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 Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu

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andreru
Vecina De Los Jonas!


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Fecha de inscripción : 25/04/2011

MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 24th 2013, 18:32

Capitulo 9
—¿Crees que en algún momento estarás preparada?
—Sí, desde luego.
El alivio me recorre de arriba abajo. No ha mencionado nada sobre mi promesa, gracias a Dios. Amontono rápidamente todas las cajitas y las meto en una de las bolsas, volviendo a tapar los botes con cuidado. Pongo especial esmero con el perfume ya que su fragancia es realmente maravillosa y me encantaría llevármelo a casa.
—Solo tengo que secarme el pelo y estaré lista en un minuto. —Localizo el secador, levanto el cabello sobre mi cabeza y dirijo rápidamente el chorro de aire caliente a las
partes húmedas. Está más ondulado de lo habitual, pero decido dejarlo suelto, justo por debajo de mis hombros. Mi rostro y mi cuerpo resplandecen y no puedo evitar sonreír a la persona que me mira radiante en el espejo. Nada como un hotel de cinco estrellas, champán francés, un orgasmo llovido del cielo y un lujoso baño con todos los productos de belleza del mundo, para hacer que una mujer se sienta increíblemente mimada, al menos durante un rato. Cojo un grueso y enorme albornoz (nunca parecen estar hechos para el tamaño de una mujer de estatura normal), y me envuelvo en él antes de salir de mi confinada euforia del cuarto de baño a la sofisticada elegancia de la suite del hotel y a los brazos de Nick.
—Se te ve muy excitada —dice mientras me estrecha con fuerza.
—Me siento tan culpable como el pecado, aunque de una forma maravillosamente decadente. —Le devuelvo su abrazo y la pasión de sus ojos me deja momentáneamente
sin aliento.
—Ven aquí, es hora de que te sientas un poco más decadente. Quiero mostrarte algo.
Su brazo rodea mis hombros mientras me conduce rápidamente a través de la suite principal hasta el vestidor.
Somos como dos jóvenes cachorros que acaban de toparse con una cesta de juguetes nuevos con los que jugar. Suelto un grito ahogado cuando nos detenemos súbitamente. Su cara muestra una enorme sonrisa.
—Siempre he querido hacer esto, ________(tn) , pero en la universidad no era lo suficientemente valiente. ¿Querrás llevar este traje para mí esta noche?
Observo un vestido exquisito, simple, elegante, sofisticado y de un color maravilloso: rojo profundo, con visos de rojo azulado. Está cortado en diagonal a partir del hombro, dejando el otro al aire.
—Nick, es simplemente maravilloso, me has dejado... sin palabras. ¿Por qué haces todo esto? Siento como si me estuviera perdiendo algo. No lo entiendo.
—No hay nada que entender. Quiero hacerlo, he querido hacerlo durante mucho tiempo y ahora puedo permitírmelo.
Aquí deberías encontrar todo lo necesario para vestirte. No puedo esperar a vértelo puesto. Me encanta que te guste. Trata de no tardar tanto como en el cuarto de baño, o tendré que ayudarte a acelerar el proceso —dice con una sonrisa.
Me quedo inmóvil, mirándole fijamente y luego al vestido.
Me da un suave cachete en el trasero para reforzar sus palabras.
—Está bien, está bien —contesto mientras me pongo en marcha.
Me acerco al vestido y paso mis dedos por el satén; su tacto es terso y suave. Rápidamente me despojo del albornoz y deslizo el vestido por mi cabeza. La tela resbala suavemente por mi cuerpo y me alegra comprobar que lleva incorporado un sujetador que parece encajar perfectamente con mi busto. Lo deslizo por mi cintura, con el lado izquierdo cayendo exquisitamente en cascada a lo largo de mis piernas antes de detenerse; justo lo suficiente para acariciar mi tobillo. Descubro una caja que lo acompaña con unos asombrosos zapatos de tacón de aguja que casi no me atrevo a calzar. No he llevado nada tan alto desde lo veinte años y silenciosamente me pregunto si seré capaz de mantener el equilibrio y, a la vez, caminar con elegancia
con ellos puestos.
Nunca he vestido un color tan atrevido y me miro en el espejo asombrada. La prenda es provocativa. La persona que me mira desde el espejo es sexy, segura, seductora.
Advierto un intrincado broche de aspecto antiguo sobre el banco y decido recogerme el cabello en un moño suelto en el mismo lado que mi hombro desnudo, sujetándolo con el broche. Ahora el reflejo en el espejo ha añadido una nueva dimensión de inesperada sofisticación. Ya no hay duda al respecto, realmente estoy viviendo de lleno mi propia
versión de Pretty woman, y hasta el momento, al menos para mí, está resultando mejor que el original.
No puedo recordar la última vez que estuve tan arreglada; podría perfectamente recorrer la alfombra roja de los Oscar, tal vez solo con un poco más de maquillaje y
un peinado más profesional. Después de permitirme un último vistazo a mi reflejo, tan glamuroso que apenas me reconozco, respiro hondo para serenarme y hacer mi entrada triunfal en el salón.
Nick se para en seco y se vuelve hacia mí. Su boca se abre cuando entro en la habitación. Intento desesperadamente parecer la sofisticada y segura mujer del espejo, por encima de la informal y desgarbada estudiante universitaria que una vez conoció, mientras sus ojos escrutan mi aspecto de arriba abajo. La intensidad con que
ha inhalado y la franca admiración de sus ojos me dicen que le gusta lo que ve.
—¡Oh, Dios..., oh! —exclama lentamente—. Oh, ________(tn) , ahora soy yo el que se ha quedado sin habla, estás... absolutamente arrebatadora.
—El vestido es precioso, Nick. Yo tampoco sé qué decir.— No, cariño. Tú eres preciosa. El vestido simplemente complementa tus mejores cualidades. —Me río un tanto recelosa ante sus palabras cuando sus ojos se posan con complacencia en mis senos.
—Hace mucho más que eso, Nick, esconde todos los defectos... Ah, por cierto, solo se te ha olvidado una cosa.
—¿En serio? —pregunta un tanto sorprendido—. ¿Y qué es?
—Bragas.
Permanece inexpresivo.
—Ropa interior —insisto.
No hay respuesta.
—Pantis, si prefieres decirlo así. He buscado por todos los rincones del vestidor, pero parecen haber desaparecido misteriosamente.
—Bueno, está bien. —Finalmente parece comprender —. No, no lo he olvidado, llevas exactamente lo que necesitas.
Vuelve la cabeza, su mirada penetrando en mis ojos.
—Ya sabes que me gusta tener libre acceso, ________(sobren) , en todo momento. Solo pensarlo me pone a mil.
Me guiña un ojo y me ruborizo con tanta intensidad que el vestido y yo nos volvemos indistinguibles.
En ese momento descubro varias docenas de rosas en un jarrón sobre la mesa. Nunca he visto tanta cantidad a la vez. Aún están cerradas y tienen un profundo tono rojo
sangre, exactamente del mismo color que el vestido que llevo. Son magníficas, todas y cada una de ellas perfectas.
Me acerco para estudiarlas con más detalle e inhalo su fuerte fragancia. Siento cómo Nick se aproxima hasta ponerse detrás de mí, su leve aliento contra mi cuello.
Subida en mis altos tacones estoy un poco más alta, de modo que, convenientemente, no tiene que agacharse tanto.
—Cada una de estas rosas representa las experiencias que quiero ofrecerte este fin de semana. Imagina qué aspecto tendrán cuando hayan florecido plenamente, con todos sus pétalos abiertos. Ahora mismo son preciosas, igual que tú, ________(tn) , pero imagínate cómo llegarán a ser cuando, una a una, hayan estallado en todo su esplendor.
Sus labios acarician ligeramente la parte expuesta de mi nuca mientras me habla. Oh, Dios mío, esos labios y sus palabras hacen que mis rodillas estén a punto de doblarse.
Mi voz es lenta, jadeante.
—Lo estás haciendo muy bien a tu manera...
Sinceramente puedo decir que nunca he experimentado nada parecido a esto antes, Nick, nunca.
—Pues todavía no has visto nada, tía
Instantáneamente ha hecho surgir el humor con un giro típicamente americano.
—Necesitamos otro brindis —declara ceremoniosamente mientras empieza a maniobrar con algo que ya está dispuesto en el bufet en unos intrincados vasos con mucho hielo.
—Oh, no, ¿chupitos de vodka?
—No exactamente, pero te felicito por tu buena memoria. Esta vez se trata de algo diferente, ya verás.
Su tono sugerente y la mirada de sus ojos me devuelven directamente a uno de los encuentros sexuales más juguetones, sorprendentes e incitantes en los que alguna
vez participé y probablemente participaré en toda mi vida...
Nick y yo hemos terminado nuestros exámenes de mitad del semestre y no podemos esperar a que llegue la noche para celebrarlo; tenemos la sensación de no haber despegado los ojos de los libros durante los últimos meses. Justo cuando nos dirigimos
al bar, a unas pocas manzanas, para encontrarnos con algunos amigos y tomar unas cervezas, se desencadena una estrepitosa tormenta eléctrica, que deriva en un atronador aguacero. Nick y yo echamos un vistazo fuera antes de decidir quedarnos en casa y tomar tranquilamente una copa viendo una película. Un plan muy apetecible ya que ambos estamos totalmente reventados de quemarnos las pestañas de tanto estudiar. Aunque nos sentimos aliviados por haber dejado atrás el estrés de los exámenes, todavía no hemos conseguido recuperar las suficientes horas de sueño como para tener ganas de fiesta. Cuando nos sentamos en el salón con un par de sidras y unas palomitas, el amigo de Nick y compañero en la Facultad de Medicina, Patrick, irrumpe por la puerta, calado hasta los huesos.
—Hola, colega, menuda tormenta la de ahí fuera. —Grita las palabras por encima del chasquido de un trueno que prácticamente sacude las paredes—. Ah, hola, ________(sobren) , no te había visto. ¿Cómo estás?
Siempre he pensado que Patrick es una monada. Tiene un encanto infantil, mide alrededor de metro noventa y posee una constitución musculosa lograda por jugar en el equipo de rugby de la universidad. Además me llama ________(sobren) .
—Hola, Pat. Estoy bien, gracias.
—Entra, colega. Parece como si te hubiera pillado de lleno la tormenta, estás empapado.
—Gracias. Iba de camino al bar para reunirme con todo el mundo cuando me sorprendió. Espero que no os importe.
—En absoluto. Habíamos pensado ver una película, no hay quien se asome ahí fuera, así que nos íbamos a quedar aquí.
Después de poner su ropa en la secadora, se sienta en el sofá con nosotros, con una toalla de baño blanca firmemente atada alrededor de sus caderas. Su bronceado cuerpo tiene un aspecto magnífico, prieto por las numerosas flexiones y abdominales y lo que quiera que hagan los jugadores como entrenamiento. Oh, sí, puedes llamarme ________(sobren) , me digo... Se abre una cerveza y nos preparamos para ver la película.
Estoy sentada en un extremo del sofá con mis piernas sobre el regazo de Nick y Patrick sentado en el otro. Después de la segunda ronda de bebidas, Pat se lía un porro. Y cuando se levanta para fumárselo fuera Nick le detiene.
—No te preocupes, tío, aún está jarreando ahí fuera. Fúmatelo aquí y así no tendremos que parar la película.
Después de dar una larga calada, se lo pasa a Nick, que no pierde el tiempo en inspirar su esencia directamente a sus pulmones. Deja que el efecto se asiente, da una pequeña calada más y me lo ofrece. Cuando vacilo, Nick me anima.
—Vamos, ya hemos terminado los exámenes, relájate, no vamos a ir a ninguna parte esta noche y tenemos toda la semana que viene de descanso.
Es cierto, de modo que le quito el porro y me concentro en aspirarlo correctamente. Es tan embarazoso cuando no lo haces bien...; da la sensación de que todo el mundo está deseando ofrecerte sus expertos consejos sobre el método correcto de fumar
un canuto. Exhalo todo el aire y, muy despacio, inhalo el humo profundamente hasta mis pulmones, reprimiendo las ganas de toser y expulsarlo todo. La sensación sube rápidamente a mi cerebro mientras continúo hablando para mis adentros sobre el proceso: aguanta, aguanta, aguanta y expira suavemente. Nick me quita el porro de los dedos justo antes de que caiga, cuando mi cuerpo se queda momentáneamente aturdido y se hunde aún más en el rincón del sofá, sintiéndose confortablemente entumecido.
Una calada más será suficiente para mí. Durante un buen rato me sumerjo feliz en mi pequeño espacio y no tengo ni idea de cuánto fuman los chicos o qué han estado haciendo. Mi consciencia regresa hacia el final de la película para ver a los chicos riéndose como locos de algo. No sé muy bien de qué, pero apenas tardo un minuto en unirme a ellos riendo como una histérica. Cuando la película termina, hay unos vídeos musicales y Pat empieza a bailar alrededor de la habitación envuelto en la toalla seguido por Nick. Es muy divertido verlos bajo la intermitente luz de la televisión, con el sonido de la lluvia cayendo de fondo. Al menos nadie podrá quejarse del volumen. Nick intenta levantarme del sofá para que baile con ellos, pero me parapeto entre los cojines.
—No, vosotros dos solos tenéis un aspecto perfecto, dejad que disfrute como voyeur.
Eso les incita a una nueva serie de danzas aún más complicadas que parecen completamente ridículas dado el estado en el que están. Finalmente desaparecen por la cocina para regresar con una bandeja llena de chupitos de vodka. Sacudo la cabeza.
—Oh, no, no después de un canuto.
—Sí, definitivamente después de un canuto, ________(sobren) , es la única forma. Después de todo, esta es una fiesta de aguacero postexámenes —declara Pat entre risas y Nick se une a sus sentimientos con su propia histeria. Intentan chocar esos cinco pero fallan. La cosa se pone cada vez más divertida de observar y noto agujetas en el estómago de tanto reír.
—Está bien, ________(tn) , bébete dos chupitos de un trago y te dejaremos quedarte en el sofá detrás de tu barricada —sugiere Nick.
—Por supuesto. Puedes quedarte ahí sentada como la maravillosa princesa que eres, en tu cómodo castillo —añade Patrick.
Perfecto, qué maravillosa solución. Lo único que quiero en este momento es el suave confort del sofá y de los cojines que he recolectado en el transcurso de la noche.
—¿Uno? —No debería haber hecho la pregunta.
—Dos. Uno por Pat y otro por mí, y luego te quedarás a salvo en el sofá, al menos durante un rato.
—¡Hecho! —acepto, como si su lógica tuviera algún sentido.
—Salud.
—Por las nuevas experiencias —añade Nick, mientras todos entrechocamos nuestros vasos sosteniéndonos la mirada, como era la costumbre entre nosotros.
Un chupito dentro. Dos chupitos dentro.
—¡Santo Dios, qué fuerte es el vodka cuando tomas dos vasos así seguidos!
Patrick me pasa un poco de limonada para quitarme la sensación de quemazón.
—Muy considerado por tu parte. Gracias, Pat.
—Estamos aquí para servir a la señora —dice con una pícara y descarada sonrisa mientras intenta hacer una reverencia.
—Y eso me complace infinitamente —asiento con un guiño.
Agradezco que me dejen regodearme en mi suave y brumosa neblina de vodka mientras ellos continúan bailando y desfilando por toda la habitación.
Cuando vuelvo a mirar alrededor, advierto que Nick, al igual que Patrick, solo lleva una toalla envolviendo su cintura y, además, bastante caída.
—¿Acaso creéis que pertenecéis a un harén masculino? Echaos un vistazo. Estáis muy graciosos.
Sin duda están ridículos, pero mientras los observo soy consciente de cómo mis ojos no pueden evitar fijarse en el movimiento de sus músculos y en lo firmes que son sus cuerpos. Me sonrojo ante la idea de tenerlos en mi propio harén.
Entonces, súbitamente, los dos aparecen por ambos lados del sofá y me roban todos mis cojines.
—¿Qué estáis haciendo? —les grito—. Devolvédmelos, son míos, no podéis, no es justo.
La broma les parece de lo más divertida mientras me despojan de los cojines y yo trato de recuperarlos.
—Vamos, __ __(iniciales), llevas años ahí apoltronada. Los cojines no pueden ser más importantes para ti que nosotros, ¿no es cierto? Suéltalos...
Entonces Nick planta un beso en mis labios, su lengua penetrando en mi boca.
Me quedo un poco sorprendida por que haya hecho una cosa así delante de Patrick. Miro hacia este último y advierto la misma lujuria en sus ojos que la que hay en los de Nick.
Me doy cuenta demasiado tarde del gesto de asentimiento que cruzan entre ellos, y antes de que reaccione, Patrick me tiene cogida por las piernas y Nick por el torso y me están llevando hacia la cama de Nick.
—¡Chicos! —Me río y me retuerzo mientras la fuerte lluvia continúa cayendo—. ¿Qué estáis haciendo?
—Lo justo es que tú también lleves una toalla. Solo queremos jugar un poco. —Me arrojan suavemente sobre la cama. Nick desabrocha mis pantalones y me baja la cremallera—. Le vántala un poco, Pat.
Arquea mi espalda para que Nick pueda quitarme los vaqueros.
—Eso es, ahora siéntala. —Nick me saca la blusa por los hombros y los brazos.
Le miro directamente a los ojos, interrogándole, sin saber bien qué hacer o qué sentir. O, ya puestos, que está pasando exactamente. Entonces se detiene y me pregunta tranquilamente:
—¿Quieres que paremos?
—No. —Muevo lentamente la cabeza de un lado a otro. No quiero que paren. ¿Quién que estuviera en sus cabales no querría ser complacida por dos entusiastas y viriles hombres en una oscura y tormentosa noche? ¡Desde luego yo no! El calor de mi vientre se extiende inmediatamente a otras zonas más erógenas.
Nick despliega una enorme sonrisa.
—Está bien, CC. Sé que quieres jugar tanto como nosotros. Te prometemos concederte toda nuestra atención. Tú relájate y disfruta del viaje.
—¿CC? Esto es nuevo.
—Chica Cañón, por supuesto.
Genial, mi lista de apodos está creciendo exponencialmente esta noche.
Entonces se vuelve hacia Patrick.
—Tú le desabrochas el sujetador y le quitas las bragas mientras yo la sostengo.
No puedo creer que esto esté sucediendo. Me siento totalmente hechizada por la poderosa y desnuda virilidad que me rodea, completamente seducida por la idea de lo que pueda suceder a partir de ahora. ¿Realmente me está sucediendo esto?
Aparentemente sí, debe de ser mi noche de suerte. Así que dejo que me tumben en la cama, totalmente desnuda, anticipando ansiosa su próximo movimiento y permitiendo que jueguen conmigo, acaricien mis pechos, mordisqueen los lóbulos de mis orejas, besen mi estómago, me compartan, me laman, me sondeen. Cierro los ojos y cuando los abro veo a Nick succionando mis pezones. Vuelvo a cerrarlos con un gemido y al abrirlos de nuevo veo a Patrick trazando lánguidamente con su lengua una línea a lo largo del interior de mi muslo. Juntos exploran las partes de mi cuerpo, luego por separado y nuevamente juntos, cada uno encontrando su propia forma de llevarme hasta las más increíbles cotas.
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Diciembre 5th 2013, 12:36

Capitulo 10
Durante muchas horas.
Y es embriagador.
Mi cabeza descansa en el regazo de Patrick, aún envuelto en la toalla mientras se sumen en una especie de conversación sobre anatomía que no me molesto en seguir. Él me acaricia el pelo, abanicando con él sus piernas cruzadas, mientras Nick yace de lado junto a nosotros. Patrick me pone un porro en los labios e inhalo ligeramente, levantando la vista hacia él. Totalmente relajada por estar tumbada, y feliz de tener un respiro tras la intensa atención que sus manos y bocas han estado dispensándome,
siento que tanto mi cuerpo como mi mente están flotando.
Pat me toca la frente.
—________(sobren) , estás ardiendo. ¿Te encuentras bien?
—Sí, genial, me parece, aunque esto está un poco cerrado y hace calor.
—No me sorprende. —Se ríen.
—Déjame que traiga el termómetro —se ofrece Nick.
—No es necesario, N —digo, riendo con ellos.
Los dedos de Patrick continúan acariciando mi cabello, proporcionándome una gran placidez. Respiro hondo y me dejo flotar en una brumosa nube. Vuelvo bruscamente a la realidad cuando Nick pasa mis piernas sobre sus hombros, separa mis nalgas e introduce el termómetro en mi ano, presumiblemente lubricado puesto que se sumerge sin problemas. Trato de incorporarme pero solo consigo que me empuje contra el regazo de Patrick mientras inmoviliza mis hombros contra la cama.
—¡Nick! —exclamo—. ¿Qué estás haciendo?
—Tomándote la temperatura, __ __(iniciales). No queremos que te ocurra nada serio cuando podemos tomar las precauciones oportunas. Los dos somos prácticamente doctores, ya sabes.
—Me encuentro perfectamente. Sácame esa jodida cosa de culo. —Solo aguanta un minuto o dos. No estaría bien dejar que el mercurio se escurriera hasta tus partes sensibles, ¿verdad?
Sus palabras, creíbles o no, consiguen que no mueva un músculo hasta que retira el objeto invasor.
—Oh, sí, estimado colega, tenías razón. Treinta y ocho grados con cinco décimas. Bien diagnosticado. Menos mal que tengo el remedio adecuado.
—No tengo fiebre, Nick, idiota. —Y comienzo a revolverme.
—Por favor, calme a la paciente, doctor McCluskey.
Patrick rápidamente me tapa la boca con sus gruesos dedos. Nick levanta mis brazos por encima de los hombros, mientras Patrick los inmoviliza en la cama con sus sólidas piernas de jugador de rugby. Suelto un gruñido sin demasiado éxito de
conseguir un verdadero ruido.
¿Y ahora qué?, pienso. Tienen que estar exhaustos. Yo, desde luego, lo estoy.
Pero aparentemente no.
Nick deja a la vista un recipiente lleno hasta rebosar de cubitos de hielo y lo coloca sobre la cama. Entonces extrae uno y lentamente lo desplaza sobre la piel del interior de mis brazos, rodeándome una y otra vez la axila, hasta atravesar mi pecho,
para luego repetir la secuencia en el otro lado. Mi piel empieza a reaccionar a la sensación del frío hielo deslizándose y goteando sobre mi sobrecalentado cuerpo. Cuando llega a mi pecho, traza un círculo tras otro, utilizando nuevos cubitos de hielo según van desintegrándose en gotas a lo largo de mi ardiente piel. Al mismo tiempo que Nick atormenta mis pezones, Patrick pasa lentamente un cubito por mis labios, metiéndomelo en la boca y jugando con mi lengua. Mis brazos empiezan a entumecerse bajo el peso de sus piernas, convertidos en inútiles armas de protesta. Tengo sed del hielo en mi boca, de modo que dejo que me atormente hasta que introduce otro cubito en mi garganta. Estoy tan concentrada que apenas advierto cuando Nick termina con mis pezones y continúa su misión hacia el sur, dejando un goteo de cubitos alrededor de mi ombligo. Patrick no permite que mis pezones queden desatendidos por un segundo y continúa donde Nick lo dejó. Estoy literalmente sumergida en una embriagadora estimulación de los sentidos. Nick comienza a enfriar mi vulva, provocándome escalofríos por todo el cuerpo, hasta que finalmente desliza un cubito dentro de mi vagina. Mi espalda se arquea instantáneamente ante la sensación.
—Por favor... —digo sin aliento, a alguien, cualquiera.
Nick desliza otro cubito en mi interior. La sensación del hielo frío siendo empujado por el ardiente túnel transmite escalofríos por todo mi cuerpo, que intenta rechazar al duro invasor que contrae mi carne hipersensible. Antes de que tenga la oportunidad, introduce suavemente otro cubito por el mismo pasaje, sus ojos completamente absortos en el impacto que sus acciones producen en mi cuerpo.
Cuando ya no puedo soportar más el fuego y el hielo debatiéndose dentro de mi cuerpo, Nick junta mis piernas, las rodea por fuera con las suyas y devora mi boca con su boca. A su vez, Patrick me sujeta la cabeza en su regazo, y puedo sentir su palpitante erección contra mi cráneo. Luego se recoloca ligeramente para, una vez más, deslizar el hielo por mis sensibles axilas antes de sacar mis brazos de debajo de su cuerpo y fijarlos contra mis costados, desplazando el hielo hasta esa posición.
Nick se ha asegurado de que mi boca y mi pasaje inferior estén inundados de hielo mientras su cuerpo restringe y limita todos mis movimientos. Me siento como un iglú dado la vuelta. La sensación de demasiado calor en el exterior y de estar congelada en el interior no se parece a nada que haya experimentado con anterioridad. Todo mi ser se sacude con incontrolables convulsiones mientras el calor de mi cuerpo devora con avidez el hielo de mi cavidad oral y vaginal. Los gélidos intrusos compiten con el hábitat natural que están invadiendo, al tiempo que mi cerebro se queda paralizado por la sobrecarga sensorial que mi cuerpo está experimentando.
No puedo gritar. Y no lo hago.
Los chicos no me sueltan hasta que consigo derretirme.
Cuando lo hago, Nick se agacha para exhumar dramáticamente los diluidos fluidos que ha desatado de forma total y absoluta. Aunque estoy consumida por el frío, me siento húmeda de pasión y deseo y estallo como un volcán.
—¿Lo ves, ________(tn) ?, ya te he dicho mil veces que solo salen buenas cosas después de unos sinceros brindis con vodka. Ha sido toda una experiencia, ¿no crees?
Estoy demasiado exhausta para comentar nada.
Lo más extraño de todo es que nunca descubrí si lo habían planeado de esa forma o toda la experiencia había ido surgiendo espontáneamente a lo largo de la noche...
Trato de apartar el libidinoso recuerdo de mi mente y centrarme en lo que Nick está haciendo.
—Eso parece muy técnico. ¿Qué demonios estás preparando ahí?
—No es tan técnico como parece, pero creo que conseguiremos que valga la pena. Después de todo, no nos vemos demasiado a menudo. Espero que no te importe, he optado por la versión Hemingway, dado que es viernes por la noche. Es un poco más complicada que la versión francesa, mientras que la bohemia estoy seguro de que
dispararía todas las alarmas antiincendio.
Su explicación no ayuda demasiado a aclarar mi confusión.
Saca con gran ceremonia dos copas de cristal heladas con un líquido de un tono lechoso opalescente y me tiende una.
Me acerco la copa a la nariz para olfatear su contenido mientras alzo las cejas, suspicaz. Tiene un olor dulce muy fuerte mezclado con un toque de anís o regaliz.
—Era la bebida de Vincent van Gogh, Oscar Wilde y Ernest Hemingway. —Si lo dice con intención de iluminarme, se ha equivocado totalmente. Antes de tener la oportunidad de preguntarle algo más, hace un brindis—. Por ti, ________(tn) , por explorar y descubrir la versión más liberal de ti misma. Y por supuesto, por la eclosión de tus rosas —añade con un pícaro y cómplice guiño.
Tal vez lleve puesto el vestido más maravilloso que jamás he lucido y puede que me sienta más glamurosa de lo que jamás me he sentido, pero, de repente, es como si hubiéramos vuelto a la universidad y estuviéramos a punto de embarcar juntos en alguna traviesa aventura que traspasara los límites de nuevo. Me siento igual de excitada y revolucionada que un niño pequeño que va a acudir por primera vez a un parque temático. Dejo que la seducción y el misterio de lo desconocido del fin de semana me arrastren sabiendo que Nick nunca me haría daño.
Y, por muchas razones, le conozco demasiado bien como para declinar su oferta llegados a este punto.
—Skol.
—Slainte —respondo, siguiendo nuestra costumbre de brindar en la lengua de los diferentes países que hemos visitado juntos. Le miro directamente a los ojos, antes de dejar que el gélido líquido se deslice suavemente por mi garganta, notando cómo su efecto actúa con alarmante rapidez, calentando mi sangre al instante.
—Ese es el espíritu, sabía que no me decepcionarías.
Eso es lo que será este fin de semana.
—¿Qué demonios era este brebaje, Nick?
—Absenta, cariño, el Diablo Verde.
Nick posa su vaso en la mesa y camina lenta y decididamente hacia mí. No soy capaz de identificar la mirada de sus ojos.
—Bueno, ________(tn) , ¿estás dispuesta a despedirte desde ya? —Le miro con socarronería.
—Pero si apenas acabamos de decirnos hola. Pensé que querías estar cuarenta y ocho horas completas. —El efecto de la absenta penetra en mi cerebro mientras me pregunto qué quiere decir.
—Quiero decir que ha llegado la hora de cumplir tu promesa. —Me coge la mano dándome unos suaves golpecitos en la palma, sus dedos apenas tocando la piel.
Respiro hondo e intento estar lo más calmada y serena posible.
—¿Te refieres a quedarme el fin de semana? Nick, ya sabes que te lo he prometido, estoy de acuerdo. Me quedaré. —Mis palabras suenan poco convincentes y no consiguen el propósito de parecer casuales. Nick puede sentir cómo mi pulso se ha acelerado con sus palabras, ya que sus dedos están astutamente colocados sobre el interior de mi muñeca. ¿En qué estaba pensando? ¡Tratar de engañar a un médico! ¡Tratar de engañar a Nick!
—Estás jugando conmigo, ________(tn) . Sabes perfectamente lo que has prometido. —Continúa tomando mi pulso y trato de mirar a cualquier parte menos a él.
—Ah, ¿te refieres a cuando estábamos en la bañera?
¿Estás hablando de eso?
Sacude la cabeza con condescendencia, pero aún tiene una sonrisa en su cara.
—Sí, CC, es exactamente de lo que estoy hablando. No creerías que me había olvidado, ¿verdad?
Sus palabras cargadas de insinuaciones sobre nuestro antiguo pasado parecen fundirse perfectamente con el momento presente. Me aparto de él, tratando de poner
entre nosotros un poco de distancia, tanto física como emocional.
—¿Puedes repetírmelo? No estaba precisamente centrada en nuestra conversación en ese momento. Era algo sobre la conferencia..., los sentidos, ¿es eso? —digo bromeando y tratando de aligerar la tensión, aunque una parte de mí desearía no haberlo preguntado en vista de su ceño fruncido.
Su silencio aumentan la tensión del momento.
—No lo decías en serio, ¿verdad, Nick? No puede ser. Pensé que solo estabas bromeando, ya sabes, que solo querías acrecentar la experiencia...
Me interrumpe.
—Te pedí que me prometieras dos cosas. Que accedieras a no tener visión y a no hacer preguntas. —Hace una pausa para causar mayor efecto—. Durante cuarenta y ocho horas. Así de sencillo. Nada que una mujer lista e inteligente como tú no pueda entender, estoy seguro. — Mis palmas se humedecen al oír sus palabras. Prosigue en un tono serio y firme—. ________(tn) , tú mejor que nadie sabes que nunca, nunca jamás bromeo ni juego con las promesas. —Me mira fijamente pero me permite mantenerme a distancia. Oh, Dios, lo decía en serio, pretende realmente llevarlo a cabo. Típico, justo cuando estoy empezando a relajarme y a divertirme un poco. Es muy propio de Nick llevar las cosas a otro nivel y situarme una y otra vez al límite. Sé de sobra que tiene razón. Que se toma las promesas con más seriedad que ninguna otra persona que conozco. ¿En qué estaría yo pensando? Haciendo estúpidas e insensatas promesas, y todo por la satisfacción de un orgasmo alucinante. Ah, pero qué orgasmo..., no había tenido uno así desde hace tanto tiempo... Y la promesa de alguno más resulta casi insoportable. ¡Céntrate!, me censuro.
—Bueno, Nick —digo con voz seria, tratando de reforzar mi resolución de mantenerme firme—. Ciertamente me hiciste prometerlo bajo coacción y sabes tan bien como yo que eso no vale. —Solo puedo confiar en estar adoptando su lenguaje y contundencia como último recurso para salir del lío.
—Ah. Así que te acuerdas. Ya vamos progresando. ¿En serio llamas a eso coacción, cariño? A mí me pareció que lo estabas pasando más que bien. —Sus palabras son tan irónicas como su sonrisa.
—Aun así, eso no significa que no hubiera coacción. Sabes que estaba en un momento de debilidad y simplemente decidí seguir el juego. —Intento parecer convincente.
—¿Estás dispuesta? —pregunta con firmeza, dando claramente por zanjada la discusión.
—¿En serio quieres seguir adelante con ese estúpido asunto de la promesa? Es tan absurdo..., una verdadera tontería. No necesitamos que nuestro tiempo juntos sea así, Nick. Sería mucho más agradable pasarlo juntos sin..., bueno, sin... que hubiera esta tensión entre nosotros, sin tener que jugar a nada. Ya somos personas adultas, no hay necesidad de ello. Es una chiquillada —digo, mi creciente alarma dando paso a una leve exasperación.
Entorna sus ojos y los clava en los míos mientras da un paso hacia mí. Retrocedo instintivamente; no puedo evitarlo, como si me inclinara del lado de la precaución, tratando de evitar la envolvente sensación de peligro, por muy tentadora que sea. Él continúa aproximándose, pero cuando doy otro paso atrás noto que he alcanzado el borde de la mesa. Y ahora, ¿qué puedo hacer, correr? Me parece ridículo salir corriendo de mi mejor amigo y ex amante.
Eso no es lo que quiero y ahí es donde reside el problema.
Tengo que razonar con él.
—Por favor, Nick, por favor, ¿tienes que hacer esto? —digo con urgencia, casi suplicando por un poco más de tiempo y espacio. Coloca sus brazos a cada lado de mi
cuerpo, inmovilizándome firmemente contra la mesa. Su cuerpo presiona contra el mío, mi espacio personal desaparece y no tengo otro sitio donde ir más que mantenerme firme o tenderme de espaldas sobre la mesa.
Siento que sus ojos me penetran, buscando mi alma con la mirada, y comprendo que debo evitar a toda costa su examen, sabiendo que, si no lo hago, me atravesará directamente y penetrará en mi santuario interior. Ya no le hace falta tomarme el pulso; puede sentirlo por todo mi cuerpo. Al igual que un piloto de Fórmula Uno, mi pulso solo tiene una velocidad: la directa.
—________(tn) . —Está pegado a mí, firme, dominante.
Presiento que su paciencia está disminuyendo por momentos—. Lo prometiste; y sabes lo que eso significa entre nosotros. Sabes que nunca prometemos nada que no podamos cumplir, ni a nosotros mismos ni el uno al otro.
Ha sido así desde que nos conocimos. Nuestra palabra es nuestro vínculo.
Por un instante la intensidad de sus palabras y la fuerza de su respuesta me bloquean. No había previsto la cálida emoción que se desprendería de ellas. Un profundo estremecimiento me recorre la espina dorsal. Una vez más mi mente repasa el recuerdo de la promesa como si fuera una señal, evocando las mismas imágenes que antes.
Recuerdo que sus palabras tenían un tono y una finalidad similar.
—Sabes que lo digo en serio, ________(tn) , no pienso
dejarlo pasar.
Pero ¿me dejarás marchar? ¿Me quiero marchar? Las silenciosas preguntas inundan mi mente.
Si me ha llamado por mi nombre completo está claro que no va a alterar su decisión.
El aire entre nosotros está cargado de energía contenida, emoción y anticipación. Hay un montón de cosas que me gustaría decir, tantas que no consigo que salgan por mi boca. ¿Dónde se han metido mis palabras? ¿Dónde está mi protesta? ¿Dónde está mi vía de escape?
¿Por qué sigo todavía aquí, aceptando esto? Tiene que haber algo que pueda hacer. Mi mente está en blanco. ¿Es posible que realmente quiera esto? ¿Lo deseo? ¿Acaso ha tocado algún resorte que he estado negándome a mí misma durante años?... Oh, no, mi propia mente le acaba de abrir la brecha que estaba buscando.
Continúo indagando en sus ojos en un intento por encontrar alguna explicación de por qué esto es tan importante para él. ¿Por qué insiste tanto? Sé que está en su naturaleza; siempre ha sido una persona decidida, un ganador, pero ¿por qué ahora?, ¿qué es lo que gana? ¿Y qué puedo perder yo? No lo entiendo. Debe de haber notado
que mi mente analítica está moviendo sus engranajes porque su voz interrumpe el hilo de mis pensamientos.
—¡Ya basta! Es el momento —proclama con voz atronadora—. Toma tu decisión.
—¿Es que tengo elección, Nick? —Mi voz tiembla de emoción.
—Siempre hay elección, ________(tn) , no lo olvides nunca. No tenías por qué prometerlo y no te estoy forzando a quedarte. Solo estoy subrayando las condiciones, por si lo haces.
Oh, Nick, el genio supremo.
Toma mis manos y me guía suavemente hasta el segundo dormitorio. Puedo sentir el latido de mi corazón acelerándose por momentos, pero soy incapaz de distinguir si es debido a la absenta, a la adrenalina o a la emoción.
Trato de retorcerme ligeramente para soltarme de su mano, sin ningún éxito. Oh, Dios, pienso, ¿en dónde me he metido? Mientras mis ojos escrutan la habitación, advierto un elegante antifaz de seda, como los que se usan para dormir, asomando lánguidamente por el borde de una pequeña caja con aspecto muy lujoso. Es del mismo color que mi vestido y está entretejido con delicado encaje negro. Al lado hay una manopla de terciopelo, un pequeño frasco de ungüento y algunos colirios sobre la mesilla de noche. Mi corazón late desbocado mientras mis pies se clavan firmemente al suelo.
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Diciembre 5th 2013, 13:43

