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 Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu

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andreru
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 6th 2013, 13:19

Hola quise compartir con ustedes otra de mis novelas favoritas espero que les guste! cheers comenten si la sigo!


Novela: Destinada a Gozar & Destinada a Sentir
Autor: Indigo Bloome
Adaptación: Si, del libro Destinada a Gozar & Destinada a Sentir------}Prologo PAG-5
Genero: Hot
Advertencias: Algo subida de tono


Sinopsis
Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora, ¿habría habido alguna diferencia?
No estoy segura de cómo ni por qué mi vida cambió tan rápidamente y de forma tan radical, para después continuar como si nada hubiera pasado. Todo empezó un fin de semana que quizá, viéndolo en retrospectiva, nunca debería haber sucedido, pero en el fondo de mi alma tengo la vaga sensación de que era lo que desde un principio tenía que ser... Lo único que sé es que desde entonces vivo inmersa en el ojo de un huracán tanto psicológico como sexual que surgió sin previo aviso ni pronóstico. ¿O puede ser que ignorara las señales? En todo caso, lo hecho, hecho está, y lo que tenga que ser, será. Lo que desconozco es cómo terminará, o si lograré sobrevivir al viaje.


Última edición por andreru el Septiembre 8th 2014, 14:12, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 6th 2013, 16:13

oh bendito dios
siguela me encanto
primera lectora hjejeje
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 7th 2013, 12:19

nueva lectora
sube pronto el primer capi please
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 8th 2013, 10:56

Capitulo 1
Echo un último vistazo, convencida de haber dejado todo bien organizado para mi familia antes de salir de casa.
Las bolsas de viaje de los niños hechas.
La comida extra preparada.
El equipo de acampada organizado.
Jordan y Elizabeth se marchan a su primera excursión durante una semana, acompañados por todos los padres, que serán los encargados de echar una mano dada la naturaleza de las actividades al aire libre que pretenden realizar. Una gran idea desde el punto de vista materno aunque, en el fondo de nuestros corazones, todas sabemos que les echaremos de menos desde la primera noche que estén fuera. Los niños se quedaron desolados cuando la excursión estuvo a punto de suspenderse debido a la falta de fondos y apoyo de la Fundación para la Conservación de Tasmania. Afortunadamente, un patrocinador de última hora del programa Padres con Niños permitió, finalmente, que la excursión pudiera organizarse. Los niños están terriblemente excitados. De hecho, ahora que lo pienso, Robert, mi marido, parece más animado y comprometido con esta aventura de lo que le he visto en años con cualquier otra cosa. Debe de tener algo que ver con los hombres y sus tendencias exploradoras —y el misterio del furtivo tigre de Tasmania proporciona el pretexto perfecto
—, o tal vez, simplemente, esté feliz por estar lejos de mí.
Sea como sea, él también parece estar muy excitado y tampoco ha sido capaz de dormir ante la expectativa de la gran aventura de atravesar el borde oeste de la jungla de
Tasmania en busca del esquivo tigre.
Por ese motivo, decidí aprovechar al máximo la ausencia de mis hijos y realizar una serie de conferencias que había estado posponiendo durante los últimos meses hasta encontrar «el momento apropiado» y, ahora, me estoy preparando para volar a Sidney, Brisbane, Perth y
Melbourne y compartir mis últimos descubrimientos con estudiantes de postgrado, académicos y otros expertos en sus distintos campos profesionales.
Por fin ha llegado el momento de centrarme en organizar mi primera conferencia de esta tarde en Sidney.
Repaso mentalmente mi lista: llevo mis notas, diapositivas, temas de discusión, casos prácticos, ordenador portátil y móvil, todo preparado. Aún sigo fascinada por la investigación que he estado llevando a cabo sobre la estimulación visual y su impacto en el desarrollo de la percepción e, incluso ahora, puedo sentir cómo mi mente divaga y se pierde en el trabajo, considerando una nueva posibilidad para alguno de los provocativos retos que he preparado para las conferencias...
De pronto, soy plenamente consciente de la presencia de mariposas en mi estómago, hasta tal punto que me tengo que apoyar en el banco de la cocina para tranquilizarme.
¡Qué extraño!; normalmente no me suelo poner nerviosa antes de dar una conferencia, más bien al contrario, disfruto realmente con ello. El desafío de atraer a nuevas mentes, de observar otros intelectos debatiendo unos con otros para lograr una búsqueda más profunda, un conocimiento más amplio, resulta fantástico. Pero ¿de dónde demonios han salido estas mariposas?
Me detengo un instante para analizar esos sentimientos y trato de buscar su origen, algo que tal vez pueda resultar extraño, pero que a mí siempre me ha intrigado. Creo percibir que son más intensos de lo habitual y, desde luego, no es la conferencia lo que me hace estar así. Tal vez sea por el viaje lejos de mi familia. Pero no, no es la primera vez que me separo de ellos, especialmente por motivos de trabajo. Al hacer un examen más minucioso, en el que incluyo el resto del fin de semana, me detengo súbitamente porque mi estómago da un nuevo vuelco. Me sorprendo a mí misma al advertir cómo cojo aire instintivamente ante la idea de mi cita de las cinco de la tarde con Nick en el Hotel Intercontinental.
El doctor Nick Jonas. Mi compañero de universidad, mi mejor amigo, el hombre que abrió mis ojos y mi cuerpo al mundo de formas que nunca creí posible. La persona que mejor me conocía por dentro y por fuera cuando éramos más jóvenes y compartimos un montón de experiencias increíbles durante el tiempo que pasamos juntos. Es difícil creer que después de todas nuestras tonterías juveniles durante los años de universidad, Nick sea ahora uno de los más respetados y eminentes investigadores médicos de Australasia —me cuesta decir «del mundo» porque, después de todo, es Nick —, recién llegado de presentar una investigación revolucionaria en la Universidad de Harvard con el profesor emérito E. Applegate. Nick siempre tuvo un don para traspasar los límites convencionales y los conocimientos, buscando constantemente lo desconocido, lo inesperado o la solución menos previsible para algunos de los problemas médicos más insuperables. Incluso recuerdo haber leído recientemente un artículo en el que se contaba que se había reunido en Nueva York nada menos que con Melinda y Bill
Gates, en relación con sus investigaciones y las del profesor Applegate. Parece como si ciertamente estuviera combinándolas con los foros responsables de los movimientos globales e innovadores. Pensándolo bien, creo que siempre tuvo la determinación y el potencial de conseguir la excelencia en el campo elegido. Es sorprendente lo que ha conseguido en menos de cuarenta años de vida. Es un ser humano excepcionalmente dotado, tanto intelectual como emocionalmente, y la gente adora su compañía. No es de extrañar que todos esos rasgos, sumados al duro trabajo, le hayan alzado al éxito del que ahora disfruta.
Mientras que, por el contrario, mi carrera ha tenido que acoplarse a mi vida familiar, bueno, a los niños en realidad; la carrera de Nick es, en gran medida, su vida. Él siempre ha sido muy constante en su búsqueda de nuevas fuentes de curación médica y ha estado involucrado en descubrimientos que actualmente el mundo occidental da por sentados. Con esa clase de motivación personal, no me sorprende que no haya tenido tiempo para establecerse, ni encontrar a la persona adecuada con la que compartir su vida. Al menos, hasta donde yo sé, no hay ninguna.
Ciertamente siempre atrajo el interés del sexo opuesto, como un George Clooney del mundo de la medicina; y en ese aspecto no creo que pueda quejarse de falta de atención.
En cualquier caso, eso era lo que estaba haciendo que mi estómago se encogiera, lo que resulta bastante ridículo a mi edad. Me permito una pequeña sonrisa divertida al descubrir que aún soy capaz de sentir ese revoloteo adolescente. Estoy excitada y un poco nerviosa ante la perspectiva de encontrarme con él después de tanto tiempo. Los recuerdos de los días de universidad aún inundan mi mente y me acosan siempre que estoy sola y con ese estado de ánimo oscuro y sensual que me suele embargar en las horas tempranas del día...
¿Qué me está pasando? ¡Voy a perder el avión si no me pongo en marcha!
—¿Todo bien, niños? ¿Dónde estáis? Necesito besos y abrazos antes de marcharme. ¡No voy a veros durante diez días! Recibo grandes abrazos de la familia. Les digo que les quiero más que a mi vida y les deseo una fabulosa aventura en el salvaje oeste en su empresa de rastrear a ese esquivo tigre —aparentemente de leyenda— del que, últimamente, se comenta que se han producido algunos avistamientos.
¡Aunque dudo mucho que un campamento de escolares sea lo que necesitan para ser descubiertos de nuevo! En cualquier caso la excitación y el optimismo de los niños son casi contagiosos.
—Y tened cuidado —digo, prometiéndoles que no puedo esperar a escuchar cada detalle de su experiencia a mi regreso.
Oigo el sonido del claxon indicando la llegada de mi taxi y hago una última comprobación para asegurarme de que llevo todo cuanto necesito. Doy gracias porque las mariposas de mi estómago parecen haber remitido. Mis labios apenas rozan la mejilla de mi marido mientras le repito que cuide bien de los niños y se asegure de que no hagan tonterías. Una idea fugaz atraviesa mi cerebro y me pregunto desde cuándo nuestra relación se ha vuelto tan fría, tan platónica... Pero tengo demasiadas cosas en la cabeza para prestar mayor atención y, rápidamente, les deseo una maravillosa aventura mientras Robert mete cortésmente mi maleta en el taxi y me despido con l mano, lanzándoles besos a los niños desde la ventanilla al tiempo que el coche se aleja, en dirección al aeropuerto
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 8th 2013, 14:52

woow
q padre
siguela
se oye interesante
(perdon, pero con todo lo q he leido no he tenido tiempo de leer sta)
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 9th 2013, 12:28

Capitulo 2
¡Céntrate, céntrate, céntrate! No dejo de repetírmelo aunque sea inútil. Hoy mi mente está totalmente distraída, lo que es bastante inusual en mí. Escucho al comandante
hablar a los pasajeros: buen tiempo, buena travesía, no se espera ningún retraso. Las azafatas me recuerdan, tal y como hacen en cada vuelo, que me abroche el cinturón y
pliegue la mesa para despegar. ¡Ni que no lo supiera, por amor de Dios!, me digo, y mi irritación me sorprende. No obstante obedezco diligente porque no quiero montar
ninguna escena. Aparto mis notas de mala gana y cierro momentáneamente los ojos mientras el avión maniobra lentamente hacia la pista. Siento cómo mi pecho sube y baja ligeramente con cada respiración. El rostro de Nick surge fugaz en mi mente, su magnífica y descarada sonrisa, sus ojos de un verde humo que parecen no tener fondo..., sus labios besando suavemente mi cuello..., sus dedos acariciando ligeramente mis pezones..., haciendo que cobren vida...
¿Qué estoy haciendo? Obligo a mi mente a parar en seco. Esto es absurdo. Me fuerzo a volver al presente y súbitamente advierto que estamos en el aire y que la señal
de abrocharse los cinturones se ha apagado. Suelto un suspiro de alivio. Ahora, ya puedo volver a mi conferencia.
Trato de convencerme de que soy lo bastante disciplinada como para impedir que mi mente divague durante un segundo más.
Se me da bien la disciplina, me digo. Llevo una casa organizada, una carrera y una vida. Quiero a mi familia y mi trabajo y he estudiado duro durante mucho tiempo para conseguir lo que tengo. La doctora ________(tn) __________(ta).
Trabajo a medio camino entre el mundo empresarial y el académico, dado que mis estudios tienen un componente tanto comercial como psicológico. Esta combinación me
ha funcionado bien desde un punto de vista financiero y me siento eternamente agradecida por ser una de esas personas afortunadas a las que les gusta su trabajo y sienten pasión por lo que hacen. Pero ya vale de tanto autobombo y reafirmación... Necesito concentrarme en la presentación de hoy.
Una vez más, doy vueltas al tema de la conferencia que ofreceré para aproximadamente quinientas personas en solo unas horas. Y finalmente este hecho capta toda mi atención. Medito sobre utilizar algunas preguntas adicionales y retos para abrir la discusión y suscitar el debate. Me gusta la idea, así que anoto los siguientes puntos en mi cuaderno para utilizarlos al final de la sesión.

• ¿Qué importancia tiene la percepción visual en nuestra mentalidad?

• ¿Hasta qué punto dependes de la estimulación visual para interpretar tu mundo?

• ¿Qué sentido crees que puede compensar una falta de percepción visual? ¿Por qué? ¿Cómo?

Dado que las investigaciones muestran que el lenguaje corporal —que se aprecia a través de la visión— es responsable de más del noventa por ciento de la comunicación entre la gente, el significado de esta clase de preguntas resulta exponencial.
Empiezo a sentirme más tranquila ahora que he vuelto a abstraerme en mi trabajo. El resto del vuelo transcurre sin novedad y llego a la Universidad de Sidney a la hora prevista.

