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 50 sombras liberadas Nick y Tu

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andreru
Vecina De Los Jonas!


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Fecha de inscripción : 25/04/2011

MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Febrero 10th 2014, 19:08

CAPITULO 6


—Tienes algo en mente? —me susurra Nick con una mirada expectante. Me encojo de hombros; de repente me siento nerviosa y estoy casi sin respiración. No sé si es por la persecución, la adrenalina, el mal humor de antes… No entiendo nada, pero ahora quiero esto y lo quiero con todas mis fuerzas. Una expresión divertida aparece en la cara de Nick—. ¿Un polvo pervertido? —me pregunta y sus palabras me parecen una suave caricia.
Asiento y noto que la cara me arde. ¿Por qué me da vergüenza? Ya he echado todo tipo de polvos pervertidos con este hombre. ¡Es mi marido, por todos los santos! ¿Me da vergüenza quererlo o admitirlo? Mi subconsciente me mira fijamente como diciendo: Deja de darle tantas vueltas a las cosas.
—¿Tengo carta blanca? —Hace la pregunta en un susurro, mirándome como si intentara leerme la mente.
¿Carta blanca? Madre mía, ¿qué implicará eso?
—Sí —asiento nerviosa y la excitación empieza a crecer en mí. Él sonríe lentamente con una sonrisa sexy.
—Ven —me dice y tira de mí hacia la escalera. Su intención está clara. ¡El cuarto de juegos!
Al llegar al final de la escalera me suelta la mano y abre la puerta del cuarto de juegos. La llave está en el llavero de «Yes Seattle» que le regalé no hace tanto tiempo.
—Después de usted, Sra. Jonas —me dice abriendo la puerta.
El olor del cuarto de juegos ya me resulta familiar: huele a cuero, a madera y a cera de muebles. Me sonrojo al pensar que la Sra. Jones ha debido de estar limpiando allí cuando estábamos de luna de miel. Al entrar Nick enciende las luces y las paredes rojo oscuro quedan iluminadas con una luz suave y difusa. Me quedo de pie mirándole; la anticipación ya corre por mis venas.
¿Qué va a hacer? Cierra la puerta con llave y se gira. Con la cabeza inclinada hacia un lado me mira pensativo y después niega con la cabeza divertido.
—¿Qué quieres, ________(tn)? —me pregunta.
—A ti —le respondo en un jadeo. Sonríe.
—Ya me tienes. Me tienes desde el mismo momento en que te caíste al entrar en mi despacho.
—Sorpréndame, Sr. Jonas.
Su media sonrisa oculta su diversión y su expresión encierra una promesa lujuriosa.
—Como usted quiera, Sra. Jonas. —Cruza los brazos y se lleva el dedo índice a los labios mientras me mira de arriba abajo—. Creo que vamos a empezar deshaciéndonos de tu ropa. Se acerca. Coge mi chaqueta vaquera por delante, me la abre y me la quita por los hombros hasta que cae al suelo. Después agarra el dobladillo de mi camisola negra.
—Levanta los brazos.
Obedezco y me la quita por la cabeza. Se inclina para darme un suave beso en los labios. Sus ojos brillan con una atrayente mezcla de lujuria y amor. La camisola acaba en el suelo junto a mi chaqueta.
—Toma —le susurro mirándole nerviosa; me quito la goma del pelo de la muñeca y se la tiendo. Él se queda quieto y abre mucho los ojos un segundo. Por fin me coge la goma.
—Vuélvete —me ordena.
Aliviada, sonrío para mí y obedezco inmediatamente. Parece que hemos superado un pequeño obstáculo. Me recoge el pelo y me lo trenza rápida y hábilmente antes de sujetármelo con la goma. Tira de la trenza para que eche la cabeza hacia atrás.
—Bien pensado, Sra. Jonas —me susurra al oído y después me muerde el lóbulo de la oreja—. Ahora gírate y quítate la falda. Deja que caiga al suelo.

Me suelta y da unos pasos atrás. Yo me vuelvo para quedar mirándole. Sin apartar los ojos de los suyos me desabrocho la cinturilla de la falda y bajo la cremallera. El vuelo de la falda flota y cae al suelo, rodeándome los pies.
—Sal de la falda —ordena y yo obedientemente doy un paso hacia él. Él se arrodilla rápidamente delante de mí y me agarra el tobillo derecho. Con destreza me suelta una sandalia y después la otra mientras yo mantengo el equilibrio apoyando una mano en la pared bajo los ganchos que usa para colgar los látigos, las fustas y las palas. Ahora mismo las únicas herramientas que hay allí son el látigo de colas y la fusta de montar. Los miro con curiosidad. ¿Querrá usarlos?
Una vez sin zapatos, ya solo me queda puesto el conjunto de sujetador y bragas de encaje. Nick se sienta en los talones y me mira.
—Es usted un paisaje que merece la pena admirar, Sra. Jonas. —Se arrodilla, me agarra las caderas y me atrae hacia él para hundir la nariz en mi entrepierna—. Y hueles a ti, a mí y a sexo —dice inspirando hondo
—. Es embriagador.
Me da un beso por encima de la tela de las bragas y yo le miro con la boca abierta por lo que ha dicho. Mi interior se está convirtiendo en líquido. Es tan… travieso. Recoge mi ropa y mis sandalias y se pone de pie con un movimiento rápido y grácil, como un atleta.
—Ve y quédate de pie junto a la mesa —me dice con calma señalando con la barbilla.
Se gira y camina hacia la cómoda que encierra todas las maravillas. Me mira y me sonríe.
—Cara a la pared —me manda—. Así no sabrás lo que estoy planeando. Estoy aquí para complacerla, Sra. Jonas, y ha pedido usted una sorpresa.
Me giro para darle la espalda y escucho con atención; mis oídos de repente captan hasta los sonidos más leves. Es bueno en esto: alimenta mis expectativas y aviva mi deseo haciéndome esperar. Oigo cómo mete mi ropa y creo que mis zapatos también en la cómoda. Ahora percibo el inconfundible sonido de sus zapatos al caer al suelo, primero uno y después el otro. Mmm… Me encanta el Nick descalzo. Un momento después le oigo abrir un cajón.
¡Juguetes! Oh, me encanta, me encanta esta anticipación. El cajón se cierra y mi respiración se acelera.
¿Cómo el sonido de un cajón puede convertirme en un flan que no deja de temblar? No tiene sentido. El siseo sutil del equipo de sonido al cobrar vida me avisa de que va a haber un interludio musical. Empieza a oírse una música de piano, apagada y suave, y un coro triste llena la habitación. No conozco esta canción. Al piano se le une una guitarra eléctrica. ¿Qué es esto? Empieza a hablar una voz masculina y apenas distingo las palabras: dice algo sobre no tener miedo a la muerte.
Nick se acerca lentamente hacia mí con los pies descalzos sobre el suelo de madera. Lo siento detrás de mí cuando una mujer empieza a ¿gemir? ¿Llorar? ¿Cantar…?
—Ha pedido usted duro, Sra. Jonas —me dice junto al oído izquierdo.
—Mmm…
—Pídeme que pare si es demasiado. Si me dices que pare, pararé inmediatamente. ¿Entendido?
—Sí.
—Necesito que me lo prometas.
Inspiro hondo. Mierda, ¿qué es lo que va a hacer?
—Lo prometo —murmuro sin aliento, recordando sus palabras de antes: «No quiero hacerte daño, pero no me importa jugar».
—Muy bien. —Se inclina y me da un beso en el hombro desnudo. Después mete un dedo bajo la tira del sujetador y sigue la línea de la tela por mi espalda. Quiero gemir. ¿Cómo consigue que hasta el contacto más leve sea tan erótico?—. Quítatelo —me susurra al oído y yo me apresuro a obedecerle. Dejo caer el sujetador al suelo.

Me acaricia la espalda con las manos, mete los dos pulgares bajo la cintura de mis bragas y me las baja por las piernas.
—Sal —me dice.
Vuelvo a hacer lo que me pide y salgo de las bragas. Me da un beso en el culo y se pone de pie.
—Te voy a tapar los ojos para que todo sea más intenso.
Me pone un antifaz en los ojos y el mundo se vuelve negro. La mujer que canta está gimiendo algo incoherente… Una canción muy sentida y evocadora.
—Agáchate y túmbate sobre la mesa. —Habla con suavidad—. Ahora.
Sin dudarlo me inclino sobre la mesa y apoyo el pecho en la madera bien abrillantada. Siento la cara caliente contra la dura superficie que noto fresca contra mi piel y que huele a cera de abejas con un toque cítrico.
—Estira los brazos y agárrate al borde.
Vale… Me estiro y me agarro al borde más alejado de la mesa. Es bastante ancha, así que tengo los brazos estirados al máximo.
—Si te sueltas, te azoto, ¿entendido?
—Sí.
—¿Quieres que te azote, ________(tn)?
Todo lo que tengo por debajo de la cintura se tensa deliciosamente. Me doy cuenta de que he estado deseándolo desde que me amenazó con hacerlo en la comida y ni la persecución ni el encuentro íntimo en el coche han conseguido satisfacer esa necesidad.
—Sí. —Mi voz no es más que un susurro ronco.
—¿Por qué?
Oh… ¿tiene que haber una razón? Me encojo de hombros.
—Dime —insiste.
—Mmm…
Y sin avisar me da un azote fuerte.
—¡Ah! —grito.
—¡Silencio!
Me frota suavemente el culo en el lugar donde me ha dado el azote. Después se inclina sobre mí, clavándome la cadera en el culo, me da un beso entre los omóplatos y sigue encadenando besos por toda mi espalda. Se ha quitado la camisa y el vello de su pecho me hace cosquillas en la espalda a la vez que su erección empuja contra mis nalgas desde debajo de la dura tela de sus vaqueros.
—Abre las piernas —me ordena. Separo las piernas.
—Más.
Gimo y abro más las piernas.
—Muy bien. —Desliza un dedo por mi espalda, por la hendidura entre mis nalgas y sobre el ano, que se aprieta al notar su contacto.
—Nos vamos a divertir un rato con esto —susurra.
¡Joder!
Sigue bajando el dedo por mi perineo y lo introduce lentamente en mi interior.
—Veo que estás muy mojada, ________(tn). ¿Por lo de antes o por lo de ahora?
Gimo y él mete y saca el dedo, una y otra vez. Me acerco a su mano, encantada por la intrusión.
—Oh, ________(tn), creo que es por las dos cosas. Creo que te encanta estar aquí, así. Toda mía. Sí… Oh, sí, me encanta. Saca el dedo y me da otro azote fuerte.

—Dímelo —susurra con la voz ronca y urgente.
—Sí, me encanta —gimo.
Me da otro azote bien fuerte una vez más y grito. Después mete dos dedos en mi interior, los saca inmediatamente, extiende mis fluidos alrededor y sube hasta el ano.
—¿Qué vas a hacer? —le pregunto sin aliento. Oh, Dios mío… ¿Me va a follar por el culo?
—No voy a hacer lo que tú crees —me susurra tranquilizadoramente—. Ya te he dicho que vamos a avanzar un paso cada vez, nena.
Oigo el suave sonido del chorro de algún líquido, al salir de un tubo seguramente, y siento que sus dedos me masajean otra vez ahí. Me está lubricando… ¡ahí! Me retuerzo cuando mi miedo choca con mi excitación por lo desconocido. Me da otro azote más abajo que me alcanza el sexo. Gimo. Es una sensación… tan increíble.
—Quieta —dice—. Y no te sueltes.
—Ah.
—Esto es lubricante. —Me echa un poco más. Intento no retorcerme, pero el corazón me late muy fuerte y tengo el pulso descontrolado. El deseo y la ansiedad me corren a toda velocidad por las venas.
—Llevo un tiempo queriendo hacer esto contigo, ________(tn).
Gimo de nuevo. Siento algo frío, metálicamente frío, que me recorre la espalda.
—Tengo un regalito para ti —me dice Nick en un susurro.
Me viene a la mente la imagen del día que me enseñó los artilugios que había en la cómoda. Madre mía. Un tapón anal. Nick lo desliza por la hendidura que hay entre mis nalgas.
Oh, Dios mío…
—Voy a introducir esto dentro de ti muy lentamente…
Doy un respingo; la anticipación y la ansiedad están haciendo mella en mí.
—¿Me va a doler?
—No, nena. Es pequeño. Y cuando lo tengas dentro te voy a follar muy fuerte.
Estoy a punto de dar una sacudida sin control. Se agacha sobre mi cuerpo y me da más besos entre los omóplatos.
—¿Preparada? —me susurra.
¿Preparada? ¿Estoy preparada para esto?
—Sí —digo con un hilo de voz y la boca seca.
Pasa otra vez el dedo por encima del ano y por el perineo y lo introduce en mi interior. Joder, es el pulgar. Me cubre el sexo con el resto de la mano y me acaricia lentamente el clítoris con los dedos. Suelto un gemido… Me siento… bien. Muy lentamente, sin dejar de hacer su magia con los dedos y el pulgar, me va metiendo el frío tapón.
—¡Ah! —grito y gimo a la vez por la sensación desconocida. Mis músculos protestan por la intrusión. Hace círculos con el pulgar en mi interior y empuja más fuerte el tapón, que entra con facilidad. No sé si es porque estoy tan excitada o porque me está distrayendo con sus dedos expertos, pero parece que mi cuerpo lo acepta bien. Pesa… y noto algo raro… ¡«ahí»!
—Oh, nena…
Puedo sentirlo todo: el pulgar que gira en mi interior y el tapón que presiona… Oh, ah… Gira lentamente el tapón, lo que me provoca un interminable gemido.
—Nick… —Digo su nombre como un mantra mientras me voy adaptando a la sensación.
—Muy bien —me susurra. Me recorre el costado con la mano libre hasta llegar a la cadera. Saca lentamente el pulgar y oigo el sonido inconfundible de la cremallera de su bragueta al abrirse. Me coge la cadera por el otro lado, tira de mí hacia atrás y me abre más las piernas empujándome los pies con los suyos.

—No sueltes la mesa, ________(tn) —me advierte.
—No —jadeo.
—Duro, ¿eh? Dime si soy demasiado duro, ¿entendido?
—Sí —le susurro.
Siento que entra en mí con una brusca embestida a la vez que me atrae hacia él, lo que empuja el tapón y lo introduce más profundamente.
—¡Joder! —chillo.
Se queda quieto con la respiración trabajosa. Mis jadeos se acompasan con los suyos. Estoy intentando asimilar todas las sensaciones: la deliciosa sensación de estar llena, la seducción de estar haciendo algo prohibido, el placer erótico que va creciendo en espiral desde mi interior. Tira suavemente del tapón.
Oh, Dios mío… Gimo y oigo que inspira bruscamente: una inhalación de puro placer sin adulterar. Hace que me hierva la sangre. ¿Me he sentido alguna vez tan llena de lujuria… tan…?
—¿Otra vez? —me susurra.
—Sí.
—Sigue tumbada —me ordena. Sale de mí y vuelve a embestirme con mucha fuerza. Oh… esto era lo que quería.
—¡Sí! —exclamo con los dientes apretados.
Él empieza a establecer un ritmo con la respiración cada vez más trabajosa, que vuelve a acompasarse con la mía cuando entra y sale de mi interior.
—Oh, ________(tn) —gime. Aparta una de las manos de mi cadera y gira otra vez el tapón para meterlo despacio, sacarlo un poco y volverlo a meter. La sensación es indescriptible y creo que estoy a punto de desmayarme sobre la mesa. No altera el ritmo de su penetración, una y otra vez, con movimientos fuertes y bruscos al entrar, haciendo que mis entrañas se tensen y tiemblen.
—Oh, joder… —grito. Me va a partir en dos.
—Sí, nena —murmura él.
—Por favor… —le suplico, aunque no sé qué le estoy pidiendo: que pare, que no pare nunca, que vuelva a girar el tapón. Mi interior se tensa alrededor de él y del tapón.
—Eso es —jadea y a la vez me da un fuerte azote en la nalga derecha. Y yo me corro, una vez y otra, cayendo, hundiéndome, girando, latiendo a su alrededor una vez, y otra… Nick saca con mucho cuidado el tapón.
—¡Joder! —vuelvo a gritar y Nick me agarra las caderas para que no me mueva y llega el clímax con un alarido.
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Febrero 10th 2014, 20:56

Wooooo me ha encantado lo amoooo el capi woooo sube mas porfis siiii
es que me dejast bn pikada
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Febrero 11th 2014, 12:22

wow
es muy intenso nick
siguela
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andreru
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Febrero 15th 2014, 21:42

La mujer sigue cantando. Siempre que estamos aquí, Nick pone una canción y programa el equipo para que se repita. Qué raro. Estoy acurrucada en su regazo, envuelta por sus brazos, con las piernas enroscadas con las suyas y la cabeza descansando contra su pecho. Estamos en el suelo del cuarto de juegos al lado de la mesa.
—Bienvenida de vuelta —me dice quitándome el antifaz. Parpadeo para que mis ojos se adapten a la débil luz. Sujetándome la barbilla me da un beso suave en los labios con los ojos fijos en los míos, mirándome ansioso. Estiro la mano para acariciarle la cara. Él me sonríe—. Bueno, ¿he cumplido el encargo? —me pregunta divertido.
Frunzo el ceño.
—¿Encargo?
—Querías que fuera duro —me explica.

No puedo evitar sonreír.
—Sí, creo que sí…
Alza las dos cejas y me sonríe.
—Me alegro mucho de oírlo. Ahora mismo se te ve muy bien follada y preciosa. —Me acaricia la cara y sus largos dedos me rozan la mejilla.
—Así me siento —digo casi en un ronroneo.
Se agacha y me besa tiernamente y noto sus labios suaves y cálidos contra los míos.
—Nunca me decepcionas.
Él se echa un poco atrás para mirarme.
—¿Cómo te encuentras? —pregunta con voz suave pero llena de preocupación.
—Bien. Muy bien follada —le digo y siento que me estoy ruborizando. Le sonrío tímidamente.
—Vaya, Sra. Jonas, tiene una boca muy muy sucia. —Nick pone cara de ofendido, pero advierto la diversión en su voz.
—Eso es porque estoy casada con un hombre muy, muy sucio, Sr. Jonas. Me sonríe con una sonrisa ridículamente estúpida que se me contagia.
—Me alegro de que estés casada con él.
Me coge la trenza, se la lleva a los labios y besa el extremo con veneración; sus ojos están llenos de amor. Oh… ¿Alguna vez podré resistirme a este hombre?
Le cojo la mano izquierda y le doy un beso en la alianza, un sencillo aro de platino igual que el mío.
—Mío —susurro.
—Tuyo —me responde. Me rodea con sus brazos y hunde la nariz en mi pelo—. ¿Quieres que te prepare un baño?
—Mmm… Solo si tú te metes en la bañera conmigo.
—Vale —concede. Me pone de pie y se levanta para quedar junto a mí. Todavía lleva los vaqueros.
—¿Por qué no te pones… eh… los otros vaqueros? Me mira frunciendo el ceño.
—¿Qué otros vaqueros?
—Los que te ponías antes cuando estábamos aquí.
—¿Esos? —pregunta parpadeando por la perplejidad.
—Me pones mucho con ellos.
—¿Ah, sí?
—Sí… Mucho, mucho… Sonríe tímidamente.
—Por usted, Sra. Jonas, tal vez me los ponga. —Se inclina para besarme y coge el cuenco que hay en la mesa en el que están el tapón, el tubo de lubricante, el antifaz y mis bragas.
—¿Quién limpia esos juguetes? —le pregunto siguiéndole hasta la cómoda. Me mira con el ceño fruncido, como si no entendiera la pregunta.
—Yo. O la Sra. Jones.
—¿Ah, sí?
Asiente, divertido y avergonzado a la vez, creo. Apaga la música.
—Bueno… eh…
—Antes lo hacían tus sumisas —termino la frase por él. Se encoge de hombros como disculpándose.
—Toma. —Me pasa su camisa. Me la pongo y me envuelvo en ella. La tela mantiene su olor y mi malestar por lo de la limpieza del tapón anal queda olvidado. Deja los juguetes sobre la cómoda. Me coge la mano,

abre la puerta del cuarto de juegos, me lleva afuera y bajamos por la escalera. Yo le sigo dócilmente.
La ansiedad, el mal humor, la emoción, el miedo y la excitación de la persecución han desaparecido. Estoy relajada, por fin saciada y en calma. Cuando entramos en nuestro baño bostezo con fuerza y me estiro, por fin cómoda conmigo misma para variar.
—¿Qué? —pregunta Nick mientras abre el grifo. Niego con la cabeza.
—Dímelo —me pide suavemente. Echa aceite de baño de jazmín en el agua y el baño se llena de un olor dulce y sensual.
Me sonrojo.
—Es que me siento mejor. Sonríe.
—Sí, ha tenido un humor extraño todo el día, Sra. Jonas. —Se pone de pie y me atrae hacia sus brazos
—. Sé que estás preocupada por las cosas que han ocurrido recientemente. Siento que te hayas visto envuelta en todo esto. No sé si es una venganza, un antiguo empleado descontento o un rival en los negocios. Pero si algo te pasara por mi culpa… —Su voz va bajando hasta quebrarse en un susurro lleno de dolor. Yo le abrazo.
—¿Y si te pasa algo a ti, Nick? —Al fin enuncio mi miedo en voz alta. Me mira.
—Ya lo arreglaremos. Ahora quítate la camisa y métete en el baño.
—¿No tienes que hablar con Sawyer?
—Puede esperar. —La expresión de su boca se endurece y yo siento una punzada de lástima por
Sawyer. ¿Qué puede haber hecho para enfadar a Nick?
Nick me ayuda a quitarme la camisa y frunce el ceño cuando me giro hacia él. Todavía tengo en los pechos las marcas desvaídas de los chupetones que me hizo durante la luna de miel. Decido no bromear con él sobre ellos.
—Me pregunto si Ryan habrá conseguido seguir al Dodge…
—Ya nos enteraremos después del baño. Entra. —Me tiende la mano para ayudarme a entrar e intento sentarme dentro del agua caliente y fragante.
—Ay. —Tengo el culo un poco sensible y el agua caliente me provoca un leve dolor.
—Con cuidado, nena —me dice Nick, pero nada más decirlo la sensación de incomodidad desaparece.
Nick se desnuda y se mete detrás de mí, atrayéndome hacia él para que me apoye contra su pecho. Me coloco entre sus piernas y los dos nos quedamos tumbados, relajados y satisfechos, en el agua caliente. Le acaricio las piernas y él me coge la trenza con una mano y la hace girar entre sus dedos.
—Tenemos que revisar los planos de la casa nueva. ¿Más tarde?
—Sí. —Esa mujer va a volver. Mi subconsciente levanta la vista del tercer volumen de las Obras completas de Charles Dickens y frunce el ceño. Pienso lo mismo que mi subconsciente. Suspiro. Por desgracia los planos de Gia Matteo son espectaculares—. Debería preparar las cosas del trabajo —digo.
Él se queda muy quieto.
—Sabes que no tienes que volver a trabajar si no quieres —me dice. Oh, no… otra vez no.
—Nick, ya hemos hablado de esto. Por favor no resucites aquella discusión. Me tira de la trenza de forma que tengo que levantar y echar atrás la cabeza.
—Solo lo digo por si acaso… —se defiende y me da un suave beso en los labios.

Me pongo los pantalones de chándal y una camisola y decido ir a buscar mi ropa al cuarto de juegos. Mientras cruzo el pasillo, oigo la voz de Nick gritando en el estudio. Me quedo petrificada.
—¿Dónde cojones estabas?
Oh, mierda. Le está gritando a Sawyer. Hago una mueca de dolor y subo corriendo la escalera hasta el cuarto de juegos. No quiero oír lo que tiene que decirle; Nick aún sigue intimidándome cuando grita. Pobre Sawyer. Al menos yo puedo contestarle también a gritos.
Recojo mi ropa y los zapatos de Nick y entonces me fijo en el pequeño cuenco de porcelana con el tapón, que sigue encima de la cómoda. Bueno… supongo que debería limpiarlo. Lo pongo entre la ropa y bajo la escalera. Miro nerviosamente hacia el salón, pero todo está en calma, gracias a Dios.
Taylor volverá mañana por la noche y Nick suele estar más tranquilo cuando lo tiene a su lado. Taylor está pasando unos días con su hija. Me pregunto distraída si alguna vez llegaré a conocerla.
La Sra. Jones sale del office y las dos nos sobresaltamos.
—Sra. Jonas… No la había visto. —¡Oh, ahora soy la Sra. Jonas!
—Hola, Sra. Jones.
—Bienvenida a casa y felicidades —me dice sonriendo.
—Por favor, llámeme ________(tn).
—Oh, Sra. Jonas, no me sentiría cómoda dirigiéndome a usted así.
¡Oh! ¿Por qué tiene que cambiar todo solo porque ahora llevo un anillo en el dedo?
—¿Quiere repasar los menús de la semana? —me pregunta mirándome expectante.
¿Los menús?
—Mmm… —No es una pregunta que esperara que me hiciera. Sonríe.
—Cuando empecé a trabajar con el Sr. Jonas, todos los domingos por la noche repasaba los menús de la semana siguiente con él y hacía una lista de todo lo que necesitábamos de la tienda.
—Ah, ya veo.
—¿Quiere que yo me ocupe de eso? —dice tendiéndome las manos para cogerme la ropa.
—Oh… no. Todavía no he terminado con todo esto. —Y tengo escondido entre la ropa un cuenco con un tapón anal… Me pongo de color escarlata. No sé ni cómo puedo mirar a la Sra. Jones a la cara. Ella sabe lo que hacemos, porque es la que limpia la habitación. Dios, es muy raro no tener privacidad.
—Cuando pueda, Sra. Jonas, estaré encantada de repasar esas cosas con usted.
—Gracias. —Nos interrumpe un Sawyer con la cara cenicienta que sale del estudio de Nick como
una exhalación y cruza a buen paso el salón. Nos saluda brevemente con la cabeza sin mirarnos a los ojos y se mete en el despacho de Taylor. Me alegro de que nos haya interrumpido porque no quiero hablar de menús ni de tapones anales con la Sra. Jones. Le dedico una breve sonrisa y me escabullo hacia el dormitorio. ¿Me acostumbraré alguna vez a tener servicio doméstico siempre a mi entera disposición? Sacudo la cabeza… Tal vez algún día.
Dejo caer los zapatos de Nick en el suelo y mi ropa en la cama y me llevo el cuenco con el tapón al baño. Lo miro suspicaz. Parece inofensivo y sorprendentemente limpio. No quiero pensar mucho en él, así que lo lavo enseguida con agua y jabón. ¿Eso será suficiente? Tengo que preguntarle al Sr. Experto en Sexo si hay que esterilizarlo o algo. Me estremezco de solo pensarlo.



Me gusta que Nick haya adaptado la biblioteca para mí. Ahora tiene un bonito escritorio de madera blanco en el que puedo trabajar. Saco el ordenador portátil y echo un vistazo a las notas sobre los cinco

manuscritos que he leído en la luna de miel.
Sí, tengo todo lo que necesito. Una parte de mí teme volver al trabajo, pero no puedo decirle eso a Nick. Aprovecharía la oportunidad para hacer que lo deje. Recuerdo que a Roach casi le dio un ataque cuando le dije que me iba a casar, con quién y cómo. Muy poco después me hicieron fija en el puesto. Ahora me doy cuenta de que fue porque iba a casarme con el jefe. No me gusta la idea. Ya no soy editora en prácticas. Ahora soy ________(tn) ________(ta), editora.
Todavía no he logrado reunir el coraje para decirle a Nick que no voy a cambiarme el apellido en el trabajo. Creo que tengo buenas razones. Necesito mantener cierta distancia con él, pero sé que vamos a tener una pelea cuando se lo plantee. Tal vez deberíamos hablarlo esta noche.
Me acomodo en la silla y empiezo mi última tarea del día. Miro el reloj del ordenador: son las siete de la tarde. Nick todavía no ha salido de su estudio, así que tengo tiempo. Saco la tarjeta de memoria de la Nikon y la conecto al ordenador para transferir las fotos. Mientras se van copiando, reflexiono sobre los acontecimientos del día. ¿Habrá vuelto Ryan? ¿O todavía irá de camino a Portland? ¿Habrá conseguido atrapar a la mujer misteriosa? ¿Sabrá Nick algo de Ryan ya? Quiero respuestas y no me importa que esté ocupado; quiero saber lo que está pasando y de repente siento una punzada de resentimiento porque me tiene en ascuas. Me levanto con intención de ir a hablar con él a su estudio, pero antes de que me dé tiempo, las fotos de los últimos días de nuestra luna de miel aparecen en la pantalla.
Oh, Dios mío…
Hay un montón de fotos mías. Muchísimas dormida: con el pelo sobre la cara o desparramado sobre la almohada, con los labios separados… ¡Mierda! Chupándome el pulgar… ¡Hacía años que no me chupaba el pulgar! Cuántas fotos… No tenía ni idea de que me las había hecho. Hay unas cuantas naturales, hechas desde lejos, incluyendo una en la que estoy apoyada en la barandilla del yate, mirando nostálgicamente a la
distancia. ¿Cómo he podido no percatarme de que estaba haciéndome fotos? Sonrío al ver las fotos en las que estoy hecha una bola debajo de él, riéndome y con el pelo volando mientras intentaba zafarme de esos dedos que me hacían cosquillas y me atormentaban. Y hay una de él y mía en la cama del camarote, la que nos hizo con el brazo extendido. Estoy acurrucada en su pecho y él mira a la cámara, joven, con los ojos muy abiertos… enamorado. Con la otra mano me coge la cabeza y yo sonrío como una tonta enamorada, sin
poder apartar los ojos de él. Oh, mi guapísimo marido, con el pelo de recién follado, los ojos grises brillando, los labios separados y sonriendo. Mi maravilloso marido que no soporta que le hagan cosquillas y que hasta hace poco tampoco aceptaba que le tocaran, aunque ahora sí tolere mi contacto. Tengo que preguntarle si le complace o si solo me deja tocarle porque a mí me gusta.
Frunzo el ceño al comtemplar su imagen, abrumada de repente por lo que siento por él. Hay alguien ahí fuera que va tras él: primero lo de Charlie Tango , después el incendio en la oficina y ahora la persecución del coche. Me tapo la boca con la mano cuando se me escapa un sollozo involuntario. Dejo el ordenador y me levanto de un salto para ir a buscarle, no para enfrentarme con él, sino para comprobar que está bien.
Sin molestarme en llamar, irrumpo en su estudio. Nick está sentado en el escritorio y hablando por teléfono. Alza la vista con una irritación sorprendida, pero el enfado desaparece cuando ve que soy yo.
—¿Y no se puede mejorar más la imagen? —dice sin abandonar su conversación telefónica, aunque no aparta los ojos de mí. Sin dudarlo, rodeo el escritorio y él se gira en su silla para quedar frente a mí con el
ceño fruncido. Veo claramente que está pensando «¿Qué querrá?». Cuando me encaramo a su regazo, arquea ambas cejas por la sorpresa. Le rodeo el cuello con los brazos y me acurruco contra su cuerpo. Con mucho cuidado me rodea con un brazo.
—Mmm… Sí, Barney. ¿Puedes esperar un momento? —Tapa el teléfono con el hombro.
—________(tn), ¿qué pasa?
Niego con la cabeza. Me coge la barbilla y me mira a los ojos. Yo hago que me suelte y escondo la cara

bajo su barbilla, acurrucándome todavía más. Perplejo, aprieta un poco más el brazo que me rodea y me besa en el pelo.
—Ya he vuelto, Barney, ¿qué me estabas diciendo? —continúa sujetando el teléfono entre la oreja y el hombro para poder pulsar con la mano libre una tecla del portátil.
La imagen de una cámara de seguridad en blanco y negro y con mucho grano aparece en la pantalla. Se ve a un hombre con el pelo oscuro y un mono de trabajo de color claro. Nick pulsa otra tecla y la cámara se acerca al hombre, pero tiene la cabeza agachada. Cuando está más cerca de la cámara, Nick congela la imagen. Está de pie en una habitación blanca con lo que parece una larga hilera de armarios altos y negros a su izquierda. Debe de ser la sala del servidor de las oficinas de Nick.
—Una vez más, Barney.
La pantalla cobra vida. Aparece un cuadrado sobre la cabeza del hombre con el tiempo de metraje de la cámara y de repente la imagen se acerca con un zoom. Me incorporo para sentarme, fascinada.
—¿Es Barney el que hace eso? —le pregunto en voz baja.
—Sí —responde Nick—. ¿Puedes enfocar un poco mejor la imagen? —le pide a Barney.
La imagen se torna borrosa y después vuelve a enfocarse un poco mejor de forma que se ve con más claridad al hombre que mira hacia abajo a propósito para evitar la cámara. Mientras le observo, un escalofrío me recorre la espalda. La línea de la mandíbula me resulta familiar. Tiene el pelo corto y desaliñado y un aspecto raro y descuidado… Pero en la imagen mejor enfocada puedo ver un pendiente, un aro pequeño.
¡Dios santo! Yo sé quién es.
—Nick —le susurro—. ¡Es Jack Hyde!
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Febrero 16th 2014, 00:14

omj nooo m dejes asiii no seas malita sube mas andale siiii yo quiero mas
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Febrero 16th 2014, 09:45

dios
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Febrero 17th 2014, 15:12

Dios santo jesucristo ♥
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Marzo 31st 2014, 12:07

CAPITULO 7


—Tú crees? —me pregunta Nick, sorprendido. —Fíjate en el perfil de la mandíbula —le digo señalando a la pantalla—. El pendiente y la forma de los hombros. También tiene su complexión. Debe de llevar una peluca o se ha cortado y teñido el pelo…
—Barney, ¿lo has oído? —Nick pone el teléfono sobre la mesa y activa el manos libres—. Parece que has estudiado muy bien a tu ex jefe…—dice Nick, y no parece muy contento. Le miro con el ceño fruncido, pero Barney interviene.
—Sí, he oído a la Sra. Jonas. Estoy pasando el software de reconocimiento facial por todo el metraje digitalizado de las cámaras de seguridad. Vamos a ver en qué otros sitios de la empresa ha estado este cabrón… perdón, Sra.… este individuo.
Miro nerviosa a Nick, que no hace caso del improperio de Barney. Está observando de cerca la imagen de la cámara.
—¿Y por qué haría algo así? —le pregunto a Nick. Él se encoge de hombros.
—Venganza, tal vez. No lo sé. Nunca se sabe por qué la gente hace lo que hace. Lo que no me gusta es que hayas trabajado tan cerca de ese tipo. —La boca de Nick se convierte en una fina línea y me rodea la cintura con el brazo.
—Tenemos el contenido de su disco duro también, Sr. —dice Barney.
—Sí, lo recuerdo. ¿Tenemos una dirección del Sr. Hyde? —pregunta Nick bruscamente.
—Sí, Sr..
—Díselo a Welch.
—Ahora mismo. También voy a examinar el circuito cerrado de la ciudad para intentar rastrear sus movimientos.
—Averigua qué vehículo tiene.
—Sí, Sr..
—¿Barney puede hacer todo eso? —le pregunto en voz baja. Nick asiente y muestra una sonrisa de suficiencia.
—¿Qué había en su disco duro? —vuelvo a susurrar.
La cara de Nick se endurece y niega con la cabeza.
—Poca cosa—dice con los labios tensos, sin rastro de sonrisa.
—Dímelo.
—No.
—¿Es sobre ti o sobre mí?
—Sobre mí —confiesa y suspira.
—¿Qué tipo de cosas? ¿Sobre tu estilo de vida?
Nick niega con la cabeza y me pone el índice sobre los labios para callarme. Le miro con el ceño fruncido, pero él entorna los ojos en una clara advertencia para que me muerda la lengua.
—Un Camaro de 2006. Le mando los detalles de la matrícula a Welch también —dice Barney por el teléfono con voz animada.
—Bien. Descubre en qué otras partes de mi edificio ha estado ese hijo de puta. Y compara su imagen con la de su archivo personal de Seattle Independent Publishing. —Nick me mira un tanto escéptico—. Quiero estar seguro de que tenemos la identificación correcta.
—Ya lo he hecho, Sr., y la Sra. Jonas tiene razón. Es Jack Hyde.

