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 La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/

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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 19th 2012, 18:10

2 CAPSS!!! para que terminee?? me dara mini-infarto! pero me encanta tu nove asi queeee siguela!!! please!!! <3 ahh see me encanta tu nove y por eso debes seguirla!
PD: creo q lo eh dicho muchas veces :v
PD de PD: seeeguelaa okok
xoxoxo! cheers
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rox
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 19th 2012, 23:54

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 20th 2012, 08:48

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaa cheers
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 20th 2012, 09:37

2 capitulos para el final ????? no no quiero que termine adoro la novee cuando la acabes la volvere a leer enterita otra vez me encantaa
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 20th 2012, 18:54











Capítulo 29









David y ___________ abandonaron el ruido y la confusión de la casa real para caminar hacia el parque boscoso que rodeaba las murallas del castillo. La caminata era larga, pero ambos disfrutaron de ella.
Para ___________ fue una tarde interesante. Ahora comprendía que nunca había tratado con los hombres. David era entretenido, y el día pasó con rapidez. Al joven le fascinó tratar con una mujer tan bien educada.
Rieron juntos ante las confesiones de ___________, quien contó que sus doncellas solían llevarle en secreto relatos románticos para que ella se los leyera en voz alta. David estaba seguro de que la muchacha no tenía conciencia de lo poco ortodoxo de su infancia. Sólo avanzada la tarde habló ella de su vida de casada. Contó cómo había reorganizado el castillo de Joe, y mencionó de pasada sus tratos con el armero. David empezaba a comprender los arrebatos de Joe; cualquier hombre necesitaba mucha fortaleza para hacerse a un lado y permitir que su esposa impusiera sus propias órdenes.
Conversaron y rieron hasta que el sol estuvo bajo en el cielo.
–Tenemos que regresar–dijo David–, pero detesto dar por terminada la diversión.
–Estoy de acuerdo–sonrió la muchacha–. De verdad me he divertido. Me alegra alejarme de la Corte, donde hay tantos rumores y rencillas disimuladas.
–No es mal sitio... a menos que uno mismo sea el blanco de la maledicencia.
–Como yo ahora–observó ella con una mueca dolida.
–Sí. Hacía años que no se contaba con tan buen tema de conversación.
–Sir David–rió ella–, ¡qué cruel eres conmigo!
Lo enlazó por el brazo y le sonrió.
–¡Ajá!–Siseó una voz a poca distancia–. ¡Es aquí donde te escondes!
___________ giró en redondo y vio a Alice de pie a un lado.
–¡Pronto será mío!–se jactó la mujer, acercándose a ella–. Cuando se libre de ti volverá a buscarme.
___________ dio un paso atrás. La luz que brillaba en aquellos ojos azules no era natural. Sus labios se curvaban, mostrando los dientes desiguales que habitualmente ocultaba con tanto cuidado.
David se interpuso entre ambas.
–¡Márchate, Lady Alice!–Amenazó en voz baja.
–¿Te ocultas detrás de tu amante?–Chilló Alice sin prestarle atención–. ¿No puedes esperar el divorcio para buscar a otros?
La mano de David se cerró sobre el hombro de Alice.
–Márchate y no regreses. Si te veo otra vez cerca de Lady ___________, tendrás que responder ante mí.
La mujer quiso decir algo más, pero aquella mano clavada en su hombro se lo impidió. Giró en redondo sobre un solo talón y se marchó a grandes zancadas.
David se volvió hacia ___________, que seguía a la mujer con la mirada.
–Pareces algo asustada.
–Y lo estoy–reconoció ella, frotándose los brazos–. Esa mujer me da escalofríos. Antes la creía enemiga mía, pero ahora casi me inspira compasión.
–Eres bondadosa. Cualquier mujer la odiaría por lo que te ha hecho.
–Yo también la odiaba. Tal vez aún siento lo mismo, pero no puedo culparla por todos mis problemas. Muchos han sido causados por mí misma y por...
Se interrumpió, bajando la vista.
–¿Y por tu esposo?
–Sí–susurró ella–. Por Joe.
David estaba muy cerca. Caía rápidamente la oscuridad. Habían pasado juntos el día entero. Tal vez fue por la luz delicada de su cabellera y sus ojos, él no pudo evitar besarla. Le tomó la barbilla en la mano para levantarle la cara y la besó en los labios, susurrando: –Dulce y encantadora ___________, te preocupas demasiado por los otros y muy poco por ti misma.
___________ se sobresaltó, pero aquella caricia no le pareció ofensiva.
Tampoco muy estimulante. Mantuvo los ojos abiertos y observó las pestañas de David contra sus mejillas. Sus labios eran suaves y agradables, pero no encendían fuego en ella.
Un momento después, se abrió el mundo y brotó el infierno.


















Mañana ultimo capitulo













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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 20th 2012, 19:12

Okay.
No entendí lo ultimo.
Y me reservo lo que iba a decir para mañana.
¡Ya va a terminar! Espero con ansias ese captulo, ¿Okay?
¿Si? Bien, estaré acá desde temprano esperando a que subas, eh.
¡Siguelaaaaa!
Bye.
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 20th 2012, 20:11

seguelaaaaaaaaaa por dioos no creo que vaya a terminar!! me encanta esta nove :'( pero bue.... siguelaaa ;D
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 20th 2012, 22:57

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 21st 2012, 09:34

esperare con ansias el capituloooo
tengo muchas ganas de ver que pasa
no entendi muy bien lo ultimo pero supongo que mañana se aclarara
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 21st 2012, 16:26

OMG!:, Siguuela Q Mee Encantaa! Razz
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 21st 2012, 23:38

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 22nd 2012, 13:29

siguelaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!! cheers cheers cheers
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 22nd 2012, 13:53









Un momento después, se abrió el mundo y brotó el infierno.











