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 Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación

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MensajeTema: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 5th 2014, 21:09


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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 5th 2014, 21:25

-TITULO: Dama de Tréboles (Adaptación)
-FECHA DE CREACIÓN: 5 de abril del 2014
-AUTOR(A): Olivia Ardey (pero yo la voy a publicar aquí xD)
-TIPO DE NOVELA: De todo un poco.
-MENSAJE PARA SUS LECTORES: Espero que les guste la adaptación que haré de esté libro. A mí me ha ENCANTADO el libro Smile

Sinopsis:

Nick Jonas está decidido a retomar las riendas de su vida. Pero no sospecha que, gracias a un naipe, regresará a su rancho con dinero en los bolsillos… y con la enigmática _______ convertida en su esposa.

La vida en común no es fácil para dos extraños unidos por un matrimonio de conveniencia y, nada más llegar a Indian Creek, empiezan los problemas. Nick tratará de descubrir qué secretos del pasado oculta esta hermosa mujer tras sus silencios y su actitud esquiva. _______ deberá asumir el reto de traspasar la coraza de orgullo del rudo irlandés y algo mucho más difícil: enseñarle a amar.

Cuando la pasión da paso al amor y sus vidas empiezan a unirse, Nick tendrá que enfrentarse a la decisión más dura de su vida: ¿ayudará a su esposa a reencontrarse con su pasado y se arriesgará a perderla o cargará con el peso de seguir a su lado sin contarle nunca la verdad?

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Última edición por ILoveEzraFitz♥ el Abril 6th 2014, 13:14, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 6th 2014, 12:36

HOLA!!!!

Me llamo Isabel, ya muchos me conocen por mis noves: Hechiceros, Una Noche Contigo, Pretty Little Liars (adaptación) y mi reciente nove Dirty Little Secrets.

Bueno, ahora vuelvo con otra adaptación, pero está vez de un libro.

Esté libro me atrapó en una, ame la historia y espero que ustedes la adoren también Smile

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 6th 2014, 12:39

≈Prólogo≈



 Nick Jonas es un hombre de veintinueve años, soltero y propietario de un rancho. En una partida de cartas y, gracias a una dama de tréboles, gana a ______, una joven huérfana de veintitrés años, con quien se casa. _______ ha vivido con los McNabb hasta que Cornelia, su tutora, murió y se tuvo que quedar al cuidado del hermano de esta, pero su suerte cambio al casarse con Nick. ______ sueña con enamorarse, pero Nick tan solo quiere una mujer que lo ayude en el rancho. Por otra parte, _____ no consiente que Nick la toque ya que antes tuvo problemas con McNabb, por lo que la relación de esta pequeña familia no comienza con muy buen pie. Además, Nick es un hombre autoritario y un bruto, que ve su orgullo por los suelos al haber sido rechazado por su mujer, por lo que no se esforzará por ser agradable con ______. Pero la convivencia hace el cariño, y este matrimonio, que tanto parece detestarse, no tardará mucho en llevarse bien; Nick y _____ vivirán una preciosa historia de amor.

Por otra parte, una familia busca a su sobrina desaparecida desde hace muchos años, una muchacha con la misma descripción que ______.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 6th 2014, 12:56

Capitulo 1



Kiowa Crossing, Colorado
Junio de 1884

—¿Quiénes son?

—Mi difunta hermana Cordelia y la huérfana que adoptó, ______ —respondió Rice McNabb con desgana.

El retrato de las dos mujeres que presidía la estancia desde lo alto de la chimenea, a Nick Jonas le resultaba una presencia inquietante. Creía sentir en la nuca su mirada reprobatoria por dedicarse a un entretenimiento tan mundano en el que antaño debió de ser su saloncito de lectura y labor. Se volvió para estudiarlas; la madre aparecía retratada, erguida y severa, en una silla de respaldo alto. Sobre su pecho descansaba un medallón en el que se adivinaban los rasgos de un hombre. Ese detalle, junto con el vestido negro y el gesto adusto se lo dijeron todo: viuda, sin duda.

Un poco rezagada, observó a la hija vestida en tonos grises. Su aspecto carente de encanto, más propio de una misionera que de una jovencita en edad de ser cortejada, parecía ideado para desagradar. Con todo, le intrigó el contraste entre el rostro y su atuendo. Era rubia, y lamentó que el pintor no hubiese insistido en retratarla con el cabello suelto, pues aquel peinado tirante rematado en dos trenzas que caían sin gracia a ambos lados de la cara estropeaba el conjunto. La imagen hablaba por si sola: una joven a la que se le negaba el derecho a resaltar sus encantos, quizá en virtud de la falsa creencia, pero bastante extendida entre algunas mujeres, de que la coquetería y la belleza invitan al pecado.

—Jonas, su turno.

Aquella voz lo devolvió a la partida de poker. Deseaba acabar cuanto antes y perder de vista aquella casa. Observado por los jugadores que ya habían abandonado, se sentía incómodo. Hubiese preferido prescindir de público. Sólo los dos: McNabb y él.

Se juró que aquélla era la última vez que jugaba en su vida, cualquiera que fuese el resultado. Acababa de entender la insensatez de someter su dinero a los vaivenes del azar. Llevaba ya seis meses conduciéndose de manera estúpida. Y era demasiado inteligente para correr riesgos innecesarios, demasiado orgulloso para creerse fracasado, demasiado hombre para comportarse como un niño al que hubiesen negado un capricho.

Pero ya era tarde para retirarse. Ojeó sus naipes: un dos de tréboles y trío de damas, nada mal.

Tratándose de damas, volvió a las del retrato y, esquivando a la difunta, se concentró en la chica que, con las manos en el regazo, irradiaba una impuesta contención. Resultaba extraña la ausencia de contacto físico entre ambas. Jonas recordó a su madre, tan afectuosa y espontánea; de haberse retratado con su hija, aparecería tomándola de la mano. Pero no era el caso. Se veía de lejos que el cariño no era algo que estas dos damas quisiesen mostrar. Tal vez porque no lo había.

Atisbó el anaquel de la chimenea cubierto por un paño bordado en el que leyó lo que creía recordar como una cita dela Biblia: «Me llenarás de alegría con tu presencia». La elección no podía haber sido más desafortunada, porque la imagen de aquella _______ reflejaba cualquier cosa menos alegría.

«Deséame suerte, encanto, y alégrame el día», rogó en silencio.

—Una —pidió.

Deslizó la carta por el tapete con la vista fija en los arañazos que adornaban la cara de McNabb; éste pareció adivinarle el pensamiento.

—Un regalo de una belleza poco dispuesta —aclaró con cinismo, acariciándose las marcas.

