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 Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/

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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Febrero 28th 2014, 16:15









¡HOLA! Tanto tiempo sin pasarme por acá (ni subir novela). Ya moría por volver, pero, como soy taaan inteligente, olvidé mi contraseña y... un drama.
Les traigo una novela, que más que nada amé con cada celúla de mi ser. No sé, es como maneja la trama la autora, es tan ah!!!.
Ya dejo de parlanchear y diganme si la sigo o la dejo. Espero sus comentarios.












• Sipnosis •







Un boxeador caído.


Una mujer con un sueño roto.


Una competencia…


Él hace que olvide mi nombre. Una noche fue suficiente y olvide todo excepto al sexy boxeador que hace que mi mente y cuerpo arda en llamas de deseo.


Nicholas Jonas es el hombre más fuerte y confuso que he conocido en mi vida.
Es la estrella de uno de los más peligrosos circuitos de peleas clandestinas, y me siento atraída por él como nunca me he sentido atraída por algo en mi vida. Me hace olvidar quien soy, que quiero, solo con una mirada suya. Cuando está cerca, necesito recordarme que soy fuerte —pero él es más fuerte que yo. Y ahora es mi trabajo mantener su cuerpo en forma como una perfecta máquina de pelea, sus músculos tensos y listos para vencer a sus próximos oponentes…


Pero la mayor amenaza que tiene, ahora, soy yo.


Le quiero. Le quiero sin miedos. Sin reservas.


Si tan solo pudiera saber a ciencia cierta qué es lo que él quiere de mí...







Hay nos seguimos leyendo.











Última edición por SweetHeart(MarthaJonas14) el Marzo 16th 2014, 10:32, editado 2 veces
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Febrero 28th 2014, 18:56






Veo que hay vistos, más no comentarios. Bueno, acá les dejo un pedazo del primer capítulo. Por favor, comenten.








• Capítulo 1 (Parte I) •







"Soy Nicholas"







Melanie ha estado gritando en mi oído durante la última media hora y mis nervios están tan agotados por lo que estamos presenciando que apenas soy capaz de oír algo. Sólo mi corazón. Latiendo cómo loco en mí cabeza mientras los dos peleadores están en el ring embistiéndose uno contra otro, ambos hombres iguales en altura y peso, ambos extremadamente musculosos mientras atacan la cara del oponente.

Cada vez que uno de ellos aterriza un golpe, gritos y aplausos estallan en el lugar, el cual está lleno de gente con al menos trescientos espectadores, todos sedientos de sangre. La peor parte de todo es que puedo escuchar el espantoso sonido de los huesos craqueando contra la carne, y los vellos de mis brazos se erizan del miedo. En cualquier momento espero que uno de ellos caiga y nunca, nunca, se levante de nuevo.

—¡___(tn)! —grita Melanie, mi mejor amiga, y me abraza—. Parece que estás a punto de vomitar, ¡no estás hecha para esto!

En serio, voy a matarla.

Tan pronto como aparte los ojos de estos hombres y me asegure de sigan respirando cuando termine la ronda, voy a matar sin piedad a mi mejor amiga. Y luego a mí misma por acceder a venir.

Pero mi pobre y querida Melanie tiene una nueva obsesión. Así que cuando se enteró de que el objeto de sus fantasías nocturnas estaría en la ciudad participando en este «privado» y muy «peligroso» club clandestino de lucha, me rogó venir con ella y verlo. Es difícil decirle que no a Melanie.

Es efusiva e insistente, y ahora está saltando de alegría.

—Es el siguiente —dice entre dientes, sin importarle quién ganó esta última ronda o si sobrevivieron. Que al parecer, gracias a Dios, los dos lo hicieron—. ¡Prepárate para ver un verdadero hombre, ___(tn)!

El público se queda en silencio, y el locutor dice—: Damas y caballeros, y ahoraaaaa… el momento que todos habían estado esperando, el hombre por el que todos están aquí. El más malo de los malos, les presento, al único, ¡Nicholas “Riptide” Jonas!

Un escalofrío recorre mi espina dorsal cuando la multitud enloquece sólo por el nombre, especialmente las mujeres, y sus gritos ansiosos caen uno sobre el otro.

—¡Nicholas! ¡Te amo, Nicholas!

—¡Quiero chuparte la polla, Nicholas!

—¡NICHOLAS, APAREAME, NICHOLAS!

—¡Nicholas quiero tu Riptide!

Todas las cabezas se giran cuando una figura con capucha y capa roja trota hacia el ring. Los peleadores esta noche, aparentemente, no usan guantes de boxeo, y veo sus dedos flexionarse y cerrarse en puños a sus costados, sus manos enormes y bronceadas, sus dedos largos.

Al otro lado del ring, una mujer agita en el aire un cartel que dice:«PERRA #1 DE NICHOLAS» con orgullo, y grita al tope de sus pulmones en su dirección—supongo que es en caso de que él no sepa leer o que no vea las letras rosa neón o el brillo.

Estoy sorprendida, comprendiendo que mi loca mejor amiga no es la única mujer en Seattle qué aparentemente ha perdido la cabeza por este tipo, cuando siento que ella aprieta mi brazo. —Te reto a que lo mires y me digas que no harías todo por ese hombre.

—No haría nada por ese hombre —repito instantáneamente, sólo para ganar.

—¡No estás mirando! —grita—. Míralo. Míralo.

Toma mi cara y balancea mi mirada en la dirección del ring, pero comienzo a reír en su lugar. Melanie ama a los hombres. Ama acostarse con ellos, acosarlos, babear por ellos, y cuando los atrapa, nunca puede quedarse demasiado tiempo a su lado. Yo, por otro lado, no estoy interesada en involucrarme con nadie.

No cuando mi romántica hermana menor, Nora, ha tenido suficientes novios y drama para las dos.

Miro hacia la plataforma cuando el tipo tira la bata de satén rojo con la palabra RIPTIDE en la espalda, y los espectadores de pie gritan y lo animan mientras él lentamente se da la vuelta para reconocerlos a todos.

Su cara está de pronto delante de mí, iluminada por las luces, y lo miro como una idiota desde mi lugar. Mi Dios.

Mi.

Dios.

Hoyuelos.

Mandíbula oscura y desaliñada.

Sonrisa infantil. Cuerpo de hombre.

Bronceado asesino.

Un escalofrío se dispara por mi espina dorsal mientras bebo impotentemente del paquete entero al que todos los demás parecen estar mirando boquiabiertos.

Tiene el cabello oscuro, con las puntas hacia arriba como si una mujer hubiera pasado sus dedos a través de él. Pómulos tan fuertes como su mandíbula y frente. Labios rojos e hinchados, y como recuerdo de su paseo por el ring, hay lápiz labial en su mandíbula. Miro su cuerpo largo y delgado y algo caliente y salvaje se instala en mi interior.

Él es perfectamente cautivador e increíblemente duro. Todo, desde sus hermosas caderas delgadas y cintura estrecha hasta sus anchos hombros, es sólido. Y ese six-pack. No. Es un eight-pack. Esa sexy V de sus oblicuos que se sumerge en sus pantaloncillos de satín azul marino, el cual abraza suavemente sus poderosas piernas, gruesas con músculo.

Puedo ver sus muslos, trapecio, pectorales y bíceps, todo gloriosamente ajustado y tallado. Tatuajes célticos circulan sus dos brazos, exactamente donde sus abultados bíceps y los deltoides cuadrados y rígidos de sus hombros se encuentran.

—¡Nicholas! ¡Nicholas! —grita Mel histéricamente a mi lado, las manos alrededor de su boca—. ¡Eres jodidamente caliente, Nicholas!

Su cabeza se mueve con el sonido, un hoyuelo mostrándose con una sexy sonrisa mientras nos mira. Un escalofrío de energía nerviosa pasa a través de mí, no porque él es extremadamente hermoso desde esta perfecta vista —porque lo es, definitivamente lo es, mi Dios, realmente lo es— pero sobretodo porque está mirando directamente hacia mí.

Una ceja se levanta y hay un atisbo de diversión en sus fascinantes ojos azules. También algo… cálido en su mirada. Como si pensara que yo fui quien gritó. Oh, mierda.

Me guiña un ojo. Me sorprendo cuando su sonrisa se desvanece lentamente, transformándose en una que es insoportablemente íntima.

Mi sangre hierve a fuego lento.

Mi sexo se aprieta firmemente, odio que él parezca saberlo.

Puedo ver que piensa que es la última creación y parece creer que cada mujer aquí es su Eva, creada de su costilla para que él la disfrute. Estoy igual de excitada que de furiosa, y es el sentimiento más confuso que he sentido en mi vida.

Sus labios se curvan, se da la vuelta cuando su oponente es anunciado con las palabras—: Kirk Dirkwood, El Martillo, ¡aquí para todos ustedes esta noche!

—¡Pequeña zorra! —grito a Mel cuando me recupero, empujándola juguetonamente—. ¿Por qué gritaste así? Ahora piensa que yo soy la loca.

—¡OhDiosmío! No te guiño el ojo a ti —dice Melanie, visiblemente aturdida.

Oh Dios mío, lo hizo. ¿Cierto? Lo hizo.

Estoy muy sorprendida reviviendo el guiño en mi cabeza, así que decido torturar a Melanie porque se lo merece, es una pequeña perra.

—Lo hizo —admito finalmente, frunciéndole el ceño—. Nos comunicamos telepáticamente y dice que quiere llevarme a casa para ser la madre de sus sexys bebés.

—Como si tú fueras a tener sexo con alguien como él. ¡Tú y tu trastorno obsesivo compulsivo! —dice, riéndose mientras el oponente de Nicholas se quita la bata. El hombre es todo músculo fornido, pero ni un gramo de él puede competir visualmente con la delicia de macho puro de “Riptide”.

Nicholas flexiona sus brazos a los lados, estira sus dedos y forma puños, luego comienza a saltar. Es un hombre grande y musculoso pero sorprendentemente liviano sobre sus pies, que sé —porque solía competir en pista— que significa que es increíblemente fuerte para ser capaz de levantar su cuerpo en el aire con un impulso pequeño de sus pies.

El Martillo lanza el primer golpe. Nicholas lo evade y contraataca con un golpe que conecta y noquea a Martillo a un lado de la cara. Me estremezco interiormente ante el poder de su golpe; mi cuerpo se aprieta ante la vista de sus músculos contrayéndose y tensándose, trabajando y soltándose con cada golpe que da.

La multitud mira, extasiados, mientras la pelea continúa, los horribles crujidos ponen mi piel de gallina. Sin embargo, hay algo más molestándome. Gotas de sudor aparecen en mi frente y en mi escote.

Mientras la pelea avanza, mis pezones se endurecen, aún más levantados y apretados contra mi blusa, empujando ansiosamente contra la seda de la tela. De alguna manera, mirar a Nicholas Jonas golpear a un hombre al que llaman “Martillo” me hace retorcerme en mi falda de una manera que no me gusta, mucho menos que esperaba.

La manera en que golpea, se mueve, gruñe…

De pronto, un coro comienza—: NICHOLAS… NICHOLAS… NICHOLAS.

Me vuelvo y veo a Melanie saltando arriba y abajo diciendo. — ¡OhDiosmío, golpéalo, Nicholas! ¡Sólo noquéalo y mátalo, bestia sexy! —grita cuando su oponente cae al suelo con un fuerte golpe. Mis bragas están mojadas y mi pulso se ha vuelto loco. Nunca he tolerado la violencia. Está no soy yo; parpadeo con estupefacción ante las sensaciones que azotan a través de mi sistema. Lujuria pura, lujuria al rojo vivo, revolotea a través de mis terminaciones nerviosas.

El maestro de ceremonias levanta el brazo de Nicholas en victoria, y tan pronto como se endereza del golpe imponente que acaba de dar, su mirada se mueve en mi dirección y choca contra mí. Ojos azules penetrantes encuentran los míos, y algo se ata y hace un tirón dentro de mi barriga. Su pecho sudoroso se eleva y cae en un jadeo profundo, y una gota de sangre descansa en la comisura de sus labios. A pesar de todo, sus ojos siguen pegados a los míos.

El calor se distribuye bajo mi piel, y las flamas me lamen por todas partes. Nunca le admitiré esto a Melanie, ni siquiera a mí misma en voz alta, pero no creo haber visto a un hombre tan sexy en mi vida. La manera en la que me mira es caliente. La manera en la que está de pie allí, con su mano en el aire, sus músculos goteando sudor con ese aire de autoridad que Mel me contó en el taxi.

No hay disculpa en su mirada. En la forma en la que ignora a todos los que gritan su nombre y me ve con una mirada que es tan sexual que casi me siento tomada justo aquí. La conciencia terrible de la manera exacta en la que yo lo estoy mirando cae sobre mí.

Mi cabello largo y lacio, de color caoba, cae sobre mis hombros. Mi blusa blanca de botones no tiene mangas, pero sube por mi garganta en forma de cuello de tortuga de encaje, y el dobladillo está metido dentro de un par de pantalones negros de talle alto, perfectamente presentables. Un pequeño conjunto de lindos aros de oro complementan muy bien con mis ojos color whiskey. A pesar de mi elección conservadora de ropa, me siento completamente desnuda.

Mis piernas tiemblan y me quedo con la impresión de que este hombre quiere atacarme. Con su polla. Por favor, Dios, no acabo de pensar eso; Melanie lo haría. Otro apretón en mi vientre me embarga.

—¡NICHOLAS! ¡NICHOLAS! ¡NICHOLAS! ¡NICHOLAS! —Canta la gente, creciendo en intensidad.

—¿Quieren más Nicholas? —pregunta el hombre con el micrófono a la multitud, y el ruido se acumula a nuestro alrededor—. ¡De acuerdo, gente! ¡Traeremos un oponente digno para Nicholas “Riptide” Jonas esta noche!

Otro hombre se sube al ring, ya no puedo soportarlo más. Mi sistema está sobrecargado. Está es probablemente la razón por la cual no es buena idea renunciar al sexo durante tantos años. Estoy tan excitada que apenas puedo hablar bien o incluso hacer que mis piernas se muevan cuando le digo a Mel que voy a ir al baño.

Una voz resuena a través de los altavoces mientras me apresuro por el amplio pasillo entre las gradas. —¡Y ahora, para desafiar a nuestro campeón actual, damas y caballeros, está Parker el “Terror” Drake!

La multitud se llena de vida, y de pronto, escucho un inconfundible golpe fuerte.

Resistiendo la tentación de mirar hacia atrás ante lo que causa la conmoción, rodeo la esquina y me dirijo directamente hacia el pasillo del baño mientras los altavoces estallan de nuevo. —¡Santo cielo, eso fue rápido! ¡Tenemos un nocaut! ¡Sí, damas y caballeros! ¡Un nocaut! ¡Y en tiempo récord, nuestro vencedor una vez más, les doy a Riptide! Riptide, que ahora está saltando fuera del ring y…¿a dónde demonios vas?

La multitud enloquece, gritando su nombre todo el camino hasta el vestíbulo—: ¡Riptide! ¡Riptide! —Y se quedan completamente en silencio, como si algo improvisado acabara de ocurrir.

Me pregunto sobre el extraño silencio cuando pasos golpeando resuenan en mi espalda. Una mano cálida envuelve la mía, y el toque me estremece mientras me dan la vuelta con una fuerza sorprendente.

—¿Qué demo…? —respiro entrecortadamente, confundida, y luego miro un pecho masculino sudoroso, subo hasta unos ojos azules. Mis sentidos se tambalean fuera de control. Él está tan cerca que su olor me rasga como una inyección de adrenalina.

—Tu nombre —gruñe, jadeando, sus ojos salvajes sobre mí.

—Uh, ___(tn).

—¿___(tn), qué? —espeta, sus fosas nasales extendiéndose.

Su magnetismo animal es tan poderoso que creo que acaba de secuestrar mi voz. Está en mi espacio personal, por todas partes, absorbiéndolo, absorbiéndome, tomando mi oxígeno y no puedo entender la manera en la que mi corazón esta latiendo, la manera en la que estoy de pie aquí, temblando de calor, mi cuerpo entero se enfoca en el lugar exacto en el que su mano está envuelta alrededor de la mía.

Con esfuerzos temblorosos, libero mi mano y miro espantosamente a Mel, quien viene detrás de él con los ojos muy abiertos. —Es ___(tn) Dumas —dice ella, y luego felizmente lanza el número de mi teléfono celular. Muy a mi pesar.

Sus labios se curvan y encuentra mi mirada. —___(tn) Dumas. —Se folló mi nombre en frente de mí. Y justo en frente de Mel.

Y mientras siento su lengua moverse rudamente alrededor de esas dos palabras, su voz pecaminosamente oscura, como las cosas que deseas comer pero que realmente no deberías, el deseo aumenta entre mis piernas. Sus ojos son ardientes y casi posesivos cuando me mira. Nunca me han mirado de esa manera antes.

Da un paso hacia delante, y su mano húmeda se desliza por mi nuca. Mi pulso salta mientras baja su cabeza oscura para darme un pequeño y seco beso en los labios. Se siente como si estuviera marcándome. Como si estuviera preparándome para algo monumental.

Que podría tanto cambiar como arruinar mi vida.

—___(tn) —gruñe suavemente, de forma significativa, contra mis labios, mientras se retira con una sonrisa—. Soy Nicholas.

Aún siento sus manos en el viaje a casa. Siento sus labios en los míos. La suavidad de su beso. Dios, no puedo respirar bien, y estoy tan enrollada como una cobra en un rincón del asiento trasero del taxi, mirando sin prestar atención por la ventana hacia las luces de la ciudad que pasan, desesperada por desahogar las sensaciones que giran dentro de mi cuerpo. Desafortunadamente, no tengo a nadie con quien desahogarme más que con Mel.

—Eso fue muy intenso —dice Mel sin aliento a mi lado.

Sacudo la cabeza. —¿Qué demonios pasó, Mel? ¡El tipo me besó en público! ¿Notaste que había gente con sus teléfonos sobre nosotros?

—___(tn), él es muy sexy. Todos quieren una foto de él. Incluso mis entrañas están excitadas por la forma en que fue tras de ti y ni siquiera soy a quien besó. Nunca había visto a un hombre ir tras una mujer así. Mierda, es como pornografía con romance.

—Cállate, Mel —gruño—. Hay una razón por la cual fue expulsado de su deporte. Claramente es peligroso o loco o ambas.

Mi cuerpo se enrolla con la excitación. Sus ojos, puedo sentirlos en mí, tan salvajes y hambrientos. Me siento instantáneamente sucia. Mi cuello arde donde me tocó con su palma sudorosa. Me froto y no deja de arder, eso no va a calmar mi cuerpo, no me calmará a mí.

—En serio, necesitas salir más. Nicholas Jonas puede tener una mala reputación, pero es más sexy que el pecado, ___(tn). Sí, fue expulsado por mala conducta porque es un chico travieso y malvado. Mira, ¿quién sabe qué mierda pasó en su vida personal? Todo lo que sé es que fue horrible e hizo un par de titulares y ahora a nadie le importa. Es el favorito de la Liga Underground, y en todo tipo de clubes de peleas lo adoran. Están llenos de chicas cuando él se presenta.

Una parte de mí ni siquiera puede creer la manera en qué me miró, me identificó en una multitud de mujeres gritando, me miró únicamente a mí, y me molesta aún más cuando lo pienso. Me miró con esa loca y sexy mirada, yo no quiero sobre mí ninguna mirada loca y sexy. No lo quiero a él, ni a cualquier hombre, punto. Lo que quiero es un trabajo. Acabo de terminar mi práctica en la escuela secundaria local y he sido entrevistada por las mejores compañías de rehabilitación deportiva en la ciudad. Pero han pasado dos semanas y nadie llama.

Estoy a punto de caer en un colapso mental en el que siento que nadie podrá sacarme.

Estoy más allá de frustrada.

—Melanie, mírame —demando—. ¿Parezco una mujerzuela?

—No, cariño. Fácilmente serías la dama más elegante ahí afuera.

—Si usé un traje para este tipo de evento fue precisamente para evitar cualquier tipo de cosas como estás.

—Quizás deberías comenzar a usar vestidos más sensuales y mezclarte. —Sonríe e instantáneamente me enfurruño.

—Te odio. No volveré a ir a este tipo de evento contigo nunca más.

—No me odies. Ven y dame un abrazo. —Se apoya en mi hombro y envuelvo mis brazos en ella ligeramente antes de recordar su traición.

—¿Cómo pudiste darle mi número? ¿Siquiera sabes algo de ese hombre, Mel? ¿Quieres que acabe asesinada en algún lugar oscuro con partes de mi cuerpo esparcidas en un bote de basura?

—Eso nunca le pasaría a alguien que ha tomado tantas clases de defensa personal como tú.

Suspiro y niego con la cabeza, pero me sonríe adorablemente. Nunca puedo estar enojada con ella por mucho tiempo.

—Vamos, ___(tn). Se supone que te estás reinventando —susurra Mel, leyéndome perfectamente—. La nueva y mejorada ___(tn) tiene sexo de vez en cuando. Solía gustarte cuando competías.

La imagen de un Nicholas desnudo aparece en mi cabeza, y es tan preocupantemente caliente que me retuerzo en mi asiento y miró con enojo por la ventana, sacudiendo la cabeza con mayor énfasis en esta ocasión.

Lo que más me irrita es lo que siento con la simple idea de verlo. Me siento... febril.

No, no estoy en contra de tener sexo, pero las relaciones son complicadas, y yo no tengo el equipamiento emocional para eso en este momento. Todavía estoy un poco rota por mi caída e intento encontrar mi camino en una nueva carrera. Hay un vídeo horrible de mí en YouTube, titulado: ¡Dumas, su vida se ha acabado! fue grabado por algunos aficionados durante mis primeras pruebas de las olimpíadas y ha tenido bastante tráfico, como todos los vídeos de las personas humilladas. Ese es el momento exacto donde mi vida se hizo añicos, estoy perfectamente inmortalizada en un vídeo y ahora se reproduce una y otra vez para que el mundo pueda disfrutarlo. Muestra el segundo en que se desgarran mis cuádriceps y tropiezo, y en ese instante mi LCA —ligamento cruzado anterior— sólo hay lágrimas y yo sosteniendo mi rodilla.

Tiene una duración de más de cuatro minutos, un video muy encantador. De hecho, mi acosador anónimo mantuvo la cámara sólo en mí y en nadie más. Se podía escuchar su voz: “Mierda, su vida ha terminado” en el fondo. Lo que obviamente inspiró el título.

Así que allí estoy, en esa película casera de la vida real, acurrucada miserablemente con dolor, llorando con mi corazón. No lloraba por el dolor en mi pierna, lloraba por el dolor de mi propio fracaso. Y sólo quería que el mundo me tragara y/o morir porque sé, sabía, supe es ese instante, que todo mi entrenamiento había sido en vano. Pero en lugar de que la tierra se abriera y me tragara, me filmaron.

La gran cantidad de comentarios en el vídeo están aún fresco en mi mente. Algunas personas me desearon lo mejor en otras actividades y dijeron que era una lástima. Pero otras se rieron y bromearon al respecto, pareciendo que de alguna manera rogaron para que eso me ocurriera.

Esos mismos comentarios me han plagado de dudas día y noche, durante años, reproduciendo en mi mente esos dos momentos y me preguntó qué salió mal. Y digo dos porque rompí mi LCA no sólo una vez, la segunda vez fue cuando me negué a creer que "mi vida se había terminado”. Yo me rehusé a que me revisaran nuevamente. Ninguna de esas veces siquiera sé que hice mal, pero es obvio que ahora es físicamente imposible para mí hacerlo de nuevo.

Así que intento seguir adelante con mi vida como si nunca tuviera la intención de competir en los Juegos Olímpicos, en primer lugar, y lo último que necesitaba era a un hombre grabando mi humillación con su nueva profesión.

Mi hermana, Nora, es la romántica, la más apasionada. A pesar de que apenas tiene veintiún años y sólo es tres años más joven que yo, ella es la que vive en el mundo, envía tarjetas postales de diferentes lugares a mamá, papá y a mí de sus "amantes".

¿Yo? Yo era la que pasó su vida entera entrenando, mi único deseo era obtener una medalla de oro. Pero mi cuerpo se rindió mucho antes de que mi alma estuviera lista, y nunca participé en una competencia mundial.

Cuando necesitas aceptar el hecho de que tu cuerpo a veces no puede hacer lo que quieres, duele casi más que el dolor físico de ser herido.

Por eso me encanta la rehabilitación deportiva. Aún podría estar deprimida y enojada si no hubiera recibido la ayuda que necesitaba. Es por eso que quiero tratar de ayudar a algunos atletas jóvenes, incluso si no quieren. Y porque quiero un trabajo en el que pueda sentir, quizás, al fin tener éxito en algo.

Pero, extrañamente, cuando me despierto en la noche, no es mi hermana en quien pienso, o en mi nueva carrera, o incluso, el terrible día en el que los Juegos Olímpicos se convirtieron en algo inalcanzable para mí.

La única cosa en mi mente está noche es el demonio de ojos azules que puso sus labios sobre los míos.
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 1st 2014, 09:39

nick es intenso
esta super interesante primera lectora por favor siguela
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 1st 2014, 14:45

me encanta
soy nueva lectora
siguela
x favor
y si quieres (o puedes) espero que puedas pasarte por mis novelas
las tengo en mi firma
espero que te gusten 
y q subas pronto Very Happy
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 1st 2014, 19:45

Bueno, bueno. Gracias a las dos primeras lectoras por pasarse por la novela, les aseguro que amarán mucho a Nicholas (quizás más). El quizás podrá ser un poco difícil de comprender (lo fue para mí), pero tenía sus motivos y por eso lo amé más. Ya no quiero spoilearos, así que las dejo leer.
Estoy abierta a cualquier novela que se me presente, así que no duden en decirme (o avisarme) de sus novelas, casi no tengo tiempo por la escuela, así que, sin sonar mal, me ayudarían a leer más avisandome de las suyas.









