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 el diablo en invierno nick y tu

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geness16
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: el diablo en invierno nick y tu   Junio 2nd 2010, 19:17

Cuatro jovenes damas de la sociedad londinense se unieron para buscar esposo. Se llaman a si mismas Las Wallflowers...
Ahora le toca el turno a ________ Jenner, la Wallflower más tímida que será también la más rica cuando cobre su herencia. Como primero debe escapar de las garras de sus codiciosos parientes, _______ acude a Nicholas, vizconde St. Jonas, un conocido calavera, con una propuesta increíble:¡que se case con ella!

La fama de Nicholas es tan peligrosa que treinta segundos a solas con él arruinan el buen nombre de cualquier doncella. Aun así, esta cautivadora jovencita se presenta en su casa, sin acompañante, para ofrecerle su mano.
Pero la propuesta impone una condición: después de la noche de bodas, el matrimonio no volverá a tener relaciones íntimas. ______ no desea convertirse en uno más de los corazones rotos que Nicholas desecha sin piedad, lo que significa que estará obligado a esforzarse más para seducirla... o quizás entregar por primera vez su corazón en nombre del verdadero amor.




esta nove no es mia pero me gusto muchisimo espero a ustedes tambien
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geness16
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 3rd 2010, 13:08

capitulo 1


Londres, 1843
Mientras observaba entrar a la joven que acababa de recibir en su casa de Londres, a Nicholas, lord St. Jonas, se le ocurrió que tal vez se había equivocado de heredera en su intento de rapto la semana anterior.

Aunque el secuestro figuraba desde hacía poco en su larga lista de infamias, debería haber sido más inteligente. Para empezar, habiendo escogido una víctima menos enérgica. Lissie Bowman, una briosa heredera americana, se había resistido con uñas y dientes hasta que su prometido, lord Kevin, la había rescatado.

Viéndolo con perspectiva, elegir a Lissie había sido una estupidez, aunque en aquel momento le hubiera parecido la solución ideal a su encrucijada. La familia de Lissie era rica, mientras que él, pese a su título nobiliario, sólo tenía dificultades financieras. Y además prometía ser una amante entretenida, con su belleza morena y su carácter explosivo.

En cambio, la señorita ______ Jenner, aquella muchacha de aspecto dócil, no podía ser más distinta. Nicholas repasó rápidamente lo que sabía de ella. Era la hija única de Ivo Jenner, propietario del conocido club de juego londinense. Aunque la madre de ______ descendía de una buena familia, su padre era poco más que escoria. A pesar de su ignominioso linaje, ______ podría haberse casado bien si no hubiera sido por su terrible timidez, que le provocaba un tartamudeo mortificante. Nicholas había oído a algunos hombres asegurar que preferirían flagelarse la espalda a mantener una conversación con ella. Nicholas, por supuesto, había hecho todo lo posible por eludirla. No había sido difícil. La tímida señorita Jenner acostumbraba esconderse tras las columnas en los salones. Nunca habían cruzado palabra alguna; circunstancia que había parecido conveniente a ambos por igual.

Pero ahora no tenía escapatoria. Por alguna razón, ella había considerado oportuno presentarse en su casa inopinada y escandalosamente tarde. Y para que la situación resultara todavía más comprometida, no iba acompañada, cuando pasar más de un minuto a solas con Nicholas bastaba para arruinar la reputación de cualquier chica. Era libertino, amoral y perversamente orgulloso de ello. Destacaba en la ocupación que había elegido (la de seductor incorregible), y había alcanzado un nivel al que pocos calaveras podían aspirar.

Nicholas se arrellanó en su butaca mientras observaba con una ociosidad engañosa cómo ______ Jenner se acercaba. La biblioteca estaba a oscuras salvo por un pequeño fuego en la chimenea, cuya luz parpadeante acariciaba la cara de la joven. No aparentaba más de veinte años, y tenía un cutis lozano y unos ojos llenos de inocencia. Nicholas nunca había valorado ni admirado la inocencia, antes bien, la desdeñaba.

Aunque lo más caballeroso habría sido que se levantara, no parecía demasiado importante mostrar buenos modales dadas las circunstancias. Así que señaló la otra butaca que había junto a la chimenea con un movimiento de la mano.
—Siéntese si quiere —dijo—. Aunque yo en su lugar no me quedaría mucho rato. Me aburro enseguida y usted no tiene fama de conversadora estimulante.

Su grosería no inmutó a ______. Nicholas no pudo evitar preguntarse qué clase de educación la habría vuelto inmune a los insultos, cuando cualquier otra chica se habría sonrojado o echado a llorar. O era tonta o muy valiente.
______ se quitó la capa, la dejó en el brazo de la butaca tapizada de terciopelo, y se sentó sin gracia ni artificio.

«Una de las floreros», pensó Nicholas al recordar que era amiga no sólo de Lissie Bowman, sino también de su hermana menor Daisy y de Annabelle Hunt. Las cuatro muchachas habían permanecido sentadas en numerosos bailes y veladas toda la temporada anterior sin que nadie las sacara a bailar. Sin embargo, parecía que su mala suerte había cambiado, porque Annabelle había encontrado marido por fin, y Lissie acababa de atrapar a lord Kevin. Nicholas dudaba que la buena suerte se extendiera a esa muchachita tan desgarbada.

Aunque tentado de preguntarle por el objeto de su visita, temió que eso provocara un tartamudeo prolongado que los atormentaría a ambos. Así pues, esperó con paciencia forzada mientras ______ parecía darle vueltas a lo que iba a decir. Mientras el silencio se prolongaba, Nicholas la contempló al agitado resplandor del fuego y se percató, con cierta sorpresa, de su atractivo. Nunca la había observado y sólo tenía la impresión de que era una castaña desaliñada con mala postura. Pero he aquí que era una muchacha preciosa.

Apretó la mandíbula pero mantuvo su aspecto impertérrito, aunque hincó los dedos en la suave tapicería de terciopelo. Le resultó extraño no haberse fijado nunca en ella, ya que había mucho en que fijarse. Su cabello, de un vivo tono siena, parecía alimentarse del fuego y brillaba incandescente. Sus delgadas cejas y sus densas pestañas eran de un tono caoba, mientras que su piel era la de una auténtica castaña, blanca y con pecas en la nariz y las mejillas. Le hizo gracia la alegre dispersión de aquellas motitas doradas, esparcidas como si las hubiera rociado un hada bondadosa. Tenía labios carnosos y unos enormes ojos azules, bonitos pero impasibles, como de muñeca de cera
.
—Me... me han dicho que mi amiga, la señorita Bowman, es ahora lady de Kevin —comentó ______ por fin—. El conde y ella fueron a Gre... Gretna Green después de que él... se librara de usted.

—Sería más correcto decir «después de que me diera una paliza» —indicó Nicholas en tono afable, ya que la muchacha estaba mirando los moretones que los justificados puñetazos de Kevin le habían dejado en la mandíbula—. No pareció alegrarse demasiado de que tomase prestada a su prometida.
—Us... usted la ra... raptó —replicó ______—. Tomarla prestada implicaría que tenía intención de de... devolverla.
Nicholas esbozó la primera sonrisa de verdad desde hacía mucho tiempo. Al parecer, la muchacha no era ninguna simplona.
—La rapté, pues, si lo prefiere. ¿Ha venido a verme para eso, señorita Jenner? ¿Para informarme sobre la feliz pareja? Ya estoy enterado. Más vale que diga pronto algo interesante o me temo que tendrá que marcharse.
—Usted que... quería a la señorita Bowman porque heredará una fortuna —soltó ______—. Ne... necesita ca... casarse con alguien que tenga dinero.

—Cierto —admitió Nicholas—. Mi padre, el duque, no ha cumplido con su obligación en esta vida: conservar intacta la fortuna familiar para dejármela en herencia. En cuanto a mi responsabilidad, consiste en dedicarme a la ociosidad más disoluta y esperar a que él fallezca. Yo he cumplido con mi deber a las mil maravillas, pero el duque no. Ha administrado muy mal las finanzas familiares y, hoy por hoy, es imperdonablemente pobre. Y, aún peor, goza de buena salud.

—Mi padre es rico —aseguró ______ sin ninguna emoción—. Y se está mu... muriendo.
—Felicidades —repuso él, y enarcó las cejas.