El comentario suscitó una risotada general que Nick Jonas no secundó. Se limitó a levantar una esquina de la carta y el pulso se le aceleró. Aquella damita de gris era una joya, pese a aparentar inocencia sabía lo que hacía. Le había regalado la dama de tréboles, la del shamrock, la única que le faltaba.

Elevó la apuesta en veinte dólares y concedió a su contrincante unos segundos de cortesía. Aunque pisaba aquella casa por primera vez, sabía que McNabb arrastraba fama de jugador temerario. El reloj de pared que lucía un disparo en plena esfera, gracias al cual jamás señalaría otra hora que las doce y diez, daba fe de ello.

Este vio la apuesta y subió veinte más. Con un movimiento de cabeza, Jonas la sostuvo. Habían acordado de antemano que era innecesario mostrar el dinero sobre la mesa, entre caballeros bastaba con la palabra dada. Pero no estaba de más asegurarse.

—No hace falta que le recuerde, McNabb, que cobro mis ganancias en el momento.

El aludido asintió con una mirada huidiza que no hizo sino confirmar sus sospechas acerca de la falta de solvencia de su oponente.

Unos pasos inquietos sobre su cabeza quebraron el silencio. McNabb no estaba casado y la hermana no podía ser.

—Veamos —acertó a decir McNabb.

Destapó despacio un full de reyes y ases. Las miradas de admiración de los presentes le hicieron recuperar algo de aplomo. Inquieto en su asiento se dispuso a averiguar la mano de Jonas, convencido de que no podía superar la suya. Este empezó a destapar sus cartas: un dos de tréboles…, dama…, dama. McNabb comenzó a lucir un semblante mortecino. Dama… y dama.

Se levantó una nube de murmullos y Jonas hizo una breve pausa para que su contrincante asumiera la situación. Regaló un guiño al poker de damas; por una vez en su vida las mujeres dejaban de causarle problemas.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 6th 2014, 13:01


Cogió la de tréboles y la contempló durante un segundo antes de guardarla en el bolsillo de su camisa.

—Caballeros, no perdamos más tiempo. McNabb, mi dinero.

—Señor Jonas, le adelantaré estos cien dólares —dijo depositando sobre la mesa dicha cantidad.

—. En cuanto a los cien restantes —prosiguió con media sonrisa nerviosa—, tengo una propuesta para usted que no podrá rechazar.

Jonas los unió al resto de billetes en un fajo; una pequeña fortuna que guardó sin dejar de mirar a McNabb. Se acercó con lentitud a él y, sin esfuerzo aparente, le atenazó la garganta con una mano. El rostro congestionado quedó a escasas pulgadas del suyo.

—Señores —se dirigió al resto de jugadores—, este asunto es entre el señor McNabb y yo. Si son tan amables, agradeceremos que nos dejen a solas.

Los tres hombres entendieron al instante que su presencia no era bienvenida y abandonaron la casa sin rechistar.

—¿Y bien? —preguntó aflojando la presión.

Decidió mantener la sangre fría. Aquel hombrecillo sudoroso era listo, iba desarmado sabiendo que así protegía su vida pues, quien disparase contra un hombre en esas condiciones sería ajusticiado de inmediato. Dada la situación, consideró preferible cobrar la deuda, aunque fuera en especie, que dejarse llevar por la ira que le empujaba a acabar con aquel tipo.

—Señor Jonas, si me escucha con atención… considerará mi oferta mucho más ventajosa que los cien dólares que en este momento me es imposible entregarle. Es usted un hombre soltero y deduzco que con mucho éxito entre las damas —argumentó entre bocanadas, tratando de ser convincente—, pero en este territorio la presencia de mujeres es escasa.

Lo liberó con súbita brusquedad y McNabb trastabilló como un títere al que hubiesen aflojado los hilos.

—Continúe —exigió.

Tal vez la compensación ideada por aquel sujeto explicaba los ruidos del piso superior, aunque de ningún modo pensaba renunciar a semejante cantidad de dinero a cambio de un placer pasajero, por tentadora que fuese la compañía.

—Si me disculpa, entenderá la naturaleza de mi propuesta —añadió saliendo de la sala.

Oyó pasos rápidos en el piso de arriba y lo que parecía una discusión. Poco después, el hombre apareció con una joven a la que arrastraba de un brazo. Entre forcejeos y empujones, la colocó frente a un inexpresivo Jonas.

Aquello cambiaba las cosas, no era el tipo de mujer que esperaba.

—Como le dije —continuó McNabb intranquilo—, mi hermana falleció hace dos semanas y deja una hija. Desde hace siete días, vivimos bajo el mismo techo; no nos unen lazos de sangre y, como comprenderá, la situación es del todo inadecuada para el buen nombre de mi…, digamos, sobrina.

Nick Jonas examinó a la chica, «______», recordó. Por lo visto, los pasos nerviosos pertenecían a la joven del cuadro, aunque había crecido. Deseó poder ver mejor su rostro, pero se lo impedía su postura cabizbaja.

—No entiendo qué tiene que ver la señorita con los cien dólares que me debe —dijo sin dejar de contemplarla.

—Pues bien, ella es su pago. Le aseguro que se trata de una joven intacta…

La joven levantó la cabeza de golpe y fulminó con odio a McNabb. Nick Jonas no pudo por menos que sorprenderse de su reacción y, cuando asimiló el comentario vejatorio, propinó un puñetazo a aquel individuo en plena cara que quebranto su equilibrio. Ella dio un paso atrás y lo miró asustada.

—Trate a la señorita con el debido respeto, McNabb. Esto es sólo una caricia comparado con lo que le puedo hacer si continúa hablando de ese modo.

Sin entender por qué, el pulso se le aceleró por primera vez en presencia de una mujer. Sus ojos, claros como un cielo de junio, lo miraban con una vehemencia que reflejaba a la par ira y angustia.

Con el dorso de la mano, Rice McNabb barrio la sangre que comenzaba a manar de su nariz.

—Discúlpese —ordenó Jonas en tono bajo y fiero.

—No era mi intención ofenderte. Te ruego que aceptes mis disculpas —obedeció entre dientes.

—Ahora —continuó sin alzar la voz—, con mucha claridad, quiero que me explique qué tiene que ver esta dama con su deuda.

—No me ha dejado usted…, en fin, al fallecer mi hermana, me he convertido en su tutor legal. Mi propuesta va unida a una condición: ella sólo saldrá de esta casa si usted la acepta como legítima esposa. Yo, en calidad de tutor, estoy dispuesto a no oponer objeción a dicho matrimonio.

