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 El Compañero Perfecto - (Muy HOT)

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MenizdeJonas
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Julio 9th 2012, 09:43

Chicas en unos momentos subo un capi de la nove

le estoy haciendo los últimos arreglos
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MenizdeJonas
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Julio 9th 2012, 09:47





CAPITULO 7
















La casa de Amber cumplió todas las expectativas de Josie. Era una residencia ostentosa al estilo de una villa italiana, con columnatas en los pórticos, grandes escalinatas de mármol, una inmensa fuente de piedra en el jardín delantero con varias estatuas de atletas desnudos y un despliegue de costosísimo alumbrado.
Al ver todo aquello Josie se sintió otra vez nerviosa. ¿Cómo había podido pensar que Amber no volvería a intimidarla?
—Un extraño lugar para una reunión con compañeros de clase —murmuró Nicholas cuando detuvo el coche ante la señal de un guarda de seguridad—. ¿Sí? —preguntó al bajar la ventanilla.
—Su invitación, por favor —fue la cortante respuesta. Nicholas miró a Josie.
—No… no sabía que tuviera que traerla conmigo —balbuceó ella.
El guarda de seguridad, que podría haber sido perfectamente capitán de la policía secreta, se inclinó para mirarla fríamente.
—El requisito aparecía en cada invitación, señorita. Mi obligación es comprobar los nombres en la lista que se me ha dado.
—Mi nombre es Josie Williams. Compruébelo en la lista. Estoy segura de que aparece.
El guarda se puso a leer los nombres.
—Sí, aquí aparece. Pero es…
—Puedo mostrarle mi carné de conducir —lo interrumpió ella abriendo el bolso—. Oh, no… No puedo. Tampoco lo he traído. No pensé que fuera a necesitarlo.
El guarda le echó otra mirada escéptica.
—No, importa, señorita. No puedo dejarlos pasar hasta que haya hablado con la señora Billingsworth. Mis órdenes son muy estrictas. Tengo que avisarla si llega alguien sin invitación. Por lo visto, la última vez que celebró una fiesta se presentaron algunos intrusos indeseables.
Se alejó del coche y sacó un teléfono móvil del cinturón. Estuvo hablando con alguien en voz baja, sin que Josie pudiera oír nada de lo que decía.
—Un tipo encantador —murmuró Nicholas.
—En mi invitación no decía nada de que hubiera que presentarla en la puerta —insistió Josie—. No se me hubiera pasado sin leer algo así.
—Estoy de acuerdo contigo. Francamente, todo esto me parece muy sospechoso. Dime, ¿tu compañera de clase llegaría tan lejos para avergonzarte?
Aunque la idea la espantaba, Josie tuvo que reconocer que era posible.
—En ese caso no les des la satisfacción de conseguirlo, Josie —le aconsejó él—. Ríete de la situación y punto.
—Siempre me ha resultado difícil reírme de las cosas —sobre todo en lo referente a Amber.
—Pues tendrás que aprender a hacerlo. Y rápido. Porque si tengo razón, nuestra estimada anfitriona hará su aparición de un momento a otro. ¿Qué sentido tiene esto si no es verte humillada en persona?
El guarda volvió, tan seco y brusco como antes.
—Tienen que ir hasta el pie de las escaleras, donde está el aparcacoches. Él los llevará a un lugar donde tendrán que esperar a que la señora Billingsworth vaya a su encuentro. En ningún caso podrán salir del coche.
— ¡Sí, señor! —respondió Nicholas, y salió disparado hacia el camino circular de gravilla. Su expresión había cambiado por completo. De ser un acompañante tranquilo y sereno, había pasado a ser un hombre con dificultades para controlar la ira.
— ¿Qué… qué estás haciendo? —Le preguntó Josie—. ¿No había que reírse de la situación?
—Eso fue antes —espetó él entre dientes—. Y ahora es ahora.
Detuvo el coche frente al aparcacoches, que estaba hablando por su teléfono móvil. Seguramente estaba recibiendo órdenes del guarda, porque se quedó totalmente perplejo cuando Nicholas bajó del vehículo.
— ¡Eh, usted! —le gritó—. No pueden bajarse del coche hasta que venga la señora Billingsworth.
Nicholas, muy serio, rodeó el coche ignorando al joven, a quien superaba en bastantes centímetros, y abrió la puerta del pasajero.
—Sal, Josie —le ordenó tendiéndole la mano—. Vamos adentro. Si ese idiota intenta detenernos te aseguro que lo lamentará.
Josie se mordió el labio mientras tomaba la mano de Nicholas y salía del coche.
—Oh, cielos… —dijo en un débil susurro. Tuvo una horrible visión de acabar en la comisaría, con Nicholas detenido por allanamiento de morada—. Por favor, no montes un escándalo. No merece la pena.
—Montaré algo más de un escándalo si ese imbécil sigue incordiando —la tomó del codo y la condujo hacia los escalones—. Y tú sí mereces la pena —concluyó, con una mirada de reproche que Josie encontró muy simpática.
Nicholas se parecía cada vez más al hombre de sus sueños. No solo era sexy, sino también enérgico y autoritario.
—Toma —le dijo al aparcacoches arrojándole las llaves—. Apárcalo. Y mucho cuidado con él —lo avisó—. Si le encuentro el menor rasguño os denuncio a ti y a tu jefe. ¿Me he expresado con claridad?
El joven, que no debía de tener más de dieciocho años, se puso rojo.
—Sí, señor. Tendré cuidado.
—Bien. Y si tienes algún problema con el matón de la puerta por habernos dejado entrar, dile que me busque que yo trataré con él. Mi nombre es Jonas. Nicholas Jonas
— ¡Sí, señor Jonas!
—Vamos, querida —dijo Nicholas haciéndola avanzar hacia los escalones—. Ya nos hemos retrasado bastante por esta tontería.
—Vaya, ha sido impresionante… —susurró ella—. Y me ha gustado lo de «querida».
—Me pagas por ser impresionante y por fingir que soy tu novio. Y ningún novio de verdad dejaría que lo insulten junto a su dama.
—No muchos novios de hoy en día asumen el papel de protector. Dicen que las chicas piden igualdad, y que no deberían quejarse cuando la consiguen.
—En tal caso puedes llamarme anticuado, porque yo sigo creyendo que el papel de un novio es ser el campeón de su chica. Entre otras cosas, por supuesto.
—Tu novia debe de apreciar mucho esa forma de ser —Josie ya había sospechado que Nicholas no tenía novia formal. ¿Qué mujer querría que su novio tuviera un trabajo como aquel? Pero sentía la necesidad de confirmarlo para estar segura.
—Por lo general suelen apreciarlo.
— ¿Suelen? ¿En plural? —por Dios, ¿estaba admitiendo que tenía varias?
—He tenido unas cuantas.
Josie reprimió un suspiro de alivio. Se estaba refiriendo al pasado…
—No lo dudo. ¿Y ahora?
—En estos momentos no tengo ningún compromiso —respondió mirándola a los ojos—. Pero por muy encantadora que seas, Josie, esta noche solo estoy haciendo mi trabajo. Así que no tomes nada de lo que haga o diga como algo personal. Eso incluye llamarte «querida».
Josie no pudo evitar sentirse momentáneamente vapuleada por la declaración, pero se obligó a mantener su resolución. Él pensaba que era encantadora. ¿Acaso no era eso un comienzo? Y tampoco tenía ningún compromiso… El terreno estaba despejado.
« ¡Adelante, chica!».
—Está bien —le dijo alegremente—. Podré soportarlo. Pero dado que soy yo la que te paga para que hagas lo que te pido, me gustaría que siguieras llamándome «querida».
Nicholas esbozó una sonrisa de resignación.
—Como quieras, querida. El cliente manda.
Josie sonrió más animada. De nuevo había recuperado su buen humor y optimismo.
Pero tanto la sonrisa como la seguridad se desvanecieron cuando Amber apareció en lo alto de las escaleras, mostrando en todo su esplendor la belleza que la caracterizaba.
Josie masculló una palabrota, y Nicholas siguió la dirección de su mirada.
— ¿Nuestra anfitriona? —le preguntó tranquilamente.
— ¿Quién si no? —murmuró ella.
—Excelente. Estaba deseando conocerla. Ahora recuerda lo que te dicho, querida. Sonríe. Y cuando no sonrías, ríete.
Josie esbozó una dulce sonrisa.
— ¿Qué tal así?
—Algo mejor. Pero si te veo otra expresión, nos vamos de aquí enseguida, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —aceptó ella. En el fondo no le importaría irse de allí, pero antes tenía que vencer a los fantasmas del pasado. Y además… si se marchaba, Nicholas la llevaría a casa, mientras que si se quedaban, tendría una excusa para tocarlo, para coquetear, para bailar con él… Tembló por el erótico estremecimiento de la anticipación.
—No hay necesidad de asustarse —le dijo Nicholas, malinterpretando su temblor—. Me tienes a tu lado, ¿recuerdas? Soy Nicholas, tu novio, tu campeón. No voy a dejar que te suceda nada malo, Josie. Te lo prometo.
Josie miró aquellos increíbles ojos azules y se preguntó qué haría él si ella le pidiera que la acompañara toda la noche. Sin lazos ni promesas, desde luego. Tan solo una noche.
Seguramente aceptaría. Tenía solo veinticuatro años, por amor de Dios. Era un hombre moderno en su plenitud sexual.
—Es hora de enfrentarse con tu rival, querida —le dijo él, y ella a punto estuvo de reír.
Amber ya no era su rival. Lo era el sexo. Era una lástima que no pudiera decirle eso a Nicholas. Echaría a correr al instante. A los hombres no les gustaban las mujeres neuróticas con tonterías sentimentales, y menos aún a un joven sin cadenas como Nicholas. En cuanto a ella misma, no tenía sentido fingir que tendría el coraje para pedirle que se acostaran tras la fiesta. No, su única posibilidad estribaba en que fuera él quien la llevase a la cama por propia voluntad.
Y para ello tenía que seducirlo antes. Si tal cosa era posible.
Suspiró y él la miró de nuevo.
—Deja de suspirar y sigue sonriendo —le ordenó en tono cortante—. Si no quieres que nos demos media vuelta ahora mismo.
Josie dejó de suspirar y siguió sonriendo.

