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 UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS

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angenick
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MensajeTema: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 17th 2010, 14:57

Género: Contemporáneo
Protagonistas: Joseph jonas y ________

Argumento:


Nada más verla, Joseph jonas supo que debía protegerla. Si para ello tenía que fingir ser su cita a ciegas, lo haría. Pero antes de que pudiera dejarla a salvo, ella le susurró una sugerencia al oído que hizo que le resultara muy difícil seguir adelante con su misión, pues lo único en lo que podía pensar era en estar con ella entre las sábanas.
________ había decidido convertirse en una seductora, y en cuanto vio al hombre con el que tenía la cita decidió que tenía que pasar la noche con él. ¡Lástima que no fuera un hombre apropiado para ella! Aunque sus besos le decían que aquello no era ninguna equivocación...
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 17th 2010, 15:12

FIRST READERR!!

me gusto la sinopsis...
espero ke la sigas pronto...
cdt biee!!
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laietha_nickjonas!
Nuev@


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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 17th 2010, 16:16

me gusta!!1 sigueeee por cierto new lectoraa
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jessiika
Nuev@


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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 17th 2010, 17:00

me enkanata!
de vdd siguela Right Now!!

please =D
la espsero y espero un kapii laaaaaargo!
jeje
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angenick
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 17th 2010, 18:49

Capítulo 1
Decisión errónea número cinco mil treinta y ocho: ir demasiado vestida.
________ralda________ se balanceó hacia atrás sobre las sandalias de tacón bajo mientras suspiraba y observaba el desfile de cuerpos semidesnudos que avanzaban pavoneándose por Ocean Drive hacia la nueva y ostentosa discoteca, que era precisamente adonde ella se dirigía esa noche.
Aunque las manillas de su reloj de plata y turquesas marcaban las once y media pasadas, la bien iluminada calle bullía con actividad. Los peatones llegaban al Club Paradise de todas las direcciones, como si todo South Beach buscara la oportunidad de conocerse y relacionarse en el garito más de moda y más subido de tono de todo Miami.
Y cada persona que miraba ________ llevaba puesta mucho menos ropa que ella.
Diantres. ¿Cómo podía haber cometido un error tal después de pasarse por lo menos cuarenta y cinco minutos decidiendo qué ponerse para aquella ridícula cita a ciegas?
________ se pasó la mano por la tela de fina seda de su vestido, un vestido de gitana antiguo que había encontrado en una tienda de segunda mano durante una de sus salidas por las tiendas de antigüedades.
Ella nunca había tenido nada tan sexy como la prenda de gasa que llevaba en ese momento; aunque comparado con los sensuales atuendos que vestían todas las chicas que hacían cola para entrar en el Club Paradise, el suyo pareciera el uniforme de una colegiala.
De nuevo, ________ se había equivocado. En las semanas que habían trascurrido desde que se había quedado sin trabajo, había perdido el coche, un poquito de autoestima y encima de todo el sueño de su vida, ________ había tratado de comportarse con el mínimo de sensatez. De hecho, después de la explosión acaecida en su otrora ordenada existencia, se había dado cuenta de que todas las decisiones que había tomado hasta entonces habían desembocado precisamente en que acabara perdiendo su trabajo, su coche, su autoestima y el sueño de su vida. Por esa misma razón no podía confiar en lo que le dijera el instinto.
Lo cual explicaba su nuevo deseo de hacer precisamente lo contrario a lo que le dictara la conciencia.
Anteriormente nunca se le habría ocurrido concertar una cita a ciegas; pero en el presente, mientras vadeaba entre los escombros de su antigua existencia, había decidido que tal vez debería probarlo. Había aceptado el amable intento de celestina de su vecina y accedido a citarse con el sobrino de la mujer en el Salón Moulin Rouge del Club Paradise.
Estupendo.
De pie en la esquina de la calle donde el autobús la había dejado, mientas dudaba si debía o no hacer algo con su vestido, ________ fue empujada por un grupo de jóvenes. Se apartó a un lado rápidamente, diciéndose que tenía que dejar de soñar despierta para centrarse en lo que pasaba a su alrededor. Uno de los tipos emitió un suave silbido al pasar junto a ella, como si estuviera llamando a un gato. ¿Acaso aquel hombre estaría tratando de insultarla con sus modos? Dios, estaba tan poco enterada de lo que pasaba en el mundo real. Hacía años, desde que se había graduado, que no había salido con un chico; e incluso en aquella época sólo había salido con empollones de historia que eran tan ineptos a nivel social como ella.
Pero todo eso se había terminado.
Esa noche marcaba un hito en la vida de ________; una manera de pensar distinta; una nueva actitud que la impulsaba a llevar las riendas de su vida. Había pensado que el modo de pararle los pies al sobón de su ex jefe sería abotonándose todos los botones de las camisas. Pero aquel hombre pulpo había debido de entender con su gesto que ella estaba llena de inseguridades y que podía servirse a gusto.
________ sintió que le subía la bilis por la boca del estómago al pensar en esos momentos en los que había quedado atrapada a la fuerza y la horrible desgracia en la que había desembocado su resistencia. En pocos días la había despedido por acoso sexual, a pesar de haber sido ella la acosada, y no al contrario. Utilizando sus habilidades en el campo de la informática, su ex jefe haba conseguido manipular los ordenadores de la empresa para que imprimieran correos electrónicos repletos de contenidos obscenos, que supuestamente ella le había enviado a él. Y allí estaba, una semana después, enfadada y sin empleo.
Pero lista para llevar a cabo unos cuantos cambios en su vida. Retrocedió a las sombras de un callejón entre dos de los edificios históricos de estilo art decó en tonos pastel de South Beach para hacer unos arreglos de última hora en su vestimenta antes de acudir a su cita. En la pequeña bolsa de aseo que planeaba dejar en la habitación del hotel antes de su cita de medianoche no había metido ropa de recambio, salvo la que pensaba ponerse al día siguiente.
Y, francamente, ni siquiera quería cruzar la calle tal y como iba vestida en ese momento. Tal vez si se quitaba otra prenda consiguiera sentirse algo más atrevida.... y mucho más desnuda.
Se metió la mano debajo de la blusa, se desabrochó el sujetador de encaje blanco y se lo quitó. Sus pechos eran pequeños y apenas necesitaban el sostén de la prenda, y de algún modo ir sin sujetador le parecía mucho más atrevido que enseñar un poco la tripa.
La vieja ________ nunca se habría arriesgado de tal modo. La nueva ________, planeaba hacer precisamente lo contrario.
Tras tirar el sujetador sobre un contenedor de basura de acero inoxidable, ________ralda________ se preparó para ir en busca de su cita, un tal señor Hugh Duncan, periodista de profesión, con una actitud muy seria.


—Joe, ninguna mujer va a aprovecharse de ti si no cambias esa actitud tan anticuada que tienes —Giselle Cesare, jefe de cocina del Club Paradise y copropietaria de la popular discoteca, removió la salsa de teriyaki y miró con fastidio a su hermano mayor.
— ¿Desde cuándo ha sido mi misión en la vida que me echen el guante?
Joe estaba apoyado contra el marco de la puerta medio abierta de la cocina del local, era casi la hora de cerrar la cocina hasta el día siguiente, y contemplaba los cuerpos que se retorcían en la pista de baile del Salón Moulin Rouge.
Se dio la vuelta para meterle el dedo entre las costillas a la bocazas de su hermana y robar un trozo de pan crujiente de la barra que había en el mostrador a su lado.
—Además, desde lo de Celeste me quité de estar con mujeres, ¿es que ya no te acuerdas?
Había estado prometido con una mujer que se había criado como él, siguiendo la tradición italiana; pero incluso ella se había echado atrás en el último momento sólo de pensar en un compromiso de por vida. Según Celeste, no podía permitir que su primer amante fuera el último.
Él no se lo echaba precisamente en cara, pero desde luego le habría gustado que le hubiera informado de tal decisión antes de presentarse en la iglesia vestido de esmoquin.
No. No tenía ninguna prisa porque nadie le echara el guante. Se metió el pan en la boca y continuó observando los eróticos cuerpos semidesnudos de la pista. Aunque la cocina dejaba de funcionar oficialmente a medianoche, la actividad en la cocina principal no cesaba hasta la madrugada gracias al servicio de habitaciones permanente y al trabajo de preparación que necesitaba llevarse a cabo para que los tres restaurantes del hotel pudieran dar los desayunos.
A pesar de la emocionante acción de la pista, Joe no estaba allí para contemplar a los bailarines. Las pocas noches que no trabajaba en su taller de carpintería solía pasarlas en el Club Paradise para echarle un ojo a su hermana pequeña, aunque esa noche hubiera una tarea añadida. Más tarde debía encontrarse con Nico, su hermano mayor, para hablar de algunos asuntos económicos de la familia Jonasy sobre cómo diablos iban a cubrir los gastos de la Facultad de Derecho de su hermano pequeño sin irse a la quiebra. Joe trabajaba muchas horas al día. Necesitaba idear el modo de sacar al mercado un producto de mayor calidad, más de lujo, para satisfacer las necesidades de una clientela de más alto nivel; pero de momento no había encontrado el modo de conseguirlo.
—Oh, por favor. ¿Ahora eres Joseph jonas el monje? —Giselle cubrió con poco de salsa los recién preparados tallarines con espinacas y los pedazos de pollo—. No vayas a contarme que has jurado no volver a acercarte a una mujer. Hace seis meses que Celeste se marchó a Roma. La vida sigue.
— ¿Y tú eres acaso la gran experta en desengaños?
Joe le había mencionado a Giselle sus nuevas preocupaciones económicas, sabiendo que su hermana ya se sentía lo bastante culpable por gastarse lo que le había tocado en la herencia en la inversión que había hecho en el Club Paradise. Y aunque la idea de que Giselle tuviera su propio negocio donde poder dar rienda suelta a sus habilidades culinarias le había parecido estupenda en un principio, ninguno de los hombres Jonashabía imaginado que ella fuera a preparar brochetas entre cuerpos semidesnudos en el club más atrevido de South Beach.
Giselle adornó los platos de teriyaki con una cáscara de naranja en forma de tornillo y un buen pedazo de crujiente pan candeal mientras Joe avisaba a uno de los camareros.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 17th 2010, 18:50

la sigo---!!!?????????????
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 18th 2010, 00:05

sysysysysysysysysysy!! siiGueLaah! qq' espeeras!
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 18th 2010, 00:06

ppOr ciierttO Nueva LeecttOraah! espeerO qq' anndes bn n___________n
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 18th 2010, 11:56

—Lo reconozco, es cierto. No soy ninguna experta ya que gracias a ti los hombres no se acercan lo bastante a mí como para romperme el corazón —alzó la vista hacia él; tenía la frente húmeda del vapor de la cocinilla.
—Sólo porque el último tipo con el que saliste no te rompiera el corazón no significa que no te hiciera sufrir mucho. Perdóname por intentar que eso no vuelva a ocurrir.
Un asqueroso que estaba casado había mentido a Giselle ocultándole la verdad y diciéndole que era soltero, y se la había llevado por ahí de viaje el invierno pasado. Joe aún no se había perdonado a sí mismo por no haber sabido cuidar de su hermana mejor.
—Tengo derecho a equivocarme, maldita sea. Tú y Nico lleváis agobiándome desde entonces con esta vigilancia en plan hermanos mayores. Si no os engancháis a alguna mujer que os distraiga, tal vez tenga que terminar estrangulándoos.
—Lo siento, hermana. Los hombres de la familia Jonasno echan a sus hermanas a las fieras, y este sitio tuyo está repleto de ellas —se quedó un plato de teriyaki para él y un pedazo de pan—. Pero como me estás dando de cenar esta noche, te daré un respiro y te dejaré sola una hora.
Giselle le dio un empujón hacia la puerta.
—Estoy segura de que Nico y tú estáis haciendo de perros guardianes para poder comer gratis. ¿Tratarás por lo menos de mostrarte un poco más encantador y un poco menos duro mientras comes, a ver si viene alguna chica agradable y decide secuestrarte durante unos días?
Joe agarró una botella de agua antes de salir de la cocina y acceder al local.
—No me interesa una mujer que pueda secuestrarme. Son los neandertales los que tienen que hacer eso.
Mientras las pesadas puertas de metal se cerraban, oyó que Giselle lo llamaba cerdo chovinista y sonrió. Lo de siempre.
La música disco inundó sus sentidos mientras avanzaba entre al gente en busca de una mesa. Las conversaciones y las risas lo envolvieron, haciéndole olvidar sus pensamientos.
Aunque Joe no hizo intención de mostrarse encantador mientras cenaba sentado a la mesa de un reservado al fondo de la sala, en dos ocasiones se le acercaron varias mujeres de aspecto tentador. Parte de él respondió a sus francas insinuaciones y a sus ajustados atuendos. Después de todo hacía ya seis meses de lo de Celeste. Al cuerno con los valores anticuados; su hermana no se había equivocado al decir que no era ningún santo.
Pero tenía más cosas en la cabeza aparte del sexo, a pesar del ritmo sensual de la música de blues que inundaba el local y el remolino de luces azules y rojas que rotaban sobre su cabeza. Cuando el reloj que había detrás de una de las barras marcó la medianoche, Joe se dijo que necesitaba mejorar para alejar a los buitres de la puerta de su hermana: una obligación sagrada que en el lecho de muerte el padre les había impuesto a sus hermanos y a él. Y, sobre todo, tenía que dilucidar cómo iba a pagar los estudios de su hermano pequeño mientras el resto de la familia se hacía de una profesión.
Estaba claro que le hacía falta un segundo empleo aparte de su taller de carpintería, pero...
Santo cielo.
Joe dejó de pensar en los números para centrar su atención en la pista de baile. La escena que hacía unos momentos había consistido en una aglomeración de traseros en movimiento y muslos al aire se volvió un poco más interesante cuando una rubia menuda vestida como el hada en una obra de teatro del colegio apareció entre tanta carne.
En dos segundos Joe la clasificó en el grupo de las mujeres con gafas y moño. Su vaporoso vestido de color lavanda parecía uno de ésos que otras mujeres llevaban a misa. Sin embargo allí estaba ella, paseándose por el club nocturno más exótico de todo South Beach con una falda por el tobillo.
Caminaba como una profesora de colegio. Muy decoroso. Ningún movimiento de caderas ni de brazos. En realidad, parecía ocupar el mínimo espacio en la pista, por donde se iba abriendo paso como podía, con los hombros encogidos con delicadeza y los ojos muy abiertos, como si el ambiente sexual de la sala la sorprendiera.
Para Joe, desde luego, ella destacaba entre tanta gente con ropa ceñida y tacones de aguja.
Claro que parecía ser el único que se había fijado.
Mientras la seguía con la mirada, y ella continuó avanzando entre hombres y mujeres que coqueteaban desenfrenadamente, se dio cuenta de que nadie más se había fijado en la incongruencia de la presencia de aquella criatura reservada en medio de esa jungla urbana.
La joven no parecía en absoluto preparada para manejárselas en un mercado de carne tan manifiesto como aquél. ¿Maldita sea, dónde estaría su hermano mayor?
Joe se puso de pie rápidamente y le pasó su plato a un camarero que pasaba por allí antes de avanzar hacia la pista de baile, olvidándose totalmente de un posible segundo empleo o de la Facultad de Derecho de su hermano.
Se dijo que no se trataba de que aquella mujer lo atrajera. Sólo que el hombre protector que llevaba dentro no podía soportar ver cómo su inocencia quedaba aplastada por los lascivos ligones de bar que poblaban el local.
Ya se había fijado en un pulcro donjuán que iba hacia ella con dos bebidas en la mano. Y estaba claro que aquel hombre no conocía a la rubia de ojos grandes. Joe había visto a aquel Romeo en particular en el club todas las noches que había ido allí a ver a Giselle en el último mes. En una ocasión, Nico había echado al tipo agarrándolo de una oreja por bailar de manera agresiva con una mujer que claramente no había deseado su compañía.
Joe se terminó la botella de agua y la dejó en la barra sin quitarle ojo a la barracuda de traje de seda que acechaba ya a la dama inocente. A Giselle no le importaría en absoluto si no volvía a la cocina hasta pasada otra hora.
Le podía llamar chovinista o lo que quisiera, pero tenía toda la intención de entrometerse en lo que estaba a punto de ocurrirle a la rubia; al menos hasta que la convenciera de que aquellas aguas infestadas de tiburones no eran lugar para ella.
El que hubiera jurado no volver a estar con una mujer no quería decir que no pudiera ayudar a una dama en apuros. Ni que no pudiera presentarse después de haberle echado una mano. Después de todo, tenía sangre en las venas; y, maldita sea, no era ningún santo.


________ralda se preguntaba si sería ya demasiado tarde para echarse atrás con aquella cita a ciegas, cuando vio a un hombre con un elegante traje de seda negro que se acercaba a ella con dos copas en la mano. Tenía el mismo atractivo perfecto que su ex jefe, una asociación que inmediatamente le produjo unas náuseas que no hicieron más que aumentar su desazón.
Sin embargo, se obligó a quedarse quieta, a no dar rienda suelta a sus deseos y salir corriendo de allí. Si ese tipo resultaba ser Hugh Duncan, encontraría el modo de sobrevivir. Aunque sospechaba que sería más fácil superar la velada si se hubiera dejado el sujetador puesto. A ese paso, acabaría echando los hombros hacia delante toda la noche para ocultar sus pechos.
Aunque a lo mejor la persona con la que estaba citada resultaba ser muy agradable a pesar de la fuerte bocanada de olor almizclado de su colonia que le llegó antes de llegar él.
Su encantadora vecina, la señora Wolcott, le había asegurado que Hugh era un auténtico caballero.
________ se puso derecha al tiempo que el hombre se acercaba a ella por la derecha y abría la boca para dirigirse a ella. Sólo que en ese momento otra voz lo interrumpió.
—He estado vigilándola —dijo una voz ronca y masculina que surgió a su izquierda.
Por miedo a no seguir el progreso completo de Hugh Duncan, no se había fijado en absoluto en ese otro hombre.
Una verdadera pena, teniendo en cuenta de que el recién llegado parecía como un chico de calendario. Ella jamás había tenido uno de ésos, pero en las muchas horas de su vida que se había pasado metida en librerías, ________ había visto de reojo algunos calendarios de chicos. Aquél, con su pelo negro, sus ojos aún más negros y su sensual piel morena, debería de haber estado en uno de esos calendarios de «macizos italianos».
Eso no quería decir que se acordara de ningún título favorito ni nada...
— ¿Estabas buscándome? —se preguntó si su tono de voz encerraría inconscientemente cierta ilusión.
Miró al tipo elegante y de aspecto baboso que se había tomado la libertad de pedirle una copa y al macizo italiano de músculos como rocas y ni un atisbo de agresividad en su lenguaje corporal, y cruzó los dedos mentalmente para que el segundo fuera Hugh Duncan.
Se volvió a mirar hacia la izquierda, tratando de librarse del olor a colonia del que tenía aspecto de mafioso.
—Me llamo ________. ¿Eres Hugh?
El tipo de su derecha se puso tenso y se alzó de puntillas sobre sus brillantes zapatos de cuero mientras le plantaba la copa debajo de las narices.
— ¿Eh, ________, qué te parece si nos vamos a hacerlo a la playa?
________ hizo un gran esfuerzo para no voltear los ojos. Incluso los empollones de la Facultad de Historia habían evitado siempre ese tópico tan manoseado. Sintió curiosidad y pensó en preguntarle al tipo si aquello le había funcionado antes, pero el otro tío alto, moreno y guapo se metió entre medias de los dos, de frente a ella.
—Soy yo a quien buscas —apartó la copa del otro sin mirarlo mientras con delicadeza conducía a ________ hacia el fondo del local, lejos del otro hombre.
Muy presuntuoso por su parte. Eso... y bastante sexy.
Por una parte ________ agradecía su intervención, dado que la colonia del otro había empezado a provocarle cierto dolor de cabeza; pero por otra no le gustaba que nadie la llevara así como si fuera un perrillo.
La nueva ________ralda tenía toda la intención de hacer las cosas como le apeteciera y seguir su camino en la vida.
Se detuvo justo antes de llegar a la mesa apartada y se negó a continuar avanzando hasta que le hubiera plantado cara a Rambo. ________ se dio la vuelta impulsivamente; pero en cuanto tuvo delante a su rescatador volvió a sentir el efecto de su poderoso atractivo: el color bronceado de su piel, esos ojos tan oscuros y el cabello ligeramente largo. Su rostro esculpido quedaba suavizado tan sólo por la sensualidad de unos labios firmes.
Y a pesar de la seria competición que las fe-, minas lidiaban a su alrededor, ese tipo se había fijado en ella y se había quedado el rato suficiente como para sacarla de una situación peliaguda. La noche no parecía presentarse mal.
Se aclaró la voz y trató de recordar la descripción de Hugh que le había hecho la señora Wolcott; pero no fue capaz. Cualquier idea preconcebida que hubiera podido hacerse de Hugh había quedado reemplazada por la silueta limpia y perfilada del hombre que tenía delante.
— ¿Lo siento, pero no me había dicho que era mi ligue?
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 19th 2010, 14:10

— ¿Es que tiene una cita a ciegas? —le preguntó él con el ceño fruncido—. ¿Pero qué es esto? ¿Un mercado de carne?
Qué descripción más estupenda de aquel lugar. El Club Paradise era un local bonito y exuberante, elegantemente decorado e iluminado de manera muy estudiada, pero el ambiente en la sala era un tanto... sexual, por decirlo de algún modo. La señora Wolcott se había ofrecido pagarle a ________ una habitación allí donde poder retirarse tranquilamente si su cita no funcionaba.
—Es un mercado de carne, ¿no?
Él gruñó algo ininteligible entre dientes acerca de un grupo de gente que bailaba con movimientos alocados y que vestían tan sólo con plumas blancas colocadas estratégicamente.
Ella notó con interés que su mirada no se deleitó con la exposición de los cuerpos femeninos que le pasaron casi por delante de las narices. Si acaso, era ella la que había mostrado más interés por los emplumados bailarines del que parecía mostrar él.
La emoción de conocer a un verdadero caballero, algo muy raro de encontrar en esos días, le hizo sentir un cosquilleo de calor que le bajó hasta los dedos de los pies. Y él se había dado cuenta de que ella había concertado una cita a ciegas; estaba claro que había encontrado a su hombre.
— ¿Si el Club Paradise le parece un local de ligue, por qué ha venido aquí esta noche?
—No habría sido mi primera elección, de eso estoy seguro. ¿Con quién ha dicho que había quedado?
Él miró a su alrededor con fastidio, como si le costara verse allí en medio de la pista.
—Con Hugh Duncan.
Ella tomó una copa de champán de las que estaban preparadas junto al surtidor del dorado líquido en un extremo de la barra y dio un sorbo.
El Moulin Rouge ofrecía a sus clientes femeninas champán hasta la una de la madrugada, según decía un cartel en la entrada. Hacía unos minutos se había tomado ya una copa, pero el nerviosismo que la comía por dentro y la emoción que le provocaba el hombre que tenía al lado le urgieron a darse un poco más de libertad. Con los rápidos latidos de su corazón y la respiración acelerada y ligera, el efecto sedante del alcohol resultaría más que un poco agradable.
—Me alegro tanto de haberle conocido. Me siento mejor ahora que tengo a alguien en quien confiar.
Él se quedo callado tanto rato que ________ vaciló antes de dar otro sorbo de champán.
—Esto es, teniendo en cuenta que sea mi ligue de esta noche, claro.
________ sintió de pronto un gran nerviosismo. Si resultaba de pronto que aquél no era Hugh, le daría mucha vergüenza.
Él le cubrió la mano con la suya y le retiró la copa con un movimiento rápido y hábil justo cuando ella se la llevaba a los labios. El roce de su piel despertó en ________ un deseo que tal vez llevara demasiado tiempo adormecido, porque le resultaba totalmente nuevo.
— ¿Por qué no me deja que la invite a una copa? —le dijo el guapo moreno con gesto serio y tono suave.
El gesto resultó inocente y tremendamente íntimo. Al mirarlo a los ojos vio que los suyos, negros y brillantes, la miraban también a través de la luz azulada y roja de los focos. Durante unos breves instantes, todo pareció quedar suspendido.
—Y, desde luego, puedes estar segura de que soy tu cita de esta noche, ________.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Mayo 19th 2010, 14:11

ay chicas. bueno creo q no les gusto..! Sad
bueno esta bien no la seguire si no kieren
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:47

