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 AMIGOS desconocidos (hot)

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angenick
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Localización : Venezuela
Fecha de inscripción : 14/12/2009

MensajeTema: Re: AMIGOS desconocidos (hot)   Mayo 16th 2010, 20:29

Joe dejó la mirada fija en un punto en el infinito, intentando calmarse
y que la dolorosa erección que se apretaba contra su pantalón desapareciese
¡Era inútil! El olor de ella lo emborrachaba, su presencia le hacía vibrar y el
sonido de su voz era un deleite para sus sentidos.


- Yo opto por volver a casa -comentó (Tu name) sin
malicia.

- ¡Sí! -rugió Joe, dejándose apoderar por su
instinto animal.

- ¿Es que tienes mucho sueño? -bromeó la chica
ante la impaciencia de él por volver al hogar.

- ¿Sueño? Te aconsejo que te vayas olvidando de lo
que significa ese término porque no vas a dormir en mucho tiempo.

Su penetrante mirada le decía que eso era una
promesa. Todo el cuerpo de la chica se estremeció ante la expectativa ¡Como
deseaba a ese hombre!

Caminaron hacía la salida exhortos en su deseo,
mirándose con hambriento amor. No había dudas de lo que ambos querían. Fundirse
en uno solo por el resto de la eternidad. CApitUlOo 90


- ¡(Tu apodo)! -se escuchó gritar desde la
distancia.

(Tu name) se estremeció de nuevo, pero esta vez de
aprehensión. No podía estar allí ¡No cuando ella había encontrado la felicidad
al fin! Tenía que ser un retorcido producto de su imaginación. Ni siquiera ella
podía ser tan desdichada de encontrárselo después de tantos años, allí y en un
momento como ese: la vida no podía ser tan injusta con ella

- ¡(Tu apodo)! -llamó de nuevo la voz masculina.

(Tu name) tragó trabajosamente, esperando a que en
cualquier momento apareciese ante ella. No podía creerse que estuviese allí
después de tantos años ¡Volverlo a ver! No sabía si estaba preparada para ello.
Quiso concientizarse de que ya no era ninguna adolescente y que podría manejar
la situación, pero todo su cuerpo temblaba de ansiedad.

Había estado tan absorta en el reconocimiento de
la voz que no se percató de la presencia de una niñita de unos seis años. Había
corrido por el camino hasta que la pareja le bloqueó el paso y se paró frente a
ellos. Con una animada sonrisa y tirabuzones tan negros como el carbón, (Tu
name) sintió conocerla. Y cuando vió los enormes ojos verdes rasgados, supo de
qué.

- ¡(tu apodo)! -repitió en tono de reproche un hombre
a la niña, acercándose hacía ellos.

(Tu name) reconoció los mismos ojos verdes en él.
Unos ojos que conocía muy bien. Y que no esperaba volver a ver nunca más. Pero
¿a quién pretendía engañar? Era algo típico que eso pasase cuando todo iba tan
bien. La realidad tenía que caer sobre ella. Y su pasado volvía para morderle
el trasero.

- ¡(Tu apodo) te dije que no te alejases de mi!
-le regañó el joven a la niña, una vez se unió a ella frente a la pareja.

Ella observó los rasgos duros y esculpidos de su
cara. Era incluso más varonil y atractivo que antes. Aunque se veía extraño un
ceño fruncido en su, siempre, alegre cara. (Tu name) se retorció en su lugar
cuando el joven dejó de atender a la niña y dirigió su mirada hacía ella. La
alegría pareció brotar de cada poro del cuerpo del hombre.

[aClaro x las dUdaAs xD La NenitAA se llAMaA Como
vOSs xD]

- ¿(Tu apodo)? -dijo perplejo, esta vez a la
mujer.

- Que si papá, que no iré a ningún sitio sin tu
permiso -respondió la niña dándose por aludida ante la llamada.

(Tu name) rezaba por un agujero donde esconderse.
Y ni siquiera estaba segura de saber cómo se reza. Esa niñita era su hija.
Tendría aproximadamente la misma edad que años hacía que no se veían. Él tenía
un hogar, una familia. Probablemente ese fuese el motivo por el que la
abandonó. No podía creerse que lo tuviese frente a ella. Había deseado tanto
ese momento... Al principio con la esperanza de volver a estar juntos, después
con la necesidad de estrangularlo. Y ahora... simplemente era extraño y
desconcertante.

- ¡(Tu name)! -se confirmó en voz alta el hombre,
mirándola de arriba a bajo- ¡Estás preciosa!

- ¿(Tu name)? ¡Uhm! -dijo la chica, al darse
cuenta que la atención de su padre ya no estaba dirigida hacia ella- ¿Te llamas
como yo? -le preguntó a la muchacha, acercándosele, como si supiese de quien se
tratase en realidad.

- Eso creo -corroboró (Tu name), con una sonrisa
que deslumbró a todos- Miguel -se dirigió al hombre que se la comía con la
mirada- ¿es en esta parte cuando tú me dices que es mi hija? -bromeó la chica
con un cliché de cualquier drama cinematográfico.

- ¡Uhm! No quería que te enterases así pero... -le
continuó la broma el hombre riendo. Después miró a la niña y continuó- Ella es
mi hija (Tu apodo) -confirmó, abrazándola.

- ¿No había más nombres? -preguntó burlona la
rubia.

- Quería que tuviese algo tuyo -afirmó Miguel con
nostalgia en la mirada.

Se hizo un silencio incómodo entre ellos. El
pasado volvió ferozmente para paralizar a ambos. Él le había dado su primera
vez, fue su primer amor ¡y su primer desengaño! Aún recordaba con claridad los
días encerrada en su habitación sin querer salir ni comer, solo llorar sin
parar. Había prometido que ningún otro hombre le haría tanto daño y había
cerrado su corazón a todos ellos ¡Y ahora lo tenía frente a ella! Con una hija
y mirándola con deseo y añoranza. Nada era como debería ser.

Un carraspeó la hizo salir de sus pensamientos y
atender a la presencia masculina a su lado. Joe la miró con una expresión
inescrutable y después a él, con una expresión bastante más clara, pura ira.
(Tu name) parpadeó para aclarar sus pensamientos y obrar consecuentemente.
CApitulO 91

- Miguel, él es mi novio Joe -los presentó la
chica, aferrándose al brazo de su amado, esperando reconfortarlo.

- ¿Novio? -preguntó Miguel con sorpresa- ¿Desde
cuando dices palabras malsonantes? -bromeó el joven, sin pizca de humor en su
expresión.

- Muchas cosas han cambiado desde que te fuiste
-aclaró (Tu name), apartándose de Joe, con el rostro ensombrecido por la
tristeza.

- (Tu apodo)... -la llamó Miguel con pena,
haciendo el amago de acercársele para consolarla, pero parándose en seco al
encontrarse con la mirada acusadora de Joe- Yo no quise...

- ¿Qué no quisiste? -estalló (Tu name) finalmente-
¿Qué? ¿Hacerme daño? ¿Abandonarme con si no significase nada para ti?

- Lo eras todo para mí -susurró Miguel con un nudo
en la garganta- No me dejaste explicarte lo que pasó. No respondías a mis
llamadas y no podía regresar para explicarte.

- ¡Pobrecito! -bufó (Tu name) con irritación- Y
estabas tan amargado que te echaste nueva novia -afirmó mirando de soslayo a su
hija.

- ¡Eso también puedo explicarlo! -afirmó el joven
acercándosele.

- A mi no me tienes que explicar absolutamente
nada. Pero puede que la madre de tu hija si tenga interés en saber que clase de
persona eres -aclaró la chica con rabia.

- Un beep sin corazón, según ella -explicó Miguel,
agachando la cabeza.

- ¡Mujer inteligente! Más de lo que lo fui yo.
Pero esa descripción de tu persona es más compartida de lo que crees -espetó
airada.

- Deja que lleve a la niña con mi madre y te
explico todo -rogó el muchacho.

- ¿Tu madre? -se calmó (Tu name) instantáneamente-
¿Está aquí?

- ¡Sí! Y le encantaría verte -afirmó Miguel con
una tierna sonrisa.

Elena -la madre de Miguel- se había convertido en
poco tiempo en alguien muy especial para ella. Era una auténtica madre, que le
reñía por la ropa que llevaba, por las travesuras que hacía y las horas
indecorosas a las que se recogía. Todo lo que su madre nunca había hecho. Había
querido a toda esa familia como si fuese la suya propia. Y por eso había
sufrido aún más. Ella nunca tendría un hogar así, y solo podía conformarse en
ser una invitada provisional. Por eso prefería no hacerse ilusiones con formar
una familia. Ella no estaba destinada a tener una, al menos no una normal.

Joe se había mantenido al margen de la disputa.
Aunque su orgullo le hacía rugir por ser el espectador de lo que parecía una
pelea de enamorados y su sentido común le decía que allí sobraba. Pero algo le
decía que si ella no era capaz de intentar ser feliz, que si había rechazado el
amor hasta ahora, ese tipo tenía algo que ver con ello. Y quería enterarse.
Pero obviamente no iba a ser tan estúpido de dejarla irse con él para que le
diese una explicación ¡No era tan tonto!

- (Tu apodo) creo que ya es hora de que volvamos a
casa -sugirió Joe, con una calma que no tenía.

- Deja que yo te lleve a casa -rogó Miguel,
agarrándola de la mano- y hablamos de todo para aclararlo.

- Volveré con mi novio, a NUESTRA casa -aclaró (Tu
name), sintiéndose culpable después por la expresión dolida en el rostro que
una vez creyó sería su único amor.

- ¿Crees que podamos hablar antes de que me marche
de nuevo? Solo estaré una semana más -anunció el joven con ruego en la mirada.

(Tu name) se sentía afligida. Había odiado a ese
hombre por todo el daño que le había hecho. Pero verlo así le hacía pensar si
realmente tendría una buena excusa para lo que le hizo. Su corazón se le paró
al notar cono la niña tiraba de sus vaqueros para que la atendiese. Se agachó
hasta estar a su altura.

- ¿Podrías hablar con mi papá antes de que nos
vayamos? Es que sino no va a haber quien lo aguante -explicó la niña sin
importancia- Estaba histérico con la idea de volver y...

- ¡(Tu apodo)! -reprochó su padre,
interrumpiéndola.

- Y se pone muy triste cuando la abuela te nombra
o sus amigos le preguntan por ti -continuó la niña ignorando la advertencia de
su padre- ¿Porque tú eres esa novia de la que todos hablan desde que llegue, verdad?
Mi papá me contó que te quería mucho y por eso me puso mi nombre -concluyó la
infante dejando a todos sin saber qué decir.

- Creo que es mejor que nos vayamos -excusó a su
hija, agarrándola para llevársela.

- Entonces ¿no vas a hablar? -preguntó la niña con
incomprensión-¿Por qué no haces como el novio de mamá y te la llevas en brazos
hasta el dormitorio hasta que te escuche? -bromeó a medias la niña.

- No creo que ellos hablen mucho en esos casos
-aclaró su padre soltándose en carcajadas.

- ¡Yo sé! Pero al menos ellos no están tan solitos
como tú -le dijo a su padre y después miró a (Tu name)- Mi papá no muerde,
podes hablar -se interrumpió y miro con irritación a Joe- ¡Si te dejan!

(Tu name) no pudo más que reír por la ocurrencia
de la niña. Estaba claro que era hija de Miguel. Tan atrevida y picaresca como
él. Sacó su tarjeta del bolsillo y se la extendió a la niña.

- Este es mi número, que me llame y vemos cuando
podemos ¿Ok? -le pregunto a la niña y sonrió al verla asentir.

Agarró del brazo a Joe y salieron del parque. Ella
aún reía por el comportamiento de la niña. Aunque debería llorar ¡Había
aceptado verse a solas con Miguel! Era cierto que tenía curiosidad por saber
que le tenía que decir. A veces se sentía como si le faltase una pieza de su
puzle. Pero no quería saber nada del hombre que no solo la había abandonado
sino que había provocado que rechazase el amor y la felicidad. CApiitulO 92

Al legar al departamento (Tu name) fue directa a
la cocina para preparar algo de
almorzar. Joe le dejó su espacio para que pensase
en todo lo que había
ocurrido. Él también lo necesitaba. Se tendió en
el sofá y maldijo su mala
suerte.

El ex novio de su gran amor volvía por ella. Y
estaba seguro de que así era. Le
había dejado claro que estaba soltero y hasta le
había hablado a su hija de
ella ¡Maldito fuese, le había puesto su nombre!
Ese tipo la quería
reconquistar. Pero él no podía negarle que lo
viese si es lo que ella quería
hacer. Por mucho que le pudiese doler. Tenía tanto
miedo de que ella lo
aceptase, que estaba apunto de ir corriendo hasta
la cocina y prohibirle que se
acercase a él. Pero con ello solo conseguiría que
le fuese a buscar con más
urgencia. A (Tu name) no se le podía prohibir
nada, lo había aprendido hacía
muchos años. Y tantos años no le servían de nada
en esos momentos. Había un
trozo de su vida que él desconocía y que ese tipo
parecía conocer a la
perfección ¡Cuanto lo odiaba! De todas las maneras
posibles. El amigo posesivo
estaba celoso de los conocimientos que él tenía y
el novio no soportaba que ese
tipo hubiese sido el primero. Porque estaba
convencido de que ese habría sido
el primero. El chico que cuando ella tenía solo
dieciséis años la había amado
como a él le habría gustado hacer. Y también la
había dañado ¿Se habría
enamorado de él y no la correspondía?

El pensar que ella pudiese haber amado a otro le
hizo encogerse de dolor. Sin
poder evitarlo caminó hasta la cocina. Ella
preparaba algo de pasta, con la
salsa favorita de Joe. Sonrió con la imagen.
Deseaba tanto poder verla el resto
de su vida, que no estaba seguro si sería capaz de
dejarla salir de esa
habitación.

- ¿Puedes esperar unos minutos? -preguntó (Tu
name) sacándolo de su ensueño.

- ¿Qué? -no entendió el chico.

- Aún no terminé de hacer la comida y lo que quieres
que hablemos nos llevará un
rato ¿Esperas hasta que termine? -preguntó (Tu
name) con una dulce sonrisa.

Él solo asintió y salió de la cocina. Ella si lo
conocía bien. Le contaría todo lo
que pasó entre ellos, en cuanto acabase de
cocinar.

De pronto, el miedo se apoderó de él ¿Quería
escucharla decir que se había
enamorado de otro? ¿Que le contase su historia de
amor y cuanto había sufrido por
perderlo? No estaba muy seguro de estar preparado
¿Por qué tenía que pasar todo
aquello en ese momento? Al fin la tenía a su lado,
sabiendo que les unía el
amor ¿Por qué tenía que aparecer ese tipo?


(Tu name) salió de la cocina con dos platos y
ambos los degustaron hasta quedar
saciados. Una vez que él recogió el almuerzo, se
sentó junto a ella y la
abrazó, a la espera de que ella comenzase su
historia.

- Como habrás deducido, Miguel era el chico con el
que te dije que había estado
saliendo antes de que regresaras -comenzó (Tu
name), acariciándole
distraídamente el pecho.

- Sí, lo imaginé -corroboró él.

- Cuando tú te fuiste, yo comencé a salir con los
chicos más a menudo. No tenía
con quien más hacerlo -se encogió de hombros la
chica con resignación- Un día Taylor
y yo íbamos al encuentro de los chicos, cuando
ella se fijo en Miguel. Él era
mayor y muy guapo y ella cayó rendida a sus pies.
Hizo que nos presentásemos y
él fue muy educado, pero ni la pelo.

- Te prefirió a ti -anunció Joe, disimulando la
irritación.

- ¡Para nada! Creo que al principio creía que yo
era un chico -explicó ella
riendo- Pero empezamos a vernos a diario,
jugábamos a baloncesto y hablábamos
por horas.

-Él es el que me sustituyo -afirmó Joe, sin
disimular la irritación esta vez.

- Podría decirse. Necesitaba un amigo y él estaba
allí.

Joe quiso gruñir ante la afirmación. Estaba claro
que lo culpaba por haberse ido.
Él también lo hacía. Si se hubiese quedado nunca
le habría dejado acercarse a
ese tipo. CApiitulOO 93

- Pasábamos el día juntos -continuó (Tu name), aún
acurrucada junto a él- En mi casa o en la suya. Conocía a toda su familia.
Normalmente nos tocaba cuidar a su hermana menor, mientras la madre salía a
hacer sus compras. Me presentó a muchos amigos y comencé a cambiar en mi estilo
de vestir y de comportarme. Se puede decir que hizo aflorar mi lado femenino.
Él tenía a sus amiguitas y yo estuve con algunos chicos.

