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 50 sombras liberadas Nick y Tu

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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Julio 21st 2014, 18:13

oh no...
su papa
siguela
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CristalJB_kjn
Amiga De Los Jobros!


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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Julio 29th 2014, 22:00

Sube maas porfavor andale si perdon X la tardanzaa
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CristalJB_kjn
Amiga De Los Jobros!


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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Agosto 28th 2014, 23:00

Hola aun stas aqui??
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CristalJB_kjn
Amiga De Los Jobros!


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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Septiembre 1st 2014, 16:47

Sube mas porfavor andale sii???
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andreru
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Septiembre 8th 2014, 14:19

CAPITULO 17


Señor Rodríguez, ¿qué ha pasado? —Tengo la voz ronca y un poco pastosa por las lágrimas no derramadas. Ray, mi querido Ray. Mi padre.
—Ha tenido un accidente de coche.
—Vale, voy… Voy para allá ahora mismo. —La adrenalina me corre por todo el cuerpo y me llena de pánico a su paso. Me cuesta respirar.
—Le han trasladado a Portland.
¿A Portland? ¿Por qué demonios le han llevado a Portland?
—Le han llevado en helicóptero, ________(tn). Yo ya estoy de camino. Hospital OHSU. Oh, ________(tn), no he visto el coche. Es que no lo vi… —Se le quiebra la voz.
El Sr. Rodríguez… ¡no!
—Te veré allí —dice el Sr. Rodríguez con voz ahogada y cuelga.
Un pánico oscuro me atenaza la garganta y me abruma. Ray… No. No. Inspiro hondo para calmarme, cojo el teléfono y llamo a Roach. Responde al segundo tono.
—¿Sí, ________(tn)?
—Jerry, tengo un problema con mi padre.
—¿Qué ha ocurrido, ________(tn)?
Se lo explico apresuradamente, sin apenas detenerme para respirar.
—Vete. Debes irte. Espero que tu padre se ponga bien.
—Gracias. Te mantendré informado. —Cuelgo de golpe sin darme cuenta, pero ahora mismo eso es lo que menos me importa.
—¡Hannah! —grito, consciente de la ansiedad que hay en mi voz. Un segundo después ella asoma la cabeza por la puerta mientras voy metiendo las cosas en mi bolso y guardando papeles en mi maletín.
—¿Sí, ________(tn)? —pregunta frunciendo el ceño.
—Mi padre ha sufrido un accidente. Tengo que irme.
—Oh, Dios mío…
—Cancela todas mis citas para hoy. Y para el lunes. Tendrás que acabar tú de preparar la presentación del libro electrónico. Las notas están en el archivo compartido. Dile a Courtney que te ayude si te hace falta.
—Muy bien —susurra Hannah—. Espero que tu padre esté bien. No te preocupes por los asuntos de la oficina. Nos las arreglaremos.
—Llevo la BlackBerry, por si acaso.
La preocupación que veo en su cara pálida me emociona. Papá…
Cojo la chaqueta, el bolso y el maletín.
—Te llamaré si necesito algo.
—Claro. Buena suerte, ________(tn). Espero que esté bien.
Le dedico una breve sonrisa tensa, esforzándome por mantener la compostura y salgo de la oficina. Hago todo lo que puedo por no ir corriendo hasta la recepción. Sawyer se levanta de un salto al verme llegar.
—¿Sra. Jonas? —pregunta, confundido por mi repentina aparición.
—Nos vamos a Portland. Ahora.
—Sí, Sra. —dice frunciendo el ceño, pero abre la puerta. Nos estamos moviendo, eso es bueno.
—Sra. Jonas —me dice Sawyer mientras nos apresuramos hacia del aparcamiento—, ¿puedo

preguntarle por qué estamos haciendo este viaje imprevisto?
—Es por mi padre. Ha tenido un accidente.
—Entiendo. ¿Y lo sabe el Sr. Jonas?
—Le llamaré desde el coche.
Sawyer asiente y me abre la puerta de atrás del Audi todoterreno para que suba. Con los dedos temblorosos cojo la BlackBerry y marco el número de Nick.
—¿Sí, Sra. Jonas? —La voz de Andrea es eficiente y profesional.
—¿Está Nick? —le pregunto.
—Mmm… Está en alguna parte del edificio, Sra.. Ha dejado la BlackBerry aquí cargando a mi cuidado.
Gruño para mis adentros por la frustración.
—¿Puedes decirle que le he llamado y que necesito hablar con él? Es urgente.
—Puedo tratar de localizarle. Tiene la costumbre de desaparecer por aquí a veces.
—Solo procura que me llame, por favor —le suplico intentando contener las lágrimas.
—Claro, Sra. Jonas. —Duda un momento—. ¿Va todo bien?
—No —susurro porque no me fío de mi voz—. Por favor, que me llame.
—Sí, Sra..
Cuelgo. Ya no puedo reprimir más mi angustia. Aprieto las rodillas contra el pecho y me hago un ovillo en el asiento de atrás. Las lágrimas aparecen inoportunamente y corren por mis mejillas.
—¿Adónde en Portland exactamente, Sra. Jonas? —me pregunta Sawyer.
—Al OHSU —digo con voz ahogada—. Al hospital grande.
Sawyer sale a la calle y se dirige a la interestatal 5. Yo me quedo sentada en el asiento de atrás repitiendo en mi mente una única plegaria: por favor, que esté bien; por favor, que esté bien…
Suena mi teléfono. «Your Love Is King» me sobresalta e interrumpe mi mantra.
—Nick —respondo con voz ahogada.
—Dios, ________(tn). ¿Qué ocurre?
—Es Ray… Ha tenido un accidente.
—¡Mierda!
—Sí, lo sé. Voy de camino a Portland.
—¿Portland? Por favor dime que Sawyer está contigo.
—Sí, va conduciendo.
—¿Dónde está Ray?
—En el OHSU.
Oigo una voz amortiguada por detrás.
—Sí, Ros. ¡Lo sé! —grita Nick enfadado—. Perdona, nena… Estaré allí dentro de unas tres horas. Tengo aquí algo entre manos que necesito terminar. Iré en el helicóptero.
Oh, mierda. Charlie Tango vuelve a estar en funcionamiento y la última vez que Nick lo cogió…
—Tengo una reunión con unos tíos de Taiwan. No puedo dejar de asistir. Es un trato que llevamos meses preparando.
¿Y por qué yo no sabía nada de eso?
—Iré en cuanto pueda.
—De acuerdo —le susurro. Y quiero decir que no pasa nada, que se quede en Seattle y se ocupe de sus negocios, pero la verdad es que quiero que esté conmigo.
—Lo siento, nena —me susurra.
—Estaré bien, Nick. Tómate todo el tiempo que necesites. No tengas prisa. No quiero tener que

preocuparme por ti también. Ten cuidado en el vuelo.
—Lo tendré.
—Te quiero.
—Yo también te quiero, nena. Estaré ahí en cuanto pueda. Mantente cerca de Luke.
—Sí, no te preocupes.
—Luego te veo.
—Adiós.
Tras colgar vuelvo a abrazarme las rodillas. No sé nada de los negocios de Nick. ¿Qué demonios estará haciendo con unos taiwaneses? Miro por la ventanilla cuando pasamos junto al aeropuerto internacional King County/Boeing Field. Nick debe tener cuidado cuando vuele. Se me vuelve a hacer un nudo el estómago y siento náuseas. Ray y Nick. No creo que mi corazón pudiera soportar eso. Me acomodo en el asiento y empiezo de nuevo con mi mantra: por favor, que esté bien; por favor, que esté bien…

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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Septiembre 8th 2014, 14:20

—Sra. Jonas —la voz de Sawyer me sobresalta—, ya hemos llegado al hospital. Estoy buscando la zona de urgencias.
—Yo sé dónde está. —Mi mente vuelve a mi última visita al hospital OHSU, cuando, en mi segundo día de trabajo en Clayton’s, me caí de una escalera y me torcí el tobillo. Recuerdo a Paul Clayton cerniéndose sobre mí y me estremezco ante ese imagen.
Sawyer se detiene en el espacio reservado al estacionamiento y salta del coche para abrirme la puerta.
—Voy a aparcar, Sra., y luego vendré a buscarla. Deje aquí su maletín, yo se lo llevaré.
—Gracias, Luke.
Asiente y yo camino decidida hacia la recepción de urgencias, que está llena de gente. La recepcionista me dedica una sonrisa educada y en unos minutos localiza a Ray y me manda a la zona de quirófanos de la tercera planta.
¿Quirófanos? ¡Joder!
—Gracias —murmuro intentando centrar mi atención en sus indicaciones para encontrar los ascensores. Mi estómago se retuerce otra vez y casi echo a correr hacia ellos.
Por favor, que esté bien; por favor, que esté bien…
El ascensor es agónicamente lento porque para en todas las plantas. ¡Vamos, vamos! Deseo que vaya más rápido y miro con el ceño fruncido a la gente que entra y sale y que está evitando que llegue al lado de mi padre.
Por fin las puertas se abren en el tercer piso y salgo disparada para encontrarme otro mostrador de recepción, este lleno de enfermeras con uniformes azul marino.
—¿Puedo ayudarla? —me pregunta una enfermera con mirada miope.
—Estoy buscando a mi padre, Raymond ________(ta). Acaban de ingresarle. Creo que está en el quirófano 4.
—Incluso mientras digo las palabras desearía que no fueran ciertas.
—Deje que lo compruebe, señorita ________(ta).
Asiento sin molestarme en corregirla mientras ella comprueba con eficiencia en la pantalla del ordenador.
—Sí. Lleva un par de horas en el quirófano. Si quiere esperar, les diré que está usted aquí. La sala de espera está ahí. —Señala una gran puerta blanca identificada claramente con un letrero de gruesas letras azules que pone: SALA DE ESPERA.
—¿Está bien? —le pregunto intentando controlar mi voz.
—Tendrá que esperar a que uno de los médicos que le atiende salga a decirle algo, Sra..
—Gracias —digo en voz baja, pero en mi interior estoy gritando: «¡Quiero saberlo ahora!».

Abro la puerta y aparece una sala de espera funcional y austera en la que están sentados el Sr.
Rodríguez y José.
—¡________(tn)! —exclama el Sr. Rodríguez. Tiene el brazo escayolado y una mejilla con un cardenal en un lado. Está en una silla de ruedas y veo que también tiene una escayola en la pierna. Le abrazo con cuidado.
—Oh, Sr. Rodríguez… —sollozo.
—________(tn), cariño… —dice dándome palmaditas en la espalda con la mano sana—. Lo siento mucho —
farfulla y se le quiebra la voz ya de por sí ronca.
Oh, no…
—No, papá —le dice José en voz baja, regañándole mientras se acerca a mí. Cuando me giro, él me atrae hacia él y me abraza.
—José… —digo. Ya estoy perdida: empiezan a caerme lágrimas por la cara cuando toda la tensión y la preocupación de las últimas tres horas salen a la superficie.
—Vamos, ________(tn), no llores. —José me acaricia el pelo suavemente. Yo le rodeo el cuello con los brazos y sollozo. Nos quedamos así durante un buen rato. Estoy tan agradecida de que mi amigo esté aquí… Nos separamos cuando Sawyer llega para unirse a nosotros en la sala de espera. El Sr. Rodríguez me pasa un pañuelo de papel de una caja muy convenientemente colocada allí cerca y yo me seco las lágrimas.
—Este es el Sr. Sawyer, miembro del equipo de seguridad —le presento.
Sawyer saluda con la cabeza a José y al Sr. Rodríguez y después se retira para tomar asiento en un rincón.
—Siéntate, ________(tn). —José me señala una de los sillones tapizados en vinilo.
—¿Qué ha pasado? ¿Sabéis cómo está? ¿Qué le están haciendo?
José levanta las manos para detener mi avalancha de preguntas y se sienta a mi lado.
—No sabemos nada. Ray, papá y yo íbamos a pescar a Astoria. Nos arrolló un jodido imbécil borracho…
El Sr. Rodríguez intenta interrumpir para volver a disculparse.
—¡Cálmate, papá! —le dice José—. Yo no tengo nada, solo un par de costillas magulladas y un golpe en la cabeza. Papá… bueno, se ha roto la muñeca y el tobillo. Pero el coche impactó contra el lado del acompañante, donde estaba Ray.
Oh, no. No… El pánico me inunda el sistema límbico. No, no, no… Me estremezco al pensar lo que estará pasando en el quirófano.
—Lo están operando. A nosotros nos llevaron al hospital comunitario de Astoria, pero a Ray lo trajeron en helicóptero hasta aquí. No sabemos lo que le están haciendo. Estamos esperando que nos digan algo.
Empiezo a temblar.
—________(tn), ¿tienes frío?
Asiento. Llevo una camisa blanca sin mangas y una chaqueta negra de verano, y ninguna de las dos prendas abriga demasiado. Con mucho cuidado, José se quita la chaqueta de cuero y me envuelve los hombros con ella.
—¿Quiere que le traiga un té, Sra.? —Sawyer aparece a mi lado. Asiento agradecida y él sale de la habitación.
—¿Por qué ibais a pescar a Astoria? —les pregunto. José se encoge de hombros.
—Se supone que allí hay buena pesca. Íbamos a pasar un fin de semana de tíos. Quería disfrutar un poco de tiempo con mi viejo padre antes de volver a la academia para cursar el último año. —Los ojos de José están muy abiertos y llenos de miedo y arrepentimiento.
—Tú también podrías haber salido herido. Y el Sr. Rodríguez… podría haber sido peor. —Trago saliva

ante esa idea. Mi temperatura corporal baja todavía más y vuelvo a estremecerme. José me coge la mano.
—Dios, ________(tn), estás helada.
El Sr. Rodríguez se inclina hacia delante y con su mano sana me coge la otra.
—________(tn), lo siento mucho.
—Señor Rodríguez, por favor… Ha sido un accidente —Mi voz se convierte en un susurro.
—Llámame José —me dice. Le miro con una sonrisa débil, porque es todo lo que puedo conseguir. Vuelvo a estremecerme.
—La policía se ha llevado a ese gilipollas a la cárcel. Las siete de la mañana y el tipo ya estaba totalmente borracho —dice José entre dientes con repugnancia.
Sawyer vuelve a entrar con una taza de papel con agua caliente y una bolsita de té. ¡Sabe cómo tomo el té! Me sorprendo y me alegra la distracción. El Sr. Rodríguez y José me sueltan las manos y yo cojo la taza agradecida de manos de Sawyer.
—¿Alguno de ustedes quiere algo? —les pregunta Sawyer al Sr. Rodríguez y a José. Ambos niegan con la cabeza y Sawyer vuelve a sentarse en el rincón. Sumerjo la bolsita de té en el agua y después la saco, todavía temblorosa, para tirarla en una pequeña papelera.
—¿Por qué tardan tanto? —digo para nadie en particular y doy un sorbo. Papá… Por favor, que esté bien; por favor, que esté bien…
—Sabremos algo pronto, ________(tn) —me dice José para tranquilizarme.
Asiento y doy otro sorbo. Vuelvo a sentarme a su lado. Esperamos… y esperamos. El Sr. Rodríguez tiene los ojos cerrados porque está rezando, creo, y José me coge de la mano y le da un apretón de vez en cuando. Voy bebiendo mi té poco a poco. No es Twinings, sino una marca barata y mala, y está asqueroso.
Recuerdo la última vez que me senté a esperar noticias. La última vez que pensé que todo estaba perdido, cuando Charlie Tango desapareció. Cierro los ojos y rezo una oración internamente para que mi marido tenga un viaje seguro. Miro el reloj: las 2.15 de la tarde. Debería llegar pronto. El té está frío, ¡puaj!
Me levanto y paseo un poco. Después me siento otra vez. ¿Por qué no han venido los médicos a verme? Le cojo la mano a José y él vuelve a apretármela tranquilizador. Por favor, que esté bien; por favor, que esté bien…
El tiempo pasa muy despacio.
De repente se abre la puerta y todos miramos expectantes. A mí se me hace un nudo en el estómago otra vez. ¿Ya está?
Nick entra en la sala. Su cara se oscurece momentáneamente cuando ve que José me está cogiendo la mano.
—¡Nick! —exclamo y me levanto de un salto a la vez que le doy gracias a Dios por que haya llegado sano y salvo. Le rodeo con los brazos, entierro la nariz en su pelo e inhalo su olor, su calidez, su amor. Una pequeña parte de mí se siente más tranquila, más fuerte, más capaz de resistir porque él está aquí. Oh, su presencia me ayuda a recuperar la paz mental.
—¿Alguna noticia?
Niego con la cabeza. No puedo hablar.
—José —le saluda con la cabeza.
—Nick, este es mi padre, José.
—Señor Rodríguez… Nos conocimos en la boda. Por lo que veo usted también estaba ahí cuando ocurrió el accidente.
José vuelve a resumir la historia.
—¿Y se encuentran lo bastante bien para estar aquí? —pregunta Nick.
—No queremos estar en ninguna otra parte —dice el Sr. Rodríguez con la voz baja y llena de dolor.

Nick asiente. Me coge la mano, me obliga a sentarme y se sienta a mi lado.
—¿Has comido? —me pregunta. Niego con la cabeza.
—¿Tienes hambre? Niego otra vez.
—Pero tienes frío —dice al verme con la chaqueta de José. Asiento. Se revuelve en la silla pero no dice nada.
La puerta se abre de nuevo y un médico joven con un uniforme azul claro entra en la sala. Parece cansado. Me pongo de pie. Toda la sangre ha abandonado mi cara.
—¿Ray ________(ta)? —susurro. Nick se pone de pie a mi lado y me rodea la cintura con el brazo.
—¿Son parientes? —pregunta el médico. Sus ojos azules son casi del mismo color que su uniforme y en otras circunstancias incluso me parecería atractivo.
—Soy su hija, ________(tn).
—Señorita ________(ta)…
—Sra. Jonas —le corrige Nick.
—Disculpe —balbucea el doctor, y durante un segundo tengo ganas de darle una patada a Nick—. Soy el doctor Crowe. Su padre está estable, pero en estado crítico.
¿Qué significa eso? Me fallan las rodillas y el brazo de Nick, que me está sujetando, es lo único que evita que me caiga redonda al suelo.
—Ha sufrido lesiones internas graves —me dice el doctor Crowe—, sobre todo en el diafragma, pero hemos podido repararlas y también hemos logrado salvarle el bazo. Por desgracia, sufrió una parada cardiaca durante la operación por la pérdida de sangre. Hemos conseguido que su corazón vuelva a funcionar, pero todavía hay que controlarlo. Sin embargo, lo que más nos preocupa es que ha sufrido graves contusiones en la cabeza, y la resonancia muestra que hay inflamación en el cerebro. Le hemos inducido un coma para que permanezca inmóvil y tranquilo mientras mantenemos en observación esa inflamación cerebral.
¿Daño cerebral? No…
—Es el procedimiento estándar en estos casos. Por ahora solo podemos esperar y ver la evolución.
—¿Y cuál es el pronóstico? —pregunta Nick fríamente.
—Señor Jonas, por ahora es difícil establecer un pronóstico. Es posible que se recupere completamente, pero eso ahora mismo solo está en manos de Dios.
—¿Cuánto tiempo van a mantener el coma?
—Depende de la respuesta cerebral. Lo normal es que esté así entre setenta y dos y noventa y seis horas.
¡Oh, tanto…!
—¿Puedo verle? —pregunto en un susurro.
—Sí, podrá verle dentro de una media hora. Le han llevado a la UCI de la sexta planta.
—Gracias, doctor.
El doctor Crowe asiente, se gira y se va.
—Bueno, al menos está vivo —le digo a Nick, y las lágrimas empiezan a rodar de nuevo por mis mejillas.
—Siéntate —me dice Nick.
—Papá, creo que deberíamos irnos. Necesitas descansar y no va a haber noticias hasta dentro de unas horas —le dice José al Sr. Rodríguez, que mira a su hijo con ojos vacíos—. Podemos volver esta noche, cuando hayas descansado. Si no te importa, ________(tn), claro —dice José volviéndose hacia mí con tono de súplica.
—Claro que no.
—¿Os alojáis en Portland? —pregunta Nick.

José asiente.
—¿Necesitáis que alguien os lleve a casa? José frunce el ceño.
—Iba a pedir un taxi.
—Luke puede llevaros.
Sawyer se levanta y José parece confuso.
—Luke Sawyer —explico.
—Oh, claro. Sí, eso es muy amable por tu parte. Gracias, Nick.
Me pongo de pie y les doy un abrazo al Sr. Rodríguez y a José en rápida sucesión.
—Sé fuerte, ________(tn) —me susurra José al oído—. Es un hombre sano y en buena forma. Las probabilidades están a su favor.
—Eso espero. —Le abrazo con fuerza, después le suelto y me quito su chaqueta para devolvérsela.
—Quédatela si tienes frío.
—No, ya estoy bien. Gracias. —Miro nerviosamente a Nick de reojo y veo que nos observa con cara impasible, pero me coge la mano.
—Si hay algún cambio, os lo diré inmediatamente —le digo a José mientras empuja la silla de su padre hacia la puerta que Sawyer mantiene abierta.
El Sr. Rodríguez levanta la mano para despedirse y los dos se paran en el umbral.
—Lo tendré presente en mis oraciones, ________(tn) —dice el Sr. Rodríguez con voz temblorosa—. Me ha alegrado mucho recuperar la conexión con él después de todos estos años y ahora se ha convertido en un buen amigo.
—Lo sé.
Y tras decir eso se van. Nick y yo nos quedamos solos. Me acaricia la mejilla.
—Estás pálida. Ven aquí.
Se sienta en una silla y me atrae hacia su regazo, donde me rodea con los brazos. Yo le dejo hacer. Me acurruco contra su cuerpo sintiendo una opresión por la mala suerte de mi padre, pero agradecida de que mi marido esté aquí para consolarme. Me acaricia el pelo y me coge la mano.
—¿Qué tal Charlie Tango ? —le pregunto. Sonríe.
—Oh, muy brioso —dice con cierto orgullo en su voz.
Eso me hace sonreír de verdad por primera vez en varias horas y le miro perpleja.
—¿Brioso?
—Es de un diálogo de Historias de Filadelfia. Es la película favorita de Grace.
—No me suena.
—Creo que la tengo en casa en Blu—Ray. Un día podemos verla y meternos mano en el sofá. —Me da un beso en el pelo y yo sonrío de nuevo—. ¿Puedo convencerte de que comas algo? —me pregunta.
Mi sonrisa desaparece.
—Ahora no. Quiero ver a Ray primero.
Él deja caer los hombros, pero no me presiona.
—¿Qué tal con los taiwaneses?
—Productivo —dice.
—¿Productivo en qué sentido?
—Me han dejado comprar su astillero por un precio menor del que yo estaba dispuesto a pagar.
¿Acaba de comprar un astillero?
—¿Y eso es bueno?

—Sí, es bueno.
—Pero creía que ya tenías un astillero aquí.
—Así es. Vamos a usar este para hacer el equipamiento exterior, pero construiremos los cascos en
Extremo Oriente. Es más barato.
Oh.
—¿Y los empleados del astillero de aquí?
—Los vamos a reubicar. Tenemos que limitar las duplicidades al mínimo. —Me da un beso en el pelo—.
¿Vamos a ver a Ray? —me pregunta con voz suave.



La UCI de la sexta planta es una sala sencilla, estéril y funcional, con voces en susurros y máquinas que pitan. Hay cuatro pacientes, cada uno encerrado en una zona de alta tecnología independiente. Ray está en un extremo.
Papá…
Se le ve tan pequeño en esa cama tan grande, rodeado de todas esas máquinas… Me quedo impresionada. Mi padre nunca ha estado tan consumido. Tiene un tubo en la boca y varias vías pasan por goteros hasta las agujas, una en cada brazo. Le han puesto una pinza en el dedo y me pregunto vagamente para qué servirá. Una de sus piernas descansa encima de las sábanas; lleva una escayola azul. Un monitor muestra el ritmo cardiaco: bip, bip, bip. El latido es fuerte y constante. Al menos eso lo sé. Me acerco lentamente a él. Tiene el pecho cubierto por un gran vendaje inmaculado que desaparece bajo la fina sábana que le cubre de la cintura para abajo.
Me doy cuenta de que el tubo que le sale de la boca va a un respirador. El sonido que emite se entremezcla con el pitido del monitor del corazón, creando una percusión rítmica. Extraer, bombear, extraer, bombear, extraer, bombear… siguiendo el compás de los pitidos. Las cuatro líneas de la pantalla del monitor del corazón se van moviendo de forma continua, lo que demuestra claramente que Ray sigue con nosotros.
Oh, papá…
Aunque tiene la boca torcida por el respirador, parece en paz ahí tumbado y casi dormido. Una enfermera menuda está de pie en un lado de la sala, comprobando los monitores.
—¿Puedo tocarle? —le pregunto acercando la mano.
—Sí. —Me sonríe amablemente. En su placa de identificación pone KELLIE RN y debe de tener unos veintipocos. Es rubia con los ojos muy, muy oscuros.
Nick se queda a los pies de la cama, observando mientras cojo la mano de Ray. Está sorprendentemente caliente y eso es demasiado para mí. Me dejo caer en la silla que hay junto a la cama, coloco la cabeza sobre el brazo de Ray y empiezo a llorar.
—Oh, papá. Recupérate, por favor —le susurro—. Por favor. Nick me pone la mano en el hombro y me da un suave apretón.
—Las constantes vitales del Sr. ________(ta) están bien —me dice en voz baja la enfermera Kellie.
—Gracias —le dice Nick. Levanto la vista justo en el momento en que ella se queda con la boca abierta. Acaba de ver bien por primera vez a mi marido. No me importa. Puede mirar a Nick con la boca abierta todo el tiempo que quiera si hace que mi padre vuelva a ponerse bien.
—¿Puede oírme? —le pregunto.
—Está en un estado de sueño profundo, pero ¿quién sabe?
—¿Puedo quedarme aquí sentada un rato?
—Claro. —Me sonríe con las mejillas sonrosadas por culpa de un rubor revelador. Incomprensiblemente me encuentro pensando que el rubio no es su color natural de pelo.

Nick me mira ignorándola.
—Tengo que hacer una llamada. Estaré fuera. Te dejo unos minutos a solas con tu padre.
Asiento. Me da un beso en el pelo y sale de la habitación. Yo sigo cogiendo la mano de Ray, sorprendida de la ironía de que ahora, cuando está inconsciente, es cuando más ganas tengo de decirle cuánto le quiero. Ese hombre ha sido la única constante en mi vida. Mi roca. Y no me había dado cuenta de ello hasta ahora. No es carne de mi carne, pero es mi padre y le quiero mucho. Las lágrimas vuelven a rodar por mis mejillas. Por favor, por favor, ponte bien.
En voz muy baja, como para no molestar a nadie, le cuento cómo fue nuestro fin de semana en Aspen y el fin de semana pasado volando y navegando a bordo del Grace. Le cuento cosas sobre la nueva casa, los planos, nuestra esperanza de poder hacerla ecológicamente sostenible. Prometo llevarle a Aspen para que pueda ir a pescar con Nick y le digo que el Sr. Rodríguez y José también serán bienvenidos allí. Por favor, sigue en este mundo para poder hacer eso, papá, por favor.
Ray permanece inmóvil; su única respuesta es el ruido del respirador bombeando y el monótono pero tranquilizador pi, pi, pi de la máquina que vigila su corazón.
Cuando levanto la vista encuentro a Nick sentado a los pies de la cama. No sé cuánto tiempo lleva ahí.
—Hola —me dice. Sus ojos brillan de compasión y preocupación.
—Hola.
—¿Así que voy a ir de pesca con tu padre, el Sr. Rodríguez y José? —me pregunta. Asiento.
—Vale. Vamos a comer algo y le dejamos dormir. Frunzo el ceño. No quiero dejarle.
—________(tn), está en coma. Les he dado los números de nuestros móviles a las enfermeras. Si hay algún cambio, nos llamarán. Vamos a comer, después nos registramos en un hotel, descansamos y volvemos esta noche.



La suite del Heathman está exactamente igual que como yo la recuerdo. Cuántas veces he pensado en aquella primera noche y la mañana siguiente que pasé con Nick Jonas… Me quedo de pie en la entrada de la suite, paralizada. Madre mía, todo empezó aquí.
—Un hogar fuera de nuestro hogar —dice Nick con voz suave dejando su maletín junto a uno de los mullidos sofás—. ¿Quieres darte una ducha? ¿Un baño? ¿Qué necesitas, ________(tn)? —Nick me mira y sé que no sabe qué hacer. Mi niño perdido teniendo que lidiar con cosas que están fuera de su control… Lleva retraído y contemplativo toda la tarde. Se encuentra ante una situación que no puede manipular ni predecir. Esto es la vida real sin paliativos, y ha pasado tanto tiempo manteniéndose al margen de esas cosas que ahora se encuentra expuesto e indefenso. Mi dulce y demasiado protegido Cincuenta Sombras…
—Un baño. Me apetece un baño —murmuro sabiendo que mantenerle ocupado le hará sentir mejor, útil incluso. Oh, Nick… Estoy entumecida, helada y asustada, pero me alegro tanto de que estés aquí conmigo…
—Un baño. Bien. Sí. —Entra en el dormitorio y desaparece de mi vista al entrar en el enorme baño. Unos momentos después el ruido del agua al salir por los grifos para llenar la bañera resuena en la habitación.
Por fin consigo obligarme a seguirle al interior del dormitorio. Miro alucinada varias bolsas del centro comercial Nordstrom que hay sobre la cama. Nick sale del baño con las mangas de la camisa remangadas y sin chaqueta ni corbata.
—He enviado a Taylor a por unas cuantas cosas. Ropa de dormir y todo eso —me dice mirándome con cautela.

Claro. Asiento para hacerle sentir mejor. ¿Dónde está Taylor?
—Oh, ________(tn) —susurra Nick—. Nunca te he visto así. Normalmente eres tan fuerte y tan valiente… No sé qué decir. Solo puedo mirarle con los ojos muy abiertos. Ahora mismo no tengo nada que ofrecer.
Creo que estoy en estado de shock. Me abrazo intentando mantener a raya al frío, aunque sé que es un esfuerzo inútil porque el frío sale de dentro. Nick me atrae hacia él y me abraza.
—Nena, está vivo. Sus constantes vitales son buenas. Solo tenemos que ser pacientes —me dice en un susurro—. Ven. —Me coge la mano y me lleva al baño. Con mucha delicadeza me quita la chaqueta y la coloca en la silla del baño. Después empieza a desabrocharme los botones de la blusa.

El agua está deliciosamente caliente y huele muy bien; el aroma de la flor de loto llena el aire húmedo y caldeado del baño. Estoy tumbada entre las piernas de Nick, con la espalda apoyada en su pecho y los pies descansando sobre los suyos. Los dos estamos callados e introspectivos y por fin entro en calor. Nick me va besando el pelo intermitentemente mientras yo jugueteo con las pompas de jabón. Me rodea los hombros con un brazo.
—No te metiste en la bañera con Leila, ¿verdad? La vez que la bañaste, quiero decir… —le pregunto. Se queda muy quieto, ríe entre dientes y me da un suave apretón con la mano que descansa sobre mi
hombro.
—Mmm… no. —Suena atónito.
—Eso me parecía. Bien.
Me tira un poco del pelo, que tengo recogido en un moño improvisado, haciéndome girar la cabeza para que pueda verme la cara.
—¿Por qué lo preguntas? Me encojo de hombros.
—Curiosidad insana. No sé… Porque la hemos visto esta semana. Su expresión se endurece.
—Ya veo. Pues preferiría que fueras menos curiosa. —Su tono es de reproche.
—¿Cuánto tiempo vas a seguir apoyándola?
—Hasta que pueda valerse por sí misma de nuevo. No lo sé. —Se encoge de hombros—. ¿Por qué?
—¿Hay otras?
—¿Otras?
—Otras ex a las que hayas ayudado.
—Hubo una. Pero ya no.
—¿Oh?
—Estudiaba para ser médico. Ahora ya está graduada y además tiene a alguien en su vida.
—¿Otro dominante?
—Sí.
—Leila me dijo que adquiriste dos de sus cuadros.
—Es cierto, aunque no me gustaban mucho. Estaban técnicamente bien, pero tenían demasiado color para mí. Creo que se los quedó Elliot. Como los dos sabemos bien, Elliot carece de buen gusto.
Suelto una risita y Nick me rodea con el otro brazo, lo que hace que se derrame agua por un lado de la bañera.
—Eso está mejor —me susurra y me da un beso en la sien.
—Se va a casar con mi mejor amiga.
—Entonces será mejor que cierre la boca —dice.

