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 Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu

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La siigoo (: ???
a) sii la amo
46%
 46% [ 19 ]
b) me encanta
7%
 7% [ 3 ]
c) siguela o te mato xD
44%
 44% [ 18 ]
d) No!.
2%
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Septiembre 30th 2010, 20:02

O.O disuclpa perra es alrevez!.. tu eers la ke em persigue (: lo se no pueds vivir sin mi Very Happy no lo niegues hahah xDD
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Septiembre 30th 2010, 20:05

NO NO PUEDO VIVIR SIN TI! Razz
ME MUERO'!
Jajaja
casi me corto cuando no hablo
contigo D:
!
xD
Jajajjajajaj
voyyaascribir como turr xD
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 1st 2010, 11:53

nuevaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa siguelaaaa yaaa por favorrr
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 1st 2010, 13:53

Chiikas mañana les subo Very Happy ahorita ando super ocupada haciendo una camisa! (: luego se las muestro (; y Biienveniids a als Nuevas lectooras (:
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 1st 2010, 14:02

nooooooooooooooooooooooooooooooo voy a llorar hasta quedar sin lagrimaaa por favorrrrr subee unquesea uno cortitooooo por favorrrrrrr
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 1st 2010, 14:04

Okz!.. mas tarde te parece ??
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 1st 2010, 14:44

siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii yo quierooooooo pero no me vallas a dejar mallllll¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬ hayyyyyy que finooooooooooo
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BeckieSummer
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 1st 2010, 18:51

Me perdí y me encontre! O: aww yero siguela! (: sabias que tengo tu numero! O_O te llamaré y te fastidiaré moajajaja no preguntes como tengo tu numero tengo mis contactos (?
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 1st 2010, 21:11

Yeroosiibiiriiii=D
Chiicuelaaaa!! Jjsaajaajjj aqui estoy yo .8.
Hhahaha Chama que esperai para seguirla pues??
-.- Me tienes desesperada muujerr no habia pasado porq tengo pendientes muuuchaas novelas u.u tengo como 12 nuevas entre esas las otras tuyas cuando pueda paso Wink y las que han actualizado! D:
Muuuchas muchas en fin.. siguela que cuando tenga un segundito me paso por aca Very Happy
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 2nd 2010, 18:39

QUE PASO CON EL CAPIIIIIIIII YEROOO
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 2nd 2010, 18:58

dios chikas relax no las pude subir xke staba pitando mi camisa y en eso se me fue todo el dia.. pero mañana les pongo1 sii hay mas les pongo maratoon km recompensa! O___O en serio tiienes mi numero??
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 2nd 2010, 20:13

e..e tienes el numero de Yero?
PASAMELO!
xD
okey no Jajaja
Ey Yero
sube!
& ya comi .l.
Ardete Razz
xD
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 3rd 2010, 09:16

tongue tongue tongue tongue tongue tongue tongue tongue tongue sube sube sueb sube sube sube sube sube sube queremos a joe queremos a joe Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked flower flower flower flower flower flower I love you I love you I love you I love you I love you I love you I love you Razz Razz Razz Razz Razz Razz Razz Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing tongue
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 3rd 2010, 11:07

cap!!!
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 3rd 2010, 14:27

ponnn capiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii diosssssssss ajhhhhhh mueroooooooooooooooooooooooo
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 3rd 2010, 17:43

VAMOSS EL MARATONNN YEROOOOO
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 3rd 2010, 18:15

chikas lo siiento por no poner antes.. es que estaba en la reu del lcub y acabo de llegar pero ya me pongo a subir (:
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 3rd 2010, 18:27

