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 Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 13th 2014, 13:52

Capítulo 68



—Así es, hijo. Ahora, tendrá que armarse de paciencia —comentó el teniente Fetterman alzando una mano temblorosa.

Nick asintió para indicarle que no tenía prisa. La enfermedad se había cebado con un hombre aún joven. Era el abatimiento lo que le confería el aspecto de un anciano. Verse impedido para empuñar un arma debió de suponerle un golpe brutal. Un fin absurdo para una carrera heroica.

Al menos la suerte se había puesto de su parte tras el desagradable encuentro en casa de los Watts.

Separado de los peones tras la venta del ganado, no podía demorarse más de una semana, y viajar hasta Fort Laramie le hubiese llevado al menos veinte días. Por fortuna, apareció John Collins con aquella información tan valiosa.

El teniente Fetterman rubricó el escrito. Nick se abstuvo de intervenir mientras lo doblaba y ensobraba con visible dificultad. Brindarle ayuda habría supuesto una afrenta a su pundonor.

—Nunca le estaré lo bastante agradecido, teniente —afirmó tomando el sobre que le tendía—. Su declaración tiene un enorme valor.

—En ese papel constato todo lo que vi. Ya le he dicho que no participé directamente en el rescate de aquella niña, pero recuerdo muy bien su llegada a la guarnición. Aunque se la llevaron pronto a Colorado. Fue una suerte que aquella viuda se interesara por ella.

—Sin duda —afirmó sin ánimo de entrar en polémicas.

Nick estrechó su mano. Desde su sillón, el teniente contempló con añoranza el aspecto vigoroso de aquel hombre.

—Señor Jonas, muchas veces he pensado en ella —confesó con la mirada perdida—. No hay mayor honor para un soldado que morir en el campo de batalla y no postrado en un sillón como una marioneta inútil.

Sus palabras trajeron a la memoria de Nick la muerte absurda de su hermano Sean. La vida, en ocasiones, se empeñaba en convertirse en una broma pesada.

—Le queda la vida, teniente.

—¿Qué clase de vida? —Se compadeció—. Hoy más que nunca comprendo el coraje de aquella muchacha. Señor Jonas, sus ojos reflejaban la valentía y el odio de un joven guerrero dispuesto a morir luchando.

El teniente Fetterman no podía haber descrito mejor a _______, pensó de vuelta a Denver. La mujer que junto a él mostraba de nuevo su valentía tantos años oculta.

A las afueras, paró en unos establos a refrescar el caballo. Y tras sacar una camisa limpia de la alforja, preguntó por una barbería cercana para tomar un baño.

Su apariencia era mucho más presentable cuando por segunda vez en el mismo día golpeó la aldaba de los Watts. Pero el hombre que lo esperaba en el salón parecía haber envejecido diez años en una hora y media.

—Señor Nick, no le esperaba tan pronto —confesó tendiéndole la mano.

—No crea que he venido tan rápido por su dinero —anunció con acidez—. Traigo un documento que demuestra que mi esposa es la persona que busca.

—Tome asiento, por favor.

Nick negó con la cabeza y le tendió el sobre. No le quitó la vista de encima mientras el hombre descifraba la dificultosa escritura.

—Una quemadura que cubre por completo la palma de la mano hasta la mitad de los dedos. Léalo, lo especifica bien claro —insistió.

Clifford Watts cerró los ojos dejando caer el brazo. Nick esperó a verlo repuesto y cuando el hombre abrió los ojos de nuevo, le tendió la mano reclamando la carta.

—«E. T. W», ésa es la inscripción del reloj —concluyó guardando el documento en un bolsillo.

—Edward Taylor Watts…

—Puede estar tranquilo, señor Watts —anunció—. Soy dueño de un rancho en el que cabría con holgura la ciudad de Denver y aún me sobrarían acres; infórmese, si lo desea. No me interesa su dinero, es más, puede encender esa chimenea con él.

—No sé cómo decirle esto… —confesó poniéndose en pie—. Señor Jonas, creo que le debo una disculpa, trate de entender…

—El único que pierde es usted, porque morirá sin poder abrazar a su sobrina. Consuélese pensando que sus padres estarían orgullosos de ella porque es una gran mujer. No le molesto más.

—Señor Jonas —rogó—, sé que le insulté de una manera imperdonable, pero quiero que sepa que no he necesitado leer esta carta para convencerme de que he cometido un grave error.

Nick hizo una última concesión, empezaba a sentir lástima por aquel hombre, víctima de su propia decisión.

—No soy tan estúpido como imagina —sonrió con tristeza—, aunque mi comportamiento demuestre lo contrario. Mi sobrina… esa mujer… ¡ya ni sé cómo llamarla! Había algo que no encajaba en su relato, y decidí salir de dudas. En cuanto usted salió de aquí, hice venir a un empleado de las minas, un mestizo, buen muchacho —atajó con la mano— y muy trabajador. Su madre es una india sioux…

—No dispongo de tiempo —se impacientó cogiendo el sombrero.

Clifford Watts lo miró de frente con aspecto derrotado.

—La mujer a la que he abierto mi casa y brindado mi cariño no sabe ni una palabra en lengua lakota —confesó.

La puerta del salón se abrió y ambos giraron la cabeza hacia la recién llegada.

—Oh, lo siento, papá. —Hizo ademán de marcharse—. No sabía que tenías visita.

—Pasa, cariño —indicó con la mano—. Señor Jonas, mi hija Elisabeth.

—Es un placer, señorita —dijo estrechándole la mano—. John Collins me habló de usted.

—¿Es amigo de John? —preguntó sonriente.

—Nos conocemos poco, pero sí, lo considero un amigo. Señor Watts, el parentesco con mi esposa es innegable. —Sonrió por primera vez—. Los mismos hoyuelos.

Elisabeth lo miraba sorprendida, pero recordó de pronto el motivo de su llegada.

—Papá, no encuentro a Arabella. Cuando John ha vuelto al trabajo, ella ha insistido en que la acompañara a ver unos sombreros y, a la altura de la calle Lawrence, se encontraba tan fatigada que ha decidido regresar a casa por su cuenta. Estoy preocupada por si se ha perdido, tendría que estar aquí hace más de media hora. ¡No he debido dejarla sola!
Los dos hombres intercambiaron una mirada y el señor Watts bajó la vista.

—Me temo, señor Watts —suspiró Nick—, que será mejor que la espere sentado.



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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 13th 2014, 14:00

COMENTEN!!!!!!

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 13th 2014, 19:16

harriet, cobarde!!!
pero que bueno que se largo
siguela
ahora falta que termine mal jejeje
si, lo se...
soy mala
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 20th 2014, 14:11

Me alegro que ahora sepan que harriet era una impostora! Pero me da mucha intriga el que se haya ido así... Donde estará ahora??
Y que onda con la rayis? Qué estará haciendo sola en en el rancho? Ojalá nick vuelva pronto a hacerle compañía Wink
Seguila pronto porfaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 25th 2014, 20:32

SORRY POR NO HABER PUESTO CAP PERO ESTABA MUY OCUPADA CON UNA EXPOSICIÓN QUE TENÍA QUE HACER Y CON EXAMENES EN MI INSTITUTO!!!

MAÑANA SEGURO SUBO CAP... YA QUE AHORA TAMPOCO PUEDO -.-

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 27th 2014, 12:04

SORRY POR NO HABER PUESTO AYER, ESTABA SEGURA QUE ME HARÍA TIEMPO PERO NO
AHORITA SUBO!!!!

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 27th 2014, 12:23

Capítulo 69



_________ llevaba ya una semana sola en el rancho y parecía que el tiempo trascurría más lento sin Nick en casa. Grace se había marchado hacía rato y los peones no tardarían en regresar a sus casas. Así que, para distraerse, decidió hacer una tarta para cuando Nick estuviese de vuelta.

Ya no hacía falta consultar la libreta de recetas, se la sabía de memoria. Preparó la masa y la volteó varias veces. «Cuanto más se amasa, mejor sale», recordó. Una vez estirada, la dispuso en el molde engrasado y recortó los bordes.

Mientras pelaba una manzana, miró a su alrededor y se sintió orgullosa. La alegría que desprendía aquella cocina se debía a su esfuerzo.

—¿Ésta es manera de recibir a un hombre que lleva una semana fuera de su casa? —La voz le hizo saltar de la silla.

Distraída, no habla oído el trote del caballo. Se volvió. Apoyado en el quicio de la puerta, de brazos cruzados, Nick la observaba con una sonrisa radiante. ________ dejó la manzana y corrió a colgarse de su cuello. Él la recibió entre sus brazos y le dio un largo beso. Una semana sin ella era demasiado tiempo.

—¿Me has echado de menos? —________ le esparcía pequeños besos por toda la cara.