___________ se vio violentamente apartada de David y arrojada contra un árbol.
Por un instante perdió el sentido. Miró a su alrededor, aturdida. David estaba en el suelo, manando sangre por la comisura de la boca, y se frotaba la mandíbula, moviéndola con cuidado. Joe se inclinó como para atacarlo otra vez.
–¡Joe!–Gritó ella, arrojándose contra su esposo.
Él la apartó sin prestarle atención.
–¿Cómo te atreves a tocar lo que me pertenece?–Gruñó al caballero–. ¡Pagarás esto con tu vida!
David se puso inmediatamente de pie y echó mano de la espada. Se miraban echando chispas, sin hablar, con las narices dilatadas de cólera.
___________ se interpuso, enfrentándose a su esposo.
–¿Quieres pelear por mí después de haberme abandonado voluntariamente?
Al principio él pareció no escuchar, no reparar siquiera en su presencia. Poco a poco apartó la vista de David para mirar a su esposa.
–No he sido yo quien te ha abandonado–dijo, sereno–. Has sido tú.
–¡Pero tú me has dado justos motivos!–Estalló ella–. Durante toda nuestra vida de casados te has resistido cada vez que traté de ofrecerte amor.
–Nunca me has ofrecido amor–fue la respuesta. ___________ lo miraba con fijeza. Estaba olvidando su furia.
–No he hecho otra cosa desde que nos casamos, Joe. He tratado de satisfacerte, de ser como tú querías, pero tú querías que yo fuera... ¡Ella! Y yo no puedo ser sino yo misma.
Bajó la cabeza para disimular sus lágrimas. Joe dio un paso hacia ella, pero se volvió para mirar a David con odio. ____________ sintió la tensión y levantó la vista.
–Si le tocas un solo cabello, lo lamentarás–advirtió.
Joe, con el entrecejo fruncido, quiso decir algo, pero poco a poco acabó por sonreír.
–Había empezado a pensar que mi ___________ ya no existía–susurró–. Pero sólo estaba oculta bajo un manto de dulzura.
David tosió para disimular una carcajada.
___________ irguió la espalda y echó los hombros hacia atrás. Se alejó de aquellos dos, disgustada porque ambos se rieran de ella.
Joe la observó un momento, sin decidirse entre el deseo de pelear con David Henrie y el de correr tras su esposa. ___________ venció con holgura. En tres largos pasos la tuvo en sus brazos. David se apresuró a dejarlos solos.
–Si no te quedas quieta, te pondré en la rama de un árbol hasta que no puedas moverte.
La horrible amenaza la inmovilizó. Joe se sentó en el suelo con ella, sujetándole los brazos.
–Así me gusta más–dijo, al verla más serena–. Ahora yo hablaré y tú escucharás. Me has humillado en público.
–¡No!–Se interrumpió–. No digas nada hasta que yo haya terminado. Puedo soportar que me ridiculices en mi propio castillo, pero ya estoy harto de que lo hagas delante del rey. Y ahora toda Inglaterra se ríe de mí.
–Al menos eso me da cierto placer–dijo ___________, presuntuosa.
–¿De veras, ___________? ¿Esto te ha dado placer?
Ella parpadeó con rapidez.
–No. Pero no es culpa mía.
–Cierto. Eres inocente de la mayor parte. Pero te he dicho que te amo y te he pedido perdón.
–Y yo te he dicho que...
Él le apoyó dos dedos en los labios y ahogó con ellos sus palabras.
–Estoy cansado de reñir contigo. Eres mi esposa, me perteneces y quiero tratarte como corresponde. No habrá divorcio–sus ojos se oscurecieron–. Tampoco volverás a pasar la tarde con jóvenes caballeros. Mañana abandonaremos este nido de chismosos para volver a casa. Allí te encerraré en una torre, si hace falta, y sólo yo tendré la llave. Tardaremos mucho tiempo en acallar las risas en toda Inglaterra, pero se puede conseguir–hizo una pausa, sin que ___________ hablara–. Lamento mucho la mala pasada de Alice. También yo he derramado muchas lágrimas por el niño que hemos perdido. Pero con divorciarnos no cambiaremos nada. Sólo espero dejarte embarazada pronto, para que eso cure tu herida. Pero si no lo crees así, no importa: voy a hacer las cosas a mi modo.
Joe lo había dicho todo con decisión. ___________, sin responder, permaneció quieta entre sus brazos.
–¿No tienes nada que decir?–Preguntó él.
–¿Y qué podría decir? No creo que se me permita dar una opinión.
Él tenía la vista perdida en la verde campiña.
–¿Tanto te repugna la idea?
___________ no pudo contenerse por más tiempo; se echó a reír. Joe la miró con extrañeza.
–Dices que me amas y que me retendrás encerrada en una torre, donde pasaremos noches de pasión. Admites que la mujer a quien juraste amar ha sido falsa contigo. Me dices todo esto y me preguntas si me repugna la idea. Me has dado lo que más deseaba desde el momento en que te vi por primera vez, en la iglesia.
Él continuaba mirándola.
–____________–murmuró, vacilante.
–Te amo, Joe–sonrió ella–. ¿Es tan difícil de comprender?
–Pero hace tres días... el divorcio...
Esta vez fue ella quien le apoyó dos dedos en los labios.
–Me has pedido perdón. ¿Podrás perdonarme tú?
–Sí–susurró Joe, besándola. Pero se retiró bruscamente–. ¿Y qué me dices de ese hombre que te ha besado? ¡Voy a matarlo!
–¡Pero no! Ha sido sólo una muestra de amistad.
–Pues no me parecía...
–¿Te estás encolerizando otra vez?–Acusó ella con chispas en les ojos–. Me he pasado días enteros viendo cómo te manoseaban las mujeres.
Él rió entre dientes.
–Debería haber disfrutado de la ocasión, pero no fue así. Me has arruinado para toda la vida.
–No comprendo.
–Las mujeres sólo hablaban de trapos y... cremas faciales–explicó Joe con un chisporroteo en la mirada–. He tenido problemas con las anotaciones contables y ninguna de ellas ha sabido ayudarme.
___________ se preocupó de inmediato.
–¿Has dejado otra vez que ese panadero te robe? –Y quiso levantarse.–Vamos, anda. Tengo que ver eso inmediatamente.
Joe la ciñó entre los brazos.
–¡No te irás! ¡Al diablo con los registros! ¿No puedes usar tu dulce boca para algo que no sea parlotear?
Ella le sonrió con aire inocente.
–¿No soy tu propiedad y tú el amo?
Él ignoró la pulla.
–Pues ven, esclava, y busquemos una guarida secreta en este oscuro bosque.
–Sí, mi amo. Como tú mandes.
Y se adentraron en el bosque tomados de la mano.
Pero no estaban solos. Alice había presenciado sus palabras de amor y sus juegos. Los observaba con ojos febriles.–Ven, pequeña–dijo Ela, llevándosela por la fuerza.
Miró con odio a la pareja que caminaba por entre los árboles, entrelazando los cuerpos. ¡Esos demonios jugaban con su Alice! La provocaban y se reían de ella hasta enloquecer a la pobre niña. Pero ya lo pagarían bien caro.


