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 El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada

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JustKeepDreaming~
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 7th 2012, 22:41

Hahaha...pobre Nick
Ame el capitulo
Tienes que seguirla...!!!
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JustKeepDreaming~
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 8th 2012, 23:00

SIGUELE..!!!!!!!!!!!
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 9th 2012, 19:19

Siguela porfis,antes de que nos agarre un ataque(? jaja.Nos encanta tu novela♥
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MensajeTema: El Mejor Amante Nick y Tu HOT    Abril 10th 2012, 12:45

Capítulo 11

-¿Y entonces qué? -Therese estaba a punto de caerse de la silla mientras escuchaba la histo­ria de ______.

Se encontraban en la biblioteca, trabajando supues­tamente en el organigrama de las lecciones, pero en realidad lo que hacían era cotillear detrás de los libros.

______ sintió que la cara se le enrojecía mientras miraba alrededor para cerciorarse de que nadie las oía.

-Y entonces se desmayó.

La carcajada de Therese provocó un silencio ins­tantáneo en todos los estudiantes próximos a ellas, que se volvieron para mirarla.

Necesitó varios minu­tos para serenarse y poder hablar.

-¿No te dije que era una mala idea involucrarte con ese hombre?

-Sí, lo hiciste. Pero deberías haber visto lo aver­gonzado que se mostró después -a pesar de sí misma, sonrió al recordar la insistencia con que afirmó que no se había desmayado.-

-Mmmm. Espero que le pusieras los puntos so­bre las íes antes de echarlo.

-Lo invité a cenar.

-¿Qué? -soltó un susurro explosivo.

______ se encogió de hombros, deseando poder explicar los sentimientos encontrados que le inspi­raba Nick... lujuria, deseos de cuidarlo, exaspera­ción por sus despistes, sensación de halago por la evidente atracción que despertaba en él y frustra­ción por su incapacidad para ir más allá de la pri­mera base. Pero no perdía las esperanzas de que con el tiempo...

-Dime que has cancelado esas estúpidas sesio­nes de los viernes por la noche -casi gimió Therese.

-Soy una buena profesora y él es un estudiante con un fallo en una importante habilidad vital. No, no voy a dejar los viernes, voy a ayudarlo a ser un gran amante.

-Estás loca.

Quizá, pero sabía que poseía la paciencia y los co­nocimientos para ayudar a Nick. Y una parte egoísta de ella sabía que le iba a enseñar exactamente cómo complacerla. ¿Qué no era maravilloso de eso?

-Va a hablarle a mis alumnos sobre su trabajo de periodista. Podrías conocerlo.

-Oh, ya tengo algo que esperar de la vida. Un hombre que se desmaya al ver el cuerpo de una mu­jer -movió la cabeza.

-Creo que es tímido. Me pregunto si podrá con una clase llena de adolescentes rebeldes.

-Y ahora lo piensas -sonó la primera campana para la siguiente clase. Therese recogió sus libros y se incorporó-. Dile que coma antes de venir. Y ad­vierte a las chicas de tu clase que se tapen. Como vea un poco de escote o de estómago es probable que se desplome en el aula.

No creía que se desmayara, pero quizá fuera me­jor que le preparara un cuestionario escrito.

Mientras cenaban, le había parecido el candidato perfecto, tan entusiasmado con su libro que no ha­bía podido resistir la tentación de invitarlo a hablar en su clase. Ya no estaba tan segura de su evaluación.

No estaba segura de muchas cosas, como de dónde había aprendido a besar de esa manera; y, si era algo innato en él, ¿por qué no era instintiva­mente un buen amante? Quizá lo fuera y simple­mente le faltara confianza en sí mismo. Fuera lo que fuere, estaba dispuesta a hacer todo lo que se ha­llara a su alcance para proporcionarle la seguridad y la habilidad que necesitaba.

Al llegar a casa, aún intentaba encontrar una es­trategia más sutil que sorprender a Nick con su cuerpo desnudo. Comprobó el correo. No había nada para él. Sin embargo, sí había algo de él.

Enarcó las cejas y se preguntó si sería una nota de disculpa. Experimentó un nudo en el estómago. Es­peraba que no hubiera escrito algo embarazoso. Pero resultó que no mencionaba ni una palabra de la no­che anterior. Lo que tenía en la mano era un esbozo de la charla que pensaba darle a su clase. La página impresa mostraba subtítulos en forma de preguntas.

¿De dónde surgen las historias? ¿Cómo pasa una historia de idea a estar impresa? ¿Quién?¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué? Escribamos una noticia.

Había una nota escrita a mano al final de la pá­gina impresa.

No prometo nada, pero si alguno de los estu­diantes está interesado, quizá podríamos conse­guir realizar un recorrido por las oficinas del pe­riódico. Tal vez uno o dos quieran escribir un artículo y yo trabajaría con ellos para ver si con­sigo que se los publiquen. ¿Qué te parece?

Tuvo ganas de darle un beso. En ese mismo mo­mento.

Seguro que les encantaría visitar el periódico. Y la oportunidad de aparecer en un diario de verdad motivaría a un par de sus estudiantes más serios.



Después de dormir como un tronco la noche del lunes, Nick se despertó a media mañana conven­cido de que la había fastidiado. Lejos de parecer un Inexperto Absoluto, se había convertido en uno ante la mujer que más había deseado en la vida.

Cuando oyó la llamada a la puerta, supo que el es­fuerzo que se había tomado para conseguir el reco­rrido por el periódico y la posibilidad de que publi­caran uno o dos artículos había valido la pena. Quizá eso no había atraído a ______ irresistiblemente hacia él, pero al menos la había frenado a cancelar la charla, tal como él había temido. Habría preferido que hubiera sido su magnificencia masculina la que la hubiera impulsado a llamar a su puerta, pero no ha­bía nada magnífico en su reciente comportamiento. Tal vez podría escribir una secuela de su libro: De Hombre Normal a Inexperto Total en dos semanas.

Abrió. Tal como había sospechado, ahí estaba ______. Ni siquiera había pasado por su apartamento después del trabajo. Aún llevaba la cartera del cole­gio, junto con su correo y las ideas que le había es­crito para su clase.

-Hola -dijo.

-Hola -abrió la puerta del todo y la vio titubear antes de decidirse a entrar-. No pasa nada -le ase­guró con cierto humor-.Ya he desayunado y almor­zado.

-Oh -rio, agitando la hoja impresa-. No seas tonto. Solo vine a darte las gracias por esto.

-¿Crees que es el enfoque adecuado?

-Es perfecto -lo miró con expresión radiante-. Absolutamente perfecto. Todos los años intento que el periódico nos permita recorrer sus instalaciones. ¿Cómo lo has logrado?

Él se encogió de hombros.

-La editora me debía un favor.

-Supongo que ahora yo te debo otro.

-No -dio un paso hacia ella, anhelando tocarla pero sabiendo que no podía-. No. Yo... anoche es­tuviste magnífica. Me diste de cenar, me escuchaste divagar sobre mi novela -incapaz de detenerse, alargó la mano y le tocó un mechón de pelo-. Me lo pasé muy bien.

-Yo también -dio la impresión de contener una sonrisa.

Nick sintió el aire crepitar entre ellos y apostó que estaba reviviendo el beso, igual que hacía él.

Después de un segundo aturdido de mirarlo fija­mente, parpadeó un par de veces.

-Bueno, debería...

-¿Has hecho ejercicio físico hoy? -la interrum­pió, sin querer que el contacto fuera tan breve.

-Sí. Además, ya he llegado a setenta y ocho sen­tadillas por la mañana y a veinte flexiones de bra­zos.

-Muy bien. Hablando como tu entrenador per­sonal, diría que deberías venir a correr, y luego te re­compensaría con una pizza.

-Odio correr.

-Es tu boda -se encogió de hombros.

Ella se mordió el labio y la vio tratando de deci­dir si le daba otra oportunidad o no.

-Te veré en la puerta del edificio en quince mi­nutos.

Lo inundó una oleada de alivio, pero mantuvo la voz indiferente.

-¿Qué tipo de pizza te gusta?

-¿Eh?

-La pediré ahora y la recogeremos cuando pase­mos por delante de la pizzería.

-Cualquiera.

-Cargados, correremos deprisa.

Ella rio entre dientes y se marchó.

A los diez minutos Nick estuvo en la entrada, y ella no se rezagó mucho más. Le gustaba que fuera puntual. De hecho, había muchas cosas que le gus­taban de ______. Incluido lo bien que le sentaban los pantalones grises de correr; una camiseta blanca y zapatillas.

Estiraron un poco y emprendieron la ca­rrera. Dejó que ella marcara el ritmo y la guió por un trayecto más fácil de cinco kilómetros.

-El mundo se ve de un modo diferente cuando no estás todo el tiempo en un coche -comentó ella, en parte para sí misma.

-Es lo bueno de vivir por aquí. Casi toda la vida se hace en el exterior. Para alguien como yo, que tra­baja prácticamente todo el tiempo en casa, eso es importante.

Cuando emprendieron el tramo de regreso, él se sentía agradablemente suelto y Shari exhibía un res­plandor rosado en sus mejillas y una ligera capa de transpiración en los pómulos.

Entró en la pizzería y volvió a salir con la caja cuadrada, sin dejar de trotar en ningún momento. Ya había pagado con tarjeta de crédito al pedirla por teléfono.

-Me muero de hambre -comentó ella cuando entraron en el apartamento de Nick. La pizza lle­naba la atmósfera con un aroma delicioso.

-Yo también -reconoció él. Y no solo estaba hambriento de pizza.

Puso las noticias mientras ella se lavaba; luego, alzó el mando a distancia para apagar el televisor cuando regresó, pero Selena lo detuvo.

-No, está bien. No he tenido tiempo de leer el periódico esta mañana.

Se sentaron juntos en el sofá, con la caja de la pizza sobre la mesita de centro de madera de pino, y comie­ron mientras veían las noticias. Así como hubiera pre­ferido una velada más íntima, fue muy agradable com­partir la cena con ella. De una manera amigable.

Con asombro, se dio cuenta de que empezaban a hacerse amigos. Lo cual era raro. Aparte de sus her­manas, no tenía muchas amigas.

Cuando terminaron las noticias, pusieron un epi­sodio repetido de una serie y ambos movieron la ca­beza. Con el mando a distancia universal, apagó el televisor y encendió el equipo de música. No recor­daba qué tenía puesto, pero resultó ser uno de los primeros discos de Rod Stewart. Estupendo para una cita.

Ella tomó otra porción de pizza, aunque Nick sospechó que era más por hacer algo que porque realmente la quisiera comer.

Al llevársela a los labios, un trozo de champiñón cayó del triángulo de masa para quedar sobre la parte interior de su muslo.

-Oh -bajó una mano.

Él la detuvo mientras una espiral de lujuria se en­roscaba en su estómago.

-Yo lo quitaré -musitó.

Y lo hizo, pero no con las manos, sino con los la­bios y los dientes. La piel del muslo era suave, lisa y tan sensible que ______ emitió una risita al sentir el contacto de los dientes. Nick se comió el champi­ñón y luego pasó la lengua por el punto de salsa to­mate. La risita se convirtió en un suspiro cuando él se tomó su tiempo con la lengua sobre su piel. Ex­perimentó un sabor cálido, un poco salado por la carrera. Mientras tenía la boca ocupada, los dedos recorrieron el bajo de los pantalones cortos.

Al escribir Sexo para inexpertos absolutos, ha­bía desarrollado la primera parte de un artículo es­crito con anterioridad titulado «Cuatro citas para llegar al dormitorio». Desde luego, muchas mujeres no requerían cuatro citas, pero le gustaba ese tiempo para poder conocer a la otra parte. Lo consi­deraba el juego que antecedía al juego amoroso. De manera que si estaba dispuesto a extender la defini­ción de una cita, la cena en la casa de ______ habría fi­nalizado el capítulo cuatro. Lo que significaba que disponía de vía libre para adentrarse en el capítulo cinco. Un capítulo que le gustaba. No tanto como el seis, pero era bueno.

-¿Qué haces?

El tono jadeante lo excitó. Captó el mensaje de­trás de las palabras, y sonaba como: «sí, por favor». «¡Aquí vamos, capítulo cinco!».

-El champiñón ha viajado -respondió sin qui­tar la boca de su piel. Con la nariz subió el borde de los pantalones y lo siguió con la lengua, pero ella lo frenó con una mano en la frente.

-Necesito darme una ducha -prácticamente gritó.

Como si le importara. Pero había estado con sufi­cientes mujeres como para no cuestionar su deci­sión. Deslizó los labios por los pantalones y le subió la camiseta. Por suerte, no se mostró tan escrupu­losa acerca de que le besara el estómago.