* * *
—Buenos días, doctora __________(ta), me alegra tenerte de vuelta. Levanto la vista y sonrío a mi director de tesis, el doctor Samuel Webster.
—Buenos días, profesor, es genial volver a estar por
aquí.— Ya sabes que siempre eres bienvenida, ________(tn) . Ha pasado demasiado tiempo. Resulta muy difícil sacarte de tu isla en el sur.
—Hmm, ahora que lo pienso, hace un montón. Supongo que el tiempo vuela cuando te diviertes.
—Me alegra oírlo. Ciertamente has estado muy ocupada en lo que se refiere al campo de la investigación. Estamos ansiosos por escuchar tu conferencia de esta tarde.
—Y como siempre, yo estoy deseando escuchar tus puntos de vista y consejos. Muchas gracias por tu apoyo para organizar este encuentro.
—Es un placer, querida, un placer. ¿Tienes tiempo para un rápido almuerzo con algunos colegas antes de subirte al estrado?
—Para ti siempre, Samuel. —Le sonrío de nuevo con calidez mientras me guía a través de la segada pradera por detrás de los bonitos edificios históricos. Es agradable
estar de vuelta.
Durante mi almuerzo con Samuel, pienso en el honor que ha supuesto tenerle supervisando mi tesis. Como especialista en los comportamientos defensivos (pasivos y
agresivos) de los trabajadores ha sido decisivo en el desarrollo de mi estudio. Sus extensas conexiones tanto en el mundo empresarial como en el académico no son nada
desdeñables y sus conocimientos son inmensos.
Recientemente ha estado colaborando mano a mano con el Instituto para Investigación del Cerebro y de la Mente, lo que le ha permitido analizar muchas de sus revolucionarias hipótesis sobre comportamiento y sexualidad en el campo de la neurociencia. Encuentro su trabajo verdaderamente fascinante y estar hoy con él me permite comprender lo apasionado y embelesado que está por esa rama de su
investigación.
Me descubro pensando hasta qué punto Samuel ha tenido un impacto en mi carrera. Su apoyo y sus sabios consejos, cuando las cosas se pusieron difíciles, me incitaron a seguir allí tanto por él como por las futuras recompensas. Dirige a sus alumnos de doctorado con mano firme y no le gusta dejar ninguna piedra sin remover.
Sonrío para mis adentros ante esos años de locura y frustración, contenta de haberlos completado y aliviada por que hayan quedado atrás.
Fue Samuel quien me ofreció un puesto de profesora titular en la Universidad de Sidney, aunque se quedó muy decepcionado cuando lo rechacé para aceptar otro similar en la Universidad de Tasmania. Me había enseñado tanto que, en cierta forma, me sentía en deuda con él, pero supo comprender mis razones y que estaba eligiendo un estilo de vida, especialmente con una joven familia a remolque. Me prometió mantenerse en contacto y ayudarme tanto profesional como personalmente y sin duda ha cumplido su palabra. Samuel ha sido fundamental para que mi investigación sobre la percepción visual despegara y, más recientemente, se ha convertido en mi patrocinador académico, razón por la cual estoy hoy aquí presentando
esta serie de conferencias.
Me siento halagada por que se haya tomado el tiempo de presentarme a su equipo, según sus propias palabras, de «investigadores de elite», que al parecer están pendientes de cada una de sus palabras. Supongo que yo tenía el mismo aspecto cuando estaba recién salida de la universidad. Brad, Max, Denise y Elijah están llevando a cabo una fascinante labor en el mundo de la psicología y la neurociencia. Su conversación me hace sentir viva, ofreciéndome la oportunidad de interactuar de nuevo con gente afín. Aunque desde luego no es la clase de charla que uno espera en un
almuerzo. Los detalles de sus investigaciones empiezan a aflorar y sería ingrato por mi parte no reconocer que me siento algo más que impresionada por el camino que está
siguiendo cada uno. Dado el nivel de la gente implicada en la apasionada discusión, los comentarios vuelan por la mesa con tanta rapidez que apenas me da tiempo a
asimilarlos.
—Incluso el origen del orgasmo femenino está aún sin determinar científicamente, al contrario que el orgasmo masculino, que ha sido extensamente fundamentado, investigado científicamente y consensuado médicamente.
—En líneas generales, la ciencia médica continúa sin reconocer la realidad física de la eyaculación de la mujer, que lamentablemente no se considera una prioridad. La
falta de fondos ha influido en la capacidad para proporcionar una educación coherente al estudio del comportamiento sexual de la mujer. Confiamos en poder cambiar esa situación.
—Incluso hoy en día, existe una notable desconexión entre la medicina y la ciencia con relación al orgasmo femenino, hasta el punto de que la creencia básica sobre la
eyaculación de la mujer es que se trata de un estado de incontinencia urinaria.
—¿Sabe que nadie ha sido capaz de coincidir médicamente en el origen del orgasmo, y si este es uterino, clitoriano o vaginal, vulval o una mezcla de cualquiera de estas combinaciones? ¿A pesar de que este concepto del orgasmo femenino ha sido documentado en toda la historia de la literatura?
—El problema principal es la carencia absoluta de participantes capaces de generar fluido orgásmico en una clínica.
—Nadie se pone de acuerdo sobre la forma más efectiva de generar el orgasmo femenino, lo que, en efecto, hace que su origen resulte extremadamente difícil de
determinar.
—Los estados físico, emocional y hormonal, sumados al entorno de la mujer, parecen jugar un papel fundamental, pero a estas alturas es imposible determinar cuál de ellos
resulta más importante que el otro. Se barajan muchas y variadas hipótesis, por lo que ahora estamos conduciendo la investigación hacia las conexiones neuronales confiando
en que nos ayuden a desarrollar nuestras teorías. En este punto mi mente imagina filas de mujeres vestidas con batas blancas alineadas en las camas de un hospital con las piernas abiertas intentando generar un orgasmo que pueda recogerse en un tubo de ensayo. Sacudo la cabeza para impedir que esa inquietante imagen penetre en mi cerebro. Entonces descubro que apenas he tocado mi comida, absorta como estaba por el desarrollo de la conversación.
Finalmente Samuel concluye:
—Como puedes ver, mi querida ________(tn) , aún queda mucho por entender y descubrir respecto a la complejidad del orgasmo femenino, incluyendo el impacto de sus componentes intelectuales y emocionales. La investigación aún es altamente subjetiva, personal y muy dependiente de cómo percibe cada mujer el orgasmo. Solo podemos aspirar a desarrollar un acercamiento más consistente respecto a nuestra investigación y conclusiones.
No puedo evitar sentirme cautivada con la historia y el misterio que parecen rodear a esta materia. No tenía ni idea de que el tema aún siguiera sin respuesta médica y que, en algunas áreas, su investigación estuviera considerada, por así decirlo, como tabú, a falta de una palabra mejor. Que el orgasmo femenino esté tan poco estudiado cuando el masculino se considera científica y psicológicamente un hecho consumado es algo que me resulta casi escandaloso, por decirlo suavemente. Apenas puedo creer lo que me están contando, si no fuera porque acabo de oírlo de la boca de la gente que está sentada alrededor de esta mesa.
Me las apaño para dar un par de bocados a mi comida a toda prisa, antes de que Samuel y su equipo me deseen buena suerte, nos levantemos y nos pongamos en camino hacia el Salón de Actos.
—¿Te apetece unirte a nosotros para tomar una copa por los viejos tiempos esta noche? Estoy seguro de que al equipo le encantaría compartir algunos de los aspectos de tu investigación. —Samuel me guiña el ojo y siento que mis mejillas se ruborizan.
—Ya sabes que sí, pero lamentablemente tengo otros planes para después de la conferencia.
—Por supuesto, querida, solo preguntaba. Por alguna razón dejo escapar una risa nerviosa, como si me hubieran pillado en falta.
—De hecho voy a reunirme con un viejo amigo de mis días de universidad; tal vez lo recuerdes. ¿Nick Jonas?
—Intento con todas mis fuerzas mantener un tono neutral, cosa difícil cuando la sola mención de su nombre hace que mi corazón se acelere.
—Sí, claro que sí. Tengo entendido que el doctor Jonas está arrasando el mundo de la medicina, causando una auténtica revolución en los Estados Unidos debido a su
investigación sobre la depresión. Está trabajando con el profesor Applegate, ¿no?
Debía haber sabido que Samuel estaría más al corriente que yo sobre lo que se cuece en los foros académicos mundiales.
—Eso creo, según he leído en un artículo, no porque me lo haya contado personalmente.
—Dale recuerdos de mi parte. Un hombre con mucho talento, el doctor Jonas. No me extraña que haya tantas compañías farmacéuticas pendientes de sus investigaciones. Sin duda no tendrá ninguno de los problemas de fondos que nos constriñen a nosotros. Un tipo afortunado.
Me quedo pensando perpleja qué relación puede tener una cosa con otra, hasta que mi mente vuelve a concentrarse en la conferencia, para la que solo quedan unos minutos.
—Lo haré y gracias por todo, Samuel. Ha sido estupendo volver a ponerme al día con todos. Os deseo lo mejor a tu equipo y a ti. Hazme saber si puedo ayudaros en algo. De pronto, dada la discusión de la comida, no estoy muy segura de si es un comentario acertado.
—Lo haré, querida. Buena suerte y conquístalos. —Nos damos un abrazo de despedida y corro a la conferencia para mi inminente presentación.
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 9th 2013, 15:50

siguela
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 10th 2013, 11:31

SIGUELA A A A A
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 10th 2013, 13:14

interesante interesante interesante!! jajajaja síguela pronto. se ve muy buena
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 10th 2013, 19:17

