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 Ardiente Verano (Nick y tu)

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Lau_ilovejonas
Me Gustan Los Jonas!


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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Julio 10th 2014, 21:25

Tenes que seguirlaaaaaaaa
Me encanta que nick haya cambiado de actitud en frente de la rayis, ahora me muero por saber de que van a hablar!
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Lau_ilovejonas
Me Gustan Los Jonas!


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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Julio 10th 2014, 21:25

Como estoy aburrida voy a intentar pasarte de página jajaja
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Lau_ilovejonas
Me Gustan Los Jonas!


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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Julio 10th 2014, 21:26

Smile
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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Julio 10th 2014, 21:26

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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Julio 10th 2014, 21:27

Quien quieren que gane el mundial? Yo obvio que argentina porque soy de acá jajaja 💙
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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Julio 10th 2014, 21:27

🔵⚪🔵
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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Julio 21st 2014, 09:24

La vas a seguir?????
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CristalJB_kjn
Amiga De Los Jobros!


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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Julio 29th 2014, 21:39

Porfis sube mas andale siii ???
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ale-Jonas
Forista!


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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Agosto 7th 2014, 19:42

Qiero creer qe no has subido cap porqe estas de vacaciones.... espero y la sigas y no la hayas cancelado....

P.d. me siento impaciente por el sig cap...
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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Agosto 21st 2014, 13:17

Porfa seguilaaaaaa
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CristalJB_kjn
Amiga De Los Jobros!


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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Septiembre 8th 2014, 12:37

Hola, como stas pye que no vas a subir mas novela yo en vd amo la nove sta genial porfis sube mas
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andreru
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Septiembre 8th 2014, 14:24

CAPÍTULO 9
—¿Qué tal te va la vida en la capital? —preguntó cuando se quedaron solos en la cocina.
—Bien. Ajetreada, como siempre —contestó ella sentándose en una silla.
—Me contó Andrés que cambiaste de trabajo al poco de separarte.
—Sí, me harté de vender enciclopedias por teléfono durante cinco horas diarias, así que busqué otra
cosa —respondió cortante.
—Andrés me ha dicho que trabajas con películas…
—Más o menos, soy administrativo.
—Andrés dice que trabajas mucho…
—Andrés dice… ¿Qué es, un juego nuevo? —_______(tn) comenzaba a irritarse por el interrogatorio.
—No. Sólo curiosidad.
—Trabajo de ocho de la mañana a cuatro de la tarde de lunes a viernes. Cuando vuelvo a casa
comienzo con la rutina del día a día. ¿Satisface eso tu curiosidad, o quieres más datos?
—¿Tuviste problemas con mi hermano? —Nick preguntó exactamente lo que quería saber.
—¿Que si tuve problemas con Ben? ¿En qué mundo vives? —inquirió enfadada, por lo estúpido de la
pregunta.
—Me refiero después del divorcio. Si te pasaba la pensión de Andrés y todo eso…
—¿Eso no se lo has podido sacar a Andrés? —Nick en lugar de responder, cogió la taza y dio un
trago—. La pensión llegaba puntual el día uno de cada mes. El dinero nunca fue el problema.
Se miraron el uno al otro a los ojos. Nick desafiante, _______(tn) indiferente.
—La primera vez que te vi me pareciste una niña de papá. Sólo pensabas en estar lo más guapa
posible y bien. No dabas palo al agua.
—Tú a mí me pareciste un soso de cojones. Sólo pensando en estudiar y en tus tareas en el campo —
atacó _______(tn).
—Los siguientes años cambiaron mi opinión sobre ti —afirmó Nick, obviando el comentario de
_______(tn)—. Eras tan dulce; tan cariñosa con Andrés… Tan ingenua…
—No era ingenua.
—¿No? —Nick arqueó una ceja, desafiante.
—Simplemente no quería conflictos.
—¿Por eso huiste? —la provocó.
—No huí.
—Desapareciste de la noche a la mañana y has tardado casi cinco años en regresar —apuntó, irritado
—. ¿Por qué nos borraste de tu vida?
—Yo no hice eso —dijo _______(tn) circunspecta—. Andrés siguió viniendo al pueblo.
—Pero tú no.
—No encontré motivos para venir.
—¿Tampoco para coger el teléfono? Te llamé miles de veces…
—No me apetecía hablar con nadie.

—¿Con nadie? ¿O sólo conmigo? —_______(tn) se encogió de hombros—. Antes pasábamos horas
hablando, riendo, discutiendo… Ahora ni siquiera puedo hablar contigo a solas.
—Estamos hablando, ¿no?
—Porque mi padre te ha tendido una trampa. Si no, hubieras roto sin problemas la promesa que me
has hecho hace una hora en el cuarto de baño —Nick miró a _______(tn) esperando una respuesta que no llegó
—. Promesas; fáciles de hacer, fáciles de romper —comentó mirando al techo—. ¿Por qué? Dime qué
daño te he hecho yo.
_______(tn) no respondió, en su lugar desvió la mirada hacia la ventana. El sol lucía con fuerza más allá de
las cortinas, las calles estaban vacías, la gente estaba encerrada en sus casas combatiendo el calor de la
tarde con una buena siesta. Ella deseó poder hacer lo mismo.
—Has cambiado tanto… —suspiró Nick, derrotado al comprobar que no iba a encontrar respuestas.
—¿No era eso lo que querías? —preguntó _______(tn), fijando una mirada helada en él.
—Nunca quise que cambiaras —afirmó él pasándose las manos por la cabeza, alborotándose el pelo.
—¿No? Me dijiste que dejara de hacer el idiota, que abriera los ojos y mirara a mi alrededor. Que
me enfadara. ¡Que odiara si era preciso! —_______(tn) fue subiendo el tono de voz con cada palabra que
pronunciaba.
—¡Pero no a mí! —exclamó Nick, levantándose bruscamente de la silla— ¡No fui yo quien te
engañó! ¡Fue Ben! —Nick golpeó la mesa con los puños—. No era a mí a quien tenías que odiar.
—Sólo seguí tu consejo —_______(tn) apoyó los codos sobre la mesa y descansó la barbilla sobre sus
manos en una postura aparentemente relajada—. Hice lo que querías. Dejé de ser dócil y mostrar siempre
una sonrisa resignada ante todo. Me enfadé.
—Te enfadaste con todos nosotros. ¡Y sólo uno lo merecía! —gritó Nick, dando una patada a la silla
en la que segundos antes se había sentado—. Yo no hice nada para ganarme tu desprecio.
—¡Me obligaste a mirar! —exclamó _______(tn), levantándose airada y señalándole con el dedo—. Me
llevaste allí y me obligaste a mirar…
—Quería que lo vieras con tus propios ojos, que no pudieras negar la evidencia —dijo él, apoyando
las manos en el respaldo de la silla que había golpeado.
—Atente a las consecuencias —sentenció _______(tn), dando media vuelta y dirigiéndose hacia la puerta.
—¡Él se folló a otras y tú me castigaste a mí! —gritó Nick, dolido.
—¡Te jodes! —chilló _______(tn) girando hacia él, escupiendo las palabras. Nick la miró totalmente
pasmado, nunca la había oído hablar así—. ¿Cómo crees que me sentí? Volviste mi mundo del revés, lo
pusiste todo patas arriba. ¡Dios! ¿No lo entiendes? Me sentí humillada, necesitaba largarme lo más lejos
posible y no volver nunca más.
—¡Sólo quería que vieras la verdad!
—¿Y no pensaste ni por un segundo que a lo mejor yo no quería verla?
—¿Qué? —Por la mente de Nick pasaron en un segundo mil recuerdos… Indirectas ignoradas,
comentarios que _______(tn) pasaba por alto, advertencias que su padre la lanzaba y ella no escuchaba…
¿Podía ser negación en vez de ingenuidad?
—¿Crees que no lo intuía? ¿Qué era tan idiota? —La pregunta retórica de _______(tn) dio voz a sus
sospechas.
—Entonces, ¡por el amor de Dios! ¿Por qué no hacías nada? ¿Por qué callabas y aceptabas?

—¡Porque yo también era culpable! Estaba conforme con mi vida, tenía amigos, familia… y a Ben.
Puede que no fuera un marido ejemplar ni un padre entregado, pero era un buen hombre. Convivíamos
cómodamente en nuestra vida de mentira, compartíamos amigos y aficiones. Puede que llegara tarde
demasiadas noches, pero siempre teníamos la excusa del trabajo. Él mentía y yo me convencía de que le
creía porque no había pruebas que me dijeran lo contrario. Andrés tenía un padre y yo un marido —Nick
la miraba confundido—. ¿No lo entiendes, verdad? Creé mi vida en torno a él. Los matrimonios con los
que salíamos eran sus amigos, el barrio en el que vivíamos era el suyo… Cuando me quedé embarazada
abandoné todo por él. Dejé mi vida atrás y viví la suya. Estructuré mis días en torno a él y, de repente,
Ben dejó de formar parte de la vida que había creado por y para él.
—Él no te quería —aseveró Nick, agarrándose a lo que verdaderamente importaba.
—Ni yo a él —confesó _______(tn)—. ¿Y qué? Sabía a lo que atenerme.
—¡Tu vida era una mentira! —exclamó Nick, dando un paso atrás, jamás hubiera esperado esa
respuesta de ella.
—Era la única que tenía —dijo herida—. Toda mi vida la he pasado dependiendo de alguien, de mis
padres, de Ben… Y cuando tú me obligaste a mirar, perdí toda oportunidad de seguir con mi rutina
perfectamente estructurada. Me sentí tan humillada, tan perdida. Si no lo hubiera visto… si sólo me lo
hubieras contado, podría haber hecho la vista gorda. Podría haberle creído de nuevo cuando juró que era
la primera vez y no volvería a pasar. Pero no fue así. Les vi y esa imagen se quedó grabada en mi mente
para siempre, haciéndome incapaz de perdonar u olvidar; incluso de volver a confiar en alguien. Cuando
volví a Madrid todo lo que habíamos compartido se volvió contra mí. Nuestros amigos me miraban con
lástima, la casa me traía recuerdos… Tuve que dejarlo todo atrás y crearme una vida propia.
—Nunca quise que sufrieras. Si Ben hubiera sido otra clase de hombre —Nick negó aturdido—.
Mereces tener a alguien que te quiera por encima de todas las cosas.
—Puedo merecer muchas cosas, pero ahora estoy sola.
—Me tienes a mí —declaró.
—¿A ti? ¿Y quién eres tú?
—Soy tu amigo…
—No, Nick. Eres mi cuñado, el hermano de mi marido.
—¿Adonde quieres llegar?
—¿No te has dado cuenta todavía? Me he creado una vida propia, he cambiado y me gusto como soy
ahora. No quiero que nada me recuerde que una vez necesité a Ben, que dependí de él. —Se dio la vuelta
dándole la espalda y habló en voz baja—. Tú eres un recordatorio constante de mi fracaso —afirmó
marchándose de la cocina.
Nick permaneció inmóvil, incapaz de ir tras ella, aterrado por la afirmación que acababa de
escuchar. Oyó sus pasos atravesando el comedor, la puerta de su cuarto al abrirse, el golpe seco que dio
al cerrarse. Parpadeó, tenía la boca seca, las manos cerradas en puños. Se obligó a abrirlas, a poner un
pie delante del otro y dirigirse a las escaleras. Tenía trabajo que hacer. Y mientras lo hacía,
recapacitaría sobre la conversación. Nada estaba perdido, sólo hacía falta revisar atentamente la
situación y dirigirla hacia donde él quería.
En la cabaña obligaría a _______(tn) a olvidarse de sus temores y recelos con caricias escondidas. Le
demostraría que eran perfectos el uno para el otro, que él era lo que ella necesitaba. Sólo rogaba que

cuando _______(tn) descubriera quién era realmente él, no lo odiara.
_______(tn) cerró la puerta, se tumbó en la cama bocabajo, colocó el portátil sobre la almohada y lo
encendió. Como siempre, la conexión era cuanto menos deficiente. Le apetecía… No. Necesitaba
perderse en internet, hablar de tonterías con los conocidos del Facebook y mirar noticias en los foros y
webs. En definitiva, necesitaba relacionarse con sus amigos. Por supuesto no podía contar a nadie la
conversación que acababa de mantener con Nick, ni lo que hacía con su amante desconocido, ni siquiera
cómo se sentía… No confiaba en nadie tanto como para hacerlo. Se mordió el labio, sobresaltada al
recordar que la noche anterior su amante había mencionado que ella nunca salía con amigos. Como si
supiera que ella realmente sólo tenía conocidos, no amigos. ¿Cómo podía saber tanto sobre ella? ¿O sólo
lo había intuido? ¿Era alguien que la conocía personalmente o alguien que prestaba atención a lo que,
estaba segura, contaba Andrés de su vida en Madrid?
Se había mudado a un nuevo barrio con círculos de amistad ya formados. Y a ella, inmersa como
estaba en los trámites de separación, no le apetecía entrar en la dinámica y el trabajo que implicaba
conocer gente, corresponder a las invitaciones o simplemente volver a confiar en alguien. Se centró en
Andrés y se olvidó de sí misma. Con el discurrir de los años no encontró ningún motivo para cambiar su
nueva rutina; por supuesto charlaba de temas insustanciales e inocuos con sus compañeros de trabajo,
coincidía con vecinos de hola y adiós en el ascensor y a través de su ordenador bromeaba con
internautas; pero nada más. Desde su divorcio se había tornado innecesario trazar una amistad profunda
con nadie.
Resultaba irónico que justo en ese lugar, en el pueblo que tanto había llegado a odiar, se sintiera por
primera vez en mucho tiempo parte de un círculo de amigos. Abel la había introducido en una familia que
no se había molestado en conocer antaño y, poco a poco, con la persistente ayuda de Andrés, había ido
tomando confianza con la gente. Cuando se reunía con ellos en La Soledad, le contaban sus historias,
partes de su vida y ella casi se sentía tentada a corresponderles…
Casi.
Al fin y al cabo era consciente de que esta especie de complicidad se debía a que su estancia en el
pueblo se vería reducida a ese único mes; luego volvería a su vida normal en Madrid, cortando todos los
lazos emocionales que se hubieran podido crear. Y eso, aunque en cierto modo era un alivio, también le
daba pena. Casi ansiaba conocer a alguien con quien compartir todo aquello que no compartía con nadie.
Casi.
Quizá un hombre sin rostro que la hiciera reír; un hombre que había demostrado que se podía confiar
en él, que no se iba de la lengua; un hombre que no pedía ni exigía nada. Alguien sencillo, sin ambiciones
que ocuparan el primer lugar en su corazón. Un hombre amable y responsable con la cabeza bien puesta
sobre los hombros; alguien de quien poder fiarse. Un hombre del que ni siquiera conocía su nombre, que
no sabía si estaba casado o si tenía novia. Un hombre que no le había hecho ninguna promesa y para el
que ella no era nadie…
Nick apareció en el salón, o puede que ya estuviera allí. Lo cierto es que _______(tn) no recordaba
haberle visto entrar. La cogió de la mano y la obligó a levantarse. _______(tn) pestañeó confusa, se había

quedado dormida en el sillón con un libro entre las manos mientras esperaba a que su cuñado regresara
con Andrés. Esa tarde habían ido a ver unas yeguas que estaban a punto de parir. A ella esas cosas no le
llamaban la atención y había preferido quedarse en casa descansando.
—¿Dónde está Andrés? —preguntó somnolienta.
—Se ha quedado dormido en el coche, le he subido en brazos a su cuarto y le he metido en la cama
—respondió Nick muy serio. _______(tn) se extrañó, Andrés ya era mayor para quedarse dormido en un viaje,
y más todavía para que nadie lo llevara en brazos basta la cama, pero su mente estaba tan confusa por el
sueño que no le dio importancia.
—¿Ya es de noche? —preguntó mirando hacia las ventanas. La luna mostraba su sonrisa torcida tras
los cristales, burlándose del mundo. No podía creer que hubiera dormido tanto tiempo.
—Ven —ordenó Nick en voz baja. _______(tn) cerró los ojos ante un recuerdo, el susurro de otra persona;
de alguien a quien quería pero no conocía… Un recuerdo que se negaba a mostrarse—. Ven, quiero
enseñarte algo —dijo de nuevo su cuñado tirándola de la mano.
_______(tn) se levantó del sillón como en un sueño. Los colores estaban difuminados, sus músculos laxos la
hacían sentir torpe, como si fuera incapaz de andar, pero no debía de ser así porque se encontró, sin
saber cómo, en el Prado de la Torre. Era extraño, se veía a sí misma como si su cuerpo fuera el de otra
persona y ella no fuera más que un fantasma espiando vidas ajenas. Sintió miedo, mas no sabía por qué.
—¿Por qué me traes aquí? —Se oyó preguntar con voz lejana.
—Ben está aquí.
—¡Qué? —Vio a la persona que antaño fue quedándose inmóvil y a Nick cogerla de la mano y
obligarla a continuar andando.
—Quiero que veas algo, pero tienes que estar muy calladita.
—¿Qué quieres que vea? —la mujer que era ella se mostraba inquieta, nerviosa; quería irse pero su
cuñado la sujetaba con fuerza.
—Lo que está haciendo Ben. —Vio los labios del hombre apretarse en una mueca furiosa.
—Sé lo que está haciendo.
—¿Segura?
—Sí, él mismo me lo ha dicho, está con sus amigos de fiesta —aseveró la antigua _______(tn) sin mirar a
los ojos al hermano de su marido. Nick era su amigo, él lo entendería, darían la vuelta y regresarían a la
tranquila ignorancia de la casa de su suegro.
—Te ha mentido —Nick tenía la voz susurrante de otro hombre, de un hombre sin rostro, de un
hombre al que empezaba a querer. No, ella no quería a nadie. La antigua _______(tn) apreciaba a Ben y no
quería sentirse enamorada de su cuñado; pero ella no era ésa… Ella se había creado una nueva vida. Esto
había pasado hacía años… ¿O estaba pasando ahora? Se removió confusa.
—Escúchame —siseó su cuñado en su oído—, está ahí, detrás de esos árboles. No está con sus
amigos. Vamos —ordenó en voz baja.
Ninguna de las dos Marías estaba dispuesta a obedecerle.
No pudo oír las respuestas que ella misma había dado hacía tantos años, sólo le oía a él. Pero él no
era Nick.
—No grites —silbó en su oído cuando la _______(tn) que era antes se revolvió. Un segundo después la
tapó la boca con sus dedos ásperos. Unos dedos que había sentido hacía poco sobre su cuerpo…
¿cuándo? Su cuñado jamás la tocaba. Nunca. ¿Por qué?—. Ya casi hemos llegado.

Pero _______(tn) no quería llegar a ningún lado, quería volver al salón y sentarse a leer su libro. No,
quería volver a la casa de su suegro y meterse en la cama. ¿No estaba ya en la cama? ¿Cómo había
llegado hasta allí? No lo recordaba.
—Deja de moverte o nos descubrirá —susurró el hombre de la cabaña, furioso, ¿Por qué estaba con
ella? ¿Dónde estaba su cuñado?—. Tienes que dejar de ser tan ingenua у confiada. Ben te los está
poniendo desde hace años delante de tus narices y tú no te enteras de nada.
_______(tn) sabía que en ese momento ella negaba una vez con la cabeza, que su cuerpo se resistía a seguir
caminando.
Nick deslizó el brazo por su cintura y la obligó a seguir andando hacia un círculo de abedules. Las
personas ocultas allí hacían el suficiente ruido como para encubrir el sonido de las pisadas de su cuñado
sobre la hojarasca del suelo. Cuanto más se acercaban, más claros eran los murmullos y jadeos. Podía
distinguir la risa aterciopelada de Ben, su voz ronca, sus gemidos guturales.
Nick caminó seguro en la oscuridad de la noche. Sus pies daban paso tras paso sin tropezar ni hacer
apenas ruido por un sendero que sólo él podía ver. Conocía la montaña como su propia casa. Cuando se
detuvo por fin, _______(tn) era incapaz hasta de respirar. Todo su cuerpo estaba atenazado por el miedo y la
negación.
Bajo la copa de los abedules, los arbustos de tomillo y retama negra formaban una espesa cortina que
aislaba a _______(tn) de quien estuviera más allá. Nick apartó la vegetación con una mano abriendo una
ventana por la que ella no quería mirar. Sombras, sólo sombras. Siluetas sin forma que apenas se
perfilaban bajo la sonrisa ladeada de la luna. Movimientos apenas esbozados entre el espeso follaje que
rodeaba a la pareja, contornos pálidos y sinuosos de los cuerpos desnudos de dos desconocidos. _______(tn)
intentó dar un paso atrás, pero el torso de su cuñado, pegado a su espalda se lo impidió.
—Vámonos —susurró en sueños.
—No. Abre los ojos de una puta vez. No seas idiota.
—Ya lo he visto —afirmó _______(tn) en voz baja—. Vámonos.
—¿Los has visto? ¿Estás segura? —preguntó irónico Nick. No, no era su cuñado, era él. El hombre
de la cabaña.
—Sí.
—No has mirado bien —aseveró él.
La empujó, obligándola a dar un paso más. _______(tn) tropezó con los arbustos, dio un traspié y atravesó
la cortina de ventanas. Las siluetas se separaron sobresaltadas dejando de ser sombras para convertirse
en un hombre y una mujer. _______(tn) se dio la vuelta e intentó echar a correr, pero alguien se lo impidió.
Nick.
—¡No huyas! —gritó enfadado—. ¡Enfádate! ¡Ódialo! Pero no salgas huyendo —clamó, obligándola
a girarse y mirar.
La _______(tn) que era ahora, apretó los parpados con fuerza. Sabía perfectamente lo que iba a ver: a su
marido vestido únicamente con el sudor del sexo. Su pene, que ella había acariciado esa misma tarde,
húmedo por los fluidos de otra mujer. Su cabello, alborotado por dedos que no eran suyos. Su mirada,
asombrada al verse descubierto. Inspiró profundamente, armándose de valor para asistir de nuevo a la
desagradable escena, y abrió los ojos.
No era la misma. La imagen había cambiado.

No era Ben quien estaba ante ella, sino un hombre sin rostro, un hombre alto y moreno cuyo cuerpo
ella había tocado en la sencillez de una rústica cabaña de madera. Un hombre que le exigía entre susurros
entregarse a todos los juegos que ella tantas veces había soñado, avergonzada en la intimidad de sus
sábanas.
Un movimiento la hizo desviar la mirada de la imagen del hombre. La mujer que años atrás se había
follado a su marido en aquel mismo lugar, se erguía ante ella orgullosa y despectiva, pegada al costado
del hombre, acariciándole la ingle con dedos áridos mientras miraba a _______(tn) sonriendo. El pene del
hombre comenzó a crecer entre sus manos; ese pene que _______(tn) había saboreado la noche anterior, que
había entrado en ella hasta hacerla gritar. El hombre se giró lentamente dándole la espalda y besó a la
otra, lentamente, cariñosamente, tal y como había besado a _______(tn) hacía apenas veinticuatro horas.
Las entrañas de _______(tn) se desgarraron a la vez que un lamento apenas audible emergía de sus labios
cerrados. El hombre debió de escucharla, ya que volvió su mirada hacia ella, pero ya no era un
desconocido, era su cuñado, Nick.
_______(tn) se removió inquieta en la cama, el sudor frío le recorrió la piel, sus manos se agarraron
inconscientes a las sábanas; bajo los parpados cerrados sus iris se movieron erráticos.
¡No fue así! Quiso gritar, pero las palabras se atoraron su garganta impidiéndola respirar.
La imagen que durante años la había humillado no era ésa.
En la escena real, aquella que sucedió cinco años atrás, la mujer desnuda que yacía bajo su marido
había corrido a buscar sus ropas mientras Ben se cubría aturdido la ingle con las manos. Nick, a
espaldas de _______(tn), la mantenía sujeta contra su pecho impidiendo que se diera la vuelta y huyese;
obligándola a mirar. Fue una escena aterradora, pero no tanto como la que sus ojos le habían mostrado
hacía un instante.
Cuando descubrió la infidelidad de su marido sólo había querido huir y esconderse lo más lejos
posible. Estaba herida en su orgullo, asustada por la ruptura inminente de su rutinaria vida, pero con el
corazón casi intacto.
Ahora quería matar a la desconocida que manoseaba a su amante.
Quería coger de los cojones a Nick y arrancarle el hígado por dejarse tocar por una mujer que no
era ella.
Quería que su amante misterioso, aquél que no le había prometido nunca nada, fuera hasta ella y la
besara como si realmente la amara.
Quería que su alma dejara de sangrar por una traición que no tenía derecho a reclamar.
Quería llorar y gritar.
Quería…
—_______(tn), chiquilla ¿Qué te pasa? —Escuchó la voz de Abel y sintió sus manos sobre sus hombros
zarandeándola con cariño.
¿Qué hacía allí su suegro? ¿Cuántos más iban a ser testigos de su dolor?
—_______(tn), no llores, es sólo un sueño. Despierta, hazlo por este viejo que tanto te quiere. Vamos
preciosa, despierta; no pasa nada.
Abrió los ojos confundida. Estaba en su habitación, tumbada en su cama, con su portátil abierto sobre
la almohada.