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MenizdeJonas
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Julio 9th 2012, 09:50

Chicas
aquí esta el capi
espero les guste
y ya se acerca la parte hot Twisted Evil
y cada uno mas hot que el anterior juju

hahaha
chau
xoxo
Very Happy
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Wenn
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Julio 9th 2012, 10:10

SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAA



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MARIIA LUIISA
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Julio 14th 2012, 18:29

siguela
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JustKeepDreaming~
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Julio 15th 2012, 16:00

Síguela..!!!!
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MARIIA LUIISA
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Julio 17th 2012, 13:54

siguela
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Forista!


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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Agosto 31st 2012, 21:07

Woooow NUEVA LECTORA tu nove esta super debes seguirla
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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Septiembre 17th 2012, 17:04

Nueva lectora! Porfavor seguila! Esta buenísima, no nos abandones Sad
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MenizdeJonas
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Septiembre 17th 2012, 19:03

Oh por Dios hace mucho no subía novela aquí
pero saben la seguiré
por ustedes ()
Welcome a las nuevas lectoras

ya la sigo

Very Happy
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MenizdeJonas
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Septiembre 17th 2012, 19:22






CAPITULO 8
















Desde un punto de vista meramente superficial, Amber Billingsworth era la mujer más hermosa que Nicholas hubiera visto en su vida. Era perfecta. E iba vestida como solo la mujer de un multimillonario podía permitírselo: con un vestido dorado de diseño y con pulseras, pendientes y anillos de oro y diamantes. Su aspecto resplandecía por su riqueza.
Pero a pesar de todo ese esplendor, nada podía ocultar la maldad que expresaban aquellos hermosos ojos verdes, ni el espanto que encendió brevemente su rostro cuando vio a Josie y a su acompañante subir hacia la entrada, en vez de quedarse en el coche.
— ¿Quién es esa? —preguntó Nicholas cuando vio a una mujer vestida de rosa acercarse a la reina dorada.
—Brenda. Organizadora de la fiesta y esclava personal de Amber.
—Ahh…
— ¡Josie! —exclamó Amber cuando se acercaron lo bastante—. Eres tú de verdad. Seguridad informó que alguien sin invitación intentaba colarse usando tu nombre. Dije que los mantuvieran aquí fuera hasta que viniera yo misma a comprobarlo. No me puedo creer que hayas olvidado tu invitación. La tarjeta decía claramente que había que traerla. Josie tiene una memoria excepcional, ¿no es verdad, Brenda?
— ¿Qué? Oh, sí, claro que sí —respondió su lacaya.
Brenda no era fea, pensó Nicholas, pero no podía competir con Amber. Josie, en cambio, con su pelo largo y negro y su sensual vestido rojo, podría rivalizar con ella fácilmente.
—Pero eso era en el instituto, claro —siguió Amber—. Tal vez su memoria fotográfica ya no sea tan brillante. O tal vez en clase eras una tramposa de primera —añadió con una desagradable carcajada.
Nicholas sintió cómo Josie se ponía rígida. Le apretó el codo y ella se echó a reír también.
—Muy graciosa, Amber. Ya veo que tu talento burlón no ha decrecido con los años. Pero, para serte sincera, mi invitación no decía nada de que hubiera que presentarla esta noche.
Nicholas a punto estuvo de aplaudir. Brenda pareció horrorizada, y Amber fingió confusión.
— ¿En serio? ¿Estás segura? Qué extraño…
—Sí que lo es, ¿verdad? —Replicó Josie—. Deja que te dé un pequeño consejo, Amber. Yo de ti despediría a ese guarda de seguridad. Ha sido realmente grosero, inapropiado y de pésimo gusto.
—Oh, querida, lo siento mucho… Pero él solo hace su trabajo. Aunque tal vez no lo haga muy bien… —añadió con una ligera sonrisa—, ya que se supone que debíais quedaros en el coche.
—Cúlpeme a mí por eso —dijo Nicholas, decidiendo que era el momento de intervenir—. Comprendí que todo esto se debía a un error, así que decidí asumir la responsabilidad sacando a Josie del coche. Pensaba que así le evitaría un disgusto, señora Billingsworth, al descubrir el modo tan mezquino en que han tratado a dos de sus invitados.
— ¿Ah, sí? —Amber le clavó su fría mirada—. Muy considerado por tu parte. Supongo que debes de ser el nuevo novio de Josie, ese del que no paró de jactarse ante Brenda el otro día.
— ¿Te jactaste de mí, querida? —Preguntó él, dándole un pequeño apretó a Josie—. Qué encantadora eres…
— ¿Por qué no nos presentas, Josie? —le pidió Amber en tono apremiante—. Así podré ponerle un nombre a tu caballero de reluciente armadura.
—Mi nombre es Nicholas, señora Billingsworth —dijo él antes de que Josie se sintiera obligada a responder—. Nicholas Jonas.
—Espero que no me llames «señora Billingsworth» durante toda la fiesta —dijo ella con voz cortante—. Me llamo Amber. Y esta es Brenda.
Él asintió fríamente mirando a Brenda, sin estar seguro si habría tenido algo que ver con aquel asunto de la invitación.
—Amber, ¡oh, Amber! —la llamó otra invitada a sus espaldas, lo que le dio a Nicholas la oportunidad de rescatar a Josie de aquella compañía tan perniciosa.
Podía entender la necesidad de contratarlo para aquella fiesta. Presentarse sola hubiera sido un suicidio.
Amber frunció el ceño por tener que soltar a su presa, aunque solo fuera por unos segundos, pero recompuso rápidamente la expresión y esbozó una sonrisa de disculpa.
—Me temo que el deber me llama —le dijo a Nicholas —. Brenda, acompáñalos adentro y dile a Josie dónde puede dejar el chal y el bolso. Enseguida estoy con vosotros.
—Sí, Amber —respondió Brenda como si fuera un robot programado para obedecer.
Nicholas no supo si enfurecerse o sentir compasión por la pobre mujer.
—No has estado antes en casa de Amber, ¿verdad, Josie? —Le preguntó Brenda mientras los conducía a través del pórtico de mármol—. Es una maravilla. Por supuesto, costó millones de dólares, pero como el marido de Amber es multimillonario…
—Eso he oído —dijo ella despreocupadamente—. ¿Está aquí esta noche?
—Por desgracia, no. Ha tenido que acudir a una importante cena de negocios.
Nicholas reprimió una risita. ¿Una cena de negocios un sábado por la noche? No parecía muy probable. Pero siempre había un precio que pagar por casarse con un millonario.
— ¿Y tú marido, Brenda? —Preguntó Josie—. ¿No ha venido?
—La verdad es que no —Brenda parecía muy incómoda con la pregunta—. Amber me dijo que estaría demasiado ocupada atendiendo a los invitados para encima tener que preocuparme de John. Y, para ser sincera, los dos no se llevan demasiado bien.
«Menuda sorpresa», pensó Nicholas.
—Por aquí —Brenda abrió una de las grandes puertas y los hizo entrar.
Por dentro la mansión era tan enorme como parecía desde fuera. Nicholas podría haber metido su casa de Glebe en el impresionante vestíbulo. Le recordó a uno de los rascacielos de Chicago en los que había trabajado. Pero, por muy grande y lujoso que fuera aquel lugar, estaba hecho para intimidar. Un monumento al ego y a la riqueza de un magnate con mal gusto.