No dudaba que Ivo Jenner hubiera amasado una fortuna considerable. El Jenner's era el local donde los caballeros de Londres iban a disfrutar del juego, de la buena comida, de bebida a raudales y de prostitutas baratas. En él reinaba un ambiente de exceso teñido de un agradable decadentismo. Veinte años atrás era una alternativa mediocre al legendario Craven's, el club de juego más elegante y de mayor éxito que hubiese conocido Inglaterra. Pero cuando el Craven's se incendió por completo y su propietario rehusó reconstruirlo, el club de Jenner había heredado una avalancha de clientes adinerados y adquirido una posición destacada. No obstante, nunca podría compararse con el Craven's. Un club reflejaba, en gran parte, el carácter y el estilo de su propietario, y Jenner carecía de ambas cosas. Derek Craven había sido, sin discusión, todo un caballero. Ivo Jenner, en cambio, era un patán bruto, un ex boxeador que jamás había destacado en nada pero que, por algún capricho del destino, se había convertido en un próspero hombre de negocios.

Y ahí estaba la hija de Jenner, su única heredera. Si iba a hacerle la oferta que Nicholas sospechaba, no podría permitirse rechazarla.
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 3rd 2010, 13:28

Geniiaaal!
Esta estupenda!
SIGUELA<3

Nueva lectora Very Happy
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 3rd 2010, 15:03

ME ENCANTO Y SIGUELA ESTE TIPO DE NOVELAS ME ENCANTAN SIGUELA POR CIERTO NUEVA LECTORA ME LLAMO CRIS!!!!!!1
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 3rd 2010, 15:04

ME ENCANTO Y SIGUELA ESTE TIPO DE NOVELAS ME ENCANTAN SIGUELA POR CIERTO NUEVA LECTORA ME LLAMO CRIS!!!!!!1
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 3rd 2010, 15:05

SIGUELA
SIGUELA SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA!!!!!!!!!
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geness16
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 3rd 2010, 20:55

CRIS escribió:
SIGUELA
SIGUELA SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA
SIGUELA!!!!!!!!!



hahahahahaha mucho gusto me alegra q te guste la nove yo me llamo genesis =D
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 4th 2010, 16:33

new reader...! esta muy buena esta nove...! siguela plis..!
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 4th 2010, 18:15

nueva lectora siguela(:
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geness16
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 4th 2010, 20:08

[font=Comic Sans Ms][color=orange][b]capitulo 2

—No qu... quiero que me felicite —dijo ______.

—¿Qué quiere entonces, jovencita? —repuso Nicholas en voz baja—. Vaya al grano, por favor. Esto empieza a resultar aburrido.

—Quiero estar con mi pa... padre los últimos días de su vida. La familia de mi madre no me permite verlo. He intentado escaparme para ir a su club, pero siempre me pillan, y después me castigan. Esta vez no vo... volveré con ellos. Tienen planes que quiero evitar, aunque ello me cueste la vida.

— ¿Qué clase de planes?
—Quieren casarme con uno de mis primos. Eustace Stubbins. N... no siente nada por mí, ni yo por él... pero pa... participa de buen grado en la conspiración familiar.

—Cuyo objeto es controlar la fortuna de su padre cuando éste muera, ¿verdad?

—Sí. Al principio consideré la idea porque creí que el señor Stubbins y yo podríamos vivir en nuestra propia casa... y pensé que... la vida podría ser soportable si lograba alejarme del resto de ellos. Pero él me dijo que no tiene ni... ninguna intención de trasladarse. Quiere seguir bajo el techo familiar... y no creo que yo sobreviva ahí mucho tiempo más. —Ante el silencio al parecer indiferente de Nicholas, añadió en voz baja—: Creo que quieren ma... matarme una vez que consigan el dinero de mi padre.

Nicholas no dejó de observarla, aunque no alteró el tono:

—Muy desconsiderado por su parte. Pero ¿a mí qué me importa?

______ no mordió el anzuelo. Sólo le dirigió una mirada intensa que evidenciaba una fortaleza innata que Nicholas nunca había visto en ninguna mujer.

—Le propongo ca... casarme con usted —dijo—. Quiero su protección. Mi padre está demasiado enfermo y débil para ayudarme, y no quiero ser una carga para mis amigas. Ellas me o... ofrecerían refugio pero, aun así, tendría que estar siempre en guardia por miedo a que mis parientes lo... lograran llevarme a la fuerza y obligarme a hacer su voluntad. Una mujer soltera tiene pocos recursos, social o legalmente. No es ju... justo, pero no puedo hacer nada por evitarlo. Necesito un ma... marido. Usted necesita una esposa rica. Y los dos estamos igual de desesperados. Por eso creo que aceptará mi pro... proposición. Si es así, me gustaría partir hacia Gretna Green esta misma noche. Estoy segura de que mis parientes ya me están buscando.

Nicholas la miró con recelo en medio de un silencio tenso. No confiaba en ella. Y tras el desastre del rapto frustrado de la semana anterior, no deseaba repetir la experiencia.
Pero la muchacha tenía razón en algo: estaba realmente desesperado. Le gustaba vestir bien, comer bien, vivir bien; algo de lo que podían dar fe innumerables acreedores. La mísera adjudicación mensual que recibía del duque iba a interrumpirse pronto, y en su cuenta no le quedaban fondos suficientes para llegar a final de mes. Para alguien que no tenía inconveniente en buscar la salida fácil, aquella oferta era un regalo del cielo. Si la muchacha estaba dispuesta a llevarla a cabo.

—A caballo regalado no se le mira el diente —soltó con indiferencia—. Pero ¿cuánto tiempo de vida le queda a su padre? Hay gente que sobrevive años en el lecho de muerte. La verdad, siempre he considerado de muy mala educación tener a la gente esperando.
—No tendrá que es... esperar demasiado —fue la crispada respuesta—. Quince días, quizá.
—¿Qué garantía tengo de que usted no cambiará de idea antes de que lleguemos a Gretna Green? Ya sabe la clase de hombre que soy, señorita Jenner. ¿Debo recordarle que la semana pasada intenté raptar y forzar a una de sus amigas?

______ lo miró a los ojos. A diferencia de los de Nicholas, de un azul pálido, los de ella eran de un zafiro oscuro.
—¿Intentó vi... violar a Lissie? —preguntó con desconfianza.
—Amenacé con hacerlo.
—¿Habría cumplido su a... amenaza?
—No lo sé. No lo he hecho nunca pero, como usted ha dicho, estoy desesperado. Y ya que tocamos el tema... ¿Me está proponiendo un matrimonio de conveniencia o vamos a dormir juntos de vez en cuando?
— ¿La habría fo... forzado o no? —insistió ella sin prestar atención a su pregunta.
—Si le digo que no, ¿cómo sabrá que no miento, señorita Jenner? —repuso él con sarcasmo—. No. No la habría violado. ¿Es ésa la respuesta que desea oír? Créalo, entonces, si la hace sentirse más segura. En cuanto a mi pregunta...
—Do... dormiré con usted una vez. Para que el matrimonio sea legal. Y nunca más... después.
—Estupendo. No me gusta acostarme más de una vez con la misma mujer. Es una lata cuando pasa la novedad. Además, nunca sería tan burgués como para desear a mi propia esposa. Eso implica que uno no dispone de medios suficientes para mantener a una querida. —Se detuvo a la espera de captar alguna emoción en el rostro de la joven—. Claro que también está la cuestión de darme un heredero..., pero siempre y cuando sea discreta, no creo que me importe de quién sea el niño.

______ ni siquiera parpadeó.
—Quiero que se separe una pa... parte de la herencia para mí en un fideicomiso generoso. Los intereses serán solo míos, y los gastaré como me parezca sin tener que darle explicaciones.

Nicholas comprendió que no era nada tonta, aunque su tartamudez llevara a muchos a pensar lo contrario. Estaba acostumbrada a que la menospreciaran, la ignoraran, la pasaran por alto, y él presintió que sacaba partido de ello siempre que podía. Eso le pareció interesante.

—Estaría loco si me fiara de usted —dijo—. En cualquier momento podría echarse atrás en nuestro acuerdo. Y usted todavía lo estaría más si se fiara de mí. Porque cuando estemos casados, podría hacerle la vida más imposible de lo que jamás haya soñado la familia de su madre.