Tenía un estómago magnífico. Una capa de suavi­dad sobre unos músculos tensos. Se demoró allí mientras los dedos seguían el sendero que le había sido vedado a su lengua.

Siguió el contorno de las braguitas y percibió la tensión que se iba acumulando en ella; eso incre­mentó la suya. Introdujo el dedo por debajo del elástico, acarició los rizos suaves y lo bajó y ahí la tuvo... caliente, inflamada y ya húmeda.

-Oh -gimió con suavidad cuando Nick co­menzó a acariciarla, frotando los pliegues exteriores mientras rozaba con delicadeza el capullo com­pacto en el centro de todo.

-¿Te gusta así? -susurró.

-Oh, mmmm. Sí.

Despacio le introdujo un dedo y sintió que todo se contraía mientras ______ jadeaba. Hasta los múscu­los del estómago se tensaron bajo sus labios. Una parte de él quiso besarle los pechos y la boca, pero habría precipitado la situación estando ya abajo, de modo que permaneció donde se hallaba, llegando solo hasta el nacimiento de las costillas. Pudo man­tener un ojo sobre el modo en que la pelvis empezó a oscilar contra su mano.

A medida que se acercaba más y más al abismo, respiraba y soltaba el aire con jadeos. Nick no pudo evitarlo, necesitaba mirarla a la cara, besarle la boca, de manera que se movió hasta quedar tendido a su lado, incómodamente, en el borde del sofá.

Tenía los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás, las mejillas maravillosamente acaloradas, la boca abierta. La besó, y capturó el sabor de la pizza y de una mujer encendida. Sin saberlo, ella lo tenía aga­rrado del pelo y, mientras le hacía el amor a su boca, los pequeños jadeos que emitía lo volvían loco. El cuerpo femenino se tensó, más y mas compacto cada vez, hasta que la empujó hacia el abismo y se tragó el grito de liberación que soltó por la boca.

La besó hasta que quedó claro que él era el encar­gado de los besos y ella de la rigidez. Tuvo ganas de po­ner los ojos en blanco. Se preguntó a qué se debía eso.

-No debería haber... dejado que sucediera. Se supone que estoy planificando una lección -lo miró con cierta timidez-.Además, no pareces estar muy cómodo.

Ella no tenía ni idea de lo incómodo que se en­contraba, pero él sí sabía cómo podría eliminar el súbito incremento de tensión. Le ofrecería una pe­queña pista.

-Tengo una cama grande y estupenda en la otra habitación.

______ frunció la nariz.

-Estamos sudados de haber corrido.

-Sudaremos aún más -le sonrió.

Ella rio entre dientes, y luego movió la cabeza y apoyó la palma de la mano en la mejilla de Nick.

-No ... He de pensarlo.

El día anterior había intentado seducirlo, y en ese momento mostraba dudas. Lo maravilló la diferen­cia que podía marcar en la vida de un hombre un simple desmayo. Si alguna vez actualizaba el libro, tendría que incluir un capítulo sobre la importancia que tenían las comidas regulares.


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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 10th 2012, 13:01

ME ENCANTO EL CAPITULO ASJDSFJFC,SDUFYXNMDSMHZBYNASMUHJ SIEMPRE ME QUEDO CON GANAS DE SEGUIR LEYENDO, POR FAVOR SIGUELA PRONTO
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MensajeTema: El Mejor Amante Nick y Tu HOT    Abril 10th 2012, 13:02

Capítulo 12

-Para la próxima clase recordad traer vuestras ideas para el artículo del periódico -______ in­tentó que la oyeran por encima del ruido de la campana que indicaba el fin del día.

La verdad es que se sentía tan contenta como sus alumnos de poder escapar. Iba a ir de compras. Era hora de empezar a buscar un vestido para la boda de B.J.; además, la atracción añadida sería buena. Cualquier cosa que le impidiera seguir pensando en la noche pasada.

¿Cómo había podido suceder?

El problema radicaba en que no había pensado.

Si durante un segundo hubiera reflexionado en las implicaciones de entregarse a juegos sexuales en el sofá de Nick, se habría marchado a casa mu­cho antes de que las manos de él hubieran encon­trado el camino hacia sus braguitas.

Hizo una mueca y se obligó a recitar la Oda al otoño, como si los pocos estudiantes que aún no habían abandonado la clase pudieran descubrir que sus volátiles hormonas de adolescentes se encen­dían con esos pensamientos ardientes.

Pensaba en Keats con sombría determinación cuando una llamada a la puerta hizo que se diera la vuelta. Se quedó boquiabierta.

-¿Therese? -su amiga daba la impresión de ha­ber descubierto un cadáver. Estaba blanca, con los ojos desencajados, y con manos temblorosas soste­nía una hoja impresa.

Con una mirada hacia los dos estudiantes que charlaban al fondo de la clase de ______, Therese pre­guntó con una voz agitada que no sonaba indife­rente como sus palabras:

-¿Puedo verte un momento?

-Desde luego -alzó la voz-. Muy bien, Myra, Brian, necesito cerrar. Nos vemos el viernes - cuando los chicos salieron por la puerta de atrás, se apresuró a cerrar detrás de ellos; luego, se llevó a Therese a la puerta delantera para cerrarla tam­bién-. ¿De qué se trata?

Therese le pasó la hoja arrugada. Estaba húmeda, por lo que ______ dio por hecho que las palmas de su amiga habían sudado. Le echó un vistazo y recono­ció el anuncio de la sustitución del profesor de Edu­cación Física. El reemplazo del señor Masters era un tal Brad Koslowski, procedente de un instituto del otro lado de la ciudad. Todos los profesores habían recibido una copia esa mañana. Miró más detenida­mente la hoja de Therese, en busca de alguna nota a mano. No había ninguna. Le dio la vuelta, pero del otro lado se hallaba en blanco.

-No sé qué tengo que buscar -reconoció al fi­nal.

-¡Es él! -palmeó el papel.

-¿Quién?

-El hombre que te conté que me hizo creer en los hombres feos.

______ se quedó boquiabierta al recordar.

-¿Te refieres al tipo bajo y calvo con la lengua de medalla olímpica?

Therese gimió y hundió la cara entre las manos. -Jamás pensé que volvería a verlo. ¿Cómo se atreve a venir a mi instituto después de haberme dejado por una chica de Minnesota?

-Oh, cariño, eso es terrible. Pero es él quien de­bería estar sufriendo, no tú. ¿Cierto?

-Cierto -alzó la cabeza y en sus ojos reapare­ció parte de su habitual chispa-. ¡Cierto! Dame eso -le arrebató el papel de las manos, lo estrujó y lo tiró a la papelera.

-¿Lo has visto? -preguntó ______. Su amiga negó con la cabeza.

-Pero sucederá. Apuesto que ni siquiera re­cuerda que enseño aquí. Egoísta, ególatra. Cochon. Imbecile! -en momentos de tensión, siempre re­gresaba a su francés natal.

-Hay ocasiones en las que una chica ha de recu­rrir al chocolate.

-Oui. C'est vrai.

-Mmm, si quieres que avancemos, vas a tener que hablar en inglés.

Therese se llevó una mano a la boca.

-Lo siento -con gesto determinado, añadió-: ¿Has probado un martini al chocolate? He descu­bierto un lugar nuevo, un sitio estupendo.

The Cho­colate Bar.

Supo que no iba a poder ir de compras, pero una amiga la necesitaba.

Ambas fueron a casa a cambiarse de ropa y luego se dirigieron al extravagante bar de martinis que Therese había descubierto hacía poco. Como odiaba los martinis y una de las dos necesita mantener la sobriedad, Selena se decantó por una copa de vino blanco y dedicaron casi una hora a poner a parir a los hombres en general y a Brad en particular. Nunca había visto a su amiga de esa manera, hasta que al fi­nal comprendió el motivo evidente para ello.

-Te enamoraste de él, ¿verdad?

Un torrente veloz y apasionado de vocablos fran­ceses salieron de labios de Therese mientras gesticu­laba con vehemencia. ______ le dejó todo el tiempo necesario, captando los sentimientos que había de­trás de las palabras incomprensibles. Cuando al fin se calmó, los ojos se le llenaron de lágrimas y susu­rro:

-Sí.

______ había tenido la intención de hablarle de las últimas hazañas de Nick y del modo sorpren­dente en que había pasado de actuar como un hombre tímido a lanzarse sobre ella con tanta cele­ridad que la tuvo gritando de placer casi antes de darse cuenta de dónde había posado las manos. Pero ya no podía hacerlo. No mientras Therese se hallara en crisis.

No tenía ni idea de en qué capítulo se encontra­ban en el manual de Nick, ni siquiera si aún lo se­guían. El episodio de la otra noche en el sofá parecía sacado de un libro completamente diferente.

Pero lo que sí sabía era que faltaba poco para con­sumar el sexo. ¿Se encontraba preparada para eso con Nick? Eso había creído el día de la marcha, pero ya no estaba tan segura después de su desvaneci­miento y de los mensajes tan encontrados que pare­cía enviarle.

Mirando a Therese, tenía que aceptar que el sexo la volvía vulnerable.

______ no podía permitir que un hombre pene­trara en su cuerpo de forma casual. Quizá fuera anti­cuada, pero le importaba la intimidad.

más le gustara su vecino de abajo como amigo, más peligroso podía resultar acostarse con él. Lo ayudaría a convertirse en un maravilloso amante, desde luego, pero ¿qué haría cuando estuviera listo para graduarse de su escuela?


Viernes. Nick saboreó la palabra mientras pla­neaba mentalmente la velada. El viernes había pa­sado a ser su día favorito de la semana. Y ese era el día en que harían el amor.

-Con respecto al viernes -dijo cuando la llamó para quedar-, ¿por qué no vienes a cenar a casa?

Podía llamarlo «cena». Podía invitarla a jugar al parchís. No importaba. Los dos sabían a qué se refe­ría.

Pero ______ parecía tensa por teléfono. La verdad era que él tampoco se sentía tan sereno como cuando planificaba una velada que
estaba destinada a acabar en la cama. Por algún motivo que no lo­graba desentrañar, en esa ocasión era diferente.

-Bueno, mmm... -tartamudeó ella.

«Por favor, no busques una excusa para cancelar nuestra cita», suplicó Nick en silencio.

Tras una larga pausa, ella concluyó:

-¿Quieres que lleve el postre?

Si las cosas salían según lo planeado, ella iba a ser el postre. Era la noche para seducirla y llevarla a su cama a través de la comida y de algunos consejos más perfilados en su libro.

-No -declinó-. Lo tengo todo bajo control.

Antes le había estado echando un vistazo al capí­tulo seis para descubrir que se excitaba un poco al leer lo que había escrito. Pensaba introducir a ______ en ese capítulo como si las hojas fueran sábanas de satén. Aunque con la suerte que tenía últimamente, lo más probable era que sufriera una apendicitis de camino al dormitorio. Con un sugerente «nos vemos luego», colgó y se tocó el estómago.

Todo parecía es­tar en orden, incluido su apéndice. Solo su libido se hallaba inquieta.

***

______ tarareaba una melodía de Natalie Imbruglia mientras se ponía un top sedoso que se ceñía allí donde tocaba. Los ejercicios ya empezaban a mos­trar sus frutos. Hacía tanto tiempo que no se veía los tríceps que había olvidado que tenía un par.

Los hombros exhibían un poco más de defini­ción y tenía el estómago más duro. Las mejillas mos­traban un sano color rosado, y hasta los ojos le bri­llaban de un castaño más intenso. Indecisa entre unos pantalones ceñidos y una diminuta excusa de falda, por la cabeza se le pasó la idea de que debía elegir lo que fuera más fácil de quitarse en el calor de la pasión... y se frenó en seco. Un momento.

Entrecerró los ojos y se observó bajo una nueva luz. Sospechaba que en el menú de esa noche esta­ría la seducción. Lo que sucedía era que no estaba segura de lo que pensaba hacer al respecto. Nick era sexy, y cuanto más lo conocía, más le gustaba, pero quería estipular sus propios términos para el sexo. La noche anterior había dejado bien claro que ya habían pasado el capítulo cuatro y que ella había cumplido su parte del trato.

Lo que aún no había decidido era si le enseñaría a Nick a amar adecuadamente a una mujer.

Con un juramento de frustración, se quitó el top sedoso y lo tiró sobre la cama.

Permaneció con el sujetador y las braguitas y en ese momento recordó a Nick al desmayarse en el suelo de su apartamento. Tembló.

Bajo ningún con­cepto iba a pasar otra vez por eso.

Buscó en el armario hasta que encontró lo que buscaba. Con un gesto de asentimiento, se puso la falda vaquera amplia, que acompañó con un jersey blanco de algodón.

