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 MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)

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Wenn
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Agosto 21st 2012, 07:57

TIENES RAZON! DISCULPA!!!!


CAPÍTULO 39

Narra ______

Gemí mientras volvía en mí. Intenté moverme con cuidado sintiendo cómo el dolor se despertaba conmigo. No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente. Suponía que a nadie le importaba, ni siquiera se habían molestado en taparme cuando me habían tirado en la cama como si fuera un perro. Para ellos no era más que un juguete roto. La luz del día que entraba por las ventanas era muy tenue. Pensé que podía estar amaneciendo, pero cuando miré el reloj me di cuenta de lo equivocada que estaba. El sol se escondía tras completar otro ciclo. Intenté incorporarme, pero sentí una fuerte punzada en mi espalda, como si una enorme piedra me hubiese estado aplastando todo el día.
Las piernas tampoco respondían y comenzaron a temblar. Por un momento, creí que no podría caminar, pero luché por sentarme en la cama y poner los pies en el suelo. El contacto me produjo un escalofrío placentero. Me impulsé con cuidado y me puse de pie. Pero perdí el equilibrio y caí en la cama. Me estudié el cuerpo levantándome la ropa: no había ni una señal, ni un simple moratón, nada. Era tal el dolor que sentía que la presencia de alguna marca me habría consolado. Volví a levantarme jadeando silenciosamente. Mantuve el equilibro y me ayudé de los barrotes de la cama para avanzar hasta la terraza.
Necesitaba sentir la brisa en mi rostro. Pero, de repente, caí en la cuenta de algo extremadamente importante. Con rapidez me miré en el espejo mientras palpaba mi ropa. Llevaba puesto el mismo chándal que en el cementerio. Estaba manchado de barro y algo rasgado por las rodillas. Me descalcé y miré en mi calcetín. El simple gesto de inclinarme me hizo ahogar un grito de dolor. Sentí una punzada en el estómago, pero ahora no podía quejarme. Seguramente, me habrían registrado cuando perdí el conocimiento. «Porfavor, por favor, que no me hayan quitado…» Allí estaba la tarjeta, intacta.

De repente, la puerta se abrió sin que tuviera tiempo de volver a esconder latarjeta. Apareció Enrico con una cara totalmente consternada. Se le veía agotado y, sobre todo, muy preocupado por mí. Intenté levantarme del suelo e ir en su busca, pero cuando ya estaba incorporada me tambaleé. Caí en sus fuertes brazos y me llevó de nuevo a la cama. Su respiración, normalmente armoniosa y apacible, estaba visiblemente agitada. Me acarició las mejillas y me abrazó con fuerza. Después, se apartó y comenzó apalpar mis piernas

—Quítate la chaqueta.— Bajé la cremallera y, con esfuerzo, me retiré la chaqueta hacia atrás. Levantó mi camiseta y comenzó a palpar mi estómago y mis costillas como si de un médico se tratase.
—¡Au!… —me quejé tan discretamente como pude.
—¿Te duele aquí?— preguntó, presionando en el costado.
—Un poco.
—Mentirosa… Tienes que quitarte la camiseta. Quiero ver tu espalda.

No le importó que estuviera en sujetador, lo único que Enrico quería era examinarme. Sabía que me habían pegado; más bien, que me habían dado una paliza de esas que nunca se olvidan y que te dejan en cama más de una semana. Presionó mi espalda y me encogí. Ya no podía fingir por más tiempo. El dolor era espantoso. Me ardía todo el cuerpo y no podía disimular porque Enrico tocaba en el lugar preciso.

—Está inflamado, pero no hay ninguna señal. ¿Qué utilizaron?— Cerré los ojos e intenté ocultar mi rostro.
—Toallas… —susurré volviendo a revivir la escena. Jamás podría olvidar el rostro impasible de mi padre mientras Valentino me pegaba con fuerza. Enrico apretó la mandíbula y negó con la cabeza lleno de furia.
—Lo siento. Siento no haber estado allí.— Él no tenía la culpa y en aquel lugar no podría haber hecho nada.
—No lo sientas. Joe te necesitaba más que yo. No podrías haber evitado nada estando conmigo, y lo sabes, Enrico.
—Sí, lo sé, pero al menos te habría protegido.
—¿De qué? Te habrían descubierto y todo se habría ido al traste. No te sientas culpable. Estoy bien, algo… dolorida, pero se pasará. Supongo.

Introdujo su mano en el bolsillo de su pantalón y extrajo una ampolla. La agitó haciendo que el líquido se tornara blanquecino y la abrió antes de entregármela.

—Tómate esto, te aliviará en unas horas— murmuró.
—¿Qué es?— pregunté casi al mismo tiempo que me lo introducía en la boca. Tenía un sabor amargo, como el limón, y escocía un poco. Hice una mueca al tragar.
—Es un fórmula que inventó Fabio para eliminar los dolores internos y evitar también posibles hemorragias o daños mayores.— Empecé a pestañear—. Ahora tedormirá y durante el letargo mitigará los dolores. Es un potente somnífero.
—Pero… tengo muchas preguntas que hacerte… —Me costó hablar; los párpados se venían abajo, como losas.
—No tenemos tiempo, ______. He conseguido colarme porque los he enviado acenar. Hay dos guardias en la puerta vigilando. Y tenemos más de una docena de hombres abajo solo custodiando tu balcón. No pueden verme aquí dentro.
—Necesito… saber… —La cabeza comenzó a darme vueltas— Quiero saber cómo… está… Joe.
—Tranquila, él está bien. Preocupado por ti, pero está bien. Ya le hemos curado y no ha sido nada. Solo un rasguño, la bala no llegó a penetrar.— Me incliné hacia Enrico sin poder controlar mis movimientos. Me tumbó y me cubrió con mi edredón— .______, ¿todavía puedes escucharme?— Asentí con la cabeza, pero sin fuerzas para mantener los ojos abiertos.— Bien, quiero que prestes atención, ¿de acuerdo?— Volví a asentir mientras la droga empezaba ya a aturdirme
—Adriano ha ganado las elecciones y celebrará su triunfo en el yate, mañana. ¿Recuerdas?
—Sí…
—Todo es una trampa. Quiero que no te separes de mí en ningún momento.
—¿Por qué me lo dices ahora?
—Porque no podremos volver a hablar de esto en otro momento.
—Podrías… podrías haberlo dicho antes de… darme… esto.
—Lo sé, pero no esperaba que hiciera efecto tan rápido. ______, por favor, tienesque hacerme caso, ¿de acuerdo? Los Jonas van a hacer estallar el barco con todos dentro, y tú y yo tendremos que escapar antes de que ocurra. No puedes separarte de mí, ¿entendido?
—Sí… —Abrí la palma de mi mano en un último esfuerzo para entregarle a Enrico la tarjeta
—Toma, es… la tarjeta. Dentro de… la caja… hay unas…coordenadas…

Caí en un sueño profundo en el que Joe surgía de entre la neblina.

Narra Joe

—¿Qué le han hecho?— pregunté a Enrico en cuanto entró en el salón de micasa.

Él bajó la cabeza mientras Tay se incorporaba en el asiento y lo miraba expectante. Todos estábamos ansiosos por saber cómo se encontraba ______. Incluso mi abuela, que no había podido dormir y se había quedado con nosotros en el salón. Mi madre se frotó las manos.

—Habla de una vez, muchacho— dijo nerviosa.
—Le dieron una… paliza. —Enrico se mordió el labio inferior esperando mi reacción colérica. Cerré los ojos mientras me mordía el puño fuertemente cerrado.
—Hijos de puta. ¿Quiénes había?— preguntó Tay.
—Todos. Le pegaron con toallas para no dejar marcas.
—Para que se luzca preciosa mañana por la noche. Malnacidos— mi abuela tomó mi mano y se acercó a mi oído
—Tranquilo, mi pequeño, la sacaremos de allí y lo sabes. Pronto estarás con ella.— Aunque las palabras de mi abuela me dieron fuerza y sabía que eran verdad, no pude evitar saltar del sofá.
—Eso llevo diciéndome dos días. ¡Dos días, abuela! Pero no me consuela— grité irascible.

Salí de allí sabiendo que dejaba a mi familia más consternada de lo que ya estaba. Ellos estaban compartiendo conmigo cada minuto, para que la ausencia de ______ no fuera tan dura. Había tomado somníferos para dormir, pero no me habían hecho efecto. Solo habían servido para traerme su rostro a mis sueños continuamente. Mi alma estaba en una de las habitaciones de la mansión Carusso.

Llegué a mi cuarto e intenté cerrar la puerta, pero Enrico me lo impidió. Me observó fijamente y, tras unos segundos de silencio, me cogió del brazo tirando hacia él. Me abrazó y yo me perdí en su pecho en busca de un consuelo que no encontraba.

—Solo unas horas, Joe. Después te irás con ella. Lo sabes, solo aguanta.— Me aparté lentamente.
—Lo sé, pero me resulta muy difícil la espera.— Enrico asintió con la cabeza antes de cerrar la puerta.
—Bien, ¿qué es lo que falta?— preguntó.
—Nada. Todo está listo.
—¿Y el viaje?
—Fue lo primero que organicé.— Me llevaría a ______ a Londres.

Aquel lugar era de los pocos donde los Carusso no habían extendido sus redes. En casi todos los países había algún que otro infiltrado, no solo de los Carusso o los Bianchi, sino también de sus clanes hermanados, aquellas familias que habían preferido seguir con ellos a pesar de la traición. Me atusé el cabello algo nervioso. Tenía miedo de que nada saliera como estaba previsto.

—¿Y si nos equivocamos? Sabemos cómo es Virginia. Nos ha demostrado de lo que es capaz. No pondré en peligro la vida de ______ otra vez.
—No fallará. Londres no está tomada por ellos. Es el lugar perfecto.
—Sí, es cierto.— Enrico caminaba de un lado a otro, pensativo. Quería hacerme una pregunta y no sabía por dónde empezar.
—¿Que haréis cuando cumpla los dieciocho?— preguntó por fin. Lo miré como solo un hombre enamorado podía hacerlo. Un único pensamientose cruzó en mi mente y Enrico supo captarlo. El resto de mi familia ya estaba enterada. Sabían cuáles eran mis planes y estaban seguros de que ______ aceptaría. Tan seguros como yo. Enrico sonrió y resopló al mismo tiempo.
—Es un paso trascendental, ¿lo sabes, verdad?
—Sí, pero estoy más que dispuesto.
—Quiero que me avises. Me gustaría estar presente en ese momento.
—Sabes que lo haré

CAPÍTULO 40

Narra Joe

Emilio apareció agarrando a Virginia del brazo. Parecía tranquila y no oponía resistencia. Incluso dejaba que asomara una sonrisa malévola de la comisura de sus labios. No quise mirarla, pero el cristal de la ventana me mostró su reflejo. Se atrevía a envalentonarse después de todo lo que había hecho. Me levanté lentamente de la silla, contemplándola al fin. Estaba en lo cierto al pensar que sonreía. Retiré a Emilio de un empujón y le di un bofetón a Virginia antes de cogerla del cuello. La arrastré hacia la mesa y coloqué su cabeza sobre la madera echando mano de mi pistola. La mataría allí mismo ¿por qué esperar?, ¿por qué tener compasión cuando ella no la había tenido ni con Fabio ni con ______? Hundí la punta de mi pistola en sus rizos cobrizos y presioné con fuerza.

—¿Qué tienes que decir ahora, Virginia? Ya no está tú Jago para librarte de esta— mascullé encolerizado mientras quitaba el seguro del arma; estaba preparado para disparar, pero mis hermanos me retiraron a tiempo. Forcejeé.
—Hijo mío, recuerda que tenemos un final mejor para ella— repuso mi padre mientras Emilio la arrastraba— Sentadla— ordenó antes de que el rostro se le tensara— Si no dejas de sonreír no volveré a detener a mi hijo.

Virginia cambió la expresión, pero no dejó de plantarle cara a mi padre. Branko, mi tío materno, se colocó detrás de su cuñado.