Sonrío. ¿Lo ves? Puedo ser útil. Nick me frota la espalda con la mano.
—Muy bien, Sra. Jonas. —Me sonríe, olvidando su malestar anterior, y dice dirigiéndose a Barney—: Avísame cuando hayas rastreado todos sus movimientos dentro del edificio. Comprueba también si ha tenido acceso a alguna otra propiedad de Jonas Enterprises Holdings y avisa a los equipos de seguridad para que vuelvan a examinar todos esos edificios.
—Sí, Sr..
—Gracias, Barney. Nick cuelga.
—Bien, Sra. Jonas, parece que no solo es usted decorativa, sino que también resulta útil. —Los ojos de
Nick brillan con una diversión perversa. Noto que está bromeando.
—¿Decorativa? —me burlo siguiendo el juego.
—Muy decorativa —dice en voz baja dándome un beso suave y dulce en los labios.
—Usted es mucho más decorativo que yo, Sr. Jonas.
Sonríe y me besa con más fuerza, enroscando mi pelo alrededor de su muñeca y abrazándome. Cuando nos separamos para respirar, tengo el corazón a mil por hora.
—¿Tienes hambre? —me pregunta.
—No.
—Pues yo sí.
—¿Hambre de qué?
—De comida, la verdad.
—Te prepararé algo —digo con una risita.
—Me encanta ese sonido.
—¿El de mis palabras?
—El de tu risita. —Me besa en el pelo y yo me pongo de pie.
—¿Qué le apetece comer, Sr.? —le pregunto con dulzura. Él entorna los ojos.
—¿Está intentando ser adorable, Sra. Jonas?
—Siempre, Sr. Jonas…
La sonrisa enigmática vuelve a aparecer.
—Todavía puedo volver a ponerte sobre mis rodillas —murmura seductoramente.
—Lo sé —le respondo sonriendo. Coloco las manos en los brazos de su silla de oficina, me agacho y le beso—. Esa es una de las cosas que me encantan de ti. Pero guárdate esa mano demasiado larga. Has dicho que tenías hambre…
Me dedica su sonrisa tímida y se me encoge el corazón.
—Oh, Sra. Jonas, ¿qué voy a hacer con usted?
—Me vas a contestar a la pregunta. ¿Qué quieres comer?
—Algo ligero. Sorpréndame, Sra. Jonas —me dice utilizando las mismas palabras que yo utilicé antes en el cuarto de juegos.
—Veré qué puedo hacer. —Salgo pavoneándome del estudio y me dirijo a la cocina. Se me cae el alma a los pies cuando me encuentro allí a la Sra. Jones.
—Hola, Sra. Jones.
—Hola, Sra. Jonas. ¿Les apetece algo de comer?
—Mmm…
Está revolviendo algo en una cazuela sobre el fuego que huele deliciosamente.
—Iba a hacer unos bocadillos para el Sr. Jonas y para mí.

Se queda parada durante un segundo.
—Claro —dice—. Al Sr. Jonas le gusta el pan de barra… Creo que hay un poco en el congelador ya cortado con el tamaño de bocadillo. Yo puedo hacerles los bocadillos, Sra..
—Lo sé. Pero me gustaría hacerlos yo.
—Claro, lo entiendo. Le dejaré un poco de espacio.
—¿Qué está cocinando?
—Es salsa boloñesa. Se puede comer en cualquier otro momento. La congelaré. —Me sonríe amablemente y apaga el fuego.
—Mmm… ¿Y qué le gusta a Nick… en el bocadillo? —Frunzo el ceño cohibida por la frase. ¿Se habrá dado cuenta la Sra. Jones de lo que implicaba?
—Sra. Jonas, en un bocadillo puede meterle cualquier cosa. Si está dentro de pan de barra, él se lo comerá. —Las dos sonreímos.
—Vale, gracias. —Busco en el congelador y encuentro el pan cortado en una bolsa de congelar. Coloco dos trozos en un plato y los meto en el microondas para descongelarlos.
La Sra. Jones ha desaparecido. Frunzo el ceño y vuelvo al frigorífico para buscar algo que meter dentro del pan. Supongo que es cosa mía establecer los parámetros de reparto del trabajo entre la Sra. Jones y yo. Me gusta la idea de cocinar para Nick los fines de semana, pero la Sra. Jones puede hacerlo durante la semana. Lo último que me va a apetecer cuando vuelva de trabajar va a ser cocinar. Mmm… Una rutina
similar a la de Nick con sus sumisas. Niego con la cabeza. No debo pensar mucho en eso. Encuentro un poco de jamón y un aguacate bien maduro.
Cuando le estoy añadiendo sal y limón al aguacate machacado, Nick sale de su estudio con los planos de la casa nueva en las manos. Los coloca sobre la barra para el desayuno, se acerca a mí, me abraza y me besa en el cuello.
—Descalza y en la cocina —susurra.
—¿No debería ser descalza, embarazada y en la cocina? —digo burlonamente. Él se queda petrificado y todo su cuerpo se tensa contra el mío.
—Todavía no… —dice con la voz llena de aprensión.
—¡No! ¡Todavía no! Se relaja.
—Veo que estamos de acuerdo en eso, Sra. Jonas.
—Pero quieres tener hijos, ¿no?
—Sí, claro. En algún momento. Pero todavía no estoy preparado para compartirte. —Vuelve a besarme en el cuello.
Oh… ¿compartirme?
—¿Qué estás preparando? Tiene buena pinta. —Me besa detrás de la oreja y veo que tiene intención de distraerme. Un cosquilleo delicioso me recorre la espalda.
—Bocadillos. —Le sonrío.
Él sonríe contra mi cuello y me muerde el lóbulo de la oreja.
—Mmm… Mis favoritos.
Le propino un ligero codazo.
—Sra. Jonas, acaba de herirme —dice agarrándose el costado como si le doliera.
—Estás hecho de mantequilla… —le digo de broma.
—¿De mantequilla? —dice incrédulo. Me da un azote en el culo que me hace chillar—. Date prisa con mi comida, mujer. Y después ya te enseñaré yo si estoy hecho de mantequilla o no. —Me da otro azote juguetón y se acerca al frigorífico—. ¿Quieres una copa de vino? —me pregunta.

—Sí, por favor.
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Marzo 31st 2014, 12:11



Nick extiende los planos sobre la barra para el desayuno. La verdad es que Gia ha tenido unas ideas geniales.
—Me encanta su propuesta de hacer toda la pared del piso de abajo de cristal, pero…
—¿Pero? —pregunta Nick. Suspiro.
—Es que no quiero quitarle toda la personalidad a la casa.
—¿Personalidad?
—Sí. Lo que Gia propone es muy radical pero… bueno… Yo me enamoré de la casa como está… con todas sus imperfecciones.
Nick arruga la frente como si eso fuera un anatema para él.
—Me gusta como está —susurro. ¿Se va a enfadar por eso? Me mira fijamente.
—Quiero que la casa sea como tú desees. Lo que tú desees. Es tuya.
—Pero yo también quiero que te guste a ti. Que también seas feliz en ella.
—Yo seré feliz donde tú estés. Es así de simple, ________(tn). —Me sostiene la mirada. Está siendo absolutamente sincero. Parpadeo a la vez que el corazón se me llena de amor. Dios, cuánto me quiere.
—Bueno —continúo tragando saliva para intentar aliviar el nudo de emoción que siento en la garganta—, me gusta la pared de cristal. Será mejor que le pidamos que la incorpore a la casa de una forma más comprensiva.
Nick sonríe.
—Claro. Lo que tú digas. ¿Y lo que ha propuesto para el piso de arriba y el sótano?
—Eso me parece bien.
—Perfecto.
Vale… creo que es hora de hacer la pregunta del millón de dólares.
—¿Vas a querer poner allí también un cuarto de juegos? —Siento que me ruborizo. Nick levanta las cejas.
—¿Tú quieres? —me pregunta sorprendido y divertido al mismo tiempo. Me encojo de hombros.
—Mmm… Si tú quieres…
Me mira durante un momento.
—Dejemos todas las opciones abiertas por el momento. Después de todo, va a ser una casa para criar niños.
Me sorprendo al notar una punzada de decepción. Supongo que tiene razón, pero… ¿cuándo vamos a tener esa familia? Pueden pasar años.
—Además, podemos improvisar.
—Me gusta improvisar —murmuro. Él sonríe.
—Hay algo que me gustaría hablar contigo —dice Nick señalando el dormitorio principal y empezamos una detallada discusión sobre baños y vestidores separados.



Cuando terminamos ya son las nueve y media de la noche.

—¿Tienes que volver a trabajar? —le pregunto a Nick mientras enrolla los planos.
—No si tú no quieres —asegura sonriendo—. ¿Qué te apetece hacer?
—Podríamos ver un poco la tele. —No tengo ganas de leer ni de irme a la cama… todavía.
—Vale —acepta alegremente Nick y yo le sigo hasta la sala de la televisión.
Solo nos hemos sentado allí tres o cuatro veces, y normalmente Nick se dedica a leer. A él no le interesa la televisión. Me acurruco a su lado en el sofá, encogiendo las piernas bajo el cuerpo y apoyando la cabeza en su hombro. Enciende la tele plana con el mando a distancia y cambia de canal mecánicamente.
—¿Hay alguna chorrada en particular que te apetezca ver?
—No te gusta mucho la televisión, ¿verdad? —le digo sardónicamente. Él niega con la cabeza.
—Es una pérdida de tiempo, pero no me importa ver algo contigo.
—Podríamos meternos mano.
Se gira bruscamente para mirarme.
—¿Meternos mano? —Por la forma en que me mira, parece que acabara de nacerme una segunda cabeza. Para de cambiar de canal, dejando la televisión en un frívolo culebrón hispano.
—Sí… —¿Por qué me mira así de horrorizado?
—Podemos irnos a la cama a meternos mano.
—Eso es lo que hacemos siempre. ¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste sentado delante de la tele? —
le pregunto tímida y provocativa al mismo tiempo.
Se encoge de hombros y niega con la cabeza. Vuelve a pulsar el botón del mando y pasa unos cuantos canales hasta quedarse en uno en el que emiten un episodio antiguo de Expediente X.
—¿Nick?
—Yo nunca he hecho algo así —dice en voz baja.
—¿Nunca?
—No.
—¿Ni con la Sra. Robinson? Ríe burlón.
—Nena, hice un montón de cosas con la Sra. Robinson, pero meternos mano no fue una de ellas. — Me sonríe y después una curiosidad divertida le hace entornar los ojos—. ¿Y tú?
Me sonrojo.
—Claro que sí. —Bueno, algo así…
—¿Qué? ¿Con quién?
Oh, no. No quiero hablar de esto.
—Dímelo —insiste.
Me quedo mirando mis dedos entrelazados. Él me cubre suavemente las manos con una de las suyas. Cuando levanto la vista, me está sonriendo.
—Quiero saberlo. Para poder romperle todos los huesos. Suelto una risita.
—Bueno, la primera vez…
—¿La primera vez? ¿Es que lo has hecho con más de un tío? —pregunta indignado. Vuelvo a reír.
—¿Por qué se sorprende tanto, Sr. Jonas?
Frunce un poco el ceño, se pasa una mano por el pelo y me mira como si de repente le pareciera alguien completamente diferente. Se encoge de hombros.
—Me sorprende… quiero decir, dada tu falta de experiencia.

Me ruborizo.
—Creo que ya he compensado eso desde que te conocí.
—Cierto —asegura sonriendo—. Dímelo, quiero saberlo.
Sus ojos grises me miran con paciencia y yo me sumerjo en ellos intentando adivinar su humor. ¿Se va a poner furioso o de verdad quiere saberlo? No quiero ponerle de mal humor… se pone imposible cuando está de mal humor.
—¿De verdad quieres que te lo cuente?
Asiente lentamente una vez más y sus labios se curvan en una sonrisa arrogante y divertida.
—Estaba pasando una temporada en Texas con mi madre y su marido número tres. Iba a mi instituto. Se llamaba Bradley y era mi compañero de laboratorio en física.
—¿Cuántos años tenías?
—Quince.
—¿Y qué hace él ahora?
—No lo sé.
—¿Hasta dónde llegó?
—¡Nick! —le regaño. Y de repente me agarra las rodillas, después los tobillos y me empuja de forma que caigo sobre el sofá. Se tumba encima de mí, atrapándome bajo su cuerpo, con una pierna entre las mías. Ha sido todo tan repentino que chillo por la sorpresa. Me coge las manos y me las sujeta por encima de la cabeza.
—Vamos a ver, este Bradley ¿superó el primer nivel? —murmura acariciándome la nariz con la suya. Me da unos besos suaves en la comisura de la boca.
—Sí —susurro contra sus labios. Me suelta una de las manos para poder agarrarme la barbilla para que me esté quieta mientras me mete la lengua en la boca y yo me rindo a su beso ardiente.
—¿Así? —jadea Nick cuando se separa de mí para respirar.
—No… Nada parecido —consigo decir aunque se me está acumulando la sangre por debajo de la cintura.
Me suelta la barbilla y me acaricia todo el cuerpo con la mano para finalmente volver hasta mi pecho.
—¿Y te hizo esto? ¿Te tocó así? —Pasa el pulgar por mi pezón por encima de la ropa suavemente, una y otra vez, y la carne responde a su contacto experto endureciéndose.
—No —digo retorciéndome bajo su cuerpo.
—¿Y llegó al segundo nivel? —me susurra al oído. Su mano baja por mis costillas y sigue por encima de mi cintura hasta mi cadera. Me agarra el lóbulo de la oreja entre los dientes y tira suavemente.
—No —jadeo.
Mulder desde la televisión cuenta algo sobre los menos buscados por el FBI. Nick se detiene, se estira y pulsa un botón del mando para dejar a la tele sin sonido. Me mira.
—¿Y qué pasó con el segundo? ¿Pasó él del segundo nivel?
Sus ojos arden… ¿de furia? ¿De excitación? Es difícil saberlo. Se mueve para quedar junto a mi costado y mete la mano por debajo de mis pantalones.
—No —le susurro atrapada en su mirada lasciva. Nick sonríe malicioso.
—Bien. —Me cubre el sexo con la mano—. No lleva bragas, Sra. Jonas. Me gusta. —Me besa y sus dedos se ponen a hacer magia otra vez; el pulgar me roza el clítoris, excitándome, mientras el dedo índice se introduce dentro de mí con una lentitud exquisita.
—Se supone que solo íbamos a meternos mano —gimo. Nick se queda quieto.
—Creía que eso estábamos haciendo.

—No. Meterse mano no implica sexo.
—¿Qué?
—Nada de sexo…
—Ah, nada de sexo… —Saca la mano de mis pantalones—. Vale.
Recorre la línea de mis labios con el dedo índice de forma que me hace saborear mi sabor salado. Me introduce el dedo en la boca exactamente igual que estaba haciendo hace un minuto en otra parte de mi cuerpo. Entonces se mueve para meterse entre mis piernas y aprieta su erección contra mí. Me empuja una
vez, dos y una tercera. Doy un respingo cuando la tela de mi chándal me frota justo en el sitio correcto. Vuelve a empujar, restregándose contra mí.
—¿Esto es lo que quieres? —me dice moviendo las caderas rítmicamente, balanceándose contra mi cuerpo.
—Sí —digo en un gemido.
Su mano vuelve a concentrarse en mi pezón otra vez y me roza la mandíbula con los dientes.
—¿Sabes lo excitante que eres, ________(tn)? —Su voz suena ronca mientras no deja de empujar contra mí. Abro la boca para responderle, pero no puedo y, en vez de eso, suelto un fuerte gemido. Me atrapa la boca otra
vez y me tira del labio inferior con los dientes antes de meterme la lengua en la boca. Me suelta la otra muñeca y mis manos suben ansiosas por sus hombros hasta su pelo mientras me besa. Cuando le tiro del pelo —gruñe y me mira—. Ah…
—¿Te gusta que te toque? —le pregunto en un susurro.
Arruga un momento la frente como si no entendiera la pregunta. Deja de empujar contra mí.
—Claro que sí. Me encanta que me toques, ________(tn). En lo que respecta a tu contacto, soy como un hombre hambriento delante de un banquete. —Su voz rezuma sinceridad apasionada.
Oh, Dios… Se arrodilla entre mis piernas y me obliga a incorporarme para quitarme la parte de arriba. No llevo nada debajo. Agarra el dobladillo de su camisa, se la quita por la cabeza y la tira al suelo. Me levanta
para colocarme en su regazo mientras sigue de rodillas y me sujeta justo por encima del culo.
—Tócame —me pide en un jadeo.
Oh, madre mía… Con cautela extiendo las manos y le rozo con la punta de los dedos la zona cubierta por el vello de su pecho sobre el esternón, encima de las cicatrices de quemaduras. Él inspira bruscamente y sus pupilas se dilatan, pero no es por el miedo. Es una respuesta sensual a mi contacto. Observa cómo mis dedos rozan delicadamente su piel hasta alcanzar primero a una tetilla y después a la otra. Se endurecen al sentir mi contacto. Me inclino hacia delante, le doy besitos por el pecho y mis manos suben hasta sus hombros. Siento las líneas duras y trabajadas de los tendones y los músculos. Uau… está en buena forma.
—Te deseo —me susurra y eso desencadena mi libido.
Mis dedos se hunden en su pelo y tiro de su cabeza hacia atrás para atrapar su boca. Siento que un fuego me consume el vientre. Él suelta un gruñido y me empuja sobre el sofá. Se sienta y me arranca los pantalones del chándal a la vez que se abre la bragueta.
—Último nivel —me susurra y entra en mi interior con un movimiento rápido.
—Ah… —gimo y él se queda quieto y me coge la cara entre las manos.
—Te quiero, Sra. Jonas —me dice en un susurro y después me hace el amor muy lento y muy suave hasta que reviento gritando su nombre y envolviéndole con mi cuerpo porque no quiero dejarle ir.

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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Marzo 31st 2014, 12:15

Estoy tumbada sobre su pecho en el suelo de la sala de la televisión.
—Sabes que te has saltado totalmente el tercer nivel, ¿no? —Mis dedos siguen la línea de sus músculos pectorales.

Él ríe.
—La próxima vez. —Me da un beso en el pelo.
Levanto la cabeza y miro la pantalla, donde ahora aparecen los créditos finales de Expediente X . Nick coge el mando y vuelve a encender el sonido.
—¿Te gustaba esa serie? —le pregunto.
—Sí, cuando era pequeño.
Oh… Nick de pequeño: kickboxing, Expediente X y nada de contacto físico.
—¿Y a ti? —me pregunta.
—Es anterior a mi época.
—Eres tan joven… —dice Nick sonriendo con cariño—. Me gusta esto de meternos mano en el sofá, Sra. Jonas.
—A mí también, Sr. Jonas. —Le beso en el pecho y vemos en silencio el final de Expediente X y la irrupción de los anuncios—. Han sido tres semanas perfectas, Nick. A pesar de las persecuciones, los incendios y los ex jefes psicópatas, ha sido como estar en nuestra propia burbuja privada —le digo con aire soñador.
—Mmm… —Nick ronronea desde el fondo de la garganta—. No sé si estoy preparado para compartirte con el resto del mundo.
—Mañana vuelta a la realidad —le digo intentando mantener a raya la melancolía de mi voz. Nick suspira y se pasa la mano por el pelo.
—Hay que aumentar la seguridad… —Le pongo un dedo sobre los labios. No quiero volver a oír esa canción.
—Lo sé. Y seré buena. Lo prometo. —Lo que me recuerda… Me muevo y me incorporo sobre un codo para verle mejor—. ¿Por qué le estabas gritando a Sawyer?
Se pone tenso inmediatamente. Oh, mierda.
—Porque nos han seguido.
—Eso no es culpa de Sawyer. Me mira fijamente.
—No deben permitir que haya tanta distancia entre ellos y nosotros. Y lo saben.
Me sonrojo sintiéndome culpable y vuelvo a descansar sobre su pecho. Ha sido culpa mía. Yo quería librarme de ellos.
—Eso no es…
—¡Basta! —me corta de repente Nick—. Esto está fuera de toda discusión, ________(tn). Es un hecho, y así seguro que no permiten que se vuelva a repetir.
¡________(tn)! Cuando me meto en problemas soy ________(tn), igual que cuando estaba en casa con mi madre.
—Vale —accedo para aplacarle. No quiero pelear—. ¿Consiguió Ryan alcanzar a la mujer del Dodge?
—No. Y no estoy convencido de que fuera una mujer.
—¿Ah, no? —exclamo incorporándome de nuevo.
—Sawyer vio a alguien con el pelo recogido, pero solo fue un momento. Asumió que era una mujer. Pero ahora que has identificado a ese hijo de puta, tal vez fuera él. Solía llevar el pelo así. —Noto cierta repulsión en la voz de Nick.
No sé qué pensar de lo que me acaba de contar. Nick me acaricia la espalda desnuda con la mano, lo que me distrae.
—Si te pasara algo… —susurra con la mirada seria y los ojos muy abiertos.
—Lo sé —le digo—. A mí me pasa lo mismo contigo. —Me estremezco solo de pensarlo.
—Ven. Vas a coger frío —me dice a la vez que se incorpora—. Vamos a la cama. Podemos ocuparnos

del tercer nivel allí. —Me sonríe con una sonrisa perversa. Tan temperamental como siempre: apasionado, enfadado, ansioso, sexy… Mi Cincuenta Sombras. Me coge la mano y tira de mí para ponerme de pie. Y totalmente desnuda voy detrás de él, cruzando salón, hasta el dormitorio.



A la mañana siguiente, Nick me aprieta la mano cuando aparcamos justo delante del edificio de SIP. Ahora ya vuelve a parecer el ejecutivo poderoso con su traje azul marino, la corbata a juego y la sonrisa. No se había puesto así de elegante desde que fuimos al ballet en Montecarlo.
—Sabes que no hace falta que vayas, ¿verdad? —me recuerda Nick. Estoy tentada de poner los ojos en blanco.
—Lo sé —le susurro, porque no quiero que nos oigan Sawyer y Ryan, que están en los asientos delanteros del Audi. Frunce el ceño y yo sonrío—. Pero quiero hacerlo —continúo—. Ya lo sabes. —Me acerco y le doy un beso. Su ceño no desaparece—. ¿Qué te ocurre?
Mira inseguro a Ryan cuando Sawyer sale del coche.
—Voy a echar de menos tenerte para mí solo. Estiro el brazo para acariciarle la cara.
—Yo también. —Le doy otro beso—. Ha sido una luna de miel preciosa. Gracias.
—A trabajar, Sra. Jonas.
—Y usted también, Sr. Jonas.
Sawyer abre la puerta. Le aprieto la mano a Nick una vez más antes de salir del coche. Cuando me dirijo a la entrada del edificio, me giro para despedirme con la mano. Sawyer me sostiene la puerta y me sigue adentro.
—Hola, ________(tn). —Claire me sonríe desde detrás del mostrador de recepción.
—Hola, Claire —la saludo y le devuelvo la sonrisa.
—Estás genial. ¿Una buena luna de miel?
—La mejor, gracias. ¿Qué tal por aquí?
—Roach está igual que siempre, pero han aumentado la seguridad y están revisando la sala del servidor. Pero ya te lo contará Hannah.
Claro que sí. Le dedico a Claire una sonrisa amable y me encamino a mi despacho.
Hannah es mi ayudante. Es alta, delgada y despiadadamente eficiente, hasta el punto de que a veces me resulta incluso intimidante. Pero es dulce conmigo a pesar de que es un par de años mayor que yo. Me está esperando con mi caffè latte de la mañana, el único café que le permito traerme.
—Hola, Hannah —la saludo cariñosamente.
—Hola, ________(tn). ¿Qué tal la luna de miel?
—Fantástica. Toma… para ti. —Saco un frasquito de perfume que le he comprado y lo dejo sobre su mesa. Ella aplaude encantada.
—¡Oh, gracias! —dice entusiasmada—. La correspondencia urgente está sobre tu mesa y Roach quiere verte a las diez. Eso es todo lo que tengo que decirte por ahora.
—Bien, gracias. Y gracias por el café. —Entro en mi despacho, pongo el maletín encima de mi escritorio y miro el montón de cartas. Hay mucho que hacer.



Justo antes de las diez oigo un golpecito tímido en la puerta.
—Adelante.
Elizabeth asoma la cabeza por la puerta.

—Hola, ________(tn). Solo quería darte la bienvenida.
—Hola. La verdad es que, después de leer todas estas cartas, me gustaría volver a estar en el sur de
Francia.
Elizabeth ríe, pero su risa suena forzada. Ladeo la cabeza y la miro como Nick suele mirarme a mí.
—Me alegro de que estés de vuelta sana y salva —dice—. Te veo dentro de unos minutos en la reunión con Roach.
—Vale —le respondo y ella se va y cierra la puerta al salir. Frunzo el ceño mirando la puerta cerrada. ¿De qué iba eso? Me encojo de hombros. Oigo el sonido de un nuevo correo entrante: es un mensaje de Nick.

De: Nick Jonas
Fecha: 22 de agosto de 2011 09:56
Para: ________(tn) ________(ta)
Asunto: Esposas descarriadas


Esposa:
Te he enviado el correo que encontrarás más abajo y me ha venido devuelto. Y eso es porque no te has cambiado el apellido.
¿Hay algo que quieras decirme?

Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc. Adjunto:


De: Nick Jonas
Fecha: 22 de agosto de 2011 09:32
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: Burbuja


Sra. Jonas:
El amor cubre todos los niveles con usted. Que tenga un buen primer día tras la vuelta. Ya echo de menos nuestra burbuja.

x
Nick Jonas
De vuelta al mundo real y presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.

Mierda. Pulso «Responder» inmediatamente. De: ________(tn) ________(ta)
Fecha: 22 de agosto de 2011 09:58
Para: Nick Jonas
Asunto: No explotes la burbuja

Esposo:
Me encanta su metáfora de los niveles, Sr. Jonas. Quiero seguir manteniendo mi apellido de soltera aquí. Se lo explicaré esta noche.
Ahora tengo que irme a una reunión.
Yo también echo de menos nuestra burbuja…
PD: Creía que debía utilizar la BlackBerry para esto… ________(tn) ________(ta)
Editora de SIP


Vaya pelea vamos a tener, lo sé… Suspiro y cojo mis papeles para asistir a la reunión.



La reunión dura dos horas. Asisten a ella todos los editores además de Roach y Elizabeth. Hablamos de personal, estrategias, marketing, seguridad y los resultados de fin de temporada. Según va progresando la reunión me siento cada vez más incómoda. Se ha producido un cambio sutil en la forma de tratarme de mis colegas; ahora imponen cierta distancia y deferencia que no existía antes de que me fuera de luna de miel. Y por parte de Courtney, que es quien lleva el departamento de no ficción, lo que noto es una clarísima hostilidad. Tal vez estoy siendo un poco paranoica, pero esto parece ir en la línea del extraño recibimiento de Elizabeth de esta mañana.
Mi mente vuelve al yate, después al cuarto de juegos y por fin al R8 escapando a toda velocidad del misterioso Dodge por la interestatal 5. Quizá Nick tenga razón y ya no pueda seguir trabajando. Solo pensarlo me pone triste; esto es lo que he querido siempre. Y si no puedo hacerlo, ¿qué voy a hacer? Intento apartar esos pensamientos sombríos de camino a mi despacho.
Me siento frenta a mi mesa y abro mi correo. No hay nada de Nick. Compruebo la BlackBerry… Tampoco hay nada. Bien. Al menos no ha habido una reacción perjudicial ante mi correo anterior. Seguramente hablaremos de ello esta noche, como le he pedido. Me cuesta creerlo, pero ignoro la incomodidad que siento y abro el plan de marketing que me han dado en la reunión.



Como manda el ritual, los lunes Hannah entra en el despacho con un plato para mí —tengo mi tartera con la comida preparada por la Sra. Jones—, y las dos comemos juntas, hablando de lo que queremos hacer durante la semana. Me pone al día de los cotilleos de la oficina, de los que, teniendo en cuenta que he estado tres semanas fuera, estoy bastante desconectada. Mientras hablamos, alguien llama a la puerta.
—Adelante.
Roach abre la puerta y a su lado aparece Nick. Me quedo sin palabras momentáneamente. Nick me lanza una mirada abrasadora y entra. Después le sonríe educadamente a Hannah.
—Hola, tú debes de ser Hannah. Yo soy Nick Jonas —le dice. Hannah se apresura a ponerse de pie y le estrecha la mano.
—Hola, Sr. Jonas. Es un placer conocerle —balbucea mientras le estrecha la mano—. ¿Quiere que le traiga un café?
—Sí, por favor —le pide amablemente. Hannah me mira con expresión asombrada y sale apresuradamente pasando al lado de Roach, que sigue mudo en el umbral de mi despacho.

—Si nos disculpas, Roach, me gustaría hablar con la «señorita» ________(ta). —Nick alarga la S con cierto sarcasmo.
Por eso ha venido… Oh, mierda.
—Por supuesto, Sr. Jonas. ________(tn) —murmura Roach y cierra la puerta de mi despacho al salir. Por fin recupero el habla.
—Señor Jonas, qué alegría verle —le digo sonriéndole con demasiada dulzura.
—«Señorita» ________(ta), ¿puedo sentarme?
—La empresa es tuya —le digo señalando la silla que acaba de abandonar Hannah.
—Sí. —Me sonríe con malicia, pero la sonrisa no le alcanza los ojos. Su tono es cortante. Echa chispas por la tensión; lo noto a mi alrededor. Joder. Se me cae el alma a los pies.
—Tienes un despacho muy pequeño —me dice mientras se sienta a la mesa.
—Está bien para mí.
Me mira de forma neutral y me doy cuenta de que está furioso. Inspiro hondo. Esto no va a ser divertido.
—¿Y qué puedo hacer por ti, Nick?
—Estoy examinando mis activos.
—¿Tus activos? ¿Todos?
—Todos. Algunos necesitan un cambio de nombre.
—¿Cambio de nombre? ¿Qué quieres decir con eso?
—Creo que ya sabes a qué me refiero —dice con voz amenazadoramente tranquila.
—No me digas que has interrumpido tu trabajo después de tres semanas fuera para venir aquí a pelear conmigo por mi apellido. ¡Yo no soy uno de tus activos!
Se remueve en su asiento y cruza las piernas.
—No a pelear exactamente. No.
—Nick, estoy trabajando.
—A mí me ha parecido que estabas cotilleando con tu ayudante. Me ruborizo.
—Estábamos repasando los horarios —le respondo—. Y no me has contestado a la pregunta. Llaman a la puerta.
—¡Adelante! —digo demasiado alto.
Hannah abre la puerta. Lleva una bandeja: jarrita de leche, azucarero, café en cafetera francesa… Se ha tomado muchas molestias. Coloca la bandeja en mi mesa.
—Gracias, Hannah —le digo avergonzada de haberle gritado.
—¿Necesita algo más, Sr. Jonas? —le pregunta con la voz entrecortada. Estoy a punto de poner los ojos en blanco.
—No, gracias, eso es todo. —Le sonríe con esa sonrisa brillante y arrebatadora que haría que a cualquier mujer se le cayeran las bragas. Ella se ruboriza y sale con una sonrisita tonta en los labios. Nick vuelve a centrar su atención en mí.
—Vamos a ver, «señorita» ________(ta), ¿dónde estábamos?
—Estabas interrumpiendo mi trabajo de una forma muy maleducada para pelear por mi apellido. Nick parpadea. Está sorprendido, supongo que por la vehemencia que ha notado en mi voz. Con
mucho cuidado se quita una pelusa invisible de la rodilla con sus largos y hábiles dedos. Es una distracción. Lo está haciendo a propósito. Entorno los ojos al mirarle.
—Me gusta hacer visitas sorpresa. Mantiene a la dirección siempre alerta y a las esposas en su lugar. Ya sabes… —Se encoge de hombros con una expresión arrogante.
¡A las esposas en su lugar!

