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 **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)

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NataliadeJonas
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 18th 2013, 13:51

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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 12:45

Capitulo 13 Parte I

Estoy tumbada en una cama, acurrucada en terciopelo lila, con abundantes almohadas esponjosas de color violeta protegiéndome la cabeza. Una tela blanca y diáfana cubre el dosel que hay sobre mí, con enredaderas de hiedra retorciéndose sin ningún orden. La habitación está llena de colores más suntuosos y muebles más lujosos, pero la cama es un mundo en sí misma, un paraíso privado, un jardín secreto.
Un hombre entra por unas altas puertas dobles con bordes dorados. Como yo, está desnudo; su pecho es musculoso, sus hombros, anchos, su piel está bronceada. Camina como un hombre que no teme a nada.
Tras sentarse a mi lado, me coloca un paquete entre las manos, un regalo. Tiro del lazo de terciopelo morado hasta que cae y levanto la tapa de la caja blanca. Dentro, encuentro tres pañuelos de seda de color violeta oscuro, tan suaves al tacto que me estremezco. Cuando miro abajo, veo que mi compañero ha entrado totalmente en erección al observarme desenvolver su ofrenda.
Alargo la mano y, lentamente, lo tomo en ella. Bajo mis dedos, es acero cubierto de seda. Cierra los ojos en un placer silencioso, y quiero darle más, así que lo envuelvo con uno de los pañuelos y deslizo seda contra seda, arriba y abajo por toda su longitud, hasta que gime.
—No más —dice finalmente, y yo retrocedo hasta la cama, sintiendo un cambio de poder contra el que no deseo protestar.
Él me monta, con su pene arqueándose, duro y horizontal, sobre mi estómago, mientras alarga la mano hasta la caja para coger otro pañuelo y, después, alza suavemente mi mano derecha hasta el enrejado que hay sobre mi cabeza. Mientras me sujeta la muñeca, mi corazón se acelera con la conciencia de mi propia cautividad y, cuando ambas muñecas están envueltas en seda y atadas a la cama, sé que he renunciado a todo control. Quizás debería tener miedo, pero mi cuerpo palpita de expectación, acompañada por una confianza profunda y rotunda.
Alzándose sobre sus rodillas, alarga la mano hacia el tercer pañuelo, que está enredado entre nosotros. Lo pliega en su puño y busca mi mirada, haciendo que me pregunte qué va a hacer.
Observando mis pechos, despliega y tensa el pañuelo entre sus manos y, después, roza la tensa seda en sus sensibles cimas, haciendo que se tensen más mientras la sensación ondea a través de mí como réplicas de un terremoto.
Él observa mi reacción detenidamente y, sólo cuando todo temblor de placer ha amainado, arrastra lentamente toda la extensión de seda violeta entre mis muslos, con sus pliegues provocando mi carne anhelante. Me estremezco bajo la caricia de seda, las réplicas más potentes esta vez.
Él pañuelo de seda continúa extendido entre nosotros como una amenaza y una promesa, y me doy cuenta de que se está acercando cuando cubre mis ojos, tensándose hasta convertirse en negrura mientras es atada alrededor de mi cabeza. Ahora estoy totalmente bajo su control, incapaz de ver qué pasará a continuación, y un fino hilo de temor se entreteje a mi alrededor; pero me libero rápidamente de él, aún confiando, expectante, con el cuerpo temblando de deseo.
Y, entonces, todo sucede a la vez; mis pezones hormiguean con un calor feroz mientras los baña y los succiona, y su mano se hunde entre mis piernas, acariciándome donde estoy húmeda. Grito, pero todavía no me he adaptado a la avalancha de placer cuando se empuja profundamente en mi interior. Sus dedos todavía me acarician mientras se empuja en mi interior, y su boca nunca abandona mis pechos. Cada ión de mi cuerpo se estremece con un placer tan intenso que agita la tierra que hay debajo de mí, se apodera de mi ser, dejándome nada excepto una entrega total. Entonces, llegamos al orgasmo juntos, ambos gimiendo, y la última y más brutal oleada de réplicas retumba por mi sangre, hasta que todo se calma.
Y, entonces, sus manos están ahí, liberando suavemente mis muñecas antes de tirar del pañuelo que me cubre la cabeza. Los tira todos a un lado y se acomoda junto a mí en el terciopelo, tomándome entre sus brazos, dejándome prisionera de nada excepto los sentimientos.



La culpa luchaba contra el placer mientras Nick se imaginaba como el hombre de la escena. Pero, después de tener su dosis, la culpa alejó al placer del campo de batalla. Maldita sea, no debería estar leyendo aquello. Lo había sabido desde el principio, y se maldecía por su incapacidad de detenerse. Ahora que la tentación había pasado, todas sus racionalizaciones murieron, y no podía llegar a imaginarse cuánto daño le haría a ____si lo supiera. El estómago se le revolvió de la vergüenza.
Tras cerrar el libro, se levantó para devolverlo al estante. Sin embargo, cuando lo volvió a colocar en su sitio, algo impidió que se deslizara dentro. Levantó el volumen rojo y observó... la rosa marchita de color rosa que le había dado, con los pétalos prensados entre capas plegadas de papel de cera. El corazón se le hinchó. Debía de haberse caído del diario cuando él lo había cogido. La había guardado. Y la había guardado ahí.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 12:50

Parte II

Mientras la recogía, intentó decirse que el nudo que se le estaba formando en la garganta era sólo más culpa, o preocupación; porque tenía que volverla a poner en su sitío y, ¿qué pasaría si ella la había prensado en alguna página en concreto, como solía hacer su madre, y se daba cuenta de que la habían movido? Pero, en el fondo, sabía que estaba negando los sentimientos más profundos a los que no podía enfrentarse. Volvió a sentarse, dejando que el libro volviera a caer abierto en su regazo, y lo hojeó hasta encontrar la fantasía donde tenía más sentido guardar la rosa: la que trataba sobre la rosa. Colocó la rosa alisada en el centro del libro, lo cerró fuertemente y, cuando se levantó para devolverlo a su sitio de una vez por todas, intentó no sentir tanto. Intentó no preguntarse cómo podía haberla guardado, después de la forma en que la había dejado aquella noche. Intentó no preguntarse qué podía haber visto en él que le diera esperanzas, que la hiciera pensar que él era humano. Intentó no sentir el flujo de gratitud (y de algo más profundo) que lo derretía.
Después de controlarse, se movió hasta el escritorio de ___ y estaba a punto de apagar la lámpara cuando vio su nombre en una hoja de papel. Tras cogerla, vio el nombre de su empresa, su dirección... y algunas cifras que no tenían sentido. Parecía una factura (de hecho, los trabajos enumerados eran los mismos de las facturas que había rellenado la semana pasada en O'Hanlon's), pero no era su factura, y las cantidades no estaban bien.
Asombrado, se volvió a sentar en la silla. Estudió la hoja detenidamente, examinando cada dato. La factura tenía su logotipo, pero la información de facturación estaba escrita a ordenador, mientras que él las enviaba a mano. Tenía fecha de la semana anterior, como debía ser, y pensó que quizás alguien de Ash había transcrito su factura en un programa de ordenador para manejarla mejor, ya que él estaba tan atrasado.
Pero no cuadraba, literalmente. Sin coger la calculadora de ____, supuso que las cantidades presentadas por cada trabajo eran sólo un pequeño porcentaje más elevadas que sus honorarios reales, pero aun así...
—¿Qué demonios?
Su primer pensamiento fue localizar a ____ y preguntarle de dónde provenía aquella factura, explicarle que no era suya, que había algún tipo de error. Pero, cuanto más tiempo permanecía allí sentado, más claras se le iban haciendo las cosas, lentamente, parcialmente, a partir de comentarios que había hecho ella de pasada.
La primera vez que se vieron, ella le había dicho que sabía que no trabajaba barato, porque había visto sus facturas. De camino al puerto deportivo la noche anterior, había mencionado los costes en aumento de los subcontratistas que trabajaban para Ash, pero él había supuesto que se refería a otros que no fueran él. De repente se preguntó cuánto hacía que las facturas de Horizon eran demasiado altas.
Estudió el camino que tomaban sus facturas. Se las dejaba a Sadie y, desde ahí, pasaban a Phil. Sabía por ____ que las facturas que ella pagaba provenían de Phil, que él o su secretaria se las entregaba en la puerta cada pocos días. Phil era el denominador común, y un tipo en el que ya tenía razones para no confiar.
Tras volver a bajar la mirada hasta la factura falsa, pensó en los esfuerzos que debía de haber realizado Phil para que aquello funcionara, pero, por otra parte, quizás fuera sencillo. Nick no sabía de ordenadores, pero suponía que, una vez que Phil hubiera creado el impreso falso con su logotipo y dirección, probablemente fuera sólo cuestión de cambiar unos pocos números aquí y allá. Y, quizás si lo hacía con todos (___ había dicho que las tarifas de casi todo el mundo habían aumentado, después de todo), las facturas no parecieran tan exageradas como para que ____ o cualquier otra persona fuera a hacer más que cuestionar alguna de vez en cuando.
Así que Phil estaba robando de Ash Builders. Más concretamente, de Henry Ash.
—Qué fuerte —murmuró en el silencio de la oficina de ____. De nuevo, su primer impulso fue buscarla y explicarle lo que había encontrado. De alguna manera, ver su nombre en una factura falsa (y retocada), hacía que él se sintiera como una víctima. Pero, mientras soltaba el hondo aliento que había estado conteniendo, volvió a dejar la factura en el escritorio. Después de todo, Phil no lo estaba engañando a él; él tenía su cheque puntualmente cada semana por la cantidad exacta que él facturaba.
No, cuanto más pensaba en ello, más comprendía que la única persona a quien aquello hería era al padre de ____. Y, mientras apagaba la lámpara y salía tranquilamente al pasillo, Nick supo que, finalmente, había tropezado con la inesperada pizca de justicia para Henry Ash.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 12:58