—¿Me he quedado dormida?
—Eso parece —respondió Abel, aliviado, sentándose en el borde del colchón—. ¿Qué estabas
soñando para estar tan triste?
—Nada. Tonterías. Sueños mezclados… —contestó parpadeando, extrañada por la tenue luz que
entraba por la ventana—. ¿Qué hora es?
—Casi las siete. Nuestros hijos se acaban de ir a la cooperativa. Tardarán un rato en regresar. ¿Qué
te parece si nos tomamos un buen café?
Sonrió a su suegro y asintió. Por primera vez en su vida, realmente le apetecía el fortísimo y espeso
brebaje que Abel llamaba café.
_______(tn) se sentó en una silla de la cocina y acarició el borde de la taza con los dedos mientras miraba
atentamente el oscuro líquido que contenía. Se había lavado la cara con agua fría, pintado un poco los
ojos y los labios y cepillado vigorosamente el pelo. Tras unos minutos a solas en el cuarto de baño sentía
la cabeza despejada. Sólo había sido un sueño tonto en el que había mezclado lo que sucedió antaño con
lo que estaba viviendo ahora. Decidida a no darle importancia, inició una conversación inocua con su
suegro.
—¿A qué te referías antes cuando hablaste del pilón y las chicas? —preguntó, después de beber un
reconfortante sorbo de amargo café.
—Es una vieja costumbre del pueblo.
—¿Una vieja costumbre? —_______(tn) apoyó los codos sobre la mesa y miró intrigada a su suegro. «Aquí
viene otra más de sus leyendas», pensó.
—Aquí solemos hacer las cosas de cierta manera… —Emprendió el relato con su voz de orador,
sentándose muy recto en su silla—. Cuando un hombre quiere cortejar a una mujer, lo primero que hace
es tirarla al pilón de la Fuente Nueva.
—¡Tirarla a la Fuente Nueva! —exclamó _______(tn) estupefacta. La Fuente Nueva, que en realidad tenía
bastante más de cien años, estaba ubicada en mitad de la plaza del ayuntamiento y no era, ni más ni
menos, que un enorme pilón de piedra de más de tres metros de diámetro que permanecía siempre
anegado por el agua de un manantial que brotaba de dos caños situados en la escultura en forma de cruz
que la adornaba.
—Esa es la costumbre —carraspeó Abel, irritado por la interrupción—. Cuando un hombre pretende
a una mujer, la tira al pilón para que sirva de aviso al resto de los varones del pueblo que, desde ese
mismo instante, ella pasa a ser «coto privado de caza».
—¿Y a la mujer la parece bien? —interrumpió _______(tn) alucinada.
—Depende…
—¿De qué?
—De si es invierno o verano… —Al escuchar la respuesta, _______(tn) se abrazó con fuerza a sí misma.
¡Joder! En invierno la primera capa de agua estaba congelada. En verano, casi.
—Pero… Eso es… una bestialidad.
—¡Jovencita! ¡Así se han hecho siempre las cosas aquí entre los enamorados y nadie se ha quejado
nunca!

—A mí jamás me han tirado… —comenzó a decir _______(tn) antes de cerrar la boca con fuerza. Claro
que no, Ben no necesitaba «marcar su territorio». Él, directamente la había dejado preñada.
—Como iba diciendo —refunfuñó Abel, al que no le sentaba muy bien que le interrumpieran cuando
contaba historias—, los tiempos han cambiado…
—¡Menos mal!
—¡_______(tn)! —La mirada que le lanzó su suegro la hizo callar—. Ahora los jóvenes han cambiado la
costumbre. No son sólo ellos los que tiran al pilón a las chicas. Las chicas también se han apuntado a la
moda.
—¿Qué?
—Lógicamente no tienen la fuerza suficiente para coger al chico en brazos y lanzarlo a la fuente —
comentó orgulloso—, así que se dedican a salpicarlos cuando éstos están despistados. —_______(tn) sonrió
divertida—. Y eso es lo que le ha pasado a Andrés.
—¡No!
—En resumidas cuentas, le ha salido una «pretendienta» y a él no le hace ni pizca de gracia.
—¡Por supuesto que no! Es sólo un crío, no tiene edad para andar con chicas.
—Bueno… Creo que el problema es que Andrés sí quiere andar con esa chica… —comentó su
suegro divertido— pero le da vergüenza que ella se le haya adelantado.
—¡Sólo tiene catorce años! No sabe lo que quiere.
—Yo tenía quince cuando tiré a mi mujer a la fuente —declaró Abel, herido en su orgullo.
—¿Y a Juana le pareció bien?
—Por supuesto. Llevábamos todo el verano tonteando, era hora de dar el gran paso.
—¿Todo el verano? ¿Cuando la tiraste a la fuente? —preguntó _______(tn), temiendo la respuesta.
—A finales de septiembre. —Un escalofrío recorrió a _______(tn) al pensar en la temperatura del agua en
esas fechas—. Nos casamos el verano siguiente —continuó Abel—, y desde entonces hemos sido muy
felices. La echo tanto de menos… —suspiró—. En fin, que en eso anda tu hijo. A ver si Nick lo
convence de que se deje de vergüenzas y vaya a por la muchacha.
—¡Abel!
—El verano es muy corto, _______(tn). Antes de que se dé cuenta habrá terminado, volverá a Madrid y ya
no podrá hacer nada.
—¡Ya lo hará el año que viene!
—Quién sabe si para entonces no será demasiado tarde. Al toro hay que cogerlo por los cuernos en el
momento en que aparece —afirmó mirando severo a su nuera—. Cuando se deja pasar la oportunidad,
raramente vuelve a presentarse.
—Tonterías, es sólo un crío.
—Yo sé de un crío que dejó pasar la oportunidad y ha pasado quince años esperando a que se le
presente de nuevo. Cuando quieres algo, hay que agarrarlo con las dos manos y no dejarlo escapar.
Cueste lo que cueste y pese a quien pese —sentenció su suegro levantándose de la silla—. V abajo aoy
seguir haciendo cajas.
_______(tn) observó, pensativa, la espalda de su suegro bajando las escaleras. ¿A quién se referiría?
Terminó de beber su café, lavó las tazas y, sin pensarlo dos veces, bajó tras él. No tenía nada que hacer
hasta que llegara Andrés y salieran juntos a la Soledad. Seguro que Abel agradecería que le ayudara con las cajas y, si de paso conseguía que le contara más cosas, pasaría una tarde, cuanto menos, entretenida.

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andreru
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Septiembre 8th 2014, 14:24

CAPÍTULO 10
—¿Tampoco vas a salir hoy con tus amigos? —preguntó Nick arrancando el coche.
—No sé… Ricardo me ha dicho que han quedado en la Corredera y que luego van a ir a La Charca a
darse un baño —contestó Andrés, abrochándose el cinturón.
—Parece un buen plan.
—Pse. Creo que paso.
—¿Pasas? La semana pasada te encantaba ir a La Charca…
—Ahora no me apetece.
—¿Y no tendrá nada que ver cierta chavala?
—No empieces de nuevo, tío —refunfuñó Andrés, mirando por la ventanilla.
—Eres idiota —declaró Nick enfadado—. Te pasas el día pegado a las faldas de tu madre porque
una chica te salpicó hace tres días.
—Déjame en paz —dijo el chaval enfurruñado.
—Si la chica no te gusta, vete con tus amigos y pasa de ella —propuso Nick.
—Siempre viene con nosotros. Es de la panda —gruñó Andrés.
—Pues ignórala.
—No quiero.
—¿No quieres ignorarla?
—No. Me gusta —dijo en voz tan baja, que Nick apenas consiguió entender sus palabras.
—¿Te gusta? Entonces, ¿cuál es el problema? —preguntó atónito.
—Me dejó en ridículo. Me tiró agua delante de todos… Y ahora, cada vez que veo a mis amigos
empiezan con sus bromitas: que si me pongo colorao cuando la veo, que si se ha declarado, que si nos
dejan solos para que ella me tire a la fuente… Y me tienen hasta las narices.
—Ah. Entiendo.
Nick miró a su sobrino por el rabillo del ojo. Estaba sentado muy tieso en el asiento del copiloto,
con los brazos cruzados sobre el pecho y mirando por la ventana. Al pobre se le veía perdido y
avergonzado. Aún era un muchacho. Alto y desgarbado, delgado y con algunas espinillas en la cara. Una
mezcla perfecta de las dos familias. Moreno como él mismo, fibroso como Abel, de rasgos definidos y
ojos marrones como su madre. A la única persona a la que no se parecía en nada era a Ben, su padre. No
era extrovertido, ni tenía su carisma; era como _______(tn), un chico serio y circunspecto que cuando menos te
lo esperabas daba el do de pecho mostrando un genio de mil demonios. Nick le adoraba, pero en esos
momentos estaba un poco hasta las narices de sus inseguridades. Habían pasado tres días desde el
incidente con la chica y la Fuente Nueva, y desde entonces Andrés se negaba a salir con sus amigos; en su
lugar salía con su madre. Y no es que a Nick le pareciese mal que madre e hijo salieran juntos. Pero con
cierta mesura.
Esos tres días su sobrino lo había acompañado todas las mañanas a la recogida de brevas y todas las
tardes a la cooperativa, y agradecía profundamente su ayuda. El chico era trabajador y no se quejaba por
el trabajo duro. Pero al regresar a casa, en vez de irse con sus amigos, instaba a _______(tn) a pasear por la

Soledad. Y, francamente, Nick estaba harto. Pasaba los días deslomándose en el campo y cuando
acababa con el trabajo, lo único que encontraba era su cabaña vacía porque _______(tn) pasaba las tardes con
su hijo; como si Andrés fuera un niño de pecho y necesitara su consuelo. La situación estaba empezando a
irritarle. Había trazado un plan, un plan complicado que implicaba ganarse la confianza de _______(tn) en
todos los ámbitos de su vida. Como Nick en el pueblo, como su amante desconocido en la cabaña. Y era
imposible llevarlo a cabo si lo único que podía hacer para estar con ella era dar paseos con Andrés de
carabina bajo los olmos negros del parque. Ni siquiera Abel había conseguido que Andrés se separara de
_______(tn), mucho menos él mismo, que veía como día a día su cuñada se distanciaba de él en pro de su hijo y
de los amigos que había hecho en el pueblo.
—¿El problema es que ella te salpicó y tus amigos hacen bromas sobre ello? —preguntó Nick,
vislumbrando de repente una posible solución al dilema.
—Pse…
—La solución es fácil —afirmó, aparcando sobre la cera frente a la casa de su padre.
—¿Sí?
—Sí. Esta tarde ve a la Corredera con tus amigos, coge a la chica, llévala hasta la fuente Nueva y
tírala dentro.
—¡Qué! —gritó Andrés con los ojos como platos.
—Y luego, cuando esté aturdida, la sacas como un caballero y le das un buen beso en los morros —
dijo saliendo del coche y dirigiéndose al maletero.
—¡Tío! —Andrés se apresuró a seguirle.
—La chica recibe su merecido por dejarte en ridículo, tus amigos se callan la boca y tú consigues
novia. Todo solucionado —afirmó, sacando las cajas en el mismo momento en que Abel salía de la casa
empujando la carretilla.
—¡Me pegará un bofetón si hago eso!
—¿Qué pasa? —preguntó Abel mirando al tío y al sobrino.
—El tío dice que debo tirar a Paula a la fuente y darle un beso —explicó aturullado.
—Sería lo correcto —afirmó Abel—. Ella dio el primer paso salpicándote de agua, pero ahora tú,
como hombre que eres, debes demostrar a todos que estás interesado y que ella es tu novia.
—¡Pero no lo es!
—Lo será cuando la tires a la fuente —sentenció Abel.
Nick cargó las cestas de brevas en la carretilla con una sonrisa en los labios. Con un poco de suerte,
esa tarde por fin recibiría visita en la cabaña.
—Otra estupenda tarde perdida —gruñó Nick, horas más tarde mientras tomaba el camino lleno de
baches que llevaba a su cabaña.
Eran las siete de la tarde y hacía menos de un cuarto de hora que había dejado a su sobrino en casa de
su padre tras volver de la cooperativa. Andrés se había mantenido callado y pensativo durante toda la
comida, luego había clasificado las brevas ensimismado —tanto, que apenas si había hecho la mitad de
trabajo que otros días—, y por último, en el camino de vuelta de la cooperativa, había respondido con
monosílabos y gruñidos a todo lo que Nick decía. En definitiva, se temía que el adolescente estaba
decidido a seguir en sus trece y que esa noche volvería a pasear como una criatura, acompañado de su

madre por el parque.
¡Pues que no contasen con él!
Estaba cansado, enfadado y frustrado. Prefería irse a su cabaña y perderse en los recuerdos. Al fin y
al cabo eran mis gratificantes que un paseo.
—Oye mamá…
—Dime cielo —contestó _______(tn), agachada frente a la lavadora.
—Estoy pensando… —comenzó Andrés—. Bueno… yo… ¿Te importa si hoy no vamos a la
Soledad?
—Claro que no. Iremos donde más te apetezca.
—Bueno… Es que había pensado… Ricardo y los demás están en la Corredera y… Bueno… Me
apetece salir con ellos a dar una vuelta, pero… No quiero dejarte tirada.
—Oh, no te preocupes. Sal con tus amigos, que yo ya veré lo que hago.
—¿No te importa? ¿De verdad? —preguntó Andrés, acercándose a ella y dándole un par de sonoros
besos antes de darse cuenta de que lo estaba haciendo. Dio un paso atrás avergonzado y salió corriendo
escaleras abajo—. No sé a qué hora llegaré —gritó a modo de despedida.
—¡Andrés! —Llamó _______(tn), corriendo tras él.
—¿Qué?
—Yo también llegaré tarde. No me esperes para cenar —afirmó ella.
—Vale… —respondió él un poco molesto. Seguía sin hacerle gracia que su madre se fuera de
parranda y conociera a gente con la que salir. Pero claro, eso era exactamente lo que él estaba haciendo,
comprendió de repente—. Pásatelo bien —deseó con media sonrisa.
—Ídem.
_______(tn) miró el reloj, ¡las siete y media! El tiempo se le echaba encima.
Se duchó en un visto y no visto, se peinó con un poco más de tranquilidad y comenzó a maquillarse,
pero se lo pensó mejor. Pensaba sudar de lo lindo en la cabaña, mejor no pintarse para no acabar con la
cara llena de churretes de rímel. Se cambió de ropa varias veces hasta que encontró el conjunto perfecto;
fresco, ligero, de tela que no se arrugase demasiado y sobre todo que fuera fácil de quitar. Se echó un
último vistazo al espejo y sonrió. Estaba sonrojada como una novia en su noche de bodas. Los pezones se
marcaban a través de la tela, su pelo suelto la hacía parecer más joven de lo que realmente era; pero lo
más impactante de todo era su rostro. La piel de sus mejillas estaba radiante, sus ojos irradiaban
felicidad, sus labios no podían dejar de sonreír.
¿Todo eso por la promesa de un poco de sexo? ¿O era por algo más? _______(tn) prefería no pensarlo en
ese momento.
Al salir de su cuarto y pasar por el salón se encontró a su suegro y le avisó de que llegaría tarde, pues
iba a salir.
—¿Con quién? —preguntó alerta.
—Con unos amigos —no quiso especificar ella.
—¿Los conozco? —inquirió Abel frunciendo el ceño.
—No creo. Son… de Santa Cruz del Valle —contestó _______(tn), refiriéndose a un pueblo cercano.
—Ten cuidado, hija. Tus nuevos amigos… ¿saben quién eres? —comentó entornando los ojos.

—¿A qué te refieres? —_______(tn) miró a su suegro, extrañada. Jamás se había metido en su vida.
—A que si saben que eres parte de mi familia. Ya sabes, que Nick es tu… cuñado.
—¿Y eso qué más da? —preguntó atónita.
—Eh, nada, son tonterías que se me pasan por la cabeza —comentó Abel como si nada.
—No te preocupes, soy mayorcita, sé cuidar de mí misma. No me esperes despierto —se despidió
dando un beso en la ajada mejilla del anciano.
—Viejo, esto no puede seguir así… —dijo Abel para sí mismo cuando oyó la puerta de la calle
cerrarse tras _______(tn). Mañana mismo vas a hablar con el imbécil de tu hijo y le vas a cantar las cuarenta,
porque al final alguno de esos supuestos amigos va a agarrarla y el bobo de Nick se va a quedar con un
palmo de narices, por idiota —refunfuñó dando un pisotón en el suelo—. Si el muchacho no espabila, le
haré espabilar yo aunque sea a base de tortas —afirmó enfadado.
Cuando _______(tn) llegó al claro del bosque eran casi las nueve de la noche. Definitivamente se le había
echado el tiempo encima. Respiró hondo intentando calmar los latidos de su furioso corazón.
Durante la larga caminata hasta la cabaña no había parado de darle vueltas a la cabeza.
Por un lado, ansiaba llegar hasta él, arrojarse a sus brazos y perderse en ellos. Disfrutar de unas
horas de sexo salvaje y libre de compromisos. Por otro lado, estaba enfadada con él.
Estaba enfadada porque no sabía quién era. Porque no le había prometido nada. Porque soñaba con él
cada noche, porque él tenía el rostro de Nick y… porque deseaba con toda su alma que él fuera Nick.
Maldito fuera su cuñado por confundirla de esa manera.
Por ser quién era.
Por hacerla sentir cosas que no debería sentir.
Desde que tuvieran aquella conversación, tres días atrás, Nick se había comportado como si nada
hubiera pasado, como si los años no hubieran transcurrido. Había vuelto a ser el hombre que cambiaba
los pañales a su hijo cuando ella estaba derrotada por el cansancio, el que dormía al niño entre sus
brazos y luego se quedaba horas y horas con ella, sentados uno al lado del otro en la terraza, charlando
de cosas intrascendentes, discutiendo por chorradas o escuchándola atentamente como si ella fuera lo
más importante en su vida. Los había acompañado a ella y a Andrés cada tarde en su rutinario paseo,
había bromeado con el chico, había soportado con estoicismo los silencios de _______(tn) y la había mirado…
como la miraba antes. Y _______(tn) sentía que si bajaba sus defensas, Nick volvería a entrar en su vida. Y
eso no podía permitirlo.
Hacía años había sentido por él lo que ninguna mujer debería sentir por el hermano de su marido.
Hacía años, lo había dejado todo por el hombre equivocado. Por Ben.
Hacía años, su mundo se había roto en pedazos y había tenido que crearse uno nuevo.
No iba a permitir que lo que tanto esfuerzo le había costado conseguir se fuera a la mierda. Porque
eso es lo que pasaría si volvía a… sentir algo por Nick.
Si se enamorara de él, ¿lo dejaría todo de nuevo otra vez?
Él jamás abandonaría el pueblo. Era feliz allí; con sus tierras, sus cosechas, sus gentes… De hecho
era incapaz de imaginar a su cuñado en la vorágine de Madrid. Buscando un trabajo entre cuatro paredes
que nunca le satisfaría. Jamás se sentiría él mismo caminando entre el tráfico y el humo de la capital,

cruzándose con miles de personas a las que no conocía, pisando duro asfalto y buscando en El Retiro o
La Casa de Campo los bosques salvajes que tanto amaba.
Eso destruiría su espíritu.
Pero tampoco podía imaginarse a sí misma abandonando Madrid y viviendo en un pueblo rodeada de
montañas y bosques. ¿En qué trabajaría? ¿Recogiendo verduras rodeada de bichos asquerosos? ¡Ni loca!
¿Vivir en un sitio donde las noticias más interesantes eran los cotilleos de la peluquería? ¿Donde todo el
mundo sabía todo de todo el mundo? ¿Donde lo más importante que haría sería tener la comida preparada
y caliente para cuando él llegara…? ¿Tendría que alejar a su hijo de sus amigos de Madrid? ¿Sacarlo del
instituto al que acudía? ¿Y todo para que, al cabo de unos años, cuando el amor se evaporara, ella se
encontrara sola de nuevo y tuviera que volver a crearse una nueva vida desde cero? ¡Qué tontería! Ahora
mismo se sentía feliz con su vida, para qué pensar en quimeras imposibles que sólo le darían
quebraderos de cabeza. Nick era Nick y el tipo de la cabaña era un desconocido con quien se lo pasaba
genial y con el que no tenía, ni tendría jamás, ningún compromiso. Ni más ni menos. Como decía su
suegro, era de idiotas pedir peras al olmo.
—Nada va a cambiar —afirmó, parada en un extremo del claro—. Ahora mismo voy a entrar en esa
cabaña a disfrutar del hombre con el que quiero estar en estos momentos. Y luego me iré sin mirar atrás,
porque él no es Nick, a él no le quiero —dijo cerrando los puños con fuerza—. Son estos estúpidos
sueños los que me hacen dudar.
Un relincho resonó en el claro contestándole. _______(tn) sonrió apesadumbrada y se acercó al semental
negro que corcoveaba en su cercado dándole la bienvenida. Miró a su alrededor, pero no vio ni rastro de
la yegua alazana.
—¿Dónde está tu compañera? —preguntó al caballo. Éste, por supuesto, no respondió.
_______(tn) sonrió y se dio la vuela decidida a ir de una buena vez a la cabaña. Algo faltaba, pensó
observándola atentamente. Un instante después comprobó extrañada que la mecedora que siempre estaba
en el porche había desaparecido. Se encogió de hombros y siguió su camino.
La puerta estaba cerrada. _______(tn) asió el picaporte y lo giró, se abrió sin un solo ruido. Su dueño la
mantenía bien engrasada. En el interior, las cortinas medio descorridas dejaban entrar tenues rayos de
luz. El silencio era roto por la pesada y acompasada respiración de un hombre desnudo tumbado
bocabajo en la cama. Dio un paso hacia él, temerosa de hacer cualquier ruido que pudiera despertarlo.
Era lo más hermoso que había visto en su vida. Parecía un ángel oscuro descansando sobre sábanas
blancas creadas con retazos de nubes primaverales.
Estaba dormido con la cabeza bajo la almohada. Sus manos reposaban sobre ésta a ambos lados del
bulto que formaba su testa, como si la luz del sol le molestara tanto que hubiera intentado tapar cualquier
hueco por el que pudiera llegar hasta su rostro. Su cuerpo extendido reposaba sereno. La espalda recta y
relajada se elevaba con cada respiración mientras que su firme trasero se alzaba sobre la curvatura del
final de la espalda. Mantenía las piernas un poco abiertas permitiéndole vislumbrar una pequeña sombra
entre ellas: su escroto oscuro.
Su pierna izquierda se estiraba hacia el borde inferior de la cama, a la vez que la derecha estaba
doblada con la rodilla apuntando a la pared mientras el pie se cruzaba indolente sobre los gemelos de la
otra pierna.
_______(tn) se acercó a él con la mano extendida. Quería tocarlo, pero a la vez le daba miedo despertarlo
antes de poder grabar esa imagen en su cerebro.

Un gemido emergió de debajo de la almohada a la vez que el trasero del hombre se tensaba
presionando su ingle contra el colchón. _______(tn) se quedó inmóvil observándolo. Los musculosos
antebrazos del hombre se tensaron y sus manos se cerraron en puños sobre la tela de la almohada. Su
espalda se arqueó y su trasero comenzó a mecerse lentamente, como si le estuviera haciendo el amor a la
cama.
_______(tn) carraspeó incómoda, pero él no dio muestras de haberla oído. Se mordió los labios. No quería
dejar de mirar, pero sabía que no era correcto observarle en silencio. Se acercó hasta él y posó una mano
en su espalda. Él dio un respingo y gimió más alto.
—Hola.
—¿_______(tn)? ¿Eres tú de verdad? —preguntó él con la voz amortiguada bajo la almohada.
—Sí.
—¿No estoy soñando? —inquirió, perplejo.
—No. Soy real —respondió risueña, ante las dulces y confundidas palabras de él.
—Has vuelto…
—Siempre cumplo mis promesas —susurró ella, refiriéndose a la última noche que habían estado
juntos.
Él se giró, su rostro todavía oculto bajo la almohada apoyó el antebrazo sobre ésta, dejando el resto
de su cuerno expuesto en todo su esplendor. Tragó saliva, _______(tn) siguió el movimiento de su nuez y
después desvió su mirada hacia la clavícula y más allá. El vello de su pecho formaba remolinos sobre
sus tetillas y descendía en un fino hilo hacia su ombligo, rodeándolo, para luego bajar como una flecha
hacia su ingle. Enmarcado entre los rizos morenos, su pene se mostraba erecto e insolente, tentador y
expectante.
—¿Me estás mirando? —preguntó él.
—Sí —_______(tn) se sentó en el borde de la cama.
—¿Te gusta lo que ves?
—No te imaginas cuánto —respondió ella, deslizando un dedo por el tallo de su verga. Ésta saltó en
respuesta.
—Cierra los ojos —ordenó él.
—Quiero mirarte. —Se rebeló _______(tn) sin dejar de recorrer con su dedo la suave tersura del pene.
Él extendió sus manos hasta encontrar la que jugaba con su pene y la asió por la muñeca, obligándola
a desplazarse hasta su pecho. _______(tn) gimió al sentir el roce de su ensortijado vello contra las yemas de
sus dedos y comenzó a jugar con las tetillas. Él recorrió con sus manos los brazos de _______(tn), acarició
lentamente su clavícula, se detuvo en el cuello, buscando con las yemas la vena que palpitaba en él,
notando cada latido de su corazón. Luego siguió ascendiendo por su rostro hasta encontrar la humedad de
sus labios, siguiendo su curva; el índice se coló entre ellos y jugueteó con los perfiles afilados de sus
dientes. _______(tn) gimió y lo absorbió dentro de su boca, lamiéndolo y aprendiendo cada aspereza de su
yema sin dejar de mirar y acariciar su moreno torso.
Él liberó el dedo que tenía preso en la boca de la mujer y ascendió con las dos manos por su rostro,
dibujando sus pómulos con el pulgar hasta encontrar los parpados que enmarcaban sus preciosos ojos.
Posó las palmas sobre sus mejillas y cubrió con los pulgares los ojos, obligándola a cerrarlos. Entonces,
y sólo entonces, se irguió liberándose de la almohada que cubría su rostro y observó a _______(tn).