Columnas con imitaciones de capiteles corintios se situaban a intervalos regulares sobre el suelo de mármol color crema. Gigantescas arañas de cristal colgaban del techo abovedado, y espejos con lujosos marcos dorados cubrían las paredes vistosamente empapeladas, ofreciendo una serie interminable de reflejos.
No había duda de que a Amber y a su marido les gustaba mirarse a sí mismos.
—Hay un guardarropa para las damas ahí —los informó Brenda torciendo a la izquierda entre dos columnas—. Y otro para los hombres justo enfrente —le dijo a Nicholas.
—Gracias, no voy a dejar nada. Te espero por aquí, querida —soltó el brazo de Josie y se dirigió hacia el extremo del vestíbulo. A través de una reja semicircular podían oírse los ruidos de la fiesta.
Nicholas vio un gran salón, cuya sala de baile se extendía más allá de las puertas francesas, hacia una terraza cubierta desde la que una escalinata bajaba hacia la piscina. La piscina parecía más bien un lago artificial cuya última utilidad fuera bañarse en él. A Nicholas no le hubiera extrañado ver a unos cuantos cisnes surcando el agua.
Medio centenar invitados fingían estar pasándoselo bien, mientras los camareros circulaban con bandejas de plata llenas de bebidas y diversos manjares. Nadie se había atrevido a sentarse en los sofás con tapizado de brocado, y las conversaciones estaban dominadas por un grupo de mujeres.
Mientras Nicholas estaba allí de pie, escuchando la inocua música de fondo y viendo cómo los hombres se refugiaban del aburrimiento en las bebidas gratis, empezó a arrepentirse por no haberle hecho caso a Josie y tomar un taxi. Así hubiera podido tomarse él mismo una copa.
Pero no… por muy aburrido que fuese, era mejor permanecer sobrio. Tenía que proteger a Josie de los dardos envenenados de Amber, y además, si bebía no estaría en condiciones de resistirse a la creciente atracción que sentía por su clienta.
Un fogonazo rojo captó su atención por el rabillo del ojo. Se volvió y vio a Josie caminando hacia él con su increíble vestido. Era pura poesía en movimiento.
«Tranquilo, chico», le ordenó a su miembro inferior.
Paradójicamente, cuando ella se acercó lo bastante, él fue incapaz de resistirse y la rodeó por la cintura. Josie lo miró sorprendida, pero casi enseguida se apretó contra su costado, con una expresión de puro placer en el rostro.
—Cielos, Brenda —exclamó cuando finalmente pudo apartar la mirada y miró hacia la multitud—. ¿No es esa Marie Robbins, la del vestido azul? No puede ser… Pero sí, es ella. Dios mío. Ha perdido unos cuantos kilos… y se ha teñido el pelo de rojo. ¡Marie! —gritó; la chica con el pelo rojo la oyó y miró hacia arriba.
— ¡Josie! —Gritó a su vez—. ¡Mirad! ¡Es Josie! —todas miraron, primero a Josie y luego a Nicholas —. Baja. Josie —la invitó Marie—. Cuéntanos qué has hecho desde la última vez que nos vimos. Sea lo que sea, te ha sentado muy bien.
—Dímelo tú —dijo Josie—. Tú sí que tienes buen aspecto.
— ¿Verdad que sí? —preguntó la pelirroja retocándose el peinado.
Josie se volvió hacia Nicholas radiante de felicidad.
—Vamos, quiero presentarte a mis compañeras de clase.
—Estoy a tu entera disposición, querida —dijo él, no sin cierta ironía en la voz.
Josie pareció entusiasmarse aún más, pero Brenda parecía sentirse miserable.
— ¿Vienes? —le preguntó Nicholas cuando empezaron a bajar los escalones.
—Sí… No —su expresión era de pura congoja, ante la horrible responsabilidad de tener que tomar una decisión por sí misma—. Cre… creo que me quedaré aquí a esperar a Amber. No sé qué puede haberla retrasado —miró con angustia hacia la entrada vacía.
—Seguro que vuelve pronto —dijo Nicholas. Una pareja había entrado mientras Josie y Brenda estaban en el guardarropa, pero Amber no había aparecido. Seguramente estaría acusando al guarda de seguridad de no haber cumplido sus instrucciones.
—Ven con nosotros, Brenda —la invitó Josie—. Amber puede tardar un rato. Además, te necesito para que me pongas al día con los nombres. Parece que ha habido muchos cambios en los últimos cinco años. No reconozco ni a la mitad de las que están aquí. ¡Y no digamos de los hombres!
Brenda dejó escapar una breve carcajada.
—Mira quién fue a hablar… ¿Tienes idea de lo diferente que pareces tú misma de la mujer que eras hace cinco años? Entonces parecías una desgraciada que no paraba de llorar. Fue muy embarazoso.
—Sí, ¿verdad? —corroboró Josie riéndose.
—Pero mírate ahora —siguió Brenda, con un tono de admiración y envidia a la vez—. Estás preciosa. Y pareces muy feliz.
—Tengo todo lo que necesito para ser feliz —respondió ella encogiéndose de hombros.
—Sí, ya lo veo —dijo Brenda, y le echó a Nicholas una mirada que tenía mucho más de tristeza que de celos.
Nicholas no pudo menos que sentir compasión por ella. Estaba claro que la compañía de Amber no le hacía ningún bien a su frágil personalidad. Aquella maldita bruja tenía un efecto devastador en el ego de cualquier otra mujer. Incluso en el de Josie, que, a pesar de ser mucho más fuerte que ella, se había amedrentado ante la sola idea de volver a verla cinco años después.
Y sin embargo, Josie había estado genial. Después de un ligero temblor a la llegada, se había mantenido con su propio orgullo; e incluso había sido amable con Brenda, quien indudablemente sabía algo sobre el asunto de la invitación.
Josie era una mujer bellísima, tanto por dentro como por fuera. Muy distinta a Amber, quien, a pesar de su belleza externa, estaba carcomida por la maldad y los celos.
—Siento haber tardado tanto.
«Hablando del demonio», pensó Nicholas al tiempo que los tres se giraban al oír la voz de Amber.
— ¿Sabes? Me estaba preguntando qué has hecho para parecer tan distinta, Josie —dijo con una sonrisa maliciosa—. Te has operado los pechos, ¿verdad?
— ¿Operarme los pechos? —Josie pareció horrorizarse por un segundo, antes de soltar una risita divertida—. No digas tonterías, Amber. Si me los hubiera operado, tendría una talla extra grande como la tuya… Simplemente he engordado un poco —dijo, ajena a la ira de Amber—. Lo necesitaba.
—Pero cada mañana haces religiosamente tus ejercicios para mejorar los pechos, querida —añadió Nicholas, dándole otro pequeño apretón en la cintura.
— ¿Estáis viviendo juntos? —preguntó Brenda, sobresaltada—. No me dijiste eso la otra noche, Josie.
—De hecho, no estamos viviendo juntos —aclaró Nicholas —. Pero cada vez que volvemos a vernos, pasamos juntos todas las noches que podemos. La verdad es que no puedo resistirme a ella.
— ¿Y cuánto tiempo lleváis saliendo, exactamente? —preguntó Amber.
—Oh, no, no, Amber —respondió Josie—. No vamos a revelar todos los detalles a la vez —su alegre respuesta dejó sorprendido a Nicholas —. Además, Marie y las otras están esperado abajo, ansiosas por preguntarme lo mismo. Vamos, pues. Unámonos al grupo.
—Magnífico —le susurró Nicholas al oído mientras bajaban los escalones.
—Espero que no te hayas olvidado de la historia que te inventaste en el coche —le susurró ella.
—No he olvidado ni un solo detalle. Puedes estar tranquila. No voy a meter la pata.
Al menos, no durante la fiesta. Pero no podía asegurar lo que pasaría al final de la fiesta. Tenía el terrible presentimiento de que, cuando la llevara a casa, no solo iba a meter la pata…





