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 Fallen too Far [Joe]

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Lemoine
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MensajeTema: Fallen too Far [Joe]   Noviembre 3rd 2014, 14:46

Titulo: Fallen Too Far (Caer demasiado lejos)
Fecha de creación: Por la escritora no sé. Por mi 03/11/2014
Autora: Abbi Glines
Tipo de novela:
Hot.




Querer lo que se supone, no debes tener…

Solo tiene diecinueve años.

Es la hija de su nuevo padrastro.

Sigue siendo ingenua e inocente por pasar los últimos tres años cuidando de su madre enferma.

Pero sin embargo, para Joe Jonas de veinticuatro, ella es la única cosa que ha estado fuera de sus límites. El dinero de su famoso padre, la desesperación de su madre por ganar su amor, y su encanto son las tres razones por las que nunca se le ha dicho no.

Blaire Wynn dejo su pequeña granja en Alabama después de que su madre murió, para vivir con su padre y su nueva esposa en una casa en la playa en Florida. No esta preparada para el cambio de estilo de vida y sabe que nunca va a encajar en este mundo. Luego está su sexy hermanastro con quien su padre la deja durante el verano mientras él sale corriendo a París con su esposa. Joe es tan mimando como precioso. También se está metiendo bajo su piel. Sabe que él no es bueno para ella y que nunca le será fiel a nadie. Él es obsoleto y tiene secretos que Blaire sabe qué nunca podrá descubrir, pero aún sabiendo todo eso…

Puede que Blaire haya caído demasiado lejos.


Fallen Too Far #1
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Lemoine
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MensajeTema: Re: Fallen too Far [Joe]   Noviembre 4th 2014, 16:55

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Camionetas con lodo en los neumáticos era a lo que yo estaba acostumbrada a ver estacionadas afuera de una fiesta. No costosos automóviles extranjeros. Este lugar tenía por lo menos veinte de ellos cubriendo el largo camino de la entrada. Estacioné la camioneta Ford sobre la hierba para no bloquear la salida de nadie. Papá no me había dicho que habría una fiesta. En realidad, no me había dicho mucho.

Tampoco se presentó para el funeral de mi madre. Si no necesitara un lugar para vivir, no estaría aquí. Tuve que vender la casita que mi abuela nos había dejado para pagar las últimas facturas médicas de mamá. Todo lo que me quedaba era mi ropa y la camioneta. Llamar a mi padre, después de no haber venido ni una sola vez durante los tres años que mi madre batallo contra el cáncer, fue difícil. Sin embargo, era necesario; él era la única familia que me quedaba.

Me quedé mirando la enorme cada de tres pisos, la cual estaba sobre la arena blanca en Rosemary Beach, Florida. Este era el nuevo hogar de mi padre. Su nueva familia. Yo no iba a encajar aquí.

La puerta de la camioneta fue abierta de repente. Por instinto, metí la mano bajo el asiento y agarré mi nueve milímetros. La levanté y apunté directamente al intruso, sosteniéndola con ambas manos listas para jalar el gatillo.

–Guau… Iba a preguntar si estabas perdida, pero te diré lo que sea que quisieras para que guardes esa cosa. –Un chico con pelo marrón lanudo que caía detrás de sus orejas se encontraba en el otro lado de la pistola, con las dos manos en el aire y los ojos muy abiertos.

Levanté una ceja y sostuve mi pistola fijamente. Aún no sabía quién era este tipo. Abrir la puerta de la camioneta de un extraño no era manera común de presentarse. –No, no creo que estar perdida. ¿Es esta la casa de Abraham Wynn?

El chico tragó saliva nerviosamente. –Eh, no puedo pensar con esa cosa apuntándome a la cara. Me estás poniendo muy nervios, corazón. ¿Podrías ponerla abajo antes de que tengas un accidente?

¿Accidente? ¿En serio? Este tipo comenzaba a enfadarme. –No te conozco. Está oscuro afuera y estoy en un lugar desconocido, sola. Así que perdóname si no me siento muy segura en este momento. Puedes confiar en mí cuando te digo que no habrá ningún accidente. Puedo manejar un arma. Demasiado bien.

El chico no parecía creerme y ahora que lo miraba bien, realmente no parecía ser una amenaza. Sin embargo, yo no estaba lista para guardar la pistola.

–¿Abraham? –repitió lentamente comenzando a sacudir su cabeza y luego se detuvo–. Espera, Abe es el nuevo padrastro de Joe. Lo conocí antes de que él y Georgiana se fueran a París.

¿París? ¿Joe? ¿Qué? Esperé por una explicación, pero el tipo siguió mirando el arma y conteniendo la respiración. Manteniendo mis ojos en él, bajé el arma y puse el seguro antes de volverla a meter debajo de mi asiento. Tal vez con la pistola ya guardada el chico se enfocaría.

–¿Tienes un permiso para esa cosa? –preguntó con incredulidad.

No estaba de humor para hablar sobre mi permiso de portar armas. Necesitaba respuestas. –¿Abraham está en París? –pregunté, necesitando confirmación. Él sabía que yo iba a venir hoy. Hablamos la semana pasada después de que vendí la casa.

El tipo asintió con la cabeza y relajó su postura. –¿Lo conoces?

