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 La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/

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rox
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 13th 2012, 22:13

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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IrennIsDreaMy
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 14th 2012, 09:13

debes seguirla cuento antes por favor, necesito seguir leyendo
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rox
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 14th 2012, 21:41

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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HistoriaDeUnAmor
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 15th 2012, 16:04

Nueva lectoraaa cheers
siguelaaa!!!! Very Happy What a Face
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rox
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 15th 2012, 22:28

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 16th 2012, 07:38













Capítulo 15












_________________ estaba arrodillada en la rosaleda, con el regazo lleno de pimpollos. Hacía ya un mes que Joe se había ido y diez días que no se tenían noticias de él. No pasaba un momento sin que ella mirara por alguna ventana o por la puerta, por si llegaba algún mensajero. Vacilaba entre el deseo de verlo y el temor de que retornara. Él ejercía demasiado poder sobre ella, tal como lo había demostrado en la última noche. Sin embargo, ella sabía bien que Joe no experimentaba la misma ambigüedad en sus sentimientos hacia ella. Para él sólo existía la rubia Alice. Su esposa era sólo un juguete que podía usar cuando necesitaba divertirse.
Oyó un entrechocar de armas: unos hombres estaban cruzando el doble portón que separaba el recinto interior del exterior. Se levantó deprisa, dejando caer las rosas a sus pies, y recogió sus faldas para echar a correr. Joe no venía entre ellos. Dejó escapar el aliento que contenía y soltó sus faldas, caminando con más calma.
John Bassett, a lomos de su caballo de combate, parecía mucho más viejo que al partir algunas semanas antes. El gris de sus sienes se había tornado más claro. Tenía los ojos hundidos y círculos oscuros bajo ellos. Un costado de su cota de malla estaba desgarrado, con los bordes enmohecidos por la sangre. Sus compañeros no tenían mejor aspecto, amarillentos, ojerosos, sucios y con las ropas desgarradas.
_________________ los vio desmontar en silencio.
–Ocúpate de los caballos–dijo a un mozo de cuadra–. Que se los atienda.
John lo miró por un momento; después, resignado, hizo ademán de arrodillarse para el besamanos.
–¡No!–Ordenó _________________, presurosa. Era demasiado práctica para permitirle malgastar energías en un gesto inútil. Le rodeó la cintura con un brazo e hizo que se apoyara en sus hombros.
John se puso tieso, desconcertado por la familiaridad de aquella menuda ama. Por fin, sonrió con afecto.
–Ven a sentarte junto a la fuente–propuso ella, conduciéndolo hacia el estanque azulejado, junto al muro del jardín. Y ordenó:–¡Joan! Llama a otras doncellas y haz que alguien traiga vino y comida de la cocina.
–Sí, mi señora.
Ella se volvió hacia John.
–Te ayudaré a quitarte la armadura–dijo, antes de que él pudiera protestar.
Acudieron algunas mujeres desde adentro. Pronto los hombres estuvieron desnudos desde la cintura hacia arriba y las armaduras fueron enviadas a reparación. Cada uno de los recién llegados consumió con voracidad el denso guiso caliente.
–No me has preguntado qué noticias hay–observó John entre un bocado y otro. Mantenía el codo levantado para que _________________ pudiera limpiarle y vendarle la herida del costado.
–Ya me las darás–replicó ella–. Si fueran buenas, mi esposo habría regresado contigo, para recibir malas noticias hay tiempo de sobra.
John dejó el cuenco y la miró.
–¿Ha muerto?–Preguntó ella sin mirarlo.
–No sé–fue la respuesta serena–. Nos traicionaron.
–¡Que los traicionaron!–Exclamó ella. Y se disculpó al caer en la cuenta de que le habla provocado dolor.
–Uno de los caballeros de la guarnición, un hombre nuevo llamado Bohun, escapó en la noche para revelar a Demari que Lord Joe planeaba partir al amanecer en busca de su hermano, de quien esperaba recibir ayuda. Lord Joe no se había alejado mucho cuando lo rodearon.
–Pero ¿lo mataron?–Susurró _________________.
–Creo que no. No encontramos su cadáver–respondió John bruscamente, volviendo a su comida–. Dos de los hombres que acompañaban a mi señor fueron asesinados...asesinados de un modo que me pesa, ciertamente. El hombre con quien tratamos no es normal, ¡Es un demonio!
–¿No se ha entregado ningún mensaje pidiendo rescate? ¿No se ha sabido si lo tienen prisionero?
–Nada. Nosotros cuatro debimos de llegar momentos después de la batalla. Aún quedaban algunos hombres de Demari. Combatimos.
Ella ató el último nudo del vendaje y levantó la vista.
–¿Dónde están los otros? No es posible que resten sólo cuatro.
–Siguen acampados ante los muros de Demari. Vamos en busca de Lord Franki y sus hombres. La pierna de Lord Kevin no ha tenido tiempo de soldar.
–¿Y crees que Franki podrá liberar a Joe?
John, sin responder, se concentró en el guiso.
–Anda, bien puedes decirme la verdad.
–El castillo es fuerte. Sólo se lo puede asaltar sin refuerzos si lo sitiamos.
–¡Pero tardarían meses enteros!
–Sí, mi señora.
–¿Y si Joe y mi madre están prisioneros allí? ¿No serían los primeros en morir si faltara la comida?
John clavó la vista en su escudilla.
_________________ se levantó, apretando los puños y clavándose las uñas en la palma de las manos.
–Hay otra manera–dijo serenamente–. Iré hacia Walter Demari.
John levantó bruscamente la cabeza con una ceja arqueada.
–¿Y qué puede hacer usted que no puedan los hombres?–Preguntó cínico.
–Lo que se requiera de mí–fue la tranquila respuesta.
John estuvo a punto de arrojar su cuenco. La sujetó por el brazo con tanta fuerza que le hizo daño.
–¡No! Usted no sabe lo que está diciendo. ¿Cree acaso que tratamos con un hombre cuerdo? ¿Cree que él liberará a Lord Joe y a su madre, mi señora, si usted le da lo que desea? Si viera cómo dejó a los hombres que acompañaban a Lord Joe no pensaría siquiera en entregarse a ese Demari. No había necesidad para semejante tortura, pero él pareció hacerlo sólo por goce. Si él fuera un hombre, quizá yo tomara en cuenta su idea, señora, pero no lo es.
Ella sacudió el brazo hasta hacerse liberar.
–¿Y qué otra cosa se puede hacer? Un sitio sería la muerte de los prisioneros, sin lugar a dudas, y tú dices que el sitio es el único ataque posible. Si yo entrara al castillo, quizá podría hallar a Joe y a mi madre para organizarles la fuga.
–¡La fuga!–Bufó él. John había olvidado que estaba hablando con Lady _________________, su ama; en esos momentos la veía simplemente como a una muchacha sin experiencia–. ¿Y cómo saldrías tú? Hay sólo dos entradas, y las dos están bien custodiadas.
_________________ echó los hombros hacia atrás y levantó el mentón.
–¿Acaso tienes alternativa? Si Frank llevara a cabo un asalto, Demari mataría a Joe, sin lugar a dudas, y también a mi madre. ¿Tan poco amas a Joe que no te importa si muere o no?
De pronto John comprendió que ella tenía razón. Y supo también que sería él quien la entregaría a las manos sanguinarias de Walter Demari. La joven le había llegado al corazón al mencionar el amor que merecía Lord Joe. John no habría amado más a ese joven si hubiera sido su propio hijo. _________________ estaba en lo cierto al decir que existía la posibilidad de salvar a Lord Joe si ella se entregaba. Aunque el amo lo hiciera ahorcar por poner en peligro a su esposa, a él no le quedaba sino obedecer.
–Buscas un martirio–observó en voz baja–. ¿Qué impedirá a Demari matarte a ti también?
_________________ le sonrió y le apoyó las manos en el hombro, pues sabía que había ganado.
–Si él me matara, perdería las tierras de _________________ (TA). Al menos he descubierto a qué extremos llegarán muchos hombres por mis propiedades–sus ojos centellearon por un momento–. Ahora acompáñame a la casa para que hablemos con más libertad. Tú y yo tenemos muchos planes que trazar.
Él la siguió aturdido. La muchacha actuaba como si estuvieran planeando un almuerzo en los bosques y no su entrega a un carnicero, como la del cordero para el sacrificio.
Ella quería partir inmediatamente, pero John la convenció de que era preciso esperar para que él y sus hombres descansaran un poco. En verdad, tenía esperanzas de quitarle esa locura de la cabeza y hallar otra solución, pero la lógica de _________________ lo desconcertaba.
Por cada motivo que él aducía para no entregarla, _________________ le daba diez más sensatos por los que tenía que hacerlo. Y él estaba de acuerdo en que no veía otra posibilidad de salvar a los prisioneros... si aún vivían.
Pero ¡Cuánto temía la ira de Lord Joe! Así lo confesó a Lady _________________. Ella se echó a reír.
–Si él está en condiciones de enfadarse, le besaré la mano como señal de agradecimiento.
John sacudió la cabeza maravillado. Aquella mujer era demasiado astuta. No envidiaba a Lord Joe la tarea de domarla.
No podía llevar una escolta demasiado numerosa; muchos de los caballeros de Joe estaban ante el castillo, y no se podía dejar la finca desguarnecida. Cabía agradecer que sólo hubiera dos días de viaje hasta la propiedad de Demari.
_________________ trabajó enérgicamente mientras John descansaba y comía.
Ordenó cargar varias carretas con cereales y carnes en conserva, para ser consumidos en el campamento. Dedicó otra carreta a sus ropas: las sedas más bellas, los terciopelos más finos, brocados, cachemiras y un arcón grande lleno de joyas. Cuando John murmuró algo sobre la ostentación de las mujeres, _________________ lo llamó al orden.
–Walter Demari desea a una mujer a la que cree hermosa, ¿Quieres que me presente vestida de telas rústicas? Él cambiaría de idea y me arrojaría al fondo de un pozo. Ha de ser hombre vanidoso para exigir que una mujer a la que apenas conoce repudie a su marido y la reclame como a su amor verdadero. Por lo tanto, halagaré su vanidad usando para él mis ropas más exquisitas.
John la miró durante un momento. Luego le volvió la espalda. No sabía si elogiarla o enfurecerse por no haber pensado antes en lo que ella acababa de decir. Pese a la faz que mostraba al mundo, _________________ estaba asustada. Pero por mucho que se esforzara, no se le ocurría otro plan.
Pasó toda la noche despierta, pensando. Demari no había enviado ningún mensaje pidiendo intercambio de rehenes. Tal vez ya había matado a Joe y a Helen, y ella estaba a punto de entregarse sin utilidad alguna. Se pasó las manos por el vientre; aún se conservaba duro y plano, ya estaba segura de que esperaba un hijo de Joe. ¿Era ese bebé parte de la causa por la que tanto se empeñaba en salvar a su esposo?
Cuando salía el sol, _________________ se vistió lentamente con un práctico traje de lana. Estaba extrañamente serena, casi como si fuera hacia una muerte segura, Bajó a la pequeña capilla para oír misa. Rezaría por todos ellos: por su esposo, su madre y su hijo por nacer.