Me siento más relajada después del baño. Envuelta en el suave albornoz del Heathman me fijo en las bolsas que hay sobre la cama. Vaya, aquí debe de haber algo más que ropa para dormir… Le echo un vistazo a una. Unos vaqueros y una sudadera con capucha azul claro de mi talla. Madre mía… Taylor ha comprado ropa para todo el fin de semana. ¡Y además sabe la que me gusta! Sonrío y recuerdo que no es la primera vez que compra ropa para mí cuando hemos estado en el Heathman.
—Aparte del día que viniste a acosarme a Clayton’s, ¿has ido alguna vez a una tienda a comprarte tus cosas?
—¿Acosarte?
—Sí, acosarme.
—Tú te pusiste nerviosa, si no recuerdo mal. Y ese chico no te dejaba en paz. ¿Cómo se llamaba?
—Paul.
—Uno de tus muchos admiradores.
Pongo los ojos en blanco y él me dedica una sonrisa aliviada y genuina y me da un beso.
—Esa es mi chica —me susurra—. Vístete. No quiero que vuelvas a coger frío.



—Lista —digo. Nick está trabajando en el Mac en la zona de estudio de la suite. Lleva vaqueros negros y un jersey de ochos gris y yo me he puesto los vaqueros, una camiseta blanca y la sudadera con capucha.
—Pareces muy joven —me dice Nick cuando levanta la vista de la pantalla con los ojos brillantes—. Y pensar que mañana vas a ser un año más mayor… —Su voz es nostálgica. Le dedico una sonrisa triste.
—No me siento con muchas ganas de celebrarlo. ¿Podemos ir ya a ver a Ray?
—Claro. Me gustaría que hubieras comido algo. Apenas has tocado la comida.
—Nick, por favor. No tengo hambre. Tal vez después de ver a Ray. Quiero darle las buenas noches.



Cuando llegamos a la UCI nos encontramos con José que se va. Está solo.
—Hola, ________(tn). Hola, Nick.
—¿Dónde está tu padre?
—Se encontraba demasiado cansado para volver. Ha tenido un accidente de coche esta mañana. —José sonríe preocupado—. Y los analgésicos le han dejado KO. No podía levantarse. He tenido que pelearme con las enfermeras para poder ver a Ray porque no soy pariente.
—¿Y? —le pregunto ansiosa.
—Está bien, ________(tn). Igual… pero todo bien.
El alivio inunda mi sistema. Que no haya noticias significa buenas noticias.
—¿Te veo mañana, cumpleañera?
—Claro. Estaremos aquí.
José le lanza una mirada a Nick y después me da un abrazo breve.
—Mañana.
—Buenas noches, José.
—Adiós, José —dice Nick. José se despide con un gesto de la cabeza y se va por el pasillo—. Sigue loco por ti —me dice Nick en voz baja.
—No, claro que no. Y aunque lo estuviera… —Me encojo de hombros porque ahora mismo no me importa.

Nick me dedica una sonrisa tensa y se me derrite el corazón.
—Bien hecho —le digo. Frunce el ceño.
—Por no echar espuma por la boca.
Me mira con la boca abierta, herido pero también divertido.
—Yo no echo espuma por la boca… Vamos a ver a tu padre. Tengo una sorpresa para ti.
—¿Una sorpresa? —Abro mucho los ojos, alarmada.
—Ven. —Nick me coge la mano y empujamos para abrir las puertas de la UCI.
De pie junto a la cama de Ray está Grace, enfrascada en una conversación con Crowe y otra doctora, una mujer que no había visto antes. Al vernos Grace sonríe.
Oh, gracias a Dios.
—Nick —le saluda y le da un beso en la mejilla. Después se vuelve hacia mí y me da un abrazo cariñoso.
—________(tn), ¿cómo lo llevas?
—Yo estoy bien. Es mi padre el que me preocupa.
—Está en buenas manos. La doctora Sluder es una experta en su campo. Nos formamos juntas en Yale. Oh…
—Sra. Jonas —me saluda formalmente la doctora Sluder. Tiene el pelo corto y es menuda y delicada, con una sonrisa tímida y un suave acento sureño—. Como médico principal de su padre me alegra decirle que todo va sobre ruedas. Sus constantes vitales son estables y fuertes. Tenemos fe en que pueda conseguir una recuperación total. La inflamación cerebral se ha detenido y muestra signos de disminución. Es algo muy alentador teniendo en cuenta que ha pasado tan poco tiempo.
—Eso son buenas noticias —murmuro. Ella me sonríe con calidez.
—Lo son, Sra. Jonas. Le estamos cuidando mucho. Y me alegro de verte de nuevo, Grace. Grace le sonríe.
—Igualmente, Lorraina.
—Doctor Crowe, dejemos a estas personas para que pasen un tiempo con el Sr. ________(ta). —Crowe sigue a la doctora Sluder hacia la salida.
Miro a Ray y, por primera vez desde el accidente, me siento esperanzada. Las palabras de la doctora
Sluder y de Grace han avivado esa esperanza.
Grace me coge la mano y me da un suave apretón.
—________(tn), cariño, siéntate con él. Háblale. Todo está bien. Yo me quedaré con Nick en la sala de espera.
Asiento. Nick me sonríe para darme seguridad y él y su madre se van, dejándome con mi querido padre dormido plácidamente con el ruido del respirador y del monitor del corazón como nana.



Me pongo la camiseta blanca de Nick y me meto en la cama.
—Pareces más contenta —me dice Nick cautelosamente mientras se pone el pijama.
—Sí. Creo que hablar con tu madre y con la doctora Sluder ha cambiado las cosas. ¿Le has pedido tú a
Grace que venga?
Nick se mete en la cama, me atrae hacia sus brazos y me gira para que quede de espaldas a él.
—No. Ella quiso venir a ver cómo estaba tu padre.
—¿Cómo lo ha sabido?

—La he llamado yo esta mañana. Oh.
—Nena, estás agotada. Deberías dormir.
—Mmm… —murmuro totalmente de acuerdo. Tiene razón. Estoy muerta de cansancio. Ha sido un día lleno de emociones. Giro la cabeza y le miro un segundo. ¿No vamos a hacer el amor? Me siento aliviada. De hecho lleva todo el día tratándome con cierta distancia. Me pregunto si debería sentirme alarmada por esa circunstancia, pero como la diosa que llevo dentro ha abandonado el edificio y se ha llevado mi libido con ella, creo que mejor lo pienso por la mañana. Me vuelvo a girar y me acurruco contra Nick, entrelazando una pierna con las suyas.
—Prométeme algo —me dice en voz baja.
—¿Mmm? —Estoy demasiado cansada para articular una pregunta.
—Prométeme que vas a comer algo mañana. Puedo tolerar con dificultad que te pongas la chaqueta de otro hombre sin echar espuma por la boca, pero ________(tn)… tienes que comer. Por favor.
—Mmm —concedo. Me da un beso en el pelo—. Gracias por estar aquí —murmuro y le beso el pecho adormilada.
—¿Y dónde iba a estar si no? Quiero estar donde tú estés, ________(tn), sea donde sea. Estar aquí me hace pensar en lo lejos que hemos llegado. Y en la primera noche que pasé contigo. Menuda noche… Me quedé mirándote durante horas. Estabas… briosa —dice sin aliento. Sonrío contra su pecho—. Duerme —murmura, y ahora es una orden. Cierro los ojos y me dejo llevar por el
sueño.
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Septiembre 8th 2014, 14:22

siento mucho haberme tardado tanto no la cancelare pero si me tardare un poco en subir! I love you
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Septiembre 8th 2014, 20:21

siguela
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Octubre 1st 2014, 13:41

CAPITULO 18


Me revuelvo y abro los ojos a una clara mañana de septiembre. Calentita y cómoda, arropada entre sábanas limpias y almidonadas, necesito un momento para ubicarme y me siento abrumada por una sensación de déjà vu. Claro, estoy en el Heathman.
—¡Mierda! Papá… —exclamo en voz alta recordando por qué estoy en Portland. Se me retuerce el estómago por la aprensión y noto una opresión en el corazón, que además me late con fuerza.
—Tranquila. —Nick está sentado en el borde de la cama. Me acaricia la mejilla con los nudillos y eso me calma instantáneamente—. He llamado a la UCI esta mañana. Ray ha pasado buena noche. Todo está bien —me dice para tranquilizarme.
—Oh, bien. Gracias —murmuro a la vez que me siento. Se inclina y me da un beso en la frente.
—Buenos días, ________(tn) —me susurra y me besa en la sien.
—Hola —murmuro. Nick está levantado y ya vestido con una camiseta negra y vaqueros.
—Hola —me responde con los ojos tiernos y cálidos—. Quiero desearte un feliz cumpleaños, ¿te parece bien?
Le dedico una sonrisa dudosa y le acaricio la mejilla.
—Sí, claro. Gracias. Por todo. Arruga la frente.
—¿Todo?
—Todo.
Por un momento parece confundido, pero es algo fugaz. Tiene los ojos muy abiertos por la anticipación.
—Toma —me dice dándome una cajita exquisitamente envuelta con una tarjeta.
A pesar de la preocupación que siento por mi padre, noto la ansiedad y el entusiasmo de Nick, y me contagia. Leo la tarjeta:


Por todas nuestras primeras veces, felicidades por tu primer cumpleaños como mi amada esposa.

Te quiero.
N. x



Oh, Dios mío, ¡qué dulce!
—Yo también te quiero —le digo sonriéndole. Él también sonríe.
—Ábrelo.
Desenvuelvo el papel con cuidado para que no se rasgue y dentro encuentro una bonita caja de piel roja. Cartier. Ya me es familiar gracias a los pendientes de la segunda oportunidad y al reloj. Abro la caja poco a poco y descubro una delicada pulsera con colgantes de plata, platino u oro blanco, no sabría decir, pero es absolutamente preciosa. Tiene varios colgantes: la torre Eiffel, un taxi negro londinense, un helicóptero (el Charlie Tango ), un planeador (el vuelo sin motor), un catamarán (el Grace), una cama y ¿un cucurucho de helado? Le miro sorprendida.
—¿De vainilla? —dice encogiéndose de hombros como disculpándose y no puedo evitar reírme. Por
supuesto.
—Nick, es preciosa. Gracias. Es «briosa». Sonríe.
Mi favorito es uno con forma de corazón. Además es un relicario.
—Puedes poner una foto o lo que quieras dentro.
—Una foto tuya. —Le miro con los ojos entornados—. Siempre en mi corazón. Me dedica esa preciosa sonrisa tímida tan suya que me parte el corazón.
Examino los dos últimos colgantes: Una C… Claro, yo soy la primera que le llama por su nombre. Sonrío al pensarlo. Y por último una llave.
—La llave de mi corazón y de mi alma —susurra.
Se me llenan los ojos de lágrimas. Me lanzo hacia donde está él, le rodeo el cuello con los brazos y me siento en su regazo.
—Qué regalo más bien pensado. Me encanta. Gracias —le susurro al oído. Oh, huele tan bien… A limpio, a ropa recién planchada, a gel de baño y a Nick. Como el hogar, mi hogar. Las lágrimas que ya amenazaban empiezan a caer.
Él gruñe bajito y me abraza.
—No sé qué haría sin ti. —Se me quiebra la voz cuando intento contener el abrumador cúmulo de emociones que siento.
Él traga saliva con dificultad y me abraza más fuerte.
—No llores, por favor.
Sorbo por la nariz en un gesto muy poco femenino.
—Lo siento. Es que estoy feliz, triste y nerviosa al mismo tiempo. Es un poco agridulce.
—Tranquila —dice con una voz tan suave como una pluma. Me echa la cabeza hacia atrás y me da un beso tierno en los labios—, lo comprendo.
—Lo sé —susurro y él me recompensa de nuevo con su sonrisa tímida.
—Ojala estuviéramos en casa y las circunstancias fueran más felices. Pero tenemos que estar aquí. — Vuelve a encogerse de hombros como disculpándose—. Vamos, levántate. Después de desayunar iremos a ver a Ray.



Me visto con los vaqueros nuevos y una camiseta. Mi apetito vuelve brevemente durante el desayuno en la suite. Sé que Nick está encantado de verme comer los cereales con el yogur griego.
—Gracias por pedirme mi desayuno favorito.
—Es tu cumpleaños —dice Nick—. Y tienes que dejar de darme las gracias. —Pone los ojos en blanco un poco irritado pero con cariño, creo.
—Solo quiero que sepas que te estoy agradecida.
—________(tn), esas son las cosas que yo hago. —Su expresión es seria. Claro, Nick siempre al mando y ejerciendo el control. ¿Cómo he podido olvidarlo? ¿Le querría de otra forma?
Sonrío.
—Claro.
Me mira confuso y después niega con la cabeza.
—¿Nos vamos?
—Voy a lavarme los dientes. Sonríe burlón.
—Vale.

¿Por qué sonríe así? Esa sonrisa me persigue mientras me dirijo al baño. Un recuerdo aparece sin avisar en mi mente. Usé su cepillo de dientes cuando pasé aquí la primera noche con él. Ahora soy yo la que sonríe burlona y cojo su cepillo en recuerdo de aquella vez. Me miro en el espejo mientras me lavo los dientes. Estoy pálida, demasiado. Pero siempre estoy pálida. La última vez que estuve aquí estaba soltera y ahora ya estoy casada, ¡a los veintidós! Me estoy haciendo vieja. Me enjuago la boca.
Levanto la muñeca y la agito un poco; los colgantes de la pulsera producen un alegre tintineo. ¿Cómo sabe mi Cincuenta cuál es siempre el regalo perfecto? Inspiro hondo intentando contener todas las emociones que todavía siento pululando por mi sistema y admiro de nuevo la pulsera. Estoy segura de que le ha costado una fortuna. Oh, bueno… Se lo puede permitir.
Cuando vamos de camino a los ascensores, Nick me coge la mano, me da un beso en los nudillos y acaricia con el pulgar el colgante de Charlie Tango de mi pulsera.
—¿Te gusta?
—Más que eso. La adoro. Muchísimo. Como a ti.
Sonríe y vuelve a besarme los nudillos. Me siento algo mejor que ayer. Tal vez es porque ahora es por la mañana y el mundo parece un lugar que encierra un poco más de esperanza de la que se veía en medio de la noche. O tal vez es por el despertar tan dulce que me ha dedicado mi marido. O porque sé que Ray no está peor.
Cuando entramos en el ascensor vacío, miro a Nick. Él me mira también y vuelve a sonreír burlonamente.
—No —me susurra cuando se cierran las puertas.
—¿Que no qué?
—No me mires así.
—«¡Que le den al papeleo!» —murmuro recordando y sonrío.
Él suelta una carcajada; es un sonido tan infantil y despreocupado… Me atrae hacia sus brazos y me echa atrás la cabeza.
—Algún día voy a alquilar este ascensor durante toda una tarde.
—¿Solo una tarde? —pregunto levantando una ceja.
—Sra. Jonas, es usted insaciable.
—Cuando se trata de ti, sí.
—Me alegro mucho de oírlo —dice y me da un beso suave.
Y no sé si es porque estamos en este ascensor, porque no me ha tocado en más de veinticuatro horas o simplemente porque se trata de mi atractivo marido, pero el deseo se despierta y se estira perezosamente en
mi vientre. Le paso los dedos por el pelo y hago el beso más profundo, apretándole contra la pared y pegando mi cuerpo caliente contra el suyo.
Él gime dentro de mi boca y me coge la cabeza, acariciándome mientras nos besamos. Y nos besamos de verdad, con nuestras lenguas explorando el territorio tan familiar y a la vez tan nuevo de la boca del otro. La diosa que llevo dentro se derrite y saca a mi libido de su reclusión. Yo le acaricio esa cara que tanto quiero con las manos.
—________(tn) —jadea.
—Te quiero, Nick Jonas. No lo olvides —le susurro mirándole a los ojos grises que se están oscureciendo.
El ascensor se para con suavidad y las puertas se abren.
—Vámonos a ver a tu padre antes de que decida alquilar este ascensor hoy mismo. —Me da otro beso rápido, me coge la mano y me lleva hasta el vestíbulo.
Cuando pasamos ante el conserje, Nick le hace una discreta señal al hombre amable de mediana edad que hay detrás del mostrador. Él asiente y coge su teléfono. Miro inquisitivamente a Nick y él me dedica esa sonrisa suya que me indica que guarda un secreto. Frunzo el ceño y durante un momento parece nervioso.
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Octubre 1st 2014, 13:44

—¿Dónde está Taylor? —le pregunto.
—Ahora lo verás.
Claro, seguro que ha ido a por el coche.
—¿Y Sawyer?
—Haciendo recados.
¿Qué recados? Nick evita la puerta giratoria y sé que es porque no quiere soltarme la mano. Eso me alarma. Fuera nos encontramos con una mañana suave de finales de verano, pero se nota ya en la brisa el aroma del otoño cercano. Miro a mi alrededor buscando el Audi todoterreno y a Taylor. Pero no hay señal de ellos. Nick me aprieta la mano y yo me giro hacia él. Parece nervioso.
—¿Qué pasa?
Él se encoge de hombros. El ronroneo del motor de un coche que se acerca me distrae. Es un sonido ronco… Me resulta familiar. Cuando me vuelvo para buscar la fuente del ruido, este cesa de repente. Taylor está bajando de un brillante coche deportivo blanco que ha aparcado delante de nosotros.
¡Oh, Dios mío! ¡Es un R8! Giro la cabeza bruscamente hacia Nick, que me mira expectante. «Puedes regalarme uno para mi cumpleaños. Uno blanco, creo.»
—¡Feliz cumpleaños! —me dice y sé que está intentando evaluar mi reacción. Le miro con la boca abierta porque eso es todo lo que soy capaz de hacer ahora mismo. Me da la llave.
—Te has vuelvo completamente loco —le susurro.
¡Me ha comprado un Audi R8! Madre mía. Justo como yo le pedí… Una enorme sonrisa inunda mi cara y doy saltitos en el sitio donde estoy en un momento de entusiasmo absoluto y desenfrenado. La expresión de Nick es igual que la mía y voy bailando hacia los brazos que me tiende abiertos. Él me hace girar.
—¡Tienes más dinero que sentido común! —chillo—. ¡Y eso me encanta! Gracias. —Deja de hacerme girar y me inclina de repente, sorprendiéndome tanto que tengo que agarrarme a sus brazos.
—Cualquier cosa para usted, Sra. Jonas. —Me sonríe. Oh, Dios mío. Vaya expresión de afecto tan pública. Se inclina y me besa—. Vamos, tenemos que ir a ver a tu padre.
—Sí. ¿Puedo conducir yo? Me sonríe.
—Claro. Es tuyo.
Me levanta y me suelta y yo voy correteando hasta la puerta del conductor. Taylor me la abre sonriendo de oreja a oreja.
—Feliz cumpleaños, Sra. Jonas.
—Gracias, Taylor. —Le dejo asombrado al darle un breve abrazo, que él me devuelve algo incómodo. Cuando subo al coche veo que se ha sonrojado. Cuando ya estoy sentada, cierra la puerta rápidamente.
—Conduzca con cuidado, Sra. Jonas —me dice un poco brusco. Le sonrío porque no puedo contener mi entusiasmo.
—Lo haré —le prometo metiendo la llave en el contacto mientras Nick se acomoda a mi lado.
—Tómatelo con calma. Hoy no nos persigue nadie —me dice. Cuando giro la llave en el contacto, el motor cobra vida con el sonido del trueno. Miro por el espejo retrovisor interior y por los laterales y aprovechando uno de esos extraños momentos en los que hay un hueco en el tráfico, hago un cambio de sentido perfecto y salimos disparados en dirección al hospital OSHU.
—¡Uau! —exclama Nick alarmado.
—¿Qué?
—No quiero que acabes en la UCI al lado de tu padre. Frena un poco —gruñe en un tono que no admite

discusión. Suelto ligeramente el acelerador y le sonrío.
—¿Mejor?
—Mucho mejor —murmura intentando parecer serio, pero fracasando estrepitosamente.



Ray sigue en el mismo estado. Al verle se me cae el alma a los pies a pesar del emocionante viaje hasta aquí en el coche. Debo conducir con más cuidado. Nunca se sabe cuándo puedes toparte con un conductor borracho. Tengo que preguntarle a Nick qué ha pasado con el imbécil que embistió a Ray; seguro que él lo sabe. A pesar de los tubos, mi padre parece cómodo y creo que tiene un poco más de color en las mejillas.
Le cuento los acontecimientos de la mañana mientras Nick pasea por la sala de espera haciendo llamadas.
La enfermera Kellie está comprobando los tubos de Ray y escribiendo algo en sus gráficas.
—Todas sus constantes están bien, Sra. Jonas —me dice y me sonríe amablemente.
—Eso es alentador, gracias.
Un poco más tarde aparece el doctor Crowe con dos ayudantes.
—Sra. Jonas, tengo que llevarme a su padre a radiología —me dice afectuosamente—. Le vamos a hacer un TAC para ver qué tal va su cerebro.
—¿Tardarán mucho?
—Más o menos una hora.
—Esperaré. Quiero saber cómo está.
—Claro, Sra. Jonas.
Salgo a la sala de espera vacía donde está Nick hablando por teléfono y paseándose arriba y abajo. Mientras habla mira por la ventana a la vista panorámica de Portland. Cuando cierro la puerta se gira hacia mí; parece enfadado.
—¿Cuánto por encima del límite?… Ya veo… Todos los cargos, todo. El padre de ________(tn) está en la UCI;
quiero que caiga todo el peso de la ley sobre él, papá… Bien. Mantenme informado. —Cuelga.
—¿El otro conductor? Asiente.
—Un mierda del sudeste de Portland que conducía un tráiler —dice torciendo la boca. A mí me dejan anonadada las palabras que ha utilizado y su tono de desprecio. Camina hasta donde estoy yo y suaviza el tono.
—¿Has acabado con Ray ¿Quieres que nos vayamos?
—Eh… no. —Le miro todavía pensando en esa demostración de desdén.
—¿Qué pasa?
—Nada. A Ray se lo han llevado a radiología para hacerle un TAC y comprobar la inflamación del cerebro. Quiero esperar para conocer los resultados.
—Vale, esperaremos. —Se sienta y me tiende los brazos. Como estamos solos, yo me acerco de buen grado y me acurruco en su regazo—. Así no es como había planeado pasar el día —murmura Nick junto a mi pelo.
—Yo tampoco, pero ahora me siento más positiva. Tu madre me ha tranquilizado mucho. Fue muy amable viniendo anoche.
Nick me acaricia la espalda y apoya la barbilla en mi cabeza.
—Mi madre es una mujer increíble.
—Lo es. Tienes mucha suerte de tenerla. Nick asiente.
—Debería llamar a la mía y decirle lo de Ray —murmuro y Nick se pone tenso—. Me sorprende que

no me haya llamado ella a mí. —Frunzo el ceño al darme cuenta de algo: es mi cumpleaños y ella estaba allí cuando nací. Me siento un poco dolida. ¿Por qué no me ha llamado?
—Tal vez sí que lo ha hecho —dice Nick.
Saco mi BlackBerry del bolsillo. No tengo llamadas perdidas, pero sí unos cuantos mensajes: felicitaciones de Kate, José, Mia y Ethan. Nada de mi madre. Niego con la cabeza, triste.
—Llámala —me dice en voz baja. Lo hago, pero no contesta; sale el contestador. No dejo ningún mensaje. ¿Cómo se ha podido olvidar mi madre de mi cumpleaños?
—No está. La llamaré luego, cuando tengamos los resultados del TAC.
Nick aprieta su abrazo, acariciándome el pelo con la nariz una vez más y decide con acierto no hacer ningún comentario sobre el comportamiento poco maternal de mi madre. Siento más que oigo la vibración de su BlackBerry. La saca con dificultad de su bolsillo pero no me deja levantarme.
—Andrea —contesta muy profesional de nuevo. Hago otro intento de levantarme, pero no me lo permite. Frunce el ceño y me coge con fuerza por la cintura. Yo vuelvo a apoyarme contra su pecho y escucho solo
una parte de la conversación—. Bien… ¿Cuál es la hora estimada de llegada?… ¿Y los otros, mmm… paquetes? —Nick mira el reloj—. ¿Tienen todos los detalles en el Heathman?… Bien… Sí. Eso puede esperar hasta el lunes por la mañana, pero envíamelo en un correo por si acaso: lo imprimiré, lo firmaré y te lo mandaré de vuelta escaneado… Pueden esperar. Vete a casa, Andrea… No, estamos bien, gracias. — Cuelga.
—¿Todo bien?
—Sí.
—¿Es por lo de Taiwan?
—Sí. —Se mueve un poco debajo de mí.
—¿Peso mucho? Ríe entre dientes.
—No, nena.
—¿Estás preocupado por el negocio con los taiwaneses?
—No.
—Creía que era importante.
—Lo es. El astillero de aquí depende de ello. Hay muchos puestos de trabajo en juego.
¡Oh!
—Solo nos queda vendérselo a los sindicatos. Eso es trabajo de Sam y Ros. Pero teniendo en cuenta cómo va la economía, ninguno de nosotros tenemos elección.
Bostezo.
—¿La aburro, Sra. Jonas? —Vuelve a acariciarme el pelo otra vez, divertido.
—¡No! Nunca… Es que estoy muy cómoda en tu regazo. Me gusta oírte hablar de tus negocios.
—¿Ah, sí? —pregunta sorprendido.
—Claro. —Me echo un poco atrás para mirarle—. Me encanta oír cualquier información que te dignes compartir conmigo. —Le sonrío burlonamente y él me mira divertido y niega con la cabeza.
—Siempre ansiosa por recibir información, Sra. Jonas.
—Dímelo —le digo mientras me acomodo contra su pecho.
—¿Que te diga qué?
—Por qué lo haces.
—¿El qué?
—Por qué trabajas así.
—Un hombre tiene que ganarse la vida —dice divertido.

—Nick, ganas más dinero que para ganarte la vida. —Mi voz está llena de ironía. Frunce el ceño y se queda callado un momento. Me parece que no va a contarme ningún secreto, pero me sorprende.
—No quiero ser pobre —me dice en voz baja—. Ya he vivido así. No quiero volver a eso. Además… es un juego —explica—. Todo va sobre ganar. Y es un juego que siempre me ha parecido fácil.
—A diferencia de la vida —digo para mí. Entonces me doy cuenta de que lo he dicho en voz alta.
—Sí, supongo. —Frunce el ceño—. Pero es más fácil contigo.
¿Más fácil conmigo? Le abrazo con fuerza.
—No puede ser todo un juego. Eres muy filantrópico.
Se encoge de hombros y sé que cada vez está más incómodo.
—Tal vez en cuanto a algunas cosas —concede en voz baja.
—Me encanta el Nick filantrópico —murmuro.
—¿Solo ese?
—Oh, también el Nick megalómano, y el Nick obseso del control, y el Nick experto en el sexo, y el Nick pervertido, y el Nick romántico y el Nick tímido… La lista es infinita.
—Eso son muchos Nicks.
—Yo diría que unos cincuenta. Ríe.
—Cincuenta Sombras —dice contra mi pelo.
—Mi Cincuenta Sombras.
Se mueve, me echa la cabeza hacia atrás y me da un beso.
—Bien, Sra. Cincuenta Sombras, vamos a ver qué tal va lo de su padre.
—Vale.



—¿Podemos dar una vuelta en el coche?
Nick y yo estamos otra vez en el R8 y me siento vertiginosamente optimista. El cerebro de Ray ha vuelto a la normalidad; la inflamación ha desaparecido. La doctora Sluder ha decidido que mañana le despertará del coma. Dice que está muy satisfecha con sus progresos.
—Claro —me dice Nick sonriendo—. Es tu cumpleaños. Podemos hacer lo que tú quieras.
¡Oh! Su tono me hace girarme para mirarle. Sus ojos se han oscurecido.
—¿Lo que yo quiera?
—Lo que tú quieras.
¿Cuántas promesas se pueden encerrar en solo cuatro palabras?
—Bueno, quiero conducir.
—Entonces conduce, nena. —Me sonríe y yo también le respondo con una sonrisa.
Mi coche es tan fácil de manejar que parece que estoy en un sueño. Cuando llegamos a la interestatal 5 piso el acelerador, lo que hace que salgamos disparados hacia atrás en los asientos.
—Tranquila, nena —me advierte Nick.

Mientras conducimos de vuelta a Portland se me ocurre una idea.
—¿Tienes algún plan para comer? —le pregunto a Nick.
—No. ¿Tienes hambre? —Parece esperanzado.
—Sí.
—¿Adónde quieres ir? Es tu día, ________(tn).
—Ya lo sé…

Me dirijo a las cercanías de la galería donde José exhibe sus obras y aparco justo en la entrada del restaurante Le Picotin, adonde fuimos después de la exposición de José.
Nick sonríe.
—Por un momento he creído que me ibas a llevar a aquel bar horrible desde el que me llamaste borracha aquella vez…
—¿Y por qué iba a hacer eso?
—Para comprobar si las azaleas todavía están vivas —dice con ironía arqueando una ceja. Me sonrojo.
—¡No me lo recuerdes! De todas formas, después me llevaste a tu habitación del hotel… —le digo sonriendo.
—La mejor decisión que he tomado —dice con una mirada tierna y cálida.
—Sí, cierto. —Me acerco y le doy un beso.
—¿Crees que ese gilipollas soberbio seguirá sirviendo las mesas? —me pregunta Nick.
—¿Soberbio? A mí no me pareció mal.
—Estaba intentando impresionarte.
—Bueno, pues lo consiguió.
Nick tuerce la boca con una mueca de fingido disgusto.
—¿Vamos a comprobarlo? —le sugiero.
—Usted primero, Sra. Jonas.



Después de comer y de un pequeño rodeo hasta el Heathman para recoger el portátil de Nick, volvemos al hospital. Paso la tarde con Ray, leyéndole en voz alta los manuscritos que he recibido. Lo único que me acompaña es el sonido de las máquinas que le mantienen con vida, conmigo. Ahora que sé que está mejorando ya puedo respirar con más facilidad y relajarme. Tengo esperanza. Solo necesita tiempo para ponerse bien. Me pregunto si debería volver a intentar llamar a mi madre, pero decido que mejor más tarde. Le cojo la mano con delicadeza a Ray mientras le leo y se la aprieto de vez en cuando como para desearle que se mejore. Sus dedos son suaves y cálidos. Todavía tiene la marca donde llevaba la alianza, después de todo este tiempo…
Una hora o dos más tarde, he perdido la noción del tiempo, levanto la vista y veo a Nick con el portátil en la mano a los pies de la cama de Ray junto a la enfermera Kellie.
—Es hora de irse, ________(tn).
Oh. Le aprieto fuerte la mano a Ray. No quiero dejarle.
—Quiero que comas algo. Vamos. Es tarde. —El tono de Nick es contundente.
—Y yo voy a asear al Sr. ________(ta) —dice la enfermera Kellie.
—Vale —claudico—. Volveré mañana por la mañana.
Le doy un beso a Ray en la mejilla y siento bajo los labios un principio de barba poco habitual en él. No me gusta. Sigue mejorando, papá. Te quiero.



—He pensado que podemos cenar abajo. En una sala privada —dice Nick con un brillo en los ojos cuando abre la puerta de la suite.
—¿De verdad? ¿Para acabar lo que empezaste hace unos cuantos meses? Sonríe.
—Si tiene mucha suerte sí, Sra. Jonas.