• Capítulo 1 (Parte II) •

"Soy Nicholas"











La mañana siguiente, Melanie y yo vamos a correr en el parque de nuestro barrio, como todos los días de la semana, llueva o truene. Cada una de nosotras lleva un brazalete con nuestro iPod, pero hoy, parece que estamos escuchando nada más que a la otra.

—Lo hiciste, zorra. Se suponía que sería yo. —Presiona unas teclas en su celular, frunzo el ceño cuando trato de ver lo que está leyendo.

—Entonces, debiste haberle dado tu número en lugar del mío.

—¿Te llamó?

—City Hall a las once. Deja a tu amiga loca en casa, eso fue todo lo que dijo.

—¡Ja, ja! —dice, tomando mi teléfono, tecleando la contraseña y entrando a mis mensajes.

Entrecierro mis ojos porque la retorcida gata sabe mi contraseña, nunca podría esconder un secreto de ella incluso si quisiera.

Ruego porque no vea mi historial de google, o se enteraría que he estado acosándolo. Honestamente, no quiero aceptar el hecho de que tecleé su nombre en la barra de búsqueda más veces de las necesarias.

Afortunadamente, Mel sólo chequea mis llamadas perdidas, por supuesto, no tengo llamadas de él.

A juzgar por los artículos que leí anoche, Nicholas Jonas es el dios de las fiestas, el dios del sexo, y, básicamente, un dios. Y un problema, para comenzar. En este instante probablemente está borracho en su cama con mujeres desnudas a su alrededor y pensando—: ¿___(tn)?¿De quién hablas?

Melanie me regresa el teléfono, se aclara la garganta, y lee un tweet—: De acuerdo, hay varias noticias que debes escuchar. “¡Sin precedentes!” “¿Sabes que todos vieron a Riptide besando a una espectadora?” “¡Mierda! Escuché que se produjo una pelea cuando trató de ir tras ella y empujó a un hombre.” “Pelear fuera del ring es ilegal, Rip no podrá luchar por el resto de la temporada o por toda la eternidad.” “¡Sí, es por eso que fue expulsado del pro! Bueno, no iré si Rip no está luchando.”

Todos estos son varios comentaristas —explica Melanie mientras baja su teléfono y sonríe—. Me encanta que lo llamen Rip. Como si sus oponentes descansen en paz. ¿Entiendes? De todos modos, si seguirá peleando, tiene precisamente este sábado antes de viajar para luchar en otra ciudad ¿Vamos o vamos?

—Eso es lo que quería saber cuando llamó.

—¡___(tn)! ¿Te ha llamado o no?

—¿Qué crees, Mel? ¿Cuántos seguidores tiene? ¿Un millón?

—En realidad tiene dos millones tres mil seguidores.

—Bueno, ahí está tu maldita respuesta. —Ahora, estoy enojada y ni siquiera sé por qué.

—Pero estaba segura de que él quería algo contigo ayer.

—Ya hizo lo que quería, Mel. Así trabajan esos chicos, solo llaman la atención.

—Todavía tenemos que ir el sábado —decreta Melanie con un furioso ceño que hace que su cara bonita luciera muy cómica. Ella no es el tipo de persona que se enoja con alguien—. Y tienes que llevar algo que haga que sus ojos salten y se arrepienta de no haberte llamado. Podrían haber tenido una aventura, una noche de rock.

—¿Señorita Dumas?

Nos dirigimos de nuevo a mi apartamento y miro a una alta mujer cuarentona con cabello rubio de pie en las escaleras de mi edificio. Su sonrisa es cálida y estoy casi confundida cuando sostiene un sobre con mi nombre escrito en él.

—Nicholas Jonas quería que le entregara esto.

Escuchar el nombre de sus labios hace que mi corazón tropiece, y de pronto, está latiendo más de lo que hizo durante toda mi carrera esa mañana. Mi mano tiembla mientras abro el sobre y saco un gran pase azul y amarillo. Es un pase al backstage con entradas para la pelea del sábado. Son asientos centrales de primera fila, hay cuatro. Mis entrañas hacen cosas raras cuando me doy cuenta de que el pase tiene mi nombre escrito en él, en letra de hombre, sospecho que la suya.

En serio, no puedo respirar.

—Guau —susurro, atónita. Una pequeña burbuja de emoción crece rápidamente en mi pecho, y casi siento que tengo que correr un par extra de kilómetros para hacerla estallar.

La sonrisa de la mujer se ensancha. —¿Debo decirle que ha dicho “sí”?

—Sí. —La palabra sale antes de que pueda pensar en ello. Antes de que pueda contemplar todos los titulares de los artículos que leí sobre él ayer, la mayoría de ellos destacan las palabras “chico malo”, “borracho”, “peleas de bar” y “prostitutas”.

Porque es sólo una pelea, ¿no?

No estoy diciendo que sí a todo lo demás.

¿Cierto?

Miro con incredulidad las entradas otra vez, y Melanie boquiabierta en mi perfil ve como la mujer se sube a la parte de atrás de un Escalade

negro. Cuando el coche se aleja, juguetonamente me golpea el hombro. —Zorra. Lo quieres, ¿verdad? Se suponía que era mi fantasía, ¡Ugh!

Me río mientras le entrego su entrada, mi cerebro tratando de hacer click con la realidad. —Creo que iremos, después de todo. Ayúdame a reclutar a la pandilla, ¿quieres?

Melanie agarra mis hombros y susurra en mi oído mientras me conduce por las escaleras hasta mi edificio—: Dime que esto no te hace sentir un poco de cosquilleo.

—Esto no me hace sentir un poco de cosquilleo —digo de forma automática, antes de deslizarme a mi apartamento agrego—: Me hizo sentir uno muy grande.

Gritos y demandas vienen de Melanie para seleccionar la forma en la que me vestiría para el sábado y le digo que si quisiera lucir como una puta se lo haría saber. Finalmente, Mel se da por vencida con mi armario, diciendo que no hay nada ni remotamente sexy, entonces se va a trabajar, así que me deja sola el resto del día. Pero el cosquilleo no se va tan fácil.

Lo siento cuando me estoy duchando, vistiéndome, y cuando estoy revisando mis correos electrónicos para buscar más puestos de trabajo.

No puedo explicar por qué estoy tan nerviosa ante la idea de volver a verlo.

Creo que me gusta, y no me gusta que me guste.

Creo que lo quiero, y no me gusta que lo quiera.

Creo que realmente es el material perfecto para una aventura de una noche, y no puedo creer que comience a cuestionarme sobre ello también.



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Naturalmente, como cualquier mujer con hormonas, el sábado estoy en un punto totalmente diferente en mi ciclo menstrual, y me he arrepentido más de una docena de veces de haber dicho que iría a la lucha. Me consuelo con el hecho de que la banda, por lo menos, está muy entusiasmada con ir.

Melanie llamó a Pandora y Kyle para que nos acompañaran. Pandora trabaja con Melanie en la firma de diseño de interiores. Ella es la residente en vanguardia Goth con quien todo hombre quiere decorar sus almohadillas de soltero. Kyle todavía está estudiando para ser dentista y es mi vecino, amigo de muchos años, y un amigo de Mel desde la secundaria.

Es el hermano que nunca tuve, es tan dulce y tímido con las mujeres que tuvo que pagarle a una profesional para que tomara su virginidad a los veintiún años.

—Me alegra que nos lleves, Kyle —dice Melanie mientras se monta en el asientos de atrás conmigo.

—Juro que eso es todo lo que ustedes quieren de mi —dice, pero se ríe, claramente contento por la pelea.

La multitud en el Underground es el doble de la última vez que estuvimos aquí, esperamos unos veinte minutos para subir al ascensor que nos conduciría a la arena.

Mientras Melanie y sus amigos buscan nuestros asientos, deslizo el pase al backstage alrededor de mi cuello y digo—: Dejaré algunas tarjetas de presentación en un lugar donde los luchadores puedan verlas.

Tendría que estar loca para desperdiciar esta oportunidad. Estos atletas son tan fuertes que pueden destrozarse un órgano vital. Si alguna vez hay una oportunidad de hacer un trabajo de rehabilitación temporal, imagino que tiene que ser aquí.

Mientras espero en la fila para ser admitida a la parte de acceso restringido, el olor de la cerveza y sudor impregna el aire. Veo a Kyle encontrar nuestros asientos al lado derecho del ring, y me impresiona lo cerca que los luchadores van a estar. Kyle parece ser capaz de tocar el piso del ring si da un paso y extiende el brazo.

En realidad, se puede ver la pelea desde el fondo de la arena sin tener que pagar ni un centavo, excepto quizás una propina al portero, pero las entradas cerca del ring cuestan unos quinientos dólares, y Nicholas Jonas me regaló cinco entradas. Dado a que he estado sin trabajo durante dos semanas desde mi graduación y estoy estirando mis ahorros, nunca podría haberme pagado esas entradas. Mis amigos, todos graduados recientemente, tampoco podrían costearlas. Aceptarían prácticamente cualquier tipo de trabajo que pudieran conseguir en este jodido mercado de trabajo.

Repleto de gente, finalmente le echan una mirada a mi pase de backstage, camino con una pequeña sonrisa feliz, estoy autorizada para caminar por un largo pasillo con varias habitaciones abiertas a un lado.

Cada habitación tiene bancos y filas de casilleros, noto a varios combatientes en diferentes esquinas de la habitación, conversando con sus equipos. En la tercera habitación que miro, está él, y un escalofrío de nerviosismo se precipita a través de mí.

Está perfectamente relajado, sentado encorvado, en un banco largo de color rojo, viendo como un hombre calvo venda una de sus manos. Su otra mano ya vendada, toda cubierta con la cinta de color crema, con excepción de los nudillos. Tiene la cara pensativa y sorprendentemente juvenil, y me pregunto cuántos años tiene. Levanta la cabeza oscura, como si me detectara, y me descubre inmediatamente.

Un destello de algo extraño, poderosas chispas escapan de sus ojos, se extienden por todo mi cuerpo como un rayo. Reprimo mi reacción y noto que su entrenador está ocupado diciéndole algo.

Nicholas no puede quitarme los ojos de encima. Su mano aún está estirada, pero parece olvidar que su entrenador le sigue dando instrucciones.

—Bueno, bueno, bueno...

Me giro hacia la voz a mi derecha, y una astilla de temor se abre en mi estómago. Un enorme luchador se encuentra sólo a un metro de distancia, me mira con ojos que son pura intimidación, como si fuera un postre, y él tuviera la cucharilla perfecta.

Veo a Nicholas tomar la cinta de su entrenador y lanzarla a un lado antes de que se levante y camine lentamente hasta situarse junto a mí. Cuando lo siento detrás de mí y un poco hacia mi derecha, la conciencia de su cuerpo pegado al mío se filtra en cada uno de mis poros.

Su suave voz me hace temblar mientras se enfrenta a mi admirador.

—Sólo vete —Le dice al otro hombre en voz baja.

El hombre que reconozco como Hammer ya no me está mirando. En cambio, mira por encima de mi cabeza y ligeramente a un lado. Creo que al lado de Nicholas no parece tan grande después de todo.

—¿Es tuya? —pregunta con los ojos pequeños y brillantes entrecerrados.

Mis muslos son gelatina cuando su respuesta se desliza como una cascada en mi oreja, tanto terciopelo como escalofriantemente duro. —Puedo garantizar que no es tuya.

Hammer se va, y por un largo momento, Nicholas se queda ahí, una torre de fuerza muscular casi tocándome, su cuerpo, su calor me envuelve. Escondo mi cabeza y murmuro—: Gracias. —Y huyo rápidamente, me quiero morir porque te juro por Dios que él bajó la cabeza para olfatearme.






Quería decirles que por motivos a veces de trabajo escolar, si no subo entre semana, subiré los sábados.
Mis días de subir capítulo eran (cuando antes entraba al foro) Martes, Jueves y Sábados. Así que en caso de no subir esos días, subiría el Sábado los capítulos que no subí más un bonus (sé que se siente ser lectora, así que daba buenas compensasiones por esperarme).
Puede que no tenga muchas lectoras, pero amo subir y compartir novelas, quiero que amen tanto al protagonista como yo y sientan sus emociones, así que no duden en que jamás dejaré tirada algo, nunca en mis tiempos de usuario activa (soné como mi abuela) abandoné una novela.
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 1st 2014, 20:31

owww
me encanto q nick saliera a defenderla
y no te preocupes
por lo menos por mi parte
no te abandonare
de hecho...
ultimamente tambien yo no pude subir mucho en mis novelas por lo mismo
asi que comprendo
pero
siguela
esta buenisima y eso que solo es el inicio
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 1st 2014, 20:57

siguelaaaa
nick es tan sdchdsvihovivi belloo
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 2nd 2014, 13:21

siguelaa
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MensajeTema: Capítulo 2: Inesperado   Marzo 2nd 2014, 21:31








¡Hola! ¿Qué tal estuvó su fin de semana? Espero que mejor que el mío xD nah! No se crean, tuve maratón de El Rey León... todavía no supero la muerte de Mufasa 7.7
Bueno, en verdad creo que quiero acabar bien mi Domingo así que... ¡CAPÍTULO COMPLETO!
¡Yei! ¡Aménme! Okno Very Happy. Si ven que sueno como engreída, diganmelo, tiendo a creerme un poco a Daemon (próxima novela a subir, ¿les interesaría leerla?)













• Capítulo 2 •
Inesperado









El está a punto de subir al ring, su nombre ya está sonando a través del micrófono mientras la multitud se vuelve salvaje. — ¡Una vez más, damas y caballeros, Riptide!

Todavía no me he recuperado de verlo de cerca, y mi sangre ya lleva todo tipo de cosas extrañas, burbujeantes y calientes. En el instante en el que sale trotando del ancho pasillo entre las gradas, con esa brillante túnica roja con capucha, mi pulso brinca, mi estómago se aprieta, y tengo una horrible y desesperada necesidad de huir de vuelta a casa.

El tipo es simplemente demasiado. Demasiado macho. Demasiada masculinidad y pura bestia bruta. En conjunto, es simplemente como sexo en barra y cada una de las mujeres a mi alrededor está gritando a todo pulmón lo mucho que quiere lamerlo.

Nicholas se sube al ring y va a su esquina. Se saca la túnica, exponiendo todos esos flexibles músculos, y se la entrega a un joven rubio que parece estar ayudando a su calvo entrenador.

—¡Y ahora, les presento, el Hammer!

Hammer procede a unírsele arriba del ring; Nicholas sonríe perezosamente. Su mirada se desliza directamente a la mía—y me doy cuenta que sabe exactamente, exactamente, dónde estoy sentada esta noche. Todavía dándome ese gesto de "soy todo sonrisas", levanta un dedo en el aire hacia Hammer, y luego me apunta como si estuviera diciendo "Ésta es para ti".

Mi estómago cae.

—Mierda, me está matando. ¿Por qué demonios hace eso? ¡Es tan jodidamente alfa que no puedo soportarlo!

—¡Melanie, contrólate! —siseo, luego me vuelvo a sentar débilmente en mi silla, porque también me está matando a mí. No sé qué quiere de mí, pero estoy amarrada en nudos porque jamás imaginé que querría algo tan sexual y personal de él.

El vergonzoso recuerdo de pararme cerca de él sólo minutos atrás barre a través de mí, pero la campana suena y me saca de mis pensamientos. Los luchadores van pie a pie, y Nicholas amaga hacia un lado mientras que Hammer se balancea estúpidamente, siguiendo el ridículo movimiento. Una vez que el costado de Hammer parece abierto, Nicholas va hacia él desde la izquierda, golpeándolo en las costillas.

Rebotan separándose, y Nicholas actúa arrogante, amagando y molestando a Hammer. Se vuelve hacia mí, apunta a Hammer, luego a mí de nuevo antes de golpearlo con tanta fuerza que el tipo rebota en la red detrás de él, cae de rodillas, y sacude la cabeza para levantarse otra vez.

Mis músculos sexuales se aprietan cada vez que golpea a su oponente, y mi corazón se oprime cada vez que el oponente devuelve un golpe.

Durante la noche, él pasa a través de muchos luchadores. Cada vez que es declarado victorioso, me mira con esa sonrisa engreída, como si quisiera que sepa que es el hombre dominante aquí. Mi cuerpo entero se sacude mientras observo su cuerpo moverse, y soy incapaz de dejar de fantasear. Imagino sus caderas ondularse sobre mí, su cuerpo dentro del mío, esas grandes manos tocándome, piel contra piel. Durante los últimos rounds, lleva una mirada decidida en su rostro, y su cuerpo jadea con esfuerzo y brilla con sudor.

De repente, jamás he deseado tanto algo en mi vida.

Quiero volverme loca. Saltar en una cuerda elástica. Correr a toda velocidad otra vez, incluso si es sólo en el sentido literal. Todas esas citas que jamás tuve porque estaba entrenando para algo que jamás pasó.

Viajes que jamás hice por miedo a romperme un hueso que eventualmente terminó roto de todas formas. Nunca beber. Mantener mis notas altas para poder correr. Nicholas Jonas es todo lo que nunca, jamás he hecho, y tengo un condón metido en mi bolso y de repente sé exactamente por qué lo puse allí. Este tipo es un luchador. Quiero tocar este hermoso pecho y quiero besar esos labios. Quiero tener esas manos en mí. Cuando sienta esas manos en mí, probablemente me venga en el momento en que se empuje dentro de mí.

Estos son los preliminares de sexo más intensos que jamás he sentido, y de repente quiero que sea más que un preliminar. Quiero que pase esta noche.

Cuando gana por la décima y última vez, siento sus ojos en mí nuevamente, y sólo puedo devolverle la mirada, dispuesta a darle entender que lo deseo. Él me sonríe, todo sudoroso y engreído con los ojos azules brillando y hoyuelos a la vista. Agarrando la cuerda en la cima del ring, sencillamente desliza su cuerpo por encima de ella, y aterriza elegantemente en el pasillo junto a mí.

Melanie se congela a mi lado cuando su cuerpo hermosamente esculpido y resplandecientemente bronceado, se acerca.

No hay dudas sobre su propósito.

Conteniendo el aliento hasta que siento que mis pulmones van a estallar, me levanto con piernas tambaleantes porque realmente no sé que más hacer. La multitud ruge y las mujeres detrás de mí gritan.

—¡Bésalo como si no hubiera mañana, mujer!

—¡No te lo mereces, perra!

—¡Bien hecho, chica!

Él dirige sus hoyuelos hacia mí, y sigo esperando sus manos mientras se inclina hacia adelante. Casi puedo sentir la manera que esas mano se sintieron en mí la última vez, grandes, extrañas, y un poco maravillosas mientras prácticamente envolvía mi rostro. Ya estoy muriendo. Muriendo de deseo. De imprudencia. De anticipación.

En lugar de eso, inclina su oscura cabeza para susurrar contra mi sien, y la única parte de su cuerpo que toca el mío es su aliento, bañando mi piel con calor mientras su áspera voz retumba en mi oído: —Quédate aquí. Enviaré a alguien por ti.

Sonríe y retrocede mientras la multitud sigue gritando, y vuelve a subir al ring, dejándome parpadeando detrás de él. A la mujer a mi lado le toma como un minuto entero dejar de temblar e hiperventilar para decir: —OhporDios, ohporDios, ohporDiosDiosDios, su codo me rozó, ¡su codo me rozó!

—¡RIPTIDE, GENTE! —grita el anunciador.

Mis rodillas se vuelven blandas y me dejo caer en mi asiento, ligera como crema batida, juntando mis manos para evitar que tiemblen. Mi cerebro está tan derretido que ni siquiera puedo pensar más allá del punto donde él se deslizó fuera del ring y me susurró cerca del oído, en su voz terriblemente sexy, que iba a enviar a alguien por mí. Sólo recordarlo hace que mis pies se retuerzan. Melanie está boquiabierta y sin habla, y Pandora y Kyle me miran como si fuera algún ser santo que acaba de hacer que un animal salvaje se pusiera de rodillas.

—¿Qué demonios te dijo? —gesticula Kyle.

—Jesús, María y José —dice Melanie, chillando y abrazándome—. ___(tn), ese chico está ardiendo por ti.

La mujer a mi lado toca mi hombro con una mano temblorosa. —¿Lo conoces?

Niego con la cabeza, ni siquiera sabiendo cómo responder. Todo lo que sé es que desde ayer hasta hoy, no ha pasado un segundo en el que no haya pensado en él. Todo lo que sé es que odio y amo la manera en que me hace sentir, y la manera en que me mira me llena de deseo.

—Señorita Dumas —dice una voz, y levanto la cabeza rápidamente hacia los dos hombres de negro que están parados entre el ring y yo.

Ambos son altos y esbeltos; uno es rubio y el otro tiene el cabello marrón enrulado—. Soy Pete, el Asistente Personal del señor Jonas —dice Rulos Marrones—. Y éste es Riley, es la segunda mano del entrenador. Si nos siguiera, por favor, el señor Jonas quiere tener unas palabras con usted en su habitación del hotel.

Al principio, ni siquiera puedo registrar quién es el señor Jonas. Luego despierta el entendimiento, y un rayo de luz ardiente rasga a través de mí.

Él te quiere a ti en su habitación de hotel. ¿Lo deseas tú a él? ¿Quieres hacer esto? Una parte de mí ya está haciéndolo con él de diez maneras diferentes en mi mente hasta el domingo mientras que la otra parte no se mueve de su estúpida silla.

—Sus amigos pueden venir con nosotros —añade el rubio en su voz tranquila, y señala al asombrado trío.

Estoy aliviada. Creo. Jesús, ni siquiera sé cómo me siento.

—___(tn), vamos, ¡es Nicholas Jonas! —Melanie me arrastra a la fuerza y me obliga a seguir a los hombres, y mi mente comienza a correr a toda velocidad, porque no sé lo que voy a hacer cuando lo vea. Mi corazón está bombeando adrenalina como loco mientras somos dirigidos hacia afuera del Underground, hacia el hotel cruzando la calle, luego al ascensor hacia el "P".

Una punzada de nervios ondean a través de mí mientras el ascensor hace un sonido metálico al llegar al último piso, y me siento exactamente como solía hacerlo cuando competía. Ha sido un viaje en montaña rusa el sólo imaginarme el cuerpo de este hombre dentro del mío, y de repente estoy cerca de la cumbre donde podría ser una realidad. Mi estómago se aprieta ante el pensamiento de lo estimulante que podría ser el descenso.

Cosa de una noche, aquí voy...

—Por favor, dime que no vas a hacerlo con este tipo —me dice Kyle, su rostro mostrando preocupación mientras las puertas se deslizan para abrirse—. No eres así, ___(tn). Eres mucho más responsable que esto.

¿Lo soy?

¿Lo soy, realmente?

Porque esta noche me siento loca. Loca de lujuria y adrenalina y dos sexys hoyuelos.

—Sólo hablaré con él —Le digo a mi amigo, pero ni siquiera yo estoy segura de lo que voy a hacer.

Seguimos a los dos hombres dentro de la primera parte de la enorme suite. —Tus amigos pueden esperar aquí —dice Riley, moviéndose hacia la gigantesca barra de granito negro—. Por favor, sírvanse una bebida.

Mientras mis amigos acuden en manada hacia las brillantes botellas de alcohol, un chillido inconfundible se le escapa a Melanie, y Pete me mueve para seguirlo. Cruzamos la suite y entramos en el dormitorio principal, y lo encuentro sentado en un banco a los pies de la cama. Su cabello está húmedo, y sostiene un envase de gel contra su mandíbula. La visión de un macho tan primitivo asistiéndose una herida luego de haber roto repetitivamente hombre tras hombre con sus puños es de alguna manera extraordinariamente sexy para mí.

Dos mujeres asiáticas se arrodillan en la cama detrás de él, cada una frotándole un hombro. Una toalla blanca está envuelta alrededor de sus caderas, y un río de agua todavía se aferra a su piel. Tres botellas vacías de Gatorade han sido dejadas en el suelo, y tiene otra en su mano.

Deja el paquete de gel en la mesa y termina lo último de la bebida. Azul como sus ojos, el líquido se termina de un trago, luego la tira a un lado.

Estoy fascinada mientras sus músculos arrebatadores se aprietan y relajan debajo de los dedos de las mujeres. Sé que el masaje es algo normal luego de un ejercicio intenso, pero lo que no sé, y no puedo entender, es la manera en que verlo obtener uno me afecta.

Conozco la forma humana. La venero. Fue mi iglesia por seis años, cuando decidí que estaba en regla una nueva carrera para mí, cuando me di cuenta que no podría volver a correr otra vez. Y ahora, mis dedos pican a mi lado con el deseo de investigar su cuerpo, empujar y soltar, meterme dentro de cada músculo.

—¿Disfrutaste la pelea? —Me observa con una pequeña sonrisa engreída, sus ojos destellando, como si supiera que me encantó.

Es una cosa de amor y odio para mí verlo boxear. Pero simplemente no puedo darle un cumplido luego de escuchar a quinientas personas gritar lo bueno que era, así que me encojo de hombros: —Lo haces interesante.

—¿Eso es todo?

—Sí.

Parece irritado cuando abruptamente sacude los hombros para detener a las masajistas. Se levanta y rueda esos hombros cuadrados, luego hace sonar su cuello hacia un lado, luego el otro. —Déjenme.

Ambas mujeres me ofrecen una sonrisa y se dirigen afuera, y el instante en que estoy sola con él, me quedo sin aliento.

La enormidad de estar aquí, en su habitación de hotel, no está perdida en mí, y de repente estoy ansiosa. Sus bronceadas manos de dedos largos descansan en reposo a sus lados, y una ráfaga de deseo corre a través de mí mientras las imagino pasar por mi piel.

