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 Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...

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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Diciembre 9th 2010, 11:32

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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Diciembre 9th 2010, 21:59

aaaaaaaaww la nove esta buenisima!! el cap estuvo SUPER MEGA RECONTRA buenisimo!!!!

de verdad espero qe la continues pronto Sad
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Diciembre 10th 2010, 11:19

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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Diciembre 10th 2010, 11:41

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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Diciembre 15th 2010, 12:12

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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 2nd 2011, 17:23

Nueva lectora............... es imposible q no la hayas seguido es para morirse... q es lo q pasa???
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nikifriky
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 16th 2011, 18:32

Hey q es lo q pasa???
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 19th 2011, 08:04

chikas siento el abandono, pero ya regrese Very Happy
mii alex graciias x pasarte (:

Capítulo 2

Joseph Jonas curvó protectoramente su cuerpo sobre la pequeña forma femenina de ______ y utilizó la mesita de hierro para protegerla cuando sonó otro disparo. A su alrededor los clientes de la cafetería comenzaron a gritar y a correr despavoridos. Maldijo entre dientes mientras ella se estremecía violentamente bajo él.
¡Maldita sea! Tenía la venganza al alcance de su mano, y pasaba eso. No podría tirarse a la mujer de su enemigo hasta hacerla gritar su nombre si ella moría.
La furia lo invadió, pero que alguien estuviera frustrando su ven¬ganza no era la única razón de su ira. No, estaba absolutamente furioso de que algún gilipollas hubiera infundido tal pavor a esa pequeña pero vibrante mujer.
No iba a negar que había engañado a ______ para utilizarla, pero no pensaba hacerle daño. Todo lo contrario. Pensaba descubrir lo que la excitaba y así poder cumplir cada una de sus fantasías hasta que todo el cuerpo de ______ vibrara de satisfacción.
Hasta que a ella ya no le interesara Brandon Ross y abandonara a ese hijo de perra.
Sin embargo, el estúpido que empuñaba el arma tenía otras intenciones, como meterle una bala en la cabeza.
______ se volvió a estremecer. Contuvo un grito. Joe la estrechó con más fuerza, apretándola contra la mesita de hierro. Salvarla era algo instintivo. El peligro era su trabajo. Una necesidad. Brandon Ross le había traicionado tres años antes, y Joe pensaba devolverle la humi¬llación. Pero no estaba dispuesto a permitir que ______ muriese.
—Voy a ponerte a salvo —le susurró al oído.
El instinto le conminaba a sacar la pistola y devolver los disparos. Pero había demasiada gente alrededor como para correr el riesgo. Y le daría a ______ un susto de muerte.
Y ella ya estaba muerta de miedo, maldita sea. ______ sonreía ante la cámara para ganarse la vida, no esquivaba balas.
Cuando el camarero había llevado el sobre a la mesa y había observado cómo el color abandonaba la cara de ______, dejándola pálida como la tiza cuando los mustios pétalos de color rosa habían caído de sus manos, él había olido su miedo. Al captar el destello del sol en el cañón de un arma en el tejado de enfrente, Joe no había dudado acerca de lo que iba a ocurrir.
Odiaba no haberse equivocado.
Mirando la silla que ______ había ocupado momentos antes, ob¬servó los agujeros que habían dejado las implacables balas. Maldijo de nuevo.
Bajo él, ______ intentó incorporarse. Joe la detuvo.
—¡No te levantes!
—Tengo que irme. Huir, t-tengo que esconderme.
Una rápida mirada al tejado de enfrente le indicó que el tirador había desaparecido. O eso o estaba buscando una ubicación mejor aprove¬chando el caos. Lo que los convertía en unos blancos fáciles, por lo que debía sacar a ______ de esa área descubierta lo más rápido posible.
—Tengo que ponerte a salvo —insistió Joe, ayudando a ______ a ponerse en pie—. ¿Estás herida?
Ella se caló de nuevo el sombrero y se aseguró la bufanda que le cu¬bría el pelo.
—No.
—¡Entonces corramos!
Cogió su helada mano en la suya, cubriéndola por completo. Mal¬dición, era una mujer diminuta, mucho más pequeña de lo que un po¬deroso nombre como ______ hacía suponer.
Corriendo tanto como se lo permitían las piernas, Joe arrastró a ______ tras de sí, parapetándose detrás de las mesas que estaban patas arriba al oír más disparos. La condujo hacia la parte de atrás de la ca¬fetería, y la empujó para que doblara la esquina del edificio, urgiéndola sin palabras a continuar. Ella lo hizo, mientras se agarraba firmemente el sombrero con la otra mano. Joe miró con el ceño fruncido por en¬cima del hombro de ______. No había manera de saber si el tirador seguía entre la multitud, pero debía suponer que sí. Más valía prevenir que curar.
—¿Adonde vamos?
Joe no contestó; estaba demasiado ocupado improvisando un plan. En silencio, la condujo por las calles, metiéndose en los callejones. Se oyeron más disparos. Una bala le silbó junto a la oreja, y soltó una mal¬dición. Si ese hijo de perra le tocaba un solo pelo a ______, Joe iba a matarlo con sus propias manos.
Entraron en una tienda abarrotada, y casi chocaron contra una ancianita. Al echarse a un lado para que la ceñuda abuelita y su andador pudieran pasar, perdieron unos preciosos segundos.
Tan pronto como tuvieron vía libre, Joe volvió a tomar la pequeña mano de ______ y tiró con fuerza de ella, obligándola a correr de nuevo. Salieron por la parte trasera de la tienda a un callejón oscuro y estrecho. Gracias a Dios conocía aquel lugar como la palma de su mano.
Oyeron de nuevo una serie de disparos, esta vez desde la parte de¬lantera de la tienda por la que habían salido.
¡Maldición!
—Tenemos que seguir, cher.
Jadeante y sudorosa, ella simplemente asintió con la cabeza y ajustó su paso al de él.
Al final del callejón, llegaron a una puerta metálica pintada de negro y con unas letras rojas donde se podía leer Las Sirenas Sexys. Incluso con la puerta cerrada, se sentía la vibración de la música y del gentío en su interior... a pesar de que sólo eran las tres y pico de la tarde.
Por experiencia, Joe sabía que la puerta estaría cerrada con llave.
Levantando un puño, golpeó la puerta con todas sus fuerzas, sin importarle hacer una abolladura. Mientras esperaba, miró por encima del hombro para ver si los seguían.
Sonó un nuevo disparo, haciendo saltar esquirlas de los ladrillos a unos veinte centímetros del hombro de ______.
Lanzando una rápida mirada al callejón, maldijo entre dientes. Es¬taba lleno de cubos de basura y de suciedad, demasiados lugares para que se escondiera el tirador.
—¡Hijo de perra! —Golpeó ruidosamente la deteriorada superficie metálica otra vez—. Que alguien abra esta maldita puerta.
Por fin, una rubia oxigenada, conocida de Joe, abrió la puerta.
—Joe. ¿Qué diablos te pasa?
Él empujó a ______ al interior, y la siguió a un almacén atestado de latas vacías de cerveza.
—Hay un tirador acechándonos. Necesito tu ayuda.
Había un caballito de madera y una fusta justo al lado de la entrada. Al parecer, Angelique acababa de actuar.
Cerró la puerta de golpe y observó de nuevo el cuarto en penumbra iluminado por una única bombilla roja y decorado con pintura negra descascarillada. Una delgada puerta separaba ese área del escenario y de la retumbante música del club.
—¿Un tirador? Cielo Santo... ¿a quién has cabreado esta vez?
—Alyssa, ésta es ______ —gritó para hacerse oír por encima de la música—. Es presentadora de un programa en la televisión por cable...
—¡Eres ______ O'Malley! ¡Me encanta Provócame!
______, que se había quitado las gafas de sol, extendió la mano hacia Alyssa. Hum, ojos azules y enrojecidos, algunas pecas, piel blanca... no era el tipo de Brandon. Supuso que habría cambiado de gustos.
Joe habló entre dientes.
—Entonces acierto al suponer que te encantará ayudarme a mantenerla con vida el tiempo suficiente para que pueda hacer más progra¬mas. El tirador iba a por ella. —Joe se volvió hacia ______—. ______, ésta es Alyssa Devereaux, la dueña de Las Sirenas Sexys. El más famoso, o infame, según se mire, club de caballeros del sur de Lousiana.
La pequeña mujer de Brandon le dirigió una débil sonrisa, inten¬tando por todos los medios no clavar los ojos en el espeso maquillaje de Alyssa, ni en la falda indecente, ni en las botas de fulana. No había nada sutil en Alyssa. Aún se vestía como una stripper, aunque hacía años que no bailaba en público. Era capaz de succionar la polla de un hombre como si intentara tragarse el picaporte de una puerta. Tenía un vo¬cabulario peor que el suyo. Pero también tenía un gran corazón.
Alyssa haría uso de esa lengua viperina que tenía para arrancarle la piel de las pelotas si supiera que ______ no era un cliente sino un medio para vengarse. Y si bien regentaba un local donde las mujeres se quitaban la ropa para excitar a los hombres, no permitía que nadie se pasara de la raya con las chicas que estaban bajo su techo. Joe pla¬neaba pasarse de la raya en todos los sentidos.
—¿Por qué te disparaban? —Le preguntó Alyssa a ______ con el ceño fruncido.
—Esa es una buena pregunta —contestó Joe, lanzando a ______ una mirada implacable, una de esas miradas que esperaba que la per¬suadiera de decir la verdad. Aún no había tenido la oportunidad de es¬tablecer su autoridad. Ella no tenía motivos para confiar en él. Maldita sea, unas horas más, y habría conseguido llevársela a la cama, penetrar en su cuerpo, establecer su dominación. Había estado seguro de que ella iba a aceptar su ayuda con el programa. Tal y como estaban las cosas, ya no estaba seguro de nada.
No era así como había previsto la venganza.
—¿Joseph? —Ella pronunció su nombre con inseguridad, con una voz temblorosa.
No le gustaba nada oír el miedo y la cautela en su voz. Prefería un «señor» avergonzado de esa boca provocativa mientras se esforzaba en aparentar indiferencia.
Pero ya llegarían a eso, en cuanto hubiera solucionado toda esa mie&$a.
—______, ¿me vas a decir qué está pasando, cher?
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 19th 2011, 08:07

