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 Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]

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catchingjonas
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Agosto 5th 2012, 09:45

IrennIsDreaMy escribió:
me vas a matar de un suste chica
siguelaa por fii

Oh! Ire, siento haberte dejado sin capítulo, pero es que estuve desaparecida por unos dias.
Sorry, pero ahora mismo subo Wink
Cuídate.
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catchingjonas
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Agosto 6th 2012, 12:51

Capítulo 28


Joe cogió el cargador, lo encajó en la pistola y la empuñó con su mano izquierda cuidando de que su dedo no rozara el disparador. Había levantado el seguro manual, pero toda precaución le parecía insuficiente.
—No imaginaba que fueran tan pesadas.
—Ni tan fáciles de obtener. Cualquier cabrón puede armarse de un día para otro sin ningún problema —dijo Rodrigo analizando la suya, otra vieja Browning de 9 mm conseguida también esa misma mañana en el mercado negro. El camello que ya antes consiguió la coca les había asegurado que sería pan comido y que el precio dependería de si querían un arma limpia o una usada en anteriores fechorías. A menor precio más riesgo de acabar siendo condenado por un delito cometido por otro.
Los ojos castaños de Joe, ensombrecidos por unas profundas ojeras, percibieron la facilidad con la que su mano se adaptaba a la empuñadura y el índice se apresuraba hacia el gatillo, como si lo hubiera hecho siempre.
—¿Has disparado alguna vez? —preguntó.
—En las casetas de las ferias. —Los dos rieron para espantar la preocupación—. Mi puntería ha conseguido muchos osos de peluche para mis chicas.
Joe sacó el cargador, lo dejó junto al arma y la observó sin tocarla. Le incomodaba su parecido con la que un día sujetó su hermano. Se le encogía el corazón y le provocaba malos presagios.
Apoyó los antebrazos en el borde de la mesa y miró a Rodrigo, que aún jugueteaba con su pistola descargada.
—Estás a tiempo de echarte atrás. —Guardó silencio para darle tiempo a pensarlo—. Esta no es tu guerra.
—Jamás —dijo con rapidez—. Ya te lo he advertido. Si tú sigues con esto, yo estaré a tu lado hasta el final.
Joe se frotó su descuidada barba de dos días, pensativo.
—Si va a ser así, quiero poner una condición.
—¡No la aceptaré hasta después de haberla escuchado! —respondió con guasa.
—Llevarás puesto un pasamontañas —indicó sin prestarle mucha atención—. No quiero que nadie se quede con tu cara y pueda identificarte después.
—¡Pero qué dices! Es más que probable que no consigamos...
—¿Quién lo asegura? —le interrumpió con una inesperada sonrisa—. Nadie debe reconocerte. Cuando esto termine tienes que vivir tranquilo, sin ningún miedo a que alguien venga a por ti. Por eso no me acompañarás sin pasamontañas. Y este punto no admite discusión.
—No tengo chismes de esos —indicó acomodándose en la silla.
—¡Pues bajas, compras uno y vuelves a subir! Tenemos tiempo de sobra.
Oír hablar del tiempo del que disponían impulsó a Rodrigo, que se levantó al instante y se aseguró de que llevaba dinero en los bolsillos.
—¿Te compro tabaco?
Joe miró el paquete que tenía sobre la mesa. Apenas quedaban cinco pitillos.
—No. Tengo suficiente —respondió quedándose quieto mientras su amigo se colocaba la cazadora y se ponía en marcha.
Prestó atención al sonido de sus pasos alejándose y al ruido que se produjo cuando abrió la puerta. Después esperó a que la cerrara.
Suspiró con alivio. Ya solo le quedaba recoger las cosas y salir antes de que él volviera. Le quería y no iba a dejar que participara en ese suicidio. El problema era suyo y él lo resolvería.
Las manos comenzaron a temblarle y respiró con lentitud para darse ánimos. Cogió la Browning y volvió a encajarle el cargador. Después hizo lo mismo con la de Rodrigo. No sabía qué podía necesitar. En previsión de que le encontraran la pistola antes de que hubiera cumplido con su cometido, se llevaría las dos.
Se tensó cuando alguien llamó al timbre. Era probable que fuera Rodrigo, que había olvidado algo, pero no podía arriesgarse.
Empuñó la pistola que quedaba sobre la mesa, apretó los dientes y se movió con sigilo por el pasillo. El corazón le golpeaba el pecho con violencia. Controló la respiración, bajó el seguro del arma y mantuvo firme el pulso cuando alcanzó la entrada.


_____, de pie en medio de la cocina, aterida de frío a pesar del calor reinante, esperaba la respuesta de Rodrigo. Respiraba con ahogo mientras se abrazaba tratando de apaciguar la angustia que le oprimía el pecho.

