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 UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS

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angenick
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Fecha de inscripción : 14/12/2009

MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:55

Parecía empeñada en llevar la voz cantante esa noche y de utilizarlo a su placer. A Joe no le importaba que ella estuviera encima, pero si él caía se la llevaría consigo.
________ lo agarró de los hombros un poco más fuerte mientras los dos caían y se precipitaban sobre las sábanas revueltas, sin apartarse el uno del otro.
Una sonrisa pausada asomó a sus labios, y en sus ojos había un brillo de picardía.
—Entonces estoy segura de que serás muy paciente mientras te desvisto —le dijo ella mientras le deslizaba ya las manos por los muslos.
Se daba cuenta de que ella iba a torturarlo con su sensualidad, pero ya no podía rechazar la oferta. ________ se deslizó sobre él cuan largo era y se arrodilló sobre la cama para quitarle los pantalones. El peso suave de sus senos que le rozaron de pasada le hicieron pensar en lo mucho que deseaba desvestirla. Pero esa noche se jugaban algo más que el simple placer. Joe quería derribar las barreras que ella se empeñaba en erigir, para demostrarle que también él podía permitirle que tomara la iniciativa. Y aunque tal vez eso fuera más fácil hacerlo en la cama que fuera de ella, de algún modo sabía que el dolor que le había causado Celeste no sería nada comparado con el que experimentaría si no podía ganarse a ________.
Seis meses después de que Celeste le hubiera dejado plantado en el altar, Joe finalmente se dio cuenta de por qué jamás había sentido el impulso de ir tras de ella. El destino le tenía reservada una mujer totalmente distinta, y no tenía intención alguna de dejar escapar a ________ralda________.


En cuanto ________ abrió los ojos a la mañana siguiente, entendió que tenía que marcharse; y cuanto antes, mejor.
Qué pena que nunca en su vida hubiera estado tan cómoda. Estaba de lado junto a Joe, que estaba tumbado justo detrás de ella. Él le tenía el brazo echado sobre la cintura, y su mano descansaba junto a sus pechos desnudos.
El deseo sexual la recorrió aunque sólo fueran las cinco de la madrugada; aunque tan sólo hiciera dos horas que había hecho el amor con él, y dos horas antes de eso, y cuarenta y cinco minutos antes...
La noche de pasión debería haberla cansado, pero en lugar de eso se sentía llena de energía, lista para comerse al mundo.
Lista para enfrentarse a los demonios del pasado.
________ levantó del cálido nido de sábanas de algodón con el claro convencimiento de que necesitaba hacer algo en ese momento, antes de que se adelantara lo suficiente como para acabar colocándole el pecho en la mano. Podría pasarse la hora siguiente, o las veinte horas siguientes, deshaciendo la cama con aquel hombre tan sexy.
Recogió la ropa y le dejó una nota para decirle que había llegado el momento de saldar una vieja deuda.
El regalo que Joe le había dado la noche anterior la reafirmaba en su decisión de abrazar el futuro y ser la mujer que Joe parecía ver cuando la miraba.
No sería merecedora de la relación con Joe o de la preciosa mesa de arce que él le había hecho hasta que no se demostrara a sí misma que de verdad era tan fuerte como él decía. Después de cómo habían hecho el amor la noche anterior, como si cada uno no fuera a saciar jamás su sed del otro, ella estaba más empeñada en decirle adiós a la ________ de antes, a la ________ insegura y miedosa.
Aun así, para poder reivindicar un final feliz para sí misma, la nueva ________ sentía la necesidad de darle una patada en el trasero de las de toda la vida a alguien que la merecía.

Capítulo 13
De acuerdo, tal vez reconocía que los planes le habían parecido maravillosos a las cinco de la mañana, antes de que los beneficios tonificantes de un café le llevaran a pensar que era la idea más tonta que se le había ocurrido en la vida.
________ se decía que aquello no era ninguna tontería mientras aparcaba el coche en el aparcamiento del Museo de Florida, en South Beach, unas manzanas más allá del Club Paradise, donde Joe y ella se habían conocido; donde ella se había dado cuenta de que tenía que dejar de esconderse de todo y enfrentarse a la vida.
Por supuesto, la noche de champán gratis tal vez la hubiera ayudado a ser un poco más valiente. Y en ese momento, mientras cruzaba la entrada de personal del museo poco después de las siete de la mañana, ________ deseó haberse sentido un poco más valiente y haber experimentado menos náusea de la que sentía sólo de pensar en enfrentarse a Miles.
Joe podría hacerlo...
La idea surgió en su pensamiento de pronto, como una reposada garantía que le daba una muy necesitada inyección de confianza. Y Joe no sólo se enfrentaría a un hombre que la había acosado y humillado sólo porque él, porque Joe, fuera grande y musculoso y tuviera el poder de intimidar con sólo flexionar un brazo. No, Joe era sencillamente de esa clase de personas que se enfrentaría a sus críticas para poder discutir y dar a conocer su opinión. Precisamente la razón que ________ necesitaba esgrimir con Miles Crandall esa misma mañana.
Avanzó por el pasillo bien acondicionado y no muy iluminado hacia las oficinas del museo, el mismo camino que había hecho cada mañana durante cinco años.