Río.
—Nick, no tengo nada elegante que ponerme.
Con una sonrisa me tiende la mano para llevarme hasta el dormitorio. Abre el armario y dentro hay una gran funda blanca de las que se usan para proteger los vestidos.
—¿Taylor? —le pregunto.
—Nick —responde, enérgico y herido al mismo tiempo. Su tono me hace reír. Abro la cremallera de la funda y encuentro un vestido azul marino de seda. Lo saco. Es precioso: ajustado y con tirantes finos. Parece pequeño.
—Es maravilloso. Gracias. Espero que me valga.
—Sí, seguro —dice confiadamente—. Y toma —prosigue cogiendo una caja de zapatos—, zapatos a juego. —Me dedica una sonrisa torcida.
—Piensas en todo. Gracias. —Me acerco y le doy un beso.
—Claro que sí —me dice pasándome otra bolsa.
Le miro inquisitivamente. Dentro hay un body negro y sin tirantes con la parte central de encaje. Me acaricia la cara, me levanta la barbilla y me da un beso.
—Estoy deseando quitarte esto después.



Renovada tras un baño, limpia, depilada y sintiéndome muy consentida, me siento en el borde de la cama y empiezo a secarme el pelo. Nick entra en el dormitorio. Creo que ha estado trabajando.
—Déjame a mí —me dice y me señala una silla delante del tocador.
—¿Quieres secarme el pelo? Asiente y yo le miro perpleja.
—Vamos —dice clavándome la mirada. Conozco esa expresión y no se me ocurriría desobedecer. Lenta y metódicamente me va secando el pelo, mechón tras mechón, con su habilidad habitual.
—Has hecho esto antes —le susurro. Su sonrisa se refleja en el espejo, pero no dice nada y sigue cepillándome el pelo. Mmm… es muy relajante.



Entramos en el ascensor para bajar a cenar; esta vez no estamos solos. Nick está guapísimo con su camisa blanca de firma, vaqueros negros y chaqueta, pero sin corbata. Las dos mujeres que entran también en el ascensor le lanzan miradas de admiración a él y de algo menos generoso a mí. Yo oculto mi sonrisa. Sí, señoras, es mío. Nick me coge la mano y me acerca a él mientras bajamos en silencio hasta la planta
donde se halla el restaurante.
Está lleno de gente vestida de noche, todos sentados charlando y bebiendo como inicio de la noche del sábado. Me alegro de encajar ahí. El vestido me queda muy ajustado, abrazándome las curvas y manteniendo todo en su lugar. Tengo que decir que me siento… atractiva llevándolo. Sé que Nick lo aprueba.
Al principio creo que vamos hacia el comedor privado donde discutimos por primera vez el contrato, pero Nick me conduce hasta el extremo del pasillo, donde abre una puerta que da a otra sala forrada de madera.
—¡Sorpresa!
Oh, Dios mío. Kate y Elliot, Mia y Ethan, Carrick y Grace, el Sr. Rodríguez y José y mi madre y Bob, todos levantando sus copas. Me quedo de pie mirándoles con la boca abierta y sin habla. ¿Cómo? ¿Cuándo? Me giro hacia Nick asombrada y él me aprieta la mano. Mi madre se acerca y me abraza. ¡Oh, mamá!
—Cielo, estás preciosa. Feliz cumpleaños.

—¡Mamá! —lloriqueo abrazándola. Oh, mamá… Las lágrimas ruedan por mis mejillas a pesar de que estoy en público y entierro mi cara en su cuello.
—Cielo, no llores. Ray se pondrá bien. Es un hombre fuerte. No llores. No el día de tu cumpleaños. —Se le quiebra la voz, pero mantiene la compostura. Me coge la cara con las manos y me enjuga las lágrimas con los pulgares.
—Creía que se te había olvidado.
—¡Oh, ________(tn)! ¿Cómo se me iba a olvidar? Diecisiete horas de parto es algo que no se olvida fácilmente. Suelto una risita entre las lágrimas y ella sonríe.
—Sécate los ojos, cariño. Hay mucha gente aquí para compartir contigo tu día especial.
Sorbo por la nariz y no quiero mirar a los demás, avergonzada y encantada de que todo el mundo haya hecho el esfuerzo de venir aquí a verme.
—¿Cómo has venido? ¿Cuándo has llegado?
—Tu marido me mandó su avión, cielo —dice sonriendo, impresionada. Yo me río.
—Gracias por venir, mamá. —Me limpia la nariz con un pañuelo de papel como solo una madre podría hacer—. ¡Mamá! —la riño e intento recuperar la compostura.
—Eso está mejor. Feliz cumpleaños, hija. —Se aparta a un lado y todos los demás hacen una cola para abrazarme y desearme feliz cumpleaños.
—Está mejorando, ________(tn). La doctora Sluder es una de las mejores del país. Feliz cumpleaños, ángel —me dice Grace y me abraza.
—Puedes llorar todo lo que quieras, ________(tn). Es tu fiesta. —José también me abraza.
—Feliz cumpleaños, niña querida. —Carrick me sonríe y me coge la cara.
—¿Qué pasa, chica? Tu padre se va a recuperar. —Elliot me rodea con sus brazos—. Feliz cumpleaños.
—Ya basta. —Nick me coge la mano y me aparta del abrazo de Elliot—. Ya vale de toquetear a mi mujer. Toquetea a tu prometida.
Elliot le sonríe maliciosamente y le guiña un ojo a Kate.
Un camarero que no he visto antes nos ofrece a Nick y a mí unas copas con champán rosa. Nick carraspea para aclararse la garganta.
—Este sería un día perfecto si Ray se hallara aquí con nosotros, pero no está lejos. Se está recuperando bien y estoy seguro de que querría que disfrutaras de tu día, ________(tn). Gracias a todos vosotros por venir a compartir el cumpleaños de mi preciosa mujer, el primero de los muchos que vendrán. Feliz cumpleaños, mi amor. —Nick levanta la copa en mi dirección entre un coro de «feliz cumpleaños» y tengo que esforzarme por mantener a raya las lágrimas.



Observo mientras oigo las animadas conversaciones que se están produciendo alrededor de la mesa de la cena. Es raro verme aquí, arropada por el núcleo de mi familia, sabiendo que el hombre que considero mi padre se encuentra con una máquina de ventilación asistida en el frío ambiente clínico de la UCI. No sé cómo lo han hecho, pero me alegro de que estén todos aquí. Contemplo el intercambio de insultos entre Elliot y Nick, el humor cálido y siempre a la que salta de José, el entusiasmo de Mia por la fiesta y por la comida mientras Ethan la mira con picardía. Creo que ella le gusta… pero es difícil decirlo. El Sr. Rodríguez está sentado disfrutando de las conversaciones. Tiene mejor aspecto. Ha descansado. José está muy pendiente de él, cortándole la comida y manteniéndole la copa llena. Que el único progenitor que le queda haya estado tan cerca de la muerte ha hecho que José aprecie más al Sr. Rodríguez, estoy convencida.
Miro a mi madre. Está en su elemento, encantadora, divertida y cariñosa. La quiero mucho. Tengo que

acordarme de decírselo. La vida es tan preciosa… ahora me doy cuenta.
—¿Estás bien? —me pregunta Kate con una voz suave muy poco propia de ella. Asiento y le cojo la mano.
—Sí. Gracias por venir.
—¿Crees que tu marido el millonario iba a evitar que yo estuviera aquí contigo en tu cumpleaños? ¡Hemos venido en el helicóptero! —Sonríe.
—¿De verdad?
—Sí. Todos. Y pensar que Nick sabe pilotarlo… Es sexy.
—Sí, a mí también me lo parece. Sonreímos.
—¿Te quedas aquí esta noche? —le pregunto.
—Sí. Todos. ¿No sabías nada de esto? Niego con la cabeza.
—Qué astuto, ¿eh? Asiento.
—¿Qué te ha regalado por tu cumpleaños?
—Esto —digo mostrándole la pulsera.
—¡Oh, qué bonita!
—Sí.
—Londres, París… ¿Helado?
—No lo quieras saber.
—Me lo puedo imaginar.
Nos reímos y me sonrojo recordando la marca de helado: Ben amp;Jerry. Ahora será Ben amp;Jerry amp;________(tn)…
—Oh, y un Audi R8.
Kate escupe el vino, que le cae de una forma muy poco atractiva por la barbilla, lo que nos hacer reír más a las dos.
—Se ha superado el cabrón, ¿no? —ríe.



Cuando llega el momento del postre me traen una suntuosa tarta de chocolate con veintidós velas plateadas y un coro desafinado que me dedica el «Cumpleaños feliz». Grace observa a Nick, que canta con los demás amigos y familia, y sus ojos brillan de amor. Su mirada se cruza con la mía y me lanza un beso.
—Pide un deseo —me susurra Nick. Y con un solo soplido apago todas las velas, deseando con todas mis fuerzas que mi padre se ponga bien: papá ponte bien, por favor, ponte bien. Te quiero mucho.



A medianoche, el Sr. Rodríguez y José se van.
—Muchas gracias por venir. —Le doy un fuerte abrazo a José.
—No me lo habría perdido por nada del mundo. Me alegro de que Ray esté mejorando.
—Sí. Tú, el Sr. Rodríguez y Ray tenéis que venir a Aspen a pescar con Nick.
—¿Sí? Suena bien. —José sonríe antes de ir en busca del abrigo de su padre y yo me agacho para despedirme del Sr. Rodríguez.
—¿Sabes, ________(tn)? Hubo un tiempo en que creí que… bueno, que tú y José… —Deja la frase sin terminar y me observa con su mirada oscura intensa pero llena de cariño.

Oh, no…
—Le tengo mucho cariño a su hijo, Sr. Rodríguez, pero es como un hermano para mí.
—Habrías sido una nuera estupenda. O más bien lo eres: para los Jonas. —Sonríe nostálgico y yo me sonrojo.
—Espero que se conforme con ser un amigo.
—Claro. Tu marido es un buen hombre. Has elegido bien, ________(tn).
—Eso creo —le susurro—. Le quiero mucho. —Le doy un abrazo al Sr. Rodríguez.
—Trátale bien, ________(tn).
—Lo haré —le prometo.



Nick cierra la puerta de nuestra suite.
—Al fin solos —dice apoyándose contra la puerta mientras me observa. Doy un paso hacia él y deslizo los dedos por las solapas de su chaqueta.
—Gracias por un cumpleaños maravilloso. Eres el marido más detallista, considerado y generoso que existe.
—Ha sido un placer para mí.
—Sí… Un placer para ti… Vamos a ver si encontramos algo que te dé placer… —le susurro. Cierro los dedos en sus solapas y tiro de él para acercar sus labios a los míos.


* * *


Tras un desayuno con la familia y amigos, abro los regalos, y después me despido cariñosamente de todos los Jonas y los Kavanagh que van a volver a Seattle en el Charlie Tango . Mi madre, Nick y yo vamos al hospital con Taylor al volante, ya que los tres no cabemos en el R8. Bob no ha querido acompañarnos, y yo me alegro secretamente. Sería muy raro, y seguro que a Ray no le gustaría que Bob le viera en esas condiciones.
Ray tiene el mismo aspecto, solo que con más barba. Mi madre se queda impresionada al verle y las dos lloramos un poco más.
—Oh, Ray.
Le aprieta la mano y le acaricia la cara y a mí me conmueve ver el amor que siente todavía por su ex marido. Me alegro de llevar pañuelos en el bolso. Nos sentamos a su lado y le cojo la mano a mi madre mientras ella coge la de Ray.
—________(tn), hubo un tiempo en que este hombre era el centro de mi mundo. El sol salía y se ponía con él. Siempre le querré. Te cuidó siempre tan bien…
—Mamá… —Las palabras se me quedan atravesadas y ella me acaricia la cara y me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Ya sabes que siempre querré a Ray. Pero nos distanciamos. —Suspira—. Y simplemente no podía vivir con él. —Se mira los dedos y me pregunto si estará pensando en Steve, el marido número tres, del que no hablamos.
—Sé que quieres a Ray —le susurro, secándome los ojos—. Hoy le van a sacar del coma.
—Es una buena noticia. Seguro que estará bien. Es un cabezota. Creo que tú aprendiste de él. Sonrío.
—¿Has estado hablando con Nick?

—¿Opina que eres una cabezota?
—Eso creo.
—Le diré que es un rasgo de familia. Se os ve muy bien juntos, ________(tn). Muy felices.
—Lo somos, creo. O lo estamos consiguiendo. Le quiero. Él es el centro de mi mundo. El sol sale y se pone con él para mí también.
—Y es obvio que él te adora, cariño.
—Y yo le adoro a él.
—Pues díselo. Los hombres necesitan oír esas cosas, igual que nosotras.



Insisto en ir al aeropuerto con mamá y Bob para despedirme. Taylor nos sigue en el R8 y Nick conduce el todoterreno. Siento que no puedan quedarse más, pero tienen que volver a Savannah. Es un adiós lleno de lágrimas.
—Cuida bien de ella, Bob —le susurro cuando me abraza.
—Claro, ________(tn). Y tú cuídate también.
—Lo haré. —Me vuelvo hacia mi madre—. Adiós, mamá. Gracias por venir —le digo con la voz un poco quebrada—. Te quiero mucho.
—Oh, mi niña querida, yo también te quiero. Y Ray se pondrá bien. No está preparado para dejar atrás su ser mortal todavía. Seguro que hay algún partido de los Mariners que no puede perderse.
Suelto una risita. Tiene razón. Decido que le voy a leer la página de deportes del periódico del domingo a Ray esta tarde. Veo como ella y Bob suben por la escalerilla del jet de Jonas Enterprises Holdings, Inc. Al llegar arriba se despide con la mano todavía llorando y desaparece. Nick me rodea los hombros con los brazos.
—Volvamos, nena —me dice.
—¿Conduces tú?
—Claro.



Cuando volvemos al hospital esa tarde, Ray está diferente. Necesito un momento para darme cuenta de que el sonido de bombeo del respirador ha desaparecido. Ray respira por sí mismo. Me inunda una sensación de alivio. Le acaricio la cara barbuda y saco un pañuelo de papel para limpiarle con cuidado la saliva de la boca.
Nick sale en busca de la doctora Sluder y el doctor Crowe para que le den el último parte, mientras yo me siento como es habitual al lado de la cama para hacerle compañía.
Desdoblo la sección de deportes del periódico Oregonian del domingo y empiezo a leer la noticia del partido de fútbol que enfrentó al Sounders y el Real Salt Lake. Por lo que dicen fue un partido emocionante, pero el Sounders cayó derrotado por un gol en propia puerta de Kasey Keller. Le aprieto la mano a Ray y sigo leyendo.
—El marcador final fue de Sounders uno, Real Salt Lake dos.
—¿Hemos perdido, ________(ta)? ¡No! —dice Ray con voz áspera y me aprieta la mano.
¡Papá!
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Octubre 1st 2014, 18:26

me encanta ray
siempre tan... el...
jejeje 
siguela
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Noviembre 3rd 2014, 14:40

hello! como estas?, espero que bien
ya se vas a decir por fin volvio la desaparecida y si he vuelto y con nuevo capi!
hehehehe espero que te guste,

no creeas que me he olvidado de tu novela siempre cada vez que llego a mi casa
me fijo desd mi cel para ver si has subido pero bueno espero que subas pronto
amo la novela!!!! esta genial muy muy exotica jajajaa bye tqm! Smile
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Noviembre 25th 2014, 13:53

hola como están? se que no he aparecido pero la universidad me tiene muy ocupada y no tengo ni Internet en mi casa ni celular así que solo puedo entrar aveces les prometo que para la próxima semana subo! I love you
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Diciembre 30th 2014, 16:07

Hola como stas? nena
oye cuando subirás novela¡? es que muero
lentamente por que esta genial y no es de dios ver que no
ahí capitulo.. pero lo primero espero que estes bien
por cierto Feliz año nuevo!! Very Happy rendeer santa jocolor king pig
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Enero 7th 2015, 16:50

hola como estan? feliz año espero q no se hayan cansado de esperar lo siento! aqui les dejo unos capis!
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andreru
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Enero 7th 2015, 16:52

CAPITULO 19


Las lágrimas surcan mi rostro de nuevo. Ha vuelto. Mi padre ha vuelto.
—No llores, ________(ta). —Ray tiene la voz ronca—. ¿Qué ocurre? Cojo su mano entre las mías y la acerco a mi cara.
—Has tenido un accidente. Estás en el hospital de Portland.
Ray frunce el ceño y no sé si es porque está incómodo con esta demostración de afecto poco propia de mí o porque no se acuerda del accidente.
—¿Quieres un poco de agua? —le pregunto aunque no sé si puedo dársela. Asiente, desconcertado. El corazón se me llena de alegría. Me levanto y me inclino para darle un beso en la frente—. Te quiero, papá. Bienvenido de vuelta.
Agita un poco la mano, avergonzado.
—Yo también, ________(ta). Agua.
Salgo corriendo para cubrir la corta distancia que hay hasta el puesto de enfermeras.
—¡Mi padre! ¡Está despierto! —le sonrío a la enfermera Kellie, que me devuelve la sonrisa.
—Envíale un mensaje a la doctora Sluder —le dice a una compañera y sale apresuradamente de detrás del mostrador.
—Quiere agua.
—Le llevaré un vaso.
Regreso junto a la cama de mi padre. Estoy muy contenta. Veo que tiene los ojos cerrados y me preocupa que haya vuelto al coma.
—¿Papá?
—Estoy aquí —murmura, y abre los ojos justo cuando aparece la enfermera Kellie con una jarra con trocitos de hielo y un vaso.
—Hola, Sr. ________(ta). Soy Kellie, su enfermera. Su hija me ha dicho que tiene sed.



En la sala de espera, Nick está mirando fijamente su portátil, muy concentrado. Alza la vista cuando me oye cerrar la puerta.
—Se ha despertado —anuncio. Él sonríe y la tensión que tenía en los ojos desaparece. Oh… no me había dado cuenta. ¿Ha estado tenso todo el tiempo? Deja a un lado su portátil, se levanta y me da un abrazo.
—¿Cómo está? —me pregunta cuando le rodeo con los brazos.
—Habla, tiene sed y está un poco desconcertado. No se acuerda del accidente.
—Es comprensible. Ahora que está despierto, quiero que lo trasladen a Seattle. Así podremos ir a casa y mi madre podrá tenerle vigilado.
¿Ya?
—No sé si estará lo bastante bien como para trasladarle.
—Hablaré con la doctora Sluder para que me dé su opinión.
—¿Echas de menos nuestra casa?
—Sí.
—Está bien.



—No has dejado de sonreír —me dice Nick cuando aparco delante del Heathman.

—Estoy muy aliviada. Y feliz. Nick sonríe.
—Bien.
La luz está desapareciendo y me estremezco cuando salgo a la fresca noche. Le doy mi llave al aparcacoches, que está mirando mi coche con admiración. No le culpo… Nick me rodea con el brazo.
—¿Quieres que lo celebremos? —me pregunta cuando entramos en el vestíbulo.
—¿Celebrar qué?
—Lo de tu padre. Suelto una risita.
—Oh, eso.
—Echaba de menos ese sonido. —Nick me da un beso en el pelo.
—¿No podemos mejor comer en la habitación? Ya sabes, una noche tranquila sin salir.
—Claro, vamos. —Me coge la mano y me lleva a los ascensores.



—Estaba deliciosa —digo satisfecha mientras aparto mi plato, llena por primera vez en mucho tiempo—. Aquí hacen una tarta tatin buenísima.
Me acabo de bañar y solo llevo la camiseta de Nick y las bragas. De fondo suena la música del iPod de Nick, que está puesto en modo aleatorio; Dido está cantando algo sobre banderas blancas.
Nick me mira con curiosidad. Tiene el pelo todavía húmedo por el baño y lleva una camiseta negra y los vaqueros.
—Es la vez que más te he visto comer en todo el tiempo que llevamos aquí —me dice.
—Tenía hambre.
Se arrellana en la silla con una sonrisa de satisfacción y le da un sorbo al vino blanco.
—¿Qué quieres hacer ahora? —pregunta con voz suave.
—¿Qué quieres hacer tú? Arquea una ceja, divertido.
—Lo que quiero hacer siempre.
—¿Y eso es…?
—Sra. Jonas, deje las evasivas.
Le cojo la mano por encima de la mesa, la giro y le acaricio la palma con el dedo índice.
—Quiero que me toques con este —digo subiendo el dedo por su índice. Él se remueve en la silla.
—¿Solo con ese? —Su mirada se oscurece y se vuelve más ardiente a la vez.
—Quizá con este también —digo acariciándole el dedo corazón y volviendo a la palma—. Y con este. — Recorro con la uña su dedo anular—. Y definitivamente con esto —digo deteniéndome en su alianza—. Esto es muy sexy.
—¿Lo es?
—Claro. Porque dice: «Este hombre es mío». —Le rozo el pequeño callo que ya se le ha formado en la palma junto al anillo. Él se inclina hacia mí y me coge la barbilla con la otra mano.
—Sra. Jonas, ¿está intentando seducirme?
—Eso espero.
—________(tn), ya he caído —me dice en voz baja—. Ven aquí. —Tira de mi mano para atraerme a su regazo—. Me gusta tener acceso ilimitado a ti. —Sube la mano por el muslo hasta mi culo. Me agarra la nuca con la otra mano y me besa, agarrándome con fuerza.

Sabe a vino blanco, a tarta de manzana y a Nick. Le paso los dedos por el pelo, sujetándole contra mí, mientras nuestras leguas exploran y se enroscan la una contra la otra. La sangre se me calienta en las venas. Estoy sin aliento cuando Nick se aparta.
—Vamos a la cama —murmura contra mis labios.
—¿A la cama?
Se separa un poco y me tira del pelo para que levante la vista para mirarle.
—¿Dónde prefiere usted, Sra. Jonas?
Me encojo de hombros, fingiendo indiferencia.
—Sorpréndeme.
—Te veo guerrera esta noche —dice acariciándome la nariz con la suya.
—Tal vez necesito que me aten.
—Tal vez sí. Te estás volviendo mandona con la edad. —Entorna los ojos pero no puede esconder el humor latente en su voz.
—¿Y qué vas a hacer al respecto? —le desafío. Le brillan los ojos.
—Sé lo que me gustaría hacer, pero depende de lo que tú puedas soportar.
—Oh, Sr. Jonas, ha sido usted muy dulce conmigo estos dos últimos días. Y no estoy hecha de cristal,
¿lo sabía?
—¿No te gusta que sea dulce?
—Claro que sí. Pero ya sabes… la variedad es la sal de la vida —le digo aleteando las pestañas.
—¿Quieres algo menos dulce?
—Algo que me recuerde que estoy viva. Arquea ambas cejas por la sorpresa.
—Que me recuerde que estoy viva… —repite, asombrado y con un tono de humor en su voz. Asiento. Él me mira durante un momento.
—No te muerdas el labio —me susurra y de repente se pone de pie conmigo en sus brazos. Doy un respigo y me agarro a sus bíceps porque temo caerme. Él camina hasta el más pequeño de los tres sofás y me deposita ahí—. Espera aquí. Y no te muevas. —Me lanza una mirada breve, excitante e intensa y se vuelve para dirigirse hacia el dormitorio. Oh… Nick descalzo… ¿Por qué sus pies son tan sexis? Aparece unos minutos después detrás de mí, inclinándose y cogiéndome por sorpresa—. Creo que esto no nos va a hacer falta. —Agarra mi camiseta y me la quita, dejándome completamente desnuda excepto por las bragas. Tira de mi coleta hacia atrás y me da un beso—. Levántate —me ordena junto a mis labios, y después me suelta. Yo obedezco inmediatamente. Él extiende una toalla sobre el sofá.
¿Una toalla?
—Quítate las bragas.
Trago saliva pero hago lo que me pide y dejo las bragas junto al sofá.
—Siéntate. —Vuelve a cogerme la coleta y a echarme atrás la cabeza—. Dime que pare si es demasiado,
¿vale?
Asiento.
—Responde —me ordena con voz dura.
—Sí —digo.
Él sonríe burlón.
—Bien. Así que, Sra. Jonas… como me ha pedido, la voy a atar. —Su voz baja hasta convertirse en un susurro jadeante. El deseo recorre mi cuerpo como un relámpago solo con oír esas palabras. Oh, mi dulce Cincuenta… ¿en el sofá?—. Sube las rodillas —me pide— y reclínate en el respaldo.

Apoyo los pies en el borde del sofá y pongo las rodillas delante de mí. Él me coge la pierna izquierda y me ata el cinturón de uno de los albornoces por encima de la rodilla.
—¿El cinturón del albornoz?
—Estoy improvisando. —Vuelve a sonreír, aprieta el nudo corredizo sobre mi rodilla y ata el otro extremo del cinturón al remate decorativo que hay en una de las esquinas del sofá; una forma muy eficaz de
mantenerme las piernas abiertas—. No te muevas —me advierte, y repite el proceso con la pierna derecha, atando el otro cinturón al otro remate.
Oh, Dios mío… Estoy despatarrada en el sofá.
—¿Bien? —me pregunta Nick con voz suave, mirándome desde detrás del sofá.
Asiento, esperando que me ate las manos también. Pero no lo hace. Se inclina y me da un beso.
—No tienes ni idea de cómo me pones ahora mismo —murmura y frota su nariz contra la mía—. Creo que voy a cambiar la música. —Se levanta y se acerca despreocupadamente al iPod.
¿Cómo lo hace? Aquí estoy, abierta de piernas y muy excitada, y él tan fresco y tan tranquilo. Nick está dentro de mi campo de visión y veo cómo se mueven los músculos de su espalda bajo la camiseta mientras cambia la canción. Inmediatamente una voz dulce y casi infantil empieza a cantar algo sobre que la observen.
Oh, me gusta esta canción.
Nick se gira y sus ojos se clavan en los míos mientras rodea el sofá y se pone de rodillas delante de

mí.



De repente me siento muy expuesta.
—¿Expuesta? ¿Vulnerable? —me pregunta con su asombrosa capacidad para verbalizar las palabras que

no he llegado a decir. Tiene las manos apoyadas sobre sus rodillas. Asiento.
¿Por qué no me toca?
—Bien —susurra—. Levanta las manos. —No puedo apartar la vista de sus ojos hipnóticos. Hago lo que me dice. Nick me echa un líquido aceitoso en cada palma de un pequeño botecito de color claro. El
líquido desprende un olor intenso, almizclado y sensual que no soy capaz de identificar—. Frótatelas. —Me revuelvo por el efecto de su mirada penetrante y ardiente—. No te muevas —me ordena.
Oh, Dios mío…
—Ahora, ________(tn), quiero que te toques. Madre mía.
—Empieza por la garganta y ve bajando. Dudo.
—No seas tímida, ________(tn). Vamos. Hazlo. —Son evidentes el humor y el desafío de su expresión, además del deseo.
La voz infantil canta que no hay nada dulce en ella. Pongo las manos sobre mi garganta y dejo que vayan bajando hasta la parte superior de mis pechos. El aceite hace que se deslicen fácilmente por mi piel. Tengo las manos calientes.
—Más abajo —susurra Nick a la vez que se oscurecen sus ojos. No me está tocando. Me cubro los pechos con las manos.
—Tócate.
Oh, Dios mío. Tiro con suavidad de mis pezones.
—Más fuerte —me ordena Nick. Está sentado inmóvil entre mis muslos, solo mirándome—. Como lo haría yo —añade, y sus ojos muestran un brillo oscuro.
Los músculos del fondo de mi vientre se tensan. Gimo en respuesta y tiro con más fuerza de mis pezones sintiendo cómo se endurecen y se alargan bajo mis dedos.

—Sí. Así. Otra vez.
Cierro los ojos y tiro fuerte, los hago rodar y los pellizco con los dedos. Gimo de nuevo.
—Abre los ojos. Parpadeo para mirarle.
—Otra vez. Quiero verte. Ver que disfrutas tocándote. Oh, joder. Repito el proceso. Esto es tan… erótico.
—Las manos. Más abajo. Me retuerzo.
—Quieta, ________(tn). Absorbe el placer. Más abajo. —Su voz es baja y ronca, tentadora y seductora.
—Hazlo tú —le susurro.
—Oh, lo haré… pronto. Pero ahora tú. Más abajo. —Nick se pasa la lengua por los dientes, un gesto que irradia sensualidad. Madre mía… Me retuerzo y tiro de los cinturones que me atan.
Él niega con la cabeza lentamente.
—Quieta. —Apoya las manos en mis rodillas para que no me mueva—. Vamos, ________(tn)… Más abajo. Mis manos se deslizan por mi vientre.
—Más abajo —repite, y es la sensualidad personificada.
—Nick, por favor.
Sus manos descienden desde mis rodillas, acariciándome los muslos y acercándose a mi sexo.
—Vamos, ________(tn). Tócate.
Mi mano izquierda pasa por encima de mi sexo y hago un círculo lento mientras formo una O con los labios y jadeo.
—Otra vez —susurra.
Gimo más alto y repito el movimiento, echando atrás la cabeza y jadeando.
—Otra vez.
Vuelvo a gemir con fuerza y Nick inhala bruscamente. Me coge las manos, se inclina y acaricia con la nariz y después con la lengua todo el vértice entre mis muslos.
—¡Ah!
Quiero tocarle, pero cuando intento mover las manos, él aprieta los dedos alrededor de mis muñecas.
—Te voy a atar estas también. Quieta.
Gimo. Me suelta e introduce dos dedos en mi interior a la vez que apoya la mano contra mi clítoris.
—Voy a hacer que te corras rápido, ________(tn). ¿Lista?
—Sí —jadeo.
Empieza a mover los dedos y la mano arriba y abajo rápidamente, estimulando ese punto tan dulce en mi interior y el clítoris al mismo tiempo. ¡Ah! La sensación es intensa, realmente intensa. El placer aumenta y atraviesa la mitad inferior de mi cuerpo. Quiero estirar las piernas, pero no puedo. Agarro con fuerza la toalla que hay debajo de mí.
—Ríndete —me susurra Nick.
Exploto alrededor de sus dedos, gritando algo incoherente. Aprieta la mano contra mi clítoris mientras los estremecimientos me recorren el cuerpo, prolongando así esa deliciosa agonía. Me doy cuenta vagamente de que me está desatando las piernas.
—Es mi turno —susurra, y me gira para que quede boca abajo sobre el sofá con las rodillas en el suelo. Me abre las piernas y me da un azote fuerte en el culo.
—¡Ah! —chillo a la vez que noto que entra con fuerza en mi interior.
—Oh, ________(tn) —dice con los dientes apretados cuando empieza a moverse.
Me agarra las caderas fuertemente con los dedos mientras se hunde en mí una y otra vez. El placer

empieza a aumentar de nuevo. No… Ah…
—¡Vamos, ________(tn)! —grita Nick y yo vuelvo a romperme en mil pedazos otra vez, latiendo a su alrededor y gritando cuando alcanzo el orgasmo de nuevo.