—No sabía que tuvieras tiempo para eso —le contesto. De repente su mirada es gélida.
—¿Por qué no te quieres cambiar el apellido aquí? —pregunta con la voz mortalmente tranquila.
—Nick, ¿tenemos que discutir eso ahora?
—Ya que estoy aquí, no veo por qué no.
—Tengo una tonelada de trabajo que hacer tras tres semanas de vacaciones.
Su mirada sigue siendo fría y calculadora… distante incluso. Me asombra que pueda ser tan frío después de lo de anoche, de lo de las últimas tres semanas. Mierda. Tiene que estar hecho una furia, una verdadera furia. ¿Cuándo va a aprender a no sacar las cosas de quicio?
—¿Te avergüenzas de mí? —me pregunta con voz engañosamente suave.
—¡No! Nick, claro que no. —Le miro con el ceño fruncido—. Esto tiene que ver conmigo, no contigo. —Oh… A veces es exasperante. Estúpido megalómano dominante…
—¿Cómo puede no tener que ver conmigo? —Ladea la cabeza, auténticamente perplejo, y parte de la distancia anterior desaparece. Me mira con los ojos muy abiertos y me doy cuenta de que está dolido. Joder, he herido sus sentimientos. Oh, no… Él es la última persona a la que querría hacer daño. Tengo que conseguir que lo entienda, explicarle las razones de mi decisión.
—Nick, cuando acepté este trabajo acababa de conocerte —empiezo a decir con mucha paciencia, esforzándome por encontrar las palabras—. No sabía que ibas a comprar la empresa…
¿Y qué decir de ese acontecimiento de nuestra breve historia? Sus trastornadas razones para hacerlo: su obsesión por el control, su tendencia al acoso llevada hasta el extremo porque nadie le ponía coto por lo rico que es… Sé que quiere mantenerme a salvo, pero el hecho de que sea el dueño de Seattle Independent Publishing es el problema fundamental aquí. Si no hubiera interferido, yo podría seguir con normalidad mi vida sin tener que enfrentarme al descontento que expresan en voz baja mis compañeros cuando no les oigo. Me tapo la cara con las manos solo para romper el contacto visual con él.
—¿Por qué es tan importante para ti? —le pregunto, desesperada por intentar aplacar su crispación. Le miro y tiene una expresión impasible, sus ojos brillantes ya no comunican nada; su dolor anterior ha quedado oculto. Pero mientras hago la pregunta me doy cuenta de que en el fondo sé muy bien la respuesta sin que me la diga.
—Quiero que todo el mundo sepa que eres mía.
—Soy tuya, mira —le digo levantando la mano izquierda y mostrándole los anillos de boda y de compromiso.
—Eso no es suficiente.
—¿No es suficiente que me haya casado contigo? —le pregunto con un hilo de voz. Parpadea al ver el horror en mi cara. ¿Qué puedo decirle? ¿Qué más puedo hacer?
—No quería decir eso —se disculpa y se pasa la mano por su pelo demasiado largo de forma que le cae sobre la frente.
—¿Y qué querías decir? Traga saliva.
—Quiero que tu mundo empiece y acabe conmigo —me dice con la expresión dura. Lo que acaba de enunciar me desconcierta totalmente. Es como si me hubiera dado un puñetazo fuerte en el estómago, haciéndome daño y dejándome sin aire. Y la imagen que me viene a la mente es la de un niño pequeño asustado, con el pelo cobrizo, los ojos grises y la ropa sucia, arrugada y que no es de su talla.
—Pero si así es… —le contesto sin pensarlo porque es la verdad—. Pero estoy intentando forjarme una carrera y no quiero utilizar tu nombre para eso. Tengo que hacer algo, Nick. No puedo quedarme encerrada en el Escala o en la casa nueva sin nada que hacer. Me volvería loca. Me asfixiaría. He trabajado

toda mi vida y esto me gusta. Es el trabajo con el que soñaba, el que siempre había deseado. Pero que mantenga este trabajo no significa que te quiera menos. Tú eres lo más importante para mí. —Se me cierra la garganta y se me llenan los ojos de lágrimas. No, aquí no… Me repito una y otra vez en mi cabeza: No voy a llorar. No voy a llorar.
Se me queda mirando sin decir nada. Después frunce el ceño, como si estuviera reflexionando sobre lo que he dicho.
—¿Yo te asfixio? —me pregunta con la voz lúgubre, y es como un eco de lo que me ha preguntado antes.
—No… sí… no. —Qué conversación más irritante. Y además es algo que preferiría no tener que hablar aquí. Cierro los ojos y me froto la frente intentando descubrir cómo hemos llegado a esto—. Estamos
hablando de mi apellido. Quiero mantener mi apellido porque quiero marcar una distancia entre tú y yo… Pero solo en el trabajo, solo aquí. Ya sabes que todo el mundo cree que he conseguido el empleo por ti, cuando en realidad no es… —Me interrumpo en seco cuando sus ojos se abren mucho. Oh, no… ¿Ha sido por él?
—¿Quieres saber por qué conseguiste el trabajo, ________(tn)?
¿________(tn)? Mierda.
—¿Qué? ¿Qué quieres decir?
Se revuelve en la silla como si se estuviera armando de valor. ¿De verdad quiero saberlo?
—La dirección te dio el puesto de Hyde temporalmente. No querían contratar a un ejecutivo con experiencia teniendo en cuenta que se estaba negociando la venta de la empresa. No tenían ni idea de lo que iba a hacer el nuevo dueño cuando la empresa cambiara de manos. Por eso, con buen criterio, decidieron no hacer un gasto más. Así que te dieron a ti el puesto de Hyde, para que te ocuparas de todo hasta que el nuevo dueño —hace una pausa y sus labios forman una sonrisa irónica—, es decir, yo, se hiciera cargo.
Oh, maldita sea…
—¿Qué quieres decir? —De modo que sí que ha sido por él. ¡Joder! Estoy horrorizada. Sonríe y niega con la cabeza al ver mi expresión.
—Relájate. Has estado más que a la altura del desafío. Lo has hecho muy bien. —Percibo un toque de orgullo en su voz y eso casi es mi perdición.
—Oh —digo sin saber muy bien qué hacer mientras mi mente procesa como loca esas noticias. Me acomodo mejor en la silla con la boca abierta y mirándole. Él vuelve a cambiar de postura.
—No quiero asfixiarte, ________(tn). Ni meterte en una jaula de oro. Bueno… —dice y la cara se le oscurece—. Bueno, mi parte racional no quiere. —Se acaricia la barbilla pensativo mientras su mente va imaginando algún plan.
¿Adónde quiere llegar con esto? Nick me mira de repente, como si acabara de tener una iluminación.
—Pero una de las razones por las que estoy aquí, aparte de tratar algunas cosas con mi esposa descarriada… —dice entornando los ojos—, es para hablar de lo que voy a hacer con esta empresa.
¡Esposa descarriada! ¡Yo no estoy descarriada y no soy uno de sus activos! Miro a Nick con el ceño fruncido y desaparece la amenaza de las lágrimas.
—¿Y cuáles son tus planes? —Ladeo la cabeza igual que él y no puedo evitar el tono sarcástico.
Sus labios se curvan formando un principio de sonrisa. Uau, cambio de humor, ¡otra vez! ¿Cómo voy a poder seguir alguna vez a este hombre tan temperamental?
—Le voy a cambiar el nombre a la empresa… La voy a llamar Jonas Publishing.
¡Oh, vaya!
—Y dentro de un año va a ser tuya.
Me quedo con la boca abierta de nuevo, esta vez un poco más.
—Es mi regalo de boda para ti.
Cierro la boca y vuelvo a abrirla, intentando decir algo… Pero no se me ocurre nada. Tengo la mente en

blanco.
—¿O te gusta más ________(ta) Publishing? Lo dice en serio. Oh, maldita sea…
—Nick —le digo cuando por fin mi cerebro recupera la conexión con la boca—. Ya me regalaste el reloj… Y yo no sé llevar una empresa.
Ladea otra vez la cabeza y me mira con el ceño fruncido, censurándome.
—Yo llevo mis negocios desde que tenía veintiún años.
—Pero tú eres… tú. Un obseso del control y un genio extraordinario. Por Dios, Nick, pero si te especializaste en economía en Harvard… Tienes cierta idea de lo que haces. Yo he vendido pinturas y bridas para cables a tiempo parcial durante tres años. Por favor… He visto tan poco del mundo que prácticamente no sé nada. —Mi tono de voz va subiendo y haciéndose cada vez más alto y más agudo según me voy acercando al final de mi explicación.
—Eres la persona que más ha leído de todas las que conozco —me responde con total sinceridad—. Te vuelven loca los buenos libros. No podías dejar tu trabajo ni cuando estábamos de luna de miel. ¿Cuántos manuscritos te leíste? ¿Cuatro?
—Cinco —le corrijo en un susurro.
—Y has escrito informes completos de todos ellos. Eres una mujer brillante, ________(tn). Estoy seguro de que puedes hacerlo.
—¿Estás loco?
—Loco por ti —murmura.
Yo sonrío como una boba porque es todo lo que puedo hacer. Entorna los ojos.
—Todo el mundo se va a mofar de ti, Nick. Has comprado una empresa para una mujer que en su vida adulta solo ha tenido un trabajo a tiempo completo durante unos pocos meses.
—¿Crees que me importa una mierda lo que piense la gente? Además, no estarás sola. Vuelvo a mirarle con la boca abierta. Esta vez sí que ha perdido la cabeza.
—Nick, yo… —Tengo que apoyar la cabeza en las manos porque siento un torbellino de emociones.
¿Está loco? Desde algún lugar oscuro y profundo de mi interior me surge la repentina e inapropiada necesidad de reírme. Cuando levanto la vista para mirarle, él tiene los ojos muy abiertos.
—¿Hay algo que le divierta, señorita ________(ta)?
—Sí. Tú.
Sus ojos se abren un poco más, asombrados y a la vez divertidos.
—¿Te estás riendo de tu marido? No deberías. Y te estás mordiendo el labio.
Sus ojos se oscurecen de esa forma… Oh, no… Conozco esa mirada. Sensual, seductora, lasciva… ¡No, no, no! Aquí no.
—Ni se te ocurra —le aviso con la voz llena de alarma.
—¿Que ni se me ocurra qué, ________(tn)?
—Conozco esa mirada. Estamos en el trabajo…
Se inclina un poco hacia delante con sus ojos, gris líquido y ávidos, fijos en los míos. Oh, madre mía… Trago saliva instintivamente.
—Estamos en un despacho pequeño, razonablemente insonorizado y con una puerta que se puede cerrar con llave —me susurra.
—Comportamiento inmoral flagrante —le digo pronunciando las palabras con mucho cuidado.
—No si es con tu marido.
—¿Y si es el jefe del jefe de mi jefe? —le pregunto entre dientes.
—Eres mi mujer.

—Nick, no. Lo digo en serio. Esta noche puedes follarme mil veces peor que el domingo. Pero ahora no. ¡Aquí no!
Parpadea y vuelve a entornar los ojos. Y después ríe inesperadamente.
—¿Mil veces peor que el domingo? —dice arqueando una ceja, intrigado—. Puede que luego utilice esas palabras en su contra, señorita ________(ta).
—¡Oh, deja ya lo de señorita ________(ta)! —exclamo y doy un golpe en la mesa que nos sobresalta a los dos
—. Por el amor de Dios, Nick. ¡Si significa tanto para ti, me cambiaré el apellido!
Abre la boca e inhala bruscamente. Y después esboza una sonrisa radiante, alegre, mostrando todos los dientes. Uau…
—Bien —dice juntando las manos y se levanta de repente.
¿Y ahora qué?
—Misión cumplida. Ahora tengo trabajo. Si me disculpa, Sra. Jonas.
¡Arrrggg! ¡Este hombre es exasperante!
—Pero…
—¿Pero qué, Sra. Jonas? Yo dejo caer los hombros.
—Nada. Vete.
—Eso iba a hacer. Te veo esta noche. Estoy deseando poner en práctica lo de mil veces peor que el domingo.
Frunzo el ceño.
—Oh, y tengo un montón de compromisos sociales relacionados con los negocios en los próximos días y quiero que me acompañes.
Le miro boquiabierta. ¿Por qué no se va de una vez?
—Le diré a Andrea que llame a Hannah para que ponga las citas en su agenda. Hay algunas personas a las que tienes que conocer. Deberías hacer que Hannah se ocupara de tus citas de ahora en adelante.
—Vale —digo completamente desconcertada, perpleja y asombrada.
Nick se inclina sobre mi escritorio. ¿Y ahora qué? Me quedo atrapada en su mirada hipnótica.
—Me encanta hacer negocios con usted, Sra. Jonas. —Se acerca más. Yo sigo sentada y paralizada y él me da un suave y tierno beso en los labios—. Hasta luego, nena —susurra y se levanta bruscamente, me guiña un ojo y se va.
Apoyo la cabeza en el escritorio sintiéndome como si acabara de arrollarme un tren de mercancías; mi querido esposo es como un tren de mercancías. Seguro que no hay un hombre más frustrante, irritante y contradictorio en todo el planeta. Me vuelvo a sentar correctamente y me froto los ojos. Pero ¿a qué acabo
de acceder? ________(tn) Jonas dirigiendo Seattle Independent Publishing… quiero decir, Jonas Publishing. Ese hombre está loco. Oigo que llaman a la puerta y Hannah asoma la cabeza.
—¿Estás bien? —me pregunta.
Solo soy capaz de quedarme mirándola fijamente. Ella frunce el ceño.
—Sé que no te gusta que haga estas cosas por ti, pero puedo hacerte un té si quieres. Asiento.
—Twinings English Breakfast. Poco cargado y sin leche, ¿verdad? Asiento.
—Ahora mismo, ________(tn).
Me quedo con la mirada vacía clavada en la pantalla del ordenador, todavía conmocionada. ¿Cómo voy a hacer que lo entienda? Oh, con un correo…

De: ________(tn) ________(ta)
Fecha: 22 de agosto de 2011 14:23
Para: Nick Jonas
Asunto: ¡YO NO SOY UNO DE SUS ACTIVOS!


Señor Jonas:
La siguiente vez que venga a verme, pida una cita para que al menos pueda prepararme con antelación para su megalomanía dominante de adolescente.
Tuya:

________(tn) Jonas ‹—fíjate en el nombre. Editora de SIP



De: Nick Jonas
Fecha: 22 de agosto de 2011 14:34
Para: ________(tn) ________(ta)
Asunto: M il veces peor que el domingo


Mi querida Sra. Jonas (con énfasis en el «mi»):
¿Qué puedo decir en mi defensa? Pasaba por allí…
Y no, usted no es uno de mis activos, es mi amada esposa. Como siempre, me ha alegrado el día.

Nick Jonas
Presidente y megalómano dominante de Jonas Enterprises Holdings, Inc.


Está intentando ser gracioso, pero no estoy de humor para reírme. Inspiro hondo y vuelvo a mi correspondencia.



Nick está muy callado cuando me subo al coche esa noche.
—Hola —murmuro.
—Hola —me responde con cautela. Está bien que sea cauto ahora mismo.
—¿Has interrumpido el trabajo de alguien más hoy? —le pregunto con dulzura fingida. La sombra de una sonrisa cruza por su cara.
—Solo el de Flynn. Oh.
—La próxima vez que vayas a verle, te voy a hacer una lista de temas que quiero que trates con él.
—Parece un poco tensa, Sra. Jonas.
Miro fijamente las nucas de Ryan y Sawyer que están delante de nosotros. Nick se revuelve a mi lado.
—Oye… —me dice en voz baja y me coge la mano.
Toda la tarde, que debía haber pasado concentrada en mi trabajo, he estado pensando qué le iba a decir. Pero con cada hora que pasaba me he ido enfadando cada vez más. Ya estoy harta de este comportamiento

displicente, arrogante y muy infantil, la verdad. Aparto mi mano de la suya de una forma displicente, arrogante y muy infantil.
—¿Estás enfadada conmigo? —me pregunta.
—Sí —le respondo con los dientes apretados. Cruzo los brazos y miro por la ventana. Se revuelve en el asiento de nuevo, pero no me permito mirarle. No sé por qué estoy tan enfadada con él, pero lo estoy. Muy enfadada.
En cuanto aparcamos delante del Escala, rompo el protocolo: salto del coche con mi maletín y me encamino al edificio pisando fuerte sin comprobar si alguien me sigue. Ryan entra corriendo detrás de mí en el vestíbulo y se adelanta para llamar al ascensor antes de que yo llegue.
—¿Qué? —le digo cuando le alcanzo. Él se sonroja.
—Mis disculpas, Sra. —murmura.
Llega Nick y se queda de pie a mi lado esperando al ascensor. Ryan se aparta.
—¿Así que no solo estás enfadada conmigo? —pregunta Nick. Le miro y noto un principio de sonrisa en su cara.
—¿Te estás riendo de mí? —digo entornando los ojos.
—No me atrevería —responde levantando las manos como si le estuviera amenazando con un arma. Sigue con su traje azul marino y parece fresco y limpio con el pelo caído de forma muy sexy y una expresión cándida.
—Tienes que cortarte el pelo —le digo. Le doy la espalda y entro en el ascensor.
—¿Ah, sí? —Se aparta un mechón de la frente y entra detrás de mí.
—Sí. —Pulso el código de nuestro piso en la consola.
—Veo que ahora me hablas…
—Lo justo.
—¿Y por qué estás enfadada exactamente? Necesito alguna pista —dice con precaución. Me giro y le miro con la boca abierta.
—¿De verdad no tienes ni idea? Seguro que alguien tan inteligente como tú debe de tener algún indicio. No me puedo creer que seas tan obtuso.
Da un paso atrás alarmado.
—Estás muy enfadada, ya veo. Pensé que lo habíamos aclarado cuando estuve en tu despacho —me dice perplejo.
—Nick, solo he capitulado ante tus demandas presuntuosas. Eso es todo lo que ha pasado.
Se abren las puertas del ascensor y salgo como una tromba. Taylor está de pie en el pasillo. Se aparta rápidamente y cierra la boca cuando paso a su lado echando humo.
—Hola, Taylor —le saludo.
—Hola, Sra. Jonas.
Dejo el maletín en el pasillo y me dirijo al salón. La Sra. Jones está cocinando.
—Buenas noches, Sra. Jonas.
—Hola, Sra. Jones —le respondo y me voy derecha al frigorífico y saco la botella de vino blanco. Nick me sigue hasta la cocina y me observa como un halcón mientras saco una copa del armario. Se quita la chaqueta y la deja sobre la encimera—. ¿Quieres una copa? —le pregunto amablemente.
—No, gracias —dice sin apartar los ojos de mí y sé que se siente indefenso. No sabe qué hacer conmigo. Por una parte es cómico y por otra, trágico. ¡Bueno, que le den! Me está costando encontrar mi parte compasiva desde nuestra reunión de esta tarde. Se quita lentamente la corbata y después se desabrocha el botón de arriba de la camisa. Me sirvo una copa grande de sauvignon blanc y Nick se pasa una mano

por el pelo. Cuando me giro la Sra. Jones ha desaparecido. ¡Mierda! Era mi escudo humano. Le doy un sorbo al vino. Mmm… Está muy bueno.
—Deja de hacer esto —me susurra Nick. Da los dos pasos que nos separan y se queda de pie delante de mí. Me coloca el pelo detrás de la oreja con cariño y me acaricia el lóbulo de la oreja con la punta de los dedos, lo que me provoca un estremecimiento. ¿Es eso lo que he estado echando de menos todo el día? ¿Su contacto? Sacudo la cabeza, lo que hace que tenga que soltarme la oreja. Se me queda mirando—. Háblame —me pide.
—¿Y para qué? Si no me escuchas…
—Sí que te escucho. Eres una de las pocas personas a las que escucho. Le doy otro sorbo al vino.
—¿Es por lo de tu apellido?
—Sí y no. Es por cómo has tratado el hecho de que discrepara contigo. —Le miro esperando que se enfade.
Frunce el ceño.
—________(tn), ya sabes que tengo… problemas. No me resulta fácil soltarme en las cosas que tienen que ver contigo. Ya lo sabes.
—Pero yo no soy una niña ni uno de tus activos.
—Lo sé —suspira.
—Entonces deja de tratarme como si lo fuera —le suplico.
Me acaricia la mejilla con el dorso de los dedos y recorre la línea de mi labio inferior con la yema del pulgar.
—No te enfades. Eres muy valiosa para mí. Como un activo que no tiene precio, como un niño —me dice con una expresión sombría y reverente al mismo tiempo en la cara. Sus palabras me han distraído. Como un niño… Valioso como un niño… Un niño sería algo precioso para él.
—Pero no soy ninguna de esas cosas, Nick. Soy tu esposa. Si te sentías dolido porque no iba a utilizar tu apellido, deberías habérmelo dicho.
—¿Dolido? —Vuelve a fruncir el ceño todavía más y sé que está considerando la posibilidad en su mente. Se yergue bruscamente, con el ceño aún fruncido, y le echa un vistazo a su reloj—. La arquitecta va a venir en menos de una hora. Deberíamos cenar.
Oh, no… Gruño para mí. No me ha contestado a la pregunta y ahora tengo que vérmelas con Gia Matteo. Mi día de mierda se está poniendo peor por momentos. Miro a Nick con el ceño fruncido.
—Esta discusión no ha acabado —le advierto.
—¿Qué más tenemos que discutir?
—Podrías vender la empresa. Nick ríe incrédulo.
—¿Venderla?
—Sí.
—¿Crees que encontraría un comprador en el mercado actual?
—¿Cuánto te costó?
—Fue relativamente barata. —Suena a la defensiva.
—¿Y si se hunde? Sonríe irónico.
—Sobreviviremos. Pero no dejaré que se hunda. No mientras tú trabajes allí.
—¿Y si lo dejo?
—¿Para hacer qué?

—No lo sé. Otra cosa.
—Me has dicho que este es el trabajo de tus sueños. Y corrígeme si me equivoco, pero he prometido ante Dios, el reverendo Walsh y una reunión de tus más allegados y queridos que animaré tus esperanzas y tus sueños y procuraré que estés segura a mi lado.
—Citar tus votos matrimoniales es juego sucio.
—Nunca te prometí juego limpio en lo que a ti respecta. Además —añade—, tú has utilizado tus votos como arma en algún momento.
Frunzo el ceño. Es cierto.
—________(tn), si sigues enfadada conmigo, házmelo pagar luego en la cama. —Su voz es de repente baja y está llena de una necesidad sensual. Su mirada arde.
¿Qué? ¿En la cama? ¿Cómo?
Sonríe indulgente al ver mi expresión. ¿Quizá pretende que yo le ate? Oh, madre mía…
—Mil veces peor que el domingo —me susurra—. Lo estoy deseando.
¡Uau!
—¡Gail! —grita de repente y en cuatro segundos aparece la Sra. Jones. ¿Dónde estaba? ¿En la oficina de Taylor? ¿Escuchando? Oh, no.
—¿Señor Jonas?
—Queremos cenar ahora, por favor.
—Muy bien, Sr..
Nick no aparta los ojos de mí. Me está observando vigilante, como si estuviera a punto de surgir alguna criatura exótica de mi cabeza. Le doy otro sorbo al vino.
—Creo que me voy a tomar una copa contigo —me dice, suspira y vuelve a pasarse una mano por el pelo.



—¿No te lo vas a acabar?
—No —respondo mirando el plato de fettuccini, que casi ni he probado, para evitar la expresión cada vez más sombría de Nick. Antes de que pueda decir nada más, me pongo de pie y me llevo los platos—. Gia vendrá dentro de poco —digo. Nick tuerce la boca para formar una expresión contrariada, pero no dice nada.
—Yo me ocupo de esto, Sra. Jonas —me dice la Sra. Jones cuando entro en la cocina.
—Gracias.
—¿No le han gustado? —me pregunta preocupada.
—Estaban buenos. Pero es que no tengo hambre.
Me mira con una sonrisa comprensiva y se gira para limpiar los restos de mi plato y meterlo todo en el lavavajillas.
—Voy a hacer un par de llamadas —anuncia Nick mirándome de arriba abajo antes de desaparecer en el estudio.
Suelto un suspiro de alivio y me encamino al dormitorio. La cena ha sido muy incómoda. Sigo enfadada con Nick y él parece creer que no ha hecho nada mal. ¿Y lo ha hecho? Mi subconsciente levanta una ceja y me mira con benevolencia por encima de sus gafas. Sí que lo ha hecho. Ha hecho que las cosas sean todavía más incómodas en el trabajo para mí. No ha esperado para que habláramos del asunto en la relativa
privacidad de nuestra casa. ¿Cómo se sentiría él si yo me entrometiera en su oficina? Y para rematar, ahora resulta que quiere regalarme la editorial. ¿Cómo demonios voy a llevar una empresa? Yo no sé nada de negocios.

Contemplo la vista de Seattle bañada por la nacarada luz rosácea del atardecer. Y como siempre, quiere resolver nuestras diferencias en el dormitorio… o en el vestíbulo… el cuarto de juegos… la sala de la televisión… la encimera de la cocina. ¡Ya vale! Con él todo acaba en sexo. El sexo es su mecanismo para gestionarlo todo.
Entro en el baño y frunzo el ceño ante mi imagen reflejada en el espejo. Volver al mundo real es duro. Conseguimos resolver todas nuestras diferencias cuando estábamos en nuestra burbuja, pero estábamos muy inmersos el uno en el otro. Pero ¿ahora? Durante un momento vuelvo al momento de la boda y recuerdo lo que me preocupaba ese día: casamiento apresurado… No, no debo pensar eso. Ya sabía que era Cincuenta Sombras cuando me casé con él. Tengo que afrontarlo y hablarlo con él hasta que lo resolvamos.
Me observo en el espejo. Estoy pálida y encima ahora tengo que lidiar con esa mujer… Llevo una falda lápiz gris y una blusa sin mangas. Vamos a ver… La diosa que llevo dentro saca la laca de uñas de color rojo pasión. Me desabrocho dos botones para enseñar un poco de escote. Me lavo la cara y me maquillo de nuevo, dándome más rimel de lo habitual y poniéndome más brillo en los labios. Me agacho y me cepillo el pelo con fuerza, de la raíz a las puntas. Cuando vuelvo a incorporarme, mi pelo es una nube castaña que me
rodea y me cae hasta los pechos. Me lo coloco con gracia tras las orejas y decido cambiar mis zapatos planos por unos tacones.
Cuando regreso al salón, Nick tiene los planos de la casa extendidos sobre la mesa del comedor. Ha puesto una música en el equipo que hace que me quede parada.
—Sra. Jonas —me saluda cariñosamente y me mira burlón.
—¿Qué es eso? —le pregunto. La música es impresionante.
—El Réquiem de Fauré. Te veo diferente —comenta distraído.
—Oh. Nunca lo había oído.
—Es muy tranquilo y relajante —dice y levanta una ceja—. ¿Te has hecho algo en el pelo?
—Me lo he cepillado —murmuro. Estoy embelesada por las voces tan evocadoras. Nick abandona los planos sobre la mesa y viene hacia mí con paso lento y acompasado con la música.
—¿Bailas conmigo? —me pregunta.
—¿Con esto? Es un réquiem… —digo escandalizada.
—Sí. —Me atrae hacia sus brazos y me rodea con ellos, enterrando la nariz en mi pelo y balanceándose lentamente de lado a lado. Huele tan bien como siempre… a Nick.
Oh… Le echaba de menos. Le abrazo y me esfuerzo por reprimir la necesidad de llorar. ¿Por qué eres tan irritante?
—Odio pelear contigo —me susurra.
—Bueno, pues deja de ser tan petulante.
Ríe y ese sonido cautivador reverbera en su pecho. Me abraza más fuerte.
—¿Petulante?
—Imbécil.
—Prefiero petulante.
—Es normal. Te pega.
Ríe una vez más y me besa en el pelo.
—¿Un réquiem? —pregunto un poco desconcertada por que estemos bailando eso. Se encoge de hombros.
—Es una música preciosa, ________(tn).
Taylor tose discretamente desde la entrada y Nick me suelta.
—Ha llegado la señorita Matteo —anuncia. Oh, qué alegría…

—Que pase —le dice Nick y me coge la mano cuando Gia Matteo entra en la habitación.

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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Marzo 31st 2014, 18:08

continuala...
me encanta
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Abril 1st 2014, 20:19

OMJ no puedo creerlo esta de lo mas genial sube prontoooo Smile tqm bye
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Mayo 4th 2014, 17:23

CAPITULO 8


Gia Matteo es un mujer guapa; una mujer alta y muy guapa. Lleva el pelo corto de peluquería, con unas capas perfectas y peinado en una sofisticada corona. Se ha puesto un traje pantalón gris claro: unos pantalones de sport y una chaqueta ajustada que abrazan sus generosas curvas. Su ropa parece cara. En la base de su cuello brilla un solo diamante que va a juego con los pendientes de un quilate que lleva en las orejas. Va muy bien arreglada. Es una de esas mujeres de buena familia que crecieron con dinero. Pero su educación de buena familia se le ha olvidado esta noche. Lleva la blusa azul claro demasiado desabrochada. Igual que yo. Me ruborizo.
—Nick. ________(tn) —saluda con una sonrisa que muestra unos dientes blancos perfectos y tiende una mano con una manicura cuidada primero a Nick y después a mí. Es un poquito más baja que Nick, pero lleva unos tacones increíbles.
—Gia —la saluda Nick educadamente. Yo sonrío con frialdad.
—Qué bien se os ve después de la luna de miel —dice amablemente y mira con sus ojos castaños a
Nick a través de sus largas pestañas llenas de rimel.
Nick me rodea con el brazo y me acerca a él.
—Lo hemos pasado de maravilla, gracias. —Me da un beso rápido en la sien que me pilla por sorpresa.
¿Ves? Es mío. Irritante, exasperante incluso… pero mío. Yo sonrío. Ahora mismo te quiero mucho, Nick Jonas. Yo también le rodeo la cintura con el brazo, meto la mano en el bolsillo de atrás de su pantalón y le doy un apretón en el culo. Gia nos sonríe sin ganas.
—¿Habéis podido echarle un vistazo a los planos?
—Sí —le confirmo. Miro a Nick, que me devuelve la mirada con una ceja levantada, divertido. ¿Qué es lo que le divierte? ¿Mi reacción ante Gia o que le haya tocado el culo?
—Acompáñanos, por favor —le dice Nick—. Tenemos aquí los planos —añade señalando la mesa de comedor. Me coge la mano y nos dirigimos a la mesa, con Gia detrás.
Por fin recuerdo que tengo modales.
—¿Te apetece algo de beber? —le pregunto—. ¿Una copa de vino?
—Oh, sí, fantástico —dice Gia—. Blanco seco, si tienes.
¡Mierda! Sauvignon blanc. Eso es un blanco seco, ¿no? Apartándome de mi marido a regañadientes, voy a la cocina. Oigo el sonido del iPod cuando Nick enciende la música.
—¿Tú quieres más vino, Nick? —le digo desde la cocina.
—Sí, por favor, nena —dice con voz suave y sonriéndome. Uau… Puede ser tan perfecto a veces y tan insoportable otras…
Me estiro para abrir el armario y noto que Nick me está mirando. Tengo la extraña sensación de que Nick y yo estamos haciendo una representación, jugando a algo, pero esta vez desde el mismo bando y nos enfrentamos a la señorita Matteo. ¿Sabe que a ella le atrae y lo está haciendo a propósito para que lo vea? Siento una oleada de placer cuando entiendo que está intentando que me sienta segura. O tal vez le esté mandando a esa mujer un mensaje alto y claro de que ya está pillado.
Mío. Sí, zorra… mío. La diosa que llevo dentro se ha puesto el traje de gladiadora y ha decidido que no
va a hacer prisioneros. Sonriendo para mí cojo tres copas del armario, la botella de sauvignon blanc del frigorífico y lo pongo todo en la barra para el desayuno. Gia está inclinada sobre la mesa y Nick de pie a
su lado señalándole algo de los planos.
—Creo que ________(tn) tiene alguna objeción acerca de la pared de cristal, pero en general los dos estamos

encantados con las ideas que nos has presentado.
—Oh, me alegro —dice Gia, visiblimente aliviada, y al decirlo le toca el brazo a Nick en un gesto coqueto. Nick se tensa de inmediato de forma sutil. Ella no parece notarlo. Déjale tranquilo ahora mismo. No le gusta que le toquen…
Dando un paso para alejarse y quedar fuera de su alcance, Nick se vuelve hacia mí.
—Por aquí empezamos a tener sed… —me dice.
—Ya voy.
Sigue jugando. Ella le hace sentir incómodo. ¿Por qué no me he dado cuenta de eso antes? Por eso no me cae bien. Él está acostumbrado a la forma en que las mujeres reaccionan ante él. Yo lo he visto muchas veces
y él no suele darle importancia. Pero que le toquen es otra cosa. Bien, la Sra. Jonas al rescate.
Sirvo el vino rápidamente, cojo las tres copas y voy corriendo a salvar a mi caballero en apuros. Le ofrezco una copa a Gia y me coloco entre ella y Nick. Ella me sonríe educadamente al coger la copa. Le paso la segunda copa a Nick, que la coge ansioso, con una expresión de gratitud divertida.
—Salud —nos dice Nick a las dos, pero mirándome a mí. Gia y yo levantamos las copas y respondemos al unísono. Le doy un sorbo al vino que me sienta de maravilla.
—________(tn), ¿tienes objeciones sobre la pared de cristal? —me pregunta Gia.
—Sí. Me encanta, no me malinterpretes. Pero prefiero que la incorporemos de una forma más orgánica a la casa. Yo me enamoré de la casa como estaba y no quiero hacer cambios radicales.
—Ya veo.
—Quiero que el diseño sea algo armonioso… Más en consonancia con la casa original. —Miro a
Nick, que me observa pensativo.
—¿Sin grandes reformas? —me pregunta.
—Exacto. —Niego con la cabeza para enfatizar lo que quiero decir.
—¿Te gusta como está?
—En su mayor parte sí. En el fondo siempre he sabido que solo necesitaba unos toques de calor humano. Los ojos de Nick brillan con ternura. Gia nos mira a los dos y se ruboriza.
—Está bien —dice—, creo que sé lo que quieres decir, ________(tn). ¿Y qué te parece si dejamos la pared de cristal, pero la ponemos mirando a un porche más grande para seguir manteniendo el estilo mediterráneo? Ya tenemos la terraza de piedra. Podemos poner pilares de la misma piedra, muy separados para que no se
pierda la vista. Y añadir un techo de cristal o azulejos como los del resto de la casa. Así conseguimos una zona techada y abierta donde comer o sentarse.
Tengo que reconocerlo… Esa mujer es buena.
—O en vez del porche podemos incorporar unas contraventanas de madera del color que elijáis a las puertas de cristal. Eso también puede ayudar a mantener ese espíritu mediterráneo —continúa.
—Como los postigos azules que vimos en el sur de Francia —le digo a Nick, que me mira fijamente. Le da un sorbo al vino y se encoje de hombros, sin hacer ningún comentario. Mmm… No le gusta esa idea, pero no la rechaza, ni se ríe de mí, ni me hace sentir estúpida. Dios mío, este hombre es una contradicción en sí mismo. Me vienen a la cabeza sus palabras de ayer: «Quiero que la casa sea como tú desees. Lo que tú desees. Es tuya». Quiere que yo sea feliz, feliz en todo lo que hago. En el fondo creo que lo sé, pero es solo que… Freno en seco. Ahora no es momento de pensar en la discusión. Mi subconsciente me mira enfadada.
Gia está pendiente de Nick, esperando a que tome la decisión. Veo que se le dilatan las pupilas y que separa los labios cubiertos de brillo. Se pasa la lengua rápidamente por el labio superior antes de darle otro sorbo al vino. Cuando me vuelvo hacia Nick me doy cuenta de que todavía me está mirando a mí, no a ella. ¡Sí! Yo voy a tomar las decisiones, señorita Matteo.
—________(tn), ¿qué quieres tú? —me pregunta Nick, pasándome claramente la pelota.