«Matrimonio», la palabra reverberó en la cabeza de Nick Jonas. La suerte le había sido propicia y ahora contaba con dinero suficiente para hacer frente a buena parte de su deuda. Tenía ante sí la clave para retomar las riendas de su vida y esta vez se iba a dejar de exigencias. No volvería a cometer el error de no conformarse con una mujer mediocre. Los matrimonios, en aquel territorio, solían concertarse por interés; no tenía ganas de galanterías ni intención de recorrer Colorado a la caza de candidata, y casarse a ciegas podía acarrear un funesto resultado. La ocasión parecía prometedora. Un rancho no era hogar para un hombre sólo. Dada la escasez de mujeres, una joven bien parecida y dispuesta a trabajar a cambio de nada valía una fortuna. Parecía sana y en poco tiempo se acostumbraría al trabajo; además, resultarla mucho más barata que una empleada. Bien mirado, de momento todo eran ventajas. En cuanto a inconvenientes, sólo reparó en una posibilidad.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 6th 2014, 13:08


—Señorita…

—Dempsey —aclaró.

—Bien, señorita Dempsey, debo saber una cosa antes de seguir. No me andaré con rodeos: ¿oculta usted un embarazo y por ese motivo se presta al matrimonio?

—Acabo de decirle… —comenzó McNabb.

—¡Cállate! —atajó Jonas—. Su palabra no tiene ningún valor. ¿Señorita?

—No —respondió muy serena—. Y no he dicho que vaya a aceptar.

Jonas, que esperaba una reacción de escándalo o indignación, sólo obtuvo una respuesta directa de aquella mujer que le sostenía la mirada con dignidad. Si se sintió ofendida por la impertinencia de la pregunta, no lo dejó traslucir. En sus ojos no vio otra cosa que nobleza y resignación. Sospechó que aquél no era el primer insulto que recibía.

—McNabb, déjenos a solas. Debo hablar en privado con la señorita Dempsey.

Aquél cerró la puerta tras de sí, molesto por verse obligado a obedecer órdenes en la que consideraba su casa. Durante un par de minutos, sólo se oyeron sus pasos recorriendo al vestíbulo. Jonas dedicó ese tiempo a observarla con interés; le había gustado su manera de responder. Ahora reparaba en que era bastante alta, porque siendo él de una estatura considerable, ella le llegaba a la altura de la boca. Y bajo aquel vestido anodino se adivinaba una figura de formas prometedoras. Aunque lo mejor se concentraba en su rostro de rasgos delicados y serenos; como en el cuadro, pero con una mirada llena de vida.

—Señorita Dempsey —expuso con franqueza—, lo único que me mueve a proponerle matrimonio es la necesidad de conseguir una esposa que me ayude en el trabajo y cumpla con sus obligaciones como tal, en todos los sentidos. Su vida no tendría nada que ver con la que ha llevado hasta ahora, un rancho no es esta casa.

Diciendo esto se detuvo a contemplar los daguerrotipos familiares que, como mudos espectros del pasado, abarrotaban las paredes enteladas. Su vista se paseó por los muebles elegantes, la vajilla de porcelana y los cortinajes de brocado oscuro; nada ostentoso, aunque denotaba un ambiente acomodado. ________ le adivinó el pensamiento.

—No se deje engañar por lo que ve. Aunque no he carecido de comodidades, tampoco he llevado una vida regalada.

—Me gustaría conocer sus motivos, si es que ha pensado en aceptar mi proposición.

—Las razones que me mueven a considerar su propuesta —adujo con serenidad— son dos: quiero un hogar y una familia. Si es eso lo que usted me ofrece, quizá acepte.

—No la engañaré. Le ofrezco un trabajo duro y solitario; a cambio, le proporcionaré lo que usted desea. El matrimonio implica hijos —advirtió.

—Eso espero —dijo sorprendiéndolo con aquel aplomo—. Veo que estamos de acuerdo. Pero antes tendría que aceptar usted dos condiciones: la primera, que no vuelva a jugar a las cartas nunca más.

—No habrá más juego —sonrió con sorna, eso ya estaba decidido—. ¿Y la segunda?

—La boda debe celebrarse hoy mismo.

Nick Jonas comenzó a irritarse. Era él quien tenía quebrar una deuda y de pronto se encontraba aceptando condiciones. Quizá tuviese razón, mejor sería resolver el asunto sin demora, más tarde podría arrepentirse.

—Por mí no hay inconveniente, cuanto antes mejor —concluyó abriendo la puerta del salón—. McNabb, la señorita Dempsey ha aceptado. Celebraremos la boda esta misma mañana —se acercó a la ventana que daba a la calle—. Además, consideraré como parte del pago el coche y el caballo que veo desde aquí.

El aludido hizo amago de protestar, pero se rindió a la exigencia asintiendo con un gesto.

A _______ le entristeció comprobar que para aquel hombre no valía siquiera cien dólares, y sospechó que su vida a partir de entonces no sería fácil. Se consoló con la certeza de que nada podía ser peor que el futuro que le esperaba en Kiowa Crossing. Con curiosidad, examinó a su futuro esposo. Era muy alto; delgado, pero musculoso y ancho de hombros. Alzó la vista para observar mejor su rostro de rasgos duros; jamás había visto unos ojos castaños más penetrantes. Con ese atractivo debía causar desmayos entre las mujeres, por ello le inquietó pensar qué le movía a proponer matrimonio a una desconocida. Suspiró resignada, ya que a pesar de las dudas que le suscitaba, era su única elección.

—Si le parece bien, la dejo durante un par de horas para que recoja sus cosas.

—¡No! —suplicó—. Se lo ruego, no me deje sola. Si me espera, bajaré en un minuto, no hay mucho que recoger.

Aquella reacción sorprendió a Jonas, pero optó por no contrariarla.

—McNabb, ¿conoce a algún juez? —Al verlo asentir con la cabeza, continuó—: Pues vaya a avisarlo para que esté todo preparado. Esperaremos aquí a que usted regrese.

Rice McNabb se encerró unos minutos en la estancia contigua, salió con unos documentos bajo el brazo y partió en busca del juez.

________ giró sobre sí misma y, levantándose las faldas, subió la escalera a toda prisa.

Nick la contempló mientras ascendía el primer tramo. Acababa de reparar en un detalle desconcertante: iba a casarse con él y no le había preguntado ni su nombre.

—Una cosa más, señorita Dempsey. —Sus palabras hicieron que la muchacha se volviese en el rellano—. Mi nombre es Nick Jonas.

Sus intensos ojos azules lo miraron de frente durante un par de segundos, asintió con la cabeza y desapareció de su vista.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 6th 2014, 13:09

Ahí está el capítulo 1

Lo he dividido en tres partes porque era muy largo.

Espero que les guste y comenten!!

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 6th 2014, 14:57

oh esta hermoso
sguela pronto
primer lectora
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 7th 2014, 09:26

Bienvenida Lady_Sara_JB Welcome 

Bueno ahorita pongo la primera parte del 2do capítulo.

