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 MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)

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Wenn
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 21st 2012, 09:15

Maraton 4/5


CAPÍTULO 8


Bajé del Rolls Royce negro del chófer de Erika. El viernes, durante el recreo, habíamos quedado para ir a la discoteca. Fue el mejor día de la semana porque no había visto a Joseph en toda la jornada. Nos encontramos con Luca y con una exuberante Daniela— llevaba unospantalones cortos y un top que ocultaba lo justo— en la puerta del local. Eternia era un establecimiento muy selecto en Roma. Allí iba gente famosa y rica, y las colas para entrar podían durar toda la noche. Si es que conseguías pasar.Pero nosotros entramos directamente; el enchufe era muy importante. Daniela se enganchó a mí y me habló al oído después de que saludara al portero; un tal Nicole.

—No es por amargarte la noche, pero quiero que sepas que esta discoteca pertenece a los Jonas.
—Lo sé, ¿y qué?— Comenzamos a bajar unas escaleras de cristal. La pared era de tela blanca y se podía ver, en forma de sombra, a unas bailarinas bailar al son de la música.
—Pues que no es de extrañar que te encuentres a… — Me miró. Suspiré.

Daniela era la única que sabía lo ocurrido entre Joseph y yo en el jardín de mi casa. Extrañamente, preferí no decirle nada a Erika; no parecía demasiado contenta con que me hubiera adaptado tan rápido a la ciudad y tampoco estaba muy receptiva. Apenas habíamos hablado como lo hacíamos antes. Así que se lo conté a Daniela en clase de química después de que me insistiera. Nos acercamos a un retirado VIP y Luca se colocó delante de mí impidiendo que me sentara.

—Espero ansioso por ver ese modelito que me suena a… —
Se acercó a mi abrigo negro y comenzó a olisquear— ¿Es un Dolce & Gabbana?— Aluciné. No era comprensible que pudiera saber tanto de moda. De nuevo conseguía asombrarme.
—¿Cómo lo has sabido?— exclamé retirando mi abrigo.
—¡Oh, cielos! Estás soberanamente sexy— dijo mordiéndose un labio.

Narra Joe

—No comprendo por qué hemos tenido que venir— dije resoplando mientras una de las gogós de la barra del primer piso acariciaba mi mentón. Cogí su mano y la acerqué a mi boca. Besé sus dedos lentamente sin dejar de mirarla. Su atuendo de ángel negro me hizo divagar.— ¿Serás mala conmigo esta noche?— le susurré en los labios mientras me llevaba su dedo a la boca. La muchacha sonrió.
—Mucho— contestó antes de que retomara su baile. La observé sonriente antes de que Taylor me arrastrara.
—¿Es que no piensas dejar nada para los demás?
— ¿Qué me dices de Erika?— Sabía que aquello le molestaría. Tay apretó la mandíbula y me dio un puñetazo en el hombro.
—Y tú, ¿qué me dices de ______?— Me quedé inmóvil mientras digería aquel golpe bajo.

Para mi desgracia, sabía que se encontraba allí. Alex nos había arrastrado a todos porque quería estar con Daniela. Y como todos queríamos que se liara por fin con ella, allí estábamos, de aguanta velas. Así que si podía llevarme algo, y de paso molestar a ______, sería una noche productiva. De repente, Taylor se detuvo en seco y yo choqué con su espalda. Le miré con un comentario grosero preparado, pero me lo tuve que tragar en cuanto vi que Eric y Alex estaban igual de alucinados que mi primo. Tay me dio un manotazo en el pecho para que mirase hacia el mismo lugar que ellos.
Y allí estaba. Iba con un vestido (muy corto) de brillantes azules. Las mangas le cubrían los brazos, pero su espalda solo la ocultaba su largo cabello. Aquellas piernas de infarto calzaban unos zapatos de un tacón exageradamente alto a juego con elvestido. Se retiró el cabello y lo colocó a un lado. Su espalda quedó al descubierto, como si protagonizara un videoclip. Sensual, provocativa… Era imposible no pensar en… Tragué saliva. Estaba completamente jodido y sabía que mis amigos me machacarían durante toda la noche.

—¿Todo eso es suyo?— preguntó Alex.
—Me temo que sí— respondió Eric.
—¡Dios!, está… — Tay ni siquiera pudo terminar.
—Me cago en… — resoplé antes de que Laura tirara de mí y me arrastrara a la pista de baile. No puse impedimentos porque no me encontraba en plenas facultades. Todas ellas se las había llevado ______ y su puñetero vestidito. Laura me apoyó contra la pared y comenzó a bailarme al son de una canción nueva que había logrado Joni, mi DJ; se trataba de Cristian Deluxe,
«Quiero contigo»,un español que sonaba de maravilla.
Vi a ______ caminando hacia la barra, pero se detuvo al verme. Pude apreciar muchas cosas en aquella mirada, pero la más evidente era: odio.

Narra ______

Le miré mientras Laura danzaba pegada a él, insinuante. Se restregaba contra su pecho y, por mucho que me fastidiara admitirlo, me molestó que estuvieran tan cerca el uno de la otra. El humo comenzó a salir de las máquinas del techo y parecía brillar gracias a los focos y a las bolas de cristal. La imagen de Joseph se difuminó, pero seguía latente. Nos contemplábamos con intensidad, como si estuviéramos luchando y esperáramos que ocurriera algo. Entonces, la música se hizo más rotunda y él se acercó a Laura. Colocó sus manos en las caderas de la chica y la hizo seguir el auténtico ritmo de la canción. Rebosaba sensualidad, bailaba como todas las mujeres desean que baile su hombre, al ritmo perfecto.
Sus caderas se topaban y sus rodillas se entrelazaban,hasta que vino la peor parte. La besó sin dejar de mirarme. Me observaba jocoso, disfrutando de que estuviera presenciando aquello. Por suerte, pude controlar la marea de cólera que bramaba en mi pecho y retomé mi vuelta a la mesa. Solo dejé de mirarle cuando la gente lo impidió. Podría vengarme de eso, estaba segura. Cuando llegué a la mesa, Eric me abordó dándome un beso y un abrazo. Taylor me observó de arriba abajo sonriente, y Alex me guiñó un ojo.

—¡Eres lo mejor que hay en esta discoteca, nena!— gritó Eric. Le empujé, modesta.
—Parece que nunca has visto a una chica con un vestido.— Me senté al lado de Taylor. Este me dio un beso en la mejilla.
—Estás impresionante.— Me llamó la atención su forma de hablarme. Se acercó aún más a mí— No hagas caso a nada de lo que te haya dicho Joe— susurró en mi oído volviendo su atención a Erika, que ya parecía algo frustrada porque todo el protagonismo me lo llevara yo.
¿Qué quería decirme con aquello? ¿Que me olvidara de lo que me había dicho la noche anterior? Ni hablar. No, al menos, hasta que me tomara la revancha. Ahora sonaba Rihanna con «Rude boy». Eric tomó las manos de Luca y las comenzó a mover de un lado a otro. Sonreí.
—Me encanta cuando dice «Esta noche estoy caliente, te dejo ser el capitán»— canturreó Luca mirando de reojo a Eric y con cara de felicidad— En general, me encanta Rihanna.
—A mí me gusta que Rihanna hable de sexo de esa manera tan desenfadada.— Reconocí esa voz; estaba demasiado cerca. Joseph tomó asiento justo a mi lado mientras sus amigos cruzaban miradas cómplices— Resulta tan… — Se acercó a mícreyendo que me alejaría— incitador. Además, al parecer le gusta hacerlo en la calle. ¿Tú qué opinas, ______?— No dejé de mirarle ni un momento mientras me pasaba la lengua por mis labios. Lo hipnoticé.
—¿De Rihanna o del sexo en la calle?— hablé bajo para mostrarle el poder demis labios y mis ojos. Él no sabía dónde mirar. Hasta que moví las piernas.
—Preferiría que contestaras a lo último.— Sonrió morboso.
—Creo que cuando se trata de hacerlo da igual el lugar y eso tú lo sabes bien, ¿no Joe?— Ahora soltó una carcajada. Me removí en mi asiento al percibir su aroma tan cerca de mí.
—En fin, ¿por qué no bailamos un poco?— dijo Daniela rompiendo la tensión que se había producido. Me guiñó un ojo.
—De acuerdo— dijo Joseph levantándose— Dime ______, ¿sabes bailar?— Comenzaba a fastidiarme que quisiera cabrearme con tanta insistencia. Pero no iba a darme por vencida.
—Depende del estilo.
—Ragga, por ejemplo. ¿Sabes lo que es?— Luca aplaudió entusiasmado y Taylor resopló mientras movía la cabeza de un lado al otro. Él sabía lo que se avecinaba, yo no.
—Me encanta ese estilo. Ojalá pudiera aprender a bailarlo—
dijo Luca, con una voz un tanto nostálgica. Erika se removió en su asiento y por fin participó en la conversación. Aunque lo hizo de una forma que nunca me hubiera esperado.
—No sabe bailar y menos
ragga. Es demasiado complicado.— Se tiró en el sofá, cruzó los brazos y aguantó las miradas que Dani y yo le lanzamos, extrañadas. ¿Intentaba humillarme?
—Bah, tonterías— sentenció Joseph. Se levantó del sofá y desapareció entre la gente. Creí que por fin podría descansar de él, cuando de repente la música dejó desonar y se oyó su voz en todo el local. La gente se volvió loca y rompió a aplaudir como si de su ídolo se tratara.
—Bien, quiero que hagáis un círculo en la pista de baile y que ______ salga de su escondite y dé la cara.— Al escuchar mi nombre casi me desmayo— Vamos, ______, ¿dónde estás? ¡Allí, por favor, enfocad allí!— clamó hasta que el foco me encontró. Daniela quiso morir y los demás rompieron a reír. Erika no parecía que estuviera allí.
—Supongo que se le da de maravilla ese estilo de baile, ¿no?— quise saber. Nadie respondió. Al menos, no con palabras. Todos asintieron a la vez.
—¡Oh, vamos, ______ ! ¡Joni, dale a Sean Paul toda la caña!— Bajó de la tarima y corrió hacia mí. Definitivamente, mis venas dejaron de transportar sangre; toda se había congregado en mi rostro.
—¡Marchando «Press it» de Sean Paul!— aulló el DJ animando aún más el cotarro. Joseph me cogió del brazo y me arrastró a la pista de baile. Al menos, cien personas nos contemplaban.
—A ver cómo sales de esta, cariño— susurró, antes de que me deshiciera de sus brazos dándole un empujón.
—Pienso matarte en cuanto acabemos con esto.
—Espero ansioso.Comenzó a mover la pelvis en cuanto la voz de Sean retumbó en todos los rincones de la discoteca. Efectivamente, era un experto en ese tipo de música. Se movía lento, suave, sexy. Excitaba a cualquiera. Le observé presuntuosa y esperé mi momento mientras me acercaba a él.
—No sabes con quién te la estás jugando, Joseph— le murmuré, antes decomenzar a bailar el estilo de baile que mejor se me daba. Al final terminaría dándole la razón a Daniela; en el fondo, éramos iguales.

Narra Joe

De todas las cosas que podía esperar, aquella fue la más impensable. No solo bailaba como una experta, sino que lo hacía enviándome un mensaje: supera eso. Pero si esperaba fastidiarme no lo consiguió. Más bien logró todo lo contrario. Me provocó y mucho. Así que me crucé de brazos y observé (como el resto de las personas que nos rodeaban) cómo se contorneaba. Se agachó y comenzó a mover las caderas mientras avanzaba hacia mí.
Me miró desde abajo y fue subiendo lentamente haciendo círculos con las caderas y rozando mis piernas. No pareció importarle que pudiera vérsele la ropa interior. Solo quería molestarme y provocarme. Pegó sus caderas a mi pelvis y movió la cabeza dejando que su cabello cayera en mi rostro. Se giró y sus ojos quedaron a unos centímetros de mi cara. Una separación que no existía entre nuestros cuerpos; estábamos completamente pegados. Manteniendo el ritmo, habló.

—Deberías mantener tu cuerpo algo más relajado— dijo frunciendo los labios. Miré hacia abajo arqueando las cejas, y negué con la cabeza mientras chasqueaba la lengua. Volví a mirarla.
—Eso es imposible si tú estás cerca, cariño.— La cogí de las caderas y me pegué aún más a su cintura.

Comenzamos a bailar; pelvis con pelvis, rodilla con rodilla. Pero duró poco. Me empujó y se marchó dejando que la gente rompiera el círculo gritando y aplaudiendo. Suspiré y sonreí antes de morderme el labio. Para ella, seguramente, era sencillo, pero yo tardaría unos minutos, por no decir horas, en recuperarme.

Narra ______

Salimos de la discoteca hacia las dos de la madrugada. Josepn había desaparecido desde que lo dejé en la pista de baile. Y Erika fingió encontrarse mal y se marchó en un abrir y cerrar de ojos, sin dejar siquiera que hablara. Aquella noche tendría que haber dormido en su casa, pero me dejó bien claro que volviera a la mía porque quería descansar y no le apetecía escucharme hablar de Joseph. Que yo supiera, nunca había hablado de él. Al menos, no con ella. Por suerte, Daniela me evitó tener un enfrentamiento con mis padres dejándome dormir en su casa. Dani silbó para llamar la atención de un taxi que venía por la calle. El coche se detuvo enfrente y ella me miró.
—Lo siento, pero tenemos que ir en taxi.

Nos miramos durante unos segundos mientras yo rememoraba lo que me había sucedido el sábado anterior, hasta que soltamos una carcajada. Me agarró de un brazo y nos dispusimos a cruzar la calle cuando el Bugatti de Cristianno se detuvo a unos pocos centímetros de mis piernas. A Daniela se le escapó un gritó intentando alejarme, pero me solté de sus brazos y contemplé el rostro risueño de Joseph. Torció el gesto y me envió un beso.
Sonreí y respiré hondo cuando una idea se me pasó por la cabeza. Con todo el dolor de mi alma (por el coche, claro) clavé mi tacón en el faro delantero. Este estalló en mil pedazos dejando a Joseph noqueado.
Salió del coche hecho una furia, se dirigió hacia mí, me cogió de los brazos y me estampó contra el capó. Mi espalda desnuda percibió el calor que manaba la chapa y maldije no haberme puesto el abrigo; ahora debía de estar en el suelo. Joseph se recostó sobre mi cuerpo después de empujar mis rodillas. Se acercó flexionando sus brazos lentamente, amenazante.

—Si buscabas tocarme los cojones, lo has conseguido—
masculló sin perder el maravilloso brillo de sus ojos. No estaba tan enfadado como quería aparentar.— Es la segunda vez que lo «percibo» esta noche.— No pude evitar sonreír. Pero dejé de hacerlo en cuanto sentí cómo su cuerpo presionaba con más fuerza el mío, lentamente, despacio. Joseph me desafió con la mirada. Esperaba que le empujara, pero hice todo lo contrario. Suavemente, separé las piernas.
—Podemos estar toda la noche así, si lo deseas.
—Sería demasiado para ti—
refunfuñó. Gané. Se separó, deslizando primero sus manos por mis caderas. Tiró de mi falda con delicadeza, ayudándome a que no se viera más de lo que tenía que verse. Me incorporé desafiante y recogí mi abrigo.
—¿Piensas pagarlo?— me preguntó.
—Espera sentado.— Eché un vistazo al faro antes de volver a mirarle— Te veomañana en la fiesta, ca-ri-ño— arrastré las palabras cerca de su mejilla.
—Cuento las horas— dijo con una mueca en su cara. Volvió al Bugatti y salió de la calle derrapando.
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 21st 2012, 09:22

Maraton 5/5


CAPÍTULO 9


Narra Joe

Me desplomé en la cama sabiendo que la oscuridad de mi habitación me consumiría. El silencio de la madrugada lo invadió todo y dejó vía libre a mis pensamientos. Su nombre retumbaba en mi cabeza como si alguien me lo estuviera susurrando al oído una y otra vez. Cerré los ojos, desesperado, pero entonces vi su imagen. Parecía dibujarse entre la bruma. Tan delicada y atractiva. Tan pálida y sensual. Deseé tenerla delante de mí. No dejaría que hablara, únicamente le pediría que me dejara observarla hasta que me venciera el sueño. Y cuando despertara… «¡¿Pero qué estoy pensando?! ¿Eres estúpido o qué? Es una niñata. No la soportas», me reproché.
No podía permitirme caer, no con ella. No podía… enamorarvme.
Suspiré vencido por el sueño. Me quedaba poco tiempo de conciencia. Pronto mi mente sería la dueña de todo mi ser y ahí no tendría nada que hacer. Así que medejé llevar, convencido de que ______ sería la protagonista de mis sueños.