Capítulo 2
Joe le retiró a ________ la copa de champán de la mano muy despacio para no parecer demasiado dominante o controlador. ¿Acaso ella no sabía de los peligros de tomarse cualquier cosa servida previamente en un club lleno de gente?
Tendría que hablar con Giselle para que no colocaran copas de champán encima del surtidor. Las copas estaban colocadas en un sitio donde cualquiera tenía acceso; y ésa no era buena idea en un local donde las drogas se utilizaban muchas veces para poder después violar a las chicas. Bastaba medio segundo para que cualquier desalmado le añadiera un poco de polvo a una copa, y los que iban por allí a menudo lo sabían y tenían cuidado.
Pero ________ralda________ no.
Su inocencia resultaba totalmente peligrosa.
La empujó suavemente con la mano en la cintura y la condujo hacia la mesa al fondo del local donde él se había sentado un rato antes. Por encima de su cabeza llamó con un gesto de la mano a uno de los camareros de Giselle.
— ¿Por qué no dejas que te pida algo que te sirvan delante? —dijo mientras echaba mano del encanto Jonaspara poder mantener a ________ fuera de la pista—. Mi hermana es una especie de maga de la comida y la bebida, y trabaja allí dentro en la cocina. ¿Y si le pido que nos prepare algo un poco más exótico?
________ pareció sopesarlo un momento. Entonces esbozó una sonrisa que a él le resultó algo forzada.
—Sí, claro. Algo exótico es precisamente lo que busco esta noche.
Que Dios se apiadara de él.
Si le hubiera dicho eso mismo al donjuán borrachete que había tratado de arrinconarla hacía un rato, el tipo la habría sacado del local y la habría llevado a su habitación en menos de cinco minutos.
Aparentemente, ________ no tenía ni la más remota idea de cómo protegerse en un ambiente como aquél.
Y aunque Joe no había tenido la intención de dar a entender esa noche nada distinto, tampoco pensaba permitir que ________ vagara por el local sola en busca de su estúpido Romeo.
¿Y qué clase de imbécil quedaba con una mujer por primera vez en el club más escandaloso y de moda de South Beach? Sin duda un tipo que no la merecía, de eso estaba seguro. Bien pensado, tal vez las intenciones del tal Hugh no fueran demasiado buenas.
Mientras ________ y él ocupaban los asientos que rodeaban la mesa redonda del reservado al fondo del local, Joe le pidió a la camarera un par de Pociones de la Buena Suerte, la creación más reciente de Giselle.
Disfrutaría tomando una copa con ________ hasta que pudiera meterla en un taxi que la llevara de vuelta a casa. Podría justificar el no haberle dicho la verdad con la certeza de que lo hacía para protegerla. Desde luego, no lo hacía porque tuviera en mente hacer algo con ella.
Aun así, con la intención de evitar más preguntas sobre su persona, Joe pensó que lo mejor era tomar las riendas de la conversación.
—________ es un nombre estupendo —dijo de pronto.
De acuerdo, sus habilidades en el campo del coqueteo estaban algo minadas y sin duda necesitaba ________rarse un poco más, pero era lo mejor que se le había ocurrido así de sopetón.
—Es el diminutivo de ________ralda, que me resulta demasiado largo —sus ojos azul violeta parecían asimilar todo lo que ocurría a su alrededor con el interés pasivo de una mujer acostumbrada a observar en lugar de a participar—. Mi madre pensó que le pondría a su hija un nombre exótico que estuviera a la altura de las expectativas —________ se encogió de hombros, y Joe no pudo menos que fijarse en su hombro desnudo—. Pero hasta el momento no ha habido suerte. Soy una licenciada en Historia del Arte sin empleo y mi mayor afición son las antigüedades. No soy muy aventurera, que se diga.
Joe la miró disimuladamente con esa nueva información en mente. Pero lo que de pronto le distrajo fue la silueta de su cuerpo bajo el vestido y...
Santo cielo.
¡Debajo del vestido iba desnuda! Menos mal que no estaba dando un trago en ese momento, porque de otro modo se habría atragantado. Afortunadamente, la camarera apareció en ese mismo momento con la bandeja cargada con dos copas del exótico cóctel que su hermana le había pedido que probara precisamente la noche antes. La mezcla de zumos de frutas naturales, ron y quién sabía qué más, adornada con una galleta, le había parecido deliciosa.
________ fue a probar su cóctel, y el movimiento le ciñó a los pechos la fina tela de seda color lavanda. Joe pudo comprobar que sus senos eran como dos manzanas pequeñas, coronadas con pezones oscuros y apretados.
La inesperada oleada de deseo le alertó de que una mujer muy atractiva estaba al alcance de su mano. Sintió un calor suave que lo recorrió de arriba abajo, se le aceleró el pulso y notó que su cuerpo se preparaba... para la acción.
Estupendo. Aquello era exactamente lo que menos necesitaba. Él intentando ser noble, y en dos segundos su cuerpo lo traicionaba y empezaba a despertar.
¿Cómo podía haber pensado en algún momento que su vestido resultaba púdico?
—Estoy seguro de que sí que estás a la altura de tu nombre —dijo Joe en tono ligeramente ronco.
Tal vez la decisión de no tener relaciones sexuales en tanto tiempo no había sido la más acertada. La castidad que se había impuesto a sí mismo en los últimos meses le estaba restando la necesaria objetividad.
—Te arriesgaste a aceptar una cita a ciegas esta noche —continuó Joe—. Para eso hay que tener un sentido de la aventura bastante acentuado.
—Tal vez un poco —ella bebió un poco de cóctel con la paja y saboreó la mezcla—. Mmm. Felicita a tu hermana de mi parte. Está delicioso. Mucho mejor que el champán.
Se inclinó hacia delante para dar otro sorbo, y de nuevo sus pechos asomaron bajo la tela del vestido. Joe no los veía con total claridad ya que ella estaba sentada enfrente de él, un poco hacia su izquierda, pero su imaginación le proporcionó lo que no podía ver con los ojos.
— ¿Eres licenciada en Historia del Arte?
Conversación, debía pensar en un tema de conversación adecuado. Se negaba a trasformar-se en un hábil ligón sólo porque hubiera visto la forma de sus pechos bajo la tela del vestido. Sería capaz de mantener una conversación inteligente aunque ________ no llevara sujetador. Al menos, eso esperaba.
—Acabo de dejar un puesto en el Museo Histórico de South Beach donde he trabajado durante cinco años. Nos centrábamos en la conservación de la cultura de Florida y recientemente habíamos montado una muestra de arquitectura autóctona —dejó de hablar un momento cuando las luces se hicieron más tenues y la música cambió a un ritmo de salsa; los clientes que había en la pista empezaron a retirarse para dejar sitio para el espectáculo que tenía lugar cada hora—. ¿Y ahora qué pasa? —dijo ella inclinándose hacia él y susurrándole sus palabras al oído.
Joe experimentó una sensación por dentro difícil de describir al sentir el aliento cálido de ________. ¿Qué tenía un susurro que con tanta facilidad creaba un velo de intimidad entre dos personas?
—Hay un espectáculo en la pista de baile cada hora. Algo parecido a los espectáculos que dan en Las Vegas, y con muchos...
Con muchos cuerpos medio desnudos, cuerpos de mujeres pintados, plumas transparentes en lugar de braguitas...
—Un espectáculo con muchos disfraces —terminó de decir Joe.
Muy pronto lo comprobaría por sí misma. El desfile de cuerpos de mujer perfectos cubiertos de sutiles plumas blancas ya empezaba a avanzar por el local hacia la pista de baile. Nico y él llevaban semanas tratando de convencer a Giselle de que aquel club donde el sexo se mascaba en el aire no era el sitio más adecuado para que una joven trabajara, pero de momento no habían tenido ningún éxito.
Joe ignoró totalmente el desfile de cuerpos desnudos y se centró más bien en la reacción de ________, hipnotizado por la transparencia de su expresión que fue primero de sorpresa, después de emoción y finalmente de placer, al tiempo que observaba los movimientos sensuales que interpretaban las bailarinas del Moulin Rouge.
________ se sonrojó en cuanto la primera bailarina dirigió una pierna en dirección suya. De sus labios suaves entreabiertos se escapó un leve gemido de admiración al ver que la otra mujer se acercaba a pocos centímetros de su mesa sin dejar de llevar acabo sus movimientos sensuales.
¿Sería ________ralda________, que según ella jamás había estado a la altura de un nombre tan emocionante, tan inocente como parecía? Tenía que tener unos veintiocho o treinta años si decía que llevaba cinco años trabajando de historiadora en el museo. ¿No exigía esa profesión estudios de doctorado? Sin duda no podía ser tan inexperta.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:48

Pero había en ella una inocencia innegable, un asombro inesperado que a Joe le resultaba increíblemente atractivo.
Tantas mujeres con las que había salido se mostraban tan claras en cuanto a sus deseos sexuales, tan dominantes en ese aspecto. La mentalidad de cómo se debía ligar en esos días parecía ser la de querer algo y quererlo ya. ¿Acaso era un machista por pensar que la prisa o el deseo de las mujeres por llevar el control en la cama se había perdido cierto deseo de dejarse llevar, cierto capricho por probar cosas nuevas?
La espontaneidad parecía algo que pertenecía al pasado. Sin embargo, parecía que tal vez ________ pudiera poseer esa cualidad. Qué lástima que él no fuera a poner en práctica la creciente atracción que sentía por ella.
Además, ________ no era de esa clase de mujer que uno pudiera llevarse al dormitorio sin más. Era más recatada que todo eso. ________ralda________ era una mujer de principios, con delicadeza y valores tradicionales.


¿Qué tenía que hacer una mujer para llevarse al dormitorio a un italiano macizo como aquél?
________ ponderaba esa cuestión mientras observaba a su acompañante, que de tan sexy resultaba pecaminoso.
La seductora actuación de los bailarines cubiertos de plumas acababa de terminar, y como la música de salsa había dado paso al rhythim and blues la pista estaba otra vez llena. ________ se sentía todavía inspirada por el espectáculo que acababa de ver: un anhelo vagamente erótico, un deseo latente de actuar y de hacerse notar, tal y como hacían los atrevidos bailarines que poblaban la pista.
Si reclamara esa clase de poder sensual, sin duda sería contemplada como una mujer dominante; como una fiera; como una mujer a quien le gustaba rodearse de mujeriegos.
Eso era precisamente lo que necesitaba; y con un sencillo juego de seducción podría conseguir esas cosas.
La decisión de progresar en su cita no fue tan difícil como ella podría haber esperado. No podía negar una atracción instantánea por la belleza morena y los ojos insondables de aquel hombre. En circunstancias normales habría cruzado los dedos para que la llamara por teléfono, aun sabiendo que no lo haría, y perdido mucho tiempo sintiéndose decepcionada.
Pero teniendo en cuenta los principios que regían su nueva vida, haría lo contrario a esperar. Seria ella la que llevaría la voz cantante, quien lo seduciría y a lo mejor conseguiría por una vez en la vida lo que verdaderamente deseaba. Sencillo.
Por supuesto, ________ se daba cuenta de que su genial plan seguramente estaba sustentado en la feliz combinación del champán y de la Poción de la Buena Suerte. Otras mujeres hacían cosas así continuamente; de modo que se negaba a preocuparse por las consecuencias.
Su cita, Hugh, se inclinó un poco más hacia ella y al hacerlo le rozó el hombro con la manga corta de su camiseta de algodón negra.
— ¿Qué te ha parecido el espectáculo? El Moulin Rouge ha causado un poco de revuelo en la ciudad con las locuras de sus bailarines.
________ se alegró de que le comentara precisamente eso y rezó para no meter la pata.
—Me ha parecido increíblemente sexy. Muy... estimulante; definitivamente inspirador.
Hugh se quedó un poco boquiabierto. ________ esperaba que ésa fuera una buena señal.
— ¿De verdad? Algunos de nuestros representantes locales están intentando restringir más la permisividad creativa de la interpretación.
—El público de este local es maduro —________ negó con la cabeza, pensando en todas las obras de arte subidas de tono que poblaban los depósitos y los sótanos de los museos de todo el mundo—. A lo largo de la historia siempre ha existido un movimiento para suprimir el arte sexual. ¿Pero qué tiene de malo un poco de emoción en una discoteca frecuentada por adultos? —esbozó lo que esperaba fuera una sonrisa sugerente—. ¿Qué tiene de malo que un puñado de hombres y mujeres se vayan juntos esta noche sólo porque un baile provocativo les ha encendido los sentidos? ¿Qué hay de malo en eso?
Hugh abrió los ojos como platos.
¿Acaso no tenía idea de adonde quería llegar con eso?
Tal vez una debía ser más clara y expresar lo que deseaba.
—Estoy de acuerdo con que no hace daño a nadie —empezó a decir Hugh, pero las palabras parecían atascársele.
________ se apresuró a aclarárselo.
—Lo único que digo es que deberíamos poder apreciar la invitación a la seducción sin sentirnos culpables por disfrutar de ello, ¿me entiendes?
Hugh se encogió de hombros.
—Yo no diría que yo me siento culpable. Pero algunas personas...
—Es estupendo —le dio un apretón en el antebrazo, deleitándose con la fuerza de los músculos, con la esperanza de que aquel refuerzo positivo lo condujera hacia la dirección adecuada—. Porque yo tampoco me siento culpable. ¿Quieres acompañarme a mi dormitorio?
— ¿Tienes un dormitorio aquí? —preguntó él en tono ronco.
________ le pasó la copa medio llena.
—Esta noche ha sido un regalo de cumpleaños de tu tía. La señora Wolcott reservó una habitación aquí para mí cuando quedáramos, para que no tuviera que volver a casa en autobús.
—Yo jamás te dejaría tomar un autobús a las dos de la madrugada, ________ —frunció el ceño de ese modo que a ________ le resultaba tan tierno; Hugh Duncan sabía lo suficiente de caballerosidad como para acelerarle el pulso a una mujer.
—Tal vez la señora Wolcott tan sólo quisiera regalarme la posibilidad de tener un sitio al que retirarme en el caso de que nuestra cita no fuera tan bien como ella esperaba.
Querida señora. ________ estaba deseando darle un gran abrazo y de prepararle un pastel casero por enviarle a que conociera a aquel hombre tan guapo y atractivo, aunque sólo fuera una noche.
—En cuanto a mi tía...
________ se puso de pie de un salto, con la certeza de que esa conversación sólo conseguiría distraerlo del ambiente de coqueteo que se había esforzado por mantener desde que habían salido de la sala los bailarines de las plumas.
Hablar de las tías no era algo que le apeteciera mucho siendo ésa la primera vez en su vida que se sentía seductora.
— ¿Qué te parece si bailamos un rato antes de que termine la noche?
Ella le tendió la mano, un gesto sin precedentes en su vida. ________, la mujer que había sacado las notas más altas de todas las clases en las que había estado en su vida, estaba pidiéndole al tipo más macizo que había conocido jamás que bailara con ella.
Y como si el cielo le enviara sus bendiciones, en ese preciso momento el pinchadiscos puso una balada más lenta, una canción sensual y bailable, una melodía perfecta para acercarse a aquel hombre.
Bien por su naturaleza caballerosa o bien porque él sabía que el destino estaba conspirando en su contra, Hugh se deslizó sobre el asiento y se puso de pie. ________ tragó saliva y notó la mano que le rodeaba la cintura; la cálida extensión de la palma de su mano que le sujetaba la parte baja de la espalda.
— ¿Cómo puedo rechazar la invitación de una bella mujer?
Oh, Dios mío.
Era la primera vez en su vida que alguien le decía que era bella. Bonita, tal vez. ¿Pero bella? Y sabía que no debía dejarse llevar por la coquetería; pero al ver su expresión, ________ se sintió bella de verdad. Se sintió fuerte y confiada.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:49

Mientras se dirigían hacia la pista, ________ reflexionó sobre el miedo que había tenido antes de haberse arreglado demasiado. En ese momento, con los dedos suaves y masculinos pegados a su espalda, se sentía como si fuera desnuda. La suave seda de su vestido parecía quemarle la piel y desvanecerse bajo el toque posesivo de sus manos.
Miró a su alrededor en la pista, esperanzada de poder encontrar un rincón entre las otras parejas que también buscaban hacerse con un espacio en la pista de suelo de parqué. Pero no tendría por qué haberse preocupado. En un instante, Hugh le había dado la vuelta de tal modo que se encontró frente a frente con él, entre sus brazos.
Todas sus fantasías de colegiala que siempre había soñado en vano le fueron concedidas en el minuto que pasó mirándolo a los ojos. No importaba que nunca hubiera destacado demasiado, que ningún hombre carismático la hubiera admirado cuando había sido más joven, porque en ese momento las fuerzas de equilibrio cósmico finalmente inclinaban la balanza a su favor.
Podría haberse quedado contemplando sus ojos oscuros durante horas, pero el sutil movimiento de sus pies la devolvieron a la realidad. Estaban bailando.
No estaba segura ni de cómo ni de por qué su cuerpo sabía cómo seguir sus movimientos, pero lo cierto era que los dos se movían con la suavidad de unos movimientos coreografiados.
Su cuerpo se unió al de ella, cadera con cadera, muslo con muslo, en sinuoso y cálido acoplamiento. Ella sentía el calor de su piel mientras se daba cuenta de que su fino vestido de seda ya no era un obstáculo. Y sus pechos...
No se atrevía a apartarse de él toda vez que sus pechos rozaban en suyo. Su reacción, y su atracción, sería inmediatamente obvia.
La música los envolvió al tiempo que las luces de la pista disminuían en el mismo tono azul plomizo. En la oscuridad casi podía convencerse a sí misma de que estaban solos, dos cuerpos moviéndose como uno.
—Gracias por tomarte una copa conmigo esta noche, ________.
La voz de Hugh emanaba por encima de su cabeza, pero ella estaba tan pegada a él que podía escuchar sus palabras a través del resonar de su pecho; a través de la fina tela de algodón negro que cubría sus estupendos pectorales; a través del suave aroma a pino de su loción para después del afeitado que estando tan cerca de él pudo percibir.
—Espero que tu tía no tuviera que obligarte para que vinieras esta noche.
Nada más hacer aquel comentario, que más bien parecía el de una chiquilla de dieciocho años, ________ se arrepintió de haberlo hecho. ¿Acaso ya no sólo no controlaba sus reacciones, sino también sus palabras?
—Nadie me ha obligado, ________. Desde luego te he elegido libremente.
Se le puso la piel de gallina, y sintió un cosquilleo, un extraño estremecimiento. Su firme caricia provocó el aleteo involuntario de sus párpados, que por un momento se cerraron. Cuando el beso que había esperado no se materializó, ________ abrió los ojos de nuevo y decidió que la nueva ________ no era una mujer que estuviera dispuesta a esperar, y que, fuera como fuera, estaba empeñada en conseguirlo. Ya.
Con la seguridad de que su firme decisión encajaba con la intención de tomar las riendas de su propia vida, ________ se pegó a él un poco más.
No se había preparado para las sacudidas que su movimiento desataría en lo más profundo de su ser. Eme se dijo que estaba bastante obsesionada con aquel hombre, pero también que no le importaba.
Sobre todo, deseaba esa oportunidad que le había brindado el destino para ser más atrevida; una noche para ser valiente, para controlar sus sentimientos y sus acciones.
Él colocó las manos en su cintura para ajustarse a su nueva proximidad, mientras le rozaba la curva de las nalgas con la punta de los dedos. ________ se preguntó qué sentiría si hiciera el amor con él, si él continuara bajando las manos para apretarla contra su cuerpo...
Al tiempo que ella extendía las manos por las suaves llanuras de su pecho, se acercó a él tanto como deseaba. Él la miró con sus ojos oscuros, pendiente de cada uno de sus movimientos, aunque dejando que ella dictara el ritmo de lo que ocurría entre ellos.
Después de aquellos momentos horribles acontecidos en el despacho de su jefe, ________ agradecía la buena disposición de Hugh que le permitía tomar la iniciativa.
Y sin duda lo estaba haciendo. Aunque sus sentidos armonizaran con la sensibilidad del momento, una pequeña parte de su mente racional parecía ajena a la ardiente compenetración que ocurría en la pista de baile y parecía mirarla desde arriba y aplaudir su valentía, «Adelante, mi niña!», le decía una vocecita. Mientras ________ se empapaba de los últimos acordes de la balada que la recorrían, se dispuso a recibir el premio con el que llevaba soñando desde que había puesto los ojos en su sensual ligue. Y sin pensar en las consecuencias, unió sus labios a los suyos.

Capítulo 3
Joseph jonas había besado a muchas mujeres en su vida.
Eso no quería decir que se tuviera como un experto en nada; además eso le sonaba muy pedante. Sin embargo tenía algo de experiencia con la que poder comparar el beso de ________; y el suave roce de sus labios sobre los suyos borró totalmente cualquier recuerdo de otra persona.
Se había dicho a sí mismo que esa noche dejaría que ella marcara el paso, ya que él le había impedido que se encontrara con la persona con la que estaba, que se afiliaría a la mafia si eso pudiera ahuyentar a los posibles depredadores.
Sin embargo allí estaba, comportándose todo lo más caballerosamente posible para salvar a ________ de sí misma y al mismo tiempo dejándose hechizar por sus dulces labios rosados.
Unos labios entre los que estaba deslizando la punta de la lengua... aunque ésa no hubiera sido su intención. Pero eran tan extremadamente dulces...
________ sabía a ron y a algo azucarado; como si fuera ese brillo de labios de fresa que solían llevar las chicas. Toda inocencia. ¿Cómo era posible que hubiera pasado toda su vida de adulto sin darse cuenta de que el brillo de labios con sabor a fresa le excitaba igual veinte años después?
El cuerpo de ________ se pegó al suyo, dejándole apreciar mejor la forma de su cuerpo y la sensación de sus pechos bajo en vestido.
Adiós a la inocencia; bienvenida la mujer sensual.
Sus pezones duros le provocaron una respuesta igual, animándolo a hacer todas las cosas que ambos deseaban tanto...
Salvo que estaban en medio de una pista de baile.
Joe apartó sus labios de los de ella, pero no la soltó para que ________ no se cayera al suelo de pronto.
________ tenía los ojos cerrados, pero cuando los abrió y lo miró de nuevo, la expresión apasionada que Joe vio en ellos lo invitó a arrastrarla a algún lugar más privado para poder...
Un momento.
¿No se suponía que él le había contado esa enorme mentira para salvarla de un destino similar?
Joe retrocedió hacia el borde de la pista y se apartó de ella no con muy pocas ganas.
—Tal vez debas acompañarme ahora a mi habitación —le susurró ella.
—Buena idea.
Joe la guió a través del gentío, utilizando su cuerpo a modo de escudo para que ningún borracho le echara la mano.
Él no podía, no debía y no se implicaría más con ________. Toda aquella charada había sido una tontería, y lo menos vergonzoso para ambos sería darle las buenas noches en ese momento.
Eso en cuanto estuviera seguro de que la dejaba a salvo en su habitación.
Nada más salir del la sala del Moulin Rouge y acercarse a los ascensores, ella se detuvo y metió la mano en el bolso.
—Estoy en la cuarta planta, en la Suite del Sensualista. Será mejor que busque la llave.
— ¿En la Suite del Sensualista?
No tenía ni idea de por qué se torturaba preguntándole esas cosas. Tal vez porque los mentirosos merecían la tortura.
Ya en el ascensor, ________ sacó la tarjeta de plástico del bolso.
—Es la clase de habitación que hay que verla para creer que existe en realidad. No tenía idea de que las instalaciones aquí fueran tan... —paseo la mirada con curiosidad por las paredes acolchadas del ascensor y el asiento cubierto de piel de leopardo sintética, mientras parecía buscar la palabra adecuada; finalmente, su mirada se posó en él—. Tan sexy.
Joe se estremeció al percibir la suavidad con que pronunció las palabras, por la proximidad en el callado espacio del ascensor.
Joe se contuvo cuando estaba a punto de ponerle la mano en la cintura. Si volvía a tocarla, tal vez no fuera capaz de dejarlo. En el último instante retiró la mano y la dirigió hacia el botón para abrir la puerta.
—Los hoteles siempre se están renovando — comentó ________ mientras avanzaban por un pasillo con paso más confiado toda vez que estaban solos; tal vez no le gustaran las aglomeraciones—. Pero éste es distinto. Es espectacular.
Joe se dio cuenta demasiado tarde de que había llegado hasta la puerta de su habitación, donde ella ya estaba desechando el cerrojo. Al momento, se abrió la puerta.
Y sin saber cómo ella empezó a hablarle de la habitación, que parecía querer enseñarle con mucho interés. Joe se detuvo un momento a la puerta. La lógica le decía que no debía entrar, pero el resto de su cuerpo la siguió.
________ lo miraba con expectación al tiempo que sostenía la puerta con su menuda figura; sus ojos azules le trasmitían una invitación silenciosa.
Tal vez mientras lograra mantener las distancias, podría al menos darse una vuelta por la habitación para comprobar que el tal Hugh no estaba allí escondido en un armario. ¿Y si el tipo pensaba que tenía derecho a servirse?
Convencido de que tenía que entrar aunque fuera un minuto, Joe recitó una oración para sus adentros y la siguió al interior de la suite.
Por un momento ________ había pensado que tendría que empujar a aquel hombre para que entrara. ¿Tan enorme era la decisión de pasar la noche con ella?
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:50