Capítulo 2 (Parte II)

—______, ¿me vas a decir qué está pasando, cher?
Su piel todavía estaba pálida, especialmente por el contraste con el abrigo oscuro y el sombrero, demasiado grandes para su pequeño cuerpo. Estaba muerta de miedo, pero aún así logró asentir con la ca¬beza. Joe soltó un suspiro de alivio.
—Hace aproximadamente tres meses, alguien comenzó a enviarme cartas con fotos mías en diferentes lugares, la mayoría de las veces en lugares públicos. Resultaba extraño, pero no amenazador. Hace unas cinco semanas, comenzó a mandarme fotos del interior de mi casa, tomadas a través de las ventanas. Incluso envió una que tomó desde el garaje mientras yo salía con el coche. Te aseguro que está enfadado. No sé por qué. Me vine a Houston para estar con un amigo y huir de él. —Suspiró profundamente y continuó—: Me siguió. No lo supe hasta ayer cuando recibí esto.
______ se abrió la cremallera del abrigo lo justo para sacar un sobre doblado de un enorme bolso que llevaba cruzado sobre el pecho. Se lo pasó a Joe con una mano temblorosa.
Con la tensión anudándole las entrañas, Joe lo abrió. Las fotos cayeron en sus manos. ______ en un aeropuerto, vestida con unos vaqueros de talle bajo, una camiseta enorme y el pelo oculto bajo una gorra de béisbol. Sólo reconoció su perfil, la terca barbilla, las pecas que le salpicaban la nariz y que le hacían preguntarse hasta dónde se extenderían. Le hacían sentir el alocado impulso de jugar a unirlas entre sí.
En la siguiente aparecía ella leyendo una revista sentada en el patio. La cara quedaba oculta por la revista. El sólo veía sus manos, la portada de People y las delicadas pecas que le salpicaban los brazos... y el naci¬miento de los pechos, casi visibles bajo la delgada tela de un top blanco, con unos pezones del color de las cerezas maduras que le hacían la boca agua.
Desde el mismo momento en que había oído los rumores de que era la novia de su antiguo camarada Brandon, se había sentido intrigado. Hablar con ella en el chat sólo había incrementado ese interés. La ______ de esas fotos, la ______ de carne y hueso, hinchaba su miembro. No podía esperar a tenerla atada en su cama rogándole que le permitiera correrse... cumpliendo así su venganza.
Pero había algo en ella. Algo que le resultaba sumamente familiar. Se sentía como si la conociera, como si la hubiera visto antes y no sólo en las fotos que había en la web de su programa. ¿Se habían encon¬trado en alguna ocasión? No, habría recordado a una mujer como ______. Había algo en ella... Ya lo averiguaría.
Consumido por una creciente lujuria, Joe cogió la última foto y se quedó paralizado. El siempre elegante Brandon Ross con un traje de diseño le daba la espalda a la cámara mientras se inclinaba para besar a ______. Joe podía ver sólo la mitad de las piernas femeninas des¬nudas bajo la seda verde y el encaje negro, y los brazos levemente pe¬cosos con que le rodeaba el cuello a Brandon. La imagen le contrajo el vientre.
Y la nota garabateada, con ese tono amenazador y posesivo no hizo nada para que se relajara.
La última foto, la de ______ en plan esposa despidiéndose de su marido antes de que él se marchara a la oficina, también confirmaba que ______ O'Malley era la mujer de Brandon Ross. Ella sería el pago que le cobraría a su viejo amigo por clavarle un puñal en la espalda. Tenía que mantener a ______ con vida y no delatarse al hacerlo.
—¿Este acosador te ha seguido desde L.A.? —le preguntó.
—Sí. —La voz todavía le temblaba.
Joe suspiró.
—Obsesionado y enfermo. No es una buena combinación. Está claro que es listo si puede sacarte estas fotos sin que tú te enteres. Y sabe manejar las armas. No creo que puedas salir de aquí ilesa, ______. Necesitas ayuda. Y yo te puedo ayudar.
Ella vaciló, luego habló con una voz sorprendentemente ronca.
—Me has salvado de esas balas que probablemente me habrían ma¬tado. No puedo pedirte que te arriesgues...
—No me lo has pedido, yo me he ofrecido. —Estaba claro que ese hijo de perra conocía la casa de Brandon, y ______ no parecía la clase de chica que supiera empuñar un arma ni parecía dominar técnicas de defensa personal. Era misión suya mantenerla con vida—. ______, yo soy guardaespaldas. No me quedaré quieto viendo cómo te matan cuando te puedo sacar de aquí de una pieza.
—¿Cuánto?
Jesús, alguien le había disparado y ¿aún quería hablar de dinero?
—Por cuenta de la casa.
La sorpresa la dejó boquiabierta.
—¿Por qué?
Él se encogió de hombros con despreocupación.
—Si te mata, tendré mis quince minutos de gloria.
Ella levantó esos enrojecidos ojos azules hacia él y le dirigió una mirada cínica.
—En serio. Está claro que no te interesa la fama.
Así que ella sospechaba que le interesaba otra cosa. Pero Joe toda¬vía quería que ella lo mirara con esos inocentes ojos azules mientras le insuflaba un poco de lógica. Podía estar loca y negar que necesitaba ayuda. Pero también entendería por qué lo hacía.
Él era un perfecto extraño... y no era lo único que la hacía vacilar. Apostaría todo su dinero en ello. Por lo poco que habían hablado antes de que apareciera el francotirador, se había dado cuenta de que ______ sentía interés por él. Y de que sentía curiosidad por sus incli¬naciones sexuales. Más curiosidad de la que mostraría alguien que sólo estuviera investigando para un programa de televisión. El reticente deseo de ______ lo excitaba como no lo había hecho nada en mucho tiempo.
—Eso no cambia el hecho de que me necesitas. El tirador sabe que ahora estás en el edificio. Así que no puedes salir. Yo puedo sacarte de aquí.
______ apretó los dientes. Joe observó cómo luchaba para no ne¬garse. No lo hizo, lo que probaba una vez más lo lista que era.
—¿Cómo?
—Te vestirás como Alyssa. Ella te proporcionará la ropa adecuada.
—Y también necesitará maquillarse —señaló Alyssa—. Yo no tengo pecas, Joe.
Una rápida mirada a ______ demostró que no llevaba ni rastro de cosméticos en su pálida cara.
—Sí, por supuesto. Hazlo.
—No. Esto no funcionará —protestó ______.
—¿Tienes una idea mejor, una que no termine contigo dentro de una caja de pino?
Mientras esperaba que ella admitiera la verdad, que no podía per¬mitirse el lujo de rechazar su ayuda, Joe observó a ______. De cerca, podía ver sus armónicos rasgos, la boca plena, un cutis de porcelana que estaba demasiado blanco por el miedo. Las cejas arqueadas tenían un color imperceptible bajo esa luz. Bajo ese cutis tan blanco, la bu¬fanda, el sombrero y el enorme abrigo, sospechaba que sería hermosa. El hijo del senador Ross no se conformaría con menos.
______ suspiró.
—No se me ocurre nada.
—Eso es lo que yo decía. Alyssa, llévala arriba y ponle algo ligero. ¿Tienes alguna peluca?
—Sí. —La rubia oxigenada asintió con la cabeza.
______ lo miró enfadada.
—Esto no va a funcionar.
—¿Por qué?
—Alyssa y yo no usamos la misma talla.
Joe las observó a las dos.
—Ella es más alta. Pero puedes ponerte unas botas de tacón de aguja para parecer más alta. ¿Qué número usas?
Ella pareció sorprendida ante la pregunta.
—Un treinta y siete.
Joe le dirigió a Alyssa una mirada inquisitiva.