¿Podrías hacerme publicidad?
¿Y podrías pasarte por mi nove Dirty Little Secrets - 1era parte (Nick y Tu) ?

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 7th 2014, 09:43

Capitulo 2


_______ atravesó veloz el corredor del primer piso con aquel apellido resonando en sus oídos. Tendría que habituarse a él, porque a partir de ese día sería también el suyo. Un nuevo nombre, ojalá que fuese el definitivo.

No había tiempo que perder. Temía que aquel hombre se echara atrás, o algo mucho peor, que McNabb se resistiese a dar su consentimiento. A toda prisa, agarró un bolso de viaje del dormitorio de Cordelia. No pensaba llevarse nada que no le perteneciera, pero aquello no contaba y ella ya no estaba para dar su opinión. Ya en su dormitorio, tomó el contenido de los cajones de la cómoda y lo introdujo sin miramientos en el maletín. Resultaba demasiado pequeño pero tampoco poseía baúl. Decidió llevar sólo la ropa menos voluminosa. Ya vería la manera de que el señor Jonas le proporcionara cualquier cosa que resultase imprescindible en el rancho.

Intentó no olvidar nada importante. Poco había que pensar, en realidad nada tenía que considerase propio. ¡El libro! A toda prisa abrió el cajón de su mesilla de noche. Acarició la tapa con un suspiro de alivio, dando gracias por no haberlo olvidado, y forzó el maletín hasta que lo ubicó en un lateral. Abrió de nuevo el armario. En su equipaje no cabía ni una prenda de abrigo, pero el invierno que daba lejano y lo importante era salir de aquella casa cuanto antes. Consiguió meter un par de zapatos y, ya sí, dio por finalizado su equipaje.

Sentada en la cama, dio un último vistazo: aquellas cuatro paredes habían sido su refugio durante los últimos ocho años. Acarició la colcha de croché cuya confección la mantuvo ocupada tantas tardes en silencio. A través de la ventana, contempló el oscuro callejón y se consideró afortunada, iba a vivir en el campo. Imaginó espacios amplios y luminosos, deseando oír el murmullo de las hojas cuando las zarandea el viento, ver la hierba moverse en los prados como un inmenso mar verde que cambia de tono a merced de La brisa. Como cuando era niña.

Y debía ser valiente para enfrentarse a la nueva vida que aquel desconocido le brindaba. Se lo había advertido con toda claridad, «no espere otra cosa que trabajo». No lo esperaría, estaba dispuesta a aceptar sus condiciones y a conformarse con lo que le ofreciera.

Algo le decía en su interior que aquel hombre era una buena elección. Lo supo desde el momento en que lo vio por primera vez. Muy a su pesar, hubo de reconocer que cuando la miró con aquellos ojos del color de la corteza del abeto sintió un escalofrío. Su cuerpo era tan grande que invitaba a recostar la mejilla en su pecho y dejarse envolver entre sus brazos gozando de su protección. Mejor no pensar en ello porque de su actitud dedujo que jamás cabría ninguna posibilidad de ternura entre los dos. Sus palabras fueron rudas y su actitud hiriente. Sólo le faltó examinarle la dentadura. Pero llevaba años resignada, qué más daba una herida más. Pensó en sus padres y rogó que permanecieran a su lado, convencida de estar haciendo lo correcto.

Temió que la rechazase al conocer su pasado, pero no tenía por qué enterarse. No parecía hombre de muchas palabras. Ella haría lo mismo, callar y obedecer, la misma actitud que mantenía desde su adopción.

Debía afanarse en no contrariarlo el mismo día de la boda con esperas innecesarias. Con el maletín en la mano, se detuvo en el quicio de la puerta. «Adiós, Cordelia, hasta siempre». Se sintió culpable por considerarse dichosa de abandonar aquella casa. La viuda Dempsey le enseñó a ser una dama, le proporcionó cobijo y, a su modo, afecto. Hasta le dio su apellido. Todo cuanto era se lo debía a ella. Incluso tuvo la paciencia de enseñarla a leer y a hablar con corrección. Siempre le estaría agradecida, pero su decisión era firme pese a las disposiciones de su madre adoptiva.

Guardó un par de retratos de la cómoda y supo que ya lo llevaba todo. No, todo no. Desconocía el trecho que debían recorrer hasta su nueva casa. Tal vez fuese conveniente tomar algo de la cocina antes de salir. Si la distancia era larga podrían comer por el camino. A partir de ahora debía pensar no sólo en ella, sino también en las necesidades de su esposo. Le inquietó pensar en que tuvieran que dormir durante el viaje, pero descartó la idea. Llegado el momento, ya vería cómo afrontar la situación con serenidad, porque aquel hombre no parecía encerrar maldad.

Tomó el gorro de la percha y cerró la puerta con cuidado, consciente de que con ese gesto abandonaba para siempre su vida en Kiowa Crossing. Era hora de emprender un nuevo rumbo y el señor Jonas la estaba esperando.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 7th 2014, 09:49


—Eso es todo. A partir de este momento quedan ustedes unidos en matrimonio, con los derechos y obligaciones para ambos que dicho compromiso conlleva.

Nick Jonas asintió sin variar el semblante taciturno que había lucido durante el enlace. Una vez firmaron ambos, guardó el contrato matrimonial y estrechó la mano al juez.

Entendió la obstinación de McNabb en ejercer de testigo, a fin de cuentas se trataba del tutor de la que ahora era su esposa y tenía sentido que quisiese asegurar su futuro. Pero le intrigó tanta insistencia en quedarse con una copia del certificado.

—Señores —saludó Nick a los dos testigos tocándose el ala del sombrero—, si nos disculpan, mi esposa y yo tenemos por delante veintiuna millas de viaje.

Ni se molestó en darles la mano, McNabb no le inspiraba respeto alguno y el otro era un anónimo escribiente del juez.

________ sospechó con tristeza que aquella ceremonia fue la más tensa y fría que debió de celebrarse en Kiowa Crossing en mucho tiempo. No hubo anillos, ni palabras cariñosas; tan sólo en el momento de asentir, cuando aquel hombre le tomó la mano y vio la terrible quemadura que desdibujaba su palma de una manera lastimosa, le dirigió una mirada interrogante. Eso fue todo, ni siquiera un beso rápido con el que sellar su compromiso.

Nick sólo deseaba acabar cuanto antes con aquel engorroso trámite mediante el que se unía a una desconocida. Se había dejado llevar por una corazonada. Por primera vez se sintió vulnerable en presencia de una mujer y eso le sugirió que su flamante esposa debía de encerrar alguna cualidad fuera de lo común. Pero de ser cierto, la tenía tan oculta que todo su aplomo empezaba a diluirse. Por su cabeza bailó la idea de que pudiera ocultar un turbio asunto o que pretendiese cualquier suerte de engaño, pero la desechó. De algo estaba seguro: su mirada era noble y eso bastaba para estar tranquilo. Tiempo habría para conocer los verdaderos motivos que la habían llevado a contraer matrimonio con tanta precipitación y sin oponer reparo.