Cx dios Nick si quiere jugar
siguela
q pasado de la ___
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Diciembre 6th 2013, 20:33

Capitulo 11
Oigo una voz en mi cerebro gritando: ¡Sal de aquí ahora mismo, ya! Mueve los pies y corre. Le estás dando el control absoluto. Es un error, no quieres esto. Eres madre, esposa. Corre, sal de aquí. No formes parte de esto. Pero otra voz proclama con tres simples palabras:
¡Adelante con ello! Me echo a temblar. Nick me abraza posesivamente. Como un enorme oso pardo paradójicamente enamorado de su presa. Mis brazos cuelgan inertes en los costados.
—¿Por qué te cuesta tanto, ________(tn) ? Todo está pensado para resultar excitante, embriagador, no para hacerte temblar como una solitaria hoja en un árbol defendiéndose de vientos huracanados.
Su voz es queda, afectuosa, acariciadora. Sus palabras expresan mis sentimientos con más elocuencia de lo que yo misma sabría explicarme.
—¿Por qué es tan importante que cumpla, Nick?
—Porque hiciste una promesa.
—Siento que es mucho más que eso, así que dímelo, por favor, dime qué está pasando. ¿Por qué es tan importante para ti?
—Déjame disfrutar de este momento contigo, no durará para siempre. Te cuidaré, te lo prometo. ¿Cuándo no lo he hecho?
Dejo escapar otro enorme suspiro sabiendo que esta última afirmación es cierta. Aunque hemos tenido algunos momentos salvajes juntos, él siempre ha cuidado de mí. Me siento tan confusa como cualquier persona en la tierra.
Nick me dice que tengo elección, pero yo no siento que sea así: si quiero quedarme, esto es lo que hay. ¿Es una percepción real o simplemente mi imaginación?
Sinceramente no lo sé. Siento que me ahogo en mis pensamientos y emociones cuando descubro un cuenco lleno de redondas y perfectas manzanas rojas en el centro de la mesa redonda. Me extraña no haberme fijado en ellas antes, su simbolismo es evidente. Durante un fugaz instante comprendo cómo se debió de sentir Eva al ser tentada por la serpiente para que probara la manzana. Sabiendo quizá que aquello era precisamente lo que no tenía que hacer, pero comprendiendo instintivamente que el destino le estaba señalando el camino a seguir al margen de sus propias acciones. ¿Acaso estaba destinada a jugar su papel en la historia bíblica porque su tentación estaba predeterminada, más allá de su control? ¿O bien lo eligió voluntariamente porque quería probar la manzana y ver qué sucedía? Este nuevo debate interno no me está ayudando con mi dilema inmediato.
—No sé muy bien qué hacer, Nick, de verdad.
Sencillamente no lo sé.
Pero, muy en el fondo, sí sé que esas no son las palabras que quiere escuchar el hombre que está frente a mí. Sin embargo su respuesta me coge totalmente desprevenida.
—Reconozco que te estoy pidiendo mucho, pero recuerda, me he inspirado en tu conferencia de esta tarde.
De modo que, como poco, será una experiencia enriquecedora para ti y sé que nunca has vuelto la espalda a cualquier oportunidad de continuar con tu educación.
Conozco lo importante que es para ti. Piensa en lo que les pides que hagan a tus clientes y alumnos para alcanzar la madurez personal. ¿Es esto muy diferente? Solo estoy pidiéndote que pases por ello, en lugar de hacerlo al revés.
Te estoy ofreciendo la oportunidad de entender de primera mano el impacto de la falta de estimulación visual, de explorar la privación sensorial por ti misma, el verdadero núcleo de tu investigación. Puede que incluso te incite a iniciar una nueva tesis, una importante investigación basada en la experiencia personal que, de otra forma, nunca habrías considerado.
Hace una pausa, calculando mi respuesta a su línea argumental que, cuando menos, da bastante que pensar.
Admito a regañadientes que su propuesta me intriga, aunque no estoy segura de ser lo suficientemente valiente ni de tener la fuerza necesaria para explorarla a un nivel tan
personal.
—Lo último que deseo es que te marches. Quiero estar contigo, tocarte, conectar contigo. Estás divina, y sé que lo sabes, puedo verlo en tus ojos. Te quiero, ________(tn) , y durante las próximas cuarenta y ocho horas quiero llevarte hasta
donde nunca te has dejado llevar. Quiero romper todas tus barreras, quiero llegar hasta la esencia de tu ser, presentarte nuevamente a ti misma. Sé de corazón que esta es la forma de conseguirlo. Por favor, confía en mí. Deja que te lleve en este viaje de redescubrimiento. Entrégate a mí. —La voz de Nick es hipnótica, mi cerebro y mi corazón absorben sus palabras como una esponja absorbe el agua. Su carisma y su imponente presencia resultan a la vez seductores y embriagadores.
Una vez más me siento perdida en sus palabras, al igual que estuve perdida por su tacto cuando estuvimos juntos en la bañera. Me lleva hasta el borde de la cama y me empuja suavemente hasta sentarme. Todo parece desarrollarse como en un trance, pausadamente. Me siento llena de energía y, sin embargo, calmada.
—Sabes que siempre te he amado, ________(sobren) , que nunca te haría daño —susurra muy bajito con voz acariciadora para que mi cuerpo se relaje, para que mi mente ceda. Asiento ligeramente, como queriendo decir: Lo sé, lo entiendo, pero las palabras permanecen en mi interior sin ser pronunciadas—. Lo sabes desde el momento en que nos presentaron, nunca he conocido a nadie como tú y nunca lo
conoceré.
Sus dedos acarician mi frente, sus palmas apoyadas en mis sienes.
—Túmbate y no te muevas, Chica Cañón, deja que te cuide.
El miedo que me había estado atenazando ha abandonado misteriosamente mi cuerpo para ser reemplazado por una apacible calma. Mi cuerpo se sume en un placentero estado de serenidad mientras mi mente está pendiente de cada palabra de Nick. No creo que pueda levantarme de la cama, ni siquiera aunque lo intentara ahora
mismo.
—¿Me dejarás hacerlo ahora?
Noto que mi cabeza asiente ligeramente.
—¿No lucharás contra mí?
Muevo la cabeza de un lado a otro. Sus manos presionan con firmeza y, a la vez, con suavidad mis hombros mientras baja lentamente mi espalda hasta la cama.
—Mírame, ________(tn) .
Sostengo su mirada.
—¿Estás lista para despedirte de tu visión durante cuarenta y ocho horas?
—Sí —respondo bajito. Cuando mis palabras atraviesan el aire, una lágrima resbala lentamente de mi ojo hasta la cama, quizá debida a la emoción contenida ante la decisión que he tomado. Besa intencionadamente el rastro de la lágrima sobre mi mejilla como si comprendiera el poder que le estoy ofreciendo sobre mí. Sus dedos alzan mi barbilla, echando mi cabeza de nuevo hacia atrás.
—Gracias.
Retira suavemente un mechón de pelo que ha caído sobre mi cara, poniéndolo detrás de la oreja, y me aplica hábilmente dos gotas de colirio en cada uno de mis ojos.
Parpadeo varias veces mientras la habitación rápidamente se vuelve oscura y borrosa.
—Cierra tus ojos para mí. —Respiro hondo mientras los cierro muy despacio. Siento un levísimo roce cuando sus dedos extienden el ungüento sobre mis párpados, que se vuelven extraordinariamente pesados. En pocos segundos el mundo desaparece completamente de mi vista y me rodea la oscuridad.
¿Qué he hecho?
***
–¿Cómo te sientes?
—Un poco desorientada. —Me incorporo en la cama con cuidado. Definitivamente es una sensación extraña, como si estuviera en un sueño oscuro. No puedo abrir los párpados; son como dos pesos muertos sobre mi cara. No dejo de girar la cabeza buscando la luz, pero, por supuesto, no hay ninguna.
—Bueno, no ha sido tan difícil, ¿no crees? —bromea Nick.
—Pero tampoco fácil, eso puedo asegurártelo. Y no creo recordar que te hayas ofrecido voluntario en mi lugar.
—Este fin de semana es sobre ti, cariño, y no sobre mí.
—No quiero volver a entrar en eso.
—¿Qué era? ¿Qué me has puesto en los ojos?
—Quédate tranquila, nada que no haya sido aprobado por los parámetros farmacéuticos más estrictos. Nunca te pondría en ningún peligro. Soy médico, ¿recuerdas?, y me tomo mi juramento muy en serio.
Genial, invoca sus principios morales mientras tiene acceso a cualquier droga que desee.
—Eso es muy reconfortante, doctor Jonas, dada mi actual situación.
Se ríe.
—En serio, ¿estás bien? ¿Puedo ayudarte en algo?
—No dudo que necesitaré ayuda para todo ahora que me has dejado totalmente ciega. ¿Estás seguro de que esto no es permanente?
—Las gotas duran veinticuatro horas más o menos.
Tendré que volvértelas a echar mañana. Házmelo saber cuando su efecto empiece a desaparecer.
—No te preocupes. Me aseguraré de informarte en cuanto vea un resquicio de luz. —Mi voz está teñida de sarcasmo. Levanto la mano intentando palpar el estado de mis ojos por mí misma. Parecen tan pesados..., es tan extraño...
—Oh, no, no lo hagas. —Me aparta la mano—. No debes tocártelos. Por eso debes llevar también este antifaz, como recordatorio de que tienes que dejar los ojos en paz.
—De ninguna manera. Eso no es necesario. No puedo ver nada.
—Lo es y lo harás. —Me lo coloca por la cabeza. Se adapta a la perfección a mis ojos, su tacto es como de suave seda.
—Bueno, bueno, otra cosa que encaja perfectamente. ¿Es que lo has hecho a medida? —digo bromeando.
No hay respuesta.
—¿Nick? —Hay una larga pausa.
—Sí, ________(tn) , de hecho ha sido así.
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Diciembre 13th 2013, 15:03

dios...
siguela
q piensa hacerle
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Diciembre 13th 2013, 18:32

Capitulo 12
—Ven conmigo.
Nick me sujeta por ambas manos y me ayuda a levantarme de la cama. He olvidado que llevo tacones altos y me tambaleo ligeramente antes de recuperar el equilibrio.
—Vaya, esto es realmente extraño.
Pasa su brazo alrededor de mi cintura y me lleva fuera del segundo dormitorio con mucho cuidado. Me siento como una inválida. Aún estoy conmocionada por que esto
haya sucedido, y por que ahora esté ciega y totalmente dependiente de Nick durante el fin de semana. La situación me hace estar nerviosa y tensa pero, de alguna
forma, también excitada, al no saber qué esperar. Mi estado de ensoñación se ha evaporado, de modo que solo puedo confiar en no estar adentrándome en una oscura pesadilla.
—Ven, sentémonos en el sofá. —Me guía muy despacio, mientras me acomoda en los suaves cojines de terciopelo. Trato de localizar el reposabrazos pero no hay ninguno. Me pregunto cómo consiguen los invidentes hacer estas cosas cada día de sus vidas. Sin saber cómo ni cuándo sucederán las cosas. Una vocecilla optimista dentro de mí
se siente serenamente agradecida por haber pasado previamente algún tiempo en la suite del hotel. Al menos he podido familiarizarme un poco con el entorno.
La llamada en la puerta me hace dar un respingo.
—Quédate aquí, ahora mismo vuelvo.
Sus manos sueltan las mías antes de que pueda reaccionar. Nick saluda brevemente a quien quiera que esté en la puerta, mientras permanezco sentada en silencio en el sofá, profundamente avergonzada y sintiéndome una completa idiota por llevar un antifaz puesto.
Escucho ruido de platos que son eficientemente preparados y dispuestos y el crujido de una botella al hundirse en el hielo, ¿tal vez para enfriar el champán? Un ligero aroma a comida invade la habitación. No hay diálogo entre Nick y las personas de la puerta, que continúan haciendo su trabajo y se retiran a la misma velocidad con la que han llegado. Oigo a Nick darles las gracias y cerrar con llave la habitación tras ellos.
Unos segundos después se sienta a mi lado en el sofá y me coloca una copa de champán en la mano.
—Gracias, ________(sobren) , esto significa mucho para mí.
Resulta tan extraño no poder ver nada que, incapaz de encontrar las palabras, opto por no decir nada. Oigo nuestras copas entrechocar y siento la urgente necesidad de verter todas las burbujas por mi garganta. Mi ansiedad por beber me lleva a tragar todo el champán de golpe.
Súbitamente me siento completamente fuera de control, la realidad me golpea como un ladrillo en la cabeza. Me descubro deseando otro trago de absenta para que me aturda frente a todo esto. ¿Qué he hecho? Puede suceder cualquier cosa... Me he entregado literalmente a él en bandeja. En fin, ¿qué podría pasar si tomo otra copa de
champán? Al menos si pierdo el conocimiento no tendré que asumir lo bicho raro que soy. La voz sensata de mi cabeza cuestiona rápidamente la cordura de ese razonamiento. Continúo inclinando la copa sobre mi boca pero debe de estar vacía puesto que ya no cae ningún líquido.
—Uf, ________(tn) . Tú nunca bebes tan rápido.
—No. No lo hago, Nick. —Finalmente he recuperado mi voz—. Pero las situaciones extremas como esta pueden derivar en conductas extremas. —Tiendo mi copa hacia
delante—. ¿Te importaría rellenármela, por favor? Este champán está delicioso.
—¿Estás segura? —pregunta dubitativo.
—Oh, sí. Estoy segura de que me gustaría tomar otra copa de champán. Con gusto me la serviría yo misma, si fueras tan amable de acercarme a la botella, aunque odiaría derramar alguna gota en esta lujosa moqueta cinco estrellas —declaro intencionadamente.
—¿Estás enfadada conmigo?
¡El sublime y sensible científico!, me burlo sarcástica para mis adentros; tal vez su Coeficiente de Inteligencia Emocional no esté tan desarrollado como pensaba. ¿O tal
vez sí? Sin embargo, mi enfado no es tanto con él como conmigo misma por haber permitido que se produjera esta ridícula situación. La realidad de estar ciega me ha pillado completamente desprevenida. Una cosa es sentirse atraída por el concepto, por la sensualidad de la idea, y otra muy distinta saber que tendré que vivir así durante las próximas cuarenta y ocho horas. Mis emociones amenazan con arrollarme a medida que el significado de lo que acabo de hacer se asienta en mis huesos.
Como no puedo verle ni leer sus emociones, sigo sosteniendo en alto mi copa vacía, esperando a que la rellene y ansiando que el alcohol supla ese vacío.
—________(tn) , ¿seguro que no estás enfadada conmigo?
¿Honestamente? Otro momento ________(tn) . Espero con mi copa tendida hacia su voz. La coge, la rellena y la devuelve a mi mano.
Gracias a Dios. Aliviada, alzo el líquido espumoso hasta mis labios. Decido ignorar su pregunta, creyendo que así, al menos, conservo algún control.
—Estupendo champán, Nick. ¿Qué es? No estoy segura de haberlo tomado antes.
Puedo percibir su confusión al ver que he evitado su pregunta. Lo malo es que me conoce demasiado bien como para saber que cuanto más formal soy, mayor es la emoción que escondo. Básicamente, me conoce casi tan bien como yo misma, o posiblemente mejor. Razón por la cual estoy aquí sentada en su suite del ático con un traje de fiesta y un antifaz cubriendo mis ojos. Atrapada e incapacitada durante todo el fin de semana. Algo que resulta terriblemente frustrante.
—Es Krug. Lo tomamos el día que nos graduamos.
Entonces también te gustó mucho, y digamos que te puso de muy buen ánimo y...
—Ah, sí, ya recuerdo —le interrumpo, no queriendo escuchar ahora mismo su versión de los recuerdos del pasado.
Mis emociones están disparadas, toda la hipnótica serenidad anterior parece haberse esfumado.
—Pues razón de más para beberlo ahora —digo mientras doy otro sorbo. Por lo menos no me lo he tragado de golpe. Oigo cómo suspira con exasperación.
—Al menos, toma algunos canapés para acompañar el champán, ¿no?
Debo admitir que un poco de comida no me vendría mal. A pesar de que mi mente es un torbellino y mis emociones están campando a sus anchas, estoy segura de que la parte racional de mi cerebro no me permitiría continuar bebiendo alcohol sin tener nada sólido en el estómago.
—Eso sería estupendo, gracias —respondo muy educada y formalmente. Casi puedo imaginarlo poniendo los ojos en blanco ante mi conducta.
—Abre la boca, por favor. —Está cerca de mí.
—Ponlo en mi mano si no te importa, gracias.
Es agradable reafirmarme.
—________(tn) , esto es ridículo. —Doy otro sorbo de champán desafiándolo. Tal vez estar ciega no signifique una absoluta dependencia. No puedo evitar que un atisbo de sonrisa asome a mi cara. Rápidamente me retira la copa de la mano.
Mi sonrisa se desvanece en el acto.
—Abre la boca y te devolveré la copa.
Estoy a punto de contestar cuando noto que algo pequeño y delicioso aterriza en mi lengua. Sorprendida y con la boca llena de comida cosquilleando mis papilas gustativas, decido cerrar la boca y paladearlo. Después de todo sería una pena desperdiciar tan tentadora comida. Otro bocado me llega poco después. Blinis: absolutamente deliciosos. Puedo notar el fuerte sabor de la trucha ahumada en contraste con la suave tortita de harina y sentir las huevas de salmón deslizarse por mi boca. El ligero matiz a hinojo me confirma que son iguales a los que probamos en Rusia muchos años atrás, ¡sorprendente! No obstante, me alegro de que estemos bebiendo champán en vez de vodka como hicimos entonces. Mi estómago agradece la ingestión de comida.
—¿Más? —le oigo preguntar. Asiento y me vuelvo hacia él, sin concederle la satisfacción de mis palabras.
Algo caliente y suave me llega, en este caso con aroma a ajo y hierbas.
—Mmm. —Esta vez no puedo evitar soltar un gemido de delicioso placer—. Fantástico. ¿Vieira?
—Exactamente. —Me limpia la comisura de la boca con una servilleta de hilo—. ¿Otra?
—Sí, por favor —me escucho responder. Después de haberla tragado, me devuelve mi copa de Krug. Noto que está contento por que se me haya pasado la frustración gracias a la comida y el champán. Hay algo infalible en la buena comida y el vino que siempre consigue levantar el ánimo, me digo.
—¿Te importaría compartir tus pensamientos?
Finalmente llego a la conclusión de que mi enfado es resultado de la ansiedad por perder el control, especialmente estando, como estoy, tan acostumbrada a controlarlo todo. Dejo que la irritación me abandone porque no tiene sentido. Dado mi actual trance solo conseguiría hacer insoportables para los dos las próximas cuarenta y ocho horas, de modo que me ablando y comparto mis pensamientos con él. Aunque aún me siento al límite, con mi ceguera y la dependencia ante todo lo que me rodea, se hace más llevadero estar a buenas con Nick y permitir que la conversación fluya entre nosotros.
Después de algunos minutos de bromas, Nick se desliza contra mí.
—Entonces cuéntame, sinceramente, ¿cómo te sientes? ¿Te estás divirtiendo? —Me levanta lentamente del sofá poniéndome en pie.
—Eh, quiero que me aclares algo. ¿Tú puedes hacer tantas preguntas como quieras pero yo no puedo hacer ninguna?, ¿así es como funciona esto?
Acaricia mi cuello y la clavícula con sus labios, oh, tan lentamente..., su aliento es como una pluma contra mi piel.
—Sí, así es como funciona, al menos durante este fin de semana. Ya habrá tiempo de sobra para tus preguntas más tarde. Así que dime, ¿te excita esto? —inquiere, sus labios rozando la parte alta de mis senos, y advierto que empiezo a aturdirme cuando mi respiración se descontrola por enésima vez en esta noche. Sus caricias se extienden por el resto de mi cuerpo y noto cómo mi vulva palpita y se humedece en anticipación. No puedo contener un suspiro ahogado ante la sensación—. Oh, así que la respuesta es sí —susurra en mi oído mientras sus dientes mordisquean el lóbulo de mi oreja.
—Sí —respondo sin aliento—, me excita un poco. —
No quiero que me prive de las palabras como ha hecho con mi vista. Sus besos me rozan y acarician provocativamente los labios.
—A mí también, y mucho —dice mientras baja mi mano para que note el bulto bajo la tela de sus pantalones. Debo recurrir a toda mi concentración para no ponerme de rodillas y devorarle allí mismo. El poder de su cruda sexualidad prácticamente me paraliza. Me pregunto si de verdad me conozco...
Justo en ese instante el teléfono suena sacándome de mi fantasía y devolviéndome a la realidad. Aún sigue sosteniendo mi mano, así que le sigo ciegamente mientras contesta, avanzando con pasos cuidadosos para no perder el equilibrio sobre mis tacones.
—Estupendo, muchas gracias. Estamos en camino.
—Cuelga—. ________(tn) , tienes cara de pánico, ¿qué sucede?
—Oh, nada, nada en absoluto, ¿por qué lo preguntas? —respondo nerviosa, retorciendo las manos. ¿Cómo es posible que incluso con un antifaz cubriendo mis ojos aún pueda seguir leyendo la expresión de mi rostro?
—Bien, ¿estás lista para acompañarme a cenar? —Al oír sus palabras, el pánico se filtra por mis huesos. No puede decirlo en serio, ¿verdad?
—No es posible que vayamos a salir a cenar, Nick...
No puedo salir así. Por favor, por favor, dime que estás bromeando.
—Pues claro que vamos a salir. ¿Por qué iba a echar a perder tu exquisito aspecto y mantenerte confinada en una habitación de hotel? Eso sería absurdo.
Siento que me vuelve a faltar el aire. Mantén la calma, respira, me digo, pero a pesar de todo oigo cómo mis palabras brotan atropelladamente de mi garganta.
—¿Cuántas veces vas a hacer que me sienta abrumada esta noche, Nick? No puedo soportarlo, es demasiado.
Cada vez que trato de concentrar mi mente en algo que me has pedido e intento dejarme llevar, ¡zas!, aparece otra cosa nueva y luego otra.
Trato de coger aire momentáneamente antes de continuar con mi verborrea.
—No sé lo que pienso o siento y, menos aún, lo que debería decirte. Esta situación es demasiado extraña para mí, irreal, surrealista.
Escucho mi voz hablar de forma errática, acelerada, y busco las palabras que describan la emoción que amenaza con sobrepasarme de lleno.
—No tengo filtros, Nick. Me los has quitado, o tal vez he permitido que te los llevaras. No lo sé. En cualquier caso, esto no puede ser bueno. Durante años me he preparado para ofrecer respuestas coherentes, meditadas, y ahora aquí estoy. No sé qué es lo que pienso o siento ni mucho menos lo que hago. ¿Por qué me estás haciendo
pasar por esto?
Nick no responde, pero puedo percibir su cercanía y sé instintivamente que me está mirando fijamente. Me tomo un momento para recuperar el aliento y tratar de algún modo de recobrar la serenidad. Me siento como una niña perdida en el desierto, sin saber bien en quién confiar o a dónde dirigirse.
Pasa un brazo alrededor de mi espalda, mientras me sujeta por la muñeca y tira de mí hacia lo que supongo que será la puerta de la suite. Escucho cómo se abre.
—Oh, no, por favor, Nick, quedémonos aquí.
Además, ¿qué hora es? ¿No es demasiado tarde para cenar?
No tengo hambre, ya hemos tomado los canapés. En serio, sería un desperdicio...
Continúo hablando, mientras clavo mis tacones con fuerza en la moqueta y trato de inventar cualquier excusa a su implacable decisión.
—No podemos ser vistos en público, ¿no lo entiendes?
—Elijo cautelosa las palabras mientras me arrastra cerca
de la puerta—. ¿Cómo se te ocurre siquiera pensar en sacarme estando así? ¡Llevo los ojos tapados, por amor de Dios, y voy sin ropa interior!
Mis tacones ondean la bandera blanca cuando dejan de hacer fuerza contra el suelo y me catapulto en sus brazos, presumiblemente fuera de la suite. Intento recuperar el
equilibrio lo mejor que puedo mientras me sostiene firmemente en sus brazos.
—Por cierto, ¿a dónde vamos? —pregunto, desesperada por recibir cualquier clase de respuesta verbal. Su silencio es exasperante. Súbitamente me empuja contra la pared, su cara pegada a la mía, su cuerpo presionando tentadoramente contra la seda de mi vestido.
—Sé que tienes muchas preguntas, ________(sobren) , siempre las tienes. Pero como te he dicho antes, este fin de semana no trata sobre tus preguntas. He estado contando cuántas has formulado hasta ahora y te recomiendo firmemente que lo dejes o habrá consecuencias para cada una de ellas. ¡Ahora compórtate! —añade severo—. Voy a llevarte a cenar; estás preciosa y no tienes nada de lo que avergonzarte. Ah, y una cosa más... Como este fin de semana estamos jugando en mi tiempo, no quiero que vuelvas a preguntarme por la hora. ¿Me entiendes?
Está tan cerca que me siento mareada por sus preguntas y demandas. Me quedo enmudecida ante la aspereza de sus palabras mientras su excitante presencia y aroma invaden cada rincón de mi espacio.
—¿Me he expresado con suficiente claridad? — pregunta enfatizando cada palabra intencionadamente.
Desconcertada ante este repentino cambio de humor y el oscuro matiz de su voz, decido no arriesgarme a soltar un comentario displicente o frívolo en respuesta. Todo es demasiado extraño. Puedo palpar la tensión entre nosotros, de modo que hago lo que me pide y mantengo un silencio desafiante, creyendo que es la estrategia más segura, a pesar de que su erección continúa apretando con fuerza contra mi vientre. Me agarra por los hombros y me da la vuelta, empujándome deliberadamente contra la pared y propinando un azote tan enérgico sobre mi trasero que me deja con una punzante sensación que ni remotamente consigo identificar. Esto es lo último que me esperaba de él. Estoy horrorizada. ¡Acaba de zurrarme! ¡A mí, que estoy con los ojos tapados, en el pasillo del hotel! Me da la vuelta con la misma rapidez, y parece inspeccionar mi cara de sorpresa como resultado de su trabajo manual.
—Te he hecho una pregunta, ________(tn) . ¿Ha quedado claro? —dice, con voz severa y metálica.
Apenas consigo balbucear un «Perfectamente», mientras siento cómo mi trasero sin ropa interior intenta calmar su ardor aplastándose contra la pared. Esto es algo nuevo; ha hecho muchas cosas conmigo a lo largo de los años, pero nunca nada como esto.
—Bien. Pues en marcha.
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Diciembre 16th 2013, 08:38

ok ya me dio miedo
siguela
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Enero 16th 2014, 19:50