Parte III

—Sigue lijando, Davy —dijo Nick ,mientras observaba cómo su hermano quitaba la pintura que se desconchaba de la puerta del garaje, bajo el caliente sol de mediodía—. Iré a por la pintura.
—De acuerdo, Nick
Nick se dirigió a la puerta delantera y atravesó la casita hasta la cocina, donde había debajo el bote que había llevado antes para enseñarle el color a Elaine. Mientras estaba allí, se detuvo para coger un par de refrescos de la nevera.
—Jolín, ¿dónde está el periódico? —murmuró Elaine, entrando tras él.
—¿Eh?
Él la oyó revolver entre la pila de periódicos que guardaban junto a la puerta de la cocina.
—Ah, nada. Es que no encuentro el periódico del jueves, y tenía un cupón que quería. ¿ Cómo va la puerta del garaje?
Él se giró de espaldas a la nevera para ver a su hermana, que llevaba vaqueros y un top sin mangas de color rojo que realzaba su figura más de lo habitual, y se dio cuenta de que, hasta ese momento, ni siquiera había sido consciente de que su hermana tuviera figura.
—Rayar y lijar ha sido lento, pero estamos a punto de comenzar a pintar.
—¿Y vas a llevar a Davy al cine después?
Él asintió.
—Probablemente también vayamos a cenar. —Para cuando hubiera terminado la película de la tarde, ambos estarían listos para cenar.
—¿Podrías hacerme un favor entonces? —Ella se inclinó en la encimera, junto a él—. ¿Podrías pasarte y ver cómo está papá?
Su mirada mordaz no necesitaba palabras.
—Lo siento, Nick. —Ella sacudió la cabeza—. Pero es que he ido cada día desde que fuimos a urgencias, además de llevarlo a la clínica de cardiología y al médico, y estoy un poco cansada.
Nick soltó un suspiro de remordimiento. Aunque sabía que su padre ahora tenía una «enfermedad» que tenían que vigilar, tenía que admitir que no había pensado en el hecho de que Elaine ya había empezado a hacerlo, y que él le había dicho que ayudaría.
Suponía que no era pedir demasiado, especialmente después de que ella añadiera:
—No tienes que quedarte. Sólo asegúrate de que esté bien y recuérdale que se tome su medicina. Está encima de la mesa de la cocina.
—Claro, Lainey —dijo él, mientras abría su bebida—. Le echaré un vistazo.
Ella sonrió.
—Gracias, Nick. Te lo agradezco.
Cuanto más la miraba, más se daba cuenta de que su pelo parecía más suave, más bonito que de costumbre, y podía jurar que llevaba un leve pintalabios.
—Eh... ¿tienes una cita o algo así esta tarde?
Un rubor del mismo color de su top subió por sus mejillas mientras bajaba la mirada.
—No. ¿Por qué?
Él se arrepintió de su suposición e intentó ventilarlo fácilmente.
—Es sólo que he pensado que estás guapa, eso es todo.
Ella alzó la mirada hasta encontrarse con la de Nick.
—Gracias. Supongo... que ya no me cuido demasiado. Sólo da la casualidad de que me has pillado en uno de mis mejores días.
Nick no supo qué decir. Dudaba que Elaine y él hubieran hablado de nada tan trivial como su aspecto desde que eran adolescentes. Parte de él quería decirle que debería cuidarse más, porque estaba guapa aquel día, pero, por otra parte, temía haber dicho demasiado ya, así que decidió que era más inteligente callarse.
—Además —añadió ella finalmente—, no es que conozca a muchos hombres precisamente.
Nunca había pensado mucho en ello, aparte de su fugaz pensamiento el otro día, cuando _____le había preguntado si Elaine estaba casada.
—Supongo que es difícil, con Davy.
Ella se mordió el labio y asintió ligeramente, pero él pudo leer la culpa en sus ojos. Se había pasado toda su vida de adulta cuidando de su hermano y no estaba segura de que estuviera bien querer algo más.
—Oye, Elaine, si alguna vez quieres salir, aunque sólo sea con unas amigas o algo así, Davy podría quedarse conmigo. Quiero decir... si necesitaras algo de intimidad.
El rubor volvió a teñirle la cara.
—Gracias, Nick. Pero lo dudo.
Él cogió la pintura y los refrescos, colocando los botes uno encima del otro, antes de dirigirse hacia la puerta delantera. Mientras maniobraba hacia el calor sofocante, recordó a Elaine cuando tenía unos ojos más alegres y una sonrisa más rápida.
En el último año de instituto, se lo había llevado a su cuarto, había cerrado la puerta y le había enseñado una carta de la Universidad de Miami, que le otorgaba una beca parcial. Deberían haber estado contentos, pero, después de que él la hubiera leído, simplemente se miraron el uno al otro.
—Sólo la solicité porque el señor Hayes insistió —explicó, refiriéndose al orientador académico como si se disculpara—. Nunca pensé en serio que fueran a ofrecerme dinero.
—No, Elaine, es genial —dijo él—. Realmente genial. —Pero suponía que había delatado sus temores en su voz y deseaba haber podido ocultarlos mejor. El ya había dejado el colegio para conseguir un empleo después de que el dinero del trato de Double A se hubiera acabado. Así que no estaba seguro de cómo se las habría arreglado, cómo habría pintado lo suficiente para mantenerlos a todos, mientras cuidaba de su padre y de Davy al mismo tiempo... pero podría haber encontrado una forma.
Sin embargo, al final Elaine había decidido que no podía dejar a Davy. Nick nunca había aludido a sus preocupaciones, pero ella dijo que, si él iba a trabajar para alimentarlos a todos, lo mínimo que ella podía hacer era quedarse en casa y cuidar de su hermano.
—Quizás podrías asistir a clases nocturnas en algún sitio cercano —recordaba haberle dicho—, cuando yo pueda estar aquí con Davy.
—Sí, tal vez —había dicho ella. Pero nunca lo hizo.
Mientras Nick observaba el puño de Davy moverse en círculos con el papel de lija, se volvió a decir que Henry se merecía lo que Phil le estaba haciendo. Henry había engañado al padre de Nick y, en aquel momento, el nuevo socio de Henry lo estaba engañando a él. Parecía apropiado: lo que se hace, se paga. Las acciones de Henry de hacía tantos años habían conducido a aquello: un padre alcohólico con una enfermedad del corazón y una hermana y un hermano cuyas vidas nunca serían todo lo que podrían haber sido. En comparación, ver a Henry perder un poco de calderilla parecía algo sin importancia, aunque, de alguna manera, satisfactorio.
Y Nick no era el que estaba haciendo algo malo. De hecho, ni siquiera le incumbía.
—Tiene buen aspecto, Davy —dijo finalmente, liberándose de sus pensamientos—. Ahora empecemos a pintar para poder llegar a tiempo a la película. Sé que odias perderte los tráilers
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 13:08

Parte IV

____ estaba acurrucada en el sofá con un pijama corto de satén, viendo una película antigua por cable, mordisqueando las últimas cookies de chocolate que Carolyn y ella habían comprado en el centro comercial después de comer. Izzy estaba tumbada, dormida en su cojín rosa al otro lado del sofá. Sabía que la mayoría de la gente pensaría que era una forma aburrida de pasar el sábado por la noche, pero ella se sentía perfectamente satisfecha.
Por supuesto, gran parte de su satisfacción era debida a Nick y a las nuevas esperanzas que sentía con respecto a su relación. No sabía cuánto duraría con él; de hecho, se sentía tan insegura que no le había mencionado nada a Carolyn; pero estaba agradecida por lo que compartían en aquel momento. Y, cuando empezaba a preocuparse por el futuro, cuando se lo imaginaba rompiendo, pensaba en la rosa que había prensado en su diario sexual, porque simplemente había sido demasiado especial como para tirarla. Pensó en la forma inexplicable en que vinculaba fantasía y realidad, a él y a ella. Aún no tenía ni idea de lo que podía significar, de cómo Nick podía haberlo sabido y, sin duda, era peligroso que una persona como Nicholas Jonas hubiera empezado a importarle. Pero, cuando estaban juntos en la cama y cuando sentía su dulzura, o cuando le decía sin pensar algo sobre Davy, o un recuerdo de su madre... sabía que aquellas cosas no se las daba a cualquier mujer.
El sonido de alguien llamando a la puerta la sobresaltó y se estremeció, despertando a Izzy. La cabeza de la gata se levantó rápidamente, abriendo los ojos, mientras ____ se levantó para abrir. Pero... «maldita sea, qué pinta. ¿Por qué nunca estoy vestida últimamente cuando alguien llama a mi puerta?».
Corrió descalza a toda prisa por las suaves baldosas y miró por la mirilla, totalmente sorprendida de ver a Nick al otro lado. El corazón se le aceleró cuando abrió la puerta, pero intentó que no se le notara todo el entusiasmo que sentía.
—Nick.
Nick arqueó un brazo contra el marco de la puerta, sintiéndose inevitablemente sincero, honesto. No sonrió.
—¿Te importa que esté aquí?
—Claro que no. ¿Por qué?
Él miró sus ojos azules, intentando leerlos, incluso preocupándose un poco; no sabía por qué había ido.
—Porque no teníamos planes.
—Está bien. No estoy ocupada.
—Y porque no iba a volver esta noche... tengo otras cosas que debería estar haciendo, un negocio que llevar.
—Entonces... ¿por qué lo has hecho?
Buena pregunta. Reunió incluso más sinceridad.
—Porque hice algo de papeleo, pinté la puerta del garaje de Elaine y llevé a Davy a ver una película, pero todo el tiempo... pensaba en ti. —«Te deseaba». No intentó esconder su mirada. Parecía que no podía acostumbrarse a ella; nada hacía que el deseo perdiera intensidad hasta ser normal.
—Pasa —dijo ella; sonaba un poco sin aliento.
Pero aquello no significaba nada. Porque había pensado en muchas más cosas aquel día: Elaine, Davy, su padre. Todo lo que significaba era que, después de una vida de preocupaciones constantes, era demasiado fácil dejar que una dulce y sexy mujer absorbiera sus pensamientos, para variar.
Por supuesto, algo de culpa por no contarle el secreto de Phil había empezado a consumirlo, pero se había insistido a sí mismo que todo estaba bien, a largo plazo, que era un crimen sin víctimas, aparte de Henry, el único hombre al que quería ver convertido en víctima. Y, sinceramente, la fantasía que había leído en el diario de ___aquella mañana había eclipsado su culpa, de alguna manera. A lo largo del día, sus palabras manuscritas habían vuelto a él como imágenes en su cabeza, visiones de ella atada con pañuelos de color morado. La mera idea de que ella quisiera aquello lo llenaba de un deseo tan profundo que apenas podía procesarlo. Porque, en aquel momento, era más profundo que simples imágenes en su cerebro; con aquellas visiones llegaba a conocerla... a saber que era inteligente, compasiva e inexorablemente comprensiva. Así que, sin tenerlo planeado, después de pasarse por el piso de su padre y dejar a Davy en casa, había ido allí. No era un paso inteligente. No, si no quería algo más con ella, algo como lo que sabía que ella quería. Pero allí estaba, de todas formas.
Mientras deslizaba los brazos a su alrededor, se embriagó de su bonito y fresco perfume y le susurró al oído:
—Me siento un poco como una *beep*.
Ella se apartó para mirarlo a los ojos.
—¿Por qué?
—Yo... —No sabía cómo decir aquello, ni siquiera sabía si quería manifestar los pensamientos que rebosaban en su interior—. Yo... no he venido aquí sólo para llevarte a la cama, pero... —Bajó la mirada hasta sus pechos, con sus pezones resaltados a través de la seda—. Ahora que estoy aquí, no quiero esperar.
—Nick. —Ella apoyó los brazos en su pecho para mirarlo con aquellos ojos aterciopelados—. No pasa nada. Porque lo sé.
—¿Qué es lo que sabes?
Pronunció sus palabras suavemente.
—Sé lo que no puedes decir. Sé que ya no es sólo sexo.
El abrió la boca para protestar (un instinto natural), pero ____ llevó dos dedos hasta sus labios.
—Shhh. —Después, retrocedió, bajó las manos y se quitó el top por encima de la cabeza, de manera que estaba ante él llevando sólo unos pequeños shorts de satén. A él le encantaba que no fuera como Carolyn. Pero le encantaba aún más que fuera como Carolyn para él.
Minutos después, yacían rodando en la cama de ____, con sus cuerpos entrelazados, con el ventilador que había sobre sus cabezas girando en lentos círculos para mantenerlos frescos mientras se movían juntos. De alguna manera, se las arregló para apartarse de él, girándose, dándole la espalda. Las sombras de la luz de la luna hacían una silueta perfecta de sus curvas, pero él alargó la mano para girarla nuevamente debajo de él.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 13:11

Parte V

—No. —Ella se apartó y miró por encima del hombro—. Así. Por detrás.
Pero él tenía otras cosas en mente.
—Pronto, nena, todavía no. —Volvió a alargar la mano, pero ella se lo impidió.
—A mi manera —dijo ella en la oscuridad.
Su excitación aumentó con sus órdenes, y se puso más caliente con el recuerdo de la fantasía del pañuelo. Aumentó aún más cuando tomó una decisión: no dejar que tuviera el poder. Sin darle elección, rodó su cuerpo hacia él y lo cubrió firmemente con el suyo, con la polla entre el suave vello de entre sus muslos.
—No —dijo él, esperando que pudiera ver el brillo malvado en sus ojos—, a mi manera.
Ella luchó ligeramente bajo su agarre, pero sus ojos rebosaban con el mismo calor que quemaba también en las venas de Nick. Cuando le inmovilizó las muñecas por encima de la cabeza, ella le mostró una mirada que rayaba el desafío y el placer y se arqueó contra él, incluso mientras se retorcía un poco más.
—Oh, nena —murmuró él, llevado al límite por su provocadora resistencia.
Estuvo tan tentado en aquel apasionado momento de confesar lo que había leído aquella mañana, tan tentado a pedirle que dejara que la atara con pañuelos...
Pero, por supuesto, no podía. Nunca podría decírselo.
Y, sin embargo, seguía volviendo a aquel libro para tener más de sus deseos más íntimos, más de lo que sabía que sólo él podía darle; si pudiera decirle lo que sabía. Sus ojos se cerraron mientras gemía de frustración, y la agarró con menos fuerza.
—¿Qué pasa? —susurró ella—. ¿Algo va mal?
*beep*. No había querido reaccionar de aquella forma.
—Nada, cariño. —Le soltó las muñecas, acariciándole las yemas de los dedos, bajando por los brazos, hasta que le cogió los pechos suavemente—. Nada.
Después, la besó, lenta, profunda y tiernamente, sólo para tenerla durante un momento de una forma que no tuviera nada que ver con sus fantasías. Aun así, poder realizar aquellas fantasías había demostrado ser una tentación irresistible, así que, mientras la besaba, acariciaba y atormentaba, la sujetó, lo suficiente para dejar que sintiera su control, lo suficiente para hacer que se sometiera. Entonces, finalmente, la hizo rodar a un costado y le dio lo que había exigido antes, penetrándola por detrás.
Sin embargo, por alguna razón, incluso mientras empujaba dentro de su ansioso cuerpo con un abandono creciente, otras cosas fueron debilitando su placer, sin importar cuánto intentara olvidarlas.