JonasWalter Demari estaba sentado ante una mesa de madera, en el gran salón de la finca de su padre. En otros tiempos esa mesa había sido un mueble finamente tallado, pero con el tiempo casi todas las cabezas de animales se habían roto los cuellos ya no tendían relieve. Dio un puntapié distraído al pollo que picoteaba las calzas ceñidas a sus piernas flacas y cortas. Estudió el pergamino que tenía ante sí, negándose a mirar la estancia. Su padre se negaba a darle otra cosa que no fuera aquella vieja torre descuidada y decrépita. Sepultando profundamente su resentimiento, se concentró en su tarea. Cuando se casara con la heredera de _________________ (TA), su padre ya no podría tratarlo como si no existiera. Ante Walter estaba Arthur Smiton, un hombre al que él consideraba su amigo. Arthur le había ayudado en cada ocasión, reconociendo que la encantadora heredera habría debido ser de él y no de Joe Jonas. Para compensar a Arthur por su lealtad, Walter lo había nombrado segundo suyo. Había sido Arthur quien lograra capturar a Lord Joe,–Arthur–se quejó Demari–, no sé cómo redactar el mensaje. ¿Y si ella no viniera? Si en verdad odia a su esposo, ¿por qué ha de arriesgar tanto por él?
Arthur no dejó traslucir sus emociones.
–Te olvidas de la vieja a la que tenemos prisionera. ¿No es la madre de la muchacha?
–Sí–dijo el joven. Y devolvió su atención al pergamino, No era fácil pedir aquello: quería casarse con Lady _______ a cambio de la libertad de su esposo y su madre. Su segundo esperó un momento de pie tras él; luego se alejó para servirse una copa de vino. Necesitaba un estómago firme para soportar los gimoteos de Walter. Aquel joven enamorado le daba náuseas. Había vuelto de la boda entre Jonas y _______ (TA) tan apasionado por la novia que sólo podía hablar de ella. Arthur lo miró con disgusto. Aquel hombre lo tenía todo; tierras, fortuna, familia, esperanzas para el futuro. No era como él, que se había elevado desde el lodo en que naciera. Cuanto tenía había sido adquirido mediante inteligencia, fuerza física y, con frecuencia, traiciones y mentiras. De todo era capaz para conseguir lo que deseaba. Al ver al inútil de Walter embobado por una muchacha, Arthur había desarrollado un plan.
No tardó mucho en descubrir las riñas que había entre los desposados. Arthur, que sólo era un caballero de la guarnición de Walter, halló un oído atento al sugerir que la muchacha podía pedir la anulación de su matrimonio para casarse con Walter. A él nada le importaba la muchacha, pero las tierras de Revedoune valían la pena de combatir.
Walter se había resistido a atacar a Robert _______ (TA), pero Arthur sabía que ese hombre no se detendría ante nada para que su hija siguiera casada con un . Había sido fácil matar al viejo, una vez que este les franqueó su castillo, puesto que los tenía por amigos. Helen, la esposa, los siguió con docilidad. Arthur había reído, reconociendo en ella a una mujer bien domada. Cabía admirar a _______ (TA) por eso.
–Mi señor–anunció un Sirviente, nervioso–, afuera hay visitantes.
–¿Visitantes?–Repitió Walter con los ojos nublados.
–Sí, mi señor. Es Lady _______ Jonas rodeada por sus caballeros.
Walter se levantó de un salto, tumbando la mesa escritorio, y siguió a su Sirviente. Arthur lo sujetó por un brazo.
–Te ruego que tengas cuidado, mi señor. Tal vez sea una trampa.
A Walter le ardían los ojos.
–¿Qué trampa podría haber? Los hombres no combatirán, puesto que así pondrían en peligro a su señora.
–Tal vez la misma señora...
Walter lo apartó de un empellón.
–Vas demasiado lejos. Si no andas con cuidado, te encontrarás en el sótano con Lord Joe.
Salió ruidosamente de la vieja torre, apartando los juncos secos a puntapiés. Las advertencias de Arthur habían penetrado en su cerebro; subió a la carrera las estrechas escaleras hasta lo alto de la muralla, para asegurarse de que en verdad fuera Lady _______ quien esperaba allí abajo.
No había modo de confundirla. El pelo rojo dorado que le flotaba a la espalda no podía pertenecer a nadie más.
–Es ella–susurró, excitado.
Y bajó como volando, para cruzar el baluarte hasta el portón principal.
–¡Abre, hombre!–Aulló al portero–. ¡Y hazlo rápido!
La pesada reja con puntas de hierro ascendió poco a poco, en tanto Walter esperaba impaciente.
–Mi señor–dijo Arthur a un lado–, no puedes permitir que ella entre con sus hombres. Son más de un centenar. Podrían atacarnos desde dentro.
Walter apartó los ojos del portón, que se levantaba con crujidos de protesta. Arthur estaba en lo cierto, pero él no sabía con certeza qué hacer.
El segundo clavó sus ojos oscuros en aquel azul desteñido.
–Saldré a caballo para saludarla. Tú no puedes arriesgarte. Iré solo hasta la fila de arqueros. Cuando me haya asegurado de que se trata de Lady _______, mis hombres y yo la escoltaremos adentro.
–¿Sola?–Preguntó Walter, ansioso.
–Puede entrar con una guardia personal, si insiste, pero nada más. No podemos permitir que todos sus caballeros entren en el castillo.
La reja estaba levantada y el puente levadizo, bajo. Arthur montó su caballo y salió, seguido por cinco caballeros.
_______, muy quieta en su montura, observaba el descenso del puente. Necesitó de todo su coraje para no huir.
Aquel viejo castillo podía estar derrumbándose en parte, pero desde cerca parecía formidable. Daba la sensación de estar a punto de tragarla.
–Aún hay tiempo si quiere alejarse, señora–observó John Bassett, inclinándose hacia adelante.
Seis jinetes venían hacia ella. Sintió deseos de volverles la espalda y huir, pero en ese momento tuvo que tragar un súbito ataque de náuseas, su hijo le recordaba su presencia. El padre y la abuela del bebé estaban dentro de esas viejas murallas; si era posible, ella debía rescatarlos.
–No–dijo a John con más fuerza de la que sentía–. Debo intentar la misión.
Cuando el jefe de los jinetes estuvo cerca de _______, ella adivinó de inmediato que era el instigador de todo el plan. Recordaba a Walter como manso y suave; los ojos oscuros y burlones de aquel hombre, en cambio, no mostraban ninguna debilidad. En sus ropas centelleaban gemas de todos los colores, variedades y tamaños. Llevaba el pelo oscuro cubierto por una pequeña gorra de terciopelo, cuya banda ancha lucía cien piedras preciosas, cuando menos.
Casi parecía una corona.
–Señora mía–saludó él, inclinándose sin desmontar.
Su sonrisa era burlona, casi insultante. _______ lo miró fijamente. Le palpitaba el corazón. En aquellos ojos había una frialdad que la asustaba.
Aquel hombre no sería fácil de dominar.
–Soy Sir Arthur Smiton, segundo de Lord Walter Demari, que le da la bienvenida.
“¡Qué bienvenida!” Pensó _______, dominándose para no escupir la frase; pensaba en su padre asesinado, en su esposo y su madre, cautivos, y en varias vidas ya perdidas.
Inclinó la cabeza hacia él.
–¿Tienen a mi madre cautiva?
Él la observó con aire de especulación, como si tratara de justipreciarla. No se le había enviado ningún mensaje, pero ella sabía lo que tenía que hacer.
–Sí, mi señora.
–En ese caso, iré a verla.
_______ azuzó a su caballo, pero Arthur sujetó las bridas. Los cien caballeros que rodeaban a la muchacha desenvainaron como un solo hombre.
Arthur no perdió la sonrisa.
–No puedes franquear nuestros portones con tantos hombres.
–¿Pretendes que entre sola?–Preguntó ella, horrorizada. Era lo que esperaba, pero tal vez pudiera convencer a Smiton de que dejara entrar a algunos de sus hombres–. ¿He de dejar a mi doncella? ¿Y a mi custodia personal?
Él la observaba con atención.
–Un hombre y una mujer. Nada más.
_________________ asintió, sabiendo que sería inútil discutir. Al menos, tendría consigo a John Bassett.
–Joan–llamó, al ver que la muchacha observaba atentamente a Arthur–, prepara la carreta con mis cosas y sígueme. John...
Al girar vio que él ya estaba dando órdenes para que se estableciera un campamento ante las murallas del castillo.
_________________ cruzó a caballo el puente levadizo, bajo el arco de piedra, con la espalda muy erguida. Se preguntaba si podría salir con vida de entre aquellas murallas. Walter Demari esperaba dentro para ayudarla a desmontar. La muchacha lo recordaba joven y suave, ni hermoso ni feo, pero ahora veía en sus ojos azules un carácter débil; tenía la nariz demasiado grande y labios finos, de aspecto cruel. La miró con fijeza.
–Eres aún más hermosa de lo que yo recordaba.