Tenía las mejillas arreboladas, los labios entreabiertos, la cabeza inclinada hacia atrás. Era preciosa.
Se había dejado el pelo suelto y le caía en ondas enmarcándole la cara. Llevaba un corpiño negro de
algodón, elástico y sin tirantes, que se ajustaba sobre su pecho para luego caer holgado hasta sus caderas.
Unos shorts vaqueros completaban su imagen.
No pudo evitar sonreír al ver sus pies calzados con recias y deportivas blancas. _______(tn) se había
quejado durante dos días a Abel de las ampollas que tenía en los pies por culpa de haber «paseado por el
campo» en valencianas…
—Te he echado tanto de menos —susurró él contra los labios tibios de su mujer.
Ella no pudo responder. Él se apropió de su boca en ese momento, la besó como si hiciera años que
no se hubieran visto. Y aunque no era cierto, ambos se sentían así. Estuvieron besándose hasta que sus
labios quedaron entumecidos. Los pulgares de él presionando sus parpados, las manos de ella posadas
sobre el pecho fibroso y velludo de él. Sólo sus lenguas se movían, penetraban en las bocas, recorrían el
cielo del paladar, tentaban la dureza de los dientes y recorrían el interior de las mejillas. Ninguno de los
dos se veía impelido a ir más allá, el simple roce de sus labios era suficiente para trasmitir sus
sentimientos, su desamparo durante esos días que no habían estado juntos, su pérdida al saberse lejos el
uno del otro.
Él presionó con su cuerpo hasta que _______(tn) quedó tumbada, con la espalda pegada al colchón y
comenzó a recorrer su rostro con ligeros besos. En la mandíbula, en los pómulos, la nariz, la frente y por
último los parpados. Los besó una y otra vez mientras _______(tn) inhalaba el aroma que emanaba de su
cuerpo; esa esencia mezcla de bosque, sudor y hombre que le era más necesaria para respirar que el
mismo aire.
—¿Mantendrás los ojos cerrados? —preguntó él, más que ordenó.
—Sí —susurró _______(tn).
El hombre se levantó de la cama sin dejar de mirar a la mujer lánguida y dulce con la que soñaba
cada noche.
_______(tn) escuchó sus pasos al recorrer la cabaña, luego sintió su peso inclinar la cama al posarse sobre
ella, la suavidad del cuero sobre sus parpados cerrados, los dedos masculinos atando las tiras que le
impedirían verle.
—No te muevas —ordenó. _______(tn) asintió con la cabeza.
Escuchó intrigada el sonido de los muebles moviéndose de un lado a otro. El chirriar de la mesa
siendo arrastrada, el sonido parejo de las patas de la silla cayendo sobre el suelo cerca de ella… Luego
el silencio. Las manos de dedos ásperos deslizándose por sus pies, liberándola de las deportivas,
acariciando sus piernas, subiendo por sus muslos, buscando el botón de sus pantalones cortos;
desabrochándolos.
—Te he echado tanto de menos —repitió él, besando su pubis—, cada noche venía aquí, a nuestra
cabaña —dijo tironeando de los pantalones para bajarlos. _______(tn) alzó el trasero para ayudarle—. Rezaba
para que pudieras escaparte cuando todos estuvieran dormidos y vinieras hasta mí. Pero no era más que
una quimera —afirmó deslizando la tela por sus sedosos muslos, besando cada trozo de piel que quedaba
libre, recorriendo con labios y lengua cada centímetro de sus piernas—. Incluso llegué a pensar que te
habías olvidado de mí —susurró dejando caer los pantalones y el tanga en el suelo.
—No podía venir… Mi hijo me necesitaba.

—Yo también —declaró posando su mejilla rasposa en el suave estómago de _______(tn)—, cada noche
sufría añorándote —dijo, introduciendo los dedos bajo el algodón elástico del corpiño—. Me dolían las
manos de no poder tocarte. —Le bajó el corpiño por las caderas, levantó con una de sus fuertes manos su
trasero y continúo quitándoselo—. Soñaba contigo y al despertar y ver que no estabas, lo único en lo que
podía pensar era en ir a casa, meterme en tu habitación y hacerte el amor hasta que gritaras. No sé cómo
he podido contenerme —afirmó, tumbándose sobre ella y besándola apasionadamente.
_______(tn) intentó reflexionar sobre las palabras que él acababa de pronunciar. Sentirse asustada por su
última afirmación, por la familiaridad con la que hablaba de la casa de Abel, como si fuera su propia
casa… Pero era incapaz. Sus besos no la dejaban pensar; su endurecido pene presionando sobre su
vientre la llevaba más allá de la razón. Sus manos, cerniéndose sobre sus pechos, acariciándolos,
pellizcando sus pezones la hacían vibrar hasta olvidarse incluso de que debía respirar.
—Desde que te vi de pie, entre el vapor, mojada, con el pelo empapado cayendo por tu espalda, con
las manos en la ingle, masturbándote, no he podido dejar de imaginarte, una y otra vez, cada noche…
—¿Qué…? ¿Cuándo? —preguntó _______(tn) aturdida. Había oído sus palabras, pero su significado se
escapaba a su comprensión.
—Joder —siseó él dando un puñetazo en la cama—. En sueños, te he imaginado así en mis sueños —
corrigió—. Me vuelves loco —declaró—, no puedo pensar cuando estás conmigo, me vuelvo un idiota
balbuceante que sólo dice chorradas —dijo, volviéndola a besar antes de cometer más errores.
_______(tn) abrió las piernas bajo él e intentó colocarlas alrededor de sus caderas, obligarle a entrar en
ella, pero él se levantó, separándose.
—Ah, no. Tienes que pagar por todo el tiempo que me has hecho esperar…
La cogió en brazos y la levantó de la acogedora cama para depositarla sobre una superficie dura.
_______(tn) se removió sobre su nueva ubicación. El asiento era duro y liso, de madera; tenía reposabrazos a
ambos lados y el respaldo era muy alto. Se echó hacia atrás con cuidado y todo su mundo se balanceó.
—¡Joder! —exclamó asustada, agarrándose con las manos a los apoyabrazos como si le fuera la vida
en ello.
—Tranquila —susurró él en su oído— voy a calzar la mecedora para que no se mueva —explicó.
—¿La mecedora del porche… es… esta cosa? —preguntó, intentando no moverse para que ese
aparato del diablo no siguiera meneándose. Con los ojos abiertos tenía que ser un placer, pero en esos
momentos era simplemente aterrador.
—Sí —respondió él, divertido.
—Y… ¿qué hace aquí dentro? —inquirió, posando las plantas de los pies en el asiento en un intento
de mantener el equilibrio mientras rezaba para que él se diera prisa en calzar esa cosa. Empezaba a
marearse.
—La metí hace un par de días.
—¿Para qué? ¿Para torturarme? —preguntó irónica.
—Sí —dijo él, besándola suavemente en la sien.
—¡Qué!
—Shhhh —posó uno de sus dedos sobre sus labios silenciándola—. Tranquila…
Le dio pequeños besos en los pómulos, la nariz, la mandíbula y en cada beso depositaba un susurro…
Un gemido… Un te adoro… Un te quiero insinuado, pero no verbalizado.

_______(tn) apoyó la cabeza en el alto respaldo de la mecedora y alzó la barbilla, instándole a que
recorriera con besos su cuello. Él sonrió y obedeció. Lamió y mordisqueó, trazó caminos sinuosos de
amor y deseo, hasta que la oyó jadear. Y en ese momento se olvidó de cualquier cosa que no fuera la
tibia piel que temblaba bajo sus labios. Mordió con cuidado y absorbió con fruición, hasta estar seguro
de que su pasión dejaba una marca indeleble en su hermoso cuello. Sabía que al día siguiente, cuando
viera el chupetón, _______(tn) despotricaría y se enfadaría, pero en ese momento le daba lo mismo. Era suya y
quería que todo aquel que la viera lo supiera.
Cuando él dejó de besarla y se alejó, _______(tn) se incorporó sin pararse a pensar. No quería dejar de
sentirle sobre su piel. Extendió sus brazos buscándole, pero fueron las manos de él las que la
encontraron.
—Tranquila. Vayamos poco a poco. No hay prisa —dijo asiéndole las muñecas y guiándolas hasta
que quedaron posadas sobre el respaldo—. Llevo varios días atormentado por una fantasía… —La besó
cuidadosamente en los labios—. He soñado con nosotros noche tras noche —Le acarició tímidamente los
pechos.
Poco a poco fue colocando el cuerpo de la mujer tal y como tantas veces había imaginado desde que
la vio aquel día al salir de la ducha. Los brazos alzados sobre el respaldo de la mecedora, la espalda
arqueada, los pechos exhibiendo unos perfectos y rosados pezones erectos, las piernas muy abiertas,
colocadas sobre los apoyabrazos y los pies colgando, el trasero casi rozando el borde el asiento.
Totalmente expuesta ante él.
_______(tn) sintió cómo el rubor recorría su pecho y se alojaba en su rostro. Esa postura era… indecente,
excitante, desinhibida, tentadora… No era posible que se sintiera cómoda tan expuesta, pero lo estaba.
Se sentía tan sensual y sexy, que los pezones le dolían por la excitación y las piernas le temblaban
anticipándose al juego.
Él recorrió con la mirada el cuerpo perfecto de su mujer; su pene se engrosó y alargó, del glande
brotó una tímida gota de líquido preseminal.
Era hermosa, tan hermosa que dolía mirarla y saber que aún no era suya en cuerpo y alma. Cerró los
ojos e inspiró profundamente. Pronto. Muy pronto, se prometió a sí mismo. Con pasos decididos se
dirigió hacia la mesa y la corrió hasta ubicarla tal y como quería, colocó sobre ella el pequeño o potente
foco que había comprado y se sentó en la silla. _______(tn) se mordió los labios esperando el próximo
movimiento del desconocido. De repente una fuerte luz cayó de lleno sobre su cara, tornando la
oscuridad que veían sus ojos en blanca claridad.
—Quítate la máscara —ordenó él.
—¿Qué…?
—Hazlo.
_______(tn) deslizó sus manos por las cintas de cuero hasta llegar al lazo que las unía, lo soltó tras titubear
un segundo y cerró los ojos. La máscara de cuero quedó colgando entre sus dedos.
—Abre los ojos —susurró él. _______(tn) así lo hizo. Miró frente a ella, la luz resplandeció contra su
retina hiriéndola y obligándola a bajar los párpados.
—¡Qué es eso!
—No mires al frente —avisó él demasiado tarde.
—¿Y me lo dices ahora? ¡Tócate los pies!

—Lo siento. —Se disculpó él entre risas al oír su exclamación—. Abre los ojos lentamente y mira
hacia tu regazo —matizó.
_______(tn) lo hizo, aunque con bastantes reservas. Se vio a sí misma, su cuerpo reposaba lánguido sobre
la mecedora, sus piernas abiertas, su sexo totalmente visible, sus pezones erectos.
—Mírame —ordenó él.
_______(tn) levantó la vista tímidamente, la fuente de luz estaba situada sobre la mesa, inclinada a la altura
de la cara de él, cubriendo sus rasgos con un fuerte resplandor que la impedía observarlos, pero que
solamente ocultaba su rostro mientras iluminaba el resto de su cuerpo.
Y tenía un cuerpo magnifico.
La garganta de _______(tn) se secó ante la visión del hombre situado frente a ella.
Estaba sentado sobre una silla de madera, totalmente desnudo, su cuerpo tan lánguido como el de ella.
Tenía el trasero sobre el borde la silla, la espalda apoyada en el respaldo, haciendo que en su abdomen
relajado se marcaran unos tenues abdominales. Las piernas abiertas mostraban sin prejuicios el escroto
oscuro y suave que ocultaba sus testículos tensos y el nido de rizos de su ingle sobre el que se alzaba
orgulloso su pene erecto. La mujer detuvo su mirada en él y éste aumentó, impaciente y lujurioso.
_______(tn) sintió como su clítoris palpitaba y se tensaba a la vez que su vagina se humedecía en respuesta
al tamaño y grosor del pene que no podía dejar de observar. Excitada, subió la mirada hacia la cara del
desconocido, anhelando comprobar si su expresión revelaba el mismo deseo que, estaba segura,
mostraba su propio rostro.
La luz la deslumbró de nuevo.
—No lo hagas. No intentes mirarme a la cara, sólo conseguirás deslumbrarte. —_______(tn) asintió con la
boca seca, deseando tocarle pero sin atreverse. Jamás le había visto tan de cerca—. ¿Te gusta mirarme?
—preguntó. Ella asintió de nuevo con la cabeza, no le salían las palabras. Miró de nuevo su pene erecto,
sus piernas separadas, sus pies descalzos… Al lado del izquierdo, olvidada sobre el suelo, yacía la
fusta.
El hombre miró a la mujer que tenía ante sí, excitada, impaciente; por él. Sólo por él. Recordó el
momento exacto en que la vio en la ducha, desnuda, acariciándose el pubis y su polla se movió
impaciente.
—Sólo hay dos reglas —explicó—. No puedes separar tu espalda del respaldo de la mecedora y
debes obedecer cada orden que te dé.
—¿También rigen para ti? —preguntó ella armándose de valor.
—Sí —susurró él complacido—. Acaríciate los pezones. _______(tn) se sobresaltó, pero al cabo de un
segundo obedeció… y ordenó.
—Tócate el abdomen… Recórrelo… Baja lentamente hasta el ombligo… —Él lo hizo, quizá un poco
demasiado rápido, ya que sus dedos enseguida llegaron hasta el ombligo y siguieron bajando—. No. No
te he dicho que puedas pasar de ahí. —Le recriminó _______(tn)—. Sube de nuevo y dime lo que sientes.
Los dedos del hombre se detuvieron y temblaron para, acto seguido, ascender por sus abdominales.
—Es… suave… Me gusta. Si cierro los ojos, siento que eres tú quien me toca. ¿Tus pezones se han
puesto duros?
—Como piedras. Están calientes y duros, me palpitan cada vez que paso los dedos sobre ellos.
Necesito más —afirmó _______(tn), observando cómo los dedos de él trazaban cada línea de su abdomen y

jugaban con el vello que bajaba directo a la ingle.
—Llévate los dedos a la boca y chúpalos. Ahora coge tus pezones y pellízcalos suavemente. ¿Qué
sientes?
—Me queman. Los siento tan tensos que casi duelen. Cada vez que los aprieto entre mis dedos, me
palpita el clítoris. Acaríciate los tuyos —ordenó _______(tn) con una sonrisa ladina. Él emitió un suave
quejido.
—No es ahí donde quiero ir —respondió, bajando sus manos hacia la ingle e ignorando la orden de
_______(tn).
—¿Rompes las reglas? Bien. El juego acaba aquí y ahora —sentenció ella, apartando sus propias
manos de su cuerpo.
—¡No! —exclamó él, alejando los dedos de su glande y subiendo hasta sus tetillas—. Son aburridos,
no son suaves como los tuyos, ni me hacen morir de deseo por tocarlos —gruñó acariciándose.
—Pasa las uñas sobre ellos, ráspalos.
—Que tont… —no pudo continuar, un gemido acalló sus palabras, el vello de sus brazos se erizó—.
He sentido un escalofrío —confesó un segundo después—. Es… distinto.
—Pellízcalos. —Él obedeció y sintió, alucinado, cómo ramalazos de placer recorrían su cuerpo—.
Más fuerte —ordenó _______(tn), imprimiendo a sus propios dedos la misma fuerza que exigía.
—¡Dios! —jadeó él estupefacto—. Jamás hubiera imaginado… —No pudo continuar, sus piernas se
abrieron más, su pene se elevó enfadado por el abandono al que era sometido—. Me excita… —Miró a
_______(tn) y vio su reflejo en ella. Los ojos iluminados por la pasión, su sexo húmedo y brillante, sus dedos
temblorosos. Chasqueó la lengua irritado, ella estaba dominando el juego. No se lo iba a permitir—.
Deja tu mano izquierda jugando con tus pezones y baja la derecha hasta tu pubis. ¿Qué sientes?
—Está depilado —comentó _______(tn), guiñando un ojo y acariciándose donde él había ordenado—. Lo
siento suave bajo mis dedos… Ohhh —_______(tn) gimió cuando sus dedos tocaron el capuchón hinchado de
su clítoris.
—¿Te he dado permiso para tocarte ahí? —preguntó él irónico. _______(tn) bufó y subió los dedos de
nuevo al monte de Venus.
—Estira tus pezones hasta que sientas dolor —ordenó _______(tn) vengativa. Él obedeció—. Ahora
cálmalos, acarícialos lentamente, con suavidad.
—Haz tú lo mismo —jadeó él, inmerso en las nuevas sensaciones.
—¡Copión! —se burló ella. Él la miró fijamente. _______(tn) sonreía, feliz… y excitada. En contra de lo
que había supuesto, no se mostraba tímida en absoluto. Estaban jugando en primera división y él iba
perdiendo.
—Chúpate los dedos. Mételos en tu boca y luego acaríciate el coño con ellos, sin meterlos en la
vagina ni tocarte el clítoris —ordenó con severidad. Si iba a jugar en primera, él iba a ser el ganador.
Sin ninguna duda.
_______(tn) abrió los ojos como platos ante su tono inflexible y excesivamente preciso, pero hizo lo que le
ordenaba. Si él pensaba torturarla, ella le iba a dar una buena lección.
—Pasa tus dedos por el glande y extiende su humedad por toda polla —Le ordenó. Él obedeció,
intranquilo… ¿Qué planeaba ahora?
—Separa con los dedos tus labios vaginales. Déjame ver cómo brillan.
—Agárrate la polla y mastúrbate lentamente —Él así lo hizo. El sudor recorría su frente, su torso

agitado subía y bajaba con fuerza, sus pulmones no conseguían el aire suficiente como para seguir
respirando—. Acaríciate con la mano libre los huevos, dime si están duros.
—¡Joder! —exclamó él. La espalda se le arqueaba sin poder evitarlo, la sangre le ardía mandando
destellos de placer por todo el cuerpo, el pene rugía impaciente por liberarse, sus testículos…—. Están
duros… Queman… Me duele —jadeó—. Métete un dedo —ordenó entre gemidos—. ¿Estás mojada?
—Claro que sí. Estoy muy mojada, mi dedo resbala por mi vagina como lo hace tu polla cuando me
follas… —Él jadeó al escucharla e imaginarse dentro de ella—. Siento cómo mi vagina lo aprieta, pero
es tan pequeño… Me estoy imaginando tu enorme polla dentro, resbalando, penetrándome hasta
golpearme el útero una y otra vez… Entrando y saliendo sin pausa, tus huevos empujando en cada
embestida contra mi coño, haciendo que me corra… Pero… no puedo, es sólo un dedo —comentó entre
gemidos mirándole con picardía.
—Dos… Métete dos —jadeó él cuando ella dejó de hablar. Necesitaba seguir oyéndola.
—Hum… Mucho mejor… —afirmó _______(tn) entre gemidos, introduciendo dos dedos en su vagina—.
Aferra con fuerza tu polla y mastúrbate más rápido, desde el glande a la base. Vamos, puedes hacerlo
mejor… —le instó—. No veo tus dedos acariciando los huevos, álzalos para mí, quiero verte bien —él
obedeció sin dudarlo un segundo—. Eres tan hermoso… Cógelos en la palma de tu mano, juega con ellos,
pero no te olvides de la polla. Sigue… así, arriba y abajo; párate en el glande, extiende su humedad,
presiona sobre su abertura, bien… Ahora mastúrbate con fuerza…
Él tenía los ojos entornados. Apenas conseguía hilar un pensamiento con otro. Sabía que estaba
perdiendo el juego. Sin dejar de mover las manos sobre su pene y escroto, intentó cambiar las tomas.
—Acaríciate… el… clítoris… —suplicó más que ordenó.
—Imagino tu lengua sobre mí —gimió _______(tn)—. Danza contra mi clítoris, absorbe cada uno de sus
latidos. Mírame, está hinchado por ti. Late por ti. Tu lengua lo recorre —dijo acariciándose el clítoris
lentamente con el pulgar, mientras se penetraba con el corazón y el anular. La otra mano mantenía
abiertos los labios de su vagina, permitiendo a Nick ver exactamente qué estaba haciendo en cada
momento—. Ahora son tus labios los que lo aprisionan —dijo presionando con el pulgar—, lo torturan
sin pausa. Eres muy malo. —Fingió regañarle—. ¿A qué sabe mi clítoris?
—Es dulce… y a la vez salado… —jadeó él, acariciando el paladar con la lengua, recordando el
sabor de ella entre sus labios, la esencia de su cuerpo al llegar al orgasmo, el perfume de su intimidad
cuando su rostro estaba entre sus piernas—. Éxtasis y ambrosía mezclados con la dulzura de tu cuerpo —
afirmó.
—Más rápido. Mastúrbate más rápido, más fuerte —él obedeció incapaz de pensar—. ¿Me sientes en
tu lengua? —le preguntó sin dejar de acariciarse el clítoris—. ¿Sientes como me penetras? —preguntó
_______(tn), introduciendo con fuerza los dedos en su vagina.
—Sí —jadeó él en respuesta a ambas preguntas.
—Córrete ahora —ordenó _______(tn) sin dejar de mirarle.
Nick gritó cuando el placer estalló en sus testículos y recorrió ardiente el camino hasta su glande.
Siguió gritando cuando el semen abandonó su cuerpo en cálidos e impacientes chorros que se derramaron
sobre sus muslos. Bufó indignado cuando los estertores del orgasmo llegaron a su fin y su cabeza se
despejó lo suficiente como para comprobar que había sido derrotado sin miramientos.
Su mirada se centró en _______(tn), su rostro estaba sudoroso, sus ojos entornados, sus labios

entreabiertos. Su pecho subía y bajaba rápidamente, sus manos acariciaban su sexo todavía.
—Estás a punto de correrte —No era una pregunta.
—Sí —contestó ella.
—Deja de tocarte —exigió tranquilamente. _______(tn) enarcó una ceja—. Pon las manos sobre las
rodillas —ordenó, juntando las piernas y cruzándolas a la altura de los tobillos. Su pene descansaba
flácido sobre su muslo. En esos momentos una sola idea vagaba por su mente, _______(tn) iba a pagar cara su
victoria.
—Como desees —aceptó ella—. Y ahora ¿qué? ¿Terminó el juego? —preguntó sonriendo. Se sentía
poderosa, invencible. Le había ganado en su propio juego.
—En absoluto. Has ganado una batalla, pero no la guerra.
—Si tú lo dices… —se burló ella—, pero a mí me parece que estás K.O. —comentó señalando con
la mirada su pene flácido.
—Por ahora —aceptó él con los dientes apretados—. Tómatelo como una tregua.
—Necesitarás un mástil que se mantenga rígido para ondear la bandera blanca —dijo _______(tn),
divertida.
—No te preocupes por eso —gruñó él—. Tengo uno justo aquí —aseveró, inclinándose y recogiendo
del suelo la fusta.
—Uisssss… ¡Qué mal perdedor…! ¿Me vas a fustigar por haber ganado?
—Sí —afirmó.
_______(tn) alzó una ceja e hizo un mohín juguetón con los labios. ¿A qué pretendía jugar ahora?
—¿Cómo te sientes? —preguntó él.
—Bien, gracias.
—Mantén las manos sobre las rodillas.
—Sí, amo.
Él gruñó al oír su tono sumiso y burlón a la vez. _______(tn) no sabía con quién estaba jugando. Con un
movimiento certero de su mano, la fusta rozó con suavidad los pezones erectos de la mujer, ésta inhaló
con fuerza pero no se movió. Nick sonrió. Siguió jugando lentamente con la fusta sobre sus pezones,
apenas rozándolos hasta que la espalda de _______(tn) se arqueó para acercárselos, entonces comenzó a bailar
con el erótico instrumento sobre la curva de sus pechos, recorriéndolos pero sin acercarse a los duros y
rosados guijarros que esperaban anhelantes su contacto. _______(tn) bufó disgustada. Sentía los pechos llenos,
duros, los pezones le ardían esperando una caricia que no llegaba…
La fusta se deslizó de repente por su abdomen, bordeó la cavidad de su ombligo y trazó líneas
sinuosas sobre su pubis, casi rozando la unión de sus labios vaginales pero sin llegar a hacerlo,
tentándola unos milímetros por encima del clítoris palpitante e hinchado.
_______(tn) levantó un poco el trasero del asiento, intentado obtener la caricia que ansiaba, pero él desvió
el recorrido, ascendió de nuevo a las curvas inferiores de sus pechos, y continuó su camino hasta la
clavícula y el chupetón rosado que lucía en el cuello.
_______(tn) dejó caer el trasero de nuevo sobre el asiento y relajó sus músculos. ¿A qué coño estaba
jugando?
Él sonrió al ver el gesto frustrado de la mujer, siguió acariciándole la garganta con pasadas lánguidas
y suaves de la fusta, dejando que se relajara…
—Pasa las manos por debajo de tus pechos y levántalos para mí —ordenó.

