un ratón, martirizándola sin piedad, esperando el mejor momento para sojuzgarla completamente.
Le odiaba.
Aunque tampoco eso era realmente cierto. Y ése era el problema.
No sabía qué diablos sentía por él, pero una cosa era cierta: no le odiaba tanto como ella quería creer.
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MensajeTema: Re: Cambios... Joe&Tu    Noviembre 30th 2010, 11:56

Capítulo 6
―Cariño… —dijo Pamela St Clair en cuanto _____(tn)______ entró al hospital la mañana siguiente—. Por favor, dime que esto… Dime que… —dijo balbuciendo mientras le daba el periódico—. ¡Dime que esta patraña no es verdad!
_____(tn)______ miró la página por la que estaba abierto el diario y sintió como si le hubieran clavado un puñal por la espalda. A todo color, había una fotografía de Joe rodeando con el brazo a una joven y hermosa mujer. Junto a la instantánea, el periodista que se hacía eco de la noticia afirmaba que Joe Venadicci, de quien recientemente se había rumoreado que iba a contraer matrimonio con la viuda de la alta sociedad _____(tn)______ St Clair, había sido visto recientemente en un par de ocasiones con una misteriosa joven.
—¿Y bien? —repitió su madre impaciente quitándole el periódico de las manos—. Por amor de Dios… Si tu padre se entera de esto, tendrá otro ataque.
—Mamá… Claro que no es verdad. Ya sabes cómo son los periodistas… Inventan cosas constantemente. Probablemente se trate de una foto antigua.
—¿Estás segura? —preguntó su madre entornando los ojos y mirando de nuevo el periódico—. ¿Estás completamente segura?
_____(tn)______ nunca se había sentido tan insegura en toda su vida, pero no podía admitirlo delante de su madre. Haciendo gala de unas dotes interpretativas que nunca había sabido que poseyera, relajó sus facciones, sonrió y tomó el periódico de manos de su madre.
—Mamá… ¿Crees que Joe me daría esto para después irse con otra mujer la misma noche?
_____(tn)______ le enseñó a su madre el anillo de diamantes que le había regalado.
—Oh, Dios mío, es precioso —dijo Pamela—. Debe de haberle costado una fortuna.
—Así es —replicó ella—. Pero, al parecer, él dice que lo valgo.
—Oh, Joe… —dijo de repente su madre sonrojándose, mirando por encima del hombro de su hija—. Estábamos… Estábamos hablando de ti.
_____(tn)______ tuvo que reunir toda su fuerza de voluntad para aparentar normalidad.
—Hola —dijo volviéndose y dándole un cariñoso beso en la mejilla para acallar las sospechas de su madre.
Pero Joe tenía otras intenciones. Tomándola de la cintura, le dio un beso apasionado en los labios que dejó a _____(tn)______ completamente desconcertada.
—Hola, cariño —dijo antes de girarse para saludar a la madre de _____(tn)______, que estaba intentando esconder el periódico en alguna parte, aunque sin mucho éxito—. Espero que no estéis muy disgustadas por ese artículo. Ya me he puesto en contacto con mis abogados para que demanden al periódico por difamación.
—Oh, no… —se apresuró a decir Pamela—. Por supuesto que no, Joe. No le hemos dado la menor importancia, ¿verdad, cariño?
—Claro que no —confirmó ella—. Ya estoy más que acostumbrada a estos juegos. También han dicho muchas cosas sobre mí en el pasado.
—Me alegro de oírlo —dijo él—. ¿Qué tal está Henry esta mañana?
—Ahora está descansando, pero ha pasado buena noche —respondió Pamela más animada—. El cirujano dice que está muy satisfecho con su evolución. Lo más importante es que siga tranquilo y no se preocupe por nada.
—Por supuesto —coreó Joe tomando la mano de _____(tn)______—. Te dejaremos ir a verle mientras nos tomamos un café. ¿Quieres que te llevemos algo?
—Oh, no, no os preocupéis por mí —dijo Pamela sonrojándose como una colegiala—. Eres muy amable, Joe. _____(tn)______ tiene mucha suerte de tener a su lado a alguien como tú, lo digo de veras. ¡Y vaya anillo que le has comprado!
—Ella se lo merece todo, ¿no crees?
—Bueno, es mi hija, ¿qué quieres que diga? Claro que se lo merece, aunque me gustaría verla sonreír con más frecuencia. Para tratarse de una mujer enamorada, no parece muy feliz.