Cuando se detuvo delante de un fósil de una huella de jaguar, ________ se dio cuenta de que su trabajo con Joe jamás podría sustituir lo que había sido su trabajo en el museo. Por mucho que le gustaran las antigüedades, necesitaba involucrarse de nuevo en la historia del arte. En cuanto el negocio de las antigüedades y de la chamarilería adquiriera cierta fama, no sería difícil hacer ambas cosas. Después de todo, Joe tenía su propia empresa de construcción.
Y, maldita fuera, ella debía perseguir su sueño.
Si Miles Crandall pensaba que podía intimidarla para que sintiera de nuevo miedo por todo lo bueno que había conseguido, no sabía lo que le esperaba. El estar con Joe, el ver lo mucho que confiaba en sus propias decisiones y en el coraje para llevar a cabo sus convicciones, la había inspirado para lanzarse a vivir fiel a sus deseos.
Tras comprobar que su valentía estaba intacta, ________ pasó delante de la puerta de su antigua oficina, desde donde le llegó el aroma del café recién hecho que salía de un pequeño cuarto contiguo. Miles era un animal de costumbres, y siempre tomaba un café a las siete y media de la mañana antes de reunirse con sus empleados a las ocho. Ésa era la oportunidad ideal para hablar con él sin temor a que Miles tratara de sobrepasarse con ella en modo alguno, ya que sus compañeros de trabajo ocupaban ya los despachos cercanos.
Y como no había ido allí de visita de cortesía, ________ entró en su despacho sin llamar. Y desde luego que lo sorprendió.
Miles abrazaba torpemente a una joven becaria con traje azul marino. La soltó bruscamente nada más ver a ________, de tal modo que la otra estuvo a punto de caerse.
—¡Baboso! —a ________ no se le ocurrió otra palabra.
No le hizo falta preguntar si la temblorosa morena había tomado parte voluntariamente; reconocía demasiado de sí misma en la apariencia deseosa de triunfar de esa joven de veintitantos años y en su expresión sobrecogida.
—¿Estás celosa, ________? —Miles tuvo la frescura de mostrarse complacido consigo mismo mientras enderezaba su corbata verde y se apoyaba sobre su impresionante mesa de cerezo.
Con una irreverencia nacida de los nervios y de la rabia, ________ no pudo menos que pensar que su mesa era mucho más bonita. Y más grande.
La última acosada de Miles salió corriendo del despacho. No era precisamente una demostración de solidaridad, pero ________ comprendió la necesidad de la chica de escapar. Ella había sido esa mujer durante muchos años.
—Celosa... no. Asqueada, mucho. No creo que los de arriba estén de acuerdo con que seas un asalta cunas o con que acoses continuamente a tus empleadas —lo miró fijamente, recordando cómo había mirado Joe a los demás hombres la noche que se habían conocido en el Club Paradise.
Desgraciadamente, el método no parecía tener los mismos resultados inmediatos. Miles tomó su taza de humeante café, aparentemente ajeno a su amenaza.
—No creo que los del consejo se dejen llevar por la opinión de empleados problemáticos que han sido despedidos de la empresa —Miles tomaba su café mientras iba dando vueltas por la habitación, circulando a su alrededor como un buitre.
________ se negó a dejarse intimidar y procedió a darle el mensaje que había ido a darle.
—Tal vez no. Pero en cuanto tengan las quejas del acoso en un expediente, no creo que vayan a seguir tragándose el rollo de la empleada despedida cada vez que una mujer acosada aparece a su puerta. Tal vez quieras tomar eso en consideración antes de molestar a más ayudantes.
Miles hizo una pausa a la puerta del despacho y echó el cerrojo.
—Quizás tengas razón. Afortunadamente, yo no creo que sea acoso si hago de mi objetivo a mujeres que ya no trabajen para el museo.
________ sintió cierto pánico; pero enseguida se tranquilizó diciéndose que podría salir. Lo único que tenía que hacer era girar el pomo y marcharse. El baboso de Miles tenía aquellas tácticas para intimidar. Además, pronto tendría que ocuparse de la reunión de cada mañana y de un museo lleno de gente.
Ella alzó el mentón y se preparó para el enfrentamiento que había deseado tener desde que él la había despedido.
—No tienes ni la menor oportunidad de acosarme ya. No soy la misma mujer que salió de aquí sin hacer ruido hace seis semanas.
Él avanzó un paso hacia ella.
—Ahora que lo dices, sí que te noto distinta —dijo mientras paseaba la mirada por su cuerpo con demasiada familiaridad—. En realidad, estás mucho más guapa. ¿Quiere decir entonces que has venido para seducirme tú?
Le llegó el perfume que durante el resto de sus días asociaría con el agobio, con la sensación de estar atrapada. Aunque en ese momento se daba cuenta de que lo que más la había atrapado habían sido sus propios miedos.
—Te equivocas. Quiere decir que he encontrado el coraje para perseguir mis sueños en lugar de quedarme aquí esperando a que tú te fijaras en mis aptitudes como especialista en historia del arte.
No necesitaba una recomendación de Miles Crandall para trabajar en otros museos. Tenía contactos propios; algo que por ejemplo le había proporcionado buenos clientes para realizar su trabajo con Joe.
Joe le había hecho sentirse apasionada, en más de un sentido. La manera de pensar de Joe y su vitalidad la habían animado a aspirar a más y a arriesgarse de un modo inimaginable para ella.