—Ni lo sueñes —dijo la stripper—. Yo uso un treinta y nueve.
—Ya lo arreglaremos —dijo Joe—. Podemos rellenar la punta de las botas con papel higiénico o algo por estilo. Será poco tiempo.
—Ése no es el mayor problema. —______ centró la mirada en los atributos quirúrgicamente realzados de Alyssa que en ese momento pugnaban por no desbordar la parte superior de su bikini.
Joe volvió a pasear la mirada por la pequeña figura de ______. No podía ver lo que había debajo del abrigo, pero por las fotos que había visto sabía que debían de ser cien por cien naturales, no como el par de la copa E de Alyssa.
—Alyssa tiene habilidad para elegir la ropa que haría que cualquier mujer pudiera aparecer en el póster central de una revista masculina.
—¿Y luego qué? —______ se movió con nerviosismo, dirigiendo la mirada a la puerta con rapidez, como si esperara que su indeseado admirador pudiera atravesarla en cualquier momento.
—Tenemos que despistar a ese bastardo y llevarte a un lugar seguro.
—¿Y después?
—Nos ocuparemos de eso una vez que hayamos salido de aquí, ¿vale? Buscaré un lugar donde no pueda encontrarte hasta que poda¬mos dar con una solución para todo esto.
______ se mordió un labio y le dirigió una mirada ansiosa y caute¬losa. Quería aceptar, pero no confiaba por completo en él. Joe podía verlo en su cara. ______ vaciló, pero lo miró de frente como si lo es¬tuviera evaluando. Joe se preguntó si sabría algo de su pasado. ¿Le ha¬bría hablado Brandon de él?
—Puede que ese hijo de perra se haya estado saliendo con la suya hasta ahora, pero aún no se había topado con alguien como yo. ______, no voy a dejar que se acerque ni a cinco metros de ti.
Ella vaciló un poco más, luego asintió temblorosamente con la cabeza.
—Tú eres el profesional. Nos ocuparemos de lo demás más tarde, cuando salgamos de aquí.
Más tarde ella estaría desnuda, esposada y abierta, preparada para re¬cibir todo el placer que estaba impaciente por darle. Reprimiendo una sonrisa, le miró fijamente el hinchado labio inferior. Había algo en ella, incluso con esa horrible ropa, que despertaba su interés. ¿O quizá era la certeza de que pertenecía a Brandon?
No, era algo más. Bajo ese feo sombrero, la bufanda y el abrigo, estaba seguro de que se ocultaba una hermosa mujer, dulce e inocente, pero también sexy, provocativa y ardiente. Corromperla sería un placer. Se sintió todavía más excitado.
¿Quién iba a pensar que la venganza sería tan dulce... en todos los aspectos?
Rodeada por la música que resonaba tan fuerte como para hacer temblar las paredes, ______ siguió a Alyssa por las estrechas escaleras del club. Al parecer la rubia era la propietaria de Las Sirenas Sexys. ______ no podía imaginarse cómo alguien podría confundirla con una stripper, no importaba cuánto la maquillaran. Alyssa poseía una arraigada sexualidad que cualquier mujer desearía para sí... y que muy pocas poseían.
Aun así, ______ sabía que tenía que intentarlo, representar ese papel lo mejor que supiera hasta que pudiera salir de Lafayette y esca¬par del psicópata que la acechaba. La otra alternativa era la muerte.
Le gustara o no el Amo J, que al parecer se llamaba Joseph y era un ex¬traño, era su única esperanza de salvación.
Más con miradas que con palabras, Joe había dejado bien claro que no era un santo. Incluso ahora, ella podía sentir el calor de su mirada en la espalda. Contra su voluntad, lo miró por encima del hombro. Joe la miraba fijamente, con esos ojos casi negros, observándola subir las escaleras. Una sonrisa especulativa transformaba los cincelados rasgos de su cara.
No sabía nada de ese hombre, salvo que tenía ese tipo de belleza masculina que hacía que una mujer lo mirara dos veces y babeara des¬pués. Ah, y que por supuesto le gustaba mandar en la cama. Era difícil olvidarlo. Pero su sonrisa la ponía nerviosa. ¿Por qué parecía tan feliz alguien que acababa de escapar de un tiroteo?
Finalmente, Alyssa y ella llegaron arriba. La rubia la condujo hacia la puerta del final del pasillo, a una pequeña, pero sorprendentemente lujosa, suite.
La rubia cerró la puerta tras ellas, dejando afuera el fuerte ruido de la música. El suelo todavía vibraba bajo sus pies. El ritmo sexy reso¬naba a su alrededor, crudo y sugerente.
______ observó la habitación. En el centro, había una enorme cama sin hacer, y una lámpara de pie lanzaba una luz dorada sobre las blancas sábanas. La madera del suelo brillaba bajo sus pies. Las paredes, de un suave color crema, acentuaban las cortinas blancas que colgaban de una enorme ventana. Cuatro fotos con paisajes en blanco y negro colgaban sobre la cabecera de la cama.
—¿Esperabas un dormitorio de color rojo con una barra de stripper en el medio? —le preguntó Alyssa arqueando una ceja.
______ se sintió avergonzada. Se lo había preguntado.
—No sabía qué esperar. Esto es precioso.
Los rasgos de Alyssa se suavizaron.
—Es tranquilo. Venga, vamos a quitarte esas feas ropas.
Antes de que ______ pudiera pedir un poco de intimidad o una bata, Alyssa le estaba desabrochando el abrigo y sacándoselo por los hombros.
Lo lanzó sobre la cama. Como una madre que estuviera desvistiendo a su hijo pequeño, Alyssa agarró el bolso y la camiseta de flores. Antes de poder emitir una protesta, la stripper se los había sacado por la cabeza y lanzado al suelo.
—Si me indicas dónde está el baño, podría desvestirme...
Alyssa la ignoró y apretó el cierre delantero del sujetador blanco de encaje. Un leve tirón y fuera. ______ se quedó desnuda de la cintura para arriba ante una completa extraña.
Alyssa estudió los pechos de ______, sopesando uno de ellos en su mano.
—Tenemos material para trabajar.
______ se enderezó, resistiendo el impulso de correr y esconderse como cuando estaba en el vestuario de la escuela en séptimo grado.
—¿Qué haces?
—No tienes nada que no haya visto ya, cariño. Una noventa C. —Le echó otra mirada al resto del cuerpo y Alyssa añadió—. Usas la talla treinta y ocho, ¿no?
—¿Cómo lo has sabido?
Ella sonrió.
—Es mi trabajo. Termina de desnudarte y prepárate.
Alyssa desapareció por la puerta, cerrándola con suavidad. ______ la siguió con la mirada. ¿Qué se terminara de desnudar? Como si fuera tan fácil. Como si se desnudara todos los días delante de otras personas.
Jamás lo había hecho. Bueno, lo más probable era que Alyssa sí lo hiciera, así que no la cogería desprevenida. Y ______ se dio cuenta de que si quería salir de allí sin una bala en la cabeza, sería mejor que su¬perara con rapidez su recato.
Con un suspiro se quitó los vaqueros y las bragas blancas de algo¬dón, doblándolos pulcramente y colocándolos en el borde de la cama. Miró a su alrededor buscando una bata o una manta. Una toalla... cual¬quier cosa que sirviera para cubrirse. Nada. ______ no estaba acos¬tumbrada a pasearse desnuda. Aunque estaba claro que a Alyssa eso no le molestaba.
La rubia regresó con un sujetador negro de raso y un tanga a juego. Con los dientes arrancó las etiquetas, deslizó un par de rellenos de gel en el sujetador y se lo pasó a ______.
