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 Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA

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Niinooskaa
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Septiembre 30th 2012, 13:10

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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Niinoo
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cami-camila
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Septiembre 30th 2012, 14:22

xlusmy escribió:
Wow esta super siguelaa. Esta dmc bkn Smile nuneva lectora Smile
atte
lussma



bienvenida Very Happy
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cami-camila
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Septiembre 30th 2012, 14:26

Capítulo 11





______ no sabía muy bien en qué momento había perdido el control. Tumbada en el asiento de la camioneta, con la cabeza de Joe entre las piernas, no resultaba fácil recuperarlo. Sin embargo sí era la postura perfecta para tener otro orgasmo. Sobre todo teniendo en cuenta lo que Joe le estaba haciendo. ¿Dónde habría aprendido a mover la boca de ese modo? Esa boca increíble y maravillosa. Toda su atención estaba centrada en el punto en el que su boca la rozaba. El placer aumentaba con cada caricia de su lengua, con cada movimiento de sus labios.

El primer clímax había estallado dentro de ella con rapidez, sin embargo aquél fue surgiendo poco a poco, haciéndose más y más poderoso y llevándola a lo más alto. Tenía la respiración acelerada, el cuerpo empapado en sudor y la v@$*%a mojada por la excitación.

El gritó de éxtasis salió de lo más profundo de su ser. Dios. Tenía la sensación de que la tierra hubiera temblado bajo sus pies.

Joe la agarró con firmeza mientras su cuerpo entero se estremecía de placer. Se preguntó si le dejaría la marca de los dedos en las nalgas y casi deseó que así fuera. Aquello... aquello era lo que había esperado toda la vida y nunca había encontrado; una entrega total y absoluta al placer.

Se fue recuperando poco a poco, pero apenas fue consciente de que, con extrema delicadeza y entre besos, Joe la había colocado de nuevo en su asiento y le había estirado la falda. Un segundo después, oyó la puerta del conductor y notó que él se sentaba al volante.

—Cuando estés lista nos vamos —le dijo sin la menor prisa.

—¿Y si no nos fuéramos nunca?

—Muy bien.

—Yo... —tragó saliva y lo intentó de nuevo—. Me ha gustado.

Joe se echó a reír.

—Me alegro.

—Mucho.

—Ya sabes, siempre que quieras.

«Siempre que quiera». Vaya.

—¿En serio?

—Sólo tienes que avisarme con tiempo.

—¿Quieres decir que —se volvió a mirarlo— que podría llamarte y... pedirte que me hicieras... esto?

—¿Por qué no? —dijo con una enorme sonrisa.

—Porque corres el riesgo de que te llame a cada rato.

—¿Tú crees? —su sonrisa se hizo aún mayor.

—Desde luego. Ha sido mejor que el chocolate. Y a mí me encanta el chocolate. Una dosis regular de sexo oral y podría vivir ciento cincuenta años, como esos viejecitos del Tibet. Ahora lo comprendo, no es la leche de cabra ni nada de eso. Lo que ocurre es que no pueden decirlo, pero es gracias al sexo oral.

—He de decirte que sé hacer otras cosas.

Volvió a mirarlo.

—Esto no se puede mejorar, mentiroso.

—De todos modos, me gustaría intentarlo.

La euforia de _______ empezó a mitigarse en cuanto se dio cuenta de que se encontraba en una situación muy vulnerable. Se creía capaz de hacerla disfrutar aún más y, a juzgar por lo sucedido, quizá fuera cierto. Era demasiado peligroso. Ya le había regalado demasiado los oídos y, si lo dejaba ir hasta el final y hacían el amor, acabaría derretida a sus pies. El problema era que ella también deseaba tener esa experiencia total, se moría de ganas por compartirla con él. Y, si se lo proponía, lo haría esa misma noche.

—No lo pienses tanto —le dijo de pronto, como si hubiera leído sus pensamientos—. Te voy a dejar la dirección de mi casa y, si te apetece, ven esta noche. Sólo tienes que llamarme cuando termines el programa.

—No sé —demasiado peligroso, sería meterse en terreno enemigo.

—Vamos, te enseñaré mi rosal.

Debía de estar loca sólo por considerar la posibilidad de acudir a la casa del hombre cuyo proyecto amenazaba con destruir la casa de su abuela. Claro que también era el hombre que acababa de regalarle dos orgasmos increíbles. Quizá pudiera ir a su casa, disfrutar de otra sesión de sexo oral y marcharse. Eso sería comportarse como una chica mala, ¿verdad?

—¿Vas a escuchar mi programa?

—Claro, me encanta que me castiguen.

—Quizá después de escucharlo no quieras verme.

—No debería querer verte, pero eso no significa nada —se inclinó hacia ella—. Por si todavía no te has dado cuenta, me excitas mucho.

Eso la hacía sentirse mejor.

—Ya no somos adolescentes. No tienes por qué marcharte así —dijo, mirándole la entrepierna—. Te vendría bien un poco de...

—Puede ser, pero no pasa nada. ¿Lista para volver?

—Joe, no seas así. Esto no es una competición.

Se volvió a mirarla fijamente.

—¿Ah, no? —y puso el coche en marcha, rumbo a la civilización.

Claro que era una competición. Ambos intentaban dilucidar quién llevaba las riendas de su relación sexual. Hasta ayer, ella se había encontrado en cabeza, pero el episodio en el pico Sentinel había vuelto las tornas a favor de Joe.

Resultaba gratificante comprobar que ________ seguía deseándolo tanto como hacía trece años. Pero ahora que ya lo sabía, debía pensar en qué andaba buscando además de aquel juego sexual. Como ella misma había dicho, ya no eran adolescentes, sino adultos capaces de comprometerse.
Joe sentía que era hacia eso a lo que se encaminaba y le encantaría pensar que ________ sentía lo mismo. Quizá hubieran empezado de un modo un tanto extraño, pero ahora sabía que deseaba que aquello funcionara. Para ello debía esforzarse en prolongar lo sucedido esa misma tarde, así que decidió ir a comprarle un diminuto camisón de satén blanco. Quizá no se lo pusiera para él, pero quizá sí.

No paró de pensar en ella en toda la tarde y, al llegar a casa y ver el pico Sentinel a lo lejos, se dio cuenta de algo que nunca se había atrevido a admitir. Al igual que había comprado el rosal pensando en ________, lo cierto era que cuando vio aquella casa con vistas al Sentinel, inconscientemente, también pensó en _______. El recuerdo de _______ llevaba años influyéndole en todas sus decisiones. Desgraciadamente, habían tenido que reencontrarse en medio de aquella estúpida batalla ocasionada por su proyecto. Bueno, probablemente aquél era el precio que tenía que pagar por haber dejado que pasaran los años sin ponerse en contacto con ella.

Pasó una enorme cantidad de tiempo preparándolo todo para la noche: las velas, la música, la cama, los preservativos... todo estaba en orden. Hacia las nueve, sólo le faltaba darse una ducha, cosa que hizo escuchando su programa. Y no tardó en darse cuenta de que había cometido un error porque resultaba demasiado tentador estar desnudo bajo el agua escuchando la voz de ________, que además estaba aconsejando a las mujeres hacer ejercicios con los músculos de la v@$*%a para dar y obtener mayor placer. Demasiado tentador, pero debía aguantar hasta estar con ella.

Afortunadamente, el siguiente espacio del programa fue una entrevista con un sociólogo cuya voz se parecía extremadamente a la del maestro Yoda. El experto afirmaba que prácticamente todos los instrumentos utilizados en la construcción, tornillos y tuercas, clavos y madera... tenían un fuerte simbolismo sexual. Por lo que, cuando los hombres utilizaban todas esas cosas, en realidad estaban recreando el acto sexual.

Joe no pudo evitar insultar al tipo en voz alta y, aunque le sirvió para descargar un poco de tensión, enseguida empezó a pensar en lo enfadados que irían a trabajar sus empleados al día siguiente. Ninguno de ellos se alegraría si supiese con quién esperaba acostarse esa misma noche. Lo considerarían un traidor a la causa por invitar al enemigo a su cama.

Y sin embargo, no podía esperar a que llegara... porque su programa le había dado una buenísima idea.

Por mucho que intentara convencerse de lo contrario, ________ sabía que acudiría a casa de Joe. Antes de ir al programa, había registrado su número en el teléfono móvil y había pasado por casa para cambiarse, para que él no la viera con la misma ropa. Sí, tenía intención de volver a verlo. Las barreras que los separaban estaban derrumbándose muy deprisa y eso la hacía sentirse bien. Aunque no estaba preparada para pensar en un futuro con él, la posibilidad existía ya en su cabeza, esperando hasta que estuviera dispuesta a pensar en comprometerse con él de algún modo.

El corazón le latía con fuerza cuando se metió en el coche y marcó su número.

—Hola —sonaba demasiado ansiosa, tenía que parecer más relajada—. Ya he salido de la emisora y estaba pensando en pasar unos minutos por tu casa. Si no estás muy ocupado.

—Claro, ven cuando quieras. Sólo estaba atornillando algunas cosas y metiendo algunos clavos en la madera.

Vaya, parecía que había escuchado el programa.

—Joe, tienes que admitir que la teoría tiene su lógica.

—No puedo negarlo, _______. Tu experto Yoda tiene razón.

—Sí que hablaba un poco como Yoda, pero la idea...

—Ha sido una especie de revelación.

—Me estás tomando el pelo.

—¡No! Todo este tiempo pensando que simplemente me gustaba construir cosas, cuando en realidad lo que estaba haciendo era practicar el acto sexual. ¿Quién iba a pensarlo? Bueno, ¿cuánto tardas en llegar?

Las señales de alarma saltaron en el cerebro de _________. El programa la había divertido demasiado, y eso podía poner en peligro su estrategia. Debería poner una excusa y marcharse a casa.

—Sólo necesito que me digas cómo ir —haber nacido tan curiosa era a la vez una maldición y una bendición.

Pero no pensaba acostarse con él, ya lo había decidido con la ayuda de Cheryl. Sólo le pediría una sesión de sexo oral y se marcharía.

—Estaré allí en veinte minutos —dijo, después de escuchar las indicaciones.

