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 La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)

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IshPaniagua
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MensajeTema: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 18th 2010, 18:51

Hola! Esta nove no es mia, pero me encanto totalmente. Espere que les guste. Smile


Prólogo 1


Nick se sentó al lado de su abuelo, Rory Malone, en el porche delantero de la cabaña en la que éste vivía. Sólo tenía diez años, pero sabía con exactitud por qué el anciano no vivía con su familia. Porque el padre de Nick, Grant, se avergonzaba de él.

—No es más que un jodido irlandés —gritaba enfurecido Grant horas después de visitar a su padre—. Presume de ese acento irlandés como si fuera algo de lo que estar orgulloso.

Dios librara a Nick de hablar con aquel acento, aunque lo practicaba cada vez que su padre no estaba presente.

A Grant no le gustaba ser irlandés. No le gustaba que la gente supiera que lo era. Si pudiera enviar a su abuelo lejos, Nick estaba seguro de que lo haría. Pero Grant Malone no podía obligar a Rory Malone a que hiciera nada. Aquel anciano era tan sabio como las montañas y los acantilados, y tan terco como ellos.

—Nick, muchacho, mira esa puesta de sol. —Rory le señaló los majestuosos colores que cubrían las montañas—. Es casi tan bonita como las que tenemos en Irlanda. Casi.

— ¿Por qué no vuelves allí? —le preguntó Nick, consciente de la nostalgia impresa en la voz del anciano—. Papá dice que tienes suficiente dinero para vivir donde quieras.

Observó el rostro surcado de arrugas de su abuelo. La brillante mirada azul era muy parecida a la de su nieto y más brillante que la de su hijo, sin las motas verdes que tenía la de éste.

El anciano sonrió; una extraña, triste y pequeña sonrisa.

—Porque mi Erin está aquí. —Señaló el pequeño cementerio, el lugar donde estaba enterrada la abuela de Nick, Erin Malone, junto a los dos hijos que habían perdido en Vietnam, sus tíos, Riordan y Rory Jr., y la hija que había muerto de fiebres, Edan, la tía de Nick.

— ¿La abuela no quiere que te vayas? —Nick frunció el ceño. Su abuela estaba muerta, ¿cómo le iba a importar?

—Oh, mi Erin me sonreiría igual allá donde fuera. —El anciano esbozó de nuevo aquella pequeña sonrisa—. Pero si me separara de ella, sentiría esa distancia en mi alma, ¿entiendes?

Nick negó con la cabeza.

El abuelo suspiró.

—Tienes ojos irlandeses, muchacho. Un día de estos, esos ojos verán por ti, y sentirás como si el corazón se te fuera a salir del pecho. Es la feroz mirada irlandesa, Nick. Cuando ames, cuando ames de verdad, ten cuidado, muchacho, porque esos ojos irlandeses que tienes no son sólo el espejo de tu alma, sino del alma de la mujer a la que ames. —El abuelo miró la tumba de Erin—. Y cuando se pierde el corazón de esa manera, es imposible abandonar los lugares donde están tus mejores recuerdos. Si tuviera que irme, no podrían enterrarme junto a tu abuela.

El anciano dirigió la mirada a Nick, y éste sintió una opresión en el pecho al pensar que algún día tendría que enterrar a su abuelo en aquella tierra dura y desolada.

—La feroz mirada irlandesa —murmuró el anciano unos instantes más tarde—. Mi padre me advirtió igual que ahora te estoy advirtiendo yo a ti, muchacho. No pierdas a la mujer que ames, pues perderás una parte de tu alma si lo haces. Es el legado de esos ojos.

Nick frunció el ceño. Lo que decía el abuelo no tenía mucho sentido y decidió que le preguntaría a su tío Jordán sobre ello cuando volviera. Su tío todavía recordaba a su abuela. Tenía cinco años cuando ella murió, un poco antes de que naciera Nick. Y en ese momento, estaba pasando el verano en Houston con el mayor de los tíos de Nick, Doran, y su familia.

—Entonces, ¿mis ojos son malos? —preguntó Nick finalmente.

—No, no son malos —suspiró su abuelo—. No son malos en absoluto, muchacho. Te darás cuenta un día de estos. Uno de estos días, ya verás. Esos ojos irlandeses ven lo que nadie más ha visto. —Clavó la mirada en su nieto—. Quien tenga tu alma, tendrá tu corazón. —Dio una palmada en el pecho de Nick—-. Y podrá incluso ver a través de ti.

—Entonces ¿papá no tiene ojos irlandeses? —Los ojos de Grant estaban matizados con motas verdes. Nunca le había visto con el gesto relajado y gruñía sin parar.

La preocupación se reflejó en la cara de su abuelo.

—Tu padre es un buen hombre —afirmó repitiendo lo que siempre decía.

— ¿De veras, abuelo? —Nick pensó en el bebé que había en casa. El diminuto bebé que su abuelo decía que era su hermano. El recién nacido del que Grant Malone renegaba—. El pequeño Rory debería tener también un padre.

El abuelo puso la mano sobre la cabeza del niño y le dijo suavemente:

—Nada es cómo pensamos, muchacho. No todo es blanco o negro, sino que existen infinidad de matices grises. Tienes que averiguar el por qué de las cosas, no sólo fiarte de lo que ves.

—Porque él no nos quiere —susurró Nick, aceptándolo como sólo los niños podían aceptar esas cosas.

El abuelo asintió con la cabeza.

—Los tonos grises, muchacho. Recuérdalo. Siempre hay algo que no sabes y que no puedes ver. A veces el amor no es como pensamos que debería ser. Sólo recuerda eso y todo irá bien.

Nick creció buscando los matices grises. Luego maduró y se convirtió en un SEAL, y los matices grises se perdieron en su mente, aunque sabía que seguían estando allí. Siempre en un lugar diferente, siempre moviéndose. Hasta el día que vio el infierno. Y las cenizas del infierno. Y aprendió que había matices que jamás hubiera podido imaginar que existieran
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 18th 2010, 18:53

Espero les guste, a mi me encanto :p
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Kristie
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 18th 2010, 20:22

seguila


Última edición por Kristie Jonas el Enero 1st 2011, 16:23, editado 1 vez
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jonatika1
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 18th 2010, 20:41

esta buena jaja siguela proto ok
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Ysabel D' Jonas
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 18th 2010, 21:37

Nuevaaaaaaaaaaa Lectoraaaaaaaaaa! study Siguelaaa que me encantooooo!
Paseeen por mi novee chicaaas! y siguelaaaaaaaaaaaa siguelaa prontoo Smile
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IshPaniagua
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 19th 2010, 13:45



Prólogo 2



Dieciséis años después



Nick Malone se sentó en el escritorio de la oficina del taller mecánico que poseía y contempló a la joven que hablaba con uno de sus empleados.

Parecía enfadada y exasperada. El cabello rubio como el oro le caía sobre los hombros, una hermosa cascada dorada que brillaba bajo la luz del sol. No era demasiado delgada. Tenía unas curvas estupendas, un trasero de infarto debajo de aquella falda negra, y unos pechos erguidos y tentadores cubiertos por una blusa color chocolate.

Unos tacones altos completaban el atuendo. Se preguntó si llevaría medias o pantys, aunque ciertamente parecía una mujer de medias.

Finalmente, la joven levantó las manos, alzó la vista y sus miradas se cruzaron. Las fosas nasales femeninas se ensancharon con determinación y se apresuró a dejar atrás al mecánico con el que había estado discutiendo, enfilando hacia la puerta de su oficina.

Nick observó cómo aquella asombrosa visión atravesaba la estancia y plantaba las manos en su escritorio mientras lo fulminaba con la mirada.

—Mire, todo lo que necesito es una llave inglesa —dijo enérgicamente—. Présteme una. Véndamela si quiere. No importa. Si no arreglo ese coche, acabaré teniendo que hacer autostop. ¿Tengo pinta de querer hacer autostop? —Extendió los brazos al tiempo que se incorporaba, le dirigió una angustiada mirada con sus hermosos ojos grises y apretó los labios rosados al darse cuenta de que el mecánico se acercaba por su espalda.

—No, señora, no la tiene. —Nick negó con la cabeza, deslizando la mirada por su figura antes de volver su atención al mecánico—. ¿Hay alguna razón por la que no podamos revisarle el coche? —le preguntó al otro hombre.

Sammy entrecerró los ojos.

—El taller está completo, jefe, ya se lo he dicho.

—Sólo una llave inglesa —gruñó ella entre dientes—. Sólo préstenme una maldita llave inglesa.

Parecía frustrada. Tenía la frente cubierta de sudor y las mejillas relucientes. Pero la expresión de su rostro se relajó cuando logró controlar sus emociones.

—Escuche. —La joven había suavizado la voz, y él quedó cautivado. Allí, ante la voz de aquella dulce y hermosa sureña, Nick Malone perdió el corazón—. Sólo necesito un poco de ayuda. Se lo juro. Si me deja en la estacada llegaré tarde a una entrevista de trabajo. Le prometo que no le robaré demasiado tiempo.

La joven sonrió, y él sintió que el mundo se movía bajo sus pies. Aquellos labios se curvaron dulcemente, con una mezcla de nerviosismo, frustración y preocupación, y se mantuvieron así. Pero le había sonreído y ese simple gesto había conseguido que Nick volviera a sentirse como un adolescente.

Se levantó del escritorio y señaló la puerta con la mano.

—Muéstreme el coche. La ayudaremos a ponerse en camino.

—Pero jefe, estamos hasta arriba —protestó Sammy.

Nick lo ignoró y observó cómo la joven se giraba y lo precedía hasta la puerta. Su mirada se demoró en el trasero femenino mientras ella caminaba y fue la más hermosa de las visiones. Le hormiguearon las manos por las ganas de tocarla. Ardía en deseos de acunar aquellas curvas y sentirlas bajo los dedos.

—Me llamo ______. —La joven le brindó una sonrisa por encima del hombro—. De veras, no sabe cuánto le agradezco lo que está haciendo.

Ese acento de Georgia conseguiría que él se corriera en los vaqueros. No podría contenerse si ella seguía hablándole de esa manera.

Tenía que aprovechar la oportunidad.

—Le costará algo —le dijo arrastrando las palabras mientras abría el capó del pequeño sedán deportivo.

—Siempre es así —suspiró ella—. ¿De cuánto estamos hablando?

Parecía preocupada. Definitivamente, era una mujer con una meta y estaba dispuesta a conseguirla. Tenía las uñas cuidadas, el maquillaje justo para resaltar sus rasgos y los labios suaves.

—Una cena. —Nick sonrió ampliamente al percibir la sorpresa en los ojos femeninos.

— ¿Una cena? —La cautela se reflejó en la voz de la joven.

—Sólo una cena —le prometió él. Por ahora—. Esta noche.

Ella le miró fijamente durante un largo momento; aquellos ojos grises parecieron clavarse en los de él, escrutando y calentando zonas en su interior que Nick no sabía que existieran. Y mucho menos que estuvieran frías.

Al fin, curvó los labios, brindándole una encantadora y coqueta sonrisa.

— ¿El chico malo de Alpine me está invitando a cenar? —se mofó ella traviesamente—. Creo que me voy a desmayar.

—Me estás confundiendo con Sammy. —Señaló al mecánico—. Yo sólo soy un simple mecánico y un SEAL. —Las mujeres se morían por los SEAL’s. Y él haría cualquier cosa por impresionarla.

—Nick Malone, el SEAL de la feroz mirada azul y sonrisa cautivadora —replicó la joven—. Sé quién eres.

—Pero yo no sé quién eres tú —adujo él sombríamente—. Y me encantaría descubrirlo.

Aquella mirada de nuevo. Intensa, penetrante.

—En la cena —acordó ella al fin—, nos veremos entonces.

¡Bien!

—Reservaré mesa en Piedmont's. —Nombró el restaurante más caro del pueblo, lo que tampoco decía nada—. A las siete.

—De acuerdo, estaré allí a las siete. Pero no podré hacerlo si no me arreglas el coche.

______ sonrió con ironía para sus adentros. Tenía el presentimiento de que si le contaba que sabía qué era exactamente lo que le ocurría a su coche, jamás la creería. Le dejó perder el tiempo, encontrar el manguito suelto y apretarlo. No le había mentido cuando le había dicho que lo único que necesitaba era una llave inglesa. Su padre le había enseñado cómo arreglárselas con cualquier vehículo hacía mucho tiempo. Por desgracia, en aquel momento no tenía una llave inglesa a mano.

Así que dejó que le arreglara el coche, fingiendo que era una pobre mujer indefensa, porque le encantaba la manera en que la miraba, cómo se oscurecían aquellos feroces ojos azules que brillaban intensamente en su rostro bronceado.

—A las siete —le recordó él mientras cerraba el capó y la miraba con intensidad—. Te estaré esperando.

—Allí estaré —le prometió. No había manera de que ella no acudiera a la cita. Lo había visto con frecuencia en el pueblo, incluso había tenido fantasías con él un par de veces.

El ardiente SEAL. El niño malo de Alpine. Todas las chicas de la facultad iban tras él. Pero, tal y como decidió Saberla en ese momento, Nick iba a ser suyo.



Dos años después



—Oh, Dios, _______, ¿qué has hecho?

La joven dio un respingo y se giró hacia su esposo, que se dirigía furioso al lugar donde su coche había impactado con la parte trasera del todoterreno. Fascinada, observó sus feroces ojos azules, sus rasgos pálidos, el cuerpo duro y moreno, el pecho húmedo de sudor, las briznas de la hierba que había estado cortando pegadas a los vaqueros...

—Es sólo una pequeña abolladura, Nick. Te lo prometo. —Tenía el corazón en la garganta. No por miedo. El jamás le haría daño. Pero su furia era temible.

—Una pequeña abolladura. —-La agarró por los hombros, la apartó a un lado y bajó la mirada hacia el guardabarros abollado que se había hundido en el parachoques de su todoterreno.

Había sido un accidente. Y, en realidad, había ocurrido por culpa de Nick. Si no hubiera estado cortando el césped sin llevar nada más que las botas y aquellos vaqueros que le ceñían el trasero, jamás habría ocurrido.

—Has chocado contra mi coche. —El orgullo y la indignación rezumaban en su voz—. Es mi todoterreno, _______.

Sí. Lo era. Estaba muy orgulloso del potente cuatro por cuatro negro. Lo mimaba más que cualquier mujer a su hijo. _______ se hubiera sentido celosa si no fuera porque no había manera de que él pudiera meter el vehículo en casa.

—Lo siento mucho, Nick. —Su voz se volvió ronca al alzar la mirada hacia él, mordiéndose los labios con nerviosismo mientras se preguntaba cuánto tardaría en enfurecerse.

En cuanto lo hiciera, se transformaría en un hombre sombrío y parco en palabras. La fulminaría con la mirada.

Se dedicaría a ver partidos de béisbol. Se acostaría tarde. Muy tarde. Mucho después de que ella se hubiera ido a dormir. No hablaría con ella hasta la mañana siguiente. Lo cual era, sencillamente, injusto.

—Nick, por favor, no te enfades conmigo.

— ¿Cómo es posible que hayas chocado contra mi todoterreno? ¿Cómo? Si estaba aparcado aquí mismo. A plena vista, ______. —Se estaba enfadando. Sólo decía su nombre completo o sus apellidos cuando estaba o muy enfadado o muy excitado. Y no estaba excitado. Aquello no era una buena señal. _______ podía vivir con eso durante unos días, pero no le apetecía.

Dio un fuerte pisotón en el suelo y lo miró furiosa.

—Si no fuera por tu culpa, jamás habría chocado.

— ¿Por mi culpa? —Nick retrocedió un paso, negando violentamente con la cabeza—. ¿Cómo puede ser esto culpa mía?

—Porque estabas cortando la hierba sin camisa, vestido sólo con esos provocativos vaqueros y las botas, y en cuanto vi ese culo prieto me puse caliente. Has sido tú quien me ha distraído, así que la culpa es tuya. Si te hubieras vestido de manera decente esto no habría ocurrido, Nick...

El la besó. No fue un beso tierno o gentil, sino áspero, rudo y lleno de lujuria. La estrechó con fuerza contra su cuerpo y presionó su miembro contra el abdomen femenino, haciéndola jadear de placer.

—Te mereces unos buenos azotes. —La tomó en brazos y atravesó con ella el patio, dejando abierta la puerta del coche de la joven y alejándose del todoterreno abollado—. Debería zurrarte, ______. Ver cómo ese precioso trasero que tienes se pone completamente rojo.

Entró y cerró la puerta de un golpe antes de dirigirse hacia las escaleras.

—Oh, zúrrame, Nick —le susurró la joven provocativamente al oído—. Haz que suplique.

El se estremeció contra ella, la arrojó sobre la cama y se dispuso a hacer que le pedía.



Una semana después



—Volveré a casa en una semana. —Nick estaba vestido con vaqueros y camiseta. No parecía un SEAL, sino un marido a punto de salir de viaje de negocios. Nada relevante.

______ sabía cómo engañarse a sí misma.

—El todoterreno estará aparcado mañana delante de la tienda —le dijo la joven asintiendo con la cabeza mientras le observaba sacar el petate del armario y girarse hacia ella—. Lo meteré en el garaje y lo cuidaré por ti. -—______ le sonrió provocativamente y se retiró el pelo de la cara—. Me debes una, ¿sabes? Tuve que enseñar las piernas para lograr que lo arreglaran tan rápido. Tienes unos mecánicos muy exigentes, Nick.

El poseía un taller y una estación de autoservicio en las afueras del pueblo. Un pequeño y próspero negocio que _______ sabía que le encantaba.

Nick soltó un gruñido, recorriendo con la vista las piernas desnudas de la joven cuando ésta se sentó en la cama con unos pantalones cortos.

—Bruja —gruñó él—. Tengo que irme y lo sabes.

Ella se quitó la blusa y se desabrochó los pantalones cortos, dejándolos caer por las piernas. Sin dejar de observar a su esposo, deslizó los dedos por los pliegues desnudos y húmedos de la unión entre sus muslos y luego se llevó la mano a la boca.

Nick gimió y _______ adoró aquel sonido. Había separado los labios y tenía una mirada salvaje, como si la estuviera saboreando.

—Venga, un revolcón rapidito —susurró ella, desesperada por tenerlo una última vez antes de que la dejara. Se incorporó en la cama cuando él se acercó y le quitó el cinturón con dedos ágiles—. Te desafío. Hazme tuya como más desees...

Nick le dio la vuelta, la empujó sobre el borde de la cama y, al cabo de dos segundos, la estaba penetrando. Duro y palpitante, acariciándola, llenándola, enterrándose en ella con rápidos y duros envites hasta que _______ se sintió atravesada por una violenta y candente sensación de placer.

—Nick, Nick, te amo —gritó mientras él la embestía, inmovilizándola y moviendo las caderas con fuerza contra las de ella, sujetándola fieramente con las manos, quemándole la piel con los dedos.

Más tarde, él susurró las mismas palabras con el fluido y lírico sonido gaélico. Le murmuró su amor en el idioma que su abuelo le había enseñado y que ella sentía en el alma.

—Para siempre —susurró _______, girando la cabeza hacia él y aceptando su beso—. Para siempre, Nick.



Una semana después



_______ abrió la puerta y se quedó paralizada. El tío de Nick, Jordán, estaba en el umbral al lado del capellán. Sabía que era un capellán militar por el uniforme oscuro. Jordán llevaba un uniforme blanco, con la gorra en la mano y las medallas colgadas en la pechera. La joven se sintió desfallecer.

—Nick llegará en cualquier momento —murmuró ella con los labios entumecidos, percatándose de la aflicción y el dolor que reflejaba la expresión de Jordán—. Has llegado pronto, Jordán. El aún no está aquí.

Estaba llorando. Podía sentir cómo lágrimas ardientes le abrasaban la piel mientras se apretaba las manos contra el estómago y se le aflojaban las rodillas.