Antes de que ______ pudiera pedirle que la dejara sola, Alyssa des¬apareció de nuevo, esta vez en el cuarto de baño contiguo a la suite. Agradeciendo el respiro temporal de no sentir la mirada de la mujer, ______ se puso el tanga con dificultad. No era cómodo... ¿a quién le gustaba llevar una cuerda en el culo?, pero quedaba muy bien.
Alyssa salió del cuarto de baño llevando algunas ropas muy peque¬ñas y unas brillantes botas de tacón alto. La rubia se detuvo en el um¬bral, esperando. ______ la ignoró. En lugar de mirarla, observó con el ceño fruncido los rellenos de gel del sujetador. ¿Era eso la versión moderna del sujetador relleno con algodón?
Cuando ______ hizo una mueca, Alyssa se rió.
—Haz lo que quieras. Es la manera más rápida de conseguir un buen par de tetas. Con la ropa puesta, nadie nota la diferencia.
Soltando el aire que contenía, ______ se dio cuenta de que era cierto. No iba a disculparse por no tener una copa D.
______ comenzó a ponerse el sujetador totalmente consciente de que Alyssa observaba cada movimiento. Resultaba muy incómodo. Ma¬taría por tener la misma naturalidad que Alyssa con la desnudez, pero no la habían educado de esa manera. Había cumplido los veintiuno cuando reunió el valor de masturbarse. Después de todo, su madre la había enviado a una exclusiva escuela para chicas y había sabido poco de sexo antes de cumplir los dieciocho. Hasta que fue a la universidad, ______ no había conocido la diferencia entre cutículas y clítoris.
Apartando esos pensamientos, ______ se abrochó el sujetador y metió los pechos en las copas. El sujetador era muy escotado y con unos tirantes muy estrechos. La tela de encaje negro apenas le cubría los pezones. Los rellenos de gel le elevaban los montículos de los senos y los exhibían con descaro. Incluso tenía escote.
Alyssa soltó un silbido y le dirigió una mirada descarada.
—Voy a darte un consejo: no le enseñes las tetas a Joe a menos que quieras volverlo loco de lujuria.
La rubia se dio la vuelta y se dirigió de nuevo al cuarto de baño. ______ clavó los ojos en la espalda delgada de la mujer y en los sedo¬sos mechones que le caían sobre los hombros.
Alyssa era más atractiva que cualquier chica de póster. Aunque apa¬rentaba más de treinta años, tenía una pinta estupenda. ______ sabía con seguridad, basándose en la exhaustiva investigación de Reggie, que Joe no era gay. Teniendo en cuenta todo eso, era lógico pensar que Alyssa y él estuvieran enrollados. Pero por el consejo que le había dado la mujer, suponía que no le importaría que ella sedujera a Joe.
Por Dios, había abandonado Los Angeles, donde siempre había pensado que la vida era demasiado surrealista, y había aterrizado en el país cajún, un lugar que empezaba a parecerle la versión sureña de Oz.
—No pienso enseñarle a Joseph mis pechos —dijo ajustándose el su¬jetador, deseando que la cubriera un poco más.
—Puede que no, pero te apuesto lo que quieras a que los verá.
______ frunció el ceño.
—¿En qué te basas? Estaba entrevistando a Joseph para mi programa. Y después, cuando comenzó el tiroteo, él se ofreció para protegerme...
—Y lo hará. Es el mejor. Pero Joseph Jonas es un hombre de pechos, y tú tienes un buen par.
Lo dijo como si estuviera hablando de algo tan cotidiano como el tiempo.
Alyssa se volvió y cogió un maletín de maquillaje del tocador. De¬jando el maletín a un lado, estudió la cara de ______ con algo de im¬paciencia.
—¿Y eso no te molesta? —______ no pudo contener las palabras.
Desvió la mirada a la cama tan deshecha, que parecía haber sido utilizada para algo más que para dormir. ______ se preguntó si Joseph había estado allí antes de conocerla... y por qué pensar en eso la mo¬lestaba.
—¿Qué Joe se acostara contigo? —Se encogió de hombros—. No es mío.
______ frunció el ceño. Todo eso era demasiado extraño.
—No va a ocurrir nada de eso. No tengo intención de enrollarme con Joseph.
—El camino del infierno está lleno de buenas intenciones —le con¬testó Alyssa con una risa gutural.
Antes de que ______ pudiera deshacerse de la confusión que sentía y replicar, la rubia cambió de tema.
—Tenemos que maquillarte.
Alyssa levantó una delgada mano y le quitó a ______ el sombrero y la bufanda.
Un momento después, comenzó un frenesí cosmético. Cubrió el rostro de ______ con un maquillaje base. Continuó con el corrector; ______ esperaba que éste cubriera lo peor del daño causado por la falta de sueño. Después vino el colorete, seguido por el lápiz de labios rojo sirena que aplicó con pincel y el perfilador negro para los ojos. Luego aplicó con rapidez una sombra de ojos sobre los párpados ce¬rrados y utilizó un rímel negro para las pestañas. Lápiz de cejas y rímel castaño ocultaron el hecho de que sus cejas no eran del mismo color claro de la otra mujer.
Cuando Alyssa se apartó y la condujo ante el espejo del cuarto de baño, ______ sólo reconoció sus ojos azules y el óvalo de su cara.
—Estás genial. De todas maneras, ahí fuera todos estarán dema¬siado borrachos para saber si eres tú o yo. Aunque por si acaso, la ropa que he escogido para ti garantizará que las miradas masculinas no suban de tus tetas.
______ quiso protestar. Tenía las palabras en la punta de la lengua, pero las contuvo. Si disfrazarse de stripper la mantenía con vida, bueno... sobreponerse a la vergüenza sería mucho más fácil que tener una bala entre las cejas.
—Haz lo que haga falta —suspiró ______.
—Vamos a recoger tu pelo para ponerte la peluca.
—Puedo hacerlo yo. —______ se llevó los dedos a la cabeza y se la frotó.
—Las pelucas son un engorro. Lamento que tengas que ponerte una, pero para hacerte pasar por mí, tienes que ser rubia.
______ se encogió de hombros. La incomodidad era poco sacrificio a cambio de permanecer viva.
—Y tenemos que asegurarla bien. Joe va a querer pasar revista antes de que salgas. No te dejará poner un pie fuera hasta que esté con¬vencido de que puedes pasar la prueba. Se toma muy en serio la tarea de proteger a sus clientes.
La idea de que Joseph le pasara revista le provocó un vuelco en el estómago. Joseph era muy atractivo, y que fuera un dominador sólo hacía que ______ se sintiera más intrigada, a pesar de sus reticencias y miedos.
Asegurando la peluca rubia en su lugar, ______ dejó de pensar en ello. Estaba muy cansada. Además estaba estresada. No iba a hacer el amor con Joseph, así que las preferencias sexuales de ese hombre le traían sin cuidado.
Alguien golpeó la puerta. A ______ se le disparó el corazón. ¿Habría logrado el tirador seguirla hasta allí? Dirigió la mirada a la ventana, esperando que sirviera como vía de escape.
La puerta se abrió y entró Joe con unos vaqueros rotos y descolo¬ridos, una camiseta, una gorra de béisbol y un bigote falso. Todos esos cambios en su apariencia lo hacían parecer considerablemente dife¬rente. Pero aun así, no le pasó desapercibido su expresión de enfado.
—Maldición, ¿qué estáis haciendo aquí dentro? ¿Una fiesta de pijamas?
—No te pases, Joe. Me he dado toda la prisa que podía —dijo Alyssa con una sonrisa, luego lo besó en la mejilla—. Buena suerte —le dijo a ______.
Luego se marchó, dejándolos solos.
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 19th 2011, 15:35