_______(tn) obedeció casi impaciente. Elevó sus pechos y esperó, pero él no hizo nada. Siguió paseándose
por su cuello.
—Me gustan tus pezones. Tan rosados y sensibles. Me gusta cuando se endurecen contra mi lengua.
Me gusta succionarlos y sentir como tiemblas —afirmó él. _______(tn) cerró los ojos y vio cada palabra
descrita formando imágenes en su mente—. Junta tus pechos —ordenó. Ella apretó sus senos, los pezones
se le oscurecieron.
La fusta voló desde el esternón y restalló sobre ellos con un golpe suave y seco a la vez. _______(tn) se
estremeció. Un segundo después volvió a caer en el mismo lugar, quizá un poco menos suave, pero sin
causar más que un leve dolor que rápidamente se mezcló con el placer.
Nick jugó con la fusta, alternando roces suaves con toques más fuertes; caricias lentas y cuidadosas
con pasadas rápidas y casi dolorosas, hasta que los pezones estuvieron tan rojos como cerezas maduras,
tan prietos como guijarros. Observó a la dueña de su alma y sintió que el corazón se le hinchaba
orgulloso; _______(tn) aún mantenía las piernas abiertas, pero todos los músculos de su cuerpo temblaban ante
cada roce. Su vulva rosada y brillante se contraía rítmicamente, buscando una culminación que no era
capaz de encontrar. El clítoris destacaba terso y erguido entre los labios vaginales. Su respiración era
errática; sus ojos se mantenían entornados, como si no quisiera cerrarlos pero fuera incapaz de
mantenerlos abiertos. Sus labios se apretaban con fuerza, formando una línea pálida en su rostro.
—¿Te gusta? —preguntó él. _______(tn) asintió con la cabeza— Háblame. Dime cuánto te gusta.
—Ohhh… No… Está… maaaal —jadeó sin poder evitarlo. Intentó hablar de nuevo, pero no lo
consiguió y optó por apretar los labios. Él sonrió.
—¿Estás a punto de correrte? —preguntó, dejando resbalar la fusta por el trémulo pubis, presionando
con ella su clítoris.
—¡Joder! Sí —gritó ella tensando todo su cuerpo, separando el trasero del asiento y abriendo las
piernas tanto como podía. Las manos apretaban sus pechos, formando garras sobre ellos—. No pares
ahora… Ahora, no… —suplicó.
—Relájate —ordenó él golpeando con la fusta el interior de los muslos femeninos. _______(tn) gimió y
dejó caer las nalgas de nuevo sobre el asiento—. Ábrete el coño con los dedos, pero no te toques —
exigió—. Quiero ver como brilla, como llora por mí —jadeó Nick, tan excitado como ella.
_______(tn) obedeció. Abrió su sexo, mostrándolo húmedo y rosado, brillante por la excitación, hinchado y
anhelante. El recorrió el interior de sus muslos con la varilla en suaves caricias, recogió con la punta la
humedad que se derramaba desde la vagina y subió lentamente hasta el clítoris. Lo ignoró y bajó
recorriendo lánguidamente los labios vaginales, arriba y abajo, parando al llegar a la entrada de la
vagina, hundiendo sutilmente la punta en ella y saliendo con rapidez. _______(tn) temblaba incontrolable,
jadeaba en busca de aire, abría y cerraba los labios intentando contener sus gemidos.
—Levanta el trasero —exigió él.
La punta de la fusta se coló por la grieta entre las nalgas cuando _______(tn) obedeció, levantó el ano sin
compasión. Recorrió el camino desde el perineo hasta el clítoris, presionando apenas, como la caricia
insuficiente y frustrante de una pluma.
_______(tn) gruñó entre enfadada y frustrada. Estaba al borde del orgasmo. Llevaba siglos a punto de
correrse y el muy cabronazo no se lo permitía. ¿Quería jugar? Jugarían. Inspiró profundamente intentando
controlarse y fijó la mirada en el regazo del hombre. Estaba erecto otra vez. Sonrió.

—¿Te gusta lo que ves? —Le preguntó, tal y como él había hecho al principio.
—No puedes ni siquiera imaginar cuánto. Eres preciosa. Tienes los pezones tan rojos que sólo deseo
lamerlos y succionarlos. Tu pubis depilado brilla como si fuera oro puro y mi polla se muere por entrar
en ti y perderse; me duelen los huevos de las ganas que tengo de follarte. Tu ano está mojado con jugos
que fluyen de tu vagina… Pero, por encima de todo, deseo hundir mi cara en tu coño, absorber con mi
lengua cada gota de éxtasis que mana de él, impregnar en mi rostro cada latido de tu esencia, llenarme la
nariz con el perfume de tu placer —respiró profundamente y asintió con la cabeza—. Sí. Me gusta lo que
veo.
_______(tn) abrió los ojos como platos, nunca le hablan dicho algo tan hermoso… ni tan sexy.
—Acaríciate —exigió, susurrante.
—¿Qué? —Se sorprendió él al oír la orden de la mujer. La fusta paró su vaivén sobre la vulva.
—Acaríciate. Mastúrbate. Ya has vuelto a entrar en el juego, ¿no? —inquirió ella, señalando con la
mirada su pene alzado sobe los rizos morenos de su ingle.
Nick la miró con orgullo. Su mujer no se dejaba vencer fácilmente.
Bajó la mano libre hasta su pene y comenzó a acariciarlo lentamente, desde el glande hasta la base.
Los dedos que sostenían la fusta temblaron ligeramente cuando el placer recorrió con fuerza su cuerpo.
Se miraron uno al otro.
_______(tn) observó la mano de él moverse arriba y abajo sobre su pene; su abdomen temblar, los pies
arquearse hasta quedar de puntillas en el suelo, la venas marcarse y palpitar sobre los músculos tensos de
sus brazos. Sonrió cuando los dedos que sujetaban la fusta se estremecieron… pero no la dejaron caer.
Él observó a la mujer que amaba, su cuerpo sudoroso, su rostro sonrosado, sus labios entreabiertos y
sonrientes. Sus dedos sujetando los pliegues vaginales, temblando ante cada toque de la fusta.
Hombre y mujer frente a frente. Dos voluntades, un solo destino.
—Cierra los ojos —pidió él.
_______(tn) obedeció. Oyó el sonido de la fusta al golpear contra el suelo. El chirrido de la silla al ser
arrastrada. El chasquido de algo metálico cambiando de posición sobre la mesa. Dejó de sentir el
resplandor de la luz en su cara. La mecedora se movió ligeramente y luego comenzó a balancearse, había
quitado los topes que la mantenían inmóvil.
Sintió el familiar roce del cuero sobre sus ojos cuando él le colocó la máscara.
Sintió sus dedos masculinos acariciando las manos que mantenían abierto su sexo. Relajó los dedos y
los labios de su vagina escaparon de su agarre…
—Doy por finalizado el juego —declaró él, poniendo sus manos a ambos lados del rostro de _______(tn);
acariciándolo, para luego aferrar con sus dedos fuertes y grandes el respaldo de la mecedora. Apoyó su
rodilla contra el asiento, pegándola al pubis húmedo y terso que tanto deseaba acariciar.
—Toma lo que quieras de mí —suplicó. _______(tn) se inclinó hacia adelante, quitó las piernas de los
apoyabrazos y resbaló de la mecedora, apretándose contra él, hasta quedar arrodillada en el suelo, con
una de las piernas del hombre entre sus muslos. Pegó su pubis a la piel cálida y masculina que cubría la
tibia. Acopló su clítoris contra la dureza velluda y se meció contra ella.
Nick gimió ante la imagen que le proporcionaba su posición erguida. _______(tn) arrodillada ante él,
dándose placer a sí misma contra su espinilla, mojándole con sus fluidos, marcándole a fuego con su
pasión. Observó su precioso pelo dorado ondear a pocos centímetros de su ingle, y deseó que ella

acercara sus labios hasta su pene y lo besara.
_______(tn) aferró con sus manos los muslos de su amante. Ascendió por ellos hasta su trasero y hundió los
dedos en la grieta entre sus nalgas. Tiró de ellas hasta que sintió el pene terso y cálido pegado a sus
mejillas. Sonrió. Meció su cara contra la verga imponente que lloraba lágrimas de semen por ella, frotó
sus pómulos contra ella y cuando oyó jadear a su amante, abrió la boca y lo introdujo lentamente.
Nick apretó con fuerza los puños a ambos lados de sus caderas, deseaba asirla del cabello y
enterrarse por completo en su boca. Estaba a un paso de morir de placer. La lengua de _______(tn) le
acariciaba el glande, se introducía en la abertura de la uretra, se impulsaba contra él. Sus labios
presionaban el tallo de su pene, succionándolo con fuerza mientras su vulva se resbalaba sin pausa sobre
su espinilla, pintando con él húmedos senderos de deseo. _______(tn) hundió con más fuerza los dedos en el
trasero del hombre. Su paladar se extasiaba con el sabor del pene que profundizaba en su boca. Sin
importarle ningún límite, lo introdujo dentro; tanto que casi le tocó la campanilla. Sintió una arcada pero
se obligó a relajar la garganta. Lo quería tener completo en su interior, tan profundo como fuera posible;
quería sentirlo cuando se engrosara y alargara al bordear el orgasmo, quería que estallara contra su
garganta e inundara sus sentidos con el sabor de su pasión. Se apretó más contra el hombre, el vello corto
y suave de su pierna le raspaba el clítoris lanzando relámpagos de placer a su cerebro, volviéndola loca.
Él rugió al sentir la garganta de _______(tn) presionando contra su pene, tragando sobre él. Perdiendo
totalmente el control la aferró del pelo mientras sus caderas oscilaban con fuerza contra ella,
introduciéndolo más profundamente entre sus labios, una y otra vez… y otra más. _______(tn) montó con fuerza
la espinilla de su amante. El pene palpitó contra su paladar, el hombre gritó. Explotó. Su sabor salado le
recorrió la garganta haciendo que su clítoris estallara y todos los músculos de su cuerpo se tensaran.
Cuando los espasmos cesaron, se dejó caer agotada contra él. Su pecho apoyado en sus muslos, su
cabeza acunada contra la ingle del hombre. El pene, ahora flácido, escapó de entre sus labios y una gota
semen se deslizó por la comisura de su boca.
El hombre se tambaleó sin fuerzas, se separó de la mujer que se sustentaba en él y cayó de rodillas
sobre el suelo.
Sin apenas resuello, se abrazaron. _______(tn) descansó su cabeza sobre el hombro de él. Él apoyó su
mentón sobre la coronilla de _______(tn). Sus cuerpos permanecieron unidos en un abrazo que, extrañamente,
no era erótico ni apasionado, pero del que emanaba algo así como… «amor verdadero». Ese irreal
sentimiento del que hablan los cuentos para niños.
Cuando fue capaz de volver a respirar con normalidad, Nick se levantó, cogiendo a _______(tn) entre sus
fuertes brazos, y la dejó con ternura sobre la cama. Depositó un casto beso en su sien y miró a su
alrededor.
Adoraba esa pequeña casita de cuento de hadas en medio del bosque. No porque la hubiera
construido con sus manos ni por el sitio de ensueño en que estaba ubicada, sino porque allí sus sueños se
hacían realidad.
—No te muevas —susurró.
Recorrió la estancia y fue cerrando una a una todas las contraventanas y cortinas, impidiendo que
cualquier rayo de luz de luna se colase en la cabaña. Cuando terminó, abrió el arcón, cogió un pequeño
estuche de tela y lo colocó en la cama, entre la funda y la almohada, donde pudiera cogerlo sin problemas
aunque no hubiera luz. Comprobó por enésima vez que ningún resquicio de luz se colara por las ventanas
y apagó la lámpara de pilas que hasta ese momento había iluminado la estancia. _______(tn) oyó el clic de un

interruptor y los pasos descalzos que llevaron a su amante hasta la cama. El colchón cedió ante su peso
cuando se tumbó frente a ella. Un escalofrío la recorrió cuando sintió sus manos acariciar su cuerpo,
recorrerlo, como si estuviera tan ciego como ella y quisiera aprender sus formas con los dedos. Gimió
cuando sus yemas, ásperas y cariñosas, trazaron los contornos de su cara hasta que se enredaron en las cintas de cuero y tiraron de ellas desatándolas.
—Ahora estamos los dos a oscuras —afirmó él.

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andreru
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Septiembre 8th 2014, 14:25

como dije en otra novela no las cancelare pero me tardare un poco en subir! I love you
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Septiembre 8th 2014, 20:19

siguela
me encanta
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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Septiembre 17th 2014, 16:22

Siiiiii la seguisteeeeee Smile Smile Smile y que lindos los capítulos! Morí de ternura con el hijo de la rayis y sus problemas amorosos jajaja
Tenes que seguirla pronto!! Necesito seguir leyendo porque no veo la hora de que la rayis sepa que ese es nick!!!
Besos Smile
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andreru
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Octubre 1st 2014, 13:35

CAPÍTULO 11
_______(tn) abrió los ojos. La oscuridad dentro de la cabaña era absoluta. Giró sobre sí misma hacia la parte
del colchón hundida por el peso del hombre y buscó su cuerpo con las manos.
—¿Quién eres? —suspiró, recorriendo con los dedos el rostro que no podía ver. La pregunta había
escapado de sus labios antes de poder contenerla.
—¿Estás segura de querer saberlo? —susurró él, asiendo con sus manos las de la mujer,
impidiéndole que le recorriese la cara con las yemas… Que intentara averiguar sus rasgos por el tacto.
—Te conozco, lo sé —afirmó ella—. Estás a mi lado aunque no pueda verte, eres una de las voces
que oigo a mi alrededor cada día… ¿Me equivoco?
—No —afirmó estremecido. _______(tn) intuía demasiado, se acercaba mucho a la verdad.
Se quedaron en silencio, pegados piel con piel, respiración con respiración. Él, temiendo lo que
_______(tn) pudiera preguntar. Ella, intimidada por lo que él pudiera responder.
El planeta detuvo su deambular por el universo para escuchar atento el silencio entre los dos. Las
manecillas del reloj dejaron de girar a la espera de la temida pregunta que provocara el irreversible
desenlace.
Hombre y mujer en silencio, temblando; aterrados ante la posibilidad de descubrir una verdad que él
no se atrevía a desvelar, que ella anhelaba y a la vez temía conocer.
Un suspiro, un parpadeo, de él, de ella…
_______(tn) acercó sus labios hasta posarlos sobre los del hombre. Él cerró los ojos aliviado y la besó
agradecido. No habría más preguntas peligrosas. Recorrieron con los dedos sus cuerpos, tentaron con las
lenguas las profundidades de sus bocas, acariciaron con los labios el sabor de su presencia, hasta que las
últimas palabras pronunciadas fueron ignoradas.
Cuando se separaron, el mundo volvía a ser el de siempre y las agujas del reloj giraban en el sentido
correcto.
La mano fuerte y callosa de él resbaló por la suave piel del muslo femenino. Su pene despertó
dispuesto a… lo que fuera. Se acunó contra el pubis buscando un hueco húmedo y suave en el que
perderse de nuevo y… Se encontró con un ligero, ligerísimo problema. La mano de _______(tn).
No una mano cariñosa y tierna que lo acariciara, ni una mano salvaje que lo apretara y masturbara
hasta el éxtasis. Se encontró con una mano severa y desaprensiva que lo apartó del lugar en el que
anhelaba estar y que, no contenta con eso, le dio un buen cachete en el trasero.
—Espera…
—¿A qué? —inquirió molesto.
—Quiero saber.
—¿Qué quieres saber? —Él se puso de nuevo alerta.
—¿Dónde está la novia de Negro? —replicó ella, girando hasta quedar reclinada de lado con la
cabeza apoyada en una mano.
—¿La novia de quién? —preguntó él, total e irremediablemente perdido.
—Del caballo negro que tienes en el cercado. ¿No se llama Negro? —indagó _______(tn). No es que le

importara demasiado en dónde estuviera la yegua; lo que realmente quería era hablar con él, escuchar su
voz, conocerle por algo más que sus caricias y besos.
—Eh… sí… pero no tiene novia —declaró alucinado. ¿De qué narices hablaba ahora?
—La yegua roja que siempre está con él, su novia.
—Ah, Roja.
—¿Se llama Roja?
—Sí.
—Desde luego, no te comes mucho el coco para poner nombres a los caballos… —murmuró—.
¿Dónde está? No la he visto hoy.
—Está preñada, así que la he llevado al prado con las otras yeguas —contestó él, girando sobre sí
mismo hasta volver a quedar pegado al cuerpo femenino.
—¿Tienes más caballos?
—Aún no —repuso hundiendo la nariz en el cuello de _______(tn)—. Me gusta como hueles…
—Huelo a sudor y a sexo —dijo empujándole para separarlo de ella. Ahora que le estaba haciendo
hablar no quería que parase—. Si no tienes más caballos… ¿con quién has dejado a Roja?
—Con las otras yeguas —reiteró él sin darle importancia. En esos momentos en lo último que podía
pensar era en yeguas…
Su mano se movió con voluntad propia, buscando la piel de la mujer y logrando su propósito al tocar
el muslo. Una vez conseguido, comenzó a acariciarla. _______(tn) gimió al sentir su abrasador contacto; ese
hombre conseguía derretirla con un solo roce. Él volvió a acercarse a ella y continuó adorándola. _______(tn)
jadeó cuando sus perezosos dedos se hundieron, con intenciones muy claras, en la unión entre sus nalgas.
—¿Qué otras yeguas? —inquirió, tensándose de repente y dándole un cachete a la mano impúdica que
magreaba su trasero.
—Las que están preñadas —contestó él estoicamente. Su mano repudiada resbaló como por
casualidad hasta el sedoso pubis. Y ya que estaba ahí, se detuvo a acariciarlo.
—Deja la manita quieta y céntrate, que me estás volviendo loca —gruñó _______(tn), intentando por todos
los medios mantener la mente sosegada.
—Ahora mismo —la ignoró él, acercándose más y besándola en el hombro.
—A ver —_______(tn) respiró, haciendo acopio de paciencia—. Si no tienes más yeguas, ¿cómo es que
Roja está con «las otras yeguas»? —Si era una pregunta chorra, pero era la única que se le ocurrió para
mantener una conversación y no caer en sus trucos.
—No vas a parar de hacer preguntas, ¿verdad? —susurró él, resignado, girándose hasta quedar de
espaldas sobre el colchón. Su pene se alzó gruñón en una queja muda ante la afrenta a la que se veía
sometido.
—Va ser que no —afirmó _______(tn) rotunda. Si él supiera lo cerca que estaba de olvidarse hasta de su
nombre, jamás conseguirían tener una conversación.
Con un bufido, el hombre se puso de rodillas sobre la cama, asió las piernas de la mujer y, con un
rápido movimiento, la tumbó boca abajo para acto seguido sentarse a horcajadas sobre sus muslos.
—¿Se puede saber qué haces ahora? —_______(tn) intentó darse la vuelta pero él se lo impidió.
—V a darte un masaje. Y mientras lo hago, prometo solemnemente responder a todas tus preguntasoy
—explicó, cogiendo el estuche que había guardado bajo la almohada y colocándolo sobre el colchón.
—No sé si fiarme.

—No lo hagas —advirtió él—. Apoya la cabeza de lado sobre la almohada —ordenó. Cuando ella se
colocó a su gusto, recogió con cuidado su melena y la colocó extendida a un lado—. Tu pelo es tan
suave… —Depositó un beso juguetón en su nuca.
—Mmm —suspiro _______(tn), relajándose—. Si no tienes más caballos, ¿Con quién está Roja?
—Nunca sueltas tu presa —bufó él, trazándole círculos en la nuca con las yemas de los dedos—.
Roja está preñada, así que la he llevado a un prado vallado, a las afueras del pueblo, donde hay otras
yeguas en la misma situación —repitió por enésima vez.
—¿Por qué no la has dejado con Negro? —inquirió _______(tn), apoyando la mejilla sobre el dorso de sus
manos. Las caricias del hombre eran tan agradables…
—Porque Negro ya ha cumplido con su función. Es un semental; de nada me sirve dejar a Roja con él.
En unas semanas subiré a otra yegua para que la monte.
—Acabas de decirme que no tenías más yeguas…
—Y no las tengo —reiteró, pensando que sería mucho más fácil amordazarla que responder a todas
sus preguntas… Mmm… En ese momento se imaginó a _______(tn) amordazada y atada. Su pene dio un salto
—. V a subir a la yegua de un amigo. —Continuó hablando para intentar quitarse esa imagen de laoy
cabeza—. Quiere un potro de Negro y yo le debo un par de favores. —_______(tn) hizo intención de girar la
cabeza, él se lo impidió con una mano y decidió extenderse un poco más en la explicación—. Así es
como funcionan las cosas por aquí. No son caballos de pura raza ni los tenemos para hacer negocios, sino
por placer. Hace un par de años nos reunimos unos cuantos amigos y montamos un establo en los terrenos
de uno, pagamos los gastos de comida entre todos. El veterinario… mmm… nos sale gratis —explicó sin
dejar de acariciar la nuca de _______(tn)—, y lo demás, es a base de favores… Yo ayudé a un conocido con
sus tierras y él a cambio me dio a Roja cuando no era más que una potrilla. Hace poco mi tractor tuvo una
avería y un amigo me lo arregló, ahora ese hombre quiere un potro de Negro y me traerá a su yegua para
que la monte…
—¿Amarillo? —interrumpió _______(tn) con voz ronca, el masaje en la cabeza estaba surtiendo efecto.
—¿El qué? —preguntó él sorprendido.
—El tractor.
—¿Qué?
—Ya sabes, como la canción: «Tengo un tractor amarillo…» —tarareó _______(tn). Él alzó las cejas,
incrédulo.
—Estás hoy muy traviesa —apuntó. Sus manos se deslizaron por la espalda femenina, masajeando su
columna a la vez que apretaba la pelvis contra su trasero, mostrando lo mucho que se estaba divirtiendo.
_______(tn) se removió, intentando escapar de su contacto; no iba a permitirle ninguna distracción. Él se dejó
caer sobre su espalda y le mordió suavemente en la nuca—. Si no te portas bien me voy a enfadar.
—Tururú.
—Tú lo has querido. —Se sentó de nuevo a horcajadas sobre sus muslos y un segundo después su
mano cayó sobre el trasero de _______(tn) en un ligero azote. Y ya que estaba por la zona, se quedó allí un
ratito, solazándose en la suavidad de la piel.
—¡Eso no es en lo que habíamos quedado! —se quejó ella.
—Es un masaje.
—Ni de coña —_______(tn) se removió divertida, notando la erección de su amante sobre sus muslos. Éste

dio un respingo y se pegó más a ella—. Ah no, no señorito. Un trato es un trato —avisó un segundo antes
de intentar incorporarse. Se lo estaba pasando pipa haciéndole de rabiar.
Él plantó la mano en su espalda y se lo impidió. Cuando quedó claro que estaba dispuesta a continuar
tumbada, cogió el estuche de tela y tanteó a ciegas en su interior hasta dar con lo que buscaba.
—¡Oh! —resopló sobresaltada, cuando un líquido tibio cayó sobre su espalda—. ¿Qué es eso?
—Aceite para masajes.
—Ah… ¿Nadie te ha explicado nunca que el aceite no se echa directamente sobre la piel?
—No sabía que había que hacer un curso para dar masajes —contestó un poco irritado. ¿Acaso _______(tn)
había dado masajes a…? No. Prefería no dejar que sus pensamientos fueran por ese camino.
—Primero te lo tienes que echar en la palma de las manos y frotarlas para calentarlo… —explicó
_______(tn) con tono de maestra de escuela.
—Marisabidilla —gruñó él, dándole otro azote en el culo—. ¿Acaso eres una experta en masajes? —
En cuanto las palabras escaparon de sus labios, cerró la boca con fuerza. Mierda, no quería ir por ese
camino.
—He recibido unos cuantos, así que… sí.
—Te gusta que te den masajes. —No era una pregunta. Estaba irritado y se le notaba en el tono de
voz. No era un susurro, sino más bien un gruñido.
—Sí.
El hombre acarició la espalda femenina extendiendo el aceite. Se sentía vulnerable ante sus pullas,
era la primera vez que daba un masaje y no le gustaba que se lo tomara a broma. Menos todavía que le
echara en cara que había recibido más masajes de los que él quería tener constancia. De hecho, no quería
saber nada de los masajes que hubiera recibido ella.
—¿Cuándo? —preguntó como un idiota celoso, antes de conseguir morderse la lengua.
—Mmm. Justo antes de venir al pueblo —respondió ella, disfrutando del tono suspicaz de su voz.
—¿Quién? —Gruñó. Lo único que acertaba a pensar era que hacía menos de un mes que su mujer
recibió ese masaje y quién sabe qué más cosas. Sus manos dejaron de recorrer la espalda femenina y se
detuvieron sobre las costillas, apretándose contra ellas sin ser consciente de ello.
—¿Quién? —preguntó a su vez _______(tn), divertida—. Mi fisioterapeuta.
—¿Tu qué?
—Mi fisioterapeuta, ya sabes… El especialista que se dedica a dar masajes —comentó, intentando
no reírse por la reacción del hombre.
—¿Qué clase de masajes?
—¡Oh, vamos! No seas tonto y deja de apretar tanto, me estás haciendo polvo.
—Es parte del masaje —afirmó él, aflojando la presión—. ¿Qué masajes te da? —volvió al ataque.
—Masajes lumbares.
—¿Lumbares?
—Sí, me paso todo el día sentada en una silla haciendo facturas. Al acabar la semana me duele todo
el cuerpo, así que voy a un fisio que me da un masaje totalmente inocente para quitarme un poco los
dolores —afirmó sonriendo.
—Lo has hecho aposta.
—¿El qué? —preguntó _______(tn), inocentemente.
—Bien lo sabes —gruñó él, irritado por cómo se la había jugado ella y a la vez cautivado por esa