—_______. —Jordán tenía la voz ronca y los ojos brillantes por las lágrimas contenidas—. Lo siento.

¿Que lo sentía? ¿Le estaba arrancando las entrañas y decía que lo sentía?

Ella negó con la cabeza.

—Por favor, no lo digas, Jordán. Por favor no lo digas. —_______. —El tragó saliva—. Sabes que tengo que hacerlo. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que destruirla?

—Señora Malone —dijo el capellán por él—. Señora, tengo que comunicarle con gran pesar que...

— ¡No, no! —gritó ella mientras Jordán la envolvía entre sus brazos y la ayudaba a entrar en casa. La joven siguió gritando. Gritos que le desgarraron el pecho como una cuchillada brutal y despiadada. El dolor la arrastró hasta un profundo pozo de desesperación, un abismo del que no creía que pudiera salir jamás.

—¡Nick! —lloró, gritando su nombre. El le había jurado que siempre sabría el momento exacto en el que ella lo necesitaría, incluso en la muerte. Porque él tenía ese don. Era por los ojos, le había asegurado, y ella se había reído. Sin embargo, ahora deseaba con todas sus fuerzas que fuera cierto porque necesitaba a Nick, aquellos feroces ojos irlandeses—. ¡Oh Dios mío, Nick!



Seis meses después



_______ despertó entre sollozos con la respiración entrecortada y rebuscó en la cama estirando los brazos, arañando las sábanas, la almohada, desesperada por alcanzarle.

Nick estaba sangrando. Podía ver la sangre en sus manos como si estuviera mirando por los ojos de él. Podía sentir su agonía, sus entrañas retorciéndose, su alma clamando con una angustia que la desgarraba.

Tenía que ser un sueño. Los sollozos le quemaban la garganta mientras se aferraba a las mantas y lanzaba un grito gutural de cruda agonía al sentir que se le partía el corazón.

—¡Nick!

Gritó su nombre con voz ronca y áspera por las lágrimas, por los horribles meses pasados.

En el entierro... ni siquiera la habían dejado verle.

Deshaciéndose en lágrimas, hundió la cara en la almohada y se enfrentó una vez más a la cruda realidad de que Nick se había ido para siempre.

Habían cerrado el ataúd sin que ella lo viera. No había podido tocarlo, ni besar su amado rostro, ni decirle adiós. No había nada a lo que aferrarse, nada que aliviara aquella agonía sin fin.

Sólo había vacío. Vacío en su cama, en su vida. Un doloroso y horrible hueco en su alma. Un vacío que la consumía, que le quemaba la mente y que le recordaba cada segundo, cada día, que Nick se había ido.

Nick se había marchado.

Para siempre.

Salvo en sus pesadillas. Donde él gritaba su nombre. Donde la tocaba y se desvanecía antes de que ella pudiera darle alcance. Donde la miraba con los ojos llenos de pesar. O cuando ella sentía el dolor y las lágrimas de Nick. Interminables, agonizantes.

Luego, con la misma rapidez con que comenzaban, en cuanto ella se daba cuenta de que lo que sentía era el propio dolor de Nick, los sueños cambiaban.

—Te amaré siempre, bruja. —Estaba inclinado sobre ella, desnudo, con el pecho brillando, la piel dorada bloqueando el sol radiante, los intensos ojos azules observándola fijamente—. Siente cómo mi alma toca la tuya, ______. Siente cómo te amo, pequeña...

Un grito desgarrador le quemó la garganta cuando intentó aferrarse al aire, a los insustanciales recuerdos que se desvanecían, que se esfumaban igual que Nick se había ido.

—Oh, Dios mío. Oh, Dios mío. Nick... —susurró _______ apretando la almohada contra el pecho y empezando a mecerse.

Echó la cabeza hacia atrás y soltó un grito desolador desde lo más profundo de su alma partida en dos.

—Maldito seas, Nick...

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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 19th 2010, 13:45

ahi esta Smile
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 20th 2010, 21:39

Nueva lectora! Smile
La nove esta super buenaa! Siguelaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 22nd 2010, 19:01



Capítulo 1



Nueve meses después



Nick Malone estaba en la blanca habitación de la clínica a la que lo habían llevado. Había sufrido durante seis meses la pesadilla más horrible que jamás hubiera imaginado llegar a padecer. Seis meses. Sabía cuántos días, cuántas horas, cuántos minutos y segundos habían pasado desde que había «muerto».

Desde el día que cruzó la puerta de su casa, había estado en el infierno. Se suponía que debía ser una misión sencilla. Tan sólo tenía que rescatar a tres jovencitas secuestradas por un señor de la droga colombiano. Para ello tenía que dejarse capturar y permanecer allí el tiempo suficiente para buscar al agente doble que trabajaba bajo las órdenes del narcotraficante Diego Fuentes.

Había llevado un rastreador electrónico en el talón que él mismo activaría en cuanto viera al espía. Por desgracia, ésa era una información que el espía conocía, y le habían agujereado el pie en cuanto tuvieron oportunidad. Antes de que pudiera reaccionar, Nick había sido atado a una mesa de madera y le habían suministrado la primera de una serie de drogas sintéticas.

Una droga llamada «polvo de afrodita»; un potente y cegador afrodisíaco. Pero no había encontrado alivio. Porque Nick, enfurecido, enloquecido y descontrolado, había sido incapaz de romper los votos matrimoniales que le había hecho a su esposa. No importó la cantidad de droga que llegaron a administrarle. Ni cuánto le hubieran tentado.

Observó al grupo de hombres que lo habían rescatado del infierno de Diego Fuentes. Tres doctores, un almirante, un bastardo ceñudo y trajeado —supuestamente un representante del JAG— y su tío, Jordán Malone.

Jordán no llevaba uniforme, lo que ya decía bastante. La renuncia de su tío a los SEAL’s tres meses antes sorprendió a Nick cuando se enteró. Por supuesto, no había mucho que hacer en la clínica privada y especializada de alta seguridad donde estaba recuperándose, excepto escuchar rumores.

Se había visto sometido a una operación tras otra de cirugía para reparar su cuerpo y su rostro. Habían arreglado lo que había sido dañado y reconstruido lo que no había podido ser arreglado. Pero su mente todavía estaba rota. Ahora no era más que la sombra del hombre que fue.

Sin embargo, todavía seguía siendo un SEAL. No había presentado la renuncia. Pero tenía el presentimiento de que eso sería algo que haría muy pronto.

—Teniente Malone. —El almirante inclinó la cabeza en su dirección; su cara llena de arrugas estaba demacrada por el cansancio y la preocupación—. Veo que está bien.

No era cierto. Estaba lejos de estar bien.

Aun así, se puso en posición de firmes, aunque se sentía como si estuvieran estirando sus miembros en un potro de tortura.

Los tres médicos le observaron en silencio. El psicólogo que le habían asignado tomaba notas. Aquel condenado bastardo siempre estaba tomando notas.

—Gracias, señor —logró decir al fin. Sólo quería continuar con los ejercicios que había estado haciendo. Los que llevaban su cuerpo a la extenuación, los que le hacían olvidar aquel deseo infernal que jamás disminuía.

El almirante frunció el ceño mientras lo observaba.

—¿Te duele algo, hijo? —le preguntó.

Nick intentó mostrarse paciente, pero mostrarse paciente no era precisamente fácil en ese momento.

—Sí, señor, me duele. —No iba a mentir sobre eso. El almirante asintió con la cabeza. —Quizá eso explique su falta de respeto. Nick apretó los dientes.

—Lo siento, señor. El protocolo no es mi fuerte en estos momentos.

Esperaba una respuesta contundente del almirante; no que se suavizaran las arrugas del rostro de su superior ni que un atisbo de empatía le iluminara la mirada.

Holloran no sólo había sido su superior, sino un hombre que merecía su respeto.

—Siéntate, Nick. —El almirante señaló una silla con la cabeza antes de tomar asiento él mismo.

Nick miró a Jordán. Su tío ya había tomando asiento, lo que indicaba que el protocolo tampoco significaba mucho para él. Pero no por falta de respeto, sino por arrogancia. Una confianza en sí mismo que apenas había disimulado hasta ahora.

Nick se sentó con cautela. Aún tenía dificultades con los músculos de la espalda y una pierna, aunque se estaba fortaleciendo gracias a los ejercicios.

El almirante suspiró cuando el silencio llenó la habitación.

—Asistí a tu entierro —dijo finalmente—. Estaba abatido, Nick. Y verte ahora... —negó con la cabeza—, hace que me pregunte sobre algunas decisiones tomadas a mis espaldas. Yo no habría aprobado esa misión.

—Yo la acepté.

Así de simple. Se suponía que debía de ser una misión sencilla. Pero todavía tema un agujero en el talón que probaba lo contrario.

—Eso es algo que ya discutiremos otro día —gruñó el almirante—. Ahora nos enfrentamos a otro problema.

—¿Han informado a mi esposa de que todavía sigo vivo? —Las palabras sonaron rotas debido al daño que habían sufrido sus cuerdas vocales.

La voz de Nick era ahora más ronca, más áspera, pero, al menos, podía hablar.

—Todavía no —respondió el almirante.

—No quiero que lo sepa.

Nick clavó la mirada en su superior. Era consciente de los vendajes que todavía le cubrían la frente, de las heridas que aún tenían que cicatrizar. Pero era mucho más consciente de los efectos de aquel mal*&t0 «polvo de afrodita», que aquellos bastardos de Fuentes y Jansen Clay le habían inyectado en el cuerpo.

Tan sólo había sido un conejillo de indias para ellos. El SEAL al que querían corromper con aquella horrible droga que habían probado en él. Pero no lo habían conseguido. En vez de eso, lo habían convertido en un monstruo.

—______ está muy afectada, Nick —dijo Jordán entonces—. Todavía está de luto... Todavía llora por ti.

—Dejará de llorar. ______ es fuerte. —Se encogió de hombros como si aquello no tuviese importancia y vio que el almirante y su tío intercambiaban una mirada.

Estaba mintiendo. Su _______ no era fuerte. Era tierna y dulce, y podía jurar que oía los gritos de su mujer en sus sueños, en sus pesadillas, abriendo una dolorosa herida en su alma que nunca se curaba, porque no conseguía sacarse los gritos de la cabeza.

¿Cuánto más fuertes serían sus gritos si lo viese ahora? Su pequeña y dulce _______ había adorado su cuerpo. La última vez que salió por la puerta de su casa él había sido un hombre fuerte, duro, pero también un hombre que sabía cómo ser tierno. Aquel hombre ya no existía. No había nada tierno en la oscuridad, en los lujuriosos sueños que tenía en esos momentos. Soñaba con la muerte. Y soñaba con _______. Con el deseo voraz que sería incapaz de contener si ella se acercaba a él.

—Estoy muerto —aseguró. Su voz sonó fría al pensar en las consecuencias de intentar regresar con su esposa—. Y pienso seguir así.

El psicólogo seguía escribiendo frenéticamente en su bloc. La mirada penetrante de Nick cayó sobre él. Como si pudiera sentir los dardos de furia que arrojaban en su dirección, el hombrecillo levantó la cabeza. Movió los hombros como si la chaqueta le resultara incómoda y, detrás de las gafas, los ojos castaños parpadearon con nerviosismo.

La mirada de Nick regresó bruscamente a su superior.

—Me gustaría que se largaran todos, señor.

El almirante Holloran le devolvió la mirada unos segundos antes de girarse en dirección a los médicos y señalar la puerta con la cabeza. Todos desaparecieron con rapidez. Ninguno estaba a gusto en presencia de Nick. Jamás lo habían estado. Pero no podía culparles, ya que habían tenido que tratar con un animal durante los tres primeros meses que había estado bajo sus cuidados.

El almirante Holloran suspiró y volvió a mirarlo.

—Es tu última oportunidad, hijo —dijo con suavidad—. Podemos llamar a tu esposa. Enviaremos a alguien a buscarla.

El rechinó los dientes con furia.

—No, señor. —El «señor» sonó forzado; la furia que impregnaba su voz, no. La ira bullía en su cuerpo, le nublaba la mente, le llenaba los sentidos con las imágenes de sus pesadillas.

—Ya basta —intervino Jordán, rompiendo el silencio—. Ya le dije que no cambiaría de idea.

—Usted también ha perdido el respeto que se le debe a un superior, Jordán —le espetó Holloran.

—Y la paciencia —replicó Jordán—. Soy yo quien está al mando de esta unidad, almirante, y eso supera incluso a su rango.

—Si cambia de opinión en el futuro, será demasiado tarde —señaló el almirante—. ¿Es eso lo que quiere para su sobrino, Jordán?

—Si eso llegara a suceder, la decisión habrá sido mía, no suya ni de nadie más. —Había dureza en la voz de Jordán, una cólera sombría que Nick jamás había visto antes—. Será transferido al centro de adiestramiento mañana y nuestros médicos se encargarán de él.

—¡Ni siquiera le ha preguntado si está preparado! —El almirante se enfrentaba ahora abiertamente a Jordán. Las narices de ambos hombres apuntaban hacia arriba; dos increíbles voluntades enfrentadas. Habría sido divertido si Nick hubiera estado de humor.

No lo estaba.

Se puso en pie y se dirigió a la puerta. —Nick.

Al escuchar su nombre, Nick se detuvo y se dio la vuelta para mirar a su tío. Jordán no sólo era familiar suyo, sino su oficial superior cuando ambos habían sido SEAL’s, cuando Nick todavía era un hombre, no el animal en que se había convertido.

—Dime lo que sea cuanto antes. Tengo que terminar unos ejercicios.

Jordán se puso en pie.

—Hay más opciones que los SEAL’s.

—¿Ah, sí? —Nick arqueó las cejas—. ¿Qué puede ser mejor que pertenecer a los SEAL’s, tío? ¿El infierno? Ya he estado allí. De hecho, todavía sigo en él.

Jordán asintió lentamente. Sus brillantes ojos azules —los feroces ojos irlandeses como los había llamado su abuelo—, le devolvieron la mirada.

—Hay otras opciones.

—¿De veras? —Nick paseó la mirada entre su tío y el almirante.

—Sí. —Jordán asintió con la cabeza—. Puedes salir de aquí siendo un SEAL, siendo Nick Malone. Pero, si vienes conmigo, Nick Malone dejará de existir.

—Si te vas con él, los SEAL’s habrán muerto para ti, Nick —le explicó el almirante mientras se levantaba bruscamente de la silla y se dirigía al otro extremo de la habitación—. Los únicos hombres con los que tendrás contacto serán los de tu antiguo equipo, aquellos que se fueron con el comandante Chávez para adquirir una nueva formación. Estarás muerto para siempre. Nick Malone ya no existirá. Ni para ti. Ni para tu esposa.

Nick clavó la mirada en él, pero fue a _______ a quien vio. Ella, que odiaba una uña rota y se preocupaba por las arrugas, ¿cómo iba a enfrentarse al hecho de que su marido era poco más que un monstruo?

Se giró hacia Jordán.

—¿Dónde hay que firmar?

Tres años después



Jordán Malone estaba en su oficina frente al espejo de doble cara que le permitía observar el gimnasio sin ser visto. Tenía las manos metidas en los bolsillos de los vaqueros y fruncía el ceño mientras miraba a su sobrino.

Nick, que ahora respondía al nombre de Talon Blake, era sólo cinco años más joven que él. Jordán había sido una sorpresa para sus padres y un shock para sus hermanos mayores. Había sido más un hermano que un tío para el hombre que sudaba profusamente bajo las pesas en la estancia de al lado. El cambio operado en Nick durante los últimos años había sido un auténtico milagro. Tan sólo el mero hecho de haber sobrevivido a los seis primeros meses había sido un milagro. Sin embargo, los últimos tres años habían sido muy duros. Las pesadillas y los efectos secundarios del «polvo de afrodita» casi habían conducido a Talon a la locura.

Pero, ¿había sobrevivido realmente? Algunas veces, Jordán se preguntaba si el hombre que había presentado su renuncia a los SEAL era el mismo hombre que tenía ahora ante sus ojos.

El rostro era diferente. La cirugía lo había hecho más anguloso, con huesos y músculos más definidos. Fuentes, el narcotraficante, se había ensañado con la cara de Nick mientras estuvo en su poder. Le había destrozado los huesos y las operaciones para reconstruirlo habían sido interminables. Había sufrido un cambio drástico. Nadie que hubiera conocido a Nick Malone lo reconocería ahora bajo su nueva identidad. Tema una constitución diferente. Su cuerpo era mucho más fibroso, más fuerte, más duro, y ahora poseía una voluntad de acero. Era más frío, un asesino de ojos gélidos.

Ya no era Nick Malone. Era realmente Talon Blake, porque Talon había borrado a Nick de la faz de la tierra.

El entrenamiento de Talon en la unidad de Reno Chávez los últimos años había preocupado a Jordán. El SEAL Nick Malone había sido moderado y mataba sólo cuando era necesario. Por el contrario, Talon... —Jordán negó con la cabeza— mataba con una callada y mortífera eficiencia.

Jordán recordó la noche en que rescató al hombre que una vez había sido Nick de las garras de Fuentes. No había ni sólo hueso intacto en su cuerpo. Lo habían dejado destrozado, casi lo habían matado de hambre y le habían inyectado tanto «polvo de afrodita» que sus ojos resplandecían como los de un demonio. Pero había luchado. Se había negado a violar a la chica que habían encerrado en la celda con él, luchó por protegerla, e incluso intentó salir por su propio pie cuando lo liberaron.

Jordán había estado seguro de que su sobrino no sobreviviría al síndrome de abstinencia que le había provocado la droga y a los efectos en su cerebro. Jamás creyó que Nick se recuperaría, que sería más fuerte que antes. Más sombrío, con una personalidad tan diferente que Jordán apenas podía reconocer al hombre que fue.

—Nunca volverá a ser el mismo, ¿verdad? —dijo el teniente Ian Richards con aire sombrío, admitiendo lo que ninguno de ellos se había atrevido a decir en voz alta durante todos esos años.

Ian había formado parte del equipo de los SEAL’s que rescató a Nick y, al igual que sus compañeros, había pasado los últimos años con el hombre al que ahora llamaban Talon.

Aquello había sido todavía más duro para Ian si cabe, ya que había estado más unido a Nick que el propio Jordán. Nick sólo tenía diez años cuando oyó los gritos de Ian resonando en el desértico paisaje del rancho familiar. Había despertado a su padre y lo había presionado hasta que Grant Malone salió de la casa para auxiliar al niño cuya madre se estaba muriendo en sus brazos.

Grant, en un sorprendente despliegue de compasión, había ayudado a la joven madre y al niño. Grant tenía sus momentos, pensó Jordán, pero eran contados.

—No, jamás será el mismo —admitió Jordán ante Ian y ante sí mismo—. Ese hombre no es Nick Malone, Ian. Es realmente Talon Blake. Y debemos aceptarlo de una vez.

—Ahora es igual que una máquina —señaló Ian con pesadumbre. Su expresión era triste mientras observaba cómo Nick se ejercitaba—. Es el asesino más eficaz que he conocido jamás. Tan silencioso como los pensamientos.

Jordán se giró entonces hacia Reno Chávez, el comandante en jefe.

—Ya no es un SEAL —afirmó Reno sacudiendo su oscura cabeza—. Cuestiona las órdenes continuamente, sigue sus propios planes, y siempre tiene otro plan de reserva si el primero sale mal. Si siente la necesidad de saltarse las normas, se las salta. Ya no es un subordinado, sino un líder. No cederá ante nadie a menos que haya dejado claro que su plan es la única manera de seguir adelante. Trabaja solo, Jordán, pero es muy eficiente. Es un depredador de sangre fría, meticuloso y mortal.

Jordán inclinó la cabeza.

—Gracias, Reno. Agradezco tu valoración.

—Lo tienes todo por escrito en ese informe. —Reno señaló con la cabeza el dossier que reposaba sobre el escritorio de su jefe.

