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 Passion [Joe & Tu] [Mayores]

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Karen11
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 13th 2010, 23:21

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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 14th 2010, 18:58

Capitulo Diez




Sueños, Deseos, y Justificaciones


________ soñó con el león. La enfrentó y le rugió mostrando sus dientes. Incluso aunque ella estaba asustada, se le acercó. Con cada paso que daba, él se tornaba más temible. Ella se detuvo un momento, queriendo lanzarse contra él, aún asustada de hacerlo.

¿Por qué? ¿Por qué lo tentaba? ¿Ella creía que él la protegería? ¿Cómo podría, cuando él mismo se lastimaba? La sangre escapaba de una cuchillada sobre su corazón.

Él volvió a sacudir su cabeza y rugió con ira al cielo. ¿La haría trizas? No, él ya podría haberlo hecho. No. No, él nunca la dañaría.

Con repentina determinación, ella fue hacia él.

________ abrió sus ojos. La lámpara de aceite aún ardía. Pero ningún cuerpo caliente tocaba el suyo. Ella se sentó en la cama y luego suspiró feliz.

Llevando sólo su pantalón, Joe se reclinaba en una de las sillas cerca el hogar. Él la estaba mirando.

—Pensé que te habías ido —dijo ella.

—No.

_________ miró el reloj. Casi las tres de la mañana. Deslizándose de la cama, ella tomó el cobertor por modestia.

—Yo debería haber ocultado esa cosa mientras dormías.

_________ sonrió mientras se le acercaba. Él tomó su mano y la tiró sobre su regazo.

Ella le empujó el cabello que se había caído su frente.

—¿Por qué no estás en la cama?

—No podía dormir —su mirada osciló a la porción de busto que se revelaba por encima del cobertor—. Hubiera sido demasiado tentador despertarte si me hubiera quedado.

_________ trazó la curva de su oreja.

—Eso hubiera estado bien.

—Pensé que podrías estar todavía dolorida —su voz sonó ronca.

Ella sacudió su cabeza.

—Hace mucho que pasó. El único dolor que siento ahora es la necesidad de tenerte dentro de mí.

—Por Dios —murmuró él—. Eres mi tentación. No puedo resistirme a ti.

Ella meció su cadera contra su erección.

—Entonces no lo hagas —ella inspiró antes de tomar sus labios en un suave, indagador beso. Ella sintió que el cobertor se caía y lo dejó ir.

Antes, él la había llevado a un tembloroso clímax con sólo usar sus dedos. Apoyado en sus codos, él había visto cada jadeo y estremecimiento. Él la había animado con los tiernos besos que dejaba sobre sus labios. Ahora ella quería devolvérselos.

Se deslizó hacia un costado para terminar sentada a horcajadas, sobre sus piernas, y le desabotonó el pantalón. Él ya estaba duro. Aún así, mientras ella lo miraba, su tamaño se incrementó.

Él rozó sus pezones con las palmas de sus manos antes de ahuecarlas sobre los lados de sus llenos pechos.

La respiración de ella se aceleró. Ella adoraba su roce, adoraba el poder y la fuerza de él. Ella acarició toda la longitud de su suave carne con la punta de sus dedos.

Joe aspiró bruscamente, y sus caderas se inclinaron bajo ella mientras sus manos iban a descansar sobre sus caderas. Él levantó sus ojos hacia los de ella. Reflejaban una cruda, dolorosa necesidad. Y brillando intensamente detrás de la necesidad, estaba el dolor.

El corazón de ella se saltó un latido en su pecho.

Por un momento ella no supo que decir o hacer.

Entonces ella le dio de sí misma lo único en lo que podía pensar. Ella se apretó contra él y lo abrazó fuerte.

—Estoy aquí —susurró ella. Le besó el suave lóbulo de su oreja—. Estás a salvo conmigo.

No sabía de dónde vinieron las palabras, sólo que él parecía necesitarlas.

Sus brazos se apretaron alrededor de ella, y sus manos la apretaron a él.

Ella dejó besos sobre la fuerte columna de su cuello, inhalando el limón verbena, mientras frotaba los húmedos pliegues de su sexo a lo largo de su miembro.

Ella le enseñaría el camino. Ella lo llevaría al éxtasis.

Él gimió en su hombro, y una de sus manos se curvó alrededor de la plenitud de su pecho.

_________ se levantó contra él y capturó su boca en un beso que le ofreció todo lo que tenía. Él se pegó a ella con la boca abierta con un hambre que reveló la verdadera profundidad de su ansia. Y mientras su mojado sexo masajeaba su p*@e, le dejó darse un banquete con ella durante todo el tiempo que necesitara. Cuanto más tomaba él, más daba ella, hasta que finalmente él la liberó con un desgarrador jadeo.

Mareada y jadeando, ella se movió subiendo contra él, deslizando la hinchada carne de su clítoris hasta la congestionada cabeza de su p*@e. Y allí permaneció, frotando uno contra otro, mientras él introducía su pezón en la boca. Él la devoró vorazmente. Ella envolvió sus brazos alrededor de él y lo atrajo hacia sí.

Él tembló bajo ella, y su propio cuerpo tembló con necesidad contenida. Pero ella quería llevarlo más lejos. Ella quería hacerle olvidar todo ese dolor, aunque sólo fuera un momento.

Ella se movió un poco más arriba y presionó la mojada abertura de su cuerpo sobre la cabeza de su miembro.

Un gemido profundo se escapó de él mientras ella empujaba ligeramente y luego se retiraba.

Su cuerpo saltó bajo ella mientras ella hacía eso una y otra vez y otra vez. Sus brazos la aplastaron, sus manos aferradas a su pelo. Aún así, ella los condujo sobre cada breve pizca de prometedor banquete.

Las caderas de él comenzaron a empujar.

El sudor apareció sobre la frente de ella.

—Yo... yo te necesito —jadeó él.

__________ bajó la mirada hacia él, emociones y físicas sensaciones se mezclaban dentro de ella. El obsequio era suyo para dar.

Él presionó su mejilla a su pecho. Sus caderas levantadas.

—¡Dios, _________! Te necesito —repitió él con voz ronca.

El cuerpo de ella estaba tenso y palpitante.

—Estoy aquí —dijo ella y se deslizó bajando sobre él tomándolo hasta el final.

Él la apretó abrazándola, una mano agarrando su nalga mientras su boca recorría su pezón tan fuerte que ella sintió un pequeño tirón en su pecho.

Mientras lo sostenía contra ella, sin siquiera moverse, la poderosa palpitación que señalaba la liberación de él le trajo la propia. Ella jadeó de placer.

Las caderas de él se elevaron.

Los dedos de ella se apretaron en su pelo. Ella se estremeció y sacudió alrededor de él.

La lengua de él lamió su hinchado pezón.

El corazón de ella palpitaba. Ahogó un grito.

Él tembló y la agarró mientras ella dejaba caer un caliente, absorbente torrente de humedad.

Sus brazos se apretaron alrededor de él.

—Vamos, Joe. Vamos —dijo ella sin respiración.

Él gimió y corcoveó bajo ella y luego bañó su matriz con el espeso torrente de su semilla.

Ella no quería dejarlo ir, pero toda su fuerza abandonó sus miembros inmediatamente. Ella se derrumbó sobre él, descansando su cabeza sobre su hombro.

Él la sostuvo durante un largo rato, acariciando su pelo y presionando besos sobre su frente. Finalmente él dijo:

—Gracias. Creo que ahora puedo dormir.

__________ rió y se obligó a bajar de él. Cruzando hasta la cama, ella se deslizó bajo la sábana y se tiró sobre la almohada. Ella lo miró mientras se sacaba su pantalón. Él se unió con ella, pero no se acostó.

Inclinándose, él retiró un disperso zarcillo de pelo de su cara.

—Tu estás más allá de la hermosura —susurró.

Un caliente estremecimiento cosquilleó en su interior.

—Me complace que pienses eso.

Sus notables ojos se movieron sobre sus rasgos mientras él se sentaba y se apoyaba en las almohadas. Un frunce arrugó su frente.

—¿Quién era ese hombre contigo hoy?

_________ se sentó.

—Perdón por eso. Acabo de conocerlo —ella se volvió para enfrentarlo y cruzó sus piernas—. Es el sobrino de uno de los mejores amigos de mis tías.

—¿Realmente está cortejándote?

Ella elevó sus cejas.

—Supongo. Pero no creo que lo estará por mucho tiempo.

—El hombre es un asno —Joe frunció el ceño—. Y un libertino también. Yo podría haberle roto los brazos por agarrarte así.

_________ se abstuvo de comentar el hecho que él había hecho mucho más que intentar besarla cuando ellos se encontraron por primera vez.

Él la miró, y ella supo que había adivinado sus pensamientos.

—No hay ninguna comparación. Tu me deseabas.

Ella tomó su mano.

—Sí.

La mirada de él se enlazó con la de ella.

—Te tengo por dos meses. Lo último que toleraré es a un lascivo patán metido en mi camino. Deshazte de él.

Que él sintiera irritación por Zac Efron tanto como ella, la sorprendió.

—Lo haré. De hecho, después que te marcharas, encontramos una pareja en compañía de un grupo bastante grande de niños. El señor Efron comentó sobre ellos, entonces dejé caer sobre el lamentable hecho de que nunca tendría semejante familia —ella bajó sus ojos—. Eso debería disuadirlo. Pero de todos modos, debo tener en cuenta a mi tía. No puedo avergonzarla por ser grosera.

—Lo que es vergonzoso es la sugerencia que ese hombre sea apropiado para ti. Cristo, él es un oportunista de la peor clase. Él se casará contigo, niños o no, para luego quedarse con todo —Joe de pronto frunció el ceño—. ¿Cuál es tu situación, ________? Dices que eres la hija de un vicario, aunque el corte y calidad de tu ropa sugiere más riqueza que lo que esa profesión permite. ¿Tu marido era rico?

_________ se movió incómoda. Pensar en su marido era siempre una no bienvenida intrusión.

—Mi marido era un próspero terrateniente. Pero a su muerte, volqué toda la propiedad a mi padre. Yo tomé sólo una pequeña pensión de eso —ella se encogió de hombros—. También recibo algún dinero de un fideicomiso. Mi madre trajo una considerable dote con ella cuando se casó con mi padre. Desde luego, según su lado de la familia, ella desmereció su valor por casarse por debajo de su clase. Ellos apenas nos reconocen —_________ encontró la mirada café de Joe—. Pero mi madre era feliz. Ella se casó con mi padre por amor y nunca se arrepintió de eso.

Joe no apartó la mirada.

—Ese pomposo patán no te hará feliz.

________ sonrió.

—Lo sé —ella trazó las líneas de la palma de la mano de él—. Es sólo que estoy saliendo del luto, y mi tía adora jugar a la casamentera. Ella es, por lo general, muy buena en eso.

Joe parecía tenso.

—¿Es por eso por lo que has venido a Londres? ¿A encontrar un nuevo marido?

¿Por qué estaba él nervioso? ¿Qué pensaba? Señor, ¿pensaba que ella intentaba atraparlo?

—Vine a Londres por unas muy necesarias vacaciones, para ver a mi tía y primas, ver los monumentos, y atender algunos asuntos —ella lo miró a los ojos—. Eso es todo.

Su expresión no se alivió. ¿Qué le podría decir, y por qué esto comenzaba a hacerle daño?

—Joe, en dos meses volveré a casa. Volveré a la misma vida que dejé. Tu estarás libre, quiero decir, tú eres libre de hacer todo lo que se te de la gana.

Su ceño se hizo más profundo.

—¿Y cuántos hombres están en casa? ¿Cuántos están esperando que te deshagas de tu luto así ellos pueden comenzar a perseguirte?

Tanto alivio como confusión surgió en ella. ¿Por qué estaba él actuando celoso? ¿Cuál era su preocupación?.

—Joe, tengo muy pocos admiradores —ella sacudió su cabeza y sonrió—. Mis hermanas los tienen. Pienso que entre ellas poseen todos los corazones del condado.

Él no sonrió con ella.

—Sin intención de ofender, dulzura, pero eres una inconsciente.

_________ inclinó su cabeza a un lado con una sonrisa perpleja.

—¿Qué?

—Lo noté hoy, en el Palacio De cristal. Eras completamente inconsciente de todos los ojos que te seguían.

Ahora ella frunció el ceño.

—¿Qué ojos? ¿De quienes?

—Más que suficientes —gruñó él—. Y apuesto a que al menos tienes una docena de vecinos cachondos olfateando detrás de tus faldas en casa.

_________ pensó en eso.

—En serio, sólo puedo pensar en tres caballeros que podrían tener pensamientos en ese aspecto —ella lo miró—. Pero no estoy interesada en ninguno de ellos.

Él enroscó un poco de su pelo en su dedo mientras sus ojos cafés encontraban los de ella.

—¿En quién estás interesada?

Esta era la más extraña conversación. Él había dicho que llegaría el día en que estaría satisfecho. Ellos tenían un tiempo ya establecido juntos. ¿Entonces por qué él se preocupaba por qué haría ella después?

—No tengo ningún interés matrimonial en nadie.

Los ojos de él no abandonaron los de ella.

—Pero un día, ¿esperas volver a casarte?

¿Por qué quería él saber? ¿Cuál esperaba que fuera su respuesta? La imagen de ellos que ella había apartado antes floreció en su mente, donde él había sostenido su mano y había pronunciado unos votos que ella sólo lo oiría pronunciar en sus sueños.

Su mirada café sostenía la de ella. Su corazón le dolía.

—No lo sé —admitió ella suavemente—. Solía creer que no. Pero ahora… —ella bajó la mirada a la mano de él unida a la suya— yo podría soñar con eso.

Él estuvo en silencio por largo rato. Cuando ella finalmente levantó sus ojos, él todavía la miraba.

—No creo en relaciones duraderas. Sin embargo, si tu alguna vez vuelves a casarte y lo descubro, pienso que odiaré a ese hombre.

Él se acostó y la atrajo hacia él mientras pegaba su cuerpo al de ella.

Una afilada tristeza recorrió la columna de __________. ¿Pero qué justificación tenía para la tristeza? Desde el principio, ella había entendido la naturaleza transitoria de su relación. Cuando había aceptado su oferta, ella había sabido que habría consecuencias. Este dolor era la consecuencia inevitable de su decisión de estar con él. Desear a un hombre que no creía en relaciones duraderas. Anhelar lo que él nunca daría. Ansiar un futuro que nunca sería suyo.

Estos deseos imposibles eran la prueba que su maldad codiciosa nacía de la fornicación, el pecado engendra pecado.

Sus emociones estaban equivocadas, eran indefendibles. Su pecho se tensó.

Cuando rompemos las leyes de Dios, el mundo sufre.

_________ atrajo la sábana bajo su barbilla. Al menos este sufrimiento era enteramente suyo. Ella tendría que soportarlo. Ella debía soportarlo.

Ella no podía hacer nada más, ya que no podía resistirse a él.

El brazo de Joe se apretó alrededor de ella, y su mano se movió para sostener su pecho.

Ella suspiró, y su cuerpo se calentó en consuelo.

La absoluta verdad era que no podía resistirse a sus propios sentimientos por él. Ella se sentía físicamente realizada. Se sentía más fuerte y más atenta. Ella tenía renovado interés en su arte.

Ella se sentía viva.

¿Cómo podían todas estas cosas buenas venir de algo incorrecto? ¿Eran ellas su "precio de Judas” por traicionarse a sí misma?

¡No! Esta era la verdadera ________. ¿Señor, había olvidado la muchacha que ella era antes de su matrimonio? ¿Había olvidado la despreocupación y la risa que había llenado sus días? ¿Había olvidado sus esperanzas y sueños?

Ella había traicionado a su verdadero yo hacía mucho. Ella le había vuelto la espalda con el dolor de su estéril matrimonio y había permitido que su tendencia natural hacia el deber y la obligación se convirtiera tanto en su escudo como en sus atributos de definición. Había sido más fácil hacer constantemente por otros que enfrentar su propia negligencia.

Sus dedos se curvaron sobre la sábana. Siempre y cuando no hiriera a nadie más, ¿cuán malo podía ser complacer su necesidad por un tiempo? ¿Qué mal podía haber en encontrar su viejo yo, que había amado y reído, el yo que había entrado en su matrimonio con felicidad y esperanza?

Bastante pronto, su relación se terminaría. Hasta entonces, ella toleraría el sufrimiento y abrazaría las alegrías de estar con él. Aunque no supiera dónde la conduciría el camino, mientras las consecuencias de su viaje las aguantara ella sola, ¿qué daño hacía? ¿Qué daño…?
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 17th 2010, 22:49

Ohh! ddiiOs! amO estta nOveLaa!
me enCattanttah asii qmmO las demas tuyas! en seriiO!
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 18th 2010, 15:33

Joe despertó lentamente.