—Entonces supongo que debo felicitarte. Parece que te hice un favor despidiéndote —Miles le ofreció la mano, como si ella pudiera dársela y olvidar todo lo que había pasado—. ¿Lo pasado, pasado está?
________ habría preferido tocar un cable de alta tensión que a la víbora trajeada que tenía delante.
—La verdad es que no. Sólo porque he encontrado un poco de felicidad no quiere decir que vaya a permitir que salgas indemne del acoso a las jóvenes ingenuas que tengan la fatalidad de trabajar para ti.
Pasó junto a él y fue hacia la puerta; su perfume le provocaba jaqueca, mientras que su mera presencia ganas de salir corriendo. ________ se detuvo delante de la puerta, con la mano ya en el pomo.
—Voy a presentar una queja a nuestra compañía matriz, a nuestros patrocinadores y a todas las instituciones públicas que se me ocurran para asegurarme de que tu comportamiento tan poco profesional quede confirmado en documentos. Y me da la sensación de que no vas a dirigir el museo durante mucho tiempo más, Miles. Así que... disfruta mientras puedas.
Temblorosa de orgullo y de la subida de adrenalina, ________ abrió el cerrojo para salir. Por la gruesa alfombra que cubría el suelo, no oyó que Miles se había acercado hasta que él no plantó las manos en la puerta.
—Pienso disfrutarlo —le siseó al oído—. Gracias por ayudarme a que sea posible.
Miles la agarró y le dio la vuelta con brusquedad. Pero la nueva ________ no se lo pensó dos veces y le propinó una buena patada en la entrepierna. Una patada con la fuerza que le daba toda la frustración que había sufrido durante esos años de humillación. Claro que no se entretuvo para deleitarse con su victoria.
—No ha sido nada inteligente por tu parte, Miles —abrió la puerta y se encontró a la joven de pelo negro con un libro levantado en la mano.
¿Tal vez a modo de arma?
________ se dio la vuelta.
—Y como esta vez tengo un testigo, puedes estar seguro de que dentro de una semana vas tener que ponerte a la cola del paro.
Y guiñándole un ojo a la joven que seguía con el libro levantado, ________ avanzó por el pasillo con la cabeza bien alta mientras sacaba el teléfono móvil para llamar a la policía.


Joe iba comprobando los números de los edificios de Bayshore Boulevard a medida que avanzaba entre el tráfico de la mañana. ¿Dónde diablos estaba el museo?
Se había sentido decepcionado, dolido incluso, cuando se había despertado solo esa mañana. Pero se le había olvidado todo en cuanto había leído la nota de ________.
¿Cómo se le había ocurrido ir ella sola a enfrentarse al pervertido de su ex jefe?
En cuanto vio el edificio accedió a la explanada para dejar el coche en el aparcamiento.
Si le hubiera ocurrido algo a ________...
No, eso no podía ser. Ella había adquirido una nueva confianza desde que la había conocido. Muy pronto lo superaría a él, con su resuelto aire femenino, su viva inteligencia y esa vista para los negocios nada común que tenía ________.
Dejó la camioneta en una plaza del pequeño aparcamiento y se digirió hacia una entrada lateral. Mientras avanzaba por un oscuro pasillo donde había despachos a ambos lados, Joe estuvo a punto de tropezarse al ver a ________ que apareció delante de él, seguida de otra mujer.
Joe apenas la miró; sólo se fijó fue en la blusa torcida y en que tenía una señal en el brazo.
Una señal que desde luego no había estado allí el día anterior.
La rabia le atenazó al garganta, impidiéndole hablar.
—¿Dónde está él? —fue lo único que consiguió articular.
________ retrocedió con cara de preocupación.
—Ya me he ocupado yo...
Joe no se quedó a oír el resto porque la otra mujer ya le indicaba amablemente la puerta de un despacho a pocos metros de allí.
—¡Joe! —lo llamó ________, pero él no podía esperar.
Y no esperaría hasta que le hubiera dado su merecido a aquel tipo.
Enseguida lo vio allí apoyado sobre la mesa, sudando del esfuerzo y respirando con agitación.
¿No eran ésas pruebas suficientes de lo que acababa de hacer?
Joe apretó los puños y sin pensárselo dos veces fue directamente hacia el otro y le arreó un puñetazo en la sudorosa cara del pervertido.
Pero no pudo disfrutar de la satisfacción porque ________ se plantó a su lado con cara de pocos amigos y gritando.
—Te digo que ya he llamado yo a la policía. ¿Es que te has vuelto loco?
—¿A la policía? —dijo con inquietud mientras ya se oían las sirenas de los coches patrulla. ________ ya se había ocupado del asunto.
—Sí, pero ahora en vez de llevarse a mi posible atacante, se van a llevar al que está repartiendo puñetazos —lo miró con desazón—. ¿Maldita sea, Joe, por qué no me has dejado que lo hiciera yo a mi manera?
—Porque éste no es un problema profesional; es una amenaza a tu seguridad —dijo Joe con convencimiento—. Tomaste la decisión equivocada al venirte aquí sola, ________, reconócelo. Una cosa es comprarte un coche tú sola, y otra enfrentarte a un tipo que es una amenaza para la sociedad.