Capítulo 4


Joseph se inclinó en la silla hacia delante, emergiendo de la oscuridad a la luz de la vela. Escogió una flor roja del florero que había sobre la mesa y la arrojó sobre la falda de ella:
—Una flor por vuestros pensamientos.
A ______ se le detuvo el corazón al ver aquel fino rostro bronceado realzado por el suave fulgor de la llama de luz. Ya no podía negar que sus atenciones le daban placer. Ya que por primera vez en su vida, ella apreciaba el poder de la femineidad. He aquí un hombre a quien casi todo el mundo temía, esforzándose por entretenerla, por encontrar la aceptación en sus ojos. Desde que habían compartido el primer almuerzo, el día anterior, él se había vuelto discretamente amable y cortés, comportándose como un perfecto caballero. No obstante, a pesar de sus esfuerzos, ella no era tan tonta: Joseph era un depredador: tranquilo, elegante y letal.
Con aire distraído, ella se enroscó un mechón dorado y lo acomodó sobre el hombro desnudo.
—Costaría más que una flor comprar mis pensamientos.
—Entonces quizás el vino de Málaga haga lo necesario. Como dice el dicho: "In vino veritas". —Volvió a llenar las copas, con una expresión divertida condimentada con un descarado interés masculino.
Para ______ no pasó inadvertido el hecho de que él apreciaba su pronunciado escote. Aquellos ojos la habían estado acariciando durante toda la noche. Ella apoyó la copa de vino contra la cálida mejilla.
—Tenía otro tipo de precio en mente.
Alzó la ceja negra azabache:
—Por supuesto, poned vuestro precio. Estoy de ánimo aventurero.
Ella bebió un sorbo de vino.
—Me estaba preguntando acerca de esa persona a la que queréis rescatar.
Él sonrió abiertamente.
—¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que queréis saber de ella?
Una mujer. El humor de ______ ennegreció. La amante, sin duda.
—Bueno, ¿cuál es su nombre?
Joe analizó la sonrisa bien educada de ella:
—Gelsomina —le respondió—. Ahora habladme de vuestros pensamientos.
Ella echó un vistazo a los pétalos de color escarlata que anidaban en su regazo.
—Estaba pensando en mi prometido.
—Ah —A él se le congeló la sonrisa—. Ya estáis ansiosa por deshaceros de mi compañía —Escogió una naranja del bol de plata con frutas y la peló con la daga en lugar de usar el cuchillo.
—Silverlake no está informado acerca de mi inminente llegada. Tengo intención de darle una sorpresa.
—Y lo haréis —afirmó él con tono enigmático—. Sin embargo, él debería de estar agradecido de que os aventurarais a navegar en tiempos de guerra sólo para hacerle una visita. Pocas mujeres enfrentarían ese peligro.
______ decidió que ya no tenía ganas de seguir hablando de Lucas. Prefería mucho más interrogar a su anfitrión.
—¿Por qué las flotas son vuestro objetivo? El riesgo es diez veces mayor en relación al escaso beneficio.
—El beneficio inmediato para mí es insignificante. Mi objetivo son tanto los buques franceses como los de línea mercante o real, ya que para Luis son los más importantes.
—¿Estáis combatiendo contra los franceses? —le preguntó ella con tono incrédulo.
A él pareció divertirle la reacción de ella.
—Como bien sabéis, el Continente, Alta Mar y las Américas están en guerra. Uno no puede vivir en este mundo sin tomar parte. Yo, personalmente, no aspiro a la Corona Española, pero encuentro inaceptable el reclamo de Felipe. Luis no puede permitirse tener el control de dos tercios de las potencias y los recursos del mundo occidental.
—Qué admirable —murmuró ella. Eso colocaba a Joe de su lado—. ¿Pero por qué tenéis que enfrentaros por vuestra cuenta al poderoso abuelo de Felipe, el Rey Sol, cuando podéis uniros a la Gran Alianza? Luis XIV cuenta con los medios para aplastar a un solo hombre sin el menor esfuerzo.
El sonrió:
—No creo que los aliados me acepten, y yo estoy decidido a no contar con ellos.
El hombre era una constante sorpresa.
—Debéis de ser muy valiente... o estar muy loco.
—Hasta los valientes caen en trampas y se engañan a sí mismos persiguiendo ideales fuertes y nobles —Sosteniéndole la mirada, se estiró por encima de la mesa y la asió de la mano—. Os tengo intrigada, ¿verdad? —le susurró—. ¿Queréis que intentemos sobornar a Silverlake con oro después de todo?
A ella le dio un vuelco el corazón. Liberó la mano lentamente.
—No tengo ni idea de por qué tendríamos que hacerlo...
—Yo creo que sí, amore. Creo que nosotros dos nos entendemos muy bien.
La tensión entre ambos se tornó excesiva para ella y desvió la vista hacia la luz plateada que bañaba el mar abierto.
—Entonces, permitidme contaros una historia —le sugirió él. Una vez que tuvo su atención, se aclaró la garganta—: Había una vez un juez rico en Pisa, más dotado de intelecto que de fortaleza física, cuyo nombre era Messer Ricardo. Digamos que tal vez carecía de ingenio ya que compartía la misma idea estúpida de otros hombres que suponen que mientras ellos andan viajando por el mundo, disfrutando del placer de estar con una mujer detrás de otra, sus esposas se quedan en casa con las manos cruzadas. Allora, el buen juez, que se sabía solvente y destacado y se creía capaz de satisfacer a una mujer de la misma forma que se desenvolvía en su trabajo, comenzó la búsqueda de una que fuera dueña de belleza y juventud. Su búsqueda resultó ser de un éxito sorprendente (pues Pisa es una ciudad donde la mayoría de las mujeres parecen lagartos) y desposó a Bartolomea, la joven más encantadora. Con gran festejo llevó a su nueva esposa a su hogar, pero como era un hombre enclenque y marchito, sólo logró hacer un intento con ella en la noche de bodas, apenas manteniéndose en juego por esa única vez, y descubrió que tenía que beber grandes cantidades de vino Vernaccia, ingerir confituras fortificantes y contar con cualquier cantidad de otro tipo de ayudas para poder salir a flote al día siguiente.
Joe terminó el vino, disfrutando de la expresión de ______ con la boca abierta.
—Bien, el amigo juez, habiéndose formado un cálculo estimado de su resistencia, resolvió enseñarle a la esposa el calendario, es decir, los días que por respeto hombres y mujeres debían abstenerse de practicar el acto sexual. Allora, los más rápidos de resolver eran —Contó con los dedos—: las cuatro semanas antes de Cuaresma, las noches de los Apóstoles y la de cientos de santos más. Viernes, sábados y domingo del Señor, los días de Cuaresma, ciertas fases de la luna, y muchas otras excepciones, pensando en que uno se toma un respiro para hacerle el amor a una mujer del mismo modo en se toma el tiempo para defender un caso en la corte.
Ella lo miraba perpleja. Pero aún más desconcertante era el extraño escalofrío que sentía.
—¿Y entonces?
—El buen juez continuó así durante un tiempo, sin privarse del mal humor por parte de la dama. Un día, durante el transcurso del sofocante verano, él decidió ir a navegar y pescar en las costas de su adorable propiedad cerca de Monte Nero, donde podía disfrutar del aire puro. Habiendo ocupado un bote para él solo, ubicó a la mujer y a sus doncellas en otro. La excursión de pesca resultó encantadora, y así entretenido con su diversión no se dio cuenta de que el bote de la dama había terminado en el mar a la deriva. Cuando de repente —hizo una pausa de manera dramática—, apareció un barco de remos comandado por Paganino da Mare, un famoso pirata de sus tiempos. Tomó el barco con las damas, y no bien vio a Bartolomea la deseó de inmediato. Decidió quedarse con ella, y como lloraba amargamente él la consoló con ternura, durante el día con palabras, y cuando llegó la noche... con hechos. Pues él no pensaba en calendarios ni prestaba atención a las fiestas ni a los días laborables.
Absolutamente consciente del rápido latido de su corazón, ella le preguntó con suavidad:
—¿Y qué hizo el buen juez?
—Al haber sido testigo del secuestro, él se encontraba profundamente afligido, pues era del tipo de personas que celaba hasta el aire que rodeaba a su mujer. En vano se encaminó hacia Pisa, lamentando la maldad de los piratas, aunque no tenía idea de quién se había llevado a su esposa ni hacia dónde.
—¿Y lady Bartolomea? —insistió ______.
—Olvidó por completo al juez y a sus leyes. Vivió muy alegremente con Paganino, que la consolaba día y noche y que le rendía honores como si fuera su esposa.
Ella parpadeó:
—¿Eso es todo? ¿Así termina? ¿El esposo se olvidó de ella?
—No. Un tiempo después, Ricardo se enteró del paradero de su esposa. Se encontró con Paganino y astutamente se hizo amigo del pirata. Fue entonces cuando le reveló el motivo de su visita y le imploró a Paganino que aceptara cualquier suma de dinero a cambio de recuperar a su mujer.
—Y, por supuesto, Paganino aceptó —replicó ______, clavándole una mirada furiosa al moreno impío que tenía enfrente—. ¿Qué iban a importarle los sentimientos habiendo oro de por medio?
—Paganino no aceptó —recalcó Joe—. Por respeto a ella, le dijo a messer Ricardo: "Te llevaré donde está y si desea marcharse contigo, entonces podrás poner tú mismo el precio de la recompensa. Sin embargo —agregó con un tono de voz más grave—, si ese no es el caso, me causarías un gran daño al apartarla de mi lado, pues ella es la mujer más adorable y deseable, la que me robó el corazón y yo..."
A ______ le subió un calor:
—¿Cuál fue la respuesta de Bartolomea? —se apuró a preguntar.
—¿Cuál sería la vuestra, ______?
Hasta ese momento, ella no se había dado cuenta de lo zorro que él era. El objetivo de la historia no era contarle lo que sucedería o no; sino tratar de abrirle la mente a posibilidades, elecciones, hacia extraños giros del destino...
—El esposo tenía poco que elogiar y Paganino era un mercenario. Si estaba dispuesto a aceptar el oro en compensación de un corazón roto, entonces no la amaba de verdad.
—¿Y si Paganino hubiese rechazado el oro? —insistió Joe en un tono grave y seductor—. Vos no escogisteis a ningún hombre, ______.
Ella desvió la mirada.
—Os pido que terminéis con este tonto juego que habéis tramado...
—Yo no lo hice —Sonrió él—. Giovanni Boccaccio, que vivió en Florencia hace siglos, lo hizo para entretener a los amigos que le quedaban cuando la Peste Negra devastó Italia. Pero como me lo habéis pedido con tanta gentileza, os contaré el final. La mujer le dijo al esposo: "Puesto que me he topado con este hombre con quien comparto este cuarto con la puerta cerrada los sábados, viernes, vigilias y los cuatro días de Cuaresma, y aquí se sigue trabajando día y noche, te diré que si les hubieras otorgado tantos días de fiesta a los empleados de tus haciendas, como lo hiciste con el hombre que se suponía tenía que trabajar mi pequeño terreno, no habrías cosechado ni un solo grano. Pero como Dios es un considerado testigo de mi juventud y así lo deseó, mi suerte ha cambiado. Tengo intención de quedarme con Paganino y trabajar mientras aún sea joven y dejar las fiestas y ayunos para cuando sea mayor. En cuanto a lo que a ti respecta, ve a celebrar todos las fiestas que tengas ganas, pues por más que te exprima por completo no te cae ni una gota de zumo".