Capitulo 3
Qué hermosa tarde de viernes en Sidney, todo el mundo disfrutando del maravilloso sol. Esta ciudad sabe cómo acoger a la gente. La bahía resplandece con los yates y
ferris que navegan balanceándose alegremente, los colores son vivos y crudos y la ciudad está llena de bullicio. Los empleados de las oficinas se preparan para un fin de
semana con un comienzo tan vibrante, mientras se dirigen a tomar una copa en el paseo frente a la playa. Observo a gente guapa entrar en los bares de cócteles, riendo y
charlando con aire despreocupado y presumido. Parecen recién salidos de la revista Vogue. Aún recuerdo cuando yo era una de esas chicas, centrada en mi carrera pero libre como el viento, con el lujo de tener toda la vida por delante
y apenas un susurro de lo que el futuro podría depararme acariciando cada interacción. La principal prioridad que ocupaba nuestras mentes por entonces era preguntarnos
qué nos traería el fin de semana desde el anochecer en adelante y qué cóctel elegiríamos primero. Fue en una de esas noches cuando mi relación con
Nick pasó de ser la de los mejores amigos que bromeaban constantemente entre sí a una completamente sexual, de alto voltaje. Mientras el taxi pasa por delante de las zonas más típicas de la ciudad, que empiezan a cobrar vida, no puedo evitar recordar el deseo carnal y la intensidad que compartimos; el impacto de esos recuerdos
me hace revolverme en mi asiento.
Por aquel entonces, yo acababa de empezar un trabajo de vacaciones en uno de los cuatro mayores bancos de la ciudad. El trabajo no era demasiado excitante, pero la gente era divertida y aquello me procuraba un dinero que me venía muy bien durante las vacaciones de verano. Era genial no tener que estudiar durante algunos meses y estaba secretamente encantada de poder llevar un traje de chaqueta, altos tacones, y un estupendo bolso nuevo que me había comprado mi madre y que aún conservo...
—Hola, Nick, estoy a punto de salir a mi primera reunión de trabajo oficial...
—Sí, me siento muy emocionada. Estaré en el Wentworth y me reuniré con las chicas hacia las nueve para ir a tomar algo y echar algún baile.
—Pues claro, tráetelos y vente. Nos encontraremos allí.
—No te preocupes. Perfecto. Entonces te veo luego.
Cuelgo el teléfono.
Parece muy decidido a quedar con nosotras. Hmm, pienso secretamente si le gustará Eloise como a la mayoría de los hombres..., tal vez debiera advertírselo..., las chicas creen que está pasando por una fase de explorar su otro lado, es decir, las mujeres, pero no hemos podido confirmar ni negar el rumor... En cualquier caso, estoy segura de que nos lo contará cuando esté preparada. No, me digo a mí misma, quítatelo de la cabeza, lo que tenga que ser, será...
Las reuniones de empresa son geniales porque tienes bufet libre de comida y bebida. Nos quedamos un rato, y luego decidimos que ha llegado el momento de que comience nuestra verdadera noche del viernes. Recogemos nuestras cosas y nos dirigimos al club, donde vamos directamente al cuarto de baño para despojarnos de chaquetas y pantis, desabrocharnos algunos botones, acentuar nuestro escote, ahuecarnos el pelo, repasar el maquillaje, el lápiz de ojos y el carmín de los labios. Volvemos a aparecer audaces y renovadas, dispuestas a abrazar la noche.
La música es machacona y dado que ya hemos consumido algunas copas de vino espumoso, nos lanzamos directamente a la pista, como solo un grupo de chicas sabe hacer. Estoy perdida en la música, bailando con los ojos cerrados, cuando unas manos fuertes me agarran por las caderas acercándome hacia su cuerpo.
Instintivamente siento que Nick ha llegado y me acoplo feliz a sus cimbreantes caderas al ritmo de la música. Por alguna razón, estamos totalmente sincronizados en la pista de baile, nuestros cuerpos moviéndose al unísono. Es difícil no dejarse llevar por esa sensación de su cuerpo contra el mío, la palpitante música creando una embriagadora atmósfera a nuestro alrededor. Me resulta de lo más caliente con C mayúscula. Casi puedo sentir como si estuviera atraída magnéticamente hacia él; alguna extraña y reprimida energía entre nosotros hace que no quiera soltarlo... Algo cambia entre los dos cuando me giro y miro sus ojos oscuros, totalmente hechizada por la intensidad de su ser. ¿Qué me pasa esta noche? Mis hormonas parecen estar disparadas por la lujuria.
La música está demasiado alta para escuchar sus palabras, así que me coge de la mano y me lleva con paso decidido lejos de la pista, hasta uno de los rincones oscuros de la sala donde la música suena un poco más amortiguada. Me empuja suavemente contra la
pared y coloca sus manos a cada lado de mis hombros, su imponente presencia inmovilizándome contra la pared. Con su ajustada camisa negra, su cuerpo parece terso y cálido y su rostro brilla, cerca del mío, debido a nuestros movimientos en la pista de
baile. Tardo unos momentos en recuperar el aliento mientras me permito perderme en su seductora apariencia. Es como si mis ojos se hubieran abierto por primera vez a su magnetismo sexual, que ahora me abruma y me arrastra. Abro ligeramente la boca para asegurarme de que mi cerebro recibe el suficiente oxígeno.
—No creo que pueda seguir manteniendo mis manos lejos de ti, __ __(iniciales).
Da la sensación de que, de verdad, está intentando apoyar sus manos contra el muro para mantenerlas lejos de mí.
—Entonces no lo hagas.
Envalentonada por ese arrebato de lujuria y deseo, estoy segura de estar produciendo atrayentes feromonas sexuales.
Aparto su mano derecha de la pared, la llevo a mis labios, poso un beso suave en su índice y lo deslizo lentamente por mi pecho. Sus ojos se agrandan mientras continúo el viaje hacia abajo hasta alcanzar el pasadizo secreto bajo mi falda. Separo las piernas levemente, sin mirarle a los ojos en ningún momento, y deslizo el dedo por debajo de mis braguitas guiándolo directamente hasta mi punto más vulnerable.
—Jesús, ________(tn) , estás tan húmeda...
—Hmm, lo estoy. ¿Tienes alguna solución a mi problema?
El asombro en el rostro de Nick es realmente impagable y debo admitir que nunca pensé que mi boca sería capaz de decir esas palabras, pero ahora ya están dichas. Ambos nos quedamos un poco sorprendidos mientras continuamos interrogándonos
silenciosamente el uno al otro para determinar el verdadero alcance de esta nueva realidad.
Sintiéndose obligado a actuar, Nick inmediatamente aparta su mano dejando un rastro de fuego por el camino, me agarra por la muñeca y se dirige a tal velocidad de vuelta hacia nuestros amigos que estoy a punto de tropezar detrás de él. Espero no haberle ofendido..., quizá no debería haber dicho eso...
Se para de golpe y me choco contra su cuerpo. ¡Ups!
Coge mi bolso, se acerca directamente a la pista de baile y le dice algo al oído a mi amiga, que me saluda y sonríe. Alzo las cejas hacia ella y me encojo de hombros, despidiéndome con un gesto de la mano antes de ser súbitamente sacada de allí para salir por la puerta principal del club.
—¿Qué estamos haciendo?
No hay respuesta. Nick está en modo de acción.
Sujeta con fuerza mi muñeca para agarrarme mejor y nos alejamos a toda prisa calle abajo. Los oídos aún me zumban por el estruendo de la discoteca.
—¿Es que no piensas hablarme? —Tal vez esté furioso. ¡Oh, Dios mío!
¿En qué estaría yo pensando? Puede que haya arruinado del todo nuestra amistad.
Estamos subiendo una cuesta y no dejo de jadear para poder seguir sus pasos. Parece como si nos dirigiéramos hacia el jardín botánico. Cuando llegamos al césped, aminora el paso, me carga sobre su hombro y camina silencioso bajo la luz de la luna antes de depositarme de pie bajo un árbol especialmente grande. Tira mi bolso al suelo, cubre inmediatamente mi rostro con sus manos y devora mi boca con tal ferocidad que me tengo que apoyar contra el tronco. Su cuerpo me ancla en esa posición y siento que me
invade una pasión salvaje. Saca un condón de su bolsillo, se desabrocha sus vaqueros en tiempo récord, se lo pone... ¡Oh, es la primera vez que veo el pene de Nick e incluso en medio de esa oscuridad, resulta toda una visión! Sus ojos han regresado a su estado carnal cuando consulta mi mirada con una pícara sonrisa.
—¿Lista?
Asiento con lasciva ansiedad.
Me levanta la falda hasta la cintura, me baja las bragas hasta los pies, doblando mis rodillas para sacarlas por encima de los zapatos, y se las guarda en su bolsillo... Interesante, pienso sin poder evitarlo, un poco pervertido pero interesante.
Me alza las piernas hasta envolver su cintura y le echo los brazos al cuello apoyando la espalda contra el tronco del enorme árbol. Es un poco áspero y la corteza se clava en mi blusa de satén. Pienso vagamente en que ojalá no desgarre el tejido, pero en ese momento comprendo que me da igual. Hace una pausa antes de que yo asienta de nuevo, confirmando que estoy más que preparada para aquello, mucho más. Como si hubiéramos estado tonteando, provocándonos y jugando el uno con el otro platónicamente durante demasiado tiempo. La electricidad sexual entre nosotros necesita estallar para poder comenzar, confirmando que ambos necesitamos esto y que lo necesitamos YA.
Entra en mí.
¡Y es maravilloso!
Lo repite de nuevo...
Y es aún más maravilloso...
¡Y de nuevo!
¡Y de nuevo!
Me empala.
Y me enloquece.
Alzo la vista a la luna y suelto un aullido en honor a su magnificencia, a nuestra magnificencia. Entonces estalla dentro de mí cuando nuestro deseo carnal obtiene finalmente su recompensa física.
¿Puede vernos alguien? ¿Nos habrá visto alguien?
Francamente, me da igual...
Yacemos en el césped durante horas, interrogándonos el uno al otro, hablando, jugando, riendo y bromeando. Hasta que la noche se aclara y empieza a amanecer. Es como si hubiéramos estado perdidos en el tiempo. Nos metemos juntos en un taxi; me quedo dormida sobre su hombro y me despierto acurrucada en mi cama unas horas más tarde. Mi primera vez con Nick se ha hecho realidad, y no es ningún sueño a juzgar por las briznas en mi pelo y las manchas de hierba de mi blusa. Aparentemente mis braguitas nunca volvieron a casa...
Dejo escapar un suspiro. ¡Uf! Debo de estar totalmente sonrojada y sé que me estoy revolviendo en mi asiento. Me alegro de que el conductor no lo haya notado. Sonrío para mis adentros ante el delicioso y lejano recuerdo. No me había sentido así en años, bueno, probablemente desde la última vez que vi a Nick a solas. Aquellos días de
diversión y la libertad de esas apasionadas noches, sin responsabilidades —aunque en aquel momento creíamos tenerlas—, sin niños, sin casa, ni hipoteca... Sinceramente,
¿me gustaría tener una vida distinta a la que tengo ahora?
Definitivamente no, quizá un poco más de diversión y libertad de vez en cuando no estaría de más, pero en general soy razonablemente feliz con mi vida tal y como es ahora.
No mi vida sexual, eso debo admitirlo, que ha estado muy por debajo de la media desde que Jordan nació o, más bien, por decirlo crudamente, ha sido prácticamente inexistente. Ese pensamiento me sobrecoge. ¿Cómo es que me he perdido esto? ¿Acaso he estado tan ocupada con mi vida par a no advertir que este elemento fundamental había desaparecido? ¿Y no es aún más preocupante el que ni siquiera haya pensado en ello? No me extraña que esté sentada en el asiento trasero de un taxi en este estado de latente y lascivo deseo. La imagen de la bella durmiente aguardando su despertar sexual después de décadas de letargo viene a mi mente, lo que resulta muy agradable hasta que comprendo que su rostro es el mío y que el príncipe es Nick. Pero... ¿y los niños?, recuerda a los niños... ¿Vale la pena correr ese riesgo? Decido bloquear mi mente a ese tipo de pensamientos inútiles.
Estoy muy orgullosa de haber dejado atrás con éxito mi primera conferencia. La reacción y las preguntas me han proporcionado un nuevo material sobre el que meditar de cara a posteriores investigaciones académicas. Pienso en el fin de semana que me espera por delante. En la reunión con mis viejos amigos de universidad en torno a una copa de vino, charlando de sus carreras, su vida social y las novedades de sus familias. Quién sigue todavía con quién, quién se ha trasladado a otra ciudad... Estoy segura de que hay unos cuantos niños más que me he perdido desde que me fui a vivir a Tasmania. Y luego el encuentro con mis hermanos, sobrinos y demás familia para una barbacoa el
domingo. Es una pena que Jordan y Elizabeth no puedan asistir, porque sé lo mucho que les gusta reunirse con sus primos. Tal vez la próxima vez.
Absorta en mi recorrido por los vericuetos de la memoria y los planes del fin de semana que me esperan, me quedo un tanto sorprendida cuando advierto que hemos llegado a mi destino. Rápidamente compruebo el carmín de mis labios y mi pelo y decido que necesito retocarme un poco en el cuarto de baño del hotel. Pago al conductor del taxi y, al apearme del coche, las mariposas que hasta entonces habían estado dormidas en mi estómago anuncian su tumultuosa llegada y las palmas de mis manos se humedecen mientras cojo mis maletas.
Ese recuerdo ciertamente me ha desestabilizado más de lo que habría deseado. Mantente tranquila y serena, eres una profesional, una mujer casada, madre de dos... ¡Basta de cháchara!
Atravieso directamente el vestíbulo del hotel de cinco estrellas hasta el aseo de señoras en un intento por calmar mi estómago. Pero ¿qué demonios me pasa hoy? Sacudo la cabeza y trato de rehacerme. El hormigueo de cintura para abajo ciertamente no ayuda a aplacar mis nervios ni mi capacidad para controlar mi mente, lo que resulta bastante frustrante. ¿Cómo puede ser que me sintiera tan a gusto dando una conferencia para cientos de personas hace tan solo unas horas y que ahora, sin embargo, mis dedos estén temblando tanto que apenas puedo repasar el carmín de mis
labios?
Me miro al espejo mientras me aferro al lavabo con ambas manos. Observo las leves arrugas alrededor de mis ojos. ¿Estaban ahí la última vez que vi a Nick? Tal vez debería haber seguido el consejo de una amiga y haber probado a ponerme Botox antes de que sea demasiado tarde, según sus palabras. Un escalofrío me recorre la
espalda con solo pensarlo. No puedo soportar nada alrededor de mis ojos y, menos aún, la idea de una inyección atravesando esa zona de piel tan sensible. Bueno,
me digo para mí, tendré que conformarme con lo que veo en el espejo hasta que descubran algo un poco menos invasivo.
Distraída y confusa, soy incapaz de decidir si dejarme el pelo recogido o soltarlo. Doy gracias por que mi cabello aún siga siendo oscuro y por que aún no haya sido capaz de
encontrar una sola cana en él, aunque estoy segura de que ese día no tardará mucho en llegar. Decido mantener mi aspecto más profesional y dejarlo como está; después de
todo, aún llevo el traje de chaqueta de trabajo. Vale, ya estoy preparada para salir, o al menos tan preparada como puedo estar. No está demasiado mal para una chica de
treinta y seis años. Echo un último vistazo al espejo y me digo que podría ser peor, mientras trato desesperadamente de buscar algo positivo. En el fondo estoy deseando ver a Nick. Así que dejo que la emoción me recorra al tiempo que me permito un nuevo viaje por los vericuetos de la memoria...
Nick y yo estábamos juntos en la universidad, aunque él iba dos cursos por delante. Mi primo nos presentó durante mi primer año, ya que ambos estaban en el mismo equipo de waterpolo. No recuerdo muy bien cómo evolucionó nuestra amistad, pero sí que él era muy divertido y que empezamos a pasar cada vez más y más tiempo juntos, hasta que finalmente nos hicimos íntimos, casi por defecto. Con el paso del tiempo exploramos el alcohol, las drogas y el sexo, al igual que hacían muchos universitarios por aquel entonces. Tuvimos otras parejas a lo largo de los años de estudio, pero siempre estábamos allí el uno para el otro, ante todo y sobre todo. La gente no
conseguía describir, y mucho menos determinar, cuál era la relación que había entre nosotros, especialmente porque no lo sabíamos ni nosotros mismos. Después de un tiempo, nuestros amigos dejaron de intentar etiquetarnos y acabaron por aceptar que Nick y yo seríamos amigos para siempre, fuera lo que fuera lo que nos encontráramos
por el camino. Curiosamente, con el paso del tiempo, nosotros también acabamos por aceptarlo...
La vida nos llevó por distintos caminos tras acabar la universidad. Nick continuó sus estudios antes de sacarse la licencia de piloto y unirse al servicio médico de aviación
para una auténtica experiencia por la despoblada Australia, que disfrutó horrores y de la que siempre me sentí un poco celosa (al menos de su licencia de piloto). Entonces acepté un trabajo en Londres y me centré en conseguir una sólida base financiera antes de lanzarme a explorar la psicología como profesión.
Volvimos a encontrarnos en distintos lugares del globo durante la siguiente década, especialmente en Europa, donde su investigación médica le llevaba con regularidad a
Londres. Tuvimos breves y numerosas aventuras que constituyen un preciado recuerdo, antes de embarcarnos en las serias responsabilidades de la vida. Aunque sabíamos que nuestra relación era importante para nuestras vidas, entendíamos que no duraría eternamente o, al menos, yo sabía que, contrariamente a mí, Nick no estaba preparado para formalizar una relación. Era algo de lo que nunca habíamos hablado entre nosotros, aunque, en el fondo, ambos sabíamos que era una incontestable realidad.
Su carrera era de vital importancia para él y yo deseaba desesperadamente formar una familia, de modo que nuestros destinos se separaron. Nick recibió una lucrativa beca de investigación en Harvard para continuar con sus estudios y se mudó a América. Por mi parte, conocí a mi marido inglés, Robert, en Londres y juntos regresamos a Australia. Sabía que debía dejar atrás mi explícito pasado sexual con Nick y asentarme para poder empezar una familia y dedicarme a mi carrera. Que fue
exactamente lo que hice.
Aunque volvimos a vernos en alguna ocasión para cenar aquí y allá, durante la siguiente década, vivíamos prácticamente en lados opuestos del planeta. Y nuestras vidas continuaron por separado...

Hago que mi mente regrese al presente y me digo que acampar en el lavabo de señoras es perder un precioso tiempo que podríamos pasar juntos. ¡Ya es hora de moverse! Respiro hondo para calmar mis nervios, cuadro los hombros, levanto la cabeza y salgo decidida por la puerta hacia el hombre que es mi mejor amigo y ex amante.
Cuando mis ojos recorren el bar del vestíbulo, mi confianza se evapora con la misma rapidez con la que la he conjurado. Nick no aparece por ninguna parte. La decepción me invade con tanta ferocidad que tengo que apoyar mi mano en la pared para mantenerme en pie.
Típico, me digo a mí misma; he empezado el día con mariposas y pensamientos ridículos, como una quinceañera expectante por ver a su ídolo pop favorito por primera vez, y he acabado hablando conmigo misma en el lavabo de señoras de un hotel de lujo.
Conozco perfectamente lo caótica que es la vida de Nick y cómo su agenda está siempre sometida a cambios de última hora. Por supuesto sería altamente improbable para él poder quedar conmigo solo porque ambos coincidiéramos en Sidney este fin de semana. Me siento desilusionada por haber desperdiciado tanta energía para nada, aunque una parte de mí se alegra de que aún sea capaz de tener esas sensaciones que creía que habían desaparecido hacía mucho tiempo. Me está bien empleado; debería haberme quedado a tomar una copa con Samuel y sus colegas. Pero me faltó tiempo para rechazarla sabiendo que iba a encontrarme con Nick y no quería llegar tarde.
El secretario de Nick me había comunicado que estaría ocupado con distintas reuniones casi toda la tarde.
Justo cuando estoy a punto de comprobar mi móvil y mirar si tengo algún mensaje, un hombre de uniforme con la placa de botones se acerca a mí.
—Disculpe. ¿La doctora ________(tn) __________(ta)?
—Oh. Sí.
—Un caballero me ha pedido que le entregara este mensaje y que le transmitiera sus más sinceras disculpas por no poder reunirse con usted aquí.
Mi corazón se desploma al confirmarse mis peores temores; no ha conseguido llegar a tiempo. Una vez más la decepción me recorre el cuerpo de arriba abajo.
Me entrega un sobre.
—Muchas gracias, doctora __________(ta). Si puedo hacer algo por usted, por favor, no dude en pedirlo.
Sonrío tanto para mí misma como para el botones.
Nick siempre insistió en llamarme «doctora», una vez que obtuve el doctorado, a pesar de que él es el verdadero médico y yo solo en sentido filosófico. Sabe que no se me dan bien las emergencias médicas y que he heredado un miedo inherente a los hospitales, algo sobre lo que siempre bromeábamos.
Me siento en el sillón de terciopelo, abro el sobre y saco del interior la nota escrita a máquina.
A mi mejor amiga, la doctora __(I). __________(ta):
Mis más sinceras disculpas por dejarte plantada en el vestíbulo del hotel este viernes por la noche. Unos asuntos insoslayables de última hora me han retrasado. Ahora todo parece estar en orden y me encantaría que te reunieras conmigo arriba para tomar una
copa. ¡Ha pasado tanto tiempo! Por favor, coge la llave electrónica del ático que hay en el sobre.
Estaré aguardando ansioso tu llegada.
Con amor, N. xo
El estómago me da un vuelco, contorsionándose como un gimnasta que compite para la medalla de oro olímpica.
Una vez más, me siento instantáneamente transformada en una quinceañera: ¡al final está aquí! Pero ¿qué está haciendo en el ático? El Nick que conocí siempre evitaba el lado más glamuroso de la vida, prefiriendo mantener una vida pública más austera. Sin embargo, en ocasiones, si mal no recuerdo, cuando estaba rodeado de personas que le conocían, podía relajarse y convertirse en un travieso rebelde, disfrutando de las cosas más exquisitas que la vida podía ofrecer. Tal vez los comentarios de Samuel no iban tan desencaminados cuando mencionó los incontables fondos de las compañías farmacéuticas. Solo puedo preguntarme si aún quedará algo del Nick de antaño en este nuevo Nick.
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 10th 2013, 22:23

siguelaaa x
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 11th 2013, 11:06

oh dios...
quiero morir
hasta q no subas otro
x favor...
t lo suplico
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nasgdangerJONAS
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 11th 2013, 11:53

no se vale D: eso fue muy poco u.u
jajajajaja síguela pronto pronto, se pone mas interesante!
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 11th 2013, 20:30