En realidad, no. Lo había visto dos veces desde que nos abandonó a mi madre y a mí hace cinco años. Recordaba al padre que iba a mis partidos de fútbol y hacía hamburguesas a la parrilla fuera de las fiestas del vecindario. El padre que tuve hasta el día que mi hermana gemela Valerie murió en un accidente automovilístico. Mi padre iba detrás del volante. Él cambio totalmente ese día. El hombre que no llamaba y se aseguraba de que yo estaba bien mientras cuidaba de mi madre enferma, a ése no lo conocía. Nada en lo absoluto.

–Soy su hija, Blaire.

Los ojos del tipo se abrieron y hecho su cabeza hacia atrás mientras reía. ¿Por que era tan gracioso? Esperé a que lo explicara cuando me tendió su mano. –Vamos, Blarie, tengo a alguien que necesitas conocer. A él le va a encantar esto.

Miré su mano y cogí mi bolso.

–¿También llevas un arma en el bolso? ¿Debo advertirles a todos que no te molesten? –El acento burlón en su voz me detuvo antes de decirle algo grosero.

–Abriste la puerta sin tocar. Me asusté.

–¿Tu reacción instantánea al asustarte es apuntar una pistola a alguien? Diablos, chica, ¿de dónde eres? La mayoría de las chicas que conozco gritan y alguna mierda de ese estilo.

La mayoría de las chicas que él conocía no se vieron obligadas a defenderse por sí solas durante los últimos tres años. Yo tenía que cuidar de mi madre, pero no tenía a nadie quien cuidara de mí. –Soy de Alabama –contesté, ignorando su mano y saliendo de la camioneta por mi cuenta.

La brisa del mar golpeó mi cara y el olor salado de la playa fue inconfundible. Nunca había visto la playa antes. Al menos no en persona. Sólo en fotos y películas. Pero el olor, era exactamente como yo lo esperaba.

–Así que es cierto lo que dicen de las chicas de Bama –reprendió y volví mi atención hacia él.

–¿A qué te refieres?

Sus ojos recorrieron mi cuerpo de abajo hacia arriba hasta llegar a mi cara. Una sonrisa se extendió lentamente por su rostro. –Jeans ajustados, camisetas son mangas, y una pistola. Rayos, he estado viviendo en el jodido Estado equivocado.

Poniendo mis ojos en blanco; metí la mano en la parte trasera de la camioneta. Tenía una maleta y algunas cajas que necesitaba dejar en Goodwill.

–Aquí, déjame eso a mí. –Pasó a mí alrededor y metió su mano en la caja de la camioneta para tomar la enorme maleta que mi mamá había mantenido guardada en su armario para el “viaje por carretera” que nunca pudo realizar. Ella siempre hablaba de cómo conduciríamos por todo el país y luego por la Costa Oeste. Entonces, ella enfermó.

Sacudiendo los recuerdos, me centré en el presente. –Gracias, eh… No creo que me hayas dicho tu nombre.

El tipo saco la maleta y se volvió hacia mí.

–¿Qué? ¿Se te olvidó preguntarme cuando tenías la nueve milímetros apuntándome en la cara?

Suspiré. Bueno, tal vez crucé la línea con la pistola, pero él me asustó.

–Soy Grant, el, eh, amigo de Joe.

–¿Joe? –Ahí estaba de nuevo ese nombre. ¿Quién era Joe?

La sonrisa de Grant se hizo más grande. –¿No sabes quién es Joe? –Parecía extremadamente maravillado–. Estoy jodidamente contento de haber venido esta noche.

Asintió con la cabeza en dirección a la casa. –Vamos. Te voy a presentar.

Caminé junto a él mientras me guiaba a la casa. La música se hizo más fuerte mientras nos acercábamos. Si mi padre no estaba aquí, ¿entonces quién? Sabía que Georgiana era su nueva esposa, pero eso era todo. ¿Era una fiesta de sus hijos? ¿Cuántos años tenían? Si tenía hijos, ¿verdad? No podía recordarlo. Papá había sido vago al respecto. Sólo dijo que me gustaría mi nueva familia, pero no dijo quién exactamente era esa familia.

–Así que, ¿Joe vive aquí? –le pregunté.

–Sí, por lo menos en el verano. Se traslada a sus otras casas de acuerdo a la temporada.

–¿Sus otras casas?

Grant rió. –No sabes nada acerca de esta familia con la que tu padre se ha casado, ¿verdad, Blaire?

Él no tenía la menor idea. Negué con la cabeza.

–Una rápida lección antes de entrar a la locura –respondió deteniéndose en las escaleras de la puerta principal y me miró–. Joe Jonas es tu hermanastro. Es el único hijo del famoso baterista de Slacker Demon, Dean Jonas. Sus padres nunca se casaron. Su madre, Georgiana, era una groupie. Esta es la casa de Joe. Su madre vive aquí porque él se lo permite. –Se detuvo y miró a la puerta, mientras ésta se abría–. Y estos son sus amigos.

Una chica alta y esbelta con pelo rubio fresa, quien llevaba un corto vestido azul con un par de zapatos de tacón, en los cuales yo me rompería el cuello si trataba de usarlos, se quedó mirándome. No pasé por alto su ceño fruncido en disgusto. No sabía mucho sobre esta gente, pero sabía que mi ropa barata no era algo que ella aprobaba. Era eso yo tenía un bicho en la cara.