faceta divertida y gamberra de su personalidad que hacía tanto tiempo que no mostraba.
Sin ser consciente de ello, se dejó llevar por los recuerdos. _______(tn) tumbada en la cama, jugando a
comerse los deditos de los pies de su bebe; él llevando a Andrés a caballito sobre sus hombros, dando
saltos y corriendo por las escaleras mientras _______(tn) se tapaba la cara horrorizada, pensando que se iban a
caer rodando…
Sus manos fueron dibujando estelas sobre la espalda de la mujer a la vez que los recuerdos invadían
su mente. _______(tn) acurrucada en el sillón del comedor, hablando con él mientras esperaba a Ben,
bromeando y escuchando atenta los chismes que él contaba sobre la gente del pueblo. _______(tn) adormilada,
sus pestañas oscureciendo el brillo de sus ojos hasta cerrarse por completo; sus manos, que se movían
incansables cuando estaba despierta, relajadas sobre el sillón cuando caía rendida esperando el regreso
de su marido, ausente. Sus propias manos, morenas y rudas, tapándola con una manta; buscando la excusa
para acariciarla mientras dormía. Su boca anhelante posándose sobre sus tibios y dulces labios en un
beso de buenas noches que jamás se atrevería a darle si estuviera despierta.
Sus recuerdos volaron a las noches que permaneció sentado en el suelo frente a ella, apoyado en la
pared, mirándola, observándola… Atento a su respiración, a la manera en que sus labios se abrían en una
sonrisa ensoñadora, esperando vigilante el sonido que le indicara que su hermano había llegado a casa y,
cuando éste por fin llegaba, su propia irritación al sentir sus pasos en la escalera. La mayoría de las
noches Ben se reía al verla dormida y bufaba enfadado al levantarla para llevarla a la cama. Pero otras
veces, la indignación hacía presa en él, al ver que su hermano pasaba de largo por el salón, tambaleante,
apoyándose en las paredes y sin llegar a percatarse de que su mujer le esperaba, ya dormida, sobre el
incomodo sillón. Entonces, el desprecio se instalaba en su mente al escuchar cómo su cuerpo caía a
plomo sobre el colchón, sin llegar a tomar conciencia de que su esposa ni siquiera estaba en la
habitación. Esas noches, demasiadas en los últimos tiempos del matrimonio, se armaba de paciencia para
no golpear a su hermano y, con cuidado, llevaba él mismo a _______(tn) a la cama. Su única y humilde
venganza era darle aquel tímido beso de buenas noches; saber que sus labios serían los últimos que la
besaran ese día.
Después… el descubrimiento, la debacle, el distanciamiento. Y ahora… por fin era suya, aunque ella
no lo supiera.
_______(tn) se relajó al sentir los dedos recorriéndole la espalda con caricias tan sutiles que casi parecían
susurros.
Poco a poco Nick fue incrementando la presión. Trazó lentos y suaves senderos a ambos lados de la
columna vertebral con los nudillos; caminó con los dedos sobre sus costillas como si fuera el juego de un
niño pequeño; subió hasta los hombros y puso las manos planas sobre ellos, presionando y aflojando
hasta que sintió que _______(tn) relajaba cada uno de sus músculos; bajó de nuevo bordeando la columna hasta
llegar a la base de la espalda, cerró los puños y retomó el camino de regreso muy despacio. Al principio
apenas era una caricia, pero poco a poco la presión se fue incrementando hasta hacerse molesta.
—Hum —se quejó levemente, estirando la espalda e intentando alejarla de sus manos.
—Te he hecho daño —afirmó él contrito—. Lo siento… recordé… —apretó los labios con fuerza.
—¿Qué?
—Nada importante —zanjó él con un tono de voz que no admitía más preguntas.
_______(tn) se quedó pensativa… Había cosas de él que le hacían pensar si no se conocerían más de lo que

suponía. Si no sería alguno de sus amigos del pueblo… Negó con la cabeza. «Tonterías», decidió.
Las manos masculinas bajaron planas hasta llegar al final de la espalda, los dedos se abrieron en
abanico para acoger las nalgas gemelas y las yemas trazaron lentos círculos que hicieron suspirar a
_______(tn). Él sonrió al oír aquel ruidito anhelante y se desplazó hasta quedar sentado en cuclillas sobre los
tobillos de la mujer. Sus manos abandonaron el cálido trasero y descendieron lentamente por los muslos,
las corvas, las pantorrillas… Por último se esfumaron en el aire.
_______(tn) sintió como el hombre se movía hacia un lado, sus fuertes y peludas piernas apretando las
suyas y, sin pararse a pensarlo, juntó con fuerza los muslos; su clítoris reaccionó al instante mandando
mariposas que cosquillearon en su estómago. No estaba del todo excitada, pero casi.
Él sonrió al sentir su movimiento. Volvió a poner las manos sobre las pantorrillas femeninas y
continuó masajeándolas. Había echado más aceite y los dedos se deslizaban sin apenas fricción sobre la
piel de su mujer. _______(tn) inspiró profundamente al sentir su contacto resbaladizo y cálido, cerró los ojos y
se dejó llevar por las sensaciones.
Recorrió las piernas femeninas con caricias tan lentas, que _______(tn) no se dio cuenta de hacia dónde se
dirigían hasta que casi fue demasiado tarde. Los dedos ascendieron por los muslos hasta que se
introdujeron resbaladizos en la unión entre ellos, acariciando con ternura el perineo para luego
desplazarse a la vulva. La mujer gimió ante el primer contacto. Su cuerpo relajado se incendió de pronto
cuando uno de esos traviesos dedos presionó la entrada a su vagina, tentándola, para luego abandonarla a
favor del clítoris.
_______(tn) abrió los ojos totalmente alerta. «Ah, no, eso sí que no», pensó en un destello de lucidez. Se
había confiado hasta el punto de quedar tan relajada, que olvidó lo que pretendía; que no era otra cosa
que «mantener una conversación».
—¿Hace mucho que vives aquí? —interrumpió sus maniobras, decidida a retomar el diálogo.
—Toda mi vida —respondió él, distraído, sintiendo cómo una de sus manos se hundía poco a poco
entre los muslos de su mujer. La humedad que emanaba del cuerpo femenino se mezclaba con la pátina de
aceite que le cubría los dedos dando lugar a una sensación increíblemente suave.
—¡Toda tu vida! —exclamó _______(tn), levantándose sobre sus codos, girando asombrada el cuerpo y la
cabeza.
—Sí —respondió él, fastidiado porque ese movimiento había logrado que su mano dejara de estar
atrapada entre sus muslos.
—¿Por qué? —preguntó alarmada.
—Por qué, ¿qué? —bufó él colocando las manos otra vez sobre el final de su espalda, presionando
para que _______(tn) volviera a tumbarse en la misma posición que estaba antes. No pudo reprimir un gruñido
irritado, cada vez que se acercaba adonde quería estar, ella se movía alejándolo.
—¿Por qué vives aquí? No lo puedo entender… Comprendo que te guste el campo y todo eso —
pronunció con evidente desagrado la palabra «campo»—, pero… pensé que…
—¿Qué? —preguntó él confuso. _______(tn) tenía la virtud de confundirlo cuando menos se lo esperaba.
—Que… No sé. Que esto era algo así como una cabaña de recreo . Pero, si siempre has vivido
aquí… —_______(tn) estaba claramente aturullada y se le notaba en cada palabra que pronunciaba. Lo que no
entendía él, era por qué estaba tan aturdida—. Me refiero… a que vives aquí… ¡desde siempre!
—¿Aquí? —«Esta es una de las conversaciones más surrealistas que he tenido en mi vida», pensó
linchado, sin dejar de solazarse con la suavidad del trasero femenino. Deseaba hundirse en él, lamerlo,

mordisquearlo…
—Sí. Aquí, en esta cabaña; sin agua corriente, sin luz… ¡Desde siempre! ¿Tienes trabajo? —preguntó
de sopetón.
—Sí —aseveró distraído, bajando el rostro hasta que sus labios tocaron la tersa piel de las nalgas.
Era tan suave como la había sentido bajo sus dedos.
—Entonces, ¿por qué vives aquí? —reiteró _______(tn), removiéndose para evitar el contacto del hombre.
Era demasiado agradable como para poder mantener una conversación, y en esos momentos estaba muy
interesada en comprender por qué vivía de esa manera.
—Sí —gruñó él sin separar los labios del trasero femenino. Cuando el silencio de _______(tn) le indicó
que ese monosílabo no se correspondía con la pregunta que acababa de hacerle, abrió un poco los ojos y
pensó en otra opción—. Mmm… No —rectificó sin prestar atención, justo antes de arañar con los dientes
las nalgas. Éstas se tensaron bajo su boca con voluntad propia. Dio un pequeño mordisco. Le encantaba
el sabor de su piel.
—¿Sí? ¿No? —Se extrañó _______(tn) por la respuesta. Luego sintió sus dientes de nuevo sobre el trasero
y entendió—. ¡No me estás prestando atención! —exclamó enfadada, girando el cuerpo y alejándose,
¡otra vez!, de las caricias del hombre.
—No. No te estoy haciendo ni puñetero caso —declaró él—. Tengo otros asuntos urgentes de los que
ocuparme —afirmó, agarrándole el trasero y colocándola, en la posición adecuada. Y para dejar bien
claras sus intenciones, le dio una sonora palmada en las nalgas que después calmó con un suave lametón.
—¡Va a ser qué no! —estalló _______(tn) girando de nuevo, firme en su cabezonería— ¿Por qué vives
aquí?
—¡Porque me da la real gana! —replicó él, asiendo con fuerza las caderas de la mujer y
colocándolas en su sitio; firmemente aprisionadas contra la cama, con el trasero en pompa y dispuesto—.
Que a ti no te guste el pueblo no quiere decir que sea un mal sitio para vivir. De hecho es un lugar
cojonudo, y si te molestaras en dejar atrás toda esa rabia que tienes dentro, te darías cuenta de ello —
afirmó enfadado. Estaba hasta las mismas narices del odio de _______(tn) hacia Mombeltrán; un odio
irracional derivado de los errores de una sola persona: su querido hermano…
—Pero, ¿de qué vas? —clamó _______(tn)—. Me parece de puta madre que el pueblo te parezca cojonudo,
pero no entiendo por qué vives aquí. A no ser que…, te estés escondiendo. —Una bombilla se encendió
en su cerebro—. En esta cabaña perdida de la mano de Dios porque… —_______(tn) se calló en ese punto.
¿Por qué se iba a esconder él allí? Estaba segura de que era un tipo decente y honrado, todo en él
proclamaba que era una buena persona. Pero entonces… ¿por qué vivía de esa manera? Sin agua, sin luz,
¡sin baño!
—¿Escondido? ¿Aquí…? —Repasó toda la conversación en su cabeza y luego soltó una tremenda
carcajada—. Entiendo. Esto es como cuando pensaste que yo era un vaquero que me desplazaba por el
mundo montado en mi flamante caballo negro. Ahora me has tomado por un… ¿ermitaño? —sacudió la
cabeza divertido—. Nena, tienes una imaginación desbordante —declaró, recorriendo la grieta entre sus
nalgas con las yemas de los dedos.
—Acabas de decir que llevas viviendo aquí toda la vida.
—Aquí, en el pueblo. En una casa con paredes de piedra, techo de tejas y esas cosas… —declaró él,
hundiendo un dedo entre los montículos gemelos, tentando el fruncido orificio del ano. _______(tn) jadeó. Él

sonrió.
—Ah… Pensé que… vivías aquí… en la cabaña —confesó aturdida. Eso que le estaba haciendo no
debería gustarle, pero le encantaba.
—Ya veo —asintió él alejando el dedo del ano y abriendo la mano en abanico para abarcar las
nalgas.
—Entonces, ¿tienes una casa en el pueblo? Ya sabes, con agua corriente, luz eléctrica, cuarto de
baño… —susurró _______(tn), casi rendida a las caricias del hombre.
—Bañera, muebles, un par de chimeneas y un enorme porche con una barbacoa de piedra —completó
divertido la descripción de su casa.
—Ah… genial —susurró, avergonzada por haberse dejado llevar por la imaginación otra vez.
Él le dio una suave palmada en el trasero y acto seguido se colocó a un lado de la cama. Sus dedos
bajaron de nuevo por la parte trasera de los muslos hasta llegar a los tobillos, los agarró firmemente y a
continuación dio un tirón obligándola a separarlos. Antes de que _______(tn) pudiera siquiera protestar, se
coló entre sus piernas y derramó una buena cantidad de aceite sobre su trasero desnudo.
—¡Ey! ¿Qué haces? —exclamó sobresaltada al sentir el tibio líquido recorrer su culo y deslizarse
sobre su vulva abierta y expuesta.
—Nada —declaró él extendiendo el aceite sobre la piel femenina. Ella bufó incrédula.
—Si tienes una casa con todas esas comodidades, ¿por qué vives aquí? —volvió al ataque.
—No vivo aquí —rechinó los dientes; era dura de roer, cuando cogía un hueso no lo soltaba—.
Vengo aquí en busca de tranquilidad.
—¿En busca de tranquilidad? No es estarás insinuando que el pueblo te estresa.
—No me estresa, pero a veces me gusta alejarme de todo y perderme en el monte —confesó,
solazándose con la resbalosa suavidad de la piel impregnada en aceite.
Sus manos comenzaron una danza hipnótica, subiendo y bajando por los muslos femeninos,
deslizándose por las pantorrillas, pinzando entre el pulgar y la palma de las manos los músculos que
poco a poco iban relajándose.
—¿En qué trabajas? —preguntó somnolienta.
—En el campo. Tengo tierras —declaró él antes de pensar en lo que estaba diciendo. Sentía la piel
de _______(tn) tibia bajo sus dedos. Subió hasta el comienzo de los muslos y buscó con los dedos en la unión
entre ellos. Una cálida humedad le dio la bienvenida.
—Tus manos son ásperas —afirmó _______(tn)—, pero suaves.
—Sí.
Una de esas manos se hundió entre las piernas femeninas hasta quedar alojada contra la vulva, los
dedos acariciaron el clítoris a la vez que la palma presionó contra la entrada de la vagina. _______(tn) jadeó.
La mano libre se posó sobre el trasero y presionó.
—Mmm —gimió _______(tn) cuando introdujo un dedo y tentó la entrada a su recto—, muy suaves —
susurró levantando ligeramente el culo.
—¿Tú crees?
Él movió la mano alojada contra su pubis, adelante y atrás, presionando contra la vagina y
cosquilleando con las yemas el clítoris. El dedo que se apretaba contra el ano aumentó la presión sin
llegar a penetrarlo. _______(tn) se sacudió, alzando el trasero y buscando los dedos que atormentaban su vulva.
La mano que reposaba sobre sus nalgas abandonó su lugar y bajó hasta el perineo, los dedos se hundieron

en la tierna piel que cubría la entrada de su vagina y tiraron con suavidad, dejándola abierta, para que
corazón y anular la penetraran y se impregnaran en su humedad. Los dedos entraron y salieron con fuerza,
cada vez un poco más rápido hasta que _______(tn) comenzó a mover las caderas al ritmo que marcaban.
Entonces, y sólo entonces, el pulgar recorrió el sendero hasta el ano y comenzó a jugar sobre él,
acariciando y tentando, presionando y calmando. La mujer se tensó durante un segundo, el tiempo exacto
que tardó su cerebro en procesar que ese contacto, aunque prohibido según qué normas, era sumamente
agradable.
Él bajó el rostro hasta que quedó situado sobre el trémulo trasero, mordisqueó los carrillos gemelos,
deslizó su lengua por la unión entre ellos y, al no verse rechazado, lamió la piel que se fruncía alrededor
del pulgar. _______(tn) dio un pequeño salto sobre sus caderas y empezó a temblar. Se alejó de ella, pasó las
manos por su estómago y la alzó, obligándola a posicionarse de rodillas sobre la cama. Luego recorrió
sus costillas y acarició sus brazos hasta llegar a las manos que se apoyaban planas sobre el colchón. Las
asió y las llevó hasta el cabecero de la cama, obligándola a estirarse hasta que quedaron ancladas al
borde.
No podía verla, la oscuridad se lo prohibía, pero su imaginación no estaba ciega.
_______(tn), arrodillada sobre la cama, el culo en pompa, la espalda arqueada, la cabeza presionando
sobre la almohada, y los brazos estirados sobre ésta. La imagen no podía ser más erótica.
Se volvió loco sólo de pensarlo.
Sus piernas, fuertes y vellosas, se estremecían pegadas a los muslos suaves y delicados de la mujer,
manteniéndolos abiertos. Pasó una de sus manos por el pubis depilado y alojó la palma sobre el clítoris
mientras las yemas de los dedos se introducían en su vagina. La otra mano se posó sobre las nalgas, con
uno de sus dedos anclado en el ano.
_______(tn) jadeó con fuerza y alzó más el trasero al notar ese dedo entrar en él. No era incómodo, sino
todo lo contrario. Era excitante… Sentirlo entrar y salir de ella mientras su clítoris era acariciado, la
estaba marcando a fuego.
Él continuó moviendo sus dedos sobre el cuerpo femenino hasta que notó que la tensión del ano se
relajaba. En ese momento hizo que otro dedo acompañara al primero. _______(tn) se tensó, un pequeño gruñido
asomó a sus labios a la vez que intentaba alejarse de esos dedos que, ahora sí, le resultaban incómodos.
—Tranquila. Pasará pronto —avisó, presionando la mano que se alojaba en su pubis para impedirle
escapar.
—Es… molesto —declaró ella sin encontrar una palabra mejor para describir esa sensación.
No era dolor, era… otra cosa. Dolor mezclado con placer. Se sentía demasiado tensa alrededor de
esos dos dedos, abierta, henchida… Pero él no paraba de moverlos. Poco a poco fue introduciendo la
primen falange, luego la segunda… y cada vez que los sacaba de su interior, _______(tn) se sentía extrañamente
vacía, anhelante. Los músculos de su recto se distendieron y relajaron, alojando con ansia los dedos que
en él penetraban. Sin darse apenas cuenta, comenzó a moverse contra ellos, alzando el trasero cuando la
abandonaban, buscándolos…
Cuando su amante apreció que estaba relajada y dispuesta, se retiró. _______(tn) gruñó.
—Mastúrbate —ordenó. La mujer soltó una de sus manos del borde de la cama y la llevó hasta su
pubis. No se le pasó por la cabeza desobedecer la orden.
Él posó una mano sobre las tersas nalgas, hincó los dedos y tiró, abriéndolas. Un chorro de aceite

tibio se vertió entre ellas, cayendo sobre el dilatado orificio.
—No pares de masturbarte —advirtió a la vez que le sujetaba las caderas con una de sus manos—.
Esto va a doler al principio.
La mano de _______(tn) paró el vaivén que ejercía sobre su clítoris alarmada ante la voz del hombre.
Un gruñido asomó a sus labios cuando sintió algo grueso y duro sobre su ano. Demasiado duro. No
era el pene de su amante.
—¿Qué es eso? —preguntó con voz trémula.
—Un dilatador anal —respondió, presionando con la punta sobre el orificio. Éste cedió.
—No quiero eso ahí —_______(tn) intentó alejarse, pero él se lo impidió.
—Yo sí —sentenció, introduciéndolo un poco más. _______(tn) gimió. Dolor y placer. La sensación era…
extraña.
Por un lado quería que le sacara eso del culo, que la dejara tranquila, que no le hiciera daño; pero
por otro, anhelaba sentirse llena otra vez, notar como su recto se apretaba contra algo duro y grueso,
dejarse llevar por el placer que había sentido escasos segundos antes con los dedos masculinos hundidos
en ella.
Él tomó la decisión por ella. Continuó presionando con cuidado, introduciendo el dilatador milímetro
a milímetro.
_______(tn) sintió cómo se estiraba, cómo su recto se extendía para dejar paso a… esa cosa y, a pesar del
dolor de la penetración, su cuerpo se calentaba cada vez más; su estómago se encogía por espasmos de
placer, sus piernas temblaban de anticipación, su vagina vibraba anhelando ser ocupada y su clítoris
clamaba por que le prestaran atención.
—No dejes de masturbarte —ordenó él con los dientes apretados. Le estaba costando la misma vida
contenerse y no introducir de golpe el dilatador, pero sabía que no podía hacer tal cosa. Necesitaba
hacerlo lentamente, dejar que el ano se fuera relajando pausadamente, que se acostumbrara a su tamaño y
grosor.
—No quiero eso dentro… Te quiero a ti —afirmó _______(tn). Sus dedos habían obedecido la orden y
acariciaban con fuerza el clítoris, húmedo e hinchado.
—Aún es pronto para mí —jadeó él—. Mi polla es mucho más grande —afirmó sin rastro de
modestia—, primero debes aceptar éste. Luego entraré yo —declaró, introduciendo más y más el
dilatador.
_______(tn) no pudo reprimir un quejido de dolor. Ese trasto al principio no era demasiado grueso, quizá
un poco más que los dos dedos que la habían penetrado, pero cuanto más se introducía en ella, más difícil
era de acoger. Sintió que tenía forma de cono, delgado en la punta para ir incrementando su grosor
paulatinamente.
Él lo extraía un poco para volver a hundirlo; cada vez más dentro, más duro, más grueso. _______(tn) sentía
su recto expandido hasta el límite, colmado, henchido. El dolor se mezclaba con el placer, haciendo que
perdiera el control de sus miembros. La mano con la que acariciaba el clítoris presionaba contra el tierno
botón buscando un alivio que no llegaba. En ese momento el dilatador entró en ella abriéndola por
completo, para luego adelgazar de golpe y permitir que el ano se cerrara sobre él. _______(tn) gimió, sin saber
si era un quejido de dolor o un jadeo de placer.
—Ya está —afirmó él. En su voz se mezclaban la excitación y el orgullo por la valentía de su mujer
—, Relájate, está dentro del todo.