Mi padre golpeteaba su rodilla con los dedos. El aroma de su habano había impregnado toda la limusina y mi madre hacía todo lo posible por disimular lo mucho que le molestaba. Hasta que mi padre vio cómo su esposa arrugaba la nariz. Abrió el cenicero y apagó con decisión el puro mientras ahuyentaba la pequeña humareda que se había formado alrededor de su cabeza.
—Cornelio, ¿podrías abrir la ventana?—preguntó mi padre al chófer.
—Enseguida, señor.

La ventanilla comenzó a bajar lentamente y dejó entrar unas gotas de lluvia acompañadas de una brisa helada. No llovía demasiado, pero era suficiente para estropear la entrada triunfal que Adriano había planeado. Adriano Bianchi había convocado a todos los medios de comunicación de la ciudad poniendo como excusa que se trataba de una fiesta benéfica. Asistía toda la aristocracia, así como los políticos importantes del país. Se suponía que la recaudación iría destinada a los más desfavorecidos: centros de acogida, albergues, hospitales, familias sin trabajo… Pero, en realidad, era una enorme tapadera. No se haría ninguna obra benéfica, solo era un pretexto para conseguir escaños en su campaña política y así alejarse de Umberto Petrucci, su mayor contrincante en la batalla por la alcaldía de Roma. Simple sartimañas políticas para tener el favor del pueblo. Y, si no lo lograba, siempre podía comprar los votos.

—¿Así está bien?— preguntó Cornelio.
—Perfecto, gracias— contestó mi padre, y enseguida cogió la mano de su esposa y añadió—: Disculpa, querida, no recordaba lo mucho que te incomodaba el aroma del cigarro.— Ella sonrió y se acercó para darle un beso en la mejilla. Desvié mi mirada haciala calle y mis hermanos hicieron lo mismo.
—No pasa nada, mi amor— contestó mi madre.— Después de más de veinticinco años juntos, seguían igual de enamorados. Me preguntaba si yo lograría eso. Seguramente no, pero estaba orgulloso de que mis padres aún disfrutaran de su amor.
—¿Crees que la prensa se enterará?— preguntó Logan, controlando la tensiónde sus piernas.Él era el mayor de los tres; le seguía Kevin.
—Tranquilízate, hijo. Tenemos más de cien personas velando por la seguridad de nuestra «fiesta benéfica». Deja que hagan su trabajo— le cortó mi padre, con aquel tono de voz tan sarcástico y seguro.
—Estoy tranquilo, papá. Pero no creo que se lo traguen. ¡Por favor! Si así fuera, entrarían los medios. Sé que sospecharán— remarcó. Logan tenía razón; si se descubría que Adriano Bianchi había organizado une vento que no existía, tendríamos problemas con su campaña y todo el proyecto se iría a la mierda. Porque lo que menos nos convenía era que Umberto Petrucci fuera alcalde.
—Logan, ¿es que no has aprendido nada, muchacho?— Mi padre se incorporó y yo me crucé de piernas mientras mordisqueaba mi nudillo.— ¿Crees que dejaríamos que lo descubrieran? Tengo a tres comisarías vigilando la zona y a toda nuestra seguridad controlando el hotel. Necesitamos esos votos sea como sea y tú lo sabes.— Su voz subió ligeramente de tono— Así que deja de importunar con tus estúpidos miedos de cobarde, ¿quieres?
—No soy un cobarde, papá. Es solo que… estoy algo nervioso. Son demasiados
millones los que podrían perderse. Solo quiero que salga bien.
—Pues entonces comienza por relajarte, Logan— le dijo Kevin tocando su hombro— Todo saldrá como lo planeamos el jueves en la mansión Carusso.

El coche se detuvo frente al hotel Miller. Ese enorme edificio de cinco estrellas era propiedad de mis abuelos maternos. Así que, en total, contábamos con la seguridad de los Miller más la que llevaban los más de veinte clanes familiares que allí se daban cita. Parecía suficiente.

—Hemos llegado, señor Jonas.— En la entrada se agolpaban algunos periodistas equipados con sus cámaras y unos chubasqueros de plástico para evitar que el agua calara su ropa y enseres. La seguridad personal de mi padre se colocó junto a su puerta para evitar que se agolparan allí todos los fotógrafos.
—Bien, vamos allá.— Dibujó su mejor sonrisa y golpeó suavemente el cristal tintado de aquel Maybach. Emilio, jefe de personal, se colocó la muñeca cerca de su boca y murmuró algo por el dispositivo que llevaba. Abrió la puerta y se inclinó.
—Todo controlado, Paul. Cuando usted quiera podemos entrar al hotel.
—¿Han llegado todos?— preguntó mi padre colocando un pie fuera del coche.
—Sí, solo falta Valentino Bianchi, que vendrá acompañado de ______ Carusso.— Sentí un escalofrió al escuchar su nombre. Había olvidado que ______ estaría allí y que iría acompañada de Valentino.

Se me revolvieron las tripas al imaginarlos juntos.«¿Cómo podía estar con él?», me pregunté. Valentino no era suficiente hombre para ir al lado de ______. Era un capullo que se las daba de inteligente. ¿Eso es lo que ella quería? Negué con la cabeza, intentando disipar mis pensamientos. No quería que ______ estuviera en ellos, no quería que perteneciera a ellos. Solo deseaba que desapareciera esa ardiente quemazón que me producía. No quería que una niña engreída se adueñara de mi mente pero, hasta ese momento, lo estaba logrando.
Mi padre salió del coche derrochando el carisma que le caracterizaba. Le siguieron mi madre y mis hermanos. Mientras la prensa les perseguía hacia el hotel (sin apenas dejarles caminar), yo me quedé en el vehículo, esperando para salir sin ser visto. Me coloqué bien la chaqueta de mi traje Gucci y escondí mi cabeza entre los hombros comenzando a caminar hacia los árboles que guardaban la fachada del hotel; entraría por la parte de atrás.

Narra ______

Su mano tomó la mía y se la llevó a los labios para darme un suave beso. Me molestó sentirle tan cerca, a pesar de la dulce y delicada caricia. No le había dado permiso para que se tomara esas confianzas. De hecho, tampoco tenía interés en asistir a la fiesta con él. Por culpa de su actitud cariñosa, todo el mundo tendría la impresión de que Valentino y yo éramos pareja, y eso quedaba muy lejos de la realidad. No era su novia ni quería serlo, por mucho que a mis padres les enloqueciera la idea. Valentino jamás me tendría.Valentino tomó su copa de cava y yo apreté los labios para intentar controlar mi repentina ira. Solo nos quedaban unas calles para llegar al hotel. Me pareció una travesía interminable. Me concentré en la lluvia. En ese momento caía con más fuerza y arrastraba una corriente rabiosa que agitaba todo a su paso. Tuve la sensación de que estábamos en noviembre y no en enero.

—Mi madre tiene unas ganas enormes de verte— me dijo. Yo le miré, casi arrastrando mis ojos, y forcé una sonrisa— No deja de hablar de ti a todas sus
amigas…

Annalisa solo había podido verme una vez durante toda la semana, y fue la noche del jueves, cuando los Bianchi y los Jonas asistieron a la cena que se organizó en mi casa. Al parecer, aquellas veladas se repetían con frecuencia.
—Si habla de mí es porque alguien le ha dado ese tema de conversación, ¿no crees?— dije un tanto molesta.
—Bueno, debo admitir que le he hablado de ti, y a mi madre le ha resultado fascinante.
—¿Puedo saber por qué?
—Es obvio, ¿no?— Volvió a coger mi mano después de soltar la copa. Desvié mi rostro hacia la ventana intentando controlarme— ______, creo que eres lo suficientemente lista como para saber que me siento atraído por ti. Y, al parecer, por la reacción de tu piel cuando te toco, tú también sientes lo mismo por mí.— Retiré lamano.
—Creo que es… pronto… para hablar de estas cosas, Valentino —Intenté ser respetuosa a la par que evitaba tartamudear; solía hacerlo cuando estaba demasiado enfurecida.
—¿Pronto? ¿A qué te refieres?— preguntó extrañado.
—Apenas nos conocemos— dije con rotundidad. El coche se detuvo. La luz anaranjada del hotel Miller nos iluminó de repente.
—No necesito conocerte, ______. Yo sé lo que quiero y con eso me basta. No soy buen amigo del tiempo— continuó, cínico.
—Veo que no te gusta esperar— repetí, susurrando.«Maldito gusano asqueroso», pensé. Estaba echado sobre mí, soltándome todas aquellas patrañas como si tal cosa…
Era como si me estuviera preparando para lo que me esperaba dentro.
—Sencillamente, hay gente que tiene la suerte de no encontrarse con esa palabra. Suena mal ¿no te parece? No, sin duda la espera no está diseñada para gente como nosotros, ______— concluyó. Mi puerta se abrió y el chófer me ofreció una mano mientras sostenía un paraguas con la otra. En ese momento, unas frías gotas entraron en la limusina y rebotaron contra mis medias. Suspiré y le di la mano. Fue entonces cuando me percaté de los fotógrafos que esperaban en la entrada. Había estado tan absorta en la palabrería de Valentino que ya no recordaba que asistiría la prensa. Rápidamente, se agolparon ami alrededor. Me envolvieron con flashes y preguntas sin dejar de repetir mi nombre cuando el chófer me cogió del brazo.

—Señorita Carusso, le aconsejo no hablar de la fiesta— me previno el chófer.
—Ricardo, eso no es asunto suyo, ¿no cree?— masculló Valentino, rodeado ya de dos de sus guarda espaldas.
—Lo siento—se disculpó. ¿Qué no era asunto suyo? ¿Qué quería ocultarme Valentino? ¿Qué ocurría con aquella fiesta?
—Por favor, dejen pasar.— El perfilado rostro de Valentino intentaba dar una imagen agradable a los medios.
—Señor Bianchi, ¿viene acompañado de su novia? ¿______ Carusso es supareja? ¿Desde cuándo están juntos?— comenzaron a preguntar todos a la vez casi gritando. Yo no salía de mi asombro, pero me impresionó aún más que Valentino no negara nada. Solo sonreía entre carcajada y carcajada mientras me arrastraba hasta el hotel. Quise matarle. Al entrar, suspiré intentado recuperarme de lo que acababa de suceder. No estaba acostumbrada a ese tipo de cosas, era la primera vez en mi vida que me abordaban los medios de comunicación y ahora sería portada de todos los periódicos de la ciudad porque Valentino no había sido capaz de desmentir los rumores (que él mismo había creado) sobre nosotros. Él era muy conocido. Era de una familia importante y famosa en el mundo de la política. No sería la primera vez que un Bianchi se convertía en alcalde de Roma. Le sentí detrás.
—¿Sabes que estás espléndida?— susurró rozando la curva de mi cuello con susdedos antes de quitarme el abrigo. Me retiré furiosa y giré el rostro hacia él.
—No somos novios— mascullé.
—No estaban pidiendo tu opinión —dijo, refiriéndose a los periodistas.
—Pero debiste darles la respuesta correcta.
—Puede que esa fuera la respuesta correcta, ______. No tomes decisiones tan rápido.— Me acarició el mentón. Volví a apartarme, irritada por su comportamiento. ¿Qué quería conseguir? Si se trataba de un capricho de niño rico, no tenía ninguna gracia.
—Tengo criterio, Valentino, y sé tomar mis propias decisiones.— Levanté un dedo para señalarle— Y créeme, sé cuándo son definitivas.— Quise irme, pero me cogió del brazo con fuerza. Miró de soslayo hacia atrás y se percató de que el recepcionista estaba allí intentando mantener el tipo. Apretó los dientes y fue soltando mi brazo lentamente. Quiso remediar su arrebato de furia fingiendo una actitud dulce y delicada.
—Yo decido si es definitivo o no. ¿Te queda claro?— replicó con una falsa sonrisa.
—¡No!
—No me grites— me amenazó.
—No me trates como si fuera una estúpida.— Abandoné el vestíbulo y le dejé atrás. Pero cuando entraba en el gran salón, Valentino tomó mi mano y entrelazó sus dedos con los míos. Varias personas contemplaron la escena y él sonrió. Sabía que no podía montar un numerito para que todo el mundo fuera testigo de nuestra reyerta. Me tragué mi orgullo pero intenté transmitirle toda mi furia.

Narra Joe

La observé conversar con Annalisa Costa, con Olimpia, con su madre y con Marzia mientras Valentino acariciaba su espalda; esta vez sí estaba cubierta, concretamente por un vestido de cóctel color marfil. Pero daba igual lo que se pusiera, siempre me causaba la misma impresión, el mismo fuego. No parecía cómoda. Escuchaba parlotear a Annalisa con poco entusiasmo, pero nadie pareció advertirlo. Yo sí. Comenzaba a conocerla, lo que no dejaba de ser preocupante porque significaba que la observaba demasiado. Enrico tocó mi hombro sacándome de mi ensimismamiento. Se colocó frente amí con una sonrisa en los labios un tanto incrédula. Como si me estuviera leyendo lamente.

—Es extraño verte tan solo en este tipo de fiestas. Siempre sueles estar acompañado de alguna mujer. ¿Qué ha cambiado?— Cogió un vaso de vodka de una de las bandejas y se apoyó en la barra esperando a que contestara. Me intimidaba que Enrico me contemplara de aquel modo. No me convenía que lo hiciera durante demasiado tiempo. Sabía que podía terminar descubriendo lo que agitaba mi cabeza. Él me conocía tan bien como Taylor. Suspiré y tomé un sorbo de mi ron mientras desviaba la mirada hacia ______. No pude evitar el impulso de hacerlo.— En fin, no hace falta que contestes. Tu mirada azul te ha delatado.— Se acercóa mí— Una vez más.
—Enrico, no sigas por ahí.— Hice una mueca. Miró hacia la muchacha. Yo sabía que la quería como a una hermana.
—Es una niña maravillosa.
—De niña la verdad es que tiene bien poco, créeme— dije sin poder contenerme. Soltó una carcajada y aproveché para volver a mirarla.
—¿Por qué no me dices de una vez qué te pasa con ella? Porque está claro que algo sucede. Te conozco bien, Joe. Y a ______ también la conozco muy bien.— Se puso serio— Y está claro que algo pasa entre vosotros dos.
—No lo sé, Enrico. Lo mismo me ha preguntado Taylor y lo mismo le he respondido.— Resoplé descubriendo un nuevo calor en mi cuerpo— De lo único que estoy seguro es de que no quiero tenerla cerca. Hace que me sienta…, no sé, como perdido.— Enrico frunció el ceño.
—¿Amor?— dijo. Me puse tenso y le miré con el rostro duro formando una línea con mis labios. Negué con la cabeza.
—No— dije rotundo— No menciones esa palabra. Ya sabes lo que el amor significa para mí: nada.
—Eso no quiere decir que alguna vez lo sientas.
—¿Como tú?— contra ataqué. Enseguida me arrepentí de aquel comentario. Sabía que Enrico estaba casado con Marzia pero que no la amaba.— No puedo enamorarme. No, si voy a ser el dueño del imperio Jonas.—
Me sorprendió el dolor que salió de mi voz— Los hombres como nosotros no podemos enamorarnos.
—Y tus padres, ¿dime? ¿Y tus abuelos? ¿Y tus tíos?— Empezaba a ofuscarse— Por Dios, Joe, eso son gilipolleces. Puedes ser un hombre de negocios y amar a tu esposa al mismo tiempo.— Me señaló con un dedo— Lo que a ti te pasa es que tienes miedo de descubrir que estás loco por ______. No seas niñato, esa faceta dejaste de tenerla a los trece.— Se marchó aprisa. Si no le conociera, habría creído que estaba enfadado; seguramente solo intentaba darme una lección.

Narra ______

Annalisa no dejaba de cotorrear mientras intentaba moverse en aquel vestido color canela tres tallas más pequeño. Era una mujer recia, apasionada por las joyas, y una cotilla de mucho cuidado. Conocía los movimientos de todas las personas que se encontraban en aquel hotel. Era la típica cincuentona de cabello rubio oxigenado, rellena de silicona y malgastadora compulsiva que no se daba cuenta del millón de problemas que tenía en casa, pero sí de los pequeños contratiempos que tenían los demás. Por supuesto, era íntima amiga de mi madre. Tanto, que ambas eran fundadoras del club de campo (utilizando sus famosos apellidos): Costa Di Castro, también conocido como «El club de las arpías»
¿Qué se podía esperar de personas como ellas? Tomaban té, jugaban al golf y criticaban a sus maridos sin pensar que todo se lo habían proporcionado ellos. Resultaba patético.

—Debo confesarte que eres la perfecta compañera de mi hijo— me dijoAnnalisa, sin darse cuenta de que yo me encendía.
—No somos… — quise corregirla.
—Llevas razón, mamá. Le he dicho que estaba preciosa justo antes de entrar— interrumpió Valentino.Se acercaban a nuestro grupo más amigas-arpías de mi madre. Mis tripas comenzaron a removerse. A esas alturas, mi sonrisa prácticamente solo servía como anuncio de dentífrico. Valentino se aferró aún más a mi cintura aprovechando que la gente me observaba maravillada. Solo me faltaba un letrero de luces de neón sobre mi cabeza que pregonara «la hija de Angelo Carusso ha vuelto»

Repugnante. La tortura de estar allí subió de nivel cuando mi hermana comenzó acomportarse como una adolescente. Siempre llamaba la atención de la manera más ridícula. Por suerte, todavía no estaba ebria. Aunque no le hacía mucha falta recurrir alalcohol si tenía a mi madre cerca; formaban un dúo perfecto.