—Me gusta la idea del porche.
—A mí también.
Me vuelvo hacia Gia. Oye, chica, mírame a mí, no a él. Yo soy la que toma las decisiones en este tema.
—Me gustaría ver unos dibujos con los cambios incorporados, con lo del porche más grande y los pilares a juego con el resto de la casa.
Gia aparta a regañadientes los ojos de mi marido y me sonríe. ¿Es que cree que no me doy cuenta?
—Claro —concede en tono agradable—. ¿Alguna otra cosa?
¿Aparte de follarte con la mirada a mi marido?
—Nick quiere remodelar la suite principal —continúo.
Se oye una tosecita discreta desde la entrada. Los tres nos giramos y nos encontramos con que Taylor está allí de pie.
—¿Qué quieres, Taylor? —le pregunta Nick.
—Necesito tratar con usted un asunto urgente, Sr. Jonas.
Nick apoya las manos en mis hombros desde detrás de mí y le habla a Gia.
—La Sra. Jonas está a cargo de este proyecto. Tiene carta blanca. Haz lo que ella quiera. Confío completamente en su instinto. Es muy lista. —Su voz cambia sutilmente; ahora hay orgullo y una advertencia velada. ¿Una advertencia para Gia?
¿Que confía en mi instinto? Oh, este hombre es imposible… Mi instinto le ha dejado esta tarde pasar por encima de mis sentimientos sin la menor consideración. Niego con la cabeza frustrada, pero me alegro de que le esté diciendo a la señorita demasiado-provocativa-pero-desgraciadamente-buena-en-su-trabajo que yo soy la que está al mando. Le acaricio la mano que tiene sobre mi hombro.
—Disculpadme. —Nick me da un apretón en el hombro antes de seguir a Taylor. Me pregunto qué estará pasando.
—Hablábamos de la suite principal… —retoma nerviosa Gia.
La miro y espero un momento para asegurarme de que Nick y Taylor no pueden oírnos. Entonces, reuniendo toda mi fuerza interior y aprovechando que he estado muy enfadada las últimas cinco horas, me decido a descargarlo con ella.
—Haces bien en ponerte nerviosa, Gia, porque ahora mismo tu trabajo en este proyecto pende de un hilo. Pero no tiene por qué haber ningún problema siempre y cuando mantengas las manos alejadas de mi marido.
Ella da un respingo.
—Si no, te despido, ¿entendido? —digo pronunciando todas las palabras con mucha claridad.
Parpadea muy rápido, totalmente asombrada. No se puede creer lo que acabo de decir. Yo misma no me puedo creer lo que acabo de decir. Pero me mantengo firme y miro impasible sus ojos marrones que se abren cada vez más.
¡No te eches atrás! ¡No te eches atrás! He aprendido de Nick, que es el mejor en estas cosas, esa expresión impasible que descoloca a cualquiera. Sé que renovar la residencia de Nick Jonas es un proyecto prestigioso para el estudio de arquitectura de Gia, una bonita pluma para poner en su sombrero. No puede perder este encargo. Y ahora mismo me importa un comino que sea amiga de Elliot.
—________(tn)… Sra. Jonas… Lo siento. No pretendía… —Se ruboriza sin saber qué más decir.
—Seamos claras. A mi marido no le interesas.
—Por supuesto… —dice ella y se queda pálida.
—Solo quería ser clara, como he dicho.
—Sra. Jonas, me disculpo si es que ha pensado que… he… —no termina la frase porque sigue sin saber qué decir.
—Bien, siempre y cuando nos entendamos, todo irá bien. Ahora voy a explicarte lo que tenemos en mente

para la suite principal y después quiero que veamos la relación de materiales que tienes pensado usar. Como sabes, Nick y yo queremos que esta casa sea ecológicamente sostenible y quiero saber qué materiales vamos a utilizar y de dónde proceden, para que él se quede tranquilo.
—Claro, claro… —balbucea todavía con los ojos muy abiertos y parece sinceramente intimidada por mí. He triunfado. La diosa que llevo dentro da una vuelta al estadio saludando a la multitud enfervorecida.
Gia se toca el pelo para colocárselo y me doy cuenta de que es un gesto de nerviosismo.
—Bien, la suite… —dice nerviosa con un hilo de voz.
Ahora que tengo el control me siento relajada por primera vez desde mi reunión con Nick de esta tarde. Puedo hacer esto. La diosa que llevo dentro está celebrando que ella también lleva dentro una bruja.



Nick vuelve con nosotras justo cuando ya estamos terminando.
—¿Ya está? —pregunta. Me rodea la cintura con el brazo y se vuelve hacia Gia.
—Sí, Sr. Jonas. —Gia sonríe ampliamente, pero su sonrisa parece tensa—. Volveré a enviarle los planos modificados dentro de un par de días.
—Excelente. ¿Estás contenta? —me pregunta directamente con la mirada cariñosa y a la vez inquisitiva. Asiento y me sonrojo no sé por qué.
—Tengo que irme —dice Gia con demasiado entusiasmo. Extiende la mano para estrechar la mía primero y después la de Nick.
—Hasta la próxima, Gia —me despido.
—Sí, Sra. Jonas. Señor Jonas.
Taylor aparece en la entrada del salón.
—Taylor te acompañará a la salida —digo lo bastante alto para que él me oiga.
Ella vuelve a tocarse el pelo, se gira sobre sus tacones altos y sale de la habitación seguida de cerca por
Taylor.
—Estaba bastante más fría —señala Nick, mirándome burlonamente.
—¿Ah, sí? No me he dado cuenta. —Me encojo de hombros intentando parecer indiferente—. ¿Qué quería Taylor? —le pregunto en parte porque tengo curiosidad y en parte porque quiero cambiar de tema.
Con el ceño fruncido Nick me suelta y empieza a enrollar los planos sobre la mesa.
—Era sobre Hyde.
—¿Qué pasa con él?
—Nada de lo que preocuparse, ________(tn). —Deja los planos y me atrae hacia sus brazos—. Por lo que parece no ha pasado por su apartamento en semanas, eso es todo. —Me da un beso en el pelo, me suelta y termina
lo que estaba haciendo—. ¿Qué habéis decidido? —me pregunta y sé que es porque no quiere que siga interrogándole sobre Hyde.
—Lo que tú y yo hablamos. Creo que le gustas —le digo en voz baja. Él ríe.
—¿Le has dicho algo? —me pregunta y yo me ruborizo. ¿Cómo lo sabe? Como no sé qué decir, me miro los dedos—. Éramos Nick y ________(tn) cuando ha entrado y Sr. y Sra. Jonas cuando se ha ido. —Su tono es seco.
—Es posible que le haya dicho algo —murmuro. Cuando levanto la vista para mirarle, él me está observando con ojos tiernos y por un momento parece… encantado.
Baja la mirada, niega con la cabeza y su expresión cambia.
—Solo reacciona ante esta cara. —Suena un poco resentido, incluso un poco asqueado. Oh, Cincuenta, no…

—¿Qué? —Le sorprende mi expresión de perplejidad. Sus ojos se abren por la alarma—. No estarás celosa, ¿verdad? —me pregunta horrorizado.
Me sonrojo, trago saliva y me miro los dedos entrelazados. ¿Lo estoy?
—________(tn), es una depredadora sexual. No es mi tipo. ¿Cómo puedes estar celosa de ella? ¿De cualquiera? Nada de lo que ella tiene me interesa.
Cuando levanto la vista, está mirándome como si me hubiera salido una extremidad de más. Se pasa una mano por el pelo.
—Solo existes tú, ________(tn) —dice en voz baja—. Siempre existirás solo tú.
Oh, Dios mío… Dejando los planos una vez más, Nick se acerca a mí y me coge la barbilla entre el pulgar y el índice.
—¿Cómo has podido pensar otra cosa? ¿Te he dado alguna vez señales de que podía estar remotamente interesado en otra persona? —Sus ojos sueltan llamaradas, fijos en los míos.
—No —le susurro—. Me estoy comportando como una tonta. Es que hoy… tú… —Todas las emociones en conflicto de antes vuelven a salir a la superficie. ¿Cómo puedo explicarle lo confusa que estoy? Me ha desconcertado y frustrado su comportamiento de esta tarde en mi despacho. En un momento me estaba pidiendo que me quedara en casa y poco después me estaba regalando una empresa. ¿Cómo voy a entenderle?
—¿Qué pasa conmigo?
—Oh, Nick —me tiembla el labio inferior—, estoy intentando adaptarme a esta nueva vida que nunca había imaginado que llegaría a vivir. Todo me lo has puesto en bandeja: el trabajo, a ti… Tengo un marido guapísimo al que nunca, nunca habría creído que podría querer de un modo tan fuerte, tan rápido, tan… indeleble. —Inspiro hondo para calmarme y él se queda boquiabierto—. Pero eres como un tren de mercancías y no quiero que me arrolles, porque entonces la chica de la que te enamoraste acabará desapareciendo, aplastada. ¿Y qué quedará? Una radiografía social vacía que va de una organización benéfica a otra. —Vuelvo a detenerme, luchando por encontrar las palabras para expresar cómo me siento—. Y ahora quieres que sea la presidenta de una empresa, algo que nunca ha pasado por mi cabeza. Voy rebotando de
una cosa a otra, sin comprender, pasándolo mal. Primero me quieres en casa. Después quieres que dirija una empresa. Es todo muy confuso. —Me detengo al fin, con las lágrimas a punto de caer y reprimo un sollozo—. Tienes que dejarme tomar mis propias decisiones, asumir mis propios riesgos y cometer mis propios errores y aprender de ellos. Tengo que aprender a andar antes de echar a correr, Nick, ¿no te das cuenta? Necesito un poco de independencia. Eso es lo que significa mi nombre para mí. —Por fin… Eso es lo que quería decirle esta tarde.
—¿Sientes que te voy a arrollar? —me pregunta en un susurro. Asiento.
Cierra los ojos, inquieto.
—Solo quiero darte todo lo del mundo, ________(tn), cualquier cosa, todo lo que quieras. Y salvarte de todo también. Mantenerte a salvo. Pero también quiero que todo el mundo sepa que eres mía. Me ha entrado el pánico cuando he visto tu correo. ¿Por qué no has hablado conmigo de lo de tu apellido?
Me sonrojo. Tiene parte de razón.
—Lo pensé cuando estábamos de luna de miel, y, bueno… no quería pinchar la burbuja. Y después se me olvidó. Me acordé ayer por la noche, pero pasó lo de Jack… Me distraje. Lo siento, debería haberlo hablado contigo, pero no conseguí encontrar un buen momento.
La intensa mirada de Nick me pone nerviosa. Es como si estuviera intentando meterse en mi cabeza, pero no dice nada.
—¿Por qué te entró el pánico? —le pregunto.

—No quiero que te escapes entre mis dedos.
—Por Dios, Nick, no voy a ir a ninguna parte. ¿Cuándo te vas a meter eso en tu dura mollera? Te. Quiero —digo agitando una mano en el aire como él hace algunas veces para dar énfasis a lo que dice—. Más que… «a la luz, al espacio y a la libertad».
Abre unos ojos como platos.
—¿Con el amor de una hija? —me sonríe irónico.
—No. —Río a pesar de todo—. Es que es la única cita que se me ha ocurrido.
—¿La del loco rey Lear?
—El muy amado y loco rey Lear. —Le acaricio la cara y él agradece mi contacto cerrando los ojos—.
¿Te cambiarías tú el apellido y te pondrías Nick ________(ta) para que todo el mundo supiera que eres mío?
Nick abre los ojos bruscamente y me mira como si acabara de decir que la tierra es plana. Frunce el ceño.
—¿Que soy tuyo? —susurra como probando el sonido de las palabras.
—Mío.
—Tuyo —me dice repitiendo las palabras que dijimos en el cuarto de juegos ayer—. Sí, lo haría. Si eso significara tanto para ti.
Oh, madre mía…
—¿Tanto significa para ti?
—Sí —dice sin dudarlo.
—Está bien. —Lo voy a hacer por él. Para darle la seguridad que sigue necesitando.
—Creía que ya me habías dicho que sí.
—Sí, lo hice, pero ahora lo hemos hablado mejor y estoy más contenta con mi decisión.
—Oh —murmura sorprendido. Después sonríe con esa preciosa sonrisa juvenil que me deja sin aliento. Me agarra por la cintura y me hace girar. Yo chillo y empiezo a reírme; no sé si está feliz, aliviado o… ¿qué?
—Sra. Jonas, ¿sabe lo que esto significa para mí?
—Ahora sí lo sé.
Se inclina y me da un beso mientras enreda los dedos en mi pelo para que me quede quieta.
—Significa mil veces peor que el domingo —me dice junto a mis labios y me acaricia la nariz con la suya.
—¿Tú crees? —le pregunto apartándome un poco para mirarle.
—Has hecho ciertas promesas… Si se hace una oferta, después hay que aceptar el trato —me dice y sus ojos brillan con un placer malicioso.
—Mmm… —Todavía estoy dudosa, intentando descubrir cuál es su humor ahora.
—¿No tendrás intención de faltar a una promesa que me has hecho? —me pregunta inseguro con una mirada especulativa—. Tengo una idea —añade.
Oh, qué perversión se le habrá ocurrido…
—Hay un asunto importante del que tenemos que ocuparnos —continúa de repente muy serio—. Sí, Sra. Jonas, un asunto de gran importancia.
Un momento… Se está riendo de mí.
—¿Qué? —le pregunto.
—Necesito que me cortes el pelo. Aparentemente lo llevo demasiado largo y a mi mujer no le gusta.
—¡Yo no puedo cortarte el pelo!
—Sí que puedes. —Nick sonríe y sacude la cabeza de forma que el pelo demasiado largo le tapa los ojos.
—Bueno, creo que la Sra. Jones tiene unos tazones… —Río. Él también se ríe.

—Vale, entendido. Le diré a Franco que me lo corte.
¡No! Franco trabaja para la bruja… Quizá yo pueda cortárselo un poco. Lo he hecho con Ray durante años y él nunca se quejó.
—Vamos —le digo cogiéndole la mano.
Él me mira con los ojos muy abiertos. Le llevo hasta el baño, donde le suelto la mano para coger la silla blanca de madera que hay en un rincón. La coloco delante del lavabo. Cuando miro a Nick veo que él me está contemplando con una diversión que no puede ocultar, los pulgares metidos en las trabillas del cinturón de sus pantalones y los ojos ardientes.
—Siéntate —le digo señalando la silla vacía e intentando mantener mi ventaja momentánea.
—¿Me vas a lavar el pelo?
Asiento. Arquea una ceja por la sorpresa y durante un momento creo que se va a echar atrás.
—Vale. —Se desabrocha lentamente los botones de la camisa blanca, empezando por el que tiene bajo la garganta. Sus dedos diestros se ocupan de un botón cada vez hasta que se abre toda la camisa.
Oh, Dios mío… La diosa que llevo dentro se detiene en mitad de su vuelta de honor al estadio.
Nick me tiende uno de sus puños en un gesto que indica «suéltamelo tú» y su boca esboza esa media sonrisa tan sexy y desafiante que a él se le da tan bien.
Oh, los gemelos. Le cojo la muñeca y le quito el primero, un disco de platino con sus iniciales grabadas en una sencilla letra bastardilla. Después le quito el otro. Cuando lo hago le miro y su expresión divertida ha desaparecido para dejar paso a algo más excitante… mucho más excitante. Estiro los brazos y le bajo la camisa por los hombros, dejando que caiga al suelo.
—¿Listo? —le susurro.
—Para lo que tú quieras, ________(tn).
Mis ojos abandonan los suyos y bajan hasta sus labios separados para poder inspirar más profundamente. Esculpidos, cincelados o lo que sea… Tiene una boca increíble y sabe más que de sobra qué hacer con ella. Me doy cuenta de que me estoy acercando para besarle.
—No —me dice y coloca las dos manos sobre mis hombros—. Si sigues por ahí, no llegarás a cortarme el pelo.
¡Oh!
—Quiero que lo hagas —continúa, y su mirada es directa y sincera por alguna razón que no me explico. Eso me desarma.
—¿Por qué? —pregunto en un susurro.
Me mira durante un segundo y sus ojos se abren un poco más.
—Porque me hace sentir querido.
Prácticamente se me para el corazón. Oh, Nick, mi Cincuenta… Y antes de darme cuenta le estoy abrazando y besándole el pecho antes de apoyar la mejilla sobre el vello de su pecho, que me hace cosquillas.
—________(tn). Mi ________(tn) —murmura. Me envuelve con sus brazos y los dos nos quedamos de pie inmóviles, abrazándonos en nuestro baño. Oh, cómo me gusta estar entre sus brazos. Aunque sea un imbécil dominante y megalómano, es mi imbécil dominante y megalómano que necesita una dosis de cariño que dure toda la vida. Me aparto un poco, pero no le suelto.
—¿De verdad quieres que lo haga?
Asiente y sonríe con timidez. Yo le devuelvo la sonrisa y rompo el abrazo.
—Entonces siéntate —le pido otra vez.
Él obedece sentándose de espaldas al lavabo. Me quito los zapatos y los alejo con el pie hasta donde está su camisa tirada en el suelo del baño. Cojo de la ducha su champú de Chanel que compramos en Francia.
—¿Le gusta este champú al Sr.? —le digo mostrándoselo con ambas manos como si estuviera

vendiendo algo en la teletienda—. Traído personalmente desde el sur de Francia. Me gusta como huele…
huele a ti —añado en un susurro abandonando el estilo de presentadora de televisión.
—Sigue, por favor —dice sonriendo.
Cojo una toalla pequeña del toallero eléctrico. La Sra. Jones sí que sabe hacer que las toallas estén de lo más suaves.
—Échate hacia delante —le ordeno y Nick obedece.
Le cubro los hombros con la toalla y abro los grifos para llenar el lavabo de agua tibia.
—Ahora échate para atrás. —Me gusta estar al mando. Nick me obedece, pero es demasiado alto. Se sienta más al borde e inclina la silla hasta que la parte alta del respaldo se apoye contra el lavabo. Una distancia perfecta. Deja caer la cabeza. Sus ojos me miran fijamente y yo sonrío. Cojo uno de los vasos que tenemos sobre el lavabo, lo sumerjo en el agua para llenarlo y después la vierto sobre la cabeza de Nick para mojarle el pelo. Repito el proceso inclinándome sobre él.
—Huele muy bien, Sra. Jonas —murmura y cierra los ojos.
Mientras le voy mojando el pelo metódicamente, aprovecho para mirarle con total libertad. Dios… ¿Me voy a cansar alguna vez de mirarle? Sus largas pestañas oscuras están desplegadas sobre sus mejillas, tiene los labios un poco separados formando un pequeño rombo oscuro y respira tranquilo. Mmm, qué ganas tengo de meter por ahí la lengua…
Le echo agua en los ojos accidentalmente. ¡Mierda!
—Perdón.
Coge una esquina de la toalla y se ríe al quitarse el agua de los ojos.
—Oye, ya sé que soy un petulante, pero no intentes ahogarme. Me inclino, le beso la frente y suelto una risita.
—No me tientes.
Me coge la nuca y se acerca para juntar sus labios con los míos. Me da un beso breve a la vez que emite un sonido satisfecho desde el fondo de la garganta. Ese sonido entra en conexión con los músculos de lo más profundo de mi vientre. Es un sonido muy seductor. Me suelta y vuelve a colocarse obedientemente, mirándome con expectación. Durante un momento parece vulnerable, como un niño. Se me ablanda el corazón.
Me echo un poco de champú en la palma y le masajeo la cabeza, empezando por las sienes y subiendo hasta la coronilla para después bajar por los lados haciendo círculos con los dedos rítmicamente. Él cierra los ojos y vuelve a hacer ese sonido grave y ronroneante.
—Qué gusto… —dice un momento después y se relaja bajo el firme contacto de mis dedos.
—¿A que sí? —Vuelvo a besarle la frente.
—Me gusta que me rasques con las uñas. —Sigue con los ojos cerrados, pero tiene una feliz expresión de satisfacción; ya no queda ni rastro de su vulnerabilidad. Oh, cuánto ha cambiado su humor… Me alegra saber que he sido yo quien ha logrado ese cambio.
—Levanta la cabeza —le ordeno y él obedece. Mmm… Cualquier mujer se podría acostumbrar a esto. Le froto con la espuma la parte de atrás de la cabeza, rascándole con las uñas—. Atrás otra vez.
Vuelve a colocarse y le aclaro el champú con ayuda del vaso. Esta vez consigo no salpicarle la cara.
—¿Otra vez? —le pregunto.
—Por favor. —Abre los ojos y su mirada serena se encuentra con la mía. Le sonrío.
—Ahora mismo, Sr. Jonas.
Me voy al lavabo que normalmente usa Nick y lo lleno de agua templada.
—Para aclararte —le digo cuando me mira intrigado.
Repito el proceso con el champú mientras escucho su respiración regular y profunda. Cuando tiene la

cabeza cubierta de espuma, me tomo otro momento para contemplar el delicado rostro de mi marido. No me puedo resistir. Le acaricio la mejilla tiernamente y él abre los ojos para observarme, casi adormilado, a través de sus largas pestañas. Me inclino y le doy un beso suave y casto en los labios. Él sonríe, cierra los ojos y deja escapar un suspiro de total satisfacción.
¿Quién iba a creer que después de nuestra discusión de esta tarde podría estar ahora tan relajado? Y sin sexo… Me inclino más sobre él.
—Mmm… —murmura encantado cuando le rozo la cara con los pechos. Conteniendo las ganas de sacudirme, quito el tapón para que se vaya el agua llena de espuma. Él me pone las manos en la cadera y después las desliza hasta mi culo.
—No se manosea al servicio —le digo fingiendo desaprobación.
—No te olvides de que estoy sordo —dice con los ojos todavía cerrados mientras me baja las manos por el culo y empieza a subirme la falda. Le doy un manotazo en el brazo. Me lo estoy pasando bien jugando a la peluquería. Sonríe con una gran sonrisa infantil, como si le hubiera pillado haciendo algo de lo que en el fondo se sintiera orgulloso.
Cojo el vaso otra vez, pero ahora utilizo el agua del otro lavabo para aclararle el champú del pelo. Sigo inclinada sobre él, que no me aparta las manos del culo y mueve los dedos de un lado a otro, de arriba abajo, otra vez de un lado a otro… Mmmm… Me contoneo un poco. Él gruñe desde el fondo de la garganta.
—Ya está. Todo aclarado.
—Bien —dice. Sus dedos me aprietan el culo y se incorpora en el asiento con el pelo mojado goteándole por todo el cuerpo. Tira de mí para sentarme en su regazo y sus manos suben desde mi culo hasta la nuca. Después pasan a mi barbilla para mantenerme quieta. De repente doy un respingo al notar sus labios sobre los míos y su lengua caliente y dura dentro de mi boca. Entierro los dedos entre su pelo mojado y empieza a resbalar agua por mis brazos. Su pelo me cubre la cara. Su mano baja de mi barbilla al primer botón de mi blusa—. Ya vale de tanto acicalamiento. Quiero follarte mil veces peor que el domingo y podemos hacerlo
aquí o en el dormitorio. Tú decides.
Los ojos de Nick lanzan llamaradas, calientes y llenos de promesas, y su pelo nos está mojando a los dos. Se me seca la boca.
—¿Dónde va a ser, ________(tn)? —me pregunta todavía sujetándome en su regazo.
—Estás mojado —le respondo.
Agacha la cabeza y me pasa el pelo mojado por la parte delantera de la blusa. Me retuerzo e intento zafarme, pero él me agarra más fuerte.
—Oh, no, no te escaparás, nena. —Cuando levanta la cabeza sonriéndome travieso me he convertido en Miss Camiseta Mojada 2011. Tengo la blusa empapada y se me transparenta todo. Estoy mojada… por todas partes—. Me encanta esta vista —susurra y se agacha para rodearme una y otra vez un pezón con la nariz. Me retuerzo—. Respóndeme, ________(tn). ¿Aquí o en el dormitorio?
—Aquí —le susurro ansiosa. A la mierda el corte de pelo… Ya se lo haré luego.
Sonríe lentamente; sus labios se curvan en una sonrisa sensual llena de una promesa lasciva.
—Buena elección, Sra. Jonas —dice junto a mis labios. Me suelta la barbilla y baja la mano hasta mi rodilla. Después la desliza sin dificultad por mi pierna, subiéndome la falda y acariciándome la piel, lo que me provoca un cosquilleo. Me va recorriendo la línea de la mandíbula desde la base de la oreja sin dejar de besarme.
—Vamos a ver, ¿qué te voy a hacer? —me susurra. Detiene los dedos en el principio de mis medias—. Me gusta esto —me dice y mete un dedo bajo la media y la va rodeando hasta llegar a la parte interior del muslo. Doy un respingo y vuelvo a retorcerme en su regazo.
Él gruñe desde el fondo de su garganta.

—Te voy a follar mil veces peor que el domingo. Pero tienes que quedarte quieta.
—Oblígame —le desafío con la voz grave y jadeante.
Nick inhala con fuerza. Entorna los ojos y me mira con una expresión excitada y los párpados entrecerrados.
—Oh, Sra. Jonas, solo tiene que pedirlo. —Su mano pasa de la parte de arriba de las medias a mis bragas—. Vamos a quitarte esto. —Tira un poco y yo me muevo para ayudarle. Deja escapar el aire entre los dientes apretados cuando lo hago—. Quieta —me ordena.
—Te estoy ayudando… —me defiendo con un mohín y él me muerde el labio inferior.
—Quieta —repite con voz ronca.
Me baja las bragas por las piernas y me las quita. Me sube la falda hasta que queda toda arrugada en mis caderas. Después me coge de la cintura con las dos manos y me levanta. Todavía tiene mis bragas en la mano.
—Siéntate. A horcajadas —me ordena mirándome intensamente a los ojos.
Hago lo que me pide; me quedo a horcajadas sobre él y le miro provocativa. ¡Vamos a por ello, Cincuenta!
—Sra. Jonas —me dice en un tono de advertencia—, ¿pretende incitarme? —Me mira divertido pero a la vez excitado. Es una combinación muy seductora.
—Sí, ¿qué vas a hacer al respecto?
Sus ojos se encienden con un placer lujurioso ante mi desafío y yo empiezo a notar su erección debajo de

mí.



—Junta las manos detrás de la espalda.
¡Oh! Obedezco y él me ata las manos con mis bragas con una habilidad asombrosa.
—¡Son mis bragas! Señor Jonas, no tiene vergüenza —le regaño.
—No en lo que respecta a usted, Sra. Jonas, pero seguro que ya lo sabía… —Su mirada es intensa y

excitante. Me rodea la cintura con las manos y me desplaza para que quede sentada un poco más atrás en su regazo. Le cae agua por el cuello y por el pecho. Quiero agacharme y lamerle las gotas que resbalan, pero atada como estoy resulta difícil.
Nick me acaricia los dos muslos y baja las manos hasta mis rodillas. Suavemente me las separa un poco más y abre un espacio entre las suyas para que quede encajada en esa posición. Sus dedos empiezan a ocuparse de mi blusa.
—No creo que vayamos a necesitar esto —dice y empieza a desabrochar mecánicamente los botones de la blusa húmeda que tengo pegada al cuerpo.
No aparta su mirada de la mía. Se toma su tiempo en la tarea y sus ojos se oscurecen cada vez más según se acerca al final. El pulso se me acelera y mi respiración se vuelve superficial. No me lo puedo creer. Casi no me ha tocado y ya estoy así: excitada, necesitada… preparada. Quiero retorcerme. Me deja la blusa húmeda abierta. Me acaricia la cara con las dos manos y su pulgar me roza el labio inferior. De repente me mete el pulgar en la boca.
—Chupa —me ordena poniendo énfasis en la CH. Cierro la boca alrededor del dedo y hago exactamente lo que me ha pedido. Oh, me gusta este juego. Sabe bien. ¿Qué otra cosa podría chuparle? Los músculos de mi vientre se tensan solo de pensarlo. Él abre los labios cuando le rozo con los dientes y después le muerdo la yema del pulgar.
Gime, saca lentamente el pulgar húmedo de mi boca y lo baja por la barbilla, la garganta y el esternón. Engancha con él una de las copas de mi sujetador y tira de ella hacia abajo, liberando mi pecho.
Su mirada nunca se separa de la mía. Está observando todas las reacciones que su contacto provoca en
mí y yo le observo a él. Es muy excitante. Devorador. Posesivo. Me encanta. Empieza a hacer lo mismo con la otra mano, de forma que en un segundo tengo ambos pechos libres. Me cubre los dos con las manos y me

pasa los pulgares sobre los pezones rodeándolos muy lentamente, provocándolos y excitándolos hasta que los dos se endurecen y se dilatan por su hábil contacto. Intento con todas mis fuerzas no moverme, pero parece que mis pezones están conectados con mi entrepierna y no puedo evitar gemir y echar atrás la cabeza hasta que finalmente cierro los ojos y me rindo a esa tortura tan dulce.
—Chis… —El sonido que emite Nick está en total contradicción con sus caricias y el ritmo constante y sostenido de sus diestros dedos—. Quieta, nena, quieta…
Deja un pecho y me coloca la mano extendida sobre la nuca. Se inclina hacia delante, se mete en la boca el pezón que acaba de descuidar su mano y lo chupa con fuerza. Su pelo mojado me hace cosquillas. Al mismo tiempo deja de acariciar el otro pezón y en su lugar lo coge entre el pulgar y el índice y lo gira suavemente y después tira.
—¡Ah! ¡Nick! —gimo y siento que mi cadera da una sacudida. Pero él no se detiene. Sigue con su provocación lenta, pausada y desesperante. Mi cuerpo empieza a arder cuando el placer me invade.
—Nick, por favor —gimo.
—Mmm… —ronronea—. Quiero que te corras así. —Mi pezón logra un respiro mientras sus palabras me acarician la piel. Es como si estuviera dirigiéndose a una parte profunda y oscura de mi mente que solo él conoce. Cuando retoma lo que estaba haciendo, con los dientes esta vez, el placer es casi intolerable. Gimo muy alto, me revuelvo en su regazo e intento lograr algo de fricción contra sus pantalones. Tiro de las bragas que me atan sin conseguir nada. Quiero tocarle, pero me pierdo… me pierdo en esta traicionera sensación.
—Por favor… —le susurro de nuevo suplicante y el placer me llena el cuerpo desde el cuello hasta las piernas y los dedos de los pies, tensándolo todo a su paso.
—Tienes unos pechos preciosos, ________(tn) —gime—. Algún día te los tengo que follar.
¿Qué demonios significa eso? Abro los ojos y le miro con la boca abierta mientras sigue chupando. Mi piel responde a su contacto. Ya no siento la blusa húmeda ni su pelo mojado. No siento nada aparte del fuego.
Arde deliciosamente con un calor que nace de lo más profundo de mi interior. Todos los pensamientos desaparecen cuando mi cuerpo se tensa y los músculos aprietan… listos, muy cerca… buscando la liberación. Él no se detiene, no deja de chupar y de tirar, volviéndome loca. Quiero… quiero…
—Déjate ir —jadea Nick.
Y yo lo hago, bien alto, mi orgasmo haciéndome estremecer el cuerpo. Entonces él para esa tortura tan dulce y me abraza apretándome contra él a la vez que mi cuerpo entra en la espiral del clímax. Cuando por fin abro los ojos, tengo la cabeza apoyada en su pecho y él me está contemplando.
—Dios, cómo me gusta ver cómo te corres, ________(tn). —Suena maravillado.
—Eso ha sido… —Me faltan las palabras.
—Lo sé. —Se acerca a mí y me besa, todavía con la mano en mi nuca, sujetándome la cabeza ladeada para poder darme un beso profundo, lleno de amor y de veneración.
Me vuelvo a perder en ese beso.
Se aparta para respirar y sus ojos tienen ahora el color de una tormenta tropical.
—Ahora te voy a follar con fuerza —murmura.
Madre mía. Me agarra por la cintura, me levanta de entre sus muslos y me sienta más cerca de sus rodillas. Con la mano derecha se desabrocha el botón de los pantalones azul marino y con la izquierda me acaricia el muslo arriba y abajo, parándose cada vez que llega al borde de las medias. Me está mirando fijamente. Estamos cara a cara y yo estoy indefensa, atada y en sujetador y medias. Creo que este es uno de nuestros momentos más íntimos; aquí, cerca, sentada en su regazo, mirando sus hermosos ojos grises. Me
hace sentir un poco descarada y a la vez muy conectada con él; no siento ni vergüenza ni timidez. Es Nick, mi marido, mi amante, mi megalómano dominante, mi Cincuenta… el amor de mi vida. Se baja la cremallera y a mí se me seca la boca al ver aparecer su erección, libre al fin.

Sonríe.
—¿Te gusta? —susurra.
—Ajá —le digo. Se envuelve el pene con la mano y empieza a moverla arriba y abajo. Oh, madre mía. Le miro a través de mis pestañas. Joder, es tan sexy…
—Se está mordiendo el labio, Sra. Jonas.
—Eso es porque tengo hambre.
—¿Hambre? —Abre la boca sorprendido y los ojos se le abren un poco más.
—Sí —le digo humedeciéndome los labios.
Me dedica una sonrisa enigmática y se muerde el labio inferior sin dejar de tocarse. ¿Por qué ver a mi marido dándose placer me pone tanto?
—Ya veo. Deberías haber cenado. —Su tono es burlón y de censura a la vez—. Pero tal vez yo pueda hacer algo… —Me pone la mano en la cintura—. Ponte de pie —me dice en voz baja y yo ya sé lo que va a hacer.
Me pongo de pie; ya no me tiemblan las piernas.
—Y ahora de rodillas.
Hago lo que me pide y me arrodillo sobre el frío suelo de baldosas del baño. Se acerca al borde del asiento.
—Bésame —me pide sujetándose la erección con la mano. Le miro y advierto que se está pasando la lengua por los dientes superiores. Es excitante, muy excitante ver su deseo, su deseo desnudo por mí y por mi boca. Me acerco sin dejar de mirarle y le doy un beso en la punta del pene en erección. Veo como inhala con fuerza y aprieta los dientes. Nick me coge la cabeza con la mano y yo le paso la lengua por la punta para saborear una gotita de semen que hay en el extremo.
Mmm… sabe bien. Abre más la boca para poder respirar por ella cuando yo me lanzo sobre él, metiéndomelo en la boca y chupando con fuerza.
—Ah…
Suelta el aire entre los dientes apretados y proyecta la cadera hacia delante, empujando dentro de mi boca. Pero eso no me hace parar. Me cubro los dientes con los labios y bajo para después subir. Me coloca la otra mano en la cabeza para agarrármela por ambos lados, enreda los dedos en mi pelo y lentamente va entrando y saliendo de mi boca. Su respiración se acelera y se hace cada vez más trabajosa. Rodeo la punta con la lengua y después me lo vuelvo a meter todo en la boca en perfecto contrapunto a su movimiento.
—Dios, ________(tn). —Suspira y aprieta los párpados. Se está perdiendo y verle así se me sube a la cabeza. Es por mí. Muy lentamente aparto los labios y lo que le roza ahora son mis dientes—. ¡Ah! —Nick deja de moverse. Se agacha y me coge para volver a subirme a su regazo—. ¡Para! —gruñe.
Busca detrás de mí y me libera las manos con un simple tirón a las bragas. Flexiono las muñecas y miro por debajo de las pestañas a unos ojos abrasadores que me devuelven la mirada con amor, necesidad y lujuria. Y de repente me doy cuenta de que soy yo la que quiere follarle mil veces peor que el domingo. Le deseo con todas mis fuerzas. Quiero verle correrse debajo de mí. Le cojo el pene y me acerco rápidamente a
él. Coloco mi otra mano sobre su hombro y muy despacio y con mucho cuidado le introduzco dentro de mí. Él emite un sonido gutural y salvaje desde el fondo de la garganta y levantando los brazos me arranca la blusa y la deja caer en el suelo. Sus manos pasan a mis caderas.
—Quieta —dice con voz ronza y con las manos clavándose en mi carne—. Déjame saborear esto, por favor. Saborearte…
Me quedo quieta. Oh, Dios… Me siento tan bien con él dentro de mí. Me acaricia la cara mirándome con los ojos muy abiertos y salvajes y los labios separados. Se mueve debajo de mí y yo gimo y cierro los ojos.
—Este es mi lugar favorito —me susurra—. Dentro de ti. Dentro de mi mujer.