Capitulo 13
Me agarra por el codo y me conduce con firmeza a
través del pasillo, mis tacones resonando contra el duro
suelo para poder seguir su zancada. No estoy familiarizada
con la sensación de ser azotada. No puedo recordar la
última vez que me pegaron, ni siquiera durante mi infancia.
Robert, desde luego, nunca ha hecho nada parecido.
Siempre ha sido muy formal en el dormitorio: muy
mecánico y en absoluto juguetón. En ese momento
comprendo que Nick es lo opuesto a Robert: travieso,
sorprendente, imprevisible... ¡Oh, cuánto he echado de
menos esta imprevisibilidad en mi vida! Incluso ahora,
humillada en el pasillo de un hotel y sintiéndome
totalmente fuera de control, puedo notar la adrenalina
corriendo por mis venas como no la había sentido en años.
Estoy realmente viva.
Oigo el sonido de una campanilla, las puertas del
ascensor se abren y me guía al interior. Respiro hondo, una
silenciosa súplica en mi mente. Por favor, no dejes que nos
encontremos con nadie que conozca. ¡Por favor, por favor,
por favor! Las puertas se cierran y, casi de inmediato,
siento las manos de Nick acariciando mis muslos,
despertando la excitación de mi entrepierna, que se
humedece aún más, y haciendo que se vuelva todavía más
ansiosa, algo que comenzó en el mismo instante en que su
mano golpeó mi trasero. Qué inesperada percepción...
¿Cómo puedo estar conmocionada y, al mismo tiempo, tan
tremendamente excitada y ardiente? Nick conoce todos
y cada uno de mis puntos sensibles, al igual que cualquier
doctor conoce la anatomía humana, y no piensa perder una
s o l a oportunidad de utilizar mi cuerpo como su radar
personal, probando y prestando atención a las respuestas,
para sacar el máximo partido de ellas.
Es una sensación muy extraña no ser capaz de anticipar
la excitación; obviamente la estimulación visual juega un
papel muy importante en ello. Pero más extraño aún es no
poder predecir lo que va a venir después. Sentirse tan
frustrada como para tener ganas de gritar, y de pronto, ¡zas!,
un ligero y suave azote y tu cuerpo se pone en movimiento
respaldando activamente el aguijonazo y la caricia, y
suplicando para que se repita. ¿Cómo funcionará ese
mecanismo? El problema es que no estoy segura de si mi
cuerpo me está traicionando deliberadamente o si es que
conoce a mi mente mucho mejor de lo que podía imaginar.
—Por favor, para, Nick. Ya es lo suficientemente
duro centrarse en lo que está pasando, como para tener tus
manos distrayéndome a cada oportunidad.
—La idea principal de este fin de semana es que no te
centres en nada, ________(tn) .
—Bueno, pues no es posible —replico exasperada.
Las puertas del ascensor se abren y salimos al tiempo
que una ráfaga de aire me echa el cabello hacia atrás. Oigo
que alguien saluda a Nick. Siento que la sangre asciende
hasta mi rostro que, sin duda, debe de estar como la grana.
—Doctor N, qué alegría que haya podido unirse a
nosotros esta noche, ha pasado demasiado tiempo.
Mis piernas flaquean bajo mi cuerpo mientras Nick
me sostiene erguida.
—Encantado de verte de nuevo, Leo.
—Deje que le muestre su mesa.
Soy conducida hasta un sillón en el que Nick me
deposita con cuidado. Rápidamente cruzo las piernas, dada
mi falta de ropa interior, y maldigo a Nick para mis
adentros por hacerme sentir más incómoda de lo que jamás
he estado en toda mi vida.
¿Quién será el tal Leo y por qué el murmullo de voces a
mi alrededor se oye tan apagado? Noto cómo mi frente se
v a llenando de pequeñas gotas de sudor, mientras mi
ansiedad ante lo desconocido se acrecienta. Aun así, ¿por
qué estoy tan al límite? Relájate, disfruta, me digo.
Imposible, oigo la respuesta.
—¿Qué tomará el señor esta noche?
—Tomaremos dos martinis muy secos, mezclados pero
sin agitar, con un toque de lima.
La respuesta de Nick me sorprende. Acaba de
encargar mi martini ideal, a pesar de que no he probado
ninguno desde hace diez años. Increíble.
Procuro mantenerme en calma al menos hasta descifrar
el entorno y me felicito a mí misma por conservar unos
pocos instantes de autocontrol. Noto que la alfombra es
gruesa y lujosa y las voces se oyen distantes; una música
indescriptible suena por la habitación. Entonces mi mente
me recuerda que no estamos solos y siento que mi
aprensión va cobrando cada vez más fuerza hasta que la voz
de Nick interrumpe su predeterminado destino.
—He supuesto que te gustaría tomar un martini. Así es
como siempre los tomabas en Europa.
—Un martini es el menor de mis problemas. —Intento
que mi voz suene lo más calmada posible—. ¿Cómo me has
traído aquí habiendo tanta gente alrededor? ¿Qué pasa si
alguien nos reconoce? No puedo creer que me estés
comprometiendo de esta forma. Nos estás haciendo correr
a ambos un riesgo enorme, no solo personal sino
profesional. ¿Cómo se te ocurre? Es totalmente
inadmisible. —Mi tensión va en aumento como un tsunami
precipitándose a través de mi torrente sanguíneo. El
corazón me late a tal velocidad que apenas puedo
controlarlo, ni siquiera el sudor consigue enfriar mi
temperatura corporal con la debida eficacia. Ha ido
demasiado lejos, esto no está bien. Retuerzo las manos,
mis palmas resbalan de sudor sobre mi regazo. Respiro de
forma entrecortada. No es difícil diagnosticar mi estado
como la fase previa a un inminente ataque de ansiedad.
Nick junta mis manos.
—Cálmate, todo va bien. Estás exagerando.
¿Exagerando? Mi voz interior no puede creerlo.
—¡Nada va bien! —exclamo, con un último resto de
autocontrol.
Trato de dominarme lo mejor que puedo puesto que no
tengo ni idea de quién está en la habitación, ni quién es esa
gente. ¿Acaso importa? Sí, importa, maldita sea,
respondo. Y no tengo ninguna duda de que Nick lo sabe;
y cuenta con que estando en público trataré de controlar
mis emociones.
—¿Cómo has podido ponerme en esta situación,
Nick? ¿Cómo te atreves? ¿Quién es esta gente?
Me siento vulnerable, sola y completamente fuera de
control. Mi cuerpo se estremece a medida que experimenta
la explosiva mezcla de emociones que me asaltan. Esto no
es tan sencillo como pensé que sería, me siento un poco
decepcionada conmigo misma por no saber manejarlo de
forma más profesional. Pero ¿qué hay de profesional en
estar en una cena con un maldito antifaz puesto? Solo Dios
sabe lo que estarán pensando al ver a una mujer con los
ojos vendados discutiendo con uno de los más
renombrados investigadores médicos del país e incluso del
mundo entero. O puede que simplemente se trate del
Viernes del Antifaz en el Hotel Intercontinental, ojalá sea
así.
De pronto, siento que me invade un momento de
absoluta lucidez y confianza. Me digo a mí misma que
estoy al control. Aún tengo piernas para caminar, manos
que pueden retirar el antifaz que me sofoca, que tal vez
puedan devolverme la visión aunque sea de forma borrosa y
tenue; una voz para decir: ¡no! La única cosa que nunca
jamás he sido capaz de decir a Nick. Si la suerte está de
mi lado, tal vez sea capaz de reclutar a algún espectador
inocente para que me ayude a escapar de esta ultrajante
situación. Mientras dejo que estos pensamientos tomen
forma rápidamente en mi mente, me siento súbitamente
con fuerza para actuar.
—No puedo hacer esto, Nick. Sé que confiabas en
que pudiera, y lo he intentado, pero no puedo. Siento
habértelo prometido, pero ha sido un estúpido error. La
situación me está resultando imposible de manejar. —Al
decir estas palabras, me levanto y alzo los brazos para
quitarme el antifaz y liberarme de la vergüenza y el oprobio
que me provoca. Justo cuando las yemas de mis dedos
rozan la tela de seda, Nick se abalanza sobre mí haciendo
que me vuelva a sentar de golpe. Me agarra de las manos y
las sujeta con brusquedad por detrás de mi espalda. Con sus
piernas ahora montadas a horcajadas sobre las mías, me
quedo anclada al asiento, sin aliento ante lo repentino de su
asalto. La tensión entre nosotros es sofocante. Mantiene
bien prietas mis muñecas y se asegura de que, literalmente,
no pueda moverme bajo el peso de su cuerpo.
—Tendrás que hacerlo, me lo prometiste, me diste tu
consentimiento, pero ni siquiera te has dado la oportunidad
de adaptarte. No necesitas manejar ni controlar nada. Ese
es tu problema y hasta que no dejes de intentarlo te sentirás
como hasta ahora. Deja que sea muy claro: recurriré a
cualquier extremo para asegurarme de que mantienes tu
promesa. Te deseo como estás ahora, ________(tn) , y no dejaré que
nada ni nadie se interponga en mi camino, incluidas tus
inseguridades —declara en voz baja, exigente, implacable.
Puedo sentir sus músculos rodeando mis piernas o, más
exactamente, mis muslos; puedo sentir su excitación
hinchándose contra mí. ¡Dios mío! ¡Y lo peor de todo es
que ahora empiezo a notar la mía en respuesta! ¿Cómo
consigue hacerme esto? Me desea, ¿cuánto tiempo hacía
que no oía algo así? Desde siempre, al parecer. Y yo
también le deseo, pero ¿de este modo? ¿Y qué pasa con mis
inseguridades?
Enmudecida, me retuerzo inútilmente bajo su peso.
—Tendrás la oportunidad de quitarte el antifaz cuando
hayamos pasado juntos cuarenta y ocho horas. No vas a
tocarlo, ni vas a ir a ninguna parte. —La determinación
irrevocable de su voz suena inflexible y, de algún modo,
irresistiblemente pornográfica. Dios mío, ¿qué ha pasado
con la fuerza que me invadió hace unos momentos? Sin
ojos para ver, sin piernas para andar, sin manos que mover.
Realmente me está despojando de cada resto de control y
su respuesta física me dice claramente que le gusta. Y,
aparentemente, a mí también.
—Bueno, desde luego estás utilizando todas las
medidas para asegurarte de que no lo haga. —Constato para
su alivio que apenas puedo moverme. Y mientras me
pregunto por qué me siento secretamente ilusionada por
que esté llegando a esos extremos, mi excitación parece
dispararse con cada segundo.
—Confía en mí, ________(tn) , la diversión aún no ha empezado
y sé que te encantará si te das la oportunidad de abrazarla.
¿Acaso ahora es mi psicólogo? Decido que luchar es
inútil, pues solo sirve para afirmar su resolución no solo
figurativa sino también físicamente; me aprieta con más
fuerza las muñecas y los muslos. La tormenta de ideas de
mi mente se pone en marcha sopesando posibles opciones.
Y como si percibiera mis pensamientos, se calma y dice:
—No trates de luchar conmigo, __ __(iniciales), perderías.
Cuando me dispongo a replicar, la boca de Nick se
pega bruscamente contra la mía con su lengua forzando el
paso a través de mis labios, probando mi lengua, invadiendo
mi garganta, con rudeza y rapidez, mientras continúo
atrapada bajo su cuerpo. Me cubre la cara, dejándome
literalmente sin aliento. Su poder es una irresistible fuerza
carnal que mi cuerpo no tiene prisa por rechazar.
—Eres mía durante el fin de semana. Deja de oponer
resistencia, estás malgastando una preciosa energía que
podrías utilizar en cosas más efectivas. —Su voz está
cargada de sugerentes matices—. Dios, estás
absolutamente irresistible. Es una pena que tengamos
compañía o te juro que te tomaría aquí mismo,
aprovechándome del libre acceso bajo el vestido.
Me deja derritiéndome debajo de él; el ardiente y
palpitante latido de mi vientre recordándome que estoy sin
aliento y lasciva.
—Tan hermosa, pero tan combativa que... —reflexiona
y durante un largo instante sus palmas cubren mi barbilla y
m i s mejillas mientras continúa a horcajadas sobre mi
cuerpo. Siento endurecerse su erección contra mi muslo.
Entonces suelto un largo suspiro, esperando ansiosa su
próximo movimiento—. No me has dejado elección. Leo,
por favor, espósala.
—Por supuesto, señor, ahora mismo.
Nick tira de mis hombros hacia su cuerpo y desliza
sus brazos por los míos hasta llegar a los codos,
comprobando que no estén doblados y que continúan
anclados detrás de mí. Leo, quienquiera que sea, me ciñe
rápidamente alrededor de las muñecas algo con tacto
parecido al de unas esposas acolchadas y las cierra en un
tiempo récord.
Me quedo jadeando, sin habla, atada y ciega mientras
Nick asegura el antifaz en su posición. ¿Qué demonios
está pasando aquí? No se trata de una travesura estudiantil
de la que podamos reírnos juntos. Nick ha dicho que
llegará hasta cualquier extremo para hacer que esto suceda.
¿Por qué? Mi cerebro palpita desbocado al compás de mi
corazón, tratando de descifrar lo que acaba de sucederme.
Puedo sentir la intensa energía de la habitación como si
estuviera bombeándose a través del aire. ¿Qué es lo que le
lleva a ser tan dominante? ¿Qué es lo que me estoy
perdiendo?
—Había olvidado lo cabezota que eres. Resulta
realmente asombroso.
El viejo Nick ha vuelto, manteniendo una
conversación normal conmigo. Increíble.
—Cabezota —chillo, la emoción aún arrollando mis
músculos, mi voz—. Cómo puedes...
—Por favor, mantén la voz baja. No podré darte de
comer con una mordaza en la boca —declara
tranquilamente.
—No te atreverías...
Me interrumpe de golpe.
—He llegado hasta aquí, mi amor. Sabes que lo haría.
Cuanto antes te rindas a mí, más libertad podrás
experimentar —me susurra como si fuéramos
conspiradores. ¿Qué ha querido decir con eso?
Me revuelvo en el asiento mientras trato de absorber la
realidad de mis muñecas esposadas a mi espalda. Aunque
ciertamente hemos compartido un pasado de exploración
sexual, Nick nunca antes había llevado las cosas tan
lejos. Nunca había existido esta urgencia, ese tono
subyacente tan innegociable. Debo admitir que tal vez estoy
total y absolutamente sobrepasada. Pero simplemente no
entiendo a dónde va a parar esta situación y por qué...
Tan pronto me siento cerca de él, en todos los sentidos,
como, al momento siguiente, estoy preguntándome si
alguna vez he llegado a conocerle. Soy madre, por amor de
Dios; ¿cómo demonios me he dejado arrastrar a esta
situación? ¿Y qué pasa si realmente no puedo salir de ella
ahora que estoy aquí? ¿Está bromeando, jugando? ¿Me está
probando? ¿Empujándome hasta el límite? Si es así, está
funcionando. Ha conseguido que me sienta aterrorizada,
confusa, frustrada y jodidamente excitada, todo a la vez.
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Enero 16th 2014, 19:52

Capitulo 14
—Ahora, no desperdiciemos estos martinis.
Nick levanta mi barbilla y vierte con cuidado el frío
líquido en mi boca. He decidido no hablarle; sinceramente
no sé qué decir. Apenas puedo moverme. Me siento
petrificada, temerosa de actuar contra sus deseos después
de lo que acaba de suceder, cosa que sin duda pretendía, así
que permanezco sentada en silencio, como un maniquí. Es
como si cada célula de mi cuerpo estuviese electrificada,
en alerta total, aguardando su próximo movimiento. Algo
que resulta extrañamente vigorizante. Puedo sentir cómo su
mirada intenta penetrar en mis pensamientos. Trato de
acompasar mi respiración, mis emociones, mis
pensamientos... Y fracaso. Un nuevo sorbo de sedoso
líquido encuentra mi boca y se desliza por mi garganta. No
le animo a que lo haga. Ni tampoco se lo impido. Estoy
paralizada por una especie de temor a lo desconocido que
no puedo definir; es excitante y tentador, a pesar de que me
siento extremadamente vulnerable, y solo tengo a Nick
para apoyarme. ¿Qué otra solución me queda sino aceptar
momentáneamente esta extraña secuencia de
acontecimientos sin protestar ni quejarme? Sin embargo, al
aceptar mi destino también debo reconocer que nunca en
toda mi vida me he sentido tan especial ni tan atendida por
nadie.
Imagino que hemos debido de terminar nuestros
martinis porque ha tirado de mí para levantarme. Me pasa
un brazo alrededor de la cintura, deslizándolo entre mis
brazos esposados. Nos marchamos sin decir palabra. De
pronto, siento que mis pies dejan de tocar el suelo. Con
sorprendente facilidad, Nick me levanta para subir unos
pocos escalones. Que pueda alzar mi cuerpo sin esfuerzo
me hace sentir muy pequeña, aún más frágil y dependiente.
No tengo barreras físicas para oponerme a él y las
emociones están siendo, una tras otra, sistemáticamente
franqueadas. Nunca he dependido tan completamente de
nadie. Por lo general soy autosuficiente, de modo que sus
gestos de absoluta propiedad hacen que, literalmente, se
me doblen las rodillas.
Oigo el crujido de una puerta al abrirse y siento que una
ráfaga de aire fresco me rodea. Entonces me deposita
directamente en una silla. Percibo el ruido de la ciudad más
abajo, y un húmedo y cálido aire sobre mi piel. Supongo
que la noche es tan hermosa como lo ha sido previamente
el día. Es agradable estar fuera de la tensa energía de la otra
habitación. Todo mi cuerpo se estremece aliviado ante este
nuevo entorno y la sensación de amplitud que me rodea.
—¿Tienes frío? —Obviamente está observándome tan
intensamente como suponía que haría. Casi sin darme
cuenta, sacudo la cabeza, contestando a su pregunta. Me
habría gustado ignorarla. Sigo sentada lo más inmóvil y
tiesa posible, convencida de que intenta descifrar mi humor
en cada reacción—. ¿Te gustaría escuchar un poco de
música o prefieres quedarte en silencio?
Siempre tuvo un don para arrancar una respuesta más
allá del sí o el no. Suspiro para mis adentros pero no le
respondo. Este es su juego, sus reglas, así que imagino que
él decidirá.
—Música entonces.
En cuanto deja de hablar, una suave y agradable melodía
de jazz comienza a sonar. Me quedo atónita —la música
suena en vivo—. Ladeo la cabeza en dirección al sonido. Es
dulce y melódica, vagamente familiar, aunque en este
momento no consigo ubicarla. Un ligero aroma inunda mi
sentido olfativo y me detengo para considerar su identidad.
Detecto el maravilloso olor del cilantro fresco, guindilla,
una pizca de jengibre, tal vez aceite de sésamo. Me doy
cuenta de que Nick me está permitiendo olfatear y
absorber el olor de uno de mis platos tailandeses favoritos.
Lo levanta con cuidado hasta mis labios, tentándome
ligeramente. Le dejo que siga con sus estúpidos juegos.
—¡Dios, estás tan fabulosa ahí sentada, tan hermosa, tan
vulnerable, tan testaruda! La noche es espectacular, déjame
q u e te la describa. Una resplandeciente luna llena está
surgiendo desde el este hacia un cielo limpio y sin nubes.
Las luces de neón de la ciudad brillan por todas partes
donde mires. Estamos en la azotea del hotel, y somos sus
únicos ocupantes, así que no tienes que preocuparte por
que alguien nos reconozca. La mesa ha sido dispuesta de
forma sencilla pero sofisticada, como tú. He encargado tus
platos favoritos, tu vino favorito, tu música favorita. Por fin
podemos compartir estas cosas sin reparar en gastos.
________(sobren) , llevo mucho tiempo esperando este momento
contigo, pero todavía resulta más perfecto en la realidad.
Te tengo toda para mí. Que estés ahí sentada, tan quieta,
atada y ciega, siendo tan valiente, me está derritiendo el
corazón. Me gustaría soltarte las muñecas, pero verte así
sentada delante de mí me está excitando de tal forma que,
egoístamente, no puedo evitar saborear un poco más el
momento.
Sus palabras me dejan sin habla y mi cuerpo reacciona
como si fuera una caricia. Escucho la música flotando
alrededor de mis oídos.
—¿Me concedes este baile?
Debe de ser una pregunta retórica puesto que me ha
puesto en pie. Libera mis muñecas de detrás de la espalda y
las vuelve a colocar, ahora alrededor de su cuello. Parece
como si estuviéramos bailando despreocupadamente.
¿Acaso piensa que voy a salir corriendo de una altísima
azotea estando ciega? La idea atraviesa fugazmente mi
mente... Mi cerebro por fin reconoce la melodía que ha
estado sonando desde que llegamos. Sus caderas empiezan
a moverse y trato de seguirle torpemente, no me queda más
remedio. Me sostiene pegada a su cuerpo hasta que
logramos una cierta sincronía. Entonces posa mi cabeza en
su hombro y puedo sentir el suave tejido de su camisa y,
por debajo de este, el calor de su pecho. Me siento
intrigada por que haya elegido esta canción en concreto.
Incapaz de resistir el ritmo de su cuerpo, inhalo. Exhalo. La
sugestiva letra flota sobre la música que sabe que tanto me
gusta.
El saxo, la guitarra, la batería y la percusión alejan la
ansiedad que me había estado oprimiendo hasta ahora, y me
dejo llevar sin esfuerzo en sus brazos mientras me conduce
decidido por la pista de baile. Nick disuelve cuidadosa y
hábilmente mi tensión hasta que, literalmente, estoy
derritiéndome en sus brazos. Su roce es exquisito, ni
excesivo, ni escaso. La química sexual que se desprende de
nuestros cuerpos es, una vez más, imposible de ignorar.
Bailamos, comemos, bebemos, hablamos, nos besamos,
nos reímos.
Estoy ciega pero he dejado de estar atada.
Me permito arrinconar cualquier miedo que
experimentara anteriormente en un rincón distante y
recóndito de mi mente. Tal vez esta noche signifique tanto
para él como para mí, tal vez trate de nosotros dos, no lo
sé. Siento que por fin la balanza se inclina a mi favor y me
atrevo a confesar que estoy aquí más por propia voluntad
que por la fuerza. Tras darme a probar el postre, una
extravagancia de sabores de suave y sedoso chocolate, con
un leve toque de algo —tal vez naranja u otro cítrico— en
crujiente masa de mantequilla, acompañado por un vino
dulzón que me deja la lengua espesa, tengo la sensación de
estar flotando en el aire.
—________(tn) , ¿podrías cantar para mí mientras aún tenemos la
banda para nosotros?
Sonrío ante su petición.
—Hace años que no canto nada.
—Por favor, solo estamos nosotros. Cualquier canción
que elijas. He hecho traer una guitarra para ti.
A Nick le encantaba escucharnos a mi amiga Amy y a
mí tocar juntas las tardes lluviosas de domingo. Al
principio me daba mucha vergüenza, pero terminamos por
acostumbrarnos a su presencia en esas ocasiones. A pesar
de la gran cantidad de alcohol que he consumido desde mi
llegada, resulta sorprendente que solo esté un poco
achispada, pero en absoluto ebria. Tal vez hayan
transcurrido más horas de las que he sido consciente o
puede que la intensa emoción y nerviosa energía que
recorre mi cuerpo haya quemado todo el alcohol. La idea
de hacer algo que no he hecho en años me parece,
súbitamente, de lo más atractiva.
—¿Por qué no? Pero solo una canción.
Parece sorprendido y excitado por que haya accedido
tan rápidamente. Quiero mantener su humor tal y como está
antes que volver al anterior antagonismo. Pienso en la letra
de las canciones que acabamos de bailar y me pregunto en
qué consiste realmente nuestra relación, ¿qué significa para
él? Me viene a la memoria una canción que solíamos cantar
y que a él le gustaba acompañar con una improvisada
percusión con tapas de cacerolas. Trata de unos íntimos
amigos y siempre fue muy especial para nosotros. Nick
me acerca la guitarra y le pido que me lleve con la banda.
—Te esperaré en la mesa. ¡Diviértete! —Me alienta y
me besa en la mejilla. Me lleva un buen rato hacerme con la
guitarra y encontrar la afinación correcta. Las yemas de
mis dedos se han ablandado después de tantos años sin
tocar; puedo sentir la dura aspereza de las cuerdas contra
ellas mientras me acostumbro a la sensación y deslizo mi
mano por el mástil de la guitarra. Dado que no puedo ver,
tengo que confiar en el tacto, pero gracias a Dios conozco
la letra y los acordes de memoria. Comienzo...
Una lágrima resbala por mi ojo izquierdo cuando acabo
la canción y recibo el sonoro aplauso de la banda. Es una
sensación increíble volver a cantar, a tocar y hacer algo que
había creído olvidado. ¡Me encanta! Me siento eufórica.
Doy gracias a ciegas a la banda por la oportunidad, mientras
me ayudan a dejar la guitarra. No puedo evitar pensar que
nunca me habría atrevido a hacerlo de haber podido ver...
Cuando me levanto, Nick llega precipitadamente para
darme un afectuoso abrazo.
—Ha sido fantástico. ¡Eres increíble! —Hace una pausa
—. ¿Es emoción lo que detecto en tus mejillas, doctora
__________(ta)?
—Creo que he vuelto a encontrar mi voz. —Me
pregunto por qué habré utilizado esas palabras.
Nuevas lágrimas de emoción se abren paso desde mi
ojo a mi mejilla. No puedo entender por qué me siento así,
pero de alguna forma cantar y tocar ha debido de activar
algún resorte en mí, uno que ha estado inaccesible durante
muchos años. Recuerdo haber leído en alguna parte que era
importante comprender de dónde venían tus lágrimas, pues
tienen una conexión directa con tu corazón.
¿Qué me está haciendo? Otra nueva capa levantada.
Nick inclina sus labios sobre los míos y, antes de que
pueda decir nada, me besa tan exquisita y delicadamente
que el efecto resulta celestial, la sensación y su recuerdo
grabados para siempre en mi psique.
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Enero 17th 2014, 09:37

owww
q tierno
siguela
sta hermosa
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Febrero 8th 2014, 19:12