El libro rojo.
La malversación de Phil.
Pero, ¿por qué le preocupaba el secreto de Phil? Lo apartó a un lado.
Al menos el secreto del libro le permitía dar placer a ___; un placer que se extendía más allá del plano normal de la sensualidad, un placer que sólo él podía darle, porque sólo él lo sabía.
Concentrándose en aquello, alargó la mano para presionar sus dedos en la cálida unión de sus muslos, escuchó su gemido y la hizo llegar al orgasmo. Se llevó todo lo demás.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 13:14

Parte VI

_____ flotaba en una colchoneta de color azul pálido al día siguiente, con un bikini floreado que sólo unos días antes había pensado que nunca llevaría delante de Nick. Estaba tumbada mirando el cielo azul sin nubes totalmente relajada, sabiendo que él flotaba en algún lugar cercano. Hacía un rato que no hablaban, pero, incluso cuando no se comunicaban, ella notaba su presencia.
Cuando un chapoteo agitó su colchoneta y gotas de agua fría cayeron sobre ella, abrió los ojos de golpe para encontrárselo a sus pies, brillante de humedad mientras se apartaba el pelo de la cara.
Sus miradas se encontraron y el mundo se paró.
El no tuvo que decir ni una palabra, ni si quiera Nick, sabía o sentía sus pensamientos más íntimos, que estaba destinado, por alguna razón, a realizar sus fantasías más íntimas, a hacer que todas se hicieran realidad.
La lógica le seguía diciendo que era imposible, pero ella sabía que no lo era. Porque estaba sucediendo.
«Deja de intentar no creerlo. Déjate llevar, olvida la lógica, cree en esta magia». La magia importaba más que el pasado, más que la desgana de Nick, más que sus propias dudas. La magia lo significaba todo.
Sin desviar su mirada nunca de su magnífico dios del océano, abrió las piernas y dejó que la magia comenzara.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 13:22

Capitulo 14 Parte I

Horas después, mientras estaban tumbados entre las enredadas sábanas de su cama, besándose, acariciándose, hasta riéndose, se dieron cuenta de que se habían olvidado por completo de la comida.
—¿Quieres pedir una pizza? —sugirió él.
—Sólo hay un problema. Alguien tendría que vestirse y abrir la puerta para cogerla.
Él guiñó un ojo.
—No es un problema. Puedes hacerlo tú.
Ella ladeó la cabeza contra la almohada.
—¿Por qué yo?
—Yo hice el desayuno esta mañana.
Ella soltó una carcajada.
—Hiciste los cereales y las tostadas esta mañana, ¿eh?
—Tosté, unté con mantequilla y vertí. Un trabajo duro.
Sin previo aviso, ella giró, empujándolo contra la almohada mientras frotaba su pecho contra el de Nick y le ronroneaba al oído:
—Estoy de acuerdo en que has trabajado duro hoy, pero la mayor parte del trabajo lo hiciste mucho después del desayuno.
—Entonces, ¿tu esclavo sexual te ha satisfecho?
Abrió mucho la boca y puso los ojos como platos.
—¿Esclavo sexual?
—Te has vuelto una mandona. «No, así. Hazlo más rápido. Déjame ponerme encima».
Él aceptó el golpe que le propinó juguetonamente y se quedaron tumbados, sonriéndose perezosamente, hasta que ella dijo:
—Nunca antes me había divertido en la cama con un hombre.
Lo tomó por sorpresa y se levantó sobre un codo para mirarla.
—¿ En serio ?
—Me refiero a divertirme así. Divertirme... riendo.
Él inclinó la cabeza hacia atrás en reconocimiento.
—Ah. —Comprendía lo que ella quería decir; suponía que él se había reído antes en la cama con una mujer, pero quizás no había sido tan... genuino, fácil, como aquello.
Justo entonces, la gata blanca brincó hasta la cama.
—Eh, Iz —dijo ____, mientras le rascaba detrás de la oreja. Isadora caminó hacia el cuerpo de Nick y se acomodó en la parte más lejana, haciéndose un cálido ovillo.
—Eres una guarra, Izzy —dijo____.
Él soltó una carcajada.
—¿Qué?
—Escúchala, regalándote su ronroneo más seductor y acurrucándose tan cerca de ti. Le pones desde el principio.
—Supongo que tienes suerte de que te eligiera a ti —bromeó él, mientras besaba a ____ en la frente. Después, mostró una expresión seria—. Sabes lo que significa esto, ¿verdad?
—¿Qué?
—Tienes que levantarte para pedir la pizza ahora. Si lo hago yo, molestaré a la gata.
Una amplia sonrisa apareció en las comisuras de los labios de ____.
—Eres imposible.
Tras incorporarse para acomodarse en la cama, alargó la mano para coger el teléfono y él disfrutó de las vistas mientras ella llamaba, con el cable del teléfono a medio camino de su pecho desnudo.
—Espero que te guste la cebolla —bromeó ella mientras colgaba—, porque la proveedora de la comida elige.
—No me gusta el brie, pero, por suerte para ti, soy fácil cuando se trata de pizza. Por cierto —añadió él—, si la cosa de contabilidad fracasa alguna vez, creo que tienes futuro como modelo de desnudos.
—¿Ah, sí? —Ella hizo una pose, más tonta que sexy, y fue al tocador, donde movió el culo para él mientras hurgaba en un cajón—. Bueno —dijo ella, mientras se ponía unas braguitas de color rosa—, me temo que no es probable, así que eres el único que tiene el placer de verme.
—Sí, supongo que tu trabajo es bastante seguro.
—En realidad, todo mi futuro. —Se puso un vestidito de playa por encima de la cabeza, renunciando al sujetador—. Todos los intereses de mi padre en la empresa serán míos algún día. Por eso estoy implicada en tantas cosas de alto nivel; mi padre nunca me lo ha dicho, pero sé que me está preparando para que me haga cargo.
Mientras él asimilaba las palabras, ella se tapó la boca, con una cara que parecía que hubiera soltado una blasfemia.
—Lo siento, Nick . No estaba pensando. Probablemente no quieras oír nada de esa parte de mi vida.
Pero, para sorpresa de Nick, no le había molestado. En algún momento, había dejado de estar resentido con ____ por tener la vida que él pensaba que debía haber sido suya. Y, si nunca hubiera conocido a Henry o a ella antes de que todo aquello hubiera empezado, estaría totalmente impresionado por el hecho de que ella fuera a dirigir el conglomerado Ash un día.
—Está bien —dijo él, acariciando distraídamente a la gata.
—¿De verdad? Porque sé cuánto daño te hizo cuando...
—Está bien, Princesa, de verdad. Es tu vida. Es lo que pasó. No te culpo. Me... alegro por ti.
Cuando ella se acercó a la cama y se inclinó sobre él con un rápido beso que enseguida fue a más, él se dio cuenta de que decía en serio lo que acababa de decir. Se alegraba de que tuviera una buena vida y su futuro estuviera asegurado.
Cuando el timbre de la puerta interrumpió sus besos, ella se separó de él, corriendo a toda prisa, con el vestido jugueteándole entre los muslos.
—Maldita sea, Izzy —dijo, sin pretender realmente hablarle a la gata. De repente, un nuevo tipo de culpa lo corroía. No había pensado en el destino futuro de Ash Builders, en el vínculo de por vida de ____ con la empresa, cuando había decidido guardarse el hurto de Phil para sí mismo. Lo que Phil le estaba haciendo a Henry, también se lo estaba haciendo a ____.
—*beep* —murmuró, asqueado. Tenía que decírselo. Un poco más de veinticuatro horas después de descubrirlo, sabía que no podía guardárselo dentro.
Porque ella le importaba. Había hecho todo lo posible para que no le importara, para no dejar que nada de aquello significara algo. Pero, de repente, era innegable. Nada más en el mundo podría hacer que él hiciera algo que, en última instancia, ayudara a Henry Ash.
Resignado a ceder en lo que sólo un día antes le había parecido justicia, soltó un suspiro y pensó: «Bueno, ¿cómo lo hago? ¿Cómo se lo digo?». Después de todo, no le podía explicar cómo había descubierto que Phil engañaba a Ash Builders. Por lo que ella sabía, él ni siquiera había estado nunca en su oficina y, desde luego, no estaba dispuesto a confesar tanto. Deseaba con todas sus fuerzas poder contarle toda la verdad, pero ella lo odiaría. Al menos después de que se le ocurriera cómo contarle lo de Phil, parte de su conciencia quedaría tranquila.
—Increíble —dijo, mientras miraba a la gata. Por fin había encontrado la justicia que había estado esperando toda la vida... e iba a ponerle fin, por ____ Ash.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 13:32