—Pre... prefiero que me la haga quien yo elija —contestó con gravedad—. Mejor usted que Eustace.
—Eso no dice mucho a favor de Eustace —comentó Nicholas con una sonrisa.

Ella no se la devolvió. Se arrellanó un poco más en la butaca, como si por fin se relajase, y lo observó con una especie de resignación obstinada. Sus miradas se encontraron, y Nicholas fue consciente de algo que lo estremeció. No era extraño que una mujer lo excitara fácilmente. Más fogoso que la mayoría de hombres, algunas mujeres lo encendían y despertaban su deseo hasta un grado inusitado. Por alguna razón, aquella chica desgarbada y tartamuda, era una de ellas. O sea, sintió un súbito deseo de acostarse con ella.

En su imaginación bulleron visiones de su cuerpo, sus piernas, sus curvas y sus redondeadas nalgas. Ansió que su aroma íntimo le anegara el olfato, sentir el roce de su largo cabello en el cuello y el pecho. Deseó hacer cosas indescriptibles con la boca de esa mujer, y con la suya...

—Decidido, pues —murmuró—. Acepto su propuesta. Hay muchas cosas que discutir, por supuesto, pero tendremos dos días para hacerlo antes de llegar a Gretna Green. —Se levantó de la butaca y se estiró sin poder evitar una sonrisa al ver cómo la muchacha lo recorría rápidamente con la mirada—. Ordenaré que preparen el carruaje y pediré al ayuda de cámara que me haga el equipaje. Saldremos en una hora. Por cierto, si durante el viaje decide echarse atrás en nuestro acuerdo, la estrangularé.
—No e... estaría tan nervioso si no lo hubiera intentado con una víctima renuente la semana pa...pasada—replicó ella con una mirada irónica.
—Touché. ¿Puedo considerarla a usted, pues, una víctima dispuesta?
—Ansiosa —precisó ______, que se refería a partir de inmediato.
—Esas son mis favoritas —comentó Nicholas con doble intención, y le hizo una reverencia antes de salir de la biblioteca.

[size=18]aki esta el capi espero les guste
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 5th 2010, 21:49

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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 5th 2010, 21:50

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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 6th 2010, 11:43

nueva lectora subela o me mato
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 7th 2010, 21:26

capitulo 4



En cuanto se quedó a solas, ______ soltó un suspiro agitado y cerró los ojos. El lord no tenía que preocuparse de que ella cambiara de parecer. Ahora que había cerrado el acuerdo, estaba cien veces más impaciente que él por empezar el viaje. Le aterraba pensar que era muy probable que el tío Brook y el tío Peregrine la estuvieran buscando en ese mismo instante. La última vez que se había escapado de casa, la habían atrapado a la entrada del club de su padre. En el carruaje de vuelta a casa, el tío Peregrine le había pegado hasta partirle un labio y dejarle un ojo morado, además de la espalda y los brazos cubiertos de cardenales. Y luego la habían encerrado dos semanas en su habitación prácticamente a pan y agua.

Nadie, ni siquiera sus amigas Annabelle, Lissie y Daisy, sabían cuánto había sufrido. La vida en la casa de los Maybrick había sido una pesadilla. Toda la familia, formada por los Maybrick y los Stubbins, aunaba esfuerzos para quebrantar su voluntad. Les molestaba y sorprendía que les costara tanto, y ______ estaba tan sorprendida como ellos. Nunca habría imaginado que podría soportar los castigos severos, la indiferencia e incluso el odio, sin derrumbarse. Quizá se parecía a su padre más de lo que nadie sospechaba. Ivo Jenner había sido un luchador, y el secreto de su éxito, tanto en el cuadrilátero como fuera de él, no se debía al talento sino a la tenacidad. Ella había heredado esa terquedad.

_______ quería ver a su padre. Lo anhelaba tanto que le dolía físicamente. Era la única persona en el mundo que la quería. Era un amor negligente, sí, pero nadie le había dado más. Comprendía que la hubiera dejado a cargo de los Maybrick hacía tanto tiempo, después de que su madre muriera en el parto. Un club de juego no era lugar para educar a una niña. Y aunque los Maybrick no pertenecían a la nobleza, eran de buena familia. Pero ______ se preguntaba si su padre habría decidido lo mismo de haber sabido cómo la tratarían, si se hubiera imaginado que aquella familia descargaría en un bebé indefenso su ira por la rebelión de su hija menor. Pero ya no tenía sentido preocuparse por eso.
Su madre había muerto, su padre estaba a punto de reunirse con ella y había cosas que ______ quería preguntarle antes de que eso ocurriera. La mejor oportunidad de huir de las garras de los Maybrick era el insoportable aristócrata con quien acababa aceptar casarse.


Estaba asombrada de haber podido comunicarse tan bien con St. Jonas, que intimidaba bastante, con su belleza rubia, sus ojos azul claro y una boca hecha para besar y mentir. Parecía un ángel caído, con aquel peligroso atractivo masculino que sólo el diablo podía dispensar. También era un hombre egoísta y carente de escrúpulos, como había demostrado al intentar raptar a la prometida de su mejor amigo. Pero eso mismo lo convertía en un adversario capaz de plantar cara a los Maybrick. Al menos así lo creía ______.
St. Jonas sería un marido terrible, claro. Pero como ella no se hacía ilusiones al respecto, eso no sería ningún problema. Como no lo quería en absoluto, podría hacer la vista gorda ante sus indiscreciones y oídos sordos a sus insultos.

Qué diferente sería su matrimonio del de sus amigas. Al pensar en ellas, sintió unas repentinas ganas de llorar. No había la menor posibilidad de que Annabelle, Daisy o Lissie, en especial esta última, siguieran siendo amigas suyas después de que se casara con St. Jonas. Parpadeó para contener las lágrimas y tragó saliva. Llorar no servía de nada. Aunque ésta no era ni mucho menos una solución perfecta a su dilema, era la mejor que se le ocurría.

Al imaginar la furia de sus tíos al enterarse de que ella y su fortuna estaban fuera de su alcance para siempre, su tristeza remitió un poco. Valía la pena hacer cualquier cosa con tal de no vivir dominada por ellos el resto de su vida. Y también para no verse obligada a casarse con el pobre y cobarde Eustace, que olvidaba sus penas comiendo y bebiendo en exceso. Últimamente se había ensanchado tanto que apenas pasaba por la puerta de su propia habitación. Aunque detestaba a sus padres casi tanto como ella, Eustace nunca se atrevería a desobedecerlos.
Irónicamente, había sido él quien la había inducido a huir esa noche. Había ido a verla unas horas antes con un anillo de compromiso de oro con un jade incrustado.

—Ten —le había dicho con timidez—. Madre dice que te dé esto. No podrás comer nada si no lo llevas puesto a la mesa. Dijo que la semana que viene se leerán las amonestaciones.
Aunque no se sorprendió, ______ se había ruborizado de desconcierto y rabia. Eustace rió al verlo.
—Madre mía, qué pinta tienes cuando te sonrojas. El pelo se te queda mas naranja.

Conteniendo una respuesta mordaz, ______ se esforzó por calmarse y concentrarse en las palabras que se agitaban en su interior como hojas movidas por el viento. Las recogió con cuidado y logró preguntar sin tartamudear:

—Primo Eustace, si acepto casarme contigo, ¿te pondrías alguna vez de mi parte ante tus padres? ¿Me dejarías ir a ver a mi padre y cuidarlo?
La sonrisa de Eustace se desvaneció. La miró fijamente a los ojos y, tras desviar la mirada, respondió:
—No serían tan duros contigo si no fueras tan terca, ¿sabes?
______ perdió la paciencia y la batalla contra la tartamudez:
—O sea que só... sólo te interesa que... quedarte con mi dinero sin da... darme nada a cambio...
— ¿Para qué quieres tú dinero? —repuso su primo con desdén—. Eres una muchacha tímida que se esconde por los rincones. No te gusta la ropa cara ni las joyas. No se te da bien charlar, eres demasiado fea para llevarte a la cama y no tienes ninguna virtud. Deberías estar agradecida de que quiera casarme contigo, pero tu estupidez te impide comprenderlo.
—Pe... pe... pero... —La frustración la dejó impotente. No lograba reunir las palabras para replicar, de modo que se quedó mirándolo mientras se esforzaba por hablar.
— ¡Mira que eres *******! —masculló Eustace con impaciencia, y lanzó el anillo al suelo en un arranque de furia. La alhaja rebotó y rodó hasta desaparecer bajo el sofá—. Vaya, ahora se ha perdido. Y es culpa tuya por sacarme de quicio. Será mejor que lo encuentres o te morirás de hambre. Voy a decirle a madre que yo he cumplido con mi parte. Ya te arreglarás con ella.

