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 Un tipo odioso (Nick y tu) HOT

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AlexandraNJ
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MensajeTema: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 18th 2013, 16:54

un mini cap porque nadie comenta Sad 

Pero ¿qué...? ¿Quién demonios le mandaba flores? ¿Es que estaba saliendo con alguien mientras nosotros...? Ni siquiera pude terminar ese pensamiento.

—La señorita Mills ha salido a comer. Volverá dentro de una hora —mentí. Tenía que echarle un vistazo a la tarjeta—. Yo se lo firmaré y me aseguraré de que las reciba. —Él puso las flores sobre la mesa.

Firmé rápidamente, le di una propina y me despedí cuando se fue. Durante tres largos minutos me quedé allí de pie, mirando las flores, deseando poder dejar de ser tan idiota y no mirar la tarjeta.

Rosas. Ella odiaba las rosas. Solté una risita porque quien quiera que le hubiera mandado eso no la conocía en absoluto. Hasta yo sabía que no le gustaban las rosas.

La había oído decírselo a Sara un día, cuando hablaba de que una de sus citas le había mandado un ramo. Se las había regalado a alguien porque no le gustaba su olor tan fuerte. Finalmente mi curiosidad pudo conmigo y arranqué la tarjeta del ramo.

Estoy deseando que llegue la cena.
JOEL CIGNOLI

Esa extraña sensación empezó a expandirse lentamente por mi pecho de nuevo mientras arrugaba la tarjeta en mi puño cerrado.

Recogí las flores de la mesa, salí por la puerta, cerré con llave y caminé por el pasillo hasta el ascensor.

Justo cuando se abrieron las puertas, pasé junto a una papelera y, sin pensármelo dos veces, tiré el jarrón con todo su contenido dentro.

No sabía qué demonios me estaba pasando. Pero sí sabía que de ninguna manera ella acabaría saliendo con Joel Cignoli.
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BETTY DE JONAS
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 18th 2013, 17:48

OH POR DIOS!!!!!
No puedo creer que Nick haya echo eso... Evil or Very Mad 
Aunque no quiera aceptarlo esta celoso:twisted: 
Y MUCHO!!!!!juju 
Por favor tienes que seguirla por que yo me muero por saber qué
es lo que va a pasar
en esa famosa cena!!!!!!confused 
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 18th 2013, 17:58

uju!
nick esta celoso
no soportara la cena
ya quiero q llegue
q haga algo
wuajajaja Twisted Evil 
siguela
me encantan los celos de nick
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AlexandraNJ
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MensajeTema: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 20th 2013, 18:28

Me pasé la mayor parte del sábado corriendo en el lago, tratando de airearme un poco, de tomar distancia y aclarar mis pensamientos. Pero aun así el viaje de una hora en coche hasta la casa de mis padres me dio mucho tiempo para que volviera la maraña de frustraciones a mi cabeza: la señorita Mills, cómo la odiaba, cuánto la deseaba, las flores que le había enviado Joel. Me arrellané un poco más en el asiento e intenté que el ruido sordo del motor del coche me serenara. Sin embargo, no funcionó.

Los hechos eran los siguientes: me sentía posesivo con ella. No de una forma romántica, sino más bien del tipo: Darle un golpe en la cabeza, arrastrarla del pelo y follármela, por así decirlo. Como si ella fuera mi juguete y yo no quisiera que ninguno de los demás niños del parque jugaran con él. ¿No era eso muy enfermizo?

Si ella me oyera alguna vez admitir tal cosa, me cortaría los huevos y me los haría comer.

Ahora la cuestión era saber cómo proceder. Obviamente Joel estaba interesado.
¿Cómo no iba a estarlo? Todo lo que le había llegado era información de segunda mano de mi familia, que obviamente la adoraba, y estaba seguro de que le habían enseñado por lo menos una fotografía. Si yo solo supiera eso de ella, también estaría interesado. Pero no había forma de que él llegara a tener una conversación con ella y la encontrara igual de atractiva.

A menos que solo quiera follársela...

El sonido del cuero del volante chirriando bajo mis manos me dejó claro que era mejor que no pensara en eso.

Él no habría accedido a conocerla en la casa de mis padres si no quisiera de ella más que sexo, ¿verdad? Sopesé esa idea. Tal vez sí que quería conocerla mejor.

Mierda, incluso yo tenía que admitir que estuve un poco intrigado antes de que llegáramos a hablar. Por supuesto eso no me duró mucho y después ella ha demostrado ser una de las personas más exasperantes que he conocido en la vida. Desgraciadamente para mí, el sexo con ella es el mejor que he tenido.

Joder, mejor que él no llegara tan lejos con ella. No estaba seguro de tener un buen sitio para esconder un cuerpo por allí.

Todavía recuerdo el momento en que la vi por primera vez. Mis padres vinieron a visitarme por Navidad cuando todavía vivía en el extranjero y uno de mis regalos fue un marco de fotos digital. Mientras miraba las fotos con mi madre, paré la presentación en una de mis padres de pie junto a una chica muy guapa de pelo castaño.

—¿Quién es la que está contigo y con papá? —le pregunté.

Mamá me dijo que se llamaba ___ Mills y que trabajaba de asistente para mi padre y empezó a contarme todo tipo de maravillas. No tendría más de veinte años en la foto, pero su belleza natural era deslumbrante.

A lo largo de los años su cara aparecía de vez en cuando en las fotos que me enviaba mi madre: recepciones de la empresa, fiestas de Navidad e incluso fiestas en la casa. Su nombre también salía ocasionalmente cuando me contaba historias de los contratiempos habituales del trabajo y la familia.

Así que cuando se tomó la decisión de que volvería a casa y me ocuparía de la dirección de operaciones, mi padre me explicó que ___ acababa de terminar su licenciatura en empresariales en la Universidad Northwestern, que había obtenido una beca para un máster que requería experiencia en el mundo real y que mi trabajo era la posición perfecta para ser su tutor durante un año. Mi familia la quería y confiaba en ella, y el hecho de que ni mi padre ni mi hermano tuvieran ninguna reserva sobre su capacidad para desempeñar el puesto a mí me lo decía todo. Accedí inmediatamente. Estaba un poco preocupado porque mi opinión sobre su apariencia interfiriera con mi capacidad para ser su jefe, pero me tranquilicé rápidamente diciéndome que el mundo estaba lleno de mujeres preciosas y que me resultaría fácil separar ambos aspectos.

Oh, qué estúpido fui.

Y ahora podía ver perfectamente todos los errores que había cometido durante los últimos meses, cómo, incluso desde aquel primer día, todo me había llevado al punto en el que me encontraba entonces.

Para complicar aún más las cosas, últimamente parecía que no podía llegar a nada con nadie sin pensar en ella. Solo pensar lo que había pasado la última vez me provocaba una mueca de dolor.

Había sido unos días antes del incidente de la ventana, como yo lo llamaba.

Yo tenía que asistir a una gala de una organización benéfica. Al entrar en el despacho me quedé impresionado al ver a la señorita Mills con un vestido azul increíblemente sexy que no le había visto nunca antes. En cuanto la vi, quise tirarla sobre la mesa y follármela sin parar.

Toda esa noche, con mi bellísima acompañante rubia a mi lado, estuve distraído.

Sabía que estaba llegando al final de mi resistencia y que en algún momento todo iba a volar por los aires. No tenía ni idea de lo pronto que iba a ser eso.
Traté de probarme a mí mismo que la señorita Mills no se me estaba metiendo así en la cabeza, yéndome a casa con la rubia. Entramos a trompicones en su apartamento y nos besamos y nos desnudamos muy rápido, pero todo se enfrió.

No es que ella no fuera lo bastante sexy e interesante, pero cuando la tumbé en la cama era castaño el pelo que yo veía esparcido sobre la almohada. Al besarle los pechos lo que quería sentir era unos pechos suaves y abundantes, no aquellos de silicona.

Incluso mientras me estaba poniendo el condón y acercándome a ella, sabía que era un cuerpo sin cara que estaba utilizando para satisfacer mis propias necesidades egoístas.

Intenté mantener a ___ lejos de mis pensamientos pero fui incapaz de detener esas imágenes prohibidas de cómo sería tenerla debajo de mí. Solo entonces conseguí empalmarme del todo y me puse rápidamente encima de aquella chica, odiándome al instante por ello. Ahora me sentaba peor ese recuerdo que cuando pasó, porque ahora la había dejado meterse en mi cabeza y quedarse allí.

Si podía soportar aquella noche, las cosas iban a ser más fáciles. Aparqué el coche y empecé a repetirme mentalmente: Puedes hacerlo. Puedes hacerlo.

—¿Mamá? —llamé mientras miraba en todas las habitaciones.
—Aquí fuera, Nick.

Oí que la respuesta llegaba desde el patio trasero.

Abrí las puertas y me saludó la sonrisa de mi madre que estaba dándole los últimos toques a la mesa que había puesto fuera.

Me incliné para que pudiera darme un beso.

—¿Por qué vamos a cenar aquí esta noche?

—Hace una noche preciosa y he pensado que estaríamos todos más cómodos aquí que sentados en un comedor atestado. No creo que le moleste a nadie, ¿tú qué crees?

—No, claro que no —respondí—. Se está muy bien aquí. No te preocupes.

Y realmente se estaba muy bien. El patio estaba cubierto por una enorme pérgola blanca con las vigas envueltas por enredaderas trepadoras muy tupidas. En el medio había una gran mesa rectangular en la que cabían ocho personas, cubierta con un suave mantel color marfil y la porcelana favorita de mi madre.

Había velas y flores azules sobresaliendo de pequeños recipientes plateados por toda la mesa y un candelabro de hierro forjado emitía una luz vacilante por encima de nuestras cabezas.

—Sabes que ni yo voy a ser capaz de evitar que Sofia acabe tirando todo esto de la mesa, ¿verdad? —dije metiéndome una uva en la boca.

—Oh, se va a quedar con los padres de Demi esta noche. Y menos mal —continuó —, porque si estuviera aquí acapararía toda la atención.

Mierda. Si estuviera Sofia poniéndome caritas desde el otro lado de la mesa al menos tendría algo con lo que distraerme de la presencia de Joel.