- ¿No se ponía celoso? -preguntó él extrañado.

- Solo éramos amigos, no pareja. Y tú eres el
único que con solo el titulo de amigo se sentía con derecho a estar celoso
-bromeó la chica abrazándolo.

- Es que no me gusta compartirte -gruño Joe,
aferrándola posesivamente.

- No te preocupes ¿sí? -le pidió ella
acariciándole la mejilla- Él nunca sería una amenaza para ti. Es el último
hombre al que desearía ver.

Y era eso lo que más le preocupaba a él. (Tu name)
no era de las que odiaban. Cuando alguien se atrevía a enfrentarse a ella, (Tu
name) solía tomárselo a la ligera e ignorar la afrenta. Después, de por
supuesto, haber dejado en evidencia a quien se atreviese a retarla. Pero ella
nunca guardaba rencor. Y ese odio que procesaba a ese hombre, le preocupaba
muchísimo ¿No lo habría olvidado? Tenía que saber qué era lo que había pasado
entre ellos.

- ¿Qué es lo que pasó entonces entre ustedes?
-quiso saber sin perder tiempo.

- Pues un día de repente me confesó que me amaba
y... -se interrumpió para mirar a su novio ¿Cómo podría decirlo sin que él
quisiese matarlo?

Joe sintió como el miedo se apoderaba de todo su
cuerpo ¿Iba a decirle que ella también lo amaba? Sí, estaba seguro de ello.

- ¿Y? -repitió Joe con irritación.

- Fue entonces cuando él y yo... ya sabes -dijo la
chica haciendo un leve gesto con la mano.

- ¡Ah, lo hicieron! -suspiró Joe de alivio, y se
obligo a no pensar en ese tema.

- ¡Sí! Poco después él se tuvo que ir con toda su
familia fuera del país -concluyó (Tu name) con un rastro de tristeza.

- ¿Te dejó después de...? -gruño airado Joe.

- No fue así -intentó justificarlo (Tu name)- A su
padre le habían dado un nuevo trabajo y él entraba en esa universidad.

- Pues si sabía que se iba a ir podía haber
mantenido las manitas quietas -bramó su novio, colérico.

Ella pensaba exactamente igual. Pero si lo decía,
él iría a por Miguel y lo mataría. Y no es que le preocupase en exceso lo que
le pasase pero no quería que metiesen en la cárcel a su novio.

- Eso ya no importa. Él se fue y yo lo pasé un
poco mal pero me recuperé. Después tú volviste y regresé a tener la vida que
tenía antes de conocerlo -aclaró (Tu name), queriendo zanjar el asunto.

- No es cierto. Nunca lo has superado porque desde
que ese tipo te hizo daño te has negado a dejarte amar. Y cuando yo volví no
eras la de siempre. Pensé que me guardabas rencor por irme, pero ahora sé que
no era eso. Intentabas fingir ser quien no eras. Intentaste volver a ser uno
más de los chicos cuando sabías que ya no era posible. Por eso creaste esa
doble vida. Y excluiste a todos de ambas, para que nadie pudiese conocerte al
cien por cien -explicó Joe, viendo todo al fin claro- Él te hizo dejar de creer
en el amor.

(Tu name) no pudo soportar escucharlo ni un minuto
más. Se levantó del sofá y corrió hasta encerrarse en el baño. Era de la última
persona de la que aguantaría escucharlo. Podía tener razón, pero ni siquiera
sabía lo que estaba diciendo. Se había enamorado y la había abandonado era
lógico que sufriese por ello. Era normal que se pusiese una coraza para que
nadie más la dañase ¿Cómo se atrevía a juzgarla por ello?

Joe quiso destrozar la casa de pura rabia. Él
tenía razón ¡ella se había enamorado de ese tipo! No soportaba la idea ¿Aún lo
amaría? ¿Sería ese tipo su gran amor? ¿Podría olvidarlo alguna vez y aceptarlo
a él? Joe no podía con todas las emociones que se agolpaban en su pecho. No
podía perderla. Aunque... ¿realmente la había tenido alguna vez? Ella no podría
tener una vida real hasta que no espantase los fantasmas de su pasado. Pero Joe
temió que esos fantasmas se convirtieron en su futuro y él solo fuese un
recuerdo.

No podía estar allí ni un minuto más. Salió del
departamento cerrando la puerta enérgicamente tras de él. cApiitulOo 94

(Tu name) se enjuagó las lágrimas y salió del baño
al escuchar la puerta. Buscó a Joe con la mirada, solo para comprobar que
efectivamente se había marchado. Se sentó en el sofá hecha un ovillo y pensó en
todo lo ocurrido.

¡Él no tenía derecho a enfadarse con ella! Ella no
le había dañado. Él no podía decir lo mismo .Pero el pasado era mejor dejarlo
donde estaba. Él le había confesado que la amaba y eso era lo único que debería
importarle.

Lo esperó durante toda la tarde pero no llegó. Ya
entrada la noche, llamaron a la puerta. Esperando que fuese él, sin pensar en
que él podía entrar con su llave, abrió sin preguntar. Se congeló al ver a
Miguel al otro lado. Su decepción se vio reflejada en su rostro y por pura
educación le dejó entrar.

- No son horas de hacer visitas -condenó la chica,
sin preocuparse por cómo la había encontrado.

-Tu novio me pidió que viniese -anunció Miguel
dejándola estupefacta- No se cómo me encontró pero hace como veinte minutos
apareció en mi hotel y me dijo que me esperabas.

(Tu name) no sabía qué decir. Nada podría haberla
sorprendido más que eso ¿Para qué habría ido Joe a buscarlo? No era lógico.
Aunque si él pensaba que ella tenía un trauma por lo que ese tipo le había
hecho, podía creer también que se "curaría" hablando con él ¡Que
equivocado estaba!

Sonrió ante la ternura de su novio y lo erróneo de
sus deducciones.

- Te ama muchísimo -afirmó Miguel, llegando a las
mismas conjeturas que ella.

- ¡Lo sé! -exclamó ella hundiéndose en el sofá.

- Me alegro que hayas podido enamorarte al fin.
Pensé que nunca olvidarías a ese wey -se interrumpió al ver reír a (Tu name)-
¿Qué dije?

- Joe es ese wey -aclaró ella con una sonrisa
irónica.

- ¡Oh! ¿Volvió? -preguntó extrañado.

- Sí. Poco después de que tú te fueses. Se puede
decir que se han ido sustituyendo el uno al otro -bromeó sin restos de humor,
la chica.

- ¡Vaya! No sé si decirte en hora buena por
recuperarlo o darme el pésame -comentó Miguel ceñudo mientras prestaba toda su
atención a sus nudillos.

- ¿Por qué lo hiciste? -preguntó sin rodeos (Tu
name), viendo que él iba a confesarle sus intenciones de recuperarla.

- ¡No pensé! Solo sabía que me iría y no volvería
a verte. Te quería (Tu apodo), necesitaba demostrártelo al menos una vez
-explicó él con tristeza.

- Y dejarme después -lo acusó ella, enfrentándolo.

- Había pensado en hacerlo mucho antes. Pero tú no
me amabas (Tu apodo). Me habrías aceptado porque era lo único que tenías. Te
aferrabas a mí. Pero después de que te entregases a mi sabrías que no me amabas
y me dejarías. Pero cuando supe que de todas formas te perdería, no aguanté
más. Quise explicarte que te amaba de verdad y que si querías seguir con una
relación, yo te esperaría pero no me cogías el teléfono -le aseguró el joven,
acariciándole la mejilla.

- No fue fácil que desaparecieses después de tal
intimidad -replicó (Tu name), más calmada.

- Yo no quería hacerlo. Ojalá me hubiese podido
quedar a tu lado. Hice muchos planes. Pensé en regresar para verte cuando
tuviese libre e ir a la misma universidad cuando terminases la prepa. Pero...
-se interrumpió, ensombreciéndose con los recuerdos.

- ¿Qué? -preguntó sorprendida por el cambio de
actitud.

- No me cogías el teléfono, así que en cuanto tuve
algo de dinero y tiempo libre volví para hablarte -explicó Miguel, ceñudo.

- Nunca te vi -reprochó (Tu name).

- Llegué hasta tu casa. Tú ibas saliendo con un
chico. Estabas muy sonriente. Y te veías más feliz de lo que nunca te había
visto. Aún así me acerqué. Pero tú corriste de nuevo para la casa a por algo y
me encontré con el chico. Ahora creo que era Joe, tu novio. Hace muchos años y
todos hemos cambiado, pero estoy casi seguro que era él.

- ¿Qué pasó? -quiso saber ansiosa.

- Cuando iba a llamar a la puerta, él me paró y me
preguntó qué quería. Le dije que venía a buscarte, que necesitaba hablar
contigo -comenzó a contar el muchacho.

- ¿No te dejo pasar? -dedujo (Tu name), al pensar
en lo posesivo que había sido siempre Joe.

- ¡No! Pero se me quitaron las ganas de hablarte
cuando se presentó como tu novio.

(Tu name) se quedó boquiabierta ¿Joe había hecho
eso? ¿Por qué? Cuando lo viese le armaría tal pleito que desearía estar muerto.
Él no tenía derecho a hacer algo así ¿A cuantos más habría espantado? ¡Quería
matarlo! Y a la vez no podía estar más feliz. Eso había pasado cuando solo
tenía dieciséis años ¿Era posible que la amase desde entonces? ¡Oh, sí, lo
mataría, pero a besos!

- Veo que a ti no te afectó tanto como a mí -dijo
Miguel, al verla sonreír.

- ¡Perdón! Lo que hizo Joe estuvo muy mal. Te
mintió y no tiene excusa -lo reprobó (Tu name), intentando arrugar el ceño.

- ¡Claro que la tiene! Te quería solo para él.
Puedo entenderlo -afirmó en un suspiro- Pero el pensar que pudiese estar con
otro me afectó mucho. Estuve intentando olvidarte. De formas poco adecuadas,
hasta que hubo una consecuencia.

- ¡Tu hija! -concluyó ella.

- Sí. Y yo la amo. Pero no era como deseaba que
pasase todo. Su madre quiso que nos casáramos y al principio accedí. Pero me
arrepentí. Recordé cuantas veces habíamos hablado tú y yo de que a veces lo que
creemos es lo adecuado solo crea infelicidad. Y ese era un caso claro. Ninguno
habríamos sido felices.

- ¡Lo siento! -susurró (Tu name) de corazón.

- Aún te echo de menos (tu apodo) -confesó él sin
mirarla.

- Estoy enamorada de Joe -repuso ella.

- Nada ha cambiado ¿eh? -intentó bromear el
muchacho- Siempre supe que lo amabas y por eso nunca intenté nada hasta que
supe que me iría.

- Creo que tienes razón y que me habría alejado de
ti, si no te hubieses ido tú antes. Cuando te marchaste estaba más enojada por
la idea de que te hubieses ido como había hecho Joe, que por la idea de no
volver a verte -confesó apenada (Tu name)- Creo que esos días desahogué todo el
despecho que sentía por el abandono de él y no tanto por el tuyo. Quise
engañarme diciéndome que solo lo echaba de menos porque estaba mal y quería un
amigo pero la realidad era que estaba enamorada y él me había abandonado.

- Me alegro de que al fin puedas ser feliz -afirmó
Miguel, mientras caminaba hacía la puerta, no soportando más verla.

- Miguel -lo llamó antes de que saliese por la
puerta que ya había abierto- Yo siempre he negado el amor que sentía ¡no lo
hagas tú!

Iba a continuar diciéndole que encontraría a
alguien a quien amar y que no debía cerrarse a esa oportunidad. Pero cualquier
palabra desapareció de su garganta al ver el rostro duro y ensombrecido por la
ira de Joe. Antes de que ella se pudiese acercar a él, él ya se había marchado.
Había estado todo el tiempo al otro lado de la puerta. Pero por desgracia para
(Tu name) solo había escuchado la última frase, ya que Miguel había abierto
dejándole acceso a escuchar lo que él había malinterpretado como un ruego de
amor.

(Tu name) quería gritar y llorar. Estaba furiosa
por verlo huir y no pedir una explicación. Ella no le estaba declarando su amor
y pidiendo que la correspondiese, le estaba deseando lo mejor ¿Por qué Joe
tenía que pensar así? ¿Por qué tenía que haber huido sin dejarla explicarse?
Ella lo amaba. Siempre lo había amado. Él era el motivo por el que no se dejaba
amar por ningún otro. Lo había esperado toda su vida. Y si no se lo había
confesado antes era porque él ya la había abandonado antes, haciéndola
miserable. No quería volver a sufrir ¿Por qué todo tenía que salirle tan
mal?cApiitulOo 94

(Tu name) se enjuagó las lágrimas y salió del baño
al escuchar la puerta. Buscó a Joe con la mirada, solo para comprobar que
efectivamente se había marchado. Se sentó en el sofá hecha un ovillo y pensó en
todo lo ocurrido.

¡Él no tenía derecho a enfadarse con ella! Ella no
le había dañado. Él no podía decir lo mismo .Pero el pasado era mejor dejarlo
donde estaba. Él le había confesado que la amaba y eso era lo único que debería
importarle.

Lo esperó durante toda la tarde pero no llegó. Ya
entrada la noche, llamaron a la puerta. Esperando que fuese él, sin pensar en
que él podía entrar con su llave, abrió sin preguntar. Se congeló al ver a
Miguel al otro lado. Su decepción se vio reflejada en su rostro y por pura
educación le dejó entrar.

- No son horas de hacer visitas -condenó la chica,
sin preocuparse por cómo la había encontrado.

-Tu novio me pidió que viniese -anunció Miguel
dejándola estupefacta- No se cómo me encontró pero hace como veinte minutos
apareció en mi hotel y me dijo que me esperabas.

(Tu name) no sabía qué decir. Nada podría haberla
sorprendido más que eso ¿Para qué habría ido Joe a buscarlo? No era lógico.
Aunque si él pensaba que ella tenía un trauma por lo que ese tipo le había
hecho, podía creer también que se "curaría" hablando con él ¡Que
equivocado estaba!

Sonrió ante la ternura de su novio y lo erróneo de
sus deducciones.

- Te ama muchísimo -afirmó Miguel, llegando a las
mismas conjeturas que ella.

- ¡Lo sé! -exclamó ella hundiéndose en el sofá.

- Me alegro que hayas podido enamorarte al fin.
Pensé que nunca olvidarías a ese wey -se interrumpió al ver reír a (Tu name)-
¿Qué dije?

- Joe es ese wey -aclaró ella con una sonrisa
irónica.

- ¡Oh! ¿Volvió? -preguntó extrañado.

- Sí. Poco después de que tú te fueses. Se puede
decir que se han ido sustituyendo el uno al otro -bromeó sin restos de humor,
la chica.

- ¡Vaya! No sé si decirte en hora buena por
recuperarlo o darme el pésame -comentó Miguel ceñudo mientras prestaba toda su
atención a sus nudillos.

- ¿Por qué lo hiciste? -preguntó sin rodeos (Tu
name), viendo que él iba a confesarle sus intenciones de recuperarla.

- ¡No pensé! Solo sabía que me iría y no volvería
a verte. Te quería (Tu apodo), necesitaba demostrártelo al menos una vez
-explicó él con tristeza.

- Y dejarme después -lo acusó ella, enfrentándolo.

- Había pensado en hacerlo mucho antes. Pero tú no
me amabas (Tu apodo). Me habrías aceptado porque era lo único que tenías. Te
aferrabas a mí. Pero después de que te entregases a mi sabrías que no me amabas
y me dejarías. Pero cuando supe que de todas formas te perdería, no aguanté
más. Quise explicarte que te amaba de verdad y que si querías seguir con una
relación, yo te esperaría pero no me cogías el teléfono -le aseguró el joven,
acariciándole la mejilla.

- No fue fácil que desaparecieses después de tal
intimidad -replicó (Tu name), más calmada.

- Yo no quería hacerlo. Ojalá me hubiese podido
quedar a tu lado. Hice muchos planes. Pensé en regresar para verte cuando
tuviese libre e ir a la misma universidad cuando terminases la prepa. Pero...
-se interrumpió, ensombreciéndose con los recuerdos.

- ¿Qué? -preguntó sorprendida por el cambio de
actitud.

