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 Seduction (Joe y ___) ADAPTADA

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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Mayo 17th 2014, 12:04

Capítulo 36
 
Salimos al sol de la tarde del domingo, pero no veo a Margo Junior. Busco la furgoneta rosa en el aparcamiento, a pesar de que no es fácil que el enorme montón de metal pase desapercibido.
 
—Espero que no te importe. —Kate suelta una risita nerviosa justo cuando veo mi Mini aparcado en una de las plazas de Joe con la capota bajada.
 
—¡Serás zorra!
 
Pasa de mi insulto
 
—No me mires así, ___ ___ (TA). Si no lo sacara yo, se pasaría la eternidad aparcado en la puerta de casa. Qué desperdicio.
 
Las luces parpadean y extiendo la mano para que me dé las llaves, cosa que hace de mala gana y con un bufido.
 
Conducimos hacia Surrey Hills debatiendo sobre las ventajas de los hombres dominantes. Ambas llegamos a la misma conclusión: sí al sexo y no a los demás aspectos de la relación.
 
El problema es que Joe se las ingenia para meter el sexo en todos los aspectos de nuestra relación y lo usa, en general, para salirse con la suya. Y da la sensación de que yo no soy capaz de decir que no, así que estoy condenada. Puede que dentro de una hora todo haya terminado. Sólo de pensarlo me duele el estómago como nunca, pero tengo que ser sensata. Ya estoy metida hasta el cuello.
 
Salgo de la carretera principal y cojo el desvío hacia las puertas de hierro. Se abren de inmediato para dejarme pasar.
 
—¡Madre mía! —exclama Kate cuando avanzamos por el camino de grava flanqueado de árboles.
 
Ya está boquiabierta y ni siquiera ha visto la casa todavía. Llegamos al patio. Hay mucha gente.
 
—¡La madre que me parió! —La mandíbula le llega al suelo al descubrir la imponente casa. Se inclina hacia adelante en el asiento—. ¿Joe es el dueño de esto?
 
—Sí. Ahí está el coche de Sam. —Aparco junto al Porsche.
 
—No me puedo creer que venga a comer aquí —farfulla, y se acerca a mi lado del coche—. ¡La madre que me parió!
 
Me río ante el asombro de Kate, que no suele sorprenderse fácilmente. La llevo hacia los escalones de la entrada, donde me imagino que John saldrá a recibirnos, pero no es así. Las puertas están entreabiertas y las franqueo. Me vuelvo hacia Kate, que lo mira todo, boquiabierta y pasmada. Los ojos se le salen de las órbitas ante lo espléndido del lugar.
 
—Kate, te va a entrar una mosca en la boca —la regaño de broma.
 
—Lo siento. —La cierra—. Este lugar es muy elegante.
 
—Ya lo sé.
 
—Quiero que me lo enseñes —dice, y alza la cabeza para mirar a lo alto de la escalera.
 
—Que te lo enseñe Sam —le contesto—, yo necesito ver a Joe.
 
Dejo atrás el restaurante y me dirijo hacia el bar, donde me encuentro a Sam y a Drew.
 
El primero de ellos me lanza una gran sonrisa picarona y le da un trago a su cerveza, pero la escupe al ver a Kate detrás de mí.
 
—¡Joder! ¿Qué estás haciendo aquí?
 
Drew se vuelve, ve a Kate y se echa a reír a carcajadas. Frunzo el ceño.
 
A Kate no parece hacerle gracia.
 
—Yo también me alegro de verte, ¡capullo! —le escupe indignada a un Sam estupefacto.
 
El chico deja de inmediato la cerveza en la barra y coge un taburete.
 
—Siéntate. —Da palmaditas sobre el asiento y mira a Drew con preocupación.
 
—¡No me des órdenes, Samuel! —Su cara de enfado da miedo.
 
Nunca he visto a Sam tan nervioso. ¿Estará ocultando algo? ¿A la chica del Starbucks, tal vez?
 
Vuelve a darle golpecitos al asiento del taburete y sonríe a Kate con nerviosismo.
 
—Por favor.
 
Mi amiga se acerca y pone el culo en el taburete. Sam se lo acerca aún más. Pronto estará sentada en sus rodillas.
 
—Invítame a una copa —le ordena con una media sonrisa.
 
—Sólo una. —Hace un gesto a Mario. Jesús, si está sudando—. ¿___?
 
—No, gracias. Voy a buscar a Joe. —Miro por encima del hombro y empiezo a caminar hacia atrás.
 
—¿Sabe que estás aquí? —pregunta Sam estupefacto.
 
¿Qué le pasa?
 
—Le he enviado un mensaje. —Miro en torno al bar y veo muchas caras que me suenan de mi última visita a La Mansión. Me alegro de no ver a Sarah, aunque eso no significa nada. Podría estar en cualquier rincón del complejo—. Pero no me ha contestado —añado.
 
Sólo ahora me doy cuenta de que es muy raro.
 
Sam le dirige a Drew una mirada muy inquieta, y él se ríe todavía más.
 
—Esperad aquí. Iré a buscarlo.
 
—Sé dónde está su despacho —digo con el ceño fruncido.
 
—___, tú espera aquí, ¿vale? —La expresión de Sam es de puro pánico. Algo me huele muy mal. Lanza a Kate una mirada muy seria cuando se levanta—. No te muevas.
 
—¿Cuánto has bebido? —le pregunta Kate mirando el botellín de cerveza
 
¿Kate también ha notado lo incómodo que parece?
 
—Ésta es la primera, créeme. Voy a buscar a Joe y luego nos vamos. —Estudia el bar con inquietud. Vale, ahora estoy convencida de que está ocultando algo o a alguien. Empiezo a desear que Sarah estuviera aquí, porque entonces sabría con total seguridad que no está con Joe. Se me han puesto los pelos como escarpias.
 
Se va corriendo y nos deja a Kate y a mí intercambiando miradas de perplejidad.
 
—Disculpen, señoritas. —Drew se levanta—. La llamada de la naturaleza.
 
Nos deja en el bar como si le sobrásemos.
 
—A la mierda —exclama Kate, y me coge de la mano—. Enséñame la mansión.
 
Tira de mí en dirección a la entrada.
 
—Pero rápido. —Me adelanto y la llevo hacia la enorme escalinata—. Te enseñaré las habitaciones en las que estoy trabajando.
 
Llegamos al descansillo y las exclamaciones de Kate se hacen más frecuentes a medida que va asimilando la opulencia y el esplendor de La Mansión.
 
—Esto es el no va más —masculla mirando a todas partes admirada.
 
—Lo sé. La heredó de su tío a los veintiún años.
 
—¿A los veintiuno?
 
—Ajá.
 
—¡Guau! —suelta Kate. Miró hacia atrás y la veo embobada con la vidriera que hay al pie del segundo tramo de escalera.
 
—Por aquí —le indico. Atravieso el arco que lleva a las habitaciones de la nueva ala y Kate corre tras de mí—. Hay diez en total.
 
Me sigue hasta el centro de la habitación sin dejar de mirar a todas partes. No puedo negar que son realmente impresionantes, incluso vacías. Cuando estén terminadas serán dignas de la realeza. ¿Conseguiré acabarlas? Después de «aclarar esta mierda» puede que no vuelva a ver este lugar. Tampoco es que me apene la idea. No me gusta venir aquí.
 
Me adentro más en la habitación y sigo la mirada de Kate hacia la pared que hay detrás de la puerta. «Pero ¿qué diablos...?»
 
—¿Qué es eso? —Kate hace la pregunta que me ronda la cabeza.
 
—No lo sé, antes no estaba ahí. —Recorro con la mirada la enorme cruz de madera que se apoya contra la pared. Tiene unos tornillos gigantes de hierro forjado negro en las esquinas. Es un poco imponente, pero sigue siendo una obra de arte—. Debe de ser uno de los apliques de buen tamaño de los que hablaba Joe. —Me acerco a la pieza y paso la mano por la madera pulida. Es espectacular, aunque un poco intimidante.
 
—Huy, perdón, señoritas. —Las dos nos volvemos a la vez y vemos a un hombre de mediana edad con una lijadora en una mano y un café en la otra—. Ha quedado bien, ¿verdad? —Señala la cruz con la lijadora y bebe un sorbo de café—. Estoy comprobando el tamaño antes de hacer las demás.
 
—¿Lo ha hecho usted? —pregunto con incredulidad.
 
—Sí. —Se ríe y se coloca junto a la cruz, a mi lado.
 
—Es impresionante —musito. Encajará a la perfección con la cama que he diseñado y que tanto le gustó a Joe.
 
—Gracias, señorita —dice con orgullo. Me doy la vuelta y veo a Kate observando la obra de arte con el ceño fruncido.
 
—Lo dejamos en paz. —Hago a Kate una señal con la cabeza para que me siga y ella dedica una sonrisa al trabajador antes de salir de la habitación.
 
Caminamos de nuevo por el descansillo.
 
—No lo pillo —refunfuña.
 
—Es arte, Kate. —Me río. No es rosa ni cursi, así que no me sorprende que no le guste. Nuestros gustos son muy distintos.
 