—Cada minuto. —Su mirada hablaba por sí sola.

________ le cogió de la mano para que se sentase junto a ella.

—Mientras termino, me cuentas cómo te ha ido.

—Mejor de lo que pensaba. Los precios han subido y me han pagado por las reses más de lo convenido. ________, esto cada día va mejor. El próximo año podremos aumentar la cabaña en quinientas cabezas más.

Ella asintió orgullosa. Tanto esfuerzo había merecido la pena.

—Estuviste muchos días en Denver… —sugirió con curiosidad.

—Tenía cosas que hacer —se limitó a decir.

Tiempo habría para contarle el motivo de su viaje y cuanto había averiguado. Durante días, se había debatido entre la obligación moral de ayudarla a conocer su origen y el miedo a que se alejase de su lado. No quería pensar en ello, porque la preocupación le producía el dolor más intenso que había sentido en su vida.

________ tampoco preguntó, confiaba en él.

—Te he traído una cosa —Nick cambió de tema—, la compré para ti.

—¿Un regalo?

Él asintió. _______ parecía una niña el día de Navidad, deseosa por destapar la sorpresa.

—Espera. Antes de dártelo, ve por una cinta de terciopelo estrecha.

Corrió al dormitorio y rebuscó en el primer cajón de la cómoda. Revolvió en una cajita de cartón y escogió la más estrecha que tenía. Supuso que se trataba de un broche o un colgante. Si no, ¿para qué la cinta?

Regresó ansiosa a la cocina. Nick palmeó indicándole que se sentara sobre él. Disfrutaba demorando el momento de enseñarle su regalo. ______ corrió a su regazo con la cinta en la mano, que él miró con aprobación. Del bolsillo del pantalón sacó algo que ocultó con la mano boca abajo. Tomó la de ella y en su palma dejó caer un objeto pequeño.

—Para mi Dama de Tréboles.

________ contempló emocionada un pequeño shamrock de oro. Aquello significaba mucho más que cualquier palabra de amor.

—Pero yo no soy irlandesa.

—Tu apellido es irlandés —concluyó.

Lo tomó con cuidado y lo paso por la cinta azul, alzándolo para contemplar su brillo. Recordó con un nudo en la garganta la partida de poker que unió sus vidas y una lágrima se le escapó mejilla abajo.

—Algún día podré regalarte un collar de perlas para que lo cuelgues de él —le dijo en voz baja, secándole la mejilla.

________ hundió la cara en su cuello; no hacía falta, él era todo lo que necesitaba para ser feliz. Lo besó agradecida y se anudó la cinta al cuello. Nick hizo un gesto de aprobación, le quedaba perfecto.

Se levantó dispuesta a terminar la tarta mientras él le contaba los pormenores del viaje. Cuando limpiaba la mesa de restos de harina, ______ se quedó muy callada. Nick supo que alguna idea bullía en su cabeza.

—Nick, no quiero pensar que esto es porque supones que morirás antes que yo.

—Pero ¿quién ha hablado de morirse? —protestó, pero su mirada se oscureció de repente—. Recuérdame dentro de un rato que tengo que ir a casa de mi hermana a cortarle la lengua.

_______ lamentó haber sacado el tema, sabía que estaba molesto porque se había enterado de un detalle tan íntimo por boca de otra persona y para colmo había dejado a Emma en evidencia.

—De todos modos, no me lo quitaré nunca, lo juro.

Él sonrió conmovido. Nunca le había hablado de la muerte de sus padres, pero comprendió que con aquellas palabras le estaba diciendo que ese colgante se convertiría en su señal en la vida eterna.

______ se quitó el delantal y abrió el horno para comprobar el estado de cocción de la tarta, pero seguía pensativa. Tanto silencio escamó a Nick. Desde luego, era pertinaz. Cuando algo se le metía en la cabeza no paraba hasta quedarse tranquila.

Decidió no pensar en ello. Se reclinó en la silla y cerró los ojos. Tenía los músculos de las piernas agarrotados de cabalgar durante horas. Las últimas veinte millas las había hecho casi volando, ansioso por estar con ella.

Mientras la oía trajinar por la cocina, recordó qué lejano quedaba el tiempo en que no tenía ganas de regresar a su propia casa. Qué diferente era ahora su vida. ______ lo llenaba todo de felicidad. Por fin estaba en casa con ella y una tarta en el horno impregnaba el ambiente con su aroma. Olor tibio a pastel de manzana… Se sintió feliz: el Paraíso debía de ser algo así.

—Nick…

—Ven aquí y dame un beso —pidió sin abrir los ojos.

—Pero…, si yo muriese antes que tú…

—¿Otra vez con la muerte? —Dio un salto en la silla.

La idea de la muerte de _______ le erizó el vello.

—Sí. Me preocupa morir y que tú no tengas shamrock.

—Ni pienso tenerlo; no esperes que yo lleve ninguna joya.

—¿Qué pasará entonces? No nos pondrán juntos y tú no podrás encontrarme.

Nick la miraba ceñudo, harto ya del tema.

—Si eso llega a pasar, no habrá problema porque con lo testaruda que eres seguro que te envían al Cielo de los irlandeses. Si no, ya te buscaré yo. En cuanto llegue allí preguntaré por una rubia que lanza cuchillos, no creo que haya tantas.

Ella rio con la idea. Él encontraría la manera de estar juntos toda la eternidad. Y si no, algo se le ocurriría a ella.

Nick se puso en pie, estirando la espalda y los brazos.

—¿Vas a lavarte un poco?

—Huelo mal, ¿verdad? —Ella sonrió—. Después, porque ahora pensaba ir un rato a los pastos.

—Es tarde, los peones ya se habrán marchado.

—Voy dar un vistazo rápido —resolvió—, ¿y ese beso?

________ le tomó la cara entre las manos y lo besó con dulzura.

—No tardes —susurró.

No pensaba hacerlo, un rato de trabajo y de vuelta a casa. Tenía una idea en mente para más tarde.



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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 27th 2014, 12:42

Capítulo 70



Eran casi las seis de la tarde y a Harriet le rugía el estómago. Durante la comida, evitó probar bocado para hacer más creíble su fingido disgusto. Y después, tuvo que marcharse con lo puesto; al menos consiguió librarse de la cargante «primita» a tiempo y pudo pasar por el banco.

Apretó los dientes, no había podido cancelar la cuenta y tuvo que dejar un fondo; escaso, eso sí. De haber retirado todo el dinero con tanta prisa, habría levantado demasiadas sospechas en aquel banquero impertinente.

Pronto pasaron los mozos anunciando la próxima parada en Cheyenne.

—No estés nerviosa —advirtió Jason—. Si tu «querido tío» ha dado aviso a las autoridades, nos buscarán en los trenes a Kansas; nadie imaginará que hemos tomado la línea que va a Chicago. Pensarán que nos dirigimos a Nueva York o a Boston.

—Eso espero, por ello comenté tantas veces mi deseo de conocer Nueva York.

—Bien hecho. De todos modos, cambiaremos de tren en Omaha para despistar. En cuanto paremos en Cheyenne, iremos al vagón restaurante. Y después —murmuró en su oído— sueño con hacerte el amor. Este traqueteo es muy excitante.

Lo miró de reojo con media sonrisa complacida; lástima que no entrase en sus planes.

El tren fue disminuyendo la velocidad. Harriet se asomó por la ventanilla, la estación de Cheyenne bullía de pasajeros arriba y abajo. Por fin se encontraba a sus anchas. El brusco frenazo la hizo tambalear.

—¿Estás bien? —La sujetó por la cintura.

—Mejor que nunca.

Harriet puso sus manos sobre las de él y se las deslizó hacia abajo con una mirada sugerente. Por nada del mundo quería que le pusiese las manos encima, pero tenía que ser cauta para que no sospechara.

—Voy a preguntar a los mozos cuanto tardaremos en llegar a Omaha.

Jason era listo y no se le pasaba ningún detalle. Lo primero que hizo fue registrar su bolsito por si se le había ocurrido la idea de sacar el dinero. Por suerte lo encontró vacío. Más tarde, él se empeñó en bajar del tren en Hughes y se agenció un par de maletas y sombrerera; dos viajeros sin equipaje podían levantar sospechas. Tendría que ser cuidadosa y actuar con rapidez.

Se dirigió al descansillo de la izquierda y preguntó a uno de los mozos.

—¿Tardaremos mucho rato en partir?

—Unos quince minutos.

—En ese caso, bajaré a estirar las piernas.

Le regaló su mejor sonrisa y el hombre se afanó en darle la mano para ayudarla a descender. Harriet se alejó segura de que no le quitaba ojo de encima. ¡Que tontos llegaban a ser los hombres! Cuando llegó al edificio de la estación, salió por otra puerta y rodeó el edificio. Desde el lateral, podría observar el tren sin ser vista. Y ahora contaba con su mejor baza, un testigo que la había visto bajar.