—Muy bien. Así tendré tiempo de penetrar algunos trozos de madera con unos clavos y golpearlos bien fuerte con mi martillo.

—Deja de tomarme el pelo.

Pero no lo estaba haciendo, lo que trataba de hacer era seducirla, y lo había conseguido. Cuanto más lo oía hablar, más excitada estaba. Había utilizado su propia arma contra ella.
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cami-camila
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Septiembre 30th 2012, 14:27

Capítulo 12







Incluso antes de ver el interior, ________ sabía que la casa de Joe sería magnífica. Situada en una pequeña colina sobre la ciudad, el edificio de una sola planta debía de tener unas preciosas vistas desde el patio. A la derecha de la entrada, había una preciosa fuente de estilo mexicano y a la izquierda un frondoso árbol de mesquite cuyas hojas se mecían con la brisa.

Joe le abrió la puerta vestido con una ceñida camiseta blanca y unos pantalones vaqueros. Del cuello le colgaban unas gafas de protección. Todo él olía a serrín.

—¡Hola! Qué rápido has venido.

—Es que no había nada de tráfico —no podía decirle que había sobrepasado el límite de velocidad en un par de ocasiones.

Durante el instituto, Joe había trabajado en una enorme tienda de bricolaje, y ________ había ido a visitarlo a menudo. Seguramente de aquella época procedía su debilidad por el olor a madera y a serrín, un olor que actuaba sobre ella como un afrodisíaco.

—Espero que no te importe, pero tu programa me ha inspirado y me he puesto a terminar un trabajo que llevaba siglos postergando. Sólo me quedan los últimos toques. Acompáñame al taller.

________ lo siguió por la casa como el perro que seguía su comida.

—¿Quieres beber algo? Tengo de todo, fuerte o no.

Sabía que seguía con ella, haciéndole insinuaciones, pero prefirió no morder el anzuelo.

—Gracias, no quiero nada —no solía tomar refrescos y no se atrevía a beber alcohol. Sus defensas disminuían por momentos.

A juzgar por lo que había visto de la casa hasta ese momento, el dormitorio principal sería impresionante. ________ ya podía ver la enorme cama esperando a que perdiera la cabeza.

—Me compré esta casa sobre todo por el taller —le explicó Joe, al tiempo que abría una puerta.

________ se excitó con sólo oler aquel lugar. El taller era casi tan grande como el salón de su casa. Allí había todo lo que un aficionado, y seguramente, un profesional del bricolaje, pudiera desear. El suelo estaba lleno de virutas de madera y serrín y, sobre el banco de carpintero, había un trozo de madera de unos cincuenta centímetros de ancho y un metro veinte de largo.

—Es un banco para la entrada —anunció Joe—. Quiero que tenga un estilo rústico, así que probablemente le dé un poco de barniz y lo deje tal cual.

________ fingió tener un enorme interés en la madera porque si no, se le notaría demasiado que su único interés estaba en el carpintero. Pasó la mano por la suave superficie.

—¿Es mesquite?

—Sí. Era un árbol enorme que un vecino se empeñó en cortar. Intenté convencerlo de que no lo hiciera, pero lo hizo de todos modos. Así que le compré la madera.

________ no podía dejar de pensar que aquél era el espacio de Joe y había querido compartirlo con ella. Jamás había sido tan consciente de la presencia de un hombre como lo era en ese momento de la de Joe. Podía sentir su olor, su respiración.

—Creía que habías dicho que estaba prácticamente terminado.

—Sí, sólo tengo que meterle las patas —explicó, quitándose las gafas de protección—. ¿Quieres ayudarme?

—No sé absolutamente nada de carpintería.

—No hace falta. Sólo necesito otro par de manos.

Agarró el tablero y le dio la vuelta. Al hacerlo, se le marcaron todos los músculos y ________ se dio cuenta de que no debería haberlo mirado.

—He hecho uno de los extremos de las patas más estrechos para que entren bien en el agujero.

—Ya veo —hablando de símbolos fálicos, aquellas patas sin duda lo eran.

—Lo que hay que hacer ahora es meterlas en los agujeros que he hecho en cada esquina del tablero. Necesito que tú sujetes la madera con firmeza mientras yo meto las patas.

—Muy bien —dijo, quitándose el bolso y dejándolo sobre una silla.

—Estarás más cómoda si te quitas también la chaqueta.

________ lo miró, convencida de que en todo aquello había una intención oculta.

—¿Tú crees? —le preguntó con media sonrisa en los labios.

—No sé. Haz lo que quieras.

Se quitó la chaqueta porque era cierto que estaría más cómoda, pero eso no quería decir que fuera a hacer todo lo que él pretendiera con aquel jueguecito.

—Tienes que sujetar aquí —le indicó—. Así yo podré meterla.

—No creas que no sé qué es lo que pretendes, Joe. Eres transparente como el agua.

—¿De qué hablas? Sólo estamos armando un banco.

—Claro, claro.

—Eres tú la que dijo que todo esto tenía simbolismo sexual —le recordó con una sonrisa malévola.

—No, fue el maestro Yoda —estaban tan cerca que sus cuerpos prácticamente se tocaban. _________ creyó oír los latidos del corazón de Jess, aunque quizá fueran los suyos.

Entonces comenzó a introducir la pata, el agujero era muy justo, así que Joe no tardó en comenzar a respirar entrecortadamente. Y, aunque no estaba haciendo ningún esfuerzo, también a _________ se le aceleró la respiración. Conocía perfectamente sus intenciones y sabía que estaba utilizando el tema de su programa para provocarla, pero aun así había conseguido excitarla. Y la excitó aún más al limpiarse el sudor con el borde de la camiseta, pues le dejó ver sus abdominales. Fue entonces cuando Katie se dio cuenta de que nunca había visto a Joe desnudo, y era una verdadera lástima.

—Quédate ahí para que pueda meter la siguiente —le dijo cuando hubo terminado con la primera pata—. Pero no hace falta que agarres con tanta fuerza.

_________ bajó la mirada y aflojó un poco los dedos. Tenía que relajarse.

—Me parece que voy a necesitar algún tipo de lubricante para meter ésta.

—Déjalo ya, Joe.

—¿El qué? —le preguntó con gesto inocente.

—Ya sabes el qué.

—No tengo la menor idea de a qué te refieres —no apartó la mirada de ella mientras empujaba con fuerza para que entrara.

—Este jueguecito tuyo no va a funcionar. Soy más dura de lo que crees.

—No lo dudo.

Pero no era cierto. No era nada dura; mientras él introducía la tercera pata, ________ se moría de excitación. Deseaba con todas sus fuerzas que esas manos poderosas le arrancaran la ropa y le acariciaran el cuerpo entero. Tenía las braguitas empapadas.

—Ya está. Podemos darle la vuelta —la miró fijamente—. Ya puedes soltar, _________.

—Ah, sí.

—Vamos a ver si es lo bastante fuerte —dijo, subiéndose a horcajadas al banco.

_________ apenas podía respirar. Si se quedara en esa misma postura y se desabrochara los pantalones, ella podría...

—Pruébalo. Veamos si nos sujeta a los dos —en los ojos de Joe había una mirada oscura y misteriosa, imposible de descifrar.

—No puedo... —si se acercaba tanto a él, perdería el poco autocontrol que le quedaba— llevo falda.

—Yo no te he dicho que tuvieras que sentarte igual que yo —le dijo con sonrisa traviesa—. Ven y siéntate conmigo, _________. Ayúdame a probar el banco.

Su voz era profunda y sensual y, como la luz a las polillas, atrajo a ________ sin que ella pudiera hacer nada.

—¿Cómo quieres probarlo?

—¿Cómo quieres tú que lo pruebe?

No podía más.

—¿Qué te parece si... te pido que te desabroches los pantalones?

—Depende de para qué. No me apetece mucho sexo oral.

—A mí tampoco.

—Ya veo. ¿Y qué te parece si lo probamos utilizando esto? —sugirió, mostrándole un preservativo que tenía en el bolsillo.

—Pensé que querías acabar en la cama.

—Ya lo haremos, pero antes podemos empezar en el banco.

Y sin decir nada más, se desabrochó los pantalones lentamente y se puso el preservativo fácilmente. _________ lo deseaba tanto que temblaba, no podía dejar de mirar aquella erección. En completo silencio, le tendió una mano.

—Súbete al banco conmigo, yo te sujetaré.

_________ lo obedecería hasta que tuviera aquella parte de él dentro de su cuerpo. Al subirse al banco, sólo quedó una pequeña barrera entre ellos... unas braguitas empapadas. Sin apartar la mirada de sus ojos ni un segundo, Joe metió la mano por debajo de su falda y... le arrancó las braguitas de un tirón. Por fin podía acariciarla como ella necesitaba.

—Supongo que... no soy tan dura.

—Gracias a Dios.

________ cerró los ojos mientras sus dedos obraban con maestría.

—No sigas, quiero...

—Lo sé. Yo también —le pasó las manos por debajo y la agarró de las nalgas para levantarla del banco—. Agárrate a mis hombros.

—¿Estás seguro?

—Vamos, fuiste animadora, segur que puedes hacerlo.

—No soy yo lo que me preocupa, sino tú.

—_________ —susurró con una sonrisa—, con toda la adrenalina que tengo acumulada, podría levantar un coche. ¿Preparada?

—Más que nunca.

En un suave movimiento sintió aquel delicioso miembro dentro de su cuerpo, llenándola con su poder. Estaba anonada por la perfección con la que encajaban, nunca había sentido algo así. Era como si de pronto hubiera recuperado una parte vital que le faltaba. Estar enganchada a Joe de ese modo le parecía esencial para que su vida fuera completa.

Él seguía con los ojos cerrados y en sus ojos se reflejaba el placer, pero quizá era ésa la cara que ponía siempre que se encontraba sumergido en una v@$*%a. Cabía la posibilidad de que lo que para ella era sencillamente increíble fuera normal para él. Y eso era muy peligroso.

—________ —dijo abriendo los ojos—. Es una maravilla... y yo he sido un estúpido.

Eso no parecía algo que podía decirles a todas con las que se acostaba.

