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 Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu

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La siigoo (: ???
a) sii la amo
46%
 46% [ 19 ]
b) me encanta
7%
 7% [ 3 ]
c) siguela o te mato xD
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d) No!.
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OrgasmoJonaS♥
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Abril 24th 2011, 09:32

Capítulo 10

Una imagen del sueño de sol brillante y libertad, la Isla de la Tortuga, atraía a ______ desde el otro lado de la bahía de vivido color turquesa. Una suave brisa que acarreaba música de guitarra y mecía las palmeras que bordeaban la costa. Había tabernas y burdeles ocultos entre la frondosa vegetación. De mal humor, parada junto a la barandilla, maldecía a ese odioso hombre que le había prometido mostrarle el mundo y de modo egoísta había desembarcado sin ella. Estaba clavada en el bote mientras él y sus compinches vagaban a gusto por la Isla del Pirata.
Se oyó gritar una voz desde el castillo de proa, anunciando el cambio de guardia. Ella vio a Giovanni y a cuatro de sus colegas reunidos para coger el bote. Ella dio un audaz paso hacia delante.
—Hola.
Ellos la miraron boquiabiertos, aún sin acostumbrarse a ver damas vestidas de marineros, dedujo ella. A ______ le agradaba bastante su nuevo atuendo. Durante una semana había estado residiendo en el pequeño camarote y usando las viejas ropas de Jasmine. Andaba hecha una brabucona por cubierta, con botas, pantalones y con los cabellos atados en una coleta; se sentía elegante y libre. Miró a los hombres:
—Me gustaría desembarcar. ¿Puedo subirme a vuestro bote?
Cuatro mandíbulas se abrieron con gesto estupefacto. El francés, Barbazan, les guiñó un ojo a los compinches:
—No me importaría quedarme a bordo para entretener a esta dulce y delicada criatura.
—No eres tan valiente —Giovanni rió ahogadamente.
—Barbazan sabe de sobra cómo probar el nuevo objeto de deseo al capitán y cómo robarlo —Nico, el navegante de ojos color avellana y cabellos color miel, rodeó con su brazo los hombros de Barbazan—. ¿No es cierto?
______ aclaró la garganta. Igualando el francés de ellos dijo:
—Bien, ¿vamos o no?
Cinco rostros se ruborizaron. Giovanni barbulló:
—¿A Tortuga? El capitán no lo aprobaría.
¡A ______ le importaba un comino si aquel hipócrita explotaba en infinitésimos pedazos de la rabia!
—Joseph difícilmente está en situación de regañar a nadie, amigos míos. Si vosotros vais a las tabernas y los burdeles, yo voy —Cuando ellos estallaron en carcajadas, ella cruzó los brazos por encima del pecho y dio un taconazo en el suelo—. Vaya panda de machistas, ¿eh? Bromistas buenos para nada. A mí no me interesa beber, jugar ni perseguir mujeres como a vosotros. Yo sólo quiero echar un vistazo rápido a la isla, nada peligroso —Las carcajadas se escucharon aún más fuertes. Entonces ella avanzó hacia las escaleras laterales, dispuesta a subir al bote por su cuenta. Dudaba seriamente de su habilidad para usar los remos, y después de la advertencia que le había hecho Joseph acerca de los tiburones, no sentía verdadera urgencia por nadar, pero no estaba dispuesta a que los detalles técnicos la retuvieran. Lo único que se necesitaba era un poco de ingenio.
Detrás de ella, escuchó decir a Barbazan:
—Podemos vigilarla. Con nosotros está a salvo.
—¡Idiota! ¡Nos cortará el cuello! ¡Nos dijo específicamente que nos mantuviéramos alejados de ella! —Nico profirió con furia.
______ se dio la vuelta y lo deslumbró con una sonrisa:
—No puedo pensar en sentirme más a salvo con nadie que contigo, Nico. ¿Qué hay de malo en divertirnos un poco, eh?
Nico parpadeó:
—Quizás, si le pregunta, el capitán esté de acuerdo con llevarla a tierra él mismo.
Ella tuvo que morderse fuerte la lengua para evitar expresar su opinión acerca del capitán.
—Él nunca anda cerca. Ha desembarcado hace una semana y no ha regresado. ¿Cómo voy a hacer para hablar con él? ¿Tal vez pueda enviarle una nota? —Se le ocurrió una idea. Pasó una pierna por encima de la barandilla—. Llevadme con él inmediatamente. De lo contrario, ¡saltaré por la borda e iré hasta allí a nado!
Instantáneamente, Nico la sujetó fuerte y tiró de ella hacia atrás. Ella se soltó retorciéndose y gritando:
—¡Si me encerráis, usaré la porta! Veremos quién es quién cuando me encuentre con vosotros en la isla dentro de una hora.
—Todos hemos visto lo que habéis hecho con su puerta —rió Nico burlonamente—. Os creemos.
—¡Joseph nos matará como a perros! —advirtió Greco, el regordete jefe de artilleros.
—¡Al menos no somos cobardes perros romanos como tú, Greco! —dijo Barbazan bruscamente.
—¡Basta! —gritó Giovanni—. La llevaremos hasta Joseph y dejaremos que él decida qué hacer con ella. Pero si os queda algo de sentido común en esas cabezas huecas, mantened las manos en los bolsillos.
Ella seguía sonriendo cuando desembarcaron quince minutos más tarde.

En La Nymphe Rouge, el establecimiento más desprestigiado de la costa de La Española, se servía el mejor licor, satisfacía a los peores rufianes y ofrecía un cuarto privado para los capitanes en el segundo piso. Los peligrosos arrecifes de coral que rodeaban la isla protegían sus navíos de los ojos vigilantes de la ley y todos gozaban de tranquilidad para entretenerse sin prisa, compartir heroicas historias de atrocidades, regocijarse de las ganancias obtenidas ilegalmente y planificar atracos lucrativos sobre nuevos blancos.
—Se te ve preocupado, Vipére.
Reclinado sobre un diván, con una prostituta granulienta sobre sus rodillas, el capitán Bolidar de La Belle Isabelle le lanzó una mirada divertida al hombre alto tumbado sobre un sofá de color escarlata que había debajo de la ventana. Con las piernas enfundadas en botas cruzadas sobre el alféizar, Joseph miraba el cielo con el ceño fruncido.
Riendo, Bolidar se quitó del regazo a la ramera y cogió una nueva botella de vino. Se desplomó en una silla frente a Joseph y volvió a llenar las copas.
—Déjame contarte mis problemas, mon ami. El vino y las mujeres: los peores dioses que un hombre puede venerar.
—Motivo por el cual los franceses contraen matrimonio y cultivan la vid, Bolidar —Joseph bajó las botas al suelo y cogió el vino—. Al menos busca algo interesante en qué gastarte el dinero.
Bolidar suspiró filosóficamente.
—Sí, estás en lo cierto; pero si yo fuera a mezclarme con los cortesanos de Versalles, como tú, mi fortuna se reduciría drásticamente y eso me llevaría a la pobreza extrema.
Joseph rió ahogadamente.
—Tus miedos a la pobreza no te detuvieron anoche al pagarle tremenda suma a una de las prostitutas sólo por verla desnuda. Créeme, Bolidar, por ese precio podrías tener hasta a la reina Ana bailando desnuda en la cubierta de La Belle Isabelle.
—¿A una horrible inglesa? ¡Qué desagradable! Pensé que los italianos tenían mejor gusto.
—Horrible o no, Ana Estuardo sabe sin duda usar la cabeza. Esta guerra le está haciendo un agujero en el bolsillo, y no es que ella posea minas de oro en Panamá.
El francés bebió el vino de un sorbo.
—¿Y en qué dirección te llevará el viento la próxima vez?
Joseph vaciló:
—Este.
Una amplia sonrisa se dibujó bajo el fino bigote de Bolidar.
—Evasivo como siempre. Pero dime, Vipére, ¿de qué lado estás en esta guerra? ¿O también ese es un tema tabú?
—Obviamente, yo no tengo necesidad de preguntarte a ti de qué lado estás, mon ami —Rió Joseph burlonamente.
—Todo boucannier al sur de las Bahamas se ha alistado. Con una carta de apoyo de mi rey, yo sigo haciendo lo que mejor sé hacer —Rió Bolidar—. ¿Pero y qué hay de ti? ¿No tienes carta de apoyo?
—¿Este interrogatorio tiene que ver con conducirme a que me aliste en las filas de Luis?
—¿Por qué no? —Bolidar hizo un mohín típico francés—. No estás obligado a serle leal a nadie. Eres un hombre sin patria. Puedes jurarle fidelidad a cualquier rey.
Dando vueltas a la copa, Joseph examinó el líquido rojo.
—No he nacido en la luna, Bolidar.
—Tú dices ser italiano pero no existe tal cosa, mon ami. No hay Italia. Sólo hay píncipes italianos que se odian y luchan entre sí.
Un frío hastío se grabó en el rostro de Joseph:
—Mientras su país está siendo pisoteado y saqueado.
—Uf, qué deprimido estás, Vipére. Piensa en los dulces botines flotando en alta mar.
Un brillo cálido se reflejó en los ojos de Joe. Examinó a Bolidar.
—Para responder a tu pregunta: no me confabularé contigo, mon capitaine, aunque me haya adueñado de algunas fragatas de Luis.
—¡Me has leído el pensamiento, mi astuto amigo! —brindó Bolidar—. ¿Pero quizás querrías reconsiderarlo?
Joe se bebió de un tirón el resto del vino y depositó la copa vacía sobre la mesa.
—La respuesta es no —declaró rotundamente—. No derramaré mi sangre por Luis. Ni por nadie más por esa causa.
Bolidar lo miró con astucia.
—Estás de pésimo humor, mon ami. Si no te conociera bien, diría que tienes una mujer en mente. Los franceses somos expertos en olfatear esos asuntos.
—Escuché que Edward Teach anda navegando por estas aguas—comentó Joe con tono insípido—. ¿Tienes intención de hostigarlo ahora que tengas la bendición de tu rey para cazar buques ingleses?
—¿Estás loco? ¡Es Barbanegra! Yo estaba hablando de amor. ¿Por qué tenemos que hablar de ese cerdo que navega un condenado buque de guerra? Mi corbeta no cuenta con el suficiente armamento para atacarlo.
—¿Y no hay buques de guerra en alta mar? ¿No puedes hacerte con uno?
Bolidar lo miró pasmado.
—¿Hacerme con uno? ¿Así de sencillo?
Con un brillo de humor en los ojos, Joe ofreció:
—Imagínate que fuera un bote de remos.
—¿Un bote de remos?
—Un bote de remos. Como los de los pescadores que están en la costa.
Bolidar frunció el ceño desconcertado.
—¿Entonces pretendes que robe un bote de remos?
Sin poder contenerse, Joe estalló en una carcajada:
—¿Te da cargo de conciencia robar un bote cuando has sido un ladrón y un pirata que ha robado buques y cargamentos y saqueado a todo el que se te cruzaba en el camino? Si eres tan remilgado, quédate aquí.
—Uf... la cabeza me da vueltas con tus disparates. No todos los que navegan los mares tiene deseos de morir como tú. Eres demasiado audaz, Joe. Tú no conoces el significado del miedo.
—Tenemos un concepto del miedo diferente, eso es todo. Exasperado, Bolidar reclamó:
—¿Qué es tan difícil de entender acerca del miedo? Cuando a uno lo persigue un enemigo más poderoso, huye. Uno no quiere morir. Eso es tener miedo —Resolló con fastidio.
—Hay cosas peores que temer a la muerte.
—¿Ah, sí? ¿Como cuáles?
Joseph captó la mirada irritada del francés pero se guardó la respuesta.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Abril 24th 2011, 16:49