—¿Te sientes lo bastante viva? —me pregunta Nick dándome un beso en el pelo.
—Oh, sí —murmuro mirando al techo. Estoy tumbada sobre mi marido, con la espalda sobre su pecho, ambos en el suelo junto al sofá. Él todavía está vestido.
—Creo que deberíamos repetirlo. Pero esta vez tú sin ropa.
—Por Dios, ________(tn). Dame un respiro. Suelto una risita y él ríe entre dientes.
—Me alegro de que Ray haya recuperado la consciencia. Parece que todos tus apetitos han regresado después de eso —dice y oigo la sonrisa en su voz.
Me giro y le miro con el ceño fruncido.
—¿Se te olvida lo de anoche y lo de esta mañana? —le pregunto con un mohín.
—No podría olvidarlo —dice sonriendo. Con esa sonrisa parece joven, despreocupado y feliz. Me coge el culo con las manos—. Tiene un culo fantástico, Sra. Jonas.
—Y tú también. Pero el tuyo sigue tapado —le digo arqueando una ceja.
—¿Y qué va a hacer al respecto, Sra. Jonas?
—Bueno, creo que le voy a desnudar, Sr. Jonas. Enterito. Él sonríe.
—Y yo creo que hay muchas cosas dulces en ti —susurra refiriéndose a la canción que sigue sonando, repetida una vez tras otra. Su sonrisa desaparece.
Oh, no.
—Tú sí que eres dulce —le susurro, me inclino hacia él y le beso la comisura de la boca. Cierra los ojos y me abraza más fuerte—. Nick, lo eres. Has hecho que este fin de semana sea especial a pesar de lo que le ha pasado a Ray. Gracias.
Él abre sus grandes y serios ojos grises y su expresión me conmueve.
—Porque te quiero —susurra.
—Lo sé. Y yo también te quiero. —Le acaricio la cara—. Y eres algo precioso para mí. Lo sabes,
¿verdad?
Se queda muy quieto y parece perdido. Oh, Nick… Mi dulce Cincuenta.
—Créeme —le susurro.
—No es fácil —dice con voz casi inaudible.
—Inténtalo. Inténtalo con todas tus fuerzas, porque es cierto. —Le acaricio la cara una vez más y mis dedos le rozan las patillas. Sus ojos son unos océanos grises llenos de pérdida, heridas y dolor. Quiero subirme encima de él y abrazarle. Cualquier cosa que haga que desaparezca esa mirada. ¿Cuándo se va a dar cuenta de que él es mi mundo? ¿De que es más que merecedor de mi amor, del amor de sus padres, de sus hermanos? Se lo he dicho una y otra vez, pero aquí estamos de nuevo, con Nick mirándome con expresión de pérdida y abandono. Tiempo. Solo es cuestión de tiempo.
—Te vas a enfriar. Vamos. —Se pone de pie con agilidad y tira de mí para levantarme. Le rodeo la cintura con el brazo mientras cruzamos el dormitorio. No quiero presionarle, pero desde el accidente de Ray se ha vuelto más importante para mí que sepa cuánto le quiero.
Cuando entramos en el dormitorio frunzo el ceño, desesperada por recuperar el humor alegre de hace

unos momentos.
—¿Vemos un poco la tele? —le pido. Nick ríe entre dientes.
—Creía que querías un segundo asalto. —Ahí está de nuevo mi temperamental Cincuenta… Arqueo una ceja y me paro junto a la cama.
—Bueno, en ese caso… Esta vez yo llevaré las riendas.
Él me mira con la boca abierta y yo le empujo sobre la cama, me pongo rápidamente a horcajadas sobre su cuerpo y le agarro las manos a ambos lados de la cabeza.
Me sonríe.
—Bien, Sra. Jonas, ahora que ya me tiene, ¿qué piensa hacer conmigo? Me inclino y le susurro al oído:
—Te voy a follar con la boca.
Cierra los ojos e inhala bruscamente mientras yo le rozo la mandíbula con los dientes.


* * *


Nick está trabajando en el ordenador. La mañana es clara a esta hora tan temprana. Creo que está escribiendo un correo electrónico.
—Buenos días —murmuro tímidamente desde el umbral. Se gira y me sonríe.
—Sra. Jonas, se ha levantado pronto —dice tendiéndome los brazos. Yo cruzo la suite y me acurruco en su regazo.
—Igual que tú.
—Estaba trabajando. —Se mueve un poco y me da un beso en el pelo.
—¿Qué pasa? —le pregunto, porque noto que algo no va bien. Suspira.
—He recibido un correo del detective Clark. Quiere hablar contigo del cabrón de Hyde.
—¿Ah, sí? —Me aparto un poco y miro a Nick.
—Sí. Le he explicado que estás en Portland por ahora y que tendría que esperar, pero ha dicho que vendrá aquí a hablar contigo.
—¿Va a venir?
—Eso parece. —Nick se muestra perplejo. Frunzo el ceño.
—¿Y qué es tan importante que no puede esperar?
—Eso digo yo…
—¿Cuándo va a venir?
—Hoy. Tengo que contestarle.
—No tengo nada que esconder, pero me pregunto qué querrá saber…
—Lo descubriremos cuando llegue. Yo también estoy intrigado. —Nick vuelve a moverse—. Subirán el desayuno pronto. Vamos a comer algo y después a ver a tu padre.
Asiento.
—Puedes quedarte aquí si quieres. Veo que estás ocupado. Él frunce el ceño.
—No, quiero ir contigo.
—Bien. —Le sonrío, le rodeo el cuello con los brazos y le doy un beso.

Ray está de mal humor. Y eso es una alegría. Le pica, no hace más que rascarse y está impaciente e incómodo.
—Papá, has tenido un accidente de coche grave. Necesitas tiempo para curarte. Y Nick y yo queremos que te lleven a Seattle.
—No sé por qué os estáis molestando tanto por mí. Yo estaré bien aquí solo.
—No digas tonterías —digo apretándole la mano cariñosamente. Él tiene el detalle de sonreírme—.
¿Necesitas algo?
—Mataría por un donut, ________(ta). Le sonrío indulgentemente.
—Te traeré un donut o dos. Iremos a Voodoo.
—¡Genial!
—¿Quieres un café decente también?
—¡Demonios, sí!
—Vale, te traeré uno también.



Nick está otra vez en la sala de espera, hablando por teléfono. Debería establecer su oficina aquí. Extrañamente está solo, a pesar de que las otras camas de la UCI están ocupadas. Me pregunto si Nick habrá espantado a las demás visitas. Cuelga.
—Clark estará aquí a las cuatro de la tarde. Frunzo el ceño. ¿Qué será tan urgente?
—Vale. Ray quiere café y donuts. Nick ríe.
—Creo que yo también querría eso si hubiera tenido un accidente. Le diré a Taylor que vaya a buscarlo.
—No, iré yo.
—Llévate a Taylor contigo —me dice con voz dura.
—Vale. —Pongo los ojos en blanco y él me mira fijamente. Después sonríe y ladea la cabeza.
—No hay nadie aquí. —Su voz es deliciosamente baja y sé que me está amenazando con azotarme. Estoy a punto de decirle que se atreva, pero una pareja joven entra en la sala. Ella llora quedamente.
Me encojo de hombros a modo de disculpa mirando a Nick y él asiente. Coge el portátil, me da la mano y salimos de la sala.
—Ellos necesitan la privacidad más que nosotros —me dice Nick—. Nos divertiremos luego. Fuera está Taylor, esperando pacientemente.
—Vamos todos a por café y donuts.


* * *


A las cuatro en punto llaman a la puerta de la suite. Taylor hace pasar al detective Clark, que parece de peor humor de lo que suele estar; siempre parece de mal humor. Tal vez sea algo en la expresión de su cara.
—Señor Jonas, Sra. Jonas, gracias por acceder a verme.
—Detective Clark. —Nick le saluda, le estrecha la mano y le señala un asiento. Yo me siento en el sofá en el que me lo pasé tan bien anoche. Solo de pensarlo me sonrojo.
—Es a la Sra. Jonas a quien quería ver —apunta Clark aludiendo a Nick y a Taylor, que se ha

colocado junto a la puerta. Nick mira a Taylor y asiente casi imperceptiblemente y él se gira y se va, cerrando la puerta al salir.
—Cualquier cosa que tenga que decirle a mi esposa, puede decírsela conmigo delante. —La voz de
Nick es fría y profesional.
El detective Clark se vuelve hacia mí.
—¿Está segura de que desea que su marido esté presente? Frunzo el ceño.
—Claro. No tengo nada que ocultarle. ¿Solo quiere hablar conmigo?
—Sí, Sra..
—Bien. Quiero que mi marido se quede. Nick se sienta a mi lado. Irradia tensión.
—Muy bien —dice Clark, resignado. Carraspea—. Sra. Jonas, el Sr. Hyde mantiene que usted le acosó sexualmente y le hizo ciertas insinuaciones inapropiadas.
¡Oh! Estoy a punto de soltar una carcajada, pero le pongo la mano a Nick en el muslo para frenarle cuando veo que se inclina hacia delante en el asiento.
—¡Eso es ridículo! —exclama Nick. Yo le aprieto el muslo para que se calle.
—Eso no es cierto —afirmo yo con calma—. De hecho, fue exactamente lo contrario. Él me hizo proposiciones deshonestas de una forma muy agresiva y por eso le despidieron.
La boca del detective Clark forma brevemente una fina línea antes de continuar.
—Hyde alega que usted se inventó la historia del acoso sexual para que le despidieran. Dice que lo hizo porque él rechazó sus proposiciones y porque quería su puesto.
Frunzo el ceño. Madre mía… Jack está peor de lo que yo creía.
—Eso no es cierto —digo negando con la cabeza.
—Detective, no me diga que ha conducido hasta aquí para acosar a mi mujer con esas acusaciones ridículas.
El detective Clark vuelve su mirada azul acero hacia Nick.
—Necesito oír la respuesta de la Sra. Jonas ante esas acusaciones, Sr. —dice conteniéndose. Yo vuelvo a apretarle la pierna a Nick, suplicándole sin palabras que se mantenga tranquilo.
—No tienes por que oír esta mierda, ________(tn).
—Creo que es mejor que el detective Clark sepa lo que pasó.
Nick me mira inescrutable durante un momento y después agita la mano en un gesto de resignación.
—Lo que dice Hyde no es cierto. —Mi voz suena tranquila, aunque me siento cualquier cosa menos eso. Estoy perpleja por esas acusaciones y nerviosa porque Nick puede explotar en cualquier momento. ¿A qué está jugando Jack?—. El Sr. Hyde me abordó en la cocina de la oficina una noche. Me dijo que me habían contratado gracias a él y que esperaba ciertos favores sexuales a cambio. Intentó chantajearme utilizando unos correos que yo le había enviado a Nick, que entonces todavía no era mi marido. Yo no sabía que Hyde había estado espiando mis correos. Es un paranoico: incluso me acusó de ser una espía enviada por Nick, presumiblemente para ayudarle a hacerse con la empresa. Pero no sabía que Nick ya había comprado Seattle Independent Publishing. —Niego con la cabeza cuando recuerdo mi tenso y estresante encuentro con Hyde—. Al final yo… yo le derribé.
Clark arquea las cejas sorprendido.
—¿Le derribó?
—Mi padre fue soldado. Hyde… Mmm… me tocó y yo sé cómo defenderme. Nick me dedica una fugaz mirada de orgullo.

—Entiendo. —Clark se acomoda en el sofá y suspira profundamente.
—¿Han hablado con alguna de las anteriores ayudantes de Hyde? —le pregunta Nick casi con cordialidad.
—Sí, lo hemos hecho. Pero lo cierto es que ninguna de ellas nos dice nada. Todas afirman que era un jefe ejemplar, aunque ninguna duró en el puesto más de tres meses.
—Nosotros también hemos tenido ese problema —murmura Nick.
¿Ah, sí? Miro a Nick con la boca abierta, igual que el detective Clark.
—Mi jefe de seguridad entrevistó a las cinco últimas ayudantes de Hyde.
—¿Y eso por qué?
Nick le dedica una mira gélida.
—Porque mi mujer trabajó con él y yo hago comprobaciones de seguridad sobre todas las personas que trabajan con mi mujer.
El detective Clark se sonroja. Yo le miro encogiéndome de hombros a modo de disculpa y con una sonrisa que dice: «Bienvenido a mi mundo».
—Ya veo —dice Clark—. Creo que hay algo más en ese asunto de lo que parece a simple vista, Sr. Jonas. Vamos a llevar a cabo un registro más a fondo del apartamento de Hyde mañana, tal vez encontremos la clave entonces. Por lo visto, hace tiempo que no vive allí.
—¿Lo han registrado antes?
—Sí, pero vamos a hacerlo de nuevo. Esta vez será una búsqueda más exhaustiva.
—¿Todavía no le han acusado del intento de asesinato de Ros Bailey y mío? —pregunta Nick en voz baja.
¿Qué?
—Esperamos encontrar más pruebas del sabotaje de su helicóptero, Sr. Jonas. Necesitamos algo más que una huella parcial. Mientras está en la cárcel podemos ir reforzando el caso.
—¿Y ha venido solo para eso? Clark parece irritado.
—Sí, Sr. Jonas, solo para eso, a no ser que se le haya ocurrido algo sobre la nota…
¿Nota? ¿Qué nota?
—No. Ya se lo dije. No significa nada para mí. —Nick no puede ocultar su irritación—. No entiendo por qué no podíamos haber hecho esto por teléfono.
—Creo que ya le he dicho que prefiero hacer las cosas en persona. Y así aprovecho para visitar a mi tía abuela, que vive en Portland. Dos pájaros de un tiro… —El rostro de Clark permanece impasible e imperturbable ante el mal humor de mi marido.
—Bueno, si hemos terminado, tengo trabajo que hacer. —Nick se levanta y el detective Clark hace lo mismo.
—Gracias por su tiempo, Sra. Jonas —me dice educadamente. Yo asiento. —Señor Jonas —se despide. Nick abre la puerta y Clark se va.
Me dejo caer en el sofá.
—¿Te puedes creer lo que ha dicho ese gilipollas? —explota Nick.
—¿Clark?
—No, el idiota de Hyde.
—No, no puedo.
—¿A qué coño está jugando? —pregunta Nick con los dientes apretados.
—No lo sé. ¿Crees que Clark me ha creído?
—Claro. Sabe que Hyde es un cabrón pirado.

—Estás siendo muy «insultino».
—¿Insultino? —Nick sonríe burlón—. ¿Existe esa palabra?
—Ahora sí.
De repente sonríe, se sienta a mi lado y me atrae hacia sus brazos.
—No pienses en ese gilipollas. Vamos a ver a tu padre e intentar convencerle para trasladarle mañana.
—No ha querido ni oír hablar de ello. Quiere quedarse en Portland y no ser una molestia.
—Yo hablaré con él.
—Quiero viajar con él.
Nick se me queda mirando y durante un momento creo que va a decir que no.
—Está bien. Yo iré también. Sawyer y Taylor pueden llevar los coches. Dejaré que Sawyer se lleve tu R8 esta noche.


* * *


Al día siguiente, Ray examina su nuevo entorno: una habitación amplia y luminosa en el centro de rehabilitación del Hospital Northwest de Seattle. Es mediodía y parece adormilado. El viaje, que ha hecho nada menos que en helicóptero, le ha agotado.
—Dile a Nick que le agradezco todo esto —dice en voz baja.
—Se lo puedes decir tú mismo. Va a venir esta noche.
—¿No vas a trabajar?
—Seguramente vaya ahora. Pero quería asegurarme de que estás bien aquí.
—Vete. No hace falta que te preocupes por mí.
—Me gusta preocuparme por ti.
Mi BlackBerry vibra. Miro el número; no lo reconozco.
—¿No vas a contestar? —me pregunta Ray.
—No. No sé quién es. Que deje el mensaje en el contestador. Te he traído algo para leer —le digo señalando una pila de revistas de deportes que hay en la mesilla.
—Gracias ________(ta).
—Estás cansado, ¿verdad? Asiente.
—Me voy para que puedas dormir. —Le doy un beso en la frente—. Hasta luego, papi. —susurro.
—Hasta luego, cariño. Y gracias. —Ray me coge la mano y me aprieta con suavidad—. Me gusta que me llames «papi». Me trae recuerdos…
Oh, papi… Yo también le aprieto la mano.



Cuando salgo por la puerta principal en dirección al todoterreno donde me espera Sawyer, oigo que alguien me llama.
—¡Sra. Jonas! ¡Sra. Jonas!
Me vuelvo y veo a la doctora Greene que viene corriendo hacia mí con su habitual apariencia inmaculada, aunque un poco agitada.
—Sra. Jonas, ¿cómo está? ¿Ha recibido mi mensaje? La he llamado antes.
—No. —Se me eriza el vello.
—Bueno, me preguntaba por qué ha cancelado ya cuatro citas.

¿Cuatro citas? Me quedo mirándola con la boca abierta. ¿Ya me he saltado cuatro citas? ¿Cómo?
—Tal vez sería mejor que habláramos de esto en mi despacho. Salía a comer… ¿Tiene tiempo ahora? Asiento mansamente.
—Claro. Yo… —Me quedo sin palabras. ¿He perdido cuatro citas? Llego tarde para mi próxima inyección. Mierda.
Un poco aturdida, la sigo por el hospital hasta su despacho. ¿Cómo he podido perder cuatro citas? Recuerdo vagamente que hubo que cambiar una, Hannah me lo dijo, pero ¿cuatro? ¿Cómo he podido perder cuatro?
El despacho de la doctora Greene es espacioso, minimalista y está muy bien decorado.
—Me alegro de que me haya encontrado antes de que me fuera —murmuro, todavía un poco impresionada—. Mi padre ha tenido un accidente de coche y acabamos de traerle desde Portland.
—Oh, lo siento mucho. ¿Qué tal está?
—Está bien, gracias. Mejorando.
—Eso es bueno. Y explica por qué canceló la cita del viernes.
La doctora Greene desplaza el ratón sobre su escritorio y su ordenador vuelve a la vida.
—Sí… Ya han pasado más de trece semanas. Está muy cerca del límite. Será mejor que le haga una prueba antes de darle la siguiente inyección.
—¿Una prueba? —susurro mientras toda la sangre abandona mi cabeza.
—Una prueba de embarazo. Oh, no.
Rebusca en el cajón de su mesa.
—Creo que ya sabe qué hacer con esto. —Me da un recipiente pequeño—. El baño está justo al salir del despacho.
Me levanto como en un trance. Todo mi cuerpo funciona como si llevara puesto el piloto automático mientras salgo hacia el baño.
Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda. Cómo he podido dejar que pase esto… ¿otra vez? De repente siento náuseas y suplico en silencio: no, por favor. No, por favor. Es demasiado pronto. Es demasiado pronto.
Cuando vuelvo a entrar en el despacho de la doctora Greene, ella me dedica una sonrisa tensa y me señala un asiento al otro lado de la mesa. Me siento y le paso la muestra sin decir nada. Ella introduce un palito
blanco en la muestra y lo examina. Levanta las cejas cuando se pone azul.
—¿Qué significa el azul? —La tensión me está atenazando la garganta. Me mira con ojos serios.
—Bueno, Sra. Jonas, eso significa que está embarazada.
¿Qué? No. No. No. Joder.

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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Enero 7th 2015, 17:01

CAPITULO 20


Me quedo mirando a la doctora Greene con la boca abierta mientras se hunde la tierra bajo mis pies. Un bebé. Un bebé. No quiero un bebé… Todavía no. Joder. Nick se va a poner furioso.
—Sra. Jonas, está muy pálida. ¿Quiere un vaso de agua?
—Por favor. —Apenas se oye mi voz. Mi mente va a mil por hora. ¿Embarazada? ¿Cuándo?
—Veo que le ha sorprendido.
Asiento sin palabras a la amable doctora, que me pasa un vaso de agua de un surtidor convenientemente situado allí al lado. Le doy un sorbo agradecida.
—Estoy en shock —le susurro.
—Podemos hacer una ecografía para saber de cuánto está. A juzgar por su reacción, sospecho que solo habrán pasado un par de semanas desde la concepción y que estará embarazada de cuatro o cinco semanas. Por lo que veo no ha tenido ningún síntoma.
Niego con la cabeza sin palabras. ¿Síntomas? Creo que no.
—Pensaba… Pensaba que era un tipo de anticonceptivo muy seguro. La doctora Greene levanta una ceja.
—Normalmente lo es, cuando la paciente se acuerda de ponerse las inyecciones —dice un poco fría.
—Debo de haber perdido la noción del tiempo… Nick se va a poner hecho una furia, lo sé.
—¿Ha tenido pérdidas? Frunzo el ceño.
—No.
—Es normal con la inyección. Vamos a hacer la ecografía, ¿vale? Tengo tiempo.
Asiento perpleja y la doctora Greene me señala una camilla de piel negra que hay detrás de un biombo.
—Quítese la falda y la ropa interior y tápese con la manta que hay en la camilla —me dice eficiente.
¿La ropa interior? Esperaba que me hiciera una ecografía por encima del vientre. ¿Por qué tengo que quitarme las bragas? Me encojo de hombros consternada, hago lo que me ha dicho y me tapo con la suave manta blanca.
—Bien. —La doctora Greene aparece en el otro extremo de la camilla tirando del ecógrafo para acercarlo. Se trata de un equipo de ordenadores de alta tecnología. Se sienta y coloca la pantalla de forma que las dos podamos verla y después mueve la bola que hay en el teclado. La pantalla cobra vida con un pitido—. Levante las piernas, doble las rodillas y después abra las piernas —me pide.
Frunzo el ceño, extrañada.
—Es una ecografía transvaginal. Si está embarazada de pocas semanas, deberíamos poder encontrar el bebé con esto —dice mostrándome un instrumento alargado y blanco.
Oh, tiene que estar de broma.
—Vale —susurro un poco avergonzada y hago lo que me pide. La doctora le pone un preservativo a la sonda y lo lubrica con un gel transparente.
—Sra. Jonas, relájese.
¿Relajarme? ¡Maldita sea, estoy embarazada! ¿Cómo espera que me relaje? Me ruborizo e intento pensar en un lugar relajante, que acaba de reubicarse cerca de la isla perdida de la Atlántida.
Lentamente la doctora va introduciendo la sonda. Madre mía.
Todo lo que soy capaz de ver en la pantalla es una imagen borrosa, aunque de un color más bien sepia.

Muy despacio, la doctora Greene mueve un poco el instrumento. Es muy desconcertante.
—Ahí está —murmura mientras pulsa un botón para congelar la imagen de la pantalla. Me señala una pequeña cosa en esa tormenta sepia.
Solo es una cosita. Una cosita en mi vientre. Diminuta. Uau. Olvido mi incomodidad y me quedo mirándola.
—Es demasiado pronto para ver el latido del corazón, pero sí, definitivamente está embarazada. De cuatro o cinco semanas, diría yo. —Frunce el ceño—. Parece que el efecto de la inyección se pasó pronto. Bueno, a veces ocurre…
Estoy demasiado asombrada para decir nada. El pequeño bip es un bebé. Un bebé de verdad. El bebé de
Nick. Mi bebé. Madre mía. ¡Un bebé!
—¿Quiere que le imprima la imagen para que se la pueda llevar?
Asiento, todavía incapaz de hablar, y la doctora Greene pulsa otro botón. Después retira con cuidado la sonda y me da una toallita de papel para limpiarme.
—Felicidades, Sra. Jonas —me dice cuando me incorporo—. Tendremos que concertar otra cita, le sugiero que dentro de otras cuatro semanas. Así podremos asegurarnos del tiempo exacto que tiene el bebé y establecer la fecha en que saldrá de cuentas. Ya puede vestirse.
—Vale.
Me visto deprisa. Mi mente es un torbellino. Tengo un bip, un pequeño bip. Cuando salgo de detrás del biombo, la doctora Greene ya ha vuelto a su mesa.
—Mientras, quiero que empiece con un ciclo de ácido fólico y vitaminas prenatales. Aquí tiene un folleto de las cosas que puede hacer y las que no.
Me da una caja de pastillas y un folleto y sigue hablándome, pero no la estoy escuchando. Estoy consternada. Abrumada. Creo que debería estar feliz. Aunque también creo que debería tener treinta… por lo menos. Es muy pronto… demasiado pronto. Intento sofocar la sensación de pánico creciente.
Me despido educadamente de la doctora Greene y vuelvo a la salida. Cruzo las puertas y me encuentro con la fresca tarde de otoño. De repente siento un frío que me cala hasta los huesos y un mal presentimiento que nace de lo más hondo de mi ser. Nick se va a poner como una fiera, lo sé, pero soy incapaz de predecir hasta qué punto. Sus palabras se repiten en mi cabeza: «No estoy preparado para compartirte todavía». Me cierro aún más la chaqueta intentando quitarme ese frío.
Sawyer salta del todoterreno y me abre la puerta. Frunce el ceño al ver mi cara, pero ignoro su expresión preocupada.
—¿Adónde vamos, Sra. Jonas? —me pregunta.
—A Seattle Independent Publishing. —Me acomodo en el asiento de atrás del coche, cierro los ojos y apoyo la cabeza en el reposacabezas. Debería estar feliz. Sé que debería estar feliz. Pero no lo estoy. Es demasiado pronto. Mucho más que demasiado pronto. ¿Qué va a pasar con mi trabajo? ¿Qué voy a hacer con Seattle Independent Publishing? ¿Y qué va a ser de Nick y de mí? No. No. No. Vamos a estar bien.
Él va a estar bien. Le encantaba Mia cuando era un bebé, recuerdo que Carrick me lo dijo, y también la adora ahora. Tal vez debería avisar a Flynn… Quizá no debería decírselo a Nick. Quizá… quizá debería ponerle fin. Freno mis pensamientos, alarmada por la dirección que están tomando. Instintivamente bajo las manos
para colocarlas protectoramente sobre mi vientre. No. Mi pequeño Bip. Se me llenan los ojos de lágrimas.
¿Qué voy a hacer?
Una imagen de un niño pequeño con pelo cobrizo y brillantes ojos grises corriendo por el prado en la casa nueva aparece en mi mente, tentándome y llenándome la cabeza de posibilidades. Ríe y chilla encantado mientras Nick y yo le perseguimos. Nick le coge en brazos y le levanta para hacerle girar y después le lleva apoyado en la cadera mientras los dos vamos caminando de la mano hasta la casa.

La imagen se deforma en Nick apartándose de mí con expresión de disgusto. Estoy gorda y tengo el cuerpo raro, con el embarazo muy avanzado. Camina por la larga sala de los espejos, alejándose de mí, y oigo el eco de sus pasos resonando contra los espejos plateados, las paredes y el suelo. Nick…
Abro los ojos sobresaltada. No. Va a montar en cólera.
Cuando Sawyer para delante de Seattle Independent Publishing, salto del coche y me dirijo al edificio.
—________(tn), qué alegría verte. ¿Cómo está tu padre? —me pregunta Hannah en cuanto entro en la oficina. La miro fríamente.
—Está mejor, gracias. ¿Puedo hablar contigo en mi despacho?
—Claro. —Parece sorprendida cuando me sigue al interior—. ¿Va todo bien?
—Necesito saber si has cambiado o cancelado citas con la doctora Greene.
—¿La doctora Greene? Sí. Dos o tres creo. Sobre todo porque estabas en otras reuniones o te habías retrasado. ¿Por qué?
¡Porque ahora estoy embarazada, joder!, grito dentro de mi cabeza. Inspiro hondo para tranquilizarme.
—Si me cambias alguna cita, ¿puedes asegurarte de que yo lo sepa? No siempre reviso la agenda.
—Claro —dice Hannah en voz baja—. Lo siento. ¿He hecho algo mal? Niego con la cabeza y suspiro.
—¿Puedes prepararme un té? Luego hablaremos de lo que ha pasado mientras he estado fuera.
—Claro. Ahora mismo. —Más animada, sale de la oficina. Miro a mi ayudante mientras se va.
—¿Ves a esa mujer? —le digo en voz baja al bip—. Es probable que ella sea la razón de que estés aquí.
—Me doy unas palmaditas en el vientre y entonces me siento como una completa idiota por estar hablando con el bip. Mi diminuto Bip. Niego con la cabeza enfadada conmigo misma y con Hannah… aunque en el fondo sé que no puedo culpar a Hannah. Desanimada, enciendo el ordenador. Tengo un correo de Nick.

De: Nick Jonas
Fecha: 13 de septiembre de 2011 13:58
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: La echo de menos


Sra. Jonas:
Solo llevo en la oficina tres horas y ya la echo de menos.
Espero que Ray esté cómodo en su nueva habitación. Mamá va a ir a verla esta tarde para comprobar qué tal está.
Te recogeré a las seis esta tarde; podemos ir a verle antes de volver a casa.
¿Qué te parece? Tu amante esposo

Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.

Escribo una respuesta rápida. De: ________(tn) Jonas
Fecha: 13 de septiembre de 2011 14:10
Para: Nick Jonas

Asunto: La echo de menos

Muy bien. x
________(tn) Jonas
Editora de SIP



De: Nick Jonas
Fecha: 13 de septiembre de 2011 14:14
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: La echo de menos

¿Estás bien? Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.


No, Nick, no estoy bien. Me estoy volviendo loca porque sé que tú te vas a subir por las paredes. No sé qué hacer. Pero no te lo voy a decir por correo electrónico.

De: ________(tn) Jonas
Fecha: 13 de septiembre de 2011 14:17
Para: Nick Jonas
Asunto: La echo de menos


Sí, estoy bien. Ocupada nada más. Te veo a las seis.

x
________(tn) Jonas
Editora de SIP


¿Cuándo se lo voy a contar? ¿Esta noche? ¿Tal vez después del sexo? Tal vez durante el sexo. No, eso puede ser peligroso para los dos. ¿Cuando esté dormido? Apoyo la cabeza en las manos. ¿Qué demonios voy a hacer?


* * *


—Hola —dice Nick con cautela cuando subo al todoterreno.
—Hola —le susurro.
—¿Qué pasa? —Me mira con el ceño fruncido. Niego con la cabeza cuando Taylor arranca y se dirige al hospital.

—Nada. —¿Tal vez ahora? Podría decírselo ahora que estamos en un espacio reducido y con Taylor.
—¿El trabajo va bien? —sigue intentándolo Nick.
—Sí, bien, gracias.
—________(tn), ¿qué ocurre? —Ahora su tono es más duro y yo me acobardo.
—Solo que te he echado de menos, eso es todo. Y he estado preocupada por Ray. Nick se relaja visiblemente.
—Ray está bien. He hablado con mi madre esta tarde y está impresionada por su evolución. —Nick me coge la mano—. Vaya, qué fría tienes la mano. ¿Has comido?
Me ruborizo.
—________(tn)… —me regaña Nick preocupado.
Bueno, no he comido porque sé cómo te vas a poner cuando te diga que estoy embarazada…
—Comeré esta noche. No he tenido tiempo. Niega con la cabeza por la frustración.
—¿Quieres que añada a la lista de tareas del equipo de seguridad la de cerciorarse de que mi mujer coma?
—Lo siento. Ya comeré. Es que ha sido un día raro. Por el traslado de papá y todo eso…
Aprieta los labios hasta formar una dura línea, pero no dice nada. Yo miro por la ventanilla. ¡Cuéntaselo!, me susurra entre dientes mi subconsciente. No. Soy una cobarde.
Nick interrumpe mis pensamientos.
—Puede que tenga que ir a Taiwan.
—Oh, ¿cuándo?
—A final de semana o quizá la semana que viene.
—Vale.
—Quiero que vengas conmigo. Trago saliva.
—Nick, por favor. Tengo un trabajo. No volvamos a resucitar otra vez esa discusión. Suspira y hace un mohín. Parece un adolescente enfurruñado.
—Tenía que intentarlo —murmura.
—¿Cuánto tiempo estarás fuera?
—Un par de días a lo sumo. Me gustaría que me dijeras lo que te preocupa.
¿Cómo puede saberlo?
—Bueno, ahora mi amado esposo se aleja de mí… Nick me da un beso en los nudillos.
—No estaré fuera mucho tiempo.
—Bien —le digo con una sonrisa débil.



Ray está más animado y menos gruñón esta vez. Me conmueve su gratitud silenciosa hacia Nick y durante un momento, mientras estoy sentada oyéndoles hablar de pesca y de los Mariners, olvido las noticias que tengo que darle a mi marido. Pero Ray se cansa muy rápido.
—Papá, nos vamos para que puedas dormir.
—Gracias, ________(tn), cariño. Me alegro de que hayáis venido. He visto a tu madre hoy también, Nick. Me ha tranquilizado mucho. Y también es una fan de los Mariners.
—Pero no le gusta mucho la pesca —dice Nick mientras se levanta.
—No conozco a muchas mujeres a las que les guste, ¿sabes? —dice Ray sonriendo.

—Te veo mañana, ¿vale? —Le doy un beso. Mi subconsciente frunce los labios: Eso si Nick no te encierra en casa… o algo peor. Se me cae el alma a los pies.
—Vamos. —Nick me tiende la mano y me mira con el ceño fruncido. Yo le doy la mano y salimos del hospital.