—¿Por qué?

—Podría haber disfrutado de esto hace trece años.

________ se permitió saborear aquel momento. Después de tantos años de dolor y frustración, quería recordar aquellas palabras. Pero tampoco quería hacerlo sentirse mal.

—No te preocupes, Joe. Ya es agua pasada.

—Lo sé, pero ojalá...

—Shh —le besó en los labios dulcemente—. Dejémonos de lamentos y disfrutemos de esto.

—Muy bien —él también la besó—. Pero hay un pequeño problema con el banco.

—Ya sé que has preparado todo esto para seducirme, si es a eso a lo que te refieres.

—No, no es eso —hizo una pausa para besarla de nuevo y mordisquearle el labio inferior—. Quiero decir que sí, que lo he hecho para seducirte. Pero no me di cuenta de que es tan estrecho.

—Ah —entonces recordó el consejo que había dado en el programa, un consejo que iba a poner en práctica por primera vez—. No te preocupes.

—Es que no puedo moverme. Quizá deberías tumbarte y...

Sin decirle nada, contrajo los músculos de la v@$*%a.

—Guau.

—¿Te gusta? —volvió a hacerlo.

—El consejo del Kamasutra de hoy.

—Exacto —comenzó a besarlo apasionadamente mientras seguía contrayendo los músculos rítmicamente. Aquello era mucho mejor de lo que parecía en el libro.

Joe siguió agarrándole las nalgas y besándola hasta que juntos comenzaron los temblores del clímax que se acercaba.

—No dejes de besarme —le pidió él.

Así, con sus bocas unidas salvajemente, se deshicieron el uno en brazos del otro y alcanzaron el orgasmo. Su primer orgasmo juntos. Al principio ________ no reparó en ello, pero de pronto se dio cuenta de la importancia del momento, un momento cálido y suave.

Pero tenía que tener cuidado, seguramente Joe no le daría tanta importancia como ella a algo así, lo cual la dejaba en una situación muy vulnerable. Pero hacía sólo unos minutos se había descrito como un estúpido. Quizá no volviera a comportarse como un estúpido por segunda vez.
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 1st 2012, 14:31

SUPEEEEEEEEEEEERRRRRRRRR has subido capitulo, y dejame decirte que me ha encantado, , sorry por no pasarme a comentar pero no tengo mucho tiempo por culpa d ela facultad, pero intentare comentar cada vez que pueda, SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 2nd 2012, 17:47

esta demasiado buena siguela pronto ya quiero saber como termina esto enserio...
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cami-camila
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 2nd 2012, 20:36

CHICAS, MAÑANA LES VOY A SUBIR CAP POR QUE ESTOY FELIZ, LES SUBIRIA AHORITA PERO ESTOY CANSADA POR HE TENIDO QUE HACER MUUUUUCHAS TAREAS.
BUENO LES VOY A CONTAR POR QUE ESTOY TAN FELIZ, RESULTA QUE EL PROX. AÑO ME CAMBIO DE COLEGIO Y A UNO QU ESI ME GUSTA, ME ENCANTA ME TODO ASI QUE POR ESO ESTPY FELIZ ASI QUE MAÑANA LES VOY A SUBIR MARATON AHI VEO DE CUANTO CAP PERO LES SUBIRE CAP. BUENO ESO CHICAS SIGAN COMENTANDO PLIIIIS

TE PASARIAS POR MI NOVE POR FIIS
ES NUEVA Y NO TENGO NINGUNA LECTORA

http://jbvenezuela.activoforo.com/t11223-esclavos-del-deseo-nic
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 2nd 2012, 22:33

gracias por la maraton porfa subela os ruego y felicitaciones por lo del colegio..
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Tatu d'Jonas
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 2nd 2012, 23:15

OMGG q capitulo!!
me muero x leer MAAAS!!!
SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

PD: felicitaciones por tu cole ^^
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Niinooskaa
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 3rd 2012, 09:54

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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Niinoo
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 3rd 2012, 17:42

Capítulo 13





Si Joe había tenido alguna duda de que ________ tuviera más experiencia que él, había quedado completamente resuelta. Quizá había sido él el que había ideado toda aquella estrategia para hacer el amor con ella en el banco, pero había sido ella la que la había hecho funcionar. Además, Joe no había sido capaz de esperar un poco más; había acabado tan rápido que no le había dado más que un orgasmo. Un orgasmo que prácticamente se había dado ella a sí misma. Tenía que admitir que se sentía defraudado.

—_______, lo siento. Quería aguantar, pero... no pude —confesó cuando recuperaron las fuerzas.

—¿Y por qué ibas a querer aguantar?

—Para que tú pudieras seguir y tuvieras otro más, al menos.

________ recibió el comentario en silencio.

—¿_______?

—No sabía que estábamos puntuando.

—No es eso, pero esperaba durar más la primera vez —«porque seguramente era también lo que esperaba una mujer como tú, que estudia todas estas cosas».

—Joe, créeme, mi orgasmo ha sido estupendo y no me importaba lo más mínimo no tener otro.
Dios. Ahora intentaba proteger sus sentimientos. Era humillante. Tenía que hacer algo.

—Te propongo algo —le dijo, acariciándole el cuello—. Vamos a darnos una ducha, a tomar una copa de vino y después podremos intentarlo de nuevo en una cama.

________ levantó la cara para mirarlo. La expresión de sus ojos no presagiaba nada bueno.

—Me parece que no.

—¿Tan mal he estado? —se sentía terriblemente rechazado.

—¡No has estado mal en absoluto! Deja de decirlo.

—No intentes animarme. Sé que te habría gustado que yo ejerciera un poco más de control.

—¿Es eso lo único que te importa? ¿El control? Yo pensé que estábamos pasándolo bien y a ti lo único que te preocupa es que tuviera un solo orgasmo.

Ahora estaba confundido. No parecía estar molesta por el número de orgasmos, sino porque él hubiera sacado el tema.

—Yo... sólo intentaba...

—No importa. ¡Olvídalo Joe!

Se deshizo de los brazos y las piernas que la rodeaban y salió corriendo de allí. Joe no tenía fuerzas para seguirla. Así que se quedó allí, odiándose a sí mismo por haber respondido a su demostración sexual como un adolescente. Pero no entendía por qué ________ había actuado como si disculparse con ella fuera lo peor que podría haber hecho. ¿Quién entendía a las mujeres?

________ no había recorrido ni un kilómetro cuando dio media vuelta. Era una estupidez. Se suponía que había acudido a casa de Joe a pasarlo bien, ¿qué importaba que él no le diera la misma importancia que ella? No había entendido sus sentimientos hacía trece años ni los entendía ahora, pero eso no cambiaba el hecho de que nadie la hubiera hecho disfrutar del sexo como lo hacía Joe.

Nunca tendría un futuro con él porque tenía la sensibilidad de una tortilla, pero no por eso iba a privarse del increíble placer que él le daba. De todos modos, su relación estaba destinada al fracaso desde el principio, y no sólo por su falta de sensibilidad. Mientras existiese el conflicto provocado por la construcción de ese edificio, no podrían estar juntos realmente. Por mucho que el sexo con él le pareciese la experiencia espiritual de su vida.

Sin embargo, prefería volver y disfrutar de ello sin ataduras y mientras durase a martirizarse. Estaba decidido, elegía el sexo con Joe, olvidándose de todo tipo de sentimentalismos.

Así que volvió a su casa y, aunque él intentó disculparse por haber dicho algo que la molestara, ________ le quitó importancia y no quiso explicarle por qué había salido corriendo.

—Pero ¿por qué lo has hecho? —le preguntó Joe, que parecía realmente confundido.

—No importa —aseguró ella, pensando que sería una estúpida si no aceptaba lo que él deseaba darle—. No compliquemos las cosas. Me gusta acostarme contigo.

—Me alegro, pero...

—¿A ti te gusta acostarte conmigo?

—Por supuesto.

—Entonces hagámoslo —sugirió, tensa por el deseo.

—¿Eso es todo? ¿Sin condiciones ni instrucciones especiales?

«Sólo para mí misma».

—No. Sé que he estado muy difícil.

—Eso es quedarse corto. Pero supongo que debía habérmelo esperado, viendo el programa que tienes.

—¿Qué tiene que ver mi programa con todo esto?

—Es obvio. Tú eres una experta en la materia, así que querías poner a prueba ciertas cosas.

—¿Así que crees que eres una especie de experimento de laboratorio? —aquello la dejó anonadada. Definitivamente, no la conocía en absoluto.

—Algo así, sí. Pero no pasa nada, no me quejo.

—¿Te gusta ser un experimento de laboratorio?

—La verdad es que ha sido muy excitante. Sí, me gusta, ________.

Parecía que había interpretado demasiado bien su papel de chica mala y él parecía sentirse atraído por ella precisamente por eso. No era de extrañar que no se hubiera puesto tierno por su orgasmo simultáneo.

—Joe, el experimento ha terminado. Sólo quiero acostarme contigo, nada más. Sin juegos.
Él la miró fijamente, como si no lo creyera del todo.

—No pienso rechazar una oferta como ésa —dijo echando el cerrojo de la puerta—. Ven conmigo.

Mientras la llevaba de la mano hacia el dormitorio, ________ trataba de no hacer caso a los latidos de su corazón y de repetirse una y otra vez que aquello era sexo y nada más. Pero la cosa empeoró al entrar en su habitación; allí podía sentir su personalidad en todos y cada uno de los objetos. La cama, las mesillas y el armario desprendían esa virilidad que _______ siempre había asociado con Joe.

De pronto se fijó en el diminuto picardías blanco que había sobre la cama y en las velas repartidas por toda la habitación, pero todavía sin iluminar.

—¿Esto es para mí? —preguntó, señalando la prenda de satén.

—Sí. Después de escuchar la primera parte de tu programa, decidí empezar en el taller.

Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que aquélla era la escena que Joe había ideado hacía años cuando imaginaba el momento en el que por fin harían el amor. Quizá tuviera un lado tierno y sentimental después de todo. Quizá... No, ya se había engañado demasiadas veces. Había preparado todo aquello porque quería seducir a la experta con satén blanco y velas. Pero ya estaba bien, ya no habría más obstáculos ni más sueños imposibles. Ahora sólo quería relajarse y disfrutar del sexo sin compromisos.