—¡No está aquí! —exclamó él con furia, arrojando el pasamontañas sobre la mesa—. Debí imaginar que intentaría apartarme, ¡maldita sea! —Empujó la silla haciéndola chocar con el borde de madera—. Quedamos en que iríamos juntos para que tuviera más posibilidades de salir vivo de esto.
—No voy a dejar que lo haga. —Rodrigo, extrañado, la interrogó en silencio—. Lo sé todo y no voy a dejar que arriesgue su vida por mí. ¡No podría soportarlo! —gimió desesperada.
—Es él quien no podría soportar que te ocurriera algo. —Se frotó la nuca, sin dejar de observar el tembloroso brillo en los ojos grises—. Sabe lo que le espera si vuelve allí y a pesar de eso va a hacerlo para protegerte porque ese hombre no le ha dejado otra salida. Pero no se fía de su palabra. Quiere asegurarse de que no pueda acercarse a ti. Y esa tranquilidad solamente la tendrá si logra adelantarse y matarlo.
Las piernas de _____ flaquearon amenazando con dejarla caer. Había temido que, una vez recuperados los datos, Carmona le hiciera desaparecer para enterrar todo el asunto. Ahora estaba segura de que lo haría; él o cualquiera de sus hombres. Con la vista emborronada por una balsa reprimida de lágrimas, se volvió para salir con urgencia.
—¿Adónde vas? —preguntó Rodrigo sujetándola del brazo.
—A detener a ese loco. —Tiró con ímpetu para deshacerse de él.
—¿Y dónde comenzarás a buscarlo? No ves que no...
—Creo saber dónde van a reunirse. —La humedad comenzó a derramársele y se la enjugó con el dorso de la mano—. Tengo la corazonada de que será en el mismo lugar de la otra vez: el polígono donde murió su hermano.
Rodrigo resopló esperanzado.
—¡Te acompaño! —exclamó con precipitación—. Dame unos segundos y te acompaño.


Sin esperar respuesta, se volvió para alejarse hasta la ventana. Frente a la pálida claridad de la tarde, marcó un número con rapidez. El corazón se le aceleró cuando oyó el primer tono. Después el segundo. Al tercero saltó el contestador y él dejó escapar el aire mientras aguardaba el sonido con el que se iniciaba el modo de grabación.
—Me alegra que no lo hayas cogido. Así me resultará más fácil —dijo a la imagen de Bego que tenía en la mente—. No sé si saldré de esta. No sé si volveré a verte... —Cerró los ojos al tiempo que se le humedecían las pestañas—. ¡Hay tantas cosas que me gustaría decirte...! —Se detuvo ante un pensamiento repentino—. Por favor, deja de oír esto —rogó con apremio—. Si todo sale bien, esta noche iré a verte —suspiró, apagado—. Quiero hablarte de mis sentimientos, pero... si no aparezco... Si no aparezco escucha este mensaje mañana. Ahora cuelga, por favor. Cuelga y escúchalo mañana.
Le costaba respirar. La imaginó interrumpiendo el mensaje. Después la vio al amanecer, con su pelo enmarañado y sus ojos somnolientos. Había soñado con verla despertar, recordó mientras una lágrima se le deslizaba por la mejilla.
—Si me estás oyendo ya debe de ser mañana. Algo ha salido mal y no volveré a verte. —Apretó los párpados con fuerza—. No podía irme llevándome este secreto. Te amo —susurró con suavidad—. Te he amado desde la primera vez que te vi. Me habría gustado poder decírtelo mirando tus hermosos ojos grises. Pero no hoy. Sé que necesitas tiempo para curar tus heridas. Habría querido estar cerca de ti mientras lo haces. Habría querido ayudarte, hacerte reír, y... y esperar hasta poder decirte que te quiero con toda mi alma —musitó—. Me pregunto cómo tiene que ser escuchar de tus labios un «te quiero»... —Suspiró hondo frotándose los párpados con los dedos—. Te amo. Solo lamento no haber tenido un poco más de tiempo para decírtelo, para demostrártelo, para pedirte que me permitieras hacerte feliz. Te amo.
Con el teléfono aún en la mano, se volvió y se acercó a _____ a la vez que sacaba las llaves del coche.
—Espero que tu presentimiento no esté equivocado.