- No me cogías el teléfono, así que en cuanto tuve
algo de dinero y tiempo libre volví para hablarte -explicó Miguel, ceñudo.

- Nunca te vi -reprochó (Tu name).

- Llegué hasta tu casa. Tú ibas saliendo con un
chico. Estabas muy sonriente. Y te veías más feliz de lo que nunca te había
visto. Aún así me acerqué. Pero tú corriste de nuevo para la casa a por algo y
me encontré con el chico. Ahora creo que era Joe, tu novio. Hace muchos años y
todos hemos cambiado, pero estoy casi seguro que era él.

- ¿Qué pasó? -quiso saber ansiosa.

- Cuando iba a llamar a la puerta, él me paró y me
preguntó qué quería. Le dije que venía a buscarte, que necesitaba hablar
contigo -comenzó a contar el muchacho.

- ¿No te dejo pasar? -dedujo (Tu name), al pensar
en lo posesivo que había sido siempre Joe.

- ¡No! Pero se me quitaron las ganas de hablarte
cuando se presentó como tu novio.

(Tu name) se quedó boquiabierta ¿Joe había hecho
eso? ¿Por qué? Cuando lo viese le armaría tal pleito que desearía estar muerto.
Él no tenía derecho a hacer algo así ¿A cuantos más habría espantado? ¡Quería
matarlo! Y a la vez no podía estar más feliz. Eso había pasado cuando solo
tenía dieciséis años ¿Era posible que la amase desde entonces? ¡Oh, sí, lo
mataría, pero a besos!

- Veo que a ti no te afectó tanto como a mí -dijo
Miguel, al verla sonreír.

- ¡Perdón! Lo que hizo Joe estuvo muy mal. Te
mintió y no tiene excusa -lo reprobó (Tu name), intentando arrugar el ceño.

- ¡Claro que la tiene! Te quería solo para él.
Puedo entenderlo -afirmó en un suspiro- Pero el pensar que pudiese estar con
otro me afectó mucho. Estuve intentando olvidarte. De formas poco adecuadas,
hasta que hubo una consecuencia.

- ¡Tu hija! -concluyó ella.

- Sí. Y yo la amo. Pero no era como deseaba que
pasase todo. Su madre quiso que nos casáramos y al principio accedí. Pero me
arrepentí. Recordé cuantas veces habíamos hablado tú y yo de que a veces lo que
creemos es lo adecuado solo crea infelicidad. Y ese era un caso claro. Ninguno
habríamos sido felices.

- ¡Lo siento! -susurró (Tu name) de corazón.

- Aún te echo de menos (tu apodo) -confesó él sin
mirarla.

- Estoy enamorada de Joe -repuso ella.

- Nada ha cambiado ¿eh? -intentó bromear el
muchacho- Siempre supe que lo amabas y por eso nunca intenté nada hasta que
supe que me iría.
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MensajeTema: Re: AMIGOS desconocidos (hot)   Mayo 16th 2010, 20:31

- Creo que tienes razón y
que me habría alejado de ti, si no te hubieses ido tú antes. Cuando te marchaste
estaba más enojada por la idea de que te hubieses ido como había hecho Joe, que
por la idea de no volver a verte -confesó apenada (Tu name)- Creo que esos días
desahogué todo el despecho que sentía por el abandono de él y no tanto por el
tuyo. Quise engañarme diciéndome que solo lo echaba de menos porque estaba mal
y quería un amigo pero la realidad era que estaba enamorada y él me había
abandonado.


- Me alegro de que al fin puedas ser feliz -afirmó
Miguel, mientras caminaba hacía la puerta, no soportando más verla.

- Miguel -lo llamó antes de que saliese por la
puerta que ya había abierto- Yo siempre he negado el amor que sentía ¡no lo
hagas tú!

Iba a continuar diciéndole que encontraría a
alguien a quien amar y que no debía cerrarse a esa oportunidad. Pero cualquier
palabra desapareció de su garganta al ver el rostro duro y ensombrecido por la
ira de Joe. Antes de que ella se pudiese acercar a él, él ya se había marchado.
Había estado todo el tiempo al otro lado de la puerta. Pero por desgracia para
(Tu name) solo había escuchado la última frase, ya que Miguel había abierto
dejándole acceso a escuchar lo que él había malinterpretado como un ruego de
amor.

(Tu name) quería gritar y llorar. Estaba furiosa
por verlo huir y no pedir una explicación. Ella no le estaba declarando su amor
y pidiendo que la correspondiese, le estaba deseando lo mejor ¿Por qué Joe
tenía que pensar así? ¿Por qué tenía que haber huido sin dejarla explicarse?
Ella lo amaba. Siempre lo había amado. Él era el motivo por el que no se dejaba
amar por ningún otro. Lo había esperado toda su vida. Y si no se lo había
confesado antes era porque él ya la había abandonado antes, haciéndola
miserable. No quería volver a sufrir ¿Por qué todo tenía que salirle tan mal?
cApituloO 95



"Yo siempre he negado el amor que sentía ¡no
lo hagas tú!".

Esa maldita frase resonaba en su cabeza una y otra
vez. Nunca había escuchado un tono tan dulce en los tiernos labios de (Tu
name). Y estúpido de él, había creído que lo amaba.

Joe miró con furia el fondo de su vaso de whisky y
lo vació de un trago. Ella solo había amado a un hombre y seguramente ahora
sería muy feliz a su lado. A esas alturas habrían formado una preciosa y
perfecta familia feliz, se dijo con repugnancia.

Ese era el motivo por el que no hablaba con
ninguno de sus antiguos amigos. No soportaría que le dijesen lo fantástico que
le iba todo sin él y al lado de ese tipo. Se había alejado de sus amigos, de su
familia, de todo lo que había sido su vida, huyendo de ella. Pero para ser
correctos no podía decir que fuese totalmente cierto. No permitía que nadie
supiese de él pero él estaba al tanto de todo lo que pasaba con todos ellos. Se
había graduado de puro milagro ya que había abandonado las últimas clases por
no encontrarse con ella. Y naturalmente, no había asistido a su propia
graduación.

¡Pero ella estaba bellísima! En la distancia la
había visto abrazar a su familia, sonreír de felicidad, con ese glorioso y
angelical rostro, y marcharse con sus amigos para celebrarlo. Se había extrañado
de no ver al "novio" con ella, pero descartó el tema para no hacerse
más daño.

A finales de verano Miley y Lincoln habían sido
padres. Deseó tanto poder estar con ellos. Pero de nuevo se quedó en la
distancia. (Tu name) había estado al lado de su amiga en todo momento. Él vio
al bebé sin que nadie lo supiese, y envió una enorme cesta con preciosos
regalos para madre e hijo. Pero tenía que concienciarse que esa ya no era su
vida.

Miró a su alrededor. Un despacho vacío, iluminado
por la tenue luz de una lámpara de mesa. Las carpetas apelotonadas sobre el
escritorio y el único sonido de un enorme reloj de pared.

¡Como odiaba ese maldito reloj! Le recordaba día a
día, que todos volvían a casa con su familia, mientras él solo esperaba que
este se parara para que el mundo estuviese tan congelado como él y su maltrecho
corazón.

Se levantó tambaleándose de su cómodo sillón para
rellenar su copa. La puerta se abrió dando paso a una preciosa rubia de esbelta
figura y falda ajustada, que se contoneó hasta él.

- Any márchate. Deberías haberte largado de aquí
hace horas -reclamó Joe, dando la espalda a la ceñuda chica.

- Vuelve a hablarme así y te tragarás uno de mis
zapatos. Y te aviso que tienen un mínimo de diez centímetros -replicó
acercándose a él.

- ¡Soy tu jefe! ¡No puedes hablarme así! -exclamó
él malhumorado.

- Ya, ya -ignoró la joven, quitándole la copa de
la mano- ¡Como si pudieses vivir sin mí! -bromeó Anahi con una sonrisa coqueta
mientras se tomaba la copa de un trago- Y ahora te llevaré a casa.

- Aún no quiero volver a casa -protestó el ceñudo
hombre.

- Cariño, no recuerdo haberte preguntado.

¡Esa mujer le volvía loco! ¿No sabía lo que
significaba "querer estar solo"? ¿O instinto de conservación? En los
pocos meses que llevaba trabajando en esa empresa había conseguido que todos lo
odiasen y temiesen por su agrio carácter. Excepto su secretaria, que había
sonreído como respuesta a todas sus salidas de tono y replicado con una dura y
cínica parodia. Tenía que admitir que admiraba a esa chica. Pocos habrían
aguantado todo lo que ella le soportaba a él. Tanto dentro como fuera del
despacho.

Una noche más, como se había acostumbrado a hacer,
se resignó a que discutir con ella sería inútil. Ella ganaría y haría con él lo
que quisiese ¡Como le recordaba a (Tu name)!

- ¡Mueve el culo! ¿No pretenderás que te lleve en
brazos con esta minifalda? -bromeó ella ceñuda, con sus finas manos enmarcando
sus caderas- Date prisa que ya casi todos se han ido y tengo que hacer una
salida estelar con mi nuevo conjuntito -ronroneó juguetona, exhibiendo su
cuerpo ante él.

- Te recuerdo que no eres soltera ¿Me harás
pelearme con todos los empleados de esta empresa? -preguntó burlón, sin que el
humor llegase a sus ojos.

- ¡No! -replicó con fingida inocencia- Solo con
los heterosexuales -añadió sacándole la lengua- Pero no te hagas úlcera, que
coquetear no es malo. Si ya hago más, me puedes recriminar.

- Si haces más, habrá doble asesinato -le corrigió
él enarcando una ceja y esbozando media sonrisa.

- ¡Puf! Me caes mejor cuando estás comatoso por el
alcohol -gruñó saliendo de la oficina.

- Sí, yo se que me amas -replicó con sarcasmo
riendo por primera vez en mucho tiempo.

- ¡Con locura! -protestó la chica, cruzada de
brazos, contorneándose ante la babosa mirada de todos a su alrededor. cApitulOo
96



Anahi había sido un bálsamo para sus heridas. Su
manera de reírse del mundo le hacía ver a veces que no todo era tan negro como
él creía. Era la única que le hacía reír. La única a la que le consentiría que
se burlase de su decadente estado. Era la única que sabía exactamente como
consolarlo.

- Intenta mover un poco más el trasero -dijo Joe
mirándoselo- Creo que aún no has conseguido dislocarte la cadera del todo.

La chica se volvió y lo fulminó con la mirada. Él
también sabía fastidiarla. Por mucho que ella tentase con los coqueteos, era
todo fingido. Joe estaba seguro que ella se amputaría un brazo antes de sonreír
servicial a un baboso que la piropease. Por eso le encantaba echar abajo su
fachada superficial que no tenía nada que ver con ella.

- Recuérdame que te eche cianuro en la cena
-replicó la muchacha enfrentándolo.

- Y tú que despida a ese -dijo Joe señalando a un
guardia de seguridad que la miraba como si fuese el último pastel de un buffet
libre.

La chica sonrió con diversión y lo agarró por el
brazo, arrastrándolo hasta el ascensor. Joe gruñó al hombre al pasar a su lado
y este dio un paso atrás asustado, para después recomponerse rápidamente. La
rubia soltó una carcajada y lo encaminó hasta el coche.

Como todas las noches volverían a casa, ella lo
obligaría a comer algo y lo sacaría de quicio hasta que se quedase dormido, con
ella a su lado. Una deprimente existencia que no quería compartir con nadie. Y
día tras día vivía sin cambiar un ápice su rutina. Solo esa despampanante chica
hacía algo más amena su labor de seguir adelante ¡Pero era tan difícil sin (Tu
name) a su lado! Todas las noches soñaba con sus besos, sus caricias,... A
veces creía oler su fragancia. Necesitaba tanto verla, que las horas en las que
la espiaba cuando iba a almorzar con Miley a su restaurante favorito, no era
suficiente. Todo el infierno que había imaginado que sería perderla no era nada
para el vacío que le había dejado en realidad. Nada tenía sentido o valor. Nada
importaba lo más mínimo.

- Cariño vamos a casa y hablamos un rato antes de
dormir -susurró la chica acariciándole la mejilla- Sino mi querido novio no nos
pillará acostados en tu cama y será una noche muy aburrida -se burló Anahi con
una radiante sonrisa.

- Un día Jean Carlo se creerá una de tus bromas y
habrá problemas -predijo Joe, sonriendo tiernamente.

- Para eso te tengo a ti mi querido cuñadito ¡Tú
me protegerás!

Joe sonrió ante eso ¡Lo último que necesitaba ella
era su ayuda! ¡Pero adoraba a su cuñada y sus locuras!

Vivir con su hermano y trabajar para Tiziano, no
le agradaba. Pero era la única opción que había visto posible para alejarse de
su antigua vida. Su padre le guardaba el secreto porque él así se lo había
pedido y en esas circunstancias, Tiziano habría hecho cualquier cosa por él. Y
Jean Carlo no le había confesado al mundo su paradero porque Anahi habría hecho
un llavero con sus testículos. Y así se lo había hecho saber. Por lo que él
estaba tranquilo de que nadie lo vería y solo tenía que cuidarse de que su
madre y hermana no lo vieran cuando visitasen a su hermano. Pero eso era fácil
gracias a Anahi y a que pasaba casi todo el día en la oficina. Hablaba con su
madre y Franco por teléfono sin dar detalles y se negaba a contestar a
cualquier intento de contacto que hacía Lincoln.

Miró a Anahi que conducía a su lado. Su hermano
tenía suerte de tenerla. Era bella, inteligente, ingeniosa y tenía el corazón
más grande que había conocido nunca. Y nada más conocerla deseó matarla.

Sonrió ante el recuerdo. Ella lo había mirado con
desprecio y había hecho un comentario poco sutil sobre su olor corporal
excesivamente varonil. Y que le dijese que apestaba no le molestó tanto como la
reacción que le provocaba el escucharlo. No sabía si era porque le recordaba a
(Tu name), por esa fuerza y seguridad que emanaba de todo su ser. O porque
había leído en él como un libro abierto. Pero era la única persona con la que
era capaz de hablar. Probablemente porque ella siempre respondía con sarcasmo y
bromas a todo lo que él decía, por muy penoso que fuese.

(Tu name) también habría bromeado pero ella no se
quedaría de brazos cruzados hasta que él estuviese preparado para hablar. Le
habría sacado una confesión completa ¡O habría muerto en el intento! Ella era
así, necesitaba conocer toda la historia o su loca cabecita empezaba a teorizar
con miles de argumentaciones hasta llevarla hasta los límites de la histeria.
¡Cuanto la echaba de menos!



cApitulo 97

Por las calles abarrotadas de gente en una soleada mañana, (Tu name)
y Miley caminaban charlando distraídamente.


- Mi Mai como sigas retrasando la boda, acabarás
organizándosela a Diego -bromeó (Tu name) sorbiendo un poco de su humeante
capuchino para llevar que acababan de comprar unas tiendas más atrás.

- ¡No digas esas cosas de mi bebé! No quiero
imaginármelo de mayor y siendo un... hombre -terminó diciendo la morena con
expresión de asco.

- ¡Asimílalo, lo será! -exclamó la rubia seria.

- Deja de fastidiarme o tu vestido acabará siendo
rosa -amenazó Miley ceñuda.

- ¡Cruel! ¡Tú nunca me harías algo así! -quiso
pensar la chica asustada.

- ¡Pruébame!

(Tu name) decidió no arriesgarse y cambió de tema.
Lo último que deseaba era parecer un pastelito en una boda que ya de por si le
daba grima ir. No era dada a reuniones sentimentales, en las que el único
propósito era mostrar emociones. Para alguien que se negaba a reconocer que las
tenía, era lo más parecido a la tortura. Pero iría por su amiga. Ni loca se
vestiría de rosa, pero iría.

- Esto... -dijo Miley nerviosa- ya he enviado
todas las invitaciones. Solo me queda la de... Joe -concluyó la morena,
observando a su amiga cabizbaja.

Joe había desaparecido semanas antes,
preocupándolos a todos y dejando a (Tu name) al borde de la histeria. Durante
semanas la chica lo había esperado en su departamento sin salir ni cinco
minutos, por si volvía mientras ella se había ido. Había perdido su trabajo en
la empresa y en la discoteca. Casi suspende los últimos exámenes para terminar
la carrera y licenciarse. Su vida fue un auténtico caos hasta que Ninel se puso
en contacto con ella para decirle que Joe estaba bien. Al parecer al maldito no
le había costado mucho rehacer su vida lejos de todos, mientras ella se moría
por su abandono. Una vez más.

