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 Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada

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Niinooskaa
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 2nd 2012, 21:24

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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Niinoo
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 6th 2012, 20:52

—¿Y el chevra kadisha? —me miró fijamente mientras farfullaba aquellas palabras que seguramente nunca antes había dicho.

Yo conocía el chevra kadisha, aunque nunca había estado presente en la preparación de los cuerpos según la costumbre judía. Tradicionalmente, los cuerpos judíos no se embalsamaban y descansaban en una simple y austera caja de pino.

—No tenemos muchos funerales judíos —admití—. Casi todos en la comunidad judía acuden a Rohrbach.

—No me gusta ese tipo.

A mí tampoco me gustaba, pero no iba a decírselo.

—Estoy segura de que podremos ofrecerle a su familia todo lo que necesite.

Kevin miró la carpeta y la sonrisa se borró de su cara, pero la huella permaneció en sus rasgos.

—Sí —dijo, apretando el papel con los dedos, sin llegar a arrugarlo—. Seguro que puede hacerlo.

Me ofreció la mano y la sentí firme y cálida al estrecharla. Nos levantamos a la vez y lo acompañé hasta la puerta.

—¿No le resulta duro trabajar con el dolor de la muerte? —me preguntó antes de salir.

No era la primera vez que me lo preguntaban, y respondí como siempre hacía.

—No. La muerte es parte de la vida, y me alegra poder ayudar a la gente a aceptarlo.

—Tiene que ser muy deprimente…

—No, no lo es. A veces es triste, no lo niego, pero no es lo mismo, ¿verdad?

—Supongo que no —una nueva sonrisa volvió a iluminar su rostro, invitándome a sonreír también a mí.

—Llámeme si necesita cualquier cosa. Estaré encantada de hablar con usted y con su familia sobre su padre.

—Gracias.

Cerré la puerta y volví a mi mesa. El cuaderno seguía sin abrir y el bolígrafo seguía encapuchado. Tenía un montón de papeleo pendiente y muchas llamadas que devolver, pero por unos momentos permanecí sentada sin hacer nada.

La línea que separaba la compasión de la empatía era muy delgada. Aquél era mi trabajo y quizá también mi vida. Pero eso no significaba que fuera también mi desgracia.

El correo electrónico de la señora Smith venía encabezado por un asunto escueto e inocuo: Información. Podría haber especificado «información sobre tus gigolós» y no habría importado. Los correos de la señora Smith y de sus caballeros se recibían en una cuenta privada a la que sólo tenía acceso desde mi ordenador portátil.

La información enviada mostraba un saldo. Normalmente, faltar a una cita suponía la pérdida del dinero. Las clientas pagaban por anticipado y el importe no se reembolsaba en caso de que no acudieran, a menos que el gigoló tuviera que cancelar la cita por alguna razón. Pero Nick no la había cancelado y tampoco había conseguido localizarme. Resultado: trescientos dólares tirados a la basura.

Afortunadamente la señora Smith no pensaba igual, y con su exquisito tono y frases cuidadosamente elaboradas que siempre me recordaban a Judi Dench con pintalabios rojo, me ofrecía recuperar la cita perdida cuando a mí me resultara conveniente.

Miré a mi alrededor. El apartamento estaba a oscuras y la única luz procedía de la pantalla del portátil, que sostenía en mi regazo sentada en el sofá. Mis canciones favoritas sonaban por los altavoces. ¿De verdad quería recuperar la cita?

Había pasado una semana desde que conocí a Joe, el desconocido. Una semana en la que había intentado por todos los medios olvidarme de él, sin éxito.

Dejé el portátil en la mesa y fui al baño, donde me metí en la ducha antes de que el agua se hubiera calentado. El chorro helado me aguijoneó la piel, pero contrariamente a la creencia popular, no hizo nada por apagar mi libido.

Sólo podía pensar en Joe. En sus manos, su boca, sus larguísimas piernas, los ruidos que emitía…

¿Estaría pensando en mí? ¿Se dedicaría a ligar con mujeres en los bares y llevárselas a la cama? ¿Se acostaría con ellas hasta dejarlas sin aliento igual que había hecho conmigo?

¿Volvería a encontrármelo si volviera al Fishtank?

Ya no era un desconocido. ¿Qué pasaría si volviera a verlo? Y lo que era aún más importante… ¿qué haría él?

Cuando el agua se calentó lo suficiente para provocar una nube de vapor, yo ya tenía la mano entre mis piernas. El gel cubría mi piel, pero tampoco necesitaba lubricación adicional. Llevaba húmeda y excitada toda la semana, pensando en Joe.

Me toqué el clítoris con dos dedos y apoyé la otra mano en los azulejos de la ducha. Cerré los ojos e imaginé el rostro de Joe. Recordé la sensación de tenerlo dentro de mí. Su olor. Su sabor. El tamaño de su miembro. Quería volver a sentirlo en mi mano y en mi sexo. En mi boca. Quería engullirlo hasta el fondo de mi garganta…

Los muslos se me estremecieron a medida que la tensión crecía por todo mi cuerpo.

Podía llegar al orgasmo de esa manera, bajo el chorro ardiente, rodeada de vapor, con el sonido del agua resonando en mis oídos. Quería llegar al clímax. Y lo iba a hacer.

Deslicé la mano sobre los viejos azulejos, que necesitaban una reforma urgentemente. El clítoris me palpitaba. El placer aumentaba de manera imparable. Iba a correrme en cuestión de segundos… De repente, una punzada de dolor me traspasó la palma de la mano derecha. Abrí los ojos, medio cegada por el placer, y vi la sangre manando a borbotones justo debajo del meñique. El agua la limpió, pero enseguida volvió a manar. Una mezcla de placer y dolor se apoderó de mí al sufrir las convulsiones del orgasmo.

Dejé la mano bajo el chorro mientras recuperaba el aliento. El corte no parecía muy profundo, pero me escocía bajo el agua y el estómago se me revolvió al ver la carne roja que revelaban los bordes. Salí de la ducha y agarré rápidamente una toalla, pero para entonces la hemorragia había disminuido lo suficiente para que sólo hiciera falta una venda.