—Debo decir, Marzia, que estás fabulosa esta noche.
—¿A que sí?— reiteró, haciendo aspavientos. La miré de arriba abajo. Llevaba un vestido rosa pálido de cuya falda le colgaban una especie de plumas. Era horroroso.
—Estás ideal, querida.— Mi madre seguía halagándola. «Encima de falsa, mentirosa» gritó una voz en mi fuero interno.
—Marzia está maravillosa, pero debo decir que Olimpia está realmente hermosa esta noche— añadió Valentino, tomando la mano de mi madre y llevándosela a los labios.
—¡Valentino! Tú siempre tan encantador— contestó mi madre, sonriendo como una adolescente. Me resultó vomitivo.
—Oye, dónde está… —
Iba a preguntar por mi cuñado Enrico cuando noté sus dedos deslizarse por mi brazo.
—¿Me buscabas?— preguntó guiñándome un ojo.
—¡Enrico!—Me lancé a sus brazos— Sálvame, por favor— susurré en su oído.
—Aguanta un poco más.— Me sonrió y se apartó un poco.
—Vaya, Enrico. No sabía que podías ser tan cariñoso— interrumpió Marzia con un extraño ataque de celos. Como si yo fuera a arrebatarle a su marido. Por Dios, era mi cuñado; un hermano para mí. Siempre habíamos estado muy unidos y ella lo sabía, no era nada nuevo. No comprendía por qué se extrañaba de nuestras muestras de cariño. Enrico dio un paso hacia ella guardando una mano en el bolsillo. Estaba tan guapo aquella noche que costaba dejar de mirarle. Resopló y retiró un mechón del cabello rubio de Marzia para colocarlo tras su oreja. Ella se tensó al sentirlo tan cerca. Llevaban cerca de cinco años casados y todavía no se habituaba al dulce tacto de su esposo.
—Mi carencia de cariño hacia ti se debe a tu comportamiento esquivo, Marzia. No me ignores como lo haces y tendrás lo que quieres— le susurró, aunque los que estábamos alrededor lo escuchamos perfectamente.
—¿Lo que quiero?— preguntó, incrédula.
—Sí, lo que quieres.
—La verdad es que dudo mucho que tú seas capaz de darme lo que quiero, Enrico.
—Es verdad, no soy capaz de darte lo que quieres porque aborrezco ese aroma a alcohol que siempre llevas impregnado en la ropa— masculló, tensando su cuerpo— Tal vez Marcello lo soporta mejor que yo. ______, mi vida, estaré rondando por aquí— me dijo, y dejó a los presentes sin saber qué decir. Me costó digerir que Enrico supiera que el amante de su esposa era mi primo. Y no solo eso, sino que lo soportaba. ¿Por qué hacía una cosa así? Yo hubiese escapado hace tiempo. Después de más de una hora recibiendo halagos de todas aquellas mujeres (y de alguno de sus maridos) con la sombra de Valentino pisando mis talones, me topé con Silvano y su hermano Fabio. Eran lo más parecido a Enrico que había en aquella sala.Me confortó hablar con ellos.

—______, tan maravillosa como siempre. No sabes el placer que me da verte por aquí. La otra noche no pude decirte que espero que sea durante mucho tiempo—
Dijo Silvano, tras besarme en la mejilla. Su sola presencia imponía tanto que hasta Valentino dejó de hablar. Ni siquiera intervino, y yo agradecí prescindir de su voz durante un rato.
—Debo decir que he vuelto para quedarme, Silvano. No volveré al internado. Además, falta menos de un año para que cumpla la mayoría de edad y ya podré decidir— dije con convencimiento. Esperaba una reacción de Valentino, pero se limitóa mirarme con cierto desafío en los ojos, sin atreverse a contradecirme. En ese momento, Fabio miró a Valentino de una forma exigente. Él le apartó la mirada con rapidez. No comprendí bien aquel gesto, pero percibí cierta tensión entre ambos.
—Enseguida vuelvo— dijo Valentino en cuanto vio a mi padre. Sonreí volviendo la mirada a los Jonas.
—¡Por fin! Creí que nunca se marcharía. Es increíble lo insistente que es.— Ambos sonrieron, pero percibí que Fabio no parecía a gusto con mi presencia. Me observaba atentamente y aquella mirada no me ayudaba demasiado. Era increíblemente parecida a la de Joseph. Se notaba que eran familia.
—No deberías fiarte de él— dijo Fabio en un tono autoritario, pero cariñoso— No es bueno para ti.
—Lo sé, pero mi madre está loca por él y ya sabéis lo que eso significa.— Fabio masculló algo antes de soltar la copa sobre la bandeja que portaba un camarero.
—Olimpia no sabe lo que hace.— Estiró las mangas de su chaqueta y se acercó amí para coger mi mano— Ha sido un placer hablar contigo, ______. Se marchó caminando con paso ligero y dejándome completamente aturdida. ¿Por qué se había comportado así? ¿Acaso yo tenía la culpa?
—Lo lamento si he dicho algo…
—No, no. Tranquila. Es solo que está algo nervioso y cansado— dijo Silvano casi dándome un abrazo. Fingí tranquilizarme, pero interiormente hervía de inquietud.

Valentino me arrastró a la pista de baile. Bailamos un vals demasiado pegados para lo que exigía aquel estilo. Aún no había visto a Joseph y tenía que confesar que me fastidiaba que así fuera. No sabía por qué, pero necesitaba verle. Echaba de menos su mirada intimidatoria sobre mí. Era preocupante, sí. Comenzaba a tener síntomas de masoquista. La canción terminó y todo el mundo comenzó a aplaudir. Cuando quise hacerlo mismo Valentino me soltó un beso en los labios, arrastrándome contra su cuerpo y apretándome por la cintura. Me deshice de él de un empujón y le miré furiosa.

—No vuelvas a hacer eso. La próxima vez te arrancaré los labios— mascullé antes de desaparecer. Necesitaba estar sola y no se me ocurrió mejor lugar que el cuarto de baño. Oeso creía.

Me disponía a abrir la puerta cuando escuché unas voces conocidas: las de mi abuela y mi madre. Hablaban fervientemente.

—¿Podrías bajar la voz?— clamó mi abuela entre susurros— Me alteras losnervios cuando te comportas de ese modo. Obligándola no conseguirás nada— gruñó.
—Pues si hace falta, lo haré, pero quiero que su relación se formalicé lo antes posible. No he estado esperando tanto tiempo para que los caprichos de una niña me impidan lograr mi objetivo. ______ acatará mis deseos.— ¿Cómo? Fruncí el ceño al reconocer que yo era la protagonista de aquella conversación.
—Deberías ser más paciente. Tú eres la que tiene el as en la manga. No lo desperdicies ahora por tu codicia y sed de venganza, Olimpia. Todo llegará, pero a sudebido momento.
—El momento llegó en cuanto volvió a pisar Roma.
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 21st 2012, 09:23

AHI ESTA
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 21st 2012, 12:01

ME ENCANTO
Olimpia es una verdadera arpia
la odio
siguela por que esta nove es adisctiva
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 22nd 2012, 09:00

CAPÍTULO 10

Salí de aquel pasillo completamente aturdida. No sabía qué pensar después de escuchar aquella conversación. Conocía a mi madre, sabía cómo era. Olimpia di Castro, la esposa del famoso juez Angelo Carusso. La mujer fría, despiadada e insensible que no asistió al funeral de su padre porque no pudo ponerse sus zapatos de Versace negros: tenía los pies hinchados después del velatorio. Pero jamás hubiera imaginado que la oiría hablar de una forma tan perversa sobre mí. Sentí unas ganas arrebatadoras de llorar, me faltaba la respiración, tenía quesalir de allí.

Narra Joe

La seguí sabiendo que ella no era consciente de mi presencia. Caminaba entre la gente intentando ocultar su rostro. ¿Acaso estaba llorando? No lo sabía, pero estaba dispuesto a averiguarlo. Subió un pequeño escalón y entró en un cenador rodeado de forja y exóticas plantas trepadoras. Algunas gotas de agua se colaban por el tejado de parras y madera, aumentando la belleza de aquel rincón. El viento agitó su largo cabello dejándome ver la curva de su espalda; se perfilaba perfecta sobre unas caderas insinuantes. Derepente, inclinó la cabeza hacia atrás y soltó un suspiro ahogado. Algunas gotas cayeron sobre su pálido rostro y se deslizaron por su esbelto cuello. La imagen estabatan cargada de poesía que deseé abrazarla y aliviar la sensación de angustia que expresaban sus ojos. Cierto, estaba llorando. Humedecí mis labios tras retener mis pensamientos delirantes y entré en el cenador sintiendo cómo el viento también me envolvía.

—¿Estás bien?— pregunté. Era la primera vez que me preocupaba por alguien que no fuera de mi familia o de mi entorno más inmediato. Se sobresaltó al escucharme y enseguida eliminó las lágrimas de su rostro.
—Como si a ti te importara—
susurró.
—Vaya, para una vez que intento ser amable… — Me acerqué hasta ella.
—Lo siento, es que no tengo un buen día— dijo cabizbaja.
—Ayer tampoco lo tuviste, ¿no?— Sonreí recordando cómo se había cargado elfaro de mi Bugatti. Me miró entre enfadada y desilusionada.
—¿Esa es tu forma de ser amable?— Respiró profundamente y se colocó frentea mí— Basta, Joseph. Déjame tranquila de una vez. Ya me he cansado de este juego inútil y sin fundamento. Y sé que a ti también te aburre. Así que terminemos con esto de una vez. Evitemos hablarnos— remató con un tono seco y bajo, pero cargado de decisión. ______ había zanjado lo que yo había intentado cerrar desde que la vi en el San Angelo por primera vez. Sin embargo, no me gustó que aquella charla tuviera ese aroma a final.

Narra ______

No sentía lo que acaba de decirle; había hablado mi frustración. Pero había dos razones por las que me había comportado de aquel modo. La primera era que estaba harta de estar allí; y la segunda, no tenía fuerzas para pelear con él después de lo que acababa de escuchar. Me dispuse a salir de allí reteniendo las ganas de girarme e ir en su busca. Necesitaba que me abrazara. Lo vi desde el cristal; cabizbajo y pensativo. Por un instante, no parecía el Joseph chulo y engreído. Más bien se veía perdido y afligido. De repente, un sonido seco y atronador llegó desde la sala principal. Me quedé paralizada mientras al primer silencio le seguían algunos gritos. Parecía un disparo.

Narra Joe

Me abalancé a por ______, la cogí del brazo y la coloqué detrás de mí. El temblor de su cuerpo me hizo ver lo asustada que estaba. En ese instante, nos llegó una voz desgarradora. Un hombre gritaba el nombre de mi padre y el de Angelo. Se encontraba en el centro del salón apuntando con una pistola. Por su forma de hablar, parecía borracho. No alcancé a verle porque los invitados tapaban su imagen, pero sí pude apreciar cómo los guardias se preparaban para capturarle. Volvió a disparar cerca de mi padre. Apreté la mandíbula y me adelanté echando mano a mi espalda. Sujeté el mango de mi pistola con fuerza. Me daba igual lo lejos que pudiera estar de aquel hombre, mi puntería era perfecta. No vacilaría. Pero enese instante, ______ entrelazó sus dedos con los míos mientras se apretaba contra mi hombro. Percibí su respiración agitada. No le iba a ocurrir nada si estaba conmigo. Acerqué mis labios a su oído.

—Estoy aquí— le susurré. ______ cerró los ojos al sentir mi voz cerca de su cuello.

No sé qué hubiese ocurrido en otras circunstancias. Casi con toda probabilidad la habría besado aprovechando que mi ego me había abandonado unos segundos. Los guardias capturaron al hombre y se lo llevaron. Tras ellos fueron mi padre, Angelo, mis tíos Fabio y Alessio, Enrico y Valentino. Di un paso al frente. Tenía que irme y no podía decirle a dónde. Su mano se resistió, pero terminó por liberarme. La miré una última vez antes de mezclarme con la gente que cuchicheaba asustada y desconcertada.

Cerré la puerta bajo la mirada de mi padre, que sonrió en cuanto me vio entrar.

—Vaya Joe, creía que me habías abandonado— dijo con ironía mientras se encendía uno de sus cigarros. Allí no había nadie a quien le molestara el humo del habano.
—Sabes que eso no ocurrirá, papá— le dije mientras observaba cómo ataban al hombre a una silla. Lo reconocí enseguida. Era Luigi Scarone
—¿Dónde están Logan y Kevin?
—He preferido que no asistan. Ellos y Adriano se encargarán de tranquilizar alos invitados. Me apoyé en la puerta presionando el pomo. Fabio se colocó a mi lado en cuanto vio que Valentino me observaba asqueado. Luigi comenzó a patalear mientras Angelo tomaba asiento; el juez prefería observar a formar parte de la acción. En cambio, Enrico… Se apoyó en los hombros del detenido. Dos de los escoltas desenfundaron sus armas cortas.
—Irrumpes en la fiesta con un arma y estás a punto de herir a alguien… ¿A qué se debe ese arrebato, Scarone? ¿Es que no hemos sido buenos contigo?— preguntó Enrico, rodeándole. Fabio me alargó un cigarrillo después de encender el suyo. Lo prendí a la vez que Alessio le retiraba de un tirón la cinta que Luigi tenía pegada a la boca. Este gimió al sentir el calor en sus mejillas.
—Mi mujer no tiene nada que ver con esto y vuestros hombres la atacaron— masculló.
—¿Cómo? ¿Atacaron a Carla?— Ya me extrañaba que mi padre no hubiese empleado su sarcasmo. Señaló a los guardias con su puro
—Dios, sois muy perversos.— Todos comenzaron a reír.— Como volváis a tocarla, os juro… — amenazó.— Tenemos un acuerdo, Luigi— dijo mi padre caminando decidido hacia él— El 60% de tus ganancias son nuestras y a cambio hacemos la vista gorda, ¿recuerdas?— Cogió una de sus mejillas y se la apretó ligeramente— Sin embargo, me has cruzado la cara. He sido bueno contigo y a ti no se te ocurre otra cosa que irrumpir en mi fiesta amenazándome. Eres mala persona Luigi, y tu mujer es una mentirosa de mucho cuidado.
—No la metas en esto.
—Tendrías que haberlo pensado antes. De hecho, ella tuvo la idea, ¿no es así?— Hice el comentario sin moverme del sitio. Luigi miró el suelo sabiendo lo que le esperaba. Mi padre me lanzó una mirada llena de orgullo. Fabio me dio un palmetazo en el hombro a modo de felicitación.
—Me has desafiado ahí fuera. Y lo peor de todo es que has olvidado que yo soy Roma— continuó mi padre. Hizo un gesto a Emilio, su jefe de seguridad. Este echó mano a su bolsillo y sacó el silenciador de su arma. Alessio volvió atapar la boca de Luigi con la misma cinta mientras este pataleaba.— Que tus hombres se encarguen de él en cuanto termine Emilio— ordenó mipadre a Valentino. Él frunció los labios para responderle. Emilio se colocó frente a Luigi y, sin dudar, disparó. Valentino marcó un número en su móvil y avisó a sus guardias para que vinieran. Mi padre me echó la mano por los hombros antes de que yo abriera la puerta para salir.
—Caminaré entre vosotros marcado por la vergüenza— dijo irónicamente, refiriéndose a cómo Luigi Scarone había burlado la seguridad del hotel.
—No deberías ser tan teatral, papá—
bromeé en cuanto él se separó y se adelantó. De repente, Valentino me empujó haciendo que topara con la barandilla de las escaleras. Monté en cólera en cuanto vi su sonrisa.
—No deberías haber venido. No has hecho nada ahí dentro— dijo, despectivo. Sin dudarlo, me lancé a por él, lo cogí del cuello y lo estampé contra la pared mientras echaba mano a mi pistola. Coloqué el cañón contra su cabeza.— No lo harás—
sonrió, mientras los demás intentaban separarnos— nisiquiera está cargada. Hice retroceder el martillo del arma presionando con fuerza sobre su cabeza. No dejó de sonreír.
—Ahora, sí.
—¡Basta chicos!— clamó mi tío Alessio, terminando de separarnos. Valentino continuó observándome mientras se alejaba. Algún día acabaría con él.
—Deberías andarte con ojo. Sabes que hay negocios por medio que…— Dijo Enrico con un tono que no llegó a ser recriminatorio.
—Lo sé, Enrico— dije. Fabio me cogió del brazo y me retuvo hasta que los demás se alejaron por el pasillo.
—Quiero verte en mi despacho esta madrugada. Tenemos que hablar de algo que te interesa.— Se marchó con paso ligero. Su voz sonó extrañamente pícara y no pude evitar sonreír. Si mi tío Fabio queríahablar conmigo, seguro que merecía la pena.