Oh, joder, Nick. No puedo aguantar más. Deslizo los dedos entre su pelo mojado, mis labios buscan los suyos y empiezo a moverme. Arriba y abajo, poniéndome de puntillas… saboreándole, saboreándome. Él gime fuerte y noto sus manos en mi pelo y en mi espalda y su lengua invadiendo mi boca ávidamente, cogiéndolo todo y yo dándoselo encantada. Después de todas las discusiones del día, de mi frustración con él y la suya conmigo, al menos todavía tenemos esto. Siempre tendremos esto. Le quiero tanto que es casi demasiado. Baja las manos hasta colocarlas en mi culo para controlar mi movimiento, arriba y abajo, una y otra vez, a su ritmo, su tempo caliente y resbaladizo.
—¡Ah! —gimo indefensa dentro de su boca y me dejo llevar.
—Sí, ________(tn), sí… —dice entre dientes y yo le cubro la cara de besos: en la barbilla, en la mandíbula, en el cuello…—. Nena… —jadea y vuelve a atrapar mi boca.
—Oh, Nick, te quiero. Siempre te querré. —Estoy sin aliento, pero quiero que lo sepa, que esté seguro de mí después de todas nuestras peleas de hoy.
Gime y me abraza con fuerza, abandonándose al clímax con un sollozo lastimero. Y eso es justo lo que necesitaba para volver a llevarme al borde del abismo: le rodeo el cuello con los brazos y me dejo ir con él en mi interior. Tengo los ojos llenos de lágrimas porque lo quiero muchísimo.


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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Mayo 4th 2014, 17:25

—Oye… —me susurra agarrándome la barbilla para echarme atrás la cabeza y mirándome preocupado
—. ¿Por qué lloras? ¿Te he hecho daño?
—No —le digo para tranquilizarle.
Me aparta el pelo de la cara y me seca una lágrima con el pulgar a la vez que me besa tiernamente en los labios. Sigue dentro de mí. Cambia de postura y yo hago una mueca cuando sale.
—¿Qué te pasa, ________(tn)? Dímelo. Sorbo por la nariz.
—Es que… Es solo que a veces me abruma darme cuenta de cuánto te quiero —le confieso. Él me sonríe con esa sonrisa tímida tan especial que creo que tiene reservada solo para mí.
—Tú tienes el mismo efecto en mí —me susurra y me da otro beso. Yo sonrío y en mi interior la felicidad se despereza y se estira encantada.
—¿Ah, sí? Él sonríe.
—Sabes que sí.
—A veces sí lo sé. Pero no todo el tiempo.
—Ídem, Sra. Jonas.
Le sonrío y le doy besitos en el pecho. Luego le acaricio el vello con la nariz. Nick me acaricia el pelo y me pasa una mano por la espalda. Me suelta el sujetador y me baja un tirante. Me muevo para que me quite el otro tirante y él deja caer al suelo el sujetador.
—Mmm… Piel contra piel —dice feliz y me abraza otra vez.
Me da un beso en el hombro y sube acariciándome con la nariz hasta mi oreja.
—Huele divinamente, Sra. Jonas.
—Y usted, Sr. Jonas. —Vuelvo a acariciarle con la nariz y aspiro el aroma de Nick, que ahora está mezclado con el embriagador perfume del sexo. Podría quedarme así para siempre: en sus brazos, feliz y satisfecha. Es justo lo que necesitaba después de este día de mucho trabajo, discusiones y de poner a una zorra en su sitio. Aquí es donde quiero estar, y a pesar de su obsesión por el control y su megalomanía, este es el sitio al que pertenezco. Nick entierra la nariz en mi pelo e inspira hondo. Yo suspiro satisfecha y noto su sonrisa. Y así nos quedamos; sentados, abrazados y en silencio.

Pero un instante después la realidad se entromete en nuestro momento.
—Es tarde —dice Nick mientras me acaricia metódicamente la espalda con los dedos.
—Y tú sigues necesitando un corte de pelo. Ríe.
—Cierto, Sra. Jonas. ¿Tiene energía suficiente para acabar lo que ha empezado?
—Por usted, Sr. Jonas, cualquier cosa. —Le doy otro beso en el pecho y me levanto a regañadientes.
—Un momento. —Me coge de las caderas y me gira. Me baja la falda y me la desabrocha para después dejarla caer al suelo. Me tiende la mano, yo se la cojo y salgo de la falda. Ahora solo llevo puestas las medias y el liguero—. Es usted una visión espectacular, Sra. Jonas. —Se apoya en el respaldo de la silla y cruza los brazos mientras me mira de arriba abajo.
Yo doy una vuelta para que él me vea.
—Dios, soy un hijo de puta con suerte —dice con admiración.
—Sí que lo eres. Sonríe.
—Ponte mi camisa para cortarme el pelo. Así como estás ahora me distraes y no conseguiríamos llegar a la cama hoy.
No puedo evitar sonreír. Como sé que está observando todos mis movimientos, voy pavoneándome hasta donde dejamos mis zapatos y su camisa. Me agacho despacio, cojo la camisa, la huelo (mmm…) y después me la pongo. Nick me mira con los ojos muy abiertos. Se ha vuelto a abrochar la bragueta y me está contemplando atentamente.
—Menudo espectáculo, Sra. Jonas.
—¿Tenemos tijeras? —le pregunto con aire inocente, agitando las pestañas.
—En mi estudio —me dice.
—Voy en su busca. —Le dejo allí, entro en el dormitorio y cojo el peine de mi tocador antes de encaminarme a su estudio.
Cuando entro en el pasillo, advierto que la puerta del despacho de Taylor está abierta. La Sra. Jones está de pie junto al umbral. Me quedo parada como si hubiera echado raíces. Taylor le está acariciando la cara con los dedos y sonriéndole dulcemente. Entonces se inclina y le da un beso.
Vaya… ¿Taylor y la Sra. Jones? Me quedo con la boca abierta por el asombro. Bueno, yo creía… La verdad es que sospechaba algo. ¡Pero ahora es obvio que están juntos! Me sonrojo porque me siento como una voyeur y por fin consigo que mis pies vuelvan a echar a andar. Cruzo corriendo el salón y entro en el estudio de Nick. Enciendo la luz y voy hasta su escritorio. Taylor y la Sra. Jones… ¡Vaya! Mi mente va a mil por hora. Siempre he pensado que la Sra. Jones era mayor que Taylor. Oh, tampoco es tan difícil de entender… Abro el cajón de arriba de la mesa y me distraigo inmediatamente: dentro hay un arma. ¡Nick tiene un arma!
Un revólver. Dios mío… No tenía ni idea de que Nick tuviera un arma. Lo saco, abro el tambor y lo examino. Está cargado pero es ligero, muy ligero. Debe de ser de fibra de carbono. ¿Por qué puede querer tener Nick un arma? Oh, espero que sepa usarla. Me vienen a la mente las advertencias constantes de Ray sobre las armas de fuego (nunca olvidó su entrenamiento militar): «Esto te puede matar, ________(tn). Siempre que cojas un arma de fuego debes saber cómo usarla». Devuelvo el arma al cajón y busco las tijeras. Las cojo y salgo corriendo para volver con Nick, con la mente trabajando a mil por hora: Taylor y la Sra. Jones… El revólver…
En la entrada del salón me topo con Taylor.
—Perdón, Sra. Jonas. —Se sonroja al ver lo que llevo puesto.
—Oh, Taylor, hola… Le voy a cortar el pelo a Nick —le digo avergonzada.

Taylor está pasando tanta vergüenza como yo. Abre la boca para decir algo, pero vuelve a cerrarla y se aparta.
—Después de usted, Sra. —dice formalmente.
Creo que estoy del color de mi antiguo Audi, el que Nick les compraba a todas sus sumisas. Esta situación no podría ser más embarazosa…
—Gracias —murmuro y me apresuro por el pasillo. Mierda. ¿No me voy a acostumbrar nunca al hecho de que no estamos solos? Corro al baño.
—¿Qué pasa? —Nick está de pie delante del espejo con mis zapatos en la mano. Toda la ropa que estaba tirada en el suelo ahora está colocada ordenadamente al lado del lavabo.
—Me acabo de encontrar con Taylor.
—Oh. —Nick frunce el ceño—. ¿Así vestida? Oh, mierda.
—No ha sido culpa de Taylor.
El ceño de Nick se hace más profundo.
—No, pero aun así…
—Estoy vestida.
—Muy poco vestida.
—No sé a quién le ha dado más vergüenza, si a él o a mí. —Intento la técnica de la distracción—. ¿Tú sabías que él y Gail están… bueno… juntos?
Nick ríe.
—Sí, claro que lo sabía.
—¿Y por qué no me lo has dicho nunca?
—Pensé que tú también lo sabías.
—Pues no.
—________(tn), son adultos. Viven bajo el mismo techo. Ninguno tiene compromiso y los dos son atractivos. Me ruborizo y me siento tonta por no haberlo notado.
—Bueno, dicho así… Yo creía que Gail era mayor que Taylor.
—Lo es, pero no mucho. —Me mira perplejo—. A algunos hombres les gustan las mujeres mayores…
—Se calla de repente y se le abren mucho los ojos.
Le miro con el ceño fruncido.
—Ya… —le respondo molesta.
Nick parece arrepentido y me sonríe tiernamente. ¡Sí! ¡Mi técnica de distracción ha funcionado! Mi subconsciente pone los ojos en blanco: Sí, pero ¿a qué precio? Ahora vuelve a cernirse sobre mí el fantasma de la innombrable Sra. Robinson.
—Eso me recuerda algo —dice contento.
—¿Qué? —le pregunto. Cojo la silla y la giro para que quede mirando al espejo que hay sobre el lavabo
—. Siéntate —le ordeno. Nick me mira con indulgencia divertida, pero hace lo que le digo y se acomoda en la silla. Empiezo a peinarle el pelo que ya solo tiene un poco húmedo.
—Estaba pensando que podríamos reformar las habitaciones que hay encima del garaje en la casa nueva para que vivan ellos —me explica Nick—. Convertirlo en un hogar. Así tal vez la hija de Taylor podría venir a quedarse con él más a menudo. —Me observa con cautela a través del espejo.
—¿Y por qué no se queda aquí?
—Taylor nunca me lo ha pedido.
—Tal vez deberías sugerírselo tú. Pero nosotros tendríamos que tener más cuidado. Nick arruga la frente.

—No se me había ocurrido.
—Tal vez por eso Taylor no te lo ha pedido. ¿La conoces?
—Sí, es una niña muy dulce. Tímida. Muy guapa. Yo le pago el colegio.
¡Oh! Paro de peinarle y le miro desde el espejo.
—No tenía ni idea.
Él se encoge de hombros.
—Era lo menos que podía hacer. Además, así su padre no deja el trabajo.
—Estoy segura de que le gusta trabajar para ti.
Nick me mira sin expresión y después se encoje de hombros.
—No lo sé.
—Creo que te tiene mucho cariño, Nick. —Acabo de peinarle y le miro. Sus ojos no se apartan de los míos.
—¿Tú crees?
—Sí.
Ríe burlón sin darle importancia, pero suena satisfecho, como si se alegrara en el fondo de caerle bien a su personal.
—Entonces, ¿le dirás a Gia lo de las habitaciones sobre el garaje?
—Sí, claro. —Ya no siento la misma irritación que antes cuando menciona su nombre. Mi subconsciente asiente satisfecha. Sí, hoy lo hemos hecho bien. La diosa que llevo dentro se regodea. Ahora dejará en paz a mi marido y así no le hará sentir incómodo.
Ya estoy preparada para cortarle el pelo a Nick.
—¿Estás seguro? Es tu última oportunidad de echarte atrás.
—Hágalo lo peor que sepa, Sra. Jonas. Yo no tengo que verme; usted sí. Le sonrío.
—Nick yo podría pasarme el día mirándote. Niega con la cabeza, exasperado.
—Solo es una cara bonita, nena.
—Y detrás de esa cara hay un hombre muy bonito también. —Le doy un beso en la sien—. Mi hombre. Él sonríe tímido.
Cojo el primer mechón, lo peino hacia arriba y lo sostengo entre los dedos índice y corazón. Agarro el peine con la boca, cojo las tijeras y doy el primer corte, con el que me llevo un centímetro y medio más o menos. Nick cierra los ojos y se queda sentado como una estatua, suspirando satisfecho mientras yo sigo cortando. De vez en cuanto abre los ojos y siempre le encuentro observándome. No me toca mientras trabajo, lo que le agradezco. Su contacto… me distrae.
En quince minutos he acabado.
—Terminado. —Me gusta el resultado. Está tan guapo como siempre, con el pelo un poco caído y sexy, solo que algo más corto.
Nick se mira en el espejo y parece agradablemente sorprendido. Sonríe.
—Un gran trabajo, Sra. Jonas. —Gira la cabeza a un lado y luego al otro y me rodea con un brazo. Me atrae hacia él, me da un beso y me acaricia el vientre con la nariz—. Gracias —me dice.
—Un placer. —Me agacho para darle un beso breve.
—Es tarde. A la cama. —Y me da un azote juguetón en el culo.
—¡Ah! Deberíamos limpiar un poco esto. —Hay pelos por todo el suelo. Nick frunce el ceño como si eso no se le hubiera pasado por la cabeza.
—Vale, voy por la escoba —dice—. No quiero que andes por ahí avergonzando al personal con ese

atuendo tan inapropiado que llevas.
—Pero ¿sabes dónde está la escoba? —le pregunto inocentemente. Nick se queda parado.
—Eh… no. Río.
—Ya voy yo.



Cuando me meto en la cama y mientras espero que Nick venga también, pienso en el final tan diferente que podía haber tenido este día. Estaba tan enfadada con él antes y él conmigo… ¿Cómo puedo tratar esa tontería de que quiere que yo dirija una empresa? No deseo dirigir una empresa. Yo no soy él. Tengo que pararlo ya. Tal vez deberíamos tener una palabra de seguridad para los momentos en que él sea demasiado dominante y autoritario, para cuando sea petulante… Suelto una risita. Tal vez esa precisamente debería ser la palabra de seguridad: petulante. Me gusta la idea.
—¿Qué? —me dice al entrar en la cama a mi lado, llevando solo los pantalones del pijama.
—Nada. Una idea.
—¿Qué idea? —Se estira en la cama a mi lado. Ahí va…
—Nick, creo que no quiero dirigir una empresa. Se apoya sobre uno de los codos y me mira.
—¿Por qué dices eso?
—Porque es algo que nunca me ha llamado la atención.
—Eres más que capaz de hacerlo, ________(tn).
—Me gusta leer, Nick. Dirigir una empresa me apartaría de eso.
—Podrías ser una directiva creativa. Frunzo el ceño.
—Mira —continúa—, dirigir una empresa que funciona se basa en aprovechar el talento de los individuos que tienes a tu disposición. Ahí es donde está tu talento y tus intereses; luego estructuras la empresa para permitir que puedan hacer su trabajo. No lo rechaces sin pensarlo, ________(tn). Eres una mujer muy capaz. Creo que podrías hacer lo que quisieras solo con proponértelo.
Vaya… ¿Cómo puede saber que eso se me daría bien?
—Me preocupa que me ocupe demasiado tiempo. Nick frunce el ceño de nuevo.
—Tiempo que podría dedicarte a ti —digo sacando mi arma secreta. Su mirada se oscurece.
—Sé lo que te propones —susurra divertido.
¡Mierda!
—¿Qué? —pregunto con fingida inocencia.
—Estás intentando distraerme del tema que tenemos entre manos. Siempre lo haces. No rechaces la idea todavía, ________(tn). Piénsatelo. Solo te pido eso. —Se inclina y me da un beso casto y después me acaricia la mejilla con el pulgar. Esta discusión va para largo. Le sonrío y de repente algo que ha dicho antes me viene a la
cabeza sin saber cómo.
—¿Puedo preguntarte algo? —digo con voz suave y tentadora.
—Claro.
—Antes has dicho que si estaba enfadada contigo, que te lo hiciera pagar en la cama. ¿Qué querías decir?

Se queda quieto.
—¿Tú qué crees que quería decir? Dios, ahora tengo que decirlo…
—Que quieres que te ate.
Levanta ambas cejas por el asombro.
—Eh… no. No era eso lo que quería decir en absoluto.
—Oh. —Me sorprende la ligera decepción que siento.
—¿Quieres atarme? —me pregunta porque obviamente ha identificado mi expresión correctamente. Suena alucinado. Me ruborizo.
—Bueno…
—________(tn), yo… —No acaba la frase y algo oscuro cruza por su cara.
—Nick… —susurro alarmada. Me muevo para quedar tumbada de lado y apoyada en un codo como él. Le acaricio la cara. Tiene los ojos muy abiertos y llenos de miedo. Sacude la cabeza con tristeza. ¡Mierda!
—. Nick, para. No importa. Solo creía que querías decir eso.
Me coge la mano y se la pone sobre el corazón, que le late con fuerza. ¡Joder! ¿Qué pasa?
—________(tn), no sé cómo me sentiría si estuviera atado y tú me tocaras…
Se me eriza el vello. Es como si me estuviera confesando algo profundo y oscuro.
—Todo esto es demasiado nuevo todavía —dice en voz baja y ronca.
Joder. Solo era una idea. Soy consciente de que él está avanzando bastante, pero todavía le queda mucho. Oh, Cincuenta, Cincuenta, Cincuenta… La ansiedad me atenaza el corazón. Me inclino y él se queda petrificado, pero yo le doy un beso en la comisura de la boca.
—Nick, no te he entendido bien. No te preocupes por eso. No lo pienses, por favor. —Le doy un beso más apasionado. Él cierra los ojos, gruñe y responde a mi beso. Después me empuja contra el colchón y me agarra la barbilla con las manos. Y en unos momentos los dos estamos perdidos… Perdidos el uno en el otro una vez más.
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Mayo 4th 2014, 17:27

hola! se que me he tardado bastante en subir lo siento! espero que no se hallan cansado de esperar!
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Mayo 4th 2014, 18:37

owww...
me encanta cuando le dice cincuenta
siguela pronto...
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Mayo 15th 2014, 20:44

Holaaa subiste capi subirs mas?
Es m encanta en cuanto lo lei
m emosioneeyo kiero un hombre de esos digo si no es mucho pedir jiji heee esa rayis
su puso komo fiera m alegra yo aria lo mismo
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Junio 3rd 2014, 16:03

CAPITULO 9


Cuando me despierto antes de que suene el despertador a la mañana siguiente, Nick está enroscado sobre mi cuerpo como una planta de hiedra: la cabeza sobre mi pecho, el brazo alrededor de mi cintura y una pierna entre las mías. Además está en mi lado de la cama. Siempre pasa lo mismo. Si discutimos la noche anterior, así es como acaba: retorcido sobre mi cuerpo, dándome calor y restringiéndome los movimientos.
Oh, Cincuenta… Tiene tantas necesidades a ese nivel. Quién lo habría creído… La imagen de Nick como un niño sucio y desgraciado me viene a la mente. Le acaricio el pelo más corto y mi melancolía se va desvaneciendo. Él se mueve y sus ojos somnolientos se encuentran con los míos. Parpadea un par de veces mientras se va despertando.
—Hola —susurra y sonríe.
—Hola. —Me encanta ver esa sonrisa por la mañana.
Me acaricia los pechos con la nariz y emite un sonido de satisfacción desde el fondo de su garganta. Su mano va bajando desde mi cintura por encima de la fresca seda de mi camisón.
—Eres un bocado tentador —susurra—. Pero por muy tentadora que seas —dice mirando el despertador
—, tengo que levantarme. —Se estira, se desenreda de mi cuerpo y se levanta.
Yo me tumbo, pongo las manos detrás de la cabeza y disfruto del espectáculo: Nick desnudándose para meterse en la ducha. Es perfecto. No le cambiaría ni un pelo de la cabeza.
—¿Admirando la vista, Sra. Jonas? —Nick arquea una ceja burlona.
—Es que es una vista terriblemente bonita, Sr. Jonas.
Sonríe y me tira los pantalones del pijama, que casi aterrizan en mi cara pero consigo cogerlos en el aire a tiempo, riendo como una colegiala. Con una sonrisa perversa aparta el edredón, pone una rodilla en la cama, me coge los tobillos y tira de mí haciendo que se me suba el camisón. Chillo mientras él va subiendo por mi cuerpo, dándome besos desde la rodilla, por el muslo, siguiendo por… Oh, Nick…



—Buenos días, Sra. Jonas —me saluda la Sra. Jones. Me ruborizo, avergonzada al recordar su encuentro con Taylor que presencié anoche.
—Buenos días —le respondo. Ella me pasa una taza de té. Me siento en un taburete al lado de mi marido, que está radiante: recién duchado, con el pelo húmedo, una camisa blanca recién planchada y la corbata gris plateado. Mi corbata favorita. Tengo muy buenos recuerdos de esa corbata.
—¿Qué tal está, Sra. Jonas? —me pregunta con la mirada tierna.
—Creo que ya lo sabe, Sr. Jonas —le digo mirándole a través de las pestañas. Él sonríe.
—Come —me ordena—. Casi no cenaste ayer.
¡Oh, mi Cincuenta, siempre tan mandón!
—Eso es porque tú estabas siendo petulante.
A la Sra. Jones se le cae algo en el fregadero y el ruido me sobresalta. Nick parece ajeno al ruido;
ignorándolo, se me queda mirando impasible.
—Petulante o no, tú come. —Su tono es serio y no tengo intención de discutir con él.
—Vale. Ya cojo la cuchara y me como los cereales —digo como una adolescente irascible. Extiendo el brazo para coger el yogur griego y me echo unas cucharadas en los cereales. Después le incorporo un puñado de arándanos. Miro a la Sra. Jones y nuestras miradas se encuentran. Le sonrío y ella me responde con una sonrisa cariñosa. Me ha preparado mi desayuno favorito, el que descubrí durante la luna de miel.

—Creo que voy a tener que ir a Nueva York a finales de semana. —El anuncio de Nick interrumpe mis pensamientos.
—Oh.
—Solo voy a pasar una noche. Y quiero que vengas conmigo.
—Nick, yo no puedo pedir el día libre.
Me mira como diciendo: ¿tú crees, teniendo en cuenta que yo soy el jefe? Suspiro.
—Sé que la empresa es tuya, pero he estado fuera tres semanas. ¿Cómo puedes esperar que dirija el negocio si nunca estoy? Estaré bien aquí. Supongo que te llevarás a Taylor, pero Sawyer y Ryan se quedarán aquí… —Me interrumpo porque Nick me está sonriendo—. ¿Qué?
—Nada. Solo tú —dice.
Frunzo el ceño. ¿Se está riendo de mí? Entonces se me ocurre algo preocupante.
—¿Cómo vas a ir a Nueva York?
—En el jet de la empresa, ¿por qué?
—Solo quería estar segura de que no ibas a coger a Charlie Tango —le digo en voz baja y un escalofrío me recorre la espalda. Recuerdo la última vez que pilotó ese helicóptero y siento una oleada de náuseas al evocar las tensas horas que pasé esperando noticias. Probablemente ese ha sido el peor momento de mi vida. Noto que la Sra. Jones también se ha quedado muy quieta. Intento olvidarme de eso.
—No iría a Nueva York con Charlie Tango . El helicóptero no puede recorrer esas distancias. Además, todavía tiene que estar dos semanas más en reparación.
Gracias a Dios. Sonrío, en parte por el alivio, pero también porque sé que el accidente de Charlie Tango
ha ocupado los pensamientos y el tiempo de Nick durante las últimas semanas.
—Bueno, me alegro de que ya casi esté arreglado, pero… —No acabo la frase. ¿Puedo decir lo nerviosa que me pone que vuelva a volar?
—¿Qué? —me pregunta mientras se termina su tortilla. Me encojo de hombros.
—¿________(tn)? —pregunta con la voz tensa.
—Es que… ya sabes. La última vez que volaste con el helicóptero… Creí, creímos que… —No puedo acabar la frase y la expresión de Nick se suaviza.
—Oye… —Me acaricia la cara con el dorso de los nudillos—. Fue un sabotaje. —Algo oscuro cruza por su cara y durante un momento me pregunto si ya sabrá quién fue el responsable.
—No podría soportar perderte —le susurro.
—He despedido a cinco personas por eso, ________(tn). No volverá a pasar.
—¿A cinco?
Asiente con expresión seria. Vaya…
—Eso me recuerda algo… He encontrado un arma en tu escritorio.
Frunce el ceño ante la falta de lógica de mi asociación y probablemente por mi tono acusatorio, aunque no era esa mi intención.
—Es de Leila —me dice por fin.
—Está cargada.
—¿Cómo lo sabes? —Su ceño se hace más pronunciado.
—Lo comprobé ayer.
—No quiero que tengas nada que ver con armas —me regaña—. Espero que volvieras a ponerle el seguro.
Parpadeo, momentáneamente estupefacta.

—Nick, ese revolver no tiene seguro. ¿Sabes algo de armas? Nick abre mucho los ojos.
—Eh… no.
Taylor tose discretamente desde la entrada. Nick asiente.
—Tenemos que irnos —dice Nick. Se levanta distraído y después se pone la chaqueta. Le sigo en dirección al pasillo.
Tiene el arma de Leila. Estoy desconcertada por esa información y me pregunto qué le habrá pasado a ella. ¿Seguirá en… dónde era? ¿East algo? ¿New Hampshire? No me acuerdo.
—Buenos días, Taylor —saluda Nick.
—Buenos días Sr. Jonas. Sra. Jonas. —Nos saluda con la cabeza a ambos, pero procura no mirarme a los ojos. Se lo agradezco, al recordar lo poco vestida que iba anoche cuando me lo encontré.
—Voy a lavarme los dientes —les digo. Nick siempre se lava los dientes antes de desayunar, no comprendo por qué…



—Deberías pedirle a Taylor que te enseñe a disparar —le sugiero a Nick mientras bajamos en el ascensor. Nick me mira divertido.
—¿Tú crees? —me dice cortante.
—Sí.
—________(tn), odio las armas. Mi madre ha tenido que coser a demasiadas víctimas de armas de fuego y mi padre está totalmente en contra de las armas. Yo he crecido con esos valores. He apoyado al menos dos iniciativas para el control de armas en Washington.
—Oh, ¿y Taylor lleva un arma? Nick aprieta los labios.
—A veces.
—¿No lo apruebas? —le pregunto al salir del ascensor.
—No —dice con los labios apretados—. Digamos que Taylor y yo tenemos diferentes puntos de vista en lo que respecta al control de armas.
Pues yo creo que estoy con Taylor en ese tema…
Nick me abre la puerta del vestíbulo y salgo en dirección al coche. No me ha dejado ir sola en coche a la editorial desde que descubrió que lo de Charlie Tango había sido un sabotaje. Sawyer me sonríe amablemente mientras me sujeta la puerta y Nick sube al coche por el otro lado.
—Por favor —le digo extendiendo el brazo y cogiéndole la mano.
—¿Por favor, qué?
—Aprende a disparar. Pone los ojos en blanco.
—No. Fin de la discusión, ________(tn).
Y de nuevo me convierto en la niña a la que regaña. Abro la boca para responderle algo cortante, pero decido que no quiero empezar el día de trabajo enfadada. Cruzo los brazos y miro a Taylor, que me observa por el retrovisor. Aparta la vista y se concentra en la carretera, pero niega con la cabeza con evidente frustración. Veo que Nick también le saca de quicio a veces. La idea me hace sonreír y eso mejora mi humor.
—¿Dónde está Leila? —le pregunto a Nick, que mira distraído por la ventanilla.
—Ya te lo he dicho. En Connecticut con su familia —me dice mirándome.
—¿Lo has comprobado? Después de todo, tiene el pelo largo. Podría ser ella la que conducía el Dodge.

—Sí, lo he comprobado. Se ha inscrito en una escuela de arte en Hamden. Ha empezado esta semana.
—¿Has hablado con ella? —le pregunto. Toda la sangre ha abandonado mi cara. Nick vuelve la cabeza para mirarme al notar el tono de mi voz.
—No. Flynn es quien ha hablado con ella. —Estudia mi cara para saber qué estoy pensando.
—Ah —digo aliviada.
—¿Qué?
—Nada. Nick suspira.
—¿Qué te pasa, ________(tn)?
Me encojo de hombros porque no quiero admitir que tengo celos irracionales.
—La tengo vigilada —continúa Nick— para estar seguro de que se queda en su parte del país. Está mejor, ________(tn). Flynn la ha derivado a un psiquiatra en New Haven y todos los informes son positivos. Siempre le ha interesado el arte, así que… —Se detiene y me observa. Y en ese momento me surge la sospecha de que
él es quien paga ese curso de arte. ¿Quiero saberlo? ¿Debería preguntarle? No es que no pueda permitírselo, pero ¿por qué se siente obligado? Suspiro. El equipaje de Nick no se parece nada a mi Bradley Kent de la clase de biología y sus torpes intentos de darme un beso. Nick me coge la mano.
—No te agobies por eso, ________(tn) —murmura y yo le aprieto la mano para tranquilizarle. Sé que está haciendo lo que cree que es mejor.



A media mañana tengo un descanso entre reuniones. Cuando cojo el teléfono para llamar a Kate, veo que tengo un correo de Nick.

De: Nick Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 09:54
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: Halagos


Sra. Jonas:
Me han alabado tres veces mi nuevo corte de pelo. Que los miembros de mi personal me hagan ese tipo de observaciones es algo que no había ocurrido nunca antes. Debe de ser por la ridícula sonrisa que se me pone cuando pienso en lo de anoche. Es una mujer maravillosa, preciosa y con muchos talentos.
Y toda mía.

Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.

Me derrito al leer esas palabras. De: ________(tn) Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 10:48
Para: Nick Jonas
Asunto: Estoy intentando concentrarme

Señor Jonas:
Estoy intentando trabajar y no quiero que me distraigan con recuerdos deliciosos.
Quizá ha llegado el momento de confesar que le he cortado el pelo regularmente a Ray durante gran parte de mi vida. No tenía ni idea de que eso me iba a ser tan útil.
Y sí, soy suya, y usted, mi querido marido dominante que se niega a ejercer su derecho constitucional enunciado en la Segunda Enmienda a llevar armas, es mío. Pero no se preocupe porque ya le protegeré yo. Siempre.

________(tn) Jonas
Editora de SIP



De: Nick Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 10:53
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: La pistolera ________(ta) Oak ley


Sra. Jonas:
Estoy encantado de ver que ya ha hablado con el departamento de informática y al fin se ha cambiado el apellido:D.
Y dormiré tranquilo en mi cama sabiendo que mi esposa, la loca de las armas, duerme a mi lado.

Nick Jonas
Presidente amp; Hoplófobo de Jonas Enterprises Holdings, Inc.

¿Hoplófobo? ¿Qué demonios es eso? De: ________(tn) Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 10:58
Para: Nick Jonas
Asunto: Palabras largas


Señor Jonas:
Me vuelve usted a impresionar con su destreza lingüística. De hecho me impresionan sus destrezas en general (y creo que ya sabe a qué me refiero…).

________(tn) Jonas
Editora de SIP



De: Nick Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 11:01
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: ¡Oh!

Sra. Jonas:
¿Está usted flirteando conmigo?

Nick Jonas
Asombrado presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.



De: ________(tn) Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 11:04
Para: Nick Jonas
Asunto: ¿Es que preferiría…?

¿… que flirteara con otro? ________(tn) Jonas
Valiente editora de SIP



De: Nick Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 11:09
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: Grrr…


¡NO!

Nick Jonas
Posesivo presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.



De: ________(tn) Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 11:14
Para: Nick Jonas
Asunto: Uau…

¿Me estás gruñendo? Porque eso me parece muy excitante… ________(tn) Jonas
Retorcida (en el buen sentido) editora de SIP



De: Nick Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 11:16
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: Tenga cuidado

¿Flirteando y jugando conmigo, Sra. Jonas? A que voy a hacerle una visita esta tarde…

Nick Jonas
Presidente afectado de priapismo de Jonas Enterprises Holdings, Inc.



De: ________(tn) Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 11:20
Para: Nick Jonas
Asunto: ¡Oh, no!


No, me porto bien. No quiero que el jefe del jefe del jefe venga a ponerme en mi sitio en el trabajo.Wink
Ahora déjame seguir trabajando o el jefe del jefe de mi jefe me va a dar una patada en el culo y me va a echar a la calle.

________(tn) Jonas
Editora de SIP



De: Nick Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 11:23
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: amp;*% $ amp;* amp;*


Créeme cuando te digo que hay muchas cosas que se me ocurre hacer con tu culo ahora mismo, pero darle una patada no es una de ellas.

Nick Jonas
Presidente y especialista en culos de Jonas Enterprises Holdings, Inc.

Su respuesta me hace reír. De: ________(tn) Jonas
Fecha: 23 de agosto de 2011 11:26
Para: Nick Jonas
Asunto: ¡Que me dejes!


¿No tienes que dirigir un imperio? Deja de molestarme.
Ya ha llegado mi siguiente cita.
Yo pensaba que eras más de pechos que de culos… Tú piensa en mi culo y yo pensaré en el tuyo…
TQ

x
________(tn) Jonas
Editora ahora húmeda de SIP


No puedo evitar que mi estado de ánimo sea un poco tristón cuando Sawyer me lleva a la oficina el jueves. El viaje a Nueva York que Nick me había anunciado ha llegado y aunque solo lleva fuera unas pocas horas, ya le echo de menos. Al encender el ordenador veo que ya tengo un correo esperándome. Mi ánimo mejora inmediatamente.

De: Nick Jonas
Fecha: 25 de agosto de 2011 04:32
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: Ya te echo de menos


Sra. Jonas:
Estaba adorable esta mañana… Pórtate bien mientras estoy fuera. Te quiero.

Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.


Esta va a ser la primera noche que dormimos separados desde la boda. Tengo intención de tomarme unos cócteles con Kate, eso me ayudará a dormir. Impulsivamente le contesto al correo, aunque sé que todavía está volando.

De: ________(tn) Jonas
Fecha: 25 de agosto de 2011 09:03
Para: Nick Jonas
Asunto: ¡Compórtate!