El cuarto estaba alumbrado con la débil luz del comienzo de la mañana. En algún sitio, justo fuera de la ventana, un palomo arrullaba a su compañera.

En sus brazos, _________ suspiró y se acurrucó más estrechamente contra él. Su mejilla yacía contra su pecho, y su pelo cubría su brazo.

Él no quería moverse. Él deseaba dormir al lado de ella en las últimas horas de la mañana. Deseaba levantarse con ella y compartir el desayuno con ella. Deseaba hablar con ella. Él quería verla vestirse. Después deseaba desnudarla.

Él arrastró su dedo por el puente de su delgada nariz. Quería quedarse, solamente quedarse, con ella.

Suspiró. Pero él había prometido discreción. Empujando hacia atrás su pelo e ignorando su erección mañanera, él se obligó a mirar el reloj. Casi las cinco. Hora de levantarse y partir.

Lentamente, para no despertarla, deslizó su brazo de debajo de su cabeza y salió de debajo de las sábanas. Recogió su ropa de donde estas yacían, poniéndoselas mientras las encontraba.

Mientras se vestía, él la estudió. Aunque un poco más alta que la mayoría de las mujeres, ella tenía una delicadeza de rasgos y formas que le daban un aspecto refinado. Aún así no había fragilidad en ella. Suavidad y anhelo, sí, incluso súplica. Pero inteligencia y fuerza también.

Estando vestida, su elegante aspecto ni siquiera insinuaba los detalles íntimos de su cuerpo. Él nunca hubiera adivinado que sus adorables pechos habían sido agraciados con semejantes gruesos, apetitosos pezones. Él nunca habría adivinado que ese pequeño coño apretado que él primero tocó con sus dedos lo alojaría tan completamente. Él nunca habría adivinado que su dulce boca lo chuparía tan deliciosamente.

Él juró por lo bajo ante el curvo bulto en su pantalón y se dio vuelta alejándose de ella.

Sobre el escritorio, él notó una paleta de pintura y un bloc de dibujo abierto. Mientras se anudaba la corbata, él bajó la mirada a un hermoso iris pintado en acuarela. Parecía tan delicado como el original, que estaba en un florero al lado de la paleta. Intrigado, volteó las páginas. Seguían otros tres dibujos de plantas, cada uno tan hermoso como el anterior.

En la cuarta hoja, él se detuvo y miró fijamente. Dos jóvenes mujeres sentadas juntas en un cuarto que estaba sólo vagamente representado. Pero las mujeres en sí mismas eran magníficas. Una, con una cabeza llena de desenfrenados rizos, tocando el violonchelo. Sus brazos curvados alrededor del instrumento con la gracia de una bailarina, y su hermoso rostro luciendo una casi embelesada concentración. La otra sentada de cara a la primera. Con su mejilla apoyada en su mano, leía un libro. Su hermoso perfil, la curva de su cuello, la inclinación de sus hombros, todo, indicaba paz y tranquilidad.

Debajo de la imagen estaban escritas las palabras "Patience y Prim". No, no palabras. Nombres. Ellas debían ser las hermanas de ________, ya que él podía ver vestigios de su belleza en sus rostros.

Él sacudió su cabeza. Ella era más talentosa que lo que había pensado. Una cosa era capturar la esencia de una flor. Era completamente distinto capturar el espíritu individual y complejo de una persona.

Él miró fijamente el dibujo, poco dispuesto a volver la página. Esto era un pequeño atisbo de la vida de __________, una pequeña idea de lo que nunca sería parte.

Él de pronto deseó tener un dibujo de ella. Volteó más páginas, esperando encontrar un autorretrato. Sólo encontró páginas en blanco.

Entonces, en el final del libro, encontró algo que nunca hubiera esperado: a él mismo.

Asombrado, su garganta constreñida. ¿Así era como él lucía? Él reconoció sus rasgos y la expresión en su cara, pero había algo más en el dibujo que él no reconocía. Algo en sus ojos que él no sabía que mostraba al mundo, algo, quizás, que sólo podía ser visto desde el ángulo que ella lo había dibujado. ¿Qué era?

Él miró detenidamente la imagen, simultáneamente estudiándolo y maravillándose. Fuera lo que fuera, estaba más que sus ojos. Estaba en la curva de su boca y la determinación de su mandíbula también.

Él sacudió su cabeza. Por su vida que él no podía entenderlo. Pero cada cuadro era un reflejo de la visión del artista. Si ella lo veía tan bien parecido, bien. Eso le dio una ardiente sensación en sus entrañas.

Él volvió a mirarla. Ella todavía dormía, respirando profunda y regularmente. Él le escribió una nota rápida.

Incluso dormida, eres hermosa. Vendré otra vez esta noche.

J.

P.D. ¿________ Ermagine Diddlemot?


Él la dejó sobre su mesita de noche, donde sería seguro que ella lo viera.

Él deseaba volver a arrastrase en la cama con ella.

Pero no podía.

Se sentó en la silla cerca del hogar para ponerse sus calcetines y zapatos. Él la miró otra vez y notó su mano de finos dedos yaciendo con la palma para arriba. Esas suaves, placenteras, talentosas manos. Él sacudió su cabeza mientras se paraba. Él nunca lo habría supuesto.

El pote de chocolate todavía apoyado sobre la rejilla en el hogar. Él lo miró fijamente y luego la miró por sobre su hombro. Esa había sido la mayor sorpresa de todas, la oferta de chocolate caliente.

De repente y de improviso, las palabras de su madre surgieron ante él. ¿Qué? ¿Tu crees que ella será tu leal amante para siempre? No eres nada más que una novedad para ella.

Su cuello se puso rígido con mucho dolor. Las palabras lo enfurecieron. El pensar que _________ podría cansarse de lo que ellos tenían, que podría cansarse de él, era más inquietante que lo que podía explicar. Él odiaba el sólo pensarlo.

¿Aún así quien era él para abrigar semejantes sentimientos? Nunca nadie había mantenido su interés por más de cuatro meses. E incluso eso había sido estirando su consideración.

Él tendría que renunciar a _________ en dos.

Él recogió su camisón de los pies de la cama y aspiró la fragancia que se adhería a él. Sus ojos se cerraron.

¿Pero cuándo se apagaría esta ansia por ella?

¿Cuándo dejaría de anhelar por cada próximo momento que pudiera estar con ella?

Él dejó resbalar el camisón por entre sus dedos.

¿Por qué deseaba que dos meses pudieran ser dos años?







—Perdóneme, Señora Redington —recitó melódicamente Zachary Efron —pero luce usted justo como me he imaginado que Hermia podría aparecer mientras ella entra corriendo en el bosque detrás de su querido Lysander.

Zachry Efron bailaba el vals con ella alrededor de la atestada pista de baile del pabellón. Situado en el parque del Palacio de Cristal, el pabellón fue construido después del Palacio de Cristal mismo. La larga pista de baile, que había sido dividida esa tarde para una fiesta privada, podía acomodar casi mil parejas. Los sillones se alineaban contra las paredes, y seis salas de refrigerio se extendían separadas del salón principal.

—Gracias, Señor Efron —_________ forzó una sonrisa.

Aunque él pareciera querer comportarse como si nada en absoluto hubiera ocurrido en el Palacio de Cristal, ella se sentía incómoda en sus brazos y el rotundo estómago de él continuaba golpeándola.

También, aunque sus atenciones se hubieran enfriado ligeramente cuando ella le informó que no podía tener niños, su entusiasmo fue inmediatamente renovado cuando él se enteró que la prima de __________ estaba comprometida con un conde.

Mientras ellos volvían hacia donde su tía y las hermanas Efron se sentaban, _________ vio a Kevin Miller con ellas. ¡Perfecto!

—Oh mire, Señor Efron, su primo. Quizás nosotros deberíamos ir a saludarlo.

—Totalmente correcto, Señora Redington. Totalmente correcto.

Kevin Miller la miró dos veces mientras ella se acercaba, luego una lenta sonrisa se extendió través de sus hermosos rasgos. Él ni siquiera parecía ver a su primo, pero le extendió su mano mientras ella se acercaba.

—Por Dios, Señora Redington, está usted hermosa esta noche —él besó su mano—. Lo tomo como que usted está oficialmente fuera del luto.

Ella sonrió y comenzó a contestar, pero la Tía Matty habló primero.

—Ella ciertamente lo está y ya era hora, también. ¿Que una joven viuda lleve luto por dos años completos, le pregunto? —ella miró a las hermanas Efron, que se sentaban a ambos lados de ella—. Un año, desde luego. Dieciocho meses, quizás. ¡Pero dos años! ¡Ridículo! ¿No tengo razón, señoras?

Las hermanas Efron asintieron enérgicamente, como siempre hacían. Zachary se les unió.

—Tía Matty, por favor —rogó _________.

Kevin Miller le sonrió comprensivamente antes de la volverse a su tía.

—No puedo estar de acuerdo, Señora Dare. Por que entonces me hubiera perdido la vista de su asombrosa transformación.

—Bien, eso es verdad, Señor Miller —Tía Matty se abanicó y le sonrió orgullosa a _________—. _________ tiene un colorido poco común —admitió ella—. No hay otra señora que yo conozca que pudiera llevar ese color. A ella, sin embargo, le sienta a la perfección.

—No podría estar más de acuerdo, Señora Dare —dijo Zachary—. No podía estar más de acuerdo.

Kevin Miller le dio la mano a Zachary, pero rápidamente volvió su atención sobre ella.

_________ alisó la seda cobriza de su vestido. Ella deseó que Tía Matty no hablara como si no estuviera presente. Pero estaba contenta que su tía pensara bien de su aspecto. El vestido era austero, aunque elegante, bien cortado. Un fino cordón dorado rodeaba el escote, hombros, y espalda, y una faja con una pátina verdosa cruzaba en diagonal a través del corpiño. Esta se envolvía una vez alrededor de su cintura antes de caer, del centro, bajando por atrás de su falda. Ojalá que Joe pudiera verla.

—_________ tiene una particular afición por la ropa fina —siguió Tía Matty—. Los pasados dos años, ella ha estado relegada a los colores de luto. Los aborrezco sobre ella. Pero esta noche, se parece a una princesa —dijo sonriendo.

—¡Una reina! ¡Una emperatriz! —Exageró Zachary.

Las hermanas Efron sonrieron y asintieron.

__________ se sintió ruborizar. De todos modos ella sentía un placer casi vertiginoso al estar envuelta en seda cobriza y el adorno con la pátina verdosa.

Era bueno que su padre no se hubiera opuesto ante el gasto en un nuevo guardarropa. Ella deseaba que él pudiera haberla visto esta noche. Lo echaba de menos.

Kevin se inclinó y ofreció su brazo mientras las primeras notas de otro vals comenzaban.

—¿Me concedería usted este baile, Señora Redington? —él miró a Zachary, quien pareció que iba a protestar—. No puedes tenerla toda la noche, primo.

__________ tomó su brazo con placer, y ellos dieron vueltas sobre la pista de baile.

Los acordes del vals llenaban el enorme pabellón. Ellos dieron un paso y giraron pasando a una pareja después de otra, hasta que se perdieron entre la multitud de bailarines. __________ disfrutó muchísimo. No había bailado en tanto tiempo y, aunque ella no pudiera menos de desear que él fuera Joe, Kevin Miller demostró ser un compañero capaz. Él la giró en amplios arcos que los mezcló con los otros bailarines sin un golpe. La música aumentada; ella giraba.

—¿Capitanea usted los barcos que construye, Señor Miller? Navega la pista de baile con el paso seguro de un marinero.

Kevin sonrió.

—Interesante que usted dijera eso. De hecho, nunca he capitaneado un barco. Mi padre no lo permitía —él se encogió de hombros—. Yo era su único heredero. Él se preocupaba.

__________ esperó que la siguiente serie de vueltas pasara.

—¿Entonces cuándo se embarca?

Kevin se rió.

—No lo he decidido aún. ¿Le gustaría una copa de ponche?

—Sí, por favor.

Él sonrió y la llevó derecho a la entrada del salón de refrigerios.

Mientras ellos entraban, ________ oyó un sobresaltado jadeo a su lado.

—¡_________!

__________ se volvió ante el sonido de la voz de Demetria. Su prima se precipitó en sus brazos y luego se alejó inmediatamente.

—Oh, _________, me escurrí hasta aquí con la esperanza de verte. ¡Estás imponente!

__________ se rió.

—¡Tu también!

Demi dio un paso alrededor y miró el pelo de _________ y la espalda de su vestido.

—Oh, _________, me emociona verte así. Permitirte escoger el más perfecto color —tocó suavemente las doradas rosas cobrizas y hojas verdosas en el pelo de __________—. ¿Dónde encontraste estos?

—¡Demetria! ¿Qué estás pensando al dejar nuestra fiesta? —dijo por lo bajo la severa voz de Abigail Lovato—. Para de quedarte embelesada como si ella fuera el cerdo de cinta azul en una feria de pueblo —ella forzó una sonrisa a una pareja que pasaba y luego fijó una rápida mirada airada en Demi —. Estás dando un espectáculo.

La sonrisa se borró de la cara de Demi.

—Pero señora —Kevin Miller dio un paso adelante— era un espectáculo encantador —él le sonrió a Demi —. Es raro ver un espectáculo tan espontáneo de feliz admiración de una mujer a otra —él fijó su mirada fija en Abigail—. Ojalá más mujeres pudieran ser tan amables y seguras.

Abigail sostuvo su lengua. _________ sabía que fue sólo porque ella no conocía a quien le estaba hablando.

—Bien, _________ —dijo Abigail autoritariamente—. ¿No vas a presentar a tu escolta?

Desde su llegada a Londres, esta era la primera vez que había visto a Abigail Lovato. Ni una sola vez había sido invitada a la casa Lovato. Demi siempre venía a la de Tía Matty.

—Es un placer verla otra vez, Señora Lovato. Mi familia envía sus saludos y rezos por su bienestar.

Abigail levantó su barbilla.

—Puede usted enviarles mis saludos también. Y supongo que debería agradecerle por intentar enseñar a Demi a pintar. Eso fue un valiente esfuerzo, estoy segura. Pero ella tiene cosas más importantes que hacer ahora. Y me temo que no tendré la oportunidad de invitarlas a usted y su tía a mi casa.

_________ asintió. Mucho mejor, siempre y cuando todavía tuviera la posibilidad de ver a Demi de vez en cuando.

Ella se volvió a Kevin.

—Señor Miller, permítame presentarle a la prima de mi madre, la Señora Abigail Lovato, y su hija, la señorita Demetria Lovato.

Mientras Kevin tomaba la mano de Demi, Abigail se acercó.

—¿Tiene usted alguna relación con los Miller de Miller Shipping, señor?

Kevin asintió, pero mantuvo sus ojos sobre Demi.

—Sí, señora.

Abigail levantó sus cejas con arrogancia hacia _________, como si dijera, "Mi Dios, ¿no lo hacemos bien por nosotros mismos y no es sorprendente? “

—Bien —Abigail sonrió tan calurosamente como pudo— es muy agradable haberlo conocido, Señor Miller. Espero que usted nos perdone, sin embargo. Estamos comprometidos esta noche para una fiesta privada al otro lado del pabellón; es la primera salida de noche de mi hija con su prometido —Abigail tomó el brazo de Demi—. Vamos, Demetria, no queremos hacer esperar al conde.

Demi se atrevió a hacer esperar a Abigail un momento mientras ella hacía una pausa para dar un beso de despedida a _________ en la mejilla.

—Luces hermosa, y siento lo de tu Madre —susurró ella antes de que Abigail lograra separarla.

_________ suspiró.

—¿Supone usted que su escoba está en el guardarropa? —preguntó Kevin.

—¿Su qué?

—Su escoba —Kevin enlazó su brazo con el de ________—. ¿No es así como la Señora Lovato llegó esta noche, sobre una escoba?

_________ se rió mientras él la conducía a la mesa de refrigerios.







—Llegamos tarde — comentó Nick—. Madre estará molesta.

Joe se encogió de hombros mientras ellos entraban en el pabellón.

—Cuanto menos tiempo tenga que pasar en exposición, mejor.

Nick sonrió.

—¿Tu realmente odias esto, verdad? —ellos hicieron una pausa justo en la entrada—. Esto no es sólo por el bien de Madre. Es por tu novia también. Las invitaciones de la boda están siendo entregadas. Si no ponemos buena cara en esto, la nobleza la condenará al ostracismo.

Joe levantó sus cejas. ¿Invitaciones? En cuanto él tuviera esa carta, él enviaría las notas de cancelación.

—Y qué. ¿Quién necesita su aceptación? —él hizo un gesto a las altas cortinas y cuerdas de seda que separaban a la nobleza de la pequeña nobleza y la clase media acomodada que llenaba el resto del pabellón—. Míralos, todos arracimados aquí juntos. Ellos no son mejores que la gente del otro lado de esas cortinas, como si el cielo prohibiera que ellos debieran dignarse a mezclarse.