Mi cuerpo palpita, y con un esfuerzo levanto los ojos hacia su rostro y me doy cuenta que me está mirando en silencio. Se suena los nudillos con una mano encima de ellos, luego hace lo mismo con la otra. Parece agitado, a pesar de que no ha agotado la suficiente energía dándole una paliza a una docena de hombres hacia el suelo. Como si pudiera simplemente hacer un par más de rounds.

—El hombre con el que estás —dice, flexionando sus dedos abiertos a sus lados como si quisiera que corra algo de sangre, sus ojos observándome—. ¿Es tu novio?

Honestamente, no sé qué esperaba al venir aquí, pero puede que hubiera sido algo en la línea de ser llevada directamente a su cama. Estoy tan confundida y más que un poco ansiosa. ¿Qué quiere de mí? ¿Qué quiero yo de él?

—No, es sólo un amigo —respondo.

Sus ojos le dan una mirada a mi dedo anular y vuelven a subir. —¿Nada de maridos?

Un extraño y pequeño zumbido corre por mis venas, directo a mi cabeza, y creo que estoy aturdida por la esencia del aceite de masaje que frotaron en él. —Nada de maridos, en lo absoluto.

Me estudia por un largo momento, pero no parece derrotado con lujuria como estoy personal y vergonzosamente sintiéndome. Simplemente me está evaluando con una media sonrisa en su lugar, y parece genuinamente interesado en lo que estoy diciendo. —¿Fuiste internada en una escuela privada de rehabilitación para sus jóvenes atletas?

—¿Me investigaste?

—En realidad, nosotros lo hicimos —dicen las dos voces familiares de los hombres que me trajeron aquí, y mientras vuelven a entrar a la habitación, Pete lleva un sobre de papel manila y se lo pasa a Riley.

—Señorita Dumas. —Me habla una vez más, Pete, con el cabello enrulado y los ojos marrón claro—. Estoy seguro de que se está preguntando por qué está aquí, así que iremos al grano. Nos vamos de la ciudad en dos días, y me temo que no hay tiempo para hacer las cosas de otra manera. El señor Jonas quiere contratarla.

Observo por un momento, perpleja, y francamente, confundida al máximo nivel.

—¿Qué es, exactamente, lo que creen que hago? —Un ceño fruncido se posa en mi rostro—. No soy una prostituta.

Tanto Pete como Riley se echan a reír, pero Nicholas está alarmantemente callado, lentamente relajándose en el banco.

—Nos conoce, señorita Dumas. Sí, admito que cuando estamos viajando encontramos conveniente mantener una o varias amigas especiales del señor Jonas para, digamos, facilitarle sus necesidades antes o después de una pelea —explica divertidamente Pete.

Mi ceja izquierda sale disparada hacia arriba. En realidad, soy perfectamente consciente de cómo funcionan estas cosas con los atletas.

Solía competir y sé que, antes o después del deporte, el sexo es una manera natural e incluso saludable de aliviar el estrés y asistir al desempeño. Perdí mi virginidad en la misma prueba de las Olimpíadas en la que mi rodilla fue enviada al infierno, y la perdí con un corredor que estaba casi tan nervioso por competir como yo. Pero la manera en la que estos tipos hablan sobre las "necesidades" del señor Jonas, tan casualmente, se siente de repente demasiado personal, que mis mejillas queman de la vergüenza.

—Un hombre como Nicholas tiene requerimientos muy particulares, como podrá adivinar, señorita Dumas —continúa Riley, el hombre de cabello rubio que luce como surfista—. Pero ha sido muy específico en el hecho de que ya no está interesado en las amigas que teníamos aseguradas para él durante nuestro viaje. Quiere enfocarse en lo que es importante, y en su lugar, quiere que usted trabaje para él.

Mis entrañas se contraen mientras observo a Riley, luego a Pete, y finalmente a Nicholas, cuya mandíbula luce más cuadrada de lo que recuerdo, como si estuviera hecha de la pieza de granito más bella e invaluable que se ha encontrado en el mundo.

No hay manera de que sepa que cosa está pensando, pero a pesar de que ya no está sonriendo, sus ojos permanecen encendidos con malicia.

Su rostro está un poco hinchado en el lado izquierdo, y mis instintos realmente quieren tomar el gel y ponerlo de nuevo en su mandíbula.

Maldición, en mi mente, ya le he puesto la pomada en la cicatriz roja en el centro de su labio inferior. Estoy tan abrumada por estos pensamientos que no me doy cuenta que no puedo confiar en mí misma con alguien tan poderoso y atractivo como él. Todavía, todavía sigo emocionada por estar en la misma habitación que él.

Pete hojea las carpetas. —Estuviste haciendo prácticas en la Academia Militar de Seattle en rehabilitación deportiva para jóvenes adolescentes y veo que te graduaste sólo hace dos semanas. Estamos dispuestos a contratarte por tus servicios, los que serán en ocho ciudades que dejamos para el tour y para que el señor Jonas continúe acondicionándose para futuras competiciones. Vamos a ser muy generosos con tu sueldo. Es muy prestigioso tener un atleta y debe ser impresionante en cualquier currículum. Incluso podríamos permitir que seas un agente libre, en el futuro, si decides irte —dice Pete.

Me encuentro parpadeando varias veces.

He estado con ansiedad por la solicitud de empleo, no me habían llamado hasta ahora. La escuela donde hice prácticas me ofrecieron volver cuando se reanuden las clases en agosto, así que por lo menos tengo esa opción. Es, sin embargo, a muchos meses de distancia y la inquietud de tener un título y no hacer nada con ello me está matando.

De repente, me doy cuenta que los ojos de todos están en mí y estoy especialmente consciente de la mirada de Nicholas.

En mí.

La idea de trabajar para él después de ya haber tenido sexo con él en mi cabeza hace que me sienta un poco más que mareada.

—Tengo que pensar en ello. Realmente no estoy buscando algo lejos de Seattle a largo plazo. —Lo miro vacilante, y luego a los otros dos hombres—. Ahora bien, si eso es todo lo que querías decirme, es mejor que me vaya, dejaré mi tarjeta en tu bar. —Me giro y la voz imponente de Nicholas me detiene.

—Respóndeme ahora —espeta.

—¿Qué?

Cuando me doy vuelta, él inclina la cabeza y sostiene mi mirada, el brillo de sus ojos ya no es divertido. —Te he ofrecido un trabajo y quiero una respuesta.

El silencio desciende. Nos miramos el uno al otro. Sus ojos azules con maldad, este intercambio de miradas es complicado. No puedo decir si es sólo una mirada o algo más. Algo que se siente vivo, respirando dentro de mí, y llamea cuando lo miro a los ojos y veo en la forma en que me mira con esos ojos desgarradoramente intensos.

Muy bien, entonces. Bota la estúpida lujuria. Esto lo necesito mucho más. —Voy a trabajar para ti los tres meses que te quedan de tour, si incluyes alojamiento, comida y mi transporte, garantizarme referencias para mi próxima solicitud de empleo y dejarme promover que he trabajo contigo con mis futuros clientes.

Cuando simplemente se me queda mirando, me giro, pensando qué querrá pensar en ello. Su voz me detiene otra vez.

—Muy bien. —Asiente de manera significativa, y mi cabeza da vueltas con incredulidad.

¿Me ha contratado?

¿Mi primer trabajo?

Lentamente, agarrando la toalla de su cintura para evitar que se caiga, Nicholas se levanta y mira a sus hombres. —Pero quiero en papel que diga que no se va hasta que el tour haya terminado.

Sus músculos se abultan de una manera que es difícil no darse cuenta, se arregla la toalla en su sitio y comienza a caminar, y otra vez se ve felino y depredador, esa sonrisa segura de sí mismo aumentándolo incluso al doble. Su sonrisa me dice que sabe que me perturba. Y, hombre, me inquieta. Estoy viendo los más de 180 centímetros de pura fuerza bruta caminando en una piel brillante y reluciente de aceite y un eight-pack que en realidad es físicamente imposible pero, ¿hay alguna forma de negarlo cuando está ahí? Dios.

Mi corazón golpea con furor cuando envuelve su enorme mano en la mía e inclina la cabeza para poder mirar directamente a mis ojos. Mientras me aprieta con un poderoso agarre y su toque brota como una descarga eléctrica a través de mí, susurra—: Tenemos un trato, ___(tn).

Creo que me desmayé.

Da un paso atrás y su sonrisa resplandece a través de mí, cargándome con mil megavatios y luego se dirige a sus hombres. — Consigan el papel para mañana, y llévenla a salvo a casa.


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Melanie salta del bar al instante en que me ve, sus ojos están muy abiertos por la curiosidad. Creo que la atrapé metiendo una pequeña botella de ron en su bolso. —¿Qué? ¿Fue un rapidito? Pensé que el hombre tendría más resistencia que eso —dice con enfado puro en mi nombre.

—Amiga, sólo noqueó a otros diez hombres del maldito tamaño de un oso grizzly. Por supuesto que acabó —dice Kyle, el único de los tres sin una copa en la mano.

—Chicos, relájense. No lo hice con él. —Niego con la cabeza y casi me río al ver la expresión triste en el rostro de Mel—. Pero conseguí un trabajo para el verano.

—¿Queee?

Ni siquiera puedo comenzar a relatarles los detalles a mis amigos antes de que los dos hombres de Nicholas aparezcan. —¿Lista, señorita Dumas?

—___(tn), por favor. —Me siento ridícula por haber sido llamada “Señorita Dumas.” Mis amigos probablemente no dejarán de molestarme por esto más tarde—. De verdad, yo puedo irme sola. No es necesario que me sigan a todas partes.

Riley inclina su cabeza rubia, su sonrisa torcida. —Confía en mí, ni Pete ni yo dormiremos esta noche si no estamos seguros de que estés a salvo en casa.

—Bueno, hola, no creo que nos hayan presentado adecuadamente —dice Mel con voz suave, y mira con las pupilas dilatadas y brillantes a Riley y a todo a su alrededor. Entonces usa su encanto en Pete—. ¿Y quién eres tú?

Gimiendo, rápidamente hago las presentaciones, luego me apodero del brazo de cada uno de las chicas mientras nos dirigimos a los ascensores y al auto de Kyle, mi corazón aún golpeando ferozmente en mi caja torácica.

Todos están siendo efusivos por toda la “experiencia”, excepto Kyle, que está con el ceño fruncido mientras se sube al volante.

—Esa fue una entrevista rara. ¿En una maldita habitación de hotel?

—Ni que lo digas. —Mi orgullo de mujer pincha porque en alguna parte me había convencido que el tipo quería dormir conmigo. En cambio, ¿me ofrece un puesto de trabajo? No está mal, pero totalmente inesperado, eso es seguro.

Creo que tengo estropeados mis sensores, y él probablemente es culpable, también.

—Me siento muy importante viendo que ellos nos están acompañando —informa Mel minutos más tarde, y rápidamente levanta el teléfono y toma una foto.

—¿Qué estás haciendo? —Sí, sólo le pregunté, pero no estoy segura de querer saber la respuesta.

—Estoy twiteando sobre ello.

—Recuérdame nunca más salir contigo —gimo, pero estoy tan inquieta que no me puedo soportar a mí misma. Ojos azules. Hoyuelos. Hombros anchos. Piel bronceada brillante y pulida. Pero no hay sexo… definitivamente no hay sexo con él ahora.

—¿Qué crees que pasa con todos esos chicos? —Mel quiso saber.

—No lo sé. Riley, el rubio que te gusta, es el segundo entrenador, y Pete es su asistente personal, creo.

—Quiero a ambos, en realidad. Pete es lindo como esos tipos con una mirada de niño bueno, pero necesita más carne en sus huesos. Y Riley parece despreocupado. Ambos son definitivamente calientes, al borde de sexys. ¿Qué edad crees que tienen? ¿Unos treinta?

Me encojo de hombros.

—Nicholas tiene veintiséis años —dice—. Creo que son un poco mayores. Nicholas es definitivamente más joven. ¿Cómo crees que se conocieron?

—Tú eres la única con todos esos chismes, así que ¿por qué me preguntas? No me paso todo el día acosando gente en internet. —Sólo a él.

Mierda.

—___(tn), cuéntanos sobre tu nuevo trabajo —interrumpe Kyle desde el asiento del conductor—. ¿No estás considerando seriamente irte con un hombre con su reputación?

Me toma un momento responder, porque todavía estoy estupefacta por tener un trabajo, aunque sólo sea temporal.

Siempre me dijeron que nací para correr cuando era más joven, y cuando todo se rompió, hubo muchos días —no días, meses— que sentí que yo no significaba nada. La rehabilitación de deportes me sanó de una manera que no podría haber sanado, y ahora cuando más lo pienso, más me encantaría ayudar a un hombre tan agresivo como Nicholas, cuyo cuerpo brutalmente golpeado necesita con seguridad un poco de atención seria.

—Lo estoy, Kyle. De hecho, si todo va bien y las condiciones del contrato no están locas, me voy el domingo. Te prometo que me cuidaré, pregúntale a mi profesor de clase de defensa personal. He pateado su culo en varias ocasiones. Voy a viajar, lo que será divertido y tendré la oportunidad de convertirme en un agente libre de rehabilitación si tengo buenas referencias. Ni siquiera tendré que soportar más entrevistas de trabajo si eso ocurre.

—Este tipo puede acabar con un elefante, ___(tn). ¿Lo has visto?

Pandora seguro como el infierno que lo vio.

—Amigo, no había nada que ver que no fuera él. Ese tipo podría acabar con un maldito tren de elefantes —dice Pandora desde el frente.

Ella ha estado ocupada chupando su cigarro electrónico y soplando el humo en el aire, ya que es su primera semana de “dejar de fumar” cigarros reales.

—Me pregunto lo que los chicos detrás de nosotros harían si nos detenemos en el local de comida rápida, pedimos una orden gigante y decimos que ellos pagan —dice Melanie.

—Melanie —digo con advertencia—. ¿Cuántos tragos has tenido? — Me doy cuenta que tiene una pequeña botella de vodka en la mano e inmediatamente deduzco que la robó del bar de Nicholas. Pongo la tapa y la guardo en mi bolso—. Voy a trabajar con esos tipos por tres meses, por favor, compórtense.

—Sólo para ver lo que hacen, mujer, vamos —suplica Pandora.

Riendo, Kyle gira a la derecha y comienza a pedir un poco de todo.

Agarro mi bolso que contiene un solitario condón y mi tarjeta de crédito. —Imbécil —digo, tirándole el condón—. Son infantiles. Detente en la maldita ventana. Vas a comer todo lo que pediste.

Cuando Kyle se detiene en el McDonalds siguiente, estoy seriamente echando humo. Les hago esperar para pagar el pedido, y luego salgo del auto y voy al Escalade. Tengo dos Cajitas Felices con dos pasteles de manzana a través de la ventanilla del conductor. —Aquí. Lo lamento. Te dije que era innecesario seguirme. Parece que estoy con niños. Pero voy a llegar a salvo a casa, sólo vuelvan al hotel.

—No puedo —dice Pete detrás del volante mientras Riley se traga las papas fritas.

—Las mejores malditas papas fritas —murmura.

—Seh, gracias, señorita Dumas —añade Pete, su expresión es genuinamente agradable mientras me mira con diversión.

—___(tn). Por favor. —Miro a mis amigos que están sentados en el auto con las luces de emergencia y la cara vuelta en esta dirección y suspiro—. ¿Siempre sigues las instrucciones a la letra?

—Sí. —Pete sale del auto, se acerca al Altima de Kyle, y abre la puerta de atrás para mí. El interior del auto se queda en silencio hasta que estoy dentro y por fin nos estamos dirigiendo a casa.

—Creo que es ardiente que quiera que llegues a casa a salvo.

—Melanie, ahora crees que McDonald es ardiente, y vomitaste cuando viste Súper Engórdame y la prohibiste desde entonces. Tu aliento huele a vodka y a Cuarto de Libra.

—Bueno, ___(tn), si hubieras bebido conmigo, no serías capaz de olerme. No más excusas. No más, “tengo competencia mañana”. Debes emborracharte y darle a Nicholas todos los bebés que quiera.

—Él quiere gemelos pero ya le dije que quiero esperar hasta la boda de Las Vegas. —Le doy una tableta completa de vitamina B y C—. Toma, chupa esto. Sé que no es lo que quieres, pero va a conseguir que el alcohol baje pronto de tu sistema.

—Gracias, doctora. Te extrañaré. Pero ya es hora de que no sólo la pequeña Nora tenga toda la diversión. Es un asco que tu pequeña hermana tenga mejor vida sexual que tú cuando eres mucho más linda, ___(tn). Por favor, por faaaavoooooor, prométeme que me mandarás mensajes todos los días.

Sonriendo, la atraigo cerca y deseo que no estuviera borracha, así realmente podría hablar con ella. No tengo idea de lo que estoy haciendo, pero estoy emocionada. Lo único que sé con certeza es que no retrocederé a este acuerdo. Mamá y papá estarán encantados de ver que le estoy dando a mi vida algo de impulso en una nueva dirección, y estaré más contenta cuando hable con ellos el próximo domingo, al responderles su pregunta, que siempre es: “¿Alguna oferta de trabajo?” la que será finalmente sí.

Muy bien, así que es por sólo tres meses, pero hará maravillas a mi carrera. Además, se siente bien ser requerido en un sentido profesional, después de toda la preparación. —Lo haré, Mel. Todos los días —le digo, mientras la escucho chupando la tableta.

—Cuando él te bese, necesitas mandarme mensajes a cada segundo.

—Mel, me contrató como especialista. No habrá besos, todo es profesional aquí.

—¡A la mierda lo profesional! —protesta.

—Mantente profesional, ___(tn) —dice Kyle con advertencia—. De otra manera, iré y tendré algunas palabras con él.

—Me alegro que hayas dicho “palabras” Kyle, porque eso es todo lo que un hombre como tú puede hacerle frente a un hombre como Nicholas Jonas —le dice Pandora antes de ponerse a reír.

Sonrío, porque imaginarme a Kyle enfrentarse a Nicholas es realmente gracioso. Una imagen destella en mi mente, y lo veo, mirándome sin complejos, tan sexy como el sexo mismo, y me pregunto cómo se va a sentir tener mis manos sobre él.

Mi trabajo es muy táctil. No hay manera de ayudar a mis clientes sin tener algún tipo de contacto. He rehabilitado a mis estudiantes en la escuela media, cuidando lesiones como cuidé mi rodilla, pero nunca he tocado a un hombre como realmente quiero hacerlo con él. Cada vez que entrene, necesitará estirarse, y eso es lo mío. Ahora, mi único propósito será asegurarme que Nicholas Jonas siga luchando como un campeón. De repente, no puedo esperar para volver a un equipo, incluso si estoy en un lado diferente.













Como podrán ver, tengo mi lado bueno. Así que al menos conmigo tendrán sorpresitas de este tipo, y cuando realmente estoy happoy (lo cual ocurre cada poco) subo un maratón sorpresa... pero no es cualquier maratón. El mío consta de al menos 7 capítulos (lo sé, soy una plumera caída del cielo). Aún recuerdo cuando era solo lectora y me alegraba de maratones, y yo creía que constaban más de 4 capítulos, a veces así eran, pero la mayoría lo hacían de 3 y me quedaba con ganas de más... ¡Hasta el Martes! ¡BUEN INICIO DE SEMANA!






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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 3rd 2014, 11:33

GRACIASSSSSS!!!!!!!!!!
SUBE OTRO PAAARFAVORRR
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MensajeTema: Capítulo 3: Hacía Atlanta... y hacía Él   Marzo 3rd 2014, 15:04

¡Hola! Bueno, hoy estamos a 03 de Marzo del 2014, lo que al revés es 41020303 lo que nos dá 4+1+0+2+0+3+0+3= 13 que es igual a 1+3=4 lo cual no significa nada pero ¡¡AMO subir capítulos!!
Les traigo un regalito, hoy anduve happoy así que aprovechenme mientras estoy así.
Les haré una pequeña petición, por favor, reproduzcan las canciones, y si no se las saben, lean la letra, enserio, por favor, la novela será más hermosa si lo hacen.







• Capítulo 3 •
Hacía Atlanta









El jet privado es enorme, y Pete me señala para que me embarque antes que él. Me recogió en mi casa hace menos de una hora, y se ve elegante en un traje tipo Hombres de Negro.

Me dirijo por las escaleras y me doy cuenta que en realidad puedes caber de pie en el interior del avión, como en un avión grande. Sin embargo, ningún avión comercial en el que alguna vez he estado ha tenido una fracción del lujo dentro de éste. Gamuza, cuero, madera de caoba, adornos de oro, y pantallas de última generación adornan el interior. Es todo una colección de extravagancia este juguete grande, asombroso y rico.

Los asientos están dispuestos en secciones que se asemejan a pequeñas salas de estar, y en esta primera sección hay cuatro asientos de piel de marfil, más grande que un asiento de primera clase. Contienen un sonriente Riley, quien está de pie para saludarme, así como los otros dos miembros del personal de Nicholas, su entrenador personal, Lupe, un hombre de unos cuarenta años y calvo que se parece a Daddy Warbucks de la película Annie, Y su chef y nutricionista, Diane, a quien reconozco como la mujer que me entregó los boletos.

—Encantado de conocerla, señorita Dumas —dice el entrenador Lupe, con una especie de mueca en el rostro que de alguna manera figuro es su expresión natural.

Sacudo su mano. —Igualmente, señor.

—Oh, bah. Llámame Entrenador. Todo el mundo lo hace.

—Bueno, hola de nuevo —dice Diane, su agarre suave y apacible—.Soy Diane Werner, la chef, nutricionista y entrega boletos.

Me río. —Es un placer conocerte, Diane.

El aire alrededor de ellos es en realidad muy despejado y real, y una punzada de emoción revolotea a través de mí con la idea de pertenecer a un equipo nuevo. En verdad, lo que me haría sumamente feliz y satisfecha  como profesional es que a partir de ahora, cuando Nicholas Jonas pelee en un ring, fluirá como un lazo con la fuerza de una docena de bueyes, y me encanta saber que estoy trabajando con otras personas especializadas cuyos objetivos están a la par.

—___(tn). —Pete señala a la parte trasera del avión, y por el pasillo largo alfombrado, pasando otra sección de otros cuatro asientos y más allá una gran pantalla de televisión y una enorme barra de madera artesonada, y un banco de cuero que se parece mucho a un sofá. Y allí, en medio, con su pelo oscuro inclinado mientras escucha sus auriculares, está Nicholas Jonas. Una torre de más de un metro ochenta de testosterona.

Un calor inesperado dispara directamente en mi torrente sanguíneo a la primera vista de él durante el día. Lleva una camiseta negra que se aferra a sus músculos y unos vaqueros desgastados de cintura baja, y su ridículamente cincelado cuerpo lleva todo a la perfección mientras holgazanea en el amplio banco de cuero marrón en el otro extremo.

Mi corazón me da un golpe salvaje, porque se ve tan increíblemente sexy como siempre, y deseo no haberlo notado automáticamente. Supongo que no se puede ocultar algo tan descaradamente sexual como él.

—Él quiere que vayas allí —me dice Pete. Y no puedo dejar de notar que casi suena como una disculpa.

Tragando la humedad en mi boca, me dirijo con inquietud por el pasillo del avión cuando levanta la mirada, sus ojos atrapando los míos.

Creo que los veo destellar, pero no leo nada en su expresión mientras me mira fijamente acercarme.

Su mirada me pone tan nerviosa que siento el cosquilleo, una vez más, justo en mi centro.

Es el hombre más fuerte que he visto alguna vez, en toda mi vida, y estoy bastante familiarizada con el tema para saber que conectado en mis genes y ADN hay un deseo natural de descendientes sanos, y con ello viene un impulso desesperado que sólo lo llena el apareamiento con quien considero es el macho principal de mi especie. Nunca en mi vida había conocido a un hombre que provocara mis locos instintos de apareamiento como él. Mi sexualidad arde con su cercanía. Es irreal. Esta reacción. Esta atracción. Nunca lo creería si Melanie lo estuviera explicando para mí y no lo sintiera como un caldero burbujeante debajo de mi piel.

¿Cómo voy a deshacerme de esto?

Sus labios se levantan levemente, como si se divirtiera de una broma privada, se quita los auriculares cuando me paro a un brazo de distancia de él. La música rock se escucha en medio del silencio, y de repente apaga el iPod. Señala a su derecha, y tomo asiento, ferozmente tratando de bloquear su efecto en mí.

Más grande que la vida, como ver a una estrella de cine en persona, su carisma es asombroso. Cada centímetro de su cuerpo delgado y musculoso tiene un aura de fuerza pura, lo cual da esa impresión de ser un hombre, pero una encantadora gracia en su expresión le da un aspecto joven y vibrante.

Tengo la impresión de que somos los más jóvenes en el avión, y me siento aún más joven de lo que soy cuando me siento a su lado, como si hubiera pasado a ser una adolescente de nuevo. Sus labios se curvan, y honestamente jamás he conocido a un hombre más seguro de sí mismo, se recuesta casi sensualmente en su asiento, sin perderse nada con sus ojos.

—¿Ya conoces el resto del personal? —pregunta.

—Sí. —Sonrío.

Me mira fijamente, mostrando sus hoyuelos, sus ojos evaluando. La luz del sol golpea su cara en el ángulo adecuado para iluminar las manchas en sus ojos, sus pestañas tan negras y gruesas, enmarcando esas piscinas azules que me absorben.

Quiero comenzar profesionalmente, ya que es la única manera que puedo verlo trabajando, entonces sin apretar sujeto el cinturón de seguridad alrededor de mi cintura y voy directo al grano.

—¿Me contratas para una lesión deportiva en particular o más bien como prevención? —consulto.

—Prevención. —Su voz es áspera y me pone la piel de gallina en mis brazos, y me doy cuenta, por la forma en que su gran cuerpo se vuelve hacia mí, que no considera necesario llevar el cinturón de seguridad en su avión.