Si no me dejan deberes en el colegio la sigo mañana
o si estoy de buenas mas tarde


Chau
xoxo
Very Happy

PD lamento haberlas dejado sin novela
PD2 tratare de subir más seguido
PD3 las quiero I love you
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Lau_ilovejonas
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Septiembre 18th 2012, 15:32

Que bueno que no nos hayas abandonado! Me encanto el capitulo y espero que la sigas pronto, estoy re metida en la novela, la amo! No te preocupes si no podes subir tan seguido, nosotras te esperaremos, pero no abandones la novela ni la canceles, si? tiste
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MenizdeJonas
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Septiembre 24th 2012, 19:41

Holis chicas lamento dejarlas de nuevo sin nove, pasa que la siguiente semana es la "semana cultural" en el cole y nos tienen llenas de trabajos con la decoración y todo eso, ademas hay un "día de la ciencia" y me toca preparar una expo gigante, realmente estoy sufriendo con esto, pero les traigo unos capis para compensar


CAPITULO 9

(1/3)















Nicholas resultó ser un actor brillante, fue la conclusión de Josie. No solo no metió la pata, sino que habló con tanta convicción que de verdad parecía haber estado en todas las ciudades que enumeraba. Incluso habló de la empresa de Josie. Con sus palabras consiguió que PPP pareciera una empresa innovadora, que no hacía más que crecer y prosperar bajo la talentosa dirección de Josie.
Aturdida ante el éxito arrollador de su rival y sin nada que criticar, Amber se apartó del grupo, alegando que tenía que supervisar el bufé. Tal vez fuera cierto, pero en sus prisas por marcharse no le ordenó a Brenda que la acompañara.
En cuanto se hubo marchado, Nicholas le pidió a Brenda que pusiera música de baile.
Al principio la mujer se mostró dubitativa, pero acabó cediendo a las presiones del grupo, y así Josie se encontró donde quería estar: entre los brazos de Nicholas mientras daban vueltas al son del compás.
Nicholas la condujo a la terraza, un romántico escenario bajo el cielo estrellado y con vistas a la elegante piscina. Había otras parejas bailando, pero no lo bastante cerca para que pudieran oírlos.
—Estaba pensando en que eres muy buen actor —lo alabó ella.
—No es difícil hacerse pasar por tu novio, Josie.
—Me refería más bien al modo tan brillante en que has contado tu historia. Has tenido que responder a muchas preguntas, y lo has hecho con una convicción asombrosa.
—Tampoco eso me ha resultado muy difícil. He viajado un poco.
— ¿Quieres decir que de verdad estuviste en Europa el año pasado?
—Sí.
— ¡Cielos! No me extraña que no tengas éxito como actor. Si viajas tanto no tendrás tiempo para presentarte a pruebas, Nicholas.
—No te preocupes por mí —dijo él con una sonrisa—. Saldré adelante.
—Tienes otra fuente de ingresos, ¿verdad?
— ¿Por qué lo preguntas?
—Bueno… tus viajes, tu deportivo, tu esmoquin… no son precisamente baratos.
—Tienes razón. El traje lo compré en Milán, y me costó una fortuna. Digamos que me gano la vida viajando por el mundo.
—Vaya… Yo no he hecho ningún viaje todavía. ¿Y vas a irte al extranjero en un futuro próximo?
—Sí. Pronto. ¿Sabes? Empiezas a parecerte a Amber con tantas preguntas.
—Lo siento. Solo siento curiosidad.
—La curiosidad puede ser muy peligrosa.
«Peligroso es bailar contigo», pensó ella. Con un suspiro de resignación, cerró los ojos y se apretó contra él, aferrándose con los brazos a su cuello, presionando los endurecidos pezones contra los músculos de su pecho…
Él se puso tenso, y ella esperó que dijera algo o que la apartara. Pero no fue así. La abrazó más fuertemente con su brazo izquierdo mientras deslizaba la mano derecha sobre la curva de sus glúteos, extendiendo los dedos y presionando la palma en la carne para amoldar su cuerpo al suyo.
De repente, no fue ninguna fantasía lo que invadió a Josie. Era la realidad. La realidad de la erección de Nicholas restregándose contra su vientre.
Una ola de calor la recorrió de arriba abajo. Él la deseaba. No solo estaba siendo amable por haberle pagado. Los miembros viriles no mentían. Ni fingían. Reaccionaban de la forma más primaria y salvaje posible.
Ella también se sentía salvaje. Excitada. Impulsada por un intenso deseo y una necesidad que borraban cualquier rastro de temor y que la incitaban a hacerlo allí mismo, sin importarle que estuvieran en una fiesta a la vista de todos.
— Nicholas… —le susurró con voz jadeante, rozándole los labios con los suyos.
Él masculló una maldición y se echó hacia atrás.
—Demonios, Josie. Como sigas así van a detenerme por poseerte en medio de esta terraza.
— ¿Eso es una amenaza o una promesa?
—Eres una mujer muy peligrosa —le dijo mirándola fijamente—. ¿Lo sabías?
—No es algo que los hombres me digan muy a menudo.
—Entonces es que no te conocen de verdad.
—No —susurró ella—. No me conocen.
—La agencia tiene reglas muy estrictas. Nada de sexo. ¿No te acuerdas?
—Las reglas están hechas para saltárselas.
Él negó con la cabeza.
—Realmente eres muy peligrosa.
—Baila conmigo un poco más.
—Ni hablar —dijo él riendo.
— ¿No se supone que tienes que hacer todo lo que te pida?
— ¿Ah, sí?
—Sí. He pagado mucho dinero por semejante privilegio.
—Me has pagado para que finja ser tu novio, no para ser tu esclavo sexual. Eso te costaría mucho más. Y ahora deja de fruncir el ceño y sonríe. Acabo de ver a Su Majestad y a su dama de compañía espiándonos desde detrás de las palmeras. Si Amber piensa que estamos discutiendo, será un punto a su favor, y no queremos eso, ¿verdad?
—Supongo que no —aceptó ella a regañadientes, y esbozó una media sonrisa.
Pero en su interior seguía luchando por sofocar el fuego que la abrasaba. El deseo físico por Nicholas era tan desesperado que llegaba a ser doloroso… y sentía tanta humedad en la parte inferior de su anatomía que le hubiera resultado muy embarazoso sentarse.
—Tengo que ir al servicio —murmuró entre dientes—. Y luego quiero irme a casa.
—Oh, no, nada de eso. Has venido a demostrarle a Amber y al resto de tus compañeras el éxito que has conseguido, y eso es exactamente lo que vas a hacer. De ninguna manera voy a dejar que lo eches todo a perder comportándote como una mujer normal.
—Por si no lo has notado, soy una mujer normal.
—No, no lo eres. No eres normal en absoluto. Eres única.
— ¿Única?
—Sí, aunque un poco ingenua.
—No soy ingenua —protestó ella—. Soy muy lista.
—En ese caso usa la inteligencia que Dios te ha dado para darte cuenta de que no te estoy rechazando, sino protegiendo.
— ¿Protegiéndome? ¿De qué?
—De mí, naturalmente. ¿De quién si no?
— ¿Tan malo eres con el sexo opuesto?
—Ni te imaginas cuánto, cariño. Ahora, sé una buena chica y vete un ratito al aseo de señoras. Mientras tanto, iré a hablar con esas dos para averiguar cuándo se sirve la cena. Empiezo a tener hambre.
—Ten cuidado con lo que les dices.
—Confía en mí.
¿Confiar en él? No quería confiar en él. Ni quería que la protegiese. Quería que la poseyera. Lo antes posible. Quería que le arrancara la ropa, que le hiciera vencer sus inhibiciones y que la llevase a todos esos lugares con los que siempre había soñado.
«Pero eso no va a pasar, Josie. A nuestro casanova le está remordiendo la conciencia por alguna extraña razón. ¡Maldita suerte la mía!».
Por lo visto, estaba destinada a morir sin haber cumplido ninguna de sus fantasías sexuales. Ni si quiera habiendo hecho bien el amor ni una sola vez en su vida.
¿Acaso era pedir mucho una sola noche de sexo puro y simple? Sin posturas extravagantes, sin lencería sexy ni aceites afrodisíacos. Tan solo los juegos preliminares y el coito. Y con suerte un orgasmo o dos.
Vio cómo Nicholas se alejaba. ¡Qué desperdicio tener un cuerpo así y no aprovecharlo!
—Estoy segura de que nos habríamos entendido muy bien en la cama —se dijo a sí misma con un suspiro—. Pero supongo que ya nunca lo sabré.
Típico en ella.
Se irguió y se encaminó hacia las puertas francesas, luciendo una sonrisa en el rostro.