Capitulo 4
Mientras trato de rehacerme tanto mental como físicamente, observo que el botones aún continúa rondando detrás de mí: ¿es que no tiene nada mejor que hacer?
—¿Está todo en orden, doctora __________(ta)? ¿Puedo ayudarla en algo?
Me pregunto qué expresión tendrá mi rostro cuando me vuelvo para mirarle. Advierto una débil sonrisa en la comisura de su boca y una mirada maliciosa en sus ojos.
Sacudo la cabeza, estupefacta.
—No gracias, estoy bien.
¿Lo estoy? Empiezo a dudarlo.
Continúa demorándose detrás de mí. Cambio de idea y me vuelvo hacia él.
—De hecho, sí. ¿Podría mostrarme el camino al ascensor que lleva al ático?
—Por supuesto, doctora __________(ta), será un placer. Es por aquí. ¿Me permite que coja su equipaje?
Lo dice de tal forma que me hace pensar que sabe algo que no alcanzo a comprender y siento que me invade una extraña sensación. Tal vez no esté al día de la calidad del
servicio en un hotel de cinco estrellas. Sabiendo que en este momento no me siento muy normal, aparto la idea de mi cabeza y me digo que mi mente debe de estar
jugándome extrañas pasadas.
—Gracias, eso sería perfecto —respondo educadamente, y le sigo mientras me conduce hasta el ascensor llevando mis maletas.
Segundos más tarde el ascensor asciende rápidamente hacia las alturas de la última planta. Respiro hondo varias veces en un intento por calmar mis nervios. Qué maravillosa idea tomar una copa mientras contemplamos la ciudad a la luz del crepúsculo, la vista debe de ser espectacular con el tiempo que hace hoy. No estoy segura de si Nick se aloja en el hotel, pero si tiene acceso al salón de ejecutivos tal vez podamos conseguir algo de picar y bebida extra. Es curioso cómo la idea de la bebida gratis está tan arraigada en mí, debo de haberla conservado de mis días de universidad... Dejo escapar una risa apenas sofocada. El botones debe de creer que estoy chalada.
Cuando la puerta se abre, me doy cuenta de que estoy terriblemente excitada por volver a ver a Nick; es un hombre increíble y un verdadero y sincero amigo. La decepción de pensar que no podía reunirse conmigo me ha golpeado más fuerte de lo que creía posible. Ahora me siento feliz, excitada y deseando tener una estupenda cita como solo dos buenos amigos pueden tener.
Cuando salgo del ascensor y me adentro en la enmoquetada habitación con ventanales de suelo a techo, me quedo sobrecogida por la magnífica vista que se abre ante mí: había olvidado lo realmente cautivadora que resulta la bahía de Sidney vista desde estas espectaculares alturas. Me tomo un momento para absorber el festín visual que se despliega ante mis ojos. Un centelleante tono aguamarina con pequeñas motas blancas. Los ferris y yates dejando su estela en la sedosa agua y los edificios, teñidos
de un brillo rosado, reflejando la luz del sol poniente. Al echar un vistazo a mi alrededor para orientarme, me sorprende no ver ninguna barra de bar en esta planta.
—Por aquí por favor, doctora. —Casi he olvidado que el botones está esperando detrás de mí con el equipaje.
Compruebo la llave electrónica y me doy cuenta de que el símbolo que tiene es el mismo que el de la pared. Sigo las flechas con la vista mientras caminamos en silencio.
Finalmente me encuentro frente a unas enormes puertas dobles. Vacilo. Antes de que ninguno de los dos podamos apretar el timbre, la puerta se abre ante nosotros. Y detrás de ella aparece Nick. Más guapo y sofisticado de lo que me hubiera atrevido a recordar.
—Hola, __ __(iniciales), ya estás aquí. Bienvenida.
—Hola —respondo, con voz queda, casi tímida—. Ha pasado mucho tiempo.
—Ya veo que Roger te ha encontrado en el vestíbulo. Gracias por cuidar de ella en mi nombre. A partir de ahora ya me ocupo yo. —Le coge mi equipaje al botones y me
conduce al interior, cerrando la puerta tras él—. Tienes razón; ha pasado mucho tiempo, demasiado en mi opinión.
Me estrecha emocionado, levantándome prácticamente del suelo en un abrazo acaparador, sus ojos centelleando todo el tiempo.
—Deja que te mire.
Me separa el largo de su brazo y sus ojos absorben mi cara, mi pelo, mi cuerpo, mis piernas, llegando hasta la punta de mis pies. Había olvidado lo penetrante que puede
ser su mirada y me pilla desprevenida, dejándome súbitamente demasiado consciente de mí misma.
Rápidamente aparto la vista para evitar tener que seguir su análisis.
—Estás fabulosa, ________(tn) , sigues siendo mi joven Catherine Zeta-Jones de ojos verdes —declara con ardor, esta vez abrazándome más suavemente y dándome un ligero beso en la frente, como si me estampara su sello de aprobación.
—Tampoco tú tienes mal aspecto teniendo en cuenta que casi tienes cuarenta años, doctor Jonas —contesto alegremente. Necesito aligerar la situación, no solo por sus
posesivas palabras sino también por la intensidad de las emociones que atraviesan mi cuerpo.
Aunque desconfío de mi objetividad a la hora de analizar su aspecto, a primera vista no parece que haya cambiado demasiado con los años, excepto tal vez por alguna que otra cana asomando en su oscuro cabello. Igual de seguro de sí mismo, bronceado, travieso... Le encuentro estupendo.
Para ser totalmente sincera está fabuloso; fuerte, de hombros cuadrados, de un metro ochenta y cinco, recién afeitado. Y huele de maravi lla. Han pasado muchos años
desde que no aspiraba tan de cerca su especiada fragancia y una nube de excitación emerge penetrando hasta lo más hondo de mi ser. Su prieto y redondo culo resulta de lo más seductor en esos pantalones informales. Dios mío, estoy totalmente revolucionada y solo acabo de llegar...
¡Detente! Mira hacia otro lado, grito para mis adentros mientras fuerzo a mis ojos a apartarse de su cuerpo hacia un entorno más amplio.
—Este lugar es increíble. ¿Te alojas aquí?
—Sí, aquí estoy. Me quedo toda la semana.
—Bueno, realmente has ascendido en el mundo, amigo mío. Se encoge de hombros y sonríe pudoroso. Me gusta esa sonrisa. Me gustan esos labios. Me gustan esos labios
sobre mis pechos. ¡Dios! ¡Para de una vez, ya!
—Adelante. Relájate, por favor, siéntete como en tu propia casa.
Nick me lleva hasta el salón, claramente consciente de que disto mucho de estar relajada. Más bien diría que estoy llegando a un estado de total ebullición.
—Pensé que me habías citado en el bar del ático para tomar una copa. No imaginé que sería en tu suite.
Intento mantener un tono despreocupado, mientras aplaco mi creciente nivel de ansiedad.
—¿Es que acaso te incomoda? —me pregunta directamente.
—Ah, oh, no —balbuceo—. En absoluto. —¿Debería?, pienso para mis adentros.
—Bien.
El estallido del corcho de una botella me sobresalta levemente, y Nick me sirve una copa de champán. Está deliciosamente frío, las burbujas de la copa me regalan una
representación visual de cómo se ha estado sintiendo mi estómago durante todo el día.
—Salud, doctora __________(ta). Te he echado de menos, querida amiga, mi confidente.
Mi corazón se salta un par de latidos al oír esas palabras, mi mente percibe la carga emocional que se encierra en ellas.
—A tu salud, doctor Jonas.
Entrechocamos nuestras copas mientras nuestros ojos se clavan en los del otro por primera vez en mucho tiempo.
—¿Cómo estás, Nick? ¿Qué tal va tu vida? ¿Has conocido a alguien? ¿Te gusta vivir en Estados Unidos? ¿Y qué hay del trabajo? Pareces estar muy ocupado con todo...
—¡Dios, no puedo dejar de parlotear! Se ríe mientras alza una mano para interrumpir mi interrogatorio.
—Nunca te has quedado sin preguntas, ¿no es cierto, ________(sobren) ? —Alza una ceja y hace un alto—. Supongo que algunas cosas nunca cambian.
Es un comentario burlón cargado de insinuaciones.
Su mirada es directa y, a la vez, un tanto pícara. Me revuelvo incómoda bajo la intensidad de sus ojos y el significado que imagino que hay detrás de sus palabras.
Desearía poder leer las expresiones de su rostro con más claridad, pero dado que hace mucho tiempo que no nos vemos, parecen estar demasiado enmascaradas para que me
sea posible descifrarlas.
—Es solo que hay tantas cosas sobre las que ponerse al día y tan poco tiempo... No quiero perderme nada, no quiero desperdiciar nuestra conversación —replico a la
defensiva.
—No lo haremos, te lo prometo. Ahora bebe.
Advierto que aún no he probado el champán. Ambos damos un sorbo lleno de burbujas doradas a la vez. Sabe delicioso, en un primer momento seco pero con un regusto
dulce y siento que las burbujas estallan en mi lengua. No puedo evitar dar otro sorbo.
—Ahora, antes de que intente contestar a tu avalancha de preguntas, cuéntame, ¿cuáles son tus planes para este fin de semana? ¿Quién tiene el placer de tu compañía?
Contenta de retomar la conversación, describo tranquilamente los detalles de mi fin de semana, sobre todo porque conoce a la mayoría de la gente a la que voy a ver.
Le cuento que Robert y los niños están fuera, disfrutando de su gran aventura, que me he encontrado con Samuel en la universidad, le hablo de mi próxima reunión con la familia y con mis viejos compañeros de estudios. Me escucha atentamente, sin interrumpirme, y apenas soy consciente de que rellena mi copa una vez más. No sabría decir si son mis nervios o la excitación lo que me hace seguir hablando mientras el champán vuela.
—Ya basta de hablar de mí. —He observado que Nick lleva tiempo sin decir nada y tenemos muchas más cosas que contarnos aparte de mis planes para el fin de semana.
Hago un alto para mirarle atentamente y advierto su tensa expresión—. Estás muy callado, Nick. ¿Pasa algo malo?
Se levanta y se dirige directamente hacia donde estoy sentada en el sofá. Silenciosamente, se arrodilla en el suelo asegurándose de mirarme directamente a los ojos y posa su mano sobre mi rodilla cubierta por la media. Una suave corriente eléctrica me atraviesa la pierna y doy un respingo ante la sensación. Un atisbo de sonrisa asoma a su rostro ante mi reacción, como si estuviera satisfecho de provocar
aún ese impacto sobre mí, antes de desaparecer rápidamente y volver a concentrar su mirada, retomando el control del momento. Me sonrojo sin poderlo evitar, fundiéndome a la perfección con el tono rosa del cojín a mi espalda. No hay forma de disimular que prácticamente me derrito en cuanto me toca. Totalmente avergonzada,
cambio incómoda el peso de mi cuerpo, mientras él continúa en posición de estatua. Mi creciente ansiedad me previene de intentar emitir algún sonido.
—________(tn) , quiero pedirte algo, aunque no estoy seguro de lo que vas a decir o de cómo vas a reaccionar.
Será algo serio si me llama por mi nombre completo.
Hace una pausa, sondeando implacable dentro de mis ojos.— Lo que no es muy propio de mí... —susurra.
Afianza ambas manos sobre mis rodillas, como si quisiera anclar mis pies al suelo en caso de que eche a volar como un globo de helio.
—De modo que iré al grano.
No me muevo ni un milímetro.
No hago nada salvo sostener su mirada.
Concentrada en regular mi respiración.
Y espero a que continúe.
—Me gustaría que te quedaras a pasar el fin de semana conmigo y cancelaras tus otros planes.
Se detiene, mirándome desde debajo de sus largas y espesas pestañas. Mi corazón da literalmente un salto mortal.
O dos. O tal vez tres.
Su mirada se intensifica, y me pierdo en sus ojos.
Antiguos recuerdos compartidos regresan a mi mente: destellos de nuestros días de universidad, de nuestras ridículas bromas, de momentos de lujuria desenfrenada, amor, orgasmos, sexo, amistad, lágrimas de risa, lágrimas de dolor, experiencias, instantes robados. Fue divertido, crispante, hilarante y excitante, y daba la impresión de que las cosas con Nick siempre serían así.
En apenas unos segundos la mirada de sus ojos concita todos esos recuerdos y algo más dentro de mí. Nunca estuve segura de qué era lo que podía esperar de Nick en
cada momento y aquí estoy, después de todos estos años, en la misma situación. Aunque en circunstancias muy diferentes. Nuestro silencioso diálogo continúa bailando
entre nosotros. Desafiándonos, una vez más, a dar un paso que nunca daríamos con ningún otro, solo entre nosotros.
Mi mente se acelera a la misma velocidad que mi corazón. ¿Qué pasaría si me quedo? ¿Sería lo peor que podría hacer? La gente siempre habla de vivir la vida plenamente, esperando lo inesperado... ¿Acaso un fin de semana con Nick me hará sentir más viva de lo que he estado en años? A juzgar por el efecto de su roce en mi rodilla, solo puedo imaginar cómo voy a responder..., ejem, ante su roce en otras partes de mi cuerpo...
Finalmente, mi instinto maternal parece anclarme de nuevo a la tierra frente a esos pensamientos abstractos y diletantes y devolverme la cordura. Mis niños. Mi vida ya
no trata solamente de mí; mis actos tienen consecuencias.
La culpa..., la traición... Robert... Siento un nudo en el estómago. ¿Cómo es posible que sienta tanta expectación y, a la vez, tanto remordimiento? No tiene ningún sentido.
Mi mente clínica se activa y toma nota de explorar la psicología alrededor de tan intensas emociones y los cambios resultantes en mi psique. La inmediatez de la situación hace que mi experiencia clínica resulte superflua.
Dios, ¿qué estoy haciendo, pensando, sintiendo? Nick aún tiene las manos sobre mis rodillas y sus ojos parecen penetrar hasta el fondo de mi alma. Después de unos instantes, como si leyera en mis pensamientos, reduce la intensidad de su mirada y afloja sus manos, poniéndose en pie y girándose para contemplar la vista panorámica.
Un instante después recupero la respiración como si me hubiera liberado de un hechizo. Debo de haber estado conteniendo el aliento durante un buen rato.
Aún está mirando fijamente hacia la bahía, cuando declara con voz confusa:
—Déjame que lo adivine. Estás tratando de analizar cada ángulo de la situación. —Se vuelve para mirarme una vez más a los ojos antes de volver la vista al exterior y asiente, como para confirmarse que ha dado en el clavo, antes de continuar—. Estás sopesando los pros y los contras de aceptar mi oferta. Una parte de ti está excitada, casi tentada, por las posibilidades de la experiencia; la otra está tan profundamente aferrada a las responsabilidades de tu vida actual, especulando sobre las innumerables preguntas y los posibles escenarios, que eso solo puede significar que necesitas más tiempo para considerarlo y reflexionar.
Sinceramente, ________(tn) , haría falta la experiencia de muchas vidas para responder a tus preguntas, e incluso entonces nunca llegarías a una conclusión satisfactoria. ¿Estoy en lo cierto? —Una vez más, se gira hacia mí buscando la
confirmación.
Lo único que puedo hacer es asentir con la cabeza. Se diría que lee en mí como en un libro abierto. De hecho, para ser totalmente sincera, parece entenderme mejor que
yo misma, lo que me perturba enormemente. La exactitud de sus palabras me coge desprevenida, su síntesis es, a la vez, ponderada y precisa. ¿Acaso soy tan previsible o es que me conoce demasiado bien? Pensaba que después de tantos años se habría olvidado..., pero, si yo no lo he hecho, ¿por qué debería ser tan ingenua de creer que él sí? Esa es una afirmación realmente aterradora, en vista del aprieto en el que me encuentro.
Continúa enunciando el aluvión de mis supuestas preocupaciones.
—¿Y qué me dices de tu familia? ¿Realmente quieres esto? ¿Qué significará si te quedas? ¿Qué pensarán tus amigos? ¿Cómo podrás justificar tu decisión? ¿Podrás vivir con ello? O, yendo un poco más lejos, ¿qué pasaría si realmente te dejaras llevar, aunque solo fuera durante un fin de semana?
Me quedo sentada delante de él, avergonzada ante la verdad que se esconde detrás de sus supuestos interrogantes, ante el profundo conocimiento que ha demostrado de mi proceso mental. Sin embargo soy consciente de que no está jugando limpio y de que intenta presionar deliberadamente mis límites personales.
Su última pregunta ha sido el resumen de muchas de las conversaciones a lo largo de nuestros años de relación.
Sabe que siempre antepongo a los demás y él siempre me recriminó por ello, especialmente si elegía caminos que presentía que acabarían mal para mí. Fue él quien me hizo reconsiderar la pregunta del «¿qué pasaría si?». ¿Qué pasaría si, por una vez, no intentara controlar ni orquestar mi vida y la de los demás, resultaría seguro? ¿Qué pasaría si fuera algo bueno no saber lo próximo que te va a suceder o cómo se va a sentir determinada persona al respecto?
¿Valdría la pena arriesgarse?
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 11th 2013, 20:34