—¿Sabes lo que supone para mí que una traidora como tú haya usurpado mi apellido? No lo sabes porque solo eres una rata apestosa. Has jugado con mi nombre, has jugado con mi familia. Has matado a mi hermano pequeño. ¿Cómo has tenido valor?— dijo mi padre reprimiendo las mismas ansias que yo tenía de matarla. Domenico presionaba el bolígrafo sobre la mesa. Incluso llegó a romper la punta de la rabia que le consumía. Tenía enfrente a la asesina de su hijo menor y era difícil mantener la calma.
—¿Qué te ofrecieron?— preguntó Alessio.
—Nada.
—A Jago— repuse yo mientras mis hermanos me liberaban.
—No lo metas en esto— masculló Virginia, enfurecida. Me abalancé a por ella dando un golpe en la mesa.
—¡Y una mierda! ¡Tú metiste a ______!
—Ella se metió solita.
—¿Sabes lo que pienso hacer? Matar a Jago como tú hiciste con mi tío.— Virginia sonrió soltando una carcajada.
—No, no lo harás, porque ellos tienen a ______.
—¿Cómo te atreves a enfrentarte a mí?— masculló mi padre.
—¿Tanto te interesa esa niñata, Paul? No es más que una…— Alessio le cruzó la cara con el reverso de su mano y después se acercó a su oído.
—Meterte con ella supone meterte con nosotros, cuñada— dijo mi tío.
—¡Fabio robó a los Carusso algo que les pertenecía!— clamó la pelirroja. Domenico se alzó de la mesa, impetuoso, mientras todos le observábamos. Ella se asustó y entornó los ojos siguiendo los movimientos de mi abuelo, que se inclinó hacia Virginia y colocó su viejo rostro a solo unos centímetros.
—Mientes, fue al revés y lo sabes. No juegues al despiste con nosotros, Virginia— dijo mi abuelo.

Domenico miró hacia la puerta en el momento en que se abrió. Tras ella apareció uno de los guardias escoltando a mi abuela, Ofelia, que portaba una gran caja blanca. Se la entregó al escolta y miró a su marido. Domenico asintió con la cabeza mientras ella se acercaba hasta él. Me sorprendió ver a mi abuela allí dentro. Siempre se había mantenido al margen, aunque yo sabía que le daba ideas a mi abuelo y que siempre apoyaba a la familia. Pero en aquel momento no se trataba de un simple negocio. Su hijo había muerto y quería mirar a la cara de la persona culpable de aquella desgracia. Mi abuela miró a Emilio y le hizo un gesto con la barbilla. Este cogió a Virginia del brazo y la puso en pie. Ofelia la observó durante unos segundos con una templanza y frialdad que daban miedo. Después tomó aire y negó con la cabeza antes de que Domenico le colocara una mano en la espalda. Quería compartir el dolor con su esposa.

Sin previo aviso mi abuela le dio una bofetada que retumbó en todos los rincones del despacho. Creo que fue la más dura de todas, porque Virginia ni siquiera se atrevió a levantar la cara. Se ocultó bajo el flequillo y se quedó mirando el suelo. Acto seguido, Ofelia escupió a sus pies. Virginia siguió sin mirar, pero se encogió aún más.

—Ni siquiera llegas al nivel de ese escupitajo. Eres bazofia.— Mi abuela miró hacia el escolta que había entrado con ella y asintió con la cabeza. El guardia enseguida abrió la caja y retiró el papel de seda que cubría el interior— Pero, después de todo, voy a obsequiarte con algo. Adelante, Leandro, trae el presente a nuestra querida Virginia.

Leandro sonrió entre dientes y extrajo un vestido rojo de corte griego. Por un instante imaginé a ______ con un vestido parecido a ese. El rojo le favorecía mucho más que cualquier otro color. Virginia por fin miró y frunció el ceño al ver aquello. Sabía que algo se ocultaba tras aquel gesto y yo sonreí al verla por fin con rostro dubitativo y algo temeroso.

—Espero que sea de tu agrado. Es de diseño, concretamente de Roberto Cavalli. ¿Os he dicho que adoro a ese diseñador?— Mi abuela hizo una mueca— No me gusta el corpiño en este tipo de vestidos, pero me he permitido una excepción contigo, ¿quieres saber por qué?— Me miró con fijeza. Aquello significaba que me daba permiso para que yo continuara.
—El corpiño lleva unos filamentos de fibra de carbono rellenos de nitroglicerina. Se unen a un pequeño dispositivo que hay en la cintura; «tu marido» lo inventó. De esa forma no explotará antes de lo previsto— dije con sorna mientras acariciaba el filo de la mesa. Sabía que no me quitaba los ojos de encima. Me acerqué hasta la caja para coger un pequeño mando. Era plateado y tenía unos botones numéricos y tres más sobre la minúscula pantalla— En el momento en que se presione este botón— dije señalándole el de color rojo— la nitroglicerina hará explotar un perímetro de quinientos metros. Espero que comiences a entender lo que te estoy diciendo.

Virginia tenía los ojos abiertos de par en par y sus pupilas temblaban. Ya no le quedaban fuerzas para burlarse. Estaba aterrada. Había entendido perfectamente. Ella sería la bomba. Se humedeció los labios y se recompuso.

—______ estará en el barco. ¿También piensas hacerla saltar por los aires?— repuso, torciendo el gesto. Sonreí imitando su expresión. Mi frialdad sorprendió a los presentes, que sabían que me descontrolaba cuando se mencionaba a ______.
—Para cuando tus extremidades se mezclen con las de los demás invitados, ______ estará a salvo, conmigo.— Virginia apretó los dientes antes de enseñarlos cual perro rabioso.
—Irás a la fiesta y fingirás; eso se te da muy bien, ¿no es cierto? Si intentas quitarte el vestido, morirás. Y si piensas hacer alguna estupidez también morirás— continué explicando bajo la sonrisa de mis abuelos y de mis tíos.
—¿Y si les aviso?— Me provocó y yo caminé hacia su posición. Me coloqué detrás de ella, retiré su cabello con delicadeza y acaricié su nuca. La piel de su cuello se erizó y su cuerpo se estremeció. Eso me dio más seguridad. Meincliné hacia su oído y lo rocé con mis labios.— Mañana morirás de cualquiera de las formas. Pero puedes estar contenta, Jago te hará compañía.

Narra ______

La suntuosa limusina negra se detuvo frente a una alfombra roja que llevaba a la pasarela del barco. Los fotógrafos y los periodistas se agolpaban a ambos lados de unas cintas custodiadas por el personal de seguridad. Gritaban y agitaban sus micrófonos y cámaras, histéricos por intentar hablar con el nuevo alcalde de Roma. Aquello parecía más el estreno mundial de una super producción cinematográfica de Hollywood que una ceremonia política. Si supieran cómo terminaría la noche, seguro que estarían haciendo que sus portátiles echaran humo para escribir un artículo que describiera la masacre.
Nadie que subiera a ese barco sobreviviría. Excepto Enrico y yo. Quizá debería haberme sentido mal por lo que iba a ocurrir, quizá debería avisar a mi familia. Pero ya no sentía ninguna estima por ellos, solo odio. Que ardieran en el infierno era lo único que deseaba.
Casi todos los invitados habían llegado; ministros, magnates, aristócratas…
Valentino me observó las piernas y se bebió la copa de champán de un sorbo. Después, echó un vistazo a los fotógrafos.

—No deberías haberte puesto un vestido corto. Se trata de una ceremonia, no de un cóctel ni nada parecido. ¿Acaso no te han enseñado las reglas del protocolo, niña?

Lo que realmente le fastidiaba es que la marca de mi ropa fuera Dolce&Gabbana. ¡Ja!, que ironía. (pd: en el libro el nombre de "Joe" es Cristianno Gabbana, es por eso que Valentino odia ese vestido xD, que se pudra ese hijo de... Mejor la sigo...)

—No seré tan niña si me quieres convertir en tu esposa— repuse con desdén. Quiso contestar, pero le interrumpió el nuevo chófer.
—Cuando esté listo, señor Bianchi.
—Ya lo estoy— contestó con arrogancia.

Lo miré con fijeza y sonreí. La pierna me quedó al aire cuando empecé a salir del coche. Era un vestido entubado y de escote pronunciado; la falda tenía una abertura desde la rodilla hasta elmuslo, así que quise aprovecharla. Me pareció gracioso ver cómo los fotógrafos se peleaban por conseguir una instantánea de mi pierna semidesnuda. Quería provocar y lo estaba consiguiendo. Me retiré el cabello y volví la mirada hacia Valentino.

—Hoy a cualquier persona la llaman señor o caballero. Que contrariedad, ¿no teparece?— Salí del coche con aire de superioridad.

La ______ arrogante y calculadora en la que me habían convertido en tan solo unos días me hacía sentir poderosa. Pero Valentino no se quedó de brazos cruzados. Me cogió de la cintura y esperó a que todos los flashes estuvieran en nuestra dirección para soltarme un beso. No un beso cualquiera, sino un beso digno de grabar. La mitad de Roma me habría colgado por pensar que los labios de Valentino me resultaban asquerosos. Todo el mundo estaba loco con aquel muchacho de veinte años.
De hecho, todo el mundo lo admiraba, aunque si la prensa hablaba de él era porque no podía hacerlo del menor de los Jonas, que se lo tenía prohibido, y por tanto debía alimentarse de las sobras, es decir, de Valentino.

—¿Qué estás haciendo?— pregunté furiosa alejándome de sus labios.
—Besar a mi futura esposa.
—Deja de decir eso de una vez. Me dan náuseas cada vez que lo escucho.— Me empujó hacia los periodistas para que empezaran las preguntas. No estaba dispuesta a escuchar nada, pero me fue imposible zafarme. Debía aguantar y las miradas de Enrico, desde el barco, me lo confirmaron.
—¿Por qué os casáis tan jóvenes?
—Eso mismo le pregunto yo— intervine mirando a Valentino expectante. Él me devolvió una mirada cargada de furia pero supo disimular.
—Bueno, nos amamos demasiado y es una tontería esperar, ¿no es cierto,cariño?— Si las miradas matasen, Valentino habría caído fulminado. Me lo quedénmirando con cara de póquer hasta que dejó de hablar y se despidió de todos losperiodistas.
—Eres un hijo de…
—Dime una cosa, ______ —me interrumpió— ¿por qué te resistes? ¿Por Joseph?— Apreté los dientes al escuchar su nombre— Cuidado con el escalón.

Como el gran «caballero» que era, Valentino pasó primero y se puso a hablar con los invitados reunidos en la cubierta de proa. Sin poder evitarlo, miré hacia el puerto. Sabía que no los vería, pero me encantaba pensar que estaban allí, escondidos en alguna parte. Por un momento creí que les tenía a mi lado, y aquello me dio fuerza. En cubierta, me quité el chaquetón. No es que hiciera calor, pero quería exhibir aquel maravilloso vestido, lo que provocó no pocas miradas, algunas de ellas procedentes de los camareros. ¡Los camareros! Ellos no tenían la culpa de nada y sus vidas… Entonces, sentí una caricia conocida en mi brazo.

—Estás preciosa— susurró Enrico en mi oído antes de que me diera la vuelta y le mirara—. ¿Estás bien?
—Todo lo que uno puede estar en una situación como esta.— Me obligué asonreír— Tengo ganas de que todo termine.
—Solo quedan un par de horas. ¿Recuerdas lo que te he dicho?
—Perfectamente.
—Por favor, ______, no te pierdas de vista. Saldremos del barco quince minutos antes de la explosión.— Volví a mirar a los camareros, a la orquesta. Todos ellos morirían. Y mi familia… también.— Aquí no hay gente inocente, ______. Todos están implicados.— Enrico interrumpió mis pensamientos— Desde el primer camarero hasta el último violinista. Todos saben lo que se cuecede aquí.— Los miré de nuevo y escudriñé en sus ojos. Seguramente era cierto, y mis ojo inexpertos no lo habían descubierto. Tenía que aprender tantas cosas…— No te lamentes, porque no hay nada que lamentar.
—Quince minutos antes de las doce— susurré mirando el suelo.
—Quince minutos
—Por favor, presten atención, será solo un momento— dijo Valentino subido en el escenario. Le miré temerosa presintiendo lo que se disponía a hacer.— Quiero aprovechar esta pequeña reunión para hacer publico algo muy importante para mí.