Cuando Jason Smith regresó al vagón y no la vio, salió de nuevo al pasillo a buscarla. Empezó a inquietarse cuando recorría un vagón tras otro sin dar con ella. Preguntó a los mozos, ninguno la había visto. Al fin dio con uno que la recordaba.

—Si se refiere a la señorita del vestido verde, no creo que tarde. Bajó a estirar las piernas hace diez minutos —advirtió el hombre.

—¿A dónde fue?

—La perdí de vista cuando entró en la estación.

Jason se mordió el labio inferior. Bajó de un salto y corrió hacia la estación. Allí, los que la recordaban, coincidían en que había salido por la puerta contraria. El silbido del vapor anunció que pronto se pondría en marcha y tuvo que decidir entre quedarse a buscarla o subir al tren en una fracción de segundo. Y optó por subir, no podía correr el riesgo de encontrarse con las autoridades pegadas a sus talones. Corrió hacia el tren y logró tomarlo ya en marcha.

Fue hasta su vagón y se reclinó en el asiento con los ojos cerrados. Aquella pequeña víbora había conseguido darle esquinazo.

Harriet contempló con una sonrisa satisfecha la partida del convoy. Respiró hondo y se dirigió a las taquillas.

—¿Hacia dónde sale el próximo tren?

—San Francisco.

¡La ciudad del oro! La más grande del Oeste. ¿Y por qué no? Justo en dirección contraria. Allí no la buscarían ni Jason ni los Watts. Con el dinero de la «querida» Arabella, pensaba empezar una nueva vida y buscar un marido acorde con sus aspiraciones.

Se acarició el estómago. Bendito corsé que era capaz de guardar todos aquellos billetes.

—Adiós, Jason —suspiró.

Iba a echar de menos a aquel granuja.



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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 27th 2014, 14:25

Capítulo 71



En cuanto Nick regresó, decidieron tomar un bocado rápido e irse a la cama cuanto antes. Para empezar se entretuvieron en travesuras lujuriosas que encantaban a Nick y que _______ calificaba como propias de burdel, aunque siempre acababa confesando que no conocía pasatiempo más delicioso para avivar la pasión.

Después de hacer el amor, Nick giró de costado con ella en los brazos y permanecieron entrelazados.

—¿No estás cansado? Ha sido un viaje muy duro.

—Me hacías mucha falta —confesó jugando con su pelo.

—Y tú a mí. —Sonrió besándolo en la mejilla—. Te he echado mucho de menos.

Nick respiró hondo, giró para quedar boca arriba y la colocó sobre él.

—¿Ves esta cama? Es nuestro paraíso, ________. Tú y yo solos.

—Solo nosotros dos —reafirmó.

A Nick le hizo gracia su tono solemne.

—¿Y a los niños? ¿Los dejarás venir a esta cama? —preguntó _______.

—Bueno, a ellos sí —aceptó con media sonrisa—. Pero que no vengan mucho. Esta cama es solo para ti y para mí.

—Quiero llenar esta casa de amor y de niños —afirmó imaginando el futuro.

—Lo primero ya lo has conseguido tú, de llenarlo de niños me encargaré yo —susurró besándola en el cuello con deseo.

Rodaron entre risas sin dejar de besarse, para quedar de nuevo frente a frente.

—Soy muy feliz contigo —murmuró _________ acariciándole los labios con un dedo.

—Tus ojos me inspiran paz. —Ella sonrió encantada, pero Nick recordó lo sucedido en Denver—. Y a veces, inquietud.

—¿Por qué? —preguntó sorprendida.

—Me inquieta pensar que puedo perderte, que llegue a casa un día y tú no estés. Es como un tormento.

______ le acarició el cabello con una sonrisa irónica. Él la interrogó con la mirada y ella negó con la cabeza. No pensaba hablar de ello, carecía de importancia. _______ se había acostumbrado a los rodeos retóricos de que era capaz con tal de evitar llamar al miedo por su nombre. Sólo habla dos palabras con las que utilizaba ese tipo de atajos dialécticos, la palabra «miedo» y el verbo «amar».

—No vas a perderme —aseguró _______—. No pensaba decirte esto, pero si yo hubiese sabido que tu felicidad estaba al lado de esa mujer —Nick intentó protestar y ella se lo impidió—, me habría apartado de tu camino.

—¿Habrías antepuesto mi felicidad a la tuya? —Ella asintió—. Yo no sería capaz.

—Ya lo hiciste. —Él la miró extrañado—. El día que me facilitaste el dinero para que me marchara. Tú no querías que me fuera. —Nick sonrió para sus adentros al comprobar hasta qué punto sabía _______ leer en su interior—. Y, aun así, me diste libertad para hacerlo. Pero yo ya había decidido que no me iba a mover nadie de tu lado.

—Sí, eres testaruda.

—Tú también.

Los dos rieron. Mientras le acariciaba el rostro, ________ recordó algunas de las rarezas de su carácter obstinado.

—¿En qué piensas? —preguntó al verla sonreír.

—En que me gustas mucho con lentes.

—No sigas —gruñó girando la cabeza.

—¿Qué pasa? No entiendo por qué te molesta que te vea con ellos.

Lo asió de la barbilla intentando contener la risa.

—Con lentes no parezco yo, me miro en el espejo y veo a otra persona, eso es todo. Y no te atrevas a reírte —advirtió.

—¿Los necesitas desde hace muchos años?

Ejerció toda su voluntad por ponerse seria.

—Desde la escuela, pero solo para leer, ya lo sabes. Y, antes de que lo preguntes, allí no me causaron ningún problema. Nada que no pudiera solucionar con cuatro puñetazos.

—Tú no sabes lo atractivo que estás…

—Basta.

—Pareces un profesor. Cuando te vi con ellos me entraron ganas de comerte —susurró en su mejilla.

—Pues no soy un profesor solo entiendo de ganado. Y vamos a dejar el tema —masculló.

—Sí lo eres, y muy bueno —aseguró abrazándose a su cuello—. ¡Me has enseñado tantas cosas! A no mirar tanto hacia el pasado, a comportarme con naturalidad, me has enseñado a amarte sin miedo. ¿Te parece poco? —Él le regaló una mirada profunda—. Y además estás adorable con lentes.

—¿Seguro que el brujo de tu poblado…?

Shaman.

—¿… que el chamán de tu poblado no te enseñó algún sortilegio? —inquirió incómodo—. Porque tienes una habilidad especial para sacarme de quicio.

Ella se lanzó sobre su boca y lo besó con una pasión tan intensa que Nick se rindió al instante. Con la mano recorrió su espalda, sus pechos, su cintura y la detuvo en su vientre.

—Quiero ver crecer a un hijo mío aquí dentro cuanto antes —susurró.

_______ le retuvo la mano. No podía decírselo todavía, no hasta estar bien segura. En Kiowa había visto con sus propios ojos con qué facilidad podía malograrse un embarazo en los primeros meses. Solo estaba de una falta, tal vez fuese una falsa alarma. Tendría que guardarlo para sí hasta que pasaran un par de semanas más y que la reconociera el doctor Holbein. De pronto, la asaltaron todas las dudas.

—¿Y qué pasará si no vienen? —preguntó preocupada—. Mis padres nunca pudieron, y Grace y Aaron tampoco han tenido hijos.

—Entonces no tendré que compartirte con nadie —aseguró con una caricia—. Te dedicarás a cuidar de mí.

—¿De verdad no te importaría? —Sus ojos reflejaban una angustia profunda.

—No. —Su sinceridad la tranquilizó—. Pero sí vendrán. La primera vez que te vi desnuda supe sin dudarlo que tu cuerpo está hecho para la maternidad, y yo pondré todo lo que esté de mi parte —dijo rozando su pecho con los labios.

—Cuando crezca mi barriga, ¿aguantarás tantos meses sin acercarte a mí? —preguntó seductora.

—Disfrutaremos igual, pienso seguir haciéndote el amor tanto como ahora.

—Pero no creo que se pueda. —Lo miró dudosa.

—Sí se puede, hablé con el doctor…

—¡Por Dios! —Lo fulminó con la mirada—. ¿Con el doctor Holbein? ¿Esa es tu idea de la discreción?

—Yo no sé nada de embarazos femeninos y quién mejor que él para informarme —se excusó divertido al verla ruborizada—. Me dijo que lo hagamos con cuidado y no habrá problemas.

________ le dio la espalda de brazos cruzados, rezongando sobre la vergüenza que le iba a dar cruzarse con el doctor a partir de entonces. Nick consiguió enfurecerla con un inoportuno ataque de risa. A él no le importaba lo más mínimo lo que pensaran los demás sobre sus actividades amatorias.