—¿Qué hay ahí arriba?
 
Sigo su mirada hacia el tercer piso y me detengo junto a ella. Las puertas intimidantes están entornadas.
 
—No lo sé. Puede que sea un salón para eventos.
 
Kate sube la escalera.
 
—Vamos a verlo.
 
—¡Kate! —Corro detrás de ella. Quiero encontrar a Joe. Cuanto más tiempo tarde en hablar con él, más tiempo tendré para convencerme de no hacerlo—. Vamos, Kate.
 
—Sólo quiero echar un vistazo —dice, y abre las puertas—. ¡Joder! —chilla—. ___, mira esto.
 
Vale, me ha picado la curiosidad con ganas. Subo corriendo los peldaños que me quedan y entro en el salón para eventos, derrapo y me paro en seco junto a Kate. «Joder.»
 
—¡Perdonen!
 
Nos volvemos en dirección a una mujer con acento extranjero. Una señora regordeta que lleva trapos y espray anti bacterias en las manos se bambolea hacia nosotras.
 
—No, no, no. Yo limpio. El salón comunitario está cerrado para limpieza. —Nos empuja hacia la puerta.
 
—Relájese, señora. —Kate se ríe—. Su novio es el dueño.
 
La pobre mujer retrocede ante la brusquedad de Kate y me mira de arriba abajo antes de hacerme una venia con la cabeza.
 
—Lo siento. —Se guarda el espray en el delantal y me coge las manos entre los dedos arrugados y morenos—. El señor Jonas no dijo que usted venir.
 
Me muevo con nerviosismo al ver el pánico que invade a la mujer y lanzo a Kate una mirada de enfado, pero no se da cuenta. Está muy ocupada curioseando la colosal habitación. Sonrío para tranquilizar a la limpiadora española, a la que nuestra presencia ha puesto en un compromiso.
 
—No pasa nada —le aseguro. Me hace otra reverencia y se aparta a un lado para que Kate y yo nos hagamos una idea de dónde estamos.
 
Lo primero que me llama la atención es lo hermoso que es el salón. Al igual que el resto de la casa, los materiales y los muebles son una belleza. El espacio es inmenso, más de la mitad de la planta y, cuando me fijo con atención, veo que da la vuelta sobre sí mismo y rodea la escalera. Hemos entrado por el centro del salón, así que es aún más grande de lo que pensaba. El techo es alto y abovedado, con vigas de madera que lo cruzan de principio a fin y elaborados candelabros de oro, que ofrecen una luz difusa, entre ellas. Tres ventanas georgianas de guillotina dominan el salón. Están vestidas de carmesí y tienen contraventanas austriacas ribeteadas en yute dorado trenzado. Son kilómetros y kilómetros de seda dorada envuelta en trenzas carmesí sujetas a los lados por degradados dorados. Las paredes rojo profundo ofrecen un marcado contraste para las camas vestidas con extravagancia que rodean el salón.
 
¿Camas?
 
—___, algo me dice que esto no es un salón para eventos —susurra Kate.
 
Se mueve hacia la derecha, pero yo me quedo helada en el sitio intentando comprender qué estoy viendo. Es un dormitorio inmenso y super lujoso, el salón comunitario.
 
En las paredes no hay cuadros, por eso hay espacio para varios marcos de metal, ganchos y estantes. Todos parecen objetos inocentes, como los tapices extravagantes, pero, a medida que mi mente empieza a recuperarse de la sorpresa, el significado del salón y sus contenidos empiezan a filtrarse en mi cerebro. Un millón de razones intentan distraerme de la conclusión a la que estoy llegando poco a poco, pero no hay otra explicación para los artefactos y artilugios que me rodean.
 
La reacción llega con retraso, pero llega.
 
—Me cago en la puta —musito.
 
—Cuidado con esa boca. —Su voz suave me envuelve.
 
Me vuelvo y lo veo de pie detrás de mí, observándome en silencio con las manos en los bolsillos de los vaqueros y el rostro inexpresivo. Tengo la lengua bloqueada y busco en mi cerebro. ¿Qué puedo decir? Me invaden un millón de recuerdos de las últimas semanas, de todas las veces que he pasado cosas por alto, que he ignorado detalles o, para ser exactos, que me han distraído de ellos. Cosas que ha dicho, cosas que otros han dicho, cosas que me parecieron raras pero sobre las que no indagué porque él me distraía. Ha hecho todo lo posible por ocultarme esto. ¿Qué más me oculta?
 
Kate aparece en mi visión periférica. No me hace falta mirarla para saber que probablemente la expresión de su rostro es parecida a la mía, pero no puedo apartar la mirada de Joe para comprobarlo.
 
Mira un instante a Kate y le sonríe, nervioso.
 
Sam entra corriendo en el salón.
 
—¡Mierda! ¡Te dije que no te movieras! —le grita a Kate con mirada furibunda—. ¡Maldita seas, mujer!
 
—Creo que será mejor que nos vayamos —dice Kate con calma, se acerca a Sam, lo coge de la mano y se lo lleva del salón.
 
—Gracias. —Joe les hace un gesto de agradecimiento con la cabeza antes de volver a mirarme a mí. Tiene los hombros encogidos, señal de que está tenso. Parece muy preocupado. Debería estarlo.
 
Oigo los susurros ahogados y enfadados de Kate y de Sam mientras bajan la escalera. Nos dejan solos en el salón comunitario.
 
El salón comunitario. Ahora todo tiene sentido. El crucifijo que hay abajo no es arte para colgar en la pared. Esa cosa que parece una cuadrícula no es una antigüedad. Las mujeres que se contonean por el lugar como si vivieran aquí no son mujeres de negocios. Bueno, tal vez lo sean, pero no mientras están aquí.
 
«Ay, Dios, ayúdame.»
 
Los dientes de Joe empiezan a hacer de las suyas en su labio inferior. El pulso se me acelera a cada segundo que pasa. Esto explica esos ratos de humor pensativo que ha pasado estos últimos días. Debía de imaginarse que iba a descubrirlo. ¿Pensaba contármelo alguna vez?
 
Baja la mirada al suelo.
 
—___, ¿por qué no me has esperado en casa?
 
La sorpresa empieza a convertirse en ira cuando todas las piezas encajan. ¡Soy una idiota!
 
—Tú querías que viniera —le recuerdo.
 
—Pero no así.
 
—Te he enviado un mensaje. Te decía que estaba de camino.
 
Frunce el ceño.
 
—___, no he recibido ningún mensaje tuyo.
 
—¿Dónde está tú móvil?
 
—En mi despacho.
 
Voy a sacar mi móvil, pero entonces sus palabras de esta mañana regresan a mi cerebro.
 
—¿De esto era de lo que querías hablar? —pregunto.
 
No quería hablar de nosotros. Quería hablar de esta mierda.
 
Levanta la mirada del suelo y la clava en mí. Está llena de arrepentimiento.
 
—Era hora de que lo supieras.
 
Abro aún más los ojos.
 
—No, hace mucho tiempo que debía saberlo.
 
Hago un giro de trescientos sesenta grados parar recordar dónde estoy. Sigo aquí, no cabe duda, y no estoy soñando.
 
—¡Joder!
 
—Cuidado con esa boca, ___ —me riñe con dulzura.
 
Me vuelvo otra vez para mirarlo a la cara, alucinada.
 
—¡No te atrevas! —grito, y me golpeo la frente con la palma de la mano—. ¡Joder, joder, joder!
 
—Cuidado...
 
—¡No! —Lo paralizo con una mirada feroz—. ¡Joe, no te atrevas a decirme que tenga cuidado con lo que digo! —Señalo el salón con un gesto—. ¡Mira!
 
—Ya lo veo, ___. —Su voz es suave y tranquilizadora, pero no va a calmarme. Estoy demasiado atónita.
 
—¿Por qué no me lo dijiste? —Dios mío, es un chulo venido a más.
 
—Pensé que habrías comprendido el tipo de operaciones que se realizan en La Mansión en nuestra primera reunión, ___. Cuando resultó evidente que no era así, se me hizo cada vez más difícil decírtelo.
 
Me duele la cabeza. Esto es como un puzle de mil piezas: cada una va encajando en su sitio, muy despacio. Yo le dije que tenía un hotel encantador. Debe de pensar que soy medio tonta. Dejó caer bastantes pistas con su lista de especificaciones, pero, como estaba tan distraída con él, no pillé ni una. ¿Es el dueño de un club de sexo privado? Es horrible. ¿Y el sexo? Dios, el dichoso sexo. Es todo un experto fuera de serie, y no es por sus relaciones anteriores. Él mismo me dijo que no tenía tiempo para relaciones. Ahora ya sé por qué.
 
—Voy a marcharme ahora mismo y vas a dejar que me vaya —digo con toda la determinación que siento. Está claro que he sido un juguete para él. Estoy más que espesa, he perdido por completo la razón.
 
Se muerde el labio con furia cuando paso junto a él y bajo la escalera como una exhalación.
 
—___, espera —me suplica pisándome los talones.
 
