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 el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)

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Jullita
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Octubre 31st 2009, 23:48

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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 1st 2009, 21:37

hello hello
aqui en mx estamos de puente wiii
ayer no subi maraton porq fue el concierto de los jonas :/ y no fui pff
jask y una de mis mejores amigas si pff:/ no se vale
weno el caso esq habra maraton Very Happy
pero lo subire tarde
ya q no eh editado caps jask ya debo tener muchos editados
weno el caso esq les subire un maraton como de 3 o 4 caps
porq lo crean o no es tradado y muy cansado pff :/ pero ya lo dije abra Maraton Wink
ook me voy q tengo trabajo q hacer Very Happy king
bye Lool
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 1st 2009, 21:57

quien tenga twitter Follow me plis http://twitter.com/CaBriiLMo esq soy nueva Very Happy
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 2nd 2009, 01:20

hola chicas sorry sorry el maraton tubo unos incovenientes y se cancelo SadSadSad
pero NTP q pondre un cap Wink y mañana pondre 2 caps Very Happy Very Happy
weno ya sin mas el capi
una aclaracion N.A. son notas mias u opiniones WinkWink
y cuando sale ______ es su nombre Razz Razz

Capitulo 5
La luna llena brillaba de pleno cuando Nicholas regresó a la casa de
huéspedes. Estaba mareado, casi tambaleante, tanto por la fatiga como
por la superabundancia de sangre que había consumido. Había
transcurrido mucho tiempo desde la última vez que se había permitido
alimentarse tan copiosamente. Pero el estallido de Poder en bruto junto al
cementerio lo había contagiado de su frenesí, echando por tierra su ya
debilitado control. Seguía sin saber con seguridad de dónde había salido el
Poder. Había estado observando a las muchachas humanas desde su
puesto en las sombras cuando éste estalló por detrás de él, haciendo huir
a las jóvenes, y se había visto atrapado entre el temor de que éstas fueran
a parar al río y el deseo de sondear aquel Poder y descubrir su
procedencia. Al final te había seguido, incapaz de arriesgarse a que
resultaras herida.
Algo negro había volado en dirección a los árboles mientras las
humanas alcanzaban la protección del puente, pero ni siquiera los
sentidos nocturnos de Nicholas pudieron descifrar de qué se trataba. Había
vigilado mientras ella y las otras dos marchaban en dirección a la ciudad.
Luego había regresado al cementerio.
Estaba vacío entonces, purgado de lo que fuera que había estado allí.
Sobre el suelo yacía una fina tira de tela que a unos ojos corrientes les
habría parecido gris en la oscuridad. Pero él vio su auténtico color, y
mientras la arrugaba entre los dedos, alzándola despacio hasta tocar sus
labios, olió el aroma de tus cabellos.
Los recuerdos lo asaltaron. Ya era bastante terrible cuando se hallaba
fuera de su vista, cuando el sereno resplandor de tu mente sólo
martirizaba los bordes de su consciencia. Pero estar en la misma aula que
tu en la escuela, sentir tu presencia detrás de él, oler la embriagadora
fragancia de tu piel a su alrededor, era casi más de lo que podía soportar.
Había escuchado cada queda respiración que dabas, sentido tu calidez
irradiando sobre tu espalda, percibido cada latido de tu melodioso pulso. Y
finalmente, con gran horror por su parte, se había encontrado cediendo a
ello. Su lengua se había deslizado arriba y abajo sobre sus colmillos,
deleitándose con el placer-dolor que crecía allí, alentándolo. Había
aspirado tu olor por la nariz de un modo deliberado, y dejado que las
visiones acudieran, imaginándolo todo. Lo suave que sería tu cuello, y
cómo sus labios irían a su encuentro con igual suavidad al principio,
depositando diminutos besos aquí y allí, hasta que alcanzaran el blando
hueco de tu garganta. Cómo se acurrucarían allí, en el lugar donde el
corazón de la joven latía con tanta fuerza contra la delicada piel. Y cómo
por fin sus labios se abrirían, se apartarían de los ansiosos dientes afilados
como pequeñas dagas y...(N.A./ Nick es un vampiro xD esq asi es la novela original)
No. Había salido de su trance con una sacudida, su propio pulso latiendo
irregularmente, el cuerpo estremecido. Habían dado por finalizada la clase,
a su alrededor todo era movimiento, y sólo podía esperar que nadie le
hubiese estado observando con demasiada atención.
Cuando le habías hablado, había sido incapaz de creer que pudiera
mirarte a la cara mientras tus venas ardían y toda su mandíbula superior
suspiraba por ella. Por un momento había temido que su control se
quebraría, que la sujetaría por los hombros y la tomaría delante de todos
ellos. No tenía ni idea de cómo había podido escapar, sólo que algo más
tarde estaba canalizando su energía en forma de duro ejercicio,
vagamente consciente de que no debía utilizar los Poderes. No importaba;
incluso sin ellos era en todos los aspectos superior a los muchachos
mortales que competían con él en el campo de rugby. Su visión era más
aguda, los reflejos más veloces, los músculos, más fuertes. En seguida,
una mano le había palmeado la espalda y la voz de Paul había sonado en
sus oídos:
—¡Felicidades! ¡Bienvenido al equipo!
Al contemplar aquel rostro franco y sonriente, Nick se había sentido
invadido por la vergüenza. «Si supieras lo que soy, no me sonreirías —
había pensado sombrío—. He ganado esta competición vuestra mediante
engaños. Y la chica a la que amas..., porque la amas, ¿verdad?, está en
mis pensamientos justo ahora.»
Y había permanecido en ellos a pesar de todos sus esfuerzos por
desterrarla aquella tarde. Había ido a parar al cementerio ciegamente,
arrancado del bosque por una fuerza que no comprendía. Una vez allí, la
había vigilado, luchando consigo mismo, luchando contra el ansia, hasta
que el estallido de Poder te había hecho huir a ti y a tus amigas. Y luego
había regresado a casa..., pero no hasta después de alimentarse. Después
de haber perdido el control.
Era incapaz de recordar cómo había sucedido exactamente, cómo había
permitido que sucediera. Aquella llamarada de Poder lo había provocado,
despertando cosas en su interior que era mejor dejar que durmieran. La
necesidad de cazar. El ansia por la caza, por el olor a miedo y el salvaje
triunfo de caer sobre la presa. Hacía años —siglos— que no sentía el ansia
con tanta fuerza. Sus venas habían empezado a arder como el fuego. Y
todos sus pensamientos se habían vuelto rojos: era incapaz de pensar en
otra cosa que no fuera el cálido sabor cúprico, la efervescencia vital de la
sangre.
Con aquella excitación rugiendo aún en su interior, había dado un paso
o dos tras las muchachas. ¿Qué podría haber sucedido de no haberse
cruzado en su camino el anciano? Era mejor no pensarlo. Cuando llegó al
final del puente, sus orificios nasales se habían ensanchado ante el olor
fuerte y característico a carne humana.
Sangre humana. El elixir supremo, el vino prohibido. Más embriagador
que cualquier licor, la humeante esencia de la vida misma. Y estaba tan
cansado de oponerse al ansia...
Había habido un movimiento en la orilla, al agitarse un montón de viejos
harapos. Y al instante siguiente, Nicholas había aterrizado con un
movimiento grácil y felino junto a él. La mano salió despedida al frente y
retiró los harapos, dejando al descubierto un rostro arrugado y
parpadeante encima de un cuello esquelético. Sus labios se echaron hacia
atrás.
Y a continuación todo lo que se oyó fue un sonido de succión.
En aquellos momentos, mientras ascendía a trompicones por la escalera
principal de la casa de huéspedes, intentó no pensar en ello y no pensar
en ti..., en la muchacha que le tentaba con su calidez, con su vida. tu
habías sido la que realmente deseaba, pero a partir de aquel momento
debía poner freno a aquello, debía matar cualquier pensamiento parecido
antes de que se iniciara. Por su bien y por el tuyo. Él era su peor
pesadilla hecha realidad y tu ni siquiera lo sabías.
—¿Quién anda ahí? ¿Eres tú, chico? —gritó, chillona, una voz cascada.
Una de las puertas del segundo piso se abrió y una cabeza canosa
asomó fuera.
—Sí, signora...,(N.A./recuerden q nick es italiano) señora Flowers. Siento haberla perturbado.
—Ah, se necesita más que el crujido de una tabla del suelo para
perturbarme. ¿Cerraste la puerta con llave al entrar?
—Sí, signora. Está... a salvo.
—Eso está bien. Necesitamos estar seguros aquí. Uno nunca sabe lo que
podría salir de esos bosques, ¿verdad?
El muchacho dirigió una veloz mirada al pequeño rostro sonriente
rodeado de mechones grises, a los ojos brillantes que se movían de un
lado a otro. ¿Ocultaban algún secreto?
—Buenas noches, signora.
—Buenas noches, chico. —La mujer cerró la puerta.
Ya en su propia habitación, Nicholas se dejó caer sobre la cama y
permaneció tumbado con los ojos fijos en el techo bajo e inclinado.
Por lo general tenía un sueño intranquilo por las noches; no era su hora
natural de dormir. Pero esa noche estaba cansado. Requería tanta energía
enfrentarse a la luz del sol. Y la comida pesada no hacía más que
contribuir a su letargo. Pronto, aunque sus ojos no se cerraron, dejó de
contemplar el techo encalado sobre su cabeza.
Retazos aleatorios de recuerdos flotaron por su mente. Mandy (N.A./deberias estar pensando en mi grr xD), tan encantadora aquella noche junto a la fuente, la luz de la luna tiñendo de plata sus pálidos cabellos dorados. Qué orgulloso se había sentido de estar sentado con ella, de ser quien compartiera su secreto...
—Pero ¿no puedes salir nunca a la luz del sol?
—Sí que puedo, siempre y cuando lleve esto puesto. —Alzó una
pequeña mano blanca, y la luz de la luna brilló sobre el anillo de lapislázuli
que llevaba en ella—. Pero el sol me cansa mucho. Nunca he sido muy
fuerte.
Nicholas la contempló, contempló la delicadeza de sus facciones y la
delgadez de su cuerpo. Era casi tan incorpórea como el cristal hilado. No,
jamás debió de ser fuerte.
—De niña, a menudo estaba enferma —dijo en voz muy baja, los ojos
fijos en el juego del agua en la fuente.
—La última vez, el doctor dijo que me moriría. Recuerdo que papá
lloraba y recuerdo estar tumbada en mi enorme cama, demasiado débil
para moverme. Incluso respirar era un esfuerzo excesivo. Me entristecía
tanto abandonar el mundo y tenía tanto frío, tantísimo frío... —Se
estremeció y luego sonrió.
—Pero ¿qué sucedió?
—Desperté en plena noche y encontré a Helga, mi doncella, de pie
junto a mi cama. Y entonces se hizo a un lado y vi al hombre que había
traído. Sentí miedo. Su nombre era Klaus y había oído a la gente del
pueblo decir que era malvado. Grité a Helga que me salvara, pero ella se
limitó a permanecer allí de pie, observando. Cuando él acercó la boca a mi
cuello, pensé que iba a matarme.
Hizo una pausa. Nick la miraba con horror y compasión, y ella le
dedicó una sonrisa reconfortante.
—No fue tan terrible después de todo. Hubo un poco de dolor al
principio, pero desapareció rápidamente. Y luego la sensación fue en
realidad agradable. Cuando él me dio de su sangre para beber, me sentí
más fuerte de lo que había estado en meses. Y luego esperamos juntos a
que transcurrieran las horas hasta que llegó el amanecer. Cuando vino el
doctor, no podía creer que yo pudiera incorporarme en la cama y hablar.
Papá dijo que era un milagro y volvió a llorar, pero de alegría. —Su rostro
se nubló—. Tendré que abandonar a mi padre pronto. Un día de éstos
advertirá que desde aquella enfermedad no he envejecido ni una hora.
—¿Y jamás lo harás?
—No. ¡Eso es lo más maravilloso de todo, Nicholas! —Alzó los ojos hacia él
con infantil júbilo—. ¡Seré joven eternamente y nunca moriré! ¿Puedes
imaginarlo?
Él no podía imaginarla como nada que no fuese lo que era en aquel
momento: adorable, inocente, perfecta.
—Pero... ¿no lo encontraste aterrador al principio?
—Al principio, un poco. Pero Helga me mostró qué hacer. Fue ella
quien me dijo que encargara este anillo, con una gema que me protegería
de la luz solar. Mientras estuve en cama, me trajo sustanciosas bebidas
calientes. Más tarde, me trajo pequeños animales que su hijo atrapaba.
—¿No... personas?
Se oyó su risa.
—Por supuesto que no. Puedo obtener todo lo que necesito en una
noche de una paloma. Helga dice que si deseo ser poderosa, debería
tomar sangre humana, pues la esencia vital de los humanos es más fuerte.
Y Klaus también solía instarme a hacerlo; quería volver a intercambiar
sangre. Pero yo le digo a Helga que no quiero poder. Y en cuanto a
Klaus...
Se interrumpió y bajó los ojos, de modo que las espesas pestañas
descansaron sobre la mejilla. Su voz era muy baja cuando prosiguió:
—No creo que sea una cosa que deba hacerse a la ligera. Tomaré sangre
humana sólo cuando haya encontrado a mi compañero, aquel que estará
junto a mí por toda la eternidad. —Alzó la mirada hacia él con expresión
seria.
Nick le sonrió, sintiéndose aturdido y pletórico de orgullo. Apenas
consiguió contener la felicidad que sintió en aquel momento.
Pero eso fue antes de que su hermano Joseph regresara de la
universidad. Antes de que Joseph volviera y contemplara los ojos azules
como joyas de Mandy.
Sobre su cama en la habitación de techo bajo, Nicholas gimió. Entonces la
oscuridad lo atrajo más profundamente, y nuevas imágenes empezaron a
titilar en su mente.
Eran visiones dispersas del pasado que no formaban una secuencia
coherente. Las vio como escenas brevemente iluminadas por relámpagos.
El rostro de su hermano, crispado en una máscara de furia inhumana. Los
ojos azules de Mandy, centelleando y danzando mientras efectuaba
piruetas con su nuevo vestido blanco. El fugaz atisbo de algo blanco tras
un limonero. El contacto de una espada en su mano; la voz de Kevin
gritando desde la distancia; el limonero. No debía dar la vuelta al limonero.
Volvió a ver el rostro de Joseph, pero en esa ocasión su hermano reía
como loco. Reía sin parar, con un sonido parecido al chirriar del cristal
roto. Y el limonero estaba más cerca ya...
—¡Joseph... Mandy... no!
Estaba sentado totalmente tieso en la cama.
Se pasó unas manos temblorosas por los cabellos y serenó su
respiración.
Un sueño terrible. Hacía mucho tiempo que no se había visto torturado
por sueños como aquél; mucho, desde luego, desde la última vez que soñó
algo. Los últimos segundos pasaron una y otra vez por su mente, y volvió
a ver el limonero y escuchó de nuevo la risa de su hermano.
Resonó en su mente casi con excesiva nitidez. De improviso, sin ser
consciente de una decisión deliberada de moverse, Nicholas se encontró
ante la ventana abierta. Sintió el frío aire nocturno sobre las mejillas al
mirar a la oscuridad plateada.
«¿Joseph?» Envió el pensamiento en una oleada de Poder, rastreando.
Luego se sumió en una inmovilidad total, escuchando con todos sus
sentidos.
No sintió nada, ninguna ondulación como respuesta. A poca distancia,
una pareja de aves nocturnas alzaron el vuelo. En la ciudad, muchas
mentes dormían; en el bosque, animales nocturnos se dedicaban a sus
ocupaciones privadas.
Suspiró y volvió a girar hacia la habitación. A lo mejor se había
equivocado respecto a la risa; a lo mejor incluso había estado equivocado
sobre la amenaza en el cementerio. Fell's Church estaba silenciosa y
tranquila, y él debería imitarla. Necesitaba dormir.
5 de setiembre (en realidad, primeras horas del 6 de septiembre...
sobre la 1 de la madrugada)
Querido diario:
Debería regresar a la cama en seguida. Hace apenas unos pocos
minutos desperté pensando que alguien chillaba, pero ahora la casa está
en silencio. Han sucedido tantas cosas extrañas esta noche, que tengo los
nervios destrozados, supongo.
Al menos desperté sabiendo exactamente qué voy a hacer respecto a
Nicholas. Todo el asunto más o menos se me ocurrió de repente. El Plan B,
Fase Uno, se inicia mañana
.