Los informes mensuales no habían variado a lo largo de los años, y Jordán estaba seguro de que Nick había perdido gran parte de su alma.

—No sobrevivirá a esto —dijo Ian en voz baja, mirando por el cristal y observando al hombre que una vez había sido su mejor amigo—. Acabará autodestruyéndose. Cualquier día se meterá una bala en la cabeza.

Como si le hubiera oído, como si le hubiera sentido, Talon se incorporó en el banco de pesas y agarró una toalla. Su mirada se clavó en el espejo de doble cara y lo miró fijamente como si fuera capaz de ver a través de él. Sus ojos eran más oscuros, más feroces de lo que habían sido los de Nick Malone. El azul brumoso destacaba en la cara morena y afilada. Su pelo, negro como el ala de un cuervo, le llegaba casi a los hombros. Se negaba a cortárselo. Cuando les dio la espalda, Jordán pudo vislumbrar el tatuaje de un sol negro atravesado por una espada roja en el omóplato izquierdo de Talon.

Era el emblema de la unidad de Operaciones Especiales, otro recordatorio de que Talon había dejado atrás su pasado como Nathan Malone. Había entregado su vida a una unidad que realizaba a menudo misiones suicidas.

—Sobrevivirá —afirmó Jordán con tranquilidad, a pesar de la inquietud que sentía en su interior—. No está acabado, aunque él piense lo contrario. —Nick no había regresado con su esposa, pero Talon, el hombre que era ahora, no había olvidado a aquella mujer. No se encontraría a sí mismo hasta que lo hiciera.

Jordán había enviado a su sobrino a aquella unidad porque sabía que el hombre que quería como a un hermano jamás habría sobrevivido si hubiera tenido que enfrentarse al mundo y a su esposa después de salir de la clínica.

El psicólogo había estado de acuerdo. Nick habría desaparecido un día y jamás habría regresado. Todavía no estaba preparado para volver. Puede que no lo estuviera nunca, pero Jordán tendría que ponerlo a prueba de todas maneras.

Un año después



—No será fácil conseguir que acepte —le advirtió Ian Richards a Jordán mientras observaban por el espejo de doble cara a los seis hombres de la unidad de Operaciones Especiales que se ejercitaban en el gimnasio.

Talon era ahora más fuerte que nunca. Fibroso. Corpulento. Frío.

—Aceptará —dijo Jordán con suavidad—. No dejará que ella corra peligro.

Ian resopló y clavó los ojos en el hombre que ahora todos conocían como Talon.

—¿Querrá ella que regrese de esta manera? —inquirió.

Jordán se había hecho la misma pregunta. ______ Malone llevaba seis años viuda, y en los últimos tres había comenzado a vivir otra vez. Tema citas. Existía una posibilidad de que otro hombre le arrebatara a Talon la esposa que no admitía tener.

—Supongo que no tardaremos en descubrirlo —comentó Jordán pensativo.

—Seremos vuestro respaldo en la misión de Alpine —intervino entonces Reno.

Todos ellos habían sido asignados a la Unidad de Operaciones Especiales. Se trataba de un cuerpo de élite experimental, financiado en parte por capital privado, y en parte por el gobierno, formado por un grupo de hombres con oscuros y complejos pasados. En los últimos años se habían convertido en una unidad especializada que llevaba a cabo operaciones que otras agencias no podían asumir por cuestiones políticas o por el alto nivel de peligro que entrañaban.

Jordán asintió lentamente antes de volver a observar a Talon.

—Nos reuniremos en el centro de operaciones situado en el parque nacional Big Bend —les dijo—. Recibiréis las órdenes en un par de días.

Ian y Reno asintieron y se fueron con rapidez a prepararse para la operación. Lo único que faltaba era que Talon Blake aceptara llevarla a cabo.

Jordán se sentó en el escritorio, recogió el dossier de la misión y llamó a Talon a su despacho.

Talon le hizo esperar. Cuando entró en la oficina, tenía el pelo todavía húmedo por la ducha reciente y sus fríos ojos azules estaban desprovistos de emoción, de vida.

—¿Estamos preparados?

—Casi —asintió Jordán, indicándole que tomara asiento en la silla que había frente al escritorio—. El centro de operaciones será desmantelado esta noche y trasladado a la nueva ubicación. Deberíamos tener todo preparado en las próximas cuarenta y ocho horas.

Talon no dijo nada; sólo miró a Jordán, esperando. Al parecer, ahora tenía una paciencia infinita. Pero cuando entraba en acción, no había nada que lo detuviera ni nadie que fuera más mortífero que él.

—Continúa —masculló al fin Talon con voz ronca y rota. Esa voz que una vez había sido fluida y profunda ahora era áspera, casi gutural.

—La primera misión será en Tejas —le informó Jordán. Talon ni siquiera parpadeó al oír aquello. Como si en Tejas no hubiera nada que le concerniera. Como si allí no estuviera su familia, su abuelo, su hermano, su padre. Su esposa.

—El centro de operaciones estará situado a sesenta kilómetros de Alpine.

—No. —El tono de Talon resultó gélido.

Jordán levantó la carpeta que contenía la información de la misión y la dejó caer delante de Talon.

—Lee el dossier. Si no quieres llevar a cabo esta misión, respetaré tu decisión. Puedes encargarte del asunto de Siberia y hacer de niñera de esa científica que secuestraron el mes pasado hasta que se te congele el trasero. Pero antes vas a leer el dossier.

Jordán salió de la oficina cerrando la puerta con un fuerte golpe y dejando a Talon a solas con la información recopilada.

Talon —él jamás pensaba en sí mismo como Nick— se quedó mirando el dossier como si éste fuera una serpiente de cascabel. No quería leerlo. No quería saber. Siberia era un destino tan bueno como cualquier otro. Demonios, aquella científica era la misión perfecta. Al parecer, le gustaba dedicarse a sus proyectos y odiaba tener compañía. Debería ir.

Se puso en pie y luego se detuvo. Miró de nuevo el dossier y casi se giró para marcharse. Casi. Una foto se había deslizado desde el interior de la carpeta, y él conocía aquella barbilla.

La cogió lentamente. Sentía una opresión en el pecho, una do-lorosa agonía mientras levantaba la fotografía y fruncía el ceño.

Sí, allí estaba la curva familiar de la frente y aquellos preciosos y suaves ojos grises. Pero que lo condenaran si reconocía a la mujer a la que pertenecían.

Se parecía a ______. Su ______. Era su ______. Pero había cambiado.

Las trenzas rubias como los rayos del sol eran ahora más oscuras, con algunos mechones casi castaños. Llevaba el pelo más largo. Le caía, espeso y pesado, por debajo de los hombros. Tema la cara más angulosa y la expresión más serena.

Y no había ninguna sonrisa en sus labios.

A menos que estuviese enfadada, Nick jamás había visto a ______ sin una sonrisa en los labios. En algunas ocasiones soñaba con sus sonrisas, con su risa, su alegría. Algunas veces era lo único que mantenía a raya sus pesadillas. ¿A qué se aferraría ahora que su sonrisa había desaparecido?

Sostuvo la foto en una mano, con los ojos fijos en _______. Se había negado a leer los informes que Jordán tenía de ella y a oír cualquier cosa referente a su esposa en los últimos seis años.

Sólo había querido saber la respuesta a dos preguntas cuando surgía su nombre.

¿Estaba viva? ¿Estaba a salvo?

Jordán siempre asentía con la cabeza y Talon siempre se alejaba sin querer saber nada más.

Tardó muy poco tiempo en leer el dossier de la misión; incluso menos del que necesitó para contener el aullido de furia que le ardía en la garganta.

______ se encontraba en medio de una operación que había acabado con la vida de tres agentes del FBI y de la esposa de un prominente político.

Hijo de perra. En toda su vida, sólo le había pedido una cosa a su padre: que si alguna vez le ocurría algo, cuidara de ______, y aquel mentiroso bastardo le había jurado que lo haría. Pero no lo había hecho. ______ estaba indefensa.

Sólo su hermanastro estaba intentando ayudarla.

El dossier de la misión estaba lleno de información de ______, de su hermanastro, Rory, de su abuelo, Riordan, y del padre que había comenzado a odiar en aquel momento.

Y también estaba lleno de peligro. Peligro que podía acabar salpicando a ______. Podía verlo. Podía ver los hilos que, si se movían en la dirección correcta, acabarían rodeando el cuello de una esposa que había sido suya, sin importar cuánto lo hubiera negado.

_______ podía morir porque él no había cuidado de ella.

Se sentó sin dejar de mirar la fotografía. Ya era suficientemente malo que el hombre que _______ había amado hubiera muerto, para que, además, la cascara vacía en la que se había convertido ni siquiera la hubiera protegido.

Pasó el dedo por la foto siguiendo la curva de la mejilla mientras cerraba los ojos y recordaba su sonrisa, lo que había sentido al tocarla. Se permitió incluso recordar, al igual que lo hacía en sueños, cómo había sido amarla.

—Go síoraí[1] —susurró, aspirando el perfume de esos recuerdos—. Para siempre, ______. Te amaré siempre.

Justo en aquel instante, apareció la primera grieta en la coraza de Talon Blake.



—Nick. —______ susurró el nombre de su esposo cuando se despertó. Como si no hubieran transcurrido los últimos seis años, como si jamás lo hubiera perdido. Oyó la voz masculina en la oscuridad pronunciando unas palabras en irlandés cuyo significado jamás había tenido que preguntar: go síoraí.

Se quedó mirando la habitación apenas iluminada. Nick no estaba allí ni en ningún otro lugar. Sin lágrimas y dolorida, se tumbó de nuevo sobre la cama y cerró los ojos.

—Adiós, Nick —murmuró deseando poder llorar todavía. Deseando poder desterrar el dolor con la misma facilidad—. Te echo de menos…




[1] En gaélico, go síoraí significa “para siempre”. (N. de las T.)

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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 22nd 2010, 20:51

OYEE nooo mms! SIGUEELAA!! se ve qe esta genialisisismaa aaw me encanntoo wwe! siguela sere tu leqqtora fiieL *w*
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 23rd 2010, 13:29

Shocked Sooy nuueva lectooraa..!!! Me guuustaa esta novelaaa..!!!! :DD.. Vamoos siguelaa siguelaa me encantaa Very Happy
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 24th 2010, 13:03



Capítulo 2

La pequeña cabaña, asentada en medio de los terrenos del rancho Rocking M, estaba deteriorada por el tiempo, pero seguía siendo acogedora y familiar a pesar de la oscuridad que reinaba en aquella noche inhóspita.

Talon se movió entre las sombras como un fantasma. Saltó sobre la pequeña cerca de hierro forjado y se detuvo ante la tumba de su abuela.

«Erin Malone. Go síoraí». Para siempre. Esas eran las únicas palabras grabadas en la lápida de granito. Su abuelo se había encargado de cincelarlas él mismo.

Arrodillándose ante la tumba, Talon alargó el brazo izquierdo y tocó la piedra a la vez que inclinaba la cabeza. Su abuelo siempre había rendido homenaje a su abuela de aquella manera y todos sus hijos, excepto Grant Malone, habían seguido su ejemplo. Talon se preguntó si su hermano Rory también lo haría.

Levantó la cabeza y volvió la mirada hacia la cabaña. Sólo era una silueta oscura entre las sombras, pero sabía que su hermanastro estaba allí.

Volvió a mirar la tumba y luego saltó de nuevo la cerca encaminándose hacia la cabaña.

Rory era rápido y desconfiado. Ese día se había dado cuenta que alguien observaba la cabaña, ya que Talon no había intentado ocultarse.

Se acercó a la cabaña con sigilo. Se camufló entre las sombras, se confundió con ellas y las utilizó para aproximarse al porche trasero de la casa, donde vio al joven que estaba sentado en el viejo balancín.

Rory tenía veinticinco años. Era todo un hombre y se parecía mucho a Nick cuando tenía esa edad. Quizá fuera un poco más ancho de hombros y sus músculos estuviesen más marcados, pero no eran tan efectivos.

Permanecía sentado en silencio con el rifle sobre los muslos y el cuerpo en tensión.

—Sé que estás ahí —masculló su hermano—. Si no te he tenido a tiro antes, no te voy a tener ahora. Así que puedes dispararme. —La amargura teñía su voz y se reflejaba en su expresión cuando alzó la cabeza.

Rory pensaba que él estaba muerto al igual que todos lo demás. Y Talon tenía que asegurarse de que nadie sospechara lo contrario. Salvo Rory. Nick iba a necesitar su ayuda.

Iluminado por la luz de la luna, saltó en silencio sobre la barandilla del porche, arrancó el rifle de las manos de Rory y lo cogió por el cuello mientras el balancín chocaba contra la pared.

No era un agarre fuerte, sino preventivo. No quería despertar al anciano. No quería agrandar la pena de Rory, ni su vergüenza.

—No hagas ruido —siseó Talon sobre el rostro bronceado de su hermano—. No he venido a hacerte daño.

La expresión de Rory era de franca desconfianza; pero lo cierto era que Talon se hubiera sorprendido si hubiera reaccionado de otra manera.

—He venido a darte la oportunidad de conocer todo lo que sé sobre tu hermano —le advirtió Talon con voz queda—. Una oportunidad. Desperdíciala y no volverás a tener otra.

Rory entrecerró los ojos. Unos llamativos ojos azules, la auténtica mirada Malone.

—Mi hermano está muerto —le espetó en voz baja—. ¿Qué podrías contarme tú que mi tío no sepa?

Talon se inclinó sobre él.

—Bràthair[1], ¿qué quieres saber? —le preguntó antes de enderezarse.

Rory estaba temblando. La oscura piel irlandesa de su rostro había palidecido mientras miraba la sombra que tenía delante de él.

Talon dio un paso atrás, todavía con el rifle en las manos.

—Ven conmigo. —Señaló con la cabeza el cobertizo situado al fondo del patio—. ¿Todavía hay luz en el cobertizo?

No hubo respuesta, pero Rory lo siguió igualmente. Entraron en el cobertizo y Talon cerró la puerta lentamente antes de encender la luz.

Rory se dejó caer en la vieja silla del rincón y clavó los ojos en él. Su mirada reflejaba dolor y cólera.

—Creí que eras mi hermano —susurró—. Yo... esperaba que lo fueras.

Talon observó cómo Rory se frotaba la cara con las manos y sacudía la oscura cabeza.

Se quitó las gafas de visión nocturna, un nuevo juguete de la unidad que le había venido muy bien, y clavó la mirada en Rory, dándose cuenta de que los ojos que veía cada mañana en el espejo eran de un azul más oscuro; más feroces, sombríos y peligrosos que los de su hermano.

Rory parpadeó.

— ¿Todavía te escabulles aquí para fumar? —preguntó Talon, recordando cómo su hermano se colaba en el cobertizo con un pitillo cuando pensaba que nadie lo veía.

Era algo que sólo habían sabido Rory y él.

A Rory le tembló la mano. Se aferró a los brazos de la vieja silla y clavó la mirada en Talon como si de esa manera pudiera ver lo que necesitaba saber.

— ¿Quién eres? — dijo finalmente con pesar, con la voz cargada de decepción, más de lo que Talon había esperado—. ¿Y qué diablos quieres?

Talon negó con la cabeza.

—No tengo tiempo para juegos, Rory.

—Tú no eres Nick —susurró su hermano.

—No soy el Nick que tú recuerdas. —Se dirigió al armario del fondo del cobertizo, abrió la pequeña puerta de abajo y sacó la botella de whisky que sabía que su abuelo guardaba allí.

Siempre le había escondido sus vicios a su Erin, y siempre sonreía para sí cuando se tomaba un trago. Incluso ahora que Erin estaba muerta, su abuelo continuaba con la misma costumbre.

Descorchando el whisky irlandés de importación, se llevó la botella a sus labios y tomó un buen trago. No hizo ninguna mueca mientras el ardiente líquido le bajaba por la garganta. Al contrario. Lo saboreó. Cerró de nuevo la botella, la devolvió al armario y después se giró hacia Rory.

El joven lo estaba mirando como si hubiera visto un fantasma.

—Nadie conoce el escondite del abuelo —murmuró.

Talon asintió ligeramente con la cabeza.

—Nadie excepto tú y yo. Ni siquiera Grant lo sabía.

Rory exhaló bruscamente.

—Dejaste de llamar papá a Grant después de conocer mi existencia.

Talon encogió uno de sus hombros.

—No podía ser mi padre si no reconocía que también era el tuyo.

Rory movió la cabeza de un lado a otro como si estuviera intentando despejarse. Nick casi sintió lástima por él. Pero no tenía tiempo para la compasión.

Agarró una vieja silla de madera y le dio la vuelta, se sentó a horcajadas en ella y miró fijamente a su hermano.

—Lo que dices no tiene sentido —dijo Rory con voz enérgica—. No eres Nick, aunque conozcas cosas que sólo él sabía. —El joven lo recorrió con la mirada casi con desesperación—. ¿Quién eres?

—El fantasma de Nick —suspiró Talon—. Soy Talon Blake, Rory, y jamás debes olvidarlo. Debes creer que Nick está muerto, porque hace mucho tiempo que desapareció. Ahora sólo existe Talon.

Pero Rory todavía intentaba encontrar a Nick dentro de él. Talon observó la desesperación en la mirada de su hermano y sintió cómo se resquebrajaba su alma.

—Necesito tu ayuda, Rory.

— ¿Mi ayuda? —Su hermano negó de nuevo con la cabeza—. Ni siquiera sé quién eres.

—No me habrías reconocido hace cinco años —le aseguró—. Fue un infierno. Fue la muerte.

—¿______?

—No lo sabe. —La voz de Talon se endureció—. Y nunca lo sabrá. No estoy bromeando, muchacho. Nick Malone no existe.

Rory lo miró intensamente durante unos largos y tensos momentos.

— ¡Maldita sea! —El joven se puso en pie, con la cara convertida en una máscara de cólera—. ¡Hijo de perra! No eres Nick. ¿Sabes por qué sé que no lo eres?

Talon le devolvió la mirada, impertérrito. Enterrar aquellas emociones lo estaba matando. Demonios, había pensado que no sería tan duro. Le había dicho a Jordán que sería una misión sencilla, pero se estaba convirtiendo en una dolorosa pesadilla.

—Te lo diré —gruñó Rory—. No eres Nick porque él no estaría aquí conmigo en este momento. —Señaló el suelo del cobertizo con el dedo—. Estaría cuidando de su esposa en vez de dejar que otro hombre lo haga por él.

Antes de que Talon se diera cuenta de que estaba perdiendo el control, antes de que su hermano adivinara sus intenciones, se levantó de la silla, cogió a Rory por la garganta y lo inmovilizó contra la pared, gruñéndole en la cara.

Rory tenía el mismo aspecto que Nick había tenido una vez. La misma constitución que Nick. O que Talon. Podrían haber sido gemelos. Podrían haber sido hijos del mismo padre y la misma madre en vez de haber nacido de mujeres diferentes.

Rory era un Nick más joven. Y Talon apostaría lo que fuera a que sabía cómo reírse.

— ¿La has tocado? —El hielo invadió su voz, su alma. Lo invadió todo—. ¿La has consolado?

Apretó las manos en torno a la garganta de Rory. Era como si lo viera. Rory tocándola, abrazándola, mientras ______ susurraba el nombre de Nick y las palabras «para siempre». Su agarre se volvió más apremiante.

Su ______. Dulce, suave, cálida. Ella se había prometido a él para siempre. ¿Estaría acaso ofreciéndole lo mismo a Rory?

— ¿Nick? —dijo Rory entre jadeos.

Talon volvió a mirarlo en estado shock y las lágrimas anegaron los ojos del joven, volviéndolos más oscuros.

—Nick —resolló—. Oh, Dios. Oh, Dios mío. Estás vivo. ¡Maldito bastardo!

Talon recibió una patada, varios puñetazos en los riñones y las maldiciones ahogadas del joven. Le soltó el cuello y le retorció el brazo en la espalda, aplastándole la cara en la mesa que había contra la pared.