hola chicas! se que es un poco corto pero es lo que pude adaptar por horita! entre semana se me hace dificil estar pegada a la compu! Wink besos:heart: 
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 14th 2013, 10:29

SIGUELA
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 14th 2013, 12:46

no hay problema...
sta genial
q decidira
siguela
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 14th 2013, 18:34

Capitulo 5
Lamentablemente, mis preocupaciones inmediatas era demasiado fáciles de resumir dado el dilema moral al que me enfrentaba. El verdadero problema para mí es en realidad muy simple: ¿seré capaz de decirle no a Nick?
Está jugando conmigo. Lo sé y él también lo sabe. Y por mucho que intente borrar cualquier rastro de emoción, puede leer en mi rostro intuitivamente, ver a través de
cualquier máscara que me ponga. Su sonrisa autocomplaciente me causa más ansiedad que la miríada de sentimientos que trato de filtrar a través de mi cerebro.
Mi voz surge queda pero decidida.
—Eso no es justo, Nick. ¿Es necesario que tengamos esta conversación ahora? ¿No podemos simplemente ponernos al día de nuestras vidas y ver a dónde nos lleva todo? —Mi voz se quiebra al decir las palabras. Sabe que estoy tratando de ampliar mis opciones y puede leer fácilmente en mi cara de póquer, lo que no me deja en una posición fácil frente a él. Inconscientemente me preparo para nuestra guerra de cerebros, sabiendo que el mío es un ring de boxeo en el que el lóbulo derecho pelea con el izquierdo, ambos defendiendo diestramente su posición sin comprender que pertenecen al mismo equipo, lo que no es de mucha ayuda.
Se aparta lenta y deliberadamente de mí, separándose del ventanal, se dirige al cubo donde está el champán, extrae cuidadosamente la botella y se acerca de nuevo a mí.
Observa silencioso el temblor de mis manos mientras desliza su mano por mis dedos y retira la copa que sostengo, la rellena y la posa cuidadosamente en la mesa lateral que está junto al sofá. Luego se arrodilla frente a mí, cogiendo mis manos entre las suyas y dejando escapar un suspiro. La energía y determinación que emanan de él constituyen un claro contraste con la aparente postura de sumisión en el suelo. Apenas puedo respirar. El aire entre nosotros se ha cargado de tensión. Me he quedado petrificada.
—Ahora, ________(tn) , escúchame, y por favor escucha con atención. —Su voz es lenta, firme y autoritaria—. Tú y yo hemos recorrido un largo camino hasta aquí y quiero pasar las próximas cuarenta y ocho horas contigo. No pienso conformarme con tomar unas copas y que luego desaparezcas de nuevo en el universo.
»Sé que ha habido mucha tensión entre nosotros desde que llegaste y eso es porque estamos constreñidos por el tiempo. Si supiéramos que tenemos dos días completos por delante, entonces podríamos volver a conocernos.
Hagamos que esto sea solo nuestro, de nadie más, solo por esta vez. Para mí es importante, ________(tn) , no te lo pediría si no fuera así. No quiero discutir contigo, ni tampoco pretendo asustarte, solo necesito saber que vamos a pasar este tiempo juntos; un tiempo del que no hemos dispuesto durante muchos años.
Los oídos me zumban por la confusión, al igual que el corazón. La corriente eléctrica que corre desde su mano a la mía aterriza directamente entre mis piernas, hasta tal
punto, que casi creo que él puede sentirla.
Desliza sus dedos alrededor de mis muñecas, sus ojos suplicando en los míos.
—Por favor. ________(tn) , te lo ruego... ¿Cuarenta y ocho horas? Dime que te quedarás.
Mi mente se ha quedado en blanco. Apenas puedo respirar, y mucho menos hablar. ¿Qué me está haciendo?
Nunca le he oído hablar de esa manera, tan necesitado, tan añorante. Me digo a mí misma que tal vez esté inmerso en algún problema, alguna pena, y necesite hablar de ello.
Todo mi ser clama enardecido: Sí, acepta, es tu mejor amigo y te necesita. ¿Cómo no me he dado cuenta antes?
¿Por qué si no sonaría tan desesperado? Seguramente no tiene demasiados amigos íntimos con los que hablar como puede hacerlo conmigo, especialmente dada la presión y responsabilidad de sus compromisos de trabajo e investigación. Obviamente necesita desahogarse, o de lo contrario no me pondría en esta situación. Y aquí estoy, planteándome no estar ahí para un amigo, mi mejor amigo, justo cuando me necesita.
Es inútil decir que pierdo la batalla cuando mi voz converge con la lógica de mi corazón. Y me escucho responder en voz baja:
—Está bien... Supongo que podría... —Apenas consigo susurrar las palabras a causa del nudo que atenaza mi garganta.
Pero dado que Nick está muy cerca, las escucha. Y con la ansiedad escrita en su rostro me pregunta:
—¿Has dicho lo que creo que has dicho?
¿Es que pretende que lo diga otra vez? Ya ha sido bastante duro la primera vez.
—Necesito saber que te has comprometido. No sabes lo importante que esto es para mí. Respiro hondo.
—Sí, me quedaré durante el fin de semana —confirmo, esta vez con más firmeza.
Al momento una sonrisa inunda su rostro. Suelta mis muñecas, me levanta del sofá y me abraza con fuerza mientras me arrastra dando vueltas alrededor de la habitación. No puedo evitar reírme cuando la tensión desaparece entre nosotros.
—Gracias, ________(tn) . No te arrepentirás, te lo prometo.
Muy excitado, estira el brazo para coger las copas de champán que nos aguardan.
—Hagamos un brindis. Por las próximas cuarenta y ocho horas.
A lo que no puedo evitar pensar: Oh, Dios mío, pero acabo brindando y permitiendo que las burbujas doradas se unan a las mariposas de mi estómago.
Antes de que pueda tomar conciencia de la realidad de mi acuerdo, pregunta rápido como un rayo:
—Muy bien, __ __(iniciales), ¿dónde está tu teléfono?
Por supuesto tengo que notificar a los demás mi súbito cambio de planes, lo que me hace caer en las subsiguientes consecuencias respecto a mi familia y mis amigos.
—¿Qué voy a decir? ¿Qué van a pensar? —digo en voz alta mientras rebusco en mi atiborrado bolso y localizo el móvil. Las dudas vuelven a colarse en mis pensamientos.
¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Ha sido un momento de debilidad o deseo lo que me ha hecho decir sí?
¡Indiscutiblemente ambos!—. Nick, tal vez no debería... esto no está bien...
—¡Sin peros ni arrepentimientos, __ __(iniciales)!
Nick se apresura a sentarse junto a mí en el sofá, como si pudiera sentir mi aprensión y mis crecientes dudas. Me arranca el teléfono de la mano y corre al otro lado de la habitación. El excitado cachorro se ha convertido en una pantera de aterradora agilidad y gracia.
—Deja que yo me ocupe —sugiere con una enorme sonrisa en la cara.
Ha regresado de nuevo a su juventud. ¿Dónde está el distinguido y mundialmente conocido doctor, ganador de numerosos premios de investigación médica?
Aparentemente estoy de vuelta en la universidad con mi engreído compañero, que aún sigue burlándose de mí y atormentándome.
—Por favor, devuélvemelo.
—No en esta vida, cariño, eres mía durante todo el fin de semana. Tú misma acabas de decirlo. No te preocupes, enviaré un mensaje de tu parte.
No logro discernir si lo está diciendo en serio o no.
—Soy perfectamente capaz de enviar un mensaje desde mi propio móvil. —Me acerco hasta donde está, con la mano extendida, esperando—. Dámelo ya —exijo con voz firme. Pero me hace un quiebro y me esquiva, apartándose lejos de mí como un completo idiota—. Necesito llamar a casa. ¡NICK! —grito mientras continúa con su juego infantil dando vueltas por la habitación.
—No, no necesitas llamar a casa. Acabas de contarme que están en el desierto, sin cobertura telefónica durante la próxima semana. No hay ninguna razón por la que debas llamarlos ni preocuparte.
Así que eso explica el enorme interés con el que había estado escuchando mis planes. Debí haber imaginado que tenía algún motivo oculto.
—Nick, deja ya de dar vueltas.
El pánico empieza a traslucirse en mi voz mientras sale corriendo hacia el dormitorio y cierra la puerta tras de sí.
—No tiene gracia. Dame el maldito teléfono, bastardo.
Aporreo furiosamente la puerta sobre la que está apoyado para impedirme entrar.
—Ah, ya salió la ________(tn) pendenciera que conozco. Aquí está la chispa que estaba esperando... Ahora, ¿a quién debemos informar de tu intrigante cambio de planes? A tu hermano. Y a Trish para que pueda avisar a los demás... Oh, y a Sally. Eso debería servir, ¿no es así?
—Nick, ¡no te atrevas! —le increpo furiosa.
Y de pronto surge de detrás de la puerta, asegurándose de que estoy bien lejos mientras lee el mensaje. Y antes de que pueda responder, pulsa el botón de Enviar.
—¡No lo habrás hecho! —jadeo.
—Ya está, eres oficialmente mía durante las próximas cuarenta y ocho horas.
Tiene el mismo aspecto que el gato que se tragó al canario.
Entonces apaga mi móvil sin más contemplaciones y se aproxima al armario. Abre la puerta y, mientras me bloquea la vista, pulsa el código de la caja fuerte, deja el teléfono dentro y cierra rápidamente la caja.
Cuando se da la vuelta, mi expresión es de absoluta incredulidad.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —estallo llena de ira—. Necesito llevar el teléfono conmigo. Podría suceder cualquier cosa.
Siento como si me hubiera desconectado temporalmente de mi vida. Entonces comprendo que eso es exactamente lo que pretende. Noto una muy extraña y rara sensación por estar completamente ilocalizable.
—Explícamelo, __ __(iniciales). ¿Me estás diciendo que el mundo no va a poder sobrevivir si tienes apagado el teléfono durante un par de días o que tú no podrás?
El tono de su voz y la mirada de sus ojos me dicen claramente que cualquier discusión al respecto sería completamente inútil.
—¿Por qué haces esto?
—Muy sencillo. Por puro egoísmo. Sé que siempre estás disponible para tu familia y tus amigos y no tengo la menor intención de compartirte con nadie este fin de semana. Eso significa que no habrá ninguna interrupción.
Le miro desconcertada.
—¿Desde cuándo te has vuelto tan mandón y manipulador?
—Tuve una buena profesora en la universidad, y he estado practicando durante los últimos años —replica, guiñándome un ojo.
Cuando trato de acercarme al armario, sus brazos de pulpo me agarran por la cintura y me alzan en el aire antes de depositarme firmemente sobre el sofá.
—No es buena idea. —Ahora está sonriendo.
—Ya no estamos en la universidad, Nick. Soy una mujer adulta, ¡por amor de Dios!
Sueno como una auténtica profesora. Se queda de pie ante mí, anticipando ansiosamente mi próximo movimiento.
—Está bien —digo, cruzando los brazos sobre mi pecho, obviamente descontenta—. Ahora tendrás que meter ahí dentro tu móvil: es lo justo.
Se ríe.
—Siempre tienes que tener la última palabra, ¿no es así, ________(tn) ?
Apaga su móvil y, con un exagerado ademán, abre la caja fuerte y lo deja junto al mío, tras lo cual vuelve a cerrarla rápidamente.
—Hecho.
***
–Es excitante, ¿no crees? ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos una oportunidad como esta de estar juntos, jugar, explorar y hablar hasta el amanecer? Será muy divertido. Lo tengo todo planeado.
La energía que desprende sentado a mi lado en el sofá es casi contagiosa y, sin embargo, trato de mantener una actitud indiferente con él.
—No estoy segura de si eso me hace sentir mejor o peor. —Aunque hago el comentario con ligereza, hay una gran verdad tras mis palabras.
Se da cuenta de que mis dedos han vuelto a temblar y de que la copa oscila precariamente en mi mano. Me la quita, supuestamente como medida de precaución.
—Créeme, ________(tn) , todo irá bien. Entiendo que esta es una gran decisión para ti, pero sabes que nunca haría nada que pudiera perjudicarte y que, en el fondo, ambos
esperábamos que esto sucediera desde hace años.
Simplemente no habíamos tenido la oportunidad de hacerlo. Aferrémonos al momento en el que estamos ahora, como diría Eckhart Tolle.1 —Hace una pausa mientras su sonrisa le obliga a abrir un poco los labios—. Por cierto, muchas gracias por los libros, hay mucha verdad en ellos.
Pongo los ojos en blanco como muestra de incredulidad, pero no puedo evitar que una sonrisa curve las comisuras de mi boca.
Unos años atrás le regalé por Navidad los libros El poder del ahora y Una nueva tierra, ambos de Eckhart Tolle. Recuerdo haber hablado con él por teléfono, alabando exageradamente los libros y sus mensajes para transformar la vida. Supongo que me está bien empleado; tal vez sea el karma que vuelve directamente a por mí, desafiándome. Y aquí estoy, gracias a Je remy, viviendo total y absolutamente el «ahora» durante las próximas cuarenta y ocho horas.
—Está bien. Tú ganas —concedo—. Tomemos otra copa para que pueda digerir más fácilmente mi decisión.
—Tus deseos son órdenes.
—Hmm, no estoy muy segura de eso —digo, aceptando que vuelva a rellenar mi copa. Definitivamente el champán está bajando por mi garganta con demasiada rapidez.
—Ven; deja que te enseñe el resto del ático para que te sientas más cómoda.
Acepto su mano tendida que me levanta del sofá.
El ático es realmente impresionante. Parece como si hubiera sido remodelado recientemente en una especie de vibrante estilo retro de los ochenta, nada que ver con mi gusto, aunque ciertamente funciona bien en este ambiente.
La suite principal, decorada en un estilo ultramoderno, es toda una obra maestra en sí misma. La cama, de tamaño gigante, está revestida de acero, con un cabecero increíblemente masculino, si bien sus intrincados detalles dan la sensación de un delicado tejido femenino, casi como un grueso encaje metálico. No estoy segura de si me siento aliviada o decepcionada al descubrir la existencia de un segundo dormitorio de parecida decoración. Pero ya me preocuparé por eso más tarde. Todo el conjunto parece tener una superficie mayor que la de una casa de tipo medio. Después del recorrido, nos relajamos volviendo a nuestras bromas de costumbre sobre los viejos tiempos y compartimos unas cuantas risas. Este era el encuentro que había soñado tener, de modo que finalmente mi mente se libera de las preocupaciones derivadas de mi decisión de quedarme.
Nick me habla de su investigación y del trabajo que ha estado haciendo con algunos foros responsables de movimientos globales e innovadores, algo que realmente parece inspirarle. Me cuenta que ha tenido la oportunidad de conocer a gente maravillosa aunque los hay que solo persiguen la gloria, la fama o el dinero y algunas veces las
tres cosas. Se le ve un tanto consternado al admitir ese hecho.
—Pero es la vida que he elegido y no dejaré que nada se interponga en el camino de lo que estoy intentando conseguir. Es demasiado importante. —La determinación de su voz resulta casi aterradora. Presiento que hay algo más detrás, pero la tensión de su rostro me previene de seguir indagando y rápidamente deriva la conversación hacia mí.
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 14th 2013, 18:35