Capítulo 29


Le asfixiaba verse encerrada en el coche, sin otra cosa que hacer que esperar y confiar en que no fuera demasiado tarde cuando llegaran. No conseguía deshacerse del pensamiento de que no volvería a verlo con vida, de que cuando le abrazara para decirle cuánto le amaba, él ya no pudiera escucharla. Y ese padecimiento la fue aturdiendo y enterrando dentro de sí.
El estridente sonido del claxon no la inmutó. Rodrigo acababa de realizar un peligroso adelantamiento, pero ella ni siquiera pareció notarlo. Quería que volaran, que atravesaran en un instante la distancia que aún les separaba de Joe. En ningún momento protestó porque él condujera con desquiciada imprudencia, zigzagueando para adelantar a derecha e izquierda. Llegar. Ella quería llegar cuanto antes, no importaba cómo.
—Me engañó —dijo con la mirada perdida en el exterior—. Me engañó y yo le creí.
Rodrigo, atento a los coches que esa tarde parecían circular desesperadamente adormecidos, no respondió. No eran las primeras palabras sin coherencia que ella pronunciaba desde que habían salido de Basauri.
—Le exigí que le retirara la vigilancia —musitó tras prolongados minutos—. Le recordé que no es legal pinchar los teléfonos de un ciudadano honrado. —Una agria mueca de impotencia curvó su boca—. Estuve dispuesta a todo para que le dejara en paz.
Él prestó más atención, pero continuó en silencio mientras, entre una y otra revelación, ella hacía largas pausas. Estaba ausente, como si no supiera realmente de lo que hablaba. O tal vez, pensó, era a Joe a quien se dirigía, con ese susurro tenue y extraviado, en la desesperanza de no saber si tendría ocasión de decírselo mirándole a los ojos.
—Me dejó creer que le había convencido, que aceptaba —continuó a la vez que apoyaba la sien en el cristal.
El pecho de Rodrigo se comprimió ante su figura abatida, ante su voz ausente que brotaba de algún rincón perdido de sus pensamientos, ante su agonía. Pensó que similar sufrimiento llevaba su amigo metido en el alma, y rezó. Rezó como nunca lo había hecho para que Joe tuviera la oportunidad de verla y escucharla como él lo estaba haciendo. Porque ya no dudaba de que su amor por él fuera sincero. Lo había visto en sus ojos, en su voz, en su angustia mientras él le fue contando cómo había llegado Joe a reunirse con un narcotraficante llevando encima un kilo de coca. Cómo se había visto obligado a conseguir un paquete igual al que su hermano, junto a su amigo Sergio, robaron porque «había muchos y no se notaría la falta de uno». Cómo, los muy ingenuos, extrajeron los datos del ordenador para cubrirse las espaldas al pensar que lo más valioso que se llevaban eran la coca y la pistola que acabó llevándole a la muerte. La había visto encogerse de dolor cuando le habló del empeño de Joe en alejarlo de las calles que le habían metido en la sangre la emoción por delinquir, y de cómo llegó a creer que al cambiar de barrio y de compañías lo había conseguido.
—Debiste contarle que eras poli, que le habías estado vigilando. ¡Todo! —soltó sin poder contenerse—. Debiste contárselo todo.
_____ volvió la cabeza hacia él, y la imagen de Joe a la que hablaba se le fue emborronando, lentamente, hasta convertírsele en Rodrigo. Apretó los párpados, consciente de pronto de que había estado pensando en voz alta.
—Tuve miedo a que me dejara y lo fui retrasando un día tras otro. Creí que tendría tiempo para buscar las palabras adecuadas.
—¡Nunca habría hecho eso! —le recriminó con resentida dureza—. No existe nada que él no te hubiera perdonado.
—Lo sé, pero entonces me equivoqué —dijo con voz entrecortada—. Comenzó a tratar con gente extraña y volví a desconfiar. Pensé que había estado ciega, que en verdad era el delincuente que buscábamos. Y aun así... —Dejó escapar un suspiro, bajo y trémulo—. No informé, no cumplí con mi deber. Le quería demasiado.
—Entonces, ¿qué hacías allí, entre todos aquellos polis? —preguntó para terminar de entenderla.
Ella se estremeció al recordar la mirada doliente y acusadora de Joe, la sangre cubriéndole las manos. Lloró en silencio, pegada al ingrato vidrio que no empapaba sus lágrimas.