—¿Te gustaría que me lo pusiese?

Joe miró el camisón y después volvió a mirarla a ello con evidente deseo.

—Sí.

—Entonces voy a pasar al servicio —él le señaló la puerta del cuarto de baño—. Ahora mismo salgo.

—Aquí estaré —había algo en su voz, algo profundo. Quizá fuera agradecimiento, como si valorara de verdad el tenerla allí.

Dios. Estaba volviendo a hacerlo, volvía a ver significados ocultos donde no los había. Mientras no tuviera alguna prueba irrefutable de que Joe estaba loco por ella, no se permitiría volverse loca por él. Así de sencillo.

Una vez en el baño, se quedó maravillada por su elegancia y comodidad y, siguiendo un impulso, se metió en una ducha que le pareció prácticamente erótica. Gracias a eso y al precioso picardías de satén, que le quedaba como un guante, en unos minutos se sentía increíblemente sexy. Al mirarse en el espejo comprobó que parecía sacada del Playboy.

¿Sería ésa la imagen que Joe tenía de ella? Desde luego no era la imagen que ________ tenía de sí misma. Más bien se parecía a la imagen con la que la habían sacado en las fotos promocionales de la emisora.

Pero tenía que admitir que le quedaba bien. Un último vistazo al espejo y estuvo lista para salir.

En cuanto oyó el sonido de la ducha, Joe supo que no disponía más que de unos minutos para preparar los últimos detalles. Salió corriendo al patio por el balcón del dormitorio y volvió con un precioso capullo de rosa amarillo que dejó sobre la almohada. Después encendió todas las velas y puso la música que con tanta intención había escogido, pues eran las canciones que ________ y él habían escuchado tantas veces camino del pico Sentinel. Llevaba años soñando con aquel momento y ahora por fin había llegado.

Una vez consideró que todo estaba perfecto, esperó con impaciencia a que ella saliera. Estaba tan concentrado en la puerta del baño, que cuando por fin se abrió, tuvo que parpadear varias veces para asegurarse de que no lo estaba imaginando. No, la puerta estaba realmente abierta y ________ estaba ahí, con el rostro sonrojado por el calor de la ducha y rodeada de un halo formado por la luz procedente del cuarto de baño. Jamás había visto una mujer tan hermosa.

Se puso en pie sin decir ni palabra.

—Aquí estoy —susurró ella—. Vaya, esa música me trae muchos recuerdos... —su mirada bajó hasta la rosa que había sobre la almohada. Se acercó a ella y la agarró—. Yo... había olvidado que tenías ese rosal —se llevó la rosa a la nariz y cerró los ojos.

Joe pensó que recordaría aquella imagen durante el resto de su vida. ________ era todo lo que siempre había deseado, pero no sabía cómo decírselo; tenía miedo de que, si intentaba hacerlo, rompería el hechizo del momento. Ahora la tenía allí y ella lo deseaba. Era suficiente por el momento.

—El camisón era de mi talla —dijo ella.

—Estás... absolutamente preciosa —aunque estaba mucho más eso.

—Gracias. Y gracias por la rosa —añadió, sentándose en la cama.

Joe asintió, demasiado emocionado como para hablar.

—¿Vas a venir a la cama?

—Sí —pero no podía moverse, quería memorizar la imagen de ________ esperándolo en la cama a la luz de las velas.

—¿En las próximas horas?

—Lo siento —debía de estar pensando que era un estúpido—. Es que...

—¿Qué?

—Nada —respondió, quitándose la camiseta.

—Dímelo, Joe.

—Pues que deberías estar en un calendario o algo así —se despojó también de los pantalones y de los calzoncillos.

________ miró su erección.

—Por tu reacción, puedo hacerme a la idea de a qué tipo de calendario te refieres.

—Lo siento si te he ofendido —dijo él inmediatamente.

—No me he ofendido. La verdad es que, con este picardías, me siento como una chica de calendario —confesó, al tiempo que le acariciaba el p*@e con la rosa.

Joe gimió sorprendido. Nunca había sentido nada parecido a las suaves caricias de los pétalos.

—¿Otro truco del Kamasutra?

—No, que yo sepa. Esto se me ha ocurrido sola. Cuando lo hago, te estremeces.

Joe le quitó la flor de las manos.

—Veamos si puedo hacer que tú también te estremezcas.

—¿Cómo?

—No sé. Túmbate, a ver qué se me ocurre.
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cami-camila
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 3rd 2012, 17:44

Chica lo siento se que le prometi maraton
pero ahorita estoy muy ocupada ya que
tengo que entregar varios trabajos atrasados
del colegio. pero les prometo el finde semana subirles maraton!
COMENTEN!
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 3rd 2012, 17:46

se me olvidaba decirle que la nove ya va acabar asi que la maraton sera de dos cap o tres ya que solo fantan 5 o 6 capitulos
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 3rd 2012, 19:02

Otro cap no lo puedes dejar asi porfa siguela pronto no puedo esperar para saber que se ocurrio a Joe..
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 3rd 2012, 21:50

OMJJJ
no puedes dejarla asiii
se va a acabar?? no quieroo Sad
SIGUELA PORFAAAAAAAAAAAAAAa
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Niinooskaa
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 3rd 2012, 23:03

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 6th 2012, 10:12

siguela porfaa!!!!
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 6th 2012, 14:20

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 6th 2012, 20:31

siguela!!!!!
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Niinooskaa
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 6th 2012, 22:38

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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Niinoo
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 7th 2012, 19:12

siguela!!!!! nos prometiste maraton Sad
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cami-camila
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 8th 2012, 17:10

CHICAS PERDON POR NO SUBIR ANTES
PERO NO ESTUVE EN CASA EL FIN DE SEMANA ASI QUE AHORITA LES VOY A SUBIR LOS DOS CAPITULOS Very Happy
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 8th 2012, 17:11

Capítulo 13





Si Joe había tenido alguna duda de que ________ tuviera más experiencia que él, había quedado completamente resuelta. Quizá había sido él el que había ideado toda aquella estrategia para hacer el amor con ella en el banco, pero había sido ella la que la había hecho funcionar. Además, Joe no había sido capaz de esperar un poco más; había acabado tan rápido que no le había dado más que un orgasmo. Un orgasmo que prácticamente se había dado ella a sí misma. Tenía que admitir que se sentía defraudado.

—_______, lo siento. Quería aguantar, pero... no pude —confesó cuando recuperaron las fuerzas.

—¿Y por qué ibas a querer aguantar?

—Para que tú pudieras seguir y tuvieras otro más, al menos.

________ recibió el comentario en silencio.

—¿_______?

—No sabía que estábamos puntuando.

—No es eso, pero esperaba durar más la primera vez —«porque seguramente era también lo que esperaba una mujer como tú, que estudia todas estas cosas».

—Joe, créeme, mi orgasmo ha sido estupendo y no me importaba lo más mínimo no tener otro.
Dios. Ahora intentaba proteger sus sentimientos. Era humillante. Tenía que hacer algo.

—Te propongo algo —le dijo, acariciándole el cuello—. Vamos a darnos una ducha, a tomar una copa de vino y después podremos intentarlo de nuevo en una cama.

________ levantó la cara para mirarlo. La expresión de sus ojos no presagiaba nada bueno.

—Me parece que no.

—¿Tan mal he estado? —se sentía terriblemente rechazado.

—¡No has estado mal en absoluto! Deja de decirlo.

—No intentes animarme. Sé que te habría gustado que yo ejerciera un poco más de control.

—¿Es eso lo único que te importa? ¿El control? Yo pensé que estábamos pasándolo bien y a ti lo único que te preocupa es que tuviera un solo orgasmo.

Ahora estaba confundido. No parecía estar molesta por el número de orgasmos, sino porque él hubiera sacado el tema.

—Yo... sólo intentaba...

—No importa. ¡Olvídalo Joe!

Se deshizo de los brazos y las piernas que la rodeaban y salió corriendo de allí. Joe no tenía fuerzas para seguirla. Así que se quedó allí, odiándose a sí mismo por haber respondido a su demostración sexual como un adolescente. Pero no entendía por qué ________ había actuado como si disculparse con ella fuera lo peor que podría haber hecho. ¿Quién entendía a las mujeres?

________ no había recorrido ni un kilómetro cuando dio media vuelta. Era una estupidez. Se suponía que había acudido a casa de Joe a pasarlo bien, ¿qué importaba que él no le diera la misma importancia que ella? No había entendido sus sentimientos hacía trece años ni los entendía ahora, pero eso no cambiaba el hecho de que nadie la hubiera hecho disfrutar del sexo como lo hacía Joe.

Nunca tendría un futuro con él porque tenía la sensibilidad de una tortilla, pero no por eso iba a privarse del increíble placer que él le daba. De todos modos, su relación estaba destinada al fracaso desde el principio, y no sólo por su falta de sensibilidad. Mientras existiese el conflicto provocado por la construcción de ese edificio, no podrían estar juntos realmente. Por mucho que el sexo con él le pareciese la experiencia espiritual de su vida.

Sin embargo, prefería volver y disfrutar de ello sin ataduras y mientras durase a martirizarse. Estaba decidido, elegía el sexo con Joe, olvidándose de todo tipo de sentimentalismos.

Así que volvió a su casa y, aunque él intentó disculparse por haber dicho algo que la molestara, ________ le quitó importancia y no quiso explicarle por qué había salido corriendo.

—Pero ¿por qué lo has hecho? —le preguntó Joe, que parecía realmente confundido.

—No importa —aseguró ella, pensando que sería una estúpida si no aceptaba lo que él deseaba darle—. No compliquemos las cosas. Me gusta acostarme contigo.

—Me alegro, pero...

—¿A ti te gusta acostarte conmigo?

—Por supuesto.

—Entonces hagámoslo —sugirió, tensa por el deseo.

—¿Eso es todo? ¿Sin condiciones ni instrucciones especiales?

«Sólo para mí misma».

—No. Sé que he estado muy difícil.