–Bueno, hola, Nannette –dijo Grant en tono molesto.
–¿Quién es ella? –preguntó la chica, desplazando su mirada a Grant.
–Una amiga. Quita esa mueca de tu cara, Nan, no te hace ver linda –le respondió, estirando su mano para tomar la mía y guiarme a la cada detrás de él.

La habitación no estaba tan llena como pensaba. Pasamos por el vestíbulo hacia una puerta grande en forma de arco que conducía a lo que supuso era la sala de estar. Era más grande que mi casa entera o mejor dicho, la que fue mi cada. Dos puertas de cristal estaban abiertas con una impresionante vista al mar. Quería verlo de cerca.

–Por aquí –Indicó Grant mientras se hacía camino a un… ¿bar? ¿En serio? ¿Había un bar en esta casa?

Miré a las personas alrededor. Todos se detuvieron por un momento, dándome una mirada rápida. Sobresalía demasiado.

–Joe, conoce a Blaire, creo que ella te pertenece. La encontré afuera un poco perdida –dijo Grant y giré mi mirada de los curiosos para conocer al tan mentado Joe.

Oh.

Oh. Mi.

–¿A sí? –Respondió Joe en un acento perezoso y se inclinó hacia adelante desde su posición relajada en el sofá blanco con una cerveza en la mano–. Es linda, pero joven. No puedo decir que es mía.
–Oh, sí que es tuya. Ya que su papi huyo a París con tu mamá por las próximas semanas. Yo diría que ahora te pertenece a ti. Yo con mucho gusto le puedo ofrecer una habitación en mi casa, si quieres. Eso es, claro, si se compromete a dejar su arma en su camioneta.

Joe entrecerró los ojos y me estudió con atención. Eran de un color extraño. Increíblemente inusuales. No eran color marrón. Tampoco eran de color avellana. Eran de un color cálido y algo plateado en ellos. Nunca había visto nada igual. ¿Podrían ser contactos?

–Eso no la hace mía –respondió finalmente y se recostó en el sofá donde había estado reclinado cuando entramos.

Grant se aclaró la garganta. – Es una broma, ¿verdad?

Joe no contestó. En su lugar, tomó un trago de la botella en sus manos. Su mirada se desplazó hacia Grant y pude ver la clara advertencia en ellos. Me iba a decir que me marchara. Eso no era bueno. Tenía exactamente veinte dólares en mi cartera y estaba sin gasolina. Ya había vendido cada cosa de valor que tenía. Cuando llamé a mi padre le expliqué que sólo necesitaba un lugar para quedarme hasta que consiguiera un trabajo y ganar el dinero suficiente para poder rentar mi propio lugar. Él rápidamente aceptó y me dio esta dirección diciéndome que le encantaría que viniera a vivir con él.

Joe volvió su atención a mí. Esperaba a que yo hiciera algo. ¿Qué quería que le dijera? Una sonrisa tocó sus labios y me guiñó un ojo.

–Tengo una casa llena de invitados esta noche y mi cama ya ésta llena. –Movió su mirada a Grant–. Creo que es mejor si la dejamos ir a buscar un hotel hasta que pueda ponerme en contacto con su papi.

El disgusto en su lengua al decir las palabras “papi” no me pasó desapercibido. No le gustaba mi padre. Realmente no podía culparlo. Esto no era su culpa. Mi padre me había enviado aquí. Gasté la mayor parte de mi dinero en gasolina y comida para conducir aquí. ¿Por qué confíe en ese hombre?

Estiré la mano y agarré el asa de la maleta que Grant seguía sosteniendo. –Él tiene razón. Debo irme. Esto fue una mala idea –le expliqué sin mirarlo. Tiré con fuerza de la maleta hasta que la soltó a regañadientes. Las lágrimas picaron en mis ojos con el pensamiento de que estaba a punto de estar sin hogar. No podía mirar a ninguno de ellos.

Volviéndome, me dirigí a la puerta, manteniendo mi mirada baja. Oí a Grant discutir con Joe pero los ignoré. No quería oír lo que ese hermoso hombre decía sobre mí. No le gustaba. Eso era evidente. Po lo visto, mi padre no era un miembro bienvenido en la familia.

–¿TE vas tan rápido? –preguntó una voz que me recordó a la miel. Levanté mi mirada para ver la sonrisa de placer en el rostro de la chica que había abierto la puerta. Ella tampoco que quería aquí. ¿Eran tan repugnante para estas personas? Rápidamente volví mi mirada hacia el suelo y abrí la puerta. Tenía demasiado orgullo como para que esa perra me viera llorar.
Una vez que estuve afuera, dejé escapar un sollozo y me dirigí a mi camioneta. Si no hubiera estado cargando mi maleta, hubiera partido carrera. Necesitaba la seguridad de ella. Pertenecía dentro de mi camioneta, no en esta casa ridícula con esa gente arrogante. Extrañaba mi hogar. Echaba de menos a mi mamá. Otro sollozo se me escapó y cerré la puerta de la camioneta, poniendo el seguro detrás de mí.
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Lemoine
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MensajeTema: Re: Fallen too Far [Joe]   Noviembre 4th 2014, 17:06

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Me sequé los ojos y me obligué a tomar una respiración profunda. No podía desmoronarme ahora. No me desmoroné cuando me senté sosteniendo la mano de mi madre mientras daba su último aliento. No m e desmoroné cuando la bajaron en la fría tierra. Y no me había desmoronado cuando vendí el único lugar que tenía para vivir. No me derrumbaría ahora. Pasaría de esto.