— ¿Has... tocado... a... mi... esposa?

—Debería —replicó Rory con un gemido, mitad sollozo, mitad rabia contenida—. Debería haberlo hecho. Eres un hijo de perra. Un auténtico hijo de perra. Eres igual que él. Igual que ese despiadado bastardo que te dio la vida.

Rory apoyó la frente en la mesa cuando Talon lo soltó; le temblaban los hombros. Mantuvo la frente contra la madera mientras un sollozo le desgarraba la garganta.

Talon flexionó la mano mirándose los dedos que habían rodeado la garganta de su hermano, y apretó la mandíbula con tanta fuerza que pensó que se le rompería.

— ¡Vete de aquí! —Rory se incorporó, dándole la espalda—. ¡Vete!

—No puedo hacerlo, Rory.

Su hermano se volvió hacia él con los ojos brillantes por la furia mientras le espetaba con desprecio:

—El abuelo llora cuando habla de ti, cuando ve a ______ trabajando en ese mal*&t0 taller intentando sobrevivir. Trató de ayudarla y ese hijo de perra que tienes por padre le quitó todo lo que tenía. Y aquí estás tú. —Alzó la mano hacia él y su rostro reflejó una ira sin límites—. El enorme y rudo guerrero del que ese anciano se sentía tan orgulloso. Seis años, Nick. Han pasado seis años, ¿dónde diablos te has metido todo ese tiempo?

Talon comenzó a arremeter contra todo lo que tema delante y empujó la silla hacia atrás mientras le fulminaba con la mirada.

—Ten cuidado, muchacho —rugió—. Deja de presionarme o tendrás más de lo que andas buscando.

—Ya obtuve más de lo que quería cuando te he sentido observando la cabaña esta tarde —gruñó, sintiendo que el miedo daba pasó a la cólera.

—Estoy aquí, es todo lo que importa. —Talon se pasó la mano por la barbilla—. No es fácil explicar por qué no regresé. Ni tampoco lo es regresar después de tanto tiempo. Pero ahora estoy aquí y necesito información.

—Para eso están los ordenadores.

Rory estaba a punto de abalanzarse sobre él y Talon lo sabía. Su hermano tema el mismo mal*&t0 y orgulloso temperamento irlandés que él.

— ¡Escúchame, pequeño bastardo! —Se cernió sobre él con aire vengativo—. Mira mi cara. Mi cuerpo. ¿Crees que esto me ocurrió porque quería cambiar mi aspecto? ¿Por qué no me gustaba mi vida y quise darle la espalda? Mírame, Rory. Mira mis cicatrices. ¿Quieres que te enseñe la espalda? ¿O las piernas? ¿Quieres ver el agujero que tengo en el pie? ¿Te bastaría con eso?

Se apartó de él furioso y lleno de rabia. Estaba perdiendo el control. Algo que no le había ocurrido desde hacía poco más de cinco años.

Inspiró profundamente. No iba a perder los nervios ahora, no más de lo que ya lo había hecho.

Regresó junto a su hermano y controló sus emociones. El horror en los ojos de Rory no era algo que hubiera querido ver.

—_______ no es la misma sin ti —susurró Rory—. Siempre está triste. Lo único que hace es trabajar y encerrarse en sí misma. Ya no es la misma mujer de antes, igual que tú no eres el mismo hombre.

Talon apretó la mandíbula con fuerza y cerró los puños. No podía hablar de ______. No ahora. Todavía no. —Háblame de la milicia Black Collar. Rory parpadeó.

— ¿De BC? —bufó—. Estuve en esa mier$& un tiempo. Aún recuerdo la azotaina que me diste por ello antes de marcharte.

—No te he preguntado por tus estupideces —gruñó—. Cuéntame algo que no sepa.

Rory se pasó la lengua por los labios y apartó la mirada por un segundo.

—Dos de los mecánicos de _______ pertenecen a BC. Pero son de bajo nivel. Nadie conoce a los jefazos, aunque hay quien se jacta de ello algunas veces. La mayoría hacen recados, nada importante.

Talon volvió a sentarse a horcajadas en la silla.

— ¿Cuándo comenzaron a trabajar para ______?

Rory lo miró con los ojos entrecerrados.

—Siempre la llamaste _______, Nate.

—Rory, no me cabrees otra vez —suspiró—. Contesta a mis preguntas. Y como vuelvas a llamarme con ese nombre te daré una paliza. Ahora me llamo Talon Blake.

Rory dio un respingo antes de ponerse rígido y sacudir la cabeza.




[1] En gaélico, bràthair significa “hermano”.


—Demonios —dejó escapar el aliento—. Hace más o menos un año. Todos los hombres que trabajaban para ti se fueron el primer año. _______ lo pasó muy mal durante mucho tiempo. Cuando finalmente comenzó a superarlo, estaba cerca de perder la casa y el taller. Yo no podía hacer nada. —La expresión de su rostro reflejó el dolor que sentía cuando miró a Talon—. Lo intenté a pesar de no saber nada de mecánica —susurró encogiéndose de hombros—. Y sí, _______ es muy buena arreglando motores, pero no tiene don de gentes. Hacer que las cosas salieran adelante ha llevado su tiempo.

¿______ sabía de mecánica? Talon reprimió su incredulidad. Tendría que verlo para creerlo. ¿Y no tema don de gentes? ¿Quién se había llevado a su esposa y la había reemplazado por otra mujer?

—Lo que quiero es que me hables de la milicia —gruñó Talon.

Rory se pasó las manos por el pelo.

—Lo cierto es que no sé mucho. —Negó con la cabeza—. Estoy bastante seguro de que Mike Conrad está relacionado con ella. Sé que ronda por el taller desde que supimos lo de tu muerte, y que ha intentado varias veces que _______ se lo venda a pesar de que ella se niega. A veces, Mike bebe de más, y cuando lo hace, dice muchas cosas, aunque todavía no la ha amenazado. El sheriff no sirve para el cargo y puede que sea uno de ellos. Hay rumores de que los de BC están involucrados en algunas de las muertes del parque nacional, pero por ahora son sólo rumores. Demonios, Talon, he estado tan ocupado manteniendo a los lobos alejados de _______ que no he tenido tiempo de prestar atención a toda esa mier$&.

Talon asintió. No había esperado que Rory supiera demasiado.

—Quiero que me contrates en el taller. Es más, dirás que me has contratado esta noche. Que me conociste el mes pasado en ese bar de Odessa.

Rory le dirigió una mirada sorprendida.

— ¿Conoces ese bar?

—Y a la camarera —gruñó Talon—-. Me conociste esa noche, me encontré contigo cuando pasaba por el pueblo y me ofreciste el trabajo.

Rory le dirigió una mirada confusa.

— ¿Y ______?

—No sabrá quién soy —masculló con voz queda—. Y si se lo dices, Rory, si se lo insinúas siquiera, acabaré contigo, ¿entendido? —Volvió a mirar a su hermano. Ahora no había cólera en sus ojos, ni ninguna otra emoción. Sólo el hielo que volvía a ocupar su lugar.

—Pero _______ es tu esposa —murmuró Rory con una mueca de pesar—. Te has mantenido alejado de ella demasiado tiempo.

—Me ocuparé de ______ a mi manera. —Se levantó de la silla y le brindó a su hermano una dura mirada—. ¿Me has comprendido, Rory? A mi manera.

Rory asintió con vacilación.

—Quédate aquí mañana y recupérate de lo que vas a beber esta noche. Y no aparezcas hasta que no te sientas preparado para lidiar con esto.

Rory gruñó.

—Entonces no esperes verme hasta la próxima vida.

Talon le dirigió una larga mirada silenciosa.

—Está bien. Dame un día o dos —dijo finalmente Rory, encogiéndose de hombros.

—Y no le digas nada al abuelo —le advirtió Talon.

Su hermano se encogió de hombros otra vez.

—Aunque no le diga nada, el abuelo acabará descubriéndolo de todas maneras. Ya sabes cómo es.

Por desgracia, así era. Riordan Malone siempre parecía saberlo todo. Una cualidad que había sido escalofriante cuando Nick era un niño y reconfortante cuando había crecido. Ahora, sencillamente, era preocupante.

— ¿Por qué Talon? —Rory le planteó la pregunta que Talon no podía contestar—. ¿Por qué ese nombre? ¿Por qué estás aquí por BC y no por tu familia?

La amargura teñía la voz de su hermano, se reflejaba en su expresión, y que condenasen a Nick si podía culparle.

—Estoy aquí porque BC amenaza a mi familia —afirmó con voz áspera y dura, más ominosa de lo que había sido jamás—. En lo que respecta al nombre... —curvó los labios—... es un nombre irlandés. Ahora mantén los ojos y los oídos bien abiertos. Te contaré más cuando pueda.

Rory le brindó una mueca burlona.

—Muy bien, hermano. Como siempre, tienes razón. _______ no necesita saber quién eres. Ahora tiene una segunda oportunidad; quizá esta vez consiga que su hombre se quede en casa.

Talon se quedó paralizado, ni siquiera parpadeó.

— ¿Qué quieres decir?

—Deberías haberte informado un poco antes de regresar y acusarme de tocar lo que es tuyo. No es por mí por quien debes preocuparte, Talon. Quien debería preocuparte es tu buen amigo Duncan Sykes. Se divorció hace un año y desde entonces está saliendo con _______. —La sonrisa de Rory era burlona—. Si me gustara hacer apuestas, apostaría lo que fuera a que muy pronto _______ le dejará conducir tu todo terreno.

Talon intentó controlar la violenta furia que llevaba dentro. Que le corroía las entrañas, que le nublaba la mente y amenazaba su autocontrol y su capacidad de raciocinio.

Duncan Sykes.

No. No había pasado. _______ no había estado con ningún otro hombre. Nadie más la había tocado. Nadie se atrevería. Porque él lo habría sabido y lo habría matado.

Talon se deslizó en la noche con el mismo sigilo con el que había aparecido. Con rapidez, rodeó la casa y permaneció en las sombras hasta que llegó al cañón donde había dejado la Harley, a más de un kilómetro.

Era consciente de que Rory intentaría rastrearle, pero el joven no tenía la experiencia necesaria. Le había perdido la pista a los pocos segundos de que Nick hubiera salido.

Sin embargo, había otros ojos, unos ojos viejos y llenos de lágrimas que observaban cada una de sus pasos con orgullo, amor y regocijo.



No faltaba mucho para el amanecer, pero en vez de regresar al centro de operaciones para dormir unas horas e informar a Jordán, Talon condujo la Harley en dirección a su casa.

No se lo podía quitar de la cabeza. ¿______ estaba saliendo con alguien? ¿Se estaba acostando con su viejo amigo Duncan Sykes? Tenía que saberlo. Tema que verla con sus propios ojos, sentirla, saber que le pertenecía aunque supiera que no podía tenerla.

Habían pasado seis años. No podía volver a la vida. Nick Malone estaba muerto, no era más que un nombre del pasado. El hombre que él había sido y al que ______ había amado estaba muerto. ¿Habría encontrado a alguien con quien reemplazarle?

No quería ni pensarlo. Llevaba más de seis años sin las caricias de su esposa, sin oler su suave perfume. Y ni siquiera podía tomar a otra mujer; incluso odiaba la idea de hacerlo. Sus votos no se lo permitían. El alma de ______ lo retenía. Pero él no podía tenerla, y tampoco a ninguna otra. ¿Cómo podría vivir sabiendo que estaba en los brazos de otro hombre?

Tomó una calle lateral y detuvo la Harley bajo el refugio de los árboles, giró la llave de contacto, apagó el motor y comenzó a recorrer el corto trayecto que conducía a la parte trasera del que había sido su hogar; una casa de ladrillo de dos pisos en las afueras del pueblo. No había vecinos cerca que pudieran ver cómo entraba en los límites de la propiedad. Sólo iba a estar allí un minuto, se dijo a sí mismo mientras se movía bajo la tenue luz del amanecer, manteniéndose bajo el refugio de los árboles que bordeaban el patio trasero.

Casi había entrado en el patio cuando se detuvo en seco y se quedó petrificado ante la visión que apareció en el porche trasero.

Sintió como si le hubieran pegado un puñetazo en el estómago, haciéndole doblarse en dos. De inmediato, una violenta erección presionó contra sus vaqueros. Se le aceleró el ritmo cardíaco y la sangre fluyó por sus venas con una rapidez vertiginosa. Se quedó sin aliento y cerró los puños con tal fuerza que le dolieron los huesos de los dedos.

Clavó los ojos en la mujer, en la blanca camisa masculina que le caía hasta los muslos y que estaba abierta, revelando el sujetador y las bragas que llevaba puestos. Ella levantó una humeante taza de café mientras veía despuntar el alba, que iluminaba el patio, el porche y a ella misma con aquellos rayos dorados y violetas.

—______ —susurró.

Rory había notado su desliz. Siempre la había llamado _______ a menos que la desease. A menos que la necesidad de enterrarse en el aterciopelado y embriagador calor del cuerpo de su esposa fuera abrumadora. Y jamás había sido tan abrumadora como ahora.

Imaginó el olor de su perfume en el aire, una mezcla de madreselva y esencia femenina. Imaginó sentir contra la palma de su mano la calidez de su carne sedosa y vibrante abriéndose para él, mientras aquellos labios rosados susurraban su nombre.

Recordó cuántas veces —muchas, de hecho— la había poseído en el porche trasero de la casa. La había puesto a horcajadas sobre él mientras estaba sentado en el balancín o la había hecho inclinarse sobre la barandilla de hierro, penetrándola desde atrás.

Una dolorosa agonía le atravesó el pecho y se le clavó en el alma como los colmillos de un animal salvaje. Así era cómo él quería morderla. Quería agarrar su cuello entre los dientes y mantenerla sujeta bajo él como un animal. Quería poseerla y oír sus gritos pidiendo más.

Pero los gritos que la joven proferiría ahora serían muy diferentes, pensó. El hombre que era ahora, las ansias oscuras que lo invadían, la aterrorizaría.

Aun así, siguió mirándola. Observó cómo tomaba aquella primera taza de café, cómo un placer casi sensual inundaba su rostro cuando el líquido caliente traspasaba sus labios, y se permitió a sí mismo recordar aquella sensualidad que un día había sentido en su propia piel.

Recordó su forma de reírse y sus sonrisas. Cómo era tocarla, abrazarla, y tuvo que contener la necesidad de recordar los sueños que había compartido con ella. Los sueños que había tenido entonces. Sueños sencillos. Un perro y un niño. Quizá una piscina en el patio trasero.

Y ahora estaba allí, oculto entre las sombras, observando cómo su esposa alzaba su rostro demasiado sombrío hacia el amanecer. Incluso hubiera podido jurar que había escuchado cómo susurraba su nombre.

Sólo faltaban unas horas para volver a verla, pensó. Informaría a Jordán, se ducharía y después de vestirse iría al taller.

Al volver a Tejas con los demás miembros de la unidad de Operaciones Especiales, Talon se había dicho a sí mismo que haría el trabajo y se iría. Así de simple. Pero ahora, mientras miraba a su esposa, tuvo el presentimiento de que no sería tan sencillo como había pensado.

Ese día, regresaría a la vida de su mujer como otro hombre. Un hombre cuyos deseos eran tan oscuros, tan intensos, que a veces se quedaba paralizado. Un renegado. Un hombre sin alma. Volvería a ella. Pero no como Nick Malone, sino como Talon Blake. Y entraría en la vida de ______ como ella jamás hubiera imaginado que haría.
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 24th 2010, 15:10

Shocked Wow.. me encanto el caaap..!! Shocked Tienes q seguirlaa tienes q seguirlaa tienes q seguiirlaaaa..!!
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 26th 2010, 16:34



Capítulo 3

—Hola, _______. Mike Conrad acaba de llamar preguntando por su coche y ese condenado motor aún no está listo. Ya viene de camino y parece que ha bebido otra vez. Por cierto, hay un hombre esperándote en tu oficina. Rory llamó para decir que es su amigo y que lo contratáramos. Odio hablarle a tus piernas. ¿Por qué no sales de debajo de ese coche?

Las cosas no pintaban bien. Su recepcionista no parecía contento y sí muy irritado por las primeras llamadas del día. ______ alzó la mirada hacia las entrañas del vehículo en el que estaba trabajando. En su primera inspección había encontrado grasa, mugre y años de negligencia. Un reflejo de su propia vida, pensó con una mueca de disgusto.

— ¿Piensas contestarme hoy, _______? —Toby sonaba cada vez más irritado—. Mira, el tío del despacho parece un auténtico imbécil. Me temo que me arrancará la cabeza y jugará al béisbol con ella si no vas a hablar con él ya.

______ casi curvó los labios. Toby, con su larguirucho cuerpo, le recordaba a veces a Rory, el hermano de Nick, la primera vez que lo había visto. Y podía llegar a ser tan melodramático como su cuñado lo había sido.

Se agarró a la parte inferior del motor y se deslizó por el cemento hasta que liberó la cabeza y miró a Toby, el joven que había contratado para que se encargara de la oficina.

El muchacho, que se había recogido el pelo castaño claro en una coleta, tenía los ojos llenos de preocupación y el ceño fruncido.

Maldición, ella no tenía tiempo para eso.

—Le dije a Mike que su coche estaría listo mañana, no hoy. —_______ se incorporó sobre el estrecho carrito de plástico que utilizaba para meterse debajo de los coches cuando reparaba las averías. Apoyó los brazos en las rodillas y se quedó mirando por un momento a su empleado con exasperación.

—No vamos a contratar a nadie, y Rory llegará cuando llegue. Es todo lo que sé, así que ocúpate tú del resto. —-Se limpió los dedos negros en los vaqueros antes de apartarse los mechones sueltos de la cara y se tendió de nuevo sobre el carrito, decidida a poner a punto el sedán que los mecánicos habían olvidado decirle que tenían que entregar. Mike Conrad no era el único que le había confiado su vehículo.

—Ah, no, de eso nada. —Toby negó con la cabeza cuando ella comenzó a moverse—. De ninguna manera puedo ocuparme de ese tío, _______. Es el tipo de hombre con el que no me gustaría pelear. Esto no forma parte de mi trabajo, ¿sabes? Tendrás que encargarte tú de él.

Reticente, ______ volvió a salir de debajo del coche. Estaba furiosa por la impaciencia más que por la actitud de su empleado. Toby solía ser muy eficiente y sabía cómo lidiar con los clientes más intransigentes con una facilidad envidiable.

—Sólo tienes que decirle que vuelva mañana. Rory estará aquí... —Exasperada, agachó la cabeza cuando él comenzó a negar violentamente con la cabeza—. Genial.

Logró ponerse de pie y colocó el carrito contra la pared del taller. Luego cogió una toalla sucia e intentó limpiarse el aceite de las manos. Segundos después, lanzó el trapo al banco y atravesó el taller en dirección a la oficina.

No podían permitirse contratar a un nuevo mecánico por mucho que lo necesitara para mantener el taller al día. ______ era muy consciente de que estaba a punto de perderlo todo. Si no lograba arreglar el lío que había permitido que se produjera en aquellos tres primeros y horribles años después de la muerte de su marido, el banco se quedaría con el taller y la casa. Los beneficios que obtenía no eran suficientes para salvarlo todo.

No podía dejar que otros ocuparan la casa que Nick y ella habían compartido. Llevaba tres años intentando conservarla. No, no lo permitiría.

Dios, no podía perder aquel último vínculo con él. Era todo lo que le quedaba de su marido.

—Dile a Danny que quiero ese coche arreglado y fuera de aquí esta misma tarde —-le ordenó a Toby de camino a la oficina—. Y dile también que tenemos que terminar de arreglar el todoterreno de los Carlton esta tarde. Jennie necesita el coche para ir a trabajar y aún nos falta colocar algunas piezas. Hay que terminarlo y probarlo.

—Marchando. —Toby inclinó la cabeza antes de girarse y correr al otro lado del taller.