—¿Qué hubieses preferido, que preguntara por ahí a ver qué opina el resto de Indian Creek sobre el asunto? —Ella le lanzó una mirada venenosa por encima del hombro—. O quizá debí consultar al predicador.

Se tumbó boca arriba y prorrumpió en carcajadas tan potentes que debieron de oírse hasta en el pueblo. Aquello acabó con la paciencia de _________, que hizo un amago de abandonar la cama. Pero él la rodeó con un brazo y se lo impidió.

—Mmm… Parece que yo también poseo cierta habilidad para sacarte de quicio —murmuró con malicia mordisqueándole un hombro.

Forcejeó para escapar de sus brazos de hierro, pero Nick escogió la mejor manera de aplacar su ira.

—Eres un demonio —musitó agarrando su cabeza mientras él le devoraba un pecho.

—Sí, iré al infierno —corroboró acometiendo el otro pezón.

—Seguro.

—Pero, en el último momento, te agarraré de un brazo y te vendrás conmigo. Ya verás qué bien lo vamos a pasar allí —aseguró con un tono cargado de lujuria.

Rio con picardía disfrutando de sus caricias. Nick sabía cómo incitarla. _______ deslizó la mano entre los dos y atrapó su miembro acariciándolo con delicadeza.

—Duro y caliente —susurró en su oído—. Como el cañón de un Winchester recién disparado.

—Yo no diría tanto —confesó riendo entre dientes.

Mientras lo ceñía se humedeció los labios sin dejar de mirarlo y él sintió escalofríos al ver su incitante boca entreabierta.

—Vas a conseguir que se dispare antes de tiempo —gimió con los ojos cerrados.

_______ se arqueó contra él y le lamió el cuello. La excitaba recordar los sutiles placeres que él le había enseñado a dar y obtener.

Nick la recorrió con la boca hasta el borde del delirio. Se recostó sobre su espalda y tomándola por la cintura la colocó a horcajadas sobre su cuerpo.

Erguida sobre las rodillas, se alzó el cabello para dejarlo caer a su espalda y con un brioso movimiento de cabeza sacudió la melena a un lado y a otro. Él le acarició los pechos y ella se acercó a su boca con una mirada salvaje. Cuando Nick oyó de sus labios aquellos cálidos susurros en lengua lakota, la asió por las caderas para gozar de una lenta penetración. ______ tembló de placer.

—Dicen por ahí que cabalgas muy bien —dijo entre jadeos.

—Y es verdad —gimió.

—Demuéstramelo.



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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 27th 2014, 14:28

COMENTEN!!!!!!!!

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Septiembre 27th 2014, 16:53

oh por dios!
esos dos son unos loquillos!!!
jejeje
ya quiero que lleguen niños :3
jejejeje
siguela
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Octubre 7th 2014, 14:26

OMG! La rayis esta embarazadaaaaaaaaaaa
Tenes que seguirla porfaaaa, ya quiero ver cuando este segura y se lo diga
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Octubre 18th 2014, 14:34

AHORITA SUBO LOS ÚLTIMOS CAPS Y EL EPÍLOGO!!

SORRY POR NO HABER PUESTO ANTES PERO NO HE TENIDO NADA DE TIEMPO!!

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Octubre 18th 2014, 14:46

Capítulo 72



________ no podía creerlo. Nick y ella solos en Denver. Se apretó a su brazo mientras recorrían las calles envueltos en una algarabía abrumadora.

—Me encanta, Nick —comentó sonriente—. Nunca había visto tanta gente.

—No siempre es así —le explicó acariciándole la mano—. Esta multitud ha venido con motivo del festival.

Nick le explicó que, en menos de veinte años, Denver se había convertido en la tercera ciudad más grande del Oeste, por detrás de San Francisco y Omaha. Por ello, sus autoridades idearon una celebración acorde con su importancia, capaz de competir con el Carnaval de Nueva Orleans. Así surgió el Festival de la Montana y la llanura, que cada septiembre se convocaba en honor de todos los habitantes de Colorado, los de las Montañas Rocosas y los de los llanos.

Durante cuatro días sus calles se llenaban de desfiles con bandas de música, espectáculos y las más diversas atracciones.

Cuando se vieron rodeados por la muchedumbre, Nick decidió sacar a ______ de allí, harto de empujones.

—Estas fiestas están bien para un rato, prefiero la tranquilidad del rancho.

—Yo también —aseguró ________—, me ahogaría entre tanto edificio.

—Entremos aquí —decidió.

—Nick —lo detuvo al ver la fachada—, es demasiado elegante.

—Como nosotros —aseguró besándola en la mejilla.

Nick empujó la puerta del Five Points Cafe y ella lo siguió de la mano. Cuando se sentaron junto a las vidrieras, _______ le dio un golpecito en el brazo para que dejase de reír por lo bajo.

—¿De qué tienes miedo? Parece que te vayan a comer los camareros.

—Sabes muy bien que no he estado nunca en un sitio así, ni si quiera en el hotel del pueblo.

—Para todo hay una primera vez —sugirió con una mirada seductora—, y una segunda, y una tercera…

—Para —rogó en voz baja al ver que se aproximaba un camarero.

—Una Coor’s, ¿y tú?

—No lo sé —susurró—, ¿otra Coor’s?

—Ni pensarlo —convino—. Una limonada helada para la señora.

Cuando el camarero se alejó, era ella la que tenía que disimular la risa. Nick le alzó la barbilla encantado de verla tan contenta.

Al momento les sirvieron las bebidas y ________ entendió su negativa.

—Si tú no bebes alcohol.

—Esto es solo cerveza, no se puede considerar alcohol y hoy es una ocasión especial. Pero es muy fuerte para ti. Si dejo que te bebas una botella como ésta empezarás a decir tonterías, como la señora Barttlet.

Los dos hicieron un esfuerzo por contener la risa.

—Mejor la limonada está riquísima —comentó con un suspiro de satisfacción—. ¿Es cierto que bajan la nieve desde las montañas?

—Sí —dijo apurando un trago.

Nick no encontraba el modo de decírselo, además temía su reacción.

—No pensaba que vendríamos a Denver tan pronto —comentó agradecida.

—________, tenemos que hablar. El Festival no es el único motivo de este viaje. —Le tomó la mano—. He conocido a tu familia.

Ella soltó la cuchara muy pálida y recordó el encuentro en Kiowa.

—No culpes al chico, lo hizo por tu bien —atajó adivinándole el pensamiento.

—¿Qué te hace suponer que quiero conocerles?

No supo qué responder.

______ tragó saliva e hizo un esfuerzo por no levantarse y largarse de allí. Una vez más, alguien se erigía en árbitro de su vida sin tomarse la molestia de recabar su opinión.

—Por favor —rogó Nick.

Sin dejar que lo interrumpiera, le contó cuanto sabía. Según el relato del señor Watts, su padre era ingeniero de la Union Pacificy se trasladaba con su familia para hacerse cargo de la supervisión del tramo de Cheyenne a Rawlins cuando tuvo lugar la masacre.

—Cariño, llevan años buscándote. Para mí ha sido una decisión muy difícil. Cuando tu tío sugirió que solo buscaba tu dinero, juré no volver. Pero no podía ocultarte algo así.

—No me interesa ningún dinero —dijo nerviosa—. ¿Y cómo voy a reaccionar? No los conozco, no puedo sentir afecto por esa familia que acaba de aparecer de la nada.

—Creo que al menos debes dejar que te conozcan. Tu tío por fin respirará tranquilo. Debe de haber supuesto un golpe muy duro para él verse víctima de un engaño.

Cuando Nick le explicó la comedia urdida entre Harriet y Smith, ________ se apiadó de aquella familia desconocida.

Nick pagó la cuenta un poco más tranquilo, por fin la había convencido.

De camino a casa de los Watts, casi ni hablaron. El temor a perderla empezaba de nuevo a devorar por dentro a Nick.

—Aquí es —dijo empujando la cancela.

______ contempló la elegante mansión y cerró los ojos recordando las diferentes etapas de su vida.

—Nick —paró antes de entrar—, a pesar de todo nunca dejaré de querer a mis padres. El amor que me dieron fue tan inmenso que lo sentiré todos los días de mi vida, aunque ellos no estén.

—Tus padres fueron un personas formidables —dijo tomándole la cara con las manos—. Tienes que sentirte orgullosa y para honrarlos no olvides lo que te enseñaron. ¿Preparada?

_______ asintió y le apretó la mano con todo su corazón. Salvo a Will Iktomi, Nick era el único hombre blanco al que habla oído elogiar a sus padres.

Cuando la puerta de los Watts se abrió, _______ temblaba como una espiga al viento. Pero el recibimiento fue tan cálido y emotivo que hasta Nick se sintió cómodo entre ellos. El señor Watts, con los ojos llenos de lágrimas, se deshacía en disculpas y agradecimientos hacia él.