Picoteo la comida. Es el delicioso estofado de pollo de la Sra. Jones, pero no tengo hambre. Noto el estómago hecho un nudo y convertido en una bola de nervios.
—¡Maldita sea, ________(tn)! ¿Vas a decirme lo que te pasa? —Nick aparta su plato vacío, irritado. Yo solo le miro—. Por favor. Me está volviendo loco verte así.
Trago saliva intentando reprimir el pánico que me atenaza la garganta. Inspiro hondo para calmarme. Es ahora o nunca.
—Estoy embarazada.
Él se queda petrificado y lentamente el color va abandonando su cara.
—¿Qué? —susurra con la cara cenicienta.
—Estoy embarazada.
Arruga la frente por la incomprensión.
—¿Cómo?
¿Cómo que cómo? ¿Qué pregunta ridícula es esa? Me sonrojo y le dedico una mirada extrañada que dice:
«¿Y tú cómo crees?».
La expresión de su cara cambia inmediatamente y sus ojos se convierten en pedernal.
—¿Y la inyección? —gruñe. Oh, mierda.
—¿Te has olvidado de ponerte la inyección?
Me quedo mirándole, incapaz de hablar. Joder, está furioso… muy furioso.
—¡Dios, ________(tn)! —Golpea la mesa con el puño, lo que me sobresalta. Después se levanta de repente y está a punto de tirar la silla—. Solo tenías que recordar una cosa, ¡una cosa! ¡Mierda! No me lo puedo creer, joder. ¿Cómo puedes ser tan estúpida?
¿Estúpida? Doy un respingo. Mierda. Quiero decirle que la inyección no ha funcionado, pero no encuentro las palabras. Bajo la mirada a mi dedos.
—Lo siento —le susurro.
—¿Que lo sientes? ¡Joder!
—Sé que no es el mejor momento…
—¡El mejor momento! —grita—. Nos conocemos desde hace algo así como cinco putos minutos. Quería enseñarte el mundo entero y ahora… ¡Joder! ¡Pañales, vómitos y mierda! —Cierra los ojos. Creo que está intentando controlar su ira, pero obviamente pierde la batalla—. ¿Se te olvidó? Dímelo. ¿O lo has hecho a propósito? —Sus ojos echan chispas y la furia emana de él como un campo de fuerza.
—No —susurro. No le puedo decir lo de Hannah porque la despediría.
—¡Pensaba que teníamos un acuerdo sobre eso! —grita.
—Lo sé. Lo teníamos. Lo siento. Me ignora.
—Es precisamente por eso. Por esto me gusta el control. Para que la mierda no se cruce en mi camino y lo joda todo.
No… mi pequeño Bip.
—Nick, por favor, no me grites. —Las lágrimas comienzan a caer por mi cara.

—No empieces con lágrimas ahora —me dice—. Joder. —Se pasa una mano por el pelo y se tira de él
—. ¿Crees que estoy preparado para ser padre? —Se le quiebra la voz en una mezcla de rabia y pánico.
Y todo queda claro y entiendo el miedo y el arrebato de odio que veo en sus ojos abiertos como platos:
es la rabia de un adolescente impotente. Oh, Cincuenta, lo siento mucho. También ha sido un shock para mí…
—Ya sé que ninguno de los dos está preparado para esto, pero creo que vas a ser un padre maravilloso
—digo con la voz ahogada—. Ya nos las arreglaremos.
—¿Cómo coño lo sabes? —me grita, esta vez más alto—. ¡Dime! ¿Cómo? —Sus ojos arden y un sinfín de emociones le cruzan la cara rápidamente, aunque el miedo es la más destacada de ellas—. ¡Oh, a la mierda! —grita Nick desdeñosamente y levanta las manos en un gesto de derrota. Me da la espalda y se encamina al vestíbulo, cogiendo su chaqueta cuando sale del salón. Oigo el eco de sus pasos por el suelo de madera y le veo desaparecer por las puertas dobles que llevan al vestíbulo. El portazo que da al salir me sobresalta de nuevo.
Estoy sola con el silencio, el silencio quieto y vacío del salón. Me estremezco involuntariamente mientras miro sin expresión hacia las puertas cerradas. Se ha ido y me ha dejado aquí. ¡Mierda! Su reacción ha sido mucho peor de lo que había imaginado. Aparto mi plato y cruzo los brazos sobre la mesa para apoyar la cabeza en ellos mientras sollozo.



—________(tn), querida… —La Sra. Jones está a mi lado.
Me incorporo rápidamente y me limpio las lágrimas de la cara.
—Lo he oído. Lo siento —me dice con cariño—. ¿Quieres una infusión o algo?
—Preferiría una copa de vino blanco.
La Sra. Jones se queda petrificada un segundo y entonces me acuerdo del bip. Ahora no puedo beber alcohol. ¿O sí? Tengo que leer el folleto que me ha dado la doctora Greene.
—Te traeré una copa.
—La verdad es que prefiero una taza de té, por favor. —Me limpio la nariz y ella sonríe con amabilidad.
—Marchando esa taza de té. —Recoge los platos y se encamina a la cocina. La sigo y me encaramo a un taburete. La observo mientras prepara el té.
Al poco pone una taza humeante delante de mí.
—¿Hay algo más que pueda prepararte, ________(tn)?
—No, estoy bien, gracias.
—¿Seguro? No has comido mucho. La miro.
—No tengo mucha hambre.
—________(tn), necesitas comer. Ahora tienes que preocuparte por alguien más que por ti. Deja que te prepare algo. ¿Qué te apetece? —Me mira esperanzada, pero la verdad es que no podría comer nada.
Mi marido acaba de largarse porque estoy embarazada, mi padre ha tenido un accidente de coche grave y el zumbado de Jack Hyde me intenta hacer creer que fui yo la que le acosó sexualmente. De repente siento
una necesidad incontrolable de reír. ¡Mira lo que me has hecho, pequeño Bip! Me acaricio el vientre.
La Sra. Jones me sonríe con indulgencia.
—¿Sabes de cuánto estás? —me pregunta.
—De muy poco. De cuatro o cinco semanas, la doctora no está segura.
—Si no quieres comer, al menos descansa un poco.
Asiento y me llevo el té a la biblioteca. Es mi refugio. Saco la BlackBerry del bolso y pienso en llamar a
Nick. Sé que ha sido un shock para él, pero creo que su reacción ha sido exagerada. ¿Y cuándo su

reacción no es exagerada?, pregunta mi subconsciente arqueando una ceja. Suspiro. Cincuenta Sombras más…
—Sí, ese es tu padre, pequeño Bip. Con suerte se calmará y volverá… pronto. Saco el folleto que me ha dado la doctora y me siento a leer.
No puedo concentrarme. Nick nunca se ha ido así, dejándome sola. Ha sido amable y detallista los últimos días y tan cariñoso… y ahora esto. ¿Y si no vuelve? ¡Mierda! Tal vez debería llamar a Flynn. No sé qué hacer. Estoy perdida. Es tan frágil en tantos sentidos y sabía que no iba a reaccionar bien ante estas noticias. Ha sido tan dulce este fin de semana… Todas esas circunstancias estaban fuera de su control, pero ha conseguido llevarlas bien. Pero esto ha sido demasiado.
Desde que le conocí, mi vida se ha complicado. ¿Es por él? ¿O somos los dos juntos? ¿Y si no puede superar esto? ¿Y si quiere el divorcio? La bilis me sube hasta la garganta. No. No debo pensar esas cosas. Volverá. Lo hará. Sé que lo hará. Sé que a pesar de los gritos y las palabras tan duras me quiere… sí. Y también te querrá a ti, pequeño Bip.
Me acomodo en la silla y me dejo llevar por el sueño.



Me despierto fría y desorientada. Temblando, miro el reloj: las once de la noche. Oh, sí… Tú. Me doy una palmadita en el vientre. ¿Dónde está Nick? ¿Ha vuelto ya? Me levanto del sillón con dificultad y voy en busca de mi marido.
Cinco minutos después me doy cuenta de que no está en casa. Espero que no le haya pasado nada. Los recuerdos de la larga espera cuando desapareció Charlie Tango vuelven a mí.
No, no, no. Deja de pensar eso. Seguro que ha ido… ¿adónde? ¿A quién podría ir a ver? ¿A Elliot? Tal vez está con Flynn. Eso espero. Vuelvo a la biblioteca a buscar la BlackBerry y le mando un mensaje.
*¿Dónde estás?*
Después me encamino al baño y lleno la bañera. Tengo mucho frío.



Cuando salgo de la bañera todavía no ha vuelto. Me pongo uno de mis camisones de seda estilo años 30 y la bata y salgo al salón. En el camino me paro un momento en el dormitorio de invitados. Tal vez esta podría
ser la habitación del pequeño Bip. Me asombro al darme cuenta de lo que estoy pensando y me quedo de pie en el umbral, meditando sobre eso. ¿La pintaríamos de azul o de rosa? Ese pensamiento tan dulce queda empañado por el hecho de que mi descarriado esposo está furioso solo de pensarlo. Cojo la colcha de la cama del cuarto de invitados y me encamino al salón para esperarle.



Algo me despierta. Un ruido.
—¡Mierda!
Es Nick en el vestíbulo. Oigo que la mesa araña el suelo otra vez.
—¡Mierda! —repite, esta vez en voz más baja.
Me levanto y justo en ese momento le veo cruzar las puertas dobles tambaleándose. Está borracho. Se me eriza el vello. Oh, ¿Nick borracho? Sé cuánto odia a los borrachos. Salto del sofá y corro hacia él.
—Nick, ¿estás bien?
Se apoya contra el marco de las puertas del vestíbulo.
—Sra. Jonas… —pronuncia con dificultad. Vaya, está muy borracho. No sé qué hacer.

—Oh… qué guapa estás, ________(tn).
—¿Dónde has estado?
Se pone el dedo sobre los labios y me mira con una sonrisa torcida.
—¡Chis!
—Será mejor que vengas a la cama.
—Contigo… —dice con una risita.
¡Una risita! Frunzo el ceño y le rodeo la cintura con el brazo porque apenas se mantiene en pie. No creo que pueda andar. ¿Dónde habrá estado? ¿Cómo ha podido volver a casa?
—Deja que te lleve a la cama. Apóyate en mí.
—Eres preciosa, ________(tn). —Se apoya en mí y me huele el pelo. Casi nos caemos al suelo los dos.
—Nick, camina. Voy a llevarte a la cama.
—Está bien —dice, e intenta concentrarse.
Avanzamos a trompicones por el pasillo y por fin logramos llegar al dormitorio.
—La cama… —dice sonriendo.
—Sí, la cama. —Consigo llevarle justo hasta el borde, pero él no me suelta.
—Ven conmigo a la cama —me dice.
—Nick, creo que necesitas dormir.
—Y así empieza todo. Ya he oído hablar de esto. Frunzo el ceño.
—¿Hablar de qué?
—Los bebés significan que se acabó el sexo.
—Estoy segura de que eso no es verdad. Si no, todos seríamos hijos únicos. Él me mira.
—Qué graciosa.
—Y tú qué borracho.
—Sí. —Sonríe, pero su sonrisa cambia cuando lo piensa y una expresión angustiada le cruza la cara, algo que hace que se me hiele la sangre.
—Vamos, Nick —le digo con suavidad. Odio esa expresión. Habla de recuerdos horribles y desagradables, algo que ningún niño debería haber tenido que presenciar—. A la cama. —Le empujo con cuidado y él se deploma sobre el colchón, despatarrado y sonriéndome. La expresión de angustia ha desaparecido.
—Ven conmigo —dice arrastrando las palabras.
—Vamos a desnudarte primero.
Esboza una amplia sonrisa, una sonrisa de borracho.
—Ahora estamos hablando el mismo idioma.
Madre mía. El Nick borracho es divertido y juguetón. Y lo prefiero mil veces al Nick furioso.
—Siéntate. Deja que te quite la chaqueta.
—La habitación gira… Mierda… ¿Va a vomitar?
—Nick, ¡siéntate! Me sonríe divertido.
—Sra. Jonas, es usted una mandona…
—Sí. Haz lo que te he dicho y siéntate. —Me pongo las manos en las caderas. Él vuelve a sonreír, se incorpora sobre los codos con dificultad y después se sienta torpemente, algo muy poco propio de Nick. Antes de que se caiga hacia atrás otra vez, le agarro de la corbata y le quito con esfuerzo la chaqueta, primero

un brazo y luego el otro.
—Qué bien hueles.
—Tú hueles a licor fuerte.
—Sí… Bour—bon. —Pronuncia las sílabas tan exageradamente que tengo que reprimir una risita. Tiro su chaqueta al suelo a mi lado y empiezo con la corbata. Él me apoya las manos en las caderas.
—Me gusta la sensación de esta tela sobre tu cuerpo, Anastaasssia —me dice arrastrando las palabras de nuevo—. Siempre deberías llevar satén o seda. —Sube y baja las manos por mis caderas, luego tira de mí hacia él y pone la boca sobre mi vientre—. Y ahora tenemos un intruso aquí.
Dejo de respirar. Madre mía… Le está hablando al pequeño Bip.
—Tú me vas a mantener despierto, ¿verdad? —le dice a mi vientre.
Oh, Dios mío. Nick me mira a través de sus largas pestañas oscuras. Sus ojos grises están turbios y brumosos. Se me encoge el corazón.
—Le preferirás a él que a mí —dice tristemente.
—Nick, no sabes lo que dices. No seas ridículo. No estoy eligiendo a nadie. Y puede que sea «ella». Frunce el ceño.
—Ella… Oh, Dios. —Vuelve a tirarse sobre la cama y se tapa los ojos con el brazo. Por fin consigo aflojarle la corbata. Le suelto un cordón y le quito el zapato y el calcetín y después el otro. Cuando me pongo de pie me doy cuenta de por qué no oponía ninguna resistencia; Nick está completamente dormido y roncando suavemente.
Me quedo mirándole. Está guapísimo, incluso borracho y roncando. Tiene los labios cincelados separados, un brazo encima de la cabeza alborotándole el pelo ya despeinado y la cara relajada. Parece tan joven… Pero claro, es que lo es: mi joven, estresado, borracho e infeliz marido. Siento un peso en el corazón ante ese pensamiento.
Bueno, al menos ya está en casa. Me pregunto adónde habrá ido. No estoy segura de tener la energía o la fuerza suficientes para moverle o quitarle más ropa. Además, está encima de la colcha. Vuelvo al salón, recojo la colcha de la cama de invitados que estaba usando yo y la llevo al dormitorio.
Sigue dormido, pero todavía lleva la corbata y el cinturón. Me subo a la cama a su lado, le quito la corbata y le desabrocho el botón superior de la camisa. Él murmura algo incomprensible, pero no se despierta.
Después le suelto el cinturón con cuidado y lo saco por las trabillas con cierta dificultad, pero por fin se lo quito. La camisa se le ha salido de los pantalones y por la abertura se ve un poco del vello que tiene por debajo del ombligo. No puedo resistirme. Me agacho y le doy un beso ahí. Él se mueve y flexiona la cadera hacia delante, pero sigue dormido.
Me siento y vuelvo a mirarle. Oh, Cincuenta, Cincuenta, Cincuenta… ¿Qué voy a hacer contigo? Le paso los dedos por el pelo, tan suave, y le doy un beso en la sien.
—Te quiero, Nick. Incluso cuando estás borracho y has estado por ahí, Dios sabe dónde, te sigo queriendo. Siempre te querré.
—Mmm… —murmura. Yo vuelvo a besarle en la sien una vez más y me bajo de la cama para taparle con la colcha. Puedo dormir a su lado, cruzada sobre la cama… Sí, eso voy a hacer.
Pero primero ordenaré un poco su ropa. Niego con la cabeza y recojo los calcetines y la corbata. Después me cuelgo en el brazo la chaqueta doblada. Cuando lo hago, su BlackBerry se cae al suelo. La recojo y sin darme cuenta la desbloqueo. Se abre por la pantalla de mensajes. Veo mi mensaje y otro por encima.
Se me eriza el vello. Joder.
*Me ha encantado verte. Ahora lo entiendo. No te preocupes. Serás un padre fantástico.*
Es de ella. De la Sra. Elena, alias la Bruja Robinson.

Mierda. Ahí es adonde ha ido: ¡a verla a ella!

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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Enero 7th 2015, 17:03

CAPITULO 21


Me quedo mirando el mensaje con la boca abierta y después levanto la vista hacia la silueta dormida de mi marido. Ha estado por ahí hasta la una y media de la madrugada, bebiendo… ¡con ella! Ronca un poco, durmiendo el sueño de los borrachos, aparentemente inocente y ajeno a todo. Parece tan sereno…
Oh no, no, no. Mis piernas se convierten en gelatina y me dejo caer lentamente en una silla que hay junto a la cama, incrédula. Una sensación de traición cruda, amarga y humillante me recorre el cuerpo. ¿Cómo ha podido? ¿Cómo ha podido ir a buscarla a ella? Unas lágrimas calientes y furiosas corren por mis mejillas. Puedo entender su ira y su miedo, su necesidad de atacarme, y puedo perdonarlo… más o menos. Pero esto… esta traición es demasiado. Subo las rodillas para apretarlas contra mi pecho y las rodeo con los brazos, protegiéndome y protegiendo a mi pequeño Bip. Empiezo a balancearme mientras sollozo en voz baja.
¿Qué esperaba? Me casé con este hombre demasiado rápido. Lo sabía… Sabía que llegaríamos a esto.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Cómo ha podido hacerme esto? Sabe lo que pienso de esa mujer. ¿Cómo ha podido recurrir a ella? ¿Cómo? El cuchillo que siento en el corazón se está hundiendo lenta y dolorosamente, haciendo la herida más profunda. ¿Siempre va a ser así?
Con los ojos llenos de lágrimas, su silueta tumbada se emborrona. Oh, Nick. Me casé con él porque le quería y en el fondo sé que él me quiere. Sé que es así. La dedicatoria dolorosamente dulce de mi regalo de cumpleaños me viene a la cabeza:
«Por todas nuestras primeras veces, felicidades por tu primer cumpleaños como mi amada esposa. Te quiero. C. x»
No, no, no… No puedo creer que siempre vaya a ser así, dos pasos adelante y tres atrás. Pero siempre ha sido así con él. Después de cada revés, volvemos a avanzar, centímetro a centímetro. Lo conseguirá… lo hará. Pero ¿podré yo? ¿Podré recuperarme de esto… de esta traición? Pienso en cómo ha sido este fin de semana, tan horrible y maravilloso a la vez. Su fuerza silenciosa cuando mi padrastro estaba herido y en coma en la UCI… Mi fiesta sorpresa a la que trajo a toda mi familia y mis amigos… Cuando me tumbó en la entrada del Heathman y me dio un beso a la vista de todos. Oh, Nick, pones a prueba toda mi confianza, toda mi fe… y aun así te quiero.
Pero ahora ya no solo se trata de mí. Pongo la mano en mi vientre. No, no le voy a dejar hacernos esto a mí y a nuestro Bip. El doctor Flynn me dijo que debía concederle el beneficio de la duda… bueno, lo siento, pero esta vez no lo voy a hacer. Me seco las lágrimas de los ojos y me limpio la nariz con el dorso de la mano.
Nick se revuelve y se gira, subiendo las piernas y enroscándose bajo la colcha. Estira un brazo como si buscara algo y después gruñe y frunce el ceño, pero vuelve a dormirse con el brazo estirado.
Oh, Cincuenta… ¿Qué voy a hacer contigo? ¿Y qué demonios hacías tú con la bruja? Necesito saberlo. Miro una vez más el mensaje de la discordia e ideo rápidamente un plan. Inspiro hondo y reenvío ese
mensaje a mi BlackBerry. Paso uno completado. Compruebo en un momento los demás mensajes recientes, pero solo hay mensajes de Elliot, Andrea, Taylor, Ros y míos. Nada de Elena. Bien, o eso creo. Salgo de la pantalla de mensajes, aliviada de que no haya estado intercambiando mensajes con ella. De repente, el corazón se me queda atravesado en la garganta. Oh, Dios mío… El salvapantallas de su teléfono está compuesto de fotografías mías, un collage de diminutas ________(tn)s en diferentes posturas: de nuestra luna de miel, del fin de semana que pasamos navegando y volando y unas cuantas de las fotos de José también.
¿Cuándo ha hecho esto? Ha tenido que ser hace muy poco.
Veo el icono del correo electrónico y se me ocurre que podría leer los correos de Nick. Para saber si ha estado comunicándose con ella. ¿Debería hacerlo? La diosa que llevo dentro, vestida de seda verde jade, asiente rotunda y frunce los labios. Antes de que me dé tiempo a pensármelo dos veces, invado la privacidad

de mi marido.
Hay cientos y cientos de correos. Los miro por encima: todos aburridísimos. Son sobre todo de Ros, Andrea y míos, también de algunos ejecutivos de su empresa. Ninguno de la bruja. También me alivia ver que tampoco hay ninguno de Leila.
Un correo me llama la atención. Es de Barney Sullivan, el ingeniero informático de Nick, y el asunto es
«Jack Hyde». Miro a Nick con una punzada de culpabilidad, pero sigue roncando. Nunca le había oído roncar… Abro el correo.

De: Barney Sullivan
Fecha: 13 de septiembre de 2011 14:09
Para: Nick Jonas
Asunto: J ack Hyde


Las cámaras de vigilancia de Seattle muestran que la furgoneta blanca de Hyde venía de South Irving Street. No la encuentro por ninguna parte antes de eso, así que Hyde debía de tener su centro de operaciones en esa zona.
Como Welch ya le ha dicho, el coche del Sudes fue alquilado con un permiso de conducir falso por una mujer desconocida, aunque no hay nada que lo vincule con la zona de South Irving Street.
En el adjunto le envío la lista de los empleados de Jonas Enterprises Holdings, Inc. y de SIP que viven en la zona. También se lo he enviado a Welch.
No había nada en el ordenador de Hyde en SIP sobre sus antiguas ayudantes.
Le incluyo una lista de lo que recuperamos del ordenador de Hyde, como recordatorio.

Direccion es de los domicilios de los Jonas: Cinco propiedades en Seattle
Dos propiedades en Detroit

Cu rrícu lu m detallados de: Carrick Jonas
Elliot Jonas
Nick Jonas
La doctora Grace Trevelyan
________(tn) ________(ta)
Mia Jonas

A rtícu los de periódico y material on lin e relacion ado con : La doctora Grace Trevelyan
Carrick Jonas Nick Jonas Elliot Jonas

F otografías de: Carrick Jonas
La doctora Grace Trevelyan
Nick Jonas
Elliot Jonas

Mia Jonas
Seguiré investigando por si encuentro algo más. B Sullivan
Director de informática, Jonas Enterprises Holdings, Inc.


Este correo tan extraño me distrae momentáneamente de mi aflicción. Pincho en el adjunto para ver los nombres de la lista pero es enorme, demasiado grande para abrirlo en la BlackBerry.
¿Qué estoy haciendo? Es tarde. Ha sido un día agotador. No hay correos de la bruja ni de Leila Williams, y eso me consuela en cierta manera. Le echo una mirada al despertador: pasan unos minutos de las dos de la mañana. Hoy ha sido un día de revelaciones. Voy a ser madre y mi marido ha estado confraternizando con el enemigo. Bueno, le pondré las cosas difíciles. No voy a dormir aquí con él. Mañana se va a levantar solo. Coloco su BlackBerry en la mesita, cojo mi bolso que había dejado junto a la cama y, después de una última mirada a mi angelical Judas durmiente, salgo del dormitorio.
La llave de repuesto del cuarto de juegos está en su lugar habitual, en el armario de la cocina. La cojo y subo la escalera. Del armario de la ropa blanca saco una almohada, una colcha y una sábana. Después abro la puerta del cuarto de juegos, entro y enciendo las luces tenues. Me resulta raro que el olor y la atmósfera de la habitación me parezcan tan reconfortantes, teniendo en cuenta que tuve que decir la palabra de seguridad la última vez que estuvimos aquí. Cierro la puerta con llave al entrar y dejo la llave en la cerradura. Sé que
mañana por la mañana Nick se va a volver loco buscándome, y no creo que me busque aquí si ve la puerta cerrada. Le estará bien empleado.
Me acurruco en el sofá Chesterfield, me envuelvo en la colcha y saco la BlackBerry del bolso. Miro los mensajes y encuentro el de la infame bruja que me he reenviado desde el teléfono de Nick. Pulso
«Responder» y escribo:

*¿QUIERES QUE LA SEÑORA LINCOLN SE UNA A NOSOTROS CUANDO HABLEMOS DE ESTE MENSAJE QUE TE HA MANDADO? ASÍ NO TENDRÁS QUE SALIR CORRIENDO A BUSCARLA DESPUÉS. TU MUJER.*

Y pulso «Enviar». Después pongo el teléfono en modo «silencio». Me acomodo bajo la colcha. A pesar de mi bravuconada, estoy abrumada por la enormidad de la decepción de Nick. Debería ser un momento feliz. Por Dios, vamos a ser padres. Revivo el instante en que le dije a Nick que estoy embarazada, pero me imagino que cae de rodillas delante de mí, feliz, me atrae hacia sus brazos y me dice cuánto nos quiere a mí y a nuestro pequeño Bip.
Pero aquí estoy, sola y con frío en un cuarto de juegos sacado de una fantasía de BDSM. De repente me siento mayor, mucho mayor de lo que soy en realidad. Ya sabía que Nick siempre iba a ser complicado, pero esta vez se ha superado a sí mismo. ¿En qué estaba pensando? Bien, si quiere pelea, yo se la voy a dar. De ningún modo voya a dejar que se acostumbre a salir corriendo para ver a esa mujer monstruosa cada vez que tengamos un problema. Tendrá que elegir: ella o yo y nuestro pequeño Bip. Sorbo un poco por la nariz, pero como estoy tan cansada, pronto me quedo dormida.



Me despierto sobresaltada y momentáneamente desorientada. Oh, sí; estoy en el cuarto de juegos. Como no hay ventanas, no tengo ni idea de la hora que es. El picaporte de la puerta se agita y repiquetea.

—¡________(tn)! —grita Nick desde el otro lado de la puerta. Me quedo helada, pero él no entra. Oigo voces amortiguadas, pero se alejan. Dejo escapar el aire y miro la hora en la BlackBerry. Son las ocho menos diez y tengo cuatro llamadas perdidas y dos mensajes de voz. Las llamadas perdidas son la mayoría de Nick, pero también hay una de Kate. Oh, no… Seguro que debe de haberla llamado. No tengo tiempo para escuchar los mensajes. No quiero llegar tarde al trabajo.
Me envuelvo en la colcha y recojo el bolso antes de dirigirme hacia la puerta. La abro lentamente y echo un vistazo afuera. No hay señales de nadie. Oh, mierda… Tal vez esto sea un poco melodramático. Pongo los ojos en blanco para mis adentros, inspiro hondo y bajo la escalera.
Taylor, Sawyer, Ryan, la Sra. Jones y Nick se hallan en la entrada del salón y Nick está dando instrucciones a la velocidad del rayo. Todos se giran a la vez para mirarme con la boca abierta. Nick sigue llevando la ropa con la que se quedó dormido anoche. Está despeinado, pálido y tan guapo que casi se me para el corazón. Sus grandes ojos grises están muy abiertos y no sé si tiene miedo o está furioso. Es difícil saberlo.
—Sawyer, estaré lista para marcharme dentro de veinte minutos —murmuro envolviéndome un poco más en la colcha para protegerme.
Él asiente y todos los ojos se vuelven hacia Nick, que sigue mirándome con intensidad.
—¿Quiere desayunar algo, Sra. Jonas? —me pregunta la Sra. Jones. Niego con la cabeza.
—No tengo hambre, gracias. —Ella frunce los labios pero no dice nada.
—¿Dónde estabas? —me pregunta Nick en voz baja y ronca.
De repente Sawyer, Taylor, Ryan y la Sra. Jones se escabullen y desaparecen en el despacho de Taylor, en el vestíbulo y en la cocina respectivamente como ratas aterrorizadas que huyen de un barco que se hunde.
Ignoro a Nick y me dirijo a nuestro dormitorio.
—________(tn) —dice desde detrás de mí—, respóndeme. —Oigo sus pasos siguiéndome mientras voy camino del dormitorio y después hasta el baño. Cierro la puerta con el pestillo en cuanto entro.
—¡________(tn)! —Nick aporrea la puerta. Yo abro el grifo de la ducha. La puerta tiembla—. ________(tn), abre la maldita puerta.
—¡Vete!
—No me voy a ir a ninguna parte.
—Como quieras.
—________(tn), por favor.
Entro en la ducha y eso bloquea eficazmente su voz. Oh, qué calentita. El agua curativa cae sobre mi cuerpo y me limpia el cansancio de la noche de la piel. Oh, Dios mío. Qué bien me sienta esto. Durante un momento, un breve momento, puedo fingir que todo está bien. Me lavo el pelo y para cuando termino me siento mejor, más fuerte, lista para enfrentarme al tren de mercancías que es Nick Jonas. Me envuelvo el pelo en una toalla, me seco rápidamente con otra y me envuelvo en ella.
Quito el pestillo y abro la puerta. Nick está apoyado contra la pared de enfrente, con las manos detrás de la espalda. Su expresión es cautelosa; la de un depredador cazado. Paso a su lado y entro en el vestidor.
—¿Me estás ignorando? —me pregunta Nick incrédulo, de pie en el umbral del vestidor.
—Qué perspicaz —murmuro distraídamente mientras busco algo que ponerme. Ah, sí: mi vestido color ciruela. Lo descuelgo de la percha, cojo las botas altas negras con los tacones de aguja y me doy la vuelta para volver al dormitorio. Me quedo parada, esperando a que Nick se aparte de mi camino. Por fin, lo hace; sus buenos modales intrínsecos pueden con todo lo demás. Siento que sus ojos me atraviesan mientras voy hacia la cómoda y le miro por el espejo. Sigue de pie en el umbral del vestidor, observándome. En una

actuación digna de un Oscar, dejo caer la toalla al suelo y finjo que no me doy cuenta de que estoy desnuda. Oigo su respingo ahogado y lo ignoro.
—¿Por qué haces esto? —me pregunta. Su voz sigue siendo baja.
—¿Tú por qué crees? —Mi voz es suave como el terciopelo mientras saco unas bonitas bragas negras de
La Perla.
—________(tn)… —Se detiene mientras me pongo las bragas.
—Vete y pregúntale a tu Sra. Robinson. Seguro que ella tendrá una explicación para ti —murmuro mientras busco el sujetador a juego.
—________(tn), ya te lo he dicho, ella no es mi…
—No quiero oírlo, Nick —le digo agitando una mano, indiferente—. El momento de hablar era ayer, pero en vez de hablar conmigo decidiste gritarme y después ir a emborracharte con la mujer que abusó de ti durante años. Llámala. Seguro que ella estará más dispuesta a escucharte que yo. —Encuentro el sujetador a juego, me lo pongo lentamente y lo abrocho. Entra en el dormitorio y pone las manos en jarras.
—Y tú ¿por qué me espías? —me dice.
A pesar de mi resolución, no puedo evitar sonrojarme.
—No estamos hablando de eso, Nick —le respondo—. El hecho es que, cada vez que las cosas se ponen difíciles, tú te vas corriendo a buscarla.
Su boca forma una línea sombría.
—No fue así.
—No me interesa. —Saco un par de medias hasta el muslo con el extremo de encaje y camino hacia la cama. Me siento, estiro el pie y lentamente voy subiendo la delicada tela por la pierna hasta el muslo.
—¿Dónde estabas? —me pregunta mientras sus ojos siguen la ascensión de mis manos por la pierna, pero yo continúo ignorándole mientras desenrollo la otra media.
Me pongo de pie y me agacho para secarme el pelo con la toalla. Por el hueco entre mis muslos
separados puedo verle los pies descalzos y siento su intensa mirada. Cuando termino, me levanto y vuelvo a la cómoda, de donde saco el secador.
—Respóndeme. —La voz de Nick es baja y ronca.
Enciendo el secador y ya no puedo oírle, pero le observo con los ojos entreabiertos por el espejo mientras me voy secando el pelo. Me mira fijamente con los ojos entornados y fríos, casi helados. Aparto la vista y me centro en la tarea que tengo entre manos, intentando reprimir el escalofrío que me recorre. Trago con dificultad y me concentro en secarme el pelo. Sigue estando furioso. ¿Se va por ahí con esa maldita mujer y está furioso conmigo? ¡Cómo se atreve! Cuando tengo el pelo alborotado e indomable, paro. Sí… me gusta. Apago el secador.
—¿Dónde estabas? —susurra con tono ártico.
—¿Y a ti qué te importa?
—________(tn), déjalo ya. Ahora.
Me encojo de hombros y Nick cruza rápidamente la habitación hacia mí. Yo me vuelvo y doy un paso atrás cuando intenta cogerme.
—No me toques —le advierto y él se queda parado.
—¿Dónde estabas? —insiste. Tiene la mano convertida en un puño al lado del cuerpo.
—No estaba por ahí emborrachándome con mi ex —le respondo furiosa—. ¿Te has acostado con ella? Él da un respingo.
—¿Qué? ¡No! —Me mira con la boca abierta y tiene la poca vergüenza de parecer herido y enfadado al mismo tiempo. Mi subconsciente suspira de alivio, agradecida—. ¿Crees que te engañaría? —Su tono revela indignación moral.