- Uhm -murmuró (Tu name) ante la simple mención
del hombre.

- ¿Crees que debería mandársela a Ninel para que
ella le diga? -preguntó Miley, ignorando su ceño fruncido.

- Creo que deberías mandarle la invitación a la
mierd*a, es donde yo espero que esté -replicó la rubia airada.

Miley resopló con paciencia. Ya le había quedado
más que claro en esos meses, que (Tu name) deseaba mandar a Joe, a la mierd*a.
Y era bastante educada en ese comentario. Ese día estaba de buen humor. Sino
habría maldecido contra él y enumerado las millones de formas en las que le
gustaría que muriese, cada una más dolorosa que la anterior. Para ser alguien
que no le gustaba demostrar sus emociones, expresaba con mucha facilidad la
ira.

- Estoy segura de que no sería nada práctico
-aseguró Miley, en un suspiro.

- Pues mándasela a Ninel entonces ¿Para qué me
preguntas? -espetó irritada la chica- Tengo cosas más importantes que hacer que
estar pensando en ese ¡imbécil!

Imbécil o no, (Tu name) estaba enamorada de él. Y
su amiga podía ver el dolor en ella, por mucho que lo enmascarase tras el
rencor.

(Tu name) había pasado de ser una novia
desconsolada a proclamar su odio por él, de forma tan brusca que todos temieron
por su salud mental. Habían aprendido a no discutir con ella sobre ese tema. A
no nombrar al innombrable, o atenerse a las consecuencias. Todos la habían
apoyado y había hecho caso omiso de los fingidos intentos de la chica por
seguir adelante. No importaba que todos supiesen lo mal que se encontrase, si
ella sonreía, todos sonreían. Un teatro bien montado, que ya estaba durando
demasiado.

Las chicas entraron por la puerta trasera del
local "El Ritual". Estaba cerrado, al ser aún de día. Estaba muy
oscuro en su interior, por lo que tuvieron que esperar un poco hasta que su
vista se acomodara a la leve luminosidad. Cuando pudieron entrar y vislumbrar a
las chicas de servicio limpiando, buscaron y se acercaron hasta el gerente.
Seguía siendo Tony, su antiguo amigo y compañero.

- Hola cielo, dime que tienes buenas noticias para
nosotras -rogó (Tu name), segura de que se pondría a gritar de lo contrario.

- Para ustedes, siempre -comentó coqueto el chico.

- Yo voy a buscar los números de teléfonos que
necesitamos y empezar a hacer llamadas -informó Miley haciendo un gesto en
dirección al despacho- Ustedes pueden seguir obsesionados con los detalles más
nimios.

- Nosotros también te queremos Mai -dijeron ambos
al unísono, al verla alejarse.

Tony y (Tu name) se enfrascaron en una disputa de
decoración, luces, inventario y empleados, que duró horas. Miley no se equivocaba
al dejarlos solos. En muy poco tiempo había prendido que, Aunque eran unos
genios para organizar las mejores fiestas, era imposible soportarlos discutir.
Se emocionaban con el más mínimo detalle y no paraban hasta que todo era
perfecto. Miley había sido inteligente y se había alejado de todo eso. Estaría
distraída buscando personal de refuerzo y asegurando los envíos de todos los
envíos. Después se iría con su bebé y se lo comería a besos. Y no dudaba que
algún día acabaría haciéndolo de verdad. Porque cada día estaba más bello.

Esa noche habría una fiesta. Aunque el calendario
no mostrase festividad. Las chicas querían festejar que un día como ese ellas
se habían conocido en ese mismo lugar. Y ser las nuevas dueñas les permitía
hacerlo. De todas formas cualquier excusa era buena para mimar a sus clientes.

Cuando (Tu name) había abandonado su empleo, y
todo su mundo, para esperar por Joe, el negocio se había resentido. "El
Ritual" había dejado de ser lo que era, en un tiempo record. Era conocido
por todos que un lugar tiene el estatus que le da quienes lo dirigen. Y la
relaciones públicas del local, era el alma del mismo.

El dueño, pese a seguir ganando una considerable
suma, quiso venderlo porque no se conformaba con un segundo puesto. Y había
bajado bastante más que a esa posición.

Una vez que (Tu name) se había dado cuenta del
egoísmo de su ex novio y había decidido continuar con su vida, se planteó la
compra. Obviamente no tenía capital para ello y necesitaba socios. Ahí entraban
en juego Tony y Miley. Aunque las dueñas legales del lugar eran ellas, Tony
tenía una pequeña porción y apenas voz y voto cuando ellas estaban juntas. Y no
es porque fuesen dueñas absolutas -que lo eran- sino porque él era un hombre
inteligente que no discutía con dos mujeres unidas.

(Tu name) se caminó hacía su coche, al igual que
hizo Tony. Ellos volverían más tarde y estarían hasta el cierre. Miley se
quedaría hasta su vuelta ya que, aunque iría a la fiesta, apenas asistiría para
ser vista. No se lo perdería por nada, pero tenía un recién nacido al que
cuidar. Y aún no estaba preparada para pasar mucho tiempo lejos de él. Pero
definitivamente esa noche ambas necesitaban unas copas.

(Tu name) se paró con las llaves en la mano. Le
pareció ver a... ¡No, no podía ser! Sacudió la cabeza y abrió el coche. Pero la
duda le hizo volver a mirar a su alrededor. Sabía que no sería él. Joe no iba a
estar por allí. Y menos escondido en una esquina, asomándose como si buscase o
se escondiese de alguien.

- ¡(Tu apodo)!

La chica se sobresaltó y se giró de inmediato.

- Mi coche no funciona ¿me llevas?

- Claro Tony. Sube.
CApitulo 98




Joe apoyó el mentón sobre sus nudillos
entrelazados. Con los codos clavados en su sillón de cuero de su despacho y la
mirada perdida.

- Entonces... -se hizo ver el hombre frente a él,
esperando su atención- ¿qué debo hacer?

Volviendo a los negocios, Joe se incorporó para
mirar al ejecutivo frente a él. Para todos en esa empresa era el hijo del jefe
y no podía permitirse distracciones. Ni aunque fuese una rubia de largas
piernas y sonrisa hipnótica que lo hacía obsesionarse con ella noche y día.
Aunque ella se viese de lo más feliz con otro hombre.

No podía juzgarla. Solo los había visto irse
juntos en su coche. Además, ella se suponía que estaba con Miguel ¿No? Ese era
el motivo por el que Joe se había alejado de ella. Para que pudiese ser feliz
junto a su verdadero amor. Y si no estaban juntos.... Entonces él solo habría
sido un ¡imbécil que había dejado el campo libre a otros más inteligentes. Y no
dudaba de que Tony hubiese aprovechado la oportunidad. Nunca le había gustado
ese tipo.

- Déjame tu propuesta y la estudiaré -aseguró Joe
con un tono de autoridad que esperaba que fuese convincente.

- Yo desearía explicarle más detenidamente algunos
detalles

Y él desearía saber de lo que estaba hablando.
Pero era incapaz de concentrarse en lo que ese hombre le estaba contando. Así
que la mejor opción era largarlo de su despacho

- Tengo muchos asuntos que atender -dijo Joe,
ignorando una risa sardónica de su secretaria- Déjamela y mañana te daré una
respuesta.

Una vez que el hombre dejó la carpeta sobre la
mesa y salió por la puerta, Any se sentó sobre la esquina más cercana a él y lo
miró atentamente

- ¿Asuntos que atender? -se burló la chica
colocando sus manos sobre sus caderas, bellamente envueltas en un llamativo
vestido- ¿Como escabullirte para ir a espiar a una chica de enormes ojos
azules?

A Joe no le agradaba que lo conociese también. Y
aún menos que le recordase los bellos ojos de (Tu name). Así que se limitó a
gruñirla y poner toda su atención sobre la carpeta en sus manos.

- ¡Oh, no! Eso ya lo has hecho. Ahora es cuando te
pasas el resto del día lamentándote por lo que crees haber visto -se burló Any,
muy seria.

- Tengo mucho trabajo que hacer y tú también
-protestó Joe, dirigiendo toda su furia hacia la chica.

- Sí, sí. Lo que tú digas. Tú eres mi jefe y yo te
obedezco.

Joe puso los ojos en blanco ante el sarcasmo. Lo
último que esperaba era que su cuñada le obedeciera en algo. No conocía a una
mujer más independiente que ella. No seguía órdenes de nadie y siempre hacía lo
que creía más correcto, aunque eso perjudicase a otra persona. Nunca se
arrepentía de nada de lo que hacía porque decía que si lo había echo era porque
lo creía correcto y arrepentirse de hacer las cosas bien era una estupidez. Si
no favorecía a otra persona se limitaba a encogerse de hombros y decir que el
mundo no era perfecto y continuaba con otra cosa ¡Aún no entendía como el
cabeza loca de su hermano había conseguido a tal mujer! Estaba claro que Jean
Carlo tenía una buena excusa para querer sentar cabeza. Anahi era una chica
increíble. Pero la relación de su cuñada y su hermano le parecía algo
desequilibrada.

- El día que eso pase le daré gracias a Dios y
recuperaré la fé -replicó Joe, regresando a la conversación, más relajado.

- ¡Oh, mala persona! Pareces un ser humano gracias
a mis atenciones y en lugar de agradecérmelo me has gruñido toda la mañana
¡Podrías dar las gracias! O recompensarme -repuso con una sonrisa pícara la
chica.

- ¡Ni hablar! ¡No te pienso invitar a cenar!
-exclamó el hombre viendo por donde iba su secretaria.

- ¡Malo! -protestó la chica haciendo pucheros.

- Prefiero ser malo que no acabar en la ruina. No
se como puedes comer tanto y caber en ese diminuto vestido -afirmó con
expresión sorprendida, el muchacho.

- ¡Es elástico! -explicó Anahi, pellizcando un
trozo de tela de su vientre plano y estirándolo para demostrarlo, con una
sonrisa infantil.



cApitULOoo 99

Tenía que admitir que tenía el poder de hacerle reír en los peores
momentos. Eso bien merecía una cena. Además, ambos sabían que acabarían
pidiendo comida para llevar y se sentarían durante horas mientras él le contaba
lo que había visto esa tarde.


- Si quieres podemos pedir comida en el chino de
abajo de casa -sugirió Joe levantándose.

- ¿No habías dicho que tenías mucho que trabajar?
-le recordó con una sonrisa burlona- Lo que tú quieres es hacer que me sangren
los oídos con tu cháchara de siempre, de lo mucho que la amas y lo imposible
que es su amor- suspiró Anahi antes de sonreír ante una idea- ¿Chino? Podemos
pedir unos tallarines fritos, un pan de gambas, un pollo con almendras y un par
de rollitos de primavera ¡Oh, y algo para ti también!

Joe quiso replicar pero se limito a agarrar a su
cuñada que daba saltos de alegría ¡Aún le sorprendía lo feliz que se ponía esa
mujer cuando escuchaba hablar de comida! Empezaba a pensar que no tenía fondo.

Acabó desilusionándola, al tener que atender a un
cliente de última hora. Le prometió llevar la cena a casa y así opacar un poco
su furia. Era más que consciente de que si no quería perder una extremidad era
mejor que se dejase el sueldo en esa comida. Pediría todo lo que hubiese en la
carta y así no tendría que temer mientras dormía.

Como muchas veces pasaba, se citó con un cliente
para tratar sus asuntos mientras tomaban una copa. Para desgracia de él, el
lugar elegido estaba justo enfrente del local en el que trabajaba (Tu name).
Tenía la esperanza de que al no ser fin de semana ella no trabajase. Pese a
haberla visto esa mañana allí.

No tuvo suerte. Y tras terminar apresuradamente su
reunión, acabó encontrándosela en el aparcamiento.

(Tu name) no estaba segura si la alucinación de
esa tarde había aumentado o verdaderamente Joe estaba frente a ella. Sin pensar
caminó hasta él como una autómata. Con el ceño fruncido, examinó cada detalle
de él. Tenía el pelo más largo, aunque parecía que intentaba domar sus rizos,
no lo conseguía del todo. Estaba bien afeitado aunque era ya evidente una sombra
en su viril mentón, que marcaba sus facciones cansadas. Era tan atractivo y
masculino como lo recordaba. Y más. No la ayudaba en lo absoluto, el verlo
vestido de traje de chaqueta.

Un escalofrío recorrió su columna vertebral al
deslizar la mirada por la cara ropa que se amoldaba al apuesto hombre como un
guante. Verse así tenía que ser ilegal, seguro.

Joe se quedó rígido al verla. Fue incapaz de dar
un paso al darse cuenta de que ella lo había reconocido. Y su cuerpo se tenso
aún más al verla acercársele. La rigidez fue aún peor en su entrepierna al
pasear la mirada por el ceñido vestido que le recordaba cada una de las curvas
que había podido saborear en tantas ocasionas. Y que tanto añoraba. Y deseaba
¡Se veía perfecta! Tanto que no supo como fue capaz de estar allí quieto y
mirarla en lugar de correr para abrazarla.

(Tu name) continuó contorneando su espectacular
cuerpo hasta él. Al principio más tímidamente, indecisa, puede que sorprendida.
Después apareció un brillo en sus ojos y una sonrisa pícara en su rostro que le
decía que había recuperado el control de sus movimientos y se acercaba
voluntaria y sensualmente a él.

- Hola Joseph...
cApitULoO 100



Anahi estaba sentada en el sofá del departamento,
leyendo un libro. Acurrucada en una esquina estaba inmersa en la historia hasta
que escuchó la puerta abrirse bruscamente. Joe entró gruñendo y maldiciendo.
Dejó varias bolsas de comida sobre la mesa frente a ella.

La habitación pronto se inundo al sabroso aroma de
la comida oriental. Tati concentró toda su atención sobre las bolsas,
abandonando a un lado su libro.

Joe continuó su andadura hasta su habitación.
Cerrándola de un portazo, con el mismo mal genio con el que había entrado.

Anahi miró la puerta por la que había desaparecido
su cuñado y después las bolsas de comida. De nuevo dirigió la atención a la
habitación en la que Joe estaría desahogando su frustración y después atendió a
la deliciosa comida ¡Era una dura decisión! ¿Ir a ver cómo se encontraba su
amigo o calmar el hambre? En fin, Joe seguiría igual de enfadado dentro de
cinco minutos pero ella tendría más hambre. La elección estaba clara.

Suspirando decidió no ser egoísta e ir a
atenderlo. Después comería. Su deber era para con él primero. Por lo que se
encaminó hacía el dormitorio. Un segundo después estaba devuelta a la mesa,
extrajo una bolsa con pan de gambas y corrió de nuevo al cuarto ¿Quién decía
que no podía comer mientras escuchaba lamentarse a su amigo?

Abrió lentamente la puerta, hallando a Joe
caminando de un lado a otro, como un león enjaulado. Cerró suavemente y se
dirigió hacía la cama sin hacer el menor ruido. Se sentó en el centro de la
enorme cama, con las piernas desnudas cruzadas bajo ella. Deposito la bolsa de
comida sobre el regazo de su corto camisón y comenzó a saborear su manjar como
si no hubiese nada más en el mundo.

- ¡Me odia! -gruñó Joe sin dejar de caminar de un
lado a otro, con la mirada fija en el suelo.

Any suspiró resignada a no poder disfrutar de su
cena. Ya empezaba la sesión de autocompasión.

- ¡Me odia! -gritó Joe alzando las manos al cielo,
esperando una replica o una respuesta a tal hecho inusual.

Any lo miró burlona, alzando una perfecta ceja.

- No entiendo porqué ¿Quién podría odiarte después
de abandonarla sin ninguna explicación y desaparecer de su vida sin importarte
mirar atrás? De verdad que no me lo explico -se mofó la chica.

Joe se paró frente a ella y se irguió como un muro
sólido e imponente. La miró como si fuese un ser inferior al que desease
pisotear y se cruzó de brazos de forma intimidatoria.

- La dejé porque era lo mejor para ella. Estaba
enamorada de otro y mientras yo estuviese allí se aferraría al amigo que le da
seguridad y no sería sincera consigo misma y buscaría el amor -soltó el
discurso aprendido que repetía siempre en esas ocasiones. Las cuales se daban
demasiado a menudo para su gusto.

- ¡Oh, yes! Olvidaba que tú eres un dios
todopoderoso que lee la mente y sabe lo que ella sienta mejor que ella misma.
Tonta de mí, siempre se me olvida -se burló ella, sin dejarse intimidar en lo
más mínimo. Mostrando todo su interés a la delicia que estaba saboreando.