Los ojos de Emily llameaban, y tenía las mejillas arreboladas mientras
se aproximaba a ti y a tus amigas sentadas ante la mesa.
—¡_____, tienes que oír esto!
le sonreiste educadamente, pero sin demasiada familiaridad. Emily
bajó la cabeza.
—Quiero decir..., ¿puedo unirme a vosotras? Acabo de enterarme de la
cosa más absurda respecto a Nicholas Jonas.
—Siéntate —indicaste con deferencia—. Pero —añadiste untando
mantequilla en un panecillo— no estamos realmente interesadas en la
noticia.
—¿Vosotras no...? —Emily se la quedó mirando fijamente; miró a
Demi, luego a Selena—. Vosotras, chicas, estáis de broma, ¿verdad?
—En absoluto. —Demi ensartó una judía verde y la observó con
suspicacia—. Tenemos otras cosas en la cabeza hoy.
—Exactamente —indicó Selena tras un repentino sobresalto—. Nicholas es
algo pasado, ¿sabes? Ya no interesa. —Se inclinó y se frotó el tobillo.
Emily te miró suplicante.
—Pero pensaba que querías saberlo todo respecto a él.
—Curiosidad —repusiste—. Al fin y al cabo es un visitante, y quería
darle la bienvenida a Fell's Church. Pero, por supuesto, debo mantenerme
fiel a Jean-Claude.
—¿Jean-Claude?
—Jean-Claude —dijo Demi, enarcando las cejas y suspirando.
—Jean-Claude —repitió Selena animosamente.
Delicadamente, con el pulgar y el índice, sacaste una foto de tu
mochila.
—Aquí está de pie frente a la casita en la que nos alojábamos. Justo
después me cortó una flor y dijo... bueno —sonreiste misteriosamente—, no
debería repetirlo.
Emily contemplaba con atención la foto, que mostraba a un hombre
joven, sin camisa, de pie frente a una mata de hibisco y sonriendo con
timidez.
—Es mayor que tú, ¿verdad? —dijo con respeto.
—Veintiuno. Por supuesto... —miraste por encima del hombro—, mi
tía jamás lo aprobaría, de modo que se lo estamos ocultando hasta que
me gradúe. Tenemos que escribirnos en secreto.
—Qué romántico... —musitó Emily—. No se lo diré a nadie, lo prometo.
Pero respecto a Nicholas...
le dedicaste una sonrisa de superioridad.
—Si tengo que comer comida europea —dijiste—, prefiero la francesa a la
italiana siempre. —Volvió la cabeza hacia Demi—. ¿No te parece?
—Mm... mmm. Siempre. —Demi y tu se sonrieron la una a la otra
con complicidad, luego se volvieron hacia Emily—. ¿No estás de
acuerdo?
—Pues sí —respondió ella apresuradamente—. Yo también. Siempre.
Sonrió de manera cómplice ella también y asintió varias veces mientras
se levantaba y marchaba.
Cuando desapareció, Selena dijo lastimera:
—Esto va a matarme. ________, me moriré si no me entero del chismorreo.
—Ah, ¿eso? Yo puedo contártelo —respondiste con calma—. Iba a
decir que existe un rumor por ahí de que Nicholas es un agente de la
brigada de estupefacientes.
—¿Un qué? —Selena te miró fijamente, y luego prorrumpió en
carcajadas—. Pero eso es ridículo. ¿Qué agente de estupefacientes en todo
el mundo se vestiría así y llevaría gafas oscuras? Quiero decir, ha hecho
todo lo que puede para atraer la atención sobre él... —Su voz se apagó, y
sus ojos castaños se abrieron más—. Pero entonces, ése puede ser el
motivo de que lo haga. ¿Quién sospecharía jamás de alguien tan obvio? Y
vive solo, y es terriblemente reservado... ¡_______! ¿Y si es cierto?
—No lo es —dijo Demi.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo soy quien lo inventó. —Al ver la expresión de Selena, sonrió
de oreja a oreja y añadió—: _______ me dijo que lo hiciera.
—Ahhh. —Selena dirigió una mirada de admiración hacia ti—. Eres
perversa. ¿Puedo decir a la gente que tiene una enfermedad terminal?
—No, no puedes. No quiero a una ristra de Florences Nightingale
haciendo cola para sostenerle la mano. Pero puedes contar a la gente lo
que quieras sobre Jean-Claude.
Selena tomó la fotografía.
—¿Quién era realmente?
—El jardinero. Estaba loco por esas matas de hibiscos. También estaba
casado y con dos hijos.
—Una lástima —comentó Selena en tono serio—. Y tú le dijiste a Emily
que no le hablara a nadie de él...
—Exacto. —consultaste tu reloj—. Lo que significa que sobre las, ah,
digamos dos en punto, debería saberlo toda la escuela.
Tras las clases, las muchachas fueron a casa de Selena. Las recibieron
en la puerta principal unos ladridos agudos, y cuando Selena abrió la
puerta, un pequinés muy viejo y gordo intentó escapar. Se llamaba
cozying, y estaba tan malcriado que nadie excepto la madre de Selena lo
soportaba. Mordisqueó tu tobillo cuando pasaste por su lado.
La sala de estar estaba oscura y abarrotada, con grandes cantidades de
mobiliario recargado y cortinas gruesas en las ventanas. La hermana de
Selena, Mary, estaba allí, quitándose las horquillas que sujetaban una
cofia a sus ondulados cabellos negros. Tenía sólo dos años más que Selena y
trabajaba en el dispensario de Fell's Church.
—Ah, Selena —saludó—, me alegro de que estés de vuelta. Hola, ______,
Demi
Demi y tu dijeron «hola».
—¿Qué sucede? Pareces cansada —dijo Selena.
Mary dejó caer la cofia sobre la mesa de centro. En lugar de responder,
fue ella quien hizo una pregunta.
—Anoche, cuando llegaste a casa tan alterada, ¿dónde dijiste que
habíais estado?
—Allá en el... Sólo allá abajo, junto al puente Wickery.
—Eso es lo que pensé. —Mary aspiró con fuerza—. Ahora escúchame,
Selena Gomez. No vuelvas a ir allí, y especialmente sola y de noche.
¿Comprendido?
—Pero ¿por qué no? —inquirió Selena, absolutamente desconcertada.
—Porque anoche atacaron a alguien allí, ése es el porqué no. ¿Y sabes
dónde lo encontraron? Justo en la orilla debajo del puente Wickery.
Demi y tu se le quedaron mirando con incredulidad, y Sel
agarró con fuerza tu brazo.
—¿Atacaron a alguien debajo del puente? Pero ¿quién era? ¿Qué
sucedió?
—No lo sé. Esta mañana uno de los trabajadores del cementerio lo
descubrió allí tendido. Supongo que era alguna persona sin hogar y que
probablemente iba a dormir bajo el puente cuando la atacaron. Pero
estaba medio muerto cuando la trajeron y no ha recuperado el
conocimiento aún. Podría morir.
—¿Qué quieres decir con atacado? —inquiriste, tragando saliva.
—Quiero decir —respondió Mary con claridad— que casi le habían
desgarrado totalmente la garganta. Perdió una increíble cantidad de
sangre. Al principio pensaron que podría haber sido un animal, pero ahora
el doctor Lowen dice que fue una persona. Y la policía cree que
quienquiera que lo hiciese podría ocultarse en el cementerio. —Mary miró
a cada una de ellas por turno, con la boca convertida en una línea recta—.
De modo que si estuvisteis allí junto al puente... o en el cementerio, _____
_______(tnc)..., entonces esa persona podría haber estado allí con vosotras.
¿Entendido?
—Ya no tienes que asustarnos más —dijo Selena con voz débil—. Lo
hemos captado, Mary.
—De acuerdo. Estupendo. —Mary hundió los hombros y se frotó la nuca
con gesto cansado—. Tengo que tumbarme un rato. No era mi intención
ser una gruñona —dijo mientras abandonaba la salita.
Una vez a solas, ustedes se miraron entre sí.
—Podría haber sido una de nosotras —dijo Demi con calma—. En
especial tú, ______; tú fuiste allí sola.
sentías una picazón por toda la piel, el mismo sentimiento doloroso
de alerta que habías tenido en el viejo cementerio. Podías sentir la frialdad
del viento y ver las hileras de lápidas a tu alrededor. La luz del sol y el
Robert E. Lee jamás habían parecido tan lejanos.
—Selena —dijiste despacio—, ¿viste a alguien allí fuera? ¿Es eso a lo que
te referías cuando dijiste que alguien me estaba esperando?
En la habitación oscura, Sel te contempló sin comprender.
—¿De qué hablas? Yo no dije eso.
—Sí, lo dijiste.
—No, no lo hice. Jamás dije eso.
—Selena —intervino Demi—, las dos te oímos. Te quedaste mirando
fijamente a las viejas lápidas, y luego dijiste a _______...
—No sé de qué estáis hablando y yo no dije absolutamente nada. —
Sel tenía el rostro congestionado por la cólera y había lágrimas en sus
ojos—. No quiero seguir hablando de ello.
Demi y tu se miraron la una a la otra impotentes. En el exterior,
el sol se ocultó tras una nube.