–Buenos días–susurró ___________, acurrucándose contra su marido.
Él la besó en la frente, sin responder.
–¿Es cierto que nos vamos hoy?
–Solo si tú quieres.
–Oh, sí que quiero. Estoy harta de chismes, de miradas ladinas y de hombres que me hacen preguntas indecentes.
–¿Qué hombres?–Inquirió Joe, frunciendo el entrecejo.
–No me confundas–replicó ella. De pronto se sentó en la cama, dejando caer las mantas–. ¡Tengo que hablar con el rey ahora mismo! No puedo permitir que siga adelante con el divorcio. Tal vez se pueda detener al mensajero.
Joe tiró de ella para acostarla en la cama y le deslizó los dientes por el tendón del cuello. Habían hecho largamente el amor en el bosque, pero estaba lejos de sentirse saciado.
–No hay prisa alguna. El Papa no recibirá ningún mensaje.
–¿Cómo?–Se extrañó ___________, apartándose–. ¿Qué estás diciendo? Hace varios días que pedí el divorcio al rey.
–El mensaje no fue enviado.
___________ se apartó a viva fuerza.
–¡Exijo una explicación, Joe! Hablas en acertijos.
Él se incorporó.
–El rey Enrique me reveló tu solicitud y preguntó si yo también quería el divorcio. Respondí que era un absurdo imaginado por ti debido a tu enfado. Le dije que te arrepentirías en poco tiempo.
___________ abrió la boca para hablar, con los ojos muy grandes. Por fin barbotó:
–¡Cómo te has atrevido a... ! ¡Yo tenía todo el derecho... !
–____________–interrumpió él–, no se puede otorgar el divorcio a cualquier mujer que se enfade con su marido. De ese modo no quedarían matrimonios.
–Pero tú no tenías derecho...
–¡Tengo todo el derecho del mundo! Soy tu esposo y te amo. ¿Quién puede tener más derechos que yo? Ahora ven aquí y deja de hablar.
–¡No me toques! ¿Cómo voy a mirar al rey después de lo que me has dicho?
–Lo has mirado todos estos días y no pareces haber sufrido daño alguno–apuntó él, mirándole los pechos desnudos.
Ella se cubrió con las mantas hasta el cuello.
–¡Te has reído de mí!
–¡___________!–Exclamó Joe en voz baja y amenazadora–. Te he soportado muchas cosas en este caso. He soportado las risas y el ridículo, todo con intención de apaciguarte. Pero basta ya. Si no te comportas debidamente, te pondré sobre las rodillas para darte una buena zurra en ese bonito trasero. ¡Ahora ven aquí!
___________ iba a desafiarlo, pero acabó por sonreír y se acurrucó contra su pecho.
–¿Por qué estabas tan seguro de que no me divorciaría de ti?
–Porque te amaba lo suficiente como para impedirlo. En verdad te habría encerrado en una torre antes de verte en brazos de otro.
–Pero has soportado las burlas por el divorcio.
Joe emitió una risa despectiva.
–No tenía intenciones de hacerlo. No sabía que tu rabieta llegaría a ser de público conocimiento. Claro, que había olvidado hasta qué punto es chismosa la Corte. Aquí nadie hace nada sin que todos lo sepan.
–¿Cómo se divulgó la noticia?
–Por las doncellas, supongo. ¿Cómo se supo lo de la treta de Alice?
___________ levantó la cabeza.
–¡No vuelvas a mencionarme a esa mujer!
Joe volvió a estrecharla contra su pecho.
–¿No sabes perdonar? Esa mujer me ama, tal como en otros tiempos yo creí amarla. Lo ha hecho todo por ese amor.
____________ soltó un suspiro exasperado.
–Aún no puedes pensar mal de ella, ¿eh?
–¿Sigues celosa?–Inquirió él, sonriente.
Ella lo miró con mucha seriedad.
–En cierto sentido, sí. A ella siempre la imaginarás perfecta. Todo cuanto ha hecho lo interpretas como actos de amor. La creerás siempre pura y perfecta. A mí, en cambio...
–¿A ti qué?–Le provocó él.
–Yo soy terrenal. Represento a la mujer que tienes y puedes poseer. Alice representa el amor etéreo.
Él frunció el entrecejo.
–Dices que me equivoco, pero ¿qué otro motivo tuvo ella para hacer lo que hizo?
___________ movió negativamente la cabeza.
–Codicia. Te cree suyo y piensa que yo te he robado a ella. No te ama más de lo que me ama a mí... descontando el hecho de que tú tienes con qué dar a su cuerpo algún placer... por breve que sea.
Joe arqueó una ceja.
–¿Me insultas?
–No, pero escucho los rumores que corren. Los hombres se quejan de que tiende a la violencia.