Llámame cuando aterrices. Voy a estar preocupada hasta que no lo hagas.
Me portaré bien. No puedo meterme en muchos problemas saliendo con Kate…

________(tn) Jonas
Editora de SIP


Pulso «Enviar» y le doy un sorbo a mi caffè latte , cortesía de Hannah. ¿Quién iba a pensar que al final acabaría gustándome el café? A pesar de que voy a salir esta noche con Kate, siento que me falta un trozo de mí; en este momento está a diez mil metros sobre el Medio Oeste, camino de Nueva York. No sabía que me iba a sentir tan alterada y ansiosa solo porque Nick estuviera fuera. Seguro que con el tiempo ya no sentiré esta sensación de inseguridad y de pérdida, ¿verdad? Dejo escapar un suspiro y sigo trabajando.
Más o menos a la hora de comer empiezo a comprobar frenéticamente mi correo y mi BlackBerry por si me ha mandado un mensaje. ¿Dónde está? ¿Habrá aterrizado bien? Hannah me pregunta si quiero ir a comer,

pero estoy demasiado preocupada y le digo que se vaya sin mí. Sé que esto es irracional, pero necesito saber que ha llegado bien.
Suena el teléfono de mi oficina y me sobresalta.
—________(tn) Ste… Jonas.
—Hola. —La voz de Nick es tierna y tiene un punto alegre. Siento que me embarga el alivio.
—Hola —le respondo sonriendo de oreja a oreja—. ¿Qué tal el vuelo?
—Largo. ¿Qué vas a hacer con Kate? Oh, no.
—Solo vamos a salir a tomar unas copas tranquilamente. Nick no dice nada.
—Sawyer y la chica nueva, Prescott, van a venir también para hacer a vigilancia —le digo para aplacarle un poco.
—Creía que Kate iba a venir al piso.
—Sí, pero después de tomar una copa rápida.
¡Por favor, déjame salir por ahí! Nick suspira profundamente.
—¿Por qué no me lo habías dicho? —me dice con calma. Demasiada calma. Me doy una patada en la espinilla mentalmente.
—Nick, vamos a estar bien. Tengo a Ryan, a Sawyer y a Prescott. Y solo es una copa. Nick permanece en testarudo silencio y percibo que no está nada contento.
—Solo he podido quedar con ella unas pocas veces desde que tú y yo nos conocimos. Y es mi mejor amiga…
—________(tn), no quiero apartarte de tus amigos. Pero creía que habíais quedado en casa.
—Vale —concedo—. Nos quedaremos en casa.
—Solo mientras esté por ahí ese lunático suelto. Por favor.
—Ya te he dicho que sí —le digo exasperada y poniendo los ojos en blanco. Nick ríe un poco al otro lado del teléfono.
—Siempre sé cuándo estás poniendo los ojos en blanco aunque no te vea. Miro el auricular con el ceño fruncido.
—Oye, lo siento. No quería preocuparte. Se lo voy a decir a Kate.
—Bien —dice con alivio evidente. Me siento culpable por haberle preocupado.
—¿Dónde estás?
—En la pista del aeropuerto JFK.
—Oh, acabas de aterrizar…
—Sí. Me has pedido que te llamara en cuanto aterrizara.
Sonrío. Mi subconsciente me mira un poco enfadada: ¿Ves? Él hace lo que dice que va a hacer…
—Bueno, Sr. Jonas, me alegro de que uno de los dos sea tan puntilloso. Nick se ríe.
—Sra. Jonas, tiene un don inconmensurable para la hipérbole. ¿Qué voy a hacer con usted?
—Estoy segura de que se te ocurrirá algo imaginativo. Siempre se te ocurre algo.
—¿Estás flirteando conmigo?
—Sí.
Noto que sonríe.
—Tengo que irme, ________(tn). Haz lo que te he dicho, por favor. El equipo de seguridad sabe lo que hace.
—Sí, Nick, lo haré. —Vuelvo a sonar irritada. Vale, he captado el mensaje…
—Te veo mañana por la noche. Y te llamo luego.

—¿Para comprobar lo que estoy haciendo?
—Sí.
—¡Oh, Nick! —le regaño.
—Au revoir, Sra. Jonas.
—Au revoir, Nick. Te quiero. Inspira hondo.
—Y yo a ti, ________(tn).
Ninguno de los dos cuelga.
—Cuelga, Nick… —le susurro.
—Eres una mandona, ¿lo sabías?
—Tu mandona.
—Mía —dice—. Haz lo que te digo. Cuelga.
—Sí, Sr.. —Cuelgo y me quedo mirando estúpidamente al teléfono. Unos segundos después aparece un correo en mi bandeja de entrada.

De: Nick Jonas
Fecha: 25 de agosto de 2011 13:42
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: M ano suelta


Sra. Jonas:
Me ha resultado tan entretenida como siempre por teléfono. Haz lo que te he dicho, lo digo en serio.
Tengo que saber que estás segura. Te quiero.

Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.


Él sí que es un mandón. Pero con una llamada de teléfono toda mi ansiedad ha desaparecido. Ha llegado sano y salvo y está demasiado preocupado por mí, como siempre. Me rodeo el cuerpo con los brazos. Dios, cuánto quiero a ese hombre. Hannah llama a la puerta, lo que me distrae y me devuelve a la realidad.

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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Junio 3rd 2014, 16:05

Kate está fantástica. Lleva unos vaqueros blancos ajustados y una camisola roja y parece lista para poner patas arriba la ciudad. Cuando llego la veo charlando animadamente con Claire, la chica de la recepción.
—¡________(tn)! —grita envolviéndome en uno de esos abrazos tan típicos de Kate. Luego extiende los brazos para separarse un poco y me mira de arriba abajo.
—Ahora sí que pareces la mujer del multimillonario. ¿Quién lo habría dicho al ver a la pequeña ________(tn) ________(ta)? Se te ve tan… sofisticada. —Sonríe y yo pongo los ojos en blanco. Llevo un vestido recto de color crema con un cinturón azul marino a juego con los zapatos planos.
—Me alegro de verte, Kate —digo abrazándola.
—Bien, ¿adónde vamos?
—Nick quiere que nos quedemos en el piso.
—¿Ah, sí? ¿Y no podemos tomarnos un cóctel rapidito en el Zig Zag Café? He reservado una mesa.

Abro la boca para protestar.
—Por favor… —suplica y pone un mohín muy dulce. Se le deben de estar pegando esas cosas de Mia. Ella antes no hacía esos gestos. La verdad es que me apetece mucho un cóctel en el Zig Zag. Nos lo pasamos muy bien la última vez que fuimos y está cerca del apartamento de Kate.
—Uno —digo extendiendo el dedo índice. Sonríe.
—Uno.
Me coge del brazo y salimos en dirección al coche, que está aparcado en la acera con Sawyer al volante. Nos sigue la señorita Belinda Prescott, que es nueva en el equipo de seguridad: una mujer afroamericana con una actitud bastante firme y autoritaria. Todavía no me acaba de caer bien, tal vez porque es demasiado fría y profesional. Su contratación no es definitiva aún, pero como el resto del equipo, la ha elegido Taylor. Va vestida como Sawyer, con un traje pantalón oscuro y discreto.
—¿Puedes llevarnos al Zig Zag, por favor, Sawyer?
Sawyer se gira para mirarme y sé que está a punto de decir algo. Obviamente ha recibido órdenes. Duda.
—Al Zig Zag Café. Solo vamos a tomar una copa.
Miro a Kate con el rabillo del ojo y veo que está observando a Sawyer. Pobrecito…
—Sí, Sra..
—El Sr. Jonas ha pedido expresamente que ustedes fueran al piso —apunta Prescott.
—El Sr. Jonas no está aquí —le respondo—. Al Zig Zag, por favor.
—Sí, Sra. —repite Sawyer con una mirada de soslayo a Prescott, que inteligentemente se muerde la lengua.
Kate me mira con la boca abierta como si no se pudiera creer lo que está viendo y oyendo. Yo frunzo los labios y me encojo de hombros. Vale, soy un poco más autoritaria de lo que era antes. Kate asiente mientras Sawyer se introduce en el tráfico de primera hora de la noche.
—¿Sabes que las nuevas medidas de seguridad adicionales están volviendo locas a Grace y a Mia? —me cuenta Kate.
La miro boquiabierta y perpleja.
—¿No lo sabías? —Parece no poder creérselo.
—¿El qué?
—Que han triplicado la seguridad de todos los miembros de la familia Jonas. O más bien la han multiplicado por mil…
—¿De verdad?
—¿No te lo ha dicho?
—No. —Me ruborizo. Maldita sea, Nick—. ¿Sabes por qué?
—Por lo de Jack Hyde.
—¿Qué pasa con Jack? Creía que solo iba a por Nick. —Estoy alucinada. Vaya… ¿Por qué no me lo ha dicho?
—Desde el lunes —prosigue Kate.
¿El lunes pasado? Mmm… Identificamos a Jack el domingo. Pero ¿por qué todos los Jonas?
—¿Cómo sabes todo eso?
—Por Elliot. Claro.
—Nick no te ha contado nada de esto, ¿eh?
—No —confieso y vuelvo a ruborizarme.
—Oh, ________(tn), qué irritante…

Suspiro. Como siempre, Kate ha dado justo en el clavo con el estilo directo como un mazazo que la caracteriza.
—¿Y sabes por qué? —Si Nick no me lo va a contar, tal vez Kate sí.
—Elliot dice que tiene algo que ver con la información que había en el ordenador de Jack Hyde cuando trabajaba en Seattle Independent Publishing.
Madre mía…
—Tienes que estar de broma. —Siento una oleada de furia que me inunda el cuerpo. ¿Cómo puede saberlo Kate y yo no?
Levanto la vista y veo a Sawyer observándome por el retrovisor. El semáforo se pone en verde y él vuelve a mirar hacia delante, concentrado en la carretera. Me pongo el dedo sobre los labios y Kate asiente. Estoy segura de que Sawyer también lo sabe, aunque yo no.
—¿Cómo está Elliot? —le pregunto para cambiar de tema.
Kate sonríe tontamente y eso me dice todo lo que necesito saber.
Sawyer aparca a la entrada del pasaje que lleva al Zig Zag Café y Prescott me abre la puerta. Salgo y Kate lo hace también detrás de mí. Nos cogemos del brazo y cruzamos el pasaje seguidas de Prescott, que luce una expresión de malas pulgas. ¡Oh, por favor, es solo una copa! Sawyer se va para aparcar el coche.



—¿Y de qué conoce Elliot a Gia? —le pregunto dándole un sorbo a mi segundo mojito de fresa. El bar es íntimo y acogedor y no quiero irme. Kate y yo no hemos dejado de hablar. Se me había olvidado cuánto me gusta salir con ella. Es liberador salir, relajarse y disfrutar de la compañía de Kate. Se me ocurre que podría mandarle un mensaje a Nick, pero pronto rechazo la idea. Se pondría furioso y me haría volver a casa como a una niña díscola.
—¡No me hables de esa zorra! —exclama Kate. Su reacción me hace reír.
—¿Qué te divierte tanto, ________(ta)? —me suelta fingiendo irritación.
—Que tengo la misma opinión de ella.
—¿Ah, sí?
—Sí. No dejaba en paz a Nick.
—Creo que tuvo algo con Elliot. —Kate vuelve a hacer lo del mohín.
—¡No!
Asiente, aprieta los labios y pone el patentado ceño de Katherine Kavanagh.
—Fue algo breve. El año pasado, creo. Es una trepa. No me extraña que haya puesto los ojos en
Nick.
—Pues Nick está pillado. Le dije que le dejara en paz o la despedía.
Kate vuelve a mirarme con la boca abierta una vez más, asombrada. Asiente orgullosa y levanta su copa en un brindis, impresionada y sonriente.
—¡Por la Sra. ________(tn) Jonas! ¡Cuidado con ella! —Y entrechocamos las copas.



—¿Elliot tiene algún arma?
—No. Está totalmente en contra de las armas —dice Kate revolviendo su tercera copa.
—Nick también. Creo que ha sido influencia de Grace y Carrick —le digo. Empiezo a notarme un poco achispada.
—Carrick es un buen hombre —dice Kate asintiendo.

—Quería que firmara un acuerdo prematrimonial —murmuro con cierta tristeza.
—Oh, ________(tn). —Estira el brazo sobre la mesa y me coge la mano—. Solo estaba preocupándose por su hijo. Las dos somos conscientes de que siempre vas a llevar el título de cazafortunas tatuado en la frente. — Me sonríe. Yo le saco la lengua y después me río también—. Madure, Sra. Jonas. —Ahora suena como Nick—. Tú harás lo mismo por tu hijo algún día.
—¿Mi hijo? —No se me había ocurrido que mis hijos también van a ser ricos. Demonios. No les va a faltar de nada. Y con nada quiero decir… nada. Tengo que darle unas cuantas vueltas a eso… pero ahora mismo no. Miro a Prescott y a Sawyer, que están sentados cerca y nos observan a nosotras y al resto de gente del bar con un vaso de agua mineral con gas cada uno.
—¿No crees que deberíamos comer algo? —le pregunto.
—No. Deberíamos seguir bebiendo —responde Kate.
—¿Por qué tienes tantas ganas de beber?
—Porque no te veo todo lo que yo quisiera. No imaginé que te daría tan fuerte y te casarías con el primer tipo que te pusiera la cabeza patas arriba. —Repite el mohín—. Te casaste con tanta prisa que creí que estabas embarazada.
Suelto una risita.
—Todo el mundo pensó lo mismo. Pero no resucitemos esa conversación, por favor. Y además tengo que ir al baño.
Prescott me acompaña. No dice nada, pero tampoco hace falta que lo haga. La desaprobación irradia de su cuerpo como un isótopo letal.
—No he salido sola desde que me casé —digo para mí, mirando la puerta cerrada del baño. Hago una mueca sabiendo que ella está de pie al otro lado de la puerta, esperando a que termine de hacer pis. ¿Y qué iba a hacer Hyde en un bar? Nick está reaccionando exageradamente, como siempre.



—Kate, es tarde. Deberíamos irnos.
Son las diez y cuarto y acabo de terminarme mi cuarto mojito. Ya estoy empezando a sentir los efectos del alcohol: tengo calor y la vista borrosa. Nick estará bien. Cuando se le pase…
—Claro, ________(tn). Me he alegrado mucho de verte. Se te ve tan, no sé… segura. El matrimonio te sienta bien, sin duda.
Me sonrojo. Viniendo de Katherine Kavanagh eso es más que un cumplido.
—Sí, es cierto —murmuro y como he bebido demasiado, los ojos se me llenan de lágrimas.
¿Podría ser más feliz? A pesar de todo el equipaje que trae, de su naturaleza y de sus sombras, he conocido y me he casado con el hombre de mis sueños. Cambio rápidamente de tema para alejar esos pensamientos tan sentimentales, porque si no sé que voy a acabar llorando.
—Me lo he pasado muy bien. —Le cojo la mano—. ¡Gracias por obligarme a venir!
Nos abrazamos. Cuando me suelta, asiento en dirección a Sawyer y él le pasa las llaves del coche a
Prescott.
—Estoy segura de que la señorita te-miro-por-encima-del-hombro Prescott le ha dicho a Nick que no estamos en el piso. Y él se habrá puesto furioso —le digo a Kate. Y tal vez se le haya ocurrido alguna forma deliciosa de castigarme… Ojala…
—¿Por qué sonríes como una tonta, ________(tn)? ¿Es que te gusta poner furioso a Nick?
—No. La verdad es que no. Pero es tan fácil… Es muy controlador a veces. —Más bien casi todo el tiempo…
—Ya lo he notado —dice Kate lacónicamente.


Aparcamos delante del apartamento de Kate y ella me da un abrazo fuerte.
—No te conviertas en una extraña —me susurra y me da un beso en la mejilla. Después sale del coche. La despido con la mano y de repente siento una extraña nostalgia. Echaba de menos la charla de chicas.
Es divertida y relajante y me recuerda que todavía soy joven. Tengo que esforzarme más en encontrar tiempo para ver a Kate, pero lo cierto es que me encanta estar en la burbuja con Nick. Anoche fuimos a la cena de una organización de caridad. Había muchos hombres con trajes y mujeres elegantes y arregladas hablando de los precios de las propiedades inmobiliarias, de la caída de la economía y de los mercados emergentes. Algo aburrido, aburridísimo. Es refrescante soltarme el pelo con alguien de mi edad.
Me ruge el estómago. Todavía no he cenado. ¡Mierda! ¡Nick! Rebusco en el bolso y saco la
BlackBerry. Oh, madre mía… Cinco llamadas perdidas. Y un mensaje:

*¿DÓNDE DEM ONIOS ESTÁS?* Y un correo:
De: Nick Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 00:42
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: Furioso. M ás furioso de lo que me has visto nunca


________(tn):
Sawyer me ha dicho que estás bebiendo cócteles en un bar, algo que me has dicho que no ibas a hacer.
¿Te haces una idea de lo furioso que estoy en este momento? Hablaremos de esto mañana.

Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.


Se me cae el alma a los pies. ¡Oh, mierda! Ahora sí que la he hecho buena. Mi subconsciente me mira enfadada, después se encoje de hombros y pone la expresión de «tú te lo has buscado». Pero ¿qué esperaba? Pienso en llamarle, pero es muy tarde y probablemente estará durmiendo… O caminando arriba y abajo. Decido que un mensaje rápido será suficiente.

*ESTOY ENTER A. M E LO HE PASADO M UY BIEN. TE ECHO DE M ENOS. POR FAVOR NO TE ENFADES*

Me quedo mirando la BlackBerry deseando que me responda, pero el aparato permanece en silencio. Suspiro.
Prescott aparca delante del Escala y Sawyer sale para abrirme la puerta. Mientras esperamos al ascensor, aprovecho la oportunidad para hacerle unas cuantas preguntas.
—¿A qué hora te ha llamado Nick? Sawyer se ruboriza.
—A las nueve y media más o menos, Sra..

—¿Y por qué no interrumpiste mi conversación con Kate para que pudiera hablar con él?
—El Sr. Jonas me dijo que no lo hiciera.
Frunzo los labios. Llega el ascensor y subimos los dos en silencio. De repente me alegro de que Nick tenga toda la noche para recuperarse de su arrebato y de que esté en la otra punta del país. Eso me da un poco de tiempo. Pero por otro lado… le echo de menos.
Se abren las puertas del ascensor y durante un segundo me quedo mirando la mesa del vestíbulo.
¿Qué es lo que no está bien en esa imagen?
El jarrón de las flores está hecho trizas y los fragmentos desparramados por todo el suelo del vestíbulo. Hay agua, flores y trozos de cerámica por todas partes y la mesa está volcada. De repente siento que se me eriza el vello y Sawyer me agarra del brazo y tira de mí de vuelta al ascensor.
—Quédese aquí —dice entre dientes y saca un arma. Entra en el vestíbulo y desaparece de mi campo de visión.
Yo me pego contra la pared del fondo del ascensor.
—¡Luke! —oigo llamar a Ryan desde alguna parte del salón—. ¡Código azul!
¿Código azul?
—¿Tienes al sujeto? —le responde Sawyer—. ¡Dios mío!
Me pego aún más contra la pared. ¿Qué está pasando? La adrenalina me empieza a correr por el cuerpo y tengo el corazón en la garganta. Oigo hablar en voz baja y un momento después Sawyer vuelve a aparecer en el vestíbulo y pisa un charco de agua. Ha guardado el arma en su pistolera.
—Ya puede entrar, Sra. Jonas —me dice con tranquilidad.
—¿Qué ha pasado, Luke? —Mi voz no es más que un susurro.
—Hemos tenido visita. —Me coge por el codo y yo me alegro del apoyo que me proporciona, porque las piernas se me han convertido en gelatina. Cruzo con él las puertas dobles abiertas.
Ryan está de pie en la entrada del salón. Tiene un corte encima del ojo que está sangrando y otro en la boca. Parece que ha pasado un mal rato y tiene la ropa desaliñada. Pero lo que más me sorprende es ver a Jack Hyde tirado a sus pies.
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Junio 3rd 2014, 16:07

CAPITULO 10


Tengo el corazón acelerado y la sangre me retumba en los oídos; el alcohol que fluye por mi cuerpo amplifica el sonido.
—¿Está…? —Doy un respingo, incapaz de acabar la frase, y miro a Ryan con los ojos muy abiertos, aterrorizada. Ni siquiera puedo mirar a la figura tirada en el suelo.
—No, Sra.. Solo inconsciente.
Siento un gran alivio. Oh, gracias a Dios.
—¿Y tú? ¿Estás bien? —le pregunto a Ryan. Me doy cuenta de que no sé su nombre de pila. Resopla como si hubiera corrido un maratón. Se limpia la boca para quitarse un resto de sangre y veo que se le está formando un cardenal en la mejilla.
—Ha sido duro de pelar, pero estoy bien, Sra. Jonas. —Me sonríe para tranquilizarme. Si le conociera mejor diría que incluso tiene cierto aire de suficiencia.
—¿Y Gail? Quiero decir, la Sra. Jones… —Oh, no… ¿Estará bien? ¿Le habrá hecho algún daño?
—Estoy aquí, ________(tn). —Miro detrás de mí y la veo en camisón y bata, con el pelo suelto, la cara cenicienta y los ojos muy abiertos. Como los míos, supongo—. Ryan me despertó e insistió en que me metiera aquí — dice señalando detrás de ella el despacho de Taylor—. Estoy bien. ¿Está usted bien?
Asiento enérgicamente y me doy cuenta de que ella probablemente acaba de salir de la habitación del pánico que hay junto al despacho de Taylor. ¿Quién podía saber que la íbamos a necesitar tan pronto? Nick insistió en instalarla poco después de nuestro compromiso. Y yo puse los ojos en blanco. Ahora, al ver a Gail de pie en el umbral, me alegro de la previsión de Nick.
Un crujido procedente de la puerta del vestíbulo me distrae. Está colgando de sus goznes. Pero ¿qué le ha pasado?
—¿Estaba solo? —le pregunto a Ryan.
—Sí, Sra.. No estaría usted ahí de pie de no ser así, se lo aseguro. —Ryan parece vagamente ofendido.
—¿Cómo entró? —sigo preguntando ignorando su tono.
—Por el ascensor de servicio. Los tiene bien puestos, Sra..
Miro la figura tirada de Jack. Lleva algún tipo de uniforme… Un mono, creo.
—¿Cuándo?
—Hace unos diez minutos. Lo vi en el monitor de seguridad. Llevaba guantes… algo un poco extraño en agosto. Le reconocí y decidí dejarle entrar. Así le tendríamos. Usted no se hallaba en casa y Gail estaba en lugar seguro, así que me dije que era ahora o nunca. —Ryan parece de nuevo muy orgulloso de sí mismo y Sawyer le mira con el ceño fruncido por la desaprobación.
¿Guantes? Eso me sorprende y vuelvo a mirar a Jack. Sí, lleva unos guantes de piel marrón. ¡Qué espeluznante!
—¿Y ahora qué? —pregunto intentando olvidar los distintos pensamientos que están surgiendo en mi mente.
—Tenemos que inmovilizarle —responde Ryan.
—¿Inmovilizarle?
—Por si se despierta. —Ryan mira a Sawyer.
—¿Qué necesitáis? —pregunta la Sra. Jones dando un paso adelante. Ya ha recobrado la compostura.
—Algo con que sujetarle… Un cordón o una cuerda —responde Ryan.
Bridas para cables. Me sonrojo cuando los recuerdos de la noche anterior invaden mi mente. Me froto las muñecas en un acto reflejo y bajo la mirada para echarles un rápido vistazo. No, no tengo cardenales. Bien.

—Yo tengo algo: bridas para cables. ¿Eso servirá? Todos los ojos se fijan en mí.
—Sí, Sra.. Eso es perfecto —dice Sawyer muy serio.
En ese momento quiero que me trague la tierra, pero me giro y voy hasta nuestro dormitorio. A veces hay que enfrentarse a las cosas sin arredrarse. Tal vez sea la combinación del miedo y el alcohol lo que me proporciona esta audacia.
Cuando vuelvo, la Sra. Jones está evaluando el desastre del vestíbulo y la señorita Prescott se ha unido al equipo de seguridad. Le paso las bridas a Sawyer, que lentamente y con un cuidado innecesario le ata las manos detrás de la espalda a Hyde. La Sra. Jones desaparece en la cocina y regresa con un botiquín de primeros auxilios. Coge del brazo a Ryan, lo lleva al salón y se ocupa de curarle el corte de encima del ojo. Él hace una mueca de dolor cuando ella le aplica un antiséptico. Entonces me fijo en la Glock con silenciador que hay en el suelo. ¡Joder! ¿Estaba Jack armado? Siento la bilis en la garganta y hago todo lo que puedo por evitar vomitar.
—No la toque, Sra. Jonas —me advierte Prescott cuando me agacho para recogerla. Sawyer emerge del despacho de Taylor con unos guantes de látex.
—Yo me ocupo de eso, Sra. Jonas —me dice.
—¿La llevaba él? —le pregunto.
—Sí, Sra. —asegura Ryan haciendo otra mueca de dolor a consecuencia de los cuidados de la Sra. Jones. Madre mía… Ryan se ha peleado con un hombre armado en mi casa. Me estremezco con solo pensarlo. Sawyer se agacha y coge con cuidado la Glock.
—¿Es aconsejable que hagas eso? —le pregunto.
—El Sr. Jonas querría que lo hiciera, Sra.. —Sawyer mete el arma en una bolsa de plástico. Después se agacha y cachea a Jack. Se detiene y saca parcialmente un rollo de cinta americana de su bolsillo. Sawyer se queda blanco y vuelve a guardar la cinta en el bolsillo de Hyde.
¿Cinta americana? Mi mente registra el detalle mientras yo observo lo que están haciendo con fascinación y una extraña indiferencia. Entonces me doy cuenta de las implicaciones y la bilis vuelve a subirme hasta la garganta. Aparto rápidamente el pensamiento de mi cabeza. No sigas por ese camino, ________(tn).
—¿No deberíamos llamar a la policía? —digo intentando ocultar el miedo que siento. Quiero que saquen a Hyde de mi casa, cuanto antes, mejor.
Ryan y Sawyer se miran.
—Creo que deberíamos llamar a la policía —repito esta vez con más convicción, preguntándome qué se traen entre manos Ryan y Sawyer.
—He intentado localizar a Taylor, pero no contesta al móvil. Seguramente estará durmiendo. —Sawyer mira el reloj—. Son las dos menos cuarto de la madrugada en la costa Este.
Oh, no.
—¿Habéis llamado a Nick? —pregunto en un susurro.
—No, Sra..
—¿Estabais llamando a Taylor para que os diera instrucciones? Sawyer parece momentáneamente avergonzado.
—Sí, Sra..
Una parte de mí echa chispas. Ese hombre (vuelvo a mirar al desmayado Hyde) ha allanado mi casa y la policía debería llevárselo. Pero al mirarlos a los cuatro, todos con mirada ansiosa, veo que hay algo que no estoy entendiendo, así que decido llamar a Nick. Se me eriza el vello. Sé que está furioso conmigo, muy pero que muy furioso, y vacilo al pensar lo que va a decirme. Y ahora además se pondrá más nervioso porque no está aquí y no puede volver hasta mañana por la noche. Sé que ya le he preocupado bastante esta noche.

Tal vez no debería llamarle… Pero de repente se me ocurre algo. Mierda. ¿Y si yo hubiera estado aquí? Palidezco solo de pensarlo. Gracias a Dios que estaba fuera. Quizá al final el problema no vaya a ser tan grave.
—¿Está bien? —pregunto señalando a Jack.
—Le dolerá la cabeza cuando despierte —aclara Ryan mirando a Jack con desprecio—. Pero necesitamos un médico para estar seguros.
Busco en el bolso y saco la BlackBerry. Antes de que me dé tiempo a pensar mucho en el enfado de Nick, marco su número. Me pasa directamente con el buzón de voz. Debe de haberlo apagado por lo enfadado que está. No se me ocurre qué decir. Me giro y camino un poco por el pasillo para alejarme de los demás.
—Hola, soy yo. Por favor no te enfades. Ha ocurrido un incidente en el ático, pero todo está bajo control, así que no te preocupes. Nadie está herido. Llámame. —Y cuelgo.
»Llamad a la policía —le ordeno a Sawyer. Él asiente, saca su móvil y marca.



El agente Skinner está sentado a la mesa del comedor enfrascado en su conversación con Ryan. El agente Walker está con Sawyer en el despacho de Taylor. No sé dónde está Prescott, tal vez también en el despacho de Taylor. El detective Clark no hace más que ladrarme preguntas a mí; los dos estamos sentados en el sofá del salón. El detective es alto, tiene el pelo oscuro y podría ser atractivo si no fuera por su ceño permanentemente fruncido. Sospecho que le han despertado y sacado de su acogedora cama porque han allanado la casa de uno de los ejecutivos más influyentes y más ricos de Seattle.
—¿Antes era su jefe? —me pregunta Clark lacónicamente.
—Sí.
Estoy cansada (mucho más que cansada) y solo quiero irme a la cama. Todavía no sé nada de Nick. La parte buena es que los médicos de la ambulancia se han llevado a Hyde. La Sra. Jones nos trae a Clark y a mí una taza de té.
—Gracias. —Clark se vuelve de nuevo hacia mí—. ¿Y dónde está el Sr. Jonas?
—En Nueva York. Un viaje de negocios. Volverá mañana por la noche… quiero decir, esta noche. —Ya es pasada la medianoche.
—Ya conocíamos a Hyde —murmura el detective Clark—. Necesito que venga a la comisaría a hacer una declaración. Pero eso puede esperar. Es tarde y hay un par de reporteros haciendo guardia en la acera.
¿Le importa que eche un vistazo?
—No, claro que no —le respondo y me siento aliviada de que haya terminado con el interrogatorio. Me estremezco al pensar que hay fotógrafos fuera. Bueno, no van a ser un problema hasta mañana. Hago una nota mental de llamar a mamá y a Ray mañana para que no se preocupen si oyen algo en la televisión.
—Sra. Jonas, ¿por qué no se va a la cama? —me dice la Sra. Jones con voz amable y llena de preocupación.
La miro a los ojos tiernos y cálidos y de repente siento la necesidad imperiosa de llorar. Ella se acerca y me frota la espalda.
—Ya estamos seguras —me dice—. Todo esto no será tan malo por la mañana, cuando haya dormido un poco. Además, el Sr. Jonas volverá mañana por la noche.
La miro nerviosa, conteniendo con dificultad las lágrimas. Nick se va a poner tan furioso…
—¿Quiere algo antes de acostarse? —me pregunta. Entonces me doy cuenta del hambre que tengo.
—¿Tal vez algo de comer?

Ella muestra una gran sonrisa.
—¿Un sándwich y un poco de leche?
Asiento agradecida y ella se encamina a la cocina. Ryan sigue con el agente Skinner. En el vestíbulo, el detective Clark está examinando el desastre que hay delante del ascensor. Parece pensativo a pesar de su ceño. De repente siento nostalgia, nostalgia de Nick. Apoyo la cabeza en las manos y deseo con todas mis fuerzas que pudiera estar aquí. Él sabría qué hacer. Menuda noche. Solo quiero acurrucarme en su regazo,
que me abrace y me diga que me quiere aunque yo no haga lo que me dice… Pero esta noche no va a poder ser. Pongo los ojos en blanco en mi interior… ¿Por qué no me dijo que había aumentado la seguridad de todos? ¿Qué había exactamente en el ordenador de Jack? Qué hombre más frustrante. Pero ahora mismo eso no me importa. Quiero a mi marido. Le echo de menos.
—Aquí tienes, ________(tn). —La Sra. Jones interrumpe mi agitación interior. Cuando alzo la vista veo que me está tendiendo un sándwich de mantequilla de cacahuete y gelatina con los ojos brillantes. Llevo años sin comer algo así. Le sonrío tímidamente y me lanzo a por él.
Cuando por fin me meto en la cama, me acurruco en el lado de Nick con su camiseta puesta. Tanto su camiseta como su almohada huelen a él y mientras me voy dejando llevar por el sueño deseo que tenga un buen viaje a casa… y que vuelva de buen humor.



Me despierto sobresaltada. Hay luz y me laten las sienes. Oh, no. Espero no tener resaca. Abro los ojos con cuidado y veo que la silla del dormitorio no está en su sitio habitual y que Nick está sentado en ella. Lleva el esmoquin y el extremo de su pajarita le sobresale del bolsillo delantero. Me pregunto si estaré soñando. Abraza el respaldo de la silla con el brazo izquierdo y en la mano tiene un vaso de cristal tallado con un líquido ambarino. ¿Brandy? ¿Whisky? No tengo ni idea. Tiene una pierna cruzada, con el tobillo apoyado sobre la rodilla opuesta. Lleva calcetines negros y zapatos de vestir. El codo derecho descansa sobre el brazo de la silla, tiene la barbilla apoyada en la mano y se está pasando el dedo índice lenta y rítmicamente por el labio inferior. En la luz de primera hora de la mañana sus ojos arden con una grave intensidad, pero su expresión general es imposible de identificar.
Casi se me para el corazón. Está aquí. ¿Cómo ha podido llegar? Ha tenido que salir de Nueva York anoche. ¿Cuánto tiempo lleva viéndome dormir?
—Hola —le susurro.
Su mirada es fría y el corazón está a punto de parárseme otra vez. Oh, no. Aparta los dedos de la boca,
se bebe de un trago lo que le queda de la bebida y pone el vaso en la mesilla. Espero que me dé un beso, pero no. Vuelve a arrellanarse en la silla y sigue mirándome impasible.
—Hola —dice por fin en voz muy baja. E inmediatamente sé todavía está furioso. Muy furioso.
—Has vuelto.
—Eso parece.
Me levanto lentamente hasta quedar sentada sin apartar los ojos de él. Tengo la boca seca.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí mirándome dormir?
—El suficiente.
—Sigues furioso. —Casi no puedo ni pronunciar las palabras.
Él me mira fijamente, como si estuviera reflexionando sobre qué responderme.
—Furioso… —dice como probando la palabra y sopesando sus matices y su significado—. No, ________(tn). Estoy mucho, mucho más que furioso.
Oh, madre mía. Intento tragar saliva, pero es muy difícil con la boca seca.
—Mucho más que furioso. Eso no suena bien.