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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 22nd 2012, 11:15

por fiiii
siguelaa o me voy a morir de un super infarto ahora mismo
por fi por fi por fi Razz
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 22nd 2012, 11:15

mira hasta te pase de Pag Smile
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 22nd 2012, 12:36

me encanta! síguela
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 23rd 2012, 14:12


CAPÍTULO 11

Narra Joseph

—La madrugada es la mejor aliada de un secreto— dije con tono misterioso cuando entré en el despacho de mi tío Fabio. Eran más de las tres. Encontré a Enrico sentado frente a Fabio. Me miró con cara divertida e insinuante. Estaba claro que ocultaban algo. Fabio solo confiaba sus secretos a Enrico.
—¿Qué te lleva a pensar que se trata de eso?— dijo Enrico imitando mi voz.
—Si no es un secreto, entonces es que te han echado de casa.— Cerré la puerta y caminé hacia ellos, vacilante.
—Siempre tan irónico.— Enrico tomó un sorbo de su bebida. ______ se cruzó en mis pensamientos. No había vuelto a verla desde lo sucedido con Luigi y mi mente me pedía que fuese en su busca. Pero ahora no podía mezclar las cosas. Debía concentrarme.
—Bien, ¿por qué no te sientas, Joe? Tenemos que hablar de cosas serias— dijo Fabio, sirviéndome lo mismo que tomaban ellos. No sabía si la conversación que mantenían antes de que yo llegara era la misma en la que estaba a punto de participar— Estaba comentando a Enrico cómo podemos introducir en Europa una falsificación de La belle ferronière valorada en 130 millones de euros— soltó con descaro, sabiendo que no me escandalizaría. Su media sonrisa era alarmantemente retadora. Al más puro estilo Jonas. Apoyé mi tobillo en la rodilla y mordí mi nudillo antes de responder.
—El cuadro no importa. Lo que interesa es el contenido y el contenido no se detecta. ¿No es así?— dije. Fabio dio varias palmadas, orgulloso de mi suspicacia. Me habían hecho una prueba y la había pasado con sobresaliente. Enrico sonrió y vertió más vodka en su vaso.
—A menos que pase un examen radiactivo muy exhaustivo— añadió Enrico, arqueando las cejas.
—Algo que no va a ocurrir— susurré, antes de pasar mi lengua por el filo del vaso.
—Eres muy listo— dijo mí tío, presuntuoso. Para Fabio y para mi padre, yo era el perfecto mafioso. Un estratega por excelencia. Aunque esas cualidades venían de familia. Por mis venas corría tanto la sangre de los Jonas como la de los Miller, sin duda los reyes de la quimera. Con una mirada podían someter a cualquiera, por muy terco que fuera. Y ese poder yo sabía explotarlo en toda su plenitud. Estrategia y dominio. Maestría y persuasión. La perfecta mezcla para el perfecto mafioso.

—He tenido buenos maestros.— Dejé el vaso sobre la mesa y rescaté la última gota de vodka de mis labio— ¿De dónde procede?— pregunté, sin poder evitar imaginar los labios de ______ rozando mi cuello. Pestañeé.
—Hong Kong— contestó Enrico, que me observaba extrañado. Seguro que sabía en quién estaba pensando.
—¿Cuándo?— volví a preguntar.
—La semana que viene debo ir allí. Traeré el cuadro yo mismo. Debo comprobarlo— dijo mi tío.
—¿Por qué no este mismo lunes? No hay por qué que esperar— propuse.
—Eso mismo pensaba yo.— Enrico me apoyó— No me gusta que Wang Xiang tenga el cuadro tanto tiempo ahora que está terminado, y más sabiendo lo que contiene.
—No creo que Wang esté interesado en perder tantos millones. Si yo pierdo, él pierde conmigo. En esta operación él pertenece a nuestro bando. De ello dependen sus intereses.— Como siempre, a mi tío se le escapaba una mueca cuando mencionaba la palabra «intereses»
—Aun así, creo que no deberíamos dejar pasar muchos días— insistió Enrico.
—¿Por qué tanta prisa?— preguntó mi tío.
—No se trata de la rapidez, sino de los problemas que puede provocar la espera— dije, pensando lo bien que me iría irme de Roma cuanto antes
—Fabio, no tenemos por qué esperar. Cuanto antes terminemos con esto antes tendremos los resultados. Un simple día puede hacer cambiar el transcurso de la operación. Después de todo, hay demasiadas cosas en juego.— Enrico se apoyó en la mesa.
Mientras hablaba caí en la cuenta. Si mi padre no sabía de aquella reunión clandestina entre mi tío y Enrico, menos debían saber los Carusso, ¿y Adriano Bianchi? Por supuesto que no.
—Una de las cosas que hay en juego es que no se enteren los Carusso. Los Bianchi no son un problema, son solo tres—dije. Me observaron atentos; en sus ojos vi que esperaban que yo hiciera ese comentario. Sabían que era demasiado calculador para que se me escapara algo así— No están en esto, ¿verdad?— Me incliné haciadelante derramando la misma persuasión que utilizaba mi padre. Incluso podía intimidar.
—Demasiado beneficio bajo el mínimo esfuerzo. Es un porcentaje alto el que obtienen los Carusso y los Bianchi, y llevo demasiado tiempo consintiendo algo así. Es hora de demostrar la fuerza de la sangre Jonas, la que verdaderamente domina Roma.— Fabio imitó mi gesto— Ya es hora de que se vea quién manda aquí. Yo soy el jefe de esta operación. No trabajo para nadie— sentenció con seriedad. Durante más de veinte años, Fabio había tenido que soportar cómo Angelo y Carlo Carusso se llenaba los bolsillos gracias a su trabajo. Mucho de lo que tenían los Carusso se lo debían a mi familia. Y luego estaban los Bianchi; Adriano sería alcalde gracias a las gestiones maestras del gran Silvano y de mi tío materno, Branko Miller, su segundo en el partido político.
—Por eso vosotros sois los únicos que sabéis esto— dijo mi tío Fabio. Enrico no era exactamente un Jonas, sino un Materazzi; un clan hermanado con nosotros desde hacía muchísimas décadas. Los Balducci, una familia milanesa, acabaron con todos ellos cuando Enrico contaba nada más con dos años. Mi padre prácticamente lo adoptó y desde entonces él se consideraba un Jonas puro. Todos lo aceptábamos como tal.
—Y nadie más debe saberlo. No quiero que mis hermanos se involucren— continuó. Fruncí el ceño al ver que Fabio retiraba su mirada azul plateada de nosotros. Percibí su tensión y también que aquella frase contenía algo más que el significado que tenía a simple vista. Quise eliminar la tirantez. Si mi tío no hablaba ahora, seguramente era porque nos estaba protegiendo. Él debía elegir el momento; él sabía qué era mejor para todos.
—Bien, iré contigo, tío Fabio.
—Me alegro de oírlo. El imperio Jonas espera ansioso tu reinado.— Le salíael carácter teatral.
—Hablas como mi padre.— Sonreí.
—Es mi hermano mayor. He tomado buenas lecciones de él— dijo a la vez que cogía su agenda electrónica (de diseño exclusivo) y marcaba un número de teléfono.
Me miró de nuevo y añadió—: Está bien, saldremos la madrugada del martes. Así que será mejor que aproveches el día para dormir lo máximo posible. El jetlag es insoportable por las siete horas de diferencia. Iremos en el jet privado.
—¿A qué hora llegaremos a Hong Kong?— pregunté.
—Sobre las diez de la noche, aproximadamente. Las tres de la tarde en Roma.


CAPÍTULO 12

Nunca me había gustado ir a clase
—aunque era un buen estudiante—, pero aquel día se me hizo más difícil que nunca. El suave rostro de ______ se estaba convirtiendo en mi tortura y sus miraditas furtivas a través de su flequillo, en una condena. Me observaba con disimulo esperando a que le hablara, a que dijera algo que le pudiera dar la opción de preguntarme por lo sucedido el sábado en la fiesta de Adriano. Después de dejarla en el salón y desaparecer, no había vuelto a verla. Y, al parecer, nadie le había explicado nada. Decidí esquivarla. En clase me mantuve distante, ni siquiera la miraba, almenos no cuando ella podía cazarme. Lo peor de todo es que esa distancia se reduciría a nada en cuanto llegara la hora del puñetero recreo. Teníamos que cumplir un castigo, así que durante media hora estaría sentado al lado de ______.

Narra ______

Joseph volvió a desaparecer nada más sonar el timbre. Salió disparado y bajó las escaleras más aprisa que nunca; ni siquiera esperó a su primo.
Taylor me miró, tímido, como había estado haciendo toda la mañana…
exactamente igual que Joseph. Daba la sensación de que pretendían esquivarme. Apenas me habían dirigido la palabra y no me aguantaban la mirada más de un segundo. Era extraño, puesto que ellos siempre estaban participativos en todo, y Joseph nunca había desperdiciado una oportunidad para hacerme la puñeta desde que llegué al San Angelo.
Aunque más extraño fue lo que había sucedido en la fiesta de Adriano. El disparo, la conversación entre mi madre y mi abuela… el beso de Valentino. «Ojalá no lo haya visto», pensé sin saber por qué me importaba, pero lo cierto esque no podía soportar la idea de que Joe me hubiera visto recibir un beso de Valentino. Abrí la puerta de la biblioteca y lo encontré sentado a la mesa. Estaba escribiendo en su cuaderno. ¡Dios!, era tan increíblemente guapo que no podía evitar mirarle embobada. No hubiese sido extraño que se me cayera la baba. Era tan perfecto a mis ojos que casi dolía mirarle. Entré en la sala y la puerta chirrió al cerrarla. Joseph ni siquiera levantó la vista del cuaderno. Continuaba actuando como si no existiera. ¿Acaso le había hecho algo? Avancé hasta él y solté los libros sobre la mesa. Si hubiese estado la bibliotecaria me habría lanzado una mirada asesina, pero estábamos solos. Era el momento perfecto para que me explicara por qué se comportaba de aquella manera. No encontraba motivos para que estuviera así; es más, el sábado parecía estar bien. Me protegió hasta con cariño durante el altercado en el salón. Respiré profundamente y tomé asiento mirándole de forma acusatoria. Pero no cambió nada, continuó sin mirar, aunque él sabía que le observaba.

Narra Joe

El aroma de su perfume me envolvió. Apreté la mandíbula con furia mientras me volvía a recriminar que me gustara tanto. Carraspeó y abrió su libro por la mitad, sin mostrar interés alguno por lo que leía. Yo era el centro de su atención en aquel momento y sabía que no iba a tardar en hablarme.

—¡Vaya! Es un regalo de los dioses que Joseph Jonas esté tan callado esta mañana— dijo con sarcasmo. Genial. Percibí en su voz que deseaba importunarme. No la miré, no entraría ensu juego.— ¿No piensas hablar? ¿Ni siquiera un poco?—continuó.

No pareció gustarle que la ignorara de aquella forma; me comporté como si fuera un fantasma al que no podía ver. Alargó sus manos con parsimonia y retiró mi libreta dejándola a un lado. Lo consiguió. Levanté la vista lentamente mientras ella se recostaba en la silla y se llevaba el lápiz a la boca con la sensualidad que la caracterizaba. Cruzó las piernas con lentitud mostrándome parte de sus muslos. Volví a apretar la mandíbula, esta vez por motivos algo más vehementes.— No creí que fuera tan difícil mirar a las personas cuando te hablan—sonrió — Joseph, vienes de una buena familia. Muestra más educación, querido.

Puso su vocecita más engreída. Era tan estúpida y egocéntrica que… que me volvía loco.

—¿Qué ocurre? ¿No has logrado pillar nada este fin de semana?— me picó intentando humillarme— ¿La abstinencia te convierte en mudo?— Me levanté de la silla y se sobresaltó. Me incliné hacia ella y la contemplé fijamente. Ella pareció empequeñecerse.
—¿Qué pretendes, ______? ¿Calentarme la bragueta? ¿Quieres jugar? Porque me da la impresión de que es lo único que quieres.— No comprendía por qué había dicho aquello, pero en ese mismo instante recordé el beso que le dio Valentino. Lo había visto desde la barra y ahora parecía estar viéndolo de nuevo. ¿Acaso estaba celoso? Caminé hasta las estanterías del final de la sala. Podía haberme marchado, pero no lo hice, y todavía no sé porque. Tal vez esperaba que ella me siguiera. Y, si así era, ¿qué esperaba que me dijera? Joder, ¿qué me ocurría con ______?

Narra ______

Le seguí furiosa. Reconozco que no fui elegante al hablarle de aquel modo y que si lo que deseaba era conversar con él me había equivocado de método, pero eso no le daba derecho a insultarme.

—¿Qué has intentado decirme?—
pregunté tirando de su brazo para que me mirara.
—Lo has comprendido perfectamente.
—Repítelo si tienes pelotas.— Le eché cara, pero en realidad no esperaba que contestara reiterándolo. No se retractó.
—¿Acaso no eres nada de lo que insinúo?— Me miró de arriba abajo— Hasta ahora es lo que has demostrado.— Fruncí el ceño y sonreí. Daba la impresión de que estaba… ¿celoso?
—Estás frustrado porque no voy detrás de ti como tus fulanitas. ¿No es eso?— Era mi turno de mostrar desprecio— Lástima, esta vez te toca perder.
—Te equivocas. Mis fulanas, como tú dices, me dejan bien satisfecho. Dudo que tú sepas calentar mi cama.
—Eres tan…— Soltó una breve carcajada y volvió a mirarme.
—No te ofusques, puedo hacer una excepción.— Se acercó a mí con una mirada que no le había visto antes. Deseaba herirme, pero le costaba— Si Valentino no te deja satisfecha— Me quedé estupefacta. ¿Hablaba él o eran… sus celos?—, podemos buscarte un hueco. Tú por eso no sufras, pero, claro, tienes que decirme si llegas hasta el final. Dime, ______ … ¿llegas hasta el final?

Mi mano impactó en su cara de porcelana. Deseaba verle sangrar. Era la segunda vez que le pegaba y la segunda que no me había quedado satisfecha haciéndolo; todo lo contrario. Quería hacerle daño, pero mi fuerza no era la suficiente para una persona que parecía estar acostumbrada a dar y recibir.
Joseph giró la cara con fuerza, y enseguida me miró con más ira que nunca. Entonces, se lanzó sobre mí. Jamás pensé que le vería tan cabreado conmigo, pero asíera. Cogió mis muñecas y me empujó sin pensar en la fuerza que estaba utilizando. Mi espalda crujió al impactar contra la pared y sentí un dolor punzante en el costado. Colocó mis brazos por encima de mi cabeza sin dejar de apretar la piel. Pensé en darle una patada, pero estaba tan cerca que ni siquiera podía moverme.
—No sabes cuánto te odio— masculló rozando mis labios con los suyos.
—Es recíproco— susurré con esfuerzo— Ahora suéltame.
—Nadie me da órdenes, ______. Hago lo que quiero, cuando quiero y… con quien quiero.— Lo último terminó susurrándolo en mi cuello. Deslizó sus manos por mis brazos rodeando mi pecho hasta la cintura. Me envolvió con demasiada fuerza.
—¿Qué estás haciendo?— dije, temerosa.

Me ignoró y continuó acariciándome con agresividad. ¿Qué esperaba lograr con aquello? ¿Que cayera rendida a sus pies? ¿Qué le estaba pasando? Yo había empezado a creer que el verdadero Joseph no era de aquel modo.

—Joseph, por favor, déjame.— Intenté empujarle, pero sus brazos me tenían bien sujeta.
—No. No lo haré— dijo algo sofocado. Acarició mi cuello con sus labios. Notaba cómo el corazón le latía desbocado y respiraba entrecortado. Sus manos bajaron hasta mis caderas envolviendo los muslos. Empezó a subirlas de nuevo, pero logré esquivarlas removiéndome.
—Joseph, ¡no, no, por favor!— comencé a sollozar— Estate quieto.
—¿Por qué debo hacerlo?— preguntó, volviendo a rozar sus labios con los míos— ¿Acaso no fue esto lo que te hizo Valentino?— Era eso. Su voz tembló de ira al pronunciar el nombre de Valentino y sus manos apretaron mi piel con más fuerza haciéndome daño. Eran celos, de eso estaba segura, pero no comprendía por qué estaba actuando así. ¿No se daba cuenta de que yo quería sentirle, pero no de aquella forma?
—¡Aléjate de mí, no quiero que me toques!— grité antes de conseguir apartarle.

Narra Joe

Ahí estaba la confirmación que lo más profundo de mi pecho no deseaba oír. No quería que la tocara. No quería que la besara, que le hiciera el amor. No quería que me acercara a ella. No era como las demás… Me sentí el hombre más sucio del mundo.