Joe ahogó una exclamación.
–No volvamos a hablar de esto–dijo con frialdad–. Eres mi esposa y te amo, pero aun así no quiero que te ensañes con alguien tan desdichada. Tú has ganado, ella ha perdido. Con eso debería bastarte.
___________ parpadeó para alejar las lágrimas.
–Te amo, Joe. Te amo profundamente, pero temo que no tenga tu amor íntegro mientras la enfermedad de Alice Chartworth siga carcomiéndote el corazón.
Joe frunció el ceño, estrechándola con más fuerza.
–No tienes motivos para tenerle celos.
La muchacha iba a hablar, pero calló. ¿De qué servirían sus palabras? Siempre tendría que ceder un trocito del corazón de su esposo a una gélida belleza rubia. Y no había palabras que pudieran alterar esos sentimientos.
Despedirse de sus conocidos en la Corte no fue fácil para ___________.
La reina, en especial, había llegado a ser su amiga. En el momento de hacer la reverencia ante el rey, sintió que enrojecía. Lamentaba haber pedido el divorcio, pero al menos se había dado cuenta de su error y ambos seguían unidos. Levantó la cabeza con una sonrisa. El saber que Joe la amaba tanto como ella a él valía la pena de haber pasado por tanto bochorno, por tantas burlas.
–Echaremos de menos tu bello rostro, señora–dijo Enrique, sonriente–. Espero que vuelvas pronto a visitamos.
Joe la rodeó con un brazo, posesivo.
–¿Su bello rostro o la diversión que ha proporcionado?
–¡Joe!–Se escandalizó la muchacha.
El rey echó la cabeza atrás y bramó de risa.
–Es cierto, Joe–dijo al cabo–. Puedo asegurar que no me he divertido tanto en muchos años. No creo que haya matrimonios tan fascinantes como este.
Joe le devolvió la sonrisa.
–Será cuestión de vigilar a Nick. He oído decir que su novia, la escocesa, lo amenazó con un puñal en la noche de bodas.
–¿Lo hirió?–Preguntó el rey, preocupado.
–No–fue la sonriente respuesta–, pero imagino que no pudo dominar igualmente su carácter. Tal vez la mujer tuviera motivos para encolerizarse. Después de todo, Nick llegó a su propia boda con tres días de retraso.
El rey Enrique sacudió la cabeza.
–No lo envidio–aseguró, sonriente–. Al menos, uno de los hermanos Jonas está perfectamente.
–Sí–reconoció el joven, acariciando el brazo de su esposa–. En verdad todo está bien.
Terminaron de despedirse y abandonaron el salón grande. Les había llevado la mayor parte del día hacer el equipaje para iniciar el viaje de regreso. En realidad deberían haber esperado hasta el día siguiente, pero todo el mundo parecía tan dispuesto a partir como ___________ y Joe.
Contando el tiempo pasado en el castillo de Demari y la estancia en la Corte, llevaban muchas semanas ausentes.
Mientras ellos montaban a caballo y se despedían con la mano de las personas reunidas para saludarlos, sólo una los observaba con preocupación. David Henrie no había podido hallar un momento para estar a solas con ___________, como esperaba. Temprano por la mañana, Alice Chartworth había abandonado el castillo con sus sirvientes y sus pertenencias. Todos los de la Corte parecían creer que la mujer aceptaba su derrota al ver a la pareja reconciliada, pero David pensaba distinto.
Tenía la sensación de conocer a fondo a aquella mujer. Alice había sido humillada y buscaría venganza.
Cuando la partida de Jonas estuvo fuera de las murallas, David montó a caballo y los siguió a discreta distancia. No venía mal andarse con cautela... al menos hasta que Lady ___________ estuviera a salvo tras las murallas de su propio castillo.
David, sonriendo, flexionó la mandíbula dolorida por el golpe del día anterior. No había expresado de viva voz sus temores, sabiendo que Lord Joe le atribuía un interés muy poco caballeresco por su esposa.
Tal vez fuera cierto, en el fondo. Tal vez en un principio lo había sentido. Pero comenzaba a mirar a ___________ como a una hermana menor.
Suspiró y estuvo a punto de reír en voz alta. Al menos, podía reconocerlo ante sí mismo: dado el modo en que ella miraba a su marido, no tenía esperanzas de encontrar en ella nada más.