Capitulo 6
Me pregunta sobre mi trabajo y mis estudios y parece especialmente interesado en el tema de las conferencias que estoy dando. Trato de no aburrirle con los detalles, pero se le ve genuinamente fascinado por el hecho de que nuestras percepciones estén directamente influenciadas por cada uno de nuestros sentidos. Quiere analizar con más profundidad el impacto de los sentidos visual, auditivo, olfativo, cenestésico y del gusto sobre nuestras percepciones y experiencias. Aporta diversas teorías médicas a nuestra discusión, lo cual valoro enormemente.
Había olvidado lo buen conversador que puede ser, cómo hace que la gente se sienta cómoda, alentándola a abrirse y a no sentirse en ningún momento inferior, a pesar de que sus conocimientos son amplísimos. Es la clase de discusión que solo puedes mantener con determinadas personas en la vida, aquellos que te conocen lo suficiente
como para cuestionarte y desafiarte y que tienen la madurez intelectual y emocional para ser verdaderamente auténticos.
Con un oyente tan activo como Nick, sumado a mi pasión por la materia en cuestión, nuestro diálogo se prolonga durante un buen rato. Imagino que he superado con creces mi cuota de hablar de mí misma, así que hago una pausa para darle la oportunidad de cambiar de tema.
Entonces vuelvo a advertir ese brillo travieso en sus ojos y los labios tratando de ocultar una sonrisa.
—¿Qué pasa? Lo siento, creo que llevo demasiado tiempo hablando. Tendrías que haberme parado.
—En absoluto, ya sabes que me encanta verte así. Oírte hablar de forma tan apasionada sobre tu trabajo es fantástico. No todo el mundo lo vive de esa forma, de modo que cuando sucede es algo especial. —Me muestra una gran sonrisa—. Aunque debo confesarte algo que todavía no te he dicho.
—Oh, ¿de qué se trata?
—Hoy he estado allí.
—¿Dónde? —pregunto, sin terminar de entender.
—En tu conferencia, esta tarde.
Le miro boquiabierta con los ojos como platos.
—¿Has estado allí, en mi conferencia? —Me quedo completamente estupefacta.
—Sí, sí y sí. Sé que debería habértelo contado antes, pero quería verte en tu mundo. —Se vuelve lentamente hacia mí—. Has estado fabulosa, ________(tn) , realmente conseguiste atrapar a la audiencia, estimulando un debate inteligente. Tanto los estudiantes como los profesores parecían estar hechizados contigo y con tu trabajo. Lo mismo que yo. —Su voz destila erotismo.
Esta vez me he quedado realmente enmudecida. El gran Nick Jonas siguiendo mi conferencia. ¡Increíble! Tomo inconscientemente mi copa y doy un trago terminándome el resto del champán. Nick inclina su copa hacia mí, haciendo un silencioso brindis, y me imita. Súbitamente siento de lleno el efecto del champán en mi cabeza, lo que resulta bastante agradable, y acto seguido su efecto en mi vejiga, lo que ya no lo es tanto. Me disculpo y me dirijo al cuarto de baño. Una vez que he conseguido desahogarme con cierta urgencia, observo que el baño es más grande que el dormitorio de mi casa, con baldosas de mármol gris, blanco y azul formando un atractivo diseño. Está surtido con todos los lujos que cabe esperar de una suite en el ático de un hotel de cinco estrellas: pequeños botes de crema corporal, champú, suavizante, gel de ducha, así como jabón, juego de peine y cepillo y gorro de baño, todo presentado en pequeñas cajas color pastel que tienen un aspecto tan fabuloso que casi da pena abrirlas. Mientras contemplo añorante la reluciente bañera con forma oval, escucho a Nick llamar a la puerta sugiriendo que va a preparar un baño para mí.
—¿Acaso también te has vuelto adivino en tu tiempo libre? ¿Hay algo más que debiera saber?
Se ríe.
—Sé que has tenido un día muy largo y, si no recuerdo mal, uno de tus pasatiempos favoritos era darte un buen baño. Además tengo gran interés en hacer que te sientas lo más relajada posible, así que estaré encantado de preparar uno para ti. Igual que en los viejos tiempos. —Es curioso que sus palabras suenen tan familiares dado el mucho
tiempo transcurrido desde la última vez que eso pasó.
—Suena delicioso. ¿Estás seguro? Puedo hacerlo yo misma encantada.
—________(tn) , te lo suplico, hazme el favor y déjate llevar por la corriente este fin de semana.
Entra en el cuarto de baño.
—No quiero ninguna resistencia. Pretendo aprovechar al máximo cada hora que pase contigo. Ahora, será un placer prepararte un baño, así que ¿por qué no vas a sacar
tus cosas de la maleta y te pones cómoda?
Una vez más, le miro completamente atónita. ¿Estaré soñando? ¿Está sucediendo realmente todo esto? Salgo del baño y me dirijo hacia un armario excepcionalmente grande donde ha dejado mi maleta de ruedas. Oigo su voz por encima del agua que cae mientras me tomo un momento para absorber la elegante opulencia de la suite principal.
—Por favor, deshaz tus maletas. Necesito saber que no vas a salir huyendo de mí este fin de semana.
Mientras hago exactamente como me ha pedido, me pregunto si siempre ha sido tan autoritario. Supongo que sí.
Aunque no de una manera negativa, solo de un modo que hace que te sientas incómoda si le desobedeces. Con sorprendente sumisión, coloco mi ropa, los zapatos y la bolsa de aseo, y dejo las carpetas de trabajo en mi maletín.
Estoy a punto de salir de la habitación cuando advierto el teléfono sobre la mesilla de noche. Aprovecho el ruido del grifo abierto para abalanzarme sobre el teléfono y
descolgar el auricular. No estaría mal dejar un rápido mensaje a Robert y a los niños, en el caso de que no estén totalmente fuera de cobertura.
Una voz femenina me contesta.
—Buenas noches, doctor Jonas. ¿En qué puedo ayudarle?
—¡Oh! —exclamo al teléfono, sorprendida por la voz al otro lado de la línea.
No me esperaba una telefonista y obviamente no soy el doctor Jonas. En ese preciso instante Nick aparece detrás de mí, rodea mi cintura con su brazo y me quita el auricular de la mano.
—Siento molestarla, señorita, pero no necesitamos ningún servicio por el momento y, por favor, no pase ninguna llamada desde la suite del ático salvo que yo se lo pida personalmente.
Escucho cómo la mujer contesta:
—Sí, por supuesto, doctor Jonas. Que pase una buena noche.
—Gracias. Eso pretendo. —Y cuelga el teléfono suavemente.
Me siento como un niño travieso que ha sido pillado por un adulto dentro de un armario tomándose los caramelos de otro, y noto cómo de repente mi cara pasa del rojo al púrpura. Nunca he sido capaz de esconder mi azoramiento o vergüenza a los demás, y menos aún a Nick. No puedo creer que me sienta tan culpable por haber intentado hacer una llamada. No digo una palabra.
Enlaza con ambos brazos mi cintura haciendo que me sienta atrapada en su fuerte abrazo, y entonces arrima su cara a mi cuello e inhala profundamente antes de declarar en voz baja y queda:
—Si vuelves a intentar algo así, ese bonito trasero tuyo se va a poner del mismo color que tu rostro ahora.
Mi corazón se acelera al oír sus palabras y la sangre palpita por todo mi cuerpo, y para mi sorpresa y horror, hasta mis pezones no pueden ignorar el efecto de sus palabras a través de mi blusa. ¿Cómo consigue causarme ese efecto? Me besa ligeramente el cuello y después me guía silencioso fuera del dormitorio.
Al volver de nuevo al salón, advierto que ha puesto una suave música y que hay una bandeja de voluptuosas fresas cubiertas de chocolate negro sobre la mesa redonda.
Decido que lo más sensato es no hacer caso a su anterior comentario.
—¿Puedo? —pregunto, señalando las fresas.
—Por supuesto —asiente—, están para comerlas. — ¿Cómo hará para que sus palabras suenen tan seductoras?
—Parecen deliciosas. —Entonces recuerdo que solo he tomado champán desde la hora de comer. Las fresas tienen un sabor a tono con su aspecto y el recubrimiento de
chocolate negro resulta exquisito. Cierro los ojos y disfruto de la sensación. Nick acerca una servilleta hasta la comisura de mis labios, limpiando suavemente un poco
de jugo de fresa que se ha escapado. Ese sencillo movimiento es tan seductor que hace que mis piernas se estremezcan al tiempo que mis propios jugos empiezan a formarse entre mis muslos, por más que mi cabeza niegue vehementemente su existencia. Una provocativa sonrisa asoma a su cara cuando me ofrece la bandeja, como si fuera plenamente consciente de las intenciones de mi cuerpo.
Es como si me hubiera trasladado a la gran pantalla y estuviera interpretando a la protagonista de una sofisticada comedia romántica de Hollywood. Dejo escapar una risa nerviosa ante lo improbable de la situación. No todos los días suceden cosas como esta mientras estás haciendo la colada, planchando o recogiendo a los niños del colegio.
Me mira con gesto interrogante como si fuera incapaz de descifrar mis pensamientos.
—No te preocupes, solo estaba reflexionando sobre la vida durante unos instantes.
Me siento aliviada por que no haya mencionado la llamada de teléfono ya que no quiero echar a perder su buen humor.
—Bueno, a menos que quieras más fresas, tu baño está esperando.
Cuando abre la puerta, la escena que me rodea es aún más propia de Hollywood. ¿Acaso es esta mi propia versión de Pretty woman? ¿Sería justo detenerse ahora debido a la
persistente culpa que siento como una losa en el fondo de mi corazón? Prácticamente tengo que pellizcarme al entrar en el cuarto de baño.
—Vaya, esto es... totalmente... perfecto..., increíble. — Me siento tan atrapada por la romántica visión que se despliega ante mis ojos, que apenas puedo balbucear unas palabras—. Asombroso, Nick, realmente asombroso.
Mi vista recorre el cuarto de baño que ahora ha sido transformado en un lugar de ensueño gracias a un montón de pequeñas velitas encendidas. El olor resulta embriagador, pero no insoportable, con aromas a lavanda y jazmín, y tal vez con un toque de freesia, mis flores favoritas. ¿Cómo puede recordar esos detalles tan íntimos después de tanto tiempo? Me siento deliciosamente etérea en medio de esa atmósfera que ha creado para mí.
—Disfrútalo, hoy ha sido tu gran día. Ahora ha llegado el momento de que te relajes.
Lleva suavemente mis manos hasta sus labios y posa un ligero beso en cada una antes de salir del baño, dejándome maravillada ante lo que me rodea. Me desnudo con cuidado, desprendiéndome de mis altos tacones, la falda y las medias, y finalmente desabrochando mi blusa. Me suelto lentamente el sujetador, liberando mis senos, y dejo que mi braguita caiga al suelo. No quiero perturbar la escena con ningún movimiento apresurado. Estoy deseando sumergir mi cuerpo en ese glorioso, humeante y aromático baño. A medida que me introduzco en el agua la tensión empieza automáticamente a desvanecerse. Nada me gusta más que un baño al final de un largo día, y este ha estado lleno de sorpresas inesperadas. Mientras me hundo más profundamente en la lechosa agua, tomo conciencia de que no solo mi cuerpo está cansado, sino que he estado la mayor parte del día sumida en un verdadero torbellino
emocional. Me siento agradecida por poder pasar un rato a solas para relajarme y tratar de serenar mi mente. Suelto un largo suspiro. Cuando mi cuerpo se estira en las
profundidades del baño, siento que la tranquilidad me rodea. Justo lo que necesito. Cierro los ojos y dejo que todos los pensamientos se disipen de mi mente... Pura maravilla...
No sé bien si me he dejado vencer por el sueño, porque apenas advierto un suave movimiento del agua, que no consigue sacarme de mi estado de relajación, y continúo
con los ojos cerrados hasta que siento que una mano alza mi pie desde el fondo de la bañera para comenzar un lento y pausado masaje. Abro los ojos de golpe, sorprendida por la increíble audacia de la visión que tengo ante mí.
—¿Cómo has...? ¿Cuándo has...? —tartamudeo.
—Chist, relájate. Parecías tan tranquila... No quiero molestarte, solo añadir algo más a la experiencia, sin quitarle nada —dice Nick suave y quedamente.
—Pero, pero... ¡Estás dentro del baño! —exclamo estupefacta.
¿O no tanto? ¿Acaso me sorprende que Nick se haya deslizado dentro del baño conmigo? Hace muchos años era una práctica muy habitual entre nosotros y no me hubiera chocado en absoluto. Pero, a decir verdad, ¿qué esperaba que sucediera este fin de semana? Los recuerdos que fluyen por mi cabeza son totalmente diferentes de la realidad que ahora experimento. El presente tiene unas repercusiones mucho más profundas que el pasado que una vez compartimos. Me siento completamente confusa.
Mi sorpresa deriva en una especie de ensueño ante el aroma que se filtra por mis fosas nasales hasta el cerebro, un vapor místico que entrelaza nuestros cuerpos. El masaje de pies de Nick sigue siendo de muerte y su efectividad no ha disminuido después de estos años. Más bien al contrario. Sus dedos mágicos frotan con fuerza las plantas de mis pies al otro lado de la bañera. Vuelvo a reposar la cabeza en el borde y dejo escapar un largo suspiro, sucumbiendo a la experiencia. ¿A quién pretendo engañar?
—Eso está mejor, cariño, déjate llevar... Deja de luchar tan obstinadamente. Yo me haré cargo de todo.
Aunque Nick tiene una enorme presencia física, aún queda suficiente espacio en la bañera para los dos. Incluso para tres o cuatro personas más, pero no quiero pensar en
eso. Mientras mi otro pie se derrite con igual intensidad, aflojando todos los puntos de tensión bajo su meticulosa presión, apenas soy consciente de deslizarme instintivamente hacia él. Entonces me gira hasta ponerme de espaldas y me quedo acunándome entre sus piernas en este exótico baño en el que el agua entre nosotros está ahora a la temperatura perfecta para dos.
Me sumo en un absoluto letargo debido a la fuerte combinación del champán, el calor del baño, las velas, las fragancias y el masaje de pies. Apenas puedo alzar la voz para protestar y, menos aún, ninguno de mis miembros.
Nick pasa suavemente una pequeña manopla de terciopelo a lo largo de mis brazos, y luego lava mi pecho, despacio y con mimo. Advierto que estamos respirando al unísono, y el nivel del agua sube y baja lentamente a medida que inhalamos y exhalamos juntos. Y así seguimos hasta que su mano empieza a acariciar mi pecho. Mi cuerpo se tensa de golpe cuando sus dedos rozan suavemente mis pezones, haciéndolos revivir y reaccionar al instante. Una vez alcanzado el resultado deseado, continúa friccionando
mis pechos con ambas manos. Mi respiración se acorta y mi pulso se acelera. No puedo seguir negando el impacto que su roce desata en mi cuerpo. Escucho un gran suspiro,
antes de comprender que ha sido mío; es una sensación extraña que parece escapar de mi cuerpo, sin anuncio ni previa advertencia. ¿Acaso estoy ya tan fuera de control?
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 14th 2013, 19:53