______ me empujó y se echó las manos a la cara. Estaba llorando y su pecho subía y bajaba una y otra vez respirando descontrolado. La había herido y me sentía fatal por ello. ¿Qué clase de monstruo podía hacerle aquello a una mujer? Yo. Quise acercarme, pero me apartó de nuevo.

—¡No me toques!— Me observó enfurecida. En sus ojos también vi decepción. Comencé a caminar yme alejé antes de que se tirara al suelo y comenzara a llorar sin control. No podía soportar ser el causante de su dolor.

Nunca había dejado que un sentimiento me sometiera y sin embargo lo que ______ me hacía sentir me dominaba. Ninguna chica había reaccionado así a mis caricias. Todas deseaban más y había pensado que así sería con ______. Me equivoqué. Paradójicamente, me sentía orgulloso de que ella hubiera reaccionado de esemodo. Deseaba profundamente que me empujara, que me gritara. Deseaba profundamente que fuera la única.
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 23rd 2012, 17:18

me encanta! síguela
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 24th 2012, 06:43

me has dejado asi : affraid
quiero que la sigas yo o me muero de un infarto
y entonces no podre comentarte
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 24th 2012, 08:48

Hoooolaaa sigan mi novela
NECESITO AMAR (nick y tu) en la seccion DE TODO UN POCO

Les aseguro que les sacara sonrisas y tambien lagrimas Very Happy
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 25th 2012, 07:16

me encanta! síguela
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 25th 2012, 10:46

CAPÍTULO 13

Narra Joe

Estar en Hong Kong un par de días me vendría genial. Podría poner orden en mis pensamientos y de ese modo saber qué hacer cuando volviera a Roma. Aunque, en realidad, no sabía si quería regresar. Ya no estaba seguro de nada. Fabio y yo cogimos el jet privado en el aeródromo sobre las dos de la madrugada. Era mejor viajar de noche, de ese modo no llamaríamos la atención de nadie. Mis padres creían que me iba con mi tío a Londres a un evento científico. Y
Taylor… Taylor no creyó ni una palabra, pero, en cuanto le conté lo ocurrido con ______ , supo que lo mejor era que me marchara para que pudiera despejarme. Joseph Jonas no hacía todos los días el gilipollas de aquella forma. Estaba solo, en el piso de abajo. Aquel salón amplio y lujoso me parecía un pequeño zulo mugriento. Llevaba dos horas de avión y varias copas de vodka. Fabio dormía en el piso de arriba, refugiado en sus sábanas de seda blanca, tal vez soñando con el acuerdo de algún negocio. Él era capaz de manipular su sueños, yo no. Estaba desconcertado y mi cabeza daba tumbos queriendo conciliar el sueño. Así que me concentré en la ventanilla y contemplé el cielo sin poder retener mis puñeteros pensamientos.

Navegué hasta ella. Acaricié las estrellas. Si ______ hubiera estado allí la habría sentado entre mis piernas y le habría susurrado el nombre de cada una de ellas. La habría abrazado hasta que se durmiera en mi pecho y habría escuchado su respiración, la mejor melodía posible. Después, me sumiría en un letargo sabiendo que ella estaba allí… conmigo, y que no haría falta soñar. Mis sentimientos jamás habían llegado tan lejos. Nunca les había dado la oportunidad. Llevaba varios años viviendo aventuras desenfrenadas, y me contentaba con ello. Estaba orgulloso de la forma de vivir el amor que había elegido porque, precisamente, no era amor. Eso era lo que me gustaba. No tenía presiones, no tenía que dar explicaciones, no quería esas obligaciones y eso había logrado. Pero en esos momentos no estaba tan seguro. Si pensaba en algo nada más despertar, era en ella.

—¿No logra dormir?— me dijo bajito Giselle, la azafata
—Supongo que el jetlag comienza a pasarme factura— musité, mirando susonrisa.
—¿Quiere que le traiga algo?— La contemplé de arriba abajo.

Era hermosa, de melena ondulada y rubia, y unos ojos caramelo, dulces y tranquilos. Su cuerpo era esbelto y se movía, coqueta, con estilo. Señalé el sillón que tenía enfrente; apenas a un metro del mío. Giselle asintió y tomó asiento cruzando las piernas. Hacía poco que había visto aquel movimiento, pero en una persona mucho más cautivadora. Humedecí mis labios y contemplé sus piernas. El jet estaba sumido en un profundo silencio que se aliaba a la oscuridad; solo la luz verdosa de la cabina alumbraba el ambiente. Tenía la suficiente intimidad para iniciar los preliminares. Me incliné hacia delante y comencé acariciando su rodilla. Ella cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás. Ascendí, pero Giselle retiró mi mano y se acercó a mí. Me besó, suave, erótica y lentamente. Me gustó, pero mi cuerpo no lo estaba aceptando
como debería. Mi maldito pensamiento estaba en Roma… con ella. Deseaba que Giselle fuera ______. De repente, un calor asfixiante me invadió y me llenó de rabia. No quería que ______ formara parte de aquel momento y, sin embargo, deseaba que fuera ella la queme besara. La furia me llevó a coger a Giselle de los brazos y a empujarla hacia mí. Tomó asiento sobre mis piernas presionando su cuerpo contra el mío. Arranqué los botones de su chaqueta y después los de su camisa. Giselle no ponía resistencia a mis movimientos bruscos como lo había hecho ______. Ella me iba a dejar hacer lo que quisiera. Era un buen momento para desquitarme y Giselle sería perfecta para ello.Suspiró cuando la cogí en brazos y la llevé a la habitación.

...

Las escaleras terminaron de acercarse y Giselle abrió la puerta del avión. Retoqué mi corbata y me pasé la mano por el pelo. Estaba perfecto, mucho más que en otras ocasiones. Era un traje sobrio y muy oscuro, pero favorecía mi piel pálida. Me acerqué hasta la puerta y miré a la azafata. Ella contempló mi atuendo y se detuvo bajo la hebilla de mi cinturón. Fue una mirada rápida, pero suficiente para hacerme saber que le gustaría tenerme de nuevo.

—Bien, disfrutemos de la cena y mañana hablaremos de negocios. ¿Qué teparece, Joe?—
me dijo Fabio, antes de bajar el primer escalón.En Hong Kong eran pasadas las diez de la noche.
—Genial— mascullé, acercándome a Giselle. Fabio comenzó a bajar riendo; minutos antes habíamos estado hablando de la azafata.

Giselle se apoyó en la pared al notar mi cercanía. Retiré su cabello del cuello y lo besé. Me marché dejándola con deseos de responder a mi beso. Aquel era el verdadero Joseph. El que conseguía a cualquier mujer; no el que suspiraba por unade ellas. En la terminal, Wang Xiang nos esperaba rodeado de agentes, su escolta personal. Parecía un cortejo fúnebre. Había dos coches negros y una limusina, nuestro vehículo. Wang era demasiado perfeccionista para esas cosas. Era el dueño de la mayor farmacéutica de Asia y, como buen empresario, siempre quería abarcar más. Traficante conciso (según él), dominaba la entrada de estupefacientes en la costa de Hong Kong. Después, creaba compuestos con ellos y los probaba en convictos o en personas que vivían en aldeas olvidadas de Tailandia y Filipinas. De ese modo se aseguraba que nadie reclamara por ellos y de que todo cayera en el olvido. El resto de la droga se la entregaba a grandes narcotraficantes, no sin antes llevarse un buen porcentaje. Pero jamás recibiría un pellizco tan grande como con el negocio que Fabio y él se traían entre manos. Wang abrió sus brazos en cuanto mi tío tocó suelo asiático. Fabio se agachó unos centímetros (para quedar a la altura de Wang) y se fundieron en un abrazo lleno de palmadas en la espalda.
—Querido Wang, deja que te presente a mi sobrino Joseph. Es un pequeño maestro— dijo, mientras yo me acercaba.
—Señor Wang, es un placer.— Nos dimos un apretón de manos.
—El placer es mío. Fabio me ha hablado mucho de ti. Te admira profundamente.— Le costaba hablar nuestro idioma, pero le comprendí a la perfección.
—Ya sabe cómo es mi tío. Es un poco exagerado.— Fabio me abrazó por el cuello.
—Bien, tengo mesa reservada en El Manantial y llegamos una hora tarde— Nos apremió Wang, antes de entrar en la limusina.

Según me había contado Fabio, El Manantial era un restaurante que frecuentaban los hombres multimillonarios, donde se cenaba sobre unas mesas con apariencia de roca rodeadas de un riachuelo que desembocaba en una especie de lago. En él podías bañarte acompañado de la mujer que quisieras; se podía elegir entre asiáticas, europeas o de cualquier parte del globo. Casi todas eran modelos o actrices que comenzaban a abrirse camino en ese mundo. Me repugnaban esos lugares y a Fabio también; si necesitábamos el calor de una mujer teníamos suficiente encanto como para conseguirlo sin necesidad de pagar, pero debíamos quedar bien y para eso tendríamos que soportar cómo denigraban a esas pobres chicas llenándolas de ilusiones que en el noventa y nueve por ciento de los casos verían frustradas. De nuevo me vino a la cabeza el momento en que acaricié a ______. Dios, cómo me arrepentía. Entré en la limusina detrás de mi tío y me encontré con cuatro chicas. No eran asiáticas y vestían unos vestidos cortos y ceñidos. Tuve que sentarme al lado de una de ellas que, para mi desgracia, tenía los ojos grises. Fabio dio por hecho que me quedaba con ella y la muchacha no se alejó de mí, ni siquiera cuando al fin llegamos al restaurante. El local estaba ambientado con velas y tenía un ligero aroma a sándalo y té, mucho té. Y es que había unas teteras de forja plateadas, colocadas sobre una especie de brasero de ascuas, en todas las mesas. Cenamos al lado de la enorme fuente depiedra.

—¿Qué os parece vuestra sorpresa?— preguntó Wang, señalando a las chicas— Pensé que llegaríais cansados del viaje y querríais relajaros.— Se retiró la servilleta (llena de manchas de comida) del cuello de su camisa y le acarició el muslo a una de ellas. La chica sonrió y yo aparté la mirada. En realidad, no sabía dónde mirar; el local estaba plagado de hombres haciendo lo mismo que Wang. Otra coincidencia era que mientras ellas eran atractivas, ellos eran horribles. Miré a la mujer que tenía a mi lado. Parecía tímida, demasiado retraída en comparación con las demás. Su parecido con ______ era enorme, pero tenía una belleza más dulce; no era tan impactante y agresiva.
—¿Cómo te llamas?— preguntó Fabio abiertamente a la chica que tenía sentadaa su lado. Era morena, de pelo corto y muy joven. Calculé que debía tener mi edad. La muchacha quiso responder, pero Wang se adelantó.
—Yo las llamo por el nombre de su país. Esta es Rusia y esta Bielorrusia.— Él mismo se rió de su propio chiste mientras señalaba a las mujeres que le rodeaban. No le vi la gracia
—Y aquellas son Francia y Grecia.— Las señaló, despectivo. La de ojos grises se llamaba Grecia; la más joven era Francia.
Grecia ahogó un suspiro. Sin duda, se había ofendido por el comentario, tanto como yo y mi tío. Aunque Fabio supo disimular. Me acerqué a su oído.
—¿Cómo te llamas?— le pregunté sin que nadie percibiera nuestro acercamiento.
—Mayla.— Fingió una sonrisa algo tensa por tenerme tan cerca. Fruncí el ceño al sospechar que mentía.
—Tu nombre real— ordené. Ella se lo pensó unos segundos antes de contestar.
—Sarah.
—Bien, es hora de retirarnos. Rusia y Bielorrusia comienzan a volverme loco— soltó Wang. Además de restaurante, El Manantial también era un hotel, uno de los más lujosos de Hong Kong. Fabio me entregó la llave de mi habitación, era la suite 3113. Dispondría de ciento treinta metros cuadrados para mí solo. Un espacio enorme que se vería reducido a la habitación más pequeña en cuanto comenzara a pensar en ella. Llegamos al vestíbulo y Fabio se acercó a mí. Francia aguardaba detrás de él.
—Podría ser mi hija. Solo tiene dieciocho años— me susurró. Tuve la sensación de que realmente lo sentía así. Fabio no tenía hijos
«tal vez por eso a mis primos, a mis hermanos y a mí nos trataba como tales», pero a veces actuaba como si pensara en un hijo lejano que nadie conocía. Se me iba la olla. Ya volvía a divagar. La falta de descanso me estaba causando estragos. Resoplé y miré a la joven de reojo. Tenía los brazos cruzados sobre el regazo. Sentí lástima por ella.
—Acabemos con esto, tío. Sácala de aquí, lo estás deseando.
—Por supuesto.— Me despedí de él observando cómo se alejaba pensativo mientras la chica lo seguía obediente. Llegué a mi planta y caminé por el pasillo en dirección a mi habitación. Desvié la mirada antes de abrir la puerta y vi a Sarah. Me observó tímida apoyándose en el marco de la puerta. Se notaba que le dolían los pies.
—¿Qué haces aquí?— le pregunté mientras abría la puerta e inspeccionaba su bello cuerpo.
—Debo estar aquí— dijo bajito, esforzándose por resultar complaciente.
—¿Debes?— Torcí el gesto antes de que ambos entráramos. La habitación ya estaba iluminada, justo como a Wang le gustaba: luz tenue, muy tenue. Parecíamos sombras. Cerró la puerta y se apoyó en ella cruzando las piernas. Yo hice lo mismo, pero elegí la pared. Descansé mi espalda sobre aquel muro liso a unos metros de la chica. Nos contemplamos sin decir nada durante unos minutos. Tenía la piel pálida y el cabello oscuro y largo. Su cuerpo era esbelto y sensual.«¿Por qué me haces esto ______? Estás a miles de kilómetros y te siento tan cerca.» Apreté la mandíbula y luché contra mis pensamientos.
—¿Sabes hablar italiano?— Quería saber si podía comunicarme con ella en miidioma. Suspiró y caminó hasta el salón.
—Sí… aunque, a veces, me cuesta.— Instintivamente, volví a tensar la mandíbula. Se veía que era una chica inteligente y me molestó que estuviera allí haciendo lo que hacía.
—¿Qué haces en Hong Kong?— continué preguntando mientras me dirigía al mini bar.
—Trabajar… —Me siguió. La miré. Sus ojos me decían que mentía. No estaba trabajando, más bien parecía estar obligada a hacerlo.
—¿Eres griega?— Frunció los labios; no quería hablar de ella, pero terminó contestando.
—Sí…, soy de… Atenas.
—Y tu familia, ¿dónde está?
—Creo que… no estoy aquí para hablar de mí.— Bebí de mi copa mientras observaba lo incómoda que se sentía.
—Bueno, soy tu cliente y debes hacer lo que quiera, ¿no? Es por eso por lo que se te paga.— Sarah apretó la mandíbula y miró la alfombra.— Háblame de tu familia— dije. Se colocó el bolso en el hombro y me observó furiosa.
—Mis servicios incluyen hablar de cualquier cosa, pero relacionada con el cliente. En este caso, tú. Ir a cenar, beber y terminar en la cama si es que la borrachera os da para aguantar. Si tú no vas a hacer ninguna de esas cosas, págame mis honorarios y me voy porque no pienso meter a mi familia en esto, ¿te queda claro?— Estaba cabreada, pero me había explicado lo que yo quería— Por cierto, son tres mildólares. Acepto propina.— Sonreí mientras dejaba el vaso sobre la mesa y guardaba mis manos en los bolsillos de mi pantalón. Sarah extendió su mano esperando que le pagara.
—¿Efectivo o tarjeta?— pregunté admitiendo que quería bromear.
—¿Te estás burlando de mí?— Negué con el cabeza, risueño, antes de acercarme al teléfono. Marqué el número de recepción y esperé a que contestaran.
—¿Qué estás haciendo?— preguntó confusa. Le indiqué con señas que guardara silencio en cuanto contestaron.
—Sí, soy el cliente de la habitación 3113 y necesito un vehículo en menos de diez minutos. ¿Es eso posible?— El hombre me enumeró los modelos de los que disponían.— Me quedaré con el Ferrari, gracias. Y ahora, páseme con información.— Mientras esperaba, me quité la chaqueta y se la lancé a los brazos. Ella la cogió extrañada y sin dejar de observarme con los ojos entornados. Le indiqué que se la pusiera aunque ella se resistió a hacerlo. Fruncí el ceño torciendo el gesto. Sarah resopló e hizo lo que le decía.— Has dicho Atenas, ¿verdad?— quise confirmar. Asintió y se cruzó de brazos esperando que yo le dijera qué estaba pasando.— Hola, quisiera que me pusieran en contacto con el aeropuerto. Necesito un vuelo urgente a Grecia.— Sarah perdió el color de su rostro, abrió los ojos y la boca, y me observó
titubeante. Expresaba miedo, sorpresa, alegría, decepción… Su cara decía tantas cosas que tuve que sonreír. La operadora me puso en contacto con otra mujer que enseguida dispuso un vuelo a Grecia a las cinco de la mañana y en primera clase. Colgué el teléfono y me dirigí a la puerta.— ¿Piensas complacer a tu cliente o tengo que obligarte?— Le guiñé un ojo encuanto me sonrió. Al salir de la habitación, me di cuenta de que tenía lágrimas en los ojos, aunque las intentaba disimular. Cogí su mano y la envolví con la mía.
—¿Por qué haces esto? Ni siquiera me conoces.
—Porque este no es tu lugar.— Aunque la verdadera razón era otra. Debería haber dicho que deseaba enmendar el error que había cometido con ______. Sabía que no era lo mismo y que con eso no arreglaría nada con ella, pero me confortaba, necesitaba sentir que podía hacer feliz a alguien

CAPÍTULO 14
Narra ______

Miré mi plato y, con desgana, retiré las zanahorias que cubrían un bistec poco hecho. Me hallaba en el piso de Valentino; un lujoso ático situado en la Via Conciliazione. Él lo había dispuesto todo para una cena romántica y empalagosa; flores, servicio exclusivo del mejor chef de la ciudad, y luces tenues proporcionadas por velas aromáticas repartidas por toda la estancia, que se mezclaban con la luz anaranjada del Vaticano. No estaba allí por propia elección y cuando recordaba la forma de invitarme que había tenido, me crispaba. Valentino logró que mi padre me abofeteara delante de todo el mundo debido a mi negativa inicial. Enrico intentó protegerme, pero no sirvió de nada. Y allí estaba, sentada contemplando el metro de mesa (demasiado decorada) que nos separaba. Valentino sonreía mientras comentaba cómo le había ido la jornada. Al parecer, había aprobado un examen sorpresa de matemáticas «estudiaba la carrera deeconomía». Pero yo no le escuchaba. Solo podía pensar en… él.