—Eso es quedarse corto. Pero supongo que debía habérmelo esperado, viendo el programa que tienes.

—¿Qué tiene que ver mi programa con todo esto?

—Es obvio. Tú eres una experta en la materia, así que querías poner a prueba ciertas cosas.

—¿Así que crees que eres una especie de experimento de laboratorio? —aquello la dejó anonadada. Definitivamente, no la conocía en absoluto.

—Algo así, sí. Pero no pasa nada, no me quejo.

—¿Te gusta ser un experimento de laboratorio?

—La verdad es que ha sido muy excitante. Sí, me gusta, ________.

Parecía que había interpretado demasiado bien su papel de chica mala y él parecía sentirse atraído por ella precisamente por eso. No era de extrañar que no se hubiera puesto tierno por su orgasmo simultáneo.

—Joe, el experimento ha terminado. Sólo quiero acostarme contigo, nada más. Sin juegos.
Él la miró fijamente, como si no lo creyera del todo.

—No pienso rechazar una oferta como ésa —dijo echando el cerrojo de la puerta—. Ven conmigo.

Mientras la llevaba de la mano hacia el dormitorio, ________ trataba de no hacer caso a los latidos de su corazón y de repetirse una y otra vez que aquello era sexo y nada más. Pero la cosa empeoró al entrar en su habitación; allí podía sentir su personalidad en todos y cada uno de los objetos. La cama, las mesillas y el armario desprendían esa virilidad que _______ siempre había asociado con Joe.

De pronto se fijó en el diminuto picardías blanco que había sobre la cama y en las velas repartidas por toda la habitación, pero todavía sin iluminar.

—¿Esto es para mí? —preguntó, señalando la prenda de satén.

—Sí. Después de escuchar la primera parte de tu programa, decidí empezar en el taller.

Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que aquélla era la escena que Joe había ideado hacía años cuando imaginaba el momento en el que por fin harían el amor. Quizá tuviera un lado tierno y sentimental después de todo. Quizá... No, ya se había engañado demasiadas veces. Había preparado todo aquello porque quería seducir a la experta con satén blanco y velas. Pero ya estaba bien, ya no habría más obstáculos ni más sueños imposibles. Ahora sólo quería relajarse y disfrutar del sexo sin compromisos.

—¿Te gustaría que me lo pusiese?

Joe miró el camisón y después volvió a mirarla a ello con evidente deseo.

—Sí.

—Entonces voy a pasar al servicio —él le señaló la puerta del cuarto de baño—. Ahora mismo salgo.

—Aquí estaré —había algo en su voz, algo profundo. Quizá fuera agradecimiento, como si valorara de verdad el tenerla allí.

Dios. Estaba volviendo a hacerlo, volvía a ver significados ocultos donde no los había. Mientras no tuviera alguna prueba irrefutable de que Joe estaba loco por ella, no se permitiría volverse loca por él. Así de sencillo.

Una vez en el baño, se quedó maravillada por su elegancia y comodidad y, siguiendo un impulso, se metió en una ducha que le pareció prácticamente erótica. Gracias a eso y al precioso picardías de satén, que le quedaba como un guante, en unos minutos se sentía increíblemente sexy. Al mirarse en el espejo comprobó que parecía sacada del Playboy.

¿Sería ésa la imagen que Joe tenía de ella? Desde luego no era la imagen que ________ tenía de sí misma. Más bien se parecía a la imagen con la que la habían sacado en las fotos promocionales de la emisora.

Pero tenía que admitir que le quedaba bien. Un último vistazo al espejo y estuvo lista para salir.

En cuanto oyó el sonido de la ducha, Joe supo que no disponía más que de unos minutos para preparar los últimos detalles. Salió corriendo al patio por el balcón del dormitorio y volvió con un precioso capullo de rosa amarillo que dejó sobre la almohada. Después encendió todas las velas y puso la música que con tanta intención había escogido, pues eran las canciones que ________ y él habían escuchado tantas veces camino del pico Sentinel. Llevaba años soñando con aquel momento y ahora por fin había llegado.

Una vez consideró que todo estaba perfecto, esperó con impaciencia a que ella saliera. Estaba tan concentrado en la puerta del baño, que cuando por fin se abrió, tuvo que parpadear varias veces para asegurarse de que no lo estaba imaginando. No, la puerta estaba realmente abierta y ________ estaba ahí, con el rostro sonrojado por el calor de la ducha y rodeada de un halo formado por la luz procedente del cuarto de baño. Jamás había visto una mujer tan hermosa.

Se puso en pie sin decir ni palabra.

—Aquí estoy —susurró ella—. Vaya, esa música me trae muchos recuerdos... —su mirada bajó hasta la rosa que había sobre la almohada. Se acercó a ella y la agarró—. Yo... había olvidado que tenías ese rosal —se llevó la rosa a la nariz y cerró los ojos.

Joe pensó que recordaría aquella imagen durante el resto de su vida. ________ era todo lo que siempre había deseado, pero no sabía cómo decírselo; tenía miedo de que, si intentaba hacerlo, rompería el hechizo del momento. Ahora la tenía allí y ella lo deseaba. Era suficiente por el momento.

—El camisón era de mi talla —dijo ella.

—Estás... absolutamente preciosa —aunque estaba mucho más eso.

—Gracias. Y gracias por la rosa —añadió, sentándose en la cama.

Joe asintió, demasiado emocionado como para hablar.

—¿Vas a venir a la cama?

—Sí —pero no podía moverse, quería memorizar la imagen de ________ esperándolo en la cama a la luz de las velas.

—¿En las próximas horas?

—Lo siento —debía de estar pensando que era un estúpido—. Es que...

—¿Qué?

—Nada —respondió, quitándose la camiseta.

—Dímelo, Joe.

—Pues que deberías estar en un calendario o algo así —se despojó también de los pantalones y de los calzoncillos.

________ miró su erección.

—Por tu reacción, puedo hacerme a la idea de a qué tipo de calendario te refieres.

—Lo siento si te he ofendido —dijo él inmediatamente.

—No me he ofendido. La verdad es que, con este picardías, me siento como una chica de calendario —confesó, al tiempo que le acariciaba el p*@e con la rosa.

Joe gimió sorprendido. Nunca había sentido nada parecido a las suaves caricias de los pétalos.

—¿Otro truco del Kamasutra?

—No, que yo sepa. Esto se me ha ocurrido sola. Cuando lo hago, te estremeces.

Joe le quitó la flor de las manos.

—Veamos si puedo hacer que tú también te estremezcas.

—¿Cómo?

—No sé. Túmbate, a ver qué se me ocurre.
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 8th 2012, 17:12

Capítulo 14






_______ no sabía bien si debía permitir que Joe tomase el mando. Nada más verlo desnudo y tan excitado se había dado cuenta de que iba a resultarle muy difícil fingir que aquél era un encuentro impersonal. Era tan guapo que no podía pensar con claridad. Y encima tenía que luchar con esa música de fondo que reavivaba tantas sensaciones del pasado.

Todo era demasiado complicado con Joe. Justo cuando creía que lo había comprendido y que podía jugar siguiendo sus reglas, le ponía una rosa amarilla en la almohada y música de Billy Joel. Así era imposible pensar en sexo sin compromisos y sin sentimientos.

—Vamos, ______, relájate —susurró Joe, pasándole la rosa por los labios—. No voy a morderte y, si lo hago, prometo que te gustará —añadió con una sonrisa arrebatadora.

Deseaba con todas sus fuerzas abandonarse y disfrutar de la experiencia. Le encantaba que tocara hasta el último rincón de su cuerpo, pero no podía permitir que le llegara al corazón y, sin saberlo, lo tenía en la palma de la mano; si _______ no tenía cuidado, podría hacer lo que quisiera con él.

Entonces se le ocurrió la solución. Cerraría los ojos y fingiría que estaba con un completo desconocido que iba a darle el placer de su vida.

—No vayas a quedarte dormida —le dijo el desconocido, acariciándole los párpados con la rosa.

—De ti depende que siga despierta —lo cierto era que aquello hacía la situación aún más excitante.

—Acepto el reto.

Así fue como comenzó a acariciar cada centímetro de su piel con los pétalos de la rosa, unos pétalos tan suaves como la piel que cubría su p*@e. Claro que aquel hombre era un desconocido, por lo que no podía saber algo así. Aún no, pero podía imaginarlo.

Para hacer más fácil la fantasía. _______ le pidió que le vendara los ojos con la excusa de que así intensificaría los otros sentidos y, para su sorpresa, así fue. Con un pañuelo de seda cubriéndole los ojos, las caricias se volvieron más intensas, mucho más placenteras. Un placer que iba en aumento a medida que la rosa se acercaba a sus pechos e iba bajando por el vientre hasta alcanzar la cara interna de los muslos.

Oía su respiración y sabía que él también estaba cada vez más excitado. Según le dijo, quería memorizar todo su cuerpo; quizá por eso bajó hasta los pies y volvió a los hombros y, con la ayuda de la rosa, le bajó los tirantes del diminuto camisón. Ahora le acariciaba los pechos desnudos, los pezones erectos, donde los pétalos comenzaron a caer, dejando tan sólo el capullo más duro de la flor. Fue bajando de nuevo por su cuerpo y, esa vez sí, se detuvo entre sus piernas. Jess comenzó a mover la rosa en esa humedad que lo recibía con deseo y extremo placer.

_______ jamás habría pensado que podría tener un orgasmo con tanta facilidad, pero así fue. Con sólo unas caricias de la flor, empezó a jadear. Quizá fuera la venda que le cubría los ojos, o la fantasía de estar con un completo desconocido, el caso fue que, sin poder controlarlo, _______ estaba levantando las caderas con un gemido de éxtasis.

Con un murmullo de aprobación, Joe alejó la rosa de su sexo. Después, utilizándola a modo de pincel, dibujó círculos alrededor de sus pechos con los pétalos húmedos para más tarde pasárselos por los labios. _______ sintió el sabor de su propio deseo y eso la encendió aún más. Un deseo que no hizo más que aumentar cuando Joe reemplazó la rosa con su boca y la besó apasionadamente. Cubrió su cuerpo de besos al tiempo que la despojaba por completo del picardías. Su boca y su lengua recorrieron los mismos recovecos por los que había pasado la rosa.