POR FAVOR SIGUELA LO MAS RAPIDO Q PUEDAS O ME MATARAS... TE LO PIDO ME ENCANTA ES UNA NOVE SUMAMENTE DIFERENTE....

Y POR DIOS JOE DESPIERTA HE IS MY BROTHER NOT MY HUSBAND
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 19th 2011, 16:06

BUENISIIMAAAAA!!! buenisiima buenisiima buenisima!!
demasiado buenos el cap...los ame Very Happy
y concuerdo con el coment. anterior esta nove ES SUMAMENTE DIFERENTE!! lo cual la hace adictiva xD
siguela pronto de verdaaad ;D
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 21st 2011, 06:04

muxas gracias x comentar chikas me alegra muxo que les Guste (;
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 21st 2011, 06:05

Capítulo 3

Joe bajó las escaleras con ______ de la mano. Apenas pudo evitar usar la otra para acomodar la dura longitud de su miembro en los vaqueros. Caramba, esa mujer iba a conseguir que le estallara la cremallera.
Tras el episodio en el dormitorio de Alyssa, sabía varias cosas innegables sobre ______ O'Malley: Uno, tenía un cuerpo increíble. Lo que veía, sentía y olía cuando la tenía cerca lo afectaba a un nivel primitivo que lo instaba a minar su resistencia hasta que se rindiera por completo a él. Dos, era increíblemente caliente. Tenía los pechos erguidos y los pezones sensibles, una boca plena y una inesperada veta de independencia que le decía que sería todo un reto y un triunfo para el hombre que pudiera dominarla. Tres, le gustaba someterse..., pero no quería admitirlo. Sus húmedas reacciones, casi orgásmicas ante sus pequeñas —de acuerdo, no tan pequeñas— demandas para acostumbrarla a sus caricias, habían sido delatoras. Cada vez que la había amenazado con atarla, ella se había mojado aún más. Joseph había necesitado un sorprendente autocontrol para evitar que llegara al clímax y para no zambullirse profundamente en su sexo mientras lo alcanzaba.
Sabía algo más sobre ______: no se dejaba llevar por el pánico ni se rendía ante el peligro. Estaba asustada, cierto. Sólo una idiota no lo estaría si la persiguiera un francotirador para matarla. Pero ______ había actuado con lógica, a pesar de que al principio se había mostrado en desacuerdo con él y había rechazado sus primeras ofertas de ayuda. Todo eso decía mucho de ella... y de cómo tenía que tratarla. Con paciencia, persistencia, y una combinación de ternura y exigencia.
Por último, si ______ era la novia de Brandon Ross, debía de estar aburrida y muy tensa. Brandon habría pasado por alto todas esas necesidades que no comprendía y que no podía satisfacer. Joseph apostaría lo que fuera a que ella estaba llena de fantasías secretas. Satisfacerla plenamente requería a alguien con más pelotas, ternura y autocontrol de los que Brandon poseía. Casi sintió lástima por ______. De hecho, puede que a largo plazo le estuviera haciendo un favor...
Pero la piedad no iba a impedir que se vengara del gilipollas que le había jodido la vida.
Antes, sin embargo, tenía que sacar a ______ viva del club.
Cuando llegaron a la puerta trasera del oscuro club de striptease, la guió a través de una cortina entre bastidores. Bruscamente se detuvo la música y comenzó un batir de palmas. Una morena delgada con enormes pechos de silicona contoneaba las caderas ante una multitud de hombres que le metían dinero en un minúsculo tanga. ______ la miró fijamente, claramente incómoda ante la desnudez de la chica y el manoseo de los desconocidos. Perfecto. A pesar de que él había ido a docenas de lugares como ése, quería a una mujer, ansiosa y dispuesta sólo para él. Apartando la mirada de la stripper, Joe escudriñó la multitud. Conocía el estado de ánimo de la clientela; esos juerguistas borrachos sólo buscaban una diversión placentera. Al otro lado de la habitación llena de humo, había un tipo con vaqueros y un suéter negro que miraba a su alrededor en vez de a la chica morena que acababa de darse la vuelta para ofrecer a la audiencia un inmejorable vista de su trasero. A unos metros de él, había otro tipo trajeado oculto en una esquina, con el ceño fruncido y la mirada vigilante. Había algo que no cuadraba. El bulto de la chaqueta sugería que ese tío llevaba encima una pistolera con un arma.
Uno de esos hombres —o ninguno— podía ser el tirador de ______. Pero Joe sabía que no podía permitirse el lujo de correr riesgos.
Con aire despreocupado se detuvo en medio de la multitud, se volvió hacia ______ y la atrajo hacia él para abrazarla y besarla en el cuello. Ella se puso tensa.
—Cher—le dijo.
Para los que estaban cerca sólo era una palabra cariñosa. El asentimiento de cabeza de ______ le confirmó que ella lo había tomado como la advertencia que era en realidad. Ella se esforzó en relajar los hombros.
—Acabo de ver a un par de hombres sospechosos —le susurró contra la suave piel del cuello—. ¿Ves a alguien que te parezca familiar?
Ella vaciló, y Joe aprovechó la distracción y aspiró el dulce aroma a frambuesa de ______, rozando los labios contra esa piel suave como el pecado.
—No puedo pensar si me haces eso —contestó ______ con voz ronca.
Joseph le deslizó una mano por la espalda hasta la curva de las caderas, más porque le apetecía que porque fuera necesario. Pero ese gesto contribuía a crear la imagen de que eran unos amantes que no podían quitarse las manos de encima.
—Puedes y lo harás.
______ maldijo entre dientes y Joe sonrió. Si la maldición no le hubiera revelado cuánto la afectaba, el pulso acelerado de su carótida sí lo habría hecho. A la parte más calculadora de Joe le gustaba saber que la alteraba de esa manera. Era muy sexy. Oh, no se había olvidado de que era probable que el tirador estuviera por allí cerca, pero no creía que ese imbécil se atreviera a dispararles con tantos testigos presentes. Y ese estúpido psicópata no tenía razón alguna para no creer que ______ era Alyssa.
—No los veo. Hay mucho humo y soy demasiado baja.
Las dos cosas eran ciertas. ¡Maldita sea!
Rodeándola con los brazos, Joseph la sostuvo contra su pecho. La cabeza de ______ apenas le llegaba al hombro, recordándole lo menuda que era. Con tanta personalidad, el tamaño era algo fácil de olvidar.
Visto lo visto, ella había demostrado mucha de esa personalidad últimamente. A Joe podía no gustarle, pero admiraba su valor para sobreponerse a las circunstancias y su coraje para luchar.
—Salgamos de aquí, no vaya a ser que uno de ellos sea tu pesadilla.
______ asintió con la cabeza, pero él sintió su estremecimiento. Joe se detuvo para mirarla a la cara. Bajo el espeso maquillaje, los ojos azules reflejaban la certeza de que iban a por ella. Pero el gesto de esa boca exuberante mostraba tanto miedo como determinación. No se daba por vencida.
Ni tampoco él.
—No dejaré que te ocurra nada —la tranquilizó—. Dame la mano. Sonríe. Así. Ahora, sigúeme hacia la puerta.
Lentamente, Joseph se abrió paso entre la multitud, manteniéndose lo más cerca posible de la pared. Se detuvo para devolver un saludo y recibió alguna palmadita en la espalda de un par de tipos a los que había sacado de un apuro y que opinaban que tirarse a Alyssa debía de ser como estar en el paraíso.
Uno de los hombres sospechosos les prestó atención mientras se acercaban a la puerta. El tío trajeado miraba fijamente a ______. Joe observó cómo la estudiaba, entrecerrando los ojos. Correr sólo alertaría a ese gilipollas si es que era en realidad el acosador de ______.
Así que Joe hizo girar a ______ y la atrajo hacia él para abrazarla. Ella agrandó los ojos cuando le sostuvo la cara entre las manos y le cubrió la boca con la suya.
De inmediato se sintió embriagado por su suavidad. Tras una protesta ahogada, Joe percibió que ______ se obligaba a relajarse. Que se sometía. Abrió poco a poco los labios para él, con una tímida vacilación que hizo que él ardiera de deseo. Una deliciosa incertidumbre aderezaba el beso, poniéndole tan duro como una lanza. Pero no era suficiente... ni para convencer al asesino que la perseguía ni para apaciguar el hambre que rugía como una violenta tormenta en sus entrañas.
Joe no pudo contenerse más.
En su garganta resonó un gruñido cuando profundizó el beso y la urgió a abrir más esos suaves labios. Entró en su boca con un envite arrasador. Y gimió cuando esa calidez húmeda y dulce, que sabía como la canela, estalló a través de sus sentidos. Y se mezcló con el sabor del miedo.
______ comenzó a devolverle el beso lentamente, rindiéndose y dejándose caer contra él suavemente. Pronto, soltó un suave gemido y siguió el ritmo de Joe, buscándolo con la lengua cuando él se retiraba. Clavó las manos en sus hombros y se aferró a él, inclinando la cabeza a un lado para que sus bocas se acoplaran perfectamente. Manteniéndola presa entre sus brazos, Joe se hundió más en ella. El sabor del miedo disminuyó. Ella se estremeció... pero ahora, esa reacción nada tenía que ver con el temor.
______ contuvo el aliento... luego se rindió, entregándose por completo a él.
Conteniendo el placer ante tan lujuriosa respuesta, Joe se prometió a sí mismo que más tarde tendría tiempo más que suficiente para acostarse con ella, para seducir a la novia de Brandon y disfrutar de cada una de esas respuestas suaves y tímidas. Pero eso vendría después.