—Cuando me dejó en casa aquella tarde, fui a comisaría. —Su corazón se detuvo ante el recuerdo—. Allí me enteré de que la operación estaba a punto de completarse y entonces comprendí lo que estaba ocurriendo: nunca le suspendieron la vigilancia. Mi encubrimiento no había servido de nada. —Se enjugó las lágrimas con los dedos—. Corrí a avisarle, pero no llegué a tiempo.
Él suspiró. Adelantó a un autobús de línea y regresó con rapidez a su derecha al darse de bruces con el cartel que señalizaba el inminente desvío al polígono. El temor se recrudeció y las pulsaciones de ambos se aceleraron a un tiempo.
—¿Cómo supiste dónde se encontrarían? —preguntó con tiento, aminorando para internarse en la cerrada curva que les sacaba de la carretera.
—Se lo oí decir cuando hablaba por teléfono —recordó su intranquila voz baja, en la cocina, cuando la creía todavía dormida.
Rodrigo aceleró al ver el largo y recto puente que atravesaba el río y conducía al amplio entramado industrial.
Ella le miró buscando un gesto que pudiera serenarla.
Un estruendo de disparos la paralizó como si los proyectiles le hubieran impactado a ella en el corazón. Cerró los ojos, aterida por la misma sensación de angustia que años atrás le provocaron dos únicas detonaciones. Unos segundos. Volvían a faltarle unos miserables y preciosos segundos que acababan de despedazarle el futuro.
Reconoció las descargas ininterrumpidas de un intenso tiroteo. El dolor lo ahogó todo, hasta los alaridos que le brotaban de su alma rota. Y descubrió que gritar alivia, que nada destruye tanto como el sufrir silencioso.
Tras una agonía breve y eterna, el coche se detuvo levantando en la frenada un denso halo de polvo. Inspiró con fuerza y alzó los párpados con lentitud, temerosa y vacilante como la agitación de la débil llama de una vela frente a una tempestad.
El silencio en el interior del coche era denso, casi físico, y ocupaba todo el espacio comprimiéndola contra el asiento. Dejó de ver a Rodrigo. Miró al exterior, a la tierra rojiza que anunciaba desolación y muerte.
Pálida y temblorosa, abrió la portezuela y bajó los pies al suelo con el mismo temor que si los posara sobre el aire inmaterial de un abismo. Ese abismo en el que una vez hundida no le quedarían fuerzas para remontar. Le sorprendió que las piernas la sujetaran cuando comenzó a caminar con la vista al frente, perdida y confusa, queriendo llorar, romperse a gritos, desahogar el dolor del que se le estaban llenando las pupilas.
Pero no pudo.
El rostro sonriente de Joe llegó a su pensamiento como un fogonazo. Sus ojos castaños, sin sombras; su sedoso cabello café; sus delgados y largos dedos sujetando una taza mientras le explicaba que las manchas de café eran reveladores dibujos. Aquella dulzura del hombre que la enamoró y al que eternamente llevaría dentro de sí.
La angustia le oprimía el pecho y la dejaba sin aire. Deseaba y temía llegar a su destino, acabar con el padecimiento de la duda o ahogarse en dolor. Y su destino era él, siempre sería él y las horas eternas que pasaron abrazados, acariciándose, diciéndose al oído cuánto se amaban.
De pronto, sus pies se clavaron en la tierra y un estremecimiento le desgarró el alma. Distinguió el cuerpo inmóvil, echado en el suelo y con la espalda derramada sobre la pared de hormigón. Sus latidos se detuvieron desfallecidos y bajó los párpados. Dos gruesas lágrimas asomaron bajo sus pestañas mientras sus pulmones se ensanchaban con un aire que asfixiaba. No podía existir prueba de amor más contundente y hermosa que la que él le había ofrecido. Ni en esta vida ni después de ella podía nadie entregar tanto amor en una despedida. Y ahora ella necesitaba tenerle consigo, aunque fuera por un brevísimo espacio de tiempo. Habría cambiado su alma, y hasta lo que le restaba de vida, por unos minutos en los que poder entregarle su amor eterno.
Reinició la marcha al tiempo que abría los ojos, encharcados y agonizantes. La escasa luz de la tarde se volvió gris y sin brillo y las primeras sombras de la noche se abatieron sobre la figura yerta de Joe. Ella aceleró el paso al ritmo al que volvía a agitársele el corazón.
Y al fin corrió.