ok bye espero les guste
P.D. estan en todo su derecho de lincharme, insultarme y/o matarme
pale silent
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 2nd 2009, 01:27

hola un bonus Razz la primera mitad de el cap. 6 Very Happy

Cap. 6
26 de septiembre
Querido diario:
Lamento que haya pasado tanto tiempo, y en realidad no puedo
explicar por qué no he escrito: excepto que hay muchísimas cosas de las
que me da miedo hablar, incluso a ti.
Primero sucedió algo totalmente espantoso. El día que Sel, Demi
y yo estuvimos en el cementerio, atacaron a un anciano alli y casi lo
matan. La policía todavía no ha encontrado a la persona que lo hizo, y la
gente cree que el anciano estaba loco, porque cuando despertó empezó a
delirar sobre «ojos en la oscuridad» y robles y cosas. Pero recuerdo lo que
nos sucedió a nosotras esa noche y me hago preguntas. Me asusta.
Todo el mundo estuvo aterrorizado durante un tiempo, y todos los niños
tuvieron que permanecer dentro de casa después de oscurecer o salir en
grupos. Pero han pasado casi tres semanas ya sin más ataques, de modo
que toda la conmoción va apagándose gradualmente. Tía Melinda no puede
entender el ataque. El padre de Taylor Smallwood incluso sugirió que el
anciano podría habérselo hecho él mismo; aunque me gustaría ver cómo
alguien se muerde a sí mismo en la garganta.
Pero con lo que he estado ocupada sobre todo es con el Plan B. Por el
momento va bien. He recibido varias cartas y un ramo de rosas rojas de
«Jean-Claude» (el tío de Demi es florista), y todo el mundo parece
haber olvidado que me sentí interesada en algún momento por Nicholas. Así
que mi posición social está segura. Ni siquiera Miley ha causado
problemas.
De hecho, no sé qué hace Miley estos días, y no me importa. Ya
nunca la veo a la hora del almuerzo ni después de clases; parece haberse
distanciado por completo de su antiguo grupo.
Sólo hay una cosa que me importa en estos momentos, Nicholas.
Ni siquiera Selena y Demi se dan cuenta de lo vital que es para mí, y
me da miedo decírselo; me temo que pensarían que estoy loca. En la
escuela muestro una máscara de calma y autocontrol, pero
interiormente..., bueno, sencillamente, cada día empeora.
Tía Melinda ha empezado a preocuparse por mí. Dice que no como
suficiente estos días, y tiene razón. Parezco incapaz de concentrarme en
mis clases, ni en nada divertido, como lo de la Casa Encantada para
recaudar fondos. No puedo concentrarme en nada que no sea él. Y ni
siquiera comprendo el motivo.
No me ha dirigido la palabra desde aquella tarde horrible. Pero te
contaré algo extraño. La semana pasada, durante la clase de historia alcé
los ojos un momento y le pesqué mirándome. Estábamos sentados a unos
cuantos asientos de distancia, y él estaba totalmente vuelto de lado en su
pupitre, mirando. Por un momento me sentí casi asustada y mi corazón
empezó a latir con fuerza, y simplemente nos quedamos mirándonos
fijamente el uno al otro..., y luego él desvió la mirada. Pero desde
entonces ha sucedido otras dos veces, y cada vez noté sus ojos puestos
en mí antes de verlos. Es literalmente cierto. Sé que no es mi imaginación.
No se parece a ningún chico que haya conocido.
Parece tan aislado, tan solo... Aunque sea elección propia. Ha causado
un gran impacto en el equipo de rugby, pero no anda por ahí con ninguno
de los chicos, excepto tal vez con Paul. Paul es el único con el que habla.
Tampoco sale con ninguna chica, que yo sepa, de modo que quizá el
rumor de que es un agente de estupefacientes está funcionando. Pero es
más probable que esté evitando a otras personas que no que ellas le
eviten a él. Desaparece entre clases y tras los entrenamientos, y ni una
sola vez le he visto en la cafeteria. Jamás ha invitado a nadie a su
habitación en la casa de huéspedes. Nunca visita la cafetería después de
las clases.
Así pues, ¿cómo voy a pescarle en algún lugar donde no pueda huir de
mí? Éste es el auténtico problema que tiene el Plan B. Selene dice: «¿Por
qué no quedarte atrapada con él en medio de una tormenta eléctrica, de
modo que tengáis que acurrucaros juntos para mantener el calor
corporal?». Y Demi sugirió que mi coche se estropeara frente a la casa
de huéspedes. Pero ninguna de esas ideas es práctica, y me estoy
volviendo loca intentando pensar en algo mejor.
Cada día es peor para mí. Me siento como si fuera un reloj o algo
parecido, con la cuerda a punto de saltar de tanto darle vueltas. Si no
encuentro algo que poder hacer pronto, voy a...
Iba a decir «morir».

La solución se te ocurrió de un modo más bien repentino y sencillo.
Sentías lástima por Paul; sabías que se había sentido dolido por el rumor
sobre Jean-Claude, pues apenas había hablado contigo desde que se supo
la historia. Por lo general se limitaba a saludarla con un veloz movimiento
de cabeza cuando se cruzaba en tu camino. Y cuando tropezaste con él un
día en un pasillo vacio frente al aula de Escritura Creativa, el muchacho
desvió la mirada.
—Paul... —empezó.
Quisiste decirle que no era cierto, que nunca habrías empezado a salir con
otro chico sin decírselo a él primero. Quisiste decirle que nunca habías sido tu
intención herirle, y que te sentías fatal en aquellos momentos. Pero no
sabías cómo empezar, así que finalmente te limitaste a soltar: «¡Lo siento!», y
te giraste para entrar en el aula.
—________ —dijo él, y diste la media vuelta.
Ahora sí te miraba, con los ojos entreteniéndose en tus labios, tus
cabellos. Luego meneó la cabeza como para indicar que le habías gastado
una buena jugarreta.
—¿Existe de verdad ese tipo francés? —inquirió finalmente.
—No —respondiste al momento y sin vacilación—. Lo inventé —añadiste
con sencillez— para demostrar a todo el mundo que no estaba disgustada
por... —te interrumpiste.
—Por lo de Nicholas. Comprendo. —Paul asintió, mostrándose a la vez
más sombrío y algo más comprensivo—. Pero no creo que te evite porque
tenga algo personal contra ti. Es así con todo el mundo...
—Excepto contigo.
—No. Me habla a veces, pero no sobre nada personal. Nunca dice nada
sobre su familia o lo que hace fuera del instituto. Es como... como si
hubiera un muro a su alrededor que no puedo atravesar. No creo que
jamás deje que nadie atraviese ese muro. Lo que es una condenada
idiotez, porque creo que en realidad se siente desdichado.
reflexionaste sobre ello, fascinada por una visión de Nicholas que no
habías considerado antes. Él siempre parecía tan controlado, tan calmado e
imperturbable... Pero, por otra parte, sabías que tu también causabas esa
impresión a otras personas. ¿Sería posible que en el fondo él se sintiera
tan confuso e infeliz como tu?
Fue entonces cuando tuviste la idea, y era ridiculamente simple. Nada de
ardides complicados, nada de tormentas eléctricas o coches que se
averian.
—Paul —dijiste despacio—, ¿no crees que sería una buena cosa si alguien
consiguiera franquear ese muro? ¿Una buena cosa para Nicholas, me
refiero? ¿No crees que sería lo mejor que podría sucederle?
Alzaste los ojos para mirarle intensamente, deseando que comprendiera.
El te miró fijamente un instante, luego cerró los ojos brevemente y
sacudió la cabeza con incredulidad.
—_______ —dijo—, eres increíble. Haces bailar a la gente a tu son y no
creo que te des cuenta siquiera de que lo haces. Y ahora vas a pedirme
que haga algo para ayudarte a tenderle una emboscada a Nicholas, y yo soy
tan imbécil que podría incluso aceptar hacerlo.
—No eres un imbécil, eres un caballero. Y sí, quiero pedirte un favor,
pero sólo si consideras que es correcto. No quiero hacerle daño a Nicholas, y
no quiero hacerte daño a ti.
—¿No quieres?
—Claro que no. Ya sé cómo debe de sonar eso, pero es cierto. Sólo
quiero... —Volviste a interrumpirte; ¿cómo podías explicar lo que querías
cuando ni siquiera lo comprendías tu misma?
—Sólo quieres que todo el mundo y todo giren alrededor de _________
_________(tnc) —repuso él con amargura—. Únicamente quieres todo lo que no tienes.
Horrorizada, retrocediste y le miraste. Sentiste un nudo en la garganta y tus
ojos se llenaron de lágrimas ardientes.
—No lo hagas —dijo él—. ________, no pongas esa expresión. Lo siento. —
Suspiró—. De acuerdo, ¿qué es lo que se supone que debo hacer? ¿Atarlo
de pies y manos y arrojarlo ante tu puerta?
—No —respondiste, intentando aún obligar a las lágrimas a regresar a
su lugar de origen—. Sólo quería que consiguieras que acudiera al baile de
inicio de curso de la semana próxima.
Paul mostró una expresión curiosa.
—Sólo quieres que esté en el baile.
Asentiste.
—De acuerdo. Estoy seguro de que estará allí. Y, ________... a mí no me
apetece llevar a nadie más que a ti.
—De acuerdo —respondiste tras unos instantes—. Y, bueno, gracias.
La expresión de Paul seguía siendo peculiar.
—No me des las gracias, _________. No es nada... en realidad.
Seguías intentando comprender aquella expresión cuando
él dio media vuelta y se alejó por el pasillo.
—Quédate quieta —dijo Demi, dando a tu cabello un tirón reprobatorio.
—Sigo pensando —comentó Selena desde el banco situado al pie de la
ventana— que los dos fueron maravillosos.
—¿Quiénes? —murmuraste distraídamente.
—Como si no lo supieras —dijo Selena—. Esos dos chicos tuyos que
consiguieron un milagro de última hora en el partido de ayer. Cuando
Nicholas atrapó ese último pase, pensé que iba a desmayarme. O a vomitar.
—Vamos, por favor —intervino Demi.
—Y Paul... Ese chico es simplemente poesía en movimiento...
—Y ninguno de ellos es mío —declaraste, categórica.
Bajo los dedos expertos de Demi, tus cabellos se estaban
convirtiendo en una obra de arte, una suave masa de oro ensortijado. Y el
vestido era perfecto; el pálido tono violeta resaltaba el color de tus ojos.
Pero incluso para tus adentros te veías con un aspecto pálido y férreo, no
suavemente sonrojado por la emoción, sino blanco y decidido, como un
soldado jovencísimo al que envían a primera línea del frente.
De pie en el campo de rugby, el día anterior, cuando anunciaron tu
nombre como Reina de la Fiesta de Inicio de Curso, sólo habías tenido una
idea en la cabeza. Él no podría negarse a bailar contigo. Si es que
aparecía en el baile, no podía rechazar a la Reina del Baile. Y de pie ante el
espejo en aquellos momentos, volviste a repetírtelo a ti misma.
—Esta noche tendrás a todo aquel que desees —decía Selena en tono
tranquilizador—. Y, escucha, cuando te deshagas de Paul, ¿puedo
llevármelo y consolarlo?
—¿Qué pensará David? —inquirió Demi con un resoplido.
—Bueno, tú puedes consolarlo a él. Pero, realmente, _______, me gusta
Paul. Y una vez que te centres en Nicholas, tu grupito de tres va a resultar
un poco abarrotado. Así que...
—Como quieras. Paul merece un poco de consideración.
«Desde luego, no la está obteniendo de mí», pensaste, que todavía
no podías creer lo que le estabas haciendo. Pero precisamente en aquellos
momentos no podías permitirte cuestionarte a ti misma; necesitabas toda
tu energía y concentración.
—Ya está. —Demi colocó el último pasador en tu cabello—.Ahora, miradnos: la Reina del Baile de Inicio de Curso y su corte..., o parte de ella al menos. Nos estamos guapísimas.
—¿Es ése el «nos» mayestático? —preguntaste en tono burlón, pero
era cierto.
Estaban guapísimas. El vestido de Demi era de un majestuoso raso
color burdeos, muy ceñido a la cintura y que se desplegaba en forma de
pliegues desde las caderas. Llevaba la oscura melena suelta sobre la
espalda. Y Selena, cuando se levantó y fue a reunirse con sus amigas
frente al espejo, era como una resplandeciente muñequita en tafetán rosa
y lentejuelas negras.
En cuanto a ti misma... escudriñaste tu imagen con ojo experto y
volviste a pensar: «El vestido está bien». La única otra frase que te vino a la
mente fue violetas escarchadas. tu abuela había tenido un tarro de ellas,
flores auténticas sumergidas en azúcar cristalizado y congeladas.
Bajaron la escalera juntas, como habían hecho para cada baile desde
séptimo curso; sólo que antes Miley siempre las había acompañado.
reparaste con vaga sorpresa en que ni siquiera sabías con quién iba a ir
miley esa noche.
Tía Melinda y Rick —que pronto sería tío Rick— estaban en la sala de
estar con Charlotte, que tenía puesto su pijama.
—Chicas, estáis preciosas —dijo tía Melinda, agitada y nerviosa como si
ella misma fuera al baile.
Te besó y Charlotte alzó los brazos para abrazarte.
—Estás muy bonita —dijo con la sencillez de sus cuatro años.
También Rick te contemplaba. Pestañeó, abrió la boca y volvió a
cerrarla.
—¿Qué sucede, Ricki?
—Ah —miró a tía Melinda con aspecto turbado—. Bueno, en realidad se
Ve como una princesa, como Julieta antes de ver a Romeo (N.A./yo escribí esto ultimo porq lo original solo quedaba con el nombre de la protagonista. Jasks :/)
—Hermosa y predestinada a morir —dijo Selena alegremente.
—Bueno, sí —repuso Rick, que no parecía nada alegre.
Tu no dijiste nada.
Sonó el timbre de la puerta. Paul estaba en la entrada, con su
acostumbrada chaqueta deportiva azul. Con él iban Trance Cyrus, el
acompañante de Demi, y David Henrie, el de selena. Buscaste a Nicholas.
—Probablemente ya esté allí —dijo Paul, interpretando tu veloz mirada
—. Escucha, _______ —Pero........


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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 2nd 2009, 17:26

Awee Que Hermosa LA NOVEE,. Me Encanto lo de las miradas encontradas. Love!

Amo la NOVE, SIGUELAAA.. Y GRAX POR EL BONUS DE VERDAD Q NO PARE DE LEER.

Yo Tengo Twittter y ya te siigoo! (:
Espero q puedas subir el Maraton Prontooo!!

Suerte Con Todo Y MiL Grax por sibbiiirrr.!!