________ era consciente de todas y cada una de sus sensaciones y de todos y cada uno de los sonidos de la habitación. Oía los latidos de su corazón y los del corazón de Joe, unos latidos que se aceleraron cuando empezó a lamerle los pies. _______ llegó a pensar que tendría así otro orgasmo, pero todavía quedaba algo mejor. Si había creído que la sesión de sexo oral del pico Sentinel había sido la mejor de su vida, estaba a punto de comprobar que se había equivocado.

Nada más sentir su lengua poseyéndola comenzó a gemir y se dejó llevar por un orgasmo que la hizo retorcerse y gritar.

Mientras ella luchaba por respirar, él la besó con el sabor de su clímax en la boca.

—Podría seguir toda la vida —le dijo en un ferviente susurro—. Pero si no entro en ti enseguida, me volveré loco.

—Yo también te quiero dentro de mí —y así era. No necesitaba tener más orgasmos, pero sí sentir el p*@e de Joe hundirse en su v@$*%a.

Esperó con impaciencia mientras él abría un cajón y sacaba un preservativo. Oyó el sonido del látex abrazando su piel, un sonido que jamás habría creído pudiera resultar tan erótico. Y por fin se tumbó sobre ella y, con un solo movimiento, se sumergió dentro de su cuerpo. Ambos gimieron.

—Encajamos tan bien... —dijo ella.

—Siempre he estado seguro de que sería así.

________ intentó no escuchar esa respuesta porque un desconocido jamás habría dicho algo así. Trató de convencerse de que no conocía al hombre que se movía dentro de ella con tanta maestría, que parecía saber exactamente qué puntos tocar para volverla loca. Cada vez más fuerte, cada vez más rápido, sus cuerpos se encontraban y se unían un poco más con cada embestida.

—Estoy a punto —dijo ella entre gemidos.

—Lo sé. Quiero sentir la humedad de tu v@$*%a cuando llegues al orgasmo —susurró él, jadeante—. Y quiero vaciarme dentro de ti.

Con cada palabra, ________ se alejaba un poco más de la fantasía del desconocido. A medida que se acercaba al clímax, más difícil le resultaba pensar que no conocía a aquel hombre.

—_______, déjame verte los ojos.

—Noooo —estaba demasiado cerca de volver a sentir algo por él.

—Por favor, _______, quiero verte cuando tengas el orgasmo.

—Joe, no —en cuanto dijo su nombre, supo que la fantasía se había desvanecido.

En un gesto de rendición, _______ alzó las caderas y aceptó el último movimiento que la llevó a lo más alto. En el momento que empezaron los espasmos, él le retiró el pañuelo de los ojos. Sus miradas se unieron en el instante final y _______ no pudo ocultar la fuerza de sus emociones. Aquel hombre no era un desconocido. Nunca podría serlo.

—______, _______ —repitió su nombre en medio de su propio éxtasis—. Por fin lo hemos hecho.

Ella se abrazó fuerte a él, sin saber muy bien qué quería decir, si aquello era el final o el comienzo de algo. Lo único que sabía era que jamás había sentido algo ni remotamente parecido en los brazos de otro hombre.

Sin embargo, no todo era sexo en la vida. Aunque, con alguien como Joe, sentía la tentación de creer que podía serlo.

Cuando Joe abrió los ojos, ________ ya no estaba allí. Se odió a sí mismo por haberse quedado dormido, pero después de tanta actividad, no había podido evitarlo. Habría querido prepararle el desayuno y hacer el amor con ella una vez más. Pero al amanecer ya se había marchado.

Había dejado el pañuelo de seda a los pies de la cama y, sobre él, una nota:

Joe, gracias por hacérmelo pasar tan bien. ________.

Nada más. No decía nada de volver a verse. Al menos decía que lo había pasado bien, lo cual para una mujer como ella, era bastante. Si lo había pasado tan bien, seguramente quisiera repetir.

Al levantarse de la cama, descubrió el picardías sobre la butaca. Él lo había comprado para regalárselo a ella, pero no se lo había dicho explícitamente, así que quizá ________ había pensando que no era más que un préstamo. Como si fuera a dejar que se lo pusiera otra mujer. Bueno, al menos sería la excusa perfecta para volver a verla pronto. No la llamaría para que no pudiera rechazarlo, iría directamente a verla a la emisora esa misma noche y le diría que tenía que devolverle algo que le pertenecía. Excelente idea.

Llegó al trabajo sin haber podido dejar de pensar en ella ni un instante, deseando que ella también quisiera algo más que sexo de aquella relación. Ahora él ya estaba completamente seguro de que quería algo más, mucho más que sexo.

Nada más ver el gran número de manifestantes y las pancartas de Preservemos Nuestras Raíces, tuvo que volver a la realidad y preguntarse a sí mismo qué sentiría hacia _______ si conseguía parar la construcción del edificio, si gracias a su campaña, él perdía la oportunidad de completar aquel proyecto. Algo así quedaría unido a la reputación de su compañía para siempre. Pero si derrumbaban la sede de la KRZE y él seguía adelante con el proyecto, _______ jamás lo olvidaría.

Desgraciadamente, si uno conseguía lo que quería, el otro sufriría. Resultaba increíble, pero cuando estaba en la cama con Katie, se olvidaba de todo aquello.

Pero Gabe se lo hizo recordar de golpe:

—Anoche escuché el programa de _______ para ver si habías conseguido convencerla de que abandonara la campaña de acoso y derribo de nuestro proyecto —le dijo su compañero y amigo nada más verlo.

Joe se sintió inmediatamente culpable y no supo qué decirle a Gabe. Se encontraba entre la espada y la pared, entre lo que había acordado con ______ sobre su relación y la lealtad que les debía a sus empleados y a su trabajo como jefe del proyecto de construcción.

—Supongo que sobreestimé la influencia que tendría en ella —dijo por fin.

—Eso parece.

—Es muy testaruda.

—¿Qué está pasando, Joe?

Joe lo miró sorprendido. Su capataz nunca le había hablado en ese tono.

—¿A qué te refieres?

—Tú nunca te tomas tanto tiempo para comer como ayer, así que pensé que debías de haber conseguido algo. Después escuché el programa y, al ver que seguía con la misma estrategia, decidí ir a verte para comentarlo contigo. Pero vi que tenías compañía y no quise molestar.

—Sí, estaba con alguien —cada vez se sentía más culpable y le costaba más mirar a Gabe a los ojos.

—Era ella, ¿verdad?
—¿Por qué dices eso? —preguntó en un último y desesperado intento por escapar.

—No creo que haya mucha gente con la matrícula KRZ KTY.

Joe cerró los ojos. Nunca se le había ocurrido pensar que el coche de _______ tuviera una matrícula personalizada, aunque podría haberle pedido que lo metiera en el garaje por si acaso. Estaba claro que no le daba bien ocultar cosas.

—Escucha, no te culpo por tener una aventura con ella —continuó diciendo Gabe—. Hay que reconocer que es un bombón, pero no creo que sea el mejor momento.

—Tienes razón —admitió Joe con tristeza—. ¿Se lo has contado a alguien?

—No. Y no voy a hacerlo.

—Gracias.

—Pero debo decirte que si se entera alguno de los chicos, vas a tener un buen conflicto moral. Todos odian lo que está haciendo esa mujer. Si se enteran de que te estás acostando con ella...

—A mí tampoco me gusta lo que está haciendo, pero... tiene sus motivos —Joe no iba a justificar su comportamiento revelando el vínculo sentimental que unía a Katie con la casa de la KRZE.

—¡Eso espero! Joe, no trato de decirte lo que debes hacer, pero... tener una aventura con ______ no es precisamente la mejor idea que has tenido en tu vida, a menos que así puedas hacerla callar de algún modo.

Jess sonrió desolado.

—Me temo que eso no es posible, amigo.

—Entonces ten cuidado. Ten mucho cuidado.

—Necesito verte urgentemente —_______ acababa de marcar el número de Cheryl con la esperanza de poder hablar con ella entre juicio y juicio.

—Hoy no puedo quedar para comer, pero podemos tomar café ahora en ese sitio que hay frente a los juzgados. Tendré que volver rápido al juicio. Tendrías que ver el pelo del acusado, parece la reencarnación de Elvis y su ropa...

—Es por Joe, Cheryl.

—No tienes que decir nada más. Ahora mismo nos vemos.

________ llevaba esperando un buen rato cuando por fin llegó su amiga con la energía que la caracterizaba.

—Me alegro de que me hayas llamado —dijo, sentándose a su lado—. Me moría de ganas de saber qué había pasado, pero he tenido mucho trabajo. Aunque he tenido tiempo de escuchar tu programa y me encantó el tipo que hablaba como el maestro Yoda.

—No tenemos mucho tiempo, ¿verdad?

—Verdad. Habla, yo me tomaré un café.

Ahora que estaba frente a Cheryl, ________ no sabía ni por dónde empezar.

—Él... plantó un rosal de rosas amarillas.

Cheryl la miró sin entender nada.

—¿Y se supone que eso es importante? ¿Por el simbolismo del color de las rosas? Sé que significan algo, pero nunca me acuerdo de qué es. El rojo es la pasión. ¿Es que tienes miedo que no sea lo bastante apasionado?

—Las rosas amarillas eran una especie de mensaje secreto entre nosotros cuando estábamos en el instituto. Creía que a lo mejor lo recordabas.

—Joe fue tu primer amor, no el mío. No recuerdo nada de eso. Pero... eso quiere decir que has estado en su casa, ¿verdad? —Cheryl adivinó que estaba en lo cierto por la cara de su amiga—. Seguro que era preciosa. ¿Te acostaste con él?

—Sí.

—¡Vaya! Bueno, ¿y ahora qué? ¿Estuvo bien?

—Demasiado bien, Cheryl. Ése es el problema.

—Mi querida amiga —le dijo, dándole unos golpecitos en la mano—, que un hombre esté demasiado bien en la cama no puede ser un problema, eso es un sueño hecho realidad. ¿Estamos hablando de orgasmos múltiples?