_________________ se había vestido con cuidado. Una banda de perlas le rodeaba la cabeza. Contra el cuerpo llevaba una enagua de seda roja con un ancho borde de piel blanca. Su vestido era de terciopelo castaño, con el bajo bordado en oro. Las mangas eran estrechas, salvo en el hombro, donde el terciopelo se abría, dejando asomar la seda roja. Sus pechos se abultaban en el profundo escote, Al caminar levantaba la falda de terciopelo, dejando al descubierto la seda con borde de piel.
Logró dedicar una sonrisa a aquel traidor, aun mientras esquivaba las manos que le ceñían la cintura.
–Me halaga, señor–dijo, mirándolo con los ojos entornados.
Walter quedó encantado.
–Debes de estar cansada y con necesidad de un refresco. Me gustaría tener un refrigerio preparado, pero no te esperaba.
_______ no quiso dejarle pensar en el porqué de aquella inesperada visita. Ante la mirada de adoración de Walter, comprendió que le convenía pasar por una joven tímida, una recién casada ruborosa.
–Por favor–dijo con la cabeza gacha–, me gustaría ver a mi madre.
Walter, sin responder, continuó observándola: las gruesas pestañas que tocaban sus mejillas suaves, las perlas de su frente, que repetían la blancura de su piel.
John Bassett se adelantó un paso con los dientes apretados. Era corpulento; tan alto como Joe, pero con el aire macizo que dan los años. El gris de su pelo no hacía sino acentuar la dureza de su cuerpo.
–La señora desea ver a su madre–dijo con severidad. Su voz era serena, pero irradiaba poder.
Walter apenas reparó en él, absorto como estaba en _________________. Pero Arthur reconoció el peligro. Habría que eliminar a John Bassett cuanto antes. Aquel hombre, libre en el castillo, podía causar muchos problemas.
–Por supuesto, mi señora–respondió Walter, ofreciéndole el brazo.
Cualquiera habría pensado que aquella visita se hacía por puro placer. Llegaron hasta la entrada de la torre, que estaba en un primer piso; en tiempos de guerra se cortaban los peldaños de madera, para que la entrada quedara a varios metros del suelo. _______ estudió el interior mientras cruzaban el gran salón hacia los peldaños de piedra. El ambiente estaba muy sucio, sembrado con fragmentos de huesos entre los juncos secos que cubrían el suelo. Los perros hocicaban perezosamente aquellos desechos. Las ventanas no tenían postigos y en algunos lugares se habían desprendido las piedras, pues las grietas se estaban ensanchando. Tenía que averiguar si aquella estructura tan pobre era indicativa de una mala vigilancia.
Helen estaba en un pequeño cuarto abierto en los gruesos muros del segundo piso, sentada en una silla. En un brasero de bronce ardía un fuego de carbón, pues la torre había sido construida antes de que se inventaran los hogares.
–¡Madre!–Susurró la muchacha, corriendo a apoyar la cabeza en las rodillas de la mujer.
–Hija mía–exclamó la madre. Tomó a la joven entre sus brazos, pero el llanto no les permitió hablar durante un rato–. ¿Estás bien?
_______ asintió. Después miró a los hombres que permanecían allí presentes.
–¿No podemos hablar en privado?
–Desde luego–Walter se volvió hacia la puerta.
–Tú también debes salir–dijo a John Bassett.
–No dejaré sola a mi señora.
Walter frunció el entrecejo, pero no quiso alterar a su visitante.
_________________ esperó a que Walter y Arthur hubieran salido y dijo con severidad:
–Debiste haber salido con ellos.
John se sentó pesadamente en una silla junto al brasero.
–No las dejaré solas.
–¡Pero quiero cierta intimidad para hablar con mi madre!
John no respondió. No la miró siquiera.
–Es terco–dijo la muchacha a Helen, disgustada.
–¿Soy terco porque no cedo ante lo que tú mandas en cualquier oportunidad?–Preguntó él–. Tú, por lo terca, podrías rivalizar con un toro.
_______ abrió la boca para contestar, pero se lo impidió la risa de su madre.
–Ya veo que estás bien, hija mía.–Se volvió hacia John.– _______ es tal como yo deseaba que fuera y más aún–dijo con cariño, acariciando la cabellera de la joven–. Cuéntame ahora a qué has venido.
–Yo... oh, madre–balbuceó la muchacha, lagrimeando otra vez.
–¿Qué pasa? Puedes hablar libremente.
–¡No, no puedo!–Exclamó ella, apasionada, echando un vistazo a Bassett.
John la miró con ceño tan adusto que estuvo a punto de asustarla.
–No debes dudar de mi honestidad. Conversa con tu madre en la seguridad de que no repetiré una palabra de cuanto oiga.
Sabiendo que podía confiar en él, _______ se sentó en un almohadón a los pies de su madre. Necesitaba desesperadamente confesarse.
–He roto una promesa que hice a Dios–dijo con suavidad.
La mano de Helen se detuvo un momento sobre la cabeza de su hija.
–Explícate–susurró.
Las palabras se atropellaron. _________________ contó que había tratado, una y otra vez, de lograr algo de amor en su matrimonio, pero que todos sus esfuerzos habían sido en vano. Nada de cuanto hiciera podía aflojar el lazo que unía a Joe con Alice Chartworth.
–¿Y tu voto?–Preguntó Helen.
–Juré que no le daría nada por propia voluntad. Pero la noche antes de que él viniera hacia aquí me entregué a él libremente.–Se ruborizó al pensar en aquella noche de amor, en las manos de Joe, en sus labios.
–¿Lo amas, _______?
–No lo sé. Lo odio, lo amo, lo desprecio, lo adoro. No sé. Es tan grande que me devora. No puedo pasarlo por alto. Cuando entra en una habitación la llena por completo. Aun cuando más lo odio, cuando lo veo abrazando a otra mujer o leyendo una carta de ella, no puedo liberarme de él. ¿Es eso amor?–Preguntó, clavando en su madre una mirada suplicante–. ¿Es amor o sólo posesión diabólica? Él no es bueno conmigo. Estoy segura de que no me tiene cariño alguno. Hasta me lo ha dicho. Sólo se porta bien conmigo en...
–¿En el lecho?–Helen sonreía.
–Sí.– _______ apartó la vista, ruborizada.
Pasaron varios segundos antes de que Helen replicara.
–Me preguntas por el amor. ¿Quién sabe menos que yo sobre ese tema? Tu padre también tuvo ese poder sobre mí. ¿Sabes que una vez le salvé la vida? La noche anterior me había castigado. Por la mañana salimos juntos a caballo; yo tenía un ojo amoratado. Paseamos solos, sin escolta. De pronto, el caballo de Robert se encabritó y lo arrojó a un pantano, en el límite norte de una de las fincas. Cuanto más se movía, más se hundía. A mí me dolía todo el cuerpo por la paliza; mi primer pensamiento fue alejarme y dejarlo morir, pero no pude. ¿Sabes que, cuando lo hube salvado, se rió de mí y me trató de tonta?
Hizo una breve pausa antes de continuar:
–Te cuento esto para que sepas que comprendo ese poder. Es el mismo que mi esposo tenía sobre mí. No puedo decir que fuera amor. Tampoco puedo decir que en tu caso lo sea.
Permanecieron un momento en silencio, con la vista fija en el brasero.
–Y ahora yo vengo a rescatar a mi esposo como tú lo hiciste con el tuyo–observó _______–. Pero el tuyo vivió para volver a pegarte. El mío, en cambio, volverá a otra mujer.
–Sí–dijo Helen con tristeza.
–El hecho de tener un hijo, ¿cambia las cosas?
Helen quedó pensativa.
–Tal vez en mi caso habrían cambiado si los primeros hubieran vivido, pero los tres nacieron muertos: tres varones. Después viniste tú, una niña.
–¿Crees que las cosas habrían sido distintas si hubiera sobrevivido el primer varón?–Insistió _______.
–No sé. No creo que él castigara a su primera mujer, que le dio hijos varones. Pero por entonces era más joven–se interrumpió abruptamente–. ¡ _______! ¿Esperas un hijo?
–Sí, desde hace dos meses.
John se levantó de un salto con estruendo de armadura.
–¡Has hecho todo este viaje a caballo estando embarazada!–Acusó. Hasta entonces se había mantenido tan callado que las mujeres ya no recordaban su presencia. Se llevó una mano a la frente–. Ahorcarme será poco. Lord Joe me hará torturar cuando se entere de esto. Y lo merezco.
_______ se levantó de inmediato, lanzando fuego de oro por los ojos.
–¿Y quién se lo dirá? ¡Tú has jurado guardar el secreto!