A ______ no la había sorprendido que los Maybrick hubieran decidido casarla. Creían que no le quedaba otra alternativa. Pero, en lugar de buscar el anillo perdido, preparó febrilmente una bolsa de viaje y la lanzó al jardín. No era especialmente ágil, pero el pánico le dio la fuerza necesaria para huir por la ventana del primer piso, desde donde bajó por un canalón. Cruzó corriendo el jardín y la verja y, gracias a la suerte, consiguió detener un coche de punto.

Ahora, mientras esperaba a su futuro esposo, pensó con satisfacción taciturna que probablemente no volvería a ver nunca a Eustace. A medida que su volumen aumentaba, limitaba cada vez más sus actividades a la casa de los Maybrick, y no solía dejarse ver en sociedad. Daba igual cómo salieran las cosas, ella jamás iba a arrepentirse de haber escapado al horrible destino de convertirse en su esposa. No era seguro que Eustace hubiera intentado acostarse con ella ya que no parecía poseer suficiente «espíritu carnal», eufemismo con que se designaba el instinto sexual. Dedicaba toda su pasión a la comida y los licores. Lord St. Jonas, en cambio, había seducido, comprometido y deshonrado a innumerables mujeres. Aunque parecía que a muchas eso les resultaba atractivo, ______ no figuraba entre ellas. No obstante, después de la boda, nadie podría objetar que el matrimonio no se había consumado completamente según mandaba la ley.

Al pensarlo, se le hizo un nudo en el estómago. Había soñado que se casaría con un hombre sensible, acaso un poco aniñado, que nunca se burlaría de su tartamudez y sería cariñoso y tierno.
Nicholas, era la antítesis de su amor soñado. No tenía nada de amable o sensible, y mucho menos de aniñado. Era un depredador al que, sin duda, le gustaba juguetear con su presa antes de matarla. Con la mirada puesta en el sillón que el había ocupado, pensó en el aspecto de St. Jonas a la luz de la chimenea. Alto y delgado, con un cuerpo que era la percha perfecta para la ropa elegantemente sencilla que complementaba su atractivo leonado. Pelo del dorado viejo de un icono medieval, abundante y rizado, salpicado de mechones ámbar pálido. Ojos que brillaban como diamantes azules en el collar de una antigua emperatriz, y que no reflejaban ninguna emoción cuando sonreía. Sin embargo, su sonrisa bastaba para dejar a una mujer sin aliento. Boca sensual y cínica; dientes blancos destellantes... Oh, St. Jonas era deslumbrante. Y él lo sabía.

Pero, por extraño que pareciera, ______ no le temía. St. Jonas era demasiado inteligente para usar la violencia física cuando unas pocas palabras bien elegidas fulminarían a alguien con un mínimo alboroto. ______ temía más la brutalidad simplona del tío Peregrine, por no mencionar las manos despiadadas de la tía Florence, a quien le gustaba dar bofetadas y pellizcos.

Nunca más, se juró ______, mientras se frotaba distraídamente las manchas del vestido, donde la suciedad del canalón le había dejado unas rayas negras. Le apetecía ponerse el vestido limpio que había metido en la bolsa de viaje. Sin embargo, como los rigores del viaje le ensuciarían y arrugarían cualquier cosa que llevara puesta, prefirió no cambiarse.

Un ruido en la puerta. Alzó los ojos y vio a una criada regordeta, que le preguntó con timidez si quería refrescarse. Pensó con tristeza que la chica parecía acostumbrada a la presencia de mujeres solas en la casa, y dejó que la llevara hasta una pequeña habitación en el piso de arriba. El cuarto, como el resto de la casa, estaba muy bien amueblado y arreglado. El empapelado, de colores vivos, tenía un dibujo de aves y pagodas chinas. En una antecámara anexa había un lavabo con grifos de agua corriente con llaves en forma de delfines, y una puerta que daba a un retrete.
Tras hacer sus necesidades, se lavó las manos y la cara, y bebió agua en un vaso de plata. Fue a la habitación en busca de un peine o un cepillo. Al no encontrar ninguno, se arregló el moño con las manos.




aqui les dejo un capi largo disculpen la tardansa
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 8th 2010, 13:38

nadie comenta ? =S
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 8th 2010, 14:10

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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 11th 2010, 18:40

No oyó nada que la advirtiera de la presencia de alguien pero, de golpe, supo que no estaba sola. Se volvió con un respingo nervioso. St. Jonas estaba allí de pie, en una postura relajada y mirándola con la cabeza levemente ladeada. ______ sintió una sensación extraña: un calor suave, como la luz que atraviesa el agua, y de repente se sintió desfallecer. Estaba muy cansada y pensar en todo lo que le esperaba —el viaje a Escocia, la boda apresurada, la consumación posterior— era agotador. Se enderezó y dio un paso pero, al hacerlo, una lluvia de estrellitas le nubló la vista. Se detuvo y se tambaleó.

Sacudió la cabeza para despejarse y advirtió que St. Jonas estaba a su lado, sujetándola por los codos. Era la primera vez que lo tenía tan cerca y su aroma y su contacto le impregnaron los sentidos: una suave fragancia de colonia cara y la piel limpia cubierta por prendas de lino y lana fina. Irradiaba salud y virilidad. Sin duda, era un hombre atractivo y pulcro que sabía cuidar de sí mismo. ______ parpadeó y se percató de que era mucho más alto de lo que parecía. Le sorprendió ver su corpulencia, algo que de lejos no se apreciaba.

— ¿Cuándo comió por última vez? —preguntó él.
—Ayer por la ma... mañana...., creo...
—No me diga que su familia también la mataba de hambre —comentó arqueando las cejas, antes de resoplar cuando ella asintió—. Esto suena cada vez más melodramático. Pediré a la cocinera que prepare unos emparedados. Cójase de mi brazo y la ayudaré a bajar.
—No necesito ayuda, gra... gracias.
—Cójase del brazo —repitió él con una voz agradable pero firme—. No quiero que se caiga y se rompa la crisma antes de llegar siquiera al carruaje. No se encuentran herederas disponibles así como así. Me costaría mucho encontrar una sustituta.
______ debía de estar más mareada de lo que creía, porque cuando se dirigieron hacia la escalera se alegró de contar con su apoyo. En algún momento del trayecto, St. Jonas le deslizó un brazo por la espalda y le tomó la mano libre para guiarla con cuidado peldaños abajo. Tenía unas leves magulladuras en los nudillos, recuerdo de la pelea con lord Kevin. ______ se estremeció al pensar en el penoso desempeño que tendría ese aristócrata consentido en una pelea cuerpo a cuerpo con el descomunal tío Peregrine, y deseó estar ya en Gretna Green.

St. Jonas, que notó su temblor, la sujetó con más fuerza al llegar al último peldaño.
— ¿Tiene frío? —preguntó—. ¿O son nervios?
—Qui... quiero irme de Londres antes de que mis parientes me encuentren.
— ¿Tienen algún motivo para sospechar que ha venido a mi casa?
—Oh, no —aseguró ella—. Na... nadie concebiría que pueda estar tan loca.

Si la cabeza no le diese ya vueltas, la deslumbrante sonrisa de St. Jonas le habría provocado ese efecto.
—Afortunadamente tengo una vanidad muy elevada. Sus pullas no me afectan.
—Seguramente hay muchas mujeres que le alimentan la va... vanidad. No necesita ninguna más.
—Siempre necesito una más. Ése es mi problema.
La llevó a la biblioteca, donde la dejó sentada ante la chimenea unos minutos. Cuando se había adormilado, St. Jonas regresó listo para partir. Aún aturdida, fue con él hacia un reluciente carruaje negro estacionado delante de la casa, y St. Jonas la introdujo en el vehículo. La tapicería de terciopelo crema, muy poco práctica pero magnífica, brillaba a la tenue luz de una pequeña lámpara en el interior del coche. ______ sintió una extraña sensación de bienestar al recostarse en un cojín ribeteado de seda. La familia de su madre vivía según unas normas estrictas que regían el buen gusto, y no les gustaba nada que oliera a exceso. Pensó que para St. Jonas, en cambio, el exceso era habitual, en especial el relativo a la comodidad corporal.