Tuvo la dudosa satisfacción de saber que ese conjunto no podría incitar la lujuria de Nick o de nadie. Volvió a observarse en el espejo e hizo una mueca. Pasada esa noche, jubilaría el jersey y la falda.

Si Nick y ella iban a llegar a ser íntimos, sería de acuerdo con sus términos y según su horario.

Aun así, no pudo suprimir un escalofrío de ex­pectación al bajar a su planta y llamar a su puerta.

Cuando le abrió, parpadeó. Nunca antes lo había visto con ropa que no fuera informal. En esa ocasión llevaba puestos unos pantalones negros de lino, unos relucientes mocasines negros y una camisa ne­gra de una tela tan fina que tuvo ganas de tocarla. Te­nía el cuello abierto y una leve insinuación de vello le recordó la sensación de frotar los pechos contra su torso. Esa noche se había vestido de forma ele­gante. Para ella.

Se sintió halagada, y entonces cometió el error de mirarlo a los ojos. Se quedó paralizada. Los ojos verdes siempre tenían un cierto aire de somnolen­cia, como si nada en la vida mereciera demasiada pasión, pero esa noche se veían centrados y pene­trantes.

No eran los ojos de un hombre apocado que no supiera complacer a una mujer. Eran los ojos de un depredador, que tomaría el control de su cuerpo y voluntad para doblegarla a placer.

Contuvo el aliento y volvió a parpadear. Y la im­presión desapareció como si la hubiera imaginado. Ahí volvía a estar el Nick al que ella conocía. Con­templaba su ropa y un destello de humor en la ex­presión le indicó que sabía muy bien la causa de que se hubiera vestido
así.

-Pasa -invitó.

-Gracias -le entregó una botella fría de vino blanco-. No estaba segura. Pero hoy parecía hacer demasiado calor para un tinto.

-Perfecto.

Entró en el apartamento y la sensación de extra­ñeza no la abandonó. Había colocado una pequeña mesa redonda para dos en la terraza.

Cerca de la puerta había farolillos de metal con velas encendi­das. En cuanto se sentaron con unas copas de vino, Nick apagó las luces del apartamento y ______ sintió que la sensación de cambio de lugar se hacía más fuerte.

El sol ya se había puesto y solo había un frag­mento de luna. La atmósfera aún era calurosa, pero en la oscuridad, le dio la impresión de que se halla­ban en el sur de Francia o en Italia.

Con su acompañante en apariencia tan miste­rioso y esa terraza visualmente desconectada del resto del mundo, un torbellino de
sensaciones se agitó dentro de ella... misterio, incertidumbre y un toque de ardiente y tentador deseo.

En un intento por ahogar ese deseo, bebió el vino con demasiada rapidez y habló con vehemen­cia sobre lo animados que estaban los chicos por que Nick fuera a hablarles la semana siguiente.

-He decidido asignarles a todos la redacción de un artículo una vez que hayas terminado. Los repa­saremos en la clase y por voto elegiremos los mejo­res. Tal vez tres. Y entonces, si a ti te parece bien, tú podrías escoger el ganador.

-Creo que podría hacerlo -la voz sonó sor­prendentemente profunda.

-Gracias -alzó la copa para beber más vino y descubrió que se encontraba vacía. Había sido rá­pida. Y eran copas generosas. Debía de estar sedienta.

Cuando la dejó sobre la mesa, él se incorporó para llenárselo.

-¿Tienes hambre?

Estaba hambrienta. Tanto, que cada parte de ella se sentía vacía y gritaba para ser llenada. ¿Por qué Nick tenía todo el aspecto y los atributos de un hombre sexualmente interesante y siempre se des­moronaba en el último momento? En cualquier caso, y a pesar de los matices que captaba en su voz, resultaba evidente que hablaba de comida, y si era inteligente, lo mejor que podía hacer ella era pa­sar a beber agua.

-Estoy lista para cenar -repuso con tacto-. ¿Me podrías traer un vaso de agua?

-Claro. Vuelvo en un minuto.

En menos de un minuto le llenó la copa de vino y depositó un vaso de agua delante de ella. Desapa­reció en el interior y en diez minutos reapareció con dos platos. Encendió otro par de velas sobre la mesa e iluminó una cena que podría haber corres­pondido a un restaurante de cinco tenedores.

-Mmm. ¿Atún? -adivinó, contemplando el pes­cado, acompañado de una verdura con salsa en­cima, junto con arroz y espárragos trigueros.

-Comida energética -respondió él-. Estu­penda cuando te ejercitas mucho.

-¿El que habla es mi entrenador personal?

Los ojos de él brillaron con un destello enigmá­tico.

-Algo parecido.

______ pensó que debería buscar ese libro y que­marlo. Sentía como si la estuviera empujando, pá­gina a página, al capítulo de no retorno; y eso no le gustaba. Era ella la profesora. Se suponía que debía estar al mando.

No obstante, el atún fresco estaba delicioso y la conversación de Nick pareció menos extraña en cuanto empezaron a cenar.

Después de hablarle un poco de cómo había sido su día en el instituto, le preguntó a qué se ha­bía dedicado últimamente.

Él pareció titubear un momento, pero luego con­testó:

-Trabajaba en un artículo.

-¿Para el periódico local? -debería leerlo y lle­varlo a su clase.

-No, para una revista.

-¿Sí? -no recordaba que le hubiera contado que escribiera para revistas-. Es fantástico. ¿Qué clase de revista?

Él carraspeó, alargó la mano hacia la botella de vino casi vacía y rellenó las copas llenas.

-Una revista para hombres. Hago algunas cosas para ellos.
Era evidente que se sentía incómodo hablando del tema, de modo que ______ lo dejó. Respetaba su derecho a no tener que contarle todo lo que escri­bía para ganar dinero.

-¿Cómo va la novela? -preguntó, con el fin de guiar la conversación a terreno más seguro.

-Muy bien. Ya la tengo perfilada y los persona­jes están bien delineados en mi mente. Es como si no pararan de hablarme. Creo que me estoy vol­viendo loco. Hay voces en mi cabeza. Y no bro­meo.

-¿Qué te dicen? -se sentía levemente diver­tida y al mismo tiempo fascinada. Nunca antes ha­bía conocido a alguien que hubiera escrito una no­vela.

-No me hablan a mí. Hablan entre sí. Esta ma­ñana la psiquiatra le dijo al héroe que no iba a ca­sarse con él. Desde luego, yo casi sabía que se iba a negar, pero lo hizo justo cuando el pobre se encon­traba hecho polvo. Necesitaba hallarse fuerte y el rechazo de ella lo debilitó. Ahora el asesino se acerca.

Tembló ante la expresión intensa de su cara. Po­día ver que Nick había desaparecido en su mundo ficticio.

Resultaba fascinante.

-¿Cambiará de parecer? -quiso saber.

-¿Mmmm? ¿Quién?

-La mujer. La psiquiatra. ¿Cambiará de idea y terminará por casarse con él al final? Es el tipo de li­bro que me gusta. Me vuelven loca los finales feli­ces.

Él movió la cabeza con expresión desdeñosa.

-No. No cometerá ese error.

-¿Error? Pero él la necesita -se adelantó-. Lo ayuda a mantenerse fuerte. Sin ella, él es muy vulne­rable.

-Eres una romántica, ______. La gente ha de ser fuerte por sí sola. Es la única manera de salir ade­lante en la vida.

-Bueno, reconozco ser romántica -respondió, un poco picada por la facilidad con la que había descartado el matrimonio-. Pero es mejor que ser un cínico.

-Los cínicos no pierden sus ilusiones.

Pensó en su amiga Therese.

-Casi todos los cínicos son románticos que han perdido sus ilusiones. ¿Es eso lo que te sucedió a ti, Nick?

-Hablamos de personajes en un libro.

-La actitud del cínico solitario parece proceder de ti.

Se encogió de hombros y se reclinó en la silla para contemplar la luna y las pocas estrellas que empezaban a verse.

-El matrimonio no es para mí. Eso no significa que no funcione para algunas personas.

______ experimentó una oleada de tristeza. Detrás de la indiferencia, percibía dolor. Alguien lo había herido profundamente.

-¿Lista para el café y el postre?

Ella titubeó. Apenas eran las diez. No podía mar­charse en ese momento.

-Estoy demasiado llena para el postre. Recogeré la mesa mientras preparas el café.

-Perfecto.

Introdujo todo en el lavavajillas al tiempo que se daba cuenta de que Nick era un cocinero mucho más ordenado que ella. En cuanto el café estuvo listo, no supo si volver afuera. Pero el sofá provo­caba muchos recuerdos de bochorno y deseo mez­clados.

Él le quitó la decisión de las manos.

-Ven. Quiero mostrarte algo.

La tomó de la mano y la condujo a una puerta. Como los apartamentos eran idénticos, Selena sabía lo que había detrás.

-Es tu dormitorio.

-Lo sé. Es donde tengo el ordenador. Esperaba que leyeras el pasaje de mi libro del que te he ha­blado. Coméntame si el diálogo de la psiquiatra suena como algo que diría una mujer.

O era la peor excusa que había oído jamás para conseguir llevar a una mujer a su dormitorio o de verdad quería que leyera ese fragmento de la no­vela, lo cual resultaba fascinante, y quizá le permiti­ría abrir una ventana hacia lo que sentía Nick por las mujeres.

Aunque no sabía si realmente quería entrar en su dormitorio.


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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 10th 2012, 13:03

SofiJonasLovato escribió:
ME ENCANTO EL CAPITULO ASJDSFJFC,SDUFYXNMDSMHZBYNASMUHJ SIEMPRE ME QUEDO CON GANAS DE SEGUIR LEYENDO, POR FAVOR SIGUELA PRONTO

yo subí otro capítulo!!! Very Happy
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 10th 2012, 17:34

HDYUYUFDOP ME GUSTO DEMASIADO EL CAPITULO, SIGUELA PRONTO POR FAVOR, AMO ESTA NOVELA ASKJAKJSKAJSK RAYITA ENTRA A LA HABITACION SDHTSAHYDJ,IDFKJFBNASHJ
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 11th 2012, 13:22

nueva lectora
ey anoche me puse a leerla solo q se me pasó la hora y la termine hace unos minutos, ame la novela, la forma en que sin querer admitirlo el protagonista se refleja en su propia novela, es como ver un espejo sobre un espejo
algo no muy reiterado, y poco común, pero me encantó eso
me da pena la rallita por que se esta enganchando mucho de Nick y cuando se de cuenta que no le esta enseñando nada explicita mente, va a sufrir
aun que sin saberlo le está enseñando a amar... a entregarse y no temerle al ridiculo, algo que el nick antiguo no estaba acostumbrado a tratar
espero que la sigas y me encantaría que dijeras quien es el escritor por que me interesó mucho

besitos bye c:


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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 12th 2012, 16:19

O: tienes que seguirla de inmediato..!!!
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 13th 2012, 20:52

SIGUELA..!!!!!
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 15th 2012, 19:33

Oh por dios,te violo Nicholas♥ Siguela porfavoor!Smile
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 19th 2012, 07:52

siguelaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: El Mejor Amante Nick y Tu HOT    Abril 19th 2012, 15:19

Chicas siento mucho no haber podido subir en estos días pero esq estuve enferma y no pude ir a clase durante ese tiempo y por eso cuando comencé a ir de nuevo a clases me tuve que poner al día y no he tenido mucho tiempo para andar escribiendo porque aunq la novela es adaptada la estoy adaptando de un libro que está en ingles y los días que estuve enferma lo fui traduciendo pero me lleva mucho tiempo pero prometo que desde mañana al domingo pondré varios capítulos porque ya he traducido unos cuantos porque no son muy largos sin tal y como se los subo cada capítulo de aquí es uno del libro!!! Very Happy Y ya tengo como 8 capítulo y aunq no creo que me de tiempo a subir los ocho capítulos el fin de semana ya que los tengo que pasar a ordenador porque los tengo escritos en una libreta intentaré subir el máximo posible!!! Very Happy Y gracias de verdad por todos lo comentarios que me han dejado!!!! Agradezco saber que tengo lectoras!!!! jejejeje y ya esta solo decir que al menos que me ponga enferma de nuevo o me pongan una semana entera de exámenes o me castiguen aunq no creo que eso ocurra jejeje no volveré a desaparecer!!!! Hahahaha
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 19th 2012, 16:45

OMJ new lectora me encanta tu novela siguela
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MensajeTema: El Mejor Amante Nick y Tu HOT    Abril 20th 2012, 14:20

Capítulo 13

_______ decidió comportarse como una adulta y como una profesional de la enseñanza. Soslayaría la cama y solo se centraría en la parte de despacho de la habitación. Tenía muchas ganas de conocer la no­vela después de lo que él le había contado. Sentía curiosidad por saber si era buena.

