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 Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu

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La siigoo (: ???
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 27th 2011, 19:11

Jjjajaja pues yo soi unica que hago eso jaja xD
subiendo de un c.c gaste todo eel dinero en peliculas y no me kedo para el pasaje por eso subi a pie, cuando llego un pin lo saque y el tipo me lo etaba jalando D:
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 27th 2011, 19:12

les pondre dos por el abandonito Very Happy

Capítulo 12


El camino de regreso fue en silencio. Echándole una mirada furtiva a la silueta oscura que caminaba a su lado, cogiéndola de la mano, ______ preguntó:
—¿Qué es un emir?
Joe se quedó helado. Ella se detuvo de un tropezón frente a él. Los ojos de él brillaron intensamente por encima de la tela negra que le envolvía el rostro.
—Un emir es un príncipe —dijo, con una voz que sonó fría y cautelosa.
Ella estaba tan absorta por la intensidad que él irradiaba que no se percató de los jinetes vestidos de negro hasta que él la apartó de un tirón y quedaron los dos de espaldas contra la pared. Un grito de terror le brotó de la garganta, pero él le tapó la boca con la mano. Ella miraba desesperada a los jinetes que bloqueaban el paso del callejón. Ellos gobernaban la noche, confundiéndose hábilmente entre las sombras. Un pequeño saco de cáñamo fue arrojado hacia donde ellos se encontraban. Joe lo cogió y vació el contenido en la palma de la mano: terrones, un mensaje secreto.
—No digas ni una palabra —le susurró mientras se acercaban a un caballo que los jinetes les ofrecían—. Haz exactamente lo que te diga. Y bajo ninguna circunstancia te quites el velo, capisce?
______ chocó la cabeza contra la mandíbula de él, asintiendo rápidamente. El montó de un salto y la levantó sobre su regazo. Se marcharon.
El oscuro laberinto de callejuelas dejó hecho añicos todo sueño romántico que ella tenía de la kasba de Argel. Las paredes apiñadas los encerraron. Ella tenía la extraña sensación de que en cada grieta y ventana había ojos observándolos. El terror le subió por la espalda. Al parecer percibiendo su intranquilidad, Joe la envolvió con los brazos, instándola a que se protegiera con su cuerpo. Galopó hasta que llegaron a unos portones altos con forma de arcos que se abrieron y entraron al trote hacia el patio. Los jinetes desmontaron y también lo hizo Eros. La bajó de la montura, pero antes de soltarla le dijo al oído:
—Recuerda lo que te dije. No hables. No te expongas. No mires a nadie directo a los ojos. Mantén la vista fija en el suelo —Le aferró la mano y se encaminó derecho hacia el imponente portal con dibujos arabescos—. ¡Taofik! —Rugió al tiempo que irrumpían, ignorando a los sorprendidos centinelas que estaban en las columnas de la entrada. Se quitó la tela negra de la cabeza de un tirón y se detuvo a registrar el vestíbulo. El oro cubría las paredes hasta la altura de los techos abovedados; el suelo estaba cubierto de unas bruñidas baldosas de color marrón claro. Nadie vino a recibirlos. El comenzó a avanzar de nuevo, caminando a pasos grandes y enérgicos, como si fuera dueño de aquel palacio secreto, o al menos como si hubiera vivido allí. Llegaron a una lujosa sala, amueblada con unos divanes de cuero y objetos brillantes. Joe se detuvo abruptamente. Dobló el brazo hacia atrás para mantenerla detrás de él—. ¡Taofik! —expresó con un gruñido—. Inta fin, ya calb? ¿Dónde diablos te has metido, canalla?
Una puerta se abrió y un hombre deambulaba en el interior. Piel morena, cabellos oscuros, ojos negros; llevaba puesta una túnica negra con bordados dorados, irradiaba autoridad en medio de toda aquella cueva de botines. ______ no dudó de que se trataba de un corrupto corsario: la sed de sangre se veía reflejada en cada rasgo de su aspecto. En la cadera, llevaba una shabariya con rubíes incrustados, corta y curvada: su daga argelina. Una sonrisa lenta se extendió en aquel rostro color oliva.
—Marhaba. Bienvenido, El-Amar. Entra.
Joe permaneció rígido.
—Hablo francés para no avergonzarte frente a tus hombres. Sugiero que hagas lo mismo —Arrojó la bolsa de tierra a las manos de Taofik—. ¿Por qué estoy aquí?
—Estás muy molesto, El-Amar. ¿Es tan inconcebible que busque a mi hermano? ¿A mi hermano, al que no he visto durante tantos años, hasta que me entero de que está en la kasba?
—Tengo una clara intención de matarte por haber enviado a Ornar a recogerme de las calles. Cooperé por respeto a ti: respeto que claramente tú no me tienes a mí.
—No fue mi intención faltarte el respeto, hermano. Te pido disculpas por el modo en que te traje aquí. Sólo me intereso por tu bien. Tengo inquietantes noticias. Creo que compartirás mi preocupación.
Joe se adelantó un paso.
—¿Cómo supiste que me encontraba aquí?
—Las paredes oyen en la kasba, y la casa de Sanah está vigilada día y noche. ¿Sabías que la vieja bruja le aconseja al dey? Por estos días él no da ni un paso sin su consejo. Deberías agradecerle a Alá por que te encontrara yo y no la patrulla del dey Abdi.
—Sanah siempre ha sido consejera del dey —disparó Joe con poca paciencia—. Dime lo que sabes y diremos salamat.
—¿Por qué tienes tanta prisa por marcharte? Sentémonos y hablémoslo con más calma. ¡Omar! —Dio dos palmadas llamando al hombre que hasta ese momento había sido invisible. Invitó a Joe a tomar asiento en un diván como de bronce—. Apuesto a que el coñac sigue siendo tu veneno, ¿verdad, italiano?
—Los malos hábitos son duros de matar —Joe descendió las escaleras de la entrada y se hundió en el diván.
Al dejarla parada como una persona tímida entre las sombras de las columnas de la entrada, ______ se dio cuenta de que tratándola como una esclava la estaba protegiendo. Poniendo en práctica la advertencia que él le había hecho antes, se quedó ahí clavada, ocultando la mirada, aunque sin mirar del todo al suelo.
Ornar regresó con una bandeja y la depositó sobre una bruñida mesa que había entre ambos. Taofik se inclinó hacia delante para servir las bebidas.
—Tienes buen aspecto —dijo—. El éxito te sienta bien.
—No tanto como a ti —sonrió Joe de manera burlona al tiempo que dejaba a un lado la tela que le cubría la cabeza.
—¿Sabes?, me mortifica verte ahora luchando en favor de los otros. ¿Enemigos nosotros?
Joseph endureció la boca.
—Lucho del lado que siempre lo he hecho: del mío.
Taofik lanzó una carcajada.
—Al menos no has cambiado. ¿Cuánto tiempo ha pasado: cinco, seis años?
—Ocho.
—Ah, sí, había olvidado lo ansioso que estabas por abandonarme, El-Amar, y seguir por tu cuenta.
—No era tu compañía la que me resultaba desagradable, Taofik. Sino los que te rodean y los métodos que utilizas. Hiere mi... delicada sensibilidad italiana.
—¡Delicada sensibilidad! —Taofik estalló en una carcajada—. Me has ganado, rais. Tu nombre es más temido de lo que el mío lo fue jamás.
Una sonrisa sincera se dibujó finalmente en los labios de Joe.
—Francamente espero que no.
—No seas modesto. Tus métodos son más delicados que los míos, pero tus metas son más altas.
—Te equivocas —dijo Joe—. Yo no tengo sed de poder. Se lo dejo a los que lo disfrutan mucho.
—No juegues conmigo, El-Amar, y no te engañes. Tu flota es casi tan grande como la del sultán. Todos los días soy convocado por el dey Abdi para discutir sobre ese tema.
—Con tanta faena, con el sultán tratándoos de "rebeldes e infieles en contra de la Sagrada Doctrina del Islam" porque ignoráis su acuerdo de cese de ataque a los franceses, con tus enormes pérdidas en alta mar por estar plagado de flotas combatiendo la guerra, y con el sultán marroquí que cada día se vuelve más poderoso, es increíble que aún encontréis tiempo de preocuparos por mí.
—Tenemos tiempo para todos —Taofik sonrió, frotando el enorme rubí que tenía el anillo de su dedo meñique—. Los jenízaros del sultán nos están sacando hasta el último céntimo. También ellos nos preocupan.
Joe bebió el coñac.
—No estoy interesado en la suerte de tus víctimas. Ya lo sabes.
—Pero no podemos permitirnos tenerte allí bloqueando cada ataque contra la Alianza. Aún estamos en guerra con los austriacos, como recordarás —Taofik bajó la voz—. Tus estrategias son ingeniosas, El-Amar, pero no puedes levantar un muro que rodee una península segura y privarnos de las ciudades que nos han provisto del mejor saqueo por más de dos siglos.
—¡Entonces deja de invadirlas! —dijo Joseph con voz áspera—. ¿Crees que te permitiría saquear Génova?
A ______ la sobresaltó su ferocidad, pero Taofik no parecía sorprendido.
—No puedes defender todas las ciudades italianas todo el tiempo, El-Amar. No eres su guardián. Piensa en los hermanos Harbarossa. Ellos no se conforman con el saqueo. Comenzaron como nosotros, luego ocuparon Argel y se convirtieron en sus gobernantes. Fueron en busca del verdadero poder: el que se obtiene gobernando países —Entornó los ojos—. Pudimos haber sido los más poderosos, los corsarios más famosos de todos los tiempos, tú y yo. Aún podemos serlo. Joe sonrió de modo tajante:
—¿Sigues con intención de usurparle el trono al dey Abdi? ¿Es ese el motivo por el que de pronto estamos hablando de los hermanos Barbarossa y del tamaño de mi flota?
—¿Por qué no regresas? Será como en los viejos tiempos, pero mejor. Seremos socios con todos los derechos.
—Argel es una parte de mi vida que ya acabó —manifestó Joe—. Tengo la mirada puesta en el futuro.
—No —Los ojos de Taofik parecían carbones encendidos—. Estás regresando al pasado. Siempre supe que algún día lo harías. Todo ese odio te mantuvo vivo cuando los demás hombres fuertes se daban por vencidos... Tenías el diablo pisándote los talones. Nadie soportaría el dolor como tú lo has soportado sin un motivo.
El rostro de Joe permanecía rígido como una máscara de bronce.
—Esta nueva generación no tiene tu ingenio. No tienen tu temple. Son malos, blandos. Pretenden la vida fácil, pero son demasiado holgazanes para pagar el precio.
Joe bebió el trago rápidamente y apoyó la copa.
—¿Para qué me habéis traído aquí?
—Transportas objetos valiosos a bordo del Alastor. ¿Algo de la propiedad de un duque inglés? Antes evitabas la mercancía de alta calidad. También te preocupabas por ser discreto. ¿Qué es lo que ha cambiado?
______ contuvo la respiración esperando la respuesta de Eros.
—Al grano, Taofik —lo interrumpió con aspereza.
—Un italiano de la nobleza te está buscando en la kasba. Desea comprar tus... objetos, por un precio atractivo. También anda en el mercado interesado en comprar información relacionada contigo, hermano, y como bien sabes, esa información vale tu peso en oro.
—Entonces, tal vez tenga que comer más. Buenas noches, Taofik.
Una par de manos fuertes cogieron con fuerza a ______ por detrás y una voz áspera y burlona exclamó por encima de su hombro:
—¡El-Amar! Escuché que ocultabas algo en algún lugar de la kasba.
Joe se quedó rígido.
—¡Déjala ir, Hani! ¡Ahora! —expresó con un gruñido, con un tono que no dejaba lugar a la negociación. Como tampoco la pistola que de repente sostenía en la mano.
Hani rompió a reír.
—¿Qué harás, dispararnos? No podrás ni arrojarme una piedra mientras tenga a esta preciosidad entre mis brazos —La preciosidad se retorcía como una fiera, pero Hani era fuerte como un buey—. Ya alejaste una vez a Jasmine de mi lado. Esta vez, se queda conmigo.
—Suéltala, Hani. Ella no es Jasmine —lo interrumpió Joseph de manera amenazadora.
—¿Es eso cierto? ¿Desde cuándo entras a hurtadillas en la kasba con una mujer, nada menos que para ver a Sanah? Todo el mundo sabe que no llevas a tus prostitutas contigo en tus cruzadas.
Taofik le lanzó un grito de advertencia, pero Hani meneó la cabeza.
—No, tío. No dejaré que me engañes como la última vez. Jasmine accedió a quedarse conmigo, pero tú y ese canalla italiano conspirasteis a nuestras espaldas y me la arrebataron.
—¡Le mostrarás a El-Amar el debido respeto y libéralas a Jasmine de inmediato! —le gritó Taofik.
—¿Qué respeto? —gruñó Hani—. Yo llevo tu sangre, el no es nadie, es un extraño.
—El-Amar no es ningún extraño aquí. Tú sabes que para mí es como un hermano.
—¿Un hermano?—Hani escupió el reluciente suelo—. ¿Qué hermano? Yo soy tu sobrino, de tu propia sangre. ¿Y él qué es? Un despreciable desleal, un ex esclavo que cogiste de los baños públicos.
—¡No quedará de ti más que un montón de carne y sangre si no la liberas de inmediato! —Joe se adelantó amenazante—. No es a Jasmine a quien tienes... ¡sino a mi mujer!
______ dejó de forcejear con Hani y miró a Joe de manera aturdida. Tenía el rostro contraído de furia; con un destello criminal en los ojos. La serena templanza característica en su personalidad se disolvió ante los ojos de ella. Mi mujer.
Hani dio la vuelta a ______ y le quitó el velo que le cubría la boca.
—Hola, preciosa.
Ella alzó la vista. Supo que había sido un error en el momento en que vio sus ojos. Maldiciendo, él le descubrió la cabeza. Los cabellos brillantes como hilos de oro le cayeron hasta la cintura en todo su esplendor. Con los ojos color aguamarina llenos del terror, ella miró fijamente a Hani, y luego a Taofik. Un salvajismo carnal ardió en los ojos de ambos. Joe se abalanzó, vociferando:
—Bastardo! —Una mano lo detuvo.
—No, hermano —le advirtió Taofik—. Hani es mi sangre. No puedo permitirte que lo mates por una mujer.
Hani le sujetó con fuerza el mentón.
—¿Qué es lo que tenemos aquí? Un tesoro de oro, suave e incalculable.
Taofik lanzó una risotada.
—Supongo que éste es tu famoso cargamento, El-Amar. No me digas que te has vuelto blando y has venido a ver a Sanah para que te adivine la suerte...
—Suéltala, Hani —ordenó Joe—. Ella no es Jasmine. Mi hermana está felizmente casada y viviendo en Jamaica. Llegas demasiado tarde. Ella ya te ha olvidado por completo.
—¿Casada? —Aferró a ______ con más fuerza, haciéndola quejarse de dolor. Refunfuñando la apartó de un empujón, sacó la daga y se abalanzó enérgicamente hacia Joe, apuntándole al pecho.
—¡No! —gritó ______, incapaz de concebir la catástrofe que estaba a punto de ocurrir.
Un destello plateado cortó el aire y se detuvo en el pecho de Joe. Él quedó inmóvil. Quedándose exactamente donde estaba, con las palmas de las manos aferradas, la empuñadura de la daga enjoyada sobresaliendo entre sus dedos, él sonreía con aire vengativo.
—¿Eso es todo lo que sabes hacer? —Lanzó el cuchillo al aire y cogió la empuñadura con joyas incrustadas—. Vamos, idiota. Muéstrame de qué estás hecho.
Hani se abalanzó bruscamente, con un segundo cuchillo en la mano. Taofik se echó a un lado. Cualquier interferencia de su parte ofendería a uno de los hombres y convertiría al otro en su enemigo mortal. Joe y Hani comenzaron a caminar en círculos, cambiando las armas de una mano a la otra, abalanzándose uno sobre otro con amagos.
—¡Eres hombre muerto! —gruñó Hani—. Qué pena por Jasmine, pero qué suerte para mi nueva amante rubia —Lo embistió y Joseph lo bloqueó apartándolo de un golpe en el antebrazo.
—Te estás volviendo lento, niño mimado —sonrió de manera burlona, moviéndose con agilidad, con la capa negra que se hinchaba a la altura de los talones—. Has pasado demasiado tiempo acunado entre cojines de seda.
—¡Te mostraré quién ha estado acunado entre cojines de seda! —Hani volvió a atacar pero el cuchillo traspasó la capa de Joe y se retorció impotente entre los amplios pliegues. Con un movimiento rápido, Joseph se arrancó la capa por los hombros y se la arrojó encima a Hani, atrapándolo como un pez en una red al tiempo que él se movía ágilmente. Furioso, Hani luchó por liberarse. Reapareció despeinado y agitado.
—¡Italiano asqueroso! ¡Juro que esta noche te mataré!—despotricó.
Volvieron a trabarse en la danza mortal, blandiendo los furtivos cuchillos con tanta destreza que ______ apenas detectó el brillo asesino en sus miradas. Joe era más alto y más robusto, pero la furia de Hani compensaba su destreza, convirtiéndolo en un letal oponente. Continuó con sus provocaciones, atacando una y otra vez. Joe le bloqueó los ataques y le cortó un brazo. Un grito de dolor brotó de los labios de Hani.
—Qué lástima de camisa. Era tan bonita —Joe sonrió al ver la mancha roja que se expandía en la manga de satén color marfil mientras Hani se aferraba el brazo con la mano ensangrentada.
—Pagarás por esto, El-Amar—Hani se retorció—, con cada gemido de tu prostituta blanca cuando esta noche la tenga debajo de mí —Rió cruelmente, al tiempo que se soltó el brazo y volvió a tomar posiciones.
—Yo no haría planes para más tarde —sonrió Joe de manera burlona. Pasó el cuchillo a la mano izquierda—. Basta de bromas. Terminemos con esto —Se abalanzó sobre Hani con el cuchillo y lo cogió fuertemente del brazo herido con la mano derecha, arrojándolo violentamente contra la pared. Hani chocó ruidosamente, con la mano que tenía el cuchillo torcida en la espalda. Joe se la dobló hacia arriba con tanta fuerza que le hizo crujir los huesos. Hani gruñó. El cuchillo cayó de la mano y él se desplomó contra la pared anunciando su derrota.
Joe puso el cuchillo en el cuello de Hani:
—Taofik, déjame terminar con él. Un día me lo agradecerás.
—Aprecio tu templanza, El-Amar. Ahora me encargaré yo —Taofik se adelantó y apartó a Hani. El dorso de su mano restalló contra la mejilla de Hani, dejándole un cruel corte rojo hecho con el anillo de rubí—. ¡Tu vergonzosa conducta es imperdonable! —profirió con desdén, provocando que Hani se pusiera muy colorado—. ¡Lárgate, idiota! —Le señaló la puerta—. ¡Fuera!
______ corrió hacia Joe con el corazón dando saltos de alegría. Lo examinó de arriba abajo y comprobó que seguía en su formidable buen estado. Sin poder resistir el impulso, lo asió del cuello y le estampó un ruidoso beso en la mejilla.
—¡Estuviste absolutamente maravilloso! Estoy muy orgullosa de ti.
Él esbozó un gesto principesco.
—Me siento inhibido por vuestros elogios, principessa. Ahora debemos marcharnos —Le apartó la cabellera y se la enrolló en la nuca, complacido de tener la libertad para hacerlo. La capucha de ella estaba rasgada, por lo que le envolvió la cabeza con la tela que llevaba él, dejándole una hendija delgada para los ojos.
Hani fue hasta la puerta tambaleándose y aferrándose el brazo. Al llegar al último escalón de arriba, se volvió y señaló a Joe con un dedo ensangrentado.
—Como solías decir: el mundo es como una rueda. Tu día llegará. En el nombre de Alá, ¡juro que pagarás por esto! —Y se marchó.
—Me disculpo de nuevo, hermano —dijo Taofik—. Espero que perdones y olvides.
Joe levantó una ceja:
—¿Lo harás tú?
Taofik sonrió.
—Me alegra que no te hayas rebajado. De haberlo hecho, yo hubiera tenido que vengar su muerte porque es de mi sangre, y hubiera detestado hacerlo.
Joe se echó la capa sobre los hombros.
—Nos marchamos —le informó a ______.
—Supongo que no tiene sentido tratar de ofrecer un precio por esta dulzura rubia —Los ojos de Taofik, negros como el carbón, recorrieron la silueta oculta de ella. Se posaron en Joe, preguntando—: ¿O es que lo hay?
Ella se estremeció esperando la rotunda negativa de Joseph. El sonrió abiertamente, evaluando la mirada centelleante de ella.
—La oferta vale la pena, sin duda. Pero no esta noche.
Taofik los escoltó hasta los riyad
—Ornar os escoltará hasta el otro lado del muro —dijo al tiempo que Joe montaba un caballo árabe castaño rojizo—. Hay que proteger de los ladrones a tu rubia propiedad.
Sentado con ______ sobre sus rodillas, Joe dijo:
—Me compadezco del ladrón que se robe este pequeño equipaje.
Taofik lanzó una carcajada.
—Entonces no hay duda de que por ahora tienes las manos muy ocupadas como para fastidiarnos a nosotros, pero no olvides de lo que hablamos. Tú coleccionas tantos enemigos como trofeos. Ten cuidado, El-Amar. No cometas el error de subestimarlos —A ______ aquella advertencia le sonó a amenaza.
—Lo tendré presente. Salamat, Taofik —Joe le clavó los talones al caballo e irrumpió en la noche.