—Sólo estoy preocupada por papá —se apresuró a decir _____(tn)______—, eso es todo. Está pasando una mala racha, y…
—Señora St Clair —la interrumpió Joe atrayéndola hacia él y mirando a su madre—. Le prometo que, cuando regresemos de la luna de miel, no la reconocerá. Se lo garantizo.
—Oh, eres muy amable —dijo Pamela sonrojándose de nuevo—. Pero, por favor, llámame Pamela, vas a ser parte de la familia.
—Gracias, Pamela —dijo Joe sonriendo.
En cuanto su madre los dejó solos, _____(tn)______ se apartó de él.
—¿Quién es? —le preguntó.
—¿Quién es quién? —preguntó él mientras caminaban hacia los ascensores.
—La mujer de la fotografía. Es tu amante, ¿verdad? —le preguntó furiosa—. No te atrevas a negarlo.
—Entonces no malgastaré el tiempo en justificarme —respondió él—. ¿Para qué, si no vas a creerme?
Las puertas del ascensor se abrieron y _____(tn)______ guardó silencio discretamente, ya que había más gente en el interior. Mientras descendían a la planta baja, su ira iba aumentando poco a poco.
Las puertas se abrieron, y Joe la guió hacia su coche.
—¿Dónde vamos? —preguntó ella.
—A tomarnos un café —dijo él abriendo la puerta del acompañante—. Vamos, entra.
—A mí no me des órdenes como si fuera una niña —protestó _____(tn)______.
—Entonces no te comportes como tal —replicó él—. Entra en el coche.
—¿Por qué tenemos que tomar el coche e ir a Dios sabe dónde cuando hay una espléndida cafetería en el vestíbulo del hospital?
—¿Sabes una cosa, rubia? Estás empezando a sacarme de quicio, y eso no me gusta.
—Entonces estamos iguales, porque llevas sacándome de quicio desde que te conocí.
—Escucha —dijo él conteniéndose—. No tengo nada contra el café del hospital, pero ahora mismo prefiero estar a solas contigo, me gustaría estar en un lugar donde no haya nadie más. Tenemos algunas cosas de las que hablar.
—¿Como de tu misteriosa amante?
—No es nada parecido —respondió Joe—. Sólo es una amiga.
—¿Una amiga? ¿Por quién me tomas? ¿Me crees tan tonta?
—Sinceramente, cariño, ahora mismo, no sé qué creer de ti. Dado que la semana que viene no voy a estar por aquí, tengo un montón de cosas que hacer, y no puedo perder el tiempo con estos comportamientos infantiles que por lo que veo tanto te gustan, sobre todo después de haber pagado una suma considerable de dinero sin que ni siquiera me hayas dado las gracias.
—¿Todavía esperas que te dé las gracias por hacerme chantaje con el objetivo de que me case contigo? —preguntó incrédula.
—Si no te convencen las condiciones, puedes volverte atrás. Me devuelves el dinero y tan amigos. Aquí y ahora.
_____(tn)______ dudó por un momento, pero sabía que no había ninguna manera de conseguir en poco tiempo una cantidad tan elevada de dinero.
—Sabes de sobra que no puedo hacerlo.
—Bien, entonces sigamos adelante —dijo indicándole con un gesto que entrara en el coche.
_____(tn)______ entró en el vehículo. Tenía la cabeza a punto de estallar, los hombros tensos y el cuello dolorido. Se pasó las manos por ambos lados de la nariz y cerró los ojos intentando relajarse.
—¿Estás bien? ¿Te duele la cabeza? —le preguntó Joe masajeándole los hombros y consiguiendo por arte de magia que la tensión desapareciera.
—No he dormido bien —respondió ella—, y apenas he desayunado.
_____(tn)______ se echó hacia delante para disfrutar del contacto de las manos de él sobre sus hombros, sintiendo que el dolor desaparecía.
—¿Te sientes mejor?
Al abrir los ojos, le vio a su lado. Parecía realmente preocupado por su estado, aunque ella no podía hacer otra cosa que mirar sus labios, que eran tan irresistibles como siempre. Le entraron ganas de acariciarle la cara, de sentir la aspereza de su piel masculina bajo la suavidad de sus manos. Se imaginó besándolo por todo el cuerpo lentamente.