No tenía suficiente para una habitación de hotel, pero tenía camioneta. Podría vivir en ella. Encontrar un lugar seguro para aparcar por la noche iba a ser mi único problema. La ciudad parecía lo suficientemente segura, pero tenía bastante claro que esta vieja camioneta, estacionada durante la noche en cualquier lugar, llamaría la atención. Habría policías golpeando la ventana antes de que pudiera conciliar el sueño. Tendría que usar mis últimos veinte dólares en gasolina. Entonces podría conducir a una ciudad más grande donde mi camioneta pasaría desapercibida en un estacionamiento.

Tal vez podría aparcar detrás de un restaurante y conseguir un trabajo allí también. No necesitaría gasolina para ir y volver del trabajo. Mi estomago gruño recordándome que no había comido nada desde esta mañana. Tendría que gastar un par de dólares en un poco de comida. Entonces, recé para encontrar un trabajo por la mañana.

Estaría bien. Volteé la cabeza para ver detrás de mí antes de encender la camioneta y retroceder. Ojos plateados me devolvieron la mirada.

Un grito se me escapó antes de que comprendiera que se trataba de Joe. ¿Qué hacía fuera de mi camioneta? ¿Vino para asegurarse de que saliera de su propiedad? Realmente no quería hablar nunca más con él. Comencé a apartar mis ojos y a concentrarme en salir de allí cuando él arqueó una ceja. ¿Qué significaba eso?

¿Sabes qué? Realmente no me importaba. Aunque parecía ridículamente sexy haciendo eso. Empecé a poner en marcha la camioneta, pero en lugar del rugido del motor, me encontré con un clic y un poco de silencio. Oh, no. Ahora no. Por favor, ahora no.

Moví la llave y recé estar equivocada. Sabía que el indicador de gasolina estaba roto, pero había estado viendo el kilometraje. No debería estar sin gasolina. Tenía unos cuantos kilómetros más. Sé que los tenía.

Apreté mi mano contra el volante y le hablé a la camioneta por unos cuantos nombres, pero no pasó nada. Estaba atorada. ¿Llamaría de prisa a la policía? Tan seriamente me quería fuera de su propiedad que vino hasta aquí para asegurarse de que me fui. Ahora que no podía irme, ¿haría que me detuvieran? O peor aún, llamaría a una grúa. No tenía dinero para sacar mi camioneta de un corralón si lo hacía. Al menos en la cárcel había una cama y comida.

Tragando el nudo aprisionado en mi garganta, abrí la puerta de la camioneta y esperé lo mejor.

–¿Problemas? –preguntó.

Quería gritar desde lo más hondo de mis pulmones en frustración. En su lugar, hice un movimiento de cabeza. –Me he quedo sin gasolina. –Joe dejó escapar un suspiro. No dije nada. Decidí esperar a que el veredicto fuera la mejor opción aquí. Siempre podría rogar y suplicar después.

–¿Cuántos años tienes?

¿Qué? ¿Estaba realmente preguntando mi edad? Me quedé atascada en su camino, él quería que me fuera y en vez de discutir mis opciones, me preguntaba por mi edad. El tipo era extraño.

–Diecinueve –le contesté.

Joe alzó ambas cejas. –¿En serio?

Trataba con fuerzas de no enojarme. Necesitaba que este tipo tuviera misericordia de mí. Forcé el comentario sarcástico, que estaba en la punta de mi lengua, a retroceder y sonreí. –Sí. En serio.

Joe sonrió y se encogió de hombros. –Lo siento. Simplemente pareces más joven. –Se detuvo, sus ojos se arrastraron por mi cuerpo y lo recorrió de nuevo lentamente. El repentino calor en mis mejillas era vergonzoso–. Retiro lo dicho. Cada trozo de tu cuerpo parece de diecinueve años. Es esa cara tuya la que parece tan fresca y joven. ¿No usas maquillaje?

¿Era eso una pregunta? ¿Qué estaba haciendo? Quería saber que me deparaba mi futuro inmediato, no discutir el hecho de que el uso de maquillaje era un lujo que no podía permitirme. Además, Caín, mi ex novio y último mejor amigo, siempre había dicho que no necesitaba agregarle nada a mi belleza. Lo que quiera que eso significara.

–Me quede sin gasolina. Tengo veinte dólares conmigo. Mi padre se ha marchado y me dejó después de decirme que me ayudaría a volver a ponerme de pie. Confía en mí, él era la última persona a la que quería pedir ayuda. No, no uso maquillaje. Tengo problemas más grandes que lucir bonita. Ahora, ¿vas a llamar a la policía o una grúa? Me quedo con la policía en caso de tener una elección. –Cerré de golpe la boca al terminar el discurso. Fui demasiado lejos y no había sido capaz de controlar mi boca. Ahora, tontamente, le había dado la estúpida idea de una grúa. Maldición.

Joe ladeó la cabeza y me estudió. El silencio casi más de lo que podía manejar. Sólo había compartido un poco de información con este tipo. Él podía hacer mi vida más difícil si quisiera.

–No me gusta tu padre y por el tono de tu voz, a ti tampoco –dijo pensativo–. Hay una habitación que está vacía esta noche. Lo estará hasta que mi mamá vuelva a casa. No mantengo a su criada cuando no está aquí. La señora Henrietta sólo viene a limpiar una vez a la semana cuando mamá está de vacaciones. Puedes tener su habitación bajo las escaleras. Es pequeña, pero tiene una cama.