—Habrán de disculparme, pero no les acompañaré hasta el coche. He de resolver un trámite ineludible con el juez —arguyó McNabb con una sonrisa de satisfacción.

_______ se detuvo, no pudo evitar una replica a aquel comentario cuyo verdadero significado sólo conocían ellos dos.

—Por fin lo ha conseguido, señor McNabb —dijo con calma.

—Así es, y lo que obtengo vale mucho más que lo que dejo marchar.

Jonas apenas presto atención a la extraña despedida. Poco afecto podía esperarse entre dos personas que apenas se conocían. Sospechó que para McNabb suponía un triunfo el haber conseguido casar a su inesperada pupila, pues con ello eludía la obligación de mantenerla.

_______ apartó la vista y siguió a su esposo hasta el Surrey de dos plazas que perteneció a la viuda Dempsey.

Jonas cargó en el diminuto portaequipajes la bolsa de mano de _______ y lo que parecía un mantel anudado como un fardo. Le extrañó su exiguo equipaje, aunque tampoco esperaba voluminosos baúles rebosantes de vestuario. Ató al caballo con el que había cabalgado a Kiowa a la trasera del coche y, una vez acomodados en el pescante, agitó las riendas.

Aquella insólita mañana del 21 de junio acababa de decidir su futuro. Podía haber regresado a Indian Creek arruinado, pero retornaba con esperanzas renovadas y una mujer a su lado que, para su sorpresa, mantuvo la vista al frente al abandonar Kiowa Crossing sin atisbo de despedida. A trote ligero fueron dejando atrás las casas acomodadas que conformaban el paisaje urbano; _______ en ningún momento volvió la cabeza, como quien no dejara nada en aquella ciudad.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 7th 2014, 09:51

Ahí está, subí dos partes del capítulo 2

Espero que les guste.
Si veo más comentario subo las 2 últimas partes del capítulo 2

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 7th 2014, 17:11

que triste que nadie le muestre cariño a ____
siguela
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 8th 2014, 09:28


Ya lejos del último suburbio, ella pareció relajarse y adoptó una postura más cómoda. Nick, pendiente del caballo, la observaba de tanto en tanto. Durante el breve trámite en la casa del juez, se fijó en el gorro de tela que caía a su espalda. Si entonces le pareció anticuado, ahora que lo llevaba en su sitio anudado bajo la barbilla no pudo evitar pensar que un gorro como aquél debió de utilizar su abuela cuando partió de Irlanda.

—_______, ¿no es así? —Rompió el hielo—. ¿Qué edad tiene?

—Veintitrés años. —Dudó antes de preguntar—. ¿Y usted?

—Seis más. —Hizo una breve pausa—. A su edad, la mayoría de las mujeres ya tienen varios hijos. ¿Por qué no se ha casado?

—Mi madre adoptiva nunca consideró el matrimonio como algo adecuado para mí.

—Debo entender entonces que ésta es la primera proposición que recibe.

—Si, así es.

—¿No ha tenido pretendientes? ¿Nunca la han cortejado?

—No.

—¿A qué se dedicaba entonces? Quiero decir… —preguntó sin entender.

—Durante unos años ayudé a la señora Dempsey. Ella atendió a los soldados heridos en la guerra. Al enviudar, regresó a Kiowa. Desde entonces, ejercía de comadrona y asistía a enfermos. Y, en los últimos meses, me dediqué a atenderla a ella durante su enfermedad.

—Entiendo. —Optó por no insistir—. ¿Qué le paso en la mano? —recordó de pronto.

—No lo recuerdo, debí de hacérmelo siendo muy pequeña, pero no me causa ninguna molestia. No me impide trabajar, si es eso lo que le preocupa.

—No lo he dicho con esa intención —replicó áspero.

Nick Jonas era muy reservado y respetuoso con la intimidad ajena, pero le incomodaba la actitud de _________. Contestaba con las palabras justas, con un tono lacónico que no dejaba entrever emoción alguna. Desde que se conocieron, ella no había mostrado ni una sonrisa, ni un mal gesto. La única parte de su rostro que permitía adivinar algún sentimiento eran sus ojos y, con aquel gorro horrendo, quedaban fuera de su vista.

—Señor Jonas —dijo volviendo el rostro hacia él—. Si le apetece que paremos a comer, he traído algo de pan y jamón asado; aunque si prefiere continuar, por mí no hay inconveniente.

Nick, pese a que no acostumbraba realizar paradas en un trayecto tan corto, convino en hacer un receso. El viaje que un jinete recorría en apenas una hora, en vehículo rodado suponía el doble de tiempo. Pero tendría que armarse de paciencia porque el Surrey constituía parte de sus ganancias.

—De acuerdo, pararemos un poco más adelante.

Por lo menos era previsora, pensó. Y por primera vez se había dirigido a él, pero había algo que no encajaba y de inmediato supo qué era.

—________, ahora que estamos casados sobran los formalismos. Deberíamos tutearnos. Y mi nombre es Nick —le recordó.

—Nick —pronunció pensativa—. Es un bonito nombre.

—_______ también lo es.

—Nunca he conocido a nadie con ese nombre.

—Yo tampoco —aseguró—. Es irlandés.

—¿Eres de ascendencia irlandesa?

—Mis abuelos emigraron desde Irlanda. Mi padre nació en Chicago, pero siempre se consideró irlandés. Por tanto, yo también lo soy.

—Entonces, eres católico.

—A mis padres no les quedó más remedio que adaptarse a las circunstancias. Indian Creek no es Denver, no hay mucho donde elegir. El predicador que tenemos es metodista, el anterior era presbiteriano, ¿qué más da? No creo que Dios nos lo tenga en cuenta y tampoco me preocupa.

—¿Tienes hermanos? —preguntó con curiosidad.

—Una hermana mayor que yo, y tuve un hermano al que no conocí. ¿Y tú, de dónde es tu familia?

—Nunca lo he sabido. Mis padres murieron y no tuve hermanos.

Nick advirtió que la pregunta la había incomodado. Tal vez resultaba inoportuna dada su condición de adoptada.

—Puede que seas irlandesa. Pedí ayuda a la chica del cuadro, tú me enviaste a la dama del shamrock y gané la partida —le explicó tocándose el bolsillo de la camisa donde guardaba el naipe—. Puede decirse que estamos casados gracias a ella.

_______ lo miró halagada al saber que se había fijado en ella antes de conocerla. Y él respiró satisfecho al ver que había conseguido despertar su atención.

—¿Qué es el shamrock? No lo habla oído nunca.