Recuerdo la última vez que salí huyendo de aquí. No debería haber dejado de correr. Bloqueo su voz y me concentro en llegar a la entrada y en no caerme y romperme una pierna. Paso por los dormitorios del segundo piso y me doy otra bofetada mental.
 
—___, por favor.
 
Llego al pie de la escalera y me doy la vuelta para mirarlo a la cara.
 
—¡Ni se te ocurra! —le grito. Retrocede, sorprendido—. Vas a dejar que me vaya.
 
—Ni siquiera me has dado ocasión de explicarme. —Tiene los ojos abiertos de par en par y llenos de miedo. No es una expresión que haya visto nunca en él—. Por favor, deja que te lo explique.
 
—¿Explicarme el qué? ¡He visto todo lo que necesito ver! —grito—. ¡No es necesaria ninguna explicación! ¡Esto lo dice todo bien claro!
 
Se acerca a mí con la mano tendida.
 
—No tendrías que haberlo descubierto así.
 
De repente me doy cuenta de que hay público presenciando nuestra pequeña pelea. Sam, Drew, Kate y todos los que están en la entrada del bar nos miran incómodos, incluso con cara de pena. John está muy serio y no deja de mirar a Joe. Sarah está claramente satisfecha de sí misma. Ahora sé que debe de haber interceptado mi mensaje en el teléfono de Joe. Ella ha abierto las puertas de entrada y la puerta de La Mansión. Se ha salido con la suya. Que se lo quede.
 
No reconozco al hombre con aspecto de chulo insidioso que hay a su lado, pero me mira con cara de pocos amigos. Me doy cuenta de que se vuelve hacia Joe con gesto de desdén.
 
—Eres un gilipollas —le escupe a Joe por la espalda y con tono de verdadero odio. ¿Quién diablos es?
 
John lo coge del pescuezo y lo sacude un poco.
 
—Ya no eres miembro, hijo de puta. Te acompañaré a la salida.
 
La criatura altanera suelta una carcajada siniestra.
 
—Adelante. Parece que tu fulana ha visto la luz, Jonas —sisea.
 
Los ojos de Joe se tornan negros en un nanosegundo.
 
—Cierra la puta boca —ruge John.
 
—Anulamos su carnet de socio —musito—. A alguien se le ha ido de las manos.
 
El hombre dirige su mirada fría de nuevo hacia mí.
 
—Coge lo que quiere y deja un reguero de mierda a su paso —gruñe. Sus palabras me golpean hasta dejarme sin aliento. Joe se tensa de pies a cabeza—. Folla con todas y las deja bien jodidas.
 
Vuelvo a mirar a Joe. Sus ojos siguen negros y parece que le pesa la arruga de la frente.
 
—¿Por qué? —le pregunto.
 
No sé por qué se lo pregunto. No va a suponer ninguna diferencia. Pero siento que me merezco una explicación. Folla con todas, una sola vez, y las deja bien jodidas.
 
—No lo escuches, ___. —Joe da un paso al frente. Tiene la mandíbula tan apretada que se la va a romper.
 
—Pregúntale cómo está mi mujer —escupe el desgraciado—. Le hizo lo mismo que les hace a todas. Los maridos y la conciencia no se interponen en su camino.
 
Y eso basta para que Joe pierda la paciencia. Se da la vuelta y se lanza contra el hombre como una bala, se lo quita a John de entre las manos y lo tira contra el suelo de parquet con gran estrépito. Sam aparta a Kate y se oyen unos cuantos gritos ahogados, mientras todo el mundo ve a Joe pegarle al tipo la paliza de su vida.
 
No me siento inclinada a gritarle que pare, a pesar de que parece que podría matarlo. Salgo de La Mansión y me meto en el coche. Kate vuela por los escalones y corre hacia mí. Se mete en el coche pero no dice nada. Cuando llegamos a las puertas, se abren sin que tenga que pararme. Me sorprende, estaba preparada para pisar el acelerador y echarlas abajo.
 
—Sam —dice Kate cuando la miro—. Dice que lo mejor será que nos larguemos de aquí.
 
No me había parado a pensar, hasta ahora, que Kate tampoco sabía nada de todo esto. Parece la Kate tranquila de siempre, la que se toma las cosas como vienen.
 

Yo, sin embargo, voy en barrena hacia el infierno.
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albitahdejonass:$
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Mayo 18th 2014, 15:09

Me cago en la puta.....me he quedado de piedra. Bueno, pues a ver qué hace ahora Joe. Pero enserio....que mierda? Ohdios jajajajajajajjajaja sigue sigue sigueee!!!
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CristalJB_kjn
Amiga De Los Jobros!


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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Mayo 20th 2014, 22:27

Omj 0.o?
Pobre rayis muerooo x saver k mas pasaaaa
si k si mas mas mas
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Mayo 24th 2014, 11:13

Capítulo 37
 
Cruzo la puerta principal de casa de Kate y subo la escalera hasta el apartamento como una zombi.
 
Bendita sea Kate. No hace el menor intento por sonsacarme información. Me deja tirarme en el sofá hecha un mar de lágrimas y me trae una taza de té.
 
Abro los ojos del susto cuando oigo que la puerta principal se cierra de un portazo. Kate corre a la barandilla.
 
—Es Sam —me tranquiliza al volver al salón.
 
—¿Tiene llave? —pregunto.
 
Kate se encoge de hombros, pero esta pequeña noticia me hace sonreír para mis adentros. ¿Se la quitará en vista de los últimos acontecimientos?
 
Suena mi móvil y rechazo la llamada... otra vez.
 
Sam aparece en el salón, tan nervioso como lo estaba en La Mansión. Las dos observamos su interpretación de un espectador de un partido de tenis. Su mirada salta de Kate a mí unas cuantas veces.
 
Se acerca a mi amiga y la saca del salón casi a rastras agarrándola por el codo.
 
—Tenemos que hablar —la apremia. Estiro el cuello y veo que prácticamente la arroja al interior de su dormitorio y cierra de un portazo.
 
Yo estoy tumbada en el sofá, con la taza de té apoyada en el estómago y los ojos cerrados, pero vuelvo a abrirlos muy pronto. Tengo las imágenes de Joe grabadas en mi mente y, con los ojos cerrados, sin ninguna otra distracción visual, las veo aún con más claridad. No voy a ser capaz de volver a dormir nunca más.
 
El móvil vuelve a sonar. Lo cojo y le doy con fuerza al botón de rechazar, sin dejar de mirar al techo de escayola del salón.
 
Nunca he sentido un dolor así. Es insoportable y no tiene alivio. ¿Es el dueño de un club de sexo? ¿Por qué? ¿Por qué no podía ser banquero o asesor financiero? O... el dueño de un hotel. Sabía que algo no cuadraba, que había algo peligroso. ¿Por qué no me paré a pensar en ello? Sé exactamente por qué: porque no se me permitió, porque no se me dio la oportunidad.
 
Me incorporo cuando oigo los gritos agudos de Kate en el descansillo, seguidos de los tonos apaciguadores de Sam, que está intentando calmarla. Mi amiga sale zumbando de su habitación con Sam detrás. Intenta detenerla.
 
—Quítame las manos de encima, Samuel. Tiene que saberlo.
 
—Espera... Kate... ¡Aaaaayyyy! ¿Por qué coño has hecho eso?
 
Kate aparta la rodilla de la entrepierna de Sam y lo deja hecho un ovillo en el suelo. Entra en el salón y se me queda mirando con sus ojos azules.
 
—¿Qué? —pregunto con recelo. ¿Qué tengo que saber?
 
Lanza una mirada de odio a Sam cuando éste entra agarrándose la entrepierna. Me pregunto por qué Sam parece tan arrepentido cuando es Kate la que acaba de pegarle un rodillazo en los huevos. Ella señala una silla con muy malas maneras para ordenarle en silencio que se siente. Samuel cojea hasta llegar al asiento y se acomoda con un silbido de dolor.
 
—___, Joe viene de camino —me dice Kate con calma. No sé por qué ha elegido ese tono. A mí no me calma en absoluto.
 
Trago saliva y miro a Sam, que esquiva mi mirada sentado en la silla. ¿Él no quería decírmelo? He sido una imbécil al pensar que Joe iba a ponérmelo fácil.
 
—¡Tengo que irme! —aúllo cuando mi maldito móvil empieza a sonar otra vez—. ¡Que te jodan! —le grito al puñetero trasto.
 
—Llévatela. —Kate se vuelve hacia Sam—. No está en condiciones de conducir.
 
—Ah, no. De eso nada. —Levanta las manos y sacude la cabeza—. Tengo aprecio a mi vida. Además, necesito hablar contigo.
 
Todos damos un salto al oír un golpe familiar en la puerta. Tengo el corazón en la garganta y miro a Kate. Sam gime, y no por el dolor que le ha causado el rodillazo.
 
—Cerdo chaquetero —masculla Kate con enfado. Tiene clavada en Sam una mirada azul y dura como el acero.
 
—¡Oye, que yo no le he dicho nada! —Está muy a la defensiva—. No hace falta ser un genio para imaginarse dónde está ___.
 