En lugar de eso, Joe se sentó bien frente al volante, bajó el freno de mano y encendió el motor. _____(tn)______ miró por la ventanilla decepcionada. Deseaba besarle, pero él no hacía nada al respecto. ¿Estaba haciéndolo a propósito? Cuanto más pasaba el tiempo, más aumentaba su deseo. Si aquello seguía su curso, no iba a tener fuerzas para resistirse cuando él decidiera que había llegado el momento. Todo su cuerpo se estremecía ante la idea de hacer el amor con él.
_____(tn)______ se revolvió en su asiento, excitada, con el sexo ardiendo y el pulso acelerado.
¿Iba a estar a la altura? Aunque había estado casada con Tristan, nunca había experimentado placer sexual, sólo dolor y vergüenza. Sólo habían existido insultos y descalificaciones, los que él le había soltado a ella, agresiones psicológicas que le habían hecho sentirse insegura, vacía y fracasada.
Cuando quiso darse cuenta, _____(tn)______ se encontró cerca de Mosman.
—¿Vamos a tu casa?
—Sí —respondió él sin apartar la vista del tráfico—. Podríamos haber ido a una cafetería del centro, pero es evidente que necesitas tranquilidad.
_____(tn)______ miró de nuevo por la ventanilla preguntándose si Joe estaba actuando de un modo tan educado y solícito para desviar la conversación de la mujer en compañía de la cual había sido fotografiado. Estaba celosa, se sentía como si miles de pequeñas pirañas hambrientas estuvieran devorándola por dentro sin piedad.
No quería sentir aquellas emociones.
No quería sentirse tan vulnerable.
Entonces, de repente, se dio cuenta de que no quería que él deseara a ninguna otra mujer. Le quería sólo para ella.
Joe detuvo el coche en el caminito que llevaba hacia la casa y se bajó para abrirle la puerta. _____(tn)______ estaba pálida. Tenía unas ojeras enormes y la boca seca.
Había pasado demasiado tiempo en el hospital preocupada por su padre. Joe sabía por experiencia por lo que estaba pasando _____(tn)______. Ver a su madre morir había sido una de las peores cosas que le habían pasado en la vida, experiencia que se había convertido en un auténtico tormento cuando habían llegado las noticias del suicidio de Blair. No había podido asistir al entierro del hermano de _____(tn)______, se había tenido que quedar al lado de su madre.
Semanas más tarde, enterarse del compromiso de _____(tn)______ con Tristan había sido un golpe más. Nunca le había gustado aquel hombre, siempre había existido algo que le había hecho desconfiar de él. Siempre había demostrado demasiada confianza en sí mismo y poco amor hacia _____(tn)______. A pesar de sus advertencias, ella se había casado. Tristan se había encargado, a petición de ella, de que no pudiera asistir a la boda. Había tenido que enzarzarse en una dura pelea con una panda de matones y, a pesar de su fortaleza, habían sido demasiado para él.
Joe la guió hasta la casa y la llevó directamente a la cocina.
—Te haré unos huevos revueltos y una tostada —dijo él.
—No me hagas mucha cantidad —repuso ella aceptando su ayuda—. No tengo mucha hambre.
—¿Cuándo fue la última vez que comiste? —preguntó Joe mientras untaba mantequilla en la tostada y la ponía en la sartén.
—No lo sé… No me acuerdo… ¿Ayer a mediodía?
—Como sigas adelgazando, vas a necesitar esquís cuando te metas en la ducha para no irte por el desagüe —dijo él sacando una docena de huevos.
—Muy gracioso.
Joe echó las yemas de los huevos en un cuenco y empezó a batirlos.
—¿Cómo te las arreglas en el trabajo desde que tu padre no está por allí? —preguntó él sin darle mucha importancia.
Al ver que _____(tn)______ no decía nada, Joe la miró.
—No muy bien, ¿verdad?
—¿Qué te hace creer eso? —replicó ella a la defensiva—. ¿Crees que no soy capaz de administrar los negocios yo sola?
—No, lo que creo es que lo estás haciendo para intentar demostrar que eres capaz de hacerlo, no porque quieras hacerlo —dijo continuando con el desayuno—. Tu corazón no está ahí. Nunca lo ha estado.
—Es el negocio de la familia —se justificó ella.
—Cada uno tiene su papel.
—Sí, pero también es importante que quieran involucrarse —dijo él—. Es más, lo ideal es que el trabajo te apasione, que te dé satisfacciones.
—A mí me gusta ese trabajo —dijo ella cruzando los brazos.
—Puede ser, pero… Sigo pensando que hay cosas que te gustan más.