Corrió entre los destellos azulados de los coches patrulla que comenzaban a iluminar el anochecer; entre los agentes que la miraban en silencio mientras inmovilizaban a los apresados; entre los hombres tendidos en el suelo, unos inertes, otros con las manos en la nuca esperando a que los esposaran. Corrió hacia el único ser al que veía entre todo ese desconsuelo; corrió hasta que pudo abrazarlo, inspirar su olor y romper por fin en sollozos. La emoción no la dejaba hablar, pero tampoco necesitaba hacerlo para que él la entendiera.
Joe gimió, aliviado. Todos los sonidos a su alrededor se apagaron. Todos, excepto el murmullo, dulce y entrecortado, de su llanto. Se apartó ligeramente hasta que pudo verle los ojos. Tragó, conmovido por sus lágrimas, y la miró con la misma emoción con la que la había descubierto hacía unos segundos, cuando el dolor físico le tenía postrado en el suelo; con el mismo amor que le ayudó a levantarse utilizando el apoyo de la pared para no preocuparla; con la misma necesidad de llenarse el espíritu y los ojos de ella. La contempló queriendo olvidar el miedo atroz que había tenido, no a morir, pero sí a esa muerte que le condenaría a pasar la eternidad sin ella. La dibujó con los ojos mientras ella le acariciaba el rostro con dedos trémulos asegurándose de que lo tenía a su lado, y esta vez para siempre.
Siguió con la mirada la hilera de botones del abrigo de _____ buscando el punto bajo el que se formaba su hijo. Ella, que no se había perdido ni uno de sus emocionados gestos, le sintió estremecer. Le cogió la mano izquierda y la condujo por la abertura de la prenda hasta posarla en su vientre, donde ya latía el pequeño corazón.
Alzaron a la vez los ojos, incrédulos y dichosos mientras la lana del vestido traspasaba el calor de la palma abierta. _____ sonrió y la apretó más contra sí. Entonces se abrazaron con ímpetu, con fuerza, como si necesitaran estrecharse hasta cortarse el aliento para asegurarse de que nada de cuanto estaban viviendo era un sueño.
—Pensé que no llegaba —dijo ella entre nuevos sollozos.
—Y yo que no volvía a tenerte así, a mi lado.
—Creí que desaparecías de mi vida, y... y esta vez para siempre —musitó _____.
—Y yo que me iría sin acariciarte una última vez y sin confesarte que te amo más que a mi vida.
Bajó el rostro hasta rozarle los labios, húmedos y con sabor a mar. Se besaron con desesperada ternura, se bebieron con la feroz ansia que el miedo a perderse les había cosido a las entrañas. Pero ni la profunda calidez de sus bocas colmaba por completo el anhelo con el que se deseaban.
—¡Dios, cómo necesitaba verte y sentirte así, conmigo! —exclamó enterrándose en su frondosa cabellera castaña—. Esa noche iba a decirte que te amo más que a nada en el mundo. Iba a pedirte que habláramos de lo que quisieras, cuando quisieras, todas las veces que quisieras. Pero solo te hice daño por... —La angustia de aquel momento volvió a encogerle el corazón—. Perdóname por todas las cosas terribles que te dije, pero tenía que hacerlo. Necesitaba alejarte de mí y no encontré forma más segura de lograrlo que ganándome tu odio.
—Nunca podría odiarte. No existe nada que puedas hacer para conseguirlo.
—Lo sé —susurró cerrando los ojos—. No se puede odiar cuando se ama de esta manera. Yo lo sé. He puesto mi alma en intentarlo.
_____ sonrió, recostada en su pecho. Por el ajustado espacio entre la manga de cuero de la cazadora de Joe y su propio cabello, pudo apreciar dos cadáveres. Reconoció la figura impecablemente vestida de Carmona, boca abajo, junto a la puerta abierta de su lujoso Mercedes negro. Se encogió al sentir un escalofrío.
—Ya ha pasado, mi vida —dijo él al notar su temblor—. Todo ha pasado. Nadie te hará daño jamás.
—Dime que no lo has hecho tú —suplicó.
—¿Importa eso? —preguntó, tenso, abrazándola y conteniendo la respiración.
—Dime que no lo has hecho —insistió angustiada—. Dime que esto no volverá a separarnos.
—No sufras. Todo va a estar bien. —Le acarició la espalda con suavidad—. Él me ha ayudado. —Alzó los ojos, extrañada, y se encontró con su tranquilizadora sonrisa—. El comisario —aclaró tomando aire—. Al enterarse de la verdad, de los planes de Carmona y de la existencia del CD, quiso pactar conmigo. Llegó a casa cuando yo pensaba que todo había terminado, me expuso sus planes y no tuve más remedio que aceptar. —Deslizó la mirada por cada línea de su sorprendido rostro—. Lo que me ofrecía a cambio era demasiado valioso como para no tragarme el orgullo.