En el suelo había una cesta hecha con cintas de piel trenzadas. Contenía varios emparedados de pan blanco con lonchas de embutido y queso envueltos en servilletas. El aroma de carne ahumada le despertó un hambre voraz, y se comió dos emparedados con tanta rapidez que casi se atragantó.

St. Jonas se había sentado frente a ella. Esbozó una leve sonrisa al verla comer con avidez.
—¿Mejor ahora?
—Sí, gracias.

El abrió la puerta de un compartimiento montado hábilmente en el tabique interior de la cabina y extrajo una copa de cristal y una botella de vino blanco. Llenó la copa y se la dio. Tras un sorbo prudente, ______ se la acabó con rapidez. A las jóvenes no se les permitía tomar vino solo; solían rebajárselo con agua. St. Jonas volvió a llenársela. El carruaje avanzaba ahora con un ligero balanceo, y los dientes de ______ golpearon ligeramente el borde de la copa. Temerosa de derramar el vino en el terciopelo crema, se acabó la copa de un trago. St. Jonas soltó una carcajada.

—Bebe despacio, cariño. Nos espera un largo viaje. —Se reclinó en los cojines con el aspecto de un pachá ocioso sacado de las novelas tórridas que tanto gustaban a Daisy Bowman—. Dígame, ¿qué habría hecho si no hubiera aceptado su propuesta? ¿Adonde habría ido?
—Supongo que habría ido a ca... casa de Annabelle y del señor Hunt. —No habría podido recurrir a Lissie y lord Kevin, ya que estaban de luna de miel. Y habría sido inútil dirigirse a los Bowman. Aunque Daisy habría terciado vehementemente en su favor, sus padres no habrían querido tener nada que ver con aquello.
—¿Por qué no fue ésa su primera opción?
—Habría sido difícil para los Hunt impedir que mis tíos me llevaran de vuelta —explicó ______, ceñuda—. Estaré más se... segura siendo su esposa que como invitada en casa de alguien. —El vino la había mareado un poco, y se hundió más en el asiento.

St. Jonas la miró pensativamente antes de inclinarse para quitarle los zapatos.

—Estará más cómoda sin ellos —aseguró—. Por el amor de Dios, no tenga miedo. No voy a abusar de usted en el carruaje. —Le desabrochó los cordones y añadió en tono suave—: Y si lo hiciera, no importaría demasiado, ya que vamos a casarnos.
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 25th 2010, 08:04

nueva lectora
esta muy interesante la nove..!
plis siguela..!
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IshPaniagua
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 25th 2010, 21:10

siguelaaaaaaaa!
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 25th 2010, 22:07

Ella apartó de golpe el pie y él, con una sonrisa, alargó la mano hacia el otro. Mientras dejaba que le quitara el zapato, ______ se obligó a relajarse, aunque el roce de aquellos dedos en su tobillo a través de la media le provocaba un extraño escalofrío.

—Debería aflojarse las cintas del corsé —aconsejó él—. Así el viaje le resultará más agradable.
—No llevo co... corsé —respondió ______ sin mirarlo.
—¿No? Vaya, vaya —comentó Nicholas a la vez que le repasaba el cuerpo con mirada experta—. ¡Una fulana muy bien proporcionada!
—No me gusta esa palabra.
—¿Fulana? Perdone... Es la fuerza de la costumbre. Siempre trato a las damas como fulanas y a las fulanas como damas.
—¿Y le da buen resultado esa táctica?
—Ya lo creo —respondió él con una arrogancia tan alegre que ______ no pudo evitar sonreír.
—Es usted te... terrible.
—Cierto. Pero es un hecho conocido que la gente terrible suele terminar mucho mejor de lo que se merece. Mientras que la buena, como usted... —Hizo un gesto dando a entender que su situación actual era un ejemplo perfecto de ello.
—Puede que no sea tan bu... buena como usted cree.
—La esperanza es lo último que se pierde. —Entornó los ojos, pensativo. ______ observó que tenía las pestañas, larguísimas para un hombre, un poco más oscuras que el pelo. A pesar de su corpulencia y su anchura de hombros, tenía un aire felino. Era como un tigre perezoso que a la primera podía resultar mortífero—. ¿Qué enfermedad padece su padre? He oído rumores, pero nada seguro.
—Tisis —murmuró ______—. Se la diagnosticaron hace seis meses y no lo he visto desde entonces. Es el ti... tiempo más largo que he estado sin visitarlo. Los Maybrick me lo prohibieron. Quieren que haga como que no existe.
—Me gustaría saber por qué —murmuró St. Jonas con ironía, y cruzó las piernas—. Así que no lo ve asiduamente. Entonces ¿por qué estas ganas repentinas de revolotear sobre su lecho de muerte? ¿Para asegurarse un lugar privilegiado en su testamento?
Sin tener en cuenta la maliciosa insinuación, ______ reflexionó y respondió con frialdad:
—Cuando era pequeña, me dejaban verlo una vez al mes. Entonces estábamos unidos. Era, y es, el único hombre que se ha preocupado por mí. Le quiero. Y no deseo que muera solo. Puede bu... burlarse de mí si eso le divierte. Me da igual. Su opinión no significa nada para mí.
—Tranquila, encanto. —Su voz reflejó cierta diversión—. Detecto indicios de un carácter sin duda heredado de su padre. He visto cómo le brillan los ojos cuando pierde los estribos por alguna insignificancia.
—¿Co... conoce a mi padre? —preguntó sorprendida.
—Claro. Todos los hombres amantes del placer han estado alguna vez en el Jenner's. Su padre es un buen tipo, aunque tan explosivo como un polvorín. Por cierto, ¿cómo diablos se casó una Maybrick con un don nadie?
—Entre otras cosas, mi madre debió de considerarlo un medio para escapar de su familia.
—Lo mismo que en nuestro caso. Existe cierta simetría, ¿no?
—Espero que la si... simetría termine ahí. Porque me concibieron poco después de casarse y mi madre murió en el parto.
—No la dejaré embarazada si no quiere —comentó él con desfachatez—. Es bastante fácil evitarlo: fundas, esponjas, irrigaciones, además de esos espléndidos dispositivos plateados que... —Se detuvo al ver su expresión y soltó una carcajada—. Dios mío, ha abierto unos ojos como platos. ¿La he alarmado? No me diga que sus amigas casadas no le han hablado de estas cosas.

______ meneó la cabeza. Aunque Annabelle Hunt a veces semostraba dispuesta a explicar algunos de los misterios de la vida conyugal, jamás había mencionado dispositivos para evitar el embarazo.
—Dudo que ellas los conozcan —dijo, y él rió de nuevo.
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 25th 2010, 22:11

—Estaré encantado de ilustrarla cuando lleguemos a Escocia. —St. Jonas esbozó una sonrisa que a las hermanas Bowman les habría resultado encantadora, aunque no habrían advertido el brillo calculador de los ojos—. ¿Ha pensado que quizá disfrute lo suficiente de nuestra consumación como para desear repetir, cielo?
Con qué facilidad pronunciaba palabras cariñosas.
—No —contestó ______—. Eso no pasará.
—Mmm... —murmuró él con un sonido parecido al ronroneo de un gato—. Me gustan los retos.
—Pu... puede que me guste acostarme con usted —aclaró ______ mirándolo a los ojos, a pesar de que sostenerle la mirada la hizo sonrojar—. Espero que así sea. Pero no cambiaré de parecer. Porque sé cómo es usted y de lo que es capaz.
—Todavía no has visto lo peor, encanto —repuso él casi con ternura.

Para ______, que la semana anterior se había cansado en el viaje de doce horas desde la finca de Kevin en Hampshire, el trayecto de cuarenta y ocho horas a Escocia fue una tortura. Si hubieran ido a un ritmo moderado, habría sido más soportable. Pero, a insistencia de ella misma, irían directamente a Gretna Green y sólo se pararían para cambiar de cocheros y de tiros. ______ temía que sus parientes hubieran averiguado su plan y los persiguieran. Y, visto el resultado de la pelea de St. Jonas con lord Kevin la semana anterior, tenía pocas esperanzas de que pudiera salir airoso de un enfrentamiento a puñetazo limpio con su tío Peregrine.