—Es el nombre del trébol en gaélico, el símbolo de Irlanda. También es el hierro con el que marco mis reses.

—Dicen que los tréboles atraen la buena suerte.

—Esos son los de cuatro hojas. El trébol de la baraja tiene tres hojas, como el shamrock.

—Aunque tenga tres hojas, a mí me ha traído la buena suerte —afirmó pensativa—. Te recuerda tus raíces, ¿verdad?

—La vieja patria; es importante no olvidar de dónde procedes. —________ bajó la cabeza y él lamentó el comentario—. Pero significa también mi presente y, desde esta mañana, el futuro. Los sucesos más importantes de mi vida llevan la marca de un shamrock.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 8th 2014, 09:35


Los labios de _______ esbozaron entonces una tímida sonrisa.

Nick adentró el coche por un sendero a la derecha del camino y, tras un breve trecho, paró a orillas del río Colorado. La ayudó a bajar, soltó a los dos caballos y los acercó a la orilla para que bebieran. Una vez saciaron su sed, los ató bajo la sombra de un grupo de chopos temblones.

______ se había sentado apoyada en un árbol y él hizo lo mismo manteniendo cierta distancia.

Mientras comían, _______ fue consciente de que no dejaba de estudiarla.

—¿Por qué has accedido a este matrimonio? —le espetó Nick de golpe.

—Te has ofrecido a proporcionarme lo que más deseo.

—No sabes nada de mí. ¿Y qué habría pasado si la partida la hubiese ganado otro?

—Entonces, habría tenido que pensarlo —respondió deteniendo la vista en sus ojos.

—Y conmigo no lo has pensado.

—Me bastó con verte la primera vez. —Nick ladeó la cabeza con arrogancia—. No te equivoques, algunas personas no damos importancia a la apariencia física. Tus ojos me dijeron lo que necesita a saber.

—¿Y qué te dijeron? —preguntó entre la intriga y la decepción.

—Que eres un hombre íntegro y puedo confiar en ti.

Nick no replicó. Algo tenían en común. Empezaba a descubrir que, bajo su apariencia insignificante, escondía un fuerte temperamento.

_______ terminó su comida y decidió liberar una idea que le rondaba en la mente desde hacía rato.

—Imagino que debes de haber tenido otras oportunidades. Lo deseable es casarse por amor. ¿Nunca has estado enamorado?

—No, no lo he estado nunca. Y debes saber una cosa: no suelo responder a preguntas personales —puntualizó mirándola a los ojos con dureza—. En cuanto a eso, será mejor que no albergues fantasías románticas porque no sé lo que es el amor, ni lo busco, ni me interesa. No esperes de mí otra cosa que protección y compañía.

—Yo sí he conocido el amor. Las personas que llegan a sentirlo deben de ser muy afortunadas.

—Creía que no habías tenido tratos con hombres —apostilló suspicaz.

—Vi amor en mis padres —precisó _______ sin amedrentarse—. Pero te aseguro que podré vivir sin él.

Nick se levantó dando por concluida aquella conversación que lo había puesto de mal humor.

No acostumbraba dar explicaciones y no pensaba hacerlo, aunque se tratase de su esposa. Tomó una cantimplora de la silla de su caballo y se dirigió a la orilla con intención de llenarla. Aprovechó para mojarse la cabeza y se peinó con los dedos.

Mientras, ______ recogía los restos de la comida y se pregunta ha cuál sería el motivo de aquel carácter amargo. Un rato antes le había parecido más comunicativo y ella se había confiado. En adelante, debería ser más cuidadosa.

Se levantó y se dirigió al Surrey, ya que del semblante hosco de su nuevo esposo acababa de deducir dos cosas: que debía limitarse a conversaciones banales y que el descanso se había acabado. Nick le tendió la cantimplora, ella bebió y se la devolvió sin hablar. Reanudaron la marcha y el silencio reinó entre ellos durante más de media hora.

—¿Falta mucho para llegar? —preguntó _______ transcurridas dieciséis millas.

—Un par de millas más y habremos llegado a Indian Creek. ¿Lo conoces? —Ella negó con la cabeza—. Mi rancho está a tres millas de allí. No esperes riquezas. No nos faltará de nada, pero mi situación tampoco me permite derrochar. Habrás de conformarte con lo que tengas.

—No dispongo del ajuar que debería aportar al matrimonio —confesó azorada—. Me avergüenza presentarme en tu casa con las manos vacías.

—Eso carece de importancia. —Él no había reparado siquiera en ese asunto—. Mi casa cuenta con todo lo necesario. ¿Es eso todo lo que tienes? —preguntó señalando el equipaje con la cabeza.

—Todas mis pertenencias están ahí detrás.

—Y tu madre adoptiva, ¿no te dejó nada?

—Me legó la casa, pero la acabo de perder —respondió con sencillez—. He renunciado a ella al casarme contigo.

Nick no dejó traslucir la sorpresa que le acababa de provocar aquella revelación.

—¿Has renunciado a la propiedad de una casa en Kiowa para casarte con un desconocido?

—No me ha quedado más remedio. Mi madre adoptiva me la legó con la condición de permanecer soltera. Pero ella ya no está, y yo siempre he querido tener un hogar, no una casa vacía.

—¿Y qué pasará ahora con la casa? —inquirió sospechando la respuesta.

—Pasa a manos de su hermano.

—Ahora entiendo su alegría tras la boda —adujo indignado por la facilidad con que había conseguido su propósito aquel embaucador—. De todos modos, podías haber mantenido la propiedad mientras esperabas alguna propuesta.

—No quería permanecer ni un minuto más bajo el mismo techo que el señor McNabb.

—Eso puedo entenderlo —aseguró—. Pero, dada su afición a buscarse problemas, no tardará en irse de la ciudad. Una vez sola, habrías podido escoger al hombre adecuado para casarte.

—Acabo de hacerlo —respondió muy segura.

Con aquella afirmación, que dejó a Nick pensativo, dio por terminada La conversación. Dejaron atrás la última arboleda hasta Indian Creek. Frente a ellos se extendían los prados del valle del Colorado y, a lo lejos, la silueta nevada de las Montañas Rocosas desdibujaba la línea del horizonte.

_______ alzó la vista al cielo y de nuevo pidió ayuda a sus padres. La agradable brisa poco a poco se tornó en desapacible viento racheado. Se anudó bien el gorro y bajó la vista hasta su regazo. El hombre que iba sentado a su lado era su nuevo esposo y su presencia imponente le transmitía seguridad y a la vez desasosiego.

Durante las siguientes dos millas no pronunciaron palabra alguna.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 8th 2014, 09:50

COMENTEN Smile

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 8th 2014, 15:34

pues ya llegaron
a ver que pasara 
siguela
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 8th 2014, 19:45

MAÑANA SUBO CAP SIN FALTA!!!