–¿Cómo piensas mantener esto en secreto?–Inquirió él, con voz densa de sarcasmo.
–Cuando sea evidente pienso estar muy lejos de aquí–los ojos de la muchacha se suavizaron–. No le dirás nada, ¿verdad, John?
La expresión de Bassett no cambió.
–No intentes esas triquiñuelas conmigo, señora. Ahórralas para ese canalla de Walter Demari.
Los interrumpió la risa de Helen. Era bueno oírla reír; las carcajadas eran muy escasas en su desdichada vida.
–Me hace bien verte así, hija mía. Temí que el matrimonio venciera tu espíritu.
_______ no le prestaba atención. John había oído demasiado. Ella acababa de decir demasiadas cosas íntimas en su presencia y ahora sus mejillas se iban manchando de rojo.
–No–dijo John con un suspiro–, hace falta mucho más que un simple hombre para domesticar a esta mujer. No ruegues más, criatura; no diré nada de lo que he oído a menos que tú me lo pidas.
–¿Ni siquiera a Joe?
Él la miró con preocupación.
–Todavía no lo he visto. Daría cualquier cosa por saber dónde lo tienen y si está bien.
–_______–dijo Helen, atrayendo la atención de ambos–, aún no me has dicho a qué has venido. ¿Acaso Walter Demari mandó buscarte?
John se sentó pesadamente.
–Estamos aquí porque Lady _______ dijo que teníamos que venir. No escucha razones.
–No había otra solución–respondió _______ mientras volvía a sentarse–. ¿Qué te han dicho?–Preguntó a su madre.
–Nada. Me... trajeron aquí tras la muerte de Robert. Hace una semana que no hablo con nadie. Ni siquiera la doncella que retira la bacinilla me dirige la palabra.
–Eso significa que no sabes dónde tienen a Joe.
–No. Sólo hace un momento he deducido de tus palabras que él también está prisionero. ¿Qué pretende Lord Demari?
–A mí–respondió la muchacha con simplicidad.
Después, con los ojos bajos, explicó brevemente el modo en que Walter planeaba anular su boda.
–Pero si estás embarazada de Joe no hay modo de anularla.
–En efecto–dijo _______, mirando a John–. Es uno de los motivos por los que es preciso guardar el secreto.
–¿Qué harás, _______? ¿Cómo piensas salvar tu vida, la de Joe, la de Joan y la de este hombre? ¿Cómo vas a vencer estos muros de piedra?
John gruñó en señal de acuerdo.
–No lo sé–fue la exasperada respuesta–. No hallé alternativa. Al menos ahora tengo la posibilidad de sacarlos. Pero primero necesito hallar a Joe. Sólo así...
–¿Has traído a Joan?–Le interrumpió su madre.
–Sí–respondió ella, sabiendo que su madre tenía una idea.
–Haz que Joan busque a Joe. Si se trata de buscar a un hombre, nadie mejor que ella. Es poco más que una perra en celo.
_______ asintió.
–¿Y en cuanto a Walter Demari?–Insistió Helen.
–Sólo lo he visto unas pocas veces.
–¿Es de confianza?
–¡No!–Exclamó John–. Ni él ni ese sabueso suyo.
_______ no le prestó atención.
–Demari me encuentra hermosa. Mi plan es seguir siendo hermosa hasta que pueda hallar a Joe y planear la fuga.
Helen miró a su hija, tan encantadora a la luz de las brasas.
–Sabes muy poco de hombres–observó–. Los hombres no son libros de contabilidad, en los que una suma las cifras y obtiene una cantidad invariable. Son diferentes... y mucho más poderosos que tú y que yo.
De pronto, John se levantó para acercarse a la puerta.
–Vuelven.
–Escúchame, _______–dijo Helen apresuradamente–. Pregunta a Joan cómo debes tratar a Walter. Ella sabe mucho de hombres. Prométeme que seguirás sus consejos y no te dejarás llevar por tus propias ideas.
–Yo...
–¡Promételo!–Exigió la madre, sujetándole la cabeza.
–Haré lo que pueda. No puedo prometer más.
–Me conformo con eso.
La puerta se abrió con violencia. No se habló más. Joan y una de las criadas del castillo acudieron en busca de _______, que debía prepararse para cenar con Su Señoría. La muchacha se despidió apresuradamente de su madre y siguió a las mujeres, con John pegado a sus talones.
En el tercer piso estaba la residencia de las mujeres, un cuarto amplio y bien ventilado, que había sido objeto de una limpieza reciente y tenía juncos frescos en el suelo y las paredes encaladas, casi como si se esperara a una invitada. _______ quedó a solas con su doncella. John montaba guardia ante la puerta. Cuando menos, Walter confiaba en ella al punto de no ponerle espías. Joan le llevó una tinaja con agua caliente.
–¿Sabes dónde tienen a Lord Joe?–Preguntó _______ mientras se lavaba la cara y las manos.
–No, señora–dijo Joan, suspicaz, pues no estaba habituada a que su ama la interrogara.
–¿Podrías averiguarlo?
Joan sonrió.
–Sin duda. Este castillo está lleno de chismosos.
–¿Necesitarás monedas de plata para conseguir esa información?
Joan quedó asombrada.
–No, señora. Bastará con que pregunte a los hombres.
–¿Y te lo dirán con sólo preguntar?
Joan iba ganando confianza. Su encantadora ama sabía poco de lo que no fueran cuentas y fincas.
–Importa mucho como se pregunte a un hombre.
_______ se había puesto un vestido de tejido plateado.
La falda se dividía en la parte delantera, dejando al descubierto una amplia superficie de satén verde intenso. Las grandes mangas, en forma de campana, caían graciosamente desde la muñeca hasta la mitad de la falda, también forradas de satén verde. Cubrió su cabellera con una capucha francesa al tono, bardada con flores de lis de plata.
Se sentó en un banquillo para que Joan pudiera acomodarle la capucha.
–¿Y si una mujer quisiera pedir algo a Lord Walter?
–¡A ese hombre!–Exclamó la doncella, acalorada–. Yo no confiaría en él, aunque ese Sir Arthur que lo sigue como un perro no es mal parecido.
_______ se volvió para enfrentarse a su doncella.
–¿Cómo puedes decir eso? Arthur tiene ojos muy duros. Cualquiera puede darse cuenta de que es codicioso.
–¿Y no dirás tú lo mismo de Lord Walter?–Joan obligó a su ama a girar la cabeza. En aquellos momentos se sentía bastante superior.–Es igualmente codicioso, traicionero, brutal y egoísta. Es todo eso y más aún.
–En ese caso, ¿por qué...?
–Porque Arthur es siempre igual. Una sabe qué esperar de él: lo que más convenga a sus intereses. Con eso una puede manejarse.
–¿Y no es el caso de Lord Walter?
–No, mi señora. Lord Walter es un niño, aunque sea hombre. Cambia con el viento. Ahora quiere una cosa, pero cuando la tenga dejará de quererla.
–¿Y eso vale también para las mujeres?
Joan se dejó caer de rodillas ante su ama.
–Tienes que escucharme con atención. Conozco a los hombres como a nada en el mundo. Lord Walter arde ahora por ti. Está loco de deseo, y en tanto tenga esa furia dentro de sí, tú estarás a salvo.
–¿A salvo? No comprendo.
–Ha matado a tu padre. Tiene a tu madre y a tu esposo como prisioneros, sólo por esa pasión. ¿Qué será de todas sus mercedes cuando se apague ese fuego?
_______ seguía sin comprender. Cuando ella y Joe hacían el amor, el fuego se apagaba sólo por algunos minutos. En verdad, cuanto más tiempo pasaba ella en su lecho, más lo deseaba. Joan empezó a hablar con exagerada paciencia.
–No todos los hombres son como Lord Joe–dijo, adivinando los pensamientos de _______–. Si tú te entregaras a Lord Walter, dejarías de tener poder sobre él. Para los hombres de ese tipo, la caza lo es todo.
La joven comenzaba a entender.
–¿Y cómo puedo evitarlo?
Estaba plenamente dispuesta a entregarse a cien hombres si con eso salvaba la vida de sus seres amados.
–Él no te forzará. Necesita creer que ha cortejado y conquistado. Tú puedes pedirle mucho y él lo concederá con gusto, pero es preciso actuar con astucia. Será celoso. No sugieras que Lord Joe te interesa. Déjale creer que, por el contrario, te inspira desprecio. Muéstrale la zanahoria, pero no le permitas morderla.
Joan se puso de pie y estudió con mirada crítica el atuendo de su señora.
–¿En cuanto a Sir Arthur?–insistió _______.
–Lord Walter manda sobre él... y en el peor de los casos se le puede comprar.
La joven se levantó sin dejar de mirar a su criada.
–¿Crees que alguna vez aprenderé tanto sobre los hombres?
–Sólo cuando yo aprenda a leer–dijo Joan. Y se echó a reír ante lo imposible de esa situación–. ¿Para qué quieres saber tanto sobre hombres si tienes a Lord Joe? Él vale más que todos los míos.
Al descender la escalera hacia el gran salón, _______ pensaba:
“¿Tengo en verdad a Joe? ¿Lo deseo?”