—Y no corras —masculló ella, sabiendo que él no acataría esa orden aunque la hubiera oído. Era como un perrito. Todo, piernas larguiruchas y energía nerviosa.

Ni siquiera le había preguntado cómo se llamaba el hombre que buscaba trabajo. Negó con la cabeza y se pasó la mano por el pelo antes de abrir bruscamente la puerta de la oficina y detenerse en seco.

Aquel hombre desprendía arrogancia. Tenía unos ojos color azul brumoso que quedaron grabados a fuego en el cerebro de _______; unos ojos que resplandecían en un rostro bronceado y anguloso, con pómulos planos, una nariz ligeramente torcida y labios sensuales aunque no muy gruesos. Una barba oscura y recortada le cubría la mandíbula y las mejillas y le hacía parecer peligroso. Llevaba el pelo negro retirado de la cara en una coleta.

______ sintió un escalofrío, una primitiva advertencia de peligro al clavar los ojos en él. Era alto y delgado, pero apostaría lo que fuera a que los músculos que ocultaban la chaqueta de cuero negra, la camiseta y los vaqueros, eran duros como el acero. Calzaba unas pesadas botas negras y cuando se puso en pie, la miró a través de unas sedosas y tupidas pestañas negras.

Lo primero que ______ pensó al verlo fue que aquel desconocido era un depredador. Atractivo, fibroso y peligroso, la clase de hombre que la joven había aprendido a evitar tras la muerte de su marido.

El se reclinó despreocupadamente contra el escritorio y apoyó las manos sobre la superficie mientras la examinaba como si ella fuese su presa. Por un momento, sólo un momento, ______ tuvo la impresión de que retrocedía en el tiempo, hasta aquel día en que había entrado en el taller con el coche sobrecalentado y los nervios hechos trizas porque llegaba tarde a una entrevista de trabajo. Hacía calor y ella había estado sudando bajo el sol de finales de verano, maldiciendo el viaje desde Georgia y el calor de Tejas, que parecía más intenso que de costumbre.

Ahora ella se encontraba en el lugar de Nick Malone, que entonces había sido el propietario del taller y más tarde su marido. Él la había recorrido lentamente con la mirada, con una sonrisa curvándole aquellos labios tan excitantes mientras sus ojos, unos brillantes y seductores ojos irlandeses, le habían robado el corazón.

Sintió que la boca se le quedaba seca. Le temblaron las manos y notó calambres en el estómago cuando le devolvió la mirada a aquel desconocido. No conocía a ese hombre, no quería conocerlo, pero por un instante, sólo un instante, todo su pasado volvió a ella. Una sensación agridulce y dolorosa de amor y pérdida, de todo lo que el destino le había negado.

—No tenemos vacantes. Por favor, váyase.

De acuerdo, eso había sido bastante grosero. Pero estaba muy ocupada y no necesitaba el dolor de cabeza que sabía que le provocaría ese hombre.

—Rory me aseguró que necesitaban un mecánico.

Oh, Dios, qué voz.

Era una voz profunda y áspera, casi gutural. Excitaba cada una de sus terminaciones nerviosas, provocando en ella una reacción sexual. Maldición, maldición, maldición. No necesita eso. No necesitaba que su cuerpo despertara ahora de su largo letargo. Y mucho menos que la excitara un hombre más peligroso y posiblemente más duro que cualquier otro que hubiera conocido.

Esa voz era fría y decidida, pero con un trasfondo oscuro y voraz. Jamás había oído algo así en la voz de su marido, jamás había visto esa mirada en sus ojos.

La joven bajó la vista lentamente y se obligó a fijar la mirada en el rostro masculino, cubierto por una barba y un bigote de dos días que ocultaban sus rasgos. ¿Tenía cicatrices?

No, no quería saberlo. No le importaba.

—Rory no está aquí —se obligó a decir, casi haciendo una mueca ante el sonido áspero de su propia voz—. Y aunque no fuera así, él no es el dueño del taller. Soy yo la que toma las decisiones. No tenemos vacantes.

El cambió de postura. Fascinada por aquel movimiento, ______ deslizó la mirada por los poderosos y delgados muslos cubiertos por los vaqueros, por los duros abdominales que destacaban bajo la camiseta de algodón, por las botas que ocultaban unos pies grandes; una buena base para un hombre que debía de medir uno noventa.

Al volver a mirarlo a la cara, observó que los ojos del hombre se habían desviado hacia las ventanas que daban a la gasolinera y el aparcamiento. Había varios coches aparcados bajo el ardiente sol del mediodía esperando para ser arreglados. La gasolinera, que parecía abandonada, estaba cerrada. El asfalto presentaba varias grietas y la hierba crecía por todos lados. Sí, el lugar no estaba en su mejor momento, pensó ignorando la frustración y el dolor. Pero lo hacía lo mejor que podía. Y estaba muchísimo mejor que hacía tres años, cuando se había visto obligada a salir del estupor en el que se había sumido para darse cuenta de que lo estaba perdiendo todo.

—Está haciendo un buen trabajo aquí, aunque, si quiere sobrevivir, necesita a alguien dispuesto a trabajar y que sepa sacar lo mejor de sus empleados. —Volvió a mirarla fijamente y aquellos ojos azules amenazaron con robarle el aliento de nuevo.

La voz masculina sonaba tranquila y razonable, pero aun así sintió que una oleada de furia la atravesaba. Cómo se atrevía aquel hombre a arruinar el frágil equilibrio que ella había encontrado en su vida, con aquellos ojos azules y esa voz áspera. ______ alzó la barbilla altivamente, odiándolo, odiando esos ojos y el cansancio que parecía inundarlos. Y se negó a dejar que le importara.

—Me van muy bien las cosas a mí sola, señor —le aseguró en tono burlón, mientras se erguía rígidamente—. Usted es un desconocido y...

—Señora, sólo estoy indicando un hecho.

Oh, Dios... ______ quería comenzar a gritarle por robarle la paz, por acabar con la frágil tranquilidad que finalmente había logrado alcanzar, por provocar aquella inexplicable respuesta en su interior.

—Necesito el trabajo, Rory me lo prometió —le dijo el desconocido esbozando una dura sonrisa—. Y él es su socio, ¿verdad? —Eso no importa —respondió ella—. Mire, señor... —Talon. Talon Blake.

Talon. Era un nombre irlandés. «Go síoraí, te amaré siempre». Por un momento, el deseo se apoderó de su mente y pensó en Nick.

Pero él no la había amado para siempre. La había dejado sola. La había dejado sobrevivir sin él durante seis desoladores años.

Y ahora, otro feroz irlandés se estaba colando en su vida, intentando tomar el control. Negó con la cabeza. No, ni hablar. Ningún hombre volvería a poseerla como lo había hecho su marido. Era imposible. No iba a permitirlo.

______ abrió los ojos e irguió la cabeza, sintiendo que la vieja furia la consumía de nuevo. Enderezó los hombros y alzó la barbilla con gesto desafiante.

—He dicho que no. Por favor, váyase. Debo terminar de arreglar un coche y no tengo tiempo que perder. —Giró sobre los talones y regresó al taller, conteniendo el doloroso vacío que le constreñía la garganta y le humedecía los ojos.

Terminaría por olvidarlo, no necesitaba que le recordaran unos ojos irlandeses, unos besos que le robaban el alma y unas promesas rotas.

Su marido se había ido. Estaba muerto, su cuerpo yacía en un ataúd del gobierno enterrado en un oscuro agujero. Había visto cómo lo cubrían con cada paletada de tierra que sellaba una realidad que ella se negaba a aceptar.

Dios, cuánto lo había amado. Su risa, su voz, su enorme cuerpo y su temperamento.

Se obligó a respirar a pesar de los recuerdos, a poner un pie delante del otro y a alejarse de aquel hombre que despertaba esos recuerdos en su interior.

—_______ Malone. —Una furiosa voz masculina interrumpió sus pensamientos y la obligó a detenerse cuando se dirigía al sedán en el que había estado trabajando minutos antes. Se volvió lentamente hacia las puertas abiertas del taller y contuvo una maldición.

Las señoras no soltaban maldiciones, se recordó a sí misma. No importaba cuánto las provocaran. Y la estaban provocando. Dios, ¿por qué no se había quedado en la cama esa mañana? Mike Conrad no se detenía ante nada. Había sido amigo de su marido, pero ahora era una pesada carga para ella.

—Mike, ahora mismo estaba trabajando en tu coche. —Levantó una mano para saludarlo mientras rezaba para que él no hubiera estado bebiendo—. Mañana lo tendrás a punto.

—Ese pequeño bastardo de Rory me dijo que estaría listo en dos semanas. —Mike entró en el taller, ignorando la señal que advertía a los clientes que permanecieran detrás de la deslucida línea amarilla—. Me dijisteis dos semanas, ni un día más.

______ se mordió la lengua y se recordó que no podía permitirse el lujo de enfurecerlo demasiado. Era el gerente del banco que poseía las letras del taller y de la casa, y la había amenazado más de una vez con que ejecutaría la hipoteca si dejaba de efectuar algún pago.

Llevaba el escaso cabello rubio muy corto, casi al cero. Tenía los ojos llorosos e inyectados en sangre por el alcohol, y la cara hinchada, enrojecida y retorcida por la furia. Genial. Necesitaba eso tanto como al enorme hombre que acababa de dejar plantado en su oficina hacía un instante.

—Hoy no estará listo. —La joven intentó hacer gala de una paciencia que no tenía. No podía enojarle; no mientras Mike pudiera ejecutar la hipoteca en cualquier momento. Además, había sido amigo de Nick.

Más o menos.

—Ni hablar —replicó él malhumorado. Su ancho rostro picado de viruela estaba totalmente rojo cuando se acercó a ella y el olor a alcohol la abofeteó en la cara—. Vas a terminar ahora con mi todoterreno, perra, o puedes irte despidiendo del negocio ¿me has oído? Nick no se sentiría demasiado orgulloso entonces de ese pequeño trasero que tienes. Este taller era su orgullo, todo por lo que luchó.

Definitivamente, Mike había bebido más de la cuenta. Nunca le había visto tan furioso.

—Nick está muerto —le recordó ella, luchando por mantener una calma que se había jurado no perder. Por alguna razón, Mike siempre parecía culparla de la muerte de su esposo—. Cómo se sentiría no viene al caso.

Se irguió en toda su estatura, aunque sabía que su metro sesenta y cinco no podía competir con el metro ochenta de Mike. Era grueso, había echado barriga con los años. El hombre que Nick había considerado una vez su amigo había dejado que la botella y los fracasos lo destruyeran con más rapidez de lo que el dolor de _______ casi había destruido el taller.

—Nick tendría que haberte dado una buena lección. Y debería haber dejado este lugar en manos responsables antes de permitir que lo mataran. —Las crueles palabras golpearon con fuerza en el corazón de ______, sin importar cuánto intentara ignorarlas—. Debería haber sabido que una rubia tonta como tú no sería capaz de sacar su negocio adelante.

Demonios. Odiaba tener que decirle a Toby que llamara al sheriff. Le harían multitud de preguntas y luego tendría que rellenar un montón de papeleo, y ella no tenía tiempo para esas tonterías.

—Pero no lo hizo, Mike. Y esta rubia tonta está intentando hacer todo lo que puede. —Fue consciente de que los mecánicos estaban congregándose detrás de ella y quiso gemir de frustración. No necesitaba eso—. Tendrás tu todoterreno a primera hora de la mañana. Me queda esta noche según el contrato, así que te lo entregaré a tiempo. —No podía permitirse no hacerlo.

Los enrojecidos ojos castaños de Mike la recorrieron de arriba debajo de una manera insultante.

—Si hay algo que tengo que reconocer es que Nick se casó con una puta de primera.

______ entrecerró los ojos y se envaró. Le rechinaron los dientes por el esfuerzo de contener una réplica. Las cosas ya serían lo suficientemente malas cuando comenzaran a correr los rumores. No necesitaba empeorarlas, se recordó a sí misma.

—Señor Conrad, la señora Malone ha dicho que mañana. —Toby se colocó al lado de ______, con la voz vibrando de cólera ante el insulto—. No estará listo hasta entonces.

La mirada de Mike se clavó en el joven al tiempo que sus labios se curvaban en una sonrisa sarcástica.

— ¿Tú también te la tiras, muchacho? Esta puta de primera necesita una buena poll... —Jamás terminó la frase, y no fue porque Toby se le echara encima.

Antes de que el muchacho pudiera recorrer el metro que los separaba, un oscuro borrón pasó ante ellos. Mike Conrad fue levantado en volandas y, literalmente, arrojado fuera del taller.

______ se quedó mirando asombrada cómo el desconocido al que había negado el empleo levantaba a Mike del asfalto, sólo para lanzarlo contra el BMW descapotable que el banquero había dejado en el aparcamiento.

Con el rostro convertido en una máscara de fría ira, Talon colocó una de sus enormes manos en el cuello de Mike y comenzó a apretar sin piedad.

—Deténgase. —______ se obligó a moverse, a correr hacia ellos, a agarrar con sus pequeñas manos la muñeca de Talon mientras miraba horrorizada aquellos ojos fríos y despiadados—. Va a matarlo. Es sólo un borracho. ¡Maldita sea, he dicho que se detenga!

La furia brillaba con intensidad en aquellas profundidades azules, haciendo que la promesa de la muerte ensombreciera el inusual color de esos ojos inmisericordes mientras apretaba los dedos, torciendo los labios en una terrible mueca de furia.

— ¿Ha perdido el juicio? —gritó ______ tirando de la gruesa muñeca, desesperada ahora que oía el jadeo estrangulado de Mike.

La joven miró al desconocido llena de ira y reconoció la promesa de muerte en los ojos masculinos cuando él bajó la mirada hacia Mike Conrad.

—Insúltela de nuevo —su voz era un sonido ronco y furioso mientras clavaba los ojos en los de Mike—, y lo mataré.

_______ sintió que la muñeca se relajaba y la oscura mirada del desconocido se enlazó con la suya. Un músculo le palpitaba en la mandíbula y tenía los labios apretados. Sus ojos llameaban cuando la miró por encima del hombro mientras soltaba a un Mike jadeante. Los ruidos que hizo el banquero al meterse en su BMW resonaron en el silencio del aparcamiento.

—Rory me dijo que el apartamento que hay encima del garaje está disponible. —Talon habló en un tono bajo y gutural—. Dejaré allí mis cosas y terminaré de poner a punto el todoterreno de este bastardo o le mataré ahora mismo. Usted decide.

______ negó con la cabeza, aturdida, mientras el BMW se ponía en marcha tras ella y las ruedas rechinaban al salir del aparcamiento. Estaba segura de que el desconocido llevaría a cabo su amenaza si no le daba el empleo.

—¿Por qué? —susurró la joven finalmente con voz ronca, al tiempo que intentaba encontrar sentido a todo aquello. ¿Por qué le pasaba eso? ¿Por qué en ese momento? ¿Por qué el destino había puesto en su camino a alguien que podía destruirla cuando finalmente empezaba a reconstruir su vida?

—Elija.

______ le soltó la muñeca, dándose cuenta de que todavía lo agarraba con una fuerza que ignoraba que poseía.

Se obligó a soltarlo aflojando los dedos uno a uno. No podía responderle, no podía escoger. Lo único que tenía claro en aquel instante era que mataría a Rory en cuanto lo viera.

Ignorando las caras conmocionadas y sorprendidas que la rodeaban, se giró y se encaminó lentamente de vuelta al taller. Tenía trabajo que hacer, y no podía, no debía dejar que aquello interfiriera.

No necesitaba eso.

Se tumbó en el carrito y lo hizo rodar bajo el coche que tema que terminar de arreglar. Unos ajustes más y estaría listo. Sólo sería un momento.

Cogió la llave inglesa del suelo de cemento y empezó a trabajar tratando de ignorar las lágrimas que le rodaban por las sienes y que le mojaban al pelo, tratando de ignorar el dolor que le oprimía el pecho y que le desgarraba el corazón.

Tenía trabajo que hacer. Cuando todos se hubieran ido, le pagaría a Talon Blake un día de sueldo y le diría que se fuera. No sería fácil. Necesitaba el dinero y tenía que pagar el recibo de la hipoteca la semana siguiente. Si no encontraba una solución, se vería obligada a vender parte de las joyas que su madre le había dejado para cubrir el pago.

Pero si de algo estaba segura era de que Talon tema que marcharse. No podía controlar la respuesta instantánea de su cuerpo ante él, ni la extraña y compleja ira que la inundaba cuando lo veía. Había algo en aquel hombre que le resultaba demasiado familiar y peligroso, y no podía permitirse tenerlo cerca. Había conseguido remover algo oculto en su interior. Le había hecho sentir algo más que la pena a la que se había resignado hacía tres años cuando había decidido dejar el luto. Algunas veces, como ahora, se arrepentía de ello.

______ no percibió el sollozo que le rasgó el pecho ante tales pensamientos, pero el hombre que se había detenido junto al coche sí que lo oyó. Lo oyó y lo odió.

Talon todavía sentía una violenta furia en sus entrañas, una furia que envolvía su mente en una neblina rojiza. Ver a Mike, oír las crueles palabras con las que había insultado a ______, le había hecho perder el juicio. Incluso ahora, quería matar al que había sido su amigo años atrás. Toda una vida de amistad se había esfumado en un segundo. Por lo que a Talon concernía, Mike estaba viviendo de prestado.

Bajó la mirada al suelo y la imagen de las piernas de ______, con los pies apoyados en el suelo y las rodillas dobladas contra el guardabarros del coche, le hizo sentir otra clase de furia.

Ella no debía de estar allí debajo. No importaba lo condenadamente sexy que estuviera con aquellos vaqueros manchados con el mismo aceite que le salpicaba la barbilla y la mejilla.

Se estaba matando a sí misma. Talon había observado las ojeras, el peso que había perdido, las oscuras profundidades de sus bellos ojos grises. Esa no era la mujer que había dejado. No había ni rastro de maquillaje en aquella cara tan sorprendentemente joven, y su cabello antaño rubio con mechas color miel tenía ahora una mezcla de oro bruñido y castaño claro. Ni siquiera había sabido que se lo teñía. ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta de que su esposa se teñía el pelo?

Aquello trajo a su mente el recuerdo del cuerpo desnudo de ______. Cuánto había amado él aquel cuerpo cálido y curvilíneo que se había amoldado al suyo a la perfección. Su suave monte de Venus había estado desprovisto de vello, así que no había sabido nunca cuál era su color natural.

Dios, ______ parecía muy joven. El maquillaje que había usado la había hecho parecer mayor y más experimentada. Sabía que tema dieciocho años cuando se casaron, pero ahora se daba cuenta de lo joven que había sido en realidad.

A los veintiséis años, sin los cosméticos que añadían madurez a su rostro, parecía todavía inocente. Pero él había visto el dolor, denso y oscuro, reflejado en sus ojos, en la línea apretada de sus labios y en la rigidez de sus hombros antes de que ella hubiera desaparecido debajo del coche.

Inspiró profundamente mientras los mecánicos lo miraban observar cómo ______ desaparecía bajo el coche. Teman expresiones cautelosas, entre aliviadas y preocupadas. No eran los mismos hombres que habían trabajado para él antes de que se marchara. Eran desconocidos, y los desconocidos siempre podían ser enemigos. Talon jamás olvidaría que sólo uno, el más joven, se había adelantado para proteger a ______ cuando todos los demás retrocedían.

—Ya no está sola —rugió, sabiendo que la furia volvía más áspera su voz—. Moved los culos y terminad el trabajo, o coged vuestras cosas y marchaos. Quiero que cada uno de los vehículos que hay en el taller esté arreglado antes de que os vayáis a casa esta noche, o al único que querré ver mañana será a éste. —Señaló a Toby con el dedo—. Y si no recuerdo mal, tu sitio está en la oficina.