«Pequeña reunión, será imbécil.»

—______, mi amor, ¿por qué no te acercas?— Me sonrojé al percibir las miradas de todos los asistentes. Di un paso atrás, pero Enrico lo evitó.
—No pienso ir— musité, negándome.
—Quince minutos antes de las doce, ¿recuerdas?— me animó Enrico indicándome con la mirada que caminara hacia Valentino.

«Joe, en un rato estaré contigo», pensé mientras fingía una sonrisa. Subí al escenario y Valentino cogió mi mano.

—Bien, todos sabéis que esta es una noche muy importante. Pero no solo porque estamos aquí reunidos celebrando que mi padre ha ganado las elecciones, aunque… ¿quién lo dudaba? —Todos rieron con aquel chiste sin gracia— También porque quiero deciros que estoy enamorado.— Se oyó un «¡Oh!» al unísono. Repugnante— Y quiero que todos seáis testigos de este momento.— Valentino me miró y se acercó a mí— ______, ¿quieres casarte conmigo?

Mi corazón se paralizó y todos los invitados dejaron de respirar para escuchar la respuesta. Se les notaba locos de contento. Enrico se atusó el cabello con nerviosismo y mi padre me hacía señas con los ojos para que dijera el puñetero «Sí, quiero» de una vez. Entonces, vi a Virginia apoyada en la barra, que me miraba por encima de su copa mientras Jago le besaba el cuello. No me casaría con Valentino, solo debía fingirque sí lo haría. Lo miré y sonreí.

—Sí, claro que sí.— Solo Enrico supo comprender la sorna de mis palabras. Estallaron en aplausos mientras soportaba los besos de Valentino. Me abrazó con fuerza.
—Has estado genial— susurró.
—Lo sé. Ahora, si me disculpas, tengo que ir al lavabo. Me han entrado ganas de vomitar.

Me alejé deprisa esquivando a toda la gente que se empezaba a agolpar alrededor para felicitarnos. Descendí unos escalones y entré en una pequeña sala. Después crucé un pasillo hasta los lavabos. Entré empujando con fuerza. Necesitaba estar sola, aunque solo fueran cinco minutos. Me humedecí la cara y me contemplé en el espejo cuando vi que el pomo de la puerta giraba. La persona que menos esperaba apareció con una gran sonrisa en sucara.

—Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí. La señora Bianchi— dijo Virginia conchanza mientras cerraba la puerta y se apoyaba en ella. Cerré el grifo y me di la vuelta. La miré de arriba abajo y sonreí.
—Sabes, Virginia, me pregunto si te sientes cómoda con ese vestido. La verdad es que es un corte muy caído para que lleves corpiño.— Torcí el gesto cuando ella endureció sus facciones. Sus ojos miel se tornaron carbón.— ¡Ah, perdona, no es uncorpiño! Lo olvidaba, lo siento.

Narra Joe

Me puse rígido en cuanto escuché la voz de ______ por el auricular que llevaba en la oreja. Toda mi familia me observó, y Tay me colocó la mano en el hombro y la apretó levemente para tranquilizarme. Ya había escuchado demasiadas cosas aquella noche (una de ellas, el compromiso de Valentino y ______) y lo único que quería era ver aquel barco estallar con todas las ratas dentro. Me apoyé en el capó de uno de los coches y me crucé de brazos.

—Tú eres tan traidora como yo— dijo Virginia con tono altivo— No te hagas la tonta, sabes de lo que hablo.— Al parecer, ______ la miró incrédula.
—Al menos yo no he matado a nadie— masculló.
—Lo harías— dijo Virginia.
—Sí, pero no del mismo modo que tú. Si no le amabas, solo tenías que alejarte. Pero preferiste traicionarle y permitir que lo mataran.

Miré de reojo a los demás. Todos escuchaban atentos. Taylor, Eric y Alex parecían orgullosos de que ______ estuviera hablando con tanto aplomo.

—Tú no sabes nada de eso— farfulló Virginia.
—Lo vi todo. Estuve allí y vi cómo caía. Cómo se desangraba. Tu amor por otro le llevó a la tumba. Y ni siquiera derramaste una lágrima. Eres una sucia ramera.

En ese momento fue mi padre quien se tensó al percibir la angustia en la voz de ______. Ella había sido testigo de la muerte de Fabio y a todos nos dolía que hubiera sido así. Se oyó un golpe seco y yo me incliné hacia delante para atisbar hasta el último rincón del yate. Desde aquella parte del puerto no se podía ver mucho, solo se apreciaba la gran cantidad de luces y el rastro de la orquesta que llegaba mezclado conla brisa y el sonido del mar.

—¿En qué piensas mientras te acuestas con él?— preguntó Virginia, mientras ______ jadeaba. Intentaba soltarse de algo.
—¿En qué debería pensar?— gimió ______.

—¡Basta!— grité cogiendo mi pistola y cargándola. Antes de que pudiera dar un paso, mi primo me detuvo— ¡Pienso coserla a balazos!
—Joe, no parece que necesite ayuda— añadió Alessio que fumaba con aparente tranquilidad apoyado en su coche.
—Pelea de gatas— dijo guasón Kevin antes de que lo fulminara con la mirada.
—No, Kevin, ni se te ocurra bromear con esto— le apunté con mi dedo índice.

—En la traición no eres menos zorra que yo— seguía diciendo Virginia.

Apreté la mandíbula y caminé hasta mi padre. Tenía las manos guardadas en los bolsillos de su gabardina y observaba el barco.
—Si vuelve a insultarla te juro… —
No me dejó terminar.
—Te quedarás ahí quieto— masculló.

—Yo, al menos, no finjo amar a los dos. Solo amo a Joe y con él tengo más que suficiente. En cambio a ti no te bastó con uno. Tenías que acostarte con los dos.— Escuchar a ______ decir que me amaba era superior a mis fuerzas, mi respiración se paralizó bajo la sonrisa comprensiva de mi padre.
—Debería haber matado a Joe. Seguramente, todavía esté a tiempo si selo digo a Valentino— dijo Virginia. De fondo, escuché la respiración agitada de ______.
—Si le tocáis un pelo te juro que tú serás la primera en mi lista de muertes.

—¡Esa es mi chica!— exclamó Alex dando una patada al aire— Paul, creo que tu hijo por fin ha encontrado la horma de su zapato.— Terminó sonriendo, como todos.A esas alturas, todos adoraban a ______.

—No tienes valor— masculló la pelirroja.
—No vuelvas a mencionar su nombre. No te acerques a él. Te mataré mil veces si hace falta— repuso ______ con una voz que jamás le había escuchado. Realmente, parecía furiosa
—No te tengo...
—No me subestimes. Bajo este vestido hay mucha más mujer que tú. Y ahora, si me permites, debo volver. Me están esperando.
—Como si te importara— susurró Virginia.
—No, tienes razón, me importa una mierda quien esté allí arriba, porque lo que realmente amo no está en este barco. Porque daría cualquier cosa por llevar el apellido que tú has deshonrado. No has sido una buena Jonas.— ______ salió de aquel lugar.

Mi familia no cabía en sí de gozo tras haber tenido el privilegio de escuchar lo que acaba de decir ______. «Muy pronto serás una Jonas, te lo prometo», dije para mis adentros.

—En fin— suspiró Virginia— Siéntete orgulloso, Joe. Es la última vez que la oirás hablar.

Miré a mi padre mientras escuchaba cómo Virginia empujaba a ______. Cogí los prismáticos que portaba Emilio y los guié hacia el barco con la esperanza de verla, pero todavía estaban abajo.

—¡Joder!— grité, volviendo a mirar a mi padre.
—¿Crees que soy tan estúpido como para ignorar que ibas a traicionarnos de nuevo?— habló mi padre dirigiéndose a Virginia. Me detuve frente a él.
—Paul, tengo a ______. Deberías rendirte. Termina con esto de una vez. Hemos ganado— dijo Virginia. Volví a cargar mi arma mientras Alex me lanzaba varios cargadores y un silenciador.
—No, mi querida Virginia, esto termina cuando yo lo diga.— Mi padre desconectó el micrófono para que la pelirroja no pudiera escuchar lo que hablaba, pero sí continuamos escuchándola a ella. ______ gimió por un golpe mientras mi padre miraba el reloj
—Tienes diez minutos para sacarla de allí, ni uno más, como tú bien dijiste. En trece minutos el barco explotará— me dijo mi padre mientras cerraba los ojos al escuchar a ______ gemir.

Asentí con la cabeza y sin pensarlo me quité la gabardina para que no me estorbara para nadar. Me alejé de ellos con rapidez enroscando el silenciador de mi pistola.




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Tatu d'Jonas
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Agosto 21st 2012, 23:09

ahhh mierda mierda mierda!!!
no puedes dejarla asi!!!
Wenn, por el amor de Dios SIGUELAAAA
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andreita-593
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Agosto 23rd 2012, 17:56

QUE? QUE? QUE? QUE? MUERO LENTO....


P.D: me encanta! síguela
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Tatu d'Jonas
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Agosto 24th 2012, 08:53

Hay Wenn tienes q seguirla porfa!!!!
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Agosto 25th 2012, 08:38

CAPÍTULO 41

Narra _____

Salí del lavabo y atravesé el pasillo cuando Virginia me lanzó al suelo con fuerza. En ese momento descubrí el auricular que llevaba en la oreja. Los Jonas debían de estar escuchando nuestra conversación y no quise que me oyeran lamentarme por el dolor. Pero lo cierto es que aquel simple y débil empujón había despertado las lesiones internas dejándome aturdida por un momento.

—Paul, tengo a _____. Deberías rendirte. Termina con esto de una vez.Hemos ganado— dijo contenta Virginia, cometiendo el fallo de darme la espalda.

«No habéis ganado. No dejaré que ganéis.» Le di una patada en la pierna antes de levantarme. Gracias a la abertura de mi vestido pude moverme con agilidad. No estaba acostumbrada a pelearme, y menos a hacerlo con una persona que parecía tener experiencia, pero no me di por vencida. Virginia me dio un bofetón y yo arremetí dándole un puñetazo en el pecho. Sele escapó un gemido al toparse con una estatua y caer. Me lancé sobre ella aprovechando que estaba en el suelo y le di varios puñetazos en la cara. Aun así, pudo cogerme del pelo y estirar hasta que la solté. Me levantó del suelo sin dejar mi larga melena y se acercó hasta la mesa que había en aquella sala. Cogió un abrecartas y me lo puso en el cuello.

—No hagas tonterías, ¿de acuerdo?

Caminamos hacia la cubierta. No opuse resistencia, esperando el menor descuido para contratacar. El primer rostro que vi después de subir los escalones fue el de mi cuñado. Al parecer, ya estaba al tanto de todo y cuando me vio cerró los ojos con dolor. La situación se había complicado y él lo sabía. Lo sabía muy bien. Los invitados iban soltando grititos de sorpresa y se iban separando en grupos conforme Virginia pasaba entre ellos. No dejaba de presionar el abrecartas sobre micuello.

—Angelo, tenemos un problema— gritó Virginia, ante el rostro impasible de mi padre.

Sin duda no me lamentaría de que él muriera en ese barco porque estaba claro que a él mi vida le importaba bien poco. Ni siquiera se inmutó, y mi madre… tampoco. Enrico mantuvo el tipo. Ser descubierto en medio de todos habría supuesto mi muerte y la suya.

—Quiero que todos salgáis del barco.
—¿Por qué?— preguntó Valentino desde el fondo de la cubierta. Le habíamos interrumpido una conversación bastante caldeadita con una morena de metro ochenta.
—Los Jonas nos vigilan desde alguna parte del puerto y el vestido que llevo va cargado de nitroglicerina. Tienen intención de hacerlo explotar, pero dudo que lo hagan si tengo un seguro de vida como este— dijo, mirándome con desprecio.

La mayoría de invitadxos empezaron a correr despavoridos por el barco. Nos encontrábamos a bastantes metros del puerto, pero la gente no dudó en saltar por laborda. Perdí a Enrico de vista entre el tumulto. En menos de unos segundos, se formó un caos apoteósico. Todo el mundo gritaba y corría de un lado al otro mientras yo seguía prisionera bajo los brazos deVirginia.