Cuando atravesaron el umbral, la falda le pareció tan pesada como una armadura. Desde luego, como en casi todos los dormitorios, la cama dominaba la habitación. Tanto el edredón como las sábanas eran azules, pero tuvo la impresión de que su intención no había sido colocarlos a juego, sino que le gus­taba el color.

Tanto la cama como una cómoda alta estaban hacia un lado para hacerle espacio al escritorio, a una biblio­teca que llegaba hasta el techo y a un archivador, todos impecables. Era mucho más ordenado que ella.

Mientras inspeccionaba la habitación, Nick en­cendió el ordenador y buscó un capítulo de su no­vela. ______ comprobó el total de páginas.

-Vaya. Trescientas páginas.

-Solo es un borrador -explicó con sonrisa tí­mida-. Aquí tienes -indicó-. Es esta escena -se levantó y le ofreció el asiento.

Ella ocupó la silla y comenzó a leer.

Jenkins encendió un cigarrillo con la colilla que se quemaba entre sus dedos. Con desdén notó que le temblaban ambas manos. Claire se sentó, serena y con las manos unidas sobre el re­cetario. Tenía que recordarle que le diera más pastillas para dormir.

-Di algo, maldita sea. Te he pedido que te ca­ses conmigo. Si no quieres, dilo. Acabemos de una vez con esto.

Ella lo miró con ecuanimidad y distancia.

-No.

No hizo falta que le recordara las pastillas. Ella siguió mirándolo hasta que él tuvo ganas de rom­per algo, pero después se puso a redactar la re­ceta. A diferencia de todos los demás psiquiatras que lo habían tratado, no garabateó símbolos ile­gibles en el papel, sino que se tomó su tiempo para escribir con caligrafía fluida el nombre completo del medicamento y la cantidad que de­bía tomar.

Cuando la extendió hacia él, trató de arreba­társela, pero ella se lo impidió con una mano en su mejilla.

-Lo siento.

Lo gracioso fue que en ese momento la creyó.


______ siguió leyendo, sorprendida por la rapidez con que la historia de Nick la había atrapado, a pe­sar de que la escena aparecía aproximadamente en la mitad del libro. Leyó con rapidez y de inmediato captó el dilema del atribulado policía y de su psi­quiatra.

Era vagamente consciente de Nick caminando detrás de ella.

Leyó unas diez páginas antes de que la mano de él se posara sobre la suya, deteniéndola. ______ alzó la vista.

-¿Ya está? ¿Es todo lo que puedo leer?

-Sí. Es la parte que me está molestando. ¿Qué te parece?

-Quiero leer más. Esto solo me ha incitado.

-¿Es así como reaccionaría la mujer? Dime, ¿cómo reaccionarías tú?

-Si un hombre me pidiera que me casara con él, espero no ser tan fría. Pero como desconozco el resto de la historia, me cuesta entender su motiva­ción -volvió a leer el comienzo de la escena, des­pacio, captando matices que antes se le habían pa­sado por alto-.

-Esto no tiene nada que ver con ella. Es todo sobre él. Quizá por eso lo ha rechazado. Él no busca a una amante, sino una figura maternal. Con el escritorio de psiquiatra y el recetario; ella re­presenta autoridad. ¿Y qué hace él? Fumar un ciga­rrillo tras otro. Sabe muy bien que no se puede fu­mar en un hospital. Se comporta como un niño malo, alejándola a pesar de que la necesita.

-¿Una figura maternal? -repitió él sorpren­dido.

-Así es como lo leo yo. Y conjeturo que tam­bién ella lo ha analizado. ¿Lo ama? -se encogió de hombros-. Tal vez. No he leído suficiente.

Pero adi­vino que él necesita amarla como un hombre ama a una mujer, no como un niño ama a su madre o un paciente se fascina con su psiquiatra -le ofreció media sonrisa-. Es un personaje fascinante, Nick. ¿Estás seguro de que no puedo leer más?

También él le sonrió.

-Y tú una mujer fascinante –en el momento en que ella abrió la boca para responder, se inclinó, deslizó una mano por su nuca y le cubrió la boca con los labios.

De ______ escapó un murmullo jadeante al tratar de recordar por qué besarse era una mala idea. Pero los labios cálidos y firmes quebraron su concentra­ción. Quizá su mente quisiera decir que no, pero en cambio todo el cuerpo gritaba que sí.

Él giró la silla hasta que las rodillas chocaron y ahondó el beso. Ella le rodeó el cuello con los brazos y lo acercó. El hombre que tenía esa noche era un hombre diferente del que conocía. De hecho, era Nick, el hombre inseguro que se desmayaba al ver su desnudez, y era Nick, el hombre cuyos besos le aflojaban las rodillas. Intentó acercarlo aún más, hasta que la silla emitió un crujido de advertencia.

Él le pasó una mano detrás de las rodillas y otra detrás de los hombros y la alzó como si no pesara nada.

______ soltó una risita de sorpresa y deleite antes de que el sonido se transformara en un gemido cuando la depositó sobre la cama. Era su turno de mostrarse insegura.

¿Estaba lista para eso? ¿Y si resultaba terrible?

¿Y si Nick experimentaba un ataque de ansiedad o...?

Volvió a besarla y se reunió con ella en la cama, girándola para que ambos quedaran de costado, mi­rándose. Fue evidente que en ese instante no expe­rimentaba ninguna ansiedad. Estaba duro como una roca en todos los sitios adecuados.

Vagamente ella se dio cuenta de que habían em­prendido ese sendero desde el primer día que inter­cambiaron cartas. Además, se conocían. Él era una persona amable y decente. Si Nick tenía un pro­blema con el que pudiera ayudarlo, lo haría.

Mientras lo besaba, pensó en lo buena profesora que era. Aceptar a un hombre inepto para conver­tirlo en un amante exquisito resultaba embriagador. Sintió su propio poder y decidió divertirse un poco con la lección más íntima de todas.

-Tócame -susurró.

-¿Dónde?

¿Sonaba inseguro o provocador? No estuvo se­gura y no le importó.

Se sentó y se quitó el jersey. Sintió como si hu­biera estado caminando con una colcha encima.

Lo observó mientras le miraba el torso y los ojos se entrecerraban al ver el sujetador rosa comprado en el último catálogo de Victorias Secret.

-¿Qué? -preguntó ______, un poco embrave­cida. Nick mostraba las reacciones más raras que ja­más había conocido en un hombre.

-Debajo del jersey y la falda, pensé que quizá llevarías corsé y faja.

Ella rio en voz baja y decidió quitarse la tienda de campaña de loneta.

Al ver las braguitas a juego con el sujetador, él suspiró.

-Me estaba volviendo loco preguntándome qué llevarías debajo de esa ropa.

Alargó las manos para trazar el borde de cada copa hasta descender por el escote. El contacto de los dedos sobre su piel sensible le provocó escalo­fríos. Costaba verlo con claridad con la luz tenue de la lámpara, pero Nick no parecía pálido ni a punto de desmayarse. No obstante, pensó que si le mante­nía la mente distraída de su inminente desnudez, podría ayudarlo a prepararse para hacer el amor con ella. Estaba decida a mostrar paciencia y cariño.

-Mañana pensaba donarla a alguna institución de caridad -musitó con voz ronca, ya que él se ha­bía agachado para tomarle el pezón con la boca, in­cluida la copa sedosa del sujetador.

Se apartó para mirarla.

-¿Bromeas? Es uno de los atuendos más sexys que he visto. Me volvía loco imaginando tu cuerpo debajo de tanta... tela.

-Eres un hombre muy extraño, ¿lo sabías? -rio entre dientes.

-Créeme. Estarías sexy envuelta en harapos.

Volvió a inclinarse hacia sus pechos, pero ella lo detuvo.

-Ahora te toca a ti quitarte la camisa y los pan­talones.

Sin ninguna lentitud o coquetería, se quitó la ca­misa, se desabrochó el cinturón, pateó los zapatos y se bajó los pantalones junto con los calcetines en unos diez segundos. Se irguió y se volvió hacia ella sin nada más que los calzoncillos. ______ dispuso de un momento para admirar la absoluta belleza de su cuerpo antes de volver a tenerlo al lado.

Así como antes había parecido satisfecho de ju­gar con su cuerpo, en ese momento se mostró des­controlado. Respiraba agitadamente y la erección la golpeó con insistencia al situarse a su lado.

-Te deseo tanto... -murmuró contra el cuello de ______.

Al oír esas palabras, ella se dio cuenta de que sentía lo mismo. Lo deseaba enormemente. No po­día quedarse quieta. Su pelvis parecía tener volun­tad propia y se frotaba contra la erección, excitán­dolo, casi suplicándole que la llenara. Él metió una mano entre sus braguitas y la tocó, pero eso no bastó. Con un gemido estrangulado, agarró la cin­tura elástica y se bajó la restricción de seda.

Luego, alargó las manos a los calzoncillos de él, pero Nick se adelantó y los tiró por encima de su hombro.

Al observarlo se le resecó la boca. Se veía mucho más fabuloso desnudo que vestido. La erección era grande y atrevida. Quiso tocarlo para comprobar si estaba tan duro como parecía.

Los dedos de él hurgaron con el cierre del sujeta­dor, que ella ya había olvidado que llevaba.

-Dios, eres hermosa -susurró antes de volver a besarle los pechos.

Deslizó la mano entre sus piernas y, antes de perder todo pensamiento racional, ______ le sujetó la muñeca.

-Nick. ¿Tienes preservativos?

En vez de hablar, alargó la mano hacia la mesilla de noche, abrió el cajón, hurgó sin mirar y sacó dos envoltorios cuadrados.

______ estaba tan excitada de que esa vez al fin fueran a conseguirlo, que le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo sobre ella. Intentó contenerse, casi convencida de que acaecería algún desastre, pero daba la impresión de que todas las luces se habían puesto verdes.

Lo quería dentro de ella y lo quería en ese momento.

Sintió que se suavizaba y se abría para él, an­siando ser penetrada.

Se besaron con codicia, locamente, hasta que quedó mareada por la falta de aire y la expectación.

Entonces él se quedó quieto.

« ¡No, no, no! ¿Y ahora qué?».

Nick alzó la cabeza y la miró con algo parecido a la culpabilidad en los ojos. Desvió la vista al envolto­rio que tenía en la mano y musitó:

-______, hay algo que he de contarte. Es sobre el libro. Yo...

Ella rio entre dientes y lo besó, cortándolo en mi­tad de la frase, contenta de que solo fuera un mo­mento de inseguridad lo que lo contenía.

Quería proporcionarle una experiencia tan positiva y feliz que nunca más volviera a sentirse titubeante.

-No tienes que contarme nada. Demasiadas pa­labras estropean la atmósfera.

La miró otro momento como si luchara consigo mismo, y después le acarició el pelo.

-Tienes razón. Puede esperar.

Con el deseo de que todo marchara como la seda esa primera vez, le quitó el envoltorio de ce­lofán de la mano, lo abrió y comenzó a ponérselo. Por lo general no hacía eso, y la sorprendió descu­brir lo sexy que era. Nick se hallaba tan encendido y duro que no pudo resistir la tentación de apre­tarlo y acariciarlo un poco, hasta que gimió y ella supo que era mejor parar. A pesar de lo magnífica que era su erección, no ayudaría a ninguno de los dos que se convirtiera en un eyaculador precoz. De modo que le deslizó el látex sobre el pene y, colocándolo boca arriba, se sentó a horcajadas sobre él.

Sin quitarle la vista de encima, volvió a cerrar los dedos en torno a él y frotó la punta del pe*ne con­tra sí misma, dejando que viera lo mucho que la ex­citaba. Por lo general, con un chico nuevo se mos­traría demasiado inhibida como para actuar de esa manera, pero con

_______ sabía que debía tomar el control, en especial en esa primera ocasión. Se sen­tía tan orgullosa y cautelosa como si iniciara a un hombre virgen. Quería que fuera placentero para él.

Por el momento, si servía de indicación el modo en que respiraba y movía las caderas, lo era. Quería estar dentro de ella tanto como ella misma lo de­seaba.

Los hizo esperar a ambos mientras se frotaba contra la extensión de él unas veces más, aumen­tando su propia excitación hasta el punto del derre­timiento, y luego se introdujo lentamente el pe*ne.

A pesar del hecho de que se hallaba próxima al orgasmo, y de que su cuerpo se encontraba tan listo como jamás lo estaría, sintió una cierta fricción al acomodarlo en su interior.

Era un hombre grande.