Aunque el carruaje estaba bien equipado y tenía buena amortiguación, viajar a una velocidad incesante sacudía sin pausa al vehículo y ______ empezó a sentir náuseas. Estaba exhausta y no encontraba una postura cómoda para dormir. Cada poco, la cabeza le golpeaba contra el tabique. Y en cuanto conseguía dormirse, al parecer sólo pasaban unos minutos antes de que el cambio de caballos la despertara.

St. Jonas no parecía pasarlo tan mal, aunque también se le veía desaliñado y cansado. Hacía rato que los intentos de conversar se habían acabado, y viajaban en un silencio estoico. Sorprendentemente, St. Jonas no se quejó de este duro ejercicio de resistencia. ______ se dio cuenta de que tenía la misma prisa que ella por llegar a Escocia. Le interesaba tanto como a ella estar casado legalmente lo antes posible.

Y así siguieron, mientras el carruaje daba tumbos por el irregular camino, y en ocasiones casi lanzaba a ______ del asiento al suelo. Ella se las arreglaba para dar alguna que otra cabezadita. Cada vez que la puerta del carruaje se abría y St. Jonas bajaba para comprobar el nuevo tiro, una bocanada de aire gélido entraba en el vehículo. ______, entumecida y dolorida, se acurrucaba en el rincón.

Tras la noche, amaneció un día con temperaturas glaciales y una lluvia helada. St. Jonas la condujo a una posada, donde en una sala privada tomó un plato de sopa tibia y utilizó el orinal mientras él iba a supervisar el cambio de caballos y de cochero. La imagen de la cama casi le dolió en el alma. Pero ya dormiría más tarde, una vez estuviera en Gretna Green y fuera del alcance de su familia para siempre.

Al volver al carruaje media hora después, ______ trató de quitarse los zapatos mojados sin ensuciar la tapicería de terciopelo. St. Jonas subió al vehículo después que ella y se agachó para ayudarla. Mientras le retiraba los zapatos de los pies acalambrados, ______ le quitó en silencio el sombrero empapado y lo lanzó al asiento de enfrente. Tenía un pelo grueso y suave, y sus rizos exhibían todos los tonos entre el ámbar y el champán.

St. Jonas se sentó a su lado y, tras observar el aspecto tenso de su rostro, le tocó la mejilla helada.

—Hay que reconocerte algo —murmuró—. Cualquier otra mujer se estaría quejando a gritos.
—No... no pu... puedo quejarme —dijo ______ mientras se estremecía violentamente—. Fui yo quien pidió viajar di... directamente a Escocia.
—Ya estamos a medio camino. Otra noche y un día más, y mañana por la noche estaremos casados —comentó. Y añadió con una sonrisa—: Seguro que nunca ha habido una novia tan ansiosa por llegar a la cama.

Los labios temblorosos de ______ esbozaron una sonrisa por la ironía: ella ansiaba dormir, no hacer el amor. Al mirarlo a la cara, tan cerca de la suya, se preguntó cómo las ojeras y los signos de cansancio que mostraba podían resultar tan atractivos. Quizá porque así parecía humano y no un hermoso dios romano sin corazón. Había perdido gran parte de su altivez aristocrática, que sin duda reaparecería más tarde, cuando hubiera descansado. Pero de momento estaba relajado y accesible. Durante ese viaje horroroso parecía haberse establecido entre ellos un frágil vínculo.

Una llamada a la puerta del carruaje interrumpió sus reflexiones. St. Jonas la abrió, y apareció una camarera empapada bajo la lluvia.

—Aquí tiene, milord —dijo, y se sacó dos objetos de debajo de la capa chorreante y se los entregó—. Un grog y un ladrillo, como pidió.

St. Jonas buscó una moneda en el chaleco y se la dio. La mujer le sonrió y volvió corriendo a refugiarse en la posada. ______ parpadeó sorprendida cuando él le entregó un tazón de barro lleno de un líquido humeante.

—¿Qué es? —preguntó.
—Algo para calentarte por dentro. —Sopesó el ladrillo envuelto en franela gris—. Y esto es para los pies. Pon las piernas en el asiento.

En otras circunstancias, ______ habría impedido que le tocara las pantorrillas, pero guardó silencio mientras él le arreglaba la falda y le ponía el ladrillo caliente bajo los pies.

—¡Oh, qué delicia! —Se estremeció de placer al notar cómo el calorcillo le reanimaba los dedos helados—. ¡Oh! Es lo me... mejor que he sentido nunca...
—Las mujeres suelen decirme eso —afirmó St. Jonas con una sonrisa—. Ven, apóyate en mí.

Aprensiva y temblorosa, ______ vaciló un momento. Luego, obedeció despacio y se obligó a relajarse entre sus brazos. Hasta entonces sólo la había abrazado su padre, y la sensación le suscitó recuerdos de la infancia. St. Jonas la estrechó hasta que se recostó contra él, y la firmeza de su sujeción contribuyó a contener los temblores de sus doloridas extremidades. Su pecho era firme y duro, pero le servía de apoyo perfecto para la parte posterior de la cabeza.

______ se acercó el tazón a los labios y sorbió vacilante la bebida caliente. Era alguna clase de licor, mezclado con agua y sazonado con azúcar y limón. A medida que bebía, el cuerpo le fue entrando en calor. Soltó un largo suspiro de alivio. El carruaje arrancó de golpe, pero St. Jonas se ocupó de mantenerla cómodamente apoyada en su pecho. ______ no alcanzaba a entender cómo diablos podía sentirse en el séptimo cielo tan de repente.
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 25th 2010, 22:14

capitulo 6


Jamás había tenido esa cercanía física con nadie. Y le parecía horrible tenerla con un calavera como St. Jonas. No obstante, ahí estaba. La naturaleza había derrochado belleza masculina en alguien que no la merecía. Contuvo el impulso de acurrucarse más contra él. Su ropa era de una tela exquisita: una chaqueta de lana fina, un chaleco de seda gruesa y una camisa de lino suave. El aroma de almidón y de colonia, mezclado con la fragancia de su piel... Nunca se había imaginado que un hombre pudiera oler tan bien.

Intuyendo que la apartaría de él cuando se terminase la bebida, intentó que le durara lo máximo posible. Para su pesar, vació por fin las últimas gotas dulces de la taza. St. Jonas le tomó el cacharro de las manos y lo dejó en el suelo. ______ se puso tensa, esperando que la devolviera a su asiento, pero sintió un enorme regocijo al notar que él volvía a estrecharla entre sus brazos. Su cuerpo era firme y cálido, y muy cómodo. Le oyó bostezar.

—Duérmete —murmuró Nicholas—. Tienes tres horas antes del próximo cambio de tiro.

______ apoyó la planta de los pies con más fuerza en el ladrillo, se volvió de costado y se acurrucó más contra él para sumirse en el ansiado sueño.

El resto del viaje se convirtió en una serie borrosa de movimiento, cansancio y despertares bruscos. A medida que el agotamiento de ______ aumentaba, dependía cada vez más de St. Jonas. En cada posta, le traía una taza de té o caldo, y recalentaba el ladrillo en cada chimenea disponible. Incluso encontró una manta acolchada en alguna parte. Convencida de que, a esas alturas, se habría helado de no contar con St. Jonas, ______ olvidó todas sus reservas sobre pegarse a él cada vez que estaba en el carruaje.

—No me... me estoy insinuando —le dijo mientras se sentaba en su regazo y se recostaba en su pecho—. Sólo eres una fu... fuente de calor.
—Aja —respondió St. Jonas perezosamente mientras colocaba bien la manta sobre ambos—. Pero el último cuarto de hora has estado rozando partes de mi anatomía que nadie se había atrevido a tocarme hasta ahora.
—Lo... lo dudo. —Se tapó aún más con la chaqueta de St. Jonas y añadió con voz apagada—: Seguro que le han manoseado más que a las cestas de comida de Fortnum and Masón.
—Y se me puede conseguir a un precio más razonable —aseguró él antes de hacer una mueca y moverse para ponérsela bien en el regazo—. No pongas la rodilla ahí, encanto, o tus planes de consumar el matrimonio correrán peligro.