Ruborizada de la furia, ______ se mordió el labio.
—No demasiado admirable viniendo de una mujer casada, ¿verdad?
—La mujer prefirió al amante.
—¿Entonces el sacramento del matrimonio os parece tan insignificante? —preguntó ella.
Una chispa de rabia iluminó los ojos de él.
—Todo lo contrario —dijo bajo con voz áspera—. Conservo el mayor respeto por los sagrados votos del matrimonio, pero no soy tan tonto como para caer en la trampa. Caer en el adulterio es una diversión común para las mujeres casadas de alta cuna.
—¿Entonces preferís asumir el rol de seductor?
—Uno sólo puede seducir si ella desea ser seducida.
Interesante, pensó ella. A juzgar por la reacción de él, sospechaba que alguna vez le habían sido infiel.
—¿Quién es Tom, ______?
Esa pregunta la tomó completamente por sorpresa.
—¿Qué? ¿Cómo...? ¿Quién os ha hablado de él?
—Vos —Sacó del bolsillo un diario sospechosamente conocido, abrió la tapa y leyó: «A mi querido Tom, que está en el sitio más preciado de mi corazón. Extraño tu dulce rostro y todo lo maravilloso que hay en ti. Mientras tomo un baño de sol, recuerdo los días de ocio que pasábamos a orillas de...». Vuestras lágrimas borraron los renglones que siguen —La miró con reproche.
—¡Mi diario de viaje! —Furiosa, ella se inclinó sobre la mesa para arrebatárselo de las manos, pero él lo sostenía bien fuera de su alcance—. ¡Devolvédmelo! ¡Es algo privado y vos lo robasteis!
—Mi querida dama —dijo él con un gruñido—. Vuestro diario humilla al Arte de amar, de Ovidio.
—¿Cómo os atrevéis? El libro de Ovidio es... indecente. Mi diario no es... —Ella frunció los labios—. ¿Tenéis el descaro de leer algo privado y esperáis que os dé una explicación? ¿Dónde lo encontrasteis?
—Me lo trajeron mis hombres. Lo encontraron en vuestro camarote mientras sacaban los arcones.
—¿Registraron todo mi camarote? —Agrandó los ojos de la incredulidad—. ¿Qué es lo que esperabais descubrir: misivas secretas enviadas a Francia?
—Fue un malentendido. Entonces, ¿quién es él, ______? ¿Vuestro amante? —exigió él.
La sonrisa silenciosa de ella lo enfureció aún más; él pareció sentirse culpable.
—Pobre Silverlake —dijo enojado—. Un cornudo y ni siquiera está casado aún. Qué ingenuo de mi parte, yo que creía que erais una niña inocente, demasiado pura para mancillar con mis sucias y malvadas manos. ¡Vos no merecéis ni el respeto de una cortesana profesional!
El intenso resentimiento que hervía en sus ojos a ella le causó gracia.
—Cualquiera diría que es a vos a quien le pusieron los cuernos, y no a vuestro enemigo. ¿No os parece absurdo? ¿O tal vez es que estáis celoso? ¿Os duele imaginarme enamorada de otro aunque no seáis mi prometido?
—Le doy gracias a Dios no ser vuestro prometido — masculló él con enfado—, de igual modo le entregaré esto, para prevenirlo de la verdadera naturaleza de su futura esposa.
—Hacedlo, por favor —Ella lanzó una carcajada ante la expresión perpleja de él—. No tenéis idea de lo tonto que os veis, teniendo en cuenta que... Tom es mi hermano.
Aquello lo tumbó.
—¿Vuestro hermano?
Deslizó lentamente el diario sobre la mesa. Ella lo cogió:
—Tom es mi hermano pequeño. Falleció hace cinco años, en un duelo absurdo y trágico.
Joe se mostró torpemente arrepentido:
—Mis condolencias. ¿Él era vuestro único hermano? ¿Y vuestros padres?
—Fallecieron cuando yo tenía doce años. Mi abuelo se hizo cargo de nosotros —¿Por qué razón le estaba contando a este pirata la historia completa de su vida? La respuesta la excedía.
—Debéis de haberos sentido solitaria —recalcó él sin dejar de mirarla a la cara.
—Solitaria no. Sola. Pero tenía a Tom y a Lucas cuando regresaban a casa después de la escuela.
—¿Silverlake era amigo de vuestro hermano?
—Eran excelentes amigos. Así que ya imaginaréis lo imbécil que os veíais presentando esta insignificante e inculpatoria evidencia de infidelidad hacia Silverlake —Sonrió ella.
El se movió incómodo.
—Jamás tuve la intención. Lo siento. Por favor, disculpad mi torpeza.
—Disculpo vuestra torpeza. ¡Lo que no os disculpo es haber leído mi diario privado! ¡No teníais ningún derecho a curiosear! Debisteis haberlo devuelto en cuanto os percatasteis del error.
—Quizás debí de haber contenido mi curiosidad —admitió él, no sin una clara muestra de su orgullo—. Estoy dispuesto a compensaros por ello. Decidme cómo.
Ella lo miró de manera circunspecta:
—Liberadme de comer con vos mañana: el último día juntos.
Joe se puso tenso:
—No.
—No podéis elegir la compensación que os convenga —masculló ella.
—Pedid otra cosa.
Ella contempló la postura implacable de la mandíbula de él, el brillo decidido de sus ojos y dijo:
—No.
La irritación le atravesó el rostro:
—D'accordo. Va bene. Tendréis vuestro deseo.
—Gracias —Cuanto menos tiempo pasara en compañía de aquel italiano despiadadamente seductor sería mejor, se dijo así misma.
—Vuestro abuelo parece ser muy condescendiente en lo que concierne a su nieta —afirmó él al cabo de un largo rato de silencio—. ¿Sabe que habéis leído a Ovidio?
El motivo por el que ella estaba familiarizada con la obra del poeta romano era la excéntrica perspectiva de su abuelo con respecto a la educación femenina. A ninguna dama inglesa refinada se le tenía permitido leer lo que ella había leído.
—Vos habéis leído a Ovidio. ¿Por qué no habría de hacerlo yo? —señaló ella de modo cortante, irritada por tener las mejillas encendidas de nuevo.
—Y por cierto, ¿por qué —Joe rió burlonamente—, cuando el motivo por el que los hombres prohibieron a las mujeres mejorar su educación surge del temor y la estupidez? Las mujeres ya han ejercido tanto poder sobre nosotros los pobres hombres que nos aterra el hecho de pensar que una vez que sepan todo, nos tendrán absolutamente a su merced.
Aquel comentario mitigó la actitud hostil de ella y se descubrió sonriendo de nuevo.
—Me resulta difícil imaginaros de rodillas ante una mujer.
—Os sorprenderíais —La profunda sonrisa que le lanzó la estremeció por completo.
Sintiéndose tímida y al mismo tiempo decidida, dijo:
—Lo único que escuché sobre vos es robo, tortura y asesinato. Decidme una sola cosa que no sea un rumor malintencionado.
—¿Por qué pensáis que no son más que rumores malintencionados y no la verdad? —quiso saber él, divertido.
Decepcionada ante la fácil evasión de él, ella respondió:
—He compartido cuatro comidas con vos y aún no os he visto comer órganos humanos crudos ni succionar sangre fresca.
Joe rompió a reír libremente, a todo pulmón.
—¿Es eso lo que habéis escuchado decir sobre mí? Hete aquí, secuestrada de un mundo de decencia y refinamiento y forzada a compartir la comida con el monstruo del pozo negro.
—Vos no sois de los bajos fondos. Sois sumamente bien educado, vuestros modales (cuando os conviene) son excelentes, vuestros gustos son caros...
—Cualquier persona con un buen ojo puede experimentar el gusto por las mejores cosas de la vida. El hecho de que no sea vizconde... —hizo un ademán exagerado con la mano—, no significa que sea un analfabeto. Leer es un método conveniente para pasar el tiempo en el mar, carissima.
Esas tiernas palabras cariñosas que pronunciaba en italiano le hacían tamborilear el corazón.
—Es más que eso —dijo ella—. Es el modo en que os desenvolvéis, sois... —Buscó en la cabeza la palabra precisa—: Principesco.
Hubiera jurado que él se estremeció, pero al hablar, lo hizo con voz serena y monótona.
—¿Esta es vuestra deducción después de dos días de observación? ______: príncipe o mendigo, bueno o malo, nada de eso tiene importancia en este mundo. La cuestión es lo que el destino nos tiene preparado y lo que nosotros elijamos hacer con eso. Yo elijo mi camino, porque esto es lo que soy. Un hombre cuya lealtad depende de sí mismo.
—Y sin embargo defendéis el reino contra la tiranía francesa —señaló ella. Y recitó en voz baja—: «Un bandido cual león que ronda el Líbano. Su hogar, un filoso pedernal, y en la cima de un risco se yergue un leopardo con manchas cual guardián, pues él es un hombre de linaje, un hechicero que hasta los salvajes temen». Vos no venís de un mundo igual al mío, pero sí vivís en un sitio solitario —La vulnerabilidad que ella percibía en su mirada la afectó del mismo modo que evidentenemente ella lo había afectado a él. Joseph había escogido ese camino como desquitándose de... algo, y ella tenía la sensación de que se sentía enjaulado en el mundo que él mismo se había creado, del mismo modo que ella se sentía en el mundo en el que había nacido.
Él se acercó:
—Vos no me teméis, ¿verdad? Pero deberíais hacerlo, ______. Aunque sois capaz de ver cosas que los demás no ven, sois demasiado ingenua para comprenderlo.
La voz de ella sonó como un susurro vacilante:
—Explicádmelo.
—Es tarde —El se puso de pie y se acercó para ayudarla con la silla—. A vuestra criada se le debe de haber metido en la cabeza que he abusado de vos de manera abominable y me perseguirá con su lengua letal.
Al asirlo del brazo, ______ percibió una aguda tensión que latía debajo de esa gélida apariencia. No la miraba a los ojos, se había vuelto muy frío y distante. Tenía la vista puesta en el suelo.
—Mi flor.
Él se adelantó. Al enderezarse para ofrecerle el tallo, sus miradas se encontraron. La transformación en él fue inmediata y fascinante. La mirada hambrienta, el intenso deseo que irradiaba: lo vio como un merodeador salvaje en plena caza nocturna, con los instintos aguzados y con la presa totalmente a su alcance. Habían quedados atrapados en ese preciso instante en que el leopardo se abalanza para matar.
Él sentía deseos de besarla, se lo indicaba su intuición femenina. Posaría los labios sobre los suyos como ningún hombre jamás lo había hecho, ni siquiera Lucas Hunter. El corazón le latía salvajemente. El tiempo se alargó. Ella sentía una atracción tan fuerte que todo su ser esperaba ese beso...
—Cambiad de idea con respecto a la cena de mañana —le imploró con tono suave.
Decepcionada por la repentina retracción por parte de él y furiosa consigo misma por sentirse de ese modo, ______ respondió de modo conciso:
—No lo creo. Nada bueno resultará de eso.