Parte II

Comieron en la cama, manteniendo los trozos de pizza sobre la caja para evitar que gotearan, aunque evitar que Izzy caminara sobre ella fue el mayor reto.
—Si encuentro huellas naranjas en esta casa, Isadora Ash —la riñó ___—, estarás en un buen aprieto.
Cuando hubieron comido hasta hartarse y dejaron la pizza a un lado, un vistazo al reloj reveló que eran las tres pasadas.
—Bueno —preguntó ella con una sonrisa provocativa—, ¿te apetece uno rápido?
Él la regañó juguetonamente.
—¿Es que sólo piensas en sexo?
Ella ladeó la cabeza de forma provocativa y pestañeó tímidamente.
—Últimamente, sí.
«Más que últimamente», pensó Nick. Pero, por supuesto, no podía decir eso, no podía aludir al hecho de que conocía sus fantasías sexuales de otra forma que llevándolas de vez en cuando a la cama con ellos. Casi había temido que lo que había hecho antes en la piscina fuera demasiado, levantara sus sospechas, pero había sido incapaz de resistirse.
—Por otra parte —dijo ella—, hace un día precioso y mañana los dos volvemos al trabajo, así que quizás debiéramos salir, ir a la playa.
A él nada le habría encantado más que aquello, pero tenía que contarle un secreto. Y lo que acababa de decir era probablemente la mejor oportunidad que iba a tener.
Ya que había tomado la decisión de hacerlo, no quería aplazarlo.
—Hablando de trabajo, he visto el resto de la casa, pero nunca he visto tu oficina, aunque paso por la puerta todo el tiempo.
Ella pestañeó y él pensó: «Buena forma de cambiar de tema, Jonas».
—Sólo es una oficina —dijo ella—. Escritorio, silla, ordenador. Nada especial.
—Tengo un dormitorio de sobras en mi casa —le dijo, dándose cuenta de que podía hacer que la verdad trabajara a su favor—, que estoy pensando en convertir en una oficina para Horizon. Estoy bastante interesado en ver la oficina en casa de alguien, ya que no sé lo que necesitaría.
—Podría ayudarte —dijo ella instantáneamente.
Y él pensó: «Dios, es tan dulce».
—Eso estaría bien. —Y la verdad es que lo estaría, pero, en aquel momento, tenía que concentrarse en cómo decirle que un hombre en el que ella confiaba estaba estafando al negocio de su familia lo que probablemente sumara mucho dinero. Ni siquiera había pensado aún en cómo le afectaría a ella la noticia.
—Venga —dijo ella—. Vamos a echarle un vistazo.
Él respiró hondo mientras se levantaba de la cama y, después, se puso los vaqueros y la siguió por el pasillo, pero saber lo que la esperaba dentro de su propia oficina, y saber que él tenía que ser quien se lo dijera, le hizo sentirse un poco mareado de repente.
—Aquí está. —Ella separó los brazos, parándose en medio de la sala para mirarlo.
Él miró a su alrededor, fijándose en los detalles, intentando fingir que nunca se había sentado en la silla que había junto al estante ni encendido la lámpara del escritorio. Sus ojos pasaron rápidamente sobre el lomo del libro rojo y se aseguró de no quedárselo mirando.
—Es bonita —dijo él. Los muebles de color cereza con patas con forma de garra, además de los colores burdeos y verde militar, hacían que la sala pareciera la más formal de la casa, aparte de la sala de estar de abajo.
—Te recomendaría un escritorio con más cajones —dijo ella. El suyo sólo tenía un cajón plano para lápices—. Siempre hay porquería que tienes que guardar en alguna parte. Y, sin duda, querrás un archivador grande, ya que estoy segura de que tienes mucho papeleo.
—Sí —dijo él, mientras la observaba revolotear por la sala para enseñarle cosas y sintiéndose incluso más *beep* porque no podía decirle la verdad sin fingir.
Se acabó; ya no podía aguantarlo más. Mientras ____ hablaba sobre su ordenador, él dio un paso adelante y se inclinó hacia adelante para mirar, presionando a propósito la palma de la mano sobre la pila de facturas que había descubierto el día anterior.
Entonces miró abajo y vio su nombre.
Apartó la mano y observó detenidamente la hoja, igual que lo había hecho antes.
«Muévete lentamente, no reacciones demasiado rápido».
—¿Qué ocurre? —preguntó ella.
—Esta factura.
—¿Qué le pasa? —Ella miró hacia abajo—. Ah, es tuya. —No, eso es lo que pasa. No es mía.
—¿Qué? —Ella alzó la mirada—. ¿Qué quieres decir?
—Princesa, esto lleva mi nombre, pero no es mío. Yo entrego mis facturas a mano. No tengo ordenador.
—Pero, entonces... —Ella volvió a bajar la mirada a la hoja.
Él también la siguió observando.
—Estos son mis trabajos de la semana pasada, pero... —negó con la cabeza—, estas sumas no son correctas. Son demasiado elevadas.
____ soltó un enorme suspiro que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo. No estaba segura de cuándo se le había formado el nudo en la garganta, pero apenas podía hablar.
—Nick, sólo para aclararlo, ¿me estás diciendo que esta factura no es la que entregaste y que las cantidades tampoco son las que entregaste?
Él asintió brevemente y ella se sintió mareada.
—¿Cómo demonios...? —Se dejó caer en la silla de cuero de su escritorio, estupefacta—. ¿Qué significa esto?
Nick suspiró, por encima de ella.
—Supongo que significa que, después de que yo entregara mi factura, alguien la cambió.
Su mente giró, intentando juntar piezas en su cabeza que no encajaban. No tenía otras facturas de Nick, todas volvían a Phil cuando ella había introducido las cantidades y traspasado el dinero a la cuenta corriente. Pero alargó la mano para encender el ordenador, mientras decía:
—Déjame mostrarte otras cifras, de facturas anteriores. ¿Crees que reconocerías las cantidades que facturaste las últimas semanas? —Las palmas de las manos le sudaban.
—Tal vez. No estoy seguro.
—Maldita sea, corre —le soltó al ordenador mientras parpadeaba y los programas se cargaban. Hizo clic en su archivo de facturas pagaderas y escribió Horízon Painters. Unos cuantos clics más y la información de facturación de Nick del último trimestre apareció en pantalla—. Mira —dijo ella, temblando—. ¿Te parecen correctas estas cifras? ¿Puedes distinguirlo?
Pasaron segundos mientras esperaba su respuesta.
—Parecen demasiado elevadas —dijo finalmente. Señaló un par de cantidades en concreto—. No recuerdo cifras exactas, pero no creo que nunca antes haya tenido cheques tan grandes.
—¡Maldita sea! —golpeó el escritorio con la palma de la mano.
—Nena, ¿estás bien?
Ella se puso de pie a su lado.
—No. —Después, le agarró la mano y se dirigió a la puerta de la oficina, arrastrándolo tras él—. Vamos.
—¿Adonde?
—A las oficinas de Ash. Es domingo por la tarde, estarán desiertas. Y tengo que investigar un poco
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 13:37

Parte III

Mientras se dirigían a las oficinas en el Jeep de Nick, ____se encontró manifestando sus sospechas. Sólo podía pensar en una persona que pudiera organizar aquello: Phil.
—Pero eso no tiene sentido —dijo, mientras Nick cruzaba rápidamente un semáforo en ámbar—. Es un socio. ¿Por qué iba a robarse a sí mismo?
—¿Cuánto posee de la compañía?
—El veinticinco por ciento.
—¿Cuánto posee Henry?
—El cincuenta y uno. —Se mordió el labio—. Nunca quiso... ya sabes, volver a ceder el control.
Nick se limitó a asentir, pero las manos se le tensaron en el volante y ella se arrepintió del recordatorio. ¿Por qué seguía restregándole su pérdida en la cara, sacando un tema que los podía separar?
Sin embargo, finalmente Nick dijo:
—Tal vez Phil no lo vea tanto como robarse a sí mismo, sino como mover algo de la riqueza de Henry hacia él. Después de todo, nunca podrá tener tanto como Henry, ¿verdad? No importa lo duro que trabaje o lo bien que vaya la empresa. Quizás esté resentido por eso.
___ respiró hondo.
—Quizás —dijo, imaginándose que Nick sabía mucho más de ese tipo de resentimiento que ella. Era difícil de creer, pero, después de lo que había descubierto de Phil hacía sólo unos días... bueno, claramente no era el hombre que ella creía.
Cuando llegaron al edificio de Ash, ella subió las escaleras a toda prisa, abrió la puerta delantera y fue directamente a la oficina de Phil. Nick la siguió.
—¿No la cierra con llave? —preguntó Nick mientras ella se apresuraba a entrar en la estancia.
—Tal vez no tenga razón para hacerlo —dijo ella, intentando dar a Phil el beneficio de la duda.
Cuando encendió el ordenador de Phil, pidió una contraseña y ella probó varias que parecían lógicas, pero ninguna funcionó. Después, buscó documentación de las transacciones, con la ayuda de Nick. Después de revolver cajones y archivadores durante unos minutos, Nick levantó su factura de verdad mientras decía:
—Princesa, echa un vistazo.
Ella lo observó y recordó facturas de Horizon más antiguas que se parecían a aquélla. En el mismo montón, encontró otras facturas que no reconoció, de mamposteros especializados, albañiles, carpinteros y electricistas. Y, aunque sí que reconocía sus nombres y logotipos, y hasta algunos de los trabajos que había pagado Ash recientemente, las facturas eran diferentes; las habían recreado antes de pasárselas a ella.
Pero ella descubrió que no todas habían sido falsificadas. Las facturas de empresas más grandes (la cadena nacional de alfombras que usaban, la gran empresa de fontanería que hacía la mayoría de sus instalaciones de cañerías) estaban intactas, sin falsificar. Eran las empresas más pequeñas, como la de Nick, las que habían sido utilizadas para desviar dinero de las cuentas de Ash. Y había tantísimas de esas empresas más pequeñas... la dejaba atónita pensar en las proporciones que aquello podía tener.
Mientras hojeaba las facturas una a una, comenzó a sentirse torpe. Había tantas manuscritas, arrugadas, manchadas... provenían de trabajadores que, como Nick, no se sentaban ante un ordenador todo el día, no tenían secretarias ni ayudantes para manejar su contabilidad. ¿Por qué no se había dado cuenta cuando aquellas facturas manuscritas y arrugadas habían dejado de llegar? ¿Por qué no se había dado cuenta cuando habían empezado a parecer más limpias, nuevas, en algún momento? Se sentía como una *****. Y, cuando cogió la última factura del montón, sofocó un grito.
—¿Qué sucede? —preguntó Nick.
Era una factura de PH Construction. P.H. Phil Hudson. Y suponía que la tremenda cantidad escrita en la parte inferior, más de veinticinco mil dólares aquella semana en concreto, equivalía a la diferencia entre las facturas reales y las falsas que le había entregado a ____. Le puso la hoja en la mano a Nick
—La prueba —dijo ella.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 13:47

Parte IV

Nick había pensado, más de una vez, que ___ se vendría abajo, que se echaría a llorar, se lanzaría en sus brazos, pero nunca lo hizo. En su lugar, había sabido qué hacer exactamente. Le dijo que cargara el ordenador de Phil en el Jeep y también se había llevado el montón de facturas auténticas. Juntos, dijo, era todo lo que necesitaban para pillar a Phil.
—La factura de PH Construction es donde la fastidió de verdad —explicó mientras conducían a casa—. No hay ninguna empresa con ese nombre, al menos no en nuestra nómina. Es obviamente una entidad falsa que Phil utiliza para desviar el dinero a sus cuentas personales.
—Pero, ¿por qué molestarse tanto? —había preguntado Nick—. ¿Por qué no entregar simplemente el resto de las facturas falsas y quedarse el dinero sobrante?
—Debe de tener una documentación de las transacciones que parezca auténtica a primera vista, tiene que poder justificar todo el dinero que yo emito para pagar a los subcontratistas. Los totales de sus facturas tienen que cuadrar con los míos. Mis desgloses son los que realmente utilizamos, pero necesita una forma de agotar la cuenta del exceso que yo estaba poniendo que pasara inadvertido. Pero ahora que tengo dos series de facturas, incluyendo las falsas, está perdido.
—¿Y ahora, qué? —preguntó Nick—. Quiero decir, ¿qué pasa a continuación? —Nunca había estado implicado en ningún tipo de delito financiero, a menos que se contara lo que Henry le había hecho a su padre, y no tenía ni idea de cómo iba a proceder ella.
—Tendré que decírselo a mi padre. Pero está fuera de la ciudad este fin de semana, en alguna cita en las islas Caimán, así que tendrá que esperar hasta que vuelva.
—¿Cuándo será eso?
—Mañana por la mañana. —Se giró hacia él en el Jeep—. La suerte es que mañana es lunes, y Phil se pasa los lunes visitando obras, así que no estará en la oficina para ver que falta algo hasta el martes. —Respiró hondo—. Eso nos da un poco más de tiempo para pensar qué hacer.
Nick se sentía admirado por su fuerza. Sabía que le estaba haciendo daño, que la desilusionaba, por no decir que le presentaba una montaña de problemas a nivel profesional, pero lo había manejado exactamente así: como una profesional.
En aquel momento, la noche había caído y estaban tumbados en su sofá viendo la película alquilada que él había sugerido, pensando que haría que se olvidaran un poco de las cosas. Incluso antes de que empezara la película, ella había estado inusitadamente callada, pero él no la había presionado a hablar. Y, ¿desde cuándo estaba él tan en armonía con el hecho de si alguien daba conversación o no? ¿Desde cuándo pensaba en hablar con una mujer? Obvio. Desde ____.
«Ojalá pudiera decirte, nena», pensó, mientras la atraía más cerca de sí, «que sé lo de tu diario íntimo. Entonces ya no habría ningún secreto más». Aún estaría Henry, claro, y habría diferencias enormes entre su familia, su dinero... cielos, probablemente un millón de cosas más, pero al menos ya no habría ningún secreto más. Aun así, él sabía que, si le decía lo del libro, nunca lo perdonaría. Probablemente era la mujer más comprensiva que había conocido, pero ese tipo de allanamiento... bueno, no podía pensar en nada mucho peor que pudiera hacerle.
La sensación de que el estómago se le hundía sólo se apaciguó cuando la gata saltó sobre el sofá, distrayéndolo.
—Eh, Iz, ven aquí —dijo ____ en voz baja, mientras cogía a la gata blanca entre sus brazos.
Pero, sólo segundos después, Izzy se retorció hasta liberarse y meterse insistentemente entre los dos, acurrucándose en el regazo de Nick
—¿Lo ves, qué te dije? —dijo _____ por encima del hombro—. Está loca por ti.
Él se inclinó cerca de su oído.
—¿Celosa?
Ella se giró para mirarlo, con una sonrisita melancólica.
—Un poco.
El le dio codazos a la gata hasta que saltó a la alfombra y, después, envolvió a ____ por detrás.
—¿Mejor?
Aquella vez, cuando ella se giró, sonrió más ampliamente.
—Odio decirte esto, pero quería decir que estaba celosa de ti. Izzy apenas se acurruca conmigo como lo hace contigo.
Unos días antes, aquello lo habría hecho sentir como un imbécil, pero entonces sólo bromeó con ella.
—Tal vez debería largarme y dejar que Izzy y tú tengáis el sofá para vosotras.
—Cállate —susurró ella—. No te vas a ninguna parte. —Le cubrió los brazos con los suyos y él se acomodó y se intentó volver a concentrar en la película, cuando ___ soltó de repente:
—¡Es que me siento tan incompetente!
Ambos se sentaron y él alargó la mano para coger el mando a distancia y parar el vídeo.
—¿De qué estás hablando?
—Me di cuenta de que las tarifas de todo el mundo estaban subiendo, y hasta lo cuestioné, más de una vez. Pero ¿por qué no me di cuenta de que las facturas eran diferentes? Llevo años procesándolas, ¿por qué no me enteré de que todas estaban cambiando? —Suspiró—. Supongo que, en el fondo, simplemente me imaginé que todo el mundo se estaba informatizando, pero no puedo evitar pensar que, si me lo hubiera cuestionado más, si lo hubiera notado más...
—Eh, confiabas en ese tío. Pensabas que estabais en el mismo equipo. No tenías ninguna razón para dudar de él. Además... —Nick sacudió la cabeza, aún impresionado por sus acciones de aquella tarde—. Supiste qué hacer exactamente cuando lo descubriste.
—Bueno, no exactamente. No tengo ni idea de qué pasará cuando se lo diga a mi padre mañana.
—Aun así, supiste que debías llevarte el ordenador. Y descubriste la documentación de las transacciones y reconociste la empresa falsa. Y no te viniste abajo.
—Quería hacerlo —confesó en voz baja.
—Pero no lo hiciste, Princesa.
Nick se asombraba a sí mismo a veces aquellos días; en aquel momento, le asombraba saber cómo tranquilizarla, que las palabras salieran tan fácilmente como si estuviera hablando con Davy o Elaine, no con una mujer a la que había pasado innumerables años envidiando. Pero, cuando las palabras se agotaron, siguió pensando que lo mejor era hacerle saber cómo se sentía de otras formas. Mientras alzaba una mano hacia su mejilla, se inclinó hacia adelante para besarla.
Sus lenguas se acariciaron, despertando poco a poco la excitación, pero, entonces, ____ se detuvo.
—¿Me odiarías si te dijera que la verdad es que no estoy de humor?
El escondió la decepción tras la comprensión.
—Para nada.
—Pero no me importaría... si me abrazaras.
Él la estrechó entre sus brazos, apretando su espalda contra su pecho, dejando caer un minúsculo beso en su sien, y ella alargó la mano para coger el mando a distancia y volver a poner la película. Mientras su sonido llenaba la sala, él se inclinó cerca de su oído para decir:
—Creo que Ash Builders estará en unas manos buenísimas algún día.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 13:55