No había ido a clase, y tampoco lo haría el resto de la semana. Era lo único que había podido sacarle a Taylor cuando, antes de entrar en la clase de química, le cogí del brazo y lo aparté del grupo. Taylor sabía lo que había ocurrido y me observaba de una forma respetuosa, como si estuviera pidiendo perdón en favor de Joe. Él no tenía la culpa y se lo hice saber. Llegado el momento de preguntarle dónde estaba, se negó a contestar. Según él, no sabía nada, a excepción de los días que estaría fuera. Es lo único que pude lograr y la peor noticia que podía recibir. No estaba segura de poder soportar una semana alejada de Joe.

—¿No comes?— preguntó Valentino tocando mi mano.
—No tengo hambre.

Me levanté de la silla y caminé hacia los ventanales.
Dios, me sentía tan culpable por haber provocado aquella situación con Joe… Tal vez, si no le hubiese hablado de aquella forma, no habría actuado así. Tal vez entonces no estaría sintiendo aquella congoja que me oprimía el pecho. Nunca antes había sentido nada parecido. Odiaba del mismo modo que deseaba, y eso me estaba matando. Me volvía loca porque siempre había sido dueña de mis sentimientos. Nunca me había arrepentido de nada de lo que hubiera hecho. Me daba igual si hacía daño o no, lo hecho hecho estaba, pero con Joe era diferente. Toda mi vida cambió desde el momento en el que le vi por primera vez. Yo cambié. No estaba cómoda, no era yo la que habitaba en mi cuerpo. Una bomba de emociones estallaba continuamente en mi pecho y me hacía vibrar, pero también descontrolarme. No sabía qué estaba sintiendo, pero estaba segura de que me marcaría para siempre. Valentino me rodeó por la cintura y me obligó a mirarle. Le obedecí sin saber que me besaría de nuevo. Pero esta vez se retiró antes de que pudiera partirle la cara. Me observó tranquilo, con deseo, y retomó el beso con más intensidad. No era fácil escapar. Valentino no comprendía que mi cuerpo lo rechazaba; toda yo lo rechazaba. No lo quería cerca, pero gracias a sus detestables caricias, pude descubrir algo. Deseaba que Joseph me acariciara. Forcejeé antes de darle una patada. Se retiró y le señalé con el dedo antes dehablar.

—Te dije que no volvieras a tocarme— dije remarcando las palabras. Cogí mi chaqueta.
—No… —Torció la boca intentando una sonrisa mientras caminaba lentamente hacia mí— Eres tú la que parece no comprender que puedo disponer de ti cuando me plazca.— Caminé hacia la puerta. Sabía que me dejaría ir.— Tarde o temprano serás mía, ______ .
—Eso ya lo veremos.— Cerré de un portazo.

No quería preocupar a Enrico, así que decidí caminar hasta la casa de Daniela. Era la única que en aquel momento podía comprender cómo me sentía. Quizá lo más lógico habría sido ir en busca de Erika, pero ella había cambiado. Ya no era la misma chica dulce, alegre y simpática que conocía, ya no era la mejor amiga que tenía en el internado. No había encajado bien mi vuelta y habíamos discutido dos veces. En unade ellas me soltó que yo no era más que una niñata engreída que necesitaba llamar la atención con aspavientos si no era el centro de las miradas. Incluso insinuó que yo quería robarle a Taylor. En lo de engreída podría haberle dado la razón, pero jamás le haría daño. Nunca le había dado motivos para pensar así. Llamé al timbre de Daniela y, segundos después, abrió la puerta. Tenía el pijama puesto y el cabello despeinado. Al parecer, la había despertado, pero no pareció molestarse. Me sonrió, aunque con el ceño fruncido.

—Siento venir a estas horas— dije antes de que me arrastrara dentro.
—No te preocupes, ¿qué ocurre?, ¿te ha pasado algo?— me preguntó algo asustada y contemplándome titubeante.
—No, no… Es solo que no sabía adónde ir.
—¡Oh, pequeña, ven aquí!— exclamó antes de abrazarme. Daniela era tan cariñosa que con solo un abrazo reponía tus fuerzas para una semana.
—Dani, ¿quién es, cariño?— preguntó la voz de un hombre que me recordó a… Alex apareció en el vestíbulo con un bol de palomitas en la mano. Al parecer, la relación entre ambos iba viento en popa. Se quedó paralizado al verme, pero enseguida se abalanzó hacia mí y comenzó a interrogarme.— ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado?— Le entregó el bol a Dani y me zarandeó.
—Nada, estoy bien.— Decidí contárselo— Es solo que… estaba cenando con Valentino y… se propasó, nada más.
—¡¿Qué?!— exclamaron los dos a la vez.
—Dios, como se entere…— murmuró Alex tan bajo que casi no se le escuchó.
—¿Como se entere quién?— Daniela y yo le miramos esperando su respuesta.
—Chicas, ¿por qué no pasamos al salón e iniciamos nuestra sesión de cine?— sugirió colocándose detrás de nosotras y empujándonos suavemente por la espalda.
—No quisiera molestar, en serio. Puedo llamar a…
—¿A quién? ¿A Erika?— se burló Daniela cruzándose de brazos antes de tomar asiento— Anda, no digas tonterías. Aún no comprendo cómo la has soportado todos estos años. Te quedarás aquí. Además, no puedes perderte cómo torturo a Alex con la saga de Harry Potter — Comenzó a comer palomitas— Vamos, pon La Orden del Fénix y después El misterio del Príncipe.

Alex y yo nos miramos con el ceño fruncido. Él resopló y yo solté una carcajada mientras comenzaban los créditos de La Orden del Fénix. Daniela me explicó que llevaba toda la tarde viendo las películas de la saga, una después de otra, y que el pobre Alex estaba aguantando el tipo excelentemente.
—Espero que eso me haga ganar puntos— sonrió Alex antes de acariciarle el mentón a Dani.
—Conque Harry Potter, ¿eh? Te hacía más de… no sé… ¿Crepúsculo?— dije.
—Es la saga de la semana que viene.— Me tocó el brazo— Tranquila, tengo para todos los gustos.
—Sí, claro— intervino Alex irónico.
—Oye, lo echamos a suertes, ¿no? Perdió El señor de los anillos, se siente mal.
—Sí, pero no sabía que eso también incluyera la ñoñería de los vampiritos enamorados de humanas obsesionadas. El señor de los anillos, eso sí es una obra maestra— se defendió Alex.
—Igual que Joe— murmuró Daniela. Su nombre se hincó en mi pecho en forma de mil cristales. Intenté disimular, pero Alex se dio cuenta. Me tomó de la mano y me guiñó un ojo antes de volver la atención a Daniela, que ya estaba absorta con la película. Me acuclillé en el sofá y respiré hondo deseando saber dónde estaba él.
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 25th 2012, 11:48

siguelaa por fiiii me encantaaaaaaa
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 26th 2012, 09:59

CAPÍTULO 15

Narra Joe

El sol empezaba a asomar. Fabio miraba el puerto a través de la ventanilla del coche. Miré el reloj; la aguja rozaba las doce de la noche. Era la hora de Roma. En HongKong eran casi las siete. Sarah ya estaba de camino a Atenas. Antes de que embarcara en el avión le había dado dinero en efectivo y mi número de teléfono por si alguna vez necesitaba algo. Ella se marchó sin comprender por qué la ayudaba, pero yo tampoco podía explicárselo porque no sabía realmente cuál era la razón. Al salir del aeropuerto, me había encontrado a Fabio apoyado en el Ferrari. Sonrió al verme.

—Natalie cogió su avión con destino a Marsella a las cuatro— me dijo. Solté una carcajada silenciosa. Habíamos reaccionado de la misma manera.
—Sarah ha salido a las cinco con destino a Atenas.

Habíamos regresado juntos al hotel y enseguida nos habíamos reunido con los hombres de Wang. Fabio resopló al ver el estado de aquella parte del puerto. Las naves se alzaban mugrientas y grisáceas. Por todos lados había trozos de cristales rotos, y restos de pescado y fruta podridos. No quise imaginar el olor. Algunos vagabundos cubiertos con unas mantas sucias vagaban o dormían por allí. Pude ver jeringuillas cerca de varios de ellos. La limusina se detuvo al lado de una nave que presentaba el mismo aspecto que las anteriores. El lugar perfecto para hacer una operación de aquel tipo sin que nadie te descubriese. Abrí la puerta y mis zapatos Prada de piel negra pisaron un pequeño surco de agua mugrienta y con un ligero tono amarillento. Tragué saliva y deseé terminar con aquello de una vez. Necesitaba volver. Quería volver. Me acercaría a ella y le diría lo mucho que lamentaba haberla conocido. Lo mucho que lamentaba que ella fuera la reina de mis sueños.
Me coloqué bien la gabardina y estiré el cuello hacia arriba para cubrirme. Fabio hizo lo mismo solo que mostrando una sonrisa. Wang ya nos esperaba y, para nuestra sorpresa, Rusia continuaba con él; llevaba el mismo vestido.

—¿Qué tal ha ido la noche, mis queridos Jonas?— preguntó Wang con aquel asqueroso tono de voz. Mi mirada le descuartizó, aunque nadie pareció percibirlo.
—Bueno, no me puedo quejar. La chica sabe hacer muy bien su trabajo—
terminó mascullando mi tío. Mintió. No es que le fuera fiel a Virginia, su mujer «de vez en cuando algunascaían en sus redes de magnífico conquistador», pero no le gustaban aquel tipo de situaciones.
—¿Y tú, Joe? Dime que Grecia no te ha decepcionado. De lo contrario tendré que castigarla.— «Maldito cabrón. Grecia está sobrevolando nuestras cabezas», me hubiera gustado decirle. Cerré los puños, ocultos en mis bolsillos, y apreté la mandíbula.
—He estado con ella hasta hace unos minutos.— dije regodeándome. Fabio memiró de soslayo —Créame, sabe hacer su trabajo muy bien.— Al parecer, Wang no supo apreciar la sorna de mi voz.
—Bien, después del placer vienen los negocios. Entremos, caballeros. Tenemos un trato que cerrar.
—Claro, debemos coger el avión antes de las nueve— me apresuré a decir.

Nadie se dio cuenta de lo ansiosas que sonaron esas palabras. Tenía unas ganas locas de volver y sabía que Fabio también. Entramos en aquella nave. Estaba más desangelada de lo que imaginaba; solo había una mesa en el centro, alumbrada por un foco de luz potente. Yo sabía que aquella luz la utilizaban para examinar la droga. Sobre la mesa había una caja bastante delgada, oculta con una sábana verdosa. Al lado, un portátil plateado conectado a un pequeño aparato que impedía el rastreo. Pude ver a nuestra izquierda unos paneles con bolsas de cocaína bien ordenadas. Listas para la entrega. Miré a Rusia antes de apoyar mi maletín en la mesa. Parecía disfrutar con lo que se estaba cociendo allí dentro. Ella sí había nacido para ese mundo, me lo decían sus ojos y… sus labios: no dejaba de pasearse la lengua por ellos mientras me observaba.
Mientras uno de los secuaces de Wang introducía una contraseña en el ordenador, se acercó a mí. Acarició mi cinturón.

—No sabes las ganas que tengo de probarte. Yo puedo ser mejor que Grecia— me susurró mientras Wang disfrutaba contemplando la escenita.

Ahogué una sonrisa pasando mi lengua por el labio inferior mientras tocaba el hueso de su cadera. Me acerqué y ella soltó un suspiro muy parecido a un gemido. Era como si estuviese esperando que la empujara sobre aquella mesa y le hiciera el amor delante de todos.

—No sabes la cantidad de mujeres que me dicen lo mismo.— Rocé mis labios con los suyos— Pero ninguna de las que se parecían a ti lo consiguieron. Así que deja tus manos quietas. Aunque fueras más explícita tocándome no conseguirías nada— le aclaré antes de que se retirara furibunda.
—No sabes lo que te pierdes— refunfuñó molesta.
—Eso es lo que me dicen todas cuando no consiguen que las lleve a la cama— le contesté, irónico.
—¡Maravilloso! Desde luego, eres un auténtico Jonas— dijo Wang entre carcajadas.

Abrí mi maletín y extraje mi portátil. Yo sería el encargado de hacer la transferencia. Sesenta millones de euros para ser exactos. La otra mitad se la había entregado Fabio dos semanas antes. Marqué la contraseña y entré en las cuentas bancarias de Suiza de mi tío. En ese paraíso fiscal escondíamos casi toda nuestra descomunal fortuna. Uno de los guardias retiró la sábana en cuanto Wang se lo indicó con una ceja. Miré a mi tío. Aguardaba con los brazos cruzados sobre el pecho y el gesto torcido (mostrando aquel talante suyo tan inquebrantable, firme y atractivo). Era la persona más inteligente y astuta que yo hubiera conocido nunca. Sin duda, había aprendido bien de su hermano. Wang lo sabía, por eso le guardaba el aire y le complacía en todo. Podía ser el dueño de Hong Kong, uno de los negociantes más importantes de China o el rey de cualquier negocio oscuro que existiera (desde cadenas de prostitución ilegal hasta tráfico de droga), pero los Jonas teníamos suficiente poder para destruirle, y él lo sabía. Con solo un chasquido de dedos desde Italia, Wang podía acabar en las profundidades del océano Pacífico con treinta kilos de piedra maciza aferrada a sus tobillos. Y con tortura previa. Él sabía lo insignificante que era para nosotros, pero era el único que podía proporcionarnos aquel material y debíamos ser corteses. Al menos, lo justo. Después de todo, ¿quién no le tiene miedo a la mafia? Sonreí plácidamente antes de marcar el número de millones que debía transferir. Abrieron la caja con un cúter y extrajeron el envoltorio de plástico que protegía aquella réplica perfecta de la obra de Leonardo da Vinci, el maravilloso cuadro de "La belle ferronière". Mi tío asintió, admirado al ver la perfección del plagio, lo acarició y se recompuso echando mano al bolsillo interior de su chaqueta.

—Por favor… — ordenó al guardia que lo sacara de la caja.— Enseguida.En la pantalla apareció una pequeña pestaña que ponía «Aceptar».

Solo tendría que clicar ahí para que se completara la transferencia, pero no lo haría hasta que mi tío me lo indicara. Tomó un pequeño dispositivo negro, del tamaño de una cámara digital de fotos, pero mucho más delgado. Casi parecía un espejo y solo tenía dos botones y una entrada de conexión por cable. Era un invento suyo, de uso personal, así que no podía encontrarse en el mercado y Fabio no quería patentarlo. Wang se extrañó al ver el aparato, pero enseguida bajó su mirada al ver que yo lo observaba de forma perspicaz y autoritaria. Mi tío presionó uno de los dos botones y extendió el aparato por todo el cuadro. En lo que parecía un espejo, pudo verse el contenido real de aquella obra. Él sonrió al ver que lo que necesitaba se encontraba entre las fibras del lienzo.