_______(tn) dejó que sus rodillas resbalaran sobre el colchón, con los músculos laxos y a la vez
temblorosos.
—¿Ya está? ¿Eso es todo? —preguntó con un deje de irritación—. Tanto para, ¿esto? Pues vaya
mierda… —se quejó ¡No podía dejarla en ese estado! Excitada, insatisfecha, anhelante…
—Esto no es todo —aseveró él. Su risa ronca llenó la estancia. Una risa que despertó en _______(tn)
recuerdos olvidados. Una risa que había oído miles de veces muchos años atrás. La risa de… Antes de
que pudiera completar ese pensamiento, las manos del hombre la sujetaron por las caderas y la obligaron
a darse la vuelta para quedar de espaldas sobre la cama. Acto seguido, sus mejillas, ásperas por la
incipiente barba, rasparon el interior de sus muslos.
Él había hundido la cara en ellos y lamía el clítoris.
—¡Dios! Adoro tu sabor —exclamó sin levantar la cara del lugar en el que estaba. Su aliento recorrió
el sexo de _______(tn), provocando que sus caderas se levantaran del colchón para acercarse más al hombre.
El dilatado seguía introducido en su ano, olvidado.
Él posó las manos en el interior de los muslos de ella, abriendo la tierna piel, exponiendo sus labios
vaginales mientras recorría con la lengua el sendero entre el perineo y el clítoris una y otra vez, hasta que
_______(tn) estuvo a punto de correrse. Comenzó a temblar y en ese momento notó que dilatador se movía.
Cuando el clítoris de _______(tn) se hinchó más todavía y su vagina empezó a contraerse, él supo que
estaba a punto. Pero aún era pronto, quería que se acostumbrara al dilatador, no que llegara al clímax sin
que su polla estuviera en su interior. Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, se alejó de los
fluidos que tanto le gustaba saborear y pasó una mano por el trasero de la mujer hasta encontrar la base
del juguete. La asió entre dos dedos y comenzó a moverlo…
_______(tn) se tensó, las brumas del placer se alejaron cuando esa cosa se movió. Esperó que la sacara de
su interior, pero en lugar de eso, lo giró dentro de ella, presionando y aflojando, pero sin sacarlo. Al
principio se sintió incomoda, tener algo dentro moviéndose era tan… extraño, y a la vez tan excitante…
Relajó las piernas y cerró los ojos, dejándose llevar por las sensaciones, confiando en su amante. Él
percibió el segundo exacto en que ella se abandonó y volvió a hundir su rostro en su pubis depilado.
Entre caricias y mordiscos, fue llevándola a un universo en el que sólo existían sus labios, su lengua,
sus dientes… y el dilatador. Mordisqueó con cuidado la vulva, succionó con fuerza el clítoris, penetró
con la lengua en la vagina y, mientras tanto, no dejó de mover el atrevido juguete. Girándolo sólo al
principio, sacándolo un poco y volviéndolo a introducir después, hasta que llegó un punto en el que éste
se deslizaba sin impedimentos, resbaladizo e inquieto. Subió los labios por su pubis, rodearon el
ombligo, jugaron con él y ascendieron hasta los pechos para darse un festín con sus pezones. Y mientras
tanto, la mano que jugaba con el dilatador no dejaba de moverlo en su interior. Raspó ligeramente con los
dientes la femenina y tentadora clavícula y mordió para luego absorber con fuerza su cuello; le dejaría
otra marca, pero en ese momento necesitaba hacerlo: marcarla y que todo el mundo supiera que tenía
dueño. Él. Nick.
Se irguió arrodillado entre las piernas femeninas. No podía verla pero la sentía temblar, desearle.
Soltó la mano que jugaba con el dildo anal y cogió el aceite para verter un chorro sobre el pubis
femenino y otro poco sobre su pene sobreexcitado. Comenzó a masajearlo.
Había llegado el momento.
Asió los tobillos de _______(tn) y los colocó sobre sus hombros. Luego, apoyándose sobre una mano, se

inclinó sobre su cuerpo y la besó larga y profundamente en la boca. Absorbió sus labios y los
mordisqueó para acto seguido, lamerlos. La lengua femenina salió a su encuentro, buscándola. Él movió
la mano que tenía libre hasta el trasero de la mujer.
_______(tn) sintió que el dilatador salía de su cuerpo; que la dejaba vacía, expectante.
Nick sujetó su pene y lo guió hasta el ano. El orificio estaba relajado, distendido. Presionó contra él.
_______(tn) percibió cómo entraba poco a poco, cómo la abría más aún, cómo la llenaba donde nunca la había
llenado nadie. Él jadeó sobre su boca, estaba a punto de perder el escaso control que le quedaba. Se
mordió con fuerza los labios, necesitaba ir despacio. El dilatador había hecho su trabajo, pero él era
mucho más grueso y largo. Tenía que penetrarla poco a poco. Moviéndose con cuidado, fue entrando en
ella milímetro a milímetro. _______(tn) tembló por la presión ejercida, pero no era doloroso. O al menos no
como una sensación mala o desagradable, sino todo lo contrario. Dolía, sí, pero era apasionante; tanto,
que sus pezones estaban duros como guijarros, todo su cuerpo vibraba, notaba como su clítoris temblaba
y su vagina se contraía buscando… algo.
En ese momento la base del pene chocó contra sus nalgas y el vello rizado del pubis de su amante
presionó contra su vulva…
—¡Dios! —gritó, sintiéndose totalmente aprisionado por el recto de su mujer. Comenzó a moverse
despacio, entrando y saliendo con cuidado, a punto de morir de placer.
—Ahh —jadeó ella al borde del orgasmo.
—¿Alguna vez…? —comenzó a preguntar, pero un relámpago de placer recorrió en ese momento sus
testículos impidiéndole continuar—. ¡Joder! —exclamó sin dejar de moverse sobre ella—. No puedo
más —confesó. Necesitaba aumentar el ritmo, adentrarse con fuerza en su interior… Pero temía dañarla.
—No pares…
—¿Alguna vez… te… han follado el culo? —preguntó pasando de delicadezas y palabras suaves.
—No… Sólo tú…
—Acaríciate para mí —ordenó él perdiendo el poco control que le quedaba, hundiéndose con fuerza
en ella.
_______(tn) obedeció. Llevó su mano temblorosa a su clítoris vibrante y comenzó a masturbarse mientras él
entraba y salía de su ano con fuerza y rapidez. Sus pies, aún posados en los hombros de su amante,
presionaron contra ellos levantando más las caderas, dejándole entrar más profundamente. Sus piernas se
tensaron, los dedos con los que se acariciaba a sí misma temblaron junto con todos y cada uno de sus
músculos.
Nick penetró con firmeza; una vez, dos, tres… Se mordió los labios hasta hacerlos sangrar en un
intento por detener el orgasmo que latía en sus testículos y recorría sus venas. _______(tn) gritó,
convulsionándose, y él se dejó ir con un potente rugido.
Segundos después se derrumbó sobre ella, con el pene medio erecto aún en su interior. Haciendo
acopio de sus últimas fuerzas, giró sobre sí mismo hasta quedar de lado, pegado al cuerpo de su mujer.
_______(tn) sintió la polla deslizarse fuera de su cuerpo y un escalofrío la recorrió de arriba abajo. Quería
a ese hombre con ella, en su cama, cada noche. Y cada día, a su lado. Quería su ternura y su pasión, su
carácter mandón, protector y cariñoso; que soñara con ella. Pasar con él todas las horas del día y de la
noche. Quería ser parte de su vida, y que él fuera parte de la suya.
«Tonterías», pensó un segundo antes de quedarse dormida y soñar con él… Y él con ella.

Nick se removió inquieto, las sábanas de la cama estaban mojadas, empapadas de sudor.
El calor se había apoderado de la noche. Suspiró y abrió los ojos, la oscuridad era absoluta.
Parpadeó confundido hasta que su mente se iluminó con el recuerdo. Giró buscando con su cuerpo el de
_______(tn). Estaba allí, junto a él. No se había ido. Continuaba desnuda, tumbada a su lado sobre el colchón.
Recorrió con las manos sus formas, intentando hacerse una idea mental de cómo estaba situada. Dormía
de lado, frente a él. Inspiró profundamente. Seguía con él. Las cortinas permanecían corridas y las
contraventanas cerradas, por eso hacía tanto calor.
Se movió despacio, pasó por encima del cuerpo femenino, abrió las contraventanas y descorrió las
cortinas. Quería observar a _______(tn) bajo la luz de la luna.
Era preciosa, todo lo que un hombre podría desear, y más.
Era una mujer madura, responsable, divertida, entrañable, leal, apasionada.
Corrió de nuevo las cortinas para que no entrara luz en la cabaña y volvió a tumbarse sobre la cama,
de lado, pegado a ella. Los párpados se le cerraban sin que pudiera evitarlo. Le gustaría pasar toda la
noche mimándola, haciéndole el amor, pero no tenía fuerzas.
La recogida de las brevas imponía un horario agotador, debía levantarse al rayar el alba para que le
diera tiempo a recolectar todos los frutos que estuvieran maduros; aquellos que no se recogieran estarían
podridos al día siguiente. Luego debía clasificarlos y llevarlos a la cooperativa. Normalmente disfrutaba
con el trabajo del campo, pero en esos momentos lo odiaba. Le impedía despertarse del todo y gozar del
cuerpo cálido que había a su lado. Un segundo más tarde se rindió al sueño con un irritado suspiro.
Un escalofrío recorrió a _______(tn) poco después. Sin ser consciente de ello buscó algo que le diera calor
y lo encontró: su amante. Se acurrucó contra él. Posó sus manos sobre su pecho desnudo y éstas se
calentaron al momento, el cuerpo duro y velloso estaba ardiendo y _______(tn) no pudo resistirse. Se pegó más
a él, introdujo sus pies helados entre las pantorrillas del hombre y pegó su estómago aterido de frío a su
vientre cálido.
Nick sintió moverse contra él y, aunque estaba medio dormido, hubo una parte de su cuerpo que
despertó de golpe. Las manos de _______(tn) recorrieron inconscientes la suavidad de su pecho, jugaron con el
vello rizado que rodeaba sus tetillas y frotó el pie contra sus piernas intentando calentarse. Él buscó las
caderas de _______(tn) y las pegó más a su ingle, donde su pene erecto y dispuesto se alzaba imponente. La
asió con una mano por la corva de la rodilla y colocó su suave muslo de manera que reposara sobre su
cadera. De un solo empellón, la penetró.
—Ahh —gimió _______(tn), medio dormida.
—No sabes cuantas veces he soñado con esto. Con estar los dos aquí, juntos, haciendo el amor —
confesó él—. Cada noche muero por tenerte; me despierto totalmente empalmado pensando que estás
dormida en la habitación del centro sola, sin mi… —susurró entre gemidos, sin pensar cabalmente lo que
estaba diciendo… Lo que estaba confesando. Al darse cuenta se quedó petrificado—. ¡Joder!
—No pares ahora —jadeó ella, apretando las manos contra la espalda del hombre, instándolo a
moverse—. No podría soportarlo… —Su voz era débil, adormecida—. Sueño contigo cada noche,
imagino que estoy entre tus brazos y me siento segura, protegida. Siento que nada puede hacerme daño
porque percibo tu presencia a mi alrededor. Sé, que ya no estoy sola. Debo de estar loca.
—No estás loca —jadeó él contra su boca—. Estoy contigo siempre, aunque no me veas.

—Te siento a mi lado; giro la cabeza y sé que estás ahí, pero no te veo. Escucho una voz y pienso que
es la tuya, pero no eres tú.
—Sí… Soy yo… Estoy a tu lado… Siempre. Contigo —gimió Nick aumentando el ritmo de sus
embestidas hasta que la sintió tensar las piernas, temblar contra su estómago y contraer su vagina
envolviendo su pene. Se dejó ir con un gruñido, eyaculando con fuerza en su interior. Apoyó su frente
contra la de _______(tn) y suspiró—. Te quiero.
—Te quiero —contestó _______(tn).
Minutos después, la respiración femenina se tornó suave e irregular. Se había quedado dormida.
También ella se había visto sometida al ritmo demoledor de la tierra dando sus frutos. Nick
parpadeó para quitarse el sopor de encima y rodó por la cama hasta plantar los pies en el frío suelo.
Apoyó los codos sobre las rodillas y dejó caer la cabeza. Esperaba que _______(tn) no recordara el principio
de la conversación que acababan de mantener o se descubriría el pastel. Y él estaría bien jodido.
Por un lado deseaba acabar con la farsa, pero por otro era consciente de que cuando lo hiciera ella,
se mostraría, cuanto menos, furiosa.
—No —suspiró. Esperaría unos días más para revelar el secreto. Curando ella estuviera atada
irremisiblemente a él por los lazos de la pasión. Entonces, y sólo entonces, asumiría su culpa, aceptaría
su enfado y comenzaría a cortejarla sin compasión.
Estaba a punto de tumbarse otra vez en la cama cuando algo le vino a la mente. Se levantó
sigilosamente y caminó por la cabaña. Ahogó un jadeo cuando se tropezó con la mecedora y no pudo
evitar la maldición que escapó de sus labios cuando se clavó la esquina de la mesa en la ingle; lo cual
conllevó en respuesta una vengativa patada contra la pata del jodido mueble. Lo malo fue que iba
descalzo y el puntapié no hizo más que empeorar su situación. Se mordió los labios para no gritar y
despertar a _______(tn), y cuando se hubo controlado —más o menos—, avanzó cojeando y protegiéndose con
las manos sus partes nobles hasta dar con lo que buscaba: el bolso de _______(tn). Lo abrió y sacó su móvil.
Sonrió mientras lo manejaba. Si volvía a despertarse esa noche, no tendría excusas para no quedarse con
él.
Calor. Mucho calor. _______(tn) estaba ardiendo. Su cuerpo se consumía en llamas incontrolables. Abrió
la boca para tomar aire y de sus labios surgió un sonoro jadeo. El cosquilleo en el vientre se convirtió en
una llamarada de deseo. Cerró los muslos con fuerza para aliviar su palpitante clítoris. «¿Qué coño me
está pasando?» Parpadeó, intentando apartar de su mente las brumas del sueño, y entonces lo sintió. Un
ligero pellizco en el pezón. Un cuerpo masculino pegado a su espalda. Un brazo cruzado sobre su pecho.
Una mano sobre sus senos, unos dedos jugando con ellos.
—¿No descansas nunca? —susurró _______(tn) al aire. No obtuvo respuesta.
Estaba tumbada de lado, con el cuerpo del hombre amoldándose al suyo, su ingle acunándole el
trasero. Se movió contra él. Él gruñó y le apretó el pezón haciendo que jadease de nuevo. Totalmente
consciente de lo que la rodeaba, volvió a restregarse contra el hombre; su pene estaba medio despierto,
él estaba medio dormido, pero jugueteaba con sus pezones en sueños.
Tenía dos opciones, alejarse de él e intentar conciliar el sueño… o despertarle.
Lógicamente eligió la segunda.
Movió con cuidado su mano hasta que sintió bajo sus dedos los suaves abdominales masculinos y los

acarició despacio, recorriendo los huecos entre ellos. Él se acercó más a ella y pinzó su pezón entre el
pulgar y el anular, lo hito rozar entre los dedos a la vez que comenzó a balancear las caderas contra el
trasero femenino. _______(tn) sonrió, se iba despertando… O al menos lo hacía una parte muy interesante de
él. Bajó un poco más la mano, las yemas de sus dedos se encontraron con su polla casi erecta. Arrulló el
glande entre sus dedos hasta que sintió la respiración acelerada del hombre contra su nuca. El pene
creció rápidamente, se engrosó y endureció. _______(tn) lo abrazó con la mano. El pulgar alojado sobre la
corona, los otros cuatro dedos rodeando el tronco. Subió y bajó a lo largo de todo él.
—¡Joder! —clamó él con voz ronca antes de despertarse por completo.
Estaba ardiendo. _______(tn) estaba pegada a él y podía sentir su culo presionándole la ingle. La tenía
abrazada, una de sus manos jugueteaba con un pezón duro y erguido, lo imaginó sonrosado entre sus
morenos dedos y no pudo evitarlo, pinzó con más fuerza a la vez que su boca se ancló en un suave
mordisco en la nuca femenina. _______(tn) gimió con fuerza y apretó más la verga orgullosa que temblaba entre
sus dedos. Nick pasó la mano que tenía libre bajo el cuerpo de _______(tn) y la posó abierta en abanico sobre
su pubis. La palma sujetándola, el anular tentando el clítoris. _______(tn) empinó el trasero y guió el pene con
la mano hasta la entrada de su vagina. Lo sintió entrar lentamente, casi con pereza, llenarla poco a poco
hasta estar completamente introducido en ella. Los envites fueron lentos, sosegados. La mano de _______(tn) se
posó sobre la cadera del hombre, acariciándolo. Los dedos masculinos siguieron atormentando los
pezones y el clítoris. Fue una unión tranquila, reposada, sin prisas… Como si tuvieran todo el tiempo del
mundo para ellos solos.
Cuando acabó, ambos estaban rendidos de placer. Sus corazones palpitaban al unísono y sus cuerpos
continuaban unidos.
_______(tn) abrió los ojos que habían permanecido cerrados mientras hacían el amor. La oscuridad en la
cabaña seguía siendo impenetrable.
—¿Qué hora es? —preguntó, comenzando a adormilarse de nuevo.
—Tarde. Duérmete.
—¿Tarde? ¿Cómo de tarde? —inquirió, alerta de repente.
—No lo sé. Las tres o las cuatro de la mañana —Él ahogó un bostezo contra su nuca.
—¡Oh Dios! —exclamó, despierta del todo—. Tengo que irme —dijo un segundo antes de saltar
sobre el cuerpo del hombre y dirigirse a gatas hasta el borde de la cama—. ¡No veo nada! Necesito mi
ropa, mi bolso…
—¿Dónde crees que vas? —gruñó él, asiéndola de su tobillo y llevándola de nuevo al centro de la
cama.
—¡Tengo que irme! Es tardísimo, Abel y Andrés estarán preocupados… ¡Y furiosos! —gimió.
—No te preocupes, ya lo he solucionado. Duérmete —ordenó tumbándola de lado y acoplándose
contra su cuerpo.
—¿Cómo que lo has solucionado?
—Me he encargado de ello —reiteró él, bostezando y rodeándola con sus brazos para que no se
moviera. A su lado.
—¡Explícate! ¿Qué has hecho? —interrogó sin dejar de moverse contra él. Estaba segura de que él
estaba medio dormido y no tenía idea de lo que estaba diciendo.
—Les he avisado. Duérmete —gruñó irritado por la desconfianza de la mujer. Si decía que se había

encargado de ello, lo había hecho. Y punto.
—¿Cómo? ¿Con señales de humo? —argumentó _______(tn) irónica. En esa cabaña perdida de la mano de
Dios no había nada parecido a un teléfono.
—No —bufó él dándole un ligero azote en el trasero—. Con tu móvil.
—Ah. —_______(tn) se calmó un poco, estaban avisados de que llegaría tarde. Genial. Luego abrió los
ojos como platos—. ¡Joder! ¡Qué coño has hecho! —dijo, girándose y golpeándole con las palmas de la
mano en el pecho—. ¿Has hablado con ellos? Dime que no lo has hecho. ¡Dímelo!
—No lo he hecho. —El hombre la volvió a colocar tumbada de lado, con el trasero pegado a su
ingle. Algo se estaba despertando… otra vez.
—¡Argh! —gritó indignada _______(tn). Ese maldito hombre no le daba ninguna explicación y, por si fuera
poco, la tenía presa entre sus brazos. Le dio una buena patada en las espinillas con el talón, se giró hasta
quedar frente a él y lo empujó hasta que quedó tumbado de espaldas. Se sentó a horcajadas sobre él, le
plantó las manos sobre el pecho y le pellizcó con faena las tetillas cubiertas de vello rizado—. ¡Dime
exactamente qué has hecho!
—Ahhhh —jadeó él, pero no era un jadeo de dolor, sino todo lo contrario. Arqueó la espalda y
levantó las caderas, su pene pesado y semierecto golpeó contra el sexo de _______(tn).
—¡No! —_______(tn) volvió a pellizcarle los pezones—. Dime-qué-has-hecho —ordenó entre dientes,
aterrada al pensar que ese tipejo hubiera sido capaz de llamar a su suegro y hablar con él. Que le hubiera
contado que ella estaba… ¡Dónde estaba! Y… ¡lo que hacía! Levantó las caderas alejándose del pene
que en esos momentos se frotaba eufórico contra su vulva.
—Les he mandado un mensaje de esos… Un sms… —Se obligó a hablar Nick, asiendo con sus
manazas las caderas de _______(tn), exigiéndoles volver a colocarse en su sitio.
—¿Qué les has escrito exactamente? —gruñó, moviéndose sobre su ingle cubierta de vello rizado.
Jamás hubiera imaginado que el roce de ese vello contra su clítoris fuera tan… agradable.
—Que te habías despistado y te quedabas a dormir con unos amigos. Que no te esperaran hasta el
mediodía, —Nick arqueó la espalda, buscando con su pene la entrada al cielo.
—¡Les has dicho, ¿qué?!
—No. Se lo has dicho tú —bufó irritado por tanta charla estúpida. Las cosas que tenían que hacerse,
se hacían. Y punto. Él no iba a permitir que su padre y su sobrino se preocuparan inútilmente.
—¿Yo? ¿Se lo he dicho yo? —_______(tn) se levantó de su regazo, totalmente confundida por sus palabras.
—Mandé un mensaje a cada uno en tu nombre, como si fueras tú quien lo había escrito. Y ahora estate
quietecita —ordenó él, clavándole los dedos en las caderas y obligándola a bajar hasta su verga.
Sin ser consciente de lo que hacía, _______(tn) asió su pene erecto y lo guió dentro de ella.
—Bien. Eso está mucho mejor —mascullo él, hundiéndose profundamente.
Un buen rato después, _______(tn) se derrumbó sobre el pecho del hombre.
Ambos estaban sudorosos, pegajosos y muy, muy cansados. Los párpados se les cerraban sin que
pudieran impedirlo. Con el último resquicio de fuerza que _______(tn) pudo reunir, se impulsó sobre sus manos
hasta caer al colchón, donde quedó totalmente desmadejada.
—No vuelvas a tocar mi bolso, ni mi móvil ni ninguna de mis cosas —advirtió en un susurro.
—Haré lo que sea necesario hacer —aseveró él, un segundo antes de quedarse dormido.

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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Octubre 1st 2014, 19:43

dios
tiene que saberlo
siguela
me encanta
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kathe hernandez
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Octubre 5th 2014, 18:09

Shocked OMG mujer tu nove esta buenisima, lo siento me presento me llamo katherin pero los amigo me dicen kathe y bueno e leido tu nove y affraid solo me quedo es asi y bueno siguela pronto
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Angel26
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Octubre 7th 2014, 09:38

siiiguelaa!!!! esta super fregonaa!!!
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Octubre 10th 2014, 12:09

Porfa seguilaaaaa
No puedo esperar a que la rayis se de cuenta de que ese es nick!!!
Y me da pena nick, todo este tiempo sufriendo sin poder tenerla.... Encima es re tierno!!
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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Noviembre 4th 2014, 18:57

Porfa aparece y seguilaaaaaaaa
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andreru
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Noviembre 25th 2014, 13:51

hola como están? se que no he aparecido pero la universidad me tiene muy ocupada y no tengo ni Internet en mi casa ni celular así que solo puedo entrar aveces les prometo que para la próxima semana subo!
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andreru
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Enero 7th 2015, 17:02

hola como estan? feliz año espero q no se hayan cansado de esperar lo siento! aqui les dejo unos capis!
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andreru
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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Enero 7th 2015, 17:06

CAPÍTULO 12
Jamás se había sentido tan feliz. Tan… completo.
Rodeaba con los brazos a la mujer a la que amaba desde hacía años. Se había mantenido abrazado a
ella toda la noche, apretado contra su piel sedosa. Su pecho respiraba contra su espalda, delicada y
elegante; su ingle se metía contra el dulce trasero; una de sus piernas arropaba las de la de mujer que
estaba acurrucada contra él. Su mujer.
Inhaló profundamente aspirando su aroma, esa esencia inconfundible que le hacía desear pasar el
resto de su vida así, arrullado por su presencia, por su personalidad, por sus bromas y enfados.
Su pene se irguió impaciente. Estaba tan cerca de ella que dolía. Sin abrir los ojos se movió hasta
quedar encajado entre sus muslos. Sintió en el glande el calor femenino que guardaba la entrada a su
vagina. Empujó. La corona de su verga quedó rodeada por la piel suave, húmeda por el rocío de su
esencia. Sentía que podía tocar el cielo sólo con elevar la mano.
Abrió los ojos dispuesto a beberse la imagen de _______(tn). Los tibios rayos del amanecer se filtraban
entre las tablas de las contraventanas, reflejándose rasgados en la tela de las cortinas y sumiendo la
estancia en sombras apenas visibles. Parpadeó aturdido. ¿Ya amanecía? ¿Tan pronto?
Observó a la mujer acurrucada entre sus brazos, su respiración acompasada y la laxitud de su cuerpo
le indicaron que estaba profundamente dormida. Cerró los ojos, contrito. Deseaba introducirse en ella,
penetrarla hasta oírl jadear.
Pero era tarde. Muy tarde.
Salió de su interior lentamente. Sintió los músculos de la vagina aflojarse sobre su glande y deseó
volver a entrar en ella. Apretó los labios y se alejó de su cuerpo tentador. Tenía muchas cosas que hacer,
no podía entretenerse ahora por mucho que lo deseara.
Se levantó de la cama y, gracias a la poca luz que se colaba por las ventanas, consiguió no tropezarse
con nada. La cabaña permanecería en sombras mientras las contraventanas estuvieran cerradas, pero aun
así, había cierta claridad que le permitía imaginar lo que le rodeaba. Abrió el arcón y sacó unos
vaqueros, una camisa limpia y unos calcetines. Buscó una toalla y la pastilla de jabón que,
supuestamente, había sobre la encimera del aparador, y luego recorrió con la mirada el suelo hasta dar
con las botas camperas. Con la ropa entre los brazos abrió la puerta; la luz entró a raudales iluminando el
interior, se giró y observó a _______(tn). Seguía dormida, colocada de lado sobre la cama, tan hermosa como
un hada, tan bella que le dolieron las entrañas por tener que abandonarla.
¿Cómo puede un hombre alejarse voluntariamente de su más añorada fantasía?
Haciendo acopio de toda su férrea voluntad, Nick dio un paso atrás sin dejar de mirarla y traspasó
el umbral. Inspiró profundamente y cerró despacio la puerta, ocultando en la oscuridad la claridad que
segundos antes iluminaba el cuerpo amado.
Bajó decidido los escalones del porche, saludó con la cabeza a Negro, lo palmeó en el lomo y
después se dirigió a la bomba de agua; colocó el cubo bajo el grifo y bombeó. El líquido comenzó a fluir
tras unos segundos. Helado. De la sierra. De los riachuelos ocultos en las profundidades de la montaña.
Cuando tuvo suficiente, se lavó apresuradamente.