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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Septiembre 24th 2012, 19:44






CAPITULO 10
(2/3)















De vuelta a casa Josie estuvo en silencio durante todo el trayecto. En silencio y con expresión apenada.
Nicholas creía haber hecho lo correcto al no darle lo que ella pensaba que quería, pero aun así se sentía culpable. Incluso malvado. Y la culpa era lo que se sentía cuando no se hacía lo correcto.
La decisión de acompañarla hasta la puerta era arriesgada, pero ¿cómo podía hacerla bajar del coche y salir disparado? No era propio de un caballero. Así que, de nuevo, hizo lo correcto.
Pero cuando vieron la puerta desprendida de las bisagras y con un gran agujero junto al cerrojo, los dos se quedaron sin respiración.
—Espera —ordenó Nicholas, agarrando el brazo de Josie cuando ella se disponía a entrar—. Tengo el móvil en el coche. Llamaremos a la policía y esperaremos a que lleguen.
— ¿Crees que sea quien sea aún sigue dentro? —preguntó ella con un hilo de voz, y temblando.
—No es probable. Pero no hay necesidad de arriesgarse.
La policía no tardó en llegar, teniendo en cuenta que era sábado por la noche. Por lo visto, se habían producido una serie de robos en el vecindario. Usaban un hacha para destrozar las puertas y luego se llevaban toda clase de aparatos electrónicos.
Después de recorrer todas las habitaciones, Josie confirmó que habían desaparecido tres televisores, un vídeo, un DVD, el ordenador personal de su padre y dos reproductores portátiles de CDs.
Por suerte, los ladrones no de los que destrozaban las casas en las que robaban. Ni siquiera se habían molestado en saquear el estudio que estaba al fondo del jardín trasero. La madre de Josie era una ceramista reconocida, y allí guardaba muchas piezas de gran valor.
—Es una banda organizada —explicó el sargento de policía—. Eligen una casa y actúan con gran rapidez mientras sus ocupantes están fuera. A menudo escogen viviendas como esta, en las que la puerta principal no se ve desde la acera. Son muy meticulosos y nunca dejan huellas. Odio decir esto, señorita Williams, pero no creo que sus padres puedan recuperar el material robado. Espero que todo estuviera asegurado.
—Sí, sí. Seguro que lo está.
—Tiene que instalar una puerta nueva, con alguna medida de seguridad adicional. Esta banda tiene la costumbre de volver a robar en el mismo sitio pasado un tiempo… el suficiente para que se hayan reemplazado los bienes sustraídos —miró a Nicholas, quien asintió resignadamente—. Debería quedarse esta noche, señor. La señorita no podrá cerrar la puerta.
—Sí, de acuerdo —aceptó él—. Me quedaré esta noche.
Josie lo miró, más enfadada que complacida.
—Estupendo —dijo el sargento, y se volvió hacia ella—. Necesitaremos una lista con todo lo que falta, señorita. Puede facilitárnosla cualquier día de la semana. Lamento no poder hacer más por el momento, pero estamos desbordados de trabajo. Con esta ya son cuatro las denuncias de robo.
Cuando la policía se marchó, Nicholas volvió a colocar la puerta lo mejor que pudo, y la sujetó con la percha del vestíbulo para impedir que se abriera. Josie se quedó contemplándolo, envuelta con su chal negro y con los labios apretados.
— ¿Todavía protegiéndome, Nicholas? —le espetó finalmente.
—No —la miró con una mezcla de regocijo y resignación—. He decidido que puedo luchar contra muchas cosas, pero no contra el destino.
—No tienes por qué quedarte. Soy capaz de cuidar de mí misma.
—Acabo de atrancar la puerta.
—Puedes salir por la puerta trasera. Hay un camino junto a la casa.
—Supongo que podría hacerlo. Pero no voy a irme.
Su conciencia no se lo permitiría. Ella no se había dado cuenta aún, pero en cuanto se quedara sola iba a sufrir un ataque de pánico. Un robo en casa era una experiencia traumática, como él sabía muy bien, ya que una vez le ocurrió en su casa de Glebe. Durante mucho tiempo después estuvo escuchando ruidos por la noche, por lo que guardaba siempre un bate de béisbol bajo la cama.
Y podía imaginarse a Josie aquella noche, temblando de miedo en la soledad de su dormitorio, asustada e insegura.
Solo había una solución. Él dormiría en su cama. De ese modo ninguno de los dos se preocuparía por un robo. Estarían demasiado ocupados haciendo lo que ambos querían hacer desde que se conocieron.
—No quiero que te quedes —dijo ella.
—Lo querrás —replicó él. «Maldita mujer cabezota…».
— ¿Cómo que lo querré? ¿Cuándo?
—Muy pronto —dijo él, y con tres largas zancadas cubrió la distancia que los separaba y la estrechó entre sus brazos.
Ella luchó en un vano intento por desasirse; se retorció y lo golpeó en los hombros, pero no pudo impedir que él se inclinara y tomara posesión de sus labios.
El chal cayó al suelo. Nicholas ignoró los inútiles esfuerzos de Josie y la besó más intensamente. Sabía que deseaba hacer el amor con él. Solo tenía que vencer su ridículo orgullo.
— ¿Cuál es tu problema? —le preguntó separándose ligeramente.
—No quiero tu compasión —respondió ella.
— ¿Compasión? ¿Crees que esto es compasión? —rugió él; le tomó la mano derecha y se la puso sobre su erección.
—Oh… —exclamó ella ruborizándose—. Yo…
—Me gusta una mujer que sabe lo que quiere —dijo él secamente.
—Yo sé lo que quiero —declaró ella—. Fuiste tú quien no quiso.
—Por si no lo has notado, ahora sí quiero. He decidido rendirme y ser tu esclavo sexual por esta noche.
— ¿Mi esclavo sexual?
— ¿No fue eso lo que dijiste que querías? ¿Para lo que habías pagado? ¿No querías que te obedeciera en todo?
—Yo… yo… Sí, supongo que sí.
—Entonces empieza a darme órdenes, señora. Soy todo tuyo.
—Todo mío… —repitió ella maravillada. Los ojos le brillaban de excitación.
Cuando lo miró posesivamente de arriba abajo, Nicholas supo por qué esa escena lo excitaba tanto. Le recordaba una antigua aventura con una mujer maliciosa y juguetona… Y tenía el presentimiento de que Josie sería igual de mala.
—Solo por esta noche, ¿recuerdas? —la avisó—. Ese es el trato. Lo tomas o lo dejas.
—Lo tomo —dijo ella.
—Me lo figuraba.
—Bésame otra vez —le ordenó ella con voz ronca—. Y no pares hasta que te lo diga.
« ¿Parar?» se preguntó él mientras volvía a invadir sus labios. Pero entonces ella soltó un gemido y decidió que no importaba. Nada iba a detenerlo. Ella creía que iba a tener el control, pero solo porque a él le gustaba que así lo creyera. Los días de esclavitud de Nicholas habían pasado, aunque la idea de ser el juguete sexual de Josie era bastante excitante.
Tenía la conciencia tranquila porque sabía que nada de lo que hicieran implicaría una relación sentimental. Solo iban a acostarse juntos. A la mañana siguiente, ella podría querer más, pero no porque se hubiera enamorado de él. Lo único que buscaría en él serían más orgasmos, no amor. Después de todo, podría encontrar eso con muchos otros hombres, no solo con él.
Pero ¿por qué esa idea lo angustiaba tanto?
El ego masculino era realmente perverso, decidió. No quería que Josie se interesara por él, pero, al mismo tiempo, tampoco quería lo contrario.