—Sí.

—¡Vaya, vaya! Así que no me equivocaba con él.

—Pero eso es todo. No he solucionado nada, vuelvo a estar como estaba; lo deseo tanto que no puedo soportarlo. Y él... ¡se quedó dormido inmediatamente después! Pero luego me acuerdo del rosal y de la música de Billy Joel y me pregunto si no sentirá algo por mí.

—A mí me da la sensación de que sí. Por lo de que se quedara dormido no te preocupes, todos los hombres lo hacen y no tiene por qué significar nada. A lo mejor es simplemente que lo dejaste exhausto.

—Tengo miedo, Cheryl. Me parece que en cualquier momento se me va a escapar decirle que lo quiero o algo así.

—¿Lo quieres?

—S... sí. He intentado no hacerlo, pero sí, lo quiero.

—¿Y qué hay de la casa de tu abuela?

—¡Exacto! ¿Cómo puedo haberme enamorado de un hombre dispuesto a dejar que derrumben la casa de mi abuela para construir un aparcamiento?

—_______, eso no depende de él. A él lo han contratado para hacer un trabajo. Además, seguro que ni siquiera sabe que esa casa era de tu abuela.

—Sí lo sabe. Se enteró ayer y no creas que fue capaz de decir «ah, en ese caso, veré lo que puedo hacer». Está claro que no siente nada por mí.

—No creo que pueda hacer nada para salvar la casa. Lo único que haría sería poner en peligro su carrera y tú no querrás que haga eso, ¿no?

—No —_______ no veía solución alguna—. Pero si sigue adelante, no sé qué voy a hacer porque no podré fingir que no tiene nada que ver. Y si yo gano, él no podrá terminar el proyecto y será él el que se sienta mal conmigo. Por eso creo que debería dejar de verlo.

—Madre mía —protestó Cheryl, frunciendo el ceño—. ¿De verdad estás dispuesta a dejar de ver a un hombre que te da más de un orgasmo en una noche? Eso va en contra del Código de Conducta Femenino.

A pesar de la preocupación, ________ no pudo evitar echarse a reír.

—Acabas de inventártelo.

—Bueno, si no existe, debería existir y desde luego tú lo estarías incumpliendo. Además, ni siquiera ha empezado a construir ese aparcamiento, así que ¿por qué no esperas a enfadarte con él hasta que realmente tengas un motivo?

El estado de ánimo de _______ mejoró de repente, como ocurría siempre que hablaba con Cheryl.

—¿Y mientras tanto disfruto del mejor sexo de mi vida?

—Exactamente.

—¿Y qué pasa con lo del amor?

—Mira, si al final pierdes la casa de tu abuela y sigues queriendo ver a Joe, será porque de verdad te has enamorado de él.

—Pero si gano, él me abandonará.

—A menos que él también se haya enamorado de ti.

_______ no podía negar que eso era algo que también a ella se le había pasado por la cabeza. De hecho, cuando le había retirado el pañuelo de los ojos la noche anterior, había creído ver algo en su mirada, algo más profundo e intenso que el deseo. Pero no confiaba en sí misma, seguramente no era tanto lo que había visto sino lo que habría querido ver.

Después de pasar el día entero intentando tomar una resolución sobre qué hacer con _______, Joe optó por llevarle el picardías a su apartamento después del programa en lugar de dárselo en la emisora, pues le parecía demasiado arriesgado. Era preferible que siguiera siendo sólo Gabe el que sabía que existía algo entre ellos. Dado que aquella prenda era la excusa para volver a verla, tenía que dársela de un modo adecuado, por lo que se inclinó por comprar una bolsa de regalo roja.

Como el apartamento de ________ estaba bastante alejado de su casa, Joe decidió ir hacia allá y escuchar el programa por el camino. No resultó ser muy buena idea porque escuchar su voz lo excitó enormemente, sobre todo cuando llegó el momento del consejo del Kamasutraz se trataba de morder suavemente al amante mientras se hacía el amor, cosa que hizo que Joe se diera cuenta una vez más de lo inexperto que era en materia de sexo comparado con ______... Pero al menos ahora sabría qué más cosas hacer la próxima vez que estuviera con ella. Y esperaba que ella lo mordiera también; claro que quizá era algo que hacía sólo cuando un hombre la volvía realmente loca. No era un pensamiento muy esperanzador. Tendría que trabajar para conseguirlo.

Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de hacer una parada y comprar alguna cosa que, si _______ lo invitaba a entrar, diera un poco más de sabor a la noche.

Cuando volvió al coche, _______ estaba entrevistando a una doctora cuya teoría afirmaba que la pasión de los hombres por excavar hoyos, sobre todo utilizando tractores y excavadoras, era en realidad un reflejo de su deseo por volver al útero materno, lo cual se reflejaba también en el coito. Era increíble que existieran tantos locos con teorías descabelladas y que ________ hubiera conseguido ponerse en contacto con todos ellos.

La llamada de un oyente sacó a Jess de sus pensamientos.

—Hola, me llamo Gabe —dijo una voz familiar—. Quería preguntar algo sobre esa teoría.

Joe maldijo entre dientes. Gabe sabía que Joe estaría escuchando el programa y había decidido erigirse en su conciencia.

—Adelante, Gabe —dijo _______, con su maravillosa voz de locutora. Aunque Joe prefería escuchar su voz de amante, ésa que le susurraba cosas cuando estaba a punto de alcanzar el orgasmo.

—La doctora Reid dice que los hombres cavamos agujeros porque intentamos volver al útero materno, ¿no es cierto?

—Eso es —dijo la propia doctora.

—El mismo motivo por el que practican el sexo.

—Exacto.

—¿Y cuál sería el motivo por el que lo hacen las mujeres? ¿Acaso desearían tener pe...?

—Vaya —lo interrumpió la voz de _______—. Se nos ha hecho tarde para el descanso. Gracias por llamar, Gabe.

Joe paró el coche frente al apartamento de _______. La situación se estaba desconsolando. Seguramente Gabe había decidido ser él el que defendiera a los trabajadores puesto que Joe no lo estaba haciendo. Y desde luego, después de su comentario, todos estarían encantados con él. Puesto que con ______ no podía hacer nada, tendría que intentar hablar con Gabe y pedirle que desistiera, debía convencerlo de que no conseguiría nada aumentando la controversia.

En tales circunstancias, Joe sabía que debería marcharse de allí, pero no podía hacerlo. Por mucho que supiera que estaba acostándose con el enemigo, cuando estaba con ella no tenía la sensación de estar con el enemigo, más bien se sentía en el paraíso.

Tenía que ver a _______. Para lo cual todavía quedaban unos quince minutos, así que esperaría en el aparcamiento leyendo la edición ilustrada del Kamasutra que le había comprado de regalo. Quizá debería haberlo comprado antes para sí mismo, quizá así no se hubiera sentido en desventaja con ella.

—A los hombres no sólo les gustan los agujeros —continuaba diciendo la doctora Reid por la radio—, también les encanta el barro y si se trata de un agujero con barro, aún mejor. Si eso no es una obsesión, ya me dirás.

Jess meneó la cabeza. Bajó las ventanillas del coche y empezó a mirar las ilustraciones del libro.

—A mí me encantaba jugar en el barro cuando era niña —intervino _______—. ¿Eso quiere decir que trataba de volver al útero materno?

—Sin duda. Pero ¿a qué ya no juegas en agujeros con barro?

_______ se echó a reír y, con sólo oír su risa, el cuerpo de Joe reaccionó automáticamente. Deseaba tanto escuchar aquella risa... y sus gemidos, y sus suspiros. A pesar de todos los problemas que le estaba ocasionando, la deseaba desesperadamente.

—No, ya no juego con barro —continuó diciendo _______—. Pero últimamente he tenido una experiencia de lo más interesante con chocolate caliente.

—Bueno, eso es otro tema. La comida y el sexo —respondió la doctora Reid—. Pídele a un hombre que corte un pepino y mírale la cara; lo pasará mal.

—Dale a una mujer un pepino y un poco de aceite y ya no necesitará a ningún hombre —comentó _______ en tono jocoso.

Joe no pudo evitar decir en voz alta:

—¿Ah, sí? —se sentía al mismo tiempo excitado y malhumorado. Para colmo de males, las ilustraciones del libro eran de lo más sugerentes—. Intenta hacerlo con un pepino, a ver qué tal lo pasas.

—¡Muy bien, amigo, salga del coche!

Joe levantó la vista sobresaltado.

—¿Qué?

—¡Seguridad! —dijo un tipo alto y grande al tiempo que abría la puerta del conductor—. Salga del coche con las manos donde yo pueda verlas. Y no se moleste en subirse la bragueta.

—Pero ¿qué...? —entonces comprendió lo que estaba ocurriendo.

Había sido un completo estúpido. Por si no tenía suficientes problemas, había tenido que sentarse allí sin darse cuenta de la imagen que tendría un tipo dentro de un coche escuchando el programa de _______ y con un libro lleno de desnudos sobre las rodillas. Sin duda el vigilante había creído que estaba allí tocando un solo con su flauta. Y eso que aún no sabía lo que contenían las bolsas que había sobre el asiento del copiloto.

Además del picardías, había un vídeo para adultos que había comprado para _______ y un par de esposas forradas en piel.

Una situación maravillosa.
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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Octubre 8th 2012, 17:14

Capítulo 15






Cuando llegó al aparcamiento de su edificio, _______ se fijó en que Ted, el guardia de seguridad, estaba interrogando a alguien. _______ aminoró la velocidad para fijarse bien. Sobre el coche del intruso había dos bolsas. ¿Serían drogas? Siempre se había preguntado si era realmente necesario estar pagando a alguien para que vigilara un edificio tan tranquilo, y parecía que sí lo era porque había encontrado a un malhechor al que apuntar con su potente linterna y amenazar con su porra. Aunque era extraño que el malhechor fuera a operar en un Jaguar.

De pronto adivinó algo que le resultaba familiar en los hombros de aquel tipo y su pelo le recordó a... Joe. Dios. Era a Joe a quien tenía acorralado el guardia de seguridad. Sólo esperaba que no lo hubiera pillado volviendo a colarse en su apartamento.