—¿Qué opinas ahora, Paul? Si haces estallar la bomba, _____ morirá conmigo. Así que dile a tu hijito que la desconecte si no quiere recoger a su novia entrocitos.
—¡No!— grité, antes de darle un codazo en la nariz.

El abrecartas me hizo un rasguño en el cuello, pero cayó al suelo. Y yo aproveché para salir corriendo en busca de Enrico mientras me limpiaba la sangre.

Narra Joe

Me aferré a un cabo y empecé a trepar. Había tenido que nadar desde la bahía, pero ya estaba allí. Me sujeté a la barandilla y me impulsé hacia dentro de la cubierta de popa lo más silenciosamente que pude. Me pareció escuchar la voz de Virginia
Me agaché y empuñé mi arma. Miré a ambos lados y comencé a caminar agazapado hacia la cubierta principal. Me escondí tras una columna intentando descubrir dónde estaba _____, pero no pude ver nada. De repente, alguien apareció detrás de mí y me cogió del cuello. Con agilidad, me escabullí de aquellos fuertes brazos. Le di un puñetazo y él me respondió de la misma forma. No dudé en disparar. El tiro se ahogó con el silenciador. El cuerpo sin vida de aquel matón cayó sobre mí con los ojos aún abiertos.
Lo arrastré hacia la barandilla y lo empujé al mar. El ruido tampoco trascendió, confundido con el caos que invadió de golpe el barco. La gente comenzaba a correr sin saber adónde ir. Gritaban atemorizados al descubrir que Virginia portaba una bomba. Mis sentidos me alertaron de la presencia de alguien más a mi espalda. Me concentré y esperé a que estuvieran cerca. Entonces arremetí dándole a uno de ellos un fuerte golpe en el estómago.
Vi a otro y le disparé en la cabeza. El primero se removióen el suelo queriendo escapar. Apreté el gatillo. Virginia continuaba allí. Sujetaba a _____ y la amenazaba con un objetopunzante en la garganta. ¡Mierda! El peor de mis temores estaba delante de mí. Si delataba mi presenciano podría salvar a _____.

—¿Qué me dices, Joe?— preguntó mi padre esperando que yo decidiera.
—Dime cuántos minutos quedan— mascullé observando los ojos encolerizados de _____. Estaba a unos metros de ellas, pero pude ver el resplandor del gris de sus ojos.
—Ocho minutos para la explosión.

—¡No!— clamó _____ , propinando un codazo en la nariz a la pelirroja. Virginia calló al suelo y _____ echó a correr entre la gente, por la parte de estribor, hacia la popa del barco.
—Estaremos fuera en cinco— dije. Eché a correr en su busca, pero yo lo hacía en paralelo a ella, por babor.

Cuandome dispuse a girar hacia el otro lado, alguien me disparó. Resbalé y me escondí. Tenía que esperar a que el que me había disparado apareciera y atacar de improvisto. Así fue. Un sicario robusto apareció y yo le di en la cabeza con la culata de mi arma. Se arrodilló y presioné su cabeza contra mi estómago antes de partirle el cuello en un gesto preciso y rápido.
Varios hombres más corrían hacia mí desde proa. Me escondí tras uno de los salientes que servían de entrada a la parte inferior del yate. Disparé uno a uno. Cambié el cargador.

—Minutos— le dije a mi padre mientras cargaba el arma.
—Cuatro.

Apunté y continué hacia la popa, agazapado. Llegué al final a la misma vez que _____. Se detuvo al verme. Apunté en su dirección. Nuestros ojos se miraron fijamente. Ella sabía lo que me proponía hacer. Deslicé mi dedo por el gatillo y disparé con precisión.

Narra _____

Joe apuntaba con una pistola en mi dirección. Su rostro se mostraba absolutamente inmutable, ni siquiera parpadeaba. Solo me miraba con firmeza; al parecer, estaba calculando algo. Le devolví la misma mirada de seguridad. Quería que supiera que no tenía ningún miedo si estaba con él. Sus ojos se movieron ligeramente y capté el mensaje. Parpadeé para hacerle comprender que le había entendido. Dibujé una débil sonrisa antes de apartarme. Noté la velocidad de la bala cuando rozó mi cabello, pero no me tocó.
Joe había disparado con una maestría insuperable. El hombre cayó al suelo antes de que pudiera apartarme. Su brazo armado rebotó en mis pies, pero ni lo miré. Teníamos que salir de allí cuanto antes. Joe me abrazó con fuerza después de guardarse el arma detrás de la espalda. Se aferró a mi cintura respirando agitado, casi jadeando. Y yo no pude hacer otra cosa más que comenzar a sollozar.
No cayó ni una lágrima de mis ojos, pero estaba a punto de derrumbarme. Joe me abrazó con más fuerza y pude sentir la piel desu cuello en mis labios. Se separó un poco y cogió mi rostro entre sus manos. Me besó con premura.

—Dime que estás bien. ¡Dímelo!— exclamó hablando a unos centímetros de mi boca.
—Sí, estoy bien. Estoy bien.— Me miró el cuello y retiró la sangre que había con sus dedos. Después besó la pequeña herida y volvió a besarme en los labios.
—Minutos— dijo como al aire. Deduje que llevaba un micrófono— Tenemos que irnos.
—Pero Enrico…— Me hizo callar para prestar atención a lo que le decían.
—Enrico está fuera. Sabe que estás a salvo.— Ahora era yo la que me lancé a besarle.
—Conmovedor. Es maravilloso ver a los amantes tan acaramelados— dijo Valentino a mi espalda.


Joe me empujó y reboté contra la barandilla del barco. Cuando quise mirar ya estaban forcejeando. Valentino le dio un puñetazo y arremetió dándole una patada en las costillas. Joe se tambaleó pero enseguida se lanzó a por él y le reventó la nariz. Valentino comenzó a sangrar y se llevó la mano a la nariz instintivamente. Viola sangre y se lanzó a por Joe. Consiguió estamparlo contra el suelo y empezó apresionar su cuello. Ni siquiera lo pensé; me colgué del cuello de Valentino con fuerza. Este se removió y me empujó dándome un revés. Caí al suelo como una pluma insignificante. Me irritó parecer tan poca cosa. Me incorporé en el suelo mientras veía cómo Joe dejaba inconsciente a Valentino a base de golpes en la cara. Después, se acercó a mí y me retiró el cabelloantes de levantarme. Comenzamos a correr, esta vez hacia la proa del yate, sorteando cadáveres y surcos de sangre. Sabía que Joe los había matado a todos.
Cuando quisimos bordear la pasarela, encontramos a Virginia que sonrió, feliz, al vernos. Estaba algo despeinada y se había descalzado. Pude ver restos de sangre en sus pies. Agitó su cabello cerrando los ojos; Joe aprovechó aquel gesto para echar mano de su pistola sin dejar de sostener mi mano. Pero en ese momento escuchamos un repetido chasqueo de la lengua detrás de nosotros, como negando.
Contuve el aliento y presioné la mano de Joe. Alguien apuntaba mi cabeza con una pistola. Virginia comenzó a reír casi con carcajadas. Incluso aplaudió. Se vio salvada

—Deja tu arma tranquila, Joe— dijo con sorna. Joe hizo caso y miró de soslayo a la persona que me apuntaba. Era Jago y también sonreía.
—En fin, según este chisme quedan menos de dos minutos para que la bomba estallé, ¿no es así, Paul?—dijo Virginia mientras miraba su reloj.

Cerré los ojos y volví a apretar la mano de Joe. Los abrí y le envié una mirada perspicaz y segura. Él me devolvió exactamente la misma expresión.

—Supongo que todos viajaremos juntos al infierno— añadió la pelirroja acercándose a nosotros. El arma de Jago presionó aún más mi cabeza y me obligó a inclinarme. Solo durante un instante, porque después fui yo quien presionó en sentido contrario. Joe frunció los labios al comprender mis intenciones. No sabía si saldría bien, pero la confianza que Joe depositó en mí a través de su mirada hizo que me sintiera segura. Solo tendría que seguir la estela de sus movimientos y después saltar con rapidez

—Cuarenta segundos— dijo Virginia mirando a su amante.
—Vuestras últimas palabras— ironizó Jago. Parecía que le diera igual que fuera a morir. O ¿confiaba en que Virginia no estallaría teniendo a aquellos rehenes consigo?
—Sí… —Joe torció el gesto mostrando una mirada de lo más siniestra.
—Pues date prisa. Solo tienes treinta y cinco segundos.— Virginia taconeó el suelo de madera, mientras sonreía y se acercaba a su amante. Joe me miró con fijeza.— Solo tienes que sostener el arma con fuerza y estar segura de lo que vas ahacer— me explicó mientras los amantes se besaban con un ardor repugnante.

Joe me estaba dando instrucciones. Jago entrecerró los ojos sin dejar de besar a Virginia. No había captado nada, pero algo no le cuadraba. Alcé el mentón y me humedecí los labios de forma insinuante.

—Veinte segundos— canturreó Virginia paseando su lengua por los labios de Jago.
—¿Dónde tengo que apuntar?— pregunté lista para que Joe actuara.
—Hazlo en la cabeza— me dijo frunciendo los labios y asintiendo. Ahora era yo la que torcía el gesto.
—Cuando quieras, amor— dije mientras Joe se mordía un labio. Solo diez segundos

Joe dio un fuerte golpe al brazo de Jago y la pistola cayó al suelo. Virginia se retiró sobresaltada mientras yo me agachaba a por el arma. Ella comprendió al fin nuestra conversación y se llevó las manos a la cabeza mientras negaba. Por un momento, todo se ralentizó y los acontecimientos parecieron desencadenarse a cámara lenta. Cogí la pistola y me levanté del suelo con decisión.«Sostener con fuerza y seguridad. Apuntar a la cabeza», repitió mi mente antes de disparar a Jago. Cayó al suelo mientras un pequeño hilo de sangre brotaba de su frente. Había disparado en su cabeza, como Joe me había dicho. No sentí nada, solo unpequeño temblor en las piernas y en las manos. Virginia gritó intentando socorrer a Jago mientras yo soltaba el arma. Joe me cogió del brazo y me arrastró hasta la barandilla. Colocamos los pies casi al unísono cuando solo quedaban tres segundos, tal vez menos.

—¡Salta!— gritó Joe, aunque ya estábamos flotando en el aire. Noté el agua en mi cuerpo a la vez que el barco explotaba.

Una fuerza impetuosa nos arrastró hacia el fondo haciendo que nuestras manos se separaran. El mar me absorbió bajo una lengua de fuego. Todo se iluminó con una luz anaranjada. Sentí una fuerte opresión en el pecho y calor, mucho calor. Estaba bajo el agua y sentía cómo la piel me abrasaba


CAPÍTULO 42

Narra _____

Comencé a impulsarme hacia la superficie entré un millón de burbujas. Pero la fuerza que me engullía era demasiado arrolladora. Agité los brazos y los pies con determinación para conseguir alcanzar la superficie con rapidez. No podía rendirme, debía saber si Joe estaba bien y reunirme con él. Por fin, mis dedos salieron del agua y después mis brazos. Saqué la cabeza tomando aire desesperadamente mientras tosía y escupía agua caliente. A mi alrededor flotaban trozos de madera ardiendo y pedazos del yate en un paisaje devastador. Miré a todos lados, pero ni rastro de Joe.

—¡Joe! ¡Joe!— grité entre el murmullo persistente de las llamas. No aparecía y la angustia comenzó a invadirme, hasta el punto que me costaba mantenerme a flote.— ¡Joe!— Volví a gritar antes de sumergirme para buscarlo bajo el agua.