Finalizando el beso con un mordisco en el irresistible labio inferior de ______, Joe abrió los ojos a tiempo de ver cómo el hombre trajeado hablaba con algunos clientes habituales. Joe se aseguró de que ______ quedara oculta de la vista de esa gente. Esperaba que ninguno de ellos recordase que jamás le habían visto besar a Alyssa de esa manera.
El hombre trajeado escuchó las respuestas y luego inclinó la cabeza dando las gracias. La decepción le ensombreció la cara. El tío de los vaqueros y la camiseta había desaparecido.
—Creo que será mejor que nos vayamos —le murmuró Joe a ______—. Salgamos de aquí.
De nuevo, la tomó de la mano y la condujo hacia la puerta principal. La multitud de la calle los tragó con rapidez, y Joe sonrió.
En cuanto pasara el peligro, en cuanto estuviera seguro de que ya estaban a salvo, podría concentrase en ______... y pensar en todas las maneras deliciosas de conseguir que se rindiera.
Al cabo de unos minutos, Joe la condujo a su camioneta, estacionada en una oscura calle lateral. ______ vaciló. Brandon no se iba a alegrar de que dejara su coche atrás, pero ¿qué otras opciones tenía? No podía discutir la lógica de Joseph de que el acosador vigilaría el coche que había seguido hasta allí.
Después de que se subieran al vehículo, Joe se giró hacia el asiento del pasajero. Hubiera tenido que ser ciega para no darse cuenta de que estaba mirando la piel expuesta de su muslo y el escote del atuendo de cuero púrpura que Alyssa le había dejado. Con toda esa piel expuesta, ______ deseaba tener una tienda de campaña a mano para ponérsela encima. Otra parte de ella, sin embargo, disfrutaba de esa cálida mirada. La necesidad, que atravesó como una flecha su dolorido clítoris, la impulsaba a subir un poco más la falda y alentar a Joe con una mirada. Resistió esa peligrosa tentación.
El oscuro y familiar deseo colisionó en su interior con el estrés y la incertidumbre. ¿Cómo se le había puesto la vida patas arriba con tanta rapidez? ¿Cómo había acabado a merced de un desconocido que la hacía anhelar cosas que la avergonzaban tanto?
—No me mires —le espetó.
Joseph apartó la mirada cuando así lo quiso.
—¿Por qué? Estás fabulosa.
—Parezco una fulana.
Rápido como un rayo, él se movió en el interior del vehículo e invadió el espacio de ______. Olía a medianoche y a hombre. Era peligroso.
—Pareces ansiosa y dispuesta. Pero no pareces en venta.
—Es lo mismo.
—Non, no lo es.
Joe no añadió nada más durante largos momentos. Se acomodó en su asiento y puso la camioneta en marcha, luego se incorporó a la vía de tres carriles, para dirigirse al atardecer. Luego fueron al sureste, hacia el corazón del bayou.
Dirigiéndole otra ardiente mirada, Joe finalmente le explicó:
—Cuando una mujer vende su cuerpo, un hombre revisa su cartera antes de volver a mirarla. Si estás ansiosa y dispuesta un hombre no tiene que pensar en nada más. Si estás ansiosa y dispuesta sólo para él, haces que arda de pura necesidad. En este momento, yo estoy duro como una roca.
La noche comenzaba a cerrarse finalmente en torno a ellos. ______ tragó saliva. Joseph la miró a través de la oscuridad de la cabina de la camioneta. Para ser sincera consigo misma, se había excitado. ¿Se habría dado cuenta él de que nunca antes se había vestido provocativamente para un hombre?
—Si fueras mía —continuó él con un ronco susurro —, mostrarías una imagen elegante en público, pero en privado... —Sonrió, sus dientes blancos, iluminados por la luz de la luna, resaltaron en la oscuridad de la cabina; era una sonrisa que prometía placer—. En privado, llevarías todavía menos ropa de la que llevas ahora. Mucha menos. Ni siquiera ese tanga inservible que llevas puesto.
______ apenas podía respirar. No quería vestirse así. Parecería barata y fácil.
Pero no podía negar que también la hacía sentirse consciente de su cuerpo, de su poder femenino. Sexy, necesitada y deseable. ¿Cómo era posible?
—Eres demasiado directo.
—Soy sincero —admitió— ¿Para qué mentir?
—Oh, no sé. Para parecer educado. —Joe simplemente bufó—. Y estas bragas no sirven para nada. Ni siquiera cubren lo esencial.
—Exacto. ¿Y para qué quieres que te cubran?
Ella soltó un grito ahogado.
—No soy de las que les gusta exhibirse.
—Pero si fueras mía, lo que hay bajo la falda sería mío no tuyo, para mostrarlo u ocultarlo a quien yo quiera y donde yo quiera.
Esas palabras la hicieron arder de indignación, y también la llenaron de un deseo implacable e inconfundible. Se quedó sin aliento.
—¿Te asusto, cher? Eso es sumisión. Dejar el control en manos de otra persona. Tu intimidad, tu cuerpo, tu placer.
Se quedó callado varios minutos, y ______ se perdió en sus propios pensamientos. ¿Querría un Amo que su pareja mostrara parte —o todo— su cuerpo a quien él quisiera? ¿Dónde él quisiera? ¿En cualquier momento? Se movió inquieta en el asiento al pensarlo. Era perturbador y escandaloso. Pero al mismo tiempo esas palabras eran provocativas, prohibidas. Por Dios, se había vuelto loca.
Se sintió invadida por la curiosidad. Por eso, se permitió preguntarle. Después de todo, tenía que entrevistar a ese sujeto. Integridad periodística y todo eso.
—Lo que dices, parece egoísta y pervertido, exponer así a alguien sin tener en cuenta sus sentimientos.
—Puede parecer eso a primera vista.
—¿Cómo que a primera vista?
—Como te dije en el chat, una de las tareas de un buen Amo es ver en el alma de la sumisa y concederle cada placer que desee. Muchas sumisas no son conscientes de sus deseos más secretos. —La miró, sus ojos color chocolate eran penetrantes y directos—. O les parece tan vergonzoso que se niegan a confesarlos.
Estaba hablando de ella. «Sobre ella». Se lo dejaba claro con su ardiente mirada. ______ comenzó a respirar con rapidez y se le aceleró el corazón. No podía ignorar que su vientre —y sus pezones— estaban doloridos y tensos.
—Obligas a una mujer a que lleve a cabo actos que crees que desea en secreto, aunque ella no quiera admitirlo.
—Tiene que aceptarlos para encontrar verdadera satisfacción. Yo sólo la ayudo.
—¿De qué manera? Quiero decir, ¿siempre estás tratando de leerle la mente y de convencerla de hacer cosas nuevas e inusuales?
—Todo lo que es nuevo la excitará. Ella me dará el control total y me rogará que la tome donde y como quiera. Estoy seguro de que te das cuenta de los beneficios.
Sí, era difícil no darse cuenta. ¿Sería posible estar tan excitada como para llegar a implorar de tal manera? Una imagen mental de Joseph atándola, y metiéndole mano, mientras ella se contorsionaba bajo su tacto inundó su cabeza. Una explosión de calor ardió en su vientre. Y creció. Dios sabía que las agresivas caricias de antes la habían llenado de deseo tan rápido que casi se había mareado. Y aquel beso arrebatador había hecho desaparecer todos sus miedos y vacilaciones, a la multitud que la rodeaba y al acosador.
No dudaba que él pudiera hacer que una mujer suplicara cualquier cosa, lo que fuera. Si no era precavida, si no guardaba las distancias, se convertiría con rapidez en otra muesca en el poste de su cama. Peor aún, él podría explorar su psique y dejar al descubierto todas las fantasías ocultas que mantenía guardadas en el fondo de su mente.
Era el momento de cambiar de tema.
—Gracias por sacarme de Lafayette. Habría corrido llena de pánico, sin ton ni son, cuando las balas comenzaron a volar. Yo sola jamás hubiera podido disfrazarme y despistarle.
—Ese es mi trabajo, ______.
—No tenías por qué hacerlo. —Luego, acordándose de la manera en que sus manos le habían recorrido el cuerpo de arriba abajo en el dormitorio de Alyssa, le dirigió una mirada suspicaz—. De hecho, creo que hiciste más de lo que el trabajo requería.
—Piensa lo que quieras. —La sonrisa de Joseph le dijo a ______ que esa afirmación le divertía.
—Es lo que suelo hacer. —Ella rechinó los dientes, deseando saber cómo podría borrar esa sonrisa de su cara—. ¿A dónde vamos?
—A un lugar. Es seguro. Puedes esconderte allí hasta que se nos ocurra algo.
Pensar en estar cerca de Joe, aunque sólo fuera por unos días, la ponía nerviosa.
—Tal vez debería alquilar un coche y regresar a Houston. Ya me he impuesto dem...
—Lo descubrirá y te perseguirá, ______. Ese tío no es estúpido. Es un psicópata pero no es tonto. ¿Quieres estar a salvo o muerta? Además, será una buena oportunidad para que aprendas más sobre Dominación y Sumisión. Puedo asegurarte de que parecerás una experta en tu programa.
—Creo que ya sé suficiente.
—Cher, apenas has arañado la superficie.
—No necesito que me andes toqueteando.
La sonrisa de Joe podría derretir la mantequilla.
—Puedes pensar que no lo necesitas, pero yo sé la verdad. Lo necesitas más de lo que crees.
______ se quedó boquiabierta.
—No eres más que un bastardo arrogante.
—Tú eres una sumisa, y yo un arrogante. ¿Ves cómo ya nos vamos conociendo?
La burla la hizo hervir de furia.
—¡Yo no soy... eso! Llévame de vuelta a Lafayette.
Él le dirigió una mirada divertida.
—¿Al coche de tu amigo, donde es probable que tu acosador te apunte con su precioso rifle mientras nosotros hablamos?