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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 16th 2012, 10:27

siguelaa me encanta tu novee
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 16th 2012, 10:55

'o' mujerr!! hermsoo hermoso! siguela Wink cheers
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 16th 2012, 13:01

¡Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
¡La Rayis está embarazada!
¡De dos meses! ¡Que emoción, eh!
Muero por saber que va a pasar, enserio, esta novela me tiene totalmente atrapada, Jajaja.
Solo sigue, Bye.
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 16th 2012, 21:47

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
me encantoo el cap
muy bueno
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 17th 2012, 10:34

siguelaaa!!! quiero seguir leyendo!! =) bounce bounce cheers
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 17th 2012, 20:49
















Capítulo 16








–Señora–dijo Walter, tomando la mano de _______ para besársela.
Ella mantuvo los ojos bajos, como por timidez–. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi, pero en este período tu belleza ha aumentado. Ven a sentarte conmigo a la mesa. Hemos preparado una cena tardía para ti.
La condujo hasta una larga mesa instalada en un estrado. El mantel era viejo y estaba cubierto de manchas, la vajilla era de peltre, llena de abolladuras. Una vez sentados, él se volvió a mirarla.
–¿Es cómoda tu alcoba?
–Sí–respondió ella con serenidad.
El hombre sonrió, hinchando un poco el torso.
–Vamos, señora mía, no necesitas temerme.
“¡Temerte!” Pensó ella furiosa, sin dejar de mirarlo a los ojos. Pero se repuso.
–No es miedo lo que siento, sino extrañeza. No estoy habituada a la compañía de los hombres. Y los que conozco... no han sido bondadosos conmigo.
Él le tomó una mano.
–Yo corregiría eso, si pudiera. Sé mucho de ti, aunque apenas nos conozcamos. ¿Sabías que yo era amigo de tus hermanos?
–No–respondió ella, atónita–, lo ignoraba. ¿Fue entonces cuando mi padre me prometió a ti en matrimonio?–Preguntó con ojos dilatados por la inocencia.
–Sí... no...–tartamudeó Walter.
–Ah, comprendo, señor. Fue tras la temprana muerte de mis queridos hermanos.
–¡Sí! ¡Fue entonces!–Walter sonrió.
–Mis pobres hermanos tenían muy pocos amigos. Me alegro de que contaran contigo por un tiempo. ¡En cuanto a mi padre... ! No quiero hablar mal de un muerto, pero siempre olvidaba dónde había guardado las cosas. Tal vez olvidó dónde había guardado el contrato de compromiso matrimonial.
–No hubo...–pero Walter bebió un sorbo de vino para ahogar sus propias palabras. No podía admitir que ese documento no existía.
_______ apoyó una mano trémula en su antebrazo.
–¿He dicho algo equivocado? ¿Me castigarás?
Walter volvió a mirarla apresuradamente y notó que tenía lágrimas en los ojos.
–Dulce _______–dijo, besándole apasionadamente la mano–, ¿cómo puede el mundo funcionar tan mal que una encantadora inocente como tú tema tanto a los hombres?
_______ se enjugó ostentosamente una lágrima.
–Perdóname. Conozco a tan pocos y...–Bajó la mirada.
–¡Venga una sonrisa! Pídeme cualquier cosa, cualquier tarea, y quedará satisfecha.
_______ levantó inmediatamente la vista.
–Me gustaría que mi madre estuviera alojada en una habitación mejor–dijo con firmeza–. Tal vez en las mías.
–¡Mi señor!–Interrumpió Sir Arthur, sentado al otro lado de la muchacha. Había escuchado con atención cada una de aquellas palabras–. En el tercer piso hay demasiada libertad.
Walter frunció el entrecejo. Nada deseaba tanto como complacer a aquella dulce y tímida cautiva. Y recibir una reprimenda delante de ella no era muy beneficioso. Arthur comprendió de inmediato su error.
–Sólo quiero decir, señor, que ella tendría que contar con un guardia de confianza por su propio bien–miró a _______ –. Diga, mi señora: si pudiese tener a un solo guardia, ¿a quién elegiría?
–Pues a John Bassett–respondió ella de inmediato.
En cuanto hubo pronunciado esas palabras, sintió deseos de morderse la lengua. Arthur le echó una mirada satisfecha antes de volverse hacia Walter.
–Ya ves. La misma dama lo ha dicho: acaba de elegir al custodio de Lady Helen.
“Y así quedo sin ayuda por si quisiera escapar” comprendió _______. Sir Arthur la miraba como si pudiera leerle los pensamientos.
–¡Excelente idea!–Dijo Walter–. ¿Te complace eso, mi señora?
La muchacha no halló una excusa que le permitiera conservar a John; de cualquier modo, tal vez esa ausencia le otorgara más libertad de acción.
–Me complacería en sumo grado, señor mío–respondió con dulzura–. Sé que John cuidará bien de mi madre.
–Y ahora podemos atender asuntos más agradables. ¿Qué te parece una cacería para mañana?
–¿Una cacería, señor? Yo...
–¿Sí? Puedes hablarme con franqueza.
–Es un deseo tonto.
–Puedes expresarlo, si–afirmó Walter con una sonrisa tolerante.
–Hace muy poco que he abandonado mi hogar y siempre he estado confinada en una sola parte de la finca. No conozco estos castillos antiguos. ¡Te reirás de mí!
–Nada de eso–Walter reía.
–Me gustaría verlo todo: los establos, los corrales y hasta la granja.
–En ese caso, mañana haremos un recorrido completo–sonrió el dueño de casa–. Es una petición sencilla. Haría cualquier cosa por complacerte, señora.
Sus ojos ardían al mirarla. _______ bajó la mirada, sobre todo para disimular la furia que centelleaba en los suyos.
–Creo que estoy muy cansada. ¿Me disculpas?
–Desde luego. Un deseo tuyo es una orden para mí–el caballero se levantó para ofrecerle la mano y ayudarla a levantarse.
John se mantenía muy cerca, con los brazos cruzados contra el pecho.
–Querría intercambiar una palabra con mi custodio–pidió la joven, acercándose sin esperar respuesta–. Sir Arthur te ha nombrado guardián de mi madre–informó sin preámbulos.
–No aceptaré. Lord Joe...
–¡Silencio!–Ordenó ella, apoyándole una mano en el brazo–. No quiero que se nos oiga. ¿Qué motivo darías para no abandonar mi puerta? Ese tonto cree que ya soy suya.
–¿Se ha tomado atrevimientos?
–No, todavía no, pero lo intentará. Tienes que permanecer con mi madre. No creo que Sir Arthur la deje salir de esa covacha húmeda sí tú te niegas. Y ella no podrá resistir allí mucho tiempo.
–Piensas demasiado en tu madre y muy poco en ti misma.
–No, te equivocas. Yo estoy a salvo, pero ella podría enfermar de los huesos. Si yo estuviera en un cuarto húmedo exigiría lo mismo.
–Mientes–acusó John secamente–. Si no fueras tan terca, en estos momentos podrías estar sana y salva en tu casa.
–¿Y ahora me vas a dar sermones?–Protestó _______, exasperada.
–De nada servirá. Sólo acompañaré a Lady Helen si prometes no hacer tonterías.
–Por supuesto. Puedo jurarlo, si quieres.
–Eres demasiado parlanchina, pero no hay tiempo para discutir. Ya vienen. Espero recibir mensajes frecuentes. Tal vez eso me impida pensar en las torturas que me aplicará Lord Joe.
Cuando _______ y su doncella quedaron solas, Joan estalló en una carcajada.
–¡Nunca he visto representación como la de esta noche, señora!–Festejó–. Podrías actuar en Londres. ¿Dónde aprendiste esa treta de tocarse un ojo con la uña para mostrar lágrimas?
La joven ahogó una exclamación. Las palabras de su doncella le recordaron vívidamente a Alice en brazos de Joe.
–La aprendí de una mujer que vive en medio de las mentiras–respondió, ceñuda.