—Esta noche es para ___. Me encantaría que ella y Joel conectaran. —Ella siguió yendo de acá para allá por el patio, encendiendo velas y haciendo ajustes de última hora, completamente ajena a mi angustia.

Estaba jodido. Contemplé un segundo la idea de huir de todo aquello cuando oí a Joe... Puntual por una vez.

—¿Dónde está todo el mundo? —gritó y su voz profunda resonó en la casa vacía.

Le abrí la puerta a mi madre y al entrar encontramos a mi hermano en la cocina.

—¿Y qué, Nick? —dijo mientras apoyaba su cuerpo larguirucho contra la encimera

—. ¿Ansioso por lo de esta noche?

Esperé hasta que mi madre volvió a salir de la habitación para mirarlo con escepticismo.

—Supongo que sí —respondí intentando parecer muy informal—. Creo que mamá ha hecho barritas de limón. Mis favoritas.

—Pero qué mentiroso eres. Yo estoy deseando ver a Cignoli intentando ligar con
___ delante de todo el mundo. Va a ser una noche entretenida, ¿no crees?

Justo cuando Joe estaba arrancando un trozo de pan, entró Demi y le apartó las manos.

—¿Es que quieres que tu madre se enfade porque le estropeas la cena que ha planeado? Haz el favor de ser agradable esta noche, Joe. Nada de provocar a
___ ni de bromear con ella. Seguro que está muy nerviosa por todo esto. Dios sabe que ya tiene bastante con soportar a este —dijo señalándome.

—Pero ¿qué dices? —Ya me estaba cansando de aquel club de fans enfervorecidos de ___ Mills—. Yo no le hago nunca nada.

—Nick. —Mi padre estaba de pie en el umbral haciéndome un gesto para que me acercara a él. Salí de la cocina y lo seguí a su estudio—. Por favor compórtate lo mejor que puedas esta noche. Sé que tú y ___ no os lleváis bien, pero está en nuestra casa, no en tu oficina, y espero que aquí la trates con respeto.

Apreté la mandíbula con fuerza y asentí mientras pensaba en todas las formas en que la había faltado al respeto durante las últimas semanas.

Fui al baño un momento y justo entonces llegó Joel, con una botella de vino y unas cuantas variaciones de sus efusivos saludos: «¡Oh, estás fantástica!» para mamá, «¿Cómo está la niña?» para Mina, y una recia combinación de apretón de manos y abrazo para Joe y papá.

Yo me quedé algo separado de los demás en el vestíbulo, preparándome mentalmente para la noche que me esperaba.

Habíamos sido muy amigos de Joel mientras crecíamos y en el instituto, pero no le había visto desde que volví a casa. No había cambiado mucho. Era un poco más bajo que yo, con una constitución delgada, pelo muy negro y ojos azules.

Supongo que algunas mujeres lo considerarían atractivo.

—¡Nick! —Apretón de manos, abrazo masculino—. Dios, tío. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Mucho, Joel. Creo que desde justo después del instituto —le respondí estrechándole la mano con fuerza—. ¿Qué tal estás?

—Genial. A mí me han ido las cosas muy bien. ¿Y a ti? He visto fotos tuyas en revistas, así que supongo que a ti también te ha ido bastante bien. —Me dio unas palmaditas en el hombro amistosamente.

Qué idiota.

Yo asentí y le devolví una sonrisa forzada. Decidí que necesitaba unos minutos más para pensar, me disculpé y subí arriba, a lo que había sido mi antigua habitación.

Nada más cruzar la puerta me sentí más tranquilo. La habitación había cambiado poco desde que yo tenía dieciocho. Incluso cuando estaba en el extranjero, mis padres la mantuvieron prácticamente igual que cuando me fui a la universidad.

Me senté en mi antigua cama y pensé en cómo me sentiría si la señorita Mills tuviera algo que ver con Joel. Realmente era un tío majo, y aunque odiaba admitirlo, había una posibilidad real de que congeniaran. Pero solo pensar en otro hombre tocándola hacía que todos los músculos de mi cuerpo se pusieran en tensión. Volví mentalmente al momento en el coche en el que le había dicho a ella que no podía parar. Incluso ahora, a pesar de todas mis bravuconerías falsas, seguía sin saber si podía hacerlo.

Oí que volvían los saludos y la voz de Joel en el piso de abajo y decidí que era hora de ser un hombre y enfrentarme a lo que estuviera por venir.

Cuando llegué al último rellano la vi. Me daba la espalda, pero me quedé sin aire en los pulmones.

Llevaba un vestido blanco.

¿Por qué tenía que ser blanco?

Era una especie de vestidito de verano muy de niña, que le llegaba justo por encima de la rodilla y dejaba a la vista sus largas piernas. La parte de arriba era de la misma tela y tenía lacitos que se ataban encima de los hombros. No podía pensar en otra cosa que en cuánto me gustaría soltar esos lacitos y ver la prenda caerle hasta la cintura. O tal vez hasta el suelo.

Nuestras miradas se encontraron desde diferentes extremos de la habitación y ella sonrió con una sonrisa tan genuina y feliz que durante un segundo incluso me la creí.

—Hola, señor Jonas.

perdón chicas ayer no pude subir u.u
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 20th 2013, 19:10

OH POR DIOS!!!!
OH POR DIOS!!!!
OH POR DIOS!!!!!!!Shocked OMG! 
No puedo crrer que Nick todavía no se de cuenta de que lo que siente
son celos!!!!!Bravo! 
Pero ojalá que se dé cuenta de que ________ es una buena mujer y comience a
tratarla con mas respeto Evil or Very Mad 
Por favor siguela!!!!!!


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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 21st 2013, 09:07

nick debe despertar
solo hay una palabra q define eso
C-E-L-O-S
y de los buenos
espero q joel si se anime
y nick se despierte
para q decida star con ____
siguela
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AlexandraNJ
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 22nd 2013, 08:36

Mis labios se elevaron un poco al verla hacer su papel delante de mi familia.

—Señorita Mills —respondí con un gesto de la cabeza.

Nuestras miradas no se separaron ni cuando mi madre llamó a todo el mundo para que saliera al patio a tomar algo antes de cenar.

Cuando pasó a mi lado, hablé en un tono tan bajo que solo ella pudo oír.

—¿Una buena tarde de compras ayer?

Sus ojos se encontraron con los míos con esa sonrisa angelical en la cara.

—Eso te gustaría a ti saber. —Me rozó al pasar y sentí que todo mi cuerpo se tensaba—. Por cierto, ha llegado una nueva línea de ligueros—me susurró antes de seguir a los demás al exterior.

Me quedé parado y la boca se me abrió a la vez que mi mente volvía acelerada a nuestro escarceo en el probador de La Perla.

Un poco más adelante, Joel se acercó a ella.

—Espero que no te importara que te mandara flores ayer a la oficina. Admito que tal vez es un poco excesivo, pero estaba deseando conocerte.

Sentí que se me hacía un nudo en el estómago cuando las palabras de Joel me sacaron de mi ensoñación lujuriosa.

Ella se volvió hacia mí.

—¿Flores? ¿Me llevaron flores?

Yo me encogí de hombros y negué con la cabeza.

—Me fui pronto, ¿se acuerda?

Salí a prepararme un gimlet de vodka Belvedere.

Según fue avanzando la noche, no pude evitar estar pendiente de ella por el rabillo del ojo.

Cuando la cena por fin empezó, era evidente que las cosas entre ella y Joel iban muy bien. Incluso flirteaba con él.

—___, el señor y la señora Jonas me han contado que eres de Dakota del Norte.

La voz de Joel interrumpió otra fantasía, esta vez de mi puño golpeando su mandíbula.

Levanté la vista para ver cómo le sonreía cálidamente.

—Así es. Mi padre es dentista en Bismarck. Nunca he sido una chica de ciudad. Hasta Fargo me parecía demasiado grande. —Se me escapó una risita y su mirada se dirigió directamente hacia mí—. ¿Le divierte, señor Jonas?

Reí entre dientes mientras le daba un sorbo a mi bebida, mirándola por encima del borde del vaso.

—Lo siento, señorita Mills. Es que me resulta fascinante que no le gusten las ciudades grandes, pero que haya escogido la tercera ciudad más importante de Estados Unidos para ir a la universidad y... todo lo que ha venido después.

La expresión de sus ojos me dijo que, en otras circunstancias, yo ya estaría desnudo y encima de ella o tumbado en el suelo sobre un charco de mi propia sangre.

—La verdad, señor Jonas —dijo con la sonrisa volviendo a su cara—, es que mi padre volvió a casarse y como mi madre nació aquí, vine a pasar un tiempo con ella hasta que murió.

Me miró fijamente durante un momento y tengo que admitir que sentí una punzada de culpa en el pecho. Pero desapareció en cuanto volvió a mirar a Joel y se mordió el labio de esa forma tan inocente que solo ella podía hacer parecer tan sexy.

Deja de flirtear con él.

Cerré los puños mientras los dos seguían hablando. Pero varios minutos después me quedé helado. ¿Podía ser? Sí, eso sin duda era su pie subiendo por la pernera de mi pantalón.

Menuda pícara diabólica estaba hecha, tocándome a mí mientras mantenía una conversación con un hombre que ambos sabíamos que no podría satisfacerla. Observé sus labios que se cerraban alrededor del tenedor y se me puso dura cuando se pasó la lengua lentamente por los labios para eliminar los restos de salsa marinera que le había dejado el pescado.

—Vaya, del mejor cinco por ciento de tu clase en Northwestern. ¡Qué bien! —dijo Joel y después me miró—. Seguro que estás contento de tener a alguien tan increíble trabajando para ti, ¿no?

___ tosió levemente, trayendo la servilleta que tenía en el regazo para cubrirse la boca. Yo sonreí y la miré a ella y después a Joel.

—Sí, es increíble tener a la señorita Mills a mis órdenes. Ella siempre consigue acabar todo el trabajo.

—Oh, Nick. Qué amable por tu parte—exclamó mi madre y yo vi cómo la cara de la señorita Mills empezaba a enrojecer.

Mi sonrisa desapareció cuando sentí su pie encima de mi entrepierna. Entonces presionó muy levemente contra mi erección.

Madre de Dios.

Ahora me tocó toser a mí, a punto de atragantarme con mi cóctel.