—¿Qué te ofreció? —preguntó con cautela.
La frente de Joe se posó con suavidad en la suya.
—Vivir. Vivir para compartir mis días con la mujer que amo. —Bajó los párpados, conmovida—. Pero también él tuvo que aceptar una condición. —Suspiró junto a sus labios—: Dejarme cuidar a esa mujer a mi manera.
—Yo pensé que él...
—A ese hombre le importas. Te quiere y haría cualquier cosa por ti.
_____ miró a su alrededor, buscándolo. Cuando sus ojos se encontraron, Carlos sonrió y la saludó rozándose la frente con el extremo de los dedos de su mano abierta y rígida. Fue su forma de dedicarle el resultado de la operación y decirle que siempre le tendría a su servicio. Ella le pagó con otra sonrisa y se volvió hacia Joe, asustada y temblorosa.
—Si él no hubiera estado aquí.
—Seguirías estando a salvo —susurró rebosando ternura.
_____ se sobrecogió al pensar que sí, que estaría a salvo, pero sin él. Volvió a abrazarle con fuerza para sentirle palpitar. Joe se tambaleó. Retrocedió un paso llevándosela consigo y se recostó en el muro de hormigón.
—Juntos —susurró emocionado—. Otra vez juntos, y esta vez para siempre.
—Sin secretos —añadió ella, refugiada en su pecho.
—Tú aún guardas algunos.
El corazón de _____ se detuvo.
—Yo no...
—Tú sí —murmuró sobre su cabello—. ¿Me has contado que me querías tanto que me aceptaste aun creyéndome un maldito narcotraficante? —Se enterneció cuando la oyó suspirar—. ¿Qué te convertiste en mi cómplice cuando dejaste de informar de mis movimientos? —Un nuevo suspiro, más dulce y profundo, le penetró por los oídos y se le instaló en el alma—. ¿Que no te importó exponerte a que te abrieran un expediente o te investigaran en asuntos internos? —Cuando ella alzó la cabeza él le rozó los labios y los besó despacio—. ¿Me has contado que las tardes de los sábados las pasabas en nuestro café para recordarme y sentirte un poco más cerca de mí? —musitó con emoción—. El comisario ha estado muy conversador. Pensó que yo debía saber algunas cosas.
—Debí creer en ti, en tu inocencia —dijo con pesar.
—Y yo en la tuya —se tensó al recordar el encarnizado sufrimiento que aquella tarde destruyó su alma y su mente—. Pero el dolor me cegó. A veces creo que fue la necesidad de castigarme la que me alejó de ti.
—Debes aprender a perdonarte —dijo mirándole a los ojos y lamentando que no fuera tan indulgente consigo mismo como lo era con ella.
—Enséñame —rogó en un murmullo.
—Lo haré. Puedes estar seguro.
Una risa clara surgió de la boca de Joe. Una risa como aquellas con las que la cercó cada vez que pretendió robarle un beso.
El sonido de una ambulancia se oyó a lo lejos. Joe imploró que se retrasara un poco más. No quería apartarse de _____, no quería dejar de sentir sus brazos alrededor de su cuerpo ni el calor de sus labios acariciando los suyos. No quería separarse de ella ni un momento. El agujero de bala que tenía en su hombro izquierdo podía esperar, su corazón no. Su corazón necesitaba latir pegado al pecho en el que palpitaba la vida de la mujer que amaba.
Se aseguró de que la pared y sus pocas fuerzas le mantuvieran en pie y apartó el brazo de su cintura. Le cogió la mano y le pidió que la extendiera. Ella lo hizo, con la palma hacia arriba, y la emoción le condensó el aire cuando él la rozó con las yemas de sus dedos.
—¿Recuerdas lo que significa este punto del centro? —preguntó en voz baja. Ella asintió a pesar de haberlo buscado numerosas veces sin encontrarlo—. Soy yo: tu eje, tu principio y tu fin, tu amor, tu vida —repitió al cabo de los años—. Y lo seré siempre. Está escrito aquí, y en los posos de café, y seguramente está escrito en todos los sitios imaginables. Eres mía y nadie nos separará jamás.
_____ suspiró bajito, temerosa de romper la magia. Alzó las manos para acariciarle el pelo. Ya era lo bastante largo como para enredar los dedos en él. Comenzaba a parecerse al cabello del hombre dulce y apasionado que la enamoró, el hombre que volvía a hablarle de líneas de la vida, de posos de café, de futuro escrito en las estrellas.
De su futuro escrito en las estrellas.