—Entiendo —dijo ella en tono cortante, más nerviosa al oír el ruido de los pasos de por lo menos dos oficiales de policía avanzando a grandes zancadas por el pasillo—. Pero cuando tú llegaste, yo ya lo había controlado. Y la policía venía en camino. ¿Qué te habría costado dejarme disfrutar de haberme ocupado yo sola del asunto? ¿Se te ha ocurrido que tal vez yo necesitaba que esta victoria fuera mía?
Su callada honestidad lo abochornó más de lo que lo habían afectado las quejas de otras mujeres en su vida. Y desde luego era capaz de entender su punto de vista.
—¿Cómo iba a quedarme sin hacer nada después de verte con la blusa medio desabrochada y el moretón en el brazo?
La amiga de ________ ya estaba saludando al policía, mientras que su ex jefe trataba de levantarse.
—Porque quería hacer esto yo sola —________ bajó aún más la voz—. Te lo he dicho en la nota que te he dejado esta mañana, y te dije la semana pasada que quería encontrarme a mí misma, aprender a confiar en mis recursos.
—Maldita sea, ________. Te habría hecho caso en cualquier otra situación. Pero esto es distinto. No te puedo dejar sola si ello significa que tal vez un pervertido pueda hacerte daño.
¿Cómo iba a mirarse luego al espejo si dejaba que le pasara algo a ella?
En ese momento la policía estaba ayudando al ex jefe de ________ a sentarse en una silla.
—Y no puedo trabajar con alguien que se niega a escucharme. Te agradezco mucho esta oportunidad que me has dado, pero creo que es hora de que vuelva a dedicarme a la historia del arte. Me da la impresión de que el museo va a necesitar un nuevo director muy pronto.
—¿Pero no puedes entender que simplemente estaba preocupado por ti?
Ella alzó el mentón con gesto obstinado.
—No habría hecho falta que te hubieras preocupado si me hubieras dejado meter baza.
—Tal vez éste no sea el momento de hablar de este tema, ________; los dos estamos nerviosos —bajó la voz cuando los policías se acercaron a ellos—. Podríamos hablar después...
Ajena a la llegada de los hombres uniformados, ________ le respondió.
—Si quieres hablar de verdad, vas a tener que escuchar, también.
Antes de poderle responder, un inspector de expresión pétrea los interrumpió. Y mientras Joe respondía a las preguntas que le hacía el inspector, le dio tiempo de sobra de llegar a la conclusión de que ________ le estaba echando de su vida, tanto a nivel profesional como a nivel personal.
¡Maldición!
¿Y qué pasaba si de verdad había metido la pata con ________? ¿Acaso se había comportado con tanta arrogancia cuando le había dado a Miles Crandall lo que merecía desde hacía mucho?
A él no le parecía. Pero tenía que reconocer que tal vez no hubiera hecho lo que había hecho de haber entendido mejor lo importante que era para ________ ocuparse de aquel tipo ella sola.
Cuando la policía terminó los interrogatorios y se llevaron al asqueroso de Crandall, Joe tenía ya en mente las bases de un plan.
Sólo esperaba que la vecina casamentera de ________ estuviera dispuesta a emparejarla con el tipo adecuado... Al menos esa vez.

Capítulo 14
Decisión errónea número cinco mil cuarenta: dejar que la señora Wolcott la convenciera para ir al Club Paradise esa noche.
Por supuesto, en la semana que había pasado desde que le había dicho a su ex jefe dónde podía meterse las manos y había visto cómo pasaba una noche en los calabozos, ________ había tomado también varias decisiones. Sin duda se sentía muy distinta a la mujer que había entrado por primera vez en el Moulin Rouge unas semanas atrás.
Después de enviarle por correo a Joe las anotaciones sobre el negocio de antigüedades y reproducciones para asegurarse de que encontraba a alguien adecuado para seguir con el negocio, había ocupado el puesto de directora ejecutiva del museo de South Florida, ya que la dirección de la empresa había expulsado a Miles. La semana siguiente marcaría su triunfal vuelta oficial, aunque ya llevaba días cambiando la decoración de su nuevo despacho.
Mientras ________ le daba las llaves del coche al aparcacoches y una propina al botones que le subiría las bolsas a la suite, se preguntaba dónde podría conseguir una mesa para el espacio de trabajo que había vuelto a amueblar.
No le parecía bien aceptar la mesa de Joe, dado que ella había abandonado su nueva asociación y su recién estrenada relación. Pero sin saber por qué había pasado toda la semana imaginándose la enorme mesa de Joe en el despacho de la directora del museo. En su despacho.
Joe había dicho que era un símbolo de su fuerza.
________ vaciló de camino a la entrada del hotel que estaba más cercana al club nocturno. La solitaria que llevaba dentro le rogaba que fuera directamente a la Suite Sensualista y que disfrutara de la noche de hotel que Pauline Wolcott se había empeñado en que ________ aceptara esa vez.
Pero la nueva ________, y a partir de ese momento la única ________, necesitaba abrirse paso hasta el bar para demostrarse a sí misma que era capaz de ello. Esa vez sabía que no debía beber copas de champán que ya estuvieran servidas, ni aceptar una cita a ciegas.
________ había accedido a pasar la noche en el exótico hotel para celebrar su nuevo puesto en el museo, pero se negó en rotundo cuando Pauline le insistió a ________ para concertarle otra cita a ciegas.