—¿Debo suponer que aún sigues disfrutando de la aventura de esta noche? —La voz profunda de Joe rompió la quietud de la noche.
______ no quería hablar. La luz de la luna se estancaba en el estrecho callejón de tierra. Iban a trote lento con Omar siguiéndoles de cerca. Acurrucada entre sus brazos, con la mejilla apoyada sobre su pecho, ella se sentía demasiado a gusto como para discutir con él. Joe pareció entender. La abrazó más fuerte y apoyó el mentón en la cabeza de ella, dejando que la noche intensificara cada sensación. Cerrando los ojos, ella encontró refugio en la oscuridad para abandonar sus defensas en favor de aquella mágica intimidad que los envolvía. Disfrutaba del fluido movimiento del caballo árabe, de la salada brisa oriental, de los sonidos de la noche, pero por encima de todas las cosas, de la sensación de él abrazándola como un hombre abraza a su mujer. Su mujer.
—Wakkefu wa istaslamu! ¡Alto y rendíos! —gritó una voz al pie del callejón.
Ella abrió los ojos de golpe. Joe sujetó las riendas, provocando que el caballo ladeara la cabeza y se encabritara. Filas de jinetes bloquearon el pie del callejón en pendiente, vestidos con capas negras con una franja roja en la costura. Era una emboscada.
—La guardia del dey —murmuró él apretando los dientes.
—¿Hani? —preguntó ella con tono de preocupación.
—Tal vez.
El jefe de la banda sacó una espada larga, curva, de un solo filo. Reflejaba los rayos de la luna de manera escalofriante.
—Estamos muertos —susurró ______ mientras uno a uno los jinetes iban sacando brillantes cimitarras que parecían afiladas por el mismísimo Vulcano.
—Aún no. Sujétate fuerte —Joe le hizo una señal a Omar, luego emitiendo un grito gutural, hundió los talones en el caballo y arremetió a la carga a toda velocidad.
—¡Muerte a los infieles! ¡Muerte en nombre de Alá! —vociferó el líder al tiempo que se abalanzó precipitadamente, con los soldados que lo seguían detrás blandiendo las cimitarras.
Joseph sacó la pistola y le disparó al líder. Ornar derribó al segundo en el mando. Los jinetes rompieron filas, dando gritos y agitando las espadas. La pendiente del callejón les ofreció a Joe y a Omar la ventaja de adquirir velocidad al cabalgar en su intento por ganar terreno en la carrera contra todo obstáculo.
El enfrentamiento fue brutal, espadas volando y dando cuchilladas. El filo brillante de un cuchillo casi le arranca la cabeza a ______, pero Joe utilizó su ímpetu para arrebatarle la espada de la mano al hombre y empuñarla sobre el siguiente atacante. La sangre salpicaba caliente y pegajosa. ______ se encogía de miedo contra Joe, abrazada a su cintura, tratando de no dificultarle los movimientos. Sentía su respiración agitada; un sudor caliente le brotó de la piel. Los cuerpos caían hacia ambos lados, pisoteados bajo los cascos de metal. De algún modo lograron abrirse paso entre la terrible confrontación mientras Omar se quedó para entretener a los atacantes. Joe avanzó a gran velocidad, tomando atajos, desafiando al diablo, hasta llegar a un callejón aislado. Desmontó el corcel árabe de un salto y la bajó a ella al tiempo que le preguntó.
—¿Sabes nadar?
—Sí.
—Bien. Quítate el chilaba y las botas —Él se arrancó la capa por los hombros, se sacó la camisa por la cabeza y se sentó en el suelo para quitarse las botas. ______ hizo lo mismo, quitándose la capa y las botas con rapidez.
—Vamos —La cogió de la mano y empezó a correr. En la distancia, el ruido de los cascos se volvía más fuerte. Él entró en una grieta muy oscura, un túnel. El suelo estaba resbaladizo bajo los pies de ella. El agua goteaba haciendo eco de manera ahuecada en las paredes mohosas y caían en un pozo lejano.
—¿Dónde estamos? —resonó la voz de ella mientras se daba prisa para seguir el ritmo de él.
—Es el khettara, el canal de irrigación de la ciudad. Desemboca directamente en el mar.
—¿Estamos en la alcantarilla? —chilló ella, mientras las paredes hacían eco de su horror.
Él rió entre dientes.
—No, principessa. Son las reservas de agua de la ciudad.
De repente, el suelo se hundió bajo sus pies. Cayeron en las oscuras entrañas de la roca, más y más profundo. La caída terminó velozmente en un gran chapoteo, cuando se zambulleron en el pozo. El agua estaba helada. ______ se hundió como una piedra, se le congeló la sangre hasta que sus pies tocaron fondo. Ella se impulsó con las piernas y subió vertiginosamente en busca de aire. Apareció resoplando y temblando de frío.
—Princesa —La voz grave de Joe llenó el cavernoso estanque—. ¿Estás bien?
—Sí —jadeó ella, secándose el agua y apartándose los cabellos mojados de la cara—. ¿Dónde estás?
—Aquí mismo —Le envolvió la cintura con un brazo y la atrajo hacia sí. Él siguió nadando hasta pararse sobre una piedra—. Aún no estamos muertos —le susurró en la frente con voz sensual.
Un rayo plateado de luz de luna se filtró a través de una grieta de la roca. Poco a poco ella fue distinguiendo la sonrisa burlona de él en la oscuridad. La abrazó:
—Estás temblando —murmuró al tiempo que le frotaba la espalda para estimular la circulación de la sangre. Suspirando profundamente, ella lo abrazó por la cintura y sintió el calor del cuerpo masculino penetrando sus extremidades. Hacía unas horas él se había comportado como el perverso Víbora; en ese momento, era su príncipe azul. Ella se preguntaba cuánto duraría aquello, la intimidad que las circunstancias de aquella noche había generado entre ellos. Joe era bueno en ese tipo de cosas: la hacía confiar en él y luego cambiaba de actitud.
La mimó un rato, acariciándole la espalda y abrazándola. Le buscó la mejilla con los labios. Llegó a la boca murmurándole:
—Me debo algo a mí mismo.
—Consideraste la idea de venderme a ese argelino.
Una profunda carcajada brotó de la garganta de él.
—Ni en un millón de años. Sabes que he venido hasta aquí para cumplir tu deseo. ¿Pensaste que te iba a dejar? Tú no estás en venta, amore. Tú eres mía. Sólo mía —El primer contacto de sus labios fue sublime; el beso era una rara mezcla de ternura y deseo. Ella se abrazó al cuello terso y lo bajó para atraerlo más hacia sí. Él la acariciaba con la lengua que ardía en la suya. El sabor era embriagador. A ella se le derretían las piernas. No quería soltarlo más.
Qué pena que aún no estuvieran a salvo. Aún tenían que tomar el bote de remos para regresar al Alastor. Joe percibió que ella retrocedía.
—Debemos seguir, mia bella. Te quiero lo más lejos posible de este sitio. Terminaremos con esto más tarde —le juró con voz ronca—. Te lo prometo.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 27th 2011, 19:13