Yerooo hermosaaa Smile
ohh al fin subes Razz!!!
jajajaja me encantaron los capitulos
aunque joe se merece una buena tunda xD
Siguela si?
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Abril 24th 2011, 17:21

bueniisimos Very Happy siguela pronto igual qe tus otras noves... me encantan Very Happy Smile
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 5th 2011, 13:52

¡OMJ!
siguela
es muy buena
sobre todo mi sexy pirata Joseph<3
tienes que continuarla<33
aqui? tu nueva y fiel lectora reportandose Wink
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 12th 2011, 09:34

Gracias chicas! klas otras ya las segui y tengo mas nuevas xd!
ya les subo
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 12th 2011, 09:35

Capítulo 10 (Parte II)

Íie de la Tortue, también conocida como la Isla de la Tortuga, era un gran nido de piratas. Caminando sin prisa con los marineros italianos, ______ se mostraba muy curiosa. Las pandillas de malechores de todo el mundo se pavoneaban por las sinuosas calles, abriéndose paso entre los habitantes y traficando sus extravagantes botines a mitad o a un cuarto del precio del cauteloso mercado. Después de llenar sus bolsillos con oro, lo despilfarraban en juego, parranda y causando asombro en el vecindario con riñas y juergas de medianoche.
En medio de esta multitud de vulgares villanos, los piratas del Alastor parecían una manada de dóciles corderos. Paseando amistosamente hacían sentir a ______ segura y bien acogida entre ellos. Aún no había oscurecido y todos los rufianes ya andaban ebrios. El vocerío gobernaba todos los callejones, el bullicio y las groseras risotadas femeninas. Era el grupo más terrible de cazafortunas que ______ jamás hubiera imaginado le llamaría la atención en aquel pueblo impío. Estaba fascinada.
Se detuvieron en la entrada de una espantosa guarida, con un cartel de bronce y madera que decía: La Nymphe Rouge. ______ espió el interior. Se estremeció al descubrir que, de todas las pocilgas, aquella parecía ser la más repugnante. Se acomodó el gorro de lana roja que le servía como disfraz y entró con los hombres. La invadió un espeso aire cargado de humo, sudor, licor y perfume barato. Las luces brillantes perforaban las nubes opacas. Flotaba una música alegre. Greco y Nico eligieron una mesa donde había dos hombres mugrientos sentados aletargadamente: uno roncando y el otro mirando fijamente una jarra vacía. Los italianos los levantaron y los arrojaron fuera al callejón.
Sentada, ______ miraba a su alrededor con picara fascinación. A juzgar por sus coloridas prendas y aún más coloridas palabras, los franceses, alemanes, españoles, portugueses y algún que otro asqueroso inglés atestaban el espacioso salón, maltratando prostitutas, cantando desafinados y básicamente entreteniéndose con sus verrugas y todo. Ella sonrió de modo exultante: ¡lo había conseguido!
Giovanni llamó con una seña a un mesonero barbudo para pedirle un trago. Barbazan le sonrió:
—¿No encontráis ofensivo este lugar, mademoiselle?
______ se encontró con su mirada de admiración:
—En absoluto. Para mí, tiene cierto... eh, atractivo orgánico, por decirle de algún modo. Con este disfraz y con vosotros a mi alrededor, me siento perfectamente a salvo para divertirme más de lo que había imaginado en toda mi vida. Gracias por traerme hasta aquí, Barbazan. Sé que puede causarte problemas con tu capitán, pero siempre te estaré agradecida —Se inclinó hacia delante y le dio un beso en la mejilla.
Él sonrió con placer.
—¡Gracias, mi hermosa dama! Vos sois una demoiselle muy valiente. No sólo por no temerle a mi capitán, sino porque se atreve a vivir su vida como le plazca.
Si eso fuera cierto, suspiró ______. Se encontró con los ojos sonrientes de Greco y Giovanni, pero fue Nico el que habló:
—Hemos decidido que no es necesario que el capitán se entere de nuestra escapada de hoy.
—Yo no diré nada si vosotros no habláis —expresó ella con una sonrisa y recibió otra encantadora a modo de respuesta.
Llegó el pedido: jarras rebosantes de ron y una fuente repleta de salchichas. Para satisfacción suya, ella fue escogida para proponer el primer brindis. Estaba absolutamente conmovida; se mordió el labio devanándose los sesos.
—¿Por qué no bebemos por...? —Alzó la copa bien alto—: ¡Por el vino y las mujeres!
Los hombres parpadearon, intercambiaron miradas divertidas y brindaron en el aire:
—¡Por el vino y las mujeres!
Las copas tintinearon, el ron se derramó y el corazón de ______ se hinchó con un brindis privado: ¡Por mi sueño de sol brillante y libertad! Bebió de un sorbo agridulce de ron junto con los demás.
Una vez que el calor le invadió el cuerpo despacio, ella sonrió a los cinco agradables rostros que la rodeaban:
—¿No vais a invitar... eh, a alguna de las damas a que se os unan? No querría arruinaros la diversión.
—No hay prisa —Nico se desparramó en la silla, provocándoles sonrisas socarronas a sus compinches.
—¿Por qué habría de haberla? —se burló Greco—. ¿Después de haber tenido a todas las mujeres de esta isla?
Nico se puso nervioso, cruzó los brazos sobre el pecho y murmuró con mal humor:
—Me estoy reformando.
Todo el mundo estalló en risas. Con los ojos bien abiertos, ______ analizó los rostros contentos, sin estar demasiado segura de cómo responder ante aquel impactante arrebato de sinceridad, pero dado el espíritu del lugar ella le ofreció a Nico una mirada amable y abierta y dijo:
—Entonces, no faltaba más, no te apresures.
La mesa se sacudió con más risotadas y todos vaciaron las jarras. Al rato Greco dijo:
—Niccoló, ¿no habías prometido contarnos un chiste?
—Si, tú eres una fuente de chistes —lo alentó Daniello con la boca llena de salchichas.
Nico le lanzó una mirada:
—Sí sé un chiste nuevo, pero no quisiera ofender a la dama.
—¡Aquí no hay damas, sólo amigos! —______ se llenó la boca con una salchicha. Estaba exquisita. La piel crujiente se le desharía deliciosamente entre los dientes; la carne picante crepitaba en su lengua. Ya no le volvería a entrar el vestido color púrpura, pero como ya no lo tenía, no le preocupaba demasiado.
Nico carraspeó:
—¿A dónde va un inglés después de tirarse a su esposa? —Rió de modo travieso. Al ver que nadie ofrecía una respuesta voluntariamente, los complació—: Afuera, a descongelarse.
El chiste era muy bueno; todos estallaron en carcajadas. ______ simplemente se quedó con la boca abierta.
—No más chistes de mujeres inglesas —los regañó Barbazan y miró a ______ de manera incómoda.
Le gustaría haber comprendido por qué. Bebió el ron de un sorbo y se lamió los labios.
—Esos son los únicos que sé —Nico se encogió de hombros a la defensiva.
Debía de haber consumido demasiado ron, porque de repente lo cogió:
—¡Afuera, a descongelarse! —Una alegre carcajada le llenó la garganta. Sentada entre aquellas sabandijas estaba pasando el mejor momento de su vida. Desafortunadamente, la cabeza empezó a darle vueltas. Necesitaba desesperadamente tomar un poco de aire fresco antes de ponerse en ridículo por completo. Poniéndose de pie de un impulso dijo—: Si me disculpan, caballeros... Creo que será mejor que salga un momento. No tardaré.
Arrastrando la silla, se dio la vuelta para salir, pero le vino un poderoso mareo. Nico fue rápido tras ella. La cogió del codo con gentileza.
—Permitidme acompañaros afuera, madonna.
La terraza de La Nymphe Rouge tenía paredes pintadas de blanco y una bóveda de estrellas. La noche había caído y las antorchas estaban encendidas por todo el pueblo. Las luces de los barcos titilaban a lo lejos sobre las oscuras aguas. El aire había refrescado y soplaba una suave brisa desde el mar.
—Tomad asiento —Nico la arrastró hasta un banco y se puso en cuclillas junto a ella—. ¿Os sentís un poco mejor?
—Sí, gracias. Temo que esta noche me he excedido. No tengo costumbre de beber alcohol, pero tampoco estoy acostumbrada a pasarlo tan maravillosamente. Gracias.
—No hay de qué, madonna. Yo tampoco suelo pasarlo tan bien.
Ella sonrió. A pesar de sus fanfarronadas, Nico era un tipo amable. No obstante, ella prefería estar a solas.
—¿Os molestaría mucho si os pido que vengáis a buscarme en un momento?
Nico se puso de pie rápidamente.
—En absoluto. Tomaos el tiempo que queráis. Aquí estáis a salvo.
A solas, ella apoyó la cabeza contra la pared y contempló las constelaciones que iban apareciendo. Se preguntaba cuál sería la estrella polar, la guía de los marineros, y rezó para que siempre guiara a sus nuevos amigos y los mantuviera a salvo. Inhaló la deliciosa fragancia de las flotes y escuchó los sonidos de júbilo que flotaban a su alrededor. Estaba medio adormecida cuando unas voces invadieron su conciencia.
—Cuando esta guerra acabe seré rico y famoso. Mi rey me otorgará un título por mis esfuerzos y me jubilará enviándome a vivir a un latifundio. Allí escribiré mis memorias: Los placeres de la isla encantada. ¡En París todos brindarán en mi nombre y las hermosas damas se desmayarán a mis pies!
—¿De veras? ¿Todos en París brindarán por ti? Ten cuidado de que Luis no esté ya brindando por ti, Bolidar.
Ella abrió los ojos de golpe. Joseph estaba allí. No tenía deseos de toparse con él, no esa noche, y mucho menos en la isla. Completamente sobria, se puso de pie con dificultad.
—Ahora te burlas de mí —dijo el francés arrastrando las palabras—, pero cuando llegue a Versalles, perderás toda ventaja con los grandes cortesanos. Harán cola para conocer al capitán Bolidar. Pero no dejes que esto de desanime, mon ami le Vipére, pues yo recordaré nuestra amistad y guardaré mi mejor cara de hereje sólo para ti.
—Tu generosidad me abruma —Rió Joe burlonamente—. Recuérdame enviarte una nota.
Con la curiosidad carcomiéndola, ______ avanzó lentamente junto a la pared, en dirección a las voces. La luz se filtraba por una puerta abierta. Con la cara pegada a la pared, espió hacia dentro.
El acompañante francés de Joseph estaba en el centro del cuarto, sonriéndole al hombre que estaba sentado en el sofá rojo junto a la puerta abierta.
—No seas tan engreído, mon ami. Es cierto que tú tienes más suerte con las mujeres, ¡pero morbleu! ¡Te superaré, a pesar de tu salvaje encanto italiano!
______ estiró el cuello para ver mejor quién era el ocupante del sofá. La lustrosa cabellera oscura le resultó demasiado familiar. Se giró y pegó al espalda contra la pared. El corazón le latía tan fuerte que tenía miedo de que se escuchara el desbocado ritmo.
—¿Salvaje, dijiste? —La voz de Joseph se oyó junto a ella, del otro lado de la pared—. En eso quizás tengas razón, amigo mío. Hace muy poco me han considerado de bestia.
Bolidar rió.
—Sin duda fue alguna de tus ex-charmantes. Los corazones rotos que dejas a tu paso igualan a los cadáveres. Disfrutas y luego olvidas. Al igual que la mayoría de nosotros.
—Esta vez no, Bolidar. Esta vez me la veía venir.
—¡Aja! De modo que sí tienes una mujer en mente. ¿Alguna campaña fallida?
¡ ______ casi se muere allí mismo y en ese preciso instante, de todas las cosas que decía!
—Una mujer hermosa jamás ignora sus encantos, mi joven amigo —Bolidar lanzó un suspiro—. Te sugiero que seas cauto.
—No tengo intención de caer en la trampa de su maldito fastidio, así que puedes guardarte tu consejo —expresó Joseph con un gruñido.
—Ah, pardieu! —clamó Bolidar con exasperación—. Es una joven. ¡Y de la nobleza! Apuesto a que es muy hermosa, ¿eh? ¿Y rubia?
—Tiene la cabellera rubia más hermosa que puedas imaginar. Y de ojos felinos.
______ se deslizó por la pared hasta quedar en cuclillas junto al marco de la puerta abierta mirando bobamente las estrellas. Abajo, una mujer cantaba acompañada por las suaves cuerdas de una guitarra española. La mezcla embriagadora se confundía en la cabeza de ______ saturada de alcohol y las palabras de Joseph. ¿Ella tenía ojos felinos?
—Ve abajo, Vipére. Es tu Cecilia la que te está cantando. La has ignorado toda la semana regresando sigiloso a tu barco todas las noches. Ahora pienso que debes de tener a una mujer en tu camarote a quien regresas, tal vez una de ojos felinos, ¿eh?
Joseph deslizó una mano en el bolsillo lateral y palpó un manojo de joyas frías.
—No hay tal mujer —Suspiró y dejó la mano adentro del bolsillo.
—Si te has cansado de Cecilia, tal vez la convenza de dar un paseo conmigo por la playa. Ella es la más hermosa de esta isla.
—Para lo que me importa, puedes llevártela a París. Bolidar exhaló enérgicamente.
—Veo que esta noche estás decidido a sufrir. Te dejo con tu malhumor. Adieu —Esbozó un ademán inestable y luego se marchó hacia la juerga que había abajo.
______ apoyó la mejilla contra la pared fresca, sintiendo la presencia de Joe del otro lado. Detestarlo cuando estaba convencida de su indiferencia era mucho más sencillo. Era fácil descartarlo por ser un vagabundo despiadado que codiciaba sus joyas y deseaba humillarla, pero en ese momento ella se preguntaba si no habría algo más en su comportamiento que lo que ella había querido creer. De ser así, ¿por qué se había detenido aquella noche en que la había tenido debajo de él, ansiosa por recibir sus besos y caricias?
Un estremecimiento le recorrió todo el cuerpo. Gracias a Dios, él había puesto fin a la locura de esa noche. No sabía qué hubiera hecho él de haberla llevado a ese punto sin retorno. Al menos ahora le quedaba algo de dignidad, aunque no era gracias a su espantosa falta de abstinencia. Él realmente le había hecho un favor. El único aspecto escalofriante de su proceder, algo que aún la horrorizaba, era su poderosa fuerza de voluntad. Joseph tenía un control total y absoluto de sí mismo.
Tras decidir no arriesgarse a exponerse, ______ se puso de pie y sigilosamente se abrió paso entre las sombras, rumbo a los marineros que la aguardaban abajo.