Su titubeo la hirió en su orgullo, y ________ se dio cuenta de que no estaba hecha para ir por los locales de South Beach en busca de hombres con la facilidad con que lo hacían otras mujeres. Le gustaba conocer a las personas antes de invitarlas a pasar la noche en la habitación de su hotel.
La ventaja de su caso era que al menos podía estar segura de que Hugh Duncan no era un depravado o un criminal.
________ salió de su abstracción con un suave silbido de apreciación; un silbido dirigido al exótico decorado de la habitación, y no a ella, se dijo ________ con consternación mientras Hugh paseaba la mirada por la suite y el arco iris de tonos tierra que el decorador había combinado en todos los muebles y accesorios.
Infinidad de cojines de seda y damasco cubrían los muebles de madera de caoba, y un pedazo enorme de lino marrón colgaba del techo como si fuera una tienda del desierto. Y por si ese techo cubierto de tela no resultara lo suficientemente impresionante, la Suite Sensualista también tenía un pequeño arroyo que cruzaba la habitación.
Al menos la belleza de la decoración era un tópico de conversación seguro. Podría pasar un rato más distrayéndole con un tema que de verdad le interesaba antes de acorralarlo con otro beso.
Eso teniendo en cuenta que no le entrara la vergüenza de pronto.
A juzgar por lo que le había costado entrar en la habitación, ________ supuso que se largaría si lo besaba enseguida. Por alguna razón, el destino se había reído de sus intentos de ser valiente y atrevida esa noche al proporcionarle un ligue que parecía tener los mismos valores tradicionales que había tenido ella.
—Es preciosa, ¿verdad?
Como no tenía ni idea de cómo se comportaba una cuando seducía a un hombre, ________ trató de pensar en alguien que pudiera servirle de modelo. Su madre la había criado a ella sola, feliz de hacer de ________ el centro de su vida después de que el padre de ésta abandonara a su novia embarazada. El profundo amor que ________ sentía por el arte y las antigüedades la había absorbido durante tantos años que apenas había tenido tiempo para forjar amistades lo suficientemente sólidas como para saber lo que haría cualquiera de sus conocidas para ligarse a un hombre.
Por ahí tampoco encontraría ayuda. La única fuente de inspiración que se le ocurría era la de sus ídolos de la pantalla. Y si su memoria de las matinés no le fallaba, ________ se dijo que Bette Davis ya estaría preparando una copa.
De modo que se apresuró al mini bar y se fijó en la enorme variedad de bebidas que había en el refrigerador de la habitación. Qué pena que no tuvieran estupendos cócteles preparados como el que se habían bebido abajo. Le apetecía mucho tomarse otra copa de la Poción de la Buena Suerte; tanto por la poción, como por la buena suerte.
Finalmente sacó una botella de brandy en miniatura y dos copas y vio que Hugh estaba agachado para meter los dedos en la pequeña catarata que bajaba con suavidad por una de las paredes del salón.
—Los detalles son geniales —tomó un pequeño guijarro al pie de la catarata, donde nacía un arroyuelo inteligentemente diseñado que cruzaba la habitación—. He visto algo parecido en algún complejo hotelero del Caribe, pero los acabados suelen ser más claramente prefabricados. Las piedras y rocas le dan un toque muy realista.
________ encendió el aparato de música que estaba debajo del bar. No tenía idea de dónde estaban colocados los altavoces, pero la música de Brahms inundó de inmediato la pieza. ________ esperó que la música clásica no le resultara poco adecuada para el momento, pero se dijo que no sería ella misma si cambiaba a una emisora de hip hop y fingiera algo que no era.
¿Además, cómo era posible que hubiera alguien a quien no le gustara Brahms? Esa música no llevaba siglos sonando por nada.
—El mobiliario es lo que más me impresiona. Quienquiera que haya diseñado esta habitación lo ha hecho con muebles y accesorios de calidad.
________ consiguió retirar el celofán que cubría el tapón y servir dos copas.
Hugh echó en el agua la piedra que tenía en la mano y se acercó a la mesa pequeña donde ella había dejado las llaves.
—Son reproducciones del neoclasicismo — dijo Joe—. Muy bonitas, sí señora.
A ________ casi se le cayeron las copas de brandy de las manos. ¿Qué sabía él de esas cosas?
—Tienes muy buen ojo. Mucha gente no reconocería una antigüedad ni aunque tuvieran una en casa, como para nombrar un periodo de la historia del arte.
—Pero los dos sabemos que un complejo para solteros tan prometedor como éste en South Beach no decoraría sus habitaciones con mobiliario de la época del Imperio Francés, así que no creo que sea para tanto que haya adivinado que son reproducciones —levantó del suelo la mesa pequeña, y seguidamente se asomó bajo el panel de seda que decoraba la superficie—. No está firmada, pero debería. Las buenas reproducciones no son fáciles de encontrar.
________ se enamoró de inmediato de aquel hombre que hablaba la misma lengua que ella. Cuando él dejó la mesa en su sitio, ella le pasó una de las copas.
— ¿Te interesan las antigüedades? ¿Sería una tontería que en ese momento el corazón le latiera con una fuerza inusual?
—Porque yo comercio con ellas aparte de mi trabajo en el museo. Bueno, de mi trabajo anterior. Solía canalizar muchas antigüedades.
Cada semana de su vida se había dedicado en cuerpo y alma a buscar por los mercadillos y las chamarilerías.
—Supongo que he aprendido unas cuantas cosas sobre las antigüedades con el trabajo de la madera. Soy ebanista —Joe dio un sorbo de brandy y señaló hacia el techo cubierto con la tela de lino bordada, claramente deseoso de centrar la conversación en algo que no fuera en sí mismo—. El efecto tienda de campaña me gusta.
—Y está muy a tono con el tema sensualista —después del brandy, ________ se atrevía por lo menos a intentarlo; tal vez los vapores de la bebida la intoxicaran del mismo modo—. Todo lo que hay en la habitación te invita a examinarlo, ¿verdad?
Hugh la miró rápidamente, como si interpretara sus palabras como la evidente insinuación que sin duda eran.
Pero aquel hombre parecía dispuesto a ignorar todas sus sutilezas; casi como si hubiera decidido echarse atrás y no volver a acercarse a ella después del beso que se habían dado.
Sin embargo ella sabía que el beso había sido bueno; mejor que bueno, en realidad. Y prueba de ello era que su cuerpo aún vibraba de placer. —Las telas son todas de la mejor calidad —concedió mientras se alejaba un poco para admirar el arroyo que cruzaba la habitación con el susurro de la pequeña corriente.
Él iba apartándose de ella y acercándose de paso a la puerta.
¿Acaso no decía eso mucho de los encantos de ella?
Pero también había leído en una revista que los hombres no solían lanzarse con una mujer a la que acababan de conocer, a no ser que ésta mostrara claramente que eso era lo que quería. Así que a lo mejor Hugh sólo se estaba comportando de un modo educado y noble.
Pero la nueva ________ no necesitaba en absoluto que su ligue fuera tan solícito. Lo que de verdad necesitaba era que Hugh la besara otra vez como la había, besado, desencadenando un coro de aleluyas en todo su ser.
Había llegado el momento de dejar las cosas claras.
Dejó su copa de brandy en la mesa, «lo siento, Bette», y trató de sacar la mujer sensual y atrevida que llevaba dentro mientras salvaba la distancia que la separaba de Hugh.
El instinto le decía que tratara de provocarlo para que él volviera a besarla... De modo que lo mejor sería ignorar ese instinto y besarlo ella directamente.
Al cuerno con las consecuencias.
—Cuando he dicho que me entran ganas de examinar todo lo que hay en la habitación, en realidad no me refería sólo al mobiliario y a las telas.
El pulso le latía en las sienes, en el cuello y en el pecho. Sus palabras quedaron suspendidas en la tórrida corriente de aire que fluía entre los dos y que los envolvía en una tensión sensual de la que Hugh no creía capaz de poder escapar.
— ¿Ah, no?
Hugh dejó también la copa sobre la mesa y le ofreció toda su atención. Era o bien eso, o bien soltaba todo lo que tenía en la mano y echaba a correr si ella se acercaba. ,
—Pues no. ________ avanzó con cuidado sin dejar de observarlo con atención, por si él salía huyendo.
Él se quedó clavado en el sitio y la miró de arriba abajo con un ardor que a ________ ya no le resultó tan educado.
—Me refería a otro tipo de tacto —se acercó un poco más hasta que le rozó el pecho con las puntas de los dedos.
Él se estremeció ligeramente, y tuvo que apretar los dientes para controlarse.
—Eres una caja de sorpresas, ________, pero no sé si...
A ella Hugh no le parecía un hombre que quisiera librarse de besarla. Y como si le hubiera leído el pensamiento, Hugh la rodeó con sus brazos y la estrechó con tanta pasión que ________ se estremeció de placer. Y esa vez ella no esperó a que él le deslizara la lengua por los labios pidiendo entrada. Ella misma los entreabrió, lista par recibir más de él.
Un gemido profundo nació de su pecho. Más que oírlo, ________ lo sintió; como si él hubiera hecho lo posible para ahogar aquel sonido. Aun así, había percibido la fuerza del sentimiento que contenía.
________ entendió que Hugh deseaba aquello tanto como ella, y la mera idea la animó a derribar sus defensas y demostrarle exactamente lo que deseaba esa noche.
Jamás le había importado el no haber tenido vida amorosa de ninguna clase, bueno, no demasiado, cuando había tenido un trabajo con el que apasionarse. Pero como se había quedado sin su trabajo, ________ decidió que tenía derecho a apasionarse por otra cosa. Y Hugh Duncan encajaba tan bien en sus sueños.
Aquel hombre era la pasión personificada, con sus románticos ojos negros, su educación y consideración y sus besos ardientes. Sí, sin duda despertaba su pasión; y lo hacía con mucha más efectividad de lo que lo haría cualquier nueva adquisición del museo de Florida.
________ le rodeó el cuello con sus brazos mientras se perdía en las sensaciones que la envolvían. Cerró los ojos a los cálidos tonos tierra de la suite y se centró solamente en la pasión que generaban juntos.
La tez áspera de su mentón le rascaba la barbilla, en marcado contraste con sus labios suaves, firmes y carnosos. Los labios le sabían a brandy, y a medida que su beso y su sabor iban embriagándola, ________ notó que se balanceaba ligeramente, como si fuera a perder el equilibrio.
Él le deslizó las manos por la espalda, avanzando sobre la fina tela de seda hasta acariciar la piel suave de sus hombros que el generoso escote dejaba al descubierto.
Lo que más deseaba ________ en ese momento era quitarse el vestido y sentir sus manos acariciándola por todas partes, para dejar que sus caricias ardientes se llevaran cualquier recuerdo desagradable que pudiera quedarle de la última vez que un hombre la había tocado.
Agarrada a él con una pasión que sorprendió a la misma ________, ésta retrocedió hasta toparse con el mueble que más ganas tenía de probar con él esa noche.
La cama reproducida en caoba que ese hombre había reconocido como una pieza del neoclasicismo francés. Santo Dios, era un sueño hecho realidad.
________ se pegó a él con abandono, dejando de lado su reserva con sumo deleite. Era ella la que estaba al mando allí, la que podía decidir lo que pasara esa noche.
Y lo deseaba. Realmente lo deseaba con toda su alma.
________ lo acarició por todas partes, absorbiendo los contornos y ángulos masculinos de sus hombros y su pecho, las caderas estrechas que albergaban la parte más viril de su cuerpo.
Pero como todavía no estaba lista para cambiar el rumbo de sus caricias, se contentó con sentir esa parte de su cuerpo en particular apretándole el vientre mientras ella lo besaba con pasión y continuaba retrocediendo hacia la cama sin perder el paso.
Hugh le hundió las manos entre los cabellos, y le despeinó los rizos cuidadosamente peinados mientras conseguía que ella se sintiera libre, decadente y salvaje.
Todo lo que sentía esa noche le parecía nuevo y diferente, muy distinto a sus experiencias anteriores. El sexo para ella siempre había sido algo secreto, un acto encubierto en la oscuridad; no una ardiente tormenta de sensaciones que en ese momento la asaltaban y derribaban aunque ni siquiera estaban todavía en la cama.
Le corrió un escalofrío de placer por la espalda mientras Joe le acariciaba la cabeza con mucha delicadeza, empezando en la parte de atrás del cuello. Pegó los pechos al suyo con urgencia, deseando tanto sus caricias. Y cuando por fin ella pegó con las corvas en la cama, estaba más que lista para probarla. De modo que se tumbó sobre el edredón de lino marrón y tiró de él para que no tuvieran que dejar de besarse.
Él aterrizó sobre ella con suavidad, rompiendo la caída con las manos. Había algo en su naturaleza, un sentido de la nobleza anticuado que sugería que haría lo que fuera para protegerla, para cuidar de ella.
Allí tumbada debajo de él, ________ se sintió sin saber por qué totalmente segura, y al mismo tiempo deliciosamente vulnerable.
Se bajó la parte de arriba del vestido con facilidad, desnudando sus pechos para que pudieran rozarse con el suyo. Un deseo ardiente se desenroscó en sus entrañas; un deseo atrevido e intenso que exigía ser alimentado.
Él gimió desconsoladamente, como si su intento de desnudarse lo estuviera torturando. Mientras su cuerpo parecía cobrar vida propia y se movía con sensualidad, guiado por el más puro instinto sexual, ________ rezaba para que si acaso aquella tortura le resultara agradable a Hugh.
—Oh, Dios, qué maravilla —murmuró ella entre beso y beso mientras le deslizaba la mano por el costado en busca de lo que aún no había explorado de él.
Todo él era fuerte, musculoso, y ________ deseaba explorar cada centímetro de aquella perfección.
—Te necesito, Hugh.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:51

Capítulo 4
El grito apasionado de ________ pronunciando el nombre de otro hombre debería haberle devuelto el juicio a Joe. Pero era a sus caricias, a sus besos, a su cuerpo pegado al de ella a lo que ________ estaba respondiendo. Lo deseaba a él, no a un cretino llamado Hugh que había concertado con ella una cita a ciegas en el mercado de carne más grande de toda la ciudad. Sabía que debía corregir ese error y descubrir aquella charada antes de que fuera demasiado tarde. Y lo haría sin más dilación.
En cuanto le robara un beso al delicioso seno que ________ le había descubierto.
Se retiró para mirarla y en seguida se olvidó de sus buenas intenciones.
El parpadeo de la cálida luz de las velas que sostenía un elaborado candelabro de bronce a la cabecera de la cama bañaba a ________ en una luz dorada, y oscurecía sus pezones que adquirían el mismo tono atrayente de sus labios.
Él no tenía otro remedio que inclinar la cabeza hacia uno de sus senos y probar un poco, para besarlo, para deleitarse con un decadente festín.
Ella arqueó la espalda mientras suspiraba y le deslizaba las manos entre los cabellos al tiempo que él se alimentaba de ella. Al principio tenía la piel fresca, suave, pero cuanto más le lamía y succionaba el seno más caliente se ponía.
Fascinado por su rápida respuesta, Joe perdió la noción de la suya propia, y dio rienda suelta a sus necesidades en un deseo de complacerla, de hacerle gritar de gusto. Hasta que no deslizó las manos por su estómago hasta la suave cuenca del ombligo y la curva redondeada de sus caderas debajo del vestido, no se percató de que él estaba ya en un punto sin retorno.
Sus dedos se amoldaban a las gráciles curvas, que acariciaban hasta la obediencia. No podía, no debía ir más lejos con aquel juego.
No lo haría.
— ¿Hugh? —________ lo miró con aquellos enormes ojos azules nublados por la pasión mientras le colocaba las manos encima de las suyas para urgirle a que continuara deslizándolas un poco más abajo—. Por favor...
Él se permitió apenas un segundo para impregnarse del tacto de su piel, para apreciar la embriagadora poción que le daba de beber aquella mujer conduciéndolo hasta donde él tanto deseaba llegar.
Le rozó delicadamente la suave cinturilla de las braguitas debajo del vestido; y sólo con tocarlas imaginó su forma, lo eróticas que le resultaban.
Pero, maldita fuera, él no merecía verlas. Esa noche no.
Se apartó de ella y rodó a un lado en la cama antes de olvidarse de los principios que habían inculcado en él. Uno de ellos, dominarse un poco, maldita fuera.
—No puedo.
Detestaba oírse decir aquellas palabras. Detestaba con todas sus fuerzas no haber aclarado aquel malentendido antes de llegar a la cama de ________.
— ¿No puedes? —________ se dio la vuelta y se apoyó sobre un codo—. ¿Quieres decir que no vienes preparado? Porque, lo creas o no, venden los... —trazó un pequeño círculo en el aire, como buscando la palabra—... dispositivos de protección necesarios en el dispensador de aperitivos que hay debajo del mini bar.
________ lo miró entre los almohadones de satén beige con una expresión tan pragmática, sincera y apasionada, que Joe se dijo para sus adentros que esa noche él era sin duda el tipo más despreciable de todo Miami. Esa mujer tan increíble le habría confiado su cuerpo si hubiera sido sincero con ella desde un principio.
Ahora sin duda lo echaría a patadas de allí. Y lo peor era que a lo mejor su comportamiento acababa haciéndole daño a ella, y eso le dolería a él más que el que lo echara.
—No es eso —le puso una mano en el hombro, consumido por la necesidad de volver a tocarla una vez más antes de que la rabia enturbiara sus ojos de expresión dulce—. No te he sido totalmente sincero, ________, y necesito dejar claro un malentendido antes de que sigamos adelante.
— ¿Qué quieres decir? —________ se puso tensa.
Él sintió la repentina rigidez de su cuerpo donde la palma de la mano aún descansaba sobre su hombro. ________ se subió el vestido para cubrirse los pechos, y al hacerlo se quitó su mano de encima.
Enseguida Joe echó de menos el tacto de su piel, las delicadas curvas. Se preparó para la censura y seguidamente desveló su error.
—No soy tu cita. No soy ese tal Hugh que estabas buscando. Me llamo Joe Cesare.
La desilusión que vio en sus ojos fue para él el castigo que merecía. ________ no tuvo necesidad de decirle lo que pensaba de su confesión, ya que la transparencia de su expresión de ________ le transmitió su horror con suma elocuencia.
Y si Joe se había tenido alguna vez por un caballero, la expresión de ________ le quitó al instante la idea de la cabeza.
Para ser un tipo con valores tradicionales que se tenía a sí mismo como un protector de las mujeres, acababa de traicionar de alguna manera todo lo que era importante para él.


¿Joe?
________ pestañeó, tratando de librarse de su estupor, de aquella mezcla de remordimiento y vergüenza, para tratar de asimilar con la mayor serenidad posible lo que aquel impostor acababa de contarle.
— ¿Has fingido ser mi cita? —a lo mejor el verdadero Hugh Duncan habría salido huyendo nada más verla; o tal vez hubiera enviado a un amigo para sustituirlo en el último momento—. ¿Por qué Hugh se ha echado atrás?
El extraño que había en su cama tuvo la frescura de encogerse de hombros. ¡Encogerse de hombros!
—No lo sé. Yo... No estoy seguro de lo que le ha pasado a tu cita de esta noche. Pero no creo que fuera un tipo demasiado inteligente si queda con una mujer a la que no conoce de nada en un sitio como el Moulin Rouge.
El tal Joe parecía verdaderamente molesto por ese detalle. ¡Como si él tuviera derecho a juzgar lo que hacía la persona con la que ella había quedado! ¡O lo que hacía ella! ¡Pero a él qué le importaba!
Sintió una rabia que parecía crecer en su interior con la fuerza del deseo que había sentido tan sólo hacía un momento. La vieja ________ tal vez le hubiera dado la espalda a eso, pero la nueva ________ prácticamente pegó un salto para enzarzarse con la bestia que había en su cama.
— ¿Y decidiste que tenías que ser tú quien juzgara mi habilidad para tomar decisiones? ¿Por qué? —le preguntó en tono increíblemente contenido a pesar del nudo de decepción que le atenazaba el estómago.
No sabría decidir si estaba más disgustada por el engaño de aquel hombre o por la pérdida del ardiente interludio que había estado al alcance de su mano.
Dios, menuda suerte estaba teniendo ese mes.
Joe se sentó.
—No sé por qué lo he hecho. Sólo que al verte en medio de toda esa gente, de esa jungla de obscenos, supe que no pertenecías a esos vampiros que van de bar en bar, esperando que aparezca sangre nueva con que saciar su sed.
—Entonces decidiste ser el primer vampiro de la fila, ¿no?
________ rodeó la cama mientras terminaba de colocarse el vestido. La melena le rozaba los hombros y el cuello, provocándole un leve cosquilleo que le recordó el cuidado y el tiempo que había invertido para hacerse el peinado y estar lo más guapa posible para esa cita.
—Maldita sea, no.
Él frunció el ceño con expresión rotunda, como si sus palabras le hicieran sentirse insultado.
—Sólo es que no pude soportar ver cómo uno de esos tipos te molestaba mientras esperabas a un perdedor que no sabe lo suficiente de la vida como para quedar contigo en un sitio más agradable.
Ella trató de seguir la lógica de sus palabras, y falló totalmente.
— ¿Y por qué piensas que mi cita habría sido un perdedor? ¿Y además, quién te crees que eres para meter las narices donde no te llaman?
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:52

—Tienes razón. No debería haberme entrometido. Es un gesto de arrogancia por mi parte, y no sé por qué siempre me creo que sé lo que es mejor para los demás... Pero, maldita sea, a veces sí que lo sé —se levantó de la cama y empezó a pasearse por la habitación—. ¿No sabes por ejemplo que nunca debes beber nada en un bar que no te hayan servido delante de ti, ________? Hay tipos asquerosos ahí abajo que son capaces de echar alguna sustancia en tu bebida en lo que tardas en volver la cabeza. Así han violado a muchas chicas. Al día siguiente te levantas y no recuerdas nada de lo que te ha pasado, ni sabes con quién te fuiste a casa.
Se pasó la mano por la cabeza y se retiró los mechones de su cara angulosa, dejando al descubierto la intensidad de su mirada rabiosa.
—He leído algún artículo sobre eso —reconoció, sabiendo que por lo menos en eso tenía razón.
Tendría que tener más cuidado si en el futuro volvía a ir sola a un club. Pero después del fiasco de esa noche, no veía que eso volviera a ocurrir en un futuro cercano.
Invadida por una repentina oleada de cansancio, ________ bajó la guardia un momento, quedando así un poco más indefensa a la hora de enfrentarse al italiano macizo que en ese momento se paseaba por su suite.
—Hablaré con mi hermana del problema de las copas de champán en la hora de las señoritas, ya que ella es la jefa de cocina. En cuanto a la idea que tengo de que el tipo con quien habías quedado es un perdedor... —Joe se detuvo al pie de la cama—. Supongo que no tengo base alguna para asumir eso, salvo el hecho de que te citara aquí. Te ví, te deseé, y me dije a mí mismo que no te merecía.
Ella lo miró con sorpresa, como si no estuviera segura de poder creer ya lo que él le dijera. Pero la parte de él que la había deseado, que tal vez aún la deseaba, le provocó escalofríos por la espalda. Aunque no estaba segura de si aquello no sería más que el plan de ese hombre para llevársela a la cama.
________ tenía que reconocer que esa noche no estaba en su terreno. No podía llegar ni a entender por qué un hombre tan claramente capaz de buscarse cualquier mujer, la había interceptado antes de que ella se diera el gustazo de vivir la primera aventura que habría vivido en muchos años.
Por no hablar de su plan para tomar las riendas de su vida, que hasta ese momento había sido un fracaso total. La decisión errónea número cinco mil treinta y nueve, irse a la cama con el hombre equivocado, había terminado de desbaratarle los planes.
— ¿Has dicho Joe Cesare?
No quedaba mucho que hacer salvo echar fuera a aquel hombre tan sexy. Por mucho que él le hubiera dicho sobre su intención de salvarla de sí misma y de su mala cabeza, ________ no sabía aún qué pensar de lo que él había hecho esa noche. No podía evitar verse como la víctima de una broma de mal gusto. Se levantó, cruzó la suite con paso eficiente y se detuvo delante de la puerta con lo que esperaba fuese un pequeño gesto de dignidad.
—Ojalá pudiéramos habernos encontrado en otras circunstancias. Pero ahora que me has acompañado a mi habitación, creo que es probable que haya llegado el momento de marcharte.
Se alegró de la serenidad de sus palabras, de la firmeza en su voz. Trató de ignorar todo lo posible el pesar que sentía sólo de imaginar lo especial que podría haber sido esa noche con ese hombre tan maravilloso.
Por el gesto obstinado de su mandíbula ________ se dio cuenta de que no le resultaría fácil echarlo. Él se quedó un momento al pie de la cama antes de asentir con la cabeza.
—Es lo más lógico —cruzó la habitación—. No me conoces de nada, así que tiene sentido que me eches. ¿Crees que hay modo alguno de que pueda redimirme? ¿Mañana, o la semana que viene?
—No creo que sea buena idea —por mucho que sus músculos le tuvieran babeando, tenía intención de tomarse sus citas muy en serio—. Además, yo accedí a encontrarme con alguien aquí esta noche, y ahora necesito saber qué le ha pasado a esa persona. Tal vez para volver a quedar.
Aunque tenía que reconocer que después de besar a Joe, no le apetecía en absoluto conocer a nadie más. Tal vez le hubiera tomado el pelo esa noche, pero no serviría de nada no reconocer que besaba como un ángel.
Joe frunció el ceño.
—No irás a bajar otra vez esta noche, espero. Ella le puso la misma cara para darle a probar un poco de su propia medicina.
—No creo que eso sea asunto tuyo; pero no. No voy a bajar. Trataré de llamar a Hugh para al menos saber por qué no se ha presentado.
O al menos llamaría a su tía y le diría lo que había ocurrido. Joe no necesitaba saber que ella nunca había cruzado palabra con Hugh Duncan.
—Bien. Estaré en la cocina ayudando a mi hermana si me necesitas. Me quedaré un par de horas más.
Ella abrió la puerta, negándose a hacer ningún comentario acerca de la posibilidad de necesitarlo o no. Se negaba a sentir atracción por un tipo que le había mentido; de modo que se apartó para dejarle pasar.
—Gracias, pero no será necesario.
—Siento... —Joe se detuvo un momento a la puerta—... todo esto. No sé en qué estaba pensando, pero no ha sido mi intención disgustarte.
¿Disgustarla? ¿Quién estaba disgustada?
¿Sólo porque su noche de Cenicienta hubiera concluido de ese modo y su experimento para mostrarse valiente con su príncipe hubiera terminado del modo más humillante posible? ¿Sólo porque ese hombre le había gustado tanto que le fastidiaba que no fuera su cita de esa noche?
Eso sí que no iba a comentarlo.
—Buenas noches, Joe.
________ cerró la puerta, sin preocuparse si el impulso con que la cerraba lo precipitaba a echar a correr por el pasillo.
Necesitaba quedarse sola para analizar la metedura de pata. Vaya éxito que había tenido queriendo tomar las riendas de su vida.
Desde ese momento en adelante, centraría todo su esfuerzo en labrarse un camino que la llevara a la consecución de sus metas profesionales. Siempre se le había dado mejor el arte que las personas.
¿Qué más daba si sus sueños se poblaban con las imágenes de lo que podría haber pasado con Joe Cesare? Hacía rato que su reloj había dado las doce y que había perdido su zapato de cristal en algún sitio entre el mini bar y el arroyo artificial. Su suerte no parecía haber progresado; sólo había alcanzado el punto más humillante de su existencia.
El verdadero príncipe azul ni siquiera se había molestado en presentarse. Había enviado a un semental italiano a sustituirlo para darle a su pisoteado orgullo un pisotón final.


La puerta se cerró tras de Joe con clara finalidad. ________ no podría haberle dejado más claro que lo quería fuera de su habitación. Sin embargo, había tenido que dominarse para no volver a llamar a su puerta y recordarle que echara el cerrojo. ¿Acaso esa mujer nunca pensaba en su seguridad?
Tras oír el ruido del pestillo, Joe se dijo que ya no tenía por qué seguir allí delante de la puerta para asegurarse de que ella estaba a salvo en su habitación. Además, si continuaba allí plantado acabaría sintiéndose como el típico tío ridículo a quien acababan de echar de una habitación.
Maldición.
Salvo por su engañoso paseo hasta el altar, a Joe jamás le habían echado o dado plantón. Por supuesto, el que Celeste lo dejara plantado ante el altar había sido bastante gordo; pero ésa había sido la única vez en su vida que una mujer le había echo un feo de esa clase.
Y, maldita sea, ni siquiera Celeste lo había dejado en medio de un preludio sexual. ________ralda________ debía poseer una fortaleza especial si había sido capaz de cortar cuando habían estado tan acaramelados.
Claro que tal vez hubiera confiado demasiado en su atractivo, y en realidad a ella no le hubiera costado tanto enviarlo al pasillo. En ese momento estaría llamando a la persona con la que había quedado de verdad. Y aunque no tuviera intención de volver a quedar, la mera idea lo fastidiaba.
¿Y no era acaso una manera pésima de terminar la noche? Avanzó por el pasillo hasta el ascensor, tratando de ignorar la punzada de pesar por cómo habían quedado los dos. ¿Aunque qué esperaba de una relación que había empezado con una mentira? Al principio le había hecho creer que él era su hombre, aunque él no hubiera estado pensando en eso. Sencillamente había querido asegurarse de que aquel tipo escurridizo y agresivo que solía frecuentar el club no acababa echándose encima de ella.
Pero entonces habían empezado a bailar, y había visto algo más en ________, aparte de lo ingenua que era a la hora de saber lo que pasaba en un club nocturno como el Moulin Rouge. Lo había impresionado cuando le había hablado de su trabajo como historiadora, más tarde le había sorprendido con la sutil invitación a bailar, y también después, cuando le había sugerido que la acompañara a su habitación. Él se había sentido demasiado intrigado en ese momento como para decirle la verdad y demasiado distraído como para pensar en las consecuencias.
Las puertas del ascensor se abrieron en el vestíbulo del hotel, donde Joe se encontró con un grupo pequeño de huéspedes y otras personas que habían bajado de sus habitaciones para ir a la discoteca. Continuó por un largo pasillo hasta la sala principal del Moulin Rouge, buscando con la mirada a su hermano Nico para que pudieran sentarse un momento a discutir sobre las finanzas familiares.
—Eh, perro —la voz de su hermano surgió de un rincón más oscuro del pasillo—. Espérame.
Joe se volvió y vio a su hermano junto a las puertas por donde se accedía a las escaleras. Nico, un ex jugador de hockey que había cambiado su camiseta de estrella deportiva por la de entrenador del equipo de hockey de Miami, dejó sorprendido a Joe mientras se apartaba de las apasionadas garras de una pelirroja al ver a su hermano.
Cuando finalmente se soltó de ella, Nico echó a andar al lado de Joe en dirección a la cocina. Su hermana Giselle dirigía las cocinas del Club Paradise como chef ejecutivo de la propiedad, y siempre conseguían convencerla para que les diera algo sustancioso que llevarse a la boca antes de cerrar el quiosco.
— ¿A quién estás llamando perro? —Joe le dio a su hermano un codazo en las costillas—. No soy yo quien está pasando el rato con una extraña en cada rincón.
Nico sonrió a un grupo de mujeres que se estaban pintando los labios y atusando el cabello en mitad del pasillo cerca de las puertas por donde se accedía al club. Joe jamás dejaba de sorprenderse de que incluso con la nariz rota en tres ocasiones, su hermano pudiera atraer tanto a las mujeres sin ni siquiera proponérselo. ¿Qué tendría una nariz retorcida que tanto atraía a las mujeres?
—Oh, por favor. He visto de dónde venías ahora mismo —Nico miró a su hermano—. No se te ocurra fingir que estabas de vuelta de alguna habitación del hotel.
Lo habían pillado.
—Sólo he ido a acompañar a una amiga hasta su habitación. Nada más.
Como jamás había podido mentir a su hermano sin que Nico lo calara cada vez, Joe trató de ajustarse a la verdad lo más posible.
Se abrieron camino por el decadente edificio, pasando por delante de unos grabados que describían anuncios antiguos de espectáculos voyeur.
— ¿Desde cuándo un pasillo de un hotel de cinco estrellas es peligroso para que lo cruce una mujer sola? Por favor, Ren. Estás hablando conmigo, con tu hermano.
— ¿Se te ha ocurrido alguna vez que acompañar a una mujer a su habitación puede ser un acto de cortesía que no implique nada carnal? Los jugadores de la liga nacional de hockey estáis demasiado ocupados mirando todos los cuerpos que se cruzan en vuestro camino como para preocuparos por algo como la cortesía.
En ese momento llegaron a la entrada de la cocina principal y Nico tuvo que dejar de molestarlo.
Y, maldita sea, Joe no quería pensar en lo mucho que había metido la pata con ________. No quería pensar en ella en ese preciso momento, pero sus candidos ojos azules y sus tórridos besos no le dejaban en paz.
—Ya basta, hermanito. Por mucho que intentes disimular, no podrás convencerme de que no acabas de seducir a esa pelirroja. No tienes por qué esforzarte para convencerme de lo contrario.
Nico se apartó de delante de un camarero que llevaba una bandeja en cada mano y se acercó a una bonita camarera rubia que estaba rellenando los saleros para el día siguiente.
Joe entró en el enorme refrigerador industrial que estaba cubierto del techo al suelo de acero inoxidable.
—Bienvenido —le dijo su hermana mientras distribuía unos cuantos platos de nachos de marisco a un camarero que tenía el cuello lleno de tatuajes; Giselle se acercó entonces al frigorífico con pausa—. ¿Teniendo en cuenta que llevas cuatro horas por ahí, podría atreverme a pensar que has conocido a alguien?
—No va a reconocer nada —le dijo Nico que estaba junto a la camarera rubia—. Pero a juzgar por el humor que trae, me parece que no ha tenido suerte.
Joe maldijo entre dientes mientras sacaba una caja de pastas que sin duda contendría algo delicioso. ¿Es que sus hermanos no podían ser un poco más discretos?
No era de extrañar que ________ lo hubiera atraído. No la imaginaba hablando así en público de los asuntos de nadie como hacían todos los miembros de su familia.
Armado con la caja de pastas, Joe cerró el frigorífico y miró a Nico con gesto amenazador antes de volverse hacia Giselle.
—Ví a una mujer sin saber qué hacer con uno de esos tiburones que frecuentan el club y que se estaba pasando un poco con ella.
—Eres un acompañante muy efectivo, eso no te lo puedo negar —Giselle sonrió hasta que vio la caja de pastas—. Espera, Joe, no puedes comerte ésas. Las he preparado para...
Joe no quería molestar a su hermana, pero después de lo que le había pasado con ________ pensaba que tenía derecho a comerse los dulces que quedaran en la caja.
—Sólo quiero una —se dio la vuelta al ver que ella se disponía a arrebatársela de las manos—. Sólo una, lo juro.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:52