Ella se separó y lo miró con los ojos muy abiertos y el rostro encendido.
— ¿Te das cuenta de que normalmente no hago este tipo de cosas?
— ¿Qué tipo de cosas?
—Acostarme con un hombre en la primera cita.
—Yo no soy una cita de verdad. Soy un acompañante de pago, lo que te has encargado de repetirme varias veces.
—Sí —aquel comentario pareció molestarla por alguna razón—. Pero eso no significa que no me gustes de verdad.
—Igual que tú a mí. No podrías pagar por una erección mejor. Ahora dime lo que quieres hacer.
—Lo que quiero hacer…
Nicholas se dio cuenta de que si tenía que esperar a que Josie se decidiera, estarían de pie en el vestíbulo toda la noche, mirándose el uno al otro.
—Empecemos de nuevo, pero esta vez por el principio —sugirió él, y se inclinó para besarla una vez más.
Pero en esa ocasión la besó más lentamente, tomándose su tiempo en sensibilizarle los labios, dándole suaves mordiscos, lamiéndolos con deleite, antes de introducirle la lengua en la boca. Pero no lo hizo con ímpetu o agresividad, sino que la deslizó suavemente en su interior y empezó a moverla por su paladar, por la cara interna de las mejillas, por debajo de su propia lengua… Y si la forma en que ella gemía y se aferraba a sus hombros era denotativa, entonces estaba disfrutando mucho con aquel beso.
A Nicholas le encantaban los sonidos de placer que ella emitía. Sin dejar de besarla, sus manos encontraron la sujeción del vestido en la nuca y la soltó. A continuación deslizó el vestido por debajo de sus pechos y de su vientre, hasta que cayó a sus pies. Solo entonces ella pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo. Dejó escapar un gemido ahogado y separó la boca de la suya.
—Me dijiste que no dejara de besarte —le recordó él. Volvió a atraerla hacia su boca y la besó de nuevo, esa vez con más pasión y avidez. La fugaz visión de sus pechos con sus pezones erguidos había hecho mella en su autocontrol, conminándolo a que saciara su voracidad.
Ella también ardía de deseo, y sus caderas se restregaban contra él en un ruego silencioso pero inquieto.
Nicholas decidió que ya era suficiente. Los dos se deseaban. No necesitaban interminables juegos preliminares. En cualquier caso, no la primera vez.
Detuvo bruscamente el beso y la levantó en sus brazos.
— ¿Cuál es tu dormitorio? —le preguntó, asombrado de que su propia voz no fuera muy firme.
—No —dijo ella mirándolo con ojos brillantes.
—No empieces otra vez con las tonterías.
—No, quiero decir que no quiero ir a mi dormitorio. Solo tiene una pequeña cama. Vamos mejor al dormitorio de invitados.
—Buena idea —dijo él—. Es por esas escaleras, ¿verdad? —antes la había seguido por toda la casa, encendiendo todas las luces y comprobando lo que habían robado. Gracias a su buena memoria y a su excelente sentido de la orientación, Nicholas recordaba muy bien dónde estaba todo. La habitación de invitados, que era más una suite que un dormitorio, estaba justo encima del garaje—. Nuestro palacio privado para celebrar orgías —dijo mientras cruzaban la acogedora sala de estar—. Menuda cama —comentó. Retiró la manta y acostó a Josie sobre las sábanas frescas y limpias.
Acto seguido, se sentó y le quitó los zapatos, arrojándolos a un rincón. La única prenda que todavía llevaba era el diminuto tanga negro de satén.
¿Era miedo lo que veía en sus ojos?, se preguntó Nicholas. No podía ser… ¿Por qué iba a tener miedo?
Tal vez estuviera insegura por mostrarse desnuda, igual que muchas mujeres. Por eso él prefería hacerlo con poca luz, o incluso totalmente a oscuras. No quería que nada estropeara las cosas, de modo que alargó un brazo y apagó la lámpara de la mesita de noche. Luego, se levantó y fue a apagar la luz del techo. Cuando volvió a la cama, la besó otra vez con intensidad, mientras con sus manos le iba quitando lentamente el tanga.
El corazón le dio un vuelco al ver el triángulo de rizos oscuros, y su erección creció todavía más. Qué extraño, pensó, que la retirada de aquel pedazo de satén pudiera ser tan excitante.
— Nicholas —susurró ella con un hilo de voz.
—Shhh… —la hizo callar mientras se quitaba la chaqueta y se desataba la corbata—. No tienes nada que temer. Quédate tumbada y disfruta.
Ella obedeció, contemplando ávida de deseo cómo él seguía desnudándose.
Nicholas pensó que su cuerpo era lo único en que podía superar físicamente a su hermano.
No tenía que machacarse en el gimnasio para mantener su musculatura perfectamente esculpida y moldeada. Ciertamente, su trabajo y estilo de vida lo mantenían en forma, y era estupendo no tener que preocuparse por estar desnudo frente a una mujer.
Se metió la mano en el bolsillo, y entonces recordó que no tenía lo que necesitaba.
— ¡Maldita sea! —masculló mientras dejaba las llaves y la cartera en la mesita.
— ¿Qué pasa? —preguntó ella sentándose en el borde de la cama.
—No tengo ningún preservativo. No imaginé que podría necesitarlos esta noche. ¿Tienes alguno?
—En mi mesita de noche —confesó ella—. Hay… eh… una caja sin abrir.
—Genial, Voy a por ellos volando. Tu dormitorio es el que tiene una cama pequeña, ¿verdad?
—Exacto.
—Enseguida vuelvo.
Al regresar a los pocos minutos, con una caja de preservativos lubricados, encontró el dormitorio vacío y la puerta del baño cerrada.
Suspirando, Nicholas abrió el paquete, dejó unos cuantos preservativos sobre la mesita de noche y guardó el resto en el cajón. Estaba a punto de quitarse los pantalones cuando oyó el ruido de un grifo.
— ¿Qué estás haciendo? —preguntó, acercándose a la puerta del baño.
—Yo… pensé que debería tomar una ducha.
— ¡No! No lo hagas — ¿por qué las mujeres tenían que hacer siempre eso? Una chica como Josie tendría que haberse duchado antes de ir a la fiesta, igual que él. Nicholas adoraba el olor de una mujer excitada, y era un olor que nada tenía que ver con el jabón—. Abre ahora mismo, Josie.
Ella abrió la puerta, mirándolo sorprendida con sus hermosos ojos. Tenía una toalla color crema enrollada al cuerpo.
— ¿Por qué no puedo ducharme? —le preguntó con voz quejumbrosa.
—Porque no quiero que te laves ni te seques —le quitó la toalla de un tirón y la dejó desnuda frente a él. Parecía aún más hermosa de lo que estaba en la cama, si acaso era eso posible.
La erección de Nicholas creció hasta límites insostenibles. No podía esperar más a hundirse en las profundidades de aquel exquisito cuerpo femenino, a entrelazar las manos en aquella reluciente cortina de pelo negro, a echarle la cabeza hacia atrás y ver cómo abría la boca en un amplio jadeo. No podía recordar haberse sentido nunca tan impaciente o excitado. Por lo general se tomaba su tiempo con una mujer, deleitándose con largas horas de preludios amorosos antes de ir al grano. Pero en aquellos momentos le costaba toda su fuerza de voluntad no arrinconarla contra la pared del baño y hacérselo allí mismo.
—Quiero que estés mojada —gruñó. Arrojó la toalla al suelo y estrechó su cuerpo desnudo entre sus brazos—. ¡Y quiero que seas mía ahora!
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Septiembre 24th 2012, 19:46