Asintiendo, dejo a mis ojos recorrer su fuerte pecho y sus brazos, y luego me doy cuenta de que podría estar mirándolo muy descaradamente.

—¿Cómo están tus hombros? ¿Tus codos? ¿Quieres que trabaje en alguna cosa hacia Atlanta? Pete me dijo que es un vuelo de varias horas.

Sin contestarme, simplemente extiende su mano hacia mí, y es enorme, con cicatrices recientes en cada uno de sus nudillos. Me quedo mirando hasta que me doy cuenta de que me la está ofreciendo, así que la tomo entre las mías. Un escalofrío de sensibilización atraviesa desde su mano y profundamente hacia mí. Sus ojos se oscurecen cuando empiezo a frotar la palma con ambos pulgares, en busca de nudos y opresión. El contacto piel a piel es asombrosamente poderoso, y me apresuro a llenar el silencio que de repente se siente como peso muerto alrededor de nosotros.

—No estoy acostumbrada a este tipo de manos grandes. Las manos de mis estudiantes son generalmente más fáciles de masajear.

Sus hoyuelos están a la vista. De alguna manera no estoy segura de que me escucha. Parece especialmente absorto mirando mis dedos en él.

—Lo estás haciendo muy bien —dice en voz baja.

Me concentro en las líneas y las inmersiones de sus palmas, y en cada uno de sus decenas de callos. —¿Cuántas horas al día te preparas?

—le pregunto en voz baja, mientras el avión despega tan suavemente que apenas me doy cuenta de que estamos en el aire.

Sigue mirando mis dedos, con los ojos medio bajos. —Hacemos ocho. Cuatro y cuatro.

—Me encantaría que estiraras cuando termines el entrenamiento. ¿Es eso lo que los especialistas también hacen por ti? —le pregunto.

Asiente, todavía sin mirarme. Entonces sus ojos chasquean hacia arriba.

—¿Y tú? ¿Quién chequeará tu lesión? —Señala a mi rodillera, visible a través de la falda hasta la rodilla, la cual se elevó un poco cuando me senté.

—Nadie. Ya he terminado con la rehabilitación. —La idea de este hombre viendo mi video vergonzoso me hace sentir mareada—. ¿Tú me buscaste en Google también? ¿O es que tus chicos te contaron?

Libera su mano de la mía y señala hacia abajo. —Vamos a echar un vistazo.

—No hay nada que ver. —Pero cuando sigue mirando mi pierna a través de aquellas pestañas oscuras, doblo y levanto la pierna un par de centímetros para mostrarle mi rodillera. La agarra con una mano y abre el velcro con la otra para mirar detenidamente mi piel, luego acaricia con sus pulgares la cicatriz en mi rodilla.

Hay algo totalmente diferente sobre él tocándome.

Su mano desnuda está en mi rodilla, y puedo sentir sus callos en mi piel. No. Puedo. Respirar. Investiga un poco, y me muerdo el labio inferior y exhalo el poco aire que queda en mis pulmones.

—¿Todavía duele?

Asiento, pero sólo puedo pensar en su mano grande y áspera.

Tocando mi rodilla. —He estado corriendo sin la rodillera, y sé que no debería todavía. Sólo que no creo que alguna vez me haya realmente recuperado.

—¿Cuánto tiempo hace de esto?

—Hace seis años. —Titubeo, luego añado—: Y dos... la segunda vez que sucedió.

—Ah, una lesión doble. ¿Así que está sensible?

—Mucho. —Me encojo de hombros—. Supongo que me alegro que para la segunda vez, ya había empezado mi maestría para rehabilitación.

De lo contrario no sé lo que habría hecho.

—¿Duele como para no competir nunca más?

Me mira con total franqueza e interés, y no sé por qué incluso estoy contestando. No he hablado de esto abiertamente con nadie. Duele en cada parte de mí. Mi corazón, mi orgullo, mi alma.

—Sí. Lo hace. Lo entiendes, ¿verdad? —le pregunto en voz baja, mientras baja mi pierna.

Sostiene mi mirada mientras su pulgar ligeramente acaricia mi rodilla, luego ambos miramos su tacto, como si estuviéramos igual de atónitos al darnos cuenta lo fácil que era para él dejarlo allí mientras tenemos toda una conversación, y para mí permitírselo. Me suelta y no decimos nada.

Me pongo mi velcro de nuevo, pero por debajo de la rodillera siento como si él hubiera empapado mi piel con gasolina, y que va a estallar en llamas en cualquier segundo en que me toque otra vez.

Mierda.

Esto no está bien, ni siquiera sé que hacer conmigo misma. Mis relaciones con mis clientes han sido siempre informales. Me llaman por mi nombre, y yo les llamo por el suyo. Tenemos mucho trabajo y mucho contacto, pero nunca me tocaron. Sólo yo lo hago.

—Haz esto también.

Extiende su mano más apartada hacia mí en un puño mientras habla, y me siento un poco agradecida por la oportunidad de lograr acostumbrarme a tocar a este hombre por motivos de trabajo.

Desplazándose a mi lado, tomo su mano entre las mías y la abro con mis dedos. Él se recuesta en el asiento y extiende su brazo libre, el más cercano, a lo largo del asiento detrás de mí. La híper conciencia de su brazo extendido calienta todo mi cuerpo, incluso si no está tocándome, y una vez más, estoy intimidada y extrañamente atraída por la palma de su mano, por cuan dura, firme y callosa es.

No sé por qué se sienta en un banco en lugar de un simple asiento, pero de repente su muslo está demasiado cerca, con las rodillas dobladas, con las piernas abiertas, ocupando dos asientos y dejándome con uno, y puedo sentir y oler cada centímetro de él.

Nuestros otros cuatro compañeros de vuelo están riendo al frente y sus ojos se mueven hacia allí, luego de nuevo a mí. Estoy totalmente consciente de su mirada mientras presiono en su palma con mis pulgares, empujando con fuerza en el tejido hasta que siento el pequeño nudo que  encontré desvanecerse. Sigo masajeando y buscando más, pero no puedo encontrar ninguno, así que me muevo a su muñeca.

Tiene la muñeca más amplia y más robusta que he visto nunca, y su antebrazo está fuertemente construido y con venas gruesas que corren por su brazo. Sostengo su mano mientras giro su muñeca, y me pierdo en el movimiento de su articulación, perfectamente móvil. Masajeo su antebrazo luego su bíceps, los cuales se endurecen y aprietan para mí. Cierro los ojos y trabajo profundamente dentro del músculo. De repente, el brazo detrás de mí se retira, y su mano se curva alrededor de mi nuca. Se inclina y susurra—: Mírame.

Abro los ojos para ver que sus ojos están brillando, y se ve perfectamente divertido. Creo que sabe que me estoy poniendo un poco ansiosa. Quiero dejar caer su brazo y retorcerlo, pero no quiero que sea demasiado obvio, así que lo bajo con cuidado y sonrío. —¿Qué?

—Nada —responde, mostrando sus hoyuelos—. Estoy impresionado. Eres muy meticulosa, ___(tn).

—Lo soy. Y espera hasta que llegue a tus hombros y la espalda. Podría tener que pararme sobre ti.

Ladea una ceja oscura y se ve sumamente entretenido. —¿Cuánto puedes posiblemente pesar?

Le guiño. —Parezco delgada, pero aun así tengo un poco de músculos.

Se mofa, luego inclina la cabeza con curiosidad mientras se acerca a mi brazo y agarra mi pequeño bíceps entre dos dedos. Afortunadamente, se mantiene firme cuando lo aprieta. —Umm —dice, sus ojos bailando con alegría.

—¿Qué? ¿Qué significa “Umm”? —insto.

Descaradamente, agarra mi mano y envuelve mis dedos alrededor de su bíceps completamente afectantes, musculosos y sexy. Ni siquiera lo flexiona, pero su piel suave y firme bajo mis dedos me deja sin aliento. Él es tan... hombre. Mostrándome su bíceps. Me doy cuenta de que está mirándome, y sus ojos azules brillan con intensidad juguetona. Me muerdo el labio inferior en respuesta.

Ya que mi trabajo requiere tocarlo, mucho, se sentiría un poco extraño para mí retirar mi mano. Así que en su lugar, le doy un pequeño apretón con los dedos. Es como palpar una enorme roca sin absolutamente hacerlo. En lo absoluto.

—Umm —digo con mi mejor cara de póquer, tratando de ocultar las emociones en mi interior. Estoy deshecha. Completamente deshecha. Cada órgano sexual en mí está despierto y dolorido. Mis instintos de  apareamiento genéticamente inducidos están en plena atención, rugiendo dentro de mí.

Se ríe y pasa la mano por la longitud de mi brazo desnudo de nuevo.

Mete sus dedos bajo la manga de mi camisa y los desliza sobre mis tríceps en la parte posterior del brazo. Sus ojos destellan diabólicamente porque sabe que me tiene totalmente. Esta es una de las peores partes para una mujer, un lugar donde la grasa corporal se puede medir con un simple pellizco.

No hay un solo lugar en su cuerpo en el cual yo podría conseguir incluso una pizca de grasa. Probablemente consume doce mil calorías al día para mantener su masa muscular esbelta, que es más o menos lo que el famoso nadador olímpico Michael Phelps consume cuando se entrena activamente. Su entrada calórica es fácilmente cinco veces más de lo que yo como para mantener mi peso, pero en realidad no puedo hacer los cálculos en estos momentos. Sus dedos todavía están allí, bajo la manga, tocando mi piel. Tiene esa sonrisa juguetona en su rostro, sus ojos bailando por la travesura, e incluso la atmósfera ha cambiado hasta que siento que no sólo nosotros somos muy conscientes de nuestros cuerpos, sino que las otras personas en el avión lo son, también.

—Umm—dice él, suavemente, y finalmente me da un pequeño pellizco. Ambos nos reímos.

Aclaro mi garganta y me enderezo, incapaz de soportar más contacto. Me siento peligrosamente mareada y definitivamente no estoy feliz por eso. Así que saco mi iPod y mis auriculares de la pequeña bolsa de viaje que llevo y la ubico en mi regazo. Él los mira fijamente, luego arrebata mi iPod, conecta sus auriculares y empieza a ir a través de mi música, entregándome la suya. Busco a través de su selección, y aborrezco absolutamente todas sus canciones. Él está en el rock PURO, dejo caer mis auriculares y agarro mi iPod de nuevo.

—¿Quién puede relajarse con eso?

—¿Quién quiere relajarse?

—Yo quiero.

—Aquí. —Me entrega su iPod otra vez—. Debo tener algo de música suave para ti. Escucha una de las mías y yo escucharé una de las tuyas.

Está seleccionando una canción de su propio aparato, así que yo busco una que me guste en el mío, y elijo una de poder femenino llamada “Love Song” de Sara Bareiles, que es básicamente una chica diciéndole al chico que él no va a obtenerla. La reproduzco para él.

(Love Song)

Mi amor por las canciones del poder femenino es casi legendario. Viejo y nuevo. Es todo lo que mis amigas y yo escuchamos. Incluso Kyle las canta.

Así que luego me pongo mis auriculares para ver cual eligió él para mí, y algo pasa con mi cuerpo cuando escucho las primeras palabras de la canción, Y me doy por vencido a tocarte para siempre… la canción “Iris” de Goo Goo Doll.

(Iris)

Y me doy por vencido para siempre tocarte…

Porque sé que de alguna forma me sientes…

Eres lo más cercano que he estado al cielo y no quiero irme a casa justo ahora…


Agacho la cabeza para que no se dé cuenta que me estoy sonrojando y casi tengo que obligarme a no pausarla porque se siente insoportablemente íntima.

Escuchar esta canción.

La que extrañamente eligió para que escuchara.

Pero no me animo a pausarla. Incluso cuando se inclina hacia adelante para ver mi expresión. Su rodilla roza la mía, y el punto de contacto arde a través de mí mientras la canción sigue derramándose en mi oído.

Y no quiero que el mundo me vea, dice, pero quiero que tú sepas quien soy…

Creo que ni siquiera estoy respirando, ni siquiera sé si puedo. Él también está escuchando mi canción, y sus ojos están tan cerca de los míos cuando lo miro, puedo contar cada una de sus oscuras pestañas puntiagudas. Juro que sus irises son más azules que el Mar del Caribe.

Sus labios se retuercen con humor, y sacude su cabeza con lo que creo es una risita. Una risita. Obviamente no puedo oír porque estoy escuchando el final de “Iris”, la cual escuché por primera vez en la película City Of Angels y la cual también me hizo llorar, como, por días. Un chico se rinde, literalmente, para siempre a estar con la chica de la cual se enamoró, y algo trágico pasa, como en una película de Nicholas Sparks.

Cuando el silencio le sigue al final, lentamente me saco los auriculares y le devuelvo su iPod.

—Ni siquiera sabía que tenías canciones lentas ahí —murmuro, totalmente comprometida en una nueva conversación con mi propio iPod, mientras me lo devuelve.

Su voz es baja e intima. —Tengo veinte mil canciones, todo está allí.

—¡No! —digo automáticamente sin creerle mientras me vuelvo a verificar, y es verdad. Mel piensa que es la mejor porque tiene diez mil, y voy a tener que decirle que ciertamente no lo es.

Y ahora, lo que no puedo olvidar es que, de veinte mil canciones, ¿reprodujo esa para mí?

—¿Te gustó? —Sus ojos me atraviesan, y sé que puede ver mi sonrojo, no puedo evitar eso.

Asiento.

Mi iPod se siente más caliente de lo usual mientras nerviosamente empiezo a jugar con él, y me niego a pensar que es por su mano. Pero es por su enorme, con cicatrices, bronceada, hermosa mano varonil. Mis mejillas arden incluso más, trato de hundirme en mi propio mundo musical.

Ocasionalmente, durante el vuelo, me pasa sus auriculares e iPod, y me hace escuchar una canción, y yo busco una para él. No sé qué pasa conmigo, pero cuando me sonríe con esa sonrisa perezosa que muestra sus dos hoyuelos, escuchando todas las canciones del poder femenino que elijo para él, como “I Will Survive” de Glorya Gaynor, quiero derretirme, especialmente cuando al mismo tiempo, el diablo sonríe con malicia, y parece decidir meterse conmigo mientras se reproduce "Love Bites" de DefLeppard para mí.

(I Will Survive)

 (Love Bites)

Muero cuando el poderoso sonido de golpes de su Dr. Dre se derrama en mis oídos, empujando las bajas voces masculinas tan dentro de mi cuerpo, cada palabra sexy parece latir descaradamente en mi sexo.

Las palabras son tan crudas y carnales, que me hacen pensar en él y yo, tocando, besando y amando... y no me gusta que por una fracción de un instante, incluso creo que eso es exactamente lo que él quiere que yo crea.



_________________________________________________________



Comparto habitación con Diane en Atlanta, y me encanta que ella mantenga su pasta de dientes, cepillo de dientes, y todas sus necesidades femeninas tan bien escondido como yo. Es una gran compañera de cuarto, alegre y positiva cada momento del día, y me encanta que tengamos que hablar sobre la cocina saludable durante la noche, cuando cada una de nosotras golpeamos nuestra propia cama.

He aprendido que va de compras por los mejores y más frescos ingredientes locales cada mañana, y alimenta a Nicholas solo con la mejor comida orgánica, todos los días, a tiempo cada tres a cuatro horas, por lo que su entrenamientos parece estar espaciados en las secciones de cualquiera de 3-2-3, o 4-4 con las comidas más pesadas en el caso de este último. Los hombres comen por tres leones adultos hambrientos. Mucha proteína. Muchos vegetales. Y en la media hora después de su entrenamiento, demasiados carbohidratos que incluso yo termino carbo-drogada de solo pensar en esas deliciosas dulces patatas y pasta que engulle.

Ella condimenta sus comidas con hierbas naturales, como tomillo, albahaca, romero, un poco de toque de ajo o pimienta de cayena, y algunas combinaciones de patea-traseros que he estado anotando para cuando vuelva a casa. Está divorciada a los 39, y también me dijo que vamos a terminar la última pelea en Nueva York al final del tour, una ciudad que siempre quise conocer.

Mañana Nicholas tiene su primera pelea de dos en Atlanta, y esta tarde me encuentro pasando el rato en el marco de su gimnasio de alquiler privado, esperando para estirar una vez que haya terminado. Es nuestra tercer tarde aquí, y ya me he dado cuenta que Nicholas Jonas entrena como un demente.

Un.

Hombre.

Loco.

Hoy en particular parece imparable.

—¿Alguna razón por la que todavía tiene energía a esta hora? — pregunta Pete al Entrenador Lupe.

—¡Oye, Jonas! ¡Deja de presumirte frente a ___(tn)! —grita el Entrenador, y escuchamos una risa desde el otro lado del gimnasio, donde Nicholas está matando, cruelmente asesinando, una pera de boxeo.

—No lo puedo sacar de ahí —dice Lupe mientras se vuelve de nuevo a nosotros. Pasa una mano por su calva cabeza mientras comprueba algún tipo de temporizador que ha envuelto alrededor de su cuello. Su habitual ceño se profundiza en intensidad—. Ya llevamos nueve horas hoy y todavía tiene jugo. Pero ni siquiera me mira, Pete. Sabíamos que esto iba a pasar desde que él…

Ambos vuelven sus cabezas hacia mí, como si no pudieran hablar hasta que me esfume, y yo levanto mi ceja. —¿Qué? ¿Quieren que me vaya?

Lupe sacude la cabeza y vuelve con Nicholas, quien está todavía extasiado, y volando en el viento como un murciélago aleteando por todas partes. Sus brazos se balancean con una precisión perfecta, cada embestida golpea el punto muerto de la bola que se balancea hacia atrás.

El sonido que hace es rítmico y más rápido que un segundo, thadumthadumthadumpthadump…

—Nueve horas al día es realmente excesivo, ¿no lo crees? Incluso siete al día es de locos —le digo a Pete desde la barrera. Hoy hemos ido mucho más allá de sus 4-4 horas de entrenamiento, y estoy sorprendida de que el hombre aún siga adelante.

Incluso cuando entrené para los Olímpicos, no lo hice así de duro, y francamente, el programa de entrenamiento de Nicholas me deja impaciente. Hoy ha hecho abdominales colgado, donde cuelga de su pies y dobla su cuerpo a sus rodillas, tan rápido como pueda, perfectamente trabajando esos abdominales de tabla de lavar como si no hiciera nada.

Hace flexiones, lagartijas, alpinismo, sentadillas. Salta la cuerda con un solo pie, luego cambia al otro, luego cruza la cuerda, oscilaciones, giros y vueltas, a la vez que apenas si llega a ver la cuerda, la hace volar tan rápido como lo golpea rítmicamente el suelo. Después de eso, hace boxeo de sombra o golpea el ring con un compañero de lucha, y si su compañero de lucha cae antes que él, como pasó hoy, Nicholas se vuelve a las bolsas pesadas o a la pera, y termina empapado.

—Le gusta cansarse —me explica Pete mientras seguimos observándolo—. Si todavía puede dar un puñetazo al final del día, se enfada con el entrenador porque no lo hizo entrenar lo suficiente.

Le toma una hora más detenerse, y para el momento en que el entrenador me silba, soy yo la que está muerta de cansancio por la estimulación visual de ver a Nicholas Jonas entrenar. Cada movimiento que hace es tan agresivamente primitivo que se siente sexual para mí.

Incluso en pantalones sudados y una camiseta sencilla, no hay manera de que puedas perderte los músculos apretados de la parte superior de su cuerpo a través de la tela de algodón húmedo, y la forma en que sus pantalones cuelgan bajo en las caderas estrechas hacen que mis pechos se sienten tan pesados y dolorosos que juro por Dios que no puedo imaginar lo que voy a sentir cuando esté amamantando algún día.

Reprimiendo un escalofrío caliente, hago que mis piernas se mueven y me dirijo sobre las colchonetas en el piso, donde Nicholas está de pie, esperándome ya sin camisa. Riachuelos de sudor se aferran a su torso, y sé que él es perfectamente caliente y que sus músculos se han formado por el agotamiento. No hay más glucógeno muscular de reserva, su glucosa estará baja, y va a ser tan caliente como un pretzel cuando lo maniobre. La mera posibilidad de eso me pone caliente. Es un sueño mío dedicar mi vida a esto, pero es un trabajo tan táctil con este hombre, y en gran parte un desafío. No solo porque sus músculos son demasiado fuertes comparados con los míos, sino porque apenas puedo hacer contacto con su piel bronceada sin sentirme exaltada. Cada poro en mi cuerpo salta al tacto y se centra en cual sea la parte de mi cuerpo tocando el suyo.

Realmente odio esta falta de control en mí.

Ahora veo el bulto de sus músculos mientras se envuelve en toallas y caprichosamente arrastra la toalla por su cabello húmedo, dejándolo incluso más sexy y en punta. También estoy usando unos zapatos deportivos y un equipo pequeño para moverme fácilmente a su alrededor, y esos sorprendentes ojos azules barren sobre mí mientras me acerco.

Está jadeando, sin sonreír, y luego se deja caer en un banco mientras yo giro y llego a él desde atrás.

Se queja cuando envuelvo mis dedos en sus hombros y empiezo a cavar profundo. Chispas de emoción golpean bajas en mi estómago cuando hago contacto, pero intento reprimir mis reacciones y centrarme en aflojar su cuello, sus tríceps, sus bíceps. Empujo en sus pectorales, su núcleo, tratando de no responder como una mujer a cada apretón de sus músculos bajo mis dedos, la increíble tirantez de la piel debajo de mi tacto.

Trabajamos en cada articulación, tirando todo lo suelto, mis movimientos en ocasiones haciéndole hacer un ronroneo bajo. Los músculos de mi sexo se aprietan y trato de relajarlos, pero cada vez que gime, se agarran y aprietan fuerte.

Odio cuando hacen eso.

Parece que el arte de relajar a este hombre me hace terminar en la décima potencia.

Pero al menos ya no estoy desempleada.

Respirando lento y profundo, paso tiempo extra frotando sus deltoides, el más redondo, parte más cuadrado del hombro. Los aprieto y giro, y luego sigo por el supra espinoso, un pequeño músculo del manguito rotador, y también el más herido de los cuatro músculos que rodean ese brazalete.

Él todavía está jadeando cuando termino, excepto que ahora, también lo estoy yo.

El entrenador silba —Está bien, ve a las duchas. Te veo mañana a las 6 y listo para pelear. Ahora, ve a comerte una maldita vaca.

Nicholas me levanta de donde habíamos trabajado en su espalda en el suelo, sus ojos azules brillando mientras aprieta mis dedos un segundo más de lo que esperaba. —¿No quedó ningún nudo?

Me toma un momento recordar nuestra conversación en el avión, y sonrío.

—Todavía no. Pero no te preocupes. Si sigues trabajando así, tendrás tantos que no podré terminar nunca.

Se ríe y cuelga una toalla alrededor de su cuello mientras se dirige a las duchas; horas después me doy cuenta que debe haberse quedado dormido como muerto después el esfuerzo que atravesó. Yo, en cambio, permanezco despierta, con insomnio. Ha apretado mis tríceps tres veces desde nuestra llegada y he decidido que no estoy gorda, y aún así, todavía me pregunto qué significa umm.

Pienso en el avión y sus manos en mis tríceps y los ojos azules en mi rostro y la forma en que su mirada me rastrillos cuando me masajeé su  mano. Pienso en la forma en que me puso a prueba y se divirtió conmigo los pasados tres días, no entendía por qué todo eso me hace retorcerme por dentro y sentir pequeños escalofríos calientes a mi alrededor.

Mi adrenalina va a salir disparada si esto continúa.

Trato de pensar en algo más, pero mis piernas están inquietas bajo las sábanas, y la necesidad de salir y correr me carcome.

Ojalá mi corazón pudiera salir a correr, sentir esas endorfinas en lugar de estos pequeños tintineos extraños en mis nervios que me roen en carne viva, esta extraña necesidad que florece dentro de mí cuando veo a Nicholas Jonas. Incluso cuando se lo niego a Melanie, estaba tan segura que me quería esa primera noche en Seattle, sólo no sé lo que pasó que me contrató en su lugar.

Pero esto es lo que yo quería, ¿no? Un trabajo.

Excepto que el precio a pagar por mi nuevo trabajo era un poco de tortura sexual. Gran asunto. Mejor lo bloqueo mañana. Con esa nueva resolución, agarro mi iPod de la mesa de noche, enciendo mi música y me fuerzo a escuchar cualquier canción excepto las que él reprodujo para mí.













 cheers No saben lo importante que será la música en la novela, enserio. Es como.... bueno, pronto notarán estas cosas y estaré encantada de decirles si les surge la duda  Hahahaha .
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 3rd 2014, 20:25

esperaba poder escuchar las canciones mientras leia
pero no pude...
mi compu no me deja
supongo que tendre que buscarlas otro dia
siguela
esta buenisima
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 4th 2014, 14:05

Lady_Sara_JB escribió:
esperaba poder escuchar las canciones mientras leia
pero no pude...
mi compu no me deja
supongo que tendre que buscarlas otro dia
siguela
esta buenisima









Bueno, es que para que sepan que significa cada canción, ya luego se darán cuenta de las cosas. No spoileare, pero al menos, no quizás al momento, pero si después, la sensación es hermosa.







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MensajeTema: Capítulo 4: Corriendo... de ÉL   Marzo 4th 2014, 14:14



¡Bueno, hola! ¿Qué tal? A mi me han dejado un extremo de tarea... tengo que hacer unas reseñas para poder pasar el parcial... aunque eso no es mucho, si no que tengo que estudiar Trigonometría (mañana éxamen) así que tengo que estudiar. Si termino luego, les subo el resto del capítulo















• Capítulo 4 (Parte I) •

Corriendo













¡Nicholas! ¡Llamemos a Nicholas! ¡NICHOLAAAAAAAAAS!

Un grupo de mujeres en los asientos detrás de mí están gritando con toda su garganta.