- La escuché perfectamente. Sé lo que siente y
hacía quien -replicó él furioso.

- Claro, claro -dijo la chica rebuscando en su
bolsa, quitando toda la importancia a la conversación.

- Aunque lo hubiese malinterpretado, como tú
siempre dices ¡Lo nuestro nunca funcionaría! -aseguró Joe esperando una
replica. No la obtuvo y continuó- Yo la amo más que nada en este mundo. Y ella
no siente lo mismo.

Miró a su cuñada que continuaba con el escrutinio
de la bolsa, sin prestarle atención. No sabía que lo enloquecía más que siempre
supiese qué decir para hacerle ver que era un ¡imbécil que malinterpretaba todo
o que se quedase allí sin decir nada.

Esperó a que dijese algo. Sin duda, le enfurecía
más que no dijese nada.

- Lo mejor que pude hacer es irme y dejar que
prosiguiese con su vida -se aseguró a si mismo en voz alta, sin saber a quien
pretendía convencer.

- Y eso era lo mejor para ella -continuó ella por
él.

- ¡Sí! -afirmó tajante.

- Y eso lo sabes porque ella te lo dijo... ¡Oh,
no, espera! Te largaste sin dejarla explicarse -recordó ella mientras se
rascaba pensativa el mentón- Y eso lo hiciste porque... espacio en blanco para
que pongas una estúpida excusa tuya para no reconocer que fuiste un cobarde
-recriminó la chica ceñuda mientras lo juzgaba con una sola mirada.

Después de todo iba a preferir que no le hubiese
echado cuenta. La miró y vio el delicado cuerpo sonrosado sobre las blancas
sábanas. Con la bolsa de comida en su regazo, cruzada de piernas y con los
rizos revueltos a su alrededor. Era la imagen de una niñita ceñuda. Preciosa e
irritante. No podía enfadarse con ella. Era la personificación de la inocencia,
pese a que dudaba que jamás hubiese sido tal cosa.

Suspiró cansadamente y se sentó sobre los pies de
la cama frente a ella. Any se compadeció de él y suavizó su gesto. Gateó hasta
él, sentándose a su lado y apoyando su cabeza sobre el hombro de él.

- ¿Qué ha pasado? -preguntó finalmente Any,
sabiendo que lo que necesitaba era desahogarse.

- ¡Me odia! -exclamó de nuevo Joe recordando lo
que había pasado unos momentos antes.

Se había quedado en shock al verla. No solo porque fuese
inesperado y estuviese nervioso por lo que pudiese pasar. Sino por lo hermosa
que estaba y lo rápido que la reconoció cada centímetro de su cuerpo. Su deseo
estalló dentro de él, como oleadas que lo hicieron estremecerse. Y cuando ella
se le había acercado tan sensual y directa, todo su ser había rugido por puro
hambre de ella. Apenas había conseguido farfullar un "hola" como
respuesta a su saludo. Nerviosamente había comenzado a explicarle, sin saber la
razón, los motivos por los que estaba allí. Monopolizó la conversación -o mejor
dicho monólogo- hablándole de sus negocios. Ella se había mantenido estoica
frente a él. Fría, sin ningún rastro de emoción, pese a que su boca se curvaba
en una pequeña sonrisa, que describía más indiferencia que interés.

No quería hacerse más daño pensando en el
despreció que ella sentía por él. Así que se limitó a explicarle a su cuñada lo
más importante del encuentro.

(Tu name) se había hartado de escucharlo divagar
sobre trabajo y se había despedido cortésmente para ir al local. Al parecer
había una fiesta y él cometió la estupidez de preguntara a qué era debida.

- ¿Acaso te importa? -le había reprochado la
chica, sin emoción en la acusación.

- Yo...

- Sí, ese es tu problema Joe que solo te importas
tú -concluyó (Tu name), dándose media vuelta y caminando hacía el local.

Joe sintió como esas palabras le dinamitaban el
corazón. Por unos segundos no pudo respirar. Todo se iba haciendo cada vez más
vacio hasta que se dio cuenta que era porque ella se estaba alejando de él. Sin
pensarlo fue hacía ella y la agarró del brazo, girándola hasta que su suave
cuerpo choco contra él. Sintió como su ingle rugía al notar los redondos pechos
contra él. Su garganta se cerro, al bajar la mirada y encontrársela a solo unos
centímetros de él. Solo tendría que bajar un poco más y podría besar esos
dulces labios que tanto lo atormentaban por las noches. Que tanto añoraba
besar.

- Tú no has querido saber nada de nosotros -le
había recordado la chica- Que un desafortunado encuentro no haga cambiar tus
planes.

No había manera de dejar más claro que no quería
saber nada más de él. Pero Joe no era capaz de pensar en esos momentos. Solo
sintió que ella se quería alejar de él y no podía consentirlo. Así que la
apretó más contra él. Hipnotizado por sus rosados labios.

- ¡Suéltame! -le había gritado ella consiguiendo
deshacerse de su agarre y haciéndolo reaccionar- Mandaste a la mierd*a lo
nuestro sin importarte nada. Me abandonaste y huiste como un maldito cobarde.
Si esperas una explicación por mi parte de lo que escuchaste, ya es tarde. Y si
pretendes darme la tuya por marcharte, me encantaría decirte donde te la puedes
meter.

Pero él no quería nada de aquello. Ni siquiera
quería estar allí. Pero no podía alejarse de ella. La necesitaba cerca. Su
deseo de abrazarla era mayor que su cordura. Y se sorprendió a si mismo acercándose
para atraerla hacía él. Ella se alejó de su agarré, empujándolo y golpeándolo.

- ¡No te me acerques! ¡Te odio! -gritó (Tu name)
histérica- ¿Me has escuchado? ¡Te odio!

Y en ese instante el cuerpo de él se convirtió en
piedra que inmediatamente se iba quebrando con cada golpe que ella le daba.
Pero no sentía dolor físico. Era el alma lo que le dolía. Ella no podía
odiarlo. Sin embargo allí estaba mostrándole que así era. La rabia la dominaba.
Y el dolor se reflejaba en cada gesto que ella hacía ¡Y él era el único
culpable de todo aquello!

- No te odia -aseguró Any al ver como el dolor
inundaba a su amigo al terminar de contarle lo sucedido- Es solo resentimiento
-aclaró la chica abrazándolo.

Fuese lo que fuese, ella no lo quería cerca. Y eso
le dolía más que cualquier tortura. Pero él era el único culpable. No podía
juzgarla por querer alejarlo de ella, cuando fue él el primero en irse.

Se hundió en su dolor, acurrucándose contra su
amiga. Ella era el único consuelo que había tenido esos meses. Y daba gracias a
Dios todos los días porque la cínica chica ignorase sus intentos de alejarla y
continuase a su lado.

La puerta se abrió inesperadamente sobresaltando a
Joe que estaba hundido en el hombro de Any. Miró hacía la puerta y después
analizó la escena.

Any estaba sentada sobre sus pies, con las
rodillas separadas y entre ellas acunaba a Joe, rodeándolo con sus brazos. Él
estaba totalmente echado sobre ella, abrazándola por la cintura. Y para mayor
disgusto, la chica estaba vestida con un diminuto camisón, que dejaban
expuestas sus largas piernas y magnífico escote. Que si le añadía los
tirabuzones que caían alrededor de su sonrojado rostro, significaba la muerte
de Joe segura.

¡Maldición ese no era su día!
cApituloO 101



Any miró aturdida hacía la puerta. Jean Carlo
estaba inmóvil frente a ellos, con la puerta de par en par. Agarrando
fuertemente el pomo de esta y mirándolos con una expresión sin emoción.

- Amore -dijo finalmente el italiano mirando con
una sonrisa a su novia- ¿Tienes planes para cenar?

La chica parpadeó perpleja, miró a Joe que aún se
encontraba sentado entre sus piernas desnudas y después miró de nuevo a su
novio. Tragó el nudo de su garganta y se obligó a contestar.

- Joe ha comprado comida china -agradeció que su
voz se escuchase más que un susurró.

- ¡Bien! Yo comeré algo por ahí. Los chicos me
esperan para tomarnos unas copas ¡No me esperes despierta! -le aconsejó el
chico risueño.

Y con esto cerró tras él, dejándolos solo y
atónitos. Joe se levantó lentamente de la cama sin dejar de mirar a la puerta.
Any reaccionó más rápido. Y con un grito de frustración se tiró sobre la cama y
comenzó a patalear y sacudir las sábanas y almohadas hasta deshacerlas por
completo. Enmarañada, con la ropa liada a su alrededor, despeinada y exhausta,
se tendió bocarriba perdiéndose en sus pensamientos. Como si en el techo
pudiese encontrar sus respuestas.

Joe observó la escena con compasión y se le acercó
con toda la ternura que le fue posible. Se unió a ella en la cama, tendiéndose
a su lado y atrayéndola hacía él para abrazarla. Ella se dejó consolar y ocultó
el rostro en su pecho.

- Él te ama -le aseguró Joe, acariciándole el
pelo.

- Pues lo disimula muy bien - farfulló ella desde
su escondite.

- Simplemente no es celoso -explicó él, no muy
convencido. Algo no andaba bien con su hermano.

- ¡Oh por Dios! ¡Cuéntale eso a otra! -replicó Any
irritada- Tú has armado todo un drama solo por escuchar a tu novia darle un
consejo a otro hombre ¿Qué habrías hecho si te la hubieses encontrado abrazada
a tu hermano, medio desnuda y en la cama?

¡De acuerdo, él los habría matado! Y no entendía
como su hermano no hacía lo mismo. Él tenía una mujer impresionante a su lado
¿Cómo no podía darse cuenta? Cualquier hombre mataría por tener algo como lo
que él tenía. Y acabaría perdiéndola por desatenderla. Aunque probablemente lo
merecería. Sabía que su hermano la amaba. Podía verlo en sus ojos cuando la
miraba. Había amor a raudales en ellos. Pero después tenía comportamientos como
este que hacía que ella dudase. Y Joe entendía sus motivos. Era posible que él
no fuese objetivo. Nunca había hablado con su hermano del tema y sabía lo que
estaba sufriendo su cuñada con el abandono del joven. Pero nadie podía culparlo
por estar junto a ella cuando lo necesitaba, al igual que hacía ella.

Ignoró el comentario erróneo sobre su
dramatización de lo que había escuchado decir a (Tu name) e intentó calmarla.
Lo más convincente que pudo, para no ser un actor profesional.

- Él y yo somos diferentes. Tienes que plantearle
tus dudas sobre su relación antes que el problema se agrave -sugirió Joe,
acariciándole gentilmente el brazo.

- No hay ningún problema. Para él es la relación
perfecta. Puede irse de fiesta con los amigos sin que nadie le pida
explicaciones y cuando vuelve tiene a una tonta calentándole la cama -se
reprochó la chica, arrugando su pequeña nariz contra el duro pecho de su
cuñado.

- ¡Tú no eres tonta y dudo que lo esperes de forma
tan pacífica! -se burló Joe, levantándole el mentón- ¿Por qué no sigues tus propios
consejos y hablas con él?

- Porque no quiero tener pruebas de que no me ama.
Tendría que dejarlo y no quiero.

Y sin querer hablar más del tema se acurrucó unos
segundos bajo su brazo para después salir corriendo hacía la sala. Joe se
levantó y la siguió para asegurarse de que estaba bien. No tardó más de un
minuto y ella ya estaba engullendo comida como si fuese una contrarreloj.
Sacudió la cabeza y se sentó a su lado. Sino se daba prisa no quedaría nada
para él.


CAp 102


Mientras Joe intentaba robarle algo de comida a su
cuñada, al otro lado de la ciudad existía una discusión bien distinta.

- ¿Como que te encontraste con Joe? -gritó Miley
sorprendida- ¿Cuando? ¿Donde? ¿Qué te dijo?

(Tu name) suspiró pesadamente, apoyándose sobre la
mesa del despacho privado. La música se escuchaba de fondo. La fiesta había
comenzado pero ella no podía estar más lejos de querer festejar nada.

- Te lo acabó de contar. En el aparcamiento, hace
un rato y salvo irritarme profundamente, no ha dicho nada de importancia
-aclaró la chica inmersa en el recuerdo.

Por unos segundos había olvidado todo lo que había
pasado entre ellos y lo único que había deseado era correr a él y abrazarlo.
Estrecharla contra él. La necesidad había sido tan fuerte que aún le dolía todo
el cuerpo por resistirse. Pero a medida que se iba acercando a él todo su
sufrimiento fue apareciendo en oleadas de rabia. Imágenes de su patética
existencia una vez que él la había abandonado.

Hacía casi diez años él la había abandonado por
primera vez. Ella se había hecho la fuerte y seguido con su vida. Pero cuando
él regresó, ella amoldó su vida para ajustarse a él. Creo toda una farsa para
estar a su lado. Había vivido para él ¿Y qué había hecho él? ¡Abandonarla de
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MensajeTema: Re: AMIGOS desconocidos (hot)   Mayo 17th 2010, 13:38

nuevo! había sido tonta una vez
para creer que el amor y la felicidad se le era permitido. Pero ya había
comprobado a base de muchas lágrimas, que ella nunca tendría ninguna de las dos
cosas.


No pudo evitar exhalar un pequeño gemido, al
recordar la abrasadora belleza del hombre. Se veía más descuidado que de
costumbre, a pesar de su elegante porte. Había algo desdeñoso en él, en su
expresión, que decía que le era indiferente llevar un Armani que un chándal. Y
para la maldita desgracia de (Tu name), tuvo que admitir que ella lo vería
mucho mejor sin ninguna de las dos cosas encima.

Podrían ser los meses de celibato, pero desde que
lo había visto no podía dejar de tener pensamientos indecorosos. Y su calor
corporal no dejaba de aumentar. Había ignorado esa parte de su vida durante
esos meses. Pero al parecer había despertado y no deseaba volver a dormir ¿Tan
concentrada había estado en el trabajo que había olvidado su vida sexual? No,
ella sabía que ese no era el motivo. Y de nuevo sus pensamientos se dirigieron
al moreno de ojos miel que la torturaba incluso ausente.

- Necesito más detalles que eso -protestó su
amiga, reanudando el tema- No me puedes decir que has visto a Joe y ya ¡Como si
nada!

- Te conté hasta el último detalle -aseguró (Tu
name) perdida en una niebla de emoción, confusa y fría.

- Solo me dijiste que lo odias y que se lo hiciste
saber.

Sí, se lo había gritado con toda la energía de su
cuerpo. Y podría haber seguido haciéndolo si él no se hubiese mantenido
inmóvil. Ella no pudo soportar el enfrentar a una estatua. Quería discutir,
gritar, ¡pegarle! Pero él solo se quedó allí quieto mientras la rabia de ella
iba sustituyendo a la histeria. Decidió no humillarse más frente a él y
recomponiendo su postura lo fulminó con la mirada y se marchó.

Cuando él había empezado a hablar de su trabajo
como si fuese dos ex compañeros de clase que se encuentran después de u tiempo,
(Tu name) deseó apalearlo. Pero al menos pudo controlar la rabia. Hasta que se
atrevió a preguntar como si le importase lo más mínimo lo que hicieran
cualquiera de ellos. Él se había marchado y abandonados a todos los que eran su
familia. Sin preocuparse por ellos y sus vidas. Eso la enfureció tanto que fue
incapaz de seguir con la fachada de indiferencia.

Pero lo que verdaderamente la puso histérica como
para comenzar a gritarle su odio, fue la respuesta que tuvo su cuerpo ante el
contacto con el de él. Cada hormona de su traicionero cuerpo había brincado de
júbilo ante su abrazo. El tenerlo tan cerca, poder oler su fragancia, notar sus
duros músculos contra ella,... ¡Era más de lo que pudo soportar! Y se odió por
ello ¡Lo odió por ello! Por abandonarla y hacerle daño. Por dejarla y privarla
de él. Y eso es lo que más dolía, que pese a todo lo que más le destrozaba era
no tenerlo a su lado.

Quiso llorar al descubrir que aún era tan tonta
como para seguir enamorada de él. Pero la puerta se abrió en ese momento
sacándola de cualquier pensamiento y sustituyendo su caos mental y pena por
pura sorpresa.

- ¿Qué haces aquí? -preguntó (Tu name)
boquiabierta.