Se tomó su tiempo y sintió la tensión de él, per­cibió lo mucho que anhelaba embestirla y que permitía que lo tomara a su propio ritmo. En si­lencio, agradeció a quienquiera que hubiera es­crito el libro que le enseñara esa cortesía impor­tante. Justo cuando creía que se hallaba tan llena que no sería capaz de aceptar más, se encontró bien plantada sobre las caderas de Nick y supo que lo tenía todo dentro. Nunca olvidaría la ex­presión en los ojos de él. Exhibía una intimidad sorprendente y también ternura. Con el deseo de aumentar esa sensación, se inclinó hasta que se tocaron por todas partes, y luego le dio un beso profundo.

Empezó a moverse. Despacio, experimentando la atracción y la fricción a medida que se acostum­braba al tamaño de él. Se incorporó sobre las rodi­llas para tomarlo más y más deprisa a medida que se incrementaba la maravillosa e insoportable ten­sión. Él apoyó las manos en sus pechos, en sus hombros, en sus caderas; se movía debajo de ella y ______ habría jurado que se afanaba por penetrarla aún más.

De pronto todo fue demasiado. No fue capaz de contenerse.

-Voy a ... Oh ... Oh, voy a...

Antes de poder completar el pensamiento, la ola la alzó, la lanzó por el tiempo y el espacio, donde apenas pudo oír unos jadeos, el grito de una mujer y luego el prolongado gemido de satisfacción de un hombre.

Cuando regresó, se dejó caer sobre él, con la ca­beza apoyada bajo su barbilla. Captó la respiración áspera de Nick y observó el movimiento de su torso.

-Oye... no vas a desmayarte, ¿verdad? -solo bromeaba a medias.

Él le palmeó el hombro y de algún modo ter­minó con un pecho en su mano. ______ no creyó que fuera un accidente.

-Podría. Si es que no me muero antes.

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Luego subo otro capítulo!!! Very Happy espero que le haya gustado este
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 21st 2012, 07:50

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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 21st 2012, 13:40

ME ENCANTO EL CAPIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIITUUUUUUUUUUULOOOOOOOOOOO AKSJAJKSJKASJKASJK LA TENES QUE SEGUITR POR FAVOR!
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 21st 2012, 16:20

OMG!:, Siguuela Q Mee Encantaa! Razz
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Abril 22nd 2012, 21:34

woooooooooooooooooooooooo
mori el capitulo demasiado hot
al fin le resulto a la rallis, el problema será cuando se entere que el escribió el libro :/

siguela Very Happy
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Mayo 2nd 2012, 10:20

Por que no la seguis???
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MensajeTema: El Mejor Amante Nick y Tu HOT    Mayo 2nd 2012, 12:09

Capítulo 14

Los bucles de ______ le hacían cosquillas en el mentón. El aliento le acariciaba el pecho. Era agra­dable tenerla acurrucada contra él. Todo encajaba.

-______ -sabía que no debía seguir engañán­dola, no cuando acababan de hacer el amor, cuando iban a repetirlo nada más recuperar el aire-. Hay algo que quiero contarte.

-Oh, yo también -ladeó la cabeza para poder mirarlo. Él no pudo resistir darle un beso-. Mmm -musitó después de que un simple beso amistoso se convirtiera en un intercambio apasionado-. Quiero decirte que a la mayoría de las mujeres les gusta que un hombre les hable en el dormitorio -lo miró-.Y no me refiero a cosas verdes, aunque puedan resul­tar divertidas -le dio un beso suave-.A ti se te da muy bien hablar.

La observó. Se hallaba metida en su papel de tu­tora íntima. Se preguntó si se daría cuenta de que empleaba incluso una voz de profesora. Se le ocu­rrió una posibilidad asombrosa. ¿Se mostraría tan li­bre y desinhibida con él porque daba por hecho que poseía más experiencia y técnica? Le encantó el pensamiento de que al ayudarlo, se entregara por completo. Qué idea tan descabellada.

Río entre dientes, incapaz de contenerse. Ella alzó la cabeza cuando el pecho de Nick se la sacu­dió.

-¿Qué?

-Pensaba que eres una profesora excelente.

-Es un don.

La hizo rodar para colocarla boca arriba y ter­minó encima de ella.

-Que estés en mi cama es un don -musitó.

Ya estaba bien de ser pasivo. ______ podía jugar a ser la maestra cuando quisiera, pero en ese instante tenía ganas de enseñarle algunas cosas propias.

La vio abrir mucho los ojos cuando se hizo evi­dente que su pene estaba preparado para conti­nuar.

-¿Otra vez?

-¿Tienes algún problema con eso? -le sonrió. Ella lo miró con coquetería.

-Oh, no -le rodeó el cuello con los brazos y lo bajó para darle un beso.

Se puso un preservativo nuevo en tiempo ré­cord. Nick se deslizó en su interior al mismo tiempo que le introducía la lengua en la boca.

Una dulzura húmeda pareció envolverlo por todas par­tes. Quería seguir besándola y al mismo tiempo verle la cara mientras la acercaba al precipicio. Solu­cionó el dilema besándola un rato y luego apartán­dose para observarla otro rato. Una vez que el fre­nesí de lujuria se había mitigado, podía tomarse tiempo y disfrutar del acto con más lentitud. Vio cómo los ojos de ella se oscurecían y las mejillas se le encendían, y luego el cabello danzaba sobre la al­mohada cuando comenzó a agitar la cabeza. La res­piración se le volvió un jadeo para perderse en gri­tos agudos.

La agarró por las caderas y las elevó; ella le rodeó la cintura con las piernas. Quería esperar, quería ob­servarla a través de cada fase del clímax antes de buscar su propio placer, pero se hallaba equilibrado en el filo cortante de su propio y agudo deseo.

______ estaba tan cerca que la sintió contraerse en torno a su pene, apretándolo con los músculos inte­riores hasta que la frente se le llenó de sudor por el esfuerzo de contenerse. Pensó que uno de los dos podría estallar si la presión no se liberaba pronto. Entonces ella deslizó la mano por debajo de él y an­tés de que Nick llegara a darse cuenta de lo que ha­cía, le sostuvo los testículos y los apretó con delica­deza.

Fue demasiado. No pudo aguantar más. Con un enorme gemido, la embistió rápida y profunda­mente, arrojándola al vacío para saltar con ella.


______ despertó, aturdida pero satisfecha, acurru­cada contra Nick.

-Buenos días -murmuró una voz masculina y somnolienta muy cerca de ella.

Estaba desnuda y no llevaba maquillaje. No había planeado quedarse toda la noche, pero en algún momento se había quedado dormida.

Despertar jun­tos implicaba una intimidad para la que no se ha­llaba preparada en esa extraña relación.

-¿Café? -preguntó él con un bostezo.

______ alzó a cabeza y miró el reloj, más para ga­nar tiempo que porque le importara la hora. Era sá­bado. Si quería, podía quedarse en la cama todo el día.

-Gracias. Me encantaría.

A diferencia de ella, Nick parecía impasible por salir de la cama desnudo. Le encantó que lo hiciera, ya que eso le permitió observarlo y confirmar que cada parte de su físico era tan fuerte, esbelta y ma­ravillosa como resultaba al tacto.

Se rascó el torso, bostezó y sacó de la vieja có­moda de roble unos pantalones de chándal, que se puso sin ropa interior.

Desapareció en el cuarto de baño y salió unos minutos más tarde con un albornoz azul marino.

-Toma -lo depositó sobre sus rodillas-. Pón­telo si te apetece.

-Gracias.

Esperó hasta que abandonó la habitación para ponérselo y dirigirse al cuarto de baño. Tenía el pelo caótico, la cara algo pálida de falta de sueño y los ojos y los labios un poco hinchados. Se pasó la lengua por los dientes e hizo una mueca. Se había ido a la cama sin cepillarse los dientes, algo que nunca, jamás, hacía.

Analizó su situación. Nick era mucho más orde­nado que ella. Quizá tuviera alguno extra. Al abrir el armario del espejo, encontró dos cepillos con los envoltorios aún precintados. Encantada por el ha­llazgo, se limpió los dientes y con un encogimiento de hombros, utilizó el peine de Nick.

De vuelta en la cama, se hallaba apoyada contra unos cojines, todavía con el albornoz, cuando él en­tró con el café y el periódico. .

-Con leche, sin azúcar, ¿verdad?

Asintió, encantada de que recordara de la noche anterior cómo le gustaba beber el café.

Cuando él se tumbó a su lado, con una taza de café en la mano y dividió el periódico por la mitad, como si ya hubieran pasado cientos de noches jun­tos, le hizo la pregunta que le rondaba por la cabeza desde que se había despertado.

-¿Por dónde vamos en el libro?

-Adelantados, pero siguiéndolo muy bien.

Observó su perfil. No podía ser.

-Pero... te refieres... quiero decir... la semana pa­sada...

Le sonrió.

-El capítulo cinco. «Hasta el abismo y vuelta». «Enciéndela tanto que volverá en busca de más».

-Pero eso es una locura -le gustaría conocer al autor o a la autora de ese libro. Las mujeres no eran tan predecibles.

-Estás aquí, ¿no?

Así era, pero no por un libro poco convincente. ¿O sí?

-Haces que suene como un juego.

-Lo es -la miró sorprendido. Pasó un dedo por donde las solapas se cruzaban y revelaban el naci­miento de los pechos-. Seducción, cortejo, sexo... es el mejor juego de todos.

-No, no creo eso. Para mí no es un juego.

-Anoche fue el capítulo seis.

______ reflexionó un momento. Si la noche ante­rior solo era el capítulo sexto, entonces...

-¿Qué hay en el séptimo?

Nick la miró largo rato; luego, apartó las sábanas, salió de la cama, desapareció y regresó unos minu­tos después con el llamativo libro rojo que ella ha­bía visto caer ante su puerta.

Volvió a meterse en la cama y se lo entregó.

Lo abrió, deseando no habérselo preguntado. No le importaba. Además, resultaba un poco embara­zoso leerlo en la cama, desnuda con el hombre que acababa de convertirse en su amante.

Pasó las páginas, intentando soslayar los diagra­mas, y al final lo encontró. Se ahogó de risa.

-No creo en este tipo. Capítulo siete. «Guía para la satisfacción oral».

-No te burles hasta que lo hayas probado -le indicó, lamiéndose los labios con gesto deliberado.

-Oh, para -cerró el libro con fuerza y lo puso en la mesilla; después recogió su mitad del periódico.

Le había entregado la sección de noticias y se asomó por encima del hombro de él casi esperando verlo enfrascado en la sección de deportes, pero la sorprendió repasando un catálogo de unos grandes almacenes.

-¿Cuáles son tus planes para hoy? -preguntó, incrementando aún más la sensación de pareja ca­sada.

-Tengo que ir a comprar un regalo de boda para mi padre.

-¿Tu padre se casa por segunda vez?

-Por quinta vez -bufó-. Tenemos apuestas para ver quién termina con mayor número de bo­das, Liz Taylor o él.

-Vaya. Son muchas. ¿Le... producen algo espe­cial?

-Supongo que es un optimista empedernido. Por el cinismo en su tono de voz, no parecía compartir ese rasgo.

-Qué coincidencia. Yo también.

-¿Una optimista empedernida?

-Sí -rio entre dientes-. Supongo que lo soy. Pero me refería a que hoy también he de ir a com­prar un regalo de boda. Para B.J.

-¿Quieres que vayamos juntos? -alzó la vista del catálogo.

-¿Tu padre se ha casado cuatro veces? -aún no podía ir más allá de ese hecho asombroso.

-Sí -respondió él con indiferencia.

-¿Qué unión te produjo a ti?

La miró con un destello de humor.

-Podrías decir que fui quien puso el tren en marcha. Fui el motivo del primer matrimonio.

-Quieres decir que tu madre estaba... -calló, tratando de encontrar una forma delicada de pre­guntarlo.

-Embarazada de mí, sí.

-Oh -no supo qué más decir.

-Cabía imaginar que mi padre habría aprendido una lección sobre ser descuidado en el control de natalidad, pero... -movió la cabeza con visible irri­tación-.Algunos hombres no están hechos para el matrimonio -añadió-. A mi padre habría que ale­jarlo del altar.

-Lo siento, Nick -deseó que hubiera un modo para superar el cinismo que le inspiraban las rela­ciones, uno tan rápido y eficaz como el libro que lo había lanzado por el camino de ser un amante so­bresaliente.

-Mi madre siempre me dice que soy como él - dejó el catálogo a un lado y se reclinó.

-¿Y lo eres? -musitó ______.

-No voy a casarme con una serie de mujeres bonitas, si te refieres a eso -bufó-. Y no me im­porta que una mujer me diga que usa protección, siempre me pongo un preservativo. Siempre.

-En estos días, eso es sensato -comentó con creciente tristeza por Nick-. ¿Y tu madre? ¿Volverá a casarse? -preguntó con delicadeza.