Me ofrecía una habitación. No me echaría a llorar. Podría hacer eso más tarde esta noche. No iba a la cárcel. Gracias a Dios.

–Mi única otra opción es esta camioneta. Te puedo asegurar que lo que estás ofreciendo es mucho mejor. Gracias.

Joe frunció el seño un momento, el cual rápidamente desapareció, y entonces tenía una relajada sonrisa en su cara otra vez. –¿Dónde está tu maleta? –preguntó.

Cerré la puerta y me dirigí a la parte trasera de la camioneta para sacarla. Antes de que pudiera alcanzarla, un cuerpo caliente que olía extraño y delicioso me ganó. Me quedé inmóvil mientras Joe tomaba mi equipaje y lo sacaba. Girando, alcé la vista hacia él. Me guiño un ojo. –Puedo llevar tu equipaje. No soy tan imbécil.

–Gracias, otra vez –tartamudeé, incapaz de apartar la mirada de sus ojos. Eran increíbles. Las gruesas pestañas negras que los enmarcaban casi parecían delineador de ojos. Era completamente injusto. Mis pestañas eran rubias. ¿Qué no daría yo por pestañas como las suyas?

–Ah, bueno, la detuviste. Te estaba dando cinco minutos para luego venir aquí y asegurarme de que ella no había escapado. –La voz familiar de Grant me sacó de mi estupor y me di la vuelta agradecida por la interrupción. Había estado mirando a Joe como una idiota. Me sorprendió que no me haya enviado al diablo otra vez.

–Va a tomar la habitación de Henrietta hasta que pueda ponerse en contacto con su padre y encontrar algo mejor. –Joe sonó molesto. Pasó a mí alrededor y le entregó la maleta a Grant –. Toma, llévala a su habitación. Tengo compañía con la que regresar.

Se alejó sin mirar hacia atrás. Tomó toda mi fuerza de voluntad no verlo alejarse. Sobre todo porque su trasero, en un par de vaqueros, era muy tentador. Él no era alguien con quien necesitaba sentirme atraída.

–Es un hijo de puta malhumorado –dijo Grant, sacudiendo la cabeza y mirando hacia mí. No podría estar en desacuerdo con él.

–No tienes que llevar mi maleta adentro otra vez –le dije alcanzándola.

Grant la movió de nuevo fuera de mi alcance. –Sucede que soy el hermano encantador. No voy a dejarte llevar esta maleta cuando tengo dos muy fuertes, por no hablar muy impresionantes, brazos para llevarlas.

Habría sonreído si no fuera por la palabra que me había acabado de lanzar.

–¿Hermano? –repliqué.

Grant sonrió, pero no llegó a sus ojos. –Supongo que olvidé mencionar que soy el chico del esposo número dos de Georgianna. Estuvo casada con mi padre desde que yo tenía tres años, y Joe tenía cuatro, hasta que cumplí los quince años. Para entonces, él y yo éramos hermanos. El hecho de que mi padre se divorció de su madre no cambió nada entre nosotros. Fuimos juntos a la universidad e incluso nos unimos a la misma fraternidad.

Oh. Bien. No esperaba eso. –¿Cuántos maridos ha tenido Georgianna?

Dejó escapar una risa dura y luego comenzó a caminar hacia la puerta. –Tu papá es el esposo número cuatro.

Mi padre era un idiota. Esta mujer sonaba como si cambiara de maridos como lo hacía con sus pantaletas. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que se deshiciera de él y siguiera su camino?
Grant volvió a subir los escalones y no me dijo nada más mientras nos dirigíamos hacia la concina. Era enorme, con encimeras de mármol negro y electrodomésticos elaborados. Me recordaba a algo salido de una revista de decoración de hogar. Entones abrió una puerta que parecía una gran pasillo en la despensa. Confundida, miré a mí alrededor y luego lo seguí adentro. Se dirigió a la parte de atrás y abrió otra puerta.

Había espacio suficiente para caminar y poner mi maleta en la cama. Lo seguí y me arrastré por la cama doble que dejaba sólo unos cuantos centímetros entre ella y la puerta. Era obvio que estaba debajo de la escalera. Una pequeña mesita de noche se ajustaba entre la cama y la pared. Aparte de eso, no había nada.

–No tengo ni idea de dónde se supone que vas a guardar tu equipaje. Esta habitación es pequeña. En realidad, yo nunca he estado aquí. –Grant sacudió la cabeza y suspiró –Escucha, si quieres puedes venir a mi apartamento conmigo. Voy a darte una habitación en la que, por lo menos, puedes moverte.

Tan agradable como Grant era, no iba a aceptar esa oferta. Él no necesitaba que un invitado no deseado tomara una de sus habitaciones. Por lo menos aquí estaba escondida para que nadie me viera. Podría limpiar alrededor de la casa y conseguir un trabajo en alguna parte. Quizás Joe me dejaría dormir en esta pequeña habitación no utilizada hasta que tuviera el dinero suficiente para mudarme. No sentía como si me hubiera asentado de verdad aquí. Me gustaría encontrar una tienda de comestibles mañana y usar mis veinte dólares para un poco de comida. La mantequilla de maní y el pan me deberían durar una semana más o menos.