bendito dios...
no me dejes asi
me muero
siguela pronto
x favor
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 16th 2013, 19:01

Capitulo 7
—Así está mejor —le escucho decir—. Después de
todo, no era tan aterrador, ¿verdad?
—¿Es así como quieres hacerme sentir? —respondo
jadeante, mientras sus manos continúan su recorrido.
—¿Cómo te sientes?
De haber estado en una situación mental más estable,
habría debido imaginar que me haría esa pregunta. Sé que
espera una respuesta.
Reflexiono un momento y le contesto con sinceridad.
—Al límite, intensa, relajada, incoherente,
complacida..., todas esas palabras vienen a mi mente..., y mi
cuerpo parece estar liberando a mi mente de sus
obligaciones.
—Hmm, así es más o menos como quería que te
sintieras. ¿Te gusta esa sensación?
—Creo que sí, pero tal vez tenga que hacerte la pregunta
a ti.
Sus labios acarician la base de mi cuello mientras sus
dedos se desplazan y continúan bajando por mi cuerpo,
pasando por mi vientre y posándose entre mis muslos. El
sordo tirón entre mis piernas parece estar ahora inflándose
en anticipación de algo más.
La habitación se vuelve borrosa mientras me derrito con
sus caricias. Su cuerpo, aún firme y suave, cubierto por una
leve capa de vello, está pegado contra el mío, que responde
con fervor a cada caricia. Justo cuando está a punto de
llegar al destino deseado, sus dedos se detienen.
—Doctora __________(ta), ¿puedo preguntarte algo? Me
encantaría escuchar tu opinión profesional.
—Pues claro —contesto tan serena como mi agitada
respiración me lo permite. No puedo creer que haya
elegido este preciso momento para tener una conversación
«profesional». Mi corazón palpita al unísono con el sordo
latido entre mis piernas.
—Genial, gracias.
Parece muy complacido consigo mismo.
—Verás, tengo a una hermosa mujer que va a quedarse
conmigo durante las próximas cuarenta y ocho horas.
Suelto un gemido de incredulidad mientras continúa.
—Estamos alojados en la suite del ático del mejor hotel
de Sidney. Ella es increíblemente sexy, y no quiero
malgastar un solo segundo del tiempo que tenemos para
estar juntos.
—Estoy segura de que no malgastarás ni un segundo,
Nick. ¿Cuál es exactamente el problema? —Pongo los
ojos en blanco y trato de que mi voz suene lo más firme
posible, lo que es esencialmente imposible debido a los
precisos y orquestados movimientos de sus dedos. Procuro
responder como si estuviera siguiéndole el juego, aunque
confío en que termine rápidamente con esta conversación.
—Bueno, verás, a ella le cuesta mucho desconectar. No
creo que sea capaz de sumergirse totalmente en la
experiencia que quiero que tenga este fin de semana. Una
experiencia, toma nota, única en la vida.
Trato de apartarme de él para poner un poco de espacio
entre los dos y así poder ver su cara. Sin embargo, me tiene
atrapada de tal forma que estoy firmemente anclada entre
sus piernas. Uno de sus brazos está rodeando mi pecho y el
otro por debajo de mis nalgas, entre mis piernas, mientras
sus dedos continúan jugando, explorando, acariciando...
¡Dios, había olvidado lo bien que se le da todo esto! Al
percibir mi movimiento, sus brazos me estrechan con
fuerza.
—Ella dice que lo hará —continúa rítmicamente—,
pe r o ya ves, la conozco muy bien. Sé que lo que le
propongo va en contra de su naturaleza, incluso de sus
principios, y por eso le cuesta tanto dejarse llevar, a pesar
de que estoy seguro de que desea con todas sus fuerzas la
experiencia que quiero ofrecerle.
Mientras continúa con su controlado y uniforme
monólogo, su dedo intensifica sus movimientos más abajo.
La fuerza de su abrazo continúa implacable.
Su olor, sus caricias, sus palabras me hacen delirar.
Debo de estar soñando; esto no puede estar pasando en
la vida real, ¿verdad?
—Y además he asistido a una conferencia dada por una
experta psicóloga, la doctora no sé cuántos, con la
esperanza de que ella pudiera darme algunas ideas, ya sabes,
para ayudarme a resolver mi problema. Por cierto, deberías
conocerla, creo que te gustaría —añade
despreocupadamente.
¡Oh, cómo está disfrutando! No tengo más remedio que
seguirle el juego.
—¿Y te ayudó? —digo prácticamente con un chillido
mientras gimo para mis adentros, dudando si el sonido ha
surgido por la frustración o el placer. En cualquier caso,
estoy totalmente perdida entre sus manos, en sus palabras.
—Sí, de hecho lo hizo, así que voy a seguir su consejo.
Algunos dedos más se unen al de abajo mientras, con la
otra mano, pellizca y tira de mis pezones como si exigiera
a mi cuerpo toda la atención sin tener en cuenta mi mente.
Su roce se intensifica al tiempo que mis pezones y mis
muslos palpitan al unísono. La cadencia de su movimiento
me hace sentir ligera, pegada contra él en la bañera. A
medida que el agua se enfría, siento que empiezo a hervir
por dentro como una humeante tetera puesta al fuego.
—Así que he decidido que debo prescindir de uno de
sus sentidos este fin de semana. La investigación empírica
de la doctora asegura que de esa forma conseguiré dos
cosas. Primero, aumentar significativamente la percepción
del resto de sus sentidos, lo que solo puede ser positivo en
vista de lo que estoy hablando, ¿no crees?
Se detiene.
No puedo responder. Soy incapaz de concentrar mi
mente en sus palabras por más tiempo.
—Y segundo, que de esa forma su experiencia se
incrementará exponencialmente más allá de todos los
límites y percepciones preconcebidos. No podía creer que
todos mis problemas se hubieran resuelto gracias a esta
increíble y perspicaz mujer.
Trago, jadeo, incluso creo que me asfixio con sus
palabras. Me pellizca y tira de mis pezones como si
quisiera comprobar su elasticidad, haciendo que mi espalda
se arquee en sincronía.
Y prosigue, prácticamente absorto en su discurso.
—He estado meditando sobre los cinco sentidos y
finalmente me he decidido por aquel en el que está basada
su investigación y que, definitivamente, causará mayor
impacto. —Con su otra mano explora las profundidades del
pasaje de mi vagina, masajeando suave y cuidadosamente y
evitando a propósito la zona que más ansía su contacto. Sus
dedos son instrumentos de alta precisión.
He sobrepasado la sensación de ser un cervatillo
atrapado ante los faros de un coche; ahora estoy cargada y
atada al techo del vehículo. ¡Maldito sea por hacerme esto!
¡Maldito sea mi cuerpo por responder! Mi respiración se
vuelve incontrolable, mientras continúo atrapada por el
embriagador hechizo de su pericia y experiencia.
—Ya ves, es una persona de gran percepción visual y
creo sinceramente que si pierde ese sentido...
He dejado de oír sus palabras. Respiro agitada y
entrecortadamente mientras trato desesperadamente de
llevar más oxígeno a mis pulmones, a mi cerebro. Sus
dedos se han quedado quietos.
Creo que voy a hiperventilar.
—Dios, ________(tn) , te has vuelto aún más sensible al contacto
físico, si es que eso era posible. Noto cómo tu cuerpo se
convulsiona. Así es imposible no distraerse y que consiga
llegar a la conclusión.
¿Que yo le estoy distrayendo? ¡Qué disparate!
La pausa dura lo suficiente como para permitirme
recuperar el aliento. Aunque no tanto como para
prevenirme de sus palabras o de sus intenciones.
—Por lo tanto, todo lo que tiene que hacer es prometer
dos cosas: renunciar a su visión durante el fin de semana y
no hacer ninguna pregunta durante las próximas cuarenta y
ocho horas. Un fin de semana que superará cualquier
expectativa; que romperá sus preconcebidas barreras. Una
experiencia increíblemente sensual que no tengo la menor
duda de que adorará... Es tan obvia cuando piensas en ella
que me siento decepcionado de que no se me haya ocurrido
a mí...
Su voz se desvanece y siento su aliento en mi oreja
cuando su lengua me hace cosquillas y sus dientes
mordisquean mi lóbulo. Sus dedos continúan implacables
en su misión, penetrando, pero impidiendo que alcance la
liberación que tan urgentemente deseo. Mi cuerpo está a
punto de estallar cuando escucho su voz con profunda
claridad.
—________(tn) , prométemelo ahora mismo. —Sus
palabras decididas, deliberadas. Mi cuerpo se estremece en
anticipación—. Es sencillo. Sin vista. Sin preguntas.
Durante cuarenta y ocho horas.
Me siento invadida por demasiadas emociones para
entender completamente lo que eso significa. Mi cerebro,
mi cuerpo y mi corazón están totalmente centrados en una
única cosa, en solo una cosa: liberarme. No estoy segura de
si me gusta o aborrezco lo que él hace conmigo, lo que
siempre ha conseguido hacer como ningún otro. Siempre
me he sentido tan indefensa, tan dependiente de su
siguiente movimiento... Es como si mi cuerpo volviera
inservible a mi mente.
—Prométemelo. —Su voz profunda penetra en la
neblina de mi estupor.
¡Oh, Dios mío!, mi palpitante deseo se vuelve casi
agónico cuando la habitación empieza a dar vueltas. Siento
demasiado calor para que lo pueda controlar, el fuego surge
desde mi interior, el vapor ascendiendo en oleadas a mi
alrededor. Trato de echar las caderas hacia delante para
conseguir la fricción en la parte donde la necesidad de
liberarme de esa intensidad, que tan magistralmente ha
sabido despertar en mí, me consume. Pero sus piernas me
constriñen, imposibilitándomelo. Mi contoneo endurece su
resolución, su cuerpo apresándome aún con más fuerza.
—Prométemelo, ahora. —Su potente vozarrón lanza una
última orden.
—Lo que sea. Te lo pro... —No consigo completar las
palabras, que se atropellan unas con otras—. Ohhh, Dios —
suspiro. Es despiadado.
—MÁS ALTO. —Su voz retumba en mi oído como un
tambor tribal acelerando su palpitante redoble...
—Lo prometo —jadeo—. Te lo prometo —gimo—.
Haré todo lo que quieras... este fin de semana. Lo que sea,
solo...
Al oír mis palabras sus dedos se hunden aún más
profundamente en mi vagina provocándome el orgasmo que
m i cuerpo ansiaba tan frenética y desesperadamente. Un
grito primitivo brota de mí...
—Gracias, cariño, problema resuelto. —Escucho su
seductor y distante susurro en mi oído.
Entonces encuentra el punto sensible de mi clítoris y
consigue encender una nueva serie de convulsiones que
extraen todos mis jugos hasta la última gota, paralizándome
en incesantes espasmos de liberación. Sin considerar por
un segundo la implicación o las consecuencias de las
palabras que acabo de pronunciar, me permito atravesar con
avidez las puertas del placer que tan cuidadosamente ha
construido, custodiado y finalmente desencadenado.
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 16th 2013, 19:46

ya cayo...
q digo
nick es muy inteligente
siguela
x favor
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VaLeexD
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 19th 2013, 10:16

Siiigueeelaaaa
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andreru
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 22nd 2013, 15:24