En esa ocasión no se arrepentía de lo que se había puesto: una clásica blusa negra de tela calada con unos vaqueros negros desgastados y sandalias de tacón alto. Lo único que resultaba un poco más chic para la noche era que se había pintado de rosa las uñas de los pies y que llevaba unos colgantes y unas pulseras de brillantes que había encontrado esa mañana en una chamarilería. Con el sujetador en su sitio, se sentía cómoda con la ropa que llevaba.
Mientras se abría paso entre los travestís y los discotequeros que bailaban en la pista del club, ________ le pidió una Poción de la Buena Suerte a una camarera que pasó por allí mientras se preguntaba si no habría sido demasiado dura con Joe. Algo le decía que había renunciado a una relación que tal vez hubiera llegado a algún sitio. ¿Cómo podía haber tirado la toalla cuando Joe seguramente sólo había querido ayudarla; cuando Joe sólo había querido protegerla?
Mientras se sentaba en una mesa al fondo, ________ se preguntó cuánto tiempo tendría que permanecer en el Moulin Rouge para demostrarse a sí misma que podía ir a un club nocturno sin sentirse como una auténtica lerda... ¿Cinco minutos?
Cuando le llegó la bebida, ________ metió la mano en el bolso para pagarla. Sólo que parecía... ¿una cerveza?
Subió la. mirada por el cuello de la botella que agarraba una mano masculina, perteneciente a un brazo fuerte que salía de un pecho amplio y...
—¿Brody, eres tú?
La semana anterior apenas se había fijado en el empleado de Joe porque había estado demasiado ensimismada con su italiano, pero le pareció reconocer al fabricante de armarios que había estado en el patio de la casa del rancho terminando un aparador con su hermano.
El hombretón se movió con timidez.
—Me preguntaba si... Quiero decir, esperaba que no te importara tener un poco de compañía.
Sorprendida, ________ retiró un poco una silla con el tacón de la sandalia.
—Sólo me voy a quedar un momento, pero siéntate.
Brody no se sentó.
—En realidad —Brody movió los pies con timidez—, se me ocurrió que tal vez querrías subir conmigo a mi habitación —trató de sonreír, pero no le salió—. Si te apetece.
—¿Cómo dices?
Aquello resultaba muy sospechoso. El empleado de Joe llegaba al club para tratar de ligársela, sólo que no parecía como si estuviera disfrutando demasiado.
—Espera... —dijo ________ para ahorrarle que tuviera que repetirle lo mismo, cuando de pronto vio a un moreno muy apuesto con una silueta muy familiar en una mesa cercana.
La risa le hacía cosquillas en la garganta, y ________ sonrió a pesar de ella. No resultaba difícil seguir enfadada con un hombre que tenía sentido del humor.
Él alzó su botella de agua para brindar en silencio con ella, sin dejar de mirarla a los ojos. ________ experimentó entonces un escalofrío de anticipación, una oleada de emoción que no se podía permitir.
Brody retrocedió un paso.
—Tal vez debería despedirme. ________ se puso de pie y le dio un beso en la mejilla.
—Siento que te hayan coaccionado para hacer esto —le susurró al oído, pensando que conocía a la mujer ideal para aquel hombre tan callado, dulce y tan apuesto—. Si alguna vez estás sin novia, deberías pasarte por el museo de South Florida. Mi nueva ayudante de dirección es un poco tímida, pero si eso no te importa...
—No me importa —dijo con repentina emoción—. Y ahora mismo no estoy saliendo con nadie.
________ le dio una tarjeta de visita donde se leía la dirección del museo con una sonrisa en los labios.
—Entonces pásate cuando quieras.
Después de despedirse de Brody, ________ tomó el cóctel que le llevó la camarera antes de dirigirse hacia la mesa de Joe.
El magnetismo de aquel hombre la arrastró antes de que ella pudiera calcular los límites de lo propio. Se detuvo a medio metro de la mesa y fijó sus ojos en los ojos oscuros de mirada indescifrable que aquella noche la habían hechizado.
—Tenía que venir a ver por qué has torturado al pobre Brody para que tratara de ligarme esta noche.
Tal vez lo supiera ya, pero su orgullo herido le exigía cierta seguridad.
Joe se puso de pie.
—Tal vez Brody parezca callado, pero desde luego tratar de ligarte no le parecería una tortura. Te aseguro que si hubieras aceptado su proposición, se habría puesto loco de contento.
Sus palabras le hicieron sonreír.
—Sin embargo, no creo que se hubiera acercado a mí si tú no se lo hubieras pedido.
—A lo mejor quería que supieras que te creo muy capaz de resolver tus propios asuntos; que puedo dominar mis impulsos para darte espacio y que hagas las cosas a tu manera.
—¿Y qué habrías hecho si hubiera aceptado la oferta de Brody? —aunque eso fuera imposible, porque con el único que quería estar era con el que tenía delante—. Porque lo que me has dicho de él no me lo he tragado.
Él tragó saliva.
—La verdad, habría querido enviarlo lejos de un puntapié, pero ahora me doy cuenta de que con eso no conseguiría nada salvo que luego me dolieran los nudillos. Seguramente me habría conformado con emborracharme e ir luego a ver a mi hermana para desnudarle mi corazón roto.
________ se derritió un poco.
—¿Tu corazón roto?
Él fue a tocarla, pero en ese momento un grupo de juerguistas se acercó a la barra que había junto a ellos y se rompió la magia del momento. Joe hizo un gesto con la cabeza hacia la salida.