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 9th 2014, 15:22

Capitulo 3


—¡Qué viento más fastidioso! —protestó Elisabeth.

Como pudo, se apresuró a anudarse el sombrero a las puertas del hospital St. Joseph. El primer día del verano, Denver había amanecido con un sol radiante, pero desde el mediodía las rachas de viento amenazaban con empañar el resto de la jornada.

Recorría el acomodado barrio de Capitol Hills pensando en su amiga Leda. En unos días anunciaría su compromiso con Allan Rossental. Cuando le dio la noticia en tono de confidencia, parecía entusiasmada con su futura boda. Se mostró ilusionada y deseosa de instalarse en su nueva mansión, pero no vio en ella a una mujer feliz. Leda acabó reconociendo que había escogido de entre sus pretendientes al señor Rossental por ser un buen partido, incluso la regañó en tono bromista por ser una romántica soñadora.

Leda tenía razón. De una cosa estaba segura: ella jamás haría algo así. No necesitaba la compañía de un marido ni su protección, y mucho menos su fortuna. El día que tomase tan importante decisión lo haría por amor.

En cuanto giró la primera esquina de la calle Quince, aceleró el paso al reconocer a lo lejos a su padre.

El señor Watts había trabajado tiempo atrás como ingeniero en las minas de Colorado, pero con el paso de los años invirtió parte de sus ganancias en la explotación minera, motivado en parte por el deseo de poder compartir más tiempo con su esposa y su hija. La tragedia de su hermano Edward le hacía valorar la vida en compañía de los seres queridos. Cada día, a media tarde, regresaba desde sus oficinas en la calle Larimer deseando encontrarse con sus dos tesoros más preciados, y con una sonrisa descubrió que uno de ellos se aproximaba a paso veloz.

—¿De dónde vienes con esas prisas? —preguntó ya a la puerta de casa.

—¿Papá, qué día es hoy? Sabes que vengo del hospital —le recordó Elisabeth, besándole la mejilla—. Con el sol que hacía esta mañana y mira ahora qué nubes.

—Olvidé que era sábado. Debiste haber llevado la sombrilla por si acaso.

—No he salido de paseo, papá —se quejó colgándose de su brazo.

Clifford Watts abrió la cancela del jardín e hizo pasar a su hija. Casi sin darles tiempo a subir los tres escalones, se abrió la puerta principal sin necesidad de llamar. Pero, en esa ocasión, no les recibió La señora Mimm, que desde hacía veintiocho años se ocupaba tanto de las labores de la casa como de la cocina. Era la propia señora Watts quien los esperaba sonriente con la puerta abierta de par en par. Elisabeth besó a su madre en la mejilla y atravesó el corredor con aire distraído al tiempo que se quitaba el sombrero.

—Mamá, voy a ver si a la señora Mimm se le ocurre alguna idea para arreglar mi vestido verde hoja —comentó ya en la escalera.

—¿Le sucede algo? —preguntó Clifford preocupado.

Su esposa sonrió sin dejar de contemplarla.

—Quién sabe lo que pasa por la cabeza de una chica a esa edad —suspiró.

Clifford Watts se encogió de hombros, tomó a su esposa por la cintura y se encaminó al salón.

Rachel Watts lo contempló mientras le servía una copa de brandy. Arrellanado en el sofá, se sumió por unos instantes en sus pensamientos con la mirada perdida en un punto indeterminado de la chimenea. La mujer se sentó a su lado y le acarició la mano en silencio. Entonces él reparó en su presencia y, con una sonrisa triste, tomó la copa que le ofrecía.

—Piensas en ellos, ¿no es así? —preguntó Rachel.

—Todos los días. Ha pasado tanto tiempo…, pero cuando os veo a ti y a Elisabeth, no puedo evitar pensar en la vida que les arrebataron. Y, sobre todo, en la niña.

—Clifford —dijo apretándole la mano—, no pienso permitir que pierdas la esperanza. Se lo debemos a Edward y Marion.

El señor Watts la besó en la mejilla agradecido. El tesón de su esposa lo animaba a continuar con una búsqueda tan ingrata.

Elisabeth entró en el salón con su libro de lectura en la mano y acomodó en una butaca junto a la ventana. Su padre no dejaba de contemplarla mientras giraba la copa entre sus dedos.

—Arabella sería ahora más o menos como tú —comentó con tristeza.

Cerró el libro, se sentó a su lado y le tomó la mano entre las suyas. Le dolía oír a su padre cada vez que utilizaba ese tono melancólico.

—Papá, no hables así. Seguro que se ha convertido en una mujer tan hermosa como tía Marion —intentó animarlo—. Ya verás como el día menos pensado tenemos noticias de ella.

—Han pasado dieciocho años, cariño. Cada día albergo menos esperanzas de encontrarla. ¿Quién sabe si todavía sigue con vida?

—Pues vamos a averiguarlo y seguiremos buscando hasta que demos con ella —aseguró Elisabeth con firmeza—. ¿Has tenido noticias de los periódicos?

—Ninguna desde hace meses, y las anteriores ya viste que no nos condujeron a ninguna parte.

—Mañana mismo te acompañaré al Rocky Mountain News, al Denver Times y al Republican. Volveremos a publicar anuncios en los tres.

—Ya lo hemos intentado en Colorado sin resultado —objetó.

—Pues escribiremos a todos los periódicos del Oeste, desde Montana hasta Missouri —insistió.

Rachel apoyó la decisión de su hija.

—Elisabeth tiene razón. Dondequiera que esté, Arabella debe saber quiénes fueron sus padres y que tiene una familia deseando abrazarla.

—Vosotras ganáis —se rindió con una sonrisa.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 9th 2014, 15:27


En cuanto llegaron a Indian Creek, ________ presintió que allí se encontraría a gusto. Reunía todo el encanto de las pequeñas comunidades, tan diferentes de una ciudad mediana como Kiowa Crossing. Ni demasiado tranquilo, ni ruidoso en exceso. Lo bastante bien abastecido como para no necesitar desplazarse, pero tan poco concurrido como para disfrutar del placer de pararse a conversar. En definitiva, un pueblo corriente. Y a ______ le gustó.

Tal como el carro fue enfilando la calle principal, notó sobre ella un montón de miradas curiosas, pero su esposo no parecía dispuesto a perder el tiempo en presentaciones.

Un par de hombres paseaba en dirección contraria. Por las estrellas de sus chalecos supo que se trataba del sheriff y un ayudante. Al llegar a su altura, Nick los saludó con un gesto, pero no paró pese a que ellos sí lo hicieron mirando hacia el coche con descaro. Y no fueron los únicos que se detuvieron a su paso.