CAPITULO 11

(3/3)















¡Quería que fuera suya!
Josie jamás había experimentado tanta pasión. Ni tanta impaciencia.
Era demasiado excitante…
Nicholas la tumbó de espaldas sobre la cama, antes de quedarse a sus pies, contemplándola con sus ojos azules mientras se quitaba los pantalones.
Si la visión de su musculoso pecho la había excitado antes, la vista del resto de su cuerpo la dejó sin respiración. Se quedó boquiabierta de asombro al verlo desnudo frente a ella.
—Si sigues mirándome así —la avisó él mientras alargaba el brazo para agarrar un preservativo—, no creo que pueda durar mucho la primera vez —desgarró el envoltorio con los dientes—. Pero tranquila —añadió mientras se colocaba la protección con sorprendente rapidez—, la segunda vez lo haré mejor; la tercera mucho mejor, y la cuarta será insuperable.
Josie se quedó mirándolo. No podía estar hablando en serio. Ningún hombre podía hacerlo tan tas veces seguidas…
Salvo el hombre de sus sueños. Pero eso era una fantasía y aquello… Bajó la mirada hacia la erección más impresionante que hubiera visto jamás. Era completamente real.
—Te repito que no me sigas mirando así —murmuró él, agarrándola de los tobillos y tirando de ella hacia el borde la cama. Antes de que pudiera protestar, le puso una almohada bajo las caderas, le separó las piernas y se situó entre sus muslos. Al momento siguiente estaba dentro de ella.
« ¡Oh, Dios!», pensó Josie medio aturdida y mareada por la increíble sensación que la llenaba.
Él murmuró algo ininteligible, y entonces le agarró las piernas y la hizo apoyar los tobillos en sus hombros, tal y como ella había leído en el artículo de la revista. A pesar de que tenía el trasero separado de la cama, y de que solo estaba apoyada con la parte superior de su espalda, era una postura bastante cómoda, sobre todo cuando él le apretó las nalgas con las manos.
— ¿Te gusta?
—Sí, pero también me gustaba como estaba antes —respondió ella casi sin aliento. Si el corazón se le aceleraba más, iba a acabar explotando.
—Pero yo pensé que… —parecía confundido—. Oh, no importa. Así es mejor para ti. Alcanzará a tu punto G.
¡Su punto G! Él sabía dónde estaba su punto G, aunque ella lo ignorase.
Sus manos le masajeaban los glúteos al tiempo que empezaba moverse dentro de ella, avanzando y retrocediendo con cada embestida. Josie no estuvo segura de que le hubiera encontrado el punto G, pero la verdad fue que empezó a experimentar sensaciones desconocidas hasta entonces. La presión crecía y crecía con cada sacudida, haciendo que todo su cuerpo se tensara en espera de la siguiente.
¿Qué clase de extraordinario placer estaba experimentando? No podía describirlo, pero sabía que si él se paraba no podría evitar un grito de consternación. No, no de consternación. ¡De desesperación! Había que seguir. ¡Él tenía que seguir!
El rostro de Nicholas era una dura mueca de tensión. Josie no pudo menos que admirar su control. Casi todos los hombres con los que había estado hubieran llegado ya al orgasmo. Ella aún no lo había alcanzado, pero sabía que estaba cerca… muy cerca…
Contrajo todos sus músculos y se lanzó a una fulminante ascensión hacia la liberación absoluta. Nicholas murmuró algo y cambió de postura. Le hizo bajar las piernas y se rodeó con ellas la cintura, mientras con las manos la agarraba por las caderas y profundizaba en la penetración.
— ¡No te pares! —Exclamó ella entre jadeos—. No te pares, por favor…
—Dios… —gruñó él—. No puedo aguantar más. No puedo… Lo siento, cariño. No…
El grito de liberación de Josie lo interrumpió, y sus violentos espasmos lo catapultaron hacia la cima del éxtasis junto a ella.
El rugido de Nicholas ahogó sus gritos.
Ni en el más salvaje de sus sueños había tenido Josie una experiencia semejante. En un fugaz segundo toda la presión contenida estalló en olas de incontenible placer que la engulleron por completo. Todo lo que había leído sobre las maravillas del sexo tuvo finalmente sentido para ella. No era un sueño, no era una fantasía. Era la pura realidad. La viva y maravillosa realidad.
Sus músculos siguieron temblando de delicia, igual que los de Nicholas. Josie deseó que aquel momento nunca acabara, pero finalmente los espasmos cesaron con un perverso sentimiento de decepción, abrió los puños y aflojó la sujeción de las piernas.
Pero entonces él la agarró de las manos y la hizo erguirse, sorprendiéndola.
—Sujétate —le dijo, y se levantó de la cama con ella aún aferrada a él.
— ¿Adónde… adónde vamos? —preguntó ella cuando él se puso a caminar. Sus largas zancadas le producían chispas por todo el cuerpo. Si seguía rozándose así, no tardaría en llegar de nuevo al orgasmo.
—He pensado que deberíamos tomar esa ducha de la que hablabas antes.
— ¿Juntos?
—Claro. ¿Por qué no?
Josie tragó saliva, incapaz de encontrar las palabras adecuadas para expresar su asombro. En todo el tiempo que estuvo casada con Peter, jamás se habían duchado juntos.
Pero estaba claro que para Nicholas era algo no solo aceptable, sino muy normal.
—Oye, ya sé que antes te dije que no quería que te ducharas —siguió él mientras entraban en el cuarto de baño. Con una mano la mantuvo sujeta por el trasero, y con la otra abrió el grifo de la ducha—. Pero yo sí tengo que hacerlo. Sé que a las mujeres les gusta que su hombre esté limpio y fresco para practicar el sexo oral con él, así que puedes ducharte conmigo y lavarme tú, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —aceptó ella simplemente, lo que no se correspondía con la excitación que volvía a hervirle la sangre. La sola idea de lavarle todo el cuerpo y luego saborear su miembro erecto superaba a cualquiera de sus fantasías.
Tal vez fuera una pervertida como había dicho Peter. Pero ella no lo creía así. No, de ninguna manera. Peter era el más raro de los dos. Nunca le había permitido practicar el sexo oral. Decía que era propio de mujeres sucias, no de personas decentes.
Y en cuanto a los otros amantes que había tenido… Bueno, había sido ella la que se había negado a hacerlo, por culpa del sentimiento de asco que Peter le había inculcado.
Pero esa noche, ¿adónde había ido a parar ese asco?
Se dio cuenta de que se había esfumado. Ciertamente, estaba nerviosa ante la idea de hacer lo que Nicholas sugería, pero no sentía asco ni rechazo. De hecho, la excitaba bastante. ¿Qué más querría hacerle? ¿Y ella a él?
«Todo», deseó esperanzada. Estaba lista para hacerlo todo. Lista y ansiosa para tener a un amante como Nicholas Jonas.
Al despertarse, Josie se dio cuenta, poco a poco, de que no estaba en su cama. Ni en su dormitorio.
Cuando finalmente lo recordó todo, tiró de la sabana que la cubría hasta el cuello. Siempre dormía con un camisón, por lo que la vista de su cuerpo desnudo le confirmó lo que ya sospechaba: que sus recuerdos de la noche anterior eran reales. ¡Muy reales! Y el hecho de que estuviera en el dormitorio de invitados indicaba también que los juegos eróticos con su acompañante no habían sido ninguna fantasía. De hecho, podía oír su profunda respiración. Cerca de ella. Muy cerca…
Se giró de costado para comprobar la evidencia. Y allí estaba. Imponente a la luz de la mañana y tan desnudo como ella, con tan solo las piernas cubiertas por la sábana. Gracias a Dios estaba boca abajo, pero… ¡qué pelo negro tan hermoso tenía! Y qué brazos. Y su trasero… Era una visión gloriosa, aunque los arañazos en los glúteos la hicieron ruborizarse.
Ella había hecho eso.
Josie esbozó una sonrisa maliciosa. Había sido tan buena en la cama como pensaba que sería. Y en cuanto a Nicholas, ¡por lo menos había que calificarlo como «la octava maravilla del mundo»!
Lo que aquel hombre no supiera acerca del cuerpo de una mujer no merecía la pena saberse. Sabía exactamente qué hacer para excitarla de nuevo, incluso cuando ella creyó que ya no podría alcanzar más orgasmos. Durante las tórridas horas de sexo, habían probado casi todas las posturas que se enumeraban en la revista, así como todas las cosas que a una mujer le gustaba que un hombre le hiciera en la cama.
Se estremeció al recordar cómo se había rendido ante él. Era el hombre con el que siempre había soñado. El amante de sus fantasías.
Y allí seguía, junto a ella. No había desaparecido en mitad de la noche, ni se había levantado por la mañana ansioso por despedirse.
Una posibilidad le hizo fruncir el ceño. ¿Se había quedado porque así se lo prometió a la policía? ¿O porque quería más de lo mismo?
No podía levantarse y marcharse sin más, después de lo que habían compartido. Seguramente quisiera más, igual que ella. Ciertamente, le había advertido que tan solo compartirían una noche de sexo, pero ¿lo había dicho en serio? ¿O era solo una estratagema para así tener una excusa por la mañana, en el caso de que ella no estuviera a la altura de sus expectativas sexuales?