—¿Tienes un rato para salir fuera? —hizo una pausa—. Para hablar y para escuchar.
¿Cómo había podido tener tanto miedo? Sin duda enamorarse era arriesgado, pero en su caso se las arreglaría.
Al fin y al cabo, lo amaba.
La voz de Joe traspasó sus pensamientos al susurrarle al oído:
—El hotel está delante de un tramo de playa precioso.
Ella lo miró a los ojos y se preguntó si de todos modos podría negarle algo a ese hombre. Por muy autoritario que pudiera ser a veces, la fuerza de su personalidad también la animaba a correr riesgos.
Y de pronto el hecho de pasear por una playa cálida a medianoche con un hombre tan guapo al lado le pareció una sugerencia maravillosa.
La brisa húmeda del océano le recordó a ________ al paseo por los jardines Vizcaya al anochecer. Había sido tan valiente esa noche, más atrevida que nunca.
Caminaron por la pasarela de madera hasta llegar a la arena. ________ se quitó las sandalias para sentir la arena blanda bajo sus pies.
—¿Entonces no estabas dispuesta a tener una cita a ciegas esta noche?
Joe se detuvo a medio metro de la orilla. A ________, la blusa de tela calada se le pegaba a la carne.
—¿Qué quieres decir? —________ se agachó para recoger una caracola medio enterrada en la arena.
Él no podía saber nada de la cita a ciegas que la señora Wolcott le había sugerido para ese fin de semana.
—Le pedí a la casamentera de tu vecina que viera si podía juntarnos esta noche, pero me dijo después que no había podido convencerte — dejó las sandalias de ________ un poco más atrás, para que no se mojaran.
—¿Eras tú la cita que Pauline pretendía organizar para mí?
A ________ le costaba creer que su vecina fuera tan optimista después de varios divorcios; pero también tenía que admirar que la mujer tenía habilidad para aprovechar las oportunidades.
Él asintió. La luna iluminaba su expresión.
—También me contó lo de tu ascenso en el museo. Felicidades.
—Gracias —dijo, queriendo disfrutar de todos los obstáculos que se le presentaran en la vida—. No puedo creer que le pidieras a Pauline que nos juntara así.
—Me sirvió una taza de té tras otra y no dejó de preguntarme si había alguien en mi familia mayor de cincuenta. Creo que tal vez le apetezca casarse de nuevo.
________ se echó a reír mientras se decía que debía estar atenta por si conocía a algún soltero para su vecina.
—Es una persona muy dulce, pero me dijo ayer que ha tardado cincuenta años en madurar.
________ no había entendido el comentario de Pauline Wolcott cuando su vecina lo había hecho; pero en ese momento, allí a la luz de la luna con Joe, se daba cuenta de que no quería pasarse la vida averiguando quién quería ser.
Quería empezar a vivir. Y esa misma noche.
Joe observó a ________ con detenimiento y rezó en silencio para lograr convencer a esa mujer tan cauta de que él era el hombre más adecuado para ella.
Había sido demasiado inflexible, y tal vez algo reacio a cambiar por Celeste. Estaba claro que no la había amado como había querido a ________, porque ésta tenía una fuerza firme y callada y un carácter poco exigente que lo empujaba a querer cambiar por ella.
O al menos a intentarlo.
Y no estaba dispuesto a renunciar a ________.
—¿Sabes por qué quería salir esta noche? —le preguntó él mientras le retiraba la caracola de la mano a ________ y se la guardaba en el bolsillo de la camisa, para así poder agarrarla, abrazarla. Apoyó los dedos sobre sus hombros; no quería apresurarse.
—¿Esperabas que te confundiera con otra persona y te arrastrara de nuevo a la cama? —sus ojos azules brillaron con humor en la semioscuridad.
—De acuerdo, llámame arrogante si quieres, pero si tengo la suerte de volver a encontrarme en tu cama quiero que sepas quién soy —le acarició los hombros con suavidad, y deslizó las manos bajo su cascada de cabello—. ________, quería verte de nuevo para decirte lo mucho que siento no haberme dado cuenta de lo que hice la semana pasada y por haberte fastidiado ese momento tan importante para ti. Si pudiera volver atrás, te juro que encontraría el modo de tragarme la rabia y de animarte desde la línea de banda.
—¿Ah, sí? —se encogió de hombros, pero Joe sintió que se le aceleraba el corazón—. Sabes que si lo tumbaste tan fácilmente fue en parte porque yo ya le había dado una patada en la entrepierna un momento antes. Apenas si pudo sobrevivir a ello.
Joe sonrió en parte mientras se imaginaba a ________ dándole una patada a Miles Crandall, y en parte al verla tan orgullosa.
—Me imaginé que alguien debía de haberle suavizado ya un poco —dijo él.
Quería abrazarla y besarla, pero decidió que si ella lo rechazaba no podría soportarlo. Además, no le había dicho todo lo que quería decirle. Así que se aclaró la voz y fue al grano.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:55

—Sabes, no puedo prometerte que de vez en cuando no vaya a actuar impulsivamente. Pero si accedieras en algún momento a darnos una segunda oportunidad, te prometo que siempre trataré de escucharte.