Me siiento Muy Emcionadaaa,. Ya Quiero Ver a Nickk en la Fiiestaaa.!
AMO A MIS AMIGAS,. AUNQ SI QUIERES PUEDES SUBIR MAS POR HOY.. QUIZA EL RESTO DE ESTE CAPITULO., JAJAJJAJAJAJAJAJAJJA
BUEH ME VOOYY, AUNQ NO QUIIEROOOOO Sad Sad PORQ QUIERO LEER MÁS Very Happy
PD- (No va con Miley ciertoo??) ---> Porq Lo sospechoo ... >.<
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 2nd 2009, 17:30

ESTA Y OTRAS DOS NOVES SON ALGO NO TIENEN DESCRIPCION.
MIS FAVORITAS, AUNQ LEO MUCHAS AQUI,. NINGUNA LES GANA , .PORQ SON LINDAS, Y SINCERAS,.NO C, ME HACEN SENTIR COSAS Y ME ALEGRAN MUCHO.
ES CMO VER A LOS JONAS NO SOLO POR LO LINDOS O SEXO Q ACOSTUMBRAN MUCHAS, ES VERLOS TAN PUROS Y ELLOS,.. ES NOC ,.. AUNQ SII SOY MUJER Y TENGOO HORMONAS etc,. PERO ES VER OTRAS COSAS MAS IMPORTANTES, .CLAROO Q CUADO HAY QUIMIK Y COSAS ASIII ME GUSTAN Enamorada PERO TAMBIIEN VER OTRAS COSAS.

ASII Q GRACIIAS Y SIGUELAA PORFAAA (:

GRACIIAS POR SUBIRLA Y NUNK DEJES DE HACERLO.

BESOS GIGANTEEES. Very Happy

CUIDATE MUCHO
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 2nd 2009, 21:53

Holap!!* aki la segunda parte del cap. 6 no ago lo demas porq nose q me pasa q estoy demasiado cansada aki esta...

Cap. 6 2da parte Wink
—. Escucha, ______ —Pero lo que fuera que estaba a punto de decir quedó
interrumpido en medio de la charla de las otras parejas. Selena y
David fueron con ellos en el coche de Paul, y no dejaron de
intercambiar agudezas durante todo el trayecto hasta el instituto.
La música salía al exterior por las puertas abiertas del auditorio. En
cuanto abandonaste el coche, una curiosa certeza te embargó. Algo iba
a suceder, comprendiste, contemplando la masa cuadrada del edificio del
instituto. La tranquila primera velocidad de las últimas semanas estaba a
punto de pasar a la marcha directa.
Estoy lista, te dijiste. Y esperaste que fuera cierto.
Dentro, todo era un caleidoscopio de color y actividad. Paul y tu se
vieron asediados en cuanto entraron, y a ambos les cayó una lluvia de
cumplidos. Tu vestido... tu cabello... tus flores. Paul era una
leyenda en potencia: otro Joe Montana, una apuesta segura para una beca
deportiva.
En el vertiginoso remolino que debería haber sido todo para ti,no dejabas de buscar una cabeza morena.
Taylor Smallwood respiraba pesadamente sobre ti, oliendo a ponche y a
chicle de menta, mientras su acompañante lucía una expresión asesina.
hiciste caso omiso de él con la esperanza de que te dejara en paz.
El señor Tanner pasó ante ellos con un empapado vaso de papel y
aspecto de estar siendo estrangulado por el cuello de su camisa. Sue
Carson, la otra princesa de último curso de la fiesta, se acercó veloz y
empezó a alabar tu vestido. Selena estaba ya en la pista de baile,
brillando bajo las luces. Pero no viste a Nicholas por ninguna parte.
Otra vaharada más de chicle de menta y vomitarías. Diste un codazo a
Paul y huyeron a la mesa de los refrescos, donde el entrenador Lyman se
lanzó a hacer un estudio crítico del partido. Parejas y grupos se acercaban
a ustedes, se quedaban unos pocos minutos y luego se retiraban para dejar
sitio a los que aguardaban tanda. «Igual que si realmente fuéramos de la
realeza», pensaste entusiasmada. Miraste de soslayo para ver si Paul
compartía tu regocijo, pero él tenía la mirada fija a su izquierda.
tu siguiste su mirada. Y allí, medio oculta tras un grupo de jugadores de
rugby, estaba la cabeza oscura que habías estado buscando. Inconfundible,
incluso bajo aquella tenue luz. Un estremecimiento te recorrió, más de
dolor que de otra cosa.
—¿Ahora qué? —preguntó Paul con expresión dura—. ¿Lo ato de pies y
manos?
—No; voy a pedirle que baile conmigo, eso es todo. Aguardaré hasta
que nosotros hayamos bailado primero, si quieres.
Él negó con la cabeza, y te marchaste en dirección a Nicholas por entre la
multitud.
Pieza a pieza, fuiste registrando información sobre él mientras te
aproximabas. Su americana negra tenía un corte sutilmente distinto del de
las que llevaban los otros muchachos, más elegante, y llevaba un suéter
de cachemir blanco debajo de ella. Se mantenía muy quieto, un poco
apartado de los grupos que lo rodeaban. Y, aunque sólo podías verle de
perfil, reparaste en que no llevaba puestas las gafas de sol.
Se las quitaba para jugar al rugby, desde luego, pero nunca le habías
visto de cerca sin ellas. Aquello te hizo sentir mareada y emocionada,
como si aquél fuera un baile de disfraces y hubiese llegado el momento de
quitarse las máscaras. Te concentraste en su hombro, en la línea de la
mandíbula, y entonces él empezó a volverse hacia ti.
En ese instante, se dio cuenta de que eras hermosa. No era sólo el
vestido o el modo en que llevabas peinados los cabellos. Eras hermosa en ti
misma: esbelta, imperial, un objeto hecho de seda y fuego interior. Viste que
los labios de él se abrían ligeramente, de forma refleja, y entonces alzó la
vista para mirarte a los ojos.
—Hola.
¿Era ésa su propia voz, tan sosegada y segura de sí misma? Él tenía los
ojos pequeños y cafés. Cafés como el tronco de roble en verano. Aun que sus ojos eran pequeños eran tan hinopticos y fascinantes.
—¿Lo pasas bien? —preguntaste.
«Lo hago ahora». Él no lo dijo, pero supiste que era lo que pensaba; lo
veías en el modo en que te miraba fijamente. Jamás habías estado tan
segura de tu poder. Excepto que en realidad no tenías el aspecto de estarlo
pasando bien; parecía acongojado, lleno de dolor, como si no pudiera
soportar ni un minuto más aquello.
La banda empezaba a tocar un baile lento. Él seguía contemplándote
fijamente, empapándose de ti. Aquellos ojos cafés oscureciéndose,
volviéndose negros de deseo... Tuvo la repentina sensación de que podría
acercarte a él bruscamente y besarte con fuerza, sin decir ni una palabra
en ningún momento.
—¿Te gustaría bailar? —te preguntó en voz baja.
«Estoy jugando con fuego, con algo que no comprendo», pensó de
repente. Y en ese momento te diste cuenta de que estabas asustada. Tu
corazón empezó a latir violentamente. Era como si aquellos ojos Cafes
hablaran a alguna parte de ti que estaba enterrada muy por debajo de
la superficie y aquella parte te gritara «peligro». Algún instinto más
antiguo que la civilización te decía que corrieras, que huyeras.
No te moviste. La misma fuerza que te aterraba te mantenía allí. Aquello
estaba fuera de control, te dijiste de improviso. Lo que sucedía allí, fuera lo
que fuera, escapaba a tu comprensión, no era nada normal ni cuerdo. Pero
ya no se podía parar, e incluso aterrorizada disfrutabas con ello. Era el
momento más intenso que habías experimentado con un muchacho, pero
no estaba sucediendo nada en absoluto; él se limitaba a contemplarte,
como hipnotizado, y le devolvías la mirada, mientras la energía brillaba
entre ustedes como un rayo calorífico. Vio que sus ojos se oscurecían,
derrotados, y sentiste el salvaje salto de tu propio corazón cuando él te
tendió lentamente una mano.
Y entonces todo se hizo añicos.
—Vaya, _______, qué encantadora estás —dijo una voz, y tu visión se
quedó deslumbrada por reflejos dorados.
Era Miley, los cabellos castaño rojizos intensos y lustrosos y la piel
luciendo un bronceado perfecto. Llevaba un vestido confeccionado
totalmente en lame dorado que mostraba una increíblemente osada
extensión de aquella piel perfecta. Deslizó un brazo desnudo alrededor del
de Nicholas y te sonrió con indolencia. Resultaban deslumbrantes juntos,
como una pareja de modelos internacionales que va a divertirse a un baile
de escuela secundaria, mucho más glamurosos y sofisticados que
cualquier otra persona en la sala.
—Y ese vestidito es tan mono... —prosiguió Miley, mientras tu mente
seguía funcionando en automático.
Aquel brazo informalmente posesivo unido al de Nicholas se lo decía todo:
dónde había estado Miley a la hora del almuerzo aquellas últimas
semanas, qué había estado tramando durante todo aquel tiempo.
—Le dije a Nicky(N.A./ mal@jasj como te atreves jum) que sencillamente teníamos que pasarnos por aquí un momento, pero no vamos a quedarnos mucho tiempo. Así que no te importará que me lo quede para los bailes, ¿verdad?
TU estabas extrañamente tranquila ahora, tu mente era un vacío
zumbante. Respondiste que no, que desde luego no te importaba, y
contemplaste cómo Miley se alejaba, una sinfonía en castaño rojizo y oro.
Nicholas se marchó con ella.
Había un círculo de rostros alrededor de ti; les diste la espalda y te
topaste con Paul.
—Sabías que venía con ella.
—Sabía que ella quería que lo hiciera. Le ha estado siguiendo por todas
partes a la hora del almuerzo y después de clase, e imponiéndole más o
menos su presencia. Pero...
—Ya veo.
Sumida aún en aquella curiosa calma artificial, escudriñaste la multitud y
viste a Selena que iba hacia ti, y a Demi abandonando su mesa. Lo
habían visto, entonces. Probablemente todo el mundo lo había visto. Sin
una palabra a Paul fuiste hacia ellas, encaminándote instintivamente hacia
el baño de las chicas.
Estaba abarrotado de cuerpos femeninos, y Demi y Selena
mantuvieron sus comentarios alegres y superficiales mientras te miraban
con preocupación.
—¿Viste ese vestido? —dijo Selena, oprimiendo tus dedos a
escondidas—. La parte delantera debe de estar sujeta con cola de
contacto. Y ¿qué se pondrá para el siguiente baile? ¿Celofán?
—Film transparente de envolver —repuso Demi, y añadió en voz baja
—: ¿Estás bien?
—Sí.
puduste ver en el espejo que tus ojos estaban demasiado brillantes y
que había una mancha de color ardiendo en cada mejilla. te arreglaste los
cabellos y te apartaste.
La habitación se vació dejándolas a solas. Selena jugueteaba
nerviosamente con el lazo de lentejuelas de su cintura.
—Quizá no sea tan mala cosa después de todo —dijo con calma—. Me
refiero a que no has pensado en otra cosa que no fuera él durante
semanas. Casi un mes. Y así tal vez sea para bien, y tú puedas dedicarte a
otras cosas ahora, en lugar de..., bueno, perseguirle.
«¿También tú, Bruto?», pensaste.
—Muchas gracias por tu apoyo —dijiste en voz alta.
—Vamos, ________, no seas así —intervino Demi—. No intenta herirte,
sólo piensa que...
—Y supongo que tú también lo piensas. Bueno, eso es estupendo.
Sencillamente saldré y me buscaré otras cosas a las que dedicarme. Como
otras mejores amigas.
Las dejaste a ambas contemplándote atónitas mientras te alejabas.
Fuera, te arrojaste al remolino de color y música. Te mostraste más radiante
de lo que habías estado nunca en ningún baile. Bailaste con todo el mundo,
riendo en una voz demasiado alta, coqueteando con todos los chicos que
se cruzaban en tu camino.
Te llamaron para que subieras y te coronaran, y permaneciste de pie sobre
el escenario, contemplando a las figuras multicolores del suelo. Alguien te
entregó unas flores; alguien colocó una diadema en tu cabeza. Sonaron
aplausos. Todo transcurrió como en un sueño.
Coqueteaste con Taylor porque era quien estaba más cerca cuando
descendiste del escenario. Luego recordaste lo que él y Dick le habían hecho a
Nicholas y extrajiste una de las rosas del ramo y se la diste. Paul observaba
desde la barrera, con los labios apretados. La olvidada acompañante de
Taylor estaba casi hecha un mar de lágrimas.
oliste el alcohol mezclado con menta en el aliento de Taylor, y viste que
el muchacho tenía el rostro colorado. Sus amigos la rodeaban, una pandilla
que chillaba y reía a carcajadas, y vio que Dick vertía algo de una bolsa de
papel marrón en su vaso de ponche.
Nunca antes habías estado con aquel grupo, y éste te recibió con una
calurosa acogida, admirándote, los muchachos disputándose tu atención.
Los chistes volaban de un lado a otro, y reías incluso cuando no
tenían sentido. El brazo de Taylor te rodeó la cintura, y te limitaste a reír
aún más. Con el rabillo del ojo viste que Paul meneaba la cabeza y se
alejaba. Las chicas empezaban a mostrarse estridentes, los muchachos
alborotadores. Taylor te besuqueaba el cuello.
—Tengo una idea —anunció éste al grupo, abrazandote con más
fuerza contra él—. Vayamos a algún lugar más divertido.
Alguien chilló:
—¿Adonde, Taylor? ¿A casa de tu padre?
Taylor sonreía de oreja a oreja, una sonrisa borracha y temeraria.
—No, me refiero a alguna parte donde podamos dejar nuestra marca.
Como el cementerio.
Las chicas lanzaron grititos, los chicos se dieron codazos entre sí y
fingidos puñetazos.
La acompañante de Taylor seguía allí de pie, fuera del círculo.
—Taylor, eso es una locura —dijo con voz aguda y débil—. Ya sabes lo que
le sucedió a aquel viejo. No iré allí.
—Estupendo, entonces quédate aquí. —Taylor sacó unas llaves del
bolsillo y las agitó frente al resto de la pandilla—. ¿Quién no tiene miedo?
—preguntó.
—Eh, yo estoy dispuesto a ir —dijo Dick, y se escuchó un coro de
aprobación.
—Yo, también —dijiste con voz clara y desafiante.
Dedicaste una sonrisa a Taylor, y éste prácticamente te cogió en volandas.
Y acto seguido tu y Taylor conducían ya a un ruidoso y alborotador
grupo a la zona de aparcamiento, donde todos se amontonaron en coches.
Y luego Taylor bajó la capota de su descapotable y te introdujiste en el
coche, con Dick y una chica llamada Chelsea Staud apretujándose en el
asiento trasero.
—¡_____! —gritó alguien, muy lejos, desde la entrada iluminada de la
escuela.
—Conduce —le dijiste a Taylor quitándose la diadema, y el motor se puso en
marcha.
Arrancaron dejando las marcas de los neumáticos en el suelo del
aparcamiento, y el frío viento nocturno azotó tu rostro.