Capitulo 15
Nuestra velada en la azotea llega a su fin cuando escucho a
los componentes de la banda recoger sus instrumentos y
despedirse. Me siento como si hubiera estado subida en
una montaña rusa desde el momento en que llegué al
vestíbulo del hotel. Nunca había experimentado semejante
cúmulo de emociones tan intensas en tan corto espacio de
tiempo. Me sumerjo en la cálida sensación que me provoca
la suave brisa, y me relajo en los brazos de Nick. Para
ser sincera, estoy agotada de luchar contra él y, a la vez,
entusiasmada por estar tan cerca de él. Quizá debería
dejarme llevar, como me pide. ¿Qué sería lo peor que
podría pasar? Nunca ha puesto nuestra reputación
profesional en juego, significa demasiado para él. Y, por
otro lado, quiero estar con Nick. Madre, mujer, esposa,
académica, todas esas partes de mí quieren estar con
Nick, siempre lo han querido —si debo ser totalmente
franca conmigo misma—, y sin duda mi cuerpo no necesita
ningún tipo de justificación. Deseo desesperadamente
prolongar la perfección de este momento que estamos
compartiendo.
Me siento mucho más calmada. La atmósfera con la
música, la canción, el baile, la cena, los besos y puede que
incluso la oscuridad —aunque nunca me atreveré a
admitirlo— es totalmente embriagadora, como si flotara en
el aire. Una cálida y luminosa energía interior me inunda,
un destello de mi esencia que no creo haber experimentado
nunca y que me resulta bastante antinatural, aunque acojo
encantada su presencia.
—¿En qué estás pensando ahora? —pregunta Nick
mientras juega con mis manos y posa ligeramente su pulgar
en mi labio inferior. Intuyo que está de un humor juguetón.
Le contesto directamente.
—Estoy pensando que te deseo, ahora mismo.
—¿En serio? —Se ríe—. ¿Y acaso crees que puedes
tenerme?
—Mmm, sí, creo que sí, ahora que he recuperado mis
manos.
Encuentro su cinturón y lo desabrocho; bajo
rápidamente la cremallera y deslizo los pantalones por sus
firmes y redondas nalgas.
—¿Necesitas alguna ayuda?
—Tal vez no pueda ver, Nick, pero sé lo que estoy
buscando.
Siento su sonrisa cuando toco la considerable
protuberancia que se yergue bajo sus calzoncillos. Juego un
poco antes de retirar el obstáculo que la aprisiona. Mis
palmas acarician anhelantes la carne de su pene, mis dedos
arden, ansiosos por masajear sus testículos. Él suelta un
gemido cuando lo toco.
—Después de todos estos años, ¿aún te gusta de esta
forma? —pregunto.
—Algunas cosas nunca cambian.
Me pongo de rodillas, y continúo acariciando sus
testículos mientras afirmo mi mano sobre la base de su
pene y con suavidad empiezo a pasar mi lengua a un lado y a
otro de la punta, provocando una marea de fluidos salados
que asoma por el borde. Entonces me detengo. Hasta ese
momento sus manos han estado acariciando mi pelo; ahora
me sujeta firmemente la cabeza: ¿para equilibrarse? ¿Por
necesidad? Me estabilizo con mis palmas agarrando su
terso y musculoso traser o y continúo pellizcando,
adentrándome cada vez más profundamente con mi boca,
caricia a caricia. Mi lengua pierde su concentración,
hambrienta por poseerlo. Mi boca lo rodea por completo y
cuando su punta toca el fondo de mi garganta lo recibo
calurosamente. Su suave y erecto miembro colma mi boca
a medida que la hundo cada vez más profundamente.
Me encanta hacerle esto y no puedo negar la ardiente
chispa que consigue encender entre mis muslos mientras
continúo chupando, ahora de forma más prolongada,
profunda y fuerte. Nick gime sonoramente y sé que está
cerca, casi a punto. Me retiro un poco, jugando, gozando de
su manifiesta necesidad de mí, antes de introducir su pene
hasta el fondo de la garganta y apretar mis labios alrededor
de su base. Lo siento palpitar hasta que prácticamente
estalla en mi boca. En el último segundo, me aparto, sin
dejar de agarrar sus testículos. Se convulsiona al llegar al
clímax, el líquido aterrizando en alguna parte de mi
hombro. Permanezco arrodillada hasta que se recupera y
vuelve a la realidad. Beso suavemente la punta antes de
levantarme, lamiendo los restos. Su respiración es pesada y
entrecortada.
—¿Por qué siempre te apartas en el último minuto? Me
gustaría que te lo tragaras.
—Ya sabes que no me gusta.
—¿Lo has intentado alguna vez?
—No exactamente, y no tengo intención de hacerlo.
—Así que no soy yo.
—No, no eres solo tú, Nick. Sencillamente no es
algo que haga.
—Pero resulta tan increíble cuando haces todo lo
demás... Sería una maravilla si te lo tragaras. —Ah, aquí hay
una oportunidad; me pregunto si está dispuesto a negociar.
—¿Me devolverás la visión si me lo trago? —bromeo.
—Ah, por tentador que pueda ser..., bueno, digamos que
me gustas ciega.
—En fin, veo que hemos llegado a un impasse —
concluyo.
Me besa en la boca larga y profundamente mientras sus
manos se deslizan bajo mi vestido, encontrando y
acariciando mis labios inferiores. Sus dedos comienzan a
explorar, a probar. Suelto un suspiro, asegurándome de que
mis manos rodean su cuello y tratando de resistirme a la
tentación de unirme a él.
Sus dedos continúan obrando su magia y mis piernas se
aflojan perdiendo la estabilidad sobre el suelo de la azotea.
—Algún día me tomarás total y absolutamente de esa
forma —declara con seguridad.
—Eso habrá que verlo —replico mientras gimo e
intento mantenerme de pie.
—Desde luego que lo veremos. —Se ríe retirando los
dedos de su misión y, una vez más, me coge en brazos y me
lleva de vuelta a la habitación.
Casi sin que me dé cuenta me quita el vestido. Sus
dedos retoman su conquista con mayor intensidad que
cuando estábamos en la azotea. La habilidad y precisión de
Nick es aún más certera de lo que recordaba. Cada gramo
de concentración abandona mi mente y mis gemidos
resuenan en el silencio del dormitorio. Agotada
mentalmente de tanto intentar comprender la realidad de lo
ocurrido durante las últimas horas, mi cuerpo abraza
avaricioso la experiencia física que se le ofrece.
Finalmente, me quedo dormida, cálidamente acurrucada
entre los brazos de Nick. Y caigo en un sueño profundo,
sereno y extrañamente gratificante.
* * *
De pronto una extraña sensación asalta mis pies. Trato de
apartarla, de expulsarla, pero es como una comezón de la
que no puedo desembarazarme. ¿Qué será? ¿Alguien?
¿Algo? Me doy la vuelta tratando de ignorar lo que quiera
que sea, pero el persistente cosquilleo de mis pies continúa
implacable.
Maldita sea, aún sigue ahí... ¿Será un dedo?
No, demasiado duro.
¿Un cepillo? No.
¿Una pluma quizá? Posiblemente.
Los absurdos pensamientos me sacan de mi sopor. Aún
es de noche, de modo que no hace falta despertarse. Doy
una patada para espantarlo. ¡Ah, funciona! Vuelvo a
sumirme en la gloriosa suavidad de la cama, las sábanas
frescas y la almohada de plumas. Nada que ver con las de
mi casa. La idea me hace plantearme dónde estoy. No, me
digo, cuando unos extraños recuerdos afloran a mi mente.
Debe de haber sido un sueño realmente extraño... Extiendo
la mano, no sabiendo si descubriré una presencia a mi lado,
en la cama. Nada. Nadie. Desconozco cuánto tiempo llevo
durmiendo cuando, de pronto, caigo en la cuenta de dónde
estoy y con quién.
La realidad me golpea bruscamente. Trato de abrir los
ojos, olvidando momentáneamente mi actual situación, y
titubeo antes de tocar el antifaz, el recuerdo de cuando hice
lo mismo la noche pasada y las repercusiones que
siguieron me impiden intentarlo. No se trataba de un sueño
y por lo que puedo apreciar, al menos para mí, el mundo
seguirá estando oscuro tanto de noche como de día.
El persistente picor de mis pies regresa, abriéndose
paso hasta mis tobillos a lo largo de la pierna y subiendo en
dirección a la rodilla. Una zona muy sensible para mí, que
nunca he podido soportar las cosquillas en las corvas. Me
incorporo, con los sentidos en alerta.
—Hola de nuevo. —Es la voz de Nick.
Definitivamente no es un sueño.
Me río nerviosa.
—Hola. ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?
—¡Acabas de despertar y ya estás haciendo preguntas!
Pórtate como una buena chica, ________(tn) . Sin preguntas. Por
favor, échate y quédate quieta.
Obedezco. No quiero discutir. Siento cómo aparta la
sábana de la cama, mientras permanezco tumbada, expuesta,
desnuda. Las plumas continúan su travesía, haciendo que
me retuerza cuando prosiguen su paseo por encima de mi
ombligo hasta mis pezones. No necesito verlos para saber
cómo responden instantáneamente al cosquilleo.
—Mi cuerpo me traiciona tan fácilmente... —susurro
casi para mí misma.
—Siempre ha sido así; ¿cuándo empezarás a
escucharlo?
Me quedo pensativa.
—Por favor, levanta los brazos sobre tu cabeza y
déjalos ahí.
Hago como me pide, sus instrucciones directas resultan
por alguna razón más fáciles de seguir, mientras mi mente
divaga por otros derroteros. Las plumas rozan mis brazos,
mi rostro, mi cuello. Estar cegada, desnuda, con las plumas
acariciándome el cuerpo suave y minuciosamente, sin
poder anticipar dónde van a aterrizar, no se parece a nada
que haya experimentado con anterioridad. Su ligereza
recuerda a una bandada de mariposas aleteando en una suave
brisa, apenas rozando mi piel. La agradable sensación que
proporciona su contacto desata escalofríos en mi cuerpo y
me pone la piel de gallina.
—Por favor, separa las piernas —ordena educadamente
Nick. No sé si se debe a los muchos años que he
mantenido una conducta sexual defensiva o protectora,
pero el caso es que en cuanto escucho esas palabras, mis
piernas inmediatamente se cierran y bajo las manos para
cubrirme el pubis—. Interesante... —murmura Nick. Las
plumas suspenden su cruzada y no me dice nada más. Puedo
sentir cómo aguarda mi próxima reacción. Mis brazos
regresan lentamente a su posición original sobre la cabeza.
El silencio continúa. Mi vulva palpita con tanta
expectación que me da miedo separar las piernas y que su
latido sea tan evidente para él como yo lo siento. Como si
no fuera así, me reprimo a mí misma.
—Te lo pediré solo una vez: por favor, abre las piernas.
Suspiro, avergonzada pero enormemente excitada.
Lentamente separo los muslos.
—Más, por favor. —Su voz es inflexible. Dios, por qué
siempre tiene que hacérmelo todo más difícil. Doblo las
rodillas mientras me abro aún más para él, las punzadas
dentro de mí incrementándose en anticipación. Trato de
permanecer quieta cuando el cosquilleo comienza de
nuevo, pero es inútil. Empiezo a moverme y retorcerme,
intentando predecir cuál será la siguiente parte de mi
cuerpo que rozará. Una tarea imposible, aunque consigo
mantener mi posición lo mejor que puedo. El cosquilleo es
insistente, guasón y a la vez muy leve, casi una caricia,
aunque no del todo. Mi cuerpo ansía más, ansía el contacto
de Nick. En todo este tiempo su piel nunca ha tocado mi
cuerpo, ni una sola vez. Literalmente lo ansío. Jadeo con la
respiración entrecortada. ¿Cuánto tiempo más podré
continuar con esto? Ya no puedo soportarlo. Necesito más
presión, más algo, cualquier cosa. No puede evitar bajar
mis manos a mis senos cuando mi espalda se arquea por la
persistente sensación. Estoy hambrienta por tenerlo dentro
de mí, desesperada por su contacto físico. Su paciencia
está más allá de lo que mi cuerpo puede soportar y lo sabe.
Siempre le gustó poner a prueba mis límites, empujando
mis barreras más allá de lo que nunca creí posible.
—Nick. —Pronuncio su nombre mientras tiendo mis
brazos en su busca.
—Paciencia, cariño, paciencia. Hasta que permanezcas
totalmente inmóvil y hagas exactamente lo que te pido,
esto seguirá y no podrás liberarte. Cuanto más disciplinada
seas, mayor será la recompensa.
—Oh, Dios —gimo, sabiendo demasiado bien que lo
dice totalmente en serio. Su habilidad para pellizcarme,
hacerme cosquillas y atormentar cada centímetro de mi
cuerpo ha sido ensayada y probada en demasiadas
ocasiones a lo largo de nuestra historia. Suspiro totalmente
frustrada. Estoy demasiado excitada para decir no y sabe
demasiado bien que solo ansío liberarme. Reúno todo mi
zen interior para permanecer inmóvil, en la posición que él
desea, y me someto al implacable tormento sin mayor
protesta ni queja. Trato de contar hacia atrás desde cien y
pierdo la cuenta al llegar rápidamente a ochenta y nueve,
incapaz de concentrar mi mente.
Me estremezco.
Se para.
Me quedo quieta.
Empieza otra vez su asedio, casi marcial, con la pluma.
Desesperada por recibir sus caricias, trato de mantener la
posición para él.
Es implacable, disciplinado y paciente.
Yo no.
Cuando estoy saturada de frustración y deseo, su cuerpo
se abalanza rápidamente sobre mí, hundiendo su palpitante
miembro en mi vagina tan profundamente que no puedo
contener el grito que escapa de mis pulmones. Mis piernas
están totalmente abiertas cuando penetra en lo más hondo,
sin apenas gastar fuerza mientras sujeta mis brazos por
encima de mi cabeza. Embiste una y otra vez, duro y veloz,
exactamente lo que necesito. Mi espalda se arquea ante su
fuerza y echo la cabeza hacia atrás. Siento que sin ese
horrible dolor sería incapaz de respirar. Mi lubricada vagina
absorbe hambrienta sus acometidas mientras él estalla
dentro de mí.
Al parecer su paciencia ha llegado ya al límite. ¡Gracias
a Dios!
Se desploma sobre mí, su peso aplastándome contra el
colchón. Nos quedamos mudos, ambos jadeando para tratar
de absorber más oxígeno. El hormigueo en la parte inferior
de mi cuerpo regresa, fuertemente arraigado a la base de mi
vientre. Una sensación que empezó a partir de la escena del
baño y que no tengo ninguna duda de que permanecerá
durante algún tiempo. Él se acurruca contra mi cuello.
—Ha sido increíble. Nunca me había despertado así en
mi vida.
—Lo mismo digo —asiente, besando y casi
mordisqueando mi cuello.
—Por favor, no me hagas esperar tanto la próxima vez.
Me he sentido al borde del abismo.
Continúa devorando ansiosamente mi cuello con los
labios y la lengua antes de contestar directamente.
—Ciertamente no tengo la intención de prometerte
nada de eso, cariño.
Suelto un leve gemido.
—Debes de estar hambrienta. ¡Venga, a comer!
Puedo afirmar con total sinceridad que mi cuerpo nunca
se ha sentido así de vivo. No recuerdo estar tan excitada
sexualmente desde que tenía veinte años, pero esto es
mucho más intenso de lo que sentí entonces. Cómo es
posible que esa llama dentro de nosotros aún siga viva, es
algo que no entiendo. Mis labios superiores quieren
sonreír, mientras los inferiores parecen ronronear de
ansiedad y anticipación. Puedo notar la tensión sexual
latiendo por mis venas, en mi sangre. Es una sensación de
lo más extraña, saciada y, sin embargo, hambrienta de más.
¿Qué me está pasando? ¿Será la falta del estímulo visual lo
que me está permitiendo tener muchas más sensaciones de
lo normal, o es producto de la montaña rusa emocional que
Nick ha ido construyendo minuciosamente desde mi
llegada? Es como si estuviera despertando anhelos sexuales
que hubieran estado latentes dentro de mí durante años,
esperando a ser encendidos. Solo puedo concluir que debe
de ser la combinación de todo ello, ya que ahora mismo mi
habilidad para analizar las cosas en profundidad parece
estar, sin ninguna duda, difunta. No puedo evitar rumiar para
mis adentros sobre la ironía que supone que todos mis
intentos por conectar con mi mente analítica con fines
investigadores estén siendo invariablemente aniquilados
por una oleada tras otra de sensaciones desatadas por
Nick.
Llama al servicio de habitaciones y pide todo cuanto se
le ocurre del menú. Charlamos, reímos, nos acariciamos, y
apenas si extraño tener los ojos tapados. Su voz es tan
tranquilizadora y familiar que hace que me sienta muy
cómoda. Cuando finalmente la comida llega, nos lanzamos
a por ella. Estoy hambrienta.
—¿Aún tienes hambre? —me pregunta mientras pone
otra fresa en mi boca.
—Sinceramente nunca me cansaría de ellas, son
adictivas. No sé qué tienen las fresas frescas y los hoteles
de cinco estrellas que parece como si estuvieran hechos
los unos para las otras intencionadamente, de un modo
perfecto...
—Bueno, ya solo queda una. Toma, aquí tienes. —La
coloca en mi boca y súbitamente la retira—. Pensándolo
bien, tú ya has tenido tu cupo. Esta me la voy a quedar para
mí.
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Febrero 8th 2014, 19:19

Capitulo 16
Me desata el albornoz y siento que la fresa me recorre
los pezones, paseando por encima de mi ombligo antes de
tocar mi abertura. Siento la jugosa fruta provocando mi
vulva.—
Creo que esta última quiere jugar al escondite.
Suelto un gemido cuando su lengua comienza la busca.
Cuarta parte
La vida no se mide por el número de veces
que respiramos, sino por los momentos
que nos dejan sin aliento.
ANÓNIMO
–Ahora vamos a vestirte. Nos espera un gran día.
—¿Un gran día? ¿Es que no vamos a quedarnos aquí
retozando todo el día? —No me imagino desprendiéndome
de mi albornoz durante unas cuantas horas, así que no le
tomo en serio.
—¡Ya estás con otra pregunta! —exclama.
No empecemos otra vez con el tema de las preguntas,
pienso. Su tono me inquieta. No entiendo de qué va. ¿Qué
es lo que quiere? ¿Una amante muda? Pues claro que tengo
preguntas, ¿qué mujer sobre la faz de la tierra no las tendría
incluso en circunstancias normales y, no digamos ya, en
una situación como esta? Ojalá se relajara y no se
obsesionara tanto con todo ese asunto.
Pero en vez de decirle todas esas cosas en voz alta, me
felicito para mis adentros por la lección de ayer noche, o
lo que fuera, y pruebo otra estrategia.
—Y bien, ¿entonces qué voy a ponerme? —pregunto
tontamente con voz demasiado chillona.
—Realmente no sabes parar, ¿verdad?
—¿Parar qué?
—¡De hacer preguntas! —Suena completamente
exasperado.
—No lo he hecho —replico indignada—. ¿O sí? —
Entonces repaso mis últimas palabras—. Supongo que soy
un poco lenta de entendederas.
Trato de minimizar mi error y extiendo una mano para
localizarlo y darle un rápido abrazo de perdón, pero el
espacio a mi alrededor está completamente vacío.
—Ya aprenderás, ________(tn) —oigo desde alguna parte de la
habitación—. Aunque no estoy seguro de que vayas a
apreciar la lección.
—¿Qué es lo que...?
Escucho las palabras salir de mi boca antes de que
pueda impedirlo y me detengo de golpe. No entiendo su
crítico comentario pero, por si acaso, no pienso hacer
ninguna otra pregunta.
—Muy bien, vamos a vestirnos —digo con el tono más
alegre y despreocupado que puedo.
—Eso está mejor —replica suavemente y me besa en
los labios, de nuevo contento. Mejor que mejor.
Sin embargo... No puedo evitar pensar que estoy siendo
entrenada para algo, como un buen cachorro.
—Las chicas llegarán en cualquier momento para
ayudarte a vestir.
Justo cuando pronuncia las inesperadas palabras suena
una llamada en la puerta que me sobresalta aún más.
—Chicas, ¿qué chicas? —digo con voz anormalmente
aguda—. Lo siento, lo siento —añado automáticamente
antes de que empiece con la cantinela de «otra pregunta».
Una vez más me noto totalmente crispada.
—Tú solamente relájate. Voy a abrir.
No tengo mucho donde elegir. Escucho unas voces
femeninas presentándose a Nick en la puerta, alguien
llamado Cindy... o Candy... ¡No puede ser verdad!
—Hola, me alegro de que hayáis podido venir. Pasad,
está ahí dentro.
La cabeza me da vueltas cuando trato de encontrar el
borde de la cama y, accidentalmente, caigo rodando hasta el
suelo. Nick aparece corriendo y me pregunta si estoy
bien. Me siento como una completa idiota. Estoy tan
avergonzada que desearía hacerme un ovillo y que el suelo
me tragara. ¿Cómo se atreve? El corazón me late tan
deprisa que ya no sé qué pensar, hacer o decir. Él siempre
ha tenido esta fantasía sobre dos chicas... ¡No pretenderá,
no lo hará! Entonces me ayuda a levantarme.
—¿Seguro que estás bien? Te has puesto pálida.
Lo que estoy es negra, totalmente furiosa, así que no
puedo imaginar cómo será mi aspecto. No consigo
encontrar las palabras.
—Las chicas han venido a ayudarte a vestir para nuestra
gran aventura —exclama con una voz que deja entrever su
excitación.
—No quiero ni necesito más aventuras, Nick. Ya he
tenido suficientes para toda una vida —contesto con un
áspero susurro porque no sé a qué distancia de nosotros
están las chicas.
Me ayuda a ponerme en pie y me lleva hasta el cuarto de
baño. Ay, Dios mío, ¿estará chiflado?
—No te preocupes, no es lo que piensas. Han venido
para ayudar, te lo prometo.
Se suelta de mis manos y me acerca a ellas. Me echo a
temblar. Deja cada una de mis manos sobre las de ellas.
Intento retenerlo pero no consigo encontrarlo.
—No, por favor, no me dejes. No necesito su ayuda. Me
las arreglaré sola. ¿Nick?
Escucho cómo se cierra la puerta del baño y me quedo
sola, invadida por el pánico, con dos mujeres extrañas con
nombres de prostitutas de lujo, que para mí no tienen
rostro, aunque yo sí lo tenga para ellas. Siento unos dedos
de largas uñas despojarme suavemente del albornoz.
Instintivamente me aferro a él, apretando fuertemente el
cordón a la cintura. Las uñas insisten al tiempo que otras
manos deshacen el nudo del cinturón. Trato de distraer a las
manos con mi charla.
—De verdad que estoy bien, puedo arreglármelas. Estoy
bien, en serio.
Ellas continúan con su labor. Me quedo atónita cuando
retiran mi antifaz. Ahora estoy totalmente desnuda. Me
sientan en el retrete. Me cubro con los brazos. La ducha
está abierta y me guían hasta ella. El agua se desliza por mi
piel de gallina. Me lavan el pelo, aplicándome suavizante y
masajeándome el cuero cabelludo tan delicada y
cuidadosamente que noto cómo me voy relajando más
rápido de lo que pudiera imaginar. Las uñas se convierten
en aliadas cuando un toque experto me enjabona la piel de
arriba abajo. ¿Qué harías si cuatro manos estuvieran
trabajando hábilmente sobre tu cuerpo? ¿Lo impedirías o
dejarías que completaran su trabajo? Me rindo a esta última
opción.
Los productos que utilizan huelen maravillosamente, y
siento su riqueza y suntuosidad sobre mi piel dejándome un
tacto de terciopelo antes de ser aclarados con el agua
humeante que cae sobre mí. No cruzamos palabra mientras
me sacan de la ducha y unas gruesas y mullidas toallas
secan cada centímetro de mi cuerpo. A continuación, unas
manos suaves y sedosas, impregnadas de crema hidratante,
se deslizan por mis piernas, brazos y torso. Me levantan un
pie y luego el otro, masajeando entre los huecos de mis
dedos y desatando resonancias en otras partes más ocultas
de mi cuerpo. Vaya, no tenía ni idea de que un masaje en
los dedos pudiera causar ese efecto. Cuando terminan la
tarea, me visten con cuidado y dejo escapar un suspiro de
alivio al ver que no van más allá. Me siento tan suave, tan
apetecible, tan colmada y tan perfumada que parece como
si me hubieran sumergido en un exótico frasco de perfume
Coco de Chanel. Si estuviera sola me abrazaría. Me secan
el pelo con secador y lo recogen en una trenza francesa.
Trato de abrir los ojos pero mis párpados siguen tan
pesados que me duele hasta intentarlo, así que mi oscura
neblina continúa, con o sin antifaz, a la espera de lo
desconocido.
Cuando me conducen fuera del baño hasta el vestidor
creo escuchar un sonido apagado y susurrante. Entonces
me enfundan en un traje de cuero de una pieza, con
cremalleras y hebillas que cierran y abrochan diestramente,
combinado con unas botas altas hasta la rodilla, y guantes
que se ajustan a mis manos a la perfección. ¡Sorpresa,
sorpresa! Cada centímetro de mi cuerpo envuelto en el
aroma y la sensación del cuero. Unas grandes gafas de sol
completan el atuendo, haciéndome perder cualquier
sensación de luz cuando las colocan en mis ojos. El viejo
Nick no ha dejado nada al azar.
En el fondo agradezco no poder ver lo ridícula que debo
de estar. No tengo ni idea de para qué me han vestido así, a
menos que Nick quiera hacer realidad alguna fantasía
sadomaso en cuero, de la que no soy consciente. Cuando
me muevo, puedo oír el tintineo de las numerosas
cremalleras y corchetes que sirven para amoldar
perfectamente el traje, ciñéndolo a mi cuerpo. Supongo
que mi aspecto será muy punki, toda de cuero negro,
aunque no estoy segura. Ahora que lo pienso, creo que soy
capaz de freír a Nick como sea de otro color; ¡y no
quiero ni imaginar lo que sería si tuviera un horrible tono
rosa fuerte! Aunque de cuello para abajo me siento
imponente y elástica, de barbilla para arriba soy totalmente
vulnerable. No tengo ni idea de qué estoy haciendo con
este grueso atuendo y ciertamente no me había planteado la
perspectiva de salir del hotel. Pero supongo que dado que
no estoy acertando con ninguna de mis previsiones, no
debería extrañarme demasiado.
—Guau, tienes un aspecto muy fiero, ________(sobren) , como una
curtida motera. Si no te conociera estaría muerto de miedo.
—Y si yo no te conociera, Nick, para empezar no iría
así vestida —replico, con las manos firmemente plantadas
en las caderas.
—Discrepo totalmente —dice soltando una carcajada
—. Totalmente.
En el fondo me gusta la idea de parecer una dura motera
y me divierte jugar ese papel, aunque esté tan ciega como
un murciélago.
—Salgamos a montar en moto, nena. No hay un
momento que perder. —Posa su mano sobre una de mis
nalgas envueltas en cuero y me empuja fuera de la suite
hasta el ascensor. ¿No será todo esto una charada? En
cualquier caso, no puedo evitar que la situación me divierta,
así que le agarro a mi vez por el trasero y noto que también
viste de cuero.
—Bueno, bueno..., debemos de ser toda una aparición.
—Ni que lo digas —asiente mientras el ascensor baja.
* * *
A juzgar por el tiempo que hemos pasado en el ascensor,
imagino que debemos de estar en el vestíbulo o en el
aparcamiento subterráneo del hotel. Me pego temerosa a
él, sabiendo que nos adentramos en el «mundo real»,
mientras mis inseguridades vuelven a asaltarme sin perder
un instante. Me coge por los codos y me deja apoyada
contra una pared.
—No te muevas de aquí, cariño. Quédate donde estás y
yo te la traeré.
—¿La? —En menos de una fracción de segundo mi
inseguridad se torna en miedo. Me pego contra la pared
mientras me deja esperando. El rugido de un motor al
ponerse en marcha me hace dar un respingo de miedo, al
tiempo que el olor a gasolina inunda mis fosas nasales. El
sonido y el olor están tan cerca que casi podría palparlos,
cuando de pronto Nick me coge de la mano y tira de mí
hacia el infernal ruido.
—¿Has montado en moto alguna vez? —grita mientras
pasa mi pierna indecisa por encima de la estruendosa
bestia.
—Solo en una moto de trial durante una excursión a una
granja cuando era pequeña —respondo nerviosa.
—Bueno, pues agárrate fuerte, nena, porque ahora vas a
saber lo que es subirse a una de ellas.
Suena como un quinceañero que condujese su coche
por primera vez.
—¡Pero no puedo ver! —grito mientras me desliza un
casco por la cabeza y se asegura de que mis gafas están en
la posición adecuada.
—No necesitas ver, yo lo haré por ti —grita por encima
del ruido.
El motor parece volver a la vida por debajo de mí.
Nick entrelaza mis dedos alrededor de su cintura.
—Solo tienes que sujetarte fuerte.
—¿Tienes carné para conducir esta cosa? —grito en su
dirección.
—No hace falta que chilles. Puedo oírte perfectamente
ahora que llevas el casco puesto.
Escucho cómo su voz penetra en el interior de mi
casco, directamente en mi oído. Ignora mi pregunta. Ay, ay,
advierto que he vuelto a hacerlo, y rezo para que no se haya
dado cuenta.
—Sujétate, cariño, y trata de calmar tu respiración un
poco.
Está claro que puede escuchar mi ansiedad a través del
micrófono del casco.
—Es más fácil decirlo que hacerlo.
Cuando la bestia se lanza hacia delante, por poco no
salgo propulsada hacia atrás. No me queda más remedio
que agarrarme a él con todas mis fuerzas mientras viramos
bruscamente hacia la derecha. El paseo salvaje de este fin
de semana va a estar marcado por un ritmo a todo gas.
Da unos cuantos frenazos para después volver a rodar y
necesito un buen rato para adaptarme a las inesperadas
maniobras. Nick no habla, así que imagino que estará
concentrado en el tráfico de la ciudad, lo que al menos
resulta tranquilizador. Montada en la moto ya no me siento
tan llamativa con mi atuendo. Y además no tengo que llevar
puesto el antifaz. A medida que ganamos velocidad el paseo
comienza a hacerse más fluido y mucho más confortable
que los tirones anteriores, cuando tenía que agarrarme
como fuera en previsión del próximo movimiento.
—¿Cómo vas ahí atrás?
Cuando noto que Nick se reacomoda en el asiento,
me doy cuenta de que le estoy apretando con tanta fuerza
que debe de costarle respirar.
—¿__ __(iniciales)?
Mi abrazo es tan fuerte que no me atrevo a aflojarlo no
sea que me caiga. Mis piernas me anclan a la moto mientras
los brazos rodean su cintura. La parte superior de mi
cuerpo está tan pegada contra su espalda que apenas hay un
milímetro de separación entre nosotros. Justo cuando me
decido a aflojar mis brazos y hacerle saber que estoy bien,
la moto vira rápidamente hacia la derecha y de vuelta a la
izquierda. Genial, ahora está adelantando a alguien.
—________(sobren) , ¿puedes oírme? —Su voz resuena de nuevo en
mi casco.
—Sí, sí. Te escucho. Solo estoy concentrada en, bueno,
seguir sujetándome —tartamudeo mientras aceleramos aún
más. «Mantenerme con vida» habría sido la expresión
apropiada, musito para mí.
—¿Tienes miedo? —Su pregunta se filtra a través del
espacio de mi cabeza.
—¿Tú qué crees? No sabía que supieras conducir
motos.
—Llevo años haciéndolo. Es genial poder sacarte por
fin a dar una vuelta.
—No sé qué decir, yo casi preferiría experimentar el
paseo pudiendo ver. —Y, sin poder evitarlo, digo—: Por
favor, ten cuidado, Nick. Necesito salir de aquí con vida.
Estoy en tus manos.
—Desde luego que sí, ________(sobren) . Por fin empiezas a
entenderlo. Tú acomódate y disfruta del paseo; ya estamos
en la carretera.
—Y supongo que no querrás decirme de qué carretera
se trata, ¿verdad?
—Sabes que eso estropearía la diversión.
Y entonces mete el acelerador a fondo y deja que la
moto devore a toda velocidad la carretera, cortándome la
respiración.
¿Quién me iba a decir que estaría montando en una
ruidosa bestia como esta en semejantes condiciones de
oscuridad? Desde luego yo no, ni en un millón de años. Una
vez que consigo relajarme un poco, aunque no demasiado,
debo admitir que es una sensación increíble.
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Febrero 8th 2014, 19:21