¿Puedes entender cuan real, realmente difícil es olvidar al hombre cuando todos a tu alrededor lo están aclamando? Sobre todo cuando mi cuerpo está lleno de adrenalina por la pelea a punto de comenzar.

Es una sensación deliciosamente familiar, en realidad, esta hirviendo a fuego lento en mí mientras me siento en el Underground de Atlanta, esperando a que Nicholas salga al ring. Siento que soy el contrincante y mi cuerpo está preparado perfectamente. Mi sangre corre caliente y fluida dentro de mí, mis glándulas de adrenalina llenan mis hormonas y mi mente esta tan clara como un cristal recién lavado. Mis piernas están inmóviles debajo de mi asiento y también mis manos, pero no es más que un engaño. Es la quietud de la preparación. A pesar de que en el exterior todo está en calma, en el interior hay un fuego rugiendo.

Llega el momento que todo cae en silencio y se contiene la respiración, hasta que llega el momento de explotar, será concentradamente preciso que des rienda suelta a tu energía en un perfectamente planeado estallido.

Incluso ahora, recuerdo mi perfecta posición en cuclillas en la parrilla de salida, la forma en que todos mis sentidos perecían estar afinados con el sonido del disparo de salida, donde todo —y me refiero a todo— despierta con ese sonido y tu corazón deja de latir una fracción de segundo.

Ahora parece que estoy a la espera de escuchar su nombre anunciado, y cuando por fin oigo: “NICHOLAS JONAS, RIIIIIPTIDE” hay una fiebre atravesándome, y sin embargo no hay lugar al que yo pueda correr, no hay alivio para lo que le sucede a mi cuerpo, solo está ese increíblemente poderoso dolor siendo alimentado por las mismas hormonas que mi cuerpo intenta mantener en control, que yo no tengo manera de detener.

Me levanto de mi asiento al igual que toda la gente en la habitación, pero es todo lo que puedo hacer mientras lo veo salir al escenario de la manera en que solo él sabe. El público lo recibe al instante con más gritos, y estoy mareada también. Ahí está, la fantasía viva y andando de una mujer, haciendo su camino lento, arrogante, con su cabello negro despeinado, su pecho bronceado, una sonrisa asesina con hoyuelos, todo el paquete Nicholas Jonas. Es la mismísima perfección; una nueva ola de hormonas me recorre mientras en el resto de las personas se lo come con la mirada, tan descaradamente exhibicionista en sus pantalones cortos de boxeo y tan sorprendentemente atractivo, se convierte en el centro de mi atención.

El centro. De mí. Mundo.

Desde que deje de competir, he ganado mi grasa corporal y ahora estoy un dieciocho por ciento saludable. Tengo más cuevas de las que solía tener, con un poco más de carne en mi trasero y un buen relleno en mis pechos. Pero nunca he sido más consciente de mi cuerpo y sus miembros internos y externos que cuando me relacioné con ese hombre. Yo no sé si alguna vez me voy a acostumbrar a él. Jamás podré lograr que deje de provocarme esto. Quizás podré hacerlo cuando me haga suya. Sí, este hombre pone mi cuerpo fuera de control.

—¡Y ahora, el famoso y aclamado Owen Wilkes, el Saltamontes Irlandés!

Mientras su rival pelirrojo llega al ring, la mirada azul de Nicholas barre la multitud hasta que me encuentra. Nuestros ojos se encuentran, al instante estoy sin aliento. Sus hoyuelos formar una sonrisa tan perfecta que se desliza por todo mi cuerpo, electrizando mis terminaciones nerviosas.

Todavía estoy sonriendo como una tonta cuando la campana suena, y no quiero contener mi aliento cuando estoy observando, pero lo hago.

Nicholas se ve casi como un Rottweiler aburrido mientras su ponente, el “Saltamontes” parece saltar por todo el ring y a su alrededor como un canguro bebé.

Él lo golpea rápidamente, y como sigue ganando pelea contra una fila de oponentes, uno tras otro. Por lo que Pete me ha dicho, solo los últimos ocho finalistas en cada ciudad competirán en la próxima ciudad designada y todo se reducirá a una gran pelea al final de la gira, en Nueva York, en donde solo los mejores dos hombre participaran en una larga lucha de dieciséis rondas, en lugar de un puñado de peleas de tres rondas.

Ahora, Nicholas pelea contra un hombre que luce más como un luchador que un boxeador. Sus abdominales son flácidos y voluminosos, es casi el doble de ancho que Nicholas. Algo feroz y primitivo se retuerce en mi interior y estoy de pie con un silencioso: —¡No —Justo en el instante que el hombre al que llaman El Carnicero asesta un golpe en la caja torácica de Nicholas. Golpea a Nicholas tan duro que puedo escuchar cómo le ha sacado el aliento.

Mis entrañas se bañan en terror, incluso cuando se recupera fácilmente, mi corazón no deja de golpear contra mi pecho. Me muerdo el labio mientras lo veo aterrizar una serie de perfectos golpes en el núcleo del Carnicero. Se mueve con tanta fluidez, cada parte de su cuerpo flexible y fuerte, a veces me olvido de que está peleando con otra persona solo por el hecho de que me hipnotiza con sus movimientos.

Me encanta ver esas poderosas piernas, como se balancea y se mueve con fuerza y agilidad. Me encanta cada flexión de sus cuádriceps, sus hombros, sus bíceps, la forma en que el tatuaje se envuelve en su brazo.

—¡Boo! ¡Boo-hoo! —La multitud empieza a gritar después de que Nicholas recibiera otro golpe en la parte superior de su torso. Me estremezco cuando El Carnicero sigue con un golpe directo a los labios de Nicholas. Su cabeza se tambalea, veo gotas de sangre salpicando sus pies y me oigo decir en voz baja otra vez—: ¡No —Él se endereza nuevamente y recupera su posición, lamiendo la sangre de un corte en su labio. Sin embargo, no entiendo porque está bajando la guardia.

Parece como si no se estuviera cubriendo a propósito, incluso el Entrenador y Riley están frunciendo el ceño con perplejidad en la esquina del ring mientras ven la lucha continuar, Nicholas aterriza sus golpes tan perfectamente como siempre, pero lo extraño es que El Carnicero tiene demasiado acceso a su región en la caja torácica. Estoy confundida y ansiosa de que termine, y lo único que sé es que cada golpe que ese horrible hombre asesta en él, yo lo siento como un cuchillo siendo clavado en mi estómago.

Cuando El Carnicero golpea su cara una vez más y Nicholas cae sobre una rodilla, me quiero morir.

—¡NO! —El grito sale sin mi permiso.

Y cuando la mujer a mi lado me oye, ahueca los dos lados de su boca y grita:

—¡Levántate, Nicholas! ¡Levántate! ¡Acaba con él!

Una respiración entrecortada de alivio me inunda cuando salta hacia arriba y quita la sangre de su labio, pero sus ojos fijos en mi dirección, y luego vuelve a recibir otro golpe que lo hace rebotar contra la cuerda.

Mis nervios están hechos jirones, de tal manera que tengo que agachar la cabeza y dejar de ver por un momento. Hay, literalmente, una bola de fuego en mi garganta, y ni siquiera puedo tragarla. Hay algo en verlo ser golpeado que me hace sentirme indefensa como lo hice cuando me rompí la rodilla y no pude hacer algo al respecto. Esta pasividad simplemente no soy yo. Estoy siendo comida por la necesidad, por la necesidad de levantarme e ir a golpear a ese jodido hombre gordo o simplemente huir de aquí. Luchar o huir. Pero en cambio, me siento aquí, y es horrible.

De repente, comienza su coro habitual:

—¡NICHOLAS!¡NICHOLAS!¡NICHOLAS!

Y algo sucede cuando no estoy mirando, pero el caos se desata en el Underground, la gente empieza a gritar:

—¡Sí!¡NICHOLAS, NICHOLAS, NICHOLAS!

La voz del locutor irrumpe a través del altavoz.

—¡Nuestro vencedor, señoras y señores es RIPTIDE! ¡Rippppptiiiiide! ¡Sí, señoritas hambrientas, griten por el chico malo más malo que este ring ha visto! ¡Rippppppptiiiiiiide!

Me levanto, y mi cabeza mis ojos se abren de sorpresa cuando se posan de regreso al ring. El hombre gordo está siendo levantado en una camilla por los médicos y me sorprende el hecho de que Nicholas parece haberle roto las costillas.

Pero mi chico ya no está en el ring.

Y él podría tener una costilla rota también.

Dios mío, ¿Qué demonios paso?

Tan rápido como puedo pasar a través de la multitud, me dirijo a los vestidores, mi corazón desbocado y mi cuerpo aún sufriendo por el nerviosismo. Encuentro a Lupe discutiendo con Riley sobre como “el bastardo está jugando con fuego” y cuando ambos se fijan en mí, el Entrenador se aleja y Riley me señala con un dedo para que me acerque, luego saca la llave de la suite de Nicholas de sus bolsillos y me la extiende. La tomo y me dirijo al hotel, que por suerte está a la vuelta de la esquina.

Encuentro a Nicholas sentado en el banco a los pies de su cama, con el pelo oscuro desordenado como siempre, su respiración todavía un poco irregular, y una ola de alivio relaja mi cuerpo cuando levanta la cabeza y me lanza su sonrisa perezosa, la cual muestra solo un hoyuelo.

—¿Te gustó la lucha? —pregunta, con una voz áspera, deshidratada.

No puedo decir que no, pero tampoco puedo decir que sí, no lo sé porque es una experiencia demasiada complicada para mí. Por eso digo:

—Le rompiste las costillas al último.

Una ceja negra se alza elegantemente, luego drena lo último de su bebida energética y la tira al suelo.

—¿Estás preocupada por él o por mi?

—Él, porque es el único que no podrá levantarse mañana —Lo digo en broma, pero aunque gruñe no sonríe.

Estamos solos.

Y de repente todos los poros de mi cuerpo lo notan.

Mis manos se sienten un poco inestables y agarro un ungüento y me arrodillo entre sus piernas para ponerlo en el corte de su labio. No está sangrando, pero está roto justo en el medio de su carnoso labio inferior. El tiempo se desvanece cuando mi dedo presiona ahí, con los ojos entornados mientras me mira.

—Tú —susurro—. Me preocupo por ti.

La conciencia repentina del ritmo exacto de su aliento me supera.

Estoy tan cerca que inhalo el aire que él exhala, y sin previo aviso su esencia está dentro de mí. Huele tan bien, salado y limpio, como el océano, y soy incapaz de detener mis reacciones ante él. Mi cabeza da vueltas dentro mi cráneo. Me imagina girar la cabeza sobre su cuello húmedo y deslizar mi lengua por todas y cada una de las gotas de sudor que veo en su piel

Con el ceño fruncido por mis propios pensamientos, tapo el botecito, pero sigo de rodillas, debatiéndome si debo apartarme.

—Eché a perder mi hombro derecho, ___(tn).

Mi nombre casi pronunciado se mueve sobre mi coronilla y la forma en que lo dice me afecta, pero lo cubro con un suspiro de tristeza fingida.

—Con alguien como tú, yo sabía que era demasiado esperar que sobrevivieras la noche solo con un corte en el labio.

—¿Vas a arreglarlo?

—Claro Alguien tiene que hacerlo —Sobre mis pies, me dirijo a arrodillarme en el borde de su cama para agarrar sus hombros. Ya no estoy sorprendida por la forma en que cada célula de mi cuerpo se enciende ante la sensación del cuerpo de este hombre, su piel contra mis manos, contra mí. Cierro mis ojos y me permito disfrutar de la sensación por un momento mientras intento relajarlo, pero la tensión de su cuerpo es más implacable que nunca. Presiono más en su hombro derecho y susurro—: Ese bastardo te dejó bastante dañado aquí. Tienes un montón de nudos. ¿Te duele?

—No.

Creo que escuche un poco de diversión en su voz, pero no estoy segura. Mi atención se desplaza hacia el musculo, me quejo y hago retorcer mis dedos, y sé que es un hecho que duele. Debe dolerle.

—Te masajearé con árnica y luego haré una terapia de frío.

Se sienta inmóvil mientras me permite deslizar un poco de aceite por su piel y cuando me asomo a su perfil oscuro, veo sus ojos fuertemente cerrados.

—¿Te duele? —murmuro.

—No.

—Siempre dices que no, pero te puedo asegurar que esta vez sí.

—Hay otras partes de mí que están sufriendo más.

—¿Qué demonios? —La puerta de la habitación se abre de golpe y Pete entra en la habitación como una tormenta, tan enojado como nunca he visto a este gentil hombre. Sus facciones características se ven más nítidas y no tan angelicales hoy, y hasta sus rizos se ven más pronunciados—, ¿Qué diablos te pasó? —repite.

El cuerpo de Nicholas se convierte en un muro de ladrillo bajo mi tacto.

—El entrenador está furioso —añade Riley mientras entra en el cuarto, incluso Riley esta frunciendo el ceño hoy—. Todos queremos saber es ¿Por qué mierda dejaste que patearan tu trasero?

Una extraña sensación recorre el lugar y mis manos al instante dejan de moverse en sus hombros.

—¿Sí o no, lo dejaste golpearlo a propósito? —Riley le lanza una mirada siniestra.

Nicholas no responde. Pero su torso está completamente tenso ahora, y cada músculo parece comprometido.

—¿Necesitas ir a la cama? —Demanda Pete, señalándole—. ¿Eso necesitas?

Mis entrañas se aprietan y sé que no quiero estar aquí y escuchar a los planes de encuentros sexuales para Nicholas, así que entre dientes, ya que nadie me está prestando atención de todos modos, digo que voy a ayudar a Diane en la cocina, luego salgo de la habitación.

A medida que avanzo por el pasillo, escucho a Pete de nuevo.

—Amigo, no puedes dejar que te hagan esto solo para que te toque. Mira, podemos contratar a algunas chicas. Lo que sea que haces, no puedes seguir con estos malditos juegos como una persona normal. No haces más que torturarte, Nicholas, esto la pone en peligro a ella.

Disminuyo mi paso hasta casi detenerme, y creo que mis pulmones acabar de hacerse rocas. ¿Hablan de mí?

—Vas a apostar todo tu dinero a tu favor, ¿lo recuerdas? —añade

Pete—.Lo único que necesitas es derrotar a Scorpion en la final, no importa que. Y eso la incluye a ella, amigo.

El timbre de Nicholas es más bajo, pero de alguna manera ese gruñido suave es más amenazante

—Scorpion es hombre muerto, así que retráctate.

—Nos pagas para prevenir todo esto, Nicholas —replica Pete, pero eso solo hace que Nicholas baje su voz más.

—Esta. Bajo. Control.

El silencio que sigue al mortal susurro me hace moverme, y me dirijo a la cocina para encontrar a Diane sacando un pequeño pavo orgánico del horno. El aroma de romero y limón hace mi boca agua, pero no logra detener mi corazón latiendo desbocado.

—¿Por qué gritan los chicos? —pregunta Diane mientras arregla su presentación con el ceño fruncido, mirando al pequeño pavo que se niega a quedar en la posición que ella quiere.

—Golpearon a Nicholas hoy —digo, porque eso era de lo que hablaban, ¿no?

Diane niega con la cabeza y chasquea la lengua.

—Te juro que ese hombre tiene el botón de auto-destrucción más rojo que he visto en mi vida…

Deja de hablar cuando se abre la puerta detrás de mí y una gran mano toma mi codo y me gira.

—¿Quieres correr conmigo?

Los ojos azules de Nicholas arden ferozmente sobre mí, puedo sentir su frustración llegar hasta donde estoy. Camina en círculos como un torbellino negro, pero de repente se sitúa en el borde pareciendo un poco atemorizante.

—Necesitas comer, Nicholas —dice Diane desde la esquina.

Sonriendo, agarra un galón de leche orgánica del mostrador y lo comienza a beber hasta que está casi todo en su estómago, luego se limpia los labios con su brazo, diciendo:

—Gracias por la cena —Luego alza una ceja, esperando mi respuesta—. ¿___(tn)? —presiona.

Un escalofrío me recorre.

No me gusta que mi nombre suene tan bien en sus labios.

Como en una película romántica.

Frunciendo el ceño por mi reacción, miro su pecho, preguntándome si sería buena idea recomendarle quedarse, pero de alguna manera siento que probar sus límites hoy no es buena opción.

—¿Cómo te sientes? —pregunto y lo estudio detenidamente.

—Me siento listo para correr —Sus ojos se fijan directamente en mí—. ¿Quieres ir?

La invitación me hace titubear, los buenos corredores saben que salir a correr con alguien puede llegar a ser un gran problema.

Un problema muy grande.

Especialmente cuando estás acostumbrado a ejercitarte solo.

Además de Nicholas y Melanie, nunca corro con nadie. Cuando corro es tiempo para mí, tiempo para reflexionar, tiempo para concentrarme, pero asiento. Creo que él lo necesita seriamente y yo lo he estado necesitando por horas.

—Deja tomo mis deportivas y me las pongo.

Diez minutos después estábamos corriendo por la ruta más cercana a nuestro hotel, un camino de tierra sinuoso con un par de árboles y por suerte bien iluminado por la noche. Nicholas lleva su sudadera con capucha, corriendo al más puro estilo boxeador, mientras que yo solo disfruto la fresca brisa en mi piel e intento mantener su ritmo. Me he puesto pantaloncillos cortos y una blusa deportiva con mi par favorito de Asics, Nicholas trae un par de Reeboksbastante cómodos, diferentes a las deportivas que usa para boxear.

—Entonces ¿Qué pasó con Pete y Riley?

—Fueron a buscar prostitutas.

—¿Para ti?

Lanza un puño al aire, luego el otro.

—Tal vez ¿A quién le importa?

Estoy decepcionada, ya he perdido resistencia desde hace media hora debido al ritmo que nos propusimos, mis pulmones trabajan con esfuerzo y estoy sudando a pesar la fresca brisa nocturna, me detengo y pongo las manos sobre mis rodillas, señalándole que continúe.

—Continua, solo recuperaré el aliento, me está dando un calambre.

Se detiene conmigo y brinca en su lugar para que su cuerpo no se enfríe, luego saca un paquete de gel electrolito del bolsillo de su sudadera y lo extiende para mí, se acerca tanto que puedo probar una bocana de él: jabón, sudor y Nicholas Jonas. Mi cabeza tiene un poco de vértigo, quizás el calambre que pensé que me estaba dando en mis ovarios no era un calambre después de todo, sino convulsiones debido a cada vez que su hombro me roza accidentalmente.

Relajo la espalda y sigo buscando más aire mientras él me observa abrir el paquete de gel por la esquina y lo deslizo por mi lengua.

La sangre bombea violentamente en mis venas y hay algo increíblemente íntimo en la forma en que sus ojos azules me miran lamer el jugo del electrolito que me dio.

Deja de balancearse, respirando con dificultad.

—¿Todavía queda?

Inmediatamente me la saco de la boca y se la ofrezco, cuando envuelve sus labios alrededor de la misma manera que yo lo hice, mis pezones se endurecen como diamantes y no puedo recordar nada excepto el hecho de que está lamiendo la misma cosa que yo acabo de lamer. Me estremezco por la peligrosa compulsión de recorrer mi lengua al pensar en sus labios, tomar ese paquete de gel de su boca y presionar mis labios con los suyos de modo que lo único que él saboree sea yo.

—¿Tenía razón? ¿Lo qué dijo Pete? ¿Lo hiciste a propósito?

Cuando no responde, recuerdo sobre el “botón” que Diane mencionó y mis preocupaciones.

—Nicholas, algunas veces rompes algo y nunca vuelve a ser igual, nunca lo tendrás de regreso —Enfatizo, luego miro la calle y a los vehículos que pasan por miedo a que capte la emoción en mi voz, me siento al borde y necesito obtener el control de mí misma.

—Lamento lo de tu rodilla —dice en voz baja, luego encesta el paquete vacío en el bote de basura más cercano a nosotros y comenzamos a correr de nuevo.

—No se trata de mi rodilla, se trata de no arriesgar tu cuerpo, nunca dejes que nadie te haga daño, ni siquiera lo permitas, Nicholas. Sacude la cabeza, sus cejas formando una línea baja sobre sus ojos mientras lanza una mirada rápida en mi dirección.

—No lo hago, ___(tn), solo les permito acercarse lo suficiente para acabar con ellos más fácil, son pequeños sacrificios para asegurar la victoria. Les da un poco de confianza acertar golpes, en su cabeza comienzan a creer que soy fácil, yo no soy lo que han escuchado y cuando creen por completo que es fácil golpear a Nicholas Jonas, es mi momento de entrar en acción.

—Muy bien, es me gusta mucho más.

Corremos durante media hora más, a los tres kilómetros estoy jadeando como un perro que acaba de tener doce cachorros o algo así. Mi orgullo está dolorido tanto como mi rodilla mala. —Creo que me rindo, estaré acabada mañana, prefiero parar ya antes de que me lleves arrastrando hasta el hotel.

—No importa —contesta con una deliciosa y pequeña carcajada, luego gira su cuello a la izquierda y derecha, regresando trotando el camino de vuelta al hotel.

En el elevador del hotel varias personas entran con nosotros.

Nicholas saca su capucha y la pone sobre su cabello y oculta su rostro con el perfil ensombrecido. Comprendo que lo hace para no ser reconocido y sonrío.

Una joven pareja nos grita desde el vestíbulo.

—Mantengan abierto el elevador —Aprieto el botón de “abrir” hasta que ellos entran. Mi corazón salta cuando Nicholas me agarra de la cadera y me acerca a él cuando los demás suben y luego muero, porque baja su cabeza hacia mí y puedo escuchar la profunda inhalación que toma. ¡Oh, Dios! Me está oliendo. Mi centro se aprieta, la necesidad de girarme y enterrar mi nariz en su cuello y lamer la humedad en su piel me quema.

—¿Te sientes mejor? —pregunto, girándome ligeramente hacia él.

—Sí —dice, agachando la cabeza más cerca y mi sien está bañado de su cálido aliento—. ¿Y tú?

Sus feromonas son como una droga para mí y mi garganta se siente muy sedienta, solo asiento con la cabeza, sus manos aprietan mi cadera, mi centro se contrae tanto que es casi doloroso y casi gimo ahí mismo.

Me doy una ducha tan pronto llego a mi cuarto y lo hago con agua tan fría como puedo soportar, logrando que mis dientes castañeen, pero el resto de mi cuerpo aún sigue sensible por él, él, él…

Cuando llego a la cama, Diane murmura un—: Hola —y luego continúa leyendo su libro de recetas, mientras solo yo solo respondo un simple—: Buenas noches —Cierro los ojos tratando de fingir que no me estoy asando por dentro.

Pero lo deseo tanto que sólo me estoy retorciendo, obsesionada por lo que escuché que Pete le dijo a Nicholas. Encantada por su total y completamente sexy boca con la reciente cortada en su labio inferior envuelta en el paquete de electrolitos. Pienso como se sentiría ser el paquete de gel y sentir sus labios deslizándose sobre mi lengua, succionándola suavemente y mi cabeza da vueltas.

Estoy desesperada por darme algo de alivio del continuo y agotador alboroto hormonal de estar expuesta a él. Como la radioterapia, debe existir algo capaz de calmarme, pero no puedo imaginármelo. Su rostro, su esencia, me vuelve loca. Es mi cliente, pero también… es como mi amigo. Y necesito tocarlo, sé que no puedo besar esa boca tan sexy pero al menos puedo masajearlo.

Él debe estar caliente por nuestra carrera y fatigado después de su lucha y anhelo el contacto de su piel como una drogadicta. Antes de saber que estoy haciendo, me pongo unos pantalones de pijama y toco su puerta.

No sé lo que le voy a decir, no sé nada excepto que no voy a dormir hasta que lo vea y al menos le ofrezca hielo para sus heridas o simplemente frotarle con un antiinflamatorio, o no lo sé.

¿Por qué me pidió que corriera con él?

¿Por qué Pete cree que él deliberadamente bajó la guardia para que yo pueda tocarlo?

¿Quiere que lo toque?

Riley abre vacilantemente la puerta más allá de sus hombros. Veo a una mujer bailando con lencería sexy en el centro de la sala y otra voz femenina se escucha en el fondo…

—Un pajarito nos dijo que quieres jugar con nosotras, Nicholas.

—¿Si? —pregunta Riley, y yo solo me quedo mirando como un idiota, por supuesto que mi estómago se hunde, por supuesto, son las prostitutas que… bajo la mirada y frenéticamente pienso algo que decir.

—¿Deje mi tele…? Oh, mierda, lo tengo.

Miro el celular en mi mano y ruedo mis ojos, como si fuera estúpida.

Lo cual soy.

En serio, de verdad lo soy.

—No importa, gracias, Riley.

Oigo la voz profunda de Nicholas.

—¿Quién es?

Corro a mi habitación y cierro la puerta sintiendo mi interior adormecido. Esta vez cuando regreso a la cama, cada centímetro de mi excitación ha huido de mi sistema, pero sigo sin poder dormir. Porque ahora la mujer que Nicholas besa en mi mente con avidez, la mujer que besa la cicatriz de su labio, desafortunadamente no soy yo.











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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 4th 2014, 16:51

owww
pobre ___
ella qriendo estar con nick
y no la dejan
siguela
esta genial tu nove
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VaLeexD
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 5th 2014, 08:06

Oh pobre _________




Me encaantaaa tuuu novelaaa



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nasgdangerJONAS
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 5th 2014, 12:22

nueva lectora :DDD
dios! jodidamente buena xD gracias por subirla, espero que la sigas pronto!! me encanta.
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MensajeTema: Capítulo 4: Corriendo... de ÉL (Part II)   Marzo 5th 2014, 14:05


¡Hey hola! Lo siento si ya no subí ayer, es por mi tarea 7.7 pero bueno, sé que no debo subir hoy, pero como tiempo y mañana me toca éxamen, creo que si hago feliz a unas personas, el Universo me hará feliz a mi dandome una buena calificación... okno, pero más vale intentar xD














• Capítulo 4 (Parte II) •



Corriendo









Nicholas está peleando hoy, según el Entrador, es como debió haber peleado ayer.