Josie no podía estar segura. Pensaba que lo había hecho bien, pero tal vez hubiera dejado mucho que desear. Quizá Nicholas estuviera acostumbrado a mujeres más sofisticadas y agresivas, y, realmente, ella había recibido mucho más de lo que había dado. Se había puesto encima una vez, pero solo porque él la animó a hacerlo.
Se mordió el labio intentando recordar si había llegado a tomar la iniciativa. Le había practicado el sexo oral. Dos veces. Pero, de nuevo, había sido por deseo de Nicholas. Y, además, la había detenido antes de culminar la tarea.
Tenía que confesar que eso la había alegrado en el momento, ya que no estaba preparada para hacerlo todo en una sola noche. Pero también tenía que reconocer que todo su cuerpo ansiaba llegar hasta el final. Y le encantaría repetirlo con él.
Si Nicholas hubiera estado tumbado de espaldas, podría haberlo intentado en ese momento, mientras él dormía. Se imaginó que a un hombre no le importaría que lo despertaran al sentir el tacto de unos dedos en sus partes íntimas. Por no mencionar la cálida humedad de una boca… A ella le hubiera encantado de ser un hombre.
Como si le hubiera leído el pensamiento, Nicholas emitió un suave gruñido y se dio la vuelta, pero siguió con los ojos cerrados.
Josie miró su miembro que, aunque flácido, seguía teniendo un tamaño formidable… Y la boca se le hizo agua al pensar en pasarle la lengua por la punta aterciopelada.
Pero, por mucho que lo deseara, aún no se sentía lo suficientemente atrevida para hacer algo así. La verdad era que ni siquiera sabía lo que iba a hacer o decir cuando Nicholas despertara. Era una situación que no le resultaba en absoluto familiar. Necesitaba consejo. Y rápido.
Un vistazo al reloj de la mesita le indicó que era bastante tarde. Las nueve y veinte de la mañana. Kay llevaría horas levantada. Su hija, la pequeña Katie, se despertaba muy temprano.
Kay sabría lo que hacer. Era una inagotable fuente de información en lo que se refería a los hombres y al sexo. Y no se asustaría como Lisa y Deb, cuyos consejos, por otro lado, serían un auténtico desastre, al igual que sus relaciones.
Sí, llamaría a Kay, le confesaría todo y luego le preguntaría cómo podía convencer a Nicholas de que no quería una relación estable, sino simplemente sexo. Entendía que un hombre tan joven e inquieto como él no estuviera interesado en una novia formal. Además, ¿no había dicho que pronto se marcharía al extranjero?
Por mucho que Josie deseara que se quedase en Sídney, tenía que ser realista. No había ningún futuro con Nicholas Jonas. Pero lo que sí había era mucha experiencia que ganar, aunque fuera a corto plazo. Lo que deseaba proponerle era una aventura estrictamente sexual hasta que él se marchara. ¿Eso era pedir demasiado?
«No», decidió. La mayoría de hombres aceptarían sin pensarlo.
Por supuesto, una proposición semejante tenía que hacerse con cuidado, para que el hombre en cuestión no pensara que era una encerrona. Por eso Josie necesitaba el consejo de Kay.
Se levantó muy despacio y salió de puntillas de la habitación, recogiendo su ropa de paso. Al llegar a su dormitorio, tiró las cosas sobre la cama y se envolvió con un echarpe azul claro, antes de dirigirse a la cocina y hacia el teléfono.
Kay no contestó hasta el sexto tono. La espera le provocó a Josie un intenso hormigueo en el estómago. Aunque a Kay pudiera hablarle con franqueza, iba a ser muy difícil confesar su comportamiento.
—Kay, soy Josie. ¿Te pillo en mal momento?
—No, no, en absoluto. Colin se ha llevado a Katie al parque, y yo estaba haciendo la colada. Me alegra que hayas llamado —dijo antes de que Josie pudiera abrir la boca—. Llevo queriendo hablar contigo desde que me levanté, pero supuse que no te gustaría recibir una llamada a las seis. Me muero por saber lo que pasó anoche. Por favor, no me digas que me llamas para confesar que te acostaste con Beau Grainger y que aún sigue ahí.
— ¿Qué? —Josie se quedó perpleja ante la deducción de Kay Después de todo, no era una situación muy probable, dada la estricta política anti-sexo de la agencia y su propia regla de «Nada de sexo hasta la tercera cita»—. ¿Qué te hace pensar eso?
—Oh, gracias a Dios… No lo has hecho. Estaba muy preocupada por ti, ¿sabes? Esos gigolós saben cómo llevarse a una chica a la cama. Pero seguramente ese Beau solo lo haga con las clientas mayores que él.
¿Gigoló? ¿Por qué Kay lo llamaba así? Había sido ella la que se lo recomendó, repitiendo lo que su prima le había dicho. Que los hombres de la agencia eran todos unos acompañantes muy caballerosos y galantes.
—No sé si te entiendo, Kay.
—Oh, lo siento. Estaba pensando en voz alta. El caso es que anoche tuvimos una reunión familiar y mira por dónde se presentó Cora. Bueno, nos pusimos a cotillear y le conté que habías contratado a Beau Grainger. Pensé que no te importaría, ya que nunca se ven. De cualquier modo, se quedó tan espantada al oírlo que tuve que preguntarle lo que pasaba. Y entonces me contó la verdad.
— ¿La… la verdad? —repitió Josie, sintiendo cómo se le formaba un nudo en el estómago.
—Sí. Por lo visto, nuestro caballero acompañante sedujo a Cora cuando la llevó a casa… ¡Y se quedó toda la noche! Ella reconoce que fue una experiencia increíble y que la hizo gozar como nadie. El problema vino a la mañana siguiente, cuando él sacó el tema del dinero. Cora, completamente avergonzada, fingió saber que tenía que pagarle una cantidad extra por el sexo, y así le entregó trescientos dólares. Me ha reconocido que mereció la pena y que está tentada en contratarlo de nuevo. Pero no está segura si alguien como tú podría arreglárselas en una situación similar. Por suerte, no te ha seducido, así que no pasa nada, ¿verdad? Tal vez no se atreva a hacerlo muy a menudo. O, como dije antes, puede que solo lo haga con aquellas mujeres que no llamarían a la agencia para quejarse. Pero aparte de todo eso, ¿hizo un buen trabajo haciéndose pasar por tu novio o no? ¿Y cómo estuvo la fiesta? Cuéntamelo todo.
A Josie la cabeza le daba vueltas. Muchas de las cosas que Nicholas le había dicho la noche anterior cobraban sentido de repente. Obviamente, pensaba que ella conocía su reputación al contratarlo. Y que a pesar de ello lo había contratado.
Ahora sabía cómo se ganaba Nicholas la vida. Vendiéndose a las mujeres.
Pero Josie estaba decidida a que nada la afectase. Tenía que mantener su nueva, atrevida y sexualmente desinhibida personalidad.
De modo que Nicholas era un gigoló. Estupendo. Aquello solucionaba el problema. Si podía alquilar su cuerpo, ella simplemente se lo alquilaría. Una y otra vez. Hasta que hubiera experimentado todo lo que decía la revista.
La idea la excitó más de lo que podría haberse imaginado. Aquello sí que era una liberación, pensó con euforia.
Pero no podía contarle sus planes a Kay. Por muy comprensiva que fuera su amiga, Josie estaba segura de que se opondría a la idea de pagarle a un hombre por satisfacer las fantasías sexuales. Por tanto, decidió contarle lo que quería oír; que Nicholas, alias Beau Grainger, el Infame, había sido el novio perfecto; que Amber había tenido el peor ataque de celos de su vida; y que la noche había sido muy placentera y satisfactoria.
Sonrió al pensar en eso último. Verdaderamente la noche había sido placentera…
Pensó que era mejor no mencionar el robo, ni tampoco el nombre de Nicholas Jonas.
—Así que quieres que te lo cuente todo —dijo alegremente mientras llenaba la tetera de agua—. Son muchos los detalles —demasiados, si tuviera que contar la historia completa. La versión descafeinada sería mucho más corta—. Vamos a ver…




Listo chicas,
espero les guste la mini-maratón
tratare de subirles,
pero lo mas probable es que no les suba antes de la próxima semana

tal vez en la semana de compensación que nos dan la termine


chau
xoxo
Very Happy
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Marzo 7th 2013, 02:08

Hola... Soy nueva lctora!
Me FASCINA tu nove.. Esta genial
Por favor sigueeeelaaaaa!!!
Veo q no la has subido capítulo desde hace mucho Sad
NECESITO capítulo pronto pronto!!
Besos...

Po cierto me llamo Jhelen Wink
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Marzo 10th 2013, 03:06

Siguelaaaaaaaa esta muy buena como para que la dejes ahí Smile
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Marzo 10th 2013, 04:29

Siguelaaaaaaaa esta muy buena como para que la dejes ahí Smile
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Marzo 14th 2013, 00:35

Hola.... Nueva lectora reportándose Smile
Me encanta tu nove! Esta muy linda <3
Síguela pronto pleaseeeeee!!! tiste
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MensajeTema: Re: El Compañero Perfecto - (Muy HOT)    Hoy a las 19:58

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El Compañero Perfecto - (Muy HOT)
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