Abrió la tapa mientras ella le daba un empujón en el hombro.
—No puedes, son... —su voz se fue apagando al ver que Joe se fijaba en el contenido. ¿Pastas eróticas?
— ¡Santa María! —exclamó Joe al ver dos deliciosas filas de bocaditos de crema adornados de tal manera que parecían pechos desnudos, que inmediatamente le hicieron pensar en los senos de ________ralda, coronados con guindas rojas—. ¿De dónde has sacado esto?
Nico cruzó la cocina a toda velocidad. Metió la mano en la caja, pero Giselle le dio un manotazo para impedírselo. Entonces le arrebató la caja a Joe toda colorada, como si se sintiera avergonzada o bien como si estuviera muy enojada, Joe no podría estar seguro.
—Me ha llevado horas prepararlos y las estoy vendiendo como rosquillas, así que podéis saciar vuestro interminable apetito con otra cosa, ¿de acuerdo?
— ¿Ahora traficas con artículos pornográficos al horno? —le gritó Nico mientras Giselle guardaba la caja de pastas de nuevo en el frigorífico—. No deberías haberla dejado sola durante cuatro horas, Ren. No sólo trabaja en el club más obsceno de toda la ciudad, sino que ahora también vende senos desnudos al público. Papá nos zurraría la badana si lo viera.
Joe, que presentía una conocida explosión familiar, empujó a su hermano hacia las puertas.
—No son de verdad, hermano —trató de echarle a su hermana una sonrisa mientras sacaba a Nico de la cocina, pero Giselle les dio la espalda.
Sin duda estaba muy enfadada.
¿Qué le pasaba esa noche que no hacía más que meterse en líos con las mujeres? Tal vez su ex novia no se había equivocado cuando le había dicho que sus tácticas de cavernícola no le iban a llevar lejos con ninguna mujer que quisiera pensar por sí misma.
No. Sencillamente en aquel momento estaba muy enfadada. Haría las paces con Giselle, y al día siguiente trataría de hacer lo mismo con ________... Esperaba.
—Lo digo en serio, Joe, tenemos que hacer algo para convencer a Giselle de que deje este negocio —iba diciendo Nico muy enfadado mientras caminaban por el pasillo de la cocina—. Debería pensar en casarse, no en que alguien se la lleve a la cama. ¿Qué pasa con todo este arte erótico, y ahora con los pasteles en forma de seno? Jesús, vamos a tener que convencerla para que se lleve su cocina a otra parte.
— ¿Qué te parece si nos ocupamos de cada problema familiar de uno en uno? En este momento tenemos que preocuparnos más de cómo va a seguir Marco en la Facultad de Derecho. Me ha llamado hoy, y aparentemente vuelve a faltar líquido.
El más pequeño de los Jonashabía empezado a estudiar en Harvard hacía dos meses, y el esfuerzo económico para mantenerlo en la prestigiosa universidad era muy grande para la familia.
En la pared al final del pasillo de las cocinas Joe encontró una salida que daba a la playa, y empujó las puertas de vaivén con el hombro. La cálida brisa nocturna los envolvió y la serenidad del océano les ofreció un agradable contraste después de la tensión de la cocina.
Ojalá estuviera todavía en la cama de ________, pensaba Joe. La noche había ido de mal en peor desde que ella lo había echado.
—No me digas que en esa facultad piensan que pueden seguir sangrándonos un poco más. Ya no sé cuántos cheques les hemos hecho ya...
—Esta vez no se trata de la facultad —Joe avanzó hasta el borde de la pasarela detrás del hotel y se subió para sentarse en el pasamanos de madera, pensando en lo bien que le sentaría aquella brisa si pudiera compartirla con cierta rubia en lugar de con su malhumorado hermano mayor—. Es esa asquerosidad de coche que conduce; se le ha estropeado cuando iba por la autovía, y un mecánico de la zona le ha dicho que lo lleve al desguace. Va a necesitar otro medio de transporte para moverse por la ciudad.
— ¡Mierda!
—Yo siento lo mismo.
— ¿Sabes que sólo estoy ganando una parte de lo que solía ganar ahora que soy entrenador? —Nico sacudió la cabeza con frustración—. Sé que es mucho más de lo que gana la mayoría, pero...
Pero Nico se había acostumbrado a vivir a lo grande y en el presente tenía diez veces más gastos de los que podía permitirse.
Y por eso el único que podía comprarle un coche nuevo a Marco era Joe.
—Creo que esta vez tengo un plan.
Un plan de lo más ridículo, pero tal vez con ese plan pudiera volver a ver a ________ralda________ aparte de mejorar sus finanzas.
Aspiró con ganas la salada brisa del océano y trató de relajarse con el suave susurro de las olas rompiendo en la playa, más allá de las terrazas.
Nico dejó de pasearse de un lado al otro.
—Yo pondré la mitad.
—No te preocupes.
Cuanto más pensaba en su plan, y en el hecho de que ________ estuviera dispuesta a buscar un empleo nuevo, más deseaba Joe que se hiciera de día para que poder subir a la suite a contárselo.
—Hace tiempo que tengo la intención de desarrollar un nuevo negocio con un margen alto de ganancias, y creo que finalmente he decidido lo que voy a hacer.
A primera hora del día siguiente le haría a ________ una propuesta a la que ella no podría negarse; un plan que a nivel profesional les convendría a los dos.
En cuanto a su relación personal, no se engañaba pensando que pudiera volver a su cama en un futuro cercano. Pero era capaz de mostrarse paciente cuando deseaba algo con tanta fuerza.
Y con voluntad...

Capítulo 5
Tenía que haber una salida.
________ se quedó mirando el resumen de su cartilla mientras se preguntaba cómo iba a pagar esa exótica y sensual suite de su bolsillo. Sin duda, a su encantadora vecina la señora Wolcott le cargarían la factura a su cuenta si ________ no la pagaba en ese momento. ¿Pero cómo iba a permitir que la buena señora pagara algo tan extravagante cuando ella ni siquiera había tenido la cortesía de presentarse a la cita con el sobrino de la mujer?
Desde que le habían embargado el coche, no se le había pasado por alto cómo había ido disminuyendo su cuenta corriente.
Se fijó en la lujosa habitación donde había pasado la noche; el murmullo del arroyo artificial que terminaba en un sumidero en el suelo del cuarto de baño la relajó a pesar de la tremenda angustia que suponía estar sin empleo, con deudas y sin coche.
________ colgó el teléfono que había descolgado para comprobar el estado de su cuenta y se arrellanó en la butaca junto a la mesa de caoba, segura de que no podría pagar su estancia en la suite si quería comer esa semana. Maldito Joe Cesare.
Tal vez se hubiera mostrado más proclive a disfrutar comiendo arroz durante los siete días siguientes si al menos hubiera gozado del placer de acostarse con él la noche anterior. Entonces podía haber justificado al menos el astronómico gasto de aquella fantástica habitación y tendría un montón de deliciosos recuerdos para poder seguir adelante.
Pero en ese momento estaba segura de que se ofendería por cada grano de arroz que tuviera que llevarse a la boca teniendo en cuenta que se había perdido una noche de sexo ardiente y que tendría que pasar toda la semana sin poder tomar ni chocolate ni pizza.
Frustrada a todos los niveles, ________ no acogió de buen grado que alguien llamara en ese momento a la puerta e interrumpiera sus funestos pensamientos. ¿Es que las del servicio no tenían más habitaciones que limpiar? ¿Habitaciones vacías ocupadas por huéspedes que hacían su vida?
Se levantó y miró el reloj antiguo de plata que llevaba en la muñeca. Las once y media. Como había advertido que abandonaría la habitación tarde, eso significaba que todavía tenía más de una hora para disfrutar del ambiente de la habitación.
Abrió la puerta, lista para pedirle a la mujer de la limpieza que volviera más tarde.
—Buenos días —el semental de metro ochenta que le sonreía a la puerta no era una mujer de la limpieza.
No. Era más probable que aquel hombre moreno y musculoso que exudaba una combinación letal de feromonas y testosterona le deshiciera la cama a que se la hiciera. Claro que ella no iba a permitir nada de eso.
Pero estaría mintiendo sin pudor si no reconociera que sentía cierta emoción al verlo.
—Joe...
Demasiado tarde se dio cuenta de que había pronunciado su nombre con cierta emoción cuando en realidad no podía permitirse aquella atracción que irremediablemente sentía al verlo. Así que se puso derecha y trató de no pensar en esas cosas.
—Siento que anoche pudiera causarte una impresión errónea, pero creo que no deberíamos...
—Lo entiendo totalmente —levantó una mano como si quisiera rechazar sus reparos; la camiseta gris con el logotipo de Construcciones Jonasse ceñía a su pecho y los vaqueros que suavemente se ajustaban a las estrechas caderas harían que cualquier mujer se volviera a mirar—. Estoy aquí para hacerte una propuesta de negocios más que una propuesta personal.
— ¿Has venido a hacerme una propuesta profesional? —dijo ella, que no imaginaba qué podrían tener que discutir en ese campo—. No sé lo que tienes en mente, pero no creo que pudiera hacer negocios con alguien en quien no puedo confiar.
— ¿No te parece que eres demasiado dura conmigo, ________? Anoche reconocí que estuvo mal mentirte, pero debes saber que mi intención nunca fue la de poner el pie en tu habitación. Sólo quería acompañarte hasta aquí para asegurarme de que llegabas bien.
Pero entonces la nueva ________ y su plan de seducción lo habían incitado a que entrara. Recordó con pesar la renuencia inicial de Joe; aunque debía reconocer que tampoco había tenido que obligarlo.
—Y entonces te arrastré a ti, al pobrecillo de ti, a mi guarida para seducirte, ¿verdad? Joe, lo siento, pero no pienso echarme la culpa por lo de anoche.
Ya había cargado con suficiente culpa a raíz del incidente con Miles Crandall, el sobón de su jefe del museo, cuando la realidad había sido que no había hecho absolutamente nada para provocarlo. No pensaba que Joe la tachara esa vez de culpable.
—Eres mucho más fuerte de lo que pareces, ________, eso no puedo negarlo. ¿Estás segura de que no puedes concederme quince minutos para hablar contigo? Se me ha ocurrido una idea muy rentable, creo que para los dos.
Ella se quedó mirando fijamente esos ojos marrones suyos y se dio cuenta de que quería creerlo. No podía negar que había actuado con cortesía diciéndole la verdad antes de llegar más lejos la noche anterior. Muchos hombres se habrían aprovechado y habrían dejado para más tarde el preocuparse de la ética de la situación.
¿Además, cómo podía rechazar ninguna proposición de negocios teniendo en cuenta el lamentable estado de su cuenta corriente y de su carrera profesional en esos momentos?
— ¿Sólo es de trabajo? —repitió, con la necesidad de dejarlo bien claro.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:52

Aunque hubiera pasado toda la noche soñando con los besos de ese hombre no quería decir que fuera a estar abierta a ninguna insinuación en el terreno personal por parte de él. En ese sentido, no había demostrado que pudiera confiar en él.
—Sólo trabajo —se llevó la mano al pecho como un sincero chiquillo de ocho años.
La ingenuidad del gesto en un hombre que parecía como si levantara a niños de ocho años en su tiempo libre le provocó una sonrisa, a pesar de todo.
—Podemos bajar al vestíbulo a hablar si así te sientes más cómoda —le ofreció mientras retrocedía al pasillo, como si esperara que ella saliera con él.
________ abrió la puerta de par en par, cediendo ante la persistencia del hombre.
—No pasa nada. Si fueras a robarme y a matarme, lo habrías hecho ya anoche cuando me tiré encima de ti.
________ trató de no fijarse en la tensión sexual que acompañó su entrada en la suite por segunda vez en veinticuatro horas. Instantáneamente el ambiente se tornó eléctrico, cargado de sentimiento.
Un sentimiento que pensaba ignorar. Sobre todo pensando en cómo él la había engañado, por pasar el rato.
Lo condujo hacia las dos tumbonas que estaban pegadas al arroyo artificial para que los huéspedes pudieran meter los pies en el agua si así lo querían.
________ no pensaba hacer nada de eso. No confiaba en sí misma si se quitaba aunque sólo fuera una sandalia en presencia de ese hombre por miedo a continuar quitándose cosas sin poder parar.
—Gracias por invitarme a pasar —Joe se quedó de pie detrás de una de las tumbonas y esperó a que ella se sentara.
Para ser un ligón de South Beach a quien le gustaba jugar con las mujeres incautas, tenía unos modales muy agradables.
—Debes saber que cualquier señal de ganancias para una mujer que está sin empleo es un aliciente irresistible —dijo ________ mientras disfrutaba de los suaves movimientos de sus músculos al sentarse a su lado—. Pero se me ocurre que ni siquiera sé a qué te dedicas, ya que anoche pensaba que eras Hugh el periodista.
—Construcciones Jonas—se pasó la mano por la parte delantera de la camiseta—. Yo mismo fabrico muchos de los armarios, pero también superviso el trabajo de distintos equipos profesionales por toda la ciudad; y construimos de todo, desde casas a cenadores. Seguramente no es tan emocionante como el periodismo, pero era el negocio de mi padre.
—Y estoy segura de que para ti es rentable; pero no me imagino con un martillo en la mano.
Aunque la mera imagen de Joe con un cinturón de herramientas y sudando la camiseta era suficiente para que cualquier mujer se planteara el ponerse un casco.
Él se inclinó hacia delante y la miró fijamente con esos ojos oscuros mientras apoyaba los codos sobre las rodillas separadas.
—Estaba pensando más en la línea de lo que tú me contaste sobre el mercado de reproducciones antiguas, ¿te acuerdas?
Ella asintió.
—Supongo que sigo sin ver la relación. ¿Qué tiene que ver el mercado de antigüedades con la construcción de un cenador?
—Yo puedo hacer reproducciones tan buenas como cualquiera de las que ves en esta habitación —hizo un gesto con la mano que abarcó las oscuras piezas de estilo neoclásico que tanto le habían gustado—. Si puedes encontrar compradores para esa clase de piezas, tal vez tengamos entre manos un negocio muy viable.
Ella se quedó mirando la mesa con el panel bordado bajo el cristal de la superficie y después se volvió a mirar a Joe.
—Es mucho más difícil de lo que puedas pensar conseguir el acabado perfecto para que parezcan antiguas.
—Tengo varias habitaciones llenas de piezas como éstas que he hecho yo. Si mi trabajo no te parece lo bastante bueno, no hay trato, claro está.
Se encogió de hombros con una actitud displicente que sólo podía nacer de una gran seguridad en sí mismo.
¿Acaso la noche anterior no la había sorprendido cuando había acertado con el estilo de las piezas?
— ¿Ya tienes piezas confeccionadas?
La fanática de los mercadillos de antigüedades y objetos usados que llevaba dentro despertó con interés. Había recorrido las ventas de objetos usados por todo el estado de Florida en busca de tesoros escondidos con muchas menos garantías que ésa. ¿Qué podría perder viendo las cosas que había creado Joe?
—Tengo un ático lleno de piezas únicas que hice por amor al arte —se inclinó hacia un lado y pasó los dedos sobre la superficie del agua que gorgoteaba a su lado—. Cuando la idea de montar unos armarios empieza a resultarme monótona, me gusta crear una silla Shaker, o una enorme mesa de estilo colonial... Algo totalmente diferente.
________ se aguantó las ganas de abanicarse. Sabía que la pasión por los muebles antiguos iba más allá de lo habitual en ella, pero la idea de poder echar mano a reproducciones de calidad la apasionaba.
— ¿Tienes tiempo hoy para enseñarme las piezas?
Estando sin empleo, tenía todo el tiempo del mundo.
Joe sonrió y se puso derecho en el asiento.
— ¿Vas a reflexionar entonces sobre mi propuesta? —le preguntó mientras se sacudía el agua de los dedos.
Distraída por el brillo de su mano, no pudo menos que fijarse en lo que sentiría si él deslizaba esos dedos húmedos por su piel... entre sus pechos... por su vientre hasta...
— ¿________?
Ella pestañeó y volvió a centrarse en los negocios. En las sillas, en las mesas y en los rendimientos.
—Deja que vea las piezas y ya veremos desde ahí.
Los clientes con los que de vez en cuando trabajaba a través del museo eran por lo general muy exigentes. Se puso de pie, deseosa de no pensar en las manos de Joe recorriéndole el cuerpo. Necesitaba ver su trabajo y juzgar por sí misma.
—Pero asumiendo que sean de calidad, trato hecho.
Fueran cuales fueran sus sentimientos hacia Joe Cesare, y ________ no estaba segura de que quisiera analizarlos en ese momento, no podía rechazar la oportunidad de ganar algo de dinero mientras buscaba otro empleo.
Joe se levantó de la silla y la miró con expresión cálida, reteniéndola con su mirada, aunque ella supiera que sería mucho más inteligente apartarse de él.
— ¿Supongo que no querrás sellar el trato con un beso? —le dijo él en tono ligeramente ronco a pesar del matiz ligero y juguetón.
Ella retrocedió un paso y se pegó contra la silla que tenía detrás, y a punto estuvo de perder el equilibrio.
Pero de pronto Joe la estaba agarrando por las caderas, para que no se cayera.
Oh, Dios, era un estúpida de tomo y lomo.
Afortunadamente, él le retiró la mano de la cintura con la misma prontitud con la que se la había colocado allí, dejando a ________ con una leve memoria sensorial de unas manos y unos dedos fuertes.
Resultaba extraño cómo el hombre cuyas mentiras la habían disgustado la noche anterior pudiera ser el mismo hombre que acababa de evitar su caída, en más de un sentido, esa misma mañana.
—Lo siento —dijo Joe mientras levantaba las manos donde ella pudiera vérselas—. El comentario del beso podría habérmelo ahorrado. Lo que me interesa es trabajar en este proyecto contigo, pero mentiría si te dijera que has dejado de gustarme.
A ________ se le aceleró el pulso de pronto, de tal manera que pensó que tal vez incluso él pudiera oírlos. Aun así, por mucho que sus palabras fueran como un bálsamo para su orgullo herido, ________ sabía que no significaban nada.
Decirle que le gustaba era un eufemismo que utilizaban los hombres para decir que querían llevarse a la chica a la cama. Y, francamente, aparte del intento de mostrarse atrevida de la noche anterior, no estaba muy a favor de las relaciones que se basaban sólo en el sexo.
Aunque sólo Dios sabía que si había un hombre que pudiera hacerle cambiar de opinión en ese sentido, sin duda sería el que tenía delante.
Se acercó a la mesa donde todavía estaba la chequera y la guardó en su bolso.
—Agradezco tu sinceridad de esta mañana, de modo que también voy a ser sincera contigo. A mi modo de ver, si tú estuvieras interesado en mantener una relación conmigo que durara más de doce horas, no habrías tratado de conocerme con un pretexto. Así que perdóname si no me apetece coquetear. De verdad pienso que si vamos a trabajar juntos necesitamos abandonar cualquier intención romántica. ¿De acuerdo?
________ se echó el fin de semana al hombro, lista para abandonar el hotel.
Él se acercó a ella con expresión ceñuda, como si estuviera muy concentrado, y le quitó la bolsa del hombro para llevársela él.
— ¿Qué te parece esto? Estoy de acuerdo con no tocarte un pelo hasta que tú accedas a ello.
— ¿Ah, sí? —dijo ________ mientras abría la puerta de la suite pensando que aquel hombre era muy arrogante—. ¿Y qué te hace pensar que voy a acceder a ello?
—La ilusión que tengo, nada más —la siguió al pasillo y llamó al ascensor para bajar al vestíbulo—. ¿Quieres seguirme con el coche hasta donde tengo las piezas de mobiliario, o quieres ir en el mío?
Joe notó que ________ se ponía tensa.


En ese momento, casi una hora después y mientras conducía su camioneta hacia la casa familiar de Coral Cables, Joe miró a ________ disimuladamente y se preguntó por qué ella se había mostrado tan indecisa.
Se le había ocurrido ofrecerle a ________ que lo siguiera con su coche para que ella no se sintiera presionada en modo alguno. Y aunque no parecía muy contenta de ir con él en la camioneta, en tono vacilante le había dicho que lo prefería, ya que no se había llevado el coche al Club Paradise.
Pero por lo menos estaba allí a su lado; y contemplando la posibilidad de asociarse con él en el negocio que le había propuesto.
No podría haber metido tanto la pata la noche anterior si ella seguía dispuesta a ver los muebles que él había hecho. Joe se dijo que ése era todo el ánimo que necesitaba. Tal vez la noche anterior hubiera acudido en su ayuda porque le había parecido que la necesitaba, pero de lo que estaba seguro era de que no la había besado sólo para servirle de ayuda.
No. ________ralda________ había conseguido excitarlo por dentro y por fuera con sus confusas señales femeninas. Y había algo de descaro y determinación bajo ese exterior delicado que le llamaba mucho la atención... Que lo invitaba a seguir conociéndola más para determinar cuál de las dos ________s era la real.
Al acceder al camino de entrada de la casa situada en una calle tranquila, notó que ________ entrecerraba los ojos y se fijaba en la casa donde él había vivido siempre.
— ¿Ésta es tu casa? —le dijo con sorpresa mientras paseaba la mirada por la enorme casa de rancho construida sobre una loma baja.
—De momento sí. Mi padre nos la dejó a todos sus hijos, pero nosotros votamos entre nosotros para dejársela a nuestro hermano mayor, Vito, cuando regrese de sus aventuras en el extranjero. Hasta entonces, soy yo quien cuida de la casa —añadió mientras aparcaba el pickup bajo uno de los arcos de las tres plazas de garaje de cemento.
— ¿Entonces es la casa familiar? —salió de la camioneta antes de que él pudiera ir a abrirle la puerta y avanzó por el camino para admirar la casa de los Jonascon su fachada de piedra y el techo bajo a dos aguas—. Es preciosa.
— ¿Sí? Mi madre siempre solía decir que era demasiado estilo años sesenta, demasiado hortera para ella, pero para mi padre era su palacio personal. Ahora es sólo nuestra casa —le hizo un gesto hacia la puerta lateral, la entrada más cercana a la zona climatizada del ático donde guardaba las piezas de mobiliario.
— ¿Tu madre sigue viviendo aquí? —________ se pasó la mano por la melena sedosa mientras con la otra se ajustaba la larga falda de gasa.
Seguramente podría haber evitado esa pregunta si hubiera hablado de su madre en pasado. Pero a pesar del tiempo que hacía que sus padres habían pasado a mejor vida, todavía parecían formar parte de la vida de Joe y de sus hermanos. Todavía le parecían reales como si siguieran estando presentes.
—Mi madre falleció cuando dio a luz a mi hermano pequeño, Marco. Se había quedado embarazada de mellizos y perdió el otro bebé, a mi otra hermana pequeña de haber vivido. Mi padre los siguió hace doce años después de un ataque al corazón. Giselle decía que mi padre echaba mucho de menos a mi madre, pero quién sabe. Mi hermano Vito pasó entonces a ser el cabeza de familia.
Y por eso Joe y Nico se negaban a pedirle en ese momento ayuda económica a Vito para ayudar a Marco. Vito ya había hecho bastante por todos ellos.
Joe se volvió hacia ella mientras él abría la puerta para dejarlos pasar.
—Caramba, me parece que te he dado demasiada información tratándose de una relación de trabajo impersonal, ¿no? Vamos, pasa.
Ella pasó junto a él con ese modo delicado que tenía ella de no ocupar demasiado espacio.
—Siento lo de tus padres —murmuró mientras lo miraba a los ojos con gesto de comprensión, antes de volverse hacia el interior de la casa—. Debió de ser muy duro para todos vosotros.
Él se encogió de hombros, habiendo ya superado el viejo dolor de la muerte de sus padres, agradecido de que aún tuvieran la casa familiar a pesar de lo que habían perdido. Así que en lugar de pensar más en todo ello se fijó en ________, que en ese momento accedía a la cocina y miraba a su alrededor, como catalogando cada detalle.
—La verdad es que la casa es muy de los años sesenta —dijo ella volviendo la cabeza—. ¿Sabes que ahora está muy de moda?
—De moda o no, a mi madre no le gustaba. Le gustaba su casa más tradicional de Nápoles, de Italia, no de Florida, y para ella esta casa era el perfecto ejemplo del mal gusto americano — abrió el frigorífico y buscó algo apropiado que ofrecerle—. Tengo refresco de limón en lata o cerveza —se volvió hacia ________ con una lata de cada—. No es mucho que se diga, pero...
Ella tomó la lata de refresco de limón y la abrió. Joe abrió la botella de cerveza, la sirvió en un vaso y tocó con el vaso la lata de ________.
—Por los nuevos comienzos.
Sin esperar a que ella respondiera, la condujo hacia unas escaleras que había junto a la cocina, que él mismo había hecho para poder acceder más rápidamente a la zona de almacenaje.
—Aquí arriba el techo es muy bajo; ten cuidado.
Ella se echó a reír cuando llegaron al ático de techo bajo.
—Querrás decir que eres tú quien debe tener cuidado. Esta pieza parece perfecta para... ¡Oh, Dios mío!
Se fijó en algo que había detrás de él. Él se dio la vuelta y vio el objeto de su fascinación: un aparador de nogal que había hecho a gran escala y que no tenía demasiada aplicación. La enorme pieza ocupaba casi el largo de todo el espacio y era una de las pocas piezas de mobiliario que no se había molestado en cubrir con un paño.
—Sé que es demasiado grande —reconoció Joe mientras iba retirando las sábanas que cubrían otras piezas—. Pero tengo muchas más cosas que son más tradicionales; tengo sillas, mesas, estanterías para libros...
Y camas. Una pieza que no mencionó en voz alta, pero que seguía ocupando un lugar primordial en su pensamiento mientras se fijaba en la esbelta figura de ________ entre tantas bellas piezas de mobiliario.
—Me encanta ésta —dijo ella mientras pasaba la mano por la oscura superficie de madera—. Tiene un toque de finales del medievo; y el efecto avejentado de la seda es impresionante.
Él dejó el montón de paños y sábanas viejas que había recogido y se acercó a ella, que seguía delante del gigantesco aparador, lo suficiente como para percibir un toque de su perfume suave que le pareció con un toque a vainilla. ________ emitía leves gemidos de emoción con cada detalle que iba descubriendo: la discreta colocación de las bisagras para que quedaran escondidas a la vista, el fondo de madera maciza que recorría toda la pieza, o el repujado que había añadido para decorar el borde.
El artista que llevaba dentro experimentó una inesperada oleada de satisfacción al ver la aprobación de ________ mientras se fijaba en los detalles que daban autenticidad a la reproducción del periodo en cuestión. El hombre que llevaba dentro deseó que ________ deslizara los dedos sobre su cuerpo del mismo modo que lo hacía sobre la madera pulida.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:53

Ella examinaba todo con la misma atención, tanto las superficies planas como las curvas y las patas de las distintas piezas. Sacó un bloc de notas del bolso y tomó apuntes de todo lo que veía, elogiando detalles de su trabajo en los que nadie se había fijado.
Podría haberse pasado el día observándola. Pero después de llevar varias horas en el interior de aquel ático con ________ralda________ y su suave aroma a vainilla, le picaban las manos del deseo de tocarla, de acariciar su cuerpo como había hecho la noche anterior.
Y encima de todo ella no dejaba de emitir leves murmullos de alegría cada vez que descubría una nueva silla, un estante o, lo peor de todo, cada elaborado cabecero de cama; manifestaciones de alegría que le tenían ya loco. Pasaron horas trabajando codo con codo en la intimidad de un ático donde él ni siquiera podía ponerse totalmente de pie. O bien podía recostarse en una de las veintitantas sillas que había, o bien podía quedarse allí de pie, inclinado sobre ella, más expuesto a su aroma delicioso y sensual a vainilla y a aquellos ocasionales suspiros de alegría.
Si suspiraba con tanto deleite por una de aquellas piezas, qué no haría si estuviera debajo de él, con las piernas abrazándole la cintura y la cabeza echada hacia atrás mientras...
— ¿Joe?
Él pestañeó para anular las imágenes de ________ desnuda, haciendo el amor con él, y deseó no haber hecho esa promesa tan estúpida de no tocarla a no ser que ella se lo pidiera. ¿Cómo iba a poder acercarse a ella lo bastante como para rastrear el origen de ese aroma suyo si no podía tocarla?
— ¿Qué?
Dejó el lápiz y el papel sobre una coqueta rococó de cajones curvados.
—Llevamos mucho rato con esto, ¿no? Cuando me pongo a hacer esta clase de cosas, se me va el tiempo sin darme cuenta.
— ¿Entonces, trato hecho? Si es así, podríamos celebrar el principio de una nueva alianza — Joe le quitó el bloc de las manos y le tendió la suya para ayudarla a salir de un hueco entre dos grupos de armarios.
Demasiado tarde, pensaba mientras se acordaba de su promesa de no tocarla. Ella se agarró a su mano para no caerse mientras salía del laberinto de muebles; el roce de sus dedos pareció quemarle la piel.
—Por supuesto, trato hecho —pasó junto a él y empezó a bajar las escaleras con esos movimientos precisos y cuidadosos que le habían llamado la atención la noche anterior en el Club Paradise.
Él la siguió hasta la cocina, reacio a desaprovechar la oportunidad de acercarse más a ella sin que necesariamente tuviera que tocarlo. Lo único que necesitaba hacer era conseguir que ella fuera a él.
—Excelente —dijo mientras sacaba una botella de sauvignon blanco del botellero que había en la despensa; no era demasiado elegante, pero iba con el pescado—. Pero es tradición en la familia Jonassellar los tratos importantes con una comida.
Era cierto. No necesitaba decirle que la familia Jonascelebraba una gran comida en la mayoría de las demás ocasiones.
Ella se mordió el labio mientras lo miraba; con sus grandes ojos azules le comunicó todas las dudas que sentía y que aún no había expresado con palabras.
Joe decidió continuar antes de darle oportunidad de responder, y sacó una copa de un aparador y se la puso en la mano.
— ¿Así que qué me dices, ________? ¿Puedes perdonarme lo suficiente como para dejar que te invite a cenar esta noche?