Nick lo agarró del hombro.

—Bájate de ese alto caballo, ¿sí? Lord Fitzgerald ha estado planeando este acontecimiento durante semanas. Y aunque un poco original para la primera aparición pública de tu prometida y tu, es en realidad perfecto. Todos estarán aquí. Incluso el Príncipe Albert puede aparecer —Nick arqueó una ceja—. Y ya que yo no te veo volviéndote un marido adorable, lo menos que puedes hacer es hacer un buen espectáculo de esto y asegurarte que tu futura esposa tenga alguna compañía.

Joe frunció el ceño. Su futura esposa estaba siendo forzada a aceptarlo y se podía ir al diablo en lo que a él concernía. Pero Nick no sabía eso. Nick era bueno y decente y quería que Joe lo fuera, también.

Maldición, él odiaba mentirle.

Él asintió a su hermano.

—Supongo puedo soportarlo durante un minuto o dos.

Nick sonrió abiertamente.

—Excelente.

Pero resultó que su tolerancia no duró ni siquiera ese tiempo. Al momento que vio a su madre y a Abigail Lovato de pie juntas, su cólera aumentó. Demetria estaba allí, también, de pie al lado de su madre.

Le tomó una voluntad de hierro mantener su cara relativamente en blanco mientras se movía entre la multitud. Todos los que no estaban bailando, y muchos de los que lo estaban, parecían mirarlo. Se vio obligado a cabecear saludos, dar la mano, e inclinarse una y otra vez antes de alcanzar a las tres mujeres que lo esperaban.

Ellas sonrieron mientras él se inclinaba ante ellas.

—Señora Lovato. Madre —él se inclinó ante Demetria —. Señorita Lovato.

Ante un casi imperceptible codazo de su madre, Demi levantó su mano. Cristo, ella era nada más que una maldita marioneta, moviéndose por las órdenes del maestro titiritero a su lado.

Él tomó su mano y se refrenó de aplastar sus blancos dedos enguantados con los suyos cuando se inclinó y tocó con sus labios la cabritilla.

Liberándola rápidamente, él presentó a Nicholas. Su hermano fue tan encantador como siempre, y Miley sonrió con orgullo por su hijo favorito.

Mientras Nick solicitaba el segundo baile con Demi, Abigail Lovato dio un paso acercándose a Joe. Ella sonrió ampliamente, pero su tono fue de hielo.

—Nunca jamás vuelva usted a mantenernos esperando a mi hija y a mí. ¿Me oyó?

—Jódase —murmuró él.

Tenso por la furia contenida, él miró a su madre. Ella sólo lo miró.

¿Y qué diablos esperaba él? ¿Que ella viniera en su defensa, que dijera algo para detener a la odiosa Lovato, que, de algún infinitesimal modo, demostrara que ella era su madre así como la de Nicholas?

Eso nunca pasaría. Eso nunca pasó.

Su cabeza palpitó. Él se odiaba durante estos momentos de debilidad. Ellos sólo ocurrían cuando era forzado a estar en presencia de su madre y Nick juntos, lo que por lo general lograba evitar.

Al menos, después de su discusión del día anterior, ella tuvo el buen juicio de permanecer en silencio.

Él se volvió a Demi. Ella sonrió dulcemente. Él odiaba eso, su azucarada sonrisa. Él quería arrancarla de su cara. Tal vez eso golpearía algún pequeño sentido en la muchacha. Su sonrisa se marchitó.

Él ofreció su brazo.

—¿Bailamos, señorita Lovato?

Y así fue durante las interminables siguientes dos horas. Mientras era obligado a soportar el constante control de su madre y Abigail Lovato, quien continuamente lo ataba a la piedra de Demi, él alternó entre distintos grados de frustrante furia y rabia.

Él soportó sus maquinaciones, y las repugnantes directivas de Abigail Lovato, pensando en _________. Si tenia que reír, él pensaba en ella. Si tenía que hablar cordialmente, él pensaba en ella. Si él bailaba con cualquiera de las tres mujeres que odiaba, él soñaba con ella.

Pero ahora, él se sentía cerca de quebrarse. Él había escapado momentáneamente y estaba de pie con los Cyrus, aunque su madre estaba viniendo hacia él. Abigail Lovato, con Demetria a remolque, intentaba dar un paseo de manera casual.

Él tenía que escaparse. Sin una palabra a Nick o a los Cyrus, salió del área protegida y se introdujo entre la multitud arremolinada. Él respiró más fácil. De verdad, cuanto más lejos él se ponía del final del salón, mejor se sentía.

Pronto, él se iría e iría con __________. Entonces él podría olvidar la miserable noche. Tomando un calmante y profundo aliento, él hizo una pausa a un lado de la pista de baile para mirar a los bailarines.

Ella atrajo su atención inmediatamente.

Él la miró fijamente desde atrás mientras ella bailaba con el hombre. Su espeso pelo castaño, decorado con rosas bruñidas de oro, estaba retorcido y trenzado en un estilo intrincado que sólo ocultaba su nuca. Mientras ella se movía, él notó el juego de sus hombros desnudos y la curva de su cintura rodeada por una faja seda. Él conocía la sensación de esa cintura.

¿Pero cómo podía ser? Él miró con ceño fruncido el lustroso brillo cobrizo de su vestido. El cordón dorado brillaba bajando a través de espalda y hombros. Su compañero era un alto, atractivo joven, no el gran patán. No podía ser; ella no podía estar aquí, no con ese vestido, y no con ese hombre.

Su estómago cayó mientras ella giraba elegantemente.

Era _________, luciendo como él nunca la había visto.

Ella no lo vio. Sonreía amablemente a su compañero mientras hablaban. Ella lo estaba pasando bien.

Una caliente llamarada de celos lo quemó. Él estaba envidioso, no sólo de su felicidad, si no de ser excluido de esa felicidad. Mientras él había estado sufriendo furia y desdicha, ella había estado divirtiéndose.

Su corazón aporreó en su pecho. Dios, ella era hermosa. Él la deseaba. ¡Ella era suya, maldita sea!

Nick pasó al lado de él y miró la pista de baile. Joe supo, por el silbido bajo de su hermano, el momento en que él había descubierto a _________.

—Cristo, ella luce hermosa —comentó Nick.

—Tu no has visto lo más hermoso de ella —contestó Joe.

Nick lo miró, pero Joe mantuvo sus ojos sobre _________. Parecía haber una cierta comodidad entre ella y su compañero. Él odiaba eso. Pero sobre todo, él odiaba al hombre por ser capaz de bailar con ella más que nada. Lo fácilmente que la sostenía a través de los pasos.

Inspirando profundamente, él miró hacia el otro lado del pabellón. Las cimas de las altas cortinas estaban tan distantes. ¿Podría él escaparse?

—Yo no lo haría, si fuera tu —dijo Nick por lo bajo—. El modo en que la miras, el modo en que ella te mira, cualquiera que los vea lo sabrá.

Joe frunció el ceño.

—Solamente un baile.

Nick agarró su brazo.

—¿Quieres arruinarla? Tu tienes una reputación, hermano. Y tanto como te gustaría creer que todos los del final del salón están escondidos detrás de aquellas cortinas, te aseguro, he visto a muchos paseando por aquí —su apretón se hizo más fuerte—. Cualquiera que te conozca asumirá que la estás follando, cosa que haces. Habrá preguntas sobre quién es ella. ¿Realmente quieres eso?

El ceño de Joe se hizo más profundo mientras miraba a ________.

—No.

Nick liberó su brazo.

—Además, eres un hombre comprometido ahora. Tu, no puedes bailar con quien te plazca. Al menos no cuando tu novia está en el otro salón.

Los hombros de Joe se tensaron. Él odiaba que le dijeran lo que no podía hacer.

La música terminó. El compañero de _________ la sacó de la pista y luego partió después de un breve cambio de palabras.

Ahi, estaba el gran patán. Él arrinconó a _________ y comenzó a exponer sobre algo. Aunque ella sonreía, _________ lucía cansada. Ella presionó la palma de su mano sobre su frente, mientras la mujer mayor al lado de ella la miraba detenidamente a través de un monóculo.

Demonios, quería tomarla en sus brazos y llevarla a su carruaje. Él la llevaría a casa con él, le quitaría su vestido cobrizo, y la acostaría en su cama. Allí, ella podría dormir todo el tiempo que necesitara y él la mantendría para él.

Ella le dijo algo a la mujer y al patán, luego se volvió para enfrentar la pista de baile. Sus ojos recorrieron lentamente las parejas bailando, llegando cada vez más cerca a él.

Sus entrañas se apretaron. Encuéntrame, ________. Mírame.

Ella estaba cerca, tan cerca. Su cuidadosa búsqueda hizo una pausa en algún sitio a la izquierda de él.

Si él no podía ir a ella, al menos déjala que me vea, déjale saber que él estaba allí, deseando poder estar con ella.

Su mirada siguió su camino. Las manos de él se apretaron en puños a sus lados.

Ahí, tan cerca. ¡Ahora!

Oh, Dios… Su barbilla se levantó y sus labios se separaron, como si ella hubiera suspirado. El tranquilo desinterés desapareció de sus ojos, y estos se llenaron con la más tierna alegría y deseo. Ella lo sostuvo en el abrazo de su mirada y lo tocó con una implorante caricia.

Su sangre se encrespó y su corazón se elevó.

—Jesucristo —murmuró Nick.

Las manos de ________ se levantaron, una a su lado, la otra a su estómago. Su pecho se elevó y, con una rápida palabra a la mujer con ella, ella giró y escapó.

¡Sí! Vete.

Joe dio un paso adelante. Te encontraré.

Nick agarró su brazo.

Él volvió la mirada hacia su hermano.

—Déjame ir.
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 18th 2010, 16:19

otro cap please!!!!
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 18th 2010, 17:11

OH! esttOii P-A-T-I-D-I-F-U-S-A! hahaahah
jjOee...hahahah iia me iimagiinOh ssi fuera ddrangOn qqmO se ppOnddriia Razz
para mii qq' niiCk ttiene ceLos! Very Happy pperO no qqiere ddeciir! Razz

siiGee!
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 18th 2010, 20:11

siguela{♥}
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 18th 2010, 20:34

Me E-N-C-A-N-T-O
ahora solamente la tienes que seguir
para saber que va a pasar

anda siguela no seas mala anda di que si SI???????????!!!!!

siguela siguela
siguela
siguela siguela
siguela
siguela siguela
siguela
siguela siguela
siguela
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siguela
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 19th 2010, 21:30

Capitulo Once




Valses y Heridas


________ apenas oyó las protestas de Tía Matty mientras se escabullía. Tras salir del pabellón, se encaminó en la dirección opuesta a la muchedumbre que convergía para observar los fuegos artificiales. Recogiéndose las faldas, corrió por uno de los caminos bordeado de estatuas. No miró hacia atrás, sino que continúo corriendo alejándose cada vez más.

¿La seguiría? Esperaba que lo hiciera.

¿Entonces por qué corría?

Era la única persona que recorría el camino. La música del pabellón sonaba distante. Se colocó detrás de la estatua de un enorme león.

¿Por qué se ocultaba?

Presionó las palmas de sus manos y su frente contra la suave base de mármol de la estatua. Le resultó fresca y calmante contra su acalorada piel.

Tras unos instantes, una sombra apareció tras la esquina de la estatua. Cerró los ojos cuando la débil esencia del limón tocó sus sentidos.

—He estado anhelándote toda la tarde —dijo suavemente.

—Y yo a ti —le contestó él.

Sintió como su cuerpo vibraba. Se apartó de la estatua.

Él acortó la distancia que los separaba. Era tan increíblemente hermoso.

—No me dijiste que dejarías el luto —le dijo.

—No.

Hizo una pausa ante aquello.

—Me lo deberías de haber dicho.

—¿Por qué?

Él trazó su clavícula con el dedo.

—Porque quiero saber esas cosas.

Un temblor se deslizó bajo la piel de ella.

—Porque quiero conocerte —dijo él suavemente.

_________ elevó su mirada hacia él. ¿Qué estaban iniciando? Un nivel más alto de intimidad solo haría que resultara aún más difícil la separación.

La había dicho, no creo en relaciones duraderas.

No debería permitirlo.

¿Pero cómo podía resistirse a algo que quería tan desesperadamente?

Dejó a un lado la fría lógica y siguió a su corazón.

—También quiero conocerte.

Se apoyó en él y sintió cómo la abrazaba. ¿Por qué era como estar en el cielo?

—Estaba cansada —dijo ella—. No bailo desde hace mucho. Lo he disfrutado, pero al cabo de un rato me he cansado de desear que mi compañero de baile fueras tú. Quise marcharme —deslizó la mano hasta su nuca y alzó la vista hacia él—. Pensaba en ti y de repente apareciste.

Él la retuvo con esa intensa mirada. Un grueso mechón de pelo cayó sobre su frente. Agitó la cabeza negando.

—Eres diferente a todas las mueres que he conocido.

—Creo que eso es bueno.

Él bajó su cabeza.

—Lo es.

La besó tierna y profundamente.

Y cuando él comenzó a alejarse, ella tomó el mando, disfrutando ante su respuesta, la presión de su cuerpo y de sus brazos, el profundo gemido que exhaló.

Los acordes de otro vals viajaron por el aire.

—Baila conmigo —murmuró él contra los labios de ella—. Baila conmigo.

Comenzaron lentamente, pero según iba aumentando la distante música, giraron y giraron sobre la húmeda hierba.

Su corazón latía apresurado.

Su blanco cuello brilló a la luz de la luna. Su cuerpo presionado contra el de ella. Su resplandeciente sonrisa.

Ella se rió, y su falda voló a su espalda.

Una explosión estalló sobre ellos. Un brillante fuego llovió en la noche.

Aún así, bailaron sin cesar, mientras las explosiones de colores se sucedían, iluminando el cielo.

El corazón de _________ alzó el vuelo.

Seguramente, esta felicidad era un regalo de Dios, pues solo Él podría crear una noche tan perfecta como esta.




Joe inspiró el frío aire de la mañana y sonrió mientras se permitía entrar en casa. La noche anterior había sido una tortura hasta encontrar a _________. Tras eso, había sido pura felicidad.

Atravesó el estudio. Se tomaría una copa y después se acostaría. ¿Dónde estaba Cranford?

Se detuvo en la entrada y gimió. Nick estaba apoyado en la ventana.

—Mierda. Imagino que sigues siendo un madrugador —retirándose el pelo hacia atrás, se dirigió al diván y se dejó caer—. Sé que te dije que podrías venir cuando quisieras, pero estás empezando a desgastar esa bienvenida.

Nick permaneció junto a la ventana.

—¿Tuviste una noche agradable?

Joe se puso rígido ante el tono de su hermano. Sólo podía distinguir su silueta dibujada por la luz que entraba tras su espalda.

—Sabes que la tuve.

—Buenos días, milord —Cranford entró portando una humeante bandeja de desayuno.

—Días, Cranford. Trae aquí esa bandeja, ¿sí?

Su mayordomo no dudó en ningún momento.

—Por supuesto, milord.

Joe esperó a que Cranford colocara la bandeja. Mientras su mayordomo vertía el café, el silencio en la estancia se agudizó bajo el suave tintineo de la porcelana contra la plata.

—¿Necesita algo más, milord?

Joe mantuvo los ojos sobre su hermano.

—No, gracias, Cranford.

Su mayordomo cerró la puerta del estudio con un ligero chasquido.

—Ahora – frunció el ceño hacia Nick – si te conozco, que lo hago, sé que tienes bastantes ganas de desayunar. Si lo quieres, tendrás que acercarte para tomarlo. Y no estoy de humor para aguantar tu terquedad. Si no puedes decir de una maldita vez lo que tienes que decir, no me molestes.

Nick permaneció quieto tan solo un momento, antes de acercarse para sentarse en el diván de enfrente. Amontonó en un plato huevos, salchichas, una tostada con mantequilla y bayas, junto con una cerveza, y apoyó los codos sobre sus piernas extendidas.

—Es una forma malditamente incomoda de desayunar —refunfuñó.

Joe levantó su café y descansó los pies sobre la mesa, acomodándose sobre el diván. Dejó que su hermano comiera. Desde niños, Nick había tenido un apetito voraz por las mañanas. Joe estaba convencido de que el motivo por el que su hermano se levantaba tan temprano era porque los gruñidos que emitía su estómago le despertaban.

—¿Recuerdas cuando en la escuela, escondías parte de la cena en la chaqueta para así poder comértelo por la mañana?

Nick sonrió mientras mordía la salchicha e hizo un gesto afirmativo. Dejó el plato y bebió lentamente el café.