Parte V

___observó cómo Nick dormía a su lado en la cama que había empezado a temer que parecería vacía sin él. La noche anterior, se habían quedado dormidos delante del televisor y, cuando ella se había despertado, le había dado un codazo y le había dicho:
—Vamos arriba, a la cama. —El la había seguido, sin palabras, se había desnudado hasta quedarse en ropa interior y se había metido en la cama a su lado, tan cómodo como si fueran una vieja pareja de casados.
Ella sacudió la cabeza en un intento por prohibir que aquel último pensamiento estuviera en su mente. Habían estado juntos poco más de una semana, así que lanzar la palabra que empezaba por C, aunque sólo fuera en su cabeza, era una auténtica locura. Y, además, tenía mucho más en qué pensar; sólo se alegraba de que Nick hubiera estado con ella la noche anterior, se alegraba de que siguiera con ella en aquel momento. Se había despertado sintiéndose agresiva, aunque no totalmente reanimada. Tenía un duro día por delante, pero estaba lista para afrontarlo.
—Eh —murmuró Nick, mientras abría los ojos.
Ella hizo un esfuerzo para sonreírle.
—Eh.
—¿Qué tal?
Ella asintió contra la almohada.
—Estoy bien. Estoy lista para enfrentarme a esto.
La expresión de Nick contenía admiración.
—Suenas como una mujer que tiene un plan.
—De hecho, así es. El vuelo de mi padre no llega hasta media mañana, así que he decidido que lo primero que voy a hacer es ir a casa de Phil y contárselo todo a Jeanne.
Nick pareció un poco sorprendido, así que ella continuó.
—No para herirla, ni a ella ni a Phil, sino para protegerla. Tiene que saber de qué forma le está fastidiando la vida este hombre. Y, sea lo que sea lo que le pase a Phil ahora, va a tener un problema muy gordo, así que quiero avisarla. Quiero darle la oportunidad de que coja algo de dinero de sus cuentas, pensar cómo evitar que su vida se eche a perder junto a la de él cuando la malversación salga a la luz.
—Pero ¿y si se lo dice a él antes de que se lo digas a tu padre? No sé cuánto dinero falta, pero, si es mucho, podría huir.
Ella respiró hondo. Por supuesto, ella ya había pensado en eso, pero, cuando pensaba en la inocencia de Jeanne en todo aquello, simplemente no podía hacer las cosas de otro modo.
—Simplemente tendré que creer en que no lo hará. Tendré que creer que se protegerá a sí misma y no a él.
Además, mi padre debería estar en casa para cuando vuelva de casa de Jeanne, así que no pasará mucho tiempo antes de que todo esto se descubra. Le pediré que se lo esconda a Phil sólo por una noche.
—Es un riesgo bastante grande, si realmente quieres pillar a Phil.
Ella asintió.
—Sí... pero no estoy segura de que pillar a Phil sea más importante que asegurarse de cuidar a alguien inocente.







Estoy sentada en una bañera de porcelana, con patas en forma de garra, llena de burbujas, en una luminosa sala blanca. Las ventanas que hay sobre mi cabeza admiten el sol, pero del techo cuelgan helechos que hacen que el espacio parezca frío y sombreado.
Un hombre me observa. No puedo verlo, pero sé que está ahí, escondido más allá de mi vista. Mientras aliso la espuma de mis hombros y brazos y, después, de mis senos, una necesidad profunda me palpita entre los muslos. Cada movimiento que hago me excita, porque sé que no estoy sola.
Finalmente, me inclino hacia atrás y cierro los ojos, esperando que se revele. Y, cuando comienzo a dormirme, me despiertan unas manos masajeándome los hombros. Comienzo a girar la cabeza para verlo, pero él susurra:
—No. No lo hagas —con una voz grave y fuerte.
Alarga la mano a mi alrededor para hundir una copa de cristal en el agua.
—Cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás —dice. Comienza a verter copas de agua con jabón sobre mi pelo hasta que está completamente húmedo.
Cuando siento sus manos, sus dedos, masajeándome el cuero cabelludo, me doy cuenta de que me está lavando el pelo. Me muerdo el labio por las exquisitas sensaciones producidas por un gesto tan dulce. Cada vez que se extienden y se contraen sus dedos, frescos dardos de placer me hormiguean por el cuello, los brazos, la espalda. Después, vierte más agua sobre mi pelo hasta que está limpio y suave.
—Gracias —susurro.
Aunque aún no lo he visto, su aliento calienta mi oreja.
—Hay más. Pero debes prometerme que mantendrás los ojos cerrados.
—Lo prometo.
—No te creo —dice él.
—¿Qué puedo hacer para que te lo creas?
La respuesta llega con una caricia de seda en mi piel, mi cara; está atándome algo sobre los ojos.
Cuando su mano encuentra mi rodilla doblada, sé que se ha movido desde detrás de mí hasta el lateral de la bañera. Siento su caricia en el interior de mi muslo manchado, sin detenerse, sin provocarme, con la mano hundiéndose rápidamente en el núcleo de mi deseo.
Grito ante el brusco placer y me agarro a los laterales de la bañera, mientras el calor se extiende rápidamente por mi cuerpo hasta que es todo lo que conozco, todo lo que soy. Apenas oigo mis propios gritos y gemidos, con el cuerpo enzarzado en una batalla lenta y sensual. Oigo su respiración profunda mientras me muevo contra sus dedos; oigo el agua de la bañera agitarse por nuestros movimientos. Entonces, el calor se convierte en fuego, consumiéndome, reduciéndome a nada excepto cenizas mientras grito y, mientras llego al orgasmo, rompo mi promesa; abro los ojos bajo la cubierta de seda.
Sólo veo sombra, la silueta oscura de un hombre de anchos hombros, brazos musculosos, pero es suficiente para darle una identidad, para hacerlo real, es suficiente para vincularnos de una forma nueva, viable, aunque él no lo sepa.
—Déjame abrazarte —dice cuando todo está en silencio, el agua tranquila.
—Déjame verte —exijo.
Desliza el pulgar bajo la seda a la altura de mi mejilla y levanta suavemente la venda.


Las palabras que ella había dicho antes resonaron en su cerebro. «No estoy segura de que pillar a Phíl sea más importante que asegurarse de cuidar a alguien inocente». Nunca había comprendido ningún sentimiento mejor, porque aquélla era exactamente la razón por la que le había dicho a ___ lo de Phil, en primer lugar; cuidar de ella había sido más importante que herir a Henry. Aunque había sido duro admitírselo a sí mismo, se había sentido noble, orgulloso, de haber hecho lo correcto.
«Sí», pensaba en aquel momento, mientras estaba sentado con los secretos más profundos de ___ en la mano, «eres un noble *beep*, desde luego».
Pero el hecho era que necesitaba aquellos pedazos de ella en aquel momento. No podía negarlo, ni siquiera podía tener la esperanza de decirse que no, y casi había dejado de intentarlo. Necesitaba aquellos pedazos de ella que ella nunca le daría de ninguna otra forma. Era despreciable. Pero simplemente era. Estaba perdido en su propio engaño.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 23rd 2013, 14:03