Toby tragó saliva y sus oscuros ojos parpadearon indecisos al mirar hacia el lugar donde ______ había desaparecido. Era obvio que estaba más interesado en protegerla que en continuar con su trabajo.

—Vamos, muchacho —masculló Talon—, ya discutiremos los detalles más tarde. —Volvió la mirada hacia los demás hombres, observando cómo se movían con nerviosismo con las caras manchadas de aceite y las miradas cautelosas fijas en él.

—Elegid de una vez —les exigió—, y aseguraos de hacerlo bien.

No esperó a conocer sus reacciones. Se dirigió al fondo del taller caminando con seguridad hacia la mesa donde estaban las fichas de los coches, y cogió la primera. Había llegado el momento de ponerse a trabajar.

No se engañaba; después de que todos se hubieran ido, ______ dejaría que aquel temperamento suyo hiciera erupción. Sólo lo había visto en todo su apogeo una vez, cuando estaban casados. El día que él había cometido el error de decirle qué era lo que no podía hacer, la joven le había dejado bien claro qué era exactamente lo que ocurría cuando intentaba controlarla.

Ejercer el control era algo innato en los SEAL’s. Era parte de su esencia y de lo que los hacía tan eficientes. Así que no había sido de extrañar que una noche que ella había quedado con sus amigas para cenar e ir de copas, él le hubiera ordenado que no fuera. La quería en casa con él. Estaba excitado y deseaba poseer a su esposa. No quería que estuviera en un pub local con un montón de hombres codiciándola.

Pero ______ le había mirado en silencio durante un largo momento y después había seguido informándole de dónde estaría y cuándo regresaría a casa.

«Maldita sea, _______, debes quedarte en casa esta noche. Conmigo».

Apenas le había dado tiempo de esquivar el salero que le había lanzado a la cabeza. Y luego su pequeño y dulce ángel sureño de voz suave había estallado.

Enrojecida y furiosa, había procedido a dictarle las leyes que regirían su relación, antes de salir airada de la casa meneando su pequeño trasero como una gata enfurecida. El había terminado por ceder y le había dicho que pasara la noche con sus condenadas amigas. Que estaría bien sin ella.

A las dos de la madrugada, había registrado el pueblo hasta encontrar su coche aparcado frente a la casa de una de esas amigas. Había sacado de allí a su esposa, que había bebido de más, y después de meterla en el todoterreno, la había llevado a casa. Jamás volvió a cometer el mismo error.

Ahora, tras oír aquel sonido ahogado y sordo debajo del coche, emitido por la misma mujer, se preguntó si alguna vez había conocido bien a su esposa. Se dio cuenta de que existía una ______ que se había contenido ante él de la misma manera que él se había contenido ante ella.

No había tenido suficiente de ella antes de «morir». No la había tocado de todas las manera que había querido. De pronto se percató de que la oscuridad que siempre habitaba en él había estado buscando una vía de escape, y que ahora la había encontrado en su independiente y pequeña esposa. Una mujer que se merecía mucho más de lo que estaba a punto de conseguir.
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 26th 2010, 17:18

Waooo..!! Ame el caap..!! Graciaas por subiir..!! Sube cap prontoo..!! Very Happy.. Q pasara despues..?? Ahi Dios miio.. Mike se merecia 3 trompones y mas Nick debio de matarloo ..Wow, q mala sooy Shocked .. pero bueno.. solo digo la verda Razz.. Subee prontoo..!! Very Happy Razz
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 27th 2010, 15:43

Emmy'Chiang♥ escribió:
Waooo..!! Ame el caap..!! Graciaas por subiir..!! Sube cap prontoo..!! Very Happy.. Q pasara despues..?? Ahi Dios miio.. Mike se merecia 3 trompones y mas Nick debio de matarloo ..Wow, q mala sooy Shocked .. pero bueno.. solo digo la verda Razz.. Subee prontoo..!! Very Happy Razz

Si onbeee, pa' que se deje de M I E R D A Diaahhh.... ahi describen a Nick.. perdon Talon como a Jean Carlos Canela
Dios pero qe bueno esta Nick X cierto new reader study Siguelaaaaaaaaaaaaaaa esta muyyyy buenaaa.. y el prota tambn
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 27th 2010, 19:19

me encanta!!!
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 28th 2010, 18:54



Capítulo 4

Eran casi las siete de la tarde y el sol empezaba a hundirse tras las montañas cuando los mecánicos comenzaron a marcharse, mirando de reojo a Talon, como si les diera miedo dejar a su jefa a solas con él.

El sheriff no había aparecido, lo que quería decir que Mike no había presentado cargos. Todavía. Su todoterreno había sido entregado en el banco mientras él aún estaba allí, y si la suerte estaba de su lado, _______ no tendría que volver a tratar con aquel bastardo en mucho tiempo.

Talon Blake, por otra parte, era alguien con quien sí iba a tener que lidiar. La sangre le había bombeado con furia en las venas durante todo el día, dejándole los nervios a flor de piel y una sensación casi de excitación que se le clavaba en el pecho como si se tratara de unas afiladas garras.

Había trabajado duro y sin parar, y había conseguido que los demás hombres cumplieran con sus tareas más deprisa. Pero _______ no lo necesitaba allí. No le quería allí. No necesitaba que interfiriera en la estructurada y ordenada existencia que había logrado crear. No quería la excitación ni la tensión que sentía oprimiéndole las entrañas.

Los hombres que trabajaban para ella acabarían por aceptar sus órdenes o haría lo que había hecho durante los últimos tres años: despedirlos y buscar a otros que necesitaran el salario. Había despedido a tantos que uno más o menos no se notaría demasiado.

Toby se demoró todo lo que pudo, hasta que _______ no tuvo más remedio que sacarle a empujones por la puerta. Después cogió del escritorio la cartera con la recaudación del día, la metió en el bolso que se colgó al hombro y lanzó una mirada airada a Talon.

Allá iba. Él podía irse al infierno y ella volver a su monótona vida.

—Cuando veas a Rory, dile que quiero hablar con él de inmediato —le espetó—. Y si no viene trabajar mañana, que comience a buscarse otro empleo. Lo mismo que tú. No quiero tener a un maniático en mi taller atacando a mis clientes. —Levantó una mano cuando él comenzó a hablar—. Se lo merezcan o no.

Talon la miró con unos ojos enfurecidos y feroces, y una expresión que podría haber derretido las piedras.

La mirada masculina se desplazó por el cuerpo de _______ y ésta se sonrojó al percatarse de que sus pezones empezaban a endurecerse bajo la camisa y el sujetador. Sintió cómo la excitación ardía entre sus muslos, y lo odió. Odió sentir eso y odió a Talon por hacérselo sentir.

La joven desvió la mirada hacia el aparcamiento y casi hizo una mueca al ver el vehículo que se detenía en el camino. Se había olvidado de su cita. Duncan Sykes era agradable, seguro y de trato fácil. Tenía el pelo castaño oscuro, los ojos marrones y una sonrisa tranquila. No era peligroso. No tenía el poder de arrebatarle la cordura ni de acabar con su autocontrol.

—Estaré aquí por la mañana —le aseguró Talon apretando los labios ante el sonido de la puerta del coche de Duncan cerrándose—. Con Rory.

_______ sonrió ante la idea de tener una conversación con Rory. Oh, su cuñado se había metido en un buen lío.

—Hazlo —le dijo la joven suavemente mientras Duncan se acercaba a ellos con el ceño fruncido—. Y estate preparado para irte de la misma manera que has llegado. Has hecho que me retrase y no estoy lista para mi cita. Mereces que te despida sólo por eso.

_______ se forzó a sonreír al ver que Duncan abría la puerta y entraba. Por supuesto, no pudo evitar comparar a los dos hombres, aunque lo cierto era que no había comparación posible. Talon era más duro, más rudo, más excitante, vibrante y turbador de lo que Duncan sería jamás.

—Veo que no estás lista. —Duncan sonrió ampliamente. La diversión bailaba en sus ojos a pesar de la mirada de curiosidad que le dirigió al otro hombre—. ¿Por qué tenía el presentimiento de que te olvidarías de nuestra cita si algo te mantenía ocupada?

—Porque me conoces. —Ella le devolvió la sonrisa, consciente de que su alegría era más fingida de lo que le habría gustado.

La mirada de Duncan cayó de nuevo sobre Talon.

—¿Un nuevo empleado? —preguntó al tiempo que le tendía la mano como si no fuera un maníaco peligroso—. Me llamo Duncan Sykes. Soy el propietario de la tienda de electrónica del pueblo.

Un terrible presentimiento atravesó a _______ al ver la sonrisa de Talon, la mirada fría de sus ojos y el destello de dientes que advertía que no era tan amistoso como fingía ser.

—Talon Blake —se presentó.

—Encantado de conocerle. —Duncan inclinó la cabeza y luego se dirigió a _______—. Vamos a llegar tarde si no te arreglas pronto. ¿Quieres que cierre yo?

En realidad no.

—Ya está todo listo, sólo me queda echar el cerrojo a la puerta en cuando salgamos. —_______ se giró hacia Talon con los ojos entrecerrados y observó que él seguía sin apartar la mirada de Duncan—. Talon, tengo que cerrar.

Un destello de temor le recorrió la espina dorsal cuando él se volvió y centró la atención en ella. Tenía los ojos duros y fríos, los labios apretados y su expresión era demasiado calmada. Demasiado tranquila.

—Que tenga una buena noche —dijo en voz baja dirigiéndose exclusivamente a ella, antes de abandonar la oficina y dirigirse hacia la Harley negra que estaba aparcada junto al taller.

_______ apenas se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento hasta que lo soltó silenciosamente y se volvió hacia Duncan.

—Tendrás que tomarte una copa de vino y esperar a que me arregle. Hoy no he tenido tiempo para nada.

—Por ti vale la pena esperar —afirmó Duncan mientras salían de la oficina y ella cerraba las puertas—. Además, ya hemos salido bastantes veces, ________, sé a qué hora tengo que hacer las reservas para cenar.

La joven hizo una mueca. Siempre llegaba tarde. Jamás había hecho esperar a nadie hasta la muerte de su marido. Parecía como si a partir de entonces se pasara la vida llegando tarde a todos lados. Como si de alguna manera intentara retroceder en el tiempo en vez de seguir adelante.

Al deslizarse en el asiento del copiloto del coche de Duncan para volver a casa, no pudo evitar notar que Talon aún seguía allí. Estaba agachado al lado de la Harley, manipulando alguna pieza sin importancia, sin duda para curiosear, porque su mirada estaba clavada en ellos.

—Supongo que fue Rory quien lo contrató —comentó Duncan al rebasar a la Harley.

—Supones bien —-respondió _______ dejando escapar un suspiro.

Rory solía contratar vagabundos, que, por suerte, no duraban demasiado en el trabajo. Sin embargo, esta vez, ella tenía el presentimiento de que iba a tener problemas con Talon.

No hablaron nada más hasta que se detuvieron delante de la casa.

—Vamos. —________ salió rápidamente del coche con las llaves de la casa en la mano—. Ya sabes dónde está el vino, entra y sírvete una copa, estaré abajo en media hora.

Abrió la puerta y se dirigió a toda prisa hacia las escaleras.

—Te voy a cronometrar —dijo él, riéndose—. Veinte dólares a que tardas una hora.

—Hecho. —________ le brindó una rápida sonrisa y agachó la cabeza; estaba segura de que la sonrisa no le llegaba los ojos.

No podía evitar la sensación de que, de alguna forma, le estaba siendo infiel a un marido muerto hacía más de seis años. Había estado luchando contra esa sensación desde hacía un año, desde la primera cita con Duncan; la primera vez que se había prometido a sí misma que iba a conseguir superar la muerte de Nick.

Cada vez que Duncan y ella salían de la casa que había compartido con su esposo, se sentía intranquila y con el estómago revuelto. Como si estuviera engañando al hombre que amaba. Al hombre que la había amado.

Era una locura. Tenía que recordarse todos los días que Nick hubiera querido que fuera feliz, que no estaba mirándola fijamente desde el cielo, dolido y enojado porque ella le había dado la espalda a todo lo que habían compartido.

Y no le había dado la espalda, se dijo a sí misma mientras se metía en la ducha. El había sido un guerrero que no había regresado a casa. Ahora estaba muerto. Se había ido y ella todavía estaba viva, ¿verdad?

Talon debería estar asistiendo a una reunión informativa del grupo de operaciones. Pero en vez de eso, se encontraba bajo los árboles que bordeaban la propiedad que había compartido con _______, con unos binoculares militares en las manos y los ojos fijos en la casa.

No importaba cuánto se hubiera quejado él cuando estaban casados, _______ aún seguía dejando las persianas y las cortinas abiertas durante la noche. Y ahora también estaban abiertas.

Duncan Sykes, mal*&t0 fuera, estaba en la cocina abriendo una botella de vino. Talon apretó los labios. Ese seguía siendo su vino, sin importar que oficialmente estuviera muerto. Se había pasado muchos años coleccionando vinos, pero rara vez había abierto una botella; le gustaba observar cómo iba creciendo su pequeña colección en la bodega del sótano.

Y ahora, aquel hijo de perra estaba abriendo una de sus mejores botellas y sirviéndose una copa. Por Dios, mataría a ese bastardo si lo atrapaba en su cama con su esposa.

Respiró hondo. No era asunto suyo, se recordó a sí mismo.

Demonios, claro que lo era. Sintió cómo la rabia le nublaba la mente y cómo el control que había logrado mantener a raya durante los últimos años comenzaba a resquebrajarse. Si veía cómo Duncan la tocaba, no sería capaz de controlar la ira.

Talon era consciente de la presencia de Rory tras él. Lo había acompañado siguiendo la orden que le había dado después de haberlo llamado desde el taller. Su hermano no parecía feliz. Y eso era condenadamente malo, porque Talon también estaba muy lejos de sentirse «feliz».

—¿Desde cuándo dura toda esta mier$&? —escupió sin mirar a Rory, con los ojos aún fijos en la casa.

—¿Qué mier$&? —le preguntó su hermano lanzándole una mirada cautelosa.

Talon señaló la casa con la mano.

—Lo de Sykes.

—Más o menos un año. —Rory se sentó a los pies de un árbol y bostezó con despreocupación. Talon bajó la mirada hacia él. —¿Por qué no lo detuviste?

Rory lo miró con sorpresa antes de rascarse la mejilla con aire reflexivo.

—Demonios, pues seguramente porque es el único de los hombres con los que ________ salió que me cae bien. Talon apretó los dientes. —¿Con cuántos ha salido?

Otros hombres. No sólo uno. Había otros hombres que habían salido con su esposa. Que habían visto su sonrisa. Que habían sentido deseo por ella. No quería imaginar a ninguno de ellos tocándola, porque si lo hacía los buscaría y los mataría.

—Algunos. —Rory se encogió de hombros como si aquello no tuviera mayor importancia—. Jamás duran demasiado. Algunas citas aquí y allá. Luego ________ acaba sintiéndose culpable, se vuelve a poner la alianza un tiempo y se encierra en casa cuando no está trabajando antes de obligarse a volver a intentarlo. Sin embargo, lleva más de un año sin utilizar la alianza.

Rory cogió una brizna de hierba mientras Talon volvía a observar la casa.

Sykes estaba todavía en la cocina, rebuscando en los cajones. El muy bastardo cogió una taza de un gancho y se encaminó a la ventana para observar el taller colina abajo. Había una mirada de orgullo en la cara de Sykes, como si estuviera imaginando de qué manera iba a cambiar la vida de ________.

Bueno, Talon le conocía bastante bien. Duncan ocultaba su voluntad de hierro a la mayoría de la gente, y no era ningún estúpido. Si llevaba un año saliendo con ________, es que iba en serio. Tenía intención de poseer todo lo que Talon había poseído una vez, cuando era Nick Malone.

—Tú la abandonaste —le recordó Rory con un atisbo de cólera—. No tendría que importarte que se hubiera acostado con la mitad del pueblo.

Talon no dijo nada porque su hermano tenía razón. La había dejado. Había aceptado aquella maldita misión sabiendo que podía morir. Así había sido y no había regresado.

—¿Qué ocurrió con Grant? —le preguntó a Rory—. Intentó hacerse con el taller y la casa en vez de cuidar de ella tal y como me prometió que haría si me pasaba algo. ¿Por qué lo hizo?

—Supongo que por la misma razón que le impulsó a quedarse con las propiedades del abuelo. —Rory soltó un suspiro—. Porque es así. El abuelo todavía lo disculpa. Piensa que Grant hizo lo que creía más conveniente para protegerla. Dice que hay matices.

Los matices grises de los que le había hablado hacía casi una vida. Según él nada era lo que parecía. Pero en el caso de Grant, Talon no podía ver otra cosa que no fuera puro egoísmo.

—¿Y Mike Conrad?

Rory resopló.

—Es un cerdo. Está furioso porque _______ no quiere acostarse con él ni venderle el taller. Parece que ansia ambas cosas. Estuvo detrás de ella durante más de un año hasta _______ que tuvo que amenazarlo con demandarle por acoso. Luego comenzó a ponerse más violento. Al parecer deseaba más el taller que a ella. Intentó poner al pueblo en su contra, pero no le salió bien. Tú tenías muchos amigos. En cuanto ________ se convenció de que no merecía la pena pasarse la vida llorando por un hombre que nunca regresaría a casa, se entregó por completo al negocio y trató de sacarlo adelante. Ahora es cuando mejor le van las cosas.

—Deja de provocarme, Rory, o acabarás sin poder andar durante un tiempo.

Su hermano bufó y, después de guardar silencio un buen rato, añadió:

—El abuelo ha visitado hoy tu tumba. Por lo general suele acercarse a la de la abuela y habla con ella. Sin embargo, hoy se acercó a tu lápida y se quedó allí de pie, mirándola.

Talon no quería oír aquello. Reprimió la furia y el dolor que habitaba en lo más profundo de su alma y continuó observando cómo Duncan se paseaba por la cocina.

—Siempre noté algo extraño en el abuelo, pero no me había dado cuenta de qué era hasta ahora.

—Que nunca lloró mi pérdida —terminó Talon por él.

Demonios, Jordán y él deberían haber imaginado que no podrían engañar al anciano. El abuelo siempre parecía saber todo lo que ocurría.

—Exacto —asintió Rory—. Ni una sola vez. No como _______. Hubo un tiempo en que solía quedarme a dormir en tu casa. Ella me despertaba por las noches gritando tu nombre, jurando que tenía sangre en las manos, que estabas herido. Rogándome que te salvara. —Se puso en pie de un salto—. A la mier$& con todo, me voy a casa.

—_______ tenía razón.

Sintió que Rory se detenía.

—¿En qué? —preguntó con cautela su hermano.

—En todo. Yo estaba herido, Rory. Al borde de la muerte. Cuando me rescataron apenas me quedaba un hálito de vida.

Observó cómo _______ entraba en la cocina y le sonreía a Duncan. Éste se terminó la copa de vino, la besó en la mejilla y se dirigieron a la puerta. El muy cerdo apoyaba la mano en el hueco de la espalda de _______ para guiarla. Maldición, Talon iba a tener que matarlo.

Se apartó los binoculares de la cara y clavó los ojos en la casa durante varios minutos antes de volverse hacia Rory.

—El abuelo debería haberme llorado —masculló en voz baja—. Porque el hombre que yo era murió en una celda oculta en una maldita selva. El marido de _______, tu hermano. El hijo y el nieto. Todo eso murió en mi interior, Rory. No soy el hombre que era y jamás volveré a serlo.

Rory lo miró durante un buen rato.

—Eso no es cierto —dijo él finalmente—. No todo murió, Talon, créeme. Toda esa estúpida testosterona y ese arrogante orgullo posesivo que siempre le ocultaste a _______ todavía siguen ahí, a la espera. —Rory le dirigió una mirada desdeñosa—. La parte que sobrevivió es, simplemente, la mejor.