Miley se levantó de un salto al ver al hombre
entrar en el despacho y se acercó a su amiga en señal de apoyo. Estaba tan
atónita como ella y la curiosidad invadió a ambas. Y otro sentimiento que les
decía que no era una visita que fuese a traerles buenas noticias. Algo estaba
por ocurrir y (Tu name) no estaba muy segura de querer que sucediera.
CAp 103



El joven entró al despacho cerrando la puerta tras
él. Se acercó a las chicas y las saludó afectuosamente. Algo turbadas ellas le
devolvieron el saludo.

- Mai, ¿crees que nos podrías dejar solos? -pidió
el chico, con una dulce sonrisa.

- Sí, claro -aseguró la chica. Estaba por empezar
una charla de la que ella no quería ser testigo, pese a que llamaría a primera
hora a su amiga para informarse- Ya tendría que haberme ido al encuentro de mi
bebé.

- Oh, me enteré de tu maternidad. Siento no haber
sido más cortés y tardar tanto en felicitarte -se disculpó besándole las
mejillas- ¡Felicitaciones!

- Gracias Jean Carlo.

Y tras despedirse Miley se marchó dejándolos
solos. Jean Carlo cambió su expresión por completo al quedarse a solas con (Tu
name). Ella podría jurar que veía pura furia en su mirada, mientras se mantenía
inmóvil frente a ella, inmerso en sus pensamientos.

- ¿Y a qué debo el honor de tu visita? Porque tengo
el presentimiento que no pasabas por aquí precisamente -presintió la chica,
acercándosele un paso.

- ¡Quiero que vuelvas con Joe! -afirmó Jean Carlo
con expresión férrea.

(Tu name) se quedó petrificada en el sitio. Sabía
que no le iba a gustar la conversación, pero no podía imaginarse que fuese a
ser tan directo y mucho menos comprendía su actitud. Parecía enfadado ¿Con
ella? ¿La odiaba por no correr a los brazos de Joe cuando lo había visto antes?
No entendía nada. Estaba confundida y atónita por la confesión de él. Nunca
pensó que el hermano de Joe fuese de los que intercedían por nadie. Y mucho
menos de ese modo.

Luchó por volver a la realidad y encajar de nuevo
la mandíbula en su lugar. Parpadeó varias veces para que su rostro dejase de
ser el de una bobalicona aturdida e intentó hablar sin saber que decir.

- Yo quiero un Ferrari y a Brad Pitt dentro con un
diamante en la mano y una propuesta de matrimonio. Pero creo que ambos nos
quedaremos con las ganas -bromeó (Tu name), sonriendo finalmente.

- Tienes que regresar con Joe -insistió el hombre,
acercándosele decidido- ¡O juro que acabaré matándolo!

(Tu name) boqueó sorprendida. Lo miró y analizó lo
dicho intentando encontrar un rastro de humor. No lo había. Nada en su conducta
explicaba tal comportamiento. Y la curiosidad pudo más que ella.

- No es que me interese mucho el bienestar de ese
patán, pero ¿qué te hizo? -preguntó la chica sin mostrar la menor emoción.

- Por su propio bien, nada. Pero no me quiero
arriesgar a tener que matarlo por meterse donde no debe.

De acuerdo, eso en un mundo paralelo probablemente
tendría lógica. En este para (Tu name), no la tenía en lo absoluto.

- ¿Es posible que mantengamos una conversación en
la que los dos sepamos de qué hablamos? ¿O jugamos a los acertijos? -se burló
la joven comenzando a irritarse.

- Joe está viviendo en mi casa desde que... -se
interrumpió Jean Carlo para mirarla. Por primera vez desde que había entrado en
ese despacho era consciente de ante quien estaba y la situación a la que se
enfrentaba.

- Me abandonó -concluyó por él- Eso explicaría que
quieras matarle -bromeó la chica- Es difícil de soportar a veces en
convivencia. Lo que no entiendo es qué carajos tiene que ver conmigo.

- No me molesta que viva allí -aclaró el muchacho,
de repente incómodo- Lo que no me gusta es parecer el tercero en discordia en
mi propia casa -confesó el italiano ceñudo.

¿Tercero en discordia? Eso implicaba a alguien más
además de ellos dos ¡Una mujer! Ya no le cabía duda de que esa conversación no
le iba a gustar nada.

La rabia de unos momentos al verlo se multiplicaba
a un ritmo asombroso. Sino tenía poco con estar todavía enamorada de un hombre
que la había humillado y abandonado, ahora además tenía que soportar que él
rehiciese su vida en sus narices ¿Y con la novia de su hermano? No es que le
extrañase algo así del antiguo Joe. Antes de salir juntos no se podía decir que
tuviese muchos escrúpulos a la hora de elegir pareja. Pero que en una situación
como esa ella tuviese que ser testigo de tal hecho ¡era el colmo!

- Me da auténtica pena tu situación. Y lo digo en
el amplio sentido del termino ¡Da pena! -gruñó (Tu name) acercándosele- Pero me
temo que si quieres alejar a Joe de quien sea que no quieres que este cerca
suya, tendrás que buscarte otro cebo. O siempre tienes la opción de matarlo ¡No
te limites!

Jean Carlo suspiró frustrado. Sabía que ella
estaría enfadada con Joe. Ese era el motivo por el que no había ido antes. Pero
no soportaba ni un día más el ver a Any con él. Estaba seguro de que ella se estaba
enamorando de él. Joe era todo lo que él nunca sería. Eran amigos pero no la
agobiaba con su posesión. Aceptaba su independencia pero era cariñoso y estaba
pendiente de ella. Jean Carlo había intentado acercarse a ellos. Ser uno más en
esa amistad, pero Joe había sido cortante y había dejado claro que no quería a
nadie cerca. Su hermano lo había aceptado pero al parecer Any no, consiguiendo
así que solo confiase en ella. Y ahora tenía que ser espectador en una relación
que rozaba la infidelidad. Él desearía haber hecho algo para separarlos.
Gritarle sus celos al mundo. Pero temía perderla. Y ella lo era todo para él.
La única mujer que había hecho que desease llegar a casa solo para verla. La
única que consiguió que desapareciesen las demás de su foco de atención. La
amaba y estaba decidido a no perderla.

- Mira (Tu apodo), yo sé que estabas resentida con
Joe. Tienes motivos. Pero él anda de confidente con mi novia. Y no me gusta
nada esa relación -continuó al ver como ella intentaba decir algo- Sé que tiene
que ser duro para ti escuchar esto. Y no digo que él la ame. Solo digo que
quiero amputarle todos sus miembros cuando lo veo cerca de ella.

- Pues a no ser que quieras ayuda con lo de
amputarle algún miembro, no sé para que soy buena -protestó (Tu name) irritada.

Jean Carlo suspiró con resignación. Los celos lo
habían cegado y estaba cometiendo un error. Pero aun tenía grabada la imagen de
ellos dos abrazados en la cama. No entendía como no había saltado sobre ellos y
matado a Joe en esos momentos. Pero en el fondo sabía que su hermano solo amaba
a (Tu name). Lo que no sabía era si Any aceptaría ese hecho. O si para
consolarse él la aceptaría a ella.

- (Tu apodo) -recondujo la conversación para no
pensar más- Joe te quiere. Él lo ha pasado muy mal sin ti.

- Ajá -se rió la chica- ¿tu novia no lo ha
consolado lo bastante?
CApitulOo
104



Jean Carlo hizo un gesto de dolor ante el
comentario malicioso y ella se arrepintió de haberlo dicho en el mismo instante
de hacerlo. Todo eso era demasiado para ella. Quería llorar y gritar. Y
sobretodo apalear a ese maldito bastardo ¿Cómo se atrevía a estar con otra? ¡Él
era suyo!

Bueno, era posible que técnicamente no fuese así.
De cualquier manera, él tenía que guardarle luto ¡De por vida! No tenía la
menor intención de aceptarlo o por lo menos no se quedaría allí para
escucharlo.

- Lo siento mucho por ti Jean Carlo. Sabes que te
aprecio. Pero en esto no puedo ayudarte -le explicó (Tu name) con un tono más
cariñoso- Te aconsejo que hables con tu novia. Si has venido hasta aquí para
hablar conmigo es que ella te importa mucho. No la pierdas por no comunicarte
con ella.

(Tu name) sintió como las lágrimas se le
acumulaban queriendo salir. Aspiró con fuerza esperando a que las emociones se
diluyesen e intentó continuar.

- No huyas de ella. No la dejes sin aclarar lo que
existe entre ustedes -sugirió la chica, recordando su mala experiencia.

- Aun lo amas ¿verdad? -juzgó el hombre,
deduciendo que hablaba de su situación.

- El amor es dolor y puedo asegurar que sé muy
bien lo que se siente -comentó (Tu name) perdida en su dolor- Tengo que ir
afuera, hay mucho trabajo. Quédate si quieres, pero yo que tú iría a hablar con
ella.

- ¿Por qué no haces lo mismo? -preguntó Jean
Carlo, olvidando por un momento su drama y preocupándose por la chica.

- No hay motivos para hacerlo -aseguró ella
caminando hacia la puerta.

- Sé que le correspondería a él venir a ti, pero
no dejes que tu orgullo haga que pierdas la oportunidad de ser feliz -aconsejó
el muchacho, mirando como se tensaba la espalda de ella.

- No es cuestión de cual de los dos deba dar el
paso. Sino que yo no quiero que haya ningún acercamiento. No lo quiero en mi
vida -afirmó girándose para mirarlo fijamente a los ojos- ¡Lo amo con toda mi
alma! Y siempre me preocuparé por él y me dañará saber de él. Pero no más de
todo el daño que me hizo por estar a su lado. Confiar en él es lo peor que he
hecho en mi vida. Y aunque me quede con los buenos recuerdos, nada hace que
dejen de doler los malos.

Jean Carlo pudo ver la agonía reflejada en su
mirada un segundo antes de que se girase y saliese por la puerta. Ella amaba a
Joe y él sabía que era correspondida. No debería ser justo que estuviesen
separados. Pero la realidad era que Joe había hecho todo lo posible para que eso
sucediese. Jean Carlo nunca había escuchado la historia de cómo había pasado
todo. Pero estaba claro que Joe había huido sin pedir explicaciones. Y él no
sería tan estúpido para seguir su ejemplo. Había visto el resultado y no
deseaba ver tal angustia en los ojos de su amada Any. Volvería a casa y lo
hablaría con ella. Le gritaría que la ama y que no soporta verla con otro
hombre. Y le daba igual cuan posesivo sonase ¡No la perdería!
CapitUlOo 105


A pesar de si misma, (Tu name) acabó pidiéndole a
Tony que se ocupase de la fiesta él solo. Con el objetivo de volver a casa y
llorar hasta dormirse. No le gustaba lo débil que le hacía eso sentirse pero
era lo único capaz de hacer en ese momento.

Todos regresaron al hogar considerando la noche
terminada. Pero aún la historia no cerraba un capítulo ese día.

Miley no regresó a tiempo de ver despierto a su
bebé. Pero si para disfrutar de la soledad con su novio.

(Tu name) lloró amargamente hasta quedar exhausta.
Mientras que Jean Carlo echó a Joe del departamento nada más llegar.

- No te estoy pidiendo que te vayas para siempre
Joe. Solo quiero hablar a solas con mi novia -le había aclarado su hermano, con
la mirada dura clavada en la chica.

Los dos habían estado tan desconcertados que no se
lo habían reprochado al chico. Así que Joe obedeció, perplejo de que su hermano
al fin hiciese algo para recuperar a su novia.

Joe sonrió al vaso vacío de whisky y se acomodó en
la butaca de la barra del bar. Jean Carlo amaba a su cuñada y pese a que estaba
seguro que habría una guerra entre ellos, acabarían aclarándolo todo esa misma
noche. Se alegraba por ellos.

Probablemente debería estar pensando en buscar un
nuevo apartamento. O cualquier otra cosa que fuese efectiva para su futuro. En
lugar de eso, su mente vagaba por los recuerdos de la dulce imagen de (Tu
name). Cada parte de ella le hacía ansiar tenerla más cerca. Abrazarla y amarla
por el resto de su vida. Pero ahora solo podía tener de ella su odio.

Llenó su copa, con la botella junto a él y se la
bebió de un trago. No es que aquello fuese a ayudarle en nada, pero tampoco
tenía nada mejor que hacer.

- ¿Ahogando las penas? -se escuchó tras de él.



cApitulO 106

Joe se giró inmediatamente ante el reconocimiento de la voz
masculina.


- ¡Linc! -masculló, parpadeando como si esperase
que se desvaneciese ante él- ¿Qué haces aquí?

- Iba a la... -una sonrisa desdibujó la seria
expresión del chico- farmacia. Me temo que cuando tengo a mi novia para mi
solo, tiendo a olvidarme de lo que es la cordura -suspiró frustrado- Pero ella
siempre está atenta a esos... detalles -explicó Lincoln sentándose junto a él.

- Es bueno, o acabarían siendo padres de nuevo en
breve -comentó Joe haciéndole saber que había entendido a lo que se refería.

Ambos se mantuvieron unos minutos en silencio
mientras miraban al interior de la barra sin ver nada.

- Te vi al pasar -continuó la explicación el
rubio- Y aunque pensé que estarías fuera de la ciudad y no serías tú, algo me
dijo, después de lo que me contó Mai de tu encuentro con (Tu apodo), que un bar
era el lugar más adecuado en el que encontrarte.

- No estoy ahogando mis penas por haberla visto
-replicó Joe ceñudo- Simplemente mi hermano necesitaba la casa para estar a
solas con su novia.

- Así que has estado todo este tiempo viviendo con
Jean Carlo -afirmó Lincoln, recordando la angustia de su amiga al no saber nada
de su paradero- Eso lo explica todo -pensó en voz alta, dándole sentido a la
visita que Mai le había dicho que Jean Carlo le había hecho a (Tu name).

- ¿Qué? -preguntó Joe extrañado.

- Nada. Olvídalo -cambió de tema su amigo- ¿Puedo
preguntar porqué te desapareciste así?

- ¿(Tu apodo) no les contó? -dedujo indiferente,
mientras miraba su vaso.

- Los primeros meses apenas dejaba que alguien la
viese. Estaba encerrada y las pocas veces que salía era porque la obligábamos.
Hacía la tarea que nos habíamos inventado para sacarla de casa y después volvía
para seguir llorando desconsolada -confesó Lincoln con expresión dura- En
realidad el primer mes lo pasó al teléfono intentando averiguar donde estabas.
Cuando tus padres le comunicaron que seguías en contacto con ellos, fue cuando
se derrumbó. Después, cuando supo que te habías marchado y hecho una vida nueva
lejos de todos, ella cambió.

- ¿Qué quieres decir? -preguntó asustado Joe.

No le gustaba la mueca que había hecho cuando
había hecho ese comentario. Ya estaba siendo bastante duro imaginar todo el
daño que le había hecho. La imagen de ella llorando le desgarraba el alma ¡Y él
era el culpable! No había hecho otra cosa que hacerla sufrir ¿Tan mal lo había
hecho todo? ¡Era un patán! Intentando hacer lo mejor para ella solo había
conseguido dañarla.

- Comenzó a salir -contestó Lincoln a la
curiosidad del chico- Hizo planes para su futuro. Dejó su apartamento, invirtió
en "El Ritual" e hizo vida normal, ante todos. Supongo que el saber
que tú habías rehecho tu vida la dio fuerzas para hacer lo mismo.

¿Rehecho su vida? Joe quiso reír ante eso. Lo que
él tenía estaba lejos de ser una vida. Se levantaba, trabajaba y comía. Y
muchas veces Tati tenía que obligarlo a hacer alguna de ellas, sino todas. Él
había dejado de vivir en cuanto la había dejado en su apartamento con...

- ¿Qué fue de Miguel? -recordó Joe intrigado.

- No sé, no lo conozco. Cuando estuvo mejor, (Tu
apodo) nos contó que un ex había aparecido y que tú te habías largado después
de que los habías dejado hablando a solas -explicó su amigo.

- La escuché decirle que lo amaba -aclaró él
irritado.

- No te creo -dijo sin darle importancia- Si ella
amase a ese tipo habría hecho algo por estar con él. Y no habría estado tan
destrozada por tu abandono.

- ¡Yo no la abandoné! Solo dejé que hiciese su
vida con quien creí que deseaba hacerlo -gruñó Joe a la defensiva.

- Espero que esa mentira te deje dormir por las
noches. Porque la realidad es que fuiste un cerdo que hiciste daño a una mujer
que habría dado todo por ti. La abandonaste sin importarte cómo la dejabas.