______ dormitó hasta la siguiente parada, y justo cuando se estaba sumiendo en un sueño profundo, St. Jonas la despertó con delicadeza.

—______ —murmuró mientras le arreglaba el pelo despeinado—. Abre los ojos. Estamos en la siguiente posta. Tienes tiempo para entrar unos minutos.
—No quiero —se quejó ella.
—Tienes que hacerlo —insistió St. Jonas en voz baja—. Nos espera un largo trecho al salir de aquí. Ve al baño ahora, ya que no podrás hacerlo en un buen rato.

______ iba a protestar que no necesitaba ir al baño cuando, de repente, se dio cuenta de que sí. La idea de levantarse y salir a la lluvia gélida de nuevo casi la hizo lagrimear. Se inclinó para calzarse los zapatos húmedos y sucios, y se peleó con los cordones. St. Jonas le apartó las manos y los ató correctamente. Después la ayudó a bajar del carruaje. Una vez fuera, una ráfaga de viento glacial hizo que la muchacha apretara los dientes. Hacía un frío terrible. St. Jonas le cubrió la cara con la capucha de la capa y, tras rodearle los hombros con un brazo, cruzaron el patio de la posada.

—Créeme —dijo—. Es mejor que vayas al retrete aquí. Tener que bajar después junto a la carretera sería terrible. Por lo que sé sobre las mujeres y su anatomía...
—Conozco mi anatomía —lo interrumpió ______ irritada—. No hace falta que me la expliques.
—Por supuesto. Perdona si hablo demasiado; es que intento mantenerme despierto. Y a ti también.

______ se aferró a su cintura y, mientras avanzaba por el barro helado, pensó en el primo Eustace y en lo contenta que estaba de no tener que casarse con él. Nunca volvería a vivir bajo el techo de los Maybrick. La idea le dio fuerzas. Una vez casada legalmente, dejarían de tener poder sobre ella. Por Dios, cuánto ansiaba que todo terminase de una vez para siempre.

Después de tomar una habitación, St. Jonas tomó a ______ por los hombros y la observó para evaluar su estado.

—Pareces a punto de desmayarte —comentó—. Tenemos tiempo para que descanses un par de horas, cariño. ¿Por qué no...?
—Ni hablar —replicó ella—. Quiero seguir adelante.
St. Jonas la observó con ceño, pero repuso con calma:
—¿Eres siempre tan terca? —La llevó a la habitación y le recordó que cerrara la puerta con llave cuando él saliera—. E intenta no dormirte sentada en el orinal —bromeó.

Cuando volvieron al carruaje, ______ siguió el ritual ya familiar: se quitó los zapatos y dejó que St. Jonas le pusiera el ladrillo caliente en los pies y la situara después entre sus piernas separadas, con un pie cerca del ladrillo y el otro en el suelo para mantener el equilibrio. A ______ se le aceleró el pulso cuando él le tomó una mano y empezó a juguetear con sus dedos fríos. Tenía la mano caliente y los dedos, suaves, con las uñas cortas y bien limadas. Una mano fuerte, pero sin duda perteneciente a un hombre ocioso.

St. Jonas entrelazó sus dedos con los de ella con suavidad, le dibujó un pequeño círculo en la palma con el pulgar y después deslizó los dedos para que coincidieran con los de ella. Su piel blanca era de un tono cálido, de la clase que absorbe el sol con facilidad. Al final, St. Jonas dejó de juguetear, pero no le soltó la mano.

No podía ser ella, la florero, ______ Jenner... Sola en un carruaje con un calavera irrecuperable viajando hacia Gretna Green. «Mira la que has liado», pensó aturdida. Volvió la cabeza y apoyó la mejilla en la camisa de lino de St. Jonas.

—¿Cómo es tu familia? —preguntó con modorra—. ¿Tienes hermanos?

St. Jonas le acarició los rizos con los labios un momento antes de contestar:

—Sólo quedamos mi padre y yo. No recuerdo a mi madre. Murió de cólera cuando yo aún era un bebé. Tenía cuatro hermanas mayores. Como era el menor y único varón, me consintieron muchísimo. Pero tres de mis hermanas murieron de escarlatina. Recuerdo que me enviaron a nuestra casa de campo cuando enfermaron, y cuando volví ya no estaban. Más adelante, la superviviente, mi hermana mayor, se casó pero, como tu madre, murió en un parto. El bebé tampoco sobrevivió.
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Jonas' Mysc
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Junio 26th 2010, 18:58

siguela plis esta muy buena..!!
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geness16
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Julio 5th 2010, 19:16

______, que no se movió mientras él contaba su historia con naturalidad, sintió una enorme tristeza por ese niño. Una madre y cuatro hermanas que lo adoraban habían desaparecido en un período relativamente corto de tiempo. Habría sido difícil de comprender para un adulto, mucho más para un niño.

—¿Te preguntas alguna vez cómo habría sido tu vida si hubieras tenido madre? —quiso saber.
—Pues no.
—Yo sí. A menudo me pregunto qué consejo me habría dado.
—Dado que tu madre se casó con un bribón como Ivo Jenner —contestó él con ironía—, yo no le daría demasiado valor a sus consejos. —Hizo una pausa socarrona—. Por cierto, ¿cómo se conocieron? Una chica de buena familia no suele relacionarse con hombres como Jenner.
—Se conocieron en un accidente de tráfico. Mi madre iba en un carruaje con mi tía. Era uno de esos días de invierno en que la niebla de Londres es tan espesa que, a mediodía, la visibilidad es de apenas unos metros. El vehículo hizo un giro brusco para evitar el carro de un vendedor ambulante y atropello a mi padre, que estaba de pie en la acera. Ante la insistencia de mi madre, el cochero se detuvo para preguntarle si se había hecho daño. Sólo tenía unos rasguños, nada más. Pero supongo... supongo que mi padre debió de interesarle porque al día siguiente le envió una carta para preguntarle por su salud. Empezaron a escribirse, aunque mi padre debía hacerlo a través de alguien porque era analfabeto. No conozco más detalles, salvo que al final se fugaron juntos. —Una sonrisa de satisfacción le iluminó la cara al imaginarse la ira de los Maybrick al descubrir que su madre se había escapado con Ivo Jenner—. Cuando ella murió, tenía diecinueve años —añadió pensativa—. Y yo tengo veintitrés. Me parece extraño haber vivido más que ella —comentó antes de volverse parar mirarlo a la cara—. ¿Cuántos años tienes, milord? ¿Treinta y cuatro? ¿Treinta y cinco?
—Treinta y dos. Aunque en este momento me siento como si tuviera ciento dos. ¿Qué le ha pasado a tu tartamudez, cielo? Desapareció en algún lugar entre Tessdale y aquí

capitulo 7

—¿De veras? —preguntó ______, algo sorprendida—. Supongo que contigo me siento cómoda. Suelo tartamudear menos con algunas personas. —Era extraño, porque no solía dejar de tartamudear por completo salvo que hablara con un niño. Notó cómo el pecho de St. Jonas daba una especie de respingo de diversión.
—Nadie me había dicho que le hiciera sentir cómodo. Y no me gusta nada. Tendré que hacer algo diabólico para que cambies de opinión.
—Estoy segura de que lo harás. —Cerró los ojos y se apretujó más contra él—. Creo que estoy demasiado cansada para tartamudear.

St. Jonas empezó a acariciarle el cabello y la cara para terminar masajeándole la sien con la yema de los dedos.

—Duerme —susurró—. Ya estamos llegando. Como nos encontramos en el quinto infierno, encanto, pronto deberías sentir más calor.

Pero no fue así. Cuanto más viajaban al norte, más frío hacía, y ______ llegó a pensar que no le vendría mal un poco de fuego eterno. El pueblo de Gretna Green se encontraba en el condado de Dumfriesshire, al norte de la frontera de Escocia. Centenares de parejas viajaban por la carretera de Londres a Gretna Green, pasando por Carlisle, para evitar la estricta legislación matrimonial de Inglaterra. Iban a pie, en carruaje o a caballo y, una vez lograban pronunciar sus votos matrimoniales, volvían a Inglaterra convertidos en marido y mujer.