—Sepa que lo considero mi sobrino, tanto como a Arabella.

—En ese caso, tendremos que tutearnos, ¿no crees?

Clifford le dio un abrazo agradecido por que no le guardase rencor. Nick, poco dado a efusiones, recibió tal muestra de afecto con visible incomodidad. Y se sintió rescatado con la llegada de John Collins, que no salía de su asombro al comprobar el parecido de ________ con la difunta tía Marion.

—Tío Clifford, no creo que pueda acostumbrarme a un nuevo nombre a mi edad. Prefiero que me llames _______.

—Por supuesto, tesoro. Lo importante es que estás aquí, el nombre es lo de menos.

_______ escuchó la historia de sus padres envuelta en un torrente de emociones. Se sintió dichosa al saber que la quisieron tanto. Rachel y Elisabeth no dejaban de preguntarle; ella se sintió conmovida y feliz al comprobar que no hubo ni una pizca de censura o desprecio cuando les relató su vida en las praderas. Aquellas personas encantadoras se esforzaban por hacerla sentir a gusto entre ellos. Hasta la señora Mimm se unió a la familia sin poder contener las lágrimas.

Esa tarde, por respeto al señor Watts y para no empañar la dicha del encuentro, se evitó nombrar a Harriet.

—Cuando empezabas a andar —le explicó su tío tomándole la mano—, te caíste con la mala fortuna de apoyar la mano en las brasas de la chimenea. Tardó meses en curar. En el Hospital de Niños de Boston tuvieron que entablillarte la mano para que no se retrajera al cicatrizar.

—Al final ha sido una suerte —aseguró tomando las manos de su tío entre las suyas.

La corriente de simpatía que había nacido entre Nick y John se convirtió esa tarde en auténtica amistad. Ambos se interesaron por los negocios del otro, incluso John insistió en enseñarle algunas de sus obras en la ciudad.

—Me temo que hoy no podrá ser, John. Se nos hace tarde. Cariño, el tren sale en media hora —confirmó mirando el reloj de pared—.

—Olvidé el reloj, me habría gustado enseñártelo —dijo al señor Watts.

—Pero no podéis marcharos ahora —adujo Rachel sin soltar la mano de _______—. Nick, estaremos encantados de que os quedéis con nosotros unos días.

—Eso es del todo imposible, no puedo ausentarme del rancho en tiempo de cosecha.

—Permite al menos que se quede _______ unos días. Nosotros podemos llevarla de vuelta a Kiowa en el tren —rogó Elisabeth.

—Nick tiene razón, tenemos mucho trabajo. Además, no he traído ropa.

—No te preocupes, tengo vestidos de sobra y te quedarán perfectos —resolvió Elisabeth.

—Deja que disfrutemos de su compañía unos días más —casi suplicó Clifford—. Después de tantos años, me resisto a perderla de nuevo.

Su cariño era tan sincero que Nick no fue capaz de negarse. Miró a _____ y adivinó su deseo.

—¿Tres días?

_______ asintió con lágrimas en los ojos. Le dolía separarse de Nick, pero necesitaba tiempo para conocerles.

—Pero quiero que vengas a buscarme.

Nick sonrió y se despidió de todos. _______ lo acompañó hasta la cancela.

—Por fin sabes quién eres —murmuró acariciándole la mejilla.

—_______ Jonas, hace tiempo que lo se.

Nick la besó en la frente. Si, ésa era ella, su mujer. Ojalá nada cambiara, aunque un tormento interior no lo dejaba vivir desde que la vio tan feliz con su nueva familia.

—Cuando vengas a buscarme, trae el carro.

—Si traigo un par de caballos nos costará la mitad de tiempo. ¿Y por qué no en tren?

—Aún no hemos dormido juntos bajo las estrellas.

Nick esbozó una sonrisa. ______ le puso las manos en los hombros y, sin importarle si los veían a no, le dio un beso en la mejilla.

—Este por traerme a Denver.

Lo miró a los ojos y lo besó en la otra mejilla.

—Este por encontrar a mi familia.

Lo miró de nuevo y con ternura lo besó en los labios.

—¿Y éste? —preguntó Nick rodeando su cintura.

—Porque te quiero —sonrió.



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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Octubre 18th 2014, 14:59

Capítulo 73



El 14 de septiembre, Nick regresaba a Denver hastiado del traqueteo del carro. Las cuarenta y cuatro millas se le hicieron eternas, pero ______ así lo había querido y dormir abrazado a ella a cielo raso resultaba una idea muy tentadora.

En cuanto rebasó la estación de la Union Pacific, el tráfico de vehículos en la calle Diecisiete se fue haciendo más denso, pese a ser domingo.

Desde la entrada de la calle Quince divisó la casa de los Watts y un impulso le hizo frenar el carro a cincuenta yardas.

En ese momento, la cancela se abría de par en par para dejar paso a John Collins a lomos de un imponente ejemplar de mustang. Nick sabía que contaba con una cuadra bien surtida, pues a menudo él y su hermano se desplazaban a caballo para supervisar sus obras en otras ciudades a fin de ganar tiempo.

Rachel y ______ corrieron a recibirlo alborozadas, seguidas de Clifford. Nick se quedó contemplando la escena y algo se rompió dentro de él. ______ no parecía la misma: vestía ropas muy elegantes y su peinado era el de una dama. Estaba tan bonita que tuvo que apartar la vista.

En ese momento, supo que todo había acabado. Desde que conoció a los Watts, había pretendido en vano alejar de la mente la idea que lo consumía. Durante días se debatió entre el egoísmo y la lealtad hacia ella. Y ahora la derrota se mostraba ante sus ojos. Pertenecían a mundos distintos y él, un simple ganadero, no podría ofrecerle jamás la vida de comodidades a la que había sido destinada. ______ era una mujer poseedora de una fortuna. Una dama de diamantes.

La dama sencilla aunaba valor, pasión y ahora fortuna. Nick cerró los ojos con amargura. La experiencia le había enseñado a jugar sus cartas y cuando tenía en su mano el poker, acababa de perderlo todo.

La miró por última vez para retenerla en su memoria. Cada vez que cerrara los ojos la tendría con él, aunque no lo refugiara el calor de su abrazo. Aunque nunca más podría reclinar la mejilla en su pecho para dejarse envolver por los latidos de su corazón. Tendría que atesorar en sus recuerdos su sonrisa, la ternura del olor a jabón perfumado, sus enfados, sus caricias. Y cada noche moriría al recordarla sudorosa abajo su cuerpo, cuando su boca convertía como ninguna cada palabra de amor en un susurro de seda.

No, no podía permitir que renunciara por él a algo que durante años le fue negado. Tendría que aprender a vivir sin ella. Aunque al hacerlo quedaran todos sus sueños rotos y la oscuridad, como una niebla espesa, se instalara para siempre en el rancho Jonas. Dejarla libre sería su mayor muestra de amor. Porque la amaba, la quería con todo su corazón.

Bajó la cabeza y, al ver la cadena que sobresalía del bolsillo del chaleco, sacó el reloj. Al abrirlo se le hizo un nudo en la garganta.

—_________

Cuando algo se proponía… En el interior de la tapa, se había entretenido en dibujar con un clavo afilado un shamrock, su señal para la vida eterna. Y soñó con el momento más dulce, esperar a la muerte con la cabeza en su regazo susurrándole «te quiero», aunque solo fuese una vez.

Murmuró una maldición al barrer una lágrima rebelde con el dorso de la mano. Respiró hondo y, tomando la decisión más dura de su vida, tiró de las riendas para girar de regreso a casa.

No había recorrido ni cien yardas cuando reconoció a la mujer que se acercaba hacia él.

—¡Nick!

Elisabeth se acercó alegre pero, al ver su expresión, la sonrisa desapareció de sus labios.

—_______ te estará esperando —comentó en voz baja.

—Por favor dale esto. Es suyo —rogó entregándole el reloj.

Elisabeth se inquietó al ver cómo el carro se alejaba calle arriba. ¿Pero qué estaba pasando? El corazón le empezó a latir con violencia y, sin pensarlo dos veces, corrió hacia su casa como nunca lo había hecho.

Todos en el jardín de los Watts se sobresaltaron al verla llegar en aquel estado.

—Elisabeth, ¿qué te sucede? —preguntó John asustado.

—¿Ha ocurrido algo? —insistió su padre.

—_______… —jadeó—, es Nick. Se marcha.

—No puede ser —replicó nerviosa—. Dijo que vendría por mí.

—El carro va en dirección al Este por la calle Diecisiete. Me ha dado esto para que te lo entregue.

Cuando le puso el reloj en la mano, _______ sintió una punzada en la boca del estómago. Vio el caballo a su lado y no dudó.