Capítulo 6
Una mujer normal diría que sí. ¿Y si no, quién se resistiría a un hombre alto, moreno y guapo que con una botella de vino en la mano acababa de invitarla a cenar?
—Tengo que reconocer que la oferta es tentadora —dijo mientras agarraba con firmeza el pie de la copa.
—Llevas todo el día trabajando, y precisamente yo sé que anoche no habrás podido dormir mucho. Lo menos que puedes hacer por ti misma es dejar que te prepare la cena —rasgó el sello del vino y empezó a arrancar el papel que cubría el cuello de la botella—. Además, lo menos que puedo hacer es darte de cenar después de que anoche te estropeara el plan.
Lo cual le recordaba que no se había puesto en contacto con su vecina para hablarle del desastroso resultado de la cita con Hugh. El día había transcurrido en una nebulosa de nuevas preocupaciones y nuevas ilusiones. Todo ello, y Joe.
—Me quedaré a cenar con una condición — dijo ________, empeñada en hacerle saber a su nuevo socio en los negocios que no pensaba dejarse manejar con demasiada facilidad.
Por haber sido así con su último jefe, el tipo la había manejado a su antojo y la había pisoteado.
Sin embargo, extendió su copa hacia Joe cuando éste descorchó la botella.
— ¿Y qué podría ser esa condición? —él se acercó un poco más, demasiado cerca, pero fiel a su palabra, no la tocó.
—Soy yo quien haré todas las preguntas que quiera, y tú tienes que ser sincero en tus respuestas.
Si el hombre volvía a mentirle, no podría apostar nada en aquel trato de negocios.
Pero algo en su interior le decía que aquello no ocurriría. Un sentido del honor empapaba las acciones de Joe; un indudable atisbo de nobleza que iba codo con codo con esa arrogancia masculina. Lo notó en sus buenos modales, en su manera de hablar sobre su familia.
— ¿Quieres hacerme preguntas? —él terminó de servirle la copa y se apartó para retirar una silla de la mesa de la cocina—. Seguramente sabes más de estos muebles que yo, pero pregúntame lo que quieras mientras yo preparo la cena.
Ella ocupó la silla que él le había retirado y se sonrió al ver que él le acercaba un frutero repleto de racimos de uvas. ________ se recostó en la silla y arrancó una uva mientras se deleitaba mirando el cuerpo de Joe, que en ese momento estaba sacándose otra copa para él de la vitrina.
Los vaqueros habían sido inventados para hombres como Joe Cesare.
—Mis preguntas no son sobre mobiliario. Son sobre ti --dijo, con la intención de ser directa, sincera y valiente con él.
— ¿Sobre mí? —dejó la copa sobre la mesa y la miró con curiosidad—. No creo que mi persona sea un tema de conversación demasiado fascinante, pero estoy dispuesto.
—Tú me has convencido para que me quede a cenar con una botella de vino y un cuenco de uvas —tomó otra uva del racimo—. Eres como Baco reencarnado y tentándome con cosas que yo sé que no debería hacer; y sin embargo aquí estoy, dejándote que me prepares la cena. Yo diría que eres un tema de conversación muy interesante.
—Como Baco, ¿eh? —se manejaba por la cocina con la destreza de un profesional, mucho más hábil de lo que ella había estado jamás—. El dios griego del vino y la borrachera, ¿verdad? Si no recuerdo mal, creo que también era el dios de las orgías y del libertinaje.
Ella no le vio la cara mientras Joe llenaba un cazo con agua en el fregadero, pero por su tono de voz notó que estaba sonriendo.
—Los griegos no tenían un dios para las orgías. De haberlo tenido, me acordaría, de eso estoy segura —habría animado sus clases de historia de la civilización occidental en el instituto, eso sin duda—. Tal vez estés confundiendo las borracheras con las orgías.
Joe se dio la vuelta y alzó su copa para brindar con ella desde donde estaba.
—Entonces vamos a cruzar los dedos para que una cosa lleve a la otra.
—Ya me estás metiendo en líos y todavía no te he hecho la primera pregunta.
Se preguntó por qué resultaba tan fácil hablar con Joe, y cómo era posible que se sintiera tan a gusto con él en el poco tiempo que lo conocía. Había trabajado con Miles Crandall durante cinco años y en ningún momento se había sentido cómoda con él.
Joe se había metido en su vida con una mentira, le había vuelto el mundo totalmente del revés en veinticuatro horas y, sin embargo, en ningún momento se había sentido incómoda con él.
Tal vez su instinto para con los hombres no fuera tan equivocado como había pensado.
—Lo siento. Me guardaré las ilusiones para un borracho como yo. ¿Qué querías preguntarme?
— ¿Cómo pudiste hacer tantos muebles siendo tan joven, y trabajar al mismo tiempo?
Empezó con una pregunta sencilla, con algo práctico.
—Soy el típico que consigue más de lo que se espera de él. Y no necesito demasiadas horas de sueño. ¿Más?
Ella sintió que había algo más detrás de aquella respuesta, pero no le insistió. Todavía no.
—He perdido el hilo de los hermanos que has mencionado. ¿Puedes hablarme de ellos otra vez?
Siendo hija única, a ________ siempre le habían fascinado las familias grandes.
—Somos cinco. Vito es el corredor de fórmula uno del circuito europeo. Mi hermano Nico solía jugar en la liga nacional de hockey, pero se lesionó y ahora es entrenador de un equipo. Después voy yo, luego Giselle, que es la chef de cocina del Paradise y la que nos preparó el cóctel anoche. Él más pequeño es Marco, el mellizo que sobrevivió, y que acaba de empezar a estudiar la carrera de Derecho en Harvard —añadió una caja de pasta al agua hirviendo, al tiempo que el aroma a ajo frito y a marisco llenaba la cocina—. Más tarde te preguntaré yo sobre este tema.
—Tienes suerte de tener una familia tan grande. Aunque yo no puedo imaginar cómo ha conseguido tu hermana sobrevivir entre tantos hombres protectores si tus hermanos se parecen a ti.
—La verdad es que creo que teniendo que bregar con nosotros sólo ha conseguido que salga más cabezota y firme que todos los demás juntos —puso el temporizador y se acercó a ella; entonces rellenó ambas copas de vino y la miró con atención y paciencia.
Tal vez fuera el vino lo que la invitó a mirarlo unos segundos más de lo necesario. O tal vez fuera la increíble atracción que ejercía sobre ella Joe Cesare.
Sus sentidos quedaron anegados por el aroma de la mantequilla y las gambas salteadas, por el sabor de las uvas y el vino suave, por el recuerdo de las manos de Joe acariciándola y de su ojos buscando los suyos.
— ¿Es mi turno ya para preguntarte yo algo? —le dijo con la seguridad de un amante.
—Supongo que es lo justo.
No podía tenerlo en vilo para siempre. Aun así, dio otro sorbo de vino para armarse de valor.
—Sé que he dicho que no te tocaría a no ser que tú me lo pidieras, y mantendré mi promesa aunque me mate. ¿Pero podrías decirme si por lo menos has pensado en tocarme hoy?
Aunque acababa de dar un sorbo de vino, ________ sintió que se le quedaba la garganta seca, impidiéndole responder.
¿Había ella prometido sinceridad en sus respuestas, o era sólo Joe quien debía seguir esa regla?
Sus ojos oscuros la observaban con claro interés, sin perderse ni una pizca de su indecisión.
—Reconozco que tal vez lo haya pensado un par de veces.
Ya estaba. Había sido sincera pero con sencillez, sin vueltas. No quería pensar en que había pensado en ello ese día, pero no podía negar que tenía ganas de acariciar esos brazos fuertes, esa piel bronceada de aspecto sedoso.
—Pero creo que es normal después de lo que pasó anoche. Estoy segura de que cuando llevemos unos días trabajando juntos, nos olvidaremos de todo eso.
— ¿Y si no somos capaces? —se inclinó sobre la mesa, como si fuera a confiarle un secreto—. ¿Y si pasan los días y en vez de pensar menos en ello, pensamos más?
—Eso dificultaría las cosas.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:53

Ya se había puesto lo suficientemente nerviosa examinando muebles con Joe. ¿Cómo se le ocurría que podría eliminar de su pensamiento la pasión que había vivido con Joe si de pronto se quedaba a cenar con él?
— ¿Por qué no esperamos a cruzar ese puente cuando llegue el momento?
—Podríamos hacerlo así —arrancó una uva del racimo y se la metió en la boca—. O podríamos idear un plan B, por si acaso lo otro no funciona.
— ¿Plan B? —dijo ella mientras lo observaba comiéndose otra uva y dirigía su mirada a los labios de Joe.
La nueva ________ de la noche pasada se habría echado encima de él, pero la de ese momento se debatía entre las viejas inseguridades y la preocupación de que no podía mezclar su vida profesional con sus deseos personales.
¿Y si no lograba volver a subvertir a la mujer valiente que llevaba dentro?
—Siempre es conveniente tener otra alternativa, ¿no te parece? Si llegada la semana próxima seguimos pensando en besos pausados y ardientes cada vez que estamos juntos, vamos a tener que pensar qué hacer al respecto.
A ________ se le aceleró el pulso sólo de escuchar sus palabras. En ese momento no podía imaginarse siquiera a Joe y no pensar en besos pausados y tórridos, curiosos y placenteros. Mientras contemplaba la fuerte columna de su cuello y daba otro sorbo de vino, ________ imaginó el sabor de su boca.
—No se me ocurre qué podríamos hacer, si se diera el caso. Tengo que reconocer que es algo que nos va a distraer mucho.
Una distracción deliciosa, pero aun así...
—Yo voto por pasar a la acción si la distracción se vuelve insoportable.
Joe arrancó una uva y se la acercó a la boca.
Sin darse cuenta separó los labios, sólo de pensar en lo peligroso que resultaba ese hombre. Sin embargo, tomó la uva con los dedos y se la metió en la boca. .
— ¿Pasar a la acción?
Tal vez necesitara reflexionar un poco acerca de esa idea. Después de todo una mujer tampoco podía negar sus necesidades eternamente.
—Claro. Tal vez si cediéramos al deseo, las aguas volverían a su cauce. Algo así como un intento de desquitarnos.
Joe esperaba que ella lo empujara hasta la alfombra en cualquier momento por su ardiente sugerencia. Y en parte le habría gustado que ella hiciera precisamente eso. Siempre había sido un hombre de acción, listo para tomar el mando y hacer realidad las cosas. No le importaría que toda esa química que fluía entre ellos se tradujera en acción.
Pero la cena pasó, las horas transcurrieron, y ella no se había dado por aludida con ninguna de sus sugerencias. Habían concebido un plan para trabajar juntos, accediendo a hacerlo cada uno con autonomía del otro en los campos de especialidad de cada uno, el suyo la construcción, y el de ella el contacto con el cliente, y también habían hablado de redactar un contrato a través de un abogado.
Pero no habían vuelto al tema que más intrigaba a Joe. ¿Cómo iban a soportar la innegable atracción que despertaba a la vida cada vez que estaban juntos?
En ese momento, mientras la llevaba de vuelta al complejo de apartamentos de Miami Beach, al norte de la zona de South Beach, no podía soportar más el deseo que se palpaba entre ellos.
El suspense lo estaba matando.
Su perfume a vainilla lo provocaba en la intimidad de la cabina de la camioneta, y el hombro que el top sin tirantes dejaba al descubierto le quedaba muy cerca... Si al menos pudiera acariciárselo.
Ella llevaba tanto rato callada, que Joe no pudo soportarlo ni un minuto más.
—Estás muy callada, ________.
La sutil pregunta para sacarle información era una primicia en él. No recordaba haberle preguntado jamás a una mujer lo que estaba pensando. O bien las mujeres con las que había estado siempre le habían contado lo que pensaban, o bien, y eso era mucho más aterrador, a él no le habían interesado lo suficiente como para pedirles más información.
— ¿Tienes dudas sobre el negocio? Sobre él.
—No, sólo estaba pensando.
Apartó la mirada de la ventana y le echó una de esas sonrisas suyas antes de volver a fijar su atención en las luces del puente que cruzaban en ese momento en dirección a Miami Beach.
¿Pensando?
Como nunca había sido una persona paciente, Joe dejó a un lado las sutilezas.
—Supongo que lo que me estaba preguntando es en qué estabas pensando —le aclaró mientras tamborileaba con los dedos sobre el volante al ritmo de la música de jazz que sonaba por los altavoces del salpicadero—. En mi familia hablamos al tiempo que pensamos. Y hablamos mientras nos mostramos en desacuerdo, mientras estamos negociando, mientras persuadimos... Más o menos, no dejamos de hablar en todo el día. No sé qué pensar de estos pensamientos tuyos tan callados.
________ se volvió hacia él y se ajustó el cinturón de seguridad para poder sentarse sobre sus pies, de modo que la larga y vaporosa falda de gasa rozaba el suelo.
Joe tenía la sensación de que ella se estaba preparando finalmente para hablar con él, y se dijo para sus adentros que no debía interrumpirla.
— ¿Recuerdas que hemos estado hablando esta noche antes de la cena, y tú me has preguntado lo que haríamos si no... ya sabes... si no conseguíamos olvidarnos de los besos que nos habíamos dado?
________ se ruborizó un poco, pero continuó observándolo con serenidad, como si calculara su respuesta con sus grandes ojos azules.
—Sí, claro que me acuerdo —a pesar de todo lo que habían hablado de trabajo, no había dejado de pensar ni un solo minuto en la conversación de los besos en toda la noche—. Me doy cuenta de que ha sido presuntuoso por mi parte, pero...
Recordó de pronto su empeño en no interrumpirla, y decidió callarse.
—¿Por qué? —le preguntó él.
—Bueno, he reflexionado sobre esa idea —se asomó por el parabrisas al tomar Lincoln Road—. Mi edificio de apartamentos está a la izquierda, justo después de la señal de stop.
Joe esperó. Trató de dilucidar lo que iba a decirle a continuación por el tono de voz, pero no consiguió nada. Desde luego no era ningún experto en descifrar lo que sentían o pensaban las mujeres. Se pasaba la mayor parte del tiempo con los equipos de construcción, que para ligarse a una mujer empezaban silbándole al pasar por la calle. Por eso no tenía idea de cómo conversaban los hombres con las mujeres.
Aparcó la camioneta en el camino de entrada al edificio de apartamentos que ella le había señalado, se bajó de la camioneta y corrió a abrirle la puerta. El edificio bajo de estuco no podría albergar más de ocho apartamentos, pero tenía una piscina iluminada junto a la zona de aparcamiento, rodeada de unas palmeras bajas para darle sombra. Con la luz de las farolas de la calle Joe vio que cada apartamento tenía un patio, algunos de ellos cargados de preciosas flores tropicales y otros con mobiliario de jardín.
Se preguntó vagamente cuál de ellos sería el de ________. Sobre todo, se preguntaba qué tendría que decirle del tema de los besos.
—¿Has estado pensando...? —dijo para incitarla a una respuesta mientras la ayudaba a bajar de la camioneta.
Él no quería que se metiera en su apartamento sin antes haber concluido aquella discusión.
—Sí —una suave brisa nocturna le revolvió el fino cabello rubio—. La idea de que nuestra asociación profesional se vaya al traste por estar demasiado nerviosos pensando en lo que podría haber pasado entre nosotros no me parece lo más adecuado. Reconozco que estaba demasiado distraída para pensar con claridad cuando hemos estado repasando juntos algunos de los puntos contractuales de nuestro acuerdo, y no quiero cometer un error por culpa de una mera atracción química.
Joe sintió que se le ponían los ojos como platos. ¿Ella también se había distraído? ¿La culta señorita, especialista en historia del arte que vestía falda larga y había pasado casi toda la velada con el lápiz sujetándole el moño se había distraído?
Pues había disimulado muy bien.
Confuso, no pudo evitar preguntarle para que le aclarara la cuestión.
—¿Quieres decir que estabas dudando de si debes trabajar o no conmigo? ¿O es que estás sugiriendo acaso que pasemos a la acción con... — la ilusión le encendió la sangre que le corría por las venas—... el plan B?
Se le quedó la boca seca sólo de pensarlo.
—En primer lugar, deja que te diga que quiero que trabajemos juntos —-dijo con total certidumbre al tiempo que en sus ojos brillaba una fiera determinación—. ¿Estás seguro de que podrás comprometerte a que trabajemos juntos, sea cual sea el giro que tomen nuestras vidas a nivel personal?
Sus labios suaves y rosados parecían invitarlo a que los besara más que a seguir conversando. Trató de dominar las ganas de abrazarla y de arrastrarla después a su apartamento para hacerle el amor hasta que se les hubiera quitado toda la indecisión.
—Voy a serte sincero, ________. Necesito que este negocio funcione. Tengo facturas que pagar, y cuanto antes prospere el negocio, mejor.
Ella asintió con pausada satisfacción. Joe percibió también una nueva resolución en ella.
—Entonces estoy a favor del plan C, que he ideado yo sola. ¿Quieres que te lo cuente?
¿El plan C?
—¿El plan C? ¿Cómo...? —a él le gustaba hacer todos los planes, maldita sea—. Claro. Quiero saber lo que estás pensando.
________ avanzó un paso y se detuvo muy cerca de él. Lo suficientemente cerca como para que Joe percibiera de nuevo la dulce fragancia de su perfume, lo bastante cerca para sentir el calor de su cuerpo, a pocos centímetros del suyo.
________ extendió las manos sobre su pecho, justo por encima del lugar donde el corazón le latía con anhelo.
Se pasó la lengua rosada por los labios con rapidez y se inclinó hacia él lo suficiente para que su susurro flotara en la balsámica brisa marina.
—El plan C consiste en que no nos quedemos sólo en los besos.

Capítulo 7
________ tuvo miedo de no poder oír la respuesta de Joe, dado que el corazón le latía en los oídos con la fuerza de un estruendo musical.
Y aunque no dejaba de repetirse que debía tener una actitud más perseverante cuando quería algo en la vida en lugar de simplemente esperar a que ocurriera lo mejor, había elegido una misión arriesgada para ser la primera en la obtención de sus objetivos. La noche anterior Joseph jonas le había dado un revés desmoralizador. Y aunque se sentiría aún más humillada si él quisiera seguir jugando con ella, ese factor de riesgo también le hacía más atractivo a sus ojos.
¿Y si podía enfrentarse al rechazo de Joe y pasar a una relación estrictamente profesional con él, no sería ésa una prueba fehaciente de su nueva actitud ante la vida? Teniendo en cuenta, por supuesto, que sobreviviera a la experiencia.
En ese momento, su charlatán compañero de negocios que siempre parecía saber lo que quería, la miraba con estupor. Sacudió la cabeza y cerró los ojos un momento; sus pestañas oscuras acariciaban sus mejillas de piel bronceada.
—Normalmente, ________, soy un hombre de acción. No suelo sopesar las consecuencias antes de actuar, y suelo dejarme guiar por lo que me dice el instinto en todo, desde cómo cortar una pieza de madera hasta cómo dirigirme a una mujer que me resulta atractiva —se retiró su bolsa de fin de semana del hombro y la dejó en el suelo; pero no la tocó, ni la abrazó como a ella le hubiera gustado—. Y quiero que sepas que si en este momento le hiciera caso a lo que me dicta el instinto, ya iríamos de camino a tu dormitorio.
________ emitió un gemido entrecortado al imaginarse a Joe y a ella entre sábanas revueltas.
—¿Pero has decidido no hacer caso de lo que te dice el instinto conmigo?
Estupendo. Sencillamente estupendo. Vaya manera de despertar al animal que todo hombre llevaba dentro.
—No necesariamente —le retiró un mechón de pelo de la cara—. Pero hoy he visto cómo haces las cosas, cómo estudias todos los ángulos, y cómo reflexionas antes de tomar una decisión. Después de cómo te puse entre la espada y la pared anoche, sólo quiero asegurarme de que esta vez no te estoy presionando. Ella se estremeció.
—Prefiero que me ayudes a seguir lo que me dicta el instinto —ella necesitaba la clase de confianza que él poseía, deseaba de todo corazón la seguridad que quedaba patente en cada paso que él daba—. Tu método suena mucho más emocionante que el mío en este momento.
—A eso mismo me refiero. Tú estás pensando en el presente. ¿Pero qué hay de la realidad de trabajar juntos en el futuro? —le dijo mientras le acariciaba la mejilla.
El recuerdo de sus cuerpos abrazados en la cama del hotel le provocó echar la cabeza hacia atrás mientras él seguía acariciándole la mejilla.
—Llevo toda la vida mirando al futuro, ¿Y sabes a qué me ha llevado eso? —dijo ________.
Él negó con la cabeza. Estaba claro que no entendía el alcance de sus palabras.
—Siempre me he preocupado tanto que he terminado agobiándome en un rincón. Y lo peor de todo fue cuando me di cuenta de que mi rincón no era un sitio seguro. No disfruté arriesgándome, y al final acabaron fastidiándome —________ se encogió de hombros, porque no quería hablar con amargura—. Ahora estoy dispuesta a arriesgarme, y a hacerlo sin preocuparme de las consecuencias; y para serte sincera, confío en que mi recompensa simbólica estará llena de sensualidad.
—¿Simbólica? —Joe dejó de acariciarle la mejilla, se puso tenso un momento e inclinó la cabeza como si fuera a besarla.
Ella entrecerró los ojos, pensando en el beso.
Pero en lugar de besarla, sus labios le rozaron la oreja mientras le susurraba al oído:
—Te sugiero que saques las llaves, ________, y ya veremos lo que es simbólico. Está claro que no tienes idea de con quién estás tratando.
Una oleada de sensaciones la recorrió de arriba abajo, y el suave calor del deseo se esparció por todo su cuerpo. Sólo de pensar en que lo había provocado para conseguir que la complaciera sintió una gran satisfacción.
Sacó las llaves de un bolsillo lateral de la bolsa de fin de semana y lo condujo hacia el patio de su apartamento del bajo, donde descorrió el cerrojo de la cristalera. La terraza estaba llena de macetas de plantas y flores colocadas en toda clase de recipientes, desde teteras antiguas hasta cuencos del siglo pasado. Sus ensayos en el campo de la jardinería eran tan desordenados como el resto de su vida.
Aun así, el hecho de que hubiera conseguido atraer a un semental fuerte y musculoso a su apartamento le daba un poco de brío a su paso. ________ se volvió hacia él en cuanto estuvieron en la intimidad de su salón, buscando el gesto de entrada adecuado.
Pero no le iba a hacer falta, porque de pronto Joe se plantó delante de ella, y ________ apenas tuvo un segundo para ser testigo del compromiso que se reflejaba en sus ojos oscuros antes de que inclinara la cabeza y de que sus labios se unieran a los suyos para besarla con ardor y exigencia.
El hombre de acción había saltado a la palestra.
A ________ se le cayeron las llaves al suelo al ir a echarle los brazos al cuello, mientras él ya le acariciaba la espalda y la apretaba contra su pecho. Ella entreabrió los labios, deseosa de recibir su beso mientras echaba la cabeza hacia atrás para acoplarse a él.
El top de tela de seda no le impedía sentir su pecho pegado a los suyos; si acaso el erótico roce de la fina tela sólo conseguía intensificar el ardor que sus caricias le provocaban.
Hacía tanto tiempo que un hombre no la abrazaba así. Aunque en realidad ningún hombre la había abrazado como lo hacía Joe, como si no pudiera saciarse de ella, como si tuviera que hacerla suya.
________ fue a agarrarle del borde de la camiseta al tiempo que Joe avanzaba abrazado a ella por el pasillo hacia el dormitorio. ________ no pudo soportarlo más. Le subió la camiseta y le plantó las manos sobre su pecho fuerte y sedoso para acariciar las firmes ondulaciones de sus pectorales. El ronco gemido de ________ se mezcló con el de Joe, y el impulso hacia la habitación quedó frenado. Pero él la empujó con suavidad contra la pared para poder seguir acariciándose y besándose, muertos de deseo.
Cuando Joe se quitó por fin la camiseta, ________ atisbo un pecho de piel sedosa y morena, bañado en el suave destello de la luz a través de la pecera que tenía en el salón. Había pensado que sin duda merecía ser un chico de calendario; pero en ese momento se dio cuenta de que había subestimado aquel puro atractivo animal de Joe Cesare. Era el hombre más escultural y apuesto que había visto en su vida.
Y estaba deseando averiguar qué más tenía que ofrecerle.
________ sintió que él la miraba y lo miró también. La intensidad de su expresión la sorprendió, la llenó de emoción. Él inclinó la cabeza y empezó a provocarla con la lengua, deslizándola sobre la suya con posesividad y ardor, provocándole a ________ un calor intenso que se concentró entre sus piernas mientras se estremecía de arriba abajo.
—Te deseo —le susurró ella en los labios, confiándole la verdad que llevaba horas rondándole el pensamiento.
Pasara lo que pasara, quería correr ese riesgo con él; necesitaba absorber todo el placer que él pudiera darle, aunque la experiencia fuera pasajera.
Joe saboreó la respuesta de ________ y se deleitó con la sencillez carnal de su afirmación. Sin poderse contener, gimió con fuerza, al tiempo que se entregaba al hambre fiera que lo conducía a una posesión total. La noche anterior se había dominado, aunque ________ había deseado más. Pero no conseguiría dominarse dos noches seguidas; sobre todo cuando la mujer en cuestión lo seducía tanto con su cuerpo como con sus sentimientos e inteligencia.
________ le gustaba a cualquier nivel imaginable.
Parecía tan delicada, allí entre las sombras, con su cabello rubio enmarcado por el suave resplandor de la pecera del salón. Le acarició los hombros desnudos hasta la cintura, moldeando la fina tela de su top sobre la piel cálida que había debajo.
Sus suaves gemidos lo animaron a que sus manos trabajaran con mayor rapidez para retirarle la prenda que los separaba. Cuando le subió el top, dejó al descubierto su vientre plano de piel blanca y sus pechos moldeados por el finísimo encaje rosado del sujetador. Los pezones, prietos y rosados, apuntaban bajo la tela, buscando su atención, su boca.
Se inclinó para besar los suaves montículos al tiempo que terminaba de quitarle la prenda. Finalmente encontró el origen del dulce aroma a vainilla que parecía surgir
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:53