–Quienquiera que sea ha de ser insuperable. Yo misma estaba ya media convencida. Espero que hayas conseguido lo que buscabas.
–¿Cómo sabes que buscaba algo?
–No hay otra razón para que una mujer muestre sus lágrimas a un hombre.
_______ volvió a pensar en Alice.
–No, en efecto–murmuró.
–¿Conseguiste lo que deseabas?–Insistió Joan.
–En gran parte. Pero ese Arthur me hizo caer en una trampa: John ha sido enviado a custodiar a mi madre. ¡Custodiarla! ¡Bah! ¿Cómo puede un prisionero encerrado custodiar a otro? Mi hombre de armas ha sido convertido en dama de compañía y puesto bajo llave. Y yo estoy sola contigo para tratar de organizar la huida de todos.
Joan le desató los lazos del costado.
–No dudo que alejó a John porque así le convenía a él.
–No te equivocas. Pero Lord Walter es un tonto. La lengua lo pierde. En adelante tendré más cuidado y sólo hablaré con él lejos de Sir Arthur.
–Eso, señora, bien puede ser la más difícil de todas las tareas que haya que cumplir–Joan apartó los cobertores.
–¿Qué vas a hacer, Joan?–Preguntó _______ al ver que su doncella se pasaba un peine por el pelo castaño.
–Voy a buscar a Lord Joe–sonrió la muchacha.
Ambas estaban tomando un plano de casi igualdad–. Mañana, cuando nos veamos, tendré noticias de él.
_______ apenas oyó la puerta que se cerraba detrás de su doncella.
Creía estar demasiado preocupada para dormir, pero no fue así. Se durmió casi de inmediato.
Walter y Arthur estaban a un costado del salón grande, las mesas habían sido retiradas y los hombres de armas estaban extendiendo sus colchones de paja para pasar la noche.
–No confío en ella–dijo Sir Arthur por lo bajo.
–¿Qué no confías en ella?–Estalló Walter–. ¿Cómo puedes decir algo así después de haberla visto? Es una flor delicada. Se la ha castigado tanto que siente miedo al menor fruncimiento de cejas.
–No parecía tan asustada cuando exigió un mejor alojamiento para su madre.
–¡Ella no es capaz de exigir! No está en su carácter. Pero le preocupaba el bienestar de Lady Helen. Y ese es otro ejemplo de su dulzura.
–Con esa dulzura ha obtenido bastante de ti esta noche. Hasta ha estado a punto de hacerte decir que no había un acuerdo escrito con su padre.
–¿Qué importase?–Exclamó Walter–. ¡Ella no quiere estar casada con Joe Jonas!
–¿Cómo estás tan seguro de eso?
–He oído decir...
–¡Bah! ¡Rumores! En ese caso, ¿a qué ha venido? No puede ser tan tonta como para creer que aquí no hay peligro para ella.
–¿Estás diciendo que yo soy capaz de hacerle daño?–Acusó Walter.
Arthur lo miró con fijeza. Conocía bien a su amo.
–Mientras sea nueva, no. Tú necesitas desposarla antes de poseerla. Sólo así la poseerás de verdad. Si la tomas ahora sin la bendición de la Iglesia, ella puede acabar odiándote como odia a su marido.
–¡No necesito que me des consejos en cuestiones de mujeres! Aquí soy el amo. ¿No tienes nada que hacer?
–Sí, mi señor–el tono de Arthur era burlón–. Mañana debo ayudar a mi amo a mostrar nuestras defensas a la prisionera.
Se retiró en el instante justo en que Walter le arrojaba una copa de vino a la cabeza.
_______ se despertó muy temprano, cuando el cuarto aún estaba a oscuras. De inmediato recordó la promesa de Joan en cuanto a que por la mañana traería noticias de Joe. Apartó apresuradamente el cobertor y se puso una bata de brocado bizantino, color canela, con flores más claras que la tela y forro de cachemira crema. El jergón donde Joan debía dormir estaba vacío. _______ apretó los dientes, furiosa. De pronto empezó a preocuparse. ¿Y si Joan también la había abandonado? ¿Y si Arthur la había descubierto espiando?
La puerta se abrió casi en silencio. Su doncella entró en puntillas, con los ojos hinchados.
–¿Dónde estabas?–Acusó _______ en un susurro tenso.
Joan se llevó la mano a la boca para ahogar el chillido que había estado a punto de emitir.
–¡Señora, qué susto me has dado! ¿Por qué no estás en tú cama?
–¿Y te atreves a preguntarme a mí por qué no estoy en mi cama?–Por fin _______ logró dominarse.–Anda, dime las noticias. ¿Sabes algo de Joe? –Tornó a la doncella por un brazo y la llevó a rastras hasta la cama. Allí se sentaron de piernas cruzadas en el grueso colchón de plumas. Pero los ojos de Joan no podían enfrentarse a la intensa mirada de oro de su ama.
–Sí, mi señora, lo he hallado.
–¿Está bien?–Insistió la joven.
Joan aspiró hondo y se lanzó a la descripción.
–Me costó mucho encontrarlo. Está bien custodiado en todo momento y la entrada es... difícil–sonrió–. Pero, por suerte, uno de los guardias pareció prendarse de mí. Pasamos mucho tiempo juntos. ¡Qué hombre! Estuvo toda la noche...
–¡Joan!–Exclamó _______, seca–. Me estás ocultando algo, ¿verdad?
¿Qué pasa con mi esposo? ¿Cómo está?
Joan miró a su ama y empezó a hablar, pero dejó caer la cara entre las manos.
–Es demasiado horrible, señora mía. Es increíble que pudieran hacerle algo así a un noble como él. ¡Ni al peor de los siervos se lo trata de ese modo!
–Dime–indicó _______ con voz mortífera–, cuéntamelo todo.
Joan levantó la cabeza, luchando contra las lágrimas y las náuseas.
–En el castillo muy pocos saben que está aquí. Lo trajeron solo, durante la noche, y... lo arrojaron allí abajo.
–¿Abajo de dónde?
–Hay un espacio bajo el sótano, señora; poco más que un agujero excavado entre los cimientos de la torre. El agua del foso se filtra por el suelo y allí pululan cosas... animales escurridizos...
–¿Y allí es donde tienen a Joe?
–Sí, señora–dijo Joan en voz baja–. El techo de ese agujero es el suelo del sótano; se trata de un hueco muy profundo. La única manera de descender es por una escalerilla.
–¿Has visto ese lugar?
–Sí, señora–la muchacha inclinó la cabeza–. Y he visto también a Lord Joe.
_______ la sujetó ferozmente por los brazos.
–¿Lo has visto y sólo ahora me lo dices?
–Me costó creer que... que aquel hombre fuera Lord Joe–Joan levantó los ojos, con el tormento grabado en el rostro.–Siempre fue tan gallardo, tan fuerte... pero ahora es sólo piel y huesos. Sus ojos son círculos negros que queman al mirar. El guardia, el hombre con quien pasé la noche, abrió la trampilla y acercó una vela. ¡Qué hedor! Apenas pude mirar hacia aquella negrura. Lord Joe, al principio no tuve la seguridad de que fuera él, se cubrió los ojos ante el simple resplandor de una vela. Y el suelo, señora... ¡Hervía de animales! No había un solo sitio seco. ¿Cómo hará para dormir, si no tiene dónde tenderse?
–¿Estás segura de que aquel hombre era Lord Joe?
–Sí. El guardia lo rozó con el látigo; entonces él apartó la mano y nos miró con odio.
–¿Te reconoció?
–Creo que no. Al principio tuve miedo de que así fuera, pero ahora creo que no está en condiciones de reconocer a nadie.
_______ apartó la vista, pensativa. Joan le tocó el brazo.
–Es demasiado tarde, mi señora. No le queda mucho tiempo en este mundo. No puede durar más que unos pocos días. Olvídate de él. Estará mejor muerto.
_______ le clavó una mirada dura.
–¿No acabas de decir que estaba vivo?
–Sólo apenas. Pero, aun cuando se lo sacara hoy mismo, la luz del sol lo mataría en instantes.
_______ abandonó la cama.
–Tengo que vestirme.