—¿Recuerdas cuando aprovechabas para hurtar y conseguirme rollitos calientes si eso no era suficiente?

—Sí.

Joe tuvo una clara visión de su madre agitando el dedo hacia él.

—Te asegurarás que a Nick no le falte nada, ¿Me oyes? Espero que le cuides.

Hizo lo que ella le pidió.

Nunca se lo agradeció o le elogió.

Sus cejas se elevaron para luego descender. No importaba. Lo habría hecho de todos modos. Pasaron buenos ratos. Ellos solos, lejos de su influencia.

La voz de Nick le sacó de sus recuerdos.

—Por qué no me cuentas qué diablos estás haciendo.

—¿Qué quieres decir?

—Me refiero al asunto que tienes con Demetria Lovato —Nick afianzó los codos sobre sus rodillas y se inclinó hacia delante—. ¿Por qué te has comprometido?

La tensión cubrió los hombros de Joe. Quitó los pies de la mesa.

—Porque quiero herederos.

—¿Esa es la única razón?

¡Demonios!

—Como plebeya ha quedado tan complacida con el hecho de ser condesa que ha renunciado al largo noviazgo necesario para la gente de nuestra clase. Tampoco tengo que soportar asquerosas negociaciones matrimoniales con ningún aristócrata hambriento de dinero o prestigio como seria lo habitual con un futuro suegro.

Él se estremeció. Lo había intentado. Pero maldito sea, al menos eso era cierto.

—¿Y esta señorita Lovato, es una sin deseos de dinero o prestigio? Has dicho que es feliz con el simple hecho de convertirse en condesa. ¿Y que pasa con la madre? Cristo, se podía ver la avaricia a sesenta pasos —frunció el ceño—. No me gusta. A pesar de sus sonrisas y su adulación, me fastidia —Nick le señaló con el dedo—. Y sé que tú también lo sientes.

Gracias a Dios, ahora podía decir la verdad.

—No. No me gusta. En absoluto.

—Entonces olvida ese compromiso. Encuentra la manera de suspenderlo. Toda esta historia está mal.

—Me caso con la hija, no con la madre.

—Oh, bien. Lo siento, olvidaba que la conoces muy bien — dijo Nick, con sarcasmo—. Me doy cuenta que la adoras y de lo excitado que estas por empezar a crear esos herederos de los que hablas. Cristo, te morías por salir de allí. Lo que me trae de vuelta a mi verdadera opinión —continuó.

Joe se irguió y se frotó la frente con gesto dolorido.

—Creí que ya me habías dado tu “verdadera opinión”. ¿Hay otra? Te he dicho que fueras malditamente directo.

—¡Cállate y mírame! —gruñó Nick.

¿Qué diablos? Totalmente encolerizado, Joe dejó caer la mano y elevó los ojos hacia su hermano.

¿Por qué Nick parecía tan tenso como él?

—¿Te fijaste en como te miraba _________ anoche? —la voz de su hermano era dura—. ¿Te diste cuenta?

—Desde luego que lo vi —estalló Joe.

No le gustaba que Nicholas hablara de ella. Le pertenecía, y no quería que su hermano la mancillara con cualquier cosa que dijera.

—¿Eso es lo único que tienes que decir? ¿Desde luego que lo vi? —Nick se pasó la mano por el pelo, sacudió la cabeza y después miró a Joe—. Voy a darte un consejo y quiero que lo sigas —se inclinó hacia delante—. Cásate con _________. Ten a tus herederos con ella. Coincide con tus exigencias de esposa común. Y aún con lo poco que la conozco, no puedo evitar pensar que su familia será una presencia menos repugnante que la de la Sra. Lovato, quien, por cierto, es una maldita perra.

Joe observó fijamente a su hermano. ¿Casarse con __________? ¿Cómo podría casarse con __________? No tenía intención de casarse con nadie.

¿La tenía?

Casarse con _________.

—No puedo —dijo finalmente.

—¿Por qué demonios no?

—___________ no puede tener niños.

No era la verdadera razón, aunque fuera cierto, y servía como excusa.

El gesto de Nick se ensombreció, para al instante siguiente se iluminó con una indecisa esperanza.

—¿Realmente importa? Seguramente Miley y yo tendremos un hijo o una hija y le podemos bautizar con tu nombre. Mientras el muchacho lleve sangre Jonas en sus venas ¿Qué importa si es tuyo o mío?

¡Cristo maldito! Joe presionó las manos contra sus ojos. Sintió como su garganta se contraía. Esto era endemoniadamente demasiado.

—Ella es perfecta para ti, Joe. Es única. No la dejes escapar. No lo hagas.

Joe se levantó y se dirigió hacia la ventana. Miró al exterior sin ver nada. ¡Todo estaba mal! ¡Todo estaba completa y absolutamente mal!

El hermano al que amaba, que era sólo su hermanastro, intentaba desesperadamente darle la felicidad. El problema era que Nick no sabía todo. El problema era que Nick vivía engañado. El problema era que Nick no tenía ni jodida idea de nada y, a pesar de todo, llevaba toda la razón.

El problema era, dolía como el infierno admitirlo, que no quería pasarle el título al nieto de un jardinero.

Sus ojos se cubrieron de vergüenza. No era mejor que aquellos que criticaba.

—Aprecio lo que intentas hacer —dijo entre dientes—. Pero ya he tomado una decisión.

El silencio planeó pesadamente en la estancia.

—Entonces deja que __________ se vaya.

Joe sintió como se paralizaba su corazón.

—No quiero.

—Tienes que hacerlo.

Se giró y se encaminó hacia su hermano.

—He dicho que no.

Nick se levantó; su frente mostraba lo ceñudo de su mirada.

—Vas a hacerle daño. Sé que lo harás.

Joe tembló y apretó los puños a sus costados.

—Has abusado de tu bienvenida.

Nick le miró largamente, después pasó a su lado.

Escuchó como abría la puerta y después la voz de Nick.

—Te perdonaré esto. Puede que hasta __________ te perdone. Pero no sé como vas a conseguir perdonarte a ti mismo.

El suave chasquido de la puerta al cerrarse resonó en sus oídos como un trueno.





—¡Francamente, Tía Matty! —__________ mitad reía mitad fruncía el ceño—. Haces que sea muy difícil dibujarte, al no permanecer quieta.

—Oh, por el bien del cielo, sabes lo desesperadamente difícil que es para mí mantenerme inmóvil. De todos modos, ¿Cuánto tiempo necesitas para hacerme un retrato?

—Horas. Hasta días.

—¡Horas! ¡Días!

Demi entró en el solario.

—Oh, Demetria. Gracias al cielo que estás aquí —Tía Matty se puso de pie de un salto—. ¿Te sentarías un rato aquí por mí, verdad? Eres una buena chica. ¡Simplemente me moveré un poco, o de otro modo sufriré algún tipo de ataque!

__________ sonrió a Demi, mientras Tía Matty claramente huía del solario.

—Este es mi primer intento de hacer un retrato al óleo y ya he perdido a mi modelo.

Demi inclinó la cabeza hacia un lado.

—Solías decir que serías una retratista —se acercó para observar lo que __________ había estado haciendo—. Pero eso fue hace mucho. Pensé que habías abandonado esa idea.

—Lo hice.

Demi prestó atención al esbozo.

—¿Qué te hizo cambiar de idea?

Joe había cambiado sus objetivos.

Ruborizándose, se encogió de hombros.

—La verdad, es que no tiene importancia. Recordé cuánto me gustaba. Entonces alguien me dijo lo talentosa que era, alguien que nunca miente. Y recuperé la fe en mí misma.

Demi examinó el dibujo.

—Tienes talento.

__________ miró a su prima. Su tono de voz carecía de su habitual ligereza, y sus encantadores rasgos se mostraban serios. Al pensar en ello, se percató que no se había reído al observar como Tía Matty huía de la estancia.

—¿Qué pasa, querida?

Demi se dejó caer en la silla.

—Oh, __________, anoche fue horrible.

___________ dejó de lado el lienzo junto con su dibujo y acercó una silla.

—¿Por qué? ¿Qué pasó?

—No sé. Todo. El conde llegó tarde y Madre estaba furiosa por eso. Ya sabes como es. Se queja de todo, cuando esta enfadada, sobre todo de mí.

—Querida, no debes tomar eso tan en serio. Eres buena y amable. Y anoche estabas preciosa. No tuve oportunidad de decírtelo, pero parecías un ángel —sonrió—. Te lo juro, Kevin Miller apenas podía quitarte los ojos de encima.

Los labios de Demi temblaron.

—Entonces debería de haberme prometido a Kevin Miller, porque creo que mi novio me odia.

—¿Qué? —__________ abrazó impulsivamente a Demi—. Debes de estar confundida. ¿Por qué piensas eso?

—Lo vi en su cara, _________, al instante de que llegara. Me miró como si fuera alguien vil.

—¿Te sentiste así toda la noche?

—No. La mayoría del tiempo pareció no verme.

_________ se alejó y sujetó las manos de Demi entre las suyas.

—Bien. ¿Habló contigo? ¿Bailó contigo?

—Habló muy poco. Pero bailamos —Demi miró sus manos entrelazadas—. Supongo que resultó ser lo mejor de la noche. Hubo momentos en que sentí, quizás, que podía gustarle —Demi elevó sus castaños ojos, y ellos contenía una cierta esperanza—. Momentos en los que me sostuvo más cerca y sus ojos parecieron ablandarse. Pero solo fueron momentos.

_________ pensó en Joe y en su baile bajo los fuegos artificiales. Sentía profundamente que Demi no pudiera vivir una parte de esa felicidad.

—Un momento ya es algo —propuso—. Sé que no estuve allí, pero simplemente ha sido vuestra primera salida pública juntos. Apenas le conoces, Demi. Quizá tu novio tiene aversión a las reuniones sociales. Quizá simplemente sea un hombre tranquilo y estoico, de naturaleza seria.

Demi agitó la cabeza.

—Sus sonrisas en ningún momento llegaron a alcanzar sus ojos, _________.

—Ah, pero sonrió. Ya sabes que, antes de que estuviesen casados, mi madre pensó que mi padre no la quería. Solía decirnos que apenas la hablaba y raras veces le sonreía. La verdad era que mi padre estaba enamorado de ella, y por esta razón, estaba tan nervioso al estar a su lado, que no podía hablarle de sus sentimientos. Eso hizo que casi la perdiera por otro hombre, antes de conseguir reaccionar.

Demi frunció la frente.

—¿Crees que podría ser este el caso?

—Esto es distinto. Recuerda, Demi, él te lo pidió. ¿Por qué lo habría hecho si no te quisiera?

—Es algo que sigo preguntándome.

__________ recordó en ese momento su confrontación con Abigail Lovato.

—Otra cosa, Demi. Antes me has dicho que tenía aversión a tu madre, y que hasta parecía enfadado con la suya. ¿Anoche no estaban las dos mujeres allí?

—Sí.

—Entonces es posible que su comportamiento tuviera más que ver con ellas que contigo. O quizá… —_________ reconsideró como decirle a su prima que tenía que ser menos cobarde—. Quizá crea que estas demasiado influenciada por tu madre. Quizá crea que se inmiscuirá en vuestras vidas constantemente, o, como sugeriste, que puedas parecerte o ser como ella.

Demi la miró sorprendida.

—Si no fuera mi madre, también me asustaría. Es mi madre, y me asusta.

_________ contuvo una sonrisa.

—Como buena hija, debes ser obediente y respetuosa, como Dios manda. Pero si permites que salga un poco más de tu personalidad, quizás tendría la fe de que llegado el momento no saldrás en su contra. Es la única manera de que él pueda saber que no te pareces a ella.

Demi hizo un gesto afirmativo.

—Sé que debo ser más fuerte —le apretó las manos a ________—. Seré más fuerte.

—Tenemos visita, queridas —Tía Matty precedía a Kevin Miller—. Por favor siéntese, Sr. Miller, y pediré el té.

—Buenas tardes, Sr. Miller —le sonrió __________ mientras alejaba su silla de Demetria—. Conoce a mi prima, la señorita Lovato.

Kevin se inclinó sobre la mano de Demi.

—¿He interrumpido algo? Puedo venir en otro momento.

—No, por favor, únase a nosotras. Simplemente comentábamos lo acontecido en la noche de ayer. ¿No es una maravilla el parque?

—Lo es —Kevin tomó asiento al lado de Demi y prosiguió—. No he tenido la oportunidad de comunicarle mis mejores deseos en lo referente a su compromiso, señorita Lovato. Su madre me dijo algo referente a un conde. ¿Quién es su futuro marido?

—Gracias, Sr. Miller. Estoy comprometida con Adam Jonas, el conde de Langley.

—¿De veras? —las cejas de Kevin se elevaron mostrando su sorpresa—. Soy conocido de su señoría.

Demi se inclinó hacia delante.

—¿Le conoce?

Kevin hizo un gesto afirmativo.

—Sólo su reputación. Pero es un gran inversionista de Miller Shipping. Mi padre le conocía.

_________ lanzó una mirada hacia Demi.

—Si no le importa, Sr. Miller, háblenos de su reputación, ¿Su padre le comentó alguna vez lo que pensaba de él?

—A diferencia de muchos de su clase, es un hombre con buen sentido del negocio. Por lo tanto, a mi padre le gustaba mucho. En cuanto a su reputación… —hizo una pausa y miró a Demi—. Le conocen por su honestidad e integridad. Y a diferencia de la mayoría de su clase, no es encontrado a menudo en las mesas de juego o el hipódromo —vaciló—. La verdad es que algunos le ven como una persona bastante severa y del tipo misántropo. Pero sus amigos son pocos y muy cercanos, por lo tanto ¿Quién sabe en realidad como es?

La esperanza cubrió a Demi.

_________ rió aliviada.

—Ahí esta. ¿Ves Demi?

—¿Té? ¿Alguien ha dicho té? —dijo Tía Matty cuando entró—. ¡Dios bendiga a la Reina, y Dios bendiga al té! ¡Ya está en camino!

_________ y Kevin intercambiaron sonrisas.

Demi se rió.





Joe estaba detrás del escritorio y observaba los dibujos esparcidos por toda la superficie. Por lo general el trabajo le hacía sentirse bien, pero hoy no. Desde su desayuno con Nick, había estado intentando comprender sus emociones.

Aunque había sentido siempre cierto pesar ante la idea de no tener hijos propios, le había consolado el hecho de poder pasar su condado a un hijo de Nicholas. Pero en estos momentos aquello significaba la muerte de su linaje y continuaba viendo la cara de su padre.

Con un gruñido de frustración, lanzó el lápiz sobre el escritorio y se dirigió a la ventana. Su jardín estaba repleto de flores. Lo había diseñado bien, cuidando cada detalle. Pero tampoco le ayudó a relajarse.

__________ seguía ocupando sus pensamientos. Se preguntó cuanto influía en sus sentimientos. No porque deseara que pudiera darle un heredero, que no podría, sino por que le hacía exigirse más a sí mismo.

Antes de conocerla, había creído que su vida, en su mayor parte, estaba ya establecida. Continuaría de la misma manera, disfrutando todo lo que pudiera de su papel de tío, y su trabajo sería lo más importante de su vida.

Pero __________ le había inspirado una completa gama de nuevas emociones y deseos. Ahora sentía como si su vida anterior hubiera estado vacía y fría.

Frunció el ceño. No estaba seguro de lo que quería, pero sabía que no era lo que había sido antes.

Un golpe sonó sobre la puerta y Crandfor asomó la cabeza.

—Perdóneme milord, pero el Sr. Wilkes solicita ser recibido.

¡Cristo bendito, permite que lo haya encontrado!

—Déjale pasar.

Frankie pasó majestuosamente por delante de Cranford, y Cranford cerró la puerta a su espalda un poco más fuerte que lo normal.

—¿Lo ha conseguido?

Frankie se quitó el sombrero.

—No, milord. Aún no, toavía no averiguao naa. Pero pensé que debía manteneos informao de mis pesquisas y pa eso vengo.

Joe cruzó los brazos sobre el pecho.

—Estuvo en el pabellón toda la tarde. ¿Imagino que lo primero que hizo fue buscar en su alcoba?

—Lo hice milord, lo hice. Encontré un montón de cartas. Pero me temo que no la que uste pretende. He conseguio —elevó un delgado dedo—congraciarme con una de las criadas de arriba. Y en er primer día de trabajo en casa de la Lovato ya soy chico de los recaos.

—¿De verdad?

Asintió con la cabeza orgullosamente.

—Pues sí, milord. Hay muchas maneas de desollar a un gato, como se dice. Siempre hay una forma, si sabe cual es, verdad. Y le diré argo —se inclinó apoyándose indolentemente contra el respaldo del sofá.

Joe se lo permitió.