Cerré el grifo y busqué el azulejo roto, pero no encontré ninguna grieta ni esquirla. No me atrevía a buscarla con los dedos, así que no palpé la pared con las manos. Tendría que ser más cuidadosa, pensé mientras me secaba y me ponía una camiseta holgada. No era la primera vez que me corría ni que sangraba en la ducha, aunque no sabía qué explicaciones podría dar si alguien me preguntaba por el corte.

Volví al salón y pulsé una tecla del ordenador para sacarlo del estado de hibernación. El e-mail de la señora Smith volvió a aparecer en la pantalla.
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 6th 2012, 20:57

—Hola. Ha contactado con la agencia de la señora Smith —la voz de la señora Smith recordaba realmente a la de Judi Dench—. Si llama para pedir una cita, por favor deje su nombre y número de teléfono y uno de nuestros caballeros se pondrá en contacto con usted a la mayor brevedad posible.

—Hola —respondí animadamente—. Soy la señorita Underfire. Querría volver a concertar la cita que se canceló el jueves pasado, pero me gustaría cambiar los servicios. Por favor, que alguien me llame para los detalles.

Plantada la semilla, me quedé sentada a esperar. La espera no fue larga. Los caballeros de la señora Smith estaban acostumbrados a que los llamaran con poca antelación. Nick me devolvió la llamada a la media hora.

—Hola, ¿señorita Underfire?

—Sí, soy yo.

—Soy Nick.

—Hola, Nick —lo saludé mientras observaba el vendaje. Se había arrugado por los lados y se apreciaba un atisbo rosado bajo el adhesivo beige—. ¿Qué ocurrió la semana pasada?

—Lo siento —se disculpó él de inmediato, aunque la única culpable era yo—. Me retrasé un poco y…

—Un simple error, nada más —lo interrumpí yo. No iba a decirle que me había confundido de persona en el bar—. ¿Podemos quedar otra vez?

—¡Sí! Por supuesto. Genial —parecía ansioso por concertar una nueva cita. Pensé en la descripción que me había facilitado la señora Smith. Pelo castaño. Pendiente en la oreja. Delgado… Maldita sea. Estaba pensando en Joe otra vez—. Esto… ¿quieres que quedemos en el mismo…?

—La verdad es que no. Estoy un poco harta de amargarles la velada a todos los que se me acercan.

Él soltó una risita vacilante, como si no supiera si estaba bromeando.

—De acuerdo. ¿Qué propones, entonces?

Había pagado un montón de dinero por su tiempo y conversación, y ya que no podía recuperarlo al menos debería aprovecharlo.

—¿Te gusta bailar, Nick?

Una pausa. Oí una especie de inhalación seguida de un débil suspiro. Estaba fumando.

—Sí, me gusta.

¿La señora Smith me había asignado a un fumador? Curioso… Aunque en cierto modo era lógico. Yo había pedido a alguien diferente, y aunque no me gustaba fumar, me parecía sexy.

—Estupendo. Me apetece ir a bailar. ¿Te viene bien el viernes por la noche?

Otra pausa. Se oyó el crujido de unos papeles.

—Sí.

—Nos veremos en el aparcamiento de Second Street a las nueve en punto —no tenía necesidad de comprobar mi agenda—. Oye, Nick… ¿te importaría decirme qué aspecto tienes?

Una risita.

—Claro. Tengo el pelo castaño y los ojos marrones. Dos pendientes en la oreja derecha y uno en la izquierda, y un aro en la ceja izquierda —debí de emitir algún ruido raro, porque él volvió a reírse—. ¿Te parece bien?

—Muy bien —si hubiera sabido esos detalles antes de la primera cita, no habría confundido a Joe con el caballero al que había contratado. Pero, claro, la idea era citarse con un completo desconocido—. ¿Puedo hacerte otra pregunta?

Volví a oír cómo daba otra calada al cigarro.

—Claro.

—¿Cuánto mides?

—Un metro ochenta, ¿qué tal?

—Perfecto —respondí, ya que cualquier otra respuesta habría sonado bastante grosera.

Definitivamente, no podría ser Joe.
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 6th 2012, 21:00

CAPÍTULO 03

—¿Dónde tienes la cabeza, ______? —como de costumbre, mi padre no se andaba con rodeos—. Vamos, habla.

Lógicamente, no podía decirle que me había ligado a un tío en un bar, que me había pasado horas follando en la habitación de un hotel, y que era incapaz de concentrarme en nada porque sólo podía pensar en volver a hacerlo.

—Lo siento, papá.

—¿Que lo sientes? —mi padre agitó la carpeta con los extractos bancarios delante de mí—. ¿Crees que no tengo nada mejor que hacer que examinar tus cuentas?

Conseguí esbozar una sonrisa.

—No lo sé… ¿Qué harías si no?

—Estaría pescando —me miró por encima de sus gafas—. Eso es lo que me gustaría estar haciendo.

—¿Desde cuándo vas a pescar? —me incliné sobre la mesa para recuperar la carpeta, pero mi padre la alejó de mi alcance.

—Desde que me jubilé y tu madre me dijo que buscase algo que hacer para no pasarme todo el día encerrado en casa.

Volví a sentarme y me eché a reír.

Tres años después, aún me sentía extraña estando sentada a ese lado de la mesa mientras mi padre ocupaba la silla reservada para los clientes. Tampoco a él debía de gustarle mucho, viendo cómo agitaba la carpeta. La verdad era que no necesitaba su ayuda para revisar la contabilidad, como tampoco necesitaba que me preguntara si mi coche tenía gasolina o si necesitaba a alguien para arreglarme el lavabo. Mi padre se resistía a verme como una mujer independiente, cosa que a mí no me gustaba en absoluto.

Se empujó las gafas sobre la nariz y soltó un gruñido de disgusto al tiempo que ponía un dedo sobre un informe.

—¿Qué son estos gastos?

Dos clics del ratón abrieron el programa de contabilidad, una herramienta jamás empleada por mi padre.

—Material de oficina.

—Ya sé que es material de oficina, aquí lo pone bien claro. ¡Lo que quiero saber es por qué te has gastado cien dólares!

—Papá… —intenté mantener la calma—. Había que comprar tinta para la impresora, folios y esas cosas. Compruébalo tú mismo.