del canalillo entre sus pechos. Así, lamió aquel lugar con su lengua, inhalando la fragancia que en ese punto resultaba más intensa.
Con las manos acarició las curvas bajo el sujetador, saboreando primero un pezón y después el otro a través de la tela del sujetador. Ella enredó los dedos entre sus cabellos ondulados mientras le apretaba la cabeza para pegarla a sus pechos. Joe se excitó mucho más al ver lo mucho que ella deseaba sus besos, y sin poderlo remediar le desabrochó el cierre delantero del sujetador para recibir el peso suave de sus senos desnudos.
Era tan perfecta.
________ jadeaba suavemente, sin dejar de deslizarle las manos por la espalda con inquieta avidez. Con pura necesidad.
Meneó las caderas hacia delante para pegarse más a él. Joe deslizó un muslo entre los suyos y sintió el calor de su entrepierna a través de la tela vaquera de los pantalones.
Estaba a punto de perder el control, y eso que ni siquiera había terminado de desnudarla. No tenía sentido que ________ralda________, con su inocencia, sus ojos grandes y su temeridad de concertar una cita a ciegas lo obsesionara de tal modo.
Había estado con mujeres más sofisticadas, más bellas y sin duda con más facilidad para el erotismo. Sin embargo, no recordaba haber deseado a ninguna de ellas como deseaba a ________.
Le deslizó la mano por la curva de la cadera y después sobre la tela fina y transparente de su falda. Seguidamente, centímetro a centímetro, le fue levantando la falda a medida que iba bajando la mano, dejando al descubierto sus pantorrillas turgentes y unos muslos que estaba deseando separarle.
Cuando atisbo un leve pedazo de encaje entre sus muslos, sintió un estremecimiento de deseo que le atenazó las entrañas. Y sin más dilación Joe deslizó los dedos sobre la tela caliente y mojada, arrancándole gemidos de placer a su dulce compañera.
Sí...
La sangre le corría por las venas como fuego líquido. Quería estar dentro de ella en ese momento, hacía un rato, el día anterior también...
Extendió los dedos sobre su entrepierna y deslizó uno de ellos bajo la tela mojada para acariciarle el centro del placer. ________ sintió que empezaban a temblarle las piernas. Entonces se apoyó sobre él, y Joe aprovechó para estrecharla contra su cuerpo con un brazo mientras con la otra mano le arrancaba la falda y le bajaba las braguitas de encaje rosa. Debía de haberse quitado las sandalias sola al entrar en casa porque estaba descalza hacía rato.
Joe la agarró por las caderas mientras se deleitaba con la maravillosa sensación que le provocaba su desnudez. Sin duda habría una cama por allí cerca, pero la primera pieza de mobiliario que le llamó la atención fue una mesa de centro de cerezo que brillaba a la suave luz azulada de la pecera. Unas cuantas velas decoraban la superficie.
Joe la sentó sobre la mesa estrecha y la tumbó sobre la superficie de madera mientras la besaba del modo más posesivo y ardiente.
________ lo sorprendió tirando también de él y deslizando la lengua sobre la suya en lujurioso abandono. Sin dejar de besarla, Joe dejó que sus dedos vagaran vientre abajo hasta deslizarse de nuevo entre el vello húmedo de su sexo y sentir los latidos del deseo en oleadas de calor.
Joe se colocó entre sus muslos abiertos, y ella le rodeó las caderas con sus piernas y tiró de él para que se acercara a ella.
Deseaba estar dentro de ella más que nada en el mundo, pero también sabía que en cuanto se pusiera un preservativo y la penetrara, correría el riesgo de descontrolarse a la velocidad de la luz. Si necesitaba asegurarse de que ella disfrutaba totalmente, debía hacerlo pronto...
Ella dejó de besarlo el rato suficiente para bajarle la cremallera y liberarlo de la cárcel de los vaqueros. Entonces ________ deslizó los dedos por la abertura de sus bóxer de algodón, y su excitación creció.
—Espera —le agarró la muñeca a ________ para que ella no lo tocara, aunque la noche anterior él mismo hubiera soñado esa caricia—. Te deseo ya como un loco; deja que sea yo quien te toque a ti.
La soltó un poco y fijó sus ojos en los de ella, cuyo azul había adquirido la tonalidad del humo.
—¿Te parece bien, ________? —le deslizó el dedo sobre el sexo y ella se estremeció—. ¿Puedo hacerte volar?
________ pestañeó para poder ver más allá de las luces que ya le bailaban delante de los ojos.
Tenía la piel caliente y los sentidos a flor de piel con un placer desconocido para ella. Los dedos de Joe se movían con destreza, enalteciendo sus sentidos; y ________ deseó sentirlo dentro, siendo parte de ella.
—Puedo tocarte, y tú puedes decirme lo que te gusta —le deslizó el pulgar sobre los labios, presionando ligeramente la turgencia carnosa; mientras con la otra mano le hacía lo mismo entre las piernas—. Quiero saber exactamente lo que te gusta, ________.
Ella gimió del placer que le provocaban sus caricias, el dulce tormento de sus dedos firmes. Pero sabía que no podría darle lo que él buscaba.
—Yo no suelo... —se estremeció—. Quiero decir, nunca he podido... —succionó el pulgar de Joe un momento antes de continuar hablando—. Francamente, Joe, jamás he volado con un hombre.
Hacía tiempo que se había resignado a ello. Eso no quería decir que no disfrutara del sexo. Sobre todo con un hombre que besaba como Joe.
—Lo harás conmigo —continuó deslizándole el dedo entre las piernas y con la otra mano empezó a acariciarle un pezón—. No cierres los ojos. No vas a querer perderte el espectáculo.
Una sugerencia de lo más arrogante. Salvo que, como si fuera cierto, ________ sintió en ese momento un zumbido eléctrico donde él la tocaba.
—¿Te gusta eso, ________? —le preguntó mientras sus ojos negros la observaban intensamente—. Entonces estoy seguro de que esto te va a gustar mucho más.
Se inclinó para besarle el pezón, para describir un círculo mojado con la punta de la lengua, para lamerle con cuidado y diligencia. Mientras tanto, sus dedos agasajaron su sexo sin cesar hasta que...
Una oleada de placer intenso recorrió su cuerpo, anegándolo de dulces sensaciones que la empujaban a balancear las caderas sin parar, hasta que las sensaciones fueron cediendo.
Cuando finalmente se apoyó sobre un codo, estaba totalmente lista para llenar de atenciones al único hombre que le había hecho sentir tanto placer.
Pero cuando Joe la miró con aquella mirada intensa, ________ pensó que él no había disfrutado aún como ella acababa de hacerlo. No estaba listo para provocaciones sensuales, no. A juzgar por el hecho de que estaba totalmente desnudo, tremendamente excitado, y de que ya se había puesto un preservativo, ________ adivinó que en ese momento sólo deseaba una cosa.
La idea de que aquel precioso y enorme espécimen masculino la deseara la excitó de nuevo. Joe la penetró con una rápida y suave estocada, llenándola y ajustándose a ella hasta que ella le clavó las uñas en los hombros involuntariamente. Entonces él se retiró un momento para mirarla.
—¿Estás bien? ¿________?
El pulso le latía aceleradamente sólo de escuchar la tierna preocupación en su tono de voz, y ________ se dijo que no debía pensar en ese momento en lo que estaban haciendo. No era más que sexo.
Un sexo maravilloso, pero sexo y nada más.
Y tenía la intención de disfrutar de cada segundo.
—Estoy bien, mejor que bien —se agarró a los duros músculos de sus nalgas y lo apretó contra ella—. Te deseo por entero.
Joe cumplió sus exigencias una y otra vez, llenándola como no la había llenado antes. Su orgasmo precipitó las velas que había sobre la mesa al suelo, y a ella la sacudió hasta lo más hondo.
Entonces la llevó a la habitación después de eso y allí le volvió a hacer el amor. Y luego otra vez más.
Al día siguiente Joe volvería a ser su socio en los negocios. Esa noche, era el amante más maravilloso que había tenido y tendría jamás. Y a medida que la madrugada fue dando paso al alba, ________ se dijo que podía permitirse el lujo de estar allí a su lado, compartiendo la cálida intimidad de su dormitorio. La gloría de tener a un hombre a su lado en la cama era un lujo que no se había dado en muchos años. Sin duda no estaría mal deleitarse con aquel júbilo temporal.
Podría cerrar los ojos un instante y sencillamente disfrutar del momento.

Capítulo 8
A ________ le daba la sensación de que su rato se había convertido en horas cuando abrió un ojo y vio que el sol entraba a raudales a través de los viejos estores que cubrían la ventana de su dormitorio.
Plantó la mano en el otro lado de la cama antes de decidir si quería encontrarse o no a un hombre allí.
Vacío.
Una extraña mezcla de desazón y alivio la invadió mientras posaba tímidamente un pie en la moqueta que cubría el suelo de todas las habitaciones, salvo del baño y la cocina.
Nunca había ganado mucho dinero para empezar, pero no había elegido su profesión porque necesitara vivir en una casa de lujo. Además, su apartamento estaba muy bien situado, sus vecinos eran muy agradables y allí se sentía a gusto.
Sorprendida al descubrir que todavía le funcionaban las piernas a pesar de los entusiastas ejercicios que había hecho, ________ se acercó al buró y sacó un par de pantalones cortos de seda amarillos y una camiseta vieja de sus días en la fraternidad; una ropa muy cómoda después de la noche más intrépida de su vida.
________ se lavó los dientes tratando de ignorar la ligera opresión en el pecho porque Joe se hubiera marchado sin despedirse, y se dijo que era mejor que se marchara así.
Sin duda, se habrían sentido incómodos esa mañana. Y peor aún, el hecho de despertarse juntos le daba a la relación un giro mucho más serio del que ella deseaba. Ya resultaba bastante fastidioso el hecho de que no pudiera resistirse al hombre que iba a ser su socio en los negocios, como para tener que enfrentarse a conversaciones de la mañana siguiente. Ella que era nueva en esas lides.
Mientras se hacía una cola de caballo con una goma amarilla, se recordó que había planeado mostrar una nueva actitud en su vida; una actitud más atrevida. Y qué mejor que el presente para deleitarse con su nueva liberación de los sentidos y continuar hacia delante con paso firme después del apasionado encuentro con Joe, que le había hecho sentir orgasmos de verdad.
Una maldición ronca le llegó desde la habitación de al lado, y ________ dejó caer el cepillo al suelo con un chillido.
—¿Joe? —preguntó con un gemido apenas audible.
Esperó una respuesta; como si un intruso fuera a identificarse de verdad.
Abrió la puerta de su habitación y avanzó hacia el salón, de donde había salido la voz. Allí se encontró a Joe tocando dos mandos de la tele.
—¿Te he despertado? —él se puso de pie sin soltar los mandos—. Lo siento. Lo tenía casi todo listo, pero de pronto me he dado cuenta de que el reloj del reproductor de vídeo no estaba en hora.
Sólo de verlo se le aceleró el pulso, ya que esa mañana Joe parecía más fuerte, más grande y más atrevido que el día anterior; seguramente porque aún no se había afeitado y una pelusilla oscura le cubría el mentón.
—Ya está —dijo, aparentemente satisfecho con lo que hubiera conseguido apretando los botones de un mando; entonces se volvió a mirarla—. Buenos días.
________ sintió su mirada como una caricia por todo el cuerpo, que estaba muy sensible de haberse pasado toda la noche sintiendo placer. Como había pasado la noche con él, ________ sabía que él se acercaría y la besaría; casi podía sentir sus labios en los suyos. Pero si dejaba que la besara, acabaría dependiendo de él, de esos momentos que le robaban de todo pensamiento coherente.
Y eso no podía permitírselo. Sobre todo porque su vida ya se había descontrolado bastante después de todo lo que había perdido semanas atrás.
Así que se dio media vuelta para alejarse de la embriagadora seducción de la mirada de Joe, del ambiente que entre ellos ya crepitaba con la tensión emocional.
—No necesitas los mandos para la tele, por cierto —soltó sin saber qué otra cosa decir—. Yo siempre compro los electrodomésticos con botones grandes y bien visibles para no tener que depender de los mandos a distancia.
Pero en ese momento, cuando apretó los botones para cambiar de canal en el televisor, las cadenas no funcionaron como de costumbre.
Pasó un momento. ________ casi podía sentir cómo él le miraba la espalda con curiosidad, pidiéndole con su silencio que le diera respuestas que ella no poseía sobre lo que había significado la noche anterior.
Finalmente él se aclaró la voz y se acercó a ella por detrás.
—Es porque los he puesto todos para operar con ellos a través del reproductor de vídeo. No vas a poder grabar nada en el vídeo si no puedes ver en él los canales de la tele.
Debía darle las gracias y seguir con sus cosas.
—No necesito el vídeo para grabar nada —le dijo de todos modos, sabiendo que perdería ambos mandos en menos de una semana—. Sólo lo utilizo para cuando alquilo películas del videoclub.
Esa noche tenía una cita con Cary Grant, por cierto.
Le daba la impresión de que jamás podría volver a tocar la tele o el vídeo sin que no le diera dolor de cabeza. ¿Qué culpa tenía ella de que las cosas técnicas no se le dieran bien?
—Entonces lo único que tienes que hacer es poner la cinta dentro y apretar el botón para que empiece...
Joe le fue mostrando lo que tenía que hacer, qué botones tocar y cómo operar con el mando. Doce horas después de entrar en su casa y ya le parecía como si ya no fuera dueña de su espacio.
¿Acaso no se había prometido a sí misma que desde que su jefe la había manipulado de aquel modo iba a tomar las riendas de su vida?
Había llegado el momento de reafirmar su postura, diantres.
—Es estupendo —mintió mientras se iba hacia la cocina con una sonrisa superficial en los labios—. Gracias por ocuparte de eso. ¿Te da tiempo a tomarte un café?
¿Sonaría lo bastante sutil?
Joe aspiró hondo y se pasó la mano por la cabeza húmeda antes de apagar la tele y dejar los mandos en el sofá.
—Pues sí, voy a tomarme un café. Así tendré tiempo suficiente para que me digas qué tal esta mañana.
Entró en la pequeña cocina del apartamento y plantó sus manos morenas y grandes sobre la rajada encimera junto a ella, que estaba echando agua en la cafetera.
Se le ocurrió en ese momento que a pesar de lo alto y fuerte que era Joseph jonas y de su actitud de hombretón dominante, no la intimidaba como lo había hecho su ex jefe. Tal vez Joe se pasara el día maldiciendo entre dientes y pateando el suelo, pero a pesar de todo ello no la asustaba como lo había hecho el asqueroso director con sus interminables miradas furtivas y sus insinuaciones.
—¿Que qué pasa? —añadió un poco más de café para su invitado, para su amante de una noche que ya parecía estar metiéndose demasiado en su vida, demasiado pronto—. Yo te diré lo que pasa, Joe. No tengo experiencia alguna con este tipo de situaciones, y me temo que te estás llevando una impresión equivocada de mí.
Apretó el botón de la máquina de café y se dio la vuelta para mirarlo a la cara, sabiendo que jamás encontraría fuerza suficiente ni independencia económica si no se enfrentaba a los obstáculos.
Aunque tenía que reconocer que el sexy semental que tenía delante era un obstáculo muy provocador.
Él asintió despacio y fijó la vista durante unos segundos en el líquido burbujeante que caía gota a gota.
—Tal vez deberías llegar a explicarme qué significa una buena impresión. De ese modo podré estar seguro de que lo he entendido bien.
Ella se pasó la lengua por los labios con gesto vacilante. ¿Después de lo que había pasado entre ellos la noche anterior, cómo iba a trasladar una relación que parecía avanzar a pasos agigantados a una meramente profesional?
—Sólo necesito echar un poco el freno con algunas cosas —sería sincera, mostraría sus cartas y vería qué pasaba—. Estoy saliendo de una situación incómoda con un tipo con el que no me mostré lo suficientemente firme y...
—¿Cómo? —chilló Joe, que inmediatamente apretó los puños—. ¿Es que alguien te lo ha hecho pasar mal? Jesús, ________, deberías haberme dicho...
—¡Espera! —le gritó para detener su imaginación desenfrenada.
Lo que menos falta le hacía era que Joe se pusiera en plan Rambo, como se había puesto su ex empleador.
Aunque tenía que admitir que la imagen de Joe en ese momento le hizo sonreír.
—Eso pertenece al pasado —aunque aparte de la noche anterior que había pasado con Joe, no había habido noche que no hubiera soñado con lo que le había pasado—. Eso pasó hace varias semanas ya.
—¿Qué fue lo que pasó hace varias semanas? —preguntó él con un rugido mal disimulado que sugería que no había desatado del todo el Rambo que llevaba dentro.
—Tuve un encontronazo con un tipo que no entendía el significado de la palabra «no». Me alejé de él antes de que el asunto se pusiera muy feo, y desde entonces he tratado de olvidar el incidente —como no quería compartir con Joe demasiados detalles por miedo a que éste tratara de hacer algo al respecto, se mostró un tanto vaga en sus explicaciones—. Pero si voy a hacer las paces conmigo misma por lo que pasó, necesito buscar mi propia fuerza, ejercitar un poco más el control que tengo sobre mi vida.
Era la primera vez que le contaba a alguien tantas cosas de lo que le había pasado. Cuando el aroma a café los envolvió, ________ experimentó una leve liberación. Incluso el hecho de confiar su promesa de mostrar más agallas le hacía sentirse más segura de sí misma; más comprometida con su causa personal.
—Necesitas ser más dueña de tus actos — Joe asintió despacio, sin dejar de golpear con el puño en la encimera con mucha suavidad—. Y has compartido esto conmigo porque me quieres causar una buena impresión.
Los golpes cesaron al tiempo que ella servía café en dos tazas de cerámica azul.
—Supongo —________ se encogió de hombros mientras le pasaba la taza.
—No pensarás que tengo nada que ver con ningún pervertido que se pasó contigo, ¿verdad, ________? Porque te juro que...
—No, claro que no. Tú no tienes nada que ver con él, y yo sé que tú nunca... —su voz se fue apagando mientras trataba de ignorar la imagen de su jefe tratando de sobrepasarse con ella—. Sé que tú no eres así.
Joe pareció relajarse un poco, y la expresión de rabia en su mirada dio paso a algo más suave, tal vez a la compasión.
—¿Entonces quieres que me eche atrás porque estás... —hizo un gesto con la mano libre— ... tratando de encontrarte a ti misma?
________ dominó las ganas de voltear los ojos.
—Estoy reagrupándome y probando distintas maneras de organizar mi vida. El hacer negocios con otra persona va a ser para mí algo que me va a animar mucho, y debo darte las gracias por considerarme a mí. Pero en cuanto a una relación...
¿Cómo decir aquello con delicadeza?
—Un trabajador de la construcción gallito que se pone a tocarte los mandos de la tele no es precisamente lo que tenías en mente, ¿no? — dejó la taza de café en la encimera y recogió las llaves de su camioneta que debía de haber dejado allí la noche anterior o esa mañana—. Me doy por enterado.
________ se sorprendió de que él fuera a marcharse tan rápido, y esperó no haberle ofendido.
Ni se le había ocurrido pensar en esa posibilidad con un hombre que se sentía tan seguro de sí mismo.
Sin saber cómo arreglar las cosas, decidió pasar al terreno en el que más cómoda se sentía.
—Tengo unos cuantos clientes interesados en las piezas antiguas a quienes podría llamar hoy. Te llamaré para contarte lo que pasa.
Joe asintió mientras avanzaba hacia la puerta, y ________ tuvo que refrenarse para no echarle los brazos al cuello y tirar de él hasta el dormitorio. ¿Cómo iba a encontrar la fuerza que necesitaba si dejaba a Joe entrar en su vida de ese modo? Con la personalidad tranquila de ________ y la arrogancia explícita de Joe, la anularía en cualquier momento. ¿O no?
—Me suena bien —él asintió, levantó el pulgar y abrió la puerta de la casa—. ¿________?
—¿Sí? —ella dejó la taza sobre el mostrador, entró en el salón con paso tímido y se acercó un poco a la puerta.
—Lo siento por lo de la tele —se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla que no contenía ni un gramo de la pasión de la noche anterior—. Gracias por tu compañía; ha sido estupendo.
Antes de que ella pudiera decidir cómo responder a lo que parecía una salida algo insulsa, la puerta se cerró y él desapareció de su vista, dejándola más confusa de lo que habría esperado.
Y todo porque él le había dado a ella el espacio que ella había pedido. Su primera mañana del día después quedaba oficialmente cerrada, y no tenía ni idea de cuál era el resultado.
¿Habría sido un éxito sólo porque había devuelto la situación a un punto de mayor normalidad? ¿O habría sido un fracaso miserable porque, sinceramente, acababa de despedir al tipo más guapo, macizo y caballeroso de todo South Beach?
Frustrada, confusa y más que un poco deprimida, ________ descolgó el teléfono para pedirle consejo a una de las pocas amigas que tenía en la zona. La mujer a cuyo sobrino había accidentalmente dado plantón dos noches atrás; a su nueva vecina, Pauline Wolcott.


Joe se metió en la camioneta mientras se decía para sus adentros que no pensaría en lo que había pasado con ________ o en cómo lo había echado esa mañana. Pero al llegar a su casa muy malhumorado, entendió que no había logrado olvidarse de ella ni de lo que había pasado.
Para colmo, los intensos recuerdos de la noche anterior no lo abandonaban ni un momento: el aroma de su cabello cayendo sobre sus cuerpos como una cascada, la incredulidad y el placer que habían brillado en sus grandes ojos azules la primera vez que había alcanzado el orgasmo, o cómo se había quedado dormida, tan abrazada a él que de haber querido Joe no habría podido darse la vuelta.
Salió por la puerta trasera de la enorme casa y se encaminó hacia la caseta que albergaba el taller que había construido para sus piezas de ebanistería. Si su hermano regresaba algún día de sus proezas por los circuitos extranjeros, tenía pensado comprarse otra casa en algún lugar más remoto. Y no porque quisiera estar sólo en donde Cristo perdió el chaleco, porque incluso a veinte minutos en coche de Miami en dirección norte podría encontrar algún sitio tranquilo.
Resopló con fastidio porque no dejaba de pensar en ella cuando sabía muy bien que ella no estaba pensando ya en él. Fuera del taller seleccionó un pedazo enorme de madera de arce que le habían llevado hacía dos meses y con el que aún no había empezado a trabajar. Mientras examinaba la pieza para ver si tenía alguna imperfección, consiguió dejar de pensar en ________... Pero las palmas de las manos empezaron a sudarle en cuanto se imaginó a un pervertido tratando de manosearla.
Reflexivamente, sacó el móvil del bolsillo trasero del pantalón al tiempo que sacaba una hoja de papel de lija y empezaba a suavizar la lisa superficie del pedazo de madera.
—¿Diga? —la voz femenina al otro lado de la línea telefónica carecía de la suavidad de la voz de ________.
—¿Giselle, qué tengo que hacer para asegurarle a una mujer que no soy un tipo desagradable y dominante?
Su hermana suspiró.
—Para empezar, no la llames al amanecer ni le hagas preguntas estúpidas sin saludarla antes.
—Son casi las doce del mediodía —pasó la mano por la superficie de la madera—. ¿Y desde cuándo te consulto a ti para que me aconsejes con las mujeres? Éstas son circunstancias atenuantes; no seas tan dura conmigo.
—Para empezar, el mediodía es como el amanecer para alguien que se ha acostado a las cuatro y media de la madrugada. Pero tú no eres una persona desagradable. Cualquier mujer que no sea capaz de darse cuenta de eso en diez minutos hablando contigo está ciega. Pero lo de autoritario... Eso podría ser más un obstáculo.
Mientras reflexionaba sobre la idea, se le ocurrió algo inesperado.
—¿Crees que debería presentársela a los tipos que trabajan en la construcción? A su lado, yo soy casi tranquilo.
—Sí, por qué no. Si trabaja con una docena de tíos machotes durante un tiempo se va a enterar de lo que es bueno. ¿Por qué no tratas de escuchar más y de hablar menos?
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:54

Creo que a veces nos olvidamos de lo mucho que hablamos porque estamos acostumbrados a hablar todos a la vez. Eso sorprende mucho a la gente que es más tranquila.
Con ________ era capaz de no hablar tanto. Pero de algún modo eso no le parecía suficiente.
—Es que no quiero que piense que soy una especie de cretino posesivo. Sólo me muestro protector si hay una buena razón.
—Noticias frescas, Ren: encuentras muchas más razones que otros tipos. Tal vez podrías tranquilizarte un poco y dejar que esta mujer libre sus propias batallas. ¿Y si consigues hacer eso por ella, podrías tratar de hacer lo mismo conmigo, ya puestos?
—Fenomenal. Atácame ahora, ¿eh?
Maldición, Giselle iba al grano con mayor rapidez que la mano que lijaba la madera que tenía delante. Le gruñó a su hermana unos minutos más y colgó el teléfono mientras se preguntaba si tendría razón o no.
¿Cómo iba a demostrarle a ________ que no era un tío autoritario si en realidad lo era? Quería ayudarla a superar sus batallas, maldita sea, pero no debía lidiarlas por ella.
Pasó la mano por la madera mientras reflexionaba sobre el tema. Hasta que en su mente de hombre de las cavernas se encendió una luz. Aún no tenía idea de cómo relajar a ________, pero de pronto sabía exactamente lo que hacer con el pedazo de madera de arce.