Joan contempló la recta espalda de su señora, alegrándose de que ella hubiera abandonado cualquier idea de rescate. Aquel rostro sumido y flaco todavía la perseguía. Aun así, tenía sus sospechas. Conocía demasiado bien a _______ y sabía que su pequeña ama rara vez dejaba un problema sin resolver. A veces la dejaba completamente exhausta por haberle hecho acomodar y reacomodar algo para verlo desde todos los ángulos posibles. Jamás se daba por vencida. Si tenía el propósito de que un sembrado estuviera segado antes de cierta fecha, para entonces la siega estaba concluida, aunque la misma _______ tuviera que participar en la tarea.
–Necesitaré una prenda de tela tosca y muy oscura, Joan, como la que usan las siervas. Y botas, botas altas. No importa que sean demasiado grandes; puedo ceñírmelas bien. Y un banco. Tendrá que ser largo, pero lo bastante estrecho para que quepa por la trampilla. También necesito una caja con flejes de hierro, relativamente pequeña, para que pueda llevarla atada al vientre.
–¿Al vientre?–Logró balbucear Joan–. ¿No estarás pensando...? Acabo de explicarte que él está casi muerto, que no se le puede rescatar. No puedes llevarle un banco pensando que nadie caerá en la cuenta. Comida sí, tal vez, pero...
La interrumpió la mirada de _______. Su ama era menuda, pero cuando esos ojos dorados adquirían tanta dureza no había modo de desobedecer.
–Sí, mi señora–dijo con mansedumbre–. Un banco, botas, ropas de sierva y... y una caja con flejes de hierro a la medida de tu vientre–añadió sarcástica.
–A la medida de mi vientre, si–concordó _______ sin humor–.Ahora ayúdame a vestirme.
Recogió una enagua de seda amarilla del arcón grande que tenía junto a la cama. Tenía veinte botones de perla entre el codo y la muñeca.
Sobre eso se puso un traje de terciopelo color oro viejo con anchas mangas colgantes. De la cintura hasta el bajo le pendía un cinturón de cordones de seda parda a los que se habían enhebrado perlas.
Joan tomó un peine de marfil para desenredarle la cabellera.
–No dejes entrever que te preocupas por Lord Joe.
–No necesito que me lo digas. Ve en busca de las cosas que necesito. Y que nadie te vea con ellas.
–No puedo andar por allí cargando con un banco sin que nadie me vea.
–¡Joan!
–Sí, señora. Haré lo que mandes.
Después de haber pasado la mañana visitando establos y granjas, Walter le dijo:–Seguramente estás muy cansada, señora, y esto tiene muy poco interés para ti.
–¡Oh, al contrario!–Sonrió _______ –. ¡Qué gruesas son las murallas del castillo!–Exclamó con los ojos muy abiertos en un gesto de inocencia.
El castillo era muy simple: contenía una sola torre de piedra de cuatro plantas dentro de una muralla única, que superaba los tres metros y medio de espesor. En su parte alta había unos pocos guardias, pero parecían soñolientos y poco alertas.
–Tal vez la señora quiera inspeccionar la armadura de los caballeros en busca de defectos–observó Arthur, mirándola con atención.
_________________ se las compuso para mantenerse inexpresiva.
–No sé de qué me habla, señor–dijo, confundida.
–¡Tampoco yo, Arthur!–Agregó Walter.
Arthur no contestó. Se limitaba a mirar a _______. Ella comprendió que tenía un enemigo: el caballero había interpretado con facilidad su interés por las fortificaciones.
Se volvió hacia Walter.
–Estoy más cansada de lo que pensaba. En verdad el recorrido ha sido largo. Tal vez tenga que descansar.
–Por supuesto, señora.
_______ quería alejarse de él, liberarse de aquella mano que se posaba con demasiada frecuencia en su brazo o en su cintura. Fue un alivio dejarlo a la puerta de su alcoba. Cayó en la cama completamente vestida. Durante toda la mañana no había pensado sino en lo que Joan le dijera de Joe. Lo imaginaba medio muerto por la mugre de aquel horrible lugar en donde lo tenían.
Cuando se abrió la puerta, ella no prestó la menor atención. A las mujeres de la nobleza rara vez se les permitía la intimidad. Las doncellas entraban en sus habitaciones y salían de ellas sin cesar. Pero ahogó una exclamación ante el contacto de una mano masculina en su cuello.
–¡Lord Walter!–Exclamó, echando un rápido vistazo a su alrededor.
–No temas–dijo él en voz baja–. Estamos solos. Yo me he encargado de eso. Los Sirvientes saben que aplico duros castigos cuando se me desobedece.
Ella estaba desconcertada y trémula.
–¿Me temes?–Preguntó él con ojos danzantes–.No hay motivos. ¿No sabes que te amo? Te he amado desde la primera vez que te vi. Yo esperaba en medio de la procesión que te siguió hasta la iglesia. ¿Tengo que decirte cómo te vi?–Recogió un rizo de su cabellera para enroscárselo al brazo–. Saliste a la luz del sol y fue como si el día se oscureciera ante tu fulgor. El de tu vestido de oro y tus ojos de oro.
Mostró en alto el mechón, frotándolo con los dedos de la otra mano contra su palma.
–¡Cuánto deseé entonces tocar estas finas hebras! En aquel momento supe que estabas destinada a ser mía. ¡Pero te casaste con otro!–Acusó.
_______ estaba asustada: no por lo que él podía hacerle, sino por lo que perdería si él la tomaba en ese momento.
Sepultó la cara en las manos como si estuviera llorando.
–¡Mi señora! ¡Mi dulce _______! Perdóname. ¿Qué he hecho?–Preguntó Walter, desconcertado.
Ella hizo un esfuerzo por recobrarse.
–Soy yo quien debe pedir perdón. Es que los hombres...
–¿Los hombres qué? Puedes contarme todo. Soy tu amigo.
–¿De veras?–Inquirió ella con ojos suplicantes y demasiado ingenuos.
–Sí–susurró Walter, devorándola como podía.
–Ningún hombre ha sido amigo mío hasta ahora. Primero, mi padre y mis hermanos... ¡No, no debo hablar mal de ellos!
–No hace falta–dijo Walter, tocándole el dorso de la mano con la punta de los dedos–. Yo los conocía bien.
–¡Y después, mi esposo!–Exclamó ella con ferocidad.
Walter parpadeó.
–¿Te disgusta? ¿Es cierto eso?
Los ojos dorados centellearon con tanto odio que él quedó desconcertado. Por un momento tuvo la sensación de que iba dirigido a él y no al marido.
–¡Todos los hombres son iguales!–Exclamó ella, furiosa–. Sólo quieren una cosa de la mujer, y si ella no la da por las buenas, se la toma por la fuerza. ¿Sabes lo horrible que es la violación para una mujer?
–No, yo...–Walter estaba confundido.
–Los hombres poco saben de las cosas buenas de la vida: la música y el arte. Me gustaría creer que existe un hombre en la tierra capaz de no manosearme ni exigir nada.
Walter la miró con astucia.
–Y si encontraras a un hombre así, ¿cómo lo recompensarías?
Ella sonrió con dulzura.
–Lo amaría con todo mi corazón–dijo simplemente.
Él le besó la mano con ternura, mientras _______ bajaba los ojos.
–Te tomo la palabra–dijo Walter en voz baja–, pues soy capaz de todo para ganar tu corazón.
–A nadie ha pertenecido sino a ti–susurró ella.
El dueño de casa le soltó la mano y se puso de pie.
–Te dejaré descansar. Recuerda que soy tu amigo y que estaré cerca cuando me necesites.
En el momento en que él salía, Joan entró disimuladamente.
–¡Lady _______! ¿Ese hombre...?
–No, no ha pasado nada–aseguró ella, recostándose contra la cabecera de la cama–. Logré disuadirlo.
–¡Disuadirlo! Por favor, explícame... No, no lo hagas. No tengo ninguna necesidad de saber cómo disuadir a un hombre que desee hacerme el amor. Pero tú has sabido hacerlo bien. ¿Podrías mantenerlo a raya?
–No sé, Me cree ingenua y acobardada. No sé cuánto tiempo podré mantenerlo engañado. ¡Me odio por mentir así!– _______ giró hacia su doncella–. ¿Está todo listo para esta noche?
–Sí, aunque no ha sido fácil.
–Se te recompensará bien cuando salgamos de aquí...si salimos. Ahora busca a otras mujeres y prepárame un baño. He sido tocada por ese hombre y necesito restregarme.