–Esto es perfecto. Estoy cómoda con esto. Además, Joe llamará a mi padre mañana y averiguará cuándo va a regresar. Tal vez mi padre tiene un plan. No sé. Sin embargo, gracias, realmente aprecio tu oferta.

Grant miró alrededor de la habitación una vez más y frunció el ceño. No estaba contento con ella, pero me sentía aliviada. Era dulce de su parte preocuparse.

–No me gustaría dejarte aquí. Se siente mal. –Me miró esta vez con un sonido suplicante en su voz.

–Esto es genial. Mucho mejor de lo que habría sido mi camioneta.

Frunció el seño. –¿Camioneta? ¿Ibas a dormir en tu camioneta?

–Si. Lo iba a hacer. Esto, sin embargo, me da un poco de tiempo para averiguar lo que voy a hacer a continuación.

Grant se pasó una mano por su cabello desordenado. –¿Me prometes algo? –pregunto.

No era de las que hacían promesas. Sabía que se rompen con facilidad. Me encogí de hombros. Era lo mejor que podía hacer.

–Si Joe te echa, me llamas.

Empecé a estar de acuerdo y me di cuenta que no tenía un teléfono.


–¿Dónde está tu teléfono para que pueda poner mi número en él?

Esto iba a hacerme sonarme aún más patética. –No tengo uno.

Grant me miró boquiabierto –¿No tienes un teléfono celular? No me extraña que lleves un a maldita arma. –Metió la mano en su bolsillo y sacó lo que parecía un recibo.

–¿Tienes un lápiz?

Saque uno de mi bolso y se lo entregué.

Rápidamente escribió su número, luego me entregó el papel y la pluma. –Me llamas. Lo digo en serio.

Nunca lo llamaría, pero era agradable que se ofreciera. Asentí con la cabeza. No le había prometido nada.

–Espero que duermas bien aquí. –Miró alrededor de la habitación pequeña, con preocupación en sus ojos. Dormiría maravillosamente.

–Lo haré –le aseguré.

Asintió con la cabeza y salió de la habitación cerrando la puerta detrás de él. Esperé hasta que lo oí cerrar la puerta de la despensa, antes de sentarme en la cama junto a mi maleta. Esto está bien. Podría lidiar con esto.


Última edición por Lemoine el Noviembre 4th 2014, 17:15, editado 2 veces
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Lemoine
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MensajeTema: Re: Fallen too Far [Joe]   Noviembre 4th 2014, 17:13

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Incluso sin ventanas en la habitación para decirme si el sol estaba alto, sabía que había dormido hasta tarde. Había estado agotada, un viaje de ocho horas por carretera y pasos en la escalera durante horas después de que ya me había establecido, no me dejaron dormir. Me estiré, me senté y alcancé el interruptor de la luz en la pared. La pequeña bombilla iluminó la habitación y metí la mano bajo la cama para sacar mi maleta.


Necesitaba una ducha y tenía que ir al baño. Tal vez todo el mundo todavía dormía y podría entrar y salir del cuarto de baño sin que nadie se diera cuanta. Grant no me había mostrado dónde estaba anoche. Esto era todo lo que me habían ofrecido. Con suerte, una ducha rápida no estaría presionando el límite.


Agarré bragas limpias y un par de pantalones cortos de color negro con una camiseta sin mangas. Si tenía suerte, entraría y saldría de la ducha, limpia, antes de que Joe hiciera su camino a la planta baja.


Abrí la puerta que conducía a la despensa y luego caminé a través de las filas de estanterías que contenían más alimentos de los que nadie podría necesitar. Poco a poco, giré el pomo de la puerta y me alivié al abrirlo. La luz de la cocina estaba apagada y la única luz era el sol brillante que entraba por las ventanas grandes con vista al océano. Si no hubiera tenido necesidad de orinar hubiera disfrutado de la vista por un momento. Pero la naturaleza me estaba llamando y tenía que ir. La casa estaba en silencio. Bebidas vacías esparcidas por el lugar, junto con restos de comida y algunas piezas de ropa.


Podría limpiar esto. Si demostraba ser útil, tal vez podía permanecer hasta conseguir un trabajo y un sueldo o dos.


Lentamente, abrí la primera puerta a la que llegué, temiendo que fuera un dormitorio. Era un closet de entrada. Lo cerré y de nuevo me dirigí por el pasillo hacia las escaleras. Si los baños sólo se adjuntaban a los dormitorios estaba jodida. Salvo… tal vez había uno fuera, uno que la gente utilizaba después de estar en la playa todo el día. Henrietta tenía que ducharse y usar el baño también. Dando la vuelta, me dirigí a la cocina y hacia las dos puertas de cristal que habían quedado abiertas la noche anterior. Mirando a su alrededor, me di cuanta de una serie de  escalones que iban hacia abajo. Los seguí. Había dos puertas. Abrí una. Chalecos salvavidas, flotadores y tablas de surf cubrían las paredes. Me fui y abrí la otra. Bingo.


Un inodoro estaba en un lado y una pequeña ducha ocupaba hasta el otro lado de la habitación. Champú, acondicionador y jabón junto con un toallón fresco y una toalla estaban en el pequeño taburete a su lado. Qué conveniente.


Una vez que estuve limpia y vestida colgué la toalla y la ropa de baño en la barra de la ducha. El cuarto de baño no era de uso frecuente. Podría usar la misma toalla y toallón toda la semana y luego lavarlos los fines de semana.