-No la conoces. Ser la primera esposa traicio­nada se ha convertido casi en una vocación para ella.

-Ay.

-Sí. Es un día demasiado agradable como para entrar en detalles de una familia disfuncional. Las cuatro.

-Tú habrás crecido solo con una.

-En teoría, pero a mi padre le gustaba la fantasía de una única familia grande y feliz, de modo que cada verano nos reuníamos en una cabaña de su propiedad. Todos los chicos juntos. Mi madre tuvo tres hijos, y dos de las otras esposas tuvieron dos cada uno. Desde luego, los últimos son mucho más jóvenes -se encogió de hombros-. Casi todos aún nos presentamos cada verano.

-Debe de ser algo... -intentó imaginar a siete hermanastros reunidos cada año.

-Puedes verlo si quieres -comentó, concen­trado en la taza de café-. Mi padre se casa allí la se­mana siguiente a la boda de tu amiga.

Conocerás a casi todos los hermanos.

La estaba invitando a la boda de su padre. Vaya. Eso le daba casi un toque de seriedad. Después de pasar una noche con él, no estaba segura de querer comprometerse a ser su amiga especial, con lo que ello implicaba. Sin embargo, ¿por qué no?

-Debéis de llevaros bien -comentó, ganando tiempo.

-Sí. Son buenos chicos, y no es culpa de ellos que mi padre no sepa mantener la bragueta cerrada.

-¿La próxima señora Jonas está...? -movió la mano delante de su estómago.

-¿Embarazada? No. Todos intervinimos y le rega­lamos a mi padre una vasectomía para su cincuenta cumpleaños. No pensamos que otro Jonas le hi­ciera algún favor al mundo.

-¿Y a él no le importó?

-Diablos, no. Creo que se sintió aliviado -jugó con el pelo de ella por detrás de la oreja-. ¿Ven­drás?

-¿Contigo a la boda de tu padre? -se bebió todo el café.

-Yo voy a la boda de la amiga que te robó el no­vio. Creo que es justo.

Le dio un codazo en las costillas.

-Disculpa, pero ¿no te he ayudado a avanzar en tu libro, y no solo durante los primeros cuatro capí­tulos, sino hasta la última página del sexto?

Los ojos de él despertaron por completo y dan­zaron con un humor perverso.

-Sí. ¿Qué me dices de un nuevo trato?

-¿Cuál? -lo miró con suspicacia.

La puso boca arriba y deslizó la mano por debajo de la solapa del albornoz para posarse en un pecho; lo hizo con tanta rapidez que ella apenas tuvo tiempo de soltar un chillido sobresaltado. Por for­tuna la taza de café se hallaba vacía, ya que se le soltó de los dedos y cayó al suelo.

-El capítulo siete.

Cuando intentó zafarse, lo único que consiguió fue incrementar la fricción de su mano sobre el pe­cho, lo que le provocó una risita y la excitó al mismo tiempo.

-¡Para! -gritó-. ¡Para! Me haces cosquillas.

-No lo creo. Creo que te estoy excitando.

Se hallaba tan ocupada retorciéndose y riendo, que ni siquiera notó que le había desatado el cintu­rón del albornoz hasta que sintió sus labios sobre un pecho y la lengua provocándole el pezón.

La risa se convirtió en un jadeo y la excitación se arremolinó en su estómago.

-No, no -gimió-. No antes de desayunar.

Él alzó la cabeza para sonreírle.

-Come deprisa. Después voy a comerte a ti -le dio un beso suave en los labios-. Lentamente.

Se estaba metiendo demasiado hondo en la vida caótica de Nick. Necesitaba un poco de espacio para reflexionar.

La amenaza del capítulo siete flotó en el aire cuando se levantaron de la cama para ir a la cocina con las tazas de café en la mano.

-Veamos qué hay -dijo él al abrir la nevera-. Ah, el postre... -se volvió y le guiñó un ojo-.Ano­che no llegamos a comerlo.

-Postre. Para desayunar -sacó una taza limpia de un armario-. ¿Qué es?

-Tarta de arándanos.

-Parece una pena desperdiciarla.

-Es lo mismo que pensaba yo -mientras ella volvía a llenar las tazas, cortó dos porciones genero­sas y le sonrió con picardía-. ¿Helado?

-¿Por qué no? -mientras comía, llegó a la con­clusión de que pastel de arándanos con helado era un estupendo desayuno de vez en cuando. Además, como estaba comiendo las calorías del día anterior, eso ya casi no contaba-. ¿Tu padre y su ... novia han elegido algún lugar para poner una lista de boda?

-No creo que él necesite una quinta vajilla o cu­bertería.

-Él no, pero tal vez la novia sí.

Una vez que Nick terminó, limpió la cuchara con la lengua. Ella no podía ver cómo eliminaba los últi­mos vestigios de helado sin pensar en el capítulo siete. Y temblar por dentro.

-Veo que voy a tener que explicarte mi filosofía de regalos nupciales.

-Será interesante de oír -ese hombre nunca dejaba de sorprenderla con sus tonterías. Ella tenía la vida tan organizada y era tan predecible, que se preguntó si un poco de frivolidad no era un buen factor.

Sospechaba que sí.

-No puedes evitar que la gente se case. Pero seamos sinceros... Cuando asistes a una boda, sabes que existe un cincuenta por ciento de posibilidades de que no dure. En el caso de mi padre, es de un cien por ciento. Como invitado a la boda, y amigo de al menos una de las partes, considero que es mi deber ahorrarles un dolor futuro. Estoy decidido a no regalarles algo por lo que puedan pelearse du­rante un divorcio. Mis regalos son de vida corta.

-Es fascinante -y también una actitud bastante cínica, pero dada la situación de su familia, supuso que resultaba comprensible-. ¿De cuán corto hablamos?

-Esa es la parte científica. Intento realizar una conjetura fiable del tiempo del que disponen. El ex­tremo sería una botella de champán y dos copas, con la tarjeta invitándolos a romperlas después de beber... para propiciar la buena suerte.

-De modo que compras una cristalería si termi­nan por romperla.

-Absolutamente.

-Y jamás compras una vajilla.

-No, tiene «permanente» escrito por todas par­tes. Lo mismo una cubertería.

-¿Y qué me dices de la ropa blanca?

-Depende. Las toallas son buenas. Necesitas toa­llas nuevas cada par de años. ¿Mantelerías y cosas por el estilo? Olvídalo. Son como la vajilla.

-Bueno, mi filosofía es asumir que cada pareja a cuyo enlace asisto celebrará sus bodas de oro. La lista de boda de B J. está en Percy & Fitz, y también he de buscar un traje para la ceremonia.

-No hay problema. Yo llevaré las bolsas.

-¿No te importa?

-Nos podemos ayudar mutuamente.

-De acuerdo. Primero he de ducharme y cam­biarme de ropa. ¿Qué te parece si vengo a buscarte en una media hora?

-Perfecto.

La frenó cuando intentó recoger la mesa, de modo que corrió al dormitorio a ponerse la ropa horrorosa del día anterior. Cuando regresó lo vio limpiando la encimera de la cocina.

Recogió el bolso del sofá y entonces no supo si despedirse con un beso.

-Bueno, gracias por la cena -se dirigió hacia la puerta. Dejaba sus intenciones bien claras; se mar­chaba. Lo que Nick hiciera con esa
información de­pendía de él.

Lo que hizo fue soltar el trapo y lanzarse a su lado.

______ no estuvo segura de que el beso pudiera clasificarse como de despedida y agradecimiento por una cena.

Gimió al pegarlo a ella y meterle los dedos entre el pelo.

El beso adquirió ardor y de pronto se encontró pegada a la puerta, con el cuerpo de él duro y vivo contra el suyo, que se derretía más rápidamente que el helado sobre la tarta de arándanos.

-Es estupendo -quebró el contacto con su boca el tiempo suficiente para respirar-. Pero he de ducharme.

-Estás obsesionada con la higiene personal - gruño él, pero con un último mordisco en el cuello, la dejó ir.

-Te veré en media hora.

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Siento la tardanza chicas!!! Bueno espero que les guste el capítulo puede que mañana suba otro pero no estoy muy segura creo que estoy tardando mucho en subir y de verdad que lo siento espero que el capítulo por lo menos haya merecido la pena y prometo que si no subo mañana subo el viernes sin falta!!! Very Happy
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Mayo 2nd 2012, 17:02

DGREWYDCFJDSFIOAKSDFK Cada vez amo mas tu novela, enserio es tan ashdgfgyfujdfgsdmshfd Seguila, por favor sfdfahf gdshnfjiskjdfskld la amo la amo la amoa hjasfdjhjfksd
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MensajeTema: El Mejor Amante Nick y Tu HOT    Mayo 4th 2012, 12:01

Capítulo 15

Las Galerías Lexington eran un centro comercial con tres niveles, barandillas de hierro forjado y un pianista con esmoquin que tocaba en
la tercera planta. La más cara. A la que ______ arrastró a Nick.

-Es lógico que ponga su lista de boda aquí.

-Percy & Fitz -leyó Nick en voz alta-. Debe­ría ser Caro & Pretencioso.

-Sshhh -le indicó que bajara la voz.

Entraron en el inmaculado vestíbulo de mármol, con su personal esnob y sus vitrinas impolutas.

Una mujer que podría haber pasado por la reina Isabel se les acercó.

-¿En qué puedo ayudarlos?

______ le explicó a la mujer la razón de su presen­cia allí y luego estudió la lista de los artículos que quería la pareja.

Descartando un lavavajillas Bosch como algo de­masiado caro y cualquier cosa que contuviera cu­chillos como un posible mensaje de violencia con­tenida, aún disponía de muchas opciones.

Mientras Nick inspeccionaba unas copas de mar­tini, ella se debatió indecisa entre un servicio de va­jilla para dos y un juego de servilleteros de plata. Prefería los servilleteros, pero, a menos que B.J. hu­biera cambiado, juzgaría los regalos por el tamaño de la caja en que llegaran.

Cuando Nick se acercó mientras la dominaba la vacilación, la vendedora dijo:

-¿No sería idóneo conocer la opinión de su ma­rido?

En el mismo instante en que ella decía:

-Oh, no estamos...

Nick interpuso:

-Solo somos...

Ella lo miró y se preguntó qué pensaría de ellos después de haber pasado la primera noche juntos. Una oleada de pánico le atravesó el estómago; quizá salir a comprar regalos de boda la mañana siguiente a haberse acostado juntos no había sido una idea brillante.

-El servicio -decidió-. Y me gustaría que lo envolvieran para regalo y lo entregaran.

-Desde luego. ¿Tiene su propia tarjeta o desea elegir una de nuestra selección?

A ______ no se le había ocurrido llevar una tarjeta nupcial, de modo que eligió una con un motivo li­gero y corazones y flores en la parte frontal, sacó una pluma del bolso y escribió: Con cariño, ______ y Nick. Quizá no quisiera que Nick los considerara una pareja, pero desde luego sí que lo hiciera B.J.

Nick al final descartó las copas de martini y decidió buscar otra cosa en la galería comercial.

Al salir, ______ experimentó la agradable sensación de haber eliminado una de sus obligaciones. Pero faltaba la tarea más importante: el vestido. Aunque no estaba segura de querer a Nick cerca mientras se probaba ropa.

-¿Quieres buscar alguna otra cosa para la boda de tu padre? -preguntó con entusiasmo.

Él la miró con ojos entornados.

-No estarás intentado evitar que te vea con un montón de vestidos reveladores, ¿verdad?

Desde luego. Pero no pensaba contárselo.

-No. No quiero alargarte innecesariamente el sábado, eso es todo.

-No hay problema. Puedo buscar el regalo otro día. Tú solo dispones de los fines de semana, ¿no?

-Bueno, sí, pero podríamos separarnos...

Le pasó un brazo alrededor de los hombros, la acercó y le susurró al oído:

-No antes del capítulo siete.

¿Cómo conseguía hacerle eso? De inmediato se sintió trémula como una novia virgen al pensar en la noche de bodas.

El calor borboteó por sus venas al pensar que quizá fuera un novato en lo del sexo oral y necesi­tara orientación. Una vez más volvería a ser su guía personal en todo lo referente a las cosas sexuales.

Podía enseñarle a complacerla; podía darle a él un placer que tal vez nunca antes hubiera experi­mentado.

Al pasar por una boutique elegante, decidió po­ner a prueba su aguante como compañero de com­pras y lo arrastró al interior. Él la siguió, obediente, de perchero a perchero. ______ sacó un vestido ce­ñido de color verde pálido con una chaqueta a juego que pedía a gritos una pamela y zapatos de ta­cón alto. Era una posibilidad. Se lo entregó a la ven­dedora que revoloteaba cerca de ellos, quien se marchó hacia los discretos probadores.