—¿Está bien, señor Jonas? —me preguntó con fingida preocupación y yo asentí mirándola fijamente como si quisiera matarla. Ella se encogió de hombros y volvió a Joel—. ¿Y tú? ¿Eres de Chicago?

Continuó frotando suavemente contra mí el dedo del pie y yo intenté mantener el control de mi respiración y mi expresión neutral. Cuando Joel empezó a contarle cosas sobre su infancia y la época en que fue al colegio con nosotros, para acabar hablándole de su negocio de contabilidad que iba viento en popa, vi que su expresión cambiaba de una de fingido interés a una de genuina intriga.

Mierda, no.

Metí la mano izquierda debajo del mantel y encontré la piel de su tobillo. La vi sobresaltarse un poco por mi contacto. Empecé a mover los dedos en leves círculos, le pasé el pulgar por el arco del pie y me sentí satisfecho cuando la oí pedirle a Joel que le repitiera lo que acababa de decir.

Pero entonces él dijo que le gustaría quedar con ella algún día de esa semana para comer. Mi mano pasó a cubrirle la parte superior del pie y a apretarlo con más fuerza contra mi erección

Ella sonrió burlona.

—Podrás prescindir de ella durante la comida ¿no, Nick? —me preguntó Joel con una sonrisa alegre y el brazo descansando sobre el respaldo de la silla de ___.

Necesité todo mi autocontrol para no saltar por encima de la mesa y arrancárselo.

—Oh, hablando de citas para comer, Nick—interrumpió Mina tocándome el brazo con la mano—. ¿Te acuerdas de mi amiga Megan? La conociste el mes pasado en nuestra casa. Veintitantos, de mi altura, pelo rubio, ojos azules. Bueno, me ha pedido tu número. ¿Te interesa?

Miré a ___ cuando sentí los tendones de su pie tensarse y la vi tragar lentamente mientras esperaba mi respuesta.

—Claro. Ya sabes que prefiero las rubias. Puede ser un cambio agradable.

Tuve que contenerme para no chillar cuando bajó el talón y me apretó los testículos contra la silla. Los mantuvo allí durante un segundo, levantó la servilleta y se limpió la boca.

—Disculpadme, tengo que ir al servicio.

Cuando ella entró en la casa, toda mi familia me miró con el ceño fruncido.

—Nick —dijo mi padre con los dientes apretados—. Creía que ya habíamos hablado de esto.

Cogí mi copa y me la llevé a los labios.

—No sé a qué te refieres.

—Nick —añadió mi madre—, creo que deberías ir a pedirle disculpas.

—¿Por qué? —pregunté dejando mi copa sobre la mesa con demasiada fuerza.

—¡Nick! —exclamó mi padre levantando la voz, lo que no dejaba posibilidad alguna de discusión.

Tiré la servilleta sobre mi plato y me aparté de la mesa. Crucé la casa como una flecha buscándola en los baños de las dos primeras plantas, hasta que al llegar a la tercera vi que la puerta del baño estaba cerrada.

Chicas person ayer no subi espero subir otro hoy
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 22nd 2013, 09:03

los dos celosos
y como lo hace sufrir
seduciendolo mientras habla con joel
y despues la tal mina
q le quiere presentar a otra mujer
algo pasara en ese baño...
lo presiento
siguela
me encantan los dos celosos Very Happy
son graciosos :jajaja:
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AlexandraNJ
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 22nd 2013, 09:22

CHICAS PERDÓN COMETÍ UN ERROR EN EL CAPITULO MINA ES DEMI LA ESPOSA DE JOE Y SOFIA LA HIJA DE AMBOS
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MensajeTema: Un tipo odioso    Agosto 22nd 2013, 10:22

De pie al otro lado de la puerta, con la mano apoyada en el picaporte, luché conmigo mismo.

Si entraba ahí, ¿qué iba a ocurrir? Solo había una cosa que me interesaba a mí y sin duda no era disculparme. Pensé en llamar, pero sabía con seguridad que ella no me iba a invitar a entrar.

Escuché con atención, esperando algún ruido o señal de movimiento del interior. Nada. Por fin giré el picaporte y me sorprendió encontrarlo abierto.

Había estado en ese baño muy pocas veces desde que mi madre lo remodeló.

Ahora era una habitación preciosa y moderna, con una encimera de mármol hecha a medida y un amplio espejo que cubría una pared. Encima del tocador había una pequeña ventana por la que se veía el patio y los terrenos que había más abajo.

Ella estaba sentada en el banco acolchado, delante del tocador, mirando al cielo.

—¿Has venido a humillarme? —preguntó. Le quitó la tapa a su pintalabios y se lo fue aplicando con pequeños toques.

—Me han enviado para comprobar que están intactos tus delicados sentimientos.—Me volví para poner el pestillo en la puerta del baño y el chasquido resonó en el silencio de la habitación.

Ella se rió y su mirada se encontró con la mía en el espejo. Se la veía muy serena, pero me fijé en su pecho que subía y bajaba; su respiración estaba tan acelerada como la mía.

—Te aseguro que estoy bien. —Volvió a ponerle la tapa al pintalabios y lo metió en el bolso. Se levantó e intentó pasar a mi lado hacia la puerta—. Estoy acostumbrada a que seas un capullo. Pero Joel parece muy agradable. Debería volver abajo.

Puse la mano en la puerta y me acerqué a su cara.

—Me parece que no. —Le rocé con los labios un lugar debajo de la oreja y ella se estremeció por el contacto—. ¿Sabes? Él quiere algo que es mío y no puede tenerlo.

Ella se me quedó mirando fijamente.

—Pero ¿en qué época te crees que estamos? Déjame salir. Yo no soy tuya.

—Puede que tú te creas eso —le susurré mientras mis labios bajaban levemente por su cuello—, pero tu cuerpo —dije metiéndole las manos bajo la falda y presionando la mano contra el encaje húmedo que tenía entre las piernas— piensa otra cosa.

Ella cerró los ojos y dejó escapar un gemido bajo cuando mis dedos se movieron haciendo círculos lentos contra su clítoris.

—Que te jodan.

—Déjame que te ayude a hacerlo —dije contra su cuello.

Ella dejó escapar una carcajada temblorosa y yo la empujé contra la puerta del baño. Le cogí ambas manos y se las levanté por encima de la cabeza, manteniéndoselas sujetas con las mías, y me incliné para besarla. Sentí que luchaba sin muchas fuerzas contra mi sujeción y negué con la cabeza, apretando más las
manos.

—Déjame —repetí apretando mi miembro endurecido contra ella.

—Oh, Dios —dijo con la cabeza ladeada para darme acceso a su cuello—. No podemos hacer esto aquí.

Bajé mis labios por su cuello y por su clavícula hasta el hombro. Le sujeté ambas muñecas con una mano y bajé la mano libre para soltar lentamente una de las cintas que le sujetaban la parte de arriba, besándole la piel que acababa de quedar expuesta.

Me pasé al otro lado y al repetir la acción me vi recompensado con que la parte de delante de su vestido se deslizó hacia abajo revelando un sujetador sin tirantes de encaje blanco.

Joder.

¿Tenía alguna pieza de lencería aquella mujer que no me hiciera quedarme a punto de correrme en los pantalones?

Bajé la boca hasta sus pechos mientras le desabrochaba el sujetador. No me iba a perder la visión de sus pechos desnudos esta vez. Se abrió con facilidad y el encaje cayó, revelando la imagen que llenaba mis fantasías más obscenas. Cuando me metí un pezón rosado en la boca, ella gimió y sus rodillas cedieron un poco.

—Chis —susurré contra su piel

—Más —me dijo—. Otra vez.

La levanté y ella me rodeó la cintura con las piernas, lo que unió más nuestros cuerpos. Le solté las manos y ella inmediatamente me las llevó al pelo y tiró de mí con brusquedad para que me acercara. Joder, me encantaba que hiciera eso. Volví a empujarla contra la puerta pero entonces me di cuenta de que había demasiada ropa por medio; quería sentir el calor de su piel contra la mía, quería enterrarme por completo en ella y mantenerla aplastada contra la pared hasta mucho después de que
todos se hubieran ido a dormir.

Ella pareció leerme el pensamiento porque sus dedos bajaron por mis costados y empezaron a sacarme frenéticamente el polo de los pantalones, levantándomelo y quitándomelo por la cabeza.

El sonido de las risas que llegaba del exterior se coló por la ventana abierta y sentí que ella se tensaba contra mí. Pasó un largo momento antes de que su mirada se encontrara con la mía y estaba claro que le costaba decir lo que quería decir.

—No deberíamos hacer esto —dijo por fin, negando con la cabeza—. Él me está esperando. —Ella intentó con poco entusiasmo apartarme, pero yo no me moví.

—Pero ¿tú quieres estar con él? —le pregunté sintiendo una oleada de posesión abriéndose en mi interior. Ella me sostuvo la mirada pero no respondió.

La bajé y la dirigí hacia el tocador, parando solo para colocarme justo detrás de ella. Desde donde estábamos teníamos una visión perfecta del patio de abajo.

Acerqué su espalda desnuda a mi pecho y puse la boca junto a su oreja.

—¿Lo ves? —le pregunté deslizando las manos por sus pechos—. Mírale. —Bajé las manos por su abdomen, por toda la falda, y hasta sus muslos—. ¿Te hace sentir así?

Mis dedos la rozaron al subir por un muslo y meterse debajo de sus bragas. Un siseo bajo escapó de su boca y yo sentí su humedad y entré en ella.

—¿Conseguiría alguna vez que te mojaras así?

Ella gimió y apretó las caderas contra mí.

—No...

—Dime lo que quieres —susurré contra su hombro.

—Yo... No lo sé.

—Mírate —le dije mientras mis dedos no dejaban de entrar y salir de ella—. Sí sabes lo que quieres.

—Quiero sentirte dentro de mí, ahora.
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 22nd 2013, 14:27

jejeje no me sorprende q lo hagan
pero nick no va a ceder
siguela
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 22nd 2013, 16:03

Siigueelaa mee encaanthaa tu nobee
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AlexandraNJ
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MensajeTema: Un tipo odioso   Agosto 23rd 2013, 13:58

—Quiero sentirte dentro de mí, ahora. —No hizo falta que me lo pidiera dos veces.

Me desabroché los pantalones en un segundo y me los bajé hasta la cadera, apretándome contra su trasero antes de levantarle la falda y agarrarle las bragas con las manos.