* * *

El sol se puso en el horizonte, pintando en el cielo un glorioso crepúsculo de un halo de color púrpura. Diminutas islas, tan surrealistas como un sueño, salpicaban la superficie calma y cerúlea. Una brisa más fresca hinchó las velas, punteando con amarras y obenques una melodía de atardecer. Una risotada rompió el silencio. Joe arrancó los ojos del paisaje y le clavó a Giovanni una mirada irritada.
—¿De qué te estás riendo?
Mientras timoneaba, Giovanni echó un ojo al capitán y rió entre dientes:
—De ti. No recuerdo la última vez que te vi tan en celo, y todo a causa de una jovencita.
—Stupido —Joe se apartó de la barandilla y atravesó el alcázar dirigiéndose hacia una caja con naranjas. Escogió una grande y se desplomó sobre una hamaca de soga.
—Las vírgenes arrogantes no son mi tipo. No veo la hora de deshacerme de ella mañana, junto con su ruidosa criada. Lo juro: jamás en mi vida había conocido a una mujer tan fría. Compadezco a Silverlake.
—No es mi tipo, y conociéndote como te conozco, yo diría que tampoco el tuyo. Tienes a una hermosa mujer durmiendo en tu cama, Joe, y el motivo por el que estás tan agrio como esa fruta a la que eres adicto es porque no estás acostumbrado al rechazo. ¿Por qué no ha querido cenar contigo esta noche?
—¿Por qué no te ocupas del timón en lugar de hacer preguntas estúpidas?
—Va bene. Si tú no la quieres, y teniendo en cuenta que tus planes de luchar contra los franceses no me dejarán oportunidad de estar en las faldas de ninguna mujerzuela en un futuro cercano, quizás le pida a Niccoló que cubra mi puesto y le vaya a preguntar a la rubia dama si desea dar un paseo por cubierta conmigo esta noche.
El humor de Joe ardió cual camino de pólvora.
—¡Tú no harás tal cosa, Giova!
—¿Por qué no? —Giovanni abrió grande e inocentemente su único ojo—. Me comportaré como es debido.
—He dicho que no —Joe rechinó los dientes.
Giovanni cruzó los brazos a la altura del pecho, con gesto de disgusto.
—¿Cuándo fue la última vez que tuvimos algo de diversión, eh? ¿Recuerdas siquiera cómo es una mujer debajo de las enaguas?
Joseph se puso de pie.
—Pronto tendrás tu diversión. Una vez que rescatemos a Gelsomina, nos detendremos en Tortuga, donde tendrás oportunidad de explorar debajo de toda enagua que deambule por la isla.
Giovanni observó a Joe caminar a grandes pasos hacia un cubo de agua para lavarse las manos.
—A mí me gustan las rubias.
—En Tortuga hay rubias. Y a esta no hay que hacerle daño. ¿Estoy siendo claro?
—¿Quién dijo algo sobre hacerle daño?
—Ella no es para ti, Giovanni —recalcó Joe con tono ominoso—. Se terminó la discusión.
Giovanni rió burlonamente.
—¿Por qué no puedes admitir que la deseas, Joe? Generalmente, cuando una mujer es de tu agrado, la persigues como un toro hasta que la llevas a la cama y comienza el aburrimiento. ¿Qué tiene esta de especial? Sé que prefieres al tipo con experiencia, pero si la deseas, llévatela a la cama y termina con la agonía del resto de nosotros.
Joseph hizo una pausa.
—Ella no es del tipo que uno puede tomar sin más. La sorpresa atravesó las temibles facciones del rostro de Giovanni.
—Te ha conquistado, ¿verdad? En todos esos elegantes almuerzos y cenas ella dijo o hizo algo que te puso del revés. ¿Qué fue?
—Basta. Ya te has expresado. Ahora concéntrate en el timón antes de que nos hundas a todos —Joe abandonó el alcázar con paso majestuoso, dejando atrás a un Giovanni que lo miraba bastante aturdido.