Capitulo 8
Cuando vuelvo a la realidad, no sé muy bien cuánto tiempo he pasado abstraída en mi mundo. Observo que mi piel está empezando a arrugarse como una ciruela pasa, así que ya de be de hacer un buen rato. Lentamente recupero la consciencia.
—¿Te encuentras bien? Has estado increíble. —Puedo sentir la sorpresa en su voz. Ah, sí, en los brazos de Nick en el baño. Ahí es donde estoy, ahora caigo. Me siento blanda, colmada y voluptuosa, flotando en una especie de decadente bruma de delirio.
—Mmm... Me siento genial. ¿Cómo estás tú?
—Tenemos que salir del baño antes de que cojas un resfriado. —Me levanta con firmeza, me saca del baño y me envuelve los hombros con una toalla. Es gruesa y suave
y abrazo agradecida su calidez.
Mientras permanece detrás de mí rodeándome con sus brazos, nos miramos el uno al otro en el reflejo del espejo.
Al contemplarnos así, nuestra diferencia de estatura parece exacerbarse y, por alguna razón, desearía llevar puestos unos altos tacones para compensar la disparidad entre nosotros. Soy plenamente consciente de su desnudez detrás de mí, lo que hace literalmente flaquear mis rodillas.
Retira lentamente la toalla mientras nuestros ojos continúan clavados en el espejo y la deja caer al suelo con deliberada lentitud. Me quedo mirando nuestros cuerpos desnudos en el espejo. Sus ojos me miran extasiados. No pronunciamos palabra y nos observamos el uno al otro con una intensa lujuria que con los años parece haberse vuelto más asombrosa y compleja de lo que jamás pude imaginar.
—Eres aún más arrebatadora de lo que recordaba — declara Nick rompiendo finalmente el silencio.
—Y tú siempre has sido y aún continúas siendo demasiado hermoso, Nick —digo, no queriendo pensar en su comentario.
—________(tn) , abre los ojos y mírate de verdad.
Ha notado que estoy tratando de mirar a cualquier parte menos a mi propio reflejo. Hace que nos aproximemos al espejo de cuerpo entero de modo que no me queda más opción que enfrentarme cara a cara conmigo misma.
Algunas veces resulta maravilloso que otros te vean de forma diferente a como tú te ves. Curiosamente me descubro buscando algún signo de mis embarazos. Es extraño que nunca haya pensado en ello hasta este momento. Gracias a Dios, la luz me favorece. Mientras estos pensamientos inundan mi mente, Nick junta mis manos y las levanta por encima de mi cabeza, elevándome ligeramente sobre mis talones. Luego dobla mis brazos hacia atrás para que los codos sean el punto más alto del espejo y nada obstaculice mi rostro mientras mi cuerpo descansa contra el suyo. Nick está absolutamente irresistible tan erguido, tan viril. La visión de los dos de pie, desnudos ante el espejo, abrazados por la luz de las velas, resulta más sensual y turbadora que nada que hubiera podido imaginar.
La electricidad entre nosotros es palpable. Esa proximidad, esa intimidad me fascina y me quedo contemplando la imagen ante mis ojos. Qué maravilloso ejercicio, mirarse el uno al otro así, pienso, considerándolo desde una perspectiva profesional. En lugar de ser algo a evitar a toda costa, la naturaleza altamente erótica de nuestros tibios cuerpos ante el espejo emana una tremenda energía sexual, a pesar de que aún estoy tambaleante por el delicioso orgasmo.
—Quiero que conserves este momento en tu memoria.
Que te tomes un instante para entender y absorber cuánta belleza hay dentro de ti. Tus mejillas resplandecientes. Tus pechos turgentes y henchidos. Tus muslos relucientes. Tus ojos salvajes llenos de lujuria y deseo. Recuerda que así es como eres, una criatura infinitamente sexual y sensual.
Nunca he deseado a nadie tanto como a ti.
Puedo sentir la intensidad de la verdad de sus palabras con la misma certeza que siento hincharse su miembro detrás de mí.
Apenas reconozco mi reflejo en el espejo.
¿Quién soy?
El tiempo parece haberse detenido.
El momento es altamente embriagador. Me corta el aliento.
Soy incapaz de decir cuánto tiempo transcurre entre este momento y aquel en el que finalmente me suelta para envolver mis hombros con la toalla.
—Necesito organizar un par de cosas, así que lo mejor es que te deje a solas. Tómate tu tiempo; como podrás comprobar, los armarios están muy bien surtidos. Tengo una sorpresa esperándote ahí fuera, para cuando estés preparada. —Besa la parte interna de mi muñeca y cierra la puerta del cuarto de baño tras él. Una vez más, mi estómago
hace acto de presencia, al igual que el ardor entre mis piernas y mis hinchados pechos. ¿Cómo consigue hacerme esto?
Trato de tranquilizarme apoyando ambas manos en el frío mármol de la encimera del lavabo. Me observo fijamente en el espejo, mirando directamente mi rostro y dentro de mis ojos. Siento mi cuerpo enérgico, eufórico.
No puedo recordar ningún momento en que lo haya percibido con tanta intensidad y tan vivo. Mi mente trata desesperadamente de mantener el equilibrio y la perspectiva. ¿Qué estoy haciendo? Lamentablemente, mi cuerpo parece haber tomado las riendas, de modo que dejo escapar un suspiro de rendición y abrazo la plenitud del
momento.
Nick tenía razón respecto a que el cuarto de baño estaba bien surtido; una vez más su memoria para los detalles resulta asombrosa. Pequeñas notas manuscritas están diseminadas aquí y allá. El perfume Jo Malone —un gran frasco de elegante diseño que contiene la mezcla de mis fragancias favoritas— deja suficiente espacio a una serie de frascos más pequeños por si necesito añadir algún toque final. Mi piel absorbe al instante la crema corporal, e indulgentemente me permito usarla una segunda vez. Abro un estuche de maquillaje de Ives Saint Laurent con bases, correctores de ojeras, lápiz de ojos, barras de labios y rímel, todo ello en tonos que se complementan a la perfección con el de mi piel. Cualquier cosa que pudiera necesitar para el fin de semana e incluso más. ¡Increíble!
Decido hacer alguna locura y disfrutar de todo ello, pensando en lo divertido que resulta, casi como estar en el paraíso de una maravillosa perfumería probando todos los productos, desde los del cuidado de la piel a toda la gama de cosméticos. Voy soltando pequeños grititos de entusiasmo mientras abro las cajas, experimentando y
probando una colección de fantásticos productos de esos que aparecen regularmente en las páginas de las revistas de papel cuché, pero que nunca tienes en la balda de tu propio cuarto de baño.
Debo de haber perdido la noción del tiempo inmersa en mi propio paraíso cosmético cuando, de repente, oigo que llaman a la puerta.
—________(tn) , ¿aún sigues viva ahí dentro? —La suave voz de Nick penetra en mi atmósfera hedonista.
—Oh, sí, lo siento, aún estoy fascinada por todo esto.
¿De dónde has sacado el tiempo para comprarlo? ¿Cómo lo
sabías? Quiero decir, bueno, ha pasado mucho tiempo...
Esto es absolutamente increíble, me siento como un niño abriendo sus regalos favoritos... —Mis palabras se atropellan unas con otras.
—Preguntas, preguntas —dice con una carcajada, aunque me parece detectar un matiz de amenaza en su voz, que me hace parar en seco.
Mis pensamientos regresan inmediatamente a sus palabras en el baño, la promesa que hice en un momento de debilidad y lascivo deseo. Automáticamente siento que se me eriza el vello; mi postura se tensa como un gato que se arquea al sentir un peligro inminente. ¿De qué estaba hablando exactamente en el baño? No lo decía en serio,
¿verdad? ¿Pretende cubrir mi vista durante todo el fin de semana y algo sobre no hacer preguntas? Sin duda somos demasiado mayores para esa clase de juegos estúpidos.
¿No es así? Mi intuición no me ayuda demasiado a aplacar mis temores, al tiempo que mi mente evoca los recuerdos de la primera y única vez que intenté librarme de una promesa hecha a Nick allá por los días de universidad.
Extrañamente, y mirándolo en retrospectiva, los detalles de la promesa están un tanto confusos, mientras que las consecuencias permanecen vergonzosamente nítidas.
—¿Así que estás absolutamente segura de querer renegar de nuestro acuerdo? —pregunta incrédulo Nick mientras se cierne sobre mí. Estamos en el patio de la universidad, justo delante del vestíbulo principal. Asiento. Al segundo siguiente, me carga sobre su hombro, me agarra por los tobillos y me desliza por su espalda.
Me quedo balanceándome boca abajo, mirando a todos los que tengo detrás.
—¡Bájame, maldito bastardo! —grito, agitándome y tratando de soltarme—. ¡No puedes hacer esto, eres un bestia! ¡Bájame! — grito más fuerte.
—Puedo y lo haré, hasta que cumplas tu promesa.
La gente me mira y se ríe. Todo el mundo sabe que somos buenos amigos y que solo estamos bromeando. La camiseta se me ha bajado hasta los hombros gracias a la gravedad y trato de colocármela para no ofrecer un espectáculo gratuito de mi sujetador. Intento golpearle con una mano mientras sujeto la camiseta con la otra. Menos mal que llevo puestos los vaqueros.
Nick empieza a caminar.
—¿Qué estás haciendo? ¡Esto es una locura!
Me cuesta proyectar mi voz tan fuerte como hubiera querido dado que estoy balanceándome a la altura de sus piernas, boca abajo. Estoy furiosa. Habla como si tal cosa con otros compañeros mientras recorremos el pasillo como si no hubiera nada raro en tenerme colgando de su cuerpo. Sus amigos sueltan unas breves carcajadas cuando les informa de que simplemente me está dando un paseo hasta mi próxima clase. Si pudiera, me encantaría pegarle hasta hacerle daño. Con cada segundo que pasa la sangre me baja más rápido a la cabeza, haciéndome parecer un tomate
maduro.
Al llegar al aula me deposita con cuidado en un asiento en la primera fila. Hace un gesto saludando al profesor detrás de su atril, como si todo estuviera en perfecto orden. Entonces se agacha hasta mi altura, sujetando mis manos y diciendo con una sonrisa:
—Te recogeré después de la clase.
—No puedes decirlo en serio —respondo escupiendo prácticamente las palabras.
—Oh, desde luego que sí, señorita ________(tn) .
Le lanzo mi mejor mirada letal mientras el profesor dice:
—Está bien, empecemos, tenemos un montón de temas que ver.
Tras eso Nick planta un beso en mi mejilla, me suelta las manos y se despide. Me siento tan avergonzada que me hundo todo lo que puedo en mi asiento, evitando mirar a nadie a los ojos.
Cuando desplazo mis pies, noto que mi bolso está bajo el mismo asiento en el que me ha depositado. Nada como planear con anticipación.
No consigo concentrarme ni un ápice en la clase. En su lugar cavilo preocupada centrándome, en primer lugar, en cómo evitar a Nick y en segundo en cómo vengarme. ¿Cómo se ha atrevido a hacerme esto? Garabateo una nota a una amiga preguntándole si puede pasarme sus apuntes del resto de la clase. Decido que lo más seguro es escabullirme antes de que acabe, por si decía en serio lo de «recogerme» después de clase. Quince minutos antes del final, me deslizo de mi asiento lo más discretamente posible y me dirijo silenciosamente hasta la puerta trasera, que creo que es mi mejor
opción. Cuando salgo y echo un vistazo alrededor del pasillo vacío, me congratulo secretamente por haber esquivado a Nick.
Echo a andar con paso decidido, todavía furiosa y echando humo.
Justo cuando empiezo a ganar velocidad y alargo la zancada, mis piernas súbitamente se desploman bajo mi cuerpo con tanta rapidez que me quedo atónita.
—¡Qué demo...! —exclamo.
—Oye, preciosa, no creerías que podrías engañarme, ¿verdad?
Nick vuelve a cargarme exactamente en la misma posición que antes. ¿De dónde demonios ha salido? Me cuelga por los tobillos, por encima de sus hombros, todo el camino hasta la cafetería. Los tíos aplauden vitoreando a mi paso, felicitándole por ser un auténtico macho. Estoy que echo chispas, por decirlo suavemente. Me deposita en una silla y me sujeta con firmeza por los hombros y las muñecas. Sabe de sobra que intentaré salir corriendo en cuanto me suelte. Observo mordazmente a sus colegas
situados alrededor de la mesa, todos con sonrisas burlonas en sus caras aunque sus ojos fingen mirar a otra parte de la habitación.
Patrick y Neil aparecen dejando una bandeja delante de mí: mi almuerzo que supuestamente ha sido encargado con anterioridad para que Nick no tenga que soltar sus manos de mí. Sus sonrisas me dejan muy claro que piensan que la situación es increíblemente divertida. Aunque obviamente Nick sabe que estoy esperando la
primera oportunidad.
—No lo intentes, __ __(iniciales), solo harás que tu situación empeore drásticamente.
—¿Y exactamente cuánto tiempo piensas mantenerme así, Nick? —Mi voz es gélida.
—Exactamente el mismo tiempo que tardes en cumplir tu palabra, amiga mía —replica. Y maldita sea, piensa cumplir con lo que dice.
La situación continúa durante el resto de la jornada.
Finalmente, la idea de ser acarreada como un saco de patatas y depositada en mi última clase del día, en mi asignatura favorita: «La psicología de las sensaciones y la percepción», me sobrepasa, teniendo en cuenta que se trata de una clase pequeña de solo doce personas.
—De acuerdo, ya vale, Nick. Basta. He aprendido la lección. Tú ganas. —Me coloca suavemente en el suelo, de pie.
—Me alegra que hayas entrado en razón, __ __(iniciales). Estoy seguro de que no te gustaría experimentar lo que había planeado hacer contigo esta noche.
—Dios, eres una fuerza incombustible.
—Una con la que no hay que jugar, en eso estoy de acuerdo, si bien preferiría definirla como «persistente cuando se requiere».
—Lo que sea, ahora necesito llegar a clase. —Trato de darle largas.
—¿Estás segura de que no necesitas que te lleve? Mis piernas van más rápido que las tuyas. —La sonrisa de su rostro es tan descarada que no me queda más remedio que reírme ante su presunción, pese a que intento con todas mis fuerzas parecer disgustada.
—Muy gracioso. Adiós.
El recuerdo es tan nítido, tan intenso, que parece como si hubiera sucedido ayer. ¿De dónde habrá surgido? No había vuelto a pensar en ello durante años, décadas incluso.
Sacudo la cabeza en un intento por espantar el pasado de mis pensamientos y rechazar cualquier significado que pueda tener.
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Noviembre 22nd 2013, 18:02

jejeje
es genial nick
como consigue lo q quiere
siguela
me encanta ese hombre
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MensajeTema: Re: Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu   Hoy a las 21:28

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Destinada a gozar & Destinada a Sentir Nick y tu
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