¿Cómo se podía despreciar a un hombre que la consideraba demasiado hermosa para describirla con palabras, que había rechazado a ardientes vampiresas y que regresaba sigilosamente a su barco todas las noches?, se preguntaba ______ un momento más tarde sentada en el sofocante salón con sus amigos marineros. No obstante, estaba obligada a dejarle las piedras de amatista y el vestido de fiesta. Si por ella fuera, podía atragantarse con ellos. El era un canalla despreciable y merecía ser tratado como tal: con absoluto y completo desprecio.
Al menos ella había sentido el sabor de la libertad; después de todo, el viaje no había resultado del todo en vano. En tres semanas estaría de vuelta en Inglaterra, apaciguando a su abuelo, tratando de convencerlo de que ser tachada por la sociedad como un desastre no era el fin del mundo. Ella no estaba del todo convencida de que aún quisiera un esposo, ni de que alguna vez lo hubiese querido. Todo lo relacionado con el matrimonio parecía conspirar en contra de las mujeres. Básicamente, la naturaleza del contrato nupcial tenía que ver con cederle la libertad, los bienes y todo lo demás al hombre, por ende dejando a la mujer sólo con el título de mujer de ahí en adelante. Como una esclava. El esposo era dueño de la esposa. Si ella tenía una aventura amorosa, técnicamente el amante le usurpaba la propiedad al esposo; pero dada la mercenaria naturaleza de los hombres, era menos probable que el esposo agraviado se batiera en duelo que presentara una demanda por injurias. El abuelo de ella garantizaba que, casada o no, su nieta quedaría bien protegida cuando él ya no estuviera. De modo que no tenía necesidad de contraer matrimonio para asegurarse el futuro. Ella podía casarse por amor.
Esa idea le resultó tan perturbadora que tuvo que tomar otra ronda de ron antes de regresar al Alastor. Casarse por amor. El recuerdo de cómo Joseph la había despertado al deseo le aceleró el pulso. Incluso con sus defectos —y el canalla sí que tenía algunos incorregibles— la había hecho sentir... ¡Oh, Dios! La había hecho sentir que se estaba derritiendo, que él haría cualquier cosa por ella, que podía quedarse inmóvil y con los ojos cerrados siempre que él no se detuviera...
Su mirada se posó en una silueta alta y dominante que se dirigió hacia el bar. Una mujer se inclinó sobre el cuerpo robusto, y lo envolvió con sus voluptuosidades como una planta trepadora. La condenada mujerzuela tenía cierto encanto. ______ pensó en marcharse, pero en lugar de eso decidió quedarse ¡y echarle maldiciones!
—Ahí va Cecilia, probando sus encantos de nuevo —observó Daniello.
______ escudriñó a la pareja del bar. Joseph sí tenía aspecto de estar aburrido.
—¿Crees que él se rendirá? —preguntó Greco dando un codazo a su compañero—. La ha estado esquivando la semana entera.
—Yo creo que se cansó de ella hace meses —respondió Daniello.
—Ella jamás se cansará de él —aportó Giovanni—, no después de que la rescatara de aquel nido de ratas y comprara su libertad. Lo intentará una y otra vez hasta que zarpemos.
—El debería decirle que ha perdido el interés y dejar que el resto lo intentemos —murmuró Nico.
—¡Veo que has recuperado el vigor, donjuán! —rió Giovanni en voz alta.
Nico se puso furioso.
—¿Por qué siempre me estás fastidiando? ¡Dale a otro la tabarra para variar!
—Nadie es tan interesante como tú, Niccoló. No somos más que una pandilla de tipos viejos y aburridos.
A pesar de su estado de ánimo, el comentario de Greco hizo sonreír a ______. Las mujeres que ella conocía eran todas aburridas. Si ella fuera hombre, se convertiría en un marinero.
Una sombra alta y oscura cayó sobre la mesa.
—¿Qué hay, sinvergüenzas? No os caigáis dentro de la jarra. Levaremos anclas con la marea de la mañana.
Los hombres se quedaron helados. ______ se mordió el labio inferior; él estaba parado justo detrás de ella.
Giovanni recuperó la calma:
—Únase, capitán. Greco, acerca una silla para el capitán.
—No es necesario —dijo Joseph de manera amena—. Ya nos íbamos.
______ se estaba conteniendo los comentarios antipáticos sobre las prostitutas del muelle cuando una mano firme se posó en su hombro.
—¿No es así, milady? —La pregunta retórica fue reforzada con un halagüeño apretón en la delgada clavícula de ella. Ella alzó la vista. El la miró ferozmente.
Con aspecto preocupado, los cinco marineros protestaron algo de modo incomprensible. Una ceja renegrida se levantó en un gesto divertido cuando el capitán del Alastor examinó los rostros preocupados de sus hombres.
—Si alguien tiene algo que decir, que lo diga ahora. Jamás me han acusado de arrancarle la cabeza a un hombre por expresar su opinión.
No había mucho que decir y todos lo sabían. Joseph no iba a dejarla entretenerse en tabernas. ______ no tenía otra opción más que acompañarlo. La cogió de la mano y se la llevó.
El cuarto privado del segundo piso estaba bien iluminado y vacío. Había unas pinturas de filies de joie desnudas juxta-puestas con llamativos divanes, todo con un aspecto bastante andrajoso. Joe la llevó hasta el sofá color escarlata, que parecía el sitio más seguro del cuarto, y se desplomó en el sillón que había frente a ella. Escogió una copa limpia y la llenó de vino.
—Bébetelo —le ordenó al colocarle la copa frente a ella. Con desánimo, la miró en silencio.
______ echó una mirada a la copa y luego alzó la vista.
—¿No crees que ya es demasiado tarde para eso?
—Bebiste con mis hombres, beberás conmigo.
¡Cuando las ranas críen pelo! Ella se quedó en silencio.
Un músculo le latió por el enojo en la mandíbula. Hundió su enorme cuerpo en el sillón de modo descuidado: le recordaba a un niño malcriado teniendo un berrinche. De pronto se le ocurrió que el todopoderoso Víbora era —según las palabras de Lucas— de dudosa naturaleza humana, aunque sí de carne y hueso.
—Rocca regresó hoy —mencionó en forma casual.
Ella se armó de paciencia.
—¿Y qué pasa con eso? Yo no estaba al tanto de su ausencia. Ni me interesa.
—Te interesa cuando te diga que regresó de Jamaica, donde lo dejé para que vigilara a mi hermana mientras nosotros pasábamos la semana aquí. Lo que sigue son unas pertinentes felicitaciones. El vizconde Silverlake finalmente ha adquirido una esposa, dicen que mediante un permiso especial. Se trata de una misteriosa condesa italiana. ¿Alguna idea?
Ella sonrió con perspicacia. Qué sinvergüenza podía ser cuando estaba de buen humor, un muy pero que muy apuesto sinvergüenza.
—Bueno, les deseo lo mejor, aunque me alegra no estar en su pellejo.
Él alzó la ceja.
—¿Eh?
Entonces sí cogió la copa de vino. Quitándose bruscamente el ridículo gorro rojo, dijo:
—Parece que al ver la comida viene el apetito. Le he cogido el gusto a la insolente libertad y tengo intención de darle rienda suelta. He decidido que en cuanto se presente la oportunidad propicia, me procuraré mi propio barco, contrataré a un capitán y navegaré por alta mar. A lo grande.
Se quedó pensativo. A ella no le sorprendió cuando dijo:
—Sin ofender a nadie, ¿no crees que para una joven dama encantadora navegar por el mundo es un tanto extremo?
—¿Quieres decir arriesgado? Tal vez —Ella se encogió de hombro desinteresadamente—. Pero la vida es demasiado corta para perder el tiempo lamentándose. Prefiero mil veces más pasar lo que me quede de vida viajando por el mundo, conociendo lugares y en busca de la felicidad, que sumirme en el aburrimiento durante trescientos años.
Él expresó con una sonrisa:
—Suena como un plan.
—Que tengo intención de poner en marcha —Depositó la copa sobre la mesa y se dirigió hacia el balcón abierto, ignorándolo categóricamente. Hasta ese instante ella no se había percatado de que la idea iba tomando forma en su mente y se iba convirtiendo en una intención madura. El hecho de decirla en voz alta no sólo le había dado forma sino también le había hecho cobrar determinación. Si su abuelo no lo aprobaba, sencillamente lo arrastraría con ella. Hasta los brillantes políticos necesitaban un respiro de vez en cuando.
El aire le erizó los vellos de la nuca.
—Antes de enfrentarme con Luis —la voz grave de Joe se deslizó por encima del hombro de ella—, tengo intención de detenerme en Agadir, es decir, en Marruecos. Si quieres, puedo llevarte conmigo y devolverte a Inglaterra unas semanas más tarde de lo planeado.
Ella se volvió para mirarlo de frente. Tenía los rasgos ensombrecidos, los hombros anchos bloqueaban la luz que salía del cuarto, había un rasgo suave y convincente en Joseph que a ella nunca dejaba de fascinarla. Qué aventura sería viajar con él hasta tierras tan lejanas. Al principio ella no había apreciado realmente el potencial de la idea, y de manera bastante tonta había decidido aceptar su ofrecimiento hacía una semana. Por supuesto, en ese momento él no había sido honesto. Sin embargo, ahora lo era. Estaba segura de eso.
—Tu ofrecimiento me conmueve profundamente —dijo ella con absoluta seriedad—. No obstante, debo rechazarlo.
—¿Debes? —preguntó él, sin poder ocultar el asombro. Sin duda su inmensa seguridad en sí mismo lo había hecho pensar por anticipado en nada menos que en que ella se le arrojaría a los brazos, lo llenaría de besos y se lo agradecería infinitamente desde el fondo de su corazón.
—Disculpa —sonrió ella, disfrutando cada instante de aquello—. Aunque tu ofrecimiento vale la pena...
—¿Pero no era eso lo que querías? ¿Lo que acabas de decir? —le preguntó con incredulidad.
—Así es —admitió ella, preguntándose cuan lejos llegaría él hasta que ella accediera—. Pero como se suele decir: si me engañas una vez será culpa tuya, si me engañas dos será culpa mía.
Joe suspiró.
—Sé que no me hubieras creído de habértelo dicho aquella noche, ______, pero te aseguro —se detuvo de manera significativa—, que tengo toda la intención de cumplir con esta proposición.
Ella sí le creía. Desafortunadamente para él, ella había adquirido un sabor de venganza.
—¿De veras?
Con el hermoso rostro bronceado un paradigma de solemnidad afirmó:
—De veras.
—Mmm —Ella puso cara de estar reconsiderando la propuesta—. No lo creo.
—______... —Él se adelantó; estaba casi encima de ella.
Pestañeó con gracia.
—Estoy agradecida, pero de veras, ¿qué sentido tiene viajar tan lejos para conocer una sola playa? Sería peor que no conocer nada de nada. No, gracias, pero debo esperar a que surja una mejor oportunidad que ésta. Dentro de tres semanas, al llegar a Inglaterra, nos diremos adiós y tomaremos rumbos separados.
Su aplomo se derrumbó. Si una semana antes él no hubiera estado realmente dispuesto al desafío, sin duda ella hubiera rectificado la situación: parecía absolutamente ansioso por que accediera a ir con él. De modo que en ese momento el tan confiado de sí mismo Víbora no estaba tan bajo control, ¿verdad? Esa desdichada noche sí que ella había aprendido una valiosa lección: Joseph era un demonio astuto, y ella tenía que ser dos veces más astuta.
Los ojos le brillaban intensamente, como si estuviera absolutamente concentrado, le acarició la delicada mandíbula con los nudillos, hipnotizado por la refinada estructura ósea.
—Tú quieres conocer la kasba —respiró.
Sus miradas se cruzaron. Con ojos brillantes, ______ reprimió una enorme sonrisa y asintió con la cabeza. Una sola vez.
—Te llevaré a la kasba de Argel, amore. Y a Agadir. ¿Vendrás?
—Sin compromiso —afirmó ella con cautela. Una sonrisa malvada le curvó la boca. —Sin compromiso.
—En ese caso, no me importaría hacer un pequeño desvío camino a casa. ¿Zarpamos mañana?
—Así es. Pero primero —aún sonriendo, deslizó los brazos alrededor de su cintura y la atrajo hacia su torso plano—, debemos sellar este pacto con un beso —Le rozó los labios y la besó con tal profundo deseo que la resistencia de ella, junto con sus ideas, desaparecieron.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 12th 2011, 09:37