Ha noqueado a dos de sus oponentes, sin embargo, el Entrenador sigue molesto.

—Es entrenamiento, Jonas. Deja de noquearlos y diviértete mientras trabajas tus movimientos, aún tienes que entrenar con alguien más hoy… ahora, haz lo que te dije y ya no tendrás que entrenar con nadie.

—Entonces, no me envié debiluchos, Entrenador —dice saliendo del ring—. Envía a Riley aquí.

—Ja, ni aunque fuera suicida, lo necesito consiente mañana.

—Oye, yo sé cómo entrenar —Le digo a Riley desde la esquina dónde los observamos.

Su cabeza rubia se gira hacia mí y de repente parece impresionado.

—¿Te ofreces a subir con éste chico?

—Claro, puedo enseñarle movimientos que nunca antes ha visto — Presumo, pero francamente solo quiero golpear a Nicholas por ser un imbécil mujeriego que me hace fantasear día y noche y por beber del paquete de electrolitos después de que yo lo hice, que tonto coqueteo.

—Muy bien, Nicholas, tengo algo para ti —dice Riley, aplaudiendo para llamar su atención—. Sé a ciencia cierta que no la noqueará a ella —dice desde la esquina opuesta, señalándome y riéndose de mí.

Nicholas me mira y sacude la cabeza mientras me observaba subirme al ring, en mi ajustada y oscura ropa deportiva. Sus ojos me barren como siempre lo hace, no ayuda que me observe así cada vez que me acerco a él. A medida que se acerca a mí, sus ojos brillan con diversión y poco a poco aparece una sonrisa. Eso solo me irrita más.

Ha estado de mal humor hoy, sus oponentes y yo lo hemos notado, pero también estoy tan cabreada que no le temo. Ni siquiera el café me levanto el ánimo esta mañana. Sin embargo, sé que esto lo hará. Incluso si pierdo, solo quiero entrenar con alguien.

—No sonrías así, puedo darte una paliza usando solo un pie —Advierto.

—No es kickboxing, ¿o piensas morderme también?

Muevo mi pierna arriba en el aire, precisamente en un movimiento de kickboxing, que él esquiva despacio y arquea una ceja.

Intento otra patada y la desvía, entonces comprendo que él está de pie en el centro del ring mientras que yo básicamente doy vueltas en círculo alrededor de él. Sé que no tengo oportunidad si comparamos fuerza, pero mi plan es intentar marearlo y después tratar de noquearlo y  bajarle el ego. Riley le dice que estoy intentando “marearlo.”Así que giro y me balanceo a su alrededor para burlarme. Me muevo un poco y él claramente está entretenido conmigo, así que intento darle un puñetazo de prueba. Toma fácilmente mi mano con su puño, luego baja mi brazo.

—No —Me corrige suavemente y pone su mano sobre la mía para enseñarme como cerrar mis dedos correctamente—. Cuando golpeas es necesario mantener alineados los brazos, el cúbito y el radio a la par que tu muñeca y esta no debe estar floja, así que mantenla recta. Ahora comienza con el brazo doblado hacia tu cara, aprieta los nudillos mientras sueltas el puñetazo, tuerce el brazo para que el cúbito, radio y muñeca se sientan como una pieza de hueso cuando golpes.

Lo intento y asiente.

—Ahora usa tu otro brazo para protegerte.

Mantengo un brazo doblado cerca de mi cara para protegerme y lo ataco de nuevo, una y otra vez, notando que él solo se cubre pero no intenta contraatacar. La adrenalina corre fuerte por mi cuerpo y no sé si es por la lucha simulada o por tener esos ojos azules tan fijos en mí, pero me siento eléctricamente cargada de pronto.

—Enséñame un movimiento que no conozca —digo sin aliento, disfrutando del momento más de lo que esperaba.

Toma mis brazos y los coloca arriba para proteger mi cara con los puños.

—Bien, haremos uno-dos puñetazos. Debes cubrir siempre tu rostro con las manos y el torso con tus brazos aun cuando estés dando golpes, gira primero a la izquierda —Tiro de mi brazo hacia su mandíbula—, luego cambias el balance de tu pierna para así poder lanzar un fuerte puñetazo con tu derecha, necesitas un buen juego de pies, extrae la fuerza del golpe de aquí —Pone un dedo en mi centro, a continuación recorre su mano por mi brazo hasta mi puño—, y envía ese poder hasta tus nudillos.

Él hizo un simulacro de un golpe doble fluido y perfecto que causo que pequeñas gotas de sudor recorrieran mi escote y luego fue mi turno de intentarlo. Lanzo la izquierda, giro débilmente, cambio de peso y golpeo más fuerte con la derecha.

Sus ojos brillaron con deleite.

—Inténtalo de nuevo, golpéame—Se puso en posición con las manos abiertas para detener mis golpes.

Siguiendo órdenes, utilizo el primer brazo para lanzar un golpe rápido a su mano izquierda, el cual fácilmente atrapa, entonces golpeo con energía del otro lado. Mis golpes son deliciosamente precisos, pero creo que tengo que poner más fuerza en ellos.

—Doble golpe en la mano izquierda —dice y levanta su mano para atrapar mis golpes.

—A tu derecha —Y cuando detiene mi golpe con su puño, decido sorprenderlo y darle en sus abdominales, las cuales se contraen automáticamente con el golpe y un extraño dolor se extiende por mis nudillos, pero incluso él parece sorprendido.

—Soy muy buena —digo con burla, rebotando como él lo hace y en broma le saco la lengua.

Él ni lo nota por mirar a mis pechos rebotando.

─Realmente buena ─dice, poniéndose de nuevo en posición. Sus ojos se oscurecen de una manera que me hace calentarme, y decido que ahora que está distraído con mis chicas es el mejor momento.

Me abro hacia afuera como aprendí en la clase de defensa personal. Las piernas son las partes más fuertes del cuerpo femenino, y sin duda la de una ex corredora. Mi objetivo es lograr darle a su tendón de Aquiles con talón y tirar su gran cuerpo y ego al suelo.

Pero él se mueve en el instante en que yo me acerco, y golpeo su deportiva en su lugar. El dolor se extiende fuertemente en mi tobillo.

Rápidamente me coge del brazo y me endereza, las cejas formando un ceño fruncido.

─¿Qué se supone que fue eso?

Gruño.

─Se suponía que tenías que caerte.

Me mira, su cara en blanco por un momento.

─¿Estás bromeando, cierto?

─¡He hecho caer hombres mucho más pesados que tú!

─Un maldito árbol cae más pronto que Nicholas, ___(tn) ─grita Riley.

─Bueno, ahora lo sé ─me quejo, y pongo mis manos alrededor de mi boca para gritar─: ¡Gracias por el aviso, Riley!

Maldiciendo entre dientes, Nicholas toma mi brazo mientras me conduce saltando hasta la esquina, donde se sienta en una silla y ya que solo hay una, me coloca encima de él para poder revisar mi tobillo.

─Jodiste tu tobillo ¿Cierto? ─pregunta, y es la primera vez que lo escucho sonar tan… molesto conmigo.

─Parece que erróneamente envié todo mi peso al tobillo ─admito a regañadientes.

─¿Por qué me pegaste? ¿Estás enojada conmigo?

Ceñí.

─¿Por qué lo estaría?

Sus ojos se asoman intrusivamente en los míos, se ve aterradoramente solemne y definitivamente molesto.

─Tú dime.

Agachando mi cabeza, miro hacia mi tobillo y me niego a derramar mis sentimientos sobre nadie que no sea Melanie.

─Oigan, ¿pueden darnos un poco de agua? ─grita con clara frustración en sus palabras. Riley trae un Gatorade y una botella de agua y las coloca en el suelo junto a mis pies.

─El entrenamiento acabó ─Nos dice, luego en tono preocupado me pregunta─: ¿Estás bien, B?

─Perfecto. Pero pregúntamelo mañana. No puedo esperar para volver al ring contra este tipo.

Riley se ríe, pero a Nicholas no le causa gracia.

Su pecho está empapado en sudor y su oscura cabeza se agacha mientras me inspecciona el tobillo, sus pulgares haciendo presión alrededor del hueso.

─¿Te duele, ___(tn)?

Creo que está preocupado. La repentina suavidad con la que habla hace que me duela la garganta, y no sé por qué. Como cuando caes, pero no te duele, sin embargo lloras porque te sientes humillada. Pero yo ya me he caído mucho peor en frente del mundo y aún deseo no haber llorado así. Deseo no haberme caído en frente del hombre más fuerte del mundo.

Frunciendo el ceño en su lugar, trato de inspeccionar mi tobillo, pero él no mueve su mano, y de pronto nuestros dedos rodean mi tobillo, y todo lo que yo puedo sentir son sus pulgares en mi piel.

─Pesas una tonelada ─Me quejo, como si fuera su culpa de que yo sea una idiota─. Si pesaras un poco menos te habría tumbado. Incluso he tumbado a mi instructor.

Levanta la vista, frunciendo el ceño.

─¿Qué puedo decir?

─¿Qué lo sientes? ¿Para no herir mi orgullo?

Sacude su cabeza, aun evidentemente molesto, sonrío con ironía y me agacho para tomar el Gatorade, desenroscando la tapa.

Sus ojos caen en mis labios mientras tomo un sorbo, y de repente puedo sentir algo inconfundible entre sus piernas, debajo de mi trasero.

Mientras el líquido frío corre por mi garganta, el resto de mi cuerpo se pone febrilmente cálido y cada vez más caliente.

─¿Me das un poco? ─Su voz extrañamente ronca mientras señala mi bebida.

Cuando asiento, agarra la botella en su gran mano y la inclina hacia su boca, y mis hormonas se descargan de una sola vez a la vista de sus labios en contra del pico de la botella.

Exactamente en el lugar en donde yo bebí.

Su garganta trabaja mientras bebe, luego baja la botella, sus labios ahora húmedos, y cuando sus manos me dan el Gatorade de vuelta, nuestros dedos se rozan. Mis venas se disparan como un rayo. Y estoy fascinada en la forma en que sus pupilas se oscurecen, la forma en que me mira sin burla en sus ojos. Cuando intento esconder mi nerviosismo automáticamente tomando otro trago, me mira más intensamente, sus labios sin sonreír. Perfectamente rosados. El corte de su labio aún sigue sanando. Quiero lamerlo. El anhelo se despliega en lo más profundo de mí.

Y duele. Estoy en su regazo, y me doy cuenta de que su poderoso brazo está alrededor de mi cintura, nunca he estado tan cerca. Lo suficientemente cerca para tocarlo, besarlo, envolver mi cuerpo alrededor del suyo. De repente me estoy muriendo y me siento drogada. No puedo fingir que esto no es la gran cosa. Lo deseo. Lo deseo tanto que no puedo pensar correctamente. Es un problema. Un gran problema.

Nunca me he sentido así.

Sé que es una locura y no va a funcionar, no puede pasar nunca, pero no puedo evitarlo. Él es como mis Olimpiadas, algo que nunca voy a tener, sin embargo no puedo evitar anhelarlo con todo mi ser. Y detesto absolutamente el pensamiento de que sus brazos hayan estado alrededor de una, tal vez dos, mujeres hace menos de veinticuatro horas, cuando deseaba ser yo.

Agitada de nuevo por el recuerdo, trato de ponerme de pie con cuidado. Él toma mi Gatorade y lo deja a un lado mientras agarra dos toallas de una cesta y envuelve una alrededor de su cuello, para después envolver otra alrededor del mío, todo el tiempo sosteniéndome por la cintura.

─Te ayudaré para que puedas ir a ponerle hielo a eso.

Me baja del ring como si yo no pesara más que una nube, y luego tengo que apoyarme en él, mi brazo alrededor de su estrecha cintura mientras salimos.

─Estoy bien ─Sigo diciéndole.

─Deja de discutir ─dice.

En el ascensor, me mantiene cerca de su lado y la cabeza agachada hacia mí, puedo sentir su respiración. Estoy dolorosamente consciente de lo grande que es, en comparación a mí, y de sus cinco dedos extendidos  alrededor de mi cintura, y del momento exacto en el que baja su nariz hasta mi oreja. Me hace cosquillas cuando exhala, y se encuentra tan cerca que sus labios rozan mi oído como si murmurara. Oigo su profunda inhalación, y de repente mis órganos sexuales palpitan con fuerza, duele tanto que quiero girarme hacia él y enterrar mi nariz en su piel, inhalando todo el aire que pueda dentro de mis pulmones. Pero por supuesto que no lo hago.

Me acompaña a mi habitación, y mi cuerpo está en tan mal estado que mi cerebro no puede ni siquiera encontrar a un tema de conversación para eliminar el tenso silencio que nos acompaña.

─Oye, hombre, ¿Listo para la pelea?

Un uniformado miembro del personal del hotel, que parece ser un fan, le pregunta desde el otro lado del pasillo.

Nicholas pone sus pulgares hacia arriba con una sonrisa con hoyuelos, antes de girarse y enterrar su nariz en mi cabello.

─Llave ─dice en un susurro gutural que me pone la piel de gallina.

Desliza la llave y me lleva adentro.

Diane no está aquí, sé que probablemente está haciendo la súper lujosa cena de él. Me deja en el borde de la segunda cama matrimonial, supongo que se da cuenta de que es la mía, ya que Diane tiene una foto de sus dos hijos frente a la primera cama. Busca la hielera.

─Te conseguiré hielo.

─Estoy bien, Nicholas, yo lo haré más tarde…

La puerta se cierra antes de que pueda terminar la frase. Exhalo mientras me agacho para palpar mi tobillo evaluando el daño que he causado.

Él deja la cerradura abierta por lo que no tiene que tocar, me tenso cuando regresa y cierra la puerta. Abre la llave del baño y luego está de vuelta, luciendo enorme e impotente dentro de mi habitación mientras se deja caer la hielera en la alfombra.

Se arrodilla a mis pies; la vista de su poderoso cuerpo y su oscura cabeza inclinándose hacia abajo mientras me atiente trae una oleada de deseo que me recorre con ímpetu, miró hacia el hielo y quiero meter mi cabeza en la cubeta.

Quita mi deportiva y después el calcetín, luego toma mi pierna con delicadeza y mete mi pie dentro.

─Cuando solucionemos esto te enseñaré como derribarme ─susurra. Cuando no respondo por estar completamente deshecha por su toque, levanta la vista y sus ojos son a la vez tiernos e íntimos─. ¿Frío?

Aunque el resto de mí está todo excepto frío, mis pies comienzan a congelarse mientras el agua los envuelve.

─Sí.

Mientras hunde mi pie más profundo, mi cuerpo entero se tensa con la frigidez. Él se detiene a mitad de camino.

─¿Más agua?

Sacudo mi cabeza y meto mi pie más rápido el resto del camino, pensando, sin dolor no hay ganancia. Mis pulmones se ponen rígidos cuando mi cuerpo absorbe el frío.

─Oh, mierda.

Nota mi mueca y saca mi pie, luego me sorprende aplastando mis pies helados contra su estómago para calentarme. Sus abdominales se aprietan bajo mis pies y sus ojos retienen los míos con una fuerza tan fuerte que me ahoga.

Una corriente eléctrica me sacude. Su cálida y callosa mano se curva alrededor de mi empeine, sujetando mis pies contra su estómago con tanta fuerza que se siente como si él quisiera que estuvieran ahí. Deseo que mis manos fueran mis pies, sentir esos abdominales parecidos a una tabla de lavar bajo mis dedos. Cada abolladura perfectamente presionada contra el arco y dedos de mi pie, el entumecimiento me ha abandonado por completo.

─No sabía que dieras pedicuras, Nicholas ─digo, y no entiendo por qué sueno sin aliento.

─Es un fetiche que tengo.

Me lanza una sonrisa perezosa que claramente me dice que está bromeando, luego mete su mano libre en la cubeta y saca un solo cubito de hielo. Lo pone ligeramente en mi tobillo y lo arrastra sobre la carne tierna, con cuidado. Mi reacción es rápida y violenta, mi cuerpo sabe que él me está tocando.

Mi ritmo cardíaco ruge en mi cabeza. Dios, este hombre es más táctil que yo. Luego, como si quisiera confirmar mis pensamientos, la mano que sostiene mi pie en su estómago se desplaza ligeramente rozando su pulgar a lo largo del arco de mi pie, mientras que el hielo fresco sigue frotándose contra mi piel. Un hormigueo comienza en el centro de mi estómago, pero me temo que en cuestión de minutos se hará cargo de mi cuerpo.

Mi voz tiembla igual que el resto de mi cuerpo.

─¿Haces manicuras también?

Levanta la vista hacia mí, y mi corazón da un vuelco por el efecto que tienen sus ojos azules sobre mí.

─Déjame terminar con tu pie primero, luego me encargaré del resto de ti.

Mi estómago se aprieta cuando termina la frase con otra sonrisa, esta es bastante lenta. Cada musculo de mi sexo empieza ondear mientras el hielo continúa avivando un suave fuego dentro de mis entrañas.

Me siento fascinada mientras él observa el hielo sobre mi cremosa piel blanca, el silencio cargado con electricidad. Sin tener más remedio, arrastro mis pies un poco sobre su estómago, sintiendo la sensación de sus músculos debajo de mí. Él levanta la mirada, la intensidad penetrante de sus ojos me deja sin aliento y me ahoga.

─¿Te sientes mejor? ─murmura, alzando sus oscuras cejas, y no puedo creer como su voz me afecta, como su toque me afecta, su olor, como otro ser humano puede tener tanto poder sobre mí. No puedo permitirlo.

No.

Puedo.

Permitirlo.

Me recuerdo a mi misma que cuando se quiere a un hombre, debes controlar lo que le das. Estás en control de lo que le dejas tomar. Pero no puedo bloquear las imágenes de él y yo juntos. De mi rasgando su ropa y apretándome contra él. Imágenes de sus labios en los míos, de nosotros cayendo imprudentemente en la cama, latiendo a través de mí. Me hace sentir de dieciocho. Virginal y sin sentido. Solo pensando en chicos… excepto que solo me hace pensar en uno. Y él es muy masculino. Muy hombre. Pero un poco juguetón como un niño.

Un gran, gran chico malo que se divertía con sus putitas la noche anterior…

El repentino y brutal recordatorio me enfría como un chapuzón en las aguas frías de Alaska.

─Me siento perfecta ahora. Gracias ─digo, mi voz fría como el hielo que se derrite mientras trato librar mi pie de su agarre.

Estoy a punto de liberarme con éxito cuando la puerta se abre con un ruido de desbloqueo. Diane entra.

─Aquí estás. Debo alimentarte para que tengas energías suficientes para mañana.

Mirándome confundido sobre el cambio en mí, Nicholas frunce el ceño mientras lanza el hielo descongelándose a la cubeta y pone mi pie de vuelta en la alfombra mientras se levanta.

─Lamento lo de tu tobillo ─dice suavemente mientras se endereza con su expresión confusa y casi vulnerable─. No te preocupes si no puedes asistir a la pelea.

─No. No fue tu culpa. Estaré bien ─Me apresuro a decir.

─Le pediré a Pete que te de unas muletas.

─Estaré bien. Eso me pasa por estar metiéndome con árboles.

Se detiene en la entrada y luego echa un vistazo en mi dirección, su rostro ilegible.

─Buena suerte, Nicholas ─digo.

Me mira fijamente, luego a Diane, y luego rastrilla una mano por su pelo, y se va, luciendo de alguna manera… agitado.

Diane me mira con completo desconcierto.

─¿Llegué en un mal momento?

─No ─Sacudo mi cabeza─. Llegaste justo a tiempo, antes de que hiciera el ridículo.

No es que tratar de derrumbar a un hombre de su altura hubiese sido un movimiento muy inteligente para comenzar.








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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 5th 2014, 18:44

buuu
me encanta la nove
y aunque comparto la sensacion de ___
tmb debe de ser frustrante para nick
pero bueno
siguela
me encanta mucho tu nove
y espero que t vaya bn en tu examen
no te olvides de estudiar mucho Wink
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Bailando con la música.   Marzo 6th 2014, 18:46





¡Hello! Bueno ya subiré un capítulo entero, o seee!!!












• Capítulo 5 (Parte I) •


Bailando con la música











Pete me quiere fuera de bastidores. Y también el Entrenador y Riley.

—Él tiene que estar concentrado, ve a buscar tu asiento, lo distraes —dice Pete, y aunque entre los hombres del equipo es el que considero más amable, hoy parece bastante frustrado. Quizás es porque cumple treinta y dos años y prefiere estar en otro sitio—. Toma. Agarra este boleto y ve a conocer a las chicas que están de nuestro lado. Son buena gente y están aquí para apoyarnos. Luego nos iremos de fiesta.

Minutos después, descubro las chicas que parecen aspirantes a Miss Universo y al tipo de mujeres que caminan en bikinis precisamente en este tipo de eventos. Pero sus sonrisas mientras me dirijo hacia ellas son auténticas y no puedo evitar sino percatarme de cómo sus miradas analizan mi pequeña falda negra y mi corto top brillante de manga corta con una mirada de aprobación.

—Hola. Soy Friday. Esta es Debbie —dice la pelirroja que bailó encima de la mesa de café del Nicholas hace unos días y luego señala a la rubia como Debbie.

—Hola. Soy ___(tn).

—¡Oh! Eres la chica que fue a la habitación la otra noche —dice Friday.

—Yo no fui a ninguna parte —digo, ofendida por el hecho de que supieran que había ido. ¿Riley les contó que yo toqué la puerta?

Qué vergüenza.

Friday se inclina y susurra en mi oído:

—Creo que Nicholas quiere follarte.

Sintiendo el aire siento sacado de mis pulmones, me acomodo en mi asiento y luego la otra chica, Debbie, también se inclina a mí.

—En serio, Nicholas quiere follarte. Se puso tan grosero cuando viniste a la habitación y hablaste con Riley. Yo estaba en su regazo y al escuchar tu voz se encendió. Se levantó con toda su fuerza.

—¡Demasiada información!¡En serio! —gimo, sacudiendo la cabeza con una risa nerviosa. Estoy completamente roja ahora, luchando con mil y una emociones a la vez.

—Yo incluso me ofrecí a encargarme de su problema —agrega Debbie—. Pero él simplemente me mando a volar, dijo que estaba bien y se fue. Se despidió de sus amigos, luego se fue a su habitación y se encerró. Pete quiere asegurarse de que no vuelva a suceder esta noche.

Bajo la mirada a mis rodillas y un abrumador sentimiento de posesividad que yo ni siquiera sabía que pudiera experimentar revolotea a través de mí.

—¿Por qué tiene que echar un polvo todas las noches? —Les pregunto, incapaz de ocultar mí disgusto.

—¿Es una broma? Es Nicholas. Debe acostumbrado a echar muchos polvos. A diario.

Me mofo, agito la mano y me vuelvo para mirar el vacío cuadrilátero, sin querer pensar en lo acostumbrado que Nicholas está a eso, pero una representación visual de su hermoso cuerpo entrelazado con cualquier otra persona hace que mi estómago se apriete incómodamente, si hubiera comido algo recientemente estaría en peligro de perderlo.

Diez minutos después, oigo su nombre saliendo de los altavoces:

—Y ahoooora, damas y caballeros, digan hola al único, el genuino, Nicholas Jonas, ¡RIPPPPPTIDEEEEEE!

Una corriente de sensaciones se dispara a través de mi cuerpo cuando él sale trotando y al instante siento el calor líquido que brota en mi ropa interior. Dios, odio las veces que durante el día le miro y quiero hacerlo mío. Quiero tocarlo, conocerlo.

Se sube al ring con ese traje brillante que contrasta totalmente con su absoluta masculinidad. Cuando se descubre a la multitud todo el mundo grita. Cuando lo hace mi corazón mientras lo devoro como si necesitara mi dosis. Hoy su pelo oscuro está perfecto y descuidadamente peinado, con esos músculos bronceados flexionándose mientras extiende los brazos y hace su pequeño giro. Y aquí estoy yo, mi aliento atrapado entre mis pulmones y mis labios mientras él se da la vuelta y explora la multitud. En cuanto me ve, sus ojos cobran vida, tan vivos como me siento yo cuando me sonríe. Me sostiene la mirada mientras esos hoyuelos destellan y juro que me mira de una manera que me hace sentir como si yo fuera la única mujer aquí. Cada vez que sube al el ring, él se mete en el papel. Y sus ojos... sólo me toman. Sé que no es cierto. Sé que estoy viendo sólo lo que yo quiero ver.

Pero por un segundo, sólo quiero sentarme en esta estúpida silla y creer que hay este tipo de magia entre dos personas y puedo ser alguien preciado para este hombre atractivo, rudo, primitivo, que es tan fuerte, misterioso y juguetón para mí, que me despierta un sentimiento como nada en mi vida lo ha hecho antes.

No puedo dejar de pensar en las chicas que Pete y Riley le han traído y eso es todo lo que puedo pensar cuando lo veo con su primer oponente, no sólo deleitándome a mí, sino a cientos de otras mujeres con el poder y la gracia de su cuerpo perfectamente formado.

Sin aliento, lo veo vencer a su segundo y tercero, sintiendo una oleada de orgullo cada vez que la palabra "vencedor" se une a su nombre.

Trabaja muy duro, entrena muy duro, y ahora yo sé términos de boxeo para sus movimientos. Veo su golpe un-dos. Sus puñetazos. Sus ganchos.

Y de repente lanza un poderoso gancho de derecha con el brazo izquierdo, después entierra un gancho de izquierda a las costillas de su oponente y sigue con un derechazo a la mandíbula que golpea al hombre en su totalidad. Su oponente trata de levantarse, pero se desploma en el piso, ensangrentado y exhausto.