La hora de cenar pasó y ella seguía invadida por una pésima sensación. Sentada junto a las portas abiertas, ______ miraba fijamente el mar oscuro, de mal humor. Al día siguiente se reuniría con Lucas. ¿Por qué no estaba exultante de alegría? Cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás mientras una fresca brisa nocturna le revolvía los cabellos sueltos de la nuca. ¿Por qué razón insistía en engañarse? Ella sabía el nombre de su aflicción; simplemente carecía de coraje para admitirlo: Malvado Joseph. ¿Qué es lo que me has hecho?
El ruido de una llave entrando en la cerradura la hizo pegar un salto. La puerta se abrió. Joe estaba de pie en el umbral, formidable como siempre. Recorrió el camarote en penumbra. Betsy estaba profundamente dormida en el sofá. Su cama estaba vacía. Desvió la mirada hacia las portas abiertas y el corazón de ella casi se le cayó a los pies.
Los ojos de él centellearon ferozmente.
—Poneos el abrigo —susurró—. Hablaremos en cubierta.
Con dedos temblorosos, ella se ató las cintas de la capa al cuello, se calzó y se acercó. Él la cogió de la mano y la sacó rápidamente.
No había ni un alma a la vista cuando ella flotaba tras Joseph hacia el alcázar envuelto en la noche. La colocó junto a la barandilla que daba hacia las aguas iluminadas por la luna y se detuvo frente a ella, alto y tenebroso. Con la larga cabellera suelta, sin ataduras, azotada por la brisa del mar. Sus ojos expresaban deseo y al mismo tiempo reticencia. Le pasó los dedos por la larga cabellera rubia y los extendió como un abanico sobre los hombros de ella, luego le cubrió el rostro con delicadeza:
—Sei bellissima. Sois hermosa. ¿Cómo es posible que vayáis a escapar de mis garras por segunda vez?
El cuerpo entero de ella cobró vida ante su caricia.
—¿Dónde nos hemos visto antes?
Con voz profunda y ronca le respondió:
—En un baile en Versalles, hace tres años. Vuestro vestido era exactamente del mismo color que vuestros cabellos.
—Brocado dorado —recordó ella con asombro—. ¿Vos en un baile en Versalles?
—Vos sobresalíais en un mar de rostros aburridos pintados de rojo, blanco tiza, con parches falsos. No fue difícil distinguiros mientras rodeabais a la muchedumbre en compañía de madame de Montespan. Yo conozco a madame. En la cima de su carrera, ella era amante de Luis. Yo pensé que erais una de sus jóvenes protegidas. Creí que erais una cortesana, ______.
—¿Una cortesana? —Ella sonrió con maldad. Una mujer de la noche. Una seductora que ponía a los hombres de rodillas. Lo opuesto a lo que a diario ella veía reflejado en el espejo.
—Os seguí, tramando mentalmente algún método de seducción, hasta que un duque entrado en años y un rubio vizconde os robaron ante mis narices —dijo con una sonrisa triste—. Perdí mi oportunidad.
—Mi abuelo y Lucas —llegó a la conclusión con una sonrisa llena de asombro.
—Se mostraban extremadamente protectores con vos, lo cual confirmaba que erais una dama soltera, no una mujer de dudosa reputación. Supe que jamás podría teneros. Aunque hubiera implorado que nos presentaran, ellos jamás lo hubieran permitido —Aquellos ojos depredadores brillaron y sus dientes relucían de un tono blanco pecaminoso—. Mi reputación no es tolerada ni a dos kilómetros de distancia de una inocente debutante.
—¿Así de terrible sois? —bromeó ella. Luego frunció el ceño—. ¿Por qué no os recuerdo? —Con aquella tremenda estatura y esa cabellera tan atractiva difícilmente pasaba desapercibido—. Todo esto es bastante sorprendente.
Le acarició los suaves labios con el pulgar:
—No podíais verme, amore. Estabais bien custodiada.
—Ahora os veo —susurró ella, con la vista absorta en la boca de él. Una sombra oscura le delineaba el labio superior. A ella se le debilitó la respiración.
—Ahora sois mía —Inclinó la cabeza y le rozó los labios. Ella dejó de respirar del todo. Sintió los labios de él suaves y cálidos, y cuando ella no retrocedió se demoraron de modo lento, tierno, persuasivo. Se derritió por dentro. Sus párpados se desplomaron. Sentía los brazos de él moverse con sigilo en el interior de su capa, alrededor de la cintura, presionándola contra su torso. El calor masculino, ese perfume la seducía: una mezcla de coñac, fuego y algo más, más embriagador que el aire soleado o la salada brisa del mar.
Joseph la besaba como quien disfruta saboreando una cucharada de crema: meticulosa, pausadamente. Le humedecía los labios con la punta de la lengua, seduciéndolos para que se separaran para él. Aunque al comienzo vaciló, ella obedeció. Cuando las lenguas se tocaron la invadió una embriagadora oleada de placer. Instintos extraños, primitivos, la incitaban a explorarlo tan completamente como él lo hacía con ella.
A él le brotaban sonidos desde lo más profundo de la garganta cuando la respuesta de ella cobraba confianza y los besos se tornaban más profundos. La boca ya no era dócil sino ardiente y necesitada. La probaba, la acariciaba, se metía más adentro de ella. La cálida respiración de los dos se mezcló hasta tornarse dificultosa.
—Joseph... —suspiró ella, admirada por el modo en que aquel italiano fornido y ardiente, quien hacía sólo tres noches había sido un enemigo temible y detestable, la había hechizado de tal forma que su cuerpo entero respondía a sus besos, a la sensación de tener ese gran cuerpo apretado contra el suyo. Jamás había sentido nada ni remotamente parecido a lo que sentía en aquel momento. Finalmente ella comprendía lo que era estar viva.
Besándolo apasionadamente, las manos de ______ recorrieron todo el largo de esos brazos que la aferraban, músculos de hierro que se dibujaban debajo del suave género de linón, hasta que llegó con sigilo debajo de la pesada cabellera. Una exuberante seda fresca se derramó entre sus dedos. ¡Oh, Dios! Cuántos deseos sentía de conocer todo de él, de conservarlo, consumirlo, engullirlo con aquel calor que le brotaba desde el alma...
Joe soltó un gemido irregular, se apartó de la boca y avanzó lentamente por la curva del cuello femenino. En ese instante se sentía tan absorta, tan inmersa en el efecto que él le provocaba que no supo cómo oponerse a la mano que le cubrió los pechos por encima de la delgada tela del camisón. Él le acariciaba el pezón sensible con movimientos rápidos. Un brusco temblor le recorrió el cuerpo rompiendo la magia. ¿Qué había hecho?
Se soltó bruscamente y abrió los ojos con una expresión de vergüenza:
—¿Qué es lo que me habéis hecho?
Respirando con dificultad, él la miró con ojos cargados de deseo.
—¿Qué os he hecho? —repitió, sin poder comprender el abrupto cambio de actitud de ella.
—¡Me habéis...! ¡Alejaos de mí, monstruo violador! —Ella empujó aquel pecho inamovible, desesperada por escapar de él, de ella misma. ¿Cómo era posible que hubiera perdido la cabeza y se hubiera rendido ante los encantos de un pirata? ¿Cómo podía haber deshonrado a Lucas, comportándose de ese modo tan inmoral?
—¿Violador?—Se le encendió un brillo salvaje en los ojos. La sujetó de los brazos y la inmovilizó contra el pecho—. ¡Os he besado! ¡Y vos me habéis besado también! ¡No he hecho nada que vos no quisierais!
—¡Estoy a punto de casarme con el vizconde Silverlake! ¿Cómo pudisteis hacerme esto? —Aquel condenado rufián le provocaba desearlo hasta su fibra más íntima y ahora ella se sentía vacía y fría.
—¡Entonces no os caséis con él! —rebatió Joe con resentimiento, frustrado por las lágrimas que a ella le corrían por el rostro—. ______, vos deseasteis esto del mismo modo que yo. Os aferrasteis a mí como una mujer a quien jamás habían besado en todo su vida.
Dolida por la humillación, ella le sostuvo la mirada enfurecida. Él tenía razón en ambas cosas. Si no la hubiera besado, ella habría muerto de curiosidad y deseo. Pero sentía deseos de arrancarle aquellos hermosos ojos por haber adivinado su triste inexperiencia con tal desenfado y falta de cuidado, y por hacer que lo deseara tan ardientemente.
—¡Os odio! —siseó, principalmente porque sabía que nunca jamás volvería a tenerlo.
—Pensáis que no soy lo bastante bueno para alguien como vos —dijo Joe con voz áspera—. Que no valgo lo bastante para satisfacer los deseos de una princesa de vuestra noble estirpe. Pero lo hicisteis, ______. Gemisteis y ronroneasteis cual gata hambrienta de amor, y si esta cubierta hubiera sido mi alcoba, ya tendría arañazos en mi espalda como prueba. Una noche más a bordo de mi barco, amore, ¡y me rogaríais quedaros conmigo! —Arremetió en su contra con toda la arrogancia de un hombre que había estado con más mujeres de lo que era capaz de recordar.
______ inspiró enérgicamente. Tal vez porque él estaba tan cerca de la verdad, o porque lo había puesto en términos tan bajos, ella levantó la mano y lo abofeteó en la mejilla, con todo el dolor y la furia condensada en un solo movimiento.
—¡Vos... me dais... asco! —dijo con vehemencia, con lágrimas abrasadoras que le ardían en los ojos.
Joe se quedó inmóvil: la intensidad de su furia lo cogió desprevenido.
Aprovechándose de ese instante de confusión, ella apartó el pecho de acero de un violento empujón y huyó tan rápido como le permitieron las piernas sin atreverse a mirar hacia atrás ni una sola vez.
Joseph se tocó la mejilla amoratada y se quedó mirándola mientras ella atravesaba la cubierta a toda prisa, con los cabellos rubios, la tela de muselina blanca y la capa negra azotados por la brisa como si fueran alas. Cuando desapareció de su vista, él cerró la mano en un puño y golpeó con fuerza la dura madera del pasamano. Si las palabras tuvieran el poder de destruir, el torrente gutural de improperios en italiano que le brotaba de la garganta hubiera hundido a la marina francesa completa.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 3rd 2010, 18:30