Capítulo 9
________ acababa de cambiarse de ropa y de poner un poco de agua a hervir para el té cuando sonó el timbre de su casa. Se pasó la mano por la cabeza para alisarse la melena que acababa de soltarse, y abrió la puerta para saludar a su invitada.
Vestida con un traje de pantalón bombacho verde ________ralda, Pauline Wolcott parecía como un anuncio de unos grandes almacenes, con sus zapatos y bolso a juego y su gruesa cadena de oro al cuello.
—Buenas tardes, ________ralda —la señora Wolcott jamás fallaba a la hora de saludarla con una formalidad y una cortesía que habrían hecho las delicias de su madre.
Pero mientras que Pauline Wolcott llevaba unos años tratando de liberarse un poco, su madre seguía manteniendo la callada ignorancia y la soledad que siempre le habían resultado cómodas a una bibliotecaria dedicada a la investigación.
________ la invitó a pasar y a que se sentara en el sofá antes de sacar una tetera de flores desportillada y las mismas tazas de cerámica azul que había utilizado para servirle el café a Joe esa mañana. Joe...
¿Por qué sólo de pensar en él sentía la necesidad de emitir un suspiro soñador?
—Espero que pueda perdonarme por las tazas —________ colocó las tazas sobre una bandeja de laca china que había encontrado en un armario y llevó el té al salón—, No hacen el mismo efecto como su precioso juego de té de plata.
El té .era un acontecimiento en casa de Pauline. En realidad, había sido tomando una taza de Earl Gray cuando ________ había dejado que Pauline la convenciera para acudir a la fallida cita a ciegas.
—Según mi hija, he malgastado demasiadas horas de mi vida en el ceremonial del té y en la conversación subsiguiente. Tal vez un día mi juego de plata sea una vieja reliquia en ese museo tuyo —probó el humeante brebaje; tenía los dedos llenos de anillos que tintineaban sobre la cerámica—. Pero eso no importa cuando hay otras cosas más importantes de las que hablar; como por ejemplo ese provocativo joven que he visto salir esta mañana de tu apartamento.
________ estuvo a punto de atragantarse con su Darjeeling, y de hecho tosió un poco.
—Sobre ese hombre —¿cómo empezar a explicarle sus aventuras en el Club Paradise?—. Lo conocí de un modo bastante accidental... la otra noche cuando se suponía que tenía que encontrarme con Hugh. Me siento tan...
—Debo disculparme por ese lío, querida — Pauline se inclinó hacia ella para darle a ________ unas palmadas en la mano—. Aparentemente mi sobrino tuvo que retrasar la vuelta a Estados Unidos por motivos de trabajo. No entiendo por qué no me lo dijo antes de ese día, sabiendo como sabía que yo le había concertado una cita con una joven. Pero sólo es mi sobrino político, sabes. Es un malqueda como el resto de su familia.
La señora negaba con la cabeza, aparentemente perpleja. ________, por la otra parte, no estaba en absoluto sorprendida de que Hugh Duncan hubiera encontrado otras cosas más interesantes que hacer con su noche de sábado que quedar con alguien que le había buscado su excéntrica tía política.
Aliviada de que por lo menos no le había dado plantón al tipo, ________ se apresuró a tranquilizar a su vecina.
—De todos modos todo salió bien. La salida me ayudó a mezclarme con gente nueva, a cambiar de ambiente.
De no haber ido al Club Paradise, seguramente no habría encontrado el coraje para adoptar aquella nueva actitud de valentía. La noche que había salido había podido animarse un poco, correr un delicioso riesgo que la obligaba a elegir lo opuesto de lo que normalmente hacía.
—Bueno, si el caballero musculoso que ví nadando en la piscina al amanecer es el resultado de esa mezcla, entonces debo decirte que te fue pero que muy bien —Pauline se recostó sobre un cojín de seda azul y blanca que ________ había comprado en uno de los mercadillos de objetos usados—. Vamos, cuéntame algunos detalles. Necesito práctica para poder hablar con mi hija de mujer a mujer.
________ sabía que Pauline tenía una relación algo tensa con su hija Brianne, que era dueña de una parte del Club Paradise. A pesar de lo que hubiera pasado entre ellas, ________ siempre pensaba que Brianne tenía suerte de tener una madre que se ocupara lo suficiente como para querer estar más unida a ella. Pauline había vendido su mansión de Palm Beach y se había mudado a un apartamento normal para estar cerca de su hija.
—¿Joe ha ido a nadar esta mañana? —le preguntó mientras pensaba que le había visto el pelo mojado y que había supuesto que se habría dado una ducha.
—Oh, sí. Me pareció un entretenimiento mucho mejor que las noticias de la mañana. Si tuviera veinte años más, le habría echado el ojo en seguida. He tenido cuatro maridos, ________ralda, pero ninguno de ellos era italiano. Y son hombres muy apuestos, ¿no te parece?
________ se dijo que debía preguntarle a Joe si tenía algún tío soltero.
—Desde luego sí que es apuesto —eso no podía negarlo—. Pero no sé si estoy lista para vivir una relación ahora que estoy empezando a pisar firme de nuevo.
—Podríamos pasarnos la vida entera protegiéndonos del dolor, querida. ¿Pero de qué vale eso si te pierdes lo mejor, que es vivir la vida? — Pauline le dio la vuelta a la etiqueta de la bolsita de té, como si quisiera leer la marca.
—No se trata sólo de arriesgarse un poco. Eso lo he hecho —al menos durante las últimas treinta y seis horas de su vida—. Joe tiene una personalidad tan fuerte que sería fácil darle el mando, que él tomara las decisiones y controlara la situación. Pero yo quiero ser la dueña de mis actos y no quiero tener que lidiar contra un hombre obstinado para que me haga caso.
¿Cómo encontrar la fuerza que tenía en su interior si un hombre fuerte y musculoso no dejaba de mostrar la suya?
—¿Por cierto, le parece malo el té?
Pauline se puso colorada.
—No, la verdad es que está delicioso. Estaba pensando que debería empezar a usar las bolsas de té en lugar de utilizarlo suelto. Creo que Brianne se sentiría orgullosa de mí —volvió a recostarse en el sofá, pero sin perder su postura perfecta—. Y espero que perdones la comparación, pero creo que la devoción de tantos años por mi juego de té de plata no es tan distinta a tu miedo a abandonar tus viejas costumbres. Tal vez las dos deberíamos ser más atrevidas.
A pesar de lo mucho que le gustaba la compañía de la señora Wolcott, no pudo negar un pellizco de desazón sólo de imaginarse sola veinte años después con sus libros y sus tazas de té como única compañía.
—No me importa la comparación. Pero si voy a arriesgarme y a colocarme a tiro de Joe, usted no puede limitar sus aventuras a cambiarse a las bolsas de té. Creo que debería invitar a su hija a ver su nuevo apartamento.
________ sabía lo mucho que Pauline deseaba la aprobación de su hija; su cariño.
—¿Y si lo hago, tú volverás a quedar con ese italiano tan sexy?
¿Y apuntarse a otra noche de lujuria?
Claro, parecía sencillo.
Hasta que don controlador empezara a reorganizarle la vida, a exigirle que le permitiera ocuparse de resolver todas sus dificultades.
¿Maldita sea, acaso no sabía ella las ganas que le habían entrado de pedirle que fuera al museo y le diera una buena lección a su asqueroso ex jefe? Pero de haberlo hecho así habría acabado arrepintiéndose de no haber encontrado el modo de vengarse por su cuenta.
Sin embargo Pauline la miraba con tanta ilusión que ________ no tuvo elección. Alzó la taza de té a modo de brindis.
—Entonces brindemos por ello. Por las cobardes unidas de Miami Beach. Brindemos por el riesgo.
—Y por los hombres italianos —añadió Pauline con un brillo pícaro en la mirada.
Por mucho que le preocupara liarse con Joe otra vez, ________ tuvo que brindar por eso.


Joe se bebió el resto del zumo de limón mientras detenía la camioneta en una plaza del aparcamiento del enorme complejo Vizcaya una semana después.
________ le había evitado durante varios días después de haberse acostado juntos, pero a mitad de semana le había pedido que se reuniera con ella y un posible cliente en la villa de estilo renacentista italiano que albergaba el museo de artes decorativas europeo.
El museo estaba repleto de las mejores piezas de mobiliario de principios del siglo pasado provenientes de todos los lugares del mundo. Pero la visita de ese día sólo sería una visita de negocios, una oportunidad para que él y ________ cerraran su primer trato significativo como socios.
La brisa salada del mar soplaba de la bahía mientras él se colocaba la corbata que tan pocas veces se ponía y cerraba la camioneta antes de buscar el sitio donde ________ le había sugerido que se encontraran. El otoño en Florida significaba que el clima era aún más perfecto que de costumbre, ya que la humedad tan característica del verano desaparecía, pero que el sol seguía luciendo.
El museo y los elaborados jardines que lo rodeaban habían atraído una cantidad nada despreciable de grupos de visitantes, pero a medida que se acercara la hora de la comida las visitas se irían reduciendo. ________ le había asegurado que podían permanecer en la propiedad después de cerrar si era necesario, ya que ella había forjado una sólida relación con uno de los directores durante su periodo de trabajo como ayudante de dirección en el museo de South Beach.
Cuando ya estaba cerca del edificio vio a ________ de pie junto a la fachada oeste de la imponente estructura donde había una galería cubierta flanqueada por dos pequeñas torres. La mayoría de los turistas que visitaban el lugar estaba en el este del edificio a esa hora del día, y por lo tanto el patio anterior del complejo estaba relativamente tranquilo.
Más o menos para ________ y para él solos.
Ella le hizo una señal con la mano. Llevaba una falda larga y vaporosa de dibujos estilo hindú en morado y una sencilla blusa de algodón, visiblemente más a gusto así vestida y en aquel paraíso del siglo pasado que con el vestido semitransparente en el Club Paradise. Llevaba la rubia melena atada con un lazo morado. Joe se dijo que la suave sensualidad de ________ quedaba acentuada por la gracia y la elegancia de su femineidad más que porque se exhibiera demasiado, como hacían otras mujeres.
Una cualidad que él no pudo menos que admirar en ella.
—He querido quedar primero contigo para comentar algunas cosas antes de que llegue nuestro posible cliente —le dijo ella sin más preliminares; ¿sería otra pista para que él le dejara un poco de espacio?—. Vamos a encontrarnos con él en el edificio del casino que está al final de los jardines... ¿Así que qué te parece si vamos andando hacia allá?
Joe asintió y fue a ponerle la mano en la espalda para que lo condujera por el sitio adecuado. En el último momento se contuvo. No pensaba permitir que nadie lo acusara de tocar demasiado. Tendría que ignorar sus inclinaciones naturales y dejar a un lado los modales que su padre le había inculcado desde pequeño.
—Me suena bien —dijo mientras se metía las manos en los bolsillos de los pantalones hasta que se le pasaran las ganas de tocarla.
—Tú sólo dime cómo me ves hoy con este tipo, si te parece bien mi trato con el cliente.
¿Y mientras tanto, no sería de lo más útil si pudiera explicarle cómo veía ella su papel en su vida personal?
Sus pasos resonaban por el camino pavimentado, dos pasos de ella por cada uno suyo; la suave brisa de la bahía le llevó su dulce aroma a vainilla.
—Sólo ayúdame a venderle tu trabajo al tipo. Es un personaje prominente de la sociedad de Miami y da muchas fiestas cuyas listas de invitados incluyen a toda esa clientela que tendremos como objetivo. Si podemos convencerlo para que compre, estoy segura de que otras personas nos buscarían para comprarnos muebles.
—Créeme, no voy a desaprovechar ninguna oportunidad para cerrar el trato. Mi hermano está en Harvard, y no tiene coche porque el que tenía quedó totalmente siniestrado en un accidente que tuvo. Si no puedo conseguir un poco de dinero en los próximos días voy a tener que buscar otro modo de financiarle un coche nuevo. No es seguro para él estar allí sin transporte.
La situación de su hermano llevaba fastidiándole toda la semana. Tenía que encontrarle un coche a Marco lo antes posible. ¿Y si su hermano necesitaba ir al médico corriendo?
—¿Por cierto, tú estás contenta con tu coche? Ni siquiera sé qué comprarle.
A ________ se le cayó el bolígrafo al suelo mientras avanzaban por el camino flanqueado de árboles hacia las escaleras que conducían al casino, un edificio que era como una casita con vistas al mar y que proporcionaba un punto focal para los jardines.
Joe se agachó para recoger el bolígrafo, diciéndose que por lo menos un hombre podría recoger algo que se le hubiera caído a una mujer sin ser acusado de machista.
Lo lanzó al aire antes de devolvérselo a ella; y sólo entonces notó su expresión vacilante.
—No me digas que te parece autoritario por mi parte el haberte devuelto el bolígrafo, ________. Tampoco es para tanto.
Ella pestañeó y ladeó la cabeza como si no tuviera ni idea de lo que estaba hablando.
—Gracias. Y no, no es para tanto. Estaba pensando en la pregunta del coche.
Gracias a Dios. Joe se dijo que se estaba volviendo un poco paranoico.
—¿Se te ocurre alguna idea?
—La verdad es que no. Resulta que en este momento no tengo coche.
Continuó caminando hacia las escaleras de piedra que llevaban hasta el pequeño edificio donde habían quedado con su cliente.
Joe hizo una pausa, pensando que debía de haberle entendido mal.
—¿Que no tienes coche ahora? Ella se detuvo.
—Exactamente. ¿Continuamos caminando para no hacer esperar a nuestro cliente?
—¿Entonces cómo te mueves por la ciudad?
¿Y él había pensado que a su hermano le costaría estar en un campus donde había de todo sin un coche? ¿Cómo podía ________ ir de un lado al otro en una ciudad tan grande como Miami sin el medio de transporte adecuado?
Ella se subió con impaciencia la manga de la blusa blanca.
—Me manejo muy bien en autobús. Claro que eso no es asunto tuyo.
—¿En autobús? —chilló él mientras se aguantaba las ganas de llevarse la mano al pecho; ¿pero cómo diablos se le ocurría ir en autobús con el peligro que eso entrañaba, sobre todo de noche?—. ¿Sabes acaso la clase de crímenes que pueden cometerse en un autobús, o peor aún, en la parada del bus?
—Espera. Espérate un momento —________ levantó la mano—. Tengo un bolso lleno de dispositivos para cuidar de mi seguridad, y la verdad es que no necesito que me eches un sermón semejante. ¿Podemos por favor ceñirnos hoy al negocio?
A él no se le pasó por alto el tono de advertencia en su voz. No. Se estaba haciendo oír con toda claridad. Qué pena que su preocupación por la seguridad de ________ fuera mayor que la necesidad de dejarse guiar por sus reglas.
—Te pondremos un coche de la empresa y lo meteremos en los gastos de trabajo. Vas a tener que encontrarte con los clientes y...
—Si quedamos aquí con los clientes no —argumentó ella mientras entrecerraba sus ojos azules—. Un marco como el que ofrece el complejo Vizcaya anima a los clientes a comprar antigüedades. Un poco más adelante podré comprarme un coche en cuanto aseguremos unos cuantos ingresos. Ahora, me gustaría que te dieras prisa para que no lleguemos tarde.
Joe se dijo que se aseguraría de que ella disponía de un coche antes que eso, pero no quería que se pusiera más nerviosa antes de la reunión.
—Bien. Pero espero que sepas que esta noche te voy a llevar a casa.


Dos horas después, con la victoria de cerrar su primer trato de negocios verdadero corriéndole por las venas en forma de adrenalina, como una droga, ________ habría estado lista para celebrarlo de no haber sido porque Joe le había dicho que esa noche la llevaría a casa.
Su promesa le aguijoneaba los sentidos incluso allí sentados en la galería cubierta del edificio del casino, mientras observaban a su primer cliente que se alejaba por el camino hacia la salida.
Hacía rato que el sol se había ocultado, pero los elaborados jardines eran todavía visibles gracias a los pequeños focos estratégicamente colocados entre las fuentes y la espesura para crear un efecto mágico.
—Felicidades, ________ —le llegó la voz de Joe en la brisa de medianoche—. Acabamos de firmar nuestro primer contrato gracias a ti.
________ no podría haber dejado de sonreír ni aunque hubiera querido.
—Pero sólo podremos satisfacer el trato gracias a ti. ¿Estás seguro de que puedes hacer ese aparador que quiere él tan deprisa?
—No hay problema. Gracias por guiarlo hacia los artículos que ya tenemos hechos. Así nos pagarán mucho más deprisa —la tomó de las manos los documentos y el contrato ya firmado para realizar ocho reproducciones de mobiliario a las que el cliente se había comprometido con su firma—. Y te voy a conseguir un coche de la empresa, de todos modos.
Ella se puso tensa y cerró los ojos.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:54

—Enseguida me compraré un coche —suspiró ________—. Podría haberme quedado con mi coche antiguo unos meses más, pero quería estar segura de que podía pagar el alquiler hasta que encontrara otro trabajo. Ahora que parecemos tener un negocio viable entre manos, me sentiré más cómoda en el momento de empezar a pagar cosas.
—Ya lo tienes todo planeado, ¿verdad? — Joe miró a su alrededor en los jardines verdes y frondosos diseñados en el terreno subtropical, y después se volvió a mirarla—. Lo siento si te parece que estoy insistiendo mucho en lo del transporte. No podría permitirme perderte por un incidente ahora que mi futuro financiero depende también de ti.
La medio sonrisa que él esbozó le hizo estremecerse en la cálida brisa nocturna. Y tenía que reconocer que su disculpa había sin duda aplacado sus ánimos.
—Entonces prometo proteger tu inversión. ¿Nos vamos ya? —dijo ella con cierta tensión.
El indiscutible sex-appeal que exudaba el apuesto italiano con su traje de raya diplomática y su corbata estaban consiguiendo que se olvidara de la otra misión que tenía esa noche. Necesitaba mantener su parte del trato que había hecho con Pauline Wolcott de pasar un poco más de tiempo con el hombre moreno y seductor que estaba a su lado.
Al tiempo que se alejaban del edificio del casino y descendían las escaleras de piedra hacia los jardines, Joe le ofreció el brazo.
Un gesto simple y caballeroso.
Salvo que le pareció más un preludio al tiempo que deslizaba la mano por su brazo fuerte embutido en la seda de su traje. Estaba lo suficientemente cerca para que le llegara el aroma almizclado de su loción para después del afeitado, para absorber el calor de su cuerpo a través de su americana y su camisa.
Las húmedas fragancias del frondoso jardín, de las fuentes de agua clara y de la bahía cercana los rodeaban, intensificando la caída de la noche y el hecho de que no había nadie más allí salvo ellos dos. El aire sensual cargado de perfumes y la iluminación suave parecían el escenario ideal para un encuentro romántico. Y además estaba la emoción que todavía sentía ________ por el buen negocio que habían cerrado, un abanico de sensaciones placenteras que le daban una energía y una confianza en sí misma que hacía mucho no sentía.
Sus tacones bajos repiqueteaban en los escalones de piedra al tiempo que los pasos más pesados de Joe. Los sonidos se mezclaban con el suave gorgojeo del agua que corría por el canal paralelo a las escaleras.
—¿Has estado alguna vez aquí? —le preguntó ella con sentimiento reverente sólo de estar paseando por aquel ambiente renacentista del brazo de un hombre que podría haberse mezclado en el entorno de una de las calles de los Medici de Florencia con la misma facilidad con la que circulaba con su camioneta por las calles de Miami.
Sería tonta si no disfrutaba de esos momentos con él mientras estaban los dos solos en aquel paraíso clásico.
—Unas cuantas veces. Pero las veces que he estado aquí sólo me he preocupado de las piezas de mobiliario. Los jardines son nuevos para mí —deslizó la mano por el murete de piedra caliza que flanqueaba la amplia escalera—. Muy bonitos.
—Yo he tenido la oportunidad de conocer bien los jardines —su trabajo en el museo la había llevado al complejo Vizcaya en numerosas ocasiones—. Deberías ver al menos una de las grutas antes de marcharnos.
Al llegar al final de las escaleras cuyo canalón se vaciaba en un estanque que tenía una fuente en medio, ________ aminoró el paso. Con el corazón latiéndole al mismo ritmo que su atrevimiento, tiró de él hacia el paso en el muro de piedra caliza que conducía a una gruta recluida y oscura.
Un paraíso para una mujer que tenía en mente el romanticismo... O algo más.
Y sin molestarse en consultar la opinión de su acompañante, ________ le echó los brazos al cuello y lo besó.

Capítulo 10
La parte lógica de su cerebro le decía a Joe que quería mostrarse políticamente correcto en cuanto al beso. De verdad.
Qué pena que sus instintos ya se hubieran dejado envolver por el suave calor del abrazo de ________ y por el indiscutible mensaje que transmitían sus labios. Él hablaba aquella lengua con fluidez, maldita sea, y con el sutil aroma a vainilla que llenaba sus fosas nasales y el cuerpo esbelto que se pegaba al suyo, cómo iba a interpretar aquellos signos más que del modo que los estaba interpretando.
Ella se pegó más a él en la oscuridad de la fresca gruta, acorralándolo con su peso contra la pared rugosa de la caverna. Y cuando él se apoyó con firmeza en la sólida roca deslizó las manos bajo su cabello largo y cálido. Ella flexionó los dedos y lo agarró de las solapas de la americana, tratando de pegarse más a él.
Joe se apartó del fuego líquido de su beso para buscar la confirmación de su interpretación. Necesitaba que ella fuera la que empezara esa noche ya que la última vez ella lo había rechazado.
—¿Qué es lo que quieres, ________ralda? —le preguntó, deleitándose con las ricas sílabas de su nombre, permitiéndose el lujo momentáneo del fluido acento de la lengua italiana que sus hermanos y él habían aprendido—. Necesito estar seguro.
El aliento de ________ralda se mezcló con el suyo en el ambiente cerrado de su escondite privado. Ella lo miró a los ojos en el oscurecido interior de la gruta, donde había un banco y una fuente pequeña. Por la arcada se filtraba la luz suficiente para que Joe pudiera ver el ardor de su mirada.
—Quiero la clase de placeres que me diste la otra noche —le susurró ella con voz suave, tan suave que Joe dudó de haberla oído, salvo por el detalle de que su cuerpo había reaccionado ya y porque la temperatura entre ellos dos se había elevado notablemente.
—¿Te gustó cómo te toqué?
Joe sabía exactamente lo que ella quería decir, lo que ella deseaba. Sin embargo, la idea de oírselo decir otra vez lo excitaba más que nada, y su erección ya golpeaba la cremallera de sus pantalones.
Le acarició la cadera y extendió los dedos sobre su muslo al máximo para tratar de abarcar lo más posible. Con el pulgar le presionó la carne suave y húmeda, y ella gimió como respuesta a sus caricias.
—Sí. Eso me ha gustado demasiado —se tambaleó sobre los talones y se enganchó a la cinturilla de sus pantalones.
Con los nudillos le rozó el miembro erecto; de tal modo que él aspiró con fuerza y cerró los ojos para dominarse.
—No es posible que algo así te guste demasiado —de eso estaba bien seguro.
Buscó el banco de piedra que estaba encajado en el rincón más oscuro del pequeño espacio y levantó a ________ en brazos.
—No me atrevería a negarte lo que deseas.
Ella emitió un leve gemido, al tiempo que él se sentaba en el banco y la acomodaba sobre su regazo; la cadera de ________ quedó pegada a la erecta longitud de su cremallera.
—Aquí... —susurró él sobre su cuello mientras se agachaba a besarla y a lamer con la punta de la lengua la piel palpitante de su cuello, degustando su sabor limpio—. Ahora...
A pesar del estremecimiento que la recorrió al escuchar sus palabras, ________ se relajó sobre su pecho y apoyó la cabeza en el hombro antes de cerrar los ojos.
Sólo podía verla entre las sombras de la gruta, pero sabía por sus labios separados y por su respiración agitada que tendría las mejillas sonrosadas y los labios más turgentes y rosados de lo normal. Su respiración reverberaba en su cámara privada al tiempo que el crujido de la ropa y los suspiros roncos se intensificaban.
Él le bajó el hombro de la camisa, pero se aseguró de descubrir sólo el lado del cuerpo que tenía pegado a él, por si de pronto aparecía algún guarda de seguridad, de modo que ________ no quedara expuesta a los ojos de nadie.
Debía ser sólo para él.
Deslizó las manos en el hueco perfumado entre sus pechos y bajó la boca hacia las curvas delicadas y turgentes que destacaba el sujetador de encaje blanco.
________ echó la cabeza hacia atrás y un pezón oscuro se elevó con decadencia justo por encima del encaje blanco. Joe se abalanzó sobre la carne delicada como un lobo hambriento y deslizó la lengua por debajo de la tela, saboreando la tirantez de su piel sobre sus labios.
________ gimió mientras le acariciaba el cabello, y curvó el cuello para agarrarlo contra su pecho. Un deseo febril se apoderó de él, un anhelo por poseerla en ese momento que ella estaba tan dispuesta...
Y tan caliente.
Quería darle la satisfacción que ella buscaba, o al menos ese orgasmo que parecía haberla eludido antes de conocerlo a él. Se sentía tan satisfecho de saber que era con él con quien lo había sentido de verdad, que él había tenido éxito donde otros habían fracasado.
—Eres un hombre atrevido, tocándome así en un lugar público —le susurró ella al oído—. ¿Crees que puedes ser un poco más atrevido y tocarme... en otros sitios?
—Afortunadamente para ti, nunca he pecado de cobarde.
Le deslizó la palma de la mano por el costado, la cintura y la curva de su cadera; continuó deslizando la mano y la metió bajo la falda y la combinación de seda que llevaba debajo.
Cuando finalmente alcanzó la barrera de encaje blanco que separaba sus dedos de su objetivo, ________ soltó un sollozo mezcla de placer y de frustración. Joe agarró con fuerza la fina tela y le arrancó las braguitas de un tirón. ________ gimió de placer mientras le besaba sin parar en las mejillas, en la frente, en el cuello y por toda la cara.
—Estoy empezando a pensar que tal vez un hombre audaz acabe siendo beneficioso.
Joe se guardó las braguitas de ________ en el bolsillo y no tardó en volver a meterle la mano entre los muslos, siempre asegurándose de que la falda cubría todo. Le acarició el vello sedoso y rizado hasta llegar a su sexo mojado y resbaladizo.
La besó para ahogar sus gemidos y le mordisqueó y succionó el labio; entonces ella arqueó las caderas para que él la acariciara con más premura.
Él se recostó en la pared y apoyó a ________ralda sobre él, todo ello sin dejar de besarse con sensualidad, enredando sus lenguas con erotismo mientras él le introducía el dedo un poco más entre los pliegues suaves y mojados de su entrepierna para saborear su dulce calor.
Con la paciencia nacida del único objetivo de darle placer, Joe ignoró el dulce tormento de sus caderas meneándose sobre su erección, girando sobre la parte más sensible de su cuerpo en ese momento. Mientras imitaba el mismo movimiento con la lengua, Joe presintió el deseo tembloroso de ________, la tirantez en todo su cuerpo.
Al poco le deslizó dos dedos en el sexo y ella empezó a moverse y a arquear la espalda con salvaje abandono, mientras le apretaba la mano con los muslos al tiempo que su cuerpo se contraía en dulces y repetidos espasmos.
________ le clavó las uñas en la cazadora al tiempo que se pegaba más a él. Por su parte, Joe sintió una gran satisfacción, a pesar de no poder tomarla allí en la oscura gruta de los jardines del complejo Vizcaya. Al menos le había dado lo que ella había deseado, precipitándola a los abismos de placer que tan nuevos le parecían.
Apoyó la cabeza sobre la rugosa superficie de las paredes de la gruta, rogando para poder dominarse lo suficiente para poder salir de allí con normalidad. Sin embargo, cuando pareció que su respiración volvía a la normalidad, ________ le agarró la hebilla y empezó a quitarle el cinturón. Ella todavía sentía suaves oleadas de placer que la recorrían por todas partes, y el pulso le latía entre las piernas con una intensidad jamás sentida. Necesitaba sentir a Joe dentro de ella. Y tenía que ser ya.
—¿Estás segura de esto? —le susurró él a través de la nebulosa de sensualidad que la rodeaba.
—Sí, por favor. Ayúdame.
Lo deseaba tanto que le temblaban las manos. Lo que de algún modo había empezado como un plan para deleitarse con unos cuantos besos en un escenario muy romántico, había escalado a un encuentro erótico que recordaría el resto de sus días.
Su avidez por Joe iba más allá de la ridícula promesa que le había hecho a Pauline Wolcott de ser más arriesgada. ________ lo deseaba con una fiereza que la sorprendía.
Con esa mezcla de caballerosa deferencia y total arrogancia masculina con la que había llegado a identificar a Joe Cesare, él cedió a lo que ella le pedía con toda rapidez. Se desabrochó el cinturón a toda velocidad y se abrió los pantalones, bajo los cuales llevaba unos bóxer de seda que parecían estar decorados con...
—¿Una bandera italiana? —dijo ella con una sonrisa en los labios.
—Tengo que demostrar mi orgullo —consiguió murmurar con palabras estranguladas mientras ella le plantaba la mano en la rígida columna de su sexo.
—Desde luego es para estar orgulloso —dijo ________ con voz ronca—. Éste es un saludo muy impresionante.
Él emitió un gemido entrecortado al tiempo que ella le deslizaba la mano por su erección.
Él la sentó a horcajadas en su regazo, con la falda cubriéndole las piernas y ocultando su posición íntima bajo toda aquella tela. ________ acercó su sexo al suyo mientras sentía un cosquilleo delicioso, un deseo renovado.
Ella le habría dado el preservativo que llevaba en el bolso si él no hubiera sacado uno del bolsillo de su cazadora en ese momento. Joe rasgó rápidamente el envoltorio y se lo puso con una velocidad y una destreza que la sorprendieron. Que la complacieron, la verdad.
A los pocos segundos él la levantó en vilo. ________ cerró los ojos, centrada en la provocativa proximidad de su cuerpo mientras Joe la colocaba justo...
Ahí.
Él entró en su cuerpo de un solo movimiento y la llenó de tal modo que ella no pudo moverse, tan sólo sentir. Sólo podía sentirlo bien dentro de ella.
Él le separó los muslos un poco con las manos para penetrarla un poco más, lo suficiente para golpearla hasta el fondo, para poder sentir todo el impacto de su sexo dentro de ella.
A pesar del orgasmo que la había sacudido antes, ________ se excitó de nuevo y los imparables movimientos la empujaban de nuevo a alcanzar la cima. Como si le hubiera leído el pensamiento, Joe metió la mano entre los dos y empezó a tocarla para provocarla y atormentarla.
________ se entregó a él, diciéndose que no le importaba la suprema seguridad en sí mismo de Joe cuando se trataba de aquellos temas. Otro día ya tomaría ella las riendas. En ese momento... En ese momento sólo deseaba seguirlo adonde él quisiera llevarla y disfrutar de su deliciosa habilidad.
La insoportable tensión se enroscó en su vientre de nuevo, la palpitante necesidad que él podría satisfacer si por lo menos...
La embistió de nuevo sin dejar de acariciarle entre las piernas. ________ estalló en un sinfín de leves contracciones que la sacudían por dentro, mientras continuaba cabalgando sobre aquella oleada de placer, aplastando sus caderas contra las de él inconscientemente hasta que él aulló cuando alcanzó también el orgasmo al tiempo que la agarraba de las caderas para dar el empujón final. La estrechó con fuerza, sellando sus cuerpos con el placer carnal mientras el aire nocturno los envolvía como el susurro de un amante.
________ se sentía tan satisfecha que dudaba de que pudiera moverse, menos aún hablar. Y por mucho que hubiera disfrutado de hacerlo en un sitio tan poco convencional, en parte le habría gustado estar metida en su cama para poder quedarse dormida entre sus brazos.
Aunque la misma situación la había angustiado la semana anterior, ________ había logrado atisbar un futuro profesional como marchante de antigüedades y la experiencia le había proporcionado más confianza en sí misma. Incluso ella también se sentía un poco atrevida. Y le daba la impresión de que no se mostraría tan proclive a querer arreglarle la vida o el reproductor de vídeo si fueran a pasar otra vez la noche juntos.
Tal vez había llegado el momento de aventurarse de nuevo.