—¿En serio? —ella se retiró un mechón de la cara—. Porque aunque ahora me siento más segura de quién soy y de lo que quiero, no soy de esas personas que te va a ir pidiendo a gritos lo que necesito para que sepas lo que es importante para mí.
—Cariño, puedes susurrarme lo que quieras, y te juro que me quedaré en silencio para poder escuchar lo que tengas que decirme.
Ella sonrió un poco.
—¿De veras?
Él se llevó la mano al corazón.
—Te lo prometo.
—Entonces tal vez yo no debería salir corriendo a la primera señal de peligro —inclinó la cabeza sobre su pecho—. Eso es algo que yo te quiero también prometer a ti.
Era el mejor regalo que le habían hecho en su vida. La confianza de ________.
La garra que le atenazaba el corazón cedió, y la sangre empezó a correrle de nuevo por las venas mientras sentía que ante sus ojos se abría un mundo nuevo lleno de posibilidades.
—Te quiero, ________.
Ella levantó la vista, sorprendida. Él la abrazó, empeñado en no dejarla ir, en no estropearlo.
—-Jamás he conocido a nadie a quien no tenga que gritar para darme a entender. Toda mi familia habla tanto que tenemos que gritarnos para comprendernos. Es una experiencia nueva para mí el poder hablar contigo y que me escuches.
A ________ se le llenaron los ojos de lágrimas, convenciéndolo de que se había pasado. La pobre mujer echaría a correr, mientras él y su necesidad de soltarlo todo así de sopetón se quedaban allí curando su corazón herido.
—He metido la pata, ¿verdad? —le limpió una lágrima con el pulgar.
Ella negó con la cabeza y siguió llorando.
—No. No imaginaba que cuando uno se arriesgaba recibía tanto a cambio.
Joe se inclinó para besarla, para probar sus lágrimas, sus labios dulces, su futuro.
Ella le rodeó el cuello con los brazos mientras se acercaba más a él.
—Yo también te quiero —le susurró ________ entre beso y beso.
Él la levantó en brazos, lo suficiente para dar vueltas con ella así; hasta que se quedó sin sentido de tantas vueltas y de imaginar un futuro con ________ralda a su lado.
—¿Ahora que estamos de acuerdo, puedes decirme qué tengo que hacer para que accedas a casarte conmigo? —Joe sabía que con la naturaleza firme de ________, si le decía que sí en ese momento, jamás lo dejaría plantado en el altar—. Tal vez podamos huir y saltarnos todo el rollo familiar. Podríamos hacerlo de modo discreto y romántico y... —dejó de hablar, recordando su promesa de escuchar—. Espera. ¿A ti cómo te gustaría casarte? Eso es, si quieres aceptar mi propuesta.
—Oh, desde luego que acepto —se puso de pie y le dio un codazo—. Pero nada de huir. Como no tengo mucha familia, tengo la intención de absorber la experiencia entre hermanos lo antes posible.
Ella sonrió con suavidad, con complicidad, de tal modo que Joe se dio cuenta de quién sería la que verdaderamente llevaría la voz cantante en su casa, por mucho que él gritara o hiciera.
—Espero que la nuestra sea una vida de amor, de compromiso y de familia.
Familia.
La palabra tomaba un significado nuevo y mejorado cuando ________ la decía así, con aquella sonrisa reservada en los labios.
—¿No ha reservado tu vecina una habitación aquí en el hotel? —le preguntó Joe, deseoso de estar a solas con ella—. Podríamos empezar ya con lo de la familia.
—Sólo si me prometes no volver a hablar de huir.
—Hecho —recogió las sandalias y la levantó en brazos, preguntándose ya dónde podría construir la casa perfecta—. Y voy a llevarte así el día de nuestra boda. Puedo construir una casa en seis meses, sabes. Y tendrás que decidir un montón de cosas sobre la decoración, los muebles, o cómo será la bañera de hidromasaje...
De vuelta al hotel, saboreó la mejor noche de su vida con su futura novia en brazos.
—Qué bien —reconoció ella—. Pero hay algo que me preocupa.
Él se detuvo, recordando la promesa de escucharla.
—Hazme el amor —le susurró ella al oído. Y Joe la llevó a la habitación del hotel corriendo.

Epílogo
________ralda Jonasadmiraba el tul de su vestido de boda antiguo y se preguntaba cómo habría podido tener tan buena suerte.
Mientras daba vueltas delante del espejo en el aseo de señoras del salón de baile más grande del Club Paradise donde su banquete de boda se estaba celebrando en ese momento, reconoció que la herencia de familia había sido la elección perfecta para su gran día. Había tenido la inmensa suerte de conocer a un hombre que la amaba hasta la locura, y gracias a los generosos miembros de su nueva familia también había podido disfrutar del vestido de novia que la madre de Joe había llevado cuando se había casado con su padre hacía treinta y seis años. La prenda no sólo le quedaba como un guante, sino que a ________ le había parecido increíblemente romántica y le hacía sentirse como parte de la familia.
— ¡Estás de ensueño!
La hermana de Joe, Giselle, apareció detrás de ella. Giselle, una belleza exótica de piel aceitunada, ojos marrones y cabello castaño oscuro, estaba preciosa con un sencillo vestido recto en color rosa pálido.
—A mi padre le habría encantado ver a una de las novias de sus hijos con el vestido de mi madre. Le habría llenado de orgullo.