—Me has engañado —exclamo—. Porque has cogido nuestra vida privada y has ido corriendo como un cobarde a contársela a esa mujer.
Se queda con la boca abierta.
—¿Un cobarde? ¿Eso es lo que crees? —Sus ojos arden.
—Nick, he visto el mensaje. Eso es lo que sé.
—Ese mensaje no era para ti —gruñe.
—Bueno, la verdad es que lo vi cuando la BlackBerry se te cayó de la chaqueta mientras te desvestía porque estabas demasiado borracho para desvestirte solo. ¿Sabes cuánto daño me has hecho por haber ido a ver a esa mujer?
Palidece momentáneamente, pero ya he cogido carrerilla y la bruja que llevo dentro está desatada.
—¿Te acuerdas de anoche cuando llegaste a casa? ¿Te acuerdas de lo que dijiste? Me mira sin comprender, con la cara petrificada.
—Bueno, pues tenías razón. Elijo al bebé indefenso por encima de ti. Eso es lo que hacen los padres que quieren a sus hijos. Eso es lo que tu madre debería haber hecho. Y siento que no lo hiciera, porque no estaríamos teniendo esta conversación ahora si lo hubiera hecho. Pero ahora eres un adulto. Tienes que crecer, enfrentarte a las cosas y dejar de comportarte como un adolescente petulante. Puede que no estés contento por lo de este bebé; yo tampoco estoy extasiada, dado que no es el momento y que tu reacción ha
sido mucho menos que agradable ante esta nueva vida, pero sigue siendo carne de tu carne. Puedes hacer esto conmigo, o lo haré yo sola. La decisión es tuya. Y mientras te revuelcas en el pozo de autocompasión y odio por ti mismo, yo me voy a trabajar. Y cuando vuelva, me llevaré mis pertenencias a la habitación de arriba.
Él me mira y parpadea, perplejo.
—Ahora, si me disculpas, me gustaría terminar de vestirme. —Estoy respirando con dificultad. Muy lentamente Nick da un paso atrás y su actitud se endurece.
—¿Eso es lo que quieres? —me susurra.
—Ya no sé lo que quiero. —Mi tono es igual que el suyo y necesito hacer un esfuerzo monumental para fingir desinterés mientras me unto los dedos con crema hidratante y me la extiendo por la cara. Me miro en el espejo: los ojos azules muy abiertos, la cara pálida y las mejillas ruborizadas. Lo estás haciendo muy bien. No te acobardes ahora. No te acobardes.
—¿Ya no me quieres? —me susurra. Oh, no… Oh, no, Jonas.
—Todavía estoy aquí, ¿no? —exclamo. Cojo el rimel y me doy un poco primero en el ojo derecho.
—¿Has pensado en dejarme? —Casi no oigo sus palabras.
—Si tu marido prefiere la compañía de su ex ama a la tuya, no es una buena señal. —Consigo ponerle el nivel justo de desdén a la frase y evitar su pregunta.
Ahora brillo de labios. Hago un mohín con los labios brillantes a la imagen del espejo. Aguanta, ________(ta)… eh, quiero decir, Jonas… Vaya, ya no me acuerdo ni de mi nombre. Cojo las botas, voy hasta la cama una vez más y me las pongo rápidamente, subiendo la cremallera de un tirón por encima de las rodillas. Sí. Estoy sexy solo con la ropa interior y las botas. Lo sé. Me pongo de pie y le miro con frialdad. Él parpadea y sus ojos recorren rápida y ávidamente mi cuerpo.
—Sé lo que estás haciendo —murmura, su voz ha adquirido un tono cálido y seductor.
—¿Ah, sí? —Y se me quiebra la voz. No, ________(tn)… Aguanta.
Él traga saliva y da un paso hacia mí. Yo doy un paso atrás y levanto las manos.
—Ni se te ocurra, Jonas —susurro amenazadora.
—Eres mi mujer —me dice en voz baja, y es casi una amenaza también.
—Soy la mujer embarazada a la que abandonaste ayer, y si me tocas voy a gritar hasta que venga alguien.

Levanta las cejas, incrédulo.
—¿Vas a gritar?
—Voy a gritar que me quieres matar —digo entrecerrando los ojos.
—Nadie te oirá —murmura con la mirada intensa. Me recuerda brevemente a nuestra mañana en Aspen. No. No. No.
—¿Estás intentando asustarme? —digo sin aliento, intentando deliberadamente desconcertarle. Funciona. Se queda quieto y traga saliva.
—No era esa mi intención —asegura y frunce el ceño.
Casi no puedo respirar. Si me toca, sucumbiré. Sé el poder que tiene sobre mí y sobre mi cuerpo traidor. Lo sé y tengo que aferrarme a esta furia.
—Me tomé unas copas con una persona a la que estuve unido hace tiempo. Arreglamos nuestros problemas. No voy a volver a verla.
—¿Fuiste tú a buscarla?
—Al principio no. Intenté localizar a Flynn, pero me encontré sin darme cuenta en el salón de belleza.
—¿Y esperas que me crea que no vas a volver a verla? —le pregunto entre dientes. No puedo contener mi furia—. ¿Y la próxima vez que crucemos alguna frontera imaginaria? Tenemos la misma discusión una y otra vez. Es como la rueda de Ixión. ¿Si vuelvo a cometer algún error no irás corriendo a buscarla de nuevo?
—No voy a volver a verla —dice con una contundencia glacial—. Ella por fin entiende cómo me siento. Le miro y parpadeo.
—¿Qué significa eso?
Él se yergue y se pasa una mano por el pelo, irritado, furioso y mudo. Intento una táctica diferente.
—¿Por qué puedes hablar con ella y no conmigo?
—Estaba furioso contigo. Como ahora.
—¡No me digas! —exclamo—. Bueno, yo también estoy furiosa contigo. Furiosa porque fuiste tan frío y cruel ayer cuando te necesitaba. Furiosa porque dijiste que me he quedado embarazada a propósito, cosa que no es cierta. Furiosa porque me has traicionado. —Consigo reprimir un sollozo. Abre la boca sorprendido y cierra los ojos un momento, como si acabara de darle una bofetada. Trago saliva. Cálmate, ________(tn)—. Sé que debería haber prestado más atención a la fecha de mis inyecciones. Pero no lo he hecho a propósito. Este embarazo también ha sido un shock para mí —murmuro intentando poner un poco de educación en este intercambio—. Podría ser que la inyección no hiciera el efecto correcto.
Me mira fijamente en silencio.
—Metiste la pata ayer —le susurro, y el enfado me hierve la sangre—. He tenido que vérmelas con muchas cosas en las últimas semanas.
—Tú sí que metiste la pata hace tres o cuatro semanas o cuando fuera que se te olvidó ponerte la inyección.
—Vaya, ¡es que no soy tan perfecta como tú!
Oh, para, para, para. Los dos nos quedamos de pie mirándonos.
—Menudo espectáculo está montando, Sra. Jonas —susurra.
—Bueno, me alegro de que incluso embarazada te resulte entretenida. Me mira sin comprender.
—Necesito una ducha —murmura.
—Y yo ya te he entretenido bastante con mi espectáculo…
—Un espectáculo muy bueno… —susurra. Da un paso hacia mí y yo doy otro paso atrás.
—No.
—Odio que no me dejes tocarte.

—Irónico, ¿eh?
Él entorna los ojos una vez más.
—No hemos resuelto nada, ¿no?
—Yo diría que no. Solo que me voy a ir de este dormitorio.
Sus ojos sueltan una llamarada y se abren como platos un momento.
—Ella no significa nada para mí.
—Excepto cuando la necesitas.
—No la necesito a ella. Te necesito a ti.
—Ayer no. Esa mujer es un límite infranqueable para mí, Nick.
—Está fuera de mi vida.
—Ojalá pudiera creerte.
—Joder, ________(tn).
—Por favor, deja que me vista.
Suspira y vuelve a pasarse una mano por el pelo.
—Te veo esta noche —dice con la voz sombría y desprovista de sentimiento.
Y durante un breve momento quiero cogerle en mis brazos y consolarle, pero me resisto porque estoy muy furiosa. Se gira y se encamina al baño. Yo me quedo de pie petrificada hasta que oigo cerrarse la puerta.
Voy tambaleándome hasta la cama y me dejo caer. No he recurrido a las lágrimas, los gritos o el asesinato, ni tampoco he sucumbido a sus tentaciones sexuales. Me merezco la Medalla de Honor del Congreso, pero me siento muy triste. Mierda. No hemos resuelto nada. Estamos al borde del precipicio. ¿Está en riesgo nuestro matrimonio? ¿Por qué no entiende que ha sido un gilipollas completo e integral por haber salido corriendo a ver a esa mujer? ¿Y qué quiere decir con que no la va a ver de nuevo? ¿Y cómo demonios se supone que debo creerle? Miro el despertador: las ocho y media. ¡Mierda! No quiero llegar tarde. Inspiro hondo.
—El segundo asalto ha quedado en tablas, pequeño Bip —susurro dándome una palmadita en el vientre
—. Puede que papá sea una causa perdida, pero espero que no. ¿Por qué, Dios mío, por qué has llegado tan pronto, pequeño Bip? Las cosas estaban empezando a mejorar. —Me tiembla el labio, pero inspiro hondo para sacar fuera todo lo malo y mantener bajo control mis revueltas emociones.
—Vamos. Vámonos corriendo al trabajo.



No le digo adiós a Nick. Todavía está en la ducha cuando Sawyer y yo nos vamos. Miro por la ventanilla oscura del todoterreno y empiezo a perder la compostura; se me llenan los ojos de lágrimas. El cielo gris y amenazante refleja mi estado de ánimo y una extraña sensación de mal presagio se apodera de mí. No hemos hablado del bebé. He tenido menos de veinticuatro horas para asimilar la noticia de la llegada de pequeño Bip. Nick ha tenido todavía menos tiempo.
—Ni siquiera sabe tu nombre —digo acariciándome el vientre y enjugándome las lágrimas de la cara.
—Sra. Jonas —dice Sawyer interrumpiendo mis pensamientos—, hemos llegado.
—Oh, gracias, Sawyer.
—Voy a acercarme a por algo de comer, Sra.. ¿Quiere algo?
—No, gracias. No tengo hambre.



Hannah tiene mi caffè latte esperándome. Lo huelo y el estómago se me revuelve.
—Mmm… ¿Te importa traerme un té, por favor? —murmuro avergonzada. Sabía que había una razón

por la que nunca me gustó el café. Dios, huele fatal.
—¿Estás bien, ________(tn)?
Asiento y me escabullo hacia la seguridad de mi despacho. Mi BlackBerry vibra. Es Kate.
—¿Por qué estaba Nick buscándote? —me pregunta sin preámbulos.
—Buenos días, Kate. ¿Cómo estás?
—Déjate de rodeos, ________(ta). ¿Qué pasa? —La santa inquisidora Katherine Kavanagh empieza su trabajo.
—Nick y yo hemos tenido una pelea, eso es todo.
—¿Te ha hecho daño? Pongo los ojos en blanco.
—Sí, pero no como tú piensas. —No puedo tratar con Kate en este momento. Sé que acabaré llorando, y ahora mismo estoy demasiado orgullosa de mí misma para derrumbarme esta mañana—. Kate, tengo una reunión. Te llamo luego.
—Vale, pero ¿estás bien?
—Sí. —No—. Te llamo luego, ¿de acuerdo?
—Perfecto, ________(tn), hazlo a tu manera. Estoy aquí para ti.
—Lo sé —susurro y me esfuerzo por reprimir la emoción repentina que siento al oír sus amables palabras. No voy a llorar. No voy a llorar.
—¿Ray está bien?
—Sí —susurro.
—Oh, ________(tn) —murmura ella.
—No.
—Vale. Hablamos después.
—Sí.



Durante la mañana compruebo de vez en cuando mi correo, esperando recibir noticias de Nick. Pero no hay nada. Según va avanzando el día me doy cuenta de que no tiene intención de ponerse en contacto conmigo porque todavía está furioso. Perfecto, porque yo también estoy furiosa. Me lanzo de cabeza al trabajo, parando solo a la hora del almuerzo para comerme un bagel con queso cremoso y salmón. Es increíble lo que mejora mi humor después de haber comido algo.
A las cinco Sawyer y yo nos vamos al hospital a ver a Ray. Sawyer está especialmente vigilante y más amable de lo normal. Es irritante. Cuando nos aproximamos a la habitación de Ray, se acerca a mí.
—¿Quiere un té mientras visita a su padre? —me pregunta.
—No, gracias, Sawyer. Estoy bien.
—Esperaré fuera. —Me abre la puerta y agradezco poder apartarme de él unos minutos. Ray está sentado en la cama leyendo una revista. Está afeitado y lleva la parte superior de un pijama… Vuelve a parecerse a sí mismo antes del accidente.
—Hola, ________(ta). —Me sonríe, pero de repente su cara se hunde.
—Oh, papi… —Corro a su lado y, en un gesto muy poco propio de él, abre los brazos para abrazarme.
—¿________(ta)? —susurra—. ¿Qué te pasa? —Me abraza fuerte y me da un beso en el pelo. Mientras estoy entre sus brazos me doy cuenta de lo escasos que han sido estos momentos entre nosotros. ¿Por qué? ¿Por eso me gusta tanto encaramarme al regazo de Nick? Un momento después me aparto y me siento en la silla que hay junto a la cama. Ray arruga la frente, preocupado.
—Cuéntale a tu padre lo que te pasa.
Niego con la cabeza. Él no necesita que le cuente mis problemas ahora mismo.

—No es nada, papá. Te veo bien. —Le cojo la mano.
—Me siento mejor, más yo mismo, pero este yeso me está bichicheando.
—¿Bichicheando? —La palabra que ha utilizado me hace sonreír. Él me devuelve la sonrisa.
—«Bichicheando» suena mejor que «picando».
—Oh, papá, cómo me alegro de que estés bien.
—Yo también, ________(ta). Me gustaría algún día hacer saltar a un nieto sobre esta rodilla que me está pichicheando. No querría perderme eso por nada del mundo.
Le miro y parpadeo. Mierda. ¿Lo sabe? Lucho por evitar las lágrimas que se me están arremolinando en los ojos.
—¿Nick y tú estáis bien?
—Hemos tenido una pelea —le susurro esforzándome por hablar a pesar del nudo de la garganta—. Pero ya lo arreglaremos.
Asiente.
—Es un buen hombre, tu marido —dice Ray para intentar consolarme.
—Tiene sus momentos. ¿Qué dicen los médicos?
No quiero hablar de mi marido ahora mismo; es un tema de conversación doloroso.



Cuando vuelvo al Escala, Nick no está en casa.
—Nick ha llamado y ha dicho que se quedará a trabajar hasta tarde —me informa la Sra. Jones con expresión de disculpa.
—Oh, gracias por decírmelo.
¿Y por qué no me lo ha dicho él? Vaya, está llevando su enfurruñamiento a un nivel totalmente nuevo. Recuerdo brevemente la pelea por nuestros votos matrimoniales y la rabieta que tuvo. Pero ahora yo soy la agraviada.
—¿Qué te apetece comer? —La Sra. Jones tiene un brillo determinado y duro en la mirada.
—Pasta. Sonríe.
—¿Espaguetis, macarrones, fusili?
—Espaguetis, con tu salsa boloñesa.
—Marchando. Y ________(tn)… deberías saberlo. El Sr. Jonas se volvió loco esta mañana cuando creyó que te habías ido. Estaba totalmente fuera de sí. —Me sonríe con cariño.
Oh…



A las nueve todavía no ha vuelto a casa. Estoy sentada frente a mi mesa de la biblioteca, preguntándome donde estará. Le llamo.
—________(tn) —responde con la voz fría.
—Hola.
Inspira despacio.
—Hola —dice en voz baja.
—¿Vas a venir a casa?
—Luego.
—¿Estás en la oficina?

—Sí. ¿Dónde esperabas que estuviera? Con ella…
—Será mejor que te deje, entonces.
Ambos nos quedamos callados y en la línea solo se oye silencio entre nosotros dos.
—Buenas noches, ________(tn) —dice él por fin.
—Buenas noches, Nick. Y cuelga.
Oh, mierda. Miro mi BlackBerry. No sé qué espera que haga. No le voy a dejar pasar por encima de mí. Sí, está furioso, vale. Yo también estoy furiosa. Pero tenemos la situación que tenemos. Yo no he salido corriendo en busca de mi ex amante pedófila. Quiero que reconozca que esa no es una forma aceptable de comportarse.
Me acomodo en la silla, miro las mesas de billar de la biblioteca y recuerdo los buenos tiempos cuando jugábamos al billar. Me pongo la mano sobre el vientre. Tal vez simplemente es demasiado pronto. Tal vez esto no deba pasar… Y mientras lo pienso, veo a mi subconsciente gritando: ¡no! Si interrumpo este embarazo, nunca podré perdonarme a mí misma… ni a Nick.
—Oh, Bip, ¿qué nos has hecho? —No soy capaz de hablar con Kate ahora mismo. No soy capaz de hablar con nadie. Le escribo un mensaje y le prometo que la llamaré pronto.
A las once ya no puedo mantener los párpados abiertos. Resignada, me dirijo a mi antigua habitación. Me acurruco debajo de la colcha y finalmente lo dejo salir todo, llorando contra la almohada con grandes sollozos de dolor muy poco propios de una dama…



Me duele la cabeza cuando me levanto. Una luz brillante de otoño entra por las grandes ventanas de mi habitación. Miro el despertador y veo que son las siete y media. Lo primero que pienso es: ¿dónde está Nick? Me siento y saco las piernas de la cama. En el suelo, al lado de la cama, está la corbata gris plateada de Nick, mi favorita. No estaba ahí cuando me acosté anoche. La recojo y me quedo mirándola,
acaricio el material sedoso entre los pulgares y los índices y después la abrazo contra la mejilla. Ha estado aquí contemplándome mientras dormía. Una chispa de esperanza se enciende en mi interior.



La Sra. Jones está ocupada en la cocina cuando bajo.
—Buenos días —me dice alegremente.
—Buenos días. ¿Y Nick? —le pregunto. Su sonrisa desaparece.
—Ya se ha ido.
—Pero ¿vino a casa? —Necesito comprobarlo, aunque tengo su corbata como prueba.
—Sí. —Hace una pausa—. ________(tn), por favor, perdóname por hablar cuando no me corresponde, pero no te rindas con él. Es un hombre muy obstinado.
Asiento y ella deja de hablar. Estoy segura de que mi expresión le está mostrando claramente que no quiero hablar de mi descarriado marido ahora mismo.



Cuando llego al trabajo, compruebo mi correo electrónico. Mi corazón se pone a mil por hora cuando veo que tengo un correo de Nick.

De: Nick Jonas
Fecha: 15 de septiembre de 2011 06:45
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: Portland


________(tn):
Voy a volar a Portland hoy.
Tengo que arreglar unos negocios con la Universidad Estatal de Washington. He creído que querrías saberlo.

Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.


Oh. Se me llenan los ojos de lágrimas. ¿Y ya está? Me da un vuelco el estómago. ¡Mierda! Voy a vomitar. Corro hasta el baño y llego justo a tiempo para echar el desayuno en la taza del váter. Me dejo caer
al suelo del cubículo y apoyo la cabeza en las manos. ¿Podría estar aún más deprimida? Un momento después oigo que alguien llama suavemente a la puerta.
—¿________(tn)? Soy Hannah.
¡Mierda!
—¿Sí?
—¿Estás bien?
—Salgo enseguida.
—Está aquí Boyce Fox y quiere verte. Mierda.
—Llévale a la sala de reuniones. Voy en un minuto.
—¿Quieres un té?
—Sí, por favor.



Después de comer (otro bagel de queso y salmón, que esta vez consigo retener en el estómago) me siento mirando con apatía el ordenador y preguntándome cómo vamos a resolver Nick y yo este problema.
Mi BlackBerry vibra y me sobresalta. Miro la pantalla: es Mia. Oh, eso es precisamente lo que necesito: su efusividad y su entusiasmo. Dudo, preguntándome si no será mejor que la ignore, pero por fin gana la cortesía.
—¡Mia! —respondo alegremente.
—Hola, ________(tn). Hacía tiempo que no hablábamos. —La voz masculina me resulta familiar. ¡Joder!
Se me eriza el vello de todo el cuerpo cuando la adrenalina empieza a correr. El mundo deja de girar para

mí.



Es Jack Hyde.

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andreru
Vecina De Los Jonas!


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Fecha de inscripción : 25/04/2011

MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Enero 7th 2015, 17:07

CAPITULO 22


Jack.
Casi no consigo que me salga la voz porque tengo la garganta atenazada por el miedo. ¿Qué hace fuera de la cárcel? Toda la sangre abandona mi cara y me siento mareada.
—Te acuerdas de mí… —dice en un tono suave. Noto su sonrisa amarga.
—Sí, claro —respondo automáticamente mientras intento pensar lo más rápido que puedo.
—Te estarás preguntando por qué te he llamado.
—Sí. Cuelga.
—No cuelgues. He estado hablando un ratito con tu cuñada.
¡Qué! ¡Mia! ¡No!
—¿Qué has hecho? —susurro intentando contener el miedo.
—Escúchame bien, zorra calientapollas y cazafortunas. Me has jodido la vida. Jonas me ha jodido la vida. Me lo debes. Tengo a esta guarra conmigo aquí. Y tú, ese cabrón con el que te has casado y toda su puta familia me lo vais a pagar.
El desprecio y el veneno de la voz de Hyde me impresionan. ¿Su familia? Pero ¿qué demonios…?
—¿Qué quieres?
—Quiero su dinero. Quiero su puto dinero. Si las cosas hubieran sido diferentes, podría haber sido yo. Así que tú me lo vas a conseguir. Quiero cinco millones de dólares, hoy.
—Jack, no tengo acceso a esa cantidad de dinero. Ríe entre dientes con desdén.
—Tienes dos horas para conseguirlo. Ni un minuto más: dos horas. No se lo digas a nadie o esta guarra lo va a pagar. Ni a la policía, ni al gilipollas de tu marido, ni al equipo de seguridad. Lo sabré si se lo dices, ¿me has entendido?
Se calla y yo intento responder, pero el pánico y el miedo me han sellado la garganta.
—¡Que si me has entendido! —me grita.
—Sí —susurro.
—O la mato. Doy un respingo.
—No te separes del teléfono. Y no se lo digas a nadie o me la follaré antes de matarla. Tienes dos horas.
—Jack, necesito más tiempo. Tres horas. ¿Y cómo sé que la tienes?
La comunicación se corta. Miro al teléfono con la boca abierta, horrorizada. Tengo la boca seca por el miedo y noto el desagradable sabor metálico del terror. Mia, tiene a Mia… ¿La tiene? Mi mente se pone a girar ante esa horrible posibilidad y se me revuelve el estómago otra vez. Siento que voy a volver a vomitar, pero inspiro hondo, intentando calmar mi pánico y la náusea pasa. Mi mente repasa todas las posibilidades.
¿Decírselo a Nick? ¿A Taylor? ¿Llamar a la policía? ¿Cómo podría saberlo Jack? ¿De verdad tiene a Mia? Necesito tiempo, tiempo para pensar… Pero solo puedo conseguirlo siguiendo sus instrucciones. Cojo el bolso y me encamino a la puerta.
—Hannah, tengo que irme. No sé cuánto voy a tardar. Cancela todas mis citas para esta tarde. Dile a
Elizabeth que tengo que ocuparme de una emergencia.
—Claro, ________(tn). ¿Va todo bien? —pregunta Hannah frunciendo el ceño y con expresión preocupada mientras mira como salgo corriendo.
—Sí —le digo distraídamente apresurándome hacia recepción, donde me espera Sawyer.

—Sawyer —le llamo. Él salta del sillón al oír mi voz y frunce el ceño al verme la cara—. No me siento bien. Por favor, llévame a casa.
—Claro, Sra.. ¿Me espera mientras voy por el coche?
—No, voy contigo. Quiero llegar a casa rápido.



Miro por la ventanilla aterrorizada mientras repaso mi plan. Llegar a casa. Cambiarme. Encontrar mi talonario de cheques. Lograr despistar a Ryan y a Sawyer. Ir al banco. ¿Y cuánto ocupan cinco millones?
¿Cuánto pesan? ¿Necesitaré una maleta? ¿Debería llamar para avisar al banco con antelación? Mia. Mia. ¿Y si no tiene a Mia? ¿Cómo puedo saberlo? Si llamo a Grace eso despertará sus sospechas y podría poner en peligro a Mia. Ha dicho que lo sabría. Miro por el parabrisas trasero del todoterreno. ¿Me sigue alguien? Mi corazón se acelera mientras examino los coches que van detrás de nosotros. Todos parecen inofensivos. Oh, Sawyer, conduce más rápido, por favor. Mis ojos se encuentran con los suyos en el espejo retrovisor y arruga la frente.
Sawyer pulsa un botón en su auricular Bluetooth para contestar una llamada.
—Taylor, quería que supiera que la Sra. Jonas está conmigo. —La mirada de Sawyer vuelve a encontrarse con la mía en el espejo antes de centrarse en la carretera y continuar—. No se encuentra bien. La llevo de vuelta al Escala… Entiendo… Sí, Sr.. —Los ojos de Sawyer se desvían de la carretera para mirarme de nuevo a través del espejo—. Sí —dice y cuelga.
—¿Taylor? Asiente.
—¿Está con el Sr. Jonas?
—Sí, Sra.. —La mirada de Sawyer se suaviza un poco por la compasión.
—¿Sigue en Portland?
—Sí, Sra..
Bien. Tengo que mantener a Nick a salvo. Bajo la mano hasta el vientre y me lo froto intencionadamente. Y a ti, pequeño Bip. Tengo que manteneros a salvo a los dos.
—¿Puedes darte prisa, por favor? No me encuentro bien.
—Sí, Sra.. —Sawyer pisa el acelerador y el coche se desliza entre el tráfico.



A la Sra. Jones no se la ve por ninguna parte cuando Sawyer y yo llegamos al piso. Como su coche no está en el garaje, supongo que estará haciendo recados con Ryan. Sawyer se encamina hacia el despacho de Taylor mientras yo me dirijo al estudio de Nick. Paso trastabillando detrás de la mesa, abrumada por el pánico, y abro el cajón de un tirón para sacar el talonario de cheques. El arma de Leila aparece ante mis ojos. Siento una incongruente punzada de irritación porque Nick no ha guardado a buen recaudo esa arma. No sabe nada de armas. Dios, podría llegar incluso a herirse.
Tras un momento de duda, cojo la pistola, compruebo que está cargada y me la meto en la cintura de los pantalones de vestir negros. Puede que me haga falta. Trago saliva con dificultad. Solo he apuntado a blancos; nunca le he disparado a nadie. Espero que Ray me perdone. Centro mi atención en encontrar el talonario de cheques correcto. Hay cinco, pero solo uno está a nombre de C. Jonas y la Sra. A. Jonas. Yo solo tengo
unos cincuenta y cuatro mil dólares en mi cuenta. No tengo ni idea de cuánto dinero hay en esta. Pero Nick debe de tener más de cinco millones de dólares, seguro. Tal vez haya dinero en la caja fuerte… Vaya, no tengo ni idea de la combinación. ¿No dijo que estaba en su archivo? Intento abrirlo, pero está cerrado con llave. Mierda. Tendré que volver al plan A.

Inspiro hondo y camino hacia el dormitorio, más serena y decidida. No han hecho la cama y durante un segundo siento una punzada de dolor. Quizá debería haber dormido aquí anoche. ¿Qué sentido tiene discutir con alguien que admite que es Cincuenta Sombras? Ahora ni siquiera me habla. No… No tengo tiempo para pensar en eso.
Rápidamente me quito los pantalones de vestir y me pongo unos vaqueros, una sudadera con capucha y un par de zapatillas de deporte y me meto la pistola en la cintura de los vaqueros, en la parte de atrás. Saco del armario una bolsa de viaje. ¿Cinco millones cabrán aquí? La bolsa del gimnasio de Nick está en el suelo. La abro, esperando encontrármela llena de ropa sucia, pero no. La ropa de deporte está toda limpia. La Sra. Jones se ocupa absolutamente de todo. Saco la ropa, la tiro al suelo, y meto su bolsa del gimnasio dentro de la bolsa de viaje. Supongo que así será suficiente. Compruebo que llevo el carnet de conducir para que me sirva de identificación en el banco y miro la hora. Han pasado treinta y un minutos desde que Jack llamó. Ahora tengo que conseguir salir del Escala sin que Sawyer me vea.
Me encamino lenta y silenciosamente al vestíbulo, consciente de la cámara de circuito cerrado que está dirigida al ascensor. Creo que Sawyer sigue en el despacho de Taylor. Abro con mucho cuidado la puerta del vestíbulo haciendo el menor ruido posible. La cierro igual de silenciosamente detrás de mí y me quedo de pie en el umbral, justo contra la puerta, fuera del campo de visión de la lente de la cámara de vigilancia. Saco el teléfono móvil de mi bolso y llamo a Sawyer.
—¿Sí, Sra. Jonas?
—Sawyer, estoy en la habitación de arriba, ¿podrías echarme una mano con una cosa? —Hablo en voz baja porque sé que está al final del pasillo que hay al otro lado de la puerta.
—Ahora mismo estoy con usted, Sra. —dice y noto confusión en su voz. Nunca antes le he llamado para pedirle ayuda. Tengo el corazón en la boca, latiéndome a un ritmo irregular y frenético. ¿Funcionará? Cuelgo y oigo sus pasos que cruzan el vestíbulo y suben la escalera. Inspiro hondo de nuevo para calmarme y contemplo brevemente la ironía de tener que escapar de mi propia casa como una criminal.
Cuando Sawyer llega al rellano del piso de arriba, yo corro hacia el ascensor y pulso el botón. Las puertas se abren con un pitido demasiado alto que anuncia que el ascensor está ahí. Corro adentro y pulso frenéticamente el botón del garaje del sótano. Después de una pausa terriblemente larga, las puertas empiezan a cerrarse. Mientras lo hacen oigo los gritos de Sawyer.
—¡Sra. Jonas! —Justo cuando se cierran las puertas del ascensor, le veo derrapar por el vestíbulo—.
¡________(tn)! —grita incrédulo. Pero es demasiado tarde; las puertas acaban de cerrarse y desaparece de mi vista.
El ascensor baja suavemente hasta el garaje. Tengo un par de minutos de ventaja sobre Sawyer. Sé que va a intentar detenerme. Miro con nostalgia mi R8 mientras corro hacia el Saab, abro la puerta, dejo caer las bolsas en el asiento del acompañante y me siento en el del conductor.
Enciendo el motor y las ruedas chirrían cuando me dirijo a toda velocidad a la entrada, donde tengo que esperar once segundos agónicos a que se levante la barrera. En cuanto lo hace salgo rápidamente y veo por el espejo retrovisor a Sawyer que sale corriendo del ascensor de servicio. Su expresión perpleja y dolida se queda grabada en mi cabeza cuando enfilo la rampa que lleva a la Cuarta Avenida.
Suelto por fin el aire; he estado conteniendo la respiración todo el tiempo. Sé que Sawyer llamará a Nick o a Taylor, pero ya me enfrentaré a eso cuando sea necesario. No puedo pensar en ello ahora. Me revuelvo incómoda en el asiento sabiendo en el fondo de mi corazón que Sawyer probablemente acaba de perder su trabajo. No pienses. Tengo que salvar a Mia. Tengo que llegar al banco y sacar cinco millones de dólares. Miro por el espejo retrovisor, esperando encontrar el todoterreno saliendo del garaje, pero cuando me alejo conduciendo no veo ni rastro de Sawyer.