Como si fuera a estar allí tanto tiempo.


Cerré la puerta detrás de mí y me dirigí escalones arriba. El aire olía a mar maravilloso. Una vez que llegué a la cima, me paré en la barandilla y miré hacia el agua. Las olas se estrellaban en la playa de arena blanca. Era la cosa más hermosa que jamás había visto.


Mamá y yo habíamos hablado de ver el mar juntas algún día. Ella lo había visto de niña y sus recuerdos no eran tan claros, pero me contó las historias toda mi vida. Cada invierno cuando hacía frío, nos sentábamos en el interior junto al fuego y planeábamos nuestro viaje de verano por la playa.


Nunca fuimos capaces de hacerlo. Primero porque mi mamá no había sido capaz de pagarlo y luego porque enfermó. Todavía lo planificábamos de todos modos. Me ayudaba a soñar en grande.


Ahora, aquí estaba yo, mirando las olas que sólo habíamos soñado. No era el cuento de hadas de vacaciones que habíamos planeado, pero yo podía ver por las dos.


–Esta vista no pasa de moda. –El acento fuerte de Joe me sorprendió. Me di la vuelta para verlo apoyado contra la puerta abierta. Sin camisa. Oh. Dios.


No podría formar palabras. El único pecho masculino desnudo que había visto en mi vida era el de Cain. Y eso fue antes de que mi mamá se enfermara, cuando yo había tenido tiempo para tener citas y diversión. El pecho de Cain, con dieciséis años de edad, no tenía músculos grandes. Él tenía un lavadero en el estomago.


–¿Estás disfrutando de la vista? –Su tono divertido no se me escapó.


Parpadeé y levanté la mirada para ver la sonrisa en sus labios.


Diablos. Notó que me lo comía con los ojos.


–No dejes que te interrumpa. También yo lo estaba disfrutando –respondió, y luego tomó un sorbo de café en su mano.
Mi rostro se calentó y yo sabía que tenía tres tipos de rojo. Volviendo a mí alrededor, miré hacía el océano. Que vergüenza. Yo quería que este tipo me dejara quedarme un poco de tiempo. Babear no era la mejor jugada.


Una risita detrás de mí sólo empeoró las cosas. Se estaba riendo de mí. Fantástico.


–Ahí estás. Te he extrañado en la cama esta mañana. –un suave arrullo de una mujer salió de detrás de mí. La curiosidad pudo más que yo y me di la vuelta. Una chica, en nada más que su sujetador y bragas, se acurruco al lado de Joe y pasó una larga uña de color rosa por su pecho. No podía culparla por querer tocar eso. Yo estaba bastante tentada.


–Es hora de que te vayas –le dijo él, tomando la mano de su pecho y alejándose de ella. Vi como apuntaba en la dirección de la puerta de entrada.


–¿Qué? –La expresión confusa en su rostro me dijo que no había esperado eso.


–Conseguiste lo que querías, nena. Me querías entre tus piernas. Ya lo tienes. Ahora ha terminado.


La llanura fría y dura en su voz me sobresaltó. ¿Hablaba en serio?


–¡Me estás tomando el pelo! –espetó la chica y dio un pisotón.


Joe negó con la cabeza y tomó otro trago de su taza.


–No vas a hacerme esto. Anoche fue increíble. Lo sabes. – La chica alargó su brazo y él rápidamente lo sacó del camino.


–Anoche cuando viniste a mendigar quitándote la ropa, te advertí que sólo sería una noche de sexo. Nada más.


Cambié mi atención de nuevo a la chica. Su rostro estaba contraído de rabia y abrió la boca para protestar, pero la cerró de nuevo. Con otro pisotón volvió al interior de la casa.
Yo no podía creer lo que acababa de ver. ¿Era esa la forma en la que esta gente se comportaba? La única experiencia que había tenido en una relación había sido con Cain. Aunque nunca dormimos juntos, él había sido cuidadoso y dulce conmigo. Esto era duro y cruel.


–Así que, ¿cómo dormiste anoche? –preguntó Joe como si nada hubiera pasado.


Aparté mi mirada de la puerta por donde la chica había pasado y lo estudié. ¿Qué había poseído a esa chica para dormir con alguien que le había dicho que no sería nada más que sexo? Claro, él tenía un cuerpo del que los modelos de ropa interior debían tener envidia, y esos ojos podían lograr que una chica hiciera cosas locas. Pero aun así. Era tan cruel.


–¿Lo hace a menudo? –pregunté antes de que pudiera detenerme.


Joe arqueó una ceja. –¿Qué? ¿Preguntarle a la gente si durmió bien?


Él sabía lo que estaba preguntando. Lo estaba evitando. No era asunto mío. Tenía que permanecer fuera de su camino para que él me dejara quedarme.


Abrir la boca para regañarlo no era una buena idea.


–Tener sexo con chicas y luego tirarlas como basura –repliqué. Cerré la boca, horrorizada mientras las palabras que acababa de decir se hacían eso en mi cabeza. ¿Qué estaba haciendo? ¿Tratando de que me echen?


Joe dejó la taza sobre la mesa a su lado y se sentó. Se echó hacia atrás estirando sus largas piernas. Entonces, me devolvió la mirada. –¿Siempre metes la nariz donde no te incumbe? –preguntó.