Capítulo 10 (Parte III)

Nadie tenía permitida la entrada a la fortaleza de Gibraltar sin un permiso especial del alcaide. Poco dispuesto a revelar su identidad, Cesare se acuarteló en una posada situada en un terreno neutral. Residió ahí durante varios días hasta que decidió entrar a la guarnición disfrazado y a hurtadillas. Su objetivo era procurar una suma de dinero mediante una carta de crédito que había traído desde Versalles. Alquiló una habitación en una taberna que quedaba en un callejón estrecho. Convenientemente, el callejón quedaba alejado de la calle principal de Gibraltar.
Era imposible mirar el lugar sin experimentar una sensación de horror. Los recovecos llenos de humo y mugre, al igual que los grupos de españoles, los oscuros moros y los distantes judíos personificaban su menos que insignificante vida, se lamentó Cesare amargamente, pero su suerte estaba a punto de cambiar. Pronto tendría el medallón, a su enemigo muerto y a Milán: la tierra de sus antepasados.
Al cabo del quinto día en Gibraltar, estaba bebiendo una jarra de cerveza con un moro llamado Bouderba, quien tras haber vivido algún tiempo en Marsella hablaba bastante fluido francés, cuando un muchacho de aspecto mugriento se le acercó con un mensaje. Roberto había llegado. Se encontraron en la posada una hora más tarde.
—¡Cuéntame todo! —le ordenó Cesare impacientemente.
—Va camino a Argel. Pero no está solo. Va acompañado de una mujer.
—¿Por qué me fastidias con detalles insignificantes? —Se llevó a la prostituta con él. Será la última que tenga.
—No es una prostituta, monsignore, es la nieta de un duque inglés. De un duque importante.
—Las damas de alta alcurnia son las prostitutas de la peor calaña —dijo Cesare con un bufido—. Espera un momento... —Cogió a Roberto de la pechera de la camisa y lo elevó hasta mirarlo a los ojos—. ¿Dijiste un duque inglés?
—Yo... yo la vi —chilló Roberto—. Una jovencita bonita, rubia, con un cuerpo delicioso. Pasaron una semana juntos en Tortuga.
—¡No te pago para saber tu gusto con las mujeres, stronzo! —Con el rostro como una máscara de furia, Cesare apartó a Roberto de un empujón—. El bastardo aún sigue en el juego. Después de todo, no se ha retirado. Piensa que ha enganchado un trozo de carne que lo lleve directamente al consejo de guerra, a Marlborough y a Saboya —Maldijo—. Va bene. Dejémoslo pasar sus días al sol. No vivirá demasiado para cosechar su siembra —Atravesó a Roberto con una furiosa mirada glacial—. Iremos a Argel.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 12th 2011, 09:38