—John, lo siento —dijo montando de un salto—. Te lo devolveré.

«¡Estúpido!»… «estúpido… terco». _______ saltaba a lomos del mustang sin reparar en los vehículos que la iban esquivando en su galope temerario porla Diecisiete.«Otra vez no». Esta vez no pensaba someterse a la voluntad de nadie. Y menos de él. Si no le quedó claro un mes atrás, ahora lo entendería. Y de qué manera.

Tiró de las riendas e hizo un quiebro peligroso para esquivar un ómnibus que se le venía encima. El cochero se puso en pie en el pescante gritándole mil maldiciones que se perdieron en el aire.

Estaba loco de remate si pensaba que la alejaría de él. ¡Harta! Estaba muy harta de que todos los que decían quererla tanto hubiesen convertido sus veintitrés años en una sarta de parches tan dispares que parecían unidos por la mano de un ciego.

Primero su querido padre, que por amor se empeñó en educarla a su modo; sin poder elegir, se vio convertida en una lakota de aspecto extraño. Después los malditos casacas azules que, por su bien, decidieron erigirla en espectadora de excepción mientras cosían a sus padres a tiros. Y, por si el daño fuera poco, la enviaron bien lejos a una casa desconocida, con una mujer que la miraba como a una criatura anormal.

Cordelia, la «bienintencionada» Cordelia, que, por su salvación, la manipuló a su antojo hasta hacer de ella una marioneta sin gracia, un ratón asustado, una mala imitación de mujer.

Al cruzar ante la estación dela Union, vio a lo lejos un carro. Agarró las riendas con tanta vehemencia que los nudillos se le tornaron blancos. Un carro cargado con frutas se apartó de su camino perdiendo en el quiebro la mitad de la mercancía.

«No, Nick Jonas. Te equivocas si piensas que mi vida está en tus manos». Conforme se fue aproximando, galopó más y más rápido. El camino quedó sembrado de horquillas a su paso. «Te equivocas si crees que puedes elegir mi destino. No soy una de tus vacas… Soy una mujer… ¡Una mujer!… Y mi vida es mía».

Nick oyó galopar a su espalda y arrimó el carro a un lado. Pero cuando el impetuoso jinete llegó a su altura, se cruzó en su camino con un quiebro imprudente que obligó al caballo a alzar las patas. Nick tiró con fuerza de las riendas y sus animales pifiaron entre relinchos.

Se quedó pálido, porque desde lo alto del imponente semental negro, _______ le dirigió una mirada capaz de hacer temblar al más valiente de los hombres.

Imaginó lo que se le venía encima cuando descabalgó ante él en un revuelo de enaguas. Nick enderezó la espalda y le sostuvo la mirada.

—¿Dónde crees que vas, Jonas?

¿«Jonas»? Iba a ser duro lidiar con ella, muy duro.

—_______ —dijo con calma—, éste es tu lugar y yo no pertenezco a él.

—Baja de ese carro y di todo lo que tengas que decir.

Nick sintió que una mano se apoderaba de su corazón y empezaba a estrujarlo muy despacio. Descendió del carro y le acarició la mejilla con suavidad.

Ella le apartó la mano de un manotazo.

—El patrón acaba de decidir que se marcha sin una de sus reses. Porque es eso lo que soy para ti, ¿verdad? Un animal que no piensa.

La tomó de los hombros con suavidad y notó que ella se estremecía. Si no acababa pronto, uno de los dos iba a acabar derrumbándose.

—_______, no… —le puso un dedo sobre los labios—, por favor, no me interrumpas. Has encontrado tu lugar. Pertenecemos a mundos distintos y no puedo permitir que renuncies a la vida que te mereces. Además, está el dinero. Sabes que no puedo aceptarlo. Todo lo que tengo es gracias a mi esfuerzo, y así va a seguir siendo.

—Y ahora se supone que yo debo decir que renuncio a ese dinero para no herir tu orgullo —masculló mirándolo de frente. Sus ojos eran dos cuchillos—. ¡Pues no! No renuncio a nada.

—Tu padre dedicó su vida a buscarte, la idea de que seguías con vida le ayudó a vivir y, con esa ilusión, lo guardó para ti. Debes aceptarlo en su memoria.

—Por supuesto. Pero no es ésa la razón —anunció con vehemencia—. Soy la misma mujer ahora que cuando no tenía ni un mísero centavo. ¡Soy la misma! Dentro de este vestido elegante está la chica del vestido gris. Tendrás que aceptarme sin condiciones, con dinero o sin dinero, con ropas elegantes o sin ellas, con lo que tenga o con lo que deje de tener. Del mismo modo que yo te acepto a ti.

—Anularemos el matrimonio y empezarás una nueva vida.

La miró por última vez muriendo por dentro de tanto como le dolía dejarla y le dio la espalda.

_______ supo que si lo dejaba subir al carro no volvería a bajar.

—¡Me mentiste! —gritó—. Dijiste que eras mío.

Nick cerró los ojos.

—Y lo soy _______, eso no va a cambiar. Te dejo libre porque te quiero.

—¡Demuéstralo! —gritó temblando de rabia—. Que no sean solo palabras. ¿No entiendes que no puedes decidir por mí?

—Tú me has hecho el mejor regalo, me has enseñado a quererme a mí mismo. Por favor, deja que yo te haga el único regalo que puedo ofrecerte.

—Es mi vida, Nick, ¡soy yo quien decide! Si de verdad me quieres, regálame la libertad de elegir.

—Solo quiero tu felicidad —murmuró.

—Yo solo puedo ser feliz si estoy contigo.



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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Octubre 18th 2014, 15:16

Capítulo 74



En ese momento, Nick supo que acababa de perder la batalla. Nada. Nada destruiría esa unión que no se fraguó el día de la boda, tampoco aquella noche de agosto en la que fue suyo y ella de él. Ni él mismo iba a ser capaz de deshacer el nudo invisible que los enlazó para siempre mediante un baile silencioso en la soledad del desván.

Giró en redondo y la miró de frente.

—¡Al infierno con todo! —gritó para si mismo—. ¡Al infierno el orgullo, el dinero, la nueva vida y todos los parientes muertos!

Nick hizo una pausa y respiró hondo antes de continuar.

—¡Y al infierno los sacrificios por amor! Te quiero y eso es lo único que me importa. _______, tú eres todo mi mundo.

Abrió los brazos y _______ ya no pudo contener el llanto. Se lanzó a refugiarse en su abrazo y sus bocas se unieron en un beso largo lleno de posesión, deseo y amor.

—No dejes de quererme, _______, nunca —murmuraba besándola una y otra vez.

_______ le tomó la cara entre las manos y él se miró en esos ojos azules llenos de lágrimas que le daban la vida.

—No pienso permitir que el dinero nos separe —aseguró devolviendo el reloj al bolsillo de su chaleco—. Te querría igual aunque no tuvieras más fortuna que esta camisa. Entiende eso, Nick, solo te necesito a ti.

—Olvídate del dinero. No voy a dejar que te alejes de mí ni media yarda.

Fue _______ esta vez la que le dijo con un beso íntimo y posesivo que nada los iba a separar.

—No es tanto como crees —insistió separando la cabeza para ver sus ojos.

—Deja de pensar en ello.

—Harriet consiguió que mis tíos le dieran una buena parte.

Nick tensó la mandíbula. A _______, tan desinteresada, no le preocupaba en absoluto. Y aunque para él ese dinero no significaba nada, no pensaba permitir que ese par de serpientes se saliesen con la suya. Era cuestión de justicia y haría lo necesario para meterlos entre rejas.

—Esa mujer apenas dejó fondos en el banco. Pero contamos con algunas propiedades y terrenos en Boston que se pueden vender. Aunque si tú no los quieres, yo tampoco los quiero.

—Tú decides —sonrió, _______ podía ser muy persistente.

—Con el dinero que obtengamos con la venta, podríamos darle un impulso al rancho y contratar más peones. De este modo, no tendríamos que matarnos a trabajar como hasta ahora.

Lo primero que pensaba hacer es contratar a alguien que ayudara a _______.

—Además…

—¿Todavía hay más? —Su voz sonaba burlona.

Algo le dijo que durante el resto de su vida iba a tener que oír más de un discurso de la señora Jonas.

—Podremos hacer feliz a mucha gente.

—Es tuyo, puedes hacer lo que quieras.

_______ fingió no escucharlo. Tarde o temprano conseguiría vencer su testarudez.

—¿No te sentirías orgulloso de poder pagar los estudios de Medicina de Joseph? ¡Es su sueño! —Nick sonrió, su generosidad no había mermado ni un ápice—. Y en marzo volveremos a celebrar San Patricio con una gran fiesta.

—No la pagarás con tu dinero —advirtió.