Los largos silencios femeninos eran señal de que una mujer como ________ estaba pensando en cosas muy serias. Seguía allí abrazada a su pecho, deleitándose con el suave placer posterior a la explosión de las sensaciones, y Joe la conocía ya lo suficiente como para saber que si no se había movido aún, seguramente estaba meditando.
La última vez que habían estado juntos en la cama de ella, ________ no había sabido cómo apartarse del terreno sexual para devolverlos al profesional.
Esa vez él le ahorraría el lío; le demostraría que estaba dispuesto a seguirle la corriente hasta que se le pasara cualquier complejo que pudiera sufrir por culpa de los hombres autoritarios. O, que Dios le perdonara, hasta que él aprendiera a ser un poco menos mandón.
¿Pero cómo le daba uno espacio a una mujer que no estaba lista para una relación? ¿Una mujer que estaba tratando de reafirmarse en su vida?
—¿Qué te parece si vamos mañana al despacho del abogado y hacemos la sociedad legal?
¿Acaso no era eso fenomenal? Esa vez no lo acusaría de ponerse a controlarla después de hacer el amor. Sobre todo cuando claramente le estaba ofreciendo dejar en sus manos el asegurar legalmente su igualdad profesional.
Sin embargo, el silencio reinó en la gruta después de su pregunta. ________ continuaba inmóvil.
—¿________? —la agarró por los hombros—. ¿Qué te parece?
Ella se puso derecha y lo miró a los ojos; estaba un poco oscuro para ver la cara que ponía, pero la frialdad de su tono de voz fue suficiente para dejárselo bien claro.
—Parece un plan muy razonable. ¿Nos vamos?
Ella se levantó de su regazo, se estiró la ropa con cuidado y se peinó la melena con los dedos.
—He vuelto a decir algo fuera de tono, ¿no?
¿Por qué narices se le había ocurrido que podría tener una relación con una mujer callada? ¿Cómo sabía un hombre lo que pensaban las calladas?
¿Pero además, desde cuándo le interesaba a él una relación? ¿Acaso no había jurado no volver a estar con una mujer desde lo que le había pasado con Celeste? Al menos hasta que había conocido a ________. De pronto se dio cuenta de que ella era la primera con la que se acostaba después de lo de Celeste. Callada o no, esa mujer había pasado a ser muy importante para él en muy poco tiempo.
—Por supuesto que no has dicho nada fuera de tono —________ sacó los documentos de su reunión de negocios y se echó de nuevo el bolso al hombro—. Sólo es que estoy acostumbrada a llevar una conversación de negocios con la ropa puesta. Lo siento, no estaba lista para el cambio de tema.
Joe se terminó también de vestir.
—Bueno, el sarcasmo puedo soportarlo —salió de la gruta—. Sólo trataba de ahorrarte el trabajo de no tener que resucitar cierta distancia entre nosotros. Es algo peculiar en ti, que no eres precisamente muy cariñosa después del sexo. ¿Te acuerdas que la otra vez me echaste de tu apartamento?
________ lo había seguido a los jardines, pero no dejó de andar a pesar de lo que le estaba diciendo Joe.
—No te eché de mi apartamento.
—Te faltó tiempo, reconócelo —se retiró para que ella continuara avanzando—. Sólo pensé que te ahorraría el estrés de tener que pensar qué hacer conmigo esta vez. No hay estrés, ¿de acuerdo? —alzó la mano para demostrarlo—. No pienso presionarte.
________ negó con la cabeza y continuó caminando. En sus labios se dibujaba una suave sonrisa mientras abandonaban el recinto del complejo hacia el aparcamiento.
—Eres un hombre intrigante, Joe. ¿Quieres decirme por qué te molestas en aguantarme a mí y mis peculiaridades cuando podrías tener las mujeres que quisieras?
—¿Por qué me molesto en aguantarte? Aparte del hecho de que eres preciosa, lo cual ni siquiera es algo tan importante para mí, eres en parte tradicional y en parte atrevida, y eso me parece divertido. Nunca te habría imaginado como una mujer a la que le gustara practicar el sexo en una gruta, sin embargo me has dejado mera de combate. Tal vez sólo quiera ver qué vas a hacer ahora.
Podría continuar diciéndole un montón de cosas que le gustaban de ella, pero dudaba que ella, en su esfuerzo por proteger su espacio vital, quisiera escucharlas.
Además, sólo empezaba a darse cuenta de todo lo que veía en ella.
Cuando se iban acercando a la camioneta, el único vehículo que quedaba en el aparcamiento, ________ aminoró el paso.
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MensajeTema: Re: UNa nOOchE lOCa___seX_ROMANTIC_LOVERS   Junio 7th 2010, 13:54

—¿Has tenido muchas relaciones serias en tu vida? —ella le echó una mirada pensativa mientras se pasaba la mano por los brazos, que se le habían quedado un poco fríos con la brisa nocturna.
—Una; y acabé yo solo esperando en el altar. Así que imagino que por la otra parte no era tan seria la cosa. ¿Y tú? —Joe le abrió la puerta, contento de que ella no hubiera dicho ni palabra de tomar el autobús a casa.
Su expresión se suavizó y frunció el ceño con gesto comprensivo; aunque eso fuera lo que menos deseara de ella.
Él la empujó suavemente para que entrara, antes de que ella pudiera preguntarle más cosas sobre su experiencia con Celeste.
—Vamos, confiesa. Seguro que has roto muchos corazones en el pasado, ¿no, ________?
—Ninguno. Esto de las citas es algo nuevo para mí. He estado demasiado enfrascada en mi trabajo y en los compromisos como para ocuparme de esas cosas. Bueno, lo retiro... Creo que en realidad he sido demasiado cobarde para salir con nadie porque nunca se me dio muy bien... ¿Hace cuánto tiempo que tu prometida te dejó plantado?
—Seis meses. Hasta que te conocí a ti no quería ver a las mujeres ni en pintura. Que te dejen plantado ante el altar te quita las ganas de todo, por muy sano que estés. Al menos temporalmente —le sonrió mientras la ayudaba a sentarse—. ¿Estás lista?
—Casi. ¿Te das cuenta de que yo he vivido una experiencia desagradable? —sujetó la puerta con una mano para que no pudiera cerrarla—. Estoy segura de que lo nuestro es una de esas aventuras pasajeras.
________ le echó una sonrisa antes de dejar que cerrara la puerta, como para señalar que la discusión quedaba zanjada.
¿Una experiencia desagradable?
Joe no supo qué decir después de eso. Estaba claro que ________ no sabía nada de él si pensaba que estaba con ella sólo para pasar el rato.
Tal vez sólo hubiera llegado una vez al altar, pero eso no significaba que cuando salía con una mujer lo hiciera para pasar el rato. Su padre le había inculcado demasiado respeto hacia las mujeres como para tratar a ninguna de ellas con nada que no fuera suma consideración.
Y desde luego ________ le inspiraba el deseo de protegerla como jamás le había inspirado ninguna otra mujer. Lo cual, siendo él un hombre autoritario como era, era sin duda una señal de que había iniciado el camino de algo más que una aventura.

Capítulo 11
Mientras cambiaba de marchas para continuar avanzando por la avenida Ponce de León a las cinco de la tarde una semana después, ________ rezaba para no acabar arrepintiéndose de haber comprando un coche de segunda mano con cambio de marchas manual.
Sin embargo, a medida que iba manejando el vehículo con la habilidad que daban los años de experiencia, sintió una oleada de orgullo.
Lo conseguiría.
Ser dueña de sus actos desde que había empezado a trabajar con Joe había sido una consecuencia tremendamente liberadora para ella. Había conseguido tantos pedidos de reproducciones de piezas antiguas que Joe había tenido que contratar a otra persona para que lo ayudara.
O al menos eso le había dicho por teléfono la noche anterior.
No lo había vuelto a ver desde su sexual encuentro en la gruta del complejo Vizcaya; y seguramente era mejor. La relación con Joe era demasiado para ella.
En ese momento, mientras conducía a toda prisa hacia su casa para repasar los nuevos pedidos, ________ trataba de decirse a sí misma que él había hecho bien en retirarse la otra noche. Aunque a ella le había decepcionado que la noche tuviera que terminar ahí, se había dado cuenta también de que en su vida había ya demasiados líos como para imponerse a otra persona. Aunque había tenido éxito en su intento por superar las experiencias pasadas, todavía pasaba tanto tiempo rumiando sobre lo ocurrido como mirando hacia el futuro. Y ésa era una tendencia que se negaba a continuar.
Sencillamente no podía tener una relación con nadie hasta que no se enfrentara a unos cuantos demonios del pasado, por ejemplo lo que había sufrido con el sobón de su ex jefe en el museo. Para poder sentirse en paz con todo lo que había pasado, tenía que ser franca con los hombres. Y una cosa que había aprendido de su nueva asociación con Joe era que su voz merecía ser oída. Y así sería.
En cuanto pudiera armarse de valor para hacerlo.
________ viró con su Ford azul marino por el camino de entrada a la casa de Joe, agradeciendo la paz que sentía toda vez que se había decidido. Junto a la camioneta de Joe había otras dos aparcadas; una negra y otra como la de Joe, pero más pequeña, y en la que se podía leer el logotipo de la empresa familiar en letras doradas.
Sintió cierta decepción sólo de pensar que no tendría a Joe para ella sola. Aunque lo cierto era que cada vez que se acercaban el uno al otro acababan desnudos, y en ese momento ella no estaba para correr ese riesgo, teniendo en cuenta que no estaba lista para una relación seria.
Dio la vuelta a la casa y se dirigió hacia el patio trasero donde estaba el taller. Una melodía de rock le llegó a los oídos antes de ver a su presa, al hombre del que tenía que mantenerse alejada: a Joe Cesare.
Estaba de pie junto a otros dos hombres, y en ese momento los tres se inclinaban con interés sobre un aparador macizo de estilo colonial. Cuando ella accedió del césped al camino de losetas, los tres se volvieron a mirarla.
Uno de los otros hombres era rubio, musculoso y con el pelo muy corto; el otro se parecía tanto a Joe que sólo podría haber sido su hermano. Éste último le sonrió y avanzó hacia ella, pero Joe se le adelantó y le rodeó la cintura con el brazo con gesto posesivo, y la apartó ligeramente de los otros dos.
—¿Cómo has llegado hasta aquí? —le preguntó en voz baja para que nadie lo oyera, pero su tono no tenía nada de suave—. No habrás...
—Me he comprado un coche —balanceó las llaves delante de Joe para que se convenciera—. Hola, Joe.
Habría saludado a los otros dos, pero él la agarraba con firmeza y el calor de sus dedos parecía traspasar la seda de su blusa.
—¿Te has comprado un coche?
—Sí. Era el coche usado más nuevo de todos —dijo, sabiendo que había hecho un trato provechoso—. ¿Bueno, no me vas a presentar a tus amigos?
No tenía modales, pero el brillo de apreciación que vio en sus ojos al mirarla le compensó un poco.
—De acuerdo. Pero luego quiero probar yo el coche.
Volteó los ojos y se soltó de él, curiosa por saber quiénes eran los hombres que estaban trabajando con Joe. A su espalda, oyó suspirar al guapo italiano.
El hombre más alto y de pelo negro se adelantó antes de que ella llegara y se presentó.
—Hola, soy Nico Cesare, el hermano del neandertal. A tu servicio.
—________ralda________. Encantada de conocerte.
Mientras le daba la mano ________ se fijó en que Nico no era tan parecido a su hermano. Tenía las facciones más afiladas y parecía como si hubiera estado en unas cuantas peleas callejeras. Era un poco más alto que Joe, con movimientos económicos y eficientes en oposición a la perezosa gracia de su hermano.
________ tuvo que retirar la mano, y sin embargo sintió que Nico lo había hecho simplemente para provocar a Joe, que enseguida comentó algo sobre el egoísmo de los deportistas profesionales.
A pesar de la fuerza de Nico, y al igual que le pasaba con Joe, ________ no se sintió en absoluto amenazada por el hermano mayor.
—Y éste es Brody Healy —dijo Joe, que de nuevo le echó el brazo a la cintura para apartarla de Nico—, cuyos modales son mejores que los de mi hermano. Brody es el mejor ebanista del equipo, de modo que quise ver si le gustaría trabajar conmigo en las reproducciones.
________ le dio la mano antes de echar un vistazo al aparador de cerezo que había detrás de él.
—Esa madera es preciosa —complacida, sonrío al hombre más joven, que le sonrió y se sonrojó.
Nico arrancó una enorme flor naranja de un hibisco y se la pasó mientras se unía a ellos.
—Hemos terminado unas cuantas piezas más que se están secando en el taller. ¿Te gustaría verlas?
Joe se colocó entre los dos antes de que ella pudiera decir que sí.
—Tranquilo, hombre. Me prometió enseñarme algo primero, así que tú y tus tardíos intentos por mostrar educación pueden volver al trabajo.
Condujo a ________ hacia la suave pendiente de césped cargada de arbustos de flores tropicales, pero antes de darse la vuelta vio que Nico le guiñaba un ojo.
Joe estaba tan enfadado que ella creyó que iba a empezar a echar humo.
—Es inofensivo, sólo quiere hacerme pasar un mal rato —la llevó hasta la parte delantera de la casa, dejando a Nico y a Brody con su trabajo en el patio del taller para ir a ver su coche nuevo.
—¿Lo ves? —dijo ella—. Tiene cuatro ruedas y todo. Ni un autobús más para esta mujer independiente.
Cuando Joe terminó de examinar el coche por dentro y por fuera, alzó la cabeza y levantó los dos pulgares.
—Muy bien, señorita. Te has hecho de un buen coche.
________ sonrió, muy orgullosa de sus habilidades para el regateo.
—¿Te he dicho que lo he conseguido por un precio irrisorio? —dijo ella.
Joe cerró la puerta del coche y volvió adonde estaba ella sin dejar de mirarla a los ojos.
—Sé que sabes manejártelas sola. Tal vez sólo pensé que podría ayudarte. Como tengo que comprarle un coche a mi hermano también, pensé que podríamos haber conseguido un precio mejor comprando dos a la vez —se encogió de hombros mientras se pasaba la mano por la cabeza—. Sé que estás tratando de demostrarte cosas a ti misma, ________, pero no se te ocurra pensar que me tienes que demostrar algo a mí.
De pronto se acercó un poco más a ella, destilando una fuerza de voluntad que a ________ le resultó casi palpable. Ahogó un suspiro y se aguantó las ganas de tocarlo.
—Mi madre me enseñó a que si no espero mucho de la vida, jamás me sentiré decepcionada —y tal vez para una bibliotecaria enfrascada en la investigación que nunca se había casado, que nunca había salido del la vecindad donde se había criado, había sido una lección importante en la vida para evitar el desencanto—. Pero estoy empezando a darme cuenta de que si uno no tiene ciertas expectativas, si no consigues ser el mejor, ¿cómo vas a conseguir mejorar?
Tal vez su madre se hubiera contentado aislándose del fracaso y evitando los riesgos; pero ________ se negaba a seguir viviendo así.
Joe la miró con el ceño fruncido.
—No lo entiendo. Ya te has arriesgado mucho metiéndote en este negocio, aventurándote a acudir a una cita a ciegas que acabó siendo una cita con un completo extraño... Ya te estás arriesgando mucho.
Pero no podía correr el riesgo más grande de todos; el riesgo a enamorarse de un ebanista sexy y arrogante, de un artista que le hacía temblar de arriba abajo sólo con acercarse a ella.
—Esos riesgos sólo los estoy corriendo ahora, en las últimas semanas. Voy a necesitar algo más que eso para demostrarme a mí misma que no necesito la aprobación de nadie, que me basta con sentir respeto por la persona que soy y por lo que hago —se apoyó contra el guardabarros de su coche—. Me pasé años trabajando como ayudante de un baboso en el museo cuando en realidad yo hacía todo su trabajo aparte del mío; y aun así permití que me tratara con muy poca profesionalidad durante muchos años. ¿Por qué? No quería zarandearlo todo. Además, nunca había esperado alcanzar la gloria siendo la ayudante del director de un museo, así que el hecho de no haber sido así no debería haberme sorprendido. Me conformé con ser la segundona durante demasiado tiempo.
—¿El pervertido que te acosaba era tu jefe? — el volumen de la voz de Joe aumentó en pocos segundos.
Extrañamente, su rabia tan sólo la consoló. Ojalá hubiera tenido la sensatez de mostrarse furiosa con Miles Crandall cuando se había apretado contra su cuerpo y besado en contra de su voluntad. En lugar de eso se había zafado de él y había salido corriendo, pero no había dado rienda suelta a su rabia.
—Un poco asqueroso, ¿no? Pero todavía no he podido olvidarme de lo que pasó. Necesito encontrar el modo de digerirlo antes de seguir adelante —antes de tirarse encima de él o de enamorarse de él—, y hacer las paces conmigo misma.
Joe se mordió la lengua y cerró los ojos; se apretó las sienes para aliviar la furia que le latía en las venas. Dejaría la paliza al asqueroso del museo para otro día, en ese momento necesitaba hacerle ver a ________ que tenía más cosas a favor suyo de las que pensaba.
Y gracias a la ayuda de su hermano del día anterior, tenía la perfecta manera de demostrárselo.
—Tengo algo que quiero enseñarte —Joe le puso la mano en la cintura y la animó para que echara a andar—. He hecho un regalo para ti que quiero que veas.
Ella lo miró con desconfianza.
—¿Quieres venir conmigo, por favor?
—¿Un regalo? —dijo ella mientras empezaba a relajarse un poco y avanzaba unos pasos junto a él—. ¿Para mí? Pero faltan cuatro meses para mi cumpleaños.
Al dar la vuelta a la casa hacia la parte de atrás, consiguió que su hermano lo mirara a los ojos y le hizo una seña para que se largara de allí. Quería estar a solas con ________.
—No es esa clase de regalo —después de descubrir el pedazo de madera de arce, el objeto había tomado forma solo—. Ya lo verás.
Su hermano y el otro ayudante se marcharon sin demora, y Nico sólo se entretuvo un momento para llevarse un cheque con el que comprarle un coche a su hermano Marco que pensaba subirle a Boston ese fin de semana.
—Espero que no se hayan marchado por nosotros —dijo ________ mientras inspeccionaba el aparador de cerezo a la suave luz de las farolas del camino.
—No —mintió, deseoso de enseñarle el proyecto en el que llevaba trabajando toda la semana—. Hace rato que deberían haberse marchado. ¿Bueno, vienes o no conmigo a ver tu regalo, o tengo que llevarte en brazos?
Ella pestañeó, alzó el mentón y lo miró con tozudez.
—Desde luego puedo caminar.
Joe la levantó en brazos y se la echó al hombro, y ________ soltó una risilla estrangulada.
Cuando entraron en el pequeño cobertizo donde trabajaban la madera, el perfume del jazminero dio paso al del serrín mezclado con el del poliuretano seco.
Joe la dejó en el suelo despacio, tomándose su tiempo para apreciar las suaves curvas de su esbelto cuerpo.
Sus miradas se encontraron al tiempo que sus muslos se rozaban. Sólo que Joe no vio a una mujer recelosa que evitaba los riesgos. La ________ralda________ que tenía delante parecía lista para desnudarse y volver a sus brazos.
Ignoró la urgencia de cavernícola que lo animaba a llevársela a la cama y tenerla allí días y días y retrocedió un poco.
—Llevo toda la semana trabajando en esto — dijo con voz ronca cargada de deseo y de mucha ilusión.
¿Acaso no había aprendido después de lo de
Celeste que no podía uno apresurarse con las relaciones?
—Bueno, he estado trabajando en ello durante todos mis ratos libres simplemente porque se me metió la idea en la cabeza en cuanto supe lo que quería hacer —agarró una esquina del paño que cubría la pieza—. Hace un tiempo encontré un pedazo enorme de madera de arce; no te rías, pero nada más tocarlo pensé en ti.
________ se acercó. Joe tiró del paño y dejó al descubierto la enorme mesa de estilo colonial, una pieza de líneas suaves y superficie ancha.
Ella emitió un gemido entrecortado, medio placentero, medio sorprendido. Cuando se agachó para pasar la mano por la superficie que había sido envejecida, Joe sintió que se le atenazaba la garganta.
—Me parece algo muy a tono con una mujer que hace negocios para beneficio propio. Espero que cuando la mires, cuando la uses, pienses en lo fuerte que eres.

Capítulo 12
Se sentía como Alicia en el País de las Maravillas junto a aquella enorme pieza de mobiliario.
—¿La has hecho para mí?
—Tenía que hacerla para ti. Llevo meses mirando el bloque de madera de arce, y en cuanto te conocí... —chasqueó los dedos—. Supe exactamente lo que quería hacer con ello.
A ________ le gustaba haber sido la fuente de inspiración de alguien.
—Me encanta. Es magnífica —dijo mientras continuaba pasando las manos por encima—. Pero no puedo entender cómo me has relacionado a mí con este precioso mueble; es tan fuerte, tan sólido.
________ sintió que él se acercaba por su espalda.
—La valiente determinación que has mostrado para iniciar tú sola un negocio me parece algo muy sólido también —le dijo en tono sereno, pero que al mismo tiempo enardeció sus sentidos y sacudió algo en su interior.
—No creo que fuera muy valiente; más bien un intento desesperado.
—¿Y todos los clientes que has conseguido ya? ¿Eso también es desesperación? —le preguntó.
Ella se dio la vuelta, incapaz de ahogar las lágrimas que estaba a punto de derramar. Su generoso gesto contenía la fuerza suficiente como para derribar todas las barreras, pero le conmovió más que él la viera así.
No podía decepcionarlo cuando había depositado tanta fe en ella.
—Puedes estar seguro de que a partir de hoy esta mesa me inspirará —tragó saliva, irremediablemente atraída por la intensidad de su mirada—. Gracias, Joe.
Él sonrió mientras le deslizaba las manos por los brazos con suavidad.
—¿Te parecería mi regalo interesado si te pidiera un beso?
Se le quedó la garganta seca; o tal vez sería porque se le había subido el corazón a la garganta. De pronto no sabía qué decir, pero desde luego estaba feliz de complacerlo.
Así que ________ se acercó a él, deleitándose con el calor de su cuerpo grande y fuerte. Él no se hizo de rogar y la abrazó y estrechó contra su cuerpo.
Ella se puso de puntillas y unió sus labios a los suyos, para darle lo que él le había pedido. Un beso era algo sencillo, la verdad; no debería tener la fuerza para hacer que le temblaran las piernas o para que se derritiera por dentro; y sin embargo nada más ladear la cabeza para besarse mejor, sus labios despertaron su pasión.
Se había dicho para sus adentros que necesitaba primero librarse del pasado, pero todo pensamiento del pasado parecía difuminarse con la intensidad del ardor del presente y la pausada posesión que Joe hacía de sus labios y su boca. La suave caricia de su lengua y de sus manos sobre su cintura le recordaron por qué era tan maravilloso ser una mujer. Y ser deseada.
—Gracias —susurró ella entre beso y beso, y entonces tiró de él hacia la puerta—. Si me acompañas te voy a demostrar lo mucho que te agradezco tu regalo.
—No necesito gratitud —respondió Joe con voz ronca al tiempo que salían fuera—. Pero si te empeñas tanto...
—Pues no pienso cambiar de opinión en ese punto —respondió ________.
El aroma a jazmín perfumaba la noche. En el vecindario se oían las voces de algunos niños que todavía estaban jugando, o las risas de una fiesta en otra de las casas.
—¿Qué clase de caballero sería si me interpusiera en el camino de una mujer tan decidida?
Joe le echó los brazos al cuello y dejó que ella tirara de él por el patio y por la puerta trasera de la casa.
—Uno no muy afortunado, eso seguro — ________ se paró en la cocina, pues no sabía hacia dónde tirar para ir a los dormitorios—. ¿Quieres probar suerte, socio?
Joe decidió en ese momento que con gusto dejaría tomar la iniciativa a una mujer que le hacía sugerencias como las que le hacía ella. Pensándolo bien, podría pasarse toda una vida transigiendo con ella si con ello pudiera pasar todas las noches de su vida así.
¿Cómo iba a importarle estar con una mujer que tomaba la iniciativa para terminar bajo las sábanas?
—Ya me siento muy afortunado —dijo él mientras moldeaba sus caderas curvadas—. No todos los días viene a mi taller una mujer bella y me arrastra a la cama para aprovecharse de mí.
________ entrecerró los ojos mientras aspiraba con fuerza. Su reacción al contacto entre sus caderas no disgustó a Joe. Todo lo contrario.
—¿En un solo día has dicho que soy fuerte y también bella? —________ tiró de él por el pasillo en busca de su dormitorio—. Será mejor que tengas cuidado, o vas a conseguir suscitar mi curiosidad.
Él se detuvo a la puerta de su dormitorio; no era el principal, sino el que había compartido con Nico toda la vida.
—________, tengo pensado abrirme paso hasta tu cama y hasta tu corazón antes de que te des cuenta —dijo él.
Joe no le dio oportunidad de que lo pensara mucho, sino que pasó a la acción y empezó a besarla de nuevo. Quería que ella pusiera sus cinco sentidos en el momento presente. El futuro y el pasado parecían inquietar a ________, pero desde luego también sabía aprovechar el presente para disfrutar todo lo posible.
________ lo empujó hasta la cama de estilo colonial confeccionada en bambú que había sido su primer proyecto grande cuando había cumplido dieciocho años.
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