ok bye
mañana el sig. Razz
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 2nd 2009, 22:02

wii!! esperare hasta mañana

no xq tenia la imprecion de mandy era un vampiro XD

sigueeeeeeeeeeeeeeee
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ivethm
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 3rd 2009, 14:01

quiro cap
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Jullita
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 3rd 2009, 21:55

Lo ameeeeeeee,.., lo ameeee demasiiadooO!

porfavor siguelaaa.a,.


me encantoooooooo!!
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Aby Jonas
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 3rd 2009, 22:21

hola chicas alien sorry la tradansa Laughing pero pss tenia q editar el cap
ademas de promocionar la nove cheers
hehe ala ya va empesar lo bueno affraid affraid affraid
y todo despues d este cap tongue tongue
es asi bn desisivo Baila Baila Baila
ok aki el cap espero les guste scratch scratch ^^ ^^ scratch Mmm Mmm

Capítulo 7
Selena estaba en la pista de baile con los ojos cerrados, dejando que la
música fluyera a través de ella. Cuando los abrió un instante, Demi le
hacía señas desde un lateral. Selena alzó la barbilla con rebeldía, pero
puesto que las señas de Demi se hacían más insistentes, alzó los ojos
hacia David y obedeció. David la acompañó.
Paul y Trace estaban detrás de Demi. Paul tenía el entrecejo fruncido.
Trace aparecía incómodo.
—________ acaba de irse —dijo Demi.
—Es un país libre —repuso Selena.
—Se fue con Taylor Smallwood —indicó Demi—. Paul, ¿estás seguro
de no haber oído adonde iban?
Paul negó con la cabeza.
—Se merece lo que le suceda..., pero también es culpa mía —dijo con
voz sombría—. Deberíamos ir tras ella.
—¿Abandonar el baile? —exclamó Selena, y miró a Demi, que
articuló las palabras «lo prometiste»—. No me lo puedo creer —masculló
con ferocidad.
—No sé cómo la encontraremos —observó Demi—, pero tenemos
que intentarlo. —Luego añadió, con una voz extrañamente titubeante—.
Selena, tú no tendrás una idea de dónde está, ¿verdad?
—¿Qué? No, claro que no. He estado bailando. ¿Habéis oído hablar de
eso, verdad, lo que uno hace en un baile?
—Tú y Dav quedaos aquí —le dijo Paul a Trace—. Si regresa, decidle que
hemos ido a buscarla.
—Y si vamos a hacerlo, será mejor salir ahora —terció Selena de mala
gana.
Dio media vuelta y chocó inmediatamente con una americana oscura.
—Vaya, perdona —dijo bruscamente, alzando los ojos y encontrándose
con Nicholas Jonas.
El muchacho no dijo nada mientras ella, Demi y Paul se dirigían
hacia la puerta, dejando a unos David y Trace de aspecto desdichado tras
ellos.
Las estrellas se veían lejanas y brillantes como el hielo en el cielo sin
nubes. Te sentías justo igual que ellas. Una parte de ti gritaba y
reía con Dick, Chelsea y Taylor por encima del rugido del viento, pero otra
parte observaba desde lejos.
Taylor aparcó a mitad de camino de la cima de la colina que conducía a la
iglesia en ruinas, dejando las luces encendidas cuando descendieron del
coche. Aunque había varios coches detrás de ellos cuando abandonaron la
escuela, parecían ser los únicos que habían conseguido recorrer todo el
trayecto hasta el cementerio.
Taylor abrió el maletero y sacó un paquete de seis cervezas.
—Más para nosotros.
Te Ofreció una cerveza, que negaste con la cabeza, intentando no
hacer caso de la sensación de náusea que notabas en la boca del
estómago. Sentías que era un error estar allí..., pero en modo alguno ibas a
reconocerlo ahora.
Ascendieron por la senda de losas, con las muchachas tambaleándose
en sus zapatos de tacón alto y apoyándose en los muchachos. Cuando
llegaron a lo alto, lanzaste una exclamación ahogada y Chels profirió
un gritito.
Algo enorme y rojo flotaba justo por encima del horizonte. tardaste
un momento en comprender que en realidad era la luna. Era tan grande e
irreal como una pieza de utilería en una película de ciencia ficción, y su
masa hinchada brillaba pálidamente con una luz malsana.
—Como una enorme calabaza podrida —dijo Taylor, y le lanzó una piedra.
Te obligaste a dedicarle una sonrisa radiante.
—¿Por qué no vamos adentro? —sugirió Chelsea, indicando con una mano
blanca el agujero vacío que era la entrada de la iglesia.
La mayor parte del tejado se había desplomado al interior, aunque el
campanario seguía intacto; una torre que se alargaba hacia el cielo muy
por encima de ustedes. Tres de las paredes seguían en pie, pero la cuarta
llegaba sólo a la altura de la rodilla. Había montones de cascotes por todas
partes.
Una luz llameó junto a tu mejilla, y te diste la vuelta,
sobresaltada, encontrándote con Taylor que sostenía un encendedor. El
muchacho sonrió de oreja a oreja, mostrando unos fuertes dientes
blancos, y dijo:
—¿Quieres usar mi encendedor?
Tu carcajada fue la más sonora, para ocultar tu desasosiego.
Tomaste el encendedor, usándolo para iluminar el sepulcro que había en el
lateral de la iglesia. No se parecía a ninguna otra tumba del cementerio,
aunque tu padre decía haber visto cosas parecidas en Inglaterra. Parecía
una enorme caja de piedra, lo bastante grande para dos personas, con dos
estatuas de mármol descansando sobre la tapa.
—Thomas Keeping Fell y Denisse Fell —dijo Taylor con un gesto
grandilocuente, como si los presentara—. Supuestamente, el viejo Thomas
fundó Fell's Church. Aunque en realidad los Smallwood también estaban
ahí por aquella época. El tatarabuelo de mi bisabuelo vivía en el valle junto
a Drowning Creek...
—... hasta que se lo comieron los lobos —intervino Dick, y echó la
cabeza hacia atrás imitando a un lobo. Luego eructó y Chelsea lanzó una
risita nerviosa. Una expresión de enojo cruzó las apuestas facciones de
Taylor, pero forzó una sonrisa.
—Thomas y Denisse están más bien pálidos —dijo Chelsea, todavía riendo
nerviosamente—, creo que lo que necesitan es un poco de color.
Sacó un pintalabios de su monedero y empezó a cubrir la boca de
mármol de la estatua de la mujer de ceroso color escarlata. sentiste un
nuevo ataque de náuseas. De niña siempre te habías sentido intimidada
por la dama y el hombre de aspecto serio que yacían con los ojos cerrados
y las manos cruzadas sobre sus pechos. Y después de que tus padres
murieran, los habías imaginado tendidos uno al lado del otro de aquel modo
en el cementerio. Pero sostuviste el encendedor mientras la otra muchacha
usaba el pintalabios para colocar un bigote y una nariz de payaso a
Thomas Fell.
Taylor los contemplaba.
—Oíd, ahí los tenéis tan elegantes y sin un lugar al que ir. —Colocó las
manos sobre el borde de la tapa de piedra, intentando moverla
lateralmente—. ¿Qué dices tú, Dick? ¿Quieres sacarlos a dar una vuelta
nocturna por la ciudad? ¿Digamos, justo por el centro de la ciudad?
«No», pensaste, horrorizada, mientras Dick lanzaba una carcajada y
Chelsea una serie de risotadas. Pero Dick estaba ya junto a Taylor,
apuntalándose y preparándose, con las palmas de las manos sobre la tapa
de piedra.
—A la de tres —dijo Taylor, y contó—: Uno, dos, tres.
Tus ojos estaban clavados en el horrible rostro de payaso de
Thomas Fell mientras los muchachos empujaban al frente y gruñían, con
los músculos a punto de estallar bajo la ropa. No consiguieron mover la
tapa ni un centímetro.
—La maldita cosa debe de estar sujeta de algún modo —dijo Taylor con
enojo, apartándose.
sentiste que se te doblaban las piernas de alivio. Intentando parecer
indiferente, te apoyaste en la tapa de piedra de la tumba para sostenerte... Y
entonces fue cuando sucedió.
Escuchaste un chirriar de piedra y notaste que la tapa se movía bajo tu mano
izquierda al instante. Se alejaba de ti, haciéndote perder el equilibrio. El
encendedor salió volando, y gritaste y volviste a gritar, intentando
mantenerte en pie. Caías a la tumba abierta, y un viento helado rugía a tu
alrededor. En tus oídos sonaron chillidos.
Y entonces te encontraste fuera y la luz de la luna brillaba lo suficiente
para que pudieras ver a los demás. Taylor te sujetaba. Miraste a tu alrededor
enloquecida.
—¿Estás chiflada? ¿Qué ha sucedido? —Taylor empezó a zarandearte.
—¡Se ha movido! ¡La tapa se ha movido! Se ha deslizado a un lado y...
no sé... casi caigo dentro. Hacía frío...
Los muchachos se echaron a reír.
—A la pobre criatura le dio el tembleque —dijo Taylor—. Vamos, amigo
Dick, lo comprobaremos.
—Taylor, no...
Pero entraron de todos modos. Chels se quedó en la entrada, mientras
Tu temblabas. Al poco, Taylor le hizo señas desde la puerta para que te
Acercaras.
—Mira —dijo cuando volviste a entrar a regañadientes; el muchacho
había recuperado el encendedor y lo sostuvo por encima del pecho de
mármol de Thomas Fell—. Todavía encaja, está aquí la mar de quietecita.
¿Lo ves?
contemplaste con asombro la perfecta alineación de tapa y sepulcro.
—Se ha movido. He estado a punto de caer dentro...
—Desde luego, lo que tu digas, nena.
Taylor te rodeó con sus brazos, sujetándote contra él de espaldas.
Miraste más allá y viste a Dick y a Chelsea en una posición muy parecida, sólo
que Chelsea, con los ojos cerrados, parecía estar disfrutando. Taylor restregó
el poderoso mentón por sus cabellos.
—Me gustaría regresar al baile ahora —dijiste en tono categórico.
Hubo una pausa en la fricción. Luego Taylor suspiró y dijo:
—Claro, nena. —Miró a Dick y a Chelsea—. ¿Y vosotros dos?
Dick sonrió ampliamente.
—Nos quedaremos aquí un ratito.
Chelsea lanzó una risita con los ojos todavía cerrados.
—De acuerdo.
Te preguntaste cómo regresarían, pero permitiste que Taylor te
condujera afuera. Una vez en el exterior, no obstante, el muchacho se
detuvo.
—No puedo dejarte marchar sin que eches un vistazo a la lápida de mi
abuelo —dijo—. Anda, vamos, _______ —insistió cuando tu empezaste a
protestar—, no hieras mis sentimientos. Tienes que verla, es el orgullo y la
alegría de la familia.
Te obligaste a sonreír, aunque sentías el estómago helado. A lo mejor,
si le seguías la corriente, te sacaría de aquel lugar.
—De acuerdo —dijiste, y empezaste a andar hacia el cementerio.
—Por ahí no. Es por aquí.
Y al minuto siguiente te conducía hacia abajo en dirección al viejo
cementerio.
—No pasa nada, de verdad, no está lejos del sendero. Mira, ahí, ¿ves? —
e indicó algo que brillaba a la luz de la luna.
Lanzaste una exclamación, sintiendo el corazón en un puño. Parecía
una persona allí de pie, un gigante con una cabeza redonda y calva. Y no
le gustaba estar allí en absoluto, entre las desgastadas e inclinadas
lápidas de granito de siglos pasados. La brillante luz de la luna proyectaba
sombras extrañas, y había charcos de oscuridad impenetrable por todas
partes.
—No es más que la bola de la parte superior. Nada de lo que tener
miedo —dijo Tyler, arrastrándola con él fuera del sendero y hacia la
brillante lápida.
Estaba hecha de mármol rojo, y la enorme esfera que la coronaba te
recordó la abotargada luna del horizonte; una luna que en aquellos
momentos brillaba sobre ellos, tan blanca como las manos de Thomas Fell.
no pudiste contener tus escalofríos.
—La pobre nena tiene frío. Tendremos que calentarla —dijo Taylor.
intentaste apartarle, pero él era demasiado fuerte y te rodeó con los
brazos, atrayéndote hacia sí.
—Taylor, quiero irme; quiero irme ahora mismo...
—Claro, nena, nos iremos —dijo él—. Pero primero tenemos que
calentarte. ¡Caramba, estás helada!
—Taylor, para —instaste.
Los brazos del muchacho a tu alrededor habían sido simplemente
molestos, limitando tus movimientos, pero en aquel momento, con una
sensación de sobresalto, sentiste sus manos en tu cuerpo, tanteando en
busca de carne desnuda.
no habías estado nunca en tu vida en una situación como aquélla,
muy lejos de cualquier ayuda. Dirigiste un afilado tacón al empeine del