Talon curvó los labios. Quizá, de alguna manera, su hermano tuviera razón. Siempre había ocultado partes de sí mismo a aquellos a quienes amaba, pero Rory era un Malone, y conocía aquella parte de él que Nick siempre había contenido. Hasta ahora. Aquella oscuridad de su corazón, aquella arrogante necesidad de dominar y aquella voluntad de hierro, ya no podían ser disimuladas. Nick había sido civilizado; Talon, no.

—Síguelos —le ordenó a Rory.

—¿Qué? —exclamó su hermano con los ojos brillando de indignación—. ¿Qué quieres, que _______ me mate o algo así?

—¿Prefieres que te mate yo? —Talon se cernió sobre él, hablándole en un tono ronco y exigente—. ¿Quién crees que puede hacerte más daño?

Lo cierto era que nunca le haría daño. Demonios, Rory era su hermano pequeño. Casi no podía contener la sonrisa al ver el hombre en el que se había convertido. Sentía afecto por él. Apego. A pesar de que Talon llevaba años sin sentir ningún tipo de emoción, ahora se sentía embargado por ellas. Emociones que le dejaban sin control, que convertían en polvo los años que había dejado atrás.

Rory negó con la cabeza, apoyó las manos en las caderas y levantó la mirada al cielo.

—Rezo. Voy a misa. Incluso respeto a mis mayores y ayudo a las viejecitas a cruzar la calle. ¿Qué demonios he hecho para merecer esto?

Talon palmeó el hombro del joven.

—Respiras, Rory. Recuérdalo. Cuando los Malone respiran, el mundo tiembla. Siempre ha sido así. Es nuestro destino. —Olvídalo. —Rory hizo una mueca—. ________ me mataría. —Pero si te mato yo —gruñó Talon—, te dolerá más. Rory le lanzó una mirada torva.

—No sabes lo que dices. ¿Estás seguro de que conoces bien a ________? —Sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa. Talon recordaba esa sonrisa. Una sonrisa que él había poseído una vez y que no presagiaba nada bueno—. Estás a punto de llevarte una gran sorpresa.



Jordán observó cómo Talon entraba en la sala de reuniones. Llegaba casi con media hora de retraso y la expresión de su mirada hizo que Jordán entrecerrara los ojos.

Salvaje. Peligrosa. Como un felino de la selva moviéndose sigilosamente, consciente de su naturaleza depredadora. Ya no era un tiburón de sangre fría. Incluso sus ojos habían perdido su frialdad, aunque jamás volverían a tener el azul de los Malone; la cirugía láser había convertido aquel azul zafiro —el color de los ojos de Jordán y de Rory— en un azul brumoso.

Esos ojos habían sido duros y fríos durante cinco años. Hasta esa noche. Esa noche, cuando Talon se detuvo delante de él y lo miró, eran salvajes y feroces.

—Tenemos que hablar. —Había un matiz de violencia en su voz, como el gruñido de un animal, que hizo que Jordán arqueara una ceja.

—Ey, Wildman —lo saludó Tehya llamando a Talon por su nombre en clave y dándole una palmada en el trasero.

Jordán se esperaba aquel gesto por parte de la mujer, pero no se esperaba la reacción de Talon. Tehya llevaba años palmeándole el culo a Talon con la intención de cabrear a Jordán, y Talon siempre la ignoraba. Sin embargo, esta vez le agarró la muñeca con cuidado y la miró fijamente.

—No vuelvas hacer eso —le ordenó con suavidad; la suficiente suavidad para que Jordán se pusiera lentamente en pie.

La sonrisa descarada de Tehya bastaba para conseguir que un hombre rechinara los dientes.

—Oh, cuánta testosterona. —La joven fingió un escalofrío—. Vaya, Talon, no irás a decirme que has sido reclamado por una mujer o algo por el estilo.

Algo por estilo. Jordán volvió a sentarse mientras la desvergonzada mujer dejaba un montón de dossieres sobre la mesa, dándoles la espalda.

—Los demás llegarán en unos minutos. Ian y Kira también se han retrasado.

Cuando Tehya salió de la sala de reuniones, Talon se giró para cerrar la puerta con llave mientras su tío se reclinaba en la silla, apoyaba los codos en los reposabrazos y juntaba los dedos delante de él.

—¿Ocurre algo? —preguntó Jordán.

Talon se giró lentamente y clavó una furiosa mirada en él.

—Sabías que _______ estaba saliendo con alguien —le acusó con violencia.

Jordán contuvo una sonrisa y asintió con la cabeza.

—Estaba en el informe que te doy todos los meses. Ya sabes, el que tiras a la papelera después de preguntarme si está viva y a salvo.

Talon se acercó a él sintiendo que la furia palpitaba en su interior. Parecía estar rodeado por un aura de peligro.

—_______ está saliendo con alguien —rugió enseñando los dientes furiosamente.

Jordán se enderezó y le miró a los ojos sin titubear.

—¿Acaso es asunto tuyo? Nick Malone está muerto, Wildman. ¿Recuerdas?

Talon se estremeció. Se echó hacia atrás como si lo hubieran abofeteado y al instante su rostro volvió a adquirir una expresión inescrutable.

—Abre la puerta —le ordenó Jordán con serenidad—. Tenemos una reunión y una misión que cumplir. —Centró la atención por un momento en los documentos que Tehya le había llevado y luego levantó la cabeza para enfrentarse a aquella furiosa mirada azul—. Su marido la abandonó, Talon. ¿Acaso pensabas que guardaría luto para siempre?

Quizá una parte de él sí lo había creído así.

Talon tomó asiento lentamente, conteniendo las emociones y la furia. Llevaba años intentando dejar atrás el pasado, pero de alguna manera, en todos esos años, nunca había imaginado que _______ dejaría que otro hombre la tocara. Probablemente porque él nunca había sido capaz de tocar a otra mujer.

Se había entregado a ella. En corazón, cuerpo y alma. Todo lo que él era, todo lo que sería, pertenecía a aquella mujer.

El hombre que había resurgido de las cenizas del infierno no se parecía a Nick Malone en absoluto. Lo había sabido desde el día en que consiguió aclararse la mente, meses después del rescate. Ya no era la persona con la que _______ se había casado. Pero el hombre en que se había convertido reclamaba una parte de la vida de Nick. Talon Blake reclamaba a la esposa de Nick Malone.

Mientras los demás iban entrando en la sala, Talon miró fijamente a Jordán Malone. Se había obligado a olvidar que él era su tío. Que Rory era su hermano, que el abuelo había sido el pilar de su vida. Había olvidado a todos excepto a su esposa.

—Muy bien, esto es lo que tenemos. —Una vez que Tehya repartió los dossieres, se apagaron las luces e Ian y Kira Richards se pusieron de pie al lado del gran monitor de plasma que colgaba en la pared frente a la mesa de reuniones.

Cinco hombres, un americano, un ruso, un australiano, un israelí y un inglés, formaban la unidad de Operaciones Especiales, un comando marcado por el renacimiento y la muerte. Su símbolo era un sol negro y una espada color escarlata. Todos habían «muerto». Habían entregado sus vidas a la unidad a cambio de poder vengarse.

Jordán e Ian comandaban el grupo. La unidad de Durango —Reno, Kell y Macey—, era su apoyo. Todos sabían quién era Talon, lo que había sido, lo que había abandonado.

—La milicia Black Collar. —Tras aquella frase, apareció la primera foto en el monitor.

—Fueron ellos quien mataron a Angelina Rodríguez, la esposa de un senador de Tejas de origen mexicano. Apareció con su marca en la cadera. —En la imagen podían verse las siglas «MBC» marcadas en la estrecha cadera—. Emilio Rodríguez dimitió de su puesto en el Senado cuando el cuerpo de su esposa fue encontrado con una nota que decía que sus hijas gemelas serían las siguientes. El FBI concluyó que la muerte había sido accidental, puesto que encontraron a la mujer en su coche, en el fondo de una cañada a la que había ido para hacer turismo, a las afueras de Odessa.

El monitor mostró más imágenes de Angelina Rodríguez. Había sido una mujer hermosa de largo pelo negro y ojos castaño oscuro. Pero su alegre sonrisa se había convertido en una mueca mortal.

—Aparte de su asesinato, tenemos una docena de cacerías y muertes —dijo Jordán.

De pronto aparecieron otras fotos; algunas de inmigrantes ilegales cuyos cuerpos habían sido encontrados a lo largo de Tejas y Nuevo México. Talon sabía que eran víctimas de cacerías humanas. La marca de la milicia Black Collar estaba grabada en nalgas y espaldas.

—Tres agentes del FBI murieron cuando investigaban una información que situaba la base de la milicia en Alpine. Dos hombres y una mujer —siguió Jordán—. Sus cuerpos han sido mutilados de tal manera que ha sido imposible reconocerlos. Les habían arrancado los dientes y los dedos y tuvieron que identificarlos mediante un análisis de ADN.

Las imágenes eran terribles. Los rostros habían sido quemados y mutilados hasta que los rasgos quedaron irreconocibles.

—La milicia Black Collar está dirigida por un grupo de supremacía blanca. De hecho, podría ser considerada como una organización terrorista —intervino Ian, adelantándoles más información—. Todo lo que sabemos está en los dossieres. Black Collar tiene su sede en Tejas, pero también se mueve por los estados limítrofes. Rodríguez ha sido la única figura pública contra la que han atentado, aunque también han ocurrido algunos incidentes en fábricas y empresas que emplean tanto a inmigrantes legales como ilegales. Los dueños han sido secuestrados y torturados, y sus familiares han sufrido diversos accidentes sospechosos, que a veces han terminado en muertes.

—¿Todavía no se ha identificado a ninguno de sus miembros? —preguntó Travis Caine, un antiguo miembro del servicio secreto británico. Sus ojos de color gris azulado se entrecerraron cuando miraron a Ian y luego a Jordán—. ¿No os parece un poco extraño?

—Todas las líneas de investigación que conducían a ellos han acabado en un caso cerrado o con los agentes muertos. Esta organización tiene al menos a uno de sus informantes bien situado en el gobierno, quizá a más.

—El apoyo público a las leyes contra la inmigración es cada vez mayor —señaló Nikolai Steele, antiguo miembro de las fuerzas especiales rusas.

—No tenemos nada salvo esto —masculló Jordán señalando la imagen de los agentes muertos—. Debemos detenerlos. Nuestro trabajo consistirá en identificar e interrogar al comandante del grupo ubicado en Alpine. Todas las pistas nos han conducido hasta aquí.

—Nuestro grupo cuenta entre sus miembros con un israelí, un inmigrante irlandés y un ruso —dijo Talon—. En teoría, somos un blanco interesante.

—Este es uno de sus objetivos —dijo Jordán al tiempo que aparecía en la pantalla una imagen por satélite del taller que poseían _______ y Rory.

Talon miró la foto en silencio, consciente de que todas las miradas se centraban en él.

—Mantendremos a _______ al margen de todo esto —siseó.

—No es posible, Talon. —Jordán suspiró—. Su nombre está en la lista de Black Collar, lo sabes. El propio taller es un objetivo para ellos. Ha sido un negocio muy rentable durante los últimos meses y podrían utilizarlo como tapadera. En el último informe de los agentes muertos se aseguraba que «Servicios y Reparaciones Malone», propiedad de Rory y _______ Malone, era un objetivo. En el informe se hacía constar que los planes eran o casar a _______ Malone con una de las figuras prominentes de la organización o matarlos tanto a ella como a Rory. No podemos ignorar ese informe, igual que no podemos mantener a _______ Malone al margen de todo esto.

—¿Por qué ese interés en una gasolinera? —Fue el ex-miembro del Mossad israelí, Micah Sloane, quien hizo la pregunta—. No es demasiado valiosa. ¿Por qué no abrir una propia y hacerle la competencia a la de los Malone?

—La de los Malone es una institución —contestó Talon—.

Fue fundada por Nick Malone, y la mayor parte de los habitantes del pueblo lo apreciaban y respetaban. Estaría por encima de cualquier sospecha de un grupo armado o blanqueo de dinero.

—Bingo. —Ian le dirigió una mirada fría—. Varios hombres de los que se sospecha que pertenecen a la MBC han intentado establecer relaciones con _______. Pero el único que parece haber conseguido algo es este hombre.

En la pantalla apareció de pronto una foto de Duncan Sykes.

—Duncan Sykes. Propietario de un próspero negocio de electrónica en el pueblo. Jamás contrata inmigrantes, ni legales ni ilegales. Se sabe que fue amigo íntimo de Nick Malone hasta su muerte. Sykes, igual que Mike Conrad, otro amigo de Malone, fue mencionado en el último informe. Debería añadir que dicho informe se esfumó de las oficinas de Washington DC. unos días después de la desaparición de los agentes.

—Estamos hablando de alguien con un cargo de alto nivel —señaló John Vincent, cuyo nombre en clave era Rastreador y que había formado parte de las fuerzas especiales australianas.

—Muy alto —convino Jordán—. Alpine es la base central, así que debemos neutralizarla, detener a los cabecillas y regresar a Washington. Esa es nuestra misión.

—Nik y yo cubriremos el taller —apuntó Talon, que aún seguía mirando la foto aérea del taller—. La información inicial es que dos de los mecánicos pertenecen a la Milicia Black Collar. Si los Malone son uno de sus objetivos y Sykes es uno de los dirigentes, será interesante ver cómo reacciona ante nuestra presencia.

Sykes iba a desaparecer. Talon se aseguraría de que _______ no continuara con aquella amistad.

—En la primera fase, sólo recabaremos información —les ordenó Jordán—. Volveremos a reunimos dentro de una semana, veremos lo que hemos conseguido y decidiremos cómo actuar. Travis empezará a dar clases en la universidad como profesor de historia inglesa. John, tú y Micah le cubriréis. Sólo tenéis que pasearos por ahí. Id a los bares, a los clubs de la universidad donde se suele reclutar gente, y no perdáis de vista a Travis.

Micah y John asintieron con la cabeza. Los dos eran excelentes sombras. Todos ellos, de hecho, pero Micah era el mejor.

—La unidad de Durango nos respaldará si nos encontramos en aprietos. Aparte de eso, estamos solos —les recordó Ian—. Tenemos sólo seis semanas para completar la misión, porque en ese tiempo ocurrirá esto.

La pantalla volvió a cambiar y mostró una carta. Sus palabras eran sencillas e iba directa al grano. Estaba dirigida al propietario de una empresa de Dallas que contrataba inmigrantes legales de todas las partes del mundo. El mensaje era claro. Tema seis semanas para asegurarse de que sólo tenía en plantilla a empleados que hubieran nacido en Estados Unidos, o tendría que atenerse a las consecuencias.

—¿Quién es el propietario de esa empresa? —preguntó Micah.

—Es uno de los mayores patrocinadores de Manos Amigas, una organización que promueve la armonía y las buenas relaciones internacionales. —Jordán sonrió irónicamente—. Chicos, saludad a uno de vuestros jefes.
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 28th 2010, 20:13

Siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaa...! esta super.. Talon.. x favor no me la pongas tan dificil SiGUELAAAAAAAAAAA esta muy buenaaa..

Yo no quiero que me maten.. Crying or Very sad

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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 28th 2010, 20:31

OMG..!! Me E N C A N T O el caaap..!! Shocked Tienes q seguiirlaa..!!!!! Sigueelaaa Sigueelaa sube cap prontoo..!!
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Octubre 29th 2010, 18:27

Suube caap prontoo..! Very Happy
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Noviembre 2nd 2010, 17:14



Capítulo 5

Tres días después, Talon entró en el taller y observó cómo _______ salía de debajo de uno de los coches que él había reparado. Estaba inspeccionando el trabajo realizado como si él no hubiera pasado casi toda su vida entre motores.

Como propietaria del taller, tenía derecho a revisar de arriba abajo cada vehículo que pasaba por las manos de su nuevo empleado.

Talon hizo una mueca mientras se guardaba una llave inglesa en el bolsillo trasero, volvió a mirarla por encima del hombro y abrió la puerta de la oficina.

Lo que vio allí hizo que se detuviera en seco.

—Disculpe —masculló antes de darse la vuelta para marcharse.

—Ah, usted es Talon Blake —dijo el abuelo Malone levantándose del asiento del escritorio donde había tenido acorralado a Rory—. No se vaya tan deprisa, hijo. He oído que tenemos algo en común.

Talon hizo una mueca y apretó los dientes; luego se giró y cerró la puerta tras él antes de enfrentarse al hombre que había sido la base de su existencia.

Su abuelo. Tenía más arrugas y no parecía tan alto, pero su cara morena todavía conseguía impresionarlo y sus ojos aún conservaban aquel brillante tono azul zafiro que ya no tenían los de Talon.

—¿Tenemos algo en común? —le preguntó, mirando de reojo la expresión asombrada de Rory.

—Somos irlandeses, hijo. —La sonrisa del abuelo dejó paralizado a Talon. Aquel viejo bastardo parecía saber quién era él en realidad—. Los dos somos irlandeses.

No podía negarlo. Se había preparado para mentir al anciano. Sabía que tarde o temprano se encontraría con él y que tendría que afrontar ese momento. Pero ahora que ese momento había llegado, simplemente no podía hacerlo. No podía mentirle.

—Eso parece —replicó Talon con cautela.

El abuelo volvió a sentarse y cambió de postura en el asiento. Su largo cuerpo estaba más débil que la última vez que Talon lo había visto, que había sabido algo de él. Ahora tenía el pelo completamente gris y apenas quedaba un indicio del negro que había lucido antaño.

—Rory, voy a salir un momento —dijo Talon intentando escabullirse.

—¿Huye? —La sonrisa del abuelo desapareció—. Los irlandeses no huyen.

Talon arqueó las cejas.

—¿Hay alguna razón por la que deba huir?

El abuelo le dirigió una mirada tan segura y sagaz que Talon volvió a mirar a Rory. Mataría a aquel pequeño gusano si le había dicho algo.

Rory negó sutilmente con la cabeza e hizo una mueca. Tal y como le había advertido a Talon, ocultarle todo aquello al abuelo era inútil.

—Tenía ganas de conocerlo. —El anciano se puso en pie y Rory también se levantó de su asiento—. Quería ver con mis propios ojos al mecánico que había alterado a mi niña. Nadie ha conseguido disgustarla tanto desde que su marido murió.

—Sí, ya había oído que murió —señaló Talon.

El abuelo asintió lentamente.

—Bueno, eso es lo que nos dijeron —masculló—, pero yo le dije a mi hijo que no podía ser cierto. Mi nieto era un SEAL, ¿sabe? Lo fue durante muchos años. —El abuelo negó con la cabeza y clavó la mirada en Talon—. Yo no me lo creí. Sin embargo... he acabado por cambiar de opinión.

Talon, Nick. Marido. Nieto. Hermano. Sintió todas aquellas partes de sí mismo ante aquel anciano que sabía la verdad sin que nadie se la hubiera dicho. Lo había decepcionado.

—Mi nieto era un héroe, ¿sabe? —le dijo el abuelo mientras se encaminaba a la puerta.

—Eso es lo que me ha dicho Rory —replicó él al fin con voz queda.

Su abuelo, venerable y entrañable, se detuvo otra vez y se quedó mirándole durante unos tensos segundos.

—Ese chico siempre hacía lo que tenía que hacer. Lo que era correcto. Lo más responsable. —Parpadeó para contener las lágrimas y Talon sintió una oleada de pena por él—. Murió —continuó el abuelo— antes de que pudiera decirle que sabía por qué dejó de luchar.

Sin más, salió de la oficina y Rory se apresuró a seguirlo. Talon había captado el mensaje, las palabras intencionadas, lo que había tras ellas.

¡Maldición! No necesitaba aquello.

—¿Se ha ido el abuelo? ¿Qué le has hecho? —_______ se acercó a él, le dirigió una mirada airada y luego siguió al abuelo y a Rory al aparcamiento.

Demonios, tampoco necesitaba eso.

—¡Abuelo! —lo llamó _______. El anciano se colocó tras el volante de su todoterreno y observó cómo se acercaba a él—. ¿Va todo bien?