—Resulta que tos allí saben que la Señora Lovato es una verdadera fullera. To er mundo la odia —bizqueó Frankie—. Lo que nos viene la mar de bien, señor. Pos cuando tos te odian, hacen lo que sea pa apretarte las clavijas. Por eso —guiñó— estoy pensando que nos hemos conseguio una casa llena de ayudantes.

Joe recordó como notó la burla del mayordomo, cuando visitó a la Lovato. Asintió.

—Es muy impresionante. Sin embargo, úselos si puede. Pero en caso de que se equivoque, no deben saber su verdadero objetivo.

—Po supuesto que no. Solo es un truco, ¿verdad? Soy un profesional, erso soy. Soy una mosca sobre la pared, erso soy. Tan inocente como un bebé, erso soy. El Frankie ni piensa embulucarcie con naa. Amos es un muchacho mu majo, eso es lo que es el Frankie—sonrió descaradamente— Eso es lo que dicen esos pringaos de mí, milord.

Joe hizo gestos afirmativos.

—Excelente, Frankie. Excelente —se dirigió al muchacho y le levantó del sofá sujetándole por las solapas. Una vez en pie, le arregló la arrugada tela con las manos—. Ahora escúchame. Quiero esa carta. Y la quiero pronto —compuso una pequeña sonrisa—. Utilizarás todo lo que puedas esos dedos tan ágiles que tienes para conseguirlo. ¿Entiendes?

—A la perfecció, milord. A la perfecció.

—Bien. Pues vuelve al trabajo.

Frankie se colocó el sombrero de nuevo sobre la cabeza con una sonrisa burlona.

—Guenos días, milord.

Joe se colocó tras el escritorio cuando el muchacho se marchó. Se sintió mejor de lo que se había sentido durante todo el día. A pesar de su juventud y su bravuconería, Frankie Wilkes era tan listo como un látigo. Y la verdad es que había logrado bastante en tan solo un día.

Joe recogió el lápiz.

Frankie encontraría la carta.

Desaparecía tras la sombra de las columnas.

Lo lograría.
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 19th 2010, 21:38

Se vienen los caps mas tristes chicas
espero ke comenten bastante
y que esten con los pañitos...
cuidense mucho...las kierooooo...
Byee!!
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Karen11
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 20th 2010, 00:12

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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 20th 2010, 17:04

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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 22nd 2010, 20:42

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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 23rd 2010, 18:45



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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 23rd 2010, 18:46



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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 23rd 2010, 18:47



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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 23rd 2010, 21:24

Capitulo Doce





Amor



_________ se recostó en el coche de alquiler y se colocó bien el velo negro de duelo que se había puesto. La excitación recorría sus venas. Había pasado más de una semana desde que había salido del luto. Aunque sus noches las había pasado con Joe, sus días y tardes habían estado ocupadas con casi constantes visitas y excursiones. Demi venía casi cada día, incluso aunque fuera por poco rato, la mayor parte para reafirmarse sobre su novio y la boda. Por las tardes, la tía Matty la había acompañado a eventos sociales, y se les habían unido habitualmente Zachary Efron y Kevin Miller, quien, afortunadamente, matizaba el comportamiento excesivamente celoso de Zac.

Pero hoy ella había dicho a su tía que iba a hacer algunas compras. Cuando tía Matty protestó, _________ le recordó que era perfectamente aceptable que una viuda saliera un poco sola durante el día.

Por supuesto, no iba de compras. Estaba yendo a casa de Joe. Un estremecimiento de ansiedad la recorrió ante el riesgo que tomaba. Y un asomo de remordimiento goteó por ella por mentir a su tía. Aunque sabía que no excusaba su comportamiento, decidió que se pararía en algunas tiendas de camino a casa, para no ser del todo falsa.

Una ligera lluvia comenzó a caer en el tejado del carruaje mientras se detenía hasta pararse. ________ lanzó un vistazo por la ventana. Sólo había unas pocas personas calle abajo. Parecía seguro. Tras pagar al conductor, salió y abrió su paraguas. Mientras el carruaje se alejaba, miró la delantera de la casa. Situada en la esquina, se alzaba dos niveles sobre el suelo. Los frontones estaban pintados de crujiente blanco, y la puerta principal era verde oscura con un gran llamador con forma de cabeza de león. Lo miró fijamente durante un momento. Por supuesto, no iba a entrar por la puerta principal.

Apresurándose alrededor de la casa, ocultó su cabeza y agarró su paraguas aún más firmemente mientras una fría brisa la golpeaba. Había sabido que el león de sus sueños era Joe, pero cuán extraño era que apareciera en su casa.

Rápidamente y sin mirar alrededor empujó una verja y entró en un pequeño patio. Ahí estaba la entrada de servicio. Justo en el momento en que la alcanzaba la puerta se abrió y ella fue empujada al interior, con paraguas y todo. La puerta se cerró de un portazo y los brazos de Joe la rodearon.

Él retiró su velo y sonrió.

—¿Por qué has tardado tanto?

Ella aguantó el paraguas sobre ellos y el agua goteó en el suelo.

—¿He llegado tarde?

Él tomó su boca en un breve pero intenso beso.

—No, ¿por qué has tardado tanto en camidnar desde la entrada hasta este lado?

—Oh, bien, yo…

Él la besó de nuevo, quitándole el aliento con su urgencia.

Ella jadeó y luego sonrió cuando él se apartó.

Sus ojos cafés centellearon.

—Dios, eres preciosa —le quitó el paraguas y, cerrándolo de un golpe, lo puso en el paragüero—. No te preocupes. He dado el día libre a todos —ofreció su mano—. Su abrigo y sombrero, señora. ¿O debería llamarla señorita _________ Elvira Dartpoof?

_________ rió.

—Oh, sí, ¡esa soy! —mientras se quitaba las prendas, dijo—: Tengo que irme para las tres. Tengo un importante compromiso para cenar esta noche.

Ella admiró discretamente a Joe. Vestía un batín azul oscuro sobre un par de pantalones de ante.

Un breve ceño frunció su frente.

—Yo lo tengo, también. Sin embargo, no es nada importante. De hecho, no me importaría evitarlo.

Aunque le había visto desnudo muchas veces, nunca le había visto vestido como si estuviera listo para tomar un baño. Se sonrojó mientras le tendía su sombrero y abrigo.

Sujetando sus cosas, él la miró.

—Ese vestido es del color de los ranúnculos —dijo, con voz ligeramente ronca.

__________ sonrió. El vestido era uno de sus favoritos, y se lo había puesto esperando que lo notara.

Él tomó su mano.

—Ven conmigo.

Ella le siguió a través de la entrada trasera hasta la delantera de la casa, donde salieron a un vestíbulo principal con una elegante escalera de caracol en un lado.

—Tienes una casa preciosa —comentó ella mientras él la empujaba escaleras arriba.

—Gracias. Es una casa de Robert Adam —miró sobre su hombro mientras subían al segundo piso—. Me gusta como cambia las formas de las habitaciones.

—Es un arquitecto, supongo.

Joe sonrió.

—Sí, del siglo pasado.

En el descansillo, él se encaminó hacia la parte trasera de la casa. Empujando una puerta la abrió y la introdujo en el interior de su habitación. Era grande y amplia, ocupando la mayor parte del ancho de la parte trasera de la casa. Una enorme cama, cubierta de seda verde oscura y oro, ocupaba uno de los extremos. En el otro lado, un alegre resplandor ardía en la chimenea y una cómoda zona de asientos le llamó la atención.

Un gran escritorio estaba situado junto a la luz de las ventanas. Mientras pasaba junto a él, vio que estaba cubierto de dibujos. Se detuvo y se acercó más. Interpretaciones arquitectónicas exactas e intrincadas cubrían cada página.

Le miró mientras él cruzaba la estancia hacia ella.

—Eres arquitecto.

Él se colocó a su lado.

—Sí.

Ella sacudió su cabeza ante el asombroso detalle dibujado de un templo clásico.

—Esto es hermoso.

—Gracias. Son mis planos para la nueva Biblioteca Nacional. Es decir, si consigo el proyecto.

__________ miró cuatro dibujos que reflejaban diferentes sectores de la biblioteca. El diseño era limpio y elegante. Era Joe.

—Creo que has acertado al elegir un estilo clásico. Todo es neogótico ahora, pero esto… esto es perfecto.

—Me alegro de que te guste —se detuvo—. Lo elegí porque pienso que un edificio tiene que representar más su propósito que su época. Una biblioteca debe estar libre de adornos extraños y llena de luz para promocionar la búsqueda del conocimiento. Quería un edificio que reflejara la iluminación y el aprendizaje…

__________ escuchó a Joe mientras él compartía su visión. Miró sus dibujos mientras él señalaba los detalles importantes. Su corazón se entibió. Esto era lo que le conmovía. Esto era lo que era importante para él. Se sintió privilegiada porque él estuviera compartiendo con ella algo de tanta importancia.

Sonrió.

—Conseguirás el encargo.

—Espero que tengas razón —él se giró hacia las ventanas—. Mira allí abajo.

A través del cristal salpicado de gotas de agua de lluvia, _________ miró hacia el jardín. Una fuente estaba colocada en el centro, e islas increíbles de color rompían el verde, suavizando la formalidad del espacio.

—Qué jardín tan hermoso —comentó en voz baja.

Joe descansó sus manos sobre sus hombros.

—La fuente es nueva.

__________ la miró y una lenta sonrisa curvó sus labios.

—¿Esa es Afrodita?

Él besó el punto sensible tras su oreja.

—¿Quién más si no? —sus brazos la rodearon y la acercó más a él—. Aún no funciona, pero lo hará pronto.

Ella se reclinó contra él.

—Tu casa es hermosa, Joe. Simplemente hermosa.

—Me alegro de que te guste —respiró él en su cuello.

__________ tembló y luego suspiró mientras las manos de él abarcaban sus pechos y los apretaban.

La giró en sus brazos y comenzó a desabotonar su corpiño.

—Por mucho que te admire vestida así, creo que prefiero ver un poco más de ti.

El corazón de _________ comenzó a latir más rápido, y comenzó a ayudarle aflojando su falda y enaguas mientras él hacía un buen trabajo con el cubre corsé.

Los ojos de él la recorrieron, y __________ tembló bajo la súbita intensidad de su mirada.

—No te muevas —dijo él mientras se movía hacia su escritorio.

Los ojos de __________ se abrieron al ver cómo él cogía un par de tijeras. Vio, congelada, cómo cortaba los cordeles y luego arrancaba la tela de ella.

Con las aletas de la nariz inflamadas, él cortó la tela de la camisa que llevaba sobre el corsé, desnudando los altos montículos de sus pechos.

El corazón de _________ palpitó y su coño se estremeció mientras una sensual vulnerabilidad la recorría. Estaba sola con Joe, en su casa. Ella confiaba en él, pero también estaba completamente a su merced.

—Así está mejor —dejó las tijeras en el escritorio y se quitó el batín mientras se colocaba de pie junto a la cama.

Cuando se giró, _________ se sintió humedecer ante la vista de su enorme erección hinchándose bajo sus ajustados pantalones.

—Levanta más tus pechos —dijo él ásperamente—. Quiero ver tus pezones.

__________ se sonrojó pero hizo lo que decía. Sus pezones se endurecieron e hincharon ante el ligero toque de su propia mano y, entre sus piernas, su clítoris pulsó ansiosamente.

—Suéltate el pelo —dijo él suavemente.

__________ alzó sus brazos y cuidadosamente retiró todas las horquillas de su pelo. Cayó, finalmente, en un pesado rollo sobre su espalda.

Él alzó su mano.

—Dame las horquillas.

Sus ojos no la abandonaron mientras ella caminaba hacia él. Sus botas de tacón bajo se deslizaban silenciosas contra la gruesa alfombra bajo sus pies.

Ella miró su gran mano mientras le entregaba las horquillas. Tenía fuertes y capaces manos. Manos a las que ella se entregaba completamente.

Él colocó las horquillas en una caja sobre la mesa de noche y luego rodeó el espacio para colocarse tras ella.

__________ contuvo la respiración. Se le puso la piel de gallina cuando él recorrió con sus dedos sus omoplatos. Él movió las manos hacia abajo y las descansó en su cintura. Ella escuchó cómo su respiración se aceleraba.

—Me gustas así —sus dedos presionaron contra ella—. La curva de tu cintura me enloquece —arrastró su mano a través de su trasero y suavemente acarició los pliegues de su coño desde atrás.

Ella arqueó la espalda, inclinando su trasero.

—Está bien —sus dedos la tocaron más aún—. Dios, estás húmeda de deseo —dijo mientras deslizaba dos dedos en su interior.

Ella se arqueó más y se estiró hacia atrás para rodearle la nuca con su mano.

—Creo que mi polla se ha enamorado de ti —murmuró él en su cuello.

__________ tembló mientras él deslizaba otro dedo dentro de ella.

—¿Lo está? —murmuró.

Él presionó sus caderas plenamente contra ella, que sintió su dura y tensa longitud contra sus nalgas. Su coño se apretó ávidamente mientras su otra mano se deslizaba para sujetar la de él.

Él acarició su pecho.

—Siempre que entras en la habitación, se pone firme —pellizcó e hizo rodar su pezón, alentándolo a hincharse incluso más mientras hundía profundamente sus dedos en su coño—. Está completamente desanimada e indiferente el resto del tiempo.

¡Bien! Mejor que se pusiera duro sólo por ella.

__________ inspiró profundamente mientras la mano de él se movía desde su pecho a su clítoris. Sabía exactamente cómo tocarla.

—Te estás poniendo más caliente y húmeda —dijo cerca de su oreja—. Me deseas ahora, ¿no es así?

Ella jadeó y sus rodillas temblaron.

—Te deseo siempre.

Él se detuvo por el más breve de los momentos. Sus dedos se deslizaron desde su coño. Caminó para ponerse delante de ella, todavía acariciando su palpitante clítoris mientras su otra mano apretaba su trasero.

Las manos de ella fueron inmediatamente a sus pantalones. No conseguía soltar lo suficientemente rápido los botones. Pero tan pronto como fue capaz, curvó ambas manos alrededor de su eje y lo acarició en su entera y pesada longitud.

Los ojos de él estaban oscuros e intensos mientras bajaba su boca hacia ella. La besó dura y profundamente, y _________ se abrió para recibir su pujante lengua. Su mano se deslizó más allá de su clítoris y sus dedos empujaron en su v@$*%a.

Ella apretó las manos alrededor de su palpitante p*@e. Le deseaba desesperadamente.

De repente, él la retiró y se agachó delante de ella.

Ella miró, sin respiración, mientras él desataba y le quitaba sus botas. La cinta que anudaba su liga se movió cuando un músculo de su muslo tembló.

Las manos de él barrieron su pierna desde el tobillo al muslo, acariciando su media mientras lo hacía. Hizo lo mismo con la otra pero se detuvo para besar su muslo mientras dejaba que sus manos vagaran por la parte posterior de sus piernas.

__________ gimió mientras él la agarraba desde atrás y deslizaba los dedos en el interior de sus húmedos pliegues. Y mientras la acariciaba, su barbilla cosquilleó la sensible piel del interior de su muslo al tiempo que besaba y lamía la humedad que salía de ella. Y cuanto más se quedaba allí, más se mojaba ella.

__________ tembló de tensión. Su clítoris palpitaba sin piedad, y pensó que podría morir de necesidad. Sus manos se apretaron a ambos lados de su cuerpo y luego en el pelo de él.

—Por favor —rogó.

Despacio, él se alzó frente a ella, deteniéndose para succionar con fuerza uno de sus pezones mientras se liberaba de sus pantalones.

La saliva llenó su boca y la humedad su v@$*%a cuando vio que la cabeza de su polla estaba de color rojo oscuro y goteante de líquido pre-seminal.

Él vio la dirección de su mirada y acarició su temblón labio inferior.

—¿Estás hambrienta por ello?

—Sí —respiró ella-. ¡Sí!

Se sentó en una esquina de la cama.

—Ven entonces.

Mareada de deseo, se dejó caer sobre sus rodillas y deslizó su lengua desde la base de su polla hacia la cabeza. Las caderas de Joe saltaron hacia delante. Ella le acarició con ambas manos mientras envolvía sus labios alrededor de la húmeda cabeza de su p*@e.

Hambrienta y temblona, succionó el salado fluido de su inflamada punta, recorriendo con su lengua el borde y el lloroso conducto una y otra vez. Y durante todo el tiempo, deslizó sus manos por el eje, exprimiendo más gotas en su hambrienta boca.

Las manos de Joe se enredaron en su pelo, y sus caderas empezaron a empujar. Eso la hizo volverse salvaje de necesidad, y comenzó a empujar sus labios más abajo en su eje, presionando su lengua contra el dilatado pasaje del que provenía su corrida.

Él gimió y empujó, introduciéndose un poco más en ella. Su coño se apretó y se relajó, rogando su propia culminación.