—La pintura no es tóxica. No dañará el compuesto y no se detecta. Es un trabajo perfecto— dijo Wang queriendo tocar el cuadro.
—¿Dónde está lo que hablamos?— preguntó Fabio, a la vez que retiraba la mano de Wang.
—Están unidos, Fabio.— Wang se lo mostró. No alcancé a ver a qué se refería. No comprendía qué otro negocio se traía entre manos. Fabio me miró y asintió con un simple pestañeo. Le di a «Aceptar» y aparecióu na línea verde que se cargó en pocos segundos.
—Sesenta millones de euros. El trato está cerrado— dijo Fabio, indicándole a nuestro guardaespaldas que cogiera el cuadro.
—Ha sido un placer, Fabio. Espero volver a hacer negocios contigo.— Wang ledio un apretón de manos. Encendí un cigarrillo antes de guardar el ordenador. Cerré el maletín y se lo entregué a nuestro escolta.
—Claro, ¿por qué no?— dijo Fabio con desdén. No quiso hablar más. Deseaba, casi tanto como yo, salir de allí.

No hablamos durante el recorrido, pero le noté extraño. Fabio no solía moverse así, era más armonioso en sus gestos y movimientos, sin embargo, en aquel momento parecía rígido y contenido; aunque no llegaba a estar incómodo. Miró su reloj, retiró su cabello de la frente y volvió a mirarlo. Acarició aquel reloj infinidad de veces.
—Es un Patek Philippe’s Platinum World, valorado en unos cuatro millones de
dólares. Es exclusivo y hecho expresamente para mí— explicó sin mirarme. No sabía por qué me contaba aquello, Fabio no solía presumir de lo que tenía o de lo que gastaba en sus caprichos. Continuó—: No dudes nunca en beneficiarte de él. Puede que algún día te sorprenda su utilidad, no solo marca las horas.— El avión comenzó a rodar, pero apenas le presté atención a la aceleración del despegue. Estaba demasiado aturdido con lo que mi tío acaba de decirme. Él, encambio, se echó en su asiento y cerró los ojos con tranquilidad. Ya había dicho lo necesario. Él era así, jamás comprendías lo que decía hasta que llegaba el momento propicio.— Ya eres todo un Jonas. Serás el mejor, hijo— murmuró antes de dormirse y dejarme peor de lo que estaba.
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 26th 2012, 10:02


CAPÍTULO 16

Narra ______

—¿Me gustaría saber qué piensa una mujer cuando se queda mirando la nada de la misma forma que tú?— dijo Taylor mientras se sentaba en el bordillo de la acera.

Habíamos ido al Giordana’s a tomar algo mientras ultimábamos los preparativos de la fiesta de cumpleaños de Luca. Pero yo no era capaz de concentrarme en nada que no fuera Joseph. Salí del local y me senté en la acera. Me dejé llevar por mis pensamientos apesar del frío húmedo que me recorría. Me molestaba horrores admitirlo, pero le necesitaba cerca. Deseaba verle y no podía evitar esperar que apareciera por la calle y viniera hacía mí, tragándose su orgullo de
niñato engreído. Dios, cómo lo… detestaba.
«¿Dónde estás, Joseph?»Miré a Taylor, que fumaba un cigarrillo, y sonreí; me sentí extrañamente reconfortada por tenerle cerca. Miré el humo que salía de sus labios y me hizo un gesto para que cogiera el cigarro. Asentí, lo cogí y le di una calada profunda. No fumaba con frecuencia, pero debía admitir (por desgracia) que era fumadora desde los quince.

—¿Qué ocurre, Kathia?— volvió a preguntar; esta vez con más dulzura que la anterior. Sacudí la cabeza y le miré.
—______, dime ______, y sobre tu peegunta. A mí también me gustaría saberlo.— Solté el humo. Nos miramos a los ojos. Taylor era demasiado inteligente para que se le escapara algo. Sabía que él podía descubrir, incluso antes que yo, lo que realmente me ocurría.— Es todo tan confuso.
—No puedes comprender un sentimiento— dijo cariñoso retirando mi cabello— Mira, Kat, no siempre podemos dominar lo que realmente sentimos. Por mucho que os empeñéis en negarlo, ya habéis caído.— Recuperó el cigarro de mis manos— Ahora solo falta que lo comprendáis.— Fruncí el ceño al oírle emplear aquel plural cuando solo estaba hablando conmigo. ¿Acaso había mantenido aquella conversación con Joe? Suspiré y volví la mirada hacia la calle. Me pregunté si aquellas personas que paseaban por allí estarían viviendo una situación como la mía. Bah, tonterías.
—Hablas como si supieras qué me ronda por la cabeza.— Intentaba hacerme ladura.
—Sé lo que te ronda por la cabeza.— Me empujó, bromeando— Tiene nombre propio.
—Claro— dije incrédula. Taylor se acercó a mi oído y me rozó con sus labios antes de hablarme.
—Él se resiste porque eres la primera. ¿Por qué te resistes tú, Kat?— Me sobrecogí. No sabía qué hacer. Incluso temblé. Un escalofrío recorrió mi cuerpo en el momento en que di con la respuesta. Volví el rostro hacia Taylor. Estábamos solo a unos centímetros. Tenía una débil sonrisa en los labios y sus ojos expresaban interés.
—Porque también es el primero. Y ya deja de llamarme Kat, sabes que odiaba ese nombre desde que me lo dieron.

(...)

El coche dio la última curva y allí apareció la enorme casa que el padre de Luca tenía en la playa. Había tardado cerca de un mes en convencerlo de que se la dejara para la fiesta. Yo no había entendido por qué su padre le ponía tantas pegas… hasta que vi la residencia. De diseño muy moderno, estaba cubierta de cristaleras. Barandillas de metal, suelo negro c on cristales brillantes, piscina y mini spa… y todo a unos metros de la playa (veinte para ser exactos). Cerca de uno de los porches había un promontorio, un acantilado de roca que se comunicaba con el aposento principal del segundo piso por un pequeño puente. Eric volvió a gritar asomado por la ventana del techo de la limusina. Había decidido venirse con nosotras. Alex, Taylor y Erika ya estaban en la fiesta con Luca y otras ciento veinte personas invitadas. Le había pedido a su chófer que nos trajera y lo agradecí. De ese modo evitaba que Valentino me acompañara y se quedara conmigo para vigilarme. Me había ido de casa justo después de comer, después de aguantar los sermones de mi madre sobre «deberías ser más amable con Valentino».

El problema es que ya no veía aquellos consejos como el capricho de una madre con un muchacho, sino como un astuto plan. Desde que escuché la conversación que mantuvo con mi abuela, intentaba mantenerme alejada de ella. Sabía que tramaba algo y que se avecinaban problemas. Que el empeño que mi familia tenía con el menor de los Bianchi se debía a algo que, estaba segura, no tardaría en descubrir. Eric se acuclilló y se desplomó en el asiento mientras cogía un regaliz de la bandeja. Se lo llevó a la boca antes de hablar.

— Joder, hace un frío que pela, ahí fuera.— Daniela lo miró satírica.
—¿Qué esperabas? Llevas cerca de media hora haciendo el gilipollas asomado en esa ventana.— Solté una carcajada que enseguida se vio coreada por la de Eric.

Comenzaba a acostumbrarme al humor mordaz de Dani y me encantaba. Era extraordinaria. Suspiró y se estiró la falda del vestido rojo oscuro que le había dejado. Era un Versace de cinco mil euros que estaba estrenando ella. Lo había comprado el martes por la tarde en un arrebato. Daniela no vestía de ese modo, pero me había confesado «después de presionarla para que hablara, porque ella no estaba acostumbrada a desahogarse» que quería sorprender. Ya iba siendo hora de dar el gran paso con Alex. Quería estar con él y no veía por qué esperar más. Aquella sería la noche. Así que la arrastré a mi enorme ropero y la transformé dejándola más impresionante de lo que ya era. Erik cogió la botella de champán y se sirvió la cuarta copa en veinticinco minutos que llevábamos de trayecto.

—¡Bah! En cuanto vea a… — Eric frunció el ceño. Le miramos extrañadas— a… Lucille.— Sonrió para disimular los nervios— Sí, en cuanto vea a Lucille, se me pasará el frío.
—Ya… — murmuró Dani escudriñando en su mirada. Estaba segura de que Daniela tenía la misma impresión que yo de que no era Lucille la dueña de sus pensamientos. Ni siquiera era una chica.
—¿Por qué me miráis así?— preguntó escondiéndose tras la copa.
—Porque eres gilipollas.— Volví a reír. Daniela tenía una forma de insultar muy impulsiva y contundente.
—Eso ya me lo has dicho.
—Pues te lo vuelvo a decir.— Eric meditó lo que iba a soltar a continuación
—.¿Sabes quién es el DJ de la fiesta? Yo te lo digo. Joni. Ese morenito cachas que trabaja en Eternia y tira los trastos a Luca siempre que puede. Ha venido a su fiesta, de gratis, simplemente por el hecho de… de estar con él.— Lo último lo dijo con cierto desdén. La insinuación era obvia. Efectivamente, Eric estaba colado ¡por Luca! Y, alparecer, odiaba a Joni.— Vale… De acuerdo.
—¿Qué significa ese «de acuerdo»?
—Simplemente, de acuerdo.— Eric pareció que se enfurruñaba, pero en realidad no estaba enfadado. Solo tenía miedo. Daniela se lanzó a por él y comenzó a hacerle cosquillas. Yo también me uní y tras varios minutos dando tumbos en la limusina, nos incorporamos y nos miramos.
—¿Creéis que él… que él sentirá lo mismo?— preguntó dubitativo ycompletamente asustado.

No pude evitar recordar la conversación con Taylor. No sabía si Joe sentía algo por mí, pero la insinuación de su primo fue suficiente para ponerme más cardiaca durante esos días. Daniela sonrió y torció el gesto antes de mirarme. Era increíble que Eric estuviera sincerándose de aquella forma delante de mí, y quise darle mi apoyo. Nopodía estar segura de lo que quería Luca porque apenas le conocía, pero sabía que eraun buen tío y que las miradas que yo había visto que le lanzaba a Eric significaban mucho más que amistad.

—Solo tienes que comprobarlo. Déjate llevar— le aconsejé acariciando su mejilla.
—Dios, ¿qué dirán los chicos?
—Los chicos te quieren y no les importará. Parece mentira que no lo sepas. ¿Acaso no recuerdas el día en que Luca os dijo que era gay— añadió Daniela.
—Como para olvidarlo. Joe se quedó en estado de shock más de una hora.— Joseph. No sabía si estaría en la fiesta, pero todo apuntaba a que sí. Mi estómago era una bolsa de nervios. No sabía cómo reaccionaría al verle, aunque estaba deseando que llegara el momento. Necesitaba ver aquellos ojos observándome como si fuera lo único que hubiera en el mundo.

Suspiré antes de que la limusina se detuviera frente a la puerta principal. Observé el cotarro antes de bajar. Luca había desalojado la casa convirtiéndola en una especie de club de lujo, tipo Nikki Beach. Pequeñas carpas, gogós, camareros, un podio para el DJ… todo era un derroche fabuloso. Al primero que pude ver fue a Alex, que se lanzó hacia el vehículo a toda prisa. Iba con unos pantalones blancos y una camiseta negra que le marcaba sus prominentes músculos. Estaba guapísimo, pero Daniela no era consciente de su presencia así que salió de la limusina como si nada. Se estiró la falda y se retiró el pelo mientras fruncía los labios. Alex se detuvo y la contempló pasmado.

—Vaya… Dani… estás… — No sabía qué decir. Eric la empujó en cuanto salió. Ella se dio la vuelta y le miró, ruborizada. —Estás… — volvía a decir Alex.
—Sí, sí…, la culpa la tiene ______.— Se escudó en su ironía— Tuve que ceder porque temía por mi vida. Puede llegar a ser muy persistente.
—Sigue siéndolo, ______.— Alex me guiñó un ojo antes de abrazarla. Luca apareció en cuanto salí de la limusina.
—¡Nena! ¿Cómo demonios consigues salir así de un coche?— gritó. Entonces me fijé en que todos me miraban, algunos boquiabiertos; como Taylor, que se acercó en ese instante. Me había puesto unos pantalones muy ceñidos de color negro metalizado que estaban cubiertos hasta las rodillas con unas botas altas de tacón. Sobre ellos llevaba un corsé, el cual marcaba mi cintura y dejaba mis hombros al descubierto (también de color negro). El cabello decidí dejarlo suelto; aquel atuendo era demasiado provocativo como para quitarle fuerza con algún recogido.— Si fuera heterosexual, te lo haría ahí mismo, créeme— bromeó Luca. Todos se rieron a carcajadas. Eric alzó las cejas, observándole fijamente.
—Preferiría que al menos me llevaras a la cama.— Sonreí antes de morderme el labio en plan coqueta.
—Eso está hecho, pero tendrás que esperar a otra vida. A ver si hay suerte— añadió antes de mirar a Eric. Taylor se acercó a mí con las manos en los bolsillos. Si no se hubiese parecido tanto a su primo, no me habría puesto tan nerviosa. Me inspeccionó después de darme un beso en la mejilla y sonrió mientras asentía con la cabeza. Humedeció sus labios.
—Sé de uno que saltaría sobre ti, y ese sí es heterosexual— bromeó. Joseph. Me puse tensa y tragué saliva.
—¿Está aquí?— pregunté con un hilo de voz. Taylor frunció los labios, suspirando, y asintió. Después de unos segundos digiriendo la noticia (Joseph estaba entre esas ciento veinte personas y seguramente ya me tendría en su punto de mira sin yo saberlo) retoqué mi corsé y miré hacia la carpa que había montada justo al lado del salón.
—Bien, a divertirse.— Dejé a Taylor con una sonrisa en su cara y caminé con decisión. Me sorprendí al ver a Daniela a mi lado.
—¿Crees que le he gustado?
—¡Nena!, pero ¿qué dices?
—No sé, no estoy acostumbrada a… ir de este modo.— Me di la vuelta y la cogí de los hombros. Tuve que inclinarme un poco, Dani eramás bajita que yo.
—Estás increíble y, ahora, olvídate de todo y haz lo que te apetezca hacer. No intentes calcularlo todo. Torció el gesto mostrando una sonrisa interrogante.
—¿Piensas hacerlo tú también?— Donde las dan las toman.Ya lo advertía la directora del internado de Viena: «No intentéis dar consejos que no sois capaces de aplicar vosotros mismos»
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 26th 2012, 10:03

CAPÍTULO 17
Narra Joe

La niñita de la minifalda blanca no dejaba de seguirme. Intenté esquivarla colándome por todos los pasillos de aquella casa, pero allí estaba cuando me daba la vuelta. Al final me detuve, la miré y le hice una señal con el dedo para que se acercara. No se hizo rogar y llegó saltando.

—¿Necesitas algo?— pregunté malcarado rompiendo la sonrisa de su cara.
—No…— dijo nerviosa.
—Bien, pues, ¿podrías dejar de seguirme?— No esperé a que contestara, me di la vuelta y me marché.

En otro momento, me habría liado con ella y supongo que es lo que ella había esperado que hiciese. Era exactamente el tipo de chica que podría haber utilizado para divertirme en una fiesta como aquella. Pero eso era antes de que ______ apareciera en mi vida; desde entonces, ninguna mujer parecía serme suficiente. Carecían de algo que, por supuesto, le sobraba a ______ . Maldición. Si esto no era preocupante, entonces, ¿qué lo era?Al salir del salón, me topé con Erika. Fue extraño que me abordara de aquella forma. Me empotró contra la pared. En todos los meses que llevaba en nuestro grupo, jamás la había visto de aquel modo. Estaba ebria. Tuve que cogerla de la cintura para que no nos cayéramos.

—¡Vaya, Erika! ¿Estás bien?— saludé.
—¿Puedes responderme a una… pregunta?— Le costaba hablar.
—Eso espero.
—¿Por qué sois tan tiranos?— Imaginé que estaba hablando de Tay. Resoplé negando con la cabeza.
—La verdad, ni idea.
—Lo lleváis… de fábrica.
—Se puede decir así.— La cogí de los brazos— Erika será mejor que…— Intentaba arrastrarla a una habitación para que durmiera la mona, pero me empujó.
—¿Te han dicho alguna vez que las apariencias engañan?— Me apuntó con eldedo.
—Erika, ¿de qué estás hablando?— Intenté cogerla de nuevo.
—¡Suéltame y responde!
—¿Qué quieres que responda? No tengo ni idea de lo que intentas decirme.
—Si tú eres capaz de engañar de esa forma a todo el mundo, yo también puedo.— Se acercó a mí susurrándome casi en los labios.
—Me alegro, Erika. Eso es estupendo.— Deslizó sus manos por mi pecho, con fuerza, mientras rozaba mi cuello con sus labios. ¿Qué estaba haciendo?
—¿Sabe ______ lo que eres? ¿Sabe lo que haces entre horas?— Me puse tenso y apreté la mandíbula. ¿Qué pintaba ______ en todo aquello? Que ni se le ocurriera jugar con ella. Miré alrededor para saber si alguien nos había escuchado. Después retiré a Erika de mi pecho.
—¿A qué demonios estás jugando?— mascullé furioso.
—Ella jamás va a estar a tu altura. No es lo que buscas.
—Eso deja que lo decida yo.— Terminé por empujarla y salí de allí hecho unafuria. Quería marcharme de aquel lugar.