—¡Joder! —siseó entre dientes.
Hundió la toalla en el cubo de agua gélida y se aclaró con pasadas largas la espuma que decoraba su
cuerpo. Estuvo a punto de estallar en carcajadas al recordar que _______(tn) pensaba que él residía siempre
allí. En verano era agradable vivir en la cabaña; al estar en mitad del bosque la temperatura era más
fresca que en el pueblo y el río que pasaba cerca contaba con unas buenas charcas en las que bañarse y
nadar. Pero en invierno… Ni siquiera podía sacar agua con la bomba, pues ésta se congelaba y el viento
soplaba tan fuerte que daba la impresión de que era el aliento del lobo a punto de derribar la cabaña de
los Tres Cerditos; de hecho, todas las primaveras tenía que arreglar el techo y las contraventanas. No. En
invierno prefería con creces su cómoda casa, sus chimeneas llameantes, su bañera con agua caliente…
Acabó de asearse con rapidez y miró al sol que poco a poco se alzaba en el cielo. Rondarían las seis
de la mañana. Era tarde, muy tarde.
Se vistió apresuradamente y entró en el establo, su 4×4 esperaba paciente la hora de ponerse en
marcha. Retiró el freno de mano y lo empujó fuera. Luego entró en el coche, cogió un cuaderno y un boli y
escribió algo con trazos veloces. Arrancó el papel, pero se lo pensó un poco y comenzó a escribir notas a
diestro y siniestro con una gran sonrisa en los labios. Minutos después entró en la cabaña, recorrió
apresuradamente el mobiliario y luego se dirigió sonriente a la cama; dejó una de las misivas sobre la
almohada, junto a la cabeza de _______(tn). Se retiró, pero un segundo después volvió a inclinarse sobre ella.
Posó sus labios sobre su frente y la besó tiernamente.
—Te quiero —susurró.
_______(tn) escuchó el susurro y supo que era su voz, la voz ronca y cariñosa del hombre. Sonrió
esperando que la besara de nuevo, pero esta vez en los labios. No fue así. Oyó la puerta cerrarse y el
ruido de un motor al arrancar. Se sentó sobresaltada en la cama, descorrió las cortinas y se peleó con las
contraventanas hasta que consiguió abrirlas, pero ya era tarde. Lo único que consiguió ver fue la estela de
polvo dejada por las ruedas de un vehículo grande. Nada más. Él se había ido.
Volvió a sentarse sobre la cama y miró a su alrededor. Los tenues rayos de sol se colaban por la
ventana abierta. El interior de la cabaña estaba muy desordenado, su ropa yacía arrugada en el suelo, la
mecedora del porche estaba pegada a la pared, la mesa corrida de su lugar en el centro. Miró al techo,
las cuerdas de cuero colgaban altas de las poleas. La cama estaba desecha y las sábanas arremolinadas a
los pies. En el borde que daba a la pared había un… ¿estuche? Cerca de él una pequeña botella de aceite
para masajes y a su lado una cosa morada. Parecía un… cono o algo por el estilo. Era fino en la punta y
poco a poco se iba ensanchando hasta que cerca del final volvía a estrecharse, manteniendo ese grosor
durante un par de centímetros, para luego abrirse en una base redonda, plana y más amplia. _______(tn)
enrojeció de golpe. Era el dilatador que había penetrado su ano.
Lo cogió con cuidado, estaba pegajoso por el aceite e increíblemente suave. Recordó su tacto cuando
estaba dentro de ella, el placer que le había proporcionado, y abrió los ojos como platos. ¿Cómo había
podido meterse eso ahí? De hecho, ¿cómo había podido albergar ahí la enorme y gruesa polla de su
amante? Y… ¿cómo había podido disfrutar tanto? Suspiró asustada al sentir las mariposas revolotear de
nuevo por su estómago. Se estaba convirtiendo en una adicta a ese hombre y a las cosas que le hacía.
Su mirada recayó en el estuche abierto. Gateó sobre la cama y lo cogió casi con reverencia; acto
seguido ahogó un jadeo al atisbar lo que había en su interior. Más aceite para masajes, una pequeña bala
vibradora y un enorme falo de látex, morado, todavía precintado en su envoltorio. ¿Para qué cojones

quería él eso? Su vagina se estremeció y su clítoris comenzó a palpitar al imaginar lo que podría hacer
con ese juguete.
—Creo que acabo de averiguar una cosa sobre ti —murmuró para sí—. Te gusta el morado. Sin lugar
a dudas —afirmó recordando el pequeño vibrador en forma de mariposa, del mismo color, que guardaba
en su cajón; obsequio de aquella vez que se perdió en el bosque y él la rescató. Abrió los ojos
sobresaltada ¿Eso había sucedido hacía menos de una semana? Desde luego el tiempo pasaba veloz
cuando estaba compañía de su amante. O pensando en él… o añorándolo como en ese mismo instante.
Se mordió los labios disgustada por el rumbo de sus pensamientos y decidió hacer algo para tener la
mente ocupada. Lo primero de todo, arreglar ese desastre de cabaña. Colocaría la ropa, buscaría sábanas
limpias para cambiar la cama, ya que ésta estaba claramente sudada (por decirlo de alguna manera),
limpiaría el… juguete y lo guardaría en el estuche, y luego se asearía, se vestiría y se iría. Se levantó
dispuesta a empezar y, en ese momento, vio el papel sobre la almohada.
«Quédate todo el tiempo que quieras. En el mensaje avisé a tu familia que no llegarías hasta la hora
de comer. Hay una copia de la llave en el arcón.
Recuerda. Esta noche yo no la olvidaré nunca.
PD. No curiosees en mis cosas.»
_______(tn) bufó indignada. Ella no curioseaba en las cosas de nadie. Por supuesto que no.
Ella cotilleaba, investigaba y husmeaba. ¡Ja!
Corrió risueña hasta el arcón y lo abrió. Allí, encima de todo estaba la llave. La cogió y acto seguido
comenzó a hurgar. Pantalones, camisas, calcetines… No había ropa interior, Mmm, quizá él no usase de
eso, pensó arqueando las cejas varias veces. Se mordió los labios, divertida, y siguió curioseando. No.
Investigando. Debajo de toda la ropa encontró otro papel.
«¿No te he dicho que no curiosees en mis cosas?
Vuelve esta noche. Te estaré esperando.»
_______(tn) estalló en carcajadas mientras se dirigía veloz al aparador de la pared. Abrió los cajones;
estaban llenos de trastos inútiles. Había una nota en uno de ellos.
«No se te ocurra tirar nada de lo que encuentres.
Aunque parezca inservible, es mío.
Ya te estoy echando de menos.»
_______(tn) cayó de rodillas y pegó la nota a su pecho. ¡Joder! Ese hombre era un romántico, A su extraño
estilo, pero romántico al fin y al cabo.
Abrió las puertas del aparador y observó su interior. Encontró una bolsa de deporte. Intentó sacarla,
pero era muy pesada. Sobre ella había… otro mensaje.
«No deberías curiosear aquí.
Está llena de herramientas peligrosas.
Déjala en paz.
No podría soportar que te cortaras con la sierra o los cuchillos.
Cada vez te anhelo más.»
_______(tn) resopló, pensativa. Parecía increíble, pero ese hombre había dejado una nota en cada sitio que
había llamado su atención. ¿Era adivino, o ella era tan transparente que él leía en su mente sin
problemas? O por el contrario, ¿la conocía tan bien que sabía de sobra qué lugares y cosas llamarían su
atención? Dejó la bolsa y siguió mirando lo que había detrás de las otras puertas, abandonando esos

intrigantes e incómodos pensamientos. Mochilas llenas de trozos de cuero —mmm, ¿qué se propondría
crear esta vez?—, toallas, esponjas, jabón… y extraños trozos de madera. Bajo uno de ellos halló la
última misiva.
«Te dije que no curiosearas», ahora has estropeado la sorpresa.
Espero que te guste. Regresa a mí cada noche»
Miró con atención el trozo de madera que había descartado al ver la nota, no era un trozo cualquiera,
era una talla. Una talla pulida y suave que representaba a una mujer dormida. Las facciones de la figura
eran las suyas, el cuerpo era el suyo. Él la había grabado en ese troto de madera, le había dado su forma.
Era precioso. Una lágrima recorrió su mejilla. Era el regalo más hermoso que jamás hubiera recibido.
¿Cuándo lo había hecho? Ese hombre parecía tener un don en las manos.
Se sentó en el suelo al estilo indio y volvió a leer cada una de las notas. Había algo en la escritura
que la recordaba a… alguien. Las palabras estaban trazadas con cuidado, las letras se unían entre sí tal y
como les habían enseñado en el colegio tantos años atrás, los trazos eran firmes y gruesos; intensos, a
falta de otra palabra mejor. Y los conocía. Estaba segura. Había visto antes esa caligrafía.
Cerró los ojos e intentó recordar algo que él había dicho la noche anterior, cuando estaban haciendo
el amor medio dormidos. Algo sobre que se moría por tenerla cada noche. Que se levantaba empalmado
pensando que ella estaba sola en la… ¿habitación del centro? ¿Dónde? _______(tn) bufó irritada, no recordaba
exactamente qué había dicho él, y lo que recordaba no tenía ningún sentido. Decidió dejarse de
monsergas y comenzar a hacer lo que tenía que hacer. Se levantó del suelo dispuesta a darse una buena
ducha que le quitara de encima todos los fluidos pegajosos que pringaban su cuerpo y en ese momento
recordó.
—¡Joder! Aquí no hay ducha… ¡Ni agua caliente!
Nick aparcó el 4×4 sobre la acera frente a la casa de su padre. Bajó rápidamente y entró en la casa.
Llegaba tarde, tardísimo.
—¡Llegas tarde, tío! —gritó Andrés en cuanto le vio aparecer en el almacén.
—Lo sé, lo sé; Me he entretenido —gruñó mirando el reloj colgado de la pared. Las siete menos
cuarto, ese día irían de culo.
—Andrés, sube a la cocina y llena el termo de café —ordenó Abel con voz severa.
—Sí, abuelo —obedeció el niño, no sin antes lanzar una mirada de advertencia a su tío. El abuelo
llevaba enfadado desde la noche anterior y, cuánto más tardaba Nick en llegar esa mañana, peor humor
tenía…
Nick observó la mirada de su sobrino y luego miró extrañado a su padre. Tenía pinta de estar muy,
pero que muy cabreado.
El anciano se acercó a su hijo, lo miró irritado y sin previo aviso le soltó un buen coscorrón en la
cabeza.
—¡Ay! ¿Por qué has hecho eso?
—Mira lo que has hecho —gritó enfadado Abel.
—¿Qué he hecho? —Nick lo miró alucinado, no había hecho nada malo. O al menos nada malo que
su padre supiera.

—¡No te das cuenta de nada! —explotó sulfurado el viejo—. ¡Tienes la cabeza hueca! —Dio dos
golpes suaves (más o menos) con los nudillos en la cabeza de su hijo—. ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?
¿Alguna neurona qué aún funcione? —preguntó irónico sin dejar de darle golpecitos.
—¡Para! —espetó Nick, alejándose y frotándose la cabeza. «¡Joder con el viejo! Esos nudillos
huesudos son un arma mortal», pensó—. A ver, tranquilízate y dime qué coño he hecho.
—_______(tn) ha pasado la noche fuera —explicó el anciano muy serio.
—¿Y qué? Eso no es culpa mía —rebatió con rapidez. Sí era culpa suya pero nadie debía saberlo.
—_______(tn) duerme en otra casa y tú sólo dices que no es culpa tuya. No te entiendo, ¡te juro que no te
entiendo!
—¿Qué quieres que diga? —preguntó confundido. No sabía qué mosca le había picado o su padre.
—Quiero que te enfades. Que te cabrees. ¡Que rompas algo! —gritó exasperado Abel.
—¿Que rompa algo? —De repente intuyó qué había pasado, pero no era posible—. ¿No ha avisado
de que no vendría dormir? —Estaba seguro de haber enviado el mensaje.
—Sí. Nos mandó un mensaje de esos a mí y otro a Andrés. Suerte que estaba mi nieto en casa —
clamó Abel, mirando fijamente a su hijo y acusándolo de no estar cuando era necesario—. De repente se
puso a sonar ese maldito trasto, y por mucho que le daba a la tecla esa de descolgar no había nadie al
otro lado de la línea. Menos mal que Andrés me explicó que no era una conversación sino un «msmsms»
de esos. Maldita sea la letra diminuta del asqueroso trasto, no era capaz de leer nada. Menos mal que
estaba Andrés…
—Aquí para leerte el mensaje —acabó Nick la frase—. Bueno, pues si Andrés te leyó el mensaje,
ya sabías que _______(tn) no vendría a dormir, por tanto, no tienes de qué preocuparte ni enfadarte.
—¡Eres tú quién se tiene que preocupar!
—¿Yo? _______(tn) ya es mayor y sabe cuidar de sí misma —argumentó Nick, confundido por la furia de
su padre.
—¡Señor, qué mal te he hecho yo para que me des este hijo tan idiota! —clamó al cielo un segundo
antes de darle otro coscorrón, esta vez bastante fuerte.
—¡Papá!
—¡No te das cuenta de que _______(tn) está haciendo amigos! —Lo dijo como si fuera algo horrible. Un
pecado capital o algo así.
—¿Y qué? —Nick alzó la mano cuando vio a su padre levantar el brazo—. Ah, no, no vuelvas a
atizarme o te juro que no respondo.
—¿Que no respondes? ¡Yo sí que no respondo de mí mismo! _______(tn) ha hecho amigos. ¡Ha pasado la
noche con otro hombre y a ti te parece bien! —gritó, dándole un empujón—. ¿Cuándo vas a reaccionar?
—Otro empujón—. La vas a perder otra vez.
—Vamos papá, déjame en paz —gruñó Nick, al ver por dónde iban los tiros.
—Nadie sabe que te pertenece. Si no espabilas se irá de nuevo, y esta vez no volverá.
—Joder, no digas chorradas. Ella no pertenece a nadie. Y no se va a ir.
—¿Ah, no? Conocerá a alguien que le guste y se irá con él.
—No va a conocer a nadie —afirmó Nick, apretando los dientes. De hecho, ya había conocido a
alguien. A él. Sólo había un pequeño problema… _______(tn) no sabía que era él.
—¿No? Mira hijo, antes _______(tn) no salía; se ocultaba entre estas cuatro paredes. Ahora no. Ahora sale,

habla con unos y otros; es una mujer muy hermosa y especial. Y los hombres la miran. La miran mucho,
les gusta… y quieren conocerla mejor —explicó Abel, posando con ternura una de sus arrugadas manos
sobre el hombro de su hijo—. No saben que es tuya, que la quieres hace años. Y tú no te molestas en
pararles los pies. No haces nada para remediarlo. ¡Pierdes el tiempo como un tonto sin hacer
absolutamente nada! —finalizó, gritando y dándole otro coscorrón.
—¡Papá! Joder, ése ha sido a traición —dijo frotándose la cabeza. Le estaba empezando a doler.
—¡Pues reacciona! ¡Haz algo!
—¡Y qué cojones quieres qué haga! —gritó furioso. Claro que tenía que hacer algo, pero no sabía
qué. Por supuesto que se daba cuenta de las miradas que le echaban a _______(tn) los hombres del pueblo,
pero no pensaba pelearse con ellos como un semental encelado. Y le costaba lo suyo. Estaba jodidamente
celoso, pero no de ellos, sino de él mismo. De su otro yo, que la tenía cuando él no podía siquiera
acariciarla.
—Podrías tirarla a la Fuente Nueva —propuso Andrés desde las escaleras. Miraba a su abuelo y a su
tío como si tuviera la solución a todos sus problemas.
—Lo que me faltaba, ¡supercherías de viejos! —refunfuñó, mirando a su sobrino y negando con la
cabeza—. Dejad de meteros donde nadie os llama y vámonos, que llegamos tarde.
Andrés se encogió de hombros y siguió a su tío. No le hacía gracia que nadie cortejara a su madre. La
noche anterior al saber que ella no regresaría a dormir, se había enfadado muchísimo. No quería que se
echara novio, no quería compartirla con un tipo al que no conocía, pero si tío Nick entraba en el juego…
Mmm, mejor él que un desconocido.
Cuando _______(tn) llegó a casa era casi mediodía. Al final se había entretenido jugando con Negro en el
cercado y se le había echado el tiempo encima. Asomó la cabeza por la puerta y vio a su suegro sentado
en mitad del almacén, montando cajas con la mirada clavada en la entrada.
—Hola, Abel —saludó, consciente de que no había modo alguno de pasar desapercibida.
—Hola, _______(tn). ¿Qué tal anoche?
—Muy bien —contestó, sintiendo cómo el rubor ascendía implacable hasta sus mejillas. «La noche
había estado mejor que bien». Uf.
—¿Tus amigos se portaron bien?
—Fueron muy amables.
—¿Alguno en especial?
—¿Cómo?
—¿Alguno fue especialmente amable?
—Eh… no. —«Sí. Sí. ¡Sí! Fue amable, especial, excitante, arrollador, maravilloso.»
—¿Qué tal la cena?
—Eh… bien, muy rica. —«Aún sentía el sabor de su amante en el paladar.»
—¿Dónde cenasteis?
—Por ahí… —«En una cabaña de cuento de hadas en mitad de un bosque mágico…»
—¿En Santa Cruz del Valle? —preguntó de nuevo Abel. Estaba muy interesado en la respuesta. Santa
Cruz no era un pueblo muy grande, apenas si tenía una docena de restaurantes en los que cenar. Si habían
cenado allí, podría averiguar dónde y, lo más importante, con quién.

—Hmm, ¡sí!
—¿En el asador?
—Ah, no… En casa de un amigo. Bueno, uf, qué tarde se me ha hecho. Me voy corriendo a preparar
la comida. Tengo muchísimas cosas que hacer —«Cualquier cosa antes que seguir respondiendo a este
interrogatorio», pensó mientras subía corriendo las escaleras.
—Algo se está cociendo aquí —dijo Abel, pensativo. _______(tn) se mostraba esquiva en sus respuestas y
el imbécil de su hijo no reaccionaba como habría sido de esperar.
_______(tn) subió las escaleras rauda y veloz, puso la lavadora en marcha y luego bajó a la cocina para
preparar la paella. Cuando tuvo todo en marcha bajó el fuego al mínimo y subió a tender la ropa.
Camisetas, pantalones, ropa interior… Y entre todas las prendas encontró una que por nada del mundo
esperaba encontrar allí: un tanga. Pero no uno cualquiera, no; el tanga que perdió días atrás en la cabaña
del bosque. ¿Cómo había llegado a la lavadora? Bueno, quizá no fuera ése, sino otro similar.
—Las higueras del Cerro del Bas están a rebosar de brevas —explicó Nick al sentarse a la mesa—.
Nos esperan cuatro días agotadores.
—Cómo siempre que se acerca la Virgen, las brevas del Bas brotan —comentó Andrés olisqueando
el aire—. Leches, mamá, esto huele que alimenta —dijo, alzando su plato y sonriendo esperanzado.
—¿La Virgen? —preguntó _______(tn) extrañada, llenando el plato de su hijo.
—Mi nieto se refiere a la Fiesta de la Virgen de la Puebla. Todos los años coincide con el final de la
recogida de la breva —comentó Abel, acercándole el plato. La paella olía a gloria.
—Ah.
—Tienes que verlo, mamá, es fabuloso. El día de la Víspera la gente del pueblo camina tras los
gigantes y cabezudos, la orquesta recorre las calles a golpe de tambor armando follón y montan una
pequeña feria con tómbolas y todo. ¡Durante tres días hay baile toda la noche! ¡Es genial! Y el día de la
fiesta, a las doce la noche, la orquesta deja de tocar y se apagan todas las luces y entonces… ¡Boom!
Estallan los fuegos artificiales durante al menos media hora. ¡Es la bomba!
_______(tn) miraba a su hijo sin parpadear. El muchacho estaba claramente excitado por la perspectiva de
la fiesta, como si no hubiera estado nunca en fiestas en Madrid. No era por menospreciar al pueblo, pero
_______(tn) estaba segura de que no había una celebración igual a la Verbena de la Paloma, con la carrera de
San Francisco y las Vistillas engalanadas y los madrileños vestidos de chulapos y chulapas bailando el
chotis en tablados improvisados en la calle. El olor a churros y fritanga, las corralas iluminadas al son de
la música de zarzuela… Era mágico. Y eso por no hablar de San Isidro, con su verde pradera rebosante
de gente que había ido a oír la misa y a beber el agua de la Fuente Milagrosa; el aroma de los barquillos,
el soniquete de los organilleros… Pero claro, su hijo de La Paloma no había podido disfrutar nunca
porque siempre estaba en el pueblo en agosto y San Isidro… Desde que se separó de Benjamín no había
vuelto a ir. Sin lugar a dudas, era hora de volver a pasear por la pradera y asistir a los tablados de
seguidillas.
—¿Nos ayudarás, mamá? —escuchó lejana la voz de Andrés.
_______(tn) parpadeó para alejar el recuerdo de esas fiestas que tanto había amado de niña y miró a su

hijo, avergonzada por no haber prestado atención a la conversación que se desarrollaba a su alrededor.
—Mamá. ¿Estás ahí? —preguntó divertido.
—Perdona, cielo, me he distraído. ¿Qué decías?
—Comentábamos que estos días van a ser muy duros, hay mucho por recoger y el abuelo no va a tener
tiempo de montar todas las cajas necesarias. Y luego hay que clasificar las brevas y llevarlas a la
cooperativa antes de que cierre por la tarde.
—No te preocupes, ayudaré al abuelo; como he hecho hasta ahora —remarcó _______(tn).
—No será suficiente —refunfuñó Andrés, bajo la atenta mirada de su tío y su abuelo—. Con lo que
hacéis, ahora no nos llega ni de coña. El tío y yo vamos a tener que levantarnos antes de que amanezca
para que nos dé tiempo a recogerlo todo у no vamos a poder casi ni comer, porque habrá el doble de
brevas que llevar a la cooperativa. Y sólo tenemos un coche, por tanto necesitaremos hacer muchos
viajes.
—Dime en qué puedo ayudaros —se ofreció _______(tn). Andrés sonrió satisfecho.
—Puedes levantarte con nosotros y comenzar a montar las cajas a la vez que el abuelo. Luego nos
ayudarás a colocar las brevas y, si no te importa, podemos usar tu coche para llevar algunas cajas, así no
tendremos que hacer más de dos viajes para llevarlas a la cooperativa —concluyó Andrés entusiasmado.
Si su madre les ayudaba tardarían mucho menos tiempo y él podría salir pronto por las tardes para ver a
Paula. Su tío había estado muy acertado al aconsejarle que la tirara a la fuente y la besara—. Tenía los
labios más suaves del mundo y los ojos más bonitos del universo. Era tan guapa y divertida.
—¡Andrés!
—¡Qué? —Despertó sobresaltado de su ensoñación.
—Hijo, ahora eres tú el que se ha despistado —comentó _______(tn) sonriendo—. Te decía que no me
importa ayudaros pero llenar el coche con brevas… con lo que manchan. Sólo tiene un par de años.
—Pero mamá…
—Déjalo estar Andrés —le interrumpió Nick, levantándose para dejar el plato ya vacío en el
fregadero—. Tu madre tiene razón, es mucho trabajo y el coche es nuevo —comentó sin dejar de mirarla
—. Esta tarde ya discutiremos cómo lo vamos a hacer —dijo colocándose tras _______(tn) y posando las
manos sobre sus hombros—. Déjala tranquila, parece cansada —afirmó inclinándose sobre ella y
dándole un suave beso en la mejilla—. Ve a tu cuarto y descansa. —Apretó las manos sobre sus hombros
y volvió a besarla en la mejilla, esta vez muy cerca de la comisura de los labios—. ¿Andrés, has acabado
de comer? —preguntó inclinado junto a ella, su cálido aliento desplazándose sensual sobre su nuca.
—Eh… Sí, tío —atinó a responder el muchacho.
—Entonces vámonos, hay trabajo que hacer —aseveró irguiéndose. _______(tn) giró la cabeza extrañada
por la manera de actuar de su cuñado—. Descansa —dijo con cariño Nick, a la vez que le acariciaba la
mejilla con sus ásperos dedos.
Cuando el hombre y el adolescente abandonaron la cocina, un silencio asombrado llenó la estancia.
El de una mujer que no se esperaba, bajo ningún concepto, las tiernas caricias del hombre al que hacía
años se había sentido muy unida. El de un anciano que veía, por fin, cómo su hijo menor despertaba de su
letargo e iba a por lo que llevaba años anhelando.
A las siete de la tarde regresaron Andrés y Nick. Se veía que el muchacho estaba contento y

nervioso, excitado. El hombre, por el contrario, caminaba con pasos lentos y pesados y en su rostro se
marcaban profundas ojeras, fruto del cansancio. Sólo deseaba comprobar que _______(tn) había descansado y
que entre ella y su padre habían montado cajas suficientes como para adelantar el trabajo del día
siguiente. Les esperaban jornadas muy duras y él, en esos momentos, sólo podía pensar en regresar a la
cabaña y esperar a que le visitara.
Apagó el motor del coche y se dirigió a la puerta. Estaba sacando las llaves cuando su sobrino
carraspeó incomodo.
—¿Qué pasa Andrés?
—Me preguntaba si…
—¿Si qué?
—Si te apetecería venir a la Soledad con nosotros esta tarde.
—¿Con vosotros?
—Sí. V a decirles a mamá y al abuelo que vayan a dar un paseo por el parque. Yo voy a ir conoy
Paula.
—¿Con Paula?
—Sip. Ayer la tiré a la fuente y la besé.
—¡Vaya! Al final te decidiste y por lo que veo te fue bien —comentó guiñándole un ojo.
—Sí —Andrés enrojeció hasta las cejas—. Me gustaría que la conocieras.
—¿Conocer a quién? —preguntó _______(tn), que al oír el motor del coche y ver que no entraban, había
salido a ver qué pasaba.
—A Paula.
—¿La chica de la fuente?
—Sip… Ahora es mi novia.
—Ah… Eso es… maravilloso —finalizó al ver la mirada satisfecha de su suegro, que también se
había acercado a escuchar.
—Sip. Me gustaría que fuerais a la Soledad, voy a estar con ella toda la tarde.
—Claro que sí. Me encantará conocer a tu… novia.
—¡No!
—¿No?
—No mamá. No te la voy a presentar.
—¿Y cómo quieres que la conozca?
—De lejos.
Una hora más tarde, Nick, más cansado que un condenado a galeras, esperaba impaciente a que el
camarero de la Cueva se dignara a tomarles nota. _______(tn) observaba nada discretamente a su hijo, el cual
paseaba agarrado de la mano de una muchacha rubia y no muy alta. Paula. Nick bufó y miró a su padre.
Estaba sentado unas mesas más allá, con sus amigotes del tute, y de vez en cuando levantaba la cabeza y
arqueaba las cejas como diciéndole «hijo, haz algo» y él respondía con una mirada irritada que venía a
significar: «¿Qué coño quieres qué haga? Estoy en mitad del parque. Rodeado de gente.»
—Es muy guapa, ¿no crees? —dijo _______(tn), por enésima vez en media hora. No prestaba atención a