La rabia de Joe iba creciendo. Él no deseó hacerla
daño. Solo quería que fuese feliz. Creía que se estaba sacrificando por ella
¿Por qué nadie podía verlo así?

- ¿Crees que fue fácil para mí? Saber que amaba a
otro era más de lo que podía soportar -aseguró Joe furioso.

- ¿Así que le jodiste la vida por tus absurdos
celos? -conjeturó Lincoln con despreció.

El que abreviase todo su dolor en un acto tan
egoísta fue más de lo que Joe pudo soportar. Se tiró sobre él haciendo que los
dos rodasen por los suelos. Y comenzó a golpearlo y defenderse de los ataques
del muchacho, que supo reaccionar. No había mandado toda su vida a la
mie&$a para que nadie se atreviese a juzgarlo sin saber nada de lo que
había pasado en realidad. Puede que se sintiese como un muerto andante, pero
aún le corría sangre en las venas. Y le hirvió ante la mera idea de haber hecho
un infierno de la vida de la mujer que amaba.


cApitulO 107


Un ruido armonioso e irritante inundó la
habitación. En penumbras, el sonido fue ignorado. Pero no cesaba. (Tu name) se
revolvió en la cama y escondió la cabeza bajo la almohada. El ruido no cesó.

Percatándose de que se trataba de su teléfono,
hizo un intento por despertarse y contestar. Se incorporó, suspiró frustrada y
descolgó el teléfono.

- ¿Quién a muerto o está apunto de morir?
–farfulló (Tu name) malhumorada. La muerte de alguien era lo único que
justificaba que la despertasen a esa hora. Y si no era así, sería ella quien
mataría al inoportuno.

- ¡Lincoln! –sollozó Miley al otro lado de la
línea.

(Tu name) se quedó petrificada y cualquier rastro
de ensañamiento desapareció al instante. Se levantó de la cama de un salto, al
reaccionar y descorrió las cortinas. La luz del amanecer la aturdió más aún,
costándole hablar. Pero un sollozo de su amiga la hizo actuar. Miley la
necesitaba y aún no sabía qué pasaba.

- ¿Qué ha ocurrido? –preguntó (Tu name)
impaciente.

- ¡Voy a matar a Linc! –balbuceó la chica
intentando ser enérgica.

(Tu name) respiró aliviada. Miley estaba enojada
con su novio y Lincoln estaba bien. No es que eso fuese a ser relevante, porque
si ella escuchaba que él había hecho daño a su amiga, sería ella misma la que
lo matase. Pero al menos no había ocurrido ninguna tragedia.

- Mejor me lo cuentas en persona ¡Voy para allá!
–aseguró la chica encaminándose al baño, para alistarse.

- Estoy en mi antiguo depa –explicó Miley en un
sollozo.

De acuerdo, eso no era bueno. Miley había
mantenido su antiguo apartamento como un tipo de almacén. Ya que lo tenía
atestado de pertenencias que no deseaba usar pero que se negaba a tirar. No
tenían necesidad económica de venderlo, así que lo mantuvo como si del trastero
de una casa fuese. Y que ella estuviese allí no era una buena señal.

No quiso preparar el funeral de Lincoln antes de
tiempo. Su amiga tendía a exagerar y dramatizar todos los problemas porque
nunca les veía soluciones. Pero (Tu name) era más práctica. Decapitaría a su
amigo solo si era necesario. Para ello tenía que enterarse de lo sucedido lo
antes posible.

Se despidió apresuradamente de su amiga, se vistió
y corrió a su encuentro. Nada más verla, Miley se abalanzó a sus brazos para
llorar desconsolada. (Tu name) le devolvió el abrazo y la condujo hacía el
interior del apartamento.

Tras calmarse un poco la chica comenzó a explicar
lo ocurrido.

- Se marchó a hacer una compra y no apareció hasta
varias horas más tarde ¡Apestando a bar y con carmín en la camisa! –gimoteó la
chica.

¡Vale, ella podía matar a su amigo por eso! Pero
no cometería el mismo error que "otros". No juzgaría hasta saber lo
ocurrido realmente. Dejaría que él se explicase y después ¡lo mataría!

- Bien ¿y él qué explicación te ha dado? –intentó
razonar (Tu name).

Miley la miró como si hubiese dicho algo
incomprensible y arrugó el ceño.

- ¿Qué quieres decir? Olía a bar y tenía carmín en
la camisa ¡No necesito que me diga lo que estuvo haciendo, ya lo sé! –protestó
la chica indignada.

- ¿Como Joe sabía que lo que yo le estaba diciendo
a Miguel era una declaración de amor? –intentó hacerla ver con más calma la
situación.

- ¡No es lo mismo! –aseguró Miley.

- No seas cabezota. Ve y habla con él y si de
veras pasó algo con otra tipa... –se interrumpió para imaginárselo muriendo de
mil formas distintas- yo me encargo de que le sea imposible volver a hacerlo.

- De acuerdo, pero tienes que venir conmigo.
Porque no me fío de mi misma. Tan pronto como lo vea puedo querer matarlo que perdonarle
todo sin importar lo que haya hecho –explicó Miley abatida.

Y (Tu name) sabía que era cierto. Los planes a
largo plazo no eran la especialidad de Miley. Ella era más de actuar en el
momento o dejarse arrastrar por la situación.

Las dos chicas se dirigieron a la gran casa de
Lincoln. El coche de este estaba aparcado de cualquier manera en la entrada. Es
posible que Miley hubiese tenido razón y el chico hubiese llegado borracho.
Pero aún tenía que escuchar su versión antes de hacer una bola de carne con él.

Abrazó a su amiga para darle ánimos a seguir y
entraron al interior de la gran casa. No les costó encontrarlo porque toda la
casa estaba inundada con sus gritos. Al parecer había alguien más con él. Y a
juzgar por las críticas de este, (Tu name) diría que se estaba desahogando a su
costa.

Cuando entraron a la sala de la que provenían las
blasfemias se encontraron tanto a Lincoln como a su acompañante. El muchacho se
quedó inmóvil al ver a su novia con la cara inundada de surcos de lágrimas, algunas
secas y otras aún húmedas. Pero no fue el único conmocionado, (Tu name) y Joe
se quedaron mirándose sin poder evitarlo, como la atracción de un mosquito a la
luz. De nuevo el sollozo de Miley la hizo reaccionar. A todos ellos, en
realidad.
CapitulOo 108


- ¡Cariño! –balbuceó tiernamente Lincoln
acercándose a su novia.

- ¡No te acerques! –exigió la chica, escondiéndose
tras su amiga- Solo he vuelto porque (Tu apodo) me lo ha dicho.

Lincoln la miró comprensivo y después regalo a su
amiga una sonrisa de agradecimiento.

- Solo lo hice porque no creo que sea justo para
ninguno de los dos que terminen algo tan especial sin haber aclarado lo que ha
sucedido en realidad –explicó (Tu name) serena y autoritaria- No te he hecho
ningún favor. Si lo que ella ha entendido que pasó es cierto ¡estás muerto!
Pero si es un malentendido... –suprimió la oleada de dolor que quiso apoderarse
de ella- ¡No permitiré que lo estropeasen todo por no hablar! No me quedaré de
brazos cruzados mientras ella huye y destruye la felicidad de ambos por nada.

Joe sintió como si le diesen un puñetazo en el
estómago. Podía ver el dolor reflejado en cada palabra. Daba igual cuan fría se
presentase ella, él podía distinguir todo el daño provocado. Quiso llorar y
pedirle perdón. Gritarle que la amaba y que jamás volvería a dañarla. Pero era
absurdo. Ella lo odiaba y con toda la razón.

Intentó disimular su propio dolor y dirigió la
mirada a su amigo como si esperase una respuesta de este. Pero este como
respuesta solo asintió con la cabeza, sabiendo lo mucho que significaba todo lo
que acababa de decir.

- Mai –farfulló el joven, intentando mirar a su
novia a través de su amiga- Todo fue un malentendido.

- ¡Cállate, no te creo! –Espetó Miley enojada, sin
salir de la seguridad de la espalda de su amiga- Volviste inconsciente de tanto
tomar.

- ¡No! Volví inconsciente porque este bruto
–señaló a Joe, que se encogió de hombros instintivamente- me dio una paliza.

- ¡Eh! Que yo no fui el único que golpeó –protestó
Joe a la defensiva.

- ¡Tú mejor estate calladito! –aconsejó (Tu name)
como una férrea orden, que Joe obedeció al instante.

Aunque absurdo, Joe había sentido un brote de
felicidad al escucharla dirigirse a él. El solo hecho que le mandase callar y
no lo ignorase como si no existiese, lo hacía enormemente feliz.

- ¿Te hizo mucho daño? –preguntó Miley cariñosa
acercándose a su novio, saliendo finalmente de su escondite.

Pero no llegó hasta él porque la mano de su amiga
la sujeto en su sitio.



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MensajeTema: Re: AMIGOS desconocidos (hot)   Mayo 17th 2010, 13:39

- ¿Qué tal si te enteras de la
historia completa antes de perdonarle todo? –protestó (Tu name), poniendo los
ojos en blanco ante el cambio de actitud de su amiga.


Miley se recompuso en su sitio. Y miró a su novio
con una fría irritación, como si fuese el culpable del descontrol de sus
emociones.

- ¡Ok! Imaginemos que me trago lo de la pelea. Que
por sus pinta es posible –dijo observando más en profundidad a ambos. Lincoln
llevaba la camisa rota y varios morados en el cuello, como si le hubiesen
intentado asfixiar. Joe tenía el labio roto y sangrando, y su camiseta
deformada decía que otros tantos golpes había bajo ella- ¿Qué tiene que ver eso
con que tengas carmín en tu camisa?

Lincoln la miró como si no entendiese de lo que
hablaba y después se apresuró a mirar en su camisa hasta encontrar dicha marca.
Al verla pareció tan sorprendido como ella y la volvió a mirar con su dulce
cara de asombro.

- Esto... –comenzó a decir Joe mirando a (Tu name)
para que no lo mandase a callar otra vez. A esta le costó horrores no hacerlo,
pero hizo un esfuerzo y miró a otro lado con desprecio para que pudiese hablar
libremente. Joe suspiró con tristeza y prosiguió- Él estaba inconsciente y no
podía levantarlo yo solo. Estaba un poco borracho además de dolorido –explicó
el chico, apenado porque a nadie le fuese a importar su estado- Así que me tuvo
que ayudar una de las camareras. Es posible que al agarrarlo, como era mucho
más bajita, se topase con el pecho de él y lo manchó sin querer. Él no te ha
sido infiel Mai, solo entró al bar porque me vio y quiso hablar conmigo.

- ¿Y tú lo golpeaste? –protestó Miley, agradecida
de saber que su novio era inocente de los cargos que ella misma le imputó.

Lincoln estaba demasiado agradecido de que su
novia confiase en lo escuchado y no deseó más peleas. Así que fue hacía su novia
la besó y abrazó, y apretó contra él hasta que ella se quejó del intento de
asesinato. Ignorando la presencia de los dos presentes, se marcharon abrazados,
cariñosos y bromistas. Un estúpido malentendido no había estropeado su relación
y se juraron que nada lo haría.
cApitUloO 109


Jean Carlo le había gritado
a su novia cuanto la amaba y asegurado que no iba a permitir que ella lo
abandonase. Y para su sorpresa ella había saltado del sofá a sus brazos para
besarlo apasionadamente. Aturdido y emocionado el chico se propuso demostrarle
su amor durante toda la noche. Acabando felices y extasiados el uno en los
brazos del otro. Aquello sí era amor.


Lincoln y Miley hablaron
durante horas mientras la chica desahogaba los restos de sollozos que aun se
escondían en su garganta. Mientras su novio la consentía y decía cuanto la
amaba. Tenían un bebé juntos, al cual había dejado la noche antes de pura
desesperación. Pero ahora sabían que eran mucho más. Eran una familia.


Y mientras todos se
procesaban su amor (Tu name) y Joe estaban aun en la sala de Lincoln sin saber
qué hacer, decir o cómo marcharse del lugar.


La salida apresurada de la
pareja los había dejado un poco aturdidos. Se miraban sin poder evitarlo.
Estaban solos. No se escuchaba ningún otro sonido salvo sus respiraciones y el
apresurado latido de sus corazones.


(Tu name) estaba
hipnotizada por su imagen. Hacía demasiado tiempo que no lo tenía frente a
ella. Demasiado tiempo sin tenerlo de cualquier forma. Deseaba gritarle,
pegarle, ¡besarle! Lo que más deseaba era estrecharlo contra ella e imaginar
que nada hubiese pasado entre ellos. Pero había pasado. Él la había abandonado,
otra vez. Le había hecho daño, otra vez. Y ella no permitiría que se volviese a
dar el caso, ¡otra vez!


Joe observaba el rostro
perfecto de (Tu name). Reconocía cada milímetro de él. Esa imagen le había
perseguido cada minuto de cada día de su ahora patética vida. La amaba tanto
que no entendía como había conseguido respirar sin tenerla cerca. Y ahora que
sabía cuanto daño le había hecho, no estaba seguro de si era capaz de seguir
haciéndolo.


Él estaba demasiado
fascinado con ella como para pensar en otra cosa. Fue ella quien rompió el
momento carraspeando suavemente y desviando la mirada para aclarar su mente y
recuperar la cordura.


- No he visto otro coche fuera salvo el de Lincoln así que supongo que no
tienes el tuyo –dijo (Tu name) antes de fulminarlo con la mirada- Te aconsejo
que llames a un taxi. Tu tarea de fastidiar a todo el mundo puede esperar para
otro día.

- No pretendo tal cosa. Solo quise ayudar a Linc trayéndolo a casa –explicó Joe
tolerante.

- ¿Ayudarlo? ¿Peleándote con un amigo que hace meses que no ves? –lo acusó la
chica, dando un paso hacía él para enfrentarlo.

- Él me provocó –aseguró Joe, dando también un paso hacía ella, con expresión
más dura.

- ¡Oh, por Dios! ¿Qué pudo decirte el pobre Linc para hacerle tal salvajada? Si
te reclamó por no darle señales en este tiempo, tenía derecho. Él era tu amigo
y tú simplemente le diste la espalda sin más –recriminó ella enfrentándolo.

- No fue por eso –aclaró él con tristeza.

En ese momento se dio cuenta de lo cerca que estaba de ella. Lo bella que se
veía, incluso enfadada, le hizo estremecerse. Quiso extender la mano y tocar la
suave piel de su mejilla. Pero se contuvo. Se limitó a suspirar con frustración
y desviar la mirada a un punto más seguro de la habitación.

- Fue una pelea absurda y lo lamento. Hablaré con él para disculparme –afirmó
Joe, sin dejar de mirar a su punto en el infinito.

- Disculparte era lo que tendrías que haber hecho en lugar de golpearlo. Y con
Mai, por ni siquiera felicitarla cuando dio a luz. O con tus padres por solo
mantenerlos informados por teléfono como si hablar con ellos fuese una
obligación. ¡Con todos los que se consideraban tus amigos por dejarlos sin ni
una palabra! –exclamó en un sollozo, dando gracias por no romper a llorar allí
mismo.

- Contigo... –susurró Joe, dejando que el dolor y la culpa lo inundasen.

- ¡No, conmigo no! No quiero nada de ti, ni siquiera una disculpa –musitó la
chica dando media vuelta para marcharse.

- ¡Lo siento! –dijo a pesar de todo él.

Una lágrima rodó por la mejilla de (Tu name), al pararse frente a la puerta
para marcharse. Eran solo palabras sin valor. Y verdaderamente no lo tenía,
porque ella no quería que él se arrepintiese de lo sucedido. Ella deseaba que
nunca hubiese sucedido.

- Pensé que lo amabas –explicó Joe con voz rota.

Varias lágrimas más inundaron los dolidos ojos de la chica. No era justo sentir
tanto dolor en la voz de él cuando decía esas palabras. Ella había sufrido
demasiado como para sentir compasión por nadie. No iba a permitir que la
conmoviese.

- Creí que deseabas estar con él. Que yo solo era un estorbo para ti y que
sería mejor que me largase para que no te sintieses obligada a estar conmigo
–aclaró Joe, odiándose por lo absurdo que sonaba todo aquella al tenerla tan
cerca.

No pudo evitar caminar hacía ella y colocarse tras su espalda. No podía
tocarla, pero estaba lo suficientemente cerca para absorber su aroma ¡Cuánto lo
echaba de menos!