Capitulo 17
Afortunadamente, la posición de Nick delante suaviza mi
exposición a la fuerza del viento, lo que me permite
apreciar la excitación y libertad que da la moto. ¡Ojalá los
niños pudieran verme ahora! No me reconocerían. Jordan
apenas podría creerlo, pero pensaría que soy la madre más
guay del mundo. Querría sacarme una foto para enseñársela
a sus amigos y a su profesora en su exposición oral del
colegio, aunque sin duda se sentiría mucho más
impresionado si fuera yo la que condujera. Elizabeth, en
cambio, probablemente estaría más preocupada por mi
seguridad y me preguntaría si había sentido miedo. No
puedo evitar pensar en por qué los roles masculinos y
femeninos son tan predecibles desde el nacimiento, cuando
se trata de considerar los riesgos. Nunca he sido capaz de
resolver ese dilema de naturaleza versus educación, aunque
desde luego da pie a interesantes debates. Me pregunto qué
tal les estará yendo ahí fuera, en el desierto, y confío en
que lo estén pasando bien.
No sé a dónde nos dirigimos o cuál es el propósito de
este paseo. Pero no tengo ninguna duda de que Nick lo
tiene todo planeado para nuestras cuarenta y ocho horas
juntos. Desde luego ha sido fiel a su palabra cuando dijo
que no pensaba malgastar ni un minuto de tiempo. Así que
me tranquilizo, me arrimo a su espalda y apoyo la cabeza
contra su hombro. El ritmo del motor entre mis piernas
proporciona una persistente y placentera vibración en mis
partes bajas. Mis otros sentidos están completamente
absortos y concentrados en la experiencia. Resulta
fantástica y, sinceramente, estoy disfrutando del paseo. Le
abrazo brevemente desde mi posición trasera.
—Nick, esto es realmente increíble. Nunca hubiera
soñado con hacer algo así y me encanta.
Su mano me da un suave golpecito en la mía como
confirmando mis palabras. Me quedo súbitamente
paralizada.
—Por favor, por favor, mantén las dos manos en el
manillar. No quiero alucinar más de lo que ya lo estoy
haciendo.
Se ríe mientras vuelve a colocar su mano en el manillar.
—Está bien, te haré caso.
—Gracias. No puedo evitar sonreír al igual que
tampoco puedo negar que estoy disfrutando del paseo. El
viento, la velocidad, el motor, la proximidad son...
impresionantes... Hasta mis tinieblas resultan excitantes de
una forma extraña y surrealista. Me permito sumirme en la
emoción del viaje, sin saber a dónde me llevará.
Finalmente, después de un buen rato, tal vez una hora o
más, nos detenemos. No estoy segura y tampoco pienso
preguntarlo. Nick me ayuda a bajar de la moto y me quita
el opresivo casco de la cabeza. Da gusto poder estirar las
piernas, que están un poco entumecidas después de haber
estado tanto tiempo en la misma posición. Soy plenamente
consciente de mi estado y me ajusto las gafas de sol,
nerviosa.
—No te preocupes, nadie nos está mirando.
Está claro que puede leer mi incomodidad.
—¿Estás seguro? —Las palabras afloran a mis labios
antes de que pueda impedirlo.
—Sí, estoy seguro. Porque puedo ver y tú no.
—Sí, en eso tienes razón.
Mi nariz olfatea ansiosa el aire cuando los gases de la
moto desaparecen. El ambiente es realmente fresco. El
olor, combinado con la suave brisa y el trino de los pájaros,
me trae entrañables recuerdos de mi infancia con mis
primos durante las vacaciones de verano.
Permanezco inmóvil hasta que alarga el brazo, me coge
la mano y empezamos a andar.
—No puedo creer que nunca me contaras que tenías el
carné de moto. —Trato de parecer indignada.
—Hay muchas cosas que no sabes sobre mí, ________(tn) .
Afortunadamente confío en que eso cambie durante los
próximos años.
¿Años? Me digo a mí misma que siempre que trato de
ser alegre y entablar conversación, él consigue introducir
un matiz subrepticio que me deja descolocada. Nos
detenemos y le oigo pedir dos cafés con leche desnatada,
sin azúcar, para llevar, por favor. Una vez más, ha decidido
sin consultarme, lo que resulta inadmisible. Déjalo estar...
Me relajo.
—Café, qué bien —digo, pensando que me ha dado una
pista sobre la hora, así que deben de ser las diez o las once
de la mañana del sábado. O puede que Nick haya pedido
los cafés para hacerme creer que es la hora del té
mañanero. Deja de pensar en la hora, me reprendo. No
puedes controlarlo, así que olvídate.
—Pensé que así te resultaría más fácil que sujetar una
taza con su correspondiente plato. Pero ten cuidado, está
caliente.
Me recuerda a mí cuando les digo a los niños que
tengan cuidado cada vez que saco algo caliente del
microondas. Me pone el vaso de cartón en las manos, me
lleva hacia una mesa al aire libre y me ayuda a tomar
asiento.
Levanto lentamente el vaso hasta mi boca, anticipando
feliz el aroma y el sabor, aunque ciertamente no necesito la
cafeína para despejarme ya que mis nervios están bien
despiertos. No me hace falta una ayuda extra para que la
adrenalina siga bombeando con fuerza por mis venas.
—Un café magnífico —comento, dando un largo y
cuidadoso sorbo.
Hasta ahora no había sido consciente de cómo una gran
parte de la conversación humana depende de preguntas o
indicadores visuales. La carencia de ambos hace que mi
charla suene entrecortada y superficial. Casi parece como
si nos encontráramos en una primera cita que no estuviera
yendo muy bien. La fluidez de mi conversación deja mucho
que desear, y me pregunto si Nick también está
experimentando con ese factor o me está dejando
deliberadamente en el limbo. Tal vez mi forma de
conversar se basa exclusivamente en hacer preguntas, lo
que, dada mi deformación profesional, supongo que tendría
sentido. ¿O es que a corto plazo me cuesta desarrollar otro
tipo de estrategias cuando estoy inmersa en circunstancias
imprevistas? Qué raro que nunca me haya dado cuenta hasta
este momento: aquí, sentada junto a Nick, tomando un
café toda vestida de cuero y privada de la vista.
Finalmente Nick rompe el silencio entre los dos y
me devuelve al presente.
—¿Un penique por tus pensamientos?
—Es curioso que lo preguntes. Estaba reflexionando
sobre la idea de cómo una gran parte de la conversación
entre los seres humanos está basada en preguntas, ya sean
directas o indirectas. Y en hasta qué punto soy capaz de
mantener una verdadera conversación sin necesidad de
formular preguntas.
Ahora que lo he dicho en voz alta, me horroriza la idea
de que sea cierto. Puede que solo sea un pensamiento, pero
cuanto más considero la teoría, más relevancia parece tener
para mí.
Cuando termino con mi especulación se produce un
largo e insoportable silencio.
—¿Nick?
¿Me habrá dejado? ¿Se habrá ido al baño?
—¿Sigues ahí? —pregunto. Mierda, estoy hablando sola
como una lunática y él ni siquiera está aquí. Vuelvo a
maldecir por mi ceguera.
—Sí, aún estoy aquí —responde tranquilamente,
cogiéndome la mano a través de la mesa—. Estoy muy
contento de que estés empezando a ser consciente de tus
hábitos. ¿Crees que es justo que tú hagas las preguntas y los
demás ni siquiera podamos saber nada de ti? ¿De lo que
piensas o lo que sientes? Estás tan atrapada por tu faceta
profesional que has permitido que invada el ámbito de tus
relaciones personales. Vives tan pendiente de averiguar
cómo son los demás que a veces creo que te olvidas de ti
misma. De quién eres. De lo que representas.
Uf, me quedo un tanto desconcertada, o mejor dicho,
absolutamente desconcertada.
—¿Realmente piensas que soy así?
—Sí, lo pienso. Siempre has tenido esa tendencia, pero
ahora se ha vuelto más acusada debido a tu profesión. Por
eso te está resultando tan difícil no hacer preguntas este fin
de semana y dejarte llevar, como sabía que pasaría.
Súbitamente me siento mucho más joven que Nick y,
al mismo tiempo, psicológicamente más pequeña. Atrapada
en alguna parte entre la relación padre/hijo y la de
médico/paciente. Este paradigma me resulta
excepcionalmente molesto. Soy incapaz de decir lo que
supone para él, aunque podría hacer una estimación
aproximada.
—Por cierto, ¿cómo te sientes al no poder contar con
e l estímulo visual? —Su curiosidad revela un tono
levemente analítico.
—¡Ni que no hubiera sido estimulada de otras formas...!
—contesto, intentando poner una nota de humor.
—No, en serio, ________(tn) , quiero que me lo expliques.
En vista de que acaba de acusarme de no ser abierta,
decido contestar sinceramente.
—Es muy, muy difícil, como estoy segura de que ya
sabes, doctor Jonas. De alguna forma es más duro de lo
que imaginaba... Hay momentos en los que siento ganas de
gritar de absoluta y total frustración; en cambio, otras
veces, cuando me pilla totalmente desprevenida, es,
bueno..., es... —Puedo sentir mis mejillas ardiendo.
—Continúa. —Me acaricia la mejilla, alentándome para
que siga hablando.
—Es tan extraño no poder anticipar..., bueno, cualquier
cosa en realidad. Sin acción, sin palabras, nunca sé por
dónde van a venir los recodos del camino, o si estamos
llegando a una parada definitiva. En cierto sentido, creo que
las conversaciones se parecen un poco a un paseo en moto,
figurativamente hablando, claro.
—¿Y las otras veces?
Advierto que me estoy revolviendo y retorciendo en el
asiento. Estoy acostumbrada a ser yo la que haga las
preguntas y no a contestarlas.
—Otras veces me descubro nerviosa y excitada ante la
idea de no saber lo que me espera, como cuando se trata de
un roce tuyo, una caricia o incluso un azote. —Me sonrojo,
recordando el cachete que me dio en el trasero, y que me
pilló totalmente por sorpresa, antes de la cena de ayer—.
No sé a dónde llevará todo esto, pero me siento realmente
tentada, bueno, ya sabes, a renunciar al control..., aunque
me resulta muy duro.
—Esperaba que reaccionaras así y, sin embargo, has ido
mucho más allá de mis expectativas. Si tan solo confiaras
un poco más en mí y me permitieras acceder a ti... Quiero
que te rindas a mí este fin de semana, como nunca en tu
vida. Quiero poner al descubierto a la verdadera ________(sobren) , a la
mujer que se ha estado escondiendo detrás de esa fachada
perfectamente controlada durante demasiado tiempo.
Ambos nos conocemos de arriba abajo, por dentro y por
fuera, mejor que nadie en este planeta. No tenemos nada
que perder y sí todo que ganar. Y francamente, además de
descubrir una cura para la depresión, lo que si Dios quiere
espero lograr en el próximo año o el siguiente, tú eres mi
única misión en la vida.
¿Cómo y cuándo me he convertido en su misión en la
vida? Sus palabras desatan el pánico en mí porque conozco
la clase de hombre que es y sé que no dice esas cosas a la
ligera jamás. Aunque no es agradable escuchar sus
comentarios en voz alta, de alguna forma percibo la verdad
en ellos, me guste o no. Nick siempre ha podido leer
fácilmente en mí, sentir lo que estoy sintiendo o deseando
mucho antes de que pudiera traducirlo a palabras. Una
cualidad que le ha permitido ir siempre un paso por delante
de mis procesos mentales. Al parecer este fin de semana
estamos jugando de la misma forma. Nunca hemos sido
capaces de dejarnos llevar completamente.
—Si eso es lo que crees, entonces ¿por qué siempre me
siento al borde del precipicio contigo? Me ha pasado desde
el principio y no puedo creer que aún me suceda después
de todos estos años. —Un matiz de frustración asoma a mi
voz cuando continúo—: Mírame ahora, completamente
dependiente de ti. Sabes lo mucho que valoro mi
independencia, lo duro que he trabajado por conseguirla, y
eso es exactamente lo que me has quitado. Y ahora me
pides que te deje acceder a mí, pero ¿acaso puedo llegar
más lejos? ¿Cuánto más necesitas? ¿Realmente se trata de
mí, Nick, o acaso se trata también de ti?
—Interesante punto de vista, doctora __________(ta), para el que
solo tengo una única y sincera respuesta. Ya sabes que
cuando estás conmigo siempre has de esperar lo
inesperado. Eso es lo que yo te doy, lo que no puede ser
controlado. Miedo, excitación, anticipación, placer, lo
desconocido, confianza, rendición, todo en uno. En alguna
parte de tu psique esa combinación ha demostrado ser un
cóctel excitante. ¿Que por qué lo hago? Porque sé, muy en
el fondo, que te gusta y, en última instancia, porque te
liberará de las restricciones y barreras que tan
minuciosamente has construido a tu alrededor. Piensa en
ello, ________(tn) . Piensa que si yo no estuviera en tu vida, lo que
de verdad perderías sería la liberación. Aunque te enfades o
te sientas frustrada por mi culpa, eso no durará mucho, así
que estoy dispuesto a asumir el riesgo a cambio de la
extraordinaria recompensa. —Hace un alto mientras sus
palabras me golpean como duros ladrillos—. Entre
nosotros existe una absoluta tensión sexual y,
honestamente, por mucho que hayamos tratado de ignorarla
durante años, no es posible extinguirla tan fácilmente.
—Uf, es demasiada información para que pueda
absorberla una mujer ciega.
El poder de sus palabras ha creado profundos senderos
que se ramifican en mi mente y me atraviesan el corazón
mientras trato de asimilar tantos pensamientos y
emociones a la vez.
¿Será verdad? ¿En serio me gusta lo desconocido? ¿Lo
inesperado?
¿Qué querrá decir con liberación? No deja de utilizar
esa palabra...
¿Acaso piensa sinceramente que estamos destinados a
vivir de esta forma?
Durante todo este fin de semana he sentido que puede
leer en mi interior como en un libro abierto: coherente,
sesudo y sagaz, a la velocidad que se le antoja.
—Y no temas, mi querida ________(sobren) , que la promesa sigue
en pie desde ayer por la noche y todavía estoy contando.
—¿Cómo dices? —pregunto, distraída por el súbito
cambio de tema, y aún absorta en la conversación anterior.
Repite su afirmación.
—Estoy seguro de que recuerdas perfectamente lo bien
que se me da la estadística. —Su tono está cargado de
insinuaciones.
—Sí, por supuesto, Nick, ¡cómo podría olvidarlo!
—M i respuesta está igualmente cargada. Lo recuerdo
demasiado bien. Solo de pensarlo doy un respingo en mi
asiento: son recuerdos inicialmente incómodos pero
absolutamente sorprendentes.
—Qué noche aquella. Una de mis victorias más dulces y
también uno de nuestros mayores descubrimientos sobre tu
increíble cuerpo... —La voz de Nick se desvanece
mientras nuestras mentes retroceden a ese momento de
nuestras vidas.
Durante los años de universidad, Nick y yo mantuvimos una
tensa rivalidad sobre quién era mejor en qué materias, y por eso
solíamos hacer apuestas entre nosotros. Habíamos escogido un
curso optativo de Métodos Cuantitativos, apostando que aquel de
los dos que sobresaliera en la clase podría elegir una cosa que el
otro debería cumplir sin rechistar durante una noche. Mi mente se
frotaba satisfecha las manos imaginando a Nick desnudo
limpiando mi apartamento, preparando la cena, dándome un
masaje y, básicamente, poniéndose a mi disposición. Sí, me digo,
es una idea excelente para una apuesta, especialmente cuando he
destacado en la clase durante todos nuestros trabajos. En ningún
momento se me pasó por la cabeza que podría perder; después de
todo, no era su área de especialización.
Cuando finalmente se anuncian las notas descubro que Nick
ha sacado medio punto más que yo al haber proporcionado una
explicación más completa a la última pregunta. Me dirijo
directamente al despacho del profesor Jarlsberg para repasar con
él mi examen, pregunta a pregunta. Para mi fastidio Nick me
acompaña, sin poder disimular una sonrisa que resulta demasiado
amplia y grande para su cara. No hay argumento que consiga
convencer al profesor para que o bien suba medio punto mi
calificación o bien baje la de Nick, Dios sabe por qué. La
sonrisa de Nick parece doblar su tamaño, si es que eso es
posible.
—No quiero oír una palabra —digo áspera, agitando mi dedo
hacia él antes de marcharme furiosa. Nick no dice nada, pero su
cara lo proclama a voz en grito.
Le evito deliberadamente durante el resto del día, o bien
ladinamente me deja tranquila. Un poco más tarde, esa misma
noche, nos encontramos en un elegante bar de la calle Oxford, en
la ciudad, tomando una copa mientras celebramos el cumpleaños
de un amigo. Estoy más calmada y no tan desolada por mi nota.
Pasada una hora más o menos, cuando todos estamos hablando en
grupo, me susurra al oído:
—Creo que voy a reclamar mis ganancias ahora.
—Perdona, ¿cómo dices?
Repite sus palabras.
—¿En este momento, aquí? —pregunto.
Estoy un poco avergonzada por mi conducta anterior ya que
no suelo ser tan mala perdedora, aunque también es cierto que no
pierdo muy a menudo.
—Pues claro, ¿qué puedo hacer por ti? ¿Invitarte a una copa?
Me incorporo sobre la barra para llamar la atención del
camarero. Entonces me pasa rápidamente el brazo por la cintura y
me hace girar en otra dirección.
—Por aquí. Sígueme. —Me detengo, confusa, sin saber bien a
dónde vamos. Sería grosero marcharnos ahora sin despedirnos y,
por otro lado, tampoco llevo aquí demasiado tiempo y lo estaba
pasando muy bien con mis amigos. Él advierte mi vacilación—.
Ahora. —Su brazo me aferra con fuerza mientras tira de mí hacia
las escaleras.
—¿Qué estás...?
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Febrero 9th 2014, 16:41

q le pedira?
siguela
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Febrero 10th 2014, 19:08

Capitulo 18
Posa sus dedos en mis labios, silenciándome, y continuamos
bajando. Ni siquiera sabía que existiera esta zona del bar. Abre
una de las enormes puertas de los lavabos unisex, me hace pasar
delante de él y cierra la puerta con pestillo a nuestra espalda. Es
como si estuviéramos en un sótano. En una de las paredes hay un
espejo enmarcado que llega de suelo a techo pero, por lo demás,
todo el lugar está enmoquetado: suelo, paredes y techo. Su aspecto
da una sensación bastante lujosa, especialmente si se tiene en
cuenta su rudimentario propósito.
—Ayuda a amortiguar el ruido —dice a modo de explicación
cuando mis ojos recorren la habitación.
—¿De fuera o de dentro?
Arquea una ceja y me muestra una sonrisa extraña.
—Hmm..., buena pregunta.
Ay, Dios mío, ¿qué tendrá en mente?
—¿Necesitas pasar?
Doy un respingo sorprendida y entonces veo que está
señalando el retrete.
—Oh..., no, gracias. Y menos aún contigo aquí —replico con
voz indignada.
Se lava las manos con agua caliente y se las seca con cuidado.
—Por amor de Dios, Nick, ¿de qué va todo esto?
—De mí ganando y de ti perd... —Se detiene en seco—.
Digamos mejor que tú no has ganado.
Lanzo un suspiro de exasperación y pongo los ojos en blanco.
Sus ojos se oscurecen cuando se acerca a mí.
—Recuérdame cuál era la condición de la apuesta que
hicimos, ________(sobren) .
Oh, ya estamos otra vez...
—Sin rechistar, Nick.
—Bien, me alegro de que lo recuerdes. Date la vuelta y coloca
las manos sobre el espejo por encima de tu cabeza.
—¿Cómo?
Me da la vuelta de modo que me quedo de cara al espejo, con
él plantado justo detrás de mí. Incluso con mis matadores tacones
él sigue siendo más alto que yo.
—¡Ya!
Me agarra impaciente por las manos.
—Está bien, está bien. —Presiento que esta va a ser una larga
noche.
Hago como me pide y meneo mi trasero hacia donde está
plantado con intención de mejorar su humor. Puedo sentir su
erección creciendo a mi espalda. Ah, Nick parece animarse con
ello. Ambos dejamos escapar una pequeña y divertida carcajada al
ver nuestro reflejo en los ojos del otro. Sus ojos arden de
excitación y deseo.
Me levanta la falda a la altura de las caderas y me baja las
bragas hasta los tobillos, esperando a que me las quite. Suelto un
suspiro resignado y levanto mi pie izquierdo, mientras él se
asegura de que mis piernas estén bien separadas.
—Gracias —dice educadamente, como si me estuviera
ofreciendo una silla para sentarme.
¿Qué estará tramando?
Me besa en el cuello y enrosca un brazo alrededor de mi talle,
sin detenerse ni un instante antes de empezar su recorrido hacia
abajo y posarse en mi sexo.
—Esto va a ser divertido. No apartes tus palmas del espejo,
________(tn) . Lo digo en serio.
Se saca algo del bolsillo y lo deja sobre la pequeña repisa que
está cerca de él, fuera de mi vista.
Entonces empieza a jugar. Una mano en la parte alta de mi
espalda, por debajo de mi falda enroscada —aunque en cualquier
caso es bastante corta—, la otra sobre mi pubis donde sus mágicos
dedos empiezan su hechizante indagación. Mis fluidos internos le
proporcionan un acceso fácil y directo. Mis ojos empiezan a
empañarse cuando el masaje gana en efectividad y precisión.
Advierto que me observa atentamente. Empiezo a gemir cuando la
tensión del día se desvanece y es reemplazada por una nueva y
creciente excitación sexual. Mis palmas se deslizan de su posición
dejando un húmedo rastro a su paso.
—No muevas las manos.
Procuro apoyar los dedos con más firmeza, confiando en que
no resbalen. Oh, Dios... Continúa su asalto implacable y sé que ya
estoy cerca, anhelando la liberación que llegará de un momento a
otro. ¿Por qué tiene que sucederme tan rápido con él? El pulgar y
los restantes dedos trabajan perfectamente acompasados y siento
que llego a la cúspide..., a la misma cúspide..., adentrándome en
la inmensidad..., perdiendo completamente la consciencia... y
estallando en la belleza y maravilla de lo que consigue hacer a mi
cuerpo. Mi cabeza se apoya contra el espejo a la vez que mis
manos y codos, y todo mi cuerpo se convulsiona al ritmo que ha
creado. De pronto noto una presencia inesperada: un
desconcertante, cálido, rotundo y deslizante intruso en mi ano. Mi
esfínter se tensa automáticamente alrededor de él.
—¿Qué demonios es eso? —jadeo y trato de recobrar el
equilibrio, o al menos lo intento.
—Un tapón anal. Unos colegas acaban de diseñarlo. Quieren
emplear sus conocimientos en finanzas y ciencias para desarrollar
un negocio de juguetes eróticos, así que me ofrecí a probar este
diseño por ellos.
¿Cómo es posible que pueda hacerme las cosas más atroces y,
al momento siguiente, volver a una conversación normal? ¿Sobre
juguetes eróticos? Incluso ha conseguido distraerme de mi actual
estado.
—¿Y qué está haciendo en mi culo, Nick?
—Tienes un culo precioso, ________(tn) , y quiero explorarlo más
detenidamente. Dado que he ganado nuestra apuesta, esta noche
puedo hacerlo. Y lo mejor de todo es que sé que no escucharé una
sola queja de ti.
Cuando su cara estalla en una pícara sonrisa, me doy cuenta
de que no me he atrevido a moverme un solo centímetro desde que
insertó al intruso. Cuanto más tensa me pongo, más lo noto. Trato
de expulsarlo haciendo fuerza pero no se mueve. Ni siquiera me
atrevo a llevar mi mano hasta él. Me quedo horrorizada, ahí de
pie mirándole a través del espejo.
—El tema de nuestra noche es Marco Polo —declara orgulloso
mientras mantengo mi posición de maniquí.
No puede decirlo en serio.
—Al igual que él descubrió territorios desconocidos del
mundo, yo voy a explorar y descubrir los territorios inexplorados
de tu cuerpo.
Oh, Dios, lo dice en serio y parece estar muy orgulloso de sí
mismo.
—Respira, ________(tn) , y por cierto, puedes moverte. Estarás bien,
solo te resultará un poco extraño al principio, hasta que tu cuerpo
se acostumbre a las sensaciones que produce.
—¿Desde cuándo te has vuelto un experto en estas cosas,
Nick? —le increpo.
—Digamos simplemente que estoy bien informado.
Se inclina para levantarme un pie. Mi cuerpo se tensa en
respuesta al forzado movimiento mientras vuelve a ponerme las
bragas en su sitio. Sus dedos rozan suavemente el tapón, dándole
un pequeño empujón que me hace jadear, y luego me baja de
nuevo la falda a una altura respetable.
—Perfecto. Muchas gracias por llevar una minifalda esta
noche, ha sido muy conveniente. ¿Estás lista para volver con los
demás? Llevamos aquí dentro un buen rato.
Le miro horrorizada. No esperaba que me pidiera continuar
con mis relaciones sociales. Me guiña un ojo al ver la expresión de
pánico de mi rostro.
—¿O acaso prefieres ir sin bragas?
—Oh, no. —Me quedo paralizada de miedo solo de pensarlo.
Sus labios se curvan por las comisuras—. Hay que ver lo tonto del
culo que puedes llegar a ser, Nick.
—Oh, cariño, ya lo sé, me lo tengo bien ganado. Pero,
pensándolo bien, la noche no ha hecho más que empezar.
Me miro en el espejo y me quedo sorprendida al ver mis
mejillas sonrojadas y un favorecedor resplandor postorgasmo en
mi rostro, en lugar de la palidez que esperaba tener a causa del
tapón invasor.
—Te aseguro que tu aspecto ahora es mucho más radiante que
cuando entramos y no tengo ninguna duda de que continuará
mejorando a medida que la noche progrese. —Le miro frunciendo
una ceja y esperando alguna explicación más—. Me propongo
retirar el tapón de la misma forma que fue insertado, pero tus
orgasmos resultarán mucho más dramáticos fuera de los confines
de un lavabo unisex, eso puedo prometértelo.
Sus palabras hacen que me sonroje hasta ponerme
incandescente y que mi vulva se contraiga en cálidos espasmos que
se extienden hasta el tapón anal. Cuando doy un primer paso con
cuidado para salir del baño, advierto que la invasora sensación ha
quedado mitigada para ser reemplazada por una extraña y
tentadora punzada sexual. Vaya sorpresa.
—Cada vez que lo sientas dentro de ti, piensa en mí tocándote
y en lo que te espera. Mientras tanto, tomemos unas copas para
que te relajes y no des la impresión de alguien con una cosa
taponándole el culo.
Me da un ligero azote en el trasero y me tenso, provocando
que el intruso se acomode aún más dentro de mí y que mis pezones
se endurezcan instantáneamente ante la sensación. ¡Maldita sea!
Nick se da cuenta al momento.
—Guau, cómo me gusta tu cuerpo, __ __(iniciales). Es como si me hablara
directamente.
Durante la siguiente media hora me relajo, orgullosa de haber
conseguido retomar la conversación con mis compañeros de
laboratorio, Josh y Sally, con razonable éxito, sin hacer caso de
los guiños y sonrisitas de Nick desde el grupo que está junto a
nosotros. Poco a poco me resigno al hecho de que el intruso estará
ahí dentro hasta que Nick lo retire, sobre todo porque no quiero
tocarlo. Además, su sensación no es tan mala, ni mucho menos,
aunque por supuesto nunca lo admitiría delante de él. Estamos en
mitad de una animada discusión cuando de pronto el maldito
tapón empieza a vibrar en mi interior. Doy un respingo y suelto mi
bebida en el aire, que aterriza sobre el pobre Josh. La sensación
no se parece a ninguna que haya experimentado antes y es muy
intensa. Trato de disculparme con Josh, pero lo único que puedo
hacer es agarrarme a la barra y apoyar mi cabeza entre las manos
mientras rompo a sudar entre jadeos. ¡Maldito Nick, más vale
que apague este jodido y vibrante monstruo! La sensación es tan
fuerte que ni siquiera puedo levantar mi cabeza para lanzarle una
mirada letal.
—________(tn) ... Santo Dios... ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien?
Ven, siéntate aquí...
¿Sentarme? Ni loca. Pero ¿cómo puedo decírselo a mis
amigos más queridos y cercanos?
Afortunadamente la vibración para.
—En serio..., estoy bien. Enseguida estaré bien —jadeo
incapaz de respirar.
Nick se acerca a toda prisa hasta mí haciendo grandes
aspavientos para mostrar lo preocupado que está por mi salud.
—________(tn) , no tienes buen aspecto. ¿Quieres que te lleve a casa?
—Sí, creo que es buena idea. —Le miro furiosa por lo que
acaba de hacerme pero, por una vez, estoy completamente de
acuerdo con él. Otro latigazo como este en público me pondría
totalmente al borde del abismo y me horrorizaría demostrar que
estoy tan desesperadamente necesitada de su prometido orgasmo—.
¡Vámonos ya!
Cuando siente la urgencia en mi voz, recoge rápidamente
todas nuestras cosas. Nos despedimos precipitadamente y salimos.
Ya en casa, desflora cuidadosa, considerada, tierna y
cariñosamente mi ano. No es tan doloroso como creía. De hecho,
cuanto más me relajo, más abierta me siento, y eso le permite a
Nick moverse con comodidad dentro de mí. Resulta más tenso y
extrañamente más íntimo que el sexo vaginal, como si él me
reclamara, apropiándose por completo de mí. Las sensaciones son
totalmente diferentes, más concentradas en la parte baja de mi
espalda y en los muslos, mientras mi clítoris y el pasaje delantero
son masajeados y acariciados por los dedos expertos de Nick.
Qué más puedo decir, salvo que eso que tanto temía al final no me
ha causado ninguna ansiedad. Nick me asegura que el éxito hay
que atribuirlo a la apropiada preparación y planificación.
Yacemos desnudos en la cama, nuestros cuerpos aún sorprendidos
por lo que acabamos de experimentar juntos. Por mi parte estoy
absolutamente alucinada. Tal vez no debería haberme enfrentado
con él por este tema... Bueno, en cualquier caso, ha valido la
espera.
—¿Sabes qué? Por fin he decidido sobre qué voy a hacer la
tesis —declaro orgullosa mientras nos acariciamos el uno al otro
con lánguidas pasadas.
—¡Ya era hora! Cuéntame.
—Me voy a basar en los escritos de Sabina Spielrein,
centrándome más concretamente en la conexión entre el
masoquismo y el ego con relación a la forma femenina.
—Guau, __ __(iniciales). Esos son temas muy fuertes. ¿Te han dado la
aprobación?
—Sí, esta misma mañana. Estoy realmente emocionada.
—¿Alguna razón por la que hayas escogido ese tema en
particular?
Nick me mira directamente a los ojos, anticipando ansioso
mi respuesta.
Sintiéndome súbitamente apurada por la mirada de sus ojos y
el tono de su pregunta, trato de esquivarle rodando boca abajo y
enterrando mi cara en la almohada.
—¿________(sobren) ? No estarás tratando de ocultarte de mí, ¿verdad? —
inquiere mientras trata de darme suavemente la vuelta—. Oh,
________(tn) , no creerás que voy a dejarte en paz tan fácilmente...
Mierda, ¿qué es lo que he provocado? ¿Por qué demonios no
le he contestado en tono académico como lo hice con el profesor
Webster esta mañana?
Cuando finalmente consigue ponerme boca arriba, se monta a
horcajadas sobre mi vientre y empieza implacable a hacerme
cosquillas y, por supuesto, chillo en respuesta.
—No, para, por favor, lo odio —balbuceo mientras me
retuerzo.
—De ningún modo, no hasta que prometas que me lo dirás.
Estoy atrapada debajo de su cuerpo, mientras sus torturadores
dedos continúan su asalto.
—Está bien, está bien, no puedo soportarlo, para, por favor.
Espera pacientemente a que recupere el aliento, sujetando mis
manos a cada lado de mi cabeza para tener una vista completa de
mi cara. Decido soltarlo lo más rápido y resumido posible.
—Siempre tuve la fantasía de estar atada y con los ojos
vendados, mientras me azotaban y daban placer, y me gustaría
entender su origen porque me siento profundamente avergonzada
por tenerla. Eso es todo, fin de la discusión.
Me mira intrigado, con una sonrisa en la cara y los ojos como
platos. Le suplico en silencio que lo deje estar.
—Interesante.
Me observa meditabundo, el silencio expandiéndose entre
nosotros.
—¿Lo has pasado bien esta noche, ________(tn) ?
—Sí.
—¿Cuánto?
—Mucho.
—¿Lo esperabas?
—No, para nada.
—Me haría muy feliz poder involucrarme directamente en la
investigación de cualquier parte de tu tesis.
—Gracias. Lo tendré en cuenta.
—Gracias por compartirlo.
Y casi no puedo creer que me haya dejado en paz.
—En cualquier caso, me alegro de que finalmente hayas
encontrado el sendero del autodescubrimiento. Eso
significa que mi plan está funcionando exactamente como
había previsto.
—Oh, Dios mío, no hay nada más perturbador que tú y
tus planes, Nick.
—No seas tan cínica, cariño. Mira lo lejos que has
llegado hasta ahora, y lo lejos que aún tenemos que llegar.
Estoy segura de que solo pretende burlarse de mí,
aunque su respuesta resulta demasiado entusiasta como
para infundir demasiada confianza a mi suposición.
—Solo por curiosidad, ¿alguna vez has comprobado de
primera mano la psicología de tu hipótesis, tal y como la
discutimos?
—No, Nick, no lo he hecho y, además, creo que lo
habrías sabido de haber sido así.
—Oh, ¿por qué lo dices?
—¿Realmente necesitas preguntármelo? Como si
pudiera hacer esas cosas con alguien que no fueras tú.
—No puedo decirte lo mucho que eso me complace,
________(sobren) , en más formas de lo que imaginas.
No estoy muy segura de lo que significa su comentario,
pero sí sé al cien por cien que quiero dejar atrás esta
conversación cuanto antes.
—Está bien, nada más lejos de mi intención que chafar
este viaje que tan cuidadosamente has planeado para mí.
Me termino el café y dejo el vaso de cartón vacío
encima de la mesa.
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Febrero 11th 2014, 13:12

jejeje
siguela
me gusta
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Febrero 15th 2014, 20:29