Mi padre le echó un vistazo fugaz al monitor antes de volver al montón de papeles.

—¿Y qué hace aquí una factura de internet por cable?

—Es mía —dije, arrebatándosela de la mano.

Mi padre no me acusaría de deslizar mis facturas personales en las cuentas de la funeraria. Me había repetido tantas veces que los gastos domésticos tenían que separarse de la empresa que yo nunca podría olvidarlo. Teniendo en cuenta que debería reducirme el sueldo si así lo exigía la marcha del negocio, no veía ningún problema en pasar la factura de internet por cable en la misma cuenta bancaria, sobre todo porque era absurdo mantener dos cuentas de internet en un solo lugar. Yo vivía en el piso de arriba y podía usar la conexión inalámbrica en la oficina.

—Tendré que hablar con Shelly para que no mezcle las facturas —dijo mi padre—. Y quizá hable también con Bob la próxima vez que vaya a la oficina de correos, a ver si puede separar la correspondencia como es debido.

—No tiene importancia, papá.

Mi padre me fulminó con la mirada.

—Claro que sí, Grace. Lo sabes muy bien.

Tal vez fuese aquélla su manera de hacer las cosas cuando estaba al frente del negocio, pero ahora estaba yo al mando.

—Yo hablaré con Shelly. Tú sólo conseguirías hacerla llorar.

Shelly acababa de salir de la facultad de Empresariales cuando la contraté para el puesto de gerente. Era joven y no tenía ninguna experiencia laboral, pero trabajaba muy duro y se le daban bien las personas. Mi padre, naturalmente, no tenía muy buena opinión sobre ella.

—Eso no es verdad.

No costaba mucho hacer llorar a Shelly, pero no quise discutir con él. Metí la factura de internet en el cajón donde guardaba mis efectos personales y volví a mirarlo.

—¿Algo más sobre lo que me quieras preguntar?

Mi padre miró por encima las facturas y los informes.

—No. Me llevaré todo esto a casa para revisarlo.

Yo no tenía ningún problema con las cuentas, pero era casi seguro que mi padre volvería con una lista de preguntas sobre gastos sin justificación. A veces daba la impresión de que yo estaba arruinando el negocio.

—Aún no has respondido a mi pregunta —dijo él mientras cerraba la carpeta—. ¿Dónde tienes la cabeza?

—Creo que la tengo sobre los hombros, ¿dónde la ves tú?

—No te hagas la tonta, _____.

Imité su expresión con una ceja arqueada.

—¿Prefieres que me haga la lista?

Mi padre no estaba para bromas. De hecho, parecía realmente furioso.

—Tu hermana dice que estás viendo a alguien y que no quieres traerlo a casa para que conozca a la familia.

Intenté ahogar un gemido de frustración.

—Hannah habla mucho.

—Eso no te lo discuto, pero ¿es verdad lo que dice? ¿Tienes un novio del que no quieres decir nada? ¿Es que te avergüenzas de nosotros?

—Claro que no, papá.

—¿No te avergüenzas o no tienes novio?

Era imposible despistar a mi padre con juegos de palabras.
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 6th 2012, 21:04

—No a ambas preguntas.

Mi padre me miró con desconfianza.

—¿Es Jared?

—¿Cómo?

—Jared —repitió él, apuntando con el dedo pulgar hacia la puerta del despacho.

—Por Dios, papá… Claro que no. Jared es mi empleado.

Mi padre siguió enfurruñado.

—La gente habla.

—¿La gente como tú?

—Sólo digo que eres una mujer joven y guapa, y que él también es joven…

Solté un exagerado suspiro a propósito.

—Y mi empleado —repetí—. Déjalo ya, ¿quieres?

Mi padre se limitó a mirarme de arriba abajo. No pidió disculpas, como haría mi madre, y tampoco me atosigó en busca de respuestas como haría mi hermana. Tan sólo sacudió lentamente la cabeza.

—¿Qué dice el letrero de la puerta? —me preguntó.

—Frawley e Hijos.

Él asintió, se guardó las gafas en el bolsillo de la pechera y se levantó.

—Piensa en ello.

Agarró la carpeta de las facturas y se giró para marcharse, sin intención de decir nada más.

—¡Papá! —lo llamé, levantándome rápidamente.

Mi padre se detuvo en la puerta, pero no me miró.

—¿Qué has querido decir con eso? —le pregunté, casi gritando.

Entonces me miró con la misma expresión que ponía cuando me saltaba algún castigo de niña o cuando traía malas notas a casa. La mirada de reproche y decepción con la que me conminaba a portarme mejor, a hacerlo mejor, a ser mejor.

—Tu hermana no dejaría que sus hijos se acercaran a este lugar. Y tu hermano… —hizo una brevísima pausa— Craig tampoco, si alguna vez los tiene.

—¿Quieres decir que depende de mí? —parpadeé con fuerza para intentar aliviar el escozor de mis ojos.

—Te estás haciendo vieja, _____. Es todo lo que digo.

Si me estaba haciendo vieja, ¿por qué seguía haciéndome sentir como una cría?

—No estarás insinuando que me case y tenga hijos sólo por un ridículo letrero, ¿verdad, papá?

Mi padre volvió a irritarse.

—¡Ese letrero no es ridículo!

—¡No, salvo por el detalle de que yo no soy un hijo! —mi grito resonó en la estancia y su eco permaneció un instante entre las paredes, hasta disolverse en el silencio.

Todo el mundo había dado por hecho que mi hermano se haría cargo de la empresa. Todo el mundo, salvo Craig. El enfrentamiento estalló un día de Acción de Gracias. Mi padre le exigía que ocupara su lugar en Frawley e Hijos, pero Craig quería ir a la universidad. Mi hermano acabó por levantarse airadamente de la mesa y no regresó en mucho tiempo. Vivía en Nueva York, frecuentaba la compañía de actrices cada vez más jóvenes y se dedicaba a hacer anuncios y vídeos musicales. Uno de sus documentales había sido nominado para los premios Emmy.

—Te devolveré las facturas dentro de unos días —dijo mi padre, antes de marcharse.

Sola, me dejé caer de nuevo en la silla. Mi silla. Mi mesa. Mi despacho. Mi negocio…

Aunque no fuera un hijo varón.