Al final la elección se redujo a dos piezas, un ves­tido de un amarillo pálido con corpiño ceñido y falda amplia y el traje verde.

Nick se acomodó en un sillón mientras ella desa­parecía en el probador. Se había puesto unas sanda­lias de tacón alto adrede, sabiendo que iba a pro­barse ropa para la boda. También llevaba ropa interior bonita, pero si quería ser sincera consigo misma, esencialmente eso era para más tarde.

El conjunto verde de dos piezas le sentaba per­fectamente. Con la chaqueta resultaba idóneo para la ceremonia nupcial; y cuando empezara la recep­ción, podría quitársela. Salió y desfiló ante Nick, dis­frutando del modo lento en que le recorrió el cuerpo con la mirada.

-Quítate la chaqueta -pidió él.

Luego, le indicó que diera una vuelta, y ella obe­deció, con la esperanza de que el vestido no le tirara de las caderas.

-¿Qué te parece? -le preguntó cuando finalizó el escrutinio.

-Estoy listo para la siguiente elección. No quiero emitir comentarios precipitados.

Ella movió la cabeza y regresó al probador. Su propia impresión era que no estaba mal, pero tam­poco la había cautivado. Quizá el amarillo...

Se lo puso, sintiéndose como una reina del baile de los años sesenta. La falda amplia resultaba diver­tida y el corpiño encajaba muy bien.

Salió para si­tuarse delante de Nick.

Había algo casi erótico en posar y girar mientras un hombre, relajado en un sillón, miraba. Y por la forma en que él la contemplaba, era evidente que no pensaba en la ropa para la boda. Se humedeció los labios. Si le hubiera susurrado: «Capítulo siete», no habría podido sintonizarle mejor la mente para las actividades que le había perfilado para más ade­lante.

-¿Y bien? -inquirió ______ después de dar otra vuelta-. ¿Qué te parece? -él exhibió el dedo pul­gar hacia abajo-. ¿Por qué? -quizá no fuera lo más fabuloso que había visto en la vida, pero le sentaba bien y era perfecto para una boda. Nick no podía sa­ber que había echado un vistazo al precio y casi se había desmayado. Era un vestido estupendo. Desde luego, pensaba mirar algunos más, pero hasta el mo­mento creía tener un serio candidato.

-Demasiado apagado para ti.

-¿A qué te refieres?

Él miró a la vendedora, que andaba cerca.

-Te invitaré a almorzar y lo discutiremos.

-¿Es que no piensas en otra cosa que no sea en comer? -le preguntó después de haberse puesto su ropa y salido de la boutique.

-Claro. Cuando termino de comer. Entonces no pienso en comida hasta que vuelto a estar ham­briento.

Dejó que la sacara del centro comercial y la llevara a una cafetería del otro lado de la calle. Ella pidió una ensalada y él un sándwich club con patatas fritas.

-¿Qué querías decir con que el vestido era apa­gado?

Nick bebió un poco de té helado, como si qui­siera encontrar las palabras adecuadas.

-No conozco a esa tal B.J., pero a juzgar por esas cosas tan floridas que quería como regalos de boda, diría que esos vestidos serían perfectos para ella. Pero no para ti. Tú luces colores brillantes y tu ropa tiene... no sé, personalidad.

-No es más que un vestido -lo miró descon­certada.

-¿De verdad? Tengo tres hermanas, y juro que solían vestirse con alguna especie de libro de claves en la mano: usa el negro en los días en que estás gorda, las rayas hacia un lado para resaltar los pe­chos, las rayas hacia el otro para hacerte parecer más alta... Tenían un guardarropa entero para ir a la iglesia.

-Claro que nos ponemos ropa para realzarnos y gustarnos. ¿Qué tiene de malo eso?

-Nada. Las mujeres también transmiten mensa­jes con la ropa -la miró con esa expresión diver­tida-. Ponerte algo de color púrpura significa que quieres hacer el amor.

Ella bajó la vista a su vestido de color púrpura y contuvo una carcajada.

-No es verdad.

Él se acercó.

-Apuesto que si introdujera mi mano por de­bajo del vestido en este momento, estarías mojada para mí.

Todo el aire pareció escapar de los pulmones de ella. La sola idea de que pudiera tocarla de forma íntima hizo que se retorciera en el asiento de plástico.

Pero él no tenía por qué saberlo, y no pensaba ir a ninguna parte antes de haberse comprado un ves­tido para la boda.

-Me he vestido así para que me resultara fácil probarme ropa.

-No puedes culparme por intentarlo -se enco­gió de hombros-. Simplemente no creo que esos vestidos te representen, eso es todo.

¿Tendría razón? ¿Estaba tan empeñada en demos­trarle a B .J. y a todos los demás de que le había ido tan bien en la vida que elegía ropa que reflejaba éxito en los términos de ellos y no en los suyos propios?

Comió hojas de espinaca, con furia. Odiaba reco­nocer, incluso ante sí misma, que Nick tenía razón. Pero así era, por supuesto.

La dieta, el programa de tonificación, la cita, el vestido.

Gimió y le quitó una patata frita.

-Ese vestido amarillo costaba el alquiler de un mes.

Él emitió un silbido bajo y le acercó el plato.

Al final, se dirigieron a una de las tiendas preferi­das de ella. Nick entró, le echó un vistazo al mani­quí situado cerca de la entrada de la boutique, y dijo:

-Ese.

Era de color púrpura, en una especie de tela se­dosa que resultaba espléndida al contacto. Tenía un corpiño ceñido, unas tiras muy finas
y una falda que suplicaba dar vueltas en la pista de baile. Se lo probó y los ojos se le iluminaron delante del espejo del probador. Era ella.

Exhibía su figura a la perfec­ción, incluido el estómago plano que había reque­rido unos miles de abdominales.

Ese lugar no tenía sillones para los caballeros, de modo que Nick se encontraba de pie en el exterior cuando salió, y fue evidente que le gustaba lo que veía. Giró el dedo del modo en que un entrenador de perros haría con un caniche y ella obedeció y dio una vuelta para él.

-Sí -confirmó-. Es ese.

-Es tirando... no muestra exactamente, pero es ... vaporoso para una ceremonia nupcial.

-Tengo lo que necesita -indicó la vendedora.

Cuando la joven regresó al rato con un chal se­doso del mismo tono violeta, con vetas amarillas, ro­jas y blancas, ______ supo que había encontrado el traje perfecto.

-Gracias -le dijo a Nick, deteniéndolo en la acera para darle un beso impulsivo.

-Me he divertido -indicó él-. No salgo mu­cho.

Trabajaba tantas horas en su apartamento, solo, que probablemente necesitaba estar más a menudo rodeado de gente.

-Entonces tendrás ganas de que llegue el mar­tes, cuando vayas a hablarle a mi clase.

-No tanto como de llegar a casa y desnudarte para...

-Sí, sí, lo sé. El capítulo siete.

Lo comentó de forma casual, pero debía recono­cer que sus constantes referencias al siguiente ca­pítulo del manual empezaban a excitarla. Nick ha­bía decidido tratar cada capítulo como un mundo nuevo que esperaba ser descubierto... y eso hacía que el sexo fuera algo fresco y estimulante.

-¿Tienes que hacer más compras? -preguntó él-. ¿O quieres que vayamos a casa?

Necesitaba zapatos y un bolso nuevos, y unas medias a juego con el vestido. Pero en ese mo­mento tenía una única cosa en la agenda.
El capítulo siete.

-Vayamos a casa -respondió.

No hablaron mucho de regreso. Ella experi­mentó la creciente expectación de lo que iban a ha­cer y estaba impaciente. Se recordó que Nick sería un poco inepto. Pero en cierto sentido era dulce. Además, los amantes nuevos siempre necesitaban descubrir sus cuerpos.

Con él no se mostraba temerosa de tomar la ini­ciativa ni de mostrarle lo que le gustaba. Disfrutaba más de lo que había imaginado de su papel como maestra íntima. ¿Quién habría pensado que ayudar a un hombre a convertirse en un amante fantástico sería tan excitante?

Y lo era. Le estaba costando quedarse quieta en el asiento. Quería contonearse. Quería tontear. De hecho, quería bajar sobre él en mitad de la carre­tera. Pero se quedó quieta. Miró a Nick y vio que te­nía la mandíbula tensa. Bajó la vista a su regazo y, tal como había sospechado, estaba más duro que la pa­lanca de cambios. Giró la cabeza para ocultar su sonrisa. Se hallaba tan excitado como ella.

Quizá no pudiera manipularlo físicamente en el coche, pero se podía divertir un poco.

-¿Qué pone en el capítulo siete? -preguntó con voz ronca y provocativa. Lo vio tragar saliva an­tes de responder.

-Que un hombre puede darle más placer a una mujer con la lengua que con cualquier otra parte del cuerpo.

No sonaba muy feliz; supuso que su centro era el pene, como el de cualquier otro hombre en el uni­verso.

-Bueno -ocultó una sonrisa-, jamás pensé en ello de esa manera, aunque supongo que es ver­dad. La lengua es muy flexible y lleva su propia lu­bricación. Pero a mí me gusta... mmm... todo el conjunto.

-Es un alivio. Veamos... ¿qué más pone? - pensó unos instantes. No había puesto música, de modo que reinaba el silencio en el interior del co­che-. Dice que la mejor técnica es preguntarle a tu pareja qué le gusta.

Ella asintió. Quizá el hombre que había escrito ese libro estúpido no fuera tan inexperto como ha­bía dado por hecho.

-¿Qué te gusta a ti, ______? ¿Una lengua firme en un movimiento penetrante sobre el clítoris, o uno más ligero, de caricia?

-Yo, mmm... -maldición, había planeado tortu­rarlo, le había dado vuelta a las tornas y era él quien la torturaba a ella. Las palabras invocaron imágenes de su boca haciéndole esas cosas hasta que la en­cendía en una conflagración total.

Carraspeó y trató de considerar la situación como un momento de aprendizaje.

-Las dos cosas. Para empezar... me gusta un con­tacto suave, y cuando estoy más... excitada, prefiero uno más fuerte -cielos, era bochornoso. ¿Por qué no había mantenido la bocaza cerrada?

Él asintió, ¡y ______ tuvo la impresión de que si no estuviera ocupado con el volante, se habría puesto a tomar notas!

-¿Y tu punto G? -preguntó con tono vehe­mente de estudiante-. ¿Te gusta que te lo masajeen mientras un hombre te lame?

Sentía como si se lo estuviera masajeando en ese momento. Sus palabras, las imágenes que evocaban, la volvían tan sensible que hasta la ligera vibración del motor del coche a través del asiento la acercaba al abismo.

-Me... me gusta. A veces requiere cierto tiempo encontrar el punto G, pero te lo haré saber cuando te acerques -se abanicó la cara con la mano-. ¿Te importa que abra un poco la ventana?

-En absoluto -repuso con voz trémula.

Si fuera con otro hombre, sospecharía que inten­taba no reír, pero con Nick podían ser simples nervios.

Apretó el botón para bajar la ventanilla y dejó que el aire primaveral le refrescara el rostro encendido.

-Hay un dibujo en el libro que muestra a un hombre introduciendo todo el clítoris en su boca. No sabía muy bien si lo succionaría como un cara­melo o lo lamería como la punta de un helado. ¿Tú qué crees, qué prefieres?

-Por favor, tenemos que cambiar de tema -ja­deó.

-Claro -la miró unos instantes antes de volver a centrar la atención en la carretera.

Fue algo fugaz, pero _______ habría jurado que con­tenía una sonrisa.

Entrecerró los ojos.

-¿Por casualidad lo has hecho a propósito?

-¿Hacer qué?

Estaba tan excitada por la breve lección verbal, que Nick podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Se sintió tentado a apartar una mano del vo­lante, subirla por debajo de su falda y eliminar su desdicha. Pero también él sufría.

De no haber seguido el libro al pie de la letra, ha­bría bajado la noche anterior. Había deseado hacerlo. Después de haberla tocado, de haberla penetrado, anhelaba tomarla con la boca, probar su placer.

Pero haberlo postergado solo le había potenciado el deseo. Cada partícula de su cuerpo ardía de necesi­dad. Ya no podía seguir con los juegos.

-Te necesito. Ahora. Si no te pongo la lengua en­cima, voy a volverme loco.

La respuesta de ______ fue un gemido estrangu­lado.

Los dos jadeaban cuando frenó en su plaza de apar­camiento. Abrieron las puertas del coche con más ce­leridad que unos policías en la escena de un crimen.

La tomó de la mano y corrió. El ascensor era de­masiado lento. Abrió la puerta metálica que condu­cía a las escaleras y subieron hasta la segunda planta. Corrieron pasillo abajo. Necesitó dos intentos para lograr introducir la llave en la cerradura y entonces, al final, estuvieron dentro.