Capitulo 19
El café me ha dado unas ganas tremendas de ir al baño. Esto
va a resultar muy complicado. No puedo creer que tenga
que pedírselo; ¡es tan embarazoso! Es en momentos así
cuando ser dependiente resulta realmente incómodo. Pero
¿qué opción me queda?
—Vamos, no pasa nada, es por aquí.
Me conduce a través de una puerta. Su mano se cuela
por mis piernas y baja una cremallera a la altura de mi
trasero, pasando entre mis piernas hasta el vientre. No
puedo creer lo que acaba de hacer.
—El retrete está detrás de ti. Ah, y no te preocupes por
tus bragas. Son de estilo francés, para tener un mejor
acceso. —Puedo sentir la risa en su voz—. Te dejaré sola,
mientras espero fuera.
¿Habrá algún mínimo detalle que no haya considerado
para este fin de semana? ¿Algo que no haya previsto?
Seguramente no, siempre ha sido un planificador
meticuloso y está claro que su habilidad ha ido puliéndose
con los años. Cremalleras y braguitas francesas. ¡Qué
demonios! Me pregunto si las ha elegido por comodidad o
si tenía alguna otra cosa en mente. La idea me hace
estremecer y decido concentrarme en lo que tengo que
hacer.
—¿Ya está? —pregunta.
Asiento.
—Estupendo, ven conmigo. Vamos a ponerte un arnés.
Oh, mierda, es todo lo que se me ocurre.
Mis pies permanecen anclados al suelo mientras mi
estómago se embarca en una vertiginosa montaña rusa, en
un nuevo viaje lleno de anticipación, miedo, calma, miedo,
calma, miedo, miedo...
—Arnés... —repito dubitativa—. Y es una afirmación,
no una pregunta —añado rápidamente para que quede claro.
Me guía silencioso hacia delante.
—No te preocupes, te va a encantar.
—¿Encantar? ¿El qué? —pregunto con voz suspicaz, y
trato de pensar en algo que me guste y que implique
arneses. Me quedo en blanco.
Me pasa unas correas por los hombros y puedo
escuchar un clic al engancharse. Noto unas manos rudas
haciendo lo mismo entre mis piernas y luego alrededor de
mi cintura: clic, clic. Es lo único que oigo a medida que
aumenta mi ansiedad.
—¿Nick?
No parecen sus manos. Puedo percibir el olor a
cigarrillos.
—¿Cómo te sientes, preciosa?
Es una voz de hombre extraña. Me doy cuenta de que
está hablando conmigo cuando tira con fuerza de una de las
correas y la ajusta. Me aprieta, tira de mí, me engancha y,
finalmente, escucho un último chasquido.
—Eso está mejor —añade la voz—. Parece que ambos
están ya listos. No te preocupes, preciosa, estarás bien una
vez que te acostumbres al balanceo. Solo acojona un poco
al principio.
Se ríe y me da unas palmaditas en el hombro para
tranquilizarme. La voz desaparece de mi garganta, incapaz
de protestar y gritar que no puedo ver a través de mis gafas
de sol, en el mismo momento en que mis piernas empiezan
a reblandecerse. ¿El balanceo? ¿Solo acojona al principio?
Aunque mi boca intenta dar forma a las palabras, no
consigo que salga ningún sonido de ella. Trato
desesperadamente de encontrar un sentido a lo que está
pasando sin guiarme del estímulo visual. Llevo ropa puesta;
de modo que tiene que estar bien, ¿no? Pero las
cremalleras, el acceso entre mis piernas, las correas, los
cierres resultan muy, muy preocupantes. Mi cabeza se llena
de imágenes de salvajes juegos sexuales y orgías. ¿Cómo
se atreve? ¿Por qué lo hace? Esto está yendo demasiado
lejos. No puedo hacerlo, nunca haré algo así... No está en
mi naturaleza. Respiro entrecortadamente cuando mi mente
se deja llevar por el pánico.
Oigo la voz de alguien.
—¿________(tn) ? —Suena distante, en alguna parte. Mis rodillas
se doblan, la cabeza me da vueltas, trato de coger aire.
Cuando siento que voy a desplomarme alguien me atrapa
antes de golpear el suelo.
—Por Dios, __ __(iniciales), ¿estás bien?
—No, no estoy nada bien. —No estoy segura de si ha
sido mi mente o mi boca la que ha pronunciado las
palabras.
—Tómate tu tiempo, respira hondo.
Unos brazos fuertes me ayudan a caminar, mis piernas
aún están demasiado débiles para sostenerme.
—Está bien, te tengo sujeta, así, un paso cada vez.
Sí, un paso cada vez, eso es, deja de sentir, deja de dar
vueltas. Buen consejo, confirma mi mente, cuando
continuamos avanzando algunos pasos más lejos.
—Aquí, siéntate, ¿quieres un poco de agua?
Me baja hasta un duro asiento acolchado.
Sí, agua, buena idea.
—________(sobren) , ¿un poco de agua?
Ya he dicho que sí, entonces comprendo que es mi
mente la que ha hablado y que puede que no me haya oído.
Hago un gesto de asentimiento con la cabeza. Noto el agua
contra mis labios y doy un trago, y luego otro más.
Necesito prolongar este instante para recuperar el control
sobre mi cabeza y mi estómago, y poder decirle a Nick
que detenga lo que sea que vamos a hacer.
Respira hondo... Mi estómago aún está revuelto pero la
sensación de mareo parece haber disminuido gracias al
oxígeno.
—Sigue respirando. Bien, eso está mejor —dice la voz,
aunque no estoy segura de si se trata de la del hombre o la
de Nick.
Inhalar, exhalar, coger aire, soltarlo , me digo
concentrándome en el esfuerzo.
—________(tn) , por favor, contéstame, ¿estás bien? ¿Puedes
oírme? No comprendo lo que te ha pasado.
—Estoy un poco... —Escucho cómo se cierra una
puerta cerca. El sonido parece amortiguado.
—No te preocupes, estoy aquí, a tu lado, cariño. En
serio, no te dejaré. —Algo en su tono me resulta
ligeramente reconfortante.
—No puedo, yo... —Las palabras se resisten a encontrar
el camino desde mi cerebro a los labios. Doy otro sorbo de
agua. Escucho un nuevo clic alrededor de mi cintura y mi
miedo se dispara—. No pienso permitir que me dejes
colgando en el aire en alguna pervertida máquina sexual,
Nick.
Mi voz es ronca, frenética.
—Esto tiene que acabar. ¿Cómo has podido? Con un
hombre que apesta a tabaco. No puedo creer que hayas
querido ponerme en esta situación. No puedes y no lo
permitiré.
Siento las lágrimas surgir dentro de mí y trago con
fuerza para mantenerlas a raya.
—Es demasiado, me has presionado demasiado.
—________(tn) . —Nick pasa un brazo alrededor de mis
hombros—. ¿Es eso lo que estás pensando? ¿Lo que crees
que quiero hacer contigo?
Las lágrimas brotan y mis hombros se estremecen.
—No puedo, Nick, no quiero. No soy así —protesto
entre sollozos.
—Cariño, no te pido que lo hagas. Esto está pensado
para que te diviertas, no para disgustarte.
—¿Y cómo vas a conseguirlo, Nick? Mírame, estoy
hecha un desastre.
Escucho unos motores ponerse en marcha, ruido de
hélices, movimiento.
—¿Qué? ¿Estamos en un avión? —pregunto incrédula
mientras el ruido lento de los rotores se detiene y
súbitamente aceleramos hacia delante. La fuerza propulsa
mi cuerpo hacia atrás, pegándome contra el asiento, y,
súbitamente, despegamos del suelo y la atmósfera acuna el
aparato a medida que va tomando altura. Mis lágrimas se
paran en seco. Aparto bruscamente el brazo de Nick de
mi hombro y lanzo el puño con toda la fuerza posible hacia
donde supongo que debe de estar su pecho.
—¡Maldito bastardo! —chillo. Me coge el puño antes
de que impacte—. ¡Bastardo asqueroso! —Lo atrapa con su
mano y me pasa de nuevo el brazo por encima del hombro,
anclándome a mi sitio sabiendo que estoy desesperada por
abalanzarme contra él. Puedo sentir las convulsiones de su
cuerpo preso de reprimidas carcajadas. Siento ganas de
estallar mientras lucho contra él. Sus brazos me aprietan
cada vez con más fuerza.
—Vamos, __ __(iniciales), yo no tengo la culpa de que tengas una
mente tan calenturienta. Pensé que podríamos dar una
vuelta en avioneta y aquí estás, imaginando cosas sobre una
pervertida máquina sexual. Deberías compartir conmigo lo
que tenías en mente...
—Oh, cállate, Nick, solo cállate.
Está totalmente histérico, sin poder parar de reír.
Aparto mis brazos de él y los cruzo sobre el pecho a la
defensiva.
No le respondo. Estoy furiosa, decepcionada,
profundamente avergonzada.
No puedo responderle, ya que realmente no estoy
segura de tener una respuesta. ¿De dónde ha salido esa idea
en primer lugar? ¿Por qué mi mente ha llegado
directamente a esa conclusión? Resulta bastante
inquietante.
Mientras Nick continúa con su ataque de risa,
aprovecho la oportunidad para soltarle un fuerte codazo en
las costillas, haciendo que deje de reír. Eso me hace sentir
un poco mejor porque sospecho que estoy a punto de
explotar de rabia. Decido que ya está bien de llevar las
gafas, de soportar esas barreras que cubren mis ojos, y
confío con desesperación en que la eficacia de las gotas
haya desaparecido. Cuando me llevo precipitadamente las
manos a las gafas para quitármelas, siento que me aparta las
manos con igual velocidad. ¿Es que no deja de mirarme
nunca?
—No te atrevas, ________(tn) . Ya pasamos por esto anoche y
sabes perfectamente lo que te pasará.
Me sujeta las dos muñecas con una mano, como si no le
importara hacer el resto del trayecto así. Sin
remordimientos. Sin excusas. Furibunda, me quedo en
silencio durante lo que parecen ser años.
Su tono parece volver a animarse cuando hunde su cara
en mi cuello y su voz trasluce otra vez buen humor.
—Aunque debes admitir que es bastante divertido.
No puedo creerlo.
—No hay nada divertido en ello —respondo desafiante.
—Pero ¿de verdad pensabas..., de verdad creías...? —y
vuelve a reírse. La expresión de mi cara parece convencerle
de que se detenga y se comporte—. Está claro que
pensabas que era algo realmente malo. Nunca te he visto
reaccionar de esa forma..., estabas temblando. —Hace una
pausa suavizando su tono—. Es muy importante entender
cómo y por qué estás sintiendo esas emociones. Todo es
parte del proceso. Vas a aprender mucho de ti misma —
dice, con tono serio.
Cerdo condescendiente es el único pensamiento que
penetra en mi mente al oír sus palabras, ignorando
cualquier posible verdad en ellas.
—¿Realmente te asustaba tanto? ¿Has pasado mucho
miedo?
—No quiero seguir con esto, Nick. Por favor, no me
obligues. No puedo soportarlo, va a darme un infarto.
—Entonces tienes suerte de que sea médico y te salve.
Además, estás perfectamente sana.
—Estar perfectamente sana no garantiza nada en estas
condiciones, y además, ¿cómo demonios puedes saberlo?
En ese instante siento una súbita ráfaga de viento y un
poderoso rugido que me deja prácticamente sorda.
¿Y ahora qué?
De nuevo vuelvo a ser atada, ajustada, abrochada e
inspeccionada.
—¿Aún no lo has adivinado? —Nick me grita al oído
por encima del atronador rugido del viento y del motor—.
Vamos a saltar en caída libre, igual que hicimos por tu
veinticinco cumpleaños. ¿Recuerdas que también quisiste
negarte pero que luego te encantó?
A juzgar por el ruido de los motores y la fuerza del aire
que me rodea, deduzco que no está mintiendo. El alivio, el
miedo y la excitación recorren mis venas a toda velocidad.
Sacudo la cabeza incrédula.
—¡Necesito asegurarme de que tienes suficiente
adrenalina corriendo por tus venas y de que te sobra energía
para más tarde —grita. Percibo el descaro y la sinceridad
en sus palabras.
—Bueno, creo que esto va a conseguir sobradamente
ese propósito —declaro nerviosa—. Pero ¿a ciegas...?
—Todo es parte del proceso.
Me agarro desesperadamente a Nick, me pego a él y
trato de prepararme mentalmente para el salto mientras
grito hacia su voz.
—Solo porque haya hecho caída libre antes —que
además me encantó, me digo para mis adentros—, no
significa que quiera volver a hacerlo ahora. ¡No así!
La presión de su cuerpo se intensifica, me empuja hacia
delante, y siento que el momento de saltar se acerca.
—Está bien, ________(sobren) . Tres, dos, uno...
Estoy flotando en el aire. Caemos, caemos, caemos
mientras el aire penetra por cada orificio de mi rostro,
arrancando el aire de mis pulmones y haciendo que mi
estómago dé volteretas. Súbitamente, la presión me obliga
a extender los brazos y las piernas hacia fuera. El ruido del
viento se impone rápidamente sobre el cada vez más
distante ruido de los motores. Cualquier sonido de
máquinas hechas por el hombre se desvanece mientras
volamos libres.
No hay nada parecido a la experiencia de saltar de un
avión, embargada por la expectación y totalmente atada a la
persona que tira de las cuerdas. El poder del oxígeno
bombeando en mi cabeza arrasa todo mi cuerpo. El
estómago se me sube a la garganta mientras caigo en
picado y pierdo toda sensación de estabilidad. Pero en
lugar de durar uno o dos segundos continúa prolongándose,
mientras espero ansiosa el tirón del paracaídas al abrirse.
Sin embargo, no lo hace y continúo en caída libre. El
descenso parece eternizarse y mi estómago continúa dando
vueltas al tiempo que mi cuerpo se precipita a toda
velocidad a través de la vacuidad de la atmósfera. ¿Cómo
puede no ser nada cuando está obligando a cada músculo, a
cada centímetro de mi cuerpo, a cada célula a contraerse?
Y sin embargo continúo cayendo. El ruido es ensordecedor
y creo que mis oídos van a estallar. Por primera vez doy
gracias por que mis ojos estén sellados y cubiertos ante la
intensidad de la presión. De pronto siento que me rodea la
humedad y un escalofrío me recorre de arriba abajo cuando
atravesamos lo que parece ser una nube. Aún seguimos
cayendo, cayendo. Finalmente mi estómago se adapta, de
modo que dejo que la emoción y la velocidad me invadan y
me apacigüen. Es incluso mejor que la primera vez. Un
subidón de adrenalina embriagador y absorbente. Como un
chute de éxtasis, heroína, speed o lo que sea... Al pensarlo
una imagen vuelve a mi memoria. Recuerdo con claridad a
un cliente que me dijo que había probado la heroína una vez
y que no volvería a hacerlo nunca. Le pregunté si había sido
tan terrible y contestó: «Al contrario, fue tan bueno, tan
increíblemente maravilloso que si lo repitiera una segunda
vez ya no podría dejarlo». Solo Nick podía saber que mi
rabia y mi enfado se disiparían rápidamente con esta
excitante carga de adrenalina en estado puro. Entonces la
idea de lo fácil que sería volverme adicta a Nick
atraviesa mi mente.
En ese momento, deseo que la caída cese. De repente
y a no quiero que me siga gustando esa sensación. ¿No
debería haberse ralentizado ya nuestra caída con la apertura
del paracaídas? Ahora ya no me siento tan satisfecha por mi
falta de visión. Necesito comprobar a qué distancia
estamos del suelo. Llevamos cayendo tanto tiempo que mis
pulmones apenas pueden absorber el oxígeno que está
entrando en ellos. Mi corazón late más aprisa que mis
pensamientos, mi miedo se acelera. Si esta es la adrenalina
que Nick quería para mí, ya lo ha conseguido. Bombeo,
bombeo y bombeo, cada vez más fuerte y más rápido.
Siento como si todo lo que se refiere a mí estuviera en
caída libre durante estos interminables segundos de mi
vida, como si estuviera arriesgándolo todo, como si todo
estuviera a punto de ser destruido y yo no pudiera
impedirlo, detenerlo o controlarlo. No es la primera vez
que sueño con cosas parecidas, con estar cayendo,
cayendo, deseando desesperadamente dejar de caer,
despertarme, estar fuera de peligro, cualquier cosa con tal
de no chocar contra el suelo. Cada vez que he tenido esos
sueños me he preguntado cómo había llegado a esa
situación y qué había provocado la caída libre.
¿Habrán colisionado por fin mi consciente y mi
inconsciente? ¿Será esta la consecuencia, la conclusión?
¿Acaso eran sueños proféticos o es que he dejado pasar
alguna advertencia? ¡Dónde está Carl Jung cuando le
necesito!
Por favor, rezo para mí misma, para cualquiera, que
nada falle, por favor, déjame vivir para ver de nuevo a
mis hijos, por favor, por favor, por favor, sácame de esta
de una sola pieza. No quiero morir; no estoy preparada
para morir... ¿Cómo podemos estar cayendo todavía? ¿A
qué altitud estábamos? ¿Tres mil metros? ¿Cinco mil?
¿Acaso hemos estado volando a tanta altura? Ahora
comprendo que estaba demasiado estresada y distraída
como para fijarme en nada más, incluyendo, en primer
lugar, el descubrimiento de estar en una avioneta. Sin duda
deberíamos...
De pronto nos frenamos.
Silencio.
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Febrero 23rd 2014, 15:17

agh
odiaria no poder ver...
siguela
esta buenisima
perdon por no haber leido
pero con examenes y entregar trabajos...
ya t imaginaras...
apenas y puede leer un buen libro
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andreru
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Marzo 31st 2014, 12:03

Capitulo 20
El arnés entre mis piernas da un fuerte tirón y siento
como si hubiéramos parado en seco. Me quedo sorda por el
silencio después de las palpitantes vibraciones de solo
unos segundos antes. Empezamos a flotar... suave,
lentamente. Gracias, pronuncio en silencio, gracias. Un
arrollador alivio inunda mi cuerpo.
Soy muy consciente de mi corazón bombeando sangre a
través de mis venas, pero el ruido se ha calmado, la presión
ha disminuido y mis extremidades ya no son propulsadas
hacia fuera. Cuelgan inertes mientras la tensión se evapora.
Estamos flotando serena, hermosa, armoniosa y libremente
en el aire. Es tan apacible... Mi estómago vuelve a asentarse
e n alguna parte próxima a mi ombligo, aunque no puedo
asegurar que haya recuperado su antigua posición. Pero
casi. Sonrío, aliviada y fascinada con la experiencia. Me
siento feliz, libre, entusiasmada, abrumada por estar viva.
Unas cálidas lágrimas inundan mis ojos liberando la
emoción que fluye en mi interior.
Noto un golpe seco y mis rodillas se doblan cuando el
suelo choca contra mi cuerpo con una sacudida y a
continuación... nada.
Dudando de mi consciencia, me encuentro envuelta en
un abrazo con los pies apenas tocando el suelo. Unos
brazos que me estrechan con firmeza. Un abrazo. Un
verdadero abrazo. Noto cómo me libera de los cierres y me
gira para mirarme a la cara. Entierro la cabeza en el pecho
inconfundible de Nick y dejo que la excitación de la
adrenalina y el alivio se apoderen de mí. Me estremezco.
Entierro la cabeza aún más hondo. Sus brazos me aprietan
contra él. Sollozo. Y gimoteo. No puedo parar. Estoy
sobrepasada. Temblorosa. Convulsa. Prolongados y
potentes sollozos contraen todo mi cuerpo durante largo
rato. No decimos nada.
Nuestros brazos que no se sueltan, que se entrelazan
con fuerza. Que no quieren aflojarse. Sobran las palabras.
Estos brazos que no quieren dejarme.
Inspiro hondo varias veces y, finalmente, consigo
normalizar mi respiración.
Después de mucho tiempo, un dedo alza mi barbilla y
unos labios rozan suavemente los míos deteniéndose un
instante. El brazo que me tiene fuertemente atrapada me
saca de allí, medio caminando, medio en volandas.
No hacen falta las palabras. Nuestros cuerpos se
mueven al unísono. Entonces siento que algo se está
preparando silenciosamente a mi alrededor, al tiempo que
Nick me acomoda sobre una manta. El sol es cálido, la
brisa suave. Aún estoy ciega. Sé que seguiré así hasta que
finalicen las cuarenta y ocho horas. Pero ya me he hecho a
la idea. Ya no quiero ni deseo luchar contra ello. Lo acepto,
serena.
El ruido de preparativos ha cesado. Me quedo quieta.
Sin ruido. Sin palabras. Solo el viento, los pájaros, el
olor a sal en el aire, las olas del mar rompiendo y
retrocediendo suavemente a su propio ritmo universal. Me
inclinan los hombros hasta el suelo. Siento un suave roce
en mi mejilla y un cuerpo junto al mío. Trato de buscar un
rostro. Lo consigo. Lo acerco al mío e inhalo su olor. Lo
llevo hasta mis labios, a mi lengua. Necesito este rostro.
Necesito besarlo profundamente, penetrar en su boca.
Necesito transmitir la profunda emoción que siento.
Transferir el deseo, la urgencia, la intensa fuerza que surge
desde lo más profundo de mi ser y que ha permanecido
aletargada durante tantos años. Porque este rostro conoce
lo que ha provocado en mí en el pasado, lo que está
provocándome en el presente, por lo que estoy pasando
ahora.
Mi cuerpo se retuerce y palpita bajo el suyo. Hay
demasiadas barreras entre nosotros, barreras físicas. No
estoy lo suficientemente cerca. Es perturbador y frustrante.
Lucho por encontrar alguna forma de acceder, por
encontrar el modo de eliminar las barreras. Necesito la
cercanía. La deseo. No puedo. Me frustro. Mis manos no lo
consiguen, perdidas, impedidas. Entonces siento sus besos.
El latido se prolonga en lo más hondo de mí. Mis manos
están aprisionadas, atrapadas bajo el peso de su cuerpo. Al
igual que los sollozos anteriores, los latidos van
atenuándose progresivamente. Recupero la respiración, el
ritmo de mi corazón se hace más lento. Al igual que el
suyo.—
Eres arrolladora, inconmensurable, inagotable —
susurra muy despacio en mi oído.
Sus palabras acrecientan la intensa punzada de mi
entrepierna mientras espero a que el sordo dolor se
desvanezca. Siempre ha sabido pulsar esa sensación
preorgasmo con una sola mirada, una caricia, un
comentario. Pero en vez de haberse diluido con los años
ahora ha adquirido una intensidad que nunca creí posible.
—¿Sientes tú lo mismo?
Asiento, demasiado abrumada para hablar, sin atreverme
a reconocer la verdad que subyace en sus palabras.
—¿Qué me has hecho? —Es todo lo que consigo
susurrar.
—Sabes que te quiero, ________(sobren) . —Su tono es serio, su voz
rebosa emoción.
—Sí, lo sé. Y tú sabes que yo también te quiero.
—Es curioso, ¿verdad?, un amor como el nuestro que
no se basa en el amor tradicional en sí.
—Siempre ha sido... raro entre nosotros..., intenso...,
juguetón..., embriagador...
—Nuestro irreconciliable e inexplicable amor...
—Al menos nos dimos cuenta de ello cuando éramos
jóvenes. —¿Lo hicimos?, me pregunto en silencio.
El humor de Nick parece haber cambiado. Estoy
acostumbrada a verle pasar de juguetón a desafiante, de
decidido a reflexivo, pero esto es ligeramente diferente.
Por un lado, parece estar hablando conmigo y, por otro,
está perdido en sus pensamientos. La oscura corriente aún
subyace en sus palabras. No sé si quiero o soy capaz de
explorar más allá. El no poder hacer preguntas no ayuda
demasiado, sobre todo cuando solo consigo meterme en
líos cuando las formulo. ¡Y ahora va y me dice que me
quiere! Mi montaña rusa de tinieblas se está volviendo casi
tan emocional como física.
Me siento agotada, entumecida.
Viva.
Serena.
Intensa.
Luminosa.
Energética.
Sobrepasada.
Asustada.
Lasciva.
Especial.
* * *
Estoy tumbada de espaldas y me incorporo levemente
apoyándome en los codos. Nick me ofrece un poco de
agua. Las necesidades básicas se vuelven una prioridad
absoluta cuando comprendo lo sedienta que estoy.
Derramo el agua por mi garganta y trago una y otra vez.
—Gracias.
—¿Tienes hambre?
—No estoy segura. —Me pasa un sándwich y le doy un
mordisco—. Hmm, tal vez sí.
Comemos sin parar de charlar. Hablamos, comiendo y
bebiendo, mientras el muro que tan cuidadosamente he
construido para protegerme de mis sentimientos hacia él a
lo largo de la última década se desmorona completamente.
—¿Puedo preguntarte algo? —dice la voz a mi lado.
Durante una fracción de segundo siento que un
escalofrío de ansiedad me atraviesa y trato de ignorarlo.
—Claro. ¿Qué quieres saber?
—¿Has vuelto a hacerlo alguna vez por detrás? —Debo
de parecer tan confusa como me siento porque sus manos
se deslizan por mi entrepierna y continúan hasta mi trasero
—. Ya sabes, por ahí detrás.
—¡Con todo lo que podías preguntar! No, no lo he
hecho. No después de ti —explico, sin creerme aún el
cambio de tema.
Oh, oh, mi ano debe de acordarse de las sensaciones de
la primera vez porque siento que empieza a reaccionar por
efecto de la conversación.
—¿Por qué no?
—¿Y por qué debería?
—________(tn) —dice inexpresivo.
—¡Esta pregunta es ridícula!
Él insiste en el tema.
—Pero si te encantaba.
—A ti te encantaba y por eso lo hiciste. Estabas
obsesionado con ello, desde la noche del tapón anal y, por
lo que parece, todavía sigues igual —añado.
—Pero a tu cuerpo le encantaba.
—No estoy tan segura...
—Pues claro que sí. A tu cuerpo le gustaba mucho.
Me hace rodar hasta ponerme boca abajo y,
tranquilamente, cubre mi trasero forrado de cuero con sus
manos. Inmediatamente un hormigueo me recorre todo el
cuerpo como para corroborarlo.
—Bueno, es posible que me gustara en aquel momento,
pero ya no es así —admito rápidamente para zanjar el tema.
¿Por qué está hablándome de esto?
—¿Acaso no es lo mismo?
—Obviamente no —contesto.
—¿En serio? ¿Así que admites que tu mente y tu cuerpo
tal vez estén pensando y sintiendo cosas diferentes?
Vaya, ya estamos, nuestra vieja discusión de siempre...
—¿Por qué intentas confundirme con tus palabras,
Nick? Sinceramente, llevas todo el fin de semana
haciéndome dudar de cada una de las decisiones que he
tomado en mi vida. Es realmente descorazonador.
—Ah, la cosa está mejorando por momentos —dice,
riéndose con seguridad.
—Yo no lo encuentro ni remotamente divertido. —No
digo nada más, esperando que cambie de una vez de
conversación.
—Solo lo pregunto porque estoy involucrado en una
investigación que trata exactamente de este tema.
—¿Sobre qué?, ¿sobre los anos? ¿Cómo acceder por la
puerta trasera?
Ahora es mi turno de reírme cuando pienso en lo que
esta clase de investigación podría haber supuesto en los
tiempos de la universidad. Sin lugar a dudas Nick se
habría ofrecido voluntario gustosamente.
—No, no de culos, ________(tn) —declara con tono serio, y
luego se ríe—. Bueno, al menos todavía no, pero estaré
encantado de experimentar con el tuyo siempre que estés
dispuesta. —Me acaricia estratégicamente el trasero
forrado de cuero—. Ya retomaremos esto más tarde. Ahora
mismo, tenemos que ponernos en marcha.
—Oh, ¿es necesario? Se está tan bien al sol que sería
estupendo podernos quedar aquí un rato más y echarnos la
siesta, ¿no crees? —Me coloco de lado dispuesta a dormir.
—Es posible, pero eso no va a suceder. No pienso
desperdiciar las horas que tengo para estar contigo dejando
que te duermas cuando disponemos de tan poco tiempo.
Quiero aprovechar al máximo cada minuto.
—¿Qué más podemos hacer, Nick? Alcohol, baños,
cena, baile, canto, sexo, orgasmos, desayuno, paseo en
moto, café, caída libre —pronuncio con énfasis— y ahora
picnic. ¿No te parece que eso ya sería suficiente para una
semana, y no digamos un día? Ya lo hemos hecho todo.
Quedémonos a descansar un rato, solo media hora o así.
Aún hay tiempo de sobra. —Digo las palabras sin saber
exactamente cuánto tiempo queda o dónde estamos. Estiro
mi mano tratando de tocarle y tirar de él hacia mí, pero se
ha movido.
—No has cambiado, ¿verdad? Hay un montón de cosas
que experimentar, que despertar dentro de ti y muy poco
tiempo.
—¿Es que la caída libre no era la última experiencia?
Me siento muy bien y totalmente despierta, eso puedo
asegurártelo, Nick, probablemente mucho más de lo que
he estado en décadas. —Mi mente regresa a esta mañana y
una vibrante punzada se enciende nuevamente en mi
entrepierna ante el recuerdo.
—Te aseguro, cariño, que apenas ha comenzado.
Me acaricia las mejillas y posa un leve beso en mis
labios. ¡Mierda! ¿Apenas comenzado? ¿Qué más puede
quedar? Mi corazón empieza a acelerarse de nuevo.
—Hay una asombrosa inocencia en ti, ________(sobren) , incluso
después de todos estos años.
No sé si sentirme ofendida o no.
—Tenemos que ponernos en marcha para que podamos
rectificar esa inocencia. No hay tiempo que perder.
—No. No pienso moverme. ¿Qué inocencia? ¿De qué
estás hablando? —Yo jamás utilizaría esa palabra para
definirme. Permanezco obstinadamente sentada.
No me hace ni caso.
—Si no piensas moverte, tendré que hacerlo yo por ti.
Está visto que hoy en día el trabajo del hombre no se acaba
nunca.
Me levanta de la manta, su mano agarrando firmemente
mi trasero en el proceso, como si reafirmara lo dicho en la
conversación. Después de dar algunos pasos, me deposita
en un cálido asiento. Me abrocha un cinturón de seguridad
y me ajusta mis gafas de sol para asegurarse de que están en
la posición correcta, comprobando, una vez más, que
continúo en la más absoluta oscuridad.
—¿Estamos en un coche?
Escucho el ruido del motor al encenderse al tiempo que
una música rítmica y tribal surge de los altavoces y nos
ponemos en marcha. Debemos de estar en un descapotable
a juzgar por el viento que, una vez más, azota mis orejas
cuando alcanzamos la carretera. Al menos esto resulta un
poco más confortable para el trayecto de vuelta al hotel.
Aunque, pensándolo mejor, después de un largo paseo en
moto, un vuelo en avioneta, el salto en paracaídas y ahora el
viaje en coche, no tengo ni la más remota idea de dónde
estamos ni a dónde nos dirigimos. Por lo que a mí respecta
podríamos haber cruzado varios estados. Siento que me
pica la curiosidad por saber cuál es nuestro paradero, y no
dudo que esa era la intención de Nick. Aun así no me
atrevo a formular la pregunta y decido permanecer en
silencio, disfrutando del espacio de libertad que la música
ofrece a mi mente.
Quinta parte
El ojo: no puede elegir sino ver;
no podemos hacer que el oído no escuche;
nuestros cuerpos sienten, donde quiera que estén,
queriéndolo o sin querer.
W. WORDSWORTH, 1847
Nuestro viaje continúa y me sorprende sentir tanta
energía dado mi supuesto agotamiento emocional. Es como
si Nick hubiera descubierto y desatado un fértil oasis
dentro de mi cuerpo que hasta entonces yo había
considerado como un árido desierto. Los poros de mi piel
parecen rezumar feromonas. Nunca me he sentido tan
intensamente viva, tan sensual, tan sexual, tan mujer. Por el
contrario, cuando pienso en mi matrimonio con Robert, es
como si mis sentimientos estuvieran aletargados, o fueran
prácticamente inexistentes. ¿Cómo pueden compararse en
magnitud en la escala de Richter con los que Nick me
provoca? ¿Hay alguien más capaz de desencadenar dentro
de mí semejante seísmo emocional? La voz de Nick
interrumpe el hilo de mis pensamientos cuando coloca su
mano sobre mi rodilla.
—¿Te importa que hablemos de algunos aspectos de mi
investigación mientras vamos en el coche?
—No, en absoluto.
—Solo quería asegurarme, ya que pareces sumida en tus
pensamientos.
Sacudo la cabeza para despejar mi mente.
—Por favor, me encantaría oírlo.
—Está bien, genial. Como ya te mencioné antes hay un
grupo de doctores y profesores de todo el mundo
colaborando en la investigación sobre las conexiones entre
la fisiología y la neuropsicología cognitiva en relación con
la actividad sexual. Ahora mismo estoy profundamente
implicado en su estudio como parte de mi investigación
sobre la explícita conexión entre las cuestiones relativas al
sexo y la depresión. Para abreviar, hace pocos meses tuve
la suerte de reunirme con Samuel en Hong Kong cuando
nuestros vuelos quedaron cancelados debido a una nube de
ceniza volcánica, lo que nos dio la rara oportunidad de
discutir nuestro trabajo al detalle.
—Ah, eso explica por qué estaba tan bien informado
sobre tu trabajo.
—Imagino que cuando estuviste comiendo con Sam te
pondría al día de su investigación sobre el orgasmo
femenino, de las discrepancias científicas y controversias
médicas respecto de la eyaculación.
Hago un gesto de asentimiento para confirmarlo,
totalmente absorta en sus palabras. Me encanta cuando está
en modo profesional y su trabajo me fascina. Puedo notar
la pasión en su voz.
—Como resultado de nuestra conversación, acabamos
barajando la posibilidad de desarrollar una fórmula a partir
de la serotonina natural que no tuviera efectos adversos en
el equilibrio químico del cerebro humano a medio y largo
plazo. Después de muchas pruebas y análisis realizados en
nuestros laboratorios, descubrimos que existen vínculos
potenciales entre nuestras áreas de investigación que, en
determinados escenarios, reducen significativamente la
probabilidad de depresión, especialmente por lo que se
refiere al concepto de «juego adulto». Eso nos llevó
indirectamente a analizar la secreción de los fluidos del
orgasmo femenino en cada tipo de sangre.
—¡Vaya, suena increíble!
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Marzo 31st 2014, 12:10