Vuelve a mirarme fijamente, del todo impasible y no responde. Un silencio sepulcral se cierne sobre nosotros. Extiendo la mano para coger mi vaso de agua y le doy un sorbo agradecida, a la vez que intento recuperar el control sobre mi errático corazón.
—Ryan ha cogido a Jack. —Pongo el vaso de nuevo en la mesilla e intento una táctica diferente.
—Lo sé —responde en un tono gélido. Claro que lo sabe…
—¿Vas a seguir respondiéndome con monosílabos durante mucho tiempo?
Mueve casi imperceptiblemente las cejas, lo que demuestra su sorpresa; no se esperaba esa pregunta.
—Sí —responde después.
Oh… vale. ¿Qué puedo hacer? Defensa; es la mejor forma de ataque.
—Siento haberme quedado por ahí.
—¿De verdad?
—No —confieso después de una pausa porque es la verdad.
—¿Y por qué lo dices, entonces?
—Porque no quiero que estés enfadado conmigo.
Suspira profundamente, como si llevara aguantando toda su tensión durante un millón de horas, y se pasa la mano por el pelo. Está guapísimo. Furioso, pero guapísimo. Absorbo todos sus detalles. ¡Nick ha vuelto! Furioso, pero entero.
—Creo que el detective Clark quiere hablar contigo.
—Seguro que sí.
—Nick, por favor…
—¿Por favor qué?
—No seas tan frío.
Vuelve a elevar las cejas por la sorpresa.
—________(tn), frío no es lo que siento ahora mismo. Me estoy consumiendo. Consumiéndome de rabia. No sé cómo gestionar estos…—agita la mano en el aire, buscando la palabra— sentimientos. —Su tono es amargo.
Oh, mierda. Su sinceridad me desarma. Lo único que yo quiero hacer es acurrucarme en su regazo, es todo lo que he querido hacer desde anoche. Qué diablos… Me acerco, cogiéndole por sorpresa y me acomodo torpemente en su regazo. No me aparta, que es lo que temía. Después de un segundo me rodea con los brazos y entierra la nariz en mi pelo. Huele a whisky. ¿Cuánto habrá bebido? También huele a jabón. Y a Nick. Le rodeo el cuello con los brazos y le acaricio la garganta con la nariz y él vuelve a suspirar, esta vez más profundamente.
—Oh, Sra. Jonas, qué voy a hacer con usted… —Me besa en el pelo. Cierro los ojos y saboreo su contacto.
—¿Cuánto has bebido? Se pone tenso.
—¿Por qué?
—Porque normalmente no bebes licores fuertes.
—Es mi segunda copa. He tenido una noche dura, ________(tn). Dame un respiro, ¿vale? Le sonrío.
—Si insiste, Sr. Jonas. —Aspiro el aroma de su cuello—. Hueles divinamente. He dormido en tu lado de la cama porque tu almohada huele a ti.
Me acaricia el pelo con la nariz.
—¿Por eso lo has hecho? Me estaba preguntando por qué estabas en mi lado. Sigo furioso contigo, por

cierto.
—Lo sé.
Me acaricia rítmicamente la espalda con la mano.
—Y yo también estoy furiosa contigo —le susurro. Él se detiene.
—¿Y qué he podido hacer yo para merecer tu ira?
—Ya te lo diré luego, cuando deje de consumirte la rabia —le digo dándole un beso en la garganta. Cierra los ojos y me deja besarle, pero no hace ningún movimiento para devolverme el beso. Me abraza más fuerte, apretándome.
—Cuando pienso en lo que podría haber pasado… —Su voz no es más que un susurro. Quebrada y ronca.
—Estoy bien.
—Oh, ________(tn)… —Sus palabras son casi un sollozo.
—Estoy bien. Estamos bien. Un poco impresionados, pero Gail también está bien. Ryan está bien. Y Jack ya no está.
Niega con la cabeza.
—Pero no gracias a ti —murmura.
¿Qué? Me aparto un poco y le miro.
—¿Qué quieres decir?
—No quiero discutir eso ahora mismo, ________(tn).
Parpadeo. Bueno, tal vez yo sí… Pero decido que no es el momento. Al menos ya me habla. Vuelvo a apoyarme contra él. Ahora enreda los dedos en mi pelo y empieza a juguetear con él.
—Quiero castigarte —me susurra—. Castigarte de verdad. Azotarte hasta que no lo puedas soportar más.
El corazón se me queda atravesado en la garganta. ¡Joder!
—Lo sé —le digo a la vez que se me eriza el vello.
—Y tal vez lo haga.
—Espero que no.
Vuelve a apretarme en su abrazo.
—________(tn), ________(tn), ________(tn)… Pones a prueba la paciencia de cualquiera, hasta la de un santo.
—Se pueden decir muchas cosas de usted, Sr. Jonas, pero que sea un santo no es una de ellas. Finalmente me concede una risa reticente.
—Muy cierto, como siempre, Sra. Jonas. —Me da un beso en la frente y se mueve—. Vuelve a la cama. Tú tampoco has dormido mucho. —Se levanta, me coge en brazos y me deposita en la cama.
—¿Te tumbas conmigo?
—No. Tengo cosas que hacer. —Se agacha y recoge el vaso—. Vuelve a dormir. Te despertaré dentro de un par de horas.
—¿Todavía estás furioso conmigo?
—Sí.
—Entonces me voy a dormir otra vez.
—Bien. —Tira del edredón para taparme y me da un beso en la frente—. Duérmete.
Y como estoy tan grogui por lo de anoche, tan aliviada de que Nick haya vuelto, y tan fatigada emocionalmente por este encuentro a primera hora de la mañana, no lo dudo ni un momento y hago lo que me dice. Mientras me voy quedando dormida me pregunto por qué no habrá utilizado su mecanismo habitual para gestionar las cosas: lanzarse sobre mí para follarme sin piedad. Aunque, dado el mal sabor que siento en la

boca, agradezco que no lo haya hecho.


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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Junio 3rd 2014, 16:08

—Te traigo zumo de naranja —dice Nick y yo abro los ojos otra vez.
Acabo de pasar las dos horas de sueño más profundo y relajante de mi vida y me levanto fresca. Además, ya no me late la cabeza. El zumo de naranja es una visión que agradezco, igual que la de mi marido. Se ha puesto el chándal. Por un momento mi mente vuelve al Heathman Hotel, la primera vez que me desperté a su lado. La sudadera gris está húmeda por el sudor. O ha estado entrenando en el gimnasio del sótano o ha
salido a correr. No debería estar tan guapo después de hacer ejercicio.
—Me voy a dar una ducha —murmura y desaparece en el baño.
Frunzo el ceño. Sigue estando distante. O está distraído pensando en todo lo que ha pasado o sigue furioso o… ¿qué? Me siento, cojo el zumo de naranja y me lo bebo demasiado rápido. Está delicioso, frío y mejora mucho la sensación de mi boca. Salgo de la cama, ansiosa por reducir la distancia, real y metafórica, entre mi marido y yo. Echo un vistazo al despertador. Son las ocho. Me quito la camiseta de Nick y le sigo al baño. Está en la ducha, lavándose el pelo, y yo no lo dudo un segundo y me meto con él. Se pone tenso un momento cuando le abrazo desde detrás, pegándome contra su espalda musculosa y mojada. Ignoro su reacción y le aprieto con fuerza apoyando la mejilla contra su piel a la vez que cierro los ojos. Después de un instante se mueve un poco para que los dos quedemos bajo la cascada de agua caliente y sigue lavándose el pelo. Dejo que caiga el agua sobre mí mientras abrazo al hombre que quiero. Pienso en todas las veces que
me ha follado y las veces en que me ha hecho el amor aquí. Frunzo el ceño. Nunca ha estado tan callado. Giro la cabeza y empiezo a darle besos en la espalda. Noto que su cuerpo se tensa otra vez.
—________(tn)… —dice y suena a advertencia.
—Mmm…
Mis manos bajan lentamente por su estómago plano en dirección a su vientre. Él me coge las dos manos con las suyas y me obliga a detenerme mientras niega con la cabeza.
—No —dice.
Le suelto inmediatamente. ¿Me está diciendo que no? Mi mente se desploma en caída libre. ¿Había ocurrido esto alguna vez antes? Mi subconsciente niega con la cabeza, frunce los labios y me mira por encima de las gafas de media luna con una mirada que dice: Ahora sí que lo has jodido del todo. Siento como si me hubiera dado una bofetada fuerte. Me ha rechazado. Y toda una vida de inseguridades desembocan en una idea horrible: ya no me desea. Doy un respingo cuando siento la punzada de dolor. Nick se gira y me alivia ver que no es totalmente indiferente a mis encantos. Me coge la barbilla, me echa la cabeza hacia atrás y me encuentro mirando sus ojos grises y cautelosos.
—Todavía estoy muy furioso contigo —me dice con la voz baja y seria. ¡Mierda! Se inclina, apoya su frente contra la mía y cierra los ojos. Yo levanto las manos y le acaricio la cara.
—No te pongas así, por favor. Creo que estás exagerando —le susurro. Se yergue y palidece. Mi mano cae junto a mi costado.
—¿Que estoy exagerando? —exclama—. ¡Un puto lunático ha entrado en mi piso para secuestrar a mi mujer y tú me dices que estoy exagerando! —La amenaza parcial de su voz es aterradora y sus ojos me abrasan al mirarme como si yo fuera el puto lunático del que hablaba.
—No… Eh… No era eso lo que quería decir. Creía que estabas enfadado porque me quedé a tomar las copas en el bar.
Cierra los ojos una vez más como si no pudiera soportar el dolor y niega con la cabeza.
—Nick, yo no estaba aquí —le digo intentando apaciguarle y tranquilizarle.
—Lo sé —susurra y abre los ojos—. Y todo porque no eres capaz de hacer caso a una simple petición,

joder. —Su tono es amargo y ahora ha llegado mi turno de ponerme pálida—. No quiero discutir esto ahora, en la ducha. Todavía estoy muy furioso contigo, ________(tn). Me estás haciendo cuestionarme mi juicio. —Se gira y sale de la ducha, cogiendo una toalla al pasar y saliendo después del baño, dejándome allí sola y helada bajo el agua caliente.
Mierda. Mierda. Mierda.
Entonces el significado de todo lo que ha dicho empieza a abrirse camino en mi mente. ¿Secuestro? Joder.
¿Jack quería secuestrarme? Recuerdo la cinta americana de su bolsillo y que no quise darle vueltas a por qué la llevaba. ¿Nick tiene más información? Me enjabono rápidamente el cuerpo y después me lavo el pelo. Quiero saberlo. Necesito saberlo. No le voy a dejar que siga ocultándome cosas.
Nick no está en el dormitorio cuando salgo. Oh, sí que se ha vestido rápido… Hago lo mismo: me pongo mi vestido favorito color ciruela y las sandalias negras. Soy vagamente consciente de que me he puesto esta ropa porque a Nick le gusta. Me seco el pelo con energía con la toalla, me lo trenzo y lo recojo en un moño. Me pongo unos pendientes con un diamante pequeño en las orejas y voy corriendo al baño para darme un poco de rimel y mirarme en el espejo. Estoy pálida. Siempre estoy pálida. Inspiro hondo para tranquilizarme. Necesito enfrentar las consecuencias de mi decisión precipitada de querer seguir pasándomelo bien con una amiga. Suspiro y sé que Nick no lo va a ver así.
Tampoco hay ni rastro de Nick en el salón. La Sra. Jones está ocupada en la cocina.
—Buenos días, ________(tn) —me dice dulcemente.
—Buenos días —respondo con una amplia sonrisa. ¡Por fin vuelvo a ser ________(tn)!
—¿Té?
—Por favor.
—¿Algo de comer?
—Sí. Esta mañana me apetece una tortilla, por favor.
—¿Con champiñones y espinacas?
—Y queso.
—Ahora mismo.
—¿Dónde está Nick?
—El Sr. Jonas está en su estudio.
—¿Ha desayunado? —Miro los dos platos que hay sobre la barra del desayuno.
—No, Sra..
—Gracias.
Nick está al teléfono vestido con una camisa blanca sin corbata y vuelve a parecer el confiado presidente de la empresa. Cómo pueden engañar las apariencias. Me mira cuando me asomo al umbral pero niega con la cabeza para dejarme claro que no soy bienvenida. Mierda… Me giro y vuelvo desanimada a sentarme en la barra del desayuno. Entra Taylor vestido con un traje oscuro y con el aspecto de haber dormido ocho horas sin interrupciones.
—Buenos días, Taylor —le saludo intentando averiguar de qué humor está. A ver si me da alguna pista visual de lo que está ocurriendo.
—Buenos días, Sra. Jonas —me responde y oigo cierta compasión en esas cuatro palabras. Le sonrió amablemente sabiendo que ha tenido que soportar a un Nick enfadado y frustrado en su regreso a Seattle antes de lo previsto.
—¿Qué tal el vuelo? —me atrevo a preguntar.
—Largo, Sra. Jonas. —Su brevedad dice mucho—. ¿Puedo preguntarle cómo está? —añade en un tono más suave.
—Estoy bien.

Asiente.
—Discúlpeme —dice, y se encamina al estudio de Nick. Mmm… A Taylor le deja entrar y a mí no.
—Aquí tiene. —La Sra. Jones me coloca delante el desayuno. Acabo de quedarme sin apetito, pero me lo como para no ofenderla.
Para cuando termino lo que he podido comer de mi desayuno, Nick todavía no ha salido del estudio.
¿Me está evitando?
—Gracias, Sra. Jones —le digo bajándome del taburete y dirigiéndome al baño para lavarme los dientes.
Me los cepillo y recuerdo la discusión con Nick por los votos matrimoniales. También entonces se refugió en su estudio. ¿Es eso lo que le pasa? ¿Está enfurruñado? Me estremezco al recordar la pesadilla que tuvo después. ¿Va a volver a ocurrir eso? Tenemos que hablar. Quiero saber lo que sea que pasa con Jack y por qué ha aumentado la seguridad de todos los Jonas; todos los detalles que me ha estado ocultando a mí, pero que Kate sí sabía. Obviamente Elliot sí le cuenta las cosas.
Miro el reloj. Las nueve menos diez… Voy a llegar tarde al trabajo. Acabo de cepillarme los dientes, me doy brillo en los labios, cojo la chaqueta negra fina y me encamino al salón. Me alivia ver que Nick está allí desayunando.
—¿Vas a ir? —me dice al verme.
—¿A trabajar? Claro. —Camino valientemente hacia él y apoyo las manos en la barra del desayuno. Me mira sin expresión—. Nick, no hace ni una semana que hemos vuelto. Tengo que ir a trabajar.
—Pero… —Deja la frase sin terminar y se pasa la mano por el pelo. La Sra. Jones sale en silencio de la habitación. Muy discreta, Gail.
—Sé que tenemos mucho de que hablar. Si te calmas un poco, tal vez podamos hacerlo esta noche. Se queda con la boca abierta por la consternación.
—¿Que me calme? —pregunta en voz extrañamente baja. Me sonrojo.
—Ya sabes lo que quiero decir.
—No, ________(tn), no lo sé.
—No quiero pelear. Venía a preguntarte si puedo coger mi coche.
—No, no puedes —me responde.
—Está bien —acepto.
Él parpadea. Obviamente estaba esperando que empezara a discutir.
—Prescott te acompañará. —Su tono es ahora menos beligerante.
Oh, por favor, Prescott no… Quiero hacer un mohín y protestar, pero al final no lo hago. Ahora que Jack ya no está, podríamos volver a reducir la seguridad…
Recuerdo las sabias palabras de mi madre el día de mi boda: «________(tn), cariño, tienes que elegir bien las batallas que vas a librar. Te pasará lo mismo con tus hijos cuando los tengas». Bueno, al menos me deja ir al trabajo.
—Está bien —murmuro. Como no quiero dejarle así, con tantas cosas sin resolver y tanta tensión entre nosotros, doy un paso vacilante para acercarme a él. Él se tensa y abre mucho los ojos y durante un segundo parece tan vulnerable que me conmueve desde el fondo del corazón. Oh, Nick, lo siento. Le doy un beso casto en la comisura de la boca. Él cierra los ojos como si saboreara mi contacto.
—No me odies —le digo en un susurro. Me coge la mano.
—No te odio.
—No me has devuelto el beso…

Sus ojos me miran suspicaces.
—Lo sé —murmura.
Estoy a punto de preguntarle por qué, pero no estoy segura de querer saber la respuesta. De repente se pone de pie y me coge la cara con las manos. Un momento después sus labios aprietan con fuerza los míos. Abro la boca por la sorpresa y eso le da acceso a su lengua. Él aprovecha la oportunidad e invade mi boca, poseyéndome. Justo cuando empiezo a responderle, él me suelta con la respiración acelerada.
—Taylor y Prescott te llevarán a la editorial —dice con los ojos ardientes por la necesidad—. ¡Taylor! —
le llama a gritos. Me sonrojo e intento recuperar un poco la compostura.
—¿Señor? —Taylor está de pie en el umbral.
—Dile a Prescott que la Sra. Jonas va a ir a trabajar. ¿Podéis llevarla, por favor?
—Claro, Sr.. —Taylor desaparece.
—Por favor, intenta mantenerte al margen de cualquier problema hoy. Te lo agradecería mucho —me pide
Nick.
—Haré lo que pueda —le respondo sonriendo dulcemente. Una media sonrisa aparece reticente en los labios de Nick, pero la frena en cuanto se da cuenta.
—Hasta luego —me dice un poco frío.
—Hasta luego —le respondo en un susurro.
Prescott y yo cogemos el ascensor de servicio hasta el garaje del sótano para evitar a los medios de comunicación que hay fuera. El arresto de Jack y el hecho de que lo atraparon en nuestro piso ya es algo del dominio público. Cuando me siento en el Audi me pregunto si habrá paparazzi esperando en la puerta de Seattle Independent Publishing como el día que anunciamos el compromiso.
Vamos en el coche en silencio hasta que recuerdo que tengo que llamar a Ray y después a mamá para que sepan que Nick y yo estamos bien y se queden tranquilos. Por suerte las dos llamadas son cortas y acabo justo antes de que aparquemos delante de la editorial. Como me temía, hay una pequeña multitud de reporteros y fotógrafos esperando. Todos se giran a la vez y miran el Audi expectantes.
—¿Está segura de que quiere hacer esto, Sra. Jonas? —me pregunta Taylor. Una parte de mí quiere volver a casa, pero eso significa pasar el día con el Sr. Hecho una Furia. Espero que el tiempo le dé un poco de perspectiva. Jack está bajo custodia policial, así que mi Cincuenta debería estar contento, pero no lo está. Un parte de mí le comprende: demasiadas cosas han quedado fuera de su control, yo una de ellas, pero no tengo tiempo de pensar en eso ahora.
—Llevadme por el otro lado, por la entrada lateral, Taylor.
—Sí, Sra..



Ya es la una de la tarde y he conseguido concentrarme en el trabajo toda la mañana. Oigo que llaman a la puerta y Elizabeth asoma la cabeza.
—¿Tienes un momento? —me pregunta con una sonrisa.
—Claro —murmuro sorprendida por su visita inesperada.
Entra y se sienta, colocándose el largo pelo negro detrás del hombro.
—Quería saber si estabas bien. Roach me ha pedido que viniera a verte —aclara apresuradamente mientras se sonroja—. Lo digo por todo lo que pasó anoche…
El arresto de Jack Hyde está en todos los periódicos, pero nadie parece haber hecho todavía la conexión con el incendio en las oficinas de Jonas Enterprises Holdings, Inc.
—Estoy bien —le respondo intentando no pensar mucho en cómo me siento. Jack quería hacerme daño. Bueno, eso no es nada nuevo. Ya lo intentó antes. Es Nick el que me preocupa.

Le echo un vistazo al ordenador por si tengo correo. Nada de Nick todavía. No sé si escribirle yo o si eso intensificará su furia.
—Bien —responde Elizabeth y esta vez, para variar, la sonrisa le alcanza los ojos—. Si hay algo que pueda hacer por ti, cualquier cosa, solo dímelo.
—Lo haré.
Elizabeth se pone de pie.
—Sé que estás muy ocupada, ________(tn), así que te dejo volver al trabajo.
—Eh… gracias.
Esta ha sido la reunión más breve y absurda que ha habido hoy en todo el hemisferio occidental de la tierra. ¿Por qué le ha pedido Roach que venga? Tal vez esté preocupado; después de todo soy la mujer de su jefe. Aparto todos esos pensamientos sombríos y cojo la BlackBerry con la esperanza de que allí tenga un correo de Nick. Nada más hacerlo, suena un aviso en mi correo del trabajo.

De: Nick Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 13:04
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: Declaración


________(tn):
El detective Clark irá a tu oficina hoy a las 3 de la tarde para tomarte declaración. He insistido en que vaya a verte porque no quiero que tú vayas a la comisaría.

Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.


Me quedo mirando ese correo durante cinco minutos completos, intentando pensar en una respuesta ligera y graciosa para mejorarle el humor. Como no se me ocurre nada, opto por la brevedad.

De: ________(tn) Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 13:12
Para: Nick Jonas
Asunto: Declaración

OK. x
________(tn) Jonas
Editora de SIP


Me quedo contemplando la pantalla, ansiosa por recibir su respuesta, pero no llega nada. Nick no está de humor para jugar hoy.
Me acomodo en el asiento. No puedo culparle. Mi pobre Cincuenta ha debido de pasar las primeras horas de esta mañana frenético. Pero entonces se me ocurre algo. Llevaba el esmoquin cuando le he visto al despertarme esta mañana… ¿A qué hora decidió volver de Nueva York? Normalmente deja cualquier evento entre las diez y las once. Anoche a esa hora yo todavía estaba con Kate.

¿Decidió Nick volver a casa porque yo estaba en un bar o por el incidente con Jack? Si volvió porque estaba fuera pasándomelo bien, no habrá sabido ni lo de Jack, ni lo de la policía, ni nada… hasta que ha aterrizado en Seattle. De repente me parece muy importante saberlo. Si Nick decidió volver solo porque yo estaba en un bar, entonces su reacción fue exagerada. Mi subconsciente enseña un poco los dientes y pone cara de arpía. Vale, me alegro de que haya vuelto, así que puede que sea irrelevante. Pero Nick debió de quedarse de piedra cuando aterrizó. Es normal que esté tan confuso hoy. Recuerdo sus palabras de antes:
«Todavía estoy muy furioso contigo, ________(tn). Me estás haciendo cuestionarme mi juicio».
Tengo que saberlo: ¿volvió por mi salida a tomar cócteles o por el puto lunático?

De: ________(tn) Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 13:24
Para: Nick Jonas
Asunto: Tu vuelo

¿A qué hora decidiste volver a Seattle ayer? ________(tn) Jonas
Editora de SIP



De: Nick Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 13:26
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: Tu vuelo

¿Por qué? Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.



De: ________(tn) Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 13:29
Para: Nick Jonas
Asunto: Tu vuelo

Digamos que por curiosidad. ________(tn) Jonas
Editora de SIP



De: Nick Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 13:32
Para: ________(tn) Jonas

Asunto: Tu vuelo

La curiosidad mató al gato. Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.



De: ________(tn) Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 13:35
Para: Nick Jonas
Asunto: ¿Eh?


¿A qué viene eso? ¿Es otra amenaza?
Ya sabes adónde quiero llegar con esto, ¿verdad?
¿Decidiste volver porque me fui a un bar con una amiga a tomar una copa aunque tú me hubieras pedido que no lo hiciera o volviste porque había un loco en nuestro piso?

________(tn) Jonas
Editora de SIP


Me quedo mirando la pantalla. No hay respuesta. Miro el reloj del ordenador. La una cuarenta y cinco y sigue sin haber respuesta.

De: ________(tn) Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 13:56
Para: Nick Jonas
Asunto: He dado en el clavo…


Tomaré tu silencio como una admisión de que decidiste volver a Seattle porque CAMBIÉ DE OPINIÓN. Soy una mujer adulta y salí a tomar unas copas con una amiga. No entiendo las ramificaciones en cuanto a la seguridad de CAMBIAR DE IDEA porque NUNCA ME CUENTAS NADA. Tuve que enterarme por Kate de que has aumentado la seguridad de todos los Jonas, no solo la nuestra. Creo que siempre reaccionas exageradamente en lo que respecta a mi seguridad y entiendo por qué, pero cada vez te pareces más al niño que siempre decía «que viene el lobo».
Nunca sé si hay algo por lo que preocuparse de verdad o si todo se trata de tu percepción del peligro. Tenía a dos miembros del equipo de seguridad conmigo. Creí que tanto Kate como yo estábamos seguras. Lo cierto es que estábamos más seguras en ese bar que en el piso. Si yo hubiera tenido TODA LA INFORMACIÓN sobre la situación, tal vez habría hecho las cosas de forma diferente.
Creo que tus preocupaciones tienen algo que ver con el material que había en el ordenador de Jack (mejor dicho, eso es lo que cree Kate). ¿Sabes lo frustrante que es que mi mejor amiga sepa más que yo de lo que está pasando? Soy tu MUJER. ¿Me lo vas a contar o vas a seguir tratándome como a una niña, lo que te garantizará que yo siga comportándome como tal?
Que sepas que tú no eres el único que está furioso. ________(tn)

________(tn) Jonas
Editora de SIP


Y pulso «Enviar». Hala… Chúpate esa, Jonas. Inspiro hondo. Estoy furiosa. Me estaba sintiendo culpable por lo que había hecho, pero ya no.

De: Nick Jonas
Fecha: 26 de agosto de 2011 13:59
Para: ________(tn) Jonas
Asunto: He dado en el clavo…


Como siempre, Sra. Jonas, se muestra directa y desafiante por correo. Tal vez deberíamos discutir esto cuando vuelvas a NUESTRO piso.
Y deberías cuidar ese lenguaje. Yo sigo estando furioso también.

Nick Jonas
Presidente de Jonas Enterprises Holdings, Inc.


¡Que cuide mi lenguaje! Miro el ordenador con el ceño fruncido y me doy cuenta de que esto no me lleva a ninguna parte. No le respondo, sino que cojo un manuscrito que hemos recibido hace poco de un autor nuevo muy prometedor y empiezo a leer.



Mi reunión con el detective Clark transcurre sin incidentes. Está menos gruñón que anoche, creo que porque habrá podido dormir un poco. O tal vez es que prefiere trabajar en el turno de día.
—Gracias por su declaración, Sra. Jonas.
—De nada, detective. ¿Está Hyde bajo custodia policial ya?
—Sí, Sra.. Le dieron el alta en el hospital esta mañana. Con los cargos que tenemos contra él, creo que pasará con nosotros una temporada. -Sonríe y eso hace que se arruguen las comisuras de sus ojos oscuros.
—Bien. Nos ha hecho pasar una temporada muy difícil a mi marido y a mí.
—He hablado largo y tendido con el Sr. Jonas esta mañana. Está muy aliviado. Un hombre interesante su marido.
No se hace una idea…
—Sí, creo que así es. -Le sonrío educadamente y él entiende que con eso ha acabado aquí.
—Si se le ocurre algo más, llámeme. Tome mi tarjeta. -Saca con dificultad una tarjeta de la cartera y me la pasa.
—Gracias, detective. Lo haré.
—Que tenga un buen día, Sra. Jonas.
—Igualmente.
Cuando se va me pregunto de qué irán a acusar a Hyde. Seguro que Nick no me lo dice. Frunzo los labios.


* * *

Volvemos en coche en silencio al Escala. Sawyer es el que conduce esta vez y Prescott va a su lado. El corazón se me va cayendo poco a poco a los pies conforme nos acercamos. Sé que Nick y yo vamos a tener una gran pelea y no sé si tengo fuerzas.
Cuando subo en el ascensor desde el garaje con Prescott a mi lado, intento poner en orden mis pensamientos. ¿Qué es lo que quiero decir? Creo que ya se lo he dicho todo en el correo. Tal vez ahora él me dé algunas respuestas. Eso espero. No puedo controlar mis nervios. El corazón me late con fuerza, tengo la boca seca y me sudan las manos. No quiero pelear. Pero a veces él se pone difícil y yo necesito mantenerme firme.
Las puertas del ascensor se abren y aparece el vestíbulo, otra vez en perfecto orden. La mesa está de pie y tiene un jarrón nuevo encima con un precioso ramo de peonías rosa pálido y blanco. Echo un vistazo rápido a los cuadros según vamos pasando: las madonas parecen todas intactas. Ya han arreglado la puerta del vestíbulo que estaba rota y vuelve a cumplir su función; Prescott me la abre amablemente para que pase. Ha estado muy callada todo el día. Creo que me gusta más así.
Dejo el maletín en el pasillo y me encamino al salón, pero me paro en seco al entrar. Oh, vaya…
—Buenas noches, Sra. Jonas -dice Nick con voz suave. Está de pie junto al piano vestido con una camiseta negra ajustada y unos vaqueros… «Esos» vaqueros, los que normalmente lleva en el cuarto de juegos. Madre mía. Son unos vaqueros claros muy lavados, ceñidos y con un roto en la rodilla, que le quedan de muerte. Se acerca a mí descalzo, con el botón superior de los vaqueros desabrochado y los ojos ardientes que me miran fijamente.
—Que bien que ya estés en casa. Te estaba esperando.
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Junio 3rd 2014, 16:53

me encanta
siguela
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Junio 6th 2014, 12:56

Hola como estas?
Spero que bien... Mujer no me hagas estoo
la nove se pone cada vex mejor es q POR DIOS ese 50 no no esta candente jajajajaja
y eso d que la rechaze neta no yo k ella me cae que aria lo mismo en ese momento decirle sabes que stoy cansada despues hablamos jajajajajajajaja pero en fin decision de cada quien.please sube mas
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Junio 7th 2014, 16:32

CAPITULO 11


Ah, ¿me has estado esperando? —le pregunto en un susurro. La boca se me seca aún más y el corazón amenaza con salírseme del pecho. ¿Por qué va vestido así? ¿Qué significa? ¿Sigue enfadado?
—Sí. —Su voz es muy suave y sonríe mientras se acerca a mí.
Está muy guapo, con los vaqueros colgándole de las caderas de esa forma… Oh, no, no me voy a dejar distraer. Intento averiguar cuál es su estado de ánimo mientras se acerca. ¿Enfadado? ¿Juguetón? ¿Lujurioso?
¡Ah! Es imposible saberlo.
—Me gustan tus vaqueros —le digo.
Me dedica esa sonrisa depredadora que me desarma pero no le alcanza los ojos. Mierda, sigue enfadado. Lleva esa ropa para distraerme. Se queda parado delante de mí y noto su intensidad abrasadora. Me mira con los ojos muy abiertos pero impenetrables. Su mirada, fija en la mía, arde. Trago saliva.
—Creo que tiene algún problema, Sra. Jonas —me dice con voz sedosa y saca algo del bolsillo de atrás de los vaqueros. No puedo apartar mis ojos de los suyos pero oigo que desdobla un papel. Me lo muestra; le echo un vistazo rápido y reconozco mi correo. Vuelvo a mirarle y sus ojos sueltan chispas de furia.
—Sí, tengo algunos problemas —susurro casi sin aliento. Necesito distancia si vamos a hablar de esto. Pero antes de que pueda apartarme, él se inclina y me acaricia la nariz con la suya. Sin darme cuenta cierro los ojos, agradeciendo ese inesperado contacto tan tierno.
—Yo también —dice contra mi piel y yo abro los ojos al oírle decir eso. Se aparta, vuelve a erguirse y de nuevo me mira con intensidad.
—Creo que conozco bien tus problemas, Nick. —Hay ironía en mi voz y él entorna los ojos para ocultar la diversión que ha aparecido en ellos momentáneamente.
¿Vamos a pelear? Doy un paso atrás para prepararme. Tengo que establecer una distancia física con él:
con su olor, su mirada y su cuerpo que me distrae con esos vaqueros. Frunce el ceño y se aparta.
—¿Por qué volviste de Nueva York? —le pregunto directamente. Acabemos con esto cuando antes.
—Ya sabes por qué. —Su tono es de clara advertencia.
—¿Porque salí con Kate?
—Porque no cumpliste tu palabra y me desafiaste, exponiéndote a un riesgo innecesario.
—¿Que no cumplí mi palabra? ¿Así es como lo ves? —exclamo ignorando el resto de la frase.
—Sí.
Madre mía. Hablando de reacciones exageradas… Empiezo a poner los ojos en blanco pero paro al ver que me mira con el ceño fruncido.
—Nick, cambié de idea —le explico lentamente, con paciencia, como si fuera un niño—. Soy una mujer. Es muy normal en las mujeres cambiar de opinión. Lo hacemos constantemente.
Parpadea como si no comprendiera lo que acabo de decir.
—Si se me hubiera ocurrido que ibas a cancelar tu viaje por eso… —Me faltan las palabras y me doy cuenta de que no sé qué decir. Me veo por un momento volviendo a la discusión sobre los votos. No he prometido obedecerte, estoy a punto de decir, pero me muerdo la lengua porque en el fondo me alegro de
que haya regresado. A pesar de su enfado, me alegro de que esté de vuelta sano y salvo; enfadado y echando chispas, pero aquí delante de mí.
—¿Cambiaste de idea? —No puede ocultar su desdén y su incredulidad.
—Sí.
—¿Y no me llamaste para decírmelo? —Se me queda mirando, todavía incrédulo, antes de continuar—. Y lo que es peor, dejaste al equipo de seguridad corto de efectivos en la casa y pusiste en peligro a Ryan.

Oh. No se me había ocurrido.
—Debería haberte llamado, pero no quería preocuparte. Si te hubiera llamado, me lo habrías prohibido, y echaba de menos a Kate. Quería salir con ella. Además, eso hizo que estuviera fuera del piso cuando vino Jack. Ryan no debería haberle dejado entrar. —Es todo tan confuso… Si Ryan no le hubiera permitido entrar, Jack seguiría por ahí.
Los ojos de Nick brillan salvajemente. Los cierra un momento y su cara se tensa por el dolor. Oh, no. Niega con la cabeza y antes de que me dé cuenta me está abrazando, apretándome contra él.
—Oh, ________(tn) —susurra mientras me aprieta aún más, hasta que casi no puedo respirar—. Si te hubiera pasado algo… —Su voz es apenas un susurro.
—No me ha ocurrido nada —consigo decir.
—Pero podría haber ocurrido. Lo he pasado fatal hoy, todo el día pensando en lo que podría haber pasado. Estaba tan furioso, ________(tn). Furioso contigo, conmigo, con todo el mundo. No recuerdo haber estado nunca tan enfadado, excepto… —Deja de hablar.
—¿Excepto cuándo? —le animo a continuar.
—Una vez en tu antiguo apartamento. Cuando estaba allí Leila. Oh, no quiero recordar eso.
—Has estado tan frío esta mañana… —le digo y la voz se me quiebra en la última palabra al recordar lo mal que me he sentido por su rechazo en la ducha. Deja de abrazarme y sube las manos hasta mi nuca. Yo inspiro hondo mientras me echa atrás la cabeza.
—No sé cómo gestionar toda esta ira. Creo que no quiero hacerte daño —dice con los ojos muy abiertos y cautos—. Esta mañana quería castigarte con saña y… —No encuentra las palabras o le da demasiado
miedo decirlas.
—¿Te preocupaba hacerme daño? —termino la frase por él. No he creído ni un segundo que él pudiera hacerme daño, pero me siento aliviada de todas formas; una pequeña y despiadada parte de mí temía que su rechazo hubiera sido porque ya no me quería.
—No me fiaba de mí mismo —confiesa.
—Nick, sé que no eres capaz de hacerme daño. Ni físicamente ni de ninguna forma. —Le cojo la cabeza entre las manos.
—¿Lo sabes? —me pregunta y oigo escepticismo en su voz.
—Sí, sé que lo que dijiste era una amenaza vacía. Sé que no quieres azotarme hasta que no lo pueda soportar.
—Sí que quería.
—Realmente no. Creías que querías.
—No sé si eso es así —murmura.
—Piénsalo —le digo abrazándole otra vez y acariciándole el pecho con la nariz por encima de la camiseta negra—. Piensa en cómo te sentiste cuando me fui. Me has dicho muchas veces cómo te dejó eso, cómo alteró tu forma de ver el mundo y a mí. Sé a lo que has renunciado por mí. Piensa cómo te sentiste al ver las marcas de las esposas durante la luna de miel.
Su cuerpo se tensa y sé que está procesando la información. Aprieto el abrazo con las manos en su espalda y siento los músculos tensos y tonificados bajo la camiseta. Se va relajando gradualmente.
¿Eso era lo que le estaba preocupando? ¿Que fuera capaz de hacerme daño? ¿Por qué tengo yo más fe en él que él mismo? No lo entiendo. No hay duda de que hemos avanzado. Normalmente es tan fuerte, tan dueño del control… pero sin él está perdido. Oh, Cincuenta, Cincuenta, Cincuenta… Lo siento. Me da un beso en el pelo y yo levanto la cara. Sus labios se encuentran con los míos y me buscan, me dan y se llevan, me suplican… pero no sé el qué. Quiero seguir sintiendo su boca sobre la mía y le devuelvo el beso

apasionadamente.
—Tienes mucha fe en mí —murmura cuando se separa.
—Sí que la tengo. —Me acaricia la cara con el dorso de los nudillos y la yema del pulgar, mirándome intensamente a los ojos. La furia ha desaparecido. Mi Cincuenta ha vuelto de donde estaba. Me alegro de verle. Le miro y le sonrío con timidez.
—Además —le susurro—, no tienes los papeles.
Se queda con la boca abierta por el asombro, divertido, y me aprieta contra su pecho otra vez.
—Tienes razón. —Ríe.
Estamos de pie en medio del salón, abrazados.
—Vamos a la cama —me pide tras no sé cuánto tiempo. Oh, madre mía…
—Nick, tenemos que hablar.
—Después —dice.
—Nick, por favor. Habla conmigo. Suspira.
—¿De qué?
—Ya sabes. De no contarme las cosas.
—Quiero protegerte.
—No soy una niña.
—Soy perfectamente consciente de eso, Sra. Jonas. —Me acaricia el cuerpo con una mano y al final la deja apoyada sobre mi culo. Mueve las caderas y su erección creciente se aprieta contra mí.
—¡Nick! —le regaño—. Que me lo cuentes. Vuelve a suspirar, exasperado.
—¿Qué quieres saber? —pregunta resignado y me suelta. No me gusta eso; que me hable no quiere decir que tenga que soltarme. Me coge la mano y se agacha para recoger mi correo del suelo.
—Muchas cosas —digo mientras dejo que me lleve hasta el sofá.
—Siéntate —me ordena. Hay cosas que no cambian, me digo, pero hago lo que me pide. Nick se sienta a mi lado, se inclina hacia delante y apoya la cabeza en las manos.
Oh, no. ¿Esto es demasiado duro para él? Pero entonces se incorpora, se pasa las dos manos por el pelo y se vuelve hacia mí expectante y aceptando su destino.
—Pregunta —me dice directamente.
Oh. Bueno, esto va a ser más fácil de lo que creía.
—¿Por qué le has puesto seguridad adicional a tu familia?
—Hyde también era una amenaza para ellos.
—¿Cómo lo sabes?
—Por su ordenador. Tenía detalles personales míos y del resto de mi familia. Sobre todo de Carrick.
—¿Carrick? ¿Y por qué?
—Todavía no lo sé. Vámonos a la cama.
—¡Nick, dímelo!
—¿Que te diga qué?
—Eres tan… irritante.
—Y tú también. —Me mira fijamente.
—No aumentaste la seguridad cuando descubriste la información sobre tu familia en el ordenador. ¿Qué pasó para que lo hicieras? ¿Por qué aumentarla ahora y no antes?
Nick entorna los ojos.