Capítulo 11

La noche estaba oscura, húmeda y calurosa. Un manojo de luces titilaba en la distancia. De espaldas a la costa, Joe remaba metódicamente, con la cabeza envuelta en una extraña tela negra. ______ lo miraba con el rostro cubierto a medias por un velo. Lucía más siniestro de lo habitual. Pensativo, distante, tenso. Ella tuvo un terrible presentimiento. ¿Hacia dónde diablos se dirigía?
Las tres semanas que habían pasado atravesando el océano habían transcurrido rápida y tranquilamente. Ella había insistido en comer en su camarote y Joe no lo había objetado, con su orgullo innato conteniendo el impulso de implorarle su compañía. Pasando la mayoría del tiempo en el alcázar con Giovanni, él se había dedicado a dirigir el barco, manteniendo el contacto estrictamente indispensable. A veces ella lo veía bromear con los marineros, y le sorprendía ver cuan intimidados se sentían sus hombres ante él. Sin embargo, aun con un abierto despliegue de indiferencia, en ciertas ocasiones sus miradas se cruzaban desde lejos y ella era la primera en desviarla. Joe invadía sus pensamientos día y noche, convirtiéndose en un acertijo que tenía que resolver. ¿Quién era? ¿Qué era lo que le había llevado a ser el hombre que era? ¿Cuáles eran sus metas, sus ambiciones, sus sueños? ¿Qué lo motivaba? ¿Qué lo conmovía?
—Ponte esa maldita cosa de nuevo, ______ —le ordenó Joe—. No es mi idea de comodidad con este calor pegajoso, pero es inevitable.
Ella lo miró de manera huraña. La gruesa túnica negra que él la hacía usar la engullía, con cabeza y todo, con un velo apretado en el rostro que le llegaba hasta la nariz. Ella lo detestaba, pero por cómo estaba él en aquel momento, no se atrevió a discutir nada. Volvió a ponerse el velo de un tirón.
—¿Hacia dónde nos dirigimos?
—Querías conocer Argel —Echó un vistazo a la costa por encima del hombro—. La kasba de Argel, princesa, a vuestras órdenes.
—Argel —murmuró ella, mientras se mecía suavemente junto con el bote—. La infame morada de los corsarios de Berbería, del Dey y su corte —Lo miró a los ojos—. Nico me dijo que eres un hombre buscado en Argel. Dijo que el Dey era tu enemigo acérrimo desde que rompiste filas con él y te uniste a los europeos en la guerra. ¿Estás completamente seguro de querer ir allí?
—¿Nico te dijo todo eso? Fascinante.
—Nico dijo que si ponías un pie en suelo del Dey significaba muerte cruel y segura.
—Nada es seguro en esta vida. ¿O es que todavía no lo has aprendido?
De modo que era cierto. Él era un hombre buscado en Argel. Entonces, ¿por qué este estúpido no le había dicho que había tanto riesgo involucrado?
—No quisiera ponerte en un riesgo tan grande simplemente por cumplir con un tonto capricho con el que soñé. ¿Y si te atrapan? Te torturarían hasta la muerte.
—Sí—le lanzó una exasperante sonrisa sarcástica—, ¿pero y qué si no lo hacen?
¡Tenía ganas de morir!
—Creo que debemos regresar, Joseph. Esta aventura es demasiado peligrosa.
—Por supuesto que sí —Se encogió de hombros—. Pero de otro modo no sería divertido.
—Si te atrapan a ti, me atraparán a mí también —señaló ella con tono cortante, irritada por el humor negro de él.
Dejó de remar, permitiendo que el bote flotara lánguidamente sobre la superficie del agua.
—¿Es eso lo que te está molestando, ______? ¿Que algo malo pueda ocurrirte porque estés conmigo?
—Bueno, sí, es eso —Ella se movió incómoda—. Pero como dijiste una vez: no te detesto lo suficiente como para verte muerto —Ahí está, lo había dicho. No estaba dispuesta a mencionar ni una palabra más sobre el asunto. Aquel petulante ya estaba medio convencido de que ella era incapaz de resistírsele y ella no tenía intención de alentar esa veta presuntuosa.
—¿Estáis realmente preocupada por vuestro bienestar, princesa? —le preguntó gentilmente—. ¿O estáis preocupada por perder a vuestro guía?
A ella sí le importaba. ¿Cómo de loca estaba? Inspiró hondo y se serenó, asegurándose de sonar como una persona razonablemente preocupada, y no como una mujer pesada.
—Escucha, sé que Argel era parte de nuestro plan inicial, pero si entrar a la kasba podría costarte la vida, no vale la pena. Hay otros lugares que me encantaría conocer. Volvamos al barco y...
—Hay momentos, situaciones difíciles, en las que uno debe arriesgar la vida para alcanzar un mayor objetivo. Una vez cometí el error de valorar mi vida por encima de las cosas que más quería en el mundo. Jamás he vuelto a repetir el mismo error.
De no haber sido por el bendito velo, hubiera quedado con la boca abierta y la lengua suelta. La muerte es amarga, pero la fama es eterna. Qué precepto tan exigente para mantener. ¿Qué hecho tan terrible habría llevado a Joe a convertirse en una persona tan severa?
Unos minutos después llegaron a tierra. Él bajó del bote de un salto y lo arrastró a la arena. Una pequeña isla se extendía frente a la ciudad y se conectaba a ésta mediante una imponente mole de sólida construcción apoyada sobre arcos. La entrada al puerto estaba coronada por una batería repleta de cañones de inmenso calibre. La franja de playa estaba libre. ______ se detuvo, impactada por la imponente resistencia de las fortificaciones. Por algo la kasba de Argel, aquella fortaleza de arena situada al borde del desierto, era conocido por el mundo entero, pensó ella. Irradiaba poder. Era el reino del terrible dey, el primer ladrón y traficante en su propio territorio, paraíso de los náufragos donde otros temían pisar, donde la noche se imponía y el día se rendía. Una ciudad de encanto y misterio.
—Aseguraos de que vuestros cabellos estén ocultos todo el tiempo, princesa —Él le colocó el velo con delicadeza—. ¿Estáis lista?
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 12th 2011, 12:27

miercoles es muy buena<3
debes seguirlaa!
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 14th 2011, 08:56

Capítulo 11 (Parte II)

—Aseguraos de que vuestros cabellos estén ocultos todo el tiempo, princesa —Él le colocó el velo con delicadeza—. ¿Estáis lista?
Cuando ella asintió, él se cubrió la boca con el borde de la tela que envolvía su cabeza, la cogió de la mano y avanzó de prisa hacia la pared. Prescindiendo del portón fuertemente custodiado, esquivó la pared y escaló la colina. La arena era profunda y el ascenso arduo, pero como si conociera cada grano de arena del camino, él la condujo hasta un hueco secreto que se abría en la pared.
Una vez en el interior de la ciudadela, avanzaron rápidamente por el tortuoso laberinto de callejones entre paredes blancas. Como un halcón, Joe se abría paso bajo la luz de la luna, girando con cautela, pegando los cuerpos contra la pared. En un patio alejado, un gato saltó desde un tejado sobre una lata. ______ gritó. Joe le tapó la boca con la mano, susurrando:
—En la kasba las paredes oyen, así que no hagas ruido.
Una vez más se encaminaron, corriendo y pegándose a la pared hasta que llegaron a un amplio descampado. Había unas tiendas, puestos cerrados y unas tribunas tenebrosas que rodeaban un pozo de piedra.
—Este es el zoco, el mercado —susurró Joe—. Ahora está desierto, pero si vienes por la mañana es colorido, alegre y atestado de gente... te encantaría. Desafortunadamente, no puedo traerte durante el día, si es que quiero conservar mi cabeza en su sitio.
Ella le disculpó absolutamente por aquella limitación. Los ojos de él se iluminaron, como si fuera un muchachito que iba a la feria por primera vez.
—Aquí se pueden encontrar las mercancías mas increíbles: desde objetos robados de Occidente hasta todo tipo de baratijas que puedas imaginar —La cogió fuerte de la mano y se adentraron en los callejones—. Y hay que discutir el precio con los vendedores —le enseñó con toda seriedad—, o se sienten ofendidos.
Ella sonrió detrás del velo. Lo único que veía eran puestos oscuros y callejones vacíos, pero Joe debía de estar teniendo una imagen distinta, para ella desconocida.
—Recuerdo la primera vez que vine —continuó diciendo él mientras caminaban tomados de mano—. Yo tenía dieciséis años, y no hablaba ni dos palabras en árabe, jamás había visto un mercado antes, ni siquiera en Italia, y este sitio a mí me había parecido un paraíso mugriento y revoltoso. Me había encantado —recordó con la voz teñida de nostalgia—. Gelsomina tenía seis años y estaba aterrorizada con los ruidosos y ordinarios vendedores. Me distraje un instante y mi hermana desapareció. Me desesperé. Corrí por los callejones, buscándola hasta que la encontré parada ahí —señaló una tarima que había cerca—. Estaba parada petrificada, mirando fijo a un hombre que hablaba con pájaros. Era un entrenador de loros que hablaban. Gelsomina no se quiso mover hasta que le compré una esas graciosas criaturas —Rió él ahogadamente—. Lo llamó Zakko y durante años trató de enseñarle a hablar en italiano, pero el bicho era testarudo. Creo que entendía cada palabra pero insistía en cacarear en árabe, sólo para hacerse el difícil.
Ella sabía perfectamente cómo se había sentido Jasmine. Sólo que su objeto de fascinación no era un pájaro; sino una víbora. Por primera vez desde que se habían conocido, ella vislumbró al niño que alguna vez él había sido, debajo de aquella cruel apariencia de serpiente. Estaba sucediendo de nuevo. Las defensas de ella se estaban desmoronando.
Joe se detuvo.
—¡Tenía que haberme convertido en un vendedor! — proclamó con mucho entusiasmo.
______ tragó saliva con dificultad.
—Yo hubiera comprado todas mis especias en tu puesto —susurró ella.
Con los rostros cubiertos por los velos, se miraron a los ojos.
—Una vez casi me cortan la mano por robar una naranja —La voz de él sonó más ronca; el fuego azul de sus ojos ardió con más brillo. Ella contuvo la respiración cuando lentamente él se quitó la tela negra del rostro. Cuando las facciones quedaron visibles, ella se sobresaltó por el aspecto siniestro que tenían grabadas—. Sé que me odias, ______, pero juro frente a mi futura tumba que jamás tuve intención de hacerte daño. Me gustaste desde el principio. No sólo porque eres hermosa, sino también porque a veces, en momentos como éste... —Una extraña expresión se reflejó en sus ojos, una mirada perpleja, como si acabara de descubrir algo extraño y fascinante—. A veces, siento como si nos conociéramos desde hace años. Jamás le conté esta historia a nadie.
Esa candidez a ella la desarmó por completo. Era el primer momento que compartían de verdad. Sin lujuria, sin motivos insidiosos, sin burlas, resentimientos ni temores. Aquello era un alma en contacto con la otra.
Con dedos vacilantes, Joe le quitó el velo ceñido de la boca. Buscó en sus ojos tratando de adivinar si ella le correspondería o lo despreciaría. Ella no se reconocía. Enmarcándole el rostro con ambas manos, bajó la cabeza y le besó los labios. Su boca se sentía cálida, seductora, y llena de promesas...
Unos jinetes irrumpieron en el zoco. Joe la empujó dentro de un hueco que había entre dos puestos y permanecieron muy quietos, fundiendo los cuerpos con las paredes de yeso. Alto, fornido y macizo, él casi la sofocaba. Sin embargo, ella disfrutaba de su proximidad, de su intensa fragancia, de la sensación que le provocaba tener aquel bloque de músculos apretados contra el cuerpo. Ella tenía el rostro oculto debajo de la tela que envolvía la cabeza de él; con la boca pegada a su cuello. Le aferró fuerte la cintura y eso era lo único que podía hacer.
Cuando la estampida se alejó, Joe se apartó, maldiciendo. Le examinó el rostro bajo la pálida luz de la luna.
—No debí traerte hasta aquí. Qué estúpido he sido. ¿Te encuentras bien?
Ella no se encontraba bien. Lo que acababa de experimentar aplastada contra el cuerpo masculino era peor que el susto de estar tan cerca del peligro. Acomodándose el velo en su lugar, se maldijo por ser una lujuriosa descocada.
—Estoy bien —respondió—. Fue... un pequeño susto, eso es todo.
La cogió de la mano.
—Ven. No deberíamos perder tanto tiempo aquí.
Un momento más tarde, llegaron a una pequeña morada. Joe golpeó una puerta arqueada de color azul y esperó. Una anciana de estatura pequeña, envuelta en una túnica negra abrió la puerta y miró con recelo a las dos siluetas camufladas paradas en la entrada. Joe se descubrió el rostro y dijo:
—Esalaam haleikum, Amti.
—¡El-Amar! ¡Bendito Allah! —Los ojos de la anciana se agrandaron de júbilo. Se cubrió el rostro con las manos, diciendo una oración—: Tfadal. Entrad —Los condujo hacia el interior y cerró la puerta detrás echando el cerrojo de bronce—. ¡Allah misericordioso! Mi amado hijo está de vuelta. Estás sano y salvo y has venido a ver de nuevo a la vieja Sanah. Pasa, einaya, deja que la vieja Sanah te dé un abrazo y un beso.
Joe se adelantó y envolvió a la anciana entre sus brazos.
—Te he extrañado, Amti —Tenía la voz cargada de emoción, y aunque habló en árabe, ______ entendió: él estaba en casa.
Sanah miró a ______.
—¡Yasmina, hija! ¡Tú también estás de vuelta!
Joe cambió de idioma.
—No, Amti, ella no es Jasmine —Atrajo a ______ hacia él. Sonriéndole a los ojos, le quitó la capucha—. Amti, quiero presentarte a ______. Ella es mi nueva protegida. Princesa, le presento a Sanah Kuma: la Maga. La Bruja.
—Marhaba! ¡Bienvenida! —Con una enorme sonrisa, Sanah cogió las manos de ______, con unos brazaletes dorados que tintineaban en sus delgadas muñecas. La curiosidad echaba chispas en sus sagaces ojos azules—. Hola de nuevo.
—Es un placer conocerla, señora Kuma —dijo ______, advirtiendo la aprobación de Joe con el rabillo del ojo—. Me temo que no sé qué decir —Y así era. Sanah era admirable: tenía unos delicados ojos con un brillo de inteligencia, la piel tan bronceada y surcada como si fuera de cuero curtido, una espesa melena de rizos plateados y una sonrisa colmada de encanto oriental.
—Es un placer conocerte a ti, ______, hija de Christine —Sanah le apretó los dedos.
______ casi se desmaya. Antes de que tuviera oportunidad de preguntarle a Sanah cómo sabía el nombre de su madre, la anciana le deslizó una sonrisa malvada a Joe.
—Heya hellua giddan, ya eibni. Es muy hermosa, hijo mío. Inta baheb ha?¿La amas?
—Hallas. Bastante —rezongó él echándole un vistazo a ______.
Sanah rió nerviosamente, sin perderse nada con aquellos ojos picaros. Los condujo hacia una sala, donde candelabros de malaquita ardían en pequeños nichos. La túnica de seda turquesa flotaba detrás de ella.
______ atravesó el pasillo abovedado junto a Joe, aspirando especias de hierbas estimulantes.
—¿Qué fue lo que dijo Sanah sobre mí que te molestó?
—Nada importante.
—¿Y cómo supo el nombre de mi madre? Tú no lo sabías.
Él le dirigió una sonrisa odiosa.
—Sanah es una bruja.
—Por favor, entrad y tomad asiento —Sanah la invitó a sentarse en un diván bajo con forma curva que rodeaba a una mesa marcada con una estrella. En el centro de la estrella, una lámpara dorada despedía ráfagas de aroma a jazmín.
Después de colgar las capas, Joe se hundió en el diván a su lado. A pesar de su gran tamaño, parecía sentirse como en su casa sentado allí en aquella pequeña sala acogedora de Sanah.
—¿Qué es ese aroma, Amti? —preguntó él con una sonrisa.
—Preparé sopa harira y tajín. Estoy segura de que estás hambriento como siempre, einaya. Tendré la cena lista en un momento —murmuró Sanah al tiempo que abandonaba el cuarto con las joyas tintineando alegremente.
—¿Qué significa "einaya"? —le preguntó ______.
—Es una expresión de afecto —Sonrió—. Significa 'mis ojos'.
______ lo miró a los ojos, cautivada por el tono azul oscuro del iris. Se le cruzó una idea por la cabeza: si fuera mío, yo también lo llamaría einaya.
—¿Qué piensas de la casa de Sanah? —le preguntó.
Ella parpadeó y echó un vistazo alrededor.
—Es... bastante azul. ¿Simboliza algo?
—El azul es el color de la suerte. Se supone que ahuyenta el mal de ojo —le explicó con aire divertido.
—La casa es hermosa —murmuró respetuosamente—. Sanah es estupenda —Aquel pirata que la engañaba, que casi la seduce, y a quien se esforzaba por rechazar, la había llevado al sitio más encantador a visitar a una anciana que le era muy querida—. Gracias por traerme aquí esta noche, Joseph.
—La noche aún es joven. Tal vez no te sientas tan agradecida cuando termine.
—Sé que viniste hasta aquí arriesgándote mucho, pero jamás olvidaré esta noche. De eso estoy segura.
Joe perdió la sonrisa. Exploró su mirada ingenua y le apartó un mechón de cabellos dorados de los labios.
—Esa mirada en tus ojos, amore, vale cualquier riesgo del mundo —le susurró con tono grave.
______ le sostuvo su mirada penetrante. Una mujer demasiado hermosa para describirla con palabras pero también un maldito estorbo con el que él no tenía intención de cargar.
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 16th 2011, 12:56