Ella se mordió los labios. Maldita sea, ¿por qué tenía que tener razón?
—O tal vez debería dejarte en la comisaría de policía —continuó burlándose—, siempre son una ayuda inestimable en casos de acosadores.
Apretando los puños, ______ no dijo nada; sabía que él tenía razón.
—O quizá podrías coger un avión de regreso a Los Angeles, ¿cuánto tiempo crees que pasará antes de que tu acosador pare de hacerte fotos y vuelva a dispararte a la cabeza? ¿Tienes ganas de morir?
—No. —La voz de ______ vibró por la cólera que atravesaba su cuerpo—. ¿Por qué no cierras el pico?
Joe sólo sonrió.
—No eres demasiado lista si prefieres enfrentarte a un asesino que a tu propia sexualidad, ______. Te haré la misma pregunta que te hice antes de que el psicópata empezara a disparar. ¿Qué es lo que te da miedo?
—No quiero hablar de eso.
Él se encogió de hombros, como si su respuesta le diera lo mismo.
—Genial. Es tu vida. ¿Te llevo de regreso a Lafayette o prefieres permanecer a salvo conmigo?
Dios, quería hacerle algo a ese bastardo. Escupirle en la cara y cortarle las pelotas, exigirle que la llevara de vuelta al coche de Brandon para poder regresar a Houston, lejos de sus palabras desafiantes y sus caricias perturbadoras.
Solo que una vez más, maldita sea, él estaba en lo cierto. Volver a ponerse en el camino del asesino porque Joseph era capaz de excitar sus fantasías sexuales era una estupidez. No conocía ningún lugar seguro al que ir, y a pesar de la sugerencia de Brandon, no iba a llamar al senador Ross. Él no movería ni un solo dedo para ayudarla.
—Iré contigo —dijo ella volviendo a rechinar los dientes.
—Buena chica. Tenemos unas horas de viaje por delante y se hace tarde. Intenta dormir un poco.
______ no estaba segura de poder hacerlo. Se sentía vulnerable con un hombre como Joe, en especial mientras tenía a un acosador pisándole los talones.
—Estoy bien.
—No ha sido una sugerencia. No nos sigue nadie. La carretera está desierta. —Señaló los campos abiertos y la carretera que se extendía ante ellos, completamente iluminada por los focos delanteros—. Estás a salvo, cher, y podrías necesitar las fuerzas más tarde en caso de que no hayamos despistado a tu acosador definitivamente.
Ella suspiró, luego le dirigió una mirada reacia. Una vez más, él tenía razón.
______ cruzó los brazos sobre el pecho y se giró hacia la ventanilla. Pero muy pronto, el rítmico traqueteo del coche la adormeció. Cerró los ojos y se quedó dormida.
Dos horas más tarde, Joe detuvo la camioneta en la orilla del agua, delante del bote que estaba en el mismo sitio donde lo había dejado. Después de subir a bordo con una adormilada ______, navegaron río abajo un buen rato. Joe utilizó una pértiga para abrirse paso por el pantano mientras ______ disfrutaba de un sueño ligero, temblando bajo el aire frío de febrero. Él intentó protegerla del viento con su cuerpo. Ella se acurrucó de manera inconsciente contra él cuando la rodeó con un brazo.
Lo que lo puso tan duro que dolía.
Alcanzaron su destino poco antes de las diez. Sosteniendo con firmeza a ______ entre sus brazos, Joseph no la despertó para llevarla a una cabaña en penumbra.
Había esperado hablar poco en Lafayette, seducirla rápidamente y llevarla a una habitación de hotel donde consumar su venganza. Pero tenerla allí, en sus dominios, era mejor y peor al mismo tiempo. El acosador le había ayudado a manipular a ______ para poder llevarla justo donde quería, algo que jamás había soñado. Tenía a ______ para él solo, en su territorio, donde podría dedicarse horas enteras a seducirla y consumar así su venganza. Sí, su dulce venganza.
Pero Joseph no podía negar que el pirado que la acechaba le preocupaba. Al menos allí, podría protegerla del psicópata que había decidido que si él no podía tener a ______, nadie más iba a hacerlo. La protegería; se lo debía. En particular cuando estaba claro que ______ no podía valerse por sí misma y que ya había llegado al límite de sus fuerzas.
Además, a un nivel físico, ella confiaba en él. Esa confianza lo afectaba, lo endurecía y al mismo tiempo lo llenaba de ternura. ¿Por qué negarlo? Ella le gustaba, incluso a pesar de lo que odiaba a su novio. Era al mismo tiempo valiente y vulnerable, perspicaz e inocente. Y por alguna condenada tazón, tenía la impresión de haberla visto antes en alguna otra parte...
Cambiando a ______ de posición en sus brazos, Joe metió la llave en la cerradura y abrió la puerta. Dentro de la cabaña, las líneas puras y los suelos de madera le recordaban su niñez, los días de pesca con su grand-père, Brice. Ese lugar siempre le traía buenos recuerdos, si bien las antiguas leyendas familiares que le contaba su abuelo lo hacían reír.
—Ah, así que lo has hecho.
Joe se puso tenso... hasta que reconoció la voz.
—Maldición, viejo. ¿Intentas matarme de un susto para poder recuperar tu coto privado de pesca?
Brice agitó la mano con desdén.
—Ya te gustaría a ti. No volvería a este lugar ni por todo el oro del mundo. Está lleno de ratas.
Joe sabía que no era cierto, pero Brice era demasiado mayor para vivir allí, estaba demasiado lejos de cualquier hospital.
—Tienes provisiones y cámaras de seguridad. Todo está en perfecto estado y el generador está encendido. Úsalo con moderación.
—Gracias. Sabía que podía contar contigo.
—¿Es ésta la chica a la que intentan matar? —Brice señaló a ______, que Joe aún sostenía en brazos.
—Sí.
Entrecerrando los ojos, Brice se acercó y la observó con atención.
—¿Estás seguro de que no la has traído aquí para acostarte con ella? Es una jolie fille, pero viste como una fulana, ¿lo es?
—Es un disfraz, grand-père.
Brice frunció el ceño y meneó la cabeza; una silenciosa desaprobación oscurecía sus fuertes rasgos. Sonriendo, Joe pasó junto a su abuelo y se dirigió al único dormitorio de la cabaña. Dejó a ______ en la cama, y se inclinó para quitarle las botas negras. Si su abuelo no hubiera estado observando, le habría quitado el resto de la ropa por el mero placer de mirarla..., pero Brice no lo aprobaría y ver algo tan atractivo podría provocar que le diera un ataque a ese viejo corazón de ochenta y dos años.
—¿Todavía tienes esos sueños? —le preguntó su abuelo de repente.
Joe puso los ojos en blanco, lamentando el día que se lo había contado.
—No significan nada.
—Jovencito, te has criado en el bayou, a pesar del ejército y de esa enorme ciudad en la que vives. Y una maldición es una maldición. Si sueñas a menudo con una pelirroja, es que vas a conocerla y que va a convertirse en la mujer de tu vida.
«Ya estamos de nuevo con esas tonterías», pensó Joe con un suspiro. Si Brice quería usar la leyenda para justificar que se había casado con una chica sesenta años antes, que lo hiciera. Pero Joe se negaba a creer que la chica sin rostro que se le aparecía en sueños con el pelo rojizo brillando sobre los hombros desnudos bajo la luz del amanecer estaba destinada a ser su único y verdadero amor. Eso no iba a ocurrir. Esa pelirroja era sencillamente una fantasía que su mente había conjurado.
—Bueno, como no he conocido a ninguna pelirroja últimamente, no hay nada que discutir. Los sueños, sólo son sueños.
—Puedes engañarte, jovencito. Pero ella aparecerá. Y no tardará mucho. ¿No me dijiste que llevabas cinco meses soñando con eso?
«En realidad son seis». Joe se encogió de hombros.
—Ella te convencerá —afirmó Brice.
—Lo que tú digas, grand-père.
El anciano gruñó. Sabía que Joe renegaba de la famosa leyenda familiar que él tanto amaba. Para él los sueños sólo eran una coincidencia, resultado de la soledad y de que llevaba mucho tiempo sin tener una relación seria. No había manera de que entrara en razón.
—Bueno, este anciano va a llevar su viejo cuerpo a casa y a meterlo en la cama. ¿Necesitas algo más, jovencito?
—Así estaremos bien.
—Cuida a tu jolie fille.
Joe suspiró.
—No es mi chica.
Y por alguna maldita razón, le molestó decir eso. Probablemente porque ella estaba loca por un gilipollas como Brandon Ross.
Con una risa cascada por la edad y la diversión, Brice se marchó. Joe oyó que la puerta se cerraba y volvió al dormitorio.
Encendió la lámpara de queroseno de la habitación, y una luz tenue iluminó a ______. Parecía incómoda, la observó removerse y murmurar en sueños.
Le quitó los llamativos pendientes que no había visto antes y los dejó en la mesilla. El top púrpura, que no era del estilo de ______, tendría que seguir donde estaba por el momento. Si se lo quitaba, lo más probable era que la despertara. Encogiéndose de hombros se dio cuenta de que sólo podía hacer una cosa más para que estuviera más cómoda.
Con gentileza, Joe agarró la peluca rubia por la nuca y le quitó las horquillas una a una. Ella suspiró en sueños, agradecida, cuando él le retiró la peluca y la dejó en la mesilla al lado de los pendientes.
Al volver a mirarla, Joe frunció el ceño y levantó la lámpara para ver mejor a ______.
No podía ser. No era posible.
Pero bajo la brillante luz dorada, no había lugar a la duda: el tenue resplandor revelaba un brillante pelo rojizo.
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 21st 2011, 12:24