John Bassett se paseaba por el cuarto con fuertes pasos. De pronto tropezó con algo sepultado entre los juncos y lo pateó con ira.
Era un hueso viejo y seco que salió disparado contra la pared.
–Dama de compañía–maldijo.
Encerrado con llave dentro de un cuarto, sin libertad alguna y con la única compañía de una mujer que le tenía miedo.
En verdad, no era culpa de ella. Se volvió para mirarla; estaba acurrucada bajo un cubrecama, delante del brasero. Él sabía que sus largas faldas ocultaban un tobillo gravemente distendido, que la mujer había disimulado ante la hija.
De pronto se olvidó de la rabia. De nada servía dejarse carcomer por ella.
–Qué mala compañía soy–protestó mientras ocupaba un banquillo al otro lado del brasero. Helen lo miró con ojos asustados. Él había conocido a su marido y se avergonzó de inspirarle el mismo miedo–. No eres tú la que me enfada, mi señora, sino su hija. ¿Cómo es posible que una dama serena y sensata como usted haya gestado a esa mocosa terca? Quería rescatar a dos prisioneros y ahora tiene que salvar a tres... sin más ayuda que esa alocada doncella.
Vio que Helen sonreía con puro orgullo.
–¿Te enorgulleces de semejante hija?–Observó, atónito.
–En efecto. Ella no teme a nada. Y siempre piensa primero en los demás.
–Debiste enseñarle a temer–criticó John apasionadamente–. A veces el miedo es bueno.
–Si fuera hija tuya, ¿le habrías enseñado a temer?
–Le habría enseñado a...–Pero John se interrumpió.
Por lo visto, de nada servían los castigos; sin duda Robert _______ (TA) se los habría aplicado con saña. Acabó por sonreír–. No creo que se le pudiera enseñar. Pero si fuera hija mía...–sonrió más aún–. Si fuera mía, estaría orgulloso de ella. Pero dudo de que una belleza tal hubiese podido nacer de una fealdad como la mía.
–Oh, pero si tú no eres feo en absoluto–exclamó Helen, ruborizada.
John la miró con fijeza por primera vez. Durante la boda le había parecido una mujer descolorida y vieja. Ahora se daba cuenta de que no era una cosa ni la otra. Había mejorado mucho en las cuatro semanas pasadas sin Robert _______ (TA); ya no parecía tan nerviosa, y sus mejillas huecas se iban rellenando. Exceptuando el pico de viuda, llevaba la cabellera cubierta, pero se la veía rojo–dorada como la de su hija, aunque algo más oscura. Y sus ojos parecían tener diminutas chispas doradas.
–¿Por qué me miras tanto?
Con su habitual franqueza, John dijo lo que pensaba:–Tú no eres vieja.
–Este año cumpliré treinta y tres años–respondió ella–. Es edad avanzada para una mujer.
–¡Bah! Sé de una de cuarenta que...–pero el caballero se interrumpió con una sonrisa–. Tal vez no es historia para contar a una dama. De cualquier modo, a los treinta y tres años se dista mucho de ser vieja.–De pronto, se le ocurrió una idea.–¿Sabes que ahora eres una mujer rica? Eres una viuda con grandes propiedades. Pronto estarán los hombres llamando a tu puerta.
–No–rió ella con las mejillas arrebatadas–, bromeas.
–Una viuda rica y bella, por añadidura–insistió John–. Lord Joe tendrá que abrirse paso entre ellos a espada limpia para elegirte esposo.
–¿Esposo?–Helen se puso bruscamente seria.
–¡Vamos, no pongas esa cara!–Ordenó John–. Pocos son tan villanos como el que tú conociste.
Helen parpadeó ante aquella expresión, que debería de haberle parecido grosera. En John, en realidad, era la manifestación de un hecho.
–Lord Joe hallará un buen marido para ti.
Ella lo miró como si calculara.
–¿Has estado casado, John?
Él tardó un momento en responder.
–Sí, una vez, siendo muy joven. Ella murió de peste.
–¿No hubo hijos?
–No, ninguno.
–¿La... amabas?–Preguntó Helen con timidez.
–No–respondió él, muy franco–. Ella era una criatura de mente sencilla. Por desgracia, yo no soporto la estupidez, ni en el hombre, ni en el caballo, ni en la mujer–rió entre dientes, como por algún pensamiento secreto–. Cierta vez me jacté de que sólo entregaría mi corazón a la mujer que supiera jugar bien al ajedrez. ¿Sabes que hasta llegué a jugar una partida con la reina Isabel?
–¿Y ganó ella?
–No–replicó él, disgustado–. No era capaz de concentrarse en el juego. Traté de enseñarlo a Joe y a sus hermanos, pero lo juegan peor que algunas mujeres. Sólo el padre podía medirse conmigo.
Helen lo miró con seriedad.
–Yo conozco el juego. Al menos, sé mover las piezas.
–¿De veras?
–Sí. Yo enseñé a _______ a jugar, aunque nunca pudo derrotarme.
Era como la reina: siempre preocupada por otros problemas. No podía concentrarse como el ajedrez merece.
John vaciló.
–Si vamos a pasar aquí algún tiempo, tal vez puedas darme algunas lecciones. Te agradecería cualquier ayuda.
John suspiró. Tal vez fuera buena idea. Cuando menos, les ayudaría a matar el tiempo.





















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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 17th 2012, 21:41

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
muy bueno el cap
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 18th 2012, 07:56

hermosoo capii......... siguelaaa!!!!!! cheers
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 18th 2012, 10:37

siguelaa un capi precioso
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 18th 2012, 21:14

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 19th 2012, 09:17

siguelaaaa bounce bounce bounce
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 19th 2012, 12:31

¡Oh!
Esa _________, es una ecelente actriz eh.
Es que... ¡Wow! Como actua delante de Walter, enserio, me sorprende, eh.
Jajaja, ¿Cuando la sigues?
¡ESPERO QUE PRONTO!
AMO la novela, me desespero si no leo.
Sigue, Bye.
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 19th 2012, 21:00

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 20th 2012, 14:41

siguelaaa cheers
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 20th 2012, 22:49

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 21st 2012, 12:15

siguelaaaa!!!!!!!! cheers bounce bounce bounce cheers
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 21st 2012, 21:53

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 22nd 2012, 14:34

siguelaaaaaaaaa!!!!!!!!! cheers no nos dejes u.u plissss... necesito leer siguelaaaa
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Marzo 22nd 2012, 22:17

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Hoy a las 10:51

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