chico, pero él lo esquivó.
—Taylor, quítame las manos de encima.
—Vamos, __________, no seas así, sólo quiero calentarte todo el cuerpo...
—Taylor, suéltame —le espetaste con voz ahogada.
Intentaste desacerté de él. Taylor dio un traspié, y entonces todo su peso
cayó sobre ti, aplastándote contra la maraña de hiedra y maleza del
suelo. estabas desesperada.
—Te mataré, Taylor. Lo digo en serio. Sal de encima.
De manera patosa y descoordinada, Taylor intentó echarse a un lado,
riendo estúpidamente.
—¡Ah!, vamos, _____, no seas tonta. Sólo te estaba calentando. ________ la
princesa de hielo, calentándose... Estás más caliente ahora, ¿verdad?
Entonces sentiste tu boca caliente y húmeda sobre el rostro. Seguías
inmovilizada por él, y sus empalagosos besos descendían por tu garganta.
Oyó ropa que se desgarraba.
—¡Uy! —farfulló Taylor—. Lo siento.
torciste la cabeza y tu boca encontró la mano de Taylor, que te
acariciaba torpemente la mejilla. La mordiste, hundiendo los dientes en la
carnosa palma. Mordiste con fuerza, sintiendo el sabor de la sangre
mientras escuchabas el alarido de dolor del muchacho. La mano se apartó
violentamente.
—¡Eh! ¡Dije que lo lamentaba!
Taylor contempló ofendido la mano herida. Entonces su cara se
ensombreció, mientras, sin dejar de mirarte fijamente, la cerraba con
virtiéndola en un puño.
«Ya está —pensaste con una tranquilidad de pesadilla—. O bien me
va a dejar sin sentido o me matará.» Se preparó para el golpe.
Nicholas se había resistido a entrar en el cementerio; todo en su interior
había gritado en contra. La última vez que había estado allí había sido la
noche del anciano.
El horror se removió en sus tripas otra vez al recordarlo. Habría jurado
que no había desangrado al hombre que vivía bajo el puente, que no había
tomado sangre suficiente como para lastimarlo. Pero todo aquella noche
tras la oleada de Poder estaba embrollado, confuso. Si es que había
existido una oleada de Poder después de todo. Quizá había sido su propia
imaginación o incluso la había provocado él. Podían suceder cosas
extrañas cuando la necesidad se descontrolaba.
Cerró los ojos. Cuando se enteró de que el anciano estaba hospitalizado,
a las puertas de la muerte, la conmoción fue inenarrable. ¿Cómo había
podido ser capaz de descontrolarse de aquel modo? Hasta matar, casi,
cuando no había matado desde...
No iba a permitirse pensar en eso.
En aquel momento, de pie frente a la verja del cementerio en la
oscuridad de la medianoche, lo que más deseaba era dar media vuelta y
marchar. Regresar al baile donde había dejado a Miley, aquella criatura
cimbreante y bronceada por el sol que estaba totalmente a salvo porque
no significaba absolutamente nada para él.
Pero no podía regresar, porque tu estabas en el cementerio. Te
percibía, y percibía tu creciente angustia. Tu estabas en el cementerio y
en apuros, y él tenía que encontrarte.
Estaba a mitad de camino colina arriba cuando tuvo un mareo. Le hizo
tambalearse mientras seguía avanzando penosamente en dirección a la
iglesia porque era la única cosa en la que podía concentrar la mirada.
Oleadas grises de niebla barrían su cerebro, y luchó por seguir
moviéndose. Débil, se sentía tan débil... E impotente ante el poder
absoluto de aquel vértigo.
Necesitaba... llegar hasta ti. Pero estaba débil. No podía estar...
débil... si tenía que ayudarte. Necesitaba...
La cavidad que era la puerta de la iglesia apareció ante él.
viste la luna sobre el hombro izquierdo de Taylor. Resultaba
extrañamente apropiado que fuera a ser la última cosa que vieras, te dijiste.
El grito había quedado atrapado en tu garganta, sofocado por el miedo.
Y entonces algo levantó a Taylor y lo arrojó contra la lápida de su abuelo.
Eso fue lo que te pareció, rodaste a un lado, sin aliento,
sujetando con una mano el vestido desgarrado mientras la otra buscaba a
tientas un arma.
No la necesitó. Algo se movió en la oscuridad, y viste a la persona que te
había sacado a Taylor de encima. Nicholas Jonas. Pero era un Nicholas que
no habías visto nunca, aquel rostro de facciones elegantes estaba lívido y
enfurecido, y había una luz asesina en aquellos ojos Cafes. Sin siquiera
moverse, Nicholas emanaba tal cólera y amenaza que descubriste que
sentías más miedo de él del que habías sentido de Taylor.
—La primera vez que te vi, supe que jamás aprenderías buenos modales
—dijo Nicholas.
La voz del joven era baja, fría y suave, y en cierto modo hizo que te sintieraa mareada. No podías dejar de mirarle mientras él avanzaba hacia
Taylor, que meneaba la cabeza, aturdido, y empezaba a incorporarse.
Nicholas se movía como un bailarín, cada movimiento natural y controlado
con precisión.
—Pero no tenía ni idea de que tu carácter estuviera tan poco desarrollado.
Golpeó a Tyler. El muchacho, que era más grande que él, había estado
alargando una mano carnosa, y Nicholas le golpeó casi con despreocupación
en un lado del rostro, antes de que la mano estableciera contacto.
Taylor salió volando contra otra lápida. Se puso en pie gateando y se
quedó allí quieto, jadeando, con los ojos en blanco. viste descender un
hilillo de sangre de su nariz. Entonces Taylor cargó.
—Un caballero no impone su compañía a nadie —dijo Nicholas, y lo
derribó a un lado.
Taylor volvió a caer despatarrado al suelo, boca abajo sobre la maleza y
los brezos. En esa ocasión fue más lento en incorporarse y manaba sangre
de sus dos orificios nasales y de la boca. Resoplaba como un caballo
asustado cuando se arrojó sobre Nicholas.
Este agarró la parte frontal de la chaqueta de Taylor, haciendo que los
dos giraran en redondo y absorbiendo el impacto de la violenta embestida.
Zarandeó a Taylor dos veces, con fuerza, mientras aquellos puños
rechonchos giraban como molinillos a su alrededor, sin poder asestarle un
puñetazo. Luego dejó caer al muchacho.
—No se insulta a una señora —siguió.
El rostro de Taylor estaba contraído, tenía los ojos en blanco, pero intentó
agarrar la pierna de Nicholas. Este le puso en pie de un tirón y volvió a
zarandearlo; Taylor se quedó flácido como un muñeco de trapo, con los ojos
en blanco. Nicholas siguió hablando, sosteniendo el pesado cuerpo en
posición vertical y recalcando cada palabra con un zarandeo capaz de
dislocar todos los huesos.
—Y, por encima de todo, no se le hace daño...
—¡Nicholas! —gritaste.
La cabeza de Taylor se movía violentamente adelante y atrás con cada
sacudida, y tu estabas asustada de lo que veías; asustada de lo que Nicholas
pudiera hacer. Y asustada por encima de todo de la voz de Nicholas, aquella
voz fría que era como un estoque en danza, hermoso y mortífero y
totalmente implacable.
—Nicholas, para.
El joven giró violentamente la cabeza hacia ti, sobresaltado, como si
hubiese olvidado tu presencia. Por un momento te miró sin reconocerte,
los ojos negros a la luz de la luna, y pensaste en algún depredador, en
alguna ave enorme o un carnívoro de piel lustrosa incapaz de sentir
emociones humanas. Luego la comprensión apareció en su rostro y parte
de la oscuridad desapareció de la mirada.
Bajó los ojos hacia la cabeza colgante de Taylor y a continuación lo
depositó con cuidado contra la lápida de mármol rojo. Las rodillas del
muchacho se doblaron y resbaló a lo largo de su superficie, pero, con gran
alivio por parte de tuya, sus ojos se abrieron; al menos el izquierdo lo
hizo. El derecho se estaba hinchando hasta convertirse en una mera
rendija.
—Estará bien —dijo Nicholas vagamente.
Al desaparecer tu miedo, te sentiste vacía. «La conmoción —pensaste
—. Padezco una conmoción. Probablemente empezaré a chillar como una
histérica en cualquier momento.»
—¿Hay alguien que pueda llevarte a casa? —inquirió Nicholas, todavía con
aquella voz espeluznantemente amortiguada.
Pensaste en Dick y Vickie, haciendo Dios sabía qué junto a la estatua
de Thomas Fell.
—No —respondiste.
Tu cerebro empezaba a funcionar otra vez, a reparar en las cosas a tu
alrededor. El vestido violeta estaba desgarrado a lo largo de la parte
delantera; estaba destrozado. Mecánicamente, lo cerraste sobre tu sujetador.
—Te llevaré yo —dijo Nicholas.
Incluso a través del aturdimiento, te estremeciste de miedo por un
instante. Te miró, una figura extrañamente elegante en medio de las
tumbas, el rostro pálido a la luz de la luna. Jamás te había parecido tan...
tan bello, pero aquella belleza era casi foránea. No sólo extranjera, sino
inhumana, porque ningún humano podía proyectar aquella aura de poder,
o de distancia.
—Gracias, eres muy amable —respondiste despacio; no podías hacer
otra cosa.
Dejaron a Taylor incorporándose penosamente junto a la tumba de su
antepasado. sentiste otro escalofrío cuando llegaron al sendero y
Nicholas giró en dirección al puente Wickery.
—He dejado mi coche en la casa de huéspedes —dijo—. Éste es el
camino más rápido que tenemos para regresar.
—¿Has venido por aquí?
—No; no he cruzado el puente. Pero no pasará nada.
le creiste. Pálido y silencioso, el muchacho anduvo junto a ti sin
tocarte, excepto cuando se quitó la americana para colocártela sobre los
hombros desnudos. Te sentías curiosamente segura de que Nicholas mataría
a cualquiera que intentara meterse contigo.
El puente Wickery aparecía blanco bajo la luz de la luna, y por debajo las
aguas heladas se arremolinaban sobre antiguas rocas. Todo el mundo
estaba quieto, hermoso y frío mientras pasaban bajo los robles en
dirección a la estrecha carretera rural.
Dejaron atrás pastos vallados y campos oscuros hasta alcanzar un largo
camino curvo. La casa de huéspedes era un edificio enorme de ladrillo rojo
óxido fabricado con la arcilla del lugar y estaba flanqueada por cedros y
arces antiquísimos. Todas las ventanas excepto una estaban a oscuras.
Nicholas abrió con la llave una de las puertas dobles y entraron en un
pequeño vestíbulo, con un tramo de escaleras directamente frente a ustedes.
El pasamanos, igual que las puertas, era de auténtico roble claro, tan
pulido que parecía refulgir.
Subieron la escalera hasta el rellano de un segundo piso que estaba
pobremente iluminado. Ante tu sorpresa, Nicholas te condujo al
interior de uno de los dormitorios y abrió lo que parecía la puerta de un
armario. A través de ella distinguió una escalera muy estrecha y
empinada.
Qué lugar más extraño, te dijiste, con aquella escalera secreta enterrada
en el corazón de la casa, adonde no podía llegar ningún sonido del
exterior. Alcanzaste lo alto de las escaleras y penetraste en una gran habitación que constituía todo el tercer piso de la casa.
Estaba casi tan pobremente iluminada como la escalera, pero pudiste ver el manchado suelo de madera y las vigas al descubierto en el techo inclinado. Había ventanales en todos los lados, y muchos baúles desperdigados entre unas cuantas piezas de mobiliario de madera maciza.
Advertiste que él te observaba.
—¿Hay algún cuarto de baño donde...?
Nicholas te indicó con la cabeza una puerta. te quitaste la americana, se
la tendiste sin mirarle y entraste.


si si si yo se q puedo contar con ustedes Julita e Ivethem ustedes siempre comentan y creo q ay fantasmas No No
y no comentan Sad Sad Sad Crying or Very sad Crying or Very sad Crying or Very sad pero nsp q yo siempre subire cap todos los dias de lunes a viernes y uno el sabado o domingo con opcion a maaraton geek albino
ok ya me voy grax a mis fieles lectoras Love! Love! Love! Ivethem y julita pronto tendran un maraton dedicado a ustedes Lool Lool Lool Lool
bye bsoss desd d mx I love you I love you
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 4th 2009, 09:46

OoLaa,. ai q Lindaaaaa..
JAJAJAJJAA SI SI SISISIISISIISISI, SIguelaaa, asuiq siempre apoyandoteee.

Los demas no saben de lo q se perden, es una novela totalmete difrente.