nada que no fuera su hijo—. Pero sigo pensando que son muy jóvenes, no deberían andar tan pronto con
estos líos.
Nick observó sus labios moverse al ritmo de las palabras. Deseaba besarla en ese mismo instante,
devorar su boca y penetrar con la lengua en su húmedo interior. Mordisquearle los labios, lamerle las
comisuras y apartar a bocados el pañuelo que llevaba al cuello y ocultaba las marcas que su boca le
había hecho la noche anterior. Quería desnudarla y acariciar su cuerpo, lamer la dulce humedad que
brotaba entre sus piernas al hacer el amor e incitarla a gritar de placer. Pero estaba en el puñetero
parque, rodeado de niños montados en bicicleta, de abuelos jugando al tute y de familias que paseaban
ajenas a sus deseos mientras _______(tn) no le prestaba ninguna atención, pendiente como estaba de su hijo y
su supuesta novia. ¡Mierda!
—Hola, _______(tn). Primo… —saludó una voz conocida. Nick cerró los ojos atormentado. ¿Qué más
podía salir mal?
—¡David! Siéntate con nosotros —le invitó _______(tn).
—Tres son multitud —refunfuñó Nick entre dientes.
—Oh, vamos, no seas gruñón.
—No le pidas eso, _______(tn). Para Nick es imposible no gruñir, tiene alma de Lobo Feroz —explicó
David con una sonrisa, a la vez que se sentaba a la mesa y llamaba con una seña al camarero. Éste acudió
de inmediato, para cabreo de Nick que llevaba un buen rato haciéndole señas.
—Estás aguantando mucho aquí, preciosa —comentó David extrañado—. Creí que te irías en un par
de semanas.
—Yo también lo pensaba pero, ya ves, resulta que estoy disfrutando muchísimo de estas vacaciones.
—David arqueó las cejas interrogante mientras Nick metía las manos en los bolsillos de los pantalones
para no coger a su primo de la camisa y sacarle de una patada de la mesa. ¡No podía ser más inoportuno!
—Ah… ésta es la respuesta al misterio: estás de vacaciones —aceptó David. _______(tn) le miró,
interrogante—. En verano el pueblo parece otro, hay cierta animación. En invierno, uf, es deprimente;
sólo hay viejos.
—Y algún que otro idiota que viene a dar por culo —interrumpió Nick, mirando fijamente a su
primo.
—En invierno hay tanta gente aquí, que el cementerio de la Almudena parece una discoteca de Ibiza
en comparación con nuestra calle mayor —continuó David sin hacer caso a Nick.
—Y tú sabes eso porque… ¿vives aquí? ¿Paseas cada día por la Corredera? ¿Vas al centro cultural
por las tardes? —inquirió Nick, muy suavemente. Su primo muy pocas veces aparecía por el pueblo; no
tenía ni idea de lo que allí se cocía.
—Vamos, Nick, sé que adoras este lugar, pero en invierno sólo quedan los viejos que se resisten a
abandonar el pueblo para no quedarse sin sus partidas de tute y los cuatro tontos que no ven más allá de
sus narices y están obsesionados con que esto es el Paraíso —afirmó David, guiñando un ojo a _______(tn),
seguro de que ella pensaba igual que él.
—Déjalo —gruñó Nick desviando la vista. No le apetecía discutir.
—Tienes que abrir los ojos, primo. El pueblo está muerto. Las familias se largan en cuanto tienen al
primer churumbel. Aquí no hay nada. Estás tirando tu vida y tu carrera aquí —aseveró.
—Aquí hay tranquilidad, aire puro, vida relajada…
—Trabajo duro en el campo, inviernos gélidos y calles vacías.

—No empieces.
—¿Qué os pasa? —preguntó _______(tn) inquieta. Sabía que los dos primos no se llevaban exactamente
bien, pero no esperaba esto.
—¿No te lo ha dicho? Le han ofrecido un buen trabajo en Talavera que, con gran falta de inteligencia,
ha rechazado porque está obsesionado con llevar el pueblo a una nueva época de esplendor —dijo
señalando a Nick.
—Vete a la mierda —gruñó Nick en un tono de voz que trasladó a _______(tn) a una cabaña en mitad del
bosque. Movió la cabeza aturdida. Veía fantasmas donde no los había.
—¿Qué trabajo? —preguntó confundida.
—De lo suyo. En el matadero municipal.
—¿En el matadero?
—Sí. Un buen trabajo, bien pagado, bajo techo, caliente en invierno y fresquito en verano.
—¿En un matadero? —repitió _______(tn), confundida.
—Sí, de veterinario. Certificando que los animales están sanos y todo eso… —explicó David
moviendo la mano, como si fuera el mejor trabajo del mundo.
—¿Eres veterinario? —preguntó _______(tn) a Nick.
—Sí —admitió él cogiendo su Coca-Cola y dando un trago.
—¿Y por qué trabajas en el campo de sol a sol? —Ahora sí que estaba confundida.
—Porque me da la real gana —contestó. _______(tn) jadeó sorprendida. Nick había usado la misma frase
que usara su amante desconocido la noche anterior. No… tonterías, sólo era una coincidencia.
—Por favor primo, qué falta de educación; hablar así a tu cuñada —rio David—. Aquí el señor —
continuó señalando con la cabeza a Nick—, se niega a ejercer su carrera porque asegura que la estudió
para atender a sus animales y nada más. Nos hace creer que es un salvaje incapaz de trabajar entre cuatro
paredes y alejarse de sus amadas montañas —explicó irónico—, pero lo cierto es que es un cobarde que
teme separarse de lo que conoce y que además tiene la absurda esperanza de que bajo su batuta, y con un
par de ligeros cambios, conseguirá hacer que el pueblo vuelva a ser lo que era.
—¿Por qué no te vas un rato a la mierda, primo?
—¿Bajo tu batuta? —inquirió _______(tn), mirando a Nick. No entendía nada.
—Por Dios, primo, todo el año dando mítines y no se lo has dicho a tu cuñada, ¡esto sí que es bueno!
—exclamó David. Luego miró a _______(tn) divertido—. Nick quiere ser el nuevo alcalde del pueblo. El tío
Agustín está viejo y ha pensado en retirarse. Y Nick, raudo y veloz, se ha ofrecido voluntario para
ocupar su puesto. Sólo tiene que conseguir los votos del resto de habitantes, claro que eso no será
complicado. Todo el mundo opina que él es lo mejor que le puede pasar a Mombeltrán —dijo como si le
quemaran la lengua con ácido.
—Yo no doy mítines —proclamó Nick, enfadado.
—¿Quieres ser el nuevo alcalde? —preguntó _______(tn), estupefacta.
—¡No, por Dios! No me interesa la política. Sólo quiero mejorar algunas cosas.
—Por ejemplo, crear más infraestructuras para la gente que no vive aquí —se burló David. Le
fastidiaba sobre manera que el palurdo de su primo fuera a ser el nuevo alcalde. Había desperdiciado su
vida y su carrera labrando la tierra y ahora se iba a convertir en el hombre más importante del pueblo.
¡Menuda broma!

—¡Si tuvieran los servicios que precisan, la gente se quedaría! —replicó enfadado Nick, dando un
golpe a la mesa.
—¿Qué servicios? —_______(tn) miraba a los dos hombres alucinada. ¿Nick era veterinario y quería ser
alcalde? Y David, el ejecutivo agresivo, el hombre divertido, ¿se estaba comportando como una arpía?
—Una escuela, por ejemplo —fastidió David.
—¿No tenéis escuela? —inquirió asombrada _______(tn).
—Por supuesto que la tenemos.
—No por mucho tiempo.
—Joder —soltó Nick, levantándose de la silla.
—Eh, tranquilos chicos. Cuéntame qué pasa, Nick.
—Tenemos escuela, pero hay pocos niños. Si no llegamos a un cupo, la tendremos que cerrar.
—¿Cómo piensas evitarlo?
—Quiero hacer una guardería o algo similar —ante el gesto extrañado de _______(tn), decidió explicarse
un poco—. Las familias que trabajan en el campo, como yo, en invierno recogen la aceituna, en verano
los higos y las brevas… Cuidan de sus tierras y trabajan en las cooperativas. La gente está contenta de
vivir aquí, pero cuando empiezan a tener bebés, no tienen donde dejarlos hasta que cumplen los tres años
y entran en preescolar. Muchas familias tienen que llevar a sus hijos a Arenas de San Pedro, donde hay
guarderías y talleres extraescolares para los niños más mayores. Al final, acaba siendo más cómodo irse
allí a vivir, aunque regresen aquí para trabajar, pero las cosechas las llevan a las cooperativas de Arenas
y el pueblo poco a poco va perdiendo infraestructuras. Si tuviéramos una ludoteca, muchas familias se
quedarían; incluso puede que muchas volvieran. Arenas es mucho más caro, hay más coches y el ambiente
que se respira es más estresante; la gente del pueblo prefiere la tranquilidad al jaleo.
—Sólo hay un problema —comentó irónico David—, nadie trabaja por amor al arte.
—¿A qué te refieres? —inquirió _______(tn).
—El Ayuntamiento no tiene dinero para pagar a una nueva maestra para la guardería. De hecho no
tiene ni siquiera dinero para montar una guardería —declaró David.
—Ese no es problema. El Ayuntamiento está de acuerdo en subvencionar los gastos de
mantenimiento; sería cuestión de encontrar una casa y arreglarla un poco —rebatió Nick.
—¿Y arreglarla no cuesta dinero? —la sonrisa burlona de David se hizo más amplia.
—No, si lo hacemos nosotros —afirmó Nick con pasión—. Con pintar las paredes y poner
sanitarios nuevos, sería suficiente. El material escolar podemos cogerlo del sobrante de la escuela y,
luego, poco a poco, ya se iría ampliando en función de las necesidades.
—Y la cuidadora de los niños, dedicaría su tiempo a la guardería por amor al arte —reiteró David.
—No. Cobraría una cantidad por niño. Seguramente al principio no acudirían muchos y su sueldo
sería bajo, pero en cuanto se corriera la voz y la gente viera que el proyecto se lleva a cabo, la guardería
se llenaría.
—Seguro —se burló David.
—A mí me parece una idea estupenda —dijo _______(tn), entusiasmada.
—Lo es —afirmó Nick—. Cuando las familias comprueben que el pueblo tiene un lugar adecuado
para los niños pequeños, todo cambiará. Mientras que media España está en crisis, aquí hay trabajo de
sobra.

—Oh, sí, un trabajo estupendo —se carcajeó David.
—Un trabajo duro, pero satisfactorio. Hay tierras que poco a poco se vuelven salvajes ya que nadie
las trabaja; el Ayuntamiento podría ayudar a recuperarlas. Las torres de vigilancia precisan de gente que
patrulle la sierra y dé la alarma ante un posible fuego; hacen falta manos para limpiar el monte de las
agujas de pino y los árboles muertos que alimentan los incendios y hacen que sean aún más temibles y
descontrolados… Y todo eso se paga, quien lo hace recibe un sueldo.
—Lo dicho, un trabajo que cualquiera desearía.
—¡Un trabajo al aire libre donde al único al que debes rendir cuentas es al monte! —gritó Nick,
vehemente—. También se precisan manos para las cooperativas; en invierno se recoge la oliva, luego hay
que lavarla, pesarla, molerla, batirla y mil tareas más hasta que se convierte en aceite. Hacen falta
empleados para envasarlo, seleccionarlo y etiquetarlo. No todo el trabajo se realiza en el campo —
afirmó pasándose las manos por el pelo. Era una tarea titánica e imposible de explicar en pocas palabras
a los profanos—. La Madre Naturaleza ha llenado estas tierras de tesoros incalculables y los estamos
echando a perder, necesitamos gente que trabaje aquí… Y nadie lo hará si no tiene guarderías que se
ocupen de sus hijos como en las grandes ciudades. Las ventajas de vivir aquí son muchas, el médico te
conoce por tu nombre, no eres un número; sabe cada enfermedad que has tenido a lo largo de toda tu vida.
En la escuela las clases no llegan a diez niños, la atención es superior a cualquier colegio de ciudad; de
hecho, nuestros chicos sacan notas extraordinarias en la universidad. Tenemos un centro cultural, con un
grupo de teatro, y todos los meses hay una representación. Entre semana hay talleres de informática,
carpintería, un club de lectura, otro de costura, de pintura… Tenemos todo lo necesario para vivir, menos
niños y familias —concluyó masajeándose la nuca.
_______(tn) lo miraba y no lo reconocía. No era el muchacho solitario y responsable que había conocido.
Era mucho más. Un hombre emprendedor, inteligente, con visión de futuro y muy preocupado por su
gente. Sentía cada palabra que decía; no hablaba en vano. Había intensidad en su voz, determinación en
sus rasgos. Lo miró fijamente y lo supo. Llevaría a cabo todo lo que se había propuesto, aunque le fuera
la vida en ello.
—Claro primo, y tú vas a ser el super hombre que lleve a cabo la gran reforma —declaró David,
burlón.
Nick negó con la cabeza, de nada servía hablar, las cosas tenían que hacerse. Las palabras se
perdían con el tiempo, sólo los hechos perduraban.
—Estoy segura de que lo lograrás —aseveró _______(tn) poniendo una de sus suaves manos sobre el brazo
de su cuñado—. Es un proyecto estupendo, Nick. Yo misma me siento tentada a ofrecerme para el puesto
de maestra en la guardería —sonrió, intentando animarle.
—¿Tú? —preguntó asombrado David. ¿Qué narices había pasado entre esos dos en esas semanas?
—Sí, yo. Tengo el título de Técnico en Educación Infantil. No soy maestra, pero puedo impartir
clases a niños hasta seis años —declaró orgullosa.
—No lo pongo en duda. Es una gran idea —afirmó David, inclinándose sobre la mesa—. Deja tu
trabajo en Madrid, abandona tu casa y vente a vivir al pueblo para dar clases a dos o tres churumbeles
por cuatro duros al mes. Muy inteligente, _______(tn).
—Eso sería al principio, en poco tiempo los niños llenarán la guardería y serán necesarias más aulas
—dijo _______(tn), enfadada. David se estaba poniendo muy pesadito con el tema.

—¡Joder! No me lo puedo creer. Para ser alcalde hay que saber, y Nick es sólo un pueblerino,
conductor de tractores, con aspiraciones de grandeza —proclamó indignado—. Un veterinario haciendo
de alcalde, ¿dónde se ha visto tamaña insensatez?
—Lo hará estupendamente —afirmó _______(tn). Luego miró con ternura a su cuñado—. Conoces a la
gente, las tierras y el pueblo. Sabes cuáles son sus necesidades; podrás con todo eso, y más.
—¿Pero tú estás escuchándote? Esto es de locos —exclamó David irritado porque ni siquiera _______(tn)
veía el despropósito—. ¡Un veterinario venido a menos, metido en política! Es ridículo.
Nick miró a su primo, estaba harto de él. Durante todo el año había estado molestándole con el tema
del matadero. Parecía empeñado en que abandonara su vida en el pueblo a cambio de un buen sueldo,
trabajando entre cuatro paredes en Talavera. Y últimamente era peor, desde que sabía que lo habían
propuesto como candidato a alcalde, se pasaba la vida burlándose de él y ahora lo humillaba delante de
_______(tn). Estuvo tentado de pegarle un buen puñetazo, pero… Seguía estando en mitad del parque, rodeado
de familias y niños. Se levantó de la silla, sacó dinero del bolsillo y lo dejó sobre la mesa.
—Te veo mañana —se despidió de _______(tn).
_______(tn) observó el gesto abatido de su cuñado, miró furiosa David y acto seguido se levantó y fue tras
Nick.
—No le hagas ni caso, es un idiota —dijo posando una mano sobre su hombro.
—Creí que te caía bien.
—Ya no —dijo tendiéndole la mano.
Nick sonrió, parecía que la tarde iba mejorando. Asió la mano que le tendía y la guió en silencio por
los caminos que atravesaban el parque hasta llegar a la reja que rodeaba el jardín del castillo. Caminaron
a lo largo de su perímetro y llegaron a un punto en que estaba rota y abierta. Levantó los bordes cortantes
e indicó a _______(tn) con la mano que pasara.
—Vaya, no sabía que se podía pasar al castillo.
—En realidad no se puede.
—Pues parece que nadie sabe eso —comentó ella divertida.
Había grupos de adolescentes sentados en la hierba con la espalda apoyada en los muros, jóvenes que
retozaban cariñosamente entre los arbustos de jara salvaje e, incluso, vio a una pareja salir del castillo.
Se quedó asombrada y miró a Nick, él se rio.
—No se debe entrar al castillo, pero los chavales buscan lugares donde… darse un par de besos
tranquilos.
—Hum seguro que tú has dado unos cuantos… besos… dentro de ese castillo.
—Menos de los que piensas —respondió divertido.
_______(tn) sonrió y se tumbó en la hierba. Observó paciente a Nick y éste empezó a hablar.
Sí. Le habían ofrecido un puesto en el matadero, un buen puesto, pero él no estaba hecho para
certificar que los animales estuvieran en condiciones de ser sacrificados y convertidos en alimento.
Comprendía que era algo importante y necesario, pero él había estudiado veterinaria para curarlos, para
disfrutar de ellos; no para ver como morían bajo sus manos. Además, todo lo que siempre había soñado
ya lo tenía; le gustaba trabajar al aire libre, pasear por sus tierras y comprobar que las plantas crecieran
sanas y fuertes.
No. No se había presentado al puesto de alcalde, de hecho no le hacía la más mínima ilusión, pero tío

Agustín y los miembros del Consejo se habían empeñado en que hacía falta sangre joven para que el
pueblo se «reanimara» y lo habían propuesto a él. Aún no tenía claro si aceptaría en caso de que saliera
elegido en las elecciones del próximo año.
Sí. Tenía algunas ideas, planes que realizar en el pueblo. Algunos ya estaban puestos en marcha, otros
los comenzaría después de la recogida del higo, en octubre. La guardería-ludoteca era uno de ellos, pero
también quería restaurar el monasterio abandonado a las afueras del pueblo. En los años anteriores
habían trabajado en el antiguo Hospital de San Andrés y lo habían rehabilitado por completo, ahora
quería hacer lo mismo con el castillo, el monasterio… Había pensado en transformar un par de edificios
abandonados en casas rurales y convertir el pueblo en un lugar a tener en cuenta por los guías turísticos y
atraer ese mercado. Lo cierto es que tenía mil ideas en la cabeza.
_______(tn) le escuchó interesada, al principio asustada por lo imposible de la tarea a llevar a cabo pero,
poco a poco, él le fue explicando cómo pensaba conseguirlo. Y acabó entusiasmada, convencida de que
todo llegaría a realizarse; aunque tardarían años.
—¿Qué te parece? —preguntó él cuando terminó de explicárselo todo. Ya era tarde, comenzaba a
anochecer y el sol lanzaba rayos anaranjados que convertían la piedra del castillo en reluciente oro.
—Uf, me parece que tienes mucho trabajo por delante, pero estoy segura de que puede usted hacerlo,
señor alcalde —finalizó con una sonrisa.
Estaban sobre la hierba. _______(tn) tumbada de espaldas; Nick, de lado, apoyado sobre un codo, la
miraba intensamente.
—¿De verdad serías la maestra de la guardería? —preguntó acariciándole el pelo.
—¿Eh…? ¿Te refieres a lo que he dicho antes, cuando estaba David?
—Sí. —Sus dedos colocaron un mechón de pelo sobre la mejilla de _______(tn) y se entretuvieron creando
formas.
—Siempre me han gustado los niños, los adoro; de hecho, empecé a estudiar magisterio, pero luego,
ya sabes… —arqueó las cejas. Nick asintió, sabía. El bebé. Andrés—. Si la guardería estuviera en
Madrid, me encantaría intentarlo. Pero aquí… —negó con la cabeza—. El pueblo no es santo de mi
devoción.
—No te veo muy infeliz ahora —murmuró él, acariciando con las yemas de los dedos la suave piel de
su cuello, apartando con delicadeza el pañuelo que ocultaba su marca.
—Oh, vamos. Sabes que estoy a gusto aquí; que este verano, en contra de lo que pensaba, estoy
disfrutando mucho —aseguró ella a la vez que apartaba los dedos del hombre del pañuelo. No quería que
viera los chupetones que tenía. De hecho en cuanto regresara a la cabaña pensaba cantarle las cuarenta a
su amante por habérselos hecho.
—Entonces… ¿por qué no pruebas a quedarte? —preguntó Nick, inclinándose sobre ella,
acariciándole los brazos desnudos.
—¿Quedarme? ¿Aquí? ¡Ni loca! —contestó, riendo—. Mi vida está en Madrid; mi casa, mis amigos,
mi trabajo…
—Un trabajo que no te gusta.
—¿Cuándo he dicho yo eso?
—Te tiras horas sentada en una silla haciendo facturas… No parece muy divertido.
—¿Cómo sabes eso?
—Eh… Me lo ha contado Andrés —respondió apretando los clientes. Tenía que ir con cuidado con

lo que decía.
—Bueno, pues para tu información, me gusta mi trabajo. Más o menos… —confesó, risueña.
—En la guardería tu trabajo sería mucho más satisfactorio —afirmó, posando los dedos en el
pañuelo.
—El instituto de Andrés está en Madrid. Al igual que la Universidad.
—Tu hijo estaría encantado de vivir aquí, le gusta el pueblo mucho más que Madrid, y tiene buenos
amigos… y una nueva novia. El instituto de Arenas está a diez minutos en autobús, y la Universidad está
en Ávila. Todos los chicos del pueblo se van a vivir allí entre semana cuando hay clases y vuelven el fin
de semana. Eso les ayuda a ser independientes, a valerse por sí mismos —comentó bajando por fin el
pañuelo y observando los tonos anaranjados de los chupetones que le había hecho la noche anterior.
Sonrió satisfecho.
—Me da la impresión de que estás intentando convencerme de que me quede aquí a vivir —expuso
ella, entre divertida y alerta.
—Sí.
La boca de Nick descendió hasta posarse sobre la de _______(tn). Presionó con suavidad contra ella,
acarició los labios con su lengua hasta que se rindió y le permitió entrar. Sus lenguas se tocaron, se
abrazaron, lucharon entre ellas. Recorrieron el cielo del paladar, acariciaron los dientes. Los brazos de
Nick rodearon el cuerpo de su amada. Las manos de _______(tn) se anclaron a la espalda de Nick. Un
gemido rompió el silencio y dio por terminado ese instante especial.
_______(tn) movió las palmas y las presionó contra el torso que se cernía sobre ella, alejándole. Él se
incorporó sobre su codo sin dejar de mirarla. Tenía los labios hinchados, las mejillas sonrosadas, el
cabello despeinado. Era la mujer más hermosa que había visto jamás.
—Yo… yo… Tengo que irme a hacer la cena —dijo _______(tn), levantándose de un salto y corriendo
hasta el agujero en la reja.
Nick se levantó, tenía una erección de caballo. La polla le palpitaba y los testículos le ardían, pero
aun así corrió tras ella. Traspasó la verja y la vio caminar veloz por el parque en dirección a la casa. Un
par de hombres se acercaron a ella con intención de conversar, pero _______(tn) no detuvo su paso. Nick
comprobó, irritado, que varios de sus amigos se quedaban mirándola y sonreían. Sí, los hombres del
pueblo se habían dado cuenta de que _______(tn) era una mujer preciosa, la habían conocido y estaban a la
caza. ¡Mierda!
Dio un paso, dispuesto a perseguirla, obligarla a detenerse y contarle todo. Confesar quién era él,
acabar con la mentira de una vez por todas, pero se detuvo antes de entrar en los caminos iluminados de
la Soledad. Retrocedió y se ocultó entre las sombras. Respiró profundamente y se miró el regazo. Tal y
como se temía, sus pantalones se abultaban sospechosamente a la altura de la ingle. No podía caminar
por el único parque del pueblo, rodeado de niños en bicicleta, ancianos jugando al tute y familias
paseando dichosas, con una antena parabólica en los pantalones.
—Joder —se quejó, dando una patada al pobre arbusto que había elegido ese lugar, años atrás, para
brotar.
Miró el cielo, serían cerca de las diez de la noche, _______(tn) no acudiría a la cabaña esa noche. Ya la
echaba de menos.

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MensajeTema: Re: Ardiente Verano (Nick y tu)   Hoy a las 00:59

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Ardiente Verano (Nick y tu)
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