—No le abras, Kate —le suplico.
 
Una combinación de distintos golpes llega desde la puerta principal. Dios, no quiero verlo. Mis defensas no están lo bastante fuertes ahora mismo. Salto al oír otra serie de golpes, seguidos de un coro de bocinazos que proceden de todas partes.
 
—¡Por el amor de Dios! —grita Kate, que echa a correr hacia la ventana—. Mierda. —Sube la persiana y pega la cara al cristal.
 
—¿Qué? —Me sitúo junto a ella. Sé que es él, pero ¿a qué viene tanto follón?
 
—¡Mira! —grita Kate al tiempo que señala la calle.
 
Me obligo a mirar hacia donde ella indica y veo el coche de Joe abandonado en mitad de la calzada, la puerta del conductor abierta y una cola de coches que no para de crecer detrás de él. Los conductores se ponen de mala leche y hacen sonar las bocinas para protestar. Se oye perfectamente desde aquí.
 
—¡___! —grita desde abajo. Golpea la puerta unas cuantas veces más.
 
—¡Joder, ___! —gruñe Kate—. ¡Ese hombre es como un detonador con patas y tú acabas de apretar el botón! —Se va del salón.
 
Corro tras ella.
 
—Yo no he apretado nada, Kate. ¡No abras la puerta!
 
Me inclino sobre la barandilla y veo a mi amiga correr escaleras abajo hacia la puerta principal.
 
—No puedo dejarlo ahí fuera provocando el caos en plena calle.
 
Me entra el pánico y regreso corriendo al salón. Paso junto a Sam, que sigue sentado en la silla frotándose la entrepierna dolorida y murmurando cosas ininteligibles.
 
—¿Por qué no se lo dijiste a Kate? —le pregunto cabreada de camino a la ventana.
 
—Lo siento, ___.
 
—A la que tienes que pedirle perdón es a Kate, no a mí.
 
Me vuelvo y no hay ni rastro del chico picarón y divertido al que le había cogido tanto cariño. Sólo veo a un hombre tenso, incómodo y tímido.
 
—Le he pedido perdón. No podía contárselo hasta que Joe te lo contara a ti. Deberías saber que esto lo ha estado consumiendo desde que te conoció.
 
Me río ante el intento de Sam por defender a su amigo y miro de nuevo por la ventana. Joe sigue caminando arriba y abajo ahí fuera, desesperado, apretando los botones del móvil como un loco. Sé a quién está llamando. Tal y como suponía, mi teléfono empieza a gritar en mi mano. ¿Debería contestar y decirle que se esfume? Observo la calle y me entra el pánico cuando el conductor de uno de los coches retenidos echa a andar hacia Joe. Ay, señor... ¡No te enfrentes a él!
 
Kate sale y mueve los brazos para llamar la atención de Joe, que ignora al conductor para centrarse en ella. Él hace gestos apremiantes con las manos. ¿Qué le estará diciendo? ¿Qué le estará diciendo Kate? Al cabo de pocos minutos, Joe vuelve al coche. Siento que el alivio me inunda de la cabeza a los pies, pero sólo lo mueve un poco, lo justo para aparcarlo de un modo un poco más considerado hacia los demás conductores que necesiten pasar.
 
—¡Por Dios, Kate! ¿Qué has hecho? —grito por la ventana.
 
—¿Qué ocurre? —pregunta Sam desde la silla. No le contesto.
 
De pie, incapaz de moverme, observo que Joe se apoya en mi coche con la cabeza hundida en señal de derrota y los brazos colgando a los lados. Kate se abraza a sí misma delante de él. Incluso desde aquí distingo la angustia en su rostro. Mi amiga se acerca y le pasa la mano arriba y abajo por el brazo. Lo está consolando. Me está matando.
 
Paso una eternidad observándolos en la calle. Kate vuelve al apartamento, pero me quedo horrorizada al ver que Joe la sigue y ella no intenta detenerlo.
 
—¡Mierda! ¡No! —exclamo, y me llevo las manos a la cabeza, aterrorizada. Pero ¿qué le pasa a Kate?
 
—¿Qué? —pregunta Sam nervioso—. ___, ¿qué pasa?
 
Sopeso mis opciones a toda velocidad. No tardo mucho porque no tengo muchas. Lo único que puedo hacer es quedarme aquí y esperar la confrontación. Sólo hay una puerta de entrada y salida en este apartamento y, con Joe a punto de entrar, mis planes para escapar de la discusión se han ido al garete.
 
Kate entra en el salón, más bien avergonzada. Estoy furiosa con ella y lo sabe. Le lanzo una mirada de desprecio absoluto y ella me sonríe nerviosa.
 
—Sólo deja que se explique, ___. Está hecho polvo. —Sacude la cabeza con expresión de lástima, pero luego mira a Sam y le cambia la cara al instante—. ¡Tú! ¡A la cocina!
 
Sam da un respingo.
 
—¡No puedo moverme, zorra malvada! —Se frota la entrepierna otra vez y apoya la cabeza en el respaldo de la silla. Kate resopla y lo levanta de la silla de un tirón. Él gime, cierra los ojos y cojea camino de la cocina.
 
Kate es increíble. ¡Zorra traidora! Sale del salón y me mira con todo el cariño del mundo. No tendría que lamentarse tanto si no lo hubiera dejado entrar, la muy, muy idiota. Me pongo de cara a la ventana antes de que entre Joe. No puedo mirarlo. Me disolvería en un mar de lágrimas y no quiero que tenga excusa alguna para consolarme o arroparme con sus brazos fuertes y cálidos. Me preparo para soportar el efecto de su voz en mí, todos mis músculos y mis terminaciones nerviosas se ponen en tensión. No oigo nada, pero se me ponen los pelos como escarpias y sé que está aquí. Mi cuerpo responde a su poderosa presencia y yo cierro los ojos, respiro hondo y rezo para reunir fuerzas.
 
—___, por favor, mírame. —Le tiembla la voz, llena de emoción.
 
Me trago el nudo que tengo en la garganta, que es del tamaño de una pelota de tenis. Lucho por contener el mar de lágrimas que se me acumula en los ojos.
 
—___, por favor. —Me roza la parte de atrás del brazo con la mano.
 
Me tenso y lo aparto.
 
—No me toques. —Encuentro el valor que necesito para darme la vuelta y mirarlo.
 
Tiene la cabeza agachada y los hombros caídos. Da pena, pero no debo dejar que su lastimero estado me afecte. Ya ha influido en mí bastante a base de manipularme y esto... esto es sólo otra forma de manipulación... al estilo de Joe. Estaba tan cegada por el deseo que no veía con claridad. Levanta la mirada del suelo para fijarla en la mía.
 
—¿Por qué me llevaste allí? —pregunto.
 
—Porque te quiero a mi lado a todas horas. No puedo estar lejos de ti.
 
—Pues ve acostumbrándote, porque no quiero volver a verte. —Mi voz es tranquila y controlada, pero el dolor que me atraviesa el corazón como respuesta a lo que acabo de decir me deja muda al instante.
 
Sus ojos vacilan buscando los míos.
 
—No lo dices en serio. Sé que no lo dices en serio.
 
—Lo digo en serio.
 
Su pecho se hincha con cada inhalación profunda, está despeinado y la arruga de su frente es un cráter. La ansiedad que refleja su rostro es como una lanza de hielo que se me clava en el corazón.
 
—Nunca he querido hacerte daño —susurra.
 
—Pues me lo has hecho. Me has puesto la vida patas arriba y me has pisoteado el corazón. He intentado huir. Sabía que ocultabas algo. ¿Por qué no me has dejado marchar?
 
Me flaquea la voz cuando los cristales que tengo en la garganta empiezan a ganar la batalla y las lágrimas asoman a mis ojos. Mierda, debería haber hecho caso a mi instinto.
 
Empieza a morderse el labio inferior.
 
—Nunca quisiste huir de verdad. —Su voz es apenas audible.
 
—¡Claro que sí! —le espeto—. Me resistí. Sabía que me estaba metiendo en la boca del lobo, pero tú no cejaste en tu empeño. ¿Qué te pasó? ¿Te quedaste sin mujeres casadas a las que follarte?
 
Niega con la cabeza.
 
—No, te conocí a ti.
 
Da un paso adelante y me aparto de él.
 
—Fuera —digo con calma. Estoy temblando y me cuesta respirar, lo que demuestra que estoy cualquier cosa menos tranquila. Avanzo con decisión hacia la puerta y le doy un empujón en el hombro cuando paso junto a él.
 
—No puedo. Te necesito, ___. —Su tono de súplica me perseguirá mientras viva.
 
Me vuelvo violentamente.
 
—¡No me necesitas! —Lucho por mantener firme la voz—. Tú me deseas. Dios, eres un dominante, ¿verdad?
 
Las imágenes de nuestros encuentros sexuales me pasan por la cabeza a doscientos kilómetros por hora. Es toda una fiera en la cama y fuera de ella.
 
—¡No!
 
—Entonces ¿a qué viene el rollo del control? ¿Y el dominio y las órdenes?
 