-Las bolsas de la compra -gritó ella aturdida, en el instante en que Nick la tomaba en brazos.

-Cierres automáticos. Olvídalas.

Aceptó el gruñido de respuesta como un «sí» y le devoró la boca.

Por segunda vez en su breve relación, la tomó en brazos y por segunda vez la reacción de ______ fue temblar. Se dirigió al dormitorio, cerró la puerta con el pie y la depositó sobre la cama.

Se arrodilló sobre ella, disfrutando de la respira­ción acelerada, de los ojos nublados y de los labios inflamados.

-Ha llegado el momento del capítulo siete.

Ella gimió y Nick tuvo la impresión de que «capí­tulo siete» pasaría a formar parte para siempre de su vocabulario. Un código personal de amantes. La pa­labra siempre centelleó por su mente antes de que la desterrara y se preparara para disfrutar de una mujer muy excitada.

Estaba vestida, pero la urgencia que lo dominaba era demasiado grande como para perder el tiempo desvistiéndola. De momento, solo necesitaba una parte de ella desnuda. Le subió la falda hasta las ca­deras. Luego, le separó las piernas y bajó la vista. Gi­mió.

-Oh, ______. ¿Qué has hecho?

-Sorpresa -las palabras parecieron salir con esfuerzo.

El deseo febril empezaba a impulsarla a mover las caderas, pero él tuvo que realizar una breve pausa para disfrutar de la visión de las medias que se detenían en mitad del muslo. El liguero y las bra­guitas eran de un púrpura brillante. Tocó la piel blanca del nacimiento de los muslos y ella contuvo la respiración. No. No podía ir despacio. Quería, pero no podía. Quizá luego. Por el momento, tenía que verla, tocarla, probarla.

Las manos le temblaron al quitarle las braguitas. Ella tenía los ojos cerrados y se hallaba en algún lu­gar propio.

Sonrió al arrodillarse entre sus muslos. Sabiendo que ya los había excitado bastante a ambos, le se­paró las piernas, la encontró húmeda y rosada y el evidente placer que sentía lo atravesó hasta la misma entrepierna. Nunca era egoísta con las muje­res, pero esa lo tenía sumido en un estado de im­pulso básico de tomar y copular.

Pero el impulso de satisfacerla era igual de fuerte.

Siguió las instrucciones que ella le había dado y empezó con un contacto delicado y ligero que hizo que se abriera a él como un capullo a la luz del sol, exponiendo el brillante clítoris rosado. Lo lamió suavemente y lo sintió temblar y endurecerse.

Hasta el novato más ignorante podía darse cuenta de que se hallaba a punto de explotar. Convencido de que dispondría de tiempo para jugar con ella luego, dio lametones más firmes y práctica­mente tuvo que sujetarla por las caderas para man­tenerla en la cama. Todo bajo su lengua se volvía más húmedo e hinchado, y entonces, como aún la sujetaba por las caderas, ______ elevó el torso y él ex­perimentó los temblores del clímax que la sacudió.

Por dos veces se incorporó y volvió a caer. Des­pués suspiró satisfecha.

Se tomó un par de minutos para besarle los mus­los y acariciarle cualquier parte que estuviera a su alcance, mientras ella flotaba lentamente de vuelta a la tierra. Pero no dejó que posara los pies en el suelo antes de ir en busca del postre.

______ rio entre dientes y le acarició la cabeza cuando reanudó las caricias con la lengua.

-No, no podría. No tan pronto.

En respuesta, le introdujo un dedo y las últimas contracciones del orgasmo lo aprisionaron como en diminutos abrazos. Deslizó un segundo dedo en su interior, y ella suspiró y se movió. Tanteó con gentileza hasta que encontró el denso montículo de su punto G, que comenzó a masajear con delica­deza.

______ jadeó. «Así que no estabas preparada». Son­rió sobre la piel suave y húmeda y luego estableció contacto con la lengua. Evitó el clítoris ya que con­sideró que aún estaría demasiado sensible, pero ex­ploró todas sus aberturas y pliegues secretos y eva­luó la reacción de ella por los suspiros y gemidos y el modo en que su cuerpo volvía a florecer para él.

Y en ningún momento dejó de masajearle el punto G.

-Oh, eso es magnífico -gritó cuando Nick re­gresó a su clítoris, que volvía a mostrarse ansioso.

Solo había jugado con ella al decirle que le toma­ría el clítoris con la boca, pero le pareció una buena idea.

Lo intentó.

A ella le gustó.

De hecho, le gustó tanto que gritó, y tuvo el pla­cer de sentir su placer estallarle en la boca como un dulce fruto estival. Permaneció con ella durante los temblores y volvió a depositarla con suavidad en tierra.

Era humano, y la sede de su propio placer lle­vaba un buen rato necesitada de atención. Se le­vantó y comenzó a quitarse la ropa, queriendo estar dentro de ______ para alcanzar las últimas contraccio­nes.

Quedó desnudo en segundos y hurgaba en la mesilla de noche cuando ella lo detuvo.

-Es mi turno -dijo.

Fue un ofrecimiento que estuvo a punto de recha­zar. Pero se había contenido durante tanto tiempo, que lo preocupaba avergonzarse.

-No sé muy bien el tiempo que voy a durar -le indicó con sinceridad, sin querer que la fiesta termi­nara en cuanto ella lo invitara a entrar.

Ella sonrió y lo empujó sobre la cama. Se levantó y con erótica lentitud se quitó el vestido por la ca­beza.

Él gimió al observarla. No se quitó los zapatos, las medias o los ligueros, pero tras un minuto de ago­nía, sí se desprendió del sujetador.

A Nick le encantaban los pechos. Todos. Los grandes, los pequeños, los negros, los blancos, los asiáticos; le encantaba el vaivén, la curva y la perso­nalidad de cada par. Pero nunca había visto unos que adorara más que esos. Habría jurado que coque­teaban con él.

Si alguna vez había estado tan duro, no lo recor­daba. Literalmente temblaba por el deseo de tener esa boca hermosa, cálida y de labios sensuales sobre él.

Ella lo miró con picardía y cerró la mano pe­queña y hábil en la base de su pene. Nick estaba a punto de llorar.

-¿Te gusta un contacto suave o prefieres un la­metón prolongado y más fuerte?

Jamás debería haberla provocado en el coche.

-Cualquier cosa -suplicó-. Aceptaré cual­quier cosa.

Ella rio entre dientes y se apiadó de él y dejó de atormentarlo. Simplemente abrió la boca y lo intro­dujo en su interior, cálido y húmedo, y la lengua bailó sobre la piel encendida. La frente de Nick se llenó de sudor al luchar con el impulso de estallar. La sangre le atronaba en los oídos y respiraba como un corredor de maratón.

Solo había un modo de impedir la inminente hu­millación. La agarró por los hombros cuando subió la cabeza para respirar, la puso boca arriba y le cubrió el cuerpo con el suyo. Mientras besaba esa boca her­mosa que tanto placer le daba, buscó un preservativo.

Entonces la penetró con una embestida rápida y dura. Dejó que saliera el cavernícola que llevaba dentro. El pobre merecía un respiro. No fue un acto bonito o delicado; la bombeó con toda la agonía y frustración acumuladas en la espera y con todo el deseo contenido.

En vez de retraerse, ella pareció acoplarse al es­píritu del momento, le rodeó la cintura con las pier­nas y con entusiasmo se adaptó a la unión frenética. Cuando el clímax los sacudió, rugieron como un par de leones en la selva.

Luego, se desplomaron, sudorosos y exhaustos, y se quedaron dormidos.

Estaba oscuro cuando Nick despertó. Y ham­briento.

______ dormía a su lado con el pelo enmarañado en torno al rostro. Se la veía preciosa.

Decidió dejarla dormir mientras preparaba algo para comer, pero el viaje a la nevera lo informó de que no tenía gran cosa.

El estómago le crujió al sacar mantequilla de ca­cahuete y pan.

-¿Qué hora es? -preguntó una voz somno­lienta.

La vio de pie en la puerta, con el albornoz que le llegaba a los tobillos, y la volvió a desear. Se com­portaba como si fuera el novato ansioso por el que ella lo tomaba; un tipo que acababa de descubrir el sexo y que de pronto se sentía obsesionado. Y real­mente era así como se sentía.

-Casi las seis.

-¿Es eso tu cena?

-No -untó una generosa cantidad de mante­quilla de cacahuete en un pan-. Es un refrigerio antes de la cena. Me muero de hambre.

-Siempre estás hambriento.

Le sonrió.

-Soy un hombre de apetitos sanos -dio un mordisco-. ¿Quieres uno? -señaló el bote y el pan.

-No, gracias. ¿Quieres subir a cenar a mi casa? Tengo cosas preparadas en el congelador.

-Quiero ir a tu casa. Y la cena es un buen co­mienzo.

Ella río entre dientes y desapareció en el dormi­torio.

Él se terminó el sándwich y la siguió.

Se había vuelto a poner el vestido, pero estaba arrugado. Le gustó el hecho de que si se encontraba con alguien en el pasillo, de inmediato iba a saber a qué había dedicado la tarde del sábado.

-Me encanta lo organizada que eres -______ era el tipo de mujer que guardaba comida congelada. Esas cosas siempre lo, impresionaban.

Se puso unos vaqueros y una camisa y fueron a la casa de ella, donde Nick intentó olvidar que la úl­tima vez que había estado allí, se había desmayado.

Ella fue directamente al congelador.

-¿Chili vegetariano? ¿Sopa de patata y queso? 0... mmm, la etiqueta se ha caído. ¿Plato misterioso?

-Que sea el plato misterioso -como si lo hi­ciera a diario, fue al armario y sacó los cubiertos-. Me siento aventurero -hasta recordaba dónde guardaba los manteles individuales y las servilletas.

-Si quieres, tengo vino y cerveza en la nevera -le quitó el papel de plata al plato y lo inspec­cionó. Se encogió de hombros y lo introdujo en el microondas.

De pronto él pensó que era sábado por la noche y que _______ debía de tener una vida social animada.

-Perdona, pero ¿te estoy cortando algún plan?

-No... -se quedó boquiabierta y se llevó una mano a la boca-. Oh, lo olvidé. Tengo planes. Es la despedida de soltera de una de los profesoras. No puedo creer que lo haya olvidado -se ruborizó al mirarlo-.Tenía la mente en otras cosas. El capítulo siete es uno de mis favoritos.

-No hay problema. Iré a comer una hambur­guesa o algo por el estilo.

-No, no lo hagas. Tenemos tiempo para cenar. La fiesta es en la casa de uno de mis compañeros. Podemos ir acompañados. Si te apetece, puedes ve­nir conmigo.

Por lo general, evitaba las fiestas de trabajo de otras personas como si fueran la peste, pero un sá­bado por la noche sin _______ no tenía mucho atrac­tivo.

-De acuerdo. Si estás segura, te acompañaré.

-Estoy segura -se acercó y le besó el cuello.

-Me gustaría explorar algunos puntos más del capítulo siete.

Lance Flagstaff había creado a un monstruo.

Se preguntó desde cuándo su vida era una mez­cla de fantasía y ficción.

Iba a tener que reconocerle a ______ que él había escrito Sexo para inexpertos absolutos. Lo sabía. Pero ella se divertía tanto siendo su tutora y él se di­vertía tanto dejando que lo fuera, que no estaba del todo preparado para darle paso al mundo real. Una molesta voz interior le dijo que estaba metido en problemas. _______ aparecía en sus sueños ociosos so­bre el futuro, y cada vez más la veía como a su psi­quiatra ficticia, la que sería esencial para salvar o condenar a su torturado héroe. Volvió a cuestionar la fina línea que separaba la fantasía de la realidad.

Siendo hijo de su padre, tenía que aceptar que no era el hombre adecuado para el corazón román­tico y los sueños de bodas de oro de
______. Debería quitarse la máscara pronto.

Pero aún no.

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Bueno chicas lo prometido es deuda y como dije que no si no podía el jueves subiría el viernes pues aquí está y es un capítulo realmente largo!!! Very Happy Espero que les guste el capítulo 7 Twisted Evil
Si puedo subiré otro capítulo más tarde!!! Smile
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Mayo 4th 2012, 16:48

DIOS, AME LO AME A ESTE CAPITULOA SDFYFHNGCDSFUMCJX DJ ENSERIO QUE SII!! Nick, vos no sos como tu papa, vos te vas a casar con rayita, y van a tenr hijos, y van a estra para siempre juntos, aceptalo (? SIGUELA POR FAVOR<3
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MensajeTema: Re: El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada   Hoy a las 01:00

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El Mejor Amante Nick y Tu HOT Terminada
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