Nunca había pensado en Jared como algo más que un empleado, pero las insinuaciones de mi padre me hicieron verlo de otra manera. Era algo que me sacaba de quicio. Hasta ese momento habíamos mantenido una perfecta relación profesional, tan simple como mis citas con los caballeros de la señora Smith.

Me parecía un joven atractivo, afable y divertido con el que era muy fácil bromear y llevarse bien, pero nunca me había dado la impresión de que estuviera tonteando conmigo, ni yo con él. ¿Por qué los hombres y las mujeres no podían ser amigos sin que hubiera connotaciones eróticas por medio? ¿Y por qué todo el mundo pensaba que para acostarse con alguien había que estar enamorado?

—Hola, _______. ¿Quieres que le dé un baño a Betty?

—He notado que tienes una grave obsesión con los coches, Jared —agarré el último montón de folletos de la impresora y los coloqué en la mesa de Shelly para que los plegara—. Pero si quieres hacerlo, adelante.

—Genial —Jared sonrió y salió por la puerta trasera hacia el aparcamiento.

Betty era mi coche. Un Camaro de 1981 que primero fue de Craig, quien lo compró en honor del grupo de música The Dead Milkmen y que me lo dejó al marcharse a Nueva York. Sólo lo conducía cuando no quería usar la furgoneta con el logo de Frawley e Hijos. No corría mucho, pero el motor retumbaba poderosamente y a Jared le encantaba.

Lo seguí al garaje, una antigua cochera reformada con apenas espacio para el coche fúnebre, la furgoneta que usábamos para transportar los cadáveres y Betty. Las grandes funerarias tenían más vehículos, y algún día esperaba tener yo también un coche para transportar las flores o a los parientes del difunto. Todo llegaría.

—¿Vas a ayudarme? —me preguntó Jared mientras llenaba un cubo de agua y agarraba una esponja de gran tamaño. Ya había sacado el coche fúnebre al camino de entrada—. Creía que odiabas lavar el coche.

—Sí. Mi padre nos obligaba a hacerlo a Craig y a mí todos los sábados —me mantuve a una distancia prudente de las salpicaduras. Aún llevaba el uniforme de trabajo y tenía una cita dentro de una hora.

—¿Tienes miedo de que le cause algún desperfecto a Betty?

—No —miré con cariño el coche que me había acompañado en dos bailes del instituto, las fiestas de la universidad y muchas otras escapadas—. Betty sabe cuidarse sola.

Jared mojó la esponja en el agua con jabón y se arrodilló junto al coche para empezar por las ruedas.

—Mientras no cobre vida y empieza a asesinar a los peatones… Aunque tampoco estaría tan mal, ¿no te parece? Sería bueno para el negocio.

—No se te ocurra decírselo a mi padre.
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 6th 2012, 21:07

Chicas ahi esta se que no es mucho..
pero esta semana he estado muy ocupada :s
ahi le dejo una mini maraton...
porque este fin no podre subirles mañana me voy a Maracaibo a pasar el fin de semana y no estare cerca de ninguna pc :s y no me dejan llevarme mi laptop Sad
asi que cuando vuelva les subire una Maraton Very Happy
Que dicen?
la hago?
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Niinooskaa
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 6th 2012, 21:15

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 6th 2012, 21:55

JHgfahjskahgs cuando van a ir a bailar asfgjas síguela
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 7th 2012, 21:45

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 9th 2012, 12:10

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 11th 2012, 20:31

Leí la sinopsis, no me ha dado tiempo de leer la historia o capitulos que ya has subido, pero te prometo que lo leo, por ahora la sinopsis estuvo demasiado buena c: Siguela.

____________________________________________________________________
Hola, se pasan por mi novela, les va a gustar se los aseguro, soy nueva y pues por favor pasense :B.


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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 11th 2012, 20:33

¿Te pase de página? :O jdbasjkd bueno un capitulo más de extra djfsbdjfb c:
Aunque si fsbhdjkf. Te prometo que en un día me termino la historia que ya tienes escrita kjbsjf c:


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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 13:08

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 14:38

Chicas he regresado !!
Me la pase genial^^
Ya les subo los que les prometi:D
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 14:46

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!


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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 14:52

—Ni que estuviera loco… Tu padre ya me da bastante miedo —frotó con ahínco y me miró por encima del hombro—. ¿Quieres hablarme de algo, jefa?

En realidad no. No podía decirle a Jared que mi padre y seguramente la mitad del pueblo pensaba que estábamos liados.

—Sólo quería decirte que estás haciendo un gran trabajo, eso es todo.

Jared dejó de limpiar las ruedas y se levantó con las manos cubiertas de espuma.

—Gracias, ______.

Su sonrisa era muy sexy, pero no me despertaba la menor excitación. Y el hecho de estar comprobándolo me irritaba.

—No hay de qué.

Él siguió mirándome con curiosidad.

—¿Algo más?

—No, puedes seguir —lo ahuyenté afectuosamente con las manos y volví a la oficina, donde Shelly estaba doblando folletos y atendiendo llamadas.

Fui a mi despacho y me senté en mi silla para contemplar mis dominios, pero extrañamente no sentí la satisfacción habitual. Por mucho que me esforzara, siempre habría personas como mi padre y mi hermana que midieran mi éxito según su escala de valores. Yo no quería que me afectara su visión de lo que debería ser mi vida…

Pero por desgracia, me afectaba.



Nick no me había engañado con su descripción. Me estaba esperando en el lugar indicado y ni siquiera olía a tabaco, a pesar de ser un fumador reconocido. Era muy joven, no más de veintidós o veintitrés años, y muy atractivo, incluso con los aros metálicos. Había dicho que tenía el pelo castaño, pero era imposible saberlo con la gorra de béisbol que casi le cubría los ojos. Llevaba una camiseta negra de un grupo de rock sobre otra camiseta blanca de manga larga, arremangada por los codos y revelando los intricados tatuajes que le cubrían todo el antebrazo izquierdo, y unos vaqueros descoloridos y caídos con un cinturón negro de cuero.

—¿Nick? —pregunté, extendiendo la mano.