—Rómpelas —me susurró.

Antes nunca había podido ser tan salvaje y tan primitivo con nadie, en cambio con ella parecía justo lo que había que hacer. Tiré con fuerza y las sutiles bragas se rasgaron con facilidad. Las lancé al suelo y le pasé las manos por la piel, bajando los dedos por sus brazos hasta sus manos, donde le apreté las palmas contra la mesa que teníamos delante.

En ese momento era una visión absolutamente maravillosa: agachada, con la falda subida hasta las caderas y su trasero perfecto a la vista. Ambos gemimos cuando yo me coloqué y me deslicé en su interior profundamente.

Me incliné, le di un beso y volví a decir «chis» contra su espalda.

Más risas nos llegaron del exterior. Joel estaba ahí abajo. Joel, que en el fondo era un buen tío pero que quería apartarla de mí. Ese pensamiento bastó para hacerme empujar aún con más fuerza.

Sus ruidos estrangulados me hicieron sonreír y la recompensé aumentando el ritmo. Un parte muy retorcida de mí sintió cierta reafirmación al ver a ___ silenciada por lo que le estaba haciendo.

Soltaba exclamaciones ahogadas y buscaba con los dedos algo a lo que agarrarse mientras tenía mi miembro en su interior, duro, más duro, cada vez que intentaba hacer algún sonido pero no podía.

Le hablé suavemente junto a su oído, y le pregunté si quería que la follara. Le pregunté si le gustaba que le dijera esas guarradas, si le gustaba verme así de sucio, follándola tan fuerte que le iba a dejar cardenales.

Ella consiguió balbucear un sí y cuando empecé a moverme más rápido y más fuerte, ella me suplicó que le diera más.

Los botes de la mesa estaban tintineando y volcándose por la fuerza de nuestros movimientos, pero a mí no me importaba. La agarré del pelo y tiré para incorporarla y que su espalda quedara contra mi pecho.

—¿Crees que él puede hacerte sentir así?

Seguí embistiéndola, obligándola a mirar por la ventana.

Sabía que me estaba poniendo en evidencia. Mi mundo se estaba cayendo a pedazos a mi alrededor.

Necesitaba que ella pensara en mí esa noche cuando estuviera en su cama. Quería que ella me sintiera cuando cerrara los ojos y se tocara, recordando la forma en que habíamos follado. Mi mano libre subió por su costado hasta sus pechos, cubriéndolos y retorciéndole los pezones.

—No —gimió—. Así nunca. —Bajé de nuevo la mano por el costado y se la coloqué detrás de la rodilla para subírsela hasta la mesa, lo que la abrió aún más a mí y me permitió entrar más profundamente en ella.

—¿Has visto lo bien que me envuelves?—gruñí contra su cuello—. Te siento tan bien... Cuando bajes, quiero que recuerdes esto. Recuerda lo que me haces.

La sensación se estaba volviendo abrumadora y sabía que cada vez estaba más cerca. Estaba más que desesperado. La necesitaba como una droga y ese sentimiento consumía todos mis pensamientos. Le cogí la mano, entrelacé nuestros dedos y las bajé por su cuerpo hasta su clítoris, ambas manos acariciando y provocando. Gemí por la sensación que tuve al entrar y salir de ella con tanta facilidad.

—¿Sientes eso? —le susurré al oído, abriendo los dedos para que quedaran uno a cada lado de mí.

Ella volvió la cabeza y gimió contra la piel de mi cuello. No era suficiente, necesitaba mantenerla en silencio. Aparté la mano de su pelo, le tapé la boca con cuidado y le di un beso sobre la piel enrojecida de la mejilla. Ella dejó escapar un
grito amortiguado, posiblemente mi nombre, cuando su cuerpo se tensó y después se
apretó a mi alrededor.

Cuando ella cerró los ojos y sus labios se relajaron por fin en un suspiro satisfecho, empecé a buscar lo que yo necesitaba: cada vez más rápido, mirando nuestro reflejo en el espejo para poder ver cómo mis últimas embestidas hacían que se movieran sus pechos.

El clímax empezó a desgarrarme. Ella dejó caer la mano de mi pelo para taparme la boca a mí ahora y yo cerré los ojos y dejé que la ola me embargara. Unas embestidas finales más profundas y fuertes y me derramé dentro de ella.

Abrí los ojos y le di un beso en la palma antes de apartarla de mi boca y apoyé la frente contra su hombro. Las voces que llegaban desde abajo, ajenas a todo, seguían llegándonos. Ella se apoyó contra mí y se quedó allí en silencio unos momentos.

Lentamente empezó a apartarse y yo fruncí el ceño por la pérdida del contacto.

Miré cómo se colocaba de nuevo la falda, recuperaba el sujetador e intentaba volver a atar los lazos del vestido. Yo bajé la mano para subirme los pantalones, recogí el encaje desgarrado de sus bragas y me lo metí en el bolsillo. Ella seguía peleándose con el vestido y yo me acerqué, le aparté las manos y le até de nuevo los lazos evitando su mirada.

De repente la habitación era demasiado pequeña y ambos nos miramos en un silencio incómodo.

Cogí el picaporte, deseando decir algo para arreglarlo, cualquier cosa. ¿Cómo podía pedirle que follara conmigo y solo conmigo y esperar que no cambiara nada más? Incluso yo sabía que pedirle eso era ganarme una buena patada
en los huevos. Pero las palabras sobre lo que sentía al verla con Joel no habían cristalizado aún. Tenía la mente en blanco.

Frustrado, abrí la puerta. Y los dos nos quedamos de piedra al ver lo que había ante nosotros.

Allí, de pie ante la puerta, con los brazos cruzados y las cejas elevadas por la sorpresa, estaba Demi.
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 23rd 2013, 20:14

mi*****
ahora darle explicaciones
pero tmb a quien se le ocurre
en media fiesta
x lo menos en un lugar no muy solicitado
como lo es el baño mismo!!!
fiuuu
x suerte no fue joel
siguela
quiero ver como salen de esta
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 23rd 2013, 20:33

Dioos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

jajajajajaj

siguelaaaaa xD
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MensajeTema: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 24th 2013, 15:22

Cuando abrió la puerta y ambos nos encontramos cara a cara con Mina, me quedé helada.

—¿Qué era exactamente lo que estabais haciendo los dos ahí dentro?-preguntó mientras su mirada pasaba de uno a otro.

Una recapitulación de todo lo que podía haber oído me pasó en un segundo por la cabeza y sentí un calor que se extendía por toda mi piel.

Me atreví a mirar al señor Jonas justo cuando él hacía lo mismo. Después me volví hacia Demi y negué con la cabeza.

—Nada, teníamos que hablar. Eso es todo. —Intenté fingir, pero sabía que el temblor de mi voz me delataba.

—Oh, he oído algo ahí dentro y no tengo la más mínima duda de que no era hablar—dijo sonriendo burlonamente.

—No seas ridícula, Demi. Estábamos discutiendo un tema de trabajo —dijo él intentando pasar a su lado.

—¿En el baño? —preguntó.

—Sí. Me habéis mandado aquí arriba para que viniera a buscarla y ahí es donde la he encontrado.

Ella se puso delante de él para bloquearle el camino.

—¿Crees que soy tonta? No es ningún secreto que ustedes no “hablan”, gritan! ¿Y ahora? ¿Estáis saliendo?

—¡No! —gritamos los dos a la vez y nuestras miradas se encontraron durante un breve momento antes de apartarlas rápidamente.

—Vale... así que solo estáis follando —dijo y ninguno de los dos fue capaz de encontrar las palabras para responder. La tensión en ese pasillo era tan densa que llegué a considerar brevemente cuánto daño podía provocar un salto desde una ventana del tercer piso—. ¿Cuánto tiempo lleváis así?

—Demi... —empezó él negando con la cabeza y por una vez llegué a sentirme mal por su incomodidad.

Nunca le había visto así antes. Era como si en todo ese tiempo no se le hubiera ocurrido que podía haber consecuencias aparte de nuestra propia confusión.

—¿Cuánto tiempo, Nick? ¿___? —dijo mirándonos a los dos.

—Yo... nosotros solo... —empecé, pero ¿qué iba a decir? ¿Solo qué? ¿Cómo podía explicar aquello?—. Nosotros...

—Cometimos un error. Ha sido un error.

Su voz cortó de raíz mis pensamientos y lo miré en shock. ¿Por qué me molestaba tanto que hubiera dicho eso? Había sido un error, pero oírselo decir... me dolía.

No pude apartar los ojos de él aunque ella empezó a hablar.

—Error o no, tenéis que parar. ¿Y si hubiera sido Denise? Y Nick, ¡eres su jefe!
¿Es que se te ha olvidado eso? —Suspiró profundamente—. Mirad, vosotros dos sois adultos y no sé lo que está pasando aquí, pero sea lo que sea, que no se entere Kevin.

Una oleada de náuseas me embargó ante la idea de que Kevin se enterara de aquello y lo decepcionado que iba a estar. No podía soportarlo.

—Eso no será un problema —dije evitando a propósito la mirada de Nick-Pretendo aprender de mi error. Disculpadme.

Pasé al lado de ambos y me dirigí a las escaleras, el enfado y el dolor me provocaban un peso muerto en el fondo del estómago.

La fuerza de mi ética del trabajo y mi motivación siempre me habían mantenido a flote en los peores momentos de mi vida: las rupturas, la muerte de mi madre, los malos momentos con los amigos. Mi valor como empleada de Jonas Media Group ahora estaba manchado por mis propias dudas. ¿Le estaba haciendo verme de forma diferente porque me lo estaba tirando? Ahora que parecía haber registrado (por fin) que si los demás se enteraban de lo nuestro podía ser algo malo para él, ¿empezaría a cuestionar mi juicio a nivel global?

Yo era más inteligente que todo aquello. Y ya era hora de que empezara a actuar en consecuencia.

Me recompuse antes de salir afuera y volver a mi asiento junto a Joel.

—¿Va todo bien? —me preguntó.

Volví la cabeza y me permití mirarlo durante un momento. Realmente era bastante mono: pelo oscuro bien peinado, una cara amable y los ojos azules más bonitos que había visto en mi vida. Tenía todo lo que yo debería estar buscando.