—Claro que no —le reprochó con los brazos en jarras—. Pienso asar una de tus terneras.

—Nuestras terneras —corrigió.

—Nuestro dinero —lo desafió alzando la barbilla.

—Me rindo. —Nick suspiró alzando la vista al cielo—. No puedo contigo, cuando te propones algo…

—Conozco a alguien aún peor —dijo mirándolo con ternura—. ¡Dios mío! Casi se me olvida. Nick, soy medio irlandesa.

—Créeme, no me sorprende nada —añadió con una sonrisa malévola mientras acariciaba con el índice el shamrock de oro que pendía de su cuello—. ¿Y la otra mitad?

—Mis abuelos paternos nacieron en Gales.

—Mitad irlandesa, mitad galesa y con alma de lakota —rio sin dejar de mirarla—. Tuve que ir a elegir a la mujer más peligrosa y obstinada de este lado del océano.

_______ no pudo esperar a que la viera el doctor Holbein, ya lo había dicho él: ¡al diablo con todo! Se moría por ver su cara de felicidad.

—Llevo dentro más sangre irlandesa de la que imaginas —susurró mirándolo con ternura—. Nick, hay un pequeño irlandés naciendo dentro de mí.

El color abandonó de golpe el rostro de Nick. Aturdido, le acarició el vientre con suavidad y la miró a los ojos. Ella asintió con la cabeza y sonrió. Por fin volvía a ver los deliciosos hoyuelos de sus mejillas.

—Un hijo. ¿Cómo? —fue lo único que acertó a decir.

—Nick Jonas, sabes muy bien cómo ha llegado este bebé hasta aquí —respondió pegándose a él.

Él soltó una carcajada de felicidad. Esa era su mujer, no había duda. La tomó en brazos mirándola encantado.

—¡Bruja lasciva! ¿Es ese comportamiento apropiado para una dama?

—No soy una dama.

—Sí lo eres, un poker de damas —dijo mientras se la comía a besos—. Eres una dama lanzando el cuchillo…, una dama arreando el ganado…, una dama cuando me vuelves loco en la cama…, cuando te enfadas… Una auténtica dama, y eres mía —la apretó con fuerza contra él—. No sabes como te quiero _______, hasta me da miedo.

Ella sollozó emocionada. Por primera vez vibraban el miedo y el amor en boca de Nick.

—Espero que estas lágrimas sean de felicidad —dijo junto a sus labios.

—Nunca me han hecho falta palabras, ¡pero suena tan bien!

—Lo oirás todos los días de tu vida, todos.

—No sé qué me pasa —dijo enjugándose las mejillas y riendo a la vez—. Creo que es por el embarazo, últimamente estoy muy sensible.

—Ya me explicarás esta noche cómo estás de sensible.

Nick le mordió el cuello a la vez que la agarraba por el trasero con las dos manos.

—¡Para! ¿Quieres arruinar mi reputación?

—Tu reputación está a salvo conmigo, eres mi mujer.

La estrechó con orgullo, era suya y la quería pegada a él.

—Te quiero, irlandés cabezota. —Lo besó con ternura.

—Y ahora dime cómo te has atrevido a cabalgar de ese modo estando embarazada —le reprochó preocupado—. No quiero que te arriesgues, ¿de acuerdo? Ya me encargaré yo de cuidarte.

—¡Oh, Robert está perfectamente! —dijo palmeándose el ombligo.

—¿Robert?

A Nick empezaron a flaquearle las piernas al concebir a su hijo como una persona real.

—Si prefieres otro nombre…, pero así se llamaba tu padre, ¿no? Robert Jonas yo creo que es perfecto. Algo me dice que esta vez es un hombrecito.

—Sí, Robert es perfecto.

La miró con tanto amor que ella no pudo evitar ponerse a llorar de nuevo. Él se apresuró a secarle las mejillas, sorprendido ante el remolino de sensaciones que llegaba a producir un embarazo.

—Si es niña…

—Arabella —afirmó Nick con decisión—. Llamaremos Arabella a la primera. A las demás, ya veremos —añadió él sin dejar de sonreír.

_______ no cabía en sí de felicidad. La idea le encantaba.

—Tal vez el Cielo nos bendiga con un montón de niñas que sean tu tormento y llenen el rancho de pretendientes —sugirió con malicia.

—Los estaré esperando sentado en el porche, con el rifle cargado —aseguró con peligrosa tranquilidad.

_______ empezó a reír al imaginarlo rodeado de jovencitas furiosas, sentado a la puerta de casa con actitud impasible y el rifle en el regazo.

—No te ocultes —le apartó la mano con delicadeza—, no hay nada más bonito que verte reír.

—¿Qué significa eso del poker de damas? —recordó.

—Algún día te lo contaré. ¿Nos vamos a casa, señora Jonas?

—Antes tengo que devolver el caballo a John y no podemos marcharnos de Denver sin despedirnos.

—Bien, pero luego, al rancho.

—¡Ah, no! Tienes que acompañarme al banco. Necesito dinero para hacer algo muy importante antes de volver a casa —dijo tirando de él con determinación.

—Dime primero dónde vamos.

La perspectiva de ir de compras por la ciudad con su mujer lo aterrorizó. _______ se colgó de su cuello con una sonrisa juguetona y le susurró la respuesta.

—A comprar un espejo.


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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Octubre 18th 2014, 15:25

Epílogo



Rancho Jonas, Indian Creek, Colorado
Agosto de 1894


Para Nick, el domingo era el mejor día de la semana. _______ acababa de preparar el desayuno y avisó a su numerosa familia para que acudiera a la mesa. Había que darse prisa para no llegar tarde al sermón.

Además, era un día muy especial: Joseph volvía a casa. Por fin, tras dos años ejerciendo en el hospital de Denver, regresaba a hacer se cargo de la consulta del doctor Holbein, que retirado de la profesión, acababa de mudarse con su hija.

Minnie y él llevaban tres años casados y volvían con su hijito. Echaban de menos la vida sencilla de Indian Creek y habían decidido establecerse definitivamente allí. Un nieto más para los Sutton, el cuarto.

Emma y Matt se quejaban porque desde hacía treinta años no se habían visto ni un momento sin un niño a su alrededor pero eran felices con aquella nueva generación. Porque Albert se casó con una belleza pelirroja de Denver con espíritu de ranchera que había traído al mundo a dos Sutton de pelo rojizo que eran el terror del rancho.

Y Hanna se había casado con David. Empezó yendo al hotel con la excusa de llevar tartas y al final se quedo allí para siempre. Con su pequeño en brazos y otro en camino, dirigía con entusiasmo el establecimiento junto a su esposo, aunque contaban con la ayuda de sus suegros.

En cuanto a Patty, se había convertido en la belleza más perseguida del Estado y su madre, para evitar el acoso de tanto enamorado, la obligaba a acudir al pueblo acompañada de Tommy, cosa que ambos aceptaban de muy mala gana.

_______ entró en la habitación y movió la cabeza, como venía haciendo todos los domingos desde hacía años. En cuanto ella dejaba la cama, empezaban a aparecer los niños que hábilmente se hacían un hueco en el lecho de sus padres. Allí estaba Nick con los brazos en cruz y a ambos lados, acurrucados y revueltos, sus hijos pequeños.

—Por aquí que no vengan mucho, ¿eh? —le recordó _______.

Eso había dicho años atrás, pero los niños sabían que el domingo había vía libre para retozar un rato con papá. Nick simuló un gesto de impotencia con las manos y _______ sonrió al verlo tan orgulloso. «El león y sus cachorros» pensó. Habían construido un hogar lleno de amor y de niños, como ella quería.

No se conformaron con cinco. _______ siempre reía diciendo que no estaba nada mal: seis en diez años. El primero, Robert. La Segunda, Arabella. La tercera, Eliza, no vino sola; su mellizo Frank fue una sorpresa para todos y, como su hermano, el vivo retrato de su padre. Dos años después nació Jack y el último había sido Brendan. Excepto Arabella y Jack, que eran rubios como _______, los otros cuatro eran auténticos Jonas.

Sobre todo Robert, que era el más irlandés. Un virtuoso del fiddle a sus nueve años, para orgullo de Aaron, que aseguraba que su discípulo lo superaba con creces. Al fin, tras dos generaciones en silencio, aquel violín que viajó desde la vieja patria volvía a sonar a manos de un Jonas.

Arabella y Eliza eran la admiración de todos y el principal motivo de preocupación de su padre, asustado al imaginar su belleza cuando creciesen.

El rancho Jonas había cambiado un poco durante esos diez años. Hicieron construir un ala nueva que se convirtió en un salón, donde pasaban cómodamente las veladas frente al fuego.

También ampliaron el número de dormitorios conforme aumentó la familia, aunque, desde hacía tres años, el desván se había convertido en territorio de las niñas.