Él me la estrechó con la fuerza adecuada y durante el tiempo adecuado.

—Sí.

—Soy la señorita Underfire, pero puedes llamarme ______.

—Bonito nombre —dijo él con una sonrisa.

Habría dicho lo mismo aunque mi nombre hubiera sido Hepzibah. Como si el nombre importara… Una vez más, me sorprendí pensando en Joe.

—Gracias. Nick también lo es.

Volvió a sonreír y yo me quedé asombrada con la transformación que experimentó su rostro. Estando serio era guapísimo. Pero sonriendo era… arrebatador.

O no entendía mi reacción, o hacía tiempo que sabía cómo tratar a las mujeres boquiabiertas, porque no pareció sorprendido en absoluto.

—Claro, si te gustan los apodos…

Murmuré algo incomprensible, incapaz de articular un sonido coherente bajo el efecto de aquella sonrisa.

—¿Apodos?

Él se echó ligeramente hacia atrás para dejar que yo abriera el paso. Había mucha gente en la calle y aún habría más a medida que avanzara la noche. Escuchar la risa de Nick era como sorber una capa de chocolate derretido. Cálido, pecaminosamente delicioso.

—Nickrabbit. Nickhammer. Nick Sprat. Nickass…

Me reí con él mientras nos dirigíamos hacia La Farmacia. Alguien había comprado la antigua farmacia en la planta baja y la había transformado en un local donde tocaban las jóvenes promesas del pop. En el piso de arriba había una discoteca, con paredes plateadas y jaulas en la pista de baile.

—No te llamaré Nickass, lo prometo.

Nick me dedicó una media sonrisa, afortunadamente, porque no quería volver a quedarme embobada.

—Gracias. Intentaré no comportarme como uno.

Aún era temprano y no tuvimos que esperar mucho en la cola. Intenté ver el carné de conducir de Nick cuando se lo mostró al gorila de la puerta, pero sólo alcancé a ver un atisbo de la foto. Al menos era lo bastante mayor para entrar en el club.

—Nicko —lo saludó el portero. Apenas miró el carné mientras lo introducía en un aparato para comprobar que era auténtico—. ¿Sigues en el Lamb?

Nick volvió a guardarse el carné en la cartera negra que había sacado del bolsillo trasero.

—Sí, a media jornada.

—¿Ah, sí? —el portero agarró mi carné sin ni mirarme siquiera y también lo introdujo en la máquina. Seguramente no aparentaba ser menor de edad—. ¿Y qué más haces?

—Estudio —respondió Nick sin mirarme.

—No jodas —el portero abrió los ojos como platos—. ¿El qué?

—Diseño gráfico —se encogió ligeramente de hombros y zanjó la conversación con una sonrisa.

Dejé que me condujera al interior. Se le daba bien captar mis indirectas, pero no tanto como para hacerlo sin fisuras. Aun así obtuvo un sobresaliente en esfuerzo cuando me preguntó qué quería beber y pidió en la barra por mí, junto a otra cerveza para él.

La mezcla de hip-hop y rock clásico atronaba por los altavoces mientras la gente se agolpaba frente al pequeño escenario donde tocaría el grupo. El local estaba mucho menos abarrotado de lo que lo estaría la discoteca del piso superior, y por el momento yo me conformaba con tomar mi cerveza y observar a la multitud.

—Así que estudias diseño gráfico —dije a modo de charla—. Interesante.

Él sonrió y se encogió de hombros como había hecho con el gorila de la puerta.

—Sí, supongo.

—¿Lo supones? Debe de parecerte interesante para estudiarlo.

Nick tardó un momento en responder.

—Sí, lo es. Creo que se me dará bien. Y es mejor que ser camarero.

También debía de ser mejor que follar por dinero, pero no lo dije.
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 15:00

—¿Eres camarero?

—En el Slaughtered Lamb.

—Nunca he estado.

—Deberías pasarte algún día —dijo él, pero no me pareció que lo dijera muy convencido.

Dos chicas vestidas con camisetas ceñidas y faldas cortísimas se acercaron y miraron descaradamente a Nick.

—Hola, Nick —lo saludó la más alta.

—Hola —respondió él, asintiendo con la cabeza.

Las chicas se fijaron entonces en mí. Yo sonreí y levanté la botella, esperando una provocación, pero la más baja de las dos tiró del codo de su compañera y se la llevó antes de que pudiera decir nada.

—Lo siento mucho —se disculpó Nick, visiblemente apesadumbrado.

—¿Una antigua novia?

Él se encogió de hombros, asintió y volvió a encogerse de hombros.

—Eso piensa ella.

—Ah —tomé un trago de cerveza. Quería acabarla antes de que se calentara—. ¿Es la que te llamaba Nickass?

De nuevo aquella maldita sonrisa. Radiante y letal, conseguía borrar todos los momentos embarazosos que se producían.

—Puede —dijo él.

No era la mejor cita que había tenido, pero tampoco la peor. Nick parecía nuevo en todo aquello, lo cual se le podía perdonar. Yo no era una clienta tan exigente como algunas mujeres, aunque en honor a la verdad, los acompañantes no debían hablar de sus estudios.

—¿Puedes hacerme un favor, Nick?

—¿Cuál?

Me acerqué a él. Aquella noche me había puesto unas botas de tacón que me permitían llegar fácilmente a su oreja.

—Quítate la gorra.

Él obedeció de inmediato. Se la enganchó con un dedo y se sacudió el pelo.

No creo en el amor a primera vista, pero mi cuerpo reacciona siempre ante la belleza. El pelo castaño de Nick, corto por detrás y largo por delante, invitaba a entrelazar los dedos entre sus relucientes mechones. Se lo apartó de la frente con dedos temblorosos, como si no estuviera seguro de lo que hacer con su mano.

—Eres muy guapo —le dije yo.

Estaba nervioso. Mucho más nervioso que yo. Sentí un arrebato de ternura… y también de excitación.

Acabé la cerveza y dejé la botella en la barra, antes de volver a acercarme a él. Nick giró la cabeza al mismo tiempo y su aliento me acarició el rostro. Olía a una mezcla de cerveza y colonia, sin el menor atisbo de tabaco. El calor llenó el reducido espacio que separaba nuestras caras.