FIN


Y... Fin de la novela...
Bueeeno, casi, solo falta el prólogo Wink
Si veo un comentario, subo el epílogo.
Nos vemos =)


Última edición por Hahaha* el Agosto 7th 2012, 17:02, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Agosto 7th 2012, 09:44

he llorado jopeee
que bonito
no me puedo creer que sea tan perfecta la nove
que pena que ya se termino ):
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Agosto 7th 2012, 17:06

IrennIsDreaMy escribió:
he llorado jopeee
que bonito
no me puedo creer que sea tan perfecta la nove
que pena que ya se termino ):

Embarassed Oh! (:
Ya me imagino, este último capítulo fue uno de los mejores de la novela.
Ahora mismo subo el epílogo.
Y sí, a mí también me da penita, pero bueh...
Supongo que tendria que acabarse algun dia Wink
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Agosto 7th 2012, 17:23

Epílogo



No soplaba ni una leve brisa. Los cipreses no gemían esa tarde. Se erguían orgullosos y protectores, pero silenciosos. No querían perderse ni una sola de las palabras que Joe musitaba con voz apenas audible. No querían que el aire secara sus lágrimas, tristes pero por primera vez liberadoras.
Con el brazo izquierdo inmovilizado en el interior de su cazadora, y tres rosas blancas en la mano derecha, Joe contempló la lápida, cubierta en los costados por minúsculos líquenes de musgo. Eran las huellas del inclemente y largo invierno que de una forma u otra los había marcado a todos.
—Perdóname, papá —musitó mientras rozaba con los dedos los tallos sin espinas—. No supe entenderlo. Solo pude ver que nos abandonabas cuando más te necesitábamos y castigué tu marcha con un desprecio que no merecías. Era apenas un niño —se justificó sin mucho convencimiento—. No pude comprender que mamá se llevó tu alma. Ahora lo sé. —Giró la cabeza, y su mirada triste se iluminó al contemplar a _____, que aguardaba con discreción a mitad del camino—. Ahora lo sé porque tampoco yo podría vivir sin ella. También ella es la dueña de mi alma. Si me faltara solamente querría seguirla. No importaría si al cielo o al infierno, pero seguirla, porque no podría vivir sin ella como tú no pudiste vivir sin mamá.

Se inclinó para dejar las rosas sobre la lápida, una junto a cada uno de los tres nombres tallados. Por primera vez rozó con los dedos los profundos surcos que formaban el de su padre, y una extraña paz le inundó el corazón. Clavó lentamente una rodilla en tierra. Se sentía más cerca de él de lo que había estado nunca, ni siquiera cuando, con la inocencia de sus pocos años, su padre fue para él una especie de héroe inmortal.
—Me consuela saber que la quisiste tanto. Ella era... Ella era lo más hermoso que teníamos y se fue. —Se frotó los párpados humedeciéndose la yema de los dedos—. Dile que la quiero, que no se preocupe, que ahora todo está bien, que yo estoy bien. Que ya siempre estaré bien.
Inspiró hondo y se bebió las lágrimas que aún no había derramado. Después detuvo la mirada en el nombre de Nicholas.
—No son robadas —dijo señalando las flores—. Esta vez las he comprado. Ella las ha elegido por mí. —Se volvió hacia _____ de nuevo y la contempló con adoración—. La recuerdas, ¿verdad? Decías que te gustaba. —Volvió a oírle rogar que la llevara a vivir con ellos—. No imaginas cuánto la amo. Ella... —Tragó, pero el nudo de emoción no le desapareció—. Ella es todo cuanto necesito para ser feliz. Me ama, me va a dar un hijo. ¿Imaginas algo más hermoso que un hijo de la mujer que es toda tu vida? Si es niño le pondremos tu nombre y... y te prometo que lo cuidaré mejor de lo que supe cuidarte a ti. —Resopló despacio. Le estaba costando deshacerse de los remordimientos—. Te echo de menos. —Sollozó sin preocuparse de quién pudiera escucharle—. No puedo evitar echarte de menos. —Se pasó la mano por el rostro para espantar los malos pensamientos y trató de sonreír—. Si es niña le pondremos _____. Es el nombre más dulce que existe —aseguró curvando tímidamente los labios
—. La amo. La amo con todo mi corazón, con toda mi alma. Paso horas mirándola, solo mirándola y preguntándome qué he hecho para merecerla. —Observó una vez más la losa y se puso en pie—. Si estuvieras aquí me dirías que estoy loco. Y yo te respondería que sí, que estoy loco y que quiero seguir estándolo siempre. —Inspiró lenta y profundamente y retrocedió unos pasos.
Le dolía irse, le dolía dejarlos solos—. Los amo a los tres. —Se colocó la mano en el pecho, sobre el corazón—. Los llevo conmigo. Siempre los llevaré conmigo.

Bajó los párpados y dejó caer el brazo a lo largo del cuerpo. Continuó inmóvil, despidiéndose con palabras silenciosas que nadie salvo ellos pudieron escuchar.
Un roce en la cara interna de sus dedos le hizo suspirar. Ella sabía cuándo dejarle solo y cuándo rescatarle de la oscuridad. Abrió los ojos y la vio a su lado, con su hermosa sonrisa llena de luz. Sin dejar de mirarla, extendió la palma de la mano y ella posó en su superficie la suya, pequeña y cálida. Sus dedos se entrecruzaron con suavidad y Joe cerró los suyos, despacio, como si además de apresarle la mano tratara de capturar también toda su ternura.
Se entendieron sin necesidad de pronunciar palabras. Se comprendieron con la voz del alma, como tantas otras veces, y juntos comenzaron a guiar sus pasos hacia la salida.
Solo entonces los majestuosos cipreses se cimbrearon, sin que les agitara el viento, invadiendo el camino con un suave olor a sosiego y a resina.
Las inhiestas copas, a fuerza de blandirse hacia los costados, provocaron una suave brisa que jugó con sus cabellos y se enredó en sus cuerpos, atándolos con invisibles hilos trenzados con suspiros.
Después se alzó para llenar el cielo, no de lamentos, sino de dulces y apagados susurros.