—Me he sentido fatal por quitártelo así, Giselle —________ se había sentido mal por eso desde el principio—. Me parecía que debías ser tú quien lo llevara el día de tu boda.
—Calla —Giselle le dio unos golpecitos en el brazo con su bolso de seda rosa—. No sólo no cabría en él, sino que tengo la intención de seguir soltera.
Sacó del bolso una barra de labios color coral brillante y se los pintó mientras ________ se atusaba el cabello.
—Yo tampoco pensé que me casaría nunca. Pero cuando conoces a la persona adecuada, todo se te va al traste.
Giselle se guardó el pintalabios en el bolso.
—Para los que estáis enamorados el matrimonio está bien, pero yo tengo pensado tantear un poco el terreno si consigo quitarme de encima a mis hermanos. En realidad —bajó la voz para darle un efecto dramático—, presiento infinidad de alborotos sensuales mientras vosotros dos estáis de luna de miel.
________ se sonrió mientras salió como si flotara sobre una nube al salón lleno de familiares y amigos.
Finalmente, ________ vio a Joe, que estaba de espaldas a ella, rodeado de sus hermanos y de unos ciento veinte invitados.
Aunque hacía cuatro meses que se habían prometido, habían decidido abstenerse del sexo los diez días antes de la boca para poder apreciar mejor su primera noche como marido y mujer.
Después de cinco días, ella había decidido que no volverían a separarse. Jamás.
Él se dio la vuelta cuando ella se aproximaba, tal vez al percibir sus pensamientos provocativos.
—¿Estás lista para cortar la tarta? Nico va a empezar a babear si no le damos pronto un pedazo.
Sin duda los otros tres Jonasestaban junto a la mesa donde se encontraba la tarta nupcial. Vito, el mayor de los Jonasque había criado a sus hermanos tras la muerte del padre, ya tenía en la mano el cuchillo y una espátula de plata. Era más callado que los alborotadores de sus hermanos, pero poseía la intensidad en la expresión propia de un hombre empeñado en ganar todos los trofeos de los circuitos de carreras europeos.
Vito finalmente alzó una mano para acallar a los invitados.
—Un poco de respeto por la novia —le ordenó a sus hermanos mientras con una fioritura le pasaba a ________ el cuchillo para cortar la tarta—. Éste es su día, no el nuestro.
Entre flashes y risas, ________ y Joe consiguieron cortar la preciosa tarta y darse el uno al otro sendos pedazos del pastel de vainilla, limón y almendras.
Los músicos empezaron a tocar de nuevo mientras Giselle cortaba la tarta con habilidad e iba pasando platos a la pequeña multitud de familiares de los Jonasque habían asistido a la boda. ________ sólo había llevado a su madre, a unas cuantas amigas del colegio y algunos compañeros del museo, incluida su nueva asistente de dirección con un sonriente Brody del brazo. La señora Wolcott interpretaba a ratos el papel de madre de la novia, cuando la propia madre se sentía demasiado tímida, asegurándose de que todo el mundo estaba servido.
Había estado demasiado ocupada para fijarse en los tíos italianos, aunque tal vez más tarde...
—¿Quieres bailar? —la voz de Joe rompió la ensoñación de felicidad, y su acento ronco despertó de nuevo en su estómago el revoloteo de la anticipación.
________ dejó en una mesa el plato de la tarta y se abrazó a él.
—No puedo creer que estemos casados —lo miró a los ojos mientras le colocaba el brazo en el hombro.
¿Cómo era posible que todo hubiera ocurrido tan deprisa?
—Te va a encantar la casa nueva.
Tenía a un equipo de construcción trabajando sin parar en su pequeño solar en Coral Gables desde hacía cuatro meses. Afortunadamente, toda vez que su negocio de reproducciones antiguas estaba floreciendo, podrían permitirse pagar a los hombres que estaban dejándose la piel para que todo estuviera listo a su regreso de su larga luna de miel en Roma.
—Sin duda. Aunque tal vez me guste todavía más tenerte a mi servicio durante un mes —le deslizó la mano por el pecho con suavidad y la metió debajo de la chaqueta.
—Si quieres disfrutar del resto de la velada, no debes hacerme eso —le advirtió Joe.
Ella se acercó un poco más para apreciar mejor su cuerpo.
—Tal vez esté lista para mi noche de bodas. Joe apoyó la frente sobre la suya y cerró los ojos.
—Unos cuantos bailes más y nos largamos. Me muero por tenerte para mí sola.
________ sonrió al pensar que no era ella la única que sufría de una sobrecarga de deseo. Lo deseaba tanto que le pitaban los oídos.
No, un momento.
Le pitaban los oídos porque unos ciento veinte invitados estaban tintineando con los cubiertos en las copas y las tazas.
—Parece que al menos nos dan permiso para besarnos.
Ella hizo una pausa, al tiempo que el mundo de felices familiares, luces y flores se desvaneció para dejarle sólo a Joe.
Sin duda el hombre de sus sueños.
El corazón le latía con fuerza en el pecho mientras él ladeaba un poco la cabeza para besarla de tal modo que todos los asistentes empezaron a aullar y vitorear.
Una dicha inmensa bullía en su interior, acompañada de un intenso y apasionado deseo por su recién estrenado marido.
Y entonces se dio cuenta de que acababa de tomar la decisión correcta número uno: casarse con su apuesto italiano.

Fin
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