SIGUEE LA NOVELA*-*-*-*-*- LA AMOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!1
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 17th 2011, 00:33

Pero tu si eres malvada verdad, como la dejas asi?? Me encanta tu nove, siguela pronto,
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 18th 2011, 09:27

ah siguela esta genia tu nove,Smile
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 18th 2011, 09:29

ah siguela esta genia tu nove,Smile
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 18th 2011, 09:30

ah siguela esta genia tu nove,Smile
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 18th 2011, 09:31

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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 18th 2011, 10:25

Sigueela D:
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 20th 2011, 13:48

AVISO IMPORTANTEEEE!!! :
estaba hablando con yero... y me pidio que les informara que por problemas en su PC no a podido escribir aun... pero que lo hara pronto. NO DESESPEREN!!!
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 21st 2011, 20:53

D: awww nimoddo, esperaremos con ansias el cap(L)
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 22nd 2011, 13:45

D:
fin de mundo D:
pues buenoo, a esperar:)
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 23rd 2011, 06:48

jajaj chicas sus comentarios me hicieron reir muxo, gracias x preocuparse! mas tarde les subo xq no me siento bn.. el viernes me robaron y me duele muxo la mano xq me puse a peliar con el chorro D: pero de hoi no pasa que les suba
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 23rd 2011, 06:57

Capítulo 11 (Parte III)