Levanté la mirada un segundo después cuando el señor Jonas volvió a la mesa con Demi, pero la aparté rápidamente.

—Sí, es que no me encuentro muy bien —dije volviéndome otra vez hacia Joel—.Creo que voy a tener que retirarme ya.
—Vamos —dijo Joel levantándose para apartarme la silla—. Te acompañaré al coche.

Me despedí sintiendo, incómoda, la palma de Joel en la parte baja de mi espalda mientras salíamos de la casa. Una vez en la entrada, me dedicó una sonrisa tímida y me cogió la mano.

—Ha sido un placer conocerte, ___. Me gustaría poder llamarte alguna vez y tal vez salir a comer como te he dicho.

—Déjame tu teléfono —le dije.

Una parte de mí se sentía mal por hacer aquello; estar con un hombre en el piso de arriba no hacía ni veinte minutos y ahora darle mi número a otro. Pero ya era hora de dejar atrás aquello y una cita para comer con un chico agradable parecía un buen punto de partida.

Su sonrisa se ensanchó cuando le devolví el teléfono y él me dio su tarjeta. Me cogió la mano y se la llevó a los labios.

—Te llamo el lunes. Con suerte las flores no se habrán marchitado del todo.

—Lo que importa es la intención —le dije sonriendo—. Gracias.

Parecía tan sincero, tan feliz por la simple posibilidad de volver a verme que se me ocurrió que yo debería estar sonriendo como una tonta o sintiendo mariposas en el estómago. Pero la verdad es que tenía ganas de vomitar.

—Debería irme.

Joel asintió y me abrió la puerta del coche.

—Claro. Espero que te mejores. Conduce con cuidado y que tengas buenas noches, ___.

—Buenas noches, Joel.

Cerró la puerta. Encendí el motor y con la mirada fija adelante me alejé de la casa de la familia de mi jefe.

A la mañana siguiente, en yoga, consideré la posibilidad de abrirle mi corazón a
Julia. Antes estaba bastante segura de que podía manejar las cosas yo sola, pero después de pasar una noche entera mirando al techo y volviéndome loca, me di cuenta de que necesitaba desfogarme con alguien.

Estaba Sara, y ella mejor que nadie podría entender lo desquiciante que podía ser mi jefe macizo. Pero también trabajaba para Joe y no quería ponerla en una posición incómoda, pidiéndole que guardara un secreto tan grande como aquel. Sabía que Mina no tendría ningún problema en hablar conmigo si se lo pedía, pero había algo en el hecho de que ella fuera parte de la familia, y además sabiendo lo que podía haber oído, que me hacía sentir bastante incómoda.

Había veces que realmente deseaba que mi madre siguiera viva. Solo pensar en ella me produjo un profundo dolor en el pecho y se me llenaron los ojos de lágrimas.

Mudarme allí para pasar los últimos años de su vida con ella había sido la mejor decisión que había tomado en mi vida. Y aunque vivir tan lejos de mi padre y mis amigos había sido duro a veces, sabía que todo ocurre por una razón. Solo deseaba que esa razón se diera prisa y se manifestara de una vez.

¿Podría decírselo a Julia? Tenía que admitir que estaba aterrada por lo que podía pensar de mí. Pero más que eso, estaba aterrada por decírselo en voz alta a alguien.

—Vale, no dejas de mirarme —me dijo—. O tienes algo en mente o te estoy avergonzando porque estoy sudada y horrible.

Intenté no decirle nada, intenté no darle importancia y dejar que pensara que estaba diciendo tonterías. Pero no pude. El peso y la presión de las últimas semanas me estaban aplastando y antes de que pudiera controlarlo, mi barbilla empezó a temblar y empecé a berrear como un bebé.

—Eso era lo que me parecía. Vamos, ___. —Me ofreció la mano, me ayudó a levantarme y, recogiendo todas nuestras cosas, me llevó hacia la puerta.

Veinte minutos, dos mimosas y una crisis nerviosa después, estaba mirando la expresión de espanto de Julia en nuestro restaurante favorito. Se lo conté todo: lo de romperme las bragas, que me gustaba que me rompiera las bragas, los diferentes sitios, los te odio de la mitad de las sesiones, que Demi nos había pillado, mi culpa por sentir que estaba traicionando a Kevin y a Denise, lo de Joel, las declaraciones trogloditas del señor Jonas y, por fin, mi miedo a estar en la relación más insana de la historia del mundo y, sin ningún poder en absoluto.

Cuando levanté la vista para mirarla, hice una mueca de dolor; ella tenía una cara como si acabara de ver un accidente de coche.

—Vale, vamos a ver si lo he entendido bien.

Asentí mientras esperaba que continuara.

—Te estás acostando con tu jefe.

Me encogí un poco.

—Bueno, técnicamente no...
Ella levantó la mano para que no terminara la frase.

—Sí, sí. Eso lo he entendido. ¿Y ese es el mismo jefe al que te refieres cariñosamente como el atractivo cabrón?

Suspiré profundamente y asentí de nuevo.

—Pero lo odias.

—Correcto —murmuré apartando la mirada—. Odio. Eso es lo que siento: mucho odio.

—No quieres estar con él, pero no puedes mantenerte alejada.

—Dios, suena mucho peor oírselo decir a otra persona —gruñí y escondí la cara entre las manos—. Suena ridículo.

—Pero los momentos sexis... Son buenos —dijo con un toque de humor en la voz.

—Buenos no es suficiente para describirlos, Julia. Ni fenomenales, intensos, alucinantes y asombrosos como de multiorgasmo es suficiente para describirlos.

—¿Asombrosos como de multiorgasmo existe?

Me froté la cara con las manos y volví a suspirar.

—Cállate.

—Bueno —respondió pensativa y carraspeó—. Supongo que lo de la polla pequeña no era un problema después de todo...

Dejé que mi cabeza cayera sobre mis brazos que estaban encima de la mesa.

—No. No, sin duda eso no es un problema. —Levanté la vista un poco al oír el sonido de risas ahogadas—. ¡Julia! ¡Esto no tiene ninguna gracia!

—Perdona que discrepe. Hasta tú tienes que ver la gran locura que es esto. De todas las personas que he conocido, eres la última que yo habría imaginado que podía acabar en esta situación. Siempre has sido tan seria, con todos y cada uno de los pasos de tu vida planificados. Vamos, has tenido muy pocos novios de verdad y has estado con ellos lo que todo el mundo consideraba una cantidad absurda de tiempo antes de acostaros. Este hombre tiene que ser algo de otro mundo.

—Sé que no hay nada malo en tener una relación puramente sexual con alguien... puedo con eso. Sé que a veces puedo ser demasiado controladora, pero lo peor es el hecho que siento que no tengo control sobre mí misma cuando estoy con él. Es que ni siquiera me gusta y aun así... sigo cayendo.
Julia le dio un sorbo a su mimosa y prácticamente pude ver los engranajes de su cerebro trabajando mientras reflexionaba sobre lo que le acababa de decir.

—¿Qué es lo que te importa?

Levanté la vista para mirar a Julia, comprendiendo por dónde iba.

—Mi trabajo. Mi vida después de esto. Mi valor como empleada. Saber que mi contribución marca la diferencia.

—¿Puedes sentirte bien en todos esos aspectos y follártelo a la vez?

Me encogí de hombros, incapaz de desenmarañar mis pensamientos sobre ese tema.

—No lo sé. Si yo sintiera que son cosas independientes, tal vez. Pero nuestras únicas interacciones se producen en el trabajo. No hay ningún momento en que esto no vaya tanto de trabajo como de sexo.

—Entonces tienes que encontrar una forma de dejar de hacerlo. Necesitas mantener la distancia.

—No es tan fácil —respondí, negando con la cabeza y empecé a divagar-Trabajo para él. No puedo evitar fácilmente todos los momentos a solas con él. He jurado varias veces que no volveríamos a tener sexo y he vuelto a tenerlo a las pocas horas; es ridículo. Y además, tenemos que ir a un congreso dentro de dos semanas. El mismo hotel, muy cerca todo el tiempo. ¡Y con camas!

—___, pero ¿qué te ocurre? —me preguntó Julia con un tono asombrado—. ¿Es que quieres que esto continúe?

—¡No! ¡Claro que no!

Ella me miró escéptica.

—Lo que pasa... es que soy diferente con él. Es como si quisiera cosas que nunca había querido antes y tal vez debería permitirme querer esas cosas. Solo desearía que fuera otra persona la que me hiciera desearlas, alguien agradable, como Joel por ejemplo. Mi jefe no tiene nada de agradable.

—¿Tu jefe te hace querer qué? ¿Qué te den azotes y esas cosas? —inquirió Julia con una risita, pero cuando yo aparté la vista oí que soltaba una exclamación ahogada—. Oh, Dios mío, ¿te ha dado azotes?

La miré con los ojos como platos.

—Julia, ¿no puedes decirlo más alto? Creo que el tío del fondo no te ha oído.-En cuanto me aseguré de que nadie nos estaba mirando, me aparté unos mechones sueltos de la frente y respondí—. Mira, ya sé que tengo que parar esto, pero yo...

Me detuve porque sentí que se me ponía toda la piel de gallina. Se me quedó el aliento atravesado en la garganta y me volví lentamente para mirar hacia la puerta.

Si puedo subo otro en la noche, las adoro Very Happy
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 24th 2013, 18:42

no es x nd
pero q horrible situacion
(aunq si muy tentadora)
entiendo lo q quiere
pero el seguir interactuando con nick
es peligroso para ella
si quiere seguir asi
siguela quiero saber como terminara todo
o continuara
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AlexandraNJ
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MensajeTema: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 25th 2013, 17:43

Era él, desaliñado y vestido con una camiseta negra y vaqueros, zapatillas de deporte y el pelo más despeinado que de costumbre.

Me di la vuelta para mirar a Julia mientras sentía que toda la sangre había abandonado mi cara.

—___, ¿qué ocurre? Parece que hubieras visto un fantasma —dijo Julia extendiendo la mano por encima de la mesa para tocarme el brazo.

Tragué con dificultad en un intento por recuperar mi voz, y después la miré.

—¿Ves a ese hombre que hay junto a la puerta? ¿El alto y guapo? —Ella levantó un poco la cabeza para mirar y yo le di una patada por debajo de la mesa—. ¡No seas tan descarada! Es mi jefe.