_________ gimió y succionó más hondo. Los muslos de él se volvieron rígidos en sus costados.

Él tiró de ella hacia sí y, sacudiéndola, la dejó caer en la cama. _________ jadeó mientras él saltaba limpiamente sobre ella.

Sujetó su cabeza en sus manos y acarició sus labios con un penetrante beso. Ella abrió sus labios y sus piernas. Sus caderas se arquearon.

—Esta es mi casa, _________ —dijo él contra su boca—, y yo digo cómo funciona esto.

Su corazón palpitó con deseo y sumisión por igual.

—Lo sé.

Con un juramento ahogado, él la colocó sobre su estómago. Ella levantó sus caderas mientras sentía el empuje de la cabeza de su miembro contra los pliegues mojados de su coño. Las manos de él se colocaron en su cintura, y mientras ella contenía el aliento, con un largo y fuerte empujón, se introdujo en su interior.

__________ exhaló un hondo gemido mientras se estiraba sobre él. Su coño palpitaba de éxtasis al ser finalmente llenado.

Cada una de las veces que él había entrado en ella había sido el cielo, pero hoy se sentía más llena y más vulnerable que nunca. Su clítoris palpitaba, y sus caderas se inclinaron más.

—Sí, __________ —murmuró él—. Eso es, mi dulce —le alzó las caderas—. Eso es.

Ella jadeó cuando él empujó más hacia delante, presionando contra su útero con una presión más directa de la que nunca había sentido. Una corriente de humedad caliente fluyó de ella ante la exquisita sensación.

Cuando él se deslizó hacia atrás, ella gimió por la pérdida.

—No, no pares —dijo sin respiración. Él había encontrado la profunda abertura en su coño tres veces desde aquella primera ocasión en su habitación, y cada vez lo había hecho durante la marea de su orgasmo. Hoy ella quería la experiencia sin diluir. Quería a Joe sin diluir—. Por favor.

Él tembló tras ella, pero no se movió.

—Quizá no sea capaz de parar una vez que empiece —su voz era tensa—. No quiero herirte.

—Tómame ahora —suplicó ella suavemente—. Quiero sentir cada pulgada de ti en mi interior.

Sus manos agarraron su cintura como un apretado corsé. Él tomó aire profundamente.

__________ cerró los ojos y dejó escapar un suspiro.

Él se retiró despacio y luego empujó duramente en ella, extrayendo un grito de sus abiertos labios. Le agarraba tan fuerte la cintura que su cuerpo se inclinaba por la firmeza de su fuerza.

No se detuvo, sino que empujó de nuevo. _________ jadeó. La reverberación dentro de ella era tan profunda y fuerte que se sacudió y se ablandó bajo su poder.

Él se retiró sólo una vez más antes de descargar el último y demandante empujón contra la puerta de su útero.

Ella debía rendirse. Sin más dudas. Sin más resistencia. Le pertenecía.

Y entonces él empujó y empujó, inclinándose duramente sobre ella y haciendo presión directa.

—Ábrete —jadeó—. Ábrete para mí, __________.

Ella arqueó la espalda y entregó su cuerpo a sus órdenes. Él tomó lo que ella le ofrecía y presionó todo el peso de su cuerpo sobre ella.

—Bueno —gruñó—. Esto es bueno.

__________ tembló y jadeó. Su coño se estremecía, y su clítoris palpitaba.

—Oh, Dios —gruñó él—. Está yendo, está yendo.

__________ jadeó y luego contuvo un grito mientras sentía la presión crecer y crecer.

Joe gimió tras ella.

Agarró con sus manos el cobertor. Se sentía como si se estuviera rompiendo, y a pesar de eso, la sensación era exquisita. Mientras la presión crecía, igualmente lo hacía su plenitud. Su cuerpo estaba abriéndose y su coño estirándose. Y justo cuando pensaba que podría abrirse en canal, algo cedió dentro de ella. La presión cesó. Gritó mientras él la llenaba con todo lo que tenía.

Gimió y jadeó y lo sintió palpitar dentro de ella. Su corazón palpitó. Esto era lo para lo que ella estaba hecha. Esto era donde ella pertenecía.

—¡Oh, Dios! Tienes que quedarte siempre de esta manera —susurró él, apretando sus manos en su cintura—. No te resistas a mí, y podré llenarte así cada vez —se meció contra ella—. Te gustaría eso, ¿no es así?

Ella exhaló un aliento mientras la punta de su polla la tocaba en algún lugar muy arriba en el interior de su cuerpo.

—Sí —jadeó. ¡Le dejaría tomarla así por siempre jamás!

Él retrocedió, y de repente la presión creció de nuevo mientras ella sentía su hinchada punta empujar de nuevo contra la firme apertura de su inclinado útero.

Gimoteó y tembló. Su coño se apretó con fiereza.

Él permaneció allí, sin retirarse del todo ni llenarla plenamente, pero empujando contra ese prieto y tembloroso punto.

—Siente esto —jadeó él—. Siente lo bueno que es. No te corras. Sólo siéntelo.

_________ no podía moverse mientras soportaba el torturante placer que él infligía dentro de ella. Aunque estaba muriéndose por la liberación, la mantuvo a raya. Y mientras él continuaba empujando y empujando, la presión pareció crecer. Ella gimió de nuevo.

—Es bueno —jadeó él—. Es muy bueno. Dios, me estoy haciendo más grande.

Él se hinchó dentro de ella, aliviando la presión y estirando su coño. Ella gimió y el sudor apareció en su frente mientras sentía la cabeza de su polla presionar firmemente contra algún órgano desconocido en su cuerpo.

—Oh, Dios —gimió él. Se meció contra ella, acomodándose gentilmente.

_________ sollozó y empujó contra el cabecero de la cama, ayudándole a bucear en sus profundidades. Su cuerpo comenzó a temblar incontroladamente.

Agarrando su cintura con un bajo gruñido, Joe comenzó a empujar salvajemente.

_________ gritó. Jadeó en busca de aire. Con cada poderoso empuje, él se retiraba lo suficiente como para frotarse contra la firme carne de su cerviz, antes de conducirse para tocar el irresistible órgano de su cuerpo. Y con cada empuje, sus pesados testículos golpeaban los estirados e hinchados labios de su coño.

El corazón de ella palpitaba y su cabeza desfallecía. Todo lo que ella era o había sido estaba concentrado entre sus piernas.

Su coño se apretaba y succionaba su magnífica polla con el fervor de un anhelante hambriento. Su clítoris temblaba y pulsaba, llevando la sangre de su corazón a este sensible brote.

Y aún él se introducía en ella, implacable en su determinación de llevarle la dicha. Ella sólo necesita someterse. Su espalda descansaba y se arqueaba cada vez más. Su visión se redujo a un único punto de claridad.

Sólo necesitaba la rendición.

Con un fiero e irreprimible grito, ella abandonó toda inhibición de pensamiento y la emoción cayó sobre ella. Su corazón se llenó del amor por él que había rehusado reconocer. Su coño palpitó y se apretó sobre él. Su clítoris tembló exuberantemente. Y mientras él gemía sobre ella y lanzaba calientes ríos de semilla en su cuerpo, ella se abrasó en miles de centelleantes chispas de éxtasis y alegría.

Espoleada por el amor, su liberación continuó y continuó. Ella todavía temblaba y se apretaba contra él mucho tiempo después de que él se hubiera derrumbado sobre ella.

Él presionó suaves y húmedos besos a lo largo de sus hombros, y ella se deleitó en el tierno toque de sus labios. Podría quedarse así para siempre.

Para siempre…

—Tengo un regalo para ti —murmuró él.

Su corazón revoloteó.

—Tú eres mi regalo.

Él acarició su pelo apartándolo de su frente y besó la comisura de su boca.

—Y tú eres mía.

Ella gimió suavemente cuando él se retiró de ella. Deslizó una suave caricia sobre su trasero antes de levantarse de la cama.

Mirándolo por encima del hombro, ella le vio cruzar la habitación. Amaba su amplia y alta forma. Amaba su paso confiado.

Le amaba.

¿Cuándo había pasado? No era nuevo. Lo sabía ahora. Le había llegado en el pabellón. Había llegado la noche que él acudió por primera vez a su habitación.

Él volvió a ella con una cesta de picnic y una caja negra atada con una cinta de satén de color berenjena. Se detuvo y la miró.

—Me encanta verte en mi cama. Cuando estás ahí, eres mía.

Si él tan sólo supiera.

—Soy tuya donde quiera que esté.

Sus ojos la sostuvieron un momento y luego se sentó a su lado. Ella se sentó, y él colocó la caja en su regazo.

—Para ti —dijo él calmadamente.

El pecho de _________ se tensó. Acarició el tejido negro que cubría la caja y dejó correr la cinta satinada entre sus dedos.

—Nunca he comprado nada a ninguna mujer antes —dijo él, con voz áspera—. Pero esto parecía que te pertenecía.

Ella bajó su cara para ocultar las lágrimas que la amenazaban. Cuidadosamente, aflojó la ancha cinta y alzó la tapa. Papel de seda negro ocultaba el contenido. Lo retiró y develó arrebatadores estampados de cachemira en tonos rojos, verdes, azules y negros sobre un fondo dorado. Alzándolo reverentemente, sacó un chal de cachemira de cuerpo entero. Su belleza y calidad eran adecuadas para la reina, de quien se decía que tenía varios.

Las lágrimas cayeron mientras lo admiraba. Pero más maravilloso que eso, él lo había escogido para ella, y era perfecto.

Lo colocó sobre sus hombros y se atrevió a alzar sus ojos hacia él.

—Gracias, Joe. Lo adoro.

Él la besó suavemente.

—Por esta reacción, debería haberte comprado cientos.

Y entonces ella lo supo. El amor le había susurrado el primer día que se conocieron.

Joe dejó a su mano vagar sobre la rodilla de _________.

—Desearía que trataras de quedarte quieto —le sonrió __________ mientras colocaba de un tirón la sábana sobre sus piernas cruzadas.

Habían comido de la cesta de picnic y estaban sentados, desnudos, en la cama.

Ella trataba de dibujar su perfil. El chal estaba anudado sobre sus hombros, pero él no podía parar de acariciar su muslo y tocar ligeramente los suaves pliegues de su coño bajo las sábanas de lino.

—Mantengo mi cabeza completamente quieta —dijo él.

Su sonrisa se amplió.

—Si quieres que esto sea bueno, no deberías distraerme.

Él suspiró y tomó un sorbo de vino.

—Me recuerdas a los impacientes niños de la escuela dominical que he dibujado. ¿Por qué no me cuentas una historia? —sugirió ella.

—¿Una historia?

—Mm…hmmmm. Algo de tu juventud, quizá.

Él apretó la mandíbula.

—No tengo historias de mi juventud.

Ella le miró. Su mirada era tan tierna.

—Cualquier cosa, entonces —dijo.

Él encontró sus ojos por encima de su cuaderno de dibujo.

—Cuando estaba en Oxford, tuve el récord del p*@e más grande.

__________ rió. Extendió la mano y le giró la cara de nuevo para verle el perfil.

—No tenía ni idea de que semejantes credenciales se ganaran en Oxford.

—La mayoría de la gente no tiene ni idea. También obtuve el récord del mayor volumen de eyaculación. Puedo llenar un vaso de un golpe.

__________ bajó el cuaderno, mostrando incredulidad en sus ojos.

—Estás bromeando, ¿no es así? Realmente no existen esas competiciones.

Él la miró benévolamente y empujó el cuaderno hacia arriba para que ella siguiera trabajando.

—Bueno, en realidad Nick y yo tenemos el récord conjunto. En cuanto a la distancia cubierta por la eyaculación, el récord es de sir Peter Wells. Tenía el p*@e más pequeño, pero su corrida realmente podía volar —Joe se encogió de hombros—. Nick y yo no podíamos creerlo. Finalmente decidimos que nuestro esperma era demasiado pesado para recorrer la distancia que podía hacer el de Wells.

_________ dejó caer el cuaderno en su regazo.

—No puedo creer que esto ocurra en Oxford. No puedo creer que los jóvenes participen en este tipo de competición.

—Estudiamos algo, también.

_________ puso los ojos en blanco.

—Oh, bueno, eso está bien.

—¿Qué pasa, tú nunca has hecho algo al menos un poquito vergonzoso, antes de mí, como eso?

Las mejillas de __________ se colorearon de rosa.

—¡Aja! —Joe se giró y sostuvo el peso sobre su codo—. Cuéntame una historia. Y que sea una buena.

El enrojecimiento de __________ se intensificó.

—Durante el verano, mis hermanas y yo solíamos bañarnos en un pequeño lago cerca de nuestra casa. Dejábamos las ropas en la orilla y nadábamos en camisola.

Las cejas de Joe se alzaron.

—¿De verdad?

__________ sonrió abiertamente.

—Sí, de verdad. Ahora, ¿quieres oírlo o no?

Bajo las sábanas, su polla asintió.

—Oh, definitivamente. ¿Qué edad tenías cuando hacías eso?

—Lo hicimos durante años. Pero tenía unos quince en la época que te estoy contando.

—Excelente. Sigue.

—Bueno, un día particularmente cálido, estábamos tendidas en la hierba después del baño, cuando Prim se levantó de un salto gritando, levantó su camisola y comenzó a golpear con ella entre sus muslos. Patience y yo nos acercamos, pero resultó no ser nada más que una mariquita. De cualquier modo, mientras yo se la quitaba del muslo, Patience dijo: “Tienes una bonita marca en tu coñito, Prim” —_________ enrojeció aún más—. Así que antes de que cualquiera de nosotras supiera lo que hacíamos, estábamos sentadas allí, examinando las vaginas de las otras a la orilla del lago.

La respiración de Joe se aceleró.

—¿Se tocaron unas a otras?

Su mirada era tan cálida.

—Un poco.

Su polla se endureció completamente. La imagen de _________ con las piernas abiertas y la camisola alrededor de la cintura, tocándose a sí misma y siendo tocada por sus hermanas era más erótica de lo que él había esperado. No porque deseara a sus hermanas, sino porque la deseaba a ella, y era la inocente aunque sensual prueba de la mujer en la que se iba a convertir.

Aunque se habían mirado con interés y curiosidad y su exploración había sido entre ellas, y no para excitar a un observador, no podía evitar desear haber estado allí. Hubiera apartado a Passion de sus hermanas y se hubiera introducido en ella en la hierba.

—Cristo, desearía haberte conocido entonces. Te habría seguido todos los días a aquel condenado lago —empujó la mano de ella hasta su rampante erección—. Y muy pronto, mi dulce, te habría enseñado el placer de una buena follada.

_________ sonrió, pero luego se puso seria.

—Ojalá te hubiera conocido —le miró—. Si hubieras estado en mi vida, nunca me habría casado con mi marido.

El pensamiento de su vida con algún frío hijo de pu*a le enfureció. Frunció el ceño.

—No. No te habría dejado.

—¿No me habrías dejado?

—No.

—¿Pero cómo lo hubieras evitado?

La respuesta llegó inmediatamente.

—Me hubiera casado contigo yo mismo.

Las palabras flotaron en el aire entre ellos.

Joe sabía que eran ciertas. Y extrañamente, no sintió sorpresa o incomodidad al decirlas en voz alta.

—Pero dijiste que no creías en relaciones duraderas —susurró __________—. Dijiste, cuando se ha acabado, se ha acabado.

Lo había dicho. Lo había dicho porque eso era lo que siempre pasaba. Lo había dicho porque eso era lo que la vida le había enseñado.

Pero cuando estaba con ella, todo se sentía diferente. Con ella, la vida parecía llena de felicidad y posibilidades. Con ella, él tenía fe en el “para siempre”.

—Sí —respondió—. Pero si te hubiera conocido de joven, creo que tendría ideas completamente distintas sobre eso.

—Pero me has conocido ahora.

—Sí —deslizó un dedo entre sus senos—. Gracias a Dios.

Dejó que su dedo bajara hasta su precioso ombligo y entonces recordó. Frunció el ceño.

—Sabes, sólo porque no hayas tenido un niño con tu marido no significa que no puedas.

__________ le miró fijamente.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que el problema bien podía haber estado en tu marido.

—No lo estaba.

—¿Cómo lo sabes?

Sus ojos brillaron con lágrimas no derramadas.

—Mi marido se follaba a una de las doncellas. Le vi hacerlo más de una vez, con más entusiasmo y vigor de los que nunca había tenido cuando me follaba a mí —sus lágrimas se derramaron y ella se las secó de un manotazo—. Muy pronto ella se quedó encinta. Fue a mi marido y él le dio dinero. Se fue.

—Cristo, lo siento —Joe la atrajo a sus brazos. Nunca debería haber sacado el tema—. Lo siento, __________.

¡Maldito bastardo! Si su marido no hubiera estado ya muerto, lo hubiera matado.