Parte IV
Jeanne estaba sentada a la mesa de la cocina, con un camisón demasiado grande, mirando a___ con los ojos muy abiertos, la sorpresa aumentada por los círculos oscuros que tenía bajo los ojos. Los platos sucios del desayuno las rodeaban y el dulce aroma del almíbar hizo que____ se sintiera incluso más mareada.
El corazón le latía a mil por hora, igual que todo el tiempo que se había pasado contándole a Jeanne todo lo que sabía sobre Phil, comenzando por la malversación y acabando con lo que Nick había visto en su fiesta. Se sentía como la muerte personificada.
—Lo siento mucho, Jeanne. No te he contado todo esto para hacerte daño. Sólo pensé que debías saberlo.
—*beep* —murmuró Jeanne, con la cara pálida—. *beep* de *beep*. —Se puso en pie y anduvo a grandes pasos por la cocina. Tras buscar en un cajón, sacó un paquete de cigarrillos y se encendió uno.
Cogió a ____ por sorpresa.
—No sabía que fumaras.
—Cuando estoy nerviosa —respondió Jeanne, mientras exhalaba una larga columna de humo que nubló el aire que había entre ellas. Le dio la espalda durante un momento, poniendo las manos en la encimera y, de repente, se giró para volver a mirar a ___, con el cigarrillo temblándole entre los dedos—. ¿Qué demonios voy a hacer?
—Vas a llamar al banco y a cualquier sitio en el que tengas dinero, enterarte de cuánto puedes retirar sin la firma de ambos y, después, vas a retirarlo.
Jeanne apagó el cigarrillo en un gofre a medio comer que estaba en un plato y, después, se volvió a hundir en la silla. Alzó los ojos lentamente.
—Puede que parte de ese dinero sea tuyo.
____ negó con la cabeza.
—No importa. No se trata sólo de dinero. Pero seguirás necesitando tanto como puedas conseguir.
Jeanne asintió, con la cabeza cayéndole hacia adelante mientras las lágrimas empezaban a fluir, y ___ luchó contra la humedad que se reunía tras sus propios ojos. No podía ponerse emotiva; le quedaba muchísimo por hacer y tenía que hacer que su mejor cara siguiera intacta. En vez de llorar, puso una mano firme en el hombro de Jeanne.
—Sea lo que sea lo que necesites, Jeanne, cualquier cosa, estaré aquí para ti.
Jeanne se sorbió las lágrimas y asintió y, de repente, alzó la cabeza.
—Lo seguí la otra noche.
___ parpadeó.
—¿Qué?
—Sabía que pasaba algo... no me ha tocado en meses. El mismo Phil despreocupado de siempre, pero no me ha tocado, ni siquiera... un abrazo, ni un besito en la mejilla. —El estómago de ___ se desgarró ante el dolor en la voz de Jeanne—. En fin, sale mucho por la noche y vuelve a casa tarde. Dice que va a la oficina, pero en el fondo sabía que no podía tener tanto trabajo. Aunque estuviera robándole todo a Henry, no podía tardar tanto. Así que me metí en mi coche y lo seguí. Fue a los apartamentos del extremo sur de Clearwater Beach, ¿sabes cuáles te digo?
___ asintió.
—Llamó a una puerta y abrió una mujer; bonita, joven, morena. La he visto en nuestras fiestas y di por hecho que era alguien de Ash. No salió en tres horas. —Sacudió la cabeza, como si volviera a sentir su incredulidad.
—Todavía no había decidido qué hacer —dijo, mientras alzaba la mirada hacia ___—. He estado con Phil durante toda mi vida adulta. —Lágrimas silenciosas continuaron rodándole por las mejillas—. Sé que es un *beep*, pero no estoy segura de quién soy yo sin él.
Después de esperar a que Jeanne se tranquilizara de nuevo,____ hizo la pregunta que le preocupaba en aquel momento.
—¿Puedes ocultarle todo esto a él, sólo esta noche?
¿Puedes fingir que todo es normal, fingir que no sabes nada?
Ella parecía incrédula.
—¿Por qué iba a hacer eso?
—Porque necesito un poco de tiempo. Tengo que decírselo a mi padre. Tenemos que pensar qué pasa ahora y no estoy segura de qué implicará eso. —Mientras tomaba las manos de Jeanne, la otra mujer la miró como una niña perdida—. Sé que es mucho pedir; sé que ahora mismo probablemente lo quieras y lo odies, y todos los sentimientos que hay en medio, y quizás te sientas tentada a ayudarlo, pero te pido que no lo hagas. Te pido que me des una noche.
Jeanne respiró hondo y apartó las manos. Miró alrededor, al desorden esparcido por la cocina, a la casa que Phil le había construido; a su vida juntos, supuso _____.
—No estoy segura de poder ocultárselo. No estoy segura de que no se me escape todo en cuanto lo vea.
El estómago de ____ se hundió. Nick tenía razón: aquello había sido un error.
Sin embargo, Jeanne volvió a mirar a ____, recuperando de repente la compostura, quizás incluso un poco resuelta.
—Pasaré la noche fuera —dijo—. En un hotel o en casa de mi hermana, en Sarasota. A Phil no le importará; significará simplemente que puede pasar toda la noche con su puta. Dejaré una nota, le diré que estoy con una amiga, dejaré que él se pregunte dónde estoy yo, para variar.
Todo el aire volvió a los pulmones de____. Esperaba que Jeanne pudiera ver la profunda gratitud en sus ojos, ya que las palabras parecían totalmente inadecuadas.
—Gracias.
Jeanne sólo negó con la cabeza.
—No me des las gracias, ____. No es por Ash, ni siquiera por ti. Es porque quiero ver cómo obtiene lo que se
merece.
Después de eso, ___ tenía un favor más que pedir, que Jeanne le hizo sin pestañear. Juntas, buscaron en la oficina de casa de Phil y descubrieron extractos de cuenta de PH Construction. Era la última prueba que necesitaba.
La mente de ___ volaba mientras conducía de vuelta a casa. Apenas sentía el viento en su pelo o el sol en su cara. Jeanne estaba prácticamente sola en el mundo en aquel momento, después de la milésima de segundo que le había llevado a ____ desmontarle la vida. Había destruido la existencia de Jeanne con tan poca planificación, tan poca reflexión o consideración... Por supuesto, había hecho lo que pensaba que era lo mejor para Jeanne avisándola con un día de ventaja, pero una culpa constante la recorría como la corriente de un río que no había estado ahí hacía veinticuatro horas.
Pero no había mucho tiempo para entretenerse con eso. Había hecho todo lo que podía por Jeanne y ahora tenía que pasar a algo igual de difícil: tenía que decirle a su padre que su socio comercial, en quien confiaba, lo había timado.
«Endurécete», se dijo a sí misma. «Manéjalo como lo has hecho hasta ahora». El elogio de Nick de la noche anterior la había ayudado a despertarse sintiéndose fuerte, todo lo fuerte que necesitaba ser aquel día. Él tenía razón, lo había manejado bien. Ni siquiera había pensado en aquella parte de ello; simplemente había sabido que tenía que ser dura y dar pasos listos y despiadados.
Bueno, no demasiado despiadados. Lo había arriesgado todo por Jeanne. Quizás hubiera aprendido una lección de lo que su padre le había hecho a la familia de
Nick; quizás recordó que la compasión también tenía cabida. Pero había conseguido poner a un lado su sorpresa y humillación profesional para encargarse de aquello, y tenía que seguir haciéndolo.
Cuando giró en el camino de entrada, no se molestó en abrir la puerta del garaje o parar. Nick estaba en lo alto de una escalera, pintando la cornisa de la ventana de su dormitorio y, cuando se giró para mirarla, nada era más importante que llegar hasta él, estar con él. Mientras aparcaba el coche rápidamente y salía, él fue a encontrarse con ella junto a la fuente.
—¿Cómo ha ido?
Ella se mordió el labio.
—Ha sido duro. —Intentar hablar mientras recordaba lo mal que estaba Jeanne hizo que su voz se quebrara, las lágrimas aún más cerca de lo que se había dado cuenta.
Nick alzó una mano reconfortante hasta su mejilla, pero en aquel momento ella necesitaba algo mucho más importante de él.
—¿Irás conmigo? —preguntó, sin aliento.
—¿Dónde?
—A decírselo a mi padre.
El cuerpo de Nick se tensó. No dijo una palabra; no tenía que hacerlo. Ella podía verlo todo en sus ojos.
—Sé lo que te estoy pidiendo. Sé que es enorme, sé que es terrible, sé que es egoísta. —La voz le tembló mientras continuaba—. Pero también es enorme para mí, de una forma distinta y, simplemente... no quiero ir sola. La verdad es que me vendría bien alguien en quien apoyarme. —Entonces, negó con la cabeza fuertemente—. No, no alguien. Tú, Nick. Te necesito a ti para apoyarme. ¿Lo harás por mí?
Él respiró hondo y ella casi pudo sentirlo, el aire aspirado profundamente, llenándole el pecho y abandonándolo lentamente. Tenía todas las razones y motivos para decir que no. Y ella ni siquiera llegaba a comprender del todo por qué lo necesitaba tanto ahí, pero así era. Quizás porque temía parecer una fracasada a ojos de su padre y sabía que Nick nunca la vería así. Quizás porque se sentía tan a menudo como una niña indefensa, pero, con Nick, había empezado a sentirse mucho más como una mujer, su propia mujer. O tal vez fuera más sencillo. Cuando su madre murió y llegó el momento de acercarse a la sepultura y mirar hacia el ataúd, se había agarrado al brazo de Carolyn y la había arrastrado, porque simplemente había necesitado saber que no estaba sola en el mundo.
Sin embargo... era demasiado.
Nick era la persona equivocada a la que pedírselo, y no podía creer que lo hubiera hecho. Estaba intentando encontrar las palabras, formar los pensamientos, para decir que sentía habérselo pedido, que iría ella sola, asegurarle que no se había equivocado al depositar su fe en ella, que podía manejar aquello como una profesional... cuando él le tomó la mano.
—Sí, Princesa. Iré contigo.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 24th 2013, 02:22


Me encanta tu novela !
POR FAVOR SÍGUELAAAAAAAAAA
Un abrazo!.

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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 24th 2013, 17:28


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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 26th 2013, 14:59

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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 26th 2013, 14:59

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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 26th 2013, 15:00

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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 26th 2013, 15:00

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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 26th 2013, 15:02

OMG !!!!! VOLVISTE !! Very Happy GRACIAS !!! Jejeje AMOOOOOOOOOOOOOOO TU NOVE! Y wow todo lo que a pasado...Nick y el libro...ademas de la estafa de Phill con su infidelidad y OMG! Ahora que Nick acompañara a _____ hablar con su padre AAAAAAAAAAAAAAAAAAAA Very Happy

ME ENCANTAAAAAAAAAAAAAAAA !!!!

Y perdoname por no haber comentado antes pero surgieron distintas cosas y bueno...Gracias por volver y SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA Very Happy

Cuidate

XOXOXO
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 27th 2013, 13:30

Capitulo 15 Parte I

El pecho de Nick se tensó cuando ___ lo condujo por el jardín delantero y alrededor del alto muro de estuco que separaba su casa de la de Henry. Una sensación familiar se apoderó de él; de repente era un niño, el mismo niño que había observado mientras Henry les destrozaba la vida y, al mismo tiempo, el viejo que había visto demasiado y abrigaba demasiados pesares.
Cuando entraron por una puerta de hierro forjado que había en el muro, a lo largo de la calle, se sintió como un intruso. El suelo bajo sus pies no podría haberle parecido más extraño si acabara de pisar otro continente. Había pensado que la casa de ____ era lujosa, pero no era nada comparado con aquello. De hecho, de repente se dio cuenta de lo informal de su modo de vida, comparado con Henry. Desde la parte trasera de su casa se extendía un laberinto de terrazas de madera, patios de piedra y jardines florecientes mayor que diez veces el jardín en el que había crecido, donde todavía vivían Elaine y Davy. El centro era la enorme piscina en forma de riñon que empequeñecía la de ___ tanto en tamaño como en grandeza. Una pequeña cascada se derramaba desde un lecho elevado, en el extremo más alejado.
Aunque la parte trasera de la casa poseía las mismas puertas francesas que la de ___, las plantas superiores disponían de numerosos balcones con toldos, con vistas al paraíso que se extendía.
____ lo arrastró más allá de todo aquello y, a pesar de estar nerviosa, caminaba con rapidez y la forma en que le agarraba la mano era resuelta. Se preguntó por qué pensaba que le necesitaba, y pensó en preguntárselo, pero, si aquél era el momento en que estaba destinado a encontrarse cara a cara con Henry Ash, que así fuera.
Un camino de entrada de ladrillo idéntico al de ___ estaba al frente de la casa de Henry, sólo que era más largo; además de conducir a un gran garaje, también se bifurcaba y se curvaba más allá de la puerta principal, rodeando la fuente. Nick dejó que el torrente de agua ahogara cualquier otro pensamiento, cualquier otro sonido, mientras ella decía:
—Está en casa. —Un Jaguar XJS verde jade estaba en el camino de entrada, con un aspecto igual de majestuoso que los altísimos robles que cubrían el jardín con musgo de Florida, igual que las altas columnas griegas que brillaban blancas y estoicas al sol de media mañana.
Avaricia. La palabra le entró en la cabeza espontáneamente. ¿Quién necesitaba vivir así? ¿Quién necesitaba tanto lujo? El pecho se le tensó tanto como una goma elástica cuando ____ lo arrastró a subir los escalones de piedra hasta el porche delantero de Henry.
Ella le agarró el puño mientras la puerta se abría y él contuvo la respiración, sólo para ver a una pequeña mujer de piel oscura con un vestido sencillo de algodón de color azul pizarra. Una criada. Ni siquiera había pensado nunca en que Henry tuviera una criada.
—Bonita —dijo ____, con una voz tan tensa como se sentía él—, tengo que ver a mi padre. ¿Puedes ir a buscarlo enseguida?
—Sí, ____. Pasa. —La mujer sólo le echó una mirada fugaz a Nick, con los ojos tirantes por el tenso moño que tenía en la nuca.
Pasaron a un enorme recibidor mientras los pasos de Bonita resonaban sobre unas baldosas italianas que le resultaban familiares. Sin embargo, el interior también dejaba en nada la casa de ___. La entrada se extendía en todas direcciones, llena de la brillante luz del sol que entraba por ventanas estratégicamente situadas. Otra pequeña fuente gorgoteaba ante una columna de espejos que creaba la ilusión de ser más grande.
Nick se preguntó fugazmente qué pensaría Henry de él, si lo reconocería siquiera, qué se dirían. En un impulso, alargó la mano y giró la barbilla de ____hacia él para ver si la había manchado de pintura antes, cuando le había tocado la cara.
—¿Qué? —susurró ella, con los ojos tan abiertos como los de un ciervo en el bosque.
—Nada —respondió susurrando él, tras encontrar su sedosa piel libre de manchas. Sentía que no podía hablar más alto, como si su voz fuera a estropear la opulencia.
No oyó a Henry acercarse, el hombre simplemente apareció como un espectro importante, engalanado con shorts blancos y un jersey blanco; algo con lo que los viejos jugaban al golf.
—Bonita me dijo que parecías preocupada —dijo Henry, achinando los ojos azules sobre ella antes de desviar la mirada hacia Nick, y Nick le devolvió la mirada, pensando: «¿Me conoces, viejo?». Pero, entonces,____comenzó a hablar y la atención de Henry volvió a recaer sobre ella.
—Papá, tengo algo que decirte, así que quiero que te prepares. Y no puedo decirlo despacio o nunca me va a salir, así que espera, ¿de acuerdo?
Henry parpadeó, desconcertado.
—¿De qué se trata?
Ella respiró hondo.
—Phil nos está timando, papá. A Ash Builders. Nos está robando.
Nick observó las diversas emociones cruzando la arrugada cara de Henry; confusión, incredulidad, sorpresa. Mientras ____ se apresuraba, explicando la malversación de Phil, sus ojos se oscurecieron, se tensaron, parecieron encogerle en la cabeza mientras su horror crecía. Aquello no era nada, por supuesto, comparado con lo que Henry le había hecho al padre de Nick (Henry seguiría teniendo dinero, seguiría teniendo la vida a la que estaba acostumbrado), pero, por ese instante, Nick se alegró de haber ido, de haber presenciado el momento en que Henry descubriera lo que se sentía cuando te robaban.
Mientras ella se explicaba, le apretaba los dedos a Nick con tanta fuerza que casi le cortaba la circulación, y sus uñas se clavaban en su carne, pero no la habría interrumpido por nada del mundo. La emoción de ___ aumentó hasta que finalmente dio lugar a la parte que él sabía que llegaría.
—Lo siento mucho, papá. Me da la sensación de que todo esto es culpa mía. Debería haberme dado cuenta, debería haber cuestionado más los aumentos, debería haber atado cabos. Por no haberlo hecho, Ash Builders ha perdido quién sabe cuánto dinero a favor de Phil.
La cara de Henry cayó mientras escuchaba a su hija reprendiéndose.
—___. querida, esto no es culpa tuya —dijo, dando un paso hacia adelante por primera vez desde que ella había empezado a hablar. Finalmente, ____ liberó a Nick del agarre mortal para aceptar el abrazo de su padre y Nick se sintió aún más como un intruso, alguien que no pertenecía y que no tenía nada que hacer allí.
Apartándose ligeramente, Henry sacudió la cabeza.
—Me... me está costando asimilar esto del todo...
—Lo sé —respondió ella—. Yo tampoco podía creérmelo.
—Pero no te preocupes, cariño. Pensaremos qué hacer y lo superaremos juntos.
hombre parecía adecuadamente afectado, caído de su eterno pedestal de poder... hasta que, por fin, pareció advertir a Nick de nuevo, que casi podría haber creído que se había fundido con el fondo si su ropa de pintar no hubiera estado manchada de innumerables colores.
—¿Quién es tu amigo? —Henry no sonreía. A Nick no le sorprendió.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 27th 2013, 13:36