Julia abrió mucho los ojos y se quedó con la boca abierta.

—¡Madre mía! —exclamó y negó con la cabeza mientras le miraba de arriba abajo—. No lo decías en broma, ___. Es un cabrón realmente atractivo. No sería yo la que lo echara de mi cama. O mi coche. O el probador. O el ascensor o...

—¡Julia! ¡No me estás ayudando!

—¿Quién es la rubia? —preguntó señalándola.

Me volví para ver cómo un camarero llevaba hasta su mesa al señor Jonas con una rubia alta con las piernas muy largas. La mano de él estaba apoyada en la parte baja de la espalda de la chica. Sentí en el pecho una terrible punzada de celos.

—Pero qué cabrón —exclamé entre dientes—.Después de lo que hizo anoche...Tiene que estar de broma.

Justo cuando estaba a punto de responderme, el teléfono de Julia sonó y ella lo buscó en su bolso. El saludo de «¡Hola, cariño!» me comunicó que era su prometido y que esa llamada le iba a llevar un rato.

Volví a mirar al señor Jonas, hablando y riéndose con la rubia. No podía apartar los ojos de ellos. Él estaba todavía más atractivo en ese ambiente relajado: sonreía y le bailaban los ojos cuando se reía.

¡Gilipollas!

Como si hubiera podido oír mis pensamientos, él levantó la cabeza y nuestras miradas se encontraron.

Apreté la mandíbula y aparté la vista, tirando la servilleta sobre la mesa. Tenía que salir de allí.

—Ahora vuelvo, Julia.

Ella asintió y me despidió con la mano distraídamente, sin dejar su conversación.

Me levanté y pasé junto a su mesa asegurándome de evitar su mirada.

Acababa de doblar la esquina y ya veía la seguridad del baño de señoras cuando sentí una mano fuerte en mi antebrazo.

—Espera.

Esa voz provocó un relámpago en mi interior.

Muy bien, ___, puedes hacerlo. Simplemente vuélvete, míralo y dile que se vaya a la mierda. Es un cabrón que dijo anoche que tú eras un error y hoy aparece con una rubia delante de tus narices.

Cuadré los hombros y me giré para mirarlo.

Mierda.

De cerca estaba aún más guapo. Nunca le había visto de otra forma que no fuera perfectamente arreglado, pero obviamente no se había afeitado aquella mañana y yo sentí la necesidad desesperada de notar cómo su barba me raspaba las mejillas.

O los muslos.

—¿Qué coño quieres? —le escupí, arrancando el brazo de su mano.

Sin la ventaja que me daban los tacones, él era mucho más alto que yo. Tenía que levantar la vista para mirarlo a la cara, pero pude ver unas leves ojeras bajo sus ojos. Parecía cansado. Bueno, le estaba bien empleado. Si pasaba las noches tan mal como yo, eso me alegraba.

Se pasó las manos por el pelo y miró a nuestro alrededor incómodo.

—Quería hablar contigo. Para explicarte lo de anoche.

—¿Y qué hay que explicar? —pregunté señalando con la cabeza hacia el comedor y la rubia que todavía estaba sentada en su mesa. Sentí una presión aguda en el pecho—.Un cambio de ambiente. Ya veo. Me alegro de haberte encontrado aquí así... Me recuerda por qué esto que hay entre nosotros es una mala idea. No quiero estar follándome indirectamente a todas las demás mujeres.

—Pero ¿de qué demonios estás hablando?— me preguntó mirándome—.¿Hablas de Emily?

—¿Así se llama? Bueno, pues que usted y Emily tengan una comida muy agradable, señor Jonas. —Me di la vuelta para irme pero me detuvo de nuevo agarrándome el brazo—Suéltame.

—¿Y por qué te importa?

Nuestra discusión había empezado a atraer la atención del personal que pasaba de camino a la cocina.

Después de echar un vistazo alrededor, él me metió en el baño de señoras y cerró la puerta con el pestillo.

Fantástico, otro baño.

Le aparté de un empujón cuando se acercó.

—Pero ¿qué crees que estás haciendo? ¿Y qué quieres decir con que por qué me importa? Follaste conmigo anoche, diciéndome que no podía querer salir con Joel y ahora estás aquí con otra. No sé por qué he permitido que se me olvidara que eres un mujeriego. Tu comportamiento es justo el que cabía esperar... Con quien estoy enfadada es conmigo—Estaba tan furiosa que prácticamente me estaba clavando las uñas en las palmas de las manos.

—¿Es que crees que estoy aquí con una cita?—Soltó el aire lentamente y negó con la cabeza—. Esto es increíble, joder. Emily es una amiga. Dirige una organización sin ánimo de lucro que Jonas Media apoya. Eso es todo.Tenía que haber quedado con ella el lunes para firmar unos papeles pero ha tenido un cambio de última hora en un vuelo y se va del país esta tarde. No he estado con nadie desde el... —Hizo una pausa para pensar mejor sus palabras—. Desde que nosotros... ya sabes...—Terminó haciendo un movimiento impreciso señalándonos a ambos.

¿Qué?

Nos quedamos allí de pie, mirándonos el uno al otro mientras intentaba dejar que me calaran aquellas palabras.

No se había acostado con nadie más. Pero eso era posible? Sabía con seguridad que era un donjuán. Yo personalmente había visto la
colección siempre creciente de mujeres florero que llevaba a los eventos corporativos, eso sin mencionar las historias sobre él que iban de boca en boca por todo el edificio. E incluso si lo que estaba diciendo era cierto, eso no cambiaba el hecho de que seguía siendo mi jefe y que todo aquello estaba muy mal.

—¿Todas esas mujeres que se lanzan a tus brazos y no te has tirado a ninguna? Oh, estoy conmovida. —Me volví hacia la puerta.

—No es tan difícil de creer —gruñó y pude sentir su mirada atravesándome la espalda.

—¿Sabes qué? No importa. Todo ha sido un error, ¿no?

—De eso es de lo que quería hablarte. —Se acercó y su olor (a miel y a salvia) me envolvió.

De repente me sentí atrapada, como si no hubiera suficiente oxígeno en aquella diminuta habitación.

Necesitaba salir de allí inmediatamente.

¿Qué me había dicho Julia hacía menos de cinco minutos? Que no me quedara a solas con él.

Buen consejo.

Me gustaban mucho estas bragas en concreto y no quería verlas hechas jirones y en su bolsillo.

Vale, eso no es más que una mentira.

—¿Vas a volver a ver a Joel? —me preguntó desde detrás de mí.

Tenía la mano en el picaporte. Todo lo que tenía que hacer era girarlo y estaría a salvo. Pero me quedé helada, mirando aquella maldita puerta durante lo que me parecieron varios minutos.

—¿Y eso importa?

—Creía que ya habíamos hablado de eso anoche —dijo y noté su aliento cálido en mi pelo.

—Sí, dijimos muchas cosas anoche. —Sus dedos subieron por mi brazo y deslizaron el fino tirante de la camiseta por mi hombro.

—No quería decir que fue un error —susurró. contra mi piel—. Me entró el pánico.

—Eso no significa que no sea verdad. —Mi cuerpo se apoyó instintivamente contra él y ladeé un poco la cabeza para permitirle un mejor acceso—. Y ambos lo sabemos.

—De todas formas no debería haberlo dicho.—Me colocó la coleta por encima del hombro y sus suaves labios bajaron por mi espalda—. Vuélvete.

Una palabra. ¿Cómo era posible que esa simple palabra me hiciera cuestionármelo todo?

Una cosa era que me apretara contra una pared o me agarrara por la fuerza, pero ahora lo estaba dejando todo a mi elección. Me mordí el labio con fuerza e intenté obligarme a girar el picaporte. De hecho la mano me tembló antes de caer derrotada contra mi costado.

Me volví y levanté la vista para mirarlo a los ojos.

Él apoyó la mano en mi mejilla, rozándome el labio inferior con el pulgar.

Nuestras miradas se unieron y justo cuando pensaba que no podría esperar un segundo más, él me acercó a su cuerpo y apretó su boca contra la mía.

En cuanto nos besamos, mi cuerpo dejó de resistirse y de repente parecía que no podía estar lo bastante cerca. El bolso cayó sobre el suelo de baldosas a mis pies y enterré las manos en su pelo, tirando de él hacia mí. Él me apoyó contra la pared y me pasó las manos por el cuerpo, levantándome un poco. Me las metió dentro de los pantalones de yoga y las dejó sobre mi trasero.

—Joder, pero ¿qué llevas? —Se quejó contra mi cuello, con las palmas pasando una y otra vez sobre el satén rosa.

Me levantó del todo, yo le rodeé la cintura con las piernas y él me apretó más contra la pared.

Gimió y me cogió el lóbulo de la oreja entre los dientes.

Me bajó un lado de la camiseta y se metió uno de mis pezones en la boca. Yo dejé caer la cabeza, que golpeó contra la pared, cuando sentí el roce de su cara sin afeitar contra mi pecho.


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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 25th 2013, 19:08

genial
un ataq de celos
y otra vez ahi van
esos dos no se cansaran
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MensajeTema: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 25th 2013, 19:11

Un sonido estridente se oyó, sacándome de mi ensimismamiento. Oí que él soltaba un juramento. Era mi teléfono. Me bajó y se apartó. En su cara ya había aparecido su habitual ceño fruncido.

Me arreglé la ropa rápidamente, cogí mi bolso e hice una mueca cuando vi la foto que aparecía en la pantalla.

—Julia —respondí sin aliento.

—___, ¿estás en el baño follándote a ese hombre macizo?

—Ahora mismo vuelvo, ¿vale? —colgué y metí el teléfono en el bolso. Lo miré y sentí que mi lado racional volvía tras la breve interrupción—. Tengo que irme.

—Mira, yo... —Le cortó mi teléfono que volvió a sonar.

Contesté sin molestarme en mirar la pantalla.

—¡Dios, Julia! ¡No estoy aquí follándome a ningún macizo!

—¿___? —la voz confundida de Joel fue la que me llegó a través del teléfono.

—Oh... hola. —Mierda. No podía estar pasándome esto a mí.

—Me alegro de oír que no te... estás follando...a ¿un macizo? —dijo Joel riéndose tenso.

—¿Quién es? —preguntó Nick con un gruñido.