—El sexo es sólo sexo. No puedo acercarme lo suficiente a ti. Lo del control es porque me da un miedo atroz que te pase algo... Que te aparten de mi lado. Te he esperado durante demasiado tiempo, ___. Haría cualquier cosa con tal de mantenerte a salvo. He llevado una vida sin control y sin preocupaciones. Créeme, te necesito... por favor... por favor, no me dejes. —Camina hacia mí, pero doy un paso atrás y combato el impulso de dejar que me abrace. Se detiene—. No lo superaré nunca.
 
¿Qué? ¡No! No puedo creerme que sea tan cruel como para recurrir al chantaje emocional.
 
—¿Crees que a mí va a resultarme fácil? —le grito. Las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas.
 
Lo poco que le quedaba de color en la cara desaparece ante mis ojos. Agacha la cabeza. No hay vuelta atrás. ¿Qué va a decir? Sabe lo que me ha hecho. Ha hecho que lo necesite.
 
—Si pudiera cambiar el modo en que he llevado las cosas, lo haría — susurra.
 
—Pero no puedes. El daño ya está hecho. —Mi voz rebosa desprecio.
 
Me mira.
 
—El daño será mayor si me dejas.
 
«Por Dios.»
 
—¡Fuera!
 
—No. —Sacude la cabeza con desesperación y da un paso hacia mí—. ___, por favor, te lo suplico.
 
Me aparto de él y consigo poner cara de decisión. Trago saliva sin parar para intentar mantener a raya el nudo que tengo en la garganta. Esto es increíblemente doloroso. Por eso no quería verlo. Estoy furiosa con él, pero verlo tan abatido me parte el corazón. Me ha mentido, me ha engañado y, básicamente, me ha acosado y perseguido para que me metiera en la cama con él.
 
«¡Has dejado que me enamorase de ti!»
 
Me mira con fijeza, el dolor de sus ojos café oscuro es inconmensurable. Si no aparto la mirada, cederé... Así que la desvío. Agacho la cabeza y le ruego en silencio que se vaya antes de que me desmorone y acepte el consuelo que me brinda siempre.
 
—___, mírame.
 
Respiro hondo y levanto la mirada hacia la suya.
 
—Adiós, Joe.
 
—Por favor —dice sin voz.
 
—He dicho que adiós. —Las palabras transmiten un aire de punto final que en realidad no siento.
 
Me examina el rostro durante una eternidad, pero desiste y deja de buscar en mis ojos un atisbo de esperanza. Se da la vuelta y se marcha en silencio.
 
Proporciono a mis pulmones el aire que tanto necesitan y camino con pasos inestables hasta la ventana. La puerta principal se cierra de un portazo que retumba en toda la casa y veo a Joe que se arrastra hasta el Aston Martin medio abandonado. Me estremezco y dejo escapar un sollozo cuando hace añicos la ventanilla del coche de un puñetazo. La carretera se llena de cristales rotos. Se mete dentro y golpea una y otra vez el volante. Después de lo que parecen años de verle dar puñetazos al coche, se aleja entre los rugidos del motor. Se oye un chirrido de neumáticos que derrapan y bocinas que protestan.
 
Salgo de la ducha y me seco el pelo antes de volver a hacerme un ovillo en la cama. Estoy paralizada. Es como si me hubieran arrancado el corazón, lo hubiesen pisoteado y me lo hubieran vuelto a meter en el pecho, apaleado y hecho una birria. Me encuentro en algún punto entre la pena y la devastación, es lo más doloroso que he vivido nunca. Mi vida se ha desmoronado. Me siento vacía, traicionada, sola y perdida. La única persona que puede hacerme sentir mejor es la que lo ha causado todo. No creo que me recupere nunca.
 
—¿___? —Levanto la cabeza, que me duele horrores, de la almohada.
 
Kate está en la puerta. La compasión que refleja su rostro agudiza aún más el dolor. Se sienta en el borde de la cama y me acaricia la mejilla—. ___, no tiene por qué acabar así —me dice con ternura.
 
¿Ah, no? ¿Y qué sugiere? Tengo que soportar este dolor y ver si tengo las fuerzas necesarias para lidiar con él. Volver a empezar. Pero, de momento, me conformo con tumbarme en la cama y sentir lástima de mí misma.
 
—Es lo que hay —susurro.
 
—No, no es verdad. —Lo dice con más firmeza—. Todavía lo quieres, ___. Reconoce que aún lo quieres. ¿Se lo has dicho?
 
No puedo negarlo. Lo quiero tanto que duele. Pero no debería ser así. Sé que no debería.
 
—No puedo. —Hundo la cabeza en la almohada.
 
—¿Por qué?
 
—Es el dueño de un club de sexo, Kate.
 
—No sabía cómo decírtelo. Le preocupaba que lo dejaras.
 
Miro a Kate.
 
—No me lo dijo, y aun así lo he dejado. —Vuelvo a mi almohada bañada en lágrimas—. Ya oíste a aquel hombre. Destruye matrimonios. Se folla a las mujeres por diversión. —¿Por qué lo defiende?—. ¿Por qué tú no alucinas? —murmuro desde la almohada. Sé que se lo toma todo con calma, pero esto es para caerse de culo.
 
—Lo hago... un poco.
 
—Pues no lo parece.
 
—___, Joe ni siquiera ha mirado a otra mujer desde que te conoció. Está loco por ti. Sam creía que jamás vería algo así.
 
—Sam puede decir lo que le dé la gana, Kate. No cambia el hecho de que Joe es el dueño de un lugar al que la gente va a practicar sexo, y él a veces se une a la fiesta. —Me estremezco, me pongo mala sólo de pensarlo. ¿Que está loco por mí? Y una mierda.
 
—No puedes castigarlo por su pasado.
 
—Pero no es su pasado. Sigue siendo el dueño.
 
—Es su empresa.
 
—¡Déjame en paz, Kate! —le escupo. Me cabrea que lo defienda.
 
Debería estar de mi parte, no intentando justificar las fechorías de Joe.
 
Noto que la cama se mueve cuando Kate se levanta y suspira.
 
—Sigue siendo Joe —dice, y sale de mi cuarto para dejarme sola y que llore mi pérdida.
 
Permanezco tumbada y en silencio, intentando despejar la mente de todos los pensamientos inevitables. No sirve de nada. Las imágenes de las últimas semanas me invaden el cerebro: nuestro primer encuentro, cuando me dejó KO; los mensajes de texto, las llamadas y el acoso... Y el sexo. Me pongo boca abajo y hundo la cara en la almohada.
 
Las palabras de Kate continúan rondándome la cabeza: «Sigue siendo Joe.» ¿Acaso sé quién es Joe? Yo sólo sé que este hombre me ha metido en su torbellino de emociones intensas y me ha cegado con su cuerpo.
 
Otra pieza del rompecabezas encaja cuando recuerdo que me dijo que no tenía contacto con sus padres. Lo repudiaron al morir su tío, cuando Joe se negó a vender La Mansión. Ahora lo entiendo. No tenía nada que ver con la herencia ni con compartir los bienes, sino con dejar a su hijo de veintiún años a cargo de un club de sexo súper pijo. Normal que les preocupara y que se cabrearan bastante. Es lógico que no aprobasen su relación con Carmichael. Dios santo, ¿sería Carmichael quien animó a Joe a adoptar ese estilo de vida? Joe dijo que se lo pasó en grande. ¿Qué clase de joven no disfrutaría como un loco en una casa donde se hace de todo? Ha practicado de lo lindo. Y es más que probable que sea verdad lo de que no se ha follado a ninguna mujer dos veces... Excepto a mí.
 
No hace falta ser Einstein para saber por qué me echaron miradas asesinas todas aquellas mujeres en La Mansión. Todas lo deseaban. No. Todas deseaban repetir.
 
Se la jugó al llevarme allí, pero, ahora que lo pienso, nadie se me acercó, nunca estaba sola, nunca se me dio libertad para explorar a mis anchas. ¿Estaba todo el mundo al tanto de mi ignorancia? ¿Habían recibido instrucciones de cerrar el pico y no acercarse a mí? He sido el hazmerreír de todo el mundo. Se ha esforzado al máximo para que no me enterara. ¿Cómo pudo pensar que iba a salirle bien? Los comentarios de Sarah sobre el cuero... Hundo aún más la cabeza en la almohada, sumida en la desesperación.
 
—¿___? —Levanto la vista y veo a Sam en la puerta, tan derrotado como antes—. Se ha estado devanando los sesos a diario pensando en cómo contártelo. Nunca lo había visto así.
 
—¿Siendo rechazado? —digo con sarcasmo—. No, no creo que a Joe Jonas le den calabazas a menudo.
 
—No. Quiero decir loco por una mujer.
 
—Lo está, pero de atar. —Me echo a reír.
 
Sam frunce el ceño y sacude la cabeza.
 
—Loco por ti.
 
—No, Sam. Joe está loco por controlarme y manipularme.
 
—¿Puedo? —Señala el borde de mi cama.
 
—Tú mismo —refunfuño sin piedad.
 
Se sienta en un extremo de la cama. Nunca lo había visto tan serio.
 