Quise enojarme con él. Pero no podía. Él tenía razón. ¿Quién era yo para señalarlo con el dedo? No lo conocía.


–Normalmente no, no. Lo siento –dije, y me apresuré a entrar. No quería darle la oportunidad de echarme también. Necesitaba esa cama debajo de las escaleras por lo menos durante dos semanas.


Me puse a trabajar en recoger los vasos vacíos y botellas de cerveza. Aquel lugar necesitaba una limpieza y podía hacerlo antes de irme a buscar un trabajo. Sólo esperaba que él no hiciera fiestas como ésta todas las noches. Si así fuera, no me podía quejar, y quién sabe, después de unas noches podría ser capaz de dormir sobre cualquier cosa.


–No tienes que hacer eso. Henrietta estará aquí mañana.


Dejé caer las botellas que había recogido en la basura y luego me volví hacia él. Estaba de pie en la puerta, mirándome.


–Sólo quería ayudar.


Joe sonrió. –Ya tengo un ama de llaves. No estoy buscando contratar a otra si eso es lo que estás pensando.


Negué con la cabeza. –No. Ya lo sé. Sólo estaba tratando de ser útil. Tú me dejaste dormir en tu casa anoche.


Joe se acercó y se paró frente a la barra, cruzando los brazos sobre su pecho. –Acerca de eso. Tenemos que hablar.


Oh, mierda. Aquí va. Una noche era todo lo que iba a tener.


–Está bien –le contesté.


Joe frunció el ceño y sentí el aumento de mi frecuencia cardíaca. Él no parecía dispuesto a darme una buena noticia.


–No me gusta tu padre. Es un vividor. Mi madre siempre tiende a encontrar hombres así. Es su talento. Pero creo que tú ya sabes eso acerca de él. Lo que se me hace curioso, ¿por qué has venido a él en busca de ayuda si sabías lo que era?


Me gustaría decirle que no era de su incumbencia. Salvo que el hecho de que necesitaba su ayuda lo convertía en su incumbencia. No podía esperar que me dejara dormir en su casa sin explicarle las cosas. Se merecía saber por qué me estaba ayudando. No quería que pensara que yo también era una vividora.


–Mi madre acaba de morir. Ella tenía cáncer. Tres años de pena y tratamientos. Lo único que poseía era la casa que mi abuela nos dejó. Tuve que venderla y todo lo demás para pagar los gastos médicos de mi madre. No he visto a mi padre desde que nos abandonó hace cinco años. Pero es la única familia que me queda. No tenía a nadie a quien pedirle ayuda. Necesito un lugar donde quedarme hasta que puede encontrar un trabajo y obtener unas cuantas monedas. Entonces podré rentar mi propio lugar. Nunca tuve la intención de quedarme mucho. Sé que mi papá no me quiere aquí. –Deje escapar una risa fuerte que yo no sentía 


–.Aunque nunca me esperaba que saliera corriendo antes de que llegara.


La mirada firme de Joe seguía dirigida hacia mí. Aquella era una información que hubiera preferido que nadie supiera. Solía hablar con Cain acerca del daño que me hacía el abandono de mi padre. La pérdida de mi hermana y mi padre fue muy dura para mi madre y para mí. Entonces, Cain había necesitado más y yo no había podido ser lo que él quería. Tenía una madre enferma que cuidar. Tenía que dejar ir a Cain para que pudiera salir con otras chicas y divertirse. Yo era sólo un peso alrededor de su cuello. Nuestra amistad se había mantenido intacta, pero descubrí que el chico que una vez pensé que había amado fue sólo una emoción infantil.


–Lamento mucho lo de mamá –respondió Joe finalmente –. Eso tiene que ser duro. Dijiste que estuvo enferma por tres años. Así que, ¿fue desde que tenías dieciséis?
Asentí, sin saber qué más decir. Yo no quería su compasión. Sólo un lugar para dormir.


–Estás pensando en conseguir un trabajo y un lugar propio. –No era una pregunta. Procesaba lo que yo le había dicho. Así que no respondí –. El cuarto en las escaleras es tuyo por un mes. Debes ser capaz de encontrar un trabajo y conseguir el dinero suficiente para un apartamento. Destin no está demasiado lejos de aquí y el costo de vida es más accesible allí. Si nuestros padres regresan antes de ese tiempo, espero que tu padre sea capaz de ayudarte.


Deje escapar un suspiro de alivio, tragué el nudo que tenía en la garganta. –Gracias.


Joe volvió a mirar a la despensa que llevaba a la habitación en la que dormía. Luego me miró otra vez. –Tengo algunas cosas que hacer. Buena suerte en la búsqueda de empleo –dijo. Él se empujó fuera de la mesa y se fue.


No tenía combustible en mi camioneta, pero tenía una cama. También tenía veinte dólares. Corrí a mi habitación para tomar mi 
bolso y las llaves. Necesitaba encontrar un trabajo lo más rápido posible.
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Lemoine
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MensajeTema: Re: Fallen too Far [Joe]   Noviembre 6th 2014, 10:00

Hola niñas en serio no les llama la atención la nove??
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MariOchoa
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MensajeTema: Re: Fallen too Far [Joe]   Febrero 12th 2015, 07:20

Hola nueva lectora! me encanta tu nove Smile espero que la sigas:D
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MensajeTema: Re: Fallen too Far [Joe]   Hoy a las 09:33

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Fallen too Far [Joe]
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