Me encanto el cap, pero no entiendo porq nick t llevo a si casa ;D
jajajajaja bueh no me molestaa, pero quisiera saberloo! =P

Por otra parteee, me encantariia un maratoon!! WWIIIII Very Happy

Grax por el cap, espero subas uno prontoooooooooooooooooooooooooooooooo!!!

ah! Te ayudo con lo de twitter ,. pero necesiito algo donde pueda mostrarte como manejarlo.

te quiero hacer una imagen y señalarte para q sirve cada cosa, y como puedes hablar con los demas,,. oki? Bueno pues cuidateee y Mil GRAX POR LA NOVEEEE.

BESOSSSSSS
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 4th 2009, 11:14

see!! es muy buena!! sigue sigue! me encanto!!
dale dale dale dale dale!!
y si es frustrante cuando no postean pero hay que saber que no siempre las laectoras pueden recienme acostumbro a eso!! jeejjeje pero tengo muy buenas lectoras y tu tienes la misma que yo!! la JULLITA!! jejjejjeje

sigueeeeeeeeeeee!!
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 4th 2009, 20:55

siiii quiero maraton!!!
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 4th 2009, 22:36

JAJAJAJJAA,. SIII ALE ESCRIBE BELLO TABIIEN, ESCRIBES DOS NOVES HERMOSAS.!! ;D

SUBEEE MÁS CAPITULOS ´PLEASE.!

PORFAVORRR..!!

BESOS Very Happy
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 4th 2009, 22:37

M A R A T O N Very Happy
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 5th 2009, 02:51

Ahhhhhhhhhh me encanta tu nove!!!!!!!!!!!!!!

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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 5th 2009, 02:52

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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 5th 2009, 02:52

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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 5th 2009, 10:41

Que Lindo ,. Ya Hay Más Lectoras,. Sad Cool

JAJJAJJAJJAJAJA Q BIIEN, HASTA Q PORFIN REACCIONAN Y SE DAN CUENTA DE LA NOVE TAN MARAVILLOSA Q NOS SUBES.-!!

SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA,.!! What a Face
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 5th 2009, 13:10

si jeje sta buena la adaptacion.... aki tienes otro apoyo... siguela
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 5th 2009, 17:06

SIGUELAA POR FAVOR.!! Sad Very Happy
JAJJAJAA PORFAVORR.!!
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 6th 2009, 00:31

Porfavoorr... Necesito Saber q pasa Con Nick,.!

Me Mueroooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Noviembre 6th 2009, 20:50

Hello girlds sorry por no poner cap Sad y po que no va a haber maraton este find Sad
estoy enferma Sad y me siento mal pero queria cumplisrles y aqui esta el esperado cap 8
grax por comentar ojala y lo sigan asiendo TODAS plis me encanta saber su opinio
ok aki el cap Razz