—___, conozco a Joe desde hace ocho años. Ni una sola vez lo he visto comportarse así con una mujer. Nunca ha tenido relaciones, sólo sexo, pero desde que te conoció es como si hubiera encontrado su propósito en la vida. Es un hombre distinto y, aunque te hayas sentido frustrada por lo protector que es, como amigo, me hacía feliz ver que por fin alguien le importaba lo suficiente como para que actuara de ese modo. Por favor, dale una oportunidad.
 
—Su comportamiento no era sólo protector, Sam. —Lo de ser protector no es más que el principio de una larga lista de exigencias irracionales.
 
—Sigue siendo Joe. —Sam repite las palabras de Kate y me mira suplicante—. La Mansión es su empresa. Sí, mezclaba los negocios con el placer, pero no tenía nada más. Todo cambió cuando llegaste a su vida.
 
—No puedo hacer como si nada e ignorarlo, Sam.
 
Sonríe y me coge la mano.
 
—Si me dices que puedes dejarlo, sin ninguna duda y sin remordimientos, entonces me callo y me voy. Si me dices que no lo quieres, me voy. Pero no creo que puedas. Estás aturdida y confundida, eso lo sé. Y sí, tiene un pasado, pero no puedes ignorar el hecho de que te adora, ___ . Lo lleva escrito en la cara y sus actos lo expresan con claridad. Dale una oportunidad, por favor. Se merece una oportunidad.
 
Parece que Sam se ha preparado y ha ensayado bien el discursito de súplica en nombre de su amigo. Puede que así sea. Debían de saber que al final me enteraría. ¿Puedo superar esta mierda? Sé que no me estoy haciendo ningún favor aquí tirada, hecha una pena y dándole vueltas a lo mismo una y otra vez. Estoy intentando asimilar algo que no entiendo y que nunca entenderé. Es el dueño de un club de sexo. Este rollo no encaja en mi idea de un felices para siempre. ¿Podré confiar en él algún día? ¿Le importo lo suficiente como para que se comporte así? ¿Que me adore equivale a que me ame? Al principio no hacía ni caso de lo que Joe me decía en la cama. Todos esos líos de «eres sólo mía» y de que no iba a dejar que me marchara nunca. Decía muchas cosas: «Me gustas cubierta de encaje», «Me encanta el sexo soñoliento contigo», «Me encanta tenerte aquí»... pero nunca lo que yo tanto ansiaba escuchar. ¿Debería haberlo interpretado de otro modo? ¿Me estaba diciendo lo que yo quería oír pero con otras palabras? Buscaba sin cesar que le asegurase que no iba a irme. Si lo único que necesitaba era la seguridad de que no iba a largarme a ninguna parte, lo cierto es que se la di en muchas ocasiones, ¿no es así? Siempre le decía que iba a quedarme, pero entonces no sabía nada de La Mansión. Y ahora lo sé y he salido corriendo.
 
Siempre me quería de encaje, no de cuero. Insistió en que era suya. Era posesivo hasta el extremo, más allá de lo razonable. Siempre quería taparme, que nadie me viera nada, sólo él. Lo del cuero, lo de compartir pareja y la exposición del cuerpo femenino debe de formar parte del día a día en La Mansión. ¿Estaba intentando convertirme en lo contrario de todo lo que conoce? ¿De todo aquello a lo que está acostumbrado? Entonces ¿qué hay del sexo?
 
Me incorporo. Necesito hablar con él. Creo que podría superar lo de La Mansión, pero estoy segura de que nunca conseguiré olvidar a Joe. Es una decisión muy simple, la verdad. Que estuviera tan desesperado y tan hecho polvo significa que lo está pasando mal, ¿no? No se comportaría así si yo no significara nada para él, ¿verdad? Son demasiadas preguntas...
 
Miro a Sam. Una pequeña sonrisa ilumina su cara de pícaro.
 
—Mi trabajo aquí está hecho —dice imitando a Joe. Se levanta con una mueca de dolor—. Esa zorra malvada... ya llorará cuando no pueda cumplir.
 

Sonrío para mis adentros. Es obvio que la noticia bomba no ha afectado a Kate del mismo modo que a mí. Me pongo lo primero que pillo (unos vaqueros rotos y una camiseta de Jimmy Hendrix) y cojo las llaves del coche. Las lágrimas me inundan los ojos y la culpa me abre un agujero enorme en el estómago a puñetazos. La he cagado a lo grande. Él quería poner las cartas sobre la mesa. Iba a contarme lo de La Mansión, pero ¿y si quería decirme algo más? Espero que sí, porque voy a averiguarlo. La advertencia de Sarah, que Joe no es la clase de hombre con el que una deba plantearse un futuro, hace una aparición estelar en mi mente mientras corro hacia el coche. Quizá tenga razón, pero no puedo vivir sin saber qué quería decirme.
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Mayo 26th 2014, 13:08

Malaaa!! Como la dejas así?..... pobre joe, como se lo iba a decir? Que complocado todo meno mal que sam la ha convencido jajajja siguelaaaa siguelaaaaa!!!! La intriga mataaaa!!!!
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CristalJB_kjn
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Mayo 27th 2014, 18:39

Yo muero x leer mas es q por dios esta genial siii? Sube mas
kiero ver q mas sucede
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 3rd 2014, 09:08

Capítulo 38 
FINAL
 
Conduzco hacia el Lusso a lo loco, adelantando, dando bocinazos y saltándome unos cuantos semáforos en rojo. Cuando llego a la puerta, veo que el coche de Joe está aparcado en ángulo y ocupa dos de sus plazas de garaje. Abandono mi Mini en la calle y entro por la puerta de peatones dando las gracias al cielo por acordarme del código. Corro hacia el vestíbulo, Clive está en la mesa del conserje. Se lo ve más alegre que de costumbre.
 
—¡___! Por fin le he pillado el truco al dichoso equipo —afirma extasiado.
 
Me agarro al mostrador de mármol para recobrar el aliento.
 
—Me alegro, Clive. Ya te dije que lo lograrías.
 
—¿Te encuentras bien?
 
—Sí. Sólo he venido a ver a Joe.
 
El teléfono suena y Clive levanta el dedo para decirme que le disculpe un segundo.
 
—¿Señor Holland? Sí, cómo no, señor. —Cuelga y anota un par de cosas en un cuaderno—. Perdona.
 
—No te preocupes. Voy a subir.
 
—___, el señor Jonas  no me ha informado de que fueras a venir. —Revisa la pantalla.
 
Lo miro boquiabierta. ¿Me está tomando el pelo? Ha visto a Joe subiéndome y bajándome en brazos infinidad de veces. ¿A qué juega? Le sonrío con dulzura.
 
—¿Te gusta tu trabajo, Clive?
 
Se pone como unas pascuas.
 
—Básicamente, soy el ayudante personal de trece residentes ricachones, pero me encanta. Deberías oír las cosas que me piden. Ayer el señor Daniels me pidió que organizara un paseo en Chopper por la ciudad para su hija y tres amigos y... —se acerca al mostrador y baja la voz—, el señor Gómez, del quinto, recibe a una mujer distinta cada día de la semana. Y al señor Holland parece que le van las tailandesas, pero no se lo cuentes a nadie. Es confidencial. —Me guiña el ojo y me pregunto qué le habrá pedido Joe que haga u organice. Para empezar, podría encargarse de que le arreglen la ventanilla rota.
 
—Parece muy interesante. Me alegro de que lo estés disfrutando, Clive. —Le dedico una sonrisa aún más amplia—. ¿Te importa si subo?
 
—Tengo que avisarlo primero, ___.
 
—¡Pues llama! —le espeto, impaciente y molesta. Clive marca el número del ático.
 
Cuelga y vuelve a llamar.
 
—Estoy seguro de que lo he visto pasar —murmura con el ceño fruncido—. Puede que me equivoque.
 
—Su coche está fuera. Tiene que estar —insisto—. Inténtalo otra vez. —Señalo el teléfono. Clive aprieta un par de botones y yo no le quito el ojo de encima.
 
Vuelve a colgar sacudiendo la cabeza.
 
—No, no está. Y no ha puesto un NM en el sistema, así que no está durmiendo u ocupado. Debe de haber salido.
 
Frunzo el ceño.
 
—¿NM?
 
—No molestar.
 
—Clive, sé que está en casa. ¿Me dejas subir, por favor? —le suplico. No puedo creerme que se esté haciendo tanto de rogar.
 
Vuelve a acercarse al mostrador, entorna los ojos y mira a un lado y a otro para comprobar que no hay moros en la costa.
 
—Puedo meterme en un buen lío por no seguir el protocolo, ___, pero por ser tú... —Me guiña el ojo—. Pasa.
 
—Gracias, Clive.
 
Entro de un salto en el ascensor, introduzco el código y rezo para que no lo haya cambiado, aunque no hace tanto que me he marchado. Dejo escapar un suspiro de alivio cuando las puertas se cierran y comienza a subir hacia el ático. Ahora sólo falta que me abra la puerta. No tengo llave.
 