Acarició su pelo en su húmeda mejilla y besó sus labios temblorosos.

—Eres la más hermosa, la más deseable mujer que nunca he conocido —murmuró. Tomó su boca en otro profundo beso para puntualizarlo. Su entusiasta respuesta y su dulce abrazo despertaron una egoísta exaltación de saber que su marido nunca había conocido lo que ella tenía que dar.

Se apartó y limpió una lágrima con la yema de su dedo pulgar. Los ojos de ella parecían mojadas hojas de marrón, verde y dorado. Él quería que brillaran de alegría, no de tristeza. Quería decirle que sólo porque su marido se estuviera tirando a la doncella no significaba que el niño fuera de él. La condenada doncella podría haber estado follando con otros muchos hombres.

Pero no podía decirle eso. Podría estar equivocado, y darle falsas esperanzas sería miserable.

Así que trató de hablarle de su otro dolor.

—Algunos hombres pierden el deseo por sus mujeres en el momento en el que salen de la iglesia —dijo suavemente—. No tiene nada que ver con la mujer; es sólo que una mujer está demasiado disponible, demasiado permitida. Desean a todas las mujeres que no pueden tener.

__________ pareció considerar sus palabras. Le miró después de un momento.

—¿Es por eso por lo que tú me deseas tanto? ¿Porque no estoy disponible, ni permitida?

Él frunció el ceño. Sus sentimientos estaban muy alejados de eso, ni siquiera había pensado en la comparación.

—Sabes que no es por eso por lo que te deseo.

—Lo sé —sus ojos investigaron en su interior—. Sólo quería oírte decir que no era por eso.

Él alzó su barbilla y la besó gentilmente.

—Te deseo porque te me has dado toda entera. Te deseo porque no me has pedido nada, pero tomas todo lo que te ofrezco —frunció el ceño—. Lo que sólo hace que desee que me pidieras algo, me hace desear que me pidieras algo que nadie más pudiera darte.

Los ojos de ella brillaron con una emoción indefinible. ¿Sabía ella que estaba allí? La miró fijamente y reconoció que era el mismo algo intangible que había visto en el dibujo que ella había hecho de él. ¿Qué era? El darse cuenta parecía tan cerca, pero de alguna manera, todavía, se escondía justo bajo su vista, un poco más allá de su alcance.

Su voz tembló.

—Te deseo porque eres todo lo que jamás soñé que podría existir.






_________ alisó el suave ribete de su chal. Se veía hermoso contra la seda de color rojo oscuro de su traje. Se envolvió más en él mientras Kevin Miller la escoltaba hacia el camino a la casa Lovato.

Las ventanas estaban llenas de luz. Todo el clan Lovato estaría preparándose para la cena de compromiso de Demi, junto con los parientes Netherton de Abigail.

Subió los escalones del brazo de Kevin. Sería la única representante de los desafortunados primos del campo, esas relaciones Dare de las que nunca se hablaba. Demi se había asegurado que _________ y su familia fueran invitados a la boda. La invitación formal había llegado ese día. Debía ser la responsable de la invitación de esta noche también. La tía Matty había sido significativamente excluida, mientras Abigail había tenido el descaro de sugerir que el señor Miller sería una apropiada escolta para _________.

_________ había querido enviar sus disculpas basadas en este asunto, pero la tía Matty había insistido en que fuera por el bien de Demi.

Kevin se detuvo antes de llamar.

—¿Cree que la señora Lovato montará sobre su escoba esta noche?

_________ rió. Él era una buena compañía, y nada, ni siquiera Abigail Lovato, podía hacer disminuir su alegría esta noche.

—En mi experiencia, que obviamente es limitada, nunca está sin ella.

Kevin sonrió y se encogió de hombros.

—Entonces quedémonos fuera de su camino.

_________ amplió su sonrisa.

—De acuerdo.

Él llamó a la puerta, y fueron admitidos por el mayordomo. El zumbido de voces venía desde los salones de arriba. Abigail bajó las escaleras para saludarles. Mientras descendía, sus ojos se movieron sobre __________ con una mirada evaluadora.

Saludó primero a Kevin Miller.

—Que amable de su parte unirse a nosotros esta noche, señor Miller. No sabía si su agenda social le iba a permitir asistir.

__________ se dio cuenta de que si Kevin no hubiera podido venir, ella tampoco lo hubiera hecho. Podría haber venido sin acompañante, pero conociendo a tan pocos invitados, seguramente no lo hubiera hecho. Abigail probablemente lo había esperado.

—No es ninguna amabilidad, señora. Siempre me siento privilegiado de estar en compañía de la señora Redington. Hubiera plantado a la reina por estar con ella.

_________ le miró con una sonrisa agradecida, pero él estaba mirando a Abigail con una expresión completamente seria.

—Sí, bien —Abigail se giró hacia ella—. Demetria se sentirá complacida de verte, _________. Pero no la monopolices. Cuando estás presente, se pega a ti como una lapa. Cuando te presente a su prometido, mira de mantener las distancias.

_________ asintió y, cogiendo el brazo de Kevin, siguió a Abigail escaleras arriba.

—¿Cree que los escalones de delante serán suficiente distancia? —murmuró Kevin.

_________ sonrió y le dio un codazo en las costillas.

—Muchas gracias, por cierto, por defender el mérito de mi compañía.

Él la miró.

—Lo decía en serio.

_________ intercambió una sonrisa con él.

—Como si realmente hubiera dejado plantada a la reina.

Él se rió entre dientes.

—Por usted, podría hacerlo.

El volumen de la fiesta aumentó cuando cruzaron la entrada, Abigail debía haber invitado a todos los que conocía.

La siguieron a la ruidosa sala. _________ sonrió y cabeceó hacia las pocas caras que reconocía. Y entonces, mientras cruzaba la habitación, sus ojos se fijaron en una familiar, alta y amplia espalda.
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 23rd 2010, 22:01

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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 24th 2010, 12:19

jajajaja grax x el cap!!! Smile
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 25th 2010, 18:21

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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 27th 2010, 15:43

Capitulo Trece





Cuando las leyes de Dios son rotas…


________ frunció el ceño. Miró fijamente los amplios hombros y el duro torso. Conocía ese cuerpo, incluso completamente cubierto por el atavío inmaculado de la tarde. Conocía el tacto de su nuca y la textura de su pelo negro.

Su cuerpo tembló y su corazón cabalgaba en su pecho. ¿Pero cómo podía él estar allí? ¿Y cómo pasaría ella la tarde entera sin lanzarse en sus brazos? Dios, ellos parecían estar moviéndose directamente hacia él. Ella contuvo su amor y ocultó su sonrisa.

—Milord —dijo Abigail.

¿Milord? El mundo se detuvo alrededor de ellos.

—Permítame presentarle a la prima segunda de Demetria, la Señora Redington, y su acompañante, el Señor Kevin Miller de Miller Shipping.

Por un momento, nadie se movió. Entonces, finalmente, la alta figura que ella había estado admirando se volvió.

Los ojos cafés de Joe se fijaron directamente sobre ella. Su boca se separó, y una sombra oscura cruzó su mirada.

_______ intentó sonreír. ¿Él no era feliz al verla?

—¡________! —Demi se apresuró a abrazarla.

Ella devolvió el abrazo a Demi. No había visto a su prima hasta aquel momento. Vio que el hermano de Joe también estaba allí, y otra mujer que debía ser su madre.

Joe estrechó la mano de Kevin Miller. Su hermano le miraba fijamente con expresión curiosa. Dio un paso adelante y recogió su mano. Sus oscuros ojos estaban llenos de compasión.

El corazón de ________ se desbocó. ¿Demi no había dicho que su prometido tenía los ojos cafés? Ella parpadeó. ¿Qué pasaba?

—Encantado de conocerla, Señora Redington —él dijo suavemente. Su mano parecía sostenerla.

Demi saludó a Kevin Miller.

El estómago de _________ se contrajo por el dolor. Ella se aferró a la esperanza.

—¿Tengo el placer de saludar al Conde de Langley, milord? —su voz tembló—. ¿Usted es Adam Jonas, no es así?

Él frunció el ceño e inclinó su cabeza.

Joe tomó su mano de la de su hermano. Sus dedos acariciaron su palma. Ella examinó sus hermosos ojos cafés.

—Yo soy el Conde de Langley, Señora Redington. Joseph Adam Jonas, a su servicio.

¡No! ¡Dios, no!

—Todos los condes de Langley son bautizados Joe, Señora Redington, así que adquirimos el hábito de ponernos segundos nombres para distinguirnos.

Su fija mirada era suave.

—Sólo los más cercanos a mí usan mi nombre.

La cabeza de ________ parecía dar vueltas, y su estómago se retorció en un nudo. Ella intentó respirar y no pudo.

Joe frunció el ceño y puso su otra mano encima de la suya.

Ella comenzó a temblar de modo incontrolable.

—________ —Demi se apresuró a su lado—. Estas blanca como una hoja.

La transpiración brotó de su frente.

—Yo... Yo me siento indispuesta —jadeó ella. No podía mirar a Joe, aunque él todavía sostuviera su mano. Se giró hasta Kevin—. Señor Miller, por favor —veía puntos negros delante de sus ojos—. Estoy enferma.

Él agarró su codo.

—¿Necesita a un médico?

—No..., yo —tenía que salir allí antes de que se desmayara. Alzó la vista hasta él y apenas contuvo sus lágrimas—. Por favor, tengo que ir a casa.

—Puedo llevarla a un cuarto de arriba —dijo Joe.

—¡No! —su estómago parecía desgarrarse. Cuando intentó dar un paso, sus rodillas flaquearon.

Joe le tendió la mano, pero Kevin Miller la tomó de la cintura.

Joe dio un paso adelante, su cara tensa por la tensión, pero su hermano asió su brazo mientras Kevin se la llevaba.

Demi se puso al lado de ________ mientras se apresuraban por la sala.

—Mi prima está indispuesta —ofreció Demi como explicación a las caras embobadas que pasaron.

________ presionó su mano contra su estómago y luchó contra el impulso de vomitar. No podía aguantar la presencia de Demi, no podía tolerar su contacto.

—Por favor, Demi —le pidió cuando alcanzaron el rellano. Intentó sonreír— Vuelve a tu fiesta, querida.

Joe salió de la sala, con su hermano pisándole los talones.

________ tragó la bilis y, dándose la vuelta rápidamente, se apresuró por las escaleras. Temiéndose que Joe la buscase, eligió bajar corriendo el largo tramo. Los escalones borroneados por sus ojos llenos de lágrimas. No podía ver, pero tampoco podía detenerse. Los sollozos se atragantaron en su garganta.

¡Joe, su amor, su amor, era el prometido de Demi! Con un grito, ella tropezó, pero Kevin estaba allí para sostenerla. Ella fue a donde él le condujo, ya que podía ver poco por sus lágrimas y su dolor.

¿Dónde estaba Joe?

Ella no podía pensar.

Kevin dijo algo a alguien sobre su carruaje mientras la sacaba al exterior.

Las palabras de Joe volvieron a su memoria. “No soy el tipo de hombre que te gustaría conocer… vivo mi vida para mí mismo. Hago lo que quiero, y no podría preocuparme menos lo que la gente piense”.

Ella se balanceó sobre sus pies.

¡Todo el tiempo que él había estado tocándola, besándola, follando con ella, había estado mintiéndole!

Ella temblaba violentamente, y la prisa por bajar las escalinatas del frente resultó más de lo podía soportar. En el bordillo, ella se dobló y vomitó su sufrimiento en la alcantarilla.



—Déjala ir —gruñó Nick en su oído—. Él puede consolarla. Tú no puedes.

Pero él podría consolarla. Él la consolaría. Necesitaba contárselo todo.

Abigail y Denisse salieron del salón.

—Mis invitados esperan su vuelta, milord —dijo Abigail rígidamente.

—Nosotros estábamos ocupando de ________, Madre —dijo Demi con una frágil voz.

—________ —resopló Abigail—. Espero que ahora veas por qué no la quería aquí, Demetria. Ella ha arruinado mi fiesta con su enfermedad inoportuna y su maleducada salida. Ahora todos hablarán sobre cómo tu prima enfermó, más que de ti.

Joe quiso golpearla. Él seguía viendo la cara de _________ cuando le dijo quién era.

—Cállese o me marcharé yo también, y realmente tendrán algo sobre lo que hablar.

Los ojos de Demi se abrieron consternados, y Nick agarró su brazo discretamente.

Los ojos de Abigail se estrecharon.

—Si se marcha, juro que le haré lamentarse de ello.

Joe apretó sus dientes con furia suprimida. Ahora mismo _________ estaba pensando en cada terrible idea posible. Estaba sufriendo, mientras él estaba allí de pie en una encrucijada. ¡Maldita sea!

Justo cuando él daba un paso atrás, Nick dio un paso hacía delante, mirando venenosamente a Abigail.

—¿Qué diablos cree que hace amenazando a mi hermano? Sinceramente, señora, usted debería arrodillarse sobre sus gordas rodillas dando gracias que el Conde de Langley se haya rebajado a relacionarse con su hija.

Denisse rió disimuladamente y acarició el brazo de Nick. Ella siempre parecía complacerse con la rara pero feroz pérdida de control de su hijo.

—No sé quien se piensa usted que es, pero recuerde a quien se dirige —gruño Nick—. O le haré lamentarlo.

—¿En serio? —contestó Abigail, su voz goteando superioridad y rabia.

El corazón de Joe palpitó. El grupo estaba cerrado, y los insultos volaban. Parecía que todo el asunto iba a explotar.

Y él sería libre, libre para convencer a ________ de quedarse con él por el tiempo que deseara.

Nick giró hacia él.

—Vamos. Esta mujer es insoportable.

Joe dio un paso. _________ lo necesitaba. Nick podría sobrevivir al escándalo. Él podría.

—Nick, querido, estas aquí —Miley salió del salón—. ¿Esta todo bien? Oí que alguien se encontraba mal mientras yo estaba en el cuarto de música.

Los hombros de Joe se tensaron, y apretó sus manos a los lados en desvalida frustración mientras veía suavizarse la expresión de Nick.

—Todo esta bien, querida —dijo Nick—. Pero por qué no llamas a tus padres. Creo que nos marchamos.

Las palabras de Lord Cyrus a Nick sonaron en los oídos de Joe: Usted se casará con mi hija, querido muchacho, porque es un Jonas.

Nick podría sobrevivir el escándalo, pero su compromiso, su amor, nunca lo haría.

La breve euforia de Joe murió. Y con su muerte, una fría, impotente furia cayó sobre él. Una furia que incluía a todos, incluso Nick.

—No.

Nick se volvió hacia él.

— ¿Qué?

—Tú no tienes que quedarte, pero yo lo haré.

Denisse suspiró. Abigail rió con desdén y, girando, volvió al salón.

— ¿Para qué diablos quieres quedarte? —preguntó Nick con irritación.

Joe pasó su mirada de Nick a Demi. Como la odiaba. Ella lo encarcelaba con su mera existencia. Ella lo retenía mientras _________ lo necesitaba.

—Por ella —él cabeceó hacia Demi.

Nick se volvió, y una capa de su irritación cayó de su cara. Él frunció el ceño.

—Espero que sepa que mi cólera no estaba dirigida a usted, señorita Lovato. He llegado a conocerla un poco en esta pasada semana, y he visto que usted es tan suave como su madre es difícil. Pero no puedo mantenerme al margen mientras ella dirige vacías amenazas contra mi hermano —él inclinó su cabeza—. Perdóneme. No le deseo ningún mal.

Demi asintió, pero pareció insegura si debía quedarse o irse. Sus ojos cafés estaban indecisos cuando los levantó hacía Joe.

—Si yo fuera usted, pensaría que mi madre es horrorosa, también. Pero yo no soy para nada como ella. Seré una esposa amable y leal a usted, milord.

Joe la miró fijamente. Cómo aborrecía sus “si” y sus “pero”. Como despreciaba las patéticas tentativas que ella había hecho durante toda la semana para rechazar a su madre. No sirvieron de nada. Ella no debería haberse molestado.

—Me reuniré con usted en el salón —dijo él.

Demi asintió con la cabeza y se marchó con Miley.

Nick miró a Miley y luego se volvió hacia él y lo señaló con un dedo.

—Te lo dije. Te dije que le harías daño —él se dio la vuelta para irse, pero volvió a girar—. Esto, debo admitir, fue mucho peor de lo que podría haberme imaginado. Pero dejé que lo hicieras del peor modo posible.

Joe se esforzó en mantener sus puños a los lados.

—Mierda. Yo no tenía ni idea que ambas se conocieran.

—Y tú estás haciéndola a un lado, así puedes atarte a esa vil perra de allí. Sabes que, hermano mío, debes necesitar sufrimiento en tu vida.

La cólera recorrió los tensos músculos de Joe. Él se alejó de Nick, de su madre y de las puertas abiertas del salón.