Los rugidos del público con su nombre rugen en toda la sala.

—¡RRRRRRIIIIIIPTIDEEEEEEEEEEE!

Dios mío. Él lucha como un verdadero campeón y merece ser el campeón al final de todo. El corazón me golpea salvajemente. Observo como el maestro de ceremonias se dirige a levantar su brazo y espero con una extraña mezcla de ansiedad y anticipación al momento en que sea declarado vencedor, porque sé que en ese instante su mirada irá hacia la mía, como lo ha hecho en cada pelea desde la primera.

—Nuestro vencedor, damas y caballeros. ¡Riptiiiide!

Para el momento en que esos ojos azul eléctrico me buscan en las gradas, mi corazón palpita fuertemente en mis sienes y mis entrañas burbujean de emoción cuando me descubre. Se queda mirándome fijamente a los ojos y sus ojos son sólo mío, su sonrisa es sólo mía y por esa fracción de un instante, nada más importa, sino nosotros.

Esta noche me falta Melanie. Melanie, quien habría estado gritándole a mi lado y diciendo todo lo que me gustaría decir, pero yo soy muy cobarde para decirlo en voz alta. Pero en mi mente lo oigo y me gustaría que ella viniera a visitarnos para que yo pudiera gritarle como ella lo hace y decirle a Nicholas Jonas que está tan jodidamente bueno que no puedo soportarlo.

_____________________________________



Una hora más tarde subimos dentro en el coche y ambos, Riley y Pete, parecen viajar en un coche separado con Friday y Debbie, mientras que un chofer del hotel nos conduce a Nicholas y a mí en un Lincoln negro. No sé quién arregló esto de tal manera, pero me dijeron que esperará en el coche negro y de repente él se deslizó a mi lado en el asiento trasero y mi pecho se apretó nerviosamente porque se había duchado después de la pelea y se había puesto una camisa de botones negra con las mangas enrolladas hasta los codos y un pantalón negro dignos de caerse la baba y el olor de su jabón hizo que al instante mis pulmones se sintieran doloridos.

El asiento es amplio, pero de alguna manera mientras nos adentramos en el tráfico, me doy cuenta de que Nicholas se sienta cerca de mí. Demasiado cerca. Puedo sentir la palma de su mano contra la mía.

Probablemente debería apartar la mano, pero no lo hago. En vez de eso, miro por la ventana a la noche, las luces repartidas por toda la ciudad, ya que nos acercamos al club, pero seriamente no estoy viendo. Mi cuerpo está centrado en la parte donde nuestros cuerpos se tocan.

¿Por qué está tocándome?

Creo que está observándome, midiendo mi reacción, cuando él mueve el pulgar y traza a lo largo de la parte superior de la mía.

Quiero temblar. Para cerrar los ojos. Sólo absorberlo. No puedo olvidar lo que las chicas me dijeron y la pequeña vela de esperanza que se iluminó para mí está ahora ardiendo como una antorcha en mi interior. Necesito saberlo. Si me desea. ¿Me desea?

Se ve tan increíblemente apuesto que mi interior revolotea con renovada intensidad.

—¿Te ha gustado la pelea? —pregunta con voz grave y áspera mientras estudia mi perfil en las sombras del coche, con los ojos brillando intensamente.

Siempre me hace esa pregunta después de un evento en el Underground. Como si mi opinión fuera importante para él.

—No. No me gustó —digo mientras le miro y sonrío cuando frunce el ceño—. ¡Estuviste increíble! ¡Me encantó!

Se ríe, el sonido rico y masculino y entonces me sorprende cuando me agarra la mano en un agarre cálido y la levanta. Mi respiración se congela cuando lentamente se acaricia los labios con mis nudillos y puedo sentir la suavidad de su boca hasta la deliciosa cicatriz de su labio inferior, que ahora está casi completamente curada. Un pequeño zumbido viaja a través de mis venas mientras sus ojos me tienen atrapada durante todo el tiempo que me roza. La forma en que mira a través de las pesadas oscuras pestañas hace que mis pezones palpiten.

—Bien. —Su murmullo es caliente y húmedo contra mi piel y cuando baja la mano de nuevo al asiento y poco a poco desenreda los dedos de los míos, tengo que traerla de vuelta a mi regazo y sostenerla con su pareja, sólo porque de repente se siente demasiado vacía.

El club que eligieron esta noche está repleto y lleno con filas de gente, pero al segundo en que Nicholas sale del vehículo me arrastra hasta el portero, quien de inmediato nos permite pasar, donde Riley y Pete nos esperan en una sala privada en la parte trasera.

—Pete está recibiendo un baile erótico —le dice Riley a Nicholas—.¿A ti no te importa obsequiárselo como regalo de cumpleaños?

A través de la puerta abierta, vemos a una mujer con un plateado y brillante bikini en dirección a Pete, quien sentado en un sofá cerca del final, sonriendo mientras la observa. Estoy tan incómoda. Creo que acabo de retorcerme, porque de repente Riley me mira y sus cejas se dispararan hacia el nacimiento de su pelo.

—¿Te incómoda, ___(tn)? —pregunta, divertido.

Mi corazón se detiene cuando me doy cuenta de que Nicholas también me está mirando. Se asoma fijamente a mis ojos y después su mirada va a mi boca, y luego de nuevo a mis ojos. Su mano repentinamente envuelve la mía y susurra:

—¿Quieres verlo?

Sacudo la cabeza, no, y él me lleva al bar y a la zona de pista de baile. Hay una cantidad irreal de ruido y toda la pista de baile palpita con la música y el calor ardiente de cuerpos danzantes.

—¡Oh, me encanta esta canción! —grito cuando veo a Debbie saltando en el medio del escenario, me pilla mirando y viene para arrastrarme hacia la pista de baile.

—Nicholas. —Friday lo aplasta entre la multitud al mismo tiempo que Debbie chilla y tira de mí apretándome a su cuerpo, entonces agarra mis caderas y comienza a moverse en un sexy movimiento. Me río y doy la vuelta, con los brazos en el aire mientras que Scream de Usher llena la habitación con la música, entonces veo a Nicholas a sólo unos metros de distancia, elevándose entre la multitud.







No está bailando. De hecho, ni siquiera se está moviendo.

Me mira, con una sonrisa en su lugar, los ojos brillantes y, de repente, me agarra y me aplasta contra su cuerpo, zambulléndose en mi cuello. Aparta mi pelo a un lado y presiona su cuerpo en mi espalda, respirándome tan fuerte que puedo sentir su profunda inhalación. Mi estómago se aprieta en respuesta y siento su boca en mi nuca. Rozándola piel con sus dientes, y seguidamente su lengua sale a lamerme.

Mi cuerpo se electrifica. Levantando mis manos detrás de mí, agarro su cabeza y la presiono contra mi piel mientras sigo sus caderas, la gente baila a nuestro alrededor, el calor aumenta en la habitación. Sus manos cogen mis caderas, apretando mientras me empuja con más fuerza contra su frente y mis nalgas sienten lo empalmado que está. Quiere sentir lo mucho que me desea. Su lengua se arrastra por mi cuello hasta la parte posterior de la oreja. Un escalofrío me recorre cuando ensancha una mano en mi estómago y me vuelve hacia él.

Nuestros ojos se encuentran. Se sostienen. Los latidos de música dentro de mí, el deseo por él golpea y gira en mi interior y envuelvo mis brazos a su alrededor y empujo mi cuerpo al suyo, inclinando mi cabeza hacia arriba, a su boca.

Necesito probar su sabor. La sensación de él. No se acostó con esas putas. Su erección de ese día había sido mía. No ha mirado a una mujer en toda la noche. No en la pelea, no aquí. No ha tenido ojos para nadie, excepto para mí.

Y yo no tengo ojos para nadie, para nada, salvo para este impresionante y maravilloso hombre frente mí, quien me toca las canciones, corre, entrena conmigo y pone hielo en mis lesiones. Los gélidos ojos brillan de lujuria, pestañas oscuras buscando intensamente mientras mira fijamente a mis ojos, a mi boca y luego me toma la cara con una mano, de oreja a oreja, y me respira de nuevo, con los ojos cerrados, a la deriva, mientras acaricia mi cara con la suya.

—¿Sabes lo que estás pidiendo? —me pregunta con voz ronca y la respiración agitada y rápida—. ¿Lo sabes, ___(tn)?

No puedo contestar y agarra mi culo y me lanza contra él, poniendo su boca casi, casi, en la mía. Me está volviendo loca. Demente. Quiero tenerlo. Quiero permitirme tenerlo. Deslizo mis dedos por su pecho, en su pelo, suavemente bajo mis dedos.

—Sí. —Mi corazón late en mis oídos mientras me empujo en las puntas de los pies, atrayendo su cabeza hacia abajo, cuando alguien tropieza conmigo por detrás. Me tropiezo hacia delante. Nicholas me pilla con un brazo y me aprieta protectoramente a su lado.

—Pero si es Riptide y su nueva puta.



Mi cabeza gira bruscamente y me doy cuenta de que quienquiera que me empujó, no fue por accidente. Cuatro hombres se reúnen alrededor de nosotros y todos son enormes. Uno de ellos tiene un asqueroso escorpión negro tatuado en su pómulo derecho y es aún más grande que los otros.

Nicholas les echa un vistazo como si fueran tan significativos como un montón de moscas y seguidamente pone un brazo alrededor de mí y me saca de la pista de baile.

—¿Cómo se llama tu novia? ¿Qué nombre le dices cuando te la follas? ¿Vas a decirme?

Nicholas está sin palabras mientras me conduce hacia el bar, pero sus dedos se aprietan en un puño enojado detrás de mi top mientras me empuja hacia adelante. Los hombres marchan detrás de nosotros, pero Nicholas sigue ignorándolos. Me da la vuelta y bloquea mi vista de ellos con la pared de su pecho.

—Vuelve con Riley y pídele que te lleven al hotel —susurra.

La señal de alarma suena en mi cabeza mientras me doy cuenta de que esto es una mera provocación por parte de los demás para meter a Nicholas en problemas. He estado con el equipo lo suficiente para saber que las peleas fuera del ring pueden meter a Nicholas en la cárcel y sacarlo de competición.

—No puedes meterte en una pelea, Nicholas —Le advierto, cuando de repente, el más robusto de los cuatro hombres habla, alzando su voz lo suficiente como para ser escuchado perfectamente por encima de la música.

—Estamos hablando contigo, cabrón.

—Te he oído, imbécil, me importa un carajo lo que tengas que decir—replica Nicholas.

Su amigo trata de lanzar un golpe, pero rápidamente Nicholas lo esquiva y lo empuja con tanta fuerza que tropieza y cae. De repente, me doy cuenta de la táctica. Los amigos del tipo con el escorpión van a golpear a Nicholas para que no tenga más remedio que responder, golpearles como respuesta y ser echado de la liga y posiblemente metido en la cárcel, mientras que el del tatuaje del escorpión no hizo “nada.”

Y si este tipo es el que Nicholas necesita vencer en la final, entonces probablemente esté emocionado de encargarse de él antes del combate.

¡Qué cabrón perdedor!

Nicholas se está enojando en toda regla a mi lado, agarrando a uno por la camisa y siseando.

—¡Lárgate o te corto las malditas bolas y luego alimento a tu madre con ellas!

Lo empuja hacia atrás, luego agarra a los otros dos y los empuja al mismo tiempo, uno con cada brazo. Se ve tan enojado que realmente me estoy preocupado. Las venas aparecen en sus manos, brazos, cuello y cuando el tercer hombre se le acerca por la espalda, el codo de Nicholas vuela detrás de él y cierra perfectamente el rostro del pobre.

—Lo siento mucho, amigo—Se disculpa y el hombre maldice en voz baja y cubre su nariz ensangrentada.

Mientras tanto, veo que el hombre con el tatuaje de escorpión está mirando felizmente con una sonrisa.

Oh, no, no, ¡imbécil!

La respuesta de huida o lucha es ahora toda una fuerza en mi cuerpo. Mi cerebro zumba mientras la sangre tira caliente y urgente a través de mí. Ya siento que alimenta mis músculos, mi corazón latiendo salvajemente. Corro hacia la barra, me acerco, cojo dos botellas y vuelvo para girarlas por encima de cada una de las dos cabezas de los idiotas. Se estrellan en forma pareja mientras disparan brotes de vidrio por todas partes.

Agarro otra botella y vuelvo corriendo de vuelta, en dirección al tercer hombre, cuando veo cómo Nicholas me observa con una mirada de horror y una cara que está progresivamente volviéndose escarlata. Agarra la botella de mi mano, la golpea de nuevo en el bar y luego me tira para arriba en su espalda como un saco de patatas y pasa a través de la multitud hacia Pete.

—Nicholas. —Me quejo, golpeando su espalda con mis puños mientras me retuerzo. Mis hormonas se disparan cuando me doy cuenta de que una de sus manos está en mi culo. He oído susurrar algo a Pete, y, finalmente, la sangre retrocede en la dirección correcta cuando se mete de nuevo en el coche. La adrenalina bombea a través de mí. Nunca he estado en una pelea. Se siente increíble. Increíble.

Nuestro chofer se desliza detrás del volante, arranca en el tráfico de la ciudad y me doy cuenta de que Nicholas está respirando fuerte y rápido en el asiento trasero.

Igual que yo.

Nuestras miradas se encuentran en las sombras a través de los coches y sus ojos están profundamente oscuros, el rostro grabado con furia al rojo vivo.

—¿Qué diablos crees que estabas haciendo? —Explota.

Sus manos son puños sobre sus muslos y, por un momento, creo que va a golpearlas en el respaldo. La mirada en sus ojos es ferozmente cruda y extraña. Casi animal. Algo así como... posesiva. Y provoca un estremecimiento extraño que golpea la realidad dentro de mí.

Había estado dispuesta a besarlo. Mis manos se aprietan en mi regazo mientras trato de mantenerlas quietas.

Pero Dios, estoy tan herida, no soy consciente de la necesidad mientras lo miro. Inconsciente y rota por dentro por el doloroso anhelo de querer estar con él. Sus dedos están inquietos y quiero agarrar su mano y hacer que esta se doble alrededor de mis pechos y rogarle que me toque.

—Acabo de salvar tu culo y me sentí increíble —digo y una nueva oleada de adrenalina cursa a través de mí como recordatorio.

Nicholas parece estar colgando de un hilo mientras se frota la cara y pone los codos en las rodillas, sus rodillas hacia delante, frotándose la nuca con las manos, que ahora descubro que está temblando ferozmente.

Tampoco está respirando bien.

—Por el amor de Dios, no vuelvas nunca, nunca, a hacer eso de nuevo. NUNCA. Si uno de ellos te pone una mano encima, ¡los matare y me importa una mierda quien me vea!

Un estremecimiento de emoción se dispara a través de mí mientras se inclina hacia atrás y me mira con una lujuria alucinante. Atrapa mi muñeca y aprieta tan fuerte que me quedo sin aliento, y baja la mirada y me libera.

—Lo digo en serio. Nunca vuelvas a hacer eso.

—Por supuesto que lo haré de nuevo. No voy a dejar que te metas en problemas.

—Jesús, ¿hablas en serio? —Tan fuertemente agitado como nunca lo he visto, se frota la cara y se queda mirando tristemente por la ventana, su cuerpo tiembla furiosamente—. Eres un petardo de dinamita, ¿sabes?

Me encojo de hombros y asiento un poco, sintiéndome tan fuerte como él.

Cuando subimos al ascensor, estamos solos, pero él está de pie en el lado opuesto a mí.

Está raro. Histérico. Sus ojos mirándolo todo, menos a mí. Craquea los nudillos, luego su cuello.

—Está bien —digo tocándole el hombro con suavidad y se tensa como si lo quemara, mirando mi mano sobre su hombro. Retrocedo a mi lado y nos miramos fijamente. El aire entre nosotros casi retumba como un trueno. Parece que quiere que saltar sobre mí y alejarse, todo a la vez.

Flexiona sus manos a los costados y suaviza la voz mientras nos dirigimos por el pasillo a nuestras habitaciones, pero todavía suena ronca de emoción.

—Siento que hayas tenido que ver a esos idiotas —murmura. Está visiblemente tratando de calmarse mientras rastrilla una mano por su pelo puntiagudo—. Voy a romperle todos los jodidos huesos a Scorpion y le arrancaré los malditos ojos en cuanto tenga oportunidad.

Asiento para apaciguarlo, porque creo seriamente que esta sediento de violencia con ellos. Pero estoy tan herida, no sé qué voy a hacer sola en mi habitación. No sé dónde poner mis manos, mis pensamientos, toda esta aceleración dentro de mí dando vueltas y vueltas y dirigiéndose a ninguna parte.

—¿Puedo ir a tu cuarto hasta que los chicos vuelvan? —pregunto.

Duda, luego asiente con la cabeza y le sigo a su lado. Nos acomodamos en el sofá de la sala y enciende el televisor en el primer canal que aparece.

—¿Quieres algo de beber?

—No —digo—. Nunca bebo el día antes de volar o me pongo doblemente deshidratada.

Él asiente y trae dos botellas de agua del bar.

Se deja caer a mi lado.

Su muslo termina tan cerca que puedo sentir sus cuádriceps. Mi corazón palpita todavía como un loco. Recuerdo la forma en que bailamos y mi piel se ruboriza de nuevo.

—¿Por qué te metías en problemas cuando eras profesional? —pregunto—. Una pelea como la que acabas de prevenir.

Se queda mirando a la pantalla, con la mandíbula trabajando y lo miro sin poder hacer nada al juego de luces y sombras en su rostro, hipnotizada.

Extiende su brazo derecho en el sofá detrás de mí con una calma engañosa, pero puedo sentir la tensión emanando de su cuerpo y, de repente, siento mi ritmo cardíaco en la estimulante anticipación. Ruidos extraños de la televisión se filtran en mi mente, y entonces me doy cuenta de la pareja que está besándose en la televisión. Mi estómago se aprieta.

Nunca he visto esta película antes, pero por cómo la música de fondo se enciende, sé que una escena de sexo ardiente se cierne por delante.

Un destello de tormenta pasa a través de su mirada mientras agarra el control remoto y la apaga, entonces lanza el mando a un lado y baja la mano a mi nuca. Sus dedos se curvan suavemente alrededor de mi cuello, cálidos y muy fuertes, cuatro dedos que van a un lado de mí y con el pulgar hacia el otro haciendo círculos suavemente sobre mi piel mientras gira hacia mí.

Sus caricias pueden excitarme al extremo, haciéndome hace sentir borracha e increíblemente temblorosa.

—¿Por qué hiciste eso por mí? —Su voz es insoportablemente íntima mientras me mira en las sombras.

—Porque sí.

Ambos nos miramos fijamente como nunca y soy más que consciente de todos los puntos de contacto de nuestros cuerpos. Su muslo contra el mío. Su mano en mi nuca, apretando suavemente.

—¿Por qué? ¿Alguien te ha dicho que no puedo cuidar de mí mismo?

—No.

Sus ojos van a mis labios, después a mis ojos y lentamente, cierra los ojos y pone su frente en la mía y lo único que puedo hacer es respirar como una drogadicta, con mis entrañas intoxicadas con sólo un soplo.

Nada en mi vida me ha olido tan bien como él. Recién duchado. Sudoroso.

Sólo él.

Su inhalación profunda llega a mis oídos y me encuentro a mí misma tocando su boca con la punta de un dedo solitario. Sus labios son tan rollizos y firmes, pero al mismo tiempo, suaves y sedosos. Siento un golpe rápido y húmedo mientras su lengua sale a lamerme y un estremecimiento se dispara a través de mi columna vertebral. Él gime y empuja todo mi dedo en la boca y cierra los ojos mientras succiona.

—Nicholas... —respiro.

—Cariño, ¡ya estoy en casa!

Bricamos apartándonos al sonido de un portazo y la voz sarcástica de Pete.

—Sólo quería asegurarme de que llegaron bien. Seguro que Scorpion tiene ganas de volver a ponerte tu culo en la cárcel.

Las luces se encienden y Nicholas deja mi dedo como si fuera un arma cargada, se levanta y va a la ventana, está respirando con dificultad, audiblemente fuerte. Tan fuerte como yo.

Al instante me pongo en pie.

—Será mejor que me vaya.

Pete toma la escena con una cara impasible y no dice nada mientras me apresuro a través del cuarto para irme.

—Sólo te esperaré aquí, Nicholas —dice Pete con calma.

Nicholas no responde, pero me sigue a mi habitación.

Siento su calor corporal en la espalda mientras deslizo mi llave en la ranura. Oigo su respiración detrás de mí, todavía un poco desigual, contra mi pelo. Le deseo, pero ahora puedo ver más allá de la puerta abierta a la primera de las camas matrimoniales y los pies de Diane están en ella.

Mis pezones son dos puntos duros empujando contra mi sujetador y tengo las bragas empapadas por pasar toda la noche deseándolo desesperadamente. Lo deseo tanto que siento un nudo de necesidad y frustración duplicándose de tamaño en mi garganta porque no lo puedo tener. ¿Cómo van a cambiar las cosas si no hacemos nada? Es sólo que no puede funcionar. No puede ser. Yo soy su empleada y esto es sólo temporal y una aventura de una noche con él ya no es una opción. ¿O sí? Me gusta demasiado.

Oh, Dios.

Me gusta.

Demasiado.

Mucho.

—Buenas noches —susurro, obligándome a mirar su hermoso rostro.

La violenta ternura en sus ojos se filtra en cada poro de mi cuerpo y me agarra y planta un beso en mis labios, rápido y seco, pero se abre de un golpe una gran cantidad de deseo dentro de mí como lo hizo la primera noche que me besó en Seattle y susurra:

—Eres hermosa. —Dirige su pulgar con desesperación a lo largo de mi mandíbula e inclina mi cabeza en alto, besando mis labios, seco y rápido de nuevo—. Eres tan jodidamente hermosa que no pude apartar mis ojos de ti en toda la noche.

Entonces se va y una vez estoy de nuevo en mi habitación, escuchándole llamarme hermosa, soy tan hermosa y estoy temblando como si estuviera desnuda y sola en medio de un huracán.

Me cubro con todas las mantas de la cama y pongo mi puño contra mis labios, como si eso puede bloquear sus besos en ellos y una eternidad después, odio seguir despierta y temblando.

No sé qué voy a hacer, pero quiero hacerlo mío más de lo que he querido nada.

Incluso los Juegos Olímpicos.











Bueno, solo quería decir que esta novela es una completa montaña rusa de emociones. Enserio, pasarás de feliz, a preocupación, a tristeza, a enojo, y a celos... aunque bueno, yo personalmente me volví loca cuando lo leí.
Es el primer libro que de verdad me enamoré completamente del protagonista.
Ya no daré más comentarios... ¡HASTA LA PRÓXIMA!
PD: Ya había dicho que me pasaría por sus novelas (lo cual cumpliré), pero por ahora tengo un buen de trabajo escolar, así que probablemente me vean los findes, ya que es cuando menos tarea tengo.










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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 6th 2014, 19:43

si me imagino
esta hermosa
pero a veces la forma de ser de nick confunde
pero esta bien
siguela
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 6th 2014, 23:13

hola has subido un monto de capitulos, no los podre leer unas semanitas quizas porque la plataforma de mi internet esta pesima esty agarrando wi-fi y no los puedo leer BIEN asi , no puedo tomarme mi tiempo, asi que sigue subiendoo, no creas que me olvide y espero pasar pronto
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VaLeexD
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 7th 2014, 16:28

Enseriio me encanta es exactamente como la describiste una montaña rusaa ,me encanta

Suerte con tu trabajo escolaar!!

Siiigueelaa prontoooo
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MensajeTema: Capítulo 6: Miami no es tan ardiente...   Marzo 7th 2014, 20:39








¡Heeeeeellooooooo! Okya! ¿¡SABEN QUE DÍA ES MAÑANAA!? ¡SÁBADO! Baile de 5 segundos para mi  Canta Baila Baila Baila 
Bueno, ando re happoy por... bueno, porque simplemente la vida apesta, pero creanme, algunas veces tienen buenos olores... menos cuando vas al baño, ese olor no es nada bonito.
¡Okya! Menos cháchara y más capítulos.
Tenía por costumbre responder personalmente comentarios (soy media loquita, no te preocupes, mi mamá me contó que de chiquita me caí de mi carriola, así que asumo mi locura por ese golpe xD) y lo volveré hacer!


Lady_Sara_JB: Bueno, si, al principio creí que se drogaba... pero luego me di cuenta y pues dije "¡CON RAZÓN!" aunque dejame decirte que es todo un amor!!
ro$$ 100% fan$ griton@: ¡Hello! Ammm... sí, sé que es tener pésimo internet, así que no te preocupes, chica! Que no me iré. Aunque dejame decirte que conmigo en una semana tendrás al menos más de 5 capítulos #JustSaying.
VaLeexD: Sí, me quemé el coco para pensar la palabra adecuada a la novela, y pues aun me sigo quemando el coco pero pienso que esa se acerca... mucho.
















• Capítulo 6 (Parte I)•

Miami no es tan ardiente

















Hoy volamos a Miami.

La sección de asientos delantera del avión está hablando de Scorpion y la “lucha fuera del ring” que casi ocurrió anoche. Tomo asiento en el último banco al final con él, lo que parece estar convirtiéndose en algo habitual, y terminamos sacando nuestros audífonos. Él tiene su iPod en la mano y ya se encuentra buscando entre sus canciones, y yo en las mías, sin saber si la canción que elegiré la escuchará él o yo.

En el auto de vuelta al camino, extendió su brazo y susurró—: Arregla mi muñeca por mí.

Tiene la muñeca más gruesa y densa que he visto nunca, y tan pronto como comencé a moverla supe que era sólo una excusa para que lo tocara, se sentía perfectamente movible, lo cual hizo que encogiera mis partes íntimas ante el recuerdo. ¿Querrá tocarme tanto como yo lo deseo?