Lo agarré de la mano.

—Vamos a bailar.

Tiré de él y lo llevé al centro de la pista de baile, donde las luces estroboscópicas amenazaban con provocarles una apoplejía a los bailarines y donde la música sonaba tan fuerte que el bajo retumbaba en mi estómago como un redoble de tambores. Era imposible mantener una conversación allí, por lo que ninguno de los dos sentía la obligación de hablar. Sólo teníamos que movernos.

Me encanta bailar. Desde siempre. Nunca he tomado clases de baile, ni siquiera de ballet como muchas chicas. Simplemente me gusta moverme al ritmo de la música y sudar. Trabajar los músculos de mi cuerpo. El baile es como el sexo, pero con ropa.

Nick sabía moverse. No lo hacía con mucho estilo, pero tenía sentido del ritmo y llamó la atención de varias chicas. En todo momento mantuvo la vista fija en mí, con la gorra metida en el bolsillo trasero y el pelo cayéndole sobre el rostro como una cortina de seda. Continuamente se lo apartaba de la cara, como si le molestara.

Bailamos con frenesí, los dos al mismo ritmo, hasta que empezó a sonar una canción lenta y la pista se llenó al momento de parejas para abrazarse y frotarse. Nick me miró. Yo lo miré y esperé a que me tomara en sus brazos. Al no hacerlo, suspiré para mis adentros y lo llamé con el dedo. De nuevo aquella sonrisa que me estremecía los muslos y le iluminaba el rostro. Se amoldó a mi cuerpo sin dudarlo. Y si antes me había parecido un bailarín decente, en ese momento descubrí que era condenadamente bueno.

Sólo había estado esperando a recibir permiso, y en cuanto lo tuvo ya no paró. Bailamos deprisa y despacio, sin separar nuestros cuerpos, con sus manos en mis caderas y en mi trasero, y de vez en cuando me regalaba su sonrisa. Se estaba divirtiendo. Y yo también.

Lo mejor de todo era saber que, pasara lo que pasara en la pista de baile, no pasaría nada más a menos que yo lo quisiera. Y tampoco si él no lo deseaba, naturalmente. Desde un punto de vista legal, yo sólo había pagado por su tiempo y compañía, no por sexo. Aunque ninguna cita me había rechazado jamás, y no creía que Jack fuera a ser el primero.

Si lo deseaba, sería mío. Pero por muy buen bailarín que fuera, no estaba del todo segura de querer llevármelo a la cama. El recuerdo de Joe seguía bailando en mi cabeza, y aunque a Nick no le importara que me acostara con él mientras pensaba en otro hombre, a mí sí que me importaba. De momento, bastaba con bailar y beber, sentir sus manos en mi cuerpo y deleitarme con aquella sonrisa. El sudor empapaba nuestros cuerpos y sujetaba el pelo de Jack cuando se lo echaba hacia atrás. Al pegar mi mejilla a la suya tuve que resistir la tentación de lamerlo para comprobar si sabía a sal.

Esperaba recibir alguna llamada o mensaje, pero la noche transcurrió sin una sola alerta en el móvil. Sin embargo, mi presupuesto tenía un límite. Señalé las escaleras y Jack asintió, y esa vez no esperó a que llevara yo la iniciativa. Me agarró de la mano y me sacó de la discoteca con la misma seguridad que había demostrado en la pista de baile.

Los oídos seguían zumbándome por la música cuando salimos a la calle. Nick seguía sin soltarme la mano.

—¡Cerdo asqueroso!

La chica alta de antes, con bastante más alcohol en el cuerpo, apareció tambaleándose en la puerta con el maquillaje corrido.
Nick se giró con el rostro desencajado. Me apretó la mano, pero yo se la solté. Él me miró con una expresión de disculpa y yo respondí con un gesto de indiferencia mientras echábamos a andar.
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 15:07

—¡Nick! ¡Nickass! ¡No me ignores!

—Vamos, Kira, no merece la pena —le dijo su amiga, mucho menos bebida.

Escenas como aquélla eran habituales a la una de la mañana, pero normalmente yo no participaba en ellas. Uno de los privilegios por los que pagaba era no verme implicada en una discusión de fulanas borrachas enseñando sus tangas.

—¡Que te jodan, Nick! —al parecer, Kira no estaba dispuesta a olvidarlo tan fácilmente.

Nick puso una mueca, se sacó la gorra del bolsillo y se la caló sin mirar a Kira. No habíamos dado más que unos pocos pasos cuando ella se lanzó hacia él por detrás y empezó a darle puñetazos y patadas mientras profería los insultos más incoherentes. Estaba tan borracha que apenas consiguió alcanzarlo un par de veces, pero la pelea atrajo rápidamente a un montón de curiosos.

Nick la apartó con firmeza y la agarró del brazo para que no se cayera al suelo. Ella intentó golpearlo de nuevo y volvió a fallar. El espectáculo era tan patético que tuve que contenerme para no reír.

—Ya basta —le ordenó Nick, sacudiéndole el brazo antes de soltarla. Ella volvió a arremeter contra él y en esa ocasión llegó a quitarle la gorra. El rostro de Nick se contrajo por la ira y la inmovilizó con un brazo mientras ella luchaba por clavarle las uñas en la cara.

—¡Espero que te haga otro agujero en el coño con sus piercings! —me chilló a mí.

—Vamos, Kira —le rogó su amiga, intentando separarla.

Finalmente, Kira dejó que se la llevara, pero sin dejar de escupir insultos.

Nick recogió la gorra del suelo y la sacudió, pero no volvió a ponérsela. El sentido común demostrado le hizo ganar bastantes puntos, aunque había perdido unos cuantos por haber salido con una histérica como Kira.

—Lo siento —murmuró al cabo de un minuto.

Respiraba agitadamente y tenía los puños apretados a los costados. Estaba temblando. Se metió la mano en el bolsillo como si fuera un acto reflejo, pero enseguida volvió a sacarla.

—No pasa nada —en realidad era un asunto bastante grave, pero no iba a ponérselo aún más difícil.

Me acompañó al garaje en incómodo silencio. Al llegar a mi coche parecía habérsele pasado el enfado, pero ya no servía de nada. Abrí la puerta de Betty y me giré hacia él.