El anciano le brindó una de sus sonrisas llenas de cariño, de afecto. _______ podía sentir su calidez envolviéndola mientras se acercaba al asiento del conductor y le daba un abrazo rápido.

—Ni siquiera te has pasado a despedirte.

El abuelo siempre lo hacía antes de irse.

—Sólo he venido a conocer a tu nuevo hombre —le respondió el anciano—. Los irlandeses debemos mantenernos unidos, ¿sabes?

—No es mi nuevo hombre —protestó ella—. Lo ha contratado Rory. —Fulminó con la mirada a su cuñado, porque éste se negaba a despedirlo.

Tres días antes se había enfrentado a él. Habían discutido agriamente, y ahora incluso hablaba de contratar a otro mecánico. Un rubio enorme que estaba segura que era amigo del arrogante bastardo que pretendía hacerse con el control de su taller.

Pero Rory seguía manteniéndose firme, negándose a dar marcha atrás. Era cierto que en los tres últimos días habían tenido más clientes, pero ella sospechaba que era sólo porque todos sentían curiosidad por el nuevo mecánico.

El abuelo se limitó a mirarla de aquella manera paciente y sabia, y luego le palmeó el hombro con su nudosa mano.

—Cualquiera de esos jóvenes irlandeses podrían calentarte la sangre por la noche —le dijo con un guiño travieso.

—Ya he tenido a un feroz joven irlandés —afirmó—. Nadie podrá reemplazarlo, abuelo.

Nick había sido su alma y seguía formando parte de su corazón. No podía dejar de comparar a los demás hombres con él. Por desgracia, se olvidaba de hacerlo cuando Talon rondaba por allí.

—Hazle caso al corazón, no a la cabeza, hija —le aconsejó el abuelo con suavidad. Siempre se lo había dicho—. Y ven a verme pronto, te echo de menos.

Ella dio un paso atrás cuando él cerró la puerta y permaneció allí unos segundos observando cómo se alejaba en el todoterreno.

—Rory, ¿qué es lo que te traes entre manos? —le preguntó a su cuñado una vez que el abuelo se incorporó al tráfico.

La expresión de Rory era de total inocencia y le recordaba demasiado a la de Nick cuando éste le había ocultado algo. La misma expresión, el mismo cuerpo ancho y fuerte.

—Ves demasiados fantasmas, ________ —suspiró.

—No vas a contratar a ese vikingo —le dijo ella.

Rory apretó los dientes con fuerza y sus ojos azules lanzaron chispas.

—¿Quieres que me vaya, ________? —la provocó. Ese indicio de cólera en su voz hizo que ________ entrecerrara los ojos.

—No, no quiero que te vayas —le respondió devolviéndole el ceño—. Sólo quiero que me consultes antes de hacer nada.

—¿Acaso tú me has consultado a mí alguna vez? —Rory puso los ojos en blanco—. Han pasado tres años, ________. Decidiste venir y asumir el control tres años después de que Nick muriera, y te dejé porque no sabía de qué demonios iba esto. Pero ya he aprendido y ha llegado el momento de que haga mi parte. Es evidente que los mecánicos que tenemos contratados no son eficientes.

En eso tenía razón, pero odiaba que se lo señalara.

—No me gusta Talon Blake. Despídele y contrata al vikingo. Luego discutiremos lo demás.

—Vamos, ________. —Su voz estaba ahora llena de frustración—. Talon no te gusta porque sabe lo que hay que hacer y porque no le importa decírtelo. Nadie lo ha hecho desde Nick y no lo soportas —la acusó.

_______ se estremeció, abrumada una vez más por la dolorosa realidad de la muerte de Nick. Todavía la sentía como una presión afilada y ardiente dentro del pecho.

—Nick jamás discutía conmigo —le espetó.

—No, no lo hacía —le dijo bruscamente—. Porque tú jamás le mostraste cómo eras en realidad ni lo que este mal*&t0 taller significaba para ti. Bueno, pues alguien lo sabe ahora. Págalo con él en vez de hacerlo conmigo.

Sin más, se alejó con las manos metidas en los bolsillos del mono mientras Talon salía por las puertas del taller.

Aquellos ojos azul brumoso estaban fijos en ella. Fibroso, voraz y poderoso, su cuerpo captaba la mirada de _______ cada vez que estaba cerca, le gustara a ella o no. Y, maldita sea, no le gustaba. No quería estar cerca de otro hombre peligroso. Pero tampoco quería a un hombre que siempre estuviera de acuerdo con ella. Por primera vez en los tres años desde que se había quitado la alianza su mente admitió lo que su corazón ya sabía. La seguridad no iba con ella. Duncan no era lo que buscaba. Sin embargo, por desgracia, Talon Blake sí. Quería aquella tensión sexual, aquel palpitar del corazón, aquella oleada de excitación. Algo que ella no había sentido con ningún otro hombre, salvo con su marido. Algo que le hacía daño, la encolerizaba, y aumentaba su animosidad contra aquel hombre.

Odiaba a Talon Blake desde lo más profundo de su corazón porque la estaba forzando a sentir cosas que sólo había sentido por su marido.

Y para _______, esa traición a los recuerdos de Nick era peor que cualquier otra cosa que pudiera haber hecho.

No podía quitárselo de la cabeza. Mientras el día seguía su curso, lidió con el ordenador de un vehículo que se negaba a cooperar, y aquel mal*&t0 hombre no parecía capaz de hacer otra cosa que atraer su mirada.

En un momento determinado, ella alzó la cabeza del interior del capó en que estaba trabajando para observar, fascinada, cómo él examinaba las entrañas de otro vehículo al tiempo que hacía girar lentamente una llave inglesa entre sus dedos.

El ceño fruncido de aquel rostro le resultó extrañamente familiar, al igual que la manera que él tenía de clavar la mirada en el motor mientras movía la herramienta entre los dedos, y consideraba lo que fuera que estuviera considerando.

Todo en él la excitaba. Con unos pantalones grises de trabajo y una camiseta de manga corta, mostraba una imagen de un hombre rudo y fornido a la que la joven no podía evitar reaccionar.

—Oye, Talon —le llamó Rory, interrumpiendo los pensamientos de _______—. Necesito que vengas un momento.

Talon se giró y miró con el ceño fruncido hacia la oficina.

—Ya voy —contestó antes de volver a concentrarse en el motor.

—¡Ahora! —La voz de Rory sonó brusca.

La expresión de Talon se volvió calmada y peligrosa, pero se metió la llave inglesa en el bolsillo trasero y se dirigió a la oficina. Parecía un depredador en busca de una presa.

La puerta se cerró silenciosamente tras él mientras Rory cerraba las persianas de las ventanas que daban al taller. _______ entrecerró los ojos, sacó un trapo sucio del bolsillo y se limpió las manos antes de dirigirse a la oficina. Agarró el picaporte de la puerta e intentó abrirla, pero se encontró con que estaba cerrada con llave.


¿Se habían encerrado en su oficina? Eso era el colmo. Podía sentir cómo la ira le enrojecía la cara cuando sacó bruscamente las llaves del bolsillo. Estaba a punto de meter una en la cerradura cuando la puerta se abrió de golpe.

—Cosas de hombres. —La amplia sonrisa de Rory era forzada, y en sus ojos brillaba más la preocupación que la cólera.

—Así que cosas de hombres. —Sonrió tensamente mientras entraba en la oficina para ver a Talon de pie ante el escritorio, con los brazos cruzados sobre el pecho y una dura miraba clavada en Rory—. ¿Qué ha hecho?

—_______ ¿podrías dejar, por favor, que me encargue yo de esto? —le pidió su cuñado con impaciencia—. De verdad, te lo prometo. Puedo ocuparme de algunas cosas yo solo.

Rory parecía cansado. Vale, puede que ella estuviera siendo un poco territorial con el taller, quizá demasiado. Pero durante años, había sido lo único que la había salvado de la locura. Rory lo sabía. ¿Por qué se comportaba ahora de esa manera?

—Sólo sentía curiosidad. —Metió las manos en los bolsillos y le dirigió a Talon lo que esperaba fuera una dulce sonrisa—. Sólo dime qué ha hecho y me iré. ¿Vas a despedirlo? ¿Puedo mirar cómo lo haces?

—Genial. —Rory no parecía feliz, y eso le resultó bastante extraño. La miró con cara de disgusto, cuando él jamás se enfadaba con ella. Y su sonrisa era forzada. Enseñaba todos los dientes. ¿Cuándo se había hecho mayor? Ya no era su hermanito—. ¡Te estaba mirando el culo! Y ahora encárgate tú del asunto.

Se giró y salió de la oficina dando un portazo, dejándola paralizada antes de que se diera la vuelta para enfrentarse a la mirada divertida de Talon.

—Está mintiendo —dijo ella.

Él sonrió ampliamente. Estaba encantado con la situación. Sin embargo, volvía a preguntarse qué había sucedido con la _______ que había conocido hacía ocho años. Jamás sacaba las uñas y nunca, bajo ningún concepto, se metía entre dos hombres que discutían.

—Realmente tienes un culo estupendo —le aseguró, sabiendo que la joven no se había tragado la explicación de Rory.

_______ entrecerró los ojos.

—¿No me irás a decir que Rory te ha despedido por eso? Talon se rió entre dientes.

—Tan sólo fue una advertencia. —Había cometido un desliz. Nick no estaba tan muerto como había creído; todavía tenía algunas costumbres demasiado arraigadas como, por ejemplo, la de girar esa condenada llave inglesa entre los dedos mientras miraba bajo el capó como si tratara descifrar algún enigma.

Ella bufó ante su respuesta.

—Cabréalo demasiado y lograré convencerlo para que te despida.

El sonrió en respuesta mientras se dirigía a la puerta. Antes de pasar junto a _______, se detuvo, inclinó la cabeza y le murmuró al oído:

—Yo también te sorprendí mirándome el culo. Quizá debería decírselo a Rory.

_______ le cogió del brazo cuando se movía para abrir la puerta, sosteniéndole la mirada con frialdad.

—Estás poniendo mi vida patas arriba —susurró—. Y no me gusta nada.

Talon se puso serio. Podía ver un indicio de dolor, de reconocimiento, en los ojos femeninos. Durante tres días habían estado rondándose el uno al otro como dos combatientes, acercándose y retirándose, intentando que fuera el otro quien iniciara el enfrentamiento que ambos sabían que estaba por venir.

—¿Cómo te estoy poniendo la vida patas arriba, _______? —Una vez, hacía mucho tiempo, lo habría sabido. Habría conocido a la mujer que tenía delante, y hubiera jurado que podría anticipar cada pensamiento y cada movimiento que ella hiciera. Sin embargo, por muy doloroso que le resultase, debía admitir que realmente había sabido muy poco de ella.

La esposa de Nick jamás habría entrado a la fuerza en la oficina. Demonios, jamás se le habría ocurrido intentar arreglar un coche, ni le habría hecho bajar la vista. La mujer que había pertenecido a Nick le había ocultado partes de sí misma, igual que Nick se las había ocultado a ella.

Aun así, la mujer que tenía delante iba a pertenecer a Talon.

—Crees que puedes dominarme ¿verdad? —le preguntó suavemente _______—. Que puedes entrar aquí y tomar todo lo que quieras.

Él entrecerró los ojos. Lo había pensado, sí. Aunque ella pronto le había desengañado de esa idea.

—Yo sólo necesito un trabajo. —Talon forzó una sonrisa y observó cómo la joven escrutaba su rostro.

—Lo que necesitas es tener el control sobre todo y sobre todos —afirmó alejándose de él y dirigiéndose al escritorio—. Tener a todos metidos en un puño, acatando tus normas.

Talon se giró y observó cómo se apoyaba contra el escritorio.

Llevaba el pelo recogido en una coleta y tenía la cara, el cuello y los vaqueros manchados de aceite. Y era la imagen más bella que él hubiera visto jamás. Toda una mujer, segura de sí misma, poseedora de una feminidad casi abrumadora. De pronto, una oleada de lujuria atravesó el control de Talon e hizo que se estremeciera de pies a cabeza.

—No voy a negar que te deseo —le dijo.

Ella agrandó los ojos.

—No te lo he preguntado.

—Estoy cansado de esquivar el tema —gruñó él—. Estamos jugando un juego que comienza a irritarme, _______.

Una sonrisa burlona curvó los labios femeninos.

—No te necesito, Talon. Por si no te has dado cuenta, tengo una relación estable. No necesito otra.

—No te acuestas con él —afirmó acercándose a ella.

La cólera iluminó las profundidades de los ojos grises.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque, ahora mismo, tienes los pezones duros —le espetó él, bajando la vista a las pequeñas cimas que se erguían orgullosa-mente contra la tela—. Porque estás haciendo todo lo que puedes para apartarte y acercarte a mí al mismo tiempo. Porque sientes la química que hay entre nosotros igual que yo.

_______ respiró hondo y deseó no haberlo hecho, porque debajo del olor a aceite estaba el olor a hombre. A sudor húmedo y lujurioso, poderoso. Aquellos penetrantes ojos, la tensión que llenaba su cuerpo, que la envolvía, le recordaba que hacía mucho tiempo que no estaba con un hombre. Desde la última vez que Nick la había tocado, se recordó a sí misma con desesperación.

—-No quiero hablar de eso. —Se apartó del escritorio y se dirigió a la puerta, sólo para encontrarse con un cuerpo mucho más grande que el suyo bloqueándole el camino.

—Ignorarlo no va a hacer que desaparezca —le aseguró Talon con suavidad, cogiéndola por los hombros y manteniéndola inmóvil.

—No tengo que ignorar algo que no va a ocurrir y que ni siquiera existe —replicó ella con aspereza, alzando la cabeza de golpe para enfrentarse a él.

—Va a ocurrir.

_______ se quedó quieta. Debería luchar contra Talon, correr, gritar o algo por el estilo. Cualquier cosa salvo permanecer allí parada, sintiendo cómo se le aflojaban las piernas mientras él bajaba la cabeza para acercar inexorablemente sus labios a los de ella, sin dejar de sostenerle la mirada un solo instante.

—No lo hagas —susurró la joven cuando sus labios estaban a un aliento de los de suyos—. No lo conviertas en una guerra.

—Ya es una guerra —sentenció él con aquella voz ronca y áspera. Extrañamente, ella percibió en ese momento las cicatrices que había bajo la barba—. Bésame, _______. Lo estás deseando. Los dos lo deseamos.

Estaba hablando contra sus labios y ella los separó involuntariamente. Sus manos se aferraron a la cintura masculina, mientras algo en su interior palpitaba con anhelo, con ansia.

—Ya basta. —Dio un paso atrás, pero él la atrajo hacia sí.

Antes de que _______ pudiera reaccionar, antes de que pudiera escapar, la inundó una oleada de placer.

Los labios de Talon se posaron sobre los suyos, cubriéndolos y separándolos hasta que ella se sintió perdida. El beso hizo que vibrara en lugares que no sabía que pudieran vibrar y se sintió invadida por una fuerza oscura, dominante y posesiva.

Al cabo de unos segundos, Talon la empujó contra la puerta, la alzó hacia su cuerpo y le introdujo la lengua en la boca mientras _______ oía su propio grito, mezcla de miedo y un abrumador placer.

—Esto es lo que quieres —la acusó levantando la cabeza de golpe, con la lujuria llameando en sus ojos y haciendo que la sangre ardiera en las venas de la joven—. Quieres esto, _______. Así de caliente y descontrolado. Ten cuidado, cariño, ten mucho cuidado, o puede que lo consigas antes de que estés preparada para ello.

La mirada de _______ se clavó en la de él con sorpresa. El placer la atravesaba; el oscuro poder de aquel beso dominante había despertado algo que ella no quería admitir. Algo para lo que no estaba preparada.

Se apartó lentamente.

—Dile a Rory que lo veré a la hora de cerrar.

—¿Huyes? —gruñó él cuando ella se giró, encaminándose hacia la puerta que daba al aparcamiento.

_______ se volvió hacia él y lo recorrió con la mirada, percatándose del grueso bulto en los pantalones, de la voracidad que brillaba en sus ojos.

—Mantente alejado de mí, Talon —le dijo en tono sombrío—. No te necesito. No te deseo. Todo lo que quiero es que te vayas.

Mentiras. No eran más que mentiras y ella las reconoció mientras salía de la oficina y recorría casi corriendo la distancia entre el taller y la casa de la colina. La casa que había compartido con el único hombre capaz de hacer lo que acababa de hacer Talon. El único hombre que había despertado un deseo que ella no podía controlar, que no podía combatir. Si no se alejaba de él ya, _______ sabía que se expondría de nuevo al dolor y a la pérdida. Talon no era de los que se quedaban. No era de los que amaban para siempre. No era su marido.
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Noviembre 2nd 2010, 17:40

Diios miio Talon... Rolling Eyes .. Ay Diios miio... pobre de mi.. me puso BURNING UP con tan solo unas palabras ahhahhah Razz Subee cap pronto lo esperare con ansiaaas..!! Razz Very Happy
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Yam3lTolentiinoC'
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Noviembre 3rd 2010, 10:18

Emmy'Chiang♥ escribió:
Diios miio Talon... Rolling Eyes .. Ay Diios miio... pobre de mi.. me puso BURNING UP con tan solo unas palabras ahhahhah Razz Subee cap pronto lo esperare con ansiaaas..!! Razz Very Happy

Miraaaaa... asi te queria agarra Tu te cree qe no te toy mirando eh? Ya tu quiere de vdd.. Jay.. mira yo se donde tu vive OITE?? asi que cuidaito contigo..


Dios mio pero que CAPITULO... En siendo baba se me salio la de mi vida enteraaaaa... Uuuff Se me entro una cosa medio rara leyendo ese cap..
Bueno, Talon y como no mirate el culo.. con esa retaguardia que tu tiene eh? Mira muxaxo no me tientes asi que no soy responsable de mis actos Rolling Eyes Cuando esas hormonas dicen x ahi voy.. Buenoooo.. lo demas es historiaaa.. Rolling Eyes

"—No voy a negar que te deseo —le dijo."
No voy a negar que yo tampoco, pero quien cuenta..

Oyeme pero ese abuelooo.. Uhh casi no sabe...

Buenooooo siguelaaaaaaa... que me encantaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Noviembre 3rd 2010, 12:54

Yam3lTolentiinoC' escribió:
Emmy'Chiang♥ escribió:
Diios miio Talon... Rolling Eyes .. Ay Diios miio... pobre de mi.. me puso BURNING UP con tan solo unas palabras ahhahhah Razz Subee cap pronto lo esperare con ansiaaas..!! Razz Very Happy

Miraaaaa... asi te queria agarra Tu te cree qe no te toy mirando eh? Ya tu quiere de vdd.. Jay.. mira yo se donde tu vive OITE?? asi que cuidaito contigo..


Dios mio pero que CAPITULO... En siendo baba se me salio la de mi vida enteraaaaa... Uuuff Se me entro una cosa medio rara leyendo ese cap..
Bueno, Talon y como no mirate el culo.. con esa retaguardia que tu tiene eh? Mira muxaxo no me tientes asi que no soy responsable de mis actos Rolling Eyes Cuando esas hormonas dicen x ahi voy.. Buenoooo.. lo demas es historiaaa.. Rolling Eyes

"—No voy a negar que te deseo —le dijo."
No voy a negar que yo tampoco, pero quien cuenta..

Oyeme pero ese abuelooo.. Uhh casi no sabe...

Buenooooo siguelaaaaaaa... que me encantaaaaaa

Rolling Eyes Bueeno loca.. tu no puedes negar q a ti te encanta ver la retaguardia ( por decirlo mas diplomatico) de MI TIGUERE..! Bobo! soo no me venga con tu cuento chino q yo soy china y me la se toa'' sii asimismo TOA'..! sarcasmo
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MensajeTema: Re: La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)   Hoy a las 23:12

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La Cara Oculta del Deseo (Nick y Tu)
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