No aguanté mucho, estaba demasiado asustada como para mantener la respiración el tiempo suficiente. Salí de nuevo a la superficie retirando mi cabello y resoplando desesperada. ¿Y si la fuerza de la explosión lo había ahogado? ¿Y si se había dado un golpe con algo? ¿Y si… había muerto? ¡Oh, Dios mío!, aquello sí era sentir miedo. Si le perdía,todo se acababa para mí. Sola, entre los escombros y las llamas, cerré los ojos. El agua volvía a estar helada y noté cómo el frío se adueñaba de mí. Decían que la hipotermia proporcionaba una muerte dulce. Quizá no sentiría dolor cuando abandonara mi cuerpo. Entonces, alguien tiró de mi brazo. Joe me abrazó antes de que pudiera reaccionar.
Me enganché a su cuello gritando su nombre mientras sentía que mi corazón volvía a la vida más agitado que nunca.

—¡Oh, gracias, gracias! ¿Estás bien?— dije atropelladamente mientras le besaba.
—La onda explosiva me arrastró. Eso es todo, cariño. No te preocupes.— Acarició mi mejilla y se fijó en mis ojos enrojecidos— Tienes que nadar, ¿de acuerdo? Tienes que hacerlo muy rápido. Tenemos que llegar hasta la bahía— gritó Joe mientras me arrastraba para que comenzara a hacerlo.

No había mucha distancia, pero el agua estaba muy fría y me costaba avanzar con aquel vestido. «Nada, vamos. Solo quedan unos metros», me decía a mí misma. Y eso fue lo que hice. Me concentré en llegar lo antes posible. Conforme nos acercábamos, vi a varias personas esperando, preparadas para sacarnos del agua. Tensé mis brazos y continué nadando con fuerza

—Vamos, cariño, solo quedan unos metros— me animó Joe mientras escupía agua por la boca.
—Recuérdame… que nunca hagamos… un crucero— dije costosamente. Me faltaba la respiración, pero quise relajar a Joe.

Vi que lo había conseguido porque me miró riéndose. Joe alcanzó el dique del puerto y me extendió la mano para arrastrarme a su lado. Reboté contra su cuerpo y me cogió de la cintura. Varios hombres asomaron sus brazos para que pudiera aferrarme a ellos y subir. No había ninguna escalera, porlo que tendrían que tirar de mí a pulso. Las manos de Joe impulsaron mi cuerpo desde la cintura y pude agarrarme a los brazos de un hombre. Con facilidad, me sacó del agua y me dejó sobre el suelo.
Enseguida se volvieron para coger a Joe. Estaba completamente aterida. El frío punzante era lo único que sentía y no podía controlar los tiritones que recorrían mi cuerpo. Casi entre convulsiones distinguí a Paul, que se abría paso entre sus hombres y caminaba hacia mí aceleradamente. Se quitó su gabardina y la pasó por mis hombros, ayudándome a introducir los brazos en las mangas. Su calor me inundó, y sentí una extraña y protectora sensación. Puso mi cara amoratada entre sus manos y me contempló con orgullo antes de darme un beso en la frente.

—Cuida de mi hijo, _____— susurró apoyando su frente contra la mía. Asentí con un siseo. Reconocía esas palabras. Fabio ya me las había dicho antes.

Narra Joe

Kevin se acercó hasta mí con un sobre entre sus dedos en cuanto Emilio y Leandro me subieron a pulso al muelle. El agua chorreaba por todo mi cuerpo y estaba dejando completamente empapados a todos los que me rodeaban. Alcé la vista en el momento en que mi padre se alejaba de _____ y ella se perdía entre los brazos de mi primo. Alex y Eric también se unieron a aquel abrazo, hasta que llegó Alessio. La miró durante unos segundos, cogió su rostro entre las manos y después la besó.

—Joe— dijo Kevin llamando mi atención—, en este sobre tienes lo necesario para llegar a Londres, pero tenéis que hacer un alto en Zúrich y guardar el contenido de la caja de Fabio en el banco. Timmo ha abierto una cuenta nueva y allí estará seguro— siguió informándome mi hermano. Asentí con la cabeza y abrí el sobre. No me detuve mucho, pero sabía que aquellos papeles eran importantes.
—¿Dónde está el resto del contenido de la caja? ¿Es solo esto?— pregunté extrañado. Yo no había estado presente en el momento en el que la abrieron, así que no sabía qué habían encontrado.
—Solo son unos papeles en los que se hace referencia a unas coordenadas. Aúnno he localizado el lugar en el mapa, es como si se tratara de un lugar imaginario, pero te informaré de cualquier novedad— dijo Kevin cogiendo de nuevo el sobre para cerrarlo en cuanto terminé de leer.
—De acuerdo. ¿Y no había un diario ni nada parecido?
—No, lo siento.— Logan interrumpió la conversación agitándome el cabello. Yo sabía lo significativo que era aquel gesto viniendo de alguien que no mostraba cariño a nadie.
—Deberíais iros, Joe.— dijo con una mirada también significativa. Me despedí del resto de mi familia antes de hacerlo de mi padre. A él le dejé el último porque era de quien más me costaba alejarme.
—Te llamaré en cuanto llegue, lo prometo— dije pensando en mi madre— Cuida de mamá y dile que la quiero mucho. También a la abuela, ¿de acuerdo?— Miré al suelo, no quería que me encontrara débil. Colocó sus manos en mis hombros y apoyo su cabeza en la mía.
—Esteréis bien, y cuando todo esto pase, volverás a casa, a Roma, y con ella de la mano.
—Lo sé, papá.
—Pues entonces, alégrate, y procura protegerla y hacerla feliz.— Me abrazó durante unos segundos mientras susurraba en mi oído—: Fabio estaría orgulloso de ti.— Se recompuso— Y ahora, largo.

Caminé sonriente hasta el Maserati Gran Turismo que mi padre me había proporcionado para la ocasión. El Bugatti tendría que esperar hasta mi vuelta. Me monté en el coche dejando a mi familia reflejada en el espejo retrovisor. _____ me observó en medio del silencio armonioso del interior del vehículo. Solo se escuchaba el sonido apacible del motor. Tras unos segundos, alargó su mano y acarició mi mejilla con delicadeza. Cerré los ojos pensando en cómo podía haber vivido sin ella todos esos años. Acaricié su mano y besé sus dedos.

Llegamos a Roma, pero evité atravesar la ciudad. Los Carusso debían de estar realmente cabreados, y sus hombres, preparados para actuar ante cualquier movimiento sospechoso. _____ tenía la cabeza apoyada en el cristal y presionaba con delicadeza la sien con sus dedos. Daba la impresión de que se había dormido, pero permanecía despierta. Tomé el desvió tras pasar el Foro Itálico y me dirigí a la casa de mis abuelos. Estaba situada entre una arboleda en el límite de la ciudad. Se trataba de una mansión algo austera, si se comparaba con otras fincas y mansiones de los Jonas, pero con mucho encanto.
Ofelia y mi madre lo habían preparado todo para que pasáramos la noche allí sin que corriéramos peligro. Detuve el coche frente a la verja y me bajé para abrirla. _____ me observó desde el interior del coche con los ojos entrecerrados, parecía muy cansada. Regresé al coche y crucé la entrada de la finca. La casa tenía un extenso jardín lleno de árboles que ocultaban la fachada forrada de madera de la vivienda. Aparqué frente a la puerta principal justo delante del pequeño porche a ras del suelo. Un foco acada lado de la puerta era la única decoración exterior.
Dentro, las estancias se repartían en dos plantas. En la de arriba había tres habitaciones y dos cuartos de baño. En la de abajo, un dormitorio y un lavabo más, y un salón espacioso decorado de forma rústica (como el resto de la casa), una cocina americana y una sala de estar que mi abuelo utilizaba para leer; estaba llena de libros, muchos de ellos valiosas primeras ediciones difíciles de encontrar. _____ contemplaba la casa desde fuera atentamente. Por su forma de mirarla, me dio la impresión de que esa aparente sencillez le gustaba. Sonreí mientras cogía mi pistola

La cargué y salí del coche indicándole a _____ con un gesto que hiciera lo mismo. Me siguió hasta la puerta y esperé unos segundos. Sabía que dentro no había nadie, pero toda precaución era poca en aquellos momentos. Abrí la puerta de golpe y entré delante de _____ escudriñando cada rincón delsalón. La acompañé hasta la habitación que había al final del pasillo y le indiqué con un gesto de la mano que esperase. Quería revisar el resto de la casa.
Miré tras las puertas, en los lavabos, por las ventanas… No había nadie.
Podríamos descansar tranquilos antes de salir para Zúrich al amanecer.

Bajé las escaleras y atravesé el pasillo hasta la habitación. Encontré a _____ mirando el jardín por la ventana. El agua de la piscina se agitaba tranquila provocando unas pequeñas ondas que se reflejaban en el techo del cuarto. Solo entraba la luz suave y plateada procedente del fondo del agua; el resto, estaba sumido en la oscuridad. Dejé el arma sobre la mesa acompañada del sobre y de mi nuevo móvil. No encendí la luz para no romper aquella armonía. Entonces, _____ me miró por encima del hombro mientras se recogía el cabello a un lado. Se giró lentamente, sin dejar de contemplarme. Se llevó una mano a la espalda y comenzó a deslizar la cremallera de su ceñido vestido.
Tragué saliva,observándola hipnotizado, mientras sus manos hacían deslizar la tela por su piel. Lo hizo despacio, con una suave sonrisa en los labios. Se descalzó cuando el vestido cayó a sus pies. Su cuerpo solo estaba cubierto por su ropa interior, pero no pareció que sintiera vergüenza. Todo lo contrario, comenzó a avanzar hacia mí con la misma armonía y sensualidad de siempre.
Ni un ápice de temor. Solo el sonido de sus pies impactando suavemente en el suelo y mi respiración, que comenzaba a desbocarse. Me besó, pero no fui capaz de responder como otras veces. Ella tenía el control y lo sabía. Se apartó de mis labios y me quitó la húmeda chaqueta antes de volver a besarme. Sus dedos comenzaron a desabrochar los botones de mi camisa. En cuanto terminó, acarició con vehemencia mi pecho antes de retirar la tela. No pude soportarlo más, la abracé, sintiendo su pecho contra el mío, la alcé del suelo y la llevé a la cama. Por primera vez en mi vida en una situación parecida, sentía una extraña opresión en el pecho que no sabía describir; era agónica y desesperante, pero al mismo tiempo, agradable y plácida.

_____ suspiró cuando besé su cuello, su hombro… Nos deshicimos de las últimas prendas que nos cubrían. Recorrí cada rincón de su cuerpo con mis besos, haciéndola enloquecer. Le hice el amor suave y delicadamente, sintiendo cada caricia como nunca antes lo había hecho. Era la primera vez que mi cuerpo respondía de aquella manera. Estaba enamorado de ______ y solo escucharla jadear mientras se aferraba a mi cuerpo desnudo me hizo comprender que no había otra cosa que deseara más en el mundo

CAPÍTULO 43

Narra _____

Apoyé mi cabeza en su pecho sintiendo cómo su brazo me rodeaba. Besé su piel mientras trazaba círculos con el dedo sobre su vientre. Dejamos que el silencio fluyera para notar solo el contacto de nuestros cuerpos desnudos. Había sido fabuloso sentir a Joe de aquella manera; su respiración agitada en mi oído, sus labios
besando cada esquina de mi cuerpo, su cuerpo contra el mío… Le deseaba más que a nada y a nadie en el mundo, y supe que necesitaba sentir aquello cada noche de mi vida. Solo nos acompañaba el sonido apacible del agua de la piscina y la oscuridad de la noche. Suficiente. No quería otra cosa. Me hubiera gustado quedarme allí para siempre, aferrada a su pecho, en contacto con su cálida piel, y dejando que los minutos pasaran sin más.
Sin complicaciones. Solo él y yo. Joe suspiró y percibí que el ritmo de su corazón se aceleraba. Segundos después, asomó su voz de forma débil y tímida.