—Esa mirada en tus ojos, amore, vale cualquier riesgo del mundo —le susurró con tono grave.
______ le sostuvo su mirada penetrante. Una mujer demasiado hermosa para describirla con palabras pero también un maldito estorbo con el que él no tenía intención de cargar.
Sanah regresó con una bandeja repleta de platos.
—¿Recuerdas mi sopa harira, El-Amar?
—¿Cómo podría olvidarla, Amti? Mi paladar todavía está ardiendo desde la última vez que la tomé.
Sanah suspiró y se sentó frente a ellos.
—Esta noche has hecho feliz a esta anciana, El-Amar.
—He extrañado nuestras charlas, Amti —confesó Joe con una sonrisa—. Es bueno estar en casa.
______ sintió los ojos tan llorosos como los de Sanah. Evidentemente, la solitaria anciana adoraba al Víbora italiano como si fuera su hijo. Miró a Joe, asombrada de su transformación en un ser humano. ¿Era aquel el rufián que le había robado las joyas de amatista?
Sanah miró a ______.
—¿No comes, mi niña?
—Aún tenéis que serviros sopa para vos, señora Kuma —respondió ______.
—Oh, no, mi niña. Yo no puedo comer. Estoy demasiado emocionada.
Joe rió entre dientes. Inclinándose hacia ______ de manera conspirativa, dijo:
—Sanah debe estar pura para poder leer dentro de la gruta. Si come, no podrá adivinarte la suerte. ¿No es así, Amti?
Sorprendida, ______ miró a Sanah. La anciana sonrió sintiéndose culpable.
—No tengo secretos para ti, El-Amar, ya los conoces todos.
—No todos —como un lobo, devoró una generosa cucharada. ______ miró su plato de sopa. El aroma picante era bastante tentador, de modo que decidió desafiar a su paladar.
—Háblame de mi hermosa muchacha —Sanah preguntó—: ¿cómo está Yasmina?
—De hecho, muy bien. Conoció a un pobre diablo y lo obligó a casarse con ella. Igualmente, la víctima parece feliz. No le preocupó en lo más mínimo.
—¿Casada? Cuéntame más. ¿Quién es ese hombre? ¿Es honesto? ¿Es de tu aprobación, El-Amar?
Joe asintió con la cabeza.
—Un caballero inglés. Están muy enamorados...
______ resopló. La mirada de Joe se clavó en el perfil encendido de ella. Lo miró y supo exactamente lo que estaba pensando, pero tenía la garganta, la lengua, la boca entera en llamas después de probar la sopa picante. No podía pronunciar ni una sola palabra, menos aún explicar el súbito arrebato. Aunque por el modo en que él la estaba mirando... ella no estaba segura de querer explicar nada.
—Amti, ¿serías tan amable de traernos un poco de agua? —le pidió en forma clara y concisa con los ojos puestos en ______.
Sanah asintió con la cabeza y fue de prisa a la cocina. ______ se secó el rostro con lágrimas, absolutamente consciente de la mirada furiosa de él. Se le acercó más.
—Si llegas a decir una sola palabra que arruine la felicidad de la anciana, te las verás conmigo. ¿Está claro?
Un escalofrío le subió por la espalda. Bienvenido, Víbora. Ella le clavó la mirada.
—Jamás haría algo tan rencoroso, ni querría, aunque tú tendrías que mejorar tus amenazas.
—No me provoques, ______. Te encontrarías con un enemigo más poderoso de lo que piensas.
Ella sonrió y desvió la mirada. Sanah regresó con una jarra con agua y unos vasos. ______ aceptó uno de buena gana, esforzándose al máximo por mantener la sonrisa. Joe estaba furioso. Bien.
—Entonces, mi dulce muchachita está casada —Sanah suspiró con placer—. Qué maravilloso. Yo le dije que se casaría a los veintidós. Aún sigue en el Nuevo Mundo, ¿verdad?
—Supongo que sí —respondió Joe.
—Ah, pero pronto vendrá a visitar a la vieja Sanah y a contarle las buenas nuevas en persona.
—Si tú lo dices, Amti...
Sanah sirvió el tajín —un estofado de carne tierna de cordero— seguido de un postre de confituras empapadas en miel y agua de rosas. Gradualmente, el ánimo de Joe comenzó a serenarse. Con el estómago lleno, se relajó sobre los almohadones. ______ disfrutó de cada bocado. Nada iba a arruinar su aventura, y especialmente él. Ignorando las protestas de su estómago, cogió una fruta negra larga y delgada.
—La algarroba es muy saludable. Aumenta la fertilidad. Deberías comer un poco, El-Amar —dijo Sanah ofreciéndole un plato de algarrobas a Joe.
Conteniendo una sonrisa, lo rechazó con gentileza. ______ apartó las suyas cortésmente.
Sanah recogió los platos.
—¿Os gustaría tomar café o té?
—Por favor, dejadme ayudaros —______ empezó a levantarse del sofá.
La detuvo con una mano sobre el muslo.
—Estoy seguro de que a ______ le encantaría probar tu famoso café.
______ miró la mano masculina.
—¿Tú también tomarás un poco de café? —Sanah lo miró con ojos expectantes—. Sólo por esta vez para hacer feliz a la vieja Sanah.
Retirando la mano, le dijo:
—Ya sabes que yo no bebo café, Amti. Aceptaré una taza de tu menos afamado té de canela —Desviando la mirada en dirección a ______, explicó—: Sanah te leerá la suerte en la taza después de que bebas el café.
—Aywah, beberemos café, fumaremos narguile, y adivinaremos la suerte —decidió ella alegremente.
______ no estaba dispuesta a perderse aquello por nada del mundo.
—Con gusto aceptaré una taza de vuestro café.
—Dulce, prepáralo dulce —Joe le guiñó un ojo en un gesto de complicidad antes de que Sanah se fuera a la cocina. De nuevo a solas, él le preguntó a ______ cautelosamente:
—¿Aún sigues disfrutando?
—Sí. Gracias.
—Debí mencionar antes que ofrecerle ayuda al anfitrión es considerado una descortesía, pero como no quería arruinar la sorpresa...
Perpleja, ella lo miró a los ojos. Él no estaba loco ni tampoco ella. El hombre sólo tenía dos personalidades conflictivas. Una era la de una cruel serpiente, pero la otra era donde radicaba el verdadero peligro.
—El-Amar... —Involuntariamente, se le escapó ese nombre.
Él sonrió misteriosamente.
—¿Qué es lo que te estás muriendo por saber?
______ se detuvo. Ella quería saberlo todo.
—¿Por qué Sanah te llama El-Amar?
—Pregunta fácil. Ella detestaba mi nombre pagano, así que se inventó otro para mí.
—Joseph. En la mitología griega, es el dios del... —Se detuvo en seco.
—Amor —La expresión de sus ojos estaba condimentada de una arrogancia masculina y de deseo.
—Es casi un nombre vulgar —Ella desvió la mirada, molesta con él sin motivo aparente.
—Crees que yo mismo lo inventé, ¿verdad?
Ella percibió esa sonrisa exasperante con aquellos hoyuelos.
—No me sorprendería si lo hubieras hecho.
—Siento decepcionarte, amore, pero no lo hice.
Ella le lanzó una mirada mordaz.
—¿Entonces fue una de tus prostitutas en Tortuga?
El destello blanco de su sonrisa apareció entre sus mejillas bronceadas.
—Nadie de Tortuga.
—Entonces tienes conquistas por todo el mundo. Muy impresionante —Sonaba como una arpía, pero no podía evitarlo. La antipatía iba transformándole la expresión—. ¿Y quién fue, Zakko?
—No —El dejó de sonreír—. Mi madre.
—¿Tu madre? —Por supuesto que tenía madre, ¿qué era lo que la sorprendía? Joe había sido niño alguna vez y su madre le había puesto ese nombre por el dios griego del Amor, al que los romanos llamaban Cupido. Ella comprendía por qué una madre que adoraba a su indomable hijo de ojos azules podía ponerle el nombre de un adorable niño angelical con alas doradas. Como hombre, él era incomparable; debía de haber sido igual de atractivo cuando era niño—. ¿Por qué razón tu nombre le molestó tanto a Sanah como para inventarte otro?
—El Islam es una religión celosa y monoteísta —le explicó—. Sanah es una creyente devota.
—¿Sanah está familiarizada con la mitología griega?
—Sanah es especial. Ella sabe todo. Me enseñó mucho.
—¿Cómo es que la conociste?
—Nos conocimos en el zoco. Ella se ofreció a leerme la palma de la mano a cambio de monedas de plata, pero yo rehusé. Nos trabamos en una acalorada discusión sobre el destino y la suerte y el resto es historia. Ella cuidó de Gelsomina cuando yo estaba en alta mar.
Cuanto más le contaba el más intrigada estaba ella.
—¿Por qué El-Amar? —preguntó ella susurrando.
—En árabe El-Amar significa 'la Luna'.
—¿Por qué la luna? —Ella le sostuvo la mirada, sin poder desviarla.
Joe alzó un dedo y recorrió lentamente todo el largo de la cicatriz con forma de medialuna que le surcaba la piel desde la sien izquierda hasta la mejilla.
—¿Cómo te hiciste esa cicatriz?
Él no respondió. Le enterró los dedos en los cabellos y la atrajo hacia sí.
—Siento deseos de besarte —La voz sonó como un susurro áspero y profundo, el pecho subía y bajaba apretado contra los pechos de ella.
Ella miró fijamente esos profundos ojos azules. Tenía la boca tan cerca que sentía su aliento rozándole los labios. La estaba forzando a que accediera, a que lo dijera.
—Bésame —pronunció ella en un susurro.
Sanah llamó desde la puerta.
—Ayúdame con esta maldita pipa, hijo mío.
______ buscó la mirada derretida de Joe, estaba sufriendo tanto como ella.
Exhalando, él dejó caer las manos y se puso de pie.
—Claro, déjame ayudarte —Socorrió a Sanah con la pesada pipa y dispuso la bandeja, los carbones y el tabaco en el tubo del narguile. Sanah sirvió el café y el té y ______ se relajo en silencio, esperando a que su respiración se calmara. Estaba comenzando a sospechar que ella también estaba albergando dos personalidades conflictivas: la de una mujer inteligente y sensata, y la de una boba enamorada.
Joe se llevó a los labios el extremo de la larga pipa.
—¡Esencia de manzana! —Deleitado, echó el humo en bocanadas formando anillos. El largo cuello de la pipa resplandeció, el agua burbujeaba en su interior y los humos dulces se evaporaban a través del colorido tubo. Le pasó la pipa a Sanah.
—Qué suerte haber preparado mucha comida. Tuve el presentimiento de que tendría invitados a cenar.
Joe curvó la boca en el borde de la taza de té.
—Parecías sorprendida al principio cuando me viste en el umbral de tu puerta, Amti.
—¿Por qué nunca bebes mi café, El-Amar? Quieres ser misterioso.
—Sencillamente no estoy tan interesado en saber mi destino. Al final todos morimos, jamás de manera agradable. Además, sabes que no creo en esas tonterías de magia, conjuros o maleficios.
Sanah resopló.
—A los dieciséis eras un cínico, El-Amar, y sigues alimentando tu humor mórbido. ¿Es que ese hábito desagradable no se te quita con el tiempo? Cuando encuentres algo en qué creer, por favor, házmelo saber.
—¿Y ahora quién está siendo cínico? —bromeó él.
—De todas maneras —dijo Sanah—, yo sé cosas, aunque a veces resulten difusas a simple vista. Uno siempre tiene que ver debajo de la superficie para ver la verdad —dijo y le lanzó una mirada a ______.
Joe percibió esa mirada y dijo:
—A veces, si uno mira demasiado profundo se puede ahogar.
—El que le teme a la verdad se arriesga a ahogarse en su propia obstinación —Lo aleccionó Sanah afectuosamente.
—La verdad también puede ser la perspectiva subjetiva de una realidad más compleja —afirmó él con aire complacido por su respuesta ingeniosa.
—En la vida, todo es subjetivo, El-Amar. Las cosas simples son las que nos provocan el mayor placer. Tonto es el que las complica.
—Simple o complejo —insistió Joe—, no todo vale la pena el esfuerzo de conseguirlo.
—¿Y cómo saberlo sin intentarlo, El-Amar? Deja de castigarte, hijo. Disfruta de las cosas buenas que Alá te concede. Aspira a que tu vida valga la pena ser vivida.
Joe le lanzó una mirada cautelosa a ______. ¿Es que aquella extravagante conversación giraba en torno de ella?, se preguntó. Él desvió la mirada y ella continuó disfrutando de la extraordinaria atmósfera creada por el humo con esencia de manzana y de las indirectas que flotaban mientras bebía el café. Ya entendía por qué Joe había insistido en que Sanah lo endulzara: era tan fuerte que podía revivir a un muerto.
Él se inclinó y tomó las arrugadas manos de Sanah entre las suyas.
—Tú siempre has confiado en mí, Amti. Incluso cuando yo estaba lejos de merecer tu confianza. Shukran.
—Por nada, hijo mío —Los ojos de Sanah brillaron intensamente.
______ se mordió el labio; odiaba cuando él se ponía de aquel modo: afectuoso, cálido, algo melancólico. Le inducía a hacer locuras como abrazarlo fuerte y no soltarlo más.
—Ahora, ¡hay que adivinar la suerte! —anunció Sanah—. Y los individuos que se guardan sus secretos no pueden escuchar los de los demás —Le lanzó una mirada significativa a Joe.
—Me quedo —afirmó él de manera obstinada y cruzó los brazos sobre el pecho.
—______ tiene tanto derecho a su privacidad como tú, El-Amar. ¿Por qué no vas a hablar con Zakko? Sus secretos son tan interesantes como los tuyos.
—¿Ese saco de plumas chillón todavía anda por aquí? —Rió Joe.