—¿Ah, sí? ¿Desde cuándo te has convertido en un experto en mí? ¿Desde cuándo sabes lo que me gusta o deja de gustarme?
Joe la miró de esa forma que siempre le provocaba escalofríos, que hacía que le temblaran las piernas y su piel se excitara.
—Porque te conozco, _____(tn)______ —dijo Joe—. No has nacido para los negocios. Y yo no soy el único que lo piensa.
—¿Qué quieres decir? —preguntó ella confundida—. ¿Has estado hablando con alguien de la compañía a mis espaldas?
—_____(tn)______… —dijo Joe apoyándose en la encimera—. He puesto dos millones cuatrocientos mil dólares en esa empresa. ¿Creías que iba a hacerlo sin investigar un poco? ¿Sin pasarme a ver cómo funcionan por allí las cosas?
—¿Qué tipo de investigación? —preguntó con desconfianza—. Apenas tuviste tiempo. Acudí a ti cuando me di cuenta de que no tenía otra alternativa… No pudiste… —se detuvo al comprender la verdad—. Lo hiciste antes, ¿verdad? Estuviste merodeando por allí para averiguar qué problemas había… Dios mío… ¿Cómo pudiste hacerlo? ¿Por qué minas mis esfuerzos de esta manera?
—Antes de que a tu padre le diera el ataque al corazón ya me preocupaba bastante su estado de salud —dijo él—. Hace dos meses comí con él y me di cuenta de que ya no tenía la cabeza concentrada en lo importante. Había perdido la garra. En cierto modo, creo que se sintió aliviado de dejarlo todo en tus manos, él estaba ya muy cansado. Estoy seguro de que, en cuanto se recupere, querrá volver a hacerse con las riendas de todo. Por eso he hecho algunos cambios mientras él esté en el hospital. He contratado a un gestor administrativo que se hará cargo de todo hasta que Henry vuelva. Empieza mañana.
—¿Que has hecho qué? —preguntó _____(tn)______ sin dar crédito a lo que oía.
—Quiero que tú también te tomes un descanso —dijo sirviendo los huevos en un plato—. Tómate unos meses para averiguar qué te gustaría hacer. A lo mejor descubres que prefieres ser madre y esposa a cualquier otra cosa.
—Lo habías planeado todo, ¿verdad? Esperabas que yo lo dejara todo en tus manos sin más… Cielo santo, no puedo creer que todavía haya hombres como tú en el mundo. Creía que habían muerto al mismo tiempo que los dinosaurios.
Joe tomó la tostada y los huevos y los puso delante de _____(tn)______.
—Ahora deberías desayunar, se te van a enfriar.
En un arranque de furia, _____(tn)______ apartó el plato de un golpe. Sin pretenderlo, consiguió tirarlo al suelo, haciéndolo estallar en mil pedazos y ensuciando todo con los restos del desayuno que había hecho Joe.
—Lo siento, no quería…
—Claro que no —dijo él conteniendo la ira.
—Si me dices dónde está la fregona, yo lo limpiaré —dijo con voz insegura.
—Déjalo —dijo él tenso—. Es mi casa, me encargaré yo. Además, no creo que fueras capaz de distinguir una escoba de una fregona.
_____(tn)______ intentó contener las lágrimas con todas sus fuerzas, pero no pudo. Se derramaron una a una por sus mejillas.
Joe, que se dirigía a por los utensilios de limpieza, se detuvo.
—No te preocupes, mujer, sólo era un plato —dijo conmovido por sus lágrimas—. No es el fin del mundo.
_____(tn)______ se llevó las manos a la cara y rompió a llorar desconsoladamente.
Joe dejó las cosas, fue hacia ella y la abrazó.
—¿Estás segura de que no estás en uno de esos días? —le preguntó.
Negando con la cabeza, _____(tn)______ se derrumbó sobre su pecho respirando con dificultad a causa del llanto.
Joe le acarició su cabello rubio suavemente, calmándola, consiguiendo tranquilizarla, acallando sus lágrimas y sus lamentos hasta que los dos estuvieron en silencio.
El empezó a excitarse. Tenía el cuerpo de ella pegado al suyo, sus generosos senos presionando contra su pecho y los brazos de ella alrededor de su cintura.
Entonces, sintió que ella también estaba excitada, que una corriente de deseo estaba atravesándola igual que una onda agita la superficie de un lago en calma.
_____(tn)______ alzó la cabeza para mirarle.
Se miraron a los ojos.
Joe se inclinó sobre ella y la besó.

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