El estómago me da unos cuantos vuelcos cuando llega el ascensor y me encuentro delante de las puertas del apartamento de Joe. Frunzo el ceño. Está abierto y se oye música. Está muy alta.
 
Franqueo la puerta con cuidado y al instante mis oídos reciben el bombardeo de una canción muy potente y conmovedora pero triste. Está por todas partes. La reconozco de inmediato. Es Angel. La letra me cae encima como una losa y me pongo en guardia. Ahora mismo es ruidosa y deprimente, no suave y ardiente como cuando hicimos el amor. Tengo que encontrar el mando a distancia para poder bajar el volumen o apagarla. Me afecta demasiado. Suena en todos los altavoces integrados, así que no hay escapatoria. Quizá no esté en casa. Tal vez el equipo se haya averiado, porque es imposible que pueda soportar la música a tal volumen durante mucho rato. Pero la puerta estaba abierta de par en par. Me tapo los oídos con las manos y busco algún tipo de mando a distancia. Corro a la cocina y veo uno sobre la isla. Pulso el botón y bajo el volumen; mucho.
 
Una vez solucionado lo del nivel de ruido, empiezo a buscar a Joe en la planta principal. Pongo un pie en el primer peldaño y doy un puntapié a algo que repiquetea contra el suelo. Recojo la botella de cristal y la pongo en la consola que hay al pie de la escalera antes de empezar a subir los peldaños de dos en dos.
 
Voy directa al dormitorio principal, pero él no está. Busco como una posesa en todas las habitaciones de la planta. Nada. ¿Dónde está? Bajo la mitad de la escalera y me paro en seco al ver la botella vacía que he recogido antes.
 
Es vodka. O lo era. No queda ni gota.
 
Una ola de ansiedad me recorre el cuerpo y un millón de pensamientos se agolpan en mi mente. Nunca he visto a Joe beber. Nunca. Siempre que había alcohol, él lo rechazaba y pedía agua. Nunca se me había ocurrido preguntarme por qué. ¿Lo he visto beber alguna vez? No, creo que no. Contemplo la botella vacía de vodka sobre la mesa y pienso que la ha tirado al suelo con poco cuidado. Algo no va bien.
 
—No, por favor, no —susurro para mis adentros.
 
Me viene a la cabeza lo mucho que insistió en que no bebiera el viernes. Nuestra pelea en el Blue Bar cuando intentó obligarme a beber agua ya no parece una cosa ni tan rara ni tan poco razonable.
 
Oigo el ruido de algo que se cae. Me olvido de la botella de vodka vacía y miro hacia la terraza. Las puertas de cristal se abren. Bajo la escalera a toda velocidad, cruzo el salón y derrapo al llegar a la terraza y ver a Joe intentando levantarse de una de las tumbonas. ¿Es que he vivido con los ojos cerrados durante las últimas semanas? No me he enterado de nada.
 
Lleva una toalla a la cintura y una botella de vodka en una mano. La agarra con fuerza mientras intenta apoyarse en la otra mano para levantarse. Maldice como un poseso.
 
Me quedo petrificada. Este hombre del que me he enamorado, una fuerza de la naturaleza, apasionado y cautivador, ha quedado reducido a un borracho asqueroso. ¿Cómo he podido no verlo? Aún no me he hecho a la idea de todo lo que ha pasado hoy. ¿Esto qué es, la guinda del pastel? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
 
Cuando consigue ponerse de pie, se vuelve para tenerme cara a cara. Tiene la mirada perdida y está pálido. No parece él.
 
—Demasiado tarde, señorita. —Arrastra las palabras con odio, sin quitarme la vista de encima. Nunca me había mirado así. Nunca me había hablado así, ni siquiera cuando estaba cabreado conmigo. ¿Qué le ha pasado?
 
—Estás borracho. —Menuda estupidez acabo de decir, pero es que las demás palabras han huido, gritando como locas, de mi cerebro. Mis ojos nunca se repondrán de todo lo que han visto hoy.
 
—Qué observadora. —Levanta la botella y se bebe el resto. Después, se seca la boca con el dorso de la mano—. Aunque no lo bastante borracho. —Se acerca y, de forma instintiva, me aparto de su camino. Me haría daño si tropezara conmigo.
 
—¿Adónde vas? —le pregunto.
 
—A ti qué te importa —escupe sin mirarme siquiera.
 
Lo sigo a la cocina y lo veo sacar otra botella de vodka del congelador y tirar la que está vacía en la pila. Desenrosca el tapón de la nueva.
 
—¡Mierda! —murmura al tiempo que sacude la mano. Entonces veo que la tiene hinchada y llena de cortes. No ceja en su empeño de desenroscar el tapón hasta que lo consigue y le da un buen trago a la botella.
 
—Joe, alguien tiene que mirarte esa mano.
 
Se mira la mano y le da otro trago a la botella.
 
—Pues mírala. Pero tú has causado un daño mayor —gruñe. ¿Es culpa mía? ¿Qué intenta decirme? ¿Que, junto con todo lo demás, lo he empujado a la bebida?— Sí, quédate ahí parada... ahí pasmada... y... y... confusa. ¡Te lo dije! —grita—. ¿Acaso no te lo advertí? Te... ¡Te lo advertí! —Está histérico.
 
—¿Qué me advertiste? —pregunto con calma, aunque ya sé lo que me va a decir. Éste es el daño aún mayor que iba a causar si lo dejaba. De esto era de lo que no iba a recuperarse. Las cosas eran más llevaderas conmigo porque entonces no bebía. ¿Por qué?
 
Engulle más vodka. Intento calcular cuánto habrá bebido. Es la tercera botella que he visto, pero ¿y las que no habré visto? ¿Puede beber tanto una persona?
 
—¡Qué típico! —grita mirando al techo.
 
—No lo sabía —susurro.
 
Se echa a reír.
 
—¿Cómo que no lo sabías? —Me señala con la botella—. Te dije que causarías más daño si me dejabas y aun así lo hiciste. Ahora mira cómo estoy.
 
Sus palabras hacen que me estremezca. Quiero llorar. Lo veo así y me entran ganas de sollozar sin parar, pero el aturdimiento controla las lágrimas. Éste no es el Joe que yo conozco. Este hombre es un extraño, cruel, hiriente y despiadado, y yo no siento nada por él. No necesito a este hombre.
 
Se me acerca y me aparto. No quiero estar cerca de él.
 
—Eso es, echa a correr. —Sigue avanzando, acortando la distancia a cada paso—. Eres una calientabraguetas, ___. Te tengo y no te tengo, luego te tengo otra vez. ¡Decídete de una puta vez!
 
—¿Por qué no me dijiste que eras alcohólico? —pregunto cuando mi espalda choca contra la pared. No puedo retroceder más. «¿Por qué no me lo contaste todo?»
 
—¿Y darte otra razón para no quererme? —espeta. Luego parece darle vueltas a algo—. ¡No soy alcohólico!
 
«¡Negación!» ¿Hasta qué punto es grave la situación? Nunca lo he visto borracho.
 
Está delante de mí, mirándome desde arriba. Tan de cerca, sus ojos parecen aún más oscuros y vacíos.
 
—Necesitas ayuda. —Se me quiebra la voz. Yo también voy a necesitar ayuda.
 
—Te necesitaba a ti y... tú... tú me dejaste. —Su aliento es cálido, pero no huele a menta, como siempre. Lo único que percibo son los efluvios del alcohol. Los que dicen que el vodka no huele mienten.
 
Le planto las manos en el pecho para echarlo atrás, pero aplico una presión mínima porque me da miedo tirarlo al suelo. Es increíble. Este hombre alto, fuerte y musculoso no se tiene en pie. El tacto de su pecho es el de siempre, el que yo conozco, pero es lo único de él que me resulta familiar en este momento.
 
Da un paso atrás y vuelve a llevarse la botella a los labios. Quiero quitársela y tirarla al suelo.
 
—Perdona, ¿estoy invadiendo tu espacio? —Se ríe—. Antes no te molestaba.
 
—Antes no estabas borracho. —Se la devuelvo.
 
—No... cierto. Estaba demasiado ocupado follándote como para beber. —Me mira asqueado y se inclina hacia mí—. Estaba demasiado ocupado follándote como para pensar en nada. Y a ti te encantaba. —Suelta una risa burlona—. Eras buena. De hecho, la mejor que he tenido. Y he tenido muchas.
 
La ira se apodera de mí tan rápido que ni me doy cuenta de que mi mano ha cobrado vida y le ha dado un bofetón. No hasta que empieza a dolerme. ¡Joder, qué daño me hecho!
 
Permanece con la cara ladeada, tal y como se la ha dejado mi mano iracunda. Luego la vuelve para mirarme, muy despacio.
 
—Ha sido divertido, ¿verdad?
 
Lo miro con desdén y niego con la cabeza. Es como si estuviera en una película sin sentido. Estas cosas no pasan en la vida real. A mí no me pasan. Clubs de sexo, locura desenfrenada y capullos alcohólicos. ¿Cómo he acabado en este circo?
 
—Estás hecho una puta mierda.
 
—Cuidado con esa boca —dice arrastrando las palabras.
 