—Cásate conmigo— musitó incorporando la cabeza para mirarme— Vayámonos lejos y casémonos. Comencemos de nuevo.— Me quedé paralizada, sin respiración. ¡Me estaba pidiendo que me casara conél! Aquello era mucho más de lo que me esperaba. Esa misma noche se había hecho oficial mi supuesto compromiso con Valentino. El muy cretino me había preguntado ante todos si quería casarme con él. Pero Joe, en cambio, ni siquiera había hecho una pregunta, y eso era lo que más me gustaba de él.
—Todavía no tengo los dieciocho— me obligué a mencionar, aunque no era realmente lo que quería decir. Supongo que a Joe no le importó, porque sonrió débilmente y se aferróa ún más a mí.
—No me importa esperar. Estamos en febrero y tu cumpleaños es en junio. Solo faltan cuatro meses. Merece la pena la espera si después te conviertes en mi esposa— terminó susurrando insinuantemente como casi siempre hacía— ¿Qué me dices?— Ahora ya no parecía tan inseguro y yo, al fin, pude controlar mis nervios.
—Quiero casarme en Japón; en una aldea rural, bajo un manto de estrellas y la luz de la luna. Tú me esperarás en un puente forrado de pétalos e iluminado con velas, con el río fluyendo tranquilo bajo nuestros pies.— Cerré los ojos imaginando ese momento. Sería maravilloso— Quiero llevar un vestido blanco de seda, sencillo, sin nada que empobrezca su pureza, y una corona de pequeñas flores blancas.
—Que se mezclen con tu hermoso cabello— susurró acariciando mi melena dulcemente. Terminó dándome un beso en la frente.
—Hum… Después me cogerás entre tus brazos y haremos el amor hasta que amanezca.
—Suena perfecto.
—Es perfecto.
—Entonces, así será.— Se inclinó hacia delante para quedar frente a mí. Apoyó un codo en la almohada y me miró con intensidad—. Solo dime cuando.— «¡Ahora!», gritó una voz en mi interior. Pero no podía ser. No podía hacerlo sin necesidad de permiso familiar hasta que cumpliera los dieciocho.
—El mismo día de mi cumpleaños— repuse.
— El 11 de junio.— Sonreí. Yo no le había dicho cuál era mi fecha de nacimiento y sin embargo él ya la tenía procesada.
—Sí…

Nos quedamos de nuevo en silencio y Joe volvió a ponerse un poco nervioso, tragaba saliva y me observaba indeciso. De repente, sus labios se abrieron.

—Te amo— susurró, colocándose sobre mí. Su beso y la oscuridad ocultaron mi rubor. Una punzada atravesó mi pecho y me sentí algo mareada. Jamás imaginé que Joe pudiera mencionar aquellas palabras, al menos, no hasta que yo las hubiera dicho primero, y sin embargo acababa de pronunciarlas con la mayor sinceridad.
—¿Me… amas? —pregunté algo amedrentada.
—Te amo, te amo, te amo— musitó besándome. Lo detuve y empujé su pecho con delicadeza para poder mirarle a los ojos. Quería hacerlo del mismo modo que él. Lo observé con seriedad y cogí aire.
—Te… amo… —sonó entrecortado, y eso fue lo que a Joe le emocionó. Me abrazó con tanta fuerza que pensé que nada sería capaz de separarnos.
—No dejes nunca de hacerlo— susurró entre mi hombro y mi cuello.
—Nunca… —Volví a mirarle y acaricié su rostro observando cómo cerraba los ojos. Me acerqué a sus labios— Hazme el amor.

Joe me cogió de la cintura y me colocó sobre su cuerpo. Aquel débil susurro pronto se convirtió en gemidos.

Desperté con los besos de Joe sobre mi espalda desnuda. Sonreí y me giré lentamente para encontrarme con sus ojos avellana. Me retiró el pelo y me besó con delicadeza. Aún no había amanecido, pero la intensidad del tono plateado que la piscina emanaba había menguado.

—Tenemos que irnos. El jet sale en menos de una hora— susurró. Me incorporé y vi que ya estaba casi vestido. Llevaba unos vaqueros sin abrochar y una camiseta. Se alejó de la cama y se puso una sudadera blanca. Caminó hacia la puerta y cogió una pequeña maleta marrón. La colocó sobre la cama y la abrió.— Mi madre nos ha dejado ropa. Seguramente, te irá algo holgada, pero en cuanto tengamos tiempo, compraremos ropa nueva.
—No importa.— Me desperecé mientras bostezaba. Joe comenzó a hacerme cosquillas y el bostezo se convirtió en risas. Lo aparté sonriente.— ¿Qué hora es?— pregunté y volví a bostezar.
—Pasadas las seis.— Se abrochó los pantalones y por un momento se quedó embelesado mirando mi cuerpo. Me había levantado y aún seguía desnuda cuando alcancé un jersey— Iré a la cocina mientras te cambias— dijo tragando saliva y desviando la mirada. Sonreí al ver que palidecía y se ponía nervioso.
—Ya me has visto desnuda. No tendrías por qué ponerte nervioso.— Me acerqué a él picarona cubriendo mi cuerpo con aquel enorme jersey, que bien podía utilizar de vestido.
—Me acostumbraré pronto, pero procura no pasearte desnuda delante de mí cuando esté recién levantado. Corres grave peligro, créeme.— Por fin sonrió y mebesó— Voy a guardar unas cosas. No tardes.
—Ok.

Terminé de vestirme y me cepillé el pelo con un peine que había en el aseo. Cuando salí, encontré a Joe guardando un sobre en una pequeña mochila negra mientras masticaba algo. Me apoyé en la barra americana de la cocina y observé lo guapo que estaba con aquella ropa. ¿Cómo demonios conseguía ser tan condenadamente sexy?

—¿Qué escondes?— pregunté enarcando las cejas con cara divertida. Me envió una mirada jocosa. Dios, no hacía falta que amaneciera si existíanunos ojos como los suyos.
—Nuestros pasaportes.— Sonrió cerrando la mochila.
—¿Utilizaremos nombres falsos o algo así?— Mantuve mi postura y mi sonrisa mientras él se acercaba hasta a mí. Se apoyó en la barra y entrecerró los ojos.
—¿Qué nombre escogerías?
—Alessandra… —dije arrastrando las eses— o Helena. Sí, ese nombre también estaría bien.
—Me gusta más _____.— Me besó antes de que pudiera reaccionar— Toma,come algo— dijo mientras me daba una pequeña bolsa con un bollo de azúcar dentro. Me lo comí saliendo de la casa. Joe guardó su arma detrás de su espalda y cerró con llave la puerta antes de caminar hasta el Maserati. Presionó el botón de la llave digital y me monté en el coche terminando de masticar.
—Y tú ¿qué nombre escogerías?
—Veamos, déjame pensar… — Se quedó callado durante unos segundos mirando a la nada. Sabía que no se estaba molestando en cavilar nada. Dijo—: Joe. Ese nombre es fantástico. Además, me favorece mucho ¿no crees?
—Sin duda.— Negué con la cabeza mientras Joe arrancaba el coche y se encendía un cigarro. Enseguida se lo quité de los labios. Sonrió y volvió a coger otro para él.

Narra Joe

Nos detuvimos en un semáforo. Por el horizonte asomaba un pequeño rastrode luz blanquecina. Comenzaba a amanecer. _____ cogió aire intensamente y me observó de reojo. No había ninguna duda sobre lo que ella quería, pero notaba la necesidad de preguntárselo

—¿Estás segura de que quieres hacerlo?— Era una tontería. _____ había aceptado casarse conmigo, quería comenzar una vida conmigo y, aun así, yo volvía sobre lo mismo.
—¿Por qué me lo preguntas ahora?— preguntó extrañada. Vi en sus ojos que se sentía molesta.
—Porque aún no hemos hablado de ello.
—No creo que haga falta. Está más que claro— respondió con brusquedad. Volvió a suspirar— De lo que creo que tenemos que hablar es de lo que vamos a hacer— Sonreí al ver lo segura de sí misma que estaba.
—Primero tenemos que ir a Zúrich. Tengo que poner el contenido de la caja fuerte de Fabio a salvo.
—¿Qué había en la caja?
—En realidad, nada. Solo unas coordenadas y las contraseñas para entrar en el lugar que indican. Pero, al parecer, es una fortaleza que aún no hemos descubierto dónde está.
—Propio de Fabio— sonrió— ¿Y el USB?— Kevin había logrado desbloquear algunas carpetas, pero no llegaba al cinco por ciento del total. Muy poco, pero suficiente para descubrir que Fabio estaba seguro de que moriría más temprano que tarde.
—Solo hemos podido descubrir algunas cosas. Kevin no ha logrado descifrar todavía todas las carpetas.
—¿Cuáles son esas cosas?— Tomé aire después de tragar saliva y la miré con el rabillo del ojo. Hablar de aquel tema con ella me costaba un poco, puesto que su familia estaba implicada. Pero debía hacerlo. _____ estaba metida tanto o más que yo.
—Los Carusso estuvieron haciendo tratos con Wang Xiang antes de que Fabio decidiera desviarse por su cuenta. Al parecer, mi tío decidió traicionarles porque descubrió que tramaban engañarnos.
—O sea, que ¿fueron los Carusso los que comenzaron todo esto?

_____ parecía sorprendida. En los últimos días había descubierto cosas de su familia que aún no podía creer, por mucho que se esforzara. Pero saber que los Carusso habían iniciado aquella guerra, y no Fabio como ella creía, la dejó aún más perpleja.
—Exacto.
—Pero… no lo entiendo. Fabio era científico, él sabía cómo crear el virus. Sin él estaban perdidos.
—Sí, pero el virus ya estaba creado cuando lo decidieron. Parece ser que la idea fue de la propia Virginia y de Jago. Angelo aceptó y esperó a que Fabio creara a Helena. Después, lo mató.
—Espera, ¿Helena? ¿Zeus y Helena?— preguntó buscando mis ojos. Cuando unos días antes me había enseñado el USB en su habitación, me había preguntado por el proyecto Zeus. _____ ya había hecho referencia a lo mucho que le extrañaban aquellos nombres. El significado de «Zeus» se lo pude explicar, pero el otro… no.
—Helena es el antivirus. Es lo que anula a Zeus. Y Fabio solo creó una toma. Solo para una persona. Eso es lo que buscan los Carusso para poder fabricar más.— _____ continuaba mirándome fijamente, como si estuviera reprendiéndome.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Porque no quería ponerte en peligro.
—Bien— dijo secamente—, y ¿por qué Fabio hablaba de Helena como si se tratara de su propia hija?— Negué con la cabeza. A aquello no podía responderle. Tal vez era porque mi tío le tomó cariño a su creación…, ¡memeces!, seguro que tenía una explicación.

______ cambió de tema, pero escogió uno que a mí me encolerizaba particularmente.

—Entonces ¿Wang Xiang os ha traicionado?— Sujeté el volante con las dos manos antes de responder.
—Puede.
—¿Puede?
—No lo sé, ______. Wang es un hombre que no se casa con nadie, así que no esde extrañar que también los traicionara a ellos.— Cogí aire— Ha desaparecido. Nadie sabe dónde está.
—¿Y su familia?
—Solo tiene una hija de diecinueve años, Ying, y está en Praga estudiando música. Pero ella continúa allí. Lo cual significa que el muy cobarde se ha escondido él solo sin pensar en el peligro que corre Ying.
—Pero ella no tiene nada que ver en esto.
—Tú tampoco.
—Joe, tenemos que ir a buscarla.— Negué con la cabeza.— ¡Está en peligro!— exclamó
—¡Ahora tú también lo estás!
—Bien, ¿y adónde me llevas?— repuso de morros. Detuve el coche en arcén y cogí sus manos, obligándola a que se acercara a mí.
—A Londres. Es el único sitio donde no nos encontrarán, al menos en un tiempo. Cuando te ponga a salvo, pensaremos en cómo localizar a Ying.— Apoyé mifrente en la suya.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo

CAPÍTULO 44

Narra ______

El aeródromo privado de los Jonas estaba totalmente vallado (casi parecía una cárcel). Había una pequeña torre de control donde aparentemente no había nadie. Pensé que no haría falta ningún controlador aéreo en ese momento porque los pilotos podrían seguir las instrucciones del aeropuerto comercial. Seguramente ya tendrían el permiso para volar. Joe frunció el ceño, extrañado al ver que en el puesto de seguridad no había nadie.