Parte II

___ se mordió el labio y volvió a agarrarle el brazo.
—Yo... quería alguien en quien apoyarme mientras te hablaba, papá.
Henry alzó las cejas como diciendo «continúa».
—Él, yo, nosotros... —___le echó un vistazo a Nick, nerviosa, probablemente más por él que por ella—, nos estamos viendo.
—¿Tiene él un nombre? —preguntó Henry, al borde del sarcasmo.
— Nicholas Jonas .
Nick habría jurado que la fuente dejaba de fluir, que el tiempo se detenía, mientras veía cómo la piel de Henry se volvía tan blanca como su jersey. Los ojos de ambos hombres se encontraron y Nick endureció la mirada; vio a Henry reflexionando, sopesando, intentando saber si era verdad.
Finalmente, Nick dijo:
—Sí, ese Nicholas Jonas.
Henry siguió sin hablar, simplemente lo miró, con la mirada igual de helada, pero Nick se sintió fuerte por haber pillado al hombre por sorpresa.
—No parece contento de verme, Henry.
La cabeza de Henry se ladeó de forma crítica.
—¿Cómo te has mezclado con ___?
Por la forma en que Henry lo miraba, habría parecido que era un violador o un traficante de drogas. Pero no le importaba; si Henry quería juzgarlo tan rápidamente, a él no le importaba jugar al proscrito.
—No es ningún plan retorcido ni nada. Simplemente da la casualidad de que le pinto la casa.
—Papá, Nick pinta para nosotros. Para Ash. Es el dueño de Horizon Painters.
La obvia sorpresa de Henry llenó a Nick de emociones en conflicto. Satisfacción por haber hecho algo de sí mismo a pesar de todo. Rabia por la sorpresa de Henry al descubrir que poseía su propia empresa y no era sólo un hombre por horas que intentaba sobrevivir. Una rabia aún más profunda ante el hecho de que él, como cualquier otro hombre que trabajara en los pisos de Ash, fuera una mota de tan poca importancia en la suela del zapato de Henry.
—No tenía ni idea —dijo Henry finalmente.
—Por supuesto que no.
Oyó el desdén en la voz de Nick
—¿Qué se supone que significa eso?
La goma elástica en el pecho de Nick cedió por fin y dio un paso adelante, pero ____siguió aferrada a su brazo.
—Significa que no le importa nada toda la gente pequeña que mantiene vivo este negocio para usted, viejo. Ni siquiera sabe que el hijo de Jonh Jonas ha estado pintando sus pisos cada día durante los últimos siete años. —Bajó la voz, con la mirada lanzándole dagas a Henry—. Ni siquiera sabe qué demonios le hizo a mi familia, ¿verdad?
—Bueno, espera un momento —dijo Henry, mientras cerraba los puños a los costados, con la piel, antes pálida, calentándose hasta enrojecer.
—No, espere usted un momento. —Avanzó hacia adelante, incluso con ___asiéndolo—. Y escúcheme, ladrón de *beep*. —Sus miradas nunca se desviaron y Nick sentía la lucha en la que se habían enzarzado, pero se negaba a ceder; aquél era un momento que había estado esperando toda la vida—. Por su culpa, mi padre nunca se recuperó de su muerte; nunca.
De repente, la curiosidad anuló las defensas de Henry.
—¿Aún sigue...?
—¿Vivo? Según se mire. Sigue respirando, sigue caminando, al menos en los días buenos. Vende cebos en la calzada de Dunedin cuando no está durmiendo la mona. Por lo que respecta a los demás, mi hermano y mi hermana viven en la misma casita a la que nos mudamos después de que usted se llevara nuestra mitad de Double A, y yo me mato trabajando cada día para pagar las facturas de todos.
—Mira—dijo Henry—, siento cómo salieron las cosas entonces, pero no es mi culpa que tu familia no sepa cuidar de sí misma...
—Sí que lo es —dijo Nick simplemente, con seguridad. No iba a explicar cómo o por qué las cosas habían salido como lo habían hecho, pero Henry debía de haberle creído, por alguna razón, o eso o sencillamente tuvo el buen juicio de no ponerlo más en duda, porque no respondió.
En vez de ello, colocó una mano firme en el hombro de Nick y lo apartó a un lado. Mientras se alejaban de ___, Nick nunca apartó los ojos de los de Henry.
—Escucha —dijo Henry gravemente—, no sé cómo te congraciaste con ___ para entrar en su vida, pero si le haces daño de alguna forma...
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 27th 2013, 13:44

Parte III

Nick lo cortó severamente.
—No lo haré. —Y lo decía en serio. Sabía que todavía había secretos entre ellos (el diario, el hecho de que había llegado al principio queriendo ver lo que había pensado que debería haber sido suyo), pero no tenía intención de que aquellas cosas salieran nunca a la luz, no tenía la intención de dejar que se interpusieran. En aquel momento ella le importaba y aquello era todo lo que importaba.
A veces la verdad, viejas verdades, sólo enturbiaban el agua, complicaban cosas que habrían sido más sencillas, y Nick pensó que el estar allí, su necesidad de enfrentarse a Henry cuando se le ponía cara a cara con él, lo demostraba.
—Toleraré que estés en su vida —dijo Henry, mirándolo enfurecido a los ojos—, pero sólo porque ella lo quiere.
—No estoy seguro de que tenga elección.
—La sangre tira más.
Nick pensó en su deteriorada relación con su padre y dijo:
—A veces.
—Fue Nick —interrumpió ___, mientras se interponía entre ellos— quien me ayudó a descubrir lo de Phil.
Henry miró de uno a otro.
—Vio una de sus facturas, una de las falsas, en mi oficina, y lo dijo. Si no hubiera sido por él, todavía no lo sabríamos.
Los ojos entrecerrados de Henry volvieron a mirar a Nick.
—¿Por qué ibas a parar esto si me odias tanto?
Él se encogió de hombros. La respuesta era sencilla.
—Al final, le habría hecho tanto daño a ella como a usted.

_____ llegó a Bayview Drive aquella noche justo antes de la puesta de sol, nunca más contenta de estar en casa. Se había pasado la tarde y la noche metida en la oficina con su padre y Sadie, registrando los archivos de Phil, tanto físicos como informáticos (Henry era la única persona de la empresa con autoridad para que el informático entrara en el ordenador de alguien). El resultado fue una lenta recopilación de lo que Phil había robado: más de medio millón de dólares en los últimos seis meses. La cantidad era considerable, pero Sadie había razonado:
—Si vas a arriesgarte de esta manera, supongo que tienes que hacer que te valga la pena.
Henry se había pasado una mano por el pelo y había dicho:
—Gracias a Dios que lo cogimos ahora, y no dentro de unos años.
En el mismo momento en que ella volvía a casa, Henry tenía una reunión de emergencia con los socios excepto Phil, pero, para sorpresa de ___, le había dicho que lo más probable fuera que no presentaran cargos.
—Ese tipo de publicidad es la muerte para un negocio —había explicado—. Tendremos que negociar con él, probablemente despedirlo y exigir una indemnización a cambio de no emprender acciones legales.
—Y, entonces, ¿será libre para irse? —había preguntado ella, incrédula. Se había imaginado a Phil pasando un tiempo en la cárcel.
Henry había asentido.
—Pero le faltará una gran suma de dinero y, desde luego, no podrá mencionar Ash Builders como referencia, así que sospecho que le costará mucho encontrar un puesto remotamente parecido al que tenía con nosotros.
Ella pensó que parecía un castigo pequeño, pero suponía que lo importante era que Ash Builders estuviera bien de nuevo.
Dejó el coche en el camino de entrada y evitó apenas arañar la furgoneta de Nick. Sin embargo, cuando volvió a respirar tranquila, se le hinchó el corazón al ver que todavía estaba allí. No sabía qué esperar después del enfrentamiento con su padre aquella mañana, y se lamentaba de no haberlo previsto cuando le pidió que la acompañara. Había querido derretirse en el suelo mientras los oía discutir, testigo de la intensa rabia en la mirada de ambos hombres. No podía creer que los hubiera empujado a encontrarse de forma tan irreflexiva, especialmente en un momento tan emotivo.
Por supuesto, debido a ello, había descubierto algunas cosas de Nick que no sabía. Todos aquellos años había mantenido a su familia y su padre era alcohólico. Ella comprendía que nunca se habían recuperado de la pérdida del negocio familiar, pero aquello aumentaba su pérdida de una forma que no se podía haber imaginado. Sintió los años de odio hacia su padre por parte de Nick aquel día y se preguntó cómo seguía en pie bajo la tremenda fuerza de tanto resentimiento.
Mientras entraba en silencio, se lo encontró en el sofá, viendo la televisión, con Izzy hecha un ovillo, satisfecha, a su lado. Llevaba vaqueros y una camiseta. No la había oído entrar.
—Hola —dijo ella dulcemente.
Él se levantó para saludarla, aunque envió a Izzy a la alfombra, molesta. Él cruzó la sala para abrazarla, envolviéndola en la calidez que ella había echado de menos durante todo el día.
—Nick, ¿me odias? —le susurró al oído.
Él se apartó ligeramente.
—¿A ti? ¿Por qué?
Ella lo miró.