Le puse la mano sobre los labios y le dediqué la mirada más sucia que pude.

—Oye, no puedo hablar ahora mismo.

—Sí, siento molestarte un domingo, pero es que no podía dejar de pensar en ti. No quiero crearte ningún problema ni nada, pero justo después de que te fueras comprobé mi correo y tenía una confirmación de que habían entregado tus flores.

—¿Ah, sí? —pregunté con fingido interés. Tenía los ojos fijos en los de Nick.

—Sí, y parece que quien firmó la entrega fue Nick Jonas.


Hay esta un mini capitulo dedicado a Sara que siempre esta pendiente de la nove Very Happy
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Lady_Sara_JB
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 25th 2013, 19:23

bueno, primero
gracias x el mini cap
pero ahora me tendras mas aqui
(hasta q t hartes de mi Very Happy)
jejeje
ahora vendra un pequeño enfrentamiento con nick x esas flores
y q tierno de joel q diga q piensa en ella
jejeje
siguela
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AlexandraNJ
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MensajeTema: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 25th 2013, 19:34

La observé mientras varias expresiones cruzaban su cara: vergüenza, irritación y después... ¿curiosidad? Conseguí distinguir vagamente la voz de un hombre al otro lado y sentí que el troglodita de mi interior se despertaba de nuevo. ¿Quién demonios la estaba llamando?

De repente ella entornó los ojos y algo en mi interior me dijo que debería ponerme nervioso.

—Bueno, muchas gracias por decírmelo. Sí. Sí, lo haré. Vale. Sí, te llamaré cuando me decida. Gracias por llamar, Joel.

¿Joel?

El cabrón de Cignoli.

Ella colgó y volvió a meter el teléfono en el bolso lentamente. Mirando al suelo negó con la cabeza y se le escapó una breve carcajada antes de que una sonrisa malévola apareciera en sus labios.

—¿Hay algo que quiera decirme, señor Jonas?—me preguntó dulcemente y no sé por qué eso me puso aún más nervioso.

Rebusqué en mi cerebro, pero no se me ocurría nada.

¿De qué estará hablando?

—He tenido una conversación de lo más extraña —me dijo—. Parece que Joel ha comprobado su correo esta mañana y tenía una confirmación de entrega de sus flores. ¿Y a que no sabes lo que decía en ella?

Ella se acercó un paso hacia mí e instintivamente yo di un paso atrás. No me
gustaba la dirección que estaba tomando aquello.

—Parece que alguien firmó la entrega.

Oh, mierda.

—El nombre que había en la confirmación era Nick Jonas.

Jo-der.

¿Por qué demonios firmé con mi nombre?

Intenté pensar una respuesta, pero de repente tenía la mente en blanco. Obviamente mi silencio le dijo a ella todo lo que necesitaba saber.

—¡Hijo de puta! Firmaste la entrega y después me mentiste. —Me dio un empujón en el pecho y sentí el instinto repentino de protegerme los huevos—. ¿Por qué has hecho eso?

Tenía la espalda contra la pared y buscaba frenéticamente una salida alternativa.

—Yo... ¿qué? —balbuceé. Parecía que el corazón se me iba a salir del pecho.

—En serio. ¿Por qué demonios lo has hecho?

Necesitaba una respuesta y la necesitaba rápido. Me pasé las manos por el pelo
por enésima vez en los últimos cinco minutos y decidí que probablemente lo mejor era confesar.

—No lo sé, ¿vale? —le grité—. Solo es que... ¡joder!

Ella sacó su teléfono y pareció mandar un mensaje a alguien.

—¿Qué haces? —pregunté.

—No es que sea asunto tuyo, pero le estoy diciendo a Julia que siga sin mí. No pienso salir de aquí hasta que me digas la verdad. —Me miró fijamente y sentí la furia que la estaba consumiendo.

Pensé durante un segundo en decirle a Emily lo que estaba pasando, pero ella me había visto salir detrás de ___; seguro que se lo había
imaginado para entonces.

—¿Y bien?

La miré a los ojos y dejé escapar un profundo suspiro.

No había forma de que yo pudiera explicarlo sin que pareciera que había perdido la cabeza.

—Vale, sí, yo las recogí.

Se me quedó mirando con la respiración acelerada y los puños cerrados con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos.

—¿Y?

—Y... las tiré. —Mientras estaba allí de pie delante de ella me di cuenta de que me merecía toda su furia.

Había estado siendo injusto. No le estaba ofreciendo nada pero seguía poniéndome en el camino de alguien que podría hacerla feliz.

—Joder, eres increíble —dijo entre dientes.

Supe que estaba haciendo todo lo que podía para no lanzarse hacia mí y darme una paliza.

—Explícame por qué hiciste eso —añadió.

Y ahí llegaba la parte que no sabía explicar.

—Porque... —Me rasqué la parte de atrás de la cabeza. Odiaba haberme metido en aquella situación—. Porque no quiero que salgas con Joel.

—De todos los imbéciles, machistas... Pero ¿quién demonios te crees que eres? Que nos enrollemos no significa que puedas tomar decisiones sobre mi vida. No somos pareja, no estamos saliendo. Dios, ¡si ni siquiera nos caemos bien! —gritó.

—¿Y crees que eso yo no lo sé? No tiene sentido, lo sé, ¿vale? Pero es que cuando vi las flores... Vamos, ¡pero si eran putas rosas!

Puso una expresión como si estuviera a punto de hacer que me mandaran a prisión inmediatamente.

—Pero ¿es que te estás metiendo algo? ¿Y qué tiene que ver el hecho de que fueran rosas con nada de esto?

—¡Tú odias las rosas! —Cuando dije eso, su cara se quedó seria y su mirada se volvió suave y oscura. Yo seguí divagando—. Las vi y reaccioné, sin más. No me paré a pensarlo. Solo imaginar que él pudiera tocarte... —Cerré los puños junto a los costados y dejé la frase sin terminar mientras intentaba recuperar la compostura.

Me estaba enfadando más y más por segundos: conmigo por ser débil y dejar que las
emociones se me fueran de las manos, otra vez, y con ella por tenerme así de esa forma inexplicable.

—Vale, mira —dijo inspirando hondo para calmarse—. No voy a decir que estoy de acuerdo con lo que has hecho, pero lo entiendo... hasta cierto punto.

La miré asombrado.

—Mentiría si dijera que yo no me he sentido igualmente posesiva contigo —dijo reticente.

No me podía creer lo que estaba oyendo. ¿Acababa de admitir que se sentía igual que yo?

—Pero eso no cambia el hecho de que me mentiste. Y en mi propia cara. Puede que seas un gilipollas arrogante la mayor parte del tiempo, pero hasta ahora siempre has sido alguien que confiaba en que iba a ser sincero conmigo.

Hice una mueca de dolor. Tenía razón.

—Lo siento. —Mi disculpa se quedó en el aire y no sé cuál de los dos se mostró más sorprendido por ella.

—Demuéstralo.

Me miró totalmente serena, ni una pizca de emoción se veía en sus facciones.

¿Qué quería decir? Entonces lo entendí.

Demuéstralo.

No podíamos hablar porque las palabras solo nos llevaban a tener más problemas. Pero ¿esto? Esto era lo que éramos y si ella iba a darme esa oportunidad de compensarla por lo que había hecho, yo iba a aprovecharla.

La odiaba tanto en aquel momento... Odiaba que tuviera razón y yo no, y odiaba que me estuviera obligando a elegir. Y odiaba cuánto la deseaba, eso era lo que más odiaba de todo.

Crucé la distancia que había entre los dos y le coloqué la mano en la nuca. La atraje hacia mí, mirándola a los ojos mientras acercaba su boca a la mía. Había un desafío no expresado allí. Ninguno de los dos se iba a echar atrás ni a admitir que esto (fuera lo que fuera) estaba más allá de nuestro control.

O tal vez ya lo habíamos admitido los dos.

En cuanto nuestros labios se tocaron, me llenó ese rumor familiar que me recorría todo el cuerpo.

Metí las manos profundamente entre su pelo, obligándola a echar la cabeza hacia atrás y a aceptar todo lo que le estaba dando. Puede que todo aquello fuera por ella, pero sin duda yo iba a ser quien lo controlara. Apreté mi cuerpo contra el suyo y gemí al notar como cada una de sus curvas encajaban contra las mías.

Quería que esa necesidad desapareciera, quedarme satisfecho y seguir adelante; pero cada vez que la tocaba era mejor de lo que recordaba.

Me puse de rodillas, le agarré las caderas y la acerqué más a mí mientras mis labios seguían la línea de la cintura de sus pantalones. Le subí la camiseta y le besé cada centímetro de piel visible, disfrutando de cómo se le tensaban los músculos mientras yo exploraba. Levanté la vista para mirarla, metiendo los dedos por dentro de la cintura del pantalón. Sus ojos estaban cerca y se estaba mordiendo el labio inferior. Sentí como se me endurecía por la anticipación de lo que estaba a punto de hacer.

Le bajé los pantalones y vi cómo se le ponía la piel de gallina al hacer descender los dedos por sus piernas. Metió los dedos entre mi pelo y tiró con fuerza y yo gemí y volví a mirarla. Seguí el borde de la delicada ropa interior de seda y me detuve en las finas cintas de sus caderas.

—Son casi demasiado bonitas para estropearlas —dije enredándome una cinta en cada mano—. Casi. —Con un breve tirón se rompieron con facilidad, lo que me permitió tirar de la tela rosa para quitársela y poder metérmela en el bolsillo.

Una sensación de urgencia me embargó entonces y liberé rápidamente una de sus piernas para colocarla sobre mi hombro y besarle la suave piel del interior del muslo.

—Oh, mierda —dijo exhalando y pasándome las manos por el pelo—. Oh, mierda, por favor.

Cuando por primera vez le acaricié y después le lamí lentamente el clítoris, ella me agarró el pelo con fuerza y movió las caderas contra mi boca. Unas palabras ininteligibles salieron de sus labios en un susurro ronco, y ver cómo se deshacía del todo delante de mis ojos hizo que me diera cuenta de que ella estaba tan indefensa ante todo aquello como yo.