Cuando una pareja cruzaba el puente sobre el río Sark y entraba en Escocia, podía casarse en cualquier punto del país. Bastaba con una declaración hecha ante testigos. Sin embargo, en Gretna Green había surgido un próspero negocio casamentero, y muchos de sus habitantes competían por celebrar bodas en hogares particulares, posadas o, incluso, al aire libre. El sitio más conocido era la herrería, donde se habían efectuado tantas ceremonias rápidas que a todos los matrimonios celebrados en Gretna Green se los conocía como «bodas en el yunque».

El carruaje llegó por fin a su destino: una posada situada al lado de la herrería. St. Jonas condujo a ______ rodeándola con un brazo como si fuera a desplomarse de cansancio. El posadero, un tal señor Findley, sonrió encantado al saber que se habían fugado para casarse, y les aseguró con guiños exagerados que siempre tenía una habitación preparada para situaciones así.

—No es legal hasta que hayan consumado la boda, ¿saben? —les informó con un acento casi ininteligible—. En una ocasión tuvimos que sacar a escondidas a unos novios por la puerta de atrás mientras sus perseguidores aporreaban la de delante. En otra, entraron en la posada y encontraron a los dos amantes en la cama; el novio todavía llevaba puestas las botas, pero no había duda de que el acto se había consumado. —Soltó una carcajada al recordarlo.
—¿Qué ha dicho? —murmuró ______, recostada en el hombro de St. Jonas.
—No tengo ni idea —le susurró éste al oído. Levantó la cabeza y se dirigió al posadero—: Me gustaría disponer de un baño caliente en la habitación cuando regresemos de la herrería.
—Muy bien, milord —confirmó el posadero, y recibió con entusiasmo las monedas que St. Jonas le entregó a cambio de una llave anticuada—. ¿Desea también que les subamos la cena, milord?


—No —contestó St. Jonas—, pero espero que podamos tomar un desayuno copioso por la mañana.
—Sí, milord. Van a casarse en la herrería, ¿verdad? Ay, caray. No hay mejor casamentero en Gretna que Paisley MacPhee. Es un hombre culto. Hará las veces de clérigo y les emitirá un certificado.
—Gracias —dijo St. Jonas.

Salieron de la posada y se dirigieron a la herrería, en la puerta de al lado. Una mirada rápida calle abajo les permitió ver hileras de casas y tiendas bien cuidadas, con farolas encendidas para mitigar la creciente oscuridad del atardecer. Al acercarse a la fachada del edificio encalado, él murmuró:

—Aguanta un poco más, cariño. Ya casi estamos.

______ esperó apoyada en él con la cabeza medio hundida en su chaqueta mientras él llamaba a la puerta. La abrió un hombre corpulento, rubicundo, con un atractivo bigote que se unía a sus tupidas patillas. Su acento escocés no era tan marcado como el del posadero, y ______ pudo comprender lo que decía.

—¿Es usted MacPhee? —preguntó St. Jonas.
—El mismo.

Rápidamente, St. Jonas hizo las presentaciones y explicó su intención. El herrero sonrió de oreja a oreja.

—Así que quieren casarse. Pasen, por favor.
—Así que quieren casarse. Pasen, por favor —dijo, y llamó a sus dos hijas, un par de muchachas rubicundas y morenas a las que presentó como Florag y Gavenia.

Luego los condujo a la herrería, situada en el mismo edificio. Los MacPhee mostraron la misma alegría constante que el posadero, lo que desmentía lo que ______ había oído siempre sobre el famoso carácter adusto de los escoceses.

—¿Les parece bien que mis dos hijas sean testigos? —sugirió MacPhee.
—Sí —respondió St. Jonas a la vez que echaba un vistazo alrededor; el local estaba lleno de herraduras, equipo para carruajes y herramientas de labranza—. Como puede ver, mi... —Se detuvo un momento como si dudara sobre cómo referirse a ______—. Mi novia y yo estamos bastante cansados. Hemos viajado desde Londres a un ritmo endiablado, de modo que nos gustaría acelerar el trámite.
—¿Desde Londres? —repitió el herrero, y sonrió a ______—. ¿Por qué ha venido a Gretna, señorita? ¿No le dieron sus padres consentimiento para casarse?
—Me te... temo que no es tan sencillo. —______ le devolvió la sonrisa lánguidamente.
—Casi nunca lo es —concedió MacPhee mientras meneaba la cabeza sabiamente—. Pero tengo que advertirle algo, señorita. Si va a casarse precipitadamente, el matrimonio escocés es un vínculo irrevocable e indisoluble. Asegúrese de que su amor es verdadero para...

St. Jonas interrumpió lo que prometía ser una retahila de consejos paternales.

—No es un matrimonio por amor —aclaró—. Es un matrimonio de conveniencia, y la calidez que existe entre nosotros no llega ni a la de una vela de cumpleaños. Proceda, por favor. Ninguno de los dos ha dormido como es debido en dos días.

Se hizo el silencio, y la brusquedad del comentario pareció horrorizar a MacPhee y sus dos hijas.

—No me cae usted bien —anunció con ceño.
—A mi futura esposa tampoco —replicó St. Jonas, exasperado—. Pero como eso no va a impedir que se case conmigo, tampoco debería detenerlo a usted. Adelante.
MacPhee dirigió una mirada de compasión a ______.
—La novia no tiene flores —advirtió, de pronto decidido a que la ceremonia tuviese un aire romántico—. Florag, ve a buscar un ramito de brezo blanco.

—¿Es usted MacPhee? —preguntó St. Jonas.
—El mismo.

Rápidamente, St. Jonas hizo las presentaciones y explicó su intención. El herrero sonrió de oreja a oreja.

—Así que quieren casarse. Pasen, por favor.
—Así que quieren casarse. Pasen, por favor —dijo, y llamó a sus dos hijas, un par de muchachas rubicundas y morenas a las que presentó como Florag y Gavenia.

Luego los condujo a la herrería, situada en el mismo edificio. Los MacPhee mostraron la misma alegría constante que el posadero, lo que desmentía lo que ______ había oído siempre sobre el famoso carácter adusto de los escoceses.

—¿Les parece bien que mis dos hijas sean testigos? —sugirió MacPhee.
—Sí —respondió St. Jonas a la vez que echaba un vistazo alrededor; el local estaba lleno de herraduras, equipo para carruajes y herramientas de labranza—. Como puede ver, mi... —Se detuvo un momento como si dudara sobre cómo referirse a ______—. Mi novia y yo estamos bastante cansados. Hemos viajado desde Londres a un ritmo endiablado, de modo que nos gustaría acelerar el trámite.
—¿Desde Londres? —repitió el herrero, y sonrió a ______—. ¿Por qué ha venido a Gretna, señorita? ¿No le dieron sus padres consentimiento para casarse?
—Me te... temo que no es tan sencillo. —______ le devolvió la sonrisa lánguidamente.
—Casi nunca lo es —concedió MacPhee mientras meneaba la cabeza sabiamente—. Pero tengo que advertirle algo, señorita. Si va a casarse precipitadamente, el matrimonio escocés es un vínculo irrevocable e indisoluble. Asegúrese de que su amor es verdadero para...

St. Jonas interrumpió lo que prometía ser una retahila de consejos paternales.

—No es un matrimonio por amor —aclaró—. Es un matrimonio de conveniencia, y la calidez que existe entre nosotros no llega ni a la de una vela de cumpleaños. Proceda, por favor. Ninguno de los dos ha dormido como es debido en dos días.

Se hizo el silencio, y la brusquedad del comentario pareció horrorizar a MacPhee y sus dos hijas.

—No me cae usted bien —anunció con ceño.
—A mi futura esposa tampoco —replicó St. Jonas, exasperado—. Pero como eso no va a impedir que se case conmigo, tampoco debería detenerlo a usted. Adelante.
MacPhee dirigió una mirada de compasión a ______.
—La novia no tiene flores —advirtió, de pronto decidido a que la ceremonia tuviese un aire romántico—. Florag, ve a buscar un ramito de brezo blanco.
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Julio 5th 2010, 20:05

Hola, nueva lectora Smile me llamo vicky Smile me gusta la novela... espero que la continues pronto, no se que llegare a ser o a hacer por escapar de el maltrato. Vamos por favor continuala!
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MensajeTema: Re: el diablo en invierno nick y tu   Hoy a las 21:24

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