—Porque soy igual de mala que mi padre. No sabía nada de tu familia, de que los mantenías, ni de tu padre, de cómo...
—No es culpa tuya, nena —la cortó con una voz profunda y tranquilizadora—, no es culpa tuya. Sólo siento haber escogido un momento tan duro para descargar mis sentimientos hacia Henry. —Le dio unos cuantos besos reconfortantes en la frente y, después, se apartó—. Bueno, ¿cómo están las cosas con Phil?
Ella suspiró y explicó que no iban a presentar cargos a pesar del delito de Phil. Él silbó cuando ella le dijo cuánto había robado Phil y ella no pudo evitar pensar en que probablemente a él le parecía mucho más dinero que a su padre.
—Los socios están reunidos ahora —concluyó ella—, y mi padre llamará cuando termine para decirme lo que han decidido, sea la hora que sea.
Nick le apartó un mechón de pelo suelto de la cara.
—Pareces cansada.
—Me siento totalmente agotada —admitió.
—He pedido pizza, está en el horno.
El corazón de ___ se llenó de afecto mientras miraba sus ojos oscuros.
—Gracias, Nick. Por estar aquí, por la comida. —Rió dulcemente—. Es... realmente bueno volver a casa y que estés aquí ahora.
Él apartó la mirada rápidamente antes de volver a mirarla y ella se preguntó si había dicho demasiado, si había sido demasiado sincera, si lo había puesto nervioso hablando de ellos... pero, en aquel momento, estaba demasiado hecha polvo como para preocuparse. Simplemente lo abrazó con fuerza y dijo:
—Vamos a comer.
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 27th 2013, 13:56

Parte IV

___ estaba tumbada bajo las sábanas, regodeándose en el aire fresco del ventilador del techo, con el arrebol de haber hecho el amor con Nick.
Él había estado callado pero atento durante la cena y ella había notado que él quería distraerla de sus preocupaciones. Había funcionado cuando él dijo:
—Déjame darte una ducha.
Su exhausto cuerpo había vuelto a la vida.
—¿Darme una ducha?
Él se había limitado a asentir y decir:
—Confía en mí. —Sin ni siquiera el rastro de una sonrisa. Era sólo su oscuro y seductor dios del océano arrastrándola a otra caliente tela de pasión.
Sólo mientras entraban en la ducha juntos ella recordó el día en que lo conoció, los escabrosos pensamientos que habían entrado en su mente mientras se lavaba, la fantasía que había escrito en su mente.
—¿Cómo lo sabes? —susurró ella mientras el agua los rociaba y sus manos se abrían sobre el pecho de Nick—. ¿Cómo sabes las cosas que quiero que me hagas?
La mirada de Nick le recordó la pasión sofocante y silenciosa que soportaron una vez, y pensó que quizás él respondería, pero, finalmente, oyó su voz, ronca.
—¿Por qué? ¿Son... tan especiales las cosas que te hago?
—Es como un déjá vu —intentó explicar ella—, pero mejor.
Él no dijo otra palabra, simplemente la giró en la ducha. Y ella esperó, se preparó, pensó que él se apretaría contra ella, se hundiría profundamente en ella, daría vida a esa fantasía; pero, en vez de eso, sus manos se hundieron en el cabello de __. Al principio ella ahogó un grito, ante la sensación de que él se lo apartara de la cara y se echara a un lado para que el agua lo empapara. Era como... pero, además, mejor, mucho mejor, porque era real. Sabiendo lo que estaba por venir, ya ni siquiera sorprendida, inclinó la cabeza hacia atrás y esperó mientras Nick alargaba la mano para coger el champú.
Él no se apresuró, masajeando la espuma profundamente en su cuero cabelludo y, después, extendiéndola hasta el final, a medio camino de su espalda. Ella permaneció con los ojos fuertemente cerrados contra el jabón y se perdió en las dulces y tiernas sensaciones que ya no eran sólo palabras en un diario.
Sólo cuando su cabello estuvo aclarado la volvió a girar de espaldas de él, una vez más, colocó las manos en sus caderas y se empujó hacia su interior, a donde, como siempre, parecía que pertenecía. Ah, sí, entonces esa fantasía, aunque no estuviera escrita, también se convirtió en realidad.
Había momentos en los que ella quería preguntarle: «¿Tú también lo sientes? ¿Sientes los lazos extraños y místicos que nos atan, con más y más fuerza?». Incluso soportó un largo y frustrante momento en el que hasta pensó en llevarlo hasta el vestíbulo cuando acabaron, sacar el libro rojo del estante y enseñarle la forma en que su manera de hacer el amor era análoga a sus fantasías íntimas. Pero todavía no podía hacer eso; a pesar de todo, seguía siendo demasiado personal, demasiado profundamente íntimo. Todo el mundo, pensó, debería tener al menos un secreto totalmente suyo.
En aquel momento, se giró de costado para mirarlo, con la habitación iluminada por la tenue lámpara de su cabecera. Sus ojos estaban cerrados, pero sospechaba que estaba despierto.
—Te amo —susurró ella.
Él abrió los ojos, uniéndolos a los de ella, en la almohada que había a su lado.
El parecía asombrado, pero ella sólo sonrió.
—Sé que no debería haberlo dicho, no debería haber pronunciado las palabras. Pero no lo he dicho para oír cómo tú me lo dices; lo he dicho porque lo siento. Y quiero demostrártelo, Nick.
Mirándolo, le apartó la fresca sábana hasta los muslos y empezó a acariciarlo suavemente.
—Demasiado pronto —dijo él.
—¿Qué?
—Demasiado pronto. Más tarde.
Pero ____ sólo mostró una amplia y maliciosa sonrisa, sin desalentarse en lo más mínimo. Poniéndose sobre sus rodillas, pasó una pierna por la cadera de Nick, dominándolo en lo alto, antes de agacharse para besarle el pecho. Nunca se había sentido más segura, con más control, en toda su vida. No había planeado expresarle su amor, pero había sido real y liberador.
—Creo que puedo hacer que no sea demasiado pronto.
Mientras su caricia reverberaba lentamente por su cuerpo, Nick la observó. Estaba tan hermosa, retorciéndose encima de él, pálida y desnuda, acariciándole el pecho con sus pechos con puntas de perla. Cuando ella lo miró pasionalmente a los ojos y se lamió el labio superior, él empezó a sentirlo abajo.
—Eres tan sexy, nena.
—No tienes ni idea —murmuró ella con la voz más sexy que él había oído jamás. Seguía frotando contra él sus pechos, sus caderas, la humedad entre sus muslos, dejándole besos de rocío.
—Tal vez —murmuró él—, no sea demasiado pronto.
La mirada de ___ se volvió aún más seductora.
—Eso pensaba.
Ella lo fue besando pecho abajo, los movimientos y caricias tan lentos y suaves que empezó a sentir que agonizaba, quería más. Pero sabía lo que estaba por venir, sabía sin duda lo que su princesa tenía en mente para él, y no iba a apresurarla. Mantuvo los ojos fijos en cada movimiento suyo, contento de que la lámpara estuviera encendida; no quería perderse nada.
El cuerpo de __ bajó más, con sus besos bailándole por el estómago y sus turgentes senos curvándose redondos y cálidos sobre su erección, como si estuvieran hechos para encajar. Cuando ella alzó la mirada y deslizó los pechos arriba y abajo por toda su longitud, él pensó que se iría, así de rápido.
—No.
Ella suspiró; sólo una pizca de su energía sexual la abandonó.
—Pensé que te gustaría.
Él pasó las manos por el cabello de ___.
—Nena, me encanta. Ése es el problema. No quiero correrme, no en mucho tiempo.
—Pero quiero hacerte cosas, hacerte todo...
Él la cortó presionándole dos dedos contra los labios y ella respondió tomándolos lentamente en su boca, succionándolos de una forma que él sintió en lo más hondo.
—Maldita sea —susurró él. Ella liberó sus dedos y bajó un poco más, liberándolo de sus pechos hasta que su cara planeó a escasos centímetros de su excitación. Todo su cuerpo se tensó por la anticipación del placer, justo cuando vio a Isadora colocada en un taburete de terciopelo rosa al otro lado de la habitación.
—¿Estás listo? —preguntó ___, con los labios entreabiertos de forma provocativa.
Maldita sea.
—Espera.
—¿Qué?
—Tu gata está aquí. —Su mirada volvió a cruzar la habitación—. Nos está observando.
Todavía suspendida de forma precaria sobre él, ___ soltó una bonita risa.
—No creo que Izzy sepa lo que está pasando, Nick. Aunque creo que eres su primer hombre desnudo. —Ella le lanzó una mirada juguetona a la gata—. ¿Qué te parece, Iz?
Él contuvo la respiración, intentando calmar la frustración del placer pospuesto.
—¿Qué ha dicho?
___ hizo una pausa para mirar su erección y, después, mostró una sonrisa sexy.
—Dice que eres magnífico.
Aún más sangre se acumuló entre sus piernas y se es tremeció. Estaba listo para todo, pero, primero... tras bajar las piernas de la cama, se levantó, cogió a la gata blanca del taburete y la dejó caer suavemente fuera de la habitación.
—Lo siento, Izzy, esto es íntimo. Vas a tener que conseguir a tu propio hombre. —Tras cerrar las puertas dobles, volvió a la cama y se tumbó de espaldas, volviéndose a colocar alrededor de ____—. Bueno, ¿por dónde íbamos?
Tras arrodillarse entre sus piernas, se llevó un dedo al labio, sonriendo con coquetería.
—No me acuerdo.
—Deja que te ayude. Estabas a punto de hacerme el tío más feliz del mundo.
Ella ladeó la cabeza..
—¿Tan fácil es hacerte feliz, Nick?
La pregunta lo golpeó con más dureza de lo que debería, pero le hizo darse cuenta de que se había sentido feliz últimamente. Más feliz de lo que podía recordar en mucho tiempo.
—Es así de fácil.
—Eso es lo que quiero —ronroneó ella, mientras se inclinaba sobre él—. Hacerte feliz. —Se volvió a morder el labio de aquella forma apasionada y hambrienta, acercándose más y más—... Hacerte sentir bien. —Envolvió su cálida mano firmemente en su erección, alzándola hacia su boca—. Hacer que te olvides de todo menos de mí.
Su lengua revoloteó por la punta y Nick contuvo la respiración con fuerza. «Por favor, nena, más». Sus ojos se encontraron mientras ella lo tomaba en su boca, con los labios hundiéndose a su alrededor, rodeándole de un éxtasis tan completo que por un momento olvidó dónde estaba, quién era; sólo conocía un placer intenso, envolvente. Pero, entonces, volvió en sí y la observó, tan preciosa y salvaje, y un temblor sacudió su cuerpo con tal fuerza que supo que ella lo había sentido.
Ella lo amaba. Mientras la observaba demostrárselo, se permitió por fin recordar, sentir, que se lo había dicho. Otras mujeres se lo habían dicho, pero, cuando ella lo había dicho, había sido diferente. Observarla esforzándose sobre él con su dulce boca era diferente. Simplemente mirarla a los ojos, delicada, apasionada y anhelante, era diferente.
«*beep*, *beep*, *beep*».
—Nena, me voy a correr.
Ella se alzó cuando ocurrió, pero nunca lo soltó con su mano mientras salpicaba el suave estómago de ___. Sus miradas se encontraron cuando acabó, con su aliento apasionado interrumpiendo el silencio.
—Cielos, Princesa—susurró él—, déjame besarte. —La bajó contra él, estómago contra estómago, pecho contra pecho, enterrando sus manos en el cabello de ___ mientras le daba besos febriles en la cara. Él sintió la humedad, presionada y cálida entre ellos y pensó en lo que ella debía de haber sentido en la ducha cuando él había empezado a lavarle el pelo e, incluso antes de eso, cuando le había preguntado cómo sabía qué hacer exactamente, que era como un déjá vu. Pensó que él debía de sentirse igual en aquel momento y decidió que, tal vez, leer su diario tuviera menos que ver con realizar sus fantasías de lo que había pensado. Quizás lo habría sabido de todas formas, la habría satisfecho de todas formas, habría sentido sus deseos secretos, como ella acababa de hacer por él. Había estado entre sus primeros pensamientos sobre ella, hacer que lo tomara en su boca. Y, de igual forma que con todo acerca de ___, había sido mucho más dulce, mucho más apasionado y mucho más conmovedor de lo que podría haber imaginado jamás
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NataliadeJonas
Hipermegaultrasuper Fan de los Jonas
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Septiembre 28th 2013, 07:36

Siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: **** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)   Hoy a las 13:40

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**** The Red Diary **** Nick y tu (Volviiii)
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