—Bueno, Nick, ha sido una cita muy interesante.

Se pasó la mano por el pelo.

—Espero que… te hayas divertido.

Por una diversión como aquélla no se me ocurriría pagar trescientos dólares.

—Claro —dije de todos modos.

—No te has divertido.

—No, no…

—______ —me interrumpió él—. Sé que no te has divertido. Y lo siento de veras.

Me apoyé en el coche para mirarlo. Él volvió a llevarse la mano al bolsillo y de nuevo la retiró. Recordé entonces las bocanadas que oí por teléfono.

—Si necesitas fumar, hazlo. No me importa.

Y menos cuando ya no tendría que soportar el sabor a tabaco en su lengua.

Su expresión de alivio fue tan cómica que me eché a reír. Sacó un paquete de cigarrillos y encendió uno con un mechero que tenía el símbolo de riesgo tóxico. Me ofreció uno, que yo rechacé.

Un metro nos separaba, yo aún apoyada en mi coche y él en el que estaba aparcado al lado. Expulsó el humo lejos de mi cara y dejó de temblar. Ninguno de los dos dijo nada hasta que dio unas cuantas caladas.

—Bonito coche —comentó, recorriendo a Betty con la mirada. Seguramente se estaba imaginando cómo debería ser en vez de cómo era realmente, lleno de abolladuras y ralladuras y con los parachoques oxidados. Si no había acabado en el desguace era por su reputación, más que por los cuidados que yo le dedicaba.

—Es mi Camaro —le dije con una sonrisa al tiempo que abría la puerta. A los hombres les gustan los coches tanto como el sexo femenino—. De momento me sigue llevando de un lado para otro.

Nick le dio otra calada al cigarro.

—No era mi novia. Sólo nos enrollamos un par de veces.

—No tienes que darme explicaciones.

—Ya lo sé, pero quiero hacerlo, ¿de acuerdo?

La luz del aparcamiento no era la más favorecedora, pero Jack no perdía ni un ápice de su atractivo juvenil. Con el cigarro en la boca y los ojos entornados por el humo debería parecer más curtido, o al menos más viejo.

—Te devolveré el dinero —dijo cuando yo no respondí.

—La señora Smith no ofrece reembolso.

—Lo sé —tiró la colilla al suelo y la apagó con la bota—. Pero esta cita ha sido un desastre, y lo siento.

—No ha estado tan mal. Eres buen bailarín.

Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa.

—Gracias. Tú también. Pero lo de Kira lo ha echado todo a perder… Lo siento.

—No puedes evitar que sea una histérica —le dije.

Nick pareció sorprendido un instante, antes de soltar una carcajada.

—¿Puedo darte un consejo? —le pregunté.

—Claro.

—¿Tienes intención de seguir dedicándote a esto?

No hacía falta explicar a qué me refería con «esto».

—Eh… sí.

—Y quieres hacerlo bien, supongo.

—Claro.

Lo miré fijamente a los ojos.

—Lo primero, no aceptes una cita en la que no puedas fumar.

La sorpresa se reflejó en su rostro.

—¿No?
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 15:23

—No. Ver cómo chupabas el cigarro es como ver a un bebé con un biberón.

Él volvió a reírse, avergonzado.

—Lo siento.

—No lo sientas. Simplemente, no aceptes una cita donde no puedas ser tú mismo. Porque, déjame que te diga, Nick, si intentas ser otra persona no saldrá bien.

Él asintió muy despacio.

—Lo he hecho fatal, ¿no?

—No, no es eso. Pero… —pensé en la mejor manera de decírselo—. De acuerdo, míralo de este modo. ¿Para qué te pago?

—Por mi tiempo y mi compañía —respondió él automáticamente mientras encendía otro cigarro.

Al menos tenía claro aquel punto.

—Exacto. Pero tienes que comportarte como si fuera una cita real, Nick. Tienes que ir preparado. Leer la información que te envía la señora Smith, prestar atención a todos los detalles, estar más seguro de ti mismo y no esperar a que se te dé permiso para actuar. Simplemente, hazlo.

—¿Y si me equivoco?

—Si haces todo lo que te he dicho, no te equivocarás.

Suspiró.

—Genial.

Me reí y alargué una mano para apartarle el pelo de la cara.

—Y sobre todo, no lleves a tu cita a un sitio lleno de fulanas psicóticas.

—Eso limitará mis opciones.

Nos reímos los dos juntos. Miré al interior de mi coche, pero no me senté al volante. Nick se acercó a mí y me rodeó la cintura con un brazo para apretarme contra su cuerpo.

Otra vez me quedé embobada con sus cejas negras y sus intensos ojos cafes.

Me apretó aún más contra él.

—¿Esto es una despedida?

—Sí, Nick —suavicé mi respuesta con una sonrisa.

En vez de soltarme, él extendió la mano sobre mis caderas.

—¿Es por lo que ha pasado esta noche?

—No —respondí con sinceridad.

—¿Por el tabaco?

—Oh, no —eso también lo decía en serio.

Nick guardó un momento de silencio.

—¿Crees que… podrías volver a llamarme?

—Claro —tal vez lo hiciera. O tal vez no.

—¡Genial!

Me soltó y se apartó para dejar que me subiera al coche. Un estremecimiento volvió a recorrerme cuando me dedicó su radiante sonrisa. Esa sonrisa que me acuciaba a untarlo de mantequilla y zampármelo enterito.

Se alejó y entonces me di cuenta de algo. Aquella sonrisa casi me había hecho olvidar a Joe el desconocido.

Definitivamente, volvería a llamar a Nick.
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 15:28

CAPÍTULO 04

Durante los próximos días no tuve tiempo de pensar en sonrisas ni en desconocidos, pues tenía muchos funerales que atender y muchas familias que consolar. Sé que mucha gente piensa que lo que hago es morboso, e incluso espeluznante. Muy pocos entienden que el objetivo de un director funerario no es ocuparse de los muertos, aunque también, sino de los vivos que se quedan destrozados por la pérdida. Mi trabajo consiste en que la traumática despedida de un ser querido sea lo menos amarga posible.