—Lamentablemente. No me importaría lo más mínimo que te lo llevaras contigo. Ese pájaro jamás se calla.
—Puedes dárselo a Gelsomina cuando venga a visitarte, tal y como prevés —Hizo un gesto al tiempo que se puso de pie de mala gana e iba en busca del pájaro.
—Y bien, ¿estás lista, mi niña? —Sanah esperó a que ______ asintiera con un gesto.
—Absolutamente —______ sonrió con placer y empujó la taza de café vacía hacia Sanah.
—Veamos... —Sanah levantó la pequeña taza, vertió agua en su interior, la giró y derramó el resto en el plato. Quitó la tapa cónica de la lámpara de aceite, liberando una ráfaga de nubes aromáticas y se inclinó hacia delante para concentrarse en las marcas—. Mmm. Primero, veremos el pasado. Luego, el presente. Y finalmente, veremos el futuro.
______ se abrazó el cuerpo. Había tantas cosas que ella quería saber... por supuesto, si es que uno creía en ese tipo de cosas, y ella no estaba del todo segura de que así fuera.
—Veo tres niños rubios: un niño, la hermana mayor y un amigo —Sanah arrugó la frente—. Un hombre y una mujer mueren en un incendio. Un hombre mayor acongojado. Tiene el corazón roto —Echó un vistazo a ______—. Tu abuelo nunca se recuperó de la muerte de tu madre. Christine era todo para él. El anciano culpó a tu padre por haberlo alejado de su hija. Lo quería cerca y dedicándose a lo que él hace: preocuparse por los demás. Tu padre ignoró sus deseos y zarpó junto con tu madre. Murieron en un incendio.
______ se sofocó. Hasta allí, Sanah había acertado casi en todo.
—Me gusta tu abuelo. De carácter fuerte, honesto, nunca se compromete. Es un hombre importante, influyente pero justo. Tú le ablandas el corazón. Veo que lo admiras mucho.
—Mi madre falleció cuando yo tenía doce años. Él nos crió a mi hermano y a mí.
—Veamos. Ah, otra desgracia —Sanah suspiró—. Tu hermano fue imprudente. Perdió el dinero y la vida en manos de hombre malvados. Tú lo lloras mucho. El niño más grande era un buen amigo.
—Sí, así es —______ se secó las lágrimas y le hizo un gesto a Sanah para que continuara.
—El anciano está apesadumbrado. Siente que descuidó a tu hermano. Su muerte le pesa demasiado en su conciencia. Para él la vida perdió el sentido. No hay heredero en su familia. Él no confía en que el muchacho rubio cumpla sus obligaciones contigo. Veo un océano. El anciano está solo. Siente que te va a perder del mismo modo que perdió a tu madre y a tu hermano—Sanah alzó la frente arrugada—. Tiene grandes esperanzas contigo. Te admira y te extraña profundamente. Sabe que ha cometido errores, pero está dispuesto a cambiar. Él sabe que no contraerás matrimonio con el muchacho rubio y regresarás... soltera. Y así será. Regresarás soltera —Algo parecía perturbar a Sanah, pero no mencionó de qué se trataba—. El muchacho rubio jamás te perteneció —afirmó la clarividente—. El destino te ha elegido a otra persona. El está cerca.
El corazón de ______ dio un vuelco, pero ella descartó de inmediato aquella peligrosa conclusión.
—La verdad es que no estoy del todo convencida de que alguna vez sienta deseos de contraer matrimonio, señora Kuma.
—Por favor, llámame Sanah. Déjame explicarte algo, hija mía. El destino está dispuesto de antemano, aunque los individuos pueden intervenir e inclinar la balanza de su propia suerte. La vida ofrecerá alternativas, pero la última decisión está en tus manos —Le sonrió—. Eso es lo hermoso de ello. Nadie más que tú es responsable. Por supuesto que hay otras intervenciones y prevenciones, pero... —Señaló a ______ con un dedo—. ¡Tú eres quien tiene el poder de forjar tu propio destino!
—No comprendo. Si el destino de uno está dispuesto de antemano, ¿cómo es que uno puede ser responsable de él?
—Esa es la pregunta del millón. Yo lo he estudiado durante muchos años, y aún no sé todas las respuestas. Trataré de explicártelo en términos sencillos. Si tu destino está entrelazado con el de otra persona, entonces conocerás a esa persona en la vida, pero lo que resulte de esa conexión depende de ti. Si esa unión no funciona, se reunirán una y otra vez en sus sucesivas reencarnaciones hasta que cumplan con el destino de estar unidos. Lo que estás haciendo ahora es, digamos, pidiéndole a tu ángel de la guarda, mediante el uso de mi habilidad, que te guíe en tu búsqueda de la felicidad. Ya ves, mi niña, puedo decirte muchas cosas, pero tú siempre podrás cambiar tu destino.
—Joseph... quiero decir, El-Amar, no cree en estas cosas, ¿verdad? —______ recordó el estoico comentario que él había hecho esa noche más temprano. Para él, la vida era una lucha constante.
—El-Amar es un hombre escéptico. Para creer en algo necesita de pruebas. La vida lo ha moldeado de ese modo. Las cosas no siempre le resultaron fáciles. No tuvo tiempo de meditar cada paso que daba porque su lucha era sobrevivir. La vida lo ha obligado a continuar. Sin embargo, ahora está cambiando y ni siquiera se da cuenta todavía. Pero nos desviamos del tema. Continuemos antes de que a Zakko se le agoten los secretos, ¿quieres?
Sonriendo, ______ asintió con la cabeza.
Sanah entrecerró los ojos y miró la taza atentamente.
—Veo a un hombre. Vuestros caminos ya se han cruzado anteriormente y se volverán a cruzar. Es un hombre poderoso a quien la gente teme pero respeta. Tú también le temes mucho, aunque también te conmueve. Sabes poco acerca de su pasado. Percibes secretos. Hay dos hombres en su interior: una serpiente y un águila, pero tiene un solo corazón. Tú sientes el corazón de este hombre pero no confías en tus sentimientos. El es diferente a otros hombres. Es singular.
______ inspiró profundamente.
—Ese hombre es un misterio para mí —confesó en voz baja—. No sé si es bueno o malo. A veces pienso que es ambas cosas.
Sanah asintió sagazmente.
—Te diré una adivinanza, mi niña. Resuélvela y tendrás la llave de su corazón —Se encorvó sobre la mesa, incitando a que ______ se acercara más y susurró—: Cuando ama, no desea. Y cuando siente deseos no puede amar. Sólo podrá casarse en un sitio en particular al que no pueda regresar. Y la nostalgia domina sus sueños.
¡Dios! ______ sintió un golpe fuerte en el pecho.
—Pero, no estoy segura de que yo...
—Arriesga el corazón, ______, y lo sabrás. Tengo algo para ti. Un momento —Salió del cuarto de prisa.
______ contempló la luz anaranjada que irradiaba la lámpara. La adivinanza tenía dos partes, dos secretos. La primera parte se refería al pasado de Joe con las mujeres; la segunda, a sus orígenes. Algo le había sucedido a los dieciséis años. Algo que le había cambiado la vida. Sus emblemas eran importantes: serpientes y águilas. Tal vez el hombre a quien se los había robado era la clave, un enemigo del pasado. Le resultaba gratificante saber que ella lo había interpretado fielmente. En el interior de Joe había dos hombres, y aparentemente el destino de ella estaba entrelazado con ambos. Sanah estaba en lo cierto: él era su punto débil, y bastante importante.
Sanah regresó, balanceando una cadena de oro con un colgante.
—Aquí tienes, mi niña. Es un amuleto de la buena suerte para ahuyentar los espíritus malignos. Cuélgatelo en el cuello —Le ofreció la cadena a ______.
—Ya me ha dado tanto... No puedo aceptar este obsequio.
—¿Ves el ojo azul del colgante? —Sanah señaló la piedra semipreciosa. Era azul, con un punto negro en el centro que parecía un ojo—. Te mantendrá a salvo. Vamos, póntela.
______ aceptó la cadena y la deslizó alrededor de su cuello.
—Gracias. La guardaré con mucho cariño.
—Ahora hablaremos de tu futuro —Sanah levantó la taza a la luz de la lámpara—. Veo viajes, vicisitudes. Te espera una gran suerte, ______, hija de Christine, si es que te atreves a alcanzarla —Alzó la vista para mirar a ______—. Si es que te atreves a arriesgar tu corazón.
—¿Qué gran suerte? —preguntó ______ interesada.
—Veo una tierra de una belleza inigualable, una tierra lejana y a un hombre con el que compartirás la vida en esta tierra. Es un emir, un líder entre su gente. Tu abuelo escogerá a este hombre para ti.
—¿Mi abuelo? —______ hizo una mueca. ¡Qué suerte maldita! ¿Es que su destino sería casarse lejos con un personaje importante en un país desconocido?
—No te decepciones, mi niña —Sanah se concentró en la taza, buscando indicios alentadores—. Él posee una mente aguda e intelectual. Es alto, apuesto, fornido, viril de piel clara...
—¿Piel clara? —El ánimo de ______ se hundió como una piedra pesada. Las predicciones de Sanah se estaban poniendo cada vez peor: el color de piel de Joe era oscura como el bronce.
—Compartirás un vínculo especial. Serás muy feliz, estarás muy enamorada y tendrás cuatro niños saludables y hermosos. Te involucrarás a fondo con las ideas políticas de tu esposo.
¡Fantástico! Su abuelo estaba a punto de colocarla con otro político.
—La muerte le llegará, pero tú lo salvarás.
______ no compartía el júbilo de Sanah. Estaba demasiado deprimida como para apreciar las buenas profecías. Una mujer sensata estaría eufórica. ¡Pero ella lamentaba la pérdida de un pirata!
Echando una bocanada de humo, Sanah contempló a ______ a través de la nube.
—Siempre puedes cambiar tu destino, mi niña. El destino te ha escogido a un hombre, pero no es necesario que lo aceptes.
______ reflexionó sobre eso. Si había algo que esa noche confirmaba era que sus sentimientos hacía Joe eran mucho más profundos de lo que ella había sospechado. La había hechizado, y ella no lograba librarse de ello. Pero si se daba por vencida, ¿su futuro estaría junto a un hombre respetable escogido por su abuelo?
Joe se presentó en el umbral.
—Debemos marcharnos, principessa. Ya es casi medianoche, y tenemos que largarnos de aquí.
Sanah suspiró.
—Pararemos aquí, mi niña, pero ahora que nos hemos conocido, puedes venir a visitarme cuando quieras. ¿Tal vez El-Amar te traiga de nuevo? —Le lanzó a Joe una sonrisa picara.
______ contempló al hombre que estaba en la puerta, percatándose de que su corazón latía mucho más rápido. «El más apuesto de los inmortales», así describía Hesíodo al dios del Amor. Ella se preguntaba qué tipo de mujer terminaría a su lado... Ya se sentía resentida. Por supuesto que él también podía quedarse solo por el resto de su vida. No había que perder las esperanzas. No obstante... Si supuestamente ella resolvía la adivinanza y se ganaba la llave de su corazón, ¿la usaría? ¿Rechazaría al esposo escogido por su abuelo para forjar su propio destino? ¿Arriesgaría su corazón por Joseph?
Su extraño estado de ánimo a él no se le escapó.
—¿Qué fue lo que le dijiste, Amti?
—Para saberlo debiste haber bebido tu propia taza de café. Ahora, debéis marcharos. Es tarde y aquí en la kasba las paredes oyen. Temo por vosotros, einaya.
Cuando estaban parados en la puerta, envueltos en sus mantos negros, Sanah les cogió las manos y las unió.
—Que Dios os ilumine, hijos míos —Miró a ______—. La próxima vez que vengas estarás embarazada.
Sorprendida por la adivinación de Sanah, ______ susurró:
—Adiós, Sanah. Jamás os olvidaré, ni a vos ni a esta noche —Se inclinó hacia delante para abrazarla—. Y gracias por vuestro obsequio.
Joe envolvió a la menuda anciana entre sus brazos.
—No sé cuándo, pero sabes que volveré, Amti —Le besó tiernamente la mejilla arrugada—. Que Dios te bendiga.
Resollando, Sanah lo soltó, pero de pronto lo aferró del brazo, con temor en los ojos:
—Te cuidado, El-Amar, ten cuidado cuando la Luna esté en Cáncer.
—Lo haré, Amti. Lo prometo.
—¡Ahora marchaos! —Los ahuyentó de la puerta—. Ruku maá Allah! ¡Id con Dios!


















Ante una queja presentada por el consulado británico al dey, debido a que uno de sus corsarios había capturado un buque, él respondió abiertamente: "Todo es muy cierto, ¿pero y qué pretendían? Los argelinos son una banda de rufianes y yo soy el capitán.

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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 23rd 2011, 12:02

Hay dios! Sentia que moriaa si no publicabas cap mujer!
Como que te asaltaron? O_o hay aparte te pones a peliar con el ladron mujeer! Hahha dios! Que se alivie tu manita pronto para que nos subas cap;))
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 24th 2011, 11:32

omgg continualaa:D
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Mayo 24th 2011, 19:52

wooww eestuvoo gniaal el capppitulo siguela por fas:)
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MensajeTema: Re: Mii Pirata Malvado [HOT & ROMANTICA] Joe& Tu   Hoy a las 21:25

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