Capitulo 21
Este es el mejor Nick, la razón por la que es
mundialmente conocido como investigador. No puedo
evitar sentir una admiración absoluta por su capacidad y la
forma en que su mente tangencial trabaja encontrando
soluciones que otros han descartado completamente.
Siempre está abierto para explorar lo improbable.
—Creemos que existe otro vínculo potencial, uno que
aún no hemos explorado con detalle y que, sin embargo,
está relacionado con nuestra discusión de antes.
Hace una pausa y percibo un leve titubeo en su voz.
—Se refiere a la conexión sensorial, a los
microcircuitos neuronales que puedan existir entre el
cuerpo y el cerebro en relación con la actividad sexual y la
correspondiente secreción y liberación de hormonas.
Necesitamos hacernos con los servicios de un psicólogo
investigador antes de poder progresar con nuestros planes
de experimentación. Tus conocimientos específicos
pueden resultar fundamentales, especialmente en un
proyecto de esta naturaleza, por lo que nuestro Consejo
Supervisor me pidió que lo discutiera contigo y que
tanteara tu interés por aceptar ese puesto.
Nick sabe bien que el halago profesional le llevará a
donde quiera y que esta materia me toca muy a fondo.
Juega sus cartas con maestría y, como es habitual en él, ha
elegido el momento perfecto, sobre todo teniendo en
cuenta el estado en que me encuentro ahora, un estado del
que es totalmente responsable.
—Eres un hombre muy inteligente, Nick.
—Gracias, tú también eres una mujer muy inteligente
—responde con una sonrisa en la voz—. Si estás pensando
en considerarlo, puedo proporcionarte más información.
Significaría que trabajarías mano a mano conmigo, con
Samuel, con Ed —es decir, el profesor Applegate, en los
Estados Unidos— y con la doctora Lauren Bertrand en
Francia, que es una destacada química, además de con el
profesor Schindler, un neurocientífico alemán, y un par de
ingleses que aún tienen que dar su conformidad. Supondría
tener que viajar de vez en cuando... —Balbucea porque sabe
que eso ha generado más de un problema para mí en el
pasado—. Todos apreciaríamos inmensamente tu
colaboración, doctora __________(ta). Estás altamente recomendada
al margen de tu conexión conmigo y eres la primera opción
del equipo para ocupar el puesto. Tu conferencia del
viernes fue decisiva para afianzar nuestra opinión —añade
serio.—
Caray, no sé qué decir... Suena increíble, Nick.
Me siento secretamente feliz por que me hayan
considerado para el puesto y encantada de que aún podamos
mantener una conversación profesional después de todo lo
que hemos pasado en las últimas e interminables horas.
Qué gran oportunidad poder trabajar junto a mentes tan
distinguidas en sus respectivos campos. Es como un sueño
profesional hecho realidad. Pienso en Elizabeth y Jordan.
Los dos son ya mayores, pasan todo el día en el colegio y
tienen sus propios amigos y actividades. Repaso las
incontables veces que hay que llevarlos y recogerlos: del
entrenamiento de fútbol, las clases de piano, de baile, de
gimnasia. Actualmente los niños tienen sus vidas muy
ocupadas. Ya son capaces de arreglárselas si estoy fuera,
razono, y pasar algo de tiempo aquí y allá sería excitante y
positivo para poder vivir mi propia vida. Robert tiene un
trabajo muy flexible que le permite adaptarse a las horas de
colegio, mucho mejor que yo con mi profesión. He tenido
que dejar a un lado tantas oportunidades por estar con mi
familia que tal vez este sea el momento de decir sí. ¿Cómo
me sentiría si dejo pasar una oportunidad así?
—De hecho, me encantaría participar. Cuenta conmigo
—contesto decidida.
—¿De verdad? ¡Eso es genial! No tengo ninguna duda de
que tener a alguien como tú en el equipo marcará la
diferencia en cuanto a las aplicaciones prácticas de nuestro
análisis.
Realmente está en modo adulación, me digo.
—Gracias, Nick, te lo agradezco mucho.
Es como recibir elogios después de años de duro
trabajo, pienso mientras mi ego se hincha como un pavo.
—Y, para que quede perfectamente claro, espero de ti
que te involucres personalmente tanto en el desarrollo
conceptual de nuestras teorías como en su aplicación. Así
que nada de quedarse sentada en el banquillo, ________(sobren) .
¿Entiendes lo que estoy diciendo?
Mi estómago da una voltereta completa cuando
comprendo el significado de sus palabras.
—¿Seguro?
Me pregunto si aún quiero seguir adelante.
—No es posible abrir nuevos territorios y hacer
descubrimientos que cambien radicalmente el mundo sin
desafiar los convencionalismos y eso es algo que debe
empezar por nosotros mismos. Tu disposición para
implicarte y participar directamente en ambos lados de la
fase experimental del proceso será de suma importancia
para nuestro éxito. Dependemos de ello, así que es
totalmente innegociable para nosotros.
De repente mi amante se ha transformado en mi nuevo
jefe. Incomprensiblemente mi entrepierna se acalora en
anticipación a lo que me espera. Oh, vaya. ¿En ambos lados
del proceso?
Nuestro viaje llega súbitamente a su fin al igual que
nuestra conversación. Había imaginado que el trayecto de
vuelta al hotel sería más largo. En cuestión de segundos
Nick está junto a mi puerta y me guía cuidadosamente
fuera del coche.
—Bueno, ya estamos aquí. ¿Cómo te sientes?
—Un poco aturdida por tus últimos comentarios y aún
ciega, por supuesto, pero por lo demás perfectamente.
Se ríe mientras estiro las piernas.
—¿Puedo retirar su coche, señor?
La voz me sobresalta. Hace un buen rato que no
escuchaba otra voz.
—Por supuesto, gracias. —Escucho un tintineo de
llaves por delante de mí.
Nick me coge de la mano y subimos unos escalones.
Siento como si estuviera leyendo en mi cara y sé que está
esperando a que le pregunte dónde estamos, aunque me
mantengo deliberadamente callada. Escucho una puerta
abrirse.
—Bienvenido, señor. —Una aguda voz masculina nos
recibe muy cerca.
Resulta muy decepcionante que nadie diga: buenos días,
buenas tardes o buenas noches, algo que me proporcione
alguna noción del tiempo. ¿Acaso todo el mundo está
conspirando para mantenerme en tinieblas? ¿Dónde
podemos estar ahora? Todo suena muy formal. Siento que
al estar ciega voy llamando la atención en este nuevo
entorno y levanto dubitativa una mano hasta mis ojos.
—Deja de preocuparte, ________(tn) , vas perfecta. Nadie notará
nada.—
Para ti resulta fácil decirlo. —Sujeto su mano con
más firmeza.
—Por favor, pase a recepción, señor. Ya se han hecho
cargo de su equipaje.
—¿Equipaje? —susurro mientras caminamos—. No
tenemos ninguno.
Nuestros pasos resuenan en la amplia habitación. La
suela de goma de nuestras botas chirría contra el duro
mármol del suelo.
—Bienvenido, doctor Jonas, le estábamos esperando.
Nos complace que haya llegado a tiempo. Todo está
preparado; por favor, sígame. Si podemos ayudarle en algo,
no dude en pedirlo.
—Muy amable. Gracias.
Caminamos unos cuantos pasos y alguien aprieta el
botón de un ascensor.
—¿Han tenido un buen día hasta el momento?
—Ha sido un día magnífico, gracias, estamos deseando
acomodarnos aquí.
—Excelente, señor. Ciertamente esperamos que
disfruten de la experiencia que podemos ofrecerles.
Me siento como si fuera una mezcla entre la mujer
invisible y alguien con un lunar gigante en la cara que todo
el mundo puede ver pero hacen lo posible por ignorar. Una
vez más las mariposas comienzan a revolotear en mi
estómago..., a estas alturas pensaba que ya estaría
acostumbrada a su presencia. Las puertas del ascensor se
cierran y por alguna razón noto que estamos bajando y no
subiendo. Nos detenemos y salimos fuera del ascensor.
—Tal y como convinimos la planta entera es suya y
nadie les molestará, salvo que ordene otra cosa. Esperamos
que tenga una agradable estancia.
—Muchas gracias. Ciertamente lo vamos a intentar.
Escucho el ruido del ascensor desvanecerse a lo lejos y
me digo que otra vez estoy en terreno resbaladizo, al
tratarse de un sitio nuevo. Había conseguido memorizar
más o menos la disposición de la suite del ático, lo que me
proporcionaba cierta seguridad sobre mi entorno.
Nick me coge las manos y me lleva hasta un sofá.
—Ven, siéntate e intenta relajarte. ¿Quieres beber algo?
—Sí, eso sería estupendo, gracias —contesto aliviada.
Me tiende un vaso helado con sabor a distintas bayas.
Puedo distinguir el gusto ácido de los arándanos,
frambuesas y moras mezcladas con crema de yogur. Muy
diferente a lo que esperaba.
—Sin duda es una potente combinación de
antioxidantes.
—Enferma no me sirves de nada, ________(sobren) . Necesito
mantener tu sistema inmune en perfectas condiciones.
Qué afirmación tan extraña.
—¿Te importaría si me doy una ducha rápida cuando
acabe la bebida? Me encantaría quitarme esta ropa.
—Respecto a lo primero sí que me importa, a lo otro ya
te ayudo yo.
Suena un tanto distraído, aunque desconozco por qué.
Me quita el vaso y empieza a bajar cremalleras y soltar
hebillas aquí y allá. Qué alivio poder desprenderse de estas
ropas tan pesadas, siento como si me hubiera quitado cinco
kilos de golpe.
Me ayuda a ponerme una camiseta y unos pantalones de
chándal y doy gracias en silencio por no tener que
quedarme solamente con las braguitas francesas. Estiro los
pies dejando que mis dedos se acostumbren a la gruesa y
lujosa alfombra. Es un placer poder liberarse de las botas.
Tras llevarme de vuelta al sofá me acerca de nuevo la
bebida.
—¿Y la ducha?
—Ya he dicho que todavía no ha llegado el momento de
lavarse.
Me siento un poco confusa ante el tono dominante de
su respuesta.
—Bueno, desde luego estás cumpliendo tu horario a
rajatabla, ¿no es así? ¡No me había dado cuenta de que
teníamos cronometrado cada minuto!
—Hay muchas cosas de las que aún no te has dado
cuenta, cariño —susurra en mi oreja, con voz tenebrosa y
oscura. Un escalofrío me recorre la espina dorsal hasta la
rabadilla—. ¿Te sientes más cómoda ahora? —Su voz ha
vuelto a ser la de siempre.
—Oh, sí, mucho mejor, aunque sigo queriendo darme
una ducha. —Estiro el brazo y al tocar su muslo, lo acaricio
con mi mano—. ¿Estás seguro de que no puedo
convencerte para que te duches conmigo?
Trato de levantarme del sofá.
—No. Ahora siéntate. —Esta vez me resisto a
obedecer. Sus manos me empujan con firmeza de vuelta al
sofá. Abro la boca desconcertada—. Por favor, siéntate.
Necesitamos acabar nuestra conversación, llegar a algún
acuerdo. —Su tono es ahora ligeramente más suave.
Oh, genial, yo necesito una ducha y él necesita hablar.
—Está bien. Yo seguiré oliendo mal mientras tú hablas
—respondo lo más desafiante que puedo—. Y luego me
ducharé —repito, dejando claro que es una afirmación y no
una petición.
Vuelve a ponerme la bebida en la mano y se mueve para
estar más cerca de mí.
—¿Sabes lo mucho que te respeto?
—Sí, al menos la mayor parte del tiempo.
—¡________(tn) !
Puede sonar tan autoritario con solo una palabra... Si al
menos yo tuviera esa capacidad... Está claro que va a ser
una conversación seria.
—Sí, está bien, lo sé.
—Quiero jugar contigo y provocar un poco más de
crispación. Quiero llevarte a un sitio al que nunca te has
atrevido a ir, darte la oportunidad de abrazar tu sexualidad
como nunca habrías creído posible.
¡Otra vez ha puesto la directa! Su voz cautivadora y
seductora reverbera en mi sexo y en mi mente al mismo
tiempo. ¿Cómo consigue hacerme esto? ¡Con solo usar
unas palabras, por amor de Dios! Trato de controlar mi
respiración mientras me tomo un momento para digerir su
declaración.
—Hemos estado jugando el uno con el otro desde la
primera vez que nos conocimos, Nick, y este fin de
semana está siendo una interminable montaña rusa de
juegos y sensaciones físicas y mentales, por usar tu
vocabulario. ¿A dónde más podrías llevarme?
—Pero hasta el momento te has divertido, ¿no es así?
Tú misma lo has reconocido.
Suelto un suspiro antes de contestar.
—Por mucho que me cueste admitirlo en voz alta, sí,
m e ha gustado. Aunque, al mismo tiempo, me asusta. —
Hago una pausa y pienso en nuestra conversación del coche
y en su posible conexión con las teorías del juego—. Sabes
que algunos psicólogos creen que el juego es
probablemente la fuente más poderosa de alegría que los
humanos pueden experimentar, puesto que contiene tanto
diversión como miedo. Algunos creen que incluso puede
proteger contra la depresión...
Me paro en seco cuando las palabras salen de mis labios
porque finalmente caigo. He estado tan deliciosamente
distraída por él que, tonta de mí, he tardado más de la
cuenta en comprenderlo.
—¡Eso es lo que quieres seguir explorando! ¡Lo mismo
que has estado haciendo conmigo, asegurándote de que
estuviera todo el tiempo en una montaña rusa de diversión y
miedo!
—Exacto, ________(sobren) , por fin lo has entendido. La idea es
demostrar que el «verdadero» juego es esencialmente un
ataque de ansiedad simulado.
—Bueno, desde luego me has provocado un montón de
ellos desde el viernes. Así que si esto era lo que estabas
esperando, lo has conseguido con creces.
No puedo evitar pensar si no me estaré dejando algo...,
si no habrá todavía algo más. Siento como si desde un
principio hubiera tenido la intención de mantenerme en la
oscuridad, literal y figurativamente, desde nuestro
reencuentro. Y solo ahora empezara a revelarme poco a
poco el verdadero propósito del fin de semana. ¿Está
creando experiencias para enseñarme más sobre cómo
manejar el estrés, o el «juego», como él lo llama, o soy
simplemente un peón en algún juego mucho más amplio?
—He estado participando en estudios que analizaban la
amígdala, los núcleos de células del cerebro responsables
del miedo, y el modo en que envían mensajes a los lóbulos
frontales del cerebro.
Pues claro que lo ha hecho.
—Estoy especialmente interesado en los circuitos de
recompensa de la dopamina y en la liberación de sustancias
químicas como los opiáceos. Nuestros primeros resultados
tras los análisis confirman una inesperada correlación con
el trabajo de Sam desde la perspectiva del placer. Esa es la
razón por la que tenemos que estudiarlo más
detalladamente.
Sus comentarios me llevan a una nueva curva de
aprendizaje, su inteligencia más aguda que nunca.
—Debo admitir que nunca imaginé que me sentiría así.

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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Marzo 31st 2014, 12:14

Capitulo 22
No puedo recordar ningún otro momento en el que mi
cuerpo y mi mente hayan estado en alerta total, ni más
estimulados, o podría decirse, excitados. Siento como si
todo mi ser por fuera y por dentro estuviera literalmente
bullendo, en plena actividad, debido tanto al miedo como al
placer.
—Fascinante, eso es genial. Significa que todo está
funcionando. —Parece perdido en sus pensamientos.
—¿Qué es lo que está funcionando, Nick? Y por
cierto, ¿hasta dónde quieres llegar con esto?
—Esas son otras dos preguntas, ________(sobren) .
Estoy totalmente exasperada. Pero él no me hace caso.
—Quiero jugar más duro, quiero llevar los límites de
nuestra relación aún más lejos.
—¿Los límites entre nosotros? ¿Hasta dónde quieres
llegar? —digo con voz súbitamente chillona. ¡Oh, no, más
preguntas!—. Lo siento, no pretendía preguntar... —Guardo
silencio sin saber bien qué decir. Me está convirtiendo en
una sumisa ciega y muda.
Ay, Dios mío, ahora lo entiendo... Por fin todo me
encaja. Estaba claro que había algo más detrás; ¿cuando no
lo ha habido con Nick? ¿Cómo he podido ser tan
ingenua? ¡Mi tesis! Realmente quiere llevarme a un lugar
en el que nunca he estado, al que nunca me atreví a llegar.
Sabía que no debería haberle pasado nunca una copia de la
maldita tesis. Sabía que me arrepentiría. ¿Quién habría
imaginado que después de tantos años volvería a acecharme
con ella?
—Voy a presionarte mucho más de lo que hemos hecho
nunca, pero quiero que sepas que yo mismo me encargaré
de que estés segura y atendida.
—Quieres que yo sea el instrumento de tu
investigación, ¿no es eso, Nick? Reconócelo
abiertamente.
—Sí, eso pretendo. —Me deja un tanto aturdida que lo
haya admitido tan rápido—. Como te he dicho, necesito tu
cuerpo y tu cerebro a ambos lados del experimento. Pienso
sinceramente que estamos a punto de descubrir una cura y
tú eres una de las pocas personas que pueden ayudarnos. Tu
papel es crucial.
—Pues claro que me gustaría involucrarme en el
descubrimiento de una cura para la depresión, Nick. ¿A
quién no? Pero tengo muchas preguntas, debes
comprenderlo.
Algunas de ellas surgen espontáneamente en mi cerebro
como para corroborármelo...
¿Cómo quieres transgredir los límites?
¿Qué significa eso?
¿Qué ha cambiado esta vez?
¿Qué pasa si yo no quiero hacerlo?
¿Cómo puedo saber que voy a estar bien?
¿Estás loco?
¿Estoy loca?
¿Cómo coño me he metido en este lío?
—Pues claro que lo entiendo, cariño, y te contestaría si
pudiera, de verdad, pero en este caso en particular no
funciona así. ¿Por qué crees que puse esa condición para
este fin de semana?
Oh, mierda, he estado jugando totalmente en sus manos.
Sus dos condiciones para el fin de semana: sin vista y sin
preguntas. ¿Qué es lo que me ha estado produciendo tanto
miedo y ansiedad? Exactamente esas dos cosas. Tal vez mi
cerebro se esté volviendo más lento a medida que me hago
mayor. ¿Cómo no me he dado cuenta antes? Ha construido
cuidadosamente la situación en la que me encuentro y
ahora debo decidir si asumo personalmente el riesgo en
aras de una gran recompensa para la humanidad. Una
decisión que sabe que, por primera vez, consideraré
seriamente. ¿Quiero continuar este viaje con él explorando
mi lado oscuro, un viaje que nunca he tenido el valor de
experimentar hasta este momento de mi vida? Realmente
es un consumado maestro.
Me aterroriza. Me excita. ¿Seré capaz de dar el salto?
¿Hasta dónde quiere llegar? ¿Hasta dónde quiere que yo
llegue? ¿Podré soportarlo? No tengo ni la menor idea. Doy
otro trago a la bebida de bayas para distraerme de mi
creciente tensión.
—Todas tus preguntas serán respondidas en su
momento, te lo prometo —dice en voz queda, como si me
estuviera leyendo la mente.
En ese momento suena el timbre de la puerta y oigo que
deja pasar a alguien.
—Si la señora puede acompañarme... —Las palabras me
paralizan. Es difícil descifrar si se trata de una voz
masculina o femenina.
Nick advierte mi reacción y me rodea con sus brazos.
—Estarás bien. Enseguida me reuniré contigo, te lo
prometo. Solo necesitamos cambiarnos. Y darte esa ducha
que tanto deseabas.
—¿Por qué no puedes venir conmigo? ¿O yo quedarme
contigo? —Mi tono desamparado me sorprende incluso a
mí.
—No es así como se funciona por aquí. Te prometo que
estaré contigo en diez minutos más o menos.
—Por favor, Nick, no me dejes. —Me siento como
una niña en su primer día de colegio, arrastrada lejos de
mis padres por el profesor. Me levanta del sofá,
sosteniendo mis manos. Y luego las posa sobre otra mano
extrañamente suave que me saca de allí.
—Estaré contigo enseguida.
Presiento que debe de estar observándome mientras me
alejo dubitativa. Sinceramente, no sabría decir si creo que
está preocupado o es que le divierte arrojarme, una vez
más, a lo que parecen ser las fauces del león. Supongo que
será una mezcla de ambas cosas, lo que resulta aún más
desconcertante.
Sin embargo, no hacía falta que me preocupara tanto. El
extraño me conduce a través de un largo pasillo hasta una
cálida habitación. Allí me desprende de mi ropa
silenciosamente con gran cuidado y consideración. Me
lleva hasta un cuarto de baño y, por fin, siento el alivio de
poder hacer mis necesidades. Oigo cómo se abre la ducha y
noto el vapor cerca de mi piel. Mi desnudez es total, pero
ya no importa. Doy un paso hacia la vaporosa ducha y dejo
escapar un suspiro cuando el agua recorre mi piel y mi
cabeza, empapándome. Permanezco bajo el chorro durante
un buen rato hasta que una mano me coge del brazo y me
empieza a frotar. A diferencia de las suaves y delicadas
manos de esta mañana, sus friegas son vigorosas y
estremecedoras. Mi otro brazo recibe el mismo
tratamiento, al igual que mi espalda, el estómago, el trasero
y cada una de mis piernas y pies. Todo mi cuerpo está
siendo exfoliado y, aunque la sensación es áspera y dura,
me siento bien. Como si se hiciera para algún propósito
determinado. Pienso en gritar: «Pare, me está haciendo
daño» o «No estoy tan sucia», pero no lo hago y permito
que las firmes manos continúen restregándome hasta que
su misión parece haberse completado. Casi me alegro de
que me hayan eliminado las capas de suciedad de la piel
para dejarla totalmente impoluta. ¿Hará esto que me sienta
limpia? Físicamente, sin duda. Emocionalmente, apenas ha
tocado la superficie.
La ducha se cierra y me envuelven en un lujoso y cálido
albornoz. Permanezco quieta, momentáneamente perdida
en el mundo desconocido en el que me he permitido entrar.
Cuando me sacan de allí apenas si soy consciente de mi
situación.
—No ha estado tan mal, ¿verdad?
Tardo un instante en comprender que, fiel a su palabra,
he vuelto a reunirme con Nick.
—No, no ha estado mal. ¿Dónde demonios estamos?
—________(sobren) , por favor, te lo suplico, no hagas más
preguntas. Aquí no. —Su voz resuena por toda la
habitación, con un matiz cada vez más angustiado y
preocupado.
—Está bien, lo intentaré.
—Gracias. ¿No adivinas dónde estamos?
—No, ni idea. Hay mucho eco, pero de alguna forma
amortiguado. Puedo escuchar el agua cayendo a lo lejos. —
Confío en que estemos solos.
—Por aquí, ven, siente esto.
Me lleva unos cuantos pasos más lejos y apoya mi mano
sobre lo que parece ser frío mármol. Poso también la otra
y empiezo a deslizarlas hacia abajo.
—Parece un torso. —Sigo descendiendo.
—Ahora parece un trasero. —Me río—. Por favor, no
me digas que estamos en un museo vestidos simplemente
con un albornoz, Nick.
—No, no exactamente, pero estamos rodeados de
estatuas.
Resulta muy extraño estar acariciando una escultura. De
haber estado en un museo o en una galería nunca se me
habría permitido hacerlo; imagínate deslizar tus manos por
la estatua del David en Florencia.
—Da la vuelta hacia la parte delantera.
Desplazo cuidadosamente las manos alrededor del torso
y palpo una enorme erección. Vaya, obviamente no se trata
de l David. Me siento muy traviesa mientras calculo su
medida y espesor.
—¿Te gusta?
—Te prefiero a ti.
—Me encanta que me lo confirmes. Pero ¿qué me dices
de esta? —Caminamos unos pocos pasos y coloca mis
manos en otro torso de mármol.
—Este es de una mujer. —Rápidamente retiro las
manos. Nick las lleva de vuelta a los pechos, sus manos
rodeando las mías para mantenerlas ahí.
—¿Te resulta difícil?
—Solo he palpado los míos.
—No es más que mármol, ________(tn) . Siéntelos por mí.
Dejo que mis dedos y mis palmas se posen sobre ellos,
mientras él se mantiene cerca, justo detrás de mí.
—Retuerce los pezones entre tu pulgar y el índice. —
Me pregunto por qué esto resulta tan erótico—. Es lo
mismo que yo hago contigo, solo con mis palabras, cariño.
Sus manos penetran bajo mi albornoz para rodearme los
pechos y certificar su afirmación. Mi bajo vientre ruge de
aceptación.
—Ven.
Me coge la mano y me lleva lejos de las eróticas
estatuas.
—Túmbate. Necesito echarte las gotas de los ojos.
Me baja hasta un duro banco; parece una estrecha
superficie de mármol. Me tiendo plenamente consciente de
que estoy aceptando sus condiciones para el fin de semana,
sin la resistencia que tanta tensión y ansiedad me ha estado
causando.
—Gracias —dice de corazón.
Una vez más, repite metódicamente todo el proceso
para asegurarse de que continúo ciega. Esta vez acepto mi
destino con serenidad pero, instintivamente, no puedo
evitar intentar abrir los ojos. Sigo sintiéndolos muy
pesados, mis párpados no pueden separarse.
Permanezco inmóvil esperando a que por segunda vez
las gotas y el ungüento hagan efecto. Nick desliza el
albornoz dejándolo caer por mis hombros y me insta a que
suba los brazos por encima de mi cabeza. Sé que le gusto
en esta posición, en la que puede acceder directamente a
mi cuerpo. Desplaza metódicamente mis piernas a cada
lado del banco, dejándome abierta para él. Es como si toda
su suavidad e intensidad trataran de compensar su acto de
asegurar mi ceguera. Mi pulso se acelera en anticipación.
Me besa ligeramente los pezones, pasando los dientes por
ellos y luego la lengua por la punta, hasta que imagino que
estarán duros como los de la estatua. ¡Qué bien lo hace! Mi
cerebro se nubla. Su roce me pone la piel de gallina. Y
mientras su boca continúa concienzudamente por mi
vientre, concentrando toda su intensidad, mi cuerpo se agita
en respuesta a su delicada caricia... Mi piel está ahora
extremadamente sensible, receptiva, por efecto de la
fricción de la ducha. Mi deseo por él es tan agudo que
parece como si hiciera años, y no horas, desde la última vez
que mantuvimos contacto sexual. Soy consciente de su
cercanía cuando se inclina entre mis muslos. Estoy tan
excitada que podría estar flotando sobre el techo. Entonces
sopla suave, ligera y silenciosamente sobre mí. La
sensación es exquisita. Sin tocarme, con solo su aliento,
hasta que sus labios se unen muy lentamente y después su
lengua se suma al ritmo que ha creado a través de mi
cuerpo. Es dolorosamente divino. Noto que una oleada de
sangre me recorre palpitante todo el cuerpo, inflamándome
de expectación como si nunca le hubiera deseado tanto.
Y entonces, súbitamente se para. Me quedo en plena
agonía, insatisfecha, sin haber podido desfogarme. Noto su
cara junto a la mía y extiendo el brazo para atraerlo hacia
mí, besando sus labios desesperada por tenerlo.
—¿Qué me estás haciendo? Por favor, no me dejes así.
Te necesito, te deseo, por favor. —Mi cabeza da vueltas y
mi corazón bombea a toda prisa.
—Todo a su debido tiempo, cariño. Necesito que te
sientas más lasciva que nunca.
—¿Lasciva? Dios, eso no es justo. —Creo que estoy
haciendo pucheros; qué infantil.
—Ya sé que no es justo, CC, pero la espera valdrá la
pena, te lo prometo.
¿De dónde demonios saca la fuerza para imponerse esa
clase de control? ¿Y por qué yo no la tengo?
Sus brazos me levantan poniéndome en pie. Mis piernas
tiemblan como gelatina a causa de la tensión no liberada de
mi hinchado sexo. Me coge de las manos y muy despacio
da varios pasos conmigo hasta que recupero el equilibrio.
Puedo sentir el agua caliente bailando alrededor de mis
pies, justo cuando su dedo índice se posa en mis labios
advirtiéndome que guarde silencio y previniéndome para
que no haga más preguntas.
Estoy desnuda frente a él, o al menos espero que sea
solo él, sin ni siquiera un antifaz o las gafas de sol tras las
que esconderme, solo mis párpados cerrados y bien
sellados. Me conduce por una rampa y un sedoso líquido
rodea rápidamente mi cuerpo con cada nuevo paso que
damos. Sus brazos me levantan y me depositan en el
líquido, que cubre mi piel; me siento como un bebé al que
le sumergen en un cálido y amoroso baño. Hay algo en él
que resulta absolutamente relajante. Y, sin embargo, siento
un temor subyacente, un presentimiento. Trato de apartarlo
de mi mente.
—Tomémonos un tiempo para relajarnos, soltarnos y
absorber la experiencia.
No discuto.
Sus manos se deslizan hasta mi trasero, empujándome
suavemente hacia delante hasta que estoy totalmente
inmersa, flotando en el agua. Es increíble. Por alguna razón
tengo la sensación de que está limpiando mi cuerpo,
preparándolo para un fin más importante. Las imágenes de
todos los bautismos y actos de cristianar a los que he
asistido regresan a mi mente con el simbolismo que
implica el ritual del agua purificadora. El silencio que nos
rodea, combinado con la sensación del líquido en el que
estoy flotando, reafirma las imágenes en mi cerebro. Lo
único que parece haber aumentado es el sonido del agua
chocando contra los bordes. Es como si estuviéramos
dentro de una especie de mágica burbuja de agua. Una vez
más, no puedo evitar preguntarme de qué lugar se tratará.
Es una sensación maravillosa poder flotar así. Trato de
absorber la experiencia mientras siento a Nick flotar
sereno a mi lado en esta extraña piscina. Lo imagino desde
arriba, una versión flotante y circular del hombre de
Vitrubio de Da Vinci, como un hermoso dios. La
temperatura del agua parece estar en perfecta armonía con
la de la habitación, creando la surrealista sensación de estar
dentro de un vientre materno. Vamos alternando entre
diferentes piscinas: una muy caliente, que impresiona al
entrar y que inicialmente me hace sentir ligera, pero que,
cuando el cuerpo se adapta al calor, resulta sublime; y otra
fría, que vigoriza y limpia, haciendo que mi corazón se
acelere y bombee rápidamente la sangre a través de mis
venas, y que me recuerda que estoy más viva que nunca. Mi
circulación palpita por la fluctuación de temperaturas a
medida que mi piel absorbe agradecida los distintos
minerales. Siento como si, de alguna forma, estuviera
recuperando mi equilibrio vital. Incluso me alegro de que
no estemos hablando, ya que el silencio contribuye a llenar
mi mente de tranquilidad, envolviéndome en una gran calma
tras el ajetreado viaje en el que me he embarcado desde que
me encontré con Nick para tomar una copa «inocente».
Parece que fuera hace una eternidad. Mi intuición me
sugiere tímidamente que esa versión de mí misma
desapareció cuando acepté mi ceguera y que debería
reconocer que estoy en pleno proceso ritual de volver a
nacer. Pero aparto la idea de mi mente, no queriendo
ahondar más en ello.
Cuando salimos de la piscina alguien me envuelve en
una toalla. Noto la piel sensible y viva, lo que aún resulta
más patente cuando hacen que me tienda boca abajo sobre
el estómago. Me acomodo ligeramente para acoplarme al
banco cubierto por una toalla sobre el que estoy tumbada.
Unas manos fuertes empiezan a amasar mis omoplatos y
distintas zonas de mi espalda, y me sorprende comprobar
que estoy en una mesa de masaje. Desde luego Nick ha
planeado las últimas horas a la perfección, al margen del
orgasmo «desaparecido en combate».
Justo cuando me retiran la toalla de debajo del cuerpo,
un fuerte aroma a naranja y miel penetra por mis fosas
nasales. Alzo la cabeza ligeramente desde su posición para
confirmar el dulce olor a cítricos, pero me la bajan de
nuevo. Me recogen el pelo sobre la cabeza dejando mi nuca
al descubierto y apartándolo de mi cuerpo. Siento una
sustancia pegajosa derramarse sobre la zona lumbar antes
de que las manos regresen y el masaje recomience. El
pringoso aceite va extendiéndose por mis extremidades a
medida que las expertas manos se aseguran de que estoy
completamente embadurnada con la embriagadora y
pegajosa mezcla.
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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Abril 24th 2014, 15:14