Sobre todo en aquellas fechas. Durante el mes de agosto, los Collins enviaban a Indian Creek a sus tres hijas a pasar una semana de vacaciones al rancho. Ellas estaban encantadas de poder disfrutar de aquellos días en el campo y tanto Arabella como Eliza esperaban su llegada con impaciencia.

A cambio, el matrimonio Collins invitaba a los niños Jonas todos los meses de septiembre para que asistieran al Festival dela Montana y la Llanura. Aquellos cuatro días suponían para ellos el acontecimiento más esperado del año. Nick y _______ los acompañaban cada año al Festival.

Pero ellos dos se alojaban en casa de los Watts porque sus tíos les hicieron prometer que todos los años los visitarían, y durante esos días disfrutaban de su compañía.

Clifford Watts bendecía cada mes de septiembre al ver su casa invadida por nueve niños a la hora de comer. Y Rachel ayudaba dichosa a la señora Mimm en la cocina, que entre dientes maldecía por tener que cocinar a su edad para dieciséis personas.

El negocio de Nick era más que próspero. Se habían convertido en proveedores de carne para los mataderos del Este. Ahora en el rancho trabajaban veinte peones y Gideon McRae era el capataz, aunque Nick, que se resistía a convertirse en un hombre de despacho, acudía regularmente al trabajo en el campo. Contaban con un matrimonio que les ayudaba en las tareas de la casa y los animales. Tenían también quien se encargaba de las abundantes coladas, y aún seguían acudiendo a diario Grace y Aaron, que habían adoptado el papel de abuelos de los bulliciosos niños Jonas. Nick les había regalado un coche con capota, que Aaron se veía obligado a utilizar entre juramentos porque aseguraba que su trasero nunca debió conocer otro asiento que una silla de montar.

Después de dejar a los más pequeños a cargo de Truddie y tras luchar con el peinado de cinco niñas, Nick y _______ consiguieron acabar de vestirse. Nick la miraba como un halcón a través del espejo mientras se arreglaba el escote. _______ le guiñó un ojo.

Un estruendo de carreras sobre su cabeza les hizo alzar la vista hacia el techo. Las cinco niñas corrían por el desván como potrillas.

—¿Las llevaremos nosotros de vuelta a Denver? —preguntó Nick preocupado por la resistencia del suelo del desván.

—Elisabeth y John vendrán por ellas el sábado que viene. Quieren pasar un par de días con nosotros. Ya sabes cuanto les gusta esto.

Sí, ya imaginaba que les gustaba mucho. Nick sonrió para sus adentros. Si las suposiciones de _______ eran correctas, la más pequeña de los Collins había sido engendrada en la cascada de arriba.

Miró de reojo el cajón abierto de la cómoda y observó a _______ rebuscar en su cajita de cintas. Continuaba guardándolas en una vieja caja de cartón que en su día contuvo clavos; y junto a ésta, descansaba la vieja caja de madera tallada.

—Algún día averiguaré lo que escondes con tanto secreto en esa caja.

—No me digas después de todos estos años que nunca has intentado abrirla. ¿No te ha podido la curiosidad?

—Sabes que no. Siempre he esperado a que me lo enseñes tú, el día que lo consideres oportuno.

En silencio lo miró a través del espejo mientras se anudaba la corbata y le tendió la llave. Ella tomó con una sonrisa, acababa de entregarle el único rincón de su corazón que todavía no conocía.

Tomó la caja, se sentó en la cama y, tras accionar la pequeña llavecita, levantó con cuidado la tapa.

—No suena la música —dijo levantando la cabeza.

—No le has dado cuerda.

—Más tarde.

Recordaba aquella cajita que su madre no le dejaba tocar. Con treinta y nueve años se sintió como el niño que fue, al abrir la tapa de aquel objeto soñado.

Lo primero que sacó, con mucho cuidado, fue la bolsa en forma de tortuga que perteneció al padre de _______. La funda que contuvo tantos años el reloj. Ambos eran los únicos objetos que la mantenían unida a sus dos pasados, el que conoció y el que no. Tras ésta, sacó un par de fotografías: una de Cordelia y su marido, otra de la viuda con _______. El recuerdo de su pasado gris. Nick pensó en el enorme corazón de su esposa; aunque rememoraba aquellos años con tristeza había un lugar en su recuerdo para la viuda Dempsey. Sacó también la fotografía de sus padres que le dieron sus tíos, en la que ella aparecía en brazos de su madre. Paso el dedo índice con cuidado por el rostro y el cuerpecito de aquella niña, tan parecida a su hija Arabella con la misma edad.

Debajo de las fotografías encontró un trozo de papel doblado varias veces. La miró sin entender y ella le indicó que lo abriera con un gesto de la mano. Al desdoblarlo, no sin dificultad, leyó perplejo: «Pasaré el día en los pastos. No me esperes a comer. N. J.» Levantó la vista, conmovido al ver que habla guardado esa nota como un tesoro durante tantos años.

—Mi única carta de amor —le explicó bastante turbada—, por lo menos para mí lo fue.

Volvió al contenido de la caja. Entre un par de hojas secas y unas piedrecitas a las que no encontró significado, encontró un naipe boca abajo. Cerró los ojos antes de darle la vuelta.

Nunca lo habría imaginado: la dama de tréboles.

—La has guardado todos estos años.

Tirando de su brazo, la sentó en sus rodillas y la besó con todo el amor que sentía por ella.

—Dime que te he hecho feliz, que no te arrepientes de haberme dicho que sí aquel día, que no deseas otra cosa que estar a mi lado —rogó mirándola con ternura.

—«No me pidas que me aleje de ti porque donde tú vayas, yo iré; donde tú estés, allí estaré».

Nick nunca creyó que se alegrarla tanto de oír una cita bíblica.

—Te quiero, _______, más que a nada —murmuró tomando su boca.

—Solo hay una cosa que me falta.

Nick se apartó de ella con una mirada inquisitiva. No esperaba un comentario semejante.

—Es una fantasía que tengo desde hace años, pero no creo que me la concedas nunca, irlandés testarudo.

—Pide lo que quieras.

—Me gustaría acariciar tu cuerpo…

—Eso lo haces a diario —atajó divertido.

—Pero hay una parte de ti que no me muestras nunca y que me hace arder de deseo.

—No te queda ni una pulgada de mí por explorar.

—Sueño con tu cuerpo desnudo sobre mí…

Lo miraba con tanta intensidad que a él se le aceleró el pulso.

—_______, no me hagas esto ahora, que hay nueve niños ahí fuera esperando —murmuró.

—… y verte puesta una única cosa: los lentes.

Nick sonrió, se inclinó sobre su boca y susurró su respuesta con voz calmada y profunda.

—Ni lo sueñes.


~El Fin~





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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Octubre 18th 2014, 15:28

YA SE TEMINARON MIS DOS NOVES, EL DEMONIO DE LA OSCURIDAD Y DAMA DE TRÉBOLES!!

DIJE QUE IBA A SUBIR UNA ADAPTACIÓN DEL LIBRO LA SELECCIÓN PERO NO PUEDO, PORQUE NO TENGO NADA DE TIEMPO, SÓLO HOY HE PODIDO ENTRAR PERO NI SIQUIERA EL DOMINGO PUEDO DESCANZAR... TENGO QUE ESTUDIAR PARA LOS EXAMENES DE INGLÉS, TENGO QUE APRENDERME UN LIBRETO ENTERO PARA EL MUSICAL QUE VAMOS A ESTRENAR COMO PARTE DE NUESTRA NOTA EN EL CURSO DE TEATRO ASÍ QUE ESTOY FULL!!!

CUANDO TENGA TIEMPO VERÉ SI PUEDO HACER LA ADAPTACIÓN PERO POR AHORA NO PUEDO!!

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Octubre 19th 2014, 10:45

ME ENCANTO!!!
ESTA BELLISIMA!!!
condenado nick... que no quiere usar lente XD
jejejeje
entiendo como andas...
yo que no tengo clases, no he dejado de hacer tarea
pero esperare...
mucha suerte en tu musical... "rompete una pierna"
espero que te vaya super en tu musical...
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Octubre 19th 2014, 23:09

Awwwwori de amor con todos los capítulos, pero especialmente on el último... Que suerte que todos terminaron siendo felices y nick y la rayis más enamorados que nunca! Aunque no entiendo que problema tiene nick con los anteojos jajajaja
Muchísimas gracias por haber compartido esta hermosa nova con nosotras, se convirtió en una de mis favoritas de entre tooooodas las que leí (que son más de 100 seguro... Amo leer jajaja)
Ojalá subas otra nove tan buena como esta, y en lo posible con nick... Besos! Y suerte con tus exámenes y en la obra!
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Hoy a las 00:37

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Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación
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