Aun falta









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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 22nd 2012, 14:19

¿Como que aún falta?
Y yo que casi lloraba pensando que era el final.
Barbara.
Jajaja, ya. ¿Cuando vas a seguirla?
¡Es que necesito saber que pasará! ¿Lo entiendes?
Waaaaaaaaaaaaa... Me siento desesperada.
¡SIGUELA!



PD: ¿Porque no sigues con 'El Castillo'? Me muero por saber que pasará con la pequeña ______.
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 22nd 2012, 14:48












Capítulo 30








El agua templada era algo celestial contra la piel desnuda de ___________, pero mejor aún que el agua era la libertad.
No había chismosos de la Corte que los observaran, haciendo comentarios sobre su conducta indecorosa. Y en verdad la conducta que ahora observaban era muy indecorosa para un conde y su condesa, propietarios de vastas propiedades.
Habían viajado durante tres días antes de ver aquel encantador lago azul, una esquina del cual estaba oculta por sauces llorones. En él estaban ambos, jugando como niños.
–Oh, Joe –dijo ___________, con voz que era mezcla de risita y susurro.
La risa de Joe resonó profundamente en su garganta. La levantó en vilo sobre el agua y la dejó caer otra vez.
Llevaban una hora jugando de ese modo, persiguiéndose para besarse y tocarse. Las ropas yacían en la orilla, amontonadas, mientras ellos se movían sin estorbos en el agua.
–___________–susurró Joe, acercándose–, haces que olvide mis deberes. Mis hombres no están habituados a semejante descuido.
–Tampoco yo estoy habituada a tanta atención–replicó ella, mordisqueándole el hombro.
–No vuelvas a empezar. Debo regresar al campamento.
Ella suspiró, comprendiendo que era verdad. Caminaron hasta la costa y Joe se vistió deprisa. Luego esperó a su mujer, impaciente. Ella sonrió.
–¿Cómo quieres que me vista si me estás mirando así? Vuelve al campamento, que yo te seguiré dentro de un ratito.
–No me gusta dejarte sola–protestó él con el entrecejo fruncido.
–Estamos muy cerca del campamento. No puede pasarme nada.
Él se inclinó para darle un feroz abrazo.
–Perdóname si te protejo demasiado. Es que estuve muy cerca de perderte por lo del niño.
–No fue por eso por lo que estuviste a punto de perderme.
Él, riendo, le dio una palmada en el trasero mojado.
–Vístete, pícara, y vuelve cuanto antes al campamento.
–Sí, mi señor–sonrió ella.
Al quedar a solas, ___________ se vistió con lentitud, disfrutando de aquella soledad que le permitía un momento para sus cavilaciones. Los últimos días habían sido un deleite: por fin, Joe era suyo. Ya no ocultaban su mutuo amor.
Una vez vestida, no regresó al campamento; prefirió sentarse bajo un árbol a disfrutar de aquel lugar apacible.
Pero no estaba sola. A poca distancia había un hombre que apenas se había alejado de ella desde el comienzo del viaje, aunque ___________ no lo hubiera visto ni supiera que estaba tan cerca. David Henrie se mantenía discretamente oculto, pero la vigilaba sin molestarla. Después de seguirla durante varios días, empezaba a tranquilizarse. Varias veces se había preguntado por qué la custodiaba así, puesto que ella contaba con su marido, que apenas se apartaba de su lado.
Distraído en maldecirse por su estupidez, no oyó los pasos que se acercaban por detrás. Una espada descendió contra su sien con fuerza brutal. El joven cayó hacia adelante, entre las hojas del suelo.
Sin previo aviso, ___________ sintió que le arrojaban una capucha sobre la cabeza y le sujetaban los brazos por atrás, impidiéndole todo forcejeo.
La sofocante tela ahogó sus gritos. Un hombre se la cargó a la espalda, dejándola casi sin respiración.
El secuestrador pasó junto al cuerpo inerte de Alan y echó una mirada interrogante a la mujer montada.
–Déjalo. Él dirá a Joe que esta ha desaparecido. Entonces él vendrá por mí. Y ya veremos a cuál de las dos prefiere.
El hombre no reveló lo que pensaba. Se limitaba a cobrar su dinero y a ejecutar la tarea encomendada. Cargó el bulto en la montura y siguió a Alice Chartworth a través del bosque.
David despertó rato después, confundido y con un horrible dolor de cabeza. Al levantarse, tuvo que apoyarse contra un árbol. A medida que se le aclaraba la vista, recordó a ___________ y comprendió que debía informar a Joe, para que ambos pudieran iniciar la búsqueda. A tropezones inició la marcha hacia el campamento.
Joe salió al encuentro a medio camino.
–¿Qué haces aquí?–Acusó–. ¿No te bastó con tocar a mi mujer en la Corte? ¿Crees que voy a perdonarte otra vez la vida?
–¡Han secuestrado a ___________!–Exclamó el joven, llevándose una mano a la cabeza palpitante.
Joe lo sujetó por el cuello y lo levantó en vilo.
–¡Si le has tocado un solo cabello te... !
David ahogó una exclamación y, olvidándose del dolor de cabeza, se liberó de aquella mano.
–Eres tú quien puede haberle hecho daño. Aunque no lo creas, Lady Alice es capaz de cualquier fechoría. Y tú has dejado a ___________ sin protección.
–¿Qué estás diciendo?
–¡Qué necio eres! Alice Chartworth ha tomado prisionera a tu esposa... y tú no haces sino hablar.
Joe se quedó mirándolo con fijeza.
–Alice... mi esposa... ¡No te creo!
David le volvió la espalda.
–Me creas o no, no seguiré perdiendo el tiempo en charlas. Iré solo a buscarla.
Joe no volvió a pronunciar palabra: giró en redondo y regresó al campamento. Pocos instantes después, él y varios de sus hombres estaban ya a lomos de caballo y alcanzaban a David.
–¿A la casa de Chartworth?
–Sí–fue la grave respuesta.
Fueron las únicas palabras que intercambiaron los caballeros, mientras cabalgaban juntos en pos de los secuestradores.
–Bienvenida a mi casa–dijo Alice cuando cayó la capucha. La joven secuestrada respiró con dificultad–. ¿No te ha gustado el paseo? Lo siento mucho. Las mujeres como tú están habituadas a lo mejor, sin duda.
–¿Qué quieres de mí?–Preguntó ___________, tratando de calmar su dolor de hombros, pues las sogas que le sujetaban las muñecas casi le dislocaban los brazos.
–De ti, nada–aclaró Alice–. Pero tienes lo que es mío y quiero su devolución.
___________ alzó el mentón.
–¿Te refieres a Joe?
–Sí–se jactó Alice–. Me refiero a Joe. Mi Joe. Siempre mío.
–¿Por qué no te casaste con él cuando te lo propuso?–preguntó ___________ con calma.
Alice abrió mucho los ojos. Sus labios se curvaron en una mueca que dejó los dientes al descubierto. Sus manos se convirtieron en garras que buscaron la cara de la muchacha.
___________ se apartó y aquellos garfios no la alcanzaron.
Ela sujetó con fuerza el brazo de su ama.
–Vamos, tesoro, no te alteres. Ella no vale la pena.