Capítulo 12 (Parte II)


—Debemos seguir, mia bella. Te quiero lo más lejos posible de este sitio. Terminaremos con esto más tarde —le juró con voz ronca—. Te lo prometo.
Perturbada por aquella seductora promesa, lo siguió hasta atravesar una grieta en la roca. Después de nadar por el oscuro estanque, la luz de la luna parecía más brillante, la profunda arena más cálida. Ella estaba ansiosa por estar de nuevo en el barco, acurrucada en una cama confortable.
Joe le indicó con un gesto hacia la derecha.
—Allí está nuestro bote —La cogió de la mano y comenzaron a correr.
Un movimiento le llamó la atención.
—¡Mira! —Ella señaló a los tres hombres emergiendo del puente marítimo. Los gritos taladraron la noche desde la cima del muro.
—Empuja el bote al mar. Yo te seguiré —Joe se dio la vuelta y arremetió contra los soldados.
______ corrió hacia el bote, pero al ver los restos de madera trastabilló en la arena emitiendo un grito de desesperación. Volvió a mirar a Joe justo cuando lanzaba el cuchillo directo a la frente del primer soldado, ejecutándolo en el acto. Pasmada, ella lo vio darle un fuerte puñetazo en la cara al segundo hombre. El tercero demostró ser más astuto; sacó la cimitarra y la blandió. Joe lo esquivó agachándose rápidamente y lo embistió. Rodaron en la arena, luchando ferozmente. Joe se puso de pie, empuñando la espada. Levantó el brazo y enterró la hoja en el pecho del argelino. El segundo hombre comenzó a levantarse de la arena con la cimitarra en la mano. ______ se levantó y corrió hacia él a toda prisa.
—¡Cuidado! —le gritó a Joe al tiempo que le arrojó al hombre un puñado de arena a los ojos.
Joe se levantó y lo atacó. El metal chocó contra el metal con rencor anodino. Joseph alzó la cimitarra en lo alto y con una maniobra feroz la bajó hasta el cuello del soldado y le arrancó la cabeza. _____ se quedó completamente inmóvil. La silueta musculosa de Joe se quedó parada junto al cuerpo mutilado de su víctima, aún empuñando la espada manchada de sangre. Espasmos de bilis le subieron hasta la garganta. Ella se dobló y tuvo arcadas en la arena con el cuerpo entero convulsionado.
Estaba haciendo esfuerzos por respirar cuando él se le acercó.
—_____, ¿qué ha pasado? ¿Te sientes mal? —Le apoyó una mano amable sobre el hombro. Ella se la quitó bruscamente y le señaló el bote hecho pedazos—. ¡Bastardos! — gruñó él. Del puente salían más soldados—. ______ —La ayudó a ponerse de pie. Cubierto de arena, se le veía agotado, aunque la llama en sus ojos seguía ardiendo—. Debemos largarnos de aquí, amore mió, o moriremos esta noche.
—¿Y ahora qué hacemos? —le preguntó ella sintiéndose increíblemente aterrada y exhausta.
—Ahora a nadar. Quítate la camisa. Nos iremos ahora.
—¿Qué? —La última horripilante experiencia que soportaría aquella noche sería desnudarse delante de él—. ¿Cómo diablos vamos a hacer para nadar semejante distancia? —Escuchó los gritos de los argelinos que seguían saliendo del puente, cuando de repente, una fuerte explosión sacudió las paredes. Una columna de agua surgió a borbotones en la distancia hasta formar un poderoso chorro no demasiado lejos del Alastor.
—Porca miseria! ¡Están bombardeando mi barco! — La cogió de la muñeca con la mano como de acero y la metió al mar—. Escúchame, pequeño fastidio. Tenemos que desnudarnos del todo. Una vez que entremos a las corrientes profundas cada una de las prendas nos hundirá como si fueran piedras. Ahora, sé que llevas algo debajo. De modo que quítate esa camisa y no más discusiones. No es momento de hacerse la "señorita remilgada".
Él ni se molestó en mirar cuando ella se quitó la camisa. Caminaron por el agua hacia lo hondo mientras las olas altas rompían en sus cuerpos, salpicándoles los rostros con agua salada. Las bombas explotaban por encima de sus cabezas.
—¡Sujétate a mí! —dijo Joe con un gruñido por encima del rugido de las olas.
—Sé nadar por mi cuenta, ¡gracias! —gritó ______ en respuesta.
—¡No en esta corriente ni tan rápido como yo! —A la fuerza, se enroscó los brazos de ella a su cuello y se zambulló de cabeza. Azotaba las negras olas con los brazos con la fuerza de un ángel vengador, estimulado más por la furia que por el vigor. Ella iba aferrada a los hombros con todas sus fuerzas mientras pataleaba.
Los soldados no siguieron hasta el mar, confiados en la tarea de eliminar a tan temible enemigo a cañonazos. A los lejos, el Alastor despertó ante la llamada a la batalla, disparando arremetedoras andanadas a la ciudad amurallada. Atravesaron a nado columnas de agua que brotaban a borbotones, esquivando los temibles proyectiles y sorteando las despiadadas olas.______ rápidamente iba perdiendo lo que le quedaba de resistencia. Sentía los brazos entumecidos. Ideas pesimistas le daban vueltas en la cabeza, acerca de tiburones, de la fatalidad y de la posibilidad de no volver a ver a su abuelo jamás. Los párpados se tornaron pesados. El Alastor parecía alejarse más y más. Pero justo cuando su cuerpo cedió Joe se aferró a la escalerilla lateral del Alastor y subió. Nico la cogió de los brazos y la subió a cubierta. Sonriendo de oreja a oreja, Giovanni le ofreció una mano firme al capitán y tiró de él después de ella.
Cuando abrió los ojos el mundo le daba vueltas a su alrededor. Los hombres corrían a toda prisa por cubierta; los cañones continuaban disparando. Escuchaba a los lejos la voz grave y fuerte de Joseph ordenando levar anclas y desplegar mástiles, lanzando al Alastor al mar a toda vela.
Sus rodillas se doblaron y se dejó caer contra Nico, pero un par de manos fuertes la apartaron y la alzaron en brazos. Estaba ligeramente sorprendida por la eufórica seguridad que sintió. Cerrando los ojos, dejó caer la cabeza sobre un hombro ancho y se abandonó.

Lo primero que vio fue un cuerpo desnudo hurgando en un baúl abierto con ropa. Los músculos se tensaban por todas partes: brazos fuertes, espalda fibrosa, caderas estrechas, nalgas firmes, y muslos largos y musculosos. El vello suave, el oscuro bronceado de pronto se volvía sorprendentemente blanco crema debajo de la línea de la cintura. Recuperando la coherencia lentamente, ______ se percató de que estaba acostada en una cama mullida, envuelta en una manta y mirando estúpidamente a un glorioso hombre desnudo. Una voz severa dentro de su cabeza le ordenaba que desviara la vista, pero sus ojos rehusaban a abandonar aquella imagen irresistible que tenía enfrente.
Finalmente, él encontró prendas de su agrado. Se deslizó dentro de un par de pantalones y una camisa y se amarró los cabellos en una cola de caballo. Se dirigió a la puerta, sacó la cabeza y dijo:
—¡Traedme un poco de té!
Ella no esperaba que él se diera la vuelta tan abruptamente, pero lo hizo.
—¿Disfrutando del espectáculo? —Joe le sonrió con rapacidad.
El calor le subió por las mejillas. Ella cerró los ojos, pero ya era demasiado tarde. Aquel hombre detestable estalló en una carcajada. Ella abrió los ojos de golpe.
—¿De qué te ríes, gamberro?
Riendo ahogadamente, él se acercó hasta el mueble de las bebidas y se sirvió una copa de coñac. Bebió la mitad y luego fue a pararse junto a ella.
—Aquí tienes, te calentará hasta que llegue el té.
Secretamente agradecida, ella aceptó la bebida y se incorporo para sentarse. Bebió y le miró aquel rostro de sonrisa burlona. No se regodeó mucho tiempo. Regresó al baúl y escogió una bata de seda negra y una camisa de linón. Las arrojó hacia ella y aterrizaron sobre sus piernas.
—Te sugiero que te quites la ropa mojada si quieres estar viva para otra aventura.
Joe miró las prendas secas. Si él esperaba que ella lo igualara dando el mismo espectáculo, estaba absolutamente equivocado.
—He tenido aventura suficiente para que me dure de por vida.
—No puedes quedarte con esas ropas mojadas para siempre. Estás totalmente gelato —Sonrió socarronamente.
______ echó una mirada furtiva debajo de las mantas. Gracias a Dios aún tenía la ropa puesta, pero la ropa interior húmeda era terriblemente transparente y la tenía pegada al cuerpo. Tendría que correr una carrera hasta la puerta envuelta en la manta. Deseaba poder irse.
—No seas tan niña, princesa. Juro que no miraré —Cuando ella negó con la cabeza obstinadamente, una sonrisa malvada se dibujó en los labios de él—. Si te niegas a ponerte ropa seca como una buena chica, sencillamente tendré que hacerlo por ti.
Bien, no había salida. Gruñendo para sus adentros, bajó los pies al suelo. Le costó un gran esfuerzo sostener firme las inestables piernas mientras sujetaba la manta firme envolviéndose el cuerpo mojado. Estaba reuniendo energía mentalmente para dar el primer paso cuando los pies descalzos de Joe aparecieron ante sus ojos.
—¿Exactamente a dónde crees que vas? —exigió saber.
—Me voy a morir en mi propia cama, si no te importa.
El sonrió débilmente.
—Sí me importa. ¿No ves que estás demasiado débil para ir caminando hasta tu propio camarote? Para empezar, ¿quién crees que te cargó hasta aquí? Además, no tengo deseos de contrariar a tu abuelo. Él no es un cachorro inofensivo como Silverlake. Si es que llegas a tu camarote, caerás en cama con esos harapos mojados hasta que mueras de tuberculosis.
—Entonces haré las paces con Dios y esperaré a que bajen los ángeles a llevarme.
—Como quieras —Estiró los brazos para cogerla. Ella le dio un manotazo y perdió la manta. Joseph quedó inmóvil. La mirada se le oscureció ante la imagen de esos pechos turgentes transparentados a través de la prenda mojada y adherida. No llegaba a ocultar los pezones firmes rosados y erizados.
—¡Qué detestable eres! —Le arrebató la ropa seca de la cama y la sujetó a la altura de los senos—. Está bien. ¡Lo haré yo misma, pero no mires! ¡Aléjate! —Le hizo un ademán nervioso para alejarlo—. ¡Vuélvete! Si llegas a espiar, juro que te dispararé, ¡y esta vez no fallaré!
—Tú me miraste a mí —le recriminó él, pero ya se estaba dando vuelta.
—No es culpa mía que hagas alarde de tu cuerpo para que todos lo vean como si fuera... —Furiosa ella se quitó torpemente la ropa mojada—. Como si fuera...
—¿Como si fuera qué? —quiso saber él con leve curiosidad mientras seguía dándole la espalda.
A ella no se le ocurría ni un solo insulto; aún le costaba olvidar la imagen de aquel magnífico cuerpo masculino de color chocolate con vainilla. Maldijo entre dientes.
Joe echó la cabeza atrás y lanzó una carcajada. Ella consideró seriamente dispararle.
—¿Ya puedo mirar? —preguntó dócilmente al tiempo que la carcajada decreció hasta quedar como una risita molesta.
—Sí —Ella apretó los dientes y se ató el cinturón de la bata a la altura del ombligo. La camisa de lino le llegaba a las rodillas, pero la larga bata de seda negra caía hasta los pies, el fresco satén le moldeaba cada curva como si fuera una segunda piel. Ella no pudo resistir tocar el bordado plateado y rojo que adornaba la parte delantera. Era una bata digna de la realeza. Masculina y elegante.
—¿Cómoda? —oyó la voz grave de Joe por encima de su cabeza.
—Gracias por el generoso cambio de ropa. Me voy a mi...
—Espera el té —Él se inclinó hacia delante y apartó de un tirón la manta húmeda—. Métete en la cama. Te sentirás mejor después de beber una taza de té caliente y dulce.
Dilema. Taparse con sus sábanas definitivamente estaba fuera de discusión. Por otro lado, tenía una pila de preguntas que había acumulado mentalmente esa noche. Y tenía una adivinanza que resolver.
Joe se sentó en un sillón, disfrutando una copa de coñac. Parecía estar más dispuesto a conversar que a intentar cumplir sus promesas. Ella se sentó al borde de la cama y cogió el coñac. La fuerte bebida se expandió con un calor que le llegó hasta las extremidades. Eso y la ropa seca hicieron que se sintiera mucho mejor; de hecho, ella sentía una especie de dulce calma como de ensueño.
—¿Por qué tratas de amigo a un hombre como Taofik? —Se atrevió a hacerle la primera pregunta—. Cualquiera se daría cuenta de que es un malvado. Hasta las advertencias que te hacía sonaban más como una amenaza que como auténtica preocupación.
Raed llamó a la puerta con los nudillos. Entró con el té, lo depositó sobre la cómoda y se marchó. Joe se levantó y le alcanzó una taza. Cuando ella rehusó a separarse del coñac, él le quitó la copa de la mano, vertió el contenido en la taza y la hizo aferrarla. Volvió a desplomarse en el sillón y bebió el coñac.
—¿Qué dirías si te dijera que yo no soy tan diferente a Taofik?
—Tú no eres malvado —afirmó ______ rotundamente—. Tú tienes alma, él no.
—Él es el bastardo más astuto que haya conocido. Estar en su compañía fue todo un aprendizaje.
—¿Y qué sentido tenía vivir en ese infierno? ¿Qué fue lo que te hizo marcharte de allí? —preguntó ella con más discreción—: ¿Es que en Italia eras un criminal condenado que se vio obligado a huir?
Joe la miró a los ojos desde el otro lado del cuarto.
—Criminal, no. Condenado, sí.
Ella pensó en la adivinanza y en el sitio donde él nunca podría regresar.
—Sanah me dijo que había dos hombres en tu interior: una serpiente y un águila. Yo también había llegado a la misma conclusión.
Él le lanzó una mirada punzante.
—Duerme un poco, ______. Ha sido una noche larga —Se dirigió hacia las portas y se quedó mirando la noche. Una brisa fresca se arremolinó en el interior del camarote inflándole la camisa.
Ella se levantó y se acercó a él. Algo había sucedido entre ellos aquella noche. Se habían conectado, las dos almas al descubierto. Él no podía ignorarlo. Ella le tocó el hombro:
—¿Quién eres?
Él cerró los ojos. La voz sonó tensa cuando dijo:
—Ya... no lo sé...
—Eras esclavo en Argel —Ella le deslizó una mano por el brazo—. Taofik dijo que estabas en busca de tu pasado y defendiendo la costa italiana. ¿Estás tratando de recuperar tu hogar?
—Mannaggia! —Se dio vuelta bruscamente y se le abalanzó—. Tienes tendencia a fisgonear, ______.
—Tú me interrogaste sobre todo: mi familia, mi compromiso, mi pasado. ¿Por qué es tan terrible que yo también quiera conocerte mejor?
El calor de sus ojos hacía que el color azul resaltara más en contraste con la piel bronceada.
—Cuidado con lo que quieres, ______... —murmuró él. La cogió de la muñeca y la atrajo más hacia sí—. ¿Qué más te dijo Sanah sobre mí?
—Nada —se retorció incómoda.
—¿No le preguntaste a Sanah sobre nosotros?
Ella le miró el mentón.
—No.
Él rió burlón.
—Mentirosa. ¿No te dijo Sanah lo que iba a suceder con nosotros? —Hundió las manos en los cabellos húmedos y le masajeó los músculos tensos de la nuca, con movimientos lentos y circulares. A ella el mundo le dio vueltas, pero esta vez flotaba en una nube—. Debí haber traído mis cartas de tarocchi —Pasó la punta de la lengua por los labios entreabiertos y lamió la sal—. Hay una sola carta que nos ahorraría litros de café.
—¿Qué carta de tarot? —murmuró ella aturdida. Le apoyó la boca en el oído. Movió los labios de manera seductora:
—La de Los Amantes.
Un lento ardor de deseo la recorrió entera. Se sentía profundamente atraída hacia él pero le temía un poco. Era cruel y astuto, le arrancaba la cabeza a la gente, y si lo decidía, era capaz de no amar... Ella no estaba ansiosa por encontrarse atrapada en un matrimonio arreglado, pero entregarse a un pirata eliminaría toda esperanza de formar su propia familia. Ningún caballero respetable tomaría por esposa a una paloma manchada, a menos que él mismo la manchara. Ella retrocedió un paso, meneando la cabeza tristemente.
—No, Joseph. No podemos ser amantes.
Él apretó la mandíbula.
—Si hace un mes alguien me hubiera dicho que ardería de deseo de este modo por una mujer como tú, lo hubiera matado. Ve a la cama, ______. La noche se acabó.
Ella no podía estar más de acuerdo.















Quizás si Glauco hubiera visto tus ojos,
te habrías convertido en una sirena del Mar Jónico,
y las Nereidas te lo estarían reprochando de envidia,
Nasaee de cabellos rubios y cerúlea Cymothoë.

Propercio: El amor de Cintia.

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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 27th 2011, 19:15

Espero les guste y comenten muchos Very Happy
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 29th 2011, 19:25

O_O buenisima, cada vez se pone mucho mejor! Me encaaaanta, me fascina! Siguela pronto;*
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 30th 2011, 06:52

Chicas lamento no hberles subido antes pero las tareas no me han dejado! ya les subo Very Happy
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 30th 2011, 06:53

Capítulo 13


El cruel sol del desierto castigaba al grupo de cinco personas que iban a caballo por las desoladas llanuras pedregosas, salpicadas con zonas de maleza y árboles raquíticos. Esa mañana más temprano, el Alastor había atracado en el puerto de Agadir; pero en lugar de dirigirse directamente a la casa, Joe había equipado con arcones a una recua de camellos y a tres de sus hombres, y habían partido rumbo a Hammada, el desierto que se extendía todo el camino hacia el Atlas. Él iba montado atrás con gamberro flanqueada por sus brazos.
Casi no le había hablado durante la semana que habían navegado desde Argel hacia Agadir, poniendo en práctica su mal humor. Había sido un cambio brusco con respecto a haber estado besándola, acariciándola y susurrándole al oído que estaban destinados a ser amantes. Ella sentía la necesidad de romper el hielo de algún modo.
—¿Adónde vamos?
Silencio. Ella estaba considerando la idea de agregar algo más cuando sintió el leve roce de sus labios en la sien.
—A un pequeño pueblo llamado Tiznit, a visitar a mis amigos —respondió Joseph.
______ estiró el cuello a un lado y lo miró a los ojos. No lograba descifrar lo que veía en ellos.
—¿Aún sigues... enfadado conmigo? —le preguntó.
Él le sostuvo esa mirada interrogativa y ablandó la expresión.
—No.
Finalmente, ella pudo volver a sonreír.
—Y bien, ¿qué tiene ese pueblo para ofrecerle al viajero?
—Es una sorpresa. Ya verás —Apuró al camello y avanzaron de prisa.
Una hora más tarde ______ tuvo el primer vistazo de unas palmeras cuando unas paredes rosadas se irguieron ante sus ojos. Era un pequeño pueblo fortificado, bordeado de pedernales con las casas encaramadas una sobre otra. Tomaron el sendero pronunciado hacia el pueblo y unos jóvenes animados, vestidos con túnicas negras y con las cabezas cubiertas, fueron a darles la bienvenida a mitad de camino. Un ritual de saludos y preguntas sobre la salud de los habitantes y el estado del rebaño comenzó antes de que pudieran seguir avanzando. Al llegar al pueblo, los invitaron a la casa de Mujtar, el religioso más veterano y líder del pueblo, que los recibió en las gruesas alfombras kilim de la sala. De inmediato les sirvieron agua fresca, té de menta y fruta seca azucarada. Joe ordenó a sus hombres que entraran los arcones y les ofreció generosos obsequios a los habitantes bereberes. Los aceptaron con gran alborozo.
—Allora, acerca de la sorpresa... —Joe le sonrió a ______.
—¿Hay más? —le preguntó ella de manera incrédula. Ya estaba encantada con todo.
—Hanan —Llamó con una seña a una de las tres muchachas que les estaban sirviendo—. Quisiera que conozcas a mi amiga, ______. Ella está ansiosa por explorar tu encantador pueblo. Muéstraselo. Llévala a refrescarse.
¡Él habló en inglés! La sorpresa de gamberro se multiplicó cuando la muchacha dijo:
—Por supuesto, El-Amar. Será un honor —Le ofreció la mano a ______—. Bienvenida a Tiznit. Por favor, venid.
—Hablas inglés —le dijo a Hanan una vez que estuvieron afuera, caminando junto al parapeto de piedra con vistas hacia el imponente barranco que había debajo. Un viento seco le hinchaba la camisa de hombre que ella llevaba puesta.
—Mi hermano, Mustafá, es el mayordomo en Agadir. El me enseñó. Estas son mis hermanas: Suhir y Nadia —Hanan le indicó con un gesto las dos muchachas que las acompañaban; al igual que Hanan, vestían túnicas blancas, joyas y velos de colores—. Son muy perezosas para aprender a hablar en inglés.
—Tú hablas muy bien —le dijo ______ mientras entraban en un túnel del acantilado, frío y cavernoso. Al emerger al aire libre, se encontraban en un pequeño valle rodeado de altas paredes rosadas, con el cielo azul como una cúpula. Una vigorosa cascada manaba a borbotones en la pared del frente, formando una piscina natural de agua verde a sus pies. Las tres muchachas se desnudaron, se quitaron las sandalias y se zambulleron en la piscina. Entre risas, se salpicaban gotas multicolores entre ellas.
—¡Uníos a nosotras! —la llamó Hanan, respaldada por las hermanas que cantaban—: ¡Taáli, taáli! ¡Vamos!
Cubriéndose los ojos del resplandor del sol, ______ inspeccionó las paredes de piedra. Garantizaban una completa intimidad. Uno podía tomar un baño desnudo en aquel sitio sin importarle nada del mundo.
El agua le salpicó las botas y Hanan salió a la superficie frente a ella, con la piel morena y los largos rizos negros mojados y brillantes.
—Entrad a la piscina —la incitó—. Dentro de una hora se servirá un diffa. ¿No os gustaría sentiros limpia y fresca para el banquete?
______ sonrió con indecisión.
—Sí, me gustaría —Se quitó la camisa y las botas y luego los pantalones y las bragas. Blanca nivea y desnuda se zambulló de un salto en la piscina. Su cuerpo se hundió como una pepita de oro, feliz de volver a estar en su hábitat natural. Emergió en busca de aire, riendo. Era maravilloso—. ¡Me encanta! —gritó, con una enorme sonrisa en el rostro. Nadó en dirección a Hanan—. ¿Cuál es el motivo de la celebración, un día festivo local?
—El pueblo celebrará nuestro compromiso con El-Amar. En este momento, mi padre le está ofreciendo a Suhir, a Nadia, y a mí. Mis hermanas y yo estamos muy emocionadas —Hanan rió nerviosamente.
—Ah —______ perdió la sonrisa. Hacía una semana él le había sugerido que fueran amantes... Estaba a punto de cocinarlo vivo. Lentamente. Miró a las hermana—. Parecéis tan jóvenes, y vosotras sois tres.
—El-Amar es un hombre rico. Debería tomar varias esposas. Mi padre será Mujtar. Él busca la protección de El-Amar contra el sultán de Mequínez. Nos están ofreciendo como un tributo —Aquella mirada inocente escudriñó a ______ con desánimo—.Vuestro cabello es dorado, vuestros ojos reflejan el cielo y vuestra piel es del color de las perlas. El Rais debe de haber pagado mucho más por vos.
______ se quedó con la boca abierta.
—¿Disculpa? —Hanan desvió la mirada, entonces ella le tocó el hombro con gentileza—. Estás equivocada, Hanan. Yo no soy su esposa. ¿A vosotras os están obligando a contraer este matrimonio?
Hanan resplandeció de nuevo.
—En absoluto. Es un gran honor y un placer. El-Amar es distinto a cualquier hombre de nuestro pueblo. Él nos trae obsequios de todo el mundo, nos habla con respeto, pero también como un amigo, y cuando uno lo mira a los ojos, se vuelven mágicos. Él es bueno y especial.
Él sí era especial, pensó ______, pero Hanan tenía una muy leve impresión de él. Ella lo conocía como un rais marroquí rico y poderoso y no tenía idea de quién era realmente. Ni tampoco tú, aseveró una voz severa en su cabeza. Pero al menos sabía que había mucho más en él de lo que aparentaba. ¿Qué tipo de padre era capaz de ofrecerle tres jovencitas ingenuas a un hombre como Joseph? Era tan cruel como servirle una oveja a un león. ¿Es que Joseph las instalaría en su casa, lejos de su pueblo y reanudaría su vida por el mundo? ¿O era ella quien estaba oponiéndose a esa unión porque... estaba celosa?
—Debemos regresar para ayudar en la cocina —anunció Hanan desde la orilla, donde las hermanas se estaban vistiendo—. Vos podéis quedaros. Os dejaré un caftán limpio y llevaré vuestra ropa a lavar.
—Eres muy amable, Hanan —respondió ______. Estaba contenta de quedarse a solas. Necesitaba un momento de privacidad, de paz y calma, para no pensar en Joseph y en el arrebato de emociones que le despertaba. La piscina era tan serena como una joya en el desierto, y ella había pasado toda su vida tomando baños en pequeñas tinas junto al fuego, observando el granizo golpear con fuerza contra la ventana. Bañarse desnuda bajo el límpido cielo azul le provocaba la más increíble sensación de libertad. Joseph había convertido su sueño en realidad.
Nadó en dirección a la cascada y se paró ante el vigoroso caudal. El agua le caía sobre la pelvis. Nubes de rocío se arremolinaban alrededor formando una gama de colores. De manera audaz, ella se puso debajo. Un grito de placer escapó de sus labios. Cerró los ojos y dejó que la lluvia descomunal le masajeara los músculos doloridos. Al fin era libre.
Se oyeron ruidos. Había gente que bajaba por la pendiente del acantilado. ______ se apartó de la cascada y estaba a punto de sumergirse en la profundidad de la piscina de agua verde cuando Joseph se presentó en persona en el claro. Clavada en el sitio, ella lo miró ofuscadamente. Él parecía igual de aturdido. Las voces se oyeron más fuerte. Les hizo una seña para que retrocedieran, pero él se quedó. Lentamente, se volvió para observarla.
______ se puso tensa. La parte superior de su cuerpo desnudo estaba por encima de la superficie del agua, bajo la luz del sol, el blanco reluciente de la piel contrastaba con las paredes rojizas que la rodeaban. Los cabellos dorados mojados serpenteaban por sus curvas desnudas, llegando casi hasta las caderas, aunque sin ocultar nada. Debía haberse zambullido en la piscina, pero por algún motivo alocado se quedó allí parada erguida y orgullosa, dejando que aquella mirada ardiente le recorriera cada centímetro de su cuerpo desnudo.
El deslizó la mirada sin prisa sobre las lechosas curvas; le acarició los senos, el vientre plano, las caderas redondeadas. Parecía terriblemente decepcionado de que el resto estuviera oculto bajo las aguas verdes.
A ______ le invadió una intensa excitación: su cuerpo se encendió, se le endurecieron los pezones como diminutas piedras. Sentía la sangre que latía levemente más acelerada bajo la pelvis. Lo miró a los ojos. Ardían con violencia, expresándole sin palabras lo mucho que ella lo afectaba y lo posible que era quitarse la ropa, arrojarse a la piscina e ir por ella. Se adelantó un paso... ______ se sobresaltó. La ilusión se rompió en pedazos, devolviéndola de golpe a la lúcida realidad. Invadida por una repentina timidez, ella se hundió en la piscina deseando que él se marchara.
Joseph se quedó un mortificador instante más y luego giró sobre sus talones y se marchó.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 31st 2011, 03:31

Soy nueva en tu nove creo y debo decirte que la ameeee. Porfavor siguela prontooooo.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 31st 2011, 07:24

{#}Milena escribió:
Soy nueva en tu nove creo y debo decirte que la ameeee. Porfavor siguela prontooooo.

Bienvenida Milena (: me alegra que te guste y me gusta tu firma xD
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 31st 2011, 07:24

apítulo 13 (Parte II)


La comida era lo último que ocupaba su mente. ______ se sentó en el parapeto tibio y dejó que el sol de la tarde le secara la melena. ¡Ay, Dios! ¿Cómo hacer para librarse de aquel aprieto? Se miró los dedos de los pies descalzos, sorprendida de lo libres que se sentían jugueteando con la arena. Pertenecían a aquella desvergonzada oculta debajo del caftán blanco. ¿Qué diablos era lo que la había poseído en la piscina? Ella siempre había sido una dama refinada y sensata. ¿Cómo había sido capaz de ostentar su cuerpo frente a un hombre? ¿Un pirata?
—Buenas tardes.
______ alzó la vista.
—Oh. Hola, Hanan. Gracias por este bonito caftán — Pasó la mano por las coloridas costuras, rehusando a enfrentar a la futura esposa del hombre que le hacía arder el cuerpo.
—El-Amar rechazó la propuesta de mi padre —dijo Hanan miserablemente, invitando a ______ a mirarla—. Dice que no puede tomar una esposa. Sus costumbres y su religión dictan que sólo puede casarse...
—En un sitio en particular al que no puede regresar —Y la nostalgia domina sus sueños. El no podía regresar a Italia, pero aún acataba el viejo protocolo matrimonial italiano. Ella se preguntaba eso mismo, si él no estaría ya casado. Sin embargo, de una cosa estaba segura: era un aristocrático—. Está diciendo la verdad, Hanan. Una amiga suya me dijo lo mismo. Su negativa no tiene nada que ver contigo ni con tus hermanas.
A Hanan se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Él es el hombre más bondadoso. No obstante, él prometió proteger a nuestro pueblo y le aseguró a mi padre que tenía contacto personal con el sultán de Marruecos.
______ le ofreció una mirada cálida y comprensiva.
—Lo amas, ¿no es cierto?
—También dijo que sólo podía tener una esposa —Hanan le lanzó a ______ una mirada llorosa y acusadora.
______ recordó la escena de la piscina y se ruborizó.
—No es por mi causa, Hanan.
Hanan aspiró con ruido.
—Pero vos sois hermosa, como el oro. Y yo he visto el modo en que El-Amar os mira. Él os llevará a su hogar y os convertirá en su mujer.
______ retiró la delgada manta a un lado y se levantó. Estaba cansada de estar tirada sobre aquel camastro delgado imaginando unas manos enormes acariciándole el cuerpo, aunque por desgracia no lo suficientemente cansada como para quedarse dormida. Pasó a hurtadillas entre las camas de las muchachas y salió lentamente. La terraza de piedra estaba en silencio. Se sentó de lado sobre el parapeto y se recogió la tela hasta los muslos. Era una noche azul oscura decorada con infinitas estrellas que se expandían por encima de ella en un glorioso universo. Una leve brisa le agitó los cabellos y deslizó una manga dejándole el hombro al descubierto. Al fin estaba sola. Sólo el desierto, la noche y ella. Cerró los ojos y respiró el fresco aire de medianoche. Un humo de tabaco le ardió en las fosas nasales. Abrió los ojos de golpe.
—Finalmente ella se dio cuenta —comentó una voz profunda entre las penumbras del muro de piedra.
—Joseph —Ella se puso de pie de golpe. ¿Cómo no había conseguido verle (ella, que siempre percibía su presencia, su mirada sobre ella, las vibraciones de ese temperamento siempre cambiante)?
Él estaba parado a unos diez pasos, con el pecho desnudo, con la espalda y el tacón de la bota apoyados contra la pared. Bajo la luz de la luna, parecía altísimo y abrumador, con un mal humor que encajaba con esa apariencia. El primer impulso de ella fue huir de aquel leopardo negro de ojos azules, pero decidió hacerle frente con orgullo. Con valor.
Joe arrojó el cigarro y se alejó de la pared. Pisó la colilla encendida con la bota y se acercó sin prisa, desafiando la decisión ella. Se sentó en el parapeto frente a ella, levantó un pie enfundado en una bota y apoyó el brazo en la rodilla.
—Puedes sentarte. No voy a morderte.
Ella lo dudaba.
—Estaba a punto de irme. Sólo vine un momento.
—Mentirosa —El leopardo negro vigiló su presa—. Viniste aquí por el mismo motivo que yo: no podías dormir. Apuesto un millón de luises de oro a que nuestro insomnio se debe a la misma frustración.
Ella lo miró de manera inexpresiva.
—Estoy percibiendo un leve bostezo así que si me discul...
Cuando se dio vuelta para irse él la cogió de la muñeca.
—Espera —le susurró—. No te vayas. Quédate conmigo un momento —Le dibujó círculos lentos en la zona sensible de la piel de la muñeca.
Ella lo miró a los ojos. El hombre de los ojos mágicos.
—No.
Tiró suavemente de su mano, obligándola a dar un paso tambaleante hacia él.
—Siéntate conmigo.
Ella desvió la mirada, luchando con el deseo ardiente que le iba invadiendo el corazón sigilosamente.
—No.
Joe se puso de pie. De nuevo ella se asombró de lo alto que era, alto y dolorosamente irresistible. Le soltó la mano, pero antes de que ella disfrutara de ese alivio, la levantó en brazos. Lanzó una pierna por encima del parapeto y volvió a sentarse con ella sobre su regazo. Le sonreía abiertamente.
Después de la escena en la piscina, sentarse en su regazo era atizar la sensación que ella experimentaba: como de estar en el medio del mar, con una cadena de hierro que tiraba de ella más y más hacia las profundidades del inmenso océano.
—Por favor, déjame ir —le pidió.
Él sonrió mirándola a los ojos.
—No.
Tratando de retorcerse para separarse, ella le empujó el pecho con suavidad. Era como tallado en bronce, con la piel cálida y suave. La urgencia por acariciarlo era tan fuerte que ella luchó con más fuerza para liberarse.
—¡Déjame ir!
—Deja de pelear conmigo o nos iremos al infierno —La aferró con los muslos y el torso fuertes y ella quedó con las piernas colgando por encima de las rodillas de él. Echó un vistazo hacia la profundidad del valle y precipitadamente le enroscó los brazos al cuello. Se miraron fijamente. Ella temblaba, aunque no sentía nada de frío. Él alzó una ceja renegrida—. ¿Te rindes?
—No tengo alternativa, ¿verdad? —replicó de manera impaciente, desarmada por aquel abrazo confortable.
—¿Quién la tiene? —respondió Joe con tono filosófico.
Permanecieron inmóviles, callados. Concentrados en las estrellas; él absorto en el rostro de ella. Físicamente, ella lo percibía completamente. Un mechón de cabellos negro azabache que flotaba hacia ella le hacía cosquillas en la nuca, provocándole un escalofrío. Sintió su aliento en la mejilla y estuvo peligrosamente tentada de volver la cabeza a un lado y encontrar aquellos labios suaves y ardientes.
Él le apretó la mandíbula contra la sien y clavó la mirada al frente.
—Cuando miro las estrellas, casi creo en los milagros —susurró—. Pienso que no estamos completamente solos aquí abajo. Que existe un motivo más importante y más noble para todo lo que hacemos. ¿Tú qué piensas, princesa? —Él la miró fijamente a los ojos y su expresión le hizo gracia—. ¿Qué te resulta tan sorprendente? ¿Creías que los canallas despreciables no se sienten a veces solos? Bien, pues sí, quizás más que otros. Así que miramos las estrellas y vemos la Vía Láctea brillando como un río de diamantes.
______ siguió su mirada. ¿Qué sabía él de estrellas y de belleza? Él era un pirata, no un poeta.
—En Yorkshire —dijo ella—, no hay tantas estrellas como aquí para observar.
—En Yorkshire se ve el cielo boreal. Es menos luminoso porque lo veis alejado del centro galáctico, que tiene una gran aglomeración de estrellas, pero sí veis la Osa Mayor y Orión.
Ella lo miró desconcertada:
—¿Cómo sabes eso?
—Soy un hombre de mar. Si deseo llegar a mi destino debo guiarme por las estrellas. Mira —le señaló hacia arriba—: ¿Ves esa cruz con ese grupo de estrellas al lado? —Ella asintió en silencio con la cabeza debajo de la mandíbula de él—. Son Centauro y la Cruz del Sur. Andrómeda y Perseo están por allá. Y se ve a Tauro, Orión y Géminis. Esas estrellas conocen nuestros secretos antes que nosotros.
Ella había esperado un volcán después de la escena en la piscina, no a aquel italiano amable, todo encanto y simpatía. Se sentía tan vulnerable. La invadió una intensa necesidad de apoyar la cabeza en su hombro y llorar. Conteniendo el deseo le preguntó:
—¿Y cuál es la estrella polar?
—Justo allí—Señaló un punto brillante—. ¿Cuál es tu signo del zodíaco, princesa?
—Capricornio —murmuró ella.
—Mmm. ¿Ves aquel triángulo desigual hacia la izquierda? Ése es Capricornio.
Ella examinó aquel perfil recio: frente alta, nariz recta, boca hermosa. Los aretes brillaban en contraste con la piel morena y los cabellos negros.
—¿Y cuál es el tuyo? —le preguntó en un susurro.
—Estamos un poco alejados uno del otro. Mira hacia tu derecha. ¿Ves aquel rombo con dos estrellas grandes y dos más pequeñas? Libra.
—Libra, el hombre ambivalente —Ella miró el medallón que descansaba sobre su corazón. Joe finalmente se dio cuenta de que ella estaba haciendo un inventario de su persona. Se encontró con la mirada intrigada de él—. ¿Cuál es tu secreto, italiano?
Él se puso tenso. El músculo de la mandíbula latió.
—¿Qué te hace pensar que tengo uno?
—Sé que es así. Lo percibo.
—Sabes demasiado acerca de mí, ______, pero hay algunas cosas que deben permanecer ocultas —la miró fijamente y una sonrisa torcida se le dibujó en el rostro—. Aunque yo sí sé tu secreto. En el transcurso de mi vida he aprendido a conocer a muchas mujeres, quizás a demasiadas —Hizo una mueca—. Bueno, hay mujeres y mujeres, pero tú no eres una mujer. Tú eres... una ninfa.
Maldito. Hablaba de las mujeres como si en el mundo hubiera dos especies: las castas y las pecaminosas. Sin embargo, él era incapaz de ubicarla a ella en alguna de las dos categorías, de modo que inventó una nueva: ella era una ninfa.
Joe levantó un puñado de seda dorada y dejó que le diera la brisa nocturna.
—«Las fuentes y los arroyos pertenecen a las ninfas del agua» —recitó a Homero con delicadeza—. «En cualquier claro seguramente se encuentran las virginales hijas de Zeus dedicándose a sus actividades preferidas de cazar y bailar, procreando y criando héroes, y viviendo en cavernas donde el agua mana constantemente».
______ no logró ocultar sus verdaderos sentimientos.
—Rehusaste casarte con Hanan.
Joe le estudió el rostro.
—¿Sinceramente crees que hubiera sido justo para Hanan?
—Ella te ama.
—Ella no me conoce —Vaciló y luego bajó la voz hasta decir en un susurro—: Tú sí.
A ella el corazón le latió salvajemente.
—Conozco muy poco sobre ti... Ni siquiera sé tu verdadero nombre.
La mirada de él perforó la suya, cargada de enigma.
—Existe una diferencia entre saber algo acerca de alguien y conocer a alguien. Tú me conoces más de lo que crees.
Abrázame, imploró una voz en el interior de ella. Necesitaba sentir aquellos brazos aterrándola, no sujetándola para que no cayera por el barranco. Ella estaba cayendo mucho más profundo.
—Si te beso ahora, no podré detenerme —murmuró él—, y tú deseas regresar junto a tu abuelo como el mismo bonito equipaje intacto que él puso en un barco hace algunas semanas. Así que... ve a dormir, ______ —sugirió él cortésmente—. En este momento estoy distrayendo mi noble estado emocional. No puedo garantizar lo que pueda suceder si sigues un instante más encima de mi regazo.
Asintiendo con desdicha, ella se bajó de sus rodillas y se alejó corriendo.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 31st 2011, 07:41

Quiero másssssssss, ame el capitulooooo. Ya quiero que ambos terminen diciendo que se amannnn.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 31st 2011, 08:25

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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 31st 2011, 09:32

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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 2nd 2011, 02:23

Awwwww dios joe que lindo!
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 4th 2011, 20:12

Capítulo 14


______ percibió un suave beso en la mejilla. Agitó los párpados con sueño, demasiado perezosa para abrirlos.
—Mira hacia delante o te perderás tu primera puesta de sol púrpura —le dijo Joe.
Abrió los ojos de par en par. Como una enorme bola de fuego, el sol se iba recostando sobre un mar oscuro al tiempo que iba pintando el cielo de un vivido color púrpura, para inspirar al mundo entero con su gloriosa muerte. Un coro de estrellas titilaban en las partes del cielo que iban oscureciendo. ______ abrió la boca maravillada.
—¿Cómo lo has hecho?
Él rió entre dientes y la rodeó fuerte entre sus brazos. Ella cayó en la cuenta de que se había quedado dormida descaradamente entre sus brazos en todo el trayecto en camello desde Tiznit. Se sentó derecha y miró al frente. Delineada por el cielo púrpura, aislada entre las palmeras de dátiles, se erguía una fortaleza roja por encima de un afilado pedernal.
—Bienvenida a mi humilde morada, princesa.
—¿Ésta es tu humilde morada? —Ella lo miró y arrugó la frente. Perdido en sus pensamientos, los ojos de Joe reflejaban los últimos rayos del crepúsculo y lucían igual de melancólicos. En el corazón mismo de aquellas profundidades azules tenía grabado un viejo dolor y una pérdida. Ella le acarició la mejilla—. Joe. ¿Qué sucede? ¿En qué estás pensando? —¿Qué era lo que había en aquel hombre que le desgarraba el corazón y la obligaba a compadecerse de él?
Él la miró con una intensidad sobrecogedora. Intercambiaron aquella mirada que era más elocuente que las palabras. Él bajó la cabeza y le dio un beso lento y necesitado.
—Te quiero —le dijo.
A ella se le hizo un nudo en el estómago. Hacía solo un día Hanan había expresado su predicción de lo que sucedería al llegar a su hogar.
Joe apresuró al camello y avanzaron hacia la casa.
El riyad estaba iluminado con decenas de antorchas. Al atravesar los portones, un hombre vestido con una túnica blanca salió al enorme pórtico abovedado. No estaba solo. Un leopardo dorado, veloz y liviano, cubierto de manchas negras, llegó de un salto a su lado cuando él se acercó a saludarlos. Asombrada, ______ recordó: «Su hogar un afilado pedernal, y en la cima de un risco se yergue un leopardo con manchas cual guardián...».
—Saludos, Mustafá —Joe bajó del camello de un salto y el estático leopardo lo atacó—. Dolce, mia cara bimba! —Rió abiertamente y se inclinó para acariciar al gran felino que ronroneaba de alegría mientras le pasaba el hocico por la mano y frotaba su suave cuerpo contra él. Él alzó la vista—: Mustafá, te presento a lady ______. Ella es mi invitada especial. Te encargarás de que se sienta como en casa.
—Bienvenida a Agadir, milady. Es un honor —Mustafá hizo una reverencia. Le ofreció una mano inmaculadamente enfundada en un guante y la ayudó a desmontar—. Yo soy el mayordomo. A vuestro servicio.
______ sonrió.
—Gracias, Mustafá. Encantada de conoceros.
Joe la cogió de la mano y la condujo hasta la escalera de entrada. Un misil moteado se presentó entre ambos. Dolce levantó la cabeza y de un golpe separó sus manos entrelazadas. ______ se asustó.
—¡Ven aquí, fiera celosa! —la regañó Joe. ______ se puso rígida—. Le estaba hablando a mi gata —Rió él burlón. La cogió de la mano y la condujo por un vestíbulo de color verde botella sostenido por enormes columnas romanas. Los tacones de sus botas resonaban de modo arrogante sobre el suelo de mármol al entrar por el pórtico. Una cúpula dorada se elevaba por encima de sus cabezas, realzada por ventanas paladianas de varios pisos de altura. Majestuosas escaleras de mármol formaban curvas a ambos lados, conduciendo a unos corredores laterales, y un tramo de escalera más alejado subía hasta la galería que había encima del pórtico. Una lámpara veneciana fanò derramaba luz sobre los extensos espacios de mármol. Aparte de los floreros altos y repletos de flores, ______ observó que la casa estaba vacía. Sin muebles. Sin adornos. Nada. Su hogar era una imponente gruta fría.
—Esta no es una morada —expresó ella con asombro—. Es un palacio.
Joe rió.
—He visto palazzi más grandes que éste, princesa.
—¿De veras? —Le lanzó una sonrisa perspicaz—. ¿Dónde? ¿En Venecia? ¿Florencia? ¿En Milán?
Él sonrió sin decir nada.
Ella echó la cabeza atrás para examinar la cúpula. El ingenioso diseño combinaba estilos orientales e italianos con un equilibrio cuidadosamente considerado.
—¿Ya qué arquitecto secuestraste para hacer esto?
La profunda carcajada de Joe resonó hasta la cúpula.
—Lamentablemente, tengo que volver a decepcionar la gran estima que me tienes, principessa, pero no secuestré a Guarino Guarini para que diseñara esto.
—¿Entonces, quién diseñó esta casa?
Acarició la pequeña cabeza de su felino.
—Yo lo hice.
—¿Tú? ¿Y dónde adquiriría un rais el conocimiento de arquitectura y matemáticas necesarios para diseñar el plano de un palacio como éste?
—En la Universidad de Ferrara, imagino. Ven. Hay mucho más que ver —Se dirigió hacia las puertas de vidrio que daban al jardín. ______ se detuvo abruptamente. En la pared había otro escudo. La inscripción que había abajo en latín decía: Galeaz Maria Sfortia Dux Mediolani Quintus. Galeazo Maria Sforza, Quinto Duque de Milán. Un tercer emblema.
—Quiero mostrarte el mar —le susurró al oído.
—Si los escudos son robados, ¿por qué son tan importantes para ti?
Por un instante, ella hubiera jurado que el pulso de él se aceleró.
—Ven. Hablaremos afuera.
El aroma de los almendros les dio la bienvenida al porche cubierto de parras. Un cupido de mármol escupía agua en una cuenca tradicional marroquí. Siguieron por un sendero adoquinado bordeado de arbustos de flores y salieron a un mirador construido al borde del acantilado. Las olas rugían debajo. ______ aferró el pasamano y echó la cabeza atrás, ondeando los cabellos al viento.
—Este sitio es encantador. Es un paraíso mágico.
Joe deslizó la vista sobre su silueta esbelta vestida con ropas de marinero. Dio un paso hasta quedar detrás de ella y asió la baranda a ambos lados de ella.
—Tú lo llenas de magia —Enterró el rostro en el cabello sedoso, inhalando el perfume—. Jamás había tenido a una ninfa dorada en mi hogar, y ahora que la tengo, me encuentro embrujado sin remedio —Le desabrochó dos botones de la camisa y deslizó la mano adentro. Cálida y enorme, se detuvo a descansar en el terso vientre femenino.
Ella contuvo la respiración y le sujetó la muñeca con fuerza.
—Joseph, por favor, no...
—¿Esperas que esté calmado después de haber estado acurrucada encima de mí durante dos largas horas? —Presionó las caderas contra el trasero de ella y le besó el cuello—. Estoy ardiendo por ti, amore. ¿Cómo puedes ser tan fría?
¿Fría? Él le hacía hervir el cuerpo,
—Joseph, por favor. No debes. No debemos...
—Ven a mi cama esta noche —susurró él—. Cenaremos en mi alcoba. Te meteré en mi tina de mármol con agua de esencia de lavanda, y mientras tú disfrutas de una copa de Lambrusco, yo te lavaré cada grano de arena del cuerpo. Personalmente.
La mente de ella se derritió ante la imagen.
—Joe, no puedo —murmuró—. Sabes que no puedo.
—¿De qué tienes miedo, bella ninfa? ¿De que pueda hacerte daño? ¿De que te trate insensiblemente? A una mujer como tú... —La mano que tenía adentro de la camisa se deslizó hacia arriba y sintió los pechos suaves y desnudos—. No habrá violencia, sólo placer —le dijo con voz ronca mientras le acariciaba el pezón, dibujando círculos con un dedo.
La invadió un vertiginoso deseo. Cerró los ojos y le cubrió las manos con las suyas. Ni un antiguo reino se entregaba tan rápido como ella estaba a punto de hacerlo ante aquel poderoso conquistador romano.
—Di que sí —la sedujo con voz grave—. Déjame darte el mejor placer —La otra mano desabrochó el primer botón de los pantalones y se metió adentro.
—¡No! —Le arrebató la mano y se dio la vuelta. La mirada de aquellos ojos oscuros la dejó paralizada. Reflejaba más que deseo; leyó también la derrota. Lo que sea que hasta ese momento lo había retenido a continuar con sus seducciones hasta la consumación había perdido la batalla. Su férreo autocontrol se había quebrado. Esa noche no había ninguna víbora ante ella sino un hombre que deseaba a una mujer, de igual modo que ella lo deseaba a él, ¿pero ella se atrevería? Quedaría completamente mancillada y él era famoso por dejar una estela de corazones rotos. Meneó la cabeza con desánimo—. No, Joseph. Anoche tenías razón. Debo volver a casa... intacta.
—Pero ya has sido tocada, ______. Y yo también —De un solo movimiento dinámico la levantó en brazos y se dirigió hacia la casa, con los tacones de las botas resonando al ritmo del tamborileo del corazón de ella.
______ forcejeó hasta quedar de pie y apartarse de un salto.
—¡No puedes obligarme a hacerlo!
Joseph se veía como si ella le hubiera arrojado un cubo de agua helada en la cara.
—______...
—No —Retrocedió—. Esto no está bien. Yo quería una aventura, pero esto ha llegado demasiado lejos. Tú eres un desconocido para mí. Quieres que seamos amantes pero ni siquiera me dices tu verdadero nombre.
—¡Ya sabes mi nombre! —gruñó él aunque sus ojos expresaban más bien lo contrario.
—¿Y ahora quién es el mentiroso? —Ella finalmente comprendió lo que Jasmine insinuó cuando le dijo: Joseph no es lo que crees. La víbora era sólo su fachada. El alto italiano que tenía parado enfrente era alguien de quien ella no sabía nada—. Sé que esos escudos antiguos son importantes para ti —dijo ella—. Sé que no eres el monstruo que quieres que la gente crea. Algo te sucedió cuando tenías dieciséis años. Eso te cambió y envolvió tu corazón con un manto de odio. Te partió el alma.
Él avanzó hacia ella deliberadamente.
—Puedo hacer que me desees, ______, tanto que parezca que la vida sin mí no vale nada. Que mis caricias sean el único bálsamo para tu amor desesperado. Si me desafías... acabaré contigo.
A ella la recorrió un desagradable temblor.
—¿Por qué querrías acabar conmigo? Yo no soy tu enemigo. Quiero ser tu amiga.
—¡Pero yo no quiero ser tu maldito amigo! —La asió del brazo con fuerza y la atrajo hacia sí—. Quiero ser tu amante. Quiero enterrarme dentro de tí y hacerte mía. Quiero que seas mía... —La besó brusca, salvajemente, incapaz de contener el volcán en erupción que tenía en su interior.
Ella arrancó la boca, pero él no dejaba que se fuera. Le enterraba el rostro en la curva del cuello, ella sentía su respiración en la piel, húmeda y acelerada. Alzó una mano temblorosa y le acarició suavemente la cabeza sedosa.
—Déjame entrar en tu vida, Joseph —le rogó junto al oído—. Dime tu nombre.
Después de un momento, cuando él levantó la cabeza, tenía una expresión fría.
—¿Quieres saber quién soy? Seguro, pero déjame llevarte a experimentar una última aventura... la finalé.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 6th 2011, 01:07

NO PUEDO CREERLO!
Le dijo que la queriaaaa OMJ!
Estoi muy emocionadaaa, dios porque la rayita se resiste tanto, si tambien lo deseaa O.o ya quisiera ser yo ella y estar con ese malvado pirata grrrr sigueeela pronto porque me volvere loca cualquier dia de estos de la desesperacion D: Amo tu nove es super increible neta *-* ok ya me emocionee y no puedo dejar de escribirr D: hahah ok ya siguela pronto chica;;*
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 6th 2011, 01:08

Dioss pase de pagina y me vuelo 8-)
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 6th 2011, 07:45

Capítulo 14 (Parte II)


El caballo árabe azabache atravesaba la playa sombría a toda velocidad. Las negras olas rompían en la costa en salpicaduras de espuma. Un muro de piedra se irguió hacia la izquierda, donde hacía eco el sonido del mar alborotado. Con la vista nublada e inquieta, ______ se aferró a la cintura de Joseph. Tenía serias dudas acerca de aquella atolondrada excursión. Confiaba en que Joe la protegería, pero no confiaba en sus demonios.
Un fuego parpadeaba a lo lejos. Las tiendas negras se confundían con las arenas del desierto. Joe tiró de las riendas y bajó de la montura. La cogió fuerte de la cintura y la depositó en el suelo.
—Cúbrete —le dijo a secas—. Esta gente no es como las que estás acostumbrada a ver.
—¡Ni tú tampoco! —contraatacó ella, luchando con otra túnica negra que él la había hecho ponerse.
Aferrándola con fuerza de la muñeca se encaminó hacia el oscuro campamento. Serpentearon entre áreas aisladas de ganado y enormes tiendas hechas con lana de oveja. Los motivos geométricos identificaban a los habitantes como una tribu beréber del Atlas, comerciantes y viajeros del desierto cuyos traslados estaban regidos por la migración de sus rebaños según la estación.
El aroma del cordero asado flotaba desde el centro del campamento donde resplandecía una hoguera alta. Había hombres vestidos con túnicas negras sentados sobre gruesas alfombras, bebiendo, comiendo y conversando de buen humor. Las mujeres se desplazaban entre los hombres, sirviendo comida y bebida, con los rostros cubiertos con velos.
—Quédate a mi lado en todo momento —le ordenó Joe y se introdujo en el centro del douar.
En cuanto lo vieron, los hombres corrieron a darle la bienvenida y lo invitaron a sentarse con el jeque. Una cabeza más alto que los demás, con esa capa negra colocada sobre los anchos hombros, a ______ le recordaba a un poderoso hechicero rodeado de seguidores.
Joe se puso cómodo sobre las gruesas alfombras y aceptó un plato de cordero asado y una taza de café. ______ se sentó junto a él y examinó el extraño entorno. Él se acercó y le acomodó el velo de modo que se le vieran sólo los ojos.
—¿Tienes hambre? ¿Sed?
Ella meneó la cabeza. El modo en que lo miraba lo hizo fruncir el ceño y desvió la vista. ______ permaneció en silencio mientras él conversaba con el jeque. Observaba los gestos sencillos, escuchaba su risa profunda, bebía ráfagas de su fragancia almizcleña con el viento del mar y descubrió el secreto de la fascinación que sentía por él: Joseph era vida. Una vida de la que ella jamás había tomado parte verdaderamente.
La muchedumbre se animó cuando a la luz del fuego apareció una deslumbrante criatura. Llevaba puesto un traje rojo encendido hecho sólo con velos, era como una diosa nacida entre las llamas, tenía la piel morena adornada con oro y brillaba con el aura mística de una joya antigua. Echándose los largos rizos negros sobre el hombro, le clavó los ojos a Joseph y sonrió.
—Leila —la llamó él en beréber—: ¡Baila para mí!
La mirada de ______ le apuñaló el perfil. ¿Para eso la había llevado hasta allí? ¿Para que viera aquella belleza exquisita y sensual —sin duda otra de sus prostitutas— bailando para él?
Leila le ofreció a Joseph otra sonrisa seductora y golpeó ruidosamente la pandereta dorada en alto. Una flauta comenzó a tocar una melodía oriental. Se sumaron los tambores haciendo palpitar las oscuras crestas de las montañas con sus poderosos golpes. Leila se contoneaba como si fuera otra lengua de fuego. Los velos rojos se hinchaban con el viento nocturno. El rostro, los ojos, el cuerpo entero expresaba el erótico abandono a la danza. Los hombres aplaudían y la ovacionaban y a su vez ella hacía movimientos sinuosos e invitadores con las manos y agitaba los pechos para el rugiente placer de todos.
Los tambores se callaron y Leila cayó al suelo como un saco de piel y velos. La flauta emitió una melodía suave. Ella arqueó el cuerpo separándolo de la arena gradualmente. Se desató de las caderas un velo rubí y lentamente se acarició con él un hombro, enviándole a Joseph una invitación silenciosa con los ojos.
Rechinando los dientes, ______ lo miró con furia. Para su sorpresa, él tenía los ojos puestos en ella. La estudiaba con la misma fluidez que ella siempre sentía sus vibraciones. Estaba celosa y él lo sabía. Le sostuvo la mirada durante un candente instante más y luego se puso de pie y se dirigió hacia el centro. Cargó a Leila en brazos y desapareció en el grupo de carpas.
Un lamento murió en la garganta de ______. Se había ido con Leila.

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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 6th 2011, 07:45

aki s elos dejo chicas siento la demora (:
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 9th 2011, 13:12

WTF?
Ohh siento por no comentar antesD:
COMO QUE SE FUE CON LEILA?
ESTUPIDOO JOSEPHH¬¬
DEBES SEGUIRLAA!!Very Happy
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 11th 2011, 01:08

Casi me muero D: necesitaba cap!
Y ahora ocupo otro! Porque se fue con leila -_-, si ahy me tiene ami que le puedo bailar mejor (HH' ok nO xD,
Sigue porfavooooor D: el es Mi Pirata Malvado! Solo mio de mi (:
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 11th 2011, 01:11

Casi me muero D: necesitaba cap!
Y ahora ocupo otro! Porque se fue con leila -_-, si ahy me tiene ami que le puedo bailar mejor (HH' ok nO xD,
Sigue porfavooooor D: el es Mi Pirata Malvado! Solo mio de mi (:
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 11th 2011, 07:11

Capítulo 14 (Parte III)


—Veo que usas el velo de seda que te regalé.
Leila desplegó una pesada cortina de lana sobre la entrada de la tienda y lo cogió de la mano.
—Por supuesto, El-Amar. Te he estado esperando. Sabía que pronto volverías.
Una lámpara de aceite pendía de las vigas de madera que sostenían la tienda. Sobre las alfombras que cubrían el suelo había hierbas esparcidas para la salud y la suerte. Joe dejó caer la capa al suelo y se dejó guiar hasta la confortable cama. Ella se sentó y lo acercó a su lado.
—Te he extrañado terriblemente, El-Amar.
—¿De veras? —Sonrió él—. ¿Y cómo pasaste el tiempo mientras estuve fuera?
—Sin hacer nada —dijo ella y se desató el velo rojo transparente—. Llorando todas las noches para que regresaras.
Él rió.
—Eres una mentirosa por naturaleza, Leila, aunque ése es uno de tus diversos encantos.
Riendo, Leila le arrojó el velo rojo en la cabeza y tiró de él hacia sí.
—Me alegra que me hayas venido a ver esta noche. Tenía miedo de que te hubieras olvidado de mí y hubieras encontrado a otra que te complaciera —Ella deslizó la mano por el escote abierto y extendió los dedos con alhajas sobre el pecho masculino—. Ninguna mujer es capaz de complacerte tanto como yo, El-Amar —Bajó la cabeza y le pasó la lengua por la mandíbula. Joseph se quedó helado. Al percibir el cambio en él, Leila se acercó más—. ¿Qué sucede? ¿No quieres que te complazca? —Le cogió la mano y se la llevó a los senos. Al ver que él no hacía nada, le dijo bruscamente—: No entiendo. Nunca te comportas de este modo, frío como un pescado...
Gentilmente, él le apartó las manos y se puso de pie.
—Lo siento, Leila. Eres muy hermosa, pero me temo que no puedo quedarme. Salamat.
Leila se puso de pie de un salto, los ojos negros le brillaban con una mirada asesina.
—¡Me dejas por otra mujer! —gritó—. ¡Has encontrado a otra!
—Te pido disculpas, Leila. Te enviaré un lindo obsequio con alguno de mis hombres.
—¡Entonces es otra mujer! ¡Que el mal de ojo te caiga encima! —Se le abalanzó encima y le arañó la cara. Él la cogió de las muñecas pero no antes de que una uña afilada le hiciera un corte en la mejilla. Leila se soltó de un tirón.
Tocándose la mejilla, él sonrió de manera comprensiva:
—«No hay nada más temible que una mujer despechada».
—¡Lárgate! —gritó Leila señalando la salida—. ¡Fuera!
Él recogió la capa, apartó el faldón de la tienda y se marchó. Afuera, se sacudió las hierbas de la capa y se la echó sobre los hombros. Con el ceño fruncido, se dirigió de nuevo hacia la hoguera.
—¿Joseph? —llamó alguien—. Mi querido amigo, no puedo creer lo que ven mis ojos. ¡Realmente eres tú! —Un hombre regordete con el bigote negro rizado le dio una palmada en el brazo y tiró de él para darle un fuerte abrazo.
—¿Sallah? —Joe parpadeó con incredulidad, sonriendo—: ¿Qué es lo que estás haciendo tú aquí?
—Hemos pasado unas semanas en Marrakech, visitando a los primos de Nasrin y derrochando bastante dinero en cosas que ella jamás usará. Ahora vamos camino a embarcarnos en el puerto de Agadir.
—¿Y no se te ocurrió pasar a visitarme antes de viajar de regreso a Inglaterra?
—Mi querido amigo, de haber sabido que habías regresado, te hubiéramos visitado con o sin invitación. No obstante, escuché rumores de que estabas en Jamaica con Jasmine.
Joseph puso los ojos en blanco.
—¿Hay alguien que no esté informado acerca de todos mis movimientos?
—¿Disculpa? —Sallah frunció sus pobladas cejas con aire de curiosidad.
—Niente —Joe hizo un gesto con la mano. Comenzaron a caminar hacia el centro de la hoguera—. Estás bien informado, Sallah. Estuve en Jamaica con Gelsomina.
—¿Y cómo está nuestra hermosa y dulce muchacha? ¿Te tiene de nuevo enredado con sus picardías?
—Sí, pero ahora tiene un esposo nuevo para tenerlo de un lado a otro —Le dio una palmadita a Sallah en la abultada barriga—. Veo que Nasrin está cuidando muy bien de ti, amigo. Pronto te convertirás en una montaña.
Sallah rompió a reír.
—Fariña, la prima de Nasrin, es la que tiene la culpa. Esa querida mujer cocina mejor que tu cocinero milanés. Y esa arpía que tengo está molesta conmigo por abusar.
—Deja de quejarte. Ojala yo tuviera una esposa como la tuya. Después me parecería a Gebel Musa y me sentiría tan contento como un cerdo en el chiquero.
—¿La Montaña de Moisés?—rió Sallah de nuevo—. Ay, Joseph, si quisieras una esposa, ya estarías casado. ¿Cuántos años tienes? ¿Treinta y uno, treinta y dos?
—Bastantes.
—¿Y a qué estás esperando? ¿A estas alturas no has estado ya con suficientes mujeres? ¿No sabes que no son buenas cuando las tomas para un revolcón ocasional? Una mujer es como un buen guisado —Hizo un ademán al aire con los dedos—. Hay que cocerla a fuego lento. Hay que atenderla, agregarle especias caras para ponerla más sabrosa y feliz. Luego, se espesa. Absorbe las cualidades de todos los ingredientes que uno echó, hasta que finalmente... —Sallah se chupeteó la punta de los dedos—. ¡Deliciosa!
Joe estalló en una carcajada.
—Veo que sigues con hambre, amigo mío.
Sallah pareció ofendido.
—¿Yo me preocupo por ti y tú me lo pagas con tus burlas?
—Me disculpo humildemente —dijo Joe riendo ahogadamente—. Sé que tienes buenas intenciones, pero ¿con quién podría casarme? ¿Con una bailarina de campamento como Leila?
—¿Qué hay de Izzabu, esa muchacha portuguesa? Ella era bonita.
—Aún lo es —admitió Joe con un vigoroso suspiro.
Sallah unió las cejas espesas con aparente desaprobación.
—Me sorprendes, Joseph. Qué vigoroso eres para mantener tu propio harén.
—Como siempre, exageras, pero lo tomaré como un cumplido.
—¿Sabes cuál es tu problema, huboob? Te juntas con el tipo equivocado de mujeres.
—Lo sé —Joe esbozó una sonrisa torcida—. Yo debí haberme casado con Nasrin. He venido diciéndolo desde hace años.
—Tonterías —Sallan lo miró con altivez—. Tú no durarías ni un día con una arpía severa como Nasrin. No, amigo, tú necesitas una mujer para tu mundo. Alguien que conozca tu corazón.
La mirada de asombro de Joseph le hizo sonreír a Sallah con satisfacción. Enroscándose el bigote acicalado con cariño, le anunció:
—¡Tienes que irte a casa, a Milán, y casarte con una condesa!
Joseph endureció el rostro. Con tono muy bajo le preguntó:
—¿Qué diablos estás divagando?
Sallah miró a su joven amigo cual oso adulto mira a un cachorro salvaje y sin experiencia.
—Perdóname, amigo mío. A veces, cuando como demasiado, digo idioteces y cosas estrafalarias.
Una mirada desconfiada eclipsó los ojos de Joe.
—Sigamos —le sugirió. Poco después llegaron a la hoguera—. Os veré a ambos mañana, entonces —le dijo con tono distraído al tiempo que desviaba la mirada hacia la reunión con ojos de halcón—. Dale mis saludos a Nasrin.
—Avisa a tu cocinero milanés que voy en camino. Estos bereberes pretenden envenenarme.

Le llevó una condenada cantidad de tiempo llegar a hurtadillas hasta la zona más oscura del campamento donde estaban los corrales del ganado. ______ recordaba muy bien lo que había sucedido en Argel cuando le habían tirado de la capucha con fuerza. No tenía deseos de ofrecerles una diversión extra a esos bereberes aquella noche. No le preocupaba emprender el regreso sola. Básicamente, tenía que seguir la línea de la costa hacia el norte, hasta llegar a la casa de él. No era difícil. Ella era una excelente amazona y Joseph se podía ir al demonio que era, en esos términos así de amigables.
Qué bien le había salido revelar su verdadera naturaleza. Era un insensible, un cascarón hueco, absolutamente depravado. No le quedaba nada en aquella alma suya. Era otro Taofik, tal cual lo había declarado. Deberías haberlo escuchado cuando habló de sí mismo, se criticó duramente ______. Un hombre se conoce bien a sí mismo. Bien, ella ya había tenido suficiente. Se iba a casa.
Una mano se cerró en su brazo.
—¿Adonde crees que vas?
Ella tenía el rostro cubierto con el velo negro hasta la nariz, pero al darse la vuelta para mirar a Joseph, los ojos rasgados de color aguamarina parecían témpanos. Maldito seas, dijeron en silencio. Vete al infierno.
—Princesa...
Ella se soltó de un tirón. No había nada más que decir.
Cuando llegaron a Agadir al cabo de una hora, él la acompañó arriba, hasta un pórtico alto y abovedado. Gentilmente, le abrió una de las puertas de madera y bronce pero no entró con ella.
—______... —Su voz con aire de disculpa la detuvo al cruzar el umbral. Lo miró. La expresión solemne de aquellos ojos eran el perfecto reflejo del modo en que ella se sentía: desdichada. Algo se había quebrado en su interior. Cerrando los ojos para contener un torrente de lágrimas, le cerró la puerta en la cara.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 11th 2011, 11:36

Siguelaaaaaa porfaaaa
Me muero de anas por saber que pasara entre ellos.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Junio 15th 2011, 16:22

chicas de verdad lamento muxo la demora
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Hoy a las 21:21

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