Holaaaaa mil perdones que no pude pasar antes
Ame los capítulos, sigo sin entender si. Nick hace todo esto por la investigación o si lo hace por gusto y porque la quiere, y la investigacion es un plus... También quiero saber que va a pasar cuando el fin de semana termine y la rayis tenga que volver con su esposo e hijos....
Tenes que seguirlaaaaa es muy emocionante el estar ciega como la rayis y no saber que se le va a ocurrir hacer a nick después.... Besos!!!
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Mayo 4th 2014, 17:16

hola! espero que esten bn! tratare de subir lo mas seguido posible! besos!
Capitulo 23
Dejo que mi mente divague, sin concentrarme en nada
en particular. En lo más hondo de mí sé que cuanto más
piense en mi situación, más estresado estará mi cuerpo, lo
que no es conveniente cuando unas manos tan poderosas
como estas están disolviendo bajo su contacto la tensión de
cada uno de mis músculos. Intento concentrarme en mi
respiración... y durante un buen rato lo consigo. Quiero
desenterrar de mi mente la insistencia de Nick por
mantenerme ciega y sin hacer preguntas durante el fin de
semana. Admito que su lógica tiene en parte sentido, y no
puedo negar que desde luego he experimentado una
increíble sobrecarga sensorial. En cuanto a las emociones,
no sé si voy o si vengo... Debería relajarme y dejarme
llevar, me encantan los buenos masajes y este es
maravilloso. Es una sensación muy placentera y, a medida
que el aceite penetra en los poros de mi piel, puedo notar
cómo me vuelvo más suave y empalagosa. Entonces, ¿qué
es lo que me pasa? No puedo evitar pensar que aún hay algo
más que Nick no me está contando. No es normal
arriesgar una relación como esta por un poco de frivolidad
y, ocasionalmente, algunos momentos de terroríficas
fantasías, ¿verdad? Incluso aunque sea con Nick...
Incluso aunque me sienta más viva, sensual y sexualmente,
de lo que he estado en toda mi vida... ¿Acaso nuestra
relación va más allá de este fin de semana?
Mis pensamientos son bruscamente interrumpidos
haciéndome volver a la realidad cuando varios brazos me
levantan, me dan la vuelta y me colocan de nuevo sobre la
mesa de masaje. Noto cómo vuelven a aplicarme la mezcla
de naranja y miel en el vientre y unas manos más pequeñas
empiezan a trabajar sobre mi estómago, el busto y los
senos. Doy un respingo cuando se deslizan sobre mis
pezones e instantáneamente intento controlar mi
respiración. Solo es un masaje, me digo. Las manos
adaptan su ritmo a mi respiración y el manoseo continúa, al
igual que mi errática reflexión.
Nick tenía razón. Tengo demasiadas preguntas en la
cabeza que parecen estar multiplicándose
exponencialmente en mi cerebro como un mal virus. Mi
cuerpo renuncia a toda presunción de carne y hueso cuando
las insistentes manos lo moldean como si fuera arcilla
blanda. En cualquier caso, ¿qué otra cosa puedo hacer? ¿Se
me impedirá una vez más que me marche? Ni siquiera sé
dónde estoy. Mi respiración se vuelve entrecortada
mientras reflexiono sobre las consecuencias de estar aquí y
la realidad de intentar escapar. ¿Es eso lo que realmente
deseo? Sé, en lo más profundo de mí, que no quiero
marcharme, que no es más que miedo de explorar lo que ha
planeado para mí, como siempre me ocurre al principio.
Maldito sea Nick por hacerme esto; por forzarme a
alcanzar una conclusión que parece imposible. ¿De verdad
soy tan débil? Todos los valores a los que tan
desesperadamente me he aferrado a lo largo de mi vida,
aquellos que me han proporcionado estabilidad, sentido y
mérito, ¿tengo que tirarlos ahora por la borda por un
despreocupado y rocambolesco fin de semana? ¿Es eso
todo lo que tendré? ¿O realmente se trata de una valiosa
investigación?
Mi mente estalla bajo el peso de mis dilemas morales
dejando solo el aturdimiento. Mi cuerpo se queda inmóvil,
ya no queda resistencia que oponer. Soy solamente una
medusa esperando que una nueva corriente me arrastre
hacia mi futuro rumbo. Exhausta mental y emocionalmente,
y ahora también físicamente maleable, justo como él
quiere que esté, no me cabe duda. Dejo que la oscuridad se
apropie de mi mente y que la fútil desesperación de mis
pensamientos desaparezca.
Las imágenes de momentos pasados acuden a mi mente
aletargada. Recuerdos felices: mis niños, fiestas de
cumpleaños, rostros sonrientes, mi hijo diciéndome que
me quiere ochocientos mil tropecientos billones de veces
más que el universo, y mi hija explicándome que vivirá
conmigo por siempre jamás por lo que solo podrá casarse,
única y exclusivamente, conmigo. Recuerdos de mis hijos
que emergen de mi subconsciente uno tras otro. Momentos
sencillos, sin complicaciones, pero ¿por qué Robert
aparece siempre distante, desconectado, en estas visiones
de familia unida? No me había dado cuenta hasta ahora.
Esas imágenes dicen mucho de quién soy, minuto a minuto,
día a día. Y sin embargo, ¿por qué siento como si aún
faltara algo? ¿Por qué su lenguaje corporal refleja que a él
también le falta algo?
Mi debate interno parece girar como una espiral fuera
de control. Nick ha mencionado la posibilidad de que
explore mi oscura y secreta fantasía, la misma que me
proporcionó la base de mi tesis tantos años atrás, aquella
que apenas he querido reconocer como propia, excepto
brevemente con él. ¿Seré lo bastante valiente? Nunca
podría llegar allí con nadie más que con Nick, y él me
está poniendo esta experiencia en una bandeja
personalizada y profesional. ¿Qué pasaría si dijera que no
cuando, en realidad, es lo que siempre he deseado
experimentar, conocer y entender de una vez por todas? Mi
mente divaga confusa, incapaz de procesar la complejidad
de mis pensamientos mientras me rindo a las mágicas
manos del masajista.
El sonido de unas ruedas en movimiento me devuelve a
la tierra y es entonces cuando comprendo que me estoy
moviendo; tumbada, pero moviéndome. Trato de incorporar
m i s miembros de goma sobre la camilla. Están tan
relajados y laxos a causa del masaje que es prácticamente
imposible. Lo vuelvo a intentar.
—Por favor, quédese quieta, no tardaremos mucho.
—¿Qué? ¿A dónde vamos? —Mi voz suena áspera,
apenas soy capaz de pronunciar las palabras.
Debo de haberme quedado medio dormida ¿durante
cuánto...? ¿Minutos? ¿Horas? No creo.
Entonces nos detenemos.
—Señora. Está despierta, ¿puedo ayudarla? —me dice
una voz femenina.
—Ah..., sí, gracias. —Mi natural educación entra en
acción—. ¿Puede decirme cuánto tiempo he estado
durmiendo?
Unas manos me levantan suavemente hasta sentarme.
Noto que me cubren los hombros con una prenda que no
consigo identificar —es aterciopelada y parece pesada—.
Advierto que no tiene mangas, o al menos mis brazos no las
encuentran. Siento su tacto suave contra mi piel sedosa, en
la que ya no queda ningún resto de la pegajosa crema de
masaje.
No hay respuesta. ¿Es que todas las personas con las
que me cruzo han recibido órdenes de no responderme?
—¿Le apetece un poco de té a la señora?
Oh, té, vaya sorpresa.
—Sí, claro.
Las palabras salen con crudeza de mi boca.
—Eso sería estupendo, gracias —añado recordando mis
modales—. ¿Podría decirme dónde está Nick, es decir,
el doctor Jonas?
Nada. No sé si está conmigo o no, aunque no me parece
percibir su presencia, si es que eso tiene algún sentido.
—¿Nick? —insisto—. Por favor, si estás ahí
contéstame. Tenemos que hablar. ¿Por favor? —Mi voz
suena más angustiada con cada nueva palabra.
Qué típico, justo cuando necesito hablar con él ha
desaparecido.
Siento que me tienden una taza de humeante té que
huele de maravilla. Su calor me calma y contribuye a
distraer mis nervios. Al oler la infusión, creo reconocer el
aroma a manzanilla y un pellizco de vainilla tal vez. Bebo a
pequeños sorbos para no quemarme los labios. Delicioso.
La pequeña taza parece un peso pesado en mis manos
debido al relajado estado de mis músculos. Cuando la
termino, noto unas correas alrededor de mis muñecas.
Alguien me quita la taza, y aprovecho la oportunidad para
explorar un poco. Parecen de cuero con algo metálico que
tintinea por encima y por debajo. Miden unos cinco
centímetros y se adaptan a la perfección a mis muñecas.
¡Mierda!
¡Nick!
El silencio me rodea.
Trato de buscar el cierre, pero no encuentro ninguna
abertura. No me digas que esto también ha sido hecho a
medida. Siento mi pulso acelerarse. Examino mentalmente
mi cuerpo para localizar algún otro objeto extraño y, como
no podía ser menos, descubro que también hay otras dos,
un poco más grandes, alrededor de mis tobillos. Oh, Dios
mío, puedo sentir cómo se me aflojan las rodillas. En un
acto de rebeldía intento buscar una juntura o algún
mecanismo para abrirlas. Nada. ¿Habrá sucedido mientras
dormía?
Súbitamente doy un respingo cuando noto que otra
correa está siendo deslizada hábilmente alrededor de mi
cuello; escucho un extraño sonido mientras la tensan y
ajustan. Durante un instante me quedo aturdida, con la
sensación de no poder respirar hasta que me adapto a la
opresora sensación. Esta también tiene unas argollas
metálicas que tintinean, una delante y otra detrás. Me
paralizo. O sea que esto era a lo que Nick se refería
cuando habló de jugar duro, de llevar las cosas más lejos.
¿Qué pretende experimentar conmigo de esta forma? Y
lo más importante, ¿por qué quiere que yo lo experimente?
Está bien, me digo, intentando calmarme, ni que no
supiera que esto terminaría por llegar de un modo u
otro; pues aquí está. Y por lo visto va a suceder muy
pronto. ¡Oh, Dios mío! La adrenalina que bombea mi
corazón y late por mis venas es más intensa que cuando
salté de la avioneta. La fisicidad de mis emociones es tan
fascinante como asombrosa. Tan real, tan intensa, tan vital.
¿Estoy preparada para detenerme ahora, cuando mi
respuesta es tan inquietante?
¿Qué otras alternativas tengo? Podría hablar. Podría
gritar. Tal vez eso es lo que debería hacer, ahora mismo,
ya..., pero no lo hago. Me digo a mí misma que ya intenté
esa táctica durante la cena sin ningún resultado, y menos
mal que él decidió no hacerme ningún caso porque, a largo
plazo, la tensión sexual fue extraordinariamente
gratificante. Siento como si una energía carnal recorriera
literalmente mi cuerpo ante el recuerdo. Oh, sí,
definitivamente valió la pena luchar contra mi propio
miedo para lograr tan deliciosa recompensa.
Todo este montaje debe de formar parte de su plan
maestro. Para empezar ya ha conseguido hacer que
hiperventile y aún no ha sucedido nada, aparte de un
exquisito masaje y unas correas de cuero atadas a mi
cuerpo. Me gusta y, a la vez, odio que me haga esto, que me
haga sentir y experimentar cosas que nunca creí posibles.
Que me haga sentir como si cada latido de mi corazón
tuviera un significado en mi vida. Voy a intentar hacerlo por
él, por mí misma y por su investigación. Voy a ser fuerte
por él y tal vez, solo tal vez, eso me ayude a conseguir mi
liberación. De quién, de lo que quiero..., posiblemente de
mí misma...
¿Estoy dispuesta a descubrir la verdad de primera mano
antes que contemplarla desde el banquillo de mi vida?
Permanezco en silencio mientras me atan las muñecas a
la espalda.
Y sigo callada cuando una capucha de terciopelo cubre
mi rostro.
Totalmente muda, mientras soy conducida por un
pasillo y mis pies desnudos se hunden en una gruesa
moqueta. Recatada y sin oponer resistencia, cuando unos
desconocidos, unos extraños sin rostro, me llevan a mi
destino. ¿Cuánta gente me rodea? No tengo ni idea. Puedo
sentir su energía, pero no calcular cuántos son.
No me queda más remedio que enfrentarme a la cruda
realidad y decidir de una vez por todas si realmente confío
en Nick. Imagino mi vida sin el seductor, atractivo,
tentador y desafiante Nick en ella. Desde luego que
confío, ¿cuándo no lo he hecho? Solo él consigue que mi
vida en blanco y negro se vuelva de un brillante tecnicolor.
Aunque sería un error por mi parte ignorar que también es
un maestro en crear insólitos dramas psicológicos, como
este en el que estoy inmersa. En ese momento, mis
pensamientos son súbitamente interrumpidos por una
profunda voz de barítono.
—Acérquenla a mí.
Me llevan.
Unas fuertes manos masculinas me agarran por los
antebrazos.
—Quítenle la capa...
Me la quitan.
Y me separan las piernas.
La vida es extraña, ¿no es cierto? Pasamos la existencia
construyendo nuestra autoestima, aprendiendo a amarnos, a
educarnos, a mejorar, ¿para luego llegar a esto? Con qué
increíble rapidez la confianza que nos hemos construido,
que tan cuidadosamente hemos ido armando capa tras capa
durante años e incluso décadas, puede llegar a disolverse en
la nada en unos pocos segundos.
La apariencia de la gente, su forma de vestir y actuar, lo
que haces, lo que ganas, lo bien educado que estás, no
significan nada cuando eres despojada de todo,
desesperadamente desnuda, tu visión violada, los símbolos
de esclavitud atados a tus tobillos, muñecas y cuello.
Dos dedos penetran diestramente en mi vagina con tal
eficacia que mi mente enmudece al instante y la realidad se
abate sobre mí. Me tambaleo hacia delante, aturdida ante la
intrusión, pero alguien me devuelve a mi lugar. Mi
respiración se acelera en respuesta.
¿Qué poder me queda? ¿Qué atisbo de dignidad?
Entonces, ¿por qué siento que, de haber tenido un pene,
ahora mismo estaría padeciendo una enorme erección?
Tengo la sensación de estar deslizándome en un vacío
psicológico, un lugar dentro de mi propia psique donde
nunc a me he atrevido a entrar; un lugar que imagino
parecido al de Alicia cuando se desliza por la madriguera
del conejo. Me siento impelida a continuar el viaje.
—Anote eso —dice el barítono.
Anotar... O sea que realmente estoy al otro lado del
experimento. ¿Quién hubiera pensado que estaría aquí de
pie aceptando la violación que acaba de sufrir mi cuerpo?
Desde luego yo no, ni en un millón de años.
—Colócala en posición.
Sin voz, sin visión. Con una aceptación absoluta
mientras me inclinan hasta ponerme de rodillas.
Algo largo, fino, suave y frío se desliza bajo mis
pechos. Inhalo con fuerza al sentir su roce. Al igual que el
arco de un violín, se mueve hacia delante y hacia atrás por
mi pecho, resbalando muy despacio bajo mis senos, sobre
ellos, para luego pasearse cuidadosa y solícitamente sobre
la cúspide de mis pezones como si se estuviera afinando en
mi cuerpo. La sensación es lenta y rítmica, y doy gracias
por estar de rodillas. Mis pezones se tensan en anticipación
mientras unos ilícitos estremecimientos recorren mis
hombros y mi espalda. Entonces el arco se desplaza en un
gesto continuo y elegante hasta la confluencia de mis
muslos, desatando una creciente tensión sexual que me
hace soltar un grito ante lo que me espera y que prepara mi
cuerpo para el inminente juego.
—Hmm. Está reaccionando al instante, N, tal y como
dijiste. Son magníficas noticias.
N. ¿Nick? ¿Ha estado discutiendo sobre mí con otros?
Pues claro que lo ha hecho, por eso estás aquí, ¿no?, me
respondo a mí misma.
—¡Nick! Por favor, háblame.
Mi voz escapa más suave de lo que esperaba;
aparentemente lleva demasiado tiempo enterrada.
Finalmente su voz llega desde detrás de mí. Un gran
alivio me invade al saber que está cerca.
—Sí, ________(sobren) . Estoy aquí —me susurra de un modo
reconfortante en el oído.
—Oh, gracias a Dios, aquí estás. —Inclino la cabeza
hacia él—. ¿Es esto lo que de verdad quieres de mí, lo que
quieres que experimente?
—Nunca he querido nada más en mi vida —declara
tranquilo y sensual.
—¿En serio?
Está bien, esto es lo que hay. ¿Seré capaz de hacerlo por
él, por mí misma, por nosotros?
—Quiero que abraces cada emoción que te envuelva y la
aceptes, sabiendo que es parte de ti, parte de tu sexualidad.
No te dejaré. Estaré aquí cuidándote. Todo lo que tienes
que hacer es confiar en mí lo suficiente para entregarte
plenamente durante el proceso. Rendirte a mí, a esta
experiencia, sabiendo que el miedo valdrá la pena a cambio
del placer. Solo tú puedes decidir si continuamos o no, aquí
mismo, ahora. Solo dime sí o no.
¿Cómo puede ser que parezca que está teniendo esta
conversación con mi clítoris en lugar de con mi cerebro?
Las lágrimas inundan mis ojos ciegos. Ya no puedo
controlar la intensidad de mis emociones. ¿Debo rendirme
a este innato deseo que durante años me ha acechado y
decir sencillamente que sí? Los recuerdos de los
momentos compartidos regresan a mi mente. La tensión.
Los juegos. Las bromas, el tormento. Su dominación. Mi
sumisión. Y el amor de ambos por estos papeles. Así que
quiere romper mis límites infranqueables. En el fondo
reconozco que yo también quiero comprobar hasta dónde
puedo llegar, sabiendo que él es el único al que puedo
permitir traspasarlos.
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Mayo 4th 2014, 17:24

Capitulo 24
—Sí.
Mi decisión me alivia mucho más de lo que podía
imaginar y dejo escapar un suspiro cuando finalmente
sucumbo a mi destino; al destino que Nick ha creado.
—Gracias. No te arrepentirás. Te lo prometo. —Me
quita la capucha y me besa suavemente los labios.
—Ahora voy a silenciarte para que no puedas hablar.
¿Hay alguna cosa que quieras decir antes de que lo haga?
Niego con la cabeza. La certidumbre de que estoy
deseando entrar en ese territorio inexplorado me aterroriza
y, al mismo tiempo, me estimula de tal forma que resulta
terriblemente embriagador. Me abre la boca y pulveriza un
líquido con sabor a cítrico en mi lengua y al fondo de la
garganta. Noto una extraña sensación de entumecimiento y
no puedo evitar constatar su efectividad. No emito ningún
sonido: ahora estoy tan muda como ciega.
—Por favor, colocadla en posición.
Unos fuertes brazos me levantan del suelo, como una
muñeca de trapo, y me llevan hasta algún lugar más alto.
¿Una plataforma? Siento como si la gravedad fuera
intrascendente y yo ingrávida. Una vez más, me ponen de
rodillas y, en esa misma posición, me separan las piernas.
Tengo las rodillas y los tobillos anclados al firme y
esponjoso suelo, gracias a la pertinente ventaja de mis
ataduras de cuero. Dado que mis muñecas aún siguen atadas
a la espalda, estoy totalmente clavada en esa posición.
Lo deseo. Necesito comprender a dónde me llevará
todo esto. No lucho. Estoy amarrada al suelo. No puedo
ver; no puedo hablar; no puedo moverme libremente. Soy
libre de experimentar el miedo total y absoluto, la
excitación, la vergüenza, el deseo penetrando en todas y
cada una de mis células mientras la ansiedad recorre mi
cuerpo haciéndolo temblar. Qué extraño y fascinante
resulta que todas estas emociones puedan existir al
unísono.
—Hay algunos puntos que debemos aclarar antes de
seguir avanzando —dice de nuevo la voz de barítono.
¡Qué descuido el mío! Debería haber añadido a mi lista
que soy libre de oír.
—Por favor, examínenla de nuevo.
Una vez más, dos dedos se sumergen en mi vagina. Esta
vez llegando más al fondo y retirándose rápidamente. Mi
cuerpo responde a la intrusión, pero el impacto no es tan
evidente debido a mi cautiva posición.
—Bien, continuemos entonces.
Tengo la extraña sensación de haber viajado en el
tiempo y estar participando en algún rito sexual ancestral.
—El estudio no requiere que el sujeto esté al corriente
de todo lo que digo. Puedo hacer las comprobaciones que
se refieran a ella a través de N. Sin embargo, es importante
que escuche mis palabras antes de que la privemos también
de ese sentido.
Siento que mis pechos suben y bajan con cada
respiración; la expectación ante lo que me espera,
inconfundible.
—Según tenemos entendido, doctor Jonas, ¿el sujeto le
ha dado permiso para permanecer ciega durante cuarenta y
ocho horas?
El sujeto. Ni siquiera tengo identidad.
Pausa.
—Así es.
—Y según tenemos entendido, le ha hecho saber en
numerosas ocasiones que su conducta durante ese período
podría tener consecuencias.
—Así es.
—¿Y que por cada pregunta que hiciera recibiría un
castigo?
—Sí.
—¿Cree que ha comprendido esas condiciones?
—Sí.
—Y por último, ¿le ha hablado de nuestro programa de
investigación y ella ha aceptado participar?
—Exactamente.
Ahí está. Haciéndose realidad. Me he ofrecido a él, a
ellos. Aunque aún sigo preguntándome por qué tienen que
seguir este tortuoso proceso mental.
—Realmente es un trabajo excelente. Puedo afirmar
con rotundidad que ella es perfecta para nuestro programa.
Estoy deseando poder analizar los resultados.
¡Qué bien, un informe positivo! Nick debe de estar
sin duda muy satisfecho de sí mismo. Me pregunto qué
ganará él con todo esto.
—Debemos abordar las consecuencias de sus acciones.
¿Cuántas preguntas ha hecho en total?
Antes de gozar del privilegio de escuchar la respuesta,
noto que me insertan unos tapones en los oídos. Oh, Dios,
esto es demasiado. En completo silencio, completa
ceguera, completamente muda y completamente expuesta.
Nunca antes había sentido semejante conmoción; solo
puedo imaginar que eso es lo que estoy sintiendo ahora.
¡Completamente desprovista de..., bueno..., de todo!
Completa y absolutamente entumecida, paralizada en el
tiempo. Imposibilitada en todos los sentidos, sin poder
predecir qué me sucederá y sin la menor posibilidad de
impedirlo. El tacto es el único sentido que me queda.
Un objeto parecido a un casco es colocado sobre mi
cabeza. Es una sensación extraña, un tanto pesada al
principio, y me lleva un momento comprender que, como
no podía ser menos, quieren monitorizar la actividad
neuronal de mi cerebro. Esta es la conexión que les faltaba
en su investigación y yo soy su cobaya. Intento controlar
mis pensamientos en un acto instintivo, y suelto un grito
ahogado; me gustaría examinar el dispositivo y sus
mecanismos de rastreo para ver si existe alguna diferencia
cuando ellos analicen los resultados. La situación es
demasiado extraña para poder entenderla.
Me sueltan las muñecas de la espalda para atarlas
delante de mí y luego me estiran los brazos por encima de
la cabeza. Que paren, suplico en silencio. Mientras el
estiramiento continúa siento que me estabilizan las caderas
forzando mi cuerpo a inclinarse sobre una barra acolchada
hasta que toco el suelo, donde mis muñecas atadas son
enganchadas y aseguradas, además de mi cuello. Esta
posición hace que mi pecho quede más bajo que mi
protuberante trasero. Solo puedo imaginar mis pechos
colgando libremente mientras mi respiración se acelera,
corroborando que no se trata de ningún sueño sino que todo
es muy real. Todas las manos se retiran de mi cuerpo. Mis
ataduras ahora no son humanas.
El sonido de mi corazón desbocado me consume.
Palpita con tanta fuerza y tan rápido que me pregunto si
aquí acabará todo. ¿Es eso lo que se siente con un infarto?
¿Estaré teniendo en este momento un ataque al corazón?
Menuda posición para morir. Antes de que termine de
asimilar la posibilidad de un fallo cardiaco, mi cuerpo se
arquea al sentir la intrusión de unos penetrantes dedos. Mis
pezones se endurecen y mi trasero respinga ante la
invasión. Contengo el aliento mientras los dedos se
recrean, esta vez durante más tiempo, aplicando más
presión, comprobando y ensanchando los confines del
ahora resbaladizo pasaje. El calor brota de mis entrañas
cuando mi vagina se humedece esperando su contacto. El
sonido de mi corazón desbocado amenaza con estallar en
mis oídos. Exhalo con fuerza cuando los dedos se retiran;
aturdida ante el vacío que dejan atrás.
Y luego nada, salvo mi corazón latiendo.
Siento un fuerte y fulminante azote en mi trasero y me
quedo petrificada, completamente rígida.
Vuelve a suceder. Se detiene.
Ni una gota de aire consigue entrar o salir de mis
pulmones.
Y otra vez. Se detiene.
Necesito respirar.
Recibo un azote tras otro, hasta cuatro, en rápida
sucesión. Inhalo con cada golpe de correa que aterriza en
mi trasero, incapaz de exhalar de pura conmoción. Mi
capacidad para tomar aire en vivo conflicto con los
silenciosos gritos que tratan de salir frenéticos de mi
garganta. Es imposible. Me convulsiono y mi cabeza
empieza a dar vueltas, en un torbellino.
La punzante sensación no se parece a nada que haya
experimentado antes; no es ni especialmente dolorosa ni
especialmente indolora. Solo lo justo para sentir el
mordisco en mi piel durante uno o dos segundos, y luego
desaparecer tan rápidamente como surgió. Empieza y se
detiene. Y me deja jadeante, arrasada. Un refrescante
ungüento es cuidadosamente aplicado sobre mis nalgas de
forma tan suave y seductora que siento ganas de llorar ante
el milagroso cambio de intensidad. A estas alturas estoy
emocionalmente exhausta. ¿Realmente puedo con esto?
Quizá mi tesis hubiera sido muy distinta de haber
experimentado estas sensaciones de primera mano.
Y entonces vuelven los azotes, una y otra vez, arriba y
abajo, dentro y alrededor... y pierdo la cuenta...
Mi mundo se desliza a cámara lenta, partiéndome en
dos. Todo mi cuerpo se contrae y se arquea dividido entre la
desesperación y el deseo, como si quisiera evitar el
impacto de los implacables latigazos en mi trasero. Me
enrosco y retuerzo por dentro mientras mi culo mantiene
su rígida posición como si suplicara para recibir más. ¿Es
así, me pregunto?
Me sujetan con fuerza por las caderas y una vez más los
penetrantes dedos se deslizan sin esfuerzo para
introducirse en mi vagina. Siento una honda vibración en mi
vientre que libera una semilla de invitación para ahondar
aún más en la experiencia. Siento mi vulva hincharse en
anticipación como si mi vagina diera la bienvenida a un
amigo perdido tiempo atrás y palpito dolorida y húmeda. Sé
positivamente que el dueño de esos dedos se asegurará de
que la información sea anotada, dado el tiempo que
permanece dentro de mí.
Entonces los retira, dejando paso a nuevas friegas de
refrescante ungüento, aplicado por manos que masajean
con ternura y suavidad. Mi trasero tratando de seguir el
ritmo de las caricias. Una vez más las lágrimas se agolpan
en mis ojos ante el alivio y la ternura del acto. ¿Qué me
está pasando?
Me dejan sola. Respiro. Sollozo.
La oscuridad y el silencio me envuelven.
Es en este momento cuando comprendo que quiero
más. Siento que me liberan de las correas bajo mis rodillas y
de las que atan mis tobillos. En respuesta mis piernas
tiemblan y se agitan. Me cambian la posición de las
rodillas, separándolas al máximo, y las vuelven a atar. Y lo
mismo sucede con mis tobillos, que son realineados y
fijados al suelo en consonancia con la nueva postura. Oh,
Dios mío. Abstraída, me pregunto por qué he utilizado el
término «Dios» en un momento tan altamente sexual.
Levantan la barra un poco más alta de modo que mi trasero
se queda en una posición aún más accesible, si es que eso
era posible. Los orificios físicos de entrada a mi santuario
interior, la esencia de mi feminidad, son exhibidos,
expuestos, mostrados públicamente para su examen por
cuantas personas estén presentes en esta sádica audiencia.
No es posible que esta sea yo. ¿O sí?
Mi corazón no late lo suficientemente rápido para
acoplarse al poder de anticipación que recorre todo mi
cuerpo enardecido.
¡Zas! Otro golpe. Pausa. Y luego la placentera, fría y
resbaladiza sensación por encima de la punzada.
Entonces se repite de nuevo. Otro azote. Pausa. La
familiar sensación resbaladiza.
Azote. Pausa. Sensación resbaladiza... Y se establece un
ritmo que mi cuerpo empieza a esperar y ansiar, que se
desplaza de un lado a otro de mis nalgas. Intento
prepararme para la sacudida, pero solo percibo el exquisito
dolor antes de la reconfortante sensación y el alivio de
tiernas caricias. Mi pulso se acelera en anticipación a su
efecto. Mi concentración se traslada al interior de mis
muslos, también excitados, aunque no de forma tan
contundente.
Quiero más.
Necesito más.
Recibo más.
La combinación de placer y dolor arrasa mi mente y mi
cuerpo no puede hacer otra cosa que sumirse en esa
emboscada carnal.
Se detiene. Suelto un gemido ahogado. Al estar tan
concentrada en mi trasero y los muslos, tardo un momento
en darme cuenta de que alguien está jugueteando con mis
pezones, pellizcándolos antes de poner una pinza en ellos.
La sensación repercute directamente en mi entrepierna.
Noto que me ciñen algo alrededor de la cintura, lo que
fuerza a mi cuerpo a aproximarse más al suelo, aunque mi
trasero mantiene su posición sobre la barra. Una vez más
vuelven a comprobar y tensar cada una de mis ataduras. Yo
misma tengo ocasión de probar su fiabilidad cuando mi
cuerpo recibe una leve descarga a través de lo que sea que
está en mis pezones. La cálida corriente provoca que todo
mi cuerpo se arquee contra las ataduras. Ahogo un grito
ante el incitante impacto. Y, a medida que me adapto a la
sensación, noto como si la corriente desde mis pezones
estuviera directamente conectada con mi clítoris,
formando un triángulo sexual. El cosquilleo incendia todo
mi cuerpo y el dolor se convierte en una grata y placentera
vibración. Dios, ¿qué me están haciendo? Me he convertido
en un objeto sexual digno de exhibición, algo que se podría
contemplar en el futuro en las salas eróticas de un museo
antropológico.
Los azotes continúan, llevando el invasivo dolor a la
parte frontal de mi cuerpo y mi mente. Súbitamente el
placer regresa, aunque de forma fugaz. Y luego el dolor. Mi
cuerpo les deja el control total, alternando entre estas
sensaciones extremas con solo un leve roce de interruptor.
Soy el perro de Pavlov.
Es como si mi cuerpo se hubiera acostumbrado a la
sensación de un dolor tan placentero, y me lleva un
momento constatar que este ha sido una vez más
reemplazado por una leve vibración que fluye desde mis
pezones. Los dedos se introducen más allá de mi vulva y
acoplan algo que emite una intensa vibración cerca de mi
clítoris. ¡Demasiado cerca! El pánico y el deseo me
paralizan; mi vulnerabilidad es absoluta. La intensidad de la
vibración aumenta, lenta y constante. Noto cómo rompo a
sudar de pura ansiedad sexual. Los dedos pasan por encima
de mi vibrante clítoris y se detienen, penetrando y
explorando largamente mi vagina, mi perineo. Si pudiera
moverme ya me habría desplomado como un guiñapo en el
suelo. Pero anclada como estoy, tengo la sensación de que
mi cuerpo es como cera derretida endureciéndose por
segundos en el molde que proporcionan mis ataduras.
Advierto que la temperatura de mi cuerpo aumenta, a la vez
que mi vehemente excitación.
Los dedos ahora se han vuelto cálidos, diestros. Dedos
que buscan placer y siento que me abro para recibirlos, más
lejos, más hondo. Mi garganta enmudecida gime a la vez de
deseo y vergüenza, mientras ordeno a mi mente que se
mantenga alerta. Los dedos encuentran dimensiones que
nunca antes había alcanzado, que nunca había explorado. Mi
perineo, mi ano, nada es desatendido en el proceso. ¡Oh,
Dios! Vaya, ya he vuel to a nombrarlo. Los dedos juegan,
pulsan, presionan y prueban, como si estuvieran
examinando y valorando el impacto que cada uno de sus
toques desata en mi cuerpo. Intento desesperadamente
controlar mis respuestas, refrenar la intensidad sexual que
siento, pero son espíritus libres que no se dejan dominar.
Los dedos por fin se asientan y se acomodan
cuidadosamente, y luego insisten, rítmicamente, con mayor
intensidad, desencadenando una oleada de explosiones a
través de mis músculos. Me pregunto vagamente si se
puede forzar un orgasmo en alguien. ¿Deseo tener un
orgasmo delante de los otros? ¿Acaso tengo elección?
Oh, Dios...
Las vibraciones recorren tumultuosamente mis pezones
y mi clítoris mientras mi mente se inunda de deseo y
voluptuosidad. Mi capacidad para controlar la emboscada
de placer que atraviesa mi cuerpo es como un agujero
negro que se va haciendo cada vez más pequeño. A pesar de
estar completamente atada y anclada a la tierra, mi
conexión con la realidad se diluye a cada segundo. Siento
unas inquietantes olas formarse y coger impulso en el
horizonte, amenazando con anegar mi mente y permitir la
rendición final de mi cuerpo.
Trato de centrarme.
Insisten.
Resisto.
Vibran.
Me paralizo.
Dan en el blanco.
Me doy por vencida.
Me dan placer.
Me rindo.
Ganan.
Y al instante siguiente, me adentro en la más increíble,
intensa, punzante y poderosa sensación que jamás haya
experimentado. Empieza en la punta de mis pezones y
atraviesa mi cuerpo a la velocidad del rayo, coincidiendo
con la lubricada penetración tanto de mi vagina como de mi
ano. Ante esa avasalladora emboscada de mi cuerpo, me
tambaleo de tal forma que siento como si me hubiera
liberado de las ataduras y colisionado físicamente contra el
techo.
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Mayo 4th 2014, 19:18

dios...
el ultimo capitulo fue muy fuerte
siguela
sta buenisima
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Hoy a las 12:58

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Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu
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