Alice pareció relajarse.
–¿Por qué no vas a descansar?–La tranquilizó la doncella–. Yo me quedaré con ella. Tienes que lucir tu mejor aspecto cuando llegue Lord Joe.
–Sí–reconoció Alice en voz baja–. Tengo que lucir como nunca.
Y se retiró sin mirar a ___________.
Ela sentó su cuerpo grande y blando en una silla, cerca de la que ocupaba ___________, y tomó un tejido.
–¿Qué casa es esta?–Preguntó la muchacha.
La doncella no levantó la vista.
–La finca Chartworth, una de las que posee Lady Alice, mi señora–respondió con aire de orgullo.
–¿Por qué me han traído?
Ela hizo una breve pausa en su tejer, pero lo reanudó de inmediato.
–Porque mi señora desea ver nuevamente a Lord Joe.
–¿Y tú crees eso?–Apuntó ___________, perdiendo la compostura–. ¿Crees que esa loca sólo quiere ver a mi esposo?
Ela arrojó el tejido en su regazo.
–¡No te atrevas a llamar loca a mi señora! Tú no la conoces como yo. No ha llevado una vida fácil. Hay motivos.
Y cruzó el cuarto a grandes pasos hacia la ventana.
–Bien sabes que está demente, ¿verdad?–insistió ___________ en voz baja–. El hecho de que Joe la haya rechazado la ha llevado a la locura.
–¡No!–Exclamó la anciana doncella. Pero se calmó–Lord Joe no podría rechazar a mi Alice. Ningún hombre podría rechazarla. Es hermosa y siempre lo ha sido. Incluso cuando era un bebé, fue la más encantadora de cuantas he visto.
–¿Estás junto a ella desde que era niña?
–Sí, siempre junto a ella. Cuando nació, yo ya había dejado atrás la edad de tener hijos propios. La pusieron bajo mi cuidado y ha sido como un don del cielo para mí.
–Serías capaz de cualquier cosa por ella.
–Sí–afirmó Ela–. Sería capaz de cualquier cosa.
–Hasta de matarme para que ella se quedara con mi esposo.
La anciana miró a ___________ con ojos preocupados.
–Nadie va a matarte. Es que Lady Alice necesita volver a estar con Lord Joe, y tú no lo permites. Tú eres egoísta. Le has quitado a su hombre y no sientes piedad ni simpatía por el dolor de mi ama.
La muchacha sintió que perdía los estribos.
–Me ha mentido, me ha engañado, ha hecho cuanto ha podido para quitarme a mi esposo. Una de sus tretas costó la vida de mi hijo.
–¡Un hijo!–Siseó Ela–. Mi adorable señora no puede tener hijos. ¿Sabes cuánto desea uno? ¡Un hijo de Lord Joe, el que tú le robaste! Si perdiste lo que debía ser de mi señora, bien merecido lo tienes.
___________ iba a decir algo, pero se interrumpió. La doncella estaba tan loca como su ama. La defendería contra todo cuanto se le dijera.
–¿Y qué piensas hacer conmigo?
Ela volvió a su tejido, notando que la prisionera estaba más tranquila.
–Serás nuestra... huésped durante algunos días. Cuando venga Lord Joe, se le permitirá pasar algún tiempo con Lady Alice. Cuando vuelvan a estar juntos, él comprenderá que la ama. Sólo harán falta unos pocos días, tal vez unas pocas horas, para que él se olvide de ti, pues en verdad estaba enamorado de Lady Alice mucho antes de su casamiento. Ese habría sido un verdadero matrimonio de amor, no por interés, como el que lo llevó a ti. Ahora mi señora es una viuda rica, que puede aportar vastas tierras a la familia Jonas.
___________ permanecía en silencio, contemplando el movimiento de las agujas. La anciana doncella tenía una expresión satisfecha. La muchacha habría querido hacerle muchas preguntas, cómo pensaba Alice liberar a Joe para que pudiera casarse nuevamente, por ejemplo. Pero la prudencia le impidió formularlas. Habría sido inútil.
Durante la feroz cabalgata hasta la casa solariega de Chartworth, Joe guardó silencio. No podía convencerse de que hallaría a ___________ prisionera de Alice. Sabía del engaño practicado por Alice en la Corte y no ignoraba lo que se decía de ella, pero en verdad no encontraba malignidad en aquella mujer. Aún la consideraba una muchacha muy dulce, a la que el amor por él había llevado a grandes extremos.
El portón principal estaba abierto. Joe arrojó a David una mirada de triunfo: en aquel lugar no se podía tener cautiva a una heredera.
–¡Joe!–exclamó Alice, corriendo a su encuentro–. Tenía la esperanza de que vinieras a visitarme.
Estaba más pálida que nunca; lucía un vestido de seda azul que hacía juego con sus ojos.
Joe desmontó y se mantuvo a distancia, tieso.
–¿Está mi esposa aquí?–Preguntó con frialdad.
La mujer dilató los ojos.
–¿Tu esposa?–Preguntó con inocencia.
David alargó una mano y la sujetó por el antebrazo.
–¿Dónde la tienes, grandísima perra? No tengo tiempo para tus juegos
Joe le dio un fuerte empellón que arrojó al joven contra su caballo.
–¡No vuelvas a tocarla!–Advirtió. Y se volvió hacia Alice.–Quiero una respuesta.
–Entren–invitó Alice. Pero se interrumpió al ver la expresión de Joe–. Ella no acostumbra visitarme.
–En ese caso, nos vamos. La han secuestrado y tenemos que buscarla.
Alice, viendo que estaba a punto de montar otra vez, se arrojó contra él.
–¡No! ¡No me dejes, Joe! ¡No me dejes, por favor!
Él trató de apartarla.
–Su esposa está aquí.
Al volverse, Joe vio a Ela de pie en el umbral.
–La mujer está aquí, a salvo, pero no seguirá estando a salvo si hacen daño a mi Lady Alice.
Joe se puso junto a aquella anciana en un segundo.
–¿Me amenazas, vieja bruja?–Y volviéndose hacia Alice: –¿Dónde está?
Los ojos de la rubia desbordaban grandes y encantadoras lágrimas. No dijo palabra.
–¡Pierdes el tiempo!–Advirtió David–. Tenemos que echar abajo esta mansión hasta hallarla.
Joe dio un paso hacia la casa.
–¡No la hallarás!
Joe giró en redondo. La voz era una versión distorsionada de la de Alice: chillona y aguda. Su boquita, contraída en una mueca, descubría dientes muy torcidos. ¿Cómo era posible que él no hubiera reparado nunca en ese detalle?
–Está donde ni tú ni hombre alguno podrán encontrarla–continuó Alice, dejando caer por primera vez su fachada de dulzura delante de Joe–. ¿Me crees capaz de dar a esa ramera mi mejor cuarto? ¡Sólo merece el fondo del foso!
Joe dio un paso hacia ella, sin poder creer en aquel drástico cambio. No se parecía siquiera remotamente a la mujer que él había amado.
–No sabes que ella se ha entregado a muchos hombres, ¿verdad? Que el niño que perdió ni siquiera era tuyo, sino de Demari–Alice le puso una mano en el brazo.–Yo podría darte hijos varones–su voz y su cara eran una caricatura de la mujer que él había creído conocer.
–Y por esto descuidabas a ___________–apuntó David en voz baja–. ¿Ves ahora lo que todos los demás vemos?
–Lo veo, sí–exclamó Joe, asqueado.
Alice retrocedió, con los ojos enloquecidos. Recogió sus faldas y echó a correr, seguida por Ela. David iba a perseguirlas, pero Joe dijo: –Déjala. Prefiero recuperar a mi esposa antes que castigar a Alice.