—Qué extraño. Aquí suele haber vigilancia las veinticuatro horas del día.
—Tal vez se haya tomado un descanso— dije con la esperanza de encontrar una explicación. Suspiró y bajó del coche para abrir la verja él mismo. Entró en la garita de seguridad y pulsó varios botones. La puerta metálica comenzó a moverse y Joe volvió a montarse en el coche. Aceleró y nos adentramos en el aeródromo. Joe observaba todo a nuestro alrededor con una atención especial. Me intranquilicé. ¿Qué era lo que tanto le inquietaba? Estaba claro que debía ser algo importante porque él no solía incomodarse sin motivos.
Observé el jet. La escalera ya estaba lista para que subiéramos y la puerta, abierta de par en par. Solo nos acompañarían Enzo y Maximiliano, los pilotos, y Giselle, la azafata. Por un momento me relajé y sonreí para mis adentros; la idea de marcharme a vivir con Joe me parecía maravillosa, y aunque tenía algo de fobia a los aviones, no veía la hora de montarme en ese jet e irme a Londres. Tenía ganas de conocer la ciudad, ser una persona anónima en el Reino Unido. Me fascinaba la idea de conocer lugares nuevos… Volví a la realidad con la pesadumbre de saber si Ying
estaría bien. No conocía a esa muchacha, pero no quería que sufriera por culpa de su padre.

De soslayo, vi el rostro tenso de Joe. Sus facciones no habían cambiado en absoluto. Incluso parecían más inquietas. Le seguí por las escaleras hasta que extendió su brazo para que yo no pudiera pasar. No lo entendí hasta que me asomé por encima de su hombro. Había un charco de sangre en la entrada del jet y las paredes y la puerta estaban llenas de huellas ensangrentadas. Me agarré al brazo de Joe mientras él cogía su pistola.
Ahora comprendía por qué no había nadie en el puesto de vigilancia. Tal vez lo habían matado y habían escondido su cadáver. Avanzó un paso terminando de subir el último escalón y me sujetó la mano. Me colocó detrás de él y me indicó con un gesto que no hiciera ruido. Asentí y apreté los labios para que no se notase que empezaban a temblar. Entramos en el avión esquivando el pequeño charco de sangre y Joe miró hacia ambos lados.
La puerta de la cabina estaba entornada, pero no se podía ver el interior. No parecía haber nadie allí; todo estaba en el más completo silencio. Sí vimos signos de forcejeo en la moqueta, y también algunos arañazos en el filo de la puerta del lavabo. Respiré hondo e intenté dominarme. No podía dejar que el miedo se apoderara de mí, Joe me necesitaba fuerte.
Seguí el rastro de la sangre de la entrada con la mirada. Joe hizo lo mismo y ambos nos miramos comprendiendo que tras la puerta de la cabina podíamos encontrar una imagen aterradora, al menos para mí. En el pequeño espacio entre la cabina de mando y la de pasajeros el cateringestaba dispuesto para el viaje. Me acerqué a ese hueco y cogí un cuchillo de hoja ancha. Joe me observó, pero no puso impedimentos. Se agazapó y tensó los brazos.
Observé cada uno de sus movimientos, tarde o temprano debería aprender a hacerlo igual si quería defenderme por mí misma. Aunque llegar al nivel de Joe era imposible. Su estilo era tan perfecto y tan cuidado que resultaba difícil pensar que setratara de un adolescente de dieciocho años.
Empujó la puerta y apuntó hacia el frente. La imagen que esperábamos encontrar apareció ante nosotros y, como imaginaba, Joe no se inmutó. Continuó apuntando mientras recorría la cabina con la mirada. Los dos pilotos del avión estaban muertos y los cristales de la cabina estaban completamente salpicados con su sangre. Uno de ellos estaba tendido en el suelo. Al parecer, había sido arrastrado. Puede que forcejeara e intentara escapar. Tenía dos disparos, uno en la pierna y otro en el pecho.
Me llevé las manos a la boca negando con la cabeza ante la escalofriante escena. Joe me cogió del brazo y me señaló que me quedara allí. Iba a inspeccionar el resto del avión. Volví a asentir con la cabeza, nerviosa por quedarme allí con los cadáveres. Acarició mi mejilla mostrándome una mirada cansada, pero tenaz. Besé lapalma de su mano y se marchó sigiloso. Yo decidí no mirar, pero cuando bajé la cabezame topé con la hoja del cuchillo que había olvidado que empuñaba; en ella se reflejó la cara ensangrentada del piloto. Me giré para mirarle. Vestía de forma informal y llevaba anillo de casado. Ese hombre tenía una esposa y quizá hijos; una familia que alimentar.
Es posible que supiera para qué clase de personas trabajaba, pero tal vez no tuviera nada que ver con ese mundo. Puede que solo trabajara para ellos para ganarse un sueldo y llegar a fin de mes de la mejor forma posible. Sentí un escalofrío y volví a ver un reflejo en la hoja de aquel cuchillo. Unas esbeltas piernas, cubiertas con medias negras, se acercaban sigilosas hacia a mí. Iba descalza para no llamar la atención. Alcé un poco el cuchillo para ver quién era, aunque podía imaginarlo. Giselle iba vestida con el uniforme de azafata y llevaba el cabello recogido en un moño. Su barbilla y sus manos estaban manchadas de sangre. Joe debía de haber pasado delante de ella sin descubrirla. Me di la vuelta y la apunté con el cuchillo, pero ella hizo lo mismo encañonándome con una pistola. Torció el gesto y sonrió mostrando una dentadura perfecta y aterradora.

—Así que tú eres ______ — musitó muy bajo. Fruncí los labios.
—Y tú debes de ser la asesina de estos hombres, ¿me equivoco?— Le sostuve lamirada con firmeza.
—Vaya, eres justo como te describió Valentino— dijo Giselle con una mueca.
—¿Ah, sí? ¿cómo soy?
—Insolente, mordaz y arrogante. En realidad, dijo muchas cosas más, pero prefiero ahorrarme esa otra parte.
—Soy insolente con quien debo serlo.— Levanté el mentón y mostré un tono devoz firme y algo alto. Joe nos tenía que escuchar.
—¿Por ejemplo?
—Contigo.
—Nena, te estoy apuntando con una pistola. Yo no he matado a los pilotos, pero no dudaré un segundo en matarte a ti.— Su amenaza no me hizo decaer.
—¿Por qué participas en esto?
—Bueno, digamos que cada uno tiene sus intereses y mis intereses se resumen en Joe. Cuando te conoció, creí que solo sería una aventura más. Pero me equivoqué, y el hecho de que esté haciendo todo esto por ti me molesta mucho. Así que me he tomado la libertad de llamar a tu padre y a Valentino. Espero que no te enfades. No tiene nada que ver contigo, solo quiero quitarte de en medio. Así que deja de apuntarme con ese cuchillo si no quieres que cambie de opinión y acabe matándote.— Eso era lo que quería. Nos había traicionado porque quería a Joe. Debíade ser una de sus amantes abandonadas y ardía de celos.
—No puedes obligarle a elegirte.
—No me importa que esté conmigo por obligación, ______. No soy como tú.— Supuse que se refería a mi relación con Valentino. Miré el reloj con el rabillo del ojo. Ya eran las siete.
—¿También te han ofrecido dinero?— Giselle frunció el ceño. Lo único que quería era darle conversación hasta que Joe regresara del fondo del avión.
—Madre mía, nena, me estás provocando dolor de cabeza.— Enarqué las cejas, sorprendida al recordar que Joe me había dicho exactamente lo mismo para picarme. No pude evitar una sonrisa al pensar lo mucho que habían cambiado las cosas. Ahora él me pertenecía y yo le pertenecía a él. Y así seguiría siendo por mucho que se entrometieran.
—Eso mismo me dijo Joe antes de besarme.— Me tomé la libertad decambiar un poco el contexto.
—Cállate— bisbiseó.
—¿Qué es lo que más te molesta? ¿Que Joe esté con otra o que no quiera nada contigo?
—He dicho que te calles.— Sería mejor cambiar de tema.
—Dime cuánto te han ofrecido.
—Que te respondan ellos mismos.— Aquella no era la respuesta que esperaba. Giselle entrecerró los ojos, se estaba preparando para atacar.

Narra Joe

—Hola, Jonas— saludó Angelo jocoso con las piernas cruzas y bebiendo plácidamente sobre el sofá de mi tío.

Valentino estaba frente a él, con una expresión mucho más glacial. Ambos parecían haberse librado de la explosión sin secuelas. A Angelo no lo había tenido controlado la noche anterior, pero había dejado inconsciente a Valentino un minuto antes de que el barco explotara. Y sin embargo, allí estaba, sano y salvo.

—Está muy mal lo que hicisteis anoche. Pobre Virginia y Jago. Si queríais venir a la fiesta solo teníais que decirlo. No tuvisteis miramientos.
—Vosotros tampoco cuando matasteis a Fabio— mascullé observando que Valentino se removía.
—Él nos traicionó…
—Eso fue después de que vosotros hicierais lo mismo— le interrumpí con furia.
—Habéis matado a mi hermano y eso tiene un precio— prosiguió Valentino, incorporándose. Negué con la cabeza.
—Ya ha sido pagado. Una muerte por otra. Estamos en paz. —Así era como funcionaba la mafia, ellos lo sabían bien.
—Pues yo no me siento complacido.
—Por primera vez, estoy de acuerdo contigo— asentí. Angelo se levantó del sofá y se acarició el poco cabello que tenía sin quitarme ojo de encima.
—Dime, Joseph, ¿cómo puede tener tanto valor? Quiero decir, tenemos el aeródromo tomado. Ahora mismo es probable que te estén apuntando con un arma… ¿Cuántos, Valentino?— Miró al que consideraba su yerno.
—Yo veo seis puntos rojos desde aquí.— Miré mi jersey blanco y vi los seis puntos rojos titilando sobre mi pecho. Parecían que estaban jugando entre sí.
—Vaya, seis francotiradores. Y sigues manteniendo la compostura. Es una suerte que tengas el gen Jonas, yo en tu lugar estaría cagado de miedo— dijo Angelo torciendo el gesto mientras miraba de reojo por las ventanas. Era cierto, el aeródromo estaba tomado por los hombres de los Carusso y los Bianchi.
—Creo que eso se puede arreglar— terció Valentino observándome orgulloso .Aun así, me negué a decaer mientras rezaba por que______ no saliera de lacabina de mando.
—Lo dudo— dije negando con la cabeza y mostrando la sonrisa sarcástica típicade mi padre.
—Cambiarás de opinión en unos segundos. ¡Giselle!— terminó gritando antes de que la azafata apareciera con _______. La apuntaba a la cabeza
—. ¿Qué te parece?— sonrió Valentino. Giselle, la misma chica que nos había acompañado a Hong Kong, la misma chica con la que había llenado varias noches vacías, estaba allí delante apuntando a la mujer de mi vida. Estaba desconcertado. Fruncí el ceño intentado reprimir mis miedos.
—Tengo una pregunta, Angelo.— Tragué saliva y humedecí mis labios. _______ parecía impasible, no noté temor en sus ojos—. ¿No sientes nada cuando ves a tu hija en una situación como esta?
—Las decisiones que ha tomado mi hija no son las correctas, y si tengo que hacerla cambiar de opinión de esta forma, lo haré. Joseph, tú mejor que nadie sabes cómo funciona esto. Da igual cuántas vidas se cobre. El negocio es el negocio.«______ no es un negocio.»

______ le miró con repugnancia. Definitivamente, estaba dispuesta a romper del todo con su familia y, en el fondo, me alegré. No merecían el cariño de una persona tan maravillosa como ella.

—Es tu hija— reproché.
—¿Quién lo dice?— dijo Angelo a media voz, torciendo el gesto. Nos quedamos anonadados. ¿Qué estaba insinuando?______ miró a su padre boquiabierta.
—¿Qué quieres decir?— pregunté, adelantándome a ______, que seguía confundida.
—Piensa, eres listo Jonas. El más listo, así que dudo mucho que no hayas entendido lo que he dicho.

Lo único que mi mente procesaba era la posibilidad de que _______ no fuera una auténtica Carusso. Volví a mirar por las ventanas. Teníamos que salir de allí fuera como fuese. Entonces aparecieron unos vehículos. Reconocí el Maybach. Mi familia llegaba con refuerzos. Sonreí en el momento en que los puntos rojos se dibujaban también en sustorsos. Incluso Giselle tenía algunos en la cabeza. Bien por Enrico, seguro que había sido él el que les había advertido.