El banco es un edificio elegante, moderno y sobrio. Hay voces amortiguadas, suelos que hacen eco al andar y cristales verde pálido con grabados por todas partes. Me dirijo al mostrador de información.
—¿En qué puedo ayudarla, Sra.? —La mujer joven me dedica una amplia pero falsa sonrisa y por un segundo me arrepiento de haberme puesto los vaqueros.
—Me gustaría retirar una gran cantidad de dinero.
La señorita Sonrisa Falsa arquea una ceja aún más falsa.
—¿Tiene una cuenta con nosotros? —No es capaz de ocultar su sarcasmo.
—Sí —respondo—. Mi marido y yo tenemos varias cuentas aquí. Se llama Nick Jonas.
Abre mucho los ojos durante un segundo y la falsedad da paso a la consternación. Me mira de arriba abajo una vez más, ahora con una combinación de asombro e incredulidad.
—Por aquí, Sra. —me susurra, y me lleva a una oficina con más cristal verde pálido, pequeña y con pocos muebles—. Por favor, siéntese. —Me señala una silla de cuero negro que hay junto a un escritorio de cristal con un ordenador ultramoderno y un teléfono—. ¿Cuánto quiere retirar hoy, Sra. Jonas? —me pregunta con amabilidad.
—Cinco millones de dólares. —La miro directamente a los ojos como si pidiera esa cantidad de efectivo todos los días.
Ella palidece.
—Ya veo. Voy a buscar al director. Oh, perdone que le pregunte, ¿tiene alguna identificación?
—Sí. Pero me gustaría hablar con el director.
—Claro, Sra. Jonas —dice y sale apresuradamente.
Me acomodo en el asiento y noto una oleada de náuseas cuando la pistola me presiona incómodamente el final de la espalda. Ahora no. No puedo vomitar ahora. Inspiro hondo y la náusea pasa. Miro el reloj nerviosamente. Las dos y veinticinco.
Un hombre de mediana edad entra en el despacho. Tiene entradas y lleva un traje inmaculado y caro de color carbón y una corbata a juego. Me tiende la mano.
—Sra. Jonas, soy Troy Whelan. —Me sonríe, nos estrechamos las manos y se sienta frente a mí—. Mi colega me dice que quiere usted retirar una gran cantidad de dinero.
—Correcto. Cinco millones de dólares.
Se gira hacia el sofisticado ordenador y escribe unos cuantos números.
—Normalmente necesitamos que se nos avise con antelación para poder retirar grandes cantidades de dinero. —Hace una pausa y me dedica una sonrisa tranquilizadora a la vez que arrogante—. Pero por suerte aquí guardamos las reservas de efectivo de toda la costa noroeste del Pacífico —alardea.
Por favor, ¿está intentando impresionarme?
—Señor Whelan, tengo algo de prisa. ¿Qué se necesita? Llevo conmigo mi carnet de conducir y el talonario de cheques de la cuenta conjunta que comparto con mi marido. ¿Solo tengo que rellenar un cheque?
—Lo primero es lo primero, Sra. Jonas. ¿Puedo ver su identificación? —Pasa del tono jovial al de banquero serio.
—Tome —digo pasándole mi carnet de conducir.
—Sra. Jonas… Aquí dice ________(tn) ________(ta). Oh, mierda…
—Oh… sí. Mmm…
—Llamaré al Sr. Jonas.
—Oh, no, eso no será necesario. —¡Mierda!—. Debo de llevar algo con mi nombre de casada. —

Rebusco en el bolso. ¿Qué tengo que lleve mi nombre? Saco mi cartera, la abro y encuentro una foto en la que estamos Nick y yo en la cama del camarote del Fair Lady . ¡No puedo enseñarle eso! Saco la American Express negra.
—Tome.
—Sra. ________(tn) Jonas —lee Whelan—. Bueno, esto valdrá. —Frunce el ceño—. Pero esto es muy irregular, Sra. Jonas.
—¿Quiere que le diga a mi marido que su banco no ha querido cooperar conmigo? —Cuadro los hombros y le dedico una mirada de lo más reprobatorio.
Él hace una pausa momentánea y me examina de nuevo brevemente.
—Tendrá que rellenar un cheque, Sra. Jonas.
—Claro. ¿Esta cuenta? —Le enseño el talonario de cheques mientras intento controlar mi corazón desbocado.
—Sí, perfecto. Necesito que rellene otros papeles también. ¿Si me disculpa un momento?
Asiento y él se levanta y sale del despacho. Vuelvo a dejar escapar el aire que estaba conteniendo. No sabía que iba a ser tan difícil. Abro el talonario de cheques torpemente y saco un bolígrafo del bolso. ¿Y solo tengo que cobrar el cheque y ya está? No tengo ni idea. Con dedos temblorosos escribo: «Cinco millones de dólares. 5.000.000 $».
Oh, Dios, espero estar haciendo lo correcto. Mia, piensa en Mia. No puedo contárselo a nadie.
Las palabras repugnantes y estremecedoras de Jack resuenan en mi mente: «Y no se lo digas a nadie o me la follaré antes de matarla».
Vuelve el Sr. Whelan con la cara pálida, avergonzado.
—¿Sra. Jonas? Su marido quiere hablar con usted —murmura, y señala el teléfono que hay sobre la mesa de cristal.
¿Qué? No…
—Está en la línea uno. Solo tiene que pulsar el botón. Esperaré fuera. —Por lo menos tiene la decencia de parecer avergonzado. La traición de Benedict Arnold no fue nada comparada con la de Whelan. Le miro con el ceño fruncido mientras sale del despacho, sintiendo que la sangre abandona mi cara.
¡Mierda, mierda, mierda! ¿Qué le voy a decir a Nick? Él lo va a saber. Intervendrá. Y pondrá en peligro a su hermana. Me tiembla la mano cuando la acerco al teléfono. Me lo apoyo contra la oreja, tratando de calmar mi errática respiración, y pulso el botón de la línea uno.
—Hola —susurro intentando en vano calmar mis nervios.
—¿Vas a dejarme? —Las palabras de Nick son un susurro agónico casi sin aliento.
¿Qué?
—¡No! —Mi voz suena igual que la suya. Oh, no. Oh, no. Oh, no. ¿Cómo puede pensar eso? ¿Por el dinero? ¿Cree que voy a dejarle por el dinero? Y en un momento de horrible clarividencia me doy cuenta de que la única forma de mantener a Nick a distancia, a salvo, y de salvar a su hermana… es mentirle.
—Sí —susurro. Y un dolor insoportable me atraviesa y se me llenan los ojos de lágrimas. Él da un respingo que es casi un sollozo.
—________(tn), yo… —dice con voz ahogada.
¡No! Me tapo la boca con la mano mientras reprimo las emociones encontradas que siento.
—Nick, por favor. No. —Lucho por contener las lágrimas.
—¿Te vas? —pregunta.
—Sí.
—Pero ¿por qué el dinero? ¿Por qué siempre es el dinero? —Su voz torturada es apenas audible.
¡No! Empiezan a rodarme lágrimas por la cara.

—No —susurro.
—¿Y cinco millones es suficiente?
¡Oh, por favor, para!
—Sí.
—¿Y el bebé? —Su voz es un eco sin aliento.
¿Qué? Mi mano pasa de mi boca a mi vientre.
—Yo cuidaré del bebé —susurro. Mi pequeño Bip… nuestro pequeño Bip.
—¿Eso es lo que quieres?
¡No!
—Sí.
Inspira bruscamente.
—Llévatelo todo —dice entre dientes.
—Nick —sollozo—. Es por ti. Por tu familia. Por favor. No.
—Llévatelo todo, ________(tn).
—Nick… —Estoy a punto de ceder, de contárselo todo: lo de Jack, lo de Mia, el rescate… ¡Confía en mí, por favor!, le suplico en mi mente.
—Siempre te querré —dice con voz ronca. Y cuelga.
—¡Nick! No… Yo también te quiero. —Y todas las estupideces que nos hemos estado echando en cara el uno al otro durante los últimos días dejan de tener importancia. Le prometí que nunca le dejaría… Pero no te voy a dejar; voy a salvar a tu hermana. Me hundo en la silla, sollozando copiosamente mientras me cubro la cara con las manos.
Me interrumpe un golpe tímido en la puerta. Whelan entra aunque no le he dado permiso. Mira a cualquier parte menos a mí. Está avergonzado.
¡Le has llamado, desgraciado!, pienso mirándole fijamente.
—Su marido está de acuerdo en liquidar cinco millones de dólares de sus activos, Sra. Jonas. Es una situación muy irregular, pero como es uno de nuestros principales clientes… y ha insistido… mucho. —Se detiene y se sonroja. Después me mira con el ceño fruncido y no sé si es porque Nick está siendo muy irregular o porque Whelan no sabe cómo tratar con una mujer que está llorando en su despacho—. ¿Está usted bien?
—¿Le parece que estoy bien? —exclamo.
—Lo siento, Sra.. ¿Quiere un poco de agua?
Asiento, resentida. Acabo de dejar a mi marido. Bueno, Nick cree que le he dejado. Mi subconsciente frunce los labios: «Será porque tú le has dicho eso».
—Pediré a mi colega que le traiga un vaso mientras yo preparo el dinero. Si no le importa firmar aquí, Sra.… Y haga un cheque para cobrarlo y firme aquí también.
Me pasa un formulario sobre la mesa. Firmo sobre la línea de puntos del cheque y después en el formulario. ________(tn) Jonas. Caen lágrimas sobre el escritorio y por poco no aterrizan sobre los papeles.
—Muy bien, Sra.. Nos llevará una media hora preparar el dinero.
Miro nerviosamente el reloj. Jack ha dicho dos horas; con esa media hora ya se habrán cumplido. Asiento en dirección a Whelan y él sale del despacho, dejándome con mi sufrimiento.
Un rato después (minutos, horas… no sé), la señorita Sonrisa Falsa vuelve a entrar con una jarra de agua y un vaso.
—Sra. Jonas —dice en voz baja mientras pone el vaso sobre la mesa y lo llena.
—Gracias.
Cojo el vaso y bebo agradecida. Ella sale y me deja con mis pensamientos asustados y hechos un lío. Ya

arreglaré las cosas con Nick… si no es ya demasiado tarde. Al menos he logrado mantenerle al margen de todo esto. Ahora mismo tengo que concentrarme en Mia. ¿Y si Jack está mintiendo? ¿Y si no la tiene?
Debería llamar a la policía.
«Y no se lo digas a nadie o me la follaré antes de matarla.» No puedo. Me apoyo en el respaldo de la silla y siento la presencia tranquilizadora de la pistola de Leila en la cintura, clavándose en mi espalda. ¿Quién habría dicho que alguna vez me iba a alegrar de que Leila me apuntara con una pistola? Oh, Ray, cómo me alegro de que me enseñaras a disparar.
¡Ray! Doy un respingo. Estará esperando que vaya a visitarle esta noche. Tal vez solo tenga que darle el dinero a Jack; él puede salir huyendo mientras yo me llevo a Mia a casa. ¡Oh, por favor, esto es tan absurdo!
Mi BlackBerry cobra vida y el sonido de «Your Love Is King» llena la habitación. ¡Oh, no! ¿Qué quiere
Nick? ¿Hundir más el cuchillo en mi herida?
«¿Por qué siempre es el dinero?»
Oh, Nick… ¿Cómo has podido pensar eso? La ira hace que me hierva la sangre. Sí, ira. Me ayuda sentirla. Dejo que salte el contestador. Ya trataré con mi marido después.
Llaman a la puerta.
—Sra. Jonas —Es Whelan—. El dinero está listo.
—Gracias. —Me levanto y la habitación gira de repente. Tengo que agarrarme a la silla.
—Sra. Jonas, ¿está bien?
Asiento y le dedico una mirada que dice «apártese, Sr.». Inspiro hondo de nuevo para calmarme. Tengo que hacer esto. Tengo que hacer esto. Tengo que salvar a Mia. Tiro del dobladillo de mi sudadera para asegurarme de mantener oculta la culata de la pistola que llevo en la parte de atrás de los vaqueros.
El Sr. Whelan frunce el ceño pero me sostiene la puerta. Yo consigo que mis extremidades temblorosas me obedezcan y empiecen a andar.
Sawyer está esperando en la entrada, examinando la zona pública. ¡Mierda! Nuestras miradas se encuentran y él frunce el ceño, evaluando mi reacción. Oh, está furioso. Levanto el dedo índice en un gesto que dice «ahora estoy contigo». Él asiente y responde una llamada de su móvil. ¡Mierda! Seguro que es Nick. Me giro bruscamente, a punto de chocar con Whelan que está justo detrás de mí, y vuelvo a entrar en el despacho.
—¿Sra. Jonas? —Whelan suena confuso, pero me sigue dentro de nuevo. Sawyer podría estropear todo el plan. Miro a Whelan.
—Ahí fuera hay alguien a quien no quiero ver. Alguien que me está siguiendo. Whelan abre unos ojos como platos.
—¿Quiere que llame a la policía?
—No. —Por Dios, no. ¿Qué voy a hacer? Miro el reloj. Son casi las tres y cuarto. Jack llamará en cualquier momento. ¡Piensa, ________(tn), piensa! Whelan me mira, cada vez más desesperado y perplejo. Debe de creer que estoy loca. Es que estás loca, me dice mi subconsciente.
—Tengo que hacer una llamada. ¿Podría dejarme sola, por favor?
—Claro —responde Whelan. Creo que agradece poder salir del despacho. Cuando cierra la puerta, llamo al móvil de Mia con dedos temblorosos.
—Qué bien, me llaman para pagarme lo que me merezco… —responde Jack, burlón. No tengo tiempo para escuchar sus chorradas.
—Tengo un problema.
—Lo sé. Tu guardia de seguridad te ha seguido hasta el banco.
¿Qué? ¿Cómo demonios lo sabe?
—Tienes que despistarle. Hay un coche esperando en la parte de atrás del banco. Un todoterreno negro,

un Dodge. Te doy tres minutos para llegar hasta él.
¡El Dodge!
—Puede que necesite más de tres minutos. —Vuelvo a sentir el corazón en la garganta.
—Eres una zorra cazafortunas muy lista, Jonas. Ya se te ocurrirá algo. Y tira el teléfono antes de entrar en el coche. ¿Entendido, puta?
—Sí.
—¡Dilo! —me grita.
—Entendido. Cuelga.
¡Mierda! Abro la puerta y me encuentro a Whelan esperando pacientemente fuera.
—Señor Whelan, creo que voy a necesitar ayuda para llevar las bolsas al coche. He aparcado fuera, en la parte de atrás del banco. ¿Tiene una salida por detrás?
Frunce el ceño.
—Sí. Para el personal.
—¿Podemos salir por ahí? Por la puerta principal no voy a poder evitar llamar demasiado la atención.
—Como quiera, Sra. Jonas. Tengo a dos personas con sus bolsas y dos guardias de seguridad para supervisarlo todo. Si es tan amable de seguirme…
—Tengo que pedirle otro favor.
—Lo que necesite, Sra. Jonas.



Dos minutos más tarde mi séquito y yo salimos a la calle y nos dirigimos al Dodge. Las ventanillas tienen los cristales tintados y no puedo distinguir quién conduce. Pero cuando nos acercamos, la puerta del conductor se abre y una mujer vestida de negro con una gorra también negra muy calada sale ágilmente del vehículo. ¡Es Elizabeth, de mi oficina! Pero ¿qué demonios…? Rodea el todoterreno y abre el maletero. Los dos miembros del personal del banco que llevan el dinero meten las pesadas bolsas en la parte de atrás.
—Sra. Jonas. —Elizabeth tiene la desvergüenza de sonreírme como si estuviéramos confraternizando amistosamente.
—Elizabeth. —Mi saludo es gélido—. Me alegro de verte fuera de la oficina. El Sr. Whelan carraspea.
—Bueno, ha sido una tarde muy interesante, Sra. Jonas —dice.
Me veo obligada a realizar los gestos sociales propios de la situación: le estrecho la mano y le doy las gracias mientras mi mente funciona a mil por hora. ¿Elizabeth? ¿Por qué está ella involucrada con Jack? Whelan y su séquito vuelven al banco y me dejan sola con la jefa de personal de SIP, que es cómplice de secuestro, extorsión y seguramente algún otro delito. ¿Por qué?
Elizabeth abre la puerta del acompañante de la parte de atrás y me indica que entre.
—Su teléfono, Sra. Jonas —me pide mientras me mira con cautela. Se lo doy y ella lo tira a un cubo de basura cercano—. Eso hará que los perros pierdan el rastro —dice con aire de suficiencia.
¿Quién es realmente esta mujer? Elizabeth cierra la puerta y sube al asiento del conductor. Miro nerviosamente hacia atrás mientras ella se incorpora al tráfico y se dirige al este. A Sawyer no se le ve por ninguna parte.
—Elizabeth, ya tienes el dinero. Llama a Jack. Dile que suelte a Mia.
—Creo que quiere darle las gracias en persona.
¡Mierda! La miro a través del espejo retrovisor con una expresión glacial. Ella palidece y aparece un ceño ansioso que le afea su bonita cara.

—¿Por qué estás haciendo esto, Elizabeth? Creía que Jack no te caía bien.
Me mira brevemente a través del espejo y veo que una punzada de dolor cruza fugazmente sus ojos.
—________(tn), preferiría que mantuvieras la boca cerrada.
—Pero no puedes hacer esto. Esto no está bien.
—Que te calles —me dice, pero noto que está incómoda.
—¿Te está presionando de algún modo? —le pregunto. Sus ojos vuelven a encontrarse con los míos un instante y pisa con brusquedad el freno, lo que me lanza hacia delante con tanta fuerza que mi cara golpea el reposacabezas que tengo enfrente.
—He dicho que te calles —repite—. Y te sugiero que te pongas el cinturón.
En ese momento entiendo que así es. Él tiene algo horrible contra ella, tanto que Elizabeth está dispuesta a hacer esto por él. Me pregunto qué podrá ser. ¿Robo a la empresa? ¿Algo de su vida privada? ¿Algo sexual? Me estremezco al pensarlo. Nick dice que ninguna de las ayudantes de Jack quiso hablar. Tal vez todas se encuentren en la misma situación que Elizabeth. Por eso quiso follarme a mí también. La bilis se me sube a la garganta del asco que siento solo de pensarlo.
Elizabeth se aleja del centro de Seattle y enfila por las colinas hacia el este. Poco después estamos conduciendo por calles residenciales. Veo uno de los letreros de la calle: SOUTH IRVING STREET. De repente hace un giro brusco a la izquierda hacia una calle desierta con un desvencijado parque infantil a un lado y un gran aparcamiento de cemento al otro, flanqueado al fondo por una hilera de edificios bajos de
ladrillo aparentemente vacíos. Elizabeth entra en el aparcamiento y se detiene delante del último de los edificios de ladrillo.
Ella se vuelve hacia mí.
—Ha llegado la hora —susurra.
Se me eriza el vello y el miedo y la adrenalina me recorren el cuerpo.
—No tienes que hacer esto —le susurro en respuesta. Su boca se convierte en una fina línea y sale del coche.
Esto es por Mia. Esto es por Mia, repito en mi mente. Por favor, que esté bien. Por favor, que esté bien.
—Sal —ordena Elizabeth abriendo la puerta de un tirón.
Mierda. Cuando bajo me tiemblan tanto las piernas que no sé si voy a poder mantenerme en pie. La brisa fresca de última hora de la tarde me trae el olor del otoño que ya casi está aquí y el aroma polvoriento y terroso de los edificios abandonados.
—Bueno, bueno… Mira lo que tenemos aquí. —Jack sale de un umbral estrecho y cubierto con tablas que hay a la izquierda del edificio. Tiene el pelo corto. Se ha quitado los pendientes y lleva traje. ¿Traje? Viene caminando hacia mí despidiendo arrogancia y odio por todos los poros. El corazón empieza a latirme más rápido.
—¿Dónde está Mia? —balbuceo con la boca tan seca que casi no puedo pronunciar las palabras.
—Lo primero es lo primero, zorra —responde Jack, parándose delante de mí. Su desprecio es más que evidente—. ¿El dinero?
Elizabeth está comprobando las bolsas del maletero.
—Aquí hay un montón de billetes —dice asombrada abriendo y cerrando las cremalleras de las bolsas.
—¿Y su teléfono?
—Lo tiré a la basura.
—Bien —contesta Jack, y sin previo aviso se vuelve hacia mí y me da un bofetón muy fuerte en la cara con el dorso de la mano. El golpe, feroz e injustificado, me tira al suelo. Mi cabeza golpea contra el cemento con un sonido aterrador. El dolor estalla dentro de mi cabeza, los ojos se me llenan de lágrimas y se me emborrona la visión. La impresión por el impacto resuena en mi interior y desata un dolor insoportable que me

late dentro del cráneo.
Dejo escapar un grito silencioso por el sufrimiento y el terror. Oh, no… Pequeño Bip. Después Jack se acerca a mí y me da una patada rápida y rabiosa en las costillas que me deja sin aire en los pulmones por la fuerza del golpe. Cierro los ojos con fuerza para evitar las náuseas y el dolor y para intentar conseguir un poco de aire. Pequeño Bip, pequeño Bip… Oh, mi pequeño Bip…
—¡Esto es por Seattle Independent Publishing, zorra! —me grita Jack.
Levanto las piernas para hacerme una bola, anticipando el siguiente golpe. No. No. No.
—¡Jack! —chilla Elizabeth—. Aquí no. ¡A plena luz del día no, por Dios! Él se detiene.
—¡Esta puta se lo merece! —gruñe en dirección a Elizabeth. Y eso me da un precioso segundo para echar la mano hacia atrás y sacar la pistola de la cintura de los pantalones. Le apunto temblorosa, aprieto el gatillo y disparo. La bala le da justo por encima de la rodilla y cae delante de mí, aullando de dolor, agarrándose el muslo mientras los dedos se le llenan se sangre.
—¡Joder! —chilla Jack. Me giro para enfrentarme a Elizabeth, que me está mirando con horror y levantando las manos por encima de la cabeza. La veo borrosa… La oscuridad se cierra sobre mí. Mierda… La veo como al final de un túnel. La oscuridad la está engullendo; me está engullendo. Desde lejos oigo que se desata el infierno. Chirridos de ruedas… Frenos… Puertas… Gritos… Gente corriendo… Pasos. Se me cae el arma de la mano.
—¡________(tn)! —Es la voz de Nick… La voz de Nick… La voz de Nick llena de dolor… Mia… Salva a Mia.
—¡______(tn)! Oscuridad… Paz.

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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Enero 12th 2015, 15:15

hola como stas?
nena volviste por favor sube mas no seas malita es que
nos dejas en ascuas y eso no es de dios neta no lo es
hajajajaja espero que estes bien cuídate te quiero mucho Very Happy
te portas bien y si no pues me invitas
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Enero 13th 2015, 02:29

hola! bien y tu? que bueno que no has dejado de leer! ya solo faltan 3 capítulos y termina!! Sad
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andreru
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Enero 13th 2015, 02:37

CAPITULO 23


Solo hay dolor. La cabeza, el pecho… Un dolor que quema. El costado, el brazo. Dolor. Dolor y palabras susurradas en la penumbra. ¿Dónde estoy? Aunque lo intento, no puedo abrir los ojos. Las palabras en susurros se van volviendo más claras, un faro en medio de la oscuridad.
—Tiene una contusión en las costillas, Sr. Jonas, y una fractura en el cráneo, justo bajo el nacimiento del pelo, pero sus constantes vitales son estables y fuertes.
—¿Por qué sigue inconsciente?
—La Sra. Jonas ha sufrido un fuerte golpe en la cabeza. Pero su actividad cerebral es normal y no hay inflamación. Se despertará cuando esté preparada para ello. Solo dele un poco de tiempo.
—¿Y el bebé? —Sus palabras suenan angustiadas, ahogadas.
—El bebé está bien, Sr. Jonas.
—Oh, gracias a Dios. —Su respuesta es como una letanía… una oración—. Oh, gracias a Dios.
Oh, Dios mío. Está preocupado por el bebé… ¿El bebé?… Pequeño Bip. Claro. Mi pequeño Bip. Intento en vano mover la mano hasta mi vientre, pero nada se mueve, nada me responde.
«¿Y el bebé?… Oh, gracias a Dios.» Pequeño Bip está a salvo.
«¿Y el bebé?… Oh, gracias a Dios.» Se preocupa por el bebé.
«¿Y el bebé?… Oh, gracias a Dios.»
Quiere al bebé. Oh, gracias a Dios. Me relajo y vuelve la inconsciencia alejándome del dolor.



Todo pesa y me duele: las extremidades, la cabeza, los párpados… nada se mueve. Mis ojos y mi boca están totalmente cerrados y no quieren abrirse, lo que me deja ciega, muda y dolorida. Según voy cruzando la niebla hasta la superficie, la consciencia se va acercando pero queda justo fuera de mi alcance, como una seductora sirena.
—No la voy a dejar sola.
¡Nick! Está aquí… Intento con todas mis fuerzas despertarme. Su voz no es más que un susurro cansado y agónico.
—Nick, tienes que dormir.
—No, papá, quiero estar aquí cuando despierte.
—Yo me quedaré con ella. Es lo menos que puedo hacer después de que haya salvado a mi hija.
¡Mia!
—¿Cómo está Mia?
—Grogui, asustada y enfadada. Van a pasar unas cuantas horas antes de que se le pase completamente el efecto del Rohypnol.
—Dios…
—Lo sé. Me siento un imbécil por haber cedido en lo de su seguridad. Me avisaste, pero Mia es muy obstinada. Si no fuera por ________(tn)…
—Todos creíamos que Hyde estaba fuera de circulación. Y la loca de mi mujer… ¿Por qué no me lo dijo? —La voz de Nick está llena de angustia.
—Nick, cálmate. ________(tn) es una joven extraordinaria. Ha sido increíblemente valiente.
—Valiente, terca, obstinada y estúpida. —Se le quiebra la voz.

—Vamos —murmura Carrick—, no seas tan duro con ella. Ni contigo, hijo… Será mejor que vuelva con tu madre. Son más de las tres de la madrugada, Nick. Deberías intentar dormir un poco.
La niebla vuelve a cerrarse.



La niebla se levanta de nuevo, pero no tengo ni la más mínima noción del tiempo.
—Si tú no le das unos azotes, se los daré yo. Pero ¿en qué demonios estaba pensando?
—Tal vez se los dé yo, Ray.
¡Papá! Está aquí. Lucho contra la niebla… lucho… Pero vuelvo a caer en la inconsciencia. No…



—Detective, como puede ver, mi mujer no está en condiciones de responder preguntas. Nick está enfadado.
—Es una mujer muy terca, Sr. Jonas.
—Ojalá hubiera matado a ese cabrón.
—Eso habría significado mucho papeleo para mí, Sr. Jonas… La señorita Morgan está cantando como un verdadero canario. Hyde es un hijo de puta realmente retorcido. Tiene una verdadera animadversión contra su padre y contra usted…
La niebla vuelve a rodearme y me arrastra hacia las profundidades, cada vez más hondo… ¡No!



—¿Qué quieres decir con que no os hablabais? —Es Grace. Suena enfadada. Intento mover la cabeza, pero mi cuerpo me responde con un silencio clamoroso y apático—. ¿Qué le has hecho?
—Mamá…
—¡Nick! ¿Qué le has hecho?
—Estaba muy enfadado. —Casi es un sollozo… No.
—Vamos…
El mundo se emborrona y se desvanece y yo me hundo.



Oigo voces bajas y confusas.
—Me dijiste que habías cortado todos los lazos con ella. —Es Grace la que habla. Su voz es baja y reprobatoria.
—Lo sé. —Nick suena resignado—. Pero verla consiguió que volviera a ponerlo todo en contexto y recuperara la perspectiva. Acerca de lo del bebé, ya sabes. Por primera vez sentí que… lo que hicimos… estuvo mal.
—Lo que ella hizo, cariño… Los hijos tienen ese efecto: hacen que veas el mundo con una luz diferente.
—Ella por fin captó el mensaje… Y yo también… Le había hecho daño a ________(tn) —susurra.
—Siempre le hacemos daño a la gente que queremos, cariño. Tendrás que decirle que lo sientes. Decirlo de verdad y darle tiempo.
—Me dijo que me iba a dejar. No. No. ¡No!
—¿Y la creíste?
—Al principio, sí.
—Cariño, siempre te crees lo peor de todo el mundo, especialmente de ti mismo. Siempre lo has hecho.

________(tn) te quiere mucho, y es obvio que tú la quieres a ella.
—Estaba furiosa conmigo.
—Seguro. Yo también estoy furiosa contigo ahora mismo. Creo que solo se puede estar realmente furioso con alguien cuando le quieres mucho.
—Estuve dándole vueltas, y me di cuenta de que ella me ha demostrado una y otra vez cuánto me quiere… hasta el punto de poner su propia vida en peligro.
—Sí, así es, cariño.
—Oh, mamá, ¿por qué no se despierta? —Se le quiebra la voz—. He estado a punto de perderla.
¡Nick! Oigo sollozos ahogados. No…
Oh… La oscuridad vuelve a cerrarse sobre mí. No…



—Han hecho falta veinticuatro años para que me dejes abrazarte así…
—Lo sé, mamá. Me alegro de que hayamos hablado.
—Yo también, cariño. Siempre estaré aquí. No me puedo creer que vaya a ser abuela.
¡Abuela!
La dulce inconsciencia me llama…



Mmm. Su principio de barba me araña suavemente el dorso de la mano y noto que me aprieta los dedos.
—Oh, nena, por favor, vuelve conmigo. Lo siento. Lo siento todo. Despierta. Te echo de menos. Te quiero…
Lo intento. Lo intento. Quiero verle, pero mi cuerpo no me obedece y vuelvo a dormirme.



Siento la urgente necesidad de hacer pis. Abro los ojos. Estoy en el ambiente limpio y estéril de la habitación de un hospital. Está oscuro excepto por una luz de emergencia. Todo está en silencio. Me duelen la cabeza y el pecho, pero sobre todo noto la vejiga a punto de estallar. Necesito hacer pis. Pruebo a mover las extremidades. Me escuece el brazo derecho y veo que tengo una vía puesta en la parte interior del codo. Cierro los ojos. Giro la cabeza, contenta de que responda a mis órdenes, y vuelvo a abrir los ojos de nuevo. Nick está dormido sentado a mi lado y reclinado sobre la cama, con la cabeza apoyada en los brazos cruzados. Estiro el brazo, agradecida una vez más de que el cuerpo me responda, y le acaricio el pelo suave con los dedos.
Se despierta sobresaltado y levanta la cabeza tan repentinamente que mi mano cae débilmente de nuevo sobre la cama.
—Hola —digo en un graznido.
—Oh, ________(tn)… —Su voz suena ahogada pero aliviada. Me coge la mano, me la aprieta con fuerza y se la acerca a la mejilla cubierta de barba.
—Necesito ir al baño —susurro.
Me mira con la boca abierta y frunce el ceño un momento.
—Vale.
Intento sentarme.
—________(tn), no te muevas. Voy a llamar a una enfermera. —Se pone de pie apresuradamente, alarmado, y se acerca a un botón de llamada que hay junto a la cama.
—Por favor —susurro. ¿Por qué me duele todo?—. Necesito levantarme. —Vaya, qué débil estoy.