No obstante, debía admitir que lo primero que había sentido al darse cuenta de que era él había sido alegría. Era una buena señal que hubiera ido a verla. Además, ella había decidido esperar a que él diera el siguiente paso y, si él no hubiera hecho nada, ella tampoco lo habría hecho.

—¡Hola, Ted! ¿Qué ocurre?

—No se preocupe, _______. Tengo la situación bajo control —Ted seguía iluminando a Joe a la cara—. Este tipo no la molestará mientras yo esté de servicio.

—Yo no he venido a molestar a nadie —dijo Joe—. Yo.. .

—Sí, claro —lo interrumpió Ted—. Por eso estaba en su coche con un libro lleno de fotos de gente desnuda y una bolsa repleta de objetos pornográficos en el asiento de al lado.

Qué sorpresa tan interesante.

—Ted, no tiene por qué detener a este hombre —intervino ________—. Es mi ayudante en una investigación.

—_______, por favor —protestó Joe.

—¿Su ayudante? Eso no tiene ningún sentido. Este señor es Joseph Miller, el propietario de la empresa de construcción que está levantando ese edificio que usted odia tanto. ¿Cómo puede ser su ayudante?

—Yo no... —trató de decir el aludido.

—Bueno, es que prefiere que esa ocupación suya no salga a la luz —comenzó a explicar _______—. Por motivos obvios. Joe y yo nos conocemos desde hace años. Ahora estamos en bandos opuesto con el tema ese de la construcción, pero no dejamos que eso afecte a nuestra amistad ni a una investigación que estamos llevando a cabo sobre la sexualidad humana. ¿Verdad, Joe? —le preguntó con una enorme sonrisa en los labios que él no le devolvió.

—_______, te agradezco el esfuerzo, pero...

—A juzgar por lo que lleva en el coche, sí podría estar realizando alguna investigación.

—¿Qué me has traído esta vez, Joe? —preguntó _______.

Él levantó la mirada hacia el cielo.

—Más o menos lo de siempre.

—En esa bolsa roja hay un picardías —respondió Ted.

—Joe —susurró _______ con sorpresa. Había deseado llevárselo la noche anterior, pero no le había parecido correcto hacerlo—. Gracias.

Jess respondió encogiéndose de hombros.

—También tenía ese libro de sexo —prosiguió Ted—, que por cierto tiene fotos de gente de verdad y a todo color. Lo cual a mí me parece mejor que las fotos en blanco y negro.

—Por supuesto. Cuantas más fotos de gente de verdad y cuanto más color, mejor —asintió _______ a pesar del gesto con el que Joe le pidió que no dijera nada más—. ¿Cómo se llama ese libro, Joe?

—Kamasutra —dijo, después de aclararse la garganta.

—¡Claro! Ya me parecía que me sonaba el nombre. Es de donde usted saca los consejos, ¿verdad, ________?

—Así es, Ted —resultaba enormemente interesante que Joe hubiera decidido comprarse uno.

—Eso fue lo que primero me llamó la atención —explicó el guardia—. Señor Miller, debía de estar usted muy concentrado, porque estuve observándolo al menos treinta segundos y usted ni siquiera se dio cuenta.

—Tengo un gran poder de concentración —dijo Joe con la mirada clavada en _______.

—De eso estoy seguro —por fin decidió apagar la linterna—. Bueno, en la otra bolsa hay un vídeo pornográfico, unas esposa forradas en piel y una caja de preservativos de sabores.

Vaya. _______ hizo todo lo que pudo para ocultar su asombro. No podía imaginar a Joe comprando todas esas cosas. Quizá no estuviera enamorándose, pero desde luego sí se había dejado llevar por la lujuria. Ahora se moría de ganas por comprobar qué pensaba hacer con todas esas cosas.

Joe cerró su coche, agarró las bolsas y se metió en el coche de ______- para acompañarla hasta su plaza de aparcamiento. Si había pretendido impresionarla con su sofisticación, encontrarlo detenido por el guardia de seguridad no había sido la mejor manera de intentarlo. Y encima ella había tenido que rescatarlo. Para empeorar las cosas, había contado una historia que podría hacerles mucho daño si salía a la luz. Quizá debería intentar sobornar a ese Ted. Claro, así el guardia de seguridad podría chantajearlo el resto de su vida. ¿No sería magnífico?

—Vaya... ¿Esposas forradas en piel? —preguntó _______ mientras aparcaba en el lugar reservado para ella.

—¿Ayudante de investigación? —replicó él. No quería hablar de las esposas, sólo quería utilizarlas y hacer que ________ se volviera tan loca de pasión que lo mordiera.

—Fue lo único que se me ocurrió para explicar que tuvieras unas esposas en la bolsa.

—¿Y cómo crees que se imagina Ted que llevamos a cabo esa investigación?

—Supongo que más o menos del modo que vamos a hacerla.

—¿Y qué pasará si Ted es un bocazas? —sólo faltaba que llegara a oídos de sus trabajadores.

—Relájate, Joe. Las posibilidades de que Ted nos meta en un lío son ínfimas.

—Yo ya estoy en un lío.

—¿En qué sentido?

«En todos».

—Mi capataz pasó anoche por mi casa y vio tu coche aparcado afuera.

—No sé que me da más miedo —dijo _______ sin apartar la mirada de sus ojos—. Que tu capataz te tenga vigilado o que se tomara la molestia de identificar el coche que había aparcado en tu casa.

—No me tiene vigilado. Yo... —tuvo que hacer una pausa para tomar aire. En un espacio tan pequeño, sentía demasiado la presencia de _______, su aroma, el sonido de su respiración...

—¿Quieres subir a mi casa? —le preguntó dulcemente, como si pudiera leer sus pensamientos con la misma facilidad con que leía el Kamasutra.

—¿Es tan evidente?

—Para mí, sí —se inclinó hacia él—. Porque sé cómo cambia tu respiración cuando estás excitado.

—La tuya también está cambiando —él también se inclinó hasta hacerse con esos labios deliciosos que le hacían perder el sentido. Ella lo besó como si estuviese dispuesta a todo.

Le puso la mano en un pecho y lo acarició hasta notar el pezón bajo la blusa y arrancarle un gemido de los labios. Debía de estar volviéndose porque empezaba a preguntarse si podrían hacerlo allí mismo.

—Deberíamos ser capaces de llegar hasta tu apartamento, ¿no crees?

—No lo sé —susurró ella, alejándose sólo unos centímetros—. No esperaba llegar y encontrarte con unas esposas y preservativos de sabores.

Alejándose un poco más, se metió la mano por debajo de la falda. Pero esa vez no se quitó las braguitas como Joe temía y al mismo tiempo deseaba. Sin embargo encontró un modo igualmente efectivo de hacerle perder el control.

—Esto es lo que me haces —dijo, pasándole los dedos húmedos por el labio superior. Y no tuvo que hacer nada más para que Joe se decidiese a hacer una locura.

—Te deseo. Aquí y ahora.

—¿Aquí?

—Sí, no creo que sea más complicado que un banco de madera.

Y, sin decir nada más, ________ se quitó las braguitas y se subió encima de él después de que él se pusiera uno de los preservativos de sabores. Pero no se colocó mirándolo, sino dándole la espalda, porque él se lo pidió. Joe quería demostrarle que había aprendido algo del Kamasutra y ella parecía estar encantada con la sugerencia.

—Dios —murmuró ella en cuanto sintió su p*@e dentro de su cuerpo—. Es... es...

—Increíble —dijo él, casi sin aliento.

—Sí, realmente increíble.

Joe le desabrochó el sujetador para poder agarrarle los pechos y acariciarlos mientras ella se movía suavemente. Los movimientos fueron haciéndose más intensos y el roce de sus nalgas en el vientre hizo el resto. En sólo unos segundos, _______ estaba agarrándose con fuerza al asiento para dejarse llevar por el clímax y Joe empezó a decir su nombre una y otra vez mientras le apretaba los pezones como ella le pedía.

—_______. _______ —siguió diciendo, como embrujado. En los últimos días y sin apenas darse cuenta, _______ se había convertido en el centro de su existencia.

Mientras su cerebro y su cuerpo entero luchaban por recuperarse, ________ se volvió a mirarlo.

—Joe.

—Aquí estoy —y allí quería estar, cerca de ________, mucho más tiempo. Y no era sólo por el sexo. Era...

—Creo que me inspiras.

—Creo que se acerca el coche de Ted.

—Ah —eso lo hizo volver a la realidad de golpe.

Joe la miró, con el corazón empapado de una emoción que prefirió no definir, pues sabía que cuando lo hiciera, su vida cambiaría para siempre.

—Estoy absolutamente segura de que se va a acercar a decirnos algo —dijo _______—. Así que voy a volver a mi asiento y le diremos que estábamos charlando.

—Lo mismo digo —dijo suavemente.

—_______, tengo que decirte que me encanta charlar contigo —bromeó Joe, recomponiéndose.

—Sí, a mí también contigo.

Haciendo un esfuerzo por no echarse a reír, saludaron a Ted sólo unos segundos después.

—¿Todo bien, _______?

—Sí, Ted. Es que nos hemos puesto a discutir acaloradamente.

Joe apretó la mandíbula para no echarse a reír.

—Bueno, sólo quería asegurarme de que todo iba bien.

—Todo va muy bien —aseguró _______, mirando a Joe—. Gracias, Ted.

—De nada. Que tengáis buena noche.

_______ cerró la ventanilla tan rápido como pudo para que el vigilante no oyera la carcajada de ambos.

—¿Así que estábamos discutiendo acaloradamente? —preguntó Joe entre risas.

No podía creer lo divertido que resultaba esconder algo así. No lo había pasado tan bien desde... Dios, nunca lo había pasado tan bien en su vida porque nunca había tenido que ocultar nada. Siempre había sido enfermizamente bueno.

_______ lo miró con una sonrisa malévola que le iluminaba el rostro.

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MensajeTema: Re: Hablemos de sexo (Joe & Tu) [Solo Mayores] TERMINADA   Hoy a las 11:25

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