Capítulo 8
Entraste en el baño aturdida y vagamente agradecida. Saliste enojada.
No estabas muy segura de cómo había tenido lugar la transformación;
pero en algún momento mientras te lavabas los arañazos del rostro y los
brazos, irritada por la falta de un espejo y el hecho de haberte dejado el
monedero en el descapotable de Taylor, empezaste a sentir otra vez. Y lo que
sentiste fue ira.
Maldito Nicholas Jonas. Tan frío y controlado incluso mientras te
salvaba la vida. Maldita su educación y su galantería y los malditos muros
de su alrededor que parecían más gruesos y altos que nunca.
Te quitaste los pasadores que quedaban en tu pelo y los usaste para
mantener cerrada la parte delantera del vestido. Luego te arreglaste
rápidamente los cabellos, ahora sueltos, con un peine de hueso tallado
que encontraste junto al lavamanos. Saliste del cuarto de baño con la barbilla
bien alta y los ojos entrecerrados.
Él no se había vuelto a poner la americana y permanecía de pie junto a
la ventana con su suéter blanco y la cabeza inclinada, tenso, aguardando.
Sin alzar la cabeza, indicó una pieza de terciopelo oscuro colocada sobre el
respaldo de una silla.
—Tal vez quieras ponerte esto sobre el vestido.
Era una capa de cuerpo entero, espléndida y suave, con una capucha.
Te colocaste la pesada tela sobre los hombros. Pero no te sentiste
aplacada por el obsequio; advertiste que Nicholas no se había acercado para
nada, ni tampoco te había mirado mientras hablaba.
Deliberadamente, invadiste su territorio, envolviéndote más en la capa y
sintiendo, incluso en aquel momento, el modo en que los pliegues caían a
tu alrededor, arrastrándose por el suelo tras de ti. Fuste hacia él y efectuaste un examen del pesado tocador de caoba situado junto a la ventana.
Sobre él descansaban una daga siniestra con empuñadura de marfil y
una hermosa copa de ágata engarzada en plata. También había una esfera
dorada con una especie de dial incrustado y varias monedas sueltas de
oro.
Tomaste una de las monedas, en parte porque eran interesantes y en parte
porque sabías que a él le molestaría verte tocar sus cosas.
—¿Qué es esto?
Transcurrió un momento antes de que Nicholas respondiera.
—Un florín de oro. Una moneda florentina.
—¿Y esto qué es?
—Un reloj alemán en forma de colgante. Es de finales del siglo XV —dijo
en tono angustiado, y añadió—: _______...
Alargaste la mano hacia un pequeño cofre de hierro con una tapa con
bisagras.
—¿Qué es esto? ¿Se abre?
—No.
Tenía los reflejos de un gato; su mano descendió violentamente sobre el
cofre, manteniendo la tapa bajada.
—Esto es personal —dijo con la tensión muy patente en la voz.
Reparaste en que la mano estaba en contacto sólo con la curvada
tapa de hierro y no con tu propia mano. Alzaste los dedos, y él retrocedió al
momento.
De improviso, tu enojo fue demasiado grande para contenerlo por más
tiempo.
—Ten cuidado —dijiste con ferocidad—. No me toques, que a lo mejor
pescas una enfermedad.
Nicholas se apartó en dirección a la ventana.
Y sin embargo, incluso mientras tu te apartabas también, regresando al
centro de la habitación, percibiste cómo él observaba tu reflejo. Y supiste de
inmediato qué debía parecerle a él, con los cabellos pálidos derramándose
sobre la negrura de la capa y con una mano blanca sujetando el terciopelo
cerrado a la altura de la garganta: una princesa mancillada dando vueltas
en su torre.
Echaste la cabeza hacia atrás todo lo que pudiste para contemplar la
trampilla del techo y escuchaste una suave y clara inhalación. Cuando volviste
la cabeza, la mirada de él estaba fija en tu garganta, que había quedado
al descubierto; la expresión de sus ojos te confundió. Pero al cabo de un
instante el rostro se endureció, excluyéndote.
—Creo —dijo— que será mejor que te lleve a casa.
En ese instante deseaste hacerle daño, hacerle sentir tan mal como él te
hacía sentir a ti. Pero también querías la verdad. Estabas cansada de
aquel juego, cansada de intrigar y conspirar e intentar leer la mente de
Nicholas Jonas. Fue aterrador y a la vez un maravilloso alivio escuchar su
propia voz pronunciando las palabras que habías pensado durante tanto
tiempo.
—¿Por qué me odias?
Te miró sorprendido, y por un momento no pareció capaz de encontrar
palabras. Luego dijo:
—No te odio.
—Sí lo haces —replicaste—. Sé que no... no es de buena educación
decirlo, pero no me importa. Sé que debería estarte agradecida por
salvarme esta noche, pero tampoco me importa. No te pedí que me
salvaras. Para empezar, ni siquiera sé por qué estabas en el cementerio. Y,
desde luego, no comprendo por qué lo hiciste, teniendo en cuenta lo que
sientes respecto a mí.
Él negaba con la cabeza, pero su voz era baja.
—No te odio.
—Ya desde el principio me has evitado como si yo fuera... fuera alguna
especie de leprosa. Intenté ser simpática contigo, y me lo echaste en cara.
¿Es eso lo que hace un caballero cuando alguien intenta darle la
bienvenida?
Él intentaba decir algo, pero tu seguiste imparable, sin prestarle
atención.
—Me desairaste en público una y otra vez; me has humillado en la
escuela. No estarías hablando conmigo ahora si no se hubiera tratado de
una cuestión de vida o muerte. ¿Es eso lo que hace falta para sacarte una
palabra? ¿Es necesario que alguien esté a punto de ser asesinado?
»E incluso ahora —proseguiste con amargura— no quieres ni que me
acerque a ti. ¿Qué te sucede, Nicholas Jonas, para que tengas que vivir
así? ¿Para que tengas que alzar muros ante la gente para mantenerla
fuera? ¿Para que no puedas confiar en nadie? ¿Qué es lo que te pasa?
Él permaneció callado ahora, con el rostro desviado. aspiraste
profundamente y luego erguiste los hombros, alzando la cabeza incluso a
pesar de que tenías los ojos doloridos y ardiendo.
—¿Y qué hay de malo en mí —añadiste en voz más sosegada— para que
seas incapaz de mirarme siquiera, pero puedas dejar que Miley Cyrus
se desviva por ti? Tengo derecho a saber esto, al menos. No volveré a
molestarte jamás, ni siquiera te hablaré en el instituto, pero quiero saber
la verdad antes de irme. ¿Por qué me odias tanto, Nicholas?
Lentamente, el muchacho se volvió y alzó la cabeza. Sus ojos estaban
sombríos, sin vida, y algo se retorció en ti ante el dolor que viste en su
rostro.
Nicholas apenas podía mantener su voz bajo control. pudiste oír el
esfuerzo que le costaba hablar con serenidad.
—Sí —dijo—; creo que tienes derecho a saberlo, __________.
Los ojos del chico se fijaron en los tuyos, devolviéndote la mirada
directamente, y pensaste: «¿Tan malo es?».
—No te odio —continuó él, pronunciando cada palabra con cuidado, con
claridad—. No te he odiado nunca. Pero tú... me recuerdas a alguien.
Te sentiste desconcertada. Fuera lo que fuera lo que habías esperado,
no era eso.
—¿Te recuerdo a otra persona que conoces?
—A alguien que conocí —respondió él en voz baja—. Pero —añadió
despacio, como descifrando algo por sí mismo— no eres como ella
realmente. Se parecía a ti, pero era frágil, delicada y vulnerable. Tanto
interior como exteriormente.
—Y yo no lo soy.
El muchacho emitió un sonido que podría haber sido una carcajada de
haber habido algo de humor en él.
—No. Tú eres una luchadora. Tú eres... tú misma.
permaneciste en silencio un momento. No podías prolongar tu enojo
viendo el dolor que había en el rostro de Nicholas Jonas.
—¿Estabas muy unido a ella?
—Sí.
—¿Qué sucedió?
Hubo una larga pausa, tan larga que pensaste que no iba a
responderte. Pero por fin dijo:
—Murió.
soltaste aire trémulamente. Lo que quedaba de tu enojo se dobló
sobre sí mismo y te abandonó.
—Eso debió de dolerte horriblemente —dijiste en voz baja, pensando en la
lápida blanca de los ________ (tu apellido)que se alzaba entre la hierba
—. Lo siento mucho.
Él no dijo nada. Su rostro se había vuelto a cerrar y parecía mirar algo a
lo lejos, algo terrible y desgarrador que sólo él podía ver. Pero no había
únicamente pesar en su expresión. A través de los muros, a través de todo
su tembloroso control, pudiste ver la expresión torturada de una culpa y
soledad insoportables. Una expresión tan perdida y angustiada que ya se
había colocado junto a él antes de darse cuenta de lo que hacía.
—Nicholas —susurraste.
No pareció oírte; parecía ir a la deriva en su propio mundo de aflicción.
no pudiste evitar posar una mano sobre su brazo.
—Nicholas, sé lo que duele...
—No puedes saberlo —estalló él, toda su tranquilidad explotando en una
furia colérica.
Bajó la mirada hacia tu mano como si acabara de advertir que
estaba allí, como enfurecido por su desfachatez al tocarle. Los ojos cafes
estaban dilatados y oscuros cuando te apartó la mano violentamente,
alzando la suya para impedirte que volvieras a tocarle...
... y de algún modo, en lugar de ello, te sujetaba la mano, sus dedos
fuertemente entrelazados con los tuyos, aferrados como si se le fuera la
vida en ello. Bajó los ojos hacia sus manos juntas lleno de perplejidad.
Luego, despacio, su mirada se movió de sus dedos enlazados a tu rostro.
—_______... —musitó.
Y entonces ella la vio, vio la angustia haciendo añicos su mirada, como
si sencillamente él ya no pudiera luchar más. La derrota a medida que los
muros se desmoronaban por fin y veías lo que había debajo.
Y entonces, sin poderlo evitar, él inclinó la cabeza hacia tus labios.
—Espera..., para aquí —dijo Selena—. Me pareció ver algo.
El abollado Ford de Paul aminoró la marcha, acercándose lentamente al
borde de la carretera, donde zarzas y matorrales crecían tupidos. Algo
blanco centelleó allí, yendo hacia ellos.
—¡Oh, Dios mío! —dijo Demi—. Es Chelsea Staud.
La joven apareció dando traspiés en la trayectoria de los faros y se
quedó allí, tambaleante, mientras Paul frenaba en seco. Los cabellos
castaño claro de la muchacha estaban enmarañados y desaliñados, y los
ojos miraban vidriosos en un rostro tiznado y sucio de tierra. Llevaba
puesta únicamente su ropa interior.
—Metedla en el coche —dijo Paul.
Demi abría ya la portezuela del coche. Saltó afuera y corrió al
encuentro de la aturdida muchacha.
—Chelsea, ¿estás bien? ¿Qué te ha sucedido?
Chelsea gimió, sin dejar de mirar directamente al frente. Luego pareció
ver de improviso a Demi y se aferró a ella, clavándole las uñas en los
brazos.
—Marchaos de aquí —dijo con los ojos llenos de desesperada intensidad,
la voz extraña y pastosa, como si tuviera algo en la boca—. Todos
vosotros... ¡marchaos de aquí! Ya viene.
—¿Quién viene? Chelsea, ¿dónde está ________?
—Marchaos ahora...
Demi miró carretera adelante y luego se llevó a la temblorosa
muchacha al coche.
—Te sacaremos de aquí —dijo—, pero tienes que decirnos qué ha
sucedido. Selena, dame tu chal. Está helada.
—Y herida —dijo Paul sombrío—. Parece en estado de choque o algo así.
La cuestión es, ¿dónde están los demás? Chelsea, ¿iba _______ contigo?
Chelsea sollozó, cubriéndose el rostro con las manos mientras Demi
colocaba el irisado chal de Selena alrededor de sus hombros.
—No..., Dick —dijo de un modo ininteligible; parecía como si hablar le
provocara dolor—. Estábamos en la iglesia..., fue horrible. Apareció... como
neblina todo alrededor. Neblina oscura. Y ojos. Vi sus ojos allí en la
oscuridad, ardiendo. Me quemaron...
—Delira —dijo Selena—. O está histérica, o como queráis llamarlo.
—Chelsea, por favor —dijo Paul, hablando despacio y con claridad—, sólo
dinos una cosa. ¿Dónde está ________? ¿Qué le sucedió?
—No lo sé —Chelsea alzó un rostro manchado de lágrimas hacia el cielo—.
Dick y yo... estábamos solos. Estábamos... y entonces de repente todo se
oscureció a nuestro alrededor. No podía correr. ______ dijo que la tumba se
había abierto. A lo mejor fue de ahí de donde salió. Fue horrible...
—Estaban en el cementerio, en la iglesia en ruinas —interpretó Demi
—. Y __________ estaba con ellos. Mirad esto.
Bajo la luz interior, todos vieron los profundos arañazos recientes que
descendían por el cuello de Chelsea hasta el corpiño de encaje de su
combinación.
—Parecen marcas de un animal —dijo Selena—. Como las marcas de las
zarpas de un gato, tal vez.
—No fue un gato lo que atacó a aquel viejo del puente —dijo Paul.
El muchacho estaba pálido, y los músculos de su mandíbula sobresalían.
Demi siguió la dirección de su mirada carretera adelante y luego
meneó la cabeza.
—Paul, tenemos que llevarla de vuelta primero. Tenemos que hacerlo —
dijo—. Escúchame, estoy tan preocupada por ______ como tú. Pero Chelsea
necesita un médico, y debemos avisar a la policía. No tenemos elección.
Debemos regresar.
Paul volvió a mirar fijamente la carretera durante otro prolongado
momento, luego soltó aire con un siseo. Cerrando la portezuela de golpe,
puso el coche en marcha y lo hizo girar, cada movimiento realizado con
violencia.
Durante todo el camino de vuelta a la ciudad, Chelsea no dejó de
gimotear.
Sentiste que los labios de Nicholas se encontraban con los tuyos.
Y... fue tan sencillo como eso. Todas las preguntas contestadas, todos los
temores enterrados, todas las dudas eliminadas.
Lo que sentías en aquellos momentos no era sólo deseo, sino una
ternura dolorosa y un amor tan fuerte que te hacía estremecerte. La
intensidad de tus sentimientos habría resultado aterradora, sólo que
estando con él nada podía asustarte.
Estabas en casa.
Aquí era donde pertenecías y lo habías encontrado por fin. Con Nicholas
estabas en casa.
El te apartó ligeramente y percibiste que temblaba.
—________—musito él sobre tus labios—. No podemos...
—Ya lo hemos hecho —susurraste, y volviéndolo a atraerle hacia ti.
Era casi como si pudieras oír los pensamientos de Nicholas, percibir sus
sentimientos. Placer y deseo corrían veloces entre ellos, conectándolos,
uniéndolos. Y percibiste también una fuente de emociones muy
profundas dentro de él. Él quería abrazarte eternamente, protegerte de
todo daño. Quería defenderte de cualquier mal que te amenazara. Quería
unir su vida a la tuya.
Sentiste la tierna presión de sus labios sobre los tuyos, y apenas fuiste
capaz de soportar la dulzura de todo ello. «Sí», pensaste. Las sensaciones
ondulaban a través de ti como olas en un estanque quieto y
transparente, y te sumergías en ellas, tanto en la alegría que percibías en
Nicholas como en el delicioso oleaje de respuesta que brotaba de ti
misma. El amor de Nicholas te bañaba, brillaba a través de ti, iluminando
cada punto oscuro en tu alma igual que el sol. Temblaste de placer, amor y
anhelo.
Él se apartó despacio, como si no pudiera soportar separarse de ti, y
se miraron mutuamente a los ojos con maravillada alegría.
No hablaron. No había necesidad de palabras. Él te acarició los cabellos,
con un roce tan leve que apenas lo sentiste, como si él temiera que la
muchacha pudiera quebrarse en sus manos. supiste entonces que no
había sido odio lo que le había hecho evitarte durante tanto tiempo. No, no
había sido odio en absoluto.
no tenías ni idea de lo tarde que era cuando descendieron en
silencio la escalera de la casa de huéspedes. En cualquier otro momento
te habrías sentido muy emocionada de entrar en el elegante coche negro
de Nicholas, pero esa noche apenas te diste cuenta. Él te mantuvo la mano
cogida mientras conducían por las calles desiertas.
Lo primero que viste cuando se acercaban a tu casa fue las luces.
—Es la policía —dijiste, recuperando la voz con cierta dificultad; resultaba
curioso hablar tras haber estado en silencio durante tanto rato—. Ése de la
entrada es el coche de Richart. Y ahí está el de Paul —indicaste; miraste a
Nicholas, y la paz que te había inundado pareció frágil de repente—. Me
pregunto qué ha sucedido. ¿No supondrás que Taylor ya les ha contado...?
—Ni siquiera Taylor sería tan estúpido —dijo Nick.
Paró detrás de uno de los coches de policía, y, de mala gana, soltaste
su mano de la de él. Deseaba con todo tu corazón que Nicholas y tu
pudieran estar a solas juntos, que nunca tuvieran necesidad de
enfrentarse al mundo.
Pero no se podía evitar. Ascendieron por el camino hasta la puerta, que
estaba abierta. Dentro, la casa estaba toda iluminada.
Al entrar, viste lo que parecían docenas de rostros vueltos hacia ti
y tuviste una repentina visión del aspecto que debías de tener, allí de pie
en la entrada con la envolvente capa de terciopelo negro y con Nicholas
Jonas a tu lado. Y entonces tía Melinda lanzó un grito y te rodeó con sus
brazos, zarandeándote y abrazándote al mismo tiempo.
—¡______! ¡Gracias a Dios que estás a salvo! Pero ¿dónde has estado? ¿Y
por qué no telefoneaste? ¿No te das cuenta de lo que nos has hecho pasar
a todos?
paseaste la mirada por la habitación llena de perplejidad. No
comprendías nada.
—Nos alegramos de tenerte de vuelta —dijo Richart.
—He estado en la casa de huéspedes con Nicholas —dijiste lentamente
—. Tía Melinda, éste es Nicholas Jonas; tiene una habitación alquilada allí.
Él me trajo.
—Gracias —dijo tía Melinda al chico por encima de tu cabeza.
Luego, retrocediendo para mirarte, dijo:
—Pero tu vestido, tus cabellos... ¿Qué sucedió?
—¿No lo sabéis? Entonces Taylor no os lo contó. Pero en ese caso, ¿por
qué está la policía aquí?
Te acercaste lentamente a Nicholas de un modo instintivo y sentiste
cómo él se aproximaba más para protegerte.
—Están aquí porque esta noche atacaron a Chelsea Staud en el
cementerio —dijo Paul.
Él, Sel y Demi estaban de pie detrás de tía Melinda y Richart, con
aspecto cansado; aliviados con tu aparición, pero también con
cara extraña.
—La encontramos hace unas dos o tres horas y te hemos estado
buscando desde entonces.
—¿Atacada? —dijiste, atónita—. ¿Atacada por quién?
—Nadie lo sabe —respondió Demi.
—Bueno, de todos modos, puede que no sea nada de lo que
preocuparse —indicó Richart consolador—. El doctor dijo que se ha llevado
un buen susto, y que había estado bebiendo. Todo ello podría haber sido
fruto de su imaginación.
—Esos arañazos no eran imaginarios —dijo Paul, cortés pero obstinado.
—¿Qué arañazos? ¿De qué estáis hablando? —inquiriste, paseando
la mirada de un rostro a otro.
—Yo te lo contaré —dijo Demi, y te explicó, sucintamente, cómo ella
y los demás habían encontrado a Chelsea—. No hacía más que decir que no
sabía dónde estabas, que estaba sola con Dick cuando sucedió. Y cuando
la trajimos de vuelta aquí, el doctor dijo que no encontraba nada
concluyente. No estaba realmente herida, excepto por los arañazos, y
podría haberlos hecho un gato.
—¿No había otras marcas en ella? —preguntó Nicholas en tono seco.
Era la primera vez que había hablado desde que entrara en la casa, y
le miraste, sorprendida por el tono de su voz.
—No —dijo Demi—. Desde luego, un gato no le arrancó las ropas...,
pero Dick podría haberlo hecho. Ah, y tenía la lengua mordida.
—¿Qué? —exclamaste.
—Un mordisco terrible, quiero decir. Debe de haber sangrado una
barbaridad, y le duele cuando habla.
Junto a ti, Nicholas se había quedado muy quieto.
—¿Dio alguna explicación sobre lo sucedido?
—Estaba histérica —indicó Paul—. Realmente histérica; lo que decía no
tenía ningún sentido. No hacía más que farfullar algo sobre ojos y neblina
oscura y no ser capaz de huir..., motivo por el cual el doctor piensa que
quizá fue una especie de alucinación. Pero, por lo que se ha podido
averiguar hasta el momento, los hechos son que ella y Dick Cárter estaban
en la iglesia en ruinas que hay junto al cementerio, que era alrededor de
medianoche, y que alguien entró allí y la atacó.
—No atacó a Dick —añadió Selena—, lo que al menos muestra que tenía
algo de buen gusto. La policía lo encontró inconsciente en el suelo de la
iglesia, y no recuerda nada en absoluto.
Pero apenas escuchaste las últimas palabras. Algo terrible le pasaba
a Nicholas. No podía decir cómo lo sabía, pero lo sabía. El muchacho se
había quedado rígido mientras Paul terminaba de hablar, y en aquellos
instantes, aunque no se había movido, tu sentías como si los separara una
distancia enorme, como si tu y él estuvieran en lados opuestos de un
témpano de hielo agrietado que se resquebrajaba.
El muchacho dijo, con aquella voz terriblemente controlada que le
habías escuchado ya antes en su habitación:
—¿En la iglesia, Paul?
—Sí, en la iglesia en ruinas —respondió él.
—¿Y estás seguro de que dijo que era medianoche?
—No podía afirmarlo, pero debió de ser aproximadamente por entonces.
La encontramos no mucho después. ¿Por qué?
Nicholas no dijo nada, y sentiste cómo el abismo entre ustedes se
ensanchaba.
—Nicholas —susurraste, y luego, en voz alta, dijiste con desesperación—:
Nicholas, ¿qué sucede?
El sacudió negativamente la cabeza. «No me dejes fuera», pensaste,
pero él ni siquiera te miró.
—¿Vivirá? —preguntó él súbitamente.
—El doctor dijo que no tenía nada grave —respondió Paul—. Nadie ha
sugerido siquiera que pudiera morir.
El gesto de asentimiento de Nicholas fue brusco; luego se volvió hacia ti.
—Tengo que irme —dijo—. Ahora estás a salvo.
le cogiste la mano cuando él se daba la vuelta.
—Claro que lo estoy —dijiste—. Gracias a ti.
—Sí —respondió él.
Pero no hubo reacción en sus ojos, que estaban entornados, sin brillo.
—Llámame mañana.
Le oprimiste la mano, intentando transmitir lo que sentías bajo el
escrutinio de todos aquellos ojos vigilantes. Deseaste que te comprendiera.
Él bajó la mirada a las manos de ambos sin mostrar la menor expresión,
luego, lentamente, volvió a subirla hacia ti. Y entonces, por fin, te
devolvió la presión de tus dedos.
—Sí, ___________ —musitó mientras sus ojos se aferraban a los tuyos.
Al minuto siguiente ya se había ido.
aspiraste profundamente y te volviste otra vez hacia la atestada
habitación. Tía Melinda seguía revoloteando a tu alrededor, con la mirada
fija en lo que podía verse del vestido desgarrado de su sobrina por debajo
de la capa.
—________ —dijo—, ¿qué sucedió?
Y sus ojos se dirigieron a la puerta por la que acababa de desaparecer
Nicholas.
Una especie de risa histérica ascendió vertiginosamente por tu garganta, y la contuviste.
—Nicholas no lo hizo —dijiste—. Él me salvó. —Sentiste que tu rostro se
endurecía y miraste al agente de policía situado detrás de tía Meinda—. Fue
Taylor. Taylor Smallwood...


byebye WinkWink pronto el cap 9
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MensajeTema: Re: el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)   Hoy a las 04:40

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el despertar del amor en la oscuridad(adaptacion) (Romantico-dramatico) (Nick, Joe y tu)
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