—No sabía que iba a intentar quemar mi edificio ni que… —Se detiene—. Creíamos que no era más que una obsesión desagradable. Ya sabes —dice encogiéndose de hombros—, cuando estás expuesto a los ojos de la gente, la gente se interesa por ti. Eran cosas sueltas: noticias de cuando estaba en Harvard sobre el equipo de remo o de mi carrera. Informes sobre Carrick, siguiendo su carrera y la de mi madre, y también cosas de Elliot y de Mia.
Qué raro…
—Has dicho «ni que»… —le interrogo.
—¿«Ni que» qué?
—Has dicho que no sabías que iba a intentar quemar tu edificio ni que…, como si tuvieras intención de añadir algo más.
—¿Tienes hambre?
¿Qué? Le miro con el ceño fruncido y mi estómago protesta.
—¿Has comido algo hoy? —me pregunta con voz dura y ojos gélidos. El rubor de mis mejillas me traiciona.
—Me lo temía. Ya sabes lo que pienso de que no comas. Ven —me dice a la vez que se pone de pie y me tiende la mano—. Yo te daré de comer. —Y su tono cambia de nuevo. Ahora está lleno de una promesa sensual.
—¿Darme de comer? —le pregunto. Todo lo que hay por debajo de mi ombligo se acaba de convertir en líquido. Maldita sea. Es la típica distracción para que dejemos el tema. ¿Eso es todo? ¿Eso es todo lo que voy a sacarle por ahora? Me lleva hasta la cocina, coge un taburete y se encamina al otro lado de la isla de la cocina.
—Siéntate —me ordena.
—¿Dónde está la Sra. Jones? —pregunto mientras me encaramo al taburete notando su ausencia por primera vez.
—Les he dado a Taylor y a ella la noche libre. Oh.
—¿Por qué?
Me mira durante un segundo y vuelve a su tono de diversión arrogante.
—Porque puedo.
—¿Y vas a cocinar tú? —Se percibe claramente la incredulidad en mi voz.
—Oh, mujer de poca fe… Cierra los ojos.
Uau… Yo pensé que íbamos a tener una pelea de mil demonios, y aquí estamos, jugando en la cocina.
—Que los cierres —insiste.
Primero pongo los ojos en blanco y después obedezco.
—Mmm… No es suficiente —dice.
Abro un ojo y le veo sacar un pañuelo de seda color ciruela del bolsillo de atrás de sus vaqueros. Hace juego con mi vestido. Demonios… Le miro extrañada. ¿Cuándo lo ha cogido?
—Ciérralos —me ordena de nuevo—. No vale hacer trampas.
—¿Me vas a tapar los ojos? —pregunto perpleja. De repente estoy sin aliento.
—Sí.
—Nick… —Me coloca un dedo sobre los labios para silenciarme.
¡Quiero hablar!
—Hablaremos luego. Ahora quiero que comas algo. Has dicho que tenías hambre. —Me da un beso breve en los labios. Noto la suave seda del pañuelo contra los párpados mientras me lo anuda con fuerza en la parte de atrás de la cabeza—. ¿Ves algo? —pregunta.

—No —digo poniendo los ojos en blanco (figurativamente). Se ríe.
—Siempre sé cuando estás poniendo los ojos en blanco… y ya sabes cómo me hace sentir eso. Frunzo los labios.
—¿Podemos acabar con esto cuanto antes, por favor? —le respondo.
—Qué impaciente, Sra. Jonas. Tiene muchas ganas de hablar. —Su tono es juguetón.
—¡Sí!
—Primero te voy a dar de comer —sentencia y me roza la sien con los labios, lo que me calma instantáneamente.
Vale, lo haremos a tu manera. Me resigno a mi destino y escucho los movimientos que Nick hace por la cocina. Abre la puerta de la nevera y coloca varios platos sobre la encimera que hay detrás de mí. Camina hasta el microondas, mete algo dentro y lo enciende. Me pica la curiosidad. Oigo que baja la palanca de la tostadora, que gira la rueda y el suave tictac del temporizador. Mmm… ¿Tostadas?
—Sí, tengo muchas ganas de hablar —digo distraída. Una mezcla de aromas exóticos y especiados llena la cocina y yo me revuelvo en el asiento.
—Quieta, ________(tn). —Está cerca otra vez—. Quiero que te portes bien… —me susurra. Oh, madre mía.
—Y no te muerdas el labio. —Nick me tira suavemente del labio inferior para liberarlo de mis dientes y no puedo evitar una sonrisa.
Después oigo el ruido seco del corcho de una botella y el sonido del vino al verterlo en una copa. Luego hay un momento de silencio al que le sigue un suave clic y el siseo de la estática de los altavoces envolventes cuando cobran vida. El tañido alto de una guitarra marca el comienzo de una canción que no conozco. Nick baja el volumen hasta convertirlo solo en música de fondo. Un hombre empieza a cantar en voz baja, profunda y sexy.
—Creo que primero una copa —susurra Nick, distrayéndome de la canción—. Echa un poco atrás la cabeza. —Hago lo que me dice—. Un poco más —me pide.
Obedezco y noto sus labios contra los míos. El vino frío cae en mi boca. Trago en un acto reflejo. Oh, Dios mío. Me inundan recuerdos de no hace tanto: yo, en Vancouver antes de graduarme, tirada en una cama con un Nick sexy y furioso al que no le había gustado mi correo. Mmm… ¿Han cambiado las cosas? No mucho. Excepto por que ahora reconozco el vino. Es Sancerre, el favorito de Nick.
—Mmm —digo apreciativa.
—¿Te gusta el vino? —murmura y noto su aliento caliente en la mejilla. Me embargan su proximidad, su vitalidad y su calor, que irradia hasta mi cuerpo aunque no me está tocando.
—Sí —digo en un jadeo.
—¿Más?
—Contigo siempre quiero más.
Casi puedo oír su sonrisa. Y eso me hace sonreír a mí también.
—Sra. Jonas, ¿está flirteando conmigo?
—Sí.
Su anillo de boda choca contra la copa cuando da otro sorbo. Ahora me parece un sonido sexy. Esta vez él tira de mi cabeza hacia atrás y me la sujeta. Me besa otra vez y yo trago ávidamente el vino que me vierte en la boca. Sonríe y me da otro beso.
—¿Tienes hambre?
—Creía que ya le había dicho que sí, Sr. Jonas.
El cantante del iPod está cantando algo sobre juegos perversos. Mmm… qué apropiado.

Suena la alarma del microondas y Nick me suelta. Me siento erguida. La comida huele a especias: ajo, menta, orégano, romero… También huele a cordero, creo. Abre la puerta del microondas y el olor se intensifica.
—¡Mierda! ¡Joder! —exclama Nick y oigo que un plato repiquetea sobre la encimera.
¡Oh, Cincuenta!
—¿Estás bien?
—¡Sí! —responde con voz tensa. Un momento después lo noto de pie a mi lado otra vez—. Me he quemado. Aquí —dice metiéndome el dedo índice en la boca—. Seguro que tú me lo chupas mejor que yo.
—Oh. —Le agarro la mano y me saco el dedo de la boca lentamente—. Ya está, ya está —digo y me acerco para soplarle y enfriarle el dedo. Después le doy dos besitos suaves. Él deja de respirar. Vuelvo a meterme el dedo en la boca y lo chupo con cuidado. Él inspira bruscamente y ese sonido me llega directamente a la entrepierna. Tiene un sabor tan delicioso como siempre y me doy cuenta de que este es su juego: la lenta seducción de su esposa. Se supone que estaba enfadado, pero ahora… Este hombre que es mi marido es muy confuso. Pero a mí me gusta así. Juguetón. Divertido. Y muy sexy. Me ha dado algunas respuestas, pero no las suficientes. Quiero más, pero también quiero jugar. Después de toda la ansiedad y la tensión del día y la pesadilla de anoche con lo de Jack, necesito una distracción como esta.
—¿En qué piensas? —me pregunta Nick y me saca el dedo de la boca, lo que interrumpe mis pensamientos.
—En lo temperamental que eres. Todavía está a mi lado.
—Cincuenta Sombras, nena —dice por fin y me da un beso tierno en la comisura de la boca.
—Mi Cincuenta Sombras —le susurro y le agarro de la camiseta para atraerlo hacia mí.
—Oh, no, Sra. Jonas, nada de tocar. Todavía no.
Me coge la mano, me obliga a soltarle la camiseta y me besa los dedos uno por uno.
—Siéntate bien —me ordena. Hago un mohín.
—Te voy a azotar si haces mohínes. Abre bien la boca.
Oh, mierda. Abro la boca y él mete un tenedor con cordero caliente y especiado cubierto por una salsa de yogur fría y con sabor a menta. Mmm… Mastico.
—¿Te gusta?
—Sí.
Él emite un sonido de satisfacción y sé que también está comiendo.
—¿Más?
Asiento. Me da otro trozo y yo lo mastico con energía. Deja el tenedor y parte algo… pan, creo.
—Abre —me manda.
Esta vez es pan de pita con humus. Veo que la Sra. Jones (o tal vez Nick) ha ido de compras a la tienda de delicatessen que yo descubrí hace unas cinco semanas a solo dos manzanas del Escala. Mastico encantada. El Nick juguetón me aumenta el apetito.
—¿Más? —me pregunta. Asiento.
—Más de todo. Por favor. Me muero de hambre.
Oigo su sonrisa de placer. Me va dando de comer lenta y pacientemente, en ocasiones me quita un resto de comida de la comisura de la boca con un beso o con los dedos. De vez en cuando me ofrece un sorbo de vino de esa forma suya tan particular.
—Abre bien y después muerde —me dice, y yo lo hago.
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andreru
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Junio 7th 2014, 16:35

Mmm… Una de mis comidas favoritas: hojas de parra rellenas. Están deliciosas, aunque frías; las prefiero calientes pero no quiero arriesgarme a que Nick vuelva a quemarse. Me las va dando lentamente y, cuando termino, le chupo los dedos para limpiárselos.
—¿Más? —me pregunta con voz baja y ronca. Niego con la cabeza. Estoy llena.
—Bien —me susurra al oído—, porque ha llegado la hora de mi plato favorito. Tú. —Me coge en sus brazos por sorpresa y yo chillo.
—¿Puedo quitarme el pañuelo de los ojos?
—No.
Estoy a punto de hacer un mohín, pero recuerdo su amenaza y me reprimo.
—Al cuarto de juegos —me avisa. Oh, no sé si eso es una buena idea…
—¿Lista para el desafío? —me pregunta. Y como ya se ha acostumbrado a la palabra «desafío» no puedo negarme.
—Allá vamos… —le respondo con el cuerpo lleno de deseo y de algo a lo que no quiero ponerle nombre. Cruza la puerta de la cocina conmigo en brazos y después subimos al piso de arriba.
—Creo que has adelgazado —dice con desaprobación. ¿Ah, sí? Bien. Recuerdo su comentario cuando llegamos de la luna de miel y lo poco que me gustó. Dios, ¿ya ha pasado una semana?
Cuando llegamos al cuarto de juegos me baja pero sigue rodeándome la cintura con el brazo. Abre la puerta con destreza.
Esa habitación siempre huele igual: a madera pulida y a algo cítrico. Se ha convertido en un olor que me resulta tranquilizador. Nick me suelta y me gira hasta que quedo de espaldas a él. Me quita el pañuelo y yo parpadeo ante la tenue luz. Desprende las horquillas del moño y mi trenza cae. Me la coge y tira un poco para que tenga que dar un paso atrás y pegarme a él.
—Tengo un plan —me susurra al oído, y eso provoca que un estremecimiento me recorra la espalda.
—Eso pensaba —le respondo. Me da un beso detrás de la oreja.
—Oh, Sra. Jonas, claro que lo tengo. —Su tono es suave y cautivador. Tira de la trenza hacia un lado y me recorre la garganta con suaves besos—. Primero tenemos que desnudarte. —Su voz ronronea desde lo más profundo de su garganta y reverbera por todo mi cuerpo. Quiero esto, lo que sea que haya planeado. Quiero que volvamos a conectar. Me gira para que le mire. Yo bajo la mirada hasta sus vaqueros, que todavía tienen el primer botón desabrochado, y no puedo resistirme. Meto el dedo por debajo de la cintura, evitando la camiseta y siento que el vello de su vientre me hace cosquillas en el nudillo. Él inhala bruscamente y yo levanto la vista para mirarle. Me paro en el botón desabrochado y sus ojos adoptan un tono más oscuro de gris. Oh, madre mía…
—Tú deberías quedarte con estos puestos —le susurro.
—Esa era mi intención, ________(tn).
Y entonces se mueve y me pone una mano en la nuca y otra en el culo. Me aprieta contra él y su boca se cierra sobre la mía besándome como si su vida dependiera de ello.
¡Uau!
Me obliga a caminar hacia atrás, con nuestras lenguas todavía entrelazadas, hasta que noto la cruz de madera justo detrás de mí. Se acerca todavía más y su cuerpo se contonea y se aprieta contra el mío.
—Fuera el vestido —dice subiéndome el vestido por los muslos, las caderas, el vientre… deliciosamente lento, con la tela rozándome la piel y acariciándome los pechos—. Inclínate hacia delante —me ordena.
Obedezco y él me saca el vestido por la cabeza y lo tira a un lado, dejándome en sandalias, bragas y sujetador. Sus ojos arden cuando me coge las manos y me las levanta por encima de la cabeza. Parpadea una

vez y ladea la cabeza y sé que es su forma de pedirme permiso. ¿Qué me va a hacer? Trago saliva y asiento y una leve sonrisa de admiración, casi de orgullo, aparece en sus labios. Me sujeta las muñecas con las esposas de piel que hay en la parte superior de la cruz y vuelve a sacar el pañuelo.
—Creo que ya has visto suficiente.
Me tapa los ojos de nuevo, y me recorre un escalofrío cuando noto que los demás sentidos se agudizan: percibo el sonido de su suave respiración, mi respuesta excitada, la sangre que me late en los oídos, el olor de Nick mezclado con el de la cera y los cítricos de la habitación… Todas las sensaciones están más
definidas porque no puedo ver. Su nariz toca la mía.
—Te voy a volver loca —me susurra. Me agarra las caderas con las manos y baja para quitarme las bragas, acariciándome las piernas a su paso.
Volverme loca… uau.
—Levanta los pies, primero uno y luego el otro. —Obedezco y me quita primero las bragas y después una sandalia seguida de la otra. Me coge suavemente un tobillo y tira un poco de mi pierna hacia la derecha—.
Baja el pie —me dice y después me esposa el tobillo derecho a la cruz. Seguidamente hace lo mismo con el izquierdo.
Estoy indefensa, con los brazos y las piernas extendidos y sujetos a la cruz. Nick se acerca a mí y noto su calor en todo el cuerpo aunque no me toca. Un segundo después me agarra la barbilla, me levanta la
cabeza y me da un beso casto.
—Un poco de música y juguetes, me parece. Está preciosa así, Sra. Jonas. Me voy a tomar un instante para admirar la vista. —Su voz es suave. Todo se tensa en mi interior.
Un minuto (o dos) después le oigo caminar hasta la cómoda y abrir uno de los cajones. ¿El cajón anal? No tengo ni idea. Saca algo que deja sobre la cómoda y luego algo más. Los altavoces cobran vida y un segundo después las notas de un piano que toca una melodía suave y cadenciosa llenan la habitación. Me suena: es Bach, creo, pero no sé qué pieza. Algo en esa música me inquieta. Tal vez es porque es demasiado fría, como distante. Frunzo el ceño intentando entender por qué me da esa sensación, pero Nick me agarra la barbilla, sobresaltándome, y tira un poco de mi labio inferior para que deje de mordérmelo. ¿Por qué siento esta incomodidad? ¿Es la música?
Nick me acaricia la barbilla, la garganta y va bajando hasta mis pechos, donde tira de la copa del sujetador con el pulgar para liberar el pecho de su aprisionamiento. Ronronea ronco desde el fondo de su garganta y me besa en el cuello. Sus labios recorren el mismo camino que han hecho sus dedos un momento antes hasta mi pecho, besando y succionando a su paso. Sus dedos se dirigen a mi pecho izquierdo, liberándolo también del sujetador. Gimo cuando me acaricia el pezón izquierdo con el pulgar y sus labios se cierran sobre el derecho, tirando y acariciando hasta que los dos pezones están duros y prominentes.
—Ah…
Él no se detiene. Con un cuidado exquisito aumenta poco a poco la intensidad sobre los dos pezones. Tiro infructuosamente de las esposas cuando siento unas punzadas de placer que salen de mis pezones y recorren mi cuerpo hasta la entrepierna. Intento retorcerme, pero apenas puedo moverme y eso hace la tortura más intensa.
—Nick… —le suplico.
—Lo sé —murmura con voz ronca—. Así me haces sentir tú.
¿Qué? Gruño y él empieza de nuevo a someter a mis pezones a esa agonía dulce una y otra vez…
acercándome cada vez más.
—Por favor… —lloriqueo.
Emite un sonido grave y primitivo desde su garganta y se pone de pie, dejándome abandonada, sin aliento y tirando de las esposas que me atan. Me acaricia los costados con las manos. Deja una en la cadera y otra

sigue bajando por mi vientre.
—Vamos a ver cómo estás —me dice con suavidad. Me cubre el sexo con la mano y me roza el clítoris con el pulgar, lo que me hace gritar. Lentamente mete un dedo en mi interior y después un segundo dedo. Gimo y proyecto las caderas hacia delante, ansiosa por acercarme a sus dedos y a la palma de su mano—. Oh, ________(tn), estás más que lista —me susurra.
Hace movimientos circulares con los dedos que tiene en mi interior, una y otra vez, y me acaricia el clítoris con el pulgar, arriba y abajo, sin parar. Es el único punto del cuerpo en que me está tocando y toda la tensión y la ansiedad del día se están concentrando en esa parte de mi anatomía.
Oh, Dios mío… esto es intenso… y extraño… la música… empiezo a acercarme… Nick se mueve, sin detener los movimientos de su mano dentro y fuera de mí, y de repente oigo un zumbido suave.
—¿Qué es…? —pregunto casi sin aliento.
—Chis… —me dice para que me calle y aprieta sus labios contra los míos, su eficaz forma de silenciarme. Agradezco ese contacto más cálido y más íntimo y le devuelvo el beso vorazmente. Él rompe el contacto y oigo el zumbido más cerca—. Esto es una varita, nena. Vibra.
Me la apoya en el pecho y noto un objeto con forma de bola que vibra contra mi piel. Me estremezco cuando empieza a bajarla por mi cuerpo y entre mis pechos y a desplazarla para que entre en contacto con uno y después con el otro pezón. Me embargan un cúmulo de sensaciones: siento cosquillas por todo el cuerpo y el cerebro en llamas cuando una necesidad oscura, muy oscura, se concentra en el fondo de mi vientre.
—Ah —lloriqueo y los dedos de Nick siguen moviéndose dentro de mí. Estoy muy cerca… toda esta estimulación… Echo atrás la cabeza y dejo escapar un gemido muy alto. Entonces Nick para de mover los dedos y todas las sensaciones se esfuman—. ¡No! Nick… —le suplico y proyecto las caderas hacia delante para intentar lograr algo de fricción.
—Quieta, nena —me dice mientras siento que la posibilidad del orgasmo se aleja y se desvanece. Se acerca otra vez y me besa—. Es frustrante, ¿no? —me dice.
¡Oh, no! Acabo de entender de qué va este juego.
—Nick, por favor.
—Chis… —me dice y me da otro beso. Y vuelve a retomar el movimiento: la varita, los dedos, el pulgar… Una combinación letal de tortura sensual. Se acerca para que su cuerpo roce el mío. Él todavía está vestido: la tela de sus vaqueros me roza la pierna y su erección la cadera. Está tan cerca… Vuelve a llevarme casi hasta el clímax, mi cuerpo pidiendo a gritos la liberación, y entonces se detiene.
—No —gimoteo.
Me da unos besos suaves y húmedos en el hombro y saca sus dedos de mí a la vez que va bajando la varita. El juguete se desliza por mi estómago, mi vientre y mi sexo hasta tocarme el clítoris. Joder, esto es tan intenso…
—¡Ah! —grito y tiro fuerte de las esposas.
Tengo todo el cuerpo tan sensible que siento que voy a explotar. Y justo cuando creo que ya ha llegado el momento, Nick vuelve a detenerse.
—¡Nick! —chillo.
—Frustrante, ¿eh? —murmura contra mi garganta—. Igual que tú. Prometes una cosa y después… —No acaba la frase.
—¡Nick, por favor! —le suplico.
Aprieta la varita contra mí una y otra vez, parando justo en el momento álgido cada vez. ¡Ah!
—Cada vez que paro, cuando vuelvo a empezar es más intenso, ¿verdad?
—Por favor… —le pido casi en un sollozo. Mis terminaciones nerviosas necesitan esa liberación.

El zumbido cesa y Nick me da otro beso y me acaricia la nariz con la suya.
—Eres la mujer más frustrante que he conocido. No, no, ¡no!
—Nick, no he prometido obedecerte. Por favor, por favor…
Se coloca delante de mí, me coge con fuerza por el culo y aprieta su cadera contra mí. Eso me provoca un respingo porque su entrepierna está en contacto con la mía a pesar de la ropa. Los botones de sus vaqueros, que contienen a duras penas su erección, presionan contra mi carne. Con una mano me quita el pañuelo que
me tapa los ojos y me coge la barbilla. Parpadeo y cuando recupero la vista me encuentro con su mirada abrasadora.
—Me vuelves loco —susurra empujándome con la cadera una vez, dos, tres, haciendo que mi cuerpo empiece a soltar chispas a punto de arder. Y otra vez me lo niega. Le deseo tanto… Le necesito tanto… Cierro los ojos y murmuro una oración. Me siento castigada, no puedo evitarlo. Estoy indefensa y él está siendo implacable. Se me llenan los ojos de lágrimas. No sé hasta dónde va a llegar esto.
—Por favor… —vuelvo a suplicarle en un susurro.
Pero me mira sin ninguna piedad. Tiene intención de continuar. Pero ¿cuánto? ¿Puedo jugar a esto? No. No. No… No puedo hacerlo. No va a parar. Va a seguir torturándome. Sus manos bajan por mi cuerpo otra vez. No… Y repentinamente el dique estalla: toda la aprensión, la ansiedad y el miedo de los últimos días me embargan y otra vez se me llenan los ojos de lágrimas. Aparto la mirada de la suya. Esto no es amor. Es venganza.
—Rojo —sollozo—. Rojo. Rojo. —Las lágrimas empiezan a correrme por la cara. Él se queda petrificado.
—¡No! —grita asombrado—. Dios mío, no…
Se acerca rápidamente, me suelta las manos y me agarra por la cintura mientras se agacha para soltarme los tobillos. Yo entierro la cabeza entre las manos y sollozo.
—No, no, no, ________(tn), por favor. No.
Me coge en brazos y me lleva a la cama, se sienta y me acaricia en su regazo mientras lloro inconsolable. Estoy sobrepasada… Mi cuerpo está tenso casi hasta el punto de romperse, tengo la mente en blanco y he perdido totalmente el control de mis emociones. Estira la mano detrás de mí, arranca la sábana de seda de la cama de cuatro postes y me envuelve con ella. La sábana fría me parece algo extraño y desagradable sobre mi piel demasiado sensible. Me rodea con los brazos, me abraza con fuerza y me acuna.
—Lo siento, lo siento —murmura Nick con voz ronca. No deja de darme besos en el pelo—. ________(tn), perdóname, por favor.
Giro la cara para ocultarla en su cuello y sigo llorando. Siento una liberación catártica. Han pasado tantas cosas en los últimos días: incendios en salas de ordenadores, persecuciones en la carretera, carreras que han planeado otros por mí, arquitectas putonas, lunáticos armados en el piso, discusiones, la ira de Nick y su viaje. No quiero que Nick se vaya… Utilizo la esquina de la sábana para limpiarme la nariz y gradualmente vuelvo a oír los tonos clínicos de Bach que siguen resonando en la habitación.
—Apaga la música, por favor —le pido sorbiendo por la nariz.
—Sí, claro. —Nick se mueve, sin soltarme, saca el mando a distancia del bolsillo de atrás de los vaqueros, pulsa un botón y la música de piano cesa y ya solo se oye mi respiración temblorosa—. ¿Mejor? — me pregunta.
Asiento y mis sollozos se van calmando. Nick me enjuga las lágrimas tiernamente con el pulgar.
—No te gustan mucho las Variaciones Goldberg de Bach, ¿eh? —me dice.
—No esas en concreto.
Me mira intentando ocultar la vergüenza que siente, pero fracasa estrepitosamente.

—Lo siento —vuelve a decir.
—¿Por qué has hecho eso? —Apenas se me oye. Sigo tratando de procesar el torbellino de pensamientos y emociones que siento.
Niega con la cabeza tristemente y cierra los ojos.
—Me he dejado llevar por el momento —dice de forma poco convincente. Frunzo el ceño y él suspira.
—________(tn), la negación del orgasmo es una práctica estándar en… Tú nunca… —No acaba la frase. Me revuelvo en su regazo y él hace una mueca de dolor.
Oh. Me ruborizo.
—Perdona —le susurro.
Él pone los ojos en blanco y se echa hacia atrás de repente, arrastrándome con él para que quedemos los dos tumbados en la cama conmigo en sus brazos. El sujetador me resulta incómodo y me lo ajusto un poco.
—¿Te ayudo? —me pregunta en voz baja.
Niego. No quiero que me toque los pechos. Cambia de postura para poder mirarme. Levanta una mano con precaución y la lleva hasta mi cara para acariciarme con los dedos. Se me vuelven a llenar los ojos de lágrimas. ¿Cómo puede ser tan insensible a veces y tan tierno otras?
—No llores, por favor —murmura.
Este hombre me aturde y me confunde. Mi furia me ha abandonado cuando más la necesito… Me siento entumecida. Solo quiero acurrucarme y abstraerme de todo. Parpadeo intentando controlar las lágrimas y le miro a los ojos angustiados. Inspiro hondo, todavía temblorosa, sin apartar los ojos de los suyos. ¿Qué voy a hacer con este hombre tan controlador? ¿Aprender a dejarle que me controle? No lo creo…
—Yo nunca ¿qué? —le pregunto.
—Nunca haces lo que te digo. Cambias de idea y no me dices dónde estás. ________(tn), estaba en Nueva York, furioso e impotente. Si hubiera estado en Seattle te habría obligado a volver a casa.
—¿Por eso me estás castigando?
Traga saliva y después cierra los ojos. No tiene respuesta para eso, pero yo sé que castigarme era lo que pretendía.
—Tienes que dejar de hacer esto —le digo. Arruga la frente.
—Primero, porque al final solo acabas sintiéndote peor que cuando empezaste. Él ríe burlón.
—Eso es cierto —murmura—. No me gusta verte así.
—Y a mí no me gusta sentirme así. Me dijiste cuando estábamos en el Fair Lady que yo no soy tu sumisa, soy tu mujer.
—Lo sé, lo sé —reconoce en voz baja y ronca.
—Bueno, pues deja de tratarme como si lo fuera. Siento no haberte llamado. Procuraré no ser tan egoísta la próxima vez. Ya sé que te preocupas por mí.
Me mira fijamente, examinándome de cerca con los ojos sombríos y ansiosos.
—Vale, está bien —dice por fin.
Se inclina hacia mí, pero se para justo antes de que sus labios toquen los míos en una petición silenciosa de permiso. Yo acerco mi cara a la suya y él me besa tiernamente.
—Después de llorar tienes siempre los labios tan suaves… —murmura.
—No prometí obedecerte, Nick —le susurro.
—Lo sé.
—Tienes que aprender a aceptarlo, por favor. Por el bien de los dos. Y yo procuraré tener más en cuenta

tus… tendencias controladoras.
Se le ve perdido y vulnerable, completamente abrumado.
—Lo intentaré —murmura con una evidente sinceridad en la voz. Suspiro profundamente para tranquilizarme.
—Sí, por favor. Además, si yo hubiera estado aquí…
—Lo sé —me dice y palidece. Vuelve a tumbarse y se coloca el brazo libre sobre la cara. Yo me acurruco junto a él y apoyo la cabeza en su pecho. Los dos nos quedamos en silencio un rato. Su mano baja hasta el final de mi trenza y me quita la goma, soltándome el pelo, para después lenta y rítmicamente peinármelo con los dedos. De eso es de lo que va todo esto: de su miedo, un miedo irracional por mi seguridad. Me viene a la mente la imagen de Jack Hyde tirado en el suelo del piso con la Glock al lado de la mano. Bueno, tal vez no sea un miedo tan irracional. Por cierto, eso me recuerda…
—¿Qué querías decir antes, cuando has dicho «ni que»…? —insisto.
—¿«Ni que»?
—Era algo sobre Jack.
Levanta la cabeza para mirarme.
—No te rindes nunca, ¿verdad?
Apoyo la barbilla en su esternón disfrutando de la caricia tranquilizadora de sus dedos entre mi pelo.
—¿Rendirme? Jamás. Dímelo. No me gusta que me ocultes las cosas. Parece que tienes la incomprensible idea de que necesito que me protejan. Tú no sabes disparar, yo sí. ¿Crees que no podría encajar lo que sea que no me estás contando, Nick? He tenido a una de tus ex sumisas persiguiéndome y apuntándome con un arma, tu ex amante pedófila me ha acosado… No me mires así —le digo cuando me mira con el ceño fruncido—. Tu madre piensa lo mismo de ella.
—¿Has hablado con mi madre de Elena? —La voz de Nick sube unas cuantas octavas.
—Sí, Grace y yo hablamos de ella. Nick me mira con la boca abierta.
—Tu madre está muy preocupada por eso y se culpa.
—No me puedo creer que hayas hablado de eso con mi madre. ¡Mierda! —Vuelve a tumbarse y a cubrirse la cara con el brazo.
—No le di detalles.
—Eso espero. Grace no necesita saber los detalles escabrosos. Dios, ________(tn). ¿A mi padre también se lo has dicho?
—¡No! —Niego con la cabeza con vehemencia. No tengo tanta confianza con Carrick. Y sus
comentarios sobre el acuerdo prematrimonial todavía me escuecen—. Pero estás intentando distraerme… otra vez. Jack. ¿Qué pasa con él?
Nick levanta el brazo un momento y me mira con una expresión impenetrable. Suspira y vuelve a taparse con el brazo.
—Hyde estuvo implicado en el sabotaje de Charlie Tango . Los investigadores encontraron una huella parcial, pero no pudieron establecer ninguna coincidencia definitiva. Pero después tú reconociste a Hyde en la sala del servidor. Le arrestaron algunas veces en Detroit cuando era menor, así que sus huellas están en el sistema. Y coinciden con la parcial.
Mi mente empieza a funcionar a mil por hora mientras intento absorber toda esa información. ¿Fue Jack el que averió el helicóptero? Pero Nick ha cogido carrerilla.
—Esta mañana encontraron una furgoneta de carga aquí, en el garaje. Hyde la conducía. Ayer le trajo no sé qué mierda al tío que se acaba de mudar, ese con el que subimos en el ascensor.
—No recuerdo su nombre.

—Yo tampoco —dice Nick—. Pero así es como Hyde consiguió entrar en el edificio. Trabaja para una compañía de transportes…
—¿Y qué tiene esa furgoneta de especial? Nick se queda callado.
—Nick, dímelo.
—La policía ha encontrado… cosas en la furgoneta. —Se detiene de nuevo y me aprieta con más fuerza.
—¿Qué cosas?
Permanece callado unos segundos y yo abro la boca para animarle a seguir, pero él empieza a hablar por su propia voluntad.
—Un colchón, suficiente tranquilizante para caballos para dormir a una docena de equinos y una nota. — Su voz ha ido bajando hasta convertirse en apenas un susurro y noto que le embargan el horror y la repulsión.
Maldita sea…
—¿Una nota? —Mi voz suena igual que la suya.
—Iba dirigida a mí.
—¿Y qué decía?
Nick niega con la cabeza para decirme que no lo sabe o que no me va a revelar lo que ponía. Oh.
—Hyde vino aquí ayer con la intención de secuestrarte. —Nick se queda petrificado y con la cara tensa. Cuando lo dice recuerdo la cinta americana y, aunque ya lo sabía, un escalofrío me recorre todo el cuerpo.
—Mierda —murmuro.
—Eso mismo —responde Nick, todavía tenso.
Intento recordar a Jack en la oficina. ¿Siempre estuvo loco? ¿Cómo ha podido seguir adelante con algo así? Vale, era un poco repulsivo, pero esto es una locura…
—No entiendo por qué —le digo—. No tiene sentido.
—Lo sé. La policía sigue indagando y también Welch. Pero creemos que la conexión tiene que estar en
Detroit.
—¿Detroit? —Le miro confundida.
—Sí. Tiene que haber algo allí.
—Sigo sin comprender…
Nick levanta la cabeza y me mira con una expresión inescrutable.
—________(tn), yo nací en Detroit.
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MensajeTema: Re: 50 sombras liberadas Nick y Tu   Hoy a las 09:29

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