Capítulo 5


Joe enfocó el catalejo hacia el horizonte.
—Viene hacia nosotros.
—¿Estás seguro de que la quieres devolver? —preguntó Giovanni.
Joe le entregó bruscamente el tubo de metal.
—Mira tú mismo quién viene a bordo del barco.
Giovanni puso el ojo en el orificio. Un buque de guerra enarbolando los colores ingleses se venía acercando a toda vela.
—Madonna mia! Tiene a Gelsomina a bordo. No podemos dispararle.
—Pero él sí puede dispararnos a nosotros. Ese es un buque de guerra con un armamento equivalente al nuestro.
Giovanni le devolvió el telescopio al capitán y echó un vistazo a la serpiente negra estampada sobre la tela púrpura que llameaba ominosamente con el viento en la cima del calcés.
—¿Y entonces qué es lo que vamos a hacer?
—Nada —Joe cerró el tubo. Una sonrisa íntima le estiró apenas los labios al ver a Rocca escoltando a ______ por el castillo de proa, vestida en seda color amarillo fuerte.
—Buenos días —dijo Joe serio.
En el instante en que estuvieron frente a frente, ______ volvió a revivir la ardiente cita nocturna: luz de luna, besos, deseo ardiente... luego vergüenza y culpa. Joe parecía estar atrapado en el mismo momento.
—Imagino que el motivo por el que me encuentro aquí es para evitar que nos hagan estallar en el agua —dijo ella.
—A veces me dais miedo —susurró él—. Vuestra mente funciona tan rápido como la mía.
—No os elogiéis tanto —Ella tomó el telescopio y le dio la espalda para estudiar el horizonte—. ¿Cuánto cerebro se necesita para darse cuenta de que yo soy vuestro mejor aval? Si Lucas me ve en vuestra cubierta, retendrá el fuego, y vos tendréis que véroslas con él. Eso es lo que queréis, ¿no es así? Regatear con el vizconde como cualquier vendedor de pescado.
La voz de él se tornó horriblemente fría:
—Teniendo en cuenta el aperitivo que tuve oportunidad de saborear anoche, tengo esperanzas de que la transacción de hoy se desarrolle sin problemas.
Aquel comentario era tan bajo que ella no estaba dispuesta a honrarlo con una réplica ingeniosa. Se concentró en el buque inglés. Lucas. Pronto contraerían matrimonio y compartirían sus vidas como marido y mujer. Y después de anoche, ella ya estaba mejor informada sobre qué esperar. Afortunadamente.
—Supongo que esta es la despedida —La voz grave de Joe le llenó el oído.
Un intenso deseo se apoderó de ella. ¡Maldición! ¿Qué diablos sucedía con ella básicamente para que un rufián le agitara la sangre provocándole ese deseo tan inmoral?
—Anoche cuando os besé, me llamasteis Joseph. No logro quitármelo de la cabeza.
Ni yo tampoco, se repitió ella con tristeza. Después de ese día, jamás volverían a verse.
—Ojala pudiera decir que quizás nos volvamos a ver —pensó él en voz alta—, tal vez en un futuro baile en Francia, pero lo dudo. Luis está bastante molesto conmigo por el momento, por haberle robado sus fragatas, y vos estáis a punto de convertiros en una señora casada, ocupada en procrear niños rubios.
—Lo decís como si os importara —masculló ella con frialdad, con los ojos puestos en el buque que se aproximaba.
—Y vos decís eso como si fuera a vos a quien le importara —Sus labios le quemaron la delicada pendiente de la nuca—. ¿Es así?
Sí. Ella cerró los ojos. Dominó su inestable ser y se dio la vuelta para mirarlo de frente. El calor de sus ojos la trastornaba.
—Entonces os marcháis a combatir a los franceses.
El de nuevo era todo un suave encanto italiano.
—¿Es que un valiente soldado no merece un amistoso adieu?
En un descuido, ella le miró fugazmente a la boca.
—Yo no estaba enterada de que éramos amigos. Joe la atrajo hacia sí.
—Tengo a Santo Giorgio que me protege, pero ninguna ragazza que derrame lágrimas por mí. ¿Pensaréis en mí de vez en cuando, amore?¿Derramaréis un par de lágrimas?
—Ya tenéis a Gelsomina para que derrame lágrimas por vos —replicó ella con tono punzante.
—No será lo mismo —Él le miró fijo la boca, con un deseo profundo en los ojos. Ella echó la cabeza atrás. Un último beso de despedida, pensó, esperando el sabor apasionado de su boca...
—¡Buque en bauprés, capitán! —gritó una voz desde el castillo de proa.
—¡Orientad las velas! —gritó Joe por encima del hombro, activando un alboroto disciplinado: los marineros trepaban las sogas para acurrullar las velas. Los bicheros volaban de buque a buque, juntando más los barcos. ______ lanzó una mirada al buque de guerra que se acercaba a estribor. Deseaba poder detener el tiempo por un loco instante, para un último beso de despedida, pero con Lucas llegó la realidad.
Joseph tenía aspecto ceñudo:
—El deber llama, belleza —Suspirando la soltó y se marchó. La brisa cargaba su voz como la de un león mientras impartía órdenes, con su caminar a grandes pasos imponiendo un aire de autoridad.
Sintiéndose defraudada, ______ tomó posición a estribor desde donde se aseguró una perspectiva ventajosa del panorama. No pasó mucho tiempo hasta que localizó a Lucas de pie junta a la barandilla del Dandelion6. Estaba cambiado, pensó. El pedante caballero se había transformado en un elegante capitán.
—¡Dios santo, ______, eres tú! —Sus ojos verdes se expandieron en un rostro recién bronceado—. ¿Qué diantres estás haciendo aquí? ¿Te encuentras bien? ¿Fuiste maltratada de algún modo?
Ella había esperado que fuera una reunión más cálida. Presintió una enorme presencia a sus espaldas que irradiaba fastidio, que con voz directa afirmó:
—Fue tratada excepcionalmente bien.
______ sonrió. Joe sonaba un poquito celoso. Decidida a provocarlo, ella gritó alegremente:
—¡Hola, Lucas! He venido a ofrecer diversión y apoyo. He tenido la mala suerte de ser secuestrada de mi barco, pero me encuentro en perfecto estado y terriblemente aburrida. ¿Y tú cómo estás?
—Espléndidamente bien, pero no me agrada demasiado que hayas venido hasta aquí. Es tiempo de guerra y alta mar está contaminada con carroñeros —Le lanzó una mirada intimidante al hombre que ella tenía a sus espaldas—. Estoy sorprendido de que Dellamore te haya permitido llevar a cabo esta absurda aventura. Kingston no se parece a Londres, ¿sabes?
—Basta de drama —Joe gritó fríamente y cerró con fuerza ambas manos en la barandilla, a ambos lados de ella—. Silverlake, tenemos asuntos que atender.
______ se puso rígida. Estaba de frente a su prometido y sin embargo cada nervio de su cuerpo reaccionaba ante la cercanía de Joseph. Ella sentía su mandíbula rozándole la sien, su calor invadiéndole el flujo sanguíneo.
—Ciao pezzo di ragazzo! —Una bellísima muchacha de aspecto rebelde, vestida con pantalones color púrpura y botas fue a pararse junto a Lucas, con los cabellos rizados negro azabache agitados por el viento y los ojos azules encendidos. Le lanzó a Joe una naranja y un beso.
—¡Gelsomina! —Joe atrapó el obsequio y se zambulló en un torrencial monólogo en fluido italiano. ______ le estudió el perfil; irradiaba tal regocijo de ver a aquella dama tan extraña. Sabía que él había ido a salvar a su amante, pero nada la había preparado para eso. El canalla la abordaba a ella estando enamorado de otra y ella había sido lo bastante estúpida como para sucumbir ante sus dudosos encantos.
—¡Jasmine, os dije que os quedarais bajo cubierta! —Le recriminó Lucas a la mujer que tenía a su lado.
Ignorándolo, ella saludó a los hombres de Joe. Giovanni lanzó una carcajada y le envió un beso.
—Silverlake, tengo una propuesta que haceros —gritó Joe—. Vuestra prometida por Jasmine. Jamás obtendréis mejor trato que éste.
—Yo no trapicheo con asesinos, Víbora. Tengo autoridad suficiente para incautaros el barco y colgaros, pero si preferís entregaros, ¡tal vez me compadezca de vuestro trasero italiano!
Joseph estalló en una carcajada.
—Siento decepcionaros, payaso, pero jamás tuve a un soberano sobre mi cabeza. Y sin duda alguna no estoy dispuesto a aceptarlo en este momento.
—Aun así os rendiréis. Si no lo hacéis, ¡vos y vuestros secuaces conoceréis el cadalso!
Joe enroscó un brazo alrededor de la cintura de ______ haciéndola contenerla respiración.
—Si esta hermosa criatura significa algo para vos, liberaréis a Jasmine de inmediato. O me veré obligado a conservar a vuestra deliciosa prometida y regresar por Jasmine de un modo mucho menos amistoso.
Lucas perdió la compostura.
—Suéltala, Víbora, ¡o pagarás caro por esto!
—Obviamente habéis oído hablar de mí, de modo que ya sabréis que no hago amenazas en vano. Lady ______ no ha sido perjudicada de ningún modo, pero si insistís en descartar mi ofrecimiento, ni vos ni su familia la volveréis a ver jamás. Creedme que ante esa posibilidad, se me cruzan deliciosas ideas por la cabeza —Y con voz lapidaria agregó—: Haced que Jasmine camine por el tablón, y pasaréis el resto de vuestra vida buscando a vuestra rubia novia por todos los mercados de Oriente.
Clavándole las uñas en el brazo, ______ le miró furiosa el rostro severo.
—¿Cómo os atrevéis a amenazarme con la esclavitud? —Y Lucas (a quien ella miró con el ceño fruncido), el muy estúpido estaba llevando su principio de no negociar con piratas hasta el extremo. ¡Que era ella misma! No era tan estúpida como para no darse cuenta de lo que allí se estaba tramando. ¡A él le agradaba esa prostituta italiana!—. Mi abuelo os matara por esto —siseó ella y volvió a mirar a Joe encolerizadamente—. ¡Y os matará a vos también!
Imperturbable ante el ataque de ella, Joseph la cogió de la muñeca y la aferró con más fuerza entre los brazos.
—Me pregunto, inglés: ¿qué diría el duque de Dellamore de vuestra falta de cooperación? No llego a distinguir un radiante despacho en vuestro futuro. Si fuera vos, no contrariaría al consejero de Ana.
Lucas se puso colorado.
—¡Maldito bastardo! ¡No me dejaré chantajear por tipos como vos! Si no liberáis a lady ______ en este mismo instante, seréis perseguido por la Flota de Su Majestad hasta que...
—Tendréis que esmeraros más —Joe lo interrumpió en seco—. Ya me persigue toda clase de buque de alta mar. Seguramente no esperaréis que me sienta intimidado por vuestra mediocre amenaza.
Exasperada, ______ gritó:
—¡Dejadle que recupere a su chica y terminemos con esto, Lucas! —Si ella no intervenía, ese par de patanes era capaz de pasarse el día allí, intercambiando amenazas.
—Ahí tenéis un consejo sensato —recalcó Joe. Y sonriéndole a ella agregó—: ¿Desesperada por escapar de mí?
—Ni os atreváis a suponer que estoy de vuestro lado, rufián. ¡Ahora soltadme! —Ella intentó abrir a la fuerza aquellos brazos de acero que la aprisionaban, pero Joe la apretó más fuerte, y parecía estar disfrutando de esa postura de abrazo.
—Sois un cachorro muy impaciente, Silverlake —gritó—, ignorante de las cosas del mundo. Podría permitirle a mi tripulación completa probar este delicioso bocado y aun así estaríais en la obligación de recuperarla. Pero en cambio os estoy ofreciendo un trato mejor. Tomadlo con ambas manos.
Lucas estaba furibundo.
—¡Vuestra bandera manchada de sangre no me amedrenta! ¡No renunciaré a Jasmine!
Los soldados ingleses parecían tan sorprendidos como los piratas, pero no tan consternados como ______.
—¡Lucas! —gritó sofocada y mortificada. Miró a Joe. La compasión de su mirada la hizo sentir aún peor. Que él le tuviera lástima era la peor humillación. Él le pasó un dedo por debajo del ojo, mirando fijamente las lágrimas que recolectó. La furia le iluminó los ojos.
—D'accordo. Va bene! —le dijo gruñendo a Lucas—. Por ahora me quedo con ______, pero no esperéis que renuncie a Jasmine. ¡Soltad amarras! —le ordenó a la tripulación.
—¿Qué demonios creéis que estáis haciendo? —gritó Lucas—. ¡Resolveremos esto como en el mundo civilizado! ¡Y si no tenéis ni la más mínima idea de cómo se hace, será un gran placer para mí aclarároslo!
A ella le revivió la esperanza y miró a Joe con ojos expectantes. El miró al vizconde parpadeando, fingiendo gran admiración.
—Buen hombre, ¿por casualidad estáis sugiriendo un duelo?
—Efectivamente, imbécil. ¡Así que afilad vuestro alfanje y preparaos para la batalla!
Joe se encogió de hombros con aire de desidia.
—No he venido hasta aquí para dejaros hecho jirones, pero si insistís... —En latín agregó—: «Una corona arrebatada de una cima fácil no provoca placer».
Fuertes vítores estallaron en el Alastor. A Lucas se le pusieron los pelos de punta:
—¡En latín o en claro inglés, sugiero que uséis las armas en lugar de la lengua! —Como es debido, los soldados del Dandelion chiflaron y abuchearon.
______ le tocó el brazo a Joe.
—Por favor... no lo matéis.
—Debo aceptar su desafío, princesa. Vuestro prometido es un tonto testarudo y yo no puedo dejar a Gelsomina abandonada. Después de hoy, no me odiéis demasiado. Sólo recordad que... —Y sosteniéndole la mirada ansiosa, le entregó la naranja para que la cuidara—. También estoy haciendo esto por vos —se dirigió a Lucas—: Ya tenéis mi respuesta, cazapiratas. Bailaremos sobre el tablón, aseguraos sólo de no caeros —Y para alborotado deleite de los marineros italianos, fue a subirse sobre el tablero.
En el Dandelion, Lucas se quitó el chaleco y sacó el estoque. Atacó con una elegante maniobra ofensiva, recibiendo ovaciones por parte de los oficiales y de la tripulación. Joe fue el primero en avanzar de un salto sobre el tablón, su agilidad a ______ de nuevo le recordó a la de un leopardo negro. Con los brazos cruzados a la altura del pecho, invitó:
—¿Estáis listo para proceder, vizconde, o voy abajo a echarme una siesta?
Lucas suspendió sus ejercicios.