—Pon una canción para mí —susurra ahora. Increíble como una sola mirada suya puede hacer que mi corazón de un vuelco.

Asiento, pero vacilo entre qué canción elegir. Él también está mirando, y veo que también duda.

Ninguno de los dos está sonriendo. Ninguno de los dos ha sonreído desde ayer. Cuando casi hicimos una locura… maravillosa.

Todavía estoy buscando una canción cuando me alcanza su iPod y coloco mis audífonos para escuchar, y la canción que comienza es High on You por Survivor (no encontré la canción traducida). Enseguida me lleva de vuelta a su primera pelea cuando presto atención a la letra.

Tocan en mi oído, sonando divertido, con ritmo, y alegría, recordándome cómo lo observaba pelear, y luego, la multitud cerrándose a nuestro alrededor, y su mano tocando la mía, y lo electrizante que eso se sintió…

Me estoy sintiendo tan traviesa como frustrada, y sólo quiero saber qué haría él si yo hiciera una locura, así que busco por otra canción vieja realmente divertida que escuché revivida en un episodio de Glee, llamada Anyway You Want It por Journey, y se lo paso.


(Versión Original)


(Primera Versión favorita: Glee)


(Mi versión segunda favorita: Rock Of Ages)


Comienza a escucharla con una sonrisa, y cuando llega al estribillo se da cuenta que básicamente le está diciendo que puede “tomarlo” de la forma que quiera, entonces levanta sus ojos a los míos. Hay una pregunta dentro de ellos, y su mirada salta sin esfuerzo alguno entre mis ojos y mis labios, mis ojos y labios, hasta que caen y descansan en mis labios. Los lamo, y noto como sus ojos se amplían, luciendo pesados por algún sentimiento.

—Nicholas —Llama Pete desde el frente.

—Tiene audífonos puestos, no puede escucharte —respondo por él, pudiendo yo escucharlo ya que mi canción había terminado.

—Santo Dios, deja de excitarlo, ___(tn). Especialmente si no vas a…

Se me escapa una risa, y Nicholas, completamente inconsciente de lo que Pete acaba de decir, parece profundamente absorbido en mí y la música. No sé lo que su mirada significa, pero agacha un poco más su cabeza. —Pon otra —me ordena ásperamente, sus sombríos ojos azules observándome intensamente.

Dudo por un momento, pero por dentro, estoy burbujeando con pasión y malicia, así que me lanzo con otra vieja canción que parece ir con la situación, y reproduzco All I Wanna Do Is Make Love To You por Heart.





En el momento que el estribillo comienza, noto que sus pupilas están salvajemente dilatadas. Mi respiración se corta, y me doy cuenta que al poner esa canción, básicamente le estoy rogando al hombre que me haga el amor, que diga que…

La ansiedad en su mirada hambrienta reflejada en su rostro hace que me deslice en mi asiento cuando se inclina hacia adelante. Su mirada sostiene la mía mientras inclina su oscura cabeza, sus ojos ardientes, impulsándome.

Desliza su mano por mi cintura y me acerca aún más hacia él, luego inclina su cabeza y presiona sus labios en mi oreja. Creo que acaba de besar mi oreja. Mis terminaciones nerviosas cantan cuando toma su iPod y coloca música para mí. Reproduce Iris de nuevo, observándome mientras cada compás me roba el aliento, y la letra me hace querer llorar.


(Ni crean que Nick tiene algo con "Iris", ni crean xD)


Inundada de anhelo, sostengo su mirada mientras suena la canción, y sus ojos se encuentran tan ardientes y consumidos como las palabras que estoy escuchando. Cuando termina, quita mis audífonos, luego los suyos, su respiración desigual y al límite mientras se inclina nuevamente hacia mí y vuelve a besar mi oreja. —¿Me deseas? —me pregunta en un tono gutural que pone a todos los vellos de mi cuerpo en alerta.

Asiento con ferocidad contra su cabeza, y sus manos se encogen alrededor de mi cadera. Se hunde en mi cuello e inhala profundo. Un estremecimiento corre a través de mi cuerpo, y estoy inundada con la certeza de que esta noche, esta noche luego de la primer pelea en Miami, Nicholas va a hacerme el amor.

El resto del vuelo él mantiene su brazo alrededor de mis hombros y me sujeta contra su fuerte lado, y continúa haciendo juegos sexuales previos en mi oreja, el único lugar dónde los demás no pueden ver lo que me está haciendo. Atrapa el lóbulo de mi oreja entre sus dientes, lame el borde de ésta, y se ha olvidado por completo de colocar música para mí.

Mientras me estremezco desenfrenadamente, húmeda y retorciéndome entretanto continúo echando vistazos hacia sus pantalones vaqueros, los cuales están a punto de reventar gracias a la plenitud de su erección. El volumen tirando de la tela vaquera es tan asombroso que mi mano pica, y mi lengua quiere probarlo, lamerlo, mis partes íntimas encogidas desesperadas gracias al deseo.

Llegamos al hotel cinco estrellas, y el combo de anticipación y excitación con el que he estado luchando se lanza hasta el techo cuando noto que Nicholas me ha reservado la suite presidencial de dos habitaciones con él. Mientras las llaves son entregadas, todo el mundo también parece notarlo.

—Sinceramente espero que sepas en lo que te estás metiendo —dice Pete en un susurro preocupado, sus cejas arrugadas en las esquinas.

Los ojos de Diane están casi llenos de lágrimas mientras se pega a mi lado en el vestíbulo. —Oh, ___(tn), ¿considerarías ser mi compañera de cuarto?

Riley se acerca y me mira con toda honestidad, palmeando mi hombro como si estuviera yendo a la guerra. —Está intentándolo tanto como nunca lo había visto hacerlo por ti ___(tn).

Sus actitudes realmente no me confunden.

Sé que están preocupados de que esto termine mal. Soy la empleada de Nicholas, y una temporal, y tiene una mala reputación con un montón de evidencia apoyándolo. Obviamente tiene un temperamento, y ha probado poder ser demasiado caliente para manejarlo. Pero aunque es tan fuerte, sé instintivamente que nunca me lastimaría, y nunca ha hecho nada para demostrar lo contrario. El resto no importa ahora. Simplemente no me importa para nada. Lo quiero. Con una fuerza que no había sentido en seis años. Y voy a ir por él.

Tal vez yo también tengo un botón rojo de autodestrucción. Los nervios de lo que sucederá me recorren crudos mientras subimos a nuestras habitaciones para prepararnos para la pelea., y de repente necesito tanto a Melanie que saco mi teléfono de la cartera y le escribo un mensaje inmediatamente, ya que han pasado unos días de la última vez.

___(tn): ¡¿Cómo está mi mejor amigaaaaaaaaaa?!

Melanie: ¡T xtraño! ¡Pero t perdono si me dices que ya has atrapado a ese pedazo de hombre sexy!

___(tn): Oh, suspiro

Melanie: ¿Qué? ¿¿¿Lo hiciste???

___(tn): Mel

Melanie: ¿¿Qué?? ¿Qué?

___(tn): Creo que me estoy enamorando de él.




_________________________________




Tomó a Miami como una avalancha.

Acabamos de volver de su pelea y todavía estoy sin aliento por el regocijo. Nicholas apenas fue rozado por sus oponentes. Estaba súper cargado, su cuerpo preciso y muy poderoso que ni siquiera tuvo que dar muchos golpes para noquear a sus oponentes. Arrasó con cada uno de ellos como si estuviera de vacaciones, y al final de la noche, las personas gritaban encantadas, e incluso el anunciador estaba sin aire. —Que descansen en paz estos pobres hombres, Dios mío, ¡este hombre sabe golpear! ¡¡¡Vamos, RIP!!! ¡Arranca sus cabezas, maldito bastardo! ¡Riiiiptide, damas y caballeros! ¡Riptiiiiiide!

Incluso Riley estaba tan emocionado observando desde la esquina, donde se había trepado en la espalda del Entrenador y golpeaba su puño en el aire, gritando fuertemente. Mientras Pete parecía haber dejado su ser responsable en Atlanta, antes de irnos de Underground, declaró—:¡Deberíamos jodidamente celebrar!

Antes de que Nicholas siquiera supiera lo que estaba ocurriendo, ya había una multitud de gente siguiéndonos en media docena de vehículos. Así que ahora estamos en la suite presidencial con lo que parecen miles de extraños, pero claro, no pueden haber tantos realmente.

Y en realidad, Pete dijo que la mayoría de estas personas habían salido de fiesta con Nicholas anteriormente, así que solamente eran extraños para mí.

La multitud era tan extensa, que incluso el pasillo estaba plagado de personas, haciendo tanto ruido que no podía pensar en lo afortunados que éramos de que las otras dos enormes suites presidenciales estuvieran vacías, si no tendríamos que buscar otro lugar dónde dormir.

Estoy decepcionada de que no he podido verlo desde que se duchó y cambió. Ha estado siendo acosado por admiradores, y fue traído al hotel por un grupo de viejos amigos locales, quién lo dejó conducir el Ferrari que uno de ellos había comprado.

Ahora, mientras me deslizo entre las personas en lo que se supone sería la suite de Nicholas y mía, me pregunto si debería unirme a la alegría e ir y emborracharme, cuando aplausos rompen en la entrada, seguido por un inconfundible ánimo que sólo un hombre que conozco puede hacer. Él entra en la habitación en los hombros de cuatro hombres. Mi corazón tartamudea. Tiene una gran sonrisa en su rostro, Nicholas engreído a su décima potencia, absorbido por sus victorias, y absorbidas por él, las mujeres gritan—: ¡Nicholas! ¡Nicholaaaas!

—Así es, ¿quién es el hombre? —grita, y golpea su puño en su pecho. Me río, completamente absorbida, encantada y fascinada por él. El aura que emana esta noche lo hace resplandecer como el sol. Si en este momento dijera que puede volar, creo que todos le creeríamos. Todo el mundo presente parece magnetizado por él, gravitando a su alrededor sin poder hacer nada. Él me encuentra, su sonrisa se suaviza y sus ojos se avivan con una extraña, hambrienta, y de alguna manera brillante mirada—. ___(tn).

Salta a sus pies, me hace señas y la multitud se aparta para dejarme pasar. Me sonríe, sus bailarines ojos azules sostienen los míos mientras camina lentamente hacia adelante y me encuentra a mitad del camino. Me alza en sus fuertes brazos, me gira alrededor, y entonces me besa.

En el instante que toma mis labios, fuegos artificiales comienzan a salir de mi cuerpo.

Todo el deseo reprimido por días y semanas, agregan a ese momento único cuando todo lo que soy, y todo lo que quiero, se resume a esto. A mí, acercando la oscura cabeza de Nicholas Jonas más hacia la mía mientras abro mi boca y lo dejo darme absolutamente todo lo que quiera.

Su beso hace que mi estómago se retuerza en un tornado salvaje. Me sostiene fuertemente de las caderas y con destreza mueve sus labios mientras acaricia mi lengua con la suya. Una vibración se oye en el fondo de su centro a la vez que me acerca todavía más y me fuerza a sentir su erección, todo mientras inclina su cabeza y toma mi boca como si no hubiera mañana.

La gente celebra a nuestro alrededor, y cuando le dicen: “¡Ve a coger ese coño!” Nicholas me libera. Respira difícilmente por su nariz mientras trae su boca hacia mi oído, donde susurra, ardiente y bruscamente—: Eres mía esta noche.

Un febril gemido escapa de mí. Acurruca mi rostro entre esas grandes manos que me hacen sentir pequeña y frágil, y hambrientamente vuelve a capturar mi boca. Esta vez lo lleva con lentitud, como si fuera algo preciado y valioso. —Eres mía esta noche.

Mira de nuevo mi rostro, sus ojos hirviendo de deseo. Creo que acabo de asentir en acuerdo, pero tiemblo demasiado para saberlo con seguridad. Una sofocante fiebre corre a rienda suelta a través de mí. Mis piernas no dejan de temblar mientras cada una de las células en mi cuerpo grita de lujuria porque lo quiero. Lo quiero ahora.

—Nicholas, te deseo, ¡tómame! —grita una mujer, pero él la ignora, ignora todo. Excepto a mí.

Sus son ojos oscuros e intensos, recorre los lados de mi rostro con la yema de sus grandes, callosos pulgares, luego extiende sus dedos sobre mi cuero cabelludo mientras me besa de nuevo, nuestras bocas ardientes y húmedas amoldándose, sedientas y ansiosas. Arrugo la suave tela gris de la camisa que usa con mi puño, muriendo con las sensaciones. Ni siquiera me importa quiénes están mirando, soy inconsciente de las crudas cosas que están silbando. No me había dado cuenta lo mucho que deseaba esto, que necesitaba esto, hasta que estos temblores ondularon a través de mi cuerpo, y estoy en un flujo continuo bajo su insistente boca sexy, la mirada en sus ojos que me hace sentir como si fuera la única mujer viva para él.

—¡Llévala a tu habitación, Jonas! —grita alguien. Pero él parece absorto solamente en mí, y yo en él.

Sosteniéndome protectoramente entre sus fuertes brazos, acaricia mi cabello mientras sus labios vibran recorriendo la curva entre mi cuello y mi clavícula, sus dedos deslizándose por mi cuello mientras, una vez más, como un canto, roza mi oído y dice—: Mía. Esta noche.

—Tú también. —Acaricio su mandíbula y busco su oscura mirada cuando, de repente, él es arrancado por cuatro hombres quiénes ágilmente lo ponen en el aire de nuevo.

—Nicholas, Nicholas… —cantan, sacudiéndolo en unísono. La risa me llena, y burbujas de felicidad revientan en mi pecho. Estoy feliz por mí. Por él. Por esta noche.

Cerca, Pete y Riley observan la escena con caras tan desoladas y preocupadas, que se siente como si estuvieran enterrando un cadáver esta noche.

—¡Diviértanse, chicos! —digo riéndome mientras me acerco. Con seguridad mis abuelos festejan mejor que estos dos. Pero ellos sólo sacuden sus cabezas y siguen observando todo sombríamente.

—Es demasiado bueno para ser verdad —murmura Pete, más para Riley.

—Lo sé, hombre. Mierda.

—Sí. —Pete rasca sus rizos—. ¿De verdad instigué toda esta fiesta?

—Prepárate para el aterrizaje forzoso —Es la única respuesta de Riley, luego camina hacia el pasillo, moviendo su cabeza de lado a lado.

La confusión me golpea. —¿Qué va mal? —pregunto a Pete.

—Nada. Todavía. —Observa su reloj, luego a Nicholas quién está siendo arrastrado de vuelta al bar—. Pero si algo se da de forma que a él no le guste, entonces sí vamos a estar en problemas. Grandes. Problemas.

Mirando alrededor, veo que sólo hay sonrisas y risas mientras que la música rock del iPod de Nicholas rompe desde los altavoces de la suite.

Realmente no sé de lo que estos dos están tan preocupados. Todo el mundo se está divirtiendo, y Nicholas trabaja tan duro como cualquier persona que he conocido. Se merece dar rienda suelta. Sí, es un poco hiperactivo, pero para mí es obvio que él tiene una adrenalina gracias a la lucha, y se ha añadido a la misma cosa que hemos estado sintiendo los dos, Nicholas y yo, enroscado como cobras hambrientas, por semanas.

Durante todo el día de hoy, cuando subimos a dejar nuestras maletas en la suite, nos fuimos a almorzar con el equipo y se preparó antes de la pelea, cada instante de esos momentos, nuestros ojos han estado salvajemente buscando los del otro, y tan pronto como se encontraban, las chispas saltaban entre nosotros en arcos tan poderosos que la necesidad de estar con él me corta como latigazos. Incluso en la pelea, cuando se volvió para mirarme antes de que comenzara, sus ojos azules ardieron a fuego lento con un feroz apetito de tenerme. Yo sé que él siente la misma hambre que yo ahora, mientras espero, febril con la anticipación de esta noche. Mi cuerpo zumba de la excitación, y después de una pelea increíble, sé que Nicholas está zumbando como loco. Está lleno de energía. Avivado y preparado.

Su energía es tan poderosa esta noche, que realmente atrae a cada célula y átomo de mi cuerpo, bañándome en pura conciencia femenina de su masculinidad.

Ahora veo cómo el vierte algunos tragos de tequila detrás de la barra, y una llamativa rubia a su lado exprime el jugo de limón en su escote y añade un poco de sal, luego exprime un vaso justo entre sus tetas bien apretadas. Ella tira de las muñecas de Nicholas para que fuera a tomarlo. Los celos aprietan todos los músculos de mi interior, sólo aflojando cuando Nicholas agarra al hombre más cercano alrededor y empuja su cara en sus tetas, riéndose, fuerte y varonilmente, mientras agarra los dos tragos que había servido y comienza a volver a mí.

Sus ojos se encuentran con los míos, se vuelven oscuros y salvajes. Tan oscuros y salvajes como el aleteo en mi interior. Parece que no quiere festejar con nadie más que conmigo, y el conocimiento me golpea justo en las rodillas. Entre mis muslos, me he vuelto sensible, mojada e hinchada.

Lleva un salero y limones en una de sus palmas. —Ven aquí —dice, brusco pero suave mientras pone los vasos de chupitos sobre una consola de la entrada. Succiona la rodaja de limón entre sus labios, e inclina la cabeza para pasármela a mí. Abro la boca y el jugo de limón se derrama dentro de mí, de su boca, entonces la aleja y pega su lengua con la mía. Él gime, los dos lo hacemos, mientras nos detenemos y nos besamos, lamiéndonos mutuamente, hasta que gime una vez más y da un paso hacia atrás para alcanzarme el vaso.

Nunca me he emborrachado con alguien, y de repente me alegro de que sea con él. Temeraria alegría corre por mis venas. Me siento malvada e impulsiva, haciendo todo lo que nunca he hecho. Tomando el vaso entre mis dedos, bebo el líquido y siento arder un camino por mi garganta, y cuando me alcanza el limón de nuevo, estoy completamente loca de emoción.

Repitiendo lo mismo que él hizo, succiono la rodaja de limón en mi boca, y agacha la cabeza y chupa el jugo de limón de mí. Un gemido se me escapa cuándo el aparta el limón y lo remplaza con su lengua. Necesidad rasga a través de mí, y mis brazos van alrededor de su cuello.

Los vasos vacíos de chupito se estrellan en el suelo mientras él me agarra el culo, me impulsa a la consola, se desliza entre mis piernas y mete su lengua en mi boca.

Empuja sus caderas y dureza contra mí, la desesperación en el movimiento disparando rayos a través de mi cuerpo. —Hueles tan bien…—dice con un tono áspero en mi oído. Sus manos aprietan mis muslos mientras frota su dureza contra mí. Su boca roza un camino por mi sien, mi barbilla, y sus labios sobre los míos—. Te quiero ahora. No puedo esperar para deshacerme de estas personas. ¿Cómo te gusta, ___(tn)? ¿Duro? ¿Rápido?

—De cualquier forma que tú quieras —murmuro, embriagada por la sensación de sus brazos, su boca, del roce a través de la ropa de su sexo contra mi sexo. Creo que mis palabras le hacen recordar la canción que reproduje para él, porque gime y agacha la cabeza para mordisquear suavemente mi labio inferior.

—Espera aquí, pequeño petardo —dice, y hace su camino de regreso al bar.

Tomamos una segunda ronda de chupitos, luego se va por las rondas tres y cuatro, y estoy definitivamente mareada por la cuarta. Nunca he bebido antes, y no creo que mi sistema este equipado para manejar la situación. Mi cabeza gira mientras lo veo ir por la quinta ronda con una sonrisa boba. Algunos de los hombres lo agarran una vez más y lo disparan en el aire, gritando—: ¿Quién es el hombre? ¿Quién es el hombre?

—¡Pueden apostar sus traseros que soy yo, hijos de puta!

Ellos lo vuelven a poner de pie en el bar y empiezan a gritar mientras impulsan un enorme vaso de cerveza para él, y le gritan, con la triple cadencia mientras sus puños golpean el granito—: ¡Ni-cho-las! ¡Ni-cho-las! ¡Ni-cho-las!

—Cálmense, chicos —dice Pete mientras se acerca, tratando de calmar las cosas.

—¿Quién diablos es este nerd? —dice un hombre barbudo, y Nicholas lo agarra y lo empuja contra la pared con tanta facilidad como si no pesara más que un bebé prematuro.

—Él es mi hermano, sapo. Muestra un poco de maldito respeto.

—Cálmate, amigo, ¡yo sólo estaba preguntando!

Nicholas lo deja caer al suelo y se vuelve para servir nuestros tequilas.

Sé que él va a volver con más tragos, pero la gente sigue deteniéndolo, y mi estómago está haciendo ruidos. No puedo sentir mi lengua, y estoy bastante segura de que necesito vomitar.

Cubriendo mi boca, corro al baño de la habitación más pequeña, pero más cercana, e ignoro a la pareja haciéndolo en la cama mientras cargo en el baño, cierro de golpe la puerta y la trabo, luego caigo al lado del inodoro, tomo mi cabello y apenas logro levantar la tapa para vomitar mis tripas.

Cinco minutos más tarde todavía estoy en ello, jadeando mientras comienzo a tener una fiesta privada de lástima conmigo misma. Aquí mismo, en el cuarto de baño.

Dios. Mi estómago. Mi pobre hígado. Pobre de mí. Estoy tan jodidamente contenta de haber corrido en mis años de adolescencia en vez de dedicarme al ¡te−kill−ya! ¡No puedo creer que a Melanie le guste hacer esto! Gimo en la miseria mientras las náuseas regresan a mi garganta.

Dejo caer mi cabeza en el inodoro una vez más y convulsiono mientras todo se extrae fuera de mí.

Cuando pienso que he terminado, todo es un borrón y todavía estoy mareada. Me lavo la boca y busco mis vitaminas en las cosas que dejé en este cuarto de baño en caso de que prefiriera no compartir un baño con Nicholas, lo que parece una buena idea ahora que podría pasar toda la noche vomitando. Agarro un complejo B de color rojo y una mezcla de vitamina C y las tomo, y me doy cuenta de que debería comenzar a hidratarme, pero me siento perezosa para ir a buscar un poco de agua, así que en vez de eso tiro la cadena del baño por tercera vez, casi hasta el tope, e inclino la frente en él en caso de que me den náuseas de nuevo.

Tomo mi teléfono y le envío un mensaje a Mel:

Sietno como mierd@ ¡Borracha como un madlito bur%o pero voy a joder a Nicholas si sobrvivo 8l teqila!

Entonces creo que me duermo.

Cuando vuelvo en mí, mis sienes palpitan, y el ruido en el exterior en la suite presidencial es ensordecedor. Tengo el buen sentido de lavarme la boca y calmar los enredos en mi cabello y lavarme las manos, luego me asomo a la habitación y los amantes se han ido, así que me escabullo en la sala de estar hacia el ruido. No. No el ruido. El caos.

Parpadeando, absorbo la escena en frente de mí, con ojos incrédulos.

No sé lo que ha pasado, pero algo. Definitivamente. Sucedió. Las plumas de almohadas rotas se desparraman por todas partes. El vidrio cruje debajo de mis pies mientras camino. Las personas se están empujando unas a otras, de alguna manera borrachas y en pánico mientras intentaban salvarse de algo. Entonces lo veo.

Nicholas “Riptide” Jonas, el hombre más sexy del mundo, está lanzando cualquier cosa en su camino y gritando al tope de sus pulmones—: ¿Qué demonios le has dicho de mí? ¿Dónde carajo está? —Mientras que Pete está sin chaqueta, ni corbata, y tratando de calmarlo.

Nicholas arroja una licorera de cristal contra la pared con un golpe fantástico, y la gente grita tanto de miedo como de risa, mientras que Riley está ocupado guiándolos por las puertas de la suite.

Mi ebriedad instantáneamente se desvanece, o al menos disminuye un cincuenta por ciento, y estoy casi completamente sobria por la conmoción. Salto a la acción y comienzo a empujar a todos los cuerpos que entran en contacto con la puerta. —¡Fuera, fuera, fuera! —grito como un alma en pena.

Nicholas oye mi voz, y se gira rápidamente y me ve. Sus ojos brillan con algo salvaje mientras arroja la lámpara que tiene en sus manos y la envía a estrellarse con una gran explosión de cristal detrás de él, entonces comienza a avanzar hacia mí. Pero Pete lo agarra de nuevo, tirando desesperadamente su brazo. —¿Ves, amigo? Ella firmó un contrato, ¿recuerdas? No es necesario destruir el hotel, hombre. —Mientras Nicholas me mira a los ojos con una expresión de dolor puro, Pete aprieta algo en su cuello y sus párpados aletean.

Su cabeza cae hacia adelante, y me congelo en completo y total horror. Nubes de confusión impiden cualquier pensamiento racional mientras trato de procesar el hecho de que Pete, el amable Pete, acaba de arrojar algo a la yugular de Nicholas.
















Ok, decidí de último momento que ganara mi parte diabla, así que las dejo así, mañana verán que pasará.
¡Buenas noches!
PD: Sean honestas, hasta ahora ¿que opinan de la nove?
PD2: Diganme que no soy la ÚNICA que se emocionaba por reconocer una canción, diganme. No quiero parecer extraña.


















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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Marzo 7th 2014, 21:30

ok primero... no me gusta tu parte mala
Sad q le hiso a nick?!
no creo sobrevivir al infarto masivo que me dara
ok no es para tanto
en cuanto a tus preguntas
1. me encanta tu nove
    es increible
    me enamore completamente
2. No eres la unica
    cuando lei Scream de Usher dije... 
    AQUI ME QUEDO!!
    AMO A USHER y mas esa cancion
    siguela
no te tardes
por favor Sad
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MensajeTema: Re: Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/   Hoy a las 03:09

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Jodidamente Real (Nick&Tú) /TERMINADA/
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