—¡No me digas cómo tengo que hablar! —le grito—. No tienes derecho a decirme cómo debo hacer nada. ¡Ya no!
 
—Estoy-hecho-una-puta-mierda-por-tu-culpa —subraya. Arrastra cada palabra y me hunde el índice en la cara. Me temo que voy a pegarle un puñetazo en ese careto de borracho si no salgo de aquí ahora mismo. Pero todas mis cosas están aquí y necesito cogerlas. No quiero tener que volver nunca más.
 
Le doy un empellón y corro hacia la escalera. Con suerte, estará demasiado borracho como para subirlas y podré recogerlo todo sin más discusiones violentas. Subo lo más rápido que puedo, entro en el dormitorio y vacilo unos instantes preguntándome dónde habrá puesto mi maleta.
 
Encuentro mi bolsa de viaje guardada con pulcritud en el vestidor, detrás de unas cajas de zapatos. Tiro de ella, descuelgo mi ropa de las perchas y recojo mis cosas del suelo al mismo tiempo. Vuelvo al dormitorio y me encuentro a Joe en la puerta. Ha tardado más que de costumbre, pero ha conseguido subir la escalera. Lo ignoro y me dirijo al baño a toda prisa. Meto mis pertenencias en la bolsa sin comprobar si están cerradas. Es probable que acabe con una pila de ropa manchada de champú, pero me importa un pimiento. Necesito salir de aquí cuanto antes.
 
—¿Te trae recuerdos, ___?
 
Joe está acariciando la superficie de mármol del lavabo doble, muy serio. Intento olvidar nuestro encuentro de la noche de la inauguración. Fue en esta habitación donde finalmente me rendí a este hombre. En este cuarto de baño hicimos el amor por primera vez. No, follamos por primera vez. Y ahora todo va a acabar también aquí.
 
Me cierra el paso con su cuerpo tambaleante. No lleva consigo la botella de vodka y la toalla está demasiado suelta. Intento salir pero me lo impide. No hay manera de escapar.
 
—¿Te vas de verdad? —pregunta en voz baja.
 
—¿Creías que iba a quedarme? —pregunto exasperada. ¿Después de todo lo que he visto hoy? Creía que podía sobreponerme a lo de La Mansión y toda la mierda asociada a ella y ahora me encuentro con esto.
 
Mi mundo, que ya de por sí estaba hecho añicos, acaba de quedar reducido a cenizas. Ni todo el amor del mundo podría arreglar este desastre. Me ha montado en una montaña rusa. Me ha engañado y me ha manipulado a propósito.
 
—Así que ¿se acabó? ¿Me has puesto la vida patas arriba, has causado todo este daño y ahora te vas sin arreglarlo?
 
Lo miro estupefacta. ¿Se cree que es el único afectado por todo esto? ¿Me dice que yo le he puesto la vida patas arriba? Este hombre alucina incluso borracho.
 
—Adiós, Joe. —Lo dejo y corro hacia la escalera luchando contra el impulso de mirar atrás. El hombre arrebatador del que me había enamorado, el hombre al que creía que iba a amar el resto de mi vida, ha sido cruelmente reemplazado por una criatura borracha y asquerosa.
 
—¡Quería decírtelo, pero te empeñaste en ser tan difícil como siempre! —ruge a mi espalda—. ¿Cómo puedes irte? —Su crueldad me provoca escalofríos, pero sigo andando—. ¡___, nena, por favor!
 
Mientras bajo la escalera, oigo un estrépito seguido de una colección de golpes y objetos que caen. Corro aún más rápido. Cualquier sueño de lanzarme a sus brazos fuertes y cariñosos se ha desvanecido por completo. Mi final feliz con mi hombre arrebatador ha quedado reducido a la nada. Podría haberme metido en una relación seria con Joe sin tener la más remota idea de sus oscuros secretos. ¿Cuándo los habría descubierto?
 
Debería dar las gracias. Al menos me he enterado antes de que fuera demasiado tarde.
 
¿Antes de que fuera demasiado tarde?
 
Ya es demasiado tarde.
 
Me acerco a la puerta de casa de Kate como una zombi. Se abre antes de que meta la llave en la cerradura.
 
Me mira con el rostro desfigurado por la confusión.
 
—¿Qué ha pasado? —me pregunta. Tiene los ojos abiertos como platos y llenos de preocupación. Sam aparece detrás de ella. Una mirada me basta para darme cuenta de que él sabe con exactitud lo que ha ocurrido.
 
Mis doloridos músculos se rinden, incluso el corazón, y me desplomo en el suelo sollozando incontroladamente. Soy a duras penas consciente de que Kate me abraza y me acuna entre sus brazos, pero no me consuelan.
 
No son los de Joe.
 

FIN... 




hasta una semana después, cuando ___ se encontrará... Debajo de este hombre
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 3rd 2014, 09:16

Chicas, perdon por no haber subido pero he estado enferma desde la semana pasada y cuando me enfermo... pues no me da ganas ni de levantarme de la cama. Y para acabarla, la semana pasada tuve mis ultimos examenes del semestre en la Uni asi que ya se imaginaran... Pero ya volvi mas recuperada... Espero que les guste el capitulo. Bueno, como saben, esta historia ya termino asi que tambien les agrego la sinopsis del proximo libro que continuare aqui ya que no ocupe muchas paginas. Pero hay una condicion. ¿Que les parece si empiezo el proximo libro en la pagina 11? jejeje. Asi es, quiero que me llenen hasta la pagina 11 para empezar a subirles. Y quien mande mas comentarios, decidira cuantos capitulos subire. Maximo pueden ser hasta 4. Asi que comenten para la siguiente parte. Las quiero.
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MensajeTema: OBESION (Joe y __) Adaptada. Mi hombre 2   Junio 3rd 2014, 09:22

Sinopsis de Obsesion


__ y Joseph se conocieron en Seduction , el primer volumen de la trilogía Mi hombre. Su aventura continúa...
He visto cómo lo miran todas. Lo desean, harán lo que sea por conseguirlo. La respiración se me acelera y siento que no podré aguantar mucho más.


Estoy perdiendo el control, y esto empieza a asustarme. Estoy histérica, avergonzada, muerta de celos. Y muy, muy excitada.
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 3rd 2014, 14:35

K es todo q no por fvor mas d esta es q y el final feliz no jo jajaja yo muero x leer la otraaa!
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 3rd 2014, 23:05

Hoy termine de leer todo, por favor síguela. Es una historia muy complicada pero bonita. Nueva Lectora.
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 4th 2014, 17:22

A ver a ver...¿Joe borracho? Ah no...¡ esto es superior a mi!
Ya decía yo que tardabas mucho en poner cap, me alegro de que ya estés recuperada y de que hayas terminado con los exámenes de la uni.
Yo la semana que viene empiezo lad pruebas de acceso a la uni, y estoy en un sinvivir!
Pero estoy aqui comentando para que empiezes el siguiente libro y que Joseph deje de beber tanto Vodka jajajajajaja

Y por cierto...la "OBSESSION" la tengo yo con esta historia, me tiene completamente atrapaaaaada!!!!
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 4th 2014, 17:24

sigueeeeela porfaaavooooooorrr no quiero vivir sin saber la edad de Joeeee jajajaja
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 4th 2014, 17:26

CREEEME QUE LEGARÉ A LA PÁG. 11. PERO NO SERÁ AHORA PQ AQUÍ ES LA UNA Y MEDIA DE LA MADRGUADA Y MAÑANA DEBO ESTUDIAR ASÍ QUE PRONTO SIGO COMENTANDO!!!
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 5th 2014, 03:22

Hola, hola! SIGUELA SIGUELA SIGUELA PORFAVOOOR PORFAVOOOOOOOR JAJAJAAJAJAJ
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 5th 2014, 03:24

SIGUELA O MUERO SIGUELA O MUERO SIGUELA.O MUERO SIGUELA O MUERO DE INTRIGAAAAAAAAA (todo esto cantando agudo total con nubarrones apareciendo por el cielo)
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 5th 2014, 03:26

Sé que me estoy volviendo un poco pesada pero...SABES? MUEROOOOOOOOOOOOOO si no averiguo la edad de Joe, sus oscuros secretos, etc, etc, etc.
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 5th 2014, 03:28

yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo, tener contigo una noche loooca. Ay, besar tu boca (Cool
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 5th 2014, 03:29

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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 5th 2014, 03:30

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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 6th 2014, 06:25

sigue sigue sigue sigue sigue ueueueueueueueueueueueue
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 7th 2014, 23:11

hooooo chica acabe de leer toda tu nove y me encanto sube la segunda temporada, se viene la acción jajajajajaja
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 8th 2014, 11:46

Sigue sigue pretendes que mueeera? Siguuueeeeeee
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 8th 2014, 11:53

Sigue sigue pretendes que mueeera? Siguuueeeeeee
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Junio 9th 2014, 12:58

I don't want to see no more  (U) 
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MensajeTema: Re: Seduction (Joe y ___) ADAPTADA   Hoy a las 21:39

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Seduction (Joe y ___) ADAPTADA
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