—Podéis tomaros un minuto. ¡Pero para rezar vuestra última oración! —Se unió a Joe en el tablón, haciéndolo crujir y moverse peligrosamente. Sofocado, luchó para mantener el equilibrio mientras el enorme pirata seguía parado tan quieto como una roca, mirándolo divertido—. Parecéis experto en este tipo de cosas, Víbora, igual que los monos.
—Basta de cumplidos —sonrió Joe—. Recordad, éste es un asunto serio: vuestro funeral —Sacó el resplandeciente estoque y le apuntó al vizconde—: En guard!
Lucas frunció los labios y cruzó su espada con la del pirata. Se hizo silencio en ambas cubiertas. Entonces, lanzando una estocada relámpago, Lucas efectuó una limpia volte-face. Los de uniforme azul vitorearon, alzando los puños, pero Joe esquivó con fluidez y obligó al vizconde a cambiar con él de posición.
Soltando estocadas a diestro y siniestro como un loco, Lucas lanzaba miradas inquietas a las olas infestadas de tiburones que chapoteaban debajo del tablón. De repente, su fular fue arrancado con fuerza y él volvió a recuperar el equilibrio.
—¿Ibais a algún lado? —Joe soltó los pliegues de encaje, con aire indiferente. La cubierta del Alastor rompió a reír, silbando, dando pisotones y ululando. Sonriendo amablemente, Joe inclinó la cabeza ante su audiencia y luego volvió a encararse con el vizconde. La expresión azorada de Lucas era tan espléndida como la sonrisa amplia y seductora de Joe al ofrecerle—: ¿Os rendís?
—¡No sin antes echar vuestra locuaz boca por la borda!
Alzó la espada y atacó. A partir de ese momento, el duelo se tornó letal. Joe daba estocadas fuertes y veloces, presionando el estoque del vizconde al tiempo que usaba su voluminosa estructura para encajarse entre el Alastor y la profunda caída al mar. Los dorados rayos del sol se dividían sobre las gastadas hojas de las espadas. El tablón crujía bajo las botas que bailaban.
______ contenía la respiración mientras los observaba trabarse y destrabarse en combate. Rezaba por Lucas, se sobresaltaba cuando Joe escapaba de una estocada cercana y básicamente contenía el pánico absoluto. Se encontró con los ojos de Jasmine e intercambiaron miradas curiosas. Su adversaria se veía tan ansiosa como ella. ______ sospechaba que Jasmine estaba experimentando la misma confusión de sentir una preocupación similar por ambos duelistas.
Falto de práctica, Lucas duplicó su agilidad, cuyo precio fue una gruesa capa de sudor en la frente. Se movía con gracia, con su coleta rubia agitándose sobre su nuca, su cuerpo delgado se encorvaba y flexionaba para esquivar las incesantes estocadas del italiano. Se le hacía difícil respirar, Joseph lo estaba dejando cada vez más exhausto. En toda su condenada vida, él debía de haberse enfrentado a enemigos más mortales que a Lucas Hunter, supuso ______. Blandiendo la espada a una velocidad increíble, cambiaba las reglas constantemente y caía encima del vizconde sin dejarle ni un instante para recuperar el aliento.
Desesperado por dominar a su oponente, Lucas apuntó a las rodillas de Joseph, pero este dio un salto y pasó por encima de la espada con la gracia de un gato y aterrizó en el centro del tablón. Lucas perdió el equilibrio y con un fuerte grito aterrizó de lleno sobre el trasero. Los italianos se volvieron locos, riendo con carcajadas tan fuertes que hasta podían despertar al mismo demonio; Giovanni estaba tan descontrolado que le corrían las lágrimas por las mejillas.
—¡Capitano, muestre algo de compasión con la pobre tortuga! —gritó. Sus compañeros rompieron en risotadas. Los de uniforme azul no se tomaron bien la burla y un altercado verbal se desató entre ambas cubiertas.
Joe observó a Lucas ponerse de pie lentamente:
—Mi ofrecimiento aún sigue en pie —le dijo—: ¡Rendíos!
—¡Primero os veré muerto! —dijo Lucas con voz áspera y embistió a Joseph emitiendo un sonido gutural. La reacción del pirata fue extremadamente rápida; el estoque brilló al blandirlo habilidosamente, perforarle al vizconde la palma de la mano y arrebatarle su estoque que salió volando por el aire, titilando bajo la brillante luz del sol, hasta que fue a zambullirse en el mar. El vizconde sacó la daga.
—¡Lucas, no lo hagas! ¡Te rebanará en pedazos! —gritó ______ con terror. ¡No podía permitirse el lujo de desafiar a la Víbora con una daga!—. ¡Por favor, deja que se lleve a la chica y terminemos con esta locura!
Lucas tenía el aspecto de herido, exhausto y desesperado. La sangre de los dedos se escurría por el mango del cuchillo.
—Jasmine es una mujer decente. No tiene necesidad de arrojar su vida al abandono con una chusma como tú. Ella puede tener una vida buena y respetable en Jamaica. ¡Así que déjala en paz, maldito lobo de mar!
Un músculo se movió cuando Joseph apretó la mandíbula.
—¿Para colgarla, para tenerla prisionera o para que os sirva de amante? Qué inconveniente os debe de resultar la tan inesperada presencia de vuestra prometida.
—¿Por qué no le preguntáis a Jasmine qué es lo que ella quiere?
—Yo sé dónde radica su lealtad —respondió Joseph—: Envainad vuestra arma. Ella se viene conmigo.
—¡Jamás! —Lucas atacó con el cuchillo. Joe lo cogió de la muñeca, se la torció por detrás de la espalda y le arrebató la daga. Le acercó la punta al cuello de Lucas. Una gota de sangre brotó de la piel sudorosa del vizconde. Le chorreó por el cuello empapado en sudor, esparciéndose por la tela blanca.
Al notar el brillo feroz en los ojos de Joe, ______ imploró:
—¡Joseph! ¡Por favor! ¡No lo matéis!
—¡Joe! —gritó Jasmine, con los ojos llenos de terror—. ¡No lo mates! Yo lo amo...
Joe se quedó helado. Miró a Jasmine echando fuego por los ojos.
—¿Tú lo amas?
—Sí —Asintió ella con la cabeza, al tiempo que se secaba las lágrimas con las mangas de la camisa.
______ se quejó desesperada. Ahora Joseph estaba seguro de matar a Lucas. No obstante, para gran asombro de ella, el célebre pirata bajó la daga y liberó a Lucas. Le ofreció una mano a Jasmine.
—Ven.
Jasmine comenzó a subirse al tablón, Lucas emitió un bramido y le hundió la daga en el costado a Joe, apuñalándolo a media altura del torso. La sangre salió a chorros, roja y espesa. Joseph se tambaleó con los ojos azules ardiendo. Cayó de rodillas con un ruido seco, apretándose el costado con una mano.
—¡Dios santo! —______ empujó a los enfurecidos piratas a un lado para llegar al tablón. Con el cuchillo ensangrentado en la mano, Lucas estuvo a punto de atacar—. ¡Lucas, no! —gritó ella—. ¡Tú no eres un asesino!
Jasmine se metió entre ambos como una serpiente, abrazándose al cuerpo como un escudo humano.
—¡Apártate de mi camino, Jasmine! —gritó Lucas—. ¡O juro que os mataré a ambos!
—¡Pues entonces mátame, bastardo cobarde! Él te perdonó la vida a petición mía. ¿Qué tipo de hombre eres que apuñalas a otro por la espalda? ¡Tú! ¡El noble vizconde! ¡Eres un canalla cobarde!
Giovanni y Nico sacaron las pistolas y las apuntaron a la espalda de Lucas. Horrorizada, ______ le clavó los ojos a Joe. Su corazón estaba con él.
—¡Lucas! ¡Deja que se vayan! ¡Tú ganas!
De mala gana, Lucas dejó caer el cuchillo. Con el rostro surcado por las lágrimas, Jasmine se sentó junto a Joseph y depositó con delicadeza sus cabellos oscuros sobre su regazo.
—¡No te quedes ahí parado, Lucas! ¡Trae a un médico!
—No hay médico a bordo del Dandelion. Y mejor así. Tu amante morirá como un perro, porque eso es precisamente lo que es.
Aquel gruñido fue prueba concluyeme de lo que ______ ya sospechaba: él y Jasmine eran amantes. El duelo había sido por ella. Había que intentar eliminar a la competencia: Joseph.
Los ojos de Jasmine lanzaron un brillo letal.
—Joseph no es mi amante, ¡idiota! ¡Es mi hermano!
______ se quedó con la boca abierta. ¡Pues claro! ¿Cómo podía haber estado tan ciega? Hermanos, tan parecidos, los dos italianos, altos y morenos, extremadamente apuestos y con esos ojos azul zafiro. Todo cobró sentido: los esfuerzos de Joseph por rescatar a Jasmine, su voluntad de perdonarle la vida a Lucas porque su hermana lo amaba; y finalmente, ella cayó en la cuenta de que sus besos, los momentos que habían pasado juntos... habían sido auténticos. Tenían que serlo. Y ahora él se estaba muriendo.
Jasmine lloraba amargamente, envolvía con el brazo el pecho de Joseph de manera protectora.
—Tengo que sacarlo de aquí—dijo ella con la voz entrecortada por el llanto—. Madonna mia, está perdiendo demasiada sangre...
También las lágrimas de ______ le corrían por las mejillas.
—Jasmine, bajadlo a cubierta. Yo le curaré la herida.
Jasmine levantó la cabeza, con la esperanza brillándole en los ojos.
—¿Lo haríais?
—No soy médica —admitió ______—. Sólo he asistido a nuestro doctor Giles en Yorkshire en algunas ocasiones. Nada complicado. Sutura, aseo. Pero si no hay nadie más...
—No hay. Por favor, ayudadlo —Jasmine se puso de pie. Giovanni y Nico se acercaron para ayudar.
Lucas les bloqueó el paso.
—Mi prometida no curará a este rufián.
—¡Sí lo haré! —rebatió ______—. No me quedaré viendo cómo muere desangrado.
El vizconde parecía pasmado.
—¿Por qué habría de importarte que este rufián muera desangrado, ______? ¿Después de lo que te hizo, aún quieres ayudarlo?
Esa actitud puso a los piratas en posición de batalla. Sacaron mosquetes y pistolas. El artillero mayor impartió órdenes para cargar armas. Con sogas colgantes desde los mástiles del Alastor, la tripulación pirata se preparó para abordar al Dandelion y allí se vería quiénes eran los mejores.
—Si no me dejas curarlo, todos tendremos que nadar para sobrevivir —advirtió ______.
—¡Por favor! —imploró Jasmine—. No me pidas que escoja entre mi hermano y tú.
—Entonces lo llevaremos a Kingston—dijo Lucas con un gruñido—. Mi prometida no se acercará ni un paso a este rufián. Ya ha sufrido demasiado en sus sucias manos.
______ miró a Joe. Él la estaba mirando con ojos de un tigre herido. ¿Cómo podía dejarlo morir?
—Jamás he sufrido en sus manos. Yo cuidaré de él.
—____, ¿qué es lo que estás diciendo? —exigió Lucas—. ¡No es posible que cuides de este criminal!
______ vio el terror en los ojos de Jasmine. Ella conocía ese terror. Su hermano estaba a punto de morir.
—Ya ha perdido demasiada sangre —insistió ella—. Si esperamos hasta llegar a Kingston, morirá con seguridad. Me niego a ver a otro hombre morir desangrado y que me digan que no hay nada que hacer.
—Estás pensando en Tom, ¿verdad? Pero no tienes ni idea de lo malvado que es este hombre. Joseph es un asesino brutal. Merece la horca. Te prohíbo que te le acerques ni a un metro de distancia.
La decisión de ella fue definitiva. El comportamiento alienado de Lucas por estar locamente enamorado de otra mujer los ponía a ambos en riesgo. Era hora de asumir el mando de su vida y tomar sus propias decisiones.
—Si Joseph muere porque me obligaste a negarle asistencia, ¡tomaré el primer barco de vuelta a casa y le contaré todo a mi abuelo! Él desaprobará tu conducta, al igual que tu padre, y la Reina. ¿Quieres que presente el caso ante Su Majestad?
Lucas se sobresaltó. Le sostuvo la mirada fija, dudando de si ella proseguiría con su amenaza hasta el final. Ella no parpadeó.
—Haz lo que quieras —dijo él entre dientes—. Tienes mi permiso.
Sin perder un valioso instante más, Jasmine ayudó a Joe a incorporarse. Giovanni y Nico ofrecieron ayuda, pero ante el asombro de todos, Joseph les gritó a los ayudantes y bajó solo a la cubierta del Alastor. Apretaba los dientes con cada gesto de dolor y se golpeó bruscamente contra la baranda.
______ se arrodilló a su lado.
—¿Os duele mucho? —le preguntó con suavidad, apartándole la negra cabellera sedosa de la frente empapada en sudor frío.
—Sí —respondió él apretando los dientes. Los ojos brillaban febrilmente azules.
—Bien. Eso significa que todavía no os estáis muriendo —Tenía la camisa blanca de linón empapada en sangre. Tenía que arrancarla para dejar la herida al descubierto. Seguramente, quitar la tela adherida le causaría un dolor insoportable—. Jasmine, prestadme vuestra daga. Y dadle algo para morder.
—Hacedlo de una vez —le dijo con voz áspera y apretando los dientes—. Si me desmayo cuando terminéis, derramad café en polvo sobre la herida. Eso la cauterizará. Encontraréis una bolsa en mi camarote —Aunque el dolor era visible en cada línea de su rostro, él tenía la boca firme en un gesto de estoica determinación—. Hacedlo, ______.
Teniendo en cuenta la cantidad de sangre que había perdido, ______ estaba asombrada de que él aún estuviese consciente. Se secó la frente y cortó la camisa en tiras con mucho cuidado. La sangre salía a borbotones, de modo que presionó la herida abierta con los retazos de la tela. Nada de pánico, se controló. Tú puedes salvarlo.
Joe la observó en todo momento, con un profundo dolor reflejado en los ojos, pero no se quejó. Ni siquiera se movió. Sólo la miraba fijamente, con una mirada oscura, la piel de color gris, el cuerpo tenso. Esforzándose para no temblar, sólo se rindió una vez ante un espasmo muy fuerte.
—¿Por qué? —siseó—. ¿Por qué me estáis... ayudando?
La pregunta se quedó flotando entre ambos, desafiante, personal. ¿De hecho, por qué ella estaba ayudando a ese pirata despiadado? Él no había hecho nada para merecer su generosidad.
—Espero que vuestro temple esté a la altura de vuestro inmoral nombre, Joseph —susurró ella con una sonrisa—. Cualesquiera que sean mis motivos, tendréis que confiar en mí.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 3rd 2010, 18:32