La mujer corría de un edificio al otro, ocultándose, acechando, mirando furtivamente a su alrededor. Joe la había mirado como si ella le diera asco. De algún modo sabía que Ela la seguía, pero su mente parecía incapaz de pensar sino en una sola cosa a la vez. En ese momento, sólo podía comprender que otra mujer le había robado a su amante. Subió apresuradamente los escalones de la torre, asegurándose de que nadie la siguiera.
___________ levantó la vista. Alice estaba en el vano de la puerta, con el pelo en desorden y el velo torcido.
–¡Bueno!–Exclamó con un destello salvaje en los ojos–. ¿Crees que lo vas a recuperar?
___________ se acurrucó contra las sogas. Tenía la garganta irritada por tanto gritar, pero las murallas eran demasiado gruesas y nadie la oía.
Alice cruzó a paso rápido el cuarto y tomó un pote de aceite caliente del brasero. Sobre el aceite flotaba una mecha, lista para ser encendida. La rubia sostuvo el recipiente con cuidado y caminó hacia su prisionera.
–Cuando esto te haya comido la mitad de la cara, él ya no te verá hermosa.
–¡No!–Susurró ___________, apartándose tanto como podía.
–¿Te doy miedo? ¿Hago de tu vida un infierno, como tú lo has hecho de la mía? Yo era una mujer feliz antes de que te entrometieras. Mi vida no ha sido la misma desde que oí tu nombre por primera vez. Tenía un padre que me amaba; Joe me idolatraba; un conde muy rico pidió casarse conmigo. Pero tú me los has robado a todos. Mi padre apenas me reconoce. Joe me odia. Mi rico esposo ha muerto. Y todo por tu culpa.
Se alejó de ____________ para sepultar el pote de aceite entre las brasas.
–Tiene que estar caliente, hirviendo. ¿Qué pasará cuando pierdas tu belleza?
____________ comprendió que era imposible tratar de hacerla razonar, pero lo intentó.
–Con perjudicarme a mí no recuperarás a tu esposo. En cuanto a tu padre, ni siquiera lo conocí.
–¡Mi esposo!–Se burló Alice–. ¿Crees acaso que quiero recuperarlo? Era un cerdo. Pero en algún momento me amó. Cambió después de asistir a tu boda. Tú le hiciste creer que yo no era digna de él.
____________ no podía hablar. Mantenía la vista fija en el aceite que se calentaba.
–Señor–dijo Ela, nerviosa–, tiene que venir. Tengo miedo.
–¿Qué pasa, vieja bruja?
–Mi señora. Temo por ella.
Joe hubiera llegado a grandes extremos para no hacer daño a una mujer. Aun después de ver a Alice como realmente era, no podía exigirle que revelara dónde estaba ___________. Pero sujetó a Ela por un brazo.
–¿Qué estás diciendo? Estoy harto de este juego del escondite. ¿Dónde está mi esposa?
–Yo no quería hacer daño alguno–susurró la doncella–. Sólo traté de que usted volviera a mi ama, porque ella lo deseaba mucho. Siempre trato de darle lo que desea. Pero ahora tengo miedo. No quiero que Lady ___________ sufra daño ninguno.
–¿Dónde está?–Insistió Joe, apretándole el brazo con más fuerza.
–Ella ha cerrado la puerta con llave y...
–¡Vamos!–Ordenó Joe, empujándola hacia adelante.
Él y David la siguieron a través del patio hasta la torre. “Dios bendito”, rezaba el esposo, “que ___________ no sufra ningún mal.”
A los primeros golpes descargados contra la puerta, Alice dio un respingo. Sabía que el cerrojo no resistiría mucho tiempo. Sacó de entre sus ropas un puñal largo y afilado y lo puso contra el cuello de su prisionera en tanto desataba las sogas.
–Vamos–indicó, sujetando el aceite en la otra mano.
___________ sintió el filo contra su cuello y el calor del pote cerca de la mejilla. Sabía que el menor movimiento sobresaltaría a aquella nerviosa mujer, haciéndole soltar el aceite o hundirle el puñal en la garganta.
–¡Arriba!–Ordenó Alice, obligándola a subir lentamente por una estrecha escalera que llevaba al tejado. Ella se mantenía a un costado, lejos del borde. Rodeaba a ___________ con un brazo y retenía el cuchillo contra el cuello de la muchacha.
Joe, Ela y David irrumpieron en la habitación segundos después.
Al encontrarla desierta subieron por la escalera. Los tres quedaron petrificados al ver a Alice, con expresión enloquecida, sujetando a _________________.
–Mi dulce Lady Alice...–comenzó Ela.
–¡No me dirijas la palabra!–Ordenó el ama, apretando las manos–. Dijiste que lo recuperarías para mí, pero él me odia. ¡Lo sé!
–¡No!–Exclamó Ela, adelantándose un paso–. Lord Joe no te odia, mi señora. Protege a su esposa porque es propiedad de él, sólo por eso. Ahora ven y hablaremos. Sin duda Lord Joe comprenderá lo que ha pasado.
–¡No! Míralo. ¡Me desprecia! Me mira con una mueca, como si yo fuera la más detestable de las sabandijas. ¡Y todo por su ramera pelirroja!
–¡No le hagas daño!–Advirtió Joe.
Alice carcajeó.
–¡Que no le haga daño! Le haré algo más que eso. Mira.–Levantó el pote de aceite.–Está muy, pero muy caliente. Le llenará la cara de cicatrices. ¿Qué dirás cuando ya no la veas tan hermosa?
Joe dio un paso adelante.
–¡No!–Chilló Alice. Y empujó a ___________ contra una chimenea, cerca del borde, ordenando: –¡Sube!
–¡No!–Susurró __________. Aunque estaba muy asustada, su miedo a la altura era aún mayor.
–Haz lo que te ordena–dijo Joe en voz baja. Por fin comprendía que Alice no estaba en su sano juicio.
___________ hizo un gesto de asentimiento y subió al borde del tejado.
Frente a ella se levantaba la chimenea. Se aferró de ella con los brazos muy rígidos.
Alice se echó a reír.
–¡Tiene miedo de estar aquí! Es como una niña. ¡Y tú preferías a esta perra! Yo soy una verdadera mujer.
Ela apoyó una mano en el brazo de Joe, que iba a adelantarse.
Las dos mujeres estaban en una posición precaria. ___________ tenía los ojos vidriosos de miedo y los nudillos blancos por la fuerza con que apretaba el ladrillo. Alice meneaba el puñal y el pote de aceite hirviente.
–Sí–dijo Ela–. Tú eres una verdadera mujer. Baja, para que Lord Joe pueda comprenderlo.
–¿Tratas de engañarme?–Preguntó Alice.
–¿Alguna vez te he engañado?
–No–la rubia dedicó una momentánea sonrisa a la anciana–. Eres la única persona que siempre me ha tratado con bondad.
Aquella momentánea distracción le hizo tambalearse.
Ela manoteó desesperadamente, empujando a su ama hacia el tejado de la casa solariega. Al mismo tiempo, Alice se aferró de ella. La anciana cayó por el costado y tardó varios segundos en llegar al suelo de piedras. Alice rodó hacia atrás, lejos del borde, gracias al sacrificio de su doncella. Pero el pote de aceite cayó con ella y chorreó desde la frente hasta la mejilla. La mujer empezó a dar gritos espantosos.
Joe dio un salto hacia ___________, que seguía inmóvil.
Su extremado temor a las alturas había hecho que se aferrara a la chimenea con mano de hierro, salvándole la vida.
Los alaridos de Alice llenaban el aire.
Joe aflojó los dedos de su esposa del ladrillo, uno a uno, y la estrechó contra sí. Estaba tensa y con el corazón palpitante.
–¡Mira lo que me has hecho!–Aulló Alice en medio de sus dolores–. ¡Y Ela! ¡Has matado a mi Ela, la única que me amaba de verdad!
–No–respondió Joe, mirando con gran piedad el rostro mutilado de Alice–. No hemos sido ___________ ni yo quienes te hemos hecho daño. Has sido tú misma.–Mientras levantaba en brazos a ____________, se volvió hacia David.–Encárgate de ella y no dejes que muera. Tal vez esa cicatriz sea el justo castigo por sus mentiras.
Alan miró con disgusto a aquella mujer acurrucada, pero caminó hacia ella.