Pero Nick le siguió.

—Sí, eso es. No puedes tolerar la felicidad. No. Ni siquiera eres capaz de reconocer la felicidad.

Joe se giró y le pegó un puñetazo directamente en la mandíbula a su hermano. Nick se tambaleó hacía atrás, sosteniéndose la barbilla. Denisse jadeó y se apresuró hacía ellos.

Joe se acercó a él y lo señaló.

—Por Dios, si dices una jodida palabra más, te lanzaré escalera abajo tan rápido y tan fuerte, que tu amada Miley —dijo las palabras con sorna— tendrá que venir a recoger tus pedazos y coserlos después.

Denisse tiró del brazo de Joe.

—¡No vuelvas a tocar a mi hijo! —siseó—. ¿Me oyes? Déjalo tranquilo.

Joe retiró su brazo del asimiento de Denisse y se alejó de Nick.

Su madre se volvió hacia su favorito. Nick se alejó de ella y luego, antes que Joe pudiera reaccionar, su hermano abofeteó a su madre.

Denisse jadeó asombrada y puso su mano en su mejilla.

—Esto es todo culpa tuya —gruño Nick—. Él también es tu hijo. Si le hubieras mostrado aunque sea la más pequeña maternal consideración, tal vez él no se estaría casando para sufrir. Pero gracias a ti, él no conoce nada más.

Nick giró y, controlando su mandíbula, se alejó a zancadas hacía el salón.

Denisse se volvió hacía Joe.

—Todo esto es culpa tuya. ¿Por qué lo tienes que hacer todo tan difícil? Por qué no puedes ser tan agradable como...

—¿Como Nicholas? —terminó Joe por ella. ¿Cuántas veces había oído eso desde que era un muchacho?

Él miró su mejilla enrojecida.

—Si sólo hubiera sabido que significaba realmente “agradable” para ti, yo te habría obligado hace mucho.

Él pasó delante de ella y miró su reloj. Todavía era condenadamente temprano. No podría ir con ________ hasta pasadas unas horas.

¿Dios, qué pensaría ella? ¿Qué haría?




Agotada y exhausta, __________ puso las sabanas bajo su barbilla y se hizo un ovillo. Habían pasado horas desde que la Tía Matty y Kevin Miller la habían dejado sollozando en su almohada. Su garganta todavía ardía de bilis y sus ojos por las lágrimas. El dolor que rasgaba su corazón la asfixiaba con el peso de la traición, el pecado, y la pérdida.

Ella exhaló un quedo suspiro. Ella había sido ambas cosas, la traicionada y la traidora, el pecado y la pecadora. Peor, su amor, su esperanza de amor, era nada más que una ilusión desesperada cimentada en engaño y maldad.

Su corazón rabiaba de dolor. Ella jadeó y presionó el talón de su palma contra el encogido órgano. No. No una ilusión. Su amor era profundo y verdadero, y no correspondido.

E inmerecido. ¿Cómo podía él haberle dado tanto de sí mismo, llevarla a su casa, cuando al mismo tiempo preparaba su futuro con Demi?

Un sollozo seco se elevó en su garganta. ¡Con Demetria! ¡Dios, con su prima! Su prima, que era una plebeya como ella.

¿Por qué Demi?

¿Por qué no ella?

Ella cerró fuertemente los ojos con vergüenza ante ese pensamiento. Pero no podía mantener las preguntas a raya.

Las respuestas eran todas demasiado simples. Demi era rica; Demi era joven. Las lágrimas manaron de sus doloridos ojos. Y un conde necesitaba herederos, los que él sabía que ________ no podía proveerle.

Él se había declarado a Demi después de saber que ella era estéril. ¿Se lo hubiera propuesto, si ella no lo fuera? Que pregunta tan inútil. Pero en su casa, él le había dicho cosas que le hizo creer que él se preocupaba por ella.

Ella se mordió el labio y volvió su cara hacia la almohada. Sus pensamientos eran patéticos, y ella se odió por tenerlos. ¿Pero cómo sobreviviría al matrimonio de su prima con el hombre al que amaba? Que Dios la salvara, porque ella no podía dejar de amarlo.

Nuevas lágrimas cayeron. ¿Su amor se atenuaría? ¿El dolor se aliviaría con el tiempo? ¿Qué malévolo giro del destino había conspirado para hacer esto?

—Estaba seguro que encontraría la ventana cerrada.

________ jadeó ante el sonido de la voz baja de Joe y giró la cara desde su almohada.

Cuando él la vio, su ceño fruncido por la preocupación se hizo más profundo.

—Oh, ________.

Él dio un paso hacia ella, pero ella levantó su mano mientras se sentaba.

—No. No te acerques más.

Ella había estado esperándolo. Pero ahora que él estaba aquí, reteniéndola con su mirada azul, se cuestionó su decisión de hablar con él.

—Cerré y abrí la ventana una docena de veces —dijo ella, con voz irregular—. Pero finalmente, comprendí que nosotros… Que yo tenía que decirte adiós.

—No hay ninguna necesidad de decir adiós, ________.

Su cabeza dio vueltas. ¿Cómo podía decir él tal cosa? Sus manos se apretaron alrededor de la sábana.

—Muy pronto, serás el marido de mi prima —las palabras hicieron que su estómago se revolviera y su corazón se desgarrara—. ¿Cómo puedes decirme que no hay necesidad de un adiós? —su voz tembló—. Nosotros deberíamos haber dicho adiós hace mucho. Nunca deberíamos haber estado juntos.

Él frunció el ceño.

—No digas eso. Es mentira —él la miró fijamente—. Tú eres la parte más perfecta de mi vida, la única parte perfecta. Esto no es un error. No es una equivocación.

_________ presionó su mano sobre su palpitante corazón mientras más lágrimas caían por el dolor.

—Todo esto es una equivocación. ¿No puedes verlo? Perteneces a mi prima.

—Ella es prima segunda tuya, y no le pertenezco —le increpó él—. Ni siquiera me gusta —él se pasó la mano por su pelo— ¿Quieres saber en que te equivocas, _________? En todo.

Él arrastró una silla al lado de su cama y se sentó, con el cuerpo rígido. Él miró sus puños apretados un momento antes de levantar sus ojos hacia ella. Eran fríos como el hielo.

—Recientemente fui informado por mi madre, a quien desprecio, que mi hermano es un bastardo. Claro, esa fue una noticia bastante inquietante de por sí. Sin embargo, había más. Resulta que ella escribió una carta a una amiga en la que se jactaba de su embarazo adúltero.

La mandíbula de Joe era una dura línea.

—Esta supuesta amiga, una mujer muy rica sin título pero con aspiraciones a la aristocracia, conservó la carta durante años, esperando hasta que su propia hija estuviera en edad casadera.

A _________ le dolió la cabeza. ¿Podría ser?

La cara de Joe parecía granito.

—Luego, justo hace un mes, ella envió a mi madre una copia de la carta original con una demanda.

—No —susurró _________.

—Sí —siseó Joe—. Me caso con su hija y la hago Condesa de Langley, o ella publica las repugnantes noticias de mi madre en el periódico. Y como mi hermano no tiene ni idea de que él es ilegítimo, y actualmente está prometido a una dama de alta alcurnia, puedes imaginarte lo que semejantes noticias podrían hacerle.

________ no quería creerlo, pero eso era justo el tipo de cosa vil que Abigail haría. Ella dejó caer su palpitante cabeza en sus manos. No era asombroso que Demi se hubiera quejado de que su prometido pareciera frío y retraído.

—Lo siento —dijo ella suavemente.

—¿Lo sientes? —él se oyó tan amargado—. Le ofrecí una fortuna por esa maldita carta, pero ella quiere mi título y mis herederos.

________ levantó la mirada y suspiró ante la furia grabada en sus rasgos.

—Así es, ________. No sólo exige que me case con tu prima, exige que tenga hijos con ella. Sólo después de que le entregue un mínimo de tres saludables niños, siendo al menos dos de ellos muchachos, esa perra, Abigail Lovato, pondrá la carta en mis manos.

Apretó los dientes fuertemente.

—Desde luego, eso es lo que ella dice, pero no creo que me la dé alguna vez.

________ luchó contra sus emociones. Todas se amontonaban sobre ella en una sucesión implacable. Él no quería a Demi. Ella le estaba siendo impuesta. Sintió alivio, luego se avergonzó por ese alivio. ¿Y cómo debía ser para Joe? Él no era un hombre que tolerase la sumisión. Horror, pena, angustia, y amor, todos cayeron sobre ella con un peso insoportable.

—Debes amar a tu hermano muchísimo —susurró ella.

—Nick es la única razón por la que no le he dicho a Lovato que haga lo que quiera con esa maldita carta.

________ asintió. Eso quería decir que él la amaba. Miró fijamente a sus manos apretadas en las sábanas. No. No, eso era un error. Gracias a Dios él no lo hacía. Ella intentó tragar su dolor, pero este cerraba su garganta.

—Esta es la última vez que nos veremos, Joe —las lágrimas llenaron sus ojos—. A pesar de toda la maldad de Abigail, Demi es inocente. Debes ser un marido amable para ella.

—¡No! —negó él—. No, no te dejaré. No tengo ninguna intención de casarme con Demetria Lovato —su ceño se hizo más profundo—. Y ella está lejos de ser inocente. Ella es débil, sonríe con afectación, es una marioneta imbécil que se doblega a cada orden de su madre. ¿Crees que yo te dejaría por ella?

_________ frunció el ceño.

—¿Pero qué quieres decir, no tienes intención de casarte con ella?

—Quiero decir que tengo a alguien buscando esa carta. Y en cuanto él la encuentre, y me la dé, mandaré al diablo a Abigail Lovato y a su hija con ella.

Ella le miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Pero no puedes hacer eso. Si abandonas a mi prima, ella estará arruinada.

—Quizás no lo entendiste, me están chantajeando _________. Estoy siendo malditamente chantajeado —gruñó Joe—. ¿Esperas que lo acepte como si nada? ¿Esperas que no haga todo lo que está en mi poder para liberarme de esta asquerosa tiranía? ¿Esperas que te dejé por algo o alguien? Porque, si es así, estas profundamente confundida.

_________ dejó caer más lágrimas. Sus palabras eran una alegría y una tortura. ¡Oh, terrible orgullo, terrible amor!

—Espero que seas el hombre que conozco, un hombre noble y honorable.

—No me hables de nobleza y honor —escupió—. La nobleza y el honor destruyeron a mi padre. No tengo ninguna aspiración a cualquiera de esas características.

¿Él podía conocerse tan poco? Dios, como tenía ella ganas de tomarlo en sus brazos.

—No puedes evitar ser quien eres —murmuró—. Y yo no puedo quedarme contigo. Tú perteneces a mi prima.

—No pertenezco a nadie más que a ti —contestó él, con voz rasgada.

_________ suspiró mientras su corazón palpitaba con ferocidad en su pecho.

—Eso fue cierto.

Joe se inclinó, acercándose.

—Eso es cierto. Aquel primer día que fui al Palacio de cristal, se suponía que yo iba a ir a la exposición de porcelana a encontrarme con tu prima. Pero yo había decidido no hacerlo. Nick y yo vagamos por el lugar durante una hora y me disponía a marcharme cuando cambié de idea. En ese momento, no supe por qué —él le sostuvo su mirada—. Ahora sé que fui allí a encontrarte. Tú eres la mujer con la que, se suponía, me encontraría ese día. Tú, ________ _______ Dare, no tú prima.

Los ojos de ________ rebosaron por las lágrimas de angustia. Ella no debería oír esto, no ahora. Pero no podía pararlo.

—Sabes que lo que digo es verdad —la voz de Joe sonó urgente—. Cuando te saqué del camino de aquel árbol que se caía. Te olí y te sentí y tú llenaste mis brazos. Entonces, cuando contemplé tus hermosos ojos, vi algo que hizo que mi corazón latiera más rápido y mi sangre corriera. Tuve que obligarme a liberarte. Pero cuando me alejé, sentí que no era correcto. Y cuanto más me alejaba, más incorrecto lo sentía.

Él se inclinó hacía delante en la silla.

—Me dije que te miraría por última vez, y cuando me di la vuelta, tuve miedo de que te hubieras ido. Pero no lo hiciste. Estabas allí, mirándome directamente. Supe entonces que te querría más de lo que alguna vez había querido algo.

—¡Detente! —gritó _________ en un susurro—. ¡Detente! Tú eres más que un arquitecto, eres un conde. Los condes requieren herederos —ella presionó sus manos contra su estómago—. Hoy, cuando hablamos, me dejé llevar por el sueño de que podría tener una vida contigo. Pero es imposible. Ambos lo sabemos.

Él la miró fijamente, sus ojos llenos de emociones ilegibles.

—No te dejaré —repitió él—. No lo haré.

—No es sólo lo que tú hagas. Esto ha sobrepasado nuestro secreto —de los secretos nacían los problemas. Ella tenía que decirse eso—. A los ojos de la sociedad, tú perteneces a Demi.

—No lo hago.

— ¡Lo haces!

Los ojos de él brillaron.

— ¡No la amo!

— ¡Pero yo la quiero!

La cara de Joe se volvió una máscara.

Las lágrimas de _________ se derramaron por sus mejillas. ¡Te amo!

— ¡Y no la traicionaré!

Joe no se movió.

—¿No lo ves? Todo lo que temí, y más, ha pasado. Yo sabía que era un error estar contigo. Sabía que arriesgaría mi corazón y más. Pero puse mis propias necesidades antes que el decoro, antes del deber. No hice caso a mi moral y me di, de buen grado, a la tentación que me ofreciste. Tu roce, tus besos, tu mera presencia me llamaba fuertemente. Me regodeé en mi caída. Y ahora pago un precio mayor de lo que soñé imaginable —ella tragó y se ahogó con sus lágrimas—. Esto va más allá que entre nosotros dos. Mi padre tiene razón. El mundo realmente sufre cuando las leyes de Dios son rotas.

La expresión de Joe era un retrato de rabia.

—¿Qué hay de las leyes que Abigail Lovato ha roto? ¿Dónde está su moral? ¿Dónde está su decoro y su deber? ¿O ahora es apropiado y moral prostituir a la propia hija? —sus ojos expresaban furia—. ¿Y qué hay de mi sufrimiento? Sufrimiento, ante el cual, esperas que sea noble y honorable. Sufrimiento, que se supone debo soportar toda una vida con ecuanimidad y gracia —su voz se hizo más dura con cada palabra—. No soy el maldito Salvador, __________. Soy un hombre. ¡Y no me crucificaré sobre el altar de tu moralidad!

— ¡Demetria es inocente!

Joe se puso de pie y se inclinó sobre ella.

—Abigail Lovato sostiene un cuchillo en mi garganta, y ese cuchillo es Demetria. Ella es el instrumento de mi tortura, la prisión a la que estoy confinado. Estoy esclavizado por su patética existencia.

El rostro de _________ se cubrió de sufrimiento.

—No me digas que ella es inocente. Ella está participando en este asqueroso plan tanto como su madre y la mía. ¡Yo no perdono su ignorancia!

_________ jadeó cuando él agarró su barbilla.

Sus ojos destellaron.

—Y no te dejaré por ella. ¿Me oyes? Tú eres mía.

Ella le miró a través de las lágrimas.

—Soy tuya sólo cuando me doy. Tú no puedes tomarme.

— ¿No puedo? Yo puedo hacerlo ahora.

¡Oh, Dios!

—No lo harás.

Él se alejó de ella, y ella cerró sus ojos con un sollozo.

Su voz la alcanzó.

—Nunca jamás te refieras a lo que hemos tenido juntos como “una caída”. Hacer eso sería un pecado mayor que cualquier otro que creas que hemos cometido.

Su interior se retorció con pesar. Pero para cuando ella lo buscó, él ya se había ido.

Su corazón se rompió en mil pedazos.

¿Cómo ella alguna vez los encontraría? ¿Cómo volvería ella a juntarlos otra vez?

¿Cómo estaría ella entera otra vez?
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 28th 2010, 16:06

chicaz comenten ¬¬
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MafeGray
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 28th 2010, 16:23

waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa no habia tenido tempo donce.... waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa............................... he estado muy mal.... muy mallll...... ya voy a subir el primer capppppppppppppppppppppppppppppppppp waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

jajajajajaj te amoooooooooooooooooooooooooooo
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llollzz
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 28th 2010, 18:37

CAP!!!!
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Loveya Justtin anD niiCk
Novia De..


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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Mayo 28th 2010, 22:33

jaahajhaj emppese a iiOrar :G:G:G aunqq' nO le entenddii jahjahaj
bnO no! en ffin jahajhajhaj esperO eL pprOx Capp (yn)
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MensajeTema: Re: Passion [Joe & Tu] [Mayores]   Hoy a las 16:54

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