—¿Por qué no haces lo que te digo por una vez? —exclama irritado.
—Necesito hacer pis urgentemente —le digo. Tengo la boca y la garganta muy secas.
Una enfermera entra corriendo en la habitación. Debe de tener unos cincuenta años, a pesar de que su pelo es negro como la tinta. Lleva unos pendientes de perlas demasiado grandes.
—Bienvenida de vuelta, Sra. Jonas. Le diré a la doctora Bartley que está despierta. —Se acerca a la cama—. Me llamo Nora. ¿Sabe dónde está?
—Sí. En el hospital. Necesito hacer pis.
—Tiene puesto un catéter.
¿Qué? Oh, qué vergüenza. Miro nerviosamente a Nick y después a la enfermera.
—Por favor, quiero levantarme.
—Sra. Jonas…
—Por favor.
—________(tn)… —me dice Nick. Intento sentarme otra vez.
—Déjeme quitarle el catéter. Señor Jonas, estoy segura de que la Sra. Jonas agradecería un poco de privacidad. —Mira directamente a Nick, esperando que se vaya.
—No voy a ir a ninguna parte. —Él le devuelve la mirada.
—Nick, por favor —le susurro estirando el brazo y cogiéndole la mano. Él me la aprieta brevemente y me mira, exasperado—. Por favor —le suplico.
—¡Vale! —exclama y se pasa la mano por el pelo—. Tiene dos minutos —le dice entre dientes a la enfermera, y se inclina para darme un beso en la frente antes de volverse y salir de la habitación.



Nick vuelve a entrar como una tromba en la habitación dos minutos después, cuando la enfermera Nora me está ayudando a levantarme de la cama. Llevo puesta una fina bata de hospital. No recuerdo cuándo me desnudaron.
—Deje que la lleve yo —dice y se acerca a nosotras.
—Señor Jonas, yo puedo —le regaña la enfermera Nora. Él le dedica una mirada hostil.
—Maldita sea, es mi mujer. Yo la llevaré —dice con los dientes apretados mientras aparta el soporte del gotero de su camino.
—¡Señor Jonas! —protesta la enfermera.
Pero él la ignora, se agacha para cogerme en brazos y me levanta de la cama con suavidad. Yo le rodeo el cuello con los brazos y mi cuerpo se queja. Vaya, me duele todo. Me lleva hasta el baño y la enfermera Nora nos sigue empujando el soporte del gotero.
—Sra. Jonas, pesa usted muy poco —murmura con desaprobación mientras me baja y me deposita sobre mis pies. Me tambaleo. Tengo las piernas como gelatina. Nick enciende la luz y quedo cegada momentáneamente por una lámpara fluorescente que zumba y parpadea para cobrar vida.
—Siéntate, no vaya a ser que te caigas —me dice todavía agarrándome. Con cuidado, me siento en el váter.
—Vete. —Hago un gesto con la mano para que se vaya.
—No. Haz pis, ________(tn).
¿Podría ser más vergonzoso esto?
—No puedo, no contigo ahí.
—Podrías caerte.
—¡Señor Jonas!

Los dos ignoramos a la enfermera.
—Por favor —le suplico.
Levanta las manos en un gesto de derrota.
—Estaré esperando ahí mismo. Con la puerta abierta.
Se aparta un par de pasos hasta que queda justo al otro lado de la puerta, junto a la enfadada enfermera.
—Vuélvete, por favor —le pido. ¿Por qué me siento ridículamente tímida con este hombre? Pone los ojos en blanco pero obedece. En cuanto me da la espalda, por fin me relajo y saboreo el alivio.
Hago un recuento de los daños. Me duele la cabeza, también el pecho donde Jack me dio la patada y el costado sobre el que caí al suelo. Además tengo sed y hambre. Madre mía, estoy realmente hambrienta. Termino y agradezco que el lavabo esté tan cerca que no necesito levantarme para lavarme las manos. No tengo fuerza para ponerme en pie.
—Ya he acabado —digo, secándome las manos con la toalla.
Nick se gira, vuelve a entrar y antes de darme cuenta estoy otra vez en sus brazos. He echado de menos sus brazos. Se detiene un momento y entierra la nariz en mi pelo.
—Oh, cuánto la he echado de menos, Sra. Jonas —susurra. Me tumba de nuevo en la cama y me suelta, creo que a regañadientes, siempre con la enfermera Nora, que no para quieta, detrás de él.
—Si ya ha acabado, Sr. Jonas, me gustaría ver cómo está la Sra. Jonas. La enfermera Nora está enfadada.
Él se aparta.
—Toda suya —dice en un tono más moderado.
Ella le mira enfurruñada y después se centra en mí. Es irritante, ¿a que sí?
—¿Cómo se siente? —me pregunta con una voz llena de compasión y un punto de irritación, que supongo que será por Nick.
—Dolorida y con sed. Tengo mucha sed —susurro.
—Le traeré un poco de agua cuando haya comprobado sus constantes y la haya examinado la doctora
Bartley.
Coge un aparato para medir la tensión y me lo pone en el brazo. Miro ansiosa a Nick. Está horrible, cadavérico casi, como si llevara días sin dormir. Tiene el pelo alborotado, lleva varios días sin afeitarse y su camisa está llena de arrugas. Frunzo el ceño.
—¿Qué tal estás?
Ignorando a la enfermera, se sienta en la cama lejos de mi alcance.
—Confundida. Dolorida. Y tengo hambre.
—¿Hambre? —pregunta y parpadea sorprendido. Asiento.
—¿Qué quieres comer?
—Cualquier cosa. Sopa.
—Señor Jonas, necesita la aprobación de la doctora antes de darle nada de comer a la Sra. Jonas. Nick la mira inescrutable durante un momento, después saca la BlackBerry del bolsillo de sus
pantalones y marca un número.
—________(tn) quiere sopa de pollo… Bien… Gracias. —Y cuelga. Miro a Nora, que observa a Nick con los ojos entornados.
—¿Taylor? —le pregunto. Nick asiente.
—Su tensión arterial es normal, Sra. Jonas. Voy a buscar a su médico. —Me quita el aparato y sin decir nada más sale de la habitación, emanando desaprobación por todos los poros.

—Creo que has hecho enfadar a la enfermera Nora.
—Tengo ese efecto en las mujeres. —Sonríe burlón.
Río, pero me interrumpo de repente porque siento que el dolor se expande por el pecho.
—Sí, es verdad.
—Oh, ________(tn), me encanta oírte reír.
Nora vuelve con una jarra de agua. Ambos nos quedamos en silencio mirándonos mientras sirve un vaso de agua y me lo da.
—Beba a pequeños sorbos —me dice.
—Sí, Sra. —murmuro y le doy un sorbo al agua fresca. Oh, Dios mío. Qué rica. Le doy otro sorbo mientras Nick me mira fijamente.
—¿Mia? —le pregunto.
—Está a salvo. Gracias a ti.
—¿La tenían entonces?
—Sí.
Bueno, toda esta locura ha servido para algo. El alivio me llena el cuerpo. Gracias a Dios, gracias a Dios, gracias a Dios que está bien. Frunzo el ceño.
—¿Cómo llegaron hasta ella?
—Elizabeth Morgan —dice simplemente.
—¡No! Asiente.
—La raptó en el gimnasio de Mia. Frunzo el ceño y sigo sin entender.
—________(tn), ya te contaré todos los detalles más tarde. Mia está bien, teniendo en cuenta todo lo que ha pasado. La drogaron. Ahora está grogui y un poco impresionada, pero gracias a algún milagro, no le hicieron daño. —Nick aprieta la mandíbula—. Lo que hiciste —empieza y se pasa la mano por el pelo— ha sido algo increíblemente valiente e increíblemente estúpido. Podían haberte matado. —Le brillan los ojos un momento con un gris gélido y sé que está conteniendo su enfado.
—No sabía qué otra cosa hacer —susurro.
—¡Podías habérmelo dicho! —dice vehemente cerrando la mano que tiene en el regazo hasta convertirla en un puño.
—Me amenazó con que la mataría si se lo decía a alguien. No podía correr el riesgo. Nick cierra los ojos y veo el terror en su cara.
—He pasado un infierno desde el jueves.
¿Jueves?
—¿Qué día es hoy?
—Es casi sábado —me dice mirando el reloj—. Llevas más de veinticuatro horas inconsciente. Oh.
—¿Y Jack y Elizabeth?
—Bajo custodia policial. Aunque Hyde está aquí bajo vigilancia. Le han tenido que sacar la bala que le disparaste —dice con amargura—. Por suerte, no sé en qué sección de este hospital está, porque si no voy y le mato. —Su rostro se oscurece.
Oh, mierda. ¿Jack está aquí?
«¡Esto es por lo de Seattle Independent Publishing, zorra!» Palidezco, se me revuelve el estómago vacío, se me llenan los ojos de lágrimas y un fuerte estremecimiento me recorre el cuerpo.
—Vamos… —Nick se acerca con la voz llena de preocupación. Me coge el vaso de la mano y me

abraza tiernamente—. Ahora estás a salvo —murmura contra mi pelo con la voz ronca.
—Nick, lo siento mucho. —Empiezan a caer las lágrimas.
—Chis. —Me acaricia el pelo y yo sollozo en su cuello.
—Por lo que dije. No tenía intención de dejarte.
—Chis, nena, lo sé.
—¿Lo sabes? —Lo que acaba de decir hace que interrumpa mi llanto.
—Lo entendí. Al fin. De verdad que no sé en qué estabas pensando, ________(tn). —Suena cansado.
—Me cogiste por sorpresa —murmuro contra el cuello de su camisa—. Cuando hablamos en el banco. Pensaste que iba a dejarte. Creí que me conocías mejor. Te he dicho una y otra vez que nunca te abandonaré.
—Pero después de cómo me comporté… —Su voz es apenas audible y estrecha su abrazo—. Creí durante un periodo corto de tiempo que te había perdido.
—No, Nick. Nunca. No quería que interfirieras y pusieras la vida de Mia en peligro. Suspira y no sé si es de enfado, de irritación o de dolor.
—¿Cómo lo supiste? —le pregunto rápidamente para apartarle de su línea de pensamiento. Me coloca el pelo detrás de la oreja.
—Acababa de tocar tierra en Seattle cuando me llamaron del banco. La última noticia que tenía era que estabas enferma y que te ibas a casa.
—¿Estabas en Portland cuando Sawyer te llamó desde el coche?
—Estábamos a punto de despegar. Estaba preocupado por ti —dice en voz baja.
—¿Ah, sí? Frunce el ceño.
—Claro. —Me roza el labio inferior con el pulgar—. Me paso la vida preocupándome por ti. Ya lo sabes.
¡Oh, Nick!
—Jack me llamó cuando estaba en la oficina —murmuro—. Me dio dos horas para conseguir el dinero.
—Me encojo de hombros—. Tenía que irme y esa era la mejor excusa.
La boca de Nick se convierte en una dura línea.
—Y luego despistaste a Sawyer. Él también está furioso contigo.
—¿También?
—También. Igual que yo.
Le toco la cara con cuidado y paso los dedos por su barba. Cierra los ojos y apoya el rostro en mis dedos.
—No te enfades conmigo, por favor —le susurro.
—Estoy muy enfadado contigo. Lo que hiciste fue algo monumentalmente estúpido. Casi una locura.
—Te lo he dicho, no sabía qué otra cosa hacer.
—Parece que no te importa nada tu seguridad personal. Y ahora ya no se trata solo de ti —añade enfadado.
Me tiembla el labio. Está pensando en nuestro pequeño Bip.
Las puertas se abren, lo que nos sobresalta a los dos, y entra una mujer afroamericana que lleva una bata blanca sobre un uniforme gris.
—Buenas noches, Sra. Jonas. Soy la doctora Bartley.
Empieza a examinarme a conciencia poniéndome una luz en los ojos, haciendo que le presione los dedos y después me toque la nariz cerrando primero un ojo y después el otro. Seguidamente comprueba todos mis reflejos. Su voz es suave y su contacto, amable; tiene una forma de tratarme muy cálida. La enfermera Nora se une a ella y Nick se va a un rincón de la habitación para hacer unas llamadas mientras las dos se ocupan
de mí. Es difícil concentrarse en la doctora Bartley, en la enfermera Nora y en Nick al mismo tiempo, pero

le oigo llamar a su padre, a mi madre y a Kate para decirles que estoy despierta. Por último deja un mensaje para Ray.
Ray. Oh, mierda… Vuelve a mi mente un vago recuerdo de su voz. Estuvo aquí… Sí, mientras todavía estaba inconsciente.
La doctora Bartley comprueba el estado de mis costillas, presionando con los dedos de forma tentativa pero con firmeza.
Hago un gesto de dolor.
—Solo es una contusión, no hay fisura ni rotura. Ha tenido mucha suerte, Sra. Jonas.
Frunzo el ceño. ¿Suerte? No es precisamente la palabra que utilizaría yo. Nick también la mira fijamente. Mueve los labios para decirme algo, creo que es «loca», pero no estoy segura.
—Le voy a recetar unos analgésicos. Los necesitará para las costillas y para el dolor de cabeza que seguro que tiene. Pero todo parece estar bien, Sra. Jonas. Le sugiero que duerma un poco. Veremos cómo se encuentra por la mañana; si está bien puede que la dejemos irse a casa ya. Mi colega, la doctora Singh, será quien le atienda por la mañana.
—Gracias.
Se oye un golpecito en la puerta y entra Taylor con una caja de cartón negra que pone «Fairmont
Olympic» en letras de color crema en un lateral.
Madre mía.
—¿Comida? —pregunta la doctora Bartley, sorprendida.
—La Sra. Jonas tiene hambre —dice Nick—. Es sopa de pollo. La doctora Bartley sonríe.
—La sopa está bien, pero solo caldo. Nada pesado. —Nos mira a los dos y después sale de la habitación con la enfermera Nora.
Nick me acerca una bandeja con ruedas y Taylor deposita en ella la caja.
—Bienvenida de vuelta, Sra. Jonas.
—Hola, Taylor. Gracias.
—De nada, Sra.. —Creo que quiere decir algo más, pero al final se contiene.
Nick ha abierto la caja y está sacando un termo, un cuenco de sopa, un platillo, una servilleta de tela, una cuchara sopera, una cestita con panecillos, salero y pimentero… El Fairmont Olympic se ha esmerado.
—Es genial, Taylor. —Mi estómago ruge. Estoy muerta de hambre.
—¿Algo más, Sr.? —pregunta.
—No, gracias —dice Nick, despidiéndole con un gesto de la mano. Taylor asiente.
—Taylor, gracias.
—¿Quiere alguna otra cosa, Sra. Jonas? Miro a Nick.
—Ropa limpia para Nick. Taylor sonríe.
—Sí, Sra..
Nick mira perplejo su camisa.
—¿Desde cuándo llevas esa camisa? —le pregunto.
—Desde el jueves por la mañana. Me dedica una media sonrisa. Taylor sale.
—Taylor también estaba muy cabreado contigo —añade Nick enfurruñado, desenroscando la tapa del

termo y echando una sopa de pollo cremosa en el cuenco.
¡Taylor también! Pero no puedo pensar mucho en ello porque la sopa de pollo me distrae. Huele deliciosamente y desprende un vapor sugerente. La pruebo y es todo lo que prometía ser.
—¿Está buena? —me pregunta Nick, acomodándose en la cama otra vez.
Asiento enérgicamente y sin dejar de comer. Tengo un hambre feroz. Solo hago una pausa para limpiarme la boca con la servilleta.
—Cuéntame lo que pasó… Después de que te dieras cuenta de lo que estaba ocurriendo. Nick se pasa una mano por el pelo y niega con la cabeza.
—Oh, ________(tn), qué alegría verte comer.
—Tengo hambre. Cuéntame. Frunce el ceño.
—Bueno, después de la llamada del banco creí que mi mundo acababa de hacerse pedazos… No puede ocultar el dolor en su voz.
Dejo de comer. Oh, mierda.
—No pares de comer o no sigo contándote —susurra con tono férreo mirándome fijamente. Sigo con la sopa. Vale, vale… Maldita sea, está muy buena. La mirada de Nick se suaviza y tras un momento continúa.
—Poco después de que tú y yo tuviéramos esa conversación, Taylor me informó de que a Hyde le habían fijado una fianza. No sé cómo lo logró; creía que habíamos conseguido frustrar todos sus intentos. Pero eso me hizo pensar en lo que habías dicho… y entonces supe que algo iba muy mal.
—Nunca fue por el dinero —exclamo de repente cuando una oleada de furia inesperada se enciende en mi vientre. Levanto la voz—. ¿Cómo pudiste siquiera pensar eso? ¡Nunca ha sido por el puto dinero!
La cabeza empieza a latirme más fuerte y hago un gesto de dolor. Nick me mira con la boca abierta durante un segundo, sorprendido por mi vehemencia. Después entorna los ojos.
—Ese lenguaje… —gruñe—. Cálmate y come. Le miro rebelde.
—________(tn)… —dice amenazante.
—Eso me ha hecho más daño que cualquier otra cosa, Nick —le susurro—. Casi tanto como que fueras a ver a esa mujer.
Inhala bruscamente, como si le hubiera dado una bofetada, y de repente parece agotado. Cierra los ojos un momento y niega con la cabeza, resignado.
—Lo sé. —Suspira—. Y lo siento. Más de lo que crees. —Tiene los ojos llenos de arrepentimiento—. Come, por favor. No dejes que se enfríe la sopa. —Su voz es suave y persuasiva y yo decido hacer lo que me pide. Suspira aliviado.
—Sigue —susurro entre mordiscos al ilícito panecillo recién hecho.
—No sabíamos que Mia había desaparecido. Creí que te estaría chantajeando o algo por el estilo. Te llamé otra vez, pero no respondiste. —Frunce el ceño—. Te dejé un mensaje y llamé a Sawyer. Taylor empezó a rastrear tu móvil. Sabía que estabas en el banco, así que fuimos directamente allí.
—No sé cómo me encontró Sawyer. ¿También él rastreaba mi teléfono móvil?
—El Saab tiene un dispositivo de seguimiento. Todos nuestros coches lo tienen. Cuando llegamos al banco, ya estabas en camino y te seguimos. ¿Por qué sonríes?
—No sé cómo, pero sabía que me seguiríais.
—¿Y eso es divertido porque…? —me pregunta.
—Jack me dijo que me deshiciera del móvil. Así que le pedí el teléfono a Whelan y ese es el que tiraron. Yo metí el mío en las bolsas para que pudieras seguir tu dinero.

Nick suspira.
—Nuestro dinero, ________(tn) —dice en voz baja—. Come.
Rebaño el cuenco con lo que queda del pan y me lo meto en la boca. Es la primera vez que me siento satisfecha en mucho tiempo (a pesar del tema de conversación).
—Me lo he terminado todo.
—Buena chica.
Se oye un golpecito en la puerta y entra la enfermera Nora otra vez con una vasito de papel. Nick aparta la bandeja y vuelve a meterlo todo en la caja.
—Un analgésico. —La enfermera Nora sonríe y me enseña una pastilla blanca que hay en el vasito de papel.
—¿Puedo tomarlo? Ya sabe… por el bebé.
—Sí, Sra. Jonas, es paracetamol. No afectará al bebé.
Asiento agradecida. Me late la cabeza. Me trago la pastilla con un sorbo de agua.
—Debería descansar, Sra. Jonas. —La enfermera Nora mira significativamente a Nick. Él asiente.
¡No!
—¿Te vas? —exclamo y siento pánico. No te vayas… ¡acabamos de empezar a hablar! Nick ríe entre dientes.
—Si piensa que tengo intención de perderla de vista, Sra. Jonas, está muy equivocada. Nora resopla y se acerca para recolocarme las almohadas de modo que pueda tumbarme.
—Buenas noches, Sra. Jonas —me dice, y con una última mirada de censura a Nick, se va. Él levanta una ceja a la vez que ella cierra la puerta.
—Creo que no le caigo bien a la enfermera Nora.
Está de pie junto a la cama con aspecto cansado. A pesar de que quiero que se quede, sé que debería convencerle para que se fuera a casa.
—Tú también necesitas descansar, Nick. Vete a casa. Pareces agotado.
—No te voy a dejar. Dormiré en el sillón.
Le miro con el ceño fruncido y después me giro para quedar de lado.
—Duerme conmigo. Frunce el ceño.
—No, no puedo.
—¿Por qué no?
—No quiero hacerte daño.
—No me vas a hacer daño. Por favor, Nick.
—Tienes puesta una vía.
—Nick, por favor…
Me mira y veo que se siente tentado.
—Por favor… —Levanto las mantas y le invito a entrar en la cama.
—¡A la mierda!
Se quita los zapatos y los calcetines y sube con cuidado a la cama a mi lado. Me rodea con el brazo y yo apoyo la cabeza sobre su pecho. Me da un beso en el pelo.
—No creo que a la enfermera Nora le vaya a gustar nada esto —me susurra con complicidad. Suelto una risita pero tengo que parar por el dolor del pecho.
—No me hagas reír, que me duele.
—Oh, pero me encanta ese sonido —dice entristecido, en voz baja—. Lo siento, nena, lo siento mucho.

—Me da otro beso en el pelo e inhala profundamente. No sé por qué se está disculpando… ¿por hacerme reír? ¿O por el lío en el que estamos metidos? Apoyo la mano sobre su corazón y él pone su mano sobre la mía. Los dos nos quedamos en silencio un momento.
—¿Por qué fuiste a ver a esa mujer?
—Oh, ________(tn) —gruñe—. ¿Quieres discutir eso ahora? ¿No podemos dejarlo? Me arrepiento, ¿vale?
—Necesito saberlo.
—Te lo contaré mañana —murmura irritado—. Oh, y el detective Clark quiere hablar contigo. Algo de rutina. Ahora, a dormir.
Me da otro beso en el pelo. Suspiro profundamente. Necesito saber por qué. Al menos dice que se arrepiente. Eso es algo, al menos; mi subconsciente está de acuerdo conmigo. Parece que está de un humor complaciente hoy. Oh, el detective Clark. Me estremezco solo de pensar en revivir lo que pasó el jueves.
—¿Sabemos por qué Jack ha hecho todo esto?
—Mmm… —murmura Nick. Me tranquiliza el suave subir y bajar de su pecho que acuna suavemente mi cabeza, atrayéndome hacia las profundidades del sueño según se va ralentizando su respiración. Mientras me dejo llevar intento encontrarle sentido a los fragmentos de conversación que he oído mientras estaba inconsciente. Pero se escapan de mi mente, siempre escurridizos, provocándome desde los confines de mi memoria. Oh, es frustrante y agotador… y…



La enfermera Nora tiene los labios fruncidos y los brazos cruzados en una postura hostil. Me llevo el dedo índice a los labios.
—Déjele dormir, por favor —le susurro entornando los ojos por la luz de primera hora de la mañana.
—Esta es su cama, Sra. Jonas, no la de él —dice entre dientes severamente.
—He dormido mejor gracias a él —insisto, saliendo en defensa de mi marido. Además, es cierto. Nick se revuelve y la enfermera Nora y yo nos quedamos heladas.
—No me toques. No me toques más. Solo ________(tn) —murmura en sueños.
Frunzo el ceño. No suelo oír a Nick hablar en sueños. Seguramente será porque él duerme menos que yo. Solo he oído sus pesadillas. Me abraza con más fuerza, casi estrujándome, y yo hago un gesto de dolor.
—Sra. Jonas… —La enfermera Nora frunce el ceño.
—Por favor —le suplico.
Niega con la cabeza, gira y se va. Y yo vuelvo a acurrucarme con Nick.



Cuando me despierto, a Nick no se le ve por ninguna parte. La luz del sol entra por las ventanas y ahora puedo ver bien la habitación. ¡Me han traído flores! No me fijé anoche. Hay varios ramos. Me pregunto de quién serán.
Suena un suave golpe en la puerta que me distrae y se asoma Carrick. Me sonríe al ver que estoy despierta.
—¿Puedo pasar? —pregunta.
—Claro.
Entra y se acerca. Sus amables y cariñosos ojos azules me observan perspicaces. Lleva un traje oscuro;
debe de estar trabajando. Me sorprende al agacharse para darme un beso en la frente.
—¿Puedo sentarme?
Asiento y él se sienta en el borde de la cama y me coge la mano.
—No sé cómo darte las gracias por salvar a mi hija, querida chica valiente aunque un poco loca. Lo que

hiciste probablemente le salvó la vida. Siempre estaré en deuda contigo. —Su voz tiembla, llena de gratitud y compasión.
Oh… No sé qué decir. Le aprieto la mano, pero no digo nada.
—¿Cómo te encuentras?
—Mejor. Dolorida —digo por ser sincera.
—¿Te han dado medicación para el dolor?
—Sí, parace…no sé qué.
—Bien. ¿Dónde está Nick?
—No lo sé. Cuando me he despertado ya no estaba.
—No andará lejos, seguro. No quería dejarte mientras estabas inconsciente.
—Lo sé.
—Está un poco enfadado contigo, como es lógico —dice Carrick con una media sonrisa. Ah, de ahí es de donde la ha sacado Nick…
—Nick siempre está enfadado conmigo.
—¿Ah, sí? —Carrick sonríe encantado, como si eso fuera algo bueno… Su sonrisa es contagiosa.
—¿Cómo está Mia?
Los ojos se le ensombrecen un poco y su sonrisa desaparece.
—Está mejor. Furiosa. Pero creo que la ira es una reacción sana ante lo que le ha pasado.
—¿Está aquí?
—No, está en casa. No creo que Grace tenga intención de perderla de vista.
—Sé cómo es eso.
—Tú también necesitas que te vigilen —me riñe—. No quiero que vuelvas a exponer a riesgos innecesarios tu vida o la vida de mi nieto.
Me sonrojo. ¡Lo sabe!
—Grace ha visto tu historial y me lo dijo. Felicidades.
—Mmm… Gracias.
Me mira y sus ojos se suavizan, aunque frunce el ceño al ver mi expresión.
—Nick se hará a la idea —me dice—. Esto será muy bueno para él. Solo… dale un poco de tiempo. Asiento. Oh… veo que han hablado.
—Será mejor que me vaya. Tengo que ir al juzgado. —Sonríe y se levanta—. Vendré a verte más tarde. Grace habla muy bien de la doctora Singh y de la doctora Bartley. Saben lo que hacen.
Se inclina y me da otro beso.
—Lo digo en serio, ________(tn). Nunca podremos pagarte lo que has hecho por nosotros. Gracias.
Le miro parpadeando para apartar las lágrimas, abrumada de repente. Él me acaricia la mejilla con cariño. Después se gira y se va.
Oh, Dios mío. Me desconcierta su gratitud. Tal vez ahora ya puedo perdonarle lo del acuerdo prematrimonial. Mi subconsciente asiente sabiamente porque está de acuerdo conmigo de nuevo. Niego con la cabeza y salgo de la cama, algo insegura. Me alivia ver que ya me siento más firme que ayer sobre mis pies. A pesar de que Nick estaba compartiendo mi cama, he dormido bien y me siento renovada. Todavía me duele la cabeza, pero ahora es un dolor sordo y molesto, nada como el latido que notaba ayer. Estoy rígida y dolorida, pero necesito lavarme. Me siento mugrienta. Entro en el baño.



—¡________(tn)! —grita Nick.
—Estoy en el baño —le respondo mientras acabo de lavarme los dientes. Ahora me siento mejor. Ignoro

mi imagen en el espejo. Maldita sea, estoy hecha un desastre. Cuando abro la puerta, veo a Nick junto a la cama sosteniendo una bandeja de comida. Está transformado. Va vestido totalmente de negro, se ha afeitado, se ha duchado y parece haber descansado bien.
—Buenos días, Sra. Jonas —dice alegremente—. Le traigo su desayuno. —Se le ve juvenil y mucho más feliz.
Uau. Esbozo una amplia sonrisa y vuelvo a la cama. Acerca la bandeja con ruedas y levanta la tapa para enseñarme el desayuno: avena con fruta seca, tortitas con sirope de arce, beicon, zumo de naranja y té Twinings English Breakfast. Se me hace la boca agua. Tengo muchísima hambre. Me tomo el zumo en unos pocos tragos y me lanzo a por la avena. Nick se sienta en el borde de la cama y me observa. Sonríe.
—¿Qué? —digo con la boca llena.
—Me gusta verte comer —dice, pero yo no creo que esté sonriendo por eso—. ¿Qué tal estás?
—Mejor —murmuro entre bocado y bocado.
—Nunca te había visto comer así.
Le miro y se me cae el alma a los pies. Tenemos que hablar de ese pequeño elefante que hay dentro de la habitación.
—Es porque estoy embarazada, Nick.
Ríe entre dientes y su boca forma una sonrisa irónica.
—De haber sabido que dejarte embarazada te iba a hacer comer, lo hubiera hecho antes.
—¡Nick Jonas! —exclamo y dejo la avena.
—No dejes de comer —me dice.
—Nick, tenemos que hablar de esto. Se queda helado.
—¿Qué hay que decir? Vamos a ser padres. —Se encoge de hombros, desesperado por parecer despreocupado, pero yo lo único que veo es su miedo. Aparto la bandeja y me acerco a él para cogerle la mano.
—Estás asustado —le susurro—. Lo entiendo.
Me mira impasible con los ojos muy abiertos. Su aire infantil ha desaparecido.
—Yo también. Es normal —continúo.
—¿Qué tipo de padre voy a ser? —Su voz es ronca, apenas audible.
—Oh, Nick —contengo un sollozo—. Uno que lo hace lo mejor que puede. Eso es todo lo que podemos hacer, como todo el mundo
—________(tn)… No sé si voy a poder…
—Claro que vas a poder. Eres cariñoso, eres divertido, eres fuerte y sabes poner límites. A nuestro hijo no le va a faltar de nada.
Me mira petrificado, con su delicado rostro lleno de dudas.
—Sí, lo ideal habría sido esperar. Tener más tiempo para estar nosotros dos solos. Pero ahora vamos a ser tres e iremos creciendo todos juntos. Seremos una familia. Nuestra propia familia. Y nuestro hijo te querrá incondicionalmente, como yo. —Se me llenan los ojos de lágrimas.
—Oh, ________(tn) —susurra Nick con la voz llena de dolor y angustia—. Creí por un momento que te había perdido. Y después volví a creerlo al verte tirada en el suelo, pálida, fría e inconsciente… Mis peores miedos se hicieron realidad. Y ahora estás aquí, valiente y fuerte… dándome esperanza. Queriéndome a pesar de lo que he hecho.
—Sí, te quiero, Nick, desesperadamente. Siempre te querré.
Él me coge la cabeza entre las manos con suavidad y me enjuga las lágrimas con los pulgares. Me mira a los ojos, gris ante azul, y todo lo que veo en ellos es miedo, asombro y amor.

—Yo también te quiero —dice y me da un beso suave y tierno, como un hombre que adora a su mujer—. Intentaré ser un buen padre —susurra contra mis labios.
—Lo intentarás y lo conseguirás. Y la verdad es que tampoco tienes elección, porque Bip y yo no nos vamos a ninguna parte.
—¿Bip?
—Sí, Bip.
Arquea las cejas.
—Yo en mi mente le llamaba Junior.
—Pues Junior, entonces.
—Pero me gusta «Bip». —Esboza una tímida sonrisa y me da otro beso.

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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Enero 13th 2015, 16:51

HOLA!
como stas? espero0 q bien
no que no tronabas pistolita!
ajajajaja esta de mas genial la novela
me encanta muero por que subas mas novela!
sii? porfis es que ees un martirio esto jajajaja XD
es omg! bueno me voy cuidate tqm!
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Marzo 2nd 2015, 20:06

Hola!?, ahí alguien todavía aquí?
espero que si nena por favor sube mas novela si?
es que la dejaste en la mejor parte y francamente muero por leerla
Very Happy si?
bien me despido cuídate sale pórtate bien adiós..
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theyarelight
Nuev@


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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Mayo 31st 2015, 12:56

HOLA!! TE PASAS A LEER MI NUEVA WN ADAPTADA?

CASADA CON UN DESCONOCIDO [Nick & Tú] Hot

DEJA TU COMENTARIO PARA PODER CONTINUARLA Smile
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Hoy a las 22:47

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50 sombras liberadas Nick y Tu
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