CApitUlo 110


- Es cierto que he sido un cerdo insensible. No me
he preocupado por nadie estos meses. Pero en eso me incluyo a mi mismo. No he
sido nada lejos de ti. Si he hecho algo bien en estos meses es porque mi
hermano y mi cuñada me han obligado –aseguró Joe, mirando su dorada melena.

Una oleada de ira la inundó al escuchar hablar de
la famosa chica. Sin pensar ni razonar, se enjuagó las lágrimas con el dorso de
la mano antes de girarse rápidamente para enfrentarlo. Se paralizó al
encontrarle tan cerca, justo frente a ella. Incluso, podría jurar que sentía su
respiración sobre sus mejillas. Parpadeó conmocionada y fue incapaz de
articular palabra.

- No soy nadie sin ti, (Tu apodo) –afirmó él,
acercándose más a ella- ¡Te amo! Siempre te he amado y siempre te amaré. No te
pido que me perdones, solo que entiendas porqué lo hice. Eres lo único real en
mi vida, y en este último año he vivido con el temor de perderte y dejar de
existir. Fui un egoísta, que no pensaba en lo que querrías tú. Y pensé que
dejar que pudieses encontrar el amor y felicidad junto a otro sería lo
correcto, después de haberte obligado a estar a mi lado a la fuerza.

La rabia se iba apoderando de ella. No solo no
soportaba escucharlo decirla que la amaba, sino que además se atrevía a
justificar todo el daño que le había hecho. Hablaba como si ella no hubiese
tenido poder de decisión en todo aquello. Ella había sido la tonta que se había
arriesgado a estar con él por amor. Y él lo había interpretado como sumisión.
Estaba furiosa y quería arrancarle la vida que él decía que no poseía.

- ¡Ya sé que me odias! –se le adelantó Joe,
incapaz de soportar escucharla decirlo de nuevo- Sé que nunca podrás
perdonarme. Y no sé porqué sigo frente a ti –dijo posando una enorme mano sobre
su mejilla- Simplemente no puedo dejar que mi vida se consuma aun más cuando me
siento tan vivo al estar cerca tuyo.

(Tu name) podía entender eso. Ella había respirado
todo este tiempo sin saber cómo lo lograba. Solo frente a él la actividad de su
cuerpo se rehabilitaba. Era como una inyección de energía. Pero conocía
demasiado bien el dolor que le seguía con la separación.

De nuevo fue incapaz de hablar al notar como Joe
acariciaba suavemente su mejilla con el pulgar. Veía tanta tristeza en él, que
le sorprendía que fuese el mismo chico que ella conocía. Y a pesar de ella,
sintió pena por él. Y aun peor, preocupación.

- ¡Te amo! –susurró como despedida Joe, antes de
dejar caer la mano de su cara y abandonar la guerra que tenía para aguantar las
lágrimas.

(Tu name) se sobrecogió al verlo llorar. Pero se
obligó a no abrazarlo. Era posible que él la pudiese amar de verdad. Y ella lo
amaba a él más que nada en ese mundo. Pero era una relación destinada al
fracaso. Si algo había aprendido a lo largo de su vida era que amar no siempre
era suficiente.

- Yo también te amo pero... –intentó excusarse (Tu
name).

Joe notó como su cuerpo gritaba sobreexcitado. Sin
pensarlo, cogió a (Tu name) de la cintura y la apretó contra él. Antes de que
pudiese explicar cualquier "pero" que continuase a la gran
revelación, ¡la besó!

El beso era tan apasionado que Joe creyó estar
dándole su corazón en él. Era la primera vez que ella le decía que lo amaba.
Daba igual el tono con el cual lo hubiese dicho o que intentase alejarse de él.
Esas palabras habían hecho que su cuerpo cobrase vida y la buscase con
desesperación.

La abrazó más fuerte, hundiendo una mano en su
cabello y acariciando frenéticamente su espalda con la otra, mientras la
apretaba más contra su duro y necesitado cuerpo. Había olvidado lo que era
estar en el paraíso. Durante meses solo había visto oscuridad. Y en ese beso la
luz era cegadora. Se sentía mareado y débil de pura felicidad. No entendía como
conseguía mantenerse en pie. Pero las ganas de tenerla en sus brazos eran más
fuertes que el temblor de sus rodillas.

(Tu name) estaba en una nube de confusión de la
que no era capaz de salir. Una dulce y excitante nube, que no la dejaba
reaccionar. Pero el tierno y devastador roce de la lengua de Joe no iba a
borrar tanto dolor. Aunque en esos momentos ni siquiera lo recordase. Ella no
podía perdonarlo. No estaba dispuesta a que su vida fuese una montaña rusa de
emociones. No quería que le hiciese más daño, por muy bien que se sintiese en
sus brazos. Ella no quería una relación como la de...

Se apartó bruscamente de él, haciéndolo
tambalearse. Se tapó automáticamente la boca con las manos, sintiendo sus
propios labios hinchados por el beso. Y sin poder evitarlo comenzó a llorar.

Amaba a Joe y nada que pudiese hacer cambiaría ese
hecho. Seguiría derritiéndose ante sus besos y caricias. Y por primera vez en
su vida, comprendió la teatral relación de sus padres. Daba igual cuanto
discutiesen y cuantas horribles cosas se dijesen haciendo que ella se sintiese
tan mal como para huir del hogar cuando pasaba, ellos siempre se reconciliaban
y besaban como quinceañeros. Ella había vivido ese horror desde fuera y no
estaba dispuesta a vivirlo desde dentro.

- (Tu apodo) no huyas de mí –le suplicó Joe
acercándosele de nuevo- Sabes tan bien como yo que no podemos vivir el uno sin
el otro.

(Tu name) negó lentamente con la cabeza. Sabía que
tenía razón. Sabía que salir de esa casa significaba volver al oscuro pozo en
el que había estado inmersa esos meses. Pero no soportaría que estar juntos
significase discusiones diarias, gritos y reclamos, desesperación y llantos
desconsolados.

Cada recuerdo de las discusiones de sus padres
fueron a su mente. No quería amarlo tanto que soportar ese infierno le
pareciese justo para no perderlo. No iba a permitir que ningún hijo suyo fuese
testigo o víctima de esa relación. No iba a repetir los errores de sus padres.

- No quiero una relación de amor y sufrimiento
–aclaró (Tu name) con sus ojos llorosos clavados en él.

Joe pudo distinguir la agonía en su mirada. Y
entonces comprendió lo que le pasaba. En ese momento supo porqué nunca le había
dicho que lo amaba, porqué temía tanto al amor. Sus padres eran esclavos de él.
Y ella había sufrido por cada intento de estos por negarlo. Pero había una gran
diferencia entre ellos. Y Joe no permitiría que ella la pasase por alto.

- ¡No somos tus padres! –Afirmó Joe abrazándola
cuando esta intentó alejarse horrorizada- Ellos no se conocen a pesar de llevar
toda una vida juntos. Cada uno tiene una vida que el otro desconoce.

- Nosotros también –espetó ella ceñuda.

- No es cierto –rectificó él con una dulce
sonrisa- Tú me conoces mejor que yo mismo. Y yo, por muy ¡imbécil que sea a
veces, sé todo sobre ti –explicó Joe acariciándole gentilmente el mentón.

- Te he ocultado toda una vida –le recordó ella.

- Pero solo fueron acciones. Tus sentimientos solo
los conozco yo –afirmó con rotundidad y tanta seguridad que (Tu name) deseó
llorar de felicidad.

Sus padres conocían cada minuto de la vida del otro,
pero eran incapaces de saber cómo se sentía. Se hacían daño sin saber que lo
hacían o lo hacían queriendo para vengarse de que el otro se hubiese atrevido a
hacérselo. Nunca había ningún vínculo emocional, salvo el estúpido
enamoramiento que exponían en sus reconciliaciones.

(Tu name) tenía que reconocer que ellos no eran
así. Joe y ella a pesar de todo lo sucedido siempre habían intentado pensar en
los sentimientos del otro. Aunque esto les llevase a malinterpretarlos y dañar
al otro. Es posible que solo les faltase comunicación. Y ella tenía mucha culpa
de ello. Nunca había querido admitir ante él sus sentimientos porque la
realidad de ese fuerte vínculo se manifestaría. Y ella temía perder al que
siempre había sido su apoyo por conflictos amorosos. No quería una guerra
abierta como era el matrimonio de sus padres. No quería sufrir más. Ni dañarlo
a él o a cualquier otra persona que los quisiese.

Pero ¿podrían realmente estar juntos y ser
felices?

- Prometo hacerte feliz –susurró Joe contra sus
labios, antes de besarla apasionadamente.

Y como siempre él supo leerle la mente. Sabía de
sus temores, y conocía la manera de apaciguarlos. Todo su cuerpo se relajaba
ante su toque y su alma flotaba entre la calma y el éxtasis. Era cierto que
ellos no inferían los sentimientos del otro en su beneficio. Intentaban
comprender al otro realmente ¡No eran ningunos desconocidos!




CApitulO FinAl!!!


Any entró en la luminosa habitación, de grandes
ventanales, con una intrincada bandeja de plata, en la que llevaba tres finas
copas y una botella de champán. Se encontró con (Tu name) y Miley, absortas aún
ante la imagen que reflejaba el espejo ante ellas.

(Tu name) suspiró ansiosa y alisó su vestido por
decimoquinta vez ese minuto.

- ¡Mai recuérdame porqué hacíamos esto! –rogó (Tu
name) con mirada suplicante, ante el espejo.

Su amiga también suspiró hasta quedarse sin aire,
para inhalar profundamente, intentando darse fuerzas.

- Se supone que los amamos –respondió a su
petición la chica.

- ¡Oh, sí! –asintió (Tu name) como si asimilase
las palabras.

- ¡Y ellos a nosotras! –añadió Miley mirándola a
través del espejo.

- ¡Oh, sí! –aceptó de nuevo la rubia.

- Pero... -arrugó su vestido entre sus puños y
sollozo asustada- ¡Siguen pareciéndome pocos argumentos! –exclamó Miley como
fin a un diálogo que habían repetido demasiadas veces esa mañana.

- Yo tengo dos más –les hizo saber Any, llenando
las copas del burbujeante elixir y repartiéndolas.

(Tu name) y Miley se giraron para encontrarse con
la más reciente de sus amigas y aceptar el licor. Any se había convertido en
ese año en parte de la familia. Las tres chicas habían compartido días de
compras, confesiones y risas. Habían creado una bonita amistad, pese a que la
coqueta rubia no se dejaba engañar y aceptaba el vínculo tan especial que
existía entre ellas dos.

Las ceñudas chicas bebieron de un trago su copa y
esperaron expectantes su respuesta.

- Primero, los atan legalmente a ustedes –afirmó
viendo el interés en el rostro de (Tu name)- Y segundo –se interrumpió para
regalarles una sonrisa malévola- si se divorcian pueden dejarlos en
calzoncillos.

(Tu name) y Miley se miraron y encogieron de
hombros ante los argumentos para no huir de su inminente boda.

- ¡A mi me valen! –aseguró (Tu name) con una
sonrisa pícara.

- Con la de millones que tiene Lincoln en el
banco, a mí también – bromeó Miley haciendo estallar en risas a las tres.

Las novias se relajaron y volvieron a su sitio
frente al espejo. Miley llevaba un sencillo vestido de manga corta y hombros
descubiertos, de fina pedrería. (Tu name) había optado por una seda blanca
resplandeciente que se ceñía desde su pecho hasta el comienzo de sus caderas,
dejando al descubierto sus hombros y unas delicadas mangas de encaje. Mientras
que el moreno cabellos de Miley estaba recogido y adornado con pequeñas flores
blancas, el de (Tu name) caía en cascada sobre su espalda en un semi recogido
oculto por el velo.

Todo un año había conseguido posponer la boda
Miley. Y aunque prácticamente vivía como una mujer casada, el miedo no
desaparecía. Pero Lincoln le había demostrado tanto amor que ya no podía dudar
de él.

Llamaron a la puerta y las tres chicas se
sobresaltaron. Se giraron para ver asomar lentamente el sonriente rostro de
Joe.

Unos meses antes (Tu name) había bromeado con que
el único modo de hacer que sus amigos se casasen era acompañarlos en la boda.
Al día siguiente Joe estaba de rodillas, en su parque con un diamante entre las
manos, pidiéndole compartir el resto de sus vidas. Ella no había dudado en
aceptar. Joe se había desvivido en recuperar su confianza y hacerla sentir
segura y querida. Mientras que (Tu name) había conseguido eliminar sus
desinhibiciones y declarado su amor cada día con tanto entusiasmo que aún le
hacía emocionarse al escucharla.

- ¿Puedo hablar con mi novia un minuto? –preguntó
Joe con una sonrisa tierna.

- ¿No sabes que ver a la novia antes de la boda da
mala suerte? –protestó Any colocándose frente a él.

- ¿Tú crees en esas cosas? –se extrañó el chico,
mirándola ceñudo.

- No, pero en las películas siempre lo dicen y me
pareció un bonito cliché –explicó la joven caminando junto a él para salir del
cuarto.

- Nunca pensé que diría esto –afirmó Miley con un
exagerado suspiro- pero esa mujer está más loca que (Tu apodo).

- ¿Qué? –Protestó (Tu name) fingiendo estar
ofendida- ¡Obvio que yo lo estoy más! –bromeó la chica haciendo reír al resto.

- ¡Claro que sí, mi amor! –Afirmó Joe acercándose
para abrazarla- Que nadie te quite el puesto nunca.

Miley sonrió a la pareja entrelazada y salió de la
habitación. Joe observó cada detalle del suave maquillaje, los dorados
tirabuzones y el precioso vestido de su novia. Estaba espectacular, y quería
memorizar cada detalle en ella.

- ¿Qué haces aquí, en lugar de junto a Lincoln
muerto de los nervios, como cualquier novio? –preguntó ella curiosa y
juguetona.

- Pensé que en un momento como este necesitarías
tener a tu lado a tu mejor amigo –explicó Joe con el rostro iluminado por el
amor.

(Tu name) sonrió de felicidad y lo besó con
ternura. Sí, era exactamente lo que necesitaba ¡A él a su lado, para siempre!

- Me has hecho el hombre más feliz del mundo ¡Nada
podría cambiarlo! –aseguró Joe extasiado.

(Tu name) se alejó de él nerviosa y se miró de
nuevo al espejo para alisarse el vestido una y otra vez.

- Puedo asegurarte que todo puede cambiar muy
rápido –afirmó la chica, ansiosa.

- ¿Vuelves a tener dudas? –preguntó extrañado,
rogando interiormente para que no fuese así.

- ¡No! –Negó efusivamente ella- Es que como soy
una chica muy solidaria –bromeó ella con una sonrisa nerviosa- no puedo
permitir que dieguito juegue solo –aclaró acariciándose el vientre, esta vez
sin disimular alisarse el vestido.

- Voy... a ser... ¿papá?

(Tu name) asintió lentamente y el rostro
sorprendido de Joe se transformó en pura felicidad. La abrazó por la cintura,
la subió por los aires y comenzó a dar vueltas con ella a salvo entre sus
brazos y riendo sin parar.

De mejores amigos a amigos desconocidos ¡a amor
real!




FIN
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MensajeTema: Re: AMIGOS desconocidos (hot)   Mayo 17th 2010, 13:41

hola keridasssssss lectoras espero ke les haya gustado..porfis disculpenme por ausentarme tanto.... mi pc estaba dañada.... mañana comienzo una nueva nove porfis comenten si les gusto
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MensajeTema: Re: AMIGOS desconocidos (hot)   Mayo 22nd 2010, 18:23

i dont mind is really cool. i like it.
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OriGabi
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MensajeTema: Re: AMIGOS desconocidos (hot)   Mayo 22nd 2010, 23:29

ESTUVO EXCELENTE!!.. MUY MUY MUY MUY MUY MUY MUY MUY MUY MUY!!!! MUY! BUENA TU NOVE!!

ME ENCANTO!

ME ENAMORE ..

( DE LA NOVE Y DE JOE! xD)

ESPERO SEGUIR LEYENDO TUS NOVES X AQUI!!!

MIL GRACIAS POR CONTINUARLA

BESOS!!
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phaw jonas
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MensajeTema: Re: AMIGOS desconocidos (hot)   Mayo 29th 2011, 22:07

ESA NOVELA *W* ME ENCANTO ENCERI QUE SI]1!!
MMUY BUENA TU NOVELA GENIALISIMA!!!
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MensajeTema: Re: AMIGOS desconocidos (hot)   Hoy a las 23:26

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AMIGOS desconocidos (hot)
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