Estaba enfadada conmigo, tan enfadada que probablemente parte de ella quería enrollarme la pierna alrededor del cuello y estrangularme, pero al menos me estaba dejando hacerlo algo que era, de muchas formas, mucho más íntimo que solamente follar. Yo estaba de rodillas, pero ella estaba desnuda y vulnerable.

Estaba caliente y húmeda y sabía tan dulce como parecía.

—Podría devorarte entera —le susurré apartándome lo justo para poder ver su expresión. Le di un beso en la cadera y murmuré—: Esto sería mucho mejor si pudiera tumbarte en alguna parte. En la mesa de la sala de reuniones, tal vez.

Ella me tiró del pelo para acercarme otra vez a ella.

—Por ahora esto está bien así para mí. No te atrevas a parar.

Estuve a punto de admitir en voz alta que no podía y que estaba empezando a detestar la idea de siquiera intentarlo, pero pronto me vi perdido en su piel otra vez.

Quería memorizar todas las súplicas y las maldiciones que salían de su boca sabiendo que yo era la razón de las mismas. Gemí contra ella, lo que la hizo soltar una exclamación y retorcer el cuerpo para acercarlo. Deslicé dos dedos en su interior y le tiré de la cadera con la otra mano para animarla a que encontrara su ritmo junto conmigo.

Ella empezó a mover las caderas, lentamente al principio, apretándose contra mí, y después más rápido. Pude sentir cómo se tensaba: las piernas, el abdomen y las manos en mi pelo.

—Estoy muy cerca —jadeó y sus movimientos se volvieron titubeantes, irregulares y un poco salvajes y, joder, yo no me sentía nada salvaje en ese momento.

Quería morderla y chuparla, enterrar mis dedos en su interior y volverla loca. Me preocupé por si me estaba volviendo demasiado brusco, pero su respiración pasó a unos leves jadeos y después a unas súplicas tensas. Entonces giré la muñeca y empujé más adentro y ella gritó, sus piernas temblaron y el clímax la embargó.

Frotándole la cadera le bajé lentamente la pierna y me quedé observando sus pies por si acaso intentaba darme una patada de todas formas. Me pasé un dedo por el labio y contemplé cómo ella volvía a la realidad.

Me apartó y se colocó la ropa rápidamente, mirándome arrodillado delante de ella.

La realidad volvió cuando los diferentes sonidos de gente comiendo al otro lado de la puerta se mezclaron con el sonido de nuestra respiración trabajosa.

—No te he perdonado —me dijo, se agachó para coger su bolso, quitó el pestillo de la puerta y salió del baño.

Yo me levanté despacio y vi cómo la puerta se cerraba tras ella mientras intentaba entender lo que acababa de pasar. Debería estar furioso. Pero sentí que la comisura de la boca se me elevaba para formar una sonrisa y estuve a punto de echarme a reír por lo absurdo de todo aquello.

Maldita sea, lo había vuelto a hacer. Me estaba ganando y eso que estábamos jugando a mi propio juego.

La noche fue un infierno. Apenas dormí ni comí y sufría una erección prácticamente constante desde que salí del restaurante el día anterior. Cuando me dirigí al trabajo, sabía que lo tenía muy crudo. Ella iba a hacer todo lo que pudiera para torturarme y castigarme por haberla mentido; lo enfermizo era que... yo lo estaba deseando.

Me sorprendió encontrar su mesa vacía cuando llegué.

Qué raro, pensé, ella casi nunca llegaba tarde. Entré en mi despacho y empecé a poner las cosas en orden para empezar el día. Quince minutos después estaba hablando por teléfono cuando oí que la puerta exterior se cerraba de un portazo.
Bueno, sin duda ella no me iba a decepcionar; oí que se cerraban de golpe cajones y archivadores y supe que iba a ser un día interesante.

A las diez y cuarto me interrumpió mi intercomunicador.

—Señor Jonas —su voz tranquila llenó la habitación y a pesar de su obvia irritación, me vi sonriendo mientras pulsaba el botón para responder.

—¿Sí, señorita Mills? —le contesté y oí que la sonrisa se reflejaba en mi tono.

—Tenemos que estar en la sala de reuniones dentro de quince minutos. Y usted tiene que salir a mediodía para comer con el presidente de Kelly Industries a las doce y media. Stuart lo esperará en el aparcamiento.

—¿Usted no me acompaña? —Parte de mí se preguntó si estaba evitando quedarse a solas conmigo. No sabía muy bien cómo sentirme por eso.

—No, señor. Solo la dirección. —Oí el ruido de papeles mientras ella seguía hablando—. Además, hoy tengo que hacer algunos preparativos para el viaje a San Diego.

—Saldré dentro de un momento —solté el botón y me puse de pie para ajustarme la corbata y la chaqueta.

Cuando salí de mi despacho, mis ojos se posaron en ella inmediatamente. Si tenía alguna duda sobre si me iba a hacer sufrir, se disipó justo en ese momento.

Ella estaba inclinada sobre su mesa con un vestido de seda azul que mostraba sus largas piernas delgadas de una forma perfecta. Tenía el pelo recogido sobre la cabeza y cuando se giró hacia mí, vi que llevaba las gafas puestas. ¿Cómo iba a ser capaz de hablar de forma coherente con ella sentada a mi lado?

—¿Listo, señor Jonas? —Sin esperar respuesta, cogió sus cosas y empezó a caminar por el pasillo. De repente, parecía que sus caderas se movían más. La muy descarada me estaba provocando.

De pie en el ascensor lleno de gente, nuestros cuerpos se vieron apretados el uno contra el otro involuntariamente y yo tuve que reprimir un gemido. Pudo ser mi imaginación, pero me pareció ver el principio de una sonrisa cuando ella rozó
“accidentalmente” mi miembro semierecto.

Dos veces.

Durante las dos horas siguientes pasé mi propio. Cada vez que la miraba, estaba haciendo algo para volverme loco: lanzaba miradas traviesas, se lamía el labio inferior, cruzaba y descruzaba las piernas o se retorcía con aire ausente un mechón con el dedo. Incluso se le cayó un lapicero y puso la mano despreocupadamente en mi muslo cuando se agachó para recogerlo.
En la comida que tenía después, me sentí a la vez agradecido por librarme del tormento que estaba suponiendo, y desesperado por volver a sufrirlo. Asentí y hablé en los momentos apropiados, pero no estaba realmente allí. Y por supuesto que mi padre fue consciente de que estaba de un humor especialmente silencioso y hosco.

Cuando íbamos de vuelta a la oficina, empezó a sermonearme.

—Durante tres días tú y ___ vais a estar juntos en San Diego sin la pantalla que supone el trabajo de oficina, y no va a haber nadie para meterse entre ambos. Espero que la trates con el máximo respeto. Y antes de que te pongas a la defensiva — añadió levantando ambas manos en cuanto notó que iba a rebatirle—, también he hablado de esto con ___.

Abrí mucho los ojos y lo miré. ¿Había hablado con la señorita Mills sobre mi conducta profesional?

—Sí, soy consciente de que no eres solo tú —dijo mientras entrábamos en un ascensor vacío—. Ella me ha asegurado que hace todo lo que puede. ¿Por qué crees que, desde el principio, te propuse como su tutor para las prácticas? No tenía ni la más mínima duda de que estaría a la altura de tus expectativas.

Joe estaba en silencio a su lado, con una sonrisa de suficiencia en la cara.

Gilipollas.

Fruncí un poco el ceño al darme cuenta de lo que pasaba: ella había hablando en mi defensa. Podía haberme hecho parecer un déspota sin problema, pero en vez de eso ella había aceptado parte de la culpa.

—Papá, admito que mi relación con ella es poco convencional —empecé, rezando para que no supiera lo cierta que era en realidad esa frase—. Pero te aseguro que eso no interfiere de ninguna forma en mi capacidad para llevar el negocio. No tienes nada de qué preocuparte.

—Bien —dijo mi padre cuando llegamos a mi despacho.

Entré y me encontré a la señorita Mills al teléfono, de espaldas a la puerta, hablando en un tono casi inaudible.

—Bueno, tengo que dejarte, papá. Tengo que ocuparme de unas cosas y te cuento en cuanto pueda. Duerme un poco, ¿vale? —dijo en voz baja. Tras una breve pausa rió, pero no dijo nada más durante en momento. Ni yo ni los dos hombres que estaban a mi lado nos atrevimos a decir nada—. Yo también te quiero, papá.

Mi estómago se tensó al oír aquellas palabras y la forma en que tembló su voz al decirlas. Cuando se volvió en su silla, se sobresaltó al encontrarnos ahí a los tres.
Empezó a recoger unos papeles que había sobre su mesa rápidamente.

—¿Qué tal ha ido la reunión?

—Perfectamente, como siempre —dijo mi padre—. Tú y Sara habéis hecho un gran trabajo ocupándoos de todo. No sé que harían mis hijos sin vosotras dos.

Ella levantó un poco una ceja y vi que se esforzaba por no mirarme y regodearse.

Pero entonces su cara mostró una expresión de desconcierto y me di cuenta de que yo estaba sonriéndole de oreja a oreja, esperando ver un poco de su típico descaro.

De repente puse la mejor cara que pude y me dirigí a mi despacho. Solo entonces me percaté de que no la había visto sonreír ni una sola vez desde que habíamos vuelto y la encontramos hablando por teléfono.

El ultimo capitulo de hoy tambien dedicado a Sara gracias Laughing 
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BETTY DE JONAS
Novia De..


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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 25th 2013, 20:03

OH POR DIOS!!!! OMG! 
No sabes como lamento haberme ido el fin de semana y no
poder leer todos los capítulos que subiste!!!!Sad 
Están increíbles y cada vez se pone mejor y mejor!!! Twisted Evil  Embarassed 
Por favor tienes que seguirla!!!!!!
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nikatiikaa!!
Me Gustan Los Jonas!


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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 25th 2013, 22:03

SiiiguelaAaa!!! Me encanta! Cada vez esta mejor y ese par se junta mas! Tienen sentimientos encontrados!! Sigueeelaaa! Xfavorr!
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VaLeexD
Vecina De Los Jonas!


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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Agosto 26th 2013, 08:32

Dios me encantaroon los capsss gracias x subiirloooooos xD


siiigueelaaaaaa
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MensajeTema: Re: Un tipo odioso (Nick y tu) HOT   Hoy a las 04:55

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Un tipo odioso (Nick y tu) HOT
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