Narra ______

Bailaba con Eric la canción de Enrique Iglesias «Tonight» mientras le escuchaba criticar a Joni por estar bailando con Luca. El DJ se había tomado un descanso dejando que sonara una de sus fantásticas sesiones, que a todo el mundo parecía volver loco.

—Mírale— decía—, con su pelo engominado y sus pantalones apretados. Le oprimen tanto que no sé cómo puede respirar. Será capullo.
—Bien, es bueno que sueltes toda la ira. Reprimirte puede crearte un trauma.— No me estaba burlando de él, pero me hacía mucha gracia ver lo celoso que estaba. De lo que no se daba cuenta es de que Luca no dejaba de mirarle y deseaba que se acercara.
—¿Qué se hace en estas ocasiones, ______? Porque yo no entiendo a los tíos. Solté una carcajada.— No te rías de mí, te estoy abriendo mi corazón y solo hace unos minutos que he salido del armario— resopló, pero no pudo evitar sonreír— Estoy haciendo elridículo, ¿verdad?— Lo cogí de los hombros y le di la vuelta.
—Ve allí de una maldita vez y deja de comportarte como una criticona. Yo entretendré a Joni.— Lo empujé y fui tras él sin dejar de bailar.

Luca me miró entusiasmado y yo le respondí con un guiño de ojos. Por suerte, no tuve que intervenir; Joni regresó a la cabina y Eric pudo abordar a Luca con toda libertad. Decidí salir para ir a descansar las piernas. Me adentré en el salón (que estaba igual de abarrotado que la carpa) y comencé a esquivar a la gente. Joni decidió dar una tregua y pinchar algo más tranquilo para armonizar la fiesta. Lo que no esperaba es que eligiera una de mis canciones favoritas:
Cops up, deLyfe Jennings. Me detuve al sentir la melodía cuando alguien chocó conmigo bruscamente. Megiré de golpe para saber de quién se trataba y me encontré con él. Le miré sorprendida y confundida. Sabía que estaba allí, sabía que tarde o temprano me toparía con él, pero no esperaba que fuera tan… pronto. No estaba preparada y mi rostro me delató.
Lo sorprendente fue que Joseph mostró la misma confusión; incluso parecía nervioso. Involuntariamente le miré de arriba abajo. Llevaba unos vaqueros oscuros holgados, un jersey gris perla y una chaqueta negra que perfilaba sus fuertes hombros. Me detuve en el cinturón que reposaba justo en sus caderas de la manera más insinuante.Él sonrió al ver cómo tragaba saliva. Seguía siendo el mismo egocéntrico de siempre, pero me enloqueció volver a verle. Y sus ojos me expresaron lo mismo en cuanto se cruzaron con los míos.
Sin poder controlar mis movimientos, mis dedos se empezaron a mover lentamente hacia los suyos. No dejé de mirarle, pero mi mente luchaba por no llegar
a… tocarle. Acaricié su pulgar y noté cómo su mano temblaba. Apretó la mandíbula y retiré la mano enseguida. No sé por qué hice aquella estupidez. Me arrepentí muchísimo. Salí de allí caminado furiosa.

Narra Joe

Sentir una caricia de ______ (por muy débil que fuera) fue inesperado; sobre todo después de lo ocurrido el lunes. Me dejó tan alucinado, que no supe cómo reaccionar. No esperaba sentir tanto con tan poco. Observé cómo se alejaba. De entre tantas personas, ella era la única que sobresalía. Su forma de caminar, su manera de retirarse el cabello… Todo en ella era
una constante provocación. «Dios, cómo la odio.»

Narra ______

Llegué a la barra y llamé al camarero. Necesitaba una copa urgentemente. Estaba demasiado atacada. El muchacho me ignoró y volvió a hacerlo las veces siguientes. Entonces apareció Alex, que saltó dentro de la barra ágilmente. Daniela negó con la cabeza mientras soltaba una carcajada.

—La ley Jonas, chicas. Joe dice que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.— Volvimos a sonreír. Esta vez tuve que esforzarme y Alex se dio cuenta— Bueno, ¿qué queréis?— preguntó.
Todavía no tenía la copa, cuando las manos de Giulio rodearon mi cintura. Bailaba lentamente mientras se apretaba a mí. Ahora sonaba Bruno Mars. Apoyó sucabeza en mi hombro y susurró:

—Yo te quiero a ti…— El rostro de Alex se endureció mientras yo me encogía. Giulio estaba borracho y su olor a alcohol eclipsó mi aroma de Carolina Herrera.—… pero en mi cama.

Alex saltó de la barra y me apartó de él. Mi espalda rebotó bruscamente contrala madera. Daniela me cogió para evitar que cayera al suelo. Las baldosas estaban demasiado resbaladizas.

—Pulga asquerosa, no te acerques a ella. No quiero que te acerques a ningunade mis chicas, ¿entendido?— amenazó Alex cogiéndolo del cuello. Me sentí orgullosa de que me considerara parte de sus amigos, y a los amigos los protegía hasta el final. Aquella también era otra de las leyes Jonas. Pero nocomprendía por qué tenía aquella reacción con él. Joseph también había evitado que me acercara a Giulio; recuerdo que me hizo rabiar utilizando el pretexto de que era una chica fácil. Miré a Daniela. Parecía nerviosa.— ¿Qué haces aquí? Nadie te ha invitado.— La cosa comenzaba a calentarse y decidí acercarme.
—Alex… —Le puse la mano en su musculoso hombro— Tranquilo.— Giulio me miró, suplicante.— ¿Querías algo, Giulio?— pregunté tranquila.
—Solo una copa.— Se tambaleó al responder— Bueno, y también un bailecito contigo.— Comenzó a bailar sin ritmo.
—¡Y una mierda, largo de aquí!— clamó Alex, antes de que me interpusiera.
—Está bien, pero después te irás, ¿de acuerdo?— dije antes de que Alex mecogiera del brazo y me arrastrara unos metros.
—¿Te has vuelto loca? ¿Tú sabes lo que le hizo a Daniela?
—¿Cómo dices?— pregunté sorprendida mirándoles a los dos. Estaba totalmente desconcertada.
—Intentó violarla, ¿sabes? Ese cabrón se propasó con ella. Suerte que Joe llegó a tiempo. Por eso no comprendo qué hace aquí. Él no estaba en la lista de invitados.— ¿De eso se trataba? ¿Por eso Joseph se comportó de aquella forma? Dios mío, estaba hecha un lío. Y lo peor de todo es que no había otra forma de que aquel tío se marchara. Le miré. Sí, le creía capaz de hacer una cosa así. Me exasperaba pensar que Daniela hubiera pasado por aquello.
—¿Por qué no me lo habías dicho? ¿Te hizo daño?— pregunté acongojada. Daniela tragó saliva, pero forzó una sonrisa para que yo no me alterara.
—Se solucionó, ______, pero ese tío no es de fiar.— Giulio interrumpió la conversación volviéndome a coger de la cintura.
—Vamos, preciosa… —Se acercó a mis labios. Lo empujé y lo cogí de la chaqueta con una fuerza que ni yo creía tener.
—Punto uno, no te acerques a más de un metro de mí. Punto dos, no quiero nada contigo. Punto tres, y el más importante, te largarás de aquí en cuanto termine la puñetera canción ¿Entendido?— le dije, seria.
—Claro… —Levantó las manos.
—Ni de coña— dijo Alex empujándolo. Lo envió un metro hacia atrás.
—Solo será un baile, Alex. Así podremos lograr que se vaya.
—Si Joe se acabara enterando…— Se detuvo y me esquivó la mirada. Fruncí el ceño al descubrir que Alex sabía más de lo que quería mostrar. Después de todo, era normal. Taylor, Alex y Eric eran los mejores amigos de Joseph, no era de extrañar que supieran… algo… de… ¿de qué?— Estaré vigilando.— Asentí antes de sentir como Giulio me arrastraba a la pista de baile. La compañía para bailar no era nada agradable; además, la melodía era demasiado sensual como para seguirla como dios manda teniendo a Giulio como pareja.
—¿Qué quieres beber?— me preguntó Giulio.
—Un ron con limón. Y cuidado con lo que haces, Giulio. Tengo buen olfato.

Giulio comenzó a tirar de mí en dirección a la barra de la carpa. Estaba segura de que quería salir fuera para que Alex nos perdiera de vista. Así fue. Seguí intentando disimular el miedo que sentía después de saber de lo que era capaz. En aquel corto trayecto, mi mente comenzó a idear diversas formas de escapar si había problemas.

Narra Joe

Caminé por el porche hasta que pude ver el mar. Estaba agitado, aunque solo podía ver la orilla. No había demasiada luz para alcanzar a ver el horizonte. De repente, el sonido de unos pasos resonó a mi derecha. Desvié la mirada lentamente y allí volvía a estar ______, pero no me miró. Se ocultó tras su largo cabello. Miré a su acompañante e instintivamente cerré los puños, enfurecido. Era Giulio y estaba aferrado a la mano de ______. Enseguida la soltó, pero solo para cogerla de la cintura de una forma brusca. Ella frunció el ceño, parecía cansada de tenerle cerca. Me froté la mandíbula para controlar las ganas que tenía de pegarle.

—Vaya, ¡mira quién está aquí!— exclamó con sorna Giulio. Me mordí el labio al ver que ______ tragaba saliva cabizbaja. Decidió mirarme y me envió una mirada suplicante. Comprendí lo que quería. No deseaba que me enfrentara a Giulio. Caminé hacia ella y acerqué mis labios hasta su oído. No se puso tensa. Es más, acercó su mejilla y la pegó sutilmente con la mía mientras cerraba losojos.
—No te alejes demasiado, por favor— le dije.

Me quedé allí unos segundos más sintiendo cómo su cabello me acariciaba la cara y el pecho. No quería irme. Pero lo hice a regañadientes. Me alejé lo suficiente para que me perdieran de vista, pero no lo bastante para dejar de verlos. Cerré los puños y le di una patada a la valla. Después me apoyé en ella mientras negaba con la cabeza. No la odiaba, simplemente me odiaba a mí mismo por no saber por qué la necesitaba. Mejor dicho, por no querer reconocerlo
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Wenn
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 26th 2012, 10:04

Ahi esta Irene, 3 caps para ti... gracia spor comentar!! bye!!
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IrennIsDreaMy
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 26th 2012, 10:50

me encantoooo jooooo
es una necesidad seguir leyendo por fii
sube prontito la adoroo
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andreita-593
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 27th 2012, 18:52

me encanta! síguela
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 28th 2012, 13:34

CAPÍTULO 18 Primera Parte

Narra ______

Volví a mirar hacia el porche por encima del hombro de Giulio. Allí estaba, conversando algo tenso con su primo, y con Alex y Daniela. Estos últimos estaban abrazados (muy melosos) mientras escuchaban a Taylor, que hablaba en ese momento. Ni rastro de Erika; llevaba esquivándome toda la noche. Giulio acarició mis brazos desnudos. Mi piel estaba erizada, hacía mucho frío, pero había olvidado coger la chaqueta. En realidad, ni siquiera me había dado cuenta de cómo había llegado hasta el punto más alto del promontorio. Estaba demasiado confusa y absorta por culpa de la cercanía que habíamos tenido Joe y yo minutos antes.
La brisa agitó mi cabello y me estremecí al sentirla en mis hombros.

—¿Tienes frío?— susurró Giulio, dejando que sus labios rozaran mi frente. Me aparté enseguida.
—No te preocupes. Estoy bien.— Hacía mucho más frío en aquel lugar, pero no quería que Giulio se me acercara. Pasó sus manos por mi cintura y me envolvió con aquel aroma a alcohol que tanto odiaba.
—Estás espectacular esta noche. No sabes la cantidad de cosas que te haría.— Volvió a susurrar mientras sus manos se deslizaban vientre abajo. Las retiré con fuerza.
—Giulio, no estoy aquí porque me gustes, sino porque quiero que te largues cuanto antes. Así que acabemos con esto, ¿quieres?— Si volvía a tocarme, le daría una patada. Derramó su bebida sobre la roca dejando que nos salpicara los pies, y volvió amirarme. Después, tiró la copa. El cristal se hizo añicos y no pude evitar sentir un escalofrío. Dio un paso más hacia mí. Volví a alejarme. Pronto me quedaría sin terreno. Estaba demasiado cerca del borde del acantilado.
—¿Quieres que terminemos con esto?— preguntó, pasándose la lengua por loslabios.
—Eso es lo que he dicho.— Le reté, colocando mis brazos en jarras.
—Bien, pues empecemos cuanto antes, ______.— De repente, un impulso me llevó a mirar a Joseph. No estaba demasiado lejos, pero tardaría un poco en llegar hasta mí. Estaba dispuesta a gritar para advertirle.— ¿Sabes una cosa?— dijo Giulio terminando de acortar nuestra distancia. Ya no podía retroceder. Caería al vacío si daba un paso más hacia atrás— Comienza amolestarme ese corpiño.— Acarició la curva de mis pechos. Miré hacia atrás intentando descubrir cómo escapar— También me molesta este pantalón.— Me cogió de lascaderas y me besó. Intenté alejarle, pero él empleó toda su fuerza conmigo. Retiré mis labios, pero su lengua continuó vagando por mi cuello. Evité que descendiera flexionando las rodillas e intentando alejarlo de mí. De nuevo, perdía. Me impulsó hacia arriba y volvió a besarme. Me concentré en esquivarle. Era imposible gritar.— No te resistas, ______. No servirá de nada— mascullaba mientras deshacía el nudo de mi corsé.
—¡Suéltame!— grité sin poder terminar la palabra. El nudo estaba deshecho, solo faltaba que tirara de las costuras. Pero no lo hizo. Volvió a acariciar mis pechos. Esta vez con mayor agresividad. Le mordí el labio y unas gotas de sangre se mezclaron con nuestras bocas, en medio de un beso. Creí que en cuanto sintiera el dolor se apartaría, pero no lo hizo. Sonrió mientras me besaba y tiró de mi cabello hacia atrás. ¿Qué más podía hacer? Lo intenté todo, pero Giulio era demasiado grande para mí. Solo su pecho ya me ocultaba. Una lágrima se deslizó por mi mejilla en el mismo instante que solté un pequeño y ahogado gemido. Alex llevaba razón… y también Joseph.

—Sí, nena.— Sonrió, como si yo pudiera estar disfrutando. Tragué saliva y le di una patada en la entrepierna. Comenzó a gemir del dolor mientras se llevaba las manos a sus partes doloridas. Me impulsé hacia delante para salir de allí corriendo, pero me cogió de la muñeca y me empujó dejándome al filo del promontorio.
—¡Maldita zorra!— exclamó antes de darme una bofetada. Caí.

El viento aumentó a mi alrededor y me envolvió haciendo que sintiera la velocidad que llevaba. No pude ver nada, el cabello cubrió mis ojos. Tampoco pude gritar. Mi garganta no respondía en aquel momento. Solo podía sentir cómo caía y caía. No sobreviviría. No podría esquivar aquellas rocas puntiagudas que salían del agua. Tensé el rostro y cerré los ojos. Solo vi una imagen. «Joseph», susurró mi fuero interno. Con el murmullo de su nombre en mi mente impacté en el agua. Un dolor punzante y agónico se clavó en mi espalda. Pero era agua, no sentí nada más que agua engulléndome y arrastrándome hacia el frío y oscuro fondo. Solté el poco aire que me quedaba y me ordené subir. Me ordené luchar por conseguir una bocanada de aire.

Pero mis brazos no eran capaces de avanzar. Seguía cayendo. Hasta que choqué con una roca. Mi cabeza impactó con ella. El mundo se apagó.
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 28th 2012, 13:58

nooooo la dejes hay mujer que me matas a mi en lugar de a ella
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 28th 2012, 14:02

IrennIsDreaMy escribió:
nooooo la dejes hay mujer que me matas a mi en lugar de a ella


Estaba segurisima de que comentarias algo asi... es por eso que lo corte el capitulo... Hahahaha
Lo hize a proposito.. ^^

Sigue con la curiosidad... veere si puedo publicar maniana... esuq eire a casa d emi prima..... pasaremos un dia de chicas... si!!! bueno, aunque ella tenga 28, se comporta como de 16, tenemos cosas en comun... ^^ bye... solo imagina que... bueno.. en el prox cap... Joe hara algo.... y confesara algo.... creo ... bye
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Julio 28th 2012, 14:12

no seas mala conmigo jopeeee
ahora hasta qeu subas estare dale que te dale a la cabeza...
jopeee bueno aqui me espero
espero que disfrutes tu dia de chicas
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Hoy a las 21:44

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