—¿Y si te dijera que ahora sois vosotros los que tenéis a seis, no…, a nueve francotiradores vigilando vuestros movimientos?— Miré a Angelo fijamente— Emocionante, ¿verdad?— _______ se mantenía firme. Me observó insinuante mientras Angelo y Valentino se miraban desconcertados.
—Cómo demonios… —masculló confundido.
—Tú lo has dicho, Carusso. Somos listos, muy listos.— Miré mi pecho. Los puntos rojos iban desapareciendo
—Y nuestros sicarios son mejores que lo vuestros. A la vista está que solo tengo dos… humm, no, un punto rojo en vez de seis como hace unos minutos. ¿Qué dices ahora? ¿Seguimos con el juego?— reté.
—Sabes que este juego no ha hecho más que empezar.
—Puede, pero ahora la partida no está de tu lado.

Miré a _______ y le señalé con la mirada la esquina que había entre el sofá y la pared. Allí podría ocultarse unos segundos antes de que la pudiera coger y salir de allí. Ella asintió con los ojos, y yo cogí aire sin dejar de sonreír. Disparé a Giselle en la frente, entre ceja y ceja. ______ se tiró a la esquina acordada mientras yo empezaba avaciar el cargador. Angelo se escondió en la habitación aprovechando la confusión y Valentino saltó tras la pequeña barra del bar. Me acerqué a _______ y me agaché para cogerla de los brazos. Escuchamos unos disparos. Sería difícil salir con un fuego cruzado en aquella explanada. Miré por la ventana dejando a _______ aún en el suelo. Podríamos llegar hasta el coche de mi padre; era el vehículo más cercano al avión. Valentino comenzó a disparar. Me parapeté contra la pared y cogí el rostro de _______ entre mis manos.

—Escucha, el coche de mi padre está muy cerca. Solamente tienes que correr hacia él sin mirar atrás, ¿de acuerdo?— _______ asintió mientras yo cogía el móvil y marcaba el número de Logan. Si alguien tenía reflejos para cubrirnos, ese era mi hermano
—. Logan, ______ va a salir.
—Bien, yo la cubriré, pero que baje agachada— respondió mi hermano— ¿Ytú?
— Iré detrás de ella. Nos esconderemos en el Maybach, así que abre la puerta.
—Vale.— Colgó.
—¿Estás lista?
—Sí… ¿Seguro que vendrás tras de mí?— Contesté a las balas de Valentino con más disparos. Al parecer, Angelo también se añadía.
—Lo prometo, cariño.— La besé
— Venga,— vamos.Comencé a disparar mientras caminábamos hacia la puerta del avión. Alasomarnos, vimos la explanada del aeródromo plagada de hombres disparándose entre sí. Aquella era una reyerta aún mayor que la del cementerio y me incomodaba que _______ estuviera presente. Todos mis reflejos estaban concentrados en ella y no sería de extrañar que yo recibiera un balazo.
—Prepárate a salir, agáchate y cuando llegues abajo espera a que Logan te haga una señal.
—Vale, después salgo corriendo hacia el coche.
—Eso es.— Miré el coche y vi que ya tenía la puerta abierta. La besé y cuando se dispuso a agacharse para salir Valentino me empujó con fuerza. Me estampé contra _______ y rebotamos en la pared de la cabina de los pilotos. Ni siquiera me repuse, le di un codazo en la boca y me giré.— ¡Vete!— grité.
—¡No!— clamó Valentino cogiendo a _______ del brazo.

Intenté darle otro puñetazo, pero lo esquivó. Aunque no pudo eludir el golpe en el estómago que le dio _______. Valentino la miró lleno de furia y la empujó antes de que yo pudiera reaccionar. _______ bajó rodando las escaleras y se estampó contra el suelo. Quedó estirada, inconsciente. Logan quiso ir a por ella, pero las balas llovieron en su dirección y le fue imposible salir. Mi novia estaba en medio de un fuego cruzado, la forma más fácil de recibir un disparo. Arremetí contra Valentino empotrándole contra la puerta del lavabo. Le sujeté del cuello y apunté. Cuando quise disparar, Angelo me dio un golpe en la mano y el disparo se desvió al brazo de Valentino. Aproveché la confusión para salir del avión y cerrar la puerta. Sabía que desde fuera no se podía cerrar del todo, pero me daría unos minutos

Bajé las escaleras a toda prisa sin importarme los disparos que sonaban sobre la barandilla. Mis hermanos y mis primos intentaban cubrirme mientras yo me acercaba a ______. Me arrodillé ante ella y volteé su cuerpo hacia mis brazos. Había perdido el conocimiento y tenía una herida en la frente. Salí corriendo agazapado cubriendo su cabeza. La metí en el coche y estiré sus piernas antes de escuchar cómo el cristal delantero del vehículo explotaba. Cubrí su cuerpo con el mío para que no le dañara ningún cristal y alcancé la pistola que había bajo el asiento trasero

CAPÍTULO 45

Narra _______

Me desperté entre el sonido atronador de los disparos. Lo primero que sentí fue un tremendo dolor de cabeza. Me llevé las manos a la frente. Noté algo viscoso y me miré los dedos. Era la sangre de la herida que me había hecho al caer por las escaleras. Poco a poco me fui incorporando, pero enseguida me agaché. El cristal trasero reventó en mil pedazos por el impacto de una bala. ¡Mierda! Aquel disparo iba destinado a mí. Me sacudí los cristales y me asomé con mucha precaución. No vi a Joe, pero sí a Taylor, que disparaba con una precisión formidable.

—¡No salgas del coche, _______!— gritó a pocos metros de mí
—. ¡Agáchate!

Le hice caso, pero no por mucho tiempo. Tenía que descubrir dónde estaba Joe. Entonces lo vi cerca de su padre, al lado de las escaleras del avión. Estaba cargando su pistola mientras escondía la cabeza entre los hombros. No estaba herido, se encontraba bien. ¿Cuándo terminaría aquello? No podía resistir sin hacer nada. Podía ocurrirles algo a las personas que más me importaban en el mundo; y estaba claro que ningunade ellas era un Carusso. De repente, la puerta que permanecía cerrada se abrió y apareció Marcello apuntándome con un arma. Sin pensarlo, le di una patada y la pistola cayó al suelo. Me lancé a por ella. Estaba dispuesta a dispararle como hice con Jago. Sin embargo, cuando ya acariciaba la pistola, Marcello me cogió del pelo y tiró de mí fuera del coche. Me sujeté con fuerza a los asientos mientras pataleaba, pero nopude soltarme. Grité a Taylor, pero cuando quiso disparar, Marcello me colocó delante de él, de parapeto. Si Taylor disparaba yo recibiría esa bala.

—¡Replegaos!— ordenó Marcello comenzando a caminar—. ¡Jonas, me llevo este polizón! ¡Si no queréis verla morir dejad de disparar!

Aquella orden hizo efecto de inmediato. Los disparos dejaron de sonar casi alunísono. Busqué a Joe y le vi mirándome, desencajado. Su pecho subía y bajaba descontrolado mientras todos me observaban. Pero mis ojos se concentraron en los de Joe, desenfocando todo lo demás. ¿Qué debía hacer? ¿Qué podía hacer una niña que jamás había vivido una situación así? Suspiré y cerré los ojos. Recordé un beso de Joe antes de girarme y golpear a Marcello con una fuerza que él no esperaba que yo tuviera. No me paré a pensar en cómo había logrado tumbarle, sino que me lancé a por el arma que había estado apuntándome segundos antes y le disparé. Vacié el cargador sobre el pecho de mi primo, el amante de mi hermana, mientras gritaba trastornada.

—¡Basta!— gritó mi padre. Dejé de disparar, me giré y le apunté. Todo el clan Jonas también estaba apuntando a Angelo; pero mi padre, a su vez, tenía su pistola sobre la sien de Joe al pie de la escalera del avión.
—Suéltale— mascullé acercándome a él sin dejar de apuntarle— Juro que temataré si no le sueltas, papá.
—¿Estarías dispuesta a matar a tu padre por un Jonas?— Hizo una mueca fingiendo pena.
—Sí. Una y mil veces si hacen falta. Ahora, suéltale.— Paul dio un paso al frente, pero había más hombres de los Carusso que de los Jonas, y estos se lo impidieron.
—¡No toques a mi hijo, Angelo!— gritó el padre de Joe a solo unos pasos de ellos. Me fijé en el temblor de Taylor, en la mirada dubitativa de sus hermanos, en el rostro desencajado de Paul. Debía hacer algo. Si mataba a mi padre, todos los Jonas estaban perdidos. Caerían tras él porque estaban rodeados.
—Está bien— dije, mirando a Joe—. Me cambio por él. Es eso lo que quieres, ¿no? Pues ahí lo tienes. Ahora, baja el arma y deja de apuntarle.— Joe negó con la cabeza.
—No, no dejaré que lo hagas— masculló dando un paso hacia mí. Solo nos faltaban unos centímetros para tocarnos. Mi padre le siguió sin dejar de apuntarle.
—Tú decides, papá. Pero si le matas, yo te mataré a ti. ¡Elige!— ¡Dios!, no sabía si iba a aguantar mucho más tiempo la tensión, estaba a punto de desmayarme. Y, sin duda, eso es lo que pasaría si mi padre tocaba a Joe
—Hecho.— Mi padre bajó el arma sonriente, y empujó a Joe a misbrazos. Le besé ante todos hasta que alguien tiró de mi cintura. Joe se resistió asoltarme y vi a Taylor que quería venir hacia nosotros, pero no le dejaron.
—¡Soltadla!— gritó Joe. Lo empujaron y cayó al suelo mientras a mí me arrastraban hacia el coche de Valentino.
—Llévatela donde acordamos, Valentino— dijo mi padre.

El menor de los Bianchi ya estaba al volante preparado para salir. El coche arrancó. Dejé a Joe tirado en el suelo, forcejeando con su primo. Él quería venir en mi busca, pero se lo impedían. Mejor así. Los recuerdos me abrumaban y apenas me dejaban respirar. Era consciente de lo poco que valía mi vida si él no estaba a mi lado. Todo lo que para mí tenía significado llevaba su nombre. Ese nombre que retumbaba en mi cabeza con más intensidad que nunca.
Joe, Joe, Joe… Le miré por última vez. Todavía tenía el sabor de su cuerpo en mis labios, el
calor de su tacto en mi piel, el susurro de sus palabras en mi cuello… Y ahora veía cómo su figura se iba alejando. Me obligaban a apartarme de él sin darse cuenta de que con ello me obligaban también a morir. Pero eso es algo que no les debía de importar lo más mínimo, después de tantas veces como habían puesto mi vida en peligro. Mi corazón se quedó allí, con él, mientras su imagen se borraba empañada por mis lágrimas.

FIN...?
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Agosto 25th 2012, 08:43

BUENO! ESTE FUE EL PRIMER LIBRO!!!
AUN NO SE CUANDO SALDRA EL SEGUN PERO...
ESPERO QUE PRONTO^^

BYE Y GRACIAS POR TODO!!!!!!








.......................................................................................

PASEN POR MIS NOVES



El amor de mi vida



Why be afraid to make an honest mistake
If you acknowledge the pain
And you wanna change, you can get through anything


Together - Demi Lovato


La mas admirada





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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Agosto 25th 2012, 19:41

oh por Dios!!!
¡NO SE PUEDE ACABAR ASI!
hay Wenn!!
quiero q salga el otro libro YAAA
PROMETEME q apenas salga lo subiras si????

POR FAVOOORRR!!!!!
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andreita-593
Comprometida Con...


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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Agosto 28th 2012, 15:01

OMJ!!!!!!!!!!!!! ESTO NO PUEDE ACABAR ASI!!!!!!!!!!!!!!!!
NECESITO MAAAAAAAAAAAAAAAS! Jajajajajajajajaja
me encanto de verdad esta novela
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MensajeTema: Re: MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)   Hoy a las 07:35

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MIRAME Y DISPARA - ADAPTADA (Joe&Tu)
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