Fin.


Ahora sí, la novela oficialmente está terminada.
Esto va para todas la que la leyeron, o la empezaron a leer en el otro tema.
Gracias por leerla, o por lo menos empezar a leerla.

Ire
Fer
Beautiful-NO-Tamed.
SweetHeart(MarthaJonas14)
# LoveJonas }
Wenn
darley

Espero que les haya gustado tanto como a mí, que personalmete me encanto, sobretodo por que la autora lo describe todo tan Asdfgubhjnkm bien.
Fue hermosa.Y un placer adaptarla para ustedes.
Sobretodo para Ire y Fer, - que se que no has podido comentar por que estas malita, Recipérate amora-.
Muchas gracias por comentarme.
Y bueno, solo me queda decir: Gracias (:
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Agosto 8th 2012, 08:30

jopeee estoy llorando y veo doble asi que no se como quedara el coment

simplemente me encanto, y voy a buscar el libro para tenerlo siempre por que me ha encantado
ha sido preciosa enserio lo mas hermoso que he leido nunca
Gracias por compartirla con nosotras
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Agosto 8th 2012, 18:02

Que te puedo decir mi hermosa Demi te pedire mil y una disculpas por no haber pasado a comentar tus noves, de verdad que me encantó, te agradezco muchisimo pr que si no fuera por ti no habria conseguido el libro! es totalmente hermoso! de verdad pero sabes algo? no quise leerlo, de echo no lo he sacado de
su empaque de plastico desde que lo compre por que quise terminar de leerla aqui!
pero luego paso lo de mi brazo y no pude! pero ya he terminado de leer! me encanto
y aunque no me quisiste decir que pasaria estuve esperando que Joe no fuera asi de terco siempre y me encantoo! se que ya lo dije pero no puedo estar sin repetirlo! gracias Demi mil gracias de verdad! y bueno que mas te puedo decir?
compenzare las veces que no te comente en la otra nove vale? ame esta de verdad! un besote Demi y de nuevo lo siento por no comentar antes.
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Agosto 12th 2012, 19:40

IrennIsDreaMy escribió:
jopeee estoy llorando y veo doble asi que no se como quedara el coment

simplemente me encanto, y voy a buscar el libro para tenerlo siempre por que me ha encantado
ha sido preciosa enserio lo mas hermoso que he leido nunca
Gracias por compartirla con nosotras

I love you I love you
Oh! Es un placer que te haya gustado mi adaptación de esta hermosa novela Wink

¿Qué puedo decir? Yo también me emocioné.
En fin, muchísimas gracias por comentar.
De nada, para mí fue genial Wink
Cuídate.
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Agosto 12th 2012, 19:44

FerJonas12 escribió:
Que te puedo decir mi hermosa Demi te pedire mil y una disculpas por no haber pasado a comentar tus noves, de verdad que me encantó, te agradezco muchisimo pr que si no fuera por ti no habria conseguido el libro! es totalmente hermoso! de verdad pero sabes algo? no quise leerlo, de echo no lo he sacado de
su empaque de plastico desde que lo compre por que quise terminar de leerla aqui!
pero luego paso lo de mi brazo y no pude! pero ya he terminado de leer! me encanto
y aunque no me quisiste decir que pasaria estuve esperando que Joe no fuera asi de terco siempre y me encantoo! se que ya lo dije pero no puedo estar sin repetirlo! gracias Demi mil gracias de verdad! y bueno que mas te puedo decir?
compenzare las veces que no te comente en la otra nove vale? ame esta de verdad! un besote Demi y de nuevo lo siento por no comentar antes.

Tranquila, para mí no es ninguna molestia, lo que sería molestia sería si me abandonaras -Jajajá, ok No.- ya se que no puedes pasar toodos los días Wink
Jajajá, es un placer haberte hecho "conocer" este libro tan Asdfghkjjhgh.

Y sí, ya se que fui un poquito mala al no decirte... pero es que sino se perdería la "magia" del libro, no sería emocionante
si ya supieras lo que va a ocurrir. ;D

De nada, de nada.
Fue genial compartir esta nove Wink
Besos, cudate Fer.
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MensajeTema: Re: Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]   Hoy a las 03:12

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Antes y Después de Odiarte Joe&__ II [Terminada]
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