Joe llevó a su esposa hasta el cuarto de abajo. Ella tardó algunos minutos en relajarse.
–Ya ha pasado todo, mi amor–susurraba él–. Estás a salvo. Ella no podrá volver a hacerte daño.
Y la estrechó con mucha fuerza.
Los gritos de Alice se iban acercando, ya reducidos a roncos gruñidos de dolor. Joe y ___________ la vieron pasar, guiada por David hacia abajo. La herida se detuvo aún para arrojar a ___________ una mirada cruel, pero se volvió al encontrarse con la expresión de pena de la muchacha.
David se la llevó de allí.
–¿Qué será de ella?–Preguntó ___________ en voz baja.
–No sé. Podría entregarla a los jueces, pero creo que ya ha sufrido suficiente castigo. Su belleza no volverá a servir de trampa a los hombres.
___________ lo miró, sorprendida, estudiando sus facciones.
–Me miras como si me vieras por primera vez–observó él.
–Quizá sea así. Estás libre de ella.
–Ya te he dicho que había dejado de amarla.
–Sí, pero una parte de ti era de ella, una parte a la que yo no podía llegar. Ahora ya no le perteneces. Eres total y completamente mío.
–¿Y eso te complace?
–Sí–susurró ella–. Me complace profundamente.








Fin














Gracias a todas.... ¡son las mejores!














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rox
Super Fan De Los JoBros!
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 23rd 2012, 01:48

ME ENCANTO TU NOVE
MUY BUENA GRACIAS
POR SUBIRLA \o/
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IrennIsDreaMy
Casada Con
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Localización : On the Other Side of the Door with Taylor Swift and Joe Jonas <3
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 23rd 2012, 08:38

me encanto la nove
enserio de mis favoritas
fue genial, me dio pena Alice pero se lo merecia
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HistoriaDeUnAmor
Me Gustan Los Jonas!


Cantidad de envíos : 165
Edad : 17
Localización : Diria que con el amor de mi vida... Pero aun no me conoce.
Fecha de inscripción : 01/02/2012

MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 23rd 2012, 09:06

Pues no tengo palabras simplemente me encanto! la mejor nove en años! me gusto mucho! Very Happy y gracias a ti por ser una gran escritora y por subir esta nove tan impresionante te felicito! Very Happy cheers I love you
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- Galletas&Leche -
Casada Con
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Edad : 19
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Fecha de inscripción : 02/02/2011

MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Abril 27th 2012, 18:18

Oh Dios Mio.
Yo no habia visto esto... ¡No lo habia leido y... OH VAYA!
Me ha encantado la novela, enserio... ¡Me enamoró!
Es que, ha sido taaan linda, eh.
Jajaja, AMÉ la novela.

Cuidate, Bye.
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MensajeTema: Re: La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/   Hoy a las 18:59

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La Promesa Fugaz (Joe&Tú) /Dramática/
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