Al final de la calle, se levantaba un hotel con una fachada tan blanca y elegante que hacía desmerecer los edificios cercanos; y, frente a éste, un almacén general. A su entrada se distinguían apilados barriles y mercancías; contaba además con un ventanal escaparate tras el que se exhibían los objetos más delicados o novedosos. El último edificio, que a ________ le pareció un inmenso granero, era el almacén de maderas. A partir de ahí, la calle se bifurcaba en dos caminos.

Justo a la puerta del almacén maderero, Nick detuvo el coche, bajó de un salto y ató al caballo.

________ decidió estirar las piernas. Mientras se alisaba la falda, dio un vistazo a su alrededor y, a cierta distancia, se fijó en una joven menuda que paseaba bajo una sombrilla de encaje con la cabeza muy alta. _________ supuso que con aquel porte no podía ser de allí; quizá se encontrase de paso, camino de Denver.

Apartó la vista para no parecer impertinente y vio que Nick se disponía a entrar en el almacén.

—Tengo un asunto que debo resolver y me llevará un poco de tiempo…

No acabó la frase. Se quedó mirando al frente mientras se colocaba el sombrero. ________ giró la cabeza y comprobó que la rubia de la sombrilla y él se estudiaban a distancia el uno al otro.

—Mientras esperas —continuó Nick—, ve a la tienda. Si ves algo que necesitas di que lo apunten en mi cuenta.

La joven entró en el establecimiento, no sin antes saludar a Nick con un leve movimiento de cabeza. ________ volvió el rostro hacia su esposo y con malestar bajó la vista porque él todavía miraba al frente como si la elegante mujer no hubiese desaparecido. Reparó entonces en su modesto vestido y por primera se avergonzó de lucir un aspecto tan austero.

Nick giró en redondo, pero una voz a sus espaldas lo detuvo.

—Nick Jonas, ¿has olvidado tus modales?

Ambos miraron hacia la puerta de la tienda y allí, sacándose con cuidado unos guantes calados, se encontraba la joven de la sombrilla. Se acercó a ellos con una cadencia estudiada y a Nick le brillaron los ojos.

—Harriet, te presento a la señora Jonas mi esposa.

—¿Tu esposa? —Hizo una pausa para mirarla de soslayo—. Felicidades entonces.

Sus ojos le parecieron más duros, pero aquello sólo duró un segundo porque cuando ________ quiso darse cuenta se dirigía a ella con una sonrisa afable.

—Me alegro de conocerla, señora Jonas, esto es toda una novedad.

—Llámeme ________, por favor —añadió tendiéndole la mano.

Alzó la vista hacia su esposo a la espera de que interviniese, pero no parecía dispuesto a hacerlo.

—De acuerdo, ______. Yo soy Harriet Keller. Y será mejor que nos tuteemos, ¿no te parece? —Echó un vistazo a Nick y estrechó la mano de ______—. Nick y yo nos conocemos desde hace años.

________ estaba incómoda, tanto por el intercambio de miradas como por aquella familiaridad excesiva, y decidió acabar con la conversación.

—Voy a la tienda —dijo en voz baja.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 9th 2014, 15:28

COMENTEN Smile

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 9th 2014, 16:49

que querra esa harriet?
no me da buena espina
y menos como esta nick
no me gusta
y luego la otra parte del capitulo
de la familia watts
acaso ___ sera la niña que perdieron?
siguela
esta hermosa
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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 11th 2014, 13:18


Harriet Keller la observó alejarse y con rapidez volvió la cabeza hacia Nick, que le sostuvo la mirada impasible. Ella le dio la espalda y siguió a ________.

Nick se encaminó de nuevo al almacén maderero paladeando con satisfacción la cara que se le había quedado a Harriet al saberlo casado.

_________ entre tanto curioseaba sin intención de comprar, no pretendía ocasionar gastos a su nuevo esposo y más cuando él le había advertido de su precaria situación. Aun así, se paseó ante una amplia mesa donde se exhibían todo tipo de tejidos.

—Una maravilla, ¿verdad? —comentó Harriet a su espalda—. Aquí disponemos de las mejores telas y adornos. No por ser éste un pueblo pequeño debemos descuidar nuestro aspecto, ¿no crees?

__________ asintió por cortesía, pese a advertir la insolencia del comentario.

—Son muy bonitas, desde luego —respondió—. Sobre todo esta azul.

—No hay duda de que tienes buen gusto, has ido a escoger la más costosa.

—¿Es muy cara?

—Tres dólares la yarda, pero como verás merece su precio. ¿Cuánto cortamos? —preguntó con las tijeras en la mano.

—No te molestes, por favor —la frenó apurada—. No había pensado gastar tanto dinero. Tal vez más adelante.

—Puede que se agote. Yo no lo pensaría mucho.

—Lo tendré en cuenta. Adiós, señorita…

—Harriet —interrumpió—. Ha sido un placer conocerte, _______. Espero verte pronto.

________ se despidió con un murmullo, avergonzada por haber escogido un tejido tan caro. A la salida tropezó con Nick y, con la excusa de acomodarse en el coche, se marchó de allí con un profundo alivio.

Nick tomó una caja de munición y la dejó sobre el mostrador.

—Así que te has casado —comentó Harriet abriendo el libro de cuentas—. ¿Dónde la has conocido?

—En Kiowa.

—¿Amiga de la familia, tal vez?

—Se puede decir que la conocí gracias a una dama de tréboles.

—¿Una dama de tréboles? —Harriet no se molestó en disimular la risa—. No podía ser otra, desde luego: insulsa como un trébol. No sé qué has visto en ella.

—Un trébol puede tener mucho valor —replicó con dureza.

—Un trébol no vale nada, no merece la pena ni detenerse a aplastarlo con el zapato.

Nick se maldijo por no haber mantenido la boca cerrada. Harriet era una experta en hacer daño donde más dolía. Firmó junto a la anotación y salió sin despedirse.

De camino al coche no dejaba de darle vueltas. Harriet había escupido su veneno sobre su nueva esposa y sobre él a partes iguales, porque conocía de sobra la marca del rancho Jonas. Y sí, tenía valor, mucho valor.

Cuando se acomodó junto a ________, la miró de reojo. Apenas la conocía, pero le inspiraba confianza. Había hablado con ella de asuntos íntimos que jamás comentó con Harriet, pese a conocerla de toda la vida. Acarició con un leve roce la mano de su nueva esposa y con amargura lamentó no haber sido capaz de descubrir años atrás el verdadero rostro de Harriet Keller.

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Abril 11th 2014, 13:20

Ahí está la última parte del capítulo 3

si hay por lo menos 4 comentarios (no importa si es de la misma lectora) subo las primeras dos partes del capítulo 4

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MensajeTema: Re: Dama de Tréboles (Nick y Tú) - Adaptación   Hoy a las 16:53

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