Con tres funerales el mismo día, agradecí más que nunca tener a Jared. Mi padre y mi tío siempre habían contado con ayudantes, pero cuando me hice cargo de la funeraria tuve que despedirlos porque el negocio empezó a caer. Al poco tiempo conseguí que volviera a crecer, en parte porque era yo quien se ocupaba de todo el trabajo. No era una tarea imposible, pero sí extremadamente difícil. Tener a Jared conmigo era un lujo al que no había querido acostumbrarme.

Cuando alguien muere en un hospital o en un asilo, siempre hay personal y material disponibles para que el traslado sea fácil y rápido. Pero cuando hay que recoger el cuerpo en un domicilio particular nunca voy yo sola. La gente no suele morir junto a la salida más próxima, y para mí es imposible transportar un cuerpo por las escaleras sin ayuda.

El martes por la mañana recibimos un aviso muy temprano. La mujer, de treinta y pocos años, había muerto en casa, pero el cuerpo había sido trasladado al hospital. Su marido iría a la funeraria a organizarlo todo mientras Jared iba a recoger el cuerpo. Con algunas personas es más fácil que con otras, por ejemplo, cuando el difunto ha fallecido tras una larga enfermedad o a una edad avanzada. En esos casos la muerte no sorprende a nadie.

—Es horrible —el hombre sentado delante de mí acunaba a un niño pequeño contra su pecho. No lloraba, pero parecía haberlo hecho. Una niña pequeña jugaba a sus pies con los bloques de colores que teníamos en la funeraria para los niños—. Nadie se lo esperaba.

—Lo siento —le dije, y esperé pacientemente a que siguiera.

He oído muchas historias de horror sobre familias a las que una funeraria las obliga a tomar decisiones a toda prisa o a elegir los mejores ataúdes y criptas. Otras funerarias operan como puertas giratorias, recibiendo y despidiendo a los clientes a la mayor celeridad posible. Pero el señor Davis se merecía mi tiempo y podría disponer del mismo tanto como necesitara.

—Odiaba esa furgoneta —siguió él. El bebé se agitó en sus brazos y se lo cambió de postura. Era un niño, como se adivinaba por el bate de béisbol estampado en su ropa—. ¿Por qué querría morir en ella?

Era una pregunta sin respuesta, pero me miró como si creyera que yo podía dársela. Intenté no mirar a la niña que jugaba en el suelo ni al bebé que tenía en brazos y clavé la mirada en su rostro.

—No lo sé, señor Davis.

El señor Davis miró a sus hijos antes de volver a mirarme.

—Yo tampoco lo sé.

Juntos decidimos un funeral sencillo y discreto. Él me entregó la ropa que quería que llevara su difunta esposa, así como su maquillaje favorito. Su hijo empezó a protestar por hambre y él sacó un biberón para dárselo mientras hablábamos. Le pedí a Shelly que se llevara a la niña a darle zumo y galletas.

Para mí era un proceso rutinario, pero para él suponía el final de la vida tal y como la había conocido. Hice todo lo que pude por él, pero el señor Davis se marchó con la misma mirada vacía con la que había llegado. Al marcharse, bajé a la sala de embalsamado a ver si Jared había regresado con el cuerpo de la señora Davis. Ya estaba allí, pero al no tener licencia no podía hacer nada hasta que yo estuviera presente. En cambio sí lo había preparado todo y había puesto algo de música.

Se quedó muy callado cuando destapamos el cuerpo. Jared siempre estaba de buen humor y haciendo bromas, aunque nunca faltaba el respeto a los muertos ni nada por el estilo. Aquel día, sin embargo, ni siquiera sonreía.

—Es muy joven.

Miré a la señora Davis. Los ojos cerrados, el rostro sereno, la piel pálida… Ya había perdido el resplandor rosado por la intoxicación de monóxido de carbono con que la encontraron.

—Sí. Tiene la edad de mi hermana.

Jared pareció asustarse.

—La misma edad que la mía también…

Se volvió hacia el fregadero y se lavó vigorosamente las manos. Estaba encorvado y tenso. Llevaba trabajando conmigo seis meses y había presenciado muchos casos, desde muerte por enfermedad a accidentes, pero nunca habíamos tenido ningún suicidio. Ni siquiera habíamos embalsamado a nadie menor de cuarenta y cinco años.

Al girarse de nuevo hacia mí parecía haber recuperado el control.

—¿Lista?

—¿Lo estás tú? —no había ninguna prisa por empezar.

—Sí.

—¿Qué tal si me dices lo primero que debemos hacer? —le pregunté. Tenía que recordarle que, por inquietante que fuera, seguía siendo un trabajo.

Jared empezó a enumerar los pasos que debíamos seguir, pero continuamente miraba el rostro de la señora Davis y en muchas ocasiones tuvo que darse la vuelta. Finalmente le puse una mano en el brazo.

—¿Necesitas tomarte un descanso?

Jared soltó una profunda exhalación y asintió.

—Sí. ¿Un refresco?

—Muy bien —yo no necesitaba descansar, pero lo acompañé a la vieja nevera que siempre tenía bien provista en la sala de personal. Era una habitación de muebles desvencijados y suelo rayado que usábamos para comer y descansar.

Jared abrió su lata y se estiró en el roído sofá mientras yo hacía lo mismo en un sillón con estampado florido y cojines a juego. Bebimos en silencio, oyendo los tacones de Shelly en el piso superior.

—Habría que insonorizar esto —dije, mirando al techo.

Él asintió, mirando fijamente su lata.

—Sí.

—Con el ruido no se puede trabajar a gusto.
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 15:29

Bienvenida Smile Jonatic
que bien que te guste Very Happy
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Septiembre 12th 2012, 15:30

Chicas mas tarde les subo mas
es que saldre..
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Octubre 10th 2012, 12:59

No les gusta la nove?
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nikatiikaa!!
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Octubre 11th 2012, 18:52

Hola soy nueva lectora! Me encanta la nove! Siguela pronto! Ehm normalmente no soy de comentar mucho pero siemre guardo las noves que me gustan y las leo casi todos los dias si hay capitulos nuevos! Asi que siguela pronto!
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MensajeTema: Re: Dos Extraños en la Cama ... [Joe & Tu] Adaptada   Hoy a las 17:45

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