Capítulo 6 (Parte 1)


Los soldados custodiaban el patio iluminado con antorchas. ______ se alejó de la ventana y se acercó a su paciente. Tenía el cabello húmedo debido a un reciente baño y una bata de seda negra ceñida al cuerpo. Colocó el farol sobre la mesa que había junto a la cama y se sentó al borde. Le apartó los cabellos de la frente, suave con un dedo y cayeron pesados a un lado como seda fresca, dejando al descubierto su perfil aristocrático y bronceado. A ella le recordaba a Sansón, el legendario héroe cuya cabellera guardaba el secreto de sus grandes poderes.
Joe gimió y se movió dormido.
—Duerme plácidamente, Sansón —susurró ella—. Conmigo estás a salvo —Le puso una mano fresca sobre la frente para controlar la fiebre. Normal. Esa palabra la llevó a hacer una mueca. ¿Qué había de "normal" en que la nieta del duque de Dellamore estuviera socorriendo a un célebre pirata? ¿Estaba loca?
La respiración de él se serenó. Sin embargo, ella no lograba apartar la vista de él. Aquel hombre la tenía fascinada. Tenía los modales de un lord, la reputación de un monarca del infierno, el cuerpo de un dios griego, el rostro más bello y, cuando no andaba saqueando, asistía a bailes de gala en Versalles.
—¿Quién eres? —susurró ella. Miró el medallón de oro que descansaba sobre su pecho. Lo levantó con cuidado para acercarlo a la luz. Era sumamente extraño. Tenía la forma de un escudo medieval, con una cruz que lo dividía en cuatro partes. Había dos figuras grabadas en forma diagonal: un águila, con sus majestuosas alas extendidas, y una serpiente: la víbora estampada en la bandera roja de Joseph. El escudo se parecía al que había en su camarote. En la base había una inscripción que decía: Mors acerba. Fama perpetua est.
Ella volvió a colocar el medallón sobre el pecho y, siguiendo un impulso, deslizó la mano por el torso. La piel cálida y bronceada se sentía suave como el terciopelo. Los músculos con forma cúbica se ondulaban bajo las palmas de su mano.
Joe estaba profundamente dormido, pero incluso en ese estado de debilidad, irradiaba su potente personalidad. Ella le acarició el brazo que descansaba sobre la sábana blanca. Era muy fibroso, como ella recordaba bien, pero sin ropa los músculos parecían más extensos, sumamente masculinos. Acarició el antebrazo de venas muy marcadas debajo del codo, maravillada por la suavidad de la piel, al mismo tiempo que recordaba la inmensa fuerza que esa mano era capaz de ejercer. Tenía dedos largos y finos. La aferraron. Ella deslizó la vista hacia el rostro de él.
Unos zafiros brillantes la miraron centelleando debajo de unos pesados párpados:
—¿Qué diablos estáis haciendo?
—¿Qu... Qué? —preguntó ella, con el corazón tamborileándole en el oído—. Yo, eh, yo estaba...
Joe exhaló y aflojó la mano.
—¿Dónde estoy? —preguntó mareado.
—¿No lo recordáis?
—Mi cabeza —Se quejó—. La siento... confusa. No logro pensar con coherencia.
—Tontamente preferisteis vaciar una botella de coñac de Lucas en lugar de tomar láudano. A propósito, estáis en su casa, en mi alcoba.
Él sonrió débilmente.
—Ahora recuerdo. ¿Y cómo se siente vuestro prometido conmigo usurpándoos la cama? ¿Será que un escuadrón de guardias irrumpirá en cualquier momento?
—A él ni le importa. Si mi abuelo se llega a enterar de una sola palabra de esto, sería el fin de su carrera naval y posiblemente hasta de su vida.
—¿Y mi barco? ¿Lo confiscó?
—Después de que Giovanni y Nico os trajeran hasta aquí, vuestro barco zarpó. Vuestra hermana se quedó.
Él hizo un gesto con la cabeza, aún sosteniéndole la mano.
—¿Por qué me estáis ayudando, ______? Deberíais estar rogándole a Silverlake que me mande a la horca, no preocupándoos por un pirata desconocido como si fuera un cachorro herido.
Sin preocuparse por discutir sus motivos, ella intentó liberar la mano. Sin éxito.
—Si deseáis garabatear una queja, os facilitaré una pluma y papel —le ofreció ella con dulzura.
—A mí no me engañáis —Deslizó la mano de ella hasta el pecho suave y la sostuvo ahí, en el corazón—. Con todo el veneno que hay en vuestra lengua, sois de lo más compasiva. Una romántica.
El corazón de ______ dio un vuelco.
—¿Una romántica?
—Obviamente. Ayudando a un desconocido herido... —Cerró los ojos al sentir una punzada de dolor, sin embargo seguía sonriendo, el pecho subía y bajaba debajo de las manos entrelazadas—. Qué bien se siente vuestra mano.
Ella exhaló el aire con alivio.
—¿Creéis que el hecho de ayudaros es un acto romántico?
—Creo que es una tontería. Si yo fuera vuestro abuelo, os estaría dando azotes en el culo hasta dejároslo azul —La miró de reojo—. Tal vez analice el asunto cuando me sienta mejor...
—Vos no sois mi abuelo. Además, sabéis perfectamente por qué os he ayudado, para recuperar a Lucas —agregó rápidamente antes de que él llegara a la conclusión equivocada.
—¿De veras? —El abrió los ojos con una sonrisa burlona—. Tenéis razón, ______. Yo no soy vuestro abuelo, y vos no sois una niña. Sois una mujercita que está jugando peligrosamente con un pirata.
—Un pobre pirata indefenso —señaló ella al tiempo que se le ruborizaban las mejillas.
—Bien, este pobre pirata indefenso está absolutamente agradecido de poner su vida en unas manos tan finas y delicadas —Joe alzó la mano de ella, se la llevó a los labios y le depositó un beso caliente en el interior de la palma.
Un calor la recorrió. Inspiró hondo, era hora de recuperar esa delicada mano.
—Hay que cambiaros la venda y tendría que poner un ungüento que ayude a cicatrizar la herida.
Él le soltó la mano.
—¿Dónde dormiréis? ¿Aquí conmigo? —le preguntó esperanzado.
Ignorando la pregunta, ella buscó en el interior del botiquín y extrajo una pequeña botella y varios apositos de algodón limpios. Quitó el vendaje de lino fino y examinó los puntos de la sutura que le había hecho hacía unas horas. Había parado de sangrar y la piel estaba en vías de mejorarse. Untó el ungüento blanco con la yema de los dedos. Lo último que quería era provocarle más dolor.
—Me tocas con mucho cuidado, amore. A diferencia de otras mujeres que me han vendado.
Ella continuó ignorándolo, entonces él cogió uno de los mechones de cabello húmedo de ella y lo frotó entre sus dedos, como si fuera un sastre evaluando la textura de un género costo. Se lo llevó a la nariz e inhaló el aroma floral.
—Niña de cabellos rubios, pagarían bien por ti en el zoco de Argel.
Ella sonrió.
—Veo que estáis decidido a fastidiarme, aunque no sea para bien vuestro.
Los dientes blancos emitieron un brillo malvado.
—Estoy decidido a captar tu atención, encantadora enfermera. Más allá de esa herida hay un hombre, ¿sabes?
—Lo he notado —Se limpió los dedos y volvió a atar el vendaje con cuidado.
—Quizás en este momento sea un pobre indefenso, pero aún soy capaz de apreciar el contacto de la mano de una mujer hermosa —Soltó el mechón de cabellos y le enroscó los dedos en la nuca—. Hay un dicho de donde yo vengo —susurró atrayéndole más la cabeza—: "Ten cuidado siempre con la Víbora" —La besó con la misma ternura con la que ella le había cambiado el vendaje.
Sus labios la dejaron mareada. Por mera fuerza de voluntad logró volver a sentarse derecha.
—Tengo que haceros una pregunta. ¿Qué quiere decir esa inscripción en latín escrita en vuestro medallón?
Una expresión distante afloró en sus ojos drogados.
—La muerte es amarga. La fama, eterna.
Ella intentó descifrarle la mirada, pero él la desvió.
—Deberíais dormir. Por la mañana os sentiréis como un hombre nuevo. Os dejé un vaso de agua y esto...
Joe volvió la cabeza en la almohada. Sobre la mesa había un recipiente con agua y un vaso a mano; al lado, la naranja que Jasmine le había arrojado.
______ se puso de pie. Aún con la sensación de esos labios calientes sobre los suyos, estaba ansiosa por marcharse y ocultarse en el salón contiguo, al menos hasta que él se quedara dormido. Cerró la mano en el pomo de la puerta.
—______.
Se giró. Aquella mirada con los párpados pesados la dejó inmóvil.
—Gracias.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 3rd 2010, 18:33

aki esta chikas spero les guste y los disfruten (:
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 4th 2010, 20:04

SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA MUY MUEVAAAAA SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AHHHHHHHHHH RAPIDOOO
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 4th 2010, 20:55

Ohh dios ame los capitulos...
Joe es tan... baba ....
Awww me encantoo
Siiguela yero Wink
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 4th 2010, 22:08

Nuevaa Leectoora!!!!!

sigueela proontoo xD
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Octubre 5th 2010, 12:11

me ah encatadoooo awwwwwwwwwwww dios probre de mi joseph!! yeroooooo seguila ya
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Hoy a las 15:29

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