SIGUELAAA!♥ Wink Very Happy
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 22nd 2011, 21:42

O_O
xq lo dejas ahi u.u buenisimo el cap Very Happy demasiado interesante .____.
espero qe subas prontoooo xfavor *-*
super mega buena esta nove!!!
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 23rd 2011, 08:35

new reader!!*
me encanta tu nove, siguela pronto....
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 23rd 2011, 14:32

SIGUEEEEEEEEEEEEEEEEELAAAAAAAAAAAAAAAAA!
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 24th 2011, 09:34

SIGUELA!!!*
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Enero 24th 2011, 11:21

Ohh mah Gosh ... Wow!! Shocked
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Febrero 1st 2011, 15:56

Me encantoo!!! ME DESESPERO... YA DEBES SUBIR CAPITULO (:
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Febrero 2nd 2011, 11:35

SIIIGUELAAAAAAAAAPLEASEEEEE










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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Febrero 2nd 2011, 12:53

Citación :
Siguela plis

Soy nueva lectora Me llamo Eliana soy de venezuela

Y soy tu nueva lectora y fiel espero q la sigas



Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy bounce bounce bounce bounce Rolling Eyes Rolling Eyes Rolling Eyes
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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Febrero 2nd 2011, 19:09

SIGUELAAAAA PLEASEEEÉ (:











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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Febrero 3rd 2011, 12:00

SIGUEEE PLEASEEEEÉ (:










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MensajeTema: Re: Domina Por El Deseo[HOT] Joe&Tu...   Febrero 4th